GEN 1:1 EN el principio creó Dios el cielo y la tierra.
GEN 1:2 Y la tierra estaba sin forma y vacía, y las tinieblas [estaban] sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
GEN 1:3 Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz.
GEN 1:4 Y vio Dios que la luz [era] buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas.
GEN 1:5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche: y fue la tarde y la mañana el día pri­mero.
GEN 1:6 Y dijo Dios: Haya firmamento en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.
GEN 1:7 E hizo Dios el firmamento, y apartó las aguas que [estaban] debajo del firmamento de las aguas que [estaban] sobre el fir­mamento: y fue así.
GEN 1:8 Y llamó Dios al firmamento Cielo: y fue la tarde y la maña­na el día segundo.
GEN 1:9 Y dijo Dios: Júntense las aguas debajo de los cielos en un lugar, y aparezca la [porción] seca: y fue así.
GEN 1:10 Y llamó Dios a la [porción] seca Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares: y vio Dios que [era] bueno.
GEN 1:11 Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé simiente, árbol de fruto que dé fruto según su género, que su simiente esté en él, sobre la tie­rra: y fue así.
GEN 1:12 Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da simiente según su género, y árbol que da fruto, cuya simiente [está] en él, según su género: y vio Dios que [era] bueno.
GEN 1:13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
GEN 1:14 Y dijo Dios: Sean lumbreras en el firmamento del cielo para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las esta­ciones, y para días y años;
GEN 1:15 Y sean por lumbreras en el fir­mamento del cielo para alum­brar sobre la tierra: y fue así.
GEN 1:16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para señorear en el día, y la lumbrera menor para señorear en la noche: también [él hizo] las estrellas.
GEN 1:17 Y púsolas Dios en el firmamento del cielo, para alum­brar sobre la tierra,
GEN 1:18 Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vio Dios que [era] bueno.
GEN 1:19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
GEN 1:20 Y dijo Dios: Produzcan las aguas abundantemente criatura viviente que se mueve, y aves [que] vuelen sobre la tierra, en el firmamento abierto del cielo.
GEN 1:21 Y creó Dios las grandes ballenas, y toda criatura viva que se mueve, que las aguas produjeron abundantemente según su género, y toda ave alada según su género: y vio Dios que [era] bueno.
GEN 1:22 Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicad, y henchid las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra.
GEN 1:23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
GEN 1:24 Y dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y criaturas que se arrastran y animales de la tierra según su género: y fue así.
GEN 1:25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que anda arrastrando sobre la tie­rra según su género: y vio Dios que [era] bueno.
GEN 1:26 Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza: y señoree en los peces del mar, y en las aves del cielo, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra.
GEN 1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
GEN 1:28 Y los bendijo Dios; y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
GEN 1:29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda hierba que da simiente, que [está] sobre la faz de toda la tierra; y todo árbol en que [hay] fruto de árbol que da simiente, os será para comer.
GEN 1:30 Y a toda bestia de la tierra, y a toda ave del cielo, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que [hay] vida, [os he dado] toda hierba verde para comer: y fue así.
GEN 1:31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que [era] bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
GEN 2:1 Y FUERON acabados los cie­los y la tierra, y todo el ejér­cito de ellos.
GEN 2:2 Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho.
GEN 2:3 Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios creado y hecho.
GEN 2:4 Éstos [son] los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fue­ron creados, en el día que el SEÑOR Dios hizo la tierra y los cielos,
GEN 2:5 Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hier­ba del campo antes que naciese: porque aun no había el SEÑOR Dios hecho llover sobre la tierra, ni [había] hombre para que labra­se la tierra;
GEN 2:6 Mas subía de la tierra un vapor, que regaba toda la faz de la tierra.
GEN 2:7 Formó, pues, el SEÑOR Dios al hombre [del] polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y fue el hombre un alma viviente.
GEN 2:8 Y había el SEÑOR Dios plan­tado un huerto en Edén al orien­te, y puso allí al hombre que había formado.
GEN 2:9 Y había el SEÑOR Dios hecho nacer de la tierra todo árbol agradable a la vista, y bueno para comer: también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
GEN 2:10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repar­tía en cuatro ramales.
GEN 2:11 El nombre del uno [es] Pisón: éste [es] el que rodea toda la tierra de Havila, donde [hay] oro;
GEN 2:12 Y el oro de aquella tierra [es] bueno: [hay] allí bedelio y piedra de ónix.
GEN 2:13 El nombre del segundo río [es] Gihón: éste [es] el que rodea toda la tierra de Etiopía.
GEN 2:14 Y el nombre del tercer río [es] Hidekel: éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río [es] el Éufrates.
GEN 2:15 Tomó, pues, el SEÑOR Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
GEN 2:16 Y mandó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás libremente comer;
GEN 2:17 Mas del árbol del conoci­miento del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
GEN 2:18 Y dijo el SEÑOR Dios: No [es] bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él.
GEN 2:19 Formó, pues, el SEÑOR Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave del cielo, y trájo­[las] a Adam, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adam llamó a los animales vivientes, ese [fue] su nombre.
GEN 2:20 Y puso Adam nombres a toda bestia y ave del cielo y a todo animal del campo: mas para Adam no se halló ayuda idónea para él.
GEN 2:21 Y el SEÑOR Dios hizo caer sueño sobre Adam, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar;
GEN 2:22 Y de la costilla que el SEÑOR Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y trájola al hombre.
GEN 2:23 Y dijo Adam: Ésta [es] ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ella será llamada Varona, porque del varón fue tomada.
GEN 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegar­se ha a su esposa, y serán una sola carne.
GEN 2:25 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su esposa, y no se aver­gonzaban.
GEN 3:1 AHORA la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
GEN 3:2 Y la mujer respondió a la ser­piente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer
GEN 3:3 Mas del fruto del árbol que [está] en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis.
GEN 3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis;
GEN 3:5 Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dio­ses sabiendo el bien y el mal.
GEN 3:6 Y cuando vio la mujer que el árbol [era] bueno para comer, y que [era] agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabi­duría; tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
GEN 3:7 Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
GEN 3:8 Y oyeron la voz del SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su esposa de la presen­cia del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto.
GEN 3:9 Y llamó el SEÑOR Dios a Adam, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
GEN 3:10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme.
GEN 3:11 Y díjole: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?
GEN 3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste para estar conmigo me dio del árbol, y yo comí.
GEN 3:13 Entonces el SEÑOR Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
GEN 3:14 Y el SEÑOR Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bes­tias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho anda­rás, y polvo comerás todos los días de tu vida:
GEN 3:15 Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta [simiente] te herirá [en] la cabeza, y tú le herirás [en] el cal­cañar.
GEN 3:16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos; y a tu marido [será] tu deseo, y él se enseñoreará de ti.
GEN 3:17 Y a Adam dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu esposa, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita [será] la tierra por tu causa; con dolor comerás [de] ella todos los días de tu vida;
GEN 3:18 Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo;
GEN 3:19 En el sudor de tu rostro come­rás el pan hasta que vuelvas a la tierra; porque de ella fuiste toma­do: pues polvo [eres], y al polvo serás tornado.
GEN 3:20 Y llamó Adam el nombre de su esposa, Eva; por cuanto ella era madre de todos los vivientes.
GEN 3:21 Y el SEÑOR Dios hizo a Adam y a su esposa túnicas de pieles, y vistiólos.
GEN 3:22 Y dijo el SEÑOR Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre:
GEN 3:23 Y sacólo el SEÑOR Dios del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
GEN 3:24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
GEN 4:1 Y CONOCIÓ Adam a su esposa Eva, la cual concibió y parió a Caín, y dijo: Adquirido he varón por el SEÑOR.
GEN 4:2 Y después parió a su hermano Abel. Y fue Abel pastor de ove­jas, y Caín fue labrador de la tie­rra.
GEN 4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tie­rra una ofrenda al SEÑOR.
GEN 4:4 Y Abel trajo también de los pri­mogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y el SEÑOR respetó a Abel y [aceptó] su ofrenda;
GEN 4:5 Mas no miró propicio a Caín y a la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante.
GEN 4:6 Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu ros­tro?
GEN 4:7 Si bien hicieres, ¿no serás aceptado? y si no hicieres bien, el pecado está acechando a la puerta y te desea, y tú te enseñorearás sobre él.
GEN 4:8 Y habló Caín con su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levan­tó contra su hermano Abel, y le mató.
GEN 4:9 Y el SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde [está] Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿[soy] yo guarda de mi hermano?
GEN 4:10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu herma­no clama a mí desde la tierra.
GEN 4:11 Ahora pues, maldito [seas] tú de la tierra que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano de tu mano:
GEN 4:12 Cuando labrares la tierra, no te volverá a dar su fuerza: fugitivo y vagabundo serás en la tierra.
GEN 4:13 Y dijo Caín al SEÑOR: Mi castigo [es] más grande de lo que puedo soportar.
GEN 4:14 He aquí me echas hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia seré escondido; y seré fugitivo y vagabundo en la tierra; y sucede­rá que cualquiera [que] me hallare, me matará.
GEN 4:15 Y respondióle el SEÑOR: Cierto que cualquiera que matare a Caín, siete veces será castiga­do. Entonces el SEÑOR puso una marca en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.
GEN 4:16 Y salió Caín de la presencia del SEÑOR, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.
GEN 4:17 Y conoció Caín a su esposa, la cual concibió y parió a Enoc: y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.
GEN 4:18 Y a Enoc nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec.
GEN 4:19 Y tomó para sí Lamec dos esposas; el nombre de la una [fue] Ada, y el nombre de la otra Zila.
GEN 4:20 Y Ada parió a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas, y los que [tienen] ganados.
GEN 4:21 Y el nombre de su hermano [fue] Jubal, el cual fue[ padre de todos los que manejan arpa y órgano.
GEN 4:22 Y Zila también parió a Tubal-­Caín, un instructor de todo artífice de latón y de hierro: y la hermana de Tubal-Caín [fue] Naama.
GEN 4:23 Y dijo Lamec a sus esposas: Ada y Zila, oíd mi voz; esposas de Lamec, escuchad mi dicho: que varón mataré por mi herida, y mancebo por mi golpe:
GEN 4:24 Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete [lo será].
GEN 4:25 Y conoció de nuevo Adam a su esposa, la cual parió un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios, [dijo ella,] me ha dado otra simiente en lugar de Abel, a quien mató Caín.
GEN 4:26 Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenza­ron a invocar el nombre del SEÑOR.
GEN 5:1 ÉSTE [es] el libro de las generaciones de Adam. El día en que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios lo hizo;
GEN 5:2 Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó su nombre Adam, el día en que fueron creados.
GEN 5:3 Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró [un hijo] a su semejanza, conforme a su ima­gen, y llamó su nombre Set.
GEN 5:4 Y fueron los días de Adam, después que engendró a Set, ochocientos años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:5 Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos y trein­ta años, y murió.
GEN 5:6 Y vivió Set ciento y cinco años, y engendró a Enós.
GEN 5:7 Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos y siete años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:8 Y fueron todos los días de Set novecientos y doce años; y murió.
GEN 5:9 Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.
GEN 5:10 Y vivió Enós después que engendró a Cainán, ochocientos y quince años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:11 Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años; y murió.
GEN 5:12 Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel.
GEN 5:13 Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ocho­cientos y cuarenta años: y engen­dró hijos e hijas.
GEN 5:14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos y diez años; y murió.
GEN 5:15 Y vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared.
GEN 5:16 Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocien­tos y treinta años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió.
GEN 5:18 Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.
GEN 5:19 Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió.
GEN 5:21 Y vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalem.
GEN 5:22 Y caminó Enoc con Dios, des­pués que engendró a Matusalem, trescientos años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.
GEN 5:24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y no [apareció], porque le llevó Dios.
GEN 5:25 Y vivió Matusalem ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.
GEN 5:26 Y vivió Matusalem, después que engendró a Lamec, sete­cientos ochenta y dos años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:27 Fueron, pues, todos los días de Matusalem, novecientos sesenta y nueve años; y murió.
GEN 5:28 Y vivió Lamec ciento ochen­ta y dos años, y engendró un hijo:
GEN 5:29 Y llamó su nombre Noé, diciendo: Éste nos consolará acerca de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tie­rra que el SEÑOR maldijo.
GEN 5:30 Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años: y engendró hijos e hijas.
GEN 5:31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió.
GEN 5:32 Y era Noé de edad quinientos años; y engendró Noé a Sem, Cam, y a Jafet.
GEN 6:1 Y ACAECIÓ que, cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,
GEN 6:2 Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres [eran] hermosas, tomáronse esposas, escogiendo entre todas.
GEN 6:3 Y dijo el SEÑOR: No conten­derá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque él también [es] carne: mas serán sus días ciento y veinte años.
GEN 6:4 Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron [hijos]: éstos [fueron] los valientes que desde la anti­güedad [fueron] varones de nom­bre.
GEN 6:5 Y vio DIOS que [era] mucha la maldad del hombre en la tierra, y [que] toda imaginación de los pensamientos de su corazón [era] solamente mala continuamente.
GEN 6:6 Y arrepintióse el SEÑOR de haber hecho hombre en la tierra, y pesóle en su corazón.
GEN 6:7 Y dijo el SEÑOR: Raeré los hombres que he creado de sobre la faz de la tierra, desde el hom­bre hasta la bestia, y hasta el rep­til y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho.
GEN 6:8 Pero Noé halló gracia en los ojos del SEÑOR.
GEN 6:9 Éstas [son] las generaciones de Noé: Noé fue un varón justo [y] perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.
GEN 6:10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam, y a Jafet.
GEN 6:11 Y corrompióse la tierra delan­te de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.
GEN 6:12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; por­que toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
GEN 6:13 Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí; porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.
GEN 6:14 Hazte un arca de madera de gofer: harás aposentos en el arca, y la embetunarás con brea por dentro y por fuera.
GEN 6:15 Y de esta [manera] la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchu­ra, y de treinta codos su altura.
GEN 6:16 Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo [de elevación] por la parte de arriba: y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás [piso] bajo, segundo y terce­ro.
GEN 6:17 Y yo, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que [haya] espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que [hay] en la tierra morirá.
GEN 6:18 Mas estableceré mi pacto contigo, y vendrás en el arca tú, y tus hijos y tu esposa, y las esposas de tus hijos contigo.
GEN 6:19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada género mete­rás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán.
GEN 6:20 De las aves según su género, y de las bestias según su género, de todo reptil de la tierra según su género, dos de cada género vend­rán a ti para conservarles la vida.
GEN 6:21 Y toma contigo de toda vian­da que se come, y allégala a ti; servirá de alimento para ti y para ellos.
GEN 6:22 E hízolo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.
GEN 7:1 Y EL SEÑOR dijo a Noé: Ven tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.
GEN 7:2 De todo animal limpio te toma­rás de siete en siete, macho y su hembra; mas de los animales que no [son] limpios, dos, macho y su hembra.
GEN 7:3 También de las aves del cie­lo de siete en siete, macho y hembra; para guardar en vida la casta sobre la faz de toda la tie­rra.
GEN 7:4 Porque aún siete días, y yo haré llover sobre la tierra cua­renta días y cuarenta noches; y toda sustancia viviente que hice destruiré de sobre la faz de la tierra.
GEN 7:5 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó el SEÑOR.
GEN 7:6 Y [siendo] Noé de seiscientos años, el diluvio de las aguas fue sobre la tierra.
GEN 7:7 Y vino Noé, y sus hijos, y su esposa, y las esposas de sus hijos con él al arca, por las aguas del diluvio.
GEN 7:8 De los animales limpios, y de los animales que no [son] limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,
GEN 7:9 De dos en dos entraron a Noé en el arca: macho y hembra, como mandó Dios a Noé.
GEN 7:10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra.
GEN 7:11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a die­cisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas del cielo fueron abiertas;
GEN 7:12 Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
GEN 7:13 En este mismo día entró Noé, y Sem, y Cam y Jafet, hijos de Noé, la esposa de Noé, y las tres esposas de sus hijos con él en el arca;
GEN 7:14 Ellos, y todos los animales según sus géneros, y todos los animales mansos según sus géneros, y todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra según su género, y toda ave según su género, todo pájaro alado.
GEN 7:15 Y vinieron a Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que [había] espíritu de vida.
GEN 7:16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios: y el SEÑOR le cerró [la puerta.]
GEN 7:17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecie­ron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.
GEN 7:18 Y prevalecieron las aguas, y crecieron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la faz de las aguas.
GEN 7:19 Y las aguas prevalecieron mucho en extremo sobre la tie­rra; y todos los montes altos que [había] debajo de todo el cielo, fueron cubiertos.
GEN 7:20 Quince codos en alto prevale­cieron las aguas; y fueron cubier­tos los montes.
GEN 7:21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganados, y de bestias, y de todo reptil que anda arrastran­do sobre la tierra, y todo hombre:
GEN 7:22 Todo lo que [tenía] aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que [había] en la [tierra], murió.
GEN 7:23 Así fue destruída toda sustancia viviente de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y los reptiles, y las aves del cielo; y fueron destruidos de la tierra; y quedó solamente Noé, y los que con él [estaban] en el arca.
GEN 7:24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento y cincuenta días.
GEN 8:1 Y ACORDÓSE Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que [estaban] con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.
GEN 8:2 Y se cerraron las fuentes del abismo, y las cataratas del cie­lo; y la lluvia del cielo fue detenida.
GEN 8:3 Y tornáronse las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo: y decrecieron las aguas al cabo de ciento y cincuenta días.
GEN 8:4 Y reposó el arca en el mes sép­timo, a diecisiete días del mes, sobre los montes de Ararat.
GEN 8:5 Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo: en el déci­mo [mes], el primer [día] del mes, se des­cubrieron las cimas de los mon­tes.
GEN 8:6 Y sucedió que, al cabo de cua­renta días, abrió Noé la ventana del arca que había hecho,
GEN 8:7 Y envió al cuervo, el cual salió, [y estuvo] yendo y tornando hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra.
GEN 8:8 Envió también de sí a la palo­ma, para ver si las aguas se habí­an retirado de sobre la faz de la tierra;
GEN 8:9 Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvióse a él al arca, porque las aguas estaban [aún] sobre la faz de toda la tierra: entonces él exten­dió su mano y cogiéndola, hízola entrar consigo en el arca.
GEN 8:10 Y esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca.
GEN 8:11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde: y he aquí [que traía] una hoja de oliva tomada en su pico: y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.
GEN 8:12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no vol­vió ya más a él.
GEN 8:13 Y sucedió que en el año seis­cientos y uno, en el [mes] primero, el primer [día] del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba enjuta.
GEN 8:14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra.
GEN 8:15 Y habló Dios a Noé diciendo:
GEN 8:16 Sal del arca tú, y tu esposa, y tus hijos, y las esposas de tus hijos contigo.
GEN 8:17 Todos los animales que [están] contigo, de toda carne, [tanto] de aves como de bestias y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multiplí­quense sobre la tierra.
GEN 8:18 Entonces salió Noé, y sus hijos, y su esposa, y las esposas de sus hijos con él.
GEN 8:19 Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus géneros, salieron del arca.
GEN 8:20 Y edificó Noé un altar al SEÑOR, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció ofrendas quemadas en el altar.
GEN 8:21 Y percibió el SEÑOR olor de suavidad; y dijo el SEÑOR en su corazón: No tornaré más a mal­decir la tierra por causa del hom­bre; porque la imaginación del corazón del hombre [es] mala desde su juventud: ni volveré más a herir todo viviente, como he hecho.
GEN 8:22 Todavía serán todos los tiem­pos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano e invierno, y día y noche, no cesa­rán.
GEN 9:1 Y BENDIJO Dios a Noé y a sus hijos, y díjoles: Fructificad, y multiplicad, y henchid la tierra:
GEN 9:2 Y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave del cielo, en todo lo que se mueva [sobre] la tierra, y en todos los peces del mar: en vuestra mano son entregados.
GEN 9:3 Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y hierbas, os lo he dado todo.
GEN 9:4 Pero carne con su vida, [que es] su sangre, no comeréis.
GEN 9:5 Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la deman­daré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre.
GEN 9:6 El que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
GEN 9:7 Mas vosotros fructificad, y multiplicaos; procread abundan­temente en la tierra, y multipli­caos en ella.
GEN 9:8 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo:
GEN 9:9 Yo, he aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra simiente después de vosotros;
GEN 9:10 Y con toda alma viviente que [está] con vosotros, de aves, de animales, y de toda bestia de la tierra que está con vosotros; desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tie­rra.
GEN 9:11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no fenecerá ya más toda carne con aguas de diluvio; ni habrá más diluvio para des­truir la tierra.
GEN 9:12 Y dijo Dios: Ésta [será] la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y toda alma viviente que [está] con vosotros, por siglos perpetuos:
GEN 9:13 Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de conve­nio entre mí y la tierra.
GEN 9:14 Y acontecerá que cuando haré venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes.
GEN 9:15 Y acordarme he del pacto mío, que [hay] entre mí y vosotros y toda alma viviente de toda carne; y no serán más las aguas por diluvio para destruir toda carne.
GEN 9:16 Y estará el arco en las nubes, y verlo he para acordarme del pacto perpetuo entre Dios y toda alma viviente, con toda carne que [hay] sobre la tierra.
GEN 9:17 Dijo, pues, Dios a Noé: Ésta [será] la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.
GEN 9:18 Y los hijos de Noé que salie­ron del arca fueron Sem, Cam y Jafet: y Cam [es] el padre de Canaán.
GEN 9:19 Estos tres [son] los hijos de Noé; y de ellos fue llena toda la tierra.
GEN 9:20 Y comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña:
GEN 9:21 Y bebió del vino, y se embria­gó, y estaba descubierto en medio de su tienda.
GEN 9:22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y díjolo a sus dos hermanos a la parte de afuera.
GEN 9:23 Entonces Sem y Jafet toma­ron la ropa, y [la] pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnu­dez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.
GEN 9:24 Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho a él su hijo el más joven;
GEN 9:25 Y dijo: Maldito [sea] Canaán; Siervo de siervos será a sus her­manos.
GEN 9:26 Dijo más: Bendito [sea] el SEÑOR el Dios de Sem, y será Canaán su siervo.
GEN 9:27 Engrandecerá Dios a Jafet, y habitará en las tiendas de Sem, y será Canaán su siervo.
GEN 9:28 Y vivió Noé después del dilu­vio trescientos y cincuenta años.
GEN 9:29 Y fueron todos los días de Noé novecientos y cincuenta años; y murió.
GEN 10:1 ÉSTAS [son] las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a los cuales nacieron hijos después del diluvio.
GEN 10:2 Los hijos de Jafet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mesec, y Tiras.
GEN 10:3 Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma.
GEN 10:4 Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Quitim, y Dodanim.
GEN 10:5 Por éstos fueron repartidas las islas de los gentiles en sus tierras, cada cual según su lengua, confor­me a sus familias en sus naciones.
GEN 10:6 Los hijos de Cam: Cus, y Mizraim, y Fut, y Canaán.
GEN 10:7 Y los hijos de Cus: Seba, Havila, y Sabta, y Raama, y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedán.
GEN 10:8 Y Cus engendró a Nimrod: éste comenzó a ser poderoso en la tierra.
GEN 10:9 Éste fue vigoroso cazador delante del SEÑOR; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigo­roso cazador delante del SEÑOR.
GEN 10:10 Y fue la cabecera de su reino Babel, y Erec, y Acad, y Calne, en la tierra de Sinar.
GEN 10:11 De esa tierra salió Asur, y edificó a Nínive, y a Rehobot, y a Cala,
GEN 10:12 Y a Resén entre Nínive y Cala; la cual [es] ciudad grande.
GEN 10:13 Y Mizraim engendró a Ludim, y a Anamim, y a Lehabim, y a Naftuhim,
GEN 10:14 Y a Patrusim, y a Casluim, (de donde salieron los filisteos), y a Caftorim.
GEN 10:15 Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het,
GEN 10:16 Y al jebuseo, y al amorreo, y al gergeseo,
GEN 10:17 Y al heveo, y al araceo, y al sineo,
GEN 10:18 Y al Aradio, y al samareo, y al Amateo: y después se derrama­ron las familias de los cananeos.
GEN 10:19 Y fue el término de los cananeos desde Sidón, viniendo a Gerar hasta Gaza, hasta entrar en Sodoma y Gomorra, Adma, y Zeboim hasta Lasa.
GEN 10:20 Éstos [son] los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras [y] en sus naciones.
GEN 10:21 También le nacieron [hijos] a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet.
GEN 10:22 Y los hijos de Sem: Elam, y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram.
GEN 10:23 Y los hijos de Aram: Uz, y Hul, y Geter, y Mas.
GEN 10:24 Y Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber.
GEN 10:25 Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno [fue] Peleg, por­que en sus días fue repartida la tie­rra; y el nombre de su hermano [fue] Joctán.
GEN 10:26 Y Joctán engendró a Almodad, y a Selef, y Hazarmavet, y a Jera,
GEN 10:27 Y a Adoram, y a Uzal, y a Dicla,
GEN 10:28 Y a Obal, y a Abimael, y a Seba,
GEN 10:29 Y a Ofir, y a Havila, y a Jobab: todos estos [fueron] hijos de Joctán.
GEN 10:30 Y fue su habitación desde Mesa viniendo de Sefar, monte [a la parte] del oriente.
GEN 10:31 Éstos [fueron] los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.
GEN 10:32 Éstas [son] las familias de Noé por sus descendencias, en sus naciones; y de éstos fueron divi­didas las naciones en la tierra des­pués del diluvio.
GEN 11:1 ERA entonces toda la tierra de una lengua y unas mismas palabras.
GEN 11:2 Y aconteció [que], como se partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Sinar, y asentaron allí.
GEN 11:3 Y dijeron los unos a los otros: Vaya, hagamos ladrillo y cozá­moslo con fuego. Y fueles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla.
GEN 11:4 Y dijeron: Vamos, edifiquémo­nos una ciudad y una torre, cuya cúspide [llegue] al cielo; y hagá­monos un nombre, por si fuére­mos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.
GEN 11:5 Y descendió el SEÑOR para ver la ciudad y la torre que edifi­caban los hijos de los hombres.
GEN 11:6 Y dijo el SEÑOR: He aquí el pueblo [es] uno, y todos éstos tie­nen un lenguaje: y han comenza­do a obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensado hacer.
GEN 11:7 Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero.
GEN 11:8 Así los esparció el SEÑOR desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
GEN 11:9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió el SEÑOR el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.
GEN 11:10 Éstas [son] las generaciones de Sem: Sem [fue] de edad de cien años y engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio.
GEN 11:11 Y vivió Sem, después que engendró a Arfaxad quinientos años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:12 Y Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala.
GEN 11:13 Y vivió Arfaxad, después que engendró a Sala, cuatrocien­tos y tres años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:14 Y vivió Sala treinta años, y engendró a Heber.
GEN 11:15 Y vivió Sala, después que engendró a Heber, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:16 Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Peleg.
GEN 11:17 Y vivió Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:18 Y vivió Peleg, treinta años, y engendró a Reu.
GEN 11:19 Y vivió Peleg, después que engendró a Reu, doscientos y nueve años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:20 Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug.
GEN 11:21 Y vivió Reu, después que engendró a Serug, doscientos y siete años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:22 Y vivió Serug treinta años, y engendró a Nacor.
GEN 11:23 Y vivió Serug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:24 Y vivió Nacor veintinueve años, y engendró a Taré.
GEN 11:25 Y vivió Nacor, después que engendró a Taré, ciento dieci­nueve años, y engendró hijos e hijas.
GEN 11:26 Y vivió Taré setenta años, y engendró a Abram, y a Nacor, y a Harán.
GEN 11:27 Éstas [son] las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, y a Nacor, y a Harán; y Harán engendró a Lot.
GEN 11:28 Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su naturaleza, en Ur de los caldeos.
GEN 11:29 Y tomaron Abram y Nacor para sí esposas: el nombre de la esposa de Abram, [fue] Sarai, y el nombre de la esposa de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca.
GEN 11:30 Mas Sarai fue esteril, y no [tenía] hijo.
GEN 11:31 Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, esposa de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán, y asenta­ron allí.
GEN 11:32 Y fueron los días de Taré doscientos y cinco años; y murió Taré en Harán.
GEN 12:1 AHORA el SEÑOR había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré;
GEN 12:2 Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición:
GEN 12:3 Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
GEN 12:4 Y fuese Abram, como el SEÑOR le dijo; y fue con él Lot: y [era] Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.
GEN 12:5 Y tomó Abram a Sarai su esposa, y a Lot hijo de su hermano, y toda su sustancia que habían ganado, y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.
GEN 12:6 Y pasó Abram por aquella tie­rra hasta el lugar de Siquem, hasta la llanura de Moreh: y el cananeo [estaba] entonces en la tierra.
GEN 12:7 Y apareció el SEÑOR a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar al SEÑOR, que le había aparecido.
GEN 12:8 Y pasóse de allí a un monte al oriente de Betel, y tendió su tienda, [teniendo] a Betel al occi­dente y Hai al oriente: y edificó allí altar al SEÑOR, e invocó el nombre del SEÑOR.
GEN 12:9 Y partióse Abram, yendo aún hacia el sur.
GEN 12:10 Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para peregrinar allá; porque [era] grande el hambre en la tierra.
GEN 12:11 Y aconteció que cuando esta­ba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su esposa: He aquí, ahora conozco que [eres] mujer hermosa de vista;
GEN 12:12 Y será que cuando te habrán visto los egipcios, dirán: Su esposa [es]: y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.
GEN 12:13 Ahora pues, di que [eres] mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti.
GEN 12:14 Y aconteció que, como entró Abram en Egipto, los egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera.
GEN 12:15 Viéronla también los prínci­pes de Faraón, y se la alabaron; y fue llevada la mujer a casa de Faraón:
GEN 12:16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y cria­das, y asnas y camellos.
GEN 12:17 Mas el SEÑOR hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai esposa de Abram.
GEN 12:18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué [es] esto [que] has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que [era] tu esposa?
GEN 12:19 ¿Por qué dijiste: [Es] mi her­mana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por esposa? Ahora pues, he aquí tu esposa, tóma[la] y vete.
GEN 12:20 Entonces Faraón dio orden a [sus] gentes acerca de Abram; y le acompañaron, y a su esposa con todo lo que tenía.
GEN 13:1 SUBIÓ, pues, Abram de Egipto hacia el sur, él, y su esposa, con todo lo que tenía, y con él Lot.
GEN 13:2 Y Abram [era] riquísimo en ganado, en plata y oro.
GEN 13:3 Y él fue por sus jornadas del sur hasta Betel, hasta el lugar donde había estado antes su tienda, entre Betel y Hai;
GEN 13:4 Al lugar del altar que había hecho allí antes: e invocó allí Abram el nombre del SEÑOR.
GEN 13:5 Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas.
GEN 13:6 Y la tierra no podía darles para que habitasen juntos: porque su sustancia era mucha, y no podían morar en un mismo lugar.
GEN 13:7 Y hubo contienda entre los pas­tores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot: y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.
GEN 13:8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque [somos] hermanos.
GEN 13:9 ¿No [está] toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si [fueres] a la mano izquierda, yo iré a la derecha: y si [fueres] a la derecha, yo iré a la izquierda.
GEN 13:10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, antes que des­truyese el SEÑOR a Sodoma y a Gomorra, [aún] como el huerto del SEÑOR, como la tierra de Egipto entrando en Zoar.
GEN 13:11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán: y par­tióse Lot de Oriente, y apartáron­se el uno del otro.
GEN 13:12 Abram asentó en la tierra de Canaán, y Lot asentó en las ciu­dades de la llanura, y fue ponien­do [sus] tiendas hasta Sodoma.
GEN 13:13 Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores para con el SEÑOR en gran manera.
GEN 13:14 Y el SEÑOR dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, y al sur, y al oriente y al occidente;
GEN 13:15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu simiente para siempre.
GEN 13:16 Y haré tu simiente como el polvo de la tierra: que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada.
GEN 13:17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la tengo de dar.
GEN 13:18 Abram, pues, removiendo [su] tienda, vino y moró en el llano de Mamre, que [es] en Hebrón, y edi­ficó allí altar al SEÑOR.
GEN 14:1 Y ACONTECIÓ en los días de Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de naciones,
GEN 14:2 [Que éstos] hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y con­tra Birsa, rey de Gomorra, y contra Sinab, rey de Adma, y contra Semeber, rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.
GEN 14:3 Todos estos se juntaron en el valle de Sidim, que es el mar salado.
GEN 14:4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, y al décimotercio año se rebelaron.
GEN 14:5 Y en el año décimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que [estaban] de su parte, y derrotaron a los refaítas en Asterot-car­naim, a los zuzitas en Ham, y a los emitas en Save-Quiriataim.
GEN 14:6 Y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que [está] junto al desierto.
GEN 14:7 Y volvieron y vinieron a Emispat, que [es] Cades, y devastaron todas las haciendas de los amalecitas, y también al amorreo, que habitaba en Hazezón-tamar.
GEN 14:8 Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela, que [es] Zoar, y orde­naron contra ellos batalla en el valle de Sidim;
GEN 14:9 [Es a saber], contra Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de nacio­nes, y Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.
GEN 14:10 Y el valle de Sidim [estaba lleno de] pozos de betún: y huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, y cayeron allí; y los demás huyeron al monte.
GEN 14:11 Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y se fueron.
GEN 14:12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y su hacien­da, y se fueron.
GEN 14:13 Y vino uno de los que escapa­ron, y denunciólo a Abram el hebreo, que habitaba en el llano de Mamre amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales [estaban] confederados con Abram.
GEN 14:14 Y oyó Abram que su hermano estaba prisionero, y armó a sus [criados], los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y [los] siguió hasta Dan.
GEN 14:15 Y derramóse sobre ellos de noche él y sus siervos, e hiriólos, y fuélos siguiendo hasta Hobah, que [está] a la izquierda de Damasco.
GEN 14:16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su hermano y su hacienda, y también las mujeres y gente.
GEN 14:17 Y salió el rey de Sodoma a recibirlo, cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él [estaban], al valle de Save, que [es] el valle del rey.
GEN 14:18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual [era] sacerdote del Dios Altísimo;
GEN 14:19 Y bendíjole, y dijo: Bendito [sea] Abram del Dios Altísimo, posee­dor del cielo y de la tierra;
GEN 14:20 Y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y dióle [Abram] los diez­mos de todo.
GEN 14:21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las perso­nas, y toma para ti la hacienda.
GEN 14:22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano al SEÑOR Dios Altísimo, poseedor del cielo y de la tierra,
GEN 14:23 Que desde un hilo hasta la correa de un zapato, nada toma­ré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram:
GEN 14:24 Sacando solamente lo que comieron los mancebos, y la por­ción de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol, y Mamre; los cuales tomarán su parte.
GEN 15:1 DESPUÉS de estas cosas vino la palabra del SEÑOR a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; Yo [soy] tu escudo, [y] tu galardón sobremanera grande.
GEN 15:2 Y respondió Abram: Señor DIOS, ¿qué me has de dar, sien­do así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa [es] ese damasceno Eliezer?
GEN 15:3 Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa.
GEN 15:4 Y luego la palabra del SEÑOR [vino] a él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede.
GEN 15:5 Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora al cielo, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente.
GEN 15:6 Y creyó al SEÑOR, y contóselo por justicia.
GEN 15:7 Y díjole: Yo [soy] el SEÑOR, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.
GEN 15:8 Y él respondió: Señor DIOS, ¿en qué conoceré que la tengo de here­dar?
GEN 15:9 Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomi­no.
GEN 15:10 Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves.
GEN 15:11 Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram.
GEN 15:12 Mas a la caída del sol sobre­cogió el sueño a Abram, y he aquí que el pavor de una grande oscuridad cayó sobre él.
GEN 15:13 Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y ser­virá a los [de allí], [y] serán [por ellos] afligidos cuatrocientos años.
GEN 15:14 Mas también a la nación a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande sustancia.
GEN 15:15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
GEN 15:16 Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del amorreo hasta aquí.
GEN 15:17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos.
GEN 15:18 En aquel día hizo el SEÑOR un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates;
GEN 15:19 Los cineos, y los ceneceos, y los cedmoneos,
GEN 15:20 Y los heteos, y los ferezeos, y los refaítas,
GEN 15:21 Y los amorreos, y los cananeos, y los gergeseos, y los jebuseos.
GEN 16:1 Y SARAI, esposa de Abram no le paría: y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.
GEN 16:2 Dijo, pues, Sarai a Abram: Ya ves que el SEÑOR me ha hecho estéril: ruégote que entres a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al dicho de Sarai.
GEN 16:3 Y Sarai, esposa de Abram, tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por esposa.
GEN 16:4 Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora.
GEN 16:5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta [sea] sobre ti: yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con des­precio; juzgue el SEÑOR entre mí y ti.
GEN 16:6 Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia.
GEN 16:7 Y hallóla el ángel del SEÑOR junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente [que está] en el camino de Shur.
GEN 16:8 Y [le] dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora.
GEN 16:9 Y díjole el ángel del SEÑOR: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano.
GEN 16:10 Díjole también el ángel del SEÑOR: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado a causa de la muchedumbre.
GEN 16:11 Díjole aún el ángel del SEÑOR: He aquí que [has] conce­bido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha el SEÑOR tu aflicción.
GEN 16:12 Y él será hombre fiero; su mano [será] contra todos, y las manos de todos contra él; y delante de todos sus hermanos habitará.
GEN 16:13 Y llamó el nombre del SEÑOR que con ella hablaba: Tú Dios me ves; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?
GEN 16:14 Por lo cual llamó al pozo, Beer-lajai-roi. He aquí [está] entre Cades y Bered.
GEN 16:15 Y parió Agar a Abram un hijo, y llamó Abram el nombre de su hijo que le parió Agar, Ismael.
GEN 16:16 Y [era] Abram de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar a Ismael.
GEN 17:1 Y SIENDO Abram de edad de noventa y nueve años, aparecióle el SEÑOR, y le dijo: Yo [soy] el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.
GEN 17:2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera.
GEN 17:3 Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo:
GEN 17:4 Yo, he aquí mi pacto [es] contigo: Serás padre de muchedumbre de naciones:
GEN 17:5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de naciones.
GEN 17:6 Y multiplicarte he mucho en gran manera, y te pondré en naciones, y reyes saldrán de ti.
GEN 17:7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por pacto per­petuo, para serte a ti por Dios, y a tu simiente después de ti.
GEN 17:8 Y te daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.
GEN 17:9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: Tú por lo tanto guardarás mi pacto, tú y tu simiente des­pués de ti por sus generaciones.
GEN 17:10 Éste [es] mi pacto, que guar­daréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será cir­cuncidado todo varón de entre vosotros.
GEN 17:11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y voso­tros.
GEN 17:12 Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generacio­nes: el nacido en casa, y el com­prado a dinero de cualquier extranjero, que no [fuere] de tu simiente.
GEN 17:13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero: y estará mi pacto en vuestra carne para pacto per­petuo.
GEN 17:14 Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella alma será borrada de su pueblo; ha violado mi pacto.
GEN 17:15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu esposa no la llamarás Sarai, mas Sara [será] su nombre.
GEN 17:16 Y bendecirla he, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser [madre] de nacio­nes; reyes de pueblos serán de ella.
GEN 17:17 Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer [hijo]? ¿y Sara, ya de noventa años, ha de parir?
GEN 17:18 Y dijo Abraham a Dios: ¡Oh que Ismael viva delante de ti!
GEN 17:19 Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu esposa te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y con­firmaré mi pacto con él por un pacto perpetuo, [y] con su simiente des­pués de él.
GEN 17:20 Y en cuanto a Ismael, [también] te he oído: he aquí que le bende­ciré, y le haré fructificar y multi­plicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y le haré una gran nación.
GEN 17:21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, al cual te parirá Sara por este tiempo el año siguiente.
GEN 17:22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham.
GEN 17:23 Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circun­cidó la carne del prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le había dicho.
GEN 17:24 [Era] Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepu­cio.
GEN 17:25 E Ismael su hijo [era] de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio.
GEN 17:26 En el mismo día fue circunci­dado Abraham e Ismael su hijo.
GEN 17:27 Y todos los varones de su casa, los nacidos en casa, y los comprados por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él.
GEN 18:1 Y APARECIÓLE el SEÑOR en el llano de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día.
GEN 18:2 Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él: y cuando [los] vio, salió, corriendo de la puerta de su tien­da a recibirlos, e inclinóse hacia la tierra,
GEN 18:3 Y dijo: Señor, si ahora he halla­do gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo.
GEN 18:4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,
GEN 18:5 Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; des­pués pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.
GEN 18:6 Entonces Abraham fue de prie­sa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.
GEN 18:7 Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse éste priesa a aderezarlo.
GEN 18:8 Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol; y comieron.
GEN 18:9 Y le dijeron: ¿Dónde [está] Sara tu esposa? Y él respondió: Aquí en la tienda.
GEN 18:10 Entonces dijo: De cierto vol­veré a ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu esposa. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que [esta­ba] detrás de él.
GEN 18:11 Y Abraham y Sara [eran] viejos, [y] entrados en días: [y] a Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres.
GEN 18:12 Rióse, pues, Sara entre si, diciendo: ¿Después que he enve­jecido tendré deleite, siendo tam­bién mi señor [ya] viejo?
GEN 18:13 Entonces el SEÑOR dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja?
GEN 18:14 ¿Hay para el SEÑOR alguna cosa difícil? Al tiempo señalado vol­veré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo.
GEN 18:15 Entonces Sara negó, dicien­do: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No, sino que te has reído.
GEN 18:16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompa­ñándolos.
GEN 18:17 Y el SEÑOR dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,
GEN 18:18 Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?
GEN 18:19 Porque yo lo conozco, que mandará a sus hijos y a su casa después de si, que guarden el camino del SEÑOR, haciendo justicia y juicio, para que haga venir el SEÑOR sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
GEN 18:20 Entonces el SEÑOR le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,
GEN 18:21 Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he.
GEN 18:22 Y apartáronse de allí los varo­nes, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante del SEÑOR.
GEN 18:23 Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?
GEN 18:24 Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que [estén] dentro de él?
GEN 18:25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo [tratado] como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
GEN 18:26 Entonces respondió el SEÑOR: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciu­dad, perdonaré a todo este lugar por amor de ellos.
GEN 18:27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque [soy] polvo y ceniza:
GEN 18:28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco: ¿destruirás toda la ciudad por aquellos cinco [que falten]? Y dijo: No [la] destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
GEN 18:29 Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta.
GEN 18:30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se halla­rán allí treinta. Y respondió: No [lo] haré si hallare allí treinta.
GEN 18:31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte.
GEN 18:32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare sola­mente esta vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respon­dió, por amor de los diez.
GEN 18:33 Y fuese el SEÑOR, luego que acabó de hablar a Abraham: y Abraham se volvió a su lugar.
GEN 19:1 LLEGARON, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde: y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndo[los] Lot, levantóse a recibirlos, e inclinóse hacia el suelo;
GEN 19:2 Y dijo: Ahora, pues, mis seño­res, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies: y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos res­pondieron: No, que en la plaza nos quedaremos esta noche.
GEN 19:3 Mas él porfió con ellos mucho, y se vinieron con él, y entraron en su casa; e hízoles banquete, y coció panes sin levadura, y comieron.
GEN 19:4 Y antes que se acostasen, cer­caron la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo;
GEN 19:5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde [están] los varones que vinieron a ti esta noche? sácanos­los, para que los conozcamos.
GEN 19:6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró las puertas tras sí,
GEN 19:7 Y dijo: Os ruego, hermanos, que no hagáis tal maldad.
GEN 19:8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré afuera, y haced de ellas como bien os pareciere: solamente a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.
GEN 19:9 Y ellos respondieron: Quita allá: y añadieron: Vino éste aquí para habitar como un extraño, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, [aun] a Lot, y se acercaron para romper las puertas.
GEN 19:10 Entonces los varones alarga­ron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron las puertas.
GEN 19:11 Y a los hombres que [estaban] a la puerta de la casa desde el menor hasta el mayor, hirieron con ceguera; mas ellos se fatiga­ban por hallar la puerta.
GEN 19:12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yerno, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sáca[lo] de este lugar:
GEN 19:13 Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor de ellos ha subido de punto delante del SEÑOR; por tanto el SEÑOR nos ha enviado para destruirlo.
GEN 19:14 Entonces salió Lot, y habló a sus yernos, que se habían casado con sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque el SEÑOR destruirá esta ciudad. Pero pareció a sus yernos como alguien que se burlaba.
GEN 19:15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu esposa, y tus dos hijas que se hallan aquí, por­que no perezcas en el castigo de la ciudad.
GEN 19:16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su esposa, y de las manos de sus dos hijas, según la misericor­dia del SEÑOR para con él; y le sacaron, y le pusieron fuera de la ciudad.
GEN 19:17 Y sucedió que cuando los hubo sacado fuera, dijo: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.
GEN 19:18 Y Lot les dijo: Oh no, Señor mío;
GEN 19:19 He aquí ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándo­me la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea caso que me alcance el mal y muera.
GEN 19:20 He aquí ahora esta ciudad [está] cerca para huir allá, la cual [es] pequeña; escaparé ahora allá, (¿no [es] ella pequeña?) y vivirá mi alma.
GEN 19:21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado.
GEN 19:22 Date priesa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que allí hayas llegado. Por esto fue llamado el nombre de la ciu­dad, Zoar.
GEN 19:23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.
GEN 19:24 Entonces llovió el SEÑOR sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte del SEÑOR desde el cielo;
GEN 19:25 Y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciuda­des, y el fruto de la tierra.
GEN 19:26 Entonces la esposa de Lot miró atrás, [a espaldas] de él, y se volvió estatua de sal.
GEN 19:27 Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante del SEÑOR:
GEN 19:28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.
GEN 19:29 Así sucedió que, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, acordóse Dios de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciu­dades donde Lot estaba.
GEN 19:30 Y Lot subió de Zoar, y asentó en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedar en Zoar, y se alojó en una cueva él y sus dos hijas.
GEN 19:31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre [es] viejo, y no [queda] varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra:
GEN 19:32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre generación.
GEN 19:33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche: y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acos­tó ella, ni cuándo se levantó.
GEN 19:34 El día siguiente dijo la mayor a la menor: He aquí yo dormí la noche pasada con mi padre: démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre generación.
GEN 19:35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche: y levantóse la menor, y durmió con él; pero no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
GEN 19:36 Y concibieron las dos hijas de Lot, de su padre.
GEN 19:37 Y parió la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual [es] padre de los moabitas hasta hoy.
GEN 19:38 La menor también parió un hijo, y llamó su nombre Ben­-amí, el cual [es] padre de los amonitas hasta hoy.
GEN 20:1 DE ALLÍ partió Abraham a la tierra del sur, y asentó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.
GEN 20:2 Y dijo Abraham de Sara su esposa: Mi hermana [es]. Y Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara.
GEN 20:3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí muerto [eres] a causa de la mujer que has tomado, la cual [es] casada con marido.
GEN 20:4 Mas Abimelec no había llega­do a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también una nación justa?
GEN 20:5 ¿No me dijo él: Mi hermana [es]; y ella también dijo: [Es] mi herma­no? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto.
GEN 20:6 Y díjole Dios en sueños: Yo tam­bién sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo tam­bién te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.
GEN 20:7 Ahora, pues, devuelve [su] esposa a este hombre; porque él [es] profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si tú no la devolvieres, sabe que de cierto morirás, con todo lo que [fuere] tuyo.
GEN 20:8 Entonces Abimelec se levantó de mañana, y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas pala­bras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera.
GEN 20:9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿y en qué pequé yo con­tra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan gran pecado? lo que no debiste hacer has hecho conmigo.
GEN 20:10 Y dijo más Abimelec a Abraham: ¿Qué viste para que hicieses esto?
GEN 20:11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Cierto no [hay] temor de Dios en este lugar, y me mata­rán por causa de mi esposa.
GEN 20:12 Y a la verdad [ella es] mi hermana, [es] hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y toméla por esposa.
GEN 20:13 Y sucedió que, cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Ésta [es] la mer­ced que tú me harás, que en todos los lugares donde llegáremos, digas de mí: Mi hermano [es].
GEN 20:14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas y siervos y sier­vas, y [los] dio a Abraham, y devol­vióle a Sara su esposa.
GEN 20:15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra [está] delante de ti, habita donde bien te pareciere.
GEN 20:16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil [piezas] de plata a tu hermano: mira que él te [es] por velo de ojos para todos los que [están] contigo, y para con todos: así fue reprendida.
GEN 20:17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su esposa, y a sus siervas, y parieron [hijos].
GEN 20:18 Porque había del todo cerrado el SEÑOR toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara esposa de Abraham.
GEN 21:1 Y VISITÓ el SEÑOR a Sara, como había dicho, e hizo el SEÑOR con Sara como había hablado.
GEN 21:2 Y concibió y parió Sara a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.
GEN 21:3 Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le parió Sara, Isaac.
GEN 21:4 Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado.
GEN 21:5 Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo.
GEN 21:6 Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, [así que] cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo.
GEN 21:7 Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara había de dar de mamar a hijos? pues que le he parido un hijo en su vejez.
GEN 21:8 Y creció el niño, y fue desteta­do; e hizo Abraham gran ban­quete el día que fue destetado Isaac.
GEN 21:9 Y vio Sara al hijo de Agar la egipcia, el cual había ésta[ parido a Abraham, que se burlaba.
GEN 21:10 Por tanto dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, [aún] con Isaac.
GEN 21:11 Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo.
GEN 21:12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sier­va; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.
GEN 21:13 Y también al hijo de la sierva pondré en nación, porque [es] tu simiente.
GEN 21:14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y dió[lo] a Agar, poniéndo[lo] sobre su hombro, y [entrególe] el muchacho, y despi­dióla. Y ella partió, y andaba errante por el desierto de Beerseba.
GEN 21:15 Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol;
GEN 21:16 Y se fue y se sentó en frente de [él], alejándose como un tiro de arco: porque decía, No veré cuando el muchacho morirá. Y ella se sentó en frente de [él], y alzó su voz y lloró.
GEN 21:17 Y oyó Dios la voz del mucha­cho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.
GEN 21:18 Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano, porque en gran nación lo tengo de poner.
GEN 21:19 Entonces abrió Dios sus ojos, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.
GEN 21:20 Y fue Dios con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco.
GEN 21:21 Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó esposa de la tierra de Egipto.
GEN 21:22 Y aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelec, y Ficol, príncipe de su ejército, a Abraham diciendo: Dios es con­tigo en todo cuanto haces:
GEN 21:23 Ahora pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a mi hijo, ni a mi nieto; [sino] que conforme a la bondad que yo hice contigo, harás tú conmigo, y con la tierra donde has peregrinado.
GEN 21:24 Y respondió Abraham: Yo juraré.
GEN 21:25 Y Abraham reconvino a Abimelec a causa de un pozo de agua, que los siervos de Abimelec le habían quitado.
GEN 21:26 Y respondió Abimelec: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me [lo] hiciste saber, ni yo [lo] he oído hasta hoy.
GEN 21:27 Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos alianza.
GEN 21:28 Y puso Abraham siete corde­ras del rebaño aparte.
GEN 21:29 Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué [significan] esas siete corde­ras que has puesto aparte?
GEN 21:30 Y él respondió: Que [estas] siete corderas tomarás de mi mano, para que me sean en testimonio de que yo cavé este pozo.
GEN 21:31 Por esto llamó a aquel lugar Beerseba; porque allí juraron ambos.
GEN 21:32 Así hicieron pacto en Beerseba: y levantóse Abimelec, y Ficol, príncipe de su ejército, y se volvieron a tierra de los filisteos.
GEN 21:33 Y plantó [Abraham] un árbol en Beerseba, e invocó allí el nombre del SEÑOR Dios eterno.
GEN 21:34 Y moró Abraham en tierra de los filisteos muchos días.
GEN 22:1 Y ACONTECIÓ después de estas cosas, que tentó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme [aquí].
GEN 22:2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único [hijo] Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en ofrenda quemada sobre uno de los montes que yo te diré.
GEN 22:3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y a Isaac su hijo: y cortó leña para la ofrenda quemada, y levantóse, y fue al lugar que Dios le dijo.
GEN 22:4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.
GEN 22:5 Y dijo Abraham a sus mozos: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos a vosotros.
GEN 22:6 Y tomó Abraham la leña de la ofrenda quemada, y púso[la] sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
GEN 22:7 Y habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él res­pondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde [está] el cordero para la ofrenda quemada?
GEN 22:8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá cordero para una ofrenda quemada, hijo mío. E iban juntos.
GEN 22:9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, y edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y púso­le en el altar sobre la leña.
GEN 22:10 Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar a su hijo.
GEN 22:11 Y el ángel del SEÑOR le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
GEN 22:12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes a Dios, pues que no me rehusas­te tu hijo, tu único [hijo].
GEN 22:13 Entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carne­ro a sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fue Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en una ofrenda quemada en lugar de su hijo.
GEN 22:14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová-jireh. Por tanto se dice [hasta] hoy: En el monte del SEÑOR será provisto.
GEN 22:15 Y llamó el ángel del SEÑOR a Abraham segunda vez desde el cielo,
GEN 22:16 Y dijo: Por mí mismo he jura­do, dice el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto, y no [me] has rehusado tu hijo, tu único [hijo];
GEN 22:17 Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemi­gos:
GEN 22:18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
GEN 22:19 Y tornóse Abraham a sus mozos, y levantáronse y se fue­ron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.
GEN 22:20 Y aconteció después de estas cosas, que fue dada nueva a Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha parido hijos a Nacor tu hermano:
GEN 22:21 A Uz su primogénito, y a Buz su hermano, y a Kemuel padre de Aram,
GEN 22:22 Y a Quesed, y a Hazo, y a Pildas, y a Jidlaf, y a Betuel.
GEN 22:23 Y Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho parió Milca a Nacor, hermano de Abraham.
GEN 22:24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, parió también a Teba, y a Gaham, y a Tahas, y a Maaca.
GEN 23:1 Y FUE la vida de Sara ciento veintisiete años: [tantos fueron] los años de la vida de Sara.
GEN 23:2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que [es] Hebrón, en la tierra de Canaán: y vino Abraham a hacer el duelo a Sara, y a llorarla.
GEN 23:3 Y levantóse Abraham de delan­te de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo:
GEN 23:4 Peregrino y advenedizo [soy] entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí.
GEN 23:5 Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y dijéronle:
GEN 23:6 Óyenos, señor mío, [eres] un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestras sepultu­ras sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te impedirá su sepul­tura, para que entierres tu muerta.
GEN 23:7 Y Abraham se levantó, e incli­nóse al pueblo de aquella tierra, [aun] a los hijos de Het;
GEN 23:8 Y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oidme, e interceded por mí con Efrón, hijo de Zohar,
GEN 23:9 Para que me dé la cueva de Macpela, que él tiene, que [está] al cabo de su heredad: que por su justo precio me la dé, para posesión de sepul­tura en medio de vosotros.
GEN 23:10 Y Efrón habitaba entre los hijos de Het; y respondió Efrón el heteo a Abraham en la audiencia de los hijos de Het, [aun] de todos los que entraban a la puerta de la ciudad, diciendo:
GEN 23:11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que [está] en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerta.
GEN 23:12 Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra,
GEN 23:13 Y habló a Efrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Pero si tú [lo dieres], te ruego que me oigas: Yo te daré el precio del campo, tóma[lo] de mí, y sepultaré allí mi muer­ta.
GEN 23:14 Y respondió Efrón a Abraham, diciéndole:
GEN 23:15 Señor mío, escúchame: la tie­rra [vale] cuatrocientos siclos de plata; ¿qué [es] esto entre mí y ti? entierra pues tu muerta.
GEN 23:16 Entonces Abraham se convi­no con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, oyéndolo los hijos de Het, cua­trocientos siclos de plata, corriente entre mercaderes.
GEN 23:17 Y la heredad de Efrón, que [estaba] en Macpela, que [estaba] enfrente de Mamre, la heredad, y la cueva, que [estaba] en ella, y todos los árboles que [estaban] en la heredad, que [estaba] en todo su término alrededor, quedaron asegurados,
GEN 23:18 Por de Abraham en posesión, a vista de los hijos de Het, y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.
GEN 23:19 Y después de esto sepultó Abraham a Sara su esposa en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que es Hebrón en la tierra de Canaán.
GEN 23:20 Y el campo, y la cueva que en él [había], fueron confirmados a Abraham, en posesión de sepul­tura por los hijos de Het.
GEN 24:1 Y ABRAHAM era viejo, [y] bien entrado en días; y el SEÑOR había bendecido a Abraham en todo.
GEN 24:2 Y dijo Abraham a un criado suyo, el más[ viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,
GEN 24:3 Y te juramentaré por el SEÑOR, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no has de tomar esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito;
GEN 24:4 Sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás esposa para mi hijo Isaac.
GEN 24:5 Y el criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra: ¿volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste?
GEN 24:6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.
GEN 24:7 El SEÑOR, Dios del cielo, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi paren­tela, y me habló y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú tomarás de allá esposa para mi hijo.
GEN 24:8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo.
GEN 24:9 Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y juróle sobre este negocio.
GEN 24:10 Y el criado tomó diez came­llos de los camellos de su señor, y fuése, pues todos los bienes de su señor [estaban] en su mano: y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.
GEN 24:11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, [aún] la hora en que salen las mozas por [agua].
GEN 24:12 Y dijo: Oh SEÑOR, Dios de mi amo Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi amo Abraham.
GEN 24:13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua:
GEN 24:14 Sea, pues, que la moza a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos: [que sea ésta] la [que] tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho mise­ricordia con mi amo.
GEN 24:15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca, esposa de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.
GEN 24:16 Y la moza [era] de muy hermo­so aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual des­cendió a la fuente, y llenó su cán­taro, y se volvía.
GEN 24:17 Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Ruégote que me des a beber un poco de agua de tu cántaro.
GEN 24:18 Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa a bajar su cán­taro sobre su mano, y le dio a beber.
GEN 24:19 Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré [agua], hasta que acaben de beber.
GEN 24:20 Y dióse prisa, y vació su cán­taro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar [agua], y sacó para todos sus camellos.
GEN 24:21 Y el hombre estaba maravilla­do de ella, callando, para saber si el SEÑOR había prosperado o no su viaje.
GEN 24:22 Y sucedió que como los camellos acabaron de beber, presentóle el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos braza­letes para sus manos que pesaban diez [siclos] de oro;
GEN 24:23 Y dijo: ¿De quién [eres] hija? Ruégote me digas, ¿hay lugar [en] casa de tu padre donde posemos?
GEN 24:24 Y ella respondió: [Soy] hija de Betuel, hijo de Milca, el cual parió ella a Nacor.
GEN 24:25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar.
GEN 24:26 El hombre entonces se incli­nó, y adoró al SEÑOR.
GEN 24:27 Y dijo: Bendito [sea] el SEÑOR Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad: [Estando] yo en el camino, el SEÑOR me guió a casa de los hermanos de mi señor.
GEN 24:28 Y la moza corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas.
GEN 24:29 Y Rebeca tenía un hermano cuyo nombre [era] Labán: y Labán corrió afuera al hombre, hasta la fuente.
GEN 24:30 Y sucedió, cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, y cuando oyó las palabras de su hermana Rebeca, diciendo, Así me habló aquel hombre; que vino a él: y he aquí, él estaba junto a los camellos a la fuente.
GEN 24:31 Y díjole: Ven, bendito del SEÑOR; ¿por qué estás fuera? yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos.
GEN 24:32 Entonces el hombre vino a casa: y él desató los camellos, y dióles paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que [estaban] con él.
GEN 24:33 Y pusiéronle delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensa­je. Y él le dijo: Habla.
GEN 24:34 Entonces dijo: Yo [soy] criado de Abraham;
GEN 24:35 Y el SEÑOR ha bendecido mucho a mi señor, y él se ha engrandecido: y le ha dado ove­jas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.
GEN 24:36 Y Sara, esposa de mi señor, parió en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado todo cuanto tiene.
GEN 24:37 Y mi señor me hizo jurar, diciendo: No tomarás esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito;
GEN 24:38 Sino que irás a la casa de mi padre, y a mi parentela, y toma­rás esposa para mi hijo.
GEN 24:39 Y yo dije a mi señor: Quizás la mujer no querrá seguirme.
GEN 24:40 Entonces él me respondió: El SEÑOR, en cuya presencia he andado, enviará su ángel conti­go, y prosperará tu camino; y tomarás esposa para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre:
GEN 24:41 Entonces serás libre de mi juramento, cuando hubieres lle­gado a mi linaje; y si no te [la] die­ren, serás libre de mi juramento.
GEN 24:42 Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Oh SEÑOR, Dios de mi amo Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando;
GEN 24:43 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la virgen que saliere por [agua], a la cual dijere: Dame a beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro;
GEN 24:44 Y ella me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; ésta [sea] la mujer que destinó el SEÑOR para el hijo de mi señor.
GEN 24:45 Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó [agua]; y le dije: Ruégote que me des a beber.
GEN 24:46 Y prestamente bajó su cántaro de su [hombro], y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré a beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos.
GEN 24:47 Entonces preguntéle, y dije: ¿De quién [eres] hija? Y ella res­pondió: Hija de Betuel, hijo de Nacor, que le parió Milca. Entonces púsele un pendiente sobre su frente, y brazaletes sobre sus manos:
GEN 24:48 E inclinéme, y adoré al SEÑOR, y bendije al SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del her­mano de mi señor para su hijo.
GEN 24:49 Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y echaré a la dies­tra o a la siniestra.
GEN 24:50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: Del SEÑOR ha salido esto; no pode­mos hablarte malo ni bueno.
GEN 24:51 He aquí, Rebeca [está] delante de ti; tóma[la] y vete, y sea esposa del hijo de tu señor, como lo ha dicho el SEÑOR.
GEN 24:52 Y sucedió, que como el criado de Abraham oyó sus palabras, [inclinóse] a tierra, y adoró al SEÑOR.
GEN 24:53 Y sacó el criado vasos de plata, y vasos de oro y vestiduras, y [los] dio a Rebeca: también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.
GEN 24:54 Y ellos comieron y bebieron, él y los hombres que [estaban] con él, y pasaron toda la noche; y se levantaron en la mañana, y él dijo: Enviadme a mi señor.
GEN 24:55 Entonces respondió su her­mano y su madre: Espere la moza con nosotros a lo menos diez días, [y] después irá.
GEN 24:56 Y él les dijo: No me deten­gáis, pues que el SEÑOR ha prosperado mi camino; despa­chadme para que me vaya a mi señor.
GEN 24:57 Ellos respondieron entonces: Llamemos la moza e inquirámosle.
GEN 24:58 Y llamaron a Rebeca, y dijé­ronle: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: [Sí], iré.
GEN 24:59 Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hom­bres.
GEN 24:60 Y bendijeron a Rebeca, y dijé­ronle: Nuestra hermana [eres]; seas [madre] de millares de millares, y tu generación posea la puerta de sus enemigos.
GEN 24:61 Levantóse entonces Rebeca y sus mozas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al hombre: y el criado tomó a Rebeca, y fuese.
GEN 24:62 Y venía Isaac del pozo Beer-lajai-roi; porque él habitaba en la tierra del sur;
GEN 24:63 Y había salido Isaac a meditar en el campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos [que] venían.
GEN 24:64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello;
GEN 24:65 Porque [había] preguntado al criado: ¿Quién [es] este varón que viene por el campo hacia noso­tros? Y el siervo [había] respondi­do: Éste [es] mi señor. Ella enton­ces tomó el velo, y cubrióse.
GEN 24:66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho.
GEN 24:67 E introdújola Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por esposa; y amóla: y consolóse Isaac después de la [muerte] de su madre.
GEN 25:1 Y ABRAHAM tomó una esposa, cuyo nombre [era] Cetura;
GEN 25:2 La cual le parió a Zimram, y a Joksan, y a Medan, y a Midiam, y a Isbak, y a Sua.
GEN 25:3 Y Joksan engendró a Seba, y a Dedán: e hijos de Dedán fueron Asurim, y Letusim, y Leumim.
GEN 25:4 E hijos de Midiam: Efa, y Efer, y Hanoc, y Abida, y Eldaa. Todos estos [fueron] hijos de Cetura.
GEN 25:5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.
GEN 25:6 Pero a los hijos de las concubinas que Abraham tenía, dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.
GEN 25:7 Y éstos [fueron] los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.
GEN 25:8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, ancia­no y lleno [de días,] y fue unido a su pueblo.
GEN 25:9 Y sepultáronlo Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón, hijo de Zoar heteo, que [está] enfrente de Mamre;
GEN 25:10 Heredad que compró Abraham de los hijos de Het: allí fue Abraham sepultado, y Sara su esposa.
GEN 25:11 Y sucedió después de la muerte de Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo: y habitó Isaac junto al pozo Beer-lajai-roi.
GEN 25:12 Y éstas [son] las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que le parió Agar egipcia, sierva de Sara:
GEN 25:13 Éstos, pues, [son] los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, por sus generaciones: El primogénito de Ismael, Nabaiot; y Cedar, y Adbeel, y Mibsam,
GEN 25:14 Y Misma, y Duma, y Massa,
GEN 25:15 Hadar, y Tema, y Jetur, y Nafis, y Cedema.
GEN 25:16 Éstos [son] los hijos de Ismael, y estos [son] sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias.
GEN 25:17 Y estos [fueron] los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años: y exhaló el espíritu Ismael, y murió; y fue unido a su pueblo.
GEN 25:18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que [está] enfrente de Egipto viniendo a Asiria; [y] murió en presencia de todos sus hermanos.
GEN 25:19 Y éstas [son] las generaciones de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac:
GEN 25:20 Y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-­aram, hermana de Labán arameo.
GEN 25:21 Y oró Isaac al SEÑOR por su esposa, que [era] estéril; y aceptólo el SEÑOR, y concibió Rebeca su esposa.
GEN 25:22 Y los hijos se combatían den­tro de ella; y dijo: Si [es] así ¿por qué [estoy] así? Y fue a inquirir del SEÑOR.
GEN 25:23 Y respondióle el SEÑOR: Dos naciones [hay] en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas: y [el un] pueblo será más fuerte que [el otro] pueblo, y el mayor servirá al menor.
GEN 25:24 Y como se cumplieron sus días para parir, he aquí [habían] mellizos en su vientre.
GEN 25:25 Y salió el primero rubio, y todo él velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.
GEN 25:26 Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú: y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los parió.
GEN 25:27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo: y Jacob [era] varón quieto, que habitaba en tiendas.
GEN 25:28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de [su] caza; mas Rebeca amaba a Jacob.
GEN 25:29 Y guisó Jacob un potaje; y vino Esaú del campo, y [estaba] él cansado;
GEN 25:30 Y dijo Esaú a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese [potaje] rojo, pues [estoy] muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.
GEN 25:31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.
GEN 25:32 Entonces dijo Esaú: He aquí, yo [estoy] al punto de morir; ¿para qué me servirá la primogenitura?
GEN 25:33 Y dijo Jacob: Júrame[lo] en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.
GEN 25:34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y levantóse, y fuese. Así menospreció Esaú [su] primogenitura.
GEN 26:1 Y HUBO hambre en la tierra, además de la primera hambre que fue en los días de Abraham: y fuese Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar.
GEN 26:2 Y apareciósele el SEÑOR, y díjole: No desciendas a Egipto: habita en la tierra que yo te diré;
GEN 26:3 Habita en esta tierra, y seré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras, y confirmaré el juramen­to que juré a Abraham tu padre:
GEN 26:4 Y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente:
GEN 26:5 Por cuanto obedeció Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
GEN 26:6 Habitó, pues, Isaac en Gerar.
GEN 26:7 Y los hombres de aquel lugar [le] preguntaron acerca de su esposa; y él respondió: [Es] mi hermana; porque tuvo miedo de decir: [Es] mi esposa que tal vez, [dijo], los hombres del lugar me matarían por causa de Rebeca; porque [era] de hermoso aspecto.
GEN 26:8 Y sucedió que, después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que jugaba con Rebeca su esposa.
GEN 26:9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella [es] de cierto tu esposa: ¿cómo, pues, dijiste: [Es] mi hermana? E Isaac le respon­dió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella.
GEN 26:10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pue­blo con tu esposa, y hubieras traí­do sobre nosotros el pecado.
GEN 26:11 Entonces Abimelec mandó a todo [su] pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su esposa, de cierto morirá.
GEN 26:12 Y sembró Isaac en aquella tie­rra, y halló aquel año ciento por uno: y bendíjole el SEÑOR.
GEN 26:13 Y el varón se engrandeció, y fue adelantando y engrandeciéndose, hasta hacerse muy podero­so:
GEN 26:14 Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y grande abundancia de siervos; y los filisteos le tuvieron envidia.
GEN 26:15 Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra.
GEN 26:16 Y dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que noso­tros te has hecho.
GEN 26:17 E Isaac se fue de allí; y asen­tó sus tiendas en el valle de Gerar, y habitó allí.
GEN 26:18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abier­to en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado, muerto Abraham; y lla­mólos por los nombres que su padre los había llamado.
GEN 26:19 Y los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas.
GEN 26:20 Y los pastores de Gerar riñe­ron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua [es] nuestra: por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él.
GEN 26:21 Y abrieron otro pozo, y tam­bién riñeron sobre él: y llamó su nombre Sitnah.
GEN 26:22 Y apartóse de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él: y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora nos ha hecho ensanchar el SEÑOR, y fructificaremos en la tierra.
GEN 26:23 Y de allí subió a Beerseba.
GEN 26:24 Y apareciósele el SEÑOR aquella noche, y dijo: Yo [soy] el Dios de Abraham tu padre; no temas, que yo [soy] contigo, y yo te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por amor de Abraham mi siervo.
GEN 26:25 Y edificó allí un altar, e invo­có el nombre del SEÑOR, y ten­dió allí su tienda: y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.
GEN 26:26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército.
GEN 26:27 Y díjoles Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?
GEN 26:28 Y ellos respondieron: Hemos visto que el SEÑOR es contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, [aún] entre nosotros y ti, y haremos pacto contigo:
GEN 26:29 Que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz: tú [eres] ahora, bendito del SEÑOR.
GEN 26:30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron.
GEN 26:31 Y se levantaron de madruga­da, y juraron el uno al otro; e Isaac los despidió, y ellos se par­tieron de él en paz.
GEN 26:32 Y en aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y diéronle nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Agua hemos hallado.
GEN 26:33 Y llamólo Seba: por cuya causa el nombre de aquella ciu­dad [es] Beerseba hasta este día.
GEN 26:34 Y cuando Esaú fue de cuaren­ta años, tomó por esposa a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo:
GEN 26:35 Y fueron amargura de espíritu a Isaac y a Rebeca.
GEN 27:1 Y ACONTECIÓ que cuando hubo Isaac envejecido, y sus ojos se ofuscaron quedando sin vista, llamó a Esaú, su hijo el mayor, y díjole: Mi hijo. Y él respondió: Heme [aquí].
GEN 27:2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte:
GEN 27:3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cógeme [alguna] caza;
GEN 27:4 Y hazme un guisado, como yo gusto, y tráeme[lo], y comeré; para que te bendiga mi alma antes que muera.
GEN 27:5 Y Rebeca estaba oyendo, cuan­do hablaba Isaac a Esaú su hijo: y fuese Esaú al campo para coger la caza que había de traer.
GEN 27:6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:
GEN 27:7 Tráeme caza, y hazme un gui­sado, para que coma, y te bendi­ga delante del SEÑOR antes que yo muera.
GEN 27:8 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando;
GEN 27:9 Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como él gusta;
GEN 27:10 Y tú [las] llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.
GEN 27:11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano [es] hombre velloso, y yo lampiño:
GEN 27:12 Quizá me tentará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendi­ción.
GEN 27:13 Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí [sea] tu maldición: sola­mente obedece a mi voz, y ve y tráeme[los].
GEN 27:14 Entonces él fue, y tomó, y trá­jo[los] a su madre: y su madre hizo guisados, como su padre gusta­ba.
GEN 27:15 Y tomó Rebeca las vestiduras de Esaú su hijo mayor, las pre­ciosas, que ella [tenía] en casa, y vistió a Jacob su hijo menor:
GEN 27:16 E hízole vestir sobre sus manos, y sobre la cerviz donde no tenía vello, las pieles de los cabritos de las cabras;
GEN 27:17 Y entregó los guisados y el pan que había aderezado, en mano de Jacob su hijo.
GEN 27:18 Y él fue a su padre, y dijo: Padre mío: y él respondió: [He]me aquí, ¿quién [eres], hijo mío?
GEN 27:19 Y Jacob dijo a su padre: Yo [soy] Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.
GEN 27:20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo [es] que [la] hallaste tan presto, hijo mío? Y él respondió: Porque el SEÑOR tu Dios hizo que se encontrase delante de mí.
GEN 27:21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si [eres] mi hijo Esaú, o no.
GEN 27:22 Y llegóse Jacob a su padre Isaac; y él le palpó, y dijo: La voz [es] la voz de Jacob, mas las manos, las manos de Esaú.
GEN 27:23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú: y le bendijo.
GEN 27:24 Y dijo: ¿[Eres] tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo [soy].
GEN 27:25 Y dijo: Acércame[la], y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él [se] [la] acer­có, y comió: trájole también vino, y bebió.
GEN 27:26 Y díjole Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.
GEN 27:27 Y él se llegó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestiduras, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo [es] como el olor del campo que el SEÑOR ha bendecido:
GEN 27:28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tie­rra, y abundancia de trigo y de mosto.
GEN 27:29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti: sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre: malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.
GEN 27:30 Y aconteció, luego que hubo Isaac acabado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano vino de su caza.
GEN 27:31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y díjole: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me ben­diga tu alma.
GEN 27:32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién [eres] tú? Y él dijo: Yo [soy] tu hijo, tu primogénito, Esaú.
GEN 27:33 Y estremecióse Isaac con grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién [es] el que vino aquí, que cogió caza, y me trajo, y comí de todo antes que vinieses? Yo le bendije, [y] será bendito.
GEN 27:34 Como Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclama­ción, y le dijo: Bendíceme tam­bién a mí, padre mío.
GEN 27:35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.
GEN 27:36 Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; alzóse con mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendi­ción para mí?
GEN 27:37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos: de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?
GEN 27:38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola ben­dición, padre mío? bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.
GEN 27:39 Entonces Isaac su padre habló y díjole: He aquí será tu habita­ción en grosuras de la tierra, y del rocío del cielo de arriba;
GEN 27:40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: y sucederá cuando te enseñorees, que des­cargarás su yugo de tu cerviz.
GEN 27:41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a Jacob mi hermano.
GEN 27:42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor: y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y díjole: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti [con la idea] de matar­te.
GEN 27:43 Ahora pues, hijo mío, obede­ce a mi voz; levántate, y húyete a Labán mi hermano, a Harán;
GEN 27:44 Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;
GEN 27:45 Hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de [lo] que le has hecho; yo envia­ré entonces, y te traeré de allá: ¿por qué seré privada de voso­tros ambos en un día?
GEN 27:46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma esposa de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?
GEN 28:1 ENTONCES Isaac llamó a Jacob, y bendíjolo, y mandóle diciendo: No tomes esposa de las hijas de Canaán.
GEN 28:2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí esposa de las hijas de Labán, hermano de tu madre.
GEN 28:3 Y el Dios Todopoderoso te bendiga, y te haga fructificar, y te multiplique, hasta venir a ser congregación de pueblos;
GEN 28:4 Y te dé la bendición de Abraham, y a tu simiente conti­go, para que heredes la tierra de tus peregrinaciones, que Dios dio a Abraham.
GEN 28:5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán, hijo de Betuel arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú.
GEN 28:6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para si esposa de allí; y que cuando le bendijo, le había man­dado, diciendo: No tomarás esposa de las hijas de Canaán;
GEN 28:7 Y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram.
GEN 28:8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre;
GEN 28:9 Y fuese Esaú a Ismael, y tomó para si por esposa a Mahalet, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nabaiot, además de sus otras esposas.
GEN 28:10 Y salió Jacob de Beerseba, y fue a Harán;
GEN 28:11 Y encontró con un lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto: y tomó de las pie­dras de aquel paraje y [las] puso a su cabecera, y acostóse en aquel lugar.
GEN 28:12 Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada[ en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.
GEN 28:13 Y he aquí, el SEÑOR estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo [soy] el SEÑOR, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac: la tierra en que estás acos­tado te la daré a ti y a tu simien­te.
GEN 28:14 Y será tu simiente como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, y al oriente, y al norte, y al sur; y todas las familias de la tierra serán ben­ditas en ti y en tu simiente.
GEN 28:15 Y he aquí, Yo [soy] contigo, y te guardaré por donde quiera que fueres, y te volveré a esta tie­rra; porque no te dejaré hasta tanto que haya hecho [lo] que te he dicho.
GEN 28:16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente el SEÑOR está en este lugar, y yo no [lo] sabía.
GEN 28:17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible [es] este lugar! No [es] otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.
GEN 28:18 Y levantóse Jacob de mañana, y tomó la piedra que había pues­to de cabecera, y alzóla [por] títu­lo, y derramó aceite encima de ella.
GEN 28:19 Y llamó el nombre de aquel lugar Betel, bien que Luz [era] el nombre de la ciudad primero.
GEN 28:20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje que voy, y me diere pan para comer y vestidura para vestir,
GEN 28:21 Y si tornare en paz a casa de mi padre, el SEÑOR será mi Dios,
GEN 28:22 Y esta piedra que he puesto [por] título, será casa de Dios: y de todo lo que me dieres, el diezmo lo he de apartar para ti.
GEN 29:1 Y SIGUIÓ Jacob su camino, y fue a la tierra de los orientales.
GEN 29:2 Y miró, y vio un pozo en el campo: y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él; porque de aquel pozo abrevaban los ganados: y [había] una gran piedra sobre la boca del pozo.
GEN 29:3 Y juntábanse allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de sobre la boca del pozo, y abreva­ban las ovejas; y volvían la pie­dra sobre la boca del pozo a su lugar.
GEN 29:4 Y díjoles Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde [sois]? Y ellos respondieron: De Harán somos.
GEN 29:5 Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán, hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Sí, [le] conocemos.
GEN 29:6 Y él les dijo: ¿[Tiene] paz? Y ellos dijeron: Paz; y he aquí Raquel su hija viene con el gana­do.
GEN 29:7 Y él dijo: He aquí el día [es] aún grande; no [es] tiempo todavía de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas.
GEN 29:8 Y ellos respondieron: No pode­mos, hasta que se junten todos los ganados, y remuevan la pie­dra de sobre la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas.
GEN 29:9 Estando aún él hablando con ellos, Raquel vino con el ganado de su padre, porque ella era la pastora.
GEN 29:10 Y sucedió que, como Jacob vio a Raquel, hija de Labán her­mano de su madre, y a las ovejas de Labán el hermano de su madre, llegóse Jacob, y removió la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevó el ganado de Labán hermano de su madre.
GEN 29:11 Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz, y lloró.
GEN 29:12 Y Jacob dijo a Raquel como él [era] hermano de su padre, y como [era] hijo de Rebeca: y ella corrió, y dio las nuevas a su padre.
GEN 29:13 Y así que oyó Labán las nue­vas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y abrazólo, y besólo, y trájole a su casa: y él contó a Labán todas estas cosas.
GEN 29:14 Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía [eres]. Y estuvo con él el tiempo de un mes.
GEN 29:15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por [ser] tú mi hermano, me has de servir gratuitamente? declárame qué [será] tu salario.
GEN 29:16 Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor [era] Lea, y el nombre de la menor, Raquel.
GEN 29:17 Y los ojos de Lea [eran] tiernos, pero Raquel era de lindo sem­blante y de hermoso parecer.
GEN 29:18 Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu hija menor.
GEN 29:19 Y Labán respondió: Mejor [es] que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre: estáte conmigo.
GEN 29:20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años: y pareciéronle [como] pocos días, porque la amaba.
GEN 29:21 Y dijo Jacob a Labán: Da[me] mi esposa, porque mi tiempo es cumplido, para que cohabite con ella.
GEN 29:22 Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete.
GEN 29:23 Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo: y él entró a ella.
GEN 29:24 Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea [por] criada.
GEN 29:25 Y venida la mañana, he aquí que [era] Lea: y él dijo a Labán: ¿Qué [es] esto que me has hecho? ¿no te he servido por Raquel? ¿por qué, pues, me has engaña­do?
GEN 29:26 Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor.
GEN 29:27 Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años.
GEN 29:28 E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla: y él le dio a Raquel su hija por esposa.
GEN 29:29 Y dio Labán a Raquel su hija por criada a su sierva Bilha.
GEN 29:30 Y entró también a Raquel: y amóla también más que a Lea: y sirvió con él aún otros siete años.
GEN 29:31 Y vio el SEÑOR que Lea [era] aborrecida, y abrió su matriz: pero Raquel [era] estéril.
GEN 29:32 Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ya que ha mirado el SEÑOR mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido.
GEN 29:33 Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Por cuanto oyó el SEÑOR que yo [era] aborrecida, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón.
GEN 29:34 Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, por­que le he parido tres hijos: por tanto, llamó su nombre Leví.
GEN 29:35 Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al SEÑOR: por esto llamó su nombre Judá: y dejó de parir.
GEN 30:1 Y VIENDO Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero.
GEN 30:2 Y Jacob se enojaba contra Raquel, y decía: ¿[Soy] yo en lugar de Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?
GEN 30:3 Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; entra a ella, y parirá sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella.
GEN 30:4 Así le dio a Bilha su sierva por esposa; y Jacob entró a ella.
GEN 30:5 Y concibió Bilha, y parió a Jacob un hijo.
GEN 30:6 Y dijo Raquel: Juzgóme Dios, y también oyó mi voz, y dióme un hijo. Por tanto llamó su nom­bre Dan.
GEN 30:7 Y concibió otra vez Bilha, la sierva de Raquel, y parió el hijo segundo a Jacob.
GEN 30:8 Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he contendido con mi her­mana, y he vencido. Y llamó su nombre Neftalí.
GEN 30:9 Y viendo Lea que había dejado de parir, tomó a Zilpa su sierva, y dióla a Jacob por esposa.
GEN 30:10 Y Zilpa, sierva de Lea, parió a Jacob un hijo.
GEN 30:11 Y dijo Lea: Vino la ventura. Y llamó su nombre Gad.
GEN 30:12 Y Zilpa, la sierva de Lea, parió un segundo hijo a Jacob.
GEN 30:13 Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa: y llamó su nombre Aser.
GEN 30:14 Y fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y trájolas a Lea su madre: y dijo Raquel a Lea: Ruégote que me des de las mandrágoras de tu hijo.
GEN 30:15 Y ella respondió: ¿[Es] poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá conti­go esta noche por las mandrágo­ras de tu hijo.
GEN 30:16 Y cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: A mí has de entrar, por­que a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche.
GEN 30:17 Y oyó Dios a Lea: y concibió, y parió a Jacob el quinto hijo.
GEN 30:18 Y dijo Lea: Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido: por eso llamó su nombre Isacar.
GEN 30:19 Y concibió Lea otra vez, y parió el sexto hijo a Jacob.
GEN 30:20 Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote: ahora morará conmigo mi marido, porque le he parido seis hijos: y llamó su nombre Zabulón.
GEN 30:21 Y después parió una hija, y llamó su nombre Dina.
GEN 30:22 Y acordóse Dios de Raquel, y oyóla Dios, y abrió su matriz.
GEN 30:23 Y concibió, y parió un hijo: y dijo: Quitado ha Dios mi afrenta:
GEN 30:24 Y llamó su nombre José, diciendo: Añádame el SEÑOR otro hijo.
GEN 30:25 Y aconteció, cuando Raquel hubo parido a José, que Jacob dijo a Labán: Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra.
GEN 30:26 Da[me] mis esposas y mis hijos, por las cuales he servido contigo, y déjame ir; pues tú sabes los servicios que te he hecho.
GEN 30:27 Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, [y quédate]; experimentado he que el SEÑOR me ha bendecido por tu causa.
GEN 30:28 Y dijo: Señálame tu salario, que yo [lo] daré.
GEN 30:29 Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado conmigo;
GEN 30:30 Porque poco tenías antes de mi [venida], y ha crecido en gran número; y el SEÑOR te ha ben­decido con mi llegada: y ahora ¿cuándo tengo de hacer yo tam­bién por mi propia casa?
GEN 30:31 Y él dijo: ¿Qué te daré? Y res­pondió Jacob: No me des nada: si hicieres por mí esto, volveré a apacentar tus ovejas.
GEN 30:32 Yo pasaré hoy por todas tus ovejas, poniendo aparte todas las reses manchadas y de color vario, y todas las reses de color oscuro entre las ovejas, y las manchadas y de color vario entre las cabras; y [esto] será mi salario.
GEN 30:33 Así responderá por mí mi jus­ticia mañana, cuando me viniere mi salario delante de ti: toda la que no [fuere] pintada ni mancha­da en las cabras y de color oscu­ro en las ovejas [mías], se me ha de tener por de hurto.
GEN 30:34 Y dijo Labán: Mira, que fuese como tú dices.
GEN 30:35 Y apartó aquel día los machos de cabrío rayados y manchados; y todas las cabras manchadas y de color vario, [y] toda res que tenía en sí [algo] de blanco, y todas las de color oscuro entre las ove­jas, y púso[las] en manos de sus hijos;
GEN 30:36 Y puso tres días de camino entre sí y Jacob: y Jacob apacen­taba las otras ovejas de Labán.
GEN 30:37 Y tomóse Jacob varas de álamo verdes, y de avellano, y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descu­briendo así lo blanco de las varas.
GEN 30:38 Y puso las varas que había mondado en las pilas, delante del ganado, en los abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas, las cuales se recalentaban viniendo a beber.
GEN 30:39 Y concebían las ovejas delan­te de las varas, y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores.
GEN 30:40 Y apartaba Jacob los corde­ros, y poníalos con su rebaño, los listados, y todo lo que era oscuro en el hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán.
GEN 30:41 Y sucedía que cuantas veces se recalentaban las tempranas, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en las pilas, para que concibiesen a la vista de las varas.
GEN 30:42 Y cuando venían las ovejas tardías, no [las] ponía: así eran las tardías para Labán, y las tempra­nas para Jacob.
GEN 30:43 Y acreció el varón sumamente, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.
GEN 31:1 Y OÍA él las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que [era] de nuestro padre; y de [lo] que [era] de nuestro padre ha adquirido toda esta gloria.
GEN 31:2 Miraba también Jacob el sem­blante de Labán, y veía que no [era] para con él como ayer y antes de ayer.
GEN 31:3 También el SEÑOR dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela; que yo seré contigo.
GEN 31:4 Y envió Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo a sus ovejas,
GEN 31:5 Y díjoles: Veo que el semblan­te de vuestro padre no [es] para conmigo como ayer y antes de ayer: mas el Dios de mi padre ha sido conmigo.
GEN 31:6 Y vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre:
GEN 31:7 Y vuestro padre me ha engaña­do, y me ha mudado el salario diez veces: pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal.
GEN 31:8 Si él decía así: Los pintados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían pintados: y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían listados.
GEN 31:9 Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y dióme[lo] a mí.
GEN 31:10 Y sucedió que al tiempo que las ovejas se recalentaban, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras [eran] listados, pintados y abigarrados.
GEN 31:11 Y díjome el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: [He]me aquí.
GEN 31:12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás todos los machos que cubren a las ovejas [son] listados, pin­tados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.
GEN 31:13 Yo [soy] el Dios de Betel, donde tú ungiste el título, [y] donde me hiciste un voto. Levántate ahora, y sal de esta tie­rra, y vuélvete a la tierra de tu naturaleza.
GEN 31:14 Y respondió Raquel y Lea, y dijéronle: ¿[Hay] todavía parte o heredad para nosotras en la casa de nuestro padre?
GEN 31:15 ¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos vendió, y aun se ha comido del todo nues­tro precio?
GEN 31:16 Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra [es] y de nuestros hijos: ahora pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.
GEN 31:17 Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus esposas sobre los camellos.
GEN 31:18 Y puso en camino todo su ganado, y toda su hacienda que había adquirido, el ganado de su ganancia que había obtenido en Padan-aram, para volverse a Isaac su padre en la tierra de Canaán.
GEN 31:19 Y Labán había ido a trasquilar sus ovejas: y Raquel hurtó los ído­los de su padre.
GEN 31:20 Y recató Jacob el corazón de Labán arameo, en no hacerle saber que se huía.
GEN 31:21 Huyó, pues, con todo lo que tenía; y levantóse, y pasó el río, y puso su rostro al monte de Galaad.
GEN 31:22 Y fue dicho a Labán al tercer día que Jacob había huido.
GEN 31:23 Entonces tomó a sus herma­nos consigo, y fue tras él camino de siete días, y alcanzóle en el monte de Galaad.
GEN 31:24 Y vino Dios a Labán arameo en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.
GEN 31:25 Alcanzó pues Labán a Jacob, y éste había fijado su tienda en el monte: y Labán acampó con sus hermanos en el monte de Galaad.
GEN 31:26 Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que has salido sin avisarme, y has llevado a mis hijas como cautivas [tomadas] a espada?
GEN 31:27 ¿Por qué te escondiste para huir, y me hurtaste, y no me diste noticia, para que yo te enviara con alegría y con cantares, con tamborín y arpa?
GEN 31:28 ¿Y aun no me dejaste besar a mis hijos y a mis hijas? Ahora neciamente has hecho en hacer [así].
GEN 31:29 Poder hay en mi mano para haceros mal: mas el Dios de vuestro padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables a Jacob descomedida­mente.
GEN 31:30 Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses?
GEN 31:31 Y Jacob respondió, y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues dije, que quizás me quitarías por fuerza tus hijas.
GEN 31:32 Con quien hallares tus dioses, no viva: delante de nuestros her­manos reconoce lo que yo tuvie­re tuyo, y llévatelo. Pues Jacob no sabía que Raquel los había hurta­do.
GEN 31:33 Y entró Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no [los] halló, y salió de la tienda de Lea, y vino a la tienda de Raquel.
GEN 31:34 Y tomó Raquel los ídolos, y púsolos en una albarda de un camello, y sentóse sobre ellos: y tentó Labán toda la tienda, y no [los] halló.
GEN 31:35 Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues [estoy] con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
GEN 31:36 Entonces Jacob se enojó, y regañó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Qué pre­varicación [es] la mía? ¿cuál [es] mi pecado, que con tanto ardor has venido en seguimiento mío?
GEN 31:37 Pues que has tentado todos mis muebles, ¿qué has hallado de todas las alhajas de tu casa? Pon[lo] aquí delante de mis her­manos y tuyos, y juzguen entre nosotros ambos.
GEN 31:38 Estos veinte años he [estado] contigo: tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí car­nero de tus ovejas.
GEN 31:39 No te traje lo desgarrado [por las fieras]; yo pagaba el daño; lo hurtado [así] de día como de noche, de mi mano lo requerías.
GEN 31:40 De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño se huía de mis ojos.
GEN 31:41 Así he estado veinte años en tu casa: catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado; y has mudado mi salario diez veces.
GEN 31:42 Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, y el temor de Isaac, no fuera conmigo, de cierto me enviarías ahora vacío: vio Dios mi aflicción y el trabajo de mis manos, y reprendió[te] anoche.
GEN 31:43 Y respondió Labán, y dijo a Jacob: [Estas] hijas [son] hijas mías, y [estos] hijos, hijos míos [son], y [este] ganado [es] mi ganado, y todo lo que tú ves [es] mío: ¿y que puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han parido?
GEN 31:44 Ven pues ahora, hagamos pacto yo y tú; y sea en testimonio entre mí y entre ti.
GEN 31:45 Entonces Jacob tomó una piedra, y levantóla [por] título.
GEN 31:46 Y dijo Jacob a sus hermanos: Coged piedras. Y tomaron pie­dras e hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel maja­no.
GEN 31:47 Y llamólo Labán Jegar Sahaduta: y lo llamó Jacob Galaad.
GEN 31:48 Porque Labán dijo: Este majano [es] testigo hoy entre mí y entre ti; por eso fue llamado su nombre Galaad;
GEN 31:49 Y Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye el SEÑOR entre mí y entre ti, cuando nos apartáremos el uno del otro.
GEN 31:50 Si afligieres mis hijas, o si tomares [otras] esposas además de mis hijas, nadie [está] con noso­tros; mira, Dios [es] testigo entre mí y entre ti.
GEN 31:51 Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí [este] título, que he erigido entre mí y ti.
GEN 31:52 Testigo [sea] este majano, y tes­tigo [sea] [este] título, que ni yo pasaré contra ti este majano, ni tú pasarás contra mí este majano ni este título, para mal.
GEN 31:53 El Dios de Abraham, y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por el temor de Isaac su padre.
GEN 31:54 Entonces Jacob inmoló vícti­mas en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan: y comie­ron pan, y durmieron aquella noche en el monte.
GEN 31:55 Y levantóse Labán de maña­na, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y retrocedió y vol­vióse a su lugar.
GEN 32:1 Y JACOB se fue su camino, y saliéronle al encuentro ángeles de Dios.
GEN 32:2 Y dijo Jacob cuando los vio: El campo de Dios [es] éste: y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim.
GEN 32:3 Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom.
GEN 32:4 Y mandóles diciendo: Así diréis a mí señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y detenídome hasta ahora;
GEN 32:5 Y tengo vacas, y asnos, y ove­jas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, por hallar gra­cia en tus ojos.
GEN 32:6 Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él.
GEN 32:7 Entonces Jacob tuvo gran temor, y angustióse; y partió el pueblo que [tenía] consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos cuadrillas;
GEN 32:8 Y dijo: Si viniere Esaú a un campamento y lo hiriere, el otro campamento escapará.
GEN 32:9 Y dijo Jacob: Oh Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, SEÑOR, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu paren­tela, y yo te haré bien;
GEN 32:10 Menor soy que todas las misericordias, y que toda la ver­dad que has usado para con tu siervo; que con mi bordón pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos cuadrillas.
GEN 32:11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga quizá, y me hiera, [y] la madre con los hijos.
GEN 32:12 Y tú has dicho: Yo te haré bien, y pondré tu simiente como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.
GEN 32:13 Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú;
GEN 32:14 Doscientas cabras y veinte machos de cabrío, doscientas ovejas y veinte carneros,
GEN 32:15 Treinta camellas paridas, con sus hijos, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos.
GEN 32:16 Y entregó[los] en mano de sus siervos, cada manada de por sí; y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada.
GEN 32:17 Y mandó al primero, dicien­do: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién [eres]? ¿y adónde vas? ¿y para quién [es] esto que llevas delante de ti?
GEN 32:18 Entonces dirás: [Estos son] de tu siervo Jacob, [es] un presente enviado a mi señor Esaú; y he aquí, él [viene] tras nosotros.
GEN 32:19 Y mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto habla­réis a Esaú, cuando le hallareis.
GEN 32:20 Y diréis también: He aquí, tu siervo Jacob [viene] tras de nosotros. Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro: quizá le seré acepto.
GEN 32:21 Y pasó el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el campamento.
GEN 32:22 Y levantóse aquella noche, y tomó sus dos esposas, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc.
GEN 32:23 Tomólos pues, y pasólos el arroyo, e hizo pasar lo que tenía.
GEN 32:24 Y quedóse Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.
GEN 32:25 Y como vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba.
GEN 32:26 Y dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices.
GEN 32:27 Y él le dijo: ¿Cuál [es] tu nom­bre? Y él respondió: Jacob.
GEN 32:28 Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque como un príncipe tienes poder con Dios y con los hombres, y has prevalecido.
GEN 32:29 Y Jacob [le] preguntó, y dijo: Declára[me], te ruego, tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjolo allí.
GEN 32:30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel: porque vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.
GEN 32:31 Y salióle el sol pasado que hubo a Peniel; y cojeaba de su anca.
GEN 32:32 Por esto los hijos de Israel no comen [del] tendón que se contrajo, el cual [está] en el encaje del muslo, hasta hoy día: porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.
GEN 33:1 Y ALZANDO Jacob sus ojos miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él: entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas.
GEN 33:2 Y puso las siervas y sus niños delante; luego a Lea y a sus niños; y a Raquel y a José los postreros.
GEN 33:3 Y él pasó delante de ellos, e inclinóse a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano.
GEN 33:4 Y Esaú corrió a su encuentro, y abrazóle, y echóse sobre su cue­llo, y le besó; y lloraron.
GEN 33:5 Y alzó sus ojos, y vio las muje­res y los niños, y dijo: ¿Quiénes [son] éstos contigo? Y él respondió: Son los niños que Dios graciosamente ha dado a tu siervo.
GEN 33:6 Y se llegaron las siervas, ellas y sus niños, e inclináronse.
GEN 33:7 Y llegóse Lea con sus niños, e inclináronse: y después llegó José y Raquel, y también se incli­naron.
GEN 33:8 Y él dijo: ¿Qué te [propones] con todas estas cuadrillas que he encontrado? Y él respondió: Hallar gracia en los ojos de mi señor.
GEN 33:9 Y dijo Esaú: Bastante tengo yo, hermano mío: sea para ti lo que es tuyo.
GEN 33:10 Y dijo Jacob: No, yo te ruego, si he hallado ahora gracia en tus ojos, toma mi presente de mi mano, pues que así he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios; y hazme placer.
GEN 33:11 Toma, te ruego, mi bendición que te es traída; porque Dios ha tratado graciosamente conmigo, y porque tengo suficiente. Y porfió con él, y tomó[la].
GEN 33:12 Y dijo: Anda, y vamos; y yo iré delante de ti.
GEN 33:13 Y él le dijo: Mi señor sabe que los niños [son] tiernos, y que [tengo] conmigo rebaños y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirá todo el rebaño.
GEN 33:14 Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo guiaré poco a poco, conforme al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir.
GEN 33:15 Y Esaú dijo: Dejaré ahora con­tigo [alguna] de la gente que [viene] conmi­go. Y él dijo: ¿Para qué esto? halle yo gracia en los ojos de mi señor.
GEN 33:16 Así se volvió Esaú aquel día por su camino a Seir.
GEN 33:17 Y Jacob se partió a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado: por tanto llamó el nombre de aquel lugar Sucot.
GEN 33:18 Y vino Jacob sano a la ciudad de Siquem, que [está] en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad.
GEN 33:19 Y compró una parte del campo, donde tendió su tienda, de mano de los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien piezas de moneda.
GEN 33:20 Y erigió allí un altar, y le llamó El-elohe-Israel.
GEN 34:1 Y SALIÓ Dina la hija de Lea, la cual había ésta parido a Jacob, a ver las hijas del país.
GEN 34:2 Y vióla Siquem, hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y tomóla, y echóse con ella, y la deshonró.
GEN 34:3 Mas su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y enamoróse de la moza, y habló al corazón de la joven.
GEN 34:4 Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por esposa esta moza.
GEN 34:5 Y oyó Jacob que había [Siquem] amancillado a Dina su hija: y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen.
GEN 34:6 Y dirigióse Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar con él.
GEN 34:7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando [lo] supieron; y se entristecieron los varones, y se ensañaron mucho, porque hizo vileza en Israel echándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho.
GEN 34:8 Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a vuestra hija; ruégoos que se la deis por esposa.
GEN 34:9 Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras.
GEN 34:10 Y habitad con nosotros; por­que la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión.
GEN 34:11 Siquem también dijo a su padre y a sus hermanos: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis.
GEN 34:12 Aumentad a cargo mío mucho dote y dones, que yo daré cuanto me dijereis, y dadme la moza por esposa.
GEN 34:13 Y respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre con engaño: y parlaron, por cuanto había amancillado a Dina su hermana.
GEN 34:14 Y dijéronles: No podemos hacer esto de dar nuestra herma­na a hombre que tiene prepucio; porque entre nosotros [es] abomi­nación.
GEN 34:15 Mas con esta condición os haremos placer: si habéis de [ser] como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón;
GEN 34:16 Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo.
GEN 34:17 Mas si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija, y nos iremos.
GEN 34:18 Y parecieron bien sus pala­bras a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor.
GEN 34:19 Y no dilató el mozo hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado: y él [era] el más honrado de toda la casa de su padre.
GEN 34:20 Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo:
GEN 34:21 Estos varones [son] pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y traficarán en él: pues he aquí la tierra [es] bastante ancha para ellos: nosotros tomaremos sus hijas por esposas, y les dare­mos las nuestras.
GEN 34:22 Mas con esta condición nos harán estos hombres el placer de habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: si se circunci­dare en nosotros todo varón, así como ellos [son] circuncidados.
GEN 34:23 Sus ganados y su sustancia y todas sus bestias, ¿no [serán] nuestros? Solamente consintamos con ellos, y habitarán con nosotros.
GEN 34:24 Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salí­an por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de su ciudad.
GEN 34:25 Y sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espa­da, y vinieron contra la ciudad animosamente, y mataron a todo varón.
GEN 34:26 Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada: y tomaron a Dina de casa de Siquem, y saliéronse.
GEN 34:27 Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciu­dad; por cuanto habían amanci­llado a su hermana.
GEN 34:28 Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que [había] en la ciudad y en el campo,
GEN 34:29 Y toda su riqueza, y todos sus niños, y sus esposas tomaron cautivos, y saquearon aún todo que [estaba] en casa.
GEN 34:30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Habéisme turbado con hacerme abominable a los mora­dores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y [teniendo] yo pocos hombres, juntarse han contra mí, y me herirán, y seré destruido yo y mi casa.
GEN 34:31 Y ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?
GEN 35:1 Y DIJO Dios a Jacob: Levántate, sube a Betel, y estáte allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.
GEN 35:2 Entonces Jacob dijo a su fami­lia y a todos los que con él [esta­ban]: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestiduras.
GEN 35:3 Y levantémonos, y subamos a Betel; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado.
GEN 35:4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que [había] en sus manos, y [todos sus] zarzillos que [estaban] en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina, que [estaba] junto a Siquem.
GEN 35:5 Y partiéronse, y el terror de Dios fue sobre las ciudades que [había] en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob.
GEN 35:6 Y llegó Jacob a Luz, que [está] en tierra de Canaán, (ésta [es] Betel) él y todo el pueblo que con él [estaba];
GEN 35:7 Y edificó allí un altar, y llamó el lugar El-Betel, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano.
GEN 35:8 Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada a las raíces de Betel, debajo de una encina: y llamóse su nombre Alon-Bacut.
GEN 35:9 Y aparecióse otra vez Dios a Jacob, cuando se había vuelto de Padan-aram, y bendíjole.
GEN 35:10 Y díjole Dios: Tu nombre [es] Jacob; no se llamará más tu nom­bre Jacob, sino Israel será tu nombre: y llamó su nombre Israel.
GEN 35:11 Y díjole Dios: Yo [soy] el Dios Todopoderoso: crece y multiplícate; una nación y compañía de naciones procederá de ti, y reyes saldrán de tus lomos:
GEN 35:12 Y la tierra que yo he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti: y a tu simiente después de ti daré la tierra.
GEN 35:13 Y fuese de él Dios, del lugar donde con él había hablado.
GEN 35:14 Y Jacob erigió un título en el lugar donde había hablado con él, un título de piedra, y derramó sobre él libación, y echó sobre él aceite.
GEN 35:15 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Betel.
GEN 35:16 Y partieron de Betel, y había aún como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuan­do parió Raquel, y hubo trabajo en su parto.
GEN 35:17 Y aconteció, que como había trabajo en su parir, díjole la par­tera: No temas, que también ten­drás este hijo.
GEN 35:18 Y acaeció que al salírsele el alma, (pues murió) llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín.
GEN 35:19 Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual [es] Belem.
GEN 35:20 Y puso Jacob un título sobre su sepultura: éste [es] el título de la sepultura de Raquel hasta hoy.
GEN 35:21 Y partió Israel, y tendió su tienda de la otra parte de Migdaleder.
GEN 35:22 Y acaeció, morando Israel en aquella tierra, que fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a enten­der Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:
GEN 35:23 Los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob, y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y Zabulón.
GEN 35:24 Los hijos de Raquel: José, y Benjamín.
GEN 35:25 Y los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan, y Neftalí.
GEN 35:26 Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad, y Aser. Éstos [fueron] los hijos de Jacob, que le nacie­ron en Padan-aram.
GEN 35:27 Y vino Jacob a Isaac su padre a Mamre, a la ciudad de Arba, que [es] Hebrón, donde habitaron Abraham e Isaac.
GEN 35:28 Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años.
GEN 35:29 Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a sus pue­blos, [siendo] viejo y lleno de días: y sepultáronlo Esaú y Jacob sus hijos.
GEN 36:1 Y ÉSTAS son las generaciones de Esaú, el cual [es] Edom.
GEN 36:2 Esaú tomó sus esposas de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón heteo, y a Aholibama, hija de Ana, hija de Zibeón el heveo;
GEN 36:3 Y a Basemat, hija de Ismael, hermana de Nabaiot.
GEN 36:4 Y Ada parió a Esaú a Elifaz; y Basemat parió a Reuel.
GEN 36:5 Y Aholibama parió a Jeús, y a Jaalam, y a Cora: éstos [son] los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán.
GEN 36:6 Y Esaú tomó sus esposas, y sus hijos, y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y toda su sustancia que había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a otra tierra de delante de Jacob su hermano:
GEN 36:7 Porque la hacienda de ellos era grande, y no podían habitar jun­tos, ni la tierra de su peregrina­ción los podía sostener a causa de sus ganados.
GEN 36:8 Y Esaú habitó en el monte de Seir: Esaú [es] Edom.
GEN 36:9 Éstos [son] los linajes de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir.
GEN 36:10 Éstos [son] los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, esposa de Esaú; Reuel, hijo de Basemat, esposa de Esaú.
GEN 36:11 Y los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam, y Cenaz.
GEN 36:12 Y Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, la cual le parió a Amalec: éstos [son] los hijos de Ada, esposa de Esaú.
GEN 36:13 Y los hijos de Reuel [fueron] Nahat, Zera, Sama, y Miza: éstos son los hijos de Basemat, esposa de Esaú.
GEN 36:14 Éstos fueron los hijos de Aholibama, esposa de Esaú, hija de Ana, que fue hija de Zibeón: ella parió a Esaú, a Jeús, Jaalam, y Cora.
GEN 36:15 Éstos [son] los duques de los hijos de Esaú. Hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: el duque Temán, el duque Omar, el duque Zefo, el duque Cenaz,
GEN 36:16 El duque Cora, el duque Gatam, [y] el duque Amalec: éstos [son] los duques [que vinieron] de Elifaz en la tierra de Edom; éstos [fueron] los hijos de Ada.
GEN 36:17 Y éstos [son] los hijos de Reuel, hijo de Esaú: el duque Nahat, el duque Zera, el duque Sama, y el duque Miza; éstos son los duques [que vinieron] de Reuel en la tierra de Edom; éstos [son] los hijos de Basemat, esposa de Esaú.
GEN 36:18 Y éstos son los hijos de Aholibama, esposa de Esaú: el duque Jeús, el duque Jaalam, y el duque Cora: éstos [fueron] los duques [que salieron] de Aholibama, esposa de Esaú, hija de Ana.
GEN 36:19 Éstos, pues, [son] los hijos de Esaú, y sus duques: él [es] Edom.
GEN 36:20 Y éstos [son] los hijos de Seir horeo, moradores de aquella tie­rra: Lotán, Sobal, Zibeón, Ana,
GEN 36:21 Disón, Ezer, y Disán: éstos [son] los duques de los horeos, hijos de Seir, en la tierra de Edom.
GEN 36:22 Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemán; y Timna [fue] her­mana de Lotán.
GEN 36:23 Y los hijos de Sobal [fueron] Alván, Manahat, Ebal, Sefo, y Onam.
GEN 36:24 Y éstos [son] los hijos de Zibeón; Aja, y Ana. Este Ana [es el] que descubrió los mulos en el desier­to, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre.
GEN 36:25 Los hijos de Ana [fueron] Disón, y Aholibama, hija de Ana.
GEN 36:26 Y éstos [son] los hijos de Disón: Hemdán, Esbán, Itrán, y Cherán.
GEN 36:27 Y éstos [son] los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván, y Acán.
GEN 36:28 Éstos [son] los hijos de Disán: Uz, y Arán.
GEN 36:29 Y éstos [son] los duques [que vinieron] de los horeos: el duque Lotán, el duque Sobal, el duque Zibeón, el duque Ana,
GEN 36:30 El duque Disón, el duque Ezer, el duque Disán: éstos [son] los duques [que vinieron] de los horeos, entre sus ducados en la tierra de Seir.
GEN 36:31 Y éstos [son] los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase algún rey sobre los hijos de Israel.
GEN 36:32 Y Bela, el hijo de Beor, reinó en Edom: y el nombre de su ciudad [fue] Dinaba.
GEN 36:33 Y murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zera, de Bosra.
GEN 36:34 Y murió Jobab, y en su lugar reinó Husam, de tierra de Temán.
GEN 36:35 Y murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad, el que hirió a Midián en el campo de Moab: y el nombre de su ciudad [fue] Avit.
GEN 36:36 Y murió Hadad, y en su lugar reinó Samla, de Masreca.
GEN 36:37 Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl de Rehobot, [junto] al río.
GEN 36:38 Y murió Saúl, y en lugar suyo reinó Baal-hanán, hijo de Acbor.
GEN 36:39 Y murió Baal-hanán , hijo de Acbor, y reinó Hadar en lugar suyo: y el nombre de su ciudad [fue] Pau; y el nombre de su esposa [fue] Meetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.
GEN 36:40 Éstos, pues, [son] los nombres de los duques [que vinieron] de Esaú por sus linajes, por sus lugares, y sus nombres: el duque Timna, el duque Alva, el duque Jetet,
GEN 36:41 El duque Aholibama, el duque Ela, el duque Pinón,
GEN 36:42 El duque Cenaz, el duque Temán, el duque Mibzar,
GEN 36:43 El duque Magdiel, y el duque Iram. Éstos [son] los duques de Edom, según sus habitaciones en la tierra de su posesión; él [es] Esaú el padre de los edomitas
GEN 37:1 Y HABITÓ Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán.
GEN 37:2 Éstas [son] las generaciones de Jacob. José, [siendo] de edad de diez y siete años apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven [estaba] con los hijos de Bilha, y con los hijos de Zilpa, esposas de su padre: y noticiaba José a su padre la mala fama de ellos.
GEN 37:3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque él [era] el hijo de su vejez: y le hizo una ropa de [diversos] colores.
GEN 37:4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente.
GEN 37:5 Y soñó José un sueño, y contó­[lo] a sus hermanos; y ellos vinie­ron a aborrecerle más todavía.
GEN 37:6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:
GEN 37:7 He aquí, [estabamos] en el campo atando los manojos, y he aquí, mi manojo se levantaba, y estaba derecho, y vuestros manojos estaban alrededor, y se inclinaban al mío.
GEN 37:8 Y respondiéronle sus herma­nos: ¿Has de reinar tú sobre nosotros, o te has de enseñorear sobre nosotros? Y le aborrecie­ron aún más a causa de sus sue­ños y de sus palabras.
GEN 37:9 Y soñó aún otro sueño, y con­tólo a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclina­ban a mí.
GEN 37:10 Y contó[lo] a su padre y a sus hermanos: y su padre le repren­dió, y díjole: ¿Qué sueño [es] éste que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos, a inclinarnos a ti a tierra?
GEN 37:11 Y sus hermanos le tenían envidia; pero su padre observaba el dicho.
GEN 37:12 Y fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem.
GEN 37:13 Y dijo Israel a José: ¿No apacientan tus hermanos el [rebaño] en Siquem? Ven, y te enviaré a ellos. Y él le dijo: [Heme] aquí.
GEN 37:14 Y él le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la res­puesta. Y enviólo del valle de Hebrón, y llegó a Siquem.
GEN 37:15 Y hallólo un hombre, andan­do él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, dicien­do: ¿Qué buscas?
GEN 37:16 Y él dijo: Busco a mis hermanos: ruégote que me digas dónde pastan.
GEN 37:17 Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y hallólos en Dotán.
GEN 37:18 Y como ellos lo vieron de lejos, antes que cerca de ellos lle­gara, proyectaron contra él para matarle.
GEN 37:19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador;
GEN 37:20 Ahora pues, venid, y maté­moslo y echémosle en una cister­na, y diremos: Alguna mala bes­tia le devoró: y veremos qué serán sus sueños.
GEN 37:21 Y como Rubén oyó [esto], librólo de sus manos, y dijo: No lo matemos.
GEN 37:22 Y les dijo Rubén: No derra­méis sangre; echadlo en este pozo que [está] en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo [así] de sus manos, para entregarlo a su padre.
GEN 37:23 Y sucedió que, cuando llegó José a sus hermanos, ellos hicie­ron desnudar a José su ropa, la ropa de [diversos] colores que [tenía] sobre sí;
GEN 37:24 Y tomáronlo, y echáronle en la cisterna; mas la cisterna [estaba] vacía, no [había] en ella agua.
GEN 37:25 Y sentáronse a comer pan: y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus came­llos traían aromas y bálsamo y mirra, e iban a llevar[lo] a Egipto.
GEN 37:26 Entonces Judá dijo a sus her­manos: ¿Qué provecho [es] que matemos a nuestro hermano y encubramos su sangre?
GEN 37:27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él [es] nuestro hermano [y] nuestra carne. Y sus her­manos acordaron con él.
GEN 37:28 Y como pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y trajé­ronle arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte [piezas] de plata. Y llevaron a José a Egipto.
GEN 37:29 Y Rubén volvió a la cisterna, y no [halló] a José dentro, y rasgó sus vestiduras.
GEN 37:30 Y tornó a sus hermanos, y dijo: El mozo no [aparece]; y yo, ¿adónde iré yo?
GEN 37:31 Entonces tomaron ellos la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre;
GEN 37:32 Y enviaron la ropa de [diversos] colores y trajéron[la] a su padre, y dijeron: Ésta hemos hallado, reconoce ahora si es o no la ropa de tu hijo.
GEN 37:33 Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo [es]; alguna mala bestia le devoró; José ha sido despedazado.
GEN 37:34 Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos días.
GEN 37:35 Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso tomar consola­ción, y dijo: Porque yo tengo de descender a mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y llorólo su padre.
GEN 37:36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón [y] capitán de los de la guar­dia.
GEN 38:1 Y ACONTECIÓ en aquel tiempo, que Judá descendió de con sus hermanos, y fuese a un varón adulamita, que se llamaba Hira.
GEN 38:2 Y vio allí Judá la hija de un hombre cananeo, el cual se lla­maba Súa; y tomóla, y entró a ella:
GEN 38:3 La cual concibió, y parió un hijo; y llamó su nombre Er.
GEN 38:4 Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamó su nombre Onán.
GEN 38:5 Y volvió a concebir, y parió un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Chezib cuando lo parió.
GEN 38:6 Y Judá tomó esposa para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.
GEN 38:7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos del SEÑOR, y quitóle el SEÑOR la vida.
GEN 38:8 Entonces Judá dijo a Onán: Entra a la esposa de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente a tu hermano.
GEN 38:9 Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba a la esposa de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente a su hermano.
GEN 38:10 Y desagradó en ojos del SEÑOR lo que hacía, y también quitó a él la vida.
GEN 38:11 Y Judá dijo a Tamar su nuera: Estáte viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: Que quizá no muera él también como [sucedió] a sus her­manos. Y fuese Tamar, y estú­vose en casa de su padre.
GEN 38:12 Y pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, esposa de Judá; y Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a Timnat, él y su amigo Hira el adulamita.
GEN 38:13 Y fue dado aviso a Tamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas.
GEN 38:14 Entonces quitó ella de sobre sí las vestiduras de su viudez, y cubrióse con un velo, y arrebozó­se, y se puso a la puerta de las aguas que están junto al camino de Timnat: porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por esposa.
GEN 38:15 Y vióla Judá, y túvola por ramera, porque había ella cubier­to su rostro.
GEN 38:16 Y apartóse del camino hacia ella, y díjole: Ea, pues, ahora entraré a ti; porque no sabía que [era] su nuera; y ella dijo: ¿Qué me has de dar, si entrares a mí?
GEN 38:17 Él respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo: ¿Me has de dar prenda hasta que lo envíes?
GEN 38:18 Entonces él dijo: ¿Qué prenda te daré? Y ella dijo: Tu sello, y tus pulseras, y tu bordón que [tienes] en tu mano. Y él se [los] dio, y entró a ella, la cual concibió de él.
GEN 38:19 Y levantóse, y fuese: y quitó­se el velo de sobre sí, y vistióse las ropas de su viudez.
GEN 38:20 Y Judá envió el cabrito de las cabras por mano de su amigo el adulamita, para que tomase la prenda de mano de la mujer; mas no la halló.
GEN 38:21 Entonces él preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde [está] la ramera, que [andaba] abiertamente junto al lado del camino? Y ellos dijeron: No había ninguna ramera en este [lugar].
GEN 38:22 Entonces él se volvió a Judá, y dijo: No la puedo hallar; y también los hombres de aquel lugar dijeron: Aquí no ha estado ninguna ramera.
GEN 38:23 Y Judá dijo: Tómese[lo] para sí, porque no seamos menosprecia­dos: he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste.
GEN 38:24 Y acaeció que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y aun cierto [está] pre­ñada de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada.
GEN 38:25 Y cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: Del varón cuyas [son] estas cosas, estoy preñada: y dijo más: Mira ahora cuyas [son] estas cosas, el sello, y las pulseras, y el bordón.
GEN 38:26 Entonces Judá [las] reconoció, y dijo: Más justa es que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.
GEN 38:27 Y aconteció que al tiempo del parir, he aquí [había] dos en su vientre.
GEN 38:28 Y sucedió, cuando paría, que sacó la mano [el uno], y la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Éste salió pri­mero.
GEN 38:29 Y sucedió que tornando él a meter su mano, he aquí su hermano salió; y ella dijo: ¿Cómo has rompido? Sobre ti [sea esta] rotura. Y llamó su nombre Fares.
GEN 38:30 Y después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.
GEN 39:1 Y FUE llevado José a Egipto; y Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá.
GEN 39:2 Mas el SEÑOR fue con José, y fue varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el egipcio.
GEN 39:3 Y vio su señor que el SEÑOR [era] con él, y que todo lo que él hacía, el SEÑOR lo hacía pros­perar en su mano.
GEN 39:4 Así halló José gracia en sus ojos, y servíale; y él le hizo mayordomo de su casa, y entre­gó en su poder todo lo [que] tenía.
GEN 39:5 Y aconteció [que] desde aquel tiempo cuando le dio el encargo de su casa, y de todo lo que tenía, que el SEÑOR bendijo la casa del egipcio a causa de José; y la bendición del SEÑOR fue sobre todo lo que él tenía en casa, y en el campo.
GEN 39:6 Y dejó todo lo que tenía en mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía. Y era José de hermoso semblan­te y bella presencia.
GEN 39:7 Y aconteció después de esto, que la esposa de su señor puso sus ojos en José, y dijo: Duerme con­migo.
GEN 39:8 Y él no quiso, y dijo a la esposa de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que [hay] en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene:
GEN 39:9 [No hay] otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú [eres] su esposa; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?
GEN 39:10 Y sucedió que hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, [o] para estar con ella,
GEN 39:11 Aconteció que entró [él] un día en casa para hacer su oficio, y no [había] nadie de los de casa allí en casa:
GEN 39:12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Acuéstate conmigo. Y él dejó su ropa en la mano de ella, y huyó y salió fuera.
GEN 39:13 Y acaeció que cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera,
GEN 39:14 Llamó a los de casa, y habló­les diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo, para que hiciese burla de nosotros: vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces;
GEN 39:15 Y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó, y salióse fuera.
GEN 39:16 Y ella puso junto a sí la ropa de él, hasta que vino su señor a su casa.
GEN 39:17 Entonces le habló ella seme­jantes palabras, diciendo: El sier­vo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme;
GEN 39:18 Y como yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí, y huyó fuera.
GEN 39:19 Y sucedió que como oyó su señor las palabras que su esposa le hablara, diciendo: Así me ha tratado tu siervo; encendióse su furor.
GEN 39:20 Y tomó su señor a José, y púsole en la casa de la cárcel, donde [estaban] los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cár­cel.
GEN 39:21 Mas el SEÑOR fue con José, y extendió a él su misericordia, y dióle gracia en ojos del principal de la casa de la cárcel.
GEN 39:22 Y el principal de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos que [había] en aquella prisión; y todo lo que hacían allí, él [lo] hacía.
GEN 39:23 No miraba el principal de la cár­cel cosa alguna [que] en su mano [estaba]; porque el SEÑOR era con él, y [lo] que él hacía, el SEÑOR [lo] prosperaba.
GEN 40:1 Y ACONTECIÓ después de estas cosas, [que] el copero del rey de Egipto y [su] panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto.
GEN 40:2 Y se enojó Faraón contra dos [de] sus oficiales, contra el principal de los coperos, y contra el princi­pal de los panaderos:
GEN 40:3 Y púsolos en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel, el lugar donde José [estaba] atado.
GEN 40:4 Y el capitán de los de la guar­dia dio cargo de ellos a José, y él les servía: y estuvieron días en la prisión.
GEN 40:5 Y ambos soñaron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno conforme a la interpretación de su sueño, el copero y el panadero del rey de Egipto, que [estaban] arrestados en la prisión.
GEN 40:6 Y vino a ellos José por la maña­na, y mirólos, y he aquí que [esta­ban] tristes.
GEN 40:7 Y él preguntó a aquellos eunu­cos de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué pare­cen hoy tristes vuestros semblan­tes?
GEN 40:8 Y ellos le dijeron: Hemos teni­do un sueño, y no [hay] quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿[No son] de Dios las interpretaciones? Contádme[lo], os ruego.
GEN 40:9 Entonces el principal de los coperos contó su sueño a José, y díjole: En mi sueño, he aquí, una vid [estaba] delante de mí,
GEN 40:10 Y en la vid [había] tres sarmientos; y ella como que brotaba, [y] arrojaba su flor, y sus racimos trajeron uvas maduras:
GEN 40:11 Y que la copa de Faraón [esta­ba] en mi mano, y tomaba yo las uvas, y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en mano de Faraón.
GEN 40:12 Y díjole José: Ésta [es] su interpretación: Los tres sarmientos [son] tres días:
GEN 40:13 Al cabo de tres días Faraón te hará levantar cabeza, y te resti­tuirá a tu puesto: y darás la copa a Faraón en su mano, como solías cuando eras su copero.
GEN 40:14 Acuérdate, pues, de mí para contigo cuando tuvieres ese bien, y ruégote que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa:
GEN 40:15 Porque hurtado he sido de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí porqué me hubiesen de poner en la cárcel.
GEN 40:16 Y viendo el principal de los panaderos que había declarado para bien, dijo a José: También yo soñaba que veía tres canasti­llos blancos sobre mi cabeza;
GEN 40:17 Y en el canastillo más alto [había] de todas las viandas de Faraón, obra de panadero; y que las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza.
GEN 40:18 Entonces respondió José, y dijo: Ésta [es] su interpretación: Los tres canastillos tres días [son]:
GEN 40:19 Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne de sobre ti.
GEN 40:20 Y aconteció el tercer día, [que era] el cumpleaños de Faraón, que hizo banquete a todos sus siervos: y alzó la cabeza del principal de los coperos, y la cabeza del prin­cipal de los panaderos, entre sus servidores.
GEN 40:21 E hizo volver a su oficio al principal de los coperos; y dio él la copa en mano de Faraón.
GEN 40:22 Mas hizo ahorcar al principal de los panaderos, como lo había interpretado José.
GEN 40:23 Y el principal de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.
GEN 41:1 Y ACONTECIÓ que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Parecíale que estaba junto al río;
GEN 41:2 Y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y muy gordas, y pacían en el prado:
GEN 41:3 Y que otras siete vacas subían tras ellas del río, de fea vista, y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas [hermosas] a la orilla del río:
GEN 41:4 Y que las vacas de fea vista y enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gor­das. Y despertó Faraón.
GEN 41:5 Durmióse de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas y hermosas subían de una caña:
GEN 41:6 Y que otras siete espigas menu­das y abatidas del Solano, salían después de ellas:
GEN 41:7 Y las siete espigas menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que [era] sueño.
GEN 41:8 Y acaeció que a la mañana esta­ba agitado su espíritu; y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios: y contóles Faraón sus sueños, mas no[había] quien a Faraón los interpretase.
GEN 41:9 Entonces el principal de los coperos habló a Faraón, diciendo: Acuérdome hoy de mis faltas:
GEN 41:10 Faraón se enojó contra sus siervos, y a mí me echó a la pri­sión de la casa del capitán de los de la guardia, a mí y al principal de los panaderos:
GEN 41:11 Y yo y él vimos un sueño una misma noche: cada uno soñó conforme a la interpretación de su sueño.
GEN 41:12 Y [estaba] allí con nosotros un mozo hebreo, siervo del capi­tán de los de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó nues­tros sueños, e interpretó a cada uno conforme a su sueño.
GEN 41:13 Y aconteció que como él nos interpretó, así fue: a mí me hizo volver a mi puesto, e hizo colgar al otro.
GEN 41:14 Entonces Faraón envió y llamó a José, y le sacaron aprisa de la cárcel; y se afeitó y cambió su vestidura, y vino a Faraón.
GEN 41:15 Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no [hay] quien lo interprete; mas he oído decir de ti, [que] oyes sueños para interpretar­los.
GEN 41:16 Y respondió José a Faraón, diciendo: No [está] en mí; Dios será el que responda paz a Faraón.
GEN 41:17 Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño parecíame que esta­ba a la orilla del río:
GEN 41:18 Y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermo­sa apariencia, que pacían en el prado:
GEN 41:19 Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy fea traza; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en toda la tierra de Egipto en fealdad:
GEN 41:20 Y las vacas flacas y feas comían a las siete primeras vacas gruesas:
GEN 41:21 Y cuando las habían comido, no se podía saber que las habían comido; porque su parecer [era] aún malo, como de primero. Entonces yo desperté.
GEN 41:22 Vi también soñando, que siete espigas subían en una misma caña llenas y hermosas;
GEN 41:23 Y que otras siete espigas menudas, marchitas, [y] abatidas del Solano, subían después de ellas:
GEN 41:24 Y las espigas menudas devo­raban a las siete espigas hermo­sas: y he dicho [esto] a los magos; mas no [hay] quien me [lo] interprete.
GEN 41:25 Entonces dijo José a Faraón: El sueño de Faraón [es] uno mismo: Dios ha mostrado a Faraón lo que [está] a punto de hacer.
GEN 41:26 Las siete vacas hermosas siete años [son]; y las espigas hermosas [son] siete años: el sueño [es] uno mismo.
GEN 41:27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, [son] siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del Solano, siete años serán de hambre.
GEN 41:28 Esto [es] lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer lo ha mostrado a Faraón.
GEN 41:29 He aquí vienen siete años de grande abundancia en toda la tierra de Egipto:
GEN 41:30 Y levantarse han tras ellos siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto; y el hambre consumi­rá la tierra;
GEN 41:31 Y aquella abundancia no se echará de ver a causa del hambre siguiente, la cual [será] gravísima.
GEN 41:32 Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, [es] porque la cosa [es] establecida por Dios, y que Dios se apresura a hacerla.
GEN 41:33 Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.
GEN 41:34 Haga [esto] Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y tome la quinta parte de la tierra de Egipto en los siete años de abundancia;
GEN 41:35 Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y alleguen el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.
GEN 41:36 Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años del hambre que serán en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.
GEN 41:37 Y el negocio pareció bien a Faraón, y a sus siervos.
GEN 41:38 Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Hemos de hallar [otro hombre] como éste, en quien [está] el Espíri­tu de Dios?
GEN 41:39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no [hay] entendido ni sabio como tú:
GEN 41:40 Tú serás sobre mi casa, y por tu dicho se gobernará todo mi pueblo: solamente en el trono seré yo mayor que tú.
GEN 41:41 Dijo más Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.
GEN 41:42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y púsolo en la mano de José, e hízole vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;
GEN 41:43 E hízolo subir en su segundo carro, y proclamaron delante de él: Doblad la rodilla: y púsole sobre toda la tierra de Egipto.
GEN 41:44 Y dijo Faraón a José: Yo Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.
GEN 41:45 Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-paaneah; y dióle por esposa a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.
GEN 41:46 Y era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón, rey de Egipto: y salió José de delante de Faraón, y transitó por toda la tierra de Egipto.
GEN 41:47 E hizo la tierra en aquellos siete años de abundancia a montones.
GEN 41:48 Y él juntó todo el alimento de los siete años que fueron en la tierra de Egipto, y guardó el alimento en las ciudades, poniendo en las mismas el alimento del campo que [estaba] alrededor de cada ciudad.
GEN 41:49 Y acopió José trigo como arena del mar, mucho en extre­mo, hasta no poderse contar, por­que no [tenía] número.
GEN 41:50 Y nacieron a José dos hijos antes de que vinieran los años de hambre, los cuales le parió Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
GEN 41:51 Y llamó José el nombre del primogénito Manasés; porque Dios, [dijo,] me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.
GEN 41:52 Y el nombre del segundo lla­mólo Efraím; porque Dios, [dijo,] me hizo fértil en la tierra de mi aflicción.
GEN 41:53 Y cumpliéronse los siete años de abundancia, que hubo en la tie­rra de Egipto.
GEN 41:54 Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho: y hubo hambre en todos los países, mas en toda la tierra de Egipto había pan.
GEN 41:55 Y cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere.
GEN 41:56 Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.
GEN 41:57 Y toda la tierra venía a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre.
GEN 42:1 Y VIENDO Jacob que en Egipto había alimentos, Jacob dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando?
GEN 42:2 Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no nos muramos.
GEN 42:3 Y descendieron los diez herma­nos de José a comprar trigo a Egipto.
GEN 42:4 Mas Jacob no envió a Benjamín hermano de José con sus hermanos; porque dijo: No sea acaso que le acontezca algún desastre.
GEN 42:5 Y vinieron los hijos de Israel a comprar [granos] entre los que venían: porque había hambre en la tierra de Canaán.
GEN 42:6 Y José [era] el gobernador de la tierra, y él [era] el que vendía a todo el pueblo de la tierra: y llegaron los hermanos de José, e inclináronse a él rostro a tierra.
GEN 42:7 Y José como vio a sus herma­nos, conociólos; mas hizo que no los conocía, y hablóles áspera­mente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondie­ron: De la tierra de Canaán a comprar alimentos.
GEN 42:8 José, pues, conoció a sus her­manos; pero ellos no le conocie­ron.
GEN 42:9 Entonces se acordó José de los sueños que había tenido de ellos, y díjoles: Espías [sois]; por ver lo descubierto del país habéis veni­do.
GEN 42:10 Y ellos le respondieron: No, señor mío: mas tus siervos han venido a comprar alimentos.
GEN 42:11 Todos nosotros [somos] hijos de un varón: somos[hombres] de verdad: tus siervos nunca fueron espías.
GEN 42:12 Y él les dijo: No; a ver lo des­cubierto del país habéis venido.
GEN 42:13 Y ellos respondieron: Tus siervos [somos] doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor [está] hoy con nuestro padre, y otro no [aparece].
GEN 42:14 Y José les dijo: Eso [es] [lo] que os he dicho, afirmando que [sois] espías:
GEN 42:15 En esto seréis probados: Vive Faraón que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor aquí viniere.
GEN 42:16 Enviad uno de vosotros, y traiga a vuestro hermano; y vosotros quedad presos, y vues­tras palabras serán probadas, si [hay] verdad con vosotros: y si no, vive Faraón, que [sois] espías.
GEN 42:17 Y juntólos en la cárcel por tres días.
GEN 42:18 Y al tercer día díjoles José: Haced esto, y vivid; [porque] yo temo a Dios:
GEN 42:19 Si [sois] hombres de verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos; y vosotros id, llevad el alimento para el hambre de vuestra casa:
GEN 42:20 Pero habéis de traerme a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
GEN 42:21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente [somos] culpables acerca de nuestro hermano, en que vimos la angustia de su alma, cuando nos rogaba, y no le oímos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
GEN 42:22 Entonces Rubén les respon­dió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el mozo; y no escuchasteis? He aquí tam­bién su sangre es requerida.
GEN 42:23 Y ellos no sabían que [los] entendía José, porque había intérprete entre ellos.
GEN 42:24 Y apartóse él de ellos, y lloró: después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y aprisionóle a vista de ellos.
GEN 42:25 Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les die­sen comida para el camino: e hízose así con ellos.
GEN 42:26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y fuéronse de allí.
GEN 42:27 Y abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, vio su dinero que [estaba] en la boca de su costal.
GEN 42:28 Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y aun he aquí en mi saco. Sobresaltóseles entonces el cora­zón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué [es] esto [que] nos ha hecho Dios?
GEN 42:29 Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, contáronle todo lo que les había acaecido, dicien­do:
GEN 42:30 Aquel varón, señor de la tie­rra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra:
GEN 42:31 Y nosotros le dijimos: [Somos] hombres de verdad, nunca fui­mos espías:
GEN 42:32 [Somos] doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no [aparece], y el menor [está] hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.
GEN 42:33 Y aquel varón, señor de la tie­rra, nos dijo: En esto conoceré que sois [hombres] de verdad; dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad [alimento para] el ham­bre de vuestras casas, y andad,
GEN 42:34 Y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no [sois] espías, sino [hombres] de verdad: [así] os daré a vuestro her­mano, y negociaréis en la tierra.
GEN 42:35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno [estaba] el atado de su dinero: y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.
GEN 42:36 Entonces su padre Jacob les dijo: Habéisme privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le lleva­réis: contra mí son todas estas cosas.
GEN 42:37 Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo volviere; entré­galo en mi mano, que yo lo vol­veré a ti.
GEN 42:38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros; que su herma­no es muerto, y él solo ha queda­do: y si le aconteciere [algún] desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.
GEN 43:1 Y EL hambre [era] grande en la tierra.
GEN 43:2 Y aconteció que como acaba­ron de comer el trigo que trajeron de Egipto, díjoles su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento.
GEN 43:3 Y respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro si vuestro hermano no[viniere] con vosotros.
GEN 43:4 Si enviares a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento:
GEN 43:5 Pero si no [le] enviares, no des­cenderemos: porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro si vuestro hermano no [viniere] con vosotros.
GEN 43:6 Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis [tanto] mal, diciendo al varón que teníais otro hermano?
GEN 43:7 Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamen­te por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿tenéis [otro] her­mano? y declarámosle conforme a estas palabras. ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Haced venir a vuestro her­mano?
GEN 43:8 Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al mozo conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin que vivamos y no muramos nosotros, y tú, [y] nuestros niños.
GEN 43:9 Yo seré fiador por él; a mí me pedirás cuenta de él: si yo no te lo vol­viere y lo pusiere delante de ti, seré para ti el culpante por siem­pre:
GEN 43:10 Que si no nos hubiéramos detenido, cierto ahora hubiéramos ya vuelto dos veces.
GEN 43:11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues [que así es], haced­lo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevad a aquel varón un presente, un poco de bál­samo, y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.
GEN 43:12 Y tomad en vuestras manos doblado dinero, y llevad[lo] en vues­tra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá [fue] por error.
GEN 43:13 Tomad también a vuestro her­mano, y levantaos, y volved a aquel varón.
GEN 43:14 Y el Dios Todopoderoso os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado [de mis hijos], séalo.
GEN 43:15 Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y a Benjamín; y se levantaron, y des­cendieron a Egipto, y presentá­ronse delante de José.
GEN 43:16 Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Mete en casa a [estos] hom­bres, y degüella víctima, y aderé­za[la]; porque [estos] hombres comerán conmigo al medio día.
GEN 43:17 E hizo el hombre como José dijo; y metió aquel hombre a los hombres en casa de José.
GEN 43:18 Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fue vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido [aquí], para revolver contra nosotros, y dar sobre nosotros, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos.
GEN 43:19 Y llegáronse al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa.
GEN 43:20 Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio a com­prar alimentos:
GEN 43:21 Y aconteció que como vini­mos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de [cada] uno [estaba] en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y hémoslo vuelto en nues­tras manos.
GEN 43:22 Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos: nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costa­les.
GEN 43:23 Y él respondió: Paz [sea] a vo­sotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales: vues­tro dinero vino a mí. Y sacó a Simeón a ellos.
GEN 43:24 Y metió aquel varón a aque­llos hombres en casa de José: y dió[les] agua, y lavaron sus pies: y dio de comer a sus asnos.
GEN 43:25 Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José al medio día, porque habían oído que allí habían de comer pan.
GEN 43:26 Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que [tenían] en su mano dentro de casa, e incli­náronse a él hasta tierra.
GEN 43:27 Entonces les preguntó él cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, [está] bien? ¿vive todavía?
GEN 43:28 Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aun vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia.
GEN 43:29 Y alzando él sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿[Es] éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.
GEN 43:30 Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y procuró [donde] llorar: y entróse en [su] cámara, y lloró allí.
GEN 43:31 Y lavó su rostro, y salió fuera, y reprimióse, y dijo: Poned pan.
GEN 43:32 Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y apar­te para los egipcios que con él comían: porque los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual [es] abominación a los egipcios.
GEN 43:33 Y sentáronse delante de él, el mayor conforme a su mayoría, y el menor conforme a su menoría; y estaban aquellos hombres ató­nitos [mirándose] el uno al otro.
GEN 43:34 Y él tomó [y envió] viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces como cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y alegráronse con él.
GEN 44:1 Y MANDÓ José al mayordomo de su casa, diciendo: Hinche los costales de aquestos varones [con] alimentos, cuanto pudieren llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal:
GEN 44:2 Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José.
GEN 44:3 Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos.
GEN 44:4 Habiendo ellos salido de la ciu­dad, [de la] que [aun] no se habían alejado, dijo José a su mayordo­mo: Levántate, y sigue a esos hombres; y cuando los alcanza­res, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien?
GEN 44:5 ¿No [es] ésta [la copa] en la que bebe mi señor, y por la que suele adivi­nar? habéis hecho mal en lo que hicisteis.
GEN 44:6 Y como él los alcanzó díjoles estas palabras.
GEN 44:7 Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice mi señor tales cosas? No lo permita Dios que tus siervos hagan según esta cosa.
GEN 44:8 He aquí, el dinero que halla­mos en la boca de nuestros costales, te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro?
GEN 44:9 Aquel de tus siervos en quien fuere hallada [la copa], que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor.
GEN 44:10 Y él dijo: También ahora [sea] conforme a vuestras palabras; aquél en quien se hallare, será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa.
GEN 44:11 Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo.
GEN 44:12 Y él buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín.
GEN 44:13 Entonces ellos rasgaron sus vestiduras, y cargó cada uno su asno, y volvieron a la ciudad.
GEN 44:14 Y llegó Judá con sus herma­nos a casa de José, que aun [esta­ba] allí, y postráronse delante de él en tierra.
GEN 44:15 Y díjoles José: ¿Qué obra [es] ésta que habéis hecho? ¿no sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?
GEN 44:16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿qué habla­remos? ¿o con qué nos justifica­remos? Dios ha hallado la mal­dad de tus siervos: he aquí, noso­tros somos siervos de mi señor, nosotros, y también [aquél] en cuyo poder fue hallada la copa.
GEN 44:17 Y él respondió: No permita Dios que yo haga tal: [sino] el varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre.
GEN 44:18 Entonces Judá se llegó a él, y dijo: Ay señor mío, ruégote que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encien­da tu enojo contra tu siervo, pues que tú [eres] como Faraón.
GEN 44:19 Mi señor preguntó a sus sier­vos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano?
GEN 44:20 Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre ancia­no, y un mozo que le nació en su vejez, pequeño [aún]; y un herma­no suyo murió, y él quedó solo de su madre, y su padre lo ama.
GEN 44:21 Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él.
GEN 44:22 Y nosotros dijimos a mi señor: El mozo no puede dejar a su padre, porque [si] le dejare, [su padre] morirá.
GEN 44:23 Y dijiste a tus siervos: Si vues­tro hermano menor no descendie­re con vosotros, no veáis más mi rostro.
GEN 44:24 Aconteció pues, que como llegamos a mi padre tu siervo, contámosle las palabras de mi señor.
GEN 44:25 Y dijo nuestro padre: Volved, [y] compradnos un poco de alimento.
GEN 44:26 Y nosotros respondimos: No podemos ir: si nuestro hermano fuere con nosotros, iremos; por­que no podemos ver el rostro del varón, si nuestro hermano el menor no [estuviere] con nosotros.
GEN 44:27 Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos [hijos] me parió mi esposa;
GEN 44:28 Y el uno salió de conmigo, y pienso de cierto que fue despeda­zado, y hasta ahora no le he visto;
GEN 44:29 Y si tomareis también éste de delante de mí, y le aconteciere [algún] desastre, haréis descender mis canas con dolor a la sepultu­ra.
GEN 44:30 Ahora, pues, cuando llegare yo a tu siervo mi padre, y el mozo no [fuere] conmigo, como su alma está ligada al alma de él,
GEN 44:31 Sucederá que cuando no vea al mozo, morirá: y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor a la sepultura.
GEN 44:32 Como tu siervo salió por fia­dor del mozo con mi padre, diciendo: Si no te lo volviere, entonces yo seré culpable para mi padre por siempre;
GEN 44:33 Ruégote por tanto que quede ahora tu siervo por el mozo por siervo de mi señor, y que el mozo vaya con sus hermanos.
GEN 44:34 Porque ¿cómo iré yo a mi padre si el mozo no [está] conmigo? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.
GEN 45:1 NO podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de conmigo a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.
GEN 45:2 Entonces se dio a llorar a voz en grito; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.
GEN 45:3 Y dijo José a sus hermanos: Yo [soy] José: ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron res­ponderle, porque estaban turba­dos delante de él.
GEN 45:4 Entonces dijo José a sus her­manos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo [soy] José vuestro hermano el que vendisteis para Egipto.
GEN 45:5 Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; que para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros:
GEN 45:6 Que ya [ha habido] dos años de hambre en la tierra, y aun [quedan] cinco años en que ni [habrá] arada ni siega.
GEN 45:7 Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros poste­ridad en la tierra, y para daros vida por medio de grande salva­mento.
GEN 45:8 Así pues, no [fuisteis] vosotros [que] me enviasteis acá, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.
GEN 45:9 Daos priesa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas:
GEN 45:10 Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.
GEN 45:11 Y allí te alimentaré, pues aun [quedan] cinco años de hambre, porque no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes:
GEN 45:12 Y he aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que [es] mi boca que os habla.
GEN 45:13 Haréis pues saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto: y daos prie­sa, y traed a mi padre acá.
GEN 45:14 Y echóse sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello.
GEN 45:15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos: y después sus hermanos hablaron con él.
GEN 45:16 Y oyóse la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los herma­nos de José han venido. Y plugo en los ojos de Faraón y de sus siervos.
GEN 45:17 Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán;
GEN 45:18 Y tomad a vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que yo os daré lo bueno de la tie­rra de Egipto y comeréis la gro­sura de la tierra.
GEN 45:19 Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vues­tras esposas; y tomad a vuestro padre, y venid.
GEN 45:20 Y no se os dé nada de vuestras alhajas, porque el bien de la tierra de Egipto [será] vuestro.
GEN 45:21 E hiciéronlo así los hijos de Israel: y dióles José carros conforme a la orden de Faraón, y suministróles víveres para el camino.
GEN 45:22 A cada uno de todos ellos dio mudas de vestiduras, y a Benjamín dio trescientas [piezas] de plata, y cinco mudas de vestiduras.
GEN 45:23 Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida para su padre en el camino.
GEN 45:24 Y despidió a sus hermanos, y fuéronse. Y él les dijo: No riñáis por el camino.
GEN 45:25 Y subieron de Egipto, y llega­ron a la tierra de Canaán a Jacob su padre.
GEN 45:26 Y diéronle las nuevas, dicien­do: José vive aún; y él [es] gobernador en toda la tierra de Egipto. Y su corazón se desmayó; pues no los creía.
GEN 45:27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo él los carros que José enviaba para llevarlo, el espíritu de Jacob su padre revi­vió.
GEN 45:28 Entonces dijo Israel: Basta: José mi hijo [está] vivo todavía: iré, y le veré antes que yo muera.
GEN 46:1 Y PARTIÓSE Israel con todo lo que tenía, y vino a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
GEN 46:2 Y habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí.
GEN 46:3 Y dijo: Yo [soy] Dios, el Dios de tu padre; no temas de descen­der a Egipto, porque yo haré de ti allí una gran nación.
GEN 46:4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré vol­ver: y José pondrá su mano sobre tus ojos.
GEN 46:5 Y levantóse Jacob de Beerseba; y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños, y a sus esposas, en los carros que Faraón había enviado para llevarlo.
GEN 46:6 Y tomaron sus ganados, y su hacienda que había adquirido en la tierra de Canaán, y viniéronse a Egipto, Jacob, y toda su simiente consigo;
GEN 46:7 Sus hijos, y los hijos de sus hijos consigo; sus hijas, y las hijas de sus hijos, y a toda su simiente trajo consigo a Egipto.
GEN 46:8 Y estos [son] los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto, Jacob y sus hijos: Rubén, el primogénito de Jacob.
GEN 46:9 Y los hijos de Rubén: Enoc, y Falú, y Hezrón, y Carmi.
GEN 46:10 Y los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jaquín, y Zohar, y Saúl, hijo de la cananea.
GEN 46:11 Y los hijos de Leví: Gersón, y Coat, y Merari.
GEN 46:12 Y los hijos de Judá: Er, y Onán, y Sela, y Fares, y Zara: mas Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. Y los hijos de Fares fueron Hezrón y Hamul.
GEN 46:13 Y los hijos de Isacar: Tola, y Fúa, y Job, y Simrón.
GEN 46:14 Y los hijos de Zabulón: Sered, y Elón, y Jahleel.
GEN 46:15 Éstos [fueron] los hijos de Lea, los que parió a Jacob en Padan-­aram, y además su hija Dina: todas las almas de sus hijos y sus hijas [fueron] treinta y tres.
GEN 46:16 Y los hijos de Gad: Zifión, y Aggi, y Ezbón, y Suni, y Heri, y Arodi, y Areli.
GEN 46:17 Y los hijos de Aser: Jimna, e Isua, e Isui, y Beria, y Sera, her­mana de ellos. Los hijos de Beria: Heber, y Malquiel.
GEN 46:18 Éstos [son] los hijos de Zilpa, la que Labán dio a su hija Lea, y parió estos a Jacob; todas diez y seis almas.
GEN 46:19 Y los hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín.
GEN 46:20 Y nacieron a José en la tierra de Egipto Manasés y Efraím, los que le parió Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.
GEN 46:21 Y los hijos de Benjamín [fue­ron] Bela, y Bequer y Asbel, y Gera, y Naamán, y Ehi, y Ros y Mupim, y Hupim, y Ard.
GEN 46:22 Éstos [son] los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob: todas las almas [fueron] catorce.
GEN 46:23 Y los hijos de Dan: Husim.
GEN 46:24 Y los hijos de Neftalí: Jahzeel, y Guni, y Jezer, y Silem.
GEN 46:25 Éstos [son] los hijos de Bilha, la que dio Labán a Raquel su hija, y parió estos a Jacob; todas las almas [fueron] siete.
GEN 46:26 Todas las almas que vinieron con Jacob a Egipto, procedentes de sus lomos, sin las esposas de los hijos de Jacob, todas las almas [fueron] sesenta y seis.
GEN 46:27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, [fueron] dos almas. Todas las almas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, [fueron] setenta.
GEN 46:28 Y envió a Judá delante de sí a José, para que le viniese a ver a Gosén; y llegaron a la tierra de Gosén.
GEN 46:29 Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre a Gosén; y se manifestó a él, y echóse sobre su cuello, y lloró sobre su cuello bastante.
GEN 46:30 Entonces Israel dijo a José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, pues aún vives.
GEN 46:31 Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Subiré y haré saber a Faraón, y diréle: Mis hermanos y la casa de mi padre, que [estaban] en la tierra de Canaán, han venido a mí;
GEN 46:32 Y los hombres [son] pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos; y han traído sus ove­jas y sus vacas, y todo lo que tenían.
GEN 46:33 Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿cuál [es] vuestro oficio?
GEN 46:34 Entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra mocedad hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin que moréis en la tierra de Gosén, porque los egipcios abo­minan a todo pastor de ovejas.
GEN 47:1 Y JOSÉ vino, e hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí, [están] en la tierra de Gosén.
GEN 47:2 Y él tomó algunos de sus hermanos, [aún] cinco hombres, y los presentó a Faraón.
GEN 47:3 Y Faraón dijo a sus hermanos: ¿Cuál [es] vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas [son] tus siervos, así nosotros como nuestros padres.
GEN 47:4 Dijeron además a Faraón: Por morar en esta tierra hemos veni­do; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre [es] grave en la tierra de Canaán: por tanto, te rogamos ahora que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.
GEN 47:5 Entonces Faraón habló a José, diciendo: Tu padre y tus herma­nos han venido a ti;
GEN 47:6 La tierra de Egipto delante de ti [está]; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus herma­nos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres eficaces, ponlos por mayorales del ganado mío.
GEN 47:7 Y José introdujo a su padre, y presentólo delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón.
GEN 47:8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos [son] los días de los años de tu vida?
GEN 47:9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi pere­grinación [son] ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación.
GEN 47:10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salióse de delante de Faraón.
GEN 47:11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y dióles posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tie­rra de Rameses como mandó Faraón.
GEN 47:12 Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, de pan, según [sus] familias.
GEN 47:13 Y no [había] pan en toda la tie­rra, y el hambre [era] muy grave; por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y [toda] la tierra de Canaán.
GEN 47:14 Y recogió José todo el dinero que se halló en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón.
GEN 47:15 Y acabado el dinero de la tie­rra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Danos pan: ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero?
GEN 47:16 Y José dijo: Dad vuestros ganados, y yo os daré por vues­tros ganados, si se ha acabado el dinero.
GEN 47:17 Y ellos trajeron sus ganados a José; y José les dio alimentos [en cambio] por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos: y sustentólos de pan por todos sus ganados aquel año.
GEN 47:18 Y acabado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: No [lo] encubriremos a nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es [ya] de nuestro señor; nada ha que­dado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra.
GEN 47:19 ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nues­tra tierra siervos de Faraón: y da[nos] simiente para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra.
GEN 47:20 Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos: y la tierra vino a ser de Faraón.
GEN 47:21 Y al pueblo hízolo pasar a las ciudades desde el [un] cabo del término de Egipto hasta el [otro] cabo.
GEN 47:22 Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, porque los sacerdotes tenían una porción [señalada a ellos] de Faraón, y ellos comían su porción que Faraón les daba: por eso no vendieron su tierra.
GEN 47:23 Y José dijo al pueblo: He aquí os he hoy comprado y a vuestra tierra para Faraón: ved aquí [hay] simiente, y sembraréis la tierra.
GEN 47:24 Y será que de los frutos daréis la quinta [parte] a Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sem­brar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños.
GEN 47:25 Y ellos respondieron: La vida nos has dado: hallemos gracia en ojos de mi señor, y seamos sier­vos de Faraón.
GEN 47:26 Y José lo puso por ley sobre la tierra de Egipto hasta hoy, [que] Faraón debería tener la quinta [parte]; excepto sólo la tierra de los sacerdotes, [que] no fue de Faraón.
GEN 47:27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y aposesionáronse en ella, y se aumentaron, y multiplicaron en gran manera.
GEN 47:28 Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años: y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años.
GEN 47:29 Y llegáronse los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, ruégote que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo miseri­cordia y verdad; ruégote que no me entierres en Egipto;
GEN 47:30 Mas cuando durmiere con mis padres, llevarme has de Egipto, y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y él respondió: Yo haré como tú dices.
GEN 47:31 Y él dijo: Júramelo. Y él le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.
GEN 48:1 Y SUCEDIÓ después de estas cosas que [alguien] dijo a José: He aquí tu padre [está] enfermo. Y él tomó consigo sus dos hijos Manasés y Efraím.
GEN 48:2 Y [alguien] contó a Jacob, dicien­do: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y sentóse sobre la cama;
GEN 48:3 Y Jacob dijo a José: El Dios Todopoderoso me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo,
GEN 48:4 Y díjome: He aquí, yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pon­dré por estirpe de pueblos: y daré esta tierra a tu simiente después de ti [por] heredad perpetua.
GEN 48:5 Y ahora tus dos hijos Efraím y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que vinie­se a ti a la tierra de Egipto, míos [son]; como Rubén y Simeón, serán míos:
GEN 48:6 Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; [y] por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades.
GEN 48:7 Y en cuanto a mí, cuando yo venía de Padan, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, cuando [había] todavía un pequeño camino para llegar a Efrata; y la sepulté allí en el camino de Efrata, que [es] Belem.
GEN 48:8 Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes [son] éstos?
GEN 48:9 Y respondió José a su padre: [Son] mis hijos, que Dios me ha dado en este [lugar]. Y él dijo: Allégalos ahora a mí, y los bendeciré.
GEN 48:10 Y los ojos de Israel estaban tan agravados de la vejez, [que] no podía ver. Hízoles, pues, llegar a él, y él los besó y abrazó.
GEN 48:11 Y dijo Israel a José: No pen­saba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu simiente.
GEN 48:12 Entonces José los sacó de entre sus rodillas, e inclinóse a tierra.
GEN 48:13 Y tomólos José a ambos, Efraím a su diestra, a la sinies­tra de Israel; y a Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; e hízo[les] llegar a él.
GEN 48:14 Entonces Israel extendió su diestra, y púso[la] sobre la cabeza de Efraím, que [era] el menor, y su siniestra sobre la cabeza de Manasés, colocando [así] sus manos adrede, aunque Manasés [era] el primogénito.
GEN 48:15 Y bendijo a José, y dijo: El Dios en cuya presencia anduvie­ron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,
GEN 48:16 El Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos mozos: y mi nombre sea llamado en ellos, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac: y multipliquen en gran manera en medio de la tierra.
GEN 48:17 Entonces viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, cau­sóle esto disgusto; y asió la mano de su padre, para mudarla de sobre la cabeza de Efraím a la cabeza de Manasés.
GEN 48:18 Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el pri­mogénito; pon tu diestra sobre su cabeza.
GEN 48:19 Mas su padre no quiso, y dijo: [Lo] sé, hijo mío, [lo] sé: también él vendrá a ser un pueblo, y será también acrecentado; pero su hermano menor será más grande que él, y su simiente será pleni­tud de naciones.
GEN 48:20 Y bendíjolos aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraím y como a Manasés. Y puso a Efraím delante de Manasés.
GEN 48:21 Y dijo Israel a José: He aquí, yo muero, mas Dios será con vosotros, y os hará volver a la tie­rra de vuestros padres.
GEN 48:22 Y yo te he dado a ti una parte sobre tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco.
GEN 49:1 Y LLAMÓ Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé [lo] que os ha de acontecer en los postreros días.
GEN 49:2 Juntaos y oíd, hijos de Jacob; Y escuchad a vuestro padre Israel.
GEN 49:3 Rubén, tú [eres] mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; principal en dignidad, principal en poder.
GEN 49:4 Inestable como el agua, no serás el principal; por cuanto subiste al lecho de tu padre: entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.
GEN 49:5 Simeón y Leví [son] hermanos; instrumentos de crueldad [son] sus habitaciones.
GEN 49:6 En su secreto no entre mi alma, ni mi honra se junte en su asamblea; que en su furor mataron varón, y en su voluntad arranca­ron muro.
GEN 49:7 Maldito [sea] su furor, que [fue] fiero; y su ira, que fue dura: yo los dividiré en Jacob, y los esparciré en Israel.
GEN 49:8 Judá, tú [eres] quien tus hermanos alabarán: tu mano [será] en la cerviz de tus enemigos: los hijos de tu padre se inclinarán a ti.
GEN 49:9 Judá [es] un cachorro de león: de la presa subiste, hijo mío: encorvó­se, echóse como león, así como león viejo; ¿quién lo despertará?
GEN 49:10 No será quitado el cetro de Judá, y el legislador de entre sus pies, hasta que venga Silo; Y a él se congregarán los pueblos.
GEN 49:11 Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestidura, y en la sangre de uvas su manto:
GEN 49:12 Sus ojos [serán] bermejos del vino, y los dientes blancos de la leche.
GEN 49:13 Zabulón en puertos de mar habitará, y [será] para puerto de navíos; y su término [será] hasta Sidón.
GEN 49:14 Isacar, [es] asno fuerte echa­do entre dos tercios:
GEN 49:15 Y vio que el descanso [era] bueno, y que la tierra [era] agradable; y bajó su hombro para llevar, y sirvió en tributo.
GEN 49:16 Dan juzgará a su pueblo, como una de las tribus de Israel.
GEN 49:17 Será Dan serpiente junto al camino, cerasta junto a la senda, que muerde los talones de los caballos, y hace caer por detrás al cabalgador de ellos.
GEN 49:18 He esperado tu salvación, oh SEÑOR.
GEN 49:19 Gad, ejército lo acometerá; mas él acometerá al fin.
GEN 49:20 El pan de Aser [será] grueso, y él dará deleites al rey.
GEN 49:21 Neftalí, [es] cierva dejada, que dará palabras hermosas.
GEN 49:22 José [es] un ramo fructífero, [aún] un ramo fructífero junto a un pozo, [cuyos] ramos se extienden sobre el muro.
GEN 49:23 Los arqueros le agraviaron mucho, y le asaetearon [a él], y le aborrecieron:
GEN 49:24 Mas su arco quedó en fortale­za, y los brazos de sus manos se corroboraron por las manos del poderoso [Dios] de Jacob, (de allí [es] el pastor, y la piedra de Israel,)
GEN 49:25 Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, y por el Todopoderoso, el cual te bendecirá con bendi­ciones del cielo de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones del seno y de la matriz.
GEN 49:26 Las bendiciones de tu padre prevalecieron más que las bendiciones de mis progenitores, hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la mollera del que fue separado de sus hermanos.
GEN 49:27 Benjamín arrebatará [como] un lobo: en la mañana devorará la presa, y a la tarde repartirá los despojos.
GEN 49:28 Todos estos [fueron] las doce tribus de Israel: y esto [fue lo] que su padre les dijo, y bendíjolos: a cada uno por su bendición los bendijo.
GEN 49:29 Mandóles luego, y díjoles: Yo voy a ser reunido con mi pueblo: sepultadme con mis padres en la cueva que [está] en el campo de Efrón el heteo;
GEN 49:30 En la cueva que [está] en el campo de Macpela, que [está] delante de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura.
GEN 49:31 Allí sepultaron a Abraham y a Sara su esposa; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su esposa; allí también sepulté yo a Lea.
GEN 49:32 La compra del campo y de la cueva que [está] en él, [fue] de los hijos de Het.
GEN 49:33 Y como acabó Jacob de dar órdenes a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y entregó el espíritu: y fue reunido con sus padres.
GEN 50:1 ENTONCES se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y besólo.
GEN 50:2 Y mandó José a sus médicos familiares que embalsamasen a su padre: y los médicos embalsa­maron a Israel.
GEN 50:3 Y cumpliéronle cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lloráronlo los egipcios setenta días.
GEN 50:4 Y pasados los días de su luto, habló José a los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo:
GEN 50:5 Mi padre me conjuró diciendo: He aquí yo muero; en mi sepul­cro que yo cavé para mí en la tie­rra de Canaán, allí me sepultarás; ruego pues que vaya yo ahora, y sepultaré a mi padre, y volveré.
GEN 50:6 Y Faraón dijo: Ve, y sepulta a tu padre, como él te conjuró.
GEN 50:7 Entonces José subió a sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto.
GEN 50:8 Y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre: solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus vacas.
GEN 50:9 Y subieron también con él carros y gente de a caballo, e hízose un campamento muy grande.
GEN 50:10 Y llegaron hasta la era de Atad, que [está] a la otra parte del Jordán, y endecharon allí con grande y muy grave lamenta­ción: y José hizo a su padre duelo por siete días.
GEN 50:11 Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande [es] este de los egipcios: por eso fue llamado su nombre Abelmizraim, que [está] a la otra parte del Jordán.
GEN 50:12 Hicieron, pues, sus hijos con él, según les había mandado:
GEN 50:13 Pues lleváronlo sus hijos a la tierra de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo, para heredad de sepultura, de Efrón el heteo, delante de Mamre.
GEN 50:14 Y tornóse José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a su padre, después que le hubo sepultado.
GEN 50:15 Y viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.
GEN 50:16 Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo:
GEN 50:17 Así diréis a José: Ruégote que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron: por tanto ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.
GEN 50:18 Y vinieron también sus her­manos, y postráronse delante de él, y dijeron: He aquí, nosotros [somos] tus siervos.
GEN 50:19 Y respondióles José: No temáis: ¿[estoy] yo en lugar de Dios?
GEN 50:20 Vosotros pensasteis mal sobre mí, [mas] Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que [vemos] hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.
GEN 50:21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a voso­tros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
GEN 50:22 Y estuvo José en Egipto, él y la casa de su padre: y vivió José ciento diez años.
GEN 50:23 Y vio José los hijos de Efraím hasta la tercera [genera­ción]: también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José.
GEN 50:24 Y José dijo a sus hermanos: Yo me muero; y Dios cierta­mente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob.
GEN 50:25 Y conjuró José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamen­te os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.
GEN 50:26 Y murió José [siendo] de edad de cien­to diez años; y embalsamáronlo, y fue puesto en un ataúd en Egipto.
EXO 1:1 ÉSTOS [son] los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia.
EXO 1:2 Rubén, Simeón, Leví y Judá;
EXO 1:3 Isacar, Zabulón y Benjamín;
EXO 1:4 Dan y Neftalí, Gad y Aser.
EXO 1:5 Y todas las almas que salieron de los lomos de Jacob, fue­ron setenta almas; pues José [ya] estaba en Egipto.
EXO 1:6 Y murió José, y todos sus her­manos, y toda aquella genera­ción.
EXO 1:7 Y los hijos de Israel fructificaron, y aumentaron mucho, y se multiplicaron, y fueron fortalecidos en extremo; y la tierra se llenó de ellos.
EXO 1:8 Levantóse entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a José.
EXO 1:9 Y él dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel [es] mayor y más fuerte que nosotros:
EXO 1:10 Ahora, pues, seamos sabios para con ellos, porque no se multipli­quen, y acontezca que viniendo guerra, ellos también se junten con nuestros enemigos, y peleen contra nosotros, y se vayan de la tierra.
EXO 1:11 Entonces pusieron sobre ellos capataces que los afligiesen con sus cargas. Y edificaron a Faraón las ciudades de tesoros, Pitom y Ramesés.
EXO 1:12 Pero cuanto más los afligían, tanto más se multiplicaban y crecían. Y estaban fastidiados por causa de los hijos de Israel.
EXO 1:13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza:
EXO 1:14 Y amargaron su vida con dura servidumbre, en [hacer] barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigorismo.
EXO 1:15 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa:
EXO 1:16 Y díjoles: Cuando parteareis a las hebreas, y mirareis los asientos, si [fuere] hijo, matadlo; y si [fuere] hija, entonces viva.
EXO 1:17 Mas las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que salvaban la vida a los niños.
EXO 1:18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras, y díjoles: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis salvado la vida a los niños?
EXO 1:19 Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no [son] como las egipcias: porque [son] robustas, y paren antes que la partera venga a ellas.
EXO 1:20 Y Dios hizo bien a las parteras: y el pueblo se multiplicó, y se fortalecieron en gran manera.
EXO 1:21 Y aconteció que, por haber las parteras temi­do a Dios, él les hizo casas.
EXO 1:22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad en el río todo hijo que naciere, y a toda hija reservad la vida.
EXO 2:1 Y UN varón de la familia de Leví fue, y tomó por [esposa] una hija de Leví:
EXO 2:2 La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que [era] [niño] hermo­so, túvole escondido tres meses.
EXO 2:3 Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal a la orilla del río:
EXO 2:4 Y paróse una hermana suya a lo lejos, para ver lo que le acontecería.
EXO 2:5 Y la hija de Faraón descendió a lavar[se] al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase.
EXO 2:6 Y como la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos [es] éste.
EXO 2:7 Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una ama de las hebreas, para que te críe este niño?
EXO 2:8 Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño;
EXO 2:9 A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo [te] lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo.
EXO 2:10 Y creció el niño, y ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo tomó por hijo. Y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.
EXO 2:11 Y en aquellos días acaeció que, crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y vio sus cargas: y observó a un egipcio que hería a uno de los hebreos, sus herma­nos.
EXO 2:12 Y miró a todas partes, y vien­do que no [había] nadie, mató al egipcio, y escondiólo en la arena.
EXO 2:13 Y salió al día siguiente, y he aquí dos hebreos que reñían, y dijo al que hacía la injuria: ¿Por qué hieres a tu prójimo?
EXO 2:14 Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿piensas matar­me como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esta cosa es descubierta.
EXO 2:15 Y oyendo Faraón este negocio, procuró matar a Moisés: mas Moisés huyó de la faz de Faraón, y habitó en la tierra de Madián; y sentóse junto a un pozo.
EXO 2:16 Tenía el sacerdote de Madián siete hijas, las cuales vinieron y sacaron [agua], y llenaron las pilas para dar de beber al rebaño de su padre.
EXO 2:17 Y los pastores vinieron, y las echaron: pero Moisés se levantó y las ayudó, y dio de beber a su rebaño.
EXO 2:18 Y volviendo ellas a Reuel su padre, díjoles él: ¿Cómo habéis hoy venido tan presto?
EXO 2:19 Y ellas dijeron: Un varón egipcio nos libró de mano de los pastores, y también nos sacó [agua] suficiente, y dio de beber al rebaño.
EXO 2:20 Y dijo a sus hijas: ¿Y dónde está? ¿por qué habéis dejado ese hombre? llamadle para que coma pan.
EXO 2:21 Y Moisés estuvo contento en morar con aquel varón; y él dio a Moisés a su hija Séfora:
EXO 2:22 La cual le parió un hijo, y él le puso por nombre Gersom: por­que dijo: Peregrino soy en tierra ajena.
EXO 2:23 Y aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel sus­piraron a causa de la servidum­bre, y clamaron: y subió a Dios el clamor de ellos por causa de su servidumbre.
EXO 2:24 Y oyó Dios el gemido de ellos, y acordóse Dios de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.
EXO 2:25 Y miró Dios a los hijos de Israel, y Dios [les] tuvo respeto.
EXO 3:1 Y APACENTANDO Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino a Horeb, monte de Dios.
EXO 3:2 Y apareciósele el ángel del SEÑOR en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.
EXO 3:3 Y Moisés dijo: Iré yo ahora, y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no está quemada.
EXO 3:4 Y viendo el SEÑOR que iba a ver, llamólo Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.
EXO 3:5 Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa [es].
EXO 3:6 Y dijo: Yo [soy] el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
EXO 3:7 Y dijo el SEÑOR: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; porque conozco sus angustias:
EXO 3:8 Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo, y del jebuseo.
EXO 3:9 El clamor, por tanto, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.
EXO 3:10 Ven por tanto ahora, y enviar­te he a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.
EXO 3:11 Y Moisés dijo a Dios: ¿Quién [soy] yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?
EXO 3:12 Y él dijo: Ciertamente yo seré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: luego que hubieres sacado este pueblo de Egipto, serviréis a Dios sobre este monte.
EXO 3:13 Y dijo Moisés a Dios: He aquí que [cuando] llegue yo a los hijos de Israel, y les diga, el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé?
EXO 3:14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.
EXO 3:15 Y dijo más Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: El SEÑOR, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste [es] mi nombre por siempre, éste [es] mi memorial a todas generaciones.
EXO 3:16 Ve, y junta los ancianos de Israel, y diles: El SEÑOR Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: De cierto os he visitado, y [visto] lo que se os ha hecho en Egipto;
EXO 3:17 Y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, y del heteo, y del amorreo, y del ferezeo, y del heveo, y del jebuseo, a una tie­rra que fluye leche y miel.
EXO 3:18 Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: El SEÑOR Dios de los hebreos, nos ha encontrado; por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifi­quemos al SEÑOR nuestro Dios.
EXO 3:19 Y estoy seguro que el rey de Egipto no os dejará ir, no, ni por mano fuerte.
EXO 3:20 Y yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en medio de él, y entonces os dejará ir.
EXO 3:21 Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando os partiereis, no sal­gáis vacíos:
EXO 3:22 Sino que cada mujer pedirá prestado a su vecina y a su huéspe­da joyas de plata, joyas de oro, y vestiduras: las cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.
EXO 4:1 Y Moisés respondió, y dijo: Pero, he aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido el SEÑOR.
EXO 4:2 Y el SEÑOR dijo: ¿Qué [es] eso que tienes en tu mano? Y él res­pondió: Una vara.
EXO 4:3 Y él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y tornóse una serpiente: y Moisés huía de ella.
EXO 4:4 Y dijo el SEÑOR a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y tomóla, y tornóse vara en su mano:
EXO 4:5 Para que crean que se te ha aparecido el SEÑOR, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
EXO 4:6 Y díjole más el SEÑOR: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y como la sacó, he aquí que su mano [estaba] leprosa como la nieve.
EXO 4:7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno: y él volvió a meter su mano en su seno; y volviéndola a sacar del seno, y he aquí que se había vuelto como la [otra] carne.
EXO 4:8 Si aconteciere, que no te creye­ren, ni escucharen a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera.
EXO 4:9 Y acontecerá, si no creyeren aún a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río, y derrámalas en [tierra] seca; y volverse han aquellas aguas que tomarás del río, se volverán sangre en la [tierra] seca.
EXO 4:10 Y dijo Moisés al SEÑOR: ¡Oh mi Señor! yo no [soy] elocuente, ni de antes, ni aun desde que tú has hablado a tu siervo; porque [soy] tardo en el habla y torpe de lengua.
EXO 4:11 Y el SEÑOR le dijo: ¿Quién hizo la boca del hombre? ¿o quién hizo al mudo o al sordo, al que ve o al ciego? ¿no soy yo el SEÑOR?
EXO 4:12 Ahora pues, ve, y yo seré con tu boca, y te enseñaré lo que has de decir.
EXO 4:13 Y él dijo: ¡Oh mi Señor! envía, te ruego, por mano [del que] has de enviar.
EXO 4:14 Y la ira del SEÑOR se encendió contra Moisés, y dijo: ¿No es Aarón, el levita, tu hermano? Yo sé que él habla bien. Y aun he aquí que él te saldrá a recibir, y en viéndote, se alegrará en su corazón.
EXO 4:15 Y tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo seré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
EXO 4:16 Y él hablará por ti al pueblo; y él, [aún] él, te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.
EXO 4:17 Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las seña­les.
EXO 4:18 Y se fue Moisés y volvió a su suegro Jetro, y díjole: Déjame ir, te ruego, y volver a mis hermanos que [están] en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.
EXO 4:19 Dijo también el SEÑOR a Moisés en Madián: Ve, y vuélve­te a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.
EXO 4:20 Entonces Moisés tomó su esposa y sus hijos, y púsolos sobre un asno, y volvióse a tierra de Egipto: tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.
EXO 4:21 Y dijo el SEÑOR a Moisés: Cuando hubiereis vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano: pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pue­blo.
EXO 4:22 Y dirás a Faraón: el SEÑOR ha dicho así: Israel [es] mi hijo, [aún] mi primogénito.
EXO 4:23 Y te he dicho: Dejes ir a mi hijo, para que me sirva; y si rehúsas dejarlo ir, he aquí yo mataré a tu hijo, tu primogénito.
EXO 4:24 Y aconteció en el camino, en una posada, que el SEÑOR le encontró, y buscó matarlo.
EXO 4:25 Entonces Séfora cogió un afilado pedernal, y cortó el pre­pucio de su hijo, y echólo a sus pies, diciendo: A la verdad tú me [eres] un esposo de sangre.
EXO 4:26 Así le dejó ir. Y ella dijo: [Eres] esposo de sangre, a causa de la circuncisión.
EXO 4:27 Y el SEÑOR dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y encontrólo en el monte de Dios, y besóle.
EXO 4:28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras del SEÑOR que le enviaba, y todas las señales que le había dado.
EXO 4:29 Y fueron Moisés y Aarón, y juntaron todos los ancianos de los hijos de Israel:
EXO 4:30 Y habló Aarón todas las pala­bras que el SEÑOR había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo.
EXO 4:31 Y el pueblo creyó: y oyendo que el SEÑOR había visitado los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, inclináronse y ado­raron.
EXO 5:1 DESPUÉS entraron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron: El SEÑOR Dios de Israel, dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.
EXO 5:2 Y Faraón respondió: ¿Quién [es] el SEÑOR, para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco al SEÑOR, ni tampoco dejaré ir a Israel.
EXO 5:3 Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado: déjanos ir, te rogamos, camino de tres días por el desierto, y sacrificar al SEÑOR nuestro Dios; porque no venga sobre nosotros con pestilencia o con espada.
EXO 5:4 Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? idos a vuestros cargos.
EXO 5:5 Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra [es] ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus cargos.
EXO 5:6 Y mandó Faraón aquel mismo día a los capataces del pueblo que le tenían a su cargo, y a sus oficiales, diciendo:
EXO 5:7 De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como ayer y antes de ayer; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja:
EXO 5:8 Y habéis de ponerles la tarea del ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis [nada]; porque [están] ociosos, y por eso levantan la voz diciendo: Vamos [y] sacrifi­caremos a nuestro Dios.
EXO 5:9 Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras vanas.
EXO 5:10 Y saliendo los capataces del pueblo y sus oficiales, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja.
EXO 5:11 Id vosotros, y recoged paja donde la hallareis; que nada se disminuirá de vuestra tarea.
EXO 5:12 Entonces el pueblo se esparció por toda la tierra de Egipto a coger rastrojo en lugar de paja.
EXO 5:13 Y los capataces [los] apremiaban, diciendo: Cumplid vuestra obra, la tarea diaria, como cuando había paja.
EXO 5:14 Y azotaban a los oficiales de los hijos de Israel, que los capataces de Faraón habían pues­to sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?
EXO 5:15 Y los oficiales de los hijos de Israel vinieron a Faraón, y se quejaron a él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos?
EXO 5:16 No se da paja a tus siervos, y nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos [son] azotados, pero la falta [está] en tu propio pueblo.
EXO 5:17 Y él respondió: [Estáis] ociosos, [sí], ociosos, y por eso decís: Vamos [y] sacrifiquemos al SEÑOR.
EXO 5:18 Id pues ahora, [y] trabajad. No se os dará paja, y habéis de dar la tarea del ladrillo.
EXO 5:19 Y los oficiales de los hijos de Israel vieron [que] estaban en mal [caso], habiéndoseles dicho: No se disminuirá [nada] de vuestro ladrillo, de su tarea diaria.
EXO 5:20 Y encontraron a Moisés y a Aarón, que estaban en el camino, cuando salían de Faraón,
EXO 5:21 Y dijéronles: Mire el SEÑOR sobre vosotros, y juzgue; pues habéis hecho heder nuestro olor delante de Faraón y de sus sier­vos, dándoles la espada en las manos para que nos maten.
EXO 5:22 Entonces Moisés se volvió al Señor, y dijo: SEÑOR, ¿por qué afliges [tanto] a este pueblo? ¿por qué me has enviado?
EXO 5:23 Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nom­bre, él ha afligido a este pueblo; y tú tampoco has librado a tu pue­blo.
EXO 6:1 EL SEÑOR respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los ha de dejar ir; y con mano fuerte los ha de echar de su tierra.
EXO 6:2 Habló todavía Dios a Moisés, y díjole: Yo [soy] el SEÑOR;
EXO 6:3 Y yo aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo [el nombre de] Dios Todopoderoso, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.
EXO 6:4 Y también yo establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra de sus peregrinaciones, en la cual fueron extranjeros.
EXO 6:5 Y asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes mantienen en esclavitud los egipcios, y heme acordado de mi pacto.
EXO 6:6 Por tanto dirás a los hijos de Israel: Yo [soy] el SEÑOR; y yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y yo os libraré de su servidumbre, y yo os redimiré con brazo extendido, y con jui­cios grandes:
EXO 6:7 Y yo os tomaré por mi pueblo y yo seré vuestro Dios: y voso­tros sabréis que yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios, que os saco de debajo de las cargas de Egipto:
EXO 6:8 Y yo os meteré en la tierra, acerca de la cual juré que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad: Yo [soy] el SEÑOR.
EXO 6:9 Y habló Moisés a los hijos de Israel: mas ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.
EXO 6:10 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 6:11 Entra, y habla a Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
EXO 6:12 Y respondió Moisés delante del SEÑOR, diciendo: He aquí, los hijos de Israel no me han escuchado: ¿cómo pues me escuchará Faraón, [siendo] yo incircunciso de labios?
EXO 6:13 Entonces el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón, y dióles man­damiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.
EXO 6:14 Éstas [son] las cabezas de las familias de sus padres. Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Enoc y Falú, Hezrón y Carmi: éstas [son] las familias de Rubén.
EXO 6:15 Y los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jaquín, y Zoar, y Shaúl, el hijo de una cananea: éstas [son] las familias de Simeón.
EXO 6:16 Y éstos [son] los nombres de los hijos de Leví por sus generaciones: Gersón, y Coat, y Merari. Y los años de la vida de Leví [fueron] ciento treinta y siete años.
EXO 6:17 Y los hijos de Gersón: Libni, y Simi, según sus familias.
EXO 6:18 Y los hijos de Coat: Amram, e Izhar, y Hebrón, y Uziel. Y los años de la vida de Coat [fueron] ciento treinta y tres años.
EXO 6:19 Y los hijos de Merari: Mahali, y Musi: éstas [son] las familias de Leví según sus generaciones.
EXO 6:20 Y Amram tomó por esposa a Jocabed su tía; la cual le parió a Aarón y a Moisés. Y los años de la vida de Amram [fueron] ciento treinta y siete años.
EXO 6:21 Y los hijos de Izhar: Cora, y Nefeg y Zicri.
EXO 6:22 Y los hijos de Uziel: Misael, y Elzafán y Zicri.
EXO 6:23 Y tomóse Aarón por esposa a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Naasón; la cual le parió a Nadab, y a Abiú y a Eleazar y a Itamar.
EXO 6:24 Y los hijos de Cora: Asir, y Elcana, y Ebiasaf: éstas [son] las familias de los coritas.
EXO 6:25 Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó para sí [una] esposa de las hijas de Futiel, la cual le parió a Finees: Y éstas [son] las cabezas de los padres de los levitas por sus familias.
EXO 6:26 Éste [es] aquel Aarón y aquel Moisés, a los cuales el SEÑOR dijo: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos.
EXO 6:27 Éstos [son] los que hablaron a Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Moisés y Aarón [fueron] éstos.
EXO 6:28 Y aconteció en el día [cuando] el SEÑOR habló a Moisés en la tierra de Egipto,
EXO 6:29 Que el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: Yo [soy] el SEÑOR; di a Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo a ti.
EXO 6:30 Y Moisés respondió delante del SEÑOR: He aquí, yo [soy] incircunciso de labios, ¿cómo pues me ha de oír Faraón?
EXO 7:1 Y EL SEÑOR dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.
EXO 7:2 Tú dirás todas las cosas que yo te mandare, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
EXO 7:3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.
EXO 7:4 Pero Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, [y] mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.
EXO 7:5 Y sabrán los egipcios que yo [soy] el SEÑOR, cuando exten­deré mi mano sobre Egipto, y sacaré los hijos de Israel de en medio de ellos.
EXO 7:6 Y Moisés y Aarón hicieron como el SEÑOR les mandó, así hicieron ellos.
EXO 7:7 Y [era] Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón.
EXO 7:8 Y habló el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
EXO 7:9 Cuando Faraón os hablare, diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y écha[la] delante de Faraón, para que se torne serpiente.
EXO 7:10 Y entraron Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como el SEÑOR había mandado: y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y tornó­se serpiente.
EXO 7:11 Entonces llamó también Faraón sabios y encantadores; e hicieron también lo mismo los encantadores de Egipto con sus encantamientos;
EXO 7:12 Porque echó cada uno su vara, las cuales se volvieron serpien­tes: mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos.
EXO 7:13 Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como el SEÑOR lo había dicho.
EXO 7:14 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: El corazón de Faraón [está] endurecido, que rehusa dejar ir al pueblo.
EXO 7:15 Ve por la mañana a Faraón, he aquí que él sale a las aguas; y tú ponte a la orilla del río delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió serpiente.
EXO 7:16 Y le dirás: El SEÑOR Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan en el desier­to; y he aquí que hasta ahora no has querido oír.
EXO 7:17 Así ha dicho el SEÑOR: En esto conocerás que yo soy el SEÑOR: he aquí, yo heriré con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se con­vertirá en sangre:
EXO 7:18 Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y ten­drán asco los egipcios de beber el agua del río.
EXO 7:19 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estan­ques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra.
EXO 7:20 Y Moisés y Aarón hicieron como el SEÑOR lo mandó; y alzando la vara hirió las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre.
EXO 7:21 Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, que los egipcios no podían beber de él: y hubo san­gre por toda la tierra de Egipto.
EXO 7:22 Y los encantadores de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos: y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como el SEÑOR lo había dicho.
EXO 7:23 Y tornando Faraón volvióse a su casa, y no puso su corazón aun en esto.
EXO 7:24 Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río.
EXO 7:25 Y cumpliéronse siete días des­pués que el SEÑOR hirió el río.
