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Entonces Bildad de Súaj respondió:
El dominio y el temor le pertenecen a Dios;
él mantiene el orden en las alturas del cielo.
¿Acaso alguien puede contar sus ejércitos?
¿Sobre quién no brilla su luz?
¿Cómo puede un simple mortal ser justo ante Dios?
¿Cómo puede ser puro el que ha nacido de mujer?
Miren: para Dios, ni la luna tiene brillo
ni las estrellas son puras ante su vista;
¡mucho menos el hombre, que no es más que un gusano,
ese hijo de hombre, que solo es una lombriz!”.