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Entonces Elifaz de Temán respondió:
“Si alguien intentara hablarte, ¿te molestaría?
Pero, ¿quién podría quedarse callado?
Tú mismo has instruido a mucha gente
y has fortalecido a los que estaban débiles.
Tus palabras animaban al que tropezaba
y dabas firmeza a las rodillas que flaqueaban.
Pero ahora que te toca a ti, te desanimas;
el mal te alcanza, y te llenas de miedo.
¿No debería tu respeto a Dios darte confianza?
¿No debería tu vida íntegra darte esperanza?
 
“Ponte a pensar: ¿cuándo ha muerto un inocente?
¿Dónde se ha visto que destruyan a la gente honrada?
Según mi experiencia, los que cultivan la maldad
y siembran problemas, eso mismo cosechan.
Dios sopla sobre ellos y los destruye;
el soplo de su enojo los consume.
10 Aunque el león ruja y el cachorro gruña,
a los leones más fuertes les rompen los dientes.
11 El león viejo muere por falta de comida
y los cachorros de la leona se dispersan por el mundo.
 
12 “Recibí un mensaje en secreto;
mis oídos apenas percibieron un susurro.
13 Entre pesadillas y visiones nocturnas,
cuando el sueño profundo cae sobre todos,
14 me invadió un miedo terrible;
¡todos mis huesos se pusieron a temblar!
15 Un espíritu pasó frente a mi cara,
y se me erizó todo el vello del cuerpo.
16 El espíritu se detuvo, pero no pude ver cómo era;
una sombra estaba frente a mis ojos.
En medio del silencio, una voz que decía:
17 ‘¿Puede un simple mortal ser más justo que Dios?
¿Puede un hombre ser más puro que su Creador?’.
18 Si Dios no confía ni en sus propios ángeles,
y hasta en ellos encuentra errores,
19 ¡cuánto menos confiará en los hombres!
Ellos viven en cuerpos de barro que nacen del polvo
y son aplastados más fácil que una polilla.
20 Se mueren entre la mañana y la tarde;
desaparecen para siempre y a nadie le importa.
21 Se les arrancan las cuerdas de su tienda,
y mueren sin haber alcanzado sabiduría”.