EXO 8:1 ENTONCES el SEÑOR dijo a Moisés: Entra a Faraón, y díle: el SEÑOR ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan.
EXO 8:2 Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo heriré con ranas todos tus términos:
EXO 8:3 Y el río criará ranas, las cuales subirán, y entrarán en tu casa, y en la cámara de tu cama, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, y en tu pueblo, y en tus hornos, y en tus artesas:
EXO 8:4 Y las ranas subirán sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos.
EXO 8:5 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos, y estanques, para que haga venir ranas sobre la tierra de Egipto.
EXO 8:6 Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.
EXO 8:7 Y los encantadores hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto.
EXO 8:8 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y díjoles: Orad al SEÑOR que quite las ranas de mí y de mi pueblo; y dejaré ir al pueblo, para que sacrifique al SEÑOR.
EXO 8:9 Y dijo Moisés a Faraón: Gloríate sobre mí: ¿cuándo oraré por ti, y por tus siervos, y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti, y de tus casas, y que solamente se queden en el río?
EXO 8:10 Y él dijo: Mañana. Y [Moisés] respondió: Se hará conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay como el SEÑOR nuestro Dios:
EXO 8:11 Y las ranas se irán de ti, y de tus casas, y de tus siervos, y de tu pueblo, y solamente se quedarán en el río.
EXO 8:12 Entonces salieron Moisés y Aarón de con Faraón, y clamó Moisés al SEÑOR sobre el nego­cio de las ranas que había puesto a Faraón.
EXO 8:13 E hizo el SEÑOR conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cor­tijos, y de los campos.
EXO 8:14 Y las juntaron en montones, y apestaban la tierra.
EXO 8:15 Y viendo Faraón que le habí­an dado reposo, endureció su corazón, y no los escuchó; como el SEÑOR lo había dicho.
EXO 8:16 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu vara, y hiere el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto.
EXO 8:17 Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, e hirió el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias: todo el polvo de la tierra se vol­vió piojos en todo el país de Egipto.
EXO 8:18 Y los encantadores hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; mas no pudieron. Y había piojos así en los hombres como en las bestias.
EXO 8:19 Entonces los magos dijeron a Faraón: Dedo de Dios es este. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como el SEÑOR lo había dicho.
EXO 8:20 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale a las aguas; y díle: el SEÑOR ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
EXO 8:21 Porque si no dejares ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré sobre ti, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, y sobre tus casas toda suerte de moscas; y las casas de los egipcios se henchirán de toda suerte de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estuvieren.
EXO 8:22 Y aquel día yo apartaré la tie­rra de Gosén, en la cual mi pue­blo habita, para que ninguna suerte de moscas haya en ella; a fin de que sepas que yo soy el SEÑOR en medio de la tie­rra.
EXO 8:23 Y yo pondré división entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.
EXO 8:24 Y el SEÑOR lo hizo así: que vino toda suerte de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, y sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fue corrompi­da a causa de ellas.
EXO 8:25 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y díjoles: Andad, sacrificad a vuestro Dios en la tierra.
EXO 8:26 Y Moisés respondió: No con­viene que hagamos así, porque sacrificaríamos al SEÑOR nues­tro Dios la abominación de los egipcios. He aquí, si sacrificára­mos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?
EXO 8:27 Camino de tres días iremos por el desierto, y sacrificaremos al SEÑOR nuestro Dios, como él nos dirá.
EXO 8:28 Y dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que sacrifiquéis al SEÑOR vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos: orad por mí.
EXO 8:29 Y respondió Moisés: He aquí, en saliendo yo de contigo, rogaré al SEÑOR que las diversas suer­tes de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a sacrificar al SEÑOR.
EXO 8:30 Entonces Moisés salió de con Faraón, y oró al SEÑOR.
EXO 8:31 Y el SEÑOR hizo conforme a la palabra de Moisés; y quitó todas aquellas moscas de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo, sin que quedara una.
EXO 8:32 Mas Faraón endureció aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.
EXO 9:1 ENTONCES el SEÑOR dijo a Moisés: Entra a Faraón, y díle: el SEÑOR, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan;
EXO 9:2 Porque si no lo quieres dejar ir, y los detuvieres aún,
EXO 9:3 He aquí la mano del SEÑOR será sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con pestilencia gravísima:
EXO 9:4 Y el SEÑOR hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.
EXO 9:5 Y el SEÑOR señaló tiempo, diciendo: Mañana hará el SEÑOR esta cosa en la tierra.
EXO 9:6 Y el día siguiente el SEÑOR hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del gana­do de los hijos de Israel no murió uno.
EXO 9:7 Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo.
EXO 9:8 Y el SEÑOR dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de ceni­za de un horno, y espárzala Moisés hacia el cielo delante de Faraón:
EXO 9:9 Y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, el cual origi­nará sarpullido que cause tumo­res apostemados en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto.
EXO 9:10 Y tomaron la ceniza del horno, y pusiéronse delante de Faraón, y esparcióla Moisés hacia el cielo; y vino un sarpulli­do que causaba tumores aposte­mados así en los hombres como en las bestias.
EXO 9:11 Y los magos no podían estar delante de Moisés a causa de los tumores, porque hubo sarpullido en los magos y en todos los egipcios,
EXO 9:12 Y el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, y no los oyó; como el SEÑOR lo había dicho a Moisés.
EXO 9:13 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y díle: el SEÑOR, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
EXO 9:14 Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos, y sobre tu pue­blo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tie­rra.
EXO 9:15 Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pue­blo de pestilencia, y serás quita­do de la tierra.
EXO 9:16 Y a la verdad yo te he puesto para declarar en ti mi potencia, y que mi Nombre sea contado en toda la tierra.
EXO 9:17 ¿Todavía te ensalzas tú contra mi pueblo, para no dejarlos ir?
EXO 9:18 He aquí que mañana a estas horas yo haré llover granizo muy grave, cual nunca fue en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora.
EXO 9:19 Envía, pues, a recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se hallare en el campo, y no fuere recogido a casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá.
EXO 9:20 De los siervos de Faraón el que temió la palabra del SEÑOR, hizo huir sus criados y su ganado a casa:
EXO 9:21 Mas el que no puso en su corazón la palabra del SEÑOR, dejó sus criados y sus ganados en el campo.
EXO 9:22 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hom­bres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.
EXO 9:23 Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y el SEÑOR hizo tronar y granizar, y el fuego dis­curría por la tierra; y llovió el SEÑOR granizo sobre la tierra de Egipto.
EXO 9:24 Hubo pues granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada.
EXO 9:25 Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo hirió el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país.
EXO 9:26 Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo.
EXO 9:27 Entonces Faraón envió a lla­mar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: el SEÑOR es justo, y yo y mi pue­blo [somos] impíos.
EXO 9:28 Orad al SEÑOR (basta ya): para que cesen los truenos de Dios y el granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.
EXO 9:29 Y respondióle Moisés: En saliendo yo de la ciudad extende­ré mis manos al SEÑOR, [y] los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que del SEÑOR es la tierra.
EXO 9:30 Mas yo sé que ni tú ni tus sier­vos temeréis todavía la presencia del Dios el SEÑOR.
EXO 9:31 El lino, pues, y la cebada fue­ron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña.
EXO 9:32 Mas el trigo y el centeno no fueron heridos; porque eran tar­díos.
EXO 9:33 Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos al SEÑOR, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra.
EXO 9:34 Y viendo Faraón que la lluvia había cesado y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y endureció su corazón, él y sus siervos.
EXO 9:35 Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel; como el SEÑOR lo había dicho por medio de Moisés.
EXO 10:1 Y EL SEÑOR dijo a Moisés: Entra a Faraón; porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar entre ellos estas mis señales;
EXO 10:2 Y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que di entre ellos; y para que sepáis que yo soy el SEÑOR.
EXO 10:3 Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron: el SEÑOR, el Dios de los hebreos, ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan.
EXO 10:4 Y si aún rehusas dejarlo ir, he aquí que yo traeré mañana lan­gosta en tus términos,
EXO 10:5 La cual cubrirá la faz de la tie­rra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha queda­do del granizo; comerá asimismo todo árbol que os produce [fruto] en el campo:
EXO 10:6 Y llenarse han tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y vol­vióse, y salió de con Faraón.
EXO 10:7 Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo nos ha de ser éste por lazo? Deja ir a estos hombres, para que sirvan al SEÑOR su Dios; ¿aún no sabes que Egipto está destruido?
EXO 10:8 Y Moisés y Aarón volvieron a ser llamados a Faraón, el cual les dijo: Andad, servid al SEÑOR vuestro Dios. ¿Quién y quién son los que han de ir?
EXO 10:9 Y Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nues­tros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad del SEÑOR.
EXO 10:10 Y él les dijo: Así sea el SEÑOR con vosotros como yo os dejaré ir a vosotros y a vues­tros niños: mirad como el mal está delante de vuestro rostro.
EXO 10:11 No [será] así: id ahora vo­sotros los varones, y servid al SEÑOR: pues esto es lo que vosotros demandasteis. Y echá­ronlos de delante de Faraón.
EXO 10:12 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para traer langosta, a fin de que suba sobre el país de Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó.
EXO 10:13 Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y el SEÑOR trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y a la maña­na el viento oriental trajo la lan­gosta:
EXO 10:14 Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal;
EXO 10:15 Y cubrió la faz de todo el país, y oscurecióse la tierra; y consu­mió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; que no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, por toda la tierra de Egipto.
EXO 10:16 Entonces Faraón hizo llamar apriesa a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra el SEÑOR vuestro Dios, y contra vosotros.
EXO 10:17 Mas ruego ahora que perdo­nes mi pecado solamente esta vez, y que oréis al SEÑOR vues­tro Dios que quite de mí sola­mente esta muerte.
EXO 10:18 Y salió de con Faraón, y oró al SEÑOR.
EXO 10:19 Y el SEÑOR volvió un vien­to occidental fortísimo, y quitó la langosta, y arrojóla en el mar Bermejo: ni una langosta quedó en todo el término de Egipto.
EXO 10:20 Mas el SEÑOR endureció el corazón de Faraón; y no envió los hijos de Israel.
EXO 10:21 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tales que cual­quiera las palpe.
EXO 10:22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas tres días por toda la tie­rra de Egipto.
EXO 10:23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitacio­nes.
EXO 10:24 Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servid al SEÑOR; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas: vayan también vuestros niños con vosotros.
EXO 10:25 Y Moisés respondió: Tú tam­bién nos entregarás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos al SEÑOR nuestro Dios.
EXO 10:26 Nuestros ganados irán tam­bién con nosotros; no quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar para servir al SEÑOR nuestro Dios; y no sabe­mos con qué hemos de servir al SEÑOR, hasta que lleguemos allá.
EXO 10:27 Mas el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir.
EXO 10:28 Y díjole Faraón: Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.
EXO 10:29 Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.
EXO 11:1 Y EL SEÑOR dijo a Moisés: Aún una plaga [más] traeré sobre Faraón, y sobre Egipto; después de la cual él os dejará ir de aquí; cuando él [te] permitirá salir, ciertamente os echará de aquí del todo.
EXO 11:2 Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, joyas de plata y de oro.
EXO 11:3 Y el SEÑOR dio gracia al pue­blo en los ojos de los egipcios. También Moisés [era] un varón muy grande en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo.
EXO 11:4 Y dijo Moisés: Así dice el SEÑOR: A la media noche yo saldré por medio de Egipto,
EXO 11:5 Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primo­génito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que [está] tras la muela; y todo primogénito de las bestias.
EXO 11:6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca fue, ni jamás será.
EXO 11:7 Pero entre todos los hijos de Israel, el perro no moverá su lengua, contra hombre ni bestia: para que sepáis que hará diferencia el SEÑOR entre los egipcios y los israelitas.
EXO 11:8 Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Sal tú, y todo el pue­blo que está bajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salióse muy enojado de con Faraón.
EXO 11:9 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas sean multiplicadas en la tierra de Egipto.
EXO 11:10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón: mas el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, y no dejó ir a los hijos de Israel fuera de su país.
EXO 12:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:
EXO 12:2 Este mes os [será] principio de los meses; [será] éste para vo­sotros el primero en los meses del año.
EXO 12:3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada hombre un cordero por las familias de [sus] padres, un cordero por casa:
EXO 12:4 Y si la familia fuere pequeña que no baste a comer el cordero, entonces tomará a su vecino inmediato a su casa, [y] según el número de las almas, cada uno conforme a su comer, echaréis la cuenta sobre el cordero.
EXO 12:5 Vuestro cordero será sin defec­to, macho de un año: tomaréis[lo] de las ovejas o de las cabras:
EXO 12:6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y lo inmolará toda la asamblea de la congregación de Israel entre las dos tardes.
EXO 12:7 Y tomarán de la sangre, y [la] pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
EXO 12:8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura: [y] con [hierbas] amargas lo comerán.
EXO 12:9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus intestinos.
EXO 12:10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que habrá quedado hasta la mañana, habéis de quemarlo en el fuego.
EXO 12:11 Y así habéis de comerlo: [con] vuestros lomos ceñi­dos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vues­tro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: [es] la Pascua del SEÑOR.
EXO 12:12 Pues yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así en los hombres como en las bestias: y ejecutaré juicio contra todos los dioses de Egipto. Yo [soy] el SEÑOR.
EXO 12:13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros [estéis]; y cuando yo viere la sangre, pasaré sobre vosotros, y no habrá en vosotros plaga para [os] destruir, cuando hiera la tierra de Egipto.
EXO 12:14 Y este día os será en memoria, y vosotros lo celebraréis como solemne al SEÑOR duran­te vuestras generaciones: por ordenanza perpetua lo celebraréis.
EXO 12:15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas: porque cualquie­ra que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel.
EXO 12:16 Y en el primer día [habrá] santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación: ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que aderecéis [lo] que cada cual hubiere de comer.
EXO 12:17 Y guardaréis la [fiesta de] los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestros ejérci­tos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día en vues­tras generaciones por ordenanza perpetua.
EXO 12:18 En el [mes] primero, el día catorce del mes por la tarde, comeréis los panes sin levadura, hasta el veintiuno del mes por la tarde.
EXO 12:19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas, por­que cualquiera que comiere lo que está leu­dado, así extranjero como natural del país, aquella alma será corta­da de la congregación de Israel.
EXO 12:20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.
EXO 12:21 Entonces Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacad, y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.
EXO 12:22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojad[lo] en la sangre que [estuviere] en el tazón, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que [estuviere] en el tazón; y ninguno de vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana.
EXO 12:23 Porque el SEÑOR pasará en medio hiriendo a los egipcios; y cuando viere la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará el SEÑOR aquella puerta, y no dejará entrar al destructor en vuestras casas para [os] herir.
EXO 12:24 Y guardaréis esto por ordenanza para vosotros y para vuestros hijos para siempre.
EXO 12:25 Y sucederá, cuando habréis venido a la tierra que el SEÑOR os dará, como él ha prometido, que guardaréis este servicio.
EXO 12:26 Y sucederá, cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué servicio es este vuestro?
EXO 12:27 Que vosotros responderéis: [Es] el sacrificio de la Pascua del SEÑOR, el cual pasó sobre las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Y el pueblo se inclinó y adoró.
EXO 12:28 Y los hijos de Israel se fueron, e hicieron como el SEÑOR había mandado a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
EXO 12:29 Y aconteció que a la media­noche el SEÑOR hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que [estaba] en la cárcel, y todo primogénito de los anima­les.
EXO 12:30 Y levantóse aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y [había] un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no [hubiese] muerto.
EXO 12:31 Y él llamó a Moisés y a Aarón de noche, y díjoles: Levantaos, [y] salid de en medio de mi pueblo, ambos vosotros y los hijos de Israel; e id, servid al SEÑOR, como habéis dicho.
EXO 12:32 Tomad también vuestras ove­jas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme tam­bién a mí.
EXO 12:33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echar­los de la tierra; porque decían: Todos [somos] muertos.
EXO 12:34 Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus ropas sobre sus hombros.
EXO 12:35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo prestado a los egipcios joyas de plata, y joyas de oro, y vestiduras.
EXO 12:36 Y el SEÑOR dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y prestáronles [tales cosas que requerían]; y ellos despojaron a los egipcios.
EXO 12:37 Y partieron los hijos de Israel de Rameses a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin [contar] los niños.
EXO 12:38 Y también subió con ellos grande multitud de diversa clase de gentes; y ovejas, y muchísimo ganado.
EXO 12:39 Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto; porque no había leudado, por cuanto echándolos los egipcios, no habían podido dete­nerse, ni aun prepararse comida.
EXO 12:40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, [fue] cuatrocientos treinta años.
EXO 12:41 Y pasados cuatrocientos trein­ta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos del SEÑOR de la tierra de Egipto.
EXO 12:42 [Es] una noche para guardar al SEÑOR, por haberlos sacado de la tierra de Egipto. Ésta es la noche del SEÑOR que deben guardar todos los hijos de Israel en sus generaciones.
EXO 12:43 Y el SEÑOR dijo a Moisés y a Aarón: Ésta [es] la ordenanza de la Pascua: Ningún extranjero comerá de ella:
EXO 12:44 Mas todo siervo humano comprado por dinero, comerá de ella después que lo hubieres cir­cuncidado.
EXO 12:45 El extranjero y el asalariado no comerán de ella.
EXO 12:46 En una casa se comerá, y no llevarás de aquella carne fuera de casa, ni quebraréis hueso suyo.
EXO 12:47 Toda la congregación de Israel la guardará.
EXO 12:48 Mas si algún extranjero pere­grinare contigo, y quisiere guardar la pascua al SEÑOR, séale cir­cuncidado todo varón, y entonces se llegará a hacerla, y será como el natural de la tierra; pero ningún incircunciso comerá de ella.
EXO 12:49 La misma ley será para el natural y para el extranjero que peregrinare entre vosotros.
EXO 12:50 Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó el SEÑOR a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
EXO 12:51 Y en aquel mismo día sacó el SEÑOR a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos.
EXO 13:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
EXO 13:2 Santifícame todo primogénito, cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, [así] de los hombres como de los animales: mío [es].
EXO 13:3 Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre; pues el SEÑOR os ha sacado de este [lugar] con mano fuerte: por tanto, no comeréis pan leudado.
EXO 13:4 Vosotros salís hoy en el mes de Abib.
EXO 13:5 Y cuando el SEÑOR te hubiere metido en la tierra del cananeo, y del heteo, y del amorreo, y del heveo, y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás este ser­vicio en este mes.
EXO 13:6 Siete días comerás pan sin levadura, y el séptimo día [será] fiesta al SEÑOR.
EXO 13:7 Por los siete días se comerán los panes sin levadura; y no se verá contigo leudado, ni levadu­ra en todo tu territorio.
EXO 13:8 Y contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: [Hácese esto] con motivo de lo [que] el SEÑOR hizo conmigo cuando salí de Egipto.
EXO 13:9 Y serte ha como una señal sobre tu mano, y como una memoria delante de tus ojos, para que la ley del SEÑOR esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó el SEÑOR de Egipto.
EXO 13:10 Por tanto, tú guardarás esta ordenanza en su tiempo de año en año.
EXO 13:11 Y cuando el SEÑOR te hubie­re metido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado,
EXO 13:12 Apartarás al SEÑOR todo lo que abriere la matriz, asimismo todo primerizo que abriere la matriz de tus animales: los machos [serán] del SEÑOR.
EXO 13:13 Y todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, entonces le quebrarás la cerviz: asimismo redimirás todo humano primogénito de tus hijos.
EXO 13:14 Y será que cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué [es] esto? decirle has: el SEÑOR nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre;
EXO 13:15 Y aconteció que, cuando Faraón se endureció para no dejarnos ir, el SEÑOR mató en la tierra de Egipto a todo primogé­nito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia: y por esta causa yo sacri­fico al SEÑOR todo primogénito macho, y redimo todo primogé­nito de mis hijos.
EXO 13:16 Y serte ha como una señal sobre tu mano, y por una memoria delante de tus ojos; ya que el SEÑOR nos sacó de Egipto con mano fuerte.
EXO 13:17 Y aconteció, cuando Faraón dejó ir al pueblo, que Dios no los llevó [por] el camino de la tierra de los filisteos, que [estaba] cerca; por­que dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo cuando vie­ren la guerra, y se vuelvan a Egipto:
EXO 13:18 Mas hizo Dios al pueblo que rodease [por] el camino del desier­to del mar Bermejo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados.
EXO 13:19 Y tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.
EXO 13:20 Y partidos de Sucot, acampa­ron en Etam, a la entra­da del desierto.
EXO 13:21 Y el SEÑOR iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el cami­no; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduviesen de día y de noche.
EXO 13:22 Él no quitó [de] delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.
EXO 14:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 14:2 Habla a los hijos de Israel que den la vuelta, y asienten su campo delante de Pihahirot, entre Migdol y el mar hacia Baalzefón: delante de él acamparéis, junto al mar.
EXO 14:3 Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados [están] en la tierra, el desierto los ha encerra­do.
EXO 14:4 Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército; y sabrán los egipcios que yo [soy] el SEÑOR. Y ellos lo hicieron así.
EXO 14:5 Y fue dado aviso al rey de Egipto cómo el pueblo se huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pue­blo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva?
EXO 14:6 Y unció su carro, y tomó consi­go su pueblo;
EXO 14:7 Y tomó seiscientos carros esco­gidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.
EXO 14:8 Y endureció el SEÑOR el cora­zón de Faraón rey de Egipto, y siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.
EXO 14:9 Persiguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería [y] carros de Faraón, su gente de a caballo, y su ejército, alcanzáronlos acampando junto al mar, al lado de Pihahirot, delante de Baalzefón.
EXO 14:10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alza­ron sus ojos, y he aquí los egipcios que venían tras ellos; por lo que temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel al SEÑOR.
EXO 14:11 Y dijeron a Moisés: ¿No [había] sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?
EXO 14:12 ¿No [es] esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos ser­vir a los egipcios? Que mejor nos [fuera] servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.
EXO 14:13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad quietos, y ved la salvación del SEÑOR, que él os mostrará hoy; porque a los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.
EXO 14:14 El SEÑOR peleará por vo­sotros, y vosotros estaréis que­dos.
EXO 14:15 Y el SEÑOR dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? di a los hijos de Israel, que marchen adelante:
EXO 14:16 Pero tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo; y entren los hijos de Israel por medio del mar en [tierra] seca.
EXO 14:17 Y yo, he aquí yo endureceré el corazón de los egipcios, para que los sigan: y yo me glorifica­ré en Faraón, y en todo su ejérci­to, y en sus carros, y en su caba­llería;
EXO 14:18 Y sabrán los egipcios que yo [soy] el SEÑOR, cuando me glorificaré en Faraón, en sus carros, y en su gente de a caballo.
EXO 14:19 Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se retiró, e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos, se retiró, y se puso a sus espaldas:
EXO 14:20 E iba entre el campo de los egipcios y el campo de Israel; y era nube y tinieblas [para aqué­llos], y alumbraba a [Israel] de noche: y en toda aquella noche nunca llegaron los unos a los otros.
EXO 14:21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo el SEÑOR que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y tornó el mar en [tierra] seca, y las aguas quedaron divididas.
EXO 14:22 Y los hijos de Israel entraron por medio del mar en [tierra] seca, y las aguas [fueron] como un muro a su diestra y a su siniestra:
EXO 14:23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta el medio del mar, [aún] toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de a caballo.
EXO 14:24 Y aconteció a la vela de la mañana, que el SEÑOR miró al campo de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y per­turbó el campo de los egipcios.
EXO 14:25 Y quitóles las ruedas de sus carros, y trastornólos gravemen­te. Entonces los egipcios dije­ron: Huyamos de delante de Israel, porque el SEÑOR pelea por ellos contra los egipcios.
EXO 14:26 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.
EXO 14:27 Y Moisés extendió su mano sobre el mar, y el mar se volvió en su fuerza cuando amanecía; y los egipcios iban hacia ella: y el SEÑOR derribó a los egipcios en medio del mar.
EXO 14:28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballe­ría, [y] todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni siquiera uno.
EXO 14:29 Y los hijos de Israel fueron por medio del mar en [tierra] seca, y las aguas [fueron] como un muro a su diestra y a su siniestra.
EXO 14:30 Así salvó el SEÑOR aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muer­tos a la orilla del mar.
EXO 14:31 Y vio Israel aquel grande hecho que el SEÑOR ejecutó contra los egipcios: y el pueblo temió al SEÑOR, y creyeron al SEÑOR y a Moisés su siervo.
EXO 15:1 Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico al SEÑOR, y hablaron, diciendo: Cantaré yo al SEÑOR, porque él ha triunfado gloriosamente, echando en el mar al caballo y al que en él subía.
EXO 15:2 El SEÑOR [es] mi fortaleza y mi canción, y él se ha hecho mi salvación: él [es] mi Dios, y le prepararé una habitación; Dios de mi padre, y a él exaltaré.
EXO 15:3 El SEÑOR [es] varón de guerra; el SEÑOR [es] su nombre.
EXO 15:4 Los carros de Faraón y a su ejército él echó en el mar; y sus escogidos príncipes fueron ahogados en el mar Bermejo.
EXO 15:5 Los abismos los cubrieron; como piedra se hundieron a los profundos.
EXO 15:6 Tu diestra, oh SEÑOR, es hecha gloriosa en fortaleza; tu dies­tra, oh SEÑOR, ha quebrantado al enemigo.
EXO 15:7 Y con la grandeza de tu excelencia has trastornado a los que se levantaron contra ti: enviaste tu furor; [el cual] los tragó como a hojaras­ca.
EXO 15:8 Con el soplo de tus narices se amontonaron las aguas; paráron­se las corrientes como en un montón; [y] los abismos se cuajaron en medio del mar.
EXO 15:9 El enemigo dijo: Perseguiré, prenderé, repartiré despojos; mi alma se henchirá de ellos; Sacaré mi espada, destruirlos ha mi mano.
EXO 15:10 Soplaste con tu viento, cubriólos el mar: hundiéronse como plomo en las vehementes aguas.
EXO 15:11 ¿Quién [es] como tú, Oh SEÑOR, entre los dioses? ¿Quién [es] como tú, glorioso en santidad, temeroso [en] loores, haciendo maravillas?
EXO 15:12 Extendiste tu diestra; la tierra los tragó.
EXO 15:13 Condujiste en tu misericordia a este pueblo, al cual redimiste; [lo] guiaste con tu fortaleza a tu habitación de santidad.
EXO 15:14 Oiránlo los pueblos, [y] tembla­rán; apoderarse ha dolor de los moradores de Palestina.
EXO 15:15 Entonces los príncipes de Edom se turbarán; a los fuertes de Moab los ocupará temblor; desleírse han todos los moradores de Canaán.
EXO 15:16 Caerá sobre ellos temblor y espanto; por la grandeza de tu brazo enmudecerán como una piedra; hasta que haya pasado tu pueblo, oh SEÑOR, hasta que haya pasado este pueblo que tú compraste.
EXO 15:17 Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh SEÑOR; [en] el Santuario, oh SEÑOR, [que] tus manos han establecido.
EXO 15:18 El SEÑOR reinará por y para siempre.
EXO 15:19 Porque Faraón entró cabal­gando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y el SEÑOR volvió las aguas del mar sobre ellos; mas los hijos de Israel fueron en [tierra] seca por medio del mar.
EXO 15:20 Y Miriam la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salie­ron en pos de ella con panderos y danzas:
EXO 15:21 Y Miriam les respondía: Cantad al SEÑOR; porque él ha triunfado gloriosamente, echando en el mar al caballo, y al que en él subía.
EXO 15:22 Así Moisés trajo a Israel del mar Bermejo, y salie­ron al desierto de Shur; y andu­vieron tres días por el desierto sin hallar agua.
EXO 15:23 Y cuando llegaron a Mara, no pudieron beber las aguas de Mara, porque [eran] amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.
EXO 15:24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, diciendo: ¿Qué hemos de beber?
EXO 15:25 Y Moisés clamó al SEÑOR; y el SEÑOR le mostró un árbol, [el cual] metídolo que hubo dentro de las aguas, las aguas se endul­zaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó;
EXO 15:26 Y dijo: Si oyeres atentamente la voz del SEÑOR tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus manda­mientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo [soy] el SEÑOR que te sana.
EXO 15:27 Y vinieron a Elim, donde [había] doce fuentes de aguas, y setenta palmas; y acamparon allí junto a las aguas.
EXO 16:1 Y PARTIENDO de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, vino al desierto de Sin, que [está] entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto.
EXO 16:2 Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;
EXO 16:3 Y decíanles los hijos de Israel: Quiera Dios que hubiéramos muerto por mano del SEÑOR en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de las carnes, cuando comíamos pan en abundancia; pues nos habéis sacado a este desierto, para matar de hambre a toda esta asamblea.
EXO 16:4 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá una porción para cada día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.
EXO 16:5 Y sucederá que en el sexto día aparejarán lo que han de recoger, que será el doble de lo que solían recoger cada día.
EXO 16:6 Y dijo Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que el SEÑOR os ha sacado de la tierra de Egipto:
EXO 16:7 Y a la mañana veréis la gloria del SEÑOR; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra el SEÑOR; ¿y qué [somos] nosotros, para que vosotros murmuréis contra nosotros?
EXO 16:8 Y dijo Moisés: [Esto será], cuando el SEÑOR os dará a la tarde carne para comer, y a la mañana pan en hartura; por cuanto el SEÑOR oye vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él: ¿y qué [somos] nosotros? vuestras murmuraciones no [son] contra nosotros, sino contra el SEÑOR.
EXO 16:9 Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia del SEÑOR; que él ha oído vues­tras murmuraciones.
EXO 16:10 Y aconteció, hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, que miraron hacia el desierto, y he aquí, la gloria del SEÑOR apareció en la nube.
EXO 16:11 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
EXO 16:12 Yo he oído las murmuracio­nes de los hijos de Israel; hábla­les, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
EXO 16:13 Y venida la tarde subieron codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana descendió rocío en derredor del real.
EXO 16:14 Y cuando el rocío que estaba se levantó, he aquí sobre la faz del desierto [había] una cosa menuda, redonda, menuda como la escarcha sobre la tierra.
EXO 16:15 Y cuando [lo] vieron los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: Esto [es] maná, porque no sabían lo qué [era]. Y Moisés les dijo: Esto [es] el pan que el SEÑOR os ha dado para comer.
EXO 16:16 Esto es lo que el SEÑOR ha mandado: cogeréis de él cada uno según pudiere comer; un gomer por cada hombre, [conforme] al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para [los] que [están] en su tienda.
EXO 16:17 Y los hijos de Israel lo hicie­ron así: y recogieron unos más, otros menos:
EXO 16:18 Y cuando [lo] medían por gomer, no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme a lo que había de comer.
EXO 16:19 Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.
EXO 16:20 Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos deja­ron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y enojóse contra ellos Moisés.
EXO 16:21 Y lo recogían cada mañana, cada hombre según lo que había de comer: y cuando el sol calentaba, se derretía.
EXO 16:22 Y aconteció, [que] en el sexto día recogieron doblado pan, dos gomeres para cada uno: y todos los gobernantes de la congregación vinieron y lo contaron a Moisés.
EXO 16:23 Y él les dijo: Esto [es lo] que ha dicho el SEÑOR: Mañana [es] el santo sábado, el reposo del SEÑOR: lo que hubiereis de cocer, coced[lo hoy], y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guar­dadlo para mañana.
EXO 16:24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según que Moisés había mandado, y no se hedió, ni hubo en él gusano.
EXO 16:25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy [es] sábado del SEÑOR: hoy no hallaréis en el campo.
EXO 16:26 En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día [es] el sábado, en el cual no habrá.
EXO 16:27 Y aconteció [que algunos] del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.
EXO 16:28 Y el SEÑOR dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo rehusáis guardar mis mandamientos y mis leyes?
EXO 16:29 Mirad que el SEÑOR os dio el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día.
EXO 16:30 Así el pueblo reposó el sépti­mo día.
EXO 16:31 Y la casa de Israel lo llamó Maná; y [era] como simiente de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel.
EXO 16:32 Y dijo Moisés: Esto [es] lo que el SEÑOR ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestras generaciones, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto.
EXO 16:33 Y dijo Moisés a Aarón: Toma un vaso, y pon en él un gomer lleno de maná, y ponlo delante del SEÑOR, para que sea guar­dado para vuestras generaciones.
EXO 16:34 Como el SEÑOR lo mandó a Moisés, así Aarón lo puso delante del Testimonio, para ser guardado.
EXO 16:35 Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habita­da: maná comieron hasta que lle­garon al término de la tierra de Canaán.
EXO 16:36 Ahora un gomer [es] la décima [parte] del efa.
EXO 17:1 Y TODA la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, según el mandamiento del SEÑOR, y asentaron el campo en Refidim: y no [había] agua para que el pueblo bebiese.
EXO 17:2 Por lo cual altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que beba­mos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿por qué ten­táis al SEÑOR?
EXO 17:3 Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hicis­te subir de Egipto, para matarnos de sed a nosotros y a nuestros hijos y a nuestros ganados?
EXO 17:4 Entonces clamó Moisés al SEÑOR, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? de aquí a un poco me apedrearán.
EXO 17:5 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y ve:
EXO 17:6 He aquí, yo estoy delante de ti allí sobre la roca en Horeb; y herirás la roca, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.
EXO 17:7 Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron al SEÑOR, diciendo: ¿Está, pues, el SEÑOR entre nosotros, o no?
EXO 17:8 Entonces vino Amalec, y peleó con Israel en Refidim.
EXO 17:9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal, pelea con Amalec: mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.
EXO 17:10 E hizo Josué como le dijo Moisés, y peleó con Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.
EXO 17:11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevale­cía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.
EXO 17:12 Pero las manos de Moisés [esta­ban] pesadas; por lo que tomaron una piedra, y pusiéron[la] debajo de él, y se sentó sobre ella: y Aarón y Hur sustentaban sus manos, el uno de una parte y el otro de otra; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.
EXO 17:13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
EXO 17:14 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Escribe esto [para] memoria en un libro, y reláta[lo] en los oídos de Josué; que del todo raeré la memoria de Amalec de debajo del cielo.
EXO 17:15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-­nissi;
EXO 17:16 Porque dijo: Por cuanto el SEÑOR ha jurado, [que] el SEÑOR [tendrá] guerra con Amalec de generación en generación.
EXO 18:1 Y OYÓ Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, [y] cómo el SEÑOR había sacado a Israel de Egipto:
EXO 18:2 Entonces tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora la esposa de Moisés, después que él la envió,
EXO 18:3 Y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersóm, porque dijo, Peregrino he sido en tierra ajena;
EXO 18:4 Y el nombre del otro [fue] Eliezer, porque [dijo]: El Dios de mi padre [fue] mi ayuda, y me libró de la espada de Faraón.
EXO 18:5 Y Jetro, el suegro de Moisés, con sus hijos y su esposa, llegó a Moisés en el desierto, donde tenía el campo junto al monte de Dios;
EXO 18:6 Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu esposa, y sus dos hijos con ella.
EXO 18:7 Y Moisés salió a encontrar a su suegro, y se inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y entraron en la tienda.
EXO 18:8 Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que el SEÑOR había hecho a Faraón y a los egipcios por amor de Israel, [y] todo el trabajo que habían pasado en el camino, y [cómo] los había librado el SEÑOR.
EXO 18:9 Y alegróse Jetro de todo el bien que el SEÑOR había hecho a Israel, que lo había librado de mano de los egipcios.
EXO 18:10 Y Jetro dijo: Bendito [sea] el SEÑOR, que os libró de mano de los egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de debajo de la mano de los egipcios.
EXO 18:11 Ahora conozco que el SEÑOR [es] más grande que todos los dioses; hasta en lo que se ensoberbecieron contra ellos.
EXO 18:12 Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios: y vino Aarón, y todos los ancianos de Israel, a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.
EXO 18:13 Y aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.
EXO 18:14 Y cuando vio el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pue­blo, dijo: ¿Qué [es] esto que haces tú con el pueblo? ¿por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?
EXO 18:15 Y Moisés respondió a su sue­gro: Porque el pueblo viene a mí para inquirir de Dios:
EXO 18:16 Cuando tienen negocios, vie­nen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y [les] declaro los estatutos de Dios y sus leyes.
EXO 18:17 Entonces el suegro de Moisés le dijo: Lo que haces no está bien:
EXO 18:18 Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que [está] contigo; porque el negocio [es] demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
EXO 18:19 Oye ahora mi voz, yo te acon­sejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, para que puedas traer las causas a Dios.
EXO 18:20 Y enseña a ellos las ordenan­zas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que deben hacer.
EXO 18:21 Además proveerás tú de entre todo el pueblo varones capaces, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y constituirás [a éstos] sobre ellos gobernantes de mil, [y] gobernantes de ciento, gobernantes de cincuenta y gobernantes de diez.
EXO 18:22 Y dejes que ellos juzguen al pueblo en todo tiempo; y será [que] todo negocio grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así [la carga] de sobre ti, y llevarla han ellos con­tigo.
EXO 18:23 Si esto hicieres, y Dios te lo mandare [así], tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz a su lugar.
EXO 18:24 Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.
EXO 18:25 Y escogió Moisés varones capaces de todo Israel, y los hizo cabezas sobre el pueblo, gobernantes de mil, gobernantes de ciento, gobernantes de cincuenta, y gobernantes de diez.
EXO 18:26 Y ellos juzgaban al pueblo en todo tiempo: las causas difíciles traíanlo a Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño.
EXO 18:27 Y despidió Moisés a su sue­gro, y fuese a su propia tierra.
EXO 19:1 En el mes tercero, cuando los hijos de Israel habían salido de la tierra de Egipto, en el mismo día vinieron al desierto de Sinaí.
EXO 19:2 Porque partieron de Refidim, y llegaron [al] desierto de Sinaí, y asentaron en el desierto; y acam­pó allí Israel delante del monte.
EXO 19:3 Y Moisés subió a Dios; y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:
EXO 19:4 Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y [cómo] os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.
EXO 19:5 Ahora pues, si obedeciereis de hecho a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi tesoro peculiar sobre todos los pueblos; porque mía [es] toda la tierra.
EXO 19:6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa. Éstas [son] las palabras que dirás a los hijos de Israel.
EXO 19:7 Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y pro­puso en presencia de ellos todas estas palabras que el SEÑOR le había mandado.
EXO 19:8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que el SEÑOR ha dicho haremos. Y Moisés relató las palabras del pueblo al SEÑOR.
EXO 19:9 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga cuando yo hablo contigo, y para que te crean para siempre. Y Moisés anunció las palabras del pueblo al SEÑOR.
EXO 19:10 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana y que laven sus vestiduras;
EXO 19:11 Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día el SEÑOR descenderá, a ojos de todo el pueblo, sobre el monte Sinaí.
EXO 19:12 Y señalarás términos al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis a su término: cualquiera que toca­re el monte, de seguro morirá:
EXO 19:13 No le tocará mano, mas será apedreado o asaeteado; [sea] ani­mal o [sea] hombre, no vivirá. En habiendo sonado largamente la trompeta, subirán al monte.
EXO 19:14 Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestiduras.
EXO 19:15 Y dijo al pueblo: Estad apercibidos para el tercer día; no entréis a [vuestras] esposas.
EXO 19:16 Y aconteció al tercer día cuan­do vino la mañana, que vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y el sonido de una trompeta muy fuerte; y estremeció­se todo el pueblo que [estaba] en el campamento.
EXO 19:17 Y Moisés sacó del campamento al pue­blo para encontrarse con Dios; y pusiéronse al pie del monte.
EXO 19:18 Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque el SEÑOR descendió sobre él en fuego: y el humo de él subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera.
EXO 19:19 Y cuando la voz de la trompeta sonaba largo tiempo, y aumentado el ruido, Moisés habló, y Dios le respondió en una voz.
EXO 19:20 Y descendió el SEÑOR sobre el monte de Sinaí, sobre la cum­bre del monte: y llamó el SEÑOR a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.
EXO 19:21 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Desciende, manda al pueblo que no traspasen el término por ver al SEÑOR, porque perecerá multitud de ellos.
EXO 19:22 Y también los sacerdotes que se llegan al SEÑOR, se santifi­quen, porque el SEÑOR no haga en ellos estrago.
EXO 19:23 Y Moisés dijo al SEÑOR: El pueblo no podrá subir al monte de Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala tér­minos al monte, y santifícalo.
EXO 19:24 Y el SEÑOR le dijo: Ve, des­ciende, y subirás tú, y Aarón con­tigo: mas los sacerdotes y el pue­blo no traspasen el término por subir al SEÑOR, porque no haga en ellos estrago.
EXO 19:25 Entonces Moisés descendió al pueblo, y habló con ellos.
EXO 20:1 Y HABLÓ Dios todas estas palabras, diciendo:
EXO 20:2 Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.
EXO 20:3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
EXO 20:4 No te harás imagen tallada, ni ninguna semejanza [de cosa] que esté arri­ba en el cielo, ni abajo en la tie­rra, ni en las aguas debajo de la tierra:
EXO 20:5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo el SEÑOR tu Dios [soy] Dios celoso, que visi­to la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen,
EXO 20:6 Y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.
EXO 20:7 No tomarás el nombre del SEÑOR tu Dios en vano; porque no dará por inocente el SEÑOR al que tomare su nombre en vano.
EXO 20:8 Acordarte has del día del sába­do, para santificarlo:
EXO 20:9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
EXO 20:10 Mas el séptimo día [es] el sába­do para el SEÑOR tu Dios: no hagas [en él] obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranje­ro que está dentro de tus puertas:
EXO 20:11 Porque en seis días hizo el SEÑOR el cielo y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto el SEÑOR bendijo el día del sábado y lo santificó.
EXO 20:12 Honra a tu padre y a tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.
EXO 20:13 No matarás.
EXO 20:14 No cometerás adulterio.
EXO 20:15 No hurtarás.
EXO 20:16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
EXO 20:17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la esposa de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
EXO 20:18 Y todo el pueblo veía los truenos, y los relámpagos, y el soni­do de la trompeta, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, se retiró, y púsose de lejos.
EXO 20:19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oire­mos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos.
EXO 20:20 Y Moisés dijo al pue­blo: No temáis; que por probaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis.
EXO 20:21 Y el pueblo se puso de lejos, y Moisés se llegó a la obs­curidad, en la cual estaba Dios.
EXO 20:22 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vo­sotros.
EXO 20:23 No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.
EXO 20:24 Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holo­caustos y tus pacíficos, tus ovejas y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti, y te bendeciré.
EXO 20:25 Y si me hicieres un altar de piedra, no lo edifiques de piedra labrada; porque si alzares tu herramienta sobre él, tú lo has profanado.
EXO 20:26 Y no subirás por gradas a mi altar, porque tu desnudez no sea junto a él descubierta.
EXO 21:1 Y ÉSTOS [son] los juicios que pondrás delante de ellos.
EXO 21:2 Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; pero al séptimo saldrá libre gratuitamente.
EXO 21:3 Si entró solo, solo saldrá: si tenía esposa, saldrá él y su esposa con él.
EXO 21:4 Si su amo le hubiere dado esposa, y ella le hubiere parido hijos o hijas, la esposa y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo.
EXO 21:5 Y si el siervo dijere claramente: Yo amo a mi señor, a mi esposa y a mis hijos, no saldré libre:
EXO 21:6 Entonces su amo lo hará llegar a los jueces, y harále llegar a la puerta o al poste de la puerta; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre.
EXO 21:7 Y si alguno vendiere su hija por sierva, no saldrá como suelen salir los siervos.
EXO 21:8 Si no agradare a su señor, quien le desposó consigo mismo, entonces permitirle ha que sea redimida, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare.
EXO 21:9 Y si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas.
EXO 21:10 Si le tomare otra [esposa], no dismi­nuirá su alimento, ni su vestidura, ni el débito conyugal.
EXO 21:11 Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gra­cia sin dinero.
EXO 21:12 El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él ciertamente morirá.
EXO 21:13 Y el que no armó asechan­zas, sino que Dios [lo] puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir.
EXO 21:14 Pero, si alguno se enso­berbeciere contra su prójimo, y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera.
EXO 21:15 Y el que hiriere a su padre o a su madre, ciertamente morirá.
EXO 21:16 Y el que robare una persona, y la vendiere, o se halla­re en sus manos, ciertamente morirá.
EXO 21:17 Y el que maldijere a su padre o a su madre, ciertamente morirá.
EXO 21:18 Y si algunos riñeren, y alguno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y no muriere, pero cayere en cama;
EXO 21:19 Si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será el que [le] hirió absuelto: solamente le pagará [por] su tiempo perdido, y hará que le curen completamente.
EXO 21:20 Y si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, y muriere bajo de su mano, será ciertamente castigado:
EXO 21:21 Mas si durare por un día o dos, no será castigado, porque su dinero [es].
EXO 21:22 Si hombres riñeren, y uno hiriere a mujer preñada, para que salga su fruto, pero sin haber daño, ciertamente él será castigado conforme a lo que le impusiere el marido de la mujer, y pagará según [determinen] los jueces.
EXO 21:23 Y si hubiere [algún] daño, entonces darás vida por vida,
EXO 21:24 Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
EXO 21:25 Quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.
EXO 21:26 Y si alguno hiriere el ojo de su siervo, o el ojo de su sierva, y lo dañare, le dejará ir libre por razón de su ojo.
EXO 21:27 Y si sacare el diente de su sier­vo, o el diente de su sierva, por su diente le dejará ir libre.
EXO 21:28 Si un buey acorneare hombre o mujer, y de resultas muriere, el buey será apedreado, y no se comerá su carne; mas el dueño del buey [será] absuelto.
EXO 21:29 Pero si el buey era acorneador desde ayer y antes de ayer, y a su dueño le fue hecho requerimien­to, y no lo hubiere guardado, y matare hombre o mujer, el buey será apedreado, y también mori­rá su dueño.
EXO 21:30 Si le fuere impuesto rescate, entonces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impues­to.
EXO 21:31 Haya acorneado hijo, o haya acorneado hija, conforme a este juicio se hará con él.
EXO 21:32 Si el buey acorneare siervo o sierva, pagará treinta siclos de plata su señor, y el buey será ape­dreado.
EXO 21:33 Y si alguno abriere pozo, o si alguno cavare pozo, y no lo cubriere, y cayere allí buey o asno,
EXO 21:34 El dueño del pozo [lo] reparará, [y] pagará el dinero a su dueño, y el [animal] muerto será suyo.
EXO 21:35 Y si el buey de alguno hiriere al buey de su prójimo, y éste muriere, entonces venderán el buey vivo, y partirán el dinero de él, y también partirán el [buey] muerto.
EXO 21:36 O si era notorio que el buey era acorneador de ayer y antes de ayer, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey por buey, y el muerto será suyo.
EXO 22:1 CUANDO alguno hurtare buey u oveja, y le degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas.
EXO 22:2 Si un ladrón fuere hallado entrando en [una casa], y fuere herido hasta que muriere, no [derramarás] la sangre de aquel [que le mató].
EXO 22:3 Si el sol hubiere sobre él salido, [será] sangre derramada por él: [el ladrón] habrá de restituir cumplidamente; si no tuviere, será vendido por su hurto.
EXO 22:4 Si fuere hallado con el hurto en la mano, sea buey o asno u oveja vivos, pagará el doble.
EXO 22:5 Si alguno hiciere pacer campo o viña, y metiere su bestia, y comiere en la tierra de otro, de lo mejor de su propia tierra y de lo mejor de su propia viña pagará.
EXO 22:6 Si rompiere un fuego, y prendiere espinas, y fuere quemado grano amontonado, o en pie, o el campo, el que encendió el fuego ciertamente hará restitución.
EXO 22:7 Cuando alguno diere a su pró­jimo plata o alhajas a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón se hallare, pagará el doble.
EXO 22:8 Si el ladrón no se hallare, entonces el dueño de la casa será presentado a los jueces, [para ver] si ha metido su mano en la hacienda de su prójimo.
EXO 22:9 Sobre todo negocio de fraude, [si fuere] sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestidura, [o] sobre toda cosa perdida, cuando [uno] dijere: Esto es mío, la causa de ambos vendrá delante de los jueces; [y] el que los jueces condenaren, paga­rá el doble a su prójimo.
EXO 22:10 Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier otro animal a guardar, y se muriere, o se perniquebrare, o fuere llevado sin ver[lo] nadie;
EXO 22:11 Juramento del SEÑOR tendrá lugar entre ambos de que no echó su mano a la hacienda de su prójimo; y su dueño [lo] aceptará, y el otro no [lo] pagará.
EXO 22:12 Mas si le hubiere sido hurta­do, restituirá a su dueño.
EXO 22:13 Y si le hubiere sido despedazado por fiera, traer[le] ha testimo­nio, y no pagará lo despedazado.
EXO 22:14 Y si alguno hubiere toma­do prestada [bestia] de su prójimo, y fuere estropeada o muerta, ausente su dueño, deberá pagar­[la].
EXO 22:15 [Pero] si el dueño [estaba] presente, no [la] pagará. Si [era] alquilada, él vendrá por su alquiler.
EXO 22:16 Y si alguno engañare a alguna doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por esposa.
EXO 22:17 Si su padre no quisiere dárse­la, él le pesará plata conforme al dote de las vírgenes.
EXO 22:18 A la hechicera no dejarás que viva.
EXO 22:19 Cualquiera que tuviere ayun­tamiento con bestia, morirá.
EXO 22:20 El que sacrificare a [cualquier] dios, excepto a sólo el SEÑOR, él será completamente destruido.
EXO 22:21 Y al extranjero no engañarás, ni angustiarás, porque extranje­ros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
EXO 22:22 A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.
EXO 22:23 Que si tú llegas a afligirle, y él a mí clamare, ciertamente oiré yo su clamor;
EXO 22:24 Y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras esposas serán viudas, y huérfa­nos vuestros hijos.
EXO 22:25 Si prestares dinero a [alguien que es] pobre de los de mi pueblo que está contigo, no serás usurero para con él; no le impondrás usura.
EXO 22:26 Si tomares en prenda la vestidura de tu prójimo, a puestas del sol se la volverás:
EXO 22:27 Porque sólo aquella [es] su cubierta, [es] su vestidura para su piel: ¿En qué ha de dormir? Y será que cuando él a mí clamare, yo entonces le oiré, porque [soy] clemente.
EXO 22:28 No injuriarás a los dioses, ni maldecirás al príncipe de tu pue­blo.
EXO 22:29 No dilatarás [en ofrecer] la primicia de tu cosecha, ni de tu lagar: me darás el primogénito de tus hijos.
EXO 22:30 Así harás con el de tu buey [y] de tu oveja: siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.
EXO 22:31 Y habéis de serme varones santos: y no comeréis [ninguna] carne arre­batada de las fieras en el campo; a los perros la echaréis.
EXO 23:1 NO levantarás falso rumor. No pongas tu mano con el impío para ser testigo falso.
EXO 23:2 No seguirás a los muchos para mal [hacer]; ni responderás en liti­gio inclinándote a los más para hacer agravios;
EXO 23:3 Ni al pobre favorecerás en su causa.
EXO 23:4 Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, sin falta se lo volverás a él.
EXO 23:5 Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, y te abstendrías en ayudarlo, sin falta ayudarás con él a levantarlo.
EXO 23:6 No quitarás el derecho de tu pobre en su causa.
EXO 23:7 De palabra de mentira te aleja­rás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío.
EXO 23:8 Y no recibirás presente; porque el presente ciega a los sabios, y pervierte las palabras justas.
EXO 23:9 Tampoco angustiarás al extranjero: pues vosotros conocéis el corazón del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tie­rra de Egipto.
EXO 23:10 Y seis años sembrarás tu tierra, y allegarás los frutos de ella:
EXO 23:11 Pero el séptimo [año] la dejarás vacante y soltarás, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás de tu viña [y] de tu olivar.
EXO 23:12 Seis días harás tus negocios, y al séptimo día holgarás, a fin que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sier­va, y el extranjero.
EXO 23:13 Y en todas las [cosas] que os he dicho seréis avisados. Y nombre de otros dioses no mencionaréis, ni se oirá de vuestra boca.
EXO 23:14 Tres veces en el año me guardaréis fiesta.
EXO 23:15 La fiesta de los panes sin levadura guar­darás: siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib; porque en él saliste de Egipto: y ninguno comparecerá vacío delante de mí:
EXO 23:16 También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores que hubieres sembrado en el campo; y la fiesta de la cosecha, [la cual es] al fin del año, cuando habrás recogido tus labores del campo.
EXO 23:17 Tres veces en el año se presentarán todos tus varones delante del Señor DIOS.
EXO 23:18 No ofrecerás la sangre de mi sacrifico con pan leudado; ni el sebo de mi sacrificio quedará de la noche hasta la mañana.
EXO 23:19 Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa del SEÑOR tu Dios. No guisarás el cabrito con la leche de su madre.
EXO 23:20 He aquí yo envío un Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
EXO 23:21 Guárdate delante de él, y obedece su voz; no le provoques; por­que él no perdonará vuestra rebe­lión: porque mi nombre [está] en él.
EXO 23:22 Pero si en verdad obedecieres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemi­gos, y afligiré a los que te afligie­ren.
EXO 23:23 Porque mi Ángel irá delante de ti, y te introducirá al amorreo, y al heteo, y al ferezeo, y al cananeo, y al heveo, y al jebuseo, a los cuales yo haré des­truir.
EXO 23:24 No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás conforme a sus obras; antes los destruirás del todo, y quebrantarás entera­mente sus estatuas.
EXO 23:25 Mas al SEÑOR vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.
EXO 23:26 No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo cumpliré el número de tus días.
EXO 23:27 Yo enviaré mi terror delante de ti, y destruiré a todo pueblo donde tú entrares, y haré que todos tus enemigos te den la espalda.
EXO 23:28 Yo enviaré la avispa delante de ti, que eche fuera al heveo, y al cananeo, y al heteo, de delante de ti:
EXO 23:29 No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las bestias del campo.
EXO 23:30 Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multi­pliques y tomes la tierra por heredad.
EXO 23:31 Y yo pondré tus términos desde el mar Bermejo hasta el mar de Filistea, y desde el desierto hasta el río; porque pondré en vuestras manos los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti.
EXO 23:32 No harás pacto con ellos, ni con sus dioses.
EXO 23:33 En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra mí: porque si sirvieres a sus dioses, ciertamente te será de tropiezo.
EXO 24:1 Y DIJO a Moisés: Sube al SEÑOR, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos.
EXO 24:2 Mas Moisés sólo se llegará al SEÑOR; y ellos no se lleguen cerca, ni suba con él el pueblo.
EXO 24:3 Y Moisés vino y contó al pue­blo todas las palabras del SEÑOR, y todos los juicios; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijeron: Ejecutaremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho.
EXO 24:4 Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR, y levantán­dose muy de mañana, edificó un altar al pie del monte, y doce colum­nas, según las doce tribus de Israel.
EXO 24:5 Y envió a los mancebos de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos, y sacrificaron ofrendas de paz de becerros al SEÑOR.
EXO 24:6 Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y púsola en tazones, y esparció la otra mitad de la san­gre sobre el altar.
EXO 24:7 Y tomó el libro del pacto, y leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que el SEÑOR ha dicho, y seremos obe­dientes.
EXO 24:8 Entonces Moisés tomó la san­gre, y roció[la] sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que el SEÑOR ha hecho con vosotros sobre todas estas palabras.
EXO 24:9 Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel;
EXO 24:10 Y vieron al Dios de Israel; y [había] debajo de sus pies como una piedra de zafiro, parecido al cielo en [su] claridad.
EXO 24:11 Mas no extendió su mano sobre los nobles de los hijos de Israel: también vieron a Dios, y comieron y bebieron.
EXO 24:12 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y una ley, y mandamientos que he escrito para enseñarlos.
EXO 24:13 Y levantóse Moisés, y Josué su ministro; y Moisés subió al monte de Dios.
EXO 24:14 Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que vol­vamos a vosotros: y he aquí Aarón y Hur [están] con vosotros: el que tuviere negocios, lléguese a ellos.
EXO 24:15 Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte.
EXO 24:16 Y la gloria del SEÑOR reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días: y al sépti­mo día llamó a Moisés de en medio de la nube.
EXO 24:17 Y el parecer de la gloria del SEÑOR [era] como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel.
EXO 24:18 Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte: y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.
EXO 25:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
EXO 25:2 Di a los hijos de Israel, que tomen para mí ofrenda: de todo varón que la diere de su volun­tad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.
EXO 25:3 Y ésta [es] la ofrenda que toma­réis de ellos: Oro, y plata, y latón,
EXO 25:4 Y azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino, y [pelo] de cabras,
EXO 25:5 Y pieles de carneros teñidos de rojo, y pieles de tejones, y madera de acacia;
EXO 25:6 Aceite para la luminaria, espe­cias para el aceite de la unción, y para el incienso aromático;
EXO 25:7 Piedras de ónix, y piedras de engastes, para el efod, y para la coraza.
EXO 25:8 Y me harán un santuario; para que yo habite entre ellos.
EXO 25:9 Conforme a todo lo que yo te mostrare, [según] el modelo del taberná­culo, y el modelo de todos sus vasos, así [lo] haréis.
EXO 25:10 Harán también un arca [de] madera de acacia, cuya longitud [será] de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.
EXO 25:11 Y la cubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la cubrirás; y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor.
EXO 25:12 Y para ella harás de fundición cuatro anillos de oro, y [los] pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos en un lado de ella, y dos anillos en el otro lado.
EXO 25:13 Y harás unas varas [de] madera de acacia, las cuales cubrirás de oro,
EXO 25:14 Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas.
EXO 25:15 Las varas se estarán en los anillos del arca: no se quitarán de ella.
EXO 25:16 Y pondrás en el arca el testi­monio que yo te daré.
EXO 25:17 Y harás un propiciatorio [de] oro fino, cuya longitud [será] de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.
EXO 25:18 Harás también dos querubi­nes [de] oro, labrados a martillo los harás, en los dos extremos del propiciatorio.
EXO 25:19 Y harás un querubín en un extremo, y el otro querubín en el otro extremo: [aun] del propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos.
EXO 25:20 Y los querubines extenderán por encima sus alas, cubriendo con [sus] alas el propiciatorio, y sus caras la una enfrente de la otra, hacia el propiciatorio serán las caras de los querubines.
EXO 25:21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.
EXO 25:22 Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos queru­bines que [están] sobre el arca del testimonio, todas las [cosas] que yo te mandaré para los hijos de Israel.
EXO 25:23 Harás asimismo una mesa [de] madera de acacia: su longitud [será] de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y medio.
EXO 25:24 Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor.
EXO 25:25 Y le harás también una mol­dura alrededor, del ancho de una mano, a la cual moldura harás una cornisa de oro alrededor.
EXO 25:26 Y le harás cuatro anillos de oro, los cuales pondrás a las cua­tro esquinas que [están] en sus cuatro pies.
EXO 25:27 Los anillos estarán antes de la moldura, por lugares de las varas, para llevar la mesa.
EXO 25:28 Y harás las varas [de] madera de acacia, y las cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa.
EXO 25:29 Harás también sus platos, y sus cucharas, y sus cubiertas, y sus tazones, con que se cubrirá: [de] oro fino los harás.
EXO 25:30 Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente.
EXO 25:31 Harás además un candelero [de] oro puro; labrado a martillo se hará el candelero: su pie, y su caña, sus copas, sus manzanas, y sus flores, serán de lo mismo:
EXO 25:32 Y saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos del candelero de un lado suyo, y tres brazos del candelero del otro lado:
EXO 25:33 Tres copas en forma de almendras en el un brazo, [con] una manzana y una flor; y tres copas, figura de almendras, en el otro brazo, [con] una manzana y una flor: así pues, en los seis brazos que salen del candelero:
EXO 25:34 Y en el candelero [habrá] cuatro copas en forma de almendras, [con] sus manzanas y sus flores.
EXO 25:35 Y [habrá] una manzana debajo de los dos brazos de lo mismo, otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, y otra man­zana debajo de los [otros] dos bra­zos de lo mismo, en conformidad a los seis brazos que salen del candelero.
EXO 25:36 Sus manzanas y sus brazos serán de lo mismo, todo ello [será] una pieza labrada a martillo, [de] oro puro.
EXO 25:37 Y le harás siete lámparas, las cuales encenderás para que alumbren a la parte de su delan­tera:
EXO 25:38 También sus despabiladeras y sus platillos, [serán de] oro puro.
EXO 25:39 [De] un talento de oro fino lo harás, con todos estos vasos.
EXO 25:40 Y mira, y haz[los] conforme a su modelo, que te ha sido mos­trado en el monte.
EXO 26:1 ADEMÁS harás el tabernáculo [con] diez cortinas [de] lino torcido, azul, y púrpura, y escarlata: y harás querubines de obra ingeniosa.
EXO 26:2 La longitud de una cortina [será] de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: todas las cortinas tendrán una medida.
EXO 26:3 Las cinco cortinas estarán juntas la una con la otra, y [otras] cinco cortinas [serán] unidas la una con la otra.
EXO 26:4 Y harás lazadas de azul en la orilla de la una cortina, en el borde, en la juntura: y así harás en la orilla de la [postrera] cortina en la juntura segunda.
EXO 26:5 Cincuenta lazadas harás en la una cortina, y cincuenta lazadas harás en el borde de la cortina que [está] en la segunda juntura: las lazadas estarán contrapuestas la una a la otra.
EXO 26:6 Harás también cincuenta cor­chetes de oro, con los cuales jun­tarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernácu­lo.
EXO 26:7 Harás asimismo cortinas de [pelo de] cabras para una cubierta sobre el tabernáculo; once corti­nas harás.
EXO 26:8 La longitud de la una cortina [será] de treinta codos, y la anchu­ra de la misma cortina de cuatro codos: una medida [tendrán] las once cortinas.
EXO 26:9 Y juntarás las cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas separadamente; y doblarás la sexta cortina delante de la faz del tabernáculo.
EXO 26:10 Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la una cortina, [que está] al borde en la juntura, y cincuenta lazadas en el borde de la cortina en la segunda juntura.
EXO 26:11 Harás asimismo cincuenta corchetes de latón, los cuales meterás por las lazadas: y junta­rás la tienda, para que se haga una sola cubierta.
EXO 26:12 Y el sobrante que resulta en las cortinas de la tienda, la mitad de la una cortina que sobra, que­dará a las espaldas del tabernácu­lo.
EXO 26:13 Y un codo de la una parte, y otro codo de la otra que sobra en la longitud de las cortinas de la tienda, cargará sobre los lados del tabernáculo de la una parte y de la otra, para cubrirlo.
EXO 26:14 Harás también a la tienda una cubierta [de] cueros de carneros, teñidos de rojo, y una cubierta [de] cueros de tejones encima.
EXO 26:15 Y harás para el tabernáculo tablas [de] madera de acacia, que estén derechas.
EXO 26:16 La longitud de cada tabla [será] de diez codos, y de codo y medio [será] la anchura de cada tabla.
EXO 26:17 Dos quicios [tendrá] cada tabla, trabadas la una con la otra; así harás todas las tablas del taberná­culo.
EXO 26:18 Harás, pues, las tablas del tabernáculo: veinte tablas al lado del austro, al sur.
EXO 26:19 Y harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios.
EXO 26:20 Y al otro lado del tabernáculo, a la parte del norte, [serán] veinte tablas;
EXO 26:21 Y sus cuarenta basas [de] plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.
EXO 26:22 Y para el lado del tabernáculo, al occidente, harás seis tablas.
EXO 26:23 Y harás dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores;
EXO 26:24 Las cuales se unirán por abajo, y asimismo se juntarán por su alto a un anillo: así será de las otras dos [que] estarán a las dos esquinas.
EXO 26:25 Y serán ocho tablas, y sus basas [de] plata, diez y seis basas; dos basas deba­jo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.
EXO 26:26 Harás también barras de madera [de] acacia; cinco para las tablas del tabernáculo,
EXO 26:27 Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo, para los dos lados al occidente.
EXO 26:28 Y la barra del medio pasará por medio de las tablas, del un cabo al otro.
EXO 26:29 Y cubrirás las tablas de oro, y harás sus anillos [de] oro para meter por ellos las barras: también cubrirás las barras de oro.
EXO 26:30 Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mos­trado en el monte.
EXO 26:31 Y harás también un velo [de] azul, y púrpura, y escarlata, y de lino fino torcido: será hecho de obra ingeniosa, con querubines:
EXO 26:32 Y has de ponerlo sobre cuatro columnas [de madera] de acacia cubiertas de oro; sus capiteles [serán] de oro, sobre basas de plata.
EXO 26:33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimo­nio; y aquel velo os hará separa­ción entre el [lugar] santo y el san­tísimo.
EXO 26:34 Y pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el [lugar] santísimo.
EXO 26:35 Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado del tabernáculo al sur; y pondrás la mesa al lado del norte.
EXO 26:36 Y harás a la puerta del taber­náculo una cortina [de] azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino torci­do, obra de bordador.
EXO 26:37 Y harás para la cortina cinco columnas [de madera] de acacia, las cuales cubrirás de oro, y sus capiteles [serán] de oro: y hacerlas has de fundición cinco basas de latón.
EXO 27:1 HARÁS también altar [de] madera de acacia de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura: será cuadrado el altar, y su altura [será] de tres codos.
EXO 27:2 Y harás sus cuernos a sus cuatro esquinas; los cuernos serán de lo mismo; y lo cubrirás de latón.
EXO 27:3 Harás también sus calderas para echar su ceniza; y sus pale­tas, y sus tazones, y sus garfios, y sus braseros: harás todos sus vasos [de] latón.
EXO 27:4 Y le harás un enrejado [de] latón de obra de malla; y sobre el enrejado harás cuatro anillos de latón a sus cuatro esquinas.
EXO 27:5 Y lo pondrás dentro del cerco del altar abajo; y llegará el enrejado hasta el medio del altar.
EXO 27:6 Harás también varas para el altar, varas [de] madera de acacia, las cuales cubrirás de latón.
EXO 27:7 Y sus varas se meterán por los anillos: y estarán aquellas varas a ambos lados del altar, para llevarlo.
EXO 27:8 De tablas lo harás, hueco: de la manera que te fue mostrado en el monte, así [lo] harás.
EXO 27:9 Y harás el patio del tabernáculo: para el lado del austro, hacia el sur, [tendrá] el patio cortinas de lino fino torcido, de cien codos de longitud cada lado;
EXO 27:10 Sus veinte columnas, y sus veinte basas [serán] de latón; los capiteles de las columnas y sus molduras [serán] de plata.
EXO 27:11 Y de la misma manera al lado del norte [habrá] a lo largo corti­nas de cien [codos] de longitud, y sus veinte columnas, con sus veinte basas [de] latón; los capiteles de sus columnas y sus mol­duras, [de] plata.
EXO 27:12 Y el ancho del patio del lado occidental [tendrá] cortinas de cin­cuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas.
EXO 27:13 Y en el ancho del patio por la parte de levante, al oriente, habrá cincuenta codos.
EXO 27:14 Y las cortinas de un lado [de la puerta serán] de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas.
EXO 27:15 Y al otro lado [serán] cortinas de quince [codos]: sus columnas tres, y sus basas tres.
EXO 27:16 Y a la puerta del atrio [será] una cortina de veinte codos, [de] azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino torcido, de obra de bordador: y sus columnas [serán] cuatro, [y] sus cuatro basas.
EXO 27:17 Todas las columnas del patio en derredor [serán] ceñidas de plata; sus capiteles [serán] de plata, y sus basas [de] latón.
EXO 27:18 La longitud del patio [será] de cien codos, y la anchura cincuen­ta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos[de] lino fino torcido, y sus basas [de] latón.
EXO 27:19 Todos los vasos del taberná­culo en todo su servicio, y todos sus clavos, y todos los clavos del patio, [serán] de latón.
EXO 27:20 Y tú mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas, molido, para la lumi­naria, para hacer arder continua­mente las lámparas.
EXO 27:21 En el tabernáculo de la congregación afuera del velo, que [está] delante del testimonio, Aarón y sus hijos las pondrán en orden desde la tarde hasta la mañana delante del SEÑOR: [esto será] estatuto perpetuo a sus generaciones a beneficio de los hijos de Israel.
EXO 28:1 Y TÚ allega a ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que ministren a mí en el oficio de sacerdote; [aún] a Aarón, Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón.
EXO 28:2 Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para gloria y hermosura.
EXO 28:3 Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he henchido de espíritu de sabiduría, a fin que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle a que me ministre en el oficio de sacerdote.
EXO 28:4 Las vestiduras que harán [son] éstas: una coraza, y un efod, y un manto, y una túnica labrada, una mitra, y un cinturón. Hagan, pues, las vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, y a sus hijos, para que me ministren en el oficio de sacerdote.
EXO 28:5 Y tomarán oro, y azul, y púr­pura, y escarlata, y lino fino.
EXO 28:6 Y harán el efod [de] oro, [de] azul, y [de] púrpura, [de] escarlata, y lino fino torcido de obra ingeniosa.
EXO 28:7 Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos lados, y [así] se juntará.
EXO 28:8 Y el artificio del cinto del efod que [está] sobre él, será de su misma obra, de lo mismo; [aún de] oro, [de] azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino torcido.
EXO 28:9 Y tomarás dos piedras de ónix, y grabarás en ellas los nom­bres de los hijos de Israel:
EXO 28:10 Los seis de sus nombres en una piedra, y [los otros] seis nom­bres en la otra piedra, conforme al nacimiento de ellos.
EXO 28:11 De obra de escultor en piedra [a modo] de grabaduras de sello, harás grabar aquellas dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; harásles alrededor engas­tes de oro.
EXO 28:12 Y pondrás aquellas dos pie­dras sobre los hombros del efod, [para] piedras de memoria a los hijos de Israel; y Aarón lle­vará los nombres de ellos delan­te del SEÑOR en sus dos hom­bros por memoria.
EXO 28:13 Y harás engastes [de] oro,
EXO 28:14 Y dos cadenas [de] oro puro; las cuales harás [de] hechura de trenza; y fijarás las cadenas de hechura de trenza en los engas­tes.
EXO 28:15 Y harás la coraza del juicio de obra ingeniosa, lo harás conforme a la obra del efod, [de] oro, [de] azul, y [de] púrpura, y [de] escarlata, y [de] lino fino torcido.
EXO 28:16 Será cuadrado [y] doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho:
EXO 28:17 Y lo llenarás de pedrería [con] cuatro hileras de piedras: [la primera] hilera [de] un sardio, un topacio, y un carbunclo; [ésta será] la primera hilera.
EXO 28:18 Y la segunda hilera [será] una esme­ralda, un zafiro, y un diamante;
EXO 28:19 Y la tercera hilera, un rubí, un ágata, y una amatista;
EXO 28:20 Y la cuarta hilera, un berilo, un ónix, y un jaspe: estarán engastadas en oro en sus encajes.
EXO 28:21 Y serán aquellas piedras según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nom­bres; [como] grabaduras de sello cada una con su nombre, ven­drán a ser según las doce tribus.
EXO 28:22 Y harás en la coraza cadenas [de] hechura de trenzas [de] oro puro.
EXO 28:23 Y harás en la coraza dos ani­llos de oro, los cuales dos anillos pondrás a las dos puntas de la coraza.
EXO 28:24 Y pondrás las dos trenzas [de cadenas] de oro en los dos anillos a las dos puntas de la coraza:
EXO 28:25 Y [los otros] dos cabos de las dos [cadenas] trenzadas sobre los dos engastes, y [las] pondrás a los lados del efod en la parte delantera.
EXO 28:26 Harás también dos anillos de oro, los cuales pondrás a las dos puntas de la coraza, en su orilla que está al lado del efod de la parte de dentro.
EXO 28:27 Y harás [otros] dos anillos de oro, los cuales pondrás a los dos lados del efod abajo en la parte delantera, delante de su [otra] juntura sobre el cinto del efod.
EXO 28:28 Y juntarán la coraza con sus anillos a los anillos del efod con un cordón de azul, para que esté sobre el cinto del efod, y no se aparte la coraza del efod.
EXO 28:29 Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en la coraza del juicio sobre su corazón, cuando entrare en el [lugar] santo, para memoria delante del SEÑOR continuamente.
EXO 28:30 Y pondrás en la coraza del juicio el Urim y el Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entrare delante del SEÑOR: y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante del SEÑOR.
EXO 28:31 Y harás el manto del efod todo [de] azul:
EXO 28:32 Y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra de tejedor, como el cuello de un coselete, para[ que no se rompa.
EXO 28:33 Y [abajo] en sus orillas harás granadas de azul, y [de] púrpura, y [de] escarlata, por sus bordes alrede­dor; y entre ellas campanillas de oro alrededor:
EXO 28:34 Una campanilla de oro y una granada, campanilla de oro y granada, por las orillas del manto alrededor.
EXO 28:35 Y estará sobre Aarón cuando ministrare; y oiráse su sonido cuando él entrare en el [lugar] santo delante del SEÑOR, y cuando saliere, porque no muera.
EXO 28:36 Y harás una plancha [de] oro puro, y grabarás en ella grabadura de sello, SANTIDAD AL SEÑOR.
EXO 28:37 Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por el frente anterior de la mitra estará.
EXO 28:38 Y estará sobre la frente de Aarón: para que lleve Aarón la iniquidad de las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente para que sean aceptados delante del SEÑOR.
EXO 28:39 Y bordarás una túnica de lino fino, y harás una mitra [de] lino fino; harás también un cinto [de] obra de reca­mador.
EXO 28:40 Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les harás cintos, y les formarás tiaras para honra y hermosura.
EXO 28:41 Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él: y los ungirás, y los consagrarás, y los santificarás, para que me ministren en el oficio de sacerdote.
EXO 28:42 Y les harás pañetes de lino para cubrir la carne vergonzosa; serán desde los lomos hasta los muslos:
EXO 28:43 Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entraren en el tabernáculo de la congregación, o cuando se llegaren al altar para servir en el [lugar] santo, para que no lleven iniquidad, y mueran. Estatuto perpetuo [será] para él, y para su simiente después de él.
EXO 29:1 Y ESTO es lo que les harás para consagrarlos, para que me ministren en el oficio de sacerdote: Toma un becerro de la vacada, y dos carneros sin tacha;
EXO 29:2 Y pan sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con acei­te, y hojaldres sin levadura unta­das con aceite; [de] flor de harina de trigo las harás:
EXO 29:3 Y las pondrás en un canastillo, y en el canastillo las traerás, con el becerro y los dos carneros.
EXO 29:4 Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de la congregación, y los lava­rás con agua.
EXO 29:5 Y tomarás las vestiduras, y ves­tirás a Aarón la túnica y el manto del efod, y el efod, y la coraza, y le ceñirás con el cinto del efod;
EXO 29:6 Y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la corona santa.
EXO 29:7 Y tomarás el aceite de la unción, y derramarás sobre su cabeza, y le ungirás.
EXO 29:8 Y harás llegar sus hijos, y les vestirás las túnicas.
EXO 29:9 Y les ceñirás el cinto, a Aarón y a sus hijos, y les atarás las tiaras, y tendrán el sacer­docio por estatuto perpetuo: y hen­chirás las manos de Aarón y de sus hijos.
EXO 29:10 Y harás llegar el becerro delante del tabernáculo de la con­gregación, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro.
EXO 29:11 Y matarás el becerro delante del SEÑOR [a] la puerta del ta­bernáculo de la congregación.
EXO 29:12 Y tomarás de la sangre del becerro, y [la] pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y derramarás toda la demás sangre al pie del altar.
EXO 29:13 Tomarás también todo el sebo que cubre los intestinos, y el redaño [que está] sobre el hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y [los] quemarás sobre el altar.
EXO 29:14 Pero consumirás a fuego fuera del campo la carne del becerro, y su pellejo, y su estiér­col: [es] una expiación por el pecado.
EXO 29:15 Asimismo tomarás el un car­nero, y Aarón y sus hijos pon­drán sus manos sobre la cabeza del carnero.
EXO 29:16 Y matarás el carnero, y toma­rás su sangre, y [la] rociarás sobre el altar alrededor.
EXO 29:17 Y cortarás el carnero en peda­zos, y lavarás sus intestinos y sus piernas, y las pondrás sobre sus trozos y sobre su cabeza.
EXO 29:18 Y quemarás todo el carnero sobre el altar: [es] una ofrenda quemada al SEÑOR, [es] un[ olor grato, una ofren­da hecha por fuego al SEÑOR.
EXO 29:19 Tomarás luego el otro carne­ro, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero:
EXO 29:20 Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre, y [la] pondrás sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre la ternilla de las orejas de sus hijos, y sobre el dedo pulgar de las manos dere­chas de ellos, y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de ellos, y rociarás la sangre sobre el altar alrededor.
EXO 29:21 Y tomarás de la sangre que [hay] sobre el altar, y del aceite de la unción, y [lo] rociarás sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, y sobre sus hijos, y sobre las vesti­mentas de éstos; y él será santifi­cado, y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestimentas de sus hijos con él.
EXO 29:22 Luego tomarás del carnero el sebo, y la cola, y el sebo que cubre los intestinos, y el redaño [sobre] el hígado, y los dos riñones, y el sebo que [está] sobre ellos, y la espaldilla derecha; porque [es] car­nero de consagraciones:
EXO 29:23 Y una barra de pan, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre del canastillo de panes sin levadura que [está] delante del SEÑOR;
EXO 29:24 Y pondrás todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, y lo mecerás [por] ofrenda mecida delante del SEÑOR.
EXO 29:25 Después lo tomarás de sus manos, y [lo] harás arder sobre el altar en una ofrenda quemada, por olor agradable delante del SEÑOR: [es] una ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
EXO 29:26 Y tomarás el pecho del carne­ro de las consagraciones, que fue inmolado para la de Aarón, y lo mecerás [por] ofrenda mecida delante del SEÑOR; y será por­ción tuya.
EXO 29:27 Y santificarás el pecho de la ofrenda mecida, y la espaldilla de la ofrenda elevada, que fue mecida y que fue elevada del carnero de la consagración, de [lo] que [es] de Aarón y de [lo] que es de sus hijos:
EXO 29:28 Y será para Aarón y para sus hijos por estatuto perpetuo de los hijos de Israel, porque [es] porción elevada; y será tomada de los hijos de Israel de sus sacrificios pacíficos, porción de ellos eleva­da en ofrenda al SEÑOR.
EXO 29:29 Y las vestimentas santas, que son de Aarón, serán de sus hijos después de él, para ser ungidos con ellas, y para ser con ellas consagrados.
EXO 29:30 [Y] aquel hijo que es el sacerdote en su lugar las vestirá por siete días, cuando él viniere al tabernáculo de la congregación a servir en el [lugar] santo.
EXO 29:31 Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en el lugar santo.
EXO 29:32 Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que [está] en el canastillo, [a] la puerta del tabernáculo de la congregación.
EXO 29:33 Y comerán aquellas cosas con las cuales fue hecha la expiación, para consagrarlas [y] para santificarlas; pero el extranjero no [las] comerá, porque [son] santas.
EXO 29:34 Y si sobrare algo de la carne de las consagraciones y del pan hasta la mañana, quemarás al fuego lo que hubiere sobrado: no se comerá, porque [es] santo.
EXO 29:35 Así pues harás a Aarón y a sus hijos, conforme a todas las [cosas] que yo te he mandado: por siete días los consagrarás.
EXO 29:36 Y sacrificarás el becerro de la expiación en cada día por una ofrenda de expiación de los pecados; y purificarás el altar en habiendo hecho expiación por él, y lo ungirás para santificarlo.
EXO 29:37 Por siete días expiarás el altar, y lo santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare al altar, será santificada.
EXO 29:38 Ahora esto[es] lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, continuamente.
EXO 29:39 Ofrecerás el un cordero a la mañana, y el otro cordero ofrece­rás a la caída de la tarde:
EXO 29:40 Además una décima parte [de un efa] de flor de harina amasa­da con la cuarta parte de un hin de aceite molido: y la libación será la cuarta parte de un hin de vino con cada cordero.
EXO 29:41 Y ofrecerás el otro cordero a la caída de la tarde, haciendo conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su liba­ción, en olor de suavidad; será una ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
EXO 29:42 [Esto será] una ofrenda quemada continua por vuestras generaciones [a] la puerta del tabernáculo de la con­gregación delante del SEÑOR, en el cual me concertaré con vo­sotros, para hablaros allí.
EXO 29:43 Y allí testificaré de mí a los hijos de Israel, y [el tabernáculo] será santificado por mi gloria.
EXO 29:44 Y santificaré el tabernáculo de la congregación y el altar: santi­ficaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que me ministren en el oficio de sacerdote.
EXO 29:45 Y yo habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.
EXO 29:46 Y conocerán que yo [soy] el SEÑOR su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habi­tar en medio de ellos: Yo [soy] el SEÑOR su Dios.
EXO 30:1 Y HARÁS asimismo un altar para quemar el incienso de perfume: [de] madera de acacia lo harás.
EXO 30:2 Su longitud [será] de un codo, y su anchura de un codo: será cua­drado: y su altura de dos codos: y sus cuernos [serán] de lo mismo.
EXO 30:3 Y cubrirlo has de oro puro, su techado, y sus paredes en derre­dor, y sus cuernos: y le harás en derredor una corona de oro.
EXO 30:4 Le harás también dos anillos de oro debajo de su corona a sus dos esquinas en ambos lados suyos [lo] harás, para meter las varas con que será llevado.
EXO 30:5 Y harás las varas [de] madera de acacia, y los cubrirás de oro.
EXO 30:6 Y lo pondrás delante del velo que [está] junto al arca del testi­monio, delante del propiciatorio que [está] sobre el testimonio, donde yo te testificaré de mí.
EXO 30:7 Y quemará sobre él Aarón incienso aromático cada mañana: cuando aderezare las lámparas lo quemará.
EXO 30:8 Y cuando Aarón encendiere las lámparas al anochecer, quemará el incienso sobre él; incienso perpetuo delante del SEÑOR por vuestras generaciones.
EXO 30:9 No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni sacrificio quemado, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación.
EXO 30:10 Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre de la expiación para las reconciliaciones: una vez en el año hará expiación sobre él en vuestras generaciones: [es] muy santo al SEÑOR.
EXO 30:11 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 30:12 Cuando tomares el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará al SEÑOR el rescate de su alma, cuando los contares, para que no haya en ellos plaga, cuando los contares.
EXO 30:13 Esto dará cualquiera que pasare por la cuenta, medio siclo conforme al siclo del santuario; (el siclo es de veinte óbolos:) la mitad de un siclo [será] la ofrenda al SEÑOR.
EXO 30:14 Cualquiera que pasare por la cuenta, de veinte años arriba, dará la ofrenda al SEÑOR.
EXO 30:15 Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá de medio siclo, cuando dieren la ofrenda al SEÑOR para hacer expiación por vuestras almas.
EXO 30:16 Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiacio­nes, y lo darás para el servicio del tabernáculo de la congregación: y será por memoria a los hijos de Israel delante del SEÑOR, para expiar vuestras almas.
EXO 30:17 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 30:18 Harás también una fuente [de] latón, con su basa [también de] latón, para lavar; y la has de poner entre el tabernáculo de la congrega­ción y el altar; y pondrás en ella agua.
EXO 30:19 Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies:
EXO 30:20 Cuando entraren en el taber­náculo de la congregación, se han de lavar con agua, y no mori­rán: y cuando se llegaren al altar para ministrar, para encender al SEÑOR la ofrenda que se ha de consumir al fuego,
EXO 30:21 También se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Y lo ten­drán por estatuto perpetuo él y su simiente por sus generaciones.
EXO 30:22 Habló más el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 30:23 Y tomarás de las prin­cipales especias; de mirra excelen­te quinientos [siclos], y de canela aromática la mitad, [aún] dos­cientos y cincuenta [siclos], y de cálamo aromático doscientos y cincuenta [siclos],
EXO 30:24 Y de casia quinientos [siclos], al peso del santuario, y de aceite de oli­vas un hin:
EXO 30:25 Y harás de ello el aceite de la santa unción, superior ungüento, obra de perfumador, el cual será el aceite de la unción sagrada.
EXO 30:26 Con él ungirás el tabernáculo de la congregación, y el arca del testimonio,
EXO 30:27 Y la mesa, y todos sus vasos, y el candelero, y todos sus vasos, y el altar del incienso,
EXO 30:28 Y el altar de la ofrenda quemada, todos sus vasos, y la fuente y su basa.
EXO 30:29 Así los consagrarás, y serán cosas santísimas: todo lo que tocare en ellos, será santificado.
EXO 30:30 Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás, para que me ministren en el oficio del sacerdote.
EXO 30:31 Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Éste será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones.
EXO 30:32 Sobre carne de hombre no será untado, ni haréis [otro] seme­jante, conforme a su composi­ción: santo [es; y] será santo para vosotros.
EXO 30:33 Cualquiera que compusiere [ungüento] semejante, y que pusiere [algo] de él sobre extraño, será cortado de sus pueblos.
EXO 30:34 Dijo además el SEÑOR a Moisés: Tómate especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano: [estas] especias con incienso puro: cada uno de estos será de igual peso:
EXO 30:35 Y harás de ellos un perfume, una confección según la obra del perfumador, mezclada, pura [y] santa:
EXO 30:36 Y molerás [alguna] de ella pulverizándola, y la pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de la congregación, donde yo me encontraré contigo. Os será cosa santísima.
EXO 30:37 Y [como] el perfume que harás, no os haréis otra según su composición: te será cosa sagra­da para el SEÑOR.
EXO 30:38 Cualquiera que hiciere otra como ella para olerla, será corta­do de sus pueblos.
EXO 31:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 31:2 Mira, yo he llamado por su nombre a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;
EXO 31:3 Y lo he henchido del Espíritu de Dios, en sabiduría, y en enten­dimiento, y en conocimiento, y en todo artificio,
EXO 31:4 Para idear obras ingeniosas, para tra­bajar en oro, y en plata, y en latón,
EXO 31:5 Y en artificio de piedras para engastar[las], y en artificio de madera; para obrar en toda suer­te de labor.
EXO 31:6 Y, he aquí, que yo he puesto con él a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan: y he puesto sabiduría en el corazón de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado:
EXO 31:7 El tabernáculo de la congrega­ción, y el arca del testimonio, y el propiciatorio que está sobre ella, y todos los muebles del tabernáculo;
EXO 31:8 Y la mesa y sus utensilios, y el can­delero limpio y todos sus utensilios, y el altar del perfume;
EXO 31:9 Y el altar de la ofrenda quemada y todos sus vasos, y la fuente y su basa;
EXO 31:10 Y las vestiduras del servicio, y las santas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el oficio del sacerdocio;
EXO 31:11 Y el aceite de la unción, y el incienso aromático para el [lugar] santo: harán conforme a todo lo que te he mandado.
EXO 31:12 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
EXO 31:13 Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y voso­tros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo [soy] el SEÑOR que os santifico.
EXO 31:14 Así que guardaréis el sábado, porque santo [es] a vosotros: el que lo profanare, de cierto mori­rá; porque cualquiera que hiciere obra [alguna] en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos.
EXO 31:15 Seis días se hará obra, mas el día séptimo [es] sábado de reposo consagrado al SEÑOR; cual­quiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente.
EXO 31:16 Por lo tanto, guardarán el sábado los hijos de Israel: para observar el sábado por sus generaciones [por] pacto perpetuo:
EXO 31:17 Señal [es] para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque [en] seis días hizo el SEÑOR el cielo y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.
EXO 31:18 Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.
EXO 32:1 Y cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en descender del monte, allegóse entonces a Aarón, y dijéronle: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque [a] este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.
EXO 32:2 Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que [están] en las orejas de vuestras esposas, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédme[los].
EXO 32:3 Y todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que [tenían] en sus orejas, y trajéron[los] a Aarón:
EXO 32:4 El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril, e hizo de ello un becerro de fundi­ción. Y ellos dijeron: Israel, estos [son] tus dioses, que te saca­ron de la tierra de Egipto.
EXO 32:5 Y viendo [esto] Aarón, edificó un altar delante de aquel; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana [será] fiesta al SEÑOR.
EXO 32:6 Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y pre­sentaron pacíficos: y sentóse el pueblo a comer y a beber, y levantáronse a jugar.
EXO 32:7 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto [se] ha corrompido:
EXO 32:8 Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundi­ción, y lo han adorado, y han sacrificado a él, y han dicho: Israel, estos [son] tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.
EXO 32:9 Y dijo el SEÑOR a Moisés: Yo he visto a este pueblo, y he aquí, [es] un pueblo de dura cerviz:
EXO 32:10 Ahora pues, déjame sólo, para que mi furor se encienda contra ellos, y para que los consuma: y yo haré de ti una gran nación.
EXO 32:11 Y Moisés oró al SEÑOR su Dios, y dijo: SEÑOR, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder, y con mano fuer­te?
EXO 32:12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los mon­tes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo.
EXO 32:13 Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel, tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multipli­caré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y daré a vues­tra simiente toda esta tierra que he dicho, y la tomarán por heredad para siempre.
EXO 32:14 Entonces el SEÑOR se arre­pintió del mal que pensó que había de hacer a su pueblo.
EXO 32:15 Y volvióse Moisés, y descendió del monte y las dos tablas del testimonio [estaban] en su mano: las tablas [estaban] escritas por ambos lados; de una parte y de otra [estaban] escritas.
EXO 32:16 Y las tablas [eran] obra de Dios, y la escritura [era] escritura de Dios grabada sobre las tablas.
EXO 32:17 Y oyendo Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea [hay] en el campamento.
EXO 32:18 Y él dijo: No es la voz de alarido de vencedores, ni la voz de alarido de vencidos: [sino] alarido de cantar oigo yo.
EXO 32:19 Y aconteció, que como llegó él cerca al campamento, y vio el becerro y las danzas, enardeciósele la ira a Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte.
EXO 32:20 Y tomó el becerro que habían hecho, y quemó[lo] en el fuego, y molió[lo] hasta reducir[lo] a polvo, que esparció sobre las aguas, y dió[lo] a beber a los hijos de Israel.
EXO 32:21 Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?
EXO 32:22 Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces el pueblo, que [es] inclinado a mal.
EXO 32:23 Porque me dijeron: Haznos dioses, los cuales irán delante de nosotros, [porque] este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.
EXO 32:24 Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartad[lo]. Y diéron­me[lo], y echélo en el fuego, y salió este becerro.
EXO 32:25 Y viendo Moisés que el pue­blo [estaba] desnudo, (porque Aarón lo había despojado para vergüenza entre sus enemigos,)
EXO 32:26 Púsose entonces Moisés de pie a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién [está] en el lado del SEÑOR? [júntese] conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví.
EXO 32:27 Y él les dijo: Así dice el SEÑOR Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta a puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su vecino.
EXO 32:28 Y los hijos de Leví lo hicieron conforme a la palabra de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.
EXO 32:29 Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado al SEÑOR, porque cada uno se ha consagra­do en su hijo, y en su hermano, para que él dé hoy bendición sobre vosotros.
EXO 32:30 Y aconteció que el día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado: mas yo subiré ahora al SEÑOR; quizá haré una expiación para vuestro pecado.
EXO 32:31 Y volvió Moisés al SEÑOR, y dijo: Oh, este pueblo ha cometido un gran pecado porque se hicieron dioses de oro.
EXO 32:32 Ahora pues, si perdonares su pecado, y si no, ráeme, te ruego, de tu libro que has escrito.
EXO 32:33 Y el SEÑOR respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.
EXO 32:34 Ve pues ahora, lleva a este pueblo al[lugar] del que te he dicho: he aquí mi Ángel irá delante de ti; que en el día de mi visitación yo visitaré en ellos su pecado.
EXO 32:35 Y el SEÑOR castigó al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.
EXO 33:1 Y EL SEÑOR dijo a Moisés: Ve, [y] sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré:
EXO 33:2 Y yo enviaré delante de ti un ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, y al heteo, y al ferezeo, y al heveo y al jebuseo:
EXO 33:3 A la tierra que fluye leche y miel; porque yo no subiré en medio de ti, porque [eres] pueblo de dura cerviz, para que no te con­suma en el camino.
EXO 33:4 Y cuando el pueblo oyó estas noticias malas, vistieron luto, y nin­guno se puso sus atavíos:
EXO 33:5 Pues el SEÑOR dijo a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros [sois] pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer.
EXO 33:6 Y los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.
EXO 33:7 Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, lejos del campo, y llamólo el tabernáculo de la congregación. Y sucedió, [que] cualquiera que buscaba al SEÑOR, salía al tabernácu­lo de la congregación, que [estaba] fuera del campo.
EXO 33:8 Y acontecía, cuando salía Moisés al tabernáculo, [que] todo el pueblo se levantaba, y estaba cada cual en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.
EXO 33:9 Y aconteció que, como entró Moisés en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y poníase de pie [a] la puerta del tabernáculo, y [el SEÑOR] hablaba con Moisés.
EXO 33:10 Y viendo todo el pueblo la columna de la nube, que estaba [a] la puerta del tabernáculo, todo el pueblo se levantaba y adoraba, cada uno [a] la puerta de su tienda.
EXO 33:11 Y hablaba el SEÑOR a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y volvíase al campo; mas el joven Josué, su siervo, hijo de Nun, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.
EXO 33:12 Y dijo Moisés al SEÑOR: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo: y tú no me has declarado a quién has de enviar conmigo: sin embargo, tú dices: Yo te conozco por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.
EXO 33:13 Ahora, pues, te ruego, si he hallado gracia en tus ojos, muéstrame ahora tu camino, para que yo te conozca, para que halle gracia en tus ojos: y consideres que esta nación [es] tu pueblo.
EXO 33:14 Y él dijo: Mi presencia irá [conti­go], y te haré descansar.
EXO 33:15 Y él le respondió: Si tu presencia no ha de ir [conmigo], no nos saques de aquí.
EXO 33:16 ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos? ¿No [es] que irás tú con nosotros? Así estaremos separados, yo y tu pueblo, de todos los pueblos que [están] sobre la faz de la tierra.
EXO 33:17 Y el SEÑOR dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te conozco por tu nombre.
EXO 33:18 Y él dijo: Ruégote que me muestres tu gloria.
EXO 33:19 Y él dijo: Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del SEÑOR delante de ti; y seré clemente para con el que seré clemente, y tendré misericordia del que tendré misericordia.
EXO 33:20 Y él dijo: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá.
EXO 33:21 Y el SEÑOR dijo: He aquí [hay] un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la roca:
EXO 33:22 Y acontecerá que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la roca, y te cubriré con mi mano mientras yo pase:
EXO 33:23 Y apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.
EXO 34:1 Y EL SEÑOR dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre [estas] tablas las palabras que estaban en las tablas primeras, que quebraste.
EXO 34:2 Apercíbete, pues, para mañana, y sube por la mañana al monte de Sinaí, y preséntate a mí sobre la cum­bre del monte.
EXO 34:3 Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.
EXO 34:4 Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y levantóse muy de mañana, y subió al monte de Sinaí, como le mandó el SEÑOR, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.
EXO 34:5 Y el SEÑOR descendió en la nube, y estuvo allí con él, y proclamó el nombre del SEÑOR.
EXO 34:6 Y el SEÑOR pasó por delante de él, y proclamó: El SEÑOR, El SEÑOR Dios, misericordioso y piadoso, tardo para la ira, y abundante en bondad y verdad;
EXO 34:7 Que guarda la misericordia en millares, perdonando la iniquidad y la transgresión y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniqui­dad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre la tercera, y la cuarta [gene­ración].
EXO 34:8 Entonces Moisés, apresurándo­se, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró;
EXO 34:9 Y dijo: Si ahora, oh Señor, he hallado gracia en tus ojos, te ruego, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque éste [es] pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.
EXO 34:10 Y él dijo: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pue­blo: haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna; y verá todo el pueblo en medio del cual [estás] tú, la obra del SEÑOR; porque ha de [ser] cosa terrible la que yo haré contigo.
EXO 34:11 Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo, y al cananeo, y al heteo, y al ferezeo, y al heveo, y al jebuseo.
EXO 34:12 Guárdate que no hagas pacto con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no sean por tropezadero en medio de ti:
EXO 34:13 Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques:
EXO 34:14 Porque no te has de inclinar a ningún dios ajeno; porque el SEÑOR, cuyo nombre [es] Celoso, [es] un Dios celoso.
EXO 34:15 Por tanto no harás pacto con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y sacrificarán a sus dio­ses, y te llamarán, y comerás de sus sacrificios;
EXO 34:16 O tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán tam­bién fornicar a tus hijos en pos de los dioses de ellas.
EXO 34:17 No harás dioses de fundición para ti.
EXO 34:18 La fiesta de los panes sin levadura guar­darás. Siete días comerás por leu­dar, según te he mandado, en el tiempo del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.
EXO 34:19 Todo lo que abre la matriz, mío [es]; y de tu ganado todo primerizo, de vaca o de oveja, [que fuere macho].
EXO 34:20 Pero redimirás con corde­ro el primerizo del asno; y si no [lo] redimieres, le has de cortar la cabeza. Redimirás todo primogé­nito de tus hijos, y no serán vis­tos vacíos delante de mí.
EXO 34:21 Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás: descansarás aun en la arada y en la siega.
EXO 34:22 Y te harás la fiesta de las semanas a los principios de la siega del trigo: y la fiesta de la cosecha a la vuelta del año.
EXO 34:23 Tres veces en el año será visto todo varón tuyo delante del Señor DIOS, el Dios de Israel.
EXO 34:24 Porque yo arrojaré las naciones de tu presencia, y ensancharé tus términos: y ninguno codiciará tu tierra, cuando tú subieres para ser visto delante del SEÑOR tu Dios tres veces en el año.
EXO 34:25 No ofrecerás con leudo la san­gre de mi sacrificio; ni quedará de la noche para la mañana el sacrificio de la fiesta de la pas­cua.
EXO 34:26 La primicia de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa del SEÑOR tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
EXO 34:27 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho el pacto contigo y con Israel.
EXO 34:28 Y él estuvo allí con el SEÑOR cuarenta días y cuarenta noches: no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.
EXO 34:29 Y aconteció, cuando descendía Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, no sabía él que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo con él hablado.
EXO 34:30 Y cuando miró Aarón y todos los hijos de Israel a Moisés, he aquí la piel de su rostro era res­plandeciente; y tuvieron miedo de llegarse a él.
EXO 34:31 Y llamólos Moisés; y Aarón y todos los príncipes de la congre­gación volvieron a él, y Moisés les habló.
EXO 34:32 Y después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales les dio en mandamiento todo lo que el SEÑOR le había dicho en el monte de Sinaí.
EXO 34:33 Y [cuando] hubo acabado Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.
EXO 34:34 Pero cuando venía Moisés delan­te del SEÑOR para hablar con él, quitábase el velo hasta que salía. Y saliendo, hablaba con los hijos de Israel [lo] que le era mandado;
EXO 34:35 Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés, que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con él.
EXO 35:1 Y MOISÉS juntó toda la congregación de los hijos de Israel, y díjoles: Éstas [son] las palabras que el SEÑOR ha mandado que hagáis.
EXO 35:2 Seis días se hará obra, mas el día séptimo os será un día santo, sábado de reposo al SEÑOR: cualquiera que en él hiciere obra, morirá.
EXO 35:3 No encenderéis fuego en todas vuestras moradas en el día del sábado.
EXO 35:4 Y habló Moisés a toda la con­gregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto [es] lo que el SEÑOR ha mandado, diciendo:
EXO 35:5 Tomad de entre vosotros ofrenda para el SEÑOR: todo aquel que [sea] de corazón dispuesto, traiga ofrenda al SEÑOR: oro, plata, latón;
EXO 35:6 Y azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino, y [pelo] de cabras;
EXO 35:7 Y cueros de carneros teñidos de rojo, y cueros de tejones, y madera de acacia;
EXO 35:8 Y aceite para la luminaria, y especias para el acei­te de la unción, y para el incienso aromático;
EXO 35:9 Y piedras de ónix, y demás pedrería, para el efod, y para la coraza.
EXO 35:10 Y todo sabio de corazón de entre vosotros, vendrá y hará todo lo que el SEÑOR ha mandado:
EXO 35:11 El tabernáculo, su tienda, y su cubierta, y sus anillos, y sus tablas, sus barras, sus columnas, y sus basas;
EXO 35:12 El arca, y sus varas, el propiciatorio, y el velo de la tienda;
EXO 35:13 La mesa, y sus varas, y todos sus vasos, y el pan de la proposi­ción.
EXO 35:14 El candelero de la luminaria, y sus vasos, y sus lámparas, y el aceite para la luminaria;
EXO 35:15 Y el altar del incienso, y sus varas, y el aceite de la unción, y el incienso aromático, y el pabe­llón de la puerta, para la entrada del tabernáculo;
EXO 35:16 El altar de la ofrenda quemada, y su enrejado de latón, y sus varas, y todos sus vasos, y la fuente con su basa;
EXO 35:17 Las cortinas del patio, sus columnas, y sus basas, y el pabe­llón de la puerta del patio;
EXO 35:18 Las estacas del tabernáculo, y las estacas del patio, y sus cuer­das;
EXO 35:19 Las vestiduras del servicio para ministrar en el [lugar] santo, las sagradas vestiduras de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para servir en el sacerdocio.
EXO 35:20 Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés.
EXO 35:21 Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, [y] trajeron ofrenda al SEÑOR para la obra del tabernáculo de la congregación, y para toda su fábrica, y para las sagradas vesti­duras.
EXO 35:22 Y vinieron, ambos hombres y mujeres, todo dispuesto de corazón, [y] trajeron brazaletes, y zarcillos, y anillos, y lingotes, todas joyas de oro; y cualquiera ofrecía ofrenda de oro al SEÑOR.
EXO 35:23 Y todo hombre que se hallaba con azul, o púrpura, o escarlata, o lino fino, o [pelo] de cabras, o cueros teñidos rojos de carneros, o cue­ros de tejones, [lo] traía.
EXO 35:24 Cada uno que ofrecía ofren­da de plata o de latón, traía al SEÑOR la ofrenda: y todo el que se hallaba con madera de acacia, traía[la] para toda la obra del servi­cio.
EXO 35:25 Y todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul, y púrpura, [y] escarlata, y lino fino.
EXO 35:26 Y todas las mujeres cuyo corazón las levantó en sabiduría, hilaron [pelos] de cabras.
EXO 35:27 Y los príncipes trajeron pie­dras de ónix, y las piedras de los engastes para el efod y la coraza;
EXO 35:28 Y la especia y acei­te, para la luminaria, y para el aceite de la unción, y para el incienso aromático.
EXO 35:29 Los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón dispuesto para traer para toda la obra, que el SEÑOR había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria al SEÑOR.
EXO 35:30 Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, el SEÑOR ha nombrado a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;
EXO 35:31 Y lo ha henchido del Espíritu de Dios, en sabiduría, en entendi­miento, y en conocimiento, y en todo artificio,
EXO 35:32 Para idear obras curiosas, para trabajar en oro, y en plata, y en latón,
EXO 35:33 Y en obra de pedrería para engastar, y en obra de madera, para trabajar en toda obra ingeniosa.
EXO 35:34 Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan:
EXO 35:35 Los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra, del grabador, y del obrero ingenioso, y del bordador, en azul, y en púrpura, y en escarlata, y en lino fino, y del tejedor; para que hagan toda labor, e inventen obra ingeniosa.
EXO 36:1 HIZO, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón, a quien el SEÑOR dio sabiduría y entendimiento para que supiesen hacer toda la obra del servicio del santuario, todas las cosas que había mandado el SEÑOR.
EXO 36:2 Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab, y a todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había dado el SEÑOR sabiduría, y a todo hombre a quien su corazón le movió a llegarse a la obra, para trabajar en ella;
EXO 36:3 Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos le traían aún ofrenda voluntaria cada mañana.
EXO 36:4 Vinieron, por tanto, todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía,
EXO 36:5 Y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que es menester para la atención de hacer la obra que el SEÑOR ha mandado que se haga.
EXO 36:6 Entonces Moisés mandó proclamar por el campo, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más obra para ofrecer para el santuario. Y así fue el pueblo impedido de ofrecer;
EXO 36:7 Pues tenía material abundante para hacer toda la obra, y sobra­ba.
EXO 36:8 Y todos los sabios de corazón entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas, de lino torcido, y de azul, y de púrpura y escarlata; las cuales hicieron de obra ingeniosa, con querubines.
EXO 36:9 La longitud de la una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos: todas las cortinas tenían una misma medida.
EXO 36:10 Y juntó las cinco cortinas la una con la otra: asimismo unió las otras cinco cortinas la una con la otra.
EXO 36:11 E hizo las lazadas de color de azul en la orilla de la una cor­tina, en el borde, a la juntura; y así hizo en la orilla al borde de la segunda cortina, en la juntura.
EXO 36:12 Cincuenta lazadas hizo en la una cortina, y otras cincuenta en la segunda cortina, en el borde, en la juntura; las unas lazadas enfrente de las otras.
EXO 36:13 Hizo también cincuenta cor­chetes de oro, con los cuales juntó las cortinas, la una con la otra; e hízose un tabernáculo.
EXO 36:14 Hizo asimismo cortinas de [pelo] de cabras para la tienda sobre el tabernáculo, e hízolas [en número] de once.
EXO 36:15 La longitud de la una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos: las once corti­nas tenían una misma medida.
EXO 36:16 Y juntó las cinco cortinas de por sí, y las seis cortinas aparte.
EXO 36:17 Hizo además cincuenta laza­das en la orilla de la postrera cor­tina en la juntura, y otras cin­cuenta lazadas en la orilla de la otra cortina en la juntura.
EXO 36:18 Hizo también cincuenta cor­chetes de latón para juntar la tienda, de modo que fuese una.
EXO 36:19 E hizo una cubierta para la tienda de cueros rojos de carne­ros, y una cubierta encima de cueros de tejones.
EXO 36:20 Además hizo las tablas para el tabernáculo de madera de acacia, para estar derechas.
EXO 36:21 La longitud de cada tabla de diez codos, y de codo y medio la anchura.
EXO 36:22 Cada tabla tenía dos quicios enclavijados el uno delante del otro: así hizo todas las tablas del tabernáculo.
EXO 36:23 Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo: veinte tablas al lado del sur, al austro.
EXO 36:24 Hizo también las cuarenta basas de plata debajo de las vein­te tablas: dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios.
EXO 36:25 Y para el otro lado del tabernáculo, a la parte del norte, hizo veinte tablas,
EXO 36:26 Con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.
EXO 36:27 Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas.
EXO 36:28 Para las esquinas del taberná­culo en los dos lados hizo dos tablas,
EXO 36:29 Las cuales se juntaban por abajo, y asimismo por arriba a un anillo: y así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas.
EXO 36:30 Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla.
EXO 36:31 Hizo también las barras de madera de acacia; cinco para las tablas de un lado del tabernáculo,
EXO 36:32 Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo a la parte occidental.
EXO 36:33 E hizo que la barra del medio pasase por medio de las tablas del un cabo al otro.
EXO 36:34 Y cubrió las tablas de oro, e hizo de oro los anillos de ellas por donde pasasen las barras: cubrió también de oro las barras.
EXO 36:35 Hizo asimismo el velo de azul, y púrpura, y escarlata, y lino torcido, el cual hizo con que­rubines de obra ingeniosa.
EXO 36:36 Y para él hizo cuatro colum­nas de madera de acacia; y cubriólas de oro, los capiteles de las cuales eran de oro; e hizo para ellas cuatro basas de plata de fundición.
EXO 36:37 Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de azul, y púrpura, y escarlata, y lino torcido, obra de recamador;
EXO 36:38 Y sus cinco columnas con sus capiteles: y cubrió las cabezas de ellas y sus molduras de oro: pero sus cinco basas las hizo de latón.
EXO 37:1 E HIZO Bezaleel el arca [de] madera de acacia: su longitud [era] de dos codos y medio, y de codo y medio su anchura, y su altura de otro codo y medio:
EXO 37:2 Y cubrióla de oro puro por de dentro y por de fuera, e hízole una cornisa de oro en derredor.
EXO 37:3 Hízole además de fundición cuatro anillos de oro [para ser puestos] a sus cuatro esquinas; en el un lado dos ani­llos y en el otro lado dos anillos.
EXO 37:4 E hizo las varas [de] madera de acacia, y cubriólas de oro.
EXO 37:5 Y metió las varas por los ani­llos a los lados del arca, para lle­var el arca.
EXO 37:6 E hizo el propiciatorio [de] oro puro: su longitud [era] de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.
EXO 37:7 E hizo los dos querubi­nes [de] oro, hízolos labrados a martillo, a los dos cabos del propiciatorio:
EXO 37:8 El un querubín de esta parte al un cabo, y el otro querubín de la [otra] parte al otro cabo del propiciatorio: hizo los querubines a sus dos cabos.
EXO 37:9 Y los querubines extendían [sus] alas por encima, [y] cubrían con sus alas el propiciatorio: y sus rostros el uno enfrente del otro, hacia el propiciatorio los rostros de los queru­bines.
EXO 37:10 E hizo la mesa [de] madera de acacia; su longitud [era] de dos codos, y su anchura de un codo, y de codo y medio su altu­ra;
EXO 37:11 Y cubrióla de oro puro, e hízole una cornisa de oro en derredor.
EXO 37:12 Hízole también una moldura alrededor, del ancho de una mano, a la cual moldura hizo la cornisa de oro alrededor.
EXO 37:13 Hízole asimismo de fundición cuatro anillos de oro, y púsolos a las cuatro esquinas que [corres­pondían] a los cuatro pies de ella.
EXO 37:14 Delante de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metiesen las varas para llevar la mesa.
EXO 37:15 E hizo las varas [de] madera de acacia para llevar la mesa, y cubriólas de oro.
EXO 37:16 E hizo los vasos que [habían de estar] sobre la mesa, sus platos, y sus cucharas, y sus cubiertos y sus tazones con que se había de libar, [de] oro fino.
EXO 37:17 E hizo el candelero [de] oro puro, e hízolo labrado a martillo: su pie y su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo.
EXO 37:18 De sus lados salían seis bra­zos; tres brazos de un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero:
EXO 37:19 En un brazo, tres copas figura de almendras, una manzana y una flor; y en el otro brazo tres copas figura de almendras, una manzana y una flor: y así en los seis brazos que salían del cande­lero.
EXO 37:20 Y en el candelero [había] cuatro copas figura de almendras, sus manzanas y sus flores:
EXO 37:21 Y un botón debajo de los dos brazos de lo mismo, y otro botón debajo de los [otros] dos brazos de lo mismo, y otro botón debajo de los [otros] dos brazos de lo mismo, conforme a los seis brazos que salían de él.
EXO 37:22 Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo [era] una pieza labrada a martillo, [de] oro puro.
EXO 37:23 E hizo sus siete lámparas, y sus despabiladeras, y sus platillos, [de] oro puro;
EXO 37:24 [De] un talento de oro puro lo hizo, con todos sus vasos.
EXO 37:25 Hizo también el altar del incienso [de] madera de acacia: un codo [era] su longitud, y otro codo su anchura, [era] cuadrado; y su altu­ra [era] de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza.
EXO 37:26 Y cubriólo de oro puro, su mesa y sus paredes alrededor, y sus cuernos: e hízole una corona de oro alrededor.
EXO 37:27 Hízole también dos anillos de oro debajo de la corona en las dos esquinas a los dos lados, para pasar por ellos las varas con que había de ser conducido.
EXO 37:28 E hizo las varas [de] madera de acacia, y cubriólas de oro.
EXO 37:29 Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el incienso puro de especias, de obra de perfuma­dor.
EXO 38:1 E HIZO el altar del holocausto [de] madera de acacia: su longitud [era] de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, [era] cuadrado, y de tres codos de altura.
EXO 38:2 E hízole sus cuernos a sus cua­tro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y cubriólo de latón.
EXO 38:3 E hizo todos los vasos del altar: calderas, y tenazas, y tazones, [y] garfios, y palas: todos sus vasos hizo [de] latón.
EXO 38:4 E hizo para el altar el enrejado de latón, de hechura de red, [que puso] en su cerco por debajo hasta el medio del altar.
EXO 38:5 Hizo también cuatro anillos de fundición a los cuatro cabos del enrejado de latón, [para meter] las varas.
EXO 38:6 E hizo las varas [de] madera de acacia, y cubriólas de latón.
EXO 38:7 Y metió las varas por los ani­llos a los lados del altar, para lle­varlo con ellas: hueco lo hizo, de tablas.
EXO 38:8 E hizo la fuente de latón, con su basa [de] latón, de los espejos de [las] que se congregaban [a] la puerta del tabernáculo de la congregación.
EXO 38:9 E hizo el patio; del lado del austro, hacia el sur, las cortinas del patio [eran] de cien codos, [de] lino fino torcido:
EXO 38:10 Sus columnas [eran] veinte, con sus veinte basas de latón: los capi­teles de las columnas y sus mol­duras [eran de] plata.
EXO 38:11 Y para la parte del norte [las cortinas eran] de cien codos: sus columnas [eran] veinte, y sus veinte basas de latón; los capiteles de las columnas y sus molduras, [de] plata.
EXO 38:12 Y para la parte del occidente corti­nas de cincuenta codos: sus columnas diez, y sus diez basas; los capiteles de las columnas y sus molduras, [de] plata.
EXO 38:13 Y a la parte oriental, al oriente, cortinas de cincuenta codos:
EXO 38:14 Las cortinas de un lado [de la puerta eran] quince codos; sus columnas tres, y sus basas tres.
EXO 38:15 Y al otro lado, de la una parte y de la otra de la puerta del patio, cortinas de quince codos, sus tres columnas, y sus tres basas.
EXO 38:16 Todas las cortinas del patio alrededor [eran] de lino torcido.
EXO 38:17 Y las basas de las columnas [eran] de latón; los capiteles de las columnas y sus molduras, [de] plata; asimismo las cubiertas de las cabezas de ellas, [de] plata: y todas las columnas del patio [tenían] molduras de plata.
EXO 38:18 Y el pabellón de la puerta del patio [fue] de obra de recamado, [de] azul, y púrpura, y escarlata, y lino torcido: la longitud de vein­te codos, y la altura en el ancho de cinco codos, conforme a las cortinas del patio.
EXO 38:19 Y sus columnas [fueron] cuatro con sus cuatro basas [de] latón: y sus capiteles [de] plata; y las cubiertas de los capiteles de ellas y sus molduras, [de] plata.
EXO 38:20 Y todas las estacas del taber­náculo y del patio alrededor [fue­ron de] latón.
EXO 38:21 Éstas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, como fue contado, conforme al orden de Moisés por mano de Itamar, hijo de Aarón sacerdote, [para] el servicio de los levitas.
EXO 38:22 Y Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que el SEÑOR mandó a Moisés.
EXO 38:23 Y con él [estaba] Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artífice, y diseñador, y recama­dor en azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino.
EXO 38:24 Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del [lugar] santo, el cual fue oro de ofrenda, fue veintinueve talentos, y sete­cientos y treinta siclos, según el siclo del santuario.
EXO 38:25 Y la plata de los contados de la congregación fue cien talentos, y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario:
EXO 38:26 Un becá por cabeza, [o sea], medio siclo según el siclo del santuario, para cada uno que fue para ser contado, de edad de veinte años y arriba, para seiscientos tres mil quinientos cincuenta.
EXO 38:27 Y de los cien talentos de plata fueron hechas de fundición las basas del santuario y las basas del velo: en cien basas cien talen­tos, a talento por basa.
EXO 38:28 Y de los mil setecientos seten­ta y cinco [siclos] hizo los capite­les de las columnas, y cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó.
EXO 38:29 Y el latón de la ofrenda fue setenta talentos, y dos mil cuatro­cientos siclos;
EXO 38:30 Del cual hizo las basas de la puerta del tabernáculo de la con­gregación, y el altar de latón, y su enrejado de latón, y todos los vasos del altar.
EXO 38:31 Y las basas del patio alrededor, y las basas de la puerta del patio, y todas las estacas del tabernácu­lo, y todas las estacas del patio alrededor.
EXO 39:1 Y DEL azul, y púrpura, y escarlata, hicieron las vestimentas del ministerio para ministrar en el [lugar] santo, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarón; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
EXO 39:2 Hizo también el efod [de] oro, de azul y púrpura y escarlata, y lino fino torcido.
EXO 39:3 Y extendieron las planchas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, y entre la púrpu­ra, y entre la escarlata, y entre el lino, [con] obra ingeniosa.
EXO 39:4 Hiciéronle las hombreras que se juntasen; y uníanse en sus dos lados.
EXO 39:5 Y el cinto del efod que [estaba] sobre él, [era] de lo mismo, conforme a su obra; [de] oro, azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino tor­cido; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
EXO 39:6 Y labraron las piedras de ónix cercadas de engastes de oro, grabadas de grabadura de sello con los nombres de los hijos de Israel:
EXO 39:7 Y púsolas sobre las hombreras del efod, [para que pudieran ser] piedras de memo­ria a los hijos de Israel; como el SEÑOR lo había a Moisés man­dado.
EXO 39:8 E hizo la coraza [de] obra ingeniosa, como la obra del efod, [de] oro, azul, y púrpura, y escarlata, y lino fino torcido.
EXO 39:9 Era cuadrado: doblado hicieron la coraza: su longitud [era] de un palmo, y de un palmo su anchu­ra, doblado.
EXO 39:10 Y engastaron en él cuatro órdenes de piedras. [El primer] orden [era] un sardio, un topacio, y un carbunclo: este [era] el primer orden.
EXO 39:11 El segundo orden, una esme­ralda, un zafiro, y un diamante.
EXO 39:12 El tercer orden, un ligurio, una ágata, y una amatista.
EXO 39:13 Y el cuarto orden, un berilo, un ónix, y un jaspe: [fueron] cercadas y encajadas en sus engastes de oro.
EXO 39:14 Las cuales piedras [eran] conforme a los nombres de los hijos de Israel, doce según los nom­bres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre según las doce tribus.
EXO 39:15 Hicieron también sobre la coraza las cadenas pequeñas [de] hechura de trenza, [de] oro puro.
EXO 39:16 Hicieron asimismo los dos engastes y los dos anillos, [de] oro; los cuales dos anillos de oro pusieron en los dos cabos de la coraza.
EXO 39:17 Y pusieron las dos cadenas trenzadas de oro en aquellos dos anillos a los cabos de la coraza.
EXO 39:18 Y fijaron los dos cabos de las dos cadenas trenzadas en los dos engastes, que pusieron sobre las hombre­ras del efod, en la parte delan­tera de él.
EXO 39:19 E hicieron dos anillos de oro, que pusieron en los dos cabos de la coraza en su orilla, a la parte baja del efod.
EXO 39:20 E hicieron [otros] dos anillos de oro, los cuales pusieron en las dos hombreras del efod, abajo en la parte delantera, delante de su [otra] juntura, sobre el cinto del efod.
EXO 39:21 Y ataron la coraza de sus anillos a los anillos del efod con un cordón de azul, para que estuviese sobre el cinto del mismo efod, y no se apartase la coraza del efod; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
EXO 39:22 E hizo el manto del efod [de] obra de tejedor, todo [de] azul,
EXO 39:23 Y [había] una abertura en medio del manto, como el cuello de un coselete, [con] un borde en derredor de la abertura, para que no se rompiese.
EXO 39:24 E hicieron en las orillas del manto las granadas [de] azul, y púrpura, y escarlata, [y lino] torci­do.
EXO 39:25 Hicieron también las campa­nillas [de] oro puro, las cuales campanillas pusieron entre las granadas por las orillas del manto alrededor entre las grana­das:
EXO 39:26 Una campanilla y una grana­da, una campanilla y una grana­da alrededor, en las orillas del manto, para ministrar; como el SEÑOR lo mandó a Moisés.
EXO 39:27 E hicieron las túni­cas [de] lino fino [de] obra de teje­dor, para Aarón y para sus hijos;
EXO 39:28 Asimismo la mitra [de] lino fino, y los adornos de las tiaras [de] lino fino, y los pañetes de lino, [de] lino fino torcido;
EXO 39:29 También el cinto [de] lino torci­do, y [de] azul, y púrpura, y escarlata, [de] obra de recamador; como el SEÑOR lo mandó a Moisés.
EXO 39:30 Hicieron asimismo la plancha de la corona santa [de] oro puro, y escribieron en ella un escrito, [como] grabadura de sello, SANTIDAD AL SEÑOR.
EXO 39:31 Y pusieron en ella un cordón de azul, para colocar[la] en alto sobre la mitra; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
EXO 39:32 Así fue acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo de la congregación: e hicieron los hijos de Israel como el SEÑOR lo había mandado a Moisés: así lo hicieron.
EXO 39:33 Y trajeron el tabernáculo a Moisés, el tabernáculo y todos sus vasos; sus corchetes, sus tablas, sus barras, y sus colum­nas, y sus basas;
EXO 39:34 Y la cubierta de pieles rojas de carneros, y la cubierta de pieles de tejones, y el velo del pabellón;
EXO 39:35 El arca del testimonio, y sus varas, y el propiciatorio;
EXO 39:36 La mesa, todos sus vasos, y el pan de la proposición;
EXO 39:37 El candelero limpio, [con] sus lámparas, [aún] las lámparas que debían mantenerse en orden, y todos sus vasos, y el aceite para la lumina­ria;
EXO 39:38 Y el altar de oro, y el aceite de la unción, y el incienso aromáti­co, y el pabellón para la puerta del tabernáculo;
EXO 39:39 El altar de latón, y su enrejado de latón, sus varas, y todos sus vasos; y la fuente, y su basa;
EXO 39:40 Las cortinas del patio, y sus columnas, y sus basas, y el pabe­llón para la puerta del patio, y sus cuerdas, y sus estacas, y todos los vasos del servicio del taber­náculo, del tabernáculo de la congregación;
EXO 39:41 Las vestimentas del servicio para ministrar en el [lugar] santo, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio.
EXO 39:42 Conforme a todas las cosas que el SEÑOR había man­dado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra.
EXO 39:43 Y miró Moisés toda la obra, y he aquí, la habían hecho como el SEÑOR había mandado, aun así la habían hecho; y Moisés los bendijo.
EXO 40:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
EXO 40:2 En el primer día del mes pri­mero harás levantar el tabernácu­lo, el tabernáculo de la congrega­ción:
EXO 40:3 Y pondrás en él el arca del testimonio, y cubrirás el arca con el velo:
EXO 40:4 Y meterás la mesa, y la pondrás en orden: meterás también el candelero, y encenderás sus lám­paras:
EXO 40:5 Y pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del tes­timonio, y pondrás el pabellón delante de la puerta del taberná­culo.
EXO 40:6 Después pondrás el altar de la ofrenda quemada delante de la puerta del tabernáculo, del tabernáculo de la congregación.
EXO 40:7 Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo de la congrega­ción y el altar; y pondrás agua en ella.
EXO 40:8 Y pondrás el patio en derredor, y el pabellón de la puerta del patio.
EXO 40:9 Y tomarás el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que [está] en él; y le san­tificarás con todos sus vasos, y será santo.
EXO 40:10 Ungirás también el altar de la ofrenda quemada y todos sus vasos: y santificarás el altar, y será un altar santísimo.
EXO 40:11 Asimismo ungirás la fuente y su basa, y la santificarás.
EXO 40:12 Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de la congregación, y los lavarás con agua.
EXO 40:13 Y harás vestir a Aarón las ves­tiduras sagradas, y lo ungirás, y lo consagrarás, para que me ministre en el oficio de sacerdote.
EXO 40:14 Después harás llegar sus hijos, y les vestirás con túnicas:
EXO 40:15 Y los ungirás como ungiste a su padre, para que me ministren en el oficio de sacerdote: y será que su unción les servirá por sacerdocio perpetuo por sus generaciones.
EXO 40:16 Así hizo Moisés conforme a todo lo que el SEÑOR le mandó; así lo hizo.
EXO 40:17 Y aconteció en el primer día del segundo año, en el primer [día] del mes, [que] el tabernáculo fue erigido.
EXO 40:18 Y Moisés erigió el tabernáculo, y asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas.
EXO 40:19 Y extendió la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecu­bierta encima del mismo; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:20 Y tomó y puso el testimonio dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca:
EXO 40:21 Y metió el arca en el taberná­culo, y puso el velo de la cobertura, y cubrió el arca del testimonio; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:22 Y puso la mesa en el taberná­culo de la congregación, al lado del pabellón al norte, fuera del velo:
EXO 40:23 Y sobre ella puso por orden los panes delante del SEÑOR, como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:24 Y puso el candelero en el tabernáculo de la congregación, enfrente de la mesa, al lado del pabellón al sur.
EXO 40:25 Y encendió las lámparas delante del SEÑOR; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:26 Puso también el altar de oro en el tabernáculo de la congrega­ción, delante del velo:
EXO 40:27 Y encendió sobre él el incienso aromático; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:28 Puso asimismo la cortina [a] la puerta del tabernáculo.
EXO 40:29 Y colocó el altar de la ofrenda quemada [a] la puerta del tabernáculo, tabernáculo de la congrega­ción; y ofreció sobre él la ofrenda quemada y presente; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:30 Y puso la fuente entre la tienda de la congregación y el altar; y puso en ella agua para lavar[se].
EXO 40:31 Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.
EXO 40:32 Cuando entraban en el taber­náculo de la congregación, y cuando se llegaban al altar, se lavaban; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
EXO 40:33 Y erigió el patio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina de la puer­ta del patio. Y así acabó Moisés la obra.
EXO 40:34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de la congregación, y la gloria del SEÑOR hinchió el tabernáculo.
EXO 40:35 Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de la congrega­ción, porque la nube estaba sobre él, y la gloria del SEÑOR lo tenía lleno.
EXO 40:36 Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jor­nadas:
EXO 40:37 Pero si la nube no se alzaba, no se partían hasta el día en que ella se alzaba.
EXO 40:38 Porque la nube del SEÑOR estaba de día sobre el tabernácu­lo, y el fuego estaba de noche en él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.
LEV 1:1 Y LLAMÓ el SEÑOR a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de la congregación, diciendo:
LEV 1:2 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando alguno de entre vosotros ofreciere ofrenda al SEÑOR, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda.
LEV 1:3 Si su ofrenda [fuere] una ofrenda quemada de vacas, macho sin tacha lo ofrecerá: de su voluntad lo ofre­cerá a la puerta del tabernáculo de la congregación delante del SEÑOR.
LEV 1:4 Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda quemada; y él lo aceptará para expiarle.
LEV 1:5 Entonces degollará el becerro en la presencia del SEÑOR; y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofre­cerán la sangre, y rociarán la sangre alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del taberná­culo de la congregación.
LEV 1:6 Y desollará la ofrenda quemada, y lo dividirá en sus piezas.
LEV 1:7 Y los hijos de Aarón sacerdote pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego.
LEV 1:8 Luego los sacerdotes, hijos de Aarón, acomodarán las piezas, la cabeza y el redaño, sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar:
LEV 1:9 Y lavará con agua sus intesti­nos y sus piernas: y el sacerdote hará arder todo sobre el altar: ofrenda quemada [es], ofrenda hecha por fuego, de olor suave al SEÑOR.
LEV 1:10 Y si su ofrenda para sacrificio quemado fuere de ovejas, de los corde­ros, o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá.
LEV 1:11 Y ha de degollarlo al lado sep­tentrional del altar delante del SEÑOR: y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar alrededor.
LEV 1:12 Y lo dividirá en sus piezas, con su cabeza y su redaño; y el sacerdote las acomodará sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar;
LEV 1:13 Y lavará sus entrañas y sus piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y harálo arder sobre el altar; ofrenda quemada [es], ofrenda hecha por fuego, de olor suave al SEÑOR.
LEV 1:14 Y si la ofrenda quemada se hubiere de ofrecer al SEÑOR de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, o de palominos.
LEV 1:15 Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y ha de quitarle la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar.
LEV 1:16 Y le ha de quitar el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas.
LEV 1:17 Y la henderá por sus alas, mas no la dividirá en dos: y el sacer­dote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; ofrenda quemada [es], ofrenda hecha por fuego, de olor suave al SEÑOR.
LEV 2:1 Y CUANDO alguna persona ofreciere oblación de presente al SEÑOR, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso:
LEV 2:2 Y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de su flor de harina y de su aceite, con todo su incienso, y lo hará arder sobre el altar: ofrenda hecha por fuego para recuerdo, de olor suave al SEÑOR.
LEV 2:3 Y la sobra de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos: es cosa san­tísima de las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR.
LEV 2:4 Y si ofrecieres ofrenda de presente cocida en horno, [será] de tortas de flor de harina sin levadura, amasadas con aceite, u hojaldres sin levadura untadas con aceite.
LEV 2:5 Mas si tu presente fuere ofren­da de sartén, será de flor de hari­na sin levadura, amasada con aceite,
LEV 2:6 La cual partirás en piezas, y echarás sobre ella aceite: es pre­sente.
LEV 2:7 Y si tu presente fuere ofrenda [cocida] en cazuela, haráse de flor de harina con aceite.
LEV 2:8 Y traerás al SEÑOR la ofrenda que se hará de estas cosas, y la presentarás al sacerdote, el cual la llegará al altar.
LEV 2:9 Y tomará el sacerdote de aque­lla ofrenda, en memoria del mismo, y harálo arder sobre el altar; es ofrenda hecha por fuego, de suave olor al SEÑOR.
LEV 2:10 Y lo restante de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos: es cosa santísima de las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR.
LEV 2:11 Ninguna ofrenda que ofrecie­reis al SEÑOR, será con levadura: porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar en ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 2:12 En la ofrenda de las primicias las ofreceréis al SEÑOR: mas no serán quemadas sobre el altar en olor de suavidad.
LEV 2:13 Y sazonarás toda ofrenda de tu presente con sal; y no harás que falte jamás de tu presente la sal del pacto de tu Dios: en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.
LEV 2:14 Y si ofrecieres al SEÑOR pre­sente de primicias, tostarás al fuego las espigas verdes, y el grano desmenuzado ofrecerás por ofrenda de tus primicias.
LEV 2:15 Y pondrás sobre ella aceite, y pondrás sobre ella incienso: es presente.
LEV 2:16 Y el sacerdote hará arder, en memoria del don, parte de su grano desmenuzado, y de su acei­te con todo su incienso; es ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 3:1 Y SI su ofrenda fuere sacrificio de paces, si hubiere de ofrecerlo de ganado vacuno, sea macho o hembra, sin defecto lo ofrecerá delante del SEÑOR:
LEV 3:2 Y pondrá su mano sobre la cabe­za de su ofrenda, y la degollará a la puerta del tabernáculo de la congregación; y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su san­gre sobre el altar en derredor.
LEV 3:3 Luego ofrecerá del sacrificio de las paces, por ofrenda hecha por fuego al SEÑOR, el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas,
LEV 3:4 Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y sobre los ija­res, y con los riñones quitará el redaño que está sobre el hígado.
LEV 3:5 Y los hijos de Aarón harán arder esto en el altar, sobre la ofrenda quemada que estará sobre la leña que habrá encima del fuego; es ofrenda hecha por fuego, de olor suave al SEÑOR.
LEV 3:6 Mas si de ovejas fuere su ofrenda para sacrificio de paces al SEÑOR, sea macho o hembra, ofrecerála sin tacha.
LEV 3:7 Si ofreciere cordero por su ofrenda, ha de ofrecerlo delante del SEÑOR:
LEV 3:8 Y pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del taberná­culo de la congregación; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar en derredor.
LEV 3:9 Y del sacrificio de las paces ofrecerá por ofrenda hecha por fuego al SEÑOR; su sebo, y la cola entera, la cual quitará a raíz del espinazo; y el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas:
LEV 3:10 Asimismo los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado.
LEV 3:11 Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda de ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 3:12 Y si fuere cabra su ofrenda ofrecerála delante del SEÑOR:
LEV 3:13 Y pondrá su mano sobre la cabeza de ella, y la degollará delante del tabernáculo de la congregación; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar en derredor.
LEV 3:14 Después ofrecerá de ella su ofrenda hecha por fuego al SEÑOR; el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas,
LEV 3:15 Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado.
LEV 3:16 Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; es la vianda de la ofrenda hecha por fuego en olor de suavidad al SEÑOR: el sebo todo es del SEÑOR.
LEV 3:17 Estatuto perpetuo por vues­tras edades; en todas vuestras moradas, ningún sebo ni ninguna sangre comeréis.
LEV 4:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 4:2 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Cuando alguna perso­na pecare por yerro en alguno de los mandamientos del SEÑOR sobre cosas que no se han de hacer, y obrare contra alguno de ellos;
LEV 4:3 Si sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofre­cerá al SEÑOR, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin tacha para expiación.
LEV 4:4 Y traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de la congrega­ción delante del SEÑOR, y pon­drá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante del SEÑOR.
LEV 4:5 Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del becerro, y la trae­rá al tabernáculo de la congrega­ción;
LEV 4:6 Y mojará el sacerdote su dedo en la sangre, y rociará de aquella san­gre siete veces delante del SEÑOR, hacia el velo del santua­rio.
LEV 4:7 Y pondrá el sacerdote de la sangre sobre los cuernos del altar del perfume aromático, que está en el tabernáculo de la congrega­ción delante del SEÑOR: y echa­rá toda la sangre del becerro al pie del altar de la ofrenda quemada, que está a la puerta del tabernáculo de la congregación.
LEV 4:8 Y tomará del becerro para la expiación todo su sebo, el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas,
LEV 4:9 Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado,
LEV 4:10 De la manera que se quita del buey del sacrificio de las paces: y el sacerdote lo hará arder sobre el altar de la ofrenda quemada.
LEV 4:11 Y el cuero del becerro, y toda su carne, con su cabeza, y sus piernas, y sus intestinos, y su estiércol,
LEV 4:12 En fin, todo el becerro sacará fuera del campo, a un lugar lim­pio, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña: en donde se echan las ceni­zas será quemado.
LEV 4:13 Y si toda la congregación de Israel hubiere errado, y el nego­cio estuviere oculto a los ojos de la asamblea, y hubieren hecho algo contra alguno de los mandamientos del SEÑOR en cosas que no se han de hacer, y fueren culpables;
LEV 4:14 Luego que fuere entendido el pecado sobre que delinquieron, la congregación ofrecerá un becerro por expiación, y lo trae­rán delante del tabernáculo de la congregación.
LEV 4:15 Y los ancianos de la congre­gación pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro delante del SEÑOR; y en presencia del SEÑOR degollarán aquel bece­rro.
LEV 4:16 Y el sacerdote ungido meterá de la sangre del becerro en el tabernáculo de la congregación:
LEV 4:17 Y mojará el sacerdote su dedo en la misma sangre, y rociará siete veces delante del SEÑOR hacia el velo.
LEV 4:18 Y de aquella sangre pondrá sobre los cuernos del altar que está delante del SEÑOR en el tabernáculo de la congregación, y derramará toda la sangre al pie del altar de la ofrenda quemada, que está a la puerta del tabernáculo de la congregación.
LEV 4:19 Y le quitará todo el sebo, y harálo arder sobre el altar.
LEV 4:20 Y hará de aquel becerro como hizo con el becerro de la expia­ción; lo mismo hará de él: así hará el sacerdote expiación por ellos, y obtendrán perdón.
LEV 4:21 Y sacará el becerro fuera del campamento, y lo quemará como quemó el primer becerro; expiación de la congregación.
LEV 4:22 Y cuando pecare el príncipe, e hiciere por yerro algo contra alguno de todos los mandamien­tos del SEÑOR su Dios, sobre cosas que no se han de hacer, y pecare;
LEV 4:23 Luego que le fuere conocido su pecado en que ha delinquido, presentará por su ofrenda un macho cabrío sin defecto;
LEV 4:24 Y pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío, y lo degollará en el lugar donde se degüella la ofrenda quemada delante del SEÑOR; es expiación.
LEV 4:25 Y tomará el sacerdote con su dedo de la sangre de la expia­ción, y pondrá sobre los cuernos del altar de la ofrenda quemada, y derra­mará la sangre al pie del altar de la ofrenda quemada:
LEV 4:26 Y quemará todo su sebo sobre el altar, como el sebo del sacrifi­cio de las paces: así hará el sacer­dote por él la expiación de su pecado, y tendrá perdón.
LEV 4:27 Y si alguna persona del común del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra algu­no de los mandamientos del SEÑOR en cosas que no se han de hacer, y fuere culpable;
LEV 4:28 Luego que le fuere conocido su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una hembra de las cabras, una cabra sin defecto, por su pecado que habrá cometido:
LEV 4:29 Y pondrá su mano sobre la cabeza de la expiación, y la degollará en el lugar de la ofrenda quemada.
LEV 4:30 Luego tomará el sacerdote en su dedo de su sangre, y pondrá sobre los cuernos del altar de la ofrenda quemada, y derramará toda su sangre al pie del altar:
LEV 4:31 Y le quitará todo su sebo, de la manera que fue quitado el sebo del sacrificio de las paces; y el sacerdote lo hará arder sobre el altar en olor de suavidad al SEÑOR: así hará el sacerdote expiación por él, y será perdona­do.
LEV 4:32 Y si trajere cordero para su ofrenda por el pecado, hembra sin defecto traerá:
LEV 4:33 Y pondrá su mano sobre la cabeza de la expiación y la dego­llará por expiación en el lugar donde se degüella la ofrenda quemada.
LEV 4:34 Después tomará el sacerdote con su dedo de la sangre de la expiación, y pondrá sobre los cuernos del altar de la ofrenda quemada; y derramará toda la sangre al pie del altar:
LEV 4:35 Y le quitará todo su sebo, como fue quitado el sebo del sacrificio de las paces, y harálo el sacerdote arder en el altar, conforme a la ofrenda hecha por fuego al SEÑOR: y le hará el sacerdote expiación de su pecado que habrá cometido, y le será perdonado.
LEV 5:1 Y CUANDO alguna persona pecare, que hubiere oído la voz del que juró, y él fuere testigo que vio, o supo, si no lo denunciare, él llevará su pecado.
LEV 5:2 Asimismo la persona que hubiere tocado en cualquiera cosa inmunda, sea cuerpo muerto de bestia inmunda, o cuerpo muerto de animal inmundo, o cuerpo muerto de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido:
LEV 5:3 O si tocare a hombre inmundo en cualquiera inmundicia suya de que es inmundo, y no lo echa­re de ver; si después llega a saberlo, será culpable.
LEV 5:4 También la persona que jurare, pronunciando con sus labios hacer mal o bien, en cualesquie­ra cosas que el hombre profiere con juramento, y él no lo cono­ciere; si [después] lo entiende, será culpado en una de estas [cosas].
LEV 5:5 Y será que cuando pecare en alguna de estas [cosas], confesará aquello en que pecó:
LEV 5:6 Y para su expiación traerá al SEÑOR por su pecado que ha cometido, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote hará expiación por él de su pecado.
LEV 5:7 Y si no le alcanzare para un cor­dero, traerá en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos al SEÑOR; el uno para expiación, y el otro para ofrenda quemada.
LEV 5:8 Y ha de traerlos al sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación, y desunirá su cabeza de su cuello, mas no la apartará del todo:
LEV 5:9 Y rociará de la sangre de la expiación sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la san­gre lo exprimirá al pie del altar; es expiación.
LEV 5:10 Y del otro hará ofrenda quemada conforme a la manera; y hará por él el sacerdote expiación de su pecado que cometió, y será perdonado.
LEV 5:11 Mas si su posibilidad no alcanzare para dos tórtolas, o dos palominos, el que pecó traerá por su ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina por expia­ción. No pondrá sobre ella acei­te, ni sobre ella pondrá incienso, porque es expiación.
LEV 5:12 Traerála, pues, al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella su puño lleno, en memoria suya, y la hará arder en el altar, conforme a las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR: es expiación.
LEV 5:13 Y hará el sacerdote expiación por él de su pecado que cometió en alguna de estas cosas, y será perdonado; y [el sobrante] será del sacerdote, como el presente de vianda.
LEV 5:14 Habló más el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 5:15 Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santificadas al SEÑOR, traerá su expiación al SEÑOR, un carnero sin tacha de los rebaños, conforme a tu esti­mación, en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado:
LEV 5:16 Y pagará aquello de las cosas santas en que hubiere pecado, y añadirá a ello el quinto, y lo dará al sacerdote: y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado.
LEV 5:17 Finalmente, si una persona pecare, o hiciere alguna de todas aquellas cosas que por manda­miento del SEÑOR no se han de hacer, aun sin hacerlo a sabien­das, es culpable, y llevará su pecado.
LEV 5:18 Traerá, pues, al sacerdote por expiación, según tú lo estimes, un carnero sin tacha de los reba­ños: y el sacerdote hará expia­ción por él de su yerro que come­tió por ignorancia, y será perdo­nado.
LEV 5:19 Es ofrenda de transgresión, y ciertamente traspasó contra el SEÑOR.
LEV 6:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 6:2 Cuando una persona pecare, e hiciere prevaricación contra el SEÑOR, y negare a su prójimo lo encomendado, o dejado en su mano, o bien robare, o calumnia­re a su prójimo;
LEV 6:3 O sea que hallando lo perdido, después lo negare, y jurare en falso, en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hom­bre:
LEV 6:4 Entonces será que, puesto habrá pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o por el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló,
LEV 6:5 O todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá, pues, por entero, y aña­dirá a ello la quinta parte, que ha de pagar a aquel a quien pertene­ce en el día de su expiación.
LEV 6:6 Y por su expiación traerá al SEÑOR un carnero sin tacha de los rebaños, conforme a tu esti­mación, al sacerdote para la expiación.
LEV 6:7 Y el sacerdote hará expiación por él delante del SEÑOR, y obtendrá perdón de cualquiera de todas las cosas en que suele ofen­der.
LEV 6:8 Habló aún el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 6:9 Manda a Aarón y a sus hijos diciendo: Ésta [es] la ley de la ofrenda quemada: [Es] ofrenda quemada, porque se quema sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él.
LEV 6:10 Y el sacerdote se pondrá su ves­timenta de lino, y se vestirá pañe­tes de lino sobre su carne; y cuando el fuego hubiere consu­mido la ofrenda quemada, apartará él las cenizas de sobre el altar, y pondrálas junto al altar.
LEV 6:11 Después se desnudará de sus vestimentas, y se pondrá otras vestiduras, y sacará las cenizas fuera del real al lugar limpio.
LEV 6:12 Y el fuego encendido sobre el altar no ha de apagarse, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará sobre él la ofrenda quemada, y quemará sobre él los sebos de las paces.
LEV 6:13 El fuego ha de arder conti­nuamente en el altar; no se apa­gará.
LEV 6:14 Y ésta es la ley del presente: Han de ofrecerlo los hijos de Aarón delante del SEÑOR, delan­te del altar.
LEV 6:15 Y tomará de él un puñado de la flor de harina del presente, y de su aceite, y todo el incienso que está sobre el presente, y harálo arder sobre el altar por memoria, en olor suavísimo al SEÑOR.
LEV 6:16 Y el sobrante de ella lo come­rán Aarón y sus hijos: sin levadu­ra se comerá en el lugar santo; en el patio del tabernáculo de la con­gregación lo comerán.
LEV 6:17 No se cocerá con levadura: helo dado a ellos por su porción de mis ofrendas hechas por fuego; es cosa santísima, como la expiación por el pecado, y como la expiación por la culpa.
LEV 6:18 Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ella. Estatuto perpetuo será para vues­tras generaciones tocante a las ofrendas hechas por fuego del SEÑOR: toda cosa que tocare en ellas será santificada.
LEV 6:19 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 6:20 Ésta [es] la ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán al SEÑOR el día que serán ungi­dos: la décima parte de un efa de flor de harina, presente perpetuo, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde.
LEV 6:21 En sartén se aderezará con aceite; frita la traerás, y los peda­zos cocidos del presente ofrece­rás al SEÑOR en olor de suavi­dad.
LEV 6:22 Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará la ofrenda; estatuto perpetuo del SEÑOR: toda ella será quemada.
LEV 6:23 Y todo presente de sacerdote será enteramente quemado; no se comerá.
LEV 6:24 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 6:25 Habla a Aarón y a sus hijos, diciendo: Ésta [es] la ley de la expiación: en el lugar donde será degollado la ofrenda quemada, será degollada la expiación por el pecado delante del SEÑOR: es cosa santísima.
LEV 6:26 El sacerdote que la ofreciere por expiación, la comerá: en el lugar santo será comida, en el patio del tabernáculo de la con­gregación.
LEV 6:27 Todo lo que en su carne toca­re, será santificado; y si cayere de su sangre sobre la vestidura, lavarás aquello sobre que cayere, en el lugar santo.
LEV 6:28 Y la vasija de barro en que fuere cocida, será quebrada: y si fuere cocida en vasija de latón, será fregada y lavada con agua.
LEV 6:29 Todo varón de entre los sacer­dotes la comerá: es cosa santísi­ma.
LEV 6:30 Mas no se comerá de expia­ción alguna, de cuya sangre se metiere en el tabernáculo de la congregación para reconciliar en el santuario: al fuego será que­mada.
LEV 7:1 ASIMISMO ésta es la ley de la expiación de la culpa: es cosa muy santa.
LEV 7:2 En el lugar donde degollaren la ofrenda quemada, degollarán la víctima por la culpa; y rociará su sangre en derredor sobre el altar:
LEV 7:3 Y de ella ofrecerá todo su sebo, la cola, y el sebo que cubre los intestinos.
LEV 7:4 Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares; y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado.
LEV 7:5 Y el sacerdote lo hará arder sobre el altar; ofrenda hecha por fuego al SEÑOR: es ofrenda por la culpa.
LEV 7:6 Todo varón de entre los sacerdotes la comerá: será comida en el lugar santo: es cosa muy santa.
LEV 7:7 Como la expiación por el peca­do, así es la expiación de la culpa: una misma ley tendrán: será del sacerdote que habrá hecho la reconciliación con ella.
LEV 7:8 Y el sacerdote que ofreciere ofrenda quemada de alguno, el cuero de la ofrenda quemada que ofreciere, será para él.
LEV 7:9 Asimismo todo presente que se cociere en horno, y todo el que fuere aderezado en sartén, o en cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere.
LEV 7:10 Y todo presente amasado con aceite, y seco, será de todos los hijos de Aarón, tanto al uno como al otro.
LEV 7:11 Y ésta es la ley del sacrificio de las paces, que se ofrecerá al SEÑOR:
LEV 7:12 Si se ofreciere por acción de gracias, ofrecerá con sacrificio de acción de gracias tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite.
LEV 7:13 Con tortas de pan leudo ofre­cerá su ofrenda en el sacrificio de acción de gracias de sus paces.
LEV 7:14 Y de toda la ofrenda presenta­rá una parte por ofrenda elevada al SEÑOR, y será del sacerdote que rociare la sangre de los pací­ficos.
LEV 7:15 Y la carne del sacrificio de sus pacíficos en acción de gracias, se comerá en el día que fuere ofre­cida: no dejarán de ella nada para otro día.
LEV 7:16 Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, el día que ofreciere su sacrificio será comido; y lo que de él que­dare, comerse ha el día siguiente:
LEV 7:17 Y lo que quedare para el ter­cer día de la carne del sacrificio, será quemado en el fuego.
LEV 7:18 Y si se comiere de la carne del sacrificio de sus paces el tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será imputado; abo­minación será, y la persona que de él comiere llevará su pecado.
LEV 7:19 Y la carne que tocare a alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada; mas cual­quiera limpio comerá de esta carne.
LEV 7:20 Y la persona que comiere la carne del sacrificio de paces, el cual es del SEÑOR, estando inmunda, aquella persona será cortada de sus pueblos.
LEV 7:21 Además, la persona que toca­re alguna cosa inmunda, en inmundicia de hombre, o en ani­mal inmundo, o en cualquiera abominación inmunda, y comie­re la carne del sacrificio de las paces, el cual es del SEÑOR, aquella persona será cortada de sus pueblos.
LEV 7:22 Habló aún el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 7:23 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Ningún sebo de buey, ni de cordero, ni de cabra, come­réis.
LEV 7:24 El sebo de animal mortecino, y el sebo del que fue arrebatado [de fieras], se aparejará para cual­quiera otro uso, mas no lo come­réis.
LEV 7:25 Porque cualquiera que comie­re sebo de animal, del cual se ofrece al SEÑOR ofrenda hecha por fuego, la persona que lo comiere, será cortada de sus pue­blos.
LEV 7:26 Además, ninguna sangre comeréis en todas vuestras habitaciones, así de aves como de bestias.
LEV 7:27 Cualquiera persona que comie­re alguna sangre, la tal persona será cortada de sus pueblos.
LEV 7:28 Habló más el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 7:29 Habla a los hijos de Israel, diciendo: El que ofreciere sacri­ficio de sus paces al SEÑOR, traerá su ofrenda del sacrificio de sus paces al SEÑOR;
LEV 7:30 Sus manos traerán las ofren­das del SEÑOR hechas por fuego: traerá el sebo con el pecho: el pecho para que éste sea mecido, [como] sacrificio mecido delante del SEÑOR;
LEV 7:31 Y el sebo lo hará arder el sacerdote en el altar; mas el pecho será de Aarón y de sus hijos.
LEV 7:32 Y daréis al sacerdote para ser elevada en ofrenda, la espaldilla derecha de los sacrificios de vuestras paces.
LEV 7:33 El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de las paces, y el sebo, de él será en porción la espaldilla derecha;
LEV 7:34 Porque he tomado de los hijos de Israel, de los sacrificios de sus paces, el pecho mecido, y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, por estatuto perpetuo de los hijos de Israel.
LEV 7:35 Ésta [es] por la unción de Aarón y la unción de sus hijos, la parte de ellos en las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR, desde el día que él los allegó para ser sacerdotes del SEÑOR:
LEV 7:36 Lo cual mandó el SEÑOR que les diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel, por estatuto perpetuo en sus generaciones.
LEV 7:37 Ésta [es] la ley de la ofrenda quemada, del presente, de la expiación por el pecado, y de la culpa, y de las consagraciones, y del sacrificio de las paces:
LEV 7:38 La cual intimó el SEÑOR a Moisés, en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofren­das al SEÑOR en el desierto de Sinaí.
LEV 8:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 8:2 Toma a Aarón y a sus hijos con él, y las vestimentas, y el aceite de la unción, y el becerro de la expiación, y los dos carneros, y el canastillo de los panes sin levadura;
LEV 8:3 Y reúne toda la congregación a la puerta del tabernáculo de la congregación.
LEV 8:4 Hizo, pues, Moisés como el SEÑOR le mandó, y juntóse la asamblea a la puerta del tabernáculo de la congregación.
LEV 8:5 Y dijo Moisés a la congrega­ción: Esto es lo que el SEÑOR ha mandado hacer.
LEV 8:6 Entonces Moisés hizo llegar a Aarón y a sus hijos, y lavólos con agua.
LEV 8:7 Y puso sobre él la túnica, y ciñólo con el cinto; vistióle des­pués el manto, y puso sobre él el efod, y ciñólo con el cinto del efod, y ajustólo con él.
LEV 8:8 Púsole luego encima la coraza, y en él puso el Urim y Tumim.
LEV 8:9 Después puso la mitra sobre su cabeza; y sobre la mitra en su frente delantera puso la plancha de oro, la corona santa; como el SEÑOR había mandado a Moisés.
LEV 8:10 Y tomó Moisés el aceite de la unción, y ungió el tabernáculo, y todas las cosas que estaban en él, y santificólas.
LEV 8:11 Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus vasos, y la fuente y su basa, para santificarlos.
LEV 8:12 Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y ungiólo para santificarlo.
LEV 8:13 Después Moisés hizo llegar los hijos de Aarón, y vistióles las túnicas, y ciñólos con cintos, y ajustóles las tiaras, como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
LEV 8:14 Hizo luego llegar el becerro de la expiación, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expia­ción.
LEV 8:15 Y degollólo; y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del altar alrededor, y purificó el altar; y echó la demás sangre al pie del altar, y santifi­cólo para reconciliar sobre él.
LEV 8:16 Después tomó todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, e hízolo Moisés arder sobre el altar.
LEV 8:17 Mas el becerro, y su cuero, y su carne, y su estiércol, quemólo al fuego fuera del real; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
LEV 8:18 Después hizo llegar el carne­ro para la ofrenda quemada, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero:
LEV 8:19 Y degollólo; y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor.
LEV 8:20 Y cortó el carnero en trozos: y Moisés hizo arder la cabeza, y los trozos, y el sebo.
LEV 8:21 Lavó luego con agua los intestinos y piernas, y quemó Moisés todo el carnero sobre el altar: ofrenda quemada en olor de sua­vidad, ofrenda hecha por fuego al SEÑOR; como lo había el SEÑOR mandado a Moisés.
LEV 8:22 Después hizo llegar el otro carnero, el carnero de las consa­graciones, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero:
LEV 8:23 Y degollólo; y tomó Moisés de su sangre, y puso sobre la ter­nilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.
LEV 8:24 Hizo llegar luego los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre la ternilla de sus orejas derechas, y sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos: y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor;
LEV 8:25 Y después tomó el sebo, y la cola, y todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, y la espaldilla derecha;
LEV 8:26 Y del canastillo de panes sin levadura, que [estaba] delante del SEÑOR, tomó una torta sin levadura, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre, y [las] puso sobre el sebo y sobre la espaldilla derecha;
LEV 8:27 Y púsolo todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hízolo mecer: ofrenda mecida delante del SEÑOR.
LEV 8:28 Después tomó aquellas cosas Moisés de las manos de ellos, e hízolas arder en el altar sobre la ofrenda quemada: las consagraciones en olor de suavidad, ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 8:29 Y tomó Moisés el pecho, y meciólo, ofrenda mecida delante del SEÑOR: del carnero de las consagraciones aquella fue la parte de Moisés; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
LEV 8:30 Luego tomó Moisés del acei­te de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestidu­ras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a Aarón, y sus vestiduras, y a sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con él.
LEV 8:31 Y dijo Moisés a Aarón y a sus hijos: Comed la carne a la puerta del tabernáculo de la congrega­ción; y comedla allí con el pan que está en el canastillo de las consagraciones, según yo he mandado, diciendo: Aarón y sus hijos la comerán.
LEV 8:32 Y lo que sobrare de la carne y del pan, habéis de quemarlo al fuego.
LEV 8:33 De la puerta del tabernáculo de la congregación no saldréis en siete días, hasta el día que se cumplieren los días de vuestras consagraciones: porque por siete días seréis consagrados.
LEV 8:34 De la manera que hoy se ha hecho, mandó hacer el SEÑOR para expiaros.
LEV 8:35 A la puerta, pues, del taberná­culo de la congregación estaréis día y noche por siete días, y guar­daréis la ordenanza delante del SEÑOR, para que no muráis; porque así me ha sido mandado.
LEV 8:36 Y Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que mandó el SEÑOR por medio de Moisés.
LEV 9:1 Y SUCEDIÓ en el día octavo, [que] Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel;
LEV 9:2 Y dijo a Aarón: Toma un becerro para una ofrenda por el pecado, y un carnero para una ofrenda quemada, sin defecto, y ofréce[los] delante del SEÑOR.
LEV 9:3 Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un bece­rro y un cordero [ambos] de un año, sin tacha, para ofrenda quemada;
LEV 9:4 Asimismo un buey y un carne­ro para sacrificios de paz, que inmoléis delante del SEÑOR; y un presente amasado con aceite: porque el SEÑOR se aparecerá hoy a vosotros.
LEV 9:5 Y llevaron [lo] que mandó Moisés delante del tabernáculo de la congregación, y llegóse toda la congregación, y pusiéron­se delante del SEÑOR.
LEV 9:6 Entonces Moisés dijo: Esto [es] lo que mandó el SEÑOR; hacedlo, y la gloria del SEÑOR se os aparecerá.
LEV 9:7 Y dijo Moisés a Aarón: Llégate al altar, y haz tu expiación, y tu ofrenda quemada, y haz la reconcilia­ción por ti y por el pueblo: haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos; como ha mandado el SEÑOR.
LEV 9:8 Entonces llegóse Aarón al altar; y degolló su becerro de la expiación que [era] por él.
LEV 9:9 Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y [la] puso sobre los cuernos del altar, y derramó la demás sangre al pie del altar;
LEV 9:10 Y el sebo y riñones y redaño del hígado, de la expiación, hízo­los arder sobre el altar; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
LEV 9:11 Mas la carne y el cuero los quemó al fuego fuera del campamento.
LEV 9:12 Y degolló la ofrenda quemada, y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar.
LEV 9:13 Y presentáronle la ofrenda quemada, a trozos, y la cabeza; e hízo[los] quemar sobre el altar.
LEV 9:14 Y lavó los intestinos y las piernas, y quemó[los] sobre la ofrenda quemada en el altar.
LEV 9:15 Y ofreció la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que [era] la ofrenda para el pecado del pueblo, y degollólo, y lo ofre­ció por el pecado como el prime­ro.
LEV 9:16 Y ofreció la ofrenda quemada, e hizo según la manera.
LEV 9:17 Y ofreció la ofrenda, e hinchió de él su mano, y [lo] hizo quemar sobre el altar, además del sacrificio quemado de la mañana.
LEV 9:18 Degolló también el buey y el carnero [para] sacrificio de ofrendas de paz, que [era] para el pueblo: y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él sobre el altar alrededor,
LEV 9:19 Y los sebos del buey; y del carnero la cola con lo que cubre [las entrañas], y los riñones, y el redaño [sobre] el hígado:
LEV 9:20 Y pusieron los sebos sobre los pechos, y él quemó los sebos sobre el altar:
LEV 9:21 Y los pechos, con la espaldilla derecha, meciólos Aarón [por] ofrenda mecida delan­te del SEÑOR; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
LEV 9:22 Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y bendíjo­los: y descendió de hacer la expiación, y la ofrenda quemada, y las ofrendas de paz.
LEV 9:23 Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de la congrega­ción; y salieron, y bendijeron al pueblo: y la gloria del SEÑOR se apareció a todo el pueblo.
LEV 9:24 Y salió fuego de delante del SEÑOR, y consumió la ofrenda quemada y los sebos sobre el altar; [y] cuando todo el pueblo lo vio, alaba­ron, y cayeron sobre sus rostros.
LEV 10:1 Y LOS hijos de Aarón, Nadab y Abiú, tomaron cada uno su incensario, y pusieron fuego en ellos, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante del SEÑOR fuego extraño, que él no les mandó.
LEV 10:2 Y salió fuego de delante del SEÑOR que los devoró, y murie­ron delante del SEÑOR.
LEV 10:3 Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló el SEÑOR, diciendo: Y yo seré santificado en los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.
LEV 10:4 Y llamó Moisés a Misael, y a Elzafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y díjoles: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario fuera del campo.
LEV 10:5 Y ellos se acercaron, y sacáronlos con sus túnicas fuera del campo, como dijo Moisés.
LEV 10:6 Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar, sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestras vestiduras, porque no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación: pero deje que vuestros hermanos, toda la casa de Israel, lamenten el incendio que el SEÑOR ha hecho.
LEV 10:7 Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de la congregación, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción del SEÑOR [está] sobre vosotros. Y ellos hicie­ron conforme a la palabra de Moisés.
LEV 10:8 Y el SEÑOR habló a Aarón, diciendo:
LEV 10:9 Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni bebida fuerte, cuando hubiereis de entrar en el taberná­culo de la congregación, porque no muráis: [esto será] estatuto perpetuo por vuestras generaciones;
LEV 10:10 Y para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio;
LEV 10:11 Y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que el SEÑOR les ha dicho por medio de Moisés.
LEV 10:12 Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar, sus hijos que habían quedado: Tomad la ofren­da que queda de las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR, y comedla sin levadura junto al altar, porque [es] cosa muy santa.
LEV 10:13 Y la comeréis en el lugar santo: porque esto [es] fuero para ti, y fuero para tus hijos, de las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR, pues que así me ha sido mandado.
LEV 10:14 Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho de la mecida, y la espaldilla elevada, porque [estos serán] por fuero para tí, y fuero para tus hijos, [todos] son dados de los sacrificios de ofrendas de paz de los hijos de Israel.
LEV 10:15 La espalda elevada y el pecho de la mecida traerán con las ofrendas hechas de fuego de la grosura, para mecer[la para] una ofrenda mecida delante del SEÑOR; y será para tí, y para tus hijos contigo, como estatuto para siempre; como el SEÑOR ha mandado.
LEV 10:16 Y Moisés buscó diligentemente el macho cabrío de la expiación, y hallóse que era quemado: y enojóse con­tra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón [que habían] quedado [vivos], diciendo:
LEV 10:17 ¿Por qué no comisteis la expiación en el lugar santo? por­que [es] muy santa, y dióla [Dios] a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante del SEÑOR.
LEV 10:18 He aquí, su sangre no fue metida dentro del [lugar] santo: habíais de comerla en el [lugar] santo, como yo mandé.
LEV 10:19 Y respondió Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su ofrenda quemada delan­te del SEÑOR: pero me han acontecido estas cosas: pues [si] comiera yo hoy de la expiación, ¿Hubiera sido acepto al SEÑOR?
LEV 10:20 Y cuando Moisés oyó [esto], estuvo contento.
LEV 11:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés y a Aarón diciéndoles:
LEV 11:2 Hablad a los hijos de Israel, diciendo: Éstos [son] los animales que comeréis de todos los anima­les que [están] sobre la tierra.
LEV 11:3 De entre los animales, todo el de pezuña, y que tiene las pezu­ñas hendidas, [y] que rumia, éste comeréis.
LEV 11:4 Éstos sin embargo no comeréis de los que rumian y de los que tie­nen pezuña: el camello, porque rumia mas no tiene pezuña hen­dida, habéis de tenerlo por inmundo;
LEV 11:5 También el conejo, porque rumia, mas no tiene pezuña, ten­dréislo por inmundo;
LEV 11:6 Asimismo la liebre, porque rumia, mas no tiene pezuña, ten­dréisla por inmunda;
LEV 11:7 También el puerco, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, mas no rumia, ten­dréislo por inmundo.
LEV 11:8 De la carne de ellos no come­réis, ni tocaréis su cuerpo muer­to: tendréislos por inmundos.
LEV 11:9 Esto comeréis de todas las cosas que [están] en las aguas: todas las cosas que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, aquellas comeréis;
LEV 11:10 Y todas las cosas que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo que se mueve en las aguas, y de toda cosa viviente que [está] en las aguas, las [tendréis] en abominación.
LEV 11:11 Os serán aún en abomina­ción: de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muer­tos.
LEV 11:12 Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, [tendréis]­lo en abominación.
LEV 11:13 Y éstas [son las que] tendréis en abominación entre las aves; no se comerán, [son] abominación: el águila, el quebrantahuesos, el esmerejón,
LEV 11:14 El buitre, y el milano según su género;
LEV 11:15 Todo cuervo según su género;
LEV 11:16 El búho, y el halcón nocturno, y el cuclillo, y el gavilán según su género;
LEV 11:17 Y el mochuelo, y el cormorán, y el búho real,
LEV 11:18 Y el cisne, y el pelícano, y el alimoche,
LEV 11:19 Y la cigüeña, la garza según su género, y el ave fría, y el murciélago.
LEV 11:20 Todo lo que vuele y se arrastre sobre cuatro, os será una abominación.
LEV 11:21 Pero esto comeréis de todo lo que vuele y se arrastre sobre cuatro, que tenga piernas sobre sus pies para saltar con ellas sobre la tierra;
LEV 11:22 Éstos comeréis de ellos: la langosta según su género, y el langostín según su género, y el escarabajo según su género, y el saltamonte según su género.
LEV 11:23 Mas las [otras] cosas volantes que se arrastran, que tienen cuatro pies, [tendréis] en abominación.
LEV 11:24 Y por estas cosas seréis inmun­dos: cualquiera que tocare a sus cuerpos muertos, será inmundo hasta la tarde:
LEV 11:25 Y cualquiera que llevare [algo] de sus cuerpos muertos, lavará sus vestiduras, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 11:26 Todo animal de pezuña, pero que no [tiene] pezuña hendida, ni rumia, [tendréis] por inmundo: cualquiera que los tocare será inmundo.
LEV 11:27 Y de todos los animales que andan a cuatro pies, [tendréis] por inmundo cualquiera que ande sobre sus patas: cualquiera que tocare sus cuerpos muertos, será inmundo hasta la tarde.
LEV 11:28 Y el que llevare sus cuerpos muertos, lavará sus vestiduras, y será inmundo hasta la tarde: [habéis] de tenerlos por inmundos.
LEV 11:29 Y estos [tendréis] por inmundos de las criaturas que se arrastren sobre la tierra: la comadreja, y el ratón, y la tortuga según su género,
LEV 11:30 Y el hurón, y el camaleón, y el lagarto, y el caracol, y el topo.
LEV 11:31 Éstos tendréis por inmundos de todos los que andan arrastrando: cualquiera que los tocare, cuando estuvieren muertos, será inmundo hasta la tarde.
LEV 11:32 Y todo aquello sobre que cayere alguno de ellos después de muertos, será inmundo; así vaso de madera, como vestidura, o piel, o saco, cualquier instrumen­to con que se hace obra, será metido en agua, y será inmundo hasta la tarde, y así será limpio.
LEV 11:33 Y toda vasija de barro dentro de la cual cayere [alguno] de ellos, todo lo que [estuviere] en ella será inmundo, y quebraréis la vasija:
LEV 11:34 Toda vianda que se come, sobre la cual viniere el agua de [tales vasijas], será inmunda: y toda bebida que se bebiere, será en todas [esas] vasijas inmunda:
LEV 11:35 Y todo [aquello] sobre que cayere [algo] del cuerpo muerto de ellos, será inmundo: [sea] el horno u hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis.
LEV 11:36 Sin embargo, una fuente o una cister­na [donde se recogen] aguas, serán limpias: pero lo que hubiere toca­do en sus cuerpos muertos será inmundo.
LEV 11:37 Y si cayere [algo] de sus cuerpos muertos sobre alguna simiente que se haya de sembrar, [será] lim­pia.
LEV 11:38 Mas si se hubiere puesto agua en la simiente, y cayere [algo] de sus cuerpos muertos sobre ella, [ten­dréis]la por inmunda.
LEV 11:39 Y si algún animal que tuvie­reis para comer se muriere, el que tocare su cuerpo muerto será inmundo hasta la tarde:
LEV 11:40 Y el que comiere de su cuerpo muerto, lavará sus vestiduras, y será inmundo hasta la tarde: asi­mismo el que sacare su cuerpo muerto, lavará sus vestiduras, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 11:41 Y toda criatura que va arrastran­do sobre la tierra, [es] abomina­ción; no se comerá.
LEV 11:42 Todo lo que va sobre el vientre, y todo lo que anda sobre cuatro o más pies, de todas criaturas que se arrastran sobre la tierra, no las comeréis, porque [son] una abominación.
LEV 11:43 No ensuciéis vuestras perso­nas con ninguna criatura que se arrastra, ni os contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos.
LEV 11:44 Porque yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios, vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo [soy] santo: así que no ensuciéis vuestras per­sonas con ningún reptil que andu­viere arrastrando sobre la tierra.
LEV 11:45 Porque yo [soy] el SEÑOR, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser tu Dios: seréis pues santos, porque yo [soy] santo.
LEV 11:46 Ésta [es] la ley de los animales y de las aves, y de todo ser viviente que se mueve en las aguas, y de todo animal que anda arrastrando sobre la tierra;
LEV 11:47 Para hacer diferencia entre inmundo y limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.
LEV 12:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 12:2 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Si una mujer concibiere y pariere, y naciere varón, será inmun­da siete días; conforme a los días que está separada por su mens­truo, será inmunda.
LEV 12:3 Y al octavo día circuncidará la carne del prepucio de él.
LEV 12:4 Mas ella permanecerá treinta y tres días en la sangre de [su] purificación: ninguna cosa santa toca­rá, ni vendrá al santuario, hasta que sean cumplidos los días de su purgación.
LEV 12:5 Y si pariere hembra será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.
LEV 12:6 Y cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para ofrenda quemada, y un palo­mino o una tórtola para expia­ción, a la puerta del tabernáculo de la congregación, al sacerdote:
LEV 12:7 Y él ofrecerá delante del SEÑOR, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Ésta [es] la ley de la que pariere varón o hembra.
LEV 12:8 Y si no puede traer un cordero, toma­rá entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para ofrenda quemada, y otro para expiación: y el sacer­dote hará expiación por ella, y será limpia.
LEV 13:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
LEV 13:2 Cuando el hombre tuviere en la piel de su carne hinchazón, o pos­tilla, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su carne [como] llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote, o a uno de los sacerdo­tes sus hijos:
LEV 13:3 Y el sacerdote mirará la llaga en la piel de la carne: y [cuando] el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más hundida que la piel de la carne, llaga de lepra [es]; y el sacerdote le recono­cerá, y le pronunciará inmundo.
LEV 13:4 Y si en la piel de su carne [hubiere] mancha blanca, pero no pareciere más hundida que la piel, ni su pelo se hubiere vuelto blan­co, entonces el sacerdote ence­rrará [al llagado] por siete días;
LEV 13:5 Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y he aquí, [si] la llaga a su parecer se hubiere estancado, no habién­dose extendido en la piel, enton­ces el sacerdote le volverá a encerrar por otros siete días.
LEV 13:6 Y al séptimo día el sacerdote le reconocerá de nuevo; y [si] parece [haberse] oscurecido la llaga, [y] que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote le pronunciará limpio: [era] postilla; y lavará sus vestiduras, y será limpio.
LEV 13:7 Mas si hubiere ido creciendo la postilla en la piel, después que fue mostrado al sacerdote para ser limpio, será visto otra vez del sacerdote:
LEV 13:8 Y [si] reconociéndolo el sacerdo­te, ve que la postilla ha crecido en la piel, el sacerdote le pronunciará inmundo: [es] lepra.
LEV 13:9 Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traído al sacerdote;
LEV 13:10 Y el sacerdote mirará, y [si] pareciere tumor blanco en la piel, el cual haya mudado el color del pelo a blanco, y se descubre asimismo la carne viva,
LEV 13:11 Lepra [es] envejecida en la piel de su carne; y le pronunciará inmun­do el sacerdote, y no le encerrará, porque [es] inmundo.
LEV 13:12 Mas si brotare la lepra cun­diendo por el cutis, y ella cubrie­re toda la piel [del llagado] desde su cabeza hasta sus pies, a toda vista de ojos del sacerdote;
LEV 13:13 Entonces el sacerdote le reco­nocerá; y he aquí, [si] la lepra hubiere cubierto toda su carne, le pronunciará limpio al llagado: hase vuelto toda ella blanca; y él [es] limpio.
LEV 13:14 Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo.
LEV 13:15 Y el sacerdote mirará la carne viva, y le pronunciará inmundo. Es inmunda la carne viva: [es] lepra.
LEV 13:16 Mas cuando la carne viva se mudare y volviere blanca, enton­ces vendrá al sacerdote;
LEV 13:17 Y el sacerdote mirará, y he aquí, [si] la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote le pronunciará limpio [al que tenía] la llaga, y [será] limpio.
LEV 13:18 Y cuando en la carne, [aún] en su piel, hubiere llaga, y se sanare,
LEV 13:19 Y sucediere en el lugar de la llaga tumor blanco, o man­cha blanca embermejecida, será mostrado al sacerdote:
LEV 13:20 Y cuando el sacerdote lo mirare, he aquí, si está más baja que su piel y su pelo se hubiere vuelto blanco, el sacerdote le pronunciará inmundo: [es] llaga de lepra que se originó en la llaga.
LEV 13:21 Y si el sacerdote la considera­re, y no pareciere en ella pelo blanco, ni estuviere más baja que la piel, sino oscura, entonces el sacerdote lo encerrará por siete días:
LEV 13:22 Y si se fuere extendiendo por la piel, entonces el sacerdote le pronunciará inmundo: [es] llaga.
LEV 13:23 Pero si la mancha blanca se estuviere en su lugar, que no haya cundido, [es] la costra de la llaga; y el sacerdote le pronunciará limpio.
LEV 13:24 Asimismo cuando la carne tuviere en su piel quemadura de fuego, y hubiere en lo sanado del fuego mancha blanquecina, ber­mejiza o blanca,
LEV 13:25 El sacerdote la mirará; y he aquí, [si] el pelo se hubiere vuelto blanco en la mancha, y pareciere [estar] más hundida que la piel, [es] lepra que salió en la quemadura; y el sacer­dote le pronunciará inmundo, por [ser] llaga de lepra.
LEV 13:26 Mas si el sacerdote la mirare, y he aquí, no [pareciere] en la mancha pelo blanco, ni [estuviere] más baja que la piel, sino que está oscura, le encerrará el sacerdote por siete días;
LEV 13:27 Y al séptimo día el sacerdote la reconocerá: y si se hubiere ido extendiendo por la piel, el sacer­dote le pronunciará inmundo: [es] llaga de lepra.
LEV 13:28 Y si la mancha se estu­viere en su lugar, [y] no se hubiere extendido en la piel, sino que [está] oscura, hinchazón es de la quemadura: el sacerdote le pronunciará limpio; que señal de la que­madura [es].
LEV 13:29 Si un hombre o una mujer tuviere una llaga sobre la cabeza o en la barba,
LEV 13:30 Entonces el sacerdote mirará la llaga; y he aquí, si pareciere [estar] más profunda que la piel, y el pelo en ella fuera amarillo [y] adelgazado, entonces el sacerdote le pronunciará inmundo: es tiña, [es] lepra de la cabeza o de la barba.
LEV 13:31 Y si el sacerdote mirare la llaga de la tiña, y he aquí, no pareciere [estar] más profun­da que la piel, ni fuere en ella pelo negro, el sacerdote encerrará al llagado de la tiña por siete días:
LEV 13:32 Y al séptimo día el sacerdote mirará la llaga: y he aquí, [si] la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo amarillo, ni pareciere la tiña más profunda que la piel,
LEV 13:33 Entonces lo trasquilarán, mas no trasquilarán el lugar de la tiña: y encerrará el sacerdote [al que tiene] la tiña por otros siete días.
LEV 13:34 Y al séptimo día mirará el sacerdote la tiña; y he aquí, [si] la tiña no hubiere cundido en la piel, ni pareciere [estar] más profunda que la piel, el sacerdote le pronunciará limpio; y lavará sus vestiduras, y será limpio.
LEV 13:35 Pero si la tiña se hubiere ido extendiendo en la piel des­pués de su limpieza,
LEV 13:36 Entonces el sacerdote la mira­rá; y he aquí, [si] la tiña hubiere cundido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillo, [es] inmundo.
LEV 13:37 Mas si le pareciere que la tiña está detenida, y [que] ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él [está] limpio, y el sacerdote le pronunciará limpio.
LEV 13:38 Asimismo el hombre o mujer, cuando en la piel de su carne tuviere manchas, [aún] manchas blan­cas,
LEV 13:39 El sacerdote mirará: y he aquí, [si] en la piel de su carne parecieren man­chas blancas algo oscurecidas, es empeine [que] brotó en la piel, [está] limpia la persona.
LEV 13:40 Y el hombre cuyo pelo ha caído, él [es] calvo; [pero] limpio [es].
LEV 13:41 Y él que tiene su pelo caído de la parte de su cabeza hacia su faz, calvo por delante es: [pero] limpio [es].
LEV 13:42 Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere llaga blanca rojiza, lepra [es] que brota en su calva o en su antecalva.
LEV 13:43 Entonces el sacerdote lo mira­rá, y he aquí, [si pareciere] la hinchazón de la llaga blanca rojiza en su calva o en su antecalva, como el pare­cer de la lepra de la piel de la carne,
LEV 13:44 Leproso es, [es] inmundo; el sacerdote le pronunciará muy inmundo; en su cabeza [tiene] su llaga.
LEV 13:45 Y el leproso en quien [hubiere] llaga, sus vestiduras serán deshe­chas y su cabeza descubierta, y embozado proclamará: ¡Inmundo! ¡inmundo!
LEV 13:46 Todos los días que la llaga [estuviere] en él, [será] inmundo; estará impuro: habitará solo; fuera del real [será] su morada.
LEV 13:47 Y cuando en la vestidura hubie­re plaga de lepra, [sea] en vestidura de lana, o en vestidura de lino;
LEV 13:48 O en estambre o en trama, de lino o de lana, o en piel, o en cualquiera obra de piel;
LEV 13:49 Y si la plaga sea verde, o bermeja, en vestidura o en piel, o en estambre, o en trama, o en cualquiera obra de piel; plaga [es] de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote.
LEV 13:50 Y el sacerdote mirará la plaga, y encerrará [lo que es] plagado por siete días.
LEV 13:51 Y al séptimo día mirará la plaga: y si hubiere cundido la plaga en la vestidura, o estambre, o en la trama, o en piel, [o] en cual­quiera obra que se hace de pieles, lepra roedora [es] la plaga; inmun­da [será].
LEV 13:52 Por lo cual, él quemará la vestidura, o estambre o trama, de lana o de lino, o cualquiera obra de pieles en que hubiere tal plaga; porque lepra roedora es; al fuego será quemada.
LEV 13:53 Y si el sacerdote mirare, y he aquí, no pareciere que la plaga se haya extendido en la vestidura, o estam­bre, o en la trama, o en cualquie­ra obra de pieles;
LEV 13:54 Entonces el sacerdote manda­rá que laven [la cosa] donde [está] la plaga, y la encerrará otra vez por siete días.
LEV 13:55 Y el sacerdote mirará a la plaga, después que fuere lavada y, he aquí, [si] la plaga no ha mudado su color, y la plaga no haya crecido, inmundo [es]; la quemarás en fuego; [es] corrosión penetrante, esté lo raído por dentro o por fuera.
LEV 13:56 Mas si el sacerdote la viere, y he aquí, [pareciere] que la plaga se ha oscu­recido después que fue lavada, la cortará de la vestidura, o de la piel, o del estambre, o de la trama.
LEV 13:57 Y si apareciere más en la vestidura, o estambre, o trama, o en cualquiera cosa de pieles, [es] una [plaga] que extiende, quemarás al fuego aquello donde estuviere la plaga.
LEV 13:58 Y la vestidura, o estam­bre, o trama, o cualquiera cosa de piel que lavares, y que se le qui­tare la plaga, lavarse ha segunda vez, y entonces será limpia.
LEV 13:59 Ésta [es] la ley de la plaga de la lepra de la vestidura de lana o de lino, o del estambre, o de la trama, o de cualquiera cosa de piel, para que sea dada por limpia o por inmun­da.
LEV 14:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 14:2 Ésta será la ley del leproso en el día de su limpieza: Será traído al sacerdote:
LEV 14:3 Y el sacerdote saldrá fuera del campamento; y he aquí, [si] está sana la plaga de la lepra del leproso,
LEV 14:4 Entonces el sacerdote mandará luego que se tomen para el que será puri­ficado dos aves vivas [y] limpias, y palo de cedro, y grana, e hiso­po;
LEV 14:5 Y mandará el sacerdote matar el ave en un vaso de barro sobre aguas corrientes;
LEV 14:6 Después tomará el ave viva, y el palo de cedro, y la grana, y el hisopo, y lo mojará con el ave viva en la sangre del ave muerta sobre las aguas vivas:
LEV 14:7 Y rociará siete veces sobre el que será purificado de la lepra, y le pronunciará limpio; y soltará el ave viva sobre la faz del campo.
LEV 14:8 Y el que será purificado lavará sus vestiduras, y raerá todos sus pelos, y se ha de lavar con agua, y será limpio: y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días.
LEV 14:9 Pero será, que al séptimo día raerá todos sus pelos, su cabeza, y su barba, y las cejas de sus ojos; finalmente, raerá todo su pelo, y lavará sus vestiduras, y lavará su carne en agua, y será limpio.
LEV 14:10 Y el día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cor­dera de un año sin tacha; y tres décimas de flor de harina para presente amasada con aceite, y un log de aceite.
LEV 14:11 Y el sacerdote que [le] purifica presentará con aquellas cosas al que se ha de limpiar delante del SEÑOR, [a] la puerta del taberná­culo de la congregación:
LEV 14:12 Y tomará el sacerdote un cordero, y lo ofrecerá para una ofrenda por el pecado, y el log de aceite, y los mecerá [como] ofrenda mecida delante del SEÑOR:
LEV 14:13 Y degollará el cordero en el lugar donde degüellan la ofrenda por el pecado y la ofrenda quemada, en el lugar santo: porque como la ofrenda por el pecado, así también la ofrenda por la culpa es del sacerdote: [es] cosa muy sagrada.
LEV 14:14 Y tomará el sacerdote [de] la sangre de la ofrenda por la culpa, y [la] pondrá el sacerdote sobre la ternilla de la oreja derecha del que ha de ser purificado, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho.
LEV 14:15 Y tomará el sacerdo­te del log de aceite, y [lo] echará sobre la palma de su mano izquierda:
LEV 14:16 Y mojará su dedo derecho en el aceite que [tiene] en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante del SEÑOR:
LEV 14:17 Y de lo que quedare del aceite que [tiene] en su mano, pondrá el sacerdote sobre la ternilla de la oreja derecha del que ha de ser purificado, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, sobre la sangre de la expiación por la culpa:
LEV 14:18 Y lo que quedare del aceite que [tiene] en su mano, pondrá sobre la cabeza del que ha de ser purificado: y hará el sacerdote expiación por él delante del SEÑOR.
LEV 14:19 Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia, y después degollará la ofrenda quemada:
LEV 14:20 Y ofrecerá el sacerdote la ofrenda quemada y el presente sobre el altar. Así hará el sacerdote expia­ción por él, y será limpio.
