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Profecía sobre el desierto del mar.
Como los torbellinos que barren el sur, así viene del desierto, de una tierra aterradora. Se me ha revelado una visión angustiante: el traidor traiciona y el destructor destruye. ¡Ataca, Elam! ¡Sitia, Media! He puesto fin a todo lamento. Por eso me duele todo el cuerpo; me han dado dolores como de mujer de parto. Estoy tan confundido que no puedo oír, tan asustado que no puedo ver. Mi corazón se agita, el terror me domina; la noche que tanto esperaba se ha vuelto un espanto para mí. Preparan la mesa, ponen las alfombras, comen y beben. ¡Levántense, jefes, y engrasen sus escudos! Porque el Señor me dijo: “Ve y pon un vigilante, para que informe de todo lo que vea”. Si ve carros de guerra con parejas de caballos, o gente montada en burros o en camellos, que preste mucha atención. Entonces el vigilante gritó como un león: “Señor, todo el día estoy firme en mi puesto de vigilancia, y todas las noches permanezco en mi lugar de guardia. ¡Miren, ahí viene un carro de guerra con una pareja de caballos!”. Luego él anunció: “¡Cayó, cayó Babilonia! Todas las imágenes de sus dioses quedaron rotas en el suelo”.
10 ¡Pueblo mío, que has sido trillado en mi era! Lo que escuché de parte de Yahvé de los Ejércitos, el Dios de Israel, es lo que les he anunciado.
11 Profecía sobre Dumá.
Alguien me grita desde Seir: “Vigilante, ¿cuánto falta para que acabe la noche? Vigilante, ¿qué ves en la noche?”. 12 El vigilante respondió: “Ya viene la mañana, pero después volverá la noche. Si quieren preguntar, pregunten; pero vuelvan otra vez”.
13 Profecía sobre Arabia.
Ustedes, caravanas de los dedanitas, que se alojan en los matorrales de Arabia: 14 salgan al encuentro del sediento y denle agua; habitantes de la tierra de Tema, lleven pan a los que huyen. 15 Porque vienen huyendo de las espadas, de la espada desenvainada, del arco listo para disparar y del furor de la batalla. 16 Porque el Señor me dijo: “Dentro de un año, contado como el de un trabajador contratado, toda la gloria de Cedar se terminará. 17 Serán muy pocos los arqueros que queden de los valientes de Cedar”. Yahvé, el Dios de Israel, lo ha dicho.