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“¿Sabéis vos el tiempo en que paren las cabras monteses?
¿U observasteis vos cuando las ciervas están de parto?
¿Contasteis vos los meses de su preñez,
y sabéis el tiempo cuando han de parir?
Se encorvan, dan a luz sus crías,
y pasan sus dolores.
Sus crías se fortalecen, crecen con el pasto;
salen, y no vuelven a ellas.
 
“¿Quién echó libre al asno montés,
y quién soltó las ataduras del asno veloz?
Al cual yo puse el desierto por casa,
y la tierra salitrosa por morada.
Se ríe del estrépito de la ciudad;
no oye los gritos del arriero.
Lo oculto de los montes es su pasto,
y anda buscando toda cosa verde.
 
“¿Querrá el búfalo servirte a ti,
o quedar junto a tu pesebre?
10 ¿Atarás tú al búfalo con coyunda para el surco?
¿Labrará los valles en pos de ti?
11 ¿Confiarás en él por ser grande su fuerza,
y le fiarás tu labor?
12 ¿Fiarás de él que te traerá la semilla,
y que la recogerá en tu era?
 
13 “¿Diste tú hermosas alas al pavo real,
o alas y plumas al avestruz?
14 El cual desampara en la tierra sus huevos,
y sobre el polvo los calienta,
15 y olvida que el pie los puede pisar,
y que los puede quebrar la fiera del campo.
16 Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos,
no temiendo que su trabajo haya sido en vano;
17 porque le privó Dios de sabiduría,
y no le dio inteligencia.
18 Luego que se levanta en alto,
se burla del caballo y de su jinete.
 
19 “¿Diste tú al caballo su fortaleza?
¿Vestiste tú su cuello de relincho?
20 ¿Le harás tú saltar como a langosta?
El resoplido de su nariz es formidable.
21 Escarba la tierra, se alegra en su fuerza,
sale al encuentro de las armas.
22 Hace burla del espanto, y no teme,
ni vuelve el rostro delante de la espada.
23 Contra él suena la aljaba,
el hierro de la lanza y de la jabalina;
24 y él con ímpetu y furor corre por la tierra,
sin importarle el sonido de la trompeta.
25 En cuanto suena el clarín, dice: ‘¡Ea!’;
y desde lejos huele la batalla,
el grito de los capitanes, y el vocerío.
 
26 “¿Vuela el halcón por tu sabiduría,
y extiende hacia el sur sus alas?
27 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento,
y pone en alto su nido?
28 Ella habita y mora en la peña,
en la cumbre del peñasco y en la roca.
29 Desde allí acecha la presa;
sus ojos observan muy lejos.
30 Sus polluelos chupan la sangre;
y donde hubiere cadáveres, allí está ella”.