LEV 14:21 Mas si [fuere] pobre, que no alcanzare su mano a tanto, enton­ces tomará un cordero [para] ser ofrecido como ofrenda elevada por la culpa, para reconciliarse, y una décima de flor de harina amasada con aceite para presen­te, y un log de aceite;
LEV 14:22 Y dos tórtolas, o dos palomi­nos, lo que alcanzare su mano: y el uno será para expiación por el pecado, y el otro para ofrenda quemada;
LEV 14:23 Las cuales cosas traerá al octavo día de su purificación al sacerdote, a la puerta del taberná­culo de la congregación delante del SEÑOR.
LEV 14:24 Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y mecerálo el sacerdote [como] ofrenda mecida delante del SEÑOR;
LEV 14:25 Luego degollará el cordero de la culpa, y tomará el sacerdote de la sangre de la culpa, y pondrá sobre la ternilla de la oreja dere­cha del que ha de ser purificado, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho.
LEV 14:26 Y el sacerdote echará del acei­te sobre la palma de su mano izquierda;
LEV 14:27 Y con su dedo derecho rocia­rá el sacerdote del aceite que [tiene] en su mano izquierda, siete veces delante del SEÑOR.
LEV 14:28 También pondrá el sacerdote del aceite que [tiene] en su mano sobre la ternilla de la oreja dere­cha del que ha de ser purificado, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa.
LEV 14:29 Y lo que sobrare del aceite que el sacerdote [tiene] en su mano, pondrálo sobre la cabeza del que ha de ser purificado, para hacer expiación por él delante del SEÑOR.
LEV 14:30 Y ofrecerá una de las tórtolas, o de los palominos, lo que alcanzare su mano:
LEV 14:31 [Aún] de lo que alcanzare su mano, [en] expiación por el peca­do, y el otro en ofrenda quemada, ade­más del presente: y hará el sacer­dote expiación por el que se ha de purificar, delante del SEÑOR.
LEV 14:32 Ésta [es] la ley del que [tiene] plaga de lepra, cuya mano no alcanzare [lo prescrito] para su purificación.
LEV 14:33 Y habló el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
LEV 14:34 Cuando hubieres entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, y pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión,
LEV 14:35 Vendrá aquél cuya fuere la casa, y dará aviso al sacerdote, diciendo: Como plaga ha apare­cido en mi casa.
LEV 14:36 Entonces mandará el sacerdo­te, y despejarán la casa antes que el sacerdote entre a mirar la plaga, por que no sea contamina­do todo lo que [estuviere] en la casa: y después el sacerdote entrará a reconocer la casa:
LEV 14:37 Y mirará la plaga: y he aquí, [si] se vie­ren manchas en las paredes de la casa, cavernillas verdosas o rojas, las cuales parecieren más hundidas que la pared,
LEV 14:38 Entonces el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días:
LEV 14:39 Y al séptimo día volverá el sacerdote, y mirará: y he aquí, [si] la plaga hubiere crecido en las paredes de la casa;
LEV 14:40 Entonces mandará el sacerdo­te, y arrancarán las piedras en que [estuviere] la plaga, y las echa­rán fuera de la ciudad, en lugar inmundo:
LEV 14:41 Y hará descostrar la casa por dentro alrededor, y derramarán el polvo que descostraren fuera de la ciudad en lugar inmundo:
LEV 14:42 Y tomarán otras piedras, y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro, y encostrarán la casa.
LEV 14:43 Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras, y descostrar la casa, y después que fue encostrada,
LEV 14:44 Entonces el sacerdote entrará y mirará; y he aquí, [si] pareciere haberse extendido la plaga en la casa, lepra roedora [está] en la casa: inmunda [es].
LEV 14:45 Y derribará la casa, sus piedras, y sus maderos, y toda la mezcla de la casa; y [los] sacará fuera de la ciudad a lugar inmundo.
LEV 14:46 Además, cualquiera que entrare en aquella casa todos los días que la mandó cerrar, será inmundo hasta la tarde.
LEV 14:47 Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestiduras; tam­bién el que comiere en la casa, lavará sus vestiduras.
LEV 14:48 Mas si entrare el sacerdote y mirare, y he aquí, viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue encostrada, el sacerdote pronunciará la casa limpia, porque la plaga ha sanado.
LEV 14:49 Entonces tomará para limpiar la casa dos aves, y palo de cedro, y grana, e hisopo:
LEV 14:50 Y degollará una de las aves en una vasija de barro sobre aguas vivas:
LEV 14:51 Y tomará el palo de cedro, y el hisopo, y la grana, y el ave viva, y mojarálos en la sangre del ave muerta y en las aguas vivas, y rociará la casa siete veces:
LEV 14:52 Y purificará la casa con la sangre del ave, y con las aguas vivas, y con el ave viva, y el palo de cedro, y el hiso­po, y la grana:
LEV 14:53 Pero soltará el ave viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.
LEV 14:54 Ésta [es] la ley acerca de toda plaga de lepra, y de tiña;
LEV 14:55 Y de la lepra de la vestidura, y de una casa;
LEV 14:56 Y acerca de la hinchazón, y de la postilla, y de la mancha blan­ca:
LEV 14:57 Para enseñar cuándo [es] inmundo, y cuándo [es] limpio. Ésta [es] la ley de la lepra.
LEV 15:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
LEV 15:2 Hablad a los hijos de Israel, y decidles: Cuando algún hombre tiene flujo de su carne, [por su] flujo él [es] inmundo.
LEV 15:3 Y ésta será su inmundicia en su flujo; sea que su carne destiló por causa de su flujo, o que su carne se obstruyó a causa de su flujo, [será] su inmundicia.
LEV 15:4 Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo, será inmun­da; y toda cosa sobre que se sen­tare, inmunda será.
LEV 15:5 Y cualquiera que tocare a su cama lavará sus vestiduras, lava­ráse también a sí mismo en agua, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:6 Y el que se sentare sobre aque­llo en que se hubiere sentado el que tiene flujo, lavará sus vestiduras, se lavará también [a sí mismo] en agua, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:7 Y el que tocare la carne del que tiene flujo, lavará sus vestiduras, y [a sí mismo] se lavará en agua, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:8 Y si el que tiene flujo escupie­re sobre el limpio, éste lavará sus vestiduras, y después de haberse lavado en agua, será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:9 Y toda montura sobre que cabalgare el que tuviere flujo, será inmundo.
LEV 15:10 Y cualquiera que tocare cual­quiera cosa que haya estado debajo de él, será inmundo hasta la tarde; y el que llevare [cual­quiera] cosa, lavará sus vestiduras, y después de lavarse en agua, será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:11 Y todo aquel a quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos, lavará sus vestiduras, y [a sí mismo] se lavará en agua, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:12 Y la vasija de barro en que tocare el que tiene flujo, será quebrada; y toda vasija de made­ra será lavada en agua.
LEV 15:13 Y cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, se ha de contar siete días desde su purificación, y lavará sus vestiduras, y lavará su carne en aguas corrientes, y será limpio.
LEV 15:14 Y el octavo día tomará dos tórtolas, o dos palominos, y ven­drá delante del SEÑOR a la puerta del tabernáculo de la con­gregación, y los dará al sacerdo­te:
LEV 15:15 Y harálos el sacerdote, el uno ofrenda por el pecado, y el otro ofrenda quemada: y le purificará el sacerdote de su flujo delante del SEÑOR.
LEV 15:16 Y el hombre, cuando de él saliere derramamiento de semen, lavará en aguas toda su carne, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:17 Y toda vestidura, o toda piel sobre la cual hubiere el derrama­miento del semen, lavaráse con agua, y será inmunda hasta la tarde.
LEV 15:18 Y la mujer también con quien el varón tuviera ayuntamiento de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la tarde.
LEV 15:19 Y cuando la mujer tuviere flujo de sangre, [y] su flujo fuere en su carne, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare, será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:20 Y todo aquello sobre lo que ella se acostare durante su separa­ción, será inmundo: también todo aquello sobre lo que se senta­re, será inmundo.
LEV 15:21 Y cualquiera que tocare a su cama, lavará sus vestiduras, y des­pués de lavarse en agua, será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:22 Y cualquiera que toca­re cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado, lavará sus vestiduras; lavaráse luego a sí mismo en agua, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:23 Y si [estuviere] sobre [su] cama, o sobre la silla en que ella se hubie­re sentado, el que lo tocare será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:24 Y si alguno durmiere con ella, y su menstruo fuere sobre él, será inmundo por siete días; y toda cama sobre que durmiere, será inmunda.
LEV 15:25 Y si una mujer tiene flujo de su sangre por muchos días fuera del tiempo de su separación, o si va más que su tiempo de su separación; todos los días de su flujo de su inmundicia serán los días de su separación: ella [será] inmunda.
LEV 15:26 Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le será como la cama de su separación; y todo mueble sobre que se senta­re, será inmundo, como la inmundicia de su separación.
LEV 15:27 Cualquiera que tocare esas cosas será inmundo; y lavará sus vestiduras, y a [sí mismo] se lavará en agua, y será inmundo hasta la tarde.
LEV 15:28 Pero cuando fuere libre de su flujo, se ha de contar siete días, y después será limpia.
LEV 15:29 Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas, o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de la con­gregación:
LEV 15:30 Y el sacerdote ofrecerá el uno [para] una ofrenda por el pecado, y el otro [para] una ofrenda quemada; y el sacerdote hará expiación por ella delante del SEÑOR por el flujo de su inmundicia.
LEV 15:31 Así apartaréis los hijos de Israel de sus inmundicias, a fin de que no mueran por sus inmun­dicias, ensuciando mi tabernácu­lo que [está] entre ellos.
LEV 15:32 Ésta [es] la ley del que tiene flujo, y [del] que sale derrama­miento de semen, viniendo a ser inmundo a causa de ello;
LEV 15:33 Y de la que padece su cos­tumbre, y acerca del que tuviere flujo, sea varón o hembra, y del hombre que durmiere con mujer inmunda.
LEV 16:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, después que murieron los dos hijos de Aarón, cuando ofrecieron delante del SEÑOR, y murieron;
LEV 16:2 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el [lugar] santo del velo adentro, delante del propiciatorio que [está] sobre el arca, para que no muera: porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.
LEV 16:3 Así entrará Aarón en el [lugar] santo: con un becerro por expiación, y un carnero en ofrenda quemada.
LEV 16:4 La túnica santa de lino se ves­tirá, y sobre su carne tendrá pañetes de lino, y ceñiráse el cinto de lino; y con la mitra de lino se cubrirá: estas [son] las santas vestiduras: con ellas, después de lavar su carne con agua, se ha de vestir.
LEV 16:5 Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos de cabrío para una ofrenda por el pecado, y un carnero para una ofrenda quemada.
LEV 16:6 Y hará allegar Aarón el becerro de la ofrenda por el pecado, que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa.
LEV 16:7 Después tomará los dos machos de cabrío, y los presenta­rá delante del SEÑOR [a] la puer­ta del tabernáculo de la congre­gación.
LEV 16:8 Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por el SEÑOR, y la otra suerte por el macho cabrío de escapatoria.
LEV 16:9 Y Aarón hará allegar el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por el SEÑOR, y lo ofrecerá [para] una ofrenda por el pecado.
LEV 16:10 Pero el macho cabrío, sobre el cual cayere la suerte para ser el macho cabrío de escapatoria, lo presentará vivo delante del SEÑOR, para hacer expiación con él, para enviarlo como macho cabrío de escapatoria al desierto.
LEV 16:11 Y traerá Aarón el becerro de la ofrenda por el pecado, lo cual [es] para sí, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que [es] suyo.
LEV 16:12 Y él tomará el incensario lleno de brasas de fuego, del altar de delante del SEÑOR, y sus puños llenos del perfume aromá­tico molido, y meterálo del velo adentro:
LEV 16:13 Y pondrá el perfume sobre el fuego delante del SEÑOR, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que [está] sobre el testi­monio, para que no muera.
LEV 16:14 Tomará luego de la sangre del becerro, y [la] rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental: hacia el propiciatorio rociará siete veces de la sangre con su dedo.
LEV 16:15 Entonces degollará el macho cabrío de la ofrenda por el pecado, que [era] del pueblo, y meterá la sangre de él del velo adentro; y hará de su sangre como hizo de la sangre del becerro, y rociará sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio:
LEV 16:16 Y hará una expiación para el [lugar] santo, por la inmundicia de los hijos de Israel, y por sus transgresiones en todos sus pecados: de la misma manera hará también al taberná­culo de la congregación, el cual reside entre ellos en medio de sus inmundicias.
LEV 16:17 Y ningún hombre estará en el tabernáculo de la congregación cuando él entrare a hacer la expiación en el [lugar] santo, hasta que él salga, y haya hecho la reconciliación por sí, y por su casa, y por toda la congregación de Israel.
LEV 16:18 Y saldrá al altar que [está] delante del SEÑOR, y lo hará expiación; y tomará de la sangre del becerro, y de la sangre del macho cabrío, y pondrá sobre los cuer­nos del altar alrededor.
LEV 16:19 Y rociará sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo lim­piará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.
LEV 16:20 Y cuando hubiere acabado de reconciliar el [lugar] santo, y el taberná­culo de la congregación, y el altar, hará llegar el macho cabrío vivo:
LEV 16:21 Y pondrá Aarón ambas manos suyas sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones, y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y [lo] enviará al desierto por mano de un hombre destina­do para esto.
LEV 16:22 Y aquel macho cabrío llevará sobre si todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada: y dejará ir el macho cabrío por el desier­to.
LEV 16:23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de la congregación, y se desnudará las vestimentas de lino, que había vestido para entrar en el [lugar] santo, y pondrá­las allí.
LEV 16:24 Y lavará su carne con agua en el lugar santo, y después de ponerse sus vestiduras saldrá, y hará su ofrenda quemada, y la ofrenda quemada del pueblo, y hará expiación por sí y por el pueblo.
LEV 16:25 Y quemará el sebo de la ofrenda por el pecado sobre el altar.
LEV 16:26 Y el que hubiere soltado el macho cabrío como macho cabrío de escapatoria, lavará sus vestiduras, lavará también en agua su carne, y después entrará en el campamento.
LEV 16:27 Y sacará fuera del campamento el becerro [para] la ofrenda por el pecado, y el macho cabrío [para] la ofrenda por el pecado, la sangre de los cuales fue metida para hacer la expiación en el [lugar] santo; y quemarán en el fuego sus pelle­jos, y sus carnes, y su estiércol.
LEV 16:28 Y el que los quemare, lavará sus vestiduras, lavará también su carne con agua, y después entra­rá en el campamento.
LEV 16:29 Y [esto] tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez del mes, afligiréis vues­tras almas, y ninguna obra haréis, [ni] el natural ni el extranjero que peregrina entre vosotros:
LEV 16:30 Porque en este día [el sacerdote] hará expiación para vosotros, para limpiaros; [para que] seáis limpios de todos vuestros pecados delante del SEÑOR.
LEV 16:31 Sábado de reposo [es] para vosotros, y afligiréis vuestras almas, por estatuto perpetuo.
LEV 16:32 Y el sacerdote, que fuere ungido, y que fuere consagrado para ministrar en el oficio del sacerdote en lugar de su padre; hará la expiación, y se vestirá las vestimentas de lino, [aún] las vestiduras sagradas:
LEV 16:33 Y hará expiación por el santuario santo, y hará expiación por el tabernáculo de la congregación y por el altar, y hará expiación por los sacerdotes, y por todo el pueblo de la congregación.
LEV 16:34 Y esto tendréis por estatuto perpetuo, para hacer expiación por los hijos de Israel de todos sus pecados una vez al año. Y lo hizo como el SEÑOR mandó a Moisés.
LEV 17:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 17:2 Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto [es] lo que ha mandado el SEÑOR, diciendo:
LEV 17:3 Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey, o cor­dero, o cabra, en el campamento, o fuera del campamento,
LEV 17:4 Y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de la congregación, para ofrecer ofrenda al SEÑOR delante del tabernáculo del SEÑOR, sangre será imputada al tal varón: él ha derramado sangre; corta­do será el tal varón de entre su pueblo:
LEV 17:5 A fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que ofrecen sobre la faz del campo, para que los traigan al SEÑOR a la puerta del taberná­culo de la congregación al sacer­dote, y para ofrecerlos [para] ofrendas de paz al SEÑOR.
LEV 17:6 Y el sacerdote rociará la sangre sobre el altar del SEÑOR, [a] la puerta del tabernáculo de la congregación, y quemará el sebo en olor de suavidad al SEÑOR.
LEV 17:7 Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado: ten­drán esto por estatuto perpetuo por sus edades.
LEV 17:8 Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que ofreciere ofrenda quemada o sacrificio,
LEV 17:9 Y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de la congregación, para ofrecerlo al SEÑOR, el tal varón será igualmente cortado de sus pueblos.
LEV 17:10 Y cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pon­dré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y le cortaré de entre su pueblo.
LEV 17:11 Porque la vida de la carne en la sangre [está]: y yo os la he dado sobre el altar para hacer expiación por vuestras almas: porque [es] la sangre [que] hace expiación por el alma.
LEV 17:12 Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que peregrina entre vosotros comerá sangre.
LEV 17:13 Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que cogie­re caza de animal o de ave que sea de comer, derramará su san­gre y cubrirála con tierra:
LEV 17:14 Porque [es] la vida de toda carne, su sangre [es] para su vida: por tanto he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne [es] su sangre: cualquiera que la comiere será cortado.
LEV 17:15 Y cualquier alma que comiere lo que murió [de sí mismo], o lo que fue despedazado [de bestias], [así de] los natu­rales como de los extranjeros, lavará sus vestiduras y a [sí mismo] se lavará con agua, y será inmun­do hasta la tarde; entonces será limpio.
LEV 17:16 Y si no [los] lavare, ni lavare su carne, entonces llevará su iniquidad.
LEV 18:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 18:2 Habla a los hijos de Israel, y díles: Yo soy el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 18:3 No haréis como hacen en la tie­rra de Egipto, en la cual moras­teis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os traigo; ni andaréis en sus ordenanzas.
LEV 18:4 Mis juicios pondréis por obra, y mis ordenanzas guardaréis, andando en ellas: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 18:5 Por tanto mis estatutos y mis derechos guardaréis, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 18:6 Ningún varón se allegue a nin­guna cercana de su carne, para descubrir [su] desnudez: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 18:7 La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descu­brirás: tu madre [es], no descubri­rás su desnudez.
LEV 18:8 La desnudez de la esposa de tu padre no descubrirás; [es] la des­nudez de tu padre.
LEV 18:9 La desnudez de tu hermana, hija de tu padre, o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera, [aún] su desnudez no descubri­rás.
LEV 18:10 La desnudez de la hija de tu hijo, o de la hija de tu hija, [aún] su desnudez no descubrirás, porque es la desnudez tuya.
LEV 18:11 La desnudez de la hija de la esposa de tu padre, engendrada de tu padre, tu hermana [es], su des­nudez no descubrirás.
LEV 18:12 La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás: [es] parienta de tu padre.
LEV 18:13 La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás: porque parienta de tu madre [es].
LEV 18:14 La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás: no llega­rás a su esposa: [es] tu tía.
LEV 18:15 La desnudez de tu nuera no descubrirás: esposa [es] de tu hijo; no descubrirás su desnudez.
LEV 18:16 La desnudez de la esposa de tu hermano no descubrirás: [es] la desnudez de tu hermano.
LEV 18:17 La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás: no toma­rás la hija de su hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnu­dez: son parientas, [es] maldad.
LEV 18:18 No tomarás esposa juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.
LEV 18:19 Y no llegarás a la mujer en el apartamiento de su inmundicia, para descubrir su desnudez.
LEV 18:20 Además, no tendrás acto car­nal con la esposa de tu prójimo, contaminándote con ella.
LEV 18:21 Y no des de tu simiente para hacerla pasar [por el fuego] a Moloc; no contamines el nom­bre de tu Dios: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 18:22 No te echarás con varón como con mujer: [es] abominación.
LEV 18:23 Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él; ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él: [es] confusión.
LEV 18:24 En ninguna de estas cosas os ensuciaréis; porque en todas estas cosas se han ensuciado las naciones que yo echo de delante de vosotros:
LEV 18:25 Y la tierra fue contaminada; por lo cual yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores.
LEV 18:26 Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis derechos, y no hagáis [ninguna] de todas estas abominaciones; [ni] el natural ni el extranjero que peregrina entre vosotros.
LEV 18:27 (Porque todas estas abomina­ciones hicieron los hombres de la tierra, que [fueron] antes de voso­tros, y la tierra fue contaminada:)
LEV 18:28 Para que la tierra no os vomite, por haberla contaminado, como vomitó a las naciones que [fueron] antes de vosotros.
LEV 18:29 Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abomina­ciones, aún las almas que [las] hicie­ren, serán cortadas de entre su pueblo.
LEV 18:30 Por tanto, guardaréis mi ordenanza para que no cometáis [ninguna] de estas costumbres abominables que fueron cometidas antes de vosotros, y que no os contaminéis en ellas: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 19:2 Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y díles: Santos seréis, porque santo [soy] yo el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:3 Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis sábados guar­daréis: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:4 No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:5 Y si sacrificareis sacrifi­cio de paces al SEÑOR, de vues­tra voluntad lo sacrificaréis.
LEV 19:6 Será comido el día que lo sacri­ficareis, y el siguiente día: y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego.
LEV 19:7 Y si se comiere el día tercero, [es] abominación; no será acep­to:
LEV 19:8 Y [el] que lo comiere, llevará su iniquidad, por cuanto profanó lo santo del SEÑOR; y la tal perso­na será cortada de su pueblo.
LEV 19:9 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu campo, ni espigarás tu tierra segada.
LEV 19:10 Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás los granos caídos de tu viña; para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo soy el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:11 No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis ninguno a su próji­mo.
LEV 19:12 Y no juraréis en mi nombre falsamente, ni profanarás el nombre de tu Dios: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:13 No oprimirás a tu prójimo, ni [le] robarás. No se detendrá el tra­bajo del jornalero en tu casa hasta la mañana.
LEV 19:14 No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tro­piezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:15 No harás agravio en el juicio: no tendrás respeto al pobre, ni honrarás la cara del grande: [pero] con justicia juzgarás a tu prójimo.
LEV 19:16 No andarás chismeando entre tu pueblo. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:17 No aborrecerás a tu hermano en tu corazón: ciertamente reprenderás a tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado.
LEV 19:18 No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo: mas amarás a tu prójimo como a ti mismo: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:19 Mis estatutos guardaréis. A tu ganado no harás ayuntar con diversos géneros; tu campo no sembrarás con mistura de semillas, y no te pondrás vestiduras con mezcla de diversas cosas.
LEV 19:20 Y cualquier hombre que tuviere cópula con mujer, y ella fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados: no mori­rán, por cuanto ella no es libre.
LEV 19:21 Y él traerá al SEÑOR su ofrenda por la culpa, a la puerta del tabernáculo de la congregación, un carnero para ofrenda por su culpa.
LEV 19:22 Y con el carnero de la expia­ción lo reconciliará el sacerdote delante del SEÑOR, por su peca­do que cometió: y se le perdona­rá su pecado que ha cometido.
LEV 19:23 Y cuando hubiereis entrado en la tierra, y plantareis toda clase de árboles de comer, contaréis como incircunciso su fruto: tres años os será incircunciso: su fruto no se comerá.
LEV 19:24 Y el cuarto año todo su fruto será santo para loor al SEÑOR.
LEV 19:25 Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga cre­cer su fruto: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:26 No comeréis [cosa alguna] con sangre. No seréis agoreros, ni adivinaréis.
LEV 19:27 No cortaréis en redondo las extremidades de vuestras cabe­zas, ni dañarás la punta de tu barba.
LEV 19:28 Y no haréis cortes en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros marca alguna: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:29 No contaminarás tu hija haciéndola prostituirse: porque no se prostituya la tierra, y se llene de maldad.
LEV 19:30 Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:31 No os volváis a los encanta­dores y a los adivinos: no los consultéis ensuciándoos con ellos: Yo [soy] el SEÑOR vues­tro Dios.
LEV 19:32 Delante de las canas te levan­tarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 19:33 Y cuando el extranjero mora­re contigo en vuestra tierra, no le oprimiréis.
LEV 19:34 Como a uno nacido entre vosotros tendréis al extranjero que peregrinare entre vosotros; y ámalo como a ti mismo; porque peregrinos fuisteis en la tierra de Egipto: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 19:35 No hagáis agravio en juicio, en medida de tierra, ni en peso, ni en otra medida.
LEV 19:36 Balanzas justas, pesas justas, efa justo, e hin justo tendréis: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto.
LEV 19:37 Guardad pues todos mis esta­tutos, y todos mis juicios, y ponedlos por obra: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 20:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés diciendo:
LEV 20:2 Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranje­ros que peregrinan en Israel, que diere de su simiente a Moloc, de seguro morirá: el pueblo de la tierra lo apedreará con piedras.
LEV 20:3 Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo; por cuanto dio de su simiente a Moloc, para contaminar mi santuario, y profanar mi santo nombre.
LEV 20:4 Que si escondiere el pueblo de la tierra sus ojos de aquel varón que hubiere dado de su simiente a Moloc, para no matarle,
LEV 20:5 Entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón, y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que forni­caron en pos de él, prostituyén­dose con Moloc.
LEV 20:6 Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pon­dré mi rostro contra la tal perso­na, y cortaréla de entre su pue­blo.
LEV 20:7 Santificaos, pues, y sed santos, porque yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 20:8 Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra: Yo [soy] el SEÑOR que os santifico.
LEV 20:9 Porque varón que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá: a su padre o a su madre maldijo; su sangre [será] sobre él.
LEV 20:10 Y el hombre que adulterare con la esposa de otro, [aún] el que cometiere adulterio con la esposa de su prójimo, indefectiblemente se hará morir al adúltero y a la adúltera.
LEV 20:11 Y cualquiera que se echare con la esposa de su padre, la des­nudez de su padre descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre [será] sobre ellos.
LEV 20:12 Y cualquiera que durmiere con su nuera, ambos han de morir: hicieron confusión; su sangre [será] sobre ellos.
LEV 20:13 Y cualquiera que tuviere ayuntamiento con varón como con mujer, abominación hicie­ron: entrambos han de ser muer­tos; sobre ellos [será] su sangre.
LEV 20:14 Y el que tomare esposa y a la madre de ella, [comete] vileza: quemarán en fuego a él y a ellas, porque no haya vileza entre vosotros.
LEV 20:15 Y cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto; y mataréis a la bestia.
LEV 20:16 Y la mujer que se allegare a algún animal, para tener ayunta­miento con él, a la mujer y al ani­mal matarás: morirán infalible­mente; [será] su sangre sobre ellos.
LEV 20:17 Y cualquiera que tomare a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, cosa malvada [es]; por tanto serán muertos a ojos de los hijos de su pueblo: descubrió la desnudez de su her­mana; su pecado llevará.
LEV 20:18 Y cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descu­briere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre: ambos serán cortados de entre su pueblo.
LEV 20:19 La desnudez de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre, no descubrirás: por cuanto descubrió su parienta, su iniqui­dad llevarán.
LEV 20:20 Y cualquiera que durmiere con la esposa del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin hijos.
LEV 20:21 Y el que tomare la esposa de su hermano, [es] suciedad; la desnu­dez de su hermano descubrió; sin hijos serán.
LEV 20:22 Guardad, pues, todos mis estatutos y todos mis juicios, y hacedlos: y no os vomi­tará la tierra, a la cual yo os traigo para que habitéis en ella.
LEV 20:23 Y no andéis en las prácticas de la nación que yo echaré de delante de vosotros: porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.
LEV 20:24 Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios, que os he apartado de [otros] pueblos.
LEV 20:25 Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia: y no ensuciéis vuestras personas en los animales, ni en las aves, ni en ninguna cosa que va arrastrando por la tierra, las cuales os he apartado por inmun­das.
LEV 20:26 Habéis, pues, de serme san­tos, porque yo el SEÑOR [soy] santo, y os he apartado de los pueblos, para que seáis míos.
LEV 20:27 Y el hombre o la mujer en quienes hubiere espíritu de hechicería o de adivinación, han de ser muertos: los apedrearán con pie­dras; su sangre [será] sobre ellos.
LEV 21:1 Y EL SEÑOR dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, los hijos de Aarón, y díles que no se contaminen por un muerto entre su pueblo.
LEV 21:2 Mas por su pariente cercano a sí, por su madre, o por su padre, o por su hijo, o por su hermano,
LEV 21:3 O por su hermana virgen, a él cercana, la cual no haya tenido marido, por ella se contaminará.
LEV 21:4 No se contaminará, [porque es] príncipe en sus pueblos, hacién­dose inmundo.
LEV 21:5 No harán calva en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán cortes.
LEV 21:6 Santos serán a su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios; porque las ofrendas del SEÑOR hechas por fuego, [y] el pan de su Dios, ofrecen: por tanto serán santos.
LEV 21:7 Mujer ramera o infame no tomarán: ni tomarán mujer repu­diada de su marido: porque [es] santo a su Dios.
LEV 21:8 Lo santificarás por tanto, pues el pan de tu Dios ofrece: santo será para ti, porque santo [soy] yo el SEÑOR que os santifico.
LEV 21:9 Y la hija del varón sacerdote, si comenzare a fornicar, a su padre amancilla: quemada será al fuego.
LEV 21:10 Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que hinchió su mano para ves­tir las vestimentas, no descubrirá su cabeza, ni romperá sus vestiduras:
LEV 21:11 Ni entrará donde haya alguna persona muerta, ni por su padre, o por su madre se contaminará.
LEV 21:12 Ni saldrá del santuario, ni contaminará el santuario de su Dios; porque la corona del aceite de la unción de su Dios [está] sobre él: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 21:13 Y tomará él esposa con su vir­ginidad.
LEV 21:14 Viuda, o repudiada, o infame, [o] ramera, éstas no tomará: mas tomará virgen de sus pueblos por esposa.
LEV 21:15 Y no amancillará su simiente en sus pueblos; porque yo el SEÑOR soy el que los santifico.
LEV 21:16 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
LEV 21:17 Habla a Aarón, y díle: El varón de tu simiente en sus gene­raciones, en el cual hubiere falta, no se allegará para ofrecer el pan de su Dios.
LEV 21:18 Porque ningún varón en el cual hubiere falta, se allegará: varón ciego, o cojo, o falto, o sobrado,
LEV 21:19 O varón en el cual hubiere que­bradura de pie o rotura de mano,
LEV 21:20 O corcovado, o lagañoso, o que tuviere nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o compañón relajado;
LEV 21:21 Ningún varón de la simiente de Aarón sacerdote, en el cual hubiere falta, se allegará para ofrecer las ofrendas hechas por fuego del SEÑOR. Hay falta en él; no se allegará a ofrecer el pan de su Dios.
LEV 21:22 Él comerá el pan de su Dios, del santísimo y del santo.
LEV 21:23 Pero no entrará del velo adentro, ni se allegará al altar, por cuanto hay falta en él: y no profa­nará mis santuarios, porque yo el SEÑOR los santifico.
LEV 21:24 Y Moisés habló [esto] a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.
LEV 22:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 22:2 Di a Aarón y a sus hijos, que se separen de las cosas santas de los hijos de Israel, y que no profanen mi santo nombre en lo que ellos me santifican: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 22:3 Díles: Todo varón de toda vues­tra simiente en vuestras generacio­nes que llegare a las cosas sagra­das, que los hijos de Israel consa­gran al SEÑOR, teniendo inmun­dicia sobre sí, de delante de mí será cortada su alma: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 22:4 Cualquier varón de la simiente de Aarón que [fuere] leproso, o padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio: y el que tocare cualquie­ra cosa inmunda de mortecino, o el varón del cual hubiere salido derramamiento de semen;
LEV 22:5 O cualquier que hubiere tocado cualquier criatura que se arrastre, por el cual será inmundo, u hombre por el cual venga a ser inmundo, conforme a cualquiera inmundicia suya;
LEV 22:6 La persona que lo tocare, será inmunda hasta la tarde, y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su carne con agua.
LEV 22:7 Y cuando el sol se pusiere, será limpio; y después comerá las cosas sagradas, porque su comida [es].
LEV 22:8 Lo que muera de sí mismo, o lo que es despedazado [por fiera], no comerá para contaminarse en ello: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 22:9 Guarden, pues, mi ordenanza, para que no lleven pecado por ello, no sea que así mueran cuando la profanaren: Yo el SEÑOR que los santifico.
LEV 22:10 Ningún extraño comerá [de] la cosa sagrada; el huésped del sacerdo­te, ni el jornalero, no comerá [de] la cosa sagrada.
LEV 22:11 Mas si el sacerdote comprare [alguna] persona con su dinero, ésta comerá de ella, y el nacido en su casa: éstos comerán de su alimento.
LEV 22:12 Si la hija del sacerdote esté [casada] con un extranjero, ella no comerá de la ofrenda de las cosas sagradas.
LEV 22:13 Pero si la hija del sacerdote fuere viuda, o repudiada, y no tuviere hijo, y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su mocedad, comerá del alimento de su padre; mas ningún extraño coma de él.
LEV 22:14 Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá a ella una quinta [parte], y [la] dará al sacerdote con la cosa sagrada.
LEV 22:15 No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales ofrecen para el SEÑOR:
LEV 22:16 Y [no] les harán llevar la iniqui­dad del pecado, comiendo las cosas santas de ellos: porque yo el SEÑOR los santifi­co.
LEV 22:17 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 22:18 Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y díles: Cualquier [varón] de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda por todos sus votos, y por todas sus voluntarias oblaciones que ofrecieren al SEÑOR en ofrenda quemada;
LEV 22:19 De vuestra propia voluntad [ofrece­réis] macho sin defecto de entre las vacas, de entre los corderos, o de entre las cabras.
LEV 22:20 [Pero] cualquier cosa que tiene mancha, no [la] ofreceréis.
LEV 22:21 Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio de paces al SEÑOR para presentar voto, u ofreciendo voluntariamente, sea de vacas o de ovejas, sin defecto será acepto; no ha de haber en él mancha.
LEV 22:22 Ciego, o perniquebrado, o mutilado, o verrugoso, o sarnoso, o roñoso, no ofreceréis éstos al SEÑOR, ni de ellos pondréis ofrenda hecha por fuego sobre el altar del SEÑOR.
LEV 22:23 Buey o carnero que tenga de más o de menos, podrás ofrecer [por] ofrenda voluntaria; mas por voto no será acepto.
LEV 22:24 No ofreceréis al SEÑOR lo que está herido, o magullado, o rompido, o cortado; ni en vuestra tierra haréis [tal ofrenda].
LEV 22:25 Y de mano de extran­jero no ofreceréis el pan de vues­tro Dios de todas estas cosas; porque su corrupción [está] en ellas: [hay] en ellas defecto, no se os aceptarán.
LEV 22:26 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 22:27 El buey, o el cordero, o la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre: mas desde el octavo día en ade­lante será acepto para ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 22:28 Y [sea] buey o carnero, no degollaréis en un día a él y a su hijo.
LEV 22:29 Y cuando sacrificareis sacrifi­cio de acción de gracias al SEÑOR, de vuestra propia voluntad [lo] sacrificaréis.
LEV 22:30 En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 22:31 Guardad pues mis manda­mientos, y ejecutadlos: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 22:32 Y no profanaréis mi santo nombre, y yo me santificaré en medio de los hijos de Israel: Yo [soy] el SEÑOR que os santifi­co;
LEV 22:33 Que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 23:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 23:2 Habla a los hijos de Israel, y diles: Las fiestas solemnes del SEÑOR, las cuales proclamaréis santas convocaciones, éstas [son] mis fiestas solemnes.
LEV 23:3 Seis días se trabajará, y el sép­timo día sábado de reposo [es], convocación santa: ninguna obra haréis; sábado [es] del SEÑOR en todas vuestras habitaciones.
LEV 23:4 Éstas [son] las fiestas solemnes del SEÑOR, [aún] las convocaciones santas, a las cuales proclamaréis en sus estaciones.
LEV 23:5 En el mes primero, a los cator­ce del mes, entre las dos tardes, pascua [es] del SEÑOR.
LEV 23:6 Y a los quince días de este mes es la solemnidad de los panes sin levadura al SEÑOR: siete días comeréis panes sin levadura.
LEV 23:7 El primer día tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis.
LEV 23:8 Y ofreceréis al SEÑOR siete días ofrenda hecha por fuego: el séptimo día [será] santa convoca­ción; ninguna obra servil haréis.
LEV 23:9 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 23:10 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, y sega­reis su mies, traeréis al sacerdote un omer por primicia de los pri­meros frutos de vuestra siega;
LEV 23:11 El cual mecerá el omer delan­te del SEÑOR, para que seáis aceptos: el siguiente día del sába­do lo mecerá el sacerdote.
LEV 23:12 Y el día que ofrezcáis el omer, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en ofrenda quemada al SEÑOR.
LEV 23:13 Y su ofrenda [será] dos décimas de flor de harina amasada con aceite, ofrenda hecha por fuego al SEÑOR [en] olor suavísimo; y la libación [será] de vino, la cuarta parte de un hin.
LEV 23:14 Y no comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo [es] por todas vuestras generaciones en todas vuestras habitaciones.
LEV 23:15 Y os habéis de contar desde el siguiente día del sábado, desde el día en que ofrecisteis el omer de la ofrenda mecida; siete sábados cumplidos serán:
LEV 23:16 Hasta el siguiente día del sábado séptimo contaréis cin­cuenta días; entonces ofreceréis nuevo presente al SEÑOR.
LEV 23:17 De vuestras habitaciones trae­réis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos déci­mas de flor de harina, cocidos con levadura, [son] primicias al SEÑOR.
LEV 23:18 Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año sin defecto, y un becerro de la vacada y dos carneros: serán ofrenda quemada al SEÑOR, con su ofrenda y sus libaciones; ofrenda hecha por fuego de suave olor al SEÑOR.
LEV 23:19 Ofreceréis además un macho de cabrío por expiación; y dos corderos de un año en sacrificio de paces.
LEV 23:20 Y el sacerdote los mecerá [en] ofrenda mecida delante del SEÑOR, con el pan de las primi­cias, y los dos corderos: serán cosa sagrada del SEÑOR para el sacerdote.
LEV 23:21 Y proclamaréis en este mismo día; que [os] será santa convocación: ninguna obra servil haréis: [será] estatuto perpetuo en todas vuestras habitaciones por vuestras generaciones.
LEV 23:22 Y cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu campo, ni espigarás tu siega; para el pobre, y para el extranjero la dejarás: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 23:23 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 23:24 Habla a los hijos de Israel, diciendo: En el mes séptimo, al primer [día] del mes, tendréis sábado, una conmemoración al son de trompetas, una santa convocación.
LEV 23:25 Ninguna obra servil haréis; y ofreceréis ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 23:26 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 23:27 También en el décimo [día] de este séptimo mes [será] el día de las expia­ciones: tendréis santa convoca­ción, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 23:28 Ninguna obra haréis en este mismo día; porque [es] día de expiaciones, para reconciliaros delante del SEÑOR vuestro Dios.
LEV 23:29 Porque toda alma que no se afligiere en este mismo día, [será] cortada de entre su pueblo.
LEV 23:30 Y cualquier alma que hiciere obra alguna en este mismo día, yo destruiré la tal persona de entre su pueblo.
LEV 23:31 Ninguna obra haréis: estatuto perpetuo [será] por vuestras edades en todas vuestras habitaciones.
LEV 23:32 Sábado de reposo [será] a voso­tros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve del mes en la tarde: de tarde a tarde celebraréis vuestro sábado.
LEV 23:33 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 23:34 Habla a los hijos de Israel, y díles: A los quince días de este mes séptimo será la solemnidad de los tabernáculos al SEÑOR por siete días.
LEV 23:35 El primer día [habrá] santa con­vocación: ninguna obra servil haréis.
LEV 23:36 Siete días ofreceréis ofrenda hecha por fuego al SEÑOR: el octavo día tendréis santa convo­cación, y ofreceréis ofrenda hecha por fuego al SEÑOR: [es] una asamblea solemne: ninguna obra servil haréis.
LEV 23:37 Éstas [son] las fiestas solemnes del SEÑOR, a las que proclamaréis convocaciones santas, para ofre­cer ofrenda hecha por fuego al SEÑOR, ofrenda quemada y presente, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo:
LEV 23:38 Además de los sábados del SEÑOR y además de vuestros dones, y a más de todos vuestros votos, y además de todas vues­tras ofrendas voluntarias, que daréis al SEÑOR.
LEV 23:39 También a los quince del mes séptimo, cuando hubiereis alle­gado el fruto de la tierra, haréis fiesta al SEÑOR por siete días: el primer día [será] sábado; sábado [será] también el octavo día.
LEV 23:40 Y tomaréis el primer día gajos con fruto de árbol hermoso, ramos de palmas, y ramas de árboles espesos, y sauces de los arroyos; y os regocijaréis delante del SEÑOR vuestro Dios por siete días.
LEV 23:41 Y guardaréis fiesta solemne al SEÑOR por siete días cada año; [será] estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la celebraréis.
LEV 23:42 En cabañas habitaréis siete días: todo natural de Israel habi­tará en cabañas;
LEV 23:43 Para que sepan vuestros des­cendientes que en cabañas hice yo habitar a los hijos de Israel, cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 23:44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes del SEÑOR.
LEV 24:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 24:2 Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas, molido para la luminaria, para hacer arder las lámparas de con­tinuo.
LEV 24:3 Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo de la congrega­ción, las aderezará Aarón desde la tarde hasta la mañana delante del SEÑOR, de continuo: [será] estatu­to perpetuo por vuestras generaciones.
LEV 24:4 Sobre el candelero limpio pon­drá siempre en orden las lámpa­ras delante del SEÑOR.
LEV 24:5 Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas: cada torta será de dos décimas.
LEV 24:6 Y has de ponerlas en dos órdenes, seis en cada orden, sobre la mesa limpia delante del SEÑOR.
LEV 24:7 Pondrás también sobre [cada] orden incienso limpio, y será para el pan para memorial, [aún] ofren­da hecha por fuego al SEÑOR.
LEV 24:8 Cada día de sábado lo pondrá de continuo en orden delante del SEÑOR, [tomado] de los hijos de Israel por pacto sempiterno.
LEV 24:9 Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en el lugar santo; porque [es] cosa muy santa para él, de las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR, por fuero perpetuo.
LEV 24:10 Y el hijo de una mujer israelita, el cual era hijo de un egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento:
LEV 24:11 Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el nombre [del SEÑOR], y maldijo. Entonces le llevaron a Moisés. (Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dribi, de la tribu de Dan.)
LEV 24:12 Y pusiéronlo en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra del SEÑOR.
LEV 24:13 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
LEV 24:14 Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que [le] oyeron pongan sus manos sobre la cabe­za de él, y apedréelo toda la con­gregación.
LEV 24:15 Y a los hijos de Israel habla­rás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad.
LEV 24:16 Y el que blasfemare el nom­bre del SEÑOR, ha de ser muer­to; toda la congregación lo ape­dreará: así el extranjero como el natural, cuando blasfemare el nombre [del SEÑOR], que muera.
LEV 24:17 Y el hombre que hiere de muerte a cualquiera per­sona, ciertamente será puesto a la muerte.
LEV 24:18 Y el que hiere a algún animal, ha de restituirlo: animal por ani­mal.
LEV 24:19 Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho:
LEV 24:20 Rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente: según la lesión que habrá hecho a otro, tal se hará a él.
LEV 24:21 El que hiere algún animal, ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre, que muera.
LEV 24:22 Tendréis una misma ley: como el extranjero, así será el natural: porque yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 24:23 Y habló Moisés a los hijos de Israel, y ellos sacaron al blasfe­mo fuera del campamento, y apedreáronlo con piedras. Y los hijos de Israel hicieron según que el SEÑOR había mandado a Moisés.
LEV 25:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:
LEV 25:2 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, entonces la tierra guardará sábado al SEÑOR.
LEV 25:3 Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña, y coge­rás sus frutos;
LEV 25:4 Y el séptimo año la tierra ten­drá sábado de reposo, sábado al SEÑOR: no sembrarás tu tie­rra, ni podarás tu viña.
LEV 25:5 Lo que de suyo se naciere en tu [tierra] segada, no lo segarás; y las uvas de tu viñedo no vendimia­rás: año de reposo será a la tie­rra.
LEV 25:6 Mas el sábado de la tierra os será para comer, a ti, y a tu sier­vo, y a tu sierva, y a tu criado, y a tu extranjero que morare conti­go:
LEV 25:7 Y a tu ganado, y a la bestia que [hubiere] en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.
LEV 25:8 Y te has de contar siete sábados de años, siete veces siete años; de modo que los días de los siete sábados de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
LEV 25:9 Entonces harás pasar la trom­peta de jubilación en el mes sép­timo a los diez del mes; el día de la expiación haréis pasar la trom­peta por toda vuestra tierra.
LEV 25:10 Y santificaréis el año cincuenta, y proclamaréis libertad en la tierra a todos sus moradores: éste os será jubileo; y volveréis cada uno a su posesión, y cada cual volverá a su familia.
LEV 25:11 El año de los cincuenta años os será jubileo: no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis [las uvas de] sus viñedos:
LEV 25:12 Porque [es] jubileo: santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.
LEV 25:13 En este año de jubileo volve­réis cada uno a su posesión.
LEV 25:14 Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo o comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano:
LEV 25:15 Conforme al número de los años después del jubileo compra­rás de tu prójimo; [y] conforme al número de los años de los frutos te venderá él a ti.
LEV 25:16 Conforme a la multitud de los años aumentarás el precio, y conforme a la disminución de los años disminuirás el precio; por­que [según] el número [de los años] de los ren­dimientos te ha de vender él.
LEV 25:17 Y no engañe ninguno a su prójimo; mas tendrás temor de tu Dios: porque yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 25:18 Ejecutad, pues, mis estatutos, y guardad mis juicios, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros;
LEV 25:19 Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta abundancia, y habita­réis en ella con seguridad.
LEV 25:20 Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? he aquí no hemos de sembrar, ni hemos de coger nuestros frutos:
LEV 25:21 Entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y hará fruto por tres años.
LEV 25:22 Y sembraréis el año octavo, y comeréis [aún] del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto comeréis [del] añejo.
LEV 25:23 Y la tierra no se venderá para siempre: porque la tierra [es] mía; que vosotros peregrinos y extranjeros [sois] para conmigo.
LEV 25:24 Y en toda la tierra de vuestra posesión, otorgaréis redención a la tierra.
LEV 25:25 Si tu hermano empobreciere, y vendiere [algo] de su posesión, y si su pariente viniere para redimirlo, entonces redimirá lo que su hermano hubiere vendido.
LEV 25:26 Y si el hombre no tuviere para redimirlo, pero consiguiere lo suficiente para redimirlo;
LEV 25:27 Entonces contará los años de su venta, y restituirá lo que queda­re al varón a quien vendió, y vol­verá a su posesión.
LEV 25:28 Pero si no alcanzare su mano lo que basta para que vuelva a él, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo saldrá, y él volverá a su posesión.
LEV 25:29 Y el varón que vendiere casa de morada en ciudad cercada, tendrá facultad de redimirla hasta acabarse el año de su venta: un año será el término de poderse redimir.
LEV 25:30 Y si no fuere redimida dentro de un año entero, la casa que [estuviere] en la ciudad murada quedará para siempre por de aquel que la compró, y para sus descendientes: no saldrá en el jubileo.
LEV 25:31 Mas las casas de las aldeas que no tienen muro alrededor, serán estimadas como un campo de tierra: tendrán redención, y saldrán en el jubileo.
LEV 25:32 Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, siempre podrán redimir los levitas las casas de las ciudades que poseyeren.
LEV 25:33 Y el que comprare de los levitas, saldrá de la casa vendi­da, o de la ciudad de su posesión, en [el año del] jubileo: por cuanto las casas de las ciudades de los levitas es la posesión de ellos entre los hijos de Israel.
LEV 25:34 Mas la tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque [es] perpetua posesión de ellos.
LEV 25:35 Y cuando tu hermano empo­breciere, y se acogiere a ti, tú lo ampararás: como peregrino y extranjero vivirá contigo.
LEV 25:36 No tomarás usura de él, ni aumento; mas tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá con­tigo.
LEV 25:37 No le darás tu dinero a usura, ni tu vitualla a ganancia:
LEV 25:38 Yo soy el SEÑOR vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán, [y] para ser vuestro Dios.
LEV 25:39 Y si tu hermano empobreciere, estando contigo, y se vendiere a ti, no le harás servir como siervo:
LEV 25:40 [Sino] como criado, [y] como extranje­ro estará contigo; [y] hasta el año del jubileo te servirá.
LEV 25:41 Entonces saldrá de contigo, él y sus hijos consigo, y volverá a su familia, y a la posesión de sus padres se restituirá.
LEV 25:42 Porque [son] mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto: no serán vendidos a manera de siervos.
LEV 25:43 No te enseñorearás de él con dureza, pero tendrás temor de tu Dios.
LEV 25:44 Así tu siervo como tu sierva que tuvieres, serán de las nacio­nes que están en vuestro alrede­dor: de ellos compraréis siervos y siervas.
LEV 25:45 Además compraréis de los hijos de los extranjeros que viven entre vosotros, y de los que del linaje de ellos son nacidos en vuestra tierra, que [están] con vosotros; los cuales tendréis por posesión:
LEV 25:46 Y los poseeréis por heredad para vuestros hijos des­pués de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os ser­viréis de ellos; pero en vues­tros hermanos los hijos de Israel, no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza.
LEV 25:47 Y si el peregrino o extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano [que está] con él empobreciere, y se vendiere al peregrino o extranjero que está contigo, o a la raza de la familia del extranjero;
LEV 25:48 Después que se hubiere ven­dido, podrá ser redimido: uno de sus hermanos lo redimirá;
LEV 25:49 O su tío, o el hijo de su tío lo redimirá, o el cercano de su carne, de su linaje, lo redimirá; o si sus medios alcanzaren, él mismo se redimirá.
LEV 25:50 Y contará con el que lo com­pró, desde el año que se vendió a él hasta el año del jubileo: y ha de apreciarse el dinero de su venta conforme al número de los años, y se hará con él conforme al tiempo de un criado asalaria­do.
LEV 25:51 Si aún [fueren] muchos años, conforme a ellos volverá para su redención del dinero por el cual se vendió.
LEV 25:52 Y si quedare poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces contará con él, [y] devolverá el precio de su redención conforme a sus años.
LEV 25:53 Como con tomado a salario anualmente hará con él: no se enseñoreará en él con aspereza delante de tus ojos.
LEV 25:54 Y si no se redimiere en esos [años], en el año del jubileo saldrá él, y sus hijos con él.
LEV 25:55 Porque los hijos de Israel son siervos para mí; son siervos míos, a los cuales saqué de la tierra de Egipto: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 26:1 NO HARÉIS para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra imagen de piedra para inclinaros a ella: porque yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
LEV 26:2 Guardad mis sábados, y tened en reverencia mi santuario: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 26:3 Si anduviereis en mis estatutos, y guardareis mis mandamientos, y los hiciereis;
LEV 26:4 Yo daré vuestra lluvia en su debido tiempo, y la tierra rendirá sus producciones, y el árbol del campo dará su fruto;
LEV 26:5 Y su trilla os alcanzará a la ven­dimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan en abundancia y habitaréis segu­ros en vuestra tierra:
LEV 26:6 Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien [os] espante: y haré quitar las malas bestias de vuestra tierra, y no pasará por vuestro país la espada:
LEV 26:7 Y perseguiréis a vuestros ene­migos, y caerán a espada delante de vosotros:
LEV 26:8 Y cinco de vosotros persegui­rán a cien, y cien de vosotros perseguirán a diez mil, y vues­tros enemigos caerán a espada delante de vosotros.
LEV 26:9 Porque yo os tendré respeto, y os haré crecer, y os multi­plicaré, y estableceré mi pacto con vosotros:
LEV 26:10 Y comeréis lo añejo de mucho tiempo, y sacareis fuera lo añejo a causa de lo nuevo:
LEV 26:11 Y pondré mi tabernáculo en medio de vosotros, y mi alma no os abo­minará:
LEV 26:12 Y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
LEV 26:13 Yo soy el SEÑOR vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos; y rompí las bandas de vuestro yugo, y os he hecho andar rectos.
LEV 26:14 Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis manda­mientos,
LEV 26:15 Y si despreciareis mis estatutos, o vuestra alma aborreciere mis juicios, no ejecutando todos mis mandamientos, quebrantando mi pacto;
LEV 26:16 Yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, enflaquecimiento y calentura, que consuman los ojos, y ator­menten el alma: y sembraréis en vano vuestra simiente, porque vuestros enemigos la comerán:
LEV 26:17 Y pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga.
LEV 26:18 Y si aún con estas cosas no me oyereis, yo os castigaré siete veces más por vuestros pecados.
LEV 26:19 Y quebrantaré la soberbia de vuestra fortaleza, y tornaré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como latón:
LEV 26:20 Y vuestra fuerza se consumi­rá en vano; que vuestra tierra no dará su esquilmo, y los árboles de la tierra no darán su fruto.
LEV 26:21 Y si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.
LEV 26:22 Enviaré también contra voso­tros bestias fieras que os arreba­ten los hijos, y destruyan vues­tros animales, y os apoquen, y vuestros caminos sean desiertos.
LEV 26:23 Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que anduviereis conmigo en oposición,
LEV 26:24 Entonces yo también procederé con vosotros en oposición, y os heri­ré aún siete veces por vuestros pecados:
LEV 26:25 Y traeré sobre vosotros espa­da vengadora, en vindicación del pacto; y os recogeréis a vuestras ciudades; mas yo enviaré pesti­lencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemi­go.
LEV 26:26 [Y] cuando yo os quebrantare el arrimo del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, y no os harta­réis.
LEV 26:27 Y si con esto no me oyereis, mas procediereis conmigo en oposición,
LEV 26:28 Yo procederé con vosotros en contra y con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados.
LEV 26:29 Y comeréis las carnes de vuestros hijos, y comeréis las carnes de vuestras hijas:
LEV 26:30 Y destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pon­dré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará:
LEV 26:31 Y pondré vuestras ciudades en desierto, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragan­cia de vuestro suave perfume.
LEV 26:32 Yo asolaré también la tierra, y vuestros enemigos que moran en ella estarán atónitos:
LEV 26:33 Y a vosotros os esparciré por las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros: y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades.
LEV 26:34 Entonces la tierra descansará sus sábados todos los días que estu­viere asolada, y vosotros en la tierra de vuestros enemigos: la tierra descansará entonces y gozará sus sábados.
LEV 26:35 Todo el tiempo que esté asolada reposará, porque no reposó en vuestros sábados mientras habitabais en ella.
LEV 26:36 Y a los que quedaren de voso­tros infundiré en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja movida los perseguirá, y huirán como de espada, y caerán sin que nadie los persiga.
LEV 26:37 Y tropezarán los unos en los otros, como si huyeran delante de espada, aunque nadie los per­siga; y no podréis resistir delante de vuestros enemigos.
LEV 26:38 Y pereceréis entre las nacio­nes, y la tierra de vuestros ene­migos os consumirá.
LEV 26:39 Y los que quedaren de voso­tros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniqui­dad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos:
LEV 26:40 Si confesaren su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevarica­ron contra mí: y también porque anduvieron conmigo en oposi­ción;
LEV 26:41 Y [que] yo también he andado con ellos en contra, y los he meti­do en la tierra de sus enemigos: si entonces se humillaren su corazón incircunciso, y aceptaren el castigo de su iniquidad;
LEV 26:42 Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré; y haré memoria de la tierra.
LEV 26:43 Que la tierra estará desampa­rada de ellos, y holgará sus sába­dos, estando desolada a causa de ellos; mas entretanto se somete­rán al castigo de sus iniquidades: por cuanto menospreciaron mis juicios, y tuvo el alma de ellos fastidio de mis estatutos.
LEV 26:44 Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abo­minaré para consumirlos, invali­dando mi pacto con ellos: porque yo soy el SEÑOR su Dios:
LEV 26:45 Pero me acordaré de ellos por el pacto de sus ancestros, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios: Yo [soy] el SEÑOR.
LEV 26:46 Éstos [son] los estatutos, juicios y leyes que estableció el SEÑOR entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés.
LEV 27:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
LEV 27:2 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando alguno hiciere especial voto al SEÑOR, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, así [será] tu estimación:
LEV 27:3 En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, tu estimación será cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.
LEV 27:4 Y si [fuere] hembra, entonces la estima­ción será treinta siclos.
LEV 27:5 Y si [fuere] de cinco años hasta veinte, tu estimación será respec­to al varón veinte siclos, y a la hembra diez siclos.
LEV 27:6 Y si [fuere] de un mes hasta cinco años, tu estimación será en orden al varón, cinco siclos de plata; y por la hembra [será] tu estimación tres siclos de plata.
LEV 27:7 Mas si [fuere] de sesenta años arriba, por el varón tu estimación será quince siclos, y por la hembra diez siclos.
LEV 27:8 Pero si fuere más pobre que tu estimación, entonces compare­cerá ante el sacerdote, y el sacer­dote le pondrá valor: conforme a la facultad del votante le impon­drá valor el sacerdote.
LEV 27:9 Y si [fuere] animal de que se ofrece ofrenda al SEÑOR, todo lo que se diere de él al SEÑOR será santo.
LEV 27:10 No será mudado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permutare un ani­mal por otro, él y el dado por él en cambio serán sagrados.
LEV 27:11 Y si [fuere] algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda al SEÑOR, entonces el animal será puesto delante del sacerdote:
LEV 27:12 Y el sacerdote lo apreciará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será.
LEV 27:13 Y si lo hubieren de redimir, añadirán su quinto sobre tu valuación.
LEV 27:14 Y cuando alguno santificare su casa consagrándola al SEÑOR, la apreciará el sacerdo­te, sea buena o sea mala: según la apreciare el sacerdote, así queda­rá.
LEV 27:15 Mas si el santificante redimie­re su casa, añadirá a tu valuación el quinto del dinero de ella, y será suya.
LEV 27:16 Y si alguno santificare de la tierra de su posesión al SEÑOR, tu estimación será conforme a su sembradura: un omer de sembra­dura de cebada [se apreciará] en cincuenta siclos de plata.
LEV 27:17 Y si santificare su tierra desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará.
LEV 27:18 Mas si después del jubileo santificare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del dine­ro conforme a los años que que­daren hasta el año del jubileo, y se rebajará de tu estimación.
LEV 27:19 Y si el que santificó la tierra quisiere redimirla, añadirá a tu estimación el quinto del dinero de ella, y quedaráse para él.
LEV 27:20 Mas si él no redimiere la tie­rra, y la tierra se vendiere a otro, no la redimirá más;
LEV 27:21 Sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será santa al SEÑOR, como tierra consagra­da: la posesión de ella será del sacerdote.
LEV 27:22 Y si santificare [alguno] al SEÑOR la tierra que él compró, que no [era] de la tierra de su herencia,
LEV 27:23 Entonces el sacerdote calcula­rá con él la suma de tu estima­ción, hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu señalado precio, [como] cosa consagrada al SEÑOR.
LEV 27:24 En el año del jubileo, volverá la tierra a aquél de quien él la compró, cuya [es] la herencia de la tierra.
LEV 27:25 Y todo lo que apreciares será conforme al siclo del santuario: el siclo tiene veinte óbolos.
LEV 27:26 Pero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es del SEÑOR, nadie lo santificará; [sea] buey u oveja, del SEÑOR [es].
LEV 27:27 Mas si [fuere] de los animales inmundos, [lo] redimirán confor­me a tu estimación, y añadirán sobre ella su quinto: y si no lo redimieren, se venderá conforme a tu estimación.
LEV 27:28 Pero ninguna cosa consagra­da, que alguno hubiere santifica­do al SEÑOR de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, no se venderá, ni se redimirá: todo lo consagrado [será] cosa santísi­ma al SEÑOR.
LEV 27:29 Ninguna [cosa] consagrada, que fuere consagrada de los hombres, será redimida; indefectiblemente ha de ser muerta.
LEV 27:30 Y todas las décimas de la tie­rra, [así] de la simiente de la tierra [como] del fruto de los árboles, del SEÑOR [son]: [es] cosa consagrada al SEÑOR.
LEV 27:31 Y si alguno quisiere redimir [algo] de sus décimas, añadirá su quinto a ello.
LEV 27:32 Y toda décima de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, la décima será consagra­da al SEÑOR.
LEV 27:33 No mirará si es bueno o malo, ni lo trocará: y si lo trocare, ello y su trueque serán cosas sagra­das; no se redimirá.
LEV 27:34 Éstos [son] los mandamientos que ordenó el SEÑOR a Moisés, para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.
NUM 1:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de la congregación, en el primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo:
NUM 1:2 Tomad el encabezamiento de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuen­ta de [sus] nombres, todos los varo­nes por sus cabezas:
NUM 1:3 De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos.
NUM 1:4 Y estará con vosotros un varón de cada tribu, cada uno cabeza de la casa de sus padres.
NUM 1:5 Y estos [son] los nombres de los varones que estarán con voso­tros: De [la tribu de] Rubén, Elisur hijo de Sedeur.
NUM 1:6 De Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai.
NUM 1:7 De Judá, Naasón hijo de Aminadab.
NUM 1:8 De Isacar, Natanael hijo de Zuar.
NUM 1:9 De Zabulón, Eliab hijo de Helón.
NUM 1:10 De los hijos de José: de Efraím, Elisama hijo de Amiud; de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur.
NUM 1:11 De Benjamín, Abidán hijo de Gideoni.
NUM 1:12 De Dan, Ahiezer hijo de Amisadai.
NUM 1:13 De Aser, Pagiel hijo de Ocrán.
NUM 1:14 De Gad, Eliasaf hijo de Deuel.
NUM 1:15 De Neftalí, Ahira hijo de Enán.
NUM 1:16 Éstos [eran] los de renombre de la congregación, príncipes de las tribus de sus padres, capitanes de los millares de Israel.
NUM 1:17 Tomó pues Moisés y Aarón a estos varones que fueron decla­rados por [sus] nombres:
NUM 1:18 Y juntaron toda la congrega­ción en el primero del mes segundo, y declararon sus linajes, por las casas de sus padres, según la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, por sus cabezas,
NUM 1:19 Como el SEÑOR lo había mandado a Moisés; y contólos en el desierto de Sinaí.
NUM 1:20 Y los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:21 Los contados de ellos, de la tribu de Rubén, [fueron] cuarenta y seis mil y quinientos.
NUM 1:22 De los hijos de Simeón, por sus generaciones, por sus fami­lias, por las casas de sus padres, los contados de ellos conforme a la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:23 Los contados de ellos, de la tribu de Simeón, cincuenta y nueve mil y trescientos.
NUM 1:24 De los hijos de Gad, por sus generaciones por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:25 Los contados de ellos, de la tribu de Gad, cuarenta y cinco mil seiscientos y cincuenta.
NUM 1:26 De los hijos de Judá, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:27 Los contados de ellos, de la tribu de Judá, setenta y cuatro mil y seiscientos.
NUM 1:28 De los hijos de Isacar, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:29 Los contados de ellos, de la tribu de Isacar, cincuenta y cuatro mil y cuatrocientos.
NUM 1:30 De los hijos de Zabulón, por sus generaciones, por sus fami­lias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de sus nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:31 Los contados de ellos, de la tribu de Zabulón, cincuenta y siete mil y cuatrocientos.
NUM 1:32 De los hijos de José: [a saber], de los hijos de Efraím, por sus gene­raciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:33 Los contados de ellos, de la tribu de Efraím, cuarenta mil y quinientos.
NUM 1:34 De los hijos de Manasés, por sus generaciones, por sus fami­lias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:35 Los contados de ellos, de la tribu de Manasés, treinta y dos mil y doscientos.
NUM 1:36 De los hijos de Benjamín, por sus generaciones, por sus fami­lias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:37 Los contados de ellos, de la tribu de Benjamín, treinta y cinco mil y cuatrocientos.
NUM 1:38 De los hijos de Dan, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:39 Los contados de ellos, de la tribu de Dan, sesenta y dos mil y setecientos.
NUM 1:40 De los hijos de Aser, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra.
NUM 1:41 Los contados de ellos, de la tribu de Aser, cuarenta y un mil y quinientos.
NUM 1:42 De los hijos de Neftalí, por sus generaciones, por sus fami­lias, por las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nom­bres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra;
NUM 1:43 Los contados de ellos, de la tribu de Neftalí, cincuenta y tres mil y cuatrocientos.
NUM 1:44 Éstos [fueron] los contados, los cuales contaron Moisés y Aarón, con los príncipes de Israel, que [eran] doce, uno por cada casa de sus padres.
NUM 1:45 Y fueron todos los contados de los hijos de Israel por las casas de sus padres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra en Israel;
NUM 1:46 Aún todos los contados fueron seiscientos tres mil, quinientos y cincuenta.
NUM 1:47 Pero los levitas no fueron contados entre ellos según la tribu de sus padres.
NUM 1:48 Porque habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 1:49 Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuen­ta de ellos entre los hijos de Israel:
NUM 1:50 Mas tú pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus vasos, y sobre todas las cosas que le [per­tenecen]: ellos llevarán el taber­náculo y todos sus vasos, y ellos servirán en él, y asentarán sus tiendas alrededor del tabernácu­lo.
NUM 1:51 Y cuando el tabernáculo par­tiere, los levitas lo desarmarán; y cuando el tabernáculo asentare, los levitas lo armarán: y el extraño que se llegare, morirá.
NUM 1:52 Y los hijos de Israel asentarán sus tiendas cada uno en su escua­drón, y cada uno junto a su ban­dera, por sus cuadrillas;
NUM 1:53 Mas los levitas asentarán las suyas alrededor del tabernáculo del testimonio, y no habrá ira sobre la congregacion de los hijos de Israel: y los levitas ten­drán la guarda del tabernáculo del testimonio.
NUM 1:54 E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que mandó el SEÑOR a Moisés; así lo hicieron.
NUM 2:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
NUM 2:2 Los hijos de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, según las enseñas de las casas de sus padres; alrededor del taber­náculo de la congregación acam­parán.
NUM 2:3 Y al lado oriente, hacia donde sale el sol, acamparán los de la bandera del campamento de Judá, por sus ejércitos; y Naasón el hijo de Aminadab [será] capitán de los hijos de Judá.
NUM 2:4 Y su hueste, con los contados de ellos, setenta y cuatro mil y seis­cientos.
NUM 2:5 Junto a él acamparán los de la tribu de Isacar: y Natanael, hijo de Zuar, [será] capitán de los hijos de Isacar;
NUM 2:6 Y su hueste, con sus contados, cincuenta y cuatro mil y cuatro­cientos:
NUM 2:7 Y la tribu de Zabulón: y el capitán de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón;
NUM 2:8 Y su hueste, con sus contados, cincuenta y siete mil y cuatro­cientos.
NUM 2:9 Todos los contados en el campamento de Judá, ciento ochenta y seis mil y cuatrocientos, por sus ejércitos, irán delante.
NUM 2:10 La bandera del campamento de Rubén al sur, por sus ejércitos: y el capitán de los hijos de Rubén, Elisur hijo de Sedeur;
NUM 2:11 Y su hueste, sus contados, cuarenta y seis mil y quinientos.
NUM 2:12 Y acamparán junto a él los de la tribu de Simeón: y el capitán de los hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai;
NUM 2:13 Y su hueste, con los contados de ellos, cincuenta y nueve mil y trescientos:
NUM 2:14 Y la tribu de Gad: y el capitán de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Rehuel;
NUM 2:15 Y su hueste, con los contados de ellos, cuarenta y cinco mil seiscientos y cincuenta.
NUM 2:16 Todos los contados en el campamento de Rubén, ciento cincuenta y un mil cuatrocientos y cincuenta, por sus ejércitos, irán los segundos.
NUM 2:17 Luego irá el tabernáculo de la congregación, el campamento de los levitas en medio de los ejércitos: de la manera que asientan el campamento, así caminarán, cada uno en su lugar, junto a sus banderas.
NUM 2:18 La bandera del campamento de Efraím por sus ejércitos, al occidente: y el capitán de los hijos de Efraím, Elisama hijo de Amiud;
NUM 2:19 Y su hueste, con los contados de ellos, cuarenta mil y quinien­tos.
NUM 2:20 Y junto a él [estará] la tribu de Manasés; y el capitán de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur;
NUM 2:21 Y su hueste, con los contados de ellos, treinta y dos mil y dos­cientos:
NUM 2:22 Después la tribu de Benjamín: y el capitán de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gideoni;
NUM 2:23 Y su hueste, con los contados de ellos, treinta y cinco mil y cuatrocientos.
NUM 2:24 Todos los contados en el campamento de Efraím, ciento ocho mil y ciento, por sus ejércitos, irán los terceros.
NUM 2:25 La bandera del campamento de Dan [estará] al norte, por sus ejércitos: y el capitán de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai;
NUM 2:26 Y su hueste, con los contados de ellos, sesenta y dos mil y sete­cientos.
NUM 2:27 Junto a él acamparán los de la tribu de Aser: y el capitán de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán;
NUM 2:28 Y su hueste, con los contados de ellos, cuarenta y un mil y qui­nientos:
NUM 2:29 Después la tribu de Neftalí: y el capitán de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán;
NUM 2:30 Y su hueste, con los contados de ellos, cincuenta y tres mil y cuatrocientos.
NUM 2:31 Todos los contados en el campamento de Dan, ciento cincuenta y siete mil y seiscientos: irán los postreros tras sus banderas.
NUM 2:32 Éstos [son] los contados de los hijos de Israel, por las casas de sus padres: todos los contados por campamentos, por sus escuadro­nes, seiscientos tres mil quinien­tos y cincuenta.
NUM 2:33 Mas los levitas no fueron contados entre los hijos de Israel; como el SEÑOR lo mandó a Moisés.
NUM 2:34 E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que el SEÑOR mandó a Moisés; así asentaron el campo por sus ban­deras, y así marcharon cada uno por sus familias, según las casas de sus padres.
NUM 3:1 Y ÉSTAS son las generaciones de Aarón y de Moisés en el día [que] el SEÑOR habló a Moisés en el monte de Sinaí.
NUM 3:2 Y éstos [son] los nombres de los hijos de Aarón: Nadab el primogénito, y Abiú, Eleazar, e Itamar.
NUM 3:3 Éstos [son] los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungi­dos; los cuales él consagró para ministrar en el sacerdocio.
NUM 3:4 Y Nadab y Abiú murieron delante del SEÑOR, cuando ofrecieron fuego extraño delante del SEÑOR, en el desierto de Sinaí, y no tuvieron hijos: y Eleazar e Itamar ministraron el sacerdocio delante de Aarón su padre.
NUM 3:5 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 3:6 Haz llegar a la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le ministren;
NUM 3:7 Y desempeñen su cargo, y el cargo de toda la congregación delante del tabernáculo de la congregación, para servir en el ministerio del tabernáculo;
NUM 3:8 Y guarden todos los utensilios del tabernáculo de la congregación, y lo encargado [a ellos] de los hijos de Israel, y ministren en el servicio del tabernáculo.
NUM 3:9 Y darás los levitas a Aarón y a sus hijos: le [son] enteramente dados de entre los hijos de Israel.
NUM 3:10 Y constituirás a Aarón y a sus hijos, para que guarden su sacer­docio: y el extraño que se llega­re, morirá.
NUM 3:11 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 3:12 Y he aquí, yo he tomado los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los pri­mogénitos que abren la matriz entre los hijos de Israel; serán pues míos los levitas:
NUM 3:13 Porque mío [es] todo primogé­nito; desde el día que yo maté todos los primogénitos en la tie­rra de Egipto, yo santifiqué a mí todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de anima­les: míos serán: Yo [soy] el SEÑOR.
NUM 3:14 Y el SEÑOR habló a Moisés en el desierto de Sinaí, diciendo:
NUM 3:15 Cuenta los hijos de Leví por las casas de sus padres, por sus familias: contarás todos los varo­nes de un mes arriba.
NUM 3:16 Y Moisés los contó conforme a la palabra del SEÑOR, como le fue mandado.
NUM 3:17 Y los hijos de Leví fueron éstos por sus nombres: Gersón, y Coat, y Merari.
NUM 3:18 Y éstos [son] los nombres de los hijos de Gersón, por sus familias: Libni, y Simei.
NUM 3:19 Y los hijos de Coat, por sus familias: Amram, e Izhar, y Hebrón, y Uziel.
NUM 3:20 Y los hijos de Merari, por sus familias: Mahali, y Musi. Éstas [son] las familias de Leví, por las casas de sus padres.
NUM 3:21 De Gersón [era] la familia de Libni y la de Simei: éstas [son] las familias de Gersón.
NUM 3:22 Los que fueron contados de ellos, conforme a la cuenta de todos los varones, de un mes arriba, [aún] los que fueron contados de ellos [fueron] siete mil y quinientos.
NUM 3:23 Las familias de Gersón asen­tarán sus tiendas atrás del tabernáculo, al occidente;
NUM 3:24 Y el jefe de la casa del padre de los gersonitas [será] Eliasaf hijo de Lael.
NUM 3:25 Y a cargo de los hijos de Gersón, en el tabernáculo de la congregación, estará el taberná­culo, y la tienda, y su cubierta, y la cortina de la puerta del taber­náculo de la congregación,
NUM 3:26 Y las cortinas del patio, y la cortina de la puerta del patio, que [está] junto al tabernáculo y junto al altar alrededor; asimis­mo sus cuerdas para todo su ser­vicio.
NUM 3:27 Y de Coat [era] la familia amramítica, y la familia izeharítica, y la familia hebronítica, y la familia ozielítica: éstas son las familias coatitas.
NUM 3:28 Por la cuenta de todos los varones de un mes arriba, [eran] ocho mil y seiscientos, que tenían la guarda del santuario.
NUM 3:29 Las familias de los hijos de Coat acamparán al lado del tabernáculo, hacia el sur;
NUM 3:30 Y el jefe de la casa del padre de las familias de Coat [será] Elisafán hijo de Uziel.
NUM 3:31 Y a cargo de ellos [estará] el arca, y la mesa, y el candelero, y los altares, y los vasos del san­tuario con que ministran, y el velo, con todo su servicio.
NUM 3:32 Y el principal de los jefes de los levitas [será] Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, encargado de los que tienen la guarda del san­tuario.
NUM 3:33 De Merari, la familia mahalítica y la familia musítica: éstas [son] las familias de Merari.
NUM 3:34 Y los contados de ellos conforme a la cuenta de todos los varones de un mes arriba, [fueron] seis mil y doscientos.
NUM 3:35 Y el jefe de la casa del padre de las familias de Merari [fue] Suriel hijo de Abihail: [éstos] acamparán al lado del tabernáculo, al norte.
NUM 3:36 Y a cargo de los hijos de Merari estará la custodia de las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas, y sus basas, y todos sus enseres, con todo su servicio:
NUM 3:37 Y las columnas en derredor del patio, y sus basas, y sus esta­cas, y sus cuerdas.
NUM 3:38 Pero los que acamparán delante del tabernáculo al oriente, delan­te del tabernáculo de la congre­gación al levante, [serán] Moisés, y Aarón y sus hijos, teniendo la guarda del santuario en lugar de los hijos de Israel: y el extraño que se acercare, será puesto a la muerte.
NUM 3:39 Todos los contados de los levitas, que Moisés y Aarón conforme a la palabra del SEÑOR contaron por sus fami­lias, todos los varones de un mes arriba, [fueron] veinte y dos mil.
NUM 3:40 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Cuenta todos los varones primogénitos de los hijos de Israel de un mes arriba, y toma la cuenta de los nombres de ellos.
NUM 3:41 Y tomarás los levitas para mí, (Yo [soy] el SEÑOR), en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel: y los ani­males de los levitas en lugar de todos los primogénitos de los animales de los hijos de Israel.
NUM 3:42 Y contó Moisés, como el SEÑOR le mandó, todos los pri­mogénitos de los hijos de Israel.
NUM 3:43 Y todos los primogénitos varones, conforme a la cuenta de los nombres, de un mes arriba, los contados de ellos fueron veinte y dos mil doscientos setenta y tres.
NUM 3:44 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 3:45 Toma los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y los animales de los levitas en lugar de sus ani­males; y los levitas serán míos: Yo [soy] el SEÑOR.
NUM 3:46 Y para los que serán redimidos de los doscientos y setenta y tres de los primogénitos de los hijos de Israel, que son más que los Levitas;
NUM 3:47 Tomarás cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario tomarás: (el siclo [tiene] veinte óbolos:)
NUM 3:48 Y darás a Aarón y a sus hijos el dinero por los redimidos de los que de ellos sobran.
NUM 3:49 Tomó, pues, Moisés el dinero de la redención de los que resultaron de más de los redimidos por los levitas:
NUM 3:50 Y recibió de los primogénitos de los hijos de Israel en dinero, mil trescientos sesenta y cinco [siclos], conforme al siclo del san­tuario.
NUM 3:51 Y Moisés dio el dinero de la redención a Aarón y a sus hijos, conforme a la palabra del SEÑOR, según que el SEÑOR había man­dado a Moisés.
NUM 4:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
NUM 4:2 Toma la cuenta de los hijos de Coat de entre los hijos de Leví, por sus familias, por las casas de sus padres,
NUM 4:3 De edad de treinta años arriba hasta cincuenta años, todos los que entran en compañía, para hacer servicio en el tabernáculo de la congregación.
NUM 4:4 Éste [será] el servicio de los hijos de Coat en el tabernáculo de la congregación, [en] las cosas santísimas:
NUM 4:5 Cuando se hubiere de mudar el campamento, vendrán Aarón y sus hijos, y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio:
NUM 4:6 Y pondrán sobre ella la cubier­ta de pieles de tejones, y exten­derán encima el paño todo de azul, y le pondrán sus varas.
NUM 4:7 Y sobre la mesa de la proposi­ción extenderán el paño azul, y pondrán sobre ella los platos, y las cucharas, y las copas, y los tazones para libar: y el pan continuo estará sobre ella.
NUM 4:8 Y extenderán sobre ella el paño de escarlata, y lo cubri­rán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas.
NUM 4:9 Y tomarán un paño azul, y cubrirán el candelero de la lumi­naria; y sus lámparas, y sus des­pabiladeras, y sus platillos, y todos sus vasos del aceite con que se sirve;
NUM 4:10 Y lo pondrán con todos sus vasos en una cubierta de pieles de tejones, y lo colocarán sobre unas parihuelas.
NUM 4:11 Y sobre el altar de oro exten­derán el paño azul, y le cubri­rán con la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán sus varas.
NUM 4:12 Y tomarán todos los vasos del ministerio, con los que ministran en el santuario, y [los] pondrán en un paño azul, y los cubrirán con una cubierta de pieles de tejones, y [los] colocarán sobre unas varas.
NUM 4:13 Y quitarán la ceniza del altar, y extenderán sobre él un paño de púrpura:
NUM 4:14 Y pondrán sobre él todos sus instrumentos con los que ministran: las paletas, los garfios, los braseros, y los tazones, todos los vasos del altar; y extenderán sobre él la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán además las varas.
NUM 4:15 Y cuando Aarón y sus hijos acaben de cubrir el santuario y todos los vasos del santuario, cuando el campamento haya de mudarse, vendrán después de ello los hijos de Coat para transportarlo: mas no tocarán cosa santa, para que no mueran. Éstas serán las cargas de los hijos de Coat en el tabernáculo de la congregación.
NUM 4:16 Y al cargo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, estará el aceite de la luminaria, y el per­fume aromático, y el presente continuo, y el aceite de la unción; el cargo de todo el tabernáculo, y de todo lo que está en él, en el santuario, y en sus vasos.
NUM 4:17 Y habló el SEÑOR a Moisés y a Aarón, diciendo:
NUM 4:18 No cortaréis la tribu de las familias de Coat de entre los levitas;
NUM 4:19 Mas esto haréis con ellos, para que vivan, y no mueran cuando llegaren a las cosas santísimas: Aarón y sus hijos entrarán y los pondrán a cada uno en su servicio, y en su cargo.
NUM 4:20 Pero no entrarán para ver, cuando cubrieren las cosas santas; para que no mueran.
NUM 4:21 Y habló el SEÑOR a Moisés diciendo:
NUM 4:22 Toma también la cuenta de los hijos de Gersón por las casas de sus padres, por sus familias.
NUM 4:23 De edad de treinta años arriba hasta cincuenta años los conta­rás; todos los que entran para hacer servicio, para hacer la obra en el tabernáculo de la congregación.
NUM 4:24 Éste [será] el servicio de las fami­lias de Gersón, para servir y para llevar cargas:
NUM 4:25 Llevarán las cortinas del tabernáculo, y el tabernáculo de la congregación, su cubierta, y la cubierta de pieles de tejones que [está] sobre él encima, y la cortina de la puerta del tabernáculo de la congregación,
NUM 4:26 Y las cortinas del patio, y la cortina de la puerta del patio, que está cerca del tabernáculo y cerca del altar alrededor, y sus cuerdas, y todos los instrumentos de su servicio, y todo lo que será hecho para ellos: así servirán.
NUM 4:27 Según la orden de Aarón y de sus hijos será todo el servicio de los hijos de Gersón en todos sus cargos, y en todo su servicio: y les encomendaréis en guarda todos sus cargos.
NUM 4:28 Éste [es] el servicio de las fami­lias de los hijos de Gersón en el tabernáculo de la congregación: y el cargo de ellos [estará] bajo la mano de Itamar, hijo de Aarón el sacerdote.
NUM 4:29 En cuanto a los hijos de Merari, los contarás por sus familias, por las casas de sus padres.
NUM 4:30 Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de cincuenta años, los contarás; todos los que entran en compañía, para hacer servicio en el tabernáculo de la congregación.
NUM 4:31 Y éste [será] el deber de su cargo, conforme a todo su servicio en el tabernáculo de la congregación: las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas, y sus basas,
NUM 4:32 Y las columnas del patio alre­dedor, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas con todos sus ins­trumentos, y todo su servicio; y contaréis por sus nombres todos los vasos de la guarda de su cargo.
NUM 4:33 Éste [será] el servicio de las familias de los hijos de Merari, conforme a todo su servicio en el tabernáculo de la congregación, bajo la mano de Itamar, hijo de Aarón el sacerdote.
NUM 4:34 Y Moisés y Aarón, y los jefes de la congregación, conta­ron los hijos de Coat por sus familias, y por las casas de sus padres,
NUM 4:35 Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años; todo el que entra en el servicio, para la obra en el tabernáculo de la congregación.
NUM 4:36 Y fueron los contados de ellos por sus familias, dos mil sete­cientos y cincuenta.
NUM 4:37 Éstos [fueron] los contados de las familias de Coat, todos los que ministran en el tabernáculo de la congregación, los cuales contaron Moisés y Aarón, como lo mandó el SEÑOR por mano de Moisés.
NUM 4:38 Y los contados de los hijos de Gersón, por sus familias, y por las casas de sus padres,
NUM 4:39 Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todo el que entra en el servicio, para la obra en el tabernáculo de la congregación;
NUM 4:40 Aún los contados de ellos por sus familias, por las casas de sus padres, fueron dos mil seiscien­tos y treinta.
NUM 4:41 Éstos [son] los contados de las familias de los hijos de Gersón, todos los que ministran en el tabernáculo de la congregación, los cuales contaron Moisés y Aarón por el mandamiento del SEÑOR.
NUM 4:42 Y los contados de las familias de los hijos de Merari, por sus familias, por las casas de sus padres,
NUM 4:43 Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todo el que entra en el servicio, para la obra en el tabernáculo de la congregación;
NUM 4:44 Aún los contados de ellos, por sus familias, fueron tres mil y dos­cientos.
NUM 4:45 Éstos [fueron] los contados de las familias de los hijos de Merari, los cuales contaron Moisés y Aarón, según la palabra del SEÑOR por mano de Moisés.
NUM 4:46 Todos los contados de los levitas, que Moisés y Aarón y los jefes de Israel contaron por sus familias, y por las casas de sus padres,
NUM 4:47 Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entraban para ministrar en el ser­vicio, y tener cargo de obra en el tabernáculo de la congregación;
NUM 4:48 Aún los contados de ellos fueron ocho mil quinientos y ochenta,
NUM 4:49 Conforme al mandamiento del SEÑOR por mano de Moisés fueron contados, cada uno según su servicio y según su cargo; así fueron contados por él, como el SEÑOR mandó a Moisés.
NUM 5:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 5:2 Manda a los hijos de Israel que echen del campo a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado por muerto:
NUM 5:3 Así hombres como mujeres echaréis, fuera del campo los echaréis; porque no contaminen sus campos, entre los cuales yo habito.
NUM 5:4 E hiciéronlo así los hijos de Israel, y los echaron fuera del campo: como el SEÑOR dijo a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.
NUM 5:5 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 5:6 Habla a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometiere alguno de todos los pecados de los hombres, haciendo prevarica­ción contra el SEÑOR, y fuere culpable aquella persona;
NUM 5:7 Confesarán su pecado que cometieron, y compensarán su ofensa enteramente, y añadirán su quinto sobre ello, y [lo] darán a aquel contra quien pecaron.
NUM 5:8 Pero si aquel hombre no tuviere pariente al cual sea restituida la ofensa, sea la ofensa restituida al SEÑOR, [aún] al sacerdote; a más del carnero de la expiación, con el cual hará expiación por él.
NUM 5:9 Y toda ofrenda de todas las cosas santas que los hijos de Israel presentaren al sacerdote, suya será.
NUM 5:10 Y lo santificado de cualquiera será suyo: asimismo lo que cual­quiera diere al sacerdote, suyo será.
NUM 5:11 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 5:12 Habla a los hijos de Israel, y diles: Si la esposa de alguno se desviare, y transgrediere contra él,
NUM 5:13 Y alguno se hubiere echado con ella en ayuntamiento carnal, y su marido no lo hubiese visto por haberse ella contaminado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella [hubiere] sido tomada [en el acto];
NUM 5:14 Y viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su esposa, habiéndose ella contaminado; o viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su esposa, no habiéndose ella contaminado;
NUM 5:15 Entonces el marido traerá su esposa al sacerdote, y traerá su ofrenda con ella, la décima de un efa de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso: porque es ofrenda de celos, ofrenda de recordación, que trae en memoria la iniquidad.
NUM 5:16 Y el sacerdote la hará acercar, y la hará poner delante del SEÑOR.
NUM 5:17 Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro: tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo, y echarálo en el agua.
NUM 5:18 Y hará el sacerdote estar en pie a la mujer delante del SEÑOR, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre sus manos la ofrenda de la recorda­ción, que es la ofrenda de celos: y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldición.
NUM 5:19 Y el sacerdote la conjurará, y le dirá: Si ninguno hubiere dor­mido contigo, y si no te has apar­tado de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen maldición:
NUM 5:20 Mas si te has descarriado de tu marido, y te has amancillado, y alguno hubiere tenido coito contigo, fuera de tu marido:
NUM 5:21 (El sacerdote conjurará a la mujer con juramento de maldi­ción, y dirá a la mujer): el SEÑOR te dé en maldición y en conjuración en medio de tu pue­blo, haciendo el SEÑOR a tu muslo que caiga, y a tu vientre que se te hinche;
NUM 5:22 Y estas aguas que dan maldi­ción entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre, y caer tu muslo. Y la mujer dirá: Amén, amén.
NUM 5:23 Y el sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro, y las borrará con las aguas amargas:
NUM 5:24 Y dará a beber a la mujer las aguas amargas que traen maldi­ción; y las aguas que obran mal­dición entrarán en ella por amar­gas.
NUM 5:25 Después tomará el sacerdote de la mano de la mujer el presen­te de los celos, y mecerálo delan­te del SEÑOR, y lo ofrecerá delante del altar:
NUM 5:26 Y tomará el sacerdote un puñado del presente, en memoria de ella, y lo quemará sobre el altar, y después dará a beber las aguas a la mujer.
NUM 5:27 Darále pues a beber las aguas; y será, que si fuere inmunda y hubiere hecho traición contra su marido, las aguas que obran mal­dición entrarán en ella en amar­gura, y su vientre se hinchará, y caerá su muslo; y la mujer será por maldición en medio de su pueblo.
NUM 5:28 Mas si la mujer no fuere inmunda, sino que estuviere limpia, ella será libre, y será fecun­da.
NUM 5:29 Ésta [es] la ley de los celos, cuando la esposa hiciere traición a su marido, y se amancillare;
NUM 5:30 O del marido, sobre el cual pasare espíritu de celo, y tuviere celos de su esposa: presentarála entonces delante del SEÑOR, y el sacerdote ejecutará en ella toda esta ley.
NUM 5:31 Y aquel varón será libre de iniquidad, y la mujer llevará su pecado.
NUM 6:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 6:2 Habla a los hijos de Israel, y díles: El hombre, o la mujer, cuando se apartare haciendo voto de Nazareo, para dedicarse al SEÑOR,
NUM 6:3 Se abstendrá de vino y de bebida fuerte; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de bebida fuerte, ni beberá algún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.
NUM 6:4 Todo el tiempo de su nazarea­to, de todo lo que se hace de vid de vino, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá.
NUM 6:5 Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza, hasta que sean cum­plidos los días de su apartamien­to al SEÑOR: santo será; dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza.
NUM 6:6 Todo el tiempo que se apartare al SEÑOR, no entrará a persona muerta.
NUM 6:7 Por su padre, ni por su madre, por su hermano, ni por su herma­na, no se contaminará con ellos cuando murieren; porque consa­gración de su Dios tiene sobre su cabeza.
NUM 6:8 Todo el tiempo de su nazarea­to, será santo al SEÑOR.
NUM 6:9 Y si alguno muriere muy de repente junto a él, contaminará la cabeza de su nazareato; por tanto el día de su purificación raerá su cabeza; al séptimo día la raerá.
NUM 6:10 Y el día octavo traerá dos tór­tolas o dos palominos al sacerdo­te, a la puerta del tabernáculo de la congregación;
NUM 6:11 Y el sacerdote hará el uno en expiación, y el otro en ofrenda quemada: y expiarálo de lo que pecó sobre el muerto, y santificará su cabeza en aquel día.
NUM 6:12 Y consagrará al SEÑOR los días de su nazareato, y traerá un cordero de un año en expiación por la culpa; y los días primeros serán anulados, por cuanto fue contaminado su nazareato.
NUM 6:13 Ésta [es], pues, la ley del Nazareo el día que se cumpliere el tiempo de su nazareato: Vendrá a la puerta del tabernácu­lo de la congregación;
NUM 6:14 Y ofrecerá su ofrenda al SEÑOR, un cordero de un año sin tacha en ofrenda quemada, y una cordera de un año sin defecto en expiación, y un carnero sin defecto por sacrificio de paces:
NUM 6:15 Y un canastillo de panes sin levadura, tortas de flor de harina amasadas con aceite, y hojaldres de panes sin levadura untadas con aceite, y su ofrenda de alimento, y sus libaciones.
NUM 6:16 Y el sacerdote lo ofrecerá delante del SEÑOR, y hará su expiación y su ofrenda quemada:
NUM 6:17 Y ofrecerá el carnero en sacri­ficio de paces al SEÑOR, con el canastillo de las cenceñas; ofre­cerá asimismo el sacerdote su presente, y sus libaciones.
NUM 6:18 Y el nazareo raerá [a] la puerta del tabernáculo de la congregación la cabeza de su separación, y tomará el cabello de la cabeza de su separación, y [lo] pondrá sobre el fuego que [está] debajo del sacrificio de las ofrendas de paz.
NUM 6:19 Y tomará el sacerdote la espaldilla cocida del carnero, y una torta sin levadura del canastillo, y una hojaldre sin levadura, y [las] pondrá sobre las manos del nazareo, después que [el cabello de] su separación fuere raído:
NUM 6:20 Y el sacerdote mecerá aque­llo, ofrenda mecida delante del SEÑOR; lo cual será cosa santa del sacerdote, a más del pecho mecido y de la espaldilla separa­da: y después podrá beber vino el Nazareo.
NUM 6:21 Ésta [es] la ley del Nazareo que hiciere voto de su ofrenda al SEÑOR por su nazareato, a más de lo que su mano alcanzare: según el voto que hiciere, así hará, conforme a la ley de su nazareato.
NUM 6:22 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 6:23 Habla a Aarón y a sus hijos, y díles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:
NUM 6:24 El SEÑOR te bendiga, y te guarde:
NUM 6:25 Haga resplandecer el SEÑOR su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia:
NUM 6:26 El SEÑOR alce a ti su rostro, y ponga en ti paz.
NUM 6:27 Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los ben­deciré.
NUM 7:1 Y ACONTECIÓ, que cuando Moisés hubo acabado de levantar el tabernáculo, y ungídolo, y santificádolo, con todos sus vasos; y asimismo ungido y santificado el altar, con todos sus vasos;
NUM 7:2 Entonces los príncipes de Israel, las cabezas de las casas de sus padres, los cuales eran los príncipes de las tribus, que esta­ban sobre los contados, ofrecie­ron;
NUM 7:3 Y trajeron sus ofrendas delante del SEÑOR, seis carros cubier­tos, y doce bueyes; por cada dos príncipes un carro, y cada uno un buey; lo cual ofrecieron delante del tabernáculo.
NUM 7:4 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 7:5 Tómalo de ellos, y será para el servicio del tabernáculo de la congregación: y lo darás a los levitas, a cada uno conforme a su ministerio.
NUM 7:6 Entonces Moisés recibió los carros y los bueyes, y diólos a los levitas.
NUM 7:7 Dos carros y cuatro bueyes, dio a los hijos de Gersón, conforme a su ministerio;
NUM 7:8 Y a los hijos de Merari dio los cuatro carros y ocho bueyes, conforme a su ministerio, bajo la mano de Itamar, hijo de Aarón el sacerdote.
NUM 7:9 Y a los hijos de Coat no dio; porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santua­rio.
NUM 7:10 Y ofrecieron los príncipes a la dedicación del altar el día que fue ungido, ofrecieron los prínci­pes su ofrenda delante del altar.
NUM 7:11 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Ofrecerán su ofrenda, un prínci­pe un día, y otro príncipe otro día, a la dedicación del altar.
NUM 7:12 Y el que ofreció su ofrenda el primer día fue Naasón hijo de Aminadab, de la tribu de Judá.
NUM 7:13 Y fue su ofrenda un plato de plata de peso de ciento y treinta [siclos], y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santua­rio; ambos llenos de flor de hari­na amasada con aceite para pre­sente;
NUM 7:14 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:15 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:16 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:17 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Ésta [fue] la ofrenda de Naasón, hijo de Aminadab.
NUM 7:18 El segundo día ofreció Natanael hijo de Zuar, príncipe de Isacar.
NUM 7:19 Ofreció por su ofrenda un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del san­tuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente;
NUM 7:20 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:21 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:22 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:23 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Ésta [fue] la ofrenda de Natanael, hijo de Zuar.
NUM 7:24 El tercer día, Eliab hijo de Helón, príncipe de los hijos de Zabulón:
NUM 7:25 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos lle­nos de flor de harina amasada con aceite para presente;
NUM 7:26 Una cuchara de oro de diez [siclos,] llena de perfume;
NUM 7:27 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:28 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:29 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta [fue] la ofren­da de Eliab, hijo de Helón.
NUM 7:30 El cuarto día, Elisur hijo de Sedeur, príncipe de los hijos de Rubén:
NUM 7:31 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:32 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:33 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:34 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:35 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Elisur, hijo de Sedeur.
NUM 7:36 El quinto día, Selumiel hijo de Zurisadai, príncipe de los hijos de Simeón:
NUM 7:37 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:38 Una cuchara de oro de diez [siclos] llena de perfume;
NUM 7:39 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:40 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:41 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Selumiel, hijo de Zurisadai.
NUM 7:42 El sexto día, Eliasaf hijo de Deuel, príncipe de los hijos de Gad:
NUM 7:43 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:44 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:45 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:46 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:47 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año: ésta fue la ofrenda de Eliasaf, hijo de Deuel.
NUM 7:48 El séptimo día, el príncipe de los hijos de Efraím, Elisama hijo de Amiud:
NUM 7:49 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:50 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:51 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:52 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:53 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Elisama, hijo de Amiud.
NUM 7:54 El octavo día, el príncipe de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur:
NUM 7:55 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:56 Una cuchara de oro de diez [siclos,] llena de perfume;
NUM 7:57 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:58 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:59 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Gamaliel, hijo de Pedasur.
NUM 7:60 El noveno día, el príncipe de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gideoni:
NUM 7:61 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:62 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:63 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:64 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:65 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Abidán, hijo de Gideoni.
NUM 7:66 El décimo día, el príncipe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai:
NUM 7:67 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:68 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:69 Un becerro, un carnero, un cordero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:70 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:71 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Ahiezer, hijo de Amisadai.
NUM 7:72 El undécimo día, el príncipe de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán:
NUM 7:73 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presen­te;
NUM 7:74 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:75 Un becerro, un carnero, un cor­dero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:76 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:77 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Ésta fue la ofrenda de Pagiel, hijo de Ocrán.
NUM 7:78 El duodécimo día, el príncipe de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán:
NUM 7:79 Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta [siclos] de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos lle­nos de flor de harina amasada con aceite para presente;
NUM 7:80 Una cuchara de oro de diez [siclos], llena de perfume;
NUM 7:81 Un becerro, un carnero, un cor­dero de un año para ofrenda quemada;
NUM 7:82 Un macho cabrío para expia­ción;
NUM 7:83 Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corde­ros de un año. Ésta fue la ofren­da de Ahira, hijo de Enán.
NUM 7:84 Ésta fue la dedicación del altar, el día que fue ungido, por los príncipes de Israel: doce pla­tos de plata, doce jarros de plata, doce cucharas de oro.
NUM 7:85 Cada plato de ciento y treinta [siclos], cada jarro de setenta: toda la plata de los vasos, dos mil y cuatrocientos siclos, al siclo del santuario.
NUM 7:86 Las doce cucharas de oro lle­nas de perfume, de diez siclos cada cuchara, al siclo del santua­rio: todo el oro de las cucharas, ciento y veinte [siclos].
NUM 7:87 Todos los bueyes para ofrenda quemada, doce becerros; doce los carneros, doce los corderos de un año, con su presente: y doce los machos de cabrío, para expia­ción.
NUM 7:88 Y todos los bueyes del sacrifi­cio de las paces veinte y cuatro novillos, sesenta los carneros, sesenta los machos de cabrío, sesenta los corderos de un año. Ésta fue la dedicación del altar, después que fue ungido.
NUM 7:89 Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de la congrega­ción, para hablar con él, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines: y hablaba con él.
NUM 8:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 8:2 Habla a Aarón, y díle: Cuando encendieres las lámparas, las siete lámparas alumbrarán frente a frente del candelero.
NUM 8:3 Y Aarón lo hizo así; que encen­dió enfrente del candelero sus lámparas, como el SEÑOR lo mandó a Moisés.
NUM 8:4 Y ésta era la hechura del can­delero: de oro labrado a martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado a martillo: conforme al modelo que el SEÑOR mostró a Moisés, así hizo el candelero.
NUM 8:5 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 8:6 Toma a los levitas de entre los hijos de Israel, y expíalos.
NUM 8:7 Y así les harás para expiarlos: rocía sobre ellos el agua de la expiación, y haz pasar la navaja sobre toda su carne, y lavarán sus vestiduras, y serán expiados.
NUM 8:8 Luego tomarán un novillo, con su presente de flor de harina amasada con aceite; y tomarás otro novillo para expiación.
NUM 8:9 Y harás llegar los levitas delante del tabernáculo de la congregación, y juntarás toda la asamblea de los hijos de Israel;
NUM 8:10 Y cuando habrás hecho llegar los levitas delante del SEÑOR, pondrán los hijos de Israel sus manos sobre los levitas;
NUM 8:11 Y ofrecerá Aarón los levitas delante del SEÑOR en ofrenda de los hijos de Israel, y servirán en el ministerio del SEÑOR.
NUM 8:12 Y los levitas pondrán sus manos sobre las cabezas de los novillos: y ofrecerás el uno por expiación, y el otro en ofrenda quemada al SEÑOR, para expiar los levitas.
NUM 8:13 Y harás presentar los levitas delante de Aarón, y delante de sus hijos, y los ofrecerás en ofrenda al SEÑOR.
NUM 8:14 Así apartarás los levitas de entre los hijos de Israel; y serán míos los levitas
NUM 8:15 Y después de eso vendrán los levitas a ministrar en el taberná­culo de la congregación: los expiarás pues, y los ofrecerás en ofrenda.
NUM 8:16 Porque enteramente me son a mí dados los levitas de entre los hijos de Israel, en lugar de todo aquel que abre matriz; helos tomado para mí en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel.
NUM 8:17 Porque mío es todo primogé­nito en los hijos de Israel, así de hombres como de animales; desde el día que yo herí todo pri­mogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para mí.
NUM 8:18 Y he tomado los levitas en lugar de todos los primogénitos en los hijos de Israel.
NUM 8:19 Y yo he dado en don los levitas a Aarón y a sus hijos de entre los hijos de Israel, para que sirvan el ministerio de los hijos de Israel en el tabernáculo de la congregación, y reconcilien a los hijos de Israel; porque no haya plaga en los hijos de Israel, lle­gando los hijos de Israel al san­tuario.
NUM 8:20 Y Moisés, y Aarón, y toda la congregación de los hijos de Israel, hicieron de los levitas conforme a todas las cosas que mandó el SEÑOR a Moisés acer­ca de los levitas; así hicieron de ellos los hijos de Israel.
NUM 8:21 Y los levitas se purificaron, y lavaron sus vestiduras; y Aarón los ofreció en ofrenda delante del SEÑOR, e hizo Aarón expiación por ellos para purificarlos.
NUM 8:22 Y así vinieron después los levitas para servir en su ministe­rio en el tabernáculo de la con­gregación, delante de Aarón y delante de sus hijos: de la mane­ra que mandó el SEÑOR a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos.
NUM 8:23 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 8:24 Esto cuanto a los levitas: de veinte y cinco años arriba entra­rán a hacer su oficio en el servi­cio del tabernáculo de la congre­gación:
NUM 8:25 Mas desde los cincuenta años volverán del oficio de su ministe­rio, y nunca más servirán:
NUM 8:26 Pero servirán con sus herma­nos en el tabernáculo de la con­gregación, para hacer la guarda, bien que no servirán en el minis­terio. Así harás de los levitas cuanto a sus oficios.
NUM 9:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo:
NUM 9:2 Los hijos de Israel harán la pas­cua a su tiempo.
NUM 9:3 El décimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la haréis a su tiempo: conforme a todos sus ritos, y conforme a todas sus leyes la haréis.
NUM 9:4 Y habló Moisés a los hijos de Israel, para que hiciesen la pas­cua.
NUM 9:5 E hicieron la pascua en el [mes] primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el desierto de Sinaí: conforme a todas las cosas que mandó el SEÑOR a Moisés, así hicieron los hijos de Israel.
NUM 9:6 Y hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron hacer la pascua aquel día; y llegaron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día;
NUM 9:7 Y dijéronle aquellos hombres: Nosotros somos inmundos por causa de muerto; ¿por qué sere­mos impedidos de ofrecer ofren­da al SEÑOR a su tiempo entre los hijos de Israel?
NUM 9:8 Y Moisés les respondió: Esperad, y oiré qué mandará el SEÑOR acerca de vosotros.
NUM 9:9 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 9:10 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros o de vuestras generaciones, que fuere inmundo por causa de muerto o estuviere de viaje lejos, hará pascua al SEÑOR:
NUM 9:11 En el mes segundo, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, la harán: con cence­ñas y hierbas amargas la come­rán;
NUM 9:12 No dejarán de él para la mañana, ni quebrarán hueso en él: conforme a todas las ordenanzas de la pascua la harán.
NUM 9:13 Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de hacer la pascua, la tal persona será cortada de sus pueblos: por cuanto no ofreció a su tiempo la ofrenda del SEÑOR, el tal hom­bre llevará su pecado.
NUM 9:14 Y si morare con vosotros peregrino, e hiciere la pascua al SEÑOR, conforme a la ordenanza de la pascua y conforme a sus leyes así la hará: una misma ordenanza tendréis, así el peregrino como el natural de la tierra.
NUM 9:15 Y el día que el tabernáculo fue levantado, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.
NUM 9:16 Así era continuamente: la nube lo cubría [de día], y de noche la apa­riencia de fuego.
NUM 9:17 Y según que se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel se partían: y en el lugar donde la nube paraba, allí aloja­ban los hijos de Israel.
NUM 9:18 Al mandato del SEÑOR los hijos de Israel se partían: y al mandato del SEÑOR asentaban el campo: todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, ellos estaban quedos.
NUM 9:19 Y cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza del SEÑOR y no partían.
NUM 9:20 Y cuando sucedía que la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al dicho del SEÑOR alojaban, y al dicho del SEÑOR partían.
NUM 9:21 Y cuando era que la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían: o [si había estado] el día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían.
NUM 9:22 O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo quedándose sobre él, los hijos de Israel se estaban acampados y no movían: mas cuando ella se alzaba, ellos movían.
NUM 9:23 Al dicho del SEÑOR asenta­ban, y al dicho del SEÑOR par­tían, guardando la ordenanza del SEÑOR, como lo había el SEÑOR dicho por medio de Moisés.
NUM 10:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 10:2 Hazte dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar la asamblea, y para hacer mover el campo.
NUM 10:3 Y cuando las tocaren, toda la asamblea se juntará a ti a la puerta del tabernáculo de la con­gregación.
NUM 10:4 Mas cuando tocaren [sólo] la una, entonces se congregarán a ti los príncipes, las cabezas de los millares de Israel.
NUM 10:5 Y cuando tocareis alarma, entonces moverán el campo de los que están alojados al oriente.
NUM 10:6 Y cuando tocareis alarma la segunda vez, entonces moverán el campo de los que están aloja­dos al sur: alarma tocarán a sus partidas.
NUM 10:7 Pero cuando hubiereis de juntar la congregación, tocaréis, mas no con sonido de alarma.
NUM 10:8 Y los hijos de Aarón, los sacer­dotes, tocarán las trompetas; y las tendréis por ordenanza perpetua por vuestras generaciones.
NUM 10:9 Y cuando viniereis a la guerra en vuestra tierra contra el enemi­go que os molestare, tocaréis alarma con las trompetas: y seréis en memoria delante del SEÑOR vuestro Dios, y seréis salvos de vuestros enemigos.
NUM 10:10 Y en el día de vuestra alegría, y en vuestros días solemnes, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de vuestras paces, y os serán por memoria delante de vuestro Dios: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
NUM 10:11 Y sucedió en el año segundo, en el mes segundo, a los veinte del mes, que la nube se alzó del tabernáculo de la congregación.
NUM 10:12 Y movieron los hijos de Israel por sus partidas del desierto de Sinaí; y paró la nube en el desier­to de Parán.
NUM 10:13 Y movieron la primera vez al dicho del SEÑOR por mano de Moisés.
NUM 10:14 Y la bandera del campamento de los hijos de Judá comenzó a marchar primero, por sus ejércitos: y Naasón, hijo de Aminadab, era sobre su ejército.
NUM 10:15 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Isacar, Natanael hijo de Zuar.
NUM 10:16 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón.
NUM 10:17 Y después que estaba ya desarmado el tabernáculo, movieron los hijos de Gersón y los hijos de Merari, que lo lleva­ban.
NUM 10:18 Luego comenzó a marchar la bandera del campo de Rubén por sus ejércitos: y Elisur, hijo de Sedeur, era sobre su ejército.
NUM 10:19 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai.
NUM 10:20 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Deuel.
NUM 10:21 Luego comenzaron a marchar los coatitas llevando el santua­rio; y entre tanto que ellos llega­ban, [los otros] acondicionaron el tabernáculo.
NUM 10:22 Después comenzó a marchar la bandera del campamento de los hijos de Efraím por sus ejércitos: y Elisama, hijo de Amiud, era sobre su ejército.
NUM 10:23 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur.
NUM 10:24 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gideoni.
NUM 10:25 Luego comenzó a marchar la bandera del campo de los hijos de Dan por sus escuadrones, a retaguardia de todos los campos: y Ahiezer, hijo de Amisadai, estaba sobre su escuadrón.
NUM 10:26 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán.
NUM 10:27 Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán.
NUM 10:28 Éstas [son] las partidas de los hijos de Israel por sus ejércitos, cuando se movían.
NUM 10:29 Entonces dijo Moisés a Hobab, hijo de Ragüel madianita, suegro de Moisés: Nosotros nos partimos para el lugar del cual el SEÑOR ha dicho: Yo os lo daré. Ven con nosotros, y te haremos bien: por­que el SEÑOR ha hablado bien respecto a Israel.
NUM 10:30 Y él le respondió: Yo no iré, sino que me marcharé a mi tierra y a mi parentela.
NUM 10:31 Y él le dijo: Ruégote que no nos dejes; porque tú conoces los sitios en donde debemos acampar en el desierto, y nos serás en lugar de ojos.
NUM 10:32 Y será, que si vinieres con nosotros, cuando tuviéremos el bien que el SEÑOR nos ha de hacer, nosotros te haremos bien.
NUM 10:33 Así partieron del monte del SEÑOR camino de tres días; y el arca del pacto del SEÑOR fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de des­canso.
NUM 10:34 Y la nube del SEÑOR [iba] sobre ellos de día, desde que par­tieron del campo.
NUM 10:35 Y sucedió, que en moviendo el arca, Moisés decía: Levántate, SEÑOR, y sean disipados tus enemigos, y huyan de tu presen­cia los que te aborrecen.
NUM 10:36 Y cuando ella asentaba, decía: Vuelve, oh SEÑOR, a los millares de millares de Israel.
NUM 11:1 Y ACONTECIÓ que el pueblo se quejó a oídos del SEÑOR: y oyólo el SEÑOR, y enardecióse su furor, y encendióse en ellos fuego del SEÑOR y consumió el un cabo del campo.
NUM 11:2 Entonces el pueblo dio voces a Moisés, y Moisés oró al SEÑOR, y soterróse el fuego.
NUM 11:3 Y llamó a aquel lugar Tabera; porque el fuego del SEÑOR se encendió en ellos.
NUM 11:4 Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!
NUM 11:5 Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto gratuitamente, de los cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los ajos:
NUM 11:6 Y ahora nuestra alma se seca; que nada sino maná [ven] nuestros ojos.
NUM 11:7 Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bdelio.
NUM 11:8 Derramábase el pueblo, y reco­gían, y molían en molinos, o majaban en morteros, y lo cocían en caldera, o hacían de él tortas: y su sabor era como sabor de aceite nuevo.
NUM 11:9 Y cuando descendía el rocío sobre el real de noche, el maná descendía de sobre él.
NUM 11:10 Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda: y el furor del SEÑOR se encendió en gran manera; también pareció mal a Moisés.
NUM 11:11 Y dijo Moisés al SEÑOR: ¿Por qué has hecho mal a tu sier­vo? ¿y por qué no he hallado gra­cia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?
NUM 11:12 ¿Concebí yo a todo este pue­blo? ¿engendrélo yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juras­te a sus padres?
NUM 11:13 ¿De dónde tengo yo carne para dar a todo este pueblo? por­que lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos.
NUM 11:14 No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesa­do en demasía.
NUM 11:15 Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.
NUM 11:16 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pue­blo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de la congregación, y esperen allí con­tigo.
NUM 11:17 Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.
NUM 11:18 Y dirás al pueblo: Santificaos para mañana, y comeréis carne: pues que habéis llorado en oídos del SEÑOR, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡cierto mejor nos iba en Egipto! El SEÑOR, pues, os dará carne, y comeréis.
NUM 11:19 No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días;
NUM 11:20 Sino hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis al SEÑOR que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?
NUM 11:21 Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pue­blo en medio del cual yo estoy; y tú dices: Les daré carne, y come­rán el tiempo de un mes.
NUM 11:22 ¿Se han de degollar para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿o se juntarán para ellos todos los peces del mar para que ten­gan abasto?
NUM 11:23 Entonces el SEÑOR respon­dió a Moisés: ¿Hase acortado la mano del SEÑOR? ahora verás si te sucede mi dicho, o no.
NUM 11:24 Y salió Moisés, y dijo al pue­blo las palabras del SEÑOR: y juntó los setenta varones de los ancianos del pueblo, e hízolos estar alrededor del tabernáculo.
NUM 11:25 Entonces el SEÑOR descen­dió en la nube, y hablóle; y tomó del espíritu que estaba en él, y púsolo en los setenta varones ancianos; y sucedió que, cuando posó sobre ellos el espíritu, profetiza­ron, y no cesaron.
NUM 11:26 Y habían quedado en el campo dos varones, llamado el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estaban estos entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo; y profetizaron en el campo.
NUM 11:27 Y corrió un mozo, y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo.
NUM 11:28 Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, [uno] de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos.
NUM 11:29 Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? ¡Quiera Dios! que todo el pueblo del SEÑOR fuesen profetas, que el SEÑOR pusiera su espíritu sobre ellos.
NUM 11:30 Y recogióse Moisés al campo, él y los ancianos de Israel.
NUM 11:31 Y salió un viento del SEÑOR, y trajo codornices del mar, y dejólas sobre el real, un día de camino de la una parte, y un día de camino de la otra, en derredor del campo, y casi dos codos sobre la faz de la tierra.
NUM 11:32 Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogiéronse codornices: el que menos, recogió diez monto­nes; y las tendieron para si a lo largo en derredor del campo.
NUM 11:33 Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor del SEÑOR se encendió en el pue­blo, e hirió el SEÑOR al pueblo con una muy grande plaga.
NUM 11:34 Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.
NUM 11:35 De Kibrot-hataava movió el pueblo a Haserot, y pararon en Haserot.
NUM 12:1 Y HABLARON Miriam y Aarón contra Moisés a causa de la mujer etíope que había tomado: porque él había tomado mujer etíope.
NUM 12:2 Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado el SEÑOR? ¿no ha hablado también por nosotros? Y oyólo el SEÑOR.
NUM 12:3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hom­bres que había sobre la tierra,
NUM 12:4 Y luego dijo el SEÑOR a Moisés, y a Aarón, y a Miriam: Salid vosotros tres al tabernáculo de la congregación. Y salieron ellos tres.
NUM 12:5 Entonces el SEÑOR descendió en la columna de la nube, y púso­se a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a Miriam; y salie­ron ellos ambos.
NUM 12:6 Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras: si tuviereis profeta del SEÑOR, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.
NUM 12:7 No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa:
NUM 12:8 Boca a boca hablaré con él, y a las claras, y no por figuras; y verá la apariencia del SEÑOR: ¿por qué pues no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?
NUM 12:9 Entonces el furor del SEÑOR se encendió en ellos; y fuese.
NUM 12:10 Y la nube se apartó del taber­náculo: y he aquí que Miriam era leprosa como la nieve; y miró Aarón a Miriam, y he aquí que estaba leprosa.
NUM 12:11 Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros pecado; porque locamente lo hemos hecho, y hemos pecado.
NUM 12:12 No sea ella ahora como el que sale muerto del vientre de su madre, consumida la mitad de su carne.
NUM 12:13 Entonces Moisés clamó al SEÑOR, diciendo: Ruégote, oh Dios, que la sanes ahora.
NUM 12:14 Respondió el SEÑOR a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su cara, ¿no se avergonzaría por siete días? sea echada fuera del real por siete días, y después se reunirá.
NUM 12:15 Así Miriam fue echada del real siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se le reunió Miriam.
NUM 12:16 Y después movió el pueblo de Haserot, y asentaron el campo en el desierto de Parán.
NUM 13:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 13:2 Envía tú hombres que reconoz­can la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel: de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.
NUM 13:3 Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra del SEÑOR: y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel.
NUM 13:4 Los nombres de los cuales son éstos: De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur.
NUM 13:5 De la tribu de Simeón, Safat hijo de Hori.
NUM 13:6 De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
NUM 13:7 De la tribu de Isacar, Igal hijo de José.
NUM 13:8 De la tribu de Efraím, Oseas hijo de Nun.
NUM 13:9 De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafu.
NUM 13:10 De la tribu de Zabulón, Gadiel hijo de Sodi.
NUM 13:11 De la tribu de José, de la tribu de Manasés, Gadi hijo de Susi.
NUM 13:12 De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali.
NUM 13:13 De la tribu de Aser, Setur hijo de Micael.
NUM 13:14 De la tribu de Neftalí, Nahabí hijo de Vapsi.
NUM 13:15 De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui.
NUM 13:16 Éstos [son] los nombres de los varones que Moisés envió a reco­nocer la tierra: y a Oseas hijo de Nun, le puso Moisés el nombre de Josué.
NUM 13:17 Enviólos, pues, Moisés a reco­nocer la tierra de Canaán, dicién­doles: Subid por aquí, hacia el sur, y subid al monte:
NUM 13:18 Y observad la tierra qué tal es; y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso;
NUM 13:19 Qué tal la tierra habitada, si es buena o mala; y qué tales son las ciudades habitadas, si de tiendas o de fortalezas;
NUM 13:20 Y cuál sea el terreno, si es pin­güe o flaco, si en él hay o no árboles: y esforzaos, y coged del fruto del país. Y el tiempo era el tiempo de las primeras uvas.
NUM 13:21 Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat.
NUM 13:22 Y subieron por el sur, y vinieron hasta Hebrón: y allí estaban Aimán, y Sesai, y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán, la de Egipto.
NUM 13:23 Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sar­miento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos.
NUM 13:24 Se llamó aquel lugar el arroyo de Escol, por el racimo de uvas que cortaron de allí los hijos de Israel.
NUM 13:25 Y volvieron de reconocer la tierra al cabo de cuarenta días.
NUM 13:26 Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y diéronles la respuesta, y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.
NUM 13:27 Y le contaron, y dijeron: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que cierta­mente fluye leche y miel; y éste es el fruto de ella.
NUM 13:28 Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciu­dades muy grandes y fuertes; y también vimos allí los hijos de Anac.
NUM 13:29 Amalec habita la tierra del sur; y el heteo, y el jebuseo, y el amorreo, habitan en el monte; y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.
NUM 13:30 Entonces Caleb hizo callar el pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y poseámosla; que más podremos que ella.
NUM 13:31 Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo; por­que es más fuerte que nosotros.
NUM 13:32 Y vituperaron entre los hijos de Israel la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para recono­cerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella, son hombres de grande estatura.
NUM 13:33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, [raza] de los gigan­tes: y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.
NUM 14:1 ENTONCES toda la congrega- ción alzaron [grita], y dieron voces: y el pueblo lloró aquella noche.
NUM 14:2 Y quejáronse contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y díjoles toda la multitud: ¡Quiera Dios qué muriéramos en la tierra de Egipto; quiera Dios qué muriéramos en este desierto!
NUM 14:3 ¿Y por qué nos trae el SEÑOR a esta tierra para caer a espada, y que nuestras esposas y nuestros chiquitos sean por presa? ¿no nos sería mejor volvernos a Egipto?
NUM 14:4 Y decían el uno al otro: Hagamos un capitán, y volvámo­nos a Egipto.
NUM 14:5 Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la asamblea de la congre­gación de los hijos de Israel.
NUM 14:6 Y Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestiduras;
NUM 14:7 Y hablaron a toda la congrega­ción de los hijos de Israel, dicien­do: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena.
NUM 14:8 Si el SEÑOR se agradare de nosotros, [él] nos meterá en esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.
NUM 14:9 Por tanto, no seáis rebeldes contra el SEÑOR, ni temáis al pueblo de esta tierra, porque nuestro pan son: su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está el SEÑOR: no los temáis.
NUM 14:10 Entonces toda la multitud habló de apedrearlos con piedras. Mas la gloria del SEÑOR se mostró en el tabernáculo de la congregación a todos los hijos de Israel.
NUM 14:11 Y el SEÑOR dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos?
NUM 14:12 Yo los heriré con pestilencia, y los desheredaré, y haré de ti una nación más grande y más fuerte que ellos.
NUM 14:13 Y Moisés respondió al SEÑOR: Oiránlo luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu fortaleza:
NUM 14:14 Y lo dirán a los habitadores de esta tierra; [los cuales] han oído que tú, oh SEÑOR, estabas en medio de este pueblo, que ojo a ojo aparecías tú, oh SEÑOR, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego:
NUM 14:15 Y que has hecho morir a este pueblo como a un hombre: y las naciones que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo:
NUM 14:16 Porque no pudo el SEÑOR meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.
NUM 14:17 Ahora, pues, yo te ruego que sea grande el poder de mi Señor, como lo hablaste, diciendo:
NUM 14:18 El SEÑOR, [es] tardo de ira y grande en misericordia, que per­dona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.
NUM 14:19 Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has per­donado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
NUM 14:20 Entonces el SEÑOR dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho:
NUM 14:21 Mas [tan] cierto [como] vivo yo, toda la tierra será llena de la gloria del SEÑOR.
NUM 14:22 Porque todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz,
NUM 14:23 No verán la tierra de la cual juré a sus padres: no, ninguno de los que me han irritado la verá.
NUM 14:24 Pero mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y cumplió de ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su simiente la recibirá en heredad.
NUM 14:25 Ahora bien, el Amalecita y el cananeo habitan en el valle; vol­veos mañana, y partíos al desier­to, camino del mar Bermejo.
NUM 14:26 Y el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
NUM 14:27 ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmu­ra contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se que­jan?
NUM 14:28 Díles: Vivo yo, dice el SEÑOR, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros:
NUM 14:29 En este desierto caerán vues­tros cuerpos; todos vuestros con­tados según toda vuestra cuenta, de veinte años arriba, los cuales habéis murmurado contra mí;
NUM 14:30 Vosotros a la verdad no entra­réis en la tierra, por la cual alcé mi mano de haceros habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.
NUM 14:31 Mas vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis que serán por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.
NUM 14:32 Y en cuanto a vosotros, vues­tros cuerpos caerán en este desierto.
NUM 14:33 Y vuestros hijos andarán pas­toreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras fornicaciones, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.
NUM 14:34 Conforme al número de los días, [de los] cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.
NUM 14:35 Yo el SEÑOR he hablado; así haré a toda esta multitud perver­sa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumi­dos, y ahí morirán.
NUM 14:36 Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y vueltos habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país,
NUM 14:37 Aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante del SEÑOR.
NUM 14:38 Mas Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jefone, quedaron con vida de entre aquellos hom­bres que habían ido a reconocer la tierra.
NUM 14:39 Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pue­blo se enlutó mucho.
NUM 14:40 Y levantáronse por la mañana, y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado el SEÑOR; porque hemos pecado.
NUM 14:41 Y dijo Moisés: ¿Por qué que­brantáis el dicho del SEÑOR? Esto tampoco os sucederá bien.
NUM 14:42 No subáis, porque el SEÑOR no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos.
NUM 14:43 Porque el Amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada: pues por cuanto os habéis retraí­do de seguir al SEÑOR, por eso no será el SEÑOR con vosotros.
NUM 14:44 Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte: mas el arca del pacto del SEÑOR, y Moisés, no se apartaron de en medio del campo.
NUM 14:45 Y descendieron el Amalecita y el cananeo, que habitaban en aquel monte, e hiriéronlos y derrotáronlos, [persiguiéndolos] hasta Horma.
NUM 15:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 15:2 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de vuestras habitacio­nes, que yo os doy,
NUM 15:3 E hiciereis ofrenda hecha por fuego al SEÑOR, ofrenda quemada, o sacrificio, por especial voto, o de vuestra voluntad, o para hacer en vuestras fiestas solemnes olor suave al SEÑOR, de vacas o de ovejas;
NUM 15:4 Entonces el que ofreciere su ofrenda al SEÑOR, traerá por presente una décima [de un efa] de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite;
NUM 15:5 Y de vino para la libación ofre­cerás la cuarta parte de un hin, además de la ofrenda quemada o del sacrificio, por cada un cordero.
NUM 15:6 Y por [cada] carnero harás pre­sente de dos décimas de flor de harina, amasada con el tercio de un hin de aceite:
NUM 15:7 Y de vino para la libación ofre­cerás el tercio de un hin, en olor suave al SEÑOR.
NUM 15:8 Y cuando ofreciereis novillo en ofrenda quemada o sacrificio, por espe­cial voto, o de paces al SEÑOR,
NUM 15:9 Ofrecerás con el novillo un presente de tres décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite:
NUM 15:10 Y de vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda hecha por fuego de olor suave al SEÑOR.
NUM 15:11 Así se hará con cada un buey, o carnero, o cordero, lo mismo de ovejas que de cabras.
NUM 15:12 Conforme al número así haréis con cada uno según el número de ellos.
NUM 15:13 Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda hecha por fuego, de olor suave al SEÑOR.
NUM 15:14 Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras edades, si hiciere ofren­da hecha por fuego, de olor suave al SEÑOR, como vosotros hiciereis, así hará él.
NUM 15:15 Una misma ordenanza tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que [con vosotros] mora; ordenanza que será perpetua por vuestras edades: como voso­tros, así será el peregrino delante del SEÑOR.
NUM 15:16 Una misma ley y un mismo derecho tendréis vosotros y el peregrino que con vosotros mora.
NUM 15:17 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 15:18 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra a la cual yo os traigo,
NUM 15:19 Será que cuando comenzareis a comer del pan de la tierra, ofre­ceréis ofrenda al SEÑOR.
NUM 15:20 De lo primero que amasareis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis.
NUM 15:21 De las primicias de vuestras masas daréis al SEÑOR ofrenda por vuestras generaciones.
NUM 15:22 Y cuando errareis, y no hicie­reis todos estos mandamientos que el SEÑOR ha dicho a Moisés,
NUM 15:23 Todas las cosas que el SEÑOR os ha mandado por la mano de Moisés, desde el día que el SEÑOR [lo] mandó, y en adelante por vuestras edades,
NUM 15:24 Será que, si [algo] fuere hecho por ignorancia sin el conocimiento de la congregación, toda la con­gregación ofrecerá un novillo por ofrenda quemada, en olor suave al SEÑOR, con su presente y su libación, conforme a la ley; y un macho cabrío en expiación.
NUM 15:25 Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdo­nado, porque yerro es: y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda hecha por fuego al SEÑOR, y sus expiaciones delante del SEÑOR, por sus yerros:
NUM 15:26 Y será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que pere­grina entre ellos, por cuanto es yerro de todo el pueblo.
NUM 15:27 Y si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de un año por expiación.
NUM 15:28 Y el sacerdote hará expiación por la persona que habrá pecado por yerro, cuando pecare por yerro delante del SEÑOR, la reconciliará, y le será perdonado.
NUM 15:29 El natural entre los hijos de Israel y el peregrino que habitare entre ellos, una misma ley ten­dréis para el que hiciere [algo] por yerro.
NUM 15:30 Mas la persona que hiciere algo con altiva mano, así el natu­ral como el extranjero, al SEÑOR injurió; y la tal persona será cortada de en medio de su pueblo.
NUM 15:31 Por cuanto tuvo en poco la palabra del SEÑOR, y dio por nulo su mandamiento, entera­mente será cortada la tal persona: su iniquidad será sobre ella.
NUM 15:32 Y estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron un hom­bre que recogía leña en día de sábado.
NUM 15:33 Y los que le hallaron reco­giendo leña, trajéronle a Moisés y a Aarón, y a toda la congrega­ción:
NUM 15:34 Y pusiéronlo en la cárcel, por que no estaba declarado qué le habían de hacer.
NUM 15:35 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo con piedras toda la congregación fuera del campo.
NUM 15:36 Entonces lo sacó la congrega­ción fuera del campo, y apedreá­ronlo con piedras, y murió; como el SEÑOR mandó a Moisés.
NUM 15:37 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 15:38 Habla a los hijos de Israel, y díles que se hagan franjas en los remates de sus vestiduras, por sus generaciones; y pongan en cada pezuelo de los remates un cordón de azul:
NUM 15:39 Y serviros ha de pezuelo, para que cuando lo viereis, os acor­déis de todos los mandamientos del SEÑOR, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vues­tro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales fornicáis:
NUM 15:40 Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios.
NUM 15:41 Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo [soy] el SEÑOR vuestro Dios.
NUM 16:1 Y CORÉ, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví; y Datán y Abiram, hijos de Eliab; y On, hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron [gente],
NUM 16:2 Y levantáronse contra Moisés con doscientos y cincuenta varo­nes de los hijos de Israel, prínci­pes de la asamblea, de los del consejo, varones de nombre;
NUM 16:3 Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está el SEÑOR: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación del SEÑOR?
NUM 16:4 Y como lo oyó Moisés, echóse sobre su rostro;
NUM 16:5 Y habló a Coré y a toda su compañía, diciendo: Mañana mos­trará el SEÑOR quién es suyo, y al santo harálo llegar a sí; y al que él escogiere, él lo allegará a sí.
NUM 16:6 Haced esto: tomad incensarios, Coré y toda su compañía:
NUM 16:7 Y poned fuego en ellos, y poned en ellos sahumerio delan­te del SEÑOR mañana; y será que el varón a quien el SEÑOR escogiere, aquel [será] el santo: básteos [esto], hijos de Leví.
NUM 16:8 Dijo más Moisés a Coré: Oíd ahora, hijos de Leví:
NUM 16:9 ¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la con­gregación de Israel, haciéndoos allegar a sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo del SEÑOR, y estuvieseis delante de la congregación para ministrar­les?
NUM 16:10 ¿Y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo; para que procuréis también el sacerdocio?
NUM 16:11 Por tanto, tú y toda tu compañía sois los que os juntáis contra el SEÑOR: pues Aarón, ¿qué es para que contra él murmuréis?
NUM 16:12 Y envió Moisés a llamar a Datán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No ire­mos allá:
NUM 16:13 ¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros impe­riosamente?
NUM 16:14 Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tie­rras y viñas: ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subi­remos.
NUM 16:15 Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo al SEÑOR: No mires a su presente: ni aun un asno he tomado de ellos, ni a nin­guno de ellos he hecho mal.
NUM 16:16 Después dijo Moisés a Coré: Tú y toda tu compañía, poneos mañana delante del SEÑOR; tú, y ellos, y Aarón:
NUM 16:17 Y tomad cada uno su incensa­rio, y poned sahumerio en ellos, y allegad delante del SEÑOR cada uno su incensario: doscien­tos y cincuenta incensarios: tú también, y Aarón, cada uno con su incensario.
NUM 16:18 Y tomaron cada uno su incen­sario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos sahumerio, y pusiéronse a la puerta del taber­náculo de la congregación con Moisés y Aarón.
NUM 16:19 Ya Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación a la puerta del tabernáculo de la congregación: entonces la gloria del SEÑOR apareció a toda la congregación.
NUM 16:20 Y el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
NUM 16:21 Apartaos de entre esta congre­gación, y consumirlos he en un momento.
NUM 16:22 Y ellos se echaron sobre sus rostros, y dijeron: Oh Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airar­te has tú contra toda la congrega­ción?
NUM 16:23 Entonces el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 16:24 Habla a la congregación, diciendo: Apartaos de en derre­dor de la tienda de Coré, Datán, y Abiram.
NUM 16:25 Y Moisés se levantó, y fue a Datán y Abiram; y los ancianos de Israel fueron en pos de él.
NUM 16:26 Y él habló a la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, por que no perezcáis en todos sus pecados.
NUM 16:27 Y apartáronse de las tiendas de Coré, de Datán, y de Abiram en derredor: y Datán y Abiram salieron y pusiéronse a las puer­tas de sus tiendas, con sus esposas, y sus hijos, y sus chiquitos.
NUM 16:28 Y dijo Moisés: En esto cono­ceréis que el SEÑOR me ha enviado para que hiciese todas estas cosas; que no de mi cora­zón [las hice].
NUM 16:29 Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si fue­ren ellos visitados a la manera de todos los hombres, el SEÑOR no me envió.
NUM 16:30 Mas si el SEÑOR hiciere una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron al SEÑOR.
NUM 16:31 Y aconteció, que en acabando él de hablar todas estas palabras, rompióse la tierra que estaba debajo de ellos:
NUM 16:32 Y abrió la tierra su boca, y tra­gólos a ellos, y a sus casas, y a todos los hombres de Coré, y a toda su hacienda.
NUM 16:33 Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo, y cubriólos la tierra, y perecieron de en medio de la congre­gación.
NUM 16:34 Y todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: No nos trague también la tierra.
NUM 16:35 Y salió fuego del SEÑOR, y consumió los doscientos y cin­cuenta hombres que ofrecían el sahumerio.
NUM 16:36 Entonces el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 16:37 Di a Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, que tome los incensa­rios de en medio del incendio, y derrame más allá el fuego; por­que son santificados:
NUM 16:38 Los incensarios de estos peca­dores contra sus almas: y harán de ellos planchas extendidas para cubrir el altar: por cuanto ofre­cieron con ellos delante del SEÑOR, son santificados; y serán por señal a los hijos de Israel.
NUM 16:39 Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de latón con que los quemados habían ofreci­do; y extendiéronlos para cubrir el altar,
NUM 16:40 En recuerdo a los hijos de Israel que ningún extraño que no sea de la simiente de Aarón, lle­gue a ofrecer sahumerio delante del SEÑOR, porque no sea como Coré, y como su compañía; según se lo dijo el SEÑOR por mano de Moisés.
NUM 16:41 El día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo del SEÑOR.
NUM 16:42 Y aconteció que, como se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de la congregación, y he aquí la nube lo había cubier­to, y apareció la gloria del SEÑOR.
NUM 16:43 Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo de la congregación.
NUM 16:44 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 16:45 Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros.
NUM 16:46 Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon perfume, y ve presto a la congregación, y haz expiación por ellos; porque el furor ha salido de delante la faz del SEÑOR: la mortandad ha comenzado.
NUM 16:47 Entonces tomó Aarón [el incensario], como Moisés dijo, y corrió en medio de la congrega­ción: y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo: y él puso perfume, e hizo expia­ción por el pueblo.
NUM 16:48 Y púsose entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.
NUM 16:49 Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil y setecientos, sin los muertos por el negocio de Coré.
NUM 16:50 Después se volvió Aarón a Moisés a la puerta del tabernáculo de la congregación, cuando la mortandad había cesado.
NUM 17:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 17:2 Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.
NUM 17:3 Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; por­que cada cabeza de familia de sus padres tendrá una vara.
NUM 17:4 Y las pondrás en el tabernáculo de la congregación delante del testimonio, donde yo me decla­raré a vosotros.
NUM 17:5 Y será, que el varón que yo escogiere, su vara florecerá: y haré cesar de sobre mí las quejas de los hijos de Israel, con que murmuran contra vosotros.
NUM 17:6 Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, [en todas] doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.
NUM 17:7 Y Moisés puso las varas delan­te del SEÑOR en el tabernáculo de la congregación.
NUM 17:8 Y aconteció que el día siguien­te vino Moisés al tabernáculo de la congregación; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.
NUM 17:9 Entonces sacó Moisés todas las varas de delante del SEÑOR a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara.
NUM 17:10 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de sobre mí, porque no mueran.
NUM 17:11 E hízolo Moisés: como le mandó el SEÑOR, así hizo.
NUM 17:12 Entonces los hijos de Israel hablaron a Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos.
NUM 17:13 Cualquiera que se llegare, el que se acercare al tabernáculo del SEÑOR morirá: ¿acabare­mos de perecer todos?
NUM 18:1 Y EL SEÑOR dijo a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del santuario: y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio.
NUM 18:2 Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, hazlos llegar a ti, y júntense con­tigo, y servirte han; y tú y tus hijos contigo [serviréis] delante del tabernáculo de la congrega­ción.
NUM 18:3 Y guardarán lo que tú ordenares, y el cargo de todo el tabernáculo: mas no llegarán a los vasos santos ni al altar, porque no mue­ran ellos y vosotros.
NUM 18:4 Se juntarán, pues, contigo, y tendrán el cargo del tabernáculo de la congregación en todo el servicio del tabernáculo; ningún extraño se ha de llegar a voso­tros.
NUM 18:5 Y tendréis la guarda del santua­rio, y la guarda del altar, para que no sea más la ira sobre los hijos de Israel.
NUM 18:6 Porque he aquí yo he tomado a vuestros hermanos los levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don del SEÑOR, para que sirvan en el ministerio del tabernáculo de la congrega­ción.
NUM 18:7 Mas tú y tus hijos contigo guar­daréis vuestro sacerdocio en todo negocio del altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vues­tro sacerdocio; y el extraño que se llegare, morirá.
NUM 18:8 Dijo más el SEÑOR a Aarón: He aquí yo te he dado también la guarda de mis ofrendas: todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por ordenanza perpetua.
NUM 18:9 Esto será tuyo de la ofrenda de las cosas santas [reservadas] del fuego: toda ofrenda de ellos, todo presente suyo, y toda expia­ción por el pecado de ellos, y toda expiación por la culpa de ellos, que me han de presentar, será cosa muy santa para ti y para tus hijos.
NUM 18:10 En el santuario la comerás; todo varón comerá de ella: cosa santa será para ti.
NUM 18:11 Esto también será tuyo: la ofrenda elevada de sus dones, y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel, he dado a ti y a tus hijos y a tus hijas contigo, por estatuto perpetuo: todo limpio en tu casa comerá de ellas.
NUM 18:12 De aceite, y de mosto, y de trigo, todo lo más escogido, las primicias de ello, que presenta­rán al SEÑOR, a ti las he dado.
NUM 18:13 Las primicias de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales traerán al SEÑOR, serán tuyas: todo limpio en tu casa comerá de ellas.
NUM 18:14 Todo lo consagrado por voto en Israel será tuyo.
NUM 18:15 Todo lo que abriere matriz en toda carne que ofrecerán al SEÑOR, así de hombres como de animales, será tuyo: mas has de hacer redimir el primogénito del hombre: también harás redi­mir el primogénito de animal inmundo.
NUM 18:16 Y de un mes harás efectuar el rescate de ellos, conforme a tu estimación, por precio de cinco siclos, al siclo del santuario, [que] es de veinte óbolos.
NUM 18:17 Mas el primogénito de vaca, y el primogénito de oveja, y el pri­mogénito de cabra, no redimirás; santificados son: la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda hecha por fuego en olor suave al SEÑOR.
NUM 18:18 Y la carne de ellos será tuya: como el pecho de la mecedura y como la espaldilla derecha, será tuya.
NUM 18:19 Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren al SEÑOR, helas dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo: pacto de sal perpetuo es delante del SEÑOR para ti y para tu simiente contigo.
NUM 18:20 Y el SEÑOR dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte: Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.
NUM 18:21 Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sir­ven en el ministerio del taberná­culo de la congregación.
NUM 18:22 Y no llegarán más los hijos de Israel al tabernáculo de la con­gregación, porque no lleven pecado, por el cual mueran.
NUM 18:23 Mas los levitas harán el ser­vicio del tabernáculo de la con­gregación, y ellos llevarán su iniquidad: estatuto perpetuo por vuestras edades; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.
NUM 18:24 Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán al SEÑOR en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.
NUM 18:25 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 18:26 Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando tomareis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida al SEÑOR el diezmo de los diez­mos.
NUM 18:27 Y se os contará vuestra ofren­da como grano de la era, y como acopio del lagar.
NUM 18:28 Así ofreceréis también voso­tros ofrenda al SEÑOR de todos vuestros diezmos que hubiereis recibido de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda del SEÑOR a Aarón el sacerdote.
NUM 18:29 De todos vuestros dones ofre­ceréis toda ofrenda al SEÑOR; de todo lo mejor de ellos [ofrece­réis] la porción que ha de ser con­sagrada.
NUM 18:30 Y les dirás: Cuando ofrecie­reis lo mejor de ellos, será conta­do a los levitas por fruto de la era, y como fruto del lagar.
NUM 18:31 Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestra familia: pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de la congregación.
NUM 18:32 Y cuando vosotros hubiereis ofrecido de ello lo mejor suyo, no llevaréis por ello pecado: y no habéis de contaminar las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.
NUM 19:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
NUM 19:2 Ésta es la ordenanza de la ley que el SEÑOR ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca bermeja, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo:
NUM 19:3 Y la daréis a Eleazar el sacer­dote, y él la sacará fuera del campo, y harála degollar en su presencia.
NUM 19:4 Y tomará Eleazar el sacerdote de su sangre con su dedo, y rociará hacia la delantera del tabernáculo de la congregación con la sangre de ella siete veces;
NUM 19:5 Y hará quemar la vaca ante sus ojos: su cuero y su carne y su sangre, con su estiércol, hará quemar.
NUM 19:6 Luego tomará el sacerdote palo de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca.
NUM 19:7 El sacerdote lavará luego sus vestiduras, lavará también su carne con agua, y después entrará en el real; y será inmundo el sacerdote hasta la tarde.
NUM 19:8 Asimismo el que la quemó, lavará sus vestiduras en agua, tam­bién lavará en agua su carne, y será inmundo hasta la tarde.
NUM 19:9 Y un hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca, y las pon­drá fuera del campo en lugar lim­pio, y las guardará la congrega­ción de los hijos de Israel para el agua de separación: es una expiación.
NUM 19:10 Y el que recogió las cenizas de la vaca, lavará sus vestiduras, y será inmundo hasta la tarde: y será a los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos, por estatuto perpetuo.
NUM 19:11 El que tocare muerto de cual­quiera persona humana, siete días será inmundo:
NUM 19:12 Éste se purificará al tercer día con esta [agua], y al séptimo día será limpio; y si al tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día.
NUM 19:13 Cualquiera que tocare en muerto, en persona de hombre que estuviere muerto, y no se purificare, el tabernáculo del SEÑOR contaminó; y aquella persona será cortada de Israel: por cuanto el agua de la separa­ción no fue rociada sobre él, inmundo será; y su inmundicia será sobre él.
NUM 19:14 Ésta [es] la ley para cuando alguno muriere en la tienda: cualquiera que entrare en la tien­da y todo el que estuviere en ella, será inmundo siete días.
NUM 19:15 Y todo vaso abierto, sobre el cual no hubiere tapadera bien ajustada, será inmundo.
NUM 19:16 Y cualquiera que tocare en muerto a espada sobre la faz del campo, o en muerto, o en hueso humano, o en sepulcro, siete días será inmundo.
NUM 19:17 Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la quemada vaca de la expiación, y echarán sobre ella agua viva en un vaso:
NUM 19:18 Y un hombre limpio tomará hisopo, y mojarálo en el agua, y rociará sobre la tienda, y sobre todos los muebles, y sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, o el matado, o el muer­to, o el sepulcro:
NUM 19:19 Y el limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día: y cuando lo habrá purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestiduras, y a sí mismo se lavará con agua, y será limpio a la tarde.
NUM 19:20 Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el taberná­culo del SEÑOR: no fue rociada sobre él el agua de separación: es inmundo.
NUM 19:21 Y les será por estatuto perpe­tuo: también el que rociare el agua de la separación lavará sus vestiduras; y el que tocare el agua de la separación, será inmundo hasta la tarde.
NUM 19:22 Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo: y la perso­na que lo tocare, será inmunda hasta la tarde.
NUM 20:1 Y LLEGARON los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y asentó el pueblo en Cades; y allí murió Miriam, y fue allí sepultada.
NUM 20:2 Y como no hubiese agua para la congregación, juntáronse con­tra Moisés y Aarón.
NUM 20:3 Y regañó el pueblo con Moisés, y hablaron diciendo: ¡Quiera Dios que nosotros hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros her­manos delante del SEÑOR!
NUM 20:4 ¿Y por qué hiciste venir la con­gregación del SEÑOR a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias?
NUM 20:5 ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni granadas: ni aun de agua para beber.
NUM 20:6 Y fuéronse Moisés y Aarón de delante de la asamblea a la puerta del tabernáculo de la con­gregación, y echáronse sobre sus rostros; y la gloria del SEÑOR apareció sobre ellos.
NUM 20:7 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 20:8 Toma la vara, y reune la asamblea, tú y Aarón tu herma­no, y hablad a la roca en ojos de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la roca, y darás de beber a la congregación, y a sus bestias.
NUM 20:9 Entonces Moisés tomó la vara de delante del SEÑOR, como él le mandó.
NUM 20:10 Y juntaron Moisés y Aarón la congregación delante de la roca, y díjoles: Oíd ahora, rebeldes: ¿os hemos de hacer salir aguas de esta roca?
NUM 20:11 Entonces alzó Moisés su mano, e hirió la roca con su vara dos veces: y salieron aguas en abundancia, y bebió la congregación, y sus bestias.
NUM 20:12 Y el SEÑOR dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.
NUM 20:13 Éstas [son] las aguas de Meriba, por las cuales contendieron los hijos de Israel con el SEÑOR, y él se santificó en ellos.
NUM 20:14 Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido:
NUM 20:15 Cómo nuestros padres des­cendieron a Egipto, y estuvimos en Egipto largo tiempo, y los egipcios nos maltrataron, y a nuestros padres;
NUM 20:16 Y clamamos al SEÑOR, el cual oyó nuestra voz, y envió ángel, y sacónos de Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad al extremo de tus confines:
NUM 20:17 Rogámoste que pasemos por tu tierra; no pasaremos por labranza, ni por viña, ni bebere­mos agua de pozos: por el cami­no real iremos, sin apartarnos a la diestra ni a la siniestra, hasta que hayamos pasado tu término.
NUM 20:18 Y Edom le respondió: No pasarás por mi [país], de otra manera saldré contra ti armado.
NUM 20:19 Y los hijos de Israel dijeron: Por el camino seguido iremos; y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas: ciertamente sin [hacer] otra cosa, pasaré de seguida.
NUM 20:20 Y él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte.
NUM 20:21 No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su término, y apartóse Israel de él.
NUM 20:22 Y partidos de Cades los hijos de Israel, toda aquella congrega­ción, vinieron al monte de Hor.
NUM 20:23 Y el SEÑOR habló a Moisés y Aarón en el monte de Hor, en los confines de la tierra de Edom, diciendo:
NUM 20:24 Aarón será reunido a sus pue­blos; pues no entrará en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de la rencilla.
NUM 20:25 Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor;
NUM 20:26 Y haz desnudar a Aarón sus vestiduras, y viste de ellos a Eleazar su hijo; porque Aarón será reunido [a su pueblo], y allí morirá.
NUM 20:27 Y Moisés hizo como el SEÑOR le mandó: y subieron al monte de Hor a ojos de toda la congregación.
NUM 20:28 Y Moisés hizo desnudar a Aarón de sus vestiduras y vistiólos a Eleazar su hijo: y Aarón murió allí en la cumbre del monte: y Moisés y Eleazar descendieron del monte.
NUM 20:29 Y viendo toda la congrega­ción que Aarón era muerto, hiciéronle duelo por treinta días todas las familias de Israel.
NUM 21:1 Y OYENDO el cananeo, el rey de Arad, el cual habitaba en el sur, que venía Israel por el camino de los centinelas, peleó con Israel, y tomó de él presa.
NUM 21:2 Entonces Israel hizo voto al SEÑOR, y dijo: Si en efecto entregares a este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades.
NUM 21:3 Y el SEÑOR escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y destruyólos a ellos y a sus ciuda­des; y llamó el nombre de aquel lugar Horma.
NUM 21:4 Y partieron del monte de Hor, camino del mar Bermejo, para rodear la tierra de Edom; y aba­tióse el ánimo del pueblo por el camino.
NUM 21:5 Y habló el pueblo contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que mura­mos en este desierto? que ni hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.
NUM 21:6 Y el SEÑOR envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo: y murió mucho pueblo de Israel.
NUM 21:7 Entonces el pueblo vino a Moisés, y dijeron: Pecado hemos por haber hablado contra el SEÑOR, y contra ti: ruega al SEÑOR que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.
NUM 21:8 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre la bandera: y será que cualquiera que fuere mordi­do y mirare a ella, vivirá.
NUM 21:9 Y Moisés hizo una serpiente de latón, y la puso sobre un palo; y sucedió, que cuando una ser­piente había mordido a alguno, miraba a la serpiente de latón, y vivía.
NUM 21:10 Y partieron los hijos de Israel, y asentaron campo en Obot.
NUM 21:11 Y partidos de Obot, asenta­ron en Ije-abarim, en el desierto que está delante de Moab, al nacimiento del sol.
NUM 21:12 Partidos de allí, asentaron en la arroyada de Zared.
NUM 21:13 De allí movieron, y asentaron de la otra parte de Arnón, que está en el desierto, y que sale del término del amorreo; porque Arnón es término de Moab, entre Moab y el amorreo.
NUM 21:14 Por tanto se dice en el libro de las batallas del SEÑOR: Lo que hizo en el mar Bermejo, y en los arroyos de Arnón:
NUM 21:15 Y a la corriente de los arroyos que va a parar en Ar, y descansa en el término de Moab.
NUM 21:16 Y de allí [vinieron] a Beer: este es el pozo del cual el SEÑOR dijo a Moisés: Junta al pueblo, y les daré agua.
NUM 21:17 Entonces cantó Israel esta canción: Sube, oh pozo; a él cantad:
NUM 21:18 Pozo, el cual cavaron los señores; caváronlo los príncipes del pueblo, y el legislador, con sus bordones. Y del desierto [vinieron] a Mataná:
NUM 21:19 Y de Mataná a Nahaliel: y de Nahaliel a Bamot:
NUM 21:20 Y de Bamot al valle que está en los campos de Moab, y a la cumbre de Pisga, que mira a Jesimón.
NUM 21:21 Y envió Israel embajadores a Sehón, rey de los amorreos, diciendo:
NUM 21:22 Pasaré por tu tierra: no nos apartaremos por los labrados, ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos: por el cami­no real iremos, hasta que pase­mos tu término.
NUM 21:23 Mas Sehón no dejó pasar a Israel por su término: antes juntó Sehón todo su pueblo, y salió contra Israel en el desierto: y vino a Jahaz, y peleó contra Israel.
NUM 21:24 E hirióle Israel a filo de espa­da, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de Amón: porque el término de los hijos de Amón era fuerte.
NUM 21:25 Y tomó Israel todas estas ciu­dades: y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo, en Hesbón y en todas sus aldeas.
NUM 21:26 Porque Hesbón era la ciudad de Sehón, rey de los amorreos; el cual había tenido guerra antes con el rey de Moab, y tomado de su poder toda su tierra hasta Arnón.
NUM 21:27 Por tanto, dicen los proverbis­tas: Venid a Hesbón, edifíquese y repárese la ciudad de Sehón:
NUM 21:28 Que fuego salió de Hesbón, y llama de la ciudad de Sehón, y consumió a Ar de Moab, a los señores de los altos de Arnón.
NUM 21:29 ¡Ay de ti, Moab! Perecido has, pueblo de Quemos: puso sus hijos en huída, y sus hijas en cau­tividad, por Sehón rey de los amorreos.
NUM 21:30 Mas devastamos el reino de ellos; pereció Hesbón hasta Dibón, y destruimos hasta Nofa y Medeba.
NUM 21:31 Así habitó Israel en la tierra del amorreo.
NUM 21:32 Y envió Moisés a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas, y echaron al amorreo que estaba allí.
NUM 21:33 Y volvieron, y subieron cami­no de Basán, y salió contra ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei.
NUM 21:34 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: No le tengas miedo, que en tu mano lo he dado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón.
NUM 21:35 E hirieron a él, y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le queda­ra uno, y poseyeron su tierra.
NUM 22:1 Y MOVIERON los hijos de Israel, y asentaron en los campos de Moab, de esta parte del Jordán de Jericó.
NUM 22:2 Y vio Balac, hijo de Zipor, todo lo que Israel había hecho al amorreo.
NUM 22:3 Y Moab temió mucho a causa del pueblo que era mucho; y angustióse Moab a causa de los hijos de Israel.
NUM 22:4 Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac, hijo de Zipor, era entonces rey de Moab.
NUM 22:5 Por tanto envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, a Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí:
NUM 22:6 Ven pues ahora, te ruego, mal­díceme este pueblo, porque es más fuerte que yo: quizá podré yo herirlo, y echarlo de la tierra: que yo sé que el que tú bendije­res, será bendito, y el que tú mal­dijeres, será maldito.
NUM 22:7 Y fueron los ancianos de Moab, y los ancianos de Madián, con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam, y le dijeron las palabras de Balac.
NUM 22:8 Y él les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os referiré las palabras, como el SEÑOR me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam.
NUM 22:9 Y vino Dios a Balaam, y díjo­le: ¿Qué varones son estos [que están] contigo?
NUM 22:10 Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a mí [diciendo]:
NUM 22:11 He aquí este pueblo que ha salido de Egipto, cubre la faz de la tierra: ven pues ahora, y mal­dícemelo; quizá podré pelear con él, y echarlo.
NUM 22:12 Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque es bendito.
NUM 22:13 Así Balaam se levantó por la mañana, y dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque el SEÑOR no me quiere dejar ir con vosotros.
NUM 22:14 Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac, y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.
NUM 22:15 Y tornó Balac a enviar otra vez más príncipes, y más hono­rables que los [otros].
NUM 22:16 Los cuales vinieron a Balaam, y dijéronle: Así dice Balac, hijo de Zipor: Ruégote que no dejes de venir a mí:
NUM 22:17 Porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me dijeres: ven pues ahora, maldíce­me a este pueblo.
NUM 22:18 Y Balaam respondió, y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra del SEÑOR mi Dios, para hacer cosa chica ni grande.
NUM 22:19 Ruégoos por tanto ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir el SEÑOR.
NUM 22:20 Y vino Dios a Balaam de noche, y díjole: Si vinieren a lla­marte hombres, levántate y ve con ellos: pero harás lo que yo te dijere.
NUM 22:21 Así Balaam se levantó por la mañana, y cinchó su asna, y fue con los príncipes de Moab.
NUM 22:22 Y el furor de Dios se encendió porque él iba; y el ángel del SEÑOR se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos mozos suyos.
NUM 22:23 Y el asna vio al ángel del SEÑOR, que estaba en el cami­no con su espada desnuda en su mano; y apartóse el asna del camino, e iba por el campo. Entonces hirió Balaam al asna para hacerla volver al camino.
NUM 22:24 Mas el ángel del SEÑOR se puso en una senda de viñas [que tenía] pared de una parte y pared de otra.
NUM 22:25 Y viendo el asna al ángel del SEÑOR, pegóse a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam: y él volvió a herirla.
NUM 22:26 Y el ángel del SEÑOR pasó más allá, y púsose en una angos­tura, donde no había camino para apartarse ni a diestra ni a sinies­tra.
NUM 22:27 Y viendo el asna al ángel del SEÑOR, echóse debajo de Balaam: y enojóse Balaam, e hirió al asna con el palo.
NUM 22:28 Entonces el SEÑOR abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has herido estas tres veces?
NUM 22:29 Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí: ¡si hubiera espada en mi mano, que ahora mismo te mataría!
NUM 22:30 Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado a hacerlo así contigo? Y él res­pondió: No.
NUM 22:31 Entonces el SEÑOR abrió los ojos a Balaam, y vio al ángel del SEÑOR que estaba en el cami­no, y [tenía] su espada desnuda en su mano. Y [Balaam] hizo reve­rencia, e inclinóse sobre su ros­tro.
NUM 22:32 Y el ángel del SEÑOR le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? he aquí yo he salido para contrarrestarte, porque tu camino es perverso delante de mí:
NUM 22:33 El asna me ha visto, y hase apartado luego de delante de mí estas tres veces: y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella deja­ría viva.
NUM 22:34 Entonces Balaam dijo al ángel del SEÑOR: He pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino: mas ahora, si te parece mal, yo me volveré.
NUM 22:35 Y el ángel del SEÑOR dijo a Balaam: Ve con esos hombres: pero la palabra que yo te dije­re, esa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de Balac.
NUM 22:36 Y oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab, que está junto al térmi­no de Arnón, que es el cabo de los confines.
NUM 22:37 Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a ti a llamarte? ¿por qué no has venido a mí? ¿no puedo yo honrarte?
NUM 22:38 Y Balaam respondió a Balac: He aquí yo he venido a ti: mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré.
NUM 22:39 Y fue Balaam con Balac, y vinieron a la ciudad de Husot.
NUM 22:40 Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam, y a los príncipes que estaban con él.
NUM 22:41 Y el día siguiente Balac tomó a Balaam, e hízolo subir a los altos de Baal, y desde allí vio la extremidad del pueblo.
NUM 23:1 Y BALAAM dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros.
NUM 23:2 Y Balac hizo como le dijo Balaam: y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar.
NUM 23:3 Y Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu ofrenda quemada, y yo iré: quizá el SEÑOR me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te la noticiaré. Y se fue a un lugar alto.
NUM 23:4 Y vino Dios al encuentro de Balaam, y [éste] le dijo: Siete alta­res he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un car­nero.
NUM 23:5 Y el SEÑOR puso palabra en la boca de Balaam, y díjole: Vuelve a Balac, y has de hablar así.
NUM 23:6 Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su sacrificio quemado, él y todos los príncipes de Moab.
NUM 23:7 Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, rey de Moab, de los montes del oriente: ven, maldíceme a Jacob; y ven, execra a Israel.
NUM 23:8 ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que el SEÑOR no ha execrado?
NUM 23:9 Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los colla­dos lo miraré: He aquí un pueblo que habitará solo, y no será contado entre las naciones.
NUM 23:10 ¿Quién contará el polvo de Jacob, o el número de la cuarta parte de Israel? Muera mi perso­na de la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya.
NUM 23:11 Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? hete tomado para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has pro­ferido bendiciones.
NUM 23:12 Y él respondió, y dijo: ¿No observaré yo lo que el SEÑOR pusiere en mi boca para decirlo?
NUM 23:13 Y dijo Balac: Ruégote que vengas conmigo a otro lugar desde el cual lo veas; su extremi­dad solamente verás, que no lo verás todo; y desde allí me lo maldecirás.
NUM 23:14 Y llevólo al campo de Sofim, a la cumbre de Pisga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.
NUM 23:15 Entonces él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu ofrenda quemada, y yo iré a encontrar [al SEÑOR] allí.
NUM 23:16 Y el SEÑOR salió al encuen­tro de Balaam, y puso palabra en su boca, y díjole: Vuelve a Balac, y así has de decir.
NUM 23:17 Y vino a él, y he aquí que él estaba junto a su ofrenda quemada, y con él los príncipes de Moab: y díjole Balac: ¿Qué ha dicho el SEÑOR?
NUM 23:18 Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zipor:
NUM 23:19 Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: ¿Él dijo, y no hará? ¿Habló, y no lo ejecutará?
NUM 23:20 He aquí yo he recibido [un mandato] de bendecir y no podré revocarlo.
NUM 23:21 No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel: El SEÑOR su Dios es con él, y júbilo de rey en él.
NUM 23:22 Dios los ha sacado de Egipto; tiene fuerzas como de unicornio.
NUM 23:23 Porque en Jacob no hay agüero, ni adivinación en Israel: como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios!
NUM 23:24 He aquí el pueblo, que como león se levantará, y como león se erguirá: no se echará hasta que coma la presa, y beba la sangre de los muertos.
NUM 23:25 Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, ni tampoco lo bendigas.
NUM 23:26 Y Balaam respondió, y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que el SEÑOR me dijere, aquello tengo de hacer?
NUM 23:27 Y dijo Balac a Balaam: Ruégote que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas.
NUM 23:28 Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor, que mira hacia Jesimón.
NUM 23:29 Entonces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete alta­res, y prepárame aquí siete bece­rros y siete carneros.
NUM 23:30 Y Balac hizo como Balaam [le] dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.
NUM 24:1 Y COMO vio Balaam que parecía bien al SEÑOR que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, a encuentro de agüeros, sino que puso su rostro hacia el desierto;
NUM 24:2 Y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el espíritu de Dios vino sobre él.
NUM 24:3 Entonces tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, y dijo el varón de ojos abiertos:
NUM 24:4 Dijo el que oyó las palabras de Dios, el que vio la visión del Todopoderoso; caído, mas abier­tos los ojos:
NUM 24:5 ¡Cuán hermosas son tus tien­das, oh Jacob, tus tabernáculos, oh Israel!
NUM 24:6 Como arroyos están extendi­das, como huertos junto al río, como lináloes plantados por el SEÑOR, como cedros junto a las aguas.
NUM 24:7 De sus manos destilarán aguas, y su simiente será en muchas aguas: y ensalzarse ha su rey más que Agag, y su reino será ensal­zado.
NUM 24:8 Dios lo sacó de Egipto; tiene fuerzas como de unicornio: comerá a las naciones sus enemi­gas, y desmenuzará sus huesos, y asaeteará con sus saetas.
NUM 24:9 Se encorvará para echarse como león, y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren.
NUM 24:10 Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y batiendo sus palmas le dijo: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, y he aquí los has resueltamente bendecido ya tres veces.
NUM 24:11 Húyete, por tanto, ahora a tu lugar: yo dije que te honraría, mas he aquí que el SEÑOR te ha privado de honra.
NUM 24:12 Y Balaam le respondió: ¿No lo declaré yo también a tus men­sajeros que me enviaste, dicien­do:
NUM 24:13 Si Balac me diese su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar el dicho del SEÑOR para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio; [mas] lo que el SEÑOR hablare, eso diré yo?
NUM 24:14 He aquí yo me voy ahora a mi pueblo: por tanto, ven, te indica­ré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postrimeros días.
NUM 24:15 Y tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, dijo el varón de ojos abiertos:
NUM 24:16 Dijo el que oyó las palabras de Dios, y el que sabe el conoci­miento del Altísimo, el que vio la visión del Todopoderoso; caído, mas abiertos los ojos:
NUM 24:17 Verélo, mas no ahora: lo mira­ré, mas no de cerca: saldrá Estrella de Jacob, y levanta­ráse Cetro de Israel, y herirá los cantones de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set.
NUM 24:18 Y será tomada Edom, será también tomada Seir por sus ene­migos, e Israel se portará varonil­mente.
NUM 24:19 Y el de Jacob se enseñoreará, y destruirá de la ciudad lo que quedare.
NUM 24:20 Y viendo a Amalec, tomó su parábola, y dijo: Amalec, cabeza de naciones; mas su postrimería perecerá para siempre.
NUM 24:21 Y viendo al cineo, tomó su parábola, y dijo: Fuerte es tu habi­tación, pon en la roca tu nido:
NUM 24:22 Que el cineo será echado, cuando Asur te llevará cautivo.
NUM 24:23 Todavía tomó su parábola, y dijo: ¡Ay! ¿quién vivirá cuando hiciere Dios estas cosas?
NUM 24:24 Y [vendrán] navíos de la costa de Quitim, y afligirán a Asur, afligirán también a Eber: mas él también perecerá para siempre.
NUM 24:25 Entonces se levantó Balaam, y se fue, y volvióse a su lugar: y también Balac se fue por su camino.
NUM 25:1 Y REPOSÓ Israel en Sitim, y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab:
NUM 25:2 Las cuales llamaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses: y el pueblo comió, e inclinóse a sus dioses.
NUM 25:3 Y allegóse el pueblo a Baal-­peor; y el furor del SEÑOR se encendió contra Israel.
NUM 25:4 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Toma todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos al SEÑOR delante del sol; y la ira del furor del SEÑOR se apartará de Israel.
NUM 25:5 Entonces Moisés dijo a los jue­ces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los suyos que se han allegado a Baal-peor.
NUM 25:6 Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congrega­ción de los hijos de Israel, llorando ellos a la puerta del taberná­culo de la congregación.
NUM 25:7 Y viólo Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacer­dote, y levantóse de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano:
NUM 25:8 Y fue tras el varón de Israel a la tienda, y alanceólos a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel.
NUM 25:9 Y murieron de aquella mortan­dad veinte y cuatro mil.
NUM 25:10 Entonces el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 25:11 Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, ha hecho tornar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos: por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel.
NUM 25:12 Por tanto dí[les]: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él;
NUM 25:13 Y tendrá él, y su simiente des­pués de él, el pacto del sacerdo­cio perpetuo; por cuanto tuvo celo por su Dios, e hizo expia­ción por los hijos de Israel.
NUM 25:14 Y el nombre del varón muer­to, que fue muerto con la madianita, era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón.
NUM 25:15 Y el nombre de la mujer madianita muerta, era Cozbi, hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián.
NUM 25:16 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 25:17 Hostilizaréis a los madianitas, y los heriréis:
NUM 25:18 Por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides, con que os han engañado en el nego­cio de Peor, y en el negocio de Cozbi, hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la mortandad por causa de Peor.
NUM 26:1 Y ACONTECIÓ después de la mortandad, que el SEÑOR habló a Moisés, y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo:
NUM 26:2 Tomad la suma de toda la con­gregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que puedan salir a la guerra en Israel.
NUM 26:3 Y Moisés y Eleazar el sacerdo­te hablaron con ellos en los cam­pos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo:
NUM 26:4 Contaréis el pueblo de veinte años arriba, como mandó el SEÑOR a Moisés y a los hijos de Israel, que habían salido de tierra de Egipto.
NUM 26:5 Rubén primogénito de Israel: los hijos de Rubén: Enoc, del cual era la familia de los enoquitas; de Falú, la familia de los faluitas;
NUM 26:6 De Hesrón, la familia de los hesronitas; de Carmi, la familia de los carmitas.
NUM 26:7 Éstas [son] las familias de los rubenitas: y sus contados fueron cuarenta y tres mil setecientos y treinta.
NUM 26:8 Y los hijos de Falú: Eliab.
NUM 26:9 Y los hijos de Eliab: Nemuel, y Datán, y Abiram. Estos Datán y Abiram fueron los del consejo de la congregación, que hicieron el motín contra Moisés y Aarón con la compañía de Coré, cuando se amotinaron contra el SEÑOR;
NUM 26:10 Que la tierra abrió su boca y tragó a ellos y a Coré, cuando aquella compañía murió, cuando consumió el fuego doscientos y cincuenta varones, los cuales fueron por señal.
NUM 26:11 Mas los hijos de Coré no murieron.
NUM 26:12 Los hijos de Simeón por sus familias: de Nemuel, la familia de los nemuelitas; de Jamín, la familia de los jaminitas; de Jaquín, la familia de los jaquínitas;
NUM 26:13 De Zera, la familia de los zeraitas; de Saúl, la familia de los saulitas.
NUM 26:14 Éstas [son] las familias de los simeonitas, veinte y dos mil y doscientos.
NUM 26:15 Los hijos de Gad por sus familias: de Zefón, la familia de los zefonitas; de Aggi, la familia de los aggitas; de Suni, la familia de los sunitas;
NUM 26:16 De Ozni, la familia de los oznitas; de Eri, la familia de los eritas;
NUM 26:17 De Aroz, la familia de los aroditas; de Areli, la familia de los arelitas.
NUM 26:18 Éstas [son] las familias de Gad, por sus contados, cuarenta mil y quinientos.
NUM 26:19 Los hijos de Judá: Er y Onán; y Er y Onán murieron en la tierra de Canaán.
NUM 26:20 Y fueron los hijos de Judá por sus familias: de Sela, la familia de los selaitas; de Fares, la familia de los faresitas; de Zera, la familia de los zeraitas.
NUM 26:21 Y fueron los hijos de Fares: de Hesrón, la familia de los hesronitas; de Hamul, la familia de los hamulitas.
NUM 26:22 Éstas [son] las familias de Judá, por sus contados, setenta y seis mil y quinientos.
NUM 26:23 Los hijos de Isacar por sus familias: de Tola, la familia de los tolaitas; de Puá la familia de los puanitas;
NUM 26:24 De Jasub, la familia de los jasubitas; de Simron, la familia de los simronitas.
NUM 26:25 Éstas [son] las familias de Isacar, por sus contados, sesenta y cuatro mil y trescien­tos.
NUM 26:26 Los hijos de Zabulón por sus familias: de Sered, la familia de los sereditas; de Elón, la familia de los elonitas; de Jalel, la fami­lia de los jalelitas.
NUM 26:27 Éstas [son] las familias de los zabulonitas, por sus contados, sesenta mil y quinientos.
NUM 26:28 Los hijos de José por sus familias: Manasés y Efraím.
NUM 26:29 Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas.
NUM 26:30 Éstos [son] los hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los jezeritas; de Helec, la familia de los helecitas;
NUM 26:31 De Asriel, la familia de los asrielitas; de Siquem, la familia de los siquemitas;
NUM 26:32 De Semida, la familia de los semidaitas; de Hefer, la familia de los heferitas.
NUM 26:33 Y Zelofehad, hijo de Hefer, no tuvo hijos sino hijas: y los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala, y Noa, y Hogla, y Milca, y Tirsa.
NUM 26:34 Éstas [son] las familias de Manasés; y sus contados, cin­cuenta y dos mil y setecientos.
NUM 26:35 Éstos [son] los hijos de Efraím por sus familias: de Sutela, la familia de los sutelaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tahan, la familia de los tahanitas.
NUM 26:36 Y estos son los hijos de Sutela: de Herán, la familia de los heranitas.
NUM 26:37 Éstas [son] las familias de los hijos de Efraím, por sus conta­dos, treinta y dos mil y quinien­tos. Éstos [son] los hijos de José por sus familias.
NUM 26:38 Los hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la familia de los belaitas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ahiram, la familia de los ahiramitas;
NUM 26:39 De Sufam, la familia de los sufamitas; de Hufam, la familia de los hufamitas.
NUM 26:40 Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamán: [de Ard], la familia de los arditas; de Naamán, la fami­lia de los naamanitas.
NUM 26:41 Éstos [son] los hijos de Benjamín por sus familias; y sus contados, cuarenta y cinco mil y seiscientos.
NUM 26:42 Éstos [son] los hijos de Dan por sus familias: de Suham, la fami­lia de los suhamitas. Éstas [son] las familias de Dan por sus fami­lias.
NUM 26:43 Todas las familias de los suhamitas, por sus contados, sesenta y cuatro mil y cuatro­cientos.
NUM 26:44 Los hijos de Aser por sus familias: de Imna, la familia de los imnaitas; de Isui, la familia de los isuitas; de Beria, la fami­lia de los beriaitas.
NUM 26:45 Los hijos de Beria: de Heber, la familia de los heberitas; de Malquiel, la familia de los malquielitas.
NUM 26:46 Y el nombre de la hija de Aser fue Sera.
NUM 26:47 Éstas [son] las familias de los hijos de Aser, por sus contados, cincuenta y tres mil y cuatrocien­tos.
NUM 26:48 Los hijos de Neftalí por sus familias: de Jahzeel, la familia de los jahzeelitas; de Guni, la fami­lia de los gunitas;
NUM 26:49 De Jeser, la familia de los jeseritas; de Sillem, la familia de los sillemitas.
NUM 26:50 Éstas [son] las familias de Neftalí por sus familias; y sus contados, cuarenta y cinco mil y cuatrocientos.
NUM 26:51 Éstos [son] los contados de los hijos de Israel, seiscientos y un mil setecientos y treinta.
NUM 26:52 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 26:53 A estos se repartirá la tierra en heredad, por la cuenta de los nombres.
NUM 26:54 A los más darás mayor heredad, y a los menos menor; y a cada uno se le dará su heredad conforme a sus contados.
NUM 26:55 No obstante la tierra será reparti­da por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres here­darán.
NUM 26:56 Conforme a la suerte será repartida su heredad entre el grande y el pequeño.
NUM 26:57 Y los contados de los levitas por sus familias son estos: de Gersón, la familia de los gersonitas; de Coat, la familia de los coatitas; de Merari, la familia de los meraritas.
NUM 26:58 Éstas [son] las familias de los levitas: la familia de los libnitas, la familia de los hebronitas, la familia de los mahalitas, la familia de los musitas, la familia de los coritas. Y Coat engendró a Amram.
NUM 26:59 Y la esposa de Amram se llamó Jocabed, hija de Leví, la cual nació a Leví en Egipto: ésta parió de Amram a Aarón y a Moisés, y a Miriam su hermana.
NUM 26:60 Y a Aarón nacieron Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar.
NUM 26:61 Mas Nadab y Abiú murieron, cuando ofrecieron fuego extraño delante del SEÑOR.
NUM 26:62 Y los contados de los levitas fueron veinte y tres mil, todos varones de un mes arriba: porque no fueron contados entre los hijos de Israel, por cuanto no les había de ser dada heredad entre los hijos de Israel.
NUM 26:63 Éstos [son] los contados por Moisés y Eleazar el sacerdote, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó.
NUM 26:64 Y entre estos ninguno hubo de los contados por Moisés y Aarón el sacerdote, los cuales contaron a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí.
NUM 26:65 Porque el SEÑOR les dijo: Han de morir en el desierto: y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone, y Josué hijo de Nun.
NUM 27:1 Y LAS hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, y Noa, y Hogla, y Milca, y Tirsa, llegaron;
NUM 27:2 Y presentáronse delante de Moisés, y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes, y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo de la congregación, y dijeron:
NUM 27:3 Nuestro padre murió en el desierto, el cual no estuvo en la compañía que se reunió contra el SEÑOR en la compañía de Coré: sino que en su pecado murió, y no tuvo hijos.
NUM 27:4 ¿Por qué será quitado el nom­bre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los herma­nos de nuestro padre.
NUM 27:5 Y Moisés llevó su causa delan­te del SEÑOR.
NUM 27:6 Y el SEÑOR respondió a Moisés, diciendo:
NUM 27:7 Bien dicen las hijas de Zelofehad: has de darles posesión de heredad entre los hermanos de su padre; y traspasarás la heredad de su padre a ellas.
NUM 27:8 Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno murie­re sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija:
NUM 27:9 Y si no tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos:
NUM 27:10 Y si no tuviere hermanos, daréis su herencia a los herma­nos de su padre.
NUM 27:11 Y si su padre no tuviere her­manos, daréis su herencia a su pariente más cercano de su lina­je, el cual la poseerá: y será a los hijos de Israel por estatuto de derecho, como el SEÑOR mandó a Moisés.
NUM 27:12 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel.
NUM 27:13 Y después que la habrás visto, tú también serás reunido a tus pueblos, como fue reunido tu hermano Aarón:
NUM 27:14 Pues fuisteis rebeldes a mi dicho en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, para santificarme en las aguas a ojos de ellos. Éstas [son] las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin.
NUM 27:15 Entonces respondió Moisés al SEÑOR, diciendo:
NUM 27:16 Ponga el SEÑOR, Dios de los espíritus de toda carne, varón sobre la congregación,
NUM 27:17 Que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca; por­que la congregación del SEÑOR no sea como ovejas sin pastor.
NUM 27:18 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él;
NUM 27:19 Y ponerlo has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación; y le darás órdenes en presencia de ellos.
NUM 27:20 Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congre­gación de los hijos de Israel [le] obedezcan.
NUM 27:21 Y él estará delante de Eleazar el sacerdote, y a él preguntará por el juicio del Urim delante del SEÑOR: por el dicho de él sal­drán, y por el dicho de él entra­rán, él, y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación.
NUM 27:22 Y Moisés hizo como el SEÑOR le había mandado; que tomó a Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote, y de toda la congregación:
NUM 27:23 Y puso sobre él sus manos, y dióle órdenes, como el SEÑOR había mandado por mano de Moisés.
NUM 28:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 28:2 Manda a los hijos de Israel, y díles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas hechas por fuego en olor a mí agradable, guarda­réis, ofreciéndomelo a su tiempo.
NUM 28:3 Y les dirás: Ésta [es] la ofrenda hecha por fuego que ofreceréis al SEÑOR: dos corderos sin tacha de un año, cada un día, [para] una ofrenda quemada continua.
NUM 28:4 El un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrece­rás entre las dos tardes:
NUM 28:5 Y la décima de un efa de flor de harina, amasada con una cuar­ta de un hin de aceite molido, en presente.
NUM 28:6 [Es] ofrenda quemada continua, que fue hecho en el monte de Sinaí en olor de suavidad, ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
NUM 28:7 Y su libación, la cuarta de un hin con cada cordero: derramarás libación de superior vino al SEÑOR en el santuario.
NUM 28:8 Y ofrecerás el segundo cordero entre las dos tardes: conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su libación ofrecerás, ofrenda hecha por fuego en olor de suavidad al SEÑOR.
NUM 28:9 Mas el día del sábado dos cor­deros de un año sin defecto, y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, por presen­te, con su libación:
NUM 28:10 Es la ofrenda quemada de cada sába­do, además de la ofrenda quemada conti­nua y su libación.
NUM 28:11 Y en los principios de vues­tros meses ofreceréis en ofrenda quemada al SEÑOR dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete corderos de un año sin defecto;
NUM 28:12 Y tres décimas de flor de hari­na amasada con aceite, por pre­sente con cada becerro; y dos décimas de flor de harina amasa­da con aceite, por presente con cada carnero;
NUM 28:13 Y una décima de flor de hari­na amasada con aceite, en ofren­da por presente con cada corde­ro: ofrenda quemada de olor suave, ofrenda hecha por fuego al SEÑOR.
NUM 28:14 Y sus libaciones de vino, medio hin con cada becerro, y el tercio de un hin con cada carne­ro, y la cuarta de un hin con cada cordero. Éste [es] la ofrenda quemada de cada mes por todos los meses del año.
NUM 28:15 Y un macho cabrío en expia­ción se ofrecerá al SEÑOR, ade­más de la ofrenda quemada continua con su libación.
NUM 28:16 Mas en el mes primero, a los catorce del mes será la pascua del SEÑOR.
NUM 28:17 Y a los quince días de este mes, la solemnidad: por siete días se comerán panes sin levadura.
NUM 28:18 El primer día, santa convoca­ción; ninguna obra servil haréis:
NUM 28:19 Y ofreceréis por ofrenda hecha por fuego en ofrenda quemada al SEÑOR, dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete cor­deros de un año: sin defecto los tomaréis:
NUM 28:20 Y su presente de harina ama­sada con aceite: tres décimas con cada becerro, y dos décimas con cada carnero ofreceréis;
NUM 28:21 Con cada uno de los siete cor­deros ofreceréis una décima;
NUM 28:22 Y un macho cabrío por expia­ción, para reconciliaros.
NUM 28:23 Esto ofreceréis además de la ofrenda quemada de la mañana, que [es] para una ofrenda quemada continua.
NUM 28:24 Conforme a esto ofreceréis cada uno de los siete días, vianda y ofrenda hecha por fuego en olor de suavidad al SEÑOR; ofrecerse ha, además de la ofrenda quemada continua, con su libación.
NUM 28:25 Y el séptimo día tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis.
NUM 28:26 Además el día de las primi­cias, cuando ofreciereis presente nuevo al SEÑOR en vuestras semanas, tendréis santa convoca­ción: ninguna obra servil haréis:
NUM 28:27 Pero ofreceréis la ofrenda quemada, en olor de suavidad al SEÑOR, dos becerros de la vacada, un carnero, siete corderos de un año:
NUM 28:28 Y el presente de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero,
NUM 28:29 Con cada uno de los siete cor­deros una décima;
NUM 28:30 Un macho cabrío, para hacer expiación por vosotros:
NUM 28:31 Los ofreceréis, además de la ofrenda quemada continua con sus pre­sentes, y sus libaciones: sin defecto los tomaréis.
NUM 29:1 Y EL séptimo mes, al primero del mes tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis; os será día de sonar las trompetas.
NUM 29:2 Y ofreceréis ofrenda quemada por olor de suavidad al SEÑOR, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto;
NUM 29:3 Y el presente de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero,
NUM 29:4 Y con cada uno de los siete cor­deros, una décima;
NUM 29:5 Y un macho cabrío por expia­ción, para reconciliaros;
NUM 29:6 Además de la ofrenda quemada del mes, y su presente, y la ofrenda quemada continua y su presente, y sus libaciones, conforme a su ley, por ofrenda encendida al SEÑOR en olor de suavidad.
NUM 29:7 Y en el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas: ningu­na obra haréis:
NUM 29:8 Y ofreceréis en ofrenda quemada al SEÑOR por olor de suavidad, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año; sin defecto los tomaréis:
NUM 29:9 Y sus presentes, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero,
NUM 29:10 Y con cada uno de los siete corderos, una décima;
NUM 29:11 Un macho cabrío por expia­ción: además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y de la ofrenda quemada continua, y de sus presentes, y de sus libaciones.
NUM 29:12 También a los quince días del mes séptimo tendréis santa con­vocación; ninguna obra servil haréis, y celebraréis solemnidad al SEÑOR por siete días;
NUM 29:13 Y ofreceréis una ofrenda quemada, una ofrenda encendida al SEÑOR en olor de suavidad, trece becerros de la vacada, dos carneros, cator­ce corderos de un año: han de ser sin defecto;
NUM 29:14 Y los presentes de ellos, de flor de harina amasada con acei­te, tres décimas con cada uno de los trece becerros, dos décimas con cada uno de los dos carneros,
NUM 29:15 Y con cada uno de los catorce corderos, una décima;
NUM 29:16 Y un macho cabrío por expia­ción: además de la ofrenda quemada continua, su presente y su libación.
NUM 29:17 Y el segundo día, doce becerros de la vacada, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;
NUM 29:18 Y sus presentes y sus libacio­nes con los becerros, con los car­neros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:19 Y un macho cabrío por expiación: además de la ofrenda quemada continua, y su presente y su libación.
NUM 29:20 Y el día tercero, once bece­rros, dos carneros, catorce corde­ros de un año sin defecto;
NUM 29:21 Y sus presentes y sus libacio­nes con los becerros, con los car­neros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:22 Y un macho cabrío por expiación: además de la ofrenda quemada continua, y su presente y su libación.
