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Profecía sobre Moab.
En una sola noche, Ar de Moab fue destruida y quedó en silencio; en una sola noche, Kir de Moab fue devastada y quedó en silencio. La gente de Moab sube al templo y a Dibón, a los altares paganos, para llorar. Moab gime de dolor por Nebo y por Medeba. Todos se han rapado la cabeza y se han cortado la barba en señal de duelo. En las calles se visten de luto; en las azoteas y en las plazas todos se lamentan y se deshacen en lágrimas. Hesbón y Eleale gritan pidiendo ayuda; sus gritos se oyen hasta Jahaza. Por eso los guerreros de Moab tiemblan de miedo; ¡se han quedado sin ánimo! Mi corazón llora por Moab. Sus fugitivos escapan hacia Zoar y hasta Eglat Selisiyá. Suben llorando por la cuesta de Luhit; por el camino de Horonaim lanzan gritos de dolor por la destrucción. Las aguas de Nimrim se han secado; el pasto se marchitó, la hierba se secó y no queda nada verde. Por eso, las riquezas que han ganado y todo lo que han ahorrado, lo cruzan ahora por el Arroyo de los Sauces. El grito de dolor recorre todas las fronteras de Moab; sus lamentos llegan hasta Eglaim y su llanto hasta Beer-elim. Las aguas de Dimón están teñidas de sangre, pero todavía traeré más males sobre Dimón: enviaré un león contra los que escapen de Moab y contra los que queden en la tierra.