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¿Quién es este que viene de Edom,
desde Bosra con sus vestidos teñidos de rojo?
¿Quién es este de espléndido vestido,
que marcha con la fuerza de su gran poder?
“Soy yo, el que habla con justicia,
el que es poderoso para salvar”.
¿Por qué están rojas tus ropas,
y tus vestidos como los del que pisa las uvas en el lagar?
 
“He pisado el lagar yo solo;
de los pueblos, nadie estuvo conmigo.
En mi enojo los pisé,
y en mi furor los pisoteé;
su sangre salpicó mis vestidos,
y manché toda mi ropa.
Porque el día de la venganza estaba en mi corazón,
y el año de mi redención ha llegado.
Miré, y no había quien ayudara;
me asombré de que no hubiera quien me apoyara.
Entonces mi propio brazo me dio la victoria,
y mi propio furor me sostuvo.
En mi ira pisoteé a los pueblos;
con mi furor los embriagué
y derramé su sangre sobre la tierra”.
 
Recordaré las misericordias de Yahvé,
y las alabanzas de Yahvé,
por todo lo que Yahvé nos ha dado;
por su gran bondad hacia la casa de Israel,
que nos ha mostrado según su compasión
y la multitud de sus bondades.
Porque él dijo: “Ciertamente ellos son mi pueblo,
hijos que no actuarán con falsedad”;
y así él fue su Salvador.
En todas sus aflicciones él también estuvo afligido,
y el ángel de su presencia los salvó.
En su amor y en su compasión los redimió;
los levantó
y los llevó en brazos todos los días de antaño.
 
10 Pero ellos se rebelaron
y entristecieron a su Santo Espíritu;
por eso él se volvió su enemigo
y peleó contra ellos.
 
11 Entonces su pueblo recordó los días antiguos,
los días de Moisés:
“¿Dónde está el que los sacó del mar con los pastores de su rebaño?
¿Dónde está el que puso su Santo Espíritu en medio de ellos?
12 ¿Dónde está el que hizo que su brazo glorioso marchara a la derecha de Moisés?
¿Dónde está el que dividió las aguas ante ellos para ganarse un nombre eterno?
13 ¿Dónde está el que los condujo por los abismos
como a un caballo por el desierto,
para que no tropezaran?”.
14 Como ganado que baja al valle para descansar,
el Espíritu de Yahvé les dio reposo.
Así guiaste a tu pueblo para hacerte un nombre glorioso.
 
15 Mira desde el cielo,
observa desde tu santa y gloriosa morada.
¿Dónde están tu celo y tu poder?
Tu gran ternura y tu compasión hacia mí se han contenido.
16 ¡Pero tú eres nuestro Padre!
Aunque Abraham no nos conozca
ni Israel nos reconozca,
tú, Yahvé, eres nuestro Padre;
tu nombre es “Nuestro Redentor” desde la eternidad.
17 ¿Por qué, Yahvé, nos dejas desviarnos de tus caminos
y permites que se endurezca nuestro corazón para no temerte?
Regresa por amor a tus siervos,
por las tribus que son tu herencia.
18 Por poco tiempo tu pueblo santo poseyó tu santuario;
ahora nuestros enemigos lo han pisoteado.
19 Hemos venido a ser como aquellos a quienes nunca gobernaste,
como aquellos que nunca llevaron tu nombre.