NUM 29:23 Y el cuarto día, diez becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;
NUM 29:24 Sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carne­ros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:25 Y un macho cabrío por expia­ción: además de la ofrenda quemada continua, su presente y su libación.
NUM 29:26 Y el quinto día, nueve bece­rros, dos carneros, catorce corde­ros de un año sin defecto;
NUM 29:27 Y sus presentes y sus libacio­nes con los becerros, con los car­neros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:28 Y un macho cabrío por expiación: además de la ofrenda quemada continua, su presente y su libación.
NUM 29:29 Y el sexto día, ocho becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;
NUM 29:30 Y sus presentes y sus libacio­nes con los becerros, con los car­neros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:31 Y un macho cabrío por expia­ción: además de la ofrenda quemada continua, su presente y sus libacio­nes.
NUM 29:32 Y el séptimo día, siete bece­rros, dos carneros, catorce corde­ros de un año sin defecto;
NUM 29:33 Y sus presentes y sus libacio­nes con los becerros, con los car­neros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:34 Y un macho cabrío por expia­ción: además de la ofrenda quemada continua, con su presente y su liba­ción.
NUM 29:35 El octavo día tendréis una asamblea solemne: ninguna obra servil haréis:
NUM 29:36 Pero ofreceréis una ofrenda quemada, una ofrenda encendida de olor suave al SEÑOR, un novillo, un carne­ro, siete corderos de un año sin defecto;
NUM 29:37 Sus presentes y sus libaciones con el novillo, con el carnero, y con los corderos, según el núme­ro de ellos, conforme a la ley;
NUM 29:38 Y un macho cabrío por expia­ción: además de la ofrenda quemada continua, con su presente y su liba­ción.
NUM 29:39 Éstas [cosas] ofreceréis al SEÑOR en vuestras fiestas solemnes, además de vuestros votos, y de vuestras ofrendas libres, para vuestros holocaustos, y para vuestros presentes, y para vues­tras libaciones, y para vuestras paces.
NUM 29:40 Y Moisés dijo a los hijos de Israel, conforme a todo lo que el SEÑOR le había mandado.
NUM 30:1 Y HABLÓ Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que el SEÑOR ha mandado.
NUM 30:2 Cuando alguno hiciere voto al SEÑOR, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no violará su palabra: hará conforme a todo lo que salió de su boca.
NUM 30:3 Mas la mujer, cuando hiciere voto al SEÑOR, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su mocedad;
NUM 30:4 Si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare a ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere liga­do su alma, firme será.
NUM 30:5 Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones, con que ella hubie­re ligado su alma, no serán fir­mes; y el SEÑOR la perdonará, por cuanto su padre le vedó.
NUM 30:6 Y si fuere casada, e hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma;
NUM 30:7 Si su marido lo oyere, y cuan­do lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será.
NUM 30:8 Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y el SEÑOR lo perdonará.
NUM 30:9 Mas todo voto de viuda, o repudiada, con que ligare su alma, será firme.
NUM 30:10 Y si hubiere hecho voto en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de juramento,
NUM 30:11 Si su marido oyó, y calló a ello, y no le vedó; entonces todos sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere liga­do su alma, firme será.
NUM 30:12 Mas si su marido los anuló el día que los oyó; todo lo que salió de sus labios cuanto a sus votos, y cuanto a la obligación de su alma, será nulo; su marido los anuló, y el SEÑOR la perdonará.
NUM 30:13 Todo voto, o todo juramento obligándose a afligir el alma, su marido lo confirmará, o su mari­do lo anulará.
NUM 30:14 Pero si su marido callare a ello de día en día, entonces con­firmó todos sus votos, y todas las obligaciones que están sobre ella: confirmólas, por cuanto calló a ello el día que lo oyó.
NUM 30:15 Mas si las anulare después de haberlas oído, entonces él llevará el pecado de ella.
NUM 30:16 Éstas [son] las ordenanzas que el SEÑOR mandó a Moisés entre el varón y su esposa, entre el padre y su hija, durante su moce­dad en casa de su padre.
NUM 31:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 31:2 Haz la venganza de los hijos de Israel sobre los madianitas; des­pués serás recogido a tus pue­blos.
NUM 31:3 Entonces Moisés habló al pue­blo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, e irán contra Madián, y harán la ven­ganza del SEÑOR en Madián.
NUM 31:4 Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel, enviaréis a la guerra.
NUM 31:5 Así fueron dados de los milla­res de Israel, mil por cada tribu, doce mil a punto de guerra.
NUM 31:6 Y Moisés los envió a la guerra: mil de cada tribu envió: y Finees, hijo de Eleazar sacerdo­te, [fue] a la guerra con los santos instrumentos, con las trompetas en su mano para tocar.
NUM 31:7 Y pelearon contra Madián, como el SEÑOR lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón.
NUM 31:8 Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián: Evi, y Recem, y Zur, y Hur, y Reba, cinco reyes de Madián, a Balaam también, hijo de Beor, mataron a espada.
NUM 31:9 Y llevaron cautivas los hijos de Israel las mujeres de los madianitas, y sus chiquitos y todas sus bestias, y todos sus ganados; y arrebataron toda su hacienda.
NUM 31:10 Y abrasaron con fuego todas sus ciudades, aldeas y castillos.
NUM 31:11 Y tomaron todo el despojo, y toda la presa, así de hombres como de bestias.
NUM 31:12 Y trajeron a Moisés, y a Eleazar el sacerdote, y a la con­gregación de los hijos de Israel, los cautivos y la presa y los des­pojos, al campo en los llanos de Moab, que están junto al Jordán de Jericó.
NUM 31:13 Y salieron Moisés y Eleazar el sacerdote, y todos los príncipes de la congregación, a recibirlos fuera del campo.
NUM 31:14 Y enojóse Moisés con los oficiales del ejército, los capitanes sobre miles y capitanes sobre cientos, que venían de la batalla.
NUM 31:15 Y díjoles Moisés: ¿Todas las mujeres habéis reservado?
NUM 31:16 He aquí ellas fueron a los hijos de Israel, por consejo de Balaam, para causar prevarica­ción contra el SEÑOR en el negocio de Peor; por lo que hubo mortandad en la congregación del SEÑOR.
NUM 31:17 Matad pues ahora todos los varones entre los niños: matad también toda mujer que haya conocido varón carnalmente.
NUM 31:18 Y todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido ayuntamiento de varón, os reser­varéis vivas.
NUM 31:19 Y vosotros quedaos fuera del campo siete días: y todos los que hubieren matado persona, y cual­quiera que hubiere tocado muer­to, os purificaréis al tercero y al séptimo día, vosotros y vuestros cautivos.
NUM 31:20 Asimismo purificaréis toda vestidura, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelos de cabra, y todo vaso de madera.
NUM 31:21 Y Eleazar el sacerdote dijo a los hombres de guerra que vení­an de la guerra: Ésta [es] la orde­nanza de la ley que el SEÑOR ha mandado a Moisés:
NUM 31:22 Ciertamente el oro, y la plata, latón, hierro, estaño, y plomo,
NUM 31:23 Todo lo que resiste el fuego, por fuego [lo] haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse: mas haréis pasar por agua todo lo que no aguanta el fuego.
NUM 31:24 Además lavaréis vuestras vestiduras el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campo.
NUM 31:25 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 31:26 Toma la cuenta de la presa que se ha hecho, así de las perso­nas como de las bestias, tú y el sacerdote Eleazar, y las cabezas de los padres de la congregación:
NUM 31:27 Y partirás por mitad la presa entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y toda la congregación.
NUM 31:28 Y apartarás para el SEÑOR el tributo de los hombres de guerra, que salieron a la guerra: de qui­nientos uno, así de las personas como de los bueyes, de los asnos, y de las ovejas:
NUM 31:29 De la mitad de ellos lo toma­rás; y darás a Eleazar el sacerdo­te la ofrenda del SEÑOR.
NUM 31:30 Y de la mitad perteneciente a los hijos de Israel tomarás uno de cincuenta, de las personas, de los bueyes, de los asnos, y de las ovejas, de todo animal; y los darás a los levitas, que tienen la guarda del tabernáculo del SEÑOR.
NUM 31:31 E hicieron Moisés y Eleazar el sacerdote como el SEÑOR mandó a Moisés.
NUM 31:32 Y fue la presa, el resto de la presa que tomaron los hombres de guerra, seiscientas y setenta y cinco mil ovejas,
NUM 31:33 Y setenta y dos mil bueyes,
NUM 31:34 Y sesenta y un mil asnos;
NUM 31:35 Y en cuanto a personas, de mujeres que no habían conocido ayuntamiento de varón, en todas treinta y dos mil.
NUM 31:36 Y la mitad, la parte de los que habían salido a la guerra, fue el número de trescientas treinta y siete mil y quinientas ovejas.
NUM 31:37 Y el tributo para el SEÑOR de las ovejas, fue seiscientas setenta y cinco.
NUM 31:38 Y de los bueyes, treinta y seis mil: y de ellos el tributo para el SEÑOR, setenta y dos.
NUM 31:39 Y de los asnos, treinta mil y quinientos: y de ellos el tributo para el SEÑOR, sesenta y uno.
NUM 31:40 Y de las personas, diez y seis mil: y de ellas el tributo para el SEÑOR, treinta y dos personas.
NUM 31:41 Y dio Moisés el tributo, por elevada ofrenda al SEÑOR, a Eleazar el sacerdote, como el SEÑOR lo mandó a Moisés.
NUM 31:42 Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó Moisés de los hombres que habían ido a la gue­rra;
NUM 31:43 (La mitad para la congrega­ción fue: de las ovejas, trescien­tas treinta y siete mil y quinien­tas;
NUM 31:44 Y de los bueyes, treinta y seis mil;
NUM 31:45 Y de los asnos, treinta mil y quinientos;
NUM 31:46 Y de las personas, diez y seis mil:)
NUM 31:47 De la mitad, pues, para los hijos de Israel tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las per­sonas como de los animales, y diólos a los levitas, que tenían la guarda del tabernáculo del SEÑOR; como el SEÑOR lo había mandado a Moisés.
NUM 31:48 Y llegaron a Moisés los jefes de los millares de aquel ejército, los tribunos y centuriones;
NUM 31:49 Y dijeron a Moisés: Tus sier­vos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha fal­tado de nosotros.
NUM 31:50 Por lo cual hemos ofrecido al SEÑOR ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, joyas de oro, cadenas, y brazaletes, anillos, zarcillos, y lingotes, para hacer expiación por nuestras almas delante del SEÑOR.
NUM 31:51 Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos, alhajas, todas elaboradas.
NUM 31:52 Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron al SEÑOR de los tribunos y centuriones, fue diez y seis mil setecientos y cincuenta siclos.
NUM 31:53 Los hombres del ejército habían pillado cada uno para sí.
NUM 31:54 Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar, el oro de los tribunos y centuriones, y trajé­ronlo al tabernáculo de la con­gregación, por memoria de los hijos de Israel delante del SEÑOR.
NUM 32:1 Y LOS hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy grande muchedumbre de ganado; los cuales viendo la tierra de Jazer y de Galaad, parecióles el país lugar de ganado.
NUM 32:2 Y vinieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron a Moisés, y a Eleazar el sacerdote, y a los príncipes de la congrega­ción, diciendo:
NUM 32:3 Atarot, y Dibón, y Jazer, y Nimra, y Hesbón, y Eleale, y Sabán, y Nebo, y Beón,
NUM 32:4 La tierra que el SEÑOR hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado.
NUM 32:5 Por tanto, dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el Jordán.
NUM 32:6 Y respondió Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: ¿Vendrán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?
NUM 32:7 ¿Y por qué prevenís el ánimo de los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado el SEÑOR?
NUM 32:8 Así hicieron vuestros padres, cuando los envié desde Cades-­barnea para que viesen la tierra.
NUM 32:9 Que subieron hasta la arroyada de Escol, y después que vieron la tierra, preocuparon el ánimo de los hijos de Israel, para que no viniesen a la tierra que el SEÑOR les había dado.
NUM 32:10 Y el furor del SEÑOR se encendió entonces, y juró dicien­do:
NUM 32:11 Que no verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra por la cual juré a Abraham, Isaac, y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí;
NUM 32:12 Excepto Caleb, hijo de Jefone Cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos del SEÑOR.
NUM 32:13 Y el furor del SEÑOR se encendió en Israel, e hízolos andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación, que había hecho mal delante del SEÑOR.
NUM 32:14 Y he aquí vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres peca­dores, para añadir aún a la ira del SEÑOR contra Israel.
NUM 32:15 Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
NUM 32:16 Entonces ellos se allegaron a él, y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños;
NUM 32:17 Y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar: y nuestros niños quedarán en ciudades fuer­tes a causa de los moradores del país.
NUM 32:18 No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad.
NUM 32:19 Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad de estotra parte del Jordán al orien­te.
NUM 32:20 Entonces les respondió Moisés: Si lo hiciereis así, si os apercibiereis para ir delante del SEÑOR a la guerra,
NUM 32:21 Y pasareis todos vosotros armados el Jordán delante del SEÑOR, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí,
NUM 32:22 Y sea el país sojuzgado delan­te del SEÑOR; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con el SEÑOR, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante del SEÑOR.
NUM 32:23 Mas si así no lo hiciereis, he aquí habréis pecado al SEÑOR; y sabed que os alcanzará vuestro pecado.
NUM 32:24 Edificaos ciudades para vues­tros niños, y majadas para vues­tras ovejas, y haced lo que ha salido de vuestra boca.
NUM 32:25 Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Rubén a Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado.
NUM 32:26 Nuestros niños, nuestras esposas, nuestros ganados, y todas nuestras bestias, estarán ahí en las ciudades de Galaad;
NUM 32:27 Y tus siervos, armados todos de guerra, pasarán delante del SEÑOR a la guerra, de la mane­ra que mi señor dice.
NUM 32:28 Entonces los encomendó Moisés a Eleazar el sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a los prín­cipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel.
NUM 32:29 Y díjoles Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén, pasaren con vosotros el Jordán, armados todos de guerra delante del SEÑOR, luego que el país fuere sojuzgado delante de voso­tros, les daréis la tierra de Galaad en posesión:
NUM 32:30 Mas si no pasaren armados con vosotros, entonces tendrán posesión entre vosotros en la tie­rra de Canaán.
NUM 32:31 Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron, dicien­do: Haremos lo que el SEÑOR ha dicho a tus siervos.
NUM 32:32 Nosotros pasaremos armados delante del SEÑOR a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será de esta parte del Jordán.
NUM 32:33 Así les dio Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sehón rey amorreo, y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciuda­des y términos, las ciudades del país alrededor.
NUM 32:34 Y los hijos de Gad edificaron a Dibón, y a Atarot, y a Aroer,
NUM 32:35 Y a Atrot, Sofan, y a Jazer, y a Jogbaa,
NUM 32:36 Y a Bet-nimra, y a Betarán: ciudades fuertes, y también majadas para ovejas.
NUM 32:37 Y los hijos de Rubén edifica­ron a Hesbón, y a Eleale, y a Quiriataim,
NUM 32:38 Y a Nebo, y a Baal-meón, (mudados los nombres), y a Sibma: y pusieron nombres a las ciudades que edificaron.
NUM 32:39 Y los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad, y tomáronla, y echaron al amorreo que estaba en ella.
NUM 32:40 Y Moisés dio Galaad a Maquir hijo de Manasés, el cual habitó en ella.
NUM 32:41 También Jair hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, y púsoles por nombre Havot-jair.
NUM 32:42 Asimismo Noba fue y tomó a Kenat y sus aldeas, y llamóle Noba, conforme a su nombre.
NUM 33:1 ÉSTAS SON las estancias de los hijos de Israel, los cuales salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo la conducta de Moisés y Aarón.
NUM 33:2 Y Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato del SEÑOR. Éstas, pues, [son] sus estancias con arre­glo a sus partidas.
NUM 33:3 De Rameses partieron en el mes primero, a los quince días del mes primero: el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano alta, a ojos de todos los egipcios.
NUM 33:4 [Estaban] enterrando los egipcios los que el SEÑOR había muerto de ellos, a todo pri­mogénito; habiendo el SEÑOR hecho también juicios en sus dio­ses.
NUM 33:5 Partieron, pues, los hijos de Israel de Rameses, y asentaron campo en Sucot.
NUM 33:6 Y partiendo de Sucot, asen­taron en Etam, que está al cabo del desierto.
NUM 33:7 Y partiendo de Etam, volvie­ron sobre Pi-hahirot, que está delante de Baalsefón, y asenta­ron delante de Migdol.
NUM 33:8 Y partiendo de Pi-hahirot, pasaron por medio del mar al desierto, y anduvieron camino de tres días por el desierto de Etam, y asentaron en Mara.
NUM 33:9 Y partiendo de Mara, vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y asentaron allí.
NUM 33:10 Y partidos de Elim, asentaron junto al mar Bermejo.
NUM 33:11 Y partidos del mar Bermejo, asentaron en el desierto de Sin.
NUM 33:12 Y partidos del desierto de Sin, asentaron en Dofca.
NUM 33:13 Y partidos de Dofca, asenta­ron en Alús.
NUM 33:14 Y partidos de Alús, asentaron en Refidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber.
NUM 33:15 Y partidos de Refidim, asen­taron en el desierto de Sinaí.
NUM 33:16 Y partidos del desierto de Sinaí, asentaron en Kibrot-­hataava.
NUM 33:17 Y partidos de Kibrot-hataa­va, asentaron en Haserot.
NUM 33:18 Y partidos de Haserot, asen­taron en Ritma.
NUM 33:19 Y partidos de Ritma, asenta­ron en Rimón-peres.
NUM 33:20 Y partidos de Rimón-peres, asentaron en Libna.
NUM 33:21 Y partidos de Libna, asenta­ron en Rissa.
NUM 33:22 Y partidos de Rissa, asentaron en Ceelata,
NUM 33:23 Y partidos de Ceelata, asen­taron en el monte de Sefer.
NUM 33:24 Y partidos del monte de Sefer, asentaron en Harada.
NUM 33:25 Y partidos de Harada, asenta­ron en Macelot.
NUM 33:26 Y partidos de Macelot, asen­taron en Tahat.
NUM 33:27 Y partidos de Tahat, asenta­ron en Tara.
NUM 33:28 Y partidos de Tara, asentaron en Mitca.
NUM 33:29 Y partidos de Mitca, asenta­ron en Hasmona.
NUM 33:30 Y partidos de Hasmona, asen­taron en Moserot.
NUM 33:31 Y partidos de Moserot, asen­taron en Bene-jaacán.
NUM 33:32 Y partidos de Bene-jaacán, asentaron en el monte de Gidgad.
NUM 33:33 Y partidos del monte de Gidgad, asentaron en Jotbata.
NUM 33:34 Y partidos de Jotbata, asen­taron en Abrona.
NUM 33:35 Y partidos de Abrona, asenta­ron en Esion-geber.
NUM 33:36 Y partidos de Esion-geber, asentaron en el desierto de Zin, que es Cades.
NUM 33:37 Y partidos de Cades, asenta­ron en el monte de Hor, en la extremidad del país de Edom.
NUM 33:38 Y subió Aarón el sacerdote al monte de Hor, conforme al dicho del SEÑOR, y allí murió a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes.
NUM 33:39 Y era Aarón de edad de cien­to y veinte y tres años, cuando murió en el monte de Hor.
NUM 33:40 Y el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el sur en la tierra de Canaán, oyó como habí­an venido los hijos de Israel.
NUM 33:41 Y partidos del monte de Hor, asentaron en Salmona.
NUM 33:42 Y partidos de Salmona, asen­taron en Funón.
NUM 33:43 Y partidos de Funón, asenta­ron en Obot.
NUM 33:44 Y partidos de Obot, asenta­ron en Ije-abarim; en el término de Moab.
NUM 33:45 Y partidos de Ije-abarim, asentaron en Dibón-gad.
NUM 33:46 Y partidos de Dibón-gad, asentaron en Almon-diblataim.
NUM 33:47 Y partidos de Almon-diblataim, asentaron en los montes de Abarim, delante de Nebo.
NUM 33:48 Y partidos de los montes de Abarim, asentaron en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó.
NUM 33:49 Finalmente asentaron junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.
NUM 33:50 Y habló el SEÑOR a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó, diciendo:
NUM 33:51 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán,
NUM 33:52 Echaréis a todos los morado­res del país de delante de voso­tros, y destruiréis todas sus pintu­ras, y todas sus imágenes de fun­dición, y arruinaréis todos sus altos;
NUM 33:53 Y echaréis [los moradores de] la tierra, y habitaréis en ella; por­que yo os la he dado para que la poseáis.
NUM 33:54 Y heredaréis la tierra por suertes por vuestras familias: a los muchos daréis mucho por su heredad, y a los pocos daréis menos por heredad suya: donde le saliere la suerte, allí la tendrá cada uno: por las tribus de vues­tros padres heredaréis.
NUM 33:55 Y si no echareis los morado­res del país de delante de voso­tros, sucederá que los que deja­reis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos, y por espinas en vuestros costados, y afligiros han sobre la tierra en que vosotros habitareis.
NUM 33:56 Será además, que haré a voso­tros como yo pensé hacerles a ellos.
NUM 34:1 Y EL SEÑOR habló a Moisés, diciendo:
NUM 34:2 Manda a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de Canaán, es a saber, la tierra que os ha de caer en heredad, la tierra de Canaán según sus términos;
NUM 34:3 Tendréis el lado del sur desde el desierto de Zin hasta los términos de Edom; y os será el término del sur al extremo del mar salado hacia el oriente:
NUM 34:4 Y este término os irá rodeando desde el sur hasta la subida de Acrabim, y pasará hasta Zin; y sus salidas serán del sur a Cades-barnea; y saldrá a Hasar-­adar, y pasará hasta Asmón;
NUM 34:5 Y rodeará este término, desde Asmón hasta el torrente de Egipto, y sus remates serán al occidente.
NUM 34:6 Y el término occidental os será la gran mar: este término os será el término occidental.
NUM 34:7 Y el término del norte será este: desde la gran mar os señalaréis el monte de Hor;
NUM 34:8 Del monte de Hor señalaréis a la entrada de Hamat, y serán las salidas de aquel término a Sedad;
NUM 34:9 Y saldrá este término a Zifón, y serán sus remates en Hasar­-enán: este os será el término del norte.
NUM 34:10 Y por término al oriente os señalaréis desde Hasar-enán hasta Sefam;
NUM 34:11 Y bajará este término desde Sefam a Ribla, al oriente de Ain: y descenderá el término, y llegará a la costa del mar de Cineret al oriente;
NUM 34:12 Después descenderá este tér­mino al Jordán, y serán sus sali­das al mar Salado: ésta será vues­tra tierra: por sus términos alre­dedor.
NUM 34:13 Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Ésta [es] la tie­rra que heredaréis por suerte, la cual mandó el SEÑOR que diese a las nueve tribus, y a la media tribu:
NUM 34:14 Porque la tribu de los hijos de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su heren­cia:
NUM 34:15 Dos tribus y media tomaron su heredad de esta parte del Jordán de Jericó al oriente, al nacimiento del sol.
NUM 34:16 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 34:17 Éstos [son] los nombres de los varones que os aposesionarán la tierra: Eleazar el sacerdote, y Josué hijo de Nun.
NUM 34:18 Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la posesión de la tierra.
NUM 34:19 Y éstos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
NUM 34:20 Y de la tribu de los hijos de Simeón, Samuel hijo de Amiud.
NUM 34:21 De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Chislón.
NUM 34:22 Y de la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buqui hijo de Jogli.
NUM 34:23 De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Efod.
NUM 34:24 Y de la tribu de los hijos de Efraím, el príncipe Quemuel hijo de Siftán.
NUM 34:25 Y de la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elisafán hijo de Farnac.
NUM 34:26 Y de la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel hijo de Azan.
NUM 34:27 Y de la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi.
NUM 34:28 Y de la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael hijo de Amiud.
NUM 34:29 Éstos [son] a los que mandó el SEÑOR que hiciesen la partición de la herencia a los hijos de Israel en la tierra de Canaán.
NUM 35:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo:
NUM 35:2 Manda a los hijos de Israel, que den a los levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten: También daréis a los levitas los ejidos de esas ciuda­des alrededor de ellas.
NUM 35:3 Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, y para sus ganados, y para todas sus bestias.
NUM 35:4 Y los ejidos de las ciudades que daréis a los levitas, serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera.
NUM 35:5 Luego mediréis fuera de la ciu­dad a la parte del oriente dos mil codos, y a la parte del sur dos mil codos, y a la parte del occidente dos mil codos, y a la parte del norte dos mil codos, y la ciudad en medio: esto tendrán por los ejidos de las ciudades.
NUM 35:6 Y de las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de acogimiento, las cuales daréis para que el homicida se acoja allá: y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.
NUM 35:7 Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades; ellas con sus ejidos.
NUM 35:8 Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del [que] mucho tomaréis mucho, y del [que] poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la posesión que heredará.
NUM 35:9 Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo:
NUM 35:10 Habla a los hijos de Israel, y díles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán,
NUM 35:11 Os señalaréis ciudades, ciuda­des de acogimiento tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte por yerro.
NUM 35:12 Y os serán aquellas ciudades por acogimiento del pariente, y no morirá el homicida hasta que esté a juicio delante de la congre­gación.
NUM 35:13 De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de acogimiento.
NUM 35:14 Tres ciudades daréis de esta parte del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán; las cuales serán ciudades de acogi­miento.
NUM 35:15 Estas seis ciudades serán para acogimiento a los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morare entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro por yerro.
NUM 35:16 Y si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá:
NUM 35:17 Y si con piedra de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homici­da morirá.
NUM 35:18 Y si con instrumento de palo de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.
NUM 35:19 El vengador de sangre mismo matará al homicida: cuando lo encontrare, él le matará.
NUM 35:20 Y si por odio lo empujó, o echó sobre él [alguna cosa] por asechanzas, y muere;
NUM 35:21 O por enemistad lo hirió con su mano, y murió: el heridor morirá; es homicida; el vengador de sangre matará al homicida, cuando lo encontrare.
NUM 35:22 Mas si casualmente lo empu­jó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin ase­chanzas,
NUM 35:23 O bien, sin verlo, hizo caer sobre él alguna piedra, de que pudo morir, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal;
NUM 35:24 Entonces la congregación juz­gará entre el heridor y el venga­dor de sangre conforme a estas leyes:
NUM 35:25 Y la congregación librará al homicida de mano del vengador de sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refu­gio, a la cual se había huido; y morará en ella hasta que muera el gran sacerdote, el cual fue ungi­do con el aceite santo.
NUM 35:26 Y si el homicida saliere fuera del término de su ciudad de refugio, a la cual se acogió,
NUM 35:27 Y el vengador de sangre le hallare fuera del término de la ciudad de su refugio, y el venga­dor de sangre al homicida mata­re, no se le culpará [por] sangre:
NUM 35:28 Pues en su ciudad de refugio deberá [aquél] habitar hasta que muera el gran sacerdote: y des­pués que muriere el gran sacer­dote, el homicida volverá a la tie­rra de su posesión.
NUM 35:29 Y estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vues­tras edades, en todas vuestras habitaciones.
NUM 35:30 Cualquiera que matare a alguno, por dicho de testigos, morirá el homicida: mas un solo testigo no testificará contra alguna persona [para que] muera.
NUM 35:31 Y no tomaréis precio por la vida del homicida; porque está condenado a muerte: mas inde­fectiblemente morirá.
NUM 35:32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refu­gio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sacer­dote.
NUM 35:33 Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis: porque esta sangre amancillará la tierra: y la tierra no será expiada de la san­gre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.
NUM 35:34 No contaminéis, pues, la tie­rra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo el SEÑOR habito en medio de los hijos de Israel.
NUM 36:1 Y LLEGARON los príncipes de los padres de la familia de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José; y hablaron delante de Moisés, y de los príncipes, cabezas de padres de los hijos de Israel,
NUM 36:2 Y dijeron: el SEÑOR mandó a mi señor que por suerte diese la tierra a los hijos de Israel en posesión: también ha mandado el SEÑOR a mi señor, que dé la posesión de Zelofehad nuestro hermano a sus hijas;
NUM 36:3 Las cuales, si se casaren con algunos de los hijos de las [otras] tribus de los hijos de Israel, la herencia de ellas será así desfal­cada de la herencia de nuestros padres, y será añadida a la heren­cia de la tribu a que serán [unidas]: y será quitada de la suerte de nuestra heredad.
NUM 36:4 Y cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus maridos; y así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres.
NUM 36:5 Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel por dicho del SEÑOR, diciendo: La tribu de los hijos de José habla rectamen­te.
NUM 36:6 Esto es lo que ha mandado el SEÑOR acerca de las hijas de Zelofehad, diciendo: Cásense como a ellas les pluguiere, pero en la familia de la tribu de su padre se casarán;
NUM 36:7 Para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel se allegará a la heredad de la tribu de sus padres.
NUM 36:8 Y cualquiera hija que poseyere heredad de las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la fami­lia de la tribu de su padre se casa­rá, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres,
NUM 36:9 Y no ande la heredad rodando de una tribu a otra: mas cada una de las tribus de los hijos de Israel se llegue a su heredad.
NUM 36:10 Como el SEÑOR mandó a Moisés, así hicieron las hijas de Zelofehad.
NUM 36:11 Y [así] Maala, y Tirsa, y Hogla, y Milca, y Noa, hijas de Zelofehad, se casaron con hijos de sus tíos:
NUM 36:12 Y se casaron entre la familia de los hijos de Manasés, el hijo de José; y la heredad de ellas quedó en la tribu de la familia de su padre.
NUM 36:13 Éstos [son] los mandamientos y los estatutos que mandó el SEÑOR por mano de Moisés a los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó.
DEU 1:1 ÉSTAS [son] las palabras que habló Moisés a todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano delante del mar Bermejo, entre Parán, y Tofel, y Labán, y Haserot, y Dizahab.
DEU 1:2 Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea.
DEU 1:3 Y sucedió, que a los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que el SEÑOR le había mandado acerca de ellos;
DEU 1:4 Después que hirió a Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y a Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrei:
DEU 1:5 De esta parte del Jordán, en tie­rra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo:
DEU 1:6 El SEÑOR nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Bastante tiempo habéis estado en este monte;
DEU 1:7 Volveos, partíos e id al monte del amorreo, y a todas sus comarcas, en el llano, en el monte, y en los valles, y en el sur, y a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y el Líbano, hasta el gran río, el río Éufrates.
DEU 1:8 Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia; entrad y pose­ed la tierra que el SEÑOR juró a vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría a ellos y a su simiente después de ellos.
DEU 1:9 Y yo os hablé entonces, dicien­do: Yo no puedo llevaros solo:
DEU 1:10 El SEÑOR vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud.
DEU 1:11 ¡El SEÑOR Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendi­ga, como os ha prometido!
DEU 1:12 ¿Cómo llevaré yo solo vues­tras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos?
DEU 1:13 Dad[me] de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes.
DEU 1:14 Y me respondisteis, y dijis­teis: Bueno es hacer lo que has dicho.
DEU 1:15 Y tomé los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por jefes sobre vosotros, jefes de millares, y jefes de cientos, y jefes de cin­cuenta, y cabos de diez, y gober­nadores a vuestras tribus.
DEU 1:16 Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vues­tros hermanos, y juzgad justa­mente entre el hombre y su her­mano, y el que le es extranjero.
DEU 1:17 No tengáis respeto de perso­nas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no ten­dréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré.
DEU 1:18 Os mandé, pues, en aquel tiempo todo lo que habíais de hacer.
DEU 1:19 Y partidos de Horeb, anduvi­mos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como el SEÑOR nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea.
DEU 1:20 Entonces os dije: Llegado habéis al monte del amorreo, el cual el SEÑOR nuestro Dios nos da.
DEU 1:21 Mira, el SEÑOR tu Dios ha dado delante de ti la tierra: sube y posée[la], como el SEÑOR el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.
DEU 1:22 Y llegasteis a mí todos voso­tros, y dijisteis: Enviemos varo­nes delante de nosotros, que nos reconozcan la tierra y nos traigan de vuelta razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de lle­gar.
DEU 1:23 Y el dicho me pareció bien: y tomé doce varones de vosotros, un varón por tribu:
DEU 1:24 Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta la arro­yada de Escol, y reconocieron [la tierra].
DEU 1:25 Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y diéronnos cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que el SEÑOR nuestro Dios nos da.
DEU 1:26 No obstante no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al dicho del SEÑOR vuestro Dios;
DEU 1:27 Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque el SEÑOR nos aborrecía, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en mano del amorreo para destruirnos.
DEU 1:28 ¿A dónde subimos? Nuestros hermanos han hecho desfallecer nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y muradas hasta el cielo; y también vimos allí hijos de gigantes.
DEU 1:29 Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos.
DEU 1:30 El SEÑOR vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos;
DEU 1:31 Y en el desierto has visto que el SEÑOR tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido a este lugar.
DEU 1:32 Y aun con esto no creísteis en el SEÑOR vuestro Dios,
DEU 1:33 El cual iba delante de voso­tros por el camino, para recono­ceros el lugar donde habíais de asentar el campo, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.
DEU 1:34 Y oyó el SEÑOR la voz de vuestras palabras, y enojóse, y juró diciendo:
DEU 1:35 No verá hombre alguno de estos de esta mala generación, la buena tierra que juré había de dar a vuestros padres,
DEU 1:36 Excepto Caleb hijo de Jefone: él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque cumplió en pos del SEÑOR.
DEU 1:37 Y también contra mí se airó el SEÑOR por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá:
DEU 1:38 Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá: aní­male; porque él la hará heredar a Israel.
DEU 1:39 Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis serán por presa, y vuestros hijos que no conocen ni el bien ni el mal, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán.
DEU 1:40 Y vosotros volveos, y partíos al desierto camino del mar Bermejo.
DEU 1:41 Entonces respondisteis y me dijisteis: Pecado hemos contra el SEÑOR; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que el SEÑOR nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno de sus armas de guerra, y os apercibisteis para subir al monte.
DEU 1:42 Y el SEÑOR me dijo: Díles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; porque no seáis heridos delante de vuestros enemigos.
DEU 1:43 Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al dicho del SEÑOR, y persistiendo con altivez, subisteis al monte.
DEU 1:44 Y salió el amorreo, que habitaba en aquel monte, a vues­tro encuentro, y os persiguieron, como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, [persiguiéndo­os] hasta Horma.
DEU 1:45 Y volvisteis, y llorasteis delan­te del SEÑOR; pero el SEÑOR no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.
DEU 1:46 Y estuvisteis en Cades por muchos días, como en los días que habéis estado.
DEU 2:1 Y VOLVÍMOS, y partímonos al desierto camino del mar Bermejo, como el SEÑOR me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por muchos días.
DEU 2:2 Y el SEÑOR me habló, dicien­do:
DEU 2:3 Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte.
DEU 2:4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el término de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho:
DEU 2:5 No os metáis con ellos; que no os daré de su tierra ni aun la holladura de la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir.
DEU 2:6 Compraréis de ellos por dinero las viandas, y comeréis; y tam­bién compraréis de ellos el agua, y beberéis:
DEU 2:7 Pues el SEÑOR tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos: él sabe que andas por este gran desierto: estos cuarenta años el SEÑOR tu Dios fue con­tigo; y ninguna cosa te ha falta­do.
DEU 2:8 Y pasamos de nuestros herma­nos los hijos de Esaú, que habita­ban en Seir, por el camino de la llanura de Elat y de Esiongeber. Y volvimos, y pasamos camino del desierto de Moab.
DEU 2:9 Y el SEÑOR me dijo: No molestes a Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, que no te daré posesión de su tierra; por­que yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot.
DEU 2:10 Los Emimeos habitaron en ella antes, pueblo grande, y numeroso, y alto como los hijos de Anac:
DEU 2:11 Por gigantes eran ellos tam­bién contados, como los Anaceos; y los moabitas los llaman Emimeos.
DEU 2:12 Y en Seir habitaron antes los horeos, a los cuales echaron los hijos de Esaú; y los destruyeron de delante de sí, y moraron en lugar de ellos; como hizo Israel en la tierra de su posesión que les dio el SEÑOR.
DEU 2:13 Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered.
DEU 2:14 Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta que pasamos el arroyo de Zered, fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hom­bres de guerra de en medio del campo, como el SEÑOR les había jurado.
DEU 2:15 Y también la mano del SEÑOR fue sobre ellos para des­truirlos de en medio del campo, hasta acabarlos.
DEU 2:16 Y aconteció que cuando se hubieron acabado de morir todos los hombres de guerra de entre el pueblo,
DEU 2:17 El SEÑOR me habló, dicien­do:
DEU 2:18 Tú pasarás hoy el término de Moab, a Ar,
DEU 2:19 Y te acercarás delante de los hijos de Amón: no los moles­tes, ni te metas con ellos; porque no te tengo de dar posesión de la tierra de los hijos de Amón; que a los hijos de Lot la he dado por heredad.
DEU 2:20 (Por tierra de gigantes fue también ella tenida: habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban Zomzomeos;
DEU 2:21 Pueblo grande, y numeroso, y alto, como los Anaceos; a los cuales el SEÑOR destruyó de delante de los amonitas, quie­nes les sucedieron, y habitaron en su lugar:
DEU 2:22 Como hizo con los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, de delante de los cuales destruyó a los horeos; y ellos les sucedie­ron, y habitaron en su lugar hasta hoy.
DEU 2:23 Y a los heveos que habitaban en Haserin hasta Gaza, los caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.)
DEU 2:24 Levantaos, partid, y pasad el arroyo de Arnón: he aquí he dado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra: comienza a tomar posesión, y empéñate con él en guerra.
DEU 2:25 Hoy comenzaré a poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama, y tem­blarán, y angustiarse han delante de ti.
DEU 2:26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón rey de Hesbón, con palabras de paz, diciendo:
DEU 2:27 Pasaré por tu tierra por el camino: por el camino iré, sin apartarme a diestra ni a siniestra:
DEU 2:28 La comida me venderás por dinero y comeré: el agua también me darás por dinero, y beberé: solamente pasaré a pie;
DEU 2:29 Como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habi­taban en Ar; hasta que pase el Jordán a la tierra que nos da el SEÑOR nuestro Dios.
DEU 2:30 Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el [terri­torio suyo]; porque el SEÑOR tu Dios había endurecido su espíri­tu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hoy.
DEU 2:31 Y díjome el SEÑOR: He aquí yo he comenzado a dar delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza a tomar posesión, para que heredes su tierra.
DEU 2:32 Y saliónos Sehón al encuen­tro, él y todo su pueblo, para pelear en Jaas.
DEU 2:33 Mas el SEÑOR nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y herimos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo.
DEU 2:34 Y tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, y muje­res, y niños; no dejamos ningu­no:
DEU 2:35 Solamente tomamos para nosotros las bestias, y los despo­jos de las ciudades que habíamos tomado.
DEU 2:36 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el arroyo, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros: todas las entregó el SEÑOR nuestro Dios en nuestro poder.
DEU 2:37 Solamente a la tierra de los hijos de Amón no llegaste, ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jaboc ni a las ciudades del monte, ni [a lugar] alguno que el SEÑOR nuestro Dios había prohibido.
DEU 3:1 Y VOLVÍMOS, y subimos camino de Basán, y saliónos al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei.
DEU 3:2 Y díjome el SEÑOR: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, y su tierra: y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo, que habitaba en Hesbón.
DEU 3:3 Y el SEÑOR nuestro Dios entregó también en nuestra mano a Og rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual herimos hasta no quedar de él ninguno.
DEU 3:4 Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos: sesenta ciuda­des, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basán.
DEU 3:5 Todas éstas eran ciudades for­talecidas con alto muro, con puertas y barras; sin otras muy muchas ciudades sin muro.
DEU 3:6 Y destruímoslas, como hicimos a Sehón rey de Hesbón, destru­yendo en toda ciudad hombres, mujeres, y niños.
DEU 3:7 Y tomamos para nosotros todas las bestias, y los despojos de las ciudades.
DEU 3:8 También tomamos en aquel tiempo de mano de dos reyes amorreos que estaban de esta parte del Jordán, la tierra desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón:
DEU 3:9 (Los sidonios llaman a Hermón Sirión; y los amorreos, Senir:)
DEU 3:10 Todas las ciudades de la lla­nura, y todo Galaad, y todo Basán hasta Salca y Edrei, ciu­dades del reino de Og en Basán.
DEU 3:11 Porque sólo Og rey de Basán había quedado de los gigantes que quedaron. He aquí su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón?; la longitud de ella de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, al codo de un hom­bre.
DEU 3:12 Y esta tierra [que] heredamos entonces desde Aroer, que está al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciuda­des, di a los rubenitas y a los gaditas:
DEU 3:13 Y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, dí[lo] a la media tribu de Manasés; toda la tierra de Argob, todo Basán, que se llamaba la tierra de los gigan­tes.
DEU 3:14 Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el término de Gesur y Maacati; y llamóla de su nombre Basán­Havot-jair, hasta hoy.
DEU 3:15 Y a Maquir di a Galaad.
DEU 3:16 Y a los rubenitas y gaditas di de Galaad hasta el arroyo de Arnón, el medio del arroyo por término; hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de Amón:
DEU 3:17 Asimismo la campiña, y el Jordán, y el término, desde Cineret hasta el mar del llano, el mar Salado, las vertientes abajo del Pisga al oriente.
DEU 3:18 Y os mandé entonces, dicien­do: el SEÑOR vuestro Dios os ha dado esta tierra para que la poseáis: pasaréis armados delan­te de vuestros hermanos los hijos de Israel todos los valientes.
DEU 3:19 Solamente vuestras esposas, vuestros niños, y vuestros gana­dos, (yo sé que tenéis mucho ganado,) quedarán en vuestras ciudades que os he dado,
DEU 3:20 Hasta que el SEÑOR dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden tam­bién ellos la tierra que el SEÑOR vuestro Dios les da a la otra parte del Jordán: entonces os volveréis cada uno a su heredad que yo os he dado.
DEU 3:21 Mandé también a Josué entonces, diciendo: Tus ojos vie­ron todo lo que el SEÑOR vues­tro Dios ha hecho a aquellos dos reyes: así hará el SEÑOR a todos los reinos a los cuales pasarás tú.
DEU 3:22 No los temáis; que el SEÑOR vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.
DEU 3:23 Y oré al SEÑOR en aquel tiempo, diciendo:
DEU 3:24 Oh Señor DIOS, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano fuerte: porque ¿qué Dios [hay] en el cielo o en la tierra que haga según tus obras, y según tus valentías?
DEU 3:25 Pase yo, ruégote, y vea aque­lla tierra buena, que está a la parte allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano.
DEU 3:26 Mas el SEÑOR se había eno­jado contra mí por causa de vosotros, por lo cual no me oyó: y díjome el SEÑOR: Bástate, no me hables más de este negocio.
DEU 3:27 Sube a la cumbre del Pisga, y alza tus ojos al occidente, y al norte, y al sur, y al oriente, y ve por tus ojos: porque no pasarás este Jordán.
DEU 3:28 Y manda a Josué, y anímalo, y confórtalo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás.
DEU 3:29 Y paramos en el valle delante de Bet-peor.
DEU 4:1 AHORA pues, oh Israel, oye los estatutos y derechos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis, y poseáis la tierra que el SEÑOR el Dios de vuestros padres te da.
DEU 4:2 No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los man­damientos del SEÑOR vuestro Dios que yo os ordeno.
DEU 4:3 Vuestros ojos vieron lo que hizo el SEÑOR con motivo de Baal-peor; que a todo hombre que fue en pos de Baal-peor des­truyó el SEÑOR tu Dios de en medio de ti.
DEU 4:4 Mas vosotros que os allegasteis al SEÑOR vuestro Dios, todos estáis vivos hoy.
DEU 4:5 Mirad, yo os he enseñado esta­tutos y derechos, como el SEÑOR mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para poseerla.
DEU 4:6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra: porque ésta es vuestra sabiduría y vuestro entendimien­to en ojos de los pueblos, los cua­les oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta.
DEU 4:7 Porque ¿qué nación tan grande [hay] que tenga a Dios tan cerca a sí, como lo está el SEÑOR nuestro Dios en todo en cuanto le pedimos?
DEU 4:8 Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y derechos justos, como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?
DEU 4:9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida: y enseñarlas has a tus hijos, y a los hijos de tus hijos;
DEU 4:10 El día que estuviste delante del SEÑOR tu Dios en Horeb, cuando el SEÑOR me dijo: Júntame el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cua­les aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra: y las enseñarán a sus hijos;
DEU 4:11 Y os llegasteis, y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio del cielo con tinieblas, nube, y oscuridad.
DEU 4:12 Y habló el SEÑOR con voso­tros de en medio del fuego: oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de [oír] la voz, ninguna figura visteis:
DEU 4:13 Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra, los diez mandamientos; y escri­biólas en dos tablas de piedra.
DEU 4:14 A mí también me mandó el SEÑOR entonces enseñaros los estatutos y derechos, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis para poseerla.
DEU 4:15 Guardad pues mucho vuestras almas: pues ninguna figura vis­teis el día que el SEÑOR habló con vosotros de en medio del fuego:
DEU 4:16 Porque no os corrompáis, y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra,
DEU 4:17 Figura de algún animal que sea en la tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire,
DEU 4:18 Figura de ningún [animal] que vaya arrastrando por la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra:
DEU 4:19 Y porque alzando tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, no seas incitado, y te incli­nes a ellos, y les sirvas; que el SEÑOR tu Dios los ha concedi­do a todos los pueblos debajo de todo el cielo.
DEU 4:20 Pero a vosotros el SEÑOR os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que le seáis por pueblo de heredad como en este día.
DEU 4:21 Y el SEÑOR se enojó contra mí sobre vuestros negocios, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra, que el SEÑOR tu Dios te da por heredad.
DEU 4:22 Así que yo voy a morir en esta tierra; y no paso el Jordán: mas vosotros pasaréis, y poseeréis aquella buena tierra.
DEU 4:23 Guardaos no os olvidéis del pacto del SEÑOR vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y os hagáis escultura o imagen de cualquier cosa, que el SEÑOR tu Dios te ha vedado.
DEU 4:24 Porque el SEÑOR tu Dios es fuego que consume, Dios celoso.
DEU 4:25 Cuando hubiereis engendrado hijos y nietos, y hubiereis enveje­cido en la tierra, y os corrompie­reis, e hiciereis escultura o ima­gen de cualquier cosa, e hiciereis mal en ojos del SEÑOR vuestro Dios, para enojarlo;
DEU 4:26 Yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que presto pereceréis totalmente de la tierra hacia la cual pasáis el Jordán para poseerla: no estaréis en ella largos días sin que seáis destruí­dos.
DEU 4:27 Y el SEÑOR os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las gentes a las cuales os llevará el SEÑOR:
DEU 4:28 Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, a madera y a piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
DEU 4:29 Mas si desde allí buscares al SEÑOR tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.
DEU 4:30 Cuando estuviereis en angus­tia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres al SEÑOR tu Dios, y oyeres su voz;
DEU 4:31 Porque Dios misericordioso es el SEÑOR tu Dios; no te deja­rá, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres que les juró.
DEU 4:32 Porque pregunta ahora de los tiempos pasados, que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde el un cabo del cielo al otro, si se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella.
DEU 4:33 ¿Ha oído pueblo la voz de Dios, que hablase de en medio del fuego, como tú la has oído, y vivido?
DEU 4:34 ¿O ha Dios probado a venir a tomar para sí nación de en medio [de otra] nación, con pruebas, con señales, con milagros, y con gue­rra, y mano fuerte, y brazo exten­dido, y grandes espantos, según todas las cosas que hizo con vosotros el SEÑOR vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?
DEU 4:35 A ti te fue mostrado, para que supieses que el SEÑOR él es Dios; no hay más fuera de él.
DEU 4:36 Del cielo te hizo oír su voz, para enseñarte: y sobre la tierra te mostró su gran fuego: y has oído sus palabras de en medio del fuego.
DEU 4:37 Y por cuanto él amó a tus padres, escogió su simiente des­pués de ellos, y sacóte delante de sí de Egipto con su gran poder;
DEU 4:38 Para echar de delante de ti naciones grandes y más fuertes que tú, y para introducirte, y darte su tierra por heredad, como hoy.
DEU 4:39 Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que el SEÑOR él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra; no hay otro.
DEU 4:40 Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolon­gues tus días sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da para siempre.
DEU 4:41 Entonces apartó Moisés tres ciudades de esta parte del Jordán al nacimiento del sol,
DEU 4:42 Para que huyese allí el homicida que matase a su prójimo por yerro, sin haber tenido enemistad con él desde ayer ni antes de ayer; y que huyendo a una de estas ciudades salvara la vida:
DEU 4:43 A Beser en el desierto, en tie­rra de la llanura, de los rubenitas; y a Ramot en Galaad, de los gaditas; y a Golán en Basán, de los de Manasés.
DEU 4:44 Ésta, pues, [es] la ley que Moisés propuso delante de los hijos de Israel.
DEU 4:45 Éstos [son] los testimonios, y los estatutos, y los derechos, que Moisés notificó a los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto;
DEU 4:46 De esta parte del Jordán, en el valle delante de Bet-peor, en la tierra de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, al cual hirió Moisés con los hijos de Israel, cuando hubie­ron salido de Egipto:
DEU 4:47 Y poseyeron su tierra, y la tie­rra de Og rey de Basán; dos reyes de los amorreos que estaban de esta parte del Jordán, al naci­miento del sol:
DEU 4:48 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, hasta el monte de Sión, que es Hermón;
DEU 4:49 Y toda la llanura de esta parte del Jordán, al oriente, hasta el mar del llano, las vertientes de las aguas abajo del Pisga.
DEU 5:1 Y LLAMÓ Moisés a todo Israel, y díjoles: Oye, Israel, los estatutos y derechos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos: y aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.
DEU 5:2 El SEÑOR nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb.
DEU 5:3 No con nuestros padres hizo el SEÑOR este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.
DEU 5:4 Cara a cara habló el SEÑOR con vosotros en el monte de en medio del fuego,
DEU 5:5 (Yo estaba entonces entre el SEÑOR y vosotros, para denun­ciaros la palabra del SEÑOR; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte;) diciendo:
DEU 5:6 Yo [soy] el SEÑOR tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos.
DEU 5:7 No tendrás dioses extraños delante de mí.
DEU 5:8 No harás para ti escultura, [ni] imagen alguna [de cosa] que está arriba en el cielo, o abajo en la tierra, o en las aguas debajo de la tierra:
DEU 5:9 No te inclinarás a ellas ni les servirás: porque yo el SEÑOR tu Dios, [soy] Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación, de los que me aborrecen,
DEU 5:10 Y que hago misericordia a millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.
DEU 5:11 No tomarás en vano el nombre del SEÑOR tu Dios; porque el SEÑOR no dará por inocente al que tomare en vano su nom­bre.
DEU 5:12 Guardarás el día del sábado para santificarlo, como el SEÑOR tu Dios te ha mandado.
DEU 5:13 Seis días trabajarás y harás toda tu obra:
DEU 5:14 Mas el séptimo es sábado al SEÑOR tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino que está dentro de tus puertas: porque descanse tu siervo y tu sierva como tú.
DEU 5:15 Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que el SEÑOR tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendi­do: por lo cual el SEÑOR tu Dios te ha mandado que guardes el día del sábado.
DEU 5:16 Honra a tu padre y a tu madre, como el SEÑOR tu Dios te ha mandado, para que sean prolon­gados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.
DEU 5:17 No matarás.
DEU 5:18 No adulterarás.
DEU 5:19 No hurtarás.
DEU 5:20 No dirás falso testimonio con­tra tu prójimo.
DEU 5:21 No codiciarás la esposa de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa que sea de tu prójimo.
DEU 5:22 Estas palabras habló el SEÑOR a toda vuestra asamblea en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz: y no aña­dió más. Y escribiólas en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí.
DEU 5:23 Y aconteció, que como voso­tros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, y [visteis] al monte que ardía en fuego, llegasteis a mí todos los príncipes de vues­tras tribus, y vuestros ancianos;
DEU 5:24 Y dijisteis: He aquí, el SEÑOR nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grande­za, y hemos oído su voz de en medio del fuego: hoy hemos visto que el SEÑOR habla al hombre, y [éste] vive.
DEU 5:25 Ahora pues, ¿por qué morire­mos? que este gran fuego nos consumirá: si tornáremos a oír la voz del SEÑOR nuestro Dios, moriremos.
DEU 5:26 Porque, ¿qué es toda carne, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros [la oímos], y viva?
DEU 5:27 Llega tú, y oye todas las cosas que dijere el SEÑOR nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que el SEÑOR nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.
DEU 5:28 Y oyó el SEÑOR la voz de vuestras palabras, cuando me hablabais; y díjome el SEÑOR: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado: bien está todo lo que han dicho.
DEU 5:29 ¡Oh quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen, y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!
DEU 5:30 Ve, díles: Volveos a vuestras tiendas.
DEU 5:31 Y tú estáte aquí conmigo, y te diré todos los mandamientos, y estatutos, y derechos que les has de enseñar, a fin que [los] pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy para poseerla.
DEU 5:32 Mirad, pues, que hagáis como el SEÑOR vuestro Dios os ha mandado: no os apartéis a diestra ni a siniestra;
DEU 5:33 Andad en todo camino que el SEÑOR vuestro Dios os ha man­dado, para que viváis, y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.
DEU 6:1 ÉSTOS pues [son] los mandamientos, estatutos, y derechos que el SEÑOR vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para poseerla:
DEU 6:2 Para que temas al SEÑOR tu Dios, guardando todos sus esta­tutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, y que tus días sean prolon­gados.
DEU 6:3 Oye pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien, y seáis multiplicados, como te ha dicho el SEÑOR el Dios de tus padres, en la tierra que destila leche y miel.
DEU 6:4 Oye, Israel: el SEÑOR nuestro Dios, el SEÑOR uno es:
DEU 6:5 Y amarás al SEÑOR tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder.
DEU 6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón:
DEU 6:7 Y las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes:
DEU 6:8 Y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos:
DEU 6:9 Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas.
DEU 6:10 Y será, cuando el SEÑOR tu Dios te hubiere introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que te daría; [en] ciudades grandes y bue­nas que tú no edificaste,
DEU 6:11 Y casas llenas de todo bien, que tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste: luego que comieres y te hartares,
DEU 6:12 Guárdate que no te olvides del SEÑOR, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos.
DEU 6:13 Al SEÑOR tu Dios temerás, y a él servirás, y por su nombre jurarás.
DEU 6:14 No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros con­tornos:
DEU 6:15 Porque el Dios celoso, el SEÑOR tu Dios, en medio de ti [está]; porque no se inflame el furor del SEÑOR tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la faz de la tierra.
DEU 6:16 No tentaréis al SEÑOR vues­tro Dios, como lo tentasteis en Masah.
DEU 6:17 Guardad cuidadosamente los mandamientos del SEÑOR vuestro Dios, y sus testimonios, y sus estatutos, que te ha manda­do.
DEU 6:18 Y harás lo recto y bueno en ojos del SEÑOR, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que el SEÑOR juró a tus padres;
DEU 6:19 Para que él eche a todos sus enemigos de delante de ti, como el SEÑOR ha dicho.
DEU 6:20 Cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios, y estatutos, y derechos, que el SEÑOR nuestro Dios os mandó?
DEU 6:21 Entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y el SEÑOR nos sacó de Egipto con mano fuerte;
DEU 6:22 Y dio el SEÑOR señales y milagros grandes y nocivos en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos;
DEU 6:23 Y sacónos de allá, para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres;
DEU 6:24 Y mandónos el SEÑOR que ejecutásemos todos estos estatu­tos, y que temamos al SEÑOR nuestro Dios, porque nos vaya bien todos los días, y para que nos preserve la vida, como hoy.
DEU 6:25 Y tendremos justicia cuando cuidáremos de poner por obra todos estos mandamientos delan­te del SEÑOR nuestro Dios, como él nos ha mandado.
DEU 7:1 CUANDO el SEÑOR tu Dios te hubiere introducido en la tierra en la cual tú has de entrar para poseerla, y hubiere echado de delante de ti muchas naciones, al heteo, al gergeseo, y al amorreo, y al cananeo, y al ferezeo, y al heveo, y al jebuseo, siete naciones mayores y más fuertes que tú;
DEU 7:2 Y el SEÑOR tu Dios las hubie­re entregado delante de ti, y las hirieres, del todo las destruirás: no harás con ellos alianza, ni las tomarás a merced.
DEU 7:3 Y no emparentarás con ellos: no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.
DEU 7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor del SEÑOR se encenderá sobre vosotros, y te destruirá presto.
DEU 7:5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y corta­réis sus bosques, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
DEU 7:6 Porque tú eres pueblo santo al SEÑOR tu Dios: el SEÑOR tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.
DEU 7:7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido el SEÑOR, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos:
DEU 7:8 Sino porque el SEÑOR os amó, y quiso guardar el juramen­to que juró a vuestros padres, os ha sacado el SEÑOR con mano fuerte, y os ha rescatado de casa de siervos, de la mano de Faraón, rey de Egipto.
DEU 7:9 Conoce, pues, que el SEÑOR tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones;
DEU 7:10 Y que da el pago en su cara al que le aborrece, destruyéndolo: ni [lo] dilatará al que le odia, en su cara le dará el pago.
DEU 7:11 Guarda por tanto los manda­mientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que cum­plas.
DEU 7:12 Y será que, por haber oído estos derechos, y guardado y puéstolos por obra, el SEÑOR tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres;
DEU 7:13 Y te amará, y te bendecirá, y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y tu grano, y tu mosto, y tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría.
DEU 7:14 Bendito serás más que todos los pueblos: no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus bes­tias.
DEU 7:15 Y quitará el SEÑOR de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú sabes, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.
DEU 7:16 Y consumirás a todos los pue­blos que te da el SEÑOR tu Dios: no los perdonará tu ojo; ni servirás a sus dioses, que te será tropiezo.
DEU 7:17 Cuando dijeres en tu corazón: Estas naciones son muchas más que yo, ¿cómo las podré desa­rraigar?;
DEU 7:18 No tengas temor de ellos: acuérdate bien de lo que hizo el SEÑOR tu Dios con Faraón y con todo Egipto;
DEU 7:19 De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano fuerte y brazo extendido con que el SEÑOR tu Dios te sacó: así hará el SEÑOR tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres.
DEU 7:20 Y también enviará el SEÑOR tu Dios sobre ellos avispas, hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti.
DEU 7:21 No desmayes delante de ellos, que el SEÑOR tu Dios está en medio de ti, Dios grande y terri­ble.
DEU 7:22 Y el SEÑOR tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco: no las podrás acabar luego, porque las bestias del campo no se aumenten contra ti.
DEU 7:23 Mas el SEÑOR tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruídos.
DEU 7:24 Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo: nadie te hará frente hasta que los destruyas.
DEU 7:25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego: no codi­ciarás plata ni oro de sobre ellas para tomarlo para ti, porque no tropieces en ello, pues es abomi­nación al SEÑOR tu Dios;
DEU 7:26 Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas anatema como ello; del todo lo aborrece­rás y lo abominarás; porque es anatema.
DEU 8:1 CUIDARÉIS de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, porque viváis, y seáis multiplicados, y entréis, y poseáis la tierra, de la cual juró el SEÑOR a vuestros padres.
DEU 8:2 Y acordarte has de todo el camino por donde te ha traído el SEÑOR tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, por probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.
DEU 8:3 Y te humilló, y te dejó tener hambre, y te sustentó con maná, que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de toda [palabra] que sale de la boca del SEÑOR vivirá el hombre.
DEU 8:4 Tu vestidura nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hincha­do por estos cuarenta años.
DEU 8:5 Reconoce asimismo en tu cora­zón, que como castiga el hombre a su hijo, así el SEÑOR tu Dios te castiga.
DEU 8:6 Guardarás, pues, los manda­mientos del SEÑOR tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndolo.
DEU 8:7 Porque el SEÑOR tu Dios te introduce en la buena tierra, tie­rra de arroyos, de aguas, de fuen­tes, de abismos que brotan por vegas y montes;
DEU 8:8 Tierra de trigo y cebada, y de vides, e higueras, y granados; tierra de olivas, de aceite, y de miel;
DEU 8:9 Tierra en la cual no comerás el pan con escasez, no te faltará nada en ella; tierra que sus pie­dras son hierro, y de sus montes cortarás latón.
DEU 8:10 Y comerás y te hartarás, y bendecirás al SEÑOR tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.
DEU 8:11 Guárdate, que no te olvides del SEÑOR tu Dios, para no observar sus mandamientos, y sus derechos, y sus estatutos, que yo te ordeno hoy:
DEU 8:12 Que quizá no comas y te har­tes, y edifiques buenas casas en que mores,
DEU 8:13 Y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multiplique, y todo lo que tuvie­res se te aumente,
DEU 8:14 Y se eleve luego tu corazón, y te olvides del SEÑOR tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos;
DEU 8:15 Que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, de serpientes ardientes, y de escor­piones, y de sed, donde ningún agua había, y él te sacó agua de la roca del pedernal;
DEU 8:16 Que te sustentó con maná en el desierto, [comida] que tus padres no habían conocido, afli­giéndote y probándote, para a la postre hacerte bien;
DEU 8:17 Y digas en tu corazón: Mi poder y la fortaleza de mi mano me han traído esta riqueza.
DEU 8:18 Antes acuérdate del SEÑOR tu Dios: porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.
DEU 8:19 Mas será, si llegares a olvi­darte del SEÑOR tu Dios, y anduvieres en pos de dioses aje­nos, y les sirvieres, y los adorares, os testifico[ hoy con­tra vosotros, que de cierto pere­ceréis.
DEU 8:20 Como las naciones que el SEÑOR destruirá delante de vosotros, así pereceréis; por cuanto no habréis atendido a la voz del SEÑOR vuestro Dios.
DEU 9:1 OYE, Israel: tú estás hoy para pasar el Jordán, para entrar a poseer naciones más [numerosas] y más fuertes que tú, ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo,
DEU 9:2 Un pueblo grande y alto, hijos de gigantes, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delan­te de los hijos del gigante?
DEU 9:3 Sabe, pues, hoy que el SEÑOR tu Dios es el que pasa delante de ti, fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti: y tú los echarás, y los destrui­rás luego, como el SEÑOR te ha dicho.
DEU 9:4 No discurras en tu corazón cuando el SEÑOR tu Dios los habrá echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha metido el SEÑOR a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones el SEÑOR las echa de delante de ti.
DEU 9:5 No por tu justicia, ni por la rec­titud de tu corazón entras a pose­er la tierra de ellos; mas por la impiedad de estas naciones el SEÑOR tu Dios las echa de delante de ti, y por confirmar la palabra que el SEÑOR juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob.
DEU 9:6 Por tanto, sabe que no por tu justicia el SEÑOR tu Dios te da esta buena tierra para poseerla; que pueblo duro de cerviz eres tú.
DEU 9:7 Acuérdate, no te olvides que has provocado a ira al SEÑOR tu Dios en el desierto: desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes al SEÑOR.
DEU 9:8 Y en Horeb provocasteis a ira al SEÑOR, y enojóse el SEÑOR contra vosotros para destruiros.
DEU 9:9 Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que el SEÑOR hizo con vosotros, estuve enton­ces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua:
DEU 9:10 Y dióme el SEÑOR las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas [estaba escrito] conforme a todas las palabras que os habló el SEÑOR en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea.
DEU 9:11 Y sucedió al cabo de los cuarenta días y cuarenta noches, que el SEÑOR me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.
DEU 9:12 Y díjome el SEÑOR: Levántate, desciende presto de aquí; que tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido: pronto se han apartado del cami­no que yo les mandé: hanse hecho una imagen de fundición.
DEU 9:13 Y hablóme el SEÑOR, dicien­do: He visto ese pueblo, y he aquí, que él es pueblo duro de cerviz:
DEU 9:14 Déjame que los destruya, y raiga su nombre de debajo del cielo; y yo haré de ti una nación más poderosa y más grande que ellos.
DEU 9:15 Y volví y descendí del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos.
DEU 9:16 Y miré, y he aquí habíais pecado contra el SEÑOR vuestro Dios: os habíais hecho un bece­rro de fundición, apartándoos presto del camino que el SEÑOR os había mandado.
DEU 9:17 Entonces tomé las dos tablas, y arrojélas de mis dos manos, y quebrélas delante de vuestros ojos.
DEU 9:18 Y postréme delante del SEÑOR, como antes, cuarenta días y cuarenta noches: no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo mal en ojos del SEÑOR para enojarlo.
DEU 9:19 Porque temí a causa del furor y de la ira con que el SEÑOR estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero el SEÑOR me oyó aún esta vez.
DEU 9:20 Contra Aarón también se enojó el SEÑOR en gran manera para destruirlo: y también oré por Aarón entonces.
DEU 9:21 Y tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y quemélo en el fuego, y lo desme­nucé moliéndole muy bien, hasta que fue reducido a polvo: y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte.
DEU 9:22 También en Tabera, y en Masah, y en Kibrot-hataavah, enojasteis al SEÑOR.
DEU 9:23 Y cuando el SEÑOR os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado; también fuisteis rebeldes al dicho del SEÑOR vuestro Dios, y no lo creisteis, ni obedecisteis a su voz.
DEU 9:24 Rebeldes habéis sido al SEÑOR desde el día que yo os conozco.
DEU 9:25 Postréme, pues, delante del SEÑOR cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado; por­que el SEÑOR dijo que os había de destruir.
DEU 9:26 Y oré al SEÑOR, diciendo: Oh Señor DIOS, no destruyas tu pueblo y tu heredad que has redi­mido con tu grandeza, al cual sacaste de Egipto con mano fuer­te.
DEU 9:27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac, y Jacob; no mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad, ni a su pecado:
DEU 9:28 Porque no digan [los de] la tie­rra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo el SEÑOR intro­ducirlos en la tierra que les había dicho, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto.
DEU 9:29 Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran fortaleza y con tu brazo extendi­do.
DEU 10:1 EN aquel tiempo el SEÑOR me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera:
DEU 10:2 Y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste; y las pondrás en el arca.
DEU 10:3 E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de pie­dra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano.
DEU 10:4 Y escribió en las tablas confor­me a la primera escritura, las diez palabras que el SEÑOR os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y diómelas el SEÑOR.
DEU 10:5 Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como el SEÑOR me mandó.
DEU 10:6 (Después partieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jacaam a Moserá: allí murió Aarón, y allí fue sepultado; y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar.
DEU 10:7 De allí partieron a Gudgod, y de Gudgod a Jotbata, tierra de arroyos de aguas.
DEU 10:8 En aquel tiempo apartó el SEÑOR la tribu de Leví, para que llevase el arca del pacto del SEÑOR, para que estuviese delante del SEÑOR para servir­le, y para bendecir en su nombre, hasta hoy.
DEU 10:9 Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos: el SEÑOR es su heredad, como el SEÑOR tu Dios le dijo.)
DEU 10:10 Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y el SEÑOR me oyó también esta vez, y no quiso el SEÑOR destruirte.
DEU 10:11 Y díjome el SEÑOR: Levántate, anda, para que partas delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que juré a sus padres les había de dar.
DEU 10:12 Ahora pues, Israel, ¿qué pide el SEÑOR tu Dios de ti, sino que temas al SEÑOR tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma;
DEU 10:13 Que guardes los mandamien­tos del SEÑOR y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien?
DEU 10:14 He aquí, del SEÑOR tu Dios es el cielo, y el cielo de los cielos: la tierra, y todas las cosas que hay en ella.
DEU 10:15 Solamente de tus padres se agradó el SEÑOR para amarlos, y escogió su simiente después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.
DEU 10:16 Circuncidad pues el prepucio de vuestro corazón, y no endu­rezcáis más vuestra cerviz.
DEU 10:17 Porque el SEÑOR vuestro Dios es Dios de dioses, y Señor de señores, Dios grande, podero­so, y terrible, que no acepta persona, ni toma soborno;
DEU 10:18 Que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestidura.
DEU 10:19 Amaréis pues al extranjero: porque extranjeros fuisteis voso­tros en tierra de Egipto.
DEU 10:20 Al SEÑOR tu Dios temerás, a él servirás, a él te allegarás, y por su nombre jurarás.
DEU 10:21 Él es tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas grandes y terribles cosas que tus ojos han visto.
DEU 10:22 Con setenta almas descendie­ron tus padres a Egipto; y ahora el SEÑOR te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.
DEU 11:1 AMARÁS pues al SEÑOR tu Dios, y guardarás su ordenanza, y sus estatutos y sus derechos y sus mandamientos, todos los días.
DEU 11:2 Y comprended hoy: porque no [hablo] con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo del SEÑOR vuestro Dios, su gran­deza, su mano fuerte, y su brazo extendido,
DEU 11:3 Y sus milagros, y sus obras que hizo en medio de Egipto a Faraón, rey de Egipto, y a toda su tierra;
DEU 11:4 Y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos, y a sus carros; cómo hizo ondear las aguas del mar Bermejo sobre ellos, cuando venían tras voso­tros, y el SEÑOR los destruyó hasta hoy;
DEU 11:5 Y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado a este lugar;
DEU 11:6 Y lo que hizo a Datán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo abrió la tierra su boca, y tragóse a ellos y a sus casas, y sus tiendas, y toda la sustancia que [tenían] en su posesión, en medio de todo Israel:
DEU 11:7 Mas vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que el SEÑOR ha ejecutado.
DEU 11:8 Guardad, pues, todos los man­damientos que yo os prescribo hoy, para que seáis esforzados, y entréis y poseáis la tierra, a la cual pasáis para poseerla;
DEU 11:9 Y para que os sean prolonga­dos los días sobre la tierra, que juró el SEÑOR a vuestros padres había de dar a ellos y a su simien­te, tierra que fluye leche y miel.
DEU 11:10 Que la tierra a la cual entras para poseerla, no es como la tie­rra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu simiente, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.
DEU 11:11 La tierra a la cual pasáis para poseerla, es tierra de montes y de vegas; de la lluvia del cielo ha de beber las aguas;
DEU 11:12 Tierra de la cual el SEÑOR tu Dios cuida: siempre están sobre ella los ojos del SEÑOR tu Dios, desde el principio del año hasta el fin de él.
DEU 11:13 Y será que, si obedeciereis cuidadosamente mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando al SEÑOR vuestro Dios, y sirviéndolo con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma,
DEU 11:14 Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite.
DEU 11:15 Daré también hierba en tu campo para tus bestias; y come­rás, y te hartarás.
DEU 11:16 Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apar­téis, y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos;
DEU 11:17 Y así se encienda el furor del SEÑOR sobre vosotros, y cierre el cielo, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis presto de la buena tierra que os da el SEÑOR.
DEU 11:18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis por señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.
DEU 11:19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas, ora sen­tado en tu casa, o andando por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes:
DEU 11:20 Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas:
DEU 11:21 Para que sean aumentados vuestros días, y los días de vues­tros hijos, sobre la tierra que juró el SEÑOR a vuestros padres que les había de dar, como los días del cielo sobre la tierra.
DEU 11:22 Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamien­tos que yo os prescribo, para que los cumpláis; como améis al SEÑOR vuestro Dios andando en todos sus caminos, y a él os allegareis,
DEU 11:23 El SEÑOR también echará todas estas naciones de delante de vosotros, y poseeréis naciones grandes y más fuertes que voso­tros.
DEU 11:24 Todo lugar que pisare la plan­ta de vuestro pie, será vuestro: desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Éufrates, hasta el mar postrero será vuestro tér­mino.
DEU 11:25 Nadie se sostendrá delante de vosotros: miedo y temor de vosotros pondrá el SEÑOR vuestro Dios sobre la faz de toda la tierra que hollareis, como él os ha dicho.
DEU 11:26 He aquí yo pongo hoy delan­te de vosotros la bendición y la maldición:
DEU 11:27 La bendición, si obedeciereis los mandamientos del SEÑOR vuestro Dios, que yo os prescribo hoy;
DEU 11:28 Y la maldición, si no obedeciereis los mandamientos del SEÑOR vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.
DEU 11:29 Y será que, cuando el SEÑOR tu Dios te introdujere en la tierra a la cual vas para poseerla, pon­drás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal:
DEU 11:30 Los cuales están de la otra parte del Jordán, tras el camino del occidente en la tierra del cananeo, que habita en la campi­ña delante de Gilgal, junto a los llanos de Moreh.
DEU 11:31 Porque vosotros pasáis el Jordán, para ir a poseer la tierra que os da el SEÑOR vuestro Dios; y la poseeréis, y habitaréis en ella.
DEU 11:32 Cuidaréis, pues, de poner por obra todos los estatutos y dere­chos que yo presento hoy delan­te de vosotros.
DEU 12:1 ÉSTOS [son] los estatutos y derechos que cuidaréis de poner por obra, en la tierra que el SEÑOR el Dios de tus padres te ha dado para que la poseas, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra.
DEU 12:2 Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredareis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol espeso:
DEU 12:3 Y derribaréis sus altares, y que­braréis sus imágenes, y sus bos­ques consumiréis con fuego: y destruiréis las esculturas de sus dioses, y extirparéis el nombre de ellas de aquel lugar.
DEU 12:4 No haréis así al SEÑOR vues­tro Dios.
DEU 12:5 Mas el lugar que el SEÑOR vuestro Dios escogiere de todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis:
DEU 12:6 Y allí llevaréis vuestros holo­caustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, y vuestros votos, y vuestras ofren­das voluntarias, y los primerizos de vuestras vacas y de vuestras ovejas:
DEU 12:7 Y comeréis allí delante del SEÑOR vuestro Dios, y os ale­graréis, vosotros y vuestras fami­lias, en toda obra de vuestras manos en que el SEÑOR tu Dios te hubiere bendecido.
DEU 12:8 No haréis como todo lo que nosotros hacemos aquí ahora, cada uno lo que le parece,
DEU 12:9 Porque aun hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da el SEÑOR vuestro Dios.
DEU 12:10 Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que el SEÑOR vuestro Dios os hace heredar, y él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrede­dor, y habitaréis seguros.
DEU 12:11 Y al lugar que el SEÑOR vuestro Dios escogiere para hacer habitar en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaus­tos, y vuestros sacrificios, vues­tros diezmos, y las ofrendas ele­vadas de vuestras manos, y todo lo escogido de vuestros votos que hubiereis prometido al SEÑOR;
DEU 12:12 Y os alegraréis delante del SEÑOR vuestro Dios, vosotros, y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros siervos, y vuestras siervas, y el levita que estuviere en vuestras poblaciones: por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros.
DEU 12:13 Guárdate, que no ofrezcas tus holocaustos en cualquier lugar que vieres;
DEU 12:14 Mas en el lugar que el SEÑOR escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holo­caustos, y allí harás todo lo que yo te mando.
DEU 12:15 Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus pobla­ciones conforme al deseo de tu alma, según la bendición del SEÑOR tu Dios que él te habrá dado: el inmundo y el limpio la comerá, como [la] de corzo o de ciervo:
DEU 12:16 Salvo que sangre no come­réis; sobre la tierra la derramaréis como agua.
DEU 12:17 Ni podrás comer en tus pobla­ciones el diezmo de tu grano, o de tu vino, o de tu aceite, ni los primerizos de tus vacas, ni de tus ovejas, ni tus votos que prome­tieres, ni tus ofrendas volunta­rias, ni las elevadas ofrendas de tus manos:
DEU 12:18 Mas delante del SEÑOR tu Dios las comerás, en el lugar que el SEÑOR tu Dios hubiere esco­gido, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita que está en tus poblaciones: y alegrarte has delante del SEÑOR tu Dios en toda obra de tus manos.
DEU 12:19 Ten cuidado de no desampa­rar al levita en todos tus días sobre tu tierra.
DEU 12:20 Cuando el SEÑOR tu Dios ensanchare tu término, como él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne, porque deseó tu alma comerla, conforme a todo el deseo de tu alma comerás carne.
DEU 12:21 Cuando estuviere lejos de ti el lugar que el SEÑOR tu Dios habrá escogido, para poner allí su nombre, matarás de tus vacas y de tus ovejas, que el SEÑOR te hubiere dado, como te he manda­do yo, y comerás en tus puertas según todo lo que deseare tu alma.
DEU 12:22 Lo mismo que se come el corzo y el ciervo, así las come­rás: el inmundo y el limpio comerán también de ellas.
DEU 12:23 Solamente que te esfuerces a no comer sangre: porque la san­gre [es] la vida; y no has de comer la vida juntamente con la carne.
DEU 12:24 No la comerás: en tierra la derramarás como agua.
DEU 12:25 No comerás de ella; para que te vaya bien a ti, y a tus hijos des­pués de ti, cuando hicieres lo recto en ojos del SEÑOR.
DEU 12:26 Sólo las cosas que tuvieres tú consagradas, y tus votos, las tomarás, y vendrás al lugar que el SEÑOR hubiere escogido:
DEU 12:27 Y ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar del SEÑOR tu Dios: y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar del SEÑOR tu Dios, y comerás la carne.
DEU 12:28 Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, por­que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre, cuan­do hicieres lo bueno y lo recto en los ojos del SEÑOR tu Dios.
DEU 12:29 Cuando hubiere devastado delante de ti el SEÑOR tu Dios las naciones a donde tú vas para poseerlas, y las heredares, y habitares en su tierra,
DEU 12:30 Guárdate que no tropieces en pos de ellas, después que fueren destruídas delante de ti: no inquieras acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que ser­vían aquellas naciones a sus dioses, así haré yo también.
DEU 12:31 No harás así al SEÑOR tu Dios; porque todo lo que el SEÑOR aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos e hijas quemaban en el fuego a sus dioses.
DEU 12:32 Cuidaréis de hacer todo lo que yo os mando: no añadirás a ello, ni quitarás de ello.
DEU 13:1 CUANDO se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te diere señal o prodigio,
DEU 13:2 Y acaeciere la señal o prodigio que él te dijo, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles;
DEU 13:3 No darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños: porque el SEÑOR vues­tro Dios os prueba, para saber si amáis al SEÑOR vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma.
DEU 13:4 En pos del SEÑOR vuestro Dios andaréis, y a él temeréis, y guardaréis sus mandamientos, y obedeceréis su voz, y a él servi­réis, y a él os allegaréis.
DEU 13:5 Y el tal profeta o soñador de sueños, ha de ser muerto; por cuanto trató de rebelión contra el SEÑOR vuestro Dios, que te sacó de tierra de Egipto, y te res­cató de casa de siervos, y de echarte del camino por el que el SEÑOR tu Dios te mandó que anduvieses: y así quitarás el mal de en medio de ti.
DEU 13:6 Cuando te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, o tu hija, o la esposa de tu seno, o tu amigo que sea como tu alma, diciendo en secreto: Vamos y sir­vamos a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis,
DEU 13:7 De los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededo­res cercanos a ti, o lejos de ti, desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de ella;
DEU 13:8 No consentirás con él, ni le darás oído; ni tu ojo le perdona­rá, ni tendrás compasión, ni lo encubrirás:
DEU 13:9 Antes has de matarlo; tu mano será primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo.
DEU 13:10 Y has de apedrearlo con pie­dras, y morirá; por cuanto procu­ró apartarte del SEÑOR tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos:
DEU 13:11 Para que todo Israel oiga, y tema, y no tornen a hacer cosa semejante a esta mala cosa en medio de ti.
DEU 13:12 Cuando oyeres de alguna de tus ciudades que el SEÑOR tu Dios te da para que mores en ellas, que se dice:
DEU 13:13 Ciertos hombres, hijos de Belial, han salido de en medio de ti, que han instigado a los mora­dores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses aje­nos, que vosotros no conocisteis;
DEU 13:14 Tú inquirirás, y buscarás, y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de ti,
DEU 13:15 Irremisiblemente herirás a filo de espada los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y [también] sus bestias a filo de espada.
DEU 13:16 Y juntarás todo el despojo de ella en medio de su plaza, y con­sumirás con fuego la ciudad y todo su despojo, todo ello, al SEÑOR tu Dios: y será un mon­tón para siempre: nunca más se edificará.
DEU 13:17 Y no se pegará algo a tu mano del anatema; porque el SEÑOR se aparte del furor de su ira, y te dé mercedes, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres,
DEU 13:18 Cuando obedecieres a la voz del SEÑOR tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, para hacer lo recto en ojos del SEÑOR tu Dios.
DEU 14:1 HIJOS sois del SEÑOR vuestro Dios: no os sajaréis, ni pondréis calva sobre vuestros ojos por muerto;
DEU 14:2 Porque eres pueblo santo al SEÑOR tu Dios, y el SEÑOR te ha escogido para que le seas un pueblo peculiar de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.
DEU 14:3 Nada abominable comerás.
DEU 14:4 Éstos [son] los animales que comeréis: el buey, la oveja, y la cabra,
DEU 14:5 El ciervo, el corzo, y el búfalo, y el cabrío salvaje, y el unicor­nio, y buey salvaje, y cabra mon­tés.
DEU 14:6 Y todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales, ese comeréis.
DEU 14:7 Sin embargo éstos no comeréis de los que rumian, o tienen pezuña hendida: camello, y liebre, y conejo, porque rumian, mas no tienen pezuña hendida, os serán inmundos;
DEU 14:8 Ni puerco: porque tiene pezuña hendida, mas no rumia, os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos.
DEU 14:9 Esto comeréis de todo lo que está en el agua: todo lo que tiene aleta y escama comeréis;
DEU 14:10 Mas todo lo que no tuviere aleta y escama, no comeréis: inmundo os será.
DEU 14:11 Toda ave limpia comeréis.
DEU 14:12 Y estas son de las que no comeréis: el águila, y el azor, y el esmerejón,
DEU 14:13 Y el ixio, y el milano, y el buitre según su género,
DEU 14:14 Y todo cuervo según su géne­ro,
DEU 14:15 Y el búho, y el halcón nocturno, y el cuclillo, y el gavilán según su género,
DEU 14:16 Y el mochuelo, y el búho real, y el cisne,
DEU 14:17 Y el pelícano, y el alimoche, y el cormorán,
DEU 14:18 Y la cigüeña, y la garza según su género, y el ave fría, y el mur­ciélago.
DEU 14:19 Y todo reptil alado os será inmundo: no se comerá.
DEU 14:20 Toda ave limpia comeréis.
DEU 14:21 Ninguna cosa mortecina comeréis: al extranjero que está en tus poblaciones la darás, y él la comerá: o véndela al extranje­ro; porque tú eres pueblo santo al SEÑOR tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
DEU 14:22 Indispensablemente diezma­rás todo el producto de tu simien­te, que rindiere el campo cada un año.
DEU 14:23 Y comerás delante del SEÑOR tu Dios en el lugar que él escogiere para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus manadas, y de tus ganados, para que apren­das a temer al SEÑOR tu Dios todos los días.
DEU 14:24 Y si el camino fuere tan largo que tú no puedas llevarlo por él, por estar lejos de ti el lugar que el SEÑOR tu Dios hubiere escogi­do para poner en él su nombre, cuando el SEÑOR tu Dios te bendijere,
DEU 14:25 Entonces venderlo has, y ata­rás el dinero en tu mano, y ven­drás al lugar que el SEÑOR tu Dios escogiere;
DEU 14:26 Y darás el dinero por todo lo que deseare tu alma, por vacas, o por ovejas, o por vino, o por bebida fuerte, o por cualquier cosa que tu alma te demandare: y comerás allí delante del SEÑOR tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.
DEU 14:27 Y no desampararás al levita que [habitare] en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.
DEU 14:28 Al cabo de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades:
DEU 14:29 Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que hubiere en tus pobla­ciones, y comerán y serán sacia­dos; para que el SEÑOR tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos que hicieres.
DEU 15:1 AL cabo de siete años harás remisión.
DEU 15:2 Y ésta es la manera de la remi­sión: perdonará a su deudor todo aquél que hizo empréstito de su mano, con que obligó a su próji­mo: no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano; porque la remisión del SEÑOR es pre­gonada.
DEU 15:3 Del extranjero demandarás el [reintegro]: mas lo que tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu mano;
DEU 15:4 Para que así no haya en ti men­digo; porque el SEÑOR te ben­decirá con abundancia en la tie­rra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad para que la poseas,
DEU 15:5 Solo si escuchares fielmen­te la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te intimo hoy.
DEU 15:6 Ya que el SEÑOR tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no toma­rás prestado; y enseñorearte has de muchas naciones, pero de ti no se enseñorearán.
DEU 15:7 Cuando hubiere en ti meneste­roso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en tu tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre:
DEU 15:8 Mas abrirás a él tu mano libe­ralmente, y en efecto le prestarás lo que basta, lo que hubiere menester.
DEU 15:9 Guárdate que no haya en tu corazón perverso pensamiento de Belial, diciendo: Cerca está el año sépti­mo, el de la remisión; y tu ojo sea maligno sobre tu hermano menesteroso para no darle: que él podrá clamar contra ti al SEÑOR, y se te imputará a peca­do.
DEU 15:10 Sin falta le darás, y no sea tu corazón maligno cuando le die­res: que por ello te bendecirá el SEÑOR tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que pusieres mano.
DEU 15:11 Porque no faltarán menestero­sos de en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, a tu pobre, y a tu menesteroso en tu tierra.
DEU 15:12 Cuando se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al sép­timo año le despedirás libre de ti.
DEU 15:13 Y cuando lo despidieres libre de ti, no lo enviarás vacío:
DEU 15:14 Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era, y de tu lagar; le darás [de] aquello en que el SEÑOR tu Dios te hubiere bendecido.
DEU 15:15 Y te acordarás que fuiste sier­vo en la tierra de Egipto, y que el SEÑOR tu Dios te rescató: por tanto yo te mando esto hoy.
DEU 15:16 Y será que, si él te dijere: No saldré de contigo; porque te ama a ti y a tu casa, que le va bien contigo;
DEU 15:17 Entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja junto a la puerta, y será tu siervo para siempre: así también harás a tu criada.
DEU 15:18 No te parezca duro cuando le enviares libre de ti; que doblado del salario de mozo jornalero te sirvió seis años: y el SEÑOR tu Dios te bendecirá en todo cuanto hicieres.
DEU 15:19 Santificarás al SEÑOR tu Dios todo primerizo macho que nacerá de tus vacas y de tus ove­jas: no te sirvas del primerizo de tus vacas, ni trasquiles el prime­rizo de tus ovejas.
DEU 15:20 Delante del SEÑOR tu Dios los comerás cada un año, tú y tu familia, en el lugar que el SEÑOR escogiere.
DEU 15:21 Y si hubiere en él tacha, ciego o cojo, o cualquiera mala falta, no lo sacrificarás al SEÑOR tu Dios.
DEU 15:22 En tus poblaciones lo come­rás: el inmundo lo mismo que el limpio [comerán de él], como de un corzo o de un ciervo.
DEU 15:23 Solamente que no comas su sangre: sobre la tierra la derra­marás como agua.
DEU 16:1 GUARDARÁS el mes de Abib, y harás pascua al SEÑOR tu Dios: porque en el mes de Abib te sacó el SEÑOR tu Dios de Egipto de noche.
DEU 16:2 Y sacrificarás la pascua al SEÑOR tu Dios, de las ovejas y de las vacas, en el lugar que el SEÑOR escogiere para hacer habitar allí su nombre.
DEU 16:3 No comerás con ella leudo; siete días comerás con ella pan por leudar, pan de aflicción, por­que apriesa saliste de tierra de Egipto: para que te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto todos los días de tu vida.
DEU 16:4 Y no se dejará ver levadura contigo en todo tu término por siete días; y de la carne que mata­res a la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana.
DEU 16:5 No podrás sacrificar la pascua en ninguna de tus ciudades, que el SEÑOR tu Dios te da;
DEU 16:6 Sino en el lugar que el SEÑOR tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre, sacrifica­rás la pascua por la tarde a pues­ta del sol, al tiempo que saliste de Egipto:
DEU 16:7 Y la asarás y comerás en el lugar que el SEÑOR tu Dios hubiere escogido; y por la maña­na te volverás y restituirás a tu morada.
DEU 16:8 Seis días comerás panes sin levadura, y el séptimo día [será] una asamblea solemne al SEÑOR tu Dios: no harás obra [en él].
DEU 16:9 Siete semanas te contarás: desde que comenzare la hoz en las mieses comenzarás a contarte las siete semanas.
DEU 16:10 Y harás la solemnidad de las semanas al SEÑOR tu Dios: de la suficiencia voluntaria de tu mano será lo que dieres, según el SEÑOR tu Dios te hubiere ben­decido.
DEU 16:11 Y te alegrarás delante del SEÑOR tu Dios, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita que estuviere en tus ciudades, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que estuvie­ren en medio de ti, en el lugar que el SEÑOR tu Dios hubiere escogido para hacer habitar allí su nombre.
DEU 16:12 Y acuérdate que fuiste siervo en Egipto; por tanto guardarás y cumplirás estos estatutos.
DEU 16:13 La solemnidad de los tabernáculos harás por siete días, cuando hubieres hecho la cosecha de tu era y de tu lagar.
DEU 16:14 Y te alegrarás en tu fiesta solemne, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que están en tus poblacio­nes.
DEU 16:15 Siete días celebrarás solemni­dad al SEÑOR tu Dios en el lugar que el SEÑOR escogiere; porque te habrá bendecido el SEÑOR tu Dios en todos tus fru­tos, y en toda obra de tus manos, y estarás ciertamente alegre.
DEU 16:16 Tres veces cada un año pare­cerá todo varón tuyo delante del SEÑOR tu Dios en el lugar que él escogiere: en la solemnidad de los panes sin levadura, y en la solemnidad de las semanas, y en la solemnidad de los tabernáculos. Y no parece­rá vacío delante del SEÑOR:
DEU 16:17 Cada uno con el don de su mano, conforme a la bendición del SEÑOR tu Dios, que te hubiere dado.
DEU 16:18 Jueces y alcaldes te pondrás en todas tus ciudades que el SEÑOR tu Dios te dará en tus tri­bus, los cuales juzgarán al pue­blo con justo juicio.
DEU 16:19 No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el sobor­no ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los jus­tos.
DEU 16:20 La justicia, la justicia segui­rás, porque vivas y heredes la tie­rra que el SEÑOR tu Dios te da.
DEU 16:21 No te plantarás bosque de ningún árbol cerca del altar del SEÑOR tu Dios, que tú te habrás hecho.
DEU 16:22 Ni te levantarás estatua; lo cual aborrece el SEÑOR tu Dios.
DEU 17:1 NO sacrificarás al SEÑOR tu Dios buey, o cordero, en el cual haya falta o alguna cosa mala: porque es abominación al SEÑOR tu Dios.
DEU 17:2 Cuando se hallare entre ti, en alguna de tus ciudades que el SEÑOR tu Dios te da, hombre, o mujer, que haya hecho mal en ojos del SEÑOR tu Dios traspa­sando su pacto,
DEU 17:3 Que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ora al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo no he mandado;
DEU 17:4 Y te fuere dado aviso, y, des­pués que oyeres y hubieres inda­gado bien, la cosa parece de ver­dad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel;
DEU 17:5 Entonces sacarás al hombre o mujer que hubiere hecho esta mala cosa, a tus puertas, hombre o mujer, y los apedrearás con piedras, y así morirán.
DEU 17:6 Por dicho de dos testigos, o de tres testigos, morirá el que hubie­re de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.
DEU 17:7 La mano de los testigos será primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pue­blo: así quitarás el mal de en medio de ti.
DEU 17:8 Cuando alguna cosa te fuere oculta en juicio entre sangre y sangre, entre causa y causa, y entre llaga y llaga, en negocios de litigio en tus ciudades; enton­ces te levantarás y recurrirás al lugar que el SEÑOR tu Dios escogiere;
DEU 17:9 Y vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que fuere en aquellos días, e inquirirás; y te enseñarán la sentencia del juicio.
DEU 17:10 Y harás según la sentencia que te indicaren los del lugar que el SEÑOR escogiere, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifestaren.
DEU 17:11 Según la sentencia de la ley que ellos te ense­ñaren, y según el juicio que te dijeren, harás: no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la senten­cia que te mostraren.
DEU 17:12 Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante del SEÑOR tu Dios, o al juez, el tal varón morirá: y quitarás el mal de Israel.
DEU 17:13 Y todo el pueblo oirá, y teme­rá, y no se ensoberbecerán más.
DEU 17:14 Cuando hubieres entrado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, y la poseyeres, y habitares en ella, y dijeres: Pondré rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores;
DEU 17:15 Sin duda pondrás por rey sobre ti al que el SEÑOR tu Dios escogiere: de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti: no podrás poner sobre ti hombre extranjero, que no sea tu hermano.
DEU 17:16 Pero que no se aumente caballos, ni haga volver el pue­blo a Egipto para acrecentar caballos: porque el SEÑOR os ha dicho: No procuraréis volver más por este camino.
DEU 17:17 Ni aumentará para sí esposas, porque su corazón no se desvíe: ni plata ni oro acrecentará para sí en gran copia.
DEU 17:18 Y será, cuando se asentare sobre el solio de su reino, que ha de escribir para sí en un libro un traslado de esta ley, [la cual está] delante de los sacerdotes levitas;
DEU 17:19 Y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer al SEÑOR su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra:
DEU 17:20 Para que no se eleve su cora­zón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra: a fin que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.
DEU 18:1 LOS sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel; de las ofrendas hechas por fuego al SEÑOR, y de la heredad de él comerán.
DEU 18:2 No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos: el SEÑOR es su heredad, como él les ha dicho.
DEU 18:3 Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrifi­cio buey o cordero: darán al sacerdote la espalda, y las quija­das, y el cuajar.
DEU 18:4 Las primicias de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y las primi­cias de la lana de tus ovejas le darás:
DEU 18:5 Porque le ha escogido el SEÑOR tu Dios de todas tus tri­bus, para que esté para ministrar al nombre del SEÑOR, él y sus hijos para siempre.
DEU 18:6 Y cuando el levita saliere de alguna de tus ciudades de todo Israel, donde hubiere peregrina­do, y viniere con todo deseo de su alma al lugar que el SEÑOR escogiere,
DEU 18:7 Ministrará al nombre del SEÑOR su Dios, como todos sus hermanos los levitas que estu­vieren allí delante del SEÑOR.
DEU 18:8 Porción como la porción [de los otros] comerán, además de sus patrimonios.
DEU 18:9 Cuando hubieres entrado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.
DEU 18:10 No sea hallado en ti quien haga pasar su hijo o su hija por el fuego, ni practicante de adivina­ciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero,
DEU 18:11 Ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte a hechicero, ni mágico, ni quien pregunte a los muertos.
DEU 18:12 Porque es abominación al SEÑOR cualquiera que hace estas cosas, y por estas abomina­ciones el SEÑOR tu Dios las echó de delante de ti.
DEU 18:13 Perfecto serás con el SEÑOR tu Dios.
DEU 18:14 Porque estas naciones que has de heredar, a agoreros y hechice­ros oían: mas tú, no así te ha dado el SEÑOR tu Dios.
DEU 18:15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levan­tará el SEÑOR tu Dios: a él oiréis:
DEU 18:16 Conforme a todo lo que pediste al SEÑOR tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz del SEÑOR mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, porque no muera.
DEU 18:17 Y el SEÑOR me dijo: Bien han dicho.
DEU 18:18 Profeta les levantará de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.
DEU 18:19 Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le resi­denciaré.
DEU 18:20 Pero el profeta que presu­miere hablar palabra en mi nom­bre, que yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.
DEU 18:21 Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que el SEÑOR no hubiere habla­do?
DEU 18:22 Cuando el profeta hablare en nombre del SEÑOR, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que el SEÑOR no ha hablado: con soberbia la habló aquel pro­feta: no tengas temor de él.
DEU 19:1 CUANDO el SEÑOR tu Dios talare las naciones, cuya tierra el SEÑOR tu Dios te da a ti, y tú las heredares, y habitares en sus ciudades, y en sus casas;
DEU 19:2 Te apartarás tres ciudades en medio de tu tierra que el SEÑOR tu Dios te da para que la poseas.
DEU 19:3 Arreglarte has el camino, y dividirás en tres partes el término de tu tierra, que el SEÑOR tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida se huya allí.
DEU 19:4 Y este es el caso del homicida que ha de huir allí, y vivirá: el que hiriere a su prójimo por yerro, que no le tenía enemistad desde ayer ni antes de ayer:
DEU 19:5 Como el que fue con su próji­mo al monte a cortar leña, y poniendo fuerza con su mano en el hacha para cortar algún leño, saltó el hierro del cabo, y encon­tró a su prójimo, y murió; aquél huirá a una de estas ciudades, y vivirá;
DEU 19:6 No sea que el vengador de san­gre vaya tras el homicida, cuan­do se enardeciere su corazón, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado a muerte; por cuanto no tenía enemistad desde ayer ni antes de ayer con el [muerto].
DEU 19:7 Por tanto yo te mando, dicien­do: Tres ciudades te apartarás.
DEU 19:8 Y si el SEÑOR tu Dios ensan­chare tu término, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tie­rra que dijo a tus padres que había de dar;
DEU 19:9 Cuando guardases todos estos mandamientos, que yo te prescri­bo hoy, para ponerlos por obra, que ames al SEÑOR tu Dios y andes en sus caminos todos los días; entonces añadirás tres ciudades a más de estas tres;
DEU 19:10 Porque no sea derramada san­gre inocente en medio de tu tie­rra, que el SEÑOR tu Dios te da por heredad, y sea sobre ti san­gre.
DEU 19:11 Mas cuando hubiere alguno que aborreciere a su prójimo, y lo acechare, y se levantare sobre él, y lo hiriere de muerte, y muriere, y huyere a alguna de estas ciudades;
DEU 19:12 Entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y entregarlo han en mano del vengador de sangre, y morirá.
DEU 19:13 No le perdonará tu ojo: y qui­tarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien.
DEU 19:14 No removerás el lindero de tu prójimo, el cual señalaron los antiguos en tu heredad, la que poseyeres en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da para que la poseas.
DEU 19:15 No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, o en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En el dicho de dos testigos, o en el dicho de tres testigos consistirá el negocio.
DEU 19:16 Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testifi­car contra él rebelión,
DEU 19:17 Entonces los dos hombres liti­gantes se presentarán delante del SEÑOR, delante de los sacerdo­tes y jueces que fueren en aque­llos días:
DEU 19:18 Y los jueces inquirirán bien, y si pareciere ser aquél testigo falso, que testificó falsamente contra su hermano,
DEU 19:19 Haréis a él como él pensó hacer a su hermano: y quitarás el mal de en medio de ti.
DEU 19:20 Y los que quedaren oirán, y temerán, y no volverán más a hacer una mala cosa como ésta, en medio de ti.
DEU 19:21 Y no perdonará tu ojo: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
DEU 20:1 CUANDO salieres a la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, que el SEÑOR tu Dios es contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto.
DEU 20:2 Y será que, cuando os acerca­reis para combatir, llegaráse el sacerdote, y hablará al pueblo,
DEU 20:3 Y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos: no se ablan­de vuestro corazón, no temáis, no os azoréis, ni tampoco os aterréis delante de ellos;
DEU 20:4 Que el SEÑOR vuestro Dios anda con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros ene­migos, para salvaros.
DEU 20:5 Y los oficiales hablarán al pue­blo, diciendo: ¿Quién ha edifica­do casa nueva, y no la ha estre­nado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la estrene.
DEU 20:6 ¿Y quién ha plantado viña, y no ha hecho común uso de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, por­que quizá no muera en la batalla, y otro alguno la goce.
DEU 20:7 ¿Y quién se ha desposado con esposa, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y algún otro la tome.
DEU 20:8 Y tornarán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y tierno de corazón? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como su corazón.
DEU 20:9 Y será que, cuando los oficiales acabaren de hablar al pueblo, entonces los capitanes de los ejércitos mandarán delante del pueblo.
DEU 20:10 Cuando te acercares a una ciudad para combatirla, le inti­marás la paz.
DEU 20:11 Y será que, si te respondiere, paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te serán tributarios, y te servirán.
DEU 20:12 Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere contigo guerra, y la cercares,
DEU 20:13 Luego que el SEÑOR tu Dios la entregare en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada.
DEU 20:14 Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que hubiere en la ciudad, todos sus despojos, tomarás para ti: y comerás del despojo de tus ene­migos, los cuales el SEÑOR tu Dios te entregó.
DEU 20:15 Así harás a todas las ciudades que estuvieren muy lejos de ti, que no fueren de las ciudades de estas naciones.
DEU 20:16 Pero de las ciudades de estos pueblos que el SEÑOR tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida;
DEU 20:17 Antes del todo los destruirás: al heteo, y al amorreo, y al cananeo, y al ferezeo, y al heveo, y al jebuseo; como el SEÑOR tu Dios te ha mandado:
DEU 20:18 Porque no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones, que ellos hacen a sus dioses, y pequéis contra el SEÑOR vues­tro Dios.
DEU 20:19 Cuando pusieres cerco a algu­na ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruyas su arboleda metiendo en ella hacha, porque de ella comerás; y no la talarás, que no es hombre el árbol del campo para venir contra ti en el cerco.
DEU 20:20 Mas el árbol que supieres que no es árbol para comer, lo des­truirás y lo talarás, y construye baluarte contra la ciudad que pelea contigo, hasta sojuzgarla.
DEU 21:1 CUANDO fuere hallado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da para que la poseas, muerto echado en el campo, y no se supiere quién lo hirió,
DEU 21:2 Entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán hasta las ciudades que están alrededor del muerto:
DEU 21:3 Y será, que los ancianos de aquella ciudad, de la ciudad más cercana al muerto, tomarán de la vacada una becerra que no haya servido, que no haya traído yugo;
DEU 21:4 Y los ancianos de aquella ciu­dad traerán la becerra a un valle áspero, que nunca haya sido arado ni sembrado, y cortarán el pescuezo a la becerra allí en el valle.
DEU 21:5 Entonces vendrán los sacerdo­tes hijos de Leví, porque a ellos escogió el SEÑOR tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en nombre del SEÑOR; y por el dicho de ellos se determinará todo pleito y toda llaga.
DEU 21:6 Y todos los ancianos de aquella ciudad más cercana al muerto lavarán sus manos sobre la bece­rra degollada en el valle.
DEU 21:7 Y protestarán, y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo vie­ron.
DEU 21:8 Expía a tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh SEÑOR; y no imputes la sangre inocente [derramada] en medio de tu pue­blo Israel. Y la sangre les será perdonada.
DEU 21:9 Y tú quitarás la [culpa] de sangre inocente de en medio de ti, cuan­do hicieres lo que es recto en los ojos del SEÑOR.
DEU 21:10 Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y el SEÑOR tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cau­tivos,
DEU 21:11 Y vieres entre los cautivos [alguna] mujer hermosa, y la codi­ciares, y la tomares para ti por esposa,
DEU 21:12 La meterás en tu casa; y ella raerá su cabeza, y cortará sus uñas,
DEU 21:13 Y se quitará la vestidura de su cautiverio, y quedaráse en tu casa: y llorará a su padre y a su madre el tiempo de un mes: y después entrarás a ella, y tu serás su marido, y ella tu esposa.
DEU 21:14 Y será, si no te agradare, que la has de dejar en su libertad; y no la venderás por dinero, ni mercadearás con ella, por cuanto la afligiste.
DEU 21:15 Cuando un hombre tuviere dos esposas, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le parieren hijos, y el hijo primogénito fuere de la abo­rrecida;
DEU 21:16 Será que, el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de pri­mogenitura a los hijos de la amada en preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogé­nito;
DEU 21:17 Mas al hijo de la aborrecida reconocerá por primogénito, para darle dos tantos de todo lo que se hallare que tiene: porque aquél es el principio de su fuerza, el derecho de la primogenitura es suyo.
DEU 21:18 Cuando alguno tuviere hijo contumaz y rebelde, que no obe­deciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndolo castigado, no les obedeciere;
DEU 21:19 Entonces tomarlo han su padre y su madre, y lo sacarán a los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar suyo;
DEU 21:20 Y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es con­tumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borra­cho.
DEU 21:21 Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán con piedras, y morirá: así quitarás el mal de en medio de ti; y todo Israel oirá, y temerá.
DEU 21:22 Cuando en alguno hubiere pecado digno de muerte, [por el] que haya de morir, y le habrás colgado en un madero,
DEU 21:23 No estará su cuerpo por la noche en el madero, mas sin falta lo enterrarás el mismo día, por­que maldición de Dios es el col­gado: y no contaminarás tu tie­rra, que el SEÑOR tu Dios te da por heredad.
DEU 22:1 NO verás el buey de tu hermano, o su cordero, perdidos, y te retirarás de ellos: precisamente los volverás a tu hermano.
DEU 22:2 Y si tu hermano no fuere tu vecino, o no le conocieres, los recogerás en tu casa, y estarán contigo hasta que tu hermano los busque, y se los devolverás.
DEU 22:3 Y así harás de su asno, así harás también de su vestidura, y lo mismo harás con toda cosa per­dida de tu hermano que se le per­diere, y tú la hallares: no podrás retraerte [de ello].
DEU 22:4 No verás el asno de tu herma­no, o su buey, caídos en el cami­no, y te esconderás de ellos: con él has de procurar levantarlos.
DEU 22:5 No vestirá la mujer hábito de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abomina­ción es al SEÑOR tu Dios cual­quiera que esto hace.
DEU 22:6 Cuando topares en el camino algún nido de ave en cualquier árbol, o sobre la tierra, con pollos o huevos, y estuviere la madre echada sobre los pollos o sobre los huevos, no tomes la madre con los hijos:
DEU 22:7 Dejarás ir a la madre, y tomarás los pollos para ti; para que te vaya bien, y prolongues tus días.
DEU 22:8 Cuando edificares casa nueva, harás pretil a tu terrado, porque no pongas sangre en tu casa, si de él cayere alguno.
DEU 22:9 No sembrarás tu viña de varias semillas, porque no se deprave la plenitud de la semilla que sem­braste, y el fruto de la viña.
DEU 22:10 No ararás con buey y con asno juntamente.
DEU 22:11 No te vestirás de mistura, de lana y lino juntamente.
DEU 22:12 Hacerte has flecos en los cua­tro cabos de tu manto con que te cubrieres.
DEU 22:13 Cuando alguno tomare esposa, y después de haber entrado a ella la aborreciere,
DEU 22:14 Y le pusiere algunas faltas, y esparciere sobre ella mala fama, y dijere: Ésta tomé por esposa, y llegué a ella, y no la hallé virgen;
DEU 22:15 Entonces el padre de la moza y su madre tomarán, y sacarán las señales de la virginidad de la doncella a los ancianos de la ciu­dad, en la puerta.
DEU 22:16 Y dirá el padre de la moza a los ancianos: Yo di mi hija a este hombre por esposa, y él la aborre­ce;
DEU 22:17 Y, he aquí, él le pone tachas de [algunas] cosas, diciendo: No he hallado tu hija virgen; pero, he aquí las señales de la virgini­dad de mi hija. Y extenderán la sábana delante de los ancianos de la ciudad.
DEU 22:18 Entonces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán;
DEU 22:19 Y le han de penar en cien [pie­zas] de plata, las cuales darán al padre de la moza, por cuanto esparció mala fama sobre virgen de Israel: y la ha de tener por esposa, y no podrá despedirla en todos sus días.
DEU 22:20 Mas si este negocio fue ver­dad, que no se hubiere hallado virginidad en la moza,
DEU 22:21 Entonces la sacarán a la puer­ta de la casa de su padre, y la ape­drearán con piedras los hombres de su ciudad, y morirá; por cuan­to hizo vileza en Israel fornican­do en casa de su padre: así quitarás el mal de en medio de ti.
DEU 22:22 Cuando se sorprendiere algu­no echado con mujer casada con marido, entrambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer: así quitarás el mal de Israel.
DEU 22:23 Cuando fuere moza virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se echa­re con ella;
DEU 22:24 Entonces los sacaréis a ambos a la puerta de aquella ciudad, y los apedrearéis con piedras, y morirán; la moza porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la esposa de su prójimo: así quitarás el mal de en medio de ti.
DEU 22:25 Mas si el hombre halló una moza desposada en el campo, y él la agarrare, y se echare con ella, morirá sólo el hombre que con ella se habrá echado;
DEU 22:26 Y a la moza no harás nada; no tiene la moza culpa de muerte: porque como cuando alguno se levanta contra su prójimo, y le quita la vida, así es esto:
DEU 22:27 Porque él la halló en el campo: dio voces la moza desposada, y no hubo quien la valiese.
DEU 22:28 Cuando alguno hallare moza virgen, que no fuere desposada, y la tomare, y se echare con ella, y fueren hallados;
DEU 22:29 Entonces el hombre que se echó con ella dará al padre de la moza cincuenta [piezas] de plata, y ella será su esposa, por cuanto la humilló: no la podrá despedir en todos sus días.
DEU 22:30 No tomará alguno la esposa de su padre, ni descubrirá el regazo de su padre.
DEU 23:1 NO entrará en la congregación del SEÑOR el quebrado de quebradura, ni el castrado.
DEU 23:2 No entrará bastardo en la con­gregación del SEÑOR: ni aun en la décima generación entrará en la congregación del SEÑOR.
DEU 23:3 No entrará amonita ni moabita en la congregación del SEÑOR; ni aun en la décima generación entrará en la congre­gación del SEÑOR para siem­pre:
DEU 23:4 Por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino, cuando salisteis de Egipto; y por­que alquiló contra ti a Balaam hijo de Beor de Petor de Mesopotamia de Siria, para que te maldijese.
DEU 23:5 Mas no quiso el SEÑOR tu Dios oír a Balaam; y el SEÑOR tu Dios te volvió la maldición en bendición, porque el SEÑOR tu Dios te amaba.
DEU 23:6 No procurarás la paz de ellos ni su bien en todos los días para siempre.
DEU 23:7 No abominarás al edomita, que tu hermano es: no abomina­rás al egipcio, que extranjero fuiste en su tierra.
DEU 23:8 Los hijos que nacieren de ellos, a la tercera generación entrarán en la congregación del SEÑOR.
DEU 23:9 Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, guárdate de toda cosa mala.
DEU 23:10 Cuando hubiere en ti alguno que no fuere limpio por acci­dente de noche, saldráse del campo, y no entrará en él.
DEU 23:11 Y será que al declinar de la tarde se lavará con agua, y cuando fuere puesto el sol, entrará en el campo.
DEU 23:12 Y tendrás un lugar fuera del real, y saldrás allá fuera;
DEU 23:13 Tendrás también una estaca entre tus armas; y será que, cuando estuvieres [allí] fuera, cavarás con ella, y luego al vol­verte cubrirás tu excremento:
DEU 23:14 Porque el SEÑOR tu Dios anda por medio de tu campo, para librarte y entregar tus ene­migos delante de ti; por tanto será tu real santo: porque él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti.
DEU 23:15 No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo:
DEU 23:16 More contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en algu­na de tus ciudades, donde bien le estuviere: no le harás fuerza.
DEU 23:17 No habrá ramera de las hijas de Israel, no habrá sodomítico de los hijos de Israel.
DEU 23:18 No traerás precio de ramera, ni precio de perro a la casa del SEÑOR tu Dios por ningún voto; porque abominación es al SEÑOR tu Dios así lo uno como lo otro.
DEU 23:19 No tomarás de tu hermano logro de dinero, ni logro de comida, ni logro de cosa alguna que se suele tomar.
DEU 23:20 Del extraño tomarás logro, mas de tu hermano no lo toma­rás, porque te bendiga el SEÑOR tu Dios en toda obra de tus manos sobre la tierra a la cual entras para poseerla.
DEU 23:21 Cuando prometieres voto al SEÑOR tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque ciertamente lo demandará el SEÑOR tu Dios de ti, y habría en ti pecado.
DEU 23:22 Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado.
DEU 23:23 Guardarás lo que tus labios pronunciaren; y harás, como pro­metiste al SEÑOR tu Dios, lo que de tu voluntad hablaste por tu boca.
DEU 23:24 Cuando entrares en la viña de tu prójimo, comerás uvas hasta saciar tu deseo; mas no pondrás en tu vaso.
DEU 23:25 Cuando entrares en la mies de tu prójimo, podrás cortar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo.
DEU 24:1 CUANDO alguno tomare esposa y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa torpe, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y despedirála de su casa.
DEU 24:2 Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre.
DEU 24:3 Y si la aborreciere este últi­mo, y le escribiere carta de divor­cio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si muriere el postrer hombre que la tomó para sí por esposa,
DEU 24:4 No podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su esposa, después que fue amancillada; porque es abominación delante del SEÑOR, y no has de pervertir la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad.
DEU 24:5 Cuando tomare alguno esposa nueva, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a su esposa que tomó.
DEU 24:6 No tomarás en prenda la muela de molino, ni la de abajo ni la de arriba: porque sería prendar la vida.
DEU 24:7 Cuando fuere hallado alguno que haya hurtado persona de sus hermanos los hijos de Israel, y hubiere mercadeado con ella, o la hubiere vendido, el tal ladrón morirá, y quitarás el mal de en medio de ti.
DEU 24:8 Guárdate de llaga de lepra, observando diligentemente, y haciendo según todo lo que os enseñaren los sacerdotes levitas: cuidaréis de hacer como les he mandado.
DEU 24:9 Acuérdate de lo que hizo el SEÑOR tu Dios a Miriam en el camino, después que salisteis de Egipto.
DEU 24:10 Cuando dieres a tu prójimo alguna cosa emprestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda:
DEU 24:11 Fuera estarás, y el hombre a quien prestaste, te sacará afuera la prenda.
DEU 24:12 Y si fuere hombre pobre, no duermas con su prenda:
DEU 24:13 Precisamente le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que duerma en su ropa, y te bendiga: y te será justicia delante del SEÑOR tu Dios.
DEU 24:14 No hagas agravio al jornalero pobre y menesteroso, así de tus hermanos como de tus extranje­ros que están en tu tierra en tus ciudades:
DEU 24:15 En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo: pues es pobre, y con él sustenta su vida: porque no clame contra ti al SEÑOR, y sea en ti pecado.
DEU 24:16 Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.
DEU 24:17 No torcerás el derecho del peregrino y del huérfano; ni tomarás por prenda la ropa de la viuda:
DEU 24:18 Mas acuérdate que fuiste sier­vo en Egipto, y de allí te rescató el SEÑOR tu Dios: por tanto, yo te mando que hagas esto.
DEU 24:19 Cuando segares tu mies en tu campo, y olvidares alguna gavi­lla en el campo, no volverás a tomarla: para el extranjero, para el huérfano, y para la viuda será; porque te bendiga el SEÑOR tu Dios en toda obra de tus manos.
DEU 24:20 Cuando sacudieres tus olivas, no recorrerás las ramas tras ti: para el extranjero, para el huérfa­no, y para la viuda será.
DEU 24:21 Cuando vendimiares tu viña, no rebuscarás tras ti: para el extranjero, para el huérfano, y para la viuda será.
DEU 24:22 Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto: por tanto, yo te mando que hagas esto.
DEU 25:1 CUANDO hubiere pleito entre algunos, y vinieren a juicio, y los juzgaren, y absolvieren al justo y condenaren al inicuo,
DEU 25:2 Será que, si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez lo hará echar en tierra, y harále azotar delante de sí, según su delito, por cuenta.
DEU 25:3 Harále dar cuarenta azotes, no más: no sea que, si lo hiriere con muchos azotes a más de éstos, se envilezca tu hermano delante de tus ojos.
DEU 25:4 No embozalarás al buey cuando trillare [el grano].
DEU 25:5 Cuando hermanos estuvieren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la esposa del muerto no se casará fuera con hombre extraño: su cuñado entrará a ella, y la tomará por su esposa, y hará con ella parentesco.
DEU 25:6 Y será que el primogénito que pariere ella, se levantará en nombre de su hermano el muerto, porque el nombre de éste no sea raído de Israel.
DEU 25:7 Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces la cuñada suya a la puerta a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su hermano; no quiere empa­rentar conmigo.
DEU 25:8 Entonces los ancianos de aque­lla ciudad lo harán venir, y habla­rán con él: y si él se levantare, y dijere, no quiero tomarla,
DEU 25:9 Llegaráse entonces su cuñada a él delante de los ancianos, y le descalzará el zapato de su pie, y escupirále en el rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no edificare la casa de su hermano.
DEU 25:10 Y su nombre será llamado en Israel: La casa del descalzado.
DEU 25:11 Cuando algunos riñeren jun­tos el uno con el otro, y llegare la esposa del uno para librar a su marido de mano del que le hirie­re, y metiere su mano y le traba­re de sus vergüenzas;
DEU 25:12 Le cortarás entonces la mano, no [la] perdonará tu ojo.
DEU 25:13 No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica.
DEU 25:14 No tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño.
DEU 25:15 Pesas cumplidas y justas ten­drás; efa cabal y justo tendrás: para que tus días sean prolonga­dos sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.
DEU 25:16 Porque abominación es al SEÑOR tu Dios cualquiera que hace esto, cualquiera que hace agravio.
DEU 25:17 Acuérdate de lo que te hizo Amalec en el camino, cuando salisteis de Egipto:
DEU 25:18 Que te salió al camino, y te desbarató la retaguardia de todos los flacos que [iban] detrás de ti, cuando tú estabas cansado y tra­bajado; y no temió a Dios.
DEU 25:19 Será pues, cuando el SEÑOR tu Dios te hubiere dado reposo de tus enemigos alrededor, en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad para que la poseas, que raerás la memoria de Amalec de debajo del cielo: no te olvides.
DEU 26:1 Y SERÁ que, cuando hubieres entrado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad, y la poseyeres, y habitares en ella;
DEU 26:2 Entonces tomarás de las primi­cias de todos los frutos de la tie­rra, que sacares de tu tierra que el SEÑOR tu Dios te da, y lo pon­drás en un canastillo, e irás al lugar que el SEÑOR tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre.
DEU 26:3 Y llegarás al sacerdote que fuere en aquellos días, y le dirás: Reconozco hoy al SEÑOR tu Dios que he entrado en la tierra que juró el SEÑOR a nuestros padres que nos había de dar.
DEU 26:4 Y el sacerdote tomará el canastillo de tu mano, y pondrálo delante del altar del SEÑOR tu Dios.
DEU 26:5 Entonces hablarás y dirás delante del SEÑOR tu Dios: Un siro a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y peregrinó allá con pocos hom­bres, y allí creció en nación grande, fuerte y numerosa:
DEU 26:6 Y los egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre.
DEU 26:7 Y clamamos al SEÑOR Dios de nuestros padres; y oyó el SEÑOR nuestra voz, y vio nues­tra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión:
DEU 26:8 Y sacónos el SEÑOR de Egipto con mano fuerte, y con brazo extendido, y con grande espanto, y con señales y con milagros:
DEU 26:9 Y trájonos a este lugar, y dió­nos esta tierra, tierra que fluye leche y miel.
DEU 26:10 Y ahora, he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh SEÑOR. Y lo dejarás delante del SEÑOR tu Dios, e inclinarte has delante del SEÑOR tu Dios.
DEU 26:11 Y te alegrarás con todo el bien que el SEÑOR tu Dios te hubie­re dado [a ti] y a tu casa, tú y el levita, y el extranjero que está en medio de ti.
DEU 26:12 Cuando hubieres acabado de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus villas, y se saciarán.
DEU 26:13 Y dirás delante del SEÑOR tu Dios: Yo he sacado lo consagra­do de mi casa, y también lo he dado al levita, y al extranjero, y al huérfano, y a la viuda, confor­me a todos tus mandamientos que me ordenaste: no he traspa­sado tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos:
DEU 26:14 No he comido de ello en mi luto, ni he sacado de ello en inmundicia, ni de ello he dado para mortuorio: he obedecido a la voz del SEÑOR mi Dios, he hecho conforme a todo lo que me has mandado.
DEU 26:15 Mira desde la morada de tu santidad, desde el cielo, y bendi­ce a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.
DEU 26:16 El SEÑOR tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y derechos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón, y con toda tu alma.
DEU 26:17 Al SEÑOR has ensalzado hoy para que te sea por Dios, y para andar en sus caminos, y para guardar sus estatutos y sus man­damientos y sus derechos, y para oír su voz:
DEU 26:18 Y el SEÑOR te ha ensalzado hoy para que le seas su peculiar pueblo, como él te lo ha dicho, y para que guardes todos sus man­damientos;
DEU 26:19 Y para ponerte alto sobre todas las naciones que hizo, para loor, y fama, y gloria; y para que seas pueblo santo al SEÑOR tu Dios, como él ha dicho.
DEU 27:1 Y MANDÓ Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo prescribo hoy.
DEU 27:2 Y será que, el día que pasareis el Jordán a la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, te has de levantar piedras grandes, las cua­les revocarás con cal:
DEU 27:3 Y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hubieres pasado para entrar en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como el SEÑOR el Dios de tus padres te ha dicho.
DEU 27:4 Será pues, cuando hubieres pasado el Jordán, que levantaréis estas piedras que yo os mando hoy, en el monte de Ebal, y las revocarás con cal:
DEU 27:5 Y edificarás allí altar al SEÑOR tu Dios, altar de piedras: no alzarás sobre ellas hierro.
DEU 27:6 De piedras enteras edificarás el altar del SEÑOR tu Dios; y ofre­cerás sobre él ofrendas quemadas al SEÑOR tu Dios;
DEU 27:7 Y sacrificarás pacíficos, y comerás allí; y alegrarte has delante del SEÑOR tu Dios.
DEU 27:8 Y escribirás en las piedras todas las palabras de esta ley muy claramente.
DEU 27:9 Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo Israel, diciendo: Atiende y escucha, Israel: hoy eres hecho pueblo del SEÑOR tu Dios.
DEU 27:10 Obedecerás pues la voz del SEÑOR tu Dios, y cumplirás sus manda­mientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.
DEU 27:11 Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo:
DEU 27:12 Éstos estarán sobre el monte de Gerizim para bendecir al pue­blo, cuando hubiereis pasado el Jordán: Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y José, y Benjamín.
DEU 27:13 Y estos estarán para [pronun­ciar] la maldición en el de Ebal: Rubén, Gad, y Aser, y Zabulón, Dan, y Neftalí.
DEU 27:14 Y hablarán los levitas, y dirán a todo varón de Israel en alta voz:
DEU 27:15 Maldito el hombre que hicie­re escultura o imagen de fundi­ción, abominación al SEÑOR, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pue­blo responderá y dirá: Amén.
DEU 27:16 Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:17 Maldito el que removiere el lin­dero de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:18 Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:19 Maldito el que torciere el derecho del extranjero, del huérfano, y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:20 Maldito el que se echare con la esposa de su padre; por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:21 Maldito el que tuviere parte con cualquiera bestia. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:22 Maldito el que se echare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:23 Maldito el que se echare con su suegra. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:24 Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:25 Maldito el que recibiere don para herir de muerte al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 27:26 Maldito el que no confirmare [todas] las palabras de esta ley para cum­plirlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.
DEU 28:1 Y SERÁ que, si oyeres diligentemente la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar, para poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también el SEÑOR tu Dios te pondrá alto sobre todas las naciones de la tierra;
DEU 28:2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, cuando oyeres la voz del SEÑOR tu Dios.
DEU 28:3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.
DEU 28:4 Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu bestia, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ove­jas.
DEU 28:5 Bendito tu canastillo y tus sobras.
DEU 28:6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.
DEU 28:7 Pondrá el SEÑOR a tus enemi­gos que se levantaren contra ti, de rota batida delante de ti: por un camino saldrán a ti, por siete caminos huirán delante de ti.
DEU 28:8 Enviará el SEÑOR contigo la bendición en tus graneros, y en todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.
DEU 28:9 Confirmarte ha el SEÑOR por pueblo suyo santo, como te ha jurado, cuando guardares los mandamientos del SEÑOR tu Dios, y anduvieres en sus cami­nos.
DEU 28:10 Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre del SEÑOR es llamado sobre ti, y te temerán.
DEU 28:11 Y te hará el SEÑOR sobrea­bundar en bienes, en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu bes­tia, y en el fruto de tu tierra, en el país que juró el SEÑOR a tus padres que te había de dar.
DEU 28:12 Abrirte ha el SEÑOR su buen depósito, el cielo, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no tomarás emprestado.
DEU 28:13 Y te pondrá el SEÑOR por cabeza, y no por cola: y estarás encima solamente, y no estarás debajo; cuando obedecieres a los mandamientos del SEÑOR tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que [los] guardes y cumplas.
DEU 28:14 Y no te apartes de todas las palabras que yo os mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos para servirles.
DEU 28:15 Y será, si no oyeres la voz del SEÑOR tu Dios, para cuidar de poner por obra todos sus manda­mientos y sus estatutos, que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.
DEU 28:16 Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo.
DEU 28:17 Maldito tu canastillo, y tus sobras.
DEU 28:18 Maldito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.
DEU 28:19 Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.
DEU 28:20 Y el SEÑOR enviará contra ti la maldición, quebranto y asom­bro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruído, y perezcas presto a causa de la maldad de tus obras, por las cuales me habrás dejado.
DEU 28:21 El SEÑOR hará que se te pegue mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para poseerla.
DEU 28:22 El SEÑOR te herirá de tisis, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de espada, y de calamidad repentina, y con añublo; y perseguirte han hasta que perezcas.
DEU 28:23 Y tu cielo que [está] sobre tu cabeza, será de latón; y la tie­rra que [está] debajo de ti, de hie­rro.
DEU 28:24 Dará el SEÑOR por lluvia a tu tierra polvo y ceniza: del cielo descenderá sobre ti hasta que perezcas.
DEU 28:25 El SEÑOR te entregará heri­do delante de tus enemigos: por un camino saldrás a ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos: y serás sacudido a todos los reinos de la tierra.
DEU 28:26 Y será tu cuerpo muerto por comida a toda ave del cielo y bestia de la tierra, y no habrá quien las espante.
DEU 28:27 El SEÑOR te herirá de la plaga de Egipto, y con almorra­nas, y con sarna, y con comezón, de que no puedas ser curado.
DEU 28:28 El SEÑOR te herirá con locu­ra, y con ceguedad, y con pasmo de corazón.
DEU 28:29 Y palparás al mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus cami­nos: y nunca serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve.
DEU 28:30 Te desposarás con esposa, y otro varón dormirá con ella; edi­ficarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la ven­dimiarás.
DEU 28:31 Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no se te volverá; tus ovejas serán dadas a tus ene­migos, y no tendrás quien te [las] rescate.
DEU 28:32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuer­za en tu mano.
DEU 28:33 El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los días.
DEU 28:34 Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos.
DEU 28:35 Herirte ha el SEÑOR con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, sin que puedas ser curado: [aun] desde la planta de tu pie hasta tu mollera.
DEU 28:36 El SEÑOR llevará a ti, y a tu rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no conociste tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra.
DEU 28:37 Y serás por pasmo, por ejem­plo y por fábula, a todos los pue­blos a los cuales te llevará el SEÑOR.
DEU 28:38 Sacarás mucha simiente al campo, y cogerás poco; porque la langosta lo consumirá.
DEU 28:39 Plantarás viñas y labrarás, mas no beberás vino, ni cogerás [uvas]; porque el gusano las comerá.
DEU 28:40 Tendrás olivas en todo tu tér­mino, mas no te ungirás con el aceite; porque tu aceituna se caerá.
DEU 28:41 Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti; porque irán en cautiverio.
DEU 28:42 Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra consumirá la langosta.
DEU 28:43 El extranjero que estará en medio de ti subirá sobre ti muy alto, y tú serás puesto muy bajo.
DEU 28:44 Él te prestará a ti, y tú no pres­tarás a él: él será por cabeza, y tú serás por cola.
DEU 28:45 Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó:
DEU 28:46 Y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu simiente para siempre.
DEU 28:47 Por cuanto no serviste al SEÑOR tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas;
DEU 28:48 Servirás por tanto a tus ene­migos que enviare el SEÑOR contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.
DEU 28:49 El SEÑOR traerá sobre ti una nación de lejos, del cabo de la tie­rra, que vuele como águila, una nación cuya lengua no entiendas;
DEU 28:50 Una nación fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni per­donará al niño:
DEU 28:51 Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas: y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ove­jas, hasta destruirte.
DEU 28:52 Y te pondrá cerco en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados en que tú confías, en toda tu tierra: te cercará, pues, en todas tus ciu­dades y en toda tu tierra, que el SEÑOR tu Dios te habrá dado.
DEU 28:53 Y comerás el fruto de tu vien­tre, la carne de tus hijos y de tus hijas que el SEÑOR tu Dios te dio, en el cerco y en el apuro con que te angustiará tu enemigo.
DEU 28:54 El hombre tierno en ti, y el muy delicado, su ojo será malig­no para con su hermano, y para con la esposa de su seno, y para con el resto de sus hijos que le quedaren;
DEU 28:55 Para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que él comerá, porque nada le habrá quedado, en el cerco y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades.
DEU 28:56 La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie probó a sentar sobre la tie­rra, de ternura y delicadeza, su ojo será maligno para con el marido de su seno, y para con su hijo, y para con su hija,
DEU 28:57 Y para con su chiquita que sale de entre sus pies, y para con sus hijos que pariere; pues los comerá escondidamente, a falta de todo, en el cerco y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en tus ciudades.
DEU 28:58 Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glo­rioso y terrible, EL SEÑOR TU DIOS,
DEU 28:59 El SEÑOR aumentará mara­villosamente tus plagas y las pla­gas de tu simiente, plagas grandes y estables, y enfermedades malignas y duraderas;
DEU 28:60 Y hará volver sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y se te pega­rán.
DEU 28:61 Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, el SEÑOR la enviará sobre ti, hasta que tú seas destruído.
DEU 28:62 Y quedaréis en poca gente, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud; por cuanto no obedeciste a la voz del SEÑOR tu Dios.
DEU 28:63 Y será que como el SEÑOR se gozó sobre vosotros para haceros bien, y para multiplica­ros, así se gozará el SEÑOR sobre vosotros para arruinaros, y para destruiros; y seréis arranca­dos de sobre la tierra, a la cual entráis para poseerla.
DEU 28:64 Y el SEÑOR te esparcirá por todos los pueblos, desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de ella; y allí servirás a dio­ses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra.
DEU 28:65 Y ni aun entre las mismas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; que allí te dará el SEÑOR corazón teme­roso, y caimiento de ojos, y tris­teza de alma:
DEU 28:66 Y tendrás tu vida [como] colga­da delante de ti, y estarás temero­so de noche y de día, y no con­fiarás de tu vida.
DEU 28:67 Por la mañana dirás: ¡Quién diera fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera fuese la mañana! por el miedo de tu cora­zón con que estarás amedrenta­do, y por lo que verán tus ojos.
DEU 28:68 Y el SEÑOR te hará tornar a Egipto en navíos por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volveréis: y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.
DEU 29:1 ÉSTAS [son] las palabras del pacto que el SEÑOR mandó a Moisés que concertara con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del acto que con­certó con ellos en Horeb.
DEU 29:2 Moisés pues llamó a todo Israel, y díjoles: Vosotros habéis visto todo lo que el SEÑOR ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra:
DEU 29:3 Las pruebas grandes que vie­ron tus ojos, las señales, y las grandes maravillas.
DEU 29:4 Y el SEÑOR no os dio corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír, hasta el día de hoy.
DEU 29:5 Y yo os he traído cuarenta años por el desierto: vuestras vestiduras no se han envejecido sobre voso­tros, ni tu zapato se ha envejeci­do sobre tu pie.
DEU 29:6 No habéis comido pan, ni bebisteis vino ni bebida fuerte: para que supieseis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios.
DEU 29:7 Y llegasteis a este lugar, y salió Sehón rey de Hesbón, y Og rey de Basán, delante de nosotros para pelear, y herímoslos;
DEU 29:8 Y tomamos su tierra, y dímos­la por heredad a Rubén y a Gad, y a la media tribu de Manasés.
DEU 29:9 Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis.
DEU 29:10 Vosotros todos estáis hoy delante del SEÑOR vuestro Dios; vuestros príncipes de vues­tras tribus, vuestros ancianos, y vuestros oficiales, todos los varo­nes de Israel,
DEU 29:11 Vuestros niños, vuestras esposas, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campo, desde el que corta tu leña hasta el que saca tus aguas:
DEU 29:12 Para que entres en el pacto del SEÑOR tu Dios, y en su jura­mento, que el SEÑOR tu Dios acuerda hoy contigo:
DEU 29:13 Para confirmarte hoy por su pueblo, y que él te sea a ti por Dios, de la manera que él te ha dicho, y como él juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob.
DEU 29:14 Y no con vosotros solos acuerdo yo este pacto y este jura­mento,
DEU 29:15 Sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante del SEÑOR nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros.
DEU 29:16 Porque vosotros sabéis cómo habitamos en la tierra de Egipto, y cómo hemos pasado por medio de las naciones que habéis pasado;
DEU 29:17 Y habéis visto sus abomina­ciones, y sus ídolos, madera y piedra, plata y oro, que [tienen] consigo.
DEU 29:18 Quizá habrá entre vosotros varón, o mujer, o familia, o tribu, cuyo corazón se vuelva hoy de con el SEÑOR nuestro Dios, por andar a servir a los dioses de aquellas naciones; quizá habrá en vosotros raíz que eche veneno y ajenjo;
DEU 29:19 Y sea que, cuando el tal oyere las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, dicien­do: Tendré paz, aunque ande según la imaginación de mi cora­zón, para añadir la embriaguez a la sed:
DEU 29:20 El SEÑOR no querrá perdo­narle; antes humeará luego el furor del SEÑOR y su celo sobre el tal hombre, y asentaráse sobre él toda maldición escrita en este libro, y el SEÑOR raerá su nom­bre de debajo del cielo:
DEU 29:21 Y apartarálo el SEÑOR de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las maldi­ciones del pacto escrito en este libro de la ley.
DEU 29:22 Y dirá la generación venidera, vuestros hijos que vendrán des­pués de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de esta tierra, y sus enfermeda­des de que el SEÑOR la hizo enfermar,
DEU 29:23 (Azufre y sal, abrasada toda su tierra: no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella hier­ba ninguna, como en la subver­sión de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Seboim, que el SEÑOR subvirtió en su furor y en su ira:)
DEU 29:24 Dirán, pues, todas las naciones: ¿Por qué hizo el SEÑOR esto a esta tierra? ¿qué ira es ésta de tan gran furor?
DEU 29:25 Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto del SEÑOR el Dios de sus padres, que él con­certó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto,
DEU 29:26 Y fueron y sirvieron a dioses ajenos, e inclináronse a ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa les habían dado:
DEU 29:27 Encendióse por tanto, el furor del SEÑOR contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro;
DEU 29:28 Y el SEÑOR los desarraigó de su tierra con enojo, y con saña, y con furor grande, y los echó a otra tierra, como hoy.
DEU 29:29 Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.
DEU 30:1 Y SERÁ que, cuando te sobrevinieren todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y volvieres a tu corazón en medio de todas las naciones a las cuales el SEÑOR tu Dios te hubiere echado,
DEU 30:2 Y te convirtieres al SEÑOR tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma,
DEU 30:3 El SEÑOR también volverá tus cautivos, y tendrá compasión de ti, y tornará a recogerte de todos los pueblos a los cuales te hubiere esparcido el SEÑOR tu Dios.
DEU 30:4 Si hubieres sido arrojado hasta el cabo del cielo, de allí te recogerá el SEÑOR tu Dios, y de allá te tomará:
DEU 30:5 Y volverte ha el SEÑOR tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y la poseerás; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.
DEU 30:6 Y circuncidará el SEÑOR tu Dios tu corazón, y el corazón de tu simiente, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que tú vivas.
DEU 30:7 Y pondrá el SEÑOR tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrece­dores que te persiguieron.
DEU 30:8 Y tú volverás, y obedecerás la voz del SEÑOR, y pondrás por obra todos sus mandamientos, que yo te intimo hoy.
DEU 30:9 Y hacerte ha el SEÑOR tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien: por­que el SEÑOR volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres;
DEU 30:10 Cuando oyeres la voz del SEÑOR tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatu­tos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.
DEU 30:11 Porque este mandamiento que yo te intimo hoy, no te es encu­bierto, ni está lejos:
DEU 30:12 No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo representará, para que lo cumplamos?
DEU 30:13 Ni está de la otra parte del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo repre­sente, a fin de que lo cumpla­mos?
DEU 30:14 Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu cora­zón, para que la cumplas.
DEU 30:15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal:
DEU 30:16 Porque yo te mando hoy que ames al SEÑOR tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos y sus estatu­tos y sus derechos, para que vivas y seas multiplicado, y el SEÑOR tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para pose­erla.
DEU 30:17 Mas si tu corazón se apartare, y no oyeres, y fueres incitado, y te inclinares a dioses ajenos, y los sirvieres;
DEU 30:18 Protéstoos hoy que de cierto pereceréis: no tendréis largos días sobre la tierra, para ir a la cual pasas el Jordán para poseer­la.
DEU 30:19 Al cielo y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente:
DEU 30:20 Que ames al SEÑOR tu Dios, que obedezcas su voz, y te allegues a él; porque él es tu vida, y la lon­gitud de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró el SEÑOR a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar.
DEU 31:1 Y FUE Moisés, y habló estas palabras a todo Israel,
DEU 31:2 Y díjoles: De edad de ciento y veinte años soy hoy día; no puedo más salir ni entrar: a más de esto el SEÑOR me ha dicho: No pasarás este Jordán.
DEU 31:3 El SEÑOR tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá estas naciones de delante de ti, y las here­darás: Josué será el que pasará delante de ti, como el SEÑOR ha dicho.
DEU 31:4 Y hará el SEÑOR con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, que los destruyó.
DEU 31:5 Y los entregará el SEÑOR delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado.
DEU 31:6 Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que el SEÑOR tu Dios es el que va contigo: no te dejará, ni te des­amparará.
DEU 31:7 Y llamó Moisés a Josué, y díjo­le a vista de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tie­rra que juró el SEÑOR a sus padres que les había de dar, y tú se la harás heredar.
DEU 31:8 Y el SEÑOR es el que va delante de ti; él será contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas, ni te intimides.
DEU 31:9 Y escribió Moisés esta ley, y dióla a los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto del SEÑOR, y a todos los ancianos de Israel.
DEU 31:10 Y mandóles Moisés, diciendo: Al cabo del séptimo año, en el año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos,
DEU 31:11 Cuando viniere todo Israel a presentarse delante del SEÑOR tu Dios en el lugar que él esco­giere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos.
DEU 31:12 Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman al SEÑOR vuestro Dios, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley:
DEU 31:13 Y los hijos de ellos que no supieron oigan, y aprendan a temer al SEÑOR vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra, para ir a la cual pasáis el Jordán para poseerla.
DEU 31:14 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí se han acercado tus días para que mueras: llama a Josué, y esperad en el tabernáculo de la congregación, y le mandaré. Fueron pues Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo de la congregación.
DEU 31:15 Y aparecióse el SEÑOR en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del taberná­culo.
DEU 31:16 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levanta­rá y fornicará tras los dioses aje­nos de la tierra adonde va, [en estando] en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él:
DEU 31:17 Y mi furor se encenderá con­tra él en aquel día; y los abando­naré, y esconderé de ellos mi ros­tro, y serán consumidos; y le hallarán muchos males y angus­tias, y dirá en aquel día: ¿No me han hallado estos males porque no está mi Dios en medio de mí?
DEU 31:18 Pero yo esconderé cierta­mente mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dio­ses ajenos.
DEU 31:19 Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel: ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.
DEU 31:20 Porque yo le introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerá y se hartará, y se engordará: y volveránse a dioses ajenos, y les servirán, y me enojarán, e invali­darán mi pacto.
DEU 31:21 Y será que cuando le vinieren muchos males y angustias, entonces responderá en su cara este cántico como testigo, pues no caerá en olvido de la boca de su linaje: porque yo conozco su ingenio, y lo que hace hoy antes que le introduzca en la tierra que juré.
DEU 31:22 Y Moisés escribió este cánti­co aquel día, y enseñólo a los hijos de Israel.
DEU 31:23 Y dio orden a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y anímate, que tú meterás los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo seré contigo.
DEU 31:24 Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse,
DEU 31:25 Mandó Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto del SEÑOR, diciendo:
DEU 31:26 Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto del SEÑOR vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti.
DEU 31:27 Porque yo conozco tu rebe­lión, y tu cerviz dura: he aquí que aun viviendo yo hoy con voso­tros, sois rebeldes al SEÑOR; y ¿cuánto más después que yo fuere muerto?
DEU 31:28 Congregad a mí todos los ancianos de vuestras tribus, y a vuestros oficiales, y hablaré en sus oídos estas palabras, y llama­ré por testigos contra ellos el cielo y la tierra.
DEU 31:29 Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal en ojos del SEÑOR, enoján­dole con la obra de vuestras manos.
DEU 31:30 Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo.
DEU 32:1 INCLINAD oídos, oh cielos, y hablaré; y oiga la tierra, las palabras de mi boca.
DEU 32:2 Goteará como la lluvia mi doc­trina; destilará como el rocío mi palabra; como la llovizna sobre la grama, y como los aguaceros sobre la hierba:
DEU 32:3 Porque el nombre del SEÑOR proclamaré: engrandeced a nues­tro Dios.
DEU 32:4 [Él es] la Roca, cuya obra es per­fecta, porque todos sus caminos son justicia: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto.
DEU 32:5 Ellos se han corrompido a sí mismos; su mancha no [es la mancha] de sus hijos, [son] una genera­ción torcida y perversa.
DEU 32:6 ¿Así pagáis al SEÑOR, pueblo necio y no sabio? ¿No es él tu Padre que te compró? Él te hizo y te estableció.
DEU 32:7 Acuérdate de los días antiguos; considerad los años de genera­ción y generación: pregunta a tu padre, que él te declarará; a tus ancianos, y ellos te dirán.
DEU 32:8 Cuando el Altísimo repartió a las naciones su herencia, cuando hizo separarse a los hijos de Adam, estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel.
DEU 32:9 Porque la porción del SEÑOR es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad.
DEU 32:10 Hallólo en tierra de desierto, y en desierto horrible y yermo; trá­jolo alrededor, instruyólo, guar­dólo como la niña de su ojo.
DEU 32:11 Como el águila despierta su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas:
DEU 32:12 El SEÑOR solo le guió, que no hubo con él dios ajeno.
DEU 32:13 Hízolo subir sobre las alturas de la tierra, y comió los frutos del campo, e hizo que chupase miel de la roca, y aceite de la roca pedernal;
DEU 32:14 Manteca de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de Basán; también machos de cabrío, con grosura de riñones de trigo: y sangre de uva bebiste, vino puro.
DEU 32:15 Y engordó Jesurún, y tiró coces: engordástete, engrosáste­te, cubrístete: y dejó al Dios que le hizo, y menospreció la Roca de su salvación.
DEU 32:16 Despertáronle a celos con los [dioses] ajenos; ensañáronle con abominaciones.
DEU 32:17 Sacrificaron a los diablos, no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos [dioses] veni­dos de cerca, que no habían temi­do vuestros padres.
DEU 32:18 De la Roca que te engendró te olvidaste: te has olvidado del Dios que te formó.
DEU 32:19 Y vió[lo] el SEÑOR, y encen­dióse en ira, por la provocación de sus hijos y de sus hijas.
DEU 32:20 Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postri­mería: que son generación de perversidades, hijos sin fe.
DEU 32:21 Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; hiciéron­me ensañar con sus vanidades: yo también los moveré a celos con [un pueblo que] no [es] pueblo, con una nación insensata los haré ensañar.
DEU 32:22 Porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá hasta el más profundo del infierno; y devora­rá la tierra y sus frutos, y abrasa­rá los fundamentos de los mon­tes.
DEU 32:23 Yo allegaré males sobre ellos; emplearé en ellos mis saetas.
DEU 32:24 Consumidos [serán] de ham­bre, y comidos de fiebre ardiente y de amarga pestilencia; diente de bestias enviaré también sobre ellos, con veneno de serpiente de la tierra.
DEU 32:25 De fuera desolará la espada, y dentro de las cámaras el terror; así al mancebo como a la virgen, al que mama como al hombre cano.
DEU 32:26 Dije: Echaríalos yo del mundo, haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,
DEU 32:27 Si no temiese la ira del ene­migo, no sea que se envanezcan sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano alta ha hecho todo esto, no el SEÑOR.
DEU 32:28 Porque [son] una nación de perdidos consejos, y no hay en ellos entendimiento.
DEU 32:29 ¡Oh que fueran sabios, [que] comprendieran esto, que considerasen su postrimería!
DEU 32:30 ¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos harían huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y el SEÑOR no los hubiera entregado?
DEU 32:31 Que la roca de ellos no es como nuestra Roca: y nuestros enemigos [sean de ello] jueces.
DEU 32:32 Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los sar­mientos de Gomorra: las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, raci­mos muy amargos tienen.
DEU 32:33 Veneno de dragones es su vino, y ponzoña cruel de áspides.
DEU 32:34 ¿No tengo yo esto guardado, sellado en mis tesoros?
DEU 32:35 Mía es la venganza y el pago, al tiempo que su pie vacilará; porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está prepa­rado se apresura.
DEU 32:36 Porque el SEÑOR juzgará a su pueblo, y por amor de sus sier­vos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció, y que no hay guardado, ni desamparado.
DEU 32:37 Y dirá: ¿Dónde están sus dio­ses, la roca en que se confiaban;
DEU 32:38 Que comían el sebo de sus sacrificios, bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden y os defiendan.
DEU 32:39 Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo: yo hago morir, y yo hago vivir: yo hiero, y yo curo: y no hay quien pueda librar de mi mano.
DEU 32:40 Porque yo alzo al cielo mi mano, y digo: Vivo yo para siem­pre.
DEU 32:41 Si afilare mi reluciente espa­da, y mi mano arrebatare el jui­cio, yo volveré la venganza a mis enemigos, y daré el pago a los que me aborrecen.
DEU 32:42 Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne: en la sangre de los muer­tos y de los cautivos, las cabezas con venganzas de enemigo.
DEU 32:43 Regocijaos, oh naciones, [con] su pueblo; porque él vengará la sangre de sus siervos, y retribuirá la venganza a sus enemigos, y será misericordioso a su tierra, a su pueblo.
DEU 32:44 Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él, y Josué hijo de Nun.
DEU 32:45 Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel;
DEU 32:46 Y díjoles: Poned vuestro cora­zón a todas las palabras que yo os protesto hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, y cui­den de poner por obra todas las palabras de esta ley.
DEU 32:47 Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por ellas haréis prolongar los días sobre la tierra, para poseer la cual pasáis el Jordán.
DEU 32:48 Y habló el SEÑOR a Moisés aquel mismo día, diciendo:
DEU 32:49 Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tie­rra de Moab, que está en derecho de Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad a los hijos de Israel;
DEU 32:50 Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido a tus pueblos; al modo que murió Aarón tu her­mano en el monte de Hor, y fue reunido a sus pueblos:
DEU 32:51 Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.
DEU 32:52 Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel.
DEU 33:1 Y ÉSTA es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriese.
DEU 33:2 Y dijo: el SEÑOR vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos: a su diestra la ley de fuego para ellos.
DEU 33:3 Aun amó los pueblos; todos sus santos en tu mano: ellos también se sentaron a tus pies: todos reci­birán de tus palabras.
DEU 33:4 Ley nos mandó Moisés, heredad a la congregación de Jacob.
DEU 33:5 Y fue rey en Jesurún, cuando se congregaron las cabezas del pueblo con las tribus de Israel.
DEU 33:6 Viva Rubén, y no muera; y sean sus varones en número.
DEU 33:7 Y esta [bendición] para Judá. Dijo así: Oye, oh SEÑOR, la voz de Judá, y llévalo a su pueblo; sus manos le basten, y tú seas ayuda contra sus enemigos.
DEU 33:8 Y a Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim, con tu buen varón, al cual tentaste en Masah, y le hicis­te reñir en las aguas de la renci­lla;
DEU 33:9 El que dijo a su padre y a su madre: Nunca los vi: ni conoció a sus hermanos, ni conoció a sus hijos: por lo cual ellos guardarán tus palabras, y observarán tu pacto.
DEU 33:10 Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel; pondrán el perfume delante de ti, y la ofrenda quemada sobre tu altar.
DEU 33:11 Bendice, SEÑOR, su sustancia, y acepta la obra de sus manos: hiere los lomos de sus enemigos, y de los que lo aborrecieren; para que nunca se levanten.
DEU 33:12 Y a Benjamín dijo: El amado del SEÑOR habitará confiado cerca de él; cubrirálo siempre, y entre sus hombros morará.
DEU 33:13 Y a José dijo: Bendita del SEÑOR su tierra, por los regalos del cielo, por el rocío, y por el abismo que abajo yace,
DEU 33:14 Y por los regalados frutos del sol, y por los regalos de las influencias de las lunas,
DEU 33:15 Y por la cumbre de los mon­tes antiguos, y por los regalos de los collados eternos,
DEU 33:16 Y por los regalos de la tierra y su plenitud; y la gracia del que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la molle­ra del apartado de sus hermanos.
DEU 33:17 Él es aventajado como el pri­mogénito de su toro, y sus cuer­nos, cuernos de unicornio: con ellos acorneará los pueblos jun­tos [hasta] los fines de la tierra: y estos son los diez millares de Efraím, y estos los millares de Manasés.
DEU 33:18 Y a Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres: y [tú,] Isacar, en tus tiendas.
DEU 33:19 Llamarán los pueblos al monte; allí sacrificarán sacrificios de justicia: por lo cual chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena.
DEU 33:20 Y a Gad dijo: Bendito el que hizo ensanchar a Gad: como león habitará, y arrebatará brazo y testa.
DEU 33:21 Y él se ha provisto de la parte primera, porque allí una porción del legislador fuéle reservada, y vino en la delantera del pueblo; la justicia del SEÑOR ejecutará, y sus juicios con Israel.
DEU 33:22 Y a Dan dijo: Dan, cachorro de león: saltará desde Basán.
DEU 33:23 Y a Neftalí dijo: Neftalí, saciado de benevolencia, y lleno de la bendición del SEÑOR, posee el occidente y el sur.
DEU 33:24 Y a Aser dijo: Bendito Aser en hijos: agradable será a sus her­manos, y mojará en aceite su pie.
DEU 33:25 Hierro y latón tu calzado, y como tus días tu fortaleza.
DEU 33:26 No hay como el Dios de Jesurún, montado sobre el cie­lo para tu ayuda, y sobre las nubes con su grandeza.
DEU 33:27 El eterno Dios es [tu] refugio, y acá abajo los brazos eternos; él echará de delante de ti al enemi­go, y dirá: Destruye.
DEU 33:28 E Israel, fuente de Jacob, habitará confiado solo en tierra de grano y de vino: también sus cielos destilarán rocío.
DEU 33:29 Bienaventurado tú, oh Israel, ¿quién como tú, pueblo salvo por el SEÑOR, escudo de tu socorro, y espada de tu excelencia? Así que tus enemigos serán humilla­dos, y tú hollarás sobre sus altu­ras.
DEU 34:1 Y SUBIÓ Moisés de los campos de Moab al monte de Nebo, a la cumbre de Pisga, que está enfrente de Jericó: y mostróle el SEÑOR toda la tierra de Galaad hasta Dan,
DEU 34:2 Y a todo Neftalí, y la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar pos­trero;
DEU 34:3 Y la parte meridional, y la campiña, la vega de Jericó, ciudad de las palmas, hasta Soar.
DEU 34:4 Y díjole el SEÑOR: Ésta [es] la tierra de que juré a Abraham, a Isaac, y a Jacob, diciendo: A tu simiente la daré. Hétela hecho ver con tus ojos, mas no pasarás allá.
DEU 34:5 Y murió allí Moisés siervo del SEÑOR, en la tierra de Moab, conforme al dicho del SEÑOR.
DEU 34:6 Y enterrólo en el valle, en tierra de Moab, enfrente de Betpeor; y ninguno sabe su sepulcro hasta hoy.
DEU 34:7 Y era Moisés de edad de cien­to y veinte años cuando murió: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.
DEU 34:8 Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días: y así se cumplieron los días del lloro del luto de Moisés.
DEU 34:9 Y Josué hijo de Nun fue lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él: y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como el SEÑOR mandó a Moisés.
DEU 34:10 Y nunca más se levantó pro­feta en Israel como Moisés, a quien haya conocido el SEÑOR cara a cara;
DEU 34:11 En todas las señales y prodi­gios que le envió el SEÑOR a hacer en tierra de Egipto a Faraón, y a todos sus siervos, y a toda su tierra;
DEU 34:12 Y en toda aquella mano esfor­zada, y en todo el espanto grande que causó Moisés a ojos de todo Israel.
JOS 1:1 Y ACONTECIÓ después de la muerte de Moisés siervo del SEÑOR, que el SEÑOR habló a Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo:
JOS 1:2 Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.
JOS 1:3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.
JOS 1:4 Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término.
JOS 1:5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: como yo fui con Moisés, seré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
JOS 1:6 Esfuérzate y sé valiente: por­que tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré a sus padres que [la] daría a ellos.
JOS 1:7 Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó: no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prospera­do en todas las cosas que emprendieres.
JOS 1:8 El libro de esta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
JOS 1:9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque el SEÑOR tu Dios es contigo en donde quiera que fueres.
JOS 1:10 Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo:
JOS 1:11 Pasad por medio del campo, y mandad al pueblo, diciendo: Preveníos de comida; porque dentro de tres días pasaréis el Jordán, para que entréis a poseer la tierra que el SEÑOR vuestro Dios os da para que la poseáis.
JOS 1:12 También habló Josué a los rubenitas y gaditas, y a la media tribu de Manasés, diciendo:
JOS 1:13 Acordaos de la palabra que Moisés, siervo del SEÑOR, os mandó diciendo: El SEÑOR vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra.
JOS 1:14 Vuestras esposas y vuestros niños y vuestras bestias, queda­rán en la tierra que Moisés os ha dado de esta parte del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis;
JOS 1:15 Hasta tanto que el SEÑOR haya dado reposo a vuestros her­manos como a vosotros, y que ellos también posean la tierra que el SEÑOR vuestro Dios les da: y después volveréis vosotros a la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo del SEÑOR os ha dado, de esta parte del Jordán hacia donde nace el sol; y la poseeréis.
JOS 1:16 Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros hare­mos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adonde quie­ra que nos mandares.
JOS 1:17 De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti: solamente el SEÑOR tu Dios sea contigo, como fue con Moisés.
JOS 1:18 Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obede­ciere a tus palabras en todas las cosas que le mandares, que muera; solamente que te esfuer­ces, y seas valiente.
JOS 2:1 Y JOSUÉ, hijo de Nun, envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Los cuales fueron, y entráronse en casa de una mujer ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.
JOS 2:2 Y fue dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche a espiar la tierra.
JOS 2:3 Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca fuera los hombres que han venido a ti, y han entrado en tu casa; porque han venido a espiar toda la tierra.
JOS 2:4 Mas la mujer había tomado los dos hombres, y los había escon­dido; y dijo: Verdad que hombres vinieron a mí, mas no supe de dónde eran:
JOS 2:5 Y al cerrarse la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salie­ron, y no sé a dónde se han ido: seguidlos apriesa, que los alcan­zaréis.
JOS 2:6 Mas ella los había hecho subir al terrado, y habíalos escondido entre tascos de lino que en aquel terrado tenía puestos.
JOS 2:7 Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán, hasta los vados: y la puerta fue cerrada después que salieron los que tras ellos iban.
JOS 2:8 Mas antes que ellos durmiesen, ella subió a ellos al terrado, y díjoles:
JOS 2:9 Sé que el SEÑOR os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país están desmayados por causa de vosotros;
JOS 2:10 Porque hemos oído que el SEÑOR hizo secar las aguas del mar Bermejo delante de voso­tros, cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que esta­ban de la parte allá del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruído.
JOS 2:11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más espíritu en alguno por causa de vosotros: porque el SEÑOR vuestro Dios es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra.
JOS 2:12 Ruégoos pues ahora, me juréis por el SEÑOR, que como he hecho misericordia con voso­tros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal cierta;
JOS 2:13 Y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, y a mis her­manos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nues­tras vidas de la muerte.
JOS 2:14 Y ellos le respondieron: Nuestra alma por vosotros hasta la muerte, si no denunciareis este nuestro negocio: y cuando el SEÑOR nos hubiere dado la tie­rra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad.
JOS 2:15 Entonces ella los hizo descen­der con una cuerda por la venta­na; porque su casa estaba a la pared del muro, y ella vivía en el muro.
JOS 2:16 Y díjoles: Marchaos al monte, porque los que fueron tras voso­tros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis vuestro camino.
JOS 2:17 Y ellos le dijeron: Nosotros seremos desobligados de este juramento con que nos has con­jurado.
JOS 2:18 He aquí, cuando nosotros entráremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste: y tú juntarás en tu casa tu padre y tu madre, tus hermanos y toda la familia de tu padre.
JOS 2:19 Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su san­gre será sobre su cabeza, y noso­tros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare.
JOS 2:20 Y si tú denunciares este nues­tro negocio, nosotros seremos desobligados de este tu juramen­to con que nos has juramentado.
JOS 2:21 Y ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron: y ella ató el cordón de grana a la ventana.
JOS 2:22 Y caminando ellos, llegaron al monte, y estuvieron allí tres días, hasta que los que los seguían se hubiesen vuelto: y los que los siguieron, buscaron por todo el camino, mas no los halla­ron.
JOS 2:23 Y tornándose los dos varones, descendieron del monte, y pasaron, y vinieron a Josué hijo de Nun, y contáronle todas las cosas que les habían acontecido.
JOS 2:24 Y dijeron a Josué: el SEÑOR ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país están des­mayados delante de nosotros.
JOS 3:1 Y LEVANTÓSE Josué de mañana, y partieron de Sitim, y vinieron hasta el Jordán, él y todos los hijos de Israel, y reposaron allí antes que pasasen.
JOS 3:2 Y pasados tres días, los oficia­les atravesaron por medio del campo,
JOS 3:3 Y mandaron al pueblo, dicien­do: Cuando viereis el arca del pacto del SEÑOR vuestro Dios, y los sacerdotes y levitas que la llevan, vosotros partiréis de vuestro lugar, y marcharéis en pos de ella.
JOS 3:4 Pero entre vosotros y ella haya distancia como de la medi­da de dos mil codos: y no os acercaréis a ella, a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir: por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino.
JOS 3:5 Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque el SEÑOR hará mañana entre vosotros maravillas.
JOS 3:6 Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto, y fueron delante del pue­blo.
JOS 3:7 Entonces el SEÑOR dijo a Josué: Desde este día comen­zaré a hacerte grande delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como fui con Moisés, así seré contigo.
JOS 3:8 Tú, pues, mandarás a los sacer­dotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hubie­reis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán.
JOS 3:9 Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos acá, y escuchad las palabras del SEÑOR vuestro Dios.
JOS 3:10 Y añadió Josué: En esto cono­ceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que él echará de delante de vosotros al cananeo, y al heteo, y al heveo, y al ferezeo, y al gergeseo, y al amorreo, y al jebuseo.
JOS 3:11 He aquí, el arca del pacto del Señoreador de toda la tierra pasa el Jordán delante de vosotros.
JOS 3:12 Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, de cada tribu un hombre.
JOS 3:13 Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca del SEÑOR Señoreador de toda la tierra, fueren asentadas sobre las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán: por­que las aguas que vienen de arri­ba se detendrán en un montón.
JOS 3:14 Y aconteció, que partiendo el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, y los sacerdotes delan­te del pueblo llevando el arca del pacto,
JOS 3:15 Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, así como los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua, (porque el Jordán suele reverter sobre todos sus bordes todo el tiempo de la siega,)
JOS 3:16 Las aguas que venían de arri­ba, se pararon como en un mon­tón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Zaretán; y las que descendían al mar de los llanos, al mar Salado, se acabaron y fueron par­tidas; y el pueblo pasó en dere­cho de Jericó.
JOS 3:17 Mas los sacerdotes que lleva­ban el arca del pacto del SEÑOR, estuvieron en seco, fir­mes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.
JOS 4:1 Y CUANDO toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, el SEÑOR habló a Josué, diciendo:
JOS 4:2 Tomad del pueblo doce hom­bres, de cada tribu un hombre,
JOS 4:3 Y mandadles, diciendo: Tomaos de aquí del medio del Jordán, del lugar donde están fir­mes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales pasaréis con vosotros, y las asentaréis en el alojamiento donde habéis de tener la noche.
JOS 4:4 Entonces Josué llamó a los doce hombres, los cuales había él ordenado de entre los hijos de Israel, de cada tribu un hombre;
JOS 4:5 Y díjoles Josué: Pasad delante del arca del SEÑOR vuestro Dios al medio del Jordán; y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel;
JOS 4:6 Para que esto sea señal entre vosotros; y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres maña­na, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras?
JOS 4:7 Les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del pacto del SEÑOR; cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se partieron: y estas piedras serán por memoria a los hijos de Israel para siempre.
JOS 4:8 Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué [les] mandó: que levantaron doce piedras del medio del Jordán, como el SEÑOR lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y pasáron­las consigo al alojamiento, y las asentaron allí.
JOS 4:9 Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto; y han estado allí hasta hoy.
JOS 4:10 Y los sacerdotes que llevaban el arca se pararon en medio del Jordán, hasta tanto que se acabó todo lo que el SEÑOR había mandado a Josué que hablase al pueblo, conforme a todas las cosas que Moisés había a Josué mandado: y el pueblo se dio prie­sa y pasó.
JOS 4:11 Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, pasó también el arca del SEÑOR, y los sacerdo­tes, en presencia del pueblo.
JOS 4:12 También los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, pasaron armados delante de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho:
JOS 4:13 Como cuarenta mil hombres armados a punto pasaron hacia la campiña de Jericó delante del SEÑOR a la guerra.
JOS 4:14 En aquel día el SEÑOR engrandeció a Josué en ojos de todo Israel: y temiéronle, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida.
JOS 4:15 Y el SEÑOR habló a Josué, diciendo:
JOS 4:16 Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que suban del Jordán.
JOS 4:17 Y Josué mandó a los sacerdo­tes, diciendo: Subid del Jordán.
JOS 4:18 Y aconteció que como los sacerdotes que llevaban el arca del pacto del SEÑOR, subieron del medio del Jordán, y las plan­tas de los pies de los sacerdotes estuvieron en seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre todos sus bordes.
JOS 4:19 Y el pueblo subió del Jordán el diez del mes primero, y asen­taron el campo en Gilgal, al lado oriental de Jericó.
JOS 4:20 Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán.
JOS 4:21 Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana pre­guntaren vuestros hijos a sus padres, y dijeren: ¿Qué os signi­fican estas piedras?
JOS 4:22 Declararéis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán.
JOS 4:23 Porque el SEÑOR vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que habíais pasado, a la manera que el SEÑOR vuestro Dios lo había hecho en el mar Bermejo, al cual secó delante de nosotros hasta que pasamos:
JOS 4:24 Para que todos los pueblos de la tierra conozcan la mano del SEÑOR, que es fuerte; para que temáis al SEÑOR vuestro Dios todos los días.
JOS 5:1 Y CUANDO todos los reyes de los amorreos, que estaban de la otra parte del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos, que estaban cerca del mar, oyeron como el SEÑOR había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más espíritu en ellos a causa de los hijos de Israel.
JOS 5:2 En aquel tiempo el SEÑOR dijo a Josué: Hazte cuchillos afi­lados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel.
JOS 5:3 Y Josué se hizo cuchillos afila­dos, y circuncidó a los hijos de Israel en el monte de los prepu­cios.
JOS 5:4 Ésta [es] la causa por la cual Josué [los] circuncidó: todo el pue­blo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto.
JOS 5:5 Porque todos los del pueblo que habían salido, estaban cir­cuncidados: mas todo el pueblo que había nacido en el desierto por el camino, después que salie­ron de Egipto, no estaban circun­cidados.
JOS 5:6 Porque los hijos de Israel andu­vieron por el desierto cuarenta años, hasta que toda la gente de los hombres de guerra que habían salido de Egipto, fue consu­mida, por cuanto no obedecieron a la voz del SEÑOR; por lo cual el SEÑOR les juró que no les dejaría ver la tierra, de la cual el SEÑOR había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel.
JOS 5:7 Y los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el cami­no.
JOS 5:8 Y cuando hubieron acabado de circuncidar toda la gente, quedá­ronse en el mismo lugar en el campo, hasta que sanaron.
JOS 5:9 Y el SEÑOR dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto: por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.
JOS 5:10 Y los hijos de Israel asentaron el campo en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.
JOS 5:11 Y al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tosta­das.
JOS 5:12 Y el maná cesó el día siguien­te, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra: y los hijos de Israel nunca más tuvie­ron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.
JOS 5:13 Y aconteció cuando Josué estaba cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nues­tros enemigos?
JOS 5:14 Y él respondió: No; mas Príncipe del ejército del SEÑOR ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró; y díjole: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?
JOS 5:15 Y el Príncipe del ejército del SEÑOR dijo a Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás de pie es santo. Y Josué lo hizo así.
JOS 6:1 AHORA Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel: nadie salía ni entraba.
JOS 6:2 Mas el SEÑOR dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.
JOS 6:3 Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez: y esto haréis seis días.
JOS 6:4 Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las boci­nas.
JOS 6:5 Y acontecerá cuando tocaren prolongadamente el cuerno de carnero, así que oyereis el sonido de la trompeta, todo el pueblo gri­tará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá a plomo: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí.
JOS 6:6 Y llamando Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdo­tes lleven bocinas de cuernos de carneros delante del arca del SEÑOR.
JOS 6:7 Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca del SEÑOR.
JOS 6:8 Y aconteció que cuando Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del SEÑOR, y tocaron las bocinas: y el arca del pacto del SEÑOR los seguía.
JOS 6:9 Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la reta­guardia iba detrás del arca, andando [los sacerdotes] y tocan­do bocinas.
JOS 6:10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad: entonces daréis grita.
JOS 6:11 El arca pues del SEÑOR dio una vuelta alrededor de la ciu­dad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche.
JOS 6:12 Y Josué se levantó de maña­na, y los sacerdotes tomaron el arca del SEÑOR.
JOS 6:13 Y los siete sacerdotes, llevan­do las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca del SEÑOR, andando siem­pre y tocando las bocinas; y los armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba detrás del arca del SEÑOR, andando [los sacer­dotes] y tocando las bocinas.
JOS 6:14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volviéron­se al real: de esta manera hicie­ron por seis días.
JOS 6:15 Y sucedió al séptimo día levantáronse cuando subía el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces: solamente este día dieron vuelta alrededor de la ciudad siete veces.
JOS 6:16 Y como los sacerdotes hubie­ron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita, porque el SEÑOR os ha dado la ciudad.
JOS 6:17 Mas la ciudad será anatema al SEÑOR, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estuvieren en casa con ella, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos.
JOS 6:18 Y guardaos cuidadosa­mente vosotros del anatema, no sea que hagáis anatema por tomar algo del anatema; y hacer anatema el campo de Israel, y lo turbéis.
JOS 6:19 Mas toda la plata, y el oro, y vasos de latón y de hierro, sea consagrado al SEÑOR, y venga al tesoro del SEÑOR.
JOS 6:20 Entonces el pueblo dio grita, cuando [los sacerdotes] tocaron las bocinas: y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, dio el pue­blo grita con gran vocerío, y el muro cayó a plomo. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno en derecho de sí, y tomáronla.
JOS 6:21 Y destruyeron todo lo que en la ciudad había; hombres y muje­res, mozos y viejos, hasta los bueyes, y ovejas, y asnos, a filo de espada.
JOS 6:22 Mas Josué dijo a los dos hom­bres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allá a la mujer, y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis.
JOS 6:23 Y los mancebos espías entra­ron, y sacaron a Rahab, y a su padre, y a su madre, y a sus her­manos, y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su paren­tela, y pusiéronlos fuera del campo de Israel.
JOS 6:24 Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había: solamente pusieron en el tesoro de la casa del SEÑOR la plata, y el oro, y los vasos de latón y de hierro.
JOS 6:25 Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía: y habitó ella entre los israelitas hasta hoy; por cuanto escondió los mensajeros que Josué envió a reconocer a Jericó.
JOS 6:26 Y en aquel tiempo Josué les juramentó diciendo: Maldito delante del SEÑOR el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. En su pri­mogénito eche sus cimientos, y en su menor asiente sus puertas.
JOS 6:27 Fue pues el SEÑOR con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.
JOS 7:1 Pero los hijos de Israel cometieron prevaricación en el anatema: porque Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira del SEÑOR se encendió contra los hijos de Israel.
JOS 7:2 Y Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-aven hacia el oriente de Betel; y hablóles diciendo: Subid, y reconoced la tierra. Y ellos subieron, y reconocieron a Hai.
JOS 7:3 Y volviendo a Josué, dijéronle: No suba todo el pueblo, mas suban como dos mil o como tres mil hombres, y tomarán a Hai: no fatigues a todo el pueblo allí, porque son pocos.
JOS 7:4 Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cua­les huyeron delante de los de Hai.
JOS 7:5 Y los de Hai hirieron de ellos como treinta y seis hombres, y siguiéronlos desde la puerta hasta Sebarim, y los rompieron en la bajada: por lo que se disol­vió el corazón del pueblo, y vino a ser como agua.
JOS 7:6 Entonces Josué rompió sus vestiduras, y postróse en tierra sobre su rostro delante del arca del SEÑOR hasta la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.
JOS 7:7 Y Josué dijo: ¡Ah, Señor DIOS! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entre­garnos en las manos de los amorreos, que nos destruyan? ¡Oh qué nos hubiéramos queda­do de la otra parte del Jordán!
JOS 7:8 ¡Ay Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto las espaldas delante de sus enemigos?
JOS 7:9 Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos cercarán, y raerán nuestro nombre de sobre la tierra: enton­ces ¿qué harás tú a tu grande nombre?
JOS 7:10 Y el SEÑOR dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?
JOS 7:11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les había mandado; pues aun han tomado del anatema, y hasta han hurtado, y también han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.
JOS 7:12 Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus ene­migos, sino que delante de sus enemigos volverán las espaldas; por cuanto han venido a ser ana­tema: ni seré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.
JOS 7:13 Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana, porque el SEÑOR el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás estar delante de tus enemigos, hasta tanto que hayáis quitado el anatema de en medio de voso­tros.
JOS 7:14 Os allegaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que el SEÑOR tomare, se allegará por sus familias; y la familia que el SEÑOR tomare, se allegará por sus casas; y la casa que el SEÑOR tomare, allegaráse por los varones;
JOS 7:15 Y el que fuere cogido en el anatema, será quemado a fuego, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto del SEÑOR, y ha cometido maldad en Israel.
JOS 7:16 Josué, pues, levantándose de mañana, hizo allegar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá;
JOS 7:17 Y haciendo allegar la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; haciendo luego alle­gar la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi;
JOS 7:18 E hizo allegar su casa por los varones, y fue tomado Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá.
JOS 7:19 Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria ahora al SEÑOR el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encu­bras.
JOS 7:20 Y Acán respondió a Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra el SEÑOR el Dios de Israel, y he hecho así y así:
JOS 7:21 Que vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un changote de oro de peso de cincuenta siclos; lo cual codicié, y tomé: y he aquí que está escondi­do debajo de tierra en el medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.
JOS 7:22 Josué entonces envió mensa­jeros, los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dine­ro debajo de ello:
JOS 7:23 Y tomándolo de en medio de la tienda, trajéronlo a Josué y a todos los hijos de Israel, y pusié­ronlo delante del SEÑOR.
JOS 7:24 Entonces Josué, y todo Israel con él, tomó a Acán hijo de Zera, y el dinero, y el manto, y el changote de oro, y sus hijos, y sus hijas, y sus bueyes, y sus asnos, y sus ovejas, y su tienda, y todo cuanto tenía, y lleváronlo todo al valle de Acor;
JOS 7:25 Y dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete el SEÑOR en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron a fuego, después de apedrearlos con piedras;
JOS 7:26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy. Y el SEÑOR se tornó de la ira de su furor. Y por esto fue llamado aquel lugar el Valle de Acor, hasta hoy.
JOS 8:1 Y EL SEÑOR dijo a Josué: No temas, ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, y a su pueblo, a su ciudad, y a su tierra.
JOS 8:2 Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey: sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella.
JOS 8:3 Y levantóse Josué, y toda la gente de guerra, para subir contra Hai: y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales envió de noche.
JOS 8:4 Y mandóles, diciendo: Mirad, pondréis emboscada a la ciudad detrás de ella: no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos apercibidos.
JOS 8:5 Y yo, y todo el pueblo que está conmigo, nos acercaremos a la ciudad; y cuando saldrán ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos.
JOS 8:6 Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los arranquemos de la ciudad; porque ellos dirán: Huyen de nosotros como la pri­mera vez. Huiremos, pues, delante de ellos.
JOS 8:7 Entonces vosotros os levanta­réis de la emboscada, y os echa­réis sobre la ciudad; pues el SEÑOR vuestro Dios la entrega­rá en vuestras manos.
JOS 8:8 Y cuando la hubiereis tomado, le prenderéis fuego. Haréis conforme a la palabra del SEÑOR. Mirad que os lo he mandado.
JOS 8:9 Entonces Josué los envió; y ellos se fueron a la emboscada, y pusiéronse entre Betel y Hai, al occidente de Hai: y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo.
JOS 8:10 Y levantándose Josué muy de mañana, revistó al pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai.
JOS 8:11 Y toda la gente de guerra que con él estaba, subió, y acercóse, y llegaron delante de la ciudad, y asentaron el campo a la parte del norte de Hai: y el valle estaba entre él y Hai.
JOS 8:12 Y tomó como cinco mil hom­bres, y púsolos en emboscada entre Betel y Hai, a la parte occidental de la ciudad.
JOS 8:13 Y el pueblo, todo el campo que estaba a la parte del norte de la ciudad, colocado ya cerca, y su emboscada al occidente de la ciudad, vínose Josué aquella noche al medio del valle.
JOS 8:14 Lo cual como viese el rey de Hai, levantóse prestamente de mañana, y salió con la gente de la ciudad contra Israel, él y todo su pueblo, para combatir por el llano al tiempo señalado, no sabiendo que le estaba puesta emboscada a las espaldas de la ciudad.
JOS 8:15 Entonces Josué y todo Israel, haciéndose vencidos, huyeron delante de ellos por el camino del desierto.
JOS 8:16 Y todo el pueblo que estaba en Hai se juntó para seguirlos: y siguieron a Josué siendo así arrancados de la ciudad.
JOS 8:17 Y no quedó hombre en Hai y Betel, que no saliera tras de Israel; y por seguir a Israel deja­ron la ciudad abierta.
JOS 8:18 Entonces el SEÑOR dijo a Josué: Levanta la lanza que tie­nes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué levantó hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.
JOS 8:19 Y levantándose prestamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y apresurá­ronse a prenderle fuego.
JOS 8:20 Y como los de la ciudad mira­ron atrás, observaron, y he aquí el humo de la ciudad que subía al cielo, y no tuvieron arbitrio para huir ni a una parte ni a otra: y el pueblo que iba huyendo hacia el desierto, se volvió contra los que le seguían.
JOS 8:21 Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, tornaron, e hirieron a los de Hai.
JOS 8:22 Y los otros salieron de la ciu­dad a su encuentro: y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos de la una parte, y los otros de la otra. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase.
JOS 8:23 Y tomaron vivo al rey de Hai, y trajéronle a Josué.
JOS 8:24 Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo, en el desierto, donde ellos los habían perseguido, y que todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas se tornaron a Hai, y también la pusieron a espada.
JOS 8:25 Y el número de los que caye­ron aquel día, hombres y muje­res, fue doce mil, todos los de Hai.
JOS 8:26 Y Josué no retrajo su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruído a todos los moradores de Hai.
JOS 8:27 Los israelitas sólo tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la pala­bra del SEÑOR que él había mandado a Josué.
JOS 8:28 Y Josué quemó a Hai y redú­jola a un montón perpetuo, asola­do hasta hoy.
JOS 8:29 Mas al rey de Hai colgó de un madero hasta la tarde: y como el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen a la puerta de la ciu­dad: y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy.
JOS 8:30 Entonces Josué edificó un altar al SEÑOR Dios de Israel en el monte de Ebal,
JOS 8:31 Como Moisés, siervo del SEÑOR, lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro: y ofre­cieron sobre él holocaustos al SEÑOR, y sacrificaron víctimas pacíficas.
JOS 8:32 También escribió allí en pie­dras la repetición de la ley de Moisés, la cual él había escrito delante de los hijos de Israel.
JOS 8:33 Y todo Israel, y sus ancianos, oficiales, y jueces, estaban de la una y de la otra parte junto al arca, delante de los sacerdotes levitas que llevan el arca del pacto del SEÑOR; así extranje­ros como naturales, la mitad de ellos estaba hacia el monte de Gerizim, y la otra mitad hacia el monte de Ebal; de la manera que Moisés, siervo del SEÑOR, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pue­blo de Israel.
JOS 8:34 Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendi­ciones y las maldiciones, confor­me a todo lo que está escrito en el libro de la ley.
JOS 8:35 No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, mujeres y niños, y extranjeros que andaban entre ellos.
JOS 9:1 Y ACONTECIÓ que como oyeron [estas cosas] todos los reyes que estaban de esta parte del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa del gran mar delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos, y jebuseos;
JOS 9:2 Juntáronse a una, de un acuer­do, para pelear contra Josué e Israel.
JOS 9:3 Mas los moradores de Gabaón, como oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai,
JOS 9:4 Ellos usaron también de astu­cia; pues fueron y fingiéronse embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remenda­dos,
JOS 9:5 Y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestiduras viejas sobre sí; y todo el pan que traían para el camino, seco y mohoso.
JOS 9:6 Así vinieron a Josué al campo en Gilgal, y dijéronle a él y a los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana: haced pues ahora con nosotros alianza.
JOS 9:7 Y los de Israel respondieron a los heveos: Quizás vosotros habitáis en medio de nosotros: ¿cómo pues podremos nosotros hacer pacto con vosotros?
JOS 9:8 Y ellos respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quién sois voso­tros y de dónde venís?
JOS 9:9 Y ellos respondieron: Tus sier­vos han venido de muy lejanas tierras, por la fama del SEÑOR tu Dios; porque hemos oído su fama, y todas las cosas que hizo en Egipto,
JOS 9:10 Y todo lo que hizo a los dos reyes de los amorreos que esta­ban de la otra parte del Jordán; a Sehón rey de Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot.
JOS 9:11 Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos, y haced ahora con nosotros alianza.
JOS 9:12 Este nuestro pan tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora que está seco y mohoso:
JOS 9:13 Estos cueros de vino también los henchimos nuevos; helos aquí ya rotos: también estas nuestras vestiduras y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy largo del camino.
JOS 9:14 Y los hombres [de Israel] toma­ron de su provisión del camino, y no preguntaron a la boca del SEÑOR.
JOS 9:15 Y Josué hizo paz con ellos, y concertó con ellos que les dejaría la vida: también los príncipes de la congregación les juraron.
JOS 9:16 Pasados tres días después que hicieron con ellos el concierto, oyeron como eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos.
JOS 9:17 Y partiéronse los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a sus ciudades: y sus ciudades eran Gabaón, Cefira, Beerot, y Quiriat-jearim.
JOS 9:18 Y no los hirieron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por el SEÑOR el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes.
JOS 9:19 Mas todos los príncipes res­pondieron a toda la congrega­ción: Nosotros les hemos jurado por el SEÑOR Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar.
JOS 9:20 Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, porque no venga ira sobre nosotros a causa del juramento que les hemos hecho.
JOS 9:21 Y los príncipes les dijeron: Vivan; mas sean leñadores y aguadores para toda la congrega­ción, como los príncipes les han dicho.
JOS 9:22 Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de voso­tros; una vez que moráis en medio de nosotros?
JOS 9:23 Vosotros pues ahora sois mal­ditos, y no faltará de vosotros siervo, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios.
JOS 9:24 Y ellos respondieron a Josué, y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos, que el SEÑOR tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran mane­ra de vosotros por nuestras vidas, e hicimos esto.
JOS 9:25 Ahora pues, henos aquí en tu mano: lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.
JOS 9:26 Y él lo hizo así; que los libró de la mano de los hijos de Israel, para que no los matasen.
JOS 9:27 Y constituyólos Josué aquel día por leñadores y aguadores para la congregación y para el altar del SEÑOR, en el lugar que él escogiese: [lo que son] hasta hoy.
JOS 10:1 Y COMO Adonisedec rey de Jerusalem oyó que Josué había tomado a Hai, y que la habían asolado, (como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey;) y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los israelitas, y que estaban entre ellos;
JOS 10:2 Tuvieron muy gran temor; por­que Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus hombres fuertes.
JOS 10:3 Envió pues a decir Adonisedec rey de Jerusalem, a Oham rey de Hebrón, y a Piream rey de Jerimot, y a Jafía rey de Laquis, y a Debir rey de Eglón:
JOS 10:4 Subid a mí, y ayudadme, y combatamos a Gabaón: porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel.
JOS 10:5 Y cinco reyes de los amorreos, el rey de Jerusalem, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis, el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y asentaron campo sobre Gabaón, y pelearon contra ella.
