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José le dio esta orden al administrador de su casa: “Llena de alimento los costales de estos hombres, todo lo que puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. Además, pon mi copa de plata en la boca del costal del más joven, junto con el dinero que pagó por su trigo”. El administrador hizo todo tal como José se lo había ordenado. Al amanecer, despidieron a los hombres y los dejaron ir con sus burros. Todavía no se habían alejado mucho de la ciudad, cuando José le dijo a su administrador: “¡Prepárate y persigue a esos hombres! Cuando los alcances, pregúntales: ‘¿Por qué han pagado mal por bien? ¿Acaso no es ésta la copa en la que bebe mi señor, y la que usa para adivinar? ¡Han cometido una gran maldad!’ ” Cuando el administrador los alcanzó, les repitió estas mismas palabras.
Ellos le respondieron: “¿Por qué nos habla así mi señor? ¡Lejos estén sus siervos de hacer semejante cosa! Fíjese que el dinero que encontramos en la boca de nuestros costales se lo trajimos de regreso desde la tierra de Canaán. ¿Cómo íbamos a robar plata u oro de la casa de su señor? Si usted encuentra la copa en poder de alguno de sus siervos, ¡que ese hombre muera, y el resto de nosotros seremos esclavos de mi señor!”
10 El administrador les dijo: “De acuerdo, que sea como ustedes dicen: aquel a quien se le encuentre la copa será mi esclavo, y los demás quedarán libres de culpa”.
11 Rápidamente, cada uno bajó su costal al suelo y lo abrió. 12 El administrador los revisó, empezando por el costal del mayor y terminando con el del menor. ¡Y la copa apareció en el costal de Benjamín! 13 Llenos de angustia, se rasgaron la ropa, cargaron de nuevo sus burros y regresaron a la ciudad.
14 Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de José, él todavía estaba allí. Ellos se postraron hasta el suelo delante de él. 15 José les reclamó: “¿Qué es lo que han hecho? ¿Acaso no saben que un hombre como yo puede adivinar las cosas?”
16 Judá le respondió: “¿Qué le podemos decir a mi señor? ¿Qué le podemos contestar? ¿Cómo podremos justificarnos? Dios ha descubierto la maldad de sus siervos. Aquí nos tiene; somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel a quien se le encontró la copa”.
17 Pero José declaró: “¡Lejos esté de hacer semejante cosa! Sólo aquel a quien se le encontró la copa será mi esclavo; en cuanto a ustedes, regresen en paz a donde está su padre”.
18 Entonces Judá se acercó a él y le rogó: “Ay, señor mío, le ruego que le permita a su siervo decirle unas palabras en privado. Por favor, no se enoje con su siervo, pues usted tiene tanta autoridad como el propio faraón. 19 Mi señor les preguntó a sus siervos: ‘¿Tienen padre o algún otro hermano?’ 20 Y nosotros le respondimos: ‘Tenemos un padre anciano, y un hermano menor que le nació en su vejez. El hermano de este muchacho ya murió, así que es el único hijo que le queda de esa madre, y su padre lo ama muchísimo’. 21 Entonces usted nos ordenó: ‘Tráiganmelo, para que yo lo vea con mis propios ojos’. 22 Nosotros le advertimos a mi señor: ‘El muchacho no puede dejar a su padre, porque si lo hace, su padre morirá’. 23 Pero usted nos dijo: ‘Si su hermano menor no baja con ustedes, no volverán a ver mi rostro’. 24 Cuando regresamos a donde está su siervo, mi padre, le contamos todo lo que mi señor había dicho. 25 Más tarde, nuestro padre nos dijo: ‘Vuelvan y cómprennos un poco más de comida’. 26 Nosotros le respondimos: ‘No podemos ir. Sólo bajaremos si nuestro hermano menor va con nosotros; porque no podremos ver el rostro de aquel hombre si nuestro hermano menor no nos acompaña’. 27 Entonces su siervo, mi padre, nos dijo: ‘Ustedes saben que mi esposa me dio dos hijos. 28 Uno de ellos me dejó, y llegué a la conclusión de que un animal salvaje lo había despedazado; ¡hasta el día de hoy no lo he vuelto a ver! 29 Si se llevan también a éste de mi lado, y le pasa alguna desgracia, ¡harán que este viejo baje al Seol* lleno de dolor!’ 30 Así que, si yo regreso a donde está su siervo, mi padre, y el muchacho no va con nosotros, como la vida de mi padre depende de la vida del muchacho, 31 al ver que el muchacho no está, él morirá. Y nosotros, sus siervos, seremos los culpables de que nuestro padre baje al Seol lleno de dolor. 32 Yo, su siervo, me hice responsable del muchacho ante mi padre, diciéndole: ‘Si no te lo traigo de regreso, seré culpable ante ti toda mi vida’. 33 Por lo tanto, le ruego a mi señor que me deje quedarme como su esclavo en lugar del muchacho, y permita que él regrese con sus hermanos. 34 Porque, ¿cómo podré volver a donde está mi padre, si el muchacho no está conmigo? ¡No podría soportar ver la desgracia que le sobrevendría a mi padre!”
* 44:29 El Seol es el lugar de los muertos. 44:31 El Seol es el lugar de los muertos.