JOS 10:6 Y los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campo en Gilgal: No encojas tus manos de tus siervos; sube pres­tamente a nosotros para guardar­nos y ayudarnos: porque todos los reyes de los amorreos que habitan en las montañas, se han juntado contra nosotros.
JOS 10:7 Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes.
JOS 10:8 Y el SEÑOR dijo a Josué: No tengas temor de ellos: porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos parará delante de ti.
JOS 10:9 Y Josué vino a ellos de repen­te, toda la noche subió desde Gilgal.
JOS 10:10 Y el SEÑOR los turbó delan­te de Israel, e hiriólos con gran mortandad en Gabaón: y siguió­los por el camino que sube a Bet-horón, e hiriólos hasta Azeca y Maceda.
JOS 10:11 Y como iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, el SEÑOR echó sobre ellos del cielo grandes piedras hasta Azeca, y murieron: muchos más murieron de las piedras del gra­nizo, que los que los hijos de Israel habían muerto a espada.
JOS 10:12 Entonces Josué habló al SEÑOR el día que el SEÑOR entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, Luna, en el valle de Ajalón.
JOS 10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta tanto que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está aquesto escrito en el libro de Jasher? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apre­suró a ponerse casi un día entero.
JOS 10:14 Y nunca fue tal día antes ni después de aquél, habiendo aten­dido el SEÑOR a la voz de un hombre: porque el SEÑOR pele­aba por Israel.
JOS 10:15 Y Josué, y todo Israel con él, volvíase al campo en Gilgal.
JOS 10:16 Pero los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda.
JOS 10:17 Y fue dicho a Josué que los cinco reyes habían sido hallados en una cueva en Maceda.
JOS 10:18 Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la boca de la cueva, y poned hombres junto a ella que los guarden;
JOS 10:19 Y vosotros no os paréis, sino seguid a vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejar­les entrar en sus ciudades; por­que el SEÑOR vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano.
JOS 10:20 Y aconteció que como Josué y los hijos de Israel hubieron aca­bado de herirlos con mortandad muy grande, hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fuertes.
JOS 10:21 Y todo el pueblo se volvió salvo al campo a Josué en Maceda; que no hubo quien moviese su lengua contra los hijos de Israel.
JOS 10:22 Entonces dijo Josué: Abrid la boca de la cueva, y sacadme de ella a estos cinco reyes.
JOS 10:23 E hiciéronlo así, y sacáronle de la cueva aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalem, al rey de Hebrón, al rey de Jerimot, al rey de Laquis, al rey de Eglón.
JOS 10:24 Y cuando hubieron sacado estos reyes a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Llegad y poned vuestros pies sobre los pescuezos de aquestos reyes. Y ellos se llegaron, y pusieron sus pies sobre los pes­cuezos de ellos.
JOS 10:25 Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes: porque así hará el SEÑOR a todos vuestros enemi­gos contra los cuales peleáis.
JOS 10:26 Y después de esto Josué los hirió y los mató, e hízolos colgar en cinco maderos: y quedaron colgados en los maderos hasta la tarde.
JOS 10:27 Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondi­do: y pusieron grandes piedras a la boca de la cueva, hasta hoy.
JOS 10:28 En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la puso a espada, y mató a su rey; a ellos y a todo lo que en ella tenía vida, sin quedar nada: mas al rey de Maceda hizo como había hecho al rey de Jericó.
JOS 10:29 Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna:
JOS 10:30 Y el SEÑOR la entregó tam­bién a ella, y a su rey, en manos de Israel; y metióla a filo de espada, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: mas a su rey hizo de la manera que había hecho al rey de Jericó.
JOS 10:31 Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y puso campo contra ella, y combatióla:
JOS 10:32 Y el SEÑOR entregó a Laquis en mano de Israel, y tomóla al día siguiente, y metióla a espada, con todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Libna.
JOS 10:33 Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo hirió Josué, hasta no quedar ninguno de ellos.
JOS 10:34 De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón: y pusieron campo contra ella, y combatié­ronla:
JOS 10:35 Y la tomaron el mismo día, y metiéronla a espada; y aquel día mató a todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Laquis.
JOS 10:36 Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y combatiéronla;
JOS 10:37 Y tomándola, la metieron a espada, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: como habían hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella había vivo.
JOS 10:38 Y volviéndose Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, com­batióla;
JOS 10:39 Y tomóla, y a su rey, y a todas sus villas; y metiéronlos a espa­da, y destruyeron todo lo que allí dentro había vivo, sin quedar nada: como había hecho a Hebrón, así hizo a Debir y a su rey; y como había hecho a Libna y a su rey.
JOS 10:40 Hirió pues Josué toda la región de las montañas, y del sur, y de los llanos, y de las cuestas, y a todos sus reyes, sin quedar nada; todo lo que tenía vida mató, al modo que el SEÑOR Dios de Israel lo había mandado.
JOS 10:41 E hiriólos Josué desde Cades-­barnea hasta Gaza, y toda la tie­rra de Gosén hasta Gabaón.
JOS 10:42 Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez; porque el SEÑOR el Dios de Israel pelea­ba por Israel.
JOS 10:43 Y tornóse Josué, y todo Israel con él, al campo en Gilgal.
JOS 11:1 OYENDO esto Jabín rey de Hasor, envió [mensaje] a Jobab rey de Madón, y al rey de Simrom, y al rey de Acsaf,
JOS 11:2 Y a los reyes que estaban a la parte del norte en las montañas, y en el llano al sur de Cineret, y en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente;
JOS 11:3 Y al cananeo que estaba al oriente y al occidente, y al amorreo, y al heteo, y al ferezeo, y al jebuseo en las montañas, y al heveo debajo de Hermón en tierra de Mizpa.
JOS 11:4 Éstos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, pueblo mucho en gran manera, como la arena que está a la orilla del mar, con gran muchedumbre de caba­llos y carros.
JOS 11:5 Todos estos reyes se juntaron, y viniendo reunieron los campos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel.
JOS 11:6 Mas el SEÑOR dijo a Josué: No tengas temor de ellos, que mañana a esta hora yo entregaré a todos éstos, muertos delante de Israel: a sus caballos desjarreta­rás, y sus carros quemarás al fuego.
JOS 11:7 Y vino Josué, y con él todo el pueblo de guerra, contra ellos, y dio de repente sobre ellos junto a las aguas de Merom.
JOS 11:8 Y entrególos el SEÑOR en manos de Israel, los cuales los hirieron y siguieron hasta Sidón la grande, y hasta las aguas calientes, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno.
JOS 11:9 Y Josué hizo con ellos como el SEÑOR le había mandado: des­jarretó sus caballos, y sus carros quemó al fuego.
JOS 11:10 Y tornándose Josué, tomó en el mismo tiempo a Hasor, e hirió a espada a su rey: la cual Hasor había sido antes cabeza de todos estos reinos.
JOS 11:11 E hirieron a espada todo cuan­to en ella había vivo, destruyen­do y no dejando cosa con vida; y a Hasor pusieron a fuego.
JOS 11:12 Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquestos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los metió a espada, y los destruyó, como Moisés siervo del SEÑOR lo había mandado.
JOS 11:13 Pero todas las ciudades que estaban en sus cabezos, no las quemó Israel, sacando a sola Hasor, la cual quemó Josué.
JOS 11:14 Y los hijos de Israel tomaron para sí todos los despojos y bes­tias de estas ciudades: pero a todos los hombres metieron a espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida.
JOS 11:15 De la manera que el SEÑOR lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué: y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que el SEÑOR había mandado a Moisés.
JOS 11:16 Tomó pues Josué toda aquella tierra, las montañas, y toda la [región] del sur, y toda la tierra de Gosén, y los bajos y los llanos, y la montaña de Israel y sus valles.
JOS 11:17 Desde el monte de Halac, que sube hasta Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, a las raíces del monte Hermón: tomó asi­mismo todos sus reyes, los cua­les hirió y mató.
JOS 11:18 Por muchos días tuvo guerra Josué con estos reyes.
JOS 11:19 No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, saca­dos los heveos, que moraban en Gabaón: todo lo tomaron por guerra.
JOS 11:20 Porque esto vino del SEÑOR, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, antes fuesen desarraigados, como el SEÑOR lo había man­dado a Moisés.
JOS 11:21 También en el mismo tiempo vino Josué y destruyó los Anaceos de los montes, de Hebrón, de Debir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó a ellos y a sus ciu­dades.
JOS 11:22 Ninguno de los Anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat, y en Asdod.
JOS 11:23 Tomó, pues, Josué toda la tie­rra, conforme a todo lo que el SEÑOR había dicho a Moisés; y entrególa Josué a los israelitas por herencia, conforme a sus repartimientos de sus tribus: y la tierra reposó de guerra.
JOS 12:1 ÉSTOS [son] los reyes de la tierra que los hijos de Israel hirieron, y cuya tierra poseyeron de la otra parte del Jordán al nacimiento del sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y toda la llanura oriental:
JOS 12:2 Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y seño­reaba desde Aroer, que está a la ribera del arroyo de Arnón, y desde en medio del arroyo, y la mitad de Galaad, hasta el arroyo Jaboc, el término de los hijos de Amón;
JOS 12:3 Y desde la campiña hasta el mar de Cineret, al oriente; y hasta el mar de la llanura, el mar Salado, al oriente, por el camino de Bet-jesimot; y desde el sur debajo de las vertientes del Pisga.
JOS 12:4 Y los términos de Og rey de Basán, que había quedado de los gigantes, el cual habitaba en Astarot y en Edrei,
JOS 12:5 Y señoreaba en el monte de Hermón, y en Salca, y en todo Basán hasta los términos de Gesur y de Maacati, y la mitad de Galaad, término de Sehón rey de Hesbón.
JOS 12:6 A estos hirieron Moisés siervo del SEÑOR y los hijos de Israel; y Moisés siervo del SEÑOR dio aquella tierra en posesión a los rubenitas, gaditas, y a la media tribu de Manasés.
JOS 12:7 Y estos son los reyes de la tie­rra que hirió Josué con los hijos de Israel, de esta parte del Jordán al occidente, desde Baal-gad en el llano del Líbano hasta el monte de Halac que sube a Seir; la cual tierra dio Josué en pose­sión a las tribus de Israel, confor­me a sus repartimientos;
JOS 12:8 En montes y en valles, en lla­nos y en vertientes, en el desierto y en el sur; el heteo, y el amorreo, y el cananeo, y el ferezeo, y el heveo, y el jebuseo.
JOS 12:9 El rey de Jericó, uno; el rey de Hai, que está al lado de Betel, otro;
JOS 12:10 El rey de Jerusalem, otro; el rey de Hebrón, otro;
JOS 12:11 El rey de Jarmut, otro; el rey de Laquis, otro;
JOS 12:12 El rey de Eglón, otro; el rey de Gezer, otro;
JOS 12:13 El rey de Debir, otro; el rey de Geder, otro;
JOS 12:14 El rey de Horma, otro; el rey de Arad, otro;
JOS 12:15 El rey de Libna, otro; el rey de Adulam, otro;
JOS 12:16 El rey de Maceda, otro; el rey de Betel, otro;
JOS 12:17 El rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro;
JOS 12:18 El rey de Afec, otro; el rey de Lasarón, otro;
JOS 12:19 El rey de Madón, otro; el rey de Hasor, otro;
JOS 12:20 El rey de Simrom-meron, otro; el rey de Acsaf, otro;
JOS 12:21 El rey de Taanac, otro; el rey de Meguido, otro;
JOS 12:22 El rey de Kedes, otro; el rey de Jocneam de Carmel, otro;
JOS 12:23 El rey de Dor, de la provincia de Dor, otro; el rey de las naciones de Gilgal, otro;
JOS 12:24 El rey de Tirsa, otro; treinta y un reyes en todo.
JOS 13:1 Y SIENDO Josué ya viejo, entrado en días, el SEÑOR le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún muy mucha tierra por poseer.
JOS 13:2 Ésta [es] la tierra que queda: todos los términos de los filisteos, y toda Gesur;
JOS 13:3 Desde Sihor, que está delante de Egipto, hasta el término de Ecrón al norte, repútase de los cananeos: cinco provincias de los filisteos; los gazeos, asdodios, ascalonitas, geteos, y ecronitas; y los heveos;
JOS 13:4 Desde el sur toda la tierra de los cananeos, y Mehara que es de los sidonios, hasta Afec, hasta el término del amorreo;
JOS 13:5 Y la tierra de los gibleos, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad a las raíces del monte Hermón, hasta entrar en Hamat;
JOS 13:6 Todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta las aguas calientes, todos los sidonios; yo los desarraigaré delante de los hijos de Israel: so­lamente repartirás tú por suerte el[país] a los israelitas por heredad como te he mandado.
JOS 13:7 Parte, pues, tú ahora esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés.
JOS 13:8 Porque la otra media recibió su heredad con los rubenitas y gaditas, la cual les dio Moisés de la otra parte del Jordán al oriente, según que se la dio Moisés sier­vo del SEÑOR:
JOS 13:9 Desde Aroer, que está a la ori­lla del arroyo de Arnón, y la ciu­dad que está en medio del arro­yo, y toda la campiña de Medeba, hasta Dibón;
JOS 13:10 Y todas las ciudades de Sehón rey de los amorreos, el cual reinó en Hesbón, hasta los térmi­nos de los hijos de Amón;
JOS 13:11 Y Galaad, y los términos de Gesur y de Maacati, y todo el monte de Hermón, y toda la tie­rra de Basán hasta Salca:
JOS 13:12 Todo el reino de Og en Basán, el cual reinó en Astarot y Edrei, el cual había quedado del residuo de los gigantes; pues Moisés los hirió, y echó.
JOS 13:13 Mas a los de Gesur y Maacati no echaron los hijos de Israel; antes los gesuritas y los maacatitas habitaron entre los israelitas hasta hoy.
JOS 13:14 Sólo a la tribu de Leví no dio heredad: las ofrendas hechas por fuego del SEÑOR Dios de Israel son su heredad, como él les había dicho.
JOS 13:15 Dio, pues, Moisés a la tribu de los hijos de Rubén conforme a sus familias:
JOS 13:16 Y fue el término de ellos desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del arroyo, y toda la campiña, hasta Medeba;
JOS 13:17 Hesbón, con todas sus villas que están en la llanura; Dibón, y Bamot-baal, y Bet-baal-meón;
JOS 13:18 Y Jaas, y Kedemot, y Mefaat,
JOS 13:19 Y Quiriataim, y Sibma, y Zeretsahar en el monte del valle;
JOS 13:20 Y Bet-peor, y Asdot-pisga, y Bet-jesimot;
JOS 13:21 Y todas las ciudades de la campiña, y todo el reino de Sehón rey de los amorreos, que reinó en Hesbón, al cual hirió Moisés, y a los príncipes de Madián, Hevi, Recem, y Zur, y Hur, y Reba, príncipes de Sehón que habitaban en aquella tierra.
JOS 13:22 También mataron a espada los hijos de Israel a Balaam adivino, hijo de Beor, con los demás que mataron.
JOS 13:23 Y fueron los términos de los hijos de Rubén el Jordán con su término. Ésta [fue] la herencia de los hijos de Rubén conforme a sus familias, estas ciudades con sus villas.
JOS 13:24 Dio asimismo Moisés a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias.
JOS 13:25 Y el término de ellos fue Jacer, y todas las ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Amón hasta Aroer, que está delante de Rabá.
JOS 13:26 Y desde Hesbón hasta Ramat-mispe, y Betonim; y desde Mahanaim hasta el térmi­no de Debir:
JOS 13:27 Y la campiña de Bet-aram, y Bet-nimra, y Sucot, y Safón, resto del reino de Sehón, rey en Hesbón: el Jordán y su término hasta el cabo del mar de Cineret de la otra parte del Jordán al oriente.
JOS 13:28 Ésta [es] la herencia de los hijos de Gad, por sus familias, estas ciudades con sus villas.
JOS 13:29 También dio Moisés [herencia] a la media tribu de Manasés: y fue de la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias.
JOS 13:30 El término de ellos fue desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og rey de Basán, y todas las aldeas de Jair que están en Basán, sesenta poblaciones.
JOS 13:31 [Dióse] además la mitad de Galaad, y Astarot, y Edrei, ciu­dades del reino de Og en Basán, a los hijos de Maquir, hijo de Manasés, a la mitad de los hijos de Maquir conforme a sus fami­lias.
JOS 13:32 Esto es lo que Moisés repartió en heredad en los llanos de Moab, de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente.
JOS 13:33 Mas a la tribu de Leví no dio Moisés heredad: el SEÑOR Dios de Israel es la heredad de ellos como él les había dicho.
JOS 14:1 ESTO pues es lo que los hijos de Israel tomaron por heredad en la tierra de Canaán, lo cual les repartieron Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel.
JOS 14:2 Por suerte [dióseles] su heredad, como el SEÑOR lo había man­dado por Moisés, que diese a las nueve tribus, y a la media tribu.
JOS 14:3 Porque a las dos tribus, y a la media tribu, les había Moisés dado heredad de la otra parte del Jordán: mas a los levitas no dio heredad entre ellos.
JOS 14:4 Porque los hijos de José fueron dos tribus, Manasés y Efraím: y no dieron parte a los levitas en la tierra, sino ciudades en que morasen, con sus ejidos para sus ganados y su sustancia.
JOS 14:5 De la manera que el SEÑOR lo había mandado a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel en el repartimiento de la tierra.
JOS 14:6 Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone Cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que el SEÑOR dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti.
JOS 14:7 Yo era de edad de cuarenta años, cuando Moisés siervo del SEÑOR me envió de Cades-bar­nea a reconocer la tierra; y yo le referí el negocio como lo tenía en mi corazón:
JOS 14:8 Sin embargo mis hermanos, los que habían subido conmigo, men­guaron el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo al SEÑOR mi Dios.
JOS 14:9 Entonces Moisés juró, diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua: por cuanto cumpliste siguiendo al SEÑOR mi Dios.
JOS 14:10 Ahora bien, el SEÑOR me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que el SEÑOR habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto: y ahora, he aquí, y hoy día de ochenta y cinco años:
JOS 14:11 Pero aun hoy estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió: cual era entonces mi fuer­za, tal es ahora, para la guerra, y para salir y para entrar.
JOS 14:12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló el SEÑOR aquel día; porque tú oíste en aquel día que los Anaceos están allí, y grandes y fuertes ciudades. Quizá el SEÑOR será conmigo, y los echaré como el SEÑOR ha dicho.
JOS 14:13 Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad.
JOS 14:14 Por tanto Hebrón fue de Caleb, hijo de Jefone Cenezeo, en heredad hasta hoy; porque cumplió siguiendo al SEÑOR Dios de Israel.
JOS 14:15 Mas Hebrón fue antes llama­da Quiriat-arba; fue [Arba] un hombre grande entre los Anaceos. Y la tierra tuvo reposo de las guerras.
JOS 15:1 Y FUE la suerte de la tribu de los hijos de Judá, por sus familias, junto al término de Edom, del desierto de Zin hacia el sur, al extremo de la costa del sur.
JOS 15:2 Y su término de la parte del sur fue desde la costa del mar Salado, desde la lengua que mira hacia el sur;
JOS 15:3 Y salía hacia el sur a la subida de Acrabim, pasando hasta Zin; y subiendo por el sur hasta Cades-barnea, pasaba a Hebrón, y subiendo por Adar daba vuelta a Carca;
JOS 15:4 De allí pasaba a Azmón, y salía al arroyo de Egipto; y sale este término al occidente. Éste pues os será el término del sur.
JOS 15:5 El término del oriente es el mar Salado hasta el fin del Jordán. Y el término de la parte del norte, desde la lengua del mar, desde el fin del Jordán:
JOS 15:6 Y sube este término por Bet-hogla, y pasa del norte a Bet­araba, y de aquí sube este térmi­no a la piedra de Bohán, hijo de Rubén.
JOS 15:7 Y torna a subir este término a Debir desde el valle de Acor: y al norte mira sobre Gilgal, que está delante de la subida de Adumin, la cual está al sur del arroyo: y pasa este término a las aguas de En-semes, y sale a la fuente de Rogel:
JOS 15:8 Y sube este término por el valle del hijo de Hinom al lado del jebuseo al sur: ésta [es] Jerusalem. Luego sube este tér­mino por la cumbre del monte que está delante del valle de Hinom hacia el occidente, el cual está al cabo del valle de los gigantes al norte:
JOS 15:9 Y rodea este término desde la cumbre del monte hasta la fuente de las aguas de Neftoa, y sale a las ciudades del monte de Efrón, rodeando luego el mismo térmi­no a Baala, la cual es Quiriat-­jearim.
JOS 15:10 Después torna este término desde Baala hacia el occidente al monte de Seir: y pasa al lado del monte de Jearim hacia el norte, ésta es Quesalón, y desciende a Bet-semes, y pasa a Timna.
JOS 15:11 Sale luego este término al lado de Ecrón hacia el norte; y rodea el mismo término a Sicrón, y pasa por el monte de Baala, y sale a Jabneel: y sale este término al mar.
JOS 15:12 El término del occidente es el mar grande. Éste pues, es el tér­mino de los hijos de Judá en derredor, por sus familias.
JOS 15:13 Mas a Caleb, hijo de Jefone, dio parte entre los hijos de Judá, conforme al mandamiento del SEÑOR a Josué: [esto es], a Quiriat-arba, del padre de Anac, que es Hebrón.
JOS 15:14 Y Caleb echó de allí tres hijos de Anac, a Sesai, Aiman, y Talmai, hijos de Anac.
JOS 15:15 De aquí subió a los que mora­ban en Debir: y el nombre de Debir era antes Quiriat-sefer.
JOS 15:16 Y dijo Caleb: Al que hiriere a Quiriat-sefer, y la tomare, yo le daré a mi hija Axa por esposa.
JOS 15:17 Y tomóla Otoniel, hijo de Cenez, hermano de Caleb; y él le dio por esposa a su hija Axa.
JOS 15:18 Y aconteció que cuando la lle­vaba, él la persuadió que pidiese a su padre tierras para labrar. Ella entonces se apeó del asno. Y Caleb le dijo: ¿Qué tienes?
JOS 15:19 Y ella respondió: Dame ben­dición: pues que me has dado tie­rra de secadal, dame también fuentes de aguas. Él entonces le dio las fuentes de arriba, y las de abajo.
JOS 15:20 Ésta pues es la herencia de la tribu de los hijos de Judá por sus familias.
JOS 15:21 Y fueron las ciudades del tér­mino de la tribu de los hijos de Judá hacia el término de Edom hacia el sur: Cabseel, y Eder, y Jagur,
JOS 15:22 Y Cina, y Dimona, y Adada,
JOS 15:23 Y Cedes, y Hazor, e Itnán,
JOS 15:24 Zif, y Telem, Bealot,
JOS 15:25 Y Hasor, Hadata, y Queriot, Hesron, que es Hasor,
JOS 15:26 Amam, y Sema, y Molada,
JOS 15:27 Y Hasar-gada, y Hesmón, y Bet-pelet,
JOS 15:28 Y Hasar-sual, Beersebah, y Bizotia,
JOS 15:29 Baala, e Iim, y Esem,
JOS 15:30 Y Eltolad, y Cesil, y Horma,
JOS 15:31 Y Siclag, y Madmana, Sansana,
JOS 15:32 Y Lebaot, Silim, y Aín, y Rimón; en todas veintinueve ciudades con sus aldeas.
JOS 15:33 En las llanuras, Estaol, y Sorea, y Asena,
JOS 15:34 Y Zanoa, y Enganim, Tapúa, y Enam,
JOS 15:35 Jerimot, y Adulam, Soco, y Aceca,
JOS 15:36 Y Saraim, y Aditaim, y Gedera, y Gederotaim; catorce ciudades con sus aldeas.
JOS 15:37 Senán, y Hadasa, y Migdalgad,
JOS 15:38 Y Dilán, y Mizpa, y Jocteel,
JOS 15:39 Laquis, y Boscat, y Eglón,
JOS 15:40 Y Cabón, y Lamas, y Quitlis,
JOS 15:41 Y Gederoh, Bet-dagón, y Naama, y Maceda; dieciséis ciu­dades con sus aldeas.
JOS 15:42 Libna, y Eter, y Asán,
JOS 15:43 Y Jifta, y Asna, y Nesib,
JOS 15:44 Y Ceila, y Aczib, y Maresa; nueve ciudades con sus aldeas.
JOS 15:45 Ecrón con sus villas y sus aldeas:
JOS 15:46 Desde Ecrón hasta el mar, todas las que están a la costa de Asdod con sus aldeas.
JOS 15:47 Asdod con sus villas y sus aldeas: Gaza con sus villas y sus aldeas hasta el río de Egipto, y la gran mar con sus términos.
JOS 15:48 Y en las montañas, Samir, y Jatir, y Sucot,
JOS 15:49 Y Dana, y Quiriat-sana, que es Debir,
JOS 15:50 Y Anab, y Estemo, y Anim,
JOS 15:51 Y Gosén, y Olón, y Gilo; once ciudades con sus aldeas.
JOS 15:52 Arab, y Dumah, y Esán,
JOS 15:53 Y Janum, y Bet-Tapúa, y Afeca,
JOS 15:54 Y Humta, y Quiriat-arba, que es Hebrón, y Sior; nueve ciu­dades con sus aldeas.
JOS 15:55 Maón, Carmel, y Zif, y Juta,
JOS 15:56 E Izreel, Jocdeam, y Zanoa,
JOS 15:57 Caín, Gibea, y Timna; diez ciudades con sus aldeas.
JOS 15:58 Halhul, y Betfur, y Gedor,
JOS 15:59 Y Maarat, y Bet-anot, y Eltecón; seis ciudades con sus aldeas.
JOS 15:60 Quiriat-baal, que es Quiriat-jearim, y Rabá; dos ciudades con sus aldeas.
JOS 15:61 En el desierto, Bet-araba, Midín, y Secaca,
JOS 15:62 Y Nibsan, y la ciudad de la sal, y Engedi; seis ciudades con sus aldeas.
JOS 15:63 Mas a los jebuseos que habi­taban en Jerusalem, los hijos de Judá no los pudieron desarraigar; antes quedó el jebuseo en Jerusalem con los hijos de Judá, hasta hoy.
JOS 16:1 Y LA suerte de los hijos de José salió desde el Jordán de Jericó hasta las aguas de Jericó hacia el oriente, al desierto que sube de Jericó al monte de Betel:
JOS 16:2 Y de Betel sale a Luz, y pasa al término de Archi en Atarot;
JOS 16:3 Y torna a descender hacia el mar al término de Jaflet, hasta el término de Bet-horón la de abajo, y hasta Gezer; y sale al mar.
JOS 16:4 Recibieron pues heredad los hijos de José, Manasés y Efraím.
JOS 16:5 Y fue el término de los hijos de Efraím por sus familias, fue el término de su herencia a la parte oriental, [desde] Atarot-adar hasta Bet-horón la de arriba:
JOS 16:6 Y sale este término al mar, y a Micmetat al norte, y da vuelta este término hacia el oriente a Tanat-silo, y de aquí pasa del oriente a Janoa:
JOS 16:7 Y de Janoa desciende a Atarot, y a Naarata, y toca en Jericó, y sale al Jordán.
JOS 16:8 Y de Tapúa torna este término hacia el mar al arroyo de Cana, y sale al mar. Ésta es la heredad de la tribu de los hijos de Efraím por sus familias.
JOS 16:9 Hubo también ciudades que se apartaron para los hijos de Efraím en medio de la herencia de los hijos de Manasés, todas ciudades con sus aldeas.
JOS 16:10 Y no echaron al cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el cananeo en medio de Efraím, hasta hoy, y fue tributa­rio.
JOS 17:1 Y TUVO también suerte la tribu de Manasés, porque fue primogénito de José. Maquir, primogénito de Manasés, padre de Galaad, el cual fue hombre de guerra, tuvo a Galaad y a Basán.
JOS 17:2 Tuvieron también [suerte] los otros hijos de Manasés conforme a sus familias: los hijos de Abiezer, y los hijos de Helec, y los hijos de Esriel, y los hijos de Siquem, y los hijos de Hefer, y los hijos de Semida; estos fueron los hijos varones de Manasés hijo de José, por sus familias.
JOS 17:3 Pero Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos, sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milca, y Tirsa.
JOS 17:4 Éstas vinieron delante de Eleazar sacerdote, y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: El SEÑOR mandó a Moisés que nos diese herencia entre nuestros hermanos. Y él les dio herencia entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho del SEÑOR.
JOS 17:5 Y cayeron a Manasés diez suertes a más de la tierra de Galaad y de Basán, que está de la otra parte del Jordán:
JOS 17:6 Porque las hijas de Manasés poseyeron herencia entre sus hijos: y la tierra de Galaad fue de los otros hijos de Manasés.
JOS 17:7 Y fue el término de Manasés desde Aser hasta Micmetat, la cual está delante de Siquem; y va este término a la mano derecha, a los que habitan en Tapúa.
JOS 17:8 Y la tierra de Tapúa fue de Manasés; pero Tapúa, que está junto al término de Manasés, es de los hijos de Efraím.
JOS 17:9 Y desciende este término al arroyo de Cana, hacia el sur del arroyo. Estas ciudades de Efraím están entre las ciudades de Manasés: y el término de Manasés es desde el norte del mismo arroyo, y sus salidas son al mar.
JOS 17:10 Efraím al sur, y Manasés al norte, y el mar es su término: y encuéntranse con Aser a la parte del norte, y con Isacar al oriente.
JOS 17:11 Tuvo también Manasés en Isacar y en Aser a Bet-san y sus aldeas, e Ibleam y sus aldeas, y los moradores de Dor y sus aldeas, y los moradores de Endor y sus aldeas, y los moradores de Taanac y sus aldeas, y los mora­dores de Meguido y sus aldeas: tres provincias.
JOS 17:12 Mas los hijos de Manasés no pudieron echar [a los] de aquellas ciudades; antes el cananeo quiso habitar en la tierra.
JOS 17:13 Pero cuando los hijos de Israel tomaron fuerzas, hicieron tributario al cananeo, mas no lo echaron.
JOS 17:14 Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué me has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo yo un pueblo tan grande y que el SEÑOR me ha así bendecido hasta ahora?
JOS 17:15 Y Josué les respondió: Si eres pueblo tan grande, sube tú al monte, y corta para ti allí en la tierra del ferezeo y de los gigantes, pues que el monte de Efraím es angosto para ti.
JOS 17:16 Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros [este] monte: y todos los cananeos que habitan la tierra de la campiña, tienen carros herrados; los que están en Bet-san y en sus alde­as, y los que están en el valle de Jezreel.
JOS 17:17 Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraím y Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes gran fuerza; no tendrás una sola suerte;
JOS 17:18 Mas aquel monte será tuyo; que bosque es, y tú lo cortarás, y serán tuyos sus términos: porque tú echarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.
JOS 18:1 Y TODA la congregación de los hijos de Israel se juntó en Silo, y asentaron allí el tabernáculo de la congregación, después que la tierra les fue sujeta.
JOS 18:2 Mas habían quedado en los hijos de Israel siete tribus, a las cuales aun no habían repartido su posesión.
JOS 18:3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuando seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado el SEÑOR el Dios de vuestros padres?
JOS 18:4 Señalad tres varones de cada tribu, para que yo los envíe, y que ellos se levanten, y recorran la tierra, y la describan conforme a sus heredades, y se tornen a mí.
JOS 18:5 Y la dividirán en siete partes: y Judá estará en su término al sur, y [los de] la casa de José estarán en el suyo al norte.
JOS 18:6 Vosotros, pues, delinearéis la tierra en siete partes, y me trae­réis la [descripción] aquí, y yo os echaré las suertes aquí delante del SEÑOR nuestro Dios.
JOS 18:7 Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros; por­que el sacerdocio del SEÑOR es la heredad de ellos: Gad también y Rubén, y la media tribu de Manasés, ya han recibido su heredad de la otra parte del Jordán al oriente, la cual les dio Moisés siervo del SEÑOR.
JOS 18:8 Levantándose pues aquellos varones, fueron: y mandó Josué a los que iban para delinear la tie­rra, diciéndoles: Id, recorred la tierra, y delineadla, y tornad a mí, para que yo os eche las suer­tes aquí delante del SEÑOR en Silo.
JOS 18:9 Fueron pues aquellos varones y pasearon la tierra, delineándola por ciudades en siete partes en un libro, y tornaron a Josué al campo en Silo.
JOS 18:10 Y Josué les echó las suertes delante del SEÑOR en Silo; y allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel por sus porciones.
JOS 18:11 Y sacóse la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín por sus familias: y salió el término de su suerte entre los hijos de Judá y los hijos de José.
JOS 18:12 Y fue el término de ellos al lado del norte desde el Jordán: y sube aquel término al lado de Jericó al norte; sube después al monte hacia el occidente, y viene a salir al desierto de Bet-aven:
JOS 18:13 Y de allí pasa aquel término a Luz, por el lado de Luz (ésta es Betel) hacia el sur. Y desciende este término de Atarot-adar al monte que está al sur de Bet-horón la de abajo.
JOS 18:14 Y torna este término, y da vuelta al lado del mar, al sur hasta el monte que está delante de Bet-horón al sur; y viene a salir a Quiriat-­baal, que es Quiriat-jearim, ciu­dad de los hijos de Judá. Éste es el lado del occidente.
JOS 18:15 Y el lado del sur es desde el cabo de Quiriat-jearim, y sale el término al occidente, y sale a la fuente de las aguas de Neftoa:
JOS 18:16 Y desciende este término al cabo del monte que está delan­te del valle del hijo de Hinom, que está en la campiña de los gigantes hacia el norte: descien­de luego al valle de Hinom, al lado del jebuseo al sur, y [de allí] desciende a la fuente de Rogel:
JOS 18:17 Y del norte torna y sale a Ensemes, y [de allí] sale a Gelilot, que está delante de la subida de Adumim, y descendía a la piedra de Bohan, hijo de Rubén:
JOS 18:18 Y pasa al lado que está delan­te de Arabá al norte, y des­ciende a Arabá:
JOS 18:19 Y torna a pasar este término por el lado de Bet-hogla hacia el norte, y viene a salir el térmi­no a la lengua del mar Salado al norte, al cabo del Jordán al sur. Éste es el término de hacia el sur.
JOS 18:20 Y el Jordán acaba este tér­mino al lado del oriente. Ésta es la heredad de los hijos de Benjamín por sus términos alre­dedor, conforme a sus familias.
JOS 18:21 Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, por sus fami­lias, fueron Jericó, Bet-hogla, y el valle de Casis,
JOS 18:22 Bet-araba, Samaraim, y Betel;
JOS 18:23 Y Avim, y Para, y Ofra,
JOS 18:24 Y Cefar-hamonai, Ofni, y Gaba; doce ciudades con sus aldeas:
JOS 18:25 Gabaón, Ramá, Beerot,
JOS 18:26 Y Mizpa, Cefira, y Moza,
JOS 18:27 Recom, Irpeel y Tarala,
JOS 18:28 Y Sela, Elef, Jebus, que es Jerusalem, Gibeat, y Quiriat; catorce ciudades con sus aldeas. Ésta es la heredad de los hijos de Benjamín, conforme a sus fami­lias.
JOS 19:1 LA SEGUNDA suerte salió por Simeón, por la tribu de los hijos de Simeón conforme a sus familias; y su heredad fue entre la heredad de los hijos de Judá.
JOS 19:2 Y tuvieron en su heredad a Beerseba, Seba, y Molada,
JOS 19:3 Hasar-sual, Bala, y Esem,
JOS 19:4 Heltolad, Betul, y Horma,
JOS 19:5 Siclag, Bet-marcabot, y Hasar-susa,
JOS 19:6 Bet-Lebaot, y Saruhén; trece ciudades con sus aldeas:
JOS 19:7 Aín, Rimón, Eter, y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas:
JOS 19:8 Y todas las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades hasta Baalat-beer, [que es] Ramat del sur. Ésta es la heredad de la tribu de los hijos de Simeón, según sus familias.
JOS 19:9 De la suerte de los hijos de Judá fue [sacada] la heredad de los hijos de Simeón; por cuanto la parte de los hijos de Judá era excesiva para ellos: así que los hijos de Simeón tuvieron su heredad en medio de la de ellos.
JOS 19:10 La tercera suerte salió por los hijos de Zabulón conforme a sus familias: y el término de su heredad fue hasta Sarid.
JOS 19:11 Y su término sube hasta el mar y hasta Merala, y llega hasta Dabeset, y [de allí] llega al arroyo que está delante de Jocneam.
JOS 19:12 Y tornando de Sarid hacia oriente, donde nace el sol al tér­mino de Chislot-tabor, sale a Daberat, y sube a Jafía;
JOS 19:13 Y pasando de allí hacia el lado oriental a Git-Hefer y a Ita-­kazin, sale a Rimón rodeando a Nea;
JOS 19:14 Y de [aquí] torna este término al norte a Hanatón, viniendo a salir al valle de Iftael;
JOS 19:15 Y [abraza] Catah, y Naalal, y Simrón, e Ideala, y Belem; doce ciudades con sus aldeas.
JOS 19:16 Ésta es la heredad de los hijos de Zabulón por sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
JOS 19:17 La cuarta suerte salió por Isacar, por los hijos de Isacar conforme a sus familias.
JOS 19:18 Y fue su término Izreel, y Chesulot, y Sunem,
JOS 19:19 Y Hafaraim, y Sión, y Anaarat,
JOS 19:20 Y Rabit, y Quisión, y Ebes,
JOS 19:21 Y Ramet, y En-ganim, y En-hada, y Bet-pases;
JOS 19:22 Y llega este término hasta Tabor, y Sahasim, y Bet-semes; y sale su término al Jordán: diez y seis ciudades con sus aldeas.
JOS 19:23 Ésta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
JOS 19:24 Y salió la quinta suerte por la tribu de los hijos de Aser por sus familias.
JOS 19:25 Y su término fue Helcat, y Halí, y Betén, y Acsaf,
JOS 19:26 Y Alamelec, y Amead, y Miseal; y llega hasta Carmel al occidente, y a Sihor-libnat;
JOS 19:27 Y tornando de donde nace el sol a Bet-dagón, llega a Zabulón, y al valle de Iftael al norte, a Bet-emec, y a Nehiel, y sale a Cabul a la izquierda;
JOS 19:28 Y [abraza] a Hebrón, y Rehob, y Hamón, y Cana, hasta la gran Sidón;
JOS 19:29 Y torna [de allí] este término a Horma, y hasta la fuerte ciudad de Tiro, y torna este término a Hosa, y sale al mar desde el territorio de Aczib:
JOS 19:30 También Uma, y Afec, y Rehob: veinte y dos ciudades con sus aldeas.
JOS 19:31 Ésta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser por sus fami­lias; estas ciudades con sus alde­as.
JOS 19:32 La sexta suerte salió por los hijos de Neftalí, por los hijos de Neftalí conforme a sus fami­lias.
JOS 19:33 Y fue su término desde Helef, y Allón-saananim, y Adami-neceb, y Jabneel, hasta Lacum; y sale al Jordán;
JOS 19:34 Y tornando [de allí] este térmi­no hacia el occidente a Aznot-­tabor, pasa de allí a Hucuca, y llega hasta Zabulón al sur, y al occidente confina con Aser, y con Judá al Jordán hacia donde nace el sol.
JOS 19:35 Y las ciudades fuertes son Sidim, Ser, y Hamat, Racat, y Cineret,
JOS 19:36 Y Adama, y Ramá, y Hazor,
JOS 19:37 Y Cedes, y Edrei, y En-hasor,
JOS 19:38 E Irón, y Migdalel, y Horem, y Bet-anat, y Bet-semes: diez y nueve ciudades con sus aldeas.
JOS 19:39 Ésta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí por sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
JOS 19:40 La séptima suerte salió por la tribu de los hijos de Dan por sus familias.
JOS 19:41 Y fue el término de su heredad, Sora, y Estaol, e Ir-semes,
JOS 19:42 Y Saalabín, y Ailón, y Jetla,
JOS 19:43 Y Elón, y Timnata, y Ecrón,
JOS 19:44 Y Elteque, Gibetón, y Baalat,
JOS 19:45 Y Jehud, y Bene-berác, y Gat-rimón,
JOS 19:46 Y Mejarcón, y Racón, con el término que está delante de Joppa.
JOS 19:47 Y faltóles término a los hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y combatieron a Lesem, y tomándola metiéronla a filo de espada, y la poseyeron y habita­ron en ella; y llamaron a Lesem, Dan, del nombre de Dan su padre.
JOS 19:48 Ésta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
JOS 19:49 Y después que acabaron de repartir la tierra en heredad por sus términos, dieron los hijos de Israel heredad a Josué hijo de Nun en medio de ellos:
JOS 19:50 Según la palabra del SEÑOR, le dieron la ciudad que él pidió, Timnat-sera, en el monte de Efraím; y él reedificó la ciudad, y habitó en ella.
JOS 19:51 Éstas son las heredades que Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres, entregaron por suerte en posesión a las tribus de los hijos de Israel en Silo delante del SEÑOR, a la entrada del taber­náculo de la congregación; y acabaron de repartir la tierra.
JOS 20:1 Y HABLÓ el SEÑOR a Josué, diciendo:
JOS 20:2 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por Moisés;
JOS 20:3 Para que se huya allí el homici­da que matare a alguno por yerro y no a sabiendas; que os sean por refugio del vengador de sangre.
JOS 20:4 Y el que se acogiere a alguna de aquellas ciudades, presentará­se a la puerta de la ciudad, y dirá sus causas, oyéndolo los ancia­nos de aquella ciudad: y ellos le recibirán consigo dentro de la ciudad, y le darán lugar que habi­te con ellos.
JOS 20:5 Y cuando el vengador de san­gre le siguiere, no entregarán en su mano al homicida, por cuanto hirió a su prójimo por yerro, ni tuvo con él antes enemistad.
JOS 20:6 Y quedará en aquella ciudad hasta que parezca en juicio delante de la congregación, hasta la muerte del gran sacerdote que fuere en aquel tiempo: entonces el homicida tornará y vendrá a su ciudad y a su casa y a la ciudad de donde huyó.
JOS 20:7 Entonces señalaron a Cedes en Galilea, en el monte de Neftalí, y a Siquem en el monte de Efraím, y a Quiriat-arba, que es Hebrón, en el monte de Judá.
JOS 20:8 Y de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente, señalaron a Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubén, y a Ramot en Galaad de la tribu de Gad, y a Gaulón en Basán de la tribu de Manasés.
JOS 20:9 Éstas fueron las ciudades seña­ladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que morase entre ellos, para que se huyera a ellas cualquiera que hiriese hombre por yerro, y no muriese por mano del vengador de sangre, hasta que comparecie­se delante de la congregación.
JOS 21:1 Y LOS principales de los padres de los levitas vinieron a Eleazar sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel;
JOS 21:2 Y habláronles en Silo en la tie­rra de Canaán, diciendo: El SEÑOR mandó por Moisés que nos fuesen dadas villas para habitar, con sus ejidos para nues­tras bestias.
JOS 21:3 Entonces los hijos de Israel dieron a los levitas de sus pose­siones, conforme a la palabra del SEÑOR, estas villas con sus eji­dos.
JOS 21:4 Y salió la suerte por las fami­lias de los coatitas; y fueron dadas por suerte a los hijos de Aarón sacerdote, que eran de los levitas, por la tribu de Judá, por la de Simeón y por la de Benjamín, trece villas.
JOS 21:5 Y a los otros hijos de Coat se dieron por suerte diez villas de las familias de la tribu de Efraím, y de la tribu de Dan, y de la media tribu de Manasés;
JOS 21:6 Y a los hijos de Gersón, por las familias de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la media tribu de Manasés en Basán, fueron dadas por suerte trece villas.
JOS 21:7 A los hijos de Merari por sus familias se dieron doce villas por la tribu de Rubén, y por la tribu de Gad, y por la tribu de Zabulón.
JOS 21:8 Y [así] dieron por suerte los hijos de Israel a los levitas estas villas con sus ejidos, como el SEÑOR lo había mandado por Moisés.
JOS 21:9 Y de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón dieron estas villas que fueron nombradas:
JOS 21:10 Y la primera suerte fue de los hijos de Aarón, de la familia de Coat, de los hijos de Leví;
JOS 21:11 A los cuales dieron Quiriat-­arba, del padre de Anac, la cual es Hebrón, en el monte de Judá, con sus ejidos en sus contornos.
JOS 21:12 Mas el campo de esta ciudad y sus aldeas dieron a Caleb hijo de Jefone, por su posesión.
JOS 21:13 Y a los hijos de Aarón sacer­dote dieron la ciudad de refugio para los homicidas, a Hebrón con sus ejidos; y a Libna con sus ejidos,
JOS 21:14 Y a Jatir con sus ejidos, y a Estemoa con sus ejidos,
JOS 21:15 A Helón con sus ejidos, y a Debir con sus ejidos,
JOS 21:16 A Ain con sus ejidos, a Juta con sus ejidos, y a Bet-semes con sus ejidos; nueve villas de estas dos tribus:
JOS 21:17 Y de la tribu de Benjamín, a Gibeón con sus ejidos, a Geba con sus ejidos,
JOS 21:18 A Anatot con sus ejidos, a Almón con sus ejidos: cuatro villas.
JOS 21:19 Todas las villas de los sacer­dotes, hijos de Aarón, son trece con sus ejidos.
JOS 21:20 Mas las familias de los hijos de Coat, levitas, los que queda­ban de los hijos de Coat, reci­bieron por suerte villas de la tribu de Efraím.
JOS 21:21 Y diéronles a Siquem, villa de refugio para los homicidas, con sus ejidos, en el monte de Efraím; y a Geser con sus eji­dos,
JOS 21:22 Y a Kibsaim con sus ejidos, y a Bet-horón con sus ejidos: cua­tro villas:
JOS 21:23 Y de la tribu de Dan a Elteque con sus ejidos, a Gibetón con sus ejidos,
JOS 21:24 A Ayalón con sus ejidos, a Gat-rimón con sus ejidos: cuatro villas:
JOS 21:25 Y de la media tribu de Manasés, a Taanac con sus eji­dos, y a Gat-rimón con sus ejidos: dos villas.
JOS 21:26 Todas las villas para el resto de las familias de los hijos de Coat fueron diez con sus ejidos.
JOS 21:27 A los hijos de Gersón de las familias de los levitas, [dieron] la villa de refugio para los homici­das, de la media tribu de Manasés: a Gaulón en Basán con sus ejidos, y a Bosra con sus eji­dos: dos villas.
JOS 21:28 Y de la tribu de Isacar, a Cesión con sus ejidos, a Daberet con sus ejidos,
JOS 21:29 A Jarmut con sus ejidos, y a En-ganim con sus ejidos: cuatro villas:
JOS 21:30 Y de la tribu de Aser, a Miseal con sus ejidos, a Abdón con sus ejidos,
JOS 21:31 A Helcat con sus ejidos, y a Rehob con sus ejidos: cuatro villas:
JOS 21:32 Y de la tribu de Neftalí, la villa de refugio para los homici­das, a Cedes en Galilea con sus ejidos, a Hamot-dor con sus ejidos, y a Cartán con sus ejidos: tres villas:
JOS 21:33 Todas las villas de los gersonitas por sus familias fue­ron trece villas con sus ejidos.
JOS 21:34 Y a las familias de los hijos de Merari, levitas que quedaban, [dióseles] de la tribu de Zabulón, a Jocneam con sus ejidos, Carta con sus ejidos,
JOS 21:35 Dimna con sus ejidos, Naalal con sus ejidos: cuatro villas:
JOS 21:36 Y de la tribu de Rubén, a Beser con sus ejidos, a Jasa con sus ejidos,
JOS 21:37 A Quedemot con sus ejidos, y Mefaat con sus ejidos: cuatro villas:
JOS 21:38 De la tribu de Gad, la villa de refugio para los homicidas, Ramot en Galaad con sus ejidos, y Mahanaim con sus ejidos,
JOS 21:39 Hesbón con sus ejidos, y Jacer con sus ejidos: cuatro villas.
JOS 21:40 Todas las villas de los hijos de Merari por sus familias, que res­taban de las familias de los levitas, fueron por sus suertes doce villas.
JOS 21:41 Y todas las villas de los levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho villas con sus ejidos.
JOS 21:42 Y estas ciudades estaban apar­tadas la una de la otra cada cual con sus ejidos alrededor de ellas: lo cual fue en todas estas ciuda­des.
JOS 21:43 Así dio el SEÑOR a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres; y poseyéronla, y habitaron en ella.
JOS 21:44 Y el SEÑOR les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres: y ninguno de todos los enemigos les paró delante, sino que el SEÑOR entregó en sus manos a todos sus enemigos.
JOS 21:45 No faltó palabra de todas las buenas que habló el SEÑOR a la casa de Israel; todo se cumplió.
JOS 22:1 ENTONCES Josué llamó a los rubenitas y a los gaditas, y a la media tribu de Manasés,
JOS 22:2 Y díjoles: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo del SEÑOR os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado.
JOS 22:3 No habéis dejado a vuestros hermanos en estos muchos días hasta hoy, antes habéis guardado la observancia de los manda­mientos del SEÑOR vuestro Dios.
JOS 22:4 Ahora pues que el SEÑOR vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como se lo había prometido, volved, y tor­nad a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo del SEÑOR os dio de la otra parte del Jordán.
JOS 22:5 Solamente que con diligencia cuidéis de poner por obra el man­damiento y la ley, que Moisés siervo del SEÑOR os intimó: que améis al SEÑOR vuestro Dios, y andéis en todos sus cami­nos; que guardéis sus manda­mientos, y os alleguéis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma.
JOS 22:6 Y bendiciéndolos Josué, los envió: y fuéronse a sus tiendas.
JOS 22:7 También a la media tribu de Manasés había dado Moisés [posesión] en Basán; mas a la otra media dio Josué [heredad] entre sus hermanos de estotra parte del Jordán al occidente: y también a éstos envió Josué a sus tiendas, después de haberlos bendecido.
JOS 22:8 Y hablóles, diciendo: Volveos a vuestras tiendas con grandes riquezas, y con grande copia de ganado, con plata, y con oro, y latón, y muchas vestiduras: par­tid con vuestros hermanos el des­pojo de vuestros enemigos.
JOS 22:9 Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, se tornaron, y partié­ronse de los hijos de Israel, de Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de sus posesio­nes, de la cual eran poseedores, según la palabra del SEÑOR por mano de Moisés.
JOS 22:10 Y llegando a los términos del Jordán, que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia.
JOS 22:11 Y los hijos de Israel oyeron decir como los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, habían edificado un altar delante de la tierra de Canaán, en los términos del Jordán, al paso de los hijos de Israel:
JOS 22:12 Lo cual como los hijos de Israel oyeron, juntóse toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos.
JOS 22:13 Y enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés en la tierra de Galaad, a Finees hijo de Eleazar sacerdo­te,
JOS 22:14 Y a diez príncipes con él; un príncipe de cada casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era cabeza de familia de sus padres en la multi­tud de Israel.
JOS 22:15 Los cuales vinieron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad, y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad; y habláron­les, diciendo:
JOS 22:16 Toda la congregación del SEÑOR dice así: ¿Qué transgre­sión es ésta con que prevaricáis contra el Dios de Israel, volvién­doos hoy de seguir al SEÑOR, edificándoos altar para ser hoy rebeldes contra el SEÑOR?
JOS 22:17 ¿Nos ha sido poco la maldad de Peor, de la que no estamos aún limpios hasta este día, por la cual fue la mortandad en la con­gregación del SEÑOR?
JOS 22:18 Y vosotros os volvéis hoy de seguir al SEÑOR; mas será que vosotros os rebelaréis hoy contra el SEÑOR, y mañana se airará él contra toda la congregación de Israel.
JOS 22:19 Que si os parece que la tierra de vuestra posesión es inmunda, pasaos a la tierra de la posesión del SEÑOR, en la cual está el tabernáculo del SEÑOR, y tomad posesión entre nosotros; pero no os rebeléis contra el SEÑOR, ni os rebeléis contra nosotros, edificándoos altar a más del altar del SEÑOR nuestro Dios.
JOS 22:20 ¿No cometió Acán, hijo de Zera, prevaricación en el anatema, y vino ira sobre toda la congregación de Israel? y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad.
JOS 22:21 Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, respondieron y dije­ron a los principales de la multi­tud de Israel:
JOS 22:22 El SEÑOR Dios de los dioses, el SEÑOR Dios de los dioses, él sabe, y él sabrá a Israel: si sea por rebelión, o por prevarica­ción contra el SEÑOR, (no nos salves hoy,)
JOS 22:23 Nos hemos edificado altar para tornarnos de en pos del SEÑOR, o para sacrificar ofrenda quemada o presente, o para hacer sobre él sacrificios pacíficos, el SEÑOR mismo [nos] lo demande.
JOS 22:24 Asimismo, si no lo hicimos por temor de esto, diciendo: Mañana vuestros hijos dirán a nuestros hijos: ¿Qué tenéis voso­tros con el SEÑOR el Dios de Israel?;
JOS 22:25 El SEÑOR ha puesto por tér­mino el Jordán entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en el SEÑOR: y así vues­tros hijos harán que nuestros hijos no teman al SEÑOR.
JOS 22:26 Por esto dijimos: Hagamos ahora por edificarnos un altar, no para ofrenda quemada ni para sacrifi­cio,
JOS 22:27 Sino para que sea un testimo­nio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio del SEÑOR delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios, y con nuestros pacíficos; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en el SEÑOR.
JOS 22:28 Nosotros, pues, dijimos: Si aconteciere que tal digan a noso­tros, o a nuestras generaciones en lo por venir, entonces responde­remos: Mirad el modelo del altar del SEÑOR, el cual hicieron nuestros padres, no para holo­caustos o sacrificios, sino para que fuese testimonio entre noso­tros y vosotros.
JOS 22:29 No permita Dios que nos rebelemos contra el SEÑOR, o que nos apartemos hoy de seguir al SEÑOR, edificando altar para holocaustos, para ofrenda, o para sacrificio, a más del altar del SEÑOR nuestro Dios que está delante de su tabernáculo.
JOS 22:30 Y oyendo Finees el sacerdo­te y los príncipes de la congrega­ción, y las cabezas de la multitud de Israel que con él estaban, las palabras que hablaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y los hijos de Manasés, fueron conten­tos de ello.
JOS 22:31 Y dijo Finees hijo del sacer­dote Eleazar, a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad, y a los hijos de Manasés: Hoy hemos entendido que el SEÑOR está entre nosotros, pues que no habéis intentado esta traición contra el SEÑOR. Ahora habéis librado a los hijos de Israel de la mano del SEÑOR.
JOS 22:32 Y Finees hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes, volvié­ronse de con los hijos de Rubén, y de con los hijos de Gad, de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel: a los cuales dieron la respuesta.
JOS 22:33 Y el negocio plugo a los hijos de Israel, y bendijeron a Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en gue­rra, para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad.
JOS 22:34 Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad pusieron por nom­bre al altar Ed; porque es testi­monio entre nosotros que el SEÑOR es Dios.
JOS 23:1 Y ACONTECIÓ, pasados muchos días después que el SEÑOR dio reposo a Israel de todos sus enemigos al contorno, que Josué, siendo viejo, y entrado en días,
JOS 23:2 Llamó a todo Israel, a sus ancianos, a sus príncipes, a sus jueces y a sus oficiales, y díjoles: Yo soy ya viejo y entrado en días:
JOS 23:3 Y vosotros habéis visto todo lo que el SEÑOR vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones en vuestra presencia; porque el SEÑOR vuestro Dios ha peleado por vosotros.
JOS 23:4 He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las des­truídas como las que quedan, desde el Jordán hasta el gran mar hacia donde el sol se pone.
JOS 23:5 Y el SEÑOR vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las lanzará de vuestra presencia: y vosotros poseeréis sus tierras, como el SEÑOR vuestro Dios os ha dicho.
JOS 23:6 Sed pues muy valientes para guar­dar y hacer todo lo que está escri­to en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a la dies­tra ni a la siniestra;
JOS 23:7 Que cuando entrareis a estas naciones que han quedado con vosotros, no hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dio­ses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos:
JOS 23:8 Mas al SEÑOR vuestro Dios os allegaréis, como habéis hecho hasta hoy;
JOS 23:9 Pues ha echado el SEÑOR delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido parar delante de vuestro rostro.
JOS 23:10 Un varón de vosotros perse­guirá a mil: porque el SEÑOR vuestro Dios pelea por vosotros, como él os dijo.
JOS 23:11 Por tanto, cuidad mucho por vuestras almas, que améis al SEÑOR vuestro Dios.
JOS 23:12 Porque si os apartareis, y os allegareis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, y entrareis a ellas, y ellas a vosotros;
JOS 23:13 Sabed que el SEÑOR vuestro Dios no echará más estas naciones delante de vosotros; antes os serán por lazo, y por tropiezo, y por azote para vuestros costados, y por espinas para vuestros ojos, hasta tanto que perezcáis de esta buena tierra que el SEÑOR vuestro Dios os ha dado.
JOS 23:14 Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra: reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdi­do una palabra de todas las bue­nas palabras que el SEÑOR vuestro Dios había dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una.
JOS 23:15 Mas será, que como ha veni­do sobre vosotros toda palabra buena que el SEÑOR vuestro Dios os había dicho, así [también] traerá el SEÑOR sobre vosotros toda palabra mala, hasta destrui­ros de sobre la buena tierra que el SEÑOR vuestro Dios os ha dado;
JOS 23:16 Cuando traspasareis el pacto del SEÑOR vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honran­do dioses ajenos, e inclinándoos a ellos. Y el furor del SEÑOR se inflamará contra vosotros, y luego pereceréis de esta buena tierra que él os ha dado.
JOS 24:1 Y JUNTANDO Josué todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, y a sus príncipes, a sus jueces, y a sus oficiales; y presentáronse delante de Dios.
JOS 24:2 Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, [es a saber], Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños.
JOS 24:3 Y yo tomé a vuestro padre Abraham de la otra parte del río, y trájelo por toda la tierra de Canaán, y aumenté su genera­ción, y díle a Isaac.
JOS 24:4 Y a Isaac di a Jacob y a Esaú: y a Esaú di el monte de Seir, que lo poseyese: mas Jacob y sus hijos descendieron a Egipto.
JOS 24:5 Y yo envié a Moisés y a Aarón, y herí a Egipto, al modo que lo hice en medio de él, y después os saqué.
JOS 24:6 Y saqué a vuestros padres de Egipto: y como llegaron al mar, los egipcios siguieron a vuestros padres hasta el mar Bermejo con carros y caballería.
JOS 24:7 Y como ellos clamasen al SEÑOR, él puso oscuridad entre vosotros y los egipcios, e hizo venir sobre ellos el mar, la cual los cubrió: y vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto. Después estuvisteis muchos días en el desierto.
JOS 24:8 Y os introduje en la tierra de los amorreos, que habitaban de la otra parte del Jordán, los cuales pelearon contra vosotros; mas yo los entregué en vuestras manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros.
JOS 24:9 Y levantóse después Balac hijo de Sefor, rey de los moabitas, y peleó contra Israel; y envió a lla­mar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese.
JOS 24:10 Mas yo no quise escuchar a Balaam, antes os bendijo repeti­damente, y os libré de sus manos.
JOS 24:11 Y pasado el Jordán, vinisteis a Jericó; y los moradores de Jericó pelearon contra vosotros: los amorreos, ferezeos, cananeos, heteos, gergeseos, heveos, y jebuseos: y yo los entregué en vuestras manos.
JOS 24:12 Y envié tábanos delante de vosotros, los cuales los echaron de delante de vosotros, [a saber,] a los dos reyes de los amorreos; no con tu espada, ni con tu arco.
JOS 24:13 Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis.
JOS 24:14 Ahora pues, temed al SEÑOR, y servidle con sinceri­dad y en verdad; y quitad de en medio los dioses a los cuales sir­vieron vuestros padres de esotra parte del río, y en Egipto; y ser­vid al SEÑOR.
JOS 24:15 Y si mal os parece servir al SEÑOR, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuan­do [estuvieron] de esotra parte del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habi­táis: que yo y mi casa serviremos al SEÑOR.
JOS 24:16 Entonces el pueblo respondió, y dijo: No permita Dios, que dejemos al SEÑOR por servir a otros dioses:
JOS 24:17 Porque el SEÑOR nuestro Dios es el que nos sacó a noso­tros y a nuestros padres de la tie­rra de Egipto, de la casa de servi­dumbre; el cual delante de nues­tros ojos ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.
JOS 24:18 Y el SEÑOR echó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra: nosotros, pues, también serviremos al SEÑOR, porque él es nuestro Dios.
JOS 24:19 Entonces Josué dijo al pue­blo: No podréis servir al SEÑOR, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.
JOS 24:20 Si dejareis al SEÑOR y sir­viereis a dioses ajenos, se volve­rá, y os maltratará, y os consumi­rá, después que os ha hecho bien.
JOS 24:21 El pueblo entonces dijo a Josué: No, antes al SEÑOR ser­viremos.
JOS 24:22 Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que os habéis elegido al SEÑOR para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.
JOS 24:23 Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón al SEÑOR Dios de Israel.
JOS 24:24 Y el pueblo respondió a Josué: Al SEÑOR nuestro Dios serviremos, y a su voz obedece­remos.
JOS 24:25 Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y púsole un estatuto y una ordenanza en Siquem.
JOS 24:26 Y escribió Josué estas pala­bras en el libro de la ley de Dios; y tomando una grande piedra, levantóla allí debajo de la encina que estaba junto al santuario del SEÑOR.
JOS 24:27 Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí esta piedra será entre nosotros por testigo, la cual ha oído todas las palabras del SEÑOR que él ha hablado con nosotros: será, pues, testigo con­tra vosotros, porque no mintáis contra vuestro Dios.
JOS 24:28 Y envió Josué al pueblo, cada uno a su heredad.
JOS 24:29 Y después de estas cosas murió Josué, hijo de Nun, siervo del SEÑOR, siendo de ciento y diez años.
JOS 24:30 Y enterráronlo en el término de su posesión en Timnat-sera, que está en el monte de Efraím, al norte del monte de Gaas.
JOS 24:31 Y sirvió Israel al SEÑOR todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué, y que sabían todas las obras del SEÑOR, que había hecho por Israel.
JOS 24:32 Y enterraron en Siquem los huesos de José que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hemor padre de Siquem, por cien piezas de plata; y fue en posesión a los hijos de José.
JOS 24:33 También murió Eleazar, hijo de Aarón; al cual enterraron en el collado de Finees su hijo, que le fue dado en el monte de Efraím.
JDG 1:1 Y ACONTECIÓ después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron al SEÑOR, diciendo: ¿Quién subirá por nosotros el primero a pelear contra los cananeos?
JDG 1:2 Y el SEÑOR respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entre­gado la tierra en sus manos.
JDG 1:3 Y Judá dijo a Simeón su her­mano: Sube conmigo a mi suer­te, y peleemos contra el cananeo, y yo también iré conti­go a tu suerte. Y Simeón fue con él.
JDG 1:4 Y subió Judá, y el SEÑOR entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; y de ellos hirieron en Bezec diez mil hombres.
JDG 1:5 Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él: e hirieron al cananeo y al ferezeo.
JDG 1:6 Mas Adoni-bezec huyó; y siguiéronle, y prendiéronle, y cortáronle los pulgares de las manos y de los pies.
JDG 1:7 Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pul­gares de sus manos y de sus pies, cogían [las migajas] debajo de mi mesa: como yo hice, así me ha pagado Dios. Y metiéronle en Jerusalem, donde murió.
JDG 1:8 Y habían combatido los hijos de Judá a Jerusalem, y la habían tomado, y metido a espada, y puesto a fuego la ciudad.
JDG 1:9 Después los hijos de Judá des­cendieron para pelear contra el cananeo que habitaba en las montañas, y en el sur, y en los llanos.
JDG 1:10 Y partió Judá contra el cananeo que habitaba en Hebrón, la cual se llamaba antes Quiriat-arba; e hirieron a Sesai, y a Ahiman, y a Talmai.
JDG 1:11 Y de allí fue a los que habita­ban en Debir, que antes se llama­ba Quiriat-sefer.
JDG 1:12 Y dijo Caleb: El que hiriere a Quiriat-sefer, y la tomare, yo le daré a Axa mi hija por esposa.
JDG 1:13 Y tomóla Otoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb: y él le dio a Axa su hija por esposa.
JDG 1:14 Y cuando la llevaban, persua­dióle que pidiese a su padre un campo. Y ella se apeó del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué tienes?
JDG 1:15 Ella entonces le respondió: Dame una bendición: que pues me has dado tierra de secadal, me des también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
JDG 1:16 Y los hijos de cineo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmas con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está al sur de Arad: y fueron y habitaron con el pueblo.
JDG 1:17 Y fue Judá a su hermano Simeón, e hirieron al cananeo que habitaba en Sefat, y asolá­ronla: y pusieron por nombre a la ciudad, Horma.
JDG 1:18 Tomó también Judá a Gaza con su término, y a Ascalón con su término, y a Ecrón con su tér­mino.
JDG 1:19 Y fue el SEÑOR con Judá, y echó a los de las montañas; mas no pudo echar a los que habita­ban en los llanos, los cuales tení­an carros herrados.
JDG 1:20 Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho: y él echó de allí tres hijos de Anac.
JDG 1:21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalem, no echaron los hijos de Benjamín, y así el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalem hasta hoy.
JDG 1:22 También los de la casa de José subieron a Betel; y fue el SEÑOR con ellos.
JDG 1:23 Y los de la casa de José pusie­ron espías en Betel, la cual ciu­dad antes se llamaba Luz.
JDG 1:24 Y los que espiaban vieron un hombre que salía de la ciudad, y dijéronle: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos contigo misericordia.
JDG 1:25 Y él les mostró la entrada a la ciudad, e hiriéronla a filo de espada; mas dejaron a aquel hombre con toda su familia.
JDG 1:26 Y fuese el hombre a la tierra de los heteos, y edificó una ciu­dad, a la cual llamó Luz: y este es su nombre hasta hoy.
JDG 1:27 Tampoco Manasés echó a [los de] Bet-sean, ni a [los de] sus aldeas, ni a [los de] Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus alde­as, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habita­ban en Meguido y en sus aldeas: mas el cananeo quiso habitar en esta tierra.
JDG 1:28 Pero cuando Israel tomó fuerzas hizo al cananeo tributa­rio, mas no lo echó.
JDG 1:29 Tampoco Efraím echó al cananeo que habitaba en Gezer; antes habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer.
JDG 1:30 Tampoco Zabulón echó a los que habitaban en Quitrón y a los que habitaban en Naalol; mas el cananeo habitó en medio de él, y le fueron tributarios.
JDG 1:31 Tampoco Aser echó a los que habitaban en Aco, y a los que habitaban en Sidón, y en Ahlab, y en Aczib, y en Helba, y en Afec, y en Rehob:
JDG 1:32 Antes moró Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra; pues no los echó.
JDG 1:33 Tampoco Neftalí echó a los que habitaban en Bet-semes, y a los que habitaban en Bet-­anat, sino que moró entre los cananeos que habitaban en la tierra; mas fuéronle tributarios los moradores de Bet-semes, y los moradores de Bet-anat.
JDG 1:34 Los amorreos apretaron a los hijos de Dan hasta el monte; que no los dejaron descender a la campiña.
JDG 1:35 Y quiso el amorreo habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbín; mas como la mano de la casa de José tomó fuerzas, hiciéronlos tributarios.
JDG 1:36 Y el término del amorreo fue desde la subida de Acrabim, desde la roca, y arriba.
JDG 2:1 Y EL ángel del SEÑOR subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres; y dije: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros;
JDG 2:2 Con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar: mas vosotros no habéis atendido a mi voz: ¿por qué habéis hecho esto?
JDG 2:3 Por tanto yo también dije: No los echaré de delante de voso­tros, sino que os serán por [azote para] vuestros costados, y sus dioses por tropiezo.
JDG 2:4 Y como el ángel del SEÑOR habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo lloró en alta voz.
JDG 2:5 Y llamaron por nombre aquel lugar Boquim: y sacrificaron allí al SEÑOR.
JDG 2:6 Porque ya Josué había despedi­do al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla.
JDG 2:7 Y el pueblo había servido al SEÑOR todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron largos días después de Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras del SEÑOR, que él había hecho por Israel.
JDG 2:8 Y murió Josué hijo de Nun, siervo del SEÑOR, siendo de ciento y diez años.
JDG 2:9 Y enterráronlo en el término de su heredad en Timnat-sera, en el monte de Efraím, al norte del monte de Gaas.
JDG 2:10 Y toda aquella generación fue también recogida con sus padres. Y levantóse después de ellos otra generación, que no conocían al SEÑOR, ni la obra que él había hecho por Israel.
JDG 2:11 Y los hijos de Israel hicieron lo malo en ojos del SEÑOR, y sirvieron a los Baales:
JDG 2:12 Y dejaron al SEÑOR el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y fuéronse tras otros dioses, los dioses de los pueblos que esta­ban en sus alrededores, a los cua­les adoraron; y provocaron a ira al SEÑOR.
JDG 2:13 Y dejaron al SEÑOR, y ado­raron a Baal y a Astarot.
JDG 2:14 Y el furor del SEÑOR se encendió contra Israel, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en manos de sus enemigos de alrededor: y no pudieron parar más delante de sus enemigos.
JDG 2:15 Por donde quiera que salían, la mano del SEÑOR era contra ellos para mal, como el SEÑOR había dicho, y como el SEÑOR se lo había jurado; así los afligió en gran manera.
JDG 2:16 Mas el SEÑOR suscitó jueces que los librasen de mano de los que los despojaban.
JDG 2:17 Y tampoco oyeron a sus jue­ces, sino que fornicaron tras dio­ses ajenos, a los cuales adoraron: apartáronse bien presto del cami­no en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos del SEÑOR; [mas] ellos no hicie­ron así.
JDG 2:18 Y cuando el SEÑOR les sus­citaba jueces, el SEÑOR era con el juez, y librábalos de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez: porque el SEÑOR se arrepentía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían.
JDG 2:19 Mas en muriendo el juez, ellos se tornaban, y se corrompí­an más que sus padres, siguiendo dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y nada disminuían de sus obras, ni de su duro camino.
JDG 2:20 Y la ira del SEÑOR se encen­dió contra Israel, y dijo: Pues que esta gente traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obede­cen mi voz,
JDG 2:21 Tampoco yo echaré más de delante de ellos a ninguna de estas naciones que dejó Josué cuando murió;
JDG 2:22 Para que por ellas probara yo a Israel, si guardarían ellos el camino del SEÑOR andando por él, como sus padres lo guarda­ron, o no.
JDG 2:23 Por esto dejó el SEÑOR aquellas naciones, y no las desarrai­gó luego, ni las entregó en mano de Josué.
JDG 3:1 ÉSTAS, pues, son las naciones que dejó el SEÑOR para probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas las guerras de Canaán;
JDG 3:2 Para que al menos el linaje de los hijos de Israel conociese, para enseñarlos en la guerra, siquiera [fuese] a los que antes no la habían conocido:
JDG 3:3 Cinco príncipes de los filisteos, y todos los cananeos, y los sidonios, y los heveos que habitaban en el monte Líbano: desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamat.
JDG 3:4 Éstos pues fueron para probar por ellos a Israel, para saber si obedecerían a los mandamientos del SEÑOR, que él había prescrito a sus padres por mano de Moisés.
JDG 3:5 Así los hijos de Israel habita­ban entre los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos, y jebuseos:
JDG 3:6 Y tomaron de sus hijas por esposas, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses.
JDG 3:7 Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo en ojos del SEÑOR: y olvidados del SEÑOR su Dios, sirvieron a los Baales, y a los bosques.
JDG 3:8 Y la saña del SEÑOR se encen­dió contra Israel, y vendiólos en manos de Chusan-risataim, rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Chusan-risataim ocho años.
JDG 3:9 Y clamaron los hijos de Israel al SEÑOR; y el SEÑOR suscitó salvador a los hijos de Israel y librólos; [es a saber], a Otoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb.
JDG 3:10 Y el Espíritu del SEÑOR fue sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y el SEÑOR entregó en su mano a Chusan-risataim, rey de Siria, y prevaleció su mano contra Chusan-risataim.
JDG 3:11 Y reposó la tierra cuarenta años; y murió Otoniel, hijo de Cenez.
JDG 3:12 Y tornaron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR; y el SEÑOR esforzó a Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo ante los ojos del SEÑOR.
JDG 3:13 Y juntó consigo a los hijos de Amón y de Amalec, y fue, e hirió a Israel, y tomó la ciudad de las palmas.
JDG 3:14 Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los moabitas diez y ocho años.
JDG 3:15 Y clamaron los hijos de Israel al SEÑOR; y el SEÑOR les sus­citó salvador, a Aod, hijo de Gera, benjamita, el cual tenía cerrada la mano derecha. Y los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab.
JDG 3:16 Y Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo de largo; y ciñóselo debajo de sus vestiduras a su lado derecho.
JDG 3:17 Y presentó el presente a Eglón rey de Moab; y era Eglón hom­bre muy grueso.
JDG 3:18 Y luego que hubo presentado el don, despidió a la gente que lo había traído.
JDG 3:19 Mas él se volvió desde los ídolos que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. Él entonces dijo: Calla. Y saliéronse de con él todos los que delante de él esta­ban.
JDG 3:20 Y llegóse Aod a él, el cual estaba sentado solo en una sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. Él enton­ces se levantó de la silla.
JDG 3:21 Mas Aod metió su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho, y metióselo por el vientre;
JDG 3:22 De tal manera que la empuña­dura entró también tras la hoja, y la grosura encerró la hoja, que él no sacó el puñal de su vientre: y salió el estiércol.
JDG 3:23 Y saliendo Aod al patio, cerró tras sí las puertas de la sala.
JDG 3:24 Y salido él, vinieron sus sier­vos, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano.
JDG 3:25 Y habiendo esperado hasta estar confusos, pues que él no abría las puertas de la sala, toma­ron la llave y abrieron: y he aquí su señor caído en tierra muerto.
JDG 3:26 Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod se escapó, y pasando los ídolos, salvóse en Seirat.
JDG 3:27 Y como hubo entrado, tocó el cuerno en el monte de Efraím, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él [iba] delan­te de ellos.
JDG 3:28 Entonces él les dijo: Seguidme, porque el SEÑOR ha entregado vuestros enemigos los moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán a Moab, y no dejaron pasar a nin­guno.
JDG 3:29 Y en aquel tiempo hirieron de los moabitas como diez mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó hombre.
JDG 3:30 Así quedó Moab sojuzgado aquel día bajo la mano de Israel: y reposó la tierra ochenta años.
JDG 3:31 Después de éste fue Samgar hijo de Anat, el cual hirió seis­cientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó a Israel.
JDG 4:1 MAS los hijos de Israel tornaron a hacer lo malo en ojos del SEÑOR, después de la muerte de Aod.
JDG 4:2 Y el SEÑOR los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Hazor: y el capitán de su ejército se [llamaba] Sísara, y él habitaba en Haroset de los gentiles.
JDG 4:3 Y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR, porque aquél tenía nuevecientos carros herrados: y había afligido en gran manera a los hijos de Israel por veinte años.
JDG 4:4 Y gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profe­tisa, esposa de Lapidot:
JDG 4:5 La cual Débora habitaba deba­jo de una palma entre Ramá y Betel, en el monte de Efraím: y los hijos de Israel subían a ella a juicio.
JDG 4:6 Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y díjole: ¿No te ha mandado el SEÑOR Dios de Israel, [diciendo]: Ve, y haz gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí, y de los hijos de Zabulón:
JDG 4:7 Y yo atraeré a ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejérci­to de Jabín, con sus carros y su ejército, y entregarélo en tus manos?
JDG 4:8 Y Barac le respondió: Si tú fue­res conmigo, yo iré: pero si no fueres conmigo, no iré.
JDG 4:9 Y ella dijo: Iré contigo; mas no será tu honra en el camino que vas; porque en mano de mujer venderá el SEÑOR a Sísara. Y levantándose Débora fue con Barac a Cedes.
JDG 4:10 Y juntó Barac a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subió con diez mil hombres a su mando, y Débora subió con él.
JDG 4:11 Y Heber cineo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se había apartado de los cineos, y puesto su tienda hasta el valle de Zaananim, que está junto a Cedes.
JDG 4:12 Vinieron pues las nuevas a Sísara como Barac hijo de Abinoam había subido al monte de Tabor.
JDG 4:13 Y reunió Sísara todos sus carros, nuevecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde Haroset de los gentiles hasta el arroyo de Cisón.
JDG 4:14 Entonces Débora dijo a Barac: Levántate; porque este es el día en que el SEÑOR ha entre­gado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido el SEÑOR delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él.
JDG 4:15 Y el SEÑOR desbarató a Sísara, y a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac: y Sísara des­cendió del carro, y huyó a pie.
JDG 4:16 Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroset de los gentiles, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada, hasta no quedar ni uno.
JDG 4:17 Y Sísara se acogió a pie a la tienda de Jael esposa de Heber cineo; porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber cineo.
JDG 4:18 Y saliendo Jael a recibir a Sísara, díjole: Ven, señor mío, ven a mí, no tengas temor. Y él vino a ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta.
JDG 4:19 Y él le dijo: Ruégote me des a beber una poca de agua, que tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y dióle de beber, y tornóle a cubrir.
JDG 4:20 Y él le dijo: Estáte a la puerta de la tienda, y si alguien viniere, y te inquiriere, diciendo: ¿Hay aquí alguno? tú responderás que no.
JDG 4:21 Y Jael, esposa de Heber, tomó una estaca de la tienda, y ponien­do un mazo en su mano, vino a él calladamente, y metióle la estaca por las sienes, y enclavólo en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y cansado; y [así] murió.
JDG 4:22 Y siguiendo Barac a Sísara, Jael salió a recibirlo, y díjole: Ven, y te mostraré al varón que tú buscas. Y él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca por la sien.
JDG 4:23 Así abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel.
JDG 4:24 Y la mano de los hijos de Israel comenzó a crecer y a forti­ficarse contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruye­ron.
JDG 5:1 Y AQUEL día cantó Débora, con Barac, hijo de Abinoam, diciendo:
JDG 5:2 Porque ha vengado las injurias de Israel, porque el pueblo se ha ofrecido de su voluntad, load al SEÑOR.
JDG 5:3 Oíd, reyes; estad, oh príncipes, atentos: yo cantaré al SEÑOR, cantaré [alabanzas] al SEÑOR Dios de Israel.
JDG 5:4 Cuando saliste de Seir, oh SEÑOR, cuando te apartaste del campo de Edom, la tierra tembló, y los cielos destilaron, y las nubes gotearon aguas.
JDG 5:5 Los montes se derritieron delante del SEÑOR, este Sinaí, delante del SEÑOR Dios de Israel.
JDG 5:6 En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, cesa­ron los caminos, y los que anda­ban por las sendas apartábanse por torcidos senderos.
JDG 5:7 Las aldeas habían cesado en Israel, habían decaído; hasta que yo Débora me levanté, me levanté madre en Israel.
JDG 5:8 En escogiendo nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas: ¿se veía escudo o lanza entre cuaren­ta mil en Israel?
JDG 5:9 Mi corazón está por los príncipes de Israel, los que con buena voluntad se ofrecieron entre el pueblo: load al SEÑOR.
JDG 5:10 Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas, los que presidís en juicio, y vosotros los que viajáis, hablad.
JDG 5:11 Lejos del ruido de los arche­ros, en los abrevaderos, allí repe­tirán las justicias del SEÑOR, las justicias de sus villas en Israel; entonces bajará el pueblo del SEÑOR a las puertas.
JDG 5:12 Despierta, despierta, Débora; despierta, despierta, profiere un cántico. Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam.
JDG 5:13 Entonces ha hecho que el que quedó del pueblo, señoree a los magníficos: el SEÑOR me hizo enseñorear sobre los fuertes.
JDG 5:14 De Efraím [salió] su raíz con­tra Amalec tras ti, Benjamín, contra tus pueblos; de Maquir descendieron príncipes, y de Zabulón los que solían manejar punzón de escribiente.
JDG 5:15 Príncipes también de Isacar fueron con Débora; y como Isacar, también Barac se puso a pie en el valle. De las divisio­nes de Rubén hubo grandes impresiones del corazón.
JDG 5:16 ¿Por qué te quedaste entre las majadas, para oír los balidos de los rebaños? De las divisiones de Rubén grandes fueron las disqui­siciones del corazón.
JDG 5:17 Galaad se quedó de la otra parte del Jordán: y Dan ¿por qué se estuvo junto a los navíos? Mantúvose Aser a la ribera del mar, y quedóse en sus puertos.
JDG 5:18 El pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte, y Neftalí en las alturas del campo.
JDG 5:19 Vinieron reyes y pelearon: entonces pelearon los reyes de Canaán en Taanac, junto a las aguas de Meguido, mas no lleva­ron ganancia alguna de dinero.
JDG 5:20 Del cielo pelearon: las estrellas desde sus órbitas pelea­ron contra Sísara.
JDG 5:21 Barriólos el torrente de Cisón, el antiguo torrente, el torrente de Cisón. Hollaste, oh alma mía, con fortaleza.
JDG 5:22 Despalmáronse entonces las pezuñas de los caballos por las arre­metidas, por los brincos de sus valientes.
JDG 5:23 Maldecid a Meroz, dijo el ángel del SEÑOR: maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron en socorro al SEÑOR, en socorro al SEÑOR contra los fuertes.
JDG 5:24 Bendita sea entre las mujeres Jael, esposa de Heber cineo; sobre las mujeres bendita sea en la tienda.
JDG 5:25 Él pidió agua, y dióle ella leche; en tazón de nobles le pre­sentó manteca.
JDG 5:26 Su mano tendió a la estaca, y su diestra al mazo de trabajado­res; y majó a Sísara, hirió su cabeza, llagó y atravesó sus sie­nes.
JDG 5:27 A los pies de ella se encorvó, cayó, quedó tendido: encorvóse a los pies de ella, cayó: donde se encorvó, allí mismo cayó muer­to.
JDG 5:28 La madre de Sísara se asoma a la ventana, y por entre las celo­sías a voces dice: ¿Por qué se detiene su carro, que no viene? ¿Por qué las ruedas de sus carros se tardan?
JDG 5:29 Las más avisadas de sus damas le respondían; y aun ella se respondía a sí misma.
JDG 5:30 ¿No han hallado despojos, [y los] están repartiendo? a cada uno una moza, o dos: los despojos de colores para Sísara, los despojos bordados de colores: [la ropa] de color bordada de ambos lados, para los cuellos de [los que han tomado] los despojos.
JDG 5:31 Así perezcan todos tus enemi­gos, oh SEÑOR: mas los que le aman, sean como el sol cuando nace en su fuerza. Y la tierra reposó cuarenta años.
JDG 6:1 MAS los hijos de Israel hicie- ron lo malo en los ojos del SEÑOR; y el SEÑOR los entregó en las manos de Madián por siete años.
JDG 6:2 Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fuertes.
JDG 6:3 Pues como los de Israel habían sembrado, subían los madianitas, y Amalecitas, y los orientales: subían contra ellos;
JDG 6:4 Y asentando campo contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
JDG 6:5 Porque subían ellos y sus gana­dos, y venían con sus tiendas en grande multitud como langosta, que no había número en ellos ni en sus camellos: así venían a la tierra para devastarla.
JDG 6:6 Era pues Israel en gran manera empobrecido por los madianitas; y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR.
JDG 6:7 Y cuando los hijos de Israel hubieron clamado al SEÑOR, a causa de los madianitas,
JDG 6:8 El SEÑOR envió un varón pro­feta a los hijos de Israel, el cual les dijo: Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre:
JDG 6:9 Yo os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra;
JDG 6:10 Y díjeos: Yo soy el SEÑOR vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis: mas no habéis obedecido a mi voz.
JDG 6:11 Y vino el ángel del SEÑOR, y sentóse debajo de la encina que está en Ofra, el cual era de Joas abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para hacerlo esconder de los madianitas.
JDG 6:12 Y el ángel del SEÑOR se le apareció, y díjole: el SEÑOR es contigo, varón esforzado.
JDG 6:13 Y Gedeón le respondió: Ah, SEÑOR mío, si el SEÑOR es con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todos sus milagros, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó el SEÑOR de Egipto? Y ahora el SEÑOR nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.
JDG 6:14 Y mirándole el SEÑOR, díjole: Ve con esta tu fortaleza, y sal­varás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?
JDG 6:15 Entonces le respondió: Ah, Señor mío, ¿con qué tengo de salvar a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.
JDG 6:16 Y el SEÑOR le dijo: Porque yo seré contigo, y herirás a los madianitas como a un [solo] hom­bre.
JDG 6:17 Y él respondió: Yo te ruego, que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.
JDG 6:18 Ruégote que no te vayas de aquí, hasta que a ti vuelva, y saque mi presente, y lo ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
JDG 6:19 Y entrándose Gedeón aderezó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo presen­tóselo debajo de aquella encina.
JDG 6:20 Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y ponlo sobre esta roca, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
JDG 6:21 Y extendiendo el ángel del SEÑOR el bordón que tenía en su mano, tocó con la punta en la carne y en los panes sin levadu­ra; y subió fuego de la roca, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel del SEÑOR desapareció de delante de él.
JDG 6:22 Y viendo Gedeón que era el ángel del SEÑOR, dijo: Ah, Señor DIOS, que he visto el ángel del SEÑOR cara a cara.
JDG 6:23 Y el SEÑOR le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.
JDG 6:24 Y edificó allí Gedeón altar al SEÑOR, al que llamó Jehová-­salom: [que] aun hasta hoy [está] en Ofra de los abiezeritas.
JDG 6:25 Y aconteció que la misma noche le dijo el SEÑOR: Toma un toro del hato de tu padre, y otro toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también el bosque que está junto a él:
JDG 6:26 Y edifica altar al SEÑOR tu Dios en la cumbre de esta roca, en el lugar ordenado, y tomando el segundo toro, sacrifí­calo en ofrenda quemada sobre la leña del bosque que habrás cortado.
JDG 6:27 Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como el SEÑOR le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, hízolo de noche.
JDG 6:28 Y a la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derri­bado, y cortado el bosque que junto a él estaba, y sacrificado aquel segundo toro sobre el altar edificado.
JDG 6:29 Y decíanse unos a otros: ¿Quién ha hecho esto? Y buscan­do e inquiriendo, dijéronles: Gedeón hijo de Joas lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciu­dad dijeron a Joas:
JDG 6:30 Saca fuera a tu hijo para que muera, por cuanto ha derribado el altar de Baal y ha cortado el bosque que junto a él estaba.
JDG 6:31 Y Joas respondió a todos los que estaban junto a él: ¿Tomaréis vosotros la demanda por Baal? ¿le salvaréis vosotros? Cualquiera que tomare la demanda por él, que muera mañana. Si [es] un dios, que con­tienda por sí mismo con el que derribó su altar.
JDG 6:32 Y aquel día llamó [él] a Gedeón Jerobaal; porque dijo: Pleitee Baal contra el que derribó su altar.
JDG 6:33 Y todos los madianitas, y Amalecitas, y orientales, se jun­taron a una, y pasando asentaron campo en el valle de Jezreel.
JDG 6:34 Y el Espíritu del SEÑOR se envistió en Gedeón, y como éste hubo tocado el cuerno, Abiezer se juntó con él.
JDG 6:35 Y envió mensajeros por todo Manasés, el cual también se juntó con él: asimismo envió mensajeros a Aser, y a Zabulón, y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.
JDG 6:36 Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,
JDG 6:37 He aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón sola­mente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que has de salvar a Israel por mi mano, como lo has dicho.
JDG 6:38 Y aconteció así: porque como se levantó de mañana, expri­miendo el vellón sacó de él el rocío, un vaso lleno de agua.
JDG 6:39 Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aun hablare esta vez: solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Ruégote que la sequedad sea sólo en el vellón, y el rocío sobre la tierra.
JDG 6:40 Y aquella noche lo hizo Dios así: porque la sequedad fue sólo en el vellón, y en toda la tierra estuvo el rocío.
JDG 7:1 LEVANTÁNDOSE pues de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campo junto a la fuente de Harod: y tenía el campo de los madianitas al norte, de la otra parte del collado de More, en el valle.
JDG 7:2 Y el SEÑOR dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los madianitas en su mano: porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salva­do.
JDG 7:3 Haz pues ahora proclamar, que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madru­gue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y volviéronse de los del pueblo veintidós mil: y quedaron diez mil.
JDG 7:4 Y el SEÑOR dijo a Gedeón: Aun es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí yo te los proba­ré; y del que yo te dijere: Vaya este contigo, vaya contigo: mas de cualquiera que yo te dijere: Éste no vaya contigo, el tal no vaya.
JDG 7:5 Entonces llevó el pueblo a las aguas: y el SEÑOR dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquél pondrás aparte; asimismo cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
JDG 7:6 Y fue el número de los que lamieron las aguas, llegándola con la mano a la boca, trescien­tos hombres: y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodi­llas para beber las aguas.
JDG 7:7 Entonces el SEÑOR dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron [el agua] os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos: y váyase toda la gente cada uno a su lugar.
JDG 7:8 Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, y sus boci­nas, envió a todos los israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres: y tenía el campo de Madián abajo en el valle.
JDG 7:9 Y aconteció que aquella noche el SEÑOR le dijo: Levántate, y desciende al campo; porque yo lo he entregado en tus manos.
JDG 7:10 Y si tienes temor de descen­der, baja tú con Fura tu criado al campo,
JDG 7:11 Y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforza­rán, y descenderás al campo. Y él descendió con Fura su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campo.
JDG 7:12 Y Madián, y Amalec, y todos los orientales, estaban tendidos en el valle como langostas en muchedumbre, y sus camellos eran innumerables, como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
JDG 7:13 Y luego que llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: que veía un pan de ceba­da que rodaba hasta el campo de Madián, y llegaba a las tiendas, y las hería [de tal manera] que caían, y las trastornaba de arriba abajo, y las tiendas caían.
JDG 7:14 Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel: Dios ha entrega­do en sus manos a los madianitas con todo el campo.
JDG 7:15 Y como Gedeón oyó la histo­ria del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campo de Israel, dijo: Levantaos, que el SEÑOR ha entregado el campo de Madián en vuestras manos.
JDG 7:16 Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a cada uno de ellos bocinas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cánta­ros.
JDG 7:17 Y díjoles: Miradme a mí, y haced como yo hiciere; he aquí que cuando yo llegare al princi­pio del campo, como yo hiciere, así haréis vosotros.
JDG 7:18 Yo tocaré la bocina y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las bocinas alrededor de todo el campo, y diréis: ¡Por el SEÑOR y Gedeón!
JDG 7:19 Llegó pues Gedeón, y los cien hombres que llevaba consigo, al principio del campo, a la entrada de la vela del medio, cuando aca­baban de renovar los centinelas; y tocaron las bocinas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos:
JDG 7:20 Y los tres escuadrones tocaron las bocinas, y quebrando los cán­taros tomaron en las manos izquierdas las teas, y en las dere­chas los cuernos con que tañian, y dieron grita: ¡La espada del SEÑOR y de Gedeón!
JDG 7:21 Y estuviéronse en sus lugares en derredor del campo: y todo el campo fue alborotado, y huyeron gritando.
JDG 7:22 Mas los trescientos tocaban las bocinas: y el SEÑOR puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campo. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, hacia Cerera, y hasta el término de Abel-mehola en Tabat.
JDG 7:23 Y juntándose los de Israel, de Neftalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron a los madianitas.
JDG 7:24 Gedeón también envió men­sajeros a todo el monte de Efraím, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomadles las aguas hasta Bet-bara y el Jordán. Y juntos todos los hombres de Efraím, toma­ron las aguas de Bet-bara y el Jordán.
JDG 7:25 Y tomaron dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb: y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb [lo] mataron en el lagar de Zeeb: y después que siguieron a los madianitas, traje­ron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón de la otra parte del Jordán.
JDG 8:1 Y LOS de Efraím le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián? Y reconviniéronlo fuertemente.
JDG 8:2 A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora como voso­tros? ¿No es el rebusco de Efraím mejor que la vendimia de Abiezer?
JDG 8:3 Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb, príncipes de Madián: ¿y qué pude yo hacer como vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta palabra.
JDG 8:4 Y vino Gedeón al Jordán para pasar, él y los trescientos hom­bres que traía consigo, cansados del alcance.
JDG 8:5 Y dijo a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me sigue [algunos] bocados de pan; porque están cansados, y yo per­sigo a Zeba y a Zalmuna, reyes de Madián.
JDG 8:6 Y los principales de Sucot respondieron: ¿Está ya la mano de Zeba y Zalmuna en tu mano, para que hayamos nosotros de dar pan a tu ejército?
JDG 8:7 Y Gedeón dijo: Pues cuando el SEÑOR hubiere entregado en mi mano a Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con espinas y abrojos del desierto.
JDG 8:8 Y de allí subió a Penuel, y hablóles las mismas palabras. Y los de Penuel le respondieron como habían respondido los de Sucot.
JDG 8:9 Y él habló también a los de Penuel, diciendo: Cuando yo tor­nare en paz, derribaré esta torre.
JDG 8:10 Y Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su ejército de como quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo el campo de los orientales: y los muertos [habían sido] ciento veinte mil hombres que sacaban espada.
JDG 8:11 Y subiendo Gedeón hacia los que habitaban en tiendas, a la parte oriental de Noba y de Jogbea, hirió el campo, porque estaba el ejército sin recelo.
JDG 8:12 Y huyendo Zeba y Zalmuna, él los siguió; y tomados los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmuna, espantó a todo el ejér­cito.
JDG 8:13 Y Gedeón hijo de Joas volvió de la batalla antes que el sol subiese;
JDG 8:14 Y tomó un mozo de los de Sucot, e inquirió de él, y él le dio por escrito los principales de Sucot y sus ancianos, setenta y siete varones.
JDG 8:15 Y entrando a los de Sucot, dijo: He aquí a Zeba y a Zalmuna, sobre los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Está ya la mano de Zeba y de Zalmuna en tu mano, para que demos noso­tros pan a tus hombres cansados?
JDG 8:16 Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinas y abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de Sucot.
JDG 8:17 Asimismo derribó la torre de Penuel, y mató a los de la ciudad.
JDG 8:18 Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué manera de hombres tenían aquellos que matasteis en Tabor? Y ellos res­pondieron: Como tú, tales eran aquellos ni más ni menos, que parecían hijos de rey.
JDG 8:19 Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre: ¡Vive el SEÑOR, que si los hubierais guardado en vida, yo no os mata­ría!
JDG 8:20 Y dijo a Jeter su primogéni­to: Levántate, y mátalos. Mas el joven no desenvainó su espada, porque tenía temor; que aun era muchacho.
JDG 8:21 Entonces dijo Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y máta­nos; porque como es el varón, tal es su valentía. Y Gedeón se levantó, y mató a Zeba y a Zalmuna; y tomó los adornos de lunetas que sus camellos traí­an al cuello.
JDG 8:22 Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor, tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de Madián.
JDG 8:23 Mas Gedeón respondió: No reinaré yo sobre vosotros, ni rei­nará mi hijo sobre vosotros: el SEÑOR reinará sobre vosotros.
JDG 8:24 Y díjoles Gedeón: Deseo haceros una petición, que cada uno me dé los zarcillos de su despojo. (Porque traían zarcillos de oro, que eran ismaelitas.)
JDG 8:25 Y ellos respondieron: De buena gana los daremos. Y ten­diendo una ropa de vestir, echó allí cada uno los zarcillos de su despojo.
JDG 8:26 Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil y sete­cientos [siclos] de oro; sin las plan­chas, y joyeles, y vestiduras de púrpura, que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello.
JDG 8:27 Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra: y todo Israel fornicó tras de ese [efod] en aquel lugar; y fue por tropiezo a Gedeón y a su casa.
JDG 8:28 Así fue humillado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más levantaron su cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.
JDG 8:29 Y Jerobaal hijo de Joas fue, y habitó en su casa.
JDG 8:30 Y tuvo Gedeón setenta hijos que salieron de su muslo, porque tuvo muchas esposas.
JDG 8:31 Y su concubina que estaba en Siquem, también le parió un hijo; y púsole por nombre Abimelec.
JDG 8:32 Y murió Gedeón hijo de Joas en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joas, en Ofra de los abiezeritas.
JDG 8:33 Y aconteció que como murió Gedeón, los hijos de Israel torna­ron, y fornicaron en pos de los Baales, y se pusieron por dios a Baal-berit.
JDG 8:34 Y no se acordaron los hijos de Israel del SEÑOR su Dios, que los había librado de todos sus enemigos alrededor:
JDG 8:35 Ni hicieron misericordia con la casa de Jerobaal Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.
JDG 9:1 Y FUESE Abimelec hijo de Jerobaal a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo:
JDG 9:2 Yo os ruego que habléis a oídos de todos los de Siquem: ¿Qué tenéis por mejor, que os señoreen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal; o que os señoree un varón? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra.
JDG 9:3 Y hablaron por él los hermanos de su madre a oídos de todos los de Siquem todas estas palabras: y el corazón de ellos se inclinó en favor de Abimelec, porque decían: Nuestro hermano es.
JDG 9:4 Y diéronle setenta [siclos] de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron.
JDG 9:5 Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus her­manos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una pie­dra: mas quedó Jotam, el más pequeño hijo de Jerobaal, que se escondió.
JDG 9:6 Y reunidos todos los de Siquem con toda la casa de Milo, fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que [estaba] en Siquem.
JDG 9:7 Y como se lo dijesen a Jotam, fue y púsose en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó, y díjoles: Oidme, varones de Siquem; que Dios os oiga.
JDG 9:8 Fueron los árboles a ungir rey sobre sí, y dijeron a la oliva: Reina sobre nosotros.
JDG 9:9 Mas la oliva respondió: ¿Tengo de dejar mi pingüe jugo, con el que por mi causa Dios y los hombres son honrados, por ir a ser grande sobre los árboles?
JDG 9:10 Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros.
JDG 9:11 Y respondió la higuera: ¿Tengo de dejar mi dulzura y mi buen fruto, por ir a ser grande sobre los árboles?
JDG 9:12 Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros.
JDG 9:13 Y la vid les respondió: ¿Tengo de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, por ir a ser grande sobre los árboles?
JDG 9:14 Dijeron entonces todos los árboles al escaramujo: Anda tú, reina sobre nosotros.
JDG 9:15 Y el escaramujo respondió a los árboles: Si en verdad me un­gís por rey sobre vosotros, venid, y aseguraos debajo de mi sombra: y si no, fuego salga del esca­ramujo que devore los cedros del Líbano.
JDG 9:16 Ahora pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si lo habéis hecho bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos;
JDG 9:17 (Pues que mi padre peleó por vosotros, y echó lejos su vida por libraros de mano de Madián;
JDG 9:18 Y vosotros os levantasteis hoy contra la casa de mi padre, y matasteis sus hijos, setenta varo­nes, sobre una piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec, hijo de su criada, por cuanto es vuestro her­mano:)
JDG 9:19 Si con verdad y con integri­dad habéis obrado hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros.
JDG 9:20 Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo; y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.
JDG 9:21 Y huyó Jotam, y se fugó, y fuese a Beer, y allí se estuvo por causa de Abimelec su hermano.
JDG 9:22 Y después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años,
JDG 9:23 Envió Dios un espíritu malo entre Abimelec y los hombres de Siquem: que los de Siquem se levantaron contra Abimelec:
JDG 9:24 Para que el agravio de los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, viniera a ponerse sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los hom­bres de Siquem que corroboraron las manos de él para matar a sus hermanos.
JDG 9:25 Y pusiéronle los de Siquem asechadores en las cumbres de los montes, los cuales salteaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino; de lo que fue dado aviso a Abimelec.
JDG 9:26 Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos, y pasáronse a Siquem: y los de Siquem se con­fiaron en él.
JDG 9:27 Y saliendo al campo, vendi­miaron sus viñas, y pisaron [la uva], e hicieron alegrías; y entran­do en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldije­ron a Abimelec.
JDG 9:28 Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec y qué es Siquem, para que nosotros a él sirvamos? ¿no es hijo de Jerobaal? ¿y [no es] Zebul su asis­tente? Servid a los varones de Hemor padre de Siquem: mas ¿por qué habíamos de servir a él?
JDG 9:29 Fuérame dado este pueblo bajo de mi mano, yo echaría luego a Abimelec. Y decía a Abimelec: Aumenta tu ejército, y sal.
JDG 9:30 Y Zebul asistente de la ciu­dad, oyendo las palabras de Gaal hijo de Ebed, encendióse su ira;
JDG 9:31 Y envió sagazmente mensajeros a Abimelec, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y he aquí, que han cercado la ciu­dad contra ti.
JDG 9:32 Levántate pues ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscada en el campo:
JDG 9:33 Y por la mañana al salir del sol te levantarás y acometerás la ciudad: y él y el pueblo que está con él saldrán contra ti, y tú harás con él según que se te ofrecerá.
JDG 9:34 Levantándose pues de noche Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, pusieron embosca­da contra Siquem con cuatro compañías.
JDG 9:35 Y Gaal hijo de Ebed salió, y púsose a la entrada de la puerta de la ciudad: y Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada.
JDG 9:36 Y viendo Gaal el pueblo, dijo a Zebul: He allí pueblo que des­ciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: La sombra de los montes te parece hombres.
JDG 9:37 Mas Gaal tornó a hablar, y dijo: He allí pueblo que descien­de por medio de la tierra, y un escuadrón viene camino de la llanura de Meonenim.
JDG 9:38 Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora aquel tu hablar, diciendo: Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues ahora, y pelea con él.
JDG 9:39 Y Gaal salió delante de los de Siquem, y peleó contra Abimelec.
JDG 9:40 Mas persiguiólo Abimelec, delante del cual él huyó; y caye­ron heridos muchos hasta la entrada de la puerta.
JDG 9:41 Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no morasen en Siquem.
JDG 9:42 Y aconteció al siguiente día, que el pueblo salió al campo: y fue dado aviso a Abimelec.
JDG 9:43 El cual, tomando gente, repar­tióla en tres compañías, y puso emboscadas en el campo: y como miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y levantóse contra ellos, e hiriólos:
JDG 9:44 Pues Abimelec y el escua­drón que estaba con él, acometie­ron con ímpetu, y pararon a la entrada de la puerta de la ciudad; y las dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, y los hirieron.
JDG 9:45 Y después de combatir Abimelec la ciudad todo aquel día, tomóla, y mató el pueblo que en ella estaba, y asoló la ciudad, y sembróla de sal.
JDG 9:46 Como oyeron esto todos los que estaban en la torre de Siquem, entráronse en la fortale­za del templo del dios Berit.
JDG 9:47 Y fue dicho a Abimelec como todos los de la torre de Siquem estaban reunidos.
JDG 9:48 Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y levantándola púsosela sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me veis a mí que hago, haced voso­tros prestamente como yo.
JDG 9:49 Y [así] todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec, y pusié­ronlas junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza: por manera que todos los de la torre de Siquem murie­ron, como unos mil hombres y mujeres.
JDG 9:50 Después Abimelec se fue a Tebes; y puso cerco a Tebes, y tomóla.
JDG 9:51 En medio de aquella ciudad había una torre fuerte, a la cual se retiraron todos los hombres y mujeres, y todos los señores de la ciudad; y cerrando tras sí [las puertas], subiéronse al piso alto de la torre.
JDG 9:52 Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegóse a la puer­ta de la torre para pegarle fuego.
JDG 9:53 Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y quebróle los cascos.
JDG 9:54 Y luego llamó él a su escude­ro, y díjole: Saca tu espada y mátame, porque no se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió.
JDG 9:55 Y como los israelitas vieron muerto a Abimelec, fuéronse cada uno a su casa.
JDG 9:56 Así pues pagó Dios a Abimelec el mal que hizo con­tra su padre matando a sus seten­ta hermanos.
JDG 9:57 Y aun todo el mal de los hom­bres de Siquem tornó Dios sobre sus cabezas: y la maldición de Jotam, hijo de Jerobaal, vino sobre ellos.
JDG 10:1 Y DESPUÉS de Abimelec, levantóse para librar a Israel, Tola hijo de Púa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en Samir, en el monte de Efraím.
JDG 10:2 Y juzgó a Israel veintitrés años, y murió, y fue sepultado en Samir.
JDG 10:3 Tras él se levantó Jair, galaadita, el cual juzgó a Israel veintidós años.
JDG 10:4 Éste tuvo treinta hijos que cabalgaban sobre treinta asnos, y tenían treinta villas, que se lla­maron las villas de Jair hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad.
JDG 10:5 Y murió Jair, y fue sepultado en Camón.
JDG 10:6 Mas los hijos de Israel tornaron a hacer lo malo en los ojos del SEÑOR, y sirvieron a los Baales y a Astarot, y a los dioses de Siria, y a los dioses de Sidón, y a los dioses de Moab, y a los dio­ses de los hijos de Amón, y a los dioses de los filisteos: y dejaron al SEÑOR, y no le sirvieron.
JDG 10:7 Y el SEÑOR se airó contra Israel, y vendiólos en mano de los filisteos, y en mano de los hijos de Amón:
JDG 10:8 Los cuales molieron y que­brantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo dieciocho años, a todos los hijos de Israel que esta­ban de la otra parte del Jordán en la tierra del amorreo, que es en Galaad.
JDG 10:9 Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá, y contra Benjamín, y la casa de Efraím: y fue Israel en gran manera afli­gido.
JDG 10:10 Y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR, diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro Dios, y servido a los Baales.
JDG 10:11 Y el SEÑOR respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos,
JDG 10:12 De los de Sidón, de Amalec, y de Maón, y clamando a mí os he librado de sus manos?
JDG 10:13 Mas vosotros me habéis deja­do, y habéis servido a dioses aje­nos: por tanto, yo no os libraré más.
JDG 10:14 Andad, y clamad a los dioses que os habéis elegido, que os libren en el tiempo de vuestra aflicción.
JDG 10:15 Y los hijos de Israel respondieron al SEÑOR: Hemos pecado; haz tú con nosotros como bien te pareciere: solamente que ahora nos libres en este día.
JDG 10:16 Y quitaron de entre sí los dio­ses ajenos, y sirvieron al SEÑOR: y su alma fue angustia­da a causa del trabajo de Israel.
JDG 10:17 Y juntándose los hijos de Amón, asentaron campo en Galaad: juntáronse asimismo los hijos de Israel, y asentaron su campo en Mizpa.
JDG 10:18 Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién será el que comenzará la batalla contra los hijos de Amón? él será cabeza sobre todos los que habitan en Galaad.
JDG 11:1 EXISTÍA entonces Jefté, galaadita, hombre valiente, hijo de una ramera, al cual había engendrado Galaad.
JDG 11:2 Y la esposa de Galaad [también] le había parido hijos; los cuales cuando fueron grandes, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo.
JDG 11:3 Huyendo pues Jefté a causa de sus hermanos, habitó en tierra de Tob; y juntáronse con él hom­bres ociosos, los cuales con él salían.
JDG 11:4 Y aconteció que después de algunos días los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel:
JDG 11:5 Y como los hijos de Amón tenían guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para volver a Jefté de tierra de Tob;
JDG 11:6 Y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro capitán, para que pelee­mos con los hijos de Amón.
JDG 11:7 Y Jefté respondió a los ancia­nos de Galaad: ¿No me habéis vosotros aborrecido, y me echas­teis de la casa de mi padre? ¿por qué pues venís ahora a mí cuan­do estáis en aflicción?
JDG 11:8 Y los ancianos de Galaad res­pondieron a Jefté: Por esta misma causa tornamos ahora a ti, para que vengas con nosotros, y pelees contra los hijos de Amón, y nos seas cabeza a todos los que moramos en Galaad.
JDG 11:9 Jefté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me vol­véis para que pelee contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestra cabeza?
JDG 11:10 Y los ancianos de Galaad res­pondieron a Jefté: El SEÑOR oiga entre nosotros, si no hiciére­mos como tú dices.
JDG 11:11 Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su cabeza y príncipe; y Jefté habló todas sus pala­bras delante del SEÑOR en Mizpa.
JDG 11:12 Y envió Jefté embajadores al rey de los amonitas, dicien­do: ¿Qué tienes tú conmigo que has venido a mí para hacer gue­rra en mi tierra?
JDG 11:13 Y el rey de los amonitas respondió a los embajadores de Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; por tanto, devuélve­las ahora en paz.
JDG 11:14 Y Jefté tornó a enviar otros embajadores al rey de los amonitas,
JDG 11:15 Para decirle: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Amón:
JDG 11:16 Mas subiendo Israel de Egipto, anduvo por el desierto hasta el mar Bermejo, y llegó a Cades.
JDG 11:17 Entonces Israel envió embaja­dores al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra. Mas el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab; el cual tampoco quiso: quedóse por tanto Israel en Cades.
JDG 11:18 Después, yendo por el desier­to, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, asentó su campo de esto­tra parte de Arnón, y no entraron por el término de Moab: porque Arnón término es de Moab.
JDG 11:19 Y envió Israel embajadores a Sehón rey de los amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: Ruégote que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar.
JDG 11:20 Mas Sehón no se fió de Israel para darle paso por su término; antes juntando Sehón toda su gente, puso campo en Jaas, y peleó contra Israel.
JDG 11:21 Y el SEÑOR Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su pueblo en mano de Israel, y venciólos: y poseyó Israel toda la tierra del amorreo que habitaba en aquel país.
JDG 11:22 Poseyeron también todo el término del amorreo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.
JDG 11:23 Así que el SEÑOR Dios de Israel echó los amorreos delan­te de su pueblo Israel: ¿y lo has de poseer tú?
JDG 11:24 Si Quemos tu dios te echase alguno, ¿no lo poseerías tú? Así poseeremos nosotros a todo aquel que echó el SEÑOR nues­tro Dios de delante de nosotros.
JDG 11:25 ¿Eres tú ahora en algo mejor que Balac hijo de Sefor, rey de Moab? ¿tuvo él cuestión contra Israel, o hizo guerra contra ellos?
JDG 11:26 Cuando Israel ha estado habi­tando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades que están a los términos de Arnón, ¿por qué no las habéis reclamado en ese tiempo?
JDG 11:27 Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal con­migo haciéndome guerra: el SEÑOR, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.
JDG 11:28 Mas el rey de los hijos de Amón no atendió las razones de Jefté que le envió.
JDG 11:29 Y el Espíritu del SEÑOR fue sobre Jefté: y pasó por Galaad y Manasés; y de allí pasó a Mizpa de Galaad; y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.
JDG 11:30 Y Jefté hizo voto al SEÑOR, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos,
JDG 11:31 Cualquiera que me saliere a recibir de las puertas de mi casa, cuando volviere de los amonitas en paz, será del SEÑOR, y le ofreceré en ofrenda quemada.
JDG 11:32 Pasó pues Jefté a los hijos de Amón para pelear contra ellos; y el SEÑOR los entregó en su mano.
JDG 11:33 Y los hirió de grandísimo estrago desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades; y hasta la vega de las viñas. Así fueron domeñados los amonitas delante de los hijos de Israel.
JDG 11:34 Y volviendo Jefté a Mizpa a su casa, he aquí que su hija le salió a recibir con adufes y dan­zas, y era la sola, la única suya; no tenía fuera de ella otro hijo ni hija.
JDG 11:35 Y como él la vio, rompió sus vestiduras diciendo: ¡Ay, hija mía! de verdad me has abatido, y tú eres de los que me afligen: por­que yo he abierto mi boca al SEÑOR, y no podré retractarme.
JDG 11:36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si has abierto tu boca al SEÑOR, haz de mí como salió de tu boca, pues que el SEÑOR ha hecho venganza en tus enemi­gos los hijos de Amón.
JDG 11:37 Y tornó a decir a su padre: Hágasme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.
JDG 11:38 Él entonces dijo: Ve. Y dejóla por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virgini­dad por los montes.
JDG 11:39 Pasados los dos meses volvió a su padre, e hizo de ella confor­me a su voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.
JDG 11:40 De aquí fue la costumbre en Israel que de año en año iban las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cua­tro días en el año.
JDG 12:1 Y JUNTÁNDOSE los varones de Efraím, pasaron hacia el norte, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? Nosotros quemaremos a fuego tu casa contigo.
JDG 12:2 Y Jefté les respondió: Yo tuve, y mi pueblo, una gran con­tienda con los hijos de Amón, y os llamé, y no me defendisteis de sus manos.
JDG 12:3 Viendo pues que no me defen­díais, puse mi alma en mi palma, y pasé contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entre­gó en mi mano: ¿por qué pues habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo?
JDG 12:4 Y juntando Jefté a todos los varones de Galaad, peleó contra Efraím; y los de Galaad hirie­ron a Efraím, porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraím, vosotros sois galaaditas entre Efraím y Manasés.
JDG 12:5 Y los galaaditas tomaron los vados del Jordán a Efraím; y era que, cuando alguno de los de Efraím que había huído, decía, ¿pasaré? los de Galaad le pre­guntaban: ¿Eres tú efrateo? Si él respondía, No;
JDG 12:6 Entonces le decían: Ahora pues, di, Shibolet. Y él decía, Sibolet; porque no podía pro­nunciar de aquella suerte. Entonces le echaban mano, y le degollaban junto a los vados del Jordán. Y murieron entonces de los de Efraím cuarenta y dos mil.
JDG 12:7 Y Jefté juzgó a Israel seis años: luego murió Jefté galaadita, y fue sepultado en [una de] las ciudades de Galaad.
JDG 12:8 Después de él juzgó a Israel Ibzan de Belem;
JDG 12:9 El cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos: y juzgó a Israel siete años.
JDG 12:10 Y murió Ibzan, y fue sepulta­do en Belem.
JDG 12:11 Después de él juzgó a Israel Elón, zabulonita, el cual juzgó a Israel diez años.
JDG 12:12 Y murió Elón, zabulonita, y fue sepultado en Ajalón en la tie­rra de Zabulón.
JDG 12:13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel, piratonita.
JDG 12:14 Éste tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban sobre setenta asnos: y juzgó a Israel ocho años.
JDG 12:15 Y murió Abdón hijo de Hilel, piratonita, y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraím, en el monte de Amalec.
JDG 13:1 Y LOS hijos de Israel tornaron a hacer lo malo en los ojos del SEÑOR; y el SEÑOR los entregó en mano de los filisteos, por cuarenta años.
JDG 13:2 Y había un hombre de Sora, de la tribu de Dan, el cual se llama­ba Manoa; y su esposa era estéril, que nunca había parido.
JDG 13:3 A [esta] mujer apareció el ángel del SEÑOR, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has pari­do; mas concebirás y parirás un hijo.
JDG 13:4 Ahora, pues, mira que ahora no bebas vino, ni bebida fuerte, ni comas cosa inmunda.
JDG 13:5 Porque tú te harás embarazada, y parirás un hijo: y no subirá navaja sobre su cabeza, porque aquel niño será Nazareo a Dios desde el vientre, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.
JDG 13:6 Y la mujer vino y contólo a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre.
JDG 13:7 Y díjome: He aquí que tú con­cebirás, y parirás un hijo: por tanto, ahora no bebas vino, ni bebida fuerte, ni comas cosa inmunda; porque este niño desde el vientre será Nazareo a Dios hasta el día de su muerte.
JDG 13:8 Entonces oró Manoa al SEÑOR, y dijo: Ah, SEÑOR mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, torne ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer.
JDG 13:9 Y Dios oyó la voz de Manoa: y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella.
JDG 13:10 Y la mujer corrió prontamen­te, y noticiólo a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el [otro] día.
JDG 13:11 Y levantóse Manoa, y siguió a su esposa; y así que llegó al varón, díjole: ¿Eres tú aquel varón que hablaste a la mujer? Y él dijo: Yo soy.
JDG 13:12 Entonces Manoa dijo: Cúmplase pues tu palabra. ¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?
JDG 13:13 Y el ángel del SEÑOR res­pondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije:
JDG 13:14 Ella no comerá cosa que pro­ceda de vid [que da] vino; no beberá vino ni bebida fuerte, y no comerá cosa inmunda: ha de guardar todo lo que le mandé.
JDG 13:15 Entonces Manoa dijo al ángel del SEÑOR: Ruégote permitas que te detengamos, y aderezare­mos un cabrito [que poner] delan­te de ti.
JDG 13:16 Y el ángel del SEÑOR res­pondió a Manoa: Aunque me detengas no comeré de tu pan: mas si quisieres hacer ofrenda quemada, sacrifícalo al SEÑOR. Y no sabía Manoa que aquél fuese el ángel del SEÑOR.
JDG 13:17 Entonces dijo Manoa al ángel del SEÑOR: ¿Cómo es tu nom­bre, para que cuando se cumplie­re tu palabra te honremos?
JDG 13:18 Y el ángel del SEÑOR res­pondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto?
JDG 13:19 Y Manoa tomó un cabrito de las cabras y un presente, y sacri­ficólo sobre una peña al SEÑOR: y [el ángel] hizo milagro a vista de Manoa y de su esposa.
JDG 13:20 Porque aconteció que como la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel del SEÑOR subió en la llama del altar a vista de Manoa y de su esposa, los cuales se postraron en tierra sobre sus rostros.
JDG 13:21 Y el ángel del SEÑOR no tornó a aparecer a Manoa ni a su esposa. Entonces conoció Manoa que era el ángel del SEÑOR.
JDG 13:22 Y dijo Manoa a su esposa: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.
JDG 13:23 Y su esposa le respondió: Si el SEÑOR nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos una ofrenda quemada y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto.
JDG 13:24 Y la mujer parió un hijo, y lla­móle por nombre Samsón. Y el niño creció, y el SEÑOR lo ben­dijo.
JDG 13:25 Y el Espíritu del SEÑOR comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Sora y Estaol.
JDG 14:1 Y DESCENDIENDO Samsón a Timnah, vio en Timnah una mujer de las hijas de los filisteos.
JDG 14:2 Y subió, y declarólo a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnah una mujer de las hijas de los filisteos: ruégoos que me la toméis por esposa.
JDG 14:3 Y su padre y su madre le dije­ron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo mi pueblo, para que vayas tú a tomar esposa de los filisteos incircuncisos? Y Samsón res­pondió a su padre: Tómamela [por esposa], porque ésta agradó a mis ojos.
JDG 14:4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía del SEÑOR, y que él buscaba ocasión contra los filisteos: porque en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel.
JDG 14:5 Y Samsón descendió con su padre y con su madre a Timnah: y como llegaron a las viñas de Timnah, he aquí un cachorro de león que venía bramando hacia él.
JDG 14:6 Y el Espíritu del SEÑOR cayó sobre él, y despedazólo como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano: y no dio a entender a su padre ni a su madre lo que había hecho.
JDG 14:7 Vino pues, y habló a la mujer que había agradado a Samsón.
JDG 14:8 Y volviendo después de algu­nos días para tomarla, apartóse para ver el cuerpo muerto del león, y he aquí en el cuerpo del león un enjambre de abejas, y [un panal de] miel.
JDG 14:9 Y tomándolo en sus manos, fuese comiéndolo por el camino: y llegado que hubo a su padre y a su madre, dióles también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león.
JDG 14:10 Vino pues su padre a la mujer, y Samsón hizo allí banquete; porque así solían hacer los man­cebos.
JDG 14:11 Y como ellos le vieron, toma­ron treinta compañeros que estu­viesen con él;
JDG 14:12 A los cuales Samsón dijo: Yo os propondré ahora un enigma, el cual si en los siete días del ban­quete vosotros me declarareis y descubriereis, yo os daré treinta sábanas y treinta mudas de vestiduras.
JDG 14:13 Mas si no me lo supiereis declarar, vosotros me daréis las treinta sábanas y las treinta mudas de vestiduras. Y ellos res­pondieron: Propónnos tu enig­ma, y lo oiremos.
JDG 14:14 Entonces les dijo: Del come­dor salió comida, y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudie­ron declararle el enigma en tres días.
JDG 14:15 Y al séptimo día dijeron a la esposa de Samsón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma, porque no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Habéisnos llamado aquí para poseernos?
JDG 14:16 Y lloró la esposa de Samsón delante de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues que no me declaras el enig­ma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado; y ¿había­lo de declarar a ti?
JDG 14:17 Y ella lloró delante de él los siete días que ellos tuvieron ban­quete: mas al séptimo día él se [lo] declaró, porque le constriñó; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo.
JDG 14:18 Y al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla, nunca hubierais descu­bierto mi enigma.
JDG 14:19 Y el Espíritu del SEÑOR cayó sobre él, y descendió a Ascalón, e hirió treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestiduras a los que habían explicado el enigma: y encendido en enojo fuese a casa de su padre.
JDG 14:20 Y la esposa de Samsón fue [dada] a su compañero, con el cual él [antes] se acompañaba.
JDG 15:1 Y ACONTECIÓ después de algunos días, que en el tiempo de la siega del trigo, Samsón visitó a su esposa con un cabrito, diciendo: Entraré a mi esposa a la cámara. Mas el padre de ella no lo dejó entrar.
JDG 15:2 Y dijo el padre de ella: Persuadíme que la aborrecías, y díla a tu compañero. Mas su her­mana menor, ¿no es más hermo­sa que ella? tómala, pues, en su lugar.
JDG 15:3 Y Samsón les respondió: Yo seré sin culpa esta vez para con los filisteos, si mal les hiciere.
JDG 15:4 Y fue Samsón y cogió trescien­tas zorras, y tomando teas, y tra­bando aquéllas por las colas, puso entre cada dos colas una tea.
JDG 15:5 Después, encendiendo las teas, echó las [zorras] en los sembrados de los filisteos, y quemó hacinas y mieses, y viñas y olivares.
JDG 15:6 Y dijeron los filisteos: ¿Quién hizo esto? Y fueles dicho: Samsón, el yerno del Timnateo, porque le quitó su esposa y la dio a su compañero. Y vinieron los filisteos, y quemaron a fuego a ella y a su padre.
JDG 15:7 Entonces Samsón les dijo: ¿Así lo habíais de hacer? mas yo me vengaré de vosotros, y después cesaré.
JDG 15:8 E hiriólos pierna y muslo con gran mortandad; y descendió, y fijóse en la cueva de la peña de Etam.
JDG 15:9 Y los filisteos subieron y pusieron campo en Judá, y ten­diéronse por Lehi.
JDG 15:10 Y los varones de Judá les dije­ron: ¿Por qué habéis subido con­tra nosotros? Y ellos respondie­ron: A prender a Samsón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho.
JDG 15:11 Y vinieron tres mil hombres de Judá a la cueva de la peña de Etam, y dijeron a Samsón: ¿No sabes tú que los filisteos domi­nan sobre nosotros? ¿por qué nos has hecho esto? Y él les respon­dió: Yo les he hecho como ellos me hicieron.
JDG 15:12 Ellos entonces le dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte, y entregarte en mano de los filisteos. Y Samsón les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis.
JDG 15:13 Y ellos le respondieron, diciendo: No, solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus manos; mas no te matare­mos. Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas, e hiciéronle venir de la peña.
JDG 15:14 Y así que vino hasta Lehi, los filisteos le salieron a recibir con algazara: y el Espíritu del SEÑOR cayó sobre él, y las cuerdas que estaban en sus bra­zos se tornaron como lino que­mado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos.
JDG 15:15 Y hallando una quijada de asno fresca, extendió la mano y tomóla, e hirió con ella a mil hombres.
JDG 15:16 Entonces Samsón dijo: Con la quijada de un asno, un montón, dos montones; con la quijada de un asno herí mil hombres.
JDG 15:17 Y acabando de hablar, echó de su mano la quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lehi.
JDG 15:18 Y teniendo gran sed, clamó luego al SEÑOR, y dijo: Tú has dado esta gran salvación por mano de tu siervo: ¿y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los incircuncisos?
JDG 15:19 Entonces quebró Dios una muela que estaba en la quijada, y salieron de allí aguas, y bebió, y recobró su espíritu, y reanimóse. Por tanto llamó su nombre [de aquel lugar], En-hacore, el cual es en Lehi, hasta hoy.
JDG 15:20 Y juzgó a Israel en días de los filisteos veinte años.
JDG 16:1 Y FUE Samsón a Gaza, y vio allí una mujer ramera, y entró a ella.
JDG 16:2 Y fue dicho a los de Gaza: Samsón es venido acá. Y cercá­ronlo, y pusiéronle espías toda aquella noche a la puerta de la ciudad: y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; enton­ces lo mataremos.
JDG 16:3 Mas Samsón durmió hasta la media noche; y a la media noche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, echóselas al hombro, y fuese, y subióse con ellas a la cumbre del monte que está delante de Hebrón.
JDG 16:4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.
JDG 16:5 Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y dijéronle: Engáñale y sabe en qué consiste su grande fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo atormentemos; y cada uno de nosotros te dará mil y cien siclos de plata.
JDG 16:6 Y Dalila dijo a Samsón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu grande fuerza, y cómo podrás ser atado para ser atormentado.
JDG 16:7 Y respondióle Samsón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aun no estén enjutos, enton­ces me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres.
JDG 16:8 Y los príncipes de los filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aun no se habían enjugado, y atóle con ellos.
JDG 16:9 Y estaban espías en casa de ella en una cámara. Entonces ella le dijo: ¡Samsón, los filisteos sobre ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando siente el fuego: y no se supo su fuerza.
JDG 16:10 Entonces Dalila dijo a Samsón: He aquí tú me has enga­ñado, y me has dicho mentiras: descúbreme pues ahora, yo te ruego, cómo podrás ser atado.
JDG 16:11 Y él le dijo: Si me ataren fuer­temente con cuerdas nuevas, con las cuales ninguna cosa se haya hecho, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres.
JDG 16:12 Y Dalila tomó cuerdas nue­vas, y atóle con ellas, y díjole: ¡Samsón, los filisteos sobre ti! Y los espías estaban en una cámara. Mas él las rompió de sus brazos como un hilo.
JDG 16:13 Y Dalila dijo a Samsón: Hasta ahora me engañas, y tratas con­migo con mentiras. Descúbreme pues ahora cómo podrás ser atado. Él entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela.
JDG 16:14 Y ella hincó la estaca, y díjo­le: ¡Samsón, los filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela.
JDG 16:15 Y ella le dijo: ¿Cómo dices, Yo te amo, pues que tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has aún descubierto en qué está tu gran fuerza.
JDG 16:16 Y aconteció que, apretándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia.
JDG 16:17 Descubrióle pues todo su corazón, y díjole: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy Nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y seré debilitado, y como todos los hombres.
JDG 16:18 Y viendo Dalila que él le había descubierto todo su cora­zón, envió a llamar a los prínci­pes de los filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los príncipes de los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero.
JDG 16:19 Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas; y llamado un hombre, rapóle siete guedejas de su cabeza, y comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él.
JDG 16:20 Y díjole: ¡Samsón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, [se] dijo: Esta vez saldré como las otras, y me escaparé: no sabiendo que el SEÑOR ya se había de él aparta­do.
JDG 16:21 Mas los filisteos echaron mano de él, y sacáronle los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas de latón, para que moliese en la cárcel.
JDG 16:22 Y el cabello de su cabeza comenzó a crecer, después que fue rapado.
JDG 16:23 Entonces los príncipes de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios, y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Samsón nuestro enemigo.
JDG 16:24 Y viéndolo el pueblo, loaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había muerto a muchos de nosotros.
JDG 16:25 Y aconteció que, yéndose ale­grando el corazón de ellos, dije­ron: Llamad a Samsón, para que divierta delante de nosotros. Y llamaron a Samsón de la cárcel, y hacía de juguete delante de ellos; y pusiéronlo entre las columnas.
JDG 16:26 Y Samsón dijo al mozo que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme tentar las columnas sobre que se sustenta la casa, para que me apoye sobre ellas.
JDG 16:27 Y la casa estaba llena de hom­bres y mujeres: y todos los prín­cipes de los filisteos estaban allí; y en el alto piso había como tres mil hombres y mujeres, que esta­ban mirando el escarnio de Samsón.
JDG 16:28 Entonces clamó Samsón al SEÑOR, y dijo: Oh Señor DIOS, acuérdate ahora de mí, y esfuér­zame, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos, por mis dos ojos.
JDG 16:29 Asió luego Samsón las dos columnas del medio sobre las cuales se sustentaba la casa, y estribó en ellas, la una con la mano derecha, y la otra con la izquierda;
JDG 16:30 Y dijo Samsón: Muera yo con los filisteos. Y estribando con esfuerzo, cayó la casa sobre los príncipes, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y fueron muchos más los que de ellos mató muriendo, que los que había muerto en su vida.
JDG 16:31 Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y tomáronle, y lleváronle, y le sepultaron entre Sora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años.
JDG 17:1 HUBO un hombre del monte de Efraím, que se llamaba Micaía.
JDG 17:2 El cual dijo a su madre: Los mil y cien [siclos] de plata que te fueron hurtados, por lo que tú maldecías oyéndolo yo, he aquí que yo tengo este dinero: yo lo había tomado. Entonces la madre dijo: Bendito seas del SEÑOR, hijo mío.
JDG 17:3 Y luego que él hubo vuelto a su madre los mil y cien [siclos] de plata, su madre dijo: Yo he dedi­cado este dinero al SEÑOR de mi mano para ti, hijo mío, para que hagas una imagen de talla y de fundición: ahora pues, yo te lo devuelvo.
JDG 17:4 Mas volviendo él a su madre los dineros, tomó su madre dos­cientos [siclos] de plata, y diólos al fundidor: y él le hizo de ellos una imagen de talla y de fundición, la cual fue [puesta] en casa de Micaía.
JDG 17:5 Y tuvo este hombre Micaía casa de dioses, e hízose hacer efod y terafim, y consagró uno de sus hijos; y fuéle por sacerdote.
JDG 17:6 En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía como mejor le parecía.
JDG 17:7 Y había un joven de Belem de Judá, de la tribu de Judá, el cual era levita; y pere­grinaba allí.
JDG 17:8 Este hombre se había partido de la ciudad de Belem de Judá, para ir a vivir donde halla­se; y llegando al monte de Efraím, [vino] a casa de Micaía, para [de allí] hacer su camino.
JDG 17:9 Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belem de Judá, y voy a vivir donde hallare.
JDG 17:10 Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y me serás en lugar de padre y sacerdote; y yo te daré diez [siclos] de plata por año, y el ordinario de vestiduras, y tu comida. Y el levita se quedó.
JDG 17:11 Acordó pues el levita en morar con aquel hombre, y él lo tenía como a uno de sus hijos.
JDG 17:12 Y Micaía consagró al levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y estaba en casa de Micaía.
JDG 17:13 Y Micaía dijo: Ahora sé que el SEÑOR me hará bien, pues que el levita es hecho mi sacer­dote.
JDG 18:1 EN aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde morase, porque hasta entonces no le había caído suerte entre las tribus de Israel por heredad.
JDG 18:2 Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de sus términos, hombres valientes, de Sora y Estaol, para que recono­ciesen y explorasen bien la tierra; y dijéronles: Id y reconoced la tierra. Éstos vinieron al monte de Efraím, hasta la casa de Micaía, y allí posaron.
JDG 18:3 Y como estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y llegándo­se allá, dijéronle: ¿Quién te ha traído por acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí?
JDG 18:4 Y él les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote.
JDG 18:5 Y ellos le dijeron: Pregunta pues ahora a Dios, para que sepa­mos si ha de prosperar nuestro viaje que hacemos.
JDG 18:6 Y el sacerdote les respondió: Id en paz, que vuestro viaje que hacéis es delante del SEÑOR.
JDG 18:7 Entonces aquellos cinco hom­bres se partieron, y vinieron a Lais: y vieron que el pueblo que [habitaba] en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón; no había nadie en aquella región que los perturbase en cosa algu­na para poseer aquel estado; demás de esto, estaban lejos de los sidonios, y no tenían nego­cios con nadie.
JDG 18:8 Volviendo pues ellos a sus her­manos en Sora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? y ellos respondieron:
JDG 18:9 Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena: ¿y voso­tros os estáis quedos? no seáis perezosos en poneros en marcha para ir a poseer la tierra.
JDG 18:10 Cuando allá llegareis, ven­dréis a una gente segura, y a una tierra de ancho asiento; pues que Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa que sea en la tierra.
JDG 18:11 Y partiendo los de Dan de allí, de Sora y de Estaol, seiscientos hombres armados de armas de guerra,
JDG 18:12 Fueron y asentaron campo en Quiriat-jearim, en Judá; de donde aquel lugar fue llamado el campo de Dan, hasta hoy: está detrás de Quiriat-jearim.
JDG 18:13 Y pasando de allí al monte de Efraím, vinieron hasta la casa de Micaía.
JDG 18:14 Entonces aquellos cinco hom­bres que habían ido a reconocer la tierra de Lais, dijeron a sus hermanos: ¿No sabéis como en estas casas hay efod y terafim, e imagen de talla y de fun­dición? Mirad pues lo que habéis de hacer.
JDG 18:15 Y llegándose allá, vinieron a la casa del joven levita en casa de Micaía, y preguntáronle cómo estaba.
JDG 18:16 Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la entrada de la puerta.
JDG 18:17 Y subiendo los cinco hombres que habían ido a reconocer la tie­rra, entraron allá, y tomaron la imagen de talla, y el efod, y el terafim, y la imagen de fundi­ción, mientras estaba el sacerdo­te a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de armas de guerra.
JDG 18:18 Entrando pues aquellos en la casa de Micaía, tomaron la ima­gen de talla, el efod, y el terafim, y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros?
JDG 18:19 Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un hombre solo, que de una tribu y familia de Israel?
JDG 18:20 Y alegróse el corazón del sacerdote; el cual tomando el efod y el terafim, y la imagen, vínose entre la gente.
JDG 18:21 Y ellos tornaron, y fuéronse; y pusieron los niños, y el ganado y el bagaje, delante de sí.
JDG 18:22 Y cuando ya se habían aleja­do de la casa de Micaía, los hombres que [habitaban] en las casas cercanas a la casa de Micaía, se juntaron, y siguieron a los hijos de Dan.
JDG 18:23 Y dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes que has juntado tanta gente?
JDG 18:24 Y él respondió: Mis dioses que yo hice, que lleváis junta­mente con el sacerdote, y os vais: ¿qué más me queda? ¿y a qué propósito me decís: Qué tienes?
JDG 18:25 Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida, y la vida de los tuyos.
JDG 18:26 Y yéndose los hijos de Dan su camino, y viendo Micaía que eran más fuertes que él, volvióse y regresó a su casa.
JDG 18:27 Y ellos llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llega­ron a Lais, al pueblo reposado y seguro; y metiéronlos a espada, y abrasaron la ciudad con fuego.
JDG 18:28 Y no hubo quien los defendie­se, porque estaban lejos de Sidón, y no tenían comercio con nadie. Y [la ciudad] estaba en el valle que hay en Bet-rehob. Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella.
JDG 18:29 Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais.
JDG 18:30 Y los hijos de Dan se levanta­ron imagen de talla; y Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Manasés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día de la transmigración de la tierra.
JDG 18:31 Y levantáronse la imagen de Micaía, la cual él había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.
JDG 19:1 EN aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un levita que moraba como peregrino en los lados del monte de Efraím, el cual se había tomado mujer concubina de Belem de Judá.
JDG 19:2 Y su concubina adulteró contra él, y fuese de él a casa de su padre, a Belem de Judá, y estuvo allá por tiempo de cuatro meses.
JDG 19:3 Levantóse su marido, y siguió­la, para hablarle amorosamente y volverla, [llevando] consigo un criado suyo y un par de asnos; y ella le metió en la casa de su padre.
JDG 19:4 Y viéndole el padre de la moza, salióle a recibir gozoso; y detú­vole su suegro, padre de la moza, y quedó en su casa tres días, comiendo y bebiendo, y reposan­do allí.
JDG 19:5 Y al cuarto día, como se levan­taron de mañana, levantóse tam­bién el [levita] para irse, y el padre de la moza dijo a su yerno: Conforta tu corazón con un bocado de pan, y después os iréis.
JDG 19:6 Y sentáronse ellos dos juntos, y comieron y bebieron. Y el padre de la moza dijo al varón: Yo te ruego que te quieras quedar aquí esta noche, y alegraráse tu cora­zón.
JDG 19:7 Y levantándose el varón para irse, el suegro le constriñó a que tornase y tuviese allí la noche.
JDG 19:8 Y al quinto día levantándose de mañana para irse, díjole el padre de la moza: Conforta ahora tu corazón. Y habiendo comido ambos a dos, detuviéronse hasta que ya declinaba el día.
JDG 19:9 Levantóse luego el varón para irse, él, y su concubina, y su cria­do. Entonces su suegro, el padre de la moza, le dijo: He aquí el día declina para ponerse [el sol], rué­gote que os estéis aquí la noche; he aquí que el día se acaba, ten aquí la noche, para que se alegre tu corazón; y mañana os levanta­réis temprano a vuestro camino, y llegarás a tus tiendas.
JDG 19:10 Mas el hombre no quiso que­dar allí la noche, sino que se levantó y partió, y llegó hasta enfrente de Jebus, que es Jerusalem, con su par de asnos aparejados, y con su concubina.
JDG 19:11 Y estando ya junto a Jebus, el día había declinado mucho: y dijo el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos a esta ciudad de los jebuseos, para que tenga­mos en ella la noche.
JDG 19:12 Y su señor le respondió: No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos de Israel: antes pasaremos hasta Gabaa. Y dijo a su criado:
JDG 19:13 Ven, lleguemos a uno de esos lugares, para tener la noche en Gabaa, o en Ramá.
JDG 19:14 Pasando pues, caminaron, y púsoseles el sol junto a Gabaa, que era de Benjamín.
JDG 19:15 Y apartáronse del camino para entrar a tener allí la noche en Gabaa; y entrando, sentáronse en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los acogiese en casa para pasar la noche.
JDG 19:16 Y he aquí un hombre viejo, que a la tarde venía del campo de trabajar; el cual era del monte de Efraím, y moraba como pere­grino en Gabaa, pero los mora­dores de aquel lugar eran hijos de Benjamín.
JDG 19:17 Y alzando el viejo los ojos, vio a aquel viajante en la plaza de la ciudad, y díjole: ¿A dónde vas, y de dónde vienes?
JDG 19:18 Y él respondió: Pasamos de Belem de Judá a los lados del monte de Efraím, de donde yo soy; y partí hasta Belem de Judá; y voy a la casa del SEÑOR, y no hay quien me reci­ba en casa,
JDG 19:19 Aunque nosotros tenemos paja y de comer para nuestros asnos, y también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu siervo; de nada tenemos falta.
JDG 19:20 Y el hombre viejo dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda sea solamente a mi cargo, con tal que no tengas la noche en la plaza.
JDG 19:21 Y metiéndolos en su casa, dio de comer a sus asnos; y ellos se lavaron los pies, y comieron y bebieron.
JDG 19:22 Y cuando estaban gozosos, he aquí, que los hombres de aquella ciudad, hombres hijos de Belial, cercan la casa, y batían las puer­tas, diciendo al hombre viejo dueño de la casa: Saca fuera el hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos.
JDG 19:23 Y saliendo a ellos aquel varón, amo de la casa, díjoles: No, hermanos míos, ruégoos que no cometáis este mal, pues que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad.
JDG 19:24 He aquí mi hija virgen, y la concubina de él: yo os las sacaré ahora; humilladlas, y haced con ellas como os pareciere, y no hagáis a este hombre cosa tan infame.
JDG 19:25 Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que toman­do aquel hombre su concubina, sacósela fuera: y ellos la cono­cieron, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y dejáronla cuando apuntaba el alba.
JDG 19:26 Y ya que amanecía, la mujer vino, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día.
JDG 19:27 Y levantándose de mañana su señor, abrió las puertas de la casa, y salió para ir su camino, y he aquí, la mujer su concubina estaba tendida delante de la puer­ta de la casa, con las manos sobre el umbral.
JDG 19:28 Y él le dijo: Levántate, y vámonos. Mas ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, levan­tóse y fuese a su lugar.
JDG 19:29 Y en llegando a su casa, toma un cuchillo, y echa mano de su concubina, y despedázala con sus huesos en doce partes, y enviólas por todos los términos de Israel.
JDG 19:30 Y todo el que lo veía, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo que los hijos de Israel subieron de la tie­rra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, dad consejo, y hablad.
JDG 20:1 ENTONCES salieron todos los hijos de Israel, y reunióse la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la tierra de Galaad, al SEÑOR en Mizpa.
JDG 20:2 Y los principales de todo el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaron presentes en la asamblea del pueblo de Dios, cua­trocientos mil hombres de a pie que sacaban espada.
JDG 20:3 Y los hijos de Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de Israel: Decid cómo fue esta maldad.
JDG 20:4 Entonces el varón levita, mari­do de la mujer muerta, respondió y dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín con mi concubina, para tener allí la noche.
JDG 20:5 Y levantándose contra mí los de Gabaa, cercaron sobre mí la casa de noche, con idea de matarme, y oprimieron mi con­cubina de tal manera, que ella fue muerta.
JDG 20:6 Entonces tomando yo mi con­cubina, cortéla en piezas, y enviélas por todo el término de la posesión de Israel: por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel.
JDG 20:7 He aquí que todos vosotros los hijos de Israel [estáis presentes]; daos aquí parecer y consejo.
JDG 20:8 Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni nos apartaremos cada uno a su casa,
JDG 20:9 Mas ahora esto [será] lo que haremos a Gabaa; contra ella [subiremos] por sorteo;
JDG 20:10 Y tomaremos diez hombres de cada ciento por todas las tri­bus de Israel, y de cada mil cien­to, y mil de cada diez mil, que lleven bastimento para el pueblo que ha de hacer, yendo contra Gabaa de Benjamín, conforme a toda la abominación que ha cometido en Israel.
JDG 20:11 Y juntáronse todos los hom­bres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre.
JDG 20:12 Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué mal­dad es ésta que ha sido hecha entre vosotros?
JDG 20:13 Entregad pues ahora aquellos hombres, hijos de Belial, que están en Gabaa, para que los matemos, y barramos el mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de sus her­manos los hijos de Israel;
JDG 20:14 Antes los de Benjamín se jun­taron de las ciudades de Gabaa, para salir a pelear contra los hijos de Israel.
JDG 20:15 Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hom­bres que sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, que fue­ron por cuenta setecientos hom­bres escogidos.
JDG 20:16 De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran ambidextros, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban.
JDG 20:17 Y fueron contados los varones de Israel, fuera de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada, todos estos hombres de guerra.
JDG 20:18 Levantáronse luego los hijos de Israel, y subieron a la casa de Dios, y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de noso­tros el primero en la guerra con­tra los hijos de Benjamín? Y el SEÑOR respondió: Judá el pri­mero.
JDG 20:19 Levantándose pues de maña­na los hijos de Israel, pusieron campo contra Gabaa.
JDG 20:20 Y salieron los hijos de Israel a combatir contra Benjamín; y los varones de Israel ordenaron la batalla contra ellos junto a Gabaa.
JDG 20:21 Saliendo entonces de Gabaa los hijos de Benjamín, derribaron en tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de Israel.
JDG 20:22 Mas reanimándose el pueblo, los varones de Israel tornaron a ordenar la batalla en el mismo lugar donde la habían ordenado el primer día.
JDG 20:23 Porque los hijos de Israel subieron, y lloraron delante del SEÑOR hasta la tarde, y consul­taron con el SEÑOR, diciendo: ¿Tornaré a pelear con los hijos de Benjamín mi hermano? Y el SEÑOR les respondió: Subid contra él.
JDG 20:24 Los hijos pues de Israel se acercaron el siguiente día a los hijos de Benjamín.
JDG 20:25 Y aquel segundo día, saliendo Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron por tierra otros diez y ocho mil hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada.
JDG 20:26 Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y lloraron, y sentáronse allí delante del SEÑOR, y ayunaron aquel día hasta la tarde; y sacrificaron holocaustos y pacíficos delante del SEÑOR.
JDG 20:27 Y los hijos de Israel inquirieron del SEÑOR, (porque el arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días,
JDG 20:28 Y Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, se presentaba delante de ella en aquellos días,) y dijeron: ¿Tornaré a salir en batalla contra los hijos de Benjamín mi hermano, o estaré­me quedo? Y el SEÑOR dijo: Subid, que mañana yo lo entre­garé en tu mano.
JDG 20:29 Y puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa.
JDG 20:30 Subiendo entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el tercer día, ordena­ron [la batalla] delante de Gabaa, como las otras veces.
JDG 20:31 Y saliendo los hijos de Benjamín contra el pueblo, aleja­dos que fueron de la ciudad, comenzaron a herir [algunos] del pueblo, matando como las otras veces por los caminos, uno de los cuales sube a Betel, y el otro a Gabaa en el campo: [y mataron] unos treinta hombres de Israel.
JDG 20:32 Y los hijos de Benjamín decían: Vencidos son delante de nosotros, como antes. Mas los hijos de Israel decían: Huiremos, y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos.
JDG 20:33 Entonces, levantándose todos los de Israel de su lugar, pusié­ronse en orden en Baal-tamar: y también las emboscadas de Israel salieron de su lugar, del prado de Gabaa.
JDG 20:34 Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel, y la batalla comenzó a agravarse: mas ellos no sabían que el mal se acercaba sobre ellos.
JDG 20:35 E hirió el SEÑOR a Benjamín delante de Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día veinti­cinco mil y cien hombres de Benjamín, todos los cuales saca­ban espada.
JDG 20:36 Y vieron los hijos de Benjamín que eran muertos; pues los hijos de Israel habían dado lugar a Benjamín, porque estaban confiados en las embos­cadas que habían puesto detrás de Gabaa.
JDG 20:37 Entonces las emboscadas acometieron prestamente a Gabaa, y se extendieron, y pasa­ron a espada toda la ciudad.
JDG 20:38 Ya los israelitas estaban con­certados con las emboscadas, que hiciesen mucho [fuego], para que subiese gran humo de la ciu­dad.
JDG 20:39 Luego, pues, que los de Israel se volvieron en la batalla, los de Benjamín comenzaron a derribar heridos de Israel unos treinta hombres, y ya decían: Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera batalla.
JDG 20:40 Mas cuando la llama comen­zó a subir de la ciudad, una columna de humo, Benjamín tornó a mirar atrás; y he aquí que el fuego de la ciudad subía al cielo.
JDG 20:41 Entonces revolvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor: porque vieron que el mal había venido sobre ellos.
JDG 20:42 Volvieron, por tanto, espaldas delante de Israel hacia el camino del desierto; mas el escuadrón los alcanzó, y los salidos de la ciudad los mataban, [habiéndolos encerrado] en medio de ellos.
JDG 20:43 [Así] envolvieron a los de Benjamín, y los acosaron y hollaron fácilmente hasta enfrente de Gabaa hacia donde nace el sol.
JDG 20:44 Y cayeron de Benjamín diez y ocho mil hombres, todos ellos hombres de guerra.
JDG 20:45 Volviéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón, y de ellos rebuscaron cinco mil hombres en los cami­nos: fueron aún acosándolos hasta Gidom, y mataron de ellos dos mil hombres.
JDG 20:46 Así todos los que de Benjamín murieron aquel día, fueron veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos ellos hombres de guerra.
JDG 20:47 Pero se volvieron y huyeron al desierto a la peña de Rimón seiscientos hombres, los cuales estuvieron en la peña de Rimón cuatro meses:
JDG 20:48 Y los hombres de Israel torna­ron a los hijos de Benjamín, y pasáronlos a espada, a hombres y bestias en la ciudad, y todo lo que fue hallado: asimismo pusie­ron fuego a todas las ciudades que hallaban.
JDG 21:1 Y LOS varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por esposa.
JDG 21:2 Y vino el pueblo a la casa de Dios, y estuviéronse allí hasta la tarde delante de Dios; y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron:
JDG 21:3 Oh SEÑOR Dios de Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu?
JDG 21:4 Y al día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí altar, y ofrecieron holocaus­tos y pacíficos.
JDG 21:5 Y dijeron los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió a la congregación cerca del SEÑOR? Porque se había hecho gran juramento con­tra el que no subiese al SEÑOR en Mizpa, diciendo: Sufrirá muerte.
JDG 21:6 Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Una tribu es hoy cortada de Israel.
JDG 21:7 ¿Qué haremos en cuanto a esposas para los que han queda­do? Nosotros hemos jurado por el SEÑOR que no les hemos de dar nuestras hijas por esposas.
JDG 21:8 Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no haya subi­do al SEÑOR en Mizpa? Y hallaron que ninguno de Jabes-­galaad había venido al campo a la asamblea:
JDG 21:9 Porque el pueblo fue contado, y no hubo allí varón de los mora­dores de Jabes-galaad.
JDG 21:10 Entonces la congregación envió allá doce mil hombres de los más valientes, y mandáron­les, diciendo: Id y poned a espa­da a los moradores de Jabes­-galaad, y las mujeres y niños.
JDG 21:11 Mas haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda mujer que hubiere conocido ayuntamiento de varón.
JDG 21:12 Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no habían conoci­do hombre en ayuntamiento de varón, y trajéronlas al campo en Silo, que es en la tierra de Canaán.
JDG 21:13 Toda la congregación envió luego a hablar a los hijos de Benjamín que estaban en la peña de Rimón, y llamáronlos en paz.
JDG 21:14 Y volvieron entonces los de Benjamín; y diéronles por esposas las que habían guardado vivas de las mujeres de Jabes-­galaad: mas no les bastaron éstas.
JDG 21:15 Y el pueblo tuvo dolor a causa de Benjamín, de que el SEÑOR hubiese hecho mella en las tribus de Israel.
JDG 21:16 Entonces los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué haremos en cuanto a esposas para los que han quedado, al ver que las mujeres de Benjamín fueron destruidas?
JDG 21:17 Y dijeron: La heredad de los que han escapado [ha de ser] lo que era de Benjamín, porque no sea una tribu raída de Israel.
JDG 21:18 Nosotros sin embargo, no les podemos dar esposas de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado, diciendo: Maldito el que diere esposa a Benjamín.
JDG 21:19 Ahora bien, dijeron, he aquí cada un año hay solemnidad del SEÑOR en Silo, que está al norte de Betel, y al lado oriental del camino que sube de Betel a Siquem, y al sur de Lebona.
JDG 21:20 Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned emboscada en las viñas:
JDG 21:21 Y estad atentos: y cuando vie­reis salir las hijas de Silo a bailar en corros, vosotros saldréis de las viñas, y arrebataréis cada uno esposa para sí de las hijas de Silo, y os iréis a tierra de Benjamín:
JDG 21:22 Y cuando vinieren los padres de ellas o sus hermanos a demandárnoslo, nosotros les diremos: Tened piedad de nosotros en lugar de ellos: pues que nosotros en la guerra no tomamos mujeres para todos: que vosotros no se las habéis dado, para que ahora seáis culpables.
JDG 21:23 Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; pues tomaron esposas conforme a su número, pillando de las que danzaban; y yéndose luego, tornáronse a su heredad, y reedificaron las ciuda­des, y habitaron en ellas.
JDG 21:24 Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada uno a su heredad.
JDG 21:25 En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía lo recto delante de sus ojos.
RUT 1:1 Y ACONTECIÓ en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belem de Judá, fue a peregrinar en los campos de Moab, él y su esposa, y dos hijos suyos.
RUT 1:2 El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su esposa Noemi; y los nombres de sus dos hijos eran, Mahalón y Quilión, efrateos de Belem de Judá. Llegaron pues a los cam­pos de Moab, y asentaron allí.
RUT 1:3 Y murió Elimelec, marido de Noemi, y quedó ella con sus dos hijos;
RUT 1:4 Los cuales tomaron para sí esposas de Moab, el nombre de la una Orfa, y el nombre de la otra Rut; y habitaron allí unos diez años.
RUT 1:5 Y murieron también los dos, Mahalón y Quilión, quedando así la mujer [desamparada] de sus dos hijos y de su marido.
RUT 1:6 Entonces se levantó con sus nueras, y volvióse de los campos de Moab: porque oyó en el campo de Moab que el SEÑOR había visitado a su pueblo para darles pan.
RUT 1:7 Salió pues del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá.
RUT 1:8 Y Noemi dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de su madre: el SEÑOR haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo.
RUT 1:9 Déos el SEÑOR que halléis descanso, cada una en casa de su marido: besólas luego, y ellas lloraron a voz en grito.
RUT 1:10 Y dijéronle: Ciertamente noso­tras volveremos contigo a tu pue­blo.
RUT 1:11 Y Noemi respondió: Volveos, hijas mías: ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos?
RUT 1:12 Volveos, hijas mías, e idos; que yo ya soy vieja para ser para varón. Y aunque dijese: Esperanza tengo; y esta noche fuese con varón, y aun pariese hijos;
RUT 1:13 ¿Habíais vosotras de esperar­los hasta que fuesen grandes? ¿habías vosotras de quedaros sin casar por amor de ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano del SEÑOR ha salido con­tra mí.
RUT 1:14 Mas ellas alzando otra vez su voz, lloraron: y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.
RUT 1:15 Y [Noemi] dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.
RUT 1:16 Y Rut respondió: No me rue­gues que te deje, y me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.
RUT 1:17 Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada: así me haga el SEÑOR, y así me dé, que sólo la muerte hará separación entre mí y ti.
RUT 1:18 Y viendo [Noemi] que estaba tan resuelta a ir con ella, dejó de hablarle.
RUT 1:19 Anduvieron pues ellas dos hasta que llegaron a Belem: y aconteció que entrando en Belem, toda la ciudad se conmovió por razón de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemi?
RUT 1:20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemi, sino llamadme Mara: porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.
RUT 1:21 Yo me fui llena, mas vacía me ha vuelto el SEÑOR. ¿Por qué me llamaréis Noemi, ya que el SEÑOR ha dado testimonio con­tra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?
RUT 1:22 Así volvió Noemi y Rut moabita su nuera con ella; vol­vió de los campos de Moab, y llegaron a Belem en el prin­cipio de la siega de las cebadas.
RUT 2:1 Y TENÍA Noemi un pariente de su marido, varón poderoso y de hecho, de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.
RUT 2:2 Y Rut la moabita dijo a Noemi: Ruégote que me dejes ir al campo, y cogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía.
RUT 2:3 Fue pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segado­res: y aconteció por ventura, que la suerte del campo era de Booz, el cual era de la parentela de Elimelec.
RUT 2:4 Y he aquí que Booz vino de Belem, y dijo a los segado­res: El SEÑOR sea con vosotros. Y ellos respondieron: El SEÑOR te bendiga.
RUT 2:5 Y Booz dijo a su criado el sobrestante de los segadores: ¿Cúya es esta moza?
RUT 2:6 Y el criado, sobrestante de los segadores, respondió y dijo: Es la moza de Moab, que volvió con Noemi de los campos de Moab;
RUT 2:7 Y ha dicho: Ruégote que me dejes coger y juntar tras los sega­dores entre las gavillas: entró pues, y está desde por la mañana hasta ahora, menos un poco que se detuvo en casa.
RUT 2:8 Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí: y aquí estarás con mis mozas.
RUT 2:9 Mira bien al campo que sega­ren, y síguelas: porque yo he mandado a los mozos que no te toquen. Y si tuvieres sed, ve a los vasos, y bebe del [agua] que saca­ren los mozos.
RUT 2:10 Ella entonces bajando su ros­tro inclinóse a tierra, y díjole: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que tú me reconozcas, siendo yo extranjera?
RUT 2:11 Y respondiendo Booz, díjole: Por cierto se me ha declarado todo lo que has hecho con tu sue­gra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a pueblo que no conociste antes.
RUT 2:12 El SEÑOR galardone tu obra, y tu remuneración sea llena por el SEÑOR Dios de Israel, que has venido para cubrirte debajo de sus alas.
RUT 2:13 Y ella dijo: señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y por­que has hablado al corazón de tu sierva, no siendo yo como una de tus criadas.
RUT 2:14 Y Booz le dijo a la hora de comer: Allégate aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vina­gre. Y sentóse ella junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se hartó y le sobró.
RUT 2:15 Levantóse luego para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Coja también espigas entre las gavillas, y no la aver­goncéis;
RUT 2:16 Antes echaréis a sabiendas de los manojos, y la dejaréis que coja, y no la reprendáis.
RUT 2:17 Y espigó en el campo hasta la tarde, y desgranó lo que había cogido, y fue como un efa de cebada.
RUT 2:18 Y tomólo, y vínose a la ciu­dad; y su suegra vio lo que había cogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de harta, y dióselo.
RUT 2:19 Y díjole su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has trabajado? bendito sea el que te ha reconocido. Y ella declaró a su suegra lo que le había aconte­cido con aquél, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he tra­bajado es Booz.
RUT 2:20 Y dijo Noemi a su nuera: Sea él bendito del SEÑOR, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los finados. Díjole después Noemi: Nuestro pariente es aquel varón, y de nuestros reden­tores es.
RUT 2:21 Y Rut moabita dijo: A más de esto me ha dicho: Júntate con mis criados, hasta que hayan aca­bado toda mi siega.
RUT 2:22 Y Noemi respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, que no que te encuentren en otro campo.
RUT 2:23 Estuvo pues junta con las mozas de Booz espigando, hasta que la siega de las cebadas y la de los trigos fue acabada; mas con su suegra habitó.
RUT 3:1 Y DÍJOLE su suegra Noemi: Hija mía, ¿no te tengo de buscar descanso, que te sea bueno?
RUT 3:2 ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas mozas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas.
RUT 3:3 Te lavarás pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestiduras, pasarás a la era; mas no te darás a cono­cer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber.
RUT 3:4 Y cuando él se acostare, repara tú el lugar donde él se acostará, e irás, y descubrirás los pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.
RUT 3:5 Y le respondió: Haré todo lo que tú me mandares.
RUT 3:6 Descendió pues a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado.
RUT 3:7 Y como Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo con­tento, retiróse a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y descubrió los pies, y acostóse.
RUT 3:8 Y aconteció, que a la media noche se estremeció aquel hom­bre, y palpó: y he aquí, la mujer que estaba acostada a sus pies.
RUT 3:9 Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva: extiende el borde [de tu capa] sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.
RUT 3:10 Y él dijo: Bendita seas tú del SEÑOR, hija mía; que has hecho mejor tu postrera gracia que la primera, no yendo tras los man­cebos, sean pobres o ricos.
RUT 3:11 Ahora pues, no temas, hija mía: yo haré contigo lo que tú dijeres, pues que toda la puerta de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
RUT 3:12 Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cerca­no que yo.
RUT 3:13 Reposa esta noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive el SEÑOR. Descansa pues hasta la mañana.
RUT 3:14 Y después que reposó a sus pies hasta la mañana, levantóse, antes que nadie pudiese conocer a otro. Y él dijo: No se sepa que haya venido mujer a la era.
RUT 3:15 Después le dijo: Llega el lien­zo que traes sobre ti, y ten de él. Y teniéndolo ella, él midió seis [medidas] de cebada, y púsoselas a cuestas: y vínose ella a la ciudad.
RUT 3:16 Así que vino a su suegra, ésta le dijo: ¿Qué pues, hija mía? Y declaróle ella todo lo que con aquel varón le había acontecido.
RUT 3:17 Y dijo: Estas seis [medidas] de cebada me dio, diciéndome: Porque no vayas vacía a tu sue­gra.
RUT 3:18 Entonces [Noemi] dijo: Reposa, hija mía, hasta que sepas cómo cae la cosa: porque aquel hombre no parará hasta que hoy concluya el negocio.
RUT 4:1 Y BOOZ subió a la puerta y sentóse allí: y he aquí pasaba aquel pariente del cual había Booz hablado, y díjole: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino, y sentóse.
RUT 4:2 Entonces él tomó diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sen­taron.
RUT 4:3 Luego dijo al pariente: Noemi, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tie­rras que tuvo nuestro hermano Elimelec;
RUT 4:4 Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la tomes delante de los que están aquí sentados, y delante de los ancianos de mi pueblo. Si hubieres de redimir, redime; y si no quisieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa: porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré.
RUT 4:5 Entonces replicó Booz: El mismo día que tomares las tie­rras de mano de Noemi, has de tomar también a Rut moabita, esposa del difunto, para que suscites el nombre del muerto sobre su posesión.
RUT 4:6 Y respondió el pariente: No puedo redimir por mi parte, por­que echaría a perder mi heredad: redime tú [usando de] mi derecho, porque yo no podré redimir.
RUT 4:7 Había ya de largo tiempo esta costumbre en Israel en la reden­ción o contrato, que para la con­firmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero: y este era el testimonio en Israel.
RUT 4:8 Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y descalzó su zapato.
RUT 4:9 Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois hoy testigos de que tomo todas las cosas que fueron de Elimelec, y todo lo que fue de Quilión y de Mahalón, de mano de Noemí;
RUT 4:10 Y que también tomo por mi esposa a Rut moabita, esposa de Mahalón, para suscitar el nom­bre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus herma­nos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois hoy testigos.
RUT 4:11 Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. El SEÑOR haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales dos edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y tengas nombradía en Belem:
RUT 4:12 Y de la simiente que el SEÑOR te diere de esta moza, sea tu casa como la casa de Fares, al que parió Tamar a Judá.
RUT 4:13 Booz pues tomó a Rut, y ella fue su esposa; y luego que entró a ella, el SEÑOR le dio que conci­biese y pariese un hijo.
RUT 4:14 Y las mujeres decían a Noemi: Loado sea el SEÑOR, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será nom­brado en Israel.
RUT 4:15 El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos, le ha parido.
RUT 4:16 Y tomando Noemi el hijo, púsolo en su regazo, y fuéle su ama.
RUT 4:17 Y las vecinas diciendo, a Noemi ha nacido un hijo, le pusieron nombre; y llamáronle Obed. Éste [es] padre de Isaí, padre de David.
RUT 4:18 Y éstas [son] las generaciones de Fares: Fares engendró a Hesrón;
RUT 4:19 Y Hesrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab;
RUT 4:20 Y Aminadab engendró a Nahasón, y Nahasón engendró a Salmón;
RUT 4:21 Y Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed;
RUT 4:22 Y Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.
1SA 1:1 HUBO un varón de Ramataim de Sofim, del monte de Efraím, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo.
1SA 1:2 Y tenía él dos esposas; el nom­bre de la una era Ana, y el nom­bre de la otra Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.
1SA 1:3 Y subía aquel varón todos los años de su ciudad, a adorar y sacrificar al SEÑOR de los ejér­citos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes del SEÑOR.
1SA 1:4 Y cuando venía el día, Elcana sacrificaba, y daba a Penina su esposa, y a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte.
1SA 1:5 Mas a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque el SEÑOR había cerrado su matriz.
1SA 1:6 Y su competidora la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque el SEÑOR había cerrado su matriz.
1SA 1:7 Y [así] hacía él cada año: cuando subía a la casa del SEÑOR, eno­jaba así a la otra; por lo cual ella lloraba, y no comía.
1SA 1:8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
1SA 1:9 Y levantóse Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo del SEÑOR,
1SA 1:10 Ella con amargura de alma oró al SEÑOR, y lloró abundan­temente.
1SA 1:11 E hizo voto, diciendo: Oh SEÑOR de los ejércitos, si te dig­nares mirar la aflicción de tu sier­va, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedi­caré al SEÑOR todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.
1SA 1:12 Y sucedió que como ella orase largamente delante del SEÑOR, Elí estaba observando la boca de ella.
1SA 1:13 Mas Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Elí por borracha.
1SA 1:14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás borracha?; aparta de ti tu vino.
1SA 1:15 Y Ana le respondió, dicien­do: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni bebida fuerte, sino que he derramado mi alma delante del SEÑOR.
1SA 1:16 No tengas a tu sierva por una hija de Belial: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
1SA 1:17 Y Elí respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
1SA 1:18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuese la mujer su camino, y comió, y su cara no estuvo más triste.
1SA 1:19 Y levantándose muy de mañana, adoraron delante del SEÑOR, y volviéronse, y vinie­ron a su casa en Ramá. Y Elcana conoció a Ana su esposa, y el SEÑOR se acordó de ella.
1SA 1:20 Y sucedió que corrido el tiempo, después de haber concebido Ana, parió un hijo, y púsole por nombre Samuel, [diciendo]: Por cuanto lo demandé al SEÑOR.
1SA 1:21 Después subió el varón Elcana, con toda su familia, a sacrificar al SEÑOR el sacrificio acostumbrado, y su voto.
1SA 1:22 Mas Ana no subió, sino dijo a su marido: [Yo no subiré] hasta que el niño sea destetado; para que lo lleve y sea presentado delante del SEÑOR, y se quede allá para siempre.
1SA 1:23 Y Elcana su marido le respon­dió: Haz lo que bien te pareciere; quédate hasta que lo destetes; solamente el SEÑOR cumpla su palabra. Y quedóse la mujer, y crió su hijo hasta que lo destetó.
1SA 1:24 Y después que lo hubo deste­tado, llevólo consigo, con tres becerros, y un efa de harina, y una vasija de vino, y trájolo a la casa del SEÑOR en Silo: y el niño era pequeño.
1SA 1:25 Y matando el becerro, traje­ron el niño a Elí.
1SA 1:26 Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando al SEÑOR.
1SA 1:27 Por este niño oraba, y el SEÑOR me dio lo que le pedí.
1SA 1:28 Yo pues le vuelvo también al SEÑOR: todos los días que viviere, será del SEÑOR. Y adoró allí al SEÑOR.
1SA 2:1 Y ANA oró y dijo: Mi corazón se regocija en el SEÑOR, mi cuerno es ensalzado en el SEÑOR; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación.
1SA 2:2 No hay santo como el SEÑOR: Porque no hay ninguno fuera de ti; Y no hay roca como el Dios nuestro.
1SA 2:3 No multipliquéis hablando grandezas, altanerías; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el SEÑOR [es] un Dios de conocimiento, y a él toca el pesar las acciones.
1SA 2:4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñe­ron de fortaleza.
1SA 2:5 Los hartos se alquilaron por pan: y cesaron los hambrientos: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó.
1SA 2:6 El SEÑOR mata, y él da vida: él hace descender al sepulcro, y hace subir.
1SA 2:7 El SEÑOR empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza.
1SA 2:8 Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiér­col, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque del SEÑOR son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo.
1SA 2:9 Él guarda los pies de sus san­tos, mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuer­te por [su] fuerza.
1SA 2:10 Delante del SEÑOR serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde el cie­lo: el SEÑOR juzgará los térmi­nos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.
1SA 2:11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba al SEÑOR delante del sacerdote Elí.
1SA 2:12 Mas los hijos de Elí eran hijos de Belial, y no conocían al SEÑOR.
1SA 2:13 Y la costumbre de los sacer­dotes con el pueblo era que, cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras la carne estaba a cocer, [trayendo] en su mano un garfio de tres ganchos;
1SA 2:14 Y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el gar­fio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían a todo israelita que venía a Silo.
1SA 2:15 Asimismo, antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdo­te, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.
1SA 2:16 Y si le respondía el varón, quemen luego el sebo hoy, y des­pués toma para ti tanta como desee tu alma; él respondía: No, sino que ahora mismo me la darás: y que si no, yo la tomaré por fuerza.
1SA 2:17 Era pues el pecado de los mozos muy grande delante del SEÑOR; porque los hombres menospreciaban los sacrificios del SEÑOR.
1SA 2:18 Y el joven Samuel ministraba delante del SEÑOR, vestido de un efod de lino.
1SA 2:19 Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio acostumbrado.
1SA 2:20 Y Elí bendijo a Elcana y a su esposa, diciendo: El SEÑOR te dé simiente de esta mujer en lugar de este préstamo que hizo al SEÑOR. Y volviéronse a su casa.
1SA 2:21 Y visitó el SEÑOR a Ana, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante del SEÑOR.
1SA 2:22 Ahora Elí era muy viejo, y oía todo lo que sus hijos hacían a todo Israel, y como se acostaban con las mujeres que se juntaban a la puerta del taber­náculo de la congregación.
1SA 2:23 Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.
1SA 2:24 No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo del SEÑOR.
1SA 2:25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra el SEÑOR, ¿quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre, porque el SEÑOR los quería matar.
1SA 2:26 Y el joven Samuel iba cre­ciendo, y adelantando delante del SEÑOR y delante de los hombres.
1SA 2:27 Y vino un varón de Dios a Elí, y díjole: Así ha dicho el SEÑOR: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?
1SA 2:28 ¿Y le escogí yo por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase perfume, y trajese efod delante de mí? ¿y di yo a la casa de tu padre todas las ofrendas hechas por fuego de los hijos de Israel?
1SA 2:29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé [ofrecer] en el taberná­culo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?
1SA 2:30 Por tanto, el SEÑOR el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetua­mente; mas ahora ha dicho el SEÑOR: Nunca yo tal haga, por­que yo honraré a los que me hon­ran, y los que me tuvieren en poco, serán viles.
1SA 2:31 He aquí vienen días, en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, que no haya viejo en tu casa.
1SA 2:32 Y verás adversario en [mi] habi­tación en todas las cosas en que [Dios] hiciere bien a Israel; y en ningún tiempo habrá viejo en tu casa.
1SA 2:33 Y no te cortaré [del todo] varón de mi altar, para hacerte marchi­tar tus ojos, y henchir tu ánimo de dolor; mas toda la cría de tu casa morirá en la edad varonil.
1SA 2:34 Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.
1SA 2:35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edi­ficaré casa firme, y andará delan­te de mi ungido todos los días.
1SA 2:36 Y será que el que hubiere que­dado en tu casa, vendrá a pos­trársele por un dinero de plata y un bocado de pan, diciéndole: Ruégote que me constituyas en algún ministerio, para que coma un bocado de pan.
1SA 3:1 Y EL joven Samuel ministraba al SEÑOR delante de Elí: y la palabra del SEÑOR era preciosa en aquellos días; no [había] visión manifiesta.
1SA 3:2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuan­do sus ojos comenzaban a oscure­cerse, que no podía ver,
1SA 3:3 Samuel estaba durmiendo en el templo del SEÑOR, donde el arca de Dios estaba: y antes que la lám­para de Dios fuese apagada,
1SA 3:4 El SEÑOR llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
1SA 3:5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me lla­maste? Y Elí le dijo: Yo no he lla­mado; vuélvete a acostar. Y él se volvió, y acostóse.
1SA 3:6 Y el SEÑOR volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándo­se Samuel vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has lla­mado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve, y acuéstate.
1SA 3:7 Y Samuel no había conocido aún al SEÑOR, ni la palabra del SEÑOR le había sido revelada.
1SA 3:8 El SEÑOR pues llamó la terce­ra vez a Samuel. Y él levantán­dose vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que el SEÑOR llamaba al joven.
1SA 3:9 Y dijo Elí a Samuel: Ve, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla, SEÑOR, que tu siervo oye. Así se fue Samuel, y acostó­se en su lugar.
1SA 3:10 Y vino el SEÑOR, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.
1SA 3:11 Y el SEÑOR dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.
1SA 3:12 Aquel día yo despertaré con­tra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa. En comen­zando, acabaré también.
1SA 3:13 Y mostraréle que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado.
1SA 3:14 Y por tanto yo he jurado a la casa de Elí, que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
1SA 3:15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puer­tas de la casa del SEÑOR. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.
1SA 3:16 Llamando pues Elí a Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.
1SA 3:17 Y dijo: ¿Qué es la palabra que te habló [el SEÑOR]?; ruégote que no me la encubras: así te haga Dios y así te añada, si me encu­brieres palabra de todo lo que habló contigo.
1SA 3:18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: El SEÑOR es; haga lo que bien le pareciere.
1SA 3:19 Y Samuel creció, y el SEÑOR fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
1SA 3:20 Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beer-sebah, que Samuel era fiel profeta del SEÑOR.
1SA 3:21 Así tornó el SEÑOR a apare­cer en Silo: porque el SEÑOR se manifestó a Samuel en Silo con palabra del SEÑOR.
1SA 4:1 Y LLEGÓ la palabra de Samuel a todo Israel. Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y asentó campo junto a Eben-ezer, y los filisteos asentaron el suyo en Afec.
1SA 4:2 Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cua­les hirieron en la batalla por el campo como cuatro mil hom­bres.
1SA 4:3 Y vuelto que hubo el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy el SEÑOR delante de los filisteos? Traigamos a noso­tros de Silo el arca del pacto del SEÑOR, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos.
1SA 4:4 Y envió el pueblo a Silo, y tra­jeron de allá el arca del pacto del SEÑOR de los ejércitos, que estaba asentado entre los queru­bines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.
1SA 4:5 Y aconteció que, como el arca del pacto del SEÑOR vino al campo, todo Israel dio grita con tan grande júbilo, que la tierra tembló.
1SA 4:6 Y cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es ésta en el campo de los hebreos? Y supie­ron que el arca del SEÑOR había venido al campo.
1SA 4:7 Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campo. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así.
1SA 4:8 ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de las manos de estos Dio­ses fuertes? Éstos [son] los Dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto.
1SA 4:9 Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, porque no sirváis a los hebreos, como ellos os han ser­vido a vosotros: sed hombres, y pelead.
1SA 4:10 Pelearon pues los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie.
1SA 4:11 Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.
1SA 4:12 Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, vino aquel día a Silo, rotas sus vestiduras y tierra sobre su cabeza:
1SA 4:13 Y cuando llegó, he aquí Elí que estaba sentado en una silla atalayando junto al camino; por­que su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado pues aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó.
1SA 4:14 Y como Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruen­do de alboroto es éste? Y aquel hombre vino apriesa, y dio las nuevas a Elí.
1SA 4:15 Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían entenebrecido, de modo que no podía ver.
1SA 4:16 Dijo pues aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, yo he escapado hoy del combate. Y él dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío?
1SA 4:17 Y el mensajero respondió, y dijo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, son muertos, y el arca de Dios fue tomada.
1SA 4:18 Y aconteció que como él hizo mención del arca de Dios, [Elí] cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y quebrósele la cer­viz, y murió: porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.
1SA 4:19 Y su nuera, la esposa de Finees, que estaba preñada, cer­cana al parto, oyendo el rumor que el arca de Dios era tomada, y muertos su suegro y su marido, encorvóse y parió; porque sus dolores se habían ya derramado por ella.
1SA 4:20 Y al tiempo que se moría, decíanle las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has parido un hijo. Mas ella no res­pondió, ni paró mientes.
1SA 4:21 Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la glo­ria de Israel! por el arca de Dios que fue tomada, y porque era muerto su suegro, y su marido.
1SA 4:22 Dijo pues: Traspasada es la gloria de Israel: porque el arca de Dios fue tomada.
1SA 5:1 Y LOS filisteos, tomada el arca de Dios, trajéronla desde Eben-ezer a Asdod.
1SA 5:2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y metiéronla en la casa de Dagón, y pusiéronla junto a Dagón.
1SA 5:3 Y el siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, y he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca del SEÑOR: y tomaron a Dagón, y volviéronlo a su lugar.
1SA 5:4 Y tornándose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca del SEÑOR; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos [estaban] cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón [el tronco] solamente.
1SA 5:5 Por esta causa los sacerdotes de Dagón, y todos los que en el tem­plo de Dagón entran, no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.
1SA 5:6 Pero agravóse la mano del SEÑOR sobre los de Asdod, y destruyólos, e hiriólos con hemo­rroides en Asdod y en todos sus términos.
1SA 5:7 Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros, y sobre nuestro dios Dagón.
1SA 5:8 Enviaron pues a juntar a sí todos los príncipes de los filisteos, y dijeron: ¿Qué hare­mos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron [allá] el arca del Dios de Israel.
1SA 5:9 Y aconteció que como la hubieron pasado, la mano del SEÑOR fue contra la ciudad con grande quebrantamiento; e hirió los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, que se llenaron de hemorroides en sus partes íntimas.
1SA 5:10 Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y como el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces diciendo: Han pasa­do a mí el arca del Dios de Israel por matarme a mí y a mi pueblo.
1SA 5:11 Y enviaron a juntar todos los príncipes de los filisteos, dicien­do: Despachad el arca del Dios de Israel, y tórnese a su lugar, y no mate a mí ni a mi pueblo: por­que había quebrantamiento de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había allí agra­vado.
1SA 5:12 Y los que no morían, eran heridos de hemorroides; y el cla­mor de la ciudad subía al cielo.
1SA 6:1 Y ESTUVO el arca del SEÑOR en la tierra de los filisteos siete meses.
1SA 6:2 Entonces los filisteos, llaman­do los sacerdotes y adivinos, pre­guntaron: ¿Qué haremos del arca del SEÑOR? Declaradnos cómo la hemos de tornar a enviar a su lugar.
1SA 6:3 Y ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía; mas le pagaréis la expiación: y entonces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano.
1SA 6:4 Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Y ellos respondieron: [Conforme] al número de los príncipes de los filisteos, cinco hemorroides de oro, y cinco ratones de oro, por­que la misma plaga que todos tienen, tienen también vuestros príncipes.
1SA 6:5 Haréis pues las formas de vues­tras hemorroides, y las formas de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel: quizá aliviará su mano de sobre vosotros, y de sobre vues­tros dioses, y de sobre vuestra tierra.
1SA 6:6 Mas ¿por qué endurecéis vues­tro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron sus corazo­nes? Después que los hubo así tratado, ¿no los dejaron que se fuesen, y se fueron?
1SA 6:7 Haced pues ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced tornar de detrás de ellas sus becerros a casa.
1SA 6:8 Tomaréis luego el arca del SEÑOR, y la pondréis sobre el carro; y poned en una caja al lado de ella las alhajas de oro que le pagáis en expiación: y la dejaréis que se vaya.
1SA 6:9 Y mirad: si sube por el camino de su término a Bet-semes, él nos ha hecho este mal [tan] grande[;] y si no, seremos ciertos que su mano no nos hirió, nos ha sido accidente.
1SA 6:10 Y aquellos hombres lo hicie­ron así; pues tomando dos vacas que criaban, unciéronlas al carro, y encerraron en casa sus bece­rros.
1SA 6:11 Luego pusieron el arca del SEÑOR sobre el carro, y la caja con los ratones de oro y con las formas de sus hemorroides.
1SA 6:12 Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, e iban por un mismo camino andando y bramando, sin apar­tarse ni a diestra ni a siniestra: y los príncipes de los filisteos fue­ron tras ellas hasta el término de Bet-semes.
1SA 6:13 Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando sus ojos vieron el arca, y holgáronse cuando la vieron.
1SA 6:14 Y el carro vino al campo de Josué betsemita, y paró allí: porque allí había una gran pie­dra: y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en ofrenda quemada al SEÑOR.
1SA 6:15 Y los levitas bajaron el arca del SEÑOR, y la caja que estaba junto a ella, en la cual estaban las alhajas de oro, y pusiéronlas sobre aquella gran piedra: y los hombres de Bet-semes, ofrecieron sacrificios y sacrifi­caron al SEÑOR en aquel día.
1SA 6:16 Lo cual viendo los cinco prín­cipes de los filisteos, volviéron­se a Ecrón el mismo día.
1SA 6:17 Éstas pues [son] las hemorroi­des de oro que pagaron los filisteos al SEÑOR en expia­ción: por Asdod una, por Gaza una, por Ascalón una, por Gat una, por Ecrón una;
1SA 6:18 Y ratones de oro conforme al número de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes, desde las ciuda­des fuertes hasta las aldeas sin muro; y hasta la gran piedra sobre la cual pusieron el arca del SEÑOR, [piedra que está] en el campo de Josué betsemita hasta hoy.
1SA 6:19 Entonces hirió [Dios] a los de Bet-semes, porque habían mira­do en el arca del SEÑOR; hirió en el pueblo cincuenta mil y setenta hombres. Y el pueblo puso luto, porque el SEÑOR al pueblo había herido de tan gran plaga.
1SA 6:20 Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante del SEÑOR el Dios santo? ¿y a quién subirá desde nosotros?
1SA 6:21 Y enviaron mensajeros a los de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han vuelto el arca del SEÑOR: descended pues, y llevadla a vosotros.
1SA 7:1 Y VINIERON los de Quiriat-jearim, y llevaron el arca del SEÑOR, y metiéronla en casa de Abinadab, [situada] en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo, para que guardase el arca del SEÑOR.
1SA 7:2 Y aconteció que desde el día que llegó el arca a Quiriat-jea­rim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos del SEÑOR.
1SA 7:3 Y habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis al SEÑOR, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón al SEÑOR, y a sólo él servid, y os librará de mano de los filisteos.
1SA 7:4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los Baales y a Astarot, y sirvieron a solo el SEÑOR.
1SA 7:5 Y Samuel dijo: Juntad a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros al SEÑOR.
1SA 7:6 Y juntándose en Mizpa, saca­ron agua, y derramáronla delante del SEÑOR, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra el SEÑOR hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.
1SA 7:7 Y oyendo los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel: lo cual como hubieron oído los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.
1SA 7:8 Y dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros al SEÑOR nuestro Dios, que nos guarde de mano de los filisteos.
1SA 7:9 Y Samuel tomó un cordero de leche, y sacrificólo entero al SEÑOR en ofrenda quemada: y clamó Samuel al SEÑOR por Israel, y el SEÑOR le oyó.
1SA 7:10 Y aconteció que estando Samuel sacrificando la ofrenda quemada, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas el SEÑOR tronó aquel día con grande estruendo sobre los filisteos, y desbaratólos, y fue­ron vencidos delante de Israel.
1SA 7:11 Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
1SA 7:12 Tomó luego Samuel una pie­dra, y púsola entre Mizpa y Sen, y púsole por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó el SEÑOR.
1SA 7:13 Fueron pues los filisteos humillados, que no vinieron más al término de Israel; y la mano del SEÑOR fue contra los filisteos todo el tiempo de Samuel.
1SA 7:14 Y fueron restituídas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat, con sus términos: e Israel las libró de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.
1SA 7:15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
1SA 7:16 Y todos los años iba y daba vuelta a Betel, y a Gilgal, y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares.
1SA 7:17 Volvíase después a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí altar al SEÑOR.
1SA 8:1 Y ACONTECIÓ que habiendo Samuel envejecido, puso sus hijos por jueces sobre Israel.
1SA 8:2 Y el nombre de su hijo primo­génito fue Joel, y el nombre del segundo, Abia: fueron jueces en Beer-sebah.
1SA 8:3 Mas no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se ladearon tras la avaricia, recibiendo soborno y pervirtien­do el derecho.
1SA 8:4 Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Samuel en Ramá,
1SA 8:5 Y dijéronle: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no van por tus caminos: por tanto, cons­titúyenos ahora un rey que nos juzgue, como todas las naciones.
1SA 8:6 Y descontentó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos rey que nos juzgue. Y Samuel oró al SEÑOR.
1SA 8:7 Y dijo el SEÑOR a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te dijeren: porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.
1SA 8:8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, que me han dejado y han servido a dioses ajenos, así hacen también contigo.
1SA 8:9 Ahora pues, oye su voz: mas protesta contra ellos declarándo­les el derecho del rey que ha de reinar sobre ellos.
1SA 8:10 Y dijo Samuel todas las pala­bras del SEÑOR al pueblo que le había pedido rey.
1SA 8:11 Dijo pues: Éste será el derecho del rey que hubiere de reinar sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y pondrálos en sus carros, y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro:
1SA 8:12 Y se elegirá capitanes de mil, y capitanes de cincuenta: [pon­drálos] asimismo a que aren sus campos, y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra, y los pertrechos de sus carros:
1SA 8:13 Tomará también vuestras hijas para que sean perfumado­ras, cocineras, y amasadoras.
1SA 8:14 Asimismo tomará vuestras tierras, vuestras viñas, y vuestros buenos olivares, y los dará a sus siervos.
1SA 8:15 Él diezmará vuestras simien­tes y vuestras viñas, para dar a sus eunucos y a sus siervos.
1SA 8:16 Él tomará vuestros siervos, y vuestras siervas, y vuestros bue­nos mancebos, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.
1SA 8:17 Diezmará también vuestro rebaño, y seréis sus siervos.
1SA 8:18 Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis ele­gido, mas el SEÑOR no os oirá en aquel día.
1SA 8:19 Sin embargo el pueblo rechazó obedecer la voz de Samuel; antes dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros:
1SA 8:20 Y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nues­tras guerras.
1SA 8:21 Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y refiriólas en oídos del SEÑOR.
1SA 8:22 Y el SEÑOR dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a su ciudad.
1SA 9:1 Y HABÍA un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Seor, hijo de Becora, hijo de Afia, hijo de un hombre de Benjamín.
1SA 9:2 Y tenía él un hijo que se llama­ba Saúl, mancebo y hermoso, que entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; del hombro arriba sobrepujaba a cualquiera del pueblo.
1SA 9:3 Y habíanse perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los cria­dos, y levántate, y ve a buscar las asnas.
1SA 9:4 Y él pasó al monte de Efraím, y de allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron.
1SA 9:5 Y cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, dejado el cuidado de las asnas, estará con­gojado por nosotros.
1SA 9:6 Y él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un hombre de Dios, que es varón insigne: todas las cosas que él dijere, sin duda vendrán. Vamos pues allá: quizá nos enseñará nuestro camino por donde haya­mos de ir.
1SA 9:7 Y Saúl respondió a su criado: Vamos ahora: ¿mas qué llevare­mos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué presentar al varón de Dios: ¿qué tenemos?
1SA 9:8 Entonces tornó el criado a res­ponder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata: esto daré al varón de Dios, porque nos declare nuestro camino.
1SA 9:9 (Antiguamente en Israel cuan­do un hombre iba a inquirir de Dios, decía así: Venid y vamos al vidente: porque el que ahora se llama profeta, antiguamente era llamado vidente).
1SA 9:10 Dijo entonces Saúl a su cria­do: Bien dices; ea pues, vamos. Y fueron a la ciudad donde esta­ba el varón de Dios.
1SA 9:11 Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas mozas que salían para sacar agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente?
1SA 9:12 Y ellas respondiéndoles, dije­ron: Sí; helo aquí delante de ti: date pues priesa, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy sacrificio en el alto.
1SA 9:13 Y cuando entrareis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya venido, por cuanto él haya de bendecir el sacrificio, y des­pués comerán los convidados. Subid pues ahora, porque ahora le hallaréis.
1SA 9:14 Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando en medio de la ciudad estuvieron, he aquí Samuel que delante de ellos salía para subir al alto.
1SA 9:15 Y un día antes que Saúl vinie­se, el SEÑOR había revelado al oído de Samuel, diciendo:
1SA 9:16 Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará mi pueblo de mano de los filisteos: pues yo he mirado a mi pueblo, porque su clamor ha llegado hasta mí.
1SA 9:17 Y luego que Samuel vio a Saúl, el SEÑOR le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste regirá a mi pueblo.
1SA 9:18 Y llegando Saúl a Samuel en medio de la puerta, díjole: Ruégote que me enseñes dónde está la casa del vidente.
1SA 9:19 Y Samuel respondió a Saúl, y dijo: Yo soy el vidente: sube delante de mí al alto, y comed hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón.
1SA 9:20 Y de las asnas que se te per­dieron hoy ha tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿por quién es todo el deseo de Israel, sino por ti y por toda la casa de tu padre?
1SA 9:21 Y Saúl respondió, y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de las más pequeñas tribus de Israel? Y mi familia [¿no es] la más peque­ña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿por qué pues me has dicho cosa semejan­te?
1SA 9:22 Y trabando Samuel de Saúl y de su criado, metiólos en la sala, y dióles lugar a la cabecera de los convidados, que eran como unos treinta hombres.
1SA 9:23 Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardases aparte.
1SA 9:24 Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y púsola delante de Saúl. Y [Samuel] dijo: He aquí lo que estaba reservado: ponlo delante de ti, y come; porque de industria se guardó para ti, cuan­do dije: Yo he convidado al pue­blo. Y Saúl comió aquel día con Samuel.
1SA 9:25 Y cuando hubieron descendi­do del alto a la ciudad, él habló con Saúl en el terrado.
1SA 9:26 Y [al otro día] madrugaron: y como al apuntar del alba, Samuel llamó a Saúl, [que estaba] en el terrado; y dijo: Levántate, para que te despache. Levantóse luego Saúl, y salieron fuera ambos, él y Samuel.
1SA 9:27 Y descendiendo ellos al cabo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: Di al mozo que vaya delante, (y adelantóse él); mas espera tú un poco para que te declare palabra de Dios.
1SA 10:1 TOMANDO entonces Samuel una ampolla de aceite, derramóla sobre su cabeza, y besólo, y díjole: ¿No te ha ungido el SEÑOR por capitán sobre su heredad?
1SA 10:2 Hoy, después que te hayas apar­tado de mí, hallarás dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el término de Benjamín, en Selsah, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar, se han halla­do; tu padre pues ha dejado ya el negocio de las asnas, si bien está angustioso por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo?
1SA 10:3 Y como de allí te fueres más adelante, y llegares a la llanura de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Betel, llevando el uno tres cabritos, y el otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino:
1SA 10:4 Los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de manos de ellos.
1SA 10:5 De allí vendrás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entrares allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que des­cienden del alto, y delante de ellos salterio, y adufe, y flauta, y arpa, y ellos profetizando:
1SA 10:6 Y el Espíritu del SEÑOR te arrebatará, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.
1SA 10:7 Y cuando te hubieren sobreve­nido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios es contigo.
1SA 10:8 Y bajarás delante de mí a Gilgal; y luego descenderé yo a ti para sacrificar holocaustos, e inmolar víctimas pacíficas. Espera siete días, hasta que yo venga a ti, y te enseñe lo que has de hacer.
1SA 10:9 Y fue que así como tornó él su hombro para partirse de Samuel, mudóle Dios su corazón; y todas estas señales acaecieron en aquel día.
1SA 10:10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas [que venía] a encon­trarse con él, y el Espíritu de Dios lo arrebató, y profetizó en­tre ellos.
1SA 10:11 Y aconteció que, cuando todos los que le conocían de ayer y de antes, vieron que, he aquí, él profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas?
1SA 10:12 Y alguno de allí respondió, y dijo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se tornó en proverbio: ¿También Saúl entre los profetas?
1SA 10:13 Y cesó de profetizar, y llegó al alto.
1SA 10:14 Y un tío de Saúl dijo a él y a su criado: ¿Dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no parecían, fuimos a Samuel.
1SA 10:15 Y dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo Samuel.
1SA 10:16 Y Saúl respondió a su tío: Declarónos expresamente que las asnas habían parecido. Mas del negocio del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió nada.
1SA 10:17 Y Samuel convocó el pueblo al SEÑOR en Mizpa;
1SA 10:18 Y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho el SEÑOR el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron:
1SA 10:19 Mas vosotros habéis desecha­do hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras afliccio­nes y angustias, y dijisteis: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora pues, poneos delante del SEÑOR por vuestras tribus y por vuestros millares.
1SA 10:20 Y haciendo allegar Samuel todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín.
1SA 10:21 E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus linajes, y fue tomada la familia de Matri; y [de ella] fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, mas no fue hallado.
1SA 10:22 Inquirieron pues otra vez del SEÑOR, si había aún de venir allí aquel varón. Y respondió el SEÑOR: He aquí que él está escondido entre el bagaje.
1SA 10:23 Entonces corrieron, y tomá­ronlo de allí, y puesto en medio del pueblo, desde el hombro arri­ba era más alto que todo el pue­blo.
1SA 10:24 Y Samuel dijo a todo el pue­blo: ¿Habéis visto al que ha ele­gido el SEÑOR, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: Viva el rey.
1SA 10:25 Samuel recitó luego al pueblo el derecho del reino, y escribiólo en un libro, el cual guardó delan­te del SEÑOR.
1SA 10:26 Y envió Samuel a todo el pue­blo cada uno a su casa. Y Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él el ejérci­to, el corazón de los cuales Dios había tocado.
1SA 10:27 Pero los hijos de Belial dije­ron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y tuviéronle en poco, y no le trajeron presente: mas él disi­muló.
1SA 11:1 Y SUBIÓ Naas amonita, y asentó campo contra Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Naas: Haz pacto con nosotros, y te serviremos.
1SA 11:2 Y Naas amonita les respon­dió: Con esta condición haré pacto con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel.
1SA 11:3 Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: Danos siete días de plazo, para que enviemos mensa­jeros a todos los términos de Israel; y si nadie hubiere que nos defienda, saldremos a ti.
1SA 11:4 Y llegando los mensajeros a Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo; y todo el pueblo lloró a voz en grito.
1SA 11:5 Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que lloran? Y contáronle las palabras de los hombres de Jabes.
1SA 11:6 Y el Espíritu de Dios arrebató a Saúl en oyendo estas palabras, y encendióse en ira en gran mane­ra.
1SA 11:7 Y tomando un par de bueyes, cortólos en piezas, y enviólas por todos los términos de Israel por mano de mensajeros, diciendo: Cualquiera que no saliere en pos de Saúl y en pos de Samuel, así será hecho a sus bueyes. Y cayó temor del SEÑOR sobre el pue­blo, y salieron como un solo hombre.
1SA 11:8 Y contólos en Bezec; y fueron los hijos de Israel trescientos mil, y treinta mil los hombres de Judá.
1SA 11:9 Y respondieron a los mensaje­ros que habían venido: Así diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana en calentando el sol, tendréis salvamento. Y vinieron los mensajeros, y declaráronlo a los de Jabes, los cuales se holga­ron.
1SA 11:10 Y los de Jabes dijeron: Mañana saldremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere.
1SA 11:11 Y el día siguiente dispuso Saúl el pueblo en tres escuadro­nes, y entraron en medio del real a la vela de la mañana, e hirieron a los amonitas hasta que el día calentaba: y los que quedaron fueron dispersos, tal que no que­daron dos de ellos juntos.
1SA 11:12 El pueblo entonces dijo a Samuel: ¿Quiénes son los que decían: Reinará Saúl sobre noso­tros? Dad[nos] esos hombres, y los mataremos.
1SA 11:13 Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy ha obrado el SEÑOR salvación en Israel.
1SA 11:14 Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para que renovemos allí el reino.
1SA 11:15 Y fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron allí a Saúl por rey delante del SEÑOR en Gilgal. Y sacrificaron allí víctimas pacífi­cas delante del SEÑOR; y ale­gráronse mucho allí Saúl y todos los de Israel.
1SA 12:1 Y DIJO Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todas las cosas que me habéis dicho, y os he puesto rey.
1SA 12:2 Ahora pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y cano: mas mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi mocedad hasta este día.
1SA 12:3 Aquí estoy; atestiguad contra mí delante del SEÑOR y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, o si he tomado el asno de alguno, o si he calumnia­do a alguien, o si he agraviado a alguno, o si de alguien he toma­do soborno por el cual haya cubierto mis ojos: y os satisfaré.
1SA 12:4 Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado, ni agraviado, ni has tomado algo de mano de nin­gún hombre.
1SA 12:5 Y él les dijo: el SEÑOR es tes­tigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado en mi mano cosa ninguna. Y ellos res­pondieron: Así es.
1SA 12:6 Entonces Samuel dijo al pue­blo: el SEÑOR es quien hizo a Moisés y a Aarón, y que sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto.
1SA 12:7 Ahora pues, aguardad, y yo os haré cargo delante del SEÑOR de todas las justicias del SEÑOR, que ha hecho con voso­tros y con vuestros padres.
1SA 12:8 Después que Jacob hubo entra­do en Egipto y vuestros padres clamaron al SEÑOR, el SEÑOR envió a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar.
1SA 12:9 Y cuando olvidaron al SEÑOR su Dios, él los vendió en la mano de Sísara, capitán del ejército de Hasor, y en la mano de los filisteos, y en la mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra.
1SA 12:10 Y ellos clamaron al SEÑOR, y dijeron: Pecamos, que hemos dejado al SEÑOR, y hemos ser­vido a los Baales y a Astarot: líbranos pues ahora de la mano de nuestros enemigos, y te servi­remos.
1SA 12:11 Entonces el SEÑOR envió a Jerobaal, y a Bedán, y a Jefté, y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos alrededor, y habitasteis seguros.
1SA 12:12 Y habiendo visto que Naas rey de los hijos de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino rey reinará sobre nosotros; siendo vuestro rey el SEÑOR vuestro Dios.
1SA 12:13 Ahora pues, ved aquí vuestro rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que el SEÑOR ha puesto sobre vosotros rey.
1SA 12:14 Si temiereis al SEÑOR y le sirviereis, y obedeciereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra del SEÑOR, así vosotros como el rey que reina sobre vosotros, seréis en pos del SEÑOR vuestro Dios.
1SA 12:15 Mas si no oyereis la voz del SEÑOR, y si fuereis rebeldes a las palabras del SEÑOR, la mano del SEÑOR será contra vosotros como contra vuestros padres.
1SA 12:16 Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que el SEÑOR hará delante de vuestros ojos.
1SA 12:17 ¿No es ahora la siega de los trigos? Yo clamaré al SEÑOR, y él dará truenos y aguas; para que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho en los ojos del SENOR, pidién­doos rey.
1SA 12:18 Y Samuel clamó al SEÑOR; y el SEÑOR dio truenos y aguas en aquel día; y todo el pueblo temió en gran manera al SEÑOR y a Samuel.
1SA 12:19 Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos al SEÑOR tu Dios, que no mura­mos: porque a todos nuestros pecados hemos añadido [este] mal de pedir rey para nosotros.
1SA 12:20 Y Samuel respondió al pue­blo, No temáis: vosotros habéis cometido todo este mal; mas con todo eso no os apartéis de en pos del SEÑOR, sino servid al SEÑOR con todo vuestro cora­zón:
1SA 12:21 No os apartéis en pos de las vanidades, que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.
1SA 12:22 Pues el SEÑOR no desampa­rará a su pueblo por su grande nombre: porque el SEÑOR ha querido haceros pueblo suyo.
1SA 12:23 Así que, no permita Dios que peque yo contra el SEÑOR cesando de rogar por vosotros; antes yo os enseñaré por el cami­no bueno y derecho.
1SA 12:24 Solamente temed al SEÑOR, y servidle de verdad con todo vuestro corazón, porque conside­rad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros.
1SA 12:25 Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pere­ceréis.
1SA 13:1 HABÍA ya Saúl reinado un año; y reinado que hubo dos años sobre Israel,
1SA 13:2 Escogióse luego tres mil de Israel: los dos mil estuvieron con Saúl en Michmas y en el monte de Betel, y los mil estuvieron con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió a todo el otro pueblo cada uno a sus tiendas.
1SA 13:3 Y Jonatán hirió la guarnición de los filisteos que había en el collado, y oyéronlo los filisteos. E hizo Saúl tocar trompetas por toda la tierra, diciendo: Oigan los hebreos.
1SA 13:4 Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha herido la guarnición de los filisteos; y también que Israel olía mal a los filisteos. Y juntóse el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.
1SA 13:5 Entonces los filisteos se junta­ron para pelear con Israel, treinta mil carros, y seis mil jinetes, y pueblo como la arena que está a la orilla del mar en multitud; y subieron, y asentaron campo en Michmas, al oriente de Bet­aven.
1SA 13:6 Mas los hombres de Israel, viéndose puestos en estrecho, (porque el pueblo estaba en aprieto), escondióse el pueblo en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas.
1SA 13:7 Y algunos de los hebreos pasa­ron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad: y Saúl se estaba aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.
1SA 13:8 Y él esperó siete días, confor­me al plazo que Samuel [había dicho]; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le deserta­ba.
1SA 13:9 Entonces dijo Saúl: Traedme ofrenda quemada y sacrificios pacíficos. Y ofreció la ofrenda quemada.
1SA 13:10 Y como él acababa de hacer la ofrenda quemada, he aquí Samuel que venía; y Saúl le salió a recibir para saludarle.
1SA 13:11 Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me iba, y que tú no venías al plazo de los días, y que los filisteos estaban juntos en Michmas,
1SA 13:12 Me dije: Los filisteos descen­derán ahora contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor del SEÑOR. Esforcéme pues, y ofrecí ofrenda quemada.
1SA 13:13 Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guar­daste el mandamiento del SEÑOR tu Dios, que él te había intimado; porque ahora el SEÑOR hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.
1SA 13:14 Mas ahora tu reino no será durable: el SEÑOR se ha busca­do varón según su corazón, al cual el SEÑOR ha mandado que sea capitán sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que el SEÑOR te mandó.
1SA 13:15 Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres.
1SA 13:16 Saúl pues y Jonatán su hijo, y el pueblo que con ellos se hallaba, quedáronse en Gabaa de Benjamín: mas los filisteos habían puesto su campo en Michmas.
1SA 13:17 Y salieron del campo de los filisteos en correría tres escua­drones. El un escuadrón tiró por el camino de Ofra hacia la tie­rra de Sual.
1SA 13:18 El otro escuadrón marchó hacia Bet-horón, y el tercer escuadrón marchó hacia la región que mira al valle de Seboim hacia el desierto.
1SA 13:19 Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza.
1SA 13:20 Y todos los de Israel descendían a los filisteos cada cual a amolar su reja, su azadón, su hacha, o su sacho,
1SA 13:21 Pero aún tenían una lima para las rejas, y los azadones, y las horquillas, y las hachas, y para afilar las ahijadas.
1SA 13:22 Así aconteció que el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de alguno de todo el pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían.
1SA 13:23 Y la guarnición de los filisteos salió al paso de Michmas.
1SA 14:1 Y UN día aconteció, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven, y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está a aquel lado. Y no [lo] hizo saber a su padre.
1SA 14:2 Y Saúl estaba en el término de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y el pueblo que estaba con él era como seiscien­tos hombres.
1SA 14:3 Y Ahías hijo de Ahitob, her­mano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote del SEÑOR en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
1SA 14:4 Y entre los pasos por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había una roca aguda de la una parte, y una roca aguda de la otra parte; la una se llamaba Boses y la otra Sene:
1SA 14:5 El un peñasco situado al norte hacia Michmas, y el otro al sur hacia Gabaa.
1SA 14:6 Dijo pues Jonatán a su criado que le traía las armas: Ven, pase­mos a la guarnición de estos incircuncisos: quizá hará el SEÑOR por nosotros; que no es difícil al SEÑOR salvar con mul­titud o con poco número.
1SA 14:7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón: ve, que aquí estoy con­tigo a tu voluntad.
1SA 14:8 Y Jonatán dijo: He aquí, noso­tros pasaremos a los hombres, y nos mostraremos a ellos.
1SA 14:9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros; entonces nos estaremos en nues­tro lugar, y no subiremos a ellos.
1SA 14:10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros: entonces subiremos, porque el SEÑOR los ha entre­gado en nuestras manos: y esto nos será por señal.
1SA 14:11 Mostráronse pues ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las caver­nas en que se habían escondido.
1SA 14:12 Y los hombres de la guarni­ción respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, que el SEÑOR los ha entregado en la mano de Israel.
1SA 14:13 Y subió Jonatán [trepando] con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y los que caían delante de Jonatán, su paje de armas [que iba] tras él, los mataba.
1SA 14:14 Ésta fue la primera rota, en la cual Jonatán con su paje de armas, mataron como unos vein­te hombres en el espacio de una media yugada.
1SA 14:15 Y hubo temblor en el real y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a hacer correrías, tam­bién ellos temblaron, y alborotó­se la tierra: hubo pues gran cons­ternación.
1SA 14:16 Y los centinelas de Saúl vie­ron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba [de una] parte [a otra], y era deshecha.
1SA 14:17 Entonces Saúl dijo al pueblo que tenía consigo: Reconoced luego, y mirad quién haya ido de los nuestros. Y reconocido que hubieron, hallaron que faltaban Jonatán y su paje de armas.
1SA 14:18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
1SA 14:19 Y aconteció que estando aún hablando Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campo de los filisteos se aumen­taba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
1SA 14:20 Y juntando Saúl todo el pue­blo que con él estaba, vinieron hasta [el lugar de] la batalla: y he aquí que la espada de cada uno era [vuelta] contra su compañero, y la mortandad [era] grande.
1SA 14:21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiem­po antes, y habían venido con ellos de los alrededores al campo, también éstos [se volvie­ron] para ser con los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.
1SA 14:22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraím, oyendo que los filisteos huían, ellos también los persiguieron en aquella bata­lla.
1SA 14:23 Así salvó el SEÑOR a Israel aquel día. Y llegó el alcance hasta Bet-aven.
1SA 14:24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había conjurado al pueblo, diciendo: Cualquiera que comiere pan hasta la tarde, hasta que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había gustado pan.
1SA 14:25 Y todo el [pueblo del] país llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo.
1SA 14:26 Entró pues el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; mas ninguno hubo que llegase la mano a su boca: por­que el pueblo temía el juramento.
1SA 14:27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre conjuró al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y mojóla en un panal de miel, y llegó su mano a su boca; y sus ojos fueron aclarados.
1SA 14:28 Entonces habló uno del pue­blo, diciendo: Tu padre ha conju­rado expresamente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que comiere hoy manjar. Y el pueblo desfallecía.
1SA 14:29 Y respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel:
1SA 14:30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido del despojo de sus enemigos que halló? ¿no se habría hecho ahora mayor estrago en los filisteos?
1SA 14:31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Michmas hasta Ajalón: mas el pueblo se cansó mucho.
1SA 14:32 Tornóse por tanto el pueblo al despojo, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y matáronlos en tierra, y el pueblo comió con sangre.
1SA 14:33 Y dándole de ello aviso a Saúl, dijéronle: El pueblo peca contra el SEÑOR comiendo con sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una grande piedra.
1SA 14:34 Y Saúl tornó a decir: Es­parcíos por el pueblo, y decid­les que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlos aquí, y comed; y no pecaréis contra el SEÑOR comiendo con sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y degollaron allí.
1SA 14:35 Y edificó Saúl altar al SEÑOR, el cual altar fue el pri­mero que edificó al SEÑOR.
1SA 14:36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Lleguémonos aquí a Dios.
1SA 14:37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿los entregarás en mano de Israel? Mas él no le dio respuesta aquel día.
1SA 14:38 Entonces dijo Saúl: Acercaos acá todos los principales del pue­blo; y sabed y mirad por quién ha sido hoy este pecado;
1SA 14:39 Porque vive el SEÑOR, que salva a Israel, que si fuere en mi hijo Jonatán, él morirá de cier­to. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.
1SA 14:40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos a otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pare­ciere.
1SA 14:41 Entonces dijo Saúl al SEÑOR Dios de Israel: Da perfección. Y fueron tomados Jonatán y Saúl, y el pueblo salió [libre].
1SA 14:42 Y Saúl dijo: Echad [suerte] entre mí y Jonatán mi hijo. Y fue tomado Jonatán.
1SA 14:43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame qué has hecho. Y Jonatán se lo declaró, y dijo: Cierto que gusté con la punta de la vara que traía en mi mano, un poco de miel: ¿y he aquí he de morir?
1SA 14:44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y así me añada, que sin duda morirás, Jonatán.
1SA 14:45 Mas el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha pues de morir Jonatán, el que ha hecho esta salvación grande en Israel? No lo permita Dios: como el SEÑOR vive, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha obrado hoy con Dios. Así libró el pueblo a Jonatán, para que no muriese.
1SA 14:46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.
1SA 14:47 Y ocupando Saúl el reino sobre Israel, hizo guerra a todos sus enemigos alrededor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos: y a donde quiera que se tornaba era vencedor.
1SA 14:48 Y reunió un ejército, e hirió a Amalec, y libró a Israel de mano de los que le robaban.
1SA 14:49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isui, y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el nombre de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical.
1SA 14:50 Y el nombre de la esposa de Saúl era Ahinoam, hija de Aimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl.
1SA 14:51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
1SA 14:52 Y la guerra fue fuerte contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a cualquiera que Saúl veía hombre fuerte o hombre valiente, juntábale consigo.
1SA 15:1 Y SAMUEL dijo a Saúl: el SEÑOR me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel: oye pues la voz de las palabras del SEÑOR.
1SA 15:2 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec a Israel; que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto.
1SA 15:3 Ve pues, y hiere a Amalec, y destruiréis en él todo lo que tuvie­re: y no te apiades de él: mata hombres y mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, came­llos y asnos.
1SA 15:4 Saúl pues juntó el pueblo, y reconociólos en Telaim, doscien­tos mil de a pie, y diez mil hom­bres de Judá.
1SA 15:5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.
1SA 15:6 Y dijo Saúl al cineo: Idos, apartaos, y salid de entre los de Amalec, para que no te destruya juntamente con él: pues que tú hiciste misericordia con todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Apartóse pues el cineo de entre los de Amalec.
1SA 15:7 Y Saúl hirió a Amalec, desde Havila hasta llegar a Sur, que está a la frontera de Egipto.
1SA 15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, mas a todo el pueblo mató a filo de espada.
1SA 15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, a los gruesos y a los carneros, y a todo lo bueno: que no lo quisieron destruir: mas todo lo que era vil y flaco destruyeron.
1SA 15:10 Y vino la palabra del SEÑOR a Samuel, diciendo:
1SA 15:11 Pésame de haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y apesadumbróse Samuel, y clamó al SEÑOR toda aquella noche.
1SA 15:12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la maña­na; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido al Carmel, y he aquí él se ha levan­tado un trofeo, y después vol­viendo, ha pasado y descendido a Gilgal.
1SA 15:13 Vino pues Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú del SEÑOR; yo he cumplido la pala­bra del SEÑOR.
1SA 15:14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ganados y bramido de bueyes es este que yo oigo con mis oídos?
1SA 15:15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó a lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas al SEÑOR tu Dios; pero lo demás lo destruimos.
1SA 15:16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que el SEÑOR me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
1SA 15:17 Y dijo Samuel: Siendo tú pequeño en tus ojos ¿no has sido hecho cabeza a las tribus de Israel, y el SEÑOR te ha ungido por rey sobre Israel?
1SA 15:18 Y envióte el SEÑOR en jor­nada, y dijo: Ve, y destruye los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
1SA 15:19 ¿Por qué pues no has obedecido la voz del SEÑOR, sino que vuelto al despojo, has hecho lo malo en los ojos del SEÑOR?
1SA 15:20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes he oído la voz del SEÑOR, y fui a la jornada que el SEÑOR me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he des­truído a los Amalecitas:
1SA 15:21 Mas el pueblo tomó del des­pojo ovejas y vacas, las primicias del anatema, para sacrificarlas al SEÑOR tu Dios en Gilgal.
1SA 15:22 Y Samuel dijo: ¿Tiene el SEÑOR tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras del SEÑOR? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacri­ficios; y el prestar atención que el sebo de los carneros:
1SA 15:23 Porque la rebelión [es como] el pecado de hechicería, y la obstinación [es como] iniquidad e idolatría. Por cuanto tú has rechazado la palabra del SEÑOR, él también te rechazó para que no [seas] rey.
1SA 15:24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; que he quebranta­do el dicho del SEÑOR y tus palabras: porque temí al pueblo, y consentí a la voz de ellos. Perdona pues ahora mi pecado,
1SA 15:25 Y vuelve conmigo para que adore al SEÑOR.
1SA 15:26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque des­echaste la palabra del SEÑOR, y el SEÑOR te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.
1SA 15:27 Y volviéndose Samuel para irse, él echó mano de la orla de su capa, y desgarróse.
1SA 15:28 Entonces Samuel le dijo: el SEÑOR ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a tu prójimo mejor que tú.
1SA 15:29 Y también el Vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepenti­rá: porque no es hombre para que se arrepienta.
1SA 15:30 Y él dijo: Yo he pecado: mas ruégote que me honres delante de los ancianos de mi pueblo, y delante de Israel; y vuelve con­migo para que adore al SEÑOR tu Dios.
1SA 15:31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl al SEÑOR.
1SA 15:32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él delicadamente. Y dijo Agag: Ciertamente se pasó la amargura de la muerte.
1SA 15:33 Y Samuel dijo: Como tu espa­da dejó las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante del SEÑOR en Gilgal.
1SA 15:34 Fuese luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.
1SA 15:35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida: y Samuel lloraba a Saúl: mas el SEÑOR se había arrepentido de haber pues­to a Saúl por rey sobre Israel.
1SA 16:1 Y DIJO el SEÑOR a Samuel: ¿Hasta cuándo has tú de llorar a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Hinche tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belem: porque de sus hijos me he provisto de rey.
1SA 16:2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo entendiere, me matará. El SEÑOR respondió: Toma conti­go una becerra de la vacada, y di: A sacrificar al SEÑOR he veni­do.
1SA 16:3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y ungirme has al que yo te dijere.
1SA 16:4 Hizo pues Samuel como le dijo el SEÑOR: y luego que él llegó a Belem, los ancianos de la ciudad le salieron a recibir con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
1SA 16:5 Y él respondió: En paz vengo a sacrificar al SEÑOR; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, llamólos al sacrificio.
1SA 16:6 Y aconteció que como ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante del SEÑOR está su ungido.
1SA 16:7 Y el SEÑOR respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, por­que yo lo desecho; porque [el SEÑOR mira] no lo que el hom­bre mira; pues que el hombre mira [lo que está] delante de sus ojos, mas el SEÑOR mira el corazón.
1SA 16:8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, e hizole pasar delante de Samuel, el cual dijo: Ni a éste ha elegido el SEÑOR.
1SA 16:9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha ele­gido el SEÑOR.
1SA 16:10 E hizo pasar Isaí sus siete hijos delante de Samuel; mas Samuel dijo a Isaí: el SEÑOR no ha elegido a éstos.
1SA 16:11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Hanse acabado los mozos? Y él respondió: Aun queda el menor, y he aquí, apacienta él las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos asentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.
1SA 16:12 Envió pues [por él], e introdú­jolo; el cual era rubio, de hermo­so parecer y de bello aspecto. Entonces el SEÑOR dijo: Levántate y úngelo, que éste es.
1SA 16:13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y ungiólo de entre sus her­manos: y desde aquel día en ade­lante el Espíritu del SEÑOR tomó a David. Levantóse luego Samuel, y volvióse a Ramá.
1SA 16:14 Y el Espíritu del SEÑOR se apartó de Saúl, y atormentábale el espíritu malo de parte del SEÑOR.
1SA 16:15 Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, que el espíritu malo de parte de Dios te atormenta.
1SA 16:16 Diga pues nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen alguno que sepa tocar el arpa; para que cuando fuere sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él taña con su mano, y tengas alivio.
1SA 16:17 Y Saúl respondió a sus cria­dos: Buscadme pues ahora algu­no que taña bien, y traédmelo.
1SA 16:18 Entonces uno de los criados respondió, diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belem, que sabe tocar, y es valiente y poderoso, y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y el SEÑOR es con él.
1SA 16:19 Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas.
1SA 16:20 Y tomó Isaí un asno [cargado] de pan, y una vasija de vino y un cabrito, y enviólo a Saúl por mano de David su hijo.
1SA 16:21 Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él: y amólo él mucho, y fue hecho su escudero.
1SA 16:22 Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmi­go; porque ha hallado gracia en mis ojos.
1SA 16:23 Y cuando el espíritu [malo] de parte de Dios era sobre Saúl, David tomaba el arpa, y tañía con su mano; y Saúl tenía refri­gerio, y estaba mejor, y el espíri­tu malo se apartaba de él.
1SA 17:1 Y LOS filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y congregáronse en Soco, que es de Judá, y asentaron el campo entre Soco y Azeca, en Efes­damim.
1SA 17:2 Y también Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y asentaron el campo en el valle de Elah, y ordenaron la batalla contra los filisteos.
1SA 17:3 Y los filisteos estaban sobre el un monte de la una parte, e Israel estaba sobre el otro monte de la otra parte, y el valle entre ellos:
1SA 17:4 Salió entonces un campeón del campo de los filisteos [que se puso] entre los dos [campos], el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo.
1SA 17:5 Y traía un almete de latón en su cabeza, e [iba] vestido con corazas de planchas: y era el peso de la coraza cinco mil siclos de latón:
1SA 17:6 Y sobre sus piernas traía grebas de latón, y escudo de latón a sus hombros.
1SA 17:7 El asta de su lanza era como un enjullo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro: e iba su escudero delante de él.
1SA 17:8 Y paróse, y dio voces a los ejércitos de Israel, diciéndo­les: ¿Para qué salís a dar batalla? ¿no soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí:
1SA 17:9 Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos: y si yo pudiere más que él, y lo venciere, voso­tros seréis nuestros siervos y nos serviréis.
1SA 17:10 Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado los ejércitos de Israel; dadme un hombre que pelee con­migo.
1SA 17:11 Y oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, con­turbáronse, y tuvieron gran miedo.
1SA 17:12 Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belem de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y era este hombre en el tiempo de Saúl, viejo, y de grande edad entre los hombres.
1SA 17:13 Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido a seguir a Saúl en la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían ido a la gue­rra, eran, Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Sama.
1SA 17:14 Y David era el menor. Siguieron pues los tres mayores a Saúl.
1SA 17:15 Pero David había ido y vuelto de con Saúl, para apacen­tar las ovejas de su padre en Belem.
1SA 17:16 Venía pues aquel filisteo por la mañana y a la tarde, y presen­tóse por cuarenta días.
1SA 17:17 Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo presto al campamento a tus hermanos.
1SA 17:18 Llevarás asimismo estos diez quesos de leche al capitán, y cuida de ver si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.
1SA 17:19 Y Saúl y ellos y todos los de Israel, estaban en el valle de Elah, peleando con los filisteos.
1SA 17:20 Levantóse pues David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, fuese con su carga, como Isaí le había man­dado; y llegó al atrincheramiento del ejército, el cual había salido en ordenanza, y tocaba alarma para la pelea.
1SA 17:21 Porque así los israelitas como los filisteos estaban en ordenan­za, ejército contra ejército.
1SA 17:22 Y David dejó de sobre sí la carga en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al ejército; y llegado que hubo, preguntaba por sus hermanos, si estaban buenos.
1SA 17:23 Y estando él hablando con ellos, he aquí aquel campeón que se ponía en medio de los dos [campos,] que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de los ejércitos de los filisteos, y habló las mismas palabras; las cuales oyó David.
1SA 17:24 Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre, huían de su presencia, y tenían gran temor.
1SA 17:25 Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? él se ade­lanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enrique­cerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y hará franca la casa de su padre en Israel.
1SA 17:26 Entonces habló David a los que junto a él estaban, diciendo: ¿Qué harán al hombre que ven­ciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los ejércitos del Dios viviente?
1SA 17:27 Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que lo vencie­re.
1SA 17:28 Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, Eliab se encendió en ira contra David, y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conoz­co tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.
1SA 17:29 Y David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No [hay] una causa?
1SA 17:30 Y apartándose de él hacia otros, habló lo mismo; y respon­diéronle los del pueblo como pri­mero.
1SA 17:31 Y fueron oídas las palabras que David había dicho, las cuales como refiriesen delante de Saúl, él lo hizo venir.
1SA 17:32 Y dijo David a Saúl: No desmaye ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará con este filisteo.
1SA 17:33 Y dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres mozo, y él un hombre de guerra desde su juventud.
1SA 17:34 Y David dijo a Saúl: Tu siervo guardaba las ovejas de su padre, y vino un león, y un oso, y tomó [algún] cordero de la manada:
1SA 17:35 Y salí yo tras él, y lo herí, y [lo] libré de su boca: y cuando se levantó contra mí, yo [le] eché mano de la quijada, y lo herí, y lo maté.
1SA 17:36 Tu sier­vo mató ambos el león y el oso; pues este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado a los ejércitos del Dios viviente.
1SA 17:37 Y añadió David: El SEÑOR que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y el SEÑOR sea contigo.
1SA 17:38 Y Saúl vistió a David de sus ropas, y puso sobre su cabeza un almete de latón, y armóle de coraza.
1SA 17:39 Y ciñó David su espada sobre sus vestiduras, y probó a andar, porque nunca había probado. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y echando de sí David aquellas cosas,
1SA 17:40 Tomó su cayado en su mano, y escogióse cinco piedras lisas del arroyo, y púsolas en el saco pastoril y en el zurrón que traía, y con su honda en su mano vase hacia el filisteo.
1SA 17:41 Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escu­dero delante de él.
1SA 17:42 Y como el filisteo miró y vio a David, túvole en poco; porque era mancebo, y rubio, y de her­moso parecer.
1SA 17:43 Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses.
1SA 17:44 Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo, y a las bestias del campo.
1SA 17:45 Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y escudo; mas yo vengo a ti en el nombre del SEÑOR de los ejércitos, el Dios de los ejércitos de Israel, que tú has provocado.
1SA 17:46 El SEÑOR te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y quitaré tu cabeza de ti: y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra: y sabrá la tierra toda que hay Dios en Israel.
1SA 17:47 Y sabrá toda esta asamblea que el SEÑOR no salva con espada y lanza; porque del SEÑOR es la guerra, y él os entregará en nuestras manos.
1SA 17:48 Y aconteció que, como el filisteo se levantó para ir y llegarse contra David, David se dio priesa, y corrió al combate contra el filisteo.
1SA 17:49 Y metiendo David su mano en el saco, tomó de allí una pie­dra, y tirósela con la honda, e hirió al filisteo en la frente: y la piedra quedó hincada en la fren­te, y cayó en tierra sobre su ros­tro.
1SA 17:50 Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y matólo, sin tener David espada en su mano.
1SA 17:51 Mas corrió David y púsose sobre el filisteo, y tomando la espada de él, sacándola de su vaina, matólo, y cortóle con ella la cabeza. Y como los filisteos vieron su gigante muerto, huye­ron.
1SA 17:52 Y levantándose los de Israel y de Judá, dieron grita, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron heridos de los filisteos por el camino de Saraim, hasta Gat y Ecrón.
1SA 17:53 Tornando luego los hijos de Israel de seguir los filisteos, des­pojaron su campamento.
1SA 17:54 Y David tomó la cabeza del filisteo, y trájola a Jerusalem, mas puso sus armas en su tienda.
1SA 17:55 Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo aquel mancebo? Y Abner res­pondió:
1SA 17:56 Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Inquiere pues de quién es hijo aquel mancebo.
1SA 17:57 Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó, y llevólo delante de Saúl, tenien­do la cabeza del filisteo en su mano.
1SA 17:58 Y díjole Saúl: Mancebo, ¿de quién eres hijo? Y David respon­dió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belem.
1SA 18:1 Y ASÍ que él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán fue ligada con el alma de David, y amólo Jonatán como a su alma.
1SA 18:2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.
1SA 18:3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a su alma.
1SA 18:4 Y Jonatán se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla a David, [y otras] ropas suyas, hasta su espada, y su arco, y su tala­barte.
1SA 18:5 Y salía David a donde quiera que Saúl le enviaba, y portábase prudentemente. Hízolo por tanto Saúl capitán de gente de guerra, y era acepto en los ojos de todo el pueblo, y en los ojos de los cria­dos de Saúl.
1SA 18:6 Y aconteció que como volvían ellos, cuando David tornó de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, y con danzas, con tamboriles, y con alegrías y sonajas, a recibir al rey Saúl.
1SA 18:7 Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles.
1SA 18:8 Y enojóse Saúl en gran mane­ra, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.
1SA 18:9 Y desde aquel día Saúl miró de través a David.
1SA 18:10 Otro día aconteció que el espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y profetizaba en medio de la casa: y David tocaba con su mano como los otros días; y [había] una lanza en la mano de Saúl.
1SA 18:11 Y arrojó Saúl la lanza, dicien­do: Enclavaré a David en la pared. Y dos veces se apartó de él David.
1SA 18:12 Mas Saúl se temía de David, por cuanto el SEÑOR era con él, y se había apartado de Saúl.
1SA 18:13 Apartólo pues Saúl de sí, e hízole capitán de mil; y salía y entraba delante del pueblo.
1SA 18:14 Y David se conducía pruden­temente en todos sus negocios, y el SEÑOR era con él.
1SA 18:15 Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, temíase de él.
1SA 18:16 Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entra­ba delante de ellos.
1SA 18:17 Y dijo Saúl a David: He aquí yo te daré a Merab mi hija mayor por esposa: solamente que me seas hombre valiente, y hagas las guerras del SEÑOR. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, mas la mano de los filisteos será contra él.
1SA 18:18 Y David respondió a Saúl: ¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?
1SA 18:19 Y venido el tiempo en que Merab, hija de Saúl, se había de dar a David, fue dada por esposa a Adriel Meholatita.
1SA 18:20 Mas Mical la [otra] hija de Saúl amaba a David; y fue dicho a Saúl, lo cual plugo en sus ojos.
1SA 18:21 Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por lazo, y para que la mano de los filisteos sea contra él. Dijo pues Saúl a David: Con la otra serás mi yerno hoy.
1SA 18:22 Y mandó Saúl a sus criados: Hablad en secreto a David, diciéndole: He aquí, el rey te ama, y todos sus criados te quie­ren bien; sé pues yerno del rey.
1SA 18:23 Y los criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos de David. Y David dijo: ¿Os parece a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?
1SA 18:24 Y los criados de Saúl le dieron la respuesta diciendo: Tales pala­bras ha dicho David.
1SA 18:25 Y Saúl dijo: Decid así a David: No está el contentamien­to del rey en el dote, sino en cien prepucios de filisteos, para que sea tomada venganza de los ene­migos del rey. Mas Saúl pensaba echar a David en manos de los filisteos.
1SA 18:26 Y como sus criados declara­ron a David estas palabras, plugo la cosa en los ojos de David, para ser yerno del rey. Y como el plazo no era aún cumplido,
1SA 18:27 Levantóse David, y partióse con su gente, e hirió doscientos hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios de ellos, y entregáronlos todos al rey, para que él fuese hecho yerno del rey. Y Saúl le dio a su hija Mical por esposa.
1SA 18:28 Pero Saúl, viendo y conside­rando que el SEÑOR era con David, y que su hija Mical lo amaba,
1SA 18:29 Temióse más de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días.
1SA 18:30 Y salían los príncipes de los filisteos; y como ellos salían, portábase David más prudente­mente que todos los siervos de Saúl: y era su nombre muy ilus­tre.
1SA 19:1 Y HABLÓ Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus criados, para que matasen a David; mas Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran manera.
1SA 19:2 Y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto mira ahora por ti hasta la mañana, y estáte en paraje oculto, y escóndete:
1SA 19:3 Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde estu­vieres: y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo que notare.
1SA 19:4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y díjole: No peque el rey contra su siervo David, pues que ninguna cosa ha cometido contra ti: antes sus obras te han sido muy buenas;
1SA 19:5 Porque él puso su alma en su palma, e hirió al filisteo, y el SEÑOR hizo una gran salvación a todo Israel. Tú lo viste, y te hol­gaste: ¿por qué pues pecarás contra la sangre inocente, matan­do a David sin causa?
1SA 19:6 Y oyendo Saúl la voz de Jonatán, juró: Vive el SEÑOR, que no morirá.
1SA 19:7 Llamando entonces Jonatán a David, declaróle todas estas palabras; y él mismo presentó a David a Saúl, y estuvo delante de él como antes.
1SA 19:8 Y tornó a hacerse guerra: y salió David y peleó contra los filisteos, e hiriólos con grande estrago, y huyeron delante de él.
1SA 19:9 Y el espíritu malo de parte del SEÑOR fue sobre Saúl: y estan­do sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tañendo con su mano.
1SA 19:10 Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza en la pared; mas él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y esca­póse aquella noche.
1SA 19:11 Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo guardasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su esposa lo descu­brió a David, diciendo: Si no sal­vares tu vida esta noche, mañana serás muerto.
1SA 19:12 Y descolgó Mical a David por una ventana; y él se fue, y huyó, y escapóse.
1SA 19:13 Tomó luego Mical una esta­tua, y púsola sobre la cama, y acomodóle por cabecera una almohada de pelos de cabra, y cubrióla con una ropa.
1SA 19:14 Y cuando Saúl envió mensa­jeros que tomasen a David, ella respondió: Está enfermo.
1SA 19:15 Y tornó Saúl a enviar mensa­jeros para que viesen a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
1SA 19:16 Y como los mensajeros entra­ron, he aquí la estatua estaba en la cama, y una almohada de pelos de cabra por cabecera.
1SA 19:17 Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has así engañado, y has dejado escapar a mi enemi­go? Y Mical respondió a Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir: ¿Por qué he de matarte?.
1SA 19:18 Huyó pues David, y escapóse, y vino a Samuel en Ramá, y díjo­le todo lo que Saúl había hecho con él. Y fuéronse él y Samuel, y moraron en Naiot.
1SA 19:19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Naiot en Ramá.
1SA 19:20 Y envió Saúl mensajeros que trajesen a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba [allí], y los presidía. Y fue el Espíritu de Dios sobre los mensa­jeros de Saúl, y ellos también profetizaron.
1SA 19:21 Y hecho que fue saber a Saúl, él envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar por tercera vez mensajeros, y ellos también profetizaron.
1SA 19:22 Entonces él mismo vino a Ramá; y llegando al pozo grande que está en Soco, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y fuéle respondido: He aquí están en Naiot en Ramá.
1SA 19:23 Y fue allá a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, e iba profetizando, hasta que llegó a Naiot en Ramá.
1SA 19:24 Y él también se desnudó sus vestiduras, y profetizó igualmente delante de Samuel, y cayó des­nudo todo aquel día y toda aque­lla noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profe­tas?
1SA 20:1 Y DAVID huyó de Naiot [que es] en Ramá, y vínose delante de Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra tu padre, que él busca mi vida?
1SA 20:2 Y él le dijo: no permita Dios; no morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra; ¿por qué pues me encubrirá mi padre este negocio? No [será] así.
1SA 20:3 Y David volvió a jurar, dicien­do: Tu padre sabe claramente que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa esto Jonatán, porque no tenga pesar: y ciertamente, vive el SEÑOR y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte.
1SA 20:4 Y Jonatán dijo a David: ¿Qué discurre tu alma, y harélo por ti?
1SA 20:5 Y David respondió a Jonatán: He aquí que mañana será nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer: mas tú deja­rás que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer día.
1SA 20:6 Si tu padre hiciere mención de mí, dirás: Rogóme mucho que lo dejase ir presto a Belem su ciudad, porque todos los de [su] linaje tienen allá sacrificio ani­versario.
1SA 20:7 Si él dijere, bien está, paz ten­drá tu siervo; mas si se enojare, sabe que la malicia es en él con­sumada.
1SA 20:8 Harás pues misericordia con tu siervo, ya que has traído tu sier­vo a pacto del SEÑOR contigo: y si maldad hay en mí mátame tú, mas ¿Por qué has de llevarme a tu padre?
1SA 20:9 Y Jonatán le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si yo enten­diera ser consumada la malicia de mi padre, para venir sobre ti, ¿no había yo de descubrírtelo?
1SA 20:10 Dijo entonces David a Jonatán: ¿Quién me dará aviso? o ¿qué si tu padre te respondiere ásperamente?
1SA 20:11 Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron ambos al campo.
1SA 20:12 Entonces dijo Jonatán a David: Oh SEÑOR Dios de Israel, cuando habré yo pregun­tado a mi padre mañana a esta hora, o después de mañana, y [él] apareciere bien para con David, si entonces no enviare a ti, y te lo descubriere;
1SA 20:13 El SEÑOR haga así a Jonatán, y esto añada. Mas si a mi padre pareciere bien hacerte mal, también te lo descubriré, y te enviaré, y te irás en paz: y sea el SEÑOR contigo, como fue con mi padre.
1SA 20:14 Y si yo viviere, harás conmi­go misericordia del SEÑOR, para que no muera yo,
1SA 20:15 Y no quitarás por siempre tu misericordia de mi casa, ni aun cuando el SEÑOR haya cortado a los enemigos de David uno por uno de sobre la faz de la tierra.
1SA 20:16 Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, [diciendo]: Requiéralo el SEÑOR de la mano de los enemigos de David.
1SA 20:17 Y tornó Jonatán a jurar a David, porque le amaba, porque le amaba como a su alma.
1SA 20:18 Díjole luego Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío.
1SA 20:19 Estarás pues tres días, y luego descenderás, y vendrás al lugar donde estabas escondido el día de trabajo, y esperarás junto a la piedra de Ezel;
1SA 20:20 Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome al blanco.
1SA 20:21 Y luego enviaré el criado [diciéndole]: Ve, busca las saetas. Y si dijere al mozo: He allí las saetas más acá de ti, tómalas: tú vendrás, porque paz tienes, y nada hay [de mal], vive el SEÑOR.
1SA 20:22 Mas si yo dijere al mozo así: He allí las saetas más allá de ti: vete, porque el SEÑOR te ha enviado.
1SA 20:23 Y cuanto a las palabras que yo y tú hemos hablado, sea el SEÑOR entre mí y ti para siem­pre.
1SA 20:24 David pues se escondió en el campo, y venida que fue la nueva luna, sentóse el rey a comer pan.
1SA 20:25 Y el rey se sentó en su silla, como solía, en el asiento junto a la pared, y Jonatán se levantó, y sentóse Abner al lado de Saúl, y el lugar de David estaba vacío.
1SA 20:26 Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Habrále acontecido algo, y no está lim­pio; no estará purificado.
1SA 20:27 El día siguiente, el segundo día de la nueva luna, aconteció [también] que el asiento de David estaba vacío. Y Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer?
1SA 20:28 Y Jonatán respondió a Saúl: David me pidió encarecidamente le dejase ir hasta Belem.
1SA 20:29 Y dijo: Ruégote que me dejes ir, porque tenemos sacrificio los de nuestro linaje en la ciudad, y mi hermano mismo me lo ha mandado; por tanto, si he hallado gracia en tus ojos, haré una esca­pada ahora, y visitaré a mis her­manos. Por esto pues no ha veni­do a la mesa del rey.
1SA 20:30 Entonces Saúl se enardeció contra Jonatán, y díjole: Hijo de la perversa y rebelde, ¿no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para con­fusión de la vergüenza de tu madre?
1SA 20:31 Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú serás firme, ni tu reino. Envía pues ahora, y traémelo, porque ha de morir.
1SA 20:32 Y Jonatán respondió a su padre Saúl, y díjole: ¿Por qué morirá? ¿qué ha hecho?
1SA 20:33 Entonces Saúl le arrojó una lanza por herirlo: de donde entendió Jonatán que su padre estaba determinado a matar a David.
1SA 20:34 Y levantóse Jonatán de la mesa con exaltada ira, y no comió pan el segundo día de la nueva luna: porque tenía dolor a causa de David, porque su padre le había afrentado.
1SA 20:35 Al otro día de mañana, salió Jonatán al campo, al tiempo aplazado con David, y un mozo pequeño con él.
1SA 20:36 Y dijo a su mozo: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y como el muchacho iba corrien­do, él tiraba la saeta que pasara más allá de él.
1SA 20:37 Y llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán había tirado, Jonatán dio voces tras el muchacho, diciendo: ¿No está la saeta más allá de ti?
1SA 20:38 Y tornó a gritar Jonatán tras el muchacho: Date priesa, alige­ra, no te pares. Y el muchacho de Jonatán cogió las saetas, y vínose a su señor.
1SA 20:39 Pero ninguna cosa enten­dió el muchacho: solamente Jonatán y David entendían el negocio.
1SA 20:40 Luego dio Jonatán sus armas a su muchacho, y díjole: Vete y llévalas a la ciudad.
1SA 20:41 Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David de la parte del sur, e inclinóse tres veces postrándose hasta la tierra: y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro, aun­que David lloró más.
1SA 20:42 Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, que ambos hemos jurado por el nombre del SEÑOR, diciendo: el SEÑOR sea entre mí y ti, entre mi simiente y la simiente tuya, para siempre. Y él se levantó y fuese: y Jonatán se entró en la ciudad.
1SA 21:1 Y VINO David a Nob, a Ahimelec sacerdote: y sorprendióse Ahimelec de su encuentro, y díjole: ¿Cómo tú solo, y nadie contigo?
1SA 21:2 Y respondió David al sacerdo­te Ahimelec: El rey me enco­mendó un negocio, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna de este negocio a que yo te envío, y que yo te he mandado; y yo señalé a los criados un cierto lugar.
1SA 21:3 Ahora pues, ¿qué tienes a mano? dame cinco panes, o lo que se hallare.
1SA 21:4 Y el sacerdote respondió a David, y dijo: No tengo pan común a la mano; solamente tengo pan sagrado: mas [lo daré] si los criados se han guardado mayormente de mujeres.
1SA 21:5 Y David respondió al sacerdo­te, y díjole: Cierto las mujeres nos han sido reservadas desde anteayer cuando salí, y los vasos de los mozos fueron santos, aun­que el camino es profano: cuanto más que hoy habrá [otro pan] san­tificado en los vasos.
1SA 21:6 Así el sacerdote le dio [el pan] sagrado, porque allí no había otro pan que los panes de la pro­posición, los cuales habían sido quitados de delante del SEÑOR, para que se pusiesen panes calientes el día que [los otros] fue­ron quitados.
1SA 21:7 Aquel día estaba allí uno de los siervos de Saúl detenido delante del SEÑOR, el nombre del cual era Doeg, edomita, principal de los pastores de Saúl.
1SA 21:8 Y David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza o espa­da? porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas, por cuanto el mandamiento del rey era apremiante.
1SA 21:9 Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el filisteo, que tú venciste en el valle de Elah, está aquí envuelta en un velo detrás del efod: si tú quieres tomarla, tómala: porque aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como ella: dámela.
1SA 21:10 Y levantándose David aquel día, huyó de la presencia de Saúl, y vínose a Aquís rey de Gat.
1SA 21:11 Y los siervos de Aquís le dije­ron: ¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste a quien can­taban en corros, diciendo: Hirió Saúl sus miles, y David sus diez miles?
1SA 21:12 Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran temor de Aquís rey de Gat.
1SA 21:13 Y mudó su habla delante de ellos, y fingióse loco entre sus manos, y escribía en las portadas de las puertas, dejando correr su saliva por su barba.
1SA 21:14 Y dijo Aquís a sus siervos: He aquí estáis viendo un hombre demente; ¿por qué lo habéis traí­do a mí?
1SA 21:15 ¿Fáltanme a mí locos, para que hayáis traído éste que hicie­se del loco delante de mí? ¿había de venir éste a mi casa?
1SA 22:1 Y YÉNDOSE David de allí, escapóse a la cueva de Adulam; lo cual como oyeron sus hermanos y toda la casa de su padre, vinieron allí a él.
1SA 22:2 Y juntáronse con él todos los afligidos, y todo el que estaba adeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho capitán de ellos: y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.
1SA 22:3 Y fuese David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí.
1SA 22:4 Trájolos pues a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza.
1SA 22:5 Y Gad profeta dijo a David: No te estés en esta fortaleza, pártete, y vete a tierra de Judá. Y David se partió, y vino al bosque de Haret.
1SA 22:6 Y oyó Saúl como había pareci­do David, y los que estaban con él. Estaba entonces Saúl en Gabaa debajo de un árbol en Ramá, y tenía su lanza en su mano, y todos sus criados esta­ban en derredor de él.
1SA 22:7 Y dijo Saúl a sus criados que estaban en derredor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos tribunos y centurio­nes;
1SA 22:8 Que todos vosotros habéis conspirado contra mí, y no hay quien me descubra al oído como mi hijo ha hecho pacto con el hijo de Isaí, ni alguno de voso­tros que se duela de mí, y me descubra como mi hijo ha levan­tado a mi siervo contra mí, para que me aceche, según [hace] hoy día?
1SA 22:9 Entonces Doeg edomita, que era superior entre los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob;
1SA 22:10 El cual inquirió por él del SEÑOR, y dióle provisión, y también le dio la espada de Goliat el filisteo.
1SA 22:11 Y el rey envió por el sacerdo­te Ahimelec hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob: y todos vinieron al rey.
1SA 22:12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme aquí, señor mío.
1SA 22:13 Y díjole Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, e inquiriste por él de Dios, para que se levantase con­tra mí y me acechase, como [lo hace] hoy día?
1SA 22:14 Entonces Ahimelec respon­dió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno además del rey, y que va por tu mandado, y es ilus­tre en tu casa?
1SA 22:15 ¿He comenzado yo desde hoy a inquirir por él a Dios? lejos sea de mí: no impute el rey cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu sier­vo ninguna cosa sabe de este negocio, grande ni chica.
1SA 22:16 Y el rey dijo: Sin duda mori­rás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.
1SA 22:17 Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrede­dor de él: Cercad y matad a los sacerdotes del SEÑOR; porque también la mano de ellos es con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Mas los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes del SEÑOR.
1SA 22:18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y revolviéndose Doeg edomita, arremetió contra los sacerdotes, y mató en aquel día ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.
1SA 22:19 Y a Nob, ciudad de los sacer­dotes, puso a espada: así a hom­bres como a mujeres, niños y mamantes, bueyes y asnos y ove­jas, [todo] a espada.
1SA 22:20 Mas uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar, escapó, y huyóse a David.
1SA 22:21 Y Abiatar notició a David como Saúl había muerto los sacerdotes del SEÑOR.
1SA 22:22 Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber a Saúl. Yo he dado ocasión contra todas las personas de la casa de tu padre.
1SA 22:23 Quédate conmigo, no temas: quien buscare mi vida, buscará también la tuya: bien que tú esta­rás conmigo guardado.
1SA 23:1 Y DIERON aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos combaten a Keila, y roban las eras.
1SA 23:2 Y David inquirió del SEÑOR, diciendo: ¿Iré a herir a estos filisteos? Y el SEÑOR respon­dió a David: Ve, hiere a los filisteos, y libra a Keila.
1SA 23:3 Mas los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra los ejércitos de los filisteos?
1SA 23:4 Entonces David volvió a inquirir del SEÑOR. Y el SEÑOR le respondió, y dijo: Levántate, des­ciende a Keila, que yo entregaré en tus manos a los filisteos.
1SA 23:5 Partióse pues David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, y trajo antecogidos sus ganados, e hiriólos con grande estrago: y libró David a los de Keila.
1SA 23:6 Y aconteció que, huyendo Abiatar hijo de Ahimelec a David a Keila, vino también con él el efod.
1SA 23:7 Y fue dicho a Saúl que David había venido a Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha traído a mis manos; porque él está encerrado, habiéndose metido en ciudad con puertas y cerraduras.
1SA 23:8 Y convocó Saúl todo el pueblo a la batalla, para descender a Keila, y poner cerco a David y a los suyos.
1SA 23:9 Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod.
1SA 23:10 Y dijo David: Oh SEÑOR Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía.
1SA 23:11 ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿descende­rá Saúl, como tu siervo tiene oído? Oh SEÑOR Dios de Israel, ruégote que lo declares a tu sier­vo. Y el SEÑOR dijo: [Sí], descen­derá.
1SA 23:12 Dijo luego David: ¿Me entre­garán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y el SEÑOR respondió: Te entregarán.
1SA 23:13 David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y saliéronse de Keila, y fuéronse de una parte a otra. Y vino la nueva a Saúl de como David se había escapado de Keila; y dejó de salir.
1SA 23:14 Y David se estaba en el desierto en peñas, y habitaba en un monte en el desierto de Zif; y buscábalo Saúl todos los días, mas Dios no lo entregó en sus manos.
1SA 23:15 Viendo pues David que Saúl había salido en busca de su alma, estábase él en el bosque en el desierto de Zif.
1SA 23:16 Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl, y vino a David en el bosque, y confortó su mano en Dios.
1SA 23:17 Y díjole: No temas, que no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.
1SA 23:18 Y entrambos hicieron pacto delante del SEÑOR: y David se quedó en el bosque, y Jonatán se volvió a su casa.
1SA 23:19 Y subieron los de Zif a decir a Saúl en Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas del bosque, en el collado de Haquila que está a la mano derecha del desierto?
1SA 23:20 Por tanto, rey, desciende ahora presto, según todo el deseo de tu alma, y nosotros lo entrega­remos en la mano del rey.
1SA 23:21 Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros del SEÑOR, que habéis tenido compasión de mí:
1SA 23:22 Id pues ahora, apercibid aun, considerad y ved su lugar donde tiene el pie, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho que él es en gran manera astuto.
1SA 23:23 Considerad pues, y conoced todos los escondrijos donde se oculta, y volved a mí con la certidum­bre, y yo iré con vosotros: que si él estuviere en la tierra, yo le bus­caré entre todos los millares de Judá.
1SA 23:24 Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl. Mas David y su gente estaban en el desierto de Maón, en la llanu­ra que está a la diestra del desier­to.
1SA 23:25 Y partióse Saúl con su gente a buscarlo; pero fue dado aviso a David, y descendió a una roca, y quedóse en el desierto de Maón. Lo cual como Saúl oyó, siguió a David al desierto de Maón.
1SA 23:26 Y Saúl iba por el un lado del monte, y David con los suyos por el otro lado del monte: y dábase priesa David para ir delante de Saúl; mas Saúl y los suyos habían encerrado a David y a su gente para tomarlos.
1SA 23:27 Entonces vino un mensajero a Saúl, diciendo: Ven luego, por­que los filisteos han hecho una irrupción en el país.
1SA 23:28 Volvióse por tanto Saúl de perseguir a David, y partió con­tra los filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar por nom­bre Sela-hama-lecot.
1SA 23:29 Entonces David subió de allí, y habitó en los parajes fuertes en Engadi.
1SA 24:1 Y COMO Saúl volvió de los filisteos, diéronle aviso diciendo: He aquí que David está en el desierto de Engadi.
1SA 24:2 Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de los suyos, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.
1SA 24:3 Y como llegó a una majada de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella a cubrir sus pies: y David y los suyos estaban a los lados de la cueva.
1SA 24:4 Entonces los de David le dije­ron: He aquí el día que te ha dicho el SEÑOR: He aquí que entregó tu enemigo en tus manos, y harás con él como te pareciere. Y levantóse David, y calladamen­te cortó la orilla del manto de Saúl.
1SA 24:5 Después de lo cual el corazón de David le golpeaba, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.
1SA 24:6 Y dijo a los suyos: el SEÑOR me guarde de hacer tal cosa con­tra mi señor, el ungido del SEÑOR, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido del SEÑOR.
1SA 24:7 Así quebrantó David a los suyos con palabras, y no les per­mitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, fuese su camino.
1SA 24:8 También David se levantó des­pués, y saliendo de la cueva dio voces a las espaldas de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y como Saúl miró atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia.
1SA 24:9 Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal?
1SA 24:10 He aquí han visto hoy tus ojos como el SEÑOR te ha puesto hoy en mis manos en la cueva: y dijeron que te matase, mas te perdoné, porque dije: No exten­deré mi mano contra mi señor, porque ungido es del SEÑOR.
1SA 24:11 Y mira, padre mío, mira aún la orilla de tu manto en mi mano: porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce pues, y ve que no hay mal ni trai­ción en mi mano, ni he pecado contra ti; con todo, tú andas a caza de mi vida para quitármela.
1SA 24:12 Juzgue el SEÑOR entre mí y ti, y véngueme de ti el SEÑOR: pero mi mano no será contra ti.
1SA 24:13 Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad: así que mi mano no será contra ti.
1SA 24:14 ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿a quién persigues? ¿a un perro muerto? ¿a una pulga?
1SA 24:15 El SEÑOR pues será juez, y él juzgará entre mí y ti. Él vea, y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
1SA 24:16 Y aconteció que, como David acabó de decir estas palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es ésta la voz tuya, hijo mío David? Y alzando Saúl su voz lloró.
1SA 24:17 Y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal.
1SA 24:18 Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has muerto, habiéndome el SEÑOR puesto en tus manos.
1SA 24:19 Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? el SEÑOR te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo.
1SA 24:20 Y ahora, ciertamente yo sé que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,
1SA 24:21 Júrame pues ahora por el SEÑOR, que no cortarás mi simiente después de mí, ni raerás mi nombre de la casa de mi padre.
1SA 24:22 Entonces David juró a Saúl. Y fuese Saúl a su casa, y David y los suyos se subieron al sitio fuerte.
1SA 25:1 Y MURIÓ Samuel, y juntóse todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá. Y levantóse David, y se fue al desierto de Parán.
1SA 25:2 Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en el Carmelo, el cual era muy rico, que tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció hallarse esquilando sus ovejas en el Carmelo.
1SA 25:3 El nombre de aquel varón era Nabal, y el nombre de su esposa, Abigail. Y era aquella mujer de buen entendimiento y de buena gracia; mas el hombre era duro y de malos hechos; y era del linaje de Caleb.
1SA 25:4 Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
1SA 25:5 Entonces envió David diez criados, y díjoles: Subid al Carmelo, e id a Nabal, y salu­dadle en mi nombre,
1SA 25:6 Y decidle así: Que vivas y sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes.
1SA 25:7 Ha poco supe que tienes esqui­ladores. Ahora, a los pastores tuyos que han estado con noso­tros, nunca les hicimos fuerza, ni les faltó algo en todo el tiempo que han estado en el Carmelo.
1SA 25:8 Pregunta a tus criados, que ellos te lo dirán. Hallen por tanto estos criados gracia en tus ojos, pues que venimos en buen día: ruégote que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David.
1SA 25:9 Y como llegaron los criados de David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
1SA 25:10 Y Nabal respondió a los cria­dos de David, y dijo: ¿Quién es David? ¿y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que se huyen de sus señores.
1SA 25:11 ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y mi víctima que he preparado para mis esquilado­res, y la daré a hombres que no sé de dónde son?
1SA 25:12 Y tornándose los criados de David, volviéronse por su cami­no, y vinieron y dijeron a David todas estas palabras.
1SA 25:13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y ciñóse cada uno su espada: también David ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.
1SA 25:14 Y uno de los criados dio aviso a Abigail esposa de Nabal, dicien­do: He aquí David envió mensa­jeros del desierto que saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido.
1SA 25:15 Mas aquellos hombres nos han sido muy buenos, y nunca nos han hecho fuerza, ni ninguna cosa nos ha faltado en todo el tiempo que hemos conversado con ellos, mientras hemos estado en el campo.
1SA 25:16 Hannos sido por muro de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacen­tando las ovejas.
1SA 25:17 Ahora pues, considera y ve lo que has de hacer; que ya se ha determinado el mal contra nues­tro señor y contra toda su casa: pues él es [tan] hijo de Belial, que no hay quien que pueda hablarle.
1SA 25:18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, y dos cueros de vino, y cinco ovejas guisadas, y cinco medidas de grano tosta­do, y cien hilos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y cargólo en asnos;
1SA 25:19 Y dijo a sus criados: Id delan­te de mí, que yo os seguiré luego. Y nada declaró a su marido Nabal.
1SA 25:20 Y sentándose sobre un asno, descendió por una parte secreta del monte, y he aquí David y los suyos que venían frente a ella, y ella les fue al encuentro.
1SA 25:21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he guarda­do todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya fal­tado de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.
1SA 25:22 Así haga Dios, y así añada a los enemigos de David, que de aquí a mañana no tengo de dejar de todo lo que fuere suyo ni a un meante a la pared.
1SA 25:23 Y como Abigail vio a David, apeóse prestamente del asno, y postrándose delante de David sobre su rostro, inclinóse a tierra;
1SA 25:24 Y echóse a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el peca­do; mas ruégote hable tu sierva en tus oídos, y oye las palabras de tu sierva.
1SA 25:25 Ruégote que mi señor no haga caso a Nabal, aquel hombre de Belial; porque conforme a su nombre, así es. Él se llama Nabal, y la insensatez está con él: mas yo tu sierva no vi a los jóve­nes de mi señor, los cuales tú enviaste.
1SA 25:26 Ahora pues, señor mío, vive el SEÑOR y vive tu alma, que el SEÑOR te ha estorbado que vinieses a [derramar] sangre, y vengarte por tu propia mano. Sean pues como Nabal tus ene­migos, y todos los que procuran mal contra mi señor.
1SA 25:27 Y ahora esta bendición que tu sierva ha traído a mi señor, dése a los criados que siguen a mi señor.
1SA 25:28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva [esta] ofensa; pues el SEÑOR de cierto hará casa firme a mi señor, por cuanto mi señor hace las guerras del SEÑOR, y mal no se ha hallado en ti en tus días.
1SA 25:29 Bien que alguien se haya levantado a perseguirte y atentar a tu vida, con todo, el alma de mi señor será ligada en el fajo de vida con el SEÑOR Dios tuyo, y él arrojará el alma de tus enemi­gos como de en medio de la palma de una honda.
1SA 25:30 Y acontecerá que cuando el SEÑOR hiciere con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te mandare que seas caudillo sobre Israel,
1SA 25:31 Entonces, señor mío, no te será esto en tropiezo y turbación de corazón, el que hayas derra­mado sangre sin causa, o que mi señor se haya vengado por sí mismo. Guárdese pues mi señor, y cuando el SEÑOR hiciere bien a mi señor, acuérdate de tu sier­va.
1SA 25:32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea el SEÑOR Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases;
1SA 25:33 Y bendito sea tu razonamien­to, y bendita tú, que me has estor­bado hoy el ir a [derramar] sangre, y a vengarme por mi propia mano:
1SA 25:34 Porque, de cierto vive el SEÑOR Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado priesa en venirme al encuentro, de aquí a mañana no le quedara a Nabal meante a la pared.
1SA 25:35 Y recibió David de su mano lo que le había traído, y díjole: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y he aceptado tu per­sona.
1SA 25:36 Y Abigail se vino a Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey: y el corazón de Nabal estaba ale­gre en él, y estaba muy borracho; por lo que ella no le declaró poco ni mucho, hasta que vino el día siguiente.
1SA 25:37 Pero a la mañana, cuando el vino había salido de Nabal, refi­rióle su esposa estas cosas; y se le amorteció el corazón, y quedóse como piedra.
1SA 25:38 Y pasados diez días el SEÑOR hirió a Nabal, y murió.
1SA 25:39 Y luego que David oyó que Nabal era muerto, dijo: Bendito sea el SEÑOR que juzgó la causa de mi afrenta [recibida] de la mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y el SEÑOR ha tornado la malicia de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David a hablar a Abigail, para tomarla por su esposa.
1SA 25:40 Y los criados de David vinie­ron a Abigail en el Carmelo, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su esposa.
1SA 25:41 Y ella se levantó, e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, para que sea sierva que lave los pies de los siervos de mi señor.
1SA 25:42 Y levantándose luego Abigail con cinco mozas que la seguían, montóse en un asno, y siguió los mensajeros de David, y fue su esposa.
1SA 25:43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas a dos fueron sus esposas.
1SA 25:44 Porque Saúl había dado su hija Mical esposa de David, a Palti hijo de Lais, que era de Gallim.
1SA 26:1 Y VINIERON los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el collado de Haquila delante del desierto?
1SA 26:2 Saúl entonces se levantó, y des­cendió al desierto de Zif, llevan­do consigo tres mil hombres esco­gidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.
1SA 26:3 Y asentó Saúl el campo en el collado de Haquila, que está delante del desierto junto al cami­no. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto.
1SA 26:4 David por tanto envió espías, y entendió por cierto que Saúl había venido.
1SA 26:5 Y levantóse David, y vino al sitio donde Saúl había asentado el campo; y miró David el lugar donde dormía Saúl, y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en la trin­chera, y el pueblo por el campo en derredor de él.
1SA 26:6 Entonces habló David, y requi­rió a Ahimelec heteo, y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: ¿Quién des­cenderá conmigo a Saúl al campo? Y dijo Abisai: Yo des­cenderé contigo.
1SA 26:7 David pues y Abisai vinieron al pueblo de noche: y he aquí Saúl que estaba tendido durmiendo en la trinchera, y su lanza hincada en tierra a su cabecera; y Abner y el pueblo estaban alrededor de él tendidos.
1SA 26:8 Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha Dios entregado a tu ene­migo en tus manos: ahora pues, herirélo luego con la lanza, [cosiéndole] con la tierra de un golpe, y no segundaré.
1SA 26:9 Y David respondió a Abisai: No le mates: porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido del SEÑOR, y será ino­cente?
1SA 26:10 Dijo además David: Vive el SEÑOR, que si el SEÑOR no lo hiriere, o que su día llegue para que muera, o que descendiendo en batalla perezca,
1SA 26:11 Guárdeme el SEÑOR de extender mi mano contra el ungi­do del SEÑOR; pero toma ahora la lanza que está a su cabe­cera, y la botija del agua, y vámonos.
1SA 26:12 Llevóse pues David la lanza y la botija de agua de la cabecera de Saúl, y fuéronse; que no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían: por­que un profundo sueño [enviado] del SEÑOR había caído sobre ellos.
1SA 26:13 Y pasando David de la otra parte, púsose desviado en la cum­bre del monte, habiendo grande distancia entre ellos;
1SA 26:14 Y dio voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién eres tú que das voces al rey?
1SA 26:15 Y dijo David a Abner: ¿No eres varón tú? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿por qué pues no has guardado al rey tu señor? que ha entrado uno del pueblo a matar a tu señor el rey.
1SA 26:16 Esto que has hecho, no está bien. Vive el SEÑOR, que sois dignos de muerte, que no habéis guardado a vuestro señor, al ungido del SEÑOR. Mira pues ahora dónde está la lanza del rey, y la botija del agua que estaba a su cabecera.
1SA 26:17 Y conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es ésta tu voz, hijo mío David? Y David respon­dió: Mi voz es, rey señor mío.
1SA 26:18 Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿qué he hecho? ¿qué mal hay en mi mano?
1SA 26:19 Ruego pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su siervo. Si el SEÑOR te incita contra mí, acepte un sacrificio: mas si fueren hijos de hombres, malditos ellos en presencia del SEÑOR, que me han echado hoy para que no me junte en la heredad del SEÑOR, diciendo: Ve y sirve a dioses ajenos.
1SA 26:20 No caiga pues ahora mi san­gre en tierra delante del SEÑOR: porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, así como quien persigue una perdiz por los montes.
1SA 26:21 Entonces dijo Saúl: He peca­do: vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, pues que mi vida ha sido estimada hoy en tus ojos. He aquí, yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.
1SA 26:22 Y David respondió, y dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los criados, y tómela.
1SA 26:23 Y el SEÑOR pague a cada uno su justicia y su lealtad: que el SEÑOR te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano sobre el ungi­do del SEÑOR.
1SA 26:24 Y he aquí, como tu vida ha sido estimada hoy en mis ojos, así sea mi vida estimada en los ojos del SEÑOR, y me libre de toda aflicción.
1SA 26:25 Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda ejecutarás tú [grandes empresas,] y prevalecerás. Entonces David se fue su camino, y Saúl se vol­vió a su lugar.
1SA 27:1 Y DIJO David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl: nada por tanto me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl se deje de mí, y no me ande buscando más por todos los términos de Israel, y así me escaparé de sus manos.
1SA 27:2 Levantóse pues David, y con los seiscientos hombres que tenía consigo pasóse a Aquís hijo de Maoc, rey de Gat.
1SA 27:3 Y moró David con Aquís en Gat, él y los suyos, cada uno con su familia: David con sus dos esposas, Ahinoam jezreelita, y Abigail, la [que fue] esposa de Nabal el del Carmelo.
1SA 27:4 Y vino la nueva a Saúl que David se había huído a Gat, y no lo buscó más.
1SA 27:5 Y David dijo a Aquís: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, séame dado lugar en algunas de las ciudades de la tierra, donde habite: porque ¿ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real?
1SA 27:6 Y Aquís le dio aquel día a Siclag. De aquí fue Siclag de los reyes de Judá hasta hoy.
1SA 27:7 Y fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses.
1SA 27:8 Y subía David con los suyos, y hacían entradas en los Gesureos, y en los Gerzeos, y en los Amalecitas: porque estos habita­ban de largo tiempo la tierra, desde como se va a Sur hasta la tierra de Egipto.
1SA 27:9 Y hería David el país, y no dejaba a vida hombre ni mujer: y llevábase las ovejas y las vacas y los asnos y los camellos y las ropas; y volvía, y veníase a Aquís.
1SA 27:10 Y decía Aquís: ¿Dónde habéis corrido hoy? Y David decía: Al sur de Judá, y al sur de Jerameel, o contra el sur de Ceni.
1SA 27:11 Ni hombre ni mujer dejaba a vida David, que viniese a Gat; diciendo: Porque no den aviso de nosotros, diciendo: Esto hizo David. Y ésta era su costumbre todo el tiempo que moró en tierra de los filisteos.
1SA 27:12 Y Aquís creía a David, dicien­do así: Él se hace abominable en su pueblo de Israel, y será siem­pre mi siervo.
1SA 28:1 Y ACONTECIÓ que en aquellos días los filisteos juntaron sus ejércitos para pelear contra Israel. Y dijo Aquís a David: Sabe de cierto que has de salir conmigo a campaña, tú y los tuyos.
1SA 28:2 Y David respondió a Aquís: Sabrás pues lo que hará tu siervo. Y Aquís dijo a David: Por tanto te haré guarda de mi cabeza todos los días.
1SA 28:3 Ya Samuel era muerto, y todo Israel lo había lamentado, y habí­anle sepultado en Ramá, en su ciudad. Y Saúl había echado de la tierra los encantadores y adivi­nos.
1SA 28:4 Pues como los filisteos se jun­taron, vinieron y asentaron campo en Sunam: y Saúl juntó a todo Israel, y asentaron campo en Gilboa.
1SA 28:5 Y cuando vio Saúl el campo de los filisteos, temió, y turbóse su corazón en gran manera.
1SA 28:6 E inquirió Saúl del SEÑOR; pero el SEÑOR no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.
1SA 28:7 Entonces Saúl dijo a sus cria­dos: Buscadme una mujer que tenga espíritu de hechicería, para que yo vaya a ella, y por medio de ella inquiera. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíri­tu de hechicería.
1SA 28:8 Y disfrazóse Saúl, y púsose otras vestiduras, y fuese con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de hechicería, y me hagas subir a quien yo te dijere.
1SA 28:9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha separado de la tierra los hechiceros y los adivinos: ¿por qué pues pones tropiezo a mi vida, para hacerme matar?
1SA 28:10 Entonces Saúl le juró por el SEÑOR, diciendo: Vive el SEÑOR, que ningún mal te ven­drá por esto.
1SA 28:11 La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré subir? Y él respondió: Hazme subir a Samuel.
1SA 28:12 Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aque­lla mujer a Saúl, diciendo:
1SA 28:13 ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
1SA 28:14 Y él le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano sube, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reveren­cia.
1SA 28:15 Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndo­me subir? Y Saúl respondió: Estoy muy congojado; pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por mano de profetas, ni por sueños: por esto te he llamado, para que me declares qué tengo de hacer.
1SA 28:16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, habiéndose apartado de ti el SEÑOR, y es tu enemigo?
1SA 28:17 El SEÑOR pues ha hecho como habló por medio de mí; pues ha cortado el SEÑOR el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero David.
1SA 28:18 Como tú no obedeciste a la voz del SEÑOR, ni cumpliste el furor de su ira sobre Amalec, por eso el SEÑOR te ha hecho esto hoy.
1SA 28:19 Y el SEÑOR entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos: y mañana seréis conmigo, tú y tus hijos: y aun el campo de Israel entregará el SEÑOR en manos de los filisteos.
1SA 28:20 En aquel punto cayó Saúl en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; que no quedó en él esfuerzo ninguno, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan.
1SA 28:21 Entonces la mujer vino a Saúl, y viéndole en grande manera turbado, díjole: He aquí que tu criada ha obedecido a tu voz, y he puesto mi vida en mi mano, y he oído las palabras que tú me has dicho.
1SA 28:22 Ruégote pues, que tú también oigas la voz de tu sierva: pondré yo delante de ti un bocado de pan que comas, para que te corrobo­res, y vayas tu camino.
1SA 28:23 Y él lo rehusó, diciendo: No comeré. Mas sus criados junta­mente con la mujer le constriñe­ron, y él los obedeció. Levantóse pues del suelo, y sentóse sobre una cama.
1SA 28:24 Y aquella mujer tenía en su casa un ternero grueso, el cual mató luego; y tomó harina y amasóla, y coció de ella panes sin levadura.
1SA 28:25 Y lo trajo delante de Saúl y de sus criados; y luego que hubie­ron comido, se levantaron, y par­tieron aquella noche.
1SA 29:1 Y LOS filisteos juntaron todos sus ejércitos en Afec; e Israel puso su campo junto a la fuente que está en Jezreel.
1SA 29:2 Y cuando los príncipes de los filisteos pasaban revista a sus compañías de a ciento y de a mil hombres, David y sus hombres iban en la retaguardia con Aquís.
1SA 29:3 Y dijeron los príncipes de los filisteos: ¿Qué hacen aquí estos hebreos? Y Aquís respondió a los príncipes de los filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl rey de Israel, que ha estado conmigo algunos días o algunos años, y no he hallado cosa en él desde el día que se pasó [a mí] hasta hoy?
1SA 29:4 Entonces los príncipes de los filisteos se enojaron contra él, y los príncipes de los filisteos le dijeron: Envía a este hombre, que se vuelva al lugar que le señalaste, y no venga con noso­tros a la batalla, no sea que en la batalla se nos vuelva enemigo: porque ¿con qué cosa volvería [mejor] a la gracia de su señor que con las cabezas de estos hom­bres?
1SA 29:5 ¿No es este David de quien cantaban en los corros, diciendo: Saúl hirió sus miles, y David sus diez miles?
1SA 29:6 Y Aquís llamó a David, y díjo­le: Vive el SEÑOR, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y entrada en el campo conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy: mas en los ojos de los príncipes no agradas.
1SA 29:7 Vuélvete pues, y vete en paz; y no hagas lo malo en los ojos de los príncipes de los filisteos.
1SA 29:8 Y David respondió a Aquís: ¿Qué he hecho? ¿qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey?
1SA 29:9 Y Aquís respondió a David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno en mis ojos, como un ángel de Dios; mas los príncipes de los filisteos han dicho: No venga con noso­tros a la batalla.
1SA 29:10 Levántate pues de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos de mañana, luego al amanecer partíos.
1SA 29:11 Y levantóse David de maña­na, él y los suyos, para irse y vol­verse a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron a Jezreel.
1SA 30:1 Y CUANDO David y los suyos vinieron a Siclag el tercer día, los de Amalec habían invadido el sur y a Siclag, y habían desolado a Siclag, y puéstola a fuego.
1SA 30:2 Y habíanse llevado cautivas a las mujeres que estaban en ella, desde el menor hasta el mayor; mas a nadie habían muerto, sino llevado, e ídose su camino.
1SA 30:3 Vino pues David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada a fuego, y sus esposas y sus hijos e hijas llevadas cauti­vas.
1SA 30:4 Entonces David y la gente que con él estaba, alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
1SA 30:5 Las dos esposas de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la [que fue] esposa de Nabal del Carmelo, también eran cautivas.
1SA 30:6 Y David fue muy angustiado, porque el pueblo hablaba de ape­drearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en el SEÑOR su Dios.
1SA 30:7 Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David.
1SA 30:8 Y David inquirió del SEÑOR, diciendo: ¿Seguiré esta tropa? ¿podréla alcanzar? Y él le dijo: Síguela, que de cierto la alcanza­rás, y sin falta librarás [la presa].
1SA 30:9 Partióse pues David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y vinieron hasta el torrente de Besor, donde se que­daron algunos.
1SA 30:10 Y David siguió [el alcance] con cuatrocientos hombres; porque se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de Besor.
1SA 30:11 Y hallaron en el campo un hombre egipcio, el cual trajeron a David, y diéronle pan que comiese, y a beber agua;
1SA 30:12 Diéronle también un pedazo de masa de higos secos, y dos hilos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches.
1SA 30:13 Y díjole David: ¿De quién eres tú? ¿y de dónde eres? Y res­pondió el mozo egipcio: Yo soy siervo de un Amalecita, y dejó­me mi amo hoy ha tres días, por­que estaba enfermo;
1SA 30:14 Pues hicimos una incursión a la parte del sur de los cereteos, y a Judá, y al sur de Caleb; y pusimos fuego a Siclag.
1SA 30:15 Y díjole David: ¿Me llevarás tú a esa tropa? Y él dijo: Hazme juramento por Dios que no me matarás, ni me entregarás en las manos de mi amo, y yo te lleva­ré a esa tropa.
1SA 30:16 Llevólo pues: y he aquí que estaban derramados sobre la faz de toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por toda aquella gran presa que habí­an tomado de la tierra de los filisteos, y de la tierra de Judá.
1SA 30:17 E hiriólos David desde aque­lla mañana hasta la tarde del día siguiente: y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos mancebos, que habían subido en camellos y huyeron.
1SA 30:18 Y libró David todo lo que los Amalecitas habían tomado: y asimismo libertó David a sus dos esposas.
1SA 30:19 Y no les faltó cosa chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado: todo lo recobró David.
1SA 30:20 Tomó también David todas las ovejas y ganados mayores; y trayéndolo todo delante, decían: Ésta [es] la presa de David.
1SA 30:21 Y vino David a los doscientos hombres que habían quedado cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales habí­an hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron a recibir a David, y al pueblo que con él estaba. Y como David llegó a la gente, saludóles con paz.
1SA 30:22 Entonces todos los malos y [hombres] de Belial de entre los que habían ido con David, res­pondieron y dijeron: Pues que no fueron con nosotros, no les dare­mos de la presa que hemos quita­do, sino a cada uno su esposa y sus hijos; los cuales tomen y se vayan.
1SA 30:23 Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado el SEÑOR; el cual nos ha guardado, y ha entregado en nuestras manos la tropa que vino sobre nosotros.
1SA 30:24 ¿Y quién os escuchará en este caso? porque igual parte ha de ser la de los que vienen a la bata­lla, y la de los que quedan con el bagaje: que partan juntamente.
1SA 30:25 Y desde aquel día en adelante fue esto puesto por ley y orde­nanza en Israel, hasta hoy.
1SA 30:26 Y como David llegó a Siclag, envió de la presa a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí una bendición para vosotros, de la presa de los ene­migos del SEÑOR.
1SA 30:27 A los que estaban en Betel, y en Ramot al sur, y a los que estaban en Jatir;
1SA 30:28 Y a los que estaban en Aroer, y en Sifmot, y a los que esta­ban en Estemoa;
1SA 30:29 Y a los que estaban en Racal, y a los que estaban en las ciuda­des de Jerameel, y a los que esta­ban en las ciudades del cineo;
1SA 30:30 Y a los que estaban en Horma, y a los que estaban en Corasán, y a los que estaban en Atac;
1SA 30:31 Y a los que estaban en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con los suyos.
1SA 31:1 LOS filisteos pues pelearon con Israel, y los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa.
1SA 31:2 Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, y a Abinadab, y a Malquisúa, hijos de Saúl.
1SA 31:3 Y agravóse la batalla sobre Saúl, y le alcanzaron los fleche­ros; y quedó gravemente herido de los flecheros.
1SA 31:4 Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl la espada, y echóse sobre ella.
1SA 31:5 Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él.
1SA 31:6 Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones.
1SA 31:7 Y los de Israel que eran de la otra parte del valle, y de la otra parte del Jordán, viendo que Israel había huído, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron las ciudades y huyeron; y los filisteos vinieron y habitaron en ellas.
1SA 31:8 Y aconteció el siguiente día, que viniendo los filisteos a des­pojar los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa;
1SA 31:9 Y cortáronle la cabeza, y des­nudáronle las armas; y enviaron a tierra de los filisteos al contor­no, para que lo noticiaran en el templo de sus ídolos, y por el pueblo.
1SA 31:10 Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-­san.
1SA 31:11 Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl,
1SA 31:12 Todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuer­po de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-san; y viniendo a Jabes, quemáronlos allí.
1SA 31:13 Y tomando sus huesos, sepul­táronlos debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.
2SA 1:1 Y ACONTECIÓ después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los Amalecitas, estuvo dos días en Siclag:
2SA 1:2 Y al tercer día acaeció, que vino uno del campo de Saúl, rotas sus vestiduras, y tierra sobre su cabeza: y llegando a David, postróse en tierra, e hizo reveren­cia.
2SA 1:3 Y preguntóle David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Heme escapado del campo de Israel.
2SA 1:4 Y David le dijo: ¿Qué ha acon­tecido? ruégote que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muer­tos: también Saúl y Jonatán su hijo murieron.
2SA 1:5 Y dijo David a aquel mancebo que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saúl es muerto, y Jonatán su hijo?
2SA 1:6 Y el mancebo que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo.
2SA 1:7 Y como él miró atrás, vióme y llamóme; y yo dije: Heme aquí.
2SA 1:8 Y él me dijo: ¿Quién eres tú? Y yo le respondi: Soy Amalecita.
2SA 1:9 Y él me volvió a decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y toda mi alma está aún en mí.
2SA 1:10 Yo entonces púseme sobre él, y matélo, porque sabía que no podía vivir después de su caída: y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la ajorca que traía en su brazo, y helas traído acá a mi señor.
2SA 1:11 Entonces David trabando de sus vestiduras, rompiólas; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.
2SA 1:12 Y lloraron y lamentaron, y ayunaron hasta la tarde, por Saúl y por Jonatán su hijo, y por el pueblo del SEÑOR, y por la casa de Israel: porque habían caído a espada.
2SA 1:13 Y David dijo a aquel mancebo que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, Amalecita.
2SA 1:14 Y díjole David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido del SEÑOR?
2SA 1:15 Entonces llamó David uno de los mancebos, y díjole: Llega, y mátalo. Y él lo hirió, y murió.
2SA 1:16 Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido del SEÑOR.
2SA 1:17 Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta ende­cha.
2SA 1:18 (Dijo también que enseñasen al arco a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro del derecho:)
2SA 1:19 ¡Perecido ha la gloria de Israel sobre tus montañas! ¡Cómo han caído los valientes!
2SA 1:20 No lo denunciéis en Gat, no deis las nuevas en las plazas de Ascalón; porque no se alegren las hijas de los filisteos, porque no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
2SA 1:21 Montes de Gilboa, ni rocío ni lluvia [caiga] sobre vosotros, ni [seáis] tierras de ofrendas; porque allí fue desechado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.
2SA 1:22 Sin sangre de muertos, sin grosura de valientes, el arco de Jonatán nunca volvió, ni la espada de Saúl se tornó vacía.
2SA 1:23 Saúl y Jonatán, amados y queridos en su vida, en su muer­te tampoco fueron apartados: más ligeros que águilas, más fuertes que leones.
2SA 1:24 Hijas de Israel, llorad sobre Saúl, que os vestía de escarlata en regocijos, que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
2SA 1:25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas!
2SA 1:26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy agradable: más maravilloso me fue tu amor, que el amor de las mujeres.
2SA 1:27 ¡Cómo han caído los valientes, y perecieron las armas de guerra!
2SA 2:1 DESPUÉS de esto aconteció que David inquirió del SEÑOR, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y el SEÑOR le respondió: Sube. Y David tornó a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón.
2SA 2:2 Y David subió allá, y con él sus dos esposas, Ahinoam jezreelita y Abigail, la [que fue] esposa de Nabal del Carmelo.
2SA 2:3 Y llevó también David consigo los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciuda­des de Hebrón.
2SA 2:4 Y vinieron los varones de Judá, y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.
2SA 2:5 Y envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndo­les: Benditos seáis vosotros del SEÑOR, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor Saúl en haberle dado sepultura.
2SA 2:6 Ahora pues, el SEÑOR haga con vosotros misericordia y ver­dad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho.
2SA 2:7 Esfuércense pues ahora vues­tras manos, y sed valientes; pues que muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.
2SA 2:8 Mas Abner hijo de Ner, general de ejército de Saúl, tomó a Isboset hijo de Saúl, e hízolo pasar al real:
2SA 2:9 Y alzólo por rey sobre Galaad, y sobre Gesur, y sobre Jezreel, y sobre Efraím, y sobre Benjamín, y sobre todo Israel.
2SA 2:10 De cuarenta años era Isboset hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar sobre Israel; y reinó dos años. Pero la casa de Judá seguía a David.
2SA 2:11 Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses.
2SA 2:12 Y Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los siervos de Isboset hijo de Saúl.
2SA 2:13 Y Joab hijo de Sarvia, y los siervos de David, salieron y encontráronlos junto al estanque de Gabaón: y como se juntaron, paráronse los unos de la una parte del estanque, y los otros de la otra.
2SA 2:14 Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los mancebos, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense.
2SA 2:15 Entonces se levantaron, y en número de doce, pasaron de Benjamín de la parte de Isboset hijo de Saúl; y doce de los siervos de David.
2SA 2:16 Y cada uno echó mano de la cabeza de su compañero, y [metióle] su espada por el costado, cayendo así a una; por lo que fue llamado aquel lugar, Helcat-­asurim, el cual está en Gabaón.
2SA 2:17 Y hubo aquel día una batalla muy recia, y Abner y los hom­bres de Israel fueron vencidos de los siervos de David.
2SA 2:18 Y estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, y Abisai, y Asael. Este Asael era suelto de pies como un corzo del campo.
2SA 2:19 El cual Asael siguió a Abner, yendo tras de él sin apartarse a diestra ni a siniestra.
2SA 2:20 Y Abner miró atrás, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respon­dió: Sí.
2SA 2:21 Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y agárrate alguno de los mancebos, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él.
2SA 2:22 Y Abner tornó a decir a Asael: Apártate de en pos de mí, porque te heriré [derribándote] en tierra, y [después] ¿cómo levantaré mi ros­tro a tu hermano Joab?
2SA 2:23 Y no queriendo él irse, hiriólo Abner con el regatón de la lanza por la quinta [costilla], y salióle la lanza por las espaldas, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se para­ban.
2SA 2:24 Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y púsoseles el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón.
2SA 2:25 Y juntáronse los hijos de Benjamín en un escuadrón con Abner, y paráronse en la cumbre del collado.
2SA 2:26 Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿no sabes tú que al cabo se sigue amargura? ¿hasta cuándo no has de decir al pueblo que se vuelvan de seguir a sus hermanos?
2SA 2:27 Y Joab respondió: Vive Dios que si no hubieras hablado, ya desde esta mañana el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos.
2SA 2:28 Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no siguió más a los de Israel, ni peleó más.
2SA 2:29 Y Abner y los suyos camina­ron por la campiña toda aquella noche, y pasando el Jordán cru­zaron por todo Bitrón, y llegaron a Mahanaim.
2SA 2:30 Joab también volvió de seguir a Abner, y juntando todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres, y Asael.
2SA 2:31 Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, trescientos y sesen­ta hombres, que murieron. Tomaron luego a Asael, y sepul­táronlo en el sepulcro de su padre en Belem.
2SA 2:32 Y caminaron toda aquella noche Joab y los suyos, y ama­necióles en Hebrón.
2SA 3:1 Y HUBO larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; mas David se iba fortificando, y la casa de Saúl iba en disminución.
2SA 3:2 Y nacieron hijos a David en Hebrón: su primogénito fue Amón, de Ahinoam jezreelita;
2SA 3:3 Su segundo Chileab, de Abigail la esposa de Nabal, el del Carmelo; el tercero, Absalóm, hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur:
2SA 3:4 El cuarto, Adonías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías hijo de Abital;
2SA 3:5 El sexto, Jetream, de Egla esposa de David. Éstos nacieron a David en Hebrón.
2SA 3:6 Y como había guerra entre la casa de Saúl y la de David, acon­teció que Abner se esforzaba por la casa de Saúl.
2SA 3:7 Y había Saúl tenido una concubina que se llamaba Rispa, hija de Aja. Y dijo [Is]b[oset] a Abner: ¿Por qué has entrado a la concubina de mi padre?
2SA 3:8 Y enojóse Abner en gran mane­ra por las palabras de Isboset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perros respecto de Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saúl tu padre, con sus hermanos, y con sus amigos, y no te he entregado en las manos de David: ¿y tú me haces hoy cargo del pecado de esta mujer?
2SA 3:9 Así haga Dios a Abner y así le añada, si como ha jurado el SEÑOR a David no hiciere yo así con él,
2SA 3:10 Trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beer-sebah.
2SA 3:11 Y él no pudo responder pala­bra a Abner, porque le temía.
2SA 3:12 Y envió Abner mensajeros a David de su parte, diciendo: ¿Cúya es la tierra? Y que le dije­sen: Haz pacto conmigo, y he aquí que mi mano será contigo para volver a ti a todo Israel.
2SA 3:13 Y [David] dijo: Bien; yo haré contigo alianza: mas una cosa te pido, y es, que no me vengas a ver sin que primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vinieres a verme.
2SA 3:14 Después de esto envió David mensajeros a Isboset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme a mi esposa Mical, la cual yo desposé conmigo por cien prepucios de filisteos.
2SA 3:15 Entonces Isboset envió, y quitóla a su marido Paltiel, hijo de Lais.
2SA 3:16 Y su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y díjole Abner: Anda, vuélvete. Entonces él se volvió.
2SA 3:17 Y habló Abner con los ancia­nos de Israel, diciendo: Ayer y antes procurabais que David fuese rey sobre vosotros;
2SA 3:18 Ahora, pues, hacedlo; porque el SEÑOR ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi sier­vo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos.
2SA 3:19 Y habló también Abner a los de Benjamín: y fue también Abner a Hebrón a decir a David todo el parecer de los de Israel y de toda la casa de Benjamín.
2SA 3:20 Vino pues Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres: y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido.
2SA 3:21 Y dijo Abner a David: Yo me levantaré e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan contigo alianza, y tú reines como deseas. David des­pidió luego a Abner, y él se fue en paz.
2SA 3:22 Y he aquí los siervos de David y Joab, que venían del campo, y traían consigo gran presa. Mas Abner no estaba con David en Hebrón, que ya lo había él des­pedido, y él se había ido en paz.
2SA 3:23 Y luego que llegó Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso a Joab, diciendo: Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le ha despedido, y se fue en paz.
2SA 3:24 Entonces Joab vino al rey, y díjole: ¿Qué has hecho? He aquí habíase venido Abner a ti; ¿por qué pues lo dejaste que se fuese?
2SA 3:25 ¿Sabes tú que Abner hijo de Ner ha venido para engañarte, y a saber tu salida y tu entrada, y por entender todo lo que tú haces?
2SA 3:26 Y saliéndose Joab de con David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le volvieron desde el pozo de Sira, sin saberlo David.
2SA 3:27 Y como Abner volvió a Hebrón, apartólo Joab al medio de la puerta, hablando con él blanda­mente, y allí le hirió por la quinta [costilla], por la sangre de Asael su hermano, y murió.
2SA 3:28 Cuando David supo después esto, dijo: Limpio estoy yo y mi reino, por el SEÑOR, para siem­pre, de la sangre de Abner hijo de Ner.
2SA 3:29 Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni quien muera a espada, ni quien tenga falta de pan.
2SA 3:30 Joab pues y Abisai su hermano mataron a Abner, porque él había muerto a Asael, hermano de ellos en la batalla de Gabaón.
2SA 3:31 Entonces dijo David a Joab, y a todo el pueblo que con él esta­ba: Romped vuestras vestiduras, y ceñíos de cilicio, y haced duelo delante de Abner. Y el rey iba detrás del féretro.
2SA 3:32 Y sepultaron a Abner en Hebrón: y alzando el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y lloró también todo el pueblo.
2SA 3:33 Y endechando el rey al mismo Abner, decía: ¿Murió Abner como muere un villano?
2SA 3:34 Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos: Caíste como los que caen delan­te de malos hombres. Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él.
2SA 3:35 Y como todo el pueblo vinie­se a dar de comer pan a David siendo aún de día, David juró, diciendo: Así me haga Dios y así me añada, si antes que se ponga el sol gustare yo pan, u otra cual­quier cosa.
2SA 3:36 Súpolo así todo el pueblo, y plugo en sus ojos; porque todo lo que el rey hacía parecía bien en ojos de todo el pueblo.
2SA 3:37 Y todo el pueblo y todo Israel entendieron aquel día, que no había venido del rey que Abner hijo de Ner muriese.
2SA 3:38 Y el rey dijo a sus siervos: ¿No sabéis que ha caído hoy en Israel un príncipe, y grande?
2SA 3:39 Y yo, el día de hoy, soy tierno aunque ungido rey; y estos hom­bres, los hijos de Sarvia, muy duros me son: el SEÑOR dé el pago al que mal hace, conforme a su malicia.
2SA 4:1 LUEGO que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido muerto en Hebrón, las manos se le descoyuntaron, y fue atemorizado todo Israel.
2SA 4:2 Y tenía el hijo de Saúl dos varo­nes, los cuales eran capitanes de compañía, el nombre de uno era Baana, y el del otro Recab, hijos de Rimón Beerotita, de los hijos de Benjamín: (porque Beerot era contada con Benjamín;
2SA 4:3 Estos Beerotitas se habían huido a Gitaim, y habían sido peregrinos allí hasta entonces.)
2SA 4:4 Y Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies de edad de cinco años: que cuando la noti­cia [de la muerte] de Saúl y de Jonatán vino de Jezreel, tomóle su ama y huyó; y como iba huyen­do con celeridad, cayó el [niño] y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset.
2SA 4:5 Los hijos pues de Rimón Beerotita, Recab y Baana, fue­ron y entraron en el mayor calor del día en casa de Isboset, el cual estaba durmiendo en su cámara la siesta.
2SA 4:6 Entonces entraron ellos en medio de la casa [en hábito] de mercaderes de grano, y le hirie­ron en la quinta [costilla]. Escapáronse luego Recab y Baana su hermano;
2SA 4:7 Pues como entraron en la casa, estando él en su cama en su cámara de dormir, lo hirieron y mataron, y cortáronle la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por el camino de la campiña.
2SA 4:8 Y trajeron la cabeza de Isboset a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Isboset hijo de Saúl tu ene­migo, que procuraba matarte; y el SEÑOR ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su simiente.
2SA 4:9 Y David respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón Beerotita, y díjoles: Vive el SEÑOR que ha redimido mi alma de toda angustia,
2SA 4:10 Que cuando uno me dio nue­vas, diciendo: He aquí Saúl es muerto imaginándose que traía buenas nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva.
2SA 4:11 ¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hom­bre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora pues, ¿no tengo yo de demandar su sangre de vues­tras manos, y quitaros de la tie­rra?
2SA 4:12 Entonces David mandó a los mancebos, y ellos los mataron, y cortáronles las manos y los pies, y colgáronlos sobre el estanque, en Hebrón. Luego tomaron la cabeza de Isboset, y enterrá­ronla en el sepulcro de Abner en Hebrón.
2SA 5:1 Y VINIERON todas las tribus de Israel a David en Hebrón, y hablaron, diciendo: He aquí nosotros somos tus huesos y tú carne.
2SA 5:2 Y aun ayer y antes, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, tú sacabas y volvías a Israel. Además el SEÑOR te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás sobre Israel príncipe.
2SA 5:3 Vinieron pues todos los ancia­nos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo con ellos pacto en Hebrón delante del SEÑOR; y ungieron a David por rey sobre Israel.
2SA 5:4 Era David de treinta años cuan­do comenzó a reinar, y reinó cua­renta años.
2SA 5:5 En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses: y en Jerusalem reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.
2SA 5:6 Entonces el rey y los suyos fue­ron a Jerusalem al jebuseo que habitaba en la tierra; el cual habló a David, diciendo: Tú no entrarás acá, si no echares los ciegos y los cojos; diciendo: No entrará acá David.
2SA 5:7 Sin embargo David tomó la fortale­za de Sión, la cual es la ciudad de David.
2SA 5:8 Y dijo David aquel día: Cualquiera que llegara hasta los canales, e hiriere al jebuseo, y a los cojos y ciegos, a los cuales el alma de David aborrece, [él será capitán]. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en casa.
2SA 5:9 Y David moró en la fortaleza y púsole por nombre la Ciudad de David: y edificó alrededor, desde Milo para adentro.
2SA 5:10 Y David iba creciendo y aumentándose, y el SEÑOR Dios de los ejércitos era con él.
2SA 5:11 E Hiram rey de Tiro envió también embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cua­les edificaron la casa de David.
2SA 5:12 Y entendió David que el SEÑOR le había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino por amor de su pueblo Israel.
2SA 5:13 Y tomó David más concubi­nas y esposas de Jerusalem des­pués que vino de Hebrón, y naciéronle más hijos e hijas.
2SA 5:14 Éstos [son] los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Samúa, y Sobab, y Natán, y Salomón,
2SA 5:15 E Ibhar, y Elisua, y Nefeg, y Jafía,
2SA 5:16 Y Elisama, y Eliada, y Elifelet.
2SA 5:17 Y oyendo los filisteos que habían ungido a David por rey sobre Israel, todos los filisteos subieron a buscar a David: lo cual como David oyó, vino a la fortaleza.
2SA 5:18 Y vinieron los filisteos, y extendiéronse por el valle de Refaim.
2SA 5:19 Entonces inquirió David del SEÑOR, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿los entregarás en mis manos? Y el SEÑOR res­pondió a David: Ve, porque cier­tamente entregaré los filisteos en tus manos.
2SA 5:20 Y vino David a Baal-perasim, y allí los venció David, y dijo: Rompió el SEÑOR mis enemi­gos delante de mí, como quien rompe aguas. Y por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-­perasim.
2SA 5:21 Y dejaron allí sus ídolos, los cuales quemó David y los suyos.
2SA 5:22 Y los filisteos tornaron a venir, y extendiéronse en el valle de Refaim.
2SA 5:23 E inquiriendo David del SEÑOR, él le respondió: No subas; mas rodéalos, y vendrás a ellos por delante de los morales:
2SA 5:24 Y cuando oyeres un estruendo que irá por las copas de los mora­les, entonces te moverás; porque el SEÑOR saldrá delante de ti a herir el campo de los filisteos.
2SA 5:25 Y David lo hizo así, como el SEÑOR se lo había mandado; e hirió a los filisteos desde Gabaa hasta llegar a Gaza.
2SA 6:1 Y DAVID tornó a juntar todos los escogidos de Israel, treinta mil.
2SA 6:2 Y levantóse David, y fue con todo el pueblo que tenía consigo, de Baal de Judá, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre del SEÑOR de los ejércitos, que mora en ella entre los querubines.
2SA 6:3 Y pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y lleváron­la de la casa de Abinadab, que estaba en Gabaa: y Uza y Ahio, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo.
2SA 6:4 Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab que estaba en Gabaa, con el arca de Dios, Ahio iba delante del arca.
2SA 6:5 Y David y toda la casa de Israel danzaban delante del SEÑOR con toda suerte de [instrumentos de] madera de haya; con arpas, salterios, adufes, flautas y címba­los.
2SA 6:6 Y cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió [su mano] al arca de Dios, y túvola; porque los bueyes daban sacudidas.
2SA 6:7 Y el furor del SEÑOR se encendió contra Uza, y Dios hiriólo allí por [su] error, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.
2SA 6:8 Y entristecióse David por haber herido el SEÑOR a Uza: y fue llamado aquel lugar Pérez-Uza, hasta hoy.
2SA 6:9 Y temiendo David al SEÑOR aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca del SEÑOR?
2SA 6:10 No quiso pues David traer a sí el arca del SEÑOR a la ciudad de David; mas llevóla David a casa de Obed-edom geteo.
2SA 6:11 Y estuvo el arca del SEÑOR en casa de Obed-edom geteo tres meses: y bendijo el SEÑOR a Obed-edom y a toda su casa.
2SA 6:12 Y fue dado aviso al rey David, diciendo: el SEÑOR ha bendeci­do la casa de Obed-edom, y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y trajo el arca de Dios de casa de Obed-­edom a la ciudad de David con alegría.
2SA 6:13 Y como los que llevaban el arca del SEÑOR habían andado seis pasos, sacrificaban un buey y [un carnero] grueso.
2SA 6:14 Y David saltaba con toda su fuerza delante del SEÑOR; y tenía vestido David un efod de lino.
2SA 6:15 Así David y toda la casa de Israel llevaban el arca del SEÑOR con júbilo y sonido de trompeta.
2SA 6:16 Y como el arca del SEÑOR llegó a la ciudad de David, acon­teció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba con toda su fuerza delante del SEÑOR: y menosprecióle en su corazón.
2SA 6:17 Metieron pues el arca del SEÑOR, y pusiéronla en su lugar en medio de una tienda que David le había tendido: y sacrifi­có David holocaustos y pacíficos delante del SEÑOR.
2SA 6:18 Y como David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y pací­ficos, bendijo al pueblo en el nombre del SEÑOR de los ejér­citos.
2SA 6:19 Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, y un pedazo de carne, y un frasco [de vino]. Y fuese todo el pueblo, cada uno a su casa.
2SA 6:20 Volvió luego David para ben­decir su casa: y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel, desnudándose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se desnudara un juglar!
2SA 6:21 Entonces David respondió a Mical: Delante del SEÑOR, que me eligió más bien que a tu padre y a toda su casa, mandán­dome que fuese príncipe sobre el pueblo del SEÑOR, sobre Israel, danzaré delante del SEÑOR.
2SA 6:22 Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a mis pro­pios ojos; y delante de las criadas que dijiste, delante de ellas seré honrado.
2SA 6:23 Y Mical hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte.
2SA 7:1 Y ACONTECIÓ que, estando ya el rey asentado en su casa, después que el SEÑOR le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor,
2SA 7:2 Dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo moro en edificios de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas.
2SA 7:3 Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu cora­zón, que el SEÑOR es contigo.
2SA 7:4 Y aconteció aquella noche, que vino la palabra del SEÑOR a Natán, diciendo:
2SA 7:5 Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho el SEÑOR: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?
2SA 7:6 Ciertamente no he habitado en casas desde el día que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que anduve en tienda y en tabernáculo.
2SA 7:7 Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado palabra en alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado que apaciente mi pue­blo de Israel, para decir: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedros?
2SA 7:8 Ahora pues, dirás así a mi sier­vo David: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses prín­cipe sobre mi pueblo, sobre Israel;
2SA 7:9 Y he sido contigo en todo cuan­to has andado, y delante de ti he talado todos tus enemigos, y te he hecho nombre grande, como el nombre de los grandes que son en la tierra.
2SA 7:10 Además yo fijaré lugar a mi pueblo Israel; yo lo plantaré, para que habite en su lugar, y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como antes,
2SA 7:11 Desde el día que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y yo te daré descanso de todos tus ene­migos. Asimismo el SEÑOR te hace saber, que él te quiere hacer casa.
2SA 7:12 Y cuando tus días fueren cumplidos, y durmieres con tus padres, yo estableceré tu simien­te después de ti, la cual procede­rá de tus entrañas, y aseguraré su reino.
2SA 7:13 Él edificará casa a mi nombre, y yo estableceré por siempre el trono de su reino.
2SA 7:14 Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hom­bres, y con azotes de hijos de hombres;
2SA 7:15 Pero mi misericordia no se apartará de él, como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti.
2SA 7:16 Y será establecida tu casa y tu reino por siempre delante de tu rostro; y tu trono será establecido eternalmente.
2SA 7:17 Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.
2SA 7:18 Y entró el rey David, y púso­se delante del SEÑOR, y dijo: Oh Señor DIOS, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me traigas hasta aquí?
2SA 7:19 Y aun te ha parecido poco esto, Oh Señor DIOS, pues que también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es ése el modo de obrar del hombre, Oh Señor DIOS?
2SA 7:20 ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Tú pues conoces tu siervo, Señor DIOS.
2SA 7:21 Todas estas grandezas has obrado por tu palabra y confor­me a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo.
2SA 7:22 Por tanto tú te has engrandeci­do, oh SEÑOR Dios: por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos.
2SA 7:23 ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, en la tierra? una gente por amor de la cual Dios fuese a redimírsela por pueblo, y le pusie­se nombre, e hiciese por vosotros, [oh Israel,] grandes y espantosas obras en tu tierra, por amor de tu pueblo, [oh Dios], que tú redimiste de Egipto, de las naciones y de sus dioses?
2SA 7:24 Porque tú te has confirmado a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre: y tú, oh SEÑOR, fuiste a ellos por Dios.
2SA 7:25 Ahora pues, oh SEÑOR Dios, la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, establéce­la por siempre, y haz conforme a lo que has dicho.
2SA 7:26 Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y dígase: el SEÑOR de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti.
2SA 7:27 Porque tú, oh SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, revelas­te al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón para hacer delante de ti esta súplica.
2SA 7:28 Ahora pues, oh Señor DIOS, tú eres Dios, y tus palabras serán firmes, ya que has dicho a tu sier­vo este bien.
2SA 7:29 Tenlo pues ahora a bien, y bendice la casa de tu siervo, para que perpetuamente permanezca delante de ti: pues que tú, oh Señor DIOS, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.
2SA 8:1 DESPUÉS de esto aconteció, que David hirió a los filisteos, y los humilló: y tomó David a Metegama de mano de los filisteos.
2SA 8:2 Hirió también a los de Moab, y midiólos con cordel, haciéndolos echar por tierra; y midió con dos cordeles para muerte, y un cordel entero para vida; y fueron los moabitas siervos debajo de tribu­to.
2SA 8:3 Asimismo hirió David a Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, yendo él a recuperar su territorio hasta el río Éufrates.
2SA 8:4 Y tomó David de [ellos] mil [carros], y setecientos hombres de a caballo, veinte mil hombres de pie; y desjarre­tó David los caballos de todos los carros, excepto cien carros de ellos que dejó.
2SA 8:5 Y vinieron los siros de Damasco a dar ayuda a Hadad-­ezer rey de Soba; y David hirió de los siros veinte y dos mil hombres.
2SA 8:6 Puso luego David guarnición en Siria de Damasco, y fueron los siros siervos de David suje­tos a tributo. Y el SEÑOR guardó a David donde quiera que fue.
2SA 8:7 Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y llevólos a Jerusalem.
2SA 8:8 Asimismo de Beta y de Beerot, ciudades de Hadad­-ezer, tomó el rey David gran copia de latón.
2SA 8:9 Entonces oyendo Toi, rey de Hamat, que David había herido todo el ejército de Hadad-ezer,
2SA 8:10 Envió Toi a Joram su hijo al rey David, a saludarle pacífica­mente y a bendecirle, porque había peleado con Hadad-ezer y lo había vencido: porque Toi era enemigo de Hadad-ezer. Y [Joram] llevaba en su mano vasos de plata, y vasos de oro, y de latón;
2SA 8:11 Los cuales el rey David dedi­có al SEÑOR, con la plata y el oro que tenía dedicado de todas las naciones que había sometido:
2SA 8:12 De los siros, de los moabitas, de los amonitas, de los filisteos, de los Amalecitas, y del despojo de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba.
2SA 8:13 Y ganó David fama cuando, volviendo de la rota de los siros, [hirió] diez y ocho mil hombres en el valle de la sal.
2SA 8:14 Y puso guarnición en Edom, por toda Edom puso guarnición; y todos los edomitas fueron sier­vos de David. Y el SEÑOR guardó a David por donde quiera que fue.
2SA 8:15 Y reinó David sobre todo Israel; y hacía David derecho y justicia a todo su pueblo.
2SA 8:16 Y Joab hijo de Sarvia [era general] de su ejército; y Josafat hijo de Ahilud, canciller;
2SA 8:17 Y Sadoc hijo de Ahitud, y Ahimelec hijo de Abiatar, eran sacerdotes; y Seraía era escriba;
2SA 8:18 Y Benahía hijo de Joiada, era sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los príncipes.
2SA 9:1 Y DIJO David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?
2SA 9:2 Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual como llamaron que viniese a David, el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo.
2SA 9:3 Y el rey dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aun ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
2SA 9:4 Entonces el rey le dijo: ¿Y ése dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.
2SA 9:5 Y envió el rey David, y tomólo de casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.
2SA 9:6 Y venido Mefiboset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, postróse sobre su rostro, e hizo reverencia. Y dijo David: Mefiboset. Y él respondió: He aquí tu siervo.
2SA 9:7 Y díjole David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te haré vol­ver todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre pan a mi mesa.
2SA 9:8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
2SA 9:9 Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y díjole: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
2SA 9:10 Tú pues le labrarás las tierras, tú con tus hijos, y tus siervos, y encerrarás [los frutos], para que el hijo de tu señor tenga con qué mantenerse; y Mefiboset el hijo de tu señor comerá siempre pan a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
2SA 9:11 Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha man­dado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefiboset, [dijo el rey], comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.
2SA 9:12 Y tenía Mefiboset un hijo pequeño, que se llamaba Micaías. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefiboset.
2SA 9:13 Y moraba Mefiboset en Jerusalem, porque comía siempre a la mesa del rey; y era cojo de ambos pies.
2SA 10:1 DESPUÉS de esto aconteció, que murió el rey de los hijos de Amón: y reinó en lugar suyo Hanún su hijo.
2SA 10:2 Y dijo David: Yo haré miseri­cordia con Hanún hijo de Naas, como su padre la hizo conmigo. Y envió David sus siervos a con­solarlo por su padre. Mas llega­dos los siervos de David a la tie­rra de los hijos de Amón,
2SA 10:3 Los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David a tu padre te ha enviado consoladores? ¿no ha enviado David sus siervos a ti por reco­nocer e inspeccionar la ciudad, para destruirla?
2SA 10:4 Entonces Hanún tomó los sier­vos de David, y rapóles la mitad de la barba, y cortóles las vestiduras por la mitad hasta las nalgas, y despachólos.
2SA 10:5 Lo cual como fue hecho saber a David, envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey hizo decir[les]: Estaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces regresaréis.
2SA 10:6 Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, enviaron los hijos de Amón y tomaron a sueldo a los siros de la casa de Rehob, y a los siros de Soba, veinte mil hombres de a pie: y del rey de Maaca mil hombres, y de Istob doce mil hombres.
2SA 10:7 Lo cual como oyó David, envió a Joab con todo el ejército de los valientes.
2SA 10:8 Y saliendo los hijos de Amón, ordenaron sus escua­drones a la entrada de la puerta: mas los siros de Soba, y de Rehob, y de Istob, y de Maaca, estaban de por sí en el campo.
2SA 10:9 Viendo pues Joab que había escuadrones delante y detrás de él, entresacó de todos los escogi­dos de Israel, y púsose en orden contra los siros.
2SA 10:10 Entregó luego lo que quedó del pueblo en mano de Abisai su hermano, y púsolo en orden para encontrar a los amonitas.
2SA 10:11 Y dijo: Si los siros me fueren superiores, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda.
2SA 10:12 Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciu­dades de nuestro Dios: y haga el SEÑOR lo que bien le pareciere.
2SA 10:13 Y acercóse Joab, y el pueblo que con él estaba, para pelear con los siros; mas ellos huyeron delante de él.
2SA 10:14 Entonces los hijos de Amón, viendo que los siros habían huído, huyeron también ellos delante de Abisai, y entrá­ronse en la ciudad. Y volvió Joab de los hijos de Amón, y vínose a Jerusalem.
2SA 10:15 Mas viendo los siros que habían caído delante de Israel, tornáronse a juntar.
2SA 10:16 Y envió Hadad-ezer, y sacó los siros que estaban de la otra parte del río, los cuales vinieron a Helam, llevando por jefe a Sobac general del ejército de Hadad-ezer.
2SA 10:17 Y como fue dado aviso a David, juntó a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helam: y los siros se pusieron en orden contra David, y pelearon con él.
2SA 10:18 Mas los siros huyeron delan­te de Israel: e hirió David de los siros [la gente de] setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo: hirió también a Sobac general del ejército, y murió allí.
2SA 10:19 Viendo pues todos los reyes que asistían a Hadad-ezer, como habían ellos sido derrotados delante de Israel, hicieron paz con Israel, y sirviéronle; y de allí adelante temieron los siros de socorrer a los hijos de Amón.
2SA 11:1 Y ACONTECIÓ a la vuelta de un año, en el tiempo que salen los reyes [a la guerra], que David envió a Joab, y a sus siervos con él, y a todo Israel; y destruyeron a los amonitas, y pusieron cerco a Rabá: mas David se quedó en Jerusalem.
2SA 11:2 Y acaeció que levantándose David de su cama a la hora de la tarde, paseábase por el terrado de la casa real, cuando vio desde el terrado una mujer que se estaba lavando, la cual era muy hermo­sa.
2SA 11:3 Y envió David a inquirir por aquella mujer, y dijéronle: Aquella es Batseba hija de Eliam, esposa de Urías heteo.
2SA 11:4 Y envió David mensajeros, y la tomó: y ella vino a él, y él se acostó con ella; pues ella estaba purificada de su inmundicia; y se volvió a su casa.
2SA 11:5 Y concibió la mujer, y enviólo a hacer saber a David, diciendo: Yo estoy embarazada.
2SA 11:6 Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y enviólo Joab a David.
2SA 11:7 Y como Urías vino a él, pregun­tóle David por la salvación de Joab, y por la salvación del pue­blo, y asimismo de la guerra.
2SA 11:8 Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de casa del rey, vino tras de él comida real.
2SA 11:9 Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los sier­vos de su señor, y no descendió a su casa.
2SA 11:10 E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿por qué pues no descendiste a tu casa?
2SA 11:11 Y Urías respondió a David: El arca, e Israel y Judá, están deba­jo de tiendas; y mi señor Joab, y los siervos de mi señor sobre la faz del campo: ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi esposa? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa.
2SA 11:12 Y David dijo a Urías: Estáte aquí aún hoy, y mañana te despa­charé. Y quedóse Urías en Jerusalem aquel día y el siguien­te.
2SA 11:13 Y David lo convidó, e hízole comer y beber delante de sí, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no des­cendió a su casa.
2SA 11:14 Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías.
2SA 11:15 Y escribió en la carta, dicien­do: Poned a Urías delante de la fuerza de la batalla, y desampa­radle, para que sea herido y muera.
2SA 11:16 Así sucedió que cuando Joab cercó la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.
2SA 11:17 Y saliendo luego los de la ciu­dad, pelearon con Joab, y caye­ron algunos del pueblo de los siervos de David; y murió tam­bién Urías heteo.
2SA 11:18 Entonces envió Joab, e hizo saber a David todos los negocios de la guerra.
2SA 11:19 Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de contar al rey todos los negocios de la guerra,
2SA 11:20 Si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis a la ciudad peleando? ¿no sabíais lo que suelen arrojar del muro?
2SA 11:21 ¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿no echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿por qué os llegasteis al muro? entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto.
2SA 11:22 Y fue el mensajero, y llegan­do, contó a David todas las cosas a que Joab le había enviado.
2SA 11:23 Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres, que salieron a nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entra­da de la puerta;
2SA 11:24 Pero los flecheros tiraron con­tra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu sier­vo Urías heteo.
2SA 11:25 Y David dijo al mensajero: Dirás así a Joab: No tengas pesar de esto, que de igual y semejante manera suele consumir la espa­da: esfuerza la batalla contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale.
2SA 11:26 Y oyendo la esposa de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido.
2SA 11:27 Y pasado el luto, envió David y recogióla a su casa: y fue ella su esposa, y parióle un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable a los ojos del SEÑOR.
2SA 12:1 Y ENVIÓ el SEÑOR a Natán a David, el cual viniendo a él, díjole: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.
2SA 12:2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas:
2SA 12:3 Mas el pobre no tenía más que una sola cordera, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno: y teníala como a una hija.
2SA 12:4 Y vino uno de camino al hom­bre rico; y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y adere­zóla para aquél que le había veni­do.
2SA 12:5 Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive el SEÑOR, que el que tal hizo es digno de muerte.
2SA 12:6 Y que él debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo esta tal cosa, y no tuvo miseri­cordia.
2SA 12:7 Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl;
2SA 12:8 Yo te di la casa de tu señor, y las esposas de tu señor en tu seno: demás de esto te di la casa de Israel y de Judá; y si esto es poco, yo te añadiré tales y tales cosas.
2SA 12:9 ¿Por qué pues tuviste en poco la palabra del SEÑOR, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por tu esposa a su esposa, y a él mataste con la espada de los hijos de Amón.
2SA 12:10 Por lo cual ahora no se apar­tará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la esposa de Urías heteo para que fuese tu esposa.
2SA 12:11 Así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus esposas delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus esposas a la vista de este sol.
2SA 12:12 Porque tú lo hiciste en secre­to; mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol.
2SA 12:13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra el SEÑOR. Y Natán dijo a David: También el SEÑOR ha remitido tu pecado: no morirás.
2SA 12:14 Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos del SEÑOR, el hijo que te ha nacido morirá cierta­mente.
2SA 12:15 Y Natán se volvió a su casa. Y el SEÑOR hirió al niño que la esposa de Urías había parido a David, y enfermó gravemente.
2SA 12:16 Entonces rogó David a Dios por el niño; y ayunó David, recogióse, y pasó la noche acostado en tierra.
2SA 12:17 Y levantándose los ancianos de su casa [fueron] a él para hacer­lo levantar de tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan.
2SA 12:18 Y al séptimo día murió el niño; pero sus siervos no osaban hacer­le saber que el niño era muerto, diciendo [entre sí]: Cuando el niño aun vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz: ¿pues cuánto más mal le hará, si le dijé­remos que el niño es muerto?
2SA 12:19 Mas David viendo a sus sier­vos hablar entre sí, entendió que el niño era muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Es muerto el niño? Y ellos respondieron: Muerto es.
2SA 12:20 Entonces David se levantó de tierra, y lavóse y ungióse, y mudó sus ropas, y entró a la casa del SEÑOR, y adoró. Y después vino a su casa, y demandó, y pusiéron­le pan, y comió.
2SA 12:21 Y dijéronle sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y él muerto, levantáste­te y comiste pan.
2SA 12:22 Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si DIOS tendrá compasión de mí, por manera que viva el niño?
2SA 12:23 Mas ahora que ya es muerto, ¿para qué tengo de ayunar? ¿podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.
2SA 12:24 Y consoló David a Batseba su esposa, y entrando a ella, durmió con ella; y parió un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó el SEÑOR:
2SA 12:25 Que envió por mano de Natán profeta, y llamó su nom­bre Jedidiah, a causa del SEÑOR.
2SA 12:26 Y Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real.
2SA 12:27 Entonces envió Joab mensa­jeros a David, diciendo: Yo he peleado contra Rabá, y he tomado la ciudad de las aguas.
2SA 12:28 Junta pues ahora el pueblo que queda, y asienta campo con­tra la ciudad, y tómala; porque tomando yo la ciudad, no se llame de mi nombre.
2SA 12:29 Y juntando David todo el pue­blo fue contra Rabá, y comba­tióla, y tomóla.
2SA 12:30 Y tomó la corona de su rey de su cabeza, la cual pesaba un talento de oro, y [tenía] piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y trajo muy grande despojo de la ciudad.
2SA 12:31 Sacó además el pueblo que estaba en ella, y púsolo debajo de sierras, y de trillos de hierro, y de hachas de hierro; e hízolos pasar por hornos de ladrillos: y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Amón. Volvióse luego David con todo el pueblo a Jerusalem.
2SA 13:1 ACONTECIÓ después de esto, que teniendo Absalom hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, enamoróse de ella Amnón hijo de David.
2SA 13:2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermar, por Tamar su hermana: porque por ser ella vir­gen, parecía a Amnón que sería cosa dificultosa hacerle algo.
2SA 13:3 Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea, hermano de David: y era Jonadab hombre muy astuto.
2SA 13:4 Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por qué de día en día vas así enfla­queciendo? ¿no me lo descubri­rás a mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de Absalom mi hermano.
2SA 13:5 Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfer­mo; y cuando tu padre viniere a visitarte, dile: Ruégote que venga mi hermana Tamar, para que me conforte con [alguna] comida, y aderece delante de mí alguna vianda, para que viendo yo, la coma de su mano.
2SA 13:6 Acostóse pues Amnón, y fingió que estaba enfermo, y vino el rey a visitarle: y dijo Amnón al rey: Yo te ruego que venga mi her­mana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, que coma yo de su mano.
2SA 13:7 Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a casa de Amnón tu hermano, y hazle de comer.
2SA 13:8 Y fue Tamar a casa de su her­mano Amnón, el cual estaba acostado; y tomó harina, y amasó e hizo hojuelas delante de él, y aderezólas.
2SA 13:9 Tomó luego la sartén, y sacólas delante de él: mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos se salieron de allí.
2SA 13:10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba, para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había aderezado, llevólas a su hermano Amnón a la alcoba.
2SA 13:11 Y como ella se las puso delan­te para que comiese, él trabó de ella, diciéndole: Ven, hermana mía acuéstate conmigo.
2SA 13:12 Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas fuerza; porque no se ha de hacer así con Israel. No hagas tal des­acierto.
2SA 13:13 Porque, ¿dónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías [estima­do] como uno de los perversos en Israel. Ruégote pues ahora que hables al rey, que no me negará a ti.
2SA 13:14 Mas él no la quiso oír; antes pudiendo más que ella la forzó, y echóse con ella.
2SA 13:15 Aborrecióla luego Amnón de tan grande aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y díjole Amnón: Levántate y vete.
2SA 13:16 Y ella le respondió: No es razón; mayor mal es éste de echarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír:
2SA 13:17 Antes llamando su criado que le servía dijo: Echame ésta allá fuera, y tras ella cierra la puerta.
2SA 13:18 Y tenía ella sobre sí una ropa de colores, traje que las hijas vírgenes de los reyes vestían. Echóla pues fuera su criado, y cerró la puerta tras ella.
2SA 13:19 Entonces Tamar tomó ceni­za, y [esparcióla] sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puestas sus manos sobre su cabeza, fuese gritando.
2SA 13:20 Y díjole su hermano Absalom: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía: tu hermano es; no pongas tu corazón en este negocio. Y quedóse Tamar des­consolada en casa de Absalom su hermano.
2SA 13:21 Y luego que el rey David oyó todo esto, fue muy enojado.
2SA 13:22 Mas Absalom no habló con Amnón ni malo ni bueno; bien que Absalom aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana.
2SA 13:23 Y aconteció pasados dos años, que Absalom tenía esquiladores en Bala-hasor, que está junto a Efraím; y convidó Absalom a todos los hijos del rey.
2SA 13:24 Y vino Absalom al rey, y díjole: He aquí, tu siervo tiene ahora esquiladores: yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo.
2SA 13:25 Y respondió el rey a Absalom: No, hijo mío, no vamos todos, porque no te hagamos costa. Y aunque porfió con él, no quiso ir, mas bendíjolo.
2SA 13:26 Entonces dijo Absalom: Si no, ruégote que venga con noso­tros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo?
2SA 13:27 Y como Absalom lo importu­nase, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey.
2SA 13:28 Y había Absalom dado orden a sus criados, diciendo: Ahora bien, mirad cuando el corazón de Amnón estará alegre del vino, y en diciéndoos yo, herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis; que yo os lo he mandado. Esforzaos pues, y sed valientes.
2SA 13:29 Y los criados de Absalom hicieron con Amnón como Absalom lo había mandado. Levantáronse luego todos los hijos del rey, y subieron todos en sus mulos, y huyeron.
2SA 13:30 Y estando aún ellos en el camino, llegó a David el rumor que decía: Absalom ha muerto a todos los hijos del rey, que nin­guno de ellos ha quedado.
2SA 13:31 Entonces levantándose David, rasgó sus vestiduras, y echóse en tierra, y todos sus cria­dos, rasgadas sus vestiduras, esta­ban delante.
2SA 13:32 Y Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han muerto a todos los jóvenes hijos del rey, que sólo Amnón es muerto: por­que en boca de Absalom estaba puesto desde el día que Amnón forzó a Tamar su hermana.
2SA 13:33 Por tanto, ahora no ponga mi señor el rey en su corazón [esa] voz que dice: Todos los hijos del rey son muertos: porque sólo Amnón es muerto.
2SA 13:34 Absalom huyó luego. Entre tanto, alzando sus ojos el mozo que estaba en atalaya, miró, y he aquí mucho pueblo que venía a sus espaldas por el camino de hacia el monte.
2SA 13:35 Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen: es así como tu siervo ha dicho.
2SA 13:36 Y como él acabó de hablar, he aquí los hijos del rey que vinie­ron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.
2SA 13:37 Mas Absalom huyó, y fuese a Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur. Y [David] lloraba por su hijo todos los días.
2SA 13:38 Y después que Absalom huyó y se fue a Gesur, estuvo allá tres años.
2SA 13:39 Y el rey David deseó ver a Absalom: porque ya estaba con­solado acerca de Amnón que era muerto.
2SA 14:1 Y CONOCIENDO Joab hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba por Absalom,
2SA 14:2 Envió Joab a Tecoa, y tomó de allá una mujer astuta, y díjole: Yo te ruego que te enlutes, y te vis­tas de ropas de luto, y no te unjas con óleo, antes sé como mujer que ha mucho tiempo que trae luto por [algún] muerto;
2SA 14:3 Y entrando al rey, habla con él de esta manera. Y puso Joab las palabras en su boca.
2SA 14:4 Entró pues aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose en tierra sobre su rostro hizo reve­rencia, y dijo: Oh rey, salva.
2SA 14:5 Y el rey dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Yo a la verdad soy una mujer viuda y mi marido es muerto.
2SA 14:6 Y tu sierva tenía dos hijos y los dos riñeron en el campo; y no habiendo quien los despartiese, hirió el uno al otro, y matólo.
2SA 14:7 Y he aquí toda la parentela se ha levantado contra tu sierva, diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le hagamos morir por la vida de su hermano a quien él mató, y quitemos tam­bién el heredero. Así apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra.
2SA 14:8 Entonces el rey dijo a la mujer: Vete a tu casa, que yo mandaré acerca de ti.
2SA 14:9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío, la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono sin culpa.
2SA 14:10 Y el rey dijo: Al que hablare contra ti, tráelo a mí, que no te tocará más.
2SA 14:11 Dijo ella entonces: Ruégote, oh rey, que te acuerdes del SEÑOR tu Dios, que no dejes a los cercanos de la sangre aumen­tar el daño con destruir a mi hijo. Y él respondió: Vive el SEÑOR, que no caerá ni un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra.
2SA 14:12 Y la mujer dijo: Ruégote que hable tu criada una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla.
2SA 14:13 Entonces la mujer dijo: ¿Por qué pues piensas tú otro tanto contra el pueblo de Dios? que hablando el rey esta palabra, es como culpado, por cuanto el rey no hace volver a su fugitivo.
2SA 14:14 Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse: ni Dios hace acepción de persona, sino que arbitra medio para que su desviado no sea de él exclui­do.
2SA 14:15 Y que yo he venido ahora para decir esto al rey mi señor, es por­que el pueblo me ha puesto miedo. Mas tu sierva dijo: Hablaré ahora al rey: quizá él hará lo que su sierva diga.
2SA 14:16 Pues el rey oirá, para librar a su sierva de mano del hombre que me quiere raer a mí, y a mi hijo juntamente, de la heredad de Dios.
2SA 14:17 Tu sierva pues dice: Que sea ahora la respuesta de mi señor el rey para descanso; pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para escuchar lo bueno y lo malo. Así el SEÑOR tu Dios sea contigo.
2SA 14:18 Entonces él respondió, y dijo a la mujer: Yo te ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey.
2SA 14:19 Y el rey dijo: ¿No ha sido la mano de Joab contigo en todas estas cosas? Y la mujer respon­dió y dijo: Vive tu alma, rey señor mío, que no hay que apar­tarse a derecha ni a izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado: porque tu siervo Joab, él me mandó, y él puso en boca de tu sierva todas estas palabras;
2SA 14:20 Y que trocara la forma de las palabras, Joab tu siervo lo ha hecho: mas mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer lo que hay en la tierra.
2SA 14:21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí yo hago esto: ve, y haz volver al mozo Absalom.
2SA 14:22 Y Joab se postró en tierra sobre su rostro, e hizo reveren­cia, y después que bendijo al rey, dijo: Hoy ha entendido tu siervo que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío; pues que ha hecho el rey lo que su siervo ha dicho.
2SA 14:23 Levantóse luego Joab, y fue a Gesur, y volvió a Absalom a Jerusalem.
2SA 14:24 Mas el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro. Y vol­vióse Absalom a su casa, y no vio el rostro del rey.
2SA 14:25 Y no había en todo Israel hombre tan hermoso como Absalom, de alabar en gran manera: desde la planta de su pie hasta la mollera no había en él defecto.
2SA 14:26 Y cuando se cortaba el cabe­llo, (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real.
2SA 14:27 Y Naciéronle a Absalom tres hijos, y una hija que se llamó Tamar, la cual era hermosa de ver.
2SA 14:28 Y estuvo Absalom por espa­cio de dos años en Jerusalem, y no vio la cara del rey.
2SA 14:29 Y mandó Absalom por Joab, para enviarlo al rey; mas no quiso venir a él; ni aunque envió por segunda vez, quiso él venir.
2SA 14:30 Entonces dijo a sus siervos: Bien sabéis las tierras de Joab junto a mi lugar, donde tiene sus cebadas; id, y pegadles fuego; y los siervos de Absalom pegaron fuego a las tierras.
2SA 14:31 Levantóse por tanto Joab, y vino a Absalom a su casa, y díjo­le: ¿Por qué han puesto fuego tus siervos a mis tierras?
2SA 14:32 Y Absalom respondió a Joab: He aquí, yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, a fin de enviarte yo al rey a que le dijeses: ¿Para qué vine de Gesur? mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora la cara del rey; y si hay en mí pecado, máte­me.
2SA 14:33 Vino pues Joab al rey, e hízo­selo saber. Entonces llamó a Absalom, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey: y el rey besó a Absalom.
2SA 15:1 ACONTECIÓ después de esto, que Absalom se hizo de carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
2SA 15:2 Y levantábase Absalom de mañana, y poníase a un lado del camino de la puerta; y a cual­quiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalom le llamaba a sí, y decíale: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.
2SA 15:3 Entonces Absalom le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas: mas no tienes quien te oiga por el rey.
2SA 15:4 Y decía Absalom: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia!
2SA 15:5 Y acontecía que, cuando algu­no se llegaba para inclinarse a él, él extendía la mano, y lo tomaba, y lo besaba.
2SA 15:6 Y de esta manera hacía con todo Israel que venía al rey a juicio: y así robaba Absalom el corazón de los de Israel.
2SA 15:7 Y al cabo de cuarenta años aconteció que Absalom dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he prometido al SEÑOR:
2SA 15:8 Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en Siria, diciendo: Si el SEÑOR me volviere a Jerusalem, yo serviré al SEÑOR.
2SA 15:9 Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y se fue a Hebrón.
2SA 15:10 Pero envió Absalom espí­as por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el sonido de la trompeta, diréis: Absalom reina en Hebrón.
2SA 15:11 Y fueron con Absalom dos­cientos hombres de Jerusalem [por él] convidados, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada.
2SA 15:12 También envió Absalom por Ahitofel gilonita, del consejo de David, a Gilo su ciudad, mientras hacía sus sacrificios. Y la conjuración vino a ser grande, pues se iba aumentando el pue­blo con Absalom.
2SA 15:13 Y vino el aviso a David, diciendo: El corazón de todo Israel va tras Absalom.
2SA 15:14 Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalem: Levantaos y huya­mos, porque no podremos esca­par delante de Absalom; daos priesa a partir, no sea que apresu­rándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada.
2SA 15:15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están prestos a todo lo que nuestro señor el rey eligiere.
2SA 15:16 El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubi­nas para que guardasen la casa.
2SA 15:17 Salió pues el rey con todo el pueblo que le seguía, y paráron­se en un lugar distante.
2SA 15:18 Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los cereteos y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gat, iban delante del rey.
2SA 15:19 Y dijo el rey a Itai geteo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.
2SA 15:20 ¿Ayer viniste, y téngote de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy: tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; en ti haya miseri­cordia y verdad.
2SA 15:21 Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
2SA 15:22 Entonces David dijo a Itai: Ven [pues], y pasa. Y pasó Itai geteo, y todos sus hombres, y toda su familia.
2SA 15:23 Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó, al camino que va al desier­to.
2SA 15:24 Y he aquí, también [iba] Sadoc, y con él todos los levitas que lle­vaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que hubo acabado de salir de la ciudad todo el pueblo.
2SA 15:25 Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciu­dad; que si yo hallare gracia en los ojos del SEÑOR, él me vol­verá, y me hará ver a ella y a su tabernáculo:
2SA 15:26 Y si dijere: No me agradas: aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.
2SA 15:27 Dijo aún el rey a Sadoc sacer­dote: ¿No eres tú el vidente? Vuélvete en paz a la ciudad; y con vosotros vuestros dos hijos, tu hijo Ahimaas, y Jonatán hijo de Abiatar.
2SA 15:28 Mirad, yo me detendré en los campos del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.
2SA 15:29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalem; y estuviéronse allá.
2SA 15:30 Y David subió la cuesta de las olivas; y subió llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies des­calzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron lloran­do así como subían.
2SA 15:31 Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los que conspiraron con Absalom. Entonces dijo David: Entontece ahora, oh SEÑOR, el consejo de Ahitofel.
2SA 15:32 Y como David llegó a la cum­bre [del monte] para adorar allí a Dios, he aquí Husai arquita que le salió al encuentro, trayendo rota su ropa, y tierra sobre su cabeza.
2SA 15:33 Y díjole David: Si pasares conmigo, serme has de carga;
2SA 15:34 Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalom: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo, entonces tú me disiparás el consejo de Ahitofel.
2SA 15:35 ¿No estarán allí contigo Sadoc y Abiatar sacerdotes? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, darás aviso de ello a Sadoc y a Abiatar sacerdotes.
2SA 15:36 Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc, y Jonatán el de Abiatar: por mano de ellos me enviaréis [aviso de] todo lo que oyereis.
2SA 15:37 Así se vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalom entró en Jerusalem.
2SA 16:1 Y COMO David pasó un poco de la cumbre [del monte], he aquí Siba, el criado de Mefiboset, que lo salía a recibir con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, y cien hilos de pasas, y cien [panes de higos] secos, y un cuero de vino.
2SA 16:2 Y dijo el rey a Siba: ¿Qué [es] esto? Y Siba respondió: Los asnos son para la familia del rey, en que suban; los panes y la pasa para los criados, que coman; y el vino, para que beban los que se cansaren en el desierto.
2SA 16:3 Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respon­dió al rey: He aquí él se ha que­dado en Jerusalem, porque ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre.
2SA 16:4 Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefiboset. Y respondió Siba inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de ti.
2SA 16:5 Y vino el rey David hasta Bahurim: y he aquí, salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Semei, hijo de Gera; y salía maldiciendo,
2SA 16:6 Y echando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David: y todo el pueblo, y todos los hombres valientes esta­ban a su diestra y a su siniestra.
2SA 16:7 Y así decía Semei, maldicién­dole: Sal, sal, varón de sangres, y hombre de Belial:
2SA 16:8 El SEÑOR te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has rei­nado: mas el SEÑOR ha entrega­do el reino en mano de tu hijo Absalom; y hete aquí [sorprendi­do] en tu maldad, porque eres varón de sangres.
2SA 16:9 Entonces Abisai hijo de Sarvia, dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Yo te ruego que me dejes pasar, y quitaréle la cabeza.
2SA 16:10 Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Él maldice así, porque el SEÑOR le ha dicho que maldiga a David: ¿quién pues le dirá: Por qué lo haces así?
2SA 16:11 Y dijo David a Abisai y a todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entra­ñas, acecha a mi vida: ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, que el SEÑOR se lo ha dicho.
2SA 16:12 Quizá mirará el SEÑOR a mi aflicción, y me dará el SEÑOR bien por sus maldiciones de hoy.
2SA 16:13 Y como David y los suyos iban por el camino, Semei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras a él, y espar­ciendo polvo.
2SA 16:14 Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí.
2SA 16:15 Y Absalom y todo el pueblo, los varones de Israel, entraron en Jerusalem, y con él Ahitofel.
2SA 16:16 Y acaeció luego, que como Husai arquita amigo de David hubo llegado a Absalom, díjole Husai: Viva el rey, viva el rey.
2SA 16:17 Y Absalom dijo a Husai: ¿Éste es tu agradecimiento para con tu amigo? ¿por qué no fuiste con tu amigo?
2SA 16:18 Y Husai respondió a Absalom: No; antes al que eli­giere el SEÑOR y este pueblo y todos los varones de Israel, de aquél seré yo, y con aquél queda­ré.
2SA 16:19 ¿Y a quién había yo de servir? ¿no es a su hijo? Como he servi­do delante de tu padre, así seré delante de ti.
2SA 16:20 Entonces dijo Absalom a Ahitofel: Consultad qué hare­mos.
2SA 16:21 Y Ahitofel dijo a Absalom: Entra a las concubinas de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y así se esforzarán las manos de todos los que [están] contigo.
2SA 16:22 Entonces pusieron una tienda a Absalom sobre el terrado, y entró Absalom a las concubinas de su padre, en ojos de todo Israel.
2SA 16:23 Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si inquirieran de la palabra de Dios. Tal era el consejo de Ahitofel, así con David como con Absalom.
2SA 17:1 ENTONCES Ahitofel dijo a Absalom: Yo escogeré ahora doce mil hombres, y me levantaré, y seguiré a David esta noche;
2SA 17:2 Y daré sobre él cuando él estará cansado y flaco de manos: lo atemorizaré, y todo el pueblo que está con él huirá, y heriré al rey solo.
2SA 17:3 Así tornaré a todo el pueblo a ti: y cuando ellos hubieren vuel­to, ([pues] aquel hombre es el que tú quieres) todo el pueblo estará en paz.
2SA 17:4 Esta razón pareció bien a Absalom y a todos los ancianos de Israel.
2SA 17:5 Y dijo Absalom: Llama tam­bién ahora a Husai arquita, para que asimismo oigamos lo que él dirá.
2SA 17:6 Y como Husai vino a Absalom, hablóle Absalom, diciendo: Así ha dicho Ahitofel; ¿seguire­mos su consejo, o no? Di tú.
2SA 17:7 Entonces Husai dijo a Absalom: El consejo que ha dado esta vez Ahitofel no es bueno.
2SA 17:8 Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están con amar­gura de ánimo, como la osa en el campo cuando le han quitado los hijos. Además, tu padre es hom­bre de guerra, y no tendrá la noche con el pueblo.
2SA 17:9 He aquí él estará ahora escon­dido en alguna cueva, o en otro lugar: y si al principio cayeren algunos [de los tuyos], oirálo quien lo oyere, y dirá: El pueblo que sigue a Absalom ha sido derrota­do.
2SA 17:10 Así aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón de león, sin duda desmayará: porque todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que los que están con él son esforza­dos.
2SA 17:11 Aconsejo pues que todo Israel se junte a ti, desde Dan hasta Beerseba, en multitud como la arena que está a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a la batalla.
2SA 17:12 Entonces le acometeremos en cualquier lugar que pudiere hallarse, y daremos sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejaremos de él, y de todos los que con él están.
2SA 17:13 Y si se recogiere en [alguna] ciudad, todos los de Israel traerán sogas a aquella ciudad, y la arras­traremos hasta el arroyo, que nunca más parezca piedra de ella.
2SA 17:14 Entonces Absalom y todos los de Israel dijeron: El consejo de Husai arquita es mejor que el consejo de Ahitofel. Porque había el SEÑOR ordenado que el acertado consejo de Ahitofel se frustrara, para que el SEÑOR hiciese venir el mal sobre Absalom.
2SA 17:15 Dijo luego Husai a Sadoc y a Abiatar sacerdotes: Así y así aconsejó Ahitofel a Absalom y a los ancianos de Israel: y de esta manera aconsejé yo.
2SA 17:16 Por tanto enviad inmediatamente, y dad aviso a David, diciendo: No quedes esta noche en los campos del desierto, sino pasa luego [el Jordán], porque el rey no sea consumido, y todo el pueblo que con él está.
2SA 17:17 Y Jonatán y Ahimaas esta­ban junto a la fuente de Rogel, porque no podían ellos mostrarse viniendo a la ciudad; fue por tanto una criada, y dióles el aviso: y ellos fueron, y noticiá­ronlo al rey David.
2SA 17:18 Sin embargo fueron vistos por un mozo, el cual dio cuenta a Absalom: sin embargo los dos se dieron priesa a caminar, y llega­ron a casa de un hombre en Bahurim, que tenía un pozo en su patio, dentro del cual se metie­ron.
2SA 17:19 Y tomando la mujer [de la casa] una manta, extendióla sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado; y no se penetró el negocio.
2SA 17:20 Llegando luego los criados de Absalom a la casa a la mujer, dijéronle: ¿Dónde están Ahimaas y Jonatán? Y la mujer les res­pondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los bus­caron y no los hallaron, volvié­ronse a Jerusalem.
2SA 17:21 Y después que ellos se hubie­ron ido, [estotros] salieron del pozo, y fuéronse, y dieron aviso al rey David; y dijéronle: Levantaos y daos priesa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado tal consejo contra vosotros.
2SA 17:22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó uno que no pasase el Jordán.
2SA 17:23 Y Ahitofel, viendo que no se había puesto por obra su con­sejo, enalbardó su asno, y levan­tóse, y fuese a su casa en su ciu­dad; y después de disponer acer­ca de su casa, ahorcóse y murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre.
2SA 17:24 Y David llegó a Mahanaim, y Absalom pasó el Jordán con toda la gente de Israel.
2SA 17:25 Y Absalom constituyó a Amasa, sobre el ejército en lugar de Joab, el cual Amasa fue hijo de un varón de Israel llamado Itra, el cual había entrado a Abigail hija de Naas, hermana de Sarvia, madre de Joab.
2SA 17:26 Y asentó campo Israel con Absalom en tierra de Galaad.
2SA 17:27 Y luego que David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Naas de Rabá de los hijos de Amón, y Maquir hijo de Amiel de Lodebar, y Barzilai galaadita de Rogelim,
2SA 17:28 Trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, y tazas, y vasijas de barro, y trigo, y cebada, y harina, y [grano] tosta­do, habas, lentejas, y [garbanzos] tostados,
2SA 17:29 Miel, manteca, ovejas, y que­sos de vacas, para que comiesen; porque dijeron: Aquel pueblo está hambriento, y cansado, y tendrá sed en el desierto.
2SA 18:1 DAVID pues revistó el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos tribunos y centuriones.
2SA 18:2 Y consignó la tercera parte del pueblo al mando de Joab, y [otra] tercera al mando de Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pue­blo: Yo también saldré con voso­tros.
2SA 18:3 Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aun­que la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros: mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será pues mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad.
2SA 18:4 Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os pareciere. Y púsose el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.
2SA 18:5 Y el rey mandó a Joab y a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al mozo Absalom. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acer­ca de Absalom a todos los capi­tanes.
2SA 18:6 Salió pues el pueblo al campo contra Israel, y dióse la batalla en el bosque de Efraím;
2SA 18:7 Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, e hízose allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres;
2SA 18:8 Y derramándose allí el ejército por la faz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió la espada aquel día.
2SA 18:9 Y encontróse Absalom con los siervos de David: e iba Absalom sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le asió la cabeza en la encina, y quedó entre el cielo y la tierra; pues el mulo en que iba pasó delante.
2SA 18:10 Y viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalom colgado de una encina.
2SA 18:11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le heriste luego allí [echándole] a tierra? y sobre mí, que te hubiera dado diez [siclos] de plata, y un talabarte.
2SA 18:12 Y el hombre dijo a Joab: Aunque me importara en mis manos mil [siclos] de plata, no extendiera yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros lo oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque en el joven Absalom.
2SA 18:13 Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida (pues que al rey nada se le escon­de), y tú mismo estarías en con­tra.
2SA 18:14 Entonces respondió Joab: No me tardaré así contigo. Y tomó tres dardos en su mano, y los clavó en el corazón de Absalom, que aun [estaba] vivo en medio de la encina.
2SA 18:15 Cercándolo luego diez man­cebos escuderos de Joab, hirie­ron a Absalom, y acabáronle.
2SA 18:16 Entonces Joab tocó la corneta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.
2SA 18:17 Tomando después a Absalom, echáronle en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un muy grande montón de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a sus estancias.
2SA 18:18 Y había Absalom en su vida tomado y levantádose una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna de su nombre: y así se llamó el Lugar de Absalom, hasta hoy.
2SA 18:19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré las nuevas al rey de cómo el SEÑOR ha defendido su causa de la mano de sus enemigos?
2SA 18:20 Y respondió Joab: Hoy no lle­varás las nuevas: las llevarás otro día: no darás hoy la nueva, por­que el hijo del rey es muerto.
2SA 18:21 Y Joab dijo a Cusi: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y Cusi hizo reverencia a Joab, y corrió.
2SA 18:22 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc tornó a decir a Joab: Sea lo que fuere, yo correré ahora tras Cusi. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has tú de correr, pues que no se hallan nuevas para ti?
2SA 18:23 Mas [él respondió]: Sea lo que fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió pues Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante de Cusi.
2SA 18:24 Estaba David a la sazón sen­tado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado de sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vio a uno que corría solo.
2SA 18:25 El atalaya dio luego voces, e hízolo saber al rey. Y el rey dijo: Si es solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándo­se,
2SA 18:26 Vio el atalaya otro que corría; y dio voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí [otro] hombre que corre solo. Y el rey dijo: Éste también es mensajero.
2SA 18:27 Y el atalaya volvió a decir: Paréceme el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buena nueva.
2SA 18:28 Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. E inclinóse a tie­rra delante del rey, y dijo: Bendito sea el SEÑOR Dios tuyo, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.
2SA 18:29 Y el rey dijo: ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Ahimaas respondió: Vi yo un grande albo­roto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era.
2SA 18:30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y paróse.
2SA 18:31 Y luego vino Cusi, y dijo: Reciba nueva mi señor el rey, que hoy el SEÑOR ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti.
2SA 18:32 El rey entonces dijo a Cusi: ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Cusi respondió: Como aquel mozo sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal.
2SA 18:33 Entonces el rey se turbó, y subióse a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalom, hijo mío, hijo mío!
2SA 19:1 Y DIERON aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por Absalom.
2SA 19:2 Y volvióse aquel día la victoria en luto para todo el pueblo; por­que oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo.
2SA 19:3 Entróse el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pue­blo avergonzado que ha huído de la batalla.
2SA 19:4 Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalom, Absalom, hijo mío, hijo mío!
2SA 19:5 Y entrando Joab en casa al rey, díjole: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que han hoy librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus esposas, y la vida de tus concubinas,
2SA 19:6 Amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman: porque hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy echo de ver que si Absalom viviera, bien que nosotros todos estuviéramos hoy muertos, entonces te contentaras.
2SA 19:7 Levántate pues ahora, y sal fuera, y halaga a tus siervos: por­que juro por el SEÑOR, que si no sales, ni aun uno quede conti­go esta noche; y de esto te pesa­rá más que de todos los males que te han sobrevenido desde tu mocedad hasta ahora.
2SA 19:8 Entonces se levantó el rey, y sentóse a la puerta; y fue declara­do a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado a la puer­ta. Y vino todo el pueblo delante del rey; mas Israel había huído, cada uno a sus estancias.
2SA 19:9 Y todo el pueblo porfiaba en todas las tribus de Israel, dicien­do: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y él nos ha salvado de mano de los filisteos; y ahora había huído de la tierra por miedo de Absalom.
2SA 19:10 Y Absalom, a quien habíamos ungido sobre nosotros, es muerto en la batalla. ¿Por qué pues os estáis ahora quedos en orden a hacer volver al rey?
2SA 19:11 Y el rey David envió a Sadoc y a Abiatar sacerdotes, diciendo: Hablad a los ancianos de Judá, y decidles: ¿Por qué seréis vosotros los postreros en volver el rey a su casa, ya que la palabra de todo Israel ha venido al rey [de volverle] a su casa?
2SA 19:12 Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois: ¿por qué pues seréis vosotros los pos­treros en volver al rey?
2SA 19:13 Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y así me añada, si no fueres gene­ral del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab.
2SA 19:14 Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como [el] de un solo hombre, para que enviasen [a decir] al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.
2SA 19:15 Volvió pues el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal, a recibir al rey y pasarlo el Jordán.
2SA 19:16 Y Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de Bahurim, dióse priesa a venir con los hom­bres de Judá a recibir al rey David;
2SA 19:17 Y con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo Siba criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.
2SA 19:18 Atravesó después la barca para pasar la familia del rey, y para hacer lo que le pluguiera. Entonces Semei hijo de Gera se postró delante del rey cuando él había pasado el Jordán.
2SA 19:19 Y dijo al rey: No me impute mi señor iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalem, para guardarlos el rey en su corazón;
2SA 19:20 Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey.
2SA 19:21 Y Abisai hijo de Sarvia res­pondió y dijo: ¿No ha de morir por esto Semei, que maldijo al ungido del SEÑOR?
2SA 19:22 David entonces dijo: ¿Qué tenéis vosotros conmigo, hijos de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿ha de morir hoy alguno en Israel? ¿no conozco yo que hoy soy rey sobre Israel?
2SA 19:23 Y dijo el rey a Semei: No morirás. Y el rey se lo juró.
2SA 19:24 También Mefiboset hijo de Saúl descendió a recibir al rey: no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampo­co había lavado sus vestiduras, desde el día que el rey salió hasta el día que vino en paz.
2SA 19:25 Y luego que vino él a Jerusalem a recibir al rey, el rey le dijo: Mefiboset, ¿Por qué no fuiste conmigo?
2SA 19:26 Y él dijo: Rey señor mío, mi siervo me ha engañado; pues había tu siervo dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo.
2SA 19:27 Y él revolvió a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz pues lo que bien te pareciere.
2SA 19:28 Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delan­te de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey?
2SA 19:29 Y el rey le dijo: ¿Para qué hablas más palabras? Yo he determinado que tú y Siba par­táis las tierras.
2SA 19:30 Y Mefiboset dijo al rey: Y aun tómelas él todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.
2SA 19:31 También Barzilai galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompa­ñarle de la otra parte del Jordán.
2SA 19:32 Y era Barzilai muy viejo, de ochenta años, el cual había dado provisión al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico.
2SA 19:33 Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te daré de comer conmigo en Jerusalem.
2SA 19:34 Mas Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos son los días del tiempo de mi vida, para que yo suba con el rey a Jerusalem?
2SA 19:35 Yo soy hoy día de edad de ochenta años, que ya no haré diferencia entre lo bueno y lo malo: ¿tomará gusto ahora tu siervo en lo que comiere o bebie­re? ¿oiré más la voz de los canto­res y de las cantoras? ¿para qué, pues, sería aún tu siervo molesto a mi señor el rey?
2SA 19:36 Pasará tu siervo un poco el Jordán con el rey: ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?
2SA 19:37 Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciu­dad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. He aquí tu siervo Chimham; que pase él con mi señor el rey, y hazle lo que bien te pareciere.
2SA 19:38 Y el rey dijo: Pues pase con­migo Chimham, y yo haré con él como bien te parezca: y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré.
2SA 19:39 Y todo el pueblo pasó el Jordán: y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y bendíjolo; y él se vol­vió a su casa.
2SA 19:40 El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó Chimham; y todo el pueblo de Judá, con la mitad del pueblo de Israel, pasaron al rey.
2SA 19:41 Y he aquí todos los varones de Israel vinieron al rey, y le dije­ron: ¿Por qué los hombres de Judá, nuestros hermanos, te han llevado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los varones de David con él?
2SA 19:42 Y todos los varones de Judá respondieron a todos los de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿hemos noso­tros comido algo del rey? ¿hemos recibido de él algún don?
2SA 19:43 Entonces respondieron los varones de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros: ¿por qué pues nos habéis tenido en poco? ¿no hablamos nosotros primero en volver a nuestro rey? Y el razonamiento de los varones de Judá fue más fuerte que el de los varones de Israel.
2SA 20:1 Y ACAECIÓ estar allí un hombre de Belial que se llamaba Seba, hijo de Bichri, hombre de Benjamín, el cual tocó la trompeta, y dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí: Israel, ¡Cada uno a sus estancias!
2SA 20:2 Así se fueron de en pos de David todos los hombres de Israel, y seguían a Seba hijo de Bichri: mas los de Judá fueron adheridos a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalem.
2SA 20:3 Y luego que llegó David a su casa en Jerusalem, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y púsolas en una casa en guarda, y dióles de comer: pero nunca más entró a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron en viudez de por vida.
2SA 20:4 Después dijo el rey a Amasa: Júntame los varones de Judá para dentro de tres días, y hállate tú aquí presente.
2SA 20:5 Fue pues Amasa a juntar a Judá; pero detúvose más del tiempo que le había sido señala­do.
2SA 20:6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bichri nos hará ahora más mal que Absalom: toma pues tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle las ciudades fortificadas, y se nos vaya de delante.
2SA 20:7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos, y todos los valientes: salieron de Jerusalem para ir tras Seba hijo de Bichri.
2SA 20:8 Y estando ellos cerca de la grande peña que está en Gabaón, salióles Amasa al encuentro. Ahora bien, la vestidura que Joab tenía sobrepuesta estábale ceñi­da, y sobre ella el cinto de una daga pegada a sus lomos en su vaina, de la que así como él avanzó, cayóse aquélla.
2SA 20:9 Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Tienes paz, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.
2SA 20:10 Y como Amasa no se cuidó de la daga que Joab en la mano tenía, hirióle éste con ella en la quinta [costilla], y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muer­to sin darle segundo golpe. Después Joab y su hermano Abisai fueron en seguimiento de Seba hijo de Bichri.
2SA 20:11 Y uno de los criados de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que amare a Joab y a David, vaya en pos de Joab.
2SA 20:12 Y Amasa se había revolcado en la sangre en mitad del camino; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura, por­que veía que todos los que vení­an se paraban junto a él.
2SA 20:13 Luego, pues, que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bichri.
2SA 20:14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Bet-maa­ca y todo Barim: y juntáronse, y siguiéronlo también.
2SA 20:15 Y vinieron y cercáronlo en Abel de Bet-maaca, y pusie­ron baluarte contra la ciudad; y puesto que fue al muro, todo el pueblo que estaba con Joab tra­bajaba por derribar la muralla.
2SA 20:16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, [diciendo]: Oíd, oíd; ruégoos que digáis a Joab se llegue a acá, para que yo hable con él.
2SA 20:17 Y como él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.
2SA 20:18 Entonces tornó ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían hablar, diciendo: Quien pregun­tare, pregunte en Abel: y así con­cluían.
2SA 20:19 Yo soy de las pacíficas y fie­les de Israel: y tú procuras des­truir una ciudad que es madre de Israel: ¿por qué destruyes la heredad del SEÑOR?
2SA 20:20 Y Joab respondió, diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontez­ca, que yo destruya ni deshaga.
2SA 20:21 La cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraím, que se llama Seba hijo de Bichri, ha levantado su mano contra el rey David: entregad a ése sola­mente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será echada desde el muro.
2SA 20:22 La mujer fue luego a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bichri, y echáronla a Joab. Y él tocó la corneta, y esparciéronse de la ciudad, cada uno a su estan­cia. Y Joab se volvió al rey a Jerusalem.
2SA 20:23 Así quedó Joab sobre todo el ejército de Israel; y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos;
2SA 20:24 Y Adoram sobre los tributos; y Josafat hijo de Ahillud, el canciller;
2SA 20:25 Y Seba, escriba; y Sadoc y Abiatar, sacerdotes;
2SA 20:26 E Ira Jaireo fue también un jefe principal cerca de David.
2SA 21:1 Y EN los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David inquirió del SEÑOR, y el SEÑOR le dijo: Es por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató a los gabaonitas.
2SA 21:2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y hablóles. (Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del residuo de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento: mas Saúl había procurado matar­los con motivo de celo por los hijos de Israel y de Judá.)
2SA 21:3 Dijo pues David a los gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis a la heredad del SEÑOR?
2SA 21:4 Y los gabaonitas le respondie­ron: No tenemos nosotros querella sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa: ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis os haré.
2SA 21:5 Y ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros, para extirparnos sin dejar [nada de] nosotros en todo el término de Israel;
2SA 21:6 Dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos al SEÑOR en Gabaa de Saúl, el esco­gido del SEÑOR. Y el rey dijo: Yo los daré.
2SA 21:7 Y perdonó el rey a Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento del SEÑOR que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.
2SA 21:8 Mas tomó el rey dos hijos de Rispa hija de Aja, los cuales ella había parido a Saúl, [a saber], a Armoni y a Mefiboset; y cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había parido a Adriel, hijo de Barzilai Meholatita;
2SA 21:9 Y entrególos en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante del SEÑOR: y murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los prime­ros días, en el principio de la siega de las cebadas.
2SA 21:10 Tomando luego Rispa hija de Aja cilicio, tendióselo sobre una roca, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó a ningu­na ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.
2SA 21:11 Y fue dicho a David lo que hacía Rispa hija de Aja, concubi­na de Saúl.
2SA 21:12 Entonces David fue, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los hom­bres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-san, donde los habían col­gado los filisteos, cuando deshi­cieron los filisteos a Saúl en Gilboa:
2SA 21:13 E hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y juntaron también los huesos de los ahorcados.
2SA 21:14 Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicie­ron todo lo que el rey había man­dado. Después fue propicio Dios con la tierra.
2SA 21:15 Y como los filisteos tornaron a hacer guerra a Israel, descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos: y David se cansó.
2SA 21:16 En esto Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza era [de] trescientos siclos de latón, y tenía él ceñida una nueva [espada,] trató de herir a David:
2SA 21:17 Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, e hirió al filisteo, y matólo. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante sal­drás con nosotros a batalla, por­que no apagues la lámpara de Israel.
2SA 21:18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos: entonces Sibecai husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante.
2SA 21:19 Otra guerra hubo en Gob con­tra los filisteos, en la cual Elhanan, hijo de Jaare-oregim de Belem, mató [al hermano de] Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de telar.
2SA 21:20 Después hubo otra guerra en Gat, donde hubo un hombre de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos: y también era de los hijos del gigante.
2SA 21:21 Éste desafió a Israel, y mató­lo Jonatán, hijo de Sima herma­no de David.
2SA 21:22 Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gat, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.
2SA 22:1 Y HABLÓ David al SEÑOR las palabras de este cántico, el día que el SEÑOR le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.
2SA 22:2 Y dijo: el SEÑOR es mi roca, y mi fortaleza, y mi libertador;
2SA 22:3 Dios de mi roca, en él confia­ré: mi escudo, y el cuerno de mi salvación, mi torre alta, y mi refugio, mi salvador; tú me sal­varás de la violencia.
2SA 22:4 Invocaré al SEÑOR, digno de ser loado, y seré salvo de mis enemigos.
2SA 22:5 Cuando me cercaron ondas de muerte, y torrentes de hombres impíos me atemorizaron,
2SA 22:6 Me rodearon los dolores del infierno, y me tomaron descuida­do lazos de muerte.
2SA 22:7 Tuve angustia, invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios: Y él oyó mi voz desde su templo; [llegó] mi clamor a sus oídos.
2SA 22:8 La tierra se removió, y tembló; los fundamentos del cielo fueron movidos, y se estremecie­ron, porque él se airó.
2SA 22:9 Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbo­nes.
2SA 22:10 Y abajó los cielos, y descen­dió: una oscuridad debajo de sus pies.
2SA 22:11 Subió sobre el querubín, y voló: Aparecióse sobre las alas del viento.
2SA 22:12 Puso tinieblas alrededor de sí [a modo de] pabellones; aguas negras y espesas nubes.
2SA 22:13 Del resplandor de su presen­cia se encendieron ascuas ardien­tes.
2SA 22:14 El SEÑOR tronó desde el cielo, y el Altísimo dio su voz;
2SA 22:15 Envió saetas, y los dispersó; relámpagos, y los desconcertó.
2SA 22:16 Entonces aparecieron los manantiales del mar, y los fun­damentos del mundo fueron des­cubiertos, a la reprensión del SEÑOR, al resoplido del aliento de su nariz.
2SA 22:17 Extendió [su mano] de lo alto, y arrebatóme, y sacóme de copiosas aguas.
2SA 22:18 Libróme de fuertes enemigos, de aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo.
2SA 22:19 Asaltáronme en el día de mi calamidad; mas el SEÑOR fue mi sostén.
2SA 22:20 Sacóme a anchura; libróme, porque puso su voluntad en mí.
2SA 22:21 Remuneróme el SEÑOR conforme a mi justicia: y conforme a la limpieza de mis manos, me dio la paga.
2SA 22:22 Porque yo guardé los caminos del SEÑOR, y no me aparté impíamente de mi Dios.
2SA 22:23 Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas, y [atento a] sus fueros, no me retiraré de ellos.
2SA 22:24 Y fui íntegro para con él, y guardéme de mi iniquidad.
2SA 22:25 Remuneróme por tanto el SEÑOR conforme a mi justicia, y conforme a mi limpieza delan­te de sus ojos.
2SA 22:26 Con el bueno eres benigno, y con el íntegro te muestras ínte­gro;
2SA 22:27 Puro te mostrarás para con el puro, y con el perverso te mostrarás desagradable.
2SA 22:28 Y tú salvas al pueblo humilde; mas tus ojos sobre los altivos, para abatirlos.
2SA 22:29 Porque tú eres mi lámpara, oh SEÑOR: SEÑOR da luz a mis tinieblas.
2SA 22:30 Porque en ti romperé ejérci­tos, y con mi Dios saltaré las murallas.
2SA 22:31 [En cuanto a] Dios, perfecto [es] su camino: la palabra del SEÑOR [es] refinada: él [es] escudo a todos los que en él confían.
2SA 22:32 Porque ¿qué Dios hay sino el SEÑOR? ¿o quién es una roca sino solo nuestro Dios?
2SA 22:33 Dios es mi fuerza y poder, y el que despeja perfectamente mi camino;
2SA 22:34 El que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas;
2SA 22:35 El que enseña mis manos para la pelea, y [da que] con mis brazos quiebre el arco de acero.
2SA 22:36 Tú me diste asimismo el escudo de tu salvación, y tu gentileza me ha engrandecido.
2SA 22:37 Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no resba­len mis pies.
2SA 22:38 Perseguiré a mis enemigos, y quebrantarélos; y no me volveré hasta que los acabe.
2SA 22:39 Los consumiré, y los heriré, y no se levantarán; y caerán debajo de mis pies.
2SA 22:40 Ceñísteme de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron.
2SA 22:41 Tú me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y que yo los destruyese.
2SA 22:42 Miraron, y no hubo quien los librase; al SEÑOR, mas no les respondió.
2SA 22:43 Yo los desmenuzaré como polvo de la tierra; hollarélos como a lodo de las plazas, y los disiparé.
2SA 22:44 Tú me libraste de contiendas de pueblos: Tú me guardaste para que fuese cabeza de gentes: pueblos que no conocía, me sir­vieron.
2SA 22:45 Los extraños titubeaban a mí: en oyendo, me obedecían.
2SA 22:46 Los extraños desfallecían, y temblaban en sus escondrijos.
2SA 22:47 El SEÑOR vive; y sea bendi­ta mi roca; y sea ensalzado el Dios, la roca de mi salvación:
2SA 22:48 El Dios que me ha vengado, y sujeta los pueblos debajo de mí;
2SA 22:49 Y que me saca de entre mis enemigos: tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí: librásteme del varón de iniquidades.
2SA 22:50 Por tanto yo te daré gracias, oh SEÑOR, entre las gentes, y cantaré alabanzas a tu nombre.
2SA 22:51 [Él es] la torre de salvación de su rey, y hace misericordia a su ungido, a David, y a su simiente, por siempre.
2SA 23:1 ÉSTAS [son] las postreras pa- labras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel:
2SA 23:2 El Espíritu del SEÑOR ha hablado por mí, y su palabra ha sido en mi lengua.
2SA 23:3 El Dios de Israel ha dicho, hablóme la Roca de Israel: El que gobierna entre los hombres [debe ser] justo, gobernando en temor de Dios.
2SA 23:4 Será como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes; [cuando] la hierba de la tierra [brota] por medio del res­plandor después de la lluvia.
2SA 23:5 No así mi casa para con Dios: sin embargo él ha hecho conmi­go pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado; bien que [toda] esta mi salvación, y todo [mi] deseo no [lo] haga él flo­recer todavía.
2SA 23:6 Mas los de Belial serán todos ellos como espinas arrancadas, las cuales nadie toma con la mano;
2SA 23:7 Sino que el que quiere tocar en ellas, ármase de hierro y de asta de lanza, y son quemadas en su lugar.
2SA 23:8 Éstos [son] los nombres de los poderosos que tuvo David: El Tacmonita, que se sentaba en cátedra, principal de los capita­nes: [era] éste Adino, Eznita, que blandiendo su lanza en una ocasión mató ocho­cientos hombres.
2SA 23:9 Después de éste, Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, fue de los tres poderosos que estaban con David, cuando desafiaron a los filisteos que se habían juntado allí a la batalla, y se retiraron los de Israel.
2SA 23:10 Éste, levantándose, hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó, y quedósele contraída a la espada. Aquel día el SEÑOR hizo gran salvación: y volvióse el pueblo en pos de él solamente a tomar el despojo.
2SA 23:11 Después de éste fue Sama, hijo de Age, Araita: que habién­dose juntado los filisteos en una aldea, había allí una suerte de tie­rra llena de lentejas, y el pueblo había huído delante de los filisteos:
2SA 23:12 Él entonces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendió­la, e hirió a los filisteos; y el SEÑOR hizo una gran salvación.
2SA 23:13 Y tres de los treinta principales descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David a la cueva de Adulam: y el campo de los filisteos estaba en el valle de Refaim.
2SA 23:14 David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los filisteos estaba en Belem.
2SA 23:15 Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera a beber del agua de la cisterna de Belem, que está a la puerta!
2SA 23:16 Entonces los tres valientes rompieron por el campo de los filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Belem, que esta­ba a la puerta; y tomaron, y trajé­ronla a David: mas él no la quiso beber, sino derramóla al SEÑOR, diciendo:
2SA 23:17 Lejos sea de mí, oh SEÑOR, que yo haga esto. ¿[He de beber yo] la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres poderosos hicieron esto.
2SA 23:18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de los tres; el cual alzó su lanza con­tra trescientos, que mató; y tuvo nombre entre los tres.
2SA 23:19 Él era el más aventajado de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó a los tres [primeros].
2SA 23:20 Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforza­do, grande en hechos, de Cabseel. Éste mató dos hombres como leones de Moab: y él mismo descendió, e hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve:
2SA 23:21 También hirió él a un egipcio, hombre [de grande] estatura: y tenía el egipcio una lanza en su mano; mas descendió a él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y matólo con su propia lanza.
2SA 23:22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres poderosos.
2SA 23:23 De los treinta fue el más aven­tajado; pero no llegó a los tres [primeros]. Y púsolo David sobre su guardia.
2SA 23:24 Asael hermano de Joab fue de los treinta; Elhaanan hijo de Dodo de Belem;
2SA 23:25 Sama de Harodi, Elica de Harodi;
2SA 23:26 Heles de Palti, Hira hijo de Iques, de Tecoa;
2SA 23:27 Abiezer de Anatot, Mebunai de Husa;
2SA 23:28 Selmo de Hahoh, Maharai el netofatita;
2SA 23:29 Helec hijo de Baana, netofatita, Itai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín;
2SA 23:30 Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas;
2SA 23:31 Abi-albon de Arbat, Asmavet de Barhum;
2SA 23:32 Elihaba de Saalbón, Jonatán de los hijos de Jasén;
2SA 23:33 Sama de Arar, Ahiam hijo de Sarar de Arar.
2SA 23:34 Elifelet hijo de Asbai hijo de Maacati; Eliam hijo de Ahitofel de Gelón;
2SA 23:35 Hesrai del Carmelo, Parai de Arbi;
2SA 23:36 Igheal hijo de Natán de Soba, Bani de Gadi;
2SA 23:37 Selec de Amón, Naharai de Beerot, escudero de Joab hijo de Sarvia;
2SA 23:38 Ira de Itri, Gareb de Itri;
2SA 23:39 Urías heteo. Entre todos treinta y siete.
2SA 24:1 Y VOLVIÓ el furor del SEÑOR a encenderse contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, cuenta a Israel y a Judá.
2SA 24:2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que tenía consigo: Rodea todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y contad el pueblo, para que yo sepa el número de la gente.
2SA 24:3 Y Joab respondió al rey: Añada el SEÑOR tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor al rey; mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey?
2SA 24:4 No obstante la palabra del rey pudo más que Joab, y que los capita­nes del ejército. Salió pues Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para contar el pueblo de Israel.
2SA 24:5 Y pasando el Jordán asentaron en Aroer, a la mano derecha de la ciudad que está en medio de la arroyada de Gad y junto a Jazer.
2SA 24:6 Después vinieron a Galaad, y a la tierra baja de Absi: y de allí vinieron a Danjaán y alrededor de Sidón.
2SA 24:7 Y vinieron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos; y salieron al sur de Judá, a Beerseba.
2SA 24:8 Y después que hubieron anda­do toda la tierra, volvieron a Jerusalem al cabo de nueve meses y veinte días.
2SA 24:9 Y Joab dio la cuenta del núme­ro del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hom­bres fuertes que sacaban espada; y de los de Judá quinientos mil hombres.
2SA 24:10 Y después que David hubo contado el pueblo, punzóle su corazón; y dijo David al SEÑOR: Yo he pecado grave­mente por haber hecho [esto]; mas ahora, oh SEÑOR, ruégote que quites el pecado de tu siervo, porque yo he obrado muy necia­mente.
2SA 24:11 Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino la palabra del SEÑOR a Gad profe­ta, vidente de David, diciendo:
2SA 24:12 Ve, y di a David: Así ha dicho el SEÑOR: Tres cosas te ofrez­co: tú te escogerás una de ellas, la cual yo haga.
2SA 24:13 Vino pues Gad a David, e inti­móle, y díjole: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya pestilencia en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué respon­deré al que me ha enviado.
2SA 24:14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy: ruego que caiga en la mano del SEÑOR, porque sus misera­ciones son muchas, y que no caiga yo en manos de hombres.
2SA 24:15 Y envió el SEÑOR pestilen­cia a Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado: y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres.
2SA 24:16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalem para des­truirla, el SEÑOR se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta; detén ahora tu mano. Entonces el ángel del SEÑOR estaba junto a la era de Arauna jebuseo.
2SA 24:17 Y David dijo al SEÑOR, cuando vio al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad: ¿qué hicieron estas ove­jas? Ruégote que tu mano se torne contra mí, y contra la casa de mi padre.
2SA 24:18 Y Gad vino a David aquel día, y díjole: Sube, y haz un altar al SEÑOR en la era de Arauna jebuseo.
2SA 24:19 Y subió David, conforme al dicho de Gad, que el SEÑOR [le] había mandado.
2SA 24:20 Y mirando Arauna, vio al rey y a sus siervos que pasaban a él. Saliendo entonces Arauna, incli­nóse delante del rey hacia tierra.
2SA 24:21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, para edificar altar al SEÑOR, a fin de que la mortan­dad cese del pueblo.
2SA 24:22 Y Arauna dijo a David: Tome y sacrifique mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para la ofrenda quemada, y tri­llos y otros pertrechos de bueyes para leña:
2SA 24:23 Todas estas cosas dio Arauna, como rey, al rey. Y dijo Arauna al rey: El SEÑOR tu Dios te sea propicio.
2SA 24:24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré al SEÑOR mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.
2SA 24:25 Y edificó allí David un altar al SEÑOR, y ofreció holocaustos y ofrendas de paz; y el SEÑOR fue propicio con la tierra, y cesó la plaga de Israel.
1KI 1:1 COMO el rey David era viejo, y entrado en días, cubríanle de vestiduras, mas no se calentaba.
1KI 1:2 Dijéronle por tanto sus siervos: Busquen a mi señor el rey una moza virgen, para que esté delante del rey, y lo abrigue, y duerma a su lado, y calentará a mi señor el rey.
1KI 1:3 Y buscaron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y trajéronla al rey.
1KI 1:4 Y la moza era hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía: mas el rey nunca la conoció.
1KI 1:5 Entonces Adonía hijo de Haguit se levantó, diciendo: Yo reinaré. E hízose de carros y gente de a caballo, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
1KI 1:6 Y su padre nunca lo entristeció en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Y también éste era de hermoso parecer; y habíalo engendrado después de Absalom.
1KI 1:7 Y tenía tratos con Joab hijo de Sarvia, y con Abiatar sacerdote, los cuales ayudaban a Adonía.
1KI 1:8 Mas Sadoc sacerdote, y Benaía hijo de Joiada, y Natán profeta, y Semei, y Reihi, y todos los grandes de David, no seguían a Adonía.
1KI 1:9 Y matando Adonía ovejas y vacas y [animales] engordados junto a la peña de Zohelet, que está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey:
1KI 1:10 Mas no convidó a Natán profeta, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su herma­no.
1KI 1:11 Y habló Natán a Batseba madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonía hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?
1KI 1:12 Ven pues ahora y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida de tu hijo Salomón.
1KI 1:13 Ve, y entra al rey David, y díle: Rey señor mío, ¿no has tú jurado a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿por qué pues reina Adonía?
1KI 1:14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti, y acabaré tus razones.
1KI 1:15 Entonces Batseba entró al rey a la cámara: y el rey era muy viejo; y Abisag sunamita servía al rey.
1KI 1:16 Y Batseba se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
1KI 1:17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por el SEÑOR tu Dios, [diciendo]: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono;
1KI 1:18 Y he aquí ahora Adonía reina: y tú, mi señor rey, ahora no lo supiste.
1KI 1:19 Ha matado bueyes, y [anima­les] engordados, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a Abiatar sacerdote, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convi­dado.
1KI 1:20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están sobre ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
1KI 1:21 De otra suerte acontecerá, cuando mi señor el rey durmiere con sus padres, que yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
1KI 1:22 Y estando aún hablando ella con el rey, he aquí Natán profe­ta, que vino.
1KI 1:23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí Natán profeta: el cual como entró al rey, postróse delante del rey inclinando su ros­tro a tierra.
1KI 1:24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has tú dicho: Adonía reina­rá después de mí, y él se sentará en mi trono?
1KI 1:25 Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes, y [animales] engordados, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejér­cito, y también a Abiatar sacer­dote; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonía!
1KI 1:26 Mas ni a mí tu siervo, ni a Sadoc sacerdote, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu sier­vo, ha convidado.
1KI 1:27 ¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado a tu siervo quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?
1KI 1:28 Entonces el rey David respon­dió, y dijo: Llamadme a Batseba. Y ella entró a la presencia del rey, y púsose delante del rey.
1KI 1:29 Y el rey juró, diciendo: Vive el SEÑOR, que ha redimido mi alma de toda angustia,
1KI 1:30 Que como yo te he jurado por el SEÑOR Dios de Israel, dicien­do: Tu hijo Salomón reinará des­pués de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
1KI 1:31 Entonces Batseba se inclinó al rey, su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.
1KI 1:32 Y el rey David dijo: Llamadme a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la pre­sencia del rey.
1KI 1:33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y haced subir a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón:
1KI 1:34 Y allí lo ungirán Sadoc sacer­dote y Natán profeta por rey sobre Israel; y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón!
1KI 1:35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he ordenado para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
1KI 1:36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey, y dijo: Amén. Así [lo] diga el SEÑOR, Dios de mi señor el rey.
1KI 1:37 De la manera que el SEÑOR ha sido con mi señor el rey, así sea con Salomón; y él haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
1KI 1:38 Y descendió Sadoc sacerdote, y Natán profeta, y Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, e hicieron subir a Salomón en la mula del rey David, y lleváronlo a Gihón.
1KI 1:39 Y tomando Sadoc sacerdote el cuerno del aceite del tabernácu­lo, ungió a Salomón: y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
1KI 1:40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes ale­grías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
1KI 1:41 Y oyólo Adonía, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruen­do?
1KI 1:42 Estando aún él hablando, he aquí Jonatán hijo de Abiatar sacerdote vino, al cual dijo Adonía: Entra, porque tú eres hombre de esfuerzo, y traerás buenas nuevas.
1KI 1:43 Y Jonatán respondió, y dijo a Adonía: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón:
1KI 1:44 Y el rey ha enviado con él a Sadoc sacerdote y a Natán pro­feta, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le hicieron subir en la mula del rey;
1KI 1:45 Y Sadoc sacerdote y Natán profeta lo han ungido en Gihón por rey: y de allá han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Éste es el alboroto que habéis oído.
1KI 1:46 Y también Salomón se ha sen­tado en el trono del reino.
1KI 1:47 Y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
1KI 1:48 Y también el rey habló así: Bendito sea el SEÑOR Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
1KI 1:49 Ellos entonces se estremecie­ron, y levantáronse todos los convidados que estaban con Adonía, y fuese cada uno por su camino.
1KI 1:50 Mas Adonía, temiendo de la presencia de Salomón, levantóse y fuese, y cogió los cornijales del altar.
1KI 1:51 Y fue hecho saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonía tiene miedo del rey Salomón: pues ha cogido los cornijales del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo.
1KI 1:52 Y Salomón dijo: Si él fuere virtuoso, ni uno de sus cabellos caerá en tierra: mas si se hallare mal en él, morirá.
1KI 1:53 Y envió el rey Salomón, y tra­jéronlo del altar; y él vino, e inclinóse al rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.
1KI 2:1 Y LLEGÁRONSE los días de David para morir, y mandó a Salomón su hijo, diciendo:
1KI 2:2 Yo voy el camino de toda la tie­rra: esfuérzate, y sé varón.
1KI 2:3 Guarda la ordenanza del SEÑOR tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus esta­tutos y mandamientos, y sus derechos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que seas prosperado en todo lo que hicieres, y en todo aquello a que te tornares;
1KI 2:4 Para que confirme el SEÑOR la palabra que me habló, dicien­do: Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, fal­tará a ti varón del trono de Israel.
1KI 2:5 Y ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner, y a Amasa hijo de Jeter, los cuales él mató, derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra en su talabarte que tenía sobre sus lomos, y en sus zapatos que tenía en sus pies.
1KI 2:6 Tú pues harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas a la sepultura en paz.
1KI 2:7 Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron así a mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano.
1KI 2:8 También tienes contigo a Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo des­cendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por el SEÑOR, dicien­do: Yo no te mataré a espada.
1KI 2:9 Por tanto ahora no lo absolve­rás: que hombre sabio eres, y sabes cómo te has de haber con él: y harás descender sus canas con sangre a la sepultura.
1KI 2:10 Y David durmió con sus padres, y fue sepultado en la ciu­dad de David.
1KI 2:11 Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalem.
1KI 2:12 Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y fue su reino firme en gran manera.
1KI 2:13 Entonces Adonía hijo de Haguit vino a Batseba madre de Salomón; y ella dijo: ¿Es tu venida de paz? Y él respondió: [Sí], de paz.
1KI 2:14 En seguida dijo: [Una] palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
1KI 2:15 Y él dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro, para que yo reinara: mas el reino fue traspasado, y vino a mi her­mano; porque por el SEÑOR era suyo.
1KI 2:16 Y ahora yo te hago una peti­ción: no me hagas volver mi ros­tro. Y ella le dijo: Habla.
1KI 2:17 Él entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón, (por­que él no te hará volver tu ros­tro), para que me dé a Abisag sunamita por esposa.
1KI 2:18 Y Batseba dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
1KI 2:19 Y vino Batseba al rey Salomón para hablarle por Adonía. Y el rey se levantó a recibirla, e inclinóse a ella, y vol­vió a sentarse en su trono, e hizo poner una silla a la madre del rey, la cual se sentó a su diestra.
1KI 2:20 Y ella dijo: Una pequeña peti­ción pretendo de ti; no me hagas volver mi rostro. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te haré volver el rostro.
1KI 2:21 Y ella dijo: Dése Abisag sunamita por esposa a tu herma­no Adonía.
1KI 2:22 Y el rey Salomón respondió, y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonía? Demanda también para él el reino, porque él es mi hermano mayor; y tiene también a Abiatar sacerdote, y a Joab hijo de Sarvia.
1KI 2:23 Y el rey Salomón juró por el SEÑOR, diciendo: Así me haga Dios y así me añada, que contra su vida ha hablado Adonía esta palabra.
1KI 2:24 Ahora pues, vive el SEÑOR, que me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y que me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonía morirá hoy.
1KI 2:25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual dio sobre él, y murió.
1KI 2:26 Y a Abiatar sacerdote dijo el rey: Vete a Anatot a tus heredades, que tú eres digno de muerte; mas no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca del Señor DIOS delante de David mi padre, y además has sido trabaja­do en todas las cosas en que fue trabajado mi padre.
1KI 2:27 Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio del SEÑOR, para que se cumpliese la palabra del SEÑOR que había dicho sobre la casa de Eli en Silo.
1KI 2:28 Y vino la noticia hasta Joab: porque también Joab se había adherido a Adonía, si bien no se había adherido a Absalom. Y huyó Joab al tabernáculo del SEÑOR, y asióse a los cornijales del altar.
1KI 2:29 Y fue hecho saber a Salomón que Joab había huído al taberná­culo del SEÑOR, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y da sobre él.
1KI 2:30 Y entró Benaía al tabernáculo del SEÑOR, y díjole: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino aquí moriré. Y Benaía vol­vió con esta respuesta al rey, diciendo: Así habló Joab, y así me respondió.
1KI 2:31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérralo, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
1KI 2:32 Y el SEÑOR hará tornar su sangre sobre su cabeza: que él ha muerto dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá.
1KI 2:33 La sangre pues de ellos recae­rá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su simiente para siempre: mas sobre David y sobre su simiente, y sobre su casa y sobre su trono, habrá per­petuamente paz de parte del SEÑOR.
1KI 2:34 Entonces Benaía hijo de Joiada subió y dio sobre él, y matólo; y fue sepultado en su casa en el desierto.
1KI 2:35 Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército: y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
1KI 2:36 Después envió el rey, e hizo venir a Semei, y díjole: Edifícate una casa en Jerusalem, y mora ahí, y no salgas de allá a una parte ni a otra;
1KI 2:37 Porque sabe de cierto que el día que salieres, y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.
1KI 2:38 Y Semei dijo al rey: La pala­bra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu sier­vo. Y habitó Semei en Jerusalem muchos días.
1KI 2:39 Pero pasados tres años, acon­teció que se le huyeron a Semei dos siervos a Aquís, hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Semei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
1KI 2:40 Levantóse entonces Semei, y enalbardó su asno, y fue a Gat, a Aquís, a procurar sus siervos. Fue pues Semei, y volvió sus siervos de Gat.
1KI 2:41 Díjose luego a Salomón como Semei había ido de Jerusalem hasta Gat, y que había vuelto.
1KI 2:42 Entonces el rey envió, e hizo venir a Semei, y díjole: ¿No te conjuré yo por el SEÑOR, y te protesté, diciendo: El día que salieres, y fueres acá o acullá, sabe de cierto que has de morir? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco.
1KI 2:43 ¿Por qué pues no guardaste el juramento del SEÑOR, y el mandamiento que yo te impuse?
1KI 2:44 Dijo además el rey a Semei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; el SEÑOR pues, ha tornado el mal sobre tu cabeza.
1KI 2:45 Y el rey Salomón será bendi­to, y el trono de David será firme perpetuamente delante del SEÑOR.
1KI 2:46 Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió e hirióle; y murió. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.
1KI 3:1 Y SALOMÓN hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó la hija de Faraón, y trájola a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa del SEÑOR, y los muros de Jerusalem alrededor.
1KI 3:2 Hasta entonces el pueblo sacri­ficaba en los altos; porque no había casa edificada al nombre del SEÑOR hasta aquellos tiem­pos.
1KI 3:3 Mas Salomón amó al SEÑOR, andando en los estatutos de su padre David: solamente sacrifi­caba y quemaba perfumes en los altos.
1KI 3:4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el alto principal, y sacri­ficaba allí: mil holocaustos sacrifi­caba Salomón sobre aquel altar.
1KI 3:5 Y aparecióse el SEÑOR a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y díjo[le] Dios: Pide lo que [quisieres que] yo te dé.
1KI 3:6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, según que él anduvo delan­te de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como [suce­de] en este día.
1KI 3:7 Ahora pues, oh SEÑOR Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que no sé cómo entrar ni salir.
1KI 3:8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multi­tud.
1KI 3:9 Da pues a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
1KI 3:10 Y agradó al Señor que Salomón pidiese esto.
1KI 3:11 Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandas­te para ti entendimiento para dis­cernir juicio;
1KI 3:12 He aquí lo he hecho conforme a tus palabras: he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no haya habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.
1KI 3:13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria: tal, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
1KI 3:14 Y si anduvieres en mis cami­nos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como andu­vo David tu padre, yo alargaré tus días.
1KI 3:15 Y como Salomón despertó, vio que era sueño: y vino a Jerusalem, y presentóse delante del arca del pacto del SEÑOR, y sacrificó holocaustos, e hizo pacíficos; hizo también banquete a todos sus siervos.
1KI 3:16 En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presen­táronse delante de él.
1KI 3:17 Y dijo la una mujer: ¡Ah, señor mío! yo y esta mujer morá­bamos en una misma casa, y yo parí [estando] con ella en la casa.
1KI 3:18 Y aconteció al tercer día des­pués que yo parí, que ésta parió también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
1KI 3:19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acos­tó sobre él.
1KI 3:20 Y levantóse a media noche, y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsolo a su lado, y púsome a mi lado su hijo muerto.
1KI 3:21 Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto: mas observéle por la mañana, y vi que no era mi hijo, que yo había parido.
1KI 3:22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.
1KI 3:23 El rey entonces dijo: Ésta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto: y la otra dice, No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
1KI 3:24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
1KI 3:25 En seguida el rey dijo: Partid por medio el niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
1KI 3:26 Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.
1KI 3:27 Entonces el rey respondió, y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis: ella es su madre.
1KI 3:28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey: y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juz­gar.
1KI 4:1 FUE pues el rey Salomón rey sobre todo Israel.
1KI 4:2 Y estos fueron los príncipes que tuvo: Azarías hijo de Sadoc, sacerdote;
1KI 4:3 Elioref y Ahía, hijos de Sisa, escribas; Josafat hijo de Ahilud, canciller;
1KI 4:4 Benaía hijo de Joiada era sobre el ejército; y Sadoc y Abiatar eran los sacerdotes;
1KI 4:5 Azaría hijo de Natán era sobre los gobernadores; Zabud hijo de Natán era principal [oficial], amigo del rey;
1KI 4:6 Y Ahisar era mayordomo; y Adoniram hijo de Abda era sobre el tributo.
1KI 4:7 Y tenía Salomón doce goberna­dores sobre todo Israel, los cua­les mantenían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obliga­do a abastecer por un mes en el año.
1KI 4:8 Y estos son los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Efraím;
1KI 4:9 El hijo de Decar, en Macas, y en Saalbim, y en Bet-semes, y en Elón, y en Bet-hanan;
1KI 4:10 El hijo de Hesed, en Arubot; éste tenía también a Soco y toda la tierra de Hefer.
1KI 4:11 El hijo de Abinadab, en todos los términos de Dor: éste tenía por esposa a Tafat hija de Salomón;
1KI 4:12 Baana hijo de Ahilud, en Taanac y Meguido, y en toda Bet-san, que es cerca de Zaretán, por bajo de Jezreel, desde Bet-san hasta Abel­mehola, y hasta la otra parte de Jocmeam;
1KI 4:13 El hijo de Geber, en Ramot de Galaad; éste tenía también las ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad; tenía [también] la provincia de Argob, que era en Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de latón;
1KI 4:14 Ahinadab hijo de Iddo, en Mahanaim;
1KI 4:15 Ahimaas en Neftalí; éste tomó también por esposa a Basemat hija de Salomón.
1KI 4:16 Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot;
1KI 4:17 Josafat hijo de Parúa, en Isacar;
1KI 4:18 Semei hijo de Ela, en Benjamín;
1KI 4:19 Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehón rey de los amorreos, y de Og rey de Basán; [éste era] el único goberna­dor en [aquella] tierra.
1KI 4:20 Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo y bebiendo y alegrándose.
1KI 4:21 Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos, desde el río de la tierra de los filisteos hasta el tér­mino de Egipto: y traían presen­tes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.
1KI 4:22 Y la despensa de Salomón era cada día treinta coros de flor de harina, y sesenta coros de harina,
1KI 4:23 Diez bueyes engordados, y veinte bueyes de pasto, y cien ovejas; sin los ciervos, cabras, búfalos, y aves engordadas.
1KI 4:24 Porque él señoreaba en toda la región que estaba de la otra parte del río, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes de la otra parte del río; y tuvo paz por todos lados en derredor suyo.
1KI 4:25 Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón.
1KI 4:26 Tenía además de esto Salomón cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.
1KI 4:27 Y estos gobernadores mante­nían al rey Salomón, y a todos los que a la mesa del rey Salomón venían, cada uno un mes; y hacían que nada faltase.
1KI 4:28 Hacían también traer cebada y paja para los caballos y para las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme al cargo que tenía.
1KI 4:29 Y dio Dios a Salomón sabidu­ría, y prudencia muy grande, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.
1KI 4:30 Que fue mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.
1KI 4:31 Y aun fue más sabio que todos los hombres; más que Etán Ezrahita, y que Emán y Calcol y Darda, hijos de Mahol: y fue nombrado entre todas las nacio­nes de alrededor.
1KI 4:32 Y propuso tres mil proverbios; y sus cantos fueron mil y cinco.
1KI 4:33 También disertó de los árbo­les, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó de los animales, de las aves, de los rep­tiles, y de los peces.
1KI 4:34 Y venían de todos los pueblos a oír la sabiduría de Salomón, y de todos los reyes de la tierra, donde había llegado la fama de su sabiduría.
1KI 5:1 HIRAM rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre: porque Hiram había siempre amado a David.
1KI 5:2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram:
1KI 5:3 Tú sabes como mi padre David no pudo edificar casa al nombre del SEÑOR su Dios, por las gue­rras que le cercaron, hasta que el SEÑOR puso [sus enemigos] bajo las plantas de sus pies.
1KI 5:4 Ahora el SEÑOR mi Dios me ha dado reposo por todas partes; que ni hay adversarios, ni mal encuentro.
1KI 5:5 Yo por tanto he determinado ahora edificar casa al nombre del SEÑOR mi Dios, como el SEÑOR lo habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, que yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.
1KI 5:6 Manda pues ahora que me cor­ten cedros del Líbano; y mis sier­vos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres: porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar la madera como los sidonios.
1KI 5:7 Y como Hiram oyó las palabras de Salomón, se gozó en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy el SEÑOR, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande.
1KI 5:8 Y envió Hiram a decir a Salomón: He oído lo que me mandaste [a decir:] yo haré todo lo que te pluguiere acerca de la madera de cedro, y la madera de haya.
1KI 5:9 Mis siervos la llevarán desde el Líbano al mar; y yo la pondré en balsas por el mar hasta el lugar que tú me señalares, y allí se desatará, y tú la tomarás: y tú harás mi voluntad en dar de comer a mi familia.
1KI 5:10 Dio pues Hiram a Salomón madera de cedro y madera de haya todo lo que quiso.
1KI 5:11 Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite limpio: esto daba Salomón a Hiram cada un año.
1KI 5:12 Dio pues el SEÑOR a Salomón sabiduría como le había dicho: y hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron pacto entre ambos.
1KI 5:13 Y el rey Salomón impuso tri­buto a todo Israel, y el tributo fue de treinta mil hombres:
1KI 5:14 Los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por su turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas: y Adoniram estaba sobre aquel tributo.
1KI 5:15 Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte;
1KI 5:16 Sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil y trescientos, los cuales tenían cargo del pueblo que hacía la obra.
1KI 5:17 Y mandó el rey que trajesen grandes piedras, piedras de pre­cio, para los cimientos de la casa, y piedras labradas.
1KI 5:18 Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y los aparejadores, cortaron y aparejaron la madera y la cantería para labrar la casa.
1KI 6:1 Y SUCEDIÓ en el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, en el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, que él comenzó a edificar la casa del SEÑOR.
1KI 6:2 La casa que el rey Salomón edificó al SEÑOR, tuvo sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto.
1KI 6:3 Y el pórtico delante del templo de la casa, de veinte codos de largo, según la anchura de la casa, y su ancho [era] de diez codos delante de la casa.
1KI 6:4 E hizo a la casa ventanas anchas y estrechas.
1KI 6:5 Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa en derredor del templo y del lugar santísimo: e hizo cámaras alrede­dor.
1KI 6:6 El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, y el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho: porque por de fuera había hecho disminuciones a la casa en derredor, para no trabar [las vigas] de las paredes de la casa.
1KI 6:7 Y la casa cuando se edificó, fabricáronla de piedras que traían ya acabadas; de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hie­rro.
1KI 6:8 La puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho de la casa: y subíase por un caracol al de en medio, y del [aposento] de en medio al tercero.
1KI 6:9 Labró pues la casa, y acabóla; y cubrió la casa con artesonados de cedro.
1KI 6:10 Y edificó asimismo el aposen­to en derredor de toda la casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de cedro.
1KI 6:11 Y vino la palabra del SEÑOR a Salomón, diciendo:
1KI 6:12 Esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos, e hicieres mis derechos, y guarda­res todos mis mandamientos andando en ellos, yo tendré firme contigo mi palabra que hablé a David tu padre;
1KI 6:13 Y habitaré en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.
1KI 6:14 Así que, Salomón labró la casa, y acabóla.
1KI 6:15 Y aparejó las paredes de la casa por de dentro con tablas de cedro, vistiéndola de madera por dentro, desde el solado de la casa hasta las paredes de la techum­bre: cubrió también el pavimento con madera de haya.
1KI 6:16 Asimismo hizo al cabo de la casa un edificio de veinte codos de tablas de cedro, desde el piso hasta lo más alto; y fabricóse en la casa un aposento, [que es] el lugar santísimo.
1KI 6:17 Y la casa, a saber, el templo de dentro, tenía cuarenta codos.
1KI 6:18 Y la casa estaba [cubierta] de cedro por de dentro, y tenía enta­lladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía.
1KI 6:19 Y adornó el lugar santísimo por de dentro en medio de la casa, para poner allí el arca del pacto del SEÑOR.
1KI 6:20 Y el lugar santísimo estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, y otros veinte de ancho, y otros veinte de altura; y vistiólo de oro purísimo: asimismo cubrió el altar de cedro.
1KI 6:21 De suerte que vistió Salomón de oro puro la casa por de dentro, y cerró la entrada del lugar santí­simo con cadenas de oro, y vis­tiólo de oro.
1KI 6:22 Cubrió pues de oro toda la casa hasta el cabo; y asimismo vistió de oro todo el altar que estaba delante del lugar santísi­mo.
1KI 6:23 Hizo también en el lugar san­tísimo dos querubines de madera de oliva, cada uno de altura de diez codos.
1KI 6:24 La una ala del querubín tenía cinco codos, y la otra ala del que­rubín otros cinco codos: así que había diez codos desde la punta de la una ala hasta la punta de la otra.
1KI 6:25 Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ambos querubines eran de un tamaño y de una hechura.
1KI 6:26 La altura del uno era de diez codos, y asimismo el otro.
1KI 6:27 Y puso estos querubines den­tro de la casa de adentro: los cua­les querubines extendían sus alas, de modo que el ala del uno tocaba a la pared, y el ala del otro querubín tocaba a la otra pared, y las otras dos alas se tocaban la una a la otra en la mitad de la casa.
1KI 6:28 Y vistió de oro los querubines.
1KI 6:29 Y esculpió todas las paredes de la casa alrededor de diversas figuras, de querubines, de pal­mas, y de botones de flores, por de dentro y por de fuera.
1KI 6:30 Y cubrió de oro el piso de la casa, de dentro y de fuera.
1KI 6:31 Y a la entrada del lugar santí­simo hizo puertas de madera de oliva; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas.
1KI 6:32 Las dos puertas [eran] de madera de oliva; y entalló en ellas figuras de querubines y de palmas y de botones de flores, y cubriólas de oro: cubrió también de oro los querubines y las pal­mas.
1KI 6:33 Igualmente hizo a la puerta del templo postes de madera de oliva cuadrados.
1KI 6:34 Pero las dos puertas eran de madera de haya; y los dos lados de la una puerta eran redondos, y los otros dos lados de la otra puerta [también] redondos.
1KI 6:35 Y entalló en ellas querubines y palmas y botones de flores, y cubriólas de oro ajustado a las entalladuras.
1KI 6:36 Y edificó el patio interior de tres órdenes de piedras labradas, y de un orden de vigas de cedro.
1KI 6:37 En el cuarto año, en el mes de Zif, se echaron los cimientos de la casa del SEÑOR:
1KI 6:38 Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes octa­vo, fue acabada la casa con todas sus pertenencias, y con todo lo necesario. Edificóla pues, en siete años.
1KI 7:1 DESPUÉS edificó Salomón su propia casa en trece años, y acabóla toda.
1KI 7:2 Asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cien codos de longitud, y cin­cuenta codos de anchura, y trein­ta codos de altura, sobre cuatro órdenes de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas.
1KI 7:3 Y estaba cubierta de tablas de cedro arriba sobre las vigas, que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas: cada hilera tenía quin­ce [columnas].
1KI 7:4 Y había tres órdenes de venta­nas, una ventana contra la otra en tres órdenes.
1KI 7:5 Y todas las puertas y postes eran cuadrados: y las unas venta­nas estaban frente a las otras en tres órdenes.
1KI 7:6 También hizo un pórtico de columnas, que tenía de largo cincuenta codos, y treinta codos de ancho; y este pórtico [estaba] delante de aquellas [otras], con sus columnas y maderos correspon­dientes.
1KI 7:7 Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, el pórtico del juicio, y vistiólo de cedro de suelo a suelo.
1KI 7:8 Y en la casa en que él moraba, había otro patio dentro del pórti­co, de obra semejante a ésta. Edificó también Salomón una casa para la hija de Faraón, que había tomado por esposa, de la misma obra de aquel pórtico.
1KI 7:9 Todas aquellas [obras] fueron de piedras de precio, cortadas y ase­rradas con sierras según las medidas, así por de dentro como por de fuera, desde el cimiento hasta los remates, y asimismo por de fuera hasta el gran patio.
1KI 7:10 La fundación [era] de piedras costosas, de piedras grandes, de piedras de diez codos, y de pie­dras de ocho codos.
1KI 7:11 De allí arriba eran también piedras de precio, labradas conforme a sus medidas, y [obra] de cedro.
1KI 7:12 Y en el gran patio alrededor había tres órdenes de piedras labradas, y un orden de vigas de cedro: y así el patio interior de la casa del SEÑOR, y el patio de la casa.
1KI 7:13 Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram,
1KI 7:14 Hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, y su padre había sido de Tiro: trabajaba él en latón, lleno de sabiduría y de entendimiento y saber en toda obra de latón. Éste pues vino al rey Salomón, e hizo toda su obra.
1KI 7:15 Y vació dos columnas de latón, la altura de cada cual era de diez y ocho codos: y rodeaba a una y a otra columna un hilo de doce codos.
1KI 7:16 Hizo también dos capiteles de fundición de latón, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas: la altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro capitel de cinco codos.
1KI 7:17 Había trenzas a manera de red, y unas cintas a manera de cadenas, para los capiteles que [se habían de poner] sobre las cabe­zas de las columnas: siete para cada capitel.
1KI 7:18 Y cuando hubo hecho las columnas, hizo también dos órdenes [de granadas] alrededor en el un enredado, para cubrir los capiteles que estaban en las cabe­zas [de las columnas] con las gra­nadas: y de la misma forma hizo en el otro capitel.
1KI 7:19 Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico, tenían labor de flores por cuatro codos.
1KI 7:20 Tenían también los capiteles de sobre las dos columnas, dos­cientas granadas en dos órdenes alrededor en cada capitel, encima del vientre del capitel, el cual vientre estaba delante del enreda­do.
1KI 7:21 Estas columnas erigió en el pórtico del templo: y cuando hubo alzado la columna de la mano derecha, púsole por nom­bre Jaquín: y alzando la columna de la mano izquierda, llamó su nombre Boaz.
1KI 7:22 Y [puso] en las cabezas de las columnas labor [en forma] de azu­cenas; y así se acabó la obra de las columnas.
1KI 7:23 Hizo asimismo un mar de fundición, de diez codos del un lado al otro, perfectamente redondo: su altura era de cinco codos, y ceñíalo alrededor un cordón de treinta codos.
1KI 7:24 Y cercaban aquel mar por debajo de su labio en derredor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el mar alrededor en dos órdenes, las cuales habían sido fundidas cuando él fue fundido.
1KI 7:25 Y estaba [asentado] sobre doce bueyes: tres miraban al norte, y tres miraban al poniente, y tres miraban al sur, y tres mira­ban al oriente; sobre éstos se apoyaba el mar, y las traseras de ellos estaban hacia la parte de adentro.
1KI 7:26 El grueso [del mar] era de un palmo, y su labio era labrado como el labio de una copa, o de flor de lis: y cabían en él dos mil batos.
1KI 7:27 Hizo también diez basas de latón, siendo la longitud de cada basa de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y de tres codos la altura.
1KI 7:28 La obra de las basas era ésta: tenían unas cintas, las cuales estaban entre molduras:
1KI 7:29 Y sobre aquellas cintas que estaban entre las molduras, [figu­ras] de leones, y de bueyes, y de querubines; y sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bue­yes, había unas añadiduras de bajo relieve.
1KI 7:30 Cada basa tenía cuatro ruedas de latón con mesas de latón; y en sus cuatro esquinas había unos hombrillos, los cuales [nací­an] de fundición a cada un lado de aquellas añadiduras, [para estar] debajo de la fuente.
1KI 7:31 Y la boca [del pie] de la fuente entraba un codo en el remate [que salía] para arriba de la basa; y era su boca redonda, de la hechura del [mismo] remate, y [éste] de codo y medio. Había también sobre la boca entalladuras con sus cintas, [las cuales eran] cuadradas, no redondas.
1KI 7:32 Las cuatro ruedas estaban debajo de las cintas, y los ejes de las ruedas [nacían] en la misma basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio.
1KI 7:33 Y la hechura de las ruedas era como la hechura de las ruedas de un carro: sus ejes, sus rayos, y sus cubos, y sus cinchos, todo era de fundición.
1KI 7:34 Asimismo los cuatro hombri­llos a las cuatro esquinas de cada basa: y los hombrillos eran de la misma basa.
1KI 7:35 Y en lo alto de la basa había medio codo de altura redondo por todas partes: y encima de la basa sus molduras y cintas, [las cuales eran] de ella misma.
1KI 7:36 E hizo en las tablas de las molduras, y en las cintas, entalla­duras de querubines, y de leones, y de palmas, con proporción en el espacio de cada una, y alrede­dor otros adornos.
1KI 7:37 De esta forma hizo diez basas fundidas de una misma manera, de una misma medida, y de una misma entalladura.
1KI 7:38 Hizo también diez fuentes de latón: cada fuente contenía cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos; y [asentó] una fuen­te sobre cada una de las diez basas.
1KI 7:39 Y puso las cinco basas a la mano derecha de la casa, y las otras cinco a la mano izquierda: y asentó el mar al lado derecho de la casa, al oriente, hacia el sur.
1KI 7:40 Asimismo hizo Hiram fuen­tes, y tenazas, y cuencos. Así acabó toda la obra que hizo a Salomón para la casa del SEÑOR:
1KI 7:41 [Es a saber], dos columnas, y los vasos redondos de los capite­les que estaban en lo alto de las dos columnas; y dos redes que cubrían los dos vasos redondos de los capiteles que estaban sobre la cabeza de las columnas;
1KI 7:42 Y cuatrocientas granadas para las dos redes, dos órdenes de granadas en cada red, para cubrir los dos vasos redondos que estaban sobre las cabezas de las colum­nas;
1KI 7:43 Y las diez basas, y las diez fuentes sobre las basas;
1KI 7:44 Y un mar, y doce bueyes debajo del mar;
1KI 7:45 Y calderos, y paletas, y cuen­cos; y todos los vasos que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa del SEÑOR, de latón bruñido.
1KI 7:46 Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Sartán.
1KI 7:47 Y dejó Salomón sin inquirir el peso del latón de todos los vasos, por la grande multitud [de ellos].
1KI 7:48 Entonces hizo Salomón todos los vasos que pertenecían a la casa del SEÑOR: un altar de oro, y una mesa sobre la cual estaban los panes de la proposición, tam­bién de oro;
1KI 7:49 Y cinco candeleros de oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, delan­te del lugar santísimo; con las flores, y las lámparas, y despabi­laderas de oro;
1KI 7:50 Asimismo los cántaros, vasos, tazas, cucharillas, e incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar santísi­mo, y los de las puertas del tem­plo.
1KI 7:51 Así se acabó toda la obra que dispuso hacer el rey Salomón para la casa del SEÑOR. Y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, [es a saber], plata, y oro, y vasos, y púsolo [todo] en guarda en las tesorerías de la casa del SEÑOR.
1KI 8:1 ENTONCES juntó Salomón los ancianos de Israel, y a todas las cabezas de las tribus, y a los príncipes de las familias de los hijos de Israel, al rey Salomón en Jerusalem para traer el arca del pacto del SEÑOR de la ciudad de David, que es Sión.
1KI 8:2 Y se juntaron al rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día solemne.
1KI 8:3 Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes toma­ron el arca.
1KI 8:4 Y llevaron el arca del SEÑOR, y el tabernáculo de la congrega­ción, y todos los vasos sagrados que estaban en el tabernáculo; los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
1KI 8:5 Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que a él se había juntado, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la mul­titud no se podían contar ni numerar.
1KI 8:6 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto del SEÑOR en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.
1KI 8:7 Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los queru­bines el arca y sus varas por enci­ma.
1KI 8:8 E hicieron salir las varas; que las cabezas de las varas se deja­ban ver desde el santuario delan­te del lugar santísimo, mas no se veían desde afuera: y así se que­daron hasta hoy.
1KI 8:9 En el arca ninguna cosa había más de las dos tablas de piedra que había allí puesto Moisés en Horeb, donde el SEÑOR hizo el pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.
1KI 8:10 Y como los sacerdotes salie­ron del santuario, la nube hinchió la casa del SEÑOR.
1KI 8:11 Y los sacerdotes no pudieron estar para ministrar por causa de la nube; porque la gloria del SEÑOR había henchido la casa del SEÑOR.
1KI 8:12 Entonces dijo Salomón: el SEÑOR ha dicho que él habita­ría en la oscuridad.
1KI 8:13 Yo he edificado casa por morada para ti, asiento en que tú habites para siempre.
1KI 8:14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba en pie.
1KI 8:15 Y dijo: Bendito sea el SEÑOR Dios de Israel, que habló de su boca a David mi padre, y con su mano lo ha cum­plido, diciendo:
1KI 8:16 Desde el día que saqué mi pueblo Israel de Egipto, no he escogido ciudad de todas las tri­bus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel.
1KI 8:17 Y David mi padre tuvo en el corazón edificar casa al nombre del SEÑOR Dios de Israel.
1KI 8:18 Mas el SEÑOR dijo a David mi padre: Cuanto a haber tú teni­do en el corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal voluntad;
1KI 8:19 Sin embargo tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.
1KI 8:20 Y el SEÑOR ha verificado su palabra que había dicho; que me he levantado yo en lugar de David mi padre, y heme sentado en el trono de Israel, como el SEÑOR había dicho, y he edifi­cado la casa al nombre del SEÑOR Dios de Israel.
1KI 8:21 Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto del SEÑOR, que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.
1KI 8:22 Púsose luego Salomón delan­te del altar del SEÑOR, en pre­sencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
1KI 8:23 Dijo: SEÑOR Dios de Is­rael, no hay Dios como tú, ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti de todo su corazón;
1KI 8:24 Que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le dijiste: dijístelo con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como [aparece] este día.
1KI 8:25 Ahora pues, SEÑOR Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prome­tiste, diciendo: No faltará varón de ti delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino, que anden delante de mí como tú has delante de mí andado.
1KI 8:26 Ahora pues, oh Dios de Israel, verifíquese tu palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.
1KI 8:27 Pero ¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que el cielo y el cielo de los cielos, no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?
1KI 8:28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su ple­garia, oh SEÑOR Dios mío, oyendo [propicio] el clamor y ora­ción que tu siervo hace hoy delante de ti:
1KI 8:29 Que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu sier­vo hará en este lugar.
1KI 8:30 Oye pues la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oraren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu habita­ción, desde el cielo: que oigas y perdones.
1KI 8:31 Cuando alguno hubiere peca­do contra su prójimo, y le toma­ren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa;
1KI 8:32 Tú oirás desde el cielo, y obrarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío, tornando su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
1KI 8:33 Cuando tu pueblo Israel hubiere caído delante de sus ene­migos, por haber pecado contra ti, y a ti se volvieren, y confesa­ren tu nombre, y oraren, y te rogaren y suplicaren en esta casa;
1KI 8:34 Oyelos tú en el cielo, y per­dona el pecado de tu pueblo Israel, y vuélvelos a la tierra que diste a sus padres.
1KI 8:35 Cuando el cielo se cerrare, y no lloviere, por haber ellos peca­do contra ti, y te rogaren en este lugar, y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los hubieres afligido;
1KI 8:36 Tú oirás en el cielo, y per­donarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándo­les el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.
1KI 8:37 Cuando en la tierra hubiere hambre, o pestilencia, o tizonci­llo, o niebla, o langosta, o pul­gón: si sus enemigos los tuvieren cercados en la tierra de su domi­cilio; cualquiera plaga o enfer­medad que sea;
1KI 8:38 Toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga de su corazón, y extendiere sus manos a esta casa;
1KI 8:39 Tú oirás en el cielo, en la habitación de tu morada, y per­donarás, y obrarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces; (por­que sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres;)
1KI 8:40 Para que te teman todos los días que vivieren sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
1KI 8:41 Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu nombre,
1KI 8:42 (Porque oirán de tu grande nombre, y de tu mano fuerte, y de tu brazo extendido;) y viniere a orar a esta casa;
1KI 8:43 Tú oirás en el cielo, en la habitación de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere a ti cla­mado: para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.
1KI 8:44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú los enviares, y oraren al SEÑOR hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre,
1KI 8:45 Tú oirás en el cielo su ora­ción y su súplica, y les harás derecho.
1KI 8:46 Si hubieren pecado contra ti, (porque no hay hombre que no peque) y tú estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautiven y lleven a tierra enemi­ga, sea lejos o cerca,
1KI 8:47 Y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impie­dad;
1KI 8:48 Y si se arrepintieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemi­gos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti hacia su tierra, que tú diste a sus padres, [hacia] la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre;
1KI 8:49 Tú oirás en el cielo, en la habitación de tu morada, su ora­ción y su súplica, y les harás derecho;
1KI 8:50 Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se habrán contra ti rebelado; y harás que hayan de ellos compasión los que los hubieren llevado cau­tivos:
1KI 8:51 Porque ellos son tu pueblo y tu heredad, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
1KI 8:52 Que tus ojos estén abiertos a la oración de tu siervo, y a la ple­garia de tu pueblo Israel, para oirlos en todo aquello por lo que te invocaren:
1KI 8:53 Pues que tú los apartaste para ti por tu heredad de todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por mano de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor DIOS.
1KI 8:54 Y fue, que como acabó Salomón de hacer al SEÑOR toda esta oración y súplica, levantóse de estar de rodillas delante del altar del SEÑOR con sus manos extendidas al cielo;
1KI 8:55 Y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:
1KI 8:56 Bendito sea el SEÑOR, que ha dado reposo a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.
1KI 8:57 Sea con nosotros el SEÑOR nuestro Dios, como fue con nuestros padres; y no nos desam­pare, ni nos deje;
1KI 8:58 Incline nuestro corazón hacia sí, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus derechos, los cuales mandó a nuestros padres.
1KI 8:59 Y que estas mis palabras con que he orado delante del SEÑOR, estén cerca del SEÑOR nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo, y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo;
1KI 8:60 A fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que el SEÑOR es Dios, y que no hay otro.
1KI 8:61 Sea pues perfecto vuestro corazón para con el SEÑOR nuestro Dios, andando en sus estatutos, y guardando sus man­damientos, como el día de hoy.
1KI 8:62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante del SEÑOR.
1KI 8:63 Y sacrificó Salomón por sacrificios pacíficos, los cuales ofreció al SEÑOR, veinte y dos mil bueyes, y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa del SEÑOR.
1KI 8:64 Aquel mismo día santificó el rey el medio del patio que estaba delante de la casa del SEÑOR: porque ofreció allí los holocaus­tos, y los presentes, y los sebos de los pacíficos; por cuanto el altar de latón que estaba delan­te del SEÑOR era pequeño, y no cupieran en él los holocaustos, y los presentes, y los sebos de los pacíficos.
1KI 8:65 En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una grande congregación desde como entran en Hamat hasta el río de Egipto, delante del SEÑOR nuestro Dios, por siete días y otros siete días, esto es, por catorce días.
1KI 8:66 Y el octavo día despidió al pueblo: y ellos bendiciendo al rey, se fueron a sus estancias ale­gres y gozosos de corazón por todos los beneficios que el SEÑOR había hecho a David su siervo, y a su pueblo Israel.
1KI 9:1 Y COMO Salomón hubo acabado la obra de la casa del SEÑOR, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer,
1KI 9:2 El SEÑOR apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón.
1KI 9:3 Y díjole el SEÑOR: Yo he oído tu oración y tu ruego, que has hecho en mi presencia. Yo he san­tificado esta casa que tú has edifi­cado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.
1KI 9:4 Y si tú anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equi­dad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis derechos,
1KI 9:5 Yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará de ti varón en el trono de Israel.
1KI 9:6 Mas si obstinadamente os apar­tareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis man­damientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis;
1KI 9:7 Yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entre­gado; y esta casa que he santifi­cado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y fábula a todos los pueblos;
1KI 9:8 Y esta casa, [que], estaba en [alta] esti­ma, cualquiera que pasare por ella se pasmará, y silbará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así el SEÑOR a esta tierra, y a esta casa?
1KI 9:9 Y dirán: Por cuanto dejaron al SEÑOR su Dios, que había saca­do a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron, y los sir­vieron: por eso ha traído el SEÑOR sobre ellos todo este mal.
1KI 9:10 Y aconteció al cabo de veinte años, en que Salomón había edi­ficado las dos casas, la casa del SEÑOR y la casa real,
1KI 9:11 (Para las cuales Hiram rey de Tiro, había traído a Salomón madera de cedro y de haya, y cuanto oro él quiso), que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciu­dades en tierra de Galilea.
1KI 9:12 Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le contentaron.
1KI 9:13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y púsoles por nombre, la tierra de Cabul, hasta hoy.
1KI 9:14 Y había Hiram enviado al rey ciento y veinte talentos de oro.
1KI 9:15 Y ésta es la razón del tributo que el rey Salomón impuso para edificar la casa del SEÑOR, y su casa, y a Milo, y el muro de Jerusalem, y a Hasor, y Meguido, y Gezer.
1KI 9:16 Faraón el rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, y que­mádola, y había muerto los cananeos que habitaban la ciu­dad, y dádola en don a su hija la esposa de Salomón.
1KI 9:17 Restauró pues Salomón a Gezer, y a la baja Bet-horón,
1KI 9:18 Y a Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto;
1KI 9:19 Asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía municio­nes, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón deseó edificar en Jerusalem, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.
1KI 9:20 A todos los pueblos que queda­ron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos, jebuseos, que no fueron de los hijos de Israel;
1KI 9:21 A sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron aca­bar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy.
1KI 9:22 Mas a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de guerra, o sus criados, o sus príncipes, o sus capitanes, o comandantes de sus carros, o su gente de a caba­llo.
1KI 9:23 Y los que Salomón había hecho jefes y prepósitos sobre las obras, eran quinientos y cincuen­ta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.
1KI 9:24 Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su casa que [Salomón] le había edificado: entonces edificó él a Milo.
1KI 9:25 Y ofrecía Salomón tres veces cada un año holocaustos y pacífi­cos sobre el altar que él edificó al SEÑOR, y quemaba perfumes sobre el que estaba delante del SEÑOR, después que la casa fue acabada.
1KI 9:26 Hizo también el rey Salomón navíos en Ezión-geber, que es junto a Elat en la ribera del mar Bermejo, en la tierra de Edom.
1KI 9:27 Y envió Hiram en ellos a sus siervos, marineros y conocedores del mar, con los siervos de Salomón:
1KI 9:28 Los cuales fueron a Ofir, y tomaron de allí oro, cuatrocien­tos y veinte talentos, y trajéronlo al rey Salomón.
1KI 10:1 Y OYENDO la reina de Seba la fama de Salomón en el nombre del SEÑOR, vino a probarle con preguntas.
1KI 10:2 Y vino a Jerusalem con muy grande comitiva, con camellos cargados de especias, y oro en grande abundancia, y piedras preciosas: y como vino a Salomón, propúsole todo lo que en su corazón tenía.
1KI 10:3 Y Salomón le declaró todas sus palabras: ninguna cosa se le escondió al rey, que no le decla­rase.
1KI 10:4 Y cuando la reina de Seba vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,
1KI 10:5 Asimismo la comida de su mesa, el asiento de sus siervos, el estado y vestiduras de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que sacrificaba en la casa del SEÑOR, quedóse enaje­nada.
1KI 10:6 Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría;
1KI 10:7 Mas yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto, que ni aun la mitad fue lo que se me dijo: es mayor tu sabiduría y bien que la fama que yo había oído.
1KI 10:8 Bienaventurados tus varones, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.
1KI 10:9 El SEÑOR tu Dios sea bendi­to, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; por­que el SEÑOR ha amado siem­pre a Israel, y te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.
1KI 10:10 Y dio ella al rey ciento y vein­te talentos de oro, y muy mucha especiería, y piedras preciosas: nunca vino tan grande copia de especias, como la reina de Seba dio al rey Salomón.
1KI 10:11 La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía tam­bién de Ofir muy mucha made­ra de algumim, y piedras preciosas.
1KI 10:12 Y de la madera de algumim hizo el rey balaustres para la casa del SEÑOR, y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores: nunca vino tanta made­ra de algumim, ni se ha visto hasta hoy.
1KI 10:13 Y el rey Salomón dio a la reina de Seba todo lo que quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio como de mano del rey Salomón. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.
1KI 10:14 El peso del oro que Salomón tenía de renta cada un año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro;
1KI 10:15 Sin [lo de] los mercaderes, y de la contratación de especias, y de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra.
1KI 10:16 Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro exten­dido: seiscientos [siclos] de oro gastó en cada pavés.
1KI 10:17 Asimismo trescientos escudos de oro extendido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro: y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano.
1KI 10:18 Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.
1KI 10:19 Seis gradas tenía el trono, y lo alto de él era redondo por el respaldo: y de la una parte y de la otra tenía apoyos cerca del asien­to, junto a los cuales estaban colocados dos leones.
1KI 10:20 Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de la una parte y de la otra: en ningún otro reino se había hecho [trono] semejante.
1KI 10:21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asi­mismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino: no había plata; en tiempo de Salomón no era de estima.
1KI 10:22 Porque el rey tenía la flota [que salía] al mar, a Tarsis, con la flota de Hiram: una vez en cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, simios y pavos.
1KI 10:23 Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.
1KI 10:24 Toda la tierra procuraba [ver] la cara de Salomón, para oír su sabiduría, la cual Dios había puesto en su corazón.
1KI 10:25 Y todos le llevaban cada año sus presentes: vasos de oro, vasos de plata, vestiduras, armas, aromas, caballos y acémilas.
1KI 10:26 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.
1KI 10:27 Y puso el rey en Jerusalem plata como piedras, y cedros como los sicómoros que están por los campos en abundancia.
1KI 10:28 Y sacaban caballos y lienzos a Salomón de Egipto: porque la compañía de los mercaderes del rey compraban caballos y lien­zos.
1KI 10:29 Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento y cincuenta; y así los sacaban por mano de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.
1KI 11:1 PERO el rey Salomón amó, a más de la hija de Faraón, muchas mujeres extranjeras: a las de Moab, a las de Amón, a las de Idumea, a las de Sidón, y a las heteas;
1KI 11:2 Naciones de las cuales el SEÑOR había dicho a los hijos de Israel: No entraréis a ellas, ni ellas entrarán a vosotros; porque cier­tamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas pues se juntó Salomón con amor.
1KI 11:3 Y tuvo setecientas esposas princesas, y trescientas concubinas; y sus esposas torcieron su corazón.
1KI 11:4 Y ya que Salomón era viejo, sus esposas inclinaron su cora­zón tras dioses ajenos; y su cora­zón no era perfecto con el SEÑOR su Dios, como el cora­zón de su padre David.
1KI 11:5 Porque Salomón siguió a Astarot, diosa de los sidonios, y a Milcom, abominación de los amonitas.
1KI 11:6 E hizo Salomón lo malo en los ojos del SEÑOR, y no fue cumplidamente tras el SEÑOR como David su padre.
1KI 11:7 Entonces edificó Salomón un alto a Quemos, abominación de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalem; y a Moloc, abominación de los hijos de Amón.
1KI 11:8 Y así hizo para todas sus esposas extranjeras, las cuales que­maban perfumes, y sacrificaban a sus dioses.
1KI 11:9 Y enojóse el SEÑOR contra Salomón, por cuanto estaba su corazón desviado del SEÑOR Dios de Israel, que le había apa­recido dos veces,
1KI 11:10 Y le había mandado acerca de esto, que no siguiese dioses aje­nos: mas él no guardó lo que le mandó el SEÑOR.
1KI 11:11 Y dijo el SEÑOR a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, rom­peré el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo.
1KI 11:12 No obstante no lo haré en tus días, por amor de David tu padre: romperélo de la mano de tu hijo.
1KI 11:13 Sin embargo no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem que yo he elegido.
1KI 11:14 Y el SEÑOR suscitó un adversario a Salomón, a Hadad, edomita, de la sangre real, el cual estaba en Edom.
1KI 11:15 Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muer­tos, y mató a todos los varones de Edom,
1KI 11:16 (Porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado a todo el sexo masculino en Edom;)
1KI 11:17 Entonces huyó Hadad, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y fuese a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño.
1KI 11:18 Y levantáronse de Madián, y vinieron a Parán; y tomando con­sigo hombres de Parán, viniéron­se a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual le dio casa, y le señaló alimentos, y aun le dio tie­rra.
1KI 11:19 Y halló Hadad grande gracia delante de Faraón, el cual le dio por esposa a la hermana de su esposa, a la hermana de la reina Tahpenes.
1KI 11:20 Y la hermana de Tahpenes le parió a su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes dentro de la casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.
1KI 11:21 Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra.
1KI 11:22 Y respondióle Faraón: ¿Por qué? ¿qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? Y él res­pondió: Nada; con todo, ruégote que me dejes ir.
1KI 11:23 Despertóle también Dios por adversario a Rezón, hijo de Eliada, el cual había huído de su amo Hadad-ezer, rey de Soba.
1KI 11:24 Y había juntado gente contra él, y habíase hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo a los [de Soba]. Después se fueron a Damasco, y habita­ron allí, e hiciéronle rey en Damasco.
1KI 11:25 Y fue adversario a Israel todos los días de Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque abo­rreció a Israel, y reinó sobre la Siria.
1KI 11:26 Asimismo Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, sier­vo de Salomón, (su madre se lla­maba Serva, mujer viuda) alzó su mano contra el rey.
1KI 11:27 Y la causa por qué éste alzó mano contra el rey, fue ésta: Salomón edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.
1KI 11:28 Y el varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al mancebo que era hombre activo, encomendóle todo el cargo de la casa de José.
1KI 11:29 Aconteció pues en aquel tiem­po, que saliendo Jeroboam de Jerusalem, topóle en el camino el profeta Ahías silonita; y él esta­ba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.
1KI 11:30 Y trabando Ahías de la capa nueva que tenía sobre sí, rompió­la en doce pedazos,
1KI 11:31 Y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo el SEÑOR Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti daré diez tribus;
1KI 11:32 (Y él tendrá una tribu, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel:)
1KI 11:33 Por cuanto me han dejado, y han adorado a Astarot diosa de los sidonios, y a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han anda­do en mis caminos, para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos, y mis derechos, como hizo David su padre.
1KI 11:34 Sin embargo no quitaré nada de su reino de sus manos, sino que lo retendré por caudillo todos los días de su vida, por amor de David mi siervo, al cual yo elegí, y él guardó mis mandamientos y mis estatutos:
1KI 11:35 Mas yo quitaré el reino de la mano de su hijo, y darélo a ti, las diez tribus.
1KI 11:36 Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lám­para todos los días delante de mí en Jerusalem, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nom­bre.
1KI 11:37 Yo pues te tomaré a ti, y tú rei­narás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.
1KI 11:38 Y será que, si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo seré contigo, y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entre­garé a Israel.
1KI 11:39 Y yo afligiré la simiente de David a causa de esto, mas no para siempre.
1KI 11:40 Procuró por tanto Salomón de matar a Jeroboam, pero levan­tándose Jeroboam, huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
1KI 11:41 Lo demás de los hechos de Salomón, y todas las cosas que hizo, y su sabiduría, ¿no están escritas en el libro de los hechos de Salomón?
1KI 11:42 Y los días que Salomón reinó en Jerusalem sobre todo Israel, fueron cuarenta años.
1KI 11:43 Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciu­dad de su padre David: y reinó en su lugar Roboam su hijo.
1KI 12:1 Y FUE Roboam a Siquem; porque todo Israel había venido a Siquem para hacerlo rey.
1KI 12:2 Y aconteció, que como lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que estaba en Egipto, porque había huído de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto;
1KI 12:3 Enviaron y llamáronle. Vino pues Jeroboam y toda la congre­gación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
1KI 12:4 Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora tú disminuye [algo] de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.
1KI 12:5 Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.
1KI 12:6 Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habí­an estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
1KI 12:7 Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo, y lo sirvieres, y respon­diéndole buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.
1KI 12:8 Mas él, dejado el consejo de los viejos que ellos le habían dado, tomó consejo con los mancebos que se habían criado con él, y estaban delante de él.
1KI 12:9 Y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Disminuye [algo] del yugo que tu padre puso sobre nosotros?
1KI 12:10 Entonces los mancebos que se habían criado con él, le res­pondieron, diciendo: Así habla­rás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo; mas tú disminúye­nos [algo]: así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre.
1KI 12:11 Ahora pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones.
1KI 12:12 Y al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam; según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día.
1KI 12:13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejado el consejo de los ancianos que ellos le habían dado;
1KI 12:14 Y hablóles conforme al con­sejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones.
1KI 12:15 Y no oyó el rey al pueblo; por­que era ordenación del SEÑOR, para confirmar su palabra, que el SEÑOR había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
1KI 12:16 Y cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, res­pondióle estas palabras, dicien­do: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus estancias! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus estancias.
1KI 12:17 Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.
1KI 12:18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tri­butos; pero apedreóle todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se esforzó a subir en un carro, y huir a Jerusalem.
1KI 12:19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
1KI 12:20 Y aconteció, que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuel­to, enviaron y llamáronle a la congregación, e hiciéronle rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.
1KI 12:21 Y como Roboam vino a Jerusalem, juntó toda la casa de Judá y la tribu de Benjamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra, para hacer guerra a la casa de Israel, y redu­cir el reino a Roboam hijo de Salomón.
1KI 12:22 Mas vino la palabra de Dios a Semeías varón de Dios, dicien­do:
1KI 12:23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:
1KI 12:24 Así ha dicho el SEÑOR: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; vol­veos cada uno a su casa; porque este negocio yo lo he hecho. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volviéronse, y fuéronse, confor­me a la palabra del SEÑOR.
1KI 12:25 Y reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraím, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.
1KI 12:26 Y dijo Jeroboam en su cora­zón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,
1KI 12:27 Si este pueblo subiere a sacri­ficar a la casa del SEÑOR en Jerusalem: porque el corazón de este pueblo se convertirá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se tornarán a Roboam rey de Judá.
1KI 12:28 Y habido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Demasiado os es subir a Jerusalem: he aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto.
1KI 12:29 Y puso el uno en Betel, y el otro puso en Dan.
1KI 12:30 Y esto fue [ocasión] de pecado; porque el pueblo iba [a adorar] delante del uno, hasta Dan.
1KI 12:31 Hizo también casa de altos, e hizo sacerdotes de la clase del pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
1KI 12:32 Entonces instituyó Jeroboam solemnidad en el mes octavo, a los quince del mes, conforme a la solemnidad que [se celebraba] en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Betel, sacrificando a los becerros que había hecho. Ordenó también en Betel sacerdotes de los altos que él había fabricado.
1KI 12:33 Sacrificó pues sobre el altar que él había hecho en Betel, a los quince del mes octavo, el mes que él había inventado de su corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar perfumes.
1KI 13:1 Y HE aquí que un varón de Dios por palabra del SEÑOR vino de Judá a Betel; y estando Jeroboam al altar para quemar perfumes,
1KI 13:2 Él clamó contra el altar por palabra del SEÑOR, y dijo: Altar, altar, así ha dicho el SEÑOR: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo, llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos que queman sobre ti perfumes; y sobre ti quemarán huesos de hombres.
1KI 13:3 Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Ésta [es] la señal de que el SEÑOR ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derra­mará.
1KI 13:4 Y como el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Betel, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendi­do contra él, se le secó, que no la pudo tornar a sí.
1KI 13:5 Y el altar se rompió, y derra­móse la ceniza del altar, confor­me a la señal que el varón de Dios había dado por palabra del SEÑOR.
1KI 13:6 Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues a la faz del SEÑOR tu Dios, y ora por mí, que mi mano me sea restituída. Y el varón de Dios oró a la faz del SEÑOR, y la mano del rey se le recuperó y tornóse como antes.
1KI 13:7 Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente.
1KI 13:8 Mas el varón de Dios dijo al rey: Si me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar;
1KI 13:9 Porque así me está mandado por palabra del SEÑOR, dicien­do: No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que fueres.
1KI 13:10 Fuese pues por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Betel.
1KI 13:11 Moraba a la sazón en Betel un viejo profeta, al cual vino su hijo, y contóle todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Betel: contáronle tam­bién a su padre las palabras que había hablado al rey.
1KI 13:12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino fue? Y sus hijos le mos­traron el camino por donde se había tornado el varón de Dios, que había venido de Judá.
1KI 13:13 Y él dijo a sus hijos: Enalbardadme el asno. Y ellos le enalbardaron el asno, y subió en él.
1KI 13:14 Y yendo tras el varón de Dios, hallóle que estaba sentado deba­jo de una encina, y díjole: ¿Eres tú el varón de Dios que viniste de Judá? Y él dijo: Yo soy.
1KI 13:15 Díjole entonces: Ven conmigo a casa, y come del pan.
1KI 13:16 Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo; ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar;
1KI 13:17 Porque por palabra del SEÑOR me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni vuelvas por el camino que fueres.
1KI 13:18 Y el [otro] le dijo: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra del SEÑOR, diciendo: Vuélvele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua. [Pero] mintió­le.
1KI 13:19 Entonces volvió con él, y comió del pan en su casa, y bebió del agua.
1KI 13:20 Y aconteció que, estando ellos a la mesa, vino la palabra del SEÑOR al profeta que le había hecho volver;
1KI 13:21 Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo el SEÑOR: Por cuanto has sido rebelde al dicho del SEÑOR, y no guardaste el man­damiento que el SEÑOR tu Dios te había prescrito,
1KI 13:22 Sino que volviste, y comiste del pan y bebiste del agua en el lugar donde [el SEÑOR] te había dicho no comieses pan ni bebie­ses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres.
1KI 13:23 Y como hubo comido del pan y bebido, el [profeta] que le había hecho volver le enalbardó un asno;
1KI 13:24 Y yéndose, topóle un león en el camino, y matóle; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno estaba junto a él, y el león también estaba junto al cuerpo.
1KI 13:25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echa­do en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo: y vinie­ron, y dijéronlo en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.
1KI 13:26 Y oyéndolo el profeta que le había vuelto del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al dicho del SEÑOR: por tanto el SEÑOR le ha entregado al león, que le ha quebrantado y muerto, conforme a la palabra del SEÑOR que él le dijo.
1KI 13:27 Y habló a sus hijos, y díjoles: Enalbardadme un asno. Y ellos se lo enalbardaron.
1KI 13:28 Y él fue, y halló su cuerpo ten­dido en el camino, y el asno y el león estaban junto al cuerpo: el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.
1KI 13:29 Y tomando el profeta el cuerpo del varón de Dios, púsolo sobre el asno, y llevóselo. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para ende­charle y enterrarle.
1KI 13:30 Y puso su cuerpo en su sepul­cro; y endecháronle, [diciendo]: ¡Ay, hermano mío!
1KI 13:31 Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muriere, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos.
1KI 13:32 Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra del SEÑOR contra el altar que está en Betel, y contra todas las casas de los altos que están en las ciudades de Samaria.
1KI 13:33 Después de esto no se tornó Jeroboam de su mal camino: antes volvió a hacer sacerdotes de los altos de la clase del pue­blo, y quien quería se consagra­ba, y era de los sacerdotes de los altos.
1KI 13:34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam; por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.
1KI 14:1 EN aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo.
1KI 14:2 Y dijo Jeroboam a su esposa: Levántate ahora, disfrázate, por­que no te conozcan que eres la esposa de Jeroboam, y ve a Silo; que allá está Ahías profeta, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo.
1KI 14:3 Y toma en tu mano diez panes, y turrones, y una botija de miel, y ve a él; que te declare lo que ha de ser de este mozo.
1KI 14:4 Y la esposa de Jeroboam hízolo así; y levantóse, y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y no podía ya ver Ahías, que sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez.
1KI 14:5 Mas el SEÑOR había dicho a Ahías: He aquí que la esposa de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo: así y así le has de responder; pues será que cuando ella viniere, vendrá disimulada.
1KI 14:6 Y como Ahías oyó el sonido de sus pies cuando entraba por la puerta, dijo: Entra, esposa de Jeroboam; ¿por qué te finges otra? Pues yo soy enviado a ti con revelación dura.
1KI 14:7 Ve, y di a Jeroboam: Así dijo el SEÑOR Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel,
1KI 14:8 Y rompí el reino de la casa de David, y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi sier­vo, que guardó mis mandamien­tos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo sola­mente lo derecho delante de mis ojos;
1KI 14:9 Antes hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti: que fuiste y te hiciste dioses aje­nos y de fundición para enojar­me, y a mí me echaste tras tus espaldas:
1KI 14:10 Por tanto, he aquí que yo trai­go mal sobre la casa de Jeroboam, y yo talaré de Jeroboam todo meante a la pared, así el guardado como el desamparado en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam, como es barrido el estiércol, hasta que sea acabada.
1KI 14:11 El que muriere [de los] de Jeroboam en la ciudad, le comerán los perros; y el que muriere en el campo, comerlo han las aves del cielo; porque el SEÑOR lo ha dicho.
1KI 14:12 Y tú levántate, y vete a tu casa; que en entrando tu pie en la ciudad, morirá el mozo.
1KI 14:13 Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque sólo él de los de Jeroboam entrará en sepultura; por cuanto se ha halla­do en él alguna cosa buena del SEÑOR Dios de Israel, en la casa de Jeroboam.
1KI 14:14 Y el SEÑOR se levantará un rey sobre Israel, el cual talará la casa de Jeroboam en este día; ¿y qué, si ahora?
1KI 14:15 Y el SEÑOR sacudirá a Israel, al modo que la caña se agita en las aguas: y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y esparcirálos de la otra parte del río, por cuan­to han hecho sus bosques, eno­jando al SEÑOR.
1KI 14:16 Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.
1KI 14:17 Entonces la esposa de Jeroboam se levantó, y se fue, y vino a Tirsa: y entrando ella por el umbral de la casa, el mozo murió.
1KI 14:18 Y enterráronlo, y endechólo todo Israel, conforme a la pala­bra del SEÑOR, que él había hablado por mano de su siervo Ahías profeta.
1KI 14:19 Los otros hechos de Jeroboam, qué guerras hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel.
1KI 14:20 El tiempo que reinó Jeroboam fueron veintidós años; y habien­do dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.
1KI 14:21 Y Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalem, ciudad que el SEÑOR eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita.
1KI 14:22 Y Judá hizo lo malo en los ojos del SEÑOR, y enojáronle más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron.
1KI 14:23 Porque ellos también se edifi­caron altos, estatuas, y bosques, en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso:
1KI 14:24 Y hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que el SEÑOR había echado delante de los hijos de Israel.
1KI 14:25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalem.
1KI 14:26 Y tomó los tesoros de la casa del SEÑOR, y los tesoros de la casa real, y saqueólo todo: llevó­se también todos los escudos de oro que Salomón había hecho.
1KI 14:27 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de latón, y diólos en manos de los capitanes de los de la guardia, quienes custo­diaban la puerta de la casa real.
1KI 14:28 Y cuando el rey entraba en la casa del SEÑOR, los de la guar­dia los llevaban; y poníanlos [des­pués] en la cámara de los de la guardia.
1KI 14:29 Lo demás de los hechos de Roboam, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritas en las crónicas de los reyes de Judá?
1KI 14:30 Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días.
1KI 14:31 Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.
1KI 15:1 EN el año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre Judá.
1KI 15:2 Reinó tres años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom.
1KI 15:3 Y anduvo en todos los pecados de su padre, que había éste hecho antes de él; y no fue su corazón perfecto con el SEÑOR su Dios, como el corazón de David su padre.
1KI 15:4 Mas por amor de David, dióle el SEÑOR su Dios lámpara en Jerusalem, levantándole a su hijo después de él, y sosteniendo a Jerusalem:
1KI 15:5 Por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos del SEÑOR, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de su vida, excep­to el negocio de Urías heteo.
1KI 15:6 Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días de su vida.
1KI 15:7 Lo demás de los hechos de Abiam, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam.
1KI 15:8 Y durmió Abiam con sus padres, y sepultáronlo en la ciu­dad de David: y reinó Asa su hijo en su lugar.
1KI 15:9 En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a rei­nar sobre Judá.
1KI 15:10 Y reinó cuarenta y un años en Jerusalem; el nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom.
1KI 15:11 Y Asa hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR, como David su padre.
1KI 15:12 Porque quitó los sodomitas de la tierra, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho.
1KI 15:13 Y también privó a su madre Maaca de ser reina, porque había hecho un ídolo en un bos­que. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y quemólo junto al torrente de Cedrón.
1KI 15:14 Pero los altos no se quita­ron: con todo, el corazón de Asa fue perfecto para con el SEÑOR toda su vida.
1KI 15:15 También metió en la casa del SEÑOR lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, y plata, y vasos.
1KI 15:16 Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiem­po de ambos.
1KI 15:17 Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Ramá, para no dejar salir ni entrar a nin­guno de Asa, rey de Judá.
1KI 15:18 Entonces tomando Asa toda la plata y oro que había quedado en los tesoros de la casa del SEÑOR, y los tesoros de la casa real, entrególos en las manos de sus siervos, y enviólos el rey Asa a Ben-adad, hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cual residía en Damasco, dicien­do:
1KI 15:19 Pacto [hay] entre mí y ti, y entre mi padre y el tuyo: he aquí yo te envío un presente de plata y oro: ve, y rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que me deje.
1KI 15:20 Y Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los príncipes de los ejércitos que tenía contra las ciudades de Israel, e hirió a Ahión, y a Dan, y a Abel-bet-maaca, y a toda Cineret, con toda la tierra de Neftalí.
1KI 15:21 Y oyendo esto Baasa, dejó de edificar a Ramá, y estúvose en Tirsa.
1KI 15:22 Entonces el rey Asa convocó a todo Judá, sin exceptuar ningu­no; y quitaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa edifi­caba, y edificó el rey Asa con ello a Gabaa de Benjamín, y a Mizpa.
1KI 15:23 Lo demás de todos los hechos de Asa, y toda su fortaleza, y todas las cosas que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las cró­nicas de los reyes de Judá? Mas en el tiempo de su vejez enfermó de sus pies.
1KI 15:24 Y durmió Asa con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Josafat su hijo.
1KI 15:25 Y Nadab, hijo de Jeroboam, comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años.
1KI 15:26 E hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, andando en el camino de su padre, y en sus pecados con que hizo pecar a Israel.
1KI 15:27 Y Baasa hijo de Ahía, el cual era de la casa de Isacar, hizo conspiración contra él: e hiriólo Baasa en Gibetón, que era de los filisteos: porque Nadab y todo Israel tenían cercado a Gibetón.
1KI 15:28 Matólo pues Baasa en el ter­cer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo.
1KI 15:29 Y como él vino al reino, hirió toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de [los de] Jeroboam, hasta raerlo, confor­me a la palabra del SEÑOR que él habló por su siervo Ahías silonita;
1KI 15:30 Por los pecados de Jeroboam que él había cometido, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo al SEÑOR Dios de Israel.
1KI 15:31 Lo demás de los hechos de Nadab, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
1KI 15:32 Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiem­po de ambos.
1KI 15:33 En el tercer año de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ahía sobre todo Israel en Tirsa; y [reinó] veinticuatro años.
1KI 15:34 E hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel.
1KI 16:1 Y VINO la palabra del SEÑOR a Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo:
1KI 16:2 Pues que yo te levanté del polvo, y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel, y tú has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con sus pecados;
1KI 16:3 He aquí yo barreré la posteri­dad de Baasa, y la posteridad de su casa: y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat.
1KI 16:4 El que de Baasa fuere muerto en la ciudad, le comerán los perros; y el que de él fuere muerto en el campo, comerlo han las aves del cielo.
1KI 16:5 Lo demás de los hechos de Baasa, y las cosas que hizo, y su fortaleza, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
1KI 16:6 Y durmió Baasa con sus padres, y fue sepultado en Tirsa; y reinó en su lugar Ela su hijo.
1KI 16:7 Y la palabra del SEÑOR por mano de Jehú profeta, hijo de Hanani, había sido contra Baasa y también contra su casa, con motivo de todo lo malo que hizo a los ojos del SEÑOR, provocán­dole a ira con las obras de sus manos, para que fuese hecha como la casa de Jeroboam; y porque lo había herido.
1KI 16:8 En el año veintiséis de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa; [y reinó] dos años.
1KI 16:9 E hizo conjuración contra él su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando él en Tirsa, bebiendo y embriaga­do en casa de Arsa su mayordo­mo en Tirsa,
1KI 16:10 Vino Zimri, y lo hirió y mató, en el año veintisiete de Asa rey de Judá; y reinó en lugar suyo.
1KI 16:11 Y luego que llegó a reinar y estuvo sentado en su trono, hirió toda la casa de Baasa, sin dejar en ella meante a la pared, ni sus parientes ni amigos.
1KI 16:12 Así rayó Zimri toda la casa de Baasa, conforme a la palabra del SEÑOR, que había proferido contra Baasa por medio del pro­feta Jehú;
1KI 16:13 Por todos los pecados de Baasa, y los pecados de Ela su hijo, con que ellos pecaron e hicieron pecar a Israel, provo­cando a enojo al SEÑOR Dios de Israel con sus vanidades.
1KI 16:14 Los demás hechos de Ela, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las cró­nicas de los reyes de Israel?
1KI 16:15 En el año veintisiete de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Zimri, [y reinó] siete días en Tirsa; y el pueblo había asenta­do campo sobre Gibetón, ciu­dad de los filisteos.
1KI 16:16 Y el pueblo que estaba en el campo oyó decir: Zimri ha hecho conjuración, y ha muerto al rey. Entonces todo Israel levantó el mismo día por rey sobre Israel a Omri, general del ejército, en el campo.
1KI 16:17 Y subió Omri de Gibetón, y con él todo Israel, y cercaron a Tirsa.
1KI 16:18 Mas viendo Zimri tomada la ciudad, metióse en el palacio de la casa real, y pegó fuego a la casa consigo: así murió,
1KI 16:19 Por sus pecados que él había cometido, haciendo lo malo a los ojos del SEÑOR, y andando en los caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel.
1KI 16:20 Los demás hechos de Zimri, y su conspiración que formó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
1KI 16:21 Entonces el pueblo de Israel fue dividido en dos partes: la mitad del pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat, para hacerlo rey: y la otra mitad seguía a Omri.
1KI 16:22 Mas el pueblo que seguía a Omri, pudo más que el que seguía a Tibni hijo de Ginat; y Tibni murió, y Omri fue rey.
1KI 16:23 En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, [y reinó] doce años: en Tirsa reinó seis años.
1KI 16:24 Y compró él de Semer el monte de Samaria por dos talen­tos de plata, y edificó [en] el monte: y llamó el nombre de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, señor [que fue] de aquel monte.
1KI 16:25 Y Omri hizo lo malo a los ojos del SEÑOR, e hizo peor que todos los que habían sido antes de él:
1KI 16:26 Pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en su pecado con que hizo pecar a Israel, provocando a ira al SEÑOR Dios de Israel con sus ídolos.
1KI 16:27 Lo demás de los hechos de Omri, y todas las cosas que hizo, y sus valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
1KI 16:28 Y Omri durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria; y reinó en lugar suyo Acab, su hijo.
1KI 16:29 Y comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá.
1KI 16:30 Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo a los ojos del SEÑOR sobre todos los que fueron antes de él;
1KI 16:31 Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por esposa a Jezabel hija de Etbaal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró.
1KI 16:32 E hizo altar a Baal, en el tem­plo de Baal que él edificó en Samaria.
1KI 16:33 Hizo también Acab un bos­que; y añadió Acab haciendo provocar a ira al SEÑOR Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que antes de él habían sido.
1KI 16:34 En su tiempo Hiel de Betel reedificó a Jericó. En Abiram su primogénito echó el cimiento, y en Segub su [hijo] postrero puso sus puertas; conforme a la pala­bra del SEÑOR que había habla­do por Josué hijo de Nun.
1KI 17:1 ENTONCES Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive el SEÑOR Dios de Israel, delante del cual estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.
1KI 17:2 Y vino a él la palabra del SEÑOR, diciendo:
1KI 17:3 Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Cherit, que está delante del Jordán;
1KI 17:4 Y del arroyo beberás; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.
1KI 17:5 Y él fue, e hizo conforme a la palabra del SEÑOR; pues se fue y asentó junto al arroyo de Cherit, que está antes del Jordán.
1KI 17:6 Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde; y bebía del arro­yo.
1KI 17:7 Pasados algunos días, secóse el arroyo; porque no había llovido sobre la tierra.
1KI 17:8 Y vino a él la palabra del SEÑOR, diciendo:
1KI 17:9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y allí morarás: he aquí yo he mandado allí a una mujer viuda que te sustente.
1KI 17:10 Entonces él se levantó, y se fue a Sarepta. Y como llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí cogiendo serojas; y él la llamó, y díjole: Ruégote que me traigas una poca de agua en un vaso, para que beba.
1KI 17:11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y díjole: Ruégote que me traigas también un bocado de pan en tu mano.
1KI 17:12 Y ella respondió: Vive el SEÑOR Dios tuyo, que no tengo pan cocido; que solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una botija: y ahora cogía dos serojas, para entrarme y aderezarlo para mí y para mi hijo, y que lo coma­mos, y nos muramos.
1KI 17:13 Y Elías le dijo: No temas; ve, haz como has dicho: pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta, y tráeme­la; y después harás para ti y para tu hijo.
1KI 17:14 Porque el SEÑOR Dios de Israel ha dicho así: La tinaja de la harina no escaseará, ni se dismi­nuirá la botija del aceite, hasta aquel día que el SEÑOR dará lluvia sobre la faz de la tierra.
1KI 17:15 Entonces ella fue, e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella y su casa, [muchos] días.
1KI 17:16 Y la tinaja de la harina no escaseó, ni menguó la botija del aceite, conforme a la palabra del SEÑOR que había dicho por Elías.
1KI 17:17 Después de estas cosas acon­teció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa, y la enferme­dad fue tan grave, que no quedó en él resuello.
1KI 17:18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿has venido a mí para traer en memo­ria mis iniquidades, y para hacer­me morir mi hijo?
1KI 17:19 Y él le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su rega­zo, y llevólo a la cámara donde él estaba, y púsole sobre su cama;
1KI 17:20 Y clamando al SEÑOR, dijo: Oh SEÑOR Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa yo estoy hospedado has afligido, matándole su hijo?
1KI 17:21 Y midióse sobre el niño tres veces, y clamó al SEÑOR, y dijo: Oh SEÑOR Dios mío, ruégote que vuelva el alma de este niño a sus entrañas.
1KI 17:22 Y el SEÑOR oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a sus entrañas, y revivió.
1KI 17:23 Tomando luego Elías al niño, trájolo de la cámara a la casa, y diólo a su madre, y díjole Elías: Mira, tu hijo vive.
1KI 17:24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra del SEÑOR es verdad en tu boca.
1KI 18:1 PASADOS muchos días, vino la palabra del SEÑOR a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo daré lluvia sobre la faz de la tierra.
1KI 18:2 Fue pues Elías a mostrarse a Acab. Había a la sazón grande hambre en Samaria.
1KI 18:3 Y Acab llamó a Abdías su mayordomo, el cual Abdías era en grande manera temeroso del SEÑOR;
1KI 18:4 Porque cuando Jezabel destru­ía a los profetas del SEÑOR, Abdías tomó cien profetas, los cuales escondió de cincuenta en cincuenta por cuevas, y sustentó­los a pan y agua.
1KI 18:5 Y dijo Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos; que acaso hallaremos grama con que conservemos la vida a los caba­llos y a las acémilas, para que no nos quedemos sin bestias.
1KI 18:6 Y partieron entre sí el país para recorrerlo: Acab fue de por sí por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.
1KI 18:7 Y yendo Abdías por el camino, topóse con Elías; y como le conoció, postróse sobre su rostro, y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías?
1KI 18:8 Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: He aquí Elías.
1KI 18:9 Pero él dijo: ¿En qué he peca­do, para que tú entregues tu sier­vo en mano de Acab para que me mate?
1KI 18:10 Vive el SEÑOR tu Dios, que no ha habido nación ni reino donde mi señor no haya enviado a buscarte; y respondiendo [ellos:] No está aquí, él ha conjurado a reinos y naciones si no te han hallado.
1KI 18:11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías?
1KI 18:12 Y acontecerá que, luego que yo me haya partido de ti, el Espí­ritu del SEÑOR te llevará donde yo no sepa; y viniendo yo, y dando las nuevas a Acab, y no hallándote él, me matará; y tu siervo teme al SEÑOR desde su mocedad.
1KI 18:13 ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los profetas del SEÑOR: que escondí cien varones de los profetas del SEÑOR de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve a pan y agua?
1KI 18:14 ¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías: para que él me mate?
1KI 18:15 Y díjole Elías: Vive el SEÑOR de los ejércitos, delante del cual estoy, que hoy me mos­traré a él.
1KI 18:16 Entonces Abdías fue a encon­trarse con Acab, y dióle el aviso; y Acab vino a encontrar­se con Elías.
1KI 18:17 Y como Acab vio a Elías, díjole Acab: ¿Eres tú el que alborotas a Israel?
1KI 18:18 Y él respondió: Yo no he albo­rotado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los manda­mientos del SEÑOR, y siguien­do a los Baales.
1KI 18:19 Envía pues ahora y júntame a todo Israel en el monte de Carmelo, y los cuatrocientos y cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de los bos­ques, que comen de la mesa de Jezabel.
1KI 18:20 Entonces Acab envió a todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte de Carmelo.
1KI 18:21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si el SEÑOR es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respon­dió palabra.
1KI 18:22 Y Elías tornó a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta del SEÑOR; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos y cin­cuenta hombres.
1KI 18:23 Dénsenos pues dos bueyes, y escójanse ellos el uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego deba­jo; y yo aprestaré el otro buey, y pondrélo sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
1KI 18:24 Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre del SEÑOR: y el Dios que respon­diere por fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, dicien­do: Bien dicho.
1KI 18:25 Entonces Elías dijo a los pro­fetas de Baal: Escogeos el un buey, y haced primero, pues que vosotros sois los más: e invocad en el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.
1KI 18:26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado, y aprestáronlo, e invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el medio día, diciendo: ¡Baal, respónde­nos! Mas no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
1KI 18:27 Y aconteció al medio día, que Elías se burlaba de ellos, dicien­do: Gritad en alta voz, que dios es: quizá está conversando, o tiene algún empeño, o va de camino; acaso duerme, y desper­tará.
1KI 18:28 Y ellos clamaban a grandes voces, y sajábanse con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la san­gre sobre ellos.
1KI 18:29 Y como pasó el medio día, y ellos profetizaron hasta el [tiempo] del sacrificio del presente, y no [había] voz, ni quien respondiese ni escuchase;
1KI 18:30 Elías dijo entonces a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se acercó a él: y él reparó el altar del SEÑOR que estaba arruinado.
1KI 18:31 Y tomando Elías doce pie­dras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual vino la palabra del SEÑOR, diciendo, Israel será tu nombre;
1KI 18:32 Edificó con las piedras un altar en el nombre del SEÑOR: después hizo una reguera alrede­dor del altar, cuanto cupieran dos satos de simiente.
1KI 18:33 Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y púso­lo sobre la leña, y dijo: Henchid cuatro cánta­ros de agua, y derramadla sobre la ofrenda quemada y sobre la leña.
1KI 18:34 Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; e hiciéronlo la terce­ra vez.
1KI 18:35 De manera que las aguas corrían alrededor del altar; y había también henchido de agua la reguera.
1KI 18:36 Y como llegó la hora de ofrecerse el sacrificio, llegóse el profeta Elías, y dijo: SEÑOR, Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
1KI 18:37 Respóndeme, oh SEÑOR, res­póndeme; para que conozca este pueblo que tú [eres] el SEÑOR Dios, y que tú volviste atrás el corazón de ellos.
1KI 18:38 Entonces cayó fuego del SEÑOR, el cual consumió la ofrenda quemada, y la leña, y las pie­dras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la reguera.
1KI 18:39 Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dije­ron: ¡El SEÑOR es el Dios! ¡El SEÑOR es el Dios!
1KI 18:40 Y díjoles Elías: Prended a los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y llevólos Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
1KI 18:41 Y entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; por­que una grande lluvia suena.
1KI 18:42 Y Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo; y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.
1KI 18:43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.
1KI 18:44 Y a la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce y desciende, porque la lluvia no te ataje.
1KI 18:45 Y aconteció, estando en esto, que el cielo se oscureció con nubes y viento; y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.
1KI 18:46 Y la mano del SEÑOR fue sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y vino corriendo delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
1KI 19:1 Y ACAB dio la nueva a Jezabel de todo lo que Elías había hecho, de como había muerto a espada a todos los profetas.
1KI 19:2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y así me aña­dan, si mañana a estas horas yo no haya puesto tu persona como la de uno de ellos.
1KI 19:3 Viendo pues [el peligro], levan­tóse y fuese por salvar su vida, y vino a Beerseba, que es en Judá, y dejó allí su criado.
1KI 19:4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y sentóse debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Baste ya, oh SEÑOR, quita mi alma; que no soy yo mejor que mis padres.
1KI 19:5 Y echándose debajo del ene­bro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come.
1KI 19:6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua: y comió y bebió, y volvióse a dor­mir.
1KI 19:7 Y volviendo el ángel del SEÑOR la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: por­que el viaje es demasiado para ti.
1KI 19:8 Levantóse pues, y comió y bebió; y caminó con la fortaleza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios, Horeb.
1KI 19:9 Y allí se metió en una cueva, donde tuvo la noche. Y [vino] a él la palabra del SEÑOR, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?
1KI 19:10 Y él respondió: Sentido he un vivo celo por el SEÑOR Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto a espada tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.
1KI 19:11 Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante del SEÑOR. Y he aquí el SEÑOR que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y que­braba las peñas delante del SEÑOR: mas el SEÑOR no estaba en el viento. Y tras el vien­to un terremoto: mas el SEÑOR no estaba en el terremoto.
1KI 19:12 Y tras el terremoto un fuego: mas el SEÑOR no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
1KI 19:13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y paróse a la puerta de la cueva. Y he aquí llegó una voz a él, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?
1KI 19:14 Y él respondió: Sentido he un vivo celo por el SEÑOR Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto a espada tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.
1KI 19:15 Y díjole el SEÑOR: Ve, vuél­vete por tu camino, por el desier­to de Damasco: y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria;
1KI 19:16 Y a Jehú hijo de Nimsi, ungi­rás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel­mehula, ungirás para que sea profeta en lugar de ti.
1KI 19:17 Y será, que el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.
1KI 19:18 Y yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron a Baal, y bocas todas que no lo besaron.
1KI 19:19 Y partiéndose él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí; y él era uno de los doce [gaña­nes]. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto.
1KI 19:20 Entonces dejando él los bue­yes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Ruégote que me dejes besar mi padre y mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve: ¿qué te he hecho yo?
1KI 19:21 Y volvióse de en pos de él, y tomó un par de bueyes, y matólos, y con el arado de los bueyes coció la carne de ellos, y dióla al pueblo que comiesen. Después se levantó, y fue tras Elías, y ser­víale.
1KI 20:1 ENTONCES Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él treinta y dos reyes, con caballos y carros: y subió, y puso cerco a Samaria, y combatióla.
1KI 20:2 Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo:
1KI 20:3 Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro es mío, y tus esposas y tus hijos hermosos son míos.
1KI 20:4 Y el rey de Israel respondió, y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.
1KI 20:5 Y volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-­adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus esposas y tus hijos me darás.
1KI 20:6 Además mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales escudriñarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán con sus manos, y llevarán todo lo precioso que tuvieres.
1KI 20:7 Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos de la tierra, y díjoles: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal: pues que ha enviado a mí por mis esposas y mis hijos, y por mi plata y por mi oro; y yo no se lo he negado.
1KI 20:8 Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide.
1KI 20:9 Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y diéronle la respuesta.
1KI 20:10 Y Ben-adad tornó a enviarle a decir: Así me hagan los dioses, y así me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue.
1KI 20:11 Y el rey de Israel respondió, y dijo: Decidle, que no se alabe el que se ciñe, como el que ya se desciñe.
1KI 20:12 Y como él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Poned. Y ellos pusieron contra la ciudad.
1KI 20:13 Y he aquí un profeta se llegó a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho el SEÑOR: ¿Has visto esta grande multitud? he aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy el SEÑOR.
1KI 20:14 Y respondió Acab: ¿Por [mano de] quién? Y él dijo: Así ha dicho el SEÑOR: Por [mano de] los criados de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él res­pondió: Tú.
1KI 20:15 Entonces él reconoció los criados de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego reconoció todo el pueblo, todos los hijos de Israel, que [fueron] siete mil.
1KI 20:16 Y salieron a medio día. Y estaba Ben-adad bebiendo, borracho en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.
1KI 20:17 Y los criados de los príncipes de las provincias salieron los pri­meros. Y había Ben-adad envia­do quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria.
1KI 20:18 Él entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.
1KI 20:19 Salieron pues de la ciudad los criados de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército.
1KI 20:20 E hirió cada uno al que venía contra sí: y huyeron los siros, siguiéndolos los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.
1KI 20:21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros; y deshizo los siros con grande estrago.
1KI 20:22 Llegándose luego el profeta al rey de Israel, le dijo: Ve, fortalé­cete, y considera y mira lo que has de hacer; porque pasado el año, el rey de Siria ha de venir contra ti.
1KI 20:23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, [se verá] si no los vencemos.
1KI 20:24 Haz pues así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos.
1KI 20:25 Y tú, fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballos por caballos, y carros por carros; luego pelearemos con ellos en campo raso, y [veremos] si no los vencemos. Y él les dio oído, e hízolo así.
1KI 20:26 Pasado el año, Ben-adad pasó revista los siros, y vino a Afec a pelear contra Israel.
1KI 20:27 Y los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fuéronles al encuentro; y asentaron campo los hijos de Israel delante de ellos, como dos rebañuelos de cabras; y los siros henchían la tierra.
1KI 20:28 Llegándose entonces el varón de Dios al rey de Israel, hablóle diciendo: Así dijo el SEÑOR: Por cuanto los siros han dicho, el SEÑOR es Dios de los montes, no Dios de los valles, yo entrega­ré toda esta grande multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy el SEÑOR.
1KI 20:29 Siete días tuvieron asentado campo los unos delante de los otros, y al séptimo día se dio la batalla: y mataron los hijos de Israel de los siros en un día cien mil hombres de a pie.
1KI 20:30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad: y el muro cayó sobre veinte y siete mil hombres que habían quedado. También Ben-­adad vino huyendo a la ciudad, y [escondíase] de cámara en cámara.
1KI 20:31 Entonces sus siervos le dije­ron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel que son reyes clementes: pongamos pues ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestras cabezas, y sal­gamos al rey de Israel: por ven­tura te salvará la vida.
1KI 20:32 Ciñeron pues sus lomos de cilicio, y sogas a sus cabezas, y vinieron al rey de Israel, y dijé­ronle: Tu siervo Ben-adad dice: Ruégote que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi her­mano es.
1KI 20:33 Esto tomaron aquellos hom­bres por buen agüero, y presto tomaron esta palabra de su boca, y dijeron: ¡Tu hermano Ben-­adad! Y él dijo: Id, y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro.
1KI 20:34 Y díjole [Ben]-[adad]: Las ciuda­des que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, [dijo Acab], te dejaré partir con esta alianza. Hizo pues con él alianza, y dejóle ir.
1KI 20:35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra del SEÑOR: Hiéreme ahora. Mas el [otro] varón no quiso herirle.
1KI 20:36 Y él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra del SEÑOR, he aquí en apartándote de mí, te herirá un león. Y como se apartó de él, topóle un león, e hirióle.
1KI 20:37 Encontróse luego con otro hombre, y díjole: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, e hízole una herida.
1KI 20:38 Y el profeta se fue, y púsose delante del rey en el camino, y disfrazóse con un velo sobre los ojos.
1KI 20:39 Y como el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió entre la tropa: y he aquí apartándose uno trájome un hombre, diciendo: Guarda a este hombre, y si llegare a faltar, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata.
1KI 20:40 Y como tu siervo estaba ocu­pado a una parte y a otra, él des­apareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu juicio: tú la has pronunciado.
1KI 20:41 Pero él se quitó de presto el velo de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los pro­fetas.
1KI 20:42 Y él le dijo: Así ha dicho el SEÑOR: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anate­ma, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.
1KI 20:43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.
1KI 21:1 Y DESPUÉS de estas cosas, aconteció que Nabot el jezreelita tenía en Jezreel una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.
1KI 21:2 Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana, junto a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que ésta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.
1KI 21:3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme el SEÑOR de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.
1KI 21:4 Y vínose Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había res­pondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y acostó­se en su cama, y volvió su rostro, y no comió pan.
1KI 21:5 Y vino a él su esposa Jezabel, y díjole: ¿Por qué está tan triste tu espíritu, y no comes pan?
1KI 21:6 Y él respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y díjele que me diera su viña por dinero, o que, si más quería, le daría [otra] viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña.
1KI 21:7 Y su esposa Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come pan, y alégra­te: yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.
1KI 21:8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y sellólas con su anillo, y enviólas a los ancianos y a los principales que mora­ban en su ciudad con Nabot.
1KI 21:9 Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot a la cabecera del pueblo;
1KI 21:10 Y poned dos hombres, hijos de Belial, delante de él, que ates­tigüen contra él, y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo, y muera.
1KI 21:11 Y los de su ciudad, los ancia­nos y los principales que mora­ban en su ciudad, lo hicieron como Jezabel les mandó, confor­me a lo escrito en las cartas que ella les había enviado.
1KI 21:12 Y promulgaron ayuno, y asentaron a Nabot a la cabecera del pueblo.
1KI 21:13 Vinieron entonces dos hom­bres, hijos de Belial, y sentáron­se delante de él: y aquellos hom­bres de Belial atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y sacáronlo fuera de la ciudad, y apedreáronlo con piedras, y murió.
1KI 21:14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedrea­do y muerto.
1KI 21:15 Y como Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y posee la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que es muerto.
1KI 21:16 Y oyendo Acab que Nabot era muerto, levantóse para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.
1KI 21:17 Entonces vino la palabra del SEÑOR a Elías tisbita, dicien­do:
1KI 21:18 Levántate, desciende a encon­trarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria: he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella.
1KI 21:19 Y hablarle has, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: ¿No matas­te y también has poseído? Y tor­narás a hablarle, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, la tuya misma.
1KI 21:20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? Y él res­pondió: Hete encontrado, porque te has vendido a mal hacer delan­te del SEÑOR.
1KI 21:21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad, y talaré de Acab todo meante a la pared, al guardado y al desamparado en Israel:
1KI 21:22 Y yo pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahía; por la provocación con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel.
1KI 21:23 De Jezabel también ha habla­do el SEÑOR, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en la barbacana de Jezreel.
1KI 21:24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, perros le comerán: y el que fuere muerto en el campo, comerlo han las aves del cielo.
1KI 21:25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendiese a hacer lo malo a los ojos del SEÑOR; porque Jezabel su esposa lo incitaba.
1KI 21:26 Él fue en grande manera abo­minable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó el SEÑOR delante de los hijos de Israel.)
1KI 21:27 Y acaeció cuando Acab oyó estas palabras, que rasgó sus vestiduras, y puso cilicio sobre su carne, y ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.
1KI 21:28 Entonces vino la palabra del SEÑOR a Elías tisbita, dicien­do:
1KI 21:29 ¿No has visto como Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días: en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
1KI 22:1 TRES años pasaron sin guerra entre los siros e Israel.
1KI 22:2 Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel.
1KI 22:3 Y el rey de Israel dijo a sus sier­vos: ¿No sabéis que es nuestra Ramot de Galaad? y nosotros callamos en orden a tomarla de mano del rey de Siria.
1KI 22:4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Como yo, así tú; y como mi pueblo, así tu pueblo; y como mis caballos, tus caballos.
1KI 22:5 Y dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que inquieras hoy de la palabra del SEÑOR.
1KI 22:6 Entonces el rey de Israel juntó los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dije­ron: Sube; porque el Señor la entregará en mano del rey.
1KI 22:7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta del SEÑOR, por el cual inquiramos?
1KI 22:8 Y el rey de Israel respondió a Josafat: Aun hay un varón por el cual podríamos inquirir del SEÑOR, Micaías, hijo de Imla: mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así.
1KI 22:9 Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco, y díjole: trae presto a Micaías hijo de Imla.
1KI 22:10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas [reales], en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
1KI 22:11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho el SEÑOR: Con éstos acornearás a los siros hasta acabarlos.
1KI 22:12 Y todos los profetas profetiza­ban de la misma manera, dicien­do: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; que el SEÑOR la dará en mano del rey.
1KI 22:13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, hablóle, diciendo: He aquí las palabras de los profetas a una boca [anuncian] al rey bien: sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia bien.
1KI 22:14 Y Micaías respondió: Vive el SEÑOR, que lo que el SEÑOR me hablare, eso diré.
1KI 22:15 Vino pues al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? Y él le respondió: Sube, que serás prosperado, y el SEÑOR la entregará en mano del rey.
1KI 22:16 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuán­tas veces he de conjurarte que no me digas sino la verdad en el nombre del SEÑOR?
1KI 22:17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pas­tor: y el SEÑOR dijo: Éstos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz.
1KI 22:18 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena pro­fetizará él acerca de mí, sino solamente mal.
1KI 22:19 Entonces él dijo: Oye pues palabra del SEÑOR: Yo vi al SEÑOR sentado en su trono, y todo el ejército del cielo esta­ba junto a él, a su diestra y a su siniestra.
1KI 22:20 Y el SEÑOR dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera; y otro decía de otra.
1KI 22:21 Y salió un espíritu, y púsose delante del SEÑOR, y dijo: Yo le induciré.
1KI 22:22 Y el SEÑOR le dijo: ¿De qué manera? Y él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Inducirlo has, y prevalecerás; ve pues, y hazlo así.
1KI 22:23 Y ahora, he aquí el SEÑOR ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profe­tas, y el SEÑOR ha decretado el mal acerca de ti.
1KI 22:24 Llegándose entonces Sedequías hijo de Quenaana, hirió a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu del SEÑOR para hablarte a ti?
1KI 22:25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de cámara en cámara por esconder­te.
1KI 22:26 Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y vuélvelo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joas hijo del rey;
1KI 22:27 Y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.
1KI 22:28 Y dijo Micaías: Si llegares a volver en paz, el SEÑOR no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.
1KI 22:29 Subió pues el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad.
1KI 22:30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla: y tú vístete tus vestiduras. Y el rey de Israel se dis­frazó, y entró en la batalla.
1KI 22:31 Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capi­tanes de los carros, diciendo: No peleéis vosotros ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel.
1KI 22:32 Y como los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y viniéronse a él para pelear con él; mas el rey Josafat dio voces.
1KI 22:33 Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, apartáronse de él.
1KI 22:34 Y un hombre disparando su arco a la ventura, hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura; por lo que dijo él a su carretero: Toma la vuelta, y sáca­me del campo, que estoy herido.
1KI 22:35 Mas la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los siros, y a la tarde murió: y la sangre de la herida corría por el seno del carro.
1KI 22:36 Y a puesta del sol salió un pre­gón por el campo, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!
1KI 22:37 Y murió pues el rey, y fue tra­ído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.
1KI 22:38 Y lavaron el carro en el estan­que de Samaria; lavaron también sus armas; y los perros lamieron su sangre, conforme a la palabra del SEÑOR que había hablado.
1KI 22:39 Lo demás de los hechos de Acab, y todas las cosas que eje­cutó, y la casa de marfil que hizo, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
1KI 22:40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.
1KI 22:41 Y Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel.
1KI 22:42 Y era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silai.
1KI 22:43 Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin declinar de él, haciendo lo recto en los ojos del SEÑOR. Con todo eso los altos no fueron quitados; que el pueblo sacrificaba aun, y quema­ba perfumes en los altos.
1KI 22:44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.
1KI 22:45 Lo demás de los hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
1KI 22:46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que habí­an quedado en el tiempo de su padre Asa.
1KI 22:47 No había entonces rey en Edom; presidente había [en lugar de] rey.
1KI 22:48 Había Josafat hecho navíos en Tarsis, los cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fue­ron, porque se rompieron en Ezion-geber.
1KI 22:49 Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en los navíos. Mas Josafat no quiso.
1KI 22:50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.
1KI 22:51 Y Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel.
1KI 22:52 E hizo lo malo en los ojos del SEÑOR, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel:
1KI 22:53 Porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira al SEÑOR Dios de Israel, conforme a todas las cosas que su padre había hecho.
2KI 1:1 DESPUÉS de la muerte de Acab rebelóse Moab contra Israel.
2KI 1:2 Y Ocozías cayó por las celosías de una sala [de la casa] que tenía en Samaria; y estando enfermo envió mensajeros, y díjoles: Id, e inquirid de Baal-­zebub dios de Ecrón, si tengo de sanar de esta mi enfermedad.
2KI 1:3 Entonces el ángel del SEÑOR habló a Elías tisbita, [diciendo:] Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y les dirás: ¿No hay Dios en Israel, que vosotros vais a inquirir de Baal-zebub dios de Ecrón?
2KI 1:4 Por tanto así ha dicho el SEÑOR: Del lecho en que subis­te no descenderás, antes morirás ciertamente. Y Elías se fue.
2KI 1:5 Y como los mensajeros se vol­vieron al rey, él les dijo: ¿Por qué pues os habéis vuelto?
2KI 1:6 Y ellos le respondieron: Encontramos un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho el SEÑOR: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a inquirir de Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que subiste no descenderás, antes morirás de cierto.
2KI 1:7 Entonces él les dijo: ¿Qué hábito era el de aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras?
2KI 1:8 Y ellos le respondieron: Un varón velloso, y ceñía sus lomos con un cinto de cuero. Entonces él dijo: Elías tisbita es.
2KI 1:9 Y envió luego a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió a él; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y él le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que des­ciendas.
2KI 1:10 Y Elías respondió, y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta.
2KI 1:11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cin­cuenta; y hablóle, y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende presto.
2KI 1:12 Y respondióle Elías, y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta.
2KI 1:13 Y volvió a enviar el tercer capitán de cincuenta con sus cin­cuenta: y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, hincóse de rodillas delante de Elías, y rogó­le, diciendo: Varón de Dios, rué­gote que sea de valor delante de tus ojos mi vida y la vida de estos tus cincuenta siervos.
2KI 1:14 He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido los dos primeros capitanes de cincuenta, con sus cincuenta; sea ahora mi vida de valor delante de tus ojos.
2KI 1:15 Entonces el ángel del SEÑOR dijo a Elías: Desciende con él; no hayas de él miedo. Y él se levan­tó, y descendió con él al rey.
2KI 1:16 Y díjole: Así ha dicho el SEÑOR: Pues que enviaste men­sajeros a inquirir de Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para inquirir de su pala­bra? No descenderás, por tanto, del lecho en que subiste, antes morirás de cierto.
2KI 1:17 Y murió conforme a la pala­bra del SEÑOR que había habla­do Elías: y reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram, hijo de Josafat rey de Judá; porque [Ocozías] no tenía hijo.
2KI 1:18 Y lo demás de los hechos de Ocozías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2KI 2:1 Y ACONTECIÓ que, cuando quiso el SEÑOR alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.
2KI 2:2 Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque el SEÑOR me ha enviado a Betel. Y Eliseo dijo: Vive el SEÑOR, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron pues a Betel.
2KI 2:3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Betel, dijéronle: ¿Sabes cómo el SEÑOR quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.
2KI 2:4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, por­que el SEÑOR me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive el SEÑOR, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron pues a Jericó.
2KI 2:5 Y llegáronse a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y dijéronle: ¿Sabes cómo el SEÑOR quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él respondió: Sí, yo lo sé; callad.
2KI 2:6 Y Elías le dijo: Ruégote que te quedes aquí, porque el SEÑOR me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive el SEÑOR, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron pues ambos a dos.
2KI 2:7 Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse enfrente a lo lejos: y ellos dos se pararon junto al Jordán.
2KI 2:8 Tomando entonces Elías su manto, doblólo, e hirió las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos en seco.
2KI 2:9 Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.
2KI 2:10 Y él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no.
2KI 2:11 Y aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos: y Elías subió al cielo en un torbellino.
2KI 2:12 Y viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio, y trabando de sus vestiduras, rompiólas en dos partes.
2KI 2:13 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y paróse a la orilla del Jordán.
2KI 2:14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está el SEÑOR, el Dios de Elías? Y así que hubo del mismo modo heri­do las aguas, apartáronse a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
2KI 2:15 Y viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó de la otra parte, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle a recibir, e inclináron­se a él hasta la tierra.
2KI 2:16 Y dijéronle: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes: vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el Espíritu del SEÑOR, y lo ha echado en algún monte o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.
2KI 2:17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron.
2KI 2:18 Y cuando volvieron a él, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fue­seis?
2KI 2:19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el asiento de esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra enferma.
2KI 2:20 Entonces él dijo: Traedme una botija nueva, y poned en ella sal. Y trajéronsela.
2KI 2:21 Y saliendo él a los manaderos de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho el SEÑOR: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni esterilidad.
2KI 2:22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
2KI 2:23 Después subió de allí a Betel; y subiendo por el camino, salieron los muchachos de la ciu­dad, y se burlaban de él, dicien­do: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube!
2KI 2:24 Y mirando él atrás, viólos, y maldíjolos en el nombre del SEÑOR. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos cuarenta y dos muchachos.
2KI 2:25 De allí fue al monte de Carmelo, y de allí volvió a Samaria.
2KI 3:1 Y JORAM hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.
2KI 3:2 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho.
2KI 3:3 Mas allegóse a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y no se apar­tó de ellos.
2KI 3:4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.
2KI 3:5 Mas muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
2KI 3:6 Y salió entonces de Samaria el rey Joram, e inspeccionó a todo Israel.
2KI 3:7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, [por­que] como yo, así tú; como mi pueblo, así tu pueblo; como mis caballos, así también tus caballos.
2KI 3:8 Y dijo: ¿Por qué camino ire­mos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Idumea.
2KI 3:9 Partieron pues el rey de Israel, y el rey de Judá, y el rey de Idumea; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, faltóles el agua para el ejército, y para las bestias que los seguían.
2KI 3:10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado el SEÑOR estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
2KI 3:11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta del SEÑOR, para que inquiramos del SEÑOR por él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aqui está Eliseo hijo de Safat, que daba agua a manos a Elías.
2KI 3:12 Y Josafat dijo: Éste tendrá palabra del SEÑOR. Y descen­dieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Idumea.
2KI 3:13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No: por­que ha juntado el SEÑOR estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
2KI 3:14 Y Eliseo dijo: Vive el SEÑOR de los ejércitos, en cuya presen­cia estoy, que si no tuviese respe­to al rostro de Josafat rey de Judá, no mirara a ti, ni te viera.
2KI 3:15 Mas ahora traedme un tañe­dor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano del SEÑOR fue sobre Eliseo.
2KI 3:16 Y dijo: Así ha dicho el SEÑOR: Haced en este valle muchas acequias.
2KI 3:17 Porque el SEÑOR ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros gana­dos.
2KI 3:18 Y esto es cosa ligera en los ojos del SEÑOR; dará también a los moabitas en vuestras manos.
2KI 3:19 Y vosotros heriréis a toda ciu­dad fortalecida y a toda villa her­mosa, y talaréis todo buen árbol, y cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.
2KI 3:20 Y aconteció que por la maña­na, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí, vinieron aguas por el camino de Idumea, y la tierra fue llena de aguas.
2KI 3:21 Y todos los de Moab, como oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, juntáronse desde todos los que ceñían tala­barte arriba, y pusiéronse en la frontera.
2KI 3:22 Y como se levantaron por la mañana, y lució el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como san­gre;
2KI 3:23 Y dijeron: ¡Esto [es] sangre! Los reyes se han revuel­to, y cada uno ha muerto a su compañero. Ahora pues, ¡Moab, a la presa!
2KI 3:24 Y cuando llegaron al campo de Israel, levantáronse los israelitas e hirieron a los de Moab, los cuales huyeron delan­te de ellos: pero siguieron hiriendo todavía a los de Moab.
2KI 3:25 Y asolaron las ciudades, y en todas las heredades fértiles echó cada uno su piedra, y las llena­ron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareset solamente dejaron sus piedras; porque los honderos la cercaron, y la hirie­ron.
2KI 3:26 Y cuando el rey de Moab vio que la batalla lo vencía, tomó consigo setecientos hombres que sacaban espada, para romper contra el rey de Idumea: mas no pudieron.
2KI 3:27 Entonces arrebató a su primo­génito que había de reinar en su lugar, y sacrificóle en ofrenda quemada sobre el muro. Y hubo grande enojo en Israel; y retiráronse de él, y volviéronse a su tierra.
2KI 4:1 UNA mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso del SEÑOR: y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.
2KI 4:2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite.
2KI 4:3 Y él le dijo: Ve, y pide para ti vasos prestados de todos tus vecinos, vasos vacíos, no pocos.
2KI 4:4 Entra luego, y cierra la puerta tras ti y tras tus hijos; y echa en todos los vasos, y en estando uno lleno, ponlo aparte.
2KI 4:5 Y partióse la mujer de él, y cerró la puerta tras sí y tras sus hijos; y ellos le llegaban [los vasos], y ella echaba [del aceite].
2KI 4:6 Y como los vasos fueron lle­nos, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún [otro] vaso. Y él dijo: No hay más vasos. Entonces cesó el aceite.
2KI 4:7 Vino ella luego, y contólo al varón de Dios, [el cual] dijo: Ve, y vende el aceite, y paga a tus acre­edores; y tú y tus hijos vivid de lo que quedare.
2KI 4:8 Y aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer principal, la cual le constriñó a que comiese del pan: y cuando por allí pasaba, veníase a su casa a comer del pan.
2KI 4:9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.
2KI 4:10 Yo te ruego que hagas una pequeña cámara de paredes, y pongamos en ella cama, y mesa, y silla, y candelero, para que cuando viniere a nosotros, se recoja en ella.
2KI 4:11 Y aconteció que un día vino él por allí, y recogióse en aquella cámara, y durmió en ella.
2KI 4:12 Entonces dijo a Giezi su cria­do: Llama a esta sunamita. Y como él la llamó, pareció ella delante de él.
2KI 4:13 Y dijo él a Giezi: Díle: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero: ¿qué quieres que haga por ti? ¿has menester que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.
2KI 4:14 Y él dijo: ¿Qué pues haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí ella no tiene hijo, y su mari­do es viejo.
2KI 4:15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puer­ta.
2KI 4:16 Y él le dijo: A este tiempo según el tiempo de la vida, abra­zarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.
2KI 4:17 Mas la mujer concibió, y parió un hijo a aquel tiempo que Eliseo le había dicho, según el tiempo de la vida.
2KI 4:18 Y como el niño fue grande, aconteció que un día salió a su padre, a los segadores.
2KI 4:19 Y dijo a su padre: ¡Mi cabeza, mi cabeza! Y él dijo a un criado: Llévalo a su madre.
2KI 4:20 Y habiéndole él tomado, y tra­ídolo a su madre, estuvo sentado sobre sus rodillas hasta medio día, y murióse.
2KI 4:21 Ella entonces subió, y púsolo sobre la cama del varón de Dios, y cerrándole [la puerta], salióse.
2KI 4:22 Llamando luego a su marido, díjole: Ruégote que envíes con­migo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y vuelva.
2KI 4:23 Y él dijo: ¿Para qué has de ir a él hoy? No es nueva luna, ni sábado. Y ella respondió: Paz.
2KI 4:24 Después hizo enalbardar una borrica, y dijo al mozo: Guía y anda; y no me hagas detener para que suba, sino cuando yo te lo dijere.
2KI 4:25 Partióse pues, y vino al varón de Dios al monte del Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita:
2KI 4:26 Ruégote que vayas ahora corriendo a recibirla, y díle: ¿Tienes paz? ¿y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz.
2KI 4:27 Y luego que llegó al varón de Dios en el monte, asió de sus pies. Y llegóse Giezi para quitar­la; mas el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y el SEÑOR me ha encubierto [el motivo], y no me lo ha revelado.
2KI 4:28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo, que no me burlases?
2KI 4:29 Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi bordón en tu mano, y ve; y si alguno te encontrare, no lo saludes; y si alguno te saludare, no le respondas: y pondrás mi bordón sobre el rostro del niño.
2KI 4:30 Y dijo la madre del niño: Vive el SEÑOR, y vive tu alma, que no te dejaré.
2KI 4:31 Él entonces se levantó, y siguióla. Y Giezi había ido delan­te de ellos, y había puesto el bor­dón sobre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido; y así se había vuelto para encontrar a Eliseo; y declaróselo, diciendo: El mozo no despierta.
2KI 4:32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí el niño que estaba tendido muerto sobre su cama.
2KI 4:33 Entrando él entonces, cerró la puerta sobre ambos, y oró al SEÑOR.
2KI 4:34 Después subió, y echóse sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y calentóse la carne del joven.
2KI 4:35 Volviéndose luego, paséose por la casa a una parte y a otra, y después subió, y tendióse sobre él; y el joven estornudó siete veces, y abrió sus ojos.
2KI 4:36 Entonces llamó él a Giezi, y díjole: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.
2KI 4:37 Y así que ella entró, echóse a sus pies, e inclinóse a tierra: des­pués tomó su hijo, y salióse.
2KI 4:38 Y Eliseo se volvió a Gilgal. Había entonces grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una grande olla, y haz potaje para los hijos de los profetas.
2KI 4:39 Y salió uno al campo a coger hierbas, y halló una [como] parra montés, y cogió de ella una fal­dada de calabazas silvestres: y volvió, y cortólas en la olla del potaje: porque no sabía [lo que era].
2KI 4:40 Echóse después para que comieran los hombres; pero suce­dió que comiendo ellos de aquel guisado, dieron voces, diciendo: ¡Varón de Dios, la muerte en la olla! Y no lo pudieron comer.
2KI 4:41 Él entonces dijo: Traed hari­na. Y esparcióla en la olla, y dijo: Echa de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.
2KI 4:42 Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, vein­te panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coman.
2KI 4:43 Y respondió su servidor: ¿Cómo he de poner esto delante de cien hombres? Mas él tornó a decir: Da a la gente para que coman, porque así ha dicho el SEÑOR: Comerán, y sobrará.
2KI 4:44 Entonces él lo puso delante de ellos, y comieron, y sobróles, conforme a la palabra del SEÑOR.
2KI 5:1 NAAMÁN, general del ejérci- to del rey de Siria, era gran varón delante de su señor, y en alta estima, porque por medio de él había dado el SEÑOR salvamento a la Siria. Era este hombre valeroso en extremo, [pero] leproso.
2KI 5:2 Y de Siria habían salido cuadri­llas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel una muchacha; la cual sirviendo a la esposa de Naamán,
2KI 5:3 Dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
2KI 5:4 Y entrando [Naamán] a su señor, declaróselo, diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
2KI 5:5 Y díjole el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré letras al rey de Israel. Partió pues él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil [piezas] de oro, y diez mudas de vestiduras.
2KI 5:6 Tomó también letras para el rey de Israel, que decían así: Luego en llegando a ti estas letras, sabe [por ellas] que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.
2KI 5:7 Y luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestiduras, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
2KI 5:8 Y como Eliseo, varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.
2KI 5:9 Y vino Naamán con sus caba­llos y con su carro, y paróse a las puertas de la casa de Eliseo.
2KI 5:10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.
2KI 5:11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre del SEÑOR su Dios, y alzará su mano, [y tocará] el lugar, y sanará la lepra.
2KI 5:12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré [también] limpio? Y volvióse, y fuese eno­jado.
2KI 5:13 Mas sus criados se llegaron a él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la hicie­ras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
2KI 5:14 Él entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios: y su carne se vol­vió como la carne de un niño, y fue limpio.
2KI 5:15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y púsose delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Ruégote que recibas [algún] pre­sente de tu siervo.
2KI 5:16 Mas él dijo: Vive el SEÑOR, delante del cual estoy, que no [lo] tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso.
2KI 5:17 Entonces Naamán dijo: Ruégote pues, ¿no se dará a tu siervo una carga de un par de acémilas de esta tierra? por­que de aquí adelante tu siervo no sacrificará ofrenda quemada ni sacrifi­cio a otros dioses, sino al SEÑOR.
2KI 5:18 En esto perdone el SEÑOR a tu siervo: que cuando mi señor entrare en el templo de Rimón, y para adorar en él se apoyare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el templo de Rimón, si en el templo de Rimón me inclino, el SEÑOR perdone en esto a tu siervo.
2KI 5:19 Y él le dijo: Vete en paz. Pues, se partió de él cierta distancia de tierra.
2KI 5:20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo [entre sí]: He aquí mi señor estor­bó a este siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive el SEÑOR, que correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa.
2KI 5:21 Y siguió Giezi a Naamán: y como le vio Naamán que venía corriendo tras él, apeóse del carro para recibirle, y dijo: ¿Va bien?
2KI 5:22 Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decir: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraím dos mancebos de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sen­das mudas de vestiduras.
2KI 5:23 Y Naamán dijo: Ruégote que tomes dos talentos. Y él le cons­triñó, y ató dos talentos de plata en dos sacos, y dos mudas de vestiduras, y púsolo a cuestas a dos de sus criados, que lo llevasen delante de él.
2KI 5:24 Y llegado que hubo a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y guardólo en casa: luego mandó a los hombres que se fue­sen.
2KI 5:25 Y él entró, y púsose delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte.
2KI 5:26 Él entonces le dijo: ¿No fue también mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a reci­birte? ¿es tiempo de tomar plata, y de tomar vestiduras, y olivares, y viñas, y ovejas, y bueyes, y sier­vos y siervas?
2KI 5:27 La lepra de Naamán se te pegará a ti, y a tu simiente para siempre. Y salió de delante de él leproso, [blanco] como la nieve.
2KI 6:1 LOS hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho.
2KI 6:2 Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.
2KI 6:3 Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré.
2KI 6:4 Fuese pues con ellos; y como llegaron al Jordán, cortaron la madera.
2KI 6:5 Y aconteció que derribando uno un árbol, cayósele el hacha en el agua; y dio voces, diciendo: ¡Ah, señor mío, que era empres­tada!
2KI 6:6 Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; e hizo nadar el hie­rro.
2KI 6:7 Y dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo.
2KI 6:8 Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.
2KI 6:9 Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los siros van allí.
2KI 6:10 Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón de Dios había dicho y amonestá­dole; y guardóse de allí, no una vez ni dos.
2KI 6:11 Y el corazón del rey de Siria fue turbado de esto; y llamando a sus siervos, díjoles: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel?
2KI 6:12 Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío; sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu más secreta cámara.
2KI 6:13 Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a tomar­lo. Y fuéle dicho: He aquí él está en Dotán.
2KI 6:14 Entonces envió el rey allá caballos, y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad.
2KI 6:15 Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército que tenía cercada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?
2KI 6:16 Y él le respondió: No temas: porque más son los que [están] con nosotros que los que [están] con ellos.
2KI 6:17 Y oró Eliseo, y dijo: Ruégote, oh SEÑOR, que abras sus ojos para que vea. Entonces el SEÑOR abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de caballos, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.
2KI 6:18 Y luego que los [siros] descen­dieron a él, oró Eliseo al SEÑOR, y dijo: Ruégote que hieras a esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, confor­me al dicho de Eliseo.
2KI 6:19 Después les dijo Eliseo: No es éste el camino, ni es ésta la ciu­dad; seguidme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos a Samaria.
2KI 6:20 Y así que llegaron a Samaria, dijo Eliseo: SEÑOR, abre los ojos de éstos, para que vean. Y el SEÑOR abrió sus ojos, y mira­ron, y halláronse en medio de Samaria.
2KI 6:21 Y cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Herirélos, padre mío?
2KI 6:22 Y él le respondió: No los hie­ras; ¿herirías tú a los que tomas­te cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y se vuelvan a sus señores.
2KI 6:23 Entonces les fue aparejada grande comida: y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron cuadrillas de Siria a la tierra de Israel.
2KI 6:24 Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército, y subió, y puso cerco a Samaria.
2KI 6:25 Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella; tanto, que la cabeza de un asno era vendida por ochenta [piezas] de plata, y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas por cinco [piezas] de plata.
2KI 6:26 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dio voces, y dijo: Salva, rey señor mío.
2KI 6:27 Y él dijo: Si no te salva el SEÑOR, ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, o del lagar?
2KI 6:28 Y díjole el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámos­lo hoy, y mañana comeremos el mío.
2KI 6:29 Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámos­lo. Mas ella ha escondido su hijo.
2KI 6:30 Y como el rey oyó las pala­bras de aquella mujer, rasgó sus vestiduras, y pasó [así] por el muro: y llegó a ver el pueblo el cilicio que traía interiormente sobre su carne.
2KI 6:31 Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat quedare sobre él hoy.
2KI 6:32 Estaba a la sazón Eliseo sen­tado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos: y el rey envió a él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No habéis visto como este hijo del homici­da me envía a quitar la cabeza? Mirad pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la entrada: ¿no viene tras él el ruido de los pies de su amo?
2KI 6:33 Aun estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal del SEÑOR viene. ¿Para qué tengo de esperar más al SEÑOR?
2KI 7:1 DIJO entonces Eliseo: Oíd palabra del SEÑOR: Así dijo el SEÑOR: Mañana a estas horas [valdrá] el seah de flor de harina un siclo, y dos seah de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.
2KI 7:2 Y un príncipe sobre cuya mano el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si el SEÑOR hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.
2KI 7:3 Y había cuatro hombres lepro­sos a la entrada de la puerta, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?
2KI 7:4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos pues ahora, y pasémonos al ejército de los siros: si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
2KI 7:5 Levantáronse pues en el princi­pio de la noche, para irse al campo de los siros; y llegando a las primeras estancias de los siros, no había allí hombre.
2KI 7:6 Porque el Señor había hecho que en el campo de los siros se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de grande ejército; y dijéronse los unos a los otros: He aquí el rey de Israel ha pagado contra nosotros a los reyes de los heteos, y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.
2KI 7:7 Y así se habían levantado y huído al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba; y habían huído por [salvar] las vidas.
2KI 7:8 Y como los leprosos llegaron a las primeras estancias, entráron­se en una tienda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata, y oro, y vestiduras, y fueron, y escondiéronlo: y vueltos, entra­ron en otra tienda, y de allí tam­bién tomaron, y fueron, y escon­dieron.
2KI 7:9 Y dijéronse el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de buena nueva, y nosotros calla­mos: y si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Vamos pues ahora, entremos, y demos la nueva en casa del rey.
2KI 7:10 Y vinieron, y dieron voces a los guardas de la puerta de la ciu­dad, y declaráronles, diciendo: Nosotros fuimos al campo de los siros, y he aquí que no había allí hombre, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campo como se esta­ba.
2KI 7:11 Y los porteros dieron voces, y declaráronlo dentro, en el palacio del rey.
2KI 7:12 Y levantóse el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declara­ré lo que nos han hecho los siros. Ellos saben que tenemos ham­bre, y hanse salido de las tiendas y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad.
2KI 7:13 Entonces respondió uno de sus siervos, y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad, (porque ellos también son como toda la multitud de Israel que ha queda­do en ella; también ellos son como toda la multitud de Israel que ha perecido;) y enviemos, y veamos [qué hay].
2KI 7:14 Tomaron pues dos caballos de un carro, y envió el rey tras el campo de los siros, diciendo: Id, y ved.
2KI 7:15 Y ellos fueron, y siguiéronlos hasta el Jordán: y he aquí, todo el camino estaba lleno de vestiduras y enseres que los siros habían arrojado con la premura. Y vol­vieron los mensajeros, e hicié­ronlo saber al rey.
2KI 7:16 Entonces el pueblo salió, y saquearon el campo de los siros. Y fue [vendido] un seah de flor de harina por un siclo, y dos seah de cebada por un siclo, conforme a la palabra del SEÑOR.
2KI 7:17 Y el rey puso a la puerta a aquel señor sobre cuya mano él se apoyaba: y atropellóle el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, lo que habló cuando el rey descendió a él.
2KI 7:18 Aconteció pues de la manera que el varón de Dios había habla­do al rey, diciendo: Dos seah de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será [vendido] por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria.
2KI 7:19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Aunque el SEÑOR hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera ser eso? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.
2KI 7:20 Y vínole así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.
2KI 8:1 Y HABLÓ Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde pudieres; porque el SEÑOR ha llamado el hambre, la cual vendrá también sobre la tierra siete años.
2KI 8:2 Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo: y partióse ella con su fami­lia, y vivió en tierra de los filisteos siete años.
2KI 8:3 Y como fueron pasados los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos: después salió para clamar al rey por su casa, y por sus tierras.
2KI 8:4 Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Ruégote que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo.
2KI 8:5 Y contando él al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí la mujer, a cuyo hijo había hecho vivir, que clamaba al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, ésta es la mujer, y éste es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.
2KI 8:6 Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey le dio un eunuco, dicién­dole: Hazle volver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de las tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.
2KI 8:7 Eliseo se fue luego a Damasco, y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí.
2KI 8:8 Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a reci­bir al varón de Dios, e inquiere por él al SEÑOR, diciendo: ¿Tengo de sanar de esta enferme­dad?
2KI 8:9 Tomó pues Hazael en su mano un presente de todos los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y saliólo a recibir: y llegó, y púsose delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad, rey de Siria, me ha enviado a ti, dicien­do: ¿Tengo de sanar de esta enfermedad?
2KI 8:10 Y Eliseo le dijo: Ve, díle: Seguramente vivirás. Sin embargo el SEÑOR me ha mostrado que él ha de morir ciertamente.
2KI 8:11 Y el varón de Dios le volvió el rostro afirmadamente, y estúvose así una gran pieza; y lloró el varón de Dios.
2KI 8:12 Entonces díjole Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que has de hacer a los hijos de Israel: a sus fortalezas pegarás fuego, y a sus mancebos matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás a sus preñadas.
2KI 8:13 Y Hazael dijo: ¿Por qué? ¿es tu siervo perro, que hará esta gran cosa? Y respondió Eliseo: El SEÑOR me ha mostrado que tú has de ser rey de Siria.
2KI 8:14 Y él se partió de Eliseo, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Díjome que seguramente vivirás.
2KI 8:15 El día siguiente tomó un paño basto, y metiólo en agua, y ten­diólo sobre el rostro de Ben­adad, y murió: y reinó Hazael en su lugar.
2KI 8:16 En el quinto año de Joram hijo de Acab rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat rey de Judá.
2KI 8:17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalem.
2KI 8:18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su esposa: e hizo lo malo en ojos del SEÑOR.
2KI 8:19 Con todo eso, el SEÑOR no quiso cortar a Judá, por amor de David su siervo, como le había prometido darle lámpara de sus hijos perpetuamente.
2KI 8:20 En su tiempo se rebeló Edom de debajo de la mano de Judá, y pusieron rey sobre sí.
2KI 8:21 Joram por tanto pasó a Seir, y todos sus carros con él: y levan­tándose de noche hirió a los edomitas, los cuales le habían cercado, y a los capitanes de los carros: y el pueblo huyó a sus estancias.
2KI 8:22 Sustrájose no obstante Edom de bajo la mano de Judá, hasta hoy. Rebelóse además Libna en el mismo tiempo.
2KI 8:23 Lo demás de los hechos de Joram, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 8:24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.
2KI 8:25 En el año doce de Joram hijo de Acab rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram rey de Judá.
2KI 8:26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a rei­nar, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fue Atalía hija de Omri rey de Israel.
2KI 8:27 Y anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo en ojos del SEÑOR, como la casa de Acab: porque era yerno de la casa de Acab.
2KI 8:28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los siros hirieron a Joram.
2KI 8:29 Y el rey Joram se volvió a Jezreel, para curarse de las heri­das que los siros le hicieron delante de Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y des­cendió Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque esta­ba enfermo.
2KI 9:1 ENTONCES el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y díjole: Ciñe tus lomos, y toma esta alcuza de aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad.
2KI 9:2 Y cuando llegares allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y mételo en la recámara.
2KI 9:3 Toma luego la alcuza de aceite, y derrámala sobre su cabeza, y di: Así dijo el SEÑOR: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.
2KI 9:4 Fue pues el mozo, el mozo del profeta, a Ramot de Galaad.
2KI 9:5 Y como él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Y Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe.
2KI 9:6 Y él se levantó, y entróse en casa; y el [otro] derramó el aceite sobre su cabeza, y díjole: Así dijo el SEÑOR Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre el pue­blo del SEÑOR, sobre Israel.
2KI 9:7 Y herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la san­gre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos del SEÑOR, de la mano de Jezabel.
2KI 9:8 Y perecerá toda la casa de Acab, y talaré de Acab todo meante a la pared, así al guarda­do como al desamparado en Israel.
2KI 9:9 Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahía.
2KI 9:10 Y a Jezabel comerán perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En segui­da abrió la puerta, y echó a huir.
2KI 9:11 Después salió Jehú a los sier­vos de su señor, y dijéronle: ¿Hay paz? ¿para qué entró a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.
2KI 9:12 Y ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: Yo te he ungi­do por rey sobre Israel.
2KI 9:13 Entonces tomaron prestamen­te su ropa, y púsola cada uno debajo de él en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey.
2KI 9:14 Así conjuró Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba Joram guardando a Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria.
2KI 9:15 Pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los siros le habí­an hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.
2KI 9:16 Entonces Jehú cabalgó, y fuese a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También Ocozías rey de Judá había des­cendido a visitar a Joram.
2KI 9:17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel, vio la cuadrilla de Jehú, que venía, y dijo: Yo veo una compañía. Y Joram dijo: Toma uno de a caballo, y envía a reconocerlos, y que les diga: ¿Hay paz?
2KI 9:18 Fue pues el de a caballo a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuélvete tras mí. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.
2KI 9:19 Entonces envió otro de a caballo, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuélvete tras mí.
2KI 9:20 El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve: mas el marchar [del que viene] es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
2KI 9:21 Entonces Joram dijo: Unce. Y uncido que fue su carro, salió Joram rey de Israel, y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel.
2KI 9:22 Y en viendo Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él res­pondió: ¿Qué paz, con las forni­caciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?
2KI 9:23 Entonces Joram volviendo la mano huyó, y dijo a Ocozías: ¡Traición, Ocozías!
2KI 9:24 Mas Jehú flechó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas, y la saeta salió por su corazón, y cayó en su carro.
2KI 9:25 Dijo luego [Jehú] a Bidkar su capitán: Tómalo, y échalo a un cabo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, el SEÑOR pronunció esta carga sobre él, diciendo:
2KI 9:26 Que yo he visto ayer las san­gres de Nabot, y las sangres de sus hijos, dijo el SEÑOR; y tengo de darte la paga en esta heredad, dijo el SEÑOR. Tómalo pues ahora, y échalo en la heredad, conforme a la palabra del SEÑOR.
2KI 9:27 Y viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y siguiólo Jehú, diciendo: Herid también a éste en el carro. [Y le hirieron] a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y él huyó a Meguido, y murió allí.
2KI 9:28 Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalem, y allá le sepul­taron con sus padres, en su sepul­cro en la ciudad de David.
2KI 9:29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá.
2KI 9:30 Vino después Jehú a Jezreel: y como Jezabel [lo] oyó, adornó su rostro, y atavió su cabeza, y miró por una ventana.
2KI 9:31 Y como entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor?
2KI 9:32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién es conmigo? ¿quién? Y miraron hacia él dos o tres eunucos.
2KI 9:33 Y él [les] dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron: y parte de su sangre fue salpicada en la pared, y en los caballos; y él la atrope­lló.
2KI 9:34 Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla; que es hija de rey.
2KI 9:35 Y cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
2KI 9:36 Y volvieron, y dijéronselo. Y él dijo: La palabra del SEÑOR es ésta, la cual él habló por mano de su siervo Elías tisbita, dicien­do: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel.
2KI 9:37 Y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel; de manera que nadie pueda decir: Ésta [es] Jezabel.
2KI 10:1 Y TENÍA Acab en Samaria setenta hijos; y escribió letras Jehú, y enviólas a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos de Acab, diciendo:
2KI 10:2 Luego en llegando esta carta, ya que con vosotros están los hijos de vuestro señor, y los que tenéis carros y caballos, la ciudad fortificada, y las armas,
2KI 10:3 Mirad [cuál es] el mejor y el más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.
2KI 10:4 Mas ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí dos reyes no pudieron resistirle, ¿cómo le resis­tiremos nosotros?
2KI 10:5 Y el mayordomo, y el presiden­te de la ciudad, y los ancianos, y los ayos, enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandares: no ele­giremos por rey a ninguno; tú harás lo que bien te pareciere.
2KI 10:6 Él entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los varones hijos de vuestro señor, y venid mañana a estas horas a mí a Jezreel. Y los hijos del rey, seten­ta varones, estaban con los prin­cipales de la ciudad, que los cria­ban.
2KI 10:7 Y como las letras llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron setenta varones, y pusieron sus cabezas en canasti­llos, y enviáronselas a Jezreel.
2KI 10:8 Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Traído han las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos mon­tones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
2KI 10:9 Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pue­blo: Vosotros sois justos: he aquí yo he conspirado contra mi señor, y lo he muerto: ¿mas quién ha muerto a todos estos?
2KI 10:10 Sabed ahora que de la palabra del SEÑOR que habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tie­rra: y que el SEÑOR ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.
2KI 10:11 Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, y a todos sus príncipes, y a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, que no le quedó ninguno.
2KI 10:12 Y levantóse de allí, y vino a Samaria; y llegando él en el camino a una casa de esquileo de pastores,
2KI 10:13 Halló [allí] a los hermanos de Ocozías rey de Judá, y díjoles: ¿Quién sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina.
2KI 10:14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, degolláronlos junto al pozo de la casa de esquileo, cua­renta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
2KI 10:15 Partiéndose luego de allí encontróse con Jonadab hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, díjole: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio su mano. Hízolo luego subir consigo en el carro.
2KI 10:16 Y díjole: Ven conmigo, y verás mi celo por el SEÑOR. Pusiéronlo pues en su carro.
2KI 10:17 Y luego que hubo [Jehú] llega­do a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta extirparlos, conforme a la palabra del SEÑOR, que había hablado por Elías.
2KI 10:18 Y juntó Jehú todo el pueblo, y díjoles: Acab sirvió poco a Baal; mas Jehú lo servirá mucho.
2KI 10:19 Llamadme pues luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos, y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrifico para Baal; cual­quiera que faltare, no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para des­truir a los que honraban a Baal.
2KI 10:20 Y dijo Jehú: Proclamad una asamblea solemne a Baal. Y ellos proclama­ron.
2KI 10:21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los adoradores de Baal, que no faltó ninguno que no viniese. Y entraron en la casa de Baal, y la casa de Baal se llenó de cabo a cabo.
2KI 10:22 Entonces dijo al que [tenía] el cargo de las vestiduras: Saca ves­tiduras para todos los adoradores de Baal. Y él les sacó vestimentas.
2KI 10:23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en la casa de Baal, y dijo a los adoradores de Baal: Mirad y ved que por dicha no haya aquí entre vosotros alguno de los sier­vos del SEÑOR, sino solo los adoradores de Baal.
2KI 10:24 Y como ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera ochenta hom­bres, y díjoles: Cualquiera que dejare vivo alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro.
2KI 10:25 Y después que acabaron ellos de hacer la ofrenda quemada, Jehú dijo a los de su guardia y a los capita­nes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los hirieron a espada: y dejáronlos tendidos los de la guardia y los capitanes, y fueron hasta la ciudad de la casa de Baal.
2KI 10:26 Y sacaron las estatuas de la casa de Baal, y quemáronlas.
2KI 10:27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron la casa de Baal, e hiciéronla letrina, hasta hoy.
2KI 10:28 Así extinguió Jehú a Baal de Israel.
2KI 10:29 Con todo eso Jehú no se apar­tó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; [a saber], de en pos de los becerros de oro que estaban en Betel y en Dan.
2KI 10:30 Y el SEÑOR dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutan­do lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación.
2KI 10:31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley del SEÑOR Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.
2KI 10:32 En aquellos días comenzó el SEÑOR a talar en Israel: e hirió­los Hazael en todos los términos de Israel,
2KI 10:33 Desde el Jordán al nacimien­to del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén, y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, a Galaad y a Basán.
2KI 10:34 Lo demás de los hechos de Jehú, y todas las cosas que hizo, y toda su valentía, ¿no está escri­to en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2KI 10:35 Y durmió Jehú con sus padres, y sepultáronlo en Samaria: y reinó en su lugar Joacaz su hijo.
2KI 10:36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue vein­tiocho años.
2KI 11:1 Y ATALÍA madre de Ocozías, viendo que su hijo era muerto, levantóse, y destruyó toda la simiente real.
2KI 11:2 Pero tomando Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, a Joas hijo de Ocozías, sacólo furtivamente de entre los hijos del rey, que se mataban, y ocultólo de delante de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de las camas, y [así] no lo mataron.
2KI 11:3 Y estuvo con ella escondido en la casa del SEÑOR seis años: y Atalía fue reina sobre el país.
2KI 11:4 Mas al séptimo año envió Joiada, y tomó centuriones, capi­tanes, y gente de la guardia, y metiólos consigo en la casa del SEÑOR: e hizo con ellos liga, juramentándolos en la casa del SEÑOR; y mostróles al hijo del rey.
2KI 11:5 Y mandóles, diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros, los que entra­rán el sábado, tendrán la guardia de la casa del rey;
2KI 11:6 Y la [otra] tercera parte estará a la puerta del sur, y la [otra] tercera parte a la puerta del postigo de los de la guardia: así guardaréis la casa, para que no sea allanada.
2KI 11:7 Y las dos partes de vosotros, [es a saber], todos los que salen el sábado, tendréis la guarda de la casa del SEÑOR junto al rey.
2KI 11:8 Y estaréis alrededor del rey de todas partes, teniendo cada uno sus armas en las manos, y cualquiera que entrare dentro de estos órdenes, sea muerto. Y habéis de estar con el rey cuando saliere, y cuando entrare.
2KI 11:9 Los centuriones pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó: y tomando cada uno los suyos, [es a saber], los que habían de entrar el sábado, y los que habían salido el sábado, viniéronse a Joiada el sacerdote.
2KI 11:10 Y el sacerdote dio a los centu­riones las picas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa del SEÑOR.
2KI 11:11 Y los de la guardia se pusieron [en orden], teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey.
2KI 11:12 Sacando luego al hijo del rey, púsole la corona y [le dio] tes­timonio, e hiciéronle rey, y ungióle; y batieron las manos, y dije­ron: Dios salve al rey.
2KI 11:13 Y oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo del SEÑOR;
2KI 11:14 Y como miró, he aquí el rey que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros junto al rey; y que todo el pueblo del país hacía alegrías, y que tocaban las trompetas. Entonces Atalía, ras­gando sus vestiduras, clamó a voz en grito: ¡Traición, traición!
2KI 11:15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los centuriones que gobernaban el ejército, y díjoles: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada, (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo del SEÑOR.)
2KI 11:16 Diéronle pues lugar, y como iba el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
2KI 11:17 Entonces Joiada hizo pacto entre el SEÑOR y el rey y el pue­blo, que serían pueblo del SEÑOR: y asimismo entre el rey y el pueblo.
2KI 11:18 Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y derribáronlo: asimismo despeda­zaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de Baal delan­te de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa del SEÑOR.
2KI 11:19 Después tomó los centurio­nes, y capitanes, y los de la guar­dia, y a todo el pueblo de la tie­rra, y llevaron al rey desde la casa del SEÑOR, y vinieron por el camino de la puerta de los de la guardia a la casa del rey; y sen­tóse el [rey] sobre el trono de los reyes.
2KI 11:20 Y todo el pueblo de la tierra hizo alegrías, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada [junto] a la casa del rey.
2KI 11:21 Era Joas de siete años cuando comenzó a reinar.
2KI 12:1 EN el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joas, y reinó cuarenta años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
2KI 12:2 Y Joas hizo lo recto en ojos del SEÑOR todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.
2KI 12:3 Con todo eso los altos no se qui­taron; que aún sacrificaba y que­maba el pueblo perfumes en los altos.
2KI 12:4 Y Joas dijo a los sacerdotes: Todo el dinero de las santifica­ciones que se suele traer a la casa del SEÑOR, el dinero de los que pasan [en cuenta], el dinero por las personas, cada cual según su valor, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad mete en la casa del SEÑOR,
2KI 12:5 Recíbanlo los sacerdotes, cada uno de sus familiares, y reparen los portillos del templo donde quiera que se hallare abertura.
2KI 12:6 Pero el año veintitrés del rey Joas, no habían aún reparado los sacerdotes las aberturas del tem­plo.
2KI 12:7 Llamando entonces el rey Joas al sacerdote Joiada y a los sacer­dotes, díjoles: ¿Por qué no repa­ráis las aberturas del templo? Ahora pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para [reparar] las rotu­ras del templo.
2KI 12:8 Y los sacerdotes consintieron en no tomar [más] dinero del pueblo, ni tener cargo de reparar las aberturas del templo.
2KI 12:9 Mas el sacerdote Joiada tomó un arca, e hízole en la tapa un agujero, y púsola junto al altar, a la mano derecha como se entra en el templo del SEÑOR; y los sacerdotes que guardaban la puerta, ponían allí todo el dinero que se metía en la casa del SEÑOR.
2KI 12:10 Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el notario del rey y el gran sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo del SEÑOR, y guar­dábanlo.
2KI 12:11 Y daban el dinero suficiente en mano de los que hacían la obra, y de los que tenían el cargo de la casa del SEÑOR; y ellos lo expen­dían en [pagar] los carpinteros y maestros que reparaban la casa del SEÑOR,
2KI 12:12 Y los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las aberturas de la casa del SEÑOR; y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla.
2KI 12:13 Mas de aquel dinero que se traía a la casa del SEÑOR, no se hacían tazas de plata, ni salterios, ni jofainas, ni trompetas; ni nin­gún otro vaso de oro ni de plata se hacía para el templo del SEÑOR:
2KI 12:14 Porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa del SEÑOR.
2KI 12:15 Y no se tomaba en cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra: porque [lo] hacían ellos fiel­mente.
2KI 12:16 El dinero por el delito, y el dinero por los pecados, no se metía en la casa del SEÑOR; porque era de los sacerdotes.
2KI 12:17 Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y tomóla: y puso Hazael su rostro para subir contra Jerusalem;
2KI 12:18 Por lo que tomó Joas rey de Judá todas las ofrendas que había dedicado Josafat, y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa del SEÑOR, y en la casa del rey, y enviólo a Hazael rey de Siria: y él se partió de Jerusalem.
2KI 12:19 Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 12:20 Y levantáronse sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joas en la casa de Milo, descendiendo él a Silla;
2KI 12:21 Pues Josacar hijo de Simeat, y Jozabad hijo de Somer, sus sier­vos, hiriéronle, y murió. Y sepultá­ronlo con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
2KI 13:1 EN el año veintitrés de Joas hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; [y reinó] diecisiete años.
2KI 13:2 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, y siguió los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apar­tó de ellos.
2KI 13:3 Y encendióse el furor del SEÑOR contra Israel, y entregó­los en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo.
2KI 13:4 Mas Joacaz oró a la faz del SEÑOR, y el SEÑOR lo oyó: porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía.
2KI 13:5 (Y dio el SEÑOR salvador a Israel, y salieron de bajo la mano de los siros; y habitaron los hijos de Israel en sus estancias, como antes.
2KI 13:6 Con todo eso no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel: en ellos anduvieron; y también el bosque permaneció en Samaria.)
2KI 13:7 Porque no le había quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, y diez carros, y diez mil hombres de a pié; pues el rey de Siria los había destruído, y los había puesto como polvo para hollar.
2KI 13:8 Lo demás de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2KI 13:9 Y durmió Joacaz con sus padres, y sepultáronlo en Samaria: y reinó en su lugar Joas su hijo.
2KI 13:10 El año treinta y siete de Joas rey de Judá, comenzó a reinar Joas hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria; [y reinó] dieciséis años.
2KI 13:11 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR: no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvo.
2KI 13:12 Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, y su esfuerzo con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las cró­nicas de los reyes de Israel?
2KI 13:13 Y durmió Joas con sus padres, y sentóse Jeroboam sobre su trono: y Joas fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.
2KI 13:14 Estaba Eliseo enfermo de aquella su enfermedad de que murió. Y descendió a él Joas rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!
2KI 13:15 Y díjole Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomóse él enton­ces un arco y unas saetas.
2KI 13:16 Y dijo [Eliseo] al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey,
2KI 13:17 Y dijo: Abre la ventana de hacia el oriente. Y como él la abrió dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo [Eliseo]: Saeta de salvación del SEÑOR, y saeta de salvación contra Siria: porque herirás a los siros en Afec, hasta consumir­los.
2KI 13:18 Y tornóle a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, díjole: Hiere la tierra. Y él hirió tres veces, y cesó.
2KI 13:19 Entonces el varón de Dios, enojado con él, le dijo: Al herir cinco o seis veces, herirías a Siria, hasta no quedar ninguno: pero ahora tres veces herirás a Siria.
2KI 13:20 Y murió Eliseo, y sepultáron­lo. Entrado el año vinieron parti­das de moabitas a la tierra.
2KI 13:21 Y aconteció que al sepultar unos un hombre, súbitamente vieron una partida, y arrojaron al hombre en el sepulcro de Eliseo: y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y levantóse sobre sus pies.
2KI 13:22 Hazael pues, rey de Siria, afli­gió a Israel todo el tiempo de Joacaz.
2KI 13:23 Mas el SEÑOR tuvo miseri­cordia de ellos, y compadecióse de ellos, y mirólos, por amor de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de sí hasta ahora.
2KI 13:24 Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo.
2KI 13:25 Y volvió Joas hijo de Joacaz, y tomó de mano de Ben-adad hijo de Hazael, las ciudades que él había tomado de mano de Joacaz su padre en guerra. Tres veces lo batió Joas, y restituyó las ciudades a Israel.
2KI 14:1 EN el año segundo de Joas hijo de Joacaz rey de Israel, comenzó a reinar Amasías hijo de Joas rey de Judá.
2KI 14:2 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y veintinue­ve años reinó en Jerusalem: el nombre de su madre fue Joadan, de Jerusalem,
2KI 14:3 Y él hizo lo recto en ojos del SEÑOR, aunque no como David su padre: hizo conforme a todas las cosas que había hecho Joas su padre.
2KI 14:4 Con todo eso los altos no fue­ron quitados; que el pueblo aun sacrificaba y quemaba perfumes en los altos.
2KI 14:5 Y luego que el reino fue confir­mado en su mano, hirió a sus siervos, los que habían muerto al rey su padre.
2KI 14:6 Mas no mató a los hijos de los que le mataron, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde el SEÑOR mandó, diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres: mas cada uno morirá por su pecado.
2KI 14:7 Éste hirió asimismo diez mil edomitas en el valle de las Salinas, y tomó a Sela por gue­rra, y llamóla Jocteel, hasta hoy.
2KI 14:8 Entonces Amasías envió emba­jadores a Joas, hijo de Joacaz hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, y veámonos de rostro.
2KI 14:9 Y Joas rey de Israel envió a Amasías rey de Judá esta res­puesta: El cardillo que está en el Líbano envió a decir al cedro que está en el Líbano: Da tu hija por esposa a mi hijo. Y pasaron las bestias fieras que están en el Líbano, y hollaron el cardillo.
2KI 14:10 Ciertamente has herido a Edom, y tu corazón te ha enva­necido: gloríate pues, mas estáte en tu casa. ¿Y por qué te entro­meterás en un mal, para que cai­gas tú, y Judá contigo?
2KI 14:11 Mas Amasías no dio oídos; por lo que subió Joas rey de Israel, y viéronse de rostro él y Amasías rey de Judá, en Bet­-semes, que es de Judá.
2KI 14:12 Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron cada uno a sus estan­cias.
2KI 14:13 Además Joas rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joas hijo de Ocozías, en Bet-semes: y vino a Jerusalem, y rompió el muro de Jerusalem desde la puerta de Efraím hasta la puerta de la esquina, cuatro­cientos codos.
2KI 14:14 Y tomó todo el oro y la plata, y todos los vasos que fueron hallados en la casa del SEÑOR, y en los tesoros de la casa del rey, y los hijos en rehenes, y volvióse a Samaria.
2KI 14:15 Lo demás de los hechos de Joas que ejecutó, y sus hazañas, y cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2KI 14:16 Y durmió Joas con sus padres, y fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su hijo.
2KI 14:17 Y Amasías hijo de Joas rey de Judá, vivió después de la muerte de Joas hijo de Joacaz rey de Israel, quince años.
2KI 14:18 Lo demás de los hechos de Amasías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 14:19 E hicieron conspiración con­tra él en Jerusalem, y él huyó a Laquis; mas enviaron tras él a Laquis, y allá lo mataron.
2KI 14:20 Trajéronlo luego sobre caba­llos, y sepultáronlo en Jerusalem con sus padres, en la ciudad de David.
2KI 14:21 Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de diez y seis años, e hiciéronlo rey en lugar de Amasías su padre.
2KI 14:22 Edificó él a Elat, y la restitu­yó a Judá, después que el rey durmió con sus padres.
2KI 14:23 El año quince de Amasías hijo de Joas rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joas sobre Israel en Samaria; [y reinó] cuarenta y un años.
2KI 14:24 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
2KI 14:25 Él restituyó los términos de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar de la llanura, conforme a la palabra del SEÑOR Dios de Israel, la cual había él hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer.
2KI 14:26 Por cuanto el SEÑOR miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había guardado ni desam­parado, ni quien diese ayuda a Israel;
2KI 14:27 Y el SEÑOR no había deter­minado raer el nombre de Israel de debajo del cielo: por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joas.
2KI 14:28 Y lo demás de los hechos de Jeroboam, y todas las cosas que hizo, y su valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restitu­yó a Judá en Israel a Damasco y a Hamat, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2KI 14:29 Y durmió Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zacarías su hijo.
2KI 15:1 EN el año veintisiete de Jero- boam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías rey de Judá.
2KI 15:2 Cuando comenzó a reinar era de dieciséis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem; el nombre de su madre fue Jecolía, de Jerusalem.
2KI 15:3 E hizo lo recto en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho.
2KI 15:4 Con todo eso los altos no se quitaron; que el pueblo sacrifica­ba aún y quemaba perfumes en los altos.
2KI 15:5 Mas el SEÑOR hirió al rey con lepra, y fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotam hijo del rey tenía el cargo del palacio, gober­nando al pueblo de la tierra.
2KI 15:6 Lo demás de los hechos de Azarías, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 15:7 Y durmió Azarías con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Jotam su hijo.
2KI 15:8 En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zacarías hijo de Jeroboam sobre Israel seis meses.
2KI 15:9 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, como habían hecho sus padres: no se apartó de los peca­dos de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
2KI 15:10 Contra él se conjuró Salum hijo de Jabes, y lo hirió en pre­sencia de su pueblo, y matólo, y reinó en su lugar.
2KI 15:11 Lo demás de los hechos de Zacarías, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
2KI 15:12 Y ésta [fue] la palabra del SEÑOR que había hablado a Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán en el trono de Israel. Y fue así.
2KI 15:13 Salum hijo de Jabes comen­zó a reinar en el año treinta y nueve de Uzías rey de Judá, y reinó el tiempo de un mes en Samaria;
2KI 15:14 Pues subió Manahem hijo de Gadi, de Tirsa, y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en Samaria, y matólo, y reinó en su lugar.
2KI 15:15 Lo demás de los hechos de Salum, y su conjuración con que conspiró, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
2KI 15:16 Entonces hirió Manahem a Tifsa, y a todos los que estaban en ella, y también sus términos desde Tirsa; e hirióla porque no le habían abierto; y abrió a todas sus preñadas.
2KI 15:17 En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manahem hijo de Gadi sobre Israel diez años, en Samaria.
2KI 15:18 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR: no se apartó en todo su tiempo de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
2KI 15:19 Y vino Pul rey de Asiria a la tierra; y dio Manahem a Pul mil talentos de plata porque le ayu­dara a confirmarse en el reino.
2KI 15:20 E impuso Manahem este dinero sobre Israel, sobre todos los poderosos y opulentos: de cada uno cincuenta siclos de plata, para dar al rey de Asiria, y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en la tierra.
2KI 15:21 Lo demás de los hechos de Manahem, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2KI 15:22 Y durmió Manahem con sus padres, y reinó en su lugar Pekaía su hijo.
2KI 15:23 En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó Pekaía hijo de Manahem sobre Israel en Samaria, dos años.
2KI 15:24 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR: no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
2KI 15:25 Y conspiró contra él Peka hijo de Remalías, capitán suyo, e hiriólo en Samaria, en el palacio de la casa real, en compañía de Argob y de Arif, y con cin­cuenta hombres de los hijos de los galaaditas; y matólo, y reinó en su lugar.
2KI 15:26 Lo demás de los hechos de Pekaía, y todas las cosas que hizo, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.
2KI 15:27 En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años.
2KI 15:28 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
2KI 15:29 En los días de Peka rey de Israel, vino Tiglat-pileser rey de los asirios, y tomó a Ahión, Abel-bet-maaca, y Janoa, y Cedes, y Hasor, y Galaad, y Galilea, y toda la tierra de Neftalí; y trasportólos a Asiria.
2KI 15:30 Y Oseas hijo de Ela hizo con­juración contra Peka hijo de Remalías, e hiriólo, y matólo, y reinó en su lugar, a los veinte años de Jotam hijo de Uzías.
2KI 15:31 Lo demás de los hechos de Peka, y todo lo que hizo, he aquí está escrito en el libro de las cró­nicas de los reyes de Israel.
2KI 15:32 En el segundo año de Peka hijo de Remalías rey de Israel, comenzó a reinar Jotam hijo de Uzías rey de Judá.
2KI 15:33 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó die­ciséis años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Jerusa hija de Sadoc.
2KI 15:34 Y él hizo lo recto en ojos del SEÑOR; hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías.
2KI 15:35 Con todo eso los altos no fue­ron quitados; que el pueblo sacri­ficaba aún, y quemaba perfumes en los altos. Edificó él la puerta más alta de la casa del SEÑOR.
2KI 15:36 Lo demás de los hechos de Jotam y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 15:37 En aquel tiempo comenzó el SEÑOR a enviar contra Judá a Resín rey de Siria, y a Peka hijo de Remalías.
2KI 15:38 Y durmió Jotam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Acaz su hijo.
2KI 16:1 EN el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz hijo de Jotam rey de Judá.
2KI 16:2 Cuando comenzó a reinar Acaz, era de veinte años, y reinó en Jerusalem dieciséis años; y no hizo lo recto en ojos del SEÑOR su Dios, como David su padre;
2KI 16:3 Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las gentes que el SEÑOR echó de delante de los hijos de Israel.
2KI 16:4 Asimismo sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol umbroso.
2KI 16:5 Entonces Resín rey de Siria, y Peka hijo de Remalías rey de Israel, subieron a Jerusalem para hacer guerra, y cercar a Acaz; mas no pudieron tomarla.
2KI 16:6 En aquel tiempo Resín rey de Siria restituyó Elat a Siria, y echó a los judíos de Elat; y los siros vinieron a Elat, y habita­ron allí hasta hoy.
2KI 16:7 Entonces Acaz envió embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo: sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí.
2KI 16:8 Y tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa del SEÑOR, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente.
2KI 16:9 Y atendióle el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y tomóla, y trasportó los moradores a Kir, y mató a Resín.
2KI 16:10 Y fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser rey de Asiria en Damasco; y visto que hubo el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió a Urías sacerdo­te el diseño y el modelo del altar, conforme a toda su hechu­ra.
2KI 16:11 Y Urías el sacerdote edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdo­te Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco.
2KI 16:12 Y luego que vino el rey de Damasco, y hubo visto el altar, acercóse el rey a él, y sacrificó en él;
2KI 16:13 Y encendió su ofrenda quemada, y su ofrenda, y derramó sus liba­ciones, y roció la sangre de sus pacíficos junto al altar.
2KI 16:14 Y el altar de latón que estaba delante del SEÑOR, hízolo acercar delante de la frontera de la casa, entre el altar y el templo del SEÑOR, y púsolo al lado del altar hacia el norte.
2KI 16:15 Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar encenderás la ofrenda quemada de la mañana y la ofrenda de la tarde, y el sacrificio quemado del rey y su ofrenda, y asimismo la ofrenda quemada de todo el pueblo de la tierra y su ofrenda y sus liba­ciones: y rociarás sobre él toda la sangre de la ofrenda quemada, y toda la sangre de sacrificio: y el altar de latón será mío para inquirir [en él].
2KI 16:16 E hizo el sacerdote Urías conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mandó.
2KI 16:17 Y cortó el rey Acaz las cintas de las basas, y quitóles las fuen­tes; quitó también el mar de sobre los bueyes de latón que estaban debajo de él, y púsolo sobre el solado de piedra.
2KI 16:18 Asimismo la tienda del sába­do que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera del rey, mudólos del templo del SEÑOR, por causa del rey de Asiria.
2KI 16:19 Lo demás de los hechos de Acaz que puso por obra, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 16:20 Y durmió el rey Acaz con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Ezequías su hijo.
2KI 17:1 EN el año duodécimo de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; [y reinó] nueve años.
2KI 17:2 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, aunque no como los reyes de Israel que antes de él habían sido.
2KI 17:3 Contra éste subió Salmanasar rey de los asirios; y Oseas fue hecho su siervo, y pagábale tri­buto.
2KI 17:4 Mas el rey de Asiria halló que Oseas hacía conjuración: porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pagaba tribu­to al rey de Asiria, como cada año: por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel.
2KI 17:5 Y el rey de Asiria partió contra todo el país, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años.
2KI 17:6 En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria a Samaria, y tras­portó a Israel a Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los medos.
2KI 17:7 Porque como los hijos de Israel pecasen contra el SEÑOR su Dios, que los sacó de tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temiesen a dioses ajenos,
2KI 17:8 Y anduviesen en los estatutos de las gentes que el SEÑOR había lanzado delante de los hijos de Israel, y [en los] de los reyes de Israel, que hicieron;
2KI 17:9 Y como los hijos de Israel paliasen cosas no rectas contra el SEÑOR su Dios, edificándose altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fuertes,
2KI 17:10 Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol umbroso,
2KI 17:11 Y quemasen allí perfumes en todos los altos, a la manera de las gentes que había el SEÑOR tras­puesto delante de ellos, e hicie­sen cosas muy malas para provo­car a ira al SEÑOR,
2KI 17:12 Pues servían a los ídolos, de los cuales el SEÑOR les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto;
2KI 17:13 Y el SEÑOR testificaba entonces contra Israel y contra Judá, por mano de todos los pro­fetas, y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis estatutos, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por mano de mis siervos los profetas.
2KI 17:14 Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en el SEÑOR su Dios.
2KI 17:15 Y desecharon sus estatutos, y su pacto que él había concertado con sus padres, y sus testimonios que él había protestado contra ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las gentes que estaban alrede­dor de ellos, de las cuales les había el SEÑOR mandado que no hiciesen a la manera de ellas:
2KI 17:16 Y dejaron todos los manda­mientos del SEÑOR su Dios, e hiciéronse vaciadizos dos bece­rros, y también bosques, y adora­ron a todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal:
2KI 17:17 E hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y diéronse a adivinaciones y agüeros, y entregáronse a hacer lo malo en ojos del SEÑOR, provocándole a ira.
2KI 17:18 El SEÑOR por tanto se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro; que no quedó sino sólo la tribu de Judá.
2KI 17:19 Mas ni aun Judá guardó los mandamientos del SEÑOR su Dios; antes anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho.
2KI 17:20 Y desechó el SEÑOR toda la simiente de Israel, y afligiólos, y entrególos en manos de saquea­dores, hasta echarlos de su pre­sencia.
2KI 17:21 Porque cortó a Israel de la casa de David, y ellos se hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam rempujó a Israel de en pos del SEÑOR, e hízoles cometer gran pecado.
2KI 17:22 Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apar­tarse de ellos;
2KI 17:23 Hasta tanto que el SEÑOR quitó a Israel de delante de su rostro, como lo había él dicho por mano de todos los profetas sus siervos: e Israel fue trasporta­do de su tierra a Asiria, hasta hoy.
2KI 17:24 Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, y de Cuta, y de Ava, y de Hamat, y de Sefarvaim, y púsolos en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciu­dades.
2KI 17:25 Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos al SEÑOR, envió el SEÑOR con­tra ellos leones que los mataban.
2KI 17:26 Entonces dijeron ellos al rey de Asiria: Las naciones que tú tras­pasaste y pusiste en las ciudades de Samaria, no saben la costum­bre del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en ellos, y he aquí los matan, porque no saben la costumbre del Dios de la tie­rra.
2KI 17:27 Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vayan y habiten allí, y enséñenles la costumbre del Dios del país.
2KI 17:28 Y vino uno de los sacerdotes que habían trasportado de Samaria, y habitó en Betel, y enseñóles cómo habían de temer al SEÑOR.
2KI 17:29 Mas cada nación se hizo sus dioses, y pusiéronlos en los tem­plos de los altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habi­taba.
2KI 17:30 Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, y los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima;
2KI 17:31 Los heveos hicieron a Nibhaz y a Tartac; y los de Sefarvaim quemaban sus hijos al fuego a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.
2KI 17:32 Y temían al SEÑOR; e hicie­ron del pueblo bajo sacerdotes de los altos, quienes sacrificaban para ellos en los templos de los altos.
2KI 17:33 Temían al SEÑOR, y honra­ban a sus dioses, según la cos­tumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.
2KI 17:34 Hasta hoy hacen como prime­ro; que ni temen al SEÑOR, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescri­bió el SEÑOR a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel;
2KI 17:35 Con los cuales había el SEÑOR hecho pacto, y les mandó, diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les sacrificaréis:
2KI 17:36 Mas al SEÑOR, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste haréis sacrificio.
2KI 17:37 Los estatutos y las ordenanzas, la ley y el mandamiento que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis dioses ajenos.
2KI 17:38 Y no olvidaréis el pacto que hice con vosotros; ni temeréis dioses ajenos:
2KI 17:39 Mas temed al SEÑOR vues­tro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos.
2KI 17:40 Sin embargo ellos no escucharon; antes hicieron según su costum­bre antigua.
2KI 17:41 Así temieron al SEÑOR aquellas naciones, y juntamente sir­vieron a sus ídolos: y también sus hijos y sus nietos, según que hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.
2KI 18:1 EN el tercer año de Oseas hijo de Ela rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá.
2KI 18:2 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalem veintinueve años. El nombre de su madre [fue] Abi hija de Zacarías.
2KI 18:3 Hizo lo recto en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.
2KI 18:4 Él quitó los altos, y quebró las imágenes, y taló los bosques, e hizo pedazos la serpiente de latón que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel; y llamóle por nombre Nehustán.
2KI 18:5 En el SEÑOR Dios de Israel puso su esperanza: después ni antes de él no hubo otro como él en todos los reyes de Judá.
2KI 18:6 Porque se llegó al SEÑOR, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que el SEÑOR prescribió a Moisés.
2KI 18:7 Y el SEÑOR fue con él; y en todas las cosas a que salía pros­peraba. Él se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió.
2KI 18:8 Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortalecida.
2KI 18:9 En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela rey de Israel, subió Salmanasar rey de los asirios contra Samaria, y cer­cóla.
2KI 18:10 Y tomáronla al cabo de tres años; [esto es], en el sexto año de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas rey de Israel, fue Samaria tomada.
2KI 18:11 Y el rey de Asiria traspuso a Israel a Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los medos:
2KI 18:12 Por cuanto no habían atendi­do la voz del SEÑOR su Dios, antes habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo del SEÑOR había mandado, ni las habían escuchado, ni puesto por obra.
2KI 18:13 Y a los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciuda­des fuertes de Judá, y tomólas.
2KI 18:14 Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de Asiria en Laquis: Yo he pecado: vuélvete de mí, y llevaré todo lo que me impusieres. Y el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro.
2KI 18:15 Dio por tanto Ezequías toda la plata que fue hallada en la casa del SEÑOR, y en los tesoros de la casa real.
2KI 18:16 Entonces descompuso Eze-quías las puertas del templo del SEÑOR, y los quiciales que el [mismo] rey Ezequías había cubierto [de oro], y diólo al rey de Asiria.
2KI 18:17 Después el rey de Asiria envió al rey Ezequías, desde Laquis contra Jerusalem, a Tartán y a Rabsaris y a Rabsaces, con un grande ejérci­to: y subieron, y vinieron a Jerusalem. Y habiendo subido, vinieron y pararon junto al con­ducto del estanque de arriba, que es en el camino de la heredad del batanero.
2KI 18:18 Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliacim hijo de Hilquías, que era mayordomo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaf, canciller.
2KI 18:19 Y díjoles Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confian­za [es] ésta en que tú estás?
2KI 18:20 Dices, (por cierto palabras de labios): Consejo [tengo] y esfuer­zo para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado con­tra mí?
2KI 18:21 He aquí tú confías ahora en este bordón de caña cascada, en Egipto, en el que si alguno se apoyare, entrarále por la mano, y se le pasará. Tal es Faraón rey de Egipto, para todos los que en él confían.
2KI 18:22 Y si me decís: Nosotros con­fiamos en el SEÑOR nuestro Dios: ¿no es aquél cuyos altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem?
2KI 18:23 Por tanto, ahora yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar jine­tes para ellos.
2KI 18:24 ¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de a caballo?
2KI 18:25 Además, ¿he venido yo ahora sin el SEÑOR a este lugar, para destruirlo? el SEÑOR me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela.
2KI 18:26 Entonces dijo Eliacim hijo de Hilquías, y Sebna y Joah, a Rabsaces: Ruégote que hables a tus siervos siriaco, porque noso­tros lo entendemos, y no hables con nosotros judaico a oídos del pueblo que está sobre el muro.
2KI 18:27 Y Rabsaces les dijo: ¿Hame enviado mi señor a ti y a tu señor para decir estas palabras, y no antes a los hombres que están sobre el muro, para comer su propio estiércol, y beber su propia orina con vosotros?
2KI 18:28 Paróse luego Rabsaces, y clamó a gran voz en judaico, y habló, diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria.
2KI 18:29 Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano.
2KI 18:30 Y no os haga Ezequías confiar en el SEÑOR, diciendo: De cier­to nos librará el SEÑOR, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
2KI 18:31 No oigáis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo;
2KI 18:32 Hasta que yo venga, y os lleve a una tierra como la vuestra, tie­rra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: el SEÑOR nos librará.
2KI 18:33 [¿Acaso] alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?
2KI 18:34 ¿Dónde está el dios de Hamat, y de Arfad? ¿dónde el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Hiva? ¿pudieron éstos librar a Samaria de mi mano?
2KI 18:35 ¿Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado a su provincia de mi mano, para que libre el SEÑOR de mi mano a Jerusalem?
2KI 18:36 Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respon­dáis.
2KI 18:37 Entonces Eliacim hijo de Hil- quías, que [era] mayordomo, y Sebna el escriba, y Joah hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rotas [sus] vestiduras, y recitáronle las palabras de Rabsaces.
2KI 19:1 Y COMO el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestiduras, y cubrióse de cilicio, y entróse en la casa del SEÑOR.
2KI 19:2 Y envió a Eliacim el mayordo­mo, y a Sebna escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, vesti­dos de cilicio a Isaías profeta hijo de Amós,
2KI 19:3 Que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, y de reprensión, y de blasfemia; porque los hijos han venido hasta la rotura, y la que pare no tiene fuerzas.
2KI 19:4 Quizá oirá el SEÑOR tu Dios todas las palabras de Rabsaces, al cual el rey de los asirios su señor ha enviado para injuriar al Dios vivo, y a vituperar con pala­bras, las cuales el SEÑOR tu Dios ha oído: por tanto, eleva oración por el resto que aun se halla.
2KI 19:5 Vinieron pues los siervos del rey Ezequías a Isaías.
2KI 19:6 E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho el SEÑOR: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
2KI 19:7 He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá­se a su tierra: y yo haré que en su tierra caiga a espada.
2KI 19:8 Y regresando Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo a Libna; porque había oído que se había partido de Laquis.
2KI 19:9 Y oyó decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí es salido para hacerte guerra. Entonces volvió él, y envió embajadores a Ezequías, diciendo:
2KI 19:10 Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.
2KI 19:11 He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y has tú de escapar?
2KI 19:12 ¿Libráronlas los dioses de las naciones, que mis padres destruye­ron, [es a saber], Gozán, y Harán, y Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar?
2KI 19:13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena, y de Hiva?
2KI 19:14 Y tomó Ezequías las letras de mano de los embajadores; y des­pués que las hubo leído, subió a la casa del SEÑOR, y extendió­las Ezequías delante del SEÑOR.
2KI 19:15 Y oró Ezequías delante del SEÑOR, diciendo: Oh SEÑOR Dios de Israel, que habitas entre los querubines, tú solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra.
2KI 19:16 Inclina, oh SEÑOR, tu oído, y oye; abre, oh SEÑOR, tus ojos, y mira: y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.
2KI 19:17 Es verdad, oh SEÑOR, que los reyes de Asiria han destruído las naciones y sus tierras;
2KI 19:18 Y que pusieron en el fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y así los destruyeron.
2KI 19:19 Ahora pues, oh SEÑOR Dios nuestro, sálvanos, te suplico, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo, SEÑOR, eres Dios.
2KI 19:20 Entonces Isaías hijo de Amós envió a decir a Ezequías: Así ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: Lo que me rogaste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído.
2KI 19:21 Ésta [es] la palabra que el SEÑOR ha hablado contra él: Hate menospreciado, hate escarnecido la virgen hija de Sión; ha movido su cabeza detrás de ti la hija de Jerusalem.
2KI 19:22 ¿A quién has injuriado y a quién has blasfemado? ¿y contra quién has hablado alto, y has alzado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel.
2KI 19:23 Por mano de tus mensajeros has proferido injuria contra el SEÑOR, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las cumbres de los montes, a las cuestas del Líbano; y cortaré sus altos cedros, sus hayas escogi­das; y entraré a la morada de su término, al monte de su Carmel.
2KI 19:24 Yo he cavado y bebido las aguas ajenas, y he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de lugares bloqueados.
2KI 19:25 ¿Nunca has oído que mucho tiempo ha yo lo hice, y de días antiguos lo he formado? Y ahora lo he hecho venir, y fue para desolación de ciudades fuertes en montones de ruinas.
2KI 19:26 Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, fueron cual hierba del campo, como legumbre verde, y heno de los tejados, que antes que venga a madurez es seco.
2KI 19:27 Yo he sabido tu asentarte, tu salir y tu entrar, y tu furor contra mí.
2KI 19:28 Por cuanto te has airado con­tra mí, y tu estruendo ha subido a mis oídos, yo por tanto pondré mi anzuelo en tus narices, y mi bocado en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.
2KI 19:29 Y esto te será por señal [Ezequías:] Este año comerás lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el tercer año haréis sementera, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas.
2KI 19:30 Y lo que hubiere escapado, lo que habrá quedado de la casa de Judá, tornará a echar raíz abajo, y hará fruto arriba.
2KI 19:31 Porque saldrá de Jerusalem un remanente, y los que escapa­rán, del monte de Sión: el celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto.
2KI 19:32 Por tanto, el SEÑOR dice así del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte.
2KI 19:33 Por el camino que vino se vol­verá, y no entrará en esta ciudad, dice el SEÑOR.
2KI 19:34 Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí, y por amor de David mí sier­vo.
2KI 19:35 Y aconteció que la misma noche salió el ángel del SEÑOR, e hirió en el campo de los asirios ciento ochenta y cinco mil; y como se levantaron por la maña­na, he aquí los cuerpos de los muertos.
2KI 19:36 Entonces Senaquerib, rey de Asiria se partió, y se fue y tornó a Nínive, donde se estuvo.
2KI 19:37 Y aconteció que, estando él adorando en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Saresar sus hijos lo hirieron a espada; y huyéronse a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esarhadón su hijo.
2KI 20:1 EN aquellos días cayó Ezequías enfermo de muerte, y vino a él Isaías profeta hijo de Amós, y díjole: El SEÑOR dice así: Dispón de tu casa, porque has de morir, y no vivirás.
2KI 20:2 Entonces volvió él su rostro a la pared, y oró al SEÑOR, y dijo:
2KI 20:3 Ruégote, oh SEÑOR, ruégote hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad e integro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro.
2KI 20:4 Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino la palabra del SEÑOR a Isaías, diciendo:
2KI 20:5 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice el SEÑOR, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas: he aquí yo te sano; al tercer día subirás a la casa del SEÑOR.
2KI 20:6 Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciu­dad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mí, y por amor de David mi siervo.
2KI 20:7 Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, pusieron sobre la llaga, y sanó.
2KI 20:8 Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que el SEÑOR me sanará, y que subiré a la casa del SEÑOR al tercer día?
2KI 20:9 Y respondió Isaías: Esta señal tendrás del SEÑOR, de que hará el SEÑOR esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez gra­dos, o retrocederá diez grados?
2KI 20:10 Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados: pero, que la sombra vuelva atrás diez grados.
2KI 20:11 Entonces el profeta Isaías clamó al SEÑOR; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás.
2KI 20:12 En aquel tiempo Berodach-­baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió letras y presen­tes a Ezequías, porque había oído que Ezequías había caído enfer­mo.
2KI 20:13 Y Ezequías los oyó, y mostró­les toda la casa de las cosas pre­ciosas, plata, oro, y especiería, y preciosos ungüentos; y la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros: ninguna cosa quedó que Ezequías no les mostrase, así en su casa como en todo su señorío.
2KI 20:14 Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y díjole: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? Y Ezequías le respondió: De leja­nas tierras han venido, de Babilonia.
2KI 20:15 Y él le volvió a decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros que no les mostrase.
2KI 20:16 Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra del SEÑOR:
2KI 20:17 He aquí vienen días, en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo el SEÑOR.
2KI 20:18 Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, toma­rán; y serán eunucos en el pala­cio del rey de Babilonia.
2KI 20:19 Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra del SEÑOR que has hablado, es buena. Después dijo: ¿Mas no habrá paz y verdad en mis días?
2KI 20:20 Lo demás de los hechos de Ezequías, y todo su vigor, y cómo hizo el estanque, y el con­ducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 20:21 Y durmió Ezequías con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo.
2KI 21:1 DE doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem cincuenta y cinco años: el nombre de su madre fue Hepsiba.
2KI 21:2 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, según las abominacio­nes de las gentes que el SEÑOR había echado delante de los hijos de Israel.
2KI 21:3 Porque él volvió a edificar los altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo bosque, como había hecho Acab rey de Israel: y adoró a todo el ejército del cielo, y sirvió a aquellas cosas.
2KI 21:4 Asimismo edificó altares en la casa del SEÑOR, de la cual el SEÑOR había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalem.
2KI 21:5 Y edificó altares para todo el ejército del cielo en los dos atrios de la casa del SEÑOR.
2KI 21:6 Y pasó a su hijo por fuego, y observó los tiempos, y fue agorero, e instituyó hechiceros y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo en ojos del SEÑOR, para provocarlo a ira.
2KI 21:7 Y puso una entalladura del bos­que que él había hecho, en la casa de la cual había el SEÑOR dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalem, a la cual escogí de todas las tribus de Israel:
2KI 21:8 Y no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó.
2KI 21:9 Pero ellos no escucharon; y Manasés los sedujo a que hiciesen más mal que las naciones que el SEÑOR destruyó delante de los hijos de Israel.
2KI 21:10 Y habló el SEÑOR por mano de sus siervos los profetas, diciendo:
2KI 21:11 Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominacio­nes, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá en sus ídolos;
2KI 21:12 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalem y sobre Judá, que el que lo oyere, le retiñirán ambos oídos.
2KI 21:13 Y extenderé sobre Jerusalem el cordel de Samaria, y el plomo de la casa de Acab: y yo limpia­ré a Jerusalem como se limpia un platos, que después que lo han limpiado, lo vuelven sobre su faz.
2KI 21:14 Y desampararé el remanente de mi heredad, y entregarlo he en manos de sus enemigos; y serán para saco y para robo a todos sus adversarios;
2KI 21:15 Por cuanto han hecho lo malo en mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy.
2KI 21:16 Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta henchir a Jerusalem de cabo a cabo: además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo en ojos del SEÑOR.
2KI 21:17 Lo demás de los hechos de Manasés, y todas las cosas que hizo, y su pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 21:18 Y durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Uza; y reinó en su lugar Amón su hijo.
2KI 21:19 De veinte y dos años era Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Mesalemet hija de Harus de Jotba.
2KI 21:20 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, como había hecho Manasés su padre.
2KI 21:21 Y anduvo en todos los cami­nos en que su padre anduvo, y sirvió a las inmundicias a las cuales había servido su padre, y a ellas adoró;
2KI 21:22 Y dejó al SEÑOR el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino del SEÑOR.
2KI 21:23 Y los siervos de Amón cons­piraron contra él, y mataron al rey en su casa.
2KI 21:24 Entonces el pueblo de la tierra hirió a todos los que habían cons­pirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar a Josías su hijo.
2KI 21:25 Lo demás de los hechos de Amón, que efectuara, ¿no está todo escrito en el libro de las cró­nicas de los reyes de Judá?
2KI 21:26 Y fue sepultado en su sepul­cro en el huerto de Uza, y reinó en su lugar Josías su hijo.
2KI 22:1 CUANDO Josías comenzó a reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalem treinta y un años. El nombre de su madre fue Idida hija de Adaía de Boscat.
2KI 22:2 E hizo lo recto en ojos del SEÑOR, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a diestra ni a siniestra.
2KI 22:3 Y a los dieciocho años del rey Josías, fue que envió el rey a Safán hijo de Azalía, hijo de Mesulam, escriba, a la casa del SEÑOR, diciendo:
2KI 22:4 Ve a Hilquías, sumo sacerdote: [díle] que recoja el dinero que se ha metido en la casa del SEÑOR, que han juntado del pueblo los guardianes de la puerta,
2KI 22:5 Y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen cargo de la casa del SEÑOR, y que lo entreguen a los que hacen la obra de la casa del SEÑOR, para reparar las aberturas de la casa:
2KI 22:6 A los carpinteros, a los maes­tros y albañiles, para comprar madera y piedra de cantería para reparar la casa;
2KI 22:7 Y que no se les cuente el dine­ro cuyo manejo se les confiare, porque ellos proceden con fideli­dad.
2KI 22:8 Entonces dijo el sumo sacerdo­te Hilquías a Safán escriba: El libro de la ley he hallado en la casa del SEÑOR. E Hilquías dio el libro a Safán, y leyólo.
2KI 22:9 Viniendo luego Safán escriba al rey, dio al rey la respuesta, y dijo: Tus siervos han juntado el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que tienen cargo de la casa del SEÑOR.
2KI 22:10 Asimismo Safán escriba declaró al rey, diciendo: Hilquías el sacerdote me ha dado un libro. Y leyólo Safán delante del rey.
2KI 22:11 Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestiduras.
2KI 22:12 Luego mandó el rey a Hilquías el sacerdote, y a Ahicam hijo de Safán, y a Acbor hijo de Micaías, y a Safán escriba, y a Asaía siervo del rey, diciendo:
2KI 22:13 Id, e inquirid del SEÑOR por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado: porque grande ira del SEÑOR es la que ha sido encendida contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las pala­bras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escri­to.
2KI 22:14 Entonces fue Hilquías el sacer­dote, y Ahicam y Acbor y Safán y Asaía, a Hulda profeti­sa, esposa de Salum hijo de Ticva hijo de Araas, guarda de las ves­tiduras, la cual moraba en Jerusalem en la segunda parte [de la ciudad], y hablaron con ella.
2KI 22:15 Y ella les dijo: Así ha dicho el SEÑOR el Dios de Israel: Decid al varón que os envió a mí:
2KI 22:16 Así dijo el SEÑOR: He aquí yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los que en él moran, [a saber], todas las palabras del libro que ha leído el rey de Judá:
2KI 22:17 Por cuanto me dejaron a mí, y quemaron perfumes a dioses aje­nos, provocándome a ira en toda obra de sus manos; y mi furor se ha encendido contra este lugar, y no se apagará.
2KI 22:18 Mas al rey de Judá que os ha enviado para que inquirieseis del SEÑOR, diréis así: Así ha dicho el SEÑOR el Dios de Israel: [Por cuanto] oíste las palabras [del libro],
2KI 22:19 Y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante del SEÑOR, cuando oíste lo que yo he pronun­ciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrían a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestiduras, y lloraste en mi presen­cia, también yo te he oído, dice el SEÑOR.
2KI 22:20 Por tanto, he aquí yo te reco­geré con tus padres, y tú serás recogido a tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la respuesta.
2KI 23:1 ENTONCES el rey envió, y juntaron a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalem.
2KI 23:2 Y subió el rey a la casa del SEÑOR con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalem, con los sacerdotes y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa del SEÑOR.
2KI 23:3 Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto delante del SEÑOR, de que irían en pos del SEÑOR, y guardarían sus mandamientos, y sus testi­monios, y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo con­firmó el pacto.
2KI 23:4 Entonces mandó el rey al sumo sacerdote Hilquías, y a los sacer­dotes de segundo orden, y a los guardianes de la puerta, que sacasen del templo del SEÑOR todos los vasos que habían sido hechos para Baal, y para el bos­que, y para toda la milicia del cielo; y quemólos fuera de Jerusalem en el campo de Cedrón, e hizo llevar las cenizas de ellos a Betel.
2KI 23:5 Y quitó a los Camoreos, que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen perfumes en los altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalem; y asimismo a los que quemaban perfumes a Baal, al sol y a la luna, y a los signos, y a todo el ejército del cielo.
2KI 23:6 Hizo también sacar el bosque fuera de la casa del SEÑOR, fuera de Jerusalem, al torrente de Cedrón, y quemólo en el torrente de Cedrón, y tornólo en polvo, y echó el polvo de él sobre los sepulcros de los hijos del pueblo.
2KI 23:7 Además derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa del SEÑOR, en las cuales tejían las mujeres pabellones para el bosque.
2KI 23:8 E hizo venir todos los sacerdo­tes de las ciudades de Judá, y profanó los altos donde los sacer­dotes quemaban perfumes, desde Gabaa hasta Beerseba; y derribó los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciu­dad, que estaban a la mano izquierda, a la puerta de la ciu­dad.
2KI 23:9 Sin embargo los sacerdotes de los altos no subían al altar del SEÑOR en Jerusalem, pero comían panes sin levadura entre sus hermanos.
2KI 23:10 Asimismo profanó a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, porque ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloc.
2KI 23:11 Quitó también los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol a la entrada del templo del SEÑOR, junto a la cámara de Natán-melec eunu­co, el cual tenía cargo de los ejidos; y quemó al fuego los carros del sol.
2KI 23:12 Derribó además el rey los altares que estaban sobre la techumbre de la sala de Acaz, que los reyes de Judá habían hecho, y los altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la casa del SEÑOR; y de allí corrió, y arrojó el polvo en el torrente de Cedrón.
2KI 23:13 Asimismo profanó el rey los altos que estaban delante de Jerusalem, a la mano derecha del monte de la corrupción, los cua­les Salomón rey de Israel había edificado a Astarot, abomina­ción de los sidonios, y a Quemos abominación de Moab, y a Milcom abominación de los hijos de Amón.
2KI 23:14 Y quebró las estatuas, y taló los bosques, e hinchió el lugar de ellos de huesos de hombres.
2KI 23:15 Igualmente el altar que estaba en Betel, y el alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, aquel altar y el alto destruyó; y quemó el alto, y lo tornó en polvo, y puso fuego al bosque.
2KI 23:16 Y volvióse Josías, y viendo los sepulcros que estaban allí en el monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y quemólos sobre el altar para contaminarlo, conforme a la palabra del SEÑOR que había profetizado el varón de Dios, el cual había anunciado estos negocios.
2KI 23:17 Y después dijo: ¿Qué título es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: [Éste es] el sepul­cro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Betel.
2KI 23:18 Y él dijo: Dejadlo; ninguno mueva sus huesos: y así fueron preservados sus huesos, y los huesos del profeta que había venido de Samaria.
2KI 23:19 Y todas las casas de los altos que estaban en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel para provocar a ira [al SEÑOR], quitólas también Josías, e hizo de ellas como había hecho en Betel.
2KI 23:20 Mató además sobre los altares a todos los sacerdotes de los altos que allí estaban, y quemó sobre ellos huesos de hombres, y vol­vióse a Jerusalem.
2KI 23:21 Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua al SEÑOR vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro de esta alianza.
2KI 23:22 No fue hecha tal pascua desde los tiempos de los jueces que gobernaron a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel, y de los reyes de Judá.
2KI 23:23 A los diez y ocho años del rey Josías fue hecha aquella pascua al SEÑOR en Jerusalem.
2KI 23:24 Asimismo barrió Josías los hechiceros, los adivinos, y las imágenes, y los ídolos, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalem, para cumplir las palabras de la ley que estaban escri­tas en el libro que el sacerdote Hil-quías había hallado en la casa del SEÑOR.
2KI 23:25 No hubo tal rey antes de él, que se convirtiese al SEÑOR de todo su corazón, y de toda su alma, y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro tal.
2KI 23:26 Con todo eso, no se volvió el SEÑOR del ardor de su grande ira, con que se había encendido su enojo contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado.
2KI 23:27 Y dijo el SEÑOR: También he de quitar de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y abo­minaré a esta ciudad que había escogido, a Jerusalem, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre será allí.
2KI 23:28 Lo demás de los hechos de Josías, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 23:29 En aquellos días Faraón Necao rey de Egipto subió con­tra el rey de Asiria al río Éufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél, así que le vio, matólo en Meguido.
2KI 23:30 Y sus siervos lo pusieron en un carro, y trajéronlo muerto de Meguido a Jerusalem, y sepultá­ronlo en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y ungié­ronle, y pusiéronlo por rey en lugar de su padre.
2KI 23:31 De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalem. El nom­bre de su madre fue Amutal, hija de Jeremías de Libna.
2KI 23:32 Y él hizo lo malo en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.
2KI 23:33 Y echólo preso Faraón Necao en Ribla en la provincia de Hamat, reinando él en Jerusalem; e impuso sobre la tie­rra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro.
2KI 23:34 Entonces Faraón Necao puso por rey a Eliacim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y mudóle el nombre en el de Joacim; y tomó a Joacaz, y llevólo a Egipto, y murió allí.
2KI 23:35 Y Joacim pagó a Faraón la plata y el oro; mas hizo apreciar la tierra para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón, sacando la plata y oro del pueblo de la tierra, de cada uno según la estimación [de su hacienda], para dar a Faraón Necao.
2KI 23:36 De veinticinco años era Joacim cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Zebuda hija de Pedaia, de Ruma.
2KI 23:37 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.
2KI 24:1 EN su tiempo subió Nabuco- donosor rey de Babilonia, al cual sirvió Joacim tres años; volvióse luego, y se rebeló contra él.
2KI 24:2 Y el SEÑOR envió con­tra él tropas de caldeos, y tropas de siros, y tropas de moabitas, y tropas de amonitas; los cuales envió contra Judá para que la destruyesen, conforme a la pala­bra del SEÑOR que había habla­do por sus siervos los profetas.
2KI 24:3 Ciertamente vino esto contra Judá por dicho del SEÑOR, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, conforme a todo lo que hizo;
2KI 24:4 Asimismo por la sangre ino­cente que derramó, pues hinchió a Jerusalem de sangre inocente: el SEÑOR por tanto, no quiso perdonar.
2KI 24:5 Lo demás de los hechos de Joacim, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
2KI 24:6 Y durmió Joacim con sus padres, y reinó en su lugar Joaquín su hijo.
2KI 24:7 Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra: porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo, desde el río de Egipto hasta el río de Éufrates.
2KI 24:8 De dieciocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem tres meses. El nom­bre de su madre fue Neusta hija de Elnatán, de Jerusalem.
2KI 24:9 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que había hecho su padre.
2KI 24:10 En aquel tiempo subieron los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia contra Jerusalem, y la ciudad fue cercada.
2KI 24:11 Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciu­dad, cuando sus siervos la tenían cercada.
2KI 24:12 Entonces salió Joaquín rey de Judá al rey de Babilonia, él, y su madre, y sus siervos, y sus prín­cipes, y sus oficiales: y prendiólo el rey de Babilonia en el octavo año de su reinado.
2KI 24:13 Y sacó de allí todos los teso­ros de la casa del SEÑOR, y los tesoros de la casa real, y quebró en piezas todos los vasos de oro que había hecho Salomón rey de Israel en la casa del SEÑOR, como el SEÑOR había dicho.
2KI 24:14 Y llevó en cautiverio a toda Jerusalem, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y a todos los oficiales y herreros; que no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra.
2KI 24:15 Asimismo trasportó a Joaquín a Babilonia, y a la madre del rey, y a las esposas del rey, y a sus oficiales, y a los poderosos de la tierra; cautivos los llevó de Jerusalem a Babilonia.
2KI 24:16 A todos los hombres de guerra, [que fueron] siete mil, y a los oficiales y herreros, [que fueron] mil, y a todos los valientes para hacer la guerra, llevó cautivos el rey de Babilonia.
2KI 24:17 Y el rey de Babilonia puso por rey en lugar de Joaquín a Matanías su tío, y mudóle el nombre en el de Sedequías.
2KI 24:18 De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalem once años. El nom­bre de su madre fue Amutal hija de Jeremías, de Libna.
2KI 24:19 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, conforme a todo lo que había hecho Joacim.
2KI 24:20 Fue pues la ira del SEÑOR contra Jerusalem y Judá, hasta que los echó de su presencia. Y Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.
2KI 25:1 Y ACONTECIÓ a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalem, y cercóla; y levantaron contra ella ingenios alrededor.
2KI 25:2 Y estuvo la ciudad cercada hasta el undécimo año del rey Sedequías.
2KI 25:3 A los nueve [días] del [cuarto] mes prevaleció el hambre en la ciudad, que no hubo pan para el pueblo de la tie­rra.
2KI 25:4 Abierta ya la ciudad, [huyeron] de noche todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto a los huertos del rey, estan­do los caldeos alrededor de la ciudad; [y el rey] se fue camino de la campiña.
2KI 25:5 Y el ejército de los caldeos siguió al rey, y tomólo en las lla­nuras de Jericó, habiéndose esparcido de él todo su ejército.
2KI 25:6 Tomado pues el rey, trajéronle al rey de Babilonia a Ribla, y profirieron contra él juicio.
2KI 25:7 Y degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya; y a Sedequías sacaron los ojos, y atado con cadenas de latón lleváronlo a Babilonia.
2KI 25:8 En el mes quinto, a los siete del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalem Nabuzaradán, capitán de los de la guardia, siervo del rey de Babilonia.
2KI 25:9 Y quemó la casa del SEÑOR, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalem; y todas las casas de los príncipes quemó a fuego.
2KI 25:10 Y todo el ejército de los caldeos que estaba [con] el capi­tán de la guardia, derribó los muros de Jerusalem alrededor.
2KI 25:11 Y a los del pueblo que habían quedado en la ciudad, y a los que se habían juntado al rey de Babilonia, y a los que habían quedado del vulgo, trasportólo Nabuzaradán, capitán de los de la guardia.
2KI 25:12 Mas de los pobres de la tierra dejó Nabuzaradán, capitán de los de la guardia, para que labrasen las viñas y las tierras.
2KI 25:13 Y quebraron los caldeos las columnas de latón que estaban en la casa del SEÑOR, y las basas, y el mar de latón que estaba en la casa del SEÑOR, y llevaron el latón de ello a Babilonia.
2KI 25:14 Lleváronse también los calde­ros, y las paletas, y las tenazas, y los cucharones, y todos los vasos de latón con que ministraban.
2KI 25:15 Incensarios, cuencos, los que de oro, en oro, y los que de plata, en plata, [todo] lo llevó el capitán de los de la guardia;
2KI 25:16 Las dos columnas, un mar, y las basas que Salomón había hecho para la casa del SEÑOR: no había peso el latón de todos estos vasos.
2KI 25:17 La altura de la una columna era diez y ocho codos y tenía encima un capitel de latón, y la altura del capitel era de tres codos; y sobre el capitel había un enredado y granadas alrededor, todo de latón: y semejante [obra] había en la otra columna con el enredado.
2KI 25:18 Tomó entonces el capitán de los de la guardia a Saraías primer sacerdote, y a Sofonías segun­do sacerdote, y tres guardas de la vajilla;
2KI 25:19 Y de la ciudad tomó un eunu­co, el cual era maestre de campo, y cinco varones de los continuos del rey, que se hallaron en la ciu­dad; y al principal escriba del ejército, que hacía la reseña de la gente del país: y sesenta varones del pueblo de la tierra, que se hallaron en la ciudad.
2KI 25:20 Éstos tomó Nabuzaradán, capitán de los de la guardia, y llevólos a Ribla al rey de Babilonia.
2KI 25:21 Y el rey de Babilonia los hirió y mató en Ribla, en tierra de Hamat. Así fue trasportado Judá de sobre su tierra.
2KI 25:22 Y al pueblo que Nabucodo­nosor rey de Babilonia dejó en tierra de Judá, puso por gober­nador a Gedalías, hijo de Ahi­cam hijo de Safán.
2KI 25:23 Y oyendo todos los capitanes de los ejércitos, ellos y su gente, que el rey de Babilonia había puesto por gobernador a Gedalías, viniéronse a él en Mizpa, [es a saber], Ismael hijo de Natánías, y Johanán hijo de Carea, y Saraía hijo de Tanhumet netofatita, y Jaazanías hijo de Maacati, ellos con los suyos.
2KI 25:24 Entonces Gedalías les hizo juramento, a ellos y a los suyos, y díjoles: No temáis de [ser] sier­vos de los caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.
2KI 25:25 Mas en el mes séptimo vino Ismael hijo de Natánías, hijo de Elisama, de la estirpe real, y con él diez varones, e hirieron a Gedalías, y murió: y también a los judíos y caldeos que estaban con él en Mizpa.
2KI 25:26 Y levantándose todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor, con los capitanes de los ejércitos, fuéronse a Egipto por temor de los caldeos.
2KI 25:27 Y aconteció a los treinta y siete años de la trasportación de Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinte y siete del mes, que Evil-merodac rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, levantó la cabeza de Joaquín rey de Judá, [sacándolo] de la casa de la cárcel;
2KI 25:28 Y hablóle bien, y puso su asiento sobre el asiento de los reyes que con él estaban en Babilonia.
2KI 25:29 Y mudóle las vestiduras de su prisión, y comió siempre delante de él todos los días de su vida.
2KI 25:30 Y fuéle diariamente dada su comida de parte del rey de conti­nuo, todos los días de su vida.
1CH 1:1 ADAM, Set, Enos, 2 Cainán, Mahalaleel, Jared,
1CH 1:3 Enoc, Matusalem, Lamec,
1CH 1:4 Noé, Sem, Cam, y Jafet.
1CH 1:5 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Dadai, Javán, Tubal, Mesec, y Tiras.
1CH 1:6 Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat, y Togarma.
1CH 1:7 Los hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Quitim, y Dodanim.
1CH 1:8 Los hijos de Cam: Cus, Misraim, Fut, y Canaán.
1CH 1:9 Los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raema, y Sabteca. Y los hijos de Raema: Seba y Dedán.
1CH 1:10 Cus engendró a Nimrod: éste comenzó a ser poderoso en la tie­rra.
1CH 1:11 Misraim engendró a Ludim, Ananim, Laabim, Naftuhim,
1CH 1:12 Patrusim y Casluim: de éstos salieron los filisteos, y los caftoreos.
1CH 1:13 Canaán engendró a Sidón, su primogénito;
1CH 1:14 Y al heteo, y al jebuseo, y al amorreo, y al gergeseo;
1CH 1:15 Y al heveo, y al araceo, y al sineo;
1CH 1:16 Al aradeo, y al samareo, y al hamateo.
1CH 1:17 Los hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram, Hus, Hul, Geter, y Mesec.
1CH 1:18 Arfaxad engendró a Sela, y Sela engendró a Heber.
1CH 1:19 Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fue Peleg, por cuanto en sus días fue dividida la tierra; y el nombre de su hermano fue Joctán.
1CH 1:20 Y Joctán engendró a Elmodad, Selef, Hazarmavet, y Jera,
1CH 1:21 A Adoram también, a Uzal, Dicla,
1CH 1:22 Hebal, Abimael, Seba,
1CH 1:23 Ofir, Havila, y Jobab: todos hijos de Joctán.
1CH 1:24 Sem, Arfaxad, Sela,
1CH 1:25 Heber, Peleg, Reu,
1CH 1:26 Serug, Nacor, Taré,
1CH 1:27 Y Abram, el cual es Abraham.
1CH 1:28 Los hijos de Abraham: Isaac e Ismael.
1CH 1:29 Y estas son sus descendencias: el primogénito de Ismael, Nabaiot; después Cedar, Adbeel, Misam,
1CH 1:30 Misma, Duma, Massa, Hadad, Tema,
1CH 1:31 Jetur, Nafis, y Cedema. Éstos son los hijos de Ismael.
1CH 1:32 Ahora los hijos de Cetura, concubina de Abraham: ella parió a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac, y a Súa. Los hijos de Jocsán: Seba y Dedán.
1CH 1:33 Los hijos de Madián: Efa, Efer, Enoc, Abida, y Eldaa; todos estos fueron hijos de Cetura.
1CH 1:34 Y Abraham engendró a Isaac: y los hijos de Isaac [fueron] Esaú e Israel.
1CH 1:35 Los hijos de Esaú: Elifaz, Rehuel, Jeus, Jalam, y Cora.
1CH 1:36 Los hijos de Elifaz: Temán, Omar, Zefi, Gatam, Quenaz, Timna, y Amalec.
1CH 1:37 Los hijos de Rehuel: Nahat, Zera, Sama, y Miza.
1CH 1:38 Los hijos de Seir: Lotán, Sobal, Zibeón, Ana, Disón, Eser, y Disán.
1CH 1:39 Los hijos de Lotán: Hori, y Homam: y Timna fue hermana de Lotán.
1CH 1:40 Los hijos de Sobal: Alian, Manahac, Ebal, Zefi y Onam. Los hijos de Sibehom: Aia y Ana.
1CH 1:41 Disón fue hijo de Ana: y los hijos de Disón; Hamrán, Hesbán, Itrán y Querán.
1CH 1:42 Los hijos de Eser: Bilham, Zaaván, y Jaacán. Los hijos de Disán: Hus y Arán.
1CH 1:43 Y estos son los reyes que reina­ron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel: Belah, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad fue Dinaba.
1CH 1:44 Y muerto Belah, reinó en su lugar Jobab, hijo de Zera, de Bosra.
1CH 1:45 Y muerto Jobab, reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas.
1CH 1:46 Muerto Husam, reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el cual hirió a Madián en la campaña de Moab: y el nombre de su ciudad fue Avit.
1CH 1:47 Muerto Hadad, reinó en su lugar Samla, de Masreca.
1CH 1:48 Muerto también Samla, reinó en su lugar Saúl, de Rehobot, que está junto al río.
1CH 1:49 Y muerto Saúl, reinó en su lugar Baal-hanán hijo de Acbor.
1CH 1:50 Y muerto Baal-hanán, reinó en su lugar Hadad, el nombre de cuya ciudad fue Pai; y el nombre de su esposa Meetabel, hija de Matred, y ésta de Mezaab.
1CH 1:51 Muerto Hadad, sucedieron los duques en Edom: el duque Timna, el duque Alia, el duque Jetet,
1CH 1:52 El duque Oholibama, el duque Ela, el duque Pinón,
1CH 1:53 El duque Quenaz, el duque Temán, el duque Mibzar,
1CH 1:54 El duque Magdiel, el duque Iram. Éstos [fueron] los duques de Edom.
1CH 2:1 ÉSTOS [son] los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón,
1CH 2:2 Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad, y Aser.
1CH 2:3 Los hijos de Judá: Er, Onán, y Sela. [Estos] tres le nacieron de la hija de Sua, cananea. Y Er, pri­mogénito de Judá, fue malo delante del SEÑOR; y matólo.
1CH 2:4 Y Tamar su nuera le parió a Fares y a Zara. Todos los hijos de Judá fueron cinco.
1CH 2:5 Los hijos de Fares: Hesrón y Hamul.
1CH 2:6 Y los hijos de Zara: Zimri, Etán, Hemán, y Calcol, y Darda; en todos cinco.
1CH 2:7 Hijo de Carmi fue Acán, el que alborotó a Israel, porque pre­varicó en el anatema.
1CH 2:8 Azaría fue hijo de Etán.
1CH 2:9 Los hijos que nacieron a Hesrón: Jerameel, Ram, y Quelubai.
1CH 2:10 Y Ram engendró a Aminadab; y Aminadab engendró a Nahasón, príncipe de los hijos de Judá;
1CH 2:11 Y Nahasón engendró a Salma, y Salma engendró a Booz;
1CH 2:12 Y Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí;
1CH 2:13 E Isaí engendró a Eliab, su pri­mogénito, y el segundo Abinadab, y Sima el tercero;
1CH 2:14 El cuarto Natanael, el quinto Radai;
1CH 2:15 El sexto Osem, el séptimo David:
1CH 2:16 De los cuales Sarvia y Abigail fueron hermanas. Los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, Joab, y Asael.
1CH 2:17 Abigail engendró a Amasa, cuyo padre fue Jeter ismaelita.
1CH 2:18 Caleb hijo de Hesrón engendró a Jeriot de su esposa Azuba. Y los hijos de ella fueron Jeser, Sobad, y Ardón.
1CH 2:19 Y muerta Azuba, tomó Caleb por esposa a Efrata, la cual le parió a Hur.
1CH 2:20 Y Hur engendró a Uri, y Uri engendró a Bezaleel.
1CH 2:21 Después entró Hersón a la hija de Maquir padre de Galaad, la cual tomó siendo él de sesenta años, y ella le parió a Segub.
1CH 2:22 Y Segub engendró a Jair, el cual tuvo veintitrés ciudades en la tierra de Galaad.
1CH 2:23 Y Gesur y Aram tomaron las ciudades de Jair de ellos, y a Kenat con sus aldeas, sesenta lugares. Todos estos [fueron de] los hijos de Maquir padre de Galaad.
1CH 2:24 Y muerto Hesrón en Caleb de Efrata, Abia esposa de Hesrón le parió a Asur padre de Tecoa.
1CH 2:25 Y los hijos de Jerameel primo­génito de Hesrón fueron Ram su primogénito, Buna, Orem, Osem, y Ahías.
1CH 2:26 Y tuvo Jerameel otra esposa lla­mada Atara, que fue madre de Onam.
1CH 2:27 Y los hijos de Ram primogéni­to de Jerameel fueron Maas, Jamín, y Acar.
1CH 2:28 Y los hijos de Onam fueron Samai, y Jada. Los hijos de Samai: Nadab, y Abisur.
1CH 2:29 Y el nombre de la esposa de Abisur fue Abihail, la cual le parió a Abán, y a Molib.
1CH 2:30 Y los hijos de Nadab: Seled y Apaim. Y Seled murió sin hijos.
1CH 2:31 E Isi fue hijo de Apaim; y Sesam, hijo de Isi; e hijo de Sesam, Alai.
1CH 2:32 Los hijos de Jada hermano de Samai: Jeter y Jonatán. Y murió Jeter sin hijos.
1CH 2:33 Y los hijos de Jonatán: Pelet, y Zaza. Éstos fueron los hijos de Jerameel.
1CH 2:34 Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas. Y Sesán tuvo un siervo egipcio que se llamaba Jarha.
1CH 2:35 Y Sesán dio su hija a Jarha su siervo por esposa; y ella le parió a Atai.
1CH 2:36 Y Atai engendró a Natán, y Natán engendró a Zabad:
1CH 2:37 Y Zabad engendró a Eflal, y Eflal engendró a Obed;
1CH 2:38 Y Obed engendró a Jehú, y Jehú engendró a Azarías;
1CH 2:39 Y Azarías engendró a Heles, y Heles engedró a Elasa;
1CH 2:40 Elasa engendró a Sismai, y Sismai engendró a Salum;
1CH 2:41 Y Salum engendró a Jecamía, y Jecamía engendró a Elisama.
1CH 2:42 Los hijos de Caleb hermano de Jerameel fueron Mesa su pri­mogénito, que fue el padre de Zif; y los hijos de Maresa padre de Hebrón.
1CH 2:43 Y los hijos de Hebrón: Core, y Tapúa, y Recem, y Sema.
1CH 2:44 Y Sema engendró a Raham, padre de Jorcaam; y Recem engendró a Samai.
1CH 2:45 Maón fue hijo de Samai, y Maón padre de Bet-zur.
1CH 2:46 Y Efa, concubina de Caleb, le parió a Harán, y a Mosa, y a Gazez. Y Harán engendró a Gazez.
1CH 2:47 Y los hijos de Jahdai: Regem, Jotam, Gesán, Pelet, Efa, y Saaf.
1CH 2:48 Maaca, concubina de Caleb, le parió a Sebet, y a Tirana.
1CH 2:49 Y también le parió a Saaf padre de Madmana, y a Seva padre de Macbena, y padre de Ghiba. Y Acsa [fue] hija de Caleb.
1CH 2:50 Éstos fueron los hijos de Caleb, hijo de Hur, primogénito de Efrata: Sobal, padre de Quiriat-jearim;
1CH 2:51 Salma, padre de Belem; Haref, padre de Bet-gader.
1CH 2:52 Y los hijos de Sobal padre de Quiriat-jearim fueron Haroeh, la mitad de los manahetitas.
1CH 2:53 Y las familias de Quiriat-jea­rim fueron los itritas, y los futeos, y los samatitas, y los misraiteos; de los cuales salieron los soratitas, y los estaolitas.
1CH 2:54 Los hijos de Salma: Belem, y los netofatitas, [los cuales son] las coronas de la casa de Joab, y de la mitad de los manahetitas, los soraitas.
1CH 2:55 Y las familias de los escribas, que moraban en Jabes, fueron los tirateos, simateos, sucateos; los cuales son los cineos que vinieron de Hamat, padre de la casa de Recab.
1CH 3:1 ÉSTOS fueron[ los hijos de David, que le nacieron en Hebrón: Amnón el primogénito, de Ahinoam jezreelita; el segundo, Daniel, de Abigail de Carmelo;
1CH 3:2 El tercero, Absalom, hijo de Maaca hija de Talmai rey de Gesur; el cuarto, Adonías hijo de Haguit;
1CH 3:3 El quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Itream, de Egla su esposa.
1CH 3:4 Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses: y en Jerusalem reinó treinta y tres años.
1CH 3:5 Estos cuatro le nacieron en Jerusalem: Sima, Sobab, Natán, y Salomón, de Bet-sua hija de Amiel.
1CH 3:6 Y [otros] nueve: Ibaar, Elisama, y Elifelet,
1CH 3:7 Noga, Nefeg, y Jafía.
1CH 3:8 Elisama, Eliada, y Elifelet.
1CH 3:9 Todos estos fueron los hijos de David, sin los hijos de las concu­binas. Y Tamar fue hermana de ellos.
1CH 3:10 Hijo de Salomón fue Roboam, cuyo hijo [fue] Abía, del cual [fue] hijo Asa, cuyo hijo [fue] Josafat;
1CH 3:11 De quien [fue] hijo Joram, cuyo hijo [fue] Ocozías, hijo del cual [fue] Joas;
1CH 3:12 Del cual [fue] hijo Amasías, cuyo hijo [fue] Azarías, e hijo de éste Jotam;
1CH 3:13 E hijo del cual [fue] Acaz, del que [fue] hijo Ezequías, cuyo hijo [fue] Manasés;
1CH 3:14 Del cual [fue] hijo Amón, cuyo hijo [fue] Josías.
1CH 3:15 Y los hijos de Josías: Johanán su primogénito, el segundo Joacim, el tercero Sedequías, el cuarto Salum.
1CH 3:16 Los hijos de Joacim: Jeconías su hijo, hijo del cual [fue] Sedequías.
1CH 3:17 Y los hijos de Jeconías: Asir, Salatiel su hijo,
1CH 3:18 Malquiram, Pedaía, Seneaser, y Jecamía, Hosama, y Nedabía.
1CH 3:19 Y los hijos de Pedaía: Zorobabel, y Simi. Y los hijos de Zorobabel: Mesulam, Hananías, y Selomit su hermana.
1CH 3:20 Y Hasuba, Ohel, y Berequías, Hasadía, y Jusabhesed, cinco.
1CH 3:21 Los hijos de Hananías: Pelatías, y Jesaías, hijo de Refaías, hijo de Arnán, hijo de Obdías, hijo de Secanías.
1CH 3:22 Hijo de Secanías [fue] Semaías; y los hijos de Semaías: Hatús, Igheal, Barias, Nearías, y Safat; seis.
1CH 3:23 Los hijos de Nearías [fueron] estos tres: Elienai, Ezequías, y Azricam.
1CH 3:24 Los hijos de Elienai [fueron] estos siete: Odavias, Eliasib, Pelaías, Acub, Johanán, Dalaías, y Anani.
1CH 4:1 LOS hijos de Judá: Fares, Hesrón, Carmi, Hur, y Sobal.
1CH 4:2 Y Reaías hijo de Sobal, engen­dró a Jahat; y Jahat engendró a Ahumai y a Laad. Éstas [son] las familias de los zoratitas.
1CH 4:3 Y éstas son las del padre de Etam: Jezreel, Isma, e Ibdas. Y el nombre de su hermana fue Haslelponi.
1CH 4:4 Y Penuel [fue] padre de Gedor, y Ezer padre de Husa. Éstos [fueron] los hijos de Hur, primogénito de Efrata, padre de Belem.
1CH 4:5 Y Asur padre de Tecoa tuvo dos esposas, [a saber], Helea, y Naara.
1CH 4:6 Y Naara le parió a Auzam, y a Hefer, a Temeni, y a Ahastari. Éstos [fueron] los hijos de Naara.
1CH 4:7 Y los hijos de Helea: Zeret, Jesohar, Etnán.
1CH 4:8 Y Cos engendró a Anob, y a Sobeba, y la familia de Aharhel hijo de Arum.
1CH 4:9 Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuan­to le parí en dolor.
1CH 4:10 E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh si me dieras bendición, y ensancharas mi tér­mino, y si tu mano fuera conmi­go, y me libraras de mal, que no me dañe! E hizo Dios que le viniese lo que pidió.
1CH 4:11 Y Caleb hermano de Sua engendró a Maquir, el cual fue padre de Estón.
1CH 4:12 Y Estón engendró a Bet­rafa, a Pasea, y a Tehina, padre de la ciudad de Naas: estos son los varones de Reca.
1CH 4:13 Los hijos de Cenes: Otoniel, y Seraiah. Los hijos de Otoniel: Hatat,
1CH 4:14 Y Meonotai, el cual engendró a Ofra: y Seraiah engendró a Joab, padre de [los habitantes] en el valle [llamado de] Carisim, por­que fueron artífices.
1CH 4:15 Los hijos de Caleb hijo de Jefone: Iru, Ela, y Naham; e hijo de Ela, [fue] Cenez.
1CH 4:16 Los hijos de Jaleleel: Zip, Zifas, Tirias, y Asareel.
1CH 4:17 Y los hijos de Ezra: Jeter, Mered, Efer, y Jalón: también engendró a Mariam, y Samai, y a Isba, padre de Estemoa.
1CH 4:18 Y su esposa Judaía le parió a Jered padre de Gedor, y a Heber padre de Soco, y a Icutiel padre de Zanoa. Éstos [fueron] los hijos de Betia hija de Faraón, con la cual casó Mered.
1CH 4:19 Y los hijos de la esposa de Odías, hermana de Naham, [fue­ron] el padre de Keila de Garmi, y Estemoa de Maacati.
1CH 4:20 Y los hijos de Simón: Amnón, y Rina, hijo de Hanán, y Tilón. Y los hijos de Isi: Zohet, y BenZohet.
1CH 4:21 Los hijos de Sela, hijo de Judá: Er, padre de Leca, y Laada, padre de Maresa, y de la familia de la casa del oficio del lino en la casa de Asbea;
1CH 4:22 Y Joacim, y los varones de Cozeba, y Joas, y Saraf, los cuales dominaron en Moab, y Jasubi-lehem, que son palabras antiguas.
1CH 4:23 Éstos [fueron] alfareros y se hallaban en medio de plantíos y cercados, los cuales moraron allá con el rey para su obra.
1CH 4:24 Los hijos de Simeón: Nemuel, Jamín, Jarib, Zera, Saúl;
1CH 4:25 También Salum su hijo, Mibsam su hijo, y Misma su hijo.
1CH 4:26 Los hijos de Misma: Hamuel su hijo, Zacur su hijo, y Simi su hijo.
1CH 4:27 Los hijos de Simi fueron diez y seis, y seis hijas: mas sus her­manos no tuvieron muchos hijos, ni multiplicaron toda su familia como los hijos de Judá.
1CH 4:28 Y habitaron en Beerseba, y en Molada, y en Hasar-sual,
1CH 4:29 Y en Bala, y en Esem, y en Tolad,
1CH 4:30 Y en Betuel, y en Horma, y en Siclag.
1CH 4:31 Y en Bet-marcabot, y en Hasasusim, y en Bet-birai, y en Saaraim. Éstas [fueron] sus ciuda­des hasta el reino de David.
1CH 4:32 Y sus aldeas fueron Etam, Ain, Rimón, y Toquén, y Asán, cinco pueblos;
1CH 4:33 Y todas sus aldeas que [esta­ban] en contorno de estas ciuda­des hasta Baal. Ésta [fue] su habi­tación, y ésta su descendencia.
1CH 4:34 Y Mesobab, y Jamlec, y Josías hijo de Amasías;
1CH 4:35 Joel, y Jehú hijo de Josibias, hijo de Seraíah, hijo de Aziel;
1CH 4:36 Y Elienai, Jacoba, Jesohaía, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaías;
1CH 4:37 Y Ziza hijo de Sifi, hijo de Allón, hijo de Jedaía, hijo de Simri, hijo de Semaías.
1CH 4:38 Éstos por [sus] nombres [son] los principales que vinieron en sus familias, y que fueron multipli­cados en gran manera en las casas de sus padres.
1CH 4:39 Y llegaron hasta la entrada de Gador hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus gana­dos.
1CH 4:40 Y hallaron gruesos y buenos pastos, y tierra ancha y espacio­sa, y quieta y reposada, porque los de Cam la habitaban de antes.
1CH 4:41 Y éstos que han sido escritos por [sus] nombres, vinieron en días de Ezequías rey de Judá, y desbarataron sus tiendas y estan­cias que allí hallaron, y destruyé­ronlos, hasta hoy, y habitaron allí en lugar de ellos; por cuanto había allí pastos para sus gana­dos.
1CH 4:42 Y asimismo quinientos hom­bres de ellos, de los hijos de Simeón, se fueron al monte de Seir, llevando por capitanes a Pelatía, y a Nearías, y a Refaías, y a Uziel, hijos de Isi;
1CH 4:43 E hirieron al resto que había escapado de Amalec, y habitaron allí hasta hoy.
1CH 5:1 Y LOS hijos de Rubén, primogénito de Israel, (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel; y no fue contado por primogénito.
1CH 5:2 Porque Judá fue el mayorazgo sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primo­genitura fue de José.)
1CH 5:3 [Fueron pues] los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Enoc, Falú, Esrón y Carmi.
1CH 5:4 Los hijos de Joel: Semaías su hijo, Gog su hijo, Simi su hijo;
1CH 5:5 Micaía su hijo, Recaía su hijo, Baal su hijo;
1CH 5:6 Beera su hijo, el cual fue tras­portado por Tiglat-pilneser rey de los asirios. Éste [era] principal de los rubenitas.
1CH 5:7 Y sus hermanos por sus fami­lias, cuando eran contados en sus descendencias, tenían por prínci­pes a Jeiel y a Zacarías.
1CH 5:8 Y Bela hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-meón.
1CH 5:9 Habitó también desde el orien­te hasta la entrada del desierto desde el río Éufrates: porque tenía muchos ganados en la tierra de Galaad.
1CH 5:10 Y en los días de Saúl trajeron guerra contra los agarenos, los cuales cayeron en su mano; y ellos habitaron en sus tiendas sobre toda la [tierra] oriental de Galaad.
1CH 5:11 Y los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basán hasta Salca.
1CH 5:12 Y Joel fue el principal en Basán, el segundo Safán, luego Janai, después Safat.
1CH 5:13 Y sus hermanos, según las familias de sus padres, fueron Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jacán, Zia, y Heber; [en todos] siete.
1CH 5:14 Éstos [fueron] los hijos de Abihail hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesiaí, hijo de Jahdo, hijo de Buz.
1CH 5:15 También Ahí, hijo de Abdiel, hijo de Guni, [fue] principal en la casa de sus padres.
1CH 5:16 Los cuales habitaron en Galaad, en Basán, y en sus alde­as, y en todos los ejidos de Sarón hasta salir de ellos.
1CH 5:17 Todos estos fueron contados por sus generaciones en días de Jotam rey de Judá, y en días de Jeroboam rey de Israel.
1CH 5:18 Los hijos de Rubén, y de Gad, y la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que ente­saban arco, y diestros en guerra, en cuarenta y cuatro mil sete­cientos y sesenta que salían a batalla.
1CH 5:19 Y tuvieron guerra con los agarenos, y Jetur, y Nafis, y Nodab.
1CH 5:20 Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos fueron entregados en sus manos, y todos los que con ellos [estaban]; porque clamaron a Dios en la batalla, y les fue propicio, porque confiaron en él.
1CH 5:21 Y tomaron sus ganados, cin­cuenta mil camellos, y doscien­tas cincuenta mil ovejas, dos mil asnos, y cien mil personas.
1CH 5:22 Y cayeron muchos heridos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta la transmigración.
1CH 5:23 Y los hijos de la media tribu de Manasés habitaron en la tierra, desde Basán hasta Baal-Hermón, y Senir y el monte de Hermón, multiplicados en gran manera.
1CH 5:24 Y éstas fueron las cabezas de las casas de sus padres: Efer, Isi, y Eliel, Azriel, y Jeremías, y Odavia, y Jadiel, hombres valientes y de esfuerzo, varones de nombre, y cabeceras de las casas de sus padres.
1CH 5:25 Mas se rebelaron contra el Dios de sus padres, y fornicaron siguiendo los dioses de los pue­blos de la tierra, a los cuales Dios había destruido de delante de ellos.
1CH 5:26 Por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pilneser rey de los asirios, el cual trasportó a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y llevólos a Halad, y a Habor y a Ara, y al río de Gozán, hasta hoy.
1CH 6:1 LOS hijos de Leví: Gersón, Coat, y Merari.
1CH 6:2 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel.
1CH 6:3 Los hijos de Amram: Aarón, Moisés, y Mariam. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar, e Itamar.
1CH 6:4 Eleazar engendró a Finees, y Finees engendró a Abisua:
1CH 6:5 Y Abisua engendró a Buqui, y Buqui engendró a Uzi;
1CH 6:6 Y Uzi engendró a Zeraías, y Zeraías engendró a Meraiot;
1CH 6:7 Y Meraiot engendró a Amarías, y Amarías engendró a Ahitob;
1CH 6:8 Y Ahitob engendró a Sadoc, y Sadoc engendró a Ahimaas;
1CH 6:9 Y Ahimaas engendró a Azarías, y Azarías engendró a Johanan;
1CH 6:10 Y Johanan engendró a Azarías, el que tuvo el sacerdo­cio en la casa que Salomón edifi­có en Jerusalem;
1CH 6:11 Y Azarías engendró a Amarías, y Amarías engendró a Ahitob;
1CH 6:12 Y Ahitob engendró a Sadoc, y Sadoc engendró a Salum;
1CH 6:13 Y Salum engendró a Hilquías, e Hilquías engendró a Azarías;
1CH 6:14 Y Azarías engendró a Seraíah, y Seraíah, engendró a Josadec.
1CH 6:15 Y Josadec fue [cautivo] cuando el SEÑOR trasportó a Judá y a Jerusalem por mano de Nabucodonosor.
1CH 6:16 Los hijos de Leví: Gersón, Coat, y Merari.
1CH 6:17 Y estos son los nombres de los hijos de Gersón: Libni, y Simi.
1CH 6:18 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón, y Uziel.
1CH 6:19 Los hijos de Merari: Mahali, y Musi. Éstas [son] las familias de Leví, según sus descendencias.
1CH 6:20 Gersón: Libni su hijo, Jahat su hijo, Zima su hijo.
1CH 6:21 Joab su hijo, Iddo su hijo, Zera su hijo, Jeatrai su hijo.
1CH 6:22 Los hijos de Coat: Aminadab su hijo, Coré su hijo, Asir su hijo,
1CH 6:23 Elcana su hijo, Ebiasaf su hijo, Asir su hijo,
1CH 6:24 Tahat su hijo, Uriel su hijo, Uzías su hijo, y Saúl su hijo.
1CH 6:25 Los hijos de Elcana: Amasai, Ahimot, y Elcana.
1CH 6:26 Los hijos de Elcana: Zofai su hijo, Nahat su hijo,
1CH 6:27 Eliab su hijo, Jeroham su hijo, Elcana su hijo.
1CH 6:28 Los hijos de Samuel: el pri­mogénito Vasni, y Abías.
1CH 6:29 Los hijos de Merari: Mahali, Libni su hijo, Simi su hijo, Uza su hijo,
1CH 6:30 Sima su hijo, Haggía su hijo, Asaías su hijo.
1CH 6:31 Y estos son a los que David dio cargo de las cosas de la músi­ca de la casa del SEÑOR, des­pués que el arca tuvo reposo:
1CH 6:32 Los cuales servían delante de la tienda del tabernáculo de la congregación en cantares, hasta que Salomón edificó la casa del SEÑOR en Jerusalem: después estuvieron en su ministerio segun su costumbre.
1CH 6:33 Éstos pues con sus hijos asis­tían: de los hijos de Coat, Hemán cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel;
1CH 6:34 Hijo de Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Toa;
1CH 6:35 Hijo de Zuf, hijo de Elcana, hijo de Mahat, hijo de Amasai;
1CH 6:36 Hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías;
1CH 6:37 Hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Core;
1CH 6:38 Hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, hijo de Israel.
1CH 6:39 Y su hermano Asaf, el cual estaba a su mano derecha: Asaf, hijo de Berequías, hijo de Sima;
1CH 6:40 Hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Malquías;
1CH 6:41 Hijo de Etni, hijo de Zera, hijo de Adaia;
1CH 6:42 Hijo de Etán, hijo de Zima, hijo de Simi;
1CH 6:43 Hijo de Jahat, hijo de Gersón, hijo de Leví.
1CH 6:44 Mas los hijos de Merari sus hermanos estaban a la mano siniestra, [es a saber,] Etán hijo de Quisi, hijo de Abdi, hijo de Maluc;
1CH 6:45 Hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo de Hilquías;
1CH 6:46 Hijo de Amasai, hijo de Bani, hijo de Semer;
1CH 6:47 Hijo de Mahali, hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Leví.
1CH 6:48 Y sus hermanos los levitas fueron puestos sobre todo el ministerio del tabernáculo de la casa de Dios.
1CH 6:49 Mas Aarón y sus hijos ofrecí­an perfume sobre el altar de la ofrenda quemada, y sobre el altar del perfume, en toda la obra del lugar santísimo, y para hacer las expiaciones sobre Israel, confor­me a todo lo que Moisés siervo de Dios había mandado.
1CH 6:50 Y los hijos de Aarón son estos, Eleazar su hijo, Finees su hijo, Abisua su hijo;
1CH 6:51 Buqui su hijo, Uzi su hijo, Zeraías su hijo;
1CH 6:52 Meraiot su hijo, Amarías su hijo, Ahitob su hijo;
1CH 6:53 Sadoc su hijo, Ahimaas su hijo.
1CH 6:54 Y estas son sus habitaciones, conforme a sus domicilios y sus términos, [las] de los hijos de Aarón por las familias de los coatitas, porque de ellos fue la suerte:
1CH 6:55 Les dieron pues a Hebrón en tierra de Judá, y sus ejidos alre­dedor de ella.
1CH 6:56 Mas el territorio de la ciudad y sus aldeas se dieron a Caleb, hijo de Jefone.
1CH 6:57 Y a los hijos de Aarón dieron las ciudades de Judá de acogi­miento, [es a saber,] a Hebrón, y a Libna con sus ejidos; a Jatir, y Estemoa con sus ejidos,
1CH 6:58 Y a Hilem con sus ejidos, y a Debir con sus ejidos:
1CH 6:59 A Asán con sus ejidos, y a Bet-semes con sus ejidos:
1CH 6:60 Y de la tribu de Benjamín, a Geba con sus ejidos, y a Alemet con sus ejidos, y a Anatot con sus ejidos. Todas sus ciudades fueron trece ciudades, [repartidas] por sus linajes.
1CH 6:61 A los hijos de Coat, que que­daron de su parentela, [dieron] diez ciudades de la media tribu de Manasés por suerte.
1CH 6:62 Y a los hijos de Gersón, por sus linajes, [dieron] de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la tribu de Manasés en Basán, trece ciudades.
1CH 6:63 Y a los hijos de Merari, por sus linajes, de la tribu de Rubén, y de la tribu de Gad, y de la tribu de Zabulón, [se dieron] por suerte doce ciudades.
1CH 6:64 Y dieron los hijos de Israel a los levitas ciudades con sus eji­dos.
1CH 6:65 Y dieron por suerte de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón, y de la tribu de los hijos de Benjamín, las ciudades que nombraron por sus nombres.
1CH 6:66 Y a los linajes de los hijos de Coat [dieron] ciudades con sus términos de la tribu de Efraím.
1CH 6:67 Y diéronles las ciudades de acogimiento, a Siquem con sus ejidos en el monte de Efraím, y a Gezer con sus ejidos,
1CH 6:68 Y a Jocmeam con sus ejidos, y a Bet-horón con sus ejidos,
1CH 6:69 Y a Ajalón con sus ejidos, y a Gat-rimón con sus ejidos.
1CH 6:70 De la media tribu de Manasés, a Aner con sus ejidos, y a Bilam con sus ejidos, para los del linaje de los hijos de Coat que habían quedado.
1CH 6:71 Y a los hijos de Gersón [dieron] de la familia de la media tribu de Manasés, a Golan en Basán con sus ejidos y a Astarot con sus ejidos;
1CH 6:72 Y de la tribu de Isacar, a Cedes con sus ejidos, a Daberat con sus ejidos,
1CH 6:73 Y a Ramot con sus ejidos, y a Anem con sus ejidos;
1CH 6:74 Y de la tribu de Aser, a Masal con sus ejidos, y a Abdón con sus ejidos,
1CH 6:75 Y a Ucoc con sus ejidos, y a Rehob con sus ejidos;
1CH 6:76 Y de la tribu de Neftalí, a Cedes en Galilea con sus ejidos, y a Amón con sus ejidos, a Quiriat-jearim con sus ejidos.
1CH 6:77 Y a los hijos de Merari que habían quedado, [dieron] de la tribu de Zabulón a Rimón con sus ejidos, y a Tabor con sus ejidos;
1CH 6:78 Y de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente del Jordán, [dieron], de la tribu de Rubén, a Beser en el desierto con sus eji­dos; y a Jasa con sus ejidos,
1CH 6:79 Y a Cademot con sus eji­dos, y a Mefaat con sus eji­dos;
1CH 6:80 Y de la tribu de Gad, a Ramot en Galaad con sus ejidos, y a Mahanaim con sus ejidos,
1CH 6:81 Y a Hesbón con sus ejidos, y a Jacer con sus ejidos.
1CH 7:1 LOS hijos de Isacar, cuatro: Tola, Fúa, Jabsub, y Simrón.
1CH 7:2 Los hijos de Tola: Uzi, Refaías, Jeriel, Jamai, Jibsam y Samuel, cabezas en las familias de sus padres. De Tola fueron contados por sus linajes en el tiempo de David, veintidós mil seiscientos hombres muy valero­sos.
1CH 7:3 Hijo de Uzi fue Izrahías; y los hijos de Izrahías: Micael, Obadías, Joel, e Isías: todos, cinco príncipes.
1CH 7:4 Y había con ellos en sus linajes, por las familias de sus padres, treinta y seis mil [hombres] de guerra: por que tuvieron muchas esposas e hijos.
1CH 7:5 Y sus hermanos por todas las familias de Isacar, contados todos por sus genealogías, eran ochenta y siete mil [hombres] valientes en extremo.
1CH 7:6 Los [hijos] de Benjamín fueron tres: Bela, Bequer, y Jediael.
1CH 7:7 Los hijos de Bela: Esbon, Uzi, Uziel, Jerimot, e Iri; cinco cabezas de casas de linajes, hom­bres de gran valor, y de cuya des­cendencia fueron contados vein­tidós mil treinta y cuatro.
1CH 7:8 Los hijos de Bequer: Zemira, Joas, Eliezer, Elienai, Omri, Jerimot, Abías, Anatot y Alemet; todos estos fueron hijos de Bequer.
1CH 7:9 Y contados por sus descenden­cias, por sus linajes, los que eran cabezas de sus familias, [resulta­ron] veinte mil y doscientos hom­bres de grande esfuerzo.
1CH 7:10 Hijo de Jediael fue Bilhán; y los hijos de Bilhán: Jebús, Benjamín, Aod, Quenaana, Zetán, Tarsis, y Ahisahar.
1CH 7:11 Todos estos fueron hijos de Jediael, cabezas de familias, hombres muy valerosos, dieci­siete mil y doscientos que salían a combatir en la guerra.
1CH 7:12 Y Suppim y Hupim fueron hijos de Hir: y Husim, hijo de Aher.
1CH 7:13 Los hijos de Neftalí: Jaoel, Guni, Jezer, y Salum, hijos de Bilha.
1CH 7:14 Los hijos de Manasés: Asriel, el cual le parió su concubina la Sira: (la cual también le parió a Maquir, padre de Galaad:
1CH 7:15 Y Maquir tomó por esposa [la hermana] de Hupim y Suppim, cuya hermana tuvo por nombre Maaca:) y el nombre del segun­do fue Zelofehad. Y Zelofehad tuvo hijas.
1CH 7:16 Y Maaca esposa de Maquir le parió un hijo, y llamóle Peres; y el nombre de su hermano fue Seres, cuyos hijos fueron Ulam y Recem.
1CH 7:17 Hijo de Ulam fue Bedán. Éstos [fueron] los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés.
1CH 7:18 Y su hermana Hamolequet parió a Isod, y a Abiezer, y Mahala.
1CH 7:19 Y los hijos de Semida fueron Ahián, Siquem, Likhi, y Aniam.
1CH 7:20 Los hijos de Efraím: Sutela, Bered su hijo, su hijo Tahat, Elada su hijo, Tahat su hijo,
1CH 7:21 Y Zabad su hijo, y Sutela su hijo, y Ezer, y Elad; mas los hijos de Gat, naturales de [aquella] tierra, los mataron porque vinieron a tomarles sus ganados.
1CH 7:22 Y Efraím su padre hizo duelo por muchos días, y vinie­ron sus hermanos a consolarlo.
1CH 7:23 Entrando él después a su esposa, ella concibió, y parió un hijo, al cual puso por nombre Bería; por cuanto había estado en aflicción en su casa
1CH 7:24 Y su hija fue Seera, la cual edificó a Bet-horón la baja y la alta, y a Uzen-seera.
1CH 7:25 Hijo de este [Bería] fue Refa, y Resef, y Tela su hijo, y Taán su hijo,
1CH 7:26 Laadán su hijo, Amiud su hijo, Elisama su hijo,
1CH 7:27 Nun su hijo, Josué su hijo.
1CH 7:28 Y la heredad y habitación de ellos fue Betel con sus aldeas: y hacia el oriente Naarán, y a la parte del occidente Gezer y sus aldeas: asimismo Siquem con sus aldeas, hasta Asa y sus alde­as;
1CH 7:29 Y a la parte de los hijos de Manasés, Bet-seán con sus aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas, Dor con sus aldeas. En estos [lugares] habi­taron los hijos de José, hijo de Israel.
1CH 7:30 Los hijos de Aser: Imna, Isua, Isui, Bería, y su hermana Sera.
1CH 7:31 Los hijos de Bería: Heber, y Malquiel, el cual fue padre de Birzabit.
1CH 7:32 Y Heber engendró a Jaflet, Semer, Hotam, y Sua hermana de ellos.
1CH 7:33 Los hijos de Jaflet: Pasac, Bimhal, y Asvat. Aquestos los hijos de Jaflet.
1CH 7:34 Y los hijos de Semer: Ahi, Roega, Jehúba, y Aram.
1CH 7:35 Los hijos de Helem su hermano: Zofa, Imna, Selles, y Amal.
1CH 7:36 Los hijos de Zofa: Sua, Harnafer, Sual, Beri, Imra,
1CH 7:37 Beser, Hod, Sama, Silsa, Itrán y Beera.
1CH 7:38 Los hijos de Jeter: Jefone, Pispa, y Ara.
1CH 7:39 Y los hijos de Ulla: Ara, y Haniel, y Resia.
1CH 7:40 Todos estos [fueron] hijos de Aser, cabezas de familias paternas, escogidos, hombres de gran valor, cabezas de príncipes. Y el número por sus linajes entre los aptos para la guerra [y] la batalla [fue] veintiséis mil hombres.
1CH 8:1 BENJAMÍN engendró a Bela su primogénito, Asbel el segundo, Ara el tercero,
1CH 8:2 Noha el cuarto, y Rafa el quinto.
1CH 8:3 Y los hijos de Bela fueron Adar, Gera, Abiud,
1CH 8:4 Abisua, Naamán, Ahoa,
1CH 8:5 Y Gera, Sefufán, y Huram.
1CH 8:6 Y estos son los hijos de Ehud, estos las cabezas de padres que habitaron en Gabaa, y fueron trasportados a Manahat:
1CH 8:7 [Es a saber:] Naamán, Ahías, y Gera: éste los trasportó, y engen­dró a Uza, y a Ahihud.
1CH 8:8 Y Saharaim engendró hijos en la provincia de Moab, después que dejó a Husim y a Baara que eran sus esposas.
1CH 8:9 Engendró pues de Hodes su esposa, a Jobab, Sibias, Mesa, Malcam,
1CH 8:10 Jeus, Soquías, y Mirma. Éstos [son] sus hijos, cabezas de fami­lias.
1CH 8:11 Mas de Husim engendró a Abitob, y a Elpaal.
1CH 8:12 Y los hijos de Elpaal: Heber, Misam, y Semeb, (el cual edificó a Ono, y a Lod con sus aldeas,)
1CH 8:13 Berías también, y Sema, que fueron las cabezas de las familias de los moradores de Ajalón, los cuales echaron a los moradores de Gat;
1CH 8:14 Y Ahío, Sasac, Jeremot;
1CH 8:15 Zebadías, Arad, Heder;
1CH 8:16 Micael, Ispa, y Joa, hijos de Berías;
1CH 8:17 Y Zebadías, Mesulam, Hizqui, Heber;
1CH 8:18 Ismari, Izlia, y Jobab, hijos de Elpaal.
1CH 8:19 Y Jacim, Zicri, Zabdi;
1CH 8:20 Elienai, Ziletai, Eliel;
1CH 8:21 Adaías, Baraías, y Simrat, hijos de Simi;
1CH 8:22 E Ispán, Heber, Eliel;
1CH 8:23 Adón, Zicri, Hanán;
1CH 8:24 Hananía, Belam, Anatotías;
1CH 8:25 Ifdaías, y Peniel, hijos de Sasac;
1CH 8:26 Y Samseri, Seharías, Atalía;
1CH 8:27 Jaarsías, Elías, Zicri, hijos de Jeroham.
1CH 8:28 Éstos [fueron] jefes principales de familias por sus linajes, y habitaron en Jerusalem.
1CH 8:29 Y en Gabaón habitaron Abigabaón, la esposa del cual se llamó Maaca:
1CH 8:30 Y su hijo primogénito, Abdón, luego Zur, Quis, Baal, Nadab,
1CH 8:31 Gedor, Ahíe, y Zequer.
1CH 8:32 Y Miclot engendró a Simea. Éstos también habitaron con sus hermanos en Jerusalem, enfrente de ellos.
1CH 8:33 Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saúl, y Saúl engen­dró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab, y Esbaal.
1CH 8:34 Hijo de Jonatán fue Merib-­baal, y Merib-baal engendró a Micaía.
1CH 8:35 Los hijos de Micaía: Pitón, Melec, Taarea y Ahaz.
1CH 8:36 Y Ahaz engendró a Joada; y Joada engendró a Alemet, y a Azmavet, y a Zimri; y Zimri engendró a Mosa;
1CH 8:37 Y Mosa engendró a Bina, hijo del cual fue Rafa, hijo del cual [fue] Elasa, cuyo hijo [fue] Asel.
1CH 8:38 Y los hijos de Asel fueron seis, cuyos nombres son Azricam, Bocru, Ismael, Searías, Obadías, y Hanán: todos estos fueron hijos de Asel.
1CH 8:39 Y los hijos de Esec su hermano: Ulam su primogénito, Jehus el segundo, Elifelet el tercero.
1CH 8:40 Y fueron los hijos de Ulam hombres valientes y vigorosos, flecheros diestros, los cuales tuvieron muchos hijos y nietos, ciento y cincuenta. Todos estos fueron de los hijos de Benjamín.
1CH 9:1 Y CONTADO todo Israel por el orden de los linajes, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá, [que] fueron trasportados a Babilonia por su rebelión.
1CH 9:2 Los primeros moradores que entraron en sus posesiones en sus ciudades, fueron así de Israel, como de los sacerdotes, levitas, y netineos.
1CH 9:3 Y habitaron en Jerusalem de los hijos de Judá, de los hijos de Benjamín, de los hijos de Efraím y Manasés:
1CH 9:4 Urai hijo de Amiud, hijo de Omri, hijo de Imrai, hijo de Bani, de los hijos de Fares hijo de Judá.
1CH 9:5 Y de Siloni, Asaías el primogé­nito, y sus hijos.
1CH 9:6 Y de los hijos de Zara, Jehuel y sus hermanos, seiscientos noven­ta.
1CH 9:7 Y de los hijos de Benjamín: Sallu hijo de Mesulam, hijo de Odavía, hijo de Asenua;
1CH 9:8 E Ibnías hijo de Jeroham, y Ela hijo de Uzi, hijo de Micri; y Mesulam hijo de Sefatías, hijo de Rehuel, hijo de Ibnías.
1CH 9:9 Y sus hermanos por sus linajes fueron nuevecientos cincuenta y seis. Todos estos hombres fueron cabezas de familia en las casas de sus padres.
1CH 9:10 Y de los sacerdotes: Jedaía, Joiarib, Jaquín;
1CH 9:11 Y Azarías hijo de Hilquías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, príncipe de la casa de Dios;
1CH 9:12 Y Adaías hijo de Jeroham, hijo de Pasur, hijo de Malquías; y Masai hijo de Adiel, hijo de Jazera, hijo de Mesulam, hijo de Mesilemit, hijo de Imer;
1CH 9:13 Y sus hermanos, cabezas de las casas de sus padres, [en número de] mil setecientos sesenta, hombres de grande eficacia en la obra del ministerio en la casa de Dios.
1CH 9:14 Y de los levitas: Semeías, hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías de los hijos de Merari;
1CH 9:15 Y Bacbacar, Heres, y Galal, y Matanías hijo de Micaía, hijo de Zicri, hijo de Asaf;
1CH 9:16 Y Obadías hijo de Semeías, hijo de Galal, hijo de Jedutún: y Berequías hijo de Asa, hijo de Elcana, el cual habitó en las alde­as de los netofatitas.
1CH 9:17 Y los porteros: Salum, Acub, Talmon, Ahiman, y sus hermanos. Salum era el jefe.
1CH 9:18 Y hasta ahora entre las cuadri­llas de los hijos de Leví [han sido] estos los porteros en la puerta del rey [que está] al oriente.
1CH 9:19 Y Salum hijo de Core, hijo de Ebiasaf, hijo de Corah, y sus hermanos los coraitas por la casa de su padre, tuvieron cargo de la obra del ministerio, guar­dando las puertas del tabernácu­lo; y sus padres fueron sobre la cuadrilla del SEÑOR guardas de la entrada.
1CH 9:20 Y Finees hijo de Eleazar fue antes capitán sobre ellos, [siendo] el SEÑOR con él.
1CH 9:21 Y Zacarías hijo de Meselemia era portero de la puerta del tabernáculo de la congregación.
1CH 9:22 Todos estos, escogidos para guardas en las puertas, eran dos­cientos doce cuando fueron con­tados por el orden de sus linajes en sus villas, a los cuales consti­tuyó en su oficio David y Samuel el vidente.
1CH 9:23 Así ellos y sus hijos eran por­teros por sus turnos a las puertas de la casa del SEÑOR, y de la casa del tabernáculo.
1CH 9:24 Y estaban los porteros a los cuatro vientos, al oriente, al occi­dente, al septentrión, y al sur.
1CH 9:25 Y sus hermanos que estaban en sus aldeas, venían cada siete días por sus tiempos con ellos.
1CH 9:26 Porque cuatro principales de los porteros levitas estaban en el oficio, y tenían cargo de las cámaras, y de los tesoros de la casa de Dios.
1CH 9:27 Éstos moraban alrededor de la casa de Dios, porque tenían cargo de la guardia, y el de abrir aquélla todas las mañanas.
1CH 9:28 Algunos de estos tenían cargo de los vasos del ministerio, los cuales se metían por cuenta, y por cuenta se sacaban.
1CH 9:29 Y otros de ellos tenían cargo de la vajilla, y de todos los vasos del santuario, y de la harina, y del vino, y del aceite, y del incienso, y de los aromas.
1CH 9:30 Y algunos de los hijos de los sacerdotes hacían los ungüentos aromáticos.
1CH 9:31 Y Matatías, uno de los levitas, primogénito de Salum coraita, tenía cargo de las cosas que se hacían en sartén.
1CH 9:32 Y algunos de los hijos de Coat, y de sus hermanos, tenían el cargo de los panes de la pro­posición, los cuales ponían por orden cada sábado.
1CH 9:33 Y de estos había cantores, principales de familias de los levitas, [los cuales estaban en sus] cámaras exentos; porque de día y de noche estaban en [aque­lla] obra.
1CH 9:34 Éstos [eran] jefes de familias de los levitas por sus linajes, jefes que habitaban en Jerusalem.
1CH 9:35 Y en Gabaón habitaban Jehiel padre de Gabaón, el nombre de cuya esposa era Maaca;
1CH 9:36 Y su hijo primogénito Abdón, luego Sur, Quis, Baal, Ner, Nadab;
1CH 9:37 Gedor, Ahio, Zacarías, y Miclot.
1CH 9:38 Y Miclot engendró a Samaán. Y estos habitaban tam­bién en Jerusalem con sus her­manos enfrente de ellos.
1CH 9:39 Y Ner engendró a Cis, y Cis engendró a Saúl, y Saúl engen­dró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab, y Esbaal.
1CH 9:40 E hijo de Jonatán fue Merib-­baal, y Merib-baal engendró a Micaía.
1CH 9:41 Y los hijos de Micaía: Pitón, Melec, Tarea, y Ahaz.
1CH 9:42 Ahaz engendró a Jara, y Jara engendró a Alemet, Azmavet, y Zimri: y Zimri engendró a Mosa;
1CH 9:43 Y Mosa engendró a Bina, cuyo hijo fue Refaías, del que fue hijo Elasa, cuyo hijo fue Asel.
1CH 9:44 Y Asel tuvo seis hijos, los nom­bres de los cuales son: Azricam, Bocru, Ismael, Seraía, Obadías, y Hanán: estos fueron los hijos de Asel.
1CH 10:1 LOS filisteos pelearon con Israel; y huyeron delante de ellos los israelitas, y cayeron heridos en el monte de Gilboa.
1CH 10:2 Y los filisteos siguieron a Saúl y a sus hijos; y mataron los filisteos a Jonatán, y a Abinadab, y a Malquisúa, hijos de Saúl.
1CH 10:3 Y agravóse la batalla sobre Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y fue de los flecheros herido.
1CH 10:4 Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y me escarnezcan; pero su escudero no quiso, porque tenía gran miedo. Entonces Saúl tomó la espada, y echóse sobre ella.
1CH 10:5 Y como su escudero vio a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y matóse.
1CH 10:6 Así murió Saúl, y sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente con él.
1CH 10:7 Y viendo todos los de Israel que [habitaban] en el valle, que habían huído, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron sus ciudades, y huyeron: y vinieron los filisteos, y habitaron en ellas.
1CH 10:8 Y sucedió que viniendo el día siguiente los filisteos a despojar los muertos, hallaron a Saúl y a sus hijos tendidos en el monte de Gilboa.
1CH 10:9 Y luego que le hubieron desnu­dado, tomaron su cabeza y sus armas, y enviáronlo [todo] a la tie­rra de los filisteos por todas par­tes, para que fuese denunciado a sus ídolos y al pueblo.
1CH 10:10 Y pusieron sus armas en el templo de su dios, y colgaron la cabeza en el templo de Dagón.
1CH 10:11 Y oyendo todos los de Jabes de Galaad lo que los filisteos habían hecho de Saúl,
1CH 10:12 Levantáronse todos los hom­bres valientes, y tomaron el cuer­po de Saúl, y los cuerpos de sus hijos, y trajéronlos a Jabes; y enterraron sus huesos debajo de la encina en Jabes, y ayunaron siete días.
1CH 10:13 Así murió Saúl por su rebe­lión con que prevaricó contra el SEÑOR, contra la palabra del SEÑOR, la cual no guardó; y porque consultó [al que tenía] espíritu de hechicería, inquiriéndo[le],
1CH 10:14 Y no inquirió del SEÑOR: por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David, hijo de Isaí.
1CH 11:1 ENTONCES todo Israel se juntó a David en Hebrón, diciendo: He aquí nosotros somos tu hueso y tu carne.
1CH 11:2 Y además antes de ahora, aun mientras Saúl reinaba, tú sacabas y metías a Israel. También el SEÑOR tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel mi pueblo.
1CH 11:3 Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos pacto delante del SEÑOR; y ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra del SEÑOR por mano de Samuel.
1CH 11:4 Entonces se fue David con todo Israel a Jerusalem, la cual es Jebus; y allí era el jebuseo habi­tador de aquella tierra.
1CH 11:5 Y los moradores de Jebus dije­ron a David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David.
1CH 11:6 Y David había dicho: El que primero hiriere al jebuseo, será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió el primero, y fue hecho jefe.
1CH 11:7 Y David habitó en la fortaleza, y por esto le llamaron la ciudad de David.
1CH 11:8 Y edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta la cerca: y Joab reparó el resto de la ciudad.
1CH 11:9 Y David iba adelantando y cre­ciendo, y el SEÑOR de los ejér­citos era con él.
1CH 11:10 Éstos [son] los principales de los valientes que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme a la pala­bra del SEÑOR.
1CH 11:11 Y este es el número de los valientes que David tuvo: Jasobam, hacmonita, cau­dillo de los treinta, el cual blan­dió su lanza una vez contra tres­cientos, a los cuales mató.
1CH 11:12 Tras de éste fue Eleazar hijo de Dodo, ahohita, el cual era de los tres valientes.
1CH 11:13 Éste estuvo con David en Pasdamim, estando allí juntos en batalla los filisteos: y había [allí] una suerte de tierra llena de cebada, y huyendo el pueblo delante de los filisteos,
1CH 11:14 Pusiéronse ellos en medio del campo, y la defendieron, y ven­cieron a los filisteos; y favore­ciólos el SEÑOR con grande sal­vamento.
1CH 11:15 Y tres de los treinta principa­les descendieron a la peña a David, a la cueva de Adulam, estando el campo de los filisteos en el valle de Refaim.
1CH 11:16 Y David estaba entonces en la fortaleza, y había a la sazón guar­nición de filisteos en Belem.
1CH 11:17 David deseó entonces, y dijo: ¡Quién me diera a beber de las aguas del pozo de Belem, que está a la puerta!
1CH 11:18 Y aquellos tres rompieron por el campo de los filisteos, y saca­ron agua del pozo de Belem, que está a la puerta, y tomaron y trajéronla a David: mas él no la quiso beber, sino que la derramó al SEÑOR, y dijo:
1CH 11:19 Guárdeme mi Dios de hacer esto: ¿había yo de beber la san­gre de estos varones con sus vidas, que con [peligro de] sus vidas la han traído? Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes.
1CH 11:20 Y Abisai, hermano de Joab, era cabeza de los tres, el cual blandió su lanza sobre trescien­tos, a los cuales hirió; y fue entre los tres nombrado.
1CH 11:21 De los tres fue más ilustre que los [otros] dos, y fue el principal de ellos: mas no llegó a los tres [primeros].
1CH 11:22 Benaías hijo de Joiada, hijo de varón valiente, de grandes hechos, de Cabseel: él mató a dos hombres como leones de Moab: también descendió, y mató un león en mitad de un foso en tiempo de nieve.
1CH 11:23 El mismo venció a un egipcio, hombre de cinco codos de estatura: y el egipcio traía una lanza como un enjullo de tejedor; mas él descendió a él con un bas­tón, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y matólo con su misma lanza.
1CH 11:24 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y fue nombrado entre los tres valientes.
1CH 11:25 Y fue el más honrado de los treinta, mas no llegó a los tres [primeros]. A este puso David sobre su guardia.
1CH 11:26 Y los valientes de los ejérci­tos: Asael hermano de Joab, y Elhanán hijo de Dodo de Belem;
1CH 11:27 Samot de Arori, Heles pelonita;
1CH 11:28 Ira hijo de Iques tecoita, Abiezer anatotita;
1CH 11:29 Sibecai husatita, Ilai ahohita;
1CH 11:30 Maharai el netofatita, Heled hijo de Baana el netofatita;
1CH 11:31 Itai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín, Benaías el piratonita;
1CH 11:32 Hurai del río Gaas, Abiel arbatita;
1CH 11:33 Azmavet baharumita, Eliaba saalbonita;
1CH 11:34 Los hijos de Asem gizonita, Jonatán hijo de Sajé ararita;
1CH 11:35 Ahiam hijo de Sacar ararita, Elifal hijo de Ur;
1CH 11:36 Hefer mequeratita, Ahía pelonita;
1CH 11:37 Hesro carmelita, Nahari hijo de Ezbai;
1CH 11:38 Joel hermano de Natán, Mibhar hijo de Agrai;
1CH 11:39 Selec amonita, Naarai berotita, escudero de Joab hijo de Sarvia;
1CH 11:40 Ira itreo, Yared itreo;
1CH 11:41 Urías heteo, Zabad hijo de Ahli;
1CH 11:42 Adina hijo de Siza rubenita, príncipe de los rubenitas, y con él treinta;
1CH 11:43 Hanán hijo de Maaca, y Josafat mitnita;
1CH 11:44 Uzías astarotita, Sama y Jehiel hijos de Hotam arorita;
1CH 11:45 Jediael hijo de Simri, y Joha su hermano, tizita;
1CH 11:46 Eliel de Mahaví, Jeribai y Josabia hijos de Elnaam, e Itma moabita;
1CH 11:47 Eliel, y Obed, y Jaasiel de Mesobia.
1CH 12:1 ÉSTOS son los que vinieron a David a Siclag, estando él aún encerrado por causa de Saúl hijo de Cis, y eran de los valientes ayudadores de la guerra.
1CH 12:2 Estaban armados de arcos, y usaban de ambas manos en tirar piedras con honda, y saetas con arco. De los hermanos de Saúl de Benjamín:
1CH 12:3 El principal Ahiezer, después Joas, hijos de Semaa gabaatita; y Jeziel, y Pelet, hijos de Azmavet, y Beracah, y Jehú anatotita;
1CH 12:4 E Ismaías gabaonita, valiente entre los treinta, y más que los treinta; y Jeremías, Jahaziel, Joanán, Jozabad gederatita,
1CH 12:5 Eluzai, y Jeremot, Bealías, Semarías, y Sefatías el harufita;
1CH 12:6 Elcana, e Isías, y Azareel, y Joezer, y Jasobam, de Coré;
1CH 12:7 Y Joela, y Zebadías, hijos de Jeroham de Gedor.
1CH 12:8 También de los de Gad se huyeron a David, [estando] en la fortaleza en el desierto, muy valientes hombres de guerra para pelear, dispuestos [a hacerlo] con escudo y pavés: sus rostros como rostros de leones, y ligeros como las cabras monteses.
1CH 12:9 Eser el primero, Obadías el segundo, Eliab el tercero,
1CH 12:10 Mismana el cuarto, Jeremías el quinto,
1CH 12:11 Atai el sexto, Eliel el sépti­mo,
1CH 12:12 Johanán el octavo, Elzabad el noveno,
1CH 12:13 Jeremías el décimo, Macbani el undécimo.
1CH 12:14 Éstos [fueron] capitanes del ejército de los hijos de Gad. El menor tenía cargo de cien hom­bres, y el mayor de mil.
1CH 12:15 Éstos pasaron el Jordán en el mes primero, cuando había sali­do sobre todas sus riberas; e hicieron huir a todos los de los valles al oriente y al poniente.
1CH 12:16 Asimismo algunos de los hijos de Benjamín y de Judá vinieron a David a la fortaleza.
1CH 12:17 Y David salió a ellos, y les habló­ diciendo: Si habéis venido a mí para paz y para ayudarme, mi corazón será unido con vosotros; mas si para entregarme a mis enemigos, siendo mis manos sin iniquidad, véalo el Dios de nuestros padres, y lo reprenda.
1CH 12:18 Entonces se envistió el espíritu en Amasai, príncipe de treinta, [y dijo:] Por ti, oh David, y conti­go, oh hijo de Isaí. Paz, paz con­tigo, y paz con tus ayudadores; pues que también tu Dios te ayuda. Y David los recibió, y púsolos entre los capitanes de la cuadrilla.
1CH 12:19 También se pasaron a David algunos de Manasés, cuando vino con los filisteos a la batalla contra Saúl, aunque no les ayudaron; porque los sátrapas de los filisteos, habido consejo, lo des­pidieron, diciendo: Con nuestras cabezas se pasará a su señor Saúl.
1CH 12:20 Así que viniendo él a Siclag, se pasaron a él de los de Manasés, Adnas, y Jozabad, y Jediaiel y Micael, y Jozabad, y Eliú, y Ziletai, príncipes de millares de los de Manasés.
1CH 12:21 Éstos ayudaron a David con­tra aquella compañía; porque todos ellos eran hombres valien­tes, y fueron capitanes en el ejér­cito.
1CH 12:22 Porque entonces todos los días venía ayuda a David, hasta hacerse un grande ejército, como ejército de Dios.
1CH 12:23 Y éste [es] el número de los principales que estaban a punto de guerra, y vinieron a David en Hebrón, para traspasarle el reino de Saúl, conforme a la palabra del SEÑOR:
1CH 12:24 De los hijos de Judá que traían escudo y lanza, seis mil y ochocientos, a punto de guerra.
1CH 12:25 De los hijos de Simeón, valientes y esforzados hombres para la guerra, siete mil y ciento.
1CH 12:26 De los hijos de Leví, cuatro mil y seiscientos;
1CH 12:27 Asimismo Joiada, príncipe de [los del linaje de] Aarón, y con él tres mil y setecientos;
1CH 12:28 Y Sadoc, mancebo valiente y esforzado, con veinte y dos de los principales de la casa de su padre.
1CH 12:29 De los hijos de Benjamín her­manos de Saúl, tres mil; porque aun en aquel tiempo muchos de ellos tenían la parte de la casa de Saúl.
1CH 12:30 Y de los hijos de Efraím, veinte mil y ochocientos, muy valientes, varones ilustres en las casas de sus padres.
1CH 12:31 De la media tribu de Manasés, diez y ocho mil, los cuales fue­ron tomados por lista para venir a poner a David por rey.
1CH 12:32 Y de los hijos de Isacar, doscientos principales, entendi­dos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus herma­nos.
1CH 12:33 Y de Zabulón cincuenta mil, que salían a campaña a punto de guerra, con todas armas de gue­rra, dispuestos a pelear sin doblez de corazón.
1CH 12:34 Y de Neftalí mil capitanes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza.
1CH 12:35 De los de Dan, dispuestos a pelear, veinte y ocho mil y seis­cientos.
1CH 12:36 Y de Aser, a punto de guerra y aparejados a pelear, cuarenta mil.
1CH 12:37 Y de la otra parte del Jordán, de los rubenitas y de los de Gad y de la media tribu de Manasés, ciento y veinte mil con toda suer­te de armas de guerra.
1CH 12:38 Todos estos hombres de gue­rra, dispuestos para guerrear, vinieron con corazón perfecto a Hebrón, para poner a David por rey sobre todo Israel; asimismo todos los demás de Israel estaban de un mismo ánimo para poner a David por rey.
1CH 12:39 Y estuvieron allí con David tres días comiendo y bebiendo, porque sus hermanos habían pre­venido para ellos.
1CH 12:40 Y también los que les eran vecinos, hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, trajeron pan en asnos, y camellos, y mulos, y bueyes; y provisión de harina, masas de higos, y pasas, vino y aceite, bueyes y ovejas en abun­dancia, porque en Israel había alegría.
1CH 13:1 ENTONCES David tomó conse- jo con los capitanes de millares y de cientos, y con todos los jefes.
1CH 13:2 Y dijo David a toda la congre­gación de Israel: Si os parece bien y del SEÑOR nuestro Dios, enviaremos a todas partes [a lla­mar] nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y a los sacerdotes y levitas [que están] con ellos en sus ciudades y ejidos que se jun­ten con nosotros;
1CH 13:3 Y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no inquirimos de ella.
1CH 13:4 Y dijo toda la congregación que se hiciese así, porque la cosa parecía bien a todo el pueblo.
1CH 13:5 Entonces juntó David a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta entrar en Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim.
1CH 13:6 Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que es en Judá, para pasar de allí el arca del SEÑOR Dios que habita entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado.
1CH 13:7 Y lleváronse el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y su hermano guiaban el carro.
1CH 13:8 Y David y todo Israel hacían alegrías delante de Dios con todas sus fuerzas, con canciones, arpas, salterios, tamboriles, cím­balos y trompetas.
1CH 13:9 Y como llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para tenerla, porque los bueyes se desmandaban.
1CH 13:10 Y el furor del SEÑOR se encendió contra Uza, e hiriólo, porque había extendido su mano al arca: y murió allí delante de Dios.
1CH 13:11 Y David tuvo pesar, porque el SEÑOR había hecho rotura en Uza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-Uza, hasta hoy.
1CH 13:12 Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer a mi casa el arca de Dios?
1CH 13:13 Y no trajo David el arca a su casa en la ciudad de David, sino llevóla a casa de Obed-edom geteo.
1CH 13:14 Y el arca de Dios estuvo en casa de Obed-edom, en su casa, tres meses: y bendijo el SEÑOR la casa de Obed-edom, y todas las cosas que tenía.
1CH 14:1 E HIRAM rey de Tiro envió embajadores a David, y madera de cedro, y albañiles y carpinteros, que le edificasen una casa.
1CH 14:2 Y entendió David que el SEÑOR lo había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino sobre su pue­blo Israel.
1CH 14:3 Entonces David tomó también esposas en Jerusalem y aun engendró David hijos e hijas.
1CH 14:4 Y estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Samua, Sobab, Natán, Salomón,
1CH 14:5 Ibhar, Elisua, Elifelet,
1CH 14:6 Noga, Nefeg, Jafía,
1CH 14:7 Elisama, Beel-iada y Elifelet.
1CH 14:8 Y oyendo los filisteos que David había sido ungido por rey sobre todo Israel, subieron todos los filisteos en busca de David. Y como David lo oyó, salió con­tra ellos.
1CH 14:9 Y vinieron los filisteos, y extendiéronse por el valle de Refaim.
1CH 14:10 Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿los entregarás en mi mano? Y el SEÑOR le dijo: Sube, que yo los entregaré en tus manos.
1CH 14:11 Subieron pues a Baal-perasim, y allí los hirió David. Dijo luego David: Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas. Por esto lla­maron el nombre de aquel lugar Baal-perasim.
1CH 14:12 Y dejaron allí sus dioses, y David dijo que los quemasen al fuego.
1CH 14:13 Y volviendo los filisteos a extenderse por el valle,
1CH 14:14 David volvió a inquirir de Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir a ellos por delante de los morales;
1CH 14:15 Y así que oyeres venir un estruendo por las copas de los morales, sal luego a la batalla: porque Dios saldrá delante de ti, y herirá el campo de los filisteos.
1CH 14:16 Hizo pues David como Dios le mandó, e hirieron el campo de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer.
1CH 14:17 Y la fama de David fue divul­gada por todas aquellas tierras: y puso el SEÑOR temor de David sobre todas las naciones.
1CH 15:1 HIZO también casas para sí en la ciudad de David, y labró un lugar para el arca de Dios, y tendióle una tienda.
1CH 15:2 Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser traída sino por los levitas; porque a ellos ha ele­gido el SEÑOR para que lleven el arca del SEÑOR, y le sirvan perpetuamente.
1CH 15:3 Y juntó David a todo Israel en Jerusalem, para que pasasen el arca del SEÑOR a su lugar, el cual le había él preparado.
1CH 15:4 Juntó también David a los hijos de Aarón y a los levitas:
1CH 15:5 De los hijos de Coat, Uriel el principal, y sus hermanos, ciento y veinte;
1CH 15:6 De los hijos de Merari, Asaías el principal, y sus hermanos, dos­cientos y veinte;
1CH 15:7 De los hijos de Gersón, Joel el principal, y sus hermanos, ciento y treinta;
1CH 15:8 De los hijos de Elisafán, Semeías el principal, y sus her­manos, doscientos;
1CH 15:9 De los hijos de Hebrón, Eliel el principal, y sus hermanos, ochenta;
1CH 15:10 De los hijos de Uziel, Aminadab el principal, y sus her­manos, ciento y doce.
1CH 15:11 Y llamó David a Sadoc y a Abiatar, sacerdotes, y a los levitas, Uriel, Asaías, Joel, Semeías, Eliel, y Aminadab;
1CH 15:12 Y díjoles: Vosotros que sois los principales de padres entre los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca del SEÑOR Dios de Israel al [lugar] que le he preparado;
1CH 15:13 Pues por no [haberlo hecho así] vosotros la primera vez, el SEÑOR nuestro Dios hizo en nosotros rotura, por cuanto no le buscamos según la ordenanza.
1CH 15:14 Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca del SEÑOR Dios de Israel.
1CH 15:15 Y los hijos de los levitas tra­jeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés conforme a la palabra del SEÑOR.
1CH 15:16 Asimismo dijo David a los principales de los levitas, que constituyesen de sus hermanos cantores, con instrumentos de música, con salterios, y arpas, y címbalos, que resonasen, y alza­sen la voz con alegría.
1CH 15:17 Y los levitas constituyeron a Hemán hijo de Joel; y de sus her­manos, a Asaf hijo de Berequías; y de los hijos de Merari y de sus hermanos, a Etán hijo de Cusaías;
1CH 15:18 Y con ellos a sus hermanos del segundo orden, a Zacarías, Ben y Jaaziel, Semiramot, Jehiel, Uni, Eliab, Benaías, Maasías, y Matitías, Elifelehu, Micnías, Obed­-edom, y Jehiel, los porteros.
1CH 15:19 Así Hemán, Asaf, y Etán, que eran cantores, sonaban con címbalos de latón.
1CH 15:20 Y Zacarías, Jaaziel, Semiramot, Jehiel, Uni, Eliab, Maasías, y Benaías, con salterios sobre Alamot.
1CH 15:21 Y Matitías, Elifelehu, Micnías, Obed-edom, Jehiel, y Azazías, [cantaban] con arpas en la octava sobresaliendo.
1CH 15:22 Y Quenanías, principal de los levitas, estaba para la entonación; pues él presidía en el canto, porque era entendido.
1CH 15:23 Y Berequías y Elcana eran porteros del arca.
1CH 15:24 Y Sebanías, Josafat, Natanael, Amasai, Zacarías, Benaías, y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del arca de Dios: Obed-edom y Jehías eran también porteros del arca.
1CH 15:25 David pues y los ancianos de Israel, y los capitanes de milla­res, fueron a traer el arca del pacto del SEÑOR, de casa de Obed-edom, con alegría.
1CH 15:26 Y ayudando Dios a los levitas que llevaban el arca del pacto del SEÑOR, sacrificaban siete novillos y siete carneros.
1CH 15:27 Y David iba vestido de lino fino y también todos los levitas que llevaban el arca, y asimismo los cantores; y Quenanías [era] maestro de canto entre los canto­res. Llevaba también David sobre sí un efod de lino.
1CH 15:28 De esta manera llevaba todo Israel el arca del pacto del SEÑOR, con júbilo y sonido de bocinas, y trompetas, y címbalos, y al son de salterios y arpas.
1CH 15:29 Y como el arca del pacto del SEÑOR llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y bailaba; y menospreciólo en su corazón.
1CH 16:1 ASÍ trajeron el arca de Dios, y asentáronla en medio de la tienda que David había tendido para ella: y ofrecieron holocaustos y pacíficos delante de Dios.
1CH 16:2 Y como David hubo acabado de ofrecer las ofrendas quemadas y los pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre del SEÑOR.
1CH 16:3 Y repartió a todo Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, y una pieza de carne, y un frasco de vino.
1CH 16:4 Y puso delante del arca del SEÑOR ministros de los levitas, para recordar, y dar gracias, y alabar al SEÑOR Dios de Israel:
1CH 16:5 Asaf el primero, el segundo después de él Zacarías, Jeiel, Semiramot, Jehiel, Matitías, Eliab, Benaías, Obed-edom, y Jehiel, con sus instrumentos de salterios y arpas; mas Asaf hacía sonido con címbalos:
1CH 16:6 Benaías también y Jahaziel, sacerdotes, continuamente con trompetas delante del arca del pacto de Dios.
1CH 16:7 Entonces, en aquel día, dio David principio a dar gracias al SEÑOR por mano de Asaf y de sus hermanos:
1CH 16:8 Confesad al SEÑOR, invocad su nombre, haced notorias en los pueblos sus obras.
1CH 16:9 Cantad a él, cantadle salmos: hablad de todas sus maravillas.
1CH 16:10 Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan al SEÑOR.
1CH 16:11 Buscad al SEÑOR y su forta­leza; buscad su rostro continua­mente.
1CH 16:12 Haced memoria de sus mara­villas que ha obrado, de sus pro­digios, y de los juicios de su boca,
1CH 16:13 Oh vosotros, simiente de Israel su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos.
1CH 16:14 El SEÑOR, él es nuestro Dios; sus juicios en toda la tierra.
1CH 16:15 Haced memoria de su pacto perpetuamente, y de la palabra que él mandó en mil generacio­nes;
1CH 16:16 [Del pacto] que concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac;
1CH 16:17 El cual confirmó a Jacob por estatuto, y a Israel por pacto sem­piterno,
1CH 16:18 Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, suerte de vuestra heren­cia;
1CH 16:19 Cuando erais pocos en núme­ro, pocos y peregrinos en ella;
1CH 16:20 Y andaban de nación en nación, y de un reino a otro pue­blo.
1CH 16:21 No permitió que nadie los oprimiese: antes por amor de ellos castigó a los reyes.
1CH 16:22 No toquéis, [dijo], a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.
1CH 16:23 Cantad al SEÑOR, toda la tie­rra, anunciad de día en día su sal­vación.
1CH 16:24 Declarad entre las gentes su gloria, y en todas las naciones sus maravillas.
1CH 16:25 Porque grande es el SEÑOR, y digno de ser grandemente loado, y de ser temido sobre todos los dioses.
1CH 16:26 Porque todos los dioses de los pueblos son nada: mas el SEÑOR hizo los cielos.
1CH 16:27 Poderío y hermosura delante de él; fortaleza y alegría en su morada.
1CH 16:28 Atribuid al SEÑOR, oh fami­lias de los pueblos, atribuid al SEÑOR gloria y potencia.
1CH 16:29 Tributad al SEÑOR la gloria debida a su nombre: traed ofren­da, y venid delante de él; pos­traos delante del SEÑOR en la hermosura de su santidad [de vida].
1CH 16:30 Temed en su presencia, toda la tierra: el mundo será aún esta­blecido, para que no se conmue­va.
1CH 16:31 Alégrense los cielos, y gócese la tierra, y digan en las naciones: Reina el SEÑOR.
1CH 16:32 Resuene el mar, y la plenitud de ella: alégrese el campo, y todo lo que contiene.
1CH 16:33 Entonces cantarán los árboles de los bosques delante del SEÑOR, porque viene a juzgar la tierra.
1CH 16:34 Dad gracias al SEÑOR, por­que es bueno; porque su miseri­cordia es eterna.
1CH 16:35 Y decid: Sálvanos, oh Dios, salvación nuestra: júntanos, y líbranos de las gentes, para que demos gracias a tu santo nombre, y nos gloriemos en tus alabanzas.
1CH 16:36 Bendito sea el SEÑOR Dios de Israel, de eternidad a eterni­dad. Y dijo todo el pueblo, Amén: y alabó al SEÑOR.
1CH 16:37 Y dejó allí, delante del arca del pacto del SEÑOR, a Asaf y a sus hermanos, para que minis­trasen de continuo delante del arca, cada cosa en su día:
1CH 16:38 Y a Obed-edom y a sus her­manos, sesenta y ocho; y a Obed-­edom hijo de Jedutún, y a Asa, por porteros:
1CH 16:39 Asimismo a Sadoc el sacerdo­te, y a sus hermanos los sacerdo­tes, delante del tabernáculo del SEÑOR en el alto que estaba en Gabaón,
1CH 16:40 Para que sacrificasen conti­nuamente, a mañana y tarde, holocaustos al SEÑOR en el altar de la ofrenda quemada, conforme a todo lo que está escrito en la ley del SEÑOR, que él prescribió a Israel;
1CH 16:41 Y con ellos a Hemán y a Jedutún, y los otros escogidos declarados por sus nombres, para dar gracias al SEÑOR, porque es eterna su misericordia;
1CH 16:42 Con ellos a Hemán y a Jedutún con trompetas y címba­los para tañer, y con [otros] instru­mentos de música de Dios; y a los hijos de Jedutún, por porte­ros.
1CH 16:43 Y todo el pueblo se fue cada uno a su casa; y David se volvió para bendecir su casa.
1CH 17:1 Y ACONTECIÓ que morando David en su casa, dijo David al profeta Natán: He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto del SEÑOR debajo de cortinas.
1CH 17:2 Y Natán dijo a David: Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios es contigo.
1CH 17:3 En aquella misma noche fue palabra de Dios a Natán, dicien­do:
1CH 17:4 Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho el SEÑOR: Tú no me edificarás casa en que habite:
1CH 17:5 Porque no he habitado en casa [alguna] desde el día que saqué a Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernácu­lo en [tabernáculo].
1CH 17:6 En todo cuanto anduve con todo Israel ¿hablé una palabra a alguno de los jueces de Israel, a los cuales mandé que apacenta­sen mi pueblo, para decirles: Por qué no me edificáis una casa de cedro?
1CH 17:7 Por tanto, ahora dirás a mi sier­vo David: Así dijo el SEÑOR de los ejércitos: Yo te tomé de la majada, de detrás del ganado, para que fueses príncipe sobre mi pueblo Israel;
1CH 17:8 Y he sido contigo en todo cuan­to has andado, y he talado a todos tus enemigos de delante de ti, y hete hecho grande nombre, como el nombre de los grandes que son en la tierra.
1CH 17:9 Asimismo he dispuesto lugar a mi pueblo Israel, y lo he planta­do para que habite por sí, y que no sea más conmovido: ni los hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes,
1CH 17:10 Y desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humillaré a todos tus enemi­gos. Hágote además saber que el SEÑOR te ha de edificar casa.
1CH 17:11 Y será que, cuando tus días fueren cumplidos para irte con tus padres, levantaré tu simiente después de ti, la cual será de tus hijos, y afirmaré su reino.
1CH 17:12 Él me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternalmen­te.
1CH 17:13 Yo le seré por padre, y él me será por hijo: y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti;
1CH 17:14 Mas yo lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternalmente; y su trono será firme para siem­pre.
1CH 17:15 Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.
1CH 17:16 Y entró el rey David, y estuvo delante del SEÑOR, y dijo: Oh SEÑOR Dios, ¿quién soy yo, y cuál es mi casa, que me has traí­do hasta este lugar?
1CH 17:17 Y aun esto, oh Dios, te ha parecido poco, pues que has hablado de la casa de tu siervo para más lejos, y me has mirado como a un hombre excelente, oh SEÑOR Dios.
1CH 17:18 ¿Qué más puede añadir David [pidiendo] de ti para glorificar a tu siervo? mas tú conoces a tu sier­vo.
1CH 17:19 Oh SEÑOR, por amor de tu siervo y según tu corazón, has hecho toda esta grandeza, para hacer notorias todas [tus] grande­zas.
1CH 17:20 Oh SEÑOR, no hay semejante a ti, ni hay Dios sino tú, según todas las cosas que hemos oído con nuestros oídos.
1CH 17:21 ¿Y qué nación hay en la tierra como tu pueblo Israel, cuyo Dios fuese y se redimiera un pueblo, para hacerte nombre con grande­zas y maravillas, echando las naciones de delante de tu pueblo, que tú rescataste de Egipto?
1CH 17:22 Tú has constituído a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siem­pre; y tú, SEÑOR, has venido a ser su Dios.
1CH 17:23 Ahora pues, SEÑOR, la pala­bra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho.
1CH 17:24 Permanezca pues, y sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga: El SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios para Israel. Y sea la casa de tu siervo David firme delante de ti.
1CH 17:25 Porque tú, Dios mío, revelas­te al oído a tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo [motivo] de orar delante de ti.
1CH 17:26 Ahora pues, SEÑOR, tú eres el Dios que has hablado de tu siervo este bien;
1CH 17:27 Y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que per­manezca perpetuamente delante de ti: porque tú, oh SEÑOR, la has bendecido, y será bendita para siempre.
1CH 18:1 DESPUÉS de estas cosas aconteció que David hirió a los filisteos, y los humilló; y tomó a Gat y sus villas de mano de los filisteos.
1CH 18:2 También hirió a Moab; y los moabitas fueron siervos de David trayéndole presentes.
1CH 18:3 Asimismo hirió David a Adarezer rey de Soba, en Hamat, yendo él a asegurar su dominio al río de Éufrates.
1CH 18:4 Y tomóles David mil carros, y siete mil de a caballo, y veinte mil hombres de a pie: y desjarre­tó David los caballos de todos los carros, excepto los de cien carros que dejó.
1CH 18:5 Y viniendo los siros de Damasco en ayuda de Adarezer rey de Soba, David hirió de los siros veintidós mil hombres.
1CH 18:6 Y puso David [guarnición] en Siria la de Damasco, y los siros fueron hechos siervos de David, trayéndole presentes: porque el SEÑOR salvaba a David donde quiera que iba.
1CH 18:7 Tomó también David los escudos de oro que llevaban los siervos de Adarezer, y trájolos a Jerusalem.
1CH 18:8 Asimismo de Tibhat y de Cun ciudades de Adarezer, tomó David muchísimo latón, de que Salomón hizo el mar de latón, las columnas, y vasos de latón.
1CH 18:9 Y oyendo Tou rey de Hamat, que David había deshecho todo el ejército de Adarezer, rey de Soba,
1CH 18:10 Envió a Adoram su hijo al rey David, a inquirir cómo estaba y a felicitarlo por haber peleado con Adarezer, y haberle vencido; porque Tou tenía guerra con Adarezer. [Envióle] también toda suerte de vasos de oro, de plata y de latón;
1CH 18:11 Los cuales el rey David dedi­có al SEÑOR, con la plata y oro que había tomado de todas las naciones, de Edom, de Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos, y de Amalec.
1CH 18:12 A más de esto Abisai hijo de Sarvia hirió en el valle de la Sal dieciocho mil edomitas.
1CH 18:13 Y puso guarnición en Edom, y todos los edomitas fueron sier­vos de David: porque el SEÑOR guardaba a David donde quiera que iba.
1CH 18:14 Y reinó David sobre todo Israel, y hacía juicio y justicia a todo su pueblo.
1CH 18:15 Y Joab hijo de Sarvia era general del ejército; y Josafat hijo de Ahilud, canciller;
1CH 18:16 Y Sadoc hijo de Ahitob, y Abimelec hijo de Abiatar, eran sacerdotes; y Sausa, secretario;
1CH 18:17 Y Benaías hijo de Joiada era sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David [eran] los príncipes cerca del rey.
1CH 19:1 DESPUÉS de estas cosas aconteció que murió Naas rey de los hijos de Amón, y reinó en su lugar su hijo.
1CH 19:2 Y dijo David: Haré misericor­dia con Hanán hijo de Naas, por­que también su padre hizo con­migo misericordia. Así David envió embajadores que lo conso­lasen de la muerte de su padre. Mas venidos los siervos de David en la tierra de los hijos de Amón a Hanán, para consolar­le,
1CH 19:3 Los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanán: ¿A tu parecer honra David a tu padre, que te ha enviado consoladores? ¿no vienen antes sus siervos a ti para escudriñar, e inquirir, y reconocer la tierra?
1CH 19:4 Entonces Hanán tomó los sier­vos de David, y rapólos, y cortó­les las vestiduras por medio, hasta las nalgas, y despachólos.
1CH 19:5 Fuéronse pues, y dada que fue la nueva a David de aquellos varones, él envió a recibirlos, porque estaban muy afrentados. E hízoles decir el rey: Estaos en Jericó hasta que os crezca la barba, y entonces volveréis.
1CH 19:6 Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, Hanán y los hijos de Amón enviaron mil talentos de plata, para tomar a sueldo carros y gente de a caballo de Siria de los ríos, y de la Siria de Maaca, y de Soba.
1CH 19:7 Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros, y al rey de Maaca y a su pueblo, los cuales vinieron y asentaron su campo delante de Medeba. Y juntáronse también los hijos de Amón de sus ciudades, y vinieron a la gue­rra.
1CH 19:8 Oyéndolo David, envió a Joab con todo el ejército de los hom­bres valientes.
1CH 19:9 Y los hijos de Amón salieron, y ordenaron su tropa a la entrada de la ciudad; y los reyes que habían venido, estaban por sí en el campo.
1CH 19:10 Y viendo Joab que el escuadrón estaba contra él delante y a las espaldas, escogió de todos los más aventajados que había en Israel, y ordenó su escuadrón contra los Sirios.
1CH 19:11 Puso luego el resto de la gente en mano de Abisai su hermano, ordenándolos en batalla contra los amonitas.
1CH 19:12 Y dijo: Si los siros fueren más fuertes que yo, tú me salvarás; y si los amonitas fueren más fuertes que tú, yo te salvaré.
1CH 19:13 Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciu­dades de nuestro Dios; y haga el SEÑOR lo que bien le pareciere.
1CH 19:14 Acercóse luego Joab y el pue­blo que tenía consigo, para pelear contra los siros; mas ellos huyeron delante de él.
1CH 19:15 Y los hijos de Amón, vien­do que los siros habían huído, huyeron también ellos delante de Abisai su hermano, y entráronse en la ciudad. Entonces Joab se volvió a Jerusalem.
1CH 19:16 Y viendo los siros que habían caído delante de Israel, enviaron embajadores, y trajeron a los siros que estaban de la otra parte del río, cuyo capitán era Sofac, general del ejército de Adarezer.
1CH 19:17 Luego que fue dado aviso a David, juntó a todo Israel, y pasando el Jordán vino a ellos, y ordenó contra ellos su ejército. Y como David hubo ordenado su tropa contra ellos, pelearon con él los siros.
1CH 19:18 Mas el siro huyó delante de Israel; y mató David de los siros siete mil [hombres de los] carros, y cuarenta mil hombres de a pie: asimismo mató a Sofac, gene­ral del ejército.
1CH 19:19 Y viendo los siros de Adarezer que habían caído delante de Israel, concertaron paz con David, y fueron sus sier­vos; y nunca más quiso el siro ayudar a los hijos de Amón.
1CH 20:1 Y ACONTECIÓ a la vuelta del año, en el tiempo que suelen los reyes salir [a la guerra], que Joab sacó las fuerzas del ejército, y destruyó la tierra de los hijos de Amón, y vino y cerró a Rabá. Mas David estaba en Jerusalem: y Joab batió a Rabá, y destruyóla.
1CH 20:2 Y tomó David la corona de su rey de encima de su cabeza, y hallóla de peso de un talento de oro, y había en ella piedras pre­ciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y Además de esto sacó de la ciudad un muy gran despojo.
1CH 20:3 Sacó también al pueblo que [estaba] en ella, y cortólos con sie­rras, y con trillos de hierro, y segures. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de los hijos de Amón. Y volvióse David con todo el pueblo a Jerusalem.
1CH 20:4 Después de esto aconteció que se levantó guerra en Gezer con los filisteos; e hirió Sibecai husatita a Sippai, del linaje de los gigantes; y fueron humilla­dos.
1CH 20:5 Y volvióse a levantar guerra con los filisteos; y mató Elhanán hijo de Jair a Lahmi, hermano de Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de tejedores.
1CH 20:6 Y volvió a haber guerra en Gat, donde hubo un hombre de grande estatura, el cual tenía seis dedos [en pies y manos, en todos] veinticuatro: y también era hijo de Rafa.
1CH 20:7 Denostó él a Israel, mas matólo Jonatán, hijo de Sima hermano de David.
1CH 20:8 Éstos fueron hijos de Rafa en Gat, los cuales cayeron por mano de David y de sus siervos.
1CH 21:1 MAS Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que contase a Israel.
1CH 21:2 Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, contad a Israel desde Beerseba hasta Dan, y traedme el número de ellos para que yo lo sepa.
1CH 21:3 Y dijo Joab: Añada el SEÑOR a su pueblo cien veces otros tan­tos. Rey señor mío, ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿para qué procura mi señor esto, que será pernicioso a Israel?
1CH 21:4 Mas el mandamiento del rey pudo más que Joab. Salió por tanto Joab, y fue por todo Israel; y volvió a Jerusalem, y dio la cuenta del número del pueblo a David.
1CH 21:5 Y hallóse [en] todo Israel que sacaban espada, once veces cien mil; y de Judá cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada.
1CH 21:6 Entre estos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque Joab abomi­naba el mandamiento del rey.
1CH 21:7 Asimismo desagradó este negocio a los ojos de Dios, e hirió a Israel.
1CH 21:8 Y dijo David a Dios: He peca­do gravemente en hacer esto: ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo, porque yo he hecho muy locamente.
1CH 21:9 Y habló el SEÑOR a Gad, vidente de David, diciendo:
1CH 21:10 Ve, y habla a David, y díle: Así ha dicho el SEÑOR: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga contigo.
1CH 21:11 Y viniendo Gad a David, díjo­le: Así ha dicho el SEÑOR:
1CH 21:12 Escógete, o tres años de ham­bre; o ser por tres meses deshe­cho delante de tus enemigos, y que la espada de tus adversarios te alcance; o por tres días la espa­da del SEÑOR y pestilencia en la tierra, y que el ángel del SEÑOR destruya en todo el término de Israel: mira pues qué he de res­ponder al que me ha enviado.
1CH 21:13 Entonces David dijo a Gad: Estoy en grande angustia: ruego que yo caiga en la mano del SEÑOR; porque sus misericor­dias son muchas en extremo, y que no caiga yo en manos de hombres.
1CH 21:14 Así el SEÑOR dio pestilencia en Israel, y cayeron de Israel setenta mil hombres.
1CH 21:15 Y envió el SEÑOR el ángel a Jerusalem para destruirla: pero estando él destruyendo, miró el SEÑOR, y arrepintióse de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya; detén tu mano. Y el ángel del SEÑOR estaba junto a la era de Ornán jebuseo.
1CH 21:16 Y alzando David sus ojos, vio al ángel del SEÑOR, que estaba entre el cielo y la tierra, teniendo una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalem. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio.
1CH 21:17 Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; mas estas ovejas, ¿qué han hecho? Oh SEÑOR Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no haya plaga en tu pueblo.
1CH 21:18 Y el ángel del SEÑOR orde­nó a Gad que dijese a David, que subiese y construyese un altar al SEÑOR en la era de Ornán jebuseo.
1CH 21:19 Entonces David subió, conforme a la palabra de Gad que le había dicho en nombre del SEÑOR.
1CH 21:20 Y volviéndose Ornán vio al ángel; por lo que se escondieron cuatro hijos suyos que con él estaban. Y Ornán trillaba el trigo.
1CH 21:21 Y viniendo David a Ornán, miró éste, y vio a David: y saliendo de la era, postróse en tierra a David.
1CH 21:22 Entonces dijo David a Ornán: Dame [este] lugar de la era, en que edifique un altar al SEÑOR, y dámelo por [su] cabal precio, para que cese la plaga del pueblo.
1CH 21:23 Y Ornán respondió a David: Tómalo para ti, y haga mi señor el rey lo que bien le pareciere: y aun los bueyes daré para ofrendas quemadas, y los trillos para leña, y trigo para el presente: yo lo doy todo.
1CH 21:24 Entonces el rey David dijo a Ornán: No, sino que efectiva­mente la compraré por [su] justo precio: porque no tomaré para el SEÑOR lo que es tuyo, ni sacri­ficaré ofrendas quemadas que nada me cuesten.
1CH 21:25 Y dio David a Ornán por el lugar seiscientos siclos de oro por peso.
1CH 21:26 Y edificó allí David un altar al SEÑOR, en el que ofreció holo­caustos y sacrificios pacíficos, e invocó al SEÑOR, el cual le res­pondió por fuego del cielo en el altar de la ofrenda quemada.
1CH 21:27 Y como el SEÑOR habló al ángel, él volvió su espada a la vaina.
1CH 21:28 Entonces viendo David que el SEÑOR le había oído en la era de Ornán jebuseo, sacrificó allí.
1CH 21:29 Y el tabernáculo del SEÑOR que Moisés había hecho en el desierto, y el altar de la ofrenda quemada, estaban entonces en el alto de Gabaón:
1CH 21:30 Mas David no pudo ir allá a inquirir de Dios, porque estaba espantado a causa de la espada del ángel del SEÑOR.
1CH 22:1 Y DIJO David: Ésta [es] la casa del SEÑOR Dios, y este es el altar de la ofrenda quemada para Israel.
1CH 22:2 Después mandó David que se juntasen los extranjeros que esta­ban en la tierra de Israel, y seña­ló de ellos canteros que labrasen piedras para edificar la casa de Dios.
1CH 22:3 Asimismo aparejó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas; y mucho latón sin peso, y madera de cedro sin cuenta.
1CH 22:4 Porque los sidonios y tirios habían traído a David madera de cedro innumerable.
1CH 22:5 Y dijo David: Salomón mi hijo es muchacho y tierno, y la casa que se ha de edificar al SEÑOR ha de ser magnífica por excelen­cia, para nombre y honra en todas las tierras; ahora pues yo le aparejaré [lo necesario]. Y preparó David antes de su muerte en grande abundancia.
1CH 22:6 Llamó entonces David a Salomón su hijo, y mandóle que edificase casa al SEÑOR Dios de Israel.
1CH 22:7 Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edifi­car templo al nombre del SEÑOR mi Dios.
1CH 22:8 Mas vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: Tú has derra­mado mucha sangre, y has traído grandes guerras: no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí:
1CH 22:9 He aquí, un hijo te nacerá, el cual será varón de reposo, por­que yo le daré quietud de todos sus enemigos en derredor; por tanto su nombre será Salomón; y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días:
1CH 22:10 Él edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.
1CH 22:11 Ahora pues, hijo mío, sea con­tigo el SEÑOR, y seas prospera­do, y edifiques casa al SEÑOR tu Dios, como él ha dicho de ti.
1CH 22:12 Y el SEÑOR te dé entendi­miento y prudencia, y él te dé mandamientos para Israel; y que tú guardes la ley del SEÑOR tu Dios.
1CH 22:13 Entonces serás prosperado, si cuidares de poner por obra los estatutos y derechos que el SEÑOR mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate pues, y cobra ánimo; no temas, ni desmayes.
1CH 22:14 He aquí, yo en mi estrechez he prevenido para la casa del SEÑOR cien mil talentos de oro, y un millar de millares de talen­tos de plata: no tiene peso el latón ni el hierro, porque es mucho. Asimismo he aprestado madera y piedra, a lo cual tú aña­dirás.
1CH 22:15 Tú tienes contigo muchos ofi­ciales, canteros, albañiles, y car­pinteros, y todo hombre experto en toda obra.
1CH 22:16 Del oro, de la plata, del latón, y del hierro, no hay número. Levántate [pues], y a la obra; que el SEÑOR será contigo.
1CH 22:17 Asimismo mandó David a todos los principales de Israel que diesen ayuda a Salomón su hijo, [diciendo]:
1CH 22:18 ¿No es con vosotros el SEÑOR vuestro Dios, el cual os ha dado quietud de todas partes? porque él ha entregado en mi mano los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sujetada delan­te del SEÑOR, y delante de su pueblo.
1CH 22:19 Poned, [pues], ahora vuestros corazones y vuestras almas en buscar al SEÑOR vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santua­rio del SEÑOR Dios, para traer el arca del pacto del SEÑOR, y los santos vasos de Dios, a la casa edificada al nombre del SEÑOR.
1CH 23:1 SIENDO pues David ya viejo y lleno de días, hizo a Salomón su hijo rey sobre Israel.
1CH 23:2 Y juntando a todos los princi­pales de Israel, y a los sacerdotes y levitas,
1CH 23:3 Fueron contados los levitas de treinta años arriba; y fue el número de ellos por sus cabezas, contados uno a uno, treinta y ocho mil.
1CH 23:4 De éstos, veinticuatro mil para dar prisa a la obra de la casa del SEÑOR; y gobernadores y jue­ces, seis mil;
1CH 23:5 Además cuatro mil porteros; y cuatro mil para alabar al SEÑOR, [dijo David], con los ins­trumentos que he hecho para ren­dir alabanzas.
1CH 23:6 Y repartiólos David en órdenes conforme a los hijos de Leví, Gersón y Coat y Merari.
1CH 23:7 Los hijos de Gersón: Ladán, y Simi.
1CH 23:8 Los hijos de Ladán, tres: Jehiel el primero, después Zetam y Joel.
1CH 23:9 Los hijos de Simi, tres: Selomit, Haziel, y Arán. Éstos [fueron] los príncipes de las fami­lias de Ladán.
1CH 23:10 Y los hijos de Simi: Jahat, Zinat, Jeus, y Berías. Estos cua­tro [fueron] los hijos de Simi.
1CH 23:11 Jahat era el primero, Zinat el segundo; mas Jeus y Berías no multiplicaron [en] hijos, por lo cual fueron contados por una familia.
1CH 23:12 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón, y Uziel, ellos cuatro.
1CH 23:13 Los hijos de Amram: Aarón y Moisés. Y Aarón fue apartado para ser dedicado a las más san­tas cosas, él y sus hijos para siempre, para que quemasen per­fumes delante del SEÑOR, y le ministrasen, y bendijesen en su nombre, para siempre.
1CH 23:14 Y los hijos de Moisés, varón de Dios, fueron contados en la tribu de Leví.
1CH 23:15 Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer.
1CH 23:16 Hijo de Gersón fue Sebuel el primero.
1CH 23:17 E hijo de Eliezer fue Rehabía el primero. Y Eliezer no tuvo otros hijos; mas los hijos de Rehabía fueron muchos.
1CH 23:18 Hijo de Izhar fue Selomit el primero.
1CH 23:19 Los hijos de Hebrón: Jería el primero, Amarías el segundo, Jahaziel el tercero, y Jecamán el cuarto.
1CH 23:20 Los hijos de Uziel: Micaía el primero, e Isía el segundo.
1CH 23:21 Los hijos de Merari: Mahali y Musi. Los hijos de Mahali: Eleazar y Cis.
1CH 23:22 Y murió Eleazar sin hijos, mas tuvo hijas; y los hijos de Cis, sus hermanos, las tomaron [por esposas].
1CH 23:23 Los hijos de Musi: Mahali, Eder y Jerimot, ellos tres.
1CH 23:24 Éstos [son] los hijos de Leví en las familias de sus padres, cabe­ceras de familias en sus delinea­ciones, contados por sus nom­bres, por sus cabezas, los cuales hacían obra en el ministerio de la casa del SEÑOR, de veinte años arriba.
1CH 23:25 Porque David dijo: el SEÑOR Dios de Israel ha dado reposo a su pueblo Israel, y el habitar en Jerusalem para siem­pre.
1CH 23:26 Y también los levitas no lle­varán más el tabernáculo, y todos sus vasos para su ministerio.
1CH 23:27 Así que, conforme a las pos­treras palabras de David, fue la cuenta de los hijos de Leví de veinte años arriba.
1CH 23:28 Y estaban bajo la mano de los hijos de Aarón, para ministrar en la casa del SEÑOR, en los atrios y en las cámaras, y en la purifi­cación de toda cosa santificada, y en la [demás] obra del ministerio de la casa de Dios; 29Asimismo para los panes de la proposición, y para la flor de la harina para el sacrificio, y para las hojuelas sin levadura, y para la [fruta] de sartén, y para lo tosta­do, y para toda medida y cuenta;
1CH 23:30 Y para que asistiesen cada mañana todos los días para dar gracias y alabar al SEÑOR, y asimismo a la tarde;
1CH 23:31 Y para ofrecer todos los holo­caustos al SEÑOR los sábados, nuevas lunas, y fiestas solemnes, por la cuenta y forma que tenían, continuamente delante del SEÑOR.
1CH 23:32 Y para que tuviesen la guarda del tabernáculo de la congrega­ción, y la guarda del santuario, y las órdenes de los hijos de Aarón sus hermanos, en el ministerio de la casa del SEÑOR.
1CH 24:1 TAMBIÉN los hijos de Aarón tuvieron sus repartimientos. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.
1CH 24:2 Mas Nadab y Abiú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos: Eleazar e Itamar tuvieron el sacerdocio.
1CH 24:3 Y David los repartió, [siendo] Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, por sus turnos en su ministerio.
1CH 24:4 Y los hijos de Eleazar fueron hallados, cuanto a sus principales varones, muchos más que los hijos de Itamar; y repartiéronlos [así]: De los hijos de Eleazar había dieciséis cabezas de familias paternas; y de los hijos de Itamar por las familias de sus padres, ocho.
1CH 24:5 Repartiéronlos pues por suerte los unos con los otros: porque de los hijos de Eleazar y de los hijos de Itamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de [la casa] de Dios.
1CH 24:6 Y Semeías escriba, hijo de Natanael, de los levitas, escri­biólos delante del rey y de los príncipes, y delante de Sadoc el sacerdote, y de Ahimelec hijo de Abiatar, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes y levitas: y adscribían una familia a Eleazar, y a Itamar otra.
1CH 24:7 Y la primera suerte salió por Joiarib, la segunda por Jedaía;
1CH 24:8 La tercera por Harim, la cuarta por Seorim;
1CH 24:9 La quinta por Malquías, la sexta por Miamim;
1CH 24:10 La séptima por Cos, la octava por Abías;
1CH 24:11 La novena por Jesúa, la décima por Secanías;
1CH 24:12 La undécima por Eliasib, la duodécima por Jacim;
1CH 24:13 La décimatercia por Uppa, la décimacuarta por Isebeab;
1CH 24:14 La décimaquinta por Bilga, la décimasexta por Imer;
1CH 24:15 La décimaséptima por Hezir, la décimaoctava por Afses;
1CH 24:16 La décimanona por Petaías, la vigésima por Hezeciel;
1CH 24:17 La vigésimaprima por Jaquín, la vigésimasegunda por Hamul;
1CH 24:18 La vigésimatercia por Delaía, la vigésimacuarta por Maazía.
1CH 24:19 Éstos [fueron] contados en su ministerio, para que entrasen en la casa del SEÑOR, conforme a su ordenanza, bajo el mando de Aarón su padre, de la manera que le había mandado el SEÑOR el Dios de Israel.
1CH 24:20 Y de los hijos de Leví que quedaron: Subael, de los hijos de Amram; y de los hijos de Subael, Jehedías.
1CH 24:21 En cuanto a Rehabía: de los hijos de Rehabía, el primero [era] Isías.
1CH 24:22 De los ishareos, Selemot; e hijo de Selemot, Jahat.
1CH 24:23 Y de los hijos [de Hebrón]: Jeria [el primero], el segundo Amarías, el tercero Jahaziel, el cuarto Jecamán.
1CH 24:24 Hijo de Uziel, Micaía; e hijo de Micaía, Samir.
1CH 24:25 Hermano de Micaía, Isía; e hijo de Isía, Zacarías.
1CH 24:26 Los hijos de Merari: Mahali y Musi; hijo de Jaazia, Beno.
1CH 24:27 Los hijos de Merari por Jaazia: Beno, y Soam, y Zacur e Ibri.
1CH 24:28 Y de Mahali, Eleazar, el cual no tuvo hijos.
1CH 24:29 En cuanto a Cis: el hijo de Cis, [era] Jerameel.
1CH 24:30 Los hijos de Musi: Maheli, y Eder y Jerimot. Éstos [fueron] los hijos de los levitas conforme a las casas de sus familias.
1CH 24:31 Éstos también echaron suer­tes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey David, y de Sadoc y de Ahimelec, y de los príncipes de las familias de los sacerdotes y levitas: el prin­cipal de los padres igualmente que el menor de sus hermanos.
1CH 25:1 ASIMISMO David y los prín- cipes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, y de Hemán, y de Jedutún, los cuales profetizasen con arpas, salterios, y címbalos: y el número de ellos fue, de hombres [idóneos] para la obra de su ministerio respectivo:
1CH 25:2 De los hijos de Asaf: Zacur, y José, y Netanías, y Asareela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, el cual profetizaba a la orden del rey.
1CH 25:3 De Jedutún: los hijos de Jedutún, Gedalías, y Zeri, y Jesaías, Hasabías, y Matitías, seis, bajo la mano de su padre Jedutún, el cual profetizaba con arpa, para dar gracias y alabar al SEÑOR.
1CH 25:4 De Hemán: los hijos de Hemán, Buquía, Matanías, Uziel, Sebuel, Jerimot, Hananías, Hanani, Eliata, Gidalti, Romamti-ezer, Josbecasa, Maloti, Otir, y Mahaziot.
1CH 25:5 Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en palabras de Dios, para ensalzar el cuerno. Y dio Dios a Hemán catorce hijos y tres hijas.
1CH 25:6 Y todos estos estaban bajo la dirección de su padre en la músi­ca, en la casa del SEÑOR, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios, por disposición del rey [acerca] de Asaf, de Jedutún, y de Hemán.
1CH 25:7 Y el número de ellos con sus hermanos instruídos en música del SEÑOR, todos los aptos, fue doscientos ochenta y ocho.
1CH 25:8 Y echaron suertes para los tur­nos [del servicio, entrando] el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.
1CH 25:9 Y la primera suerte salió por Asaf, a José: la segunda a Gedalías, quien con sus herma­nos e hijos fueron doce;
1CH 25:10 La tercera a Zacur, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:11 La cuarta a Isri, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:12 La quinta a Netanías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:13 La sexta a Buquía, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:14 La séptima a Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:15 La octava a Jesahías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:16 La novena a Matanías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:17 La décima a Simi, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:18 La undécima a Azareel, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:19 La duodécima a Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:20 La décimatercia a Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:21 La décimacuarta a Matitías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:22 La décimaquinta a Jerimot, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:23 La décimasexta a Hananías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:24 La décimaséptima a Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:25 La décima octava a Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:26 La décimanona a Maloti, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:27 La vigésima a Eliata, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:28 La vigésimaprima a Otir, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:29 La vigésimasegunda a Gidalti, con sus hijos y sus her­manos, doce;
1CH 25:30 La vigésimatercia a Mahaziot, con sus hijos y sus hermanos, doce;
1CH 25:31 La vigésimacuarta a Romamti-­ezer, con sus hijos y sus hermanos, doce.
1CH 26:1 CUANTO a los repartimientos de los porteros: De los coraitas: Meselemia hijo de Coré, de los hijos de Asaf.
1CH 26:2 Los hijos de Meselemia: Zacarías el primogénito, Jediael el segundo, Zebadías el tercero, Jatnael el cuarto;
1CH 26:3 Elam el quinto, Johanam el sexto, Elienai el séptimo.
1CH 26:4 Los hijos de Obed-edom: Semeías el primogénito, Jozabad el segundo, Joab el tercero, el cuarto Sacar, el quinto Natanael;
1CH 26:5 El sexto Anmiel, el séptimo Isacar, el octavo Peultai: por­que Dios había bendecido a Obed-­edom.
1CH 26:6 También de Semeías su hijo nacieron hijos que fueron señores sobre la casa de sus padres; porque eran varones muy valerosos.
1CH 26:7 Los hijos de Semeías: Otni, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; asimismo Eliú, y Samaquías.
1CH 26:8 Todos estos de los hijos de Obed-edom: ellos con sus hijos y sus hermanos, hombres robustos y fuertes para el ministerio; sesenta y dos, de Obed-edom.
1CH 26:9 Y los hijos de Meselemia y sus hermanos, dieciocho hombres valientes.
1CH 26:10 De Hosa, de los hijos de Merari: Simri el principal, (aun­que no era el primogénito, mas su padre lo puso para que fuese cabe­za;)
1CH 26:11 El segundo Hilquías, el tercero Tebelías, el cuarto Zacarías: todos los hijos de Hosa y sus her­manos fueron trece.
1CH 26:12 Entre estos [se hizo] la distribu­ción de los porteros, [alternando] los principales de los varones en la guardia con sus hermanos, para servir en la casa del SEÑOR.
1CH 26:13 Y echaron suertes, el pequeño con el grande, por las casas de sus padres, para cada puerta.
1CH 26:14 Y cayó la suerte al oriente a Selemía. Y a Zacarías su hijo, consejero entendido, metieron en las suertes: y salió la suerte suya al norte.
1CH 26:15 Y por Obed-edom, al sur; y por sus hijos, la casa de la consulta.
1CH 26:16 Por Suppim y Hosa al occi­dente, con la puerta de Salequet al camino de la subida, guardia contra guardia.
1CH 26:17 Al oriente seis levitas, al norte cuatro de día; al sur cuatro de día; y a la casa de la consulta, de dos en dos.
1CH 26:18 En la cámara de los vasos al occidente, cuatro al camino, y dos en la cámara.
1CH 26:19 Éstos [son] los repartimientos de los porteros, hijos de los coraitas, y de los hijos de Merari.
1CH 26:20 Y de los levitas, Ahías tenía cargo de los tesoros de la casa de Dios, y de los tesoros de las cosas santificadas.
1CH 26:21 [Cuanto] a los hijos de Ladán, hijos de Gersón: de Ladán, los príncipes de las familias de Ladán [fueron] Gersón, y Jehieli.
1CH 26:22 Los hijos de Jehieli, Zetán y Joel su hermano, tuvieron cargo de los tesoros de la casa del SEÑOR.
1CH 26:23 Acerca de los amramitas, de los isharitas, de los hebronitas, y de los uzielitas,
1CH 26:24 Sebuel hijo de Gersón, hijo de Moisés, era principal sobre los tesoros.
1CH 26:25 En orden a su hermano Eliezer, hijo de éste [era] Rehabía, hijo de éste Isaías, hijo de éste Joram, hijo de éste Zicri, del que fue hijo Selomit.
1CH 26:26 Este Selomit y sus hermanos tenían cargo de todos los tesoros de todas las cosas santificadas, que había consagrado el rey David, y los príncipes de las familias, y los capitanes de milla­res y de cientos, y los jefes del ejército;
1CH 26:27 De lo que habían consagrado de las guerras y de los despojos, para reparar la casa del SEÑOR.
1CH 26:28 Asimismo todas las cosas que había consagrado Samuel viden­te, y Saúl hijo de Cis, y Abner hijo de Ner, y Joab hijo de Sarvia: y todo lo que cualquiera consagraba, estaba bajo la mano de Selomit y de sus hermanos.
1CH 26:29 De los isharitas, Quenanías y sus hijos eran gobernadores y jueces sobre Israel en las obras de fuera.
1CH 26:30 De los hebronitas, Hasabías y sus hermanos, hombres de vigor, mil y setecientos, gobernaban a Israel de la otra parte del Jordán, al occidente, en toda la obra del SEÑOR, y en el servicio del rey.
1CH 26:31 De los hebronitas, Jerías era el principal entre los hebronitas según las generaciones de sus padres. En el año cuarenta del reinado de David éstos fueron buscados, y halláronse entre ellos hombres fuertes y valientes en Jazer de Galaad.
1CH 26:32 Y sus hermanos, hombres valientes, eran dos mil y sete­cientos, cabezas de familias, los cuales el rey David constituyó sobre los rubenitas, gaditas, y sobre la media tribu de Manasés, para todas las cosas de Dios, y los negocios del rey.
1CH 27:1 Y LOS hijos de Israel según su número, [a saber], príncipes de familias, tribunos, centuriones y oficiales de los que servían al rey en todos los negocios de las divisiones que entraban y salían cada mes en todos los meses del año, eran en cada división veinte y cuatro mil.
1CH 27:2 Sobre la primera división del primer mes estaba Jasobam hijo de Zabdiel; y había en su divi­sión veinte y cuatro mil.
1CH 27:3 De los hijos de Fares [fue] él jefe de todos los capitanes de las compañías del primer mes.
1CH 27:4 Sobre la división del segundo mes estaba Dodai ahohita: y Miclot [era] mayor general en su división, en la que también había veinte y cuatro mil.
1CH 27:5 El jefe de la tercera división para el tercer mes era Benaías, hijo de Joiada sumo sacerdote; y en su división había veinte y cua­tro mil.
1CH 27:6 Este Benaías era valiente entre los treinta y sobre los treinta; y en su división estaba Amisabad su hijo.
1CH 27:7 El cuarto [jefe] para el cuarto mes era Asael hermano de Joab, y después de él Zebadías su hijo; y en su división había veinte y cuatro mil.
1CH 27:8 El quinto jefe para el quinto mes era Samhut izrita: y en su división había veinte y cuatro mil.
1CH 27:9 El sexto para el sexto mes era Hira hijo de Iques, de Tecoa; y en su división veinte y cuatro mil.
1CH 27:10 El séptimo para el séptimo mes era Heles pelonita, de los hijos de Efraím; y en su divi­sión veinte y cuatro mil.
1CH 27:11 El octavo para el octavo mes era Sibecai husatita, de Zarahi; y en su división veinte y cuatro mil.
1CH 27:12 El noveno para el noveno mes era Abiezer anatotita, de los benjamitas; y en su división veinte y cuatro mil.
1CH 27:13 El décimo para el décimo mes era Maharai netofatita, de Zarahi; y en su división veinte y cuatro mil.
1CH 27:14 El undécimo para el undéci­mo mes era Benaías piratonita, de los hijos de Efraím; y en su división veinte y cuatro mil.
1CH 27:15 El duodécimo para el duodé­cimo mes era Heldai netofatita, de Otoniel; y en su división veinte y cuatro mil.
1CH 27:16 Asimismo sobre las tribus de Israel: el jefe de los rubenitas era Eliezer hijo de Zicri; de los simeonitas, Sefatías, hijo de Maaca:
1CH 27:17 De los levitas, Hasabías hijo de Camuel; de los aaronitas, Sadoc;
1CH 27:18 De Judá, Eliú, uno de los her­manos de David; de los de Isacar, Omri hijo de Micael:
1CH 27:19 De los de Zabulón, Ismaías hijo de Abdías; de los de Neftalí, Jerimot hijo de Azriel;
1CH 27:20 De los hijos de Efraím, Oseas hijo de Azazía; de la media tribu de Manasés, Joel hijo de Pedaía;
1CH 27:21 De la otra media tribu de Manasés en Galaad, Iddo hijo de Zacarías; de los de Benjamín, Jaaciel hijo de Abner;
1CH 27:22 Y de Dan, Azarael hijo de Jeroam. Éstos [fueron] los jefes de las tribus de Israel.
1CH 27:23 Y no tomó David el número de los que eran de veinte años abajo, por cuanto el SEÑOR había dicho que él había de mul­tiplicar a Israel como las estrellas de los cielos.
1CH 27:24 Joab hijo de Sarvia había comenzado a contar, mas no acabó, pues por esto vino la ira sobre Israel: y [así] el número no fue puesto en el registro de las crónicas del rey David.
1CH 27:25 Y Azmavet hijo de Adiel tenía cargo de los tesoros del rey; y de los tesoros de los campos, y de las ciudades, y de las aldeas y castillos, Jonatán hijo de Uzías;
1CH 27:26 Y de los que trabajaban en la labranza de las tierras, Ezri hijo de Quelub;
1CH 27:27 Y de las viñas Simi ramatita; y del fruto de las viñas para las bodegas, Zabdías sifmita;
1CH 27:28 Y de los olivares y sicómoros que había en las campiñas, Baal­hanan gederita; y de los almace­nes del aceite, Joas;
1CH 27:29 De las vacas que pastaban en Sarón, Sitrai saronita; y de las vacas que estaban en los valles, Safat hijo de Adlai;
1CH 27:30 Y de los camellos, Obil ismaelita; y de las asnas, Jedías meronotita;
1CH 27:31 Y de las ovejas, Jaziz agareno. Todos estos [eran] superintendentes de la sustancia del rey David.
1CH 27:32 Y Jonatán, tío de David, era consejero, varón prudente y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey.
1CH 27:33 Y también Ahitofel era consejero del rey; y Husai arquita amigo del rey.
1CH 27:34 Después de Ahitofel era Joiada hijo de Benaías, y Abiatar. Y Joab era el general del ejército del rey.
1CH 28:1 Y JUNTÓ David en Jerusalem a todos los principales de Israel, los príncipes de las tribus, y los jefes de las divisiones que servían al rey, los tribunos y centuriones, con los superintendentes de toda la sustancia y posesión del rey, y sus hijos, con los oficiales, los poderosos, y todos los hombres valientes.
1CH 28:2 Y levantándose el rey David, [puesto] en pie dijo: Oidme, her­manos míos, y pueblo mío. Yo tenía en propósito edificar una casa, para que en ella reposara el arca del pacto del SEÑOR, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya apresta­do [todo] para edificar.
1CH 28:3 Pero Dios me dijo: Tú no edifi­carás casa a mi nombre: porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre.
1CH 28:4 Sin embargo el SEÑOR Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamen­te fuese rey sobre Israel: porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre agradóse de mí para poner­me por rey sobre todo Israel;
1CH 28:5 Y de todos mis hijos (porque el SEÑOR me ha dado muchos hijos,) eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino del SEÑOR sobre Israel.
1CH 28:6 Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios: porque a éste me he esco­gido por hijo, y yo le seré a él por padre.
1CH 28:7 Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esfor­zare a poner por obra mis man­damientos y mis juicios, como este día.
1CH 28:8 Ahora pues, delante de los ojos de todo Israel, congregación del SEÑOR, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos del SEÑOR vues­tro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente.
1CH 28:9 Y tú, Salomón, hijo mío, cono­ce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto, y con ánimo voluntario; porque el SEÑOR escudriña los corazones de todos, y entiende toda imagi­nación de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.
1CH 28:10 Mira, [pues,] ahora que el SEÑOR te ha elegido para que edifiques casa para santuario: esfuérzate, y haz[la].
1CH 28:11 Entonces David dio a Salomón su hijo el modelo del pórtico, y de sus casas, y de sus tesorerías, y de sus salas, y de sus recámaras, y del lugar del propiciatorio.
1CH 28:12 Asimismo el modelo de todas las cosas que tenía por el espíritu, para los atrios de la casa del SEÑOR, y para todas las cáma­ras en derredor, para los tesoros de la casa de Dios, y para los tesoros de las cosas santificadas:
1CH 28:13 También para los órdenes de los sacerdotes y de los levitas, y para toda la obra del ministerio de la casa del SEÑOR, y para todos los vasos del ministerio de la casa del SEÑOR.
1CH 28:14 Y [dio] oro por peso para [lo de] oro, para todos los vasos de cada servicio: y plata por peso para todos los vasos, para todos los vasos de cada servicio.
1CH 28:15 [Oro] por peso para los cande­leros de oro, y para sus lámparas; por peso el oro para cada candelero y sus lámparas: y para los candeleros de plata, [plata] por peso para el candelero y sus lámparas, conforme al servicio de cada candelero.
1CH 28:16 Asimismo [dio] oro por peso para las mesas de la proposición, para cada mesa: del mismo modo plata para las mesas de plata:
1CH 28:17 También oro puro para los garfios y para las palanganas, y para los incensarios, y para los tazones de oro, para cada tazón por peso; y para los tazones de plata, por peso para cada tazón:
1CH 28:18 Además, oro puro por peso para el altar del perfume, y oro para el modelo del carro de los que­rubines, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto del SEÑOR.
1CH 28:19 Todas estas cosas, [dijo David], se me han representado por la mano del SEÑOR que me hizo entender todas las obras del modelo.
1CH 28:20 Dijo más David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y ponlo por obra; no temas, ni des­mayes, porque el SEÑOR Dios, mi Dios, será contigo: él no te dejará, ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa del SEÑOR.
1CH 28:21 He aquí los órdenes de los sacerdotes y de los levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios, serán contigo en toda la obra: asimismo todos los volun­tarios e inteligentes para cual­quiera especie de industria; y los príncipes, y todo el pueblo para [ejecutar] todas tus órdenes.
1CH 29:1 DESPUÉS dijo el rey David a toda la congregación: A solo Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para el SEÑOR Dios.
1CH 29:2 Ahora yo con todas mis fuer­zas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y latón para las de latón, y hierro para las de hierro, y made­ra para las de madera, y piedras de ónix, y piedras preciosas, y piedras negras, y piedras de diversos colores, y toda suerte de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia.
1CH 29:3 A más de esto, por cuanto tengo mi gusto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata [que,] ade­más de todas las cosas que he aprestado para la casa del santua­rio, he dado para la casa de mi Dios;
1CH 29:4 [A saber,] tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata afinada para cubrir las paredes de las casas:
1CH 29:5 Oro pues para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de manos de los oficiales. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria al SEÑOR?
1CH 29:6 Entonces los príncipes de las familias, y los príncipes de las tribus de Israel, tribunos y centu­riones, con los superintendentes de la hacienda del rey, ofrecieron de su voluntad;
1CH 29:7 Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos de oro y diez mil sueldos, y diez mil talentos de plata, y dieciocho mil talentos de latón, y cinco mil talentos de hierro.
1CH 29:8 Y todo el que se halló con pie­dras preciosas, diólas para el tesoro de la casa del SEÑOR, en mano de Jehiel gersonita.
1CH 29:9 Y holgóse el pueblo de haber contribuído de su voluntad; por­que con entero corazón ofrecie­ron al SEÑOR voluntariamente.
1CH 29:10 Asimismo holgóse mucho el rey David, y bendijo al SEÑOR delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh SEÑOR, Dios de Israel nuestro padre, de uno a otro siglo.
1CH 29:11 Tuya es, oh SEÑOR, la mag­nificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en el cielo y en la tierra [son tuyas]. Tuyo, oh SEÑOR, es el reino, y la altura sobre todos [los que están] por cabeza.
1CH 29:12 Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas a todos: y en tu mano está la poten­cia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas.
1CH 29:13 Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te damos gracias, y ala­bamos tu glorioso nombre.
1CH 29:14 Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiése­mos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y [lo recibido] de tu mano te damos.
1CH 29:15 Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días cual sombra sobre la tierra, y no [dan] espera.
1CH 29:16 Oh SEÑOR Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos aprestado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.
1CH 29:17 Yo sé, Dios mío, que tú escu­driñas los corazones, y que la rectitud te agrada: por eso yo con rectitud de mi corazón volunta­riamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que aquí se ha hallado ahora, ha dado para ti espontá­neamente.
1CH 29:18 Oh SEÑOR Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, nuestros padres, conserva perpe­tuamente esta voluntad del cora­zón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti.
1CH 29:19 Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho el apresto.
1CH 29:20 Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora al SEÑOR vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo al SEÑOR Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante del SEÑOR, y del rey.
1CH 29:21 Y sacrificaron víctimas al SEÑOR, y ofrecieron al SEÑOR holocaustos el día siguiente, mil becerros, mil carneros, mil cor­deros con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel.
1CH 29:22 Y comieron y bebieron delan­te del SEÑOR aquel día con gran gozo; y dieron la segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ungiéronlo al SEÑOR por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.
1CH 29:23 Y sentóse Salomón por rey en el trono del SEÑOR en lugar de David su padre, y fue prospera­do; y obedecióle todo Israel.
1CH 29:24 Y todos los príncipes y pode­rosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón.
1CH 29:25 Y el SEÑOR engrandeció en extremo a Salomón a los ojos de todo Israel, y dióle gloria del reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel.
1CH 29:26 Así reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel.
1CH 29:27 Y el tiempo que reinó sobre Israel fue cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres reinó en Jerusalem.
1CH 29:28 Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas, y de gloria: y reinó en su lugar Salomón su hijo.
1CH 29:29 Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de [las crónicas de] Samuel vidente, y en las crónicas del profeta Natán, y en las cró­nicas de Gad vidente,
1CH 29:30 Con todo [lo relativo] a su rei­nado, y su poder, y los tiempos que pasaron sobre él, y sobre Israel, y sobre todos los reinos de aquellas tierras.
2CH 1:1 Y SALOMÓN hijo de David fue afirmado en su reino; y el SEÑOR su Dios fue con él, y le engrandeció sobremanera.
2CH 1:2 Y llamó Salomón a todo Israel, tribunos, centuriones, y jueces, y a todos los príncipes de todo Israel, cabezas de familias.
2CH 1:3 Y fue Salomón, y con él toda la congregación, al alto que había en Gabaón; porque allí estaba el tabernáculo de la congregación de Dios, que Moisés siervo del SEÑOR había hecho en el desierto.
2CH 1:4 Mas David había traído el arca de Dios de Quiriat-jearim al lugar que él le había preparado; porque él le había tendido una tienda en Jerusalem.
2CH 1:5 Asimismo el altar de latón que había hecho Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, estaba allí delan­te del tabernáculo del SEÑOR, al cual fueron a consultar Salomón y la congregación.
2CH 1:6 Subió pues Salomón allá delante del SEÑOR, al altar de latón que estaba en el taberná­culo de la congregación, y ofre­ció sobre él mil holocaustos.
2CH 1:7 Y aquella noche apareció Dios a Salomón, y díjole: Demanda lo [que quisieres] que yo te dé.
2CH 1:8 Y Salomón dijo a Dios: Tú has hecho con David mi padre grande misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo.
2CH 1:9 Confírmese pues ahora, oh SEÑOR Dios, tu palabra [dada] a David mi padre; porque tú me has puesto por rey sobre un pue­blo en muchedumbre como el polvo de la tierra.
2CH 1:10 Dame ahora sabiduría y conocimiento, para salir y entrar delante de este pueblo: porque ¿quién podrá juzgar este tu pueblo tan grande?
2CH 1:11 Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto esto fue en tu corazón, que no pediste riquezas, hacien­da, o gloria, ni el alma de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedi­do para ti sabiduría y conocimiento para juzgar mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey,
2CH 1:12 Sabiduría y conocimiento te es dada; y también te daré riquezas, hacienda, y gloria, cual nunca hubo en los reyes que han sido antes de ti, ni después de ti habrá tal.
2CH 1:13 Y volvió Salomón a Jerusalem del alto que estaba en Gabaón, de delante del tabernáculo de la congregación; y reinó sobre Israel.
2CH 1:14 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tuvo mil y cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.
2CH 1:15 Y puso el rey plata y oro en Jerusalem como piedras, y cedro como sicómoros que [hay] en los campos en abundancia.
2CH 1:16 Y sacaban caballos y lienzos finos de Egipto para Salomón; pues por contrato tomaban [allí] los mercaderes del rey caballos y lienzos.
2CH 1:17 Y subían, y sacaban de Egipto, un carro por seiscientas piezas de plata, y un caballo por ciento y cincuenta: y así se saca­ban por medio de ellos para todos los reyes de los heteos, y para los reyes de Siria.
2CH 2:1 DETERMINÓ pues Salomón edificar casa al nombre del SEÑOR, y [otra] casa para su reino.
2CH 2:2 Y contó Salomón setenta mil hombres que llevasen cargas, y ochenta mil hombres que corta­sen en el monte, y tres mil y seis­cientos que los gobernasen.
2CH 2:3 Y envió a decir Salomón a Hiram rey de Tiro: [Haz conmigo] como hiciste con David mi padre, enviándole cedros para que edificara para sí casa en que morase.
2CH 2:4 He aquí yo tengo que edificar casa al nombre del SEÑOR mi Dios, para consagrársela, para quemar perfumes aromáticos delante de él, y para la coloca­ción continua de los panes de la proposición, y para holocaustos a mañana y tarde, y los sábados, y nuevas lunas, y festividades del SEÑOR nuestro Dios; lo cual ha de ser perpetuo en Israel.
2CH 2:5 Y la casa que tengo que edifi­car, ha de ser grande: porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses.
2CH 2:6 Mas ¿quién será tan poderoso que le edifique casa? El cielo y el cielo de los cielos no le pue­den contener; ¿quién pues soy yo, que le edifique casa, sino para quemar perfumes delante de él?
2CH 2:7 Envíame pues ahora un hom­bre hábil, que sepa trabajar en oro, y en plata, y en latón, y en hierro, en púrpura, y en carmesí, y en azul, y que sepa esculpir con los maestros que están con­migo en Judá y en Jerusalem, los cuales previno mi padre.
2CH 2:8 Envíame también madera de cedro, de ciprés, de algumim, del Líbano: porque yo sé que tus siervos entienden de cortar madera en el Líbano; y he aquí, mis siervos irán con los tuyos,
2CH 2:9 Para que me apresten mucha madera, porque la casa que tengo de edificar ha de ser grande y portentosa.
2CH 2:10 Y he aquí para los operarios tus siervos, cortadores de la madera, he dado veinte mil coros de trigo en grano, y veinte mil coros de cebada, y veinte mil batos de vino, y veinte mil batos de aceite.
2CH 2:11 Entonces Hiram rey de Tiro respondió por letras, las que envió a Salomón: Porque el SEÑOR amó a su pueblo, te ha puesto por rey sobre ellos.
2CH 2:12 Y además decía Hiram: Bendito sea el SEÑOR el Dios de Israel, que hizo el cielo y la tierra, y que dio al rey David hijo sabio, entendido, cuerdo y pru­dente, que edifique casa al SEÑOR, y casa para su reino.
2CH 2:13 Yo pues te he enviado un hombre hábil y entendido, [que fue] de Hiram mi padre,
2CH 2:14 Hijo de una mujer de las hijas de Dan, y su padre [fue] de Tiro; el cual sabe trabajar en oro, y plata, y latón, y hierro, en piedra y en madera, en púrpura y en azul, y en lino fino y en carmesí; asi­mismo para esculpir todas figu­ras, y sacar toda suerte de diseño que se le propusiere, y [estar] con tus hombres peritos, y con los de mi señor David tu padre.
2CH 2:15 Ahora pues, enviará mi señor a sus siervos el trigo y cebada, y aceite y vino, que ha dicho;
2CH 2:16 Y nosotros cortaremos en el Líbano la madera que hubieres menester, y te la traeremos en balsas por el mar hasta Jope, y tú la harás llevar hasta Jerusalem.
2CH 2:17 Y contó Salomón todos los hombres extranjeros que estaban en la tierra de Israel, después de haberlos ya contado David su padre, y fueron hallados ciento cincuenta y tres mil seiscientos.
2CH 2:18 Y señaló de ellos setenta mil para llevar cargas, y ochenta mil que cortasen en el monte, y tres mil y seiscientos por sobrestantes para hacer trabajar al pueblo.
2CH 3:1 Y COMENZÓ Salomón a edificar la casa del SEÑOR en Jerusalem, en el monte Moria que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.
2CH 3:2 Y comenzó a edificar en el mes segundo, a dos [del mes], en el cuarto año de su reinado.
2CH 3:3 Éstas [son las medidas de que] Salomón fundó el edificio de la casa de Dios. La primera medida fue, la longitud de sesenta codos; y la anchura de veinte codos.
2CH 3:4 El pórtico que estaba en la delantera de la longitud, era de veinte codos al frente del ancho de la casa, y su altura de ciento y veinte: y cubriólo por dentro de oro puro.
2CH 3:5 Y techó la casa mayor con madera de ciprés, la cual cubrió de buen oro, e hizo resaltar sobre ella palmas y cadenas.
2CH 3:6 Cubrió también la casa de piedras preciosas por excelencia: y el oro era oro de Parvaim.
2CH 3:7 Así cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes, y sus puertas, con oro; y esculpió que­rubines por las paredes.
2CH 3:8 Hizo asimismo la casa del lugar santísimo, cuya longitud era de veinte codos según el ancho del frente de la casa, y su anchura de veinte codos: y cubrióla de buen oro que ascen­día a seiscientos talentos.
2CH 3:9 Y el peso de los clavos tuvo cincuenta siclos de oro. Cubrió también de oro las salas.
2CH 3:10 Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de forma de niños, los cuales cubrieron de oro.
2CH 3:11 El largo de las alas de los que­rubines era de veinte codos: por­que la una ala era de cinco codos: la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala de cinco codos, la cual llegaba al ala del otro querubín.
2CH 3:12 De la misma manera la una ala del otro querubín era de cinco codos: la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala era de cinco codos, que tocaba al ala del otro querubín.
2CH 3:13 [Así] las alas de estos querubi­nes estaban extendidas por vein­te codos: y ellos estaban en pie con los rostros hacia la casa.
2CH 3:14 Hizo también el velo [de] azul, púrpura, carmesí y lino fino, e hizo resaltar en él querubines.
2CH 3:15 Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de longitud, con sus capi­teles encima, de cinco codos.
2CH 3:16 Hizo asimismo cadenas [como hizo] en el lugar santísimo, y púsolas sobre los capiteles de las columnas: e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas.
2CH 3:17 Y asentó las columnas delan­te del templo, la una a la mano derecha, y la otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jaquín, y a la de la izquierda, Boaz.
2CH 4:1 HIZO además un altar de latón de veinte codos de longitud, y veinte codos de anchura, y diez codos de altura.
2CH 4:2 También hizo un mar de fundi­ción, el cual tenía diez codos de un borde al otro borde, entera­mente redondo: su altura era de cinco codos, y una línea de trein­ta codos lo ceñía alrededor.
2CH 4:3 Y debajo de él había figuras de bueyes que lo circundaban, diez en cada codo todo alrededor: eran dos órdenes de bueyes fun­didos juntamente con el mar.
2CH 4:4 Y estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales mira­ban al septentrión, y tres al occi­dente, y tres al sur, y tres al oriente: y el mar asentaba sobre ellos, y todas sus traseras estaban a la parte de adentro.
2CH 4:5 Y tenía de grueso un palmo, y el borde era de la hechura del borde de una copa, o flor de lis. Y hacía tres mil batos.
2CH 4:6 Hizo también diez fuentes, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas la obra de la ofrenda quemada; mas el mar era para lavarse los sacerdotes en él.
2CH 4:7 Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda.
2CH 4:8 Además hizo diez mesas y púsolas en el templo, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda: igualmente hizo cien tazones de oro.
2CH 4:9 A más de esto hizo el patio de los sacerdotes, y el gran patio, y las portadas del patio, y cubrió las puertas de ellas de latón.
2CH 4:10 Y asentó el mar al lado dere­cho hacia el oriente, enfrente del sur.
2CH 4:11 Hizo también Hiram calderos, y palas, y tazones; y acabó Hiram la obra que hacía al rey Salomón para la casa de Dios;
2CH 4:12 Dos columnas, y los cordo­nes, los capiteles sobre las cabe­zas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos bolas de los capiteles que estaban encima de las columnas;
2CH 4:13 Cuatrocientas granadas en las dos redecillas, dos órdenes de granadas en cada redecilla, para que cubriesen las dos bolas de los capiteles que estaban encima de las columnas.
2CH 4:14 Hizo también las basas, sobre las cuales asentó las fuentes;
2CH 4:15 Un mar, y doce bueyes deba­jo de él;
2CH 4:16 Y calderos, y palas, y garfios; y todos sus enseres hizo Hiram su padre al rey Salomón para la casa del SEÑOR, de latón purí­simo.
2CH 4:17 Y fundiólos el rey en los lla­nos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Seredat.
2CH 4:18 Y Salomón hizo todos estos vasos en grande abundancia, porque no pudo ser hallado el peso del latón.
2CH 4:19 Así hizo Salomón todos los vasos para la casa de Dios, y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de la proposición;
2CH 4:20 Asimismo los candeleros y sus lámparas, de oro puro, para que las encendiesen delante del lugar santísimo conforme a la costumbre.
2CH 4:21 Y las flores, y las lamparillas, y las despabiladeras [se hicieron] de oro, de oro perfecto;
2CH 4:22 También los platillos, y las jofainas, y las cucharas, y los incensarios, de oro puro. Cuanto a la entrada de la casa, sus puer­tas interiores para el lugar santí­simo, y las puertas de la casa del templo, de oro.
2CH 5:1 Y ACABADA que fue toda la obra que hizo Salomón para la casa del SEÑOR, metió Salomón [en ella] las cosas que David su padre había dedicado; y puso la plata, y el oro, y todos los vasos, en los tesoros de la casa de Dios.
2CH 5:2 Entonces Salomón juntó en Jerusalem los ancianos de Israel, y todos los príncipes de las tri­bus, las cabezas de las familias de los hijos de Israel, para que trajesen el arca del pacto del SEÑOR de la ciudad de David, que es Sión.
2CH 5:3 Y juntáronse al rey todos los varones de Israel, a la solemni­dad del mes séptimo.
2CH 5:4 Y vinieron todos los ancianos de Israel, y tomaron los levitas el arca:
2CH 5:5 Y llevaron el arca, y el taberná­culo de la congregación, y todos los vasos del santuario que esta­ban en el tabernáculo: los sacer­dotes y los levitas los llevaron.
2CH 5:6 Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había a él reunido delante del arca, sacrificaron ovejas y bue­yes, que por la multitud no se pudieron contar ni numerar.
2CH 5:7 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto del SEÑOR en su lugar, en el lugar santísimo de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines:
2CH 5:8 Pues los querubines extendían las alas sobre el asiento del arca, y cubrían los querubines por encima así el arca como sus barras.
2CH 5:9 E hicieron salir fuera las barras, de modo que se viesen los extremos de las barras del arca delante del lugar santísimo, pero no se veían desde fuera: y allí estuvie­ron hasta hoy.
2CH 5:10 En el arca no había sino las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales el SEÑOR había hecho pacto con los hijos de Israel, después que salieron de Egipto.
2CH 5:11 Y como los sacerdotes salie­ron del santuario, (porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban sus veces;
2CH 5:12 Y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán, y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vesti­dos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos cien­to veinte sacerdotes que tocaban trompetas:)
2CH 5:13 Sonaban pues las trompetas, y cantaban con la voz todos a una, para alabar y dar gracias al SEÑOR: y cuando alzaban la voz con trompetas y címbalos e instrumentos de música, cuando alababan al SEÑOR, [diciendo]: Porque es bueno, porque su misericordia es para siempre: la casa se llenó entonces de una nube, la casa del SEÑOR.
2CH 5:14 Y no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria del SEÑOR había henchido la casa de Dios.
2CH 6:1 ENTONCES dijo Salomón: el SEÑOR ha dicho que él habitaría en la oscuridad.
2CH 6:2 Yo pues he edificado una casa de morada para ti, y una habita­ción en que mores para siempre.
2CH 6:3 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel: y toda la congregación de Israel estaba en pie.
2CH 6:4 Y él dijo: Bendito sea el SEÑOR Dios de Israel, el cual con su mano ha cumplido lo que habló por su boca a David mi padre, diciendo:
2CH 6:5 Desde el día que saqué mi pue­blo de la tierra de Egipto, ningu­na ciudad he elegido de todas las tribus de Israel para edificar casa donde estuviese mi nombre, ni he escogido varón que fuese príncipe sobre mi pueblo Israel.
2CH 6:6 Mas a Jerusalem he elegido para que en ella esté mi nombre, y a David he elegido para que fuese sobre mi pueblo Israel.
2CH 6:7 Y David mi padre tuvo en el corazón edificar casa al nombre del SEÑOR Dios de Israel.
2CH 6:8 Pero el SEÑOR dijo a David mi padre: Respecto a haber teni­do en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en haber tenido esto en tu corazón.
2CH 6:9 No obstante tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.
2CH 6:10 Y el SEÑOR ha cumplido su palabra que había dicho; pues levantéme yo en lugar de David mi padre, y heme sentado en el trono de Israel, como el SEÑOR había dicho; y he edificado casa al nombre del SEÑOR Dios de Israel.
2CH 6:11 Y en ella he puesto el arca, en la cual está el pacto del SEÑOR que concertó con los hijos de Israel.
2CH 6:12 Púsose luego [Salomón] delan­te del altar del SEÑOR, en pre­sencia de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos.
2CH 6:13 Porque Salomón había hecho un púlpito de latón, de cinco codos de largo, y de cinco codos de ancho, y de altura de tres codos, y lo había puesto en medio del patio: y púsose sobre él, e hincóse de rodillas delante de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo, dijo:
2CH 6:14 Oh SEÑOR Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón;
2CH 6:15 Que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le dijiste: tú lo dijiste de tu boca, mas con tu mano lo has cumplido, como [parece] este día.
2CH 6:16 Ahora pues, oh SEÑOR Dios de Israel, guarda a tu siervo David mi padre lo que le has prometido, diciendo: No faltará de ti varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, a condición que tus hijos guarden su camino, andando en mi ley, como tú delante de mí has andado.
2CH 6:17 Ahora pues, oh SEÑOR Dios de Israel, verifíquese tu palabra que dijiste a tu siervo David.
2CH 6:18 Mas ¿es verdad que Dios ha de habitar con el hombre en la tierra? He aquí, el cielo y el cielo de los cielos no pueden contenerte: ¿cuánto menos esta casa que he edificado?
2CH 6:19 Mas tú mirarás a la oración de tu siervo, y a su ruego, oh SEÑOR Dios mío, para oír el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti.
2CH 6:20 Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y de noche, sobre el lugar del cual dijiste, Mi nombre estará allí; que oigas la oración con que tu siervo ora en este lugar.
2CH 6:21 Asimismo que oigas el ruego de tu siervo, y de tu pueblo Israel, cuando en este lugar hicie­ren oración, que tú oirás desde el cielo, desde el lugar de tu morada: que oigas y perdones.
2CH 6:22 Si alguno pecare contra su prójimo, y él le pidiere juramen­to haciéndole jurar, y el juramen­to viniere delante de tu altar en esta casa,
2CH 6:23 Tú oirás desde el cielo, y obrarás, y juzgarás a tus siervos, dando la paga al impío, tornán­dole su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo en darle conforme a su justicia.
2CH 6:24 Si tu pueblo Israel cayere delante de los enemigos, por haber prevaricado contra ti, y se convirtieren, y confesaren tu nombre, y rogaren delante de ti en esta casa,
2CH 6:25 Tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de tu pue­blo Israel, y los volverás a la tie­rra que diste a ellos y a sus padres.
2CH 6:26 Si el cielo se cerrare, que no haya lluvia por haber pecado contra ti, si oraren a ti en este lugar, y confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando los afligieres,
2CH 6:27 Tú [los] oirás en el cielo, y perdonarás el pecado de tus sier­vos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, la cual diste por heredad a tu pueblo.
2CH 6:28 Y si hubiere hambre en la tie­rra, o si hubiere pestilencia, si hubiere tizoncillo o añublo, lan­gosta o pulgón; o si los cercaren sus enemigos en la tierra de su domicilio; cualquiera plaga o enfermedad que sea;
2CH 6:29 Toda oración y todo ruego que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cualquiera que conociere su llaga y su dolor en su corazón, si extendiere sus manos a esta casa,
2CH 6:30 Tú oirás desde el cielo, desde el lugar de tu habitación, y perdonarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, habien­do conocido su corazón; (porque sólo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres;)
2CH 6:31 Para que te teman y anden en tus caminos, todos los días que vivieren sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
2CH 6:32 Y también al extranjero que no fuere de tu pueblo Israel, que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu grande nombre, y de tu mano fuerte, y de tu brazo extendido, si vinieren, y oraren en esta casa,
2CH 6:33 Tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y harás conforme a todas las cosas por las cuales hubiere clamado a ti el extranjero; para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que he edificado yo.
2CH 6:34 Si tu pueblo saliere a la guerra contra sus enemigos por el cami­no que tú los enviares, y oraren a ti hacia esta ciudad que tú elegis­te, hacia la casa que he edificado a tu nombre,
2CH 6:35 Tú oirás desde los cielos su oración y su ruego, y ampararás su derecho.
2CH 6:36 Si pecaren contra ti, (pues no hay hombre que no peque,) y te airares contra ellos, y los entre­gares delante de sus enemigos, para que los que los tomaren los lleven cautivos a tierra de enemi­gos, lejos o cerca,
2CH 6:37 Y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de su cautividad, y dijeren: Pecamos, hemos hecho inicuamente, impíamente hemos obrado;
2CH 6:38 Si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia su tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tu elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre;
2CH 6:39 Tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, y ampararás su causa, y perdonarás a tu pue­blo que pecó contra ti.
2CH 6:40 Ahora pues, oh Dios mío, rué­gote estén abiertos tus ojos, y atentos tus oídos a la oración en este lugar.
2CH 6:41 Oh SEÑOR Dios, levántate ahora para [habitar en] tu reposo, tú y el arca de tu fortaleza; sean, oh SEÑOR Dios, vestidos de sal­vación tus sacerdotes, y gocen de bien tus santos.
2CH 6:42 Oh SEÑOR Dios, no hagas vol­ver el rostro de tu ungido: acuér­date de las misericordias de David tu siervo.
2CH 7:1 Y COMO Salomón acabó de orar, el fuego descendió del cielo, y consumió la ofrenda quemada y las víctimas; y la gloria del SEÑOR hinchió la casa.
2CH 7:2 Y no podían entrar los sacerdotes en la casa del SEÑOR, por­que la gloria del SEÑOR había henchido la casa del SEÑOR.
2CH 7:3 Y como vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria del SEÑOR sobre la casa, cayeron en tierra sobre sus ros­tros en el pavimento, y adoraron, confesando al SEÑOR, [dicien­do:] Porque es bueno, porque su misericordia es para siempre.
2CH 7:4 Entonces el rey y todo el pue­blo sacrificaron víctimas delante del SEÑOR.
2CH 7:5 Y ofreció el rey Salomón en sacrificio veinte y dos mil bue­yes, y ciento y veinte mil ovejas; y así dedicaron la casa de Dios el rey y todo el pueblo.
2CH 7:6 Y los sacerdotes asistían en su ministerio; y los levitas con los instrumentos de música del SEÑOR, los cuales había hecho el rey David para confesar al SEÑOR, que su misericordia [es] para siempre; cuando David ala­baba por mano de ellos. Asimismo los sacerdotes tañían trompetas delante de ellos, y todo Israel estaba en pie.
2CH 7:7 También santificó Salomón el medio del patio que estaba delan­te de la casa del SEÑOR, por cuanto había ofrecido allí los holocaustos, y los sebos de los pacíficos; porque en el altar de latón que Salomón había hecho, no podían caber los holo­caustos, y el presente, y los sebos.
2CH 7:8 Entonces hizo Salomón fiesta siete días, y con él todo Israel, una grande congregación, desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de Egipto.
2CH 7:9 Al octavo día hicieron una asamblea solemne, porque habían hecho la dedicación del altar en siete días, y habían celebrado la solemni­dad por siete días.
2CH 7:10 Y a los veintitrés del mes sép­timo envió al pueblo a sus estan­cias, alegres y gozosos de cora­zón por los beneficios que el SEÑOR había hecho a David, y a Salomón, y a su pueblo Israel.
2CH 7:11 Acabó pues Salomón la casa del SEÑOR, y la casa del rey: y todo lo que Salomón tuvo en voluntad de hacer en la casa del SEÑOR y en su casa, fue pros­perado.
2CH 7:12 Y apareció el SEÑOR a Salomón de noche, y díjole: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio.
2CH 7:13 Si yo cerrare el cielo, que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pue­blo;
2CH 7:14 Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde el cielo, y perdona­ré sus pecados, y sanaré su tierra.
2CH 7:15 Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, a la oración en este lugar:
2CH 7:16 Pues que ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.
2CH 7:17 Y tú, si anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guarda­res mis estatutos y mis derechos,
2CH 7:18 Yo confirmaré el trono de tu reino, como concerté con David tu padre, diciendo: No faltará varón de ti que domine en Israel.
2CH 7:19 Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mis preceptos que os he propuesto, y fuereis y sirviereis a dioses aje­nos, y los adorareis,
2CH 7:20 Yo los arrancaré de mi tierra que les he dado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, y pon­dréla por proverbio y fábula en todos los pueblos.
2CH 7:21 Y esta casa que habrá sido ilustre, será espanto a todo el que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así el SEÑOR a esta tierra y a esta casa?
2CH 7:22 Y se responderá: Por cuanto dejaron al SEÑOR Dios de sus padres, el cual los sacó de la tie­rra de Egipto, y han abrazado dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron: por eso él ha traído todo este mal sobre ellos.
2CH 8:1 Y ACONTECIÓ que al cabo de veinte años que Salomón había edificado la casa del SEÑOR y su casa,
2CH 8:2 Reedificó Salomón las ciuda­des que Hiram le había dado, y estableció en ellas a los hijos de Israel.
2CH 8:3 Después vino Salomón a Hamat de Soba, y la tomó.
2CH 8:4 Y edificó a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de municiones que edificó en Hamat.
2CH 8:5 Asimismo reedificó a Bet-horón la de arriba, y a Bet-horón la de abajo, ciudades fortificadas, de muros, puertas, y barras;
2CH 8:6 Y a Baalat, y a todas las villas de munición que Salomón tenía; también todas las ciudades de los carros y las de la gente de a caba­llo; y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalem, y en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.
2CH 8:7 Y a todo el pueblo que había quedado de los heteos, amorreos, ferezeos, heveos, y jebuseos, que no eran de Israel,
2CH 8:8 Los hijos de los que habían quedado en la tierra después de ellos, a los cuales los hijos de Israel no destruyeron del todo, hizo Salomón tributarios hasta hoy.
2CH 8:9 Y de los hijos de Israel no puso Salomón siervos en su obra; por­que eran hombres de guerra, y sus príncipes y sus capitanes, y comandantes de sus carros, y su gente de a caballo.
2CH 8:10 Y tenía Salomón doscientos y cincuenta principales de los gobernadores, los cuales manda­ban en aquella gente.
2CH 8:11 Y pasó Salomón a la hija de Faraón, de la ciudad de David a la casa que él le había edificado; porque dijo: Mi esposa no morará en la casa de David rey de Israel, porque aquellas [habitaciones] donde ha entrado el arca del SEÑOR, son sagradas.
2CH 8:12 Entonces ofreció Salomón holocaustos al SEÑOR sobre el altar del SEÑOR, que había él edificado delante del pórtico,
2CH 8:13 Para que ofreciesen cada cosa en su día, conforme al manda­miento de Moisés, en los sába­dos, en las nuevas lunas, y en las fiestas solemnes, tres veces en el año, [a saber], en la fiesta de los panes sin levadura, en la fiesta de las semanas, y en la fiesta de los tabernáculos.
2CH 8:14 Y constituyó los repartimien­tos de los sacerdotes en sus ofi­cios, conforme a la ordenación de David su padre; y los levitas por sus órdenes, para que alaba­sen y ministrasen delante de los sacerdotes, cada cosa en su día; asimismo los porteros por su orden a cada puerta: porque así lo había mandado David, varón de Dios.
2CH 8:15 Y no salieron del mandamien­to del rey, cuanto a los sacerdotes y levitas, y los tesoros, y todo negocio:
2CH 8:16 Porque toda la obra de Salomón estaba preparada desde el día en que la casa del SEÑOR fue fundada hasta que se acabó, [hasta que] la casa del SEÑOR fue acabada del todo.
2CH 8:17 Entonces Salomón fue a Esion-geber, y a Elot, a la costa del mar en la tierra de Edom.
2CH 8:18 Porque Hiram le había envia­do navíos por mano de sus sier­vos, y marineros conocedores del mar, los cuales fueron con los siervos de Salomón a Ofir, y tomaron de allá cuatrocientos y cincuenta talentos de oro, y los trajeron al rey Salomón.
2CH 9:1 Y OYENDO la reina de Seba la fama de Salomón, vino a Jerusalem con una muy grande compañía, con camellos cargados de aroma, y oro en abundancia, y piedras preciosas, para tentar a Salomón con preguntas difíciles. Y luego que vino a Salomón, habló con él todo lo que en su corazón tenía.
2CH 9:2 Pero Salomón le contestó todas sus preguntas: y ninguna cosa quedó que Salomón no le decla­rase.
2CH 9:3 Y viendo la reina de Seba la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,
2CH 9:4 Y las viandas de su mesa, y el asiento de sus siervos, y el estado de sus criados, y las vestiduras de ellos, sus maestresalas y sus vestiduras, y su subida por donde subía a la casa del SEÑOR, no quedó más espíritu en ella.
2CH 9:5 Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría;
2CH 9:6 Mas yo no creía las palabras de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto: y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha; porque tú sobrepujas la fama que yo había oído.
2CH 9:7 Bienaventurados tus hombres, y dichosos estos tus siervos, que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría.
2CH 9:8 El SEÑOR tu Dios sea bendi­to, el cual se ha agradado en ti para ponerte sobre su trono por rey del SEÑOR tu Dios: por cuanto tu Dios amó a Israel para establecerlo por siempre, por eso te ha puesto por rey sobre ellos, para que hagas juicio y justicia.
2CH 9:9 Y dio al rey ciento y veinte talentos de oro, y gran copia de aromas, y piedras preciosas: nunca hubo tales aromas como los que dio la reina de Seba al rey Salomón.
2CH 9:10 También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón, que habían traído el oro de Ofir, tra­jeron madera de algumim, y piedras preciosas.
2CH 9:11 E hizo el rey de la madera de algumim gradas en la casa del SEÑOR, y en las casas reales, y arpas y salterios para los canto­res: nunca en tierra de Judá se había visto [madera] semejante.
2CH 9:12 Y el rey Salomón dio a la reina de Seba todo lo que ella quiso y le pidió, más de lo que había traído al rey. Después se volvió y fuese a su tierra con sus siervos.
2CH 9:13 Y el peso de oro que venía a Salomón cada un año, era seis­cientos sesenta y seis talentos de oro,
2CH 9:14 Sin lo que traían los mercade­res y negociantes; y también todos los reyes de Arabia y los príncipes de la tierra traían oro y plata a Salomón.
2CH 9:15 Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro de martillo, cada uno de los cuales tenía seiscientos [siclos] de oro labrado:
2CH 9:16 Asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo cada escudo trescientos [siclos] de oro: y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano.
2CH 9:17 Hizo además el rey un gran trono de marfil, y cubriólo de oro puro.
2CH 9:18 Y había seis gradas al trono, con un estrado de oro al mismo, y brazos de la una parte y de la otra al lugar del asiento, y dos leones que estaban junto a los brazos.
2CH 9:19 Había también allí doce leo­nes sobre las seis gradas de la una parte y de la otra. Jamás fue hecho otro semejante en reino alguno.
2CH 9:20 Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano, de oro puro. En los días de Salomón la plata no era de estima.
2CH 9:21 Porque la flota del rey iba a Tarsis con los siervos de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Tarsis, y traían oro, plata, marfil, simios, y pavos.
2CH 9:22 Y excedió el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría.
2CH 9:23 Y todos los reyes de la tierra procuraban [ver] el rostro de Salomón, por oír su sabiduría, que Dios había puesto en su corazón:
2CH 9:24 Y de éstos cada uno traía su presente, vasos de plata, vasos de oro, vestiduras, armas, aromas, caballos y acémilas, todos los años.
2CH 9:25 Tuvo también Salomón cua­tro mil caballerizas para los caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.
2CH 9:26 Y tuvo señorío sobre todos los reyes desde el río hasta la tierra de los filisteos, y hasta el térmi­no de Egipto.
2CH 9:27 Y puso el rey plata en Jerusalem como piedras, y cedros como los sicómoros que [hay] por las campiñas en abun­dancia.
2CH 9:28 Sacaban también caballos para Salomón, de Egipto y de todas las provincias.
2CH 9:29 Lo demás de los hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no está todo escrito en los libros de Natán profeta, y en la profe­cía de Ahías silonita, y en las profecías del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat?
2CH 9:30 Y reinó Salomón en Jerusalem sobre todo Israel cua­renta años.
2CH 9:31 Y durmió Salomón con sus padres, y sepultáronlo en la ciu­dad de David su padre: y reinó en su lugar Roboam su hijo.
2CH 10:1 Y ROBOAM fue a Siquem porque en Siquem se había juntado todo Israel para hacerlo rey.
2CH 10:2 Y como lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, donde había huído a causa del rey Salomón, volvió de Egipto.
2CH 10:3 Y enviaron y llamáronle. Vino pues Jeroboam, y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
2CH 10:4 Tu padre agravó nuestro yugo: afloja tú, pues, ahora [algo] de la dura servidumbre, y del grave yugo con que tu padre nos apre­mió, y te serviremos.
2CH 10:5 Y él les dijo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el pueblo se fue.
2CH 10:6 Entonces el rey Roboam tomó consejo con los viejos, que habí­an estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
2CH 10:7 Y ellos le hablaron, diciendo: Si te condujeres humanamente con este pueblo, y los agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán perpetuamente.
2CH 10:8 Mas él, dejando el consejo que le dieron los viejos, tomó conse­jo con los mancebos que se habían criado con él, y que delante de él asistían;
2CH 10:9 Y díjoles: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia [algo] del yugo que tu padre puso sobre noso­tros?
2CH 10:10 Entonces los mancebos que se habían criado con él, le habla­ron, diciendo: Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo, tu padre agravó nuestro yugo, mas tú descárganos: así les dirás: Lo más menudo mío es más grueso que los lomos de mi padre.
2CH 10:11 Así que, mi padre os cargó de grave yugo, y yo añadiré a vues­tro yugo: mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.
2CH 10:12 Vino pues Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día: según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días.
2CH 10:13 Y respondióles el rey áspera­mente; pues dejó el rey Roboam el consejo de los viejos,
2CH 10:14 Y hablóles conforme al con­sejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, y yo añadiré a vuestro yugo: mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.
2CH 10:15 Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para cumplir el SEÑOR su palabra que había hablado, por Ahías silonita, a Jeroboam hijo de Nabat.
2CH 10:16 Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David, ni herencia en el hijo de Isaí? ¡Israel, cada uno a sus estancias! ¡David, mira ahora por tu casa! Así se fue todo Israel a sus estancias.
2CH 10:17 Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá.
2CH 10:18 Envió luego el rey Roboam a Adoram, que tenía cargo de los tributos; pero le apedrearon los hijos de Israel, y murió. Entonces se esforzó el rey Roboam, y subiendo en un carro huyó a Jerusalem.
2CH 10:19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
2CH 11:1 Y COMO vino Roboam a Jerusalem, juntó la casa de Judá y de Benjamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra, para pelear contra Israel y volver el reino a Roboam.
2CH 11:2 Mas vino la palabra del SEÑOR a Semeías varón de Dios, dicien­do:
2CH 11:3 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los israelitas en Judá y Benjamín, diciéndoles:
2CH 11:4 Así ha dicho el SEÑOR: No subáis ni peleéis contra vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho este negocio. Y ellos obedecieron la pala­bra del SEÑOR, y tornáronse, y no fueron contra Jeroboam.
2CH 11:5 Y habitó Roboam en Jerusalem, y edificó ciudades para fortificar a Judá.
2CH 11:6 Y edificó a Belem, y a Etam, y a Tecoa,
2CH 11:7 Y a Bet-sur, y a Soco, y a Adulam,
2CH 11:8 Y a Gat, y a Maresa, y a Zif,
2CH 11:9 Y a Adoraim, y a Laquis, y a Azeca,
2CH 11:10 Y a Sora, y a Ajalón, y a Hebrón, que eran en Judá y en Benjamín, ciudades fuertes.
2CH 11:11 Fortificó también las fortale­zas, y puso en ellas capitanes, y vituallas, y vino, y aceite;
2CH 11:12 Y en todas las ciudades, escu­dos y lanzas. Fortificólas pues en gran manera, y Judá y Benjamín le estaban sujetos.
2CH 11:13 Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel, se junta­ron a él de todos sus términos.
2CH 11:14 Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y se venían a Judá y a Jerusalem: pues Jeroboam y sus hijos los echaban del ministerio del SEÑOR.
2CH 11:15 Y él se hizo sacerdotes para los altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho.
2CH 11:16 Tras aquellos acudieron tam­bién de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar al SEÑOR Dios de Israel; y viniéronse a Jerusalem para sacrificar al SEÑOR, el Dios de sus padres.
2CH 11:17 Así fortificaron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón.
2CH 11:18 Y tomóse Roboam por esposa a Mahalat, hija de Jerimot hijo de David, y a Abihail, hija de Eliab hijo de Esaí.
2CH 11:19 La cual le parió hijos: a Jeus, y a Samaria, y a Zaham.
2CH 11:20 Después de ella tomó a Maaca hija de Absalom, la cual le parió a Abías, a Atai, Ziza, y Selomit.
2CH 11:21 Mas Roboam amó a Maaca hija de Absalom sobre todas sus esposas y concubinas; porque tomó diez y ocho esposas y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas.
2CH 11:22 Y puso Roboam a Abías hijo de Maaca por cabeza y príncipe de sus hermanos, porque [quería] hacerle rey.
2CH 11:23 E hízole instruir, y esparció todos sus hijos por todas las tie­rras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades fuertes, y dió­les vituallas en abundancia, y pidió muchas esposas.
2CH 12:1 Y COMO Roboam hubo confirmado el reino, dejó la ley del SEÑOR, y con él todo Israel.
2CH 12:2 Y en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalem, (por cuanto se habían rebelado contra el SEÑOR,)
2CH 12:3 Con mil y doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto, no tenía núme­ro; [a saber], de libios, sukienos, y etíopes.
2CH 12:4 Y tomó las ciudades fuertes de Judá, y llegó hasta Jerusalem.
2CH 12:5 Entonces vino Semeías profeta a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalem por causa de Sisac, y díjoles: Así ha dicho el SEÑOR: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac.
2CH 12:6 Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es el SEÑOR.
2CH 12:7 Y como vio el SEÑOR que se habían humillado, vino la palabra del SEÑOR a Semeías, diciendo: Hanse humillado; no los destrui­ré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalem por mano de Sisac.
2CH 12:8 Sin embargo serán sus siervos; para que sepan qué es servirme a mí, y servir a los reinos de las nacio­nes.
2CH 12:9 Subió pues Sisac rey de Egipto a Jerusalem, y tomó los tesoros de la casa del SEÑOR, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó: y tomó los paveses de oro que Salomón había hecho.
2CH 12:10 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam paveses de latón, y entrególos en manos de los jefes de la guardia, los cuales custo­diaban la entrada de la casa del rey.
2CH 12:11 Y cuando el rey iba a la casa del SEÑOR, venían los de la guardia, y traíanlos, y [después] los volvían a la cámara de la guardia.
2CH 12:12 Y como él se humilló, la ira del SEÑOR se apartó de él, para no destruirlo del todo: y también en Judá las cosas fueron bien.
2CH 12:13 Fortificado pues Roboam, reinó en Jerusalem: y era Roboam de cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y die­cisiete años reinó en Jerusalem, ciudad que escogió el SEÑOR de todas las tribus de Israel, para poner en ella su nombre. Y el nombre de su madre fue Naama amonita.
2CH 12:14 E hizo lo malo, porque no apercibió su corazón para buscar al SEÑOR.
2CH 12:15 Y las cosas de Roboam, pri­meras y postreras, ¿no están escritas en los libros de Semeías profeta y de Iddo vidente, en la cuenta de los linajes? Y entre Roboam y Jeroboam hubo per­petua guerra.
2CH 12:16 Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado en la ciu­dad de David: y reinó en su lugar Abías su hijo.
2CH 13:1 A LOS dieciocho años del rey Jeroboam, reinó Abías sobre Judá.
2CH 13:2 Y reinó tres años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Micaía hija de Uriel de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam.
2CH 13:3 Entonces ordenó Abías batalla con un ejército de cuatrocientos mil hombres de guerra valerosos y escogidos: y Jeroboam ordenó batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos.
2CH 13:4 Y levantóse Abías sobre el monte de Semaraim, que es en los montes de Efraím, y dijo: Oidme, Jeroboam y todo Israel.
2CH 13:5 ¿No sabéis vosotros, que el SEÑOR Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos en pacto de sal?
2CH 13:6 Pero Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de David, se levantó y rebeló contra su señor.
2CH 13:7 Y se allegaron a él hombres vanos, hijos de Belial, los cuales hicieron fuertes contra Roboam hijo de Salomón, cuando Roboam era joven y tierno de corazón, y no podía hacer frente a ellos.
2CH 13:8 Y ahora vosotros tratáis de fortificaros contra el reino del SEÑOR en mano de los hijos de David, porque sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses.
2CH 13:9 ¿No echasteis vosotros a los sacerdotes del SEÑOR, a los hijos de Aarón, y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de los pueblos de [otras] tierras, para que cualquiera venga a consagrarse con un becerro y siete carneros, y así sea sacerdote de los que no son dio­ses?
2CH 13:10 Mas en cuanto a nosotros, el SEÑOR [es] nuestro Dios, y no le hemos dejado: y los sacerdotes que ministran al SEÑOR [son] los hijos de Aarón, y los levitas en la obra;
2CH 13:11 Los cuales queman al SEÑOR los holocaustos cada mañana y cada tarde, y los perfu­mes aromáticos; y ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus lámparas para que ardan cada tarde: porque nosotros guardamos la ordenanza del SEÑOR nuestro Dios; mas vosotros le habéis dejado.
2CH 13:12 Y he aquí Dios está con noso­tros por cabeza, y sus sacerdotes con las trompetas del júbilo para que suenen contra vosotros. Oh hijos de Israel, no peleéis contra el SEÑOR el Dios de vuestros padres, porque no os sucederá bien.
2CH 13:13 Pero Jeroboam hizo girar una emboscada para venir a ellos por la espalda: y [estando] así delante de ellos, la emboscada estaba a espaldas de Judá.
2CH 13:14 Y como miró Judá, he aquí que tenía batalla delante y a las espaldas; por lo que clamaron al SEÑOR, y los sacerdotes toca­ron las trompetas.
2CH 13:15 Entonces los de Judá alzaron grita; y así que ellos alzaron grita, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá:
2CH 13:16 Y huyeron los hijos de Israel delante de Judá, y Dios los entre­gó en sus manos.
2CH 13:17 Y Abías y su gente hacían en ellos gran mortandad; y cayeron heridos de Israel quinientos mil hombres escogidos.
2CH 13:18 Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo: mas los hijos de Judá se fortifica­ron, porque se apoyaban en el SEÑOR el Dios de sus padres.
2CH 13:19 Y siguió Abías a Jeroboam, y tomóle [algunas] ciudades, a Betel con sus aldeas, a Jesana con sus aldeas, y a Efraím con sus aldeas.
2CH 13:20 Y nunca más tuvo Jeroboam poderío en los días de Abías: e hirióle el SEÑOR, y murió.
2CH 13:21 Pero se fortificó Abías; y tomó catorce esposas, y engen­dró veintidós hijos, y dieciséis hijas.
2CH 13:22 Lo demás de los hechos de Abías, sus caminos y sus negocios, está escrito en la historia de Iddo profeta.
2CH 14:1 Y DURMIÓ Abías con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David. Y reinó en su lugar su hijo Asa, en cuyos días tuvo sosiego el país por diez años.
2CH 14:2 E hizo Asa lo bueno y lo recto en los ojos del SEÑOR su Dios.
2CH 14:3 Porque quitó los altares del [culto] ajeno, y los altos; quebró las imágenes, y taló los bosques;
2CH 14:4 Y mandó a Judá que buscasen al SEÑOR el Dios de sus padres, y pusiesen por obra la ley y sus mandamientos.
2CH 14:5 Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los altos y las imágenes, y estuvo el reino quie­to delante de él.
2CH 14:6 Y edificó ciudades fuertes en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque el SEÑOR le había dado reposo.
2CH 14:7 Dijo por tanto a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cer­quémoslas de muros con torres, puertas, y barras, ya que la tierra es nuestra: porque hemos buscado al SEÑOR nuestro Dios, hémosle buscado, y él nos ha dado reposo de todas partes. Edificaron pues, y fueron prosperados.
2CH 14:8 Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos y ochenta mil que traían escudos y flechaban arcos; todos hombres diestros.
2CH 14:9 Y salió contra ellos Zera etíope con un ejército de mil millares, y trescientos carros; y vino hasta Maresa.
2CH 14:10 Entonces salió Asa contra él, y ordenaron la batalla en el valle de Sefata junto a Maresa.
2CH 14:11 Y clamó Asa al SEÑOR su Dios, y dijo: SEÑOR, no tienes tú más con el grande que con el que ninguna fuerza tiene, para dar ayuda. Ayúdanos, oh SEÑOR Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh SEÑOR, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre.
2CH 14:12 Y el SEÑOR deshizo los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes.
2CH 14:13 Y Asa, y el pueblo que con él estaba, los siguió hasta Gerar: y cayeron los etíopes hasta no quedar en ellos aliento; porque fueron deshechos delante del SEÑOR y de su ejército. Y [les] tomaron muy grande despojo.
2CH 14:14 Batieron también todas las ciudades alrededor de Gerar, porque el terror del SEÑOR fue sobre ellos; y saquearon todas las ciudades, porque había en ellas gran despojo.
2CH 14:15 Asimismo dieron sobre las cabañas de los ganados, y traje­ron muchas ovejas y camellos, y volviéronse a Jerusalem.
2CH 15:1 Y FUE el Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Oded;
2CH 15:2 Y salió al encuentro a Asa, y díjole: Oidme, Asa, y todo Judá y Benjamín: el SEÑOR es con vosotros, si vosotros fuereis con él: y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará.
2CH 15:3 Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdo­te, y sin enseñador y sin ley:
2CH 15:4 Mas cuando en su tribulación se convirtieron al SEÑOR Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos.
2CH 15:5 En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba, ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habi­tadores de las tierras.
2CH 15:6 Y una nación destruía a la otra, y una ciudad a otra ciudad: porque Dios los conturbó con todas calamidades.
2CH 15:7 Esforzaos pues vosotros, y no desfallezcan vuestras manos; que salario hay para vuestra obra.
2CH 15:8 Y cuando oyó Asa estas palabras, y la profecía de Oded el profeta, fue confortado, y quitó las abomina­ciones de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en el monte de Efraím; y reparó el altar del SEÑOR que estaba delante del pórtico del SEÑOR.
2CH 15:9 Después hizo juntar a todo Judá y Benjamín, y con ellos los extranjeros de Efraím, y de Manasés, y de Simeón: porque muchos de Israel se habían pasa­do a él, viendo que el SEÑOR su Dios era con él.
2CH 15:10 Juntáronse pues en Jerusalem en el mes tercero del año déci­moquinto del reinado de Asa.
2CH 15:11 Y en aquel mismo día sacrifi­caron al SEÑOR, de los despojos que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas.
2CH 15:12 Y entraron en concierto de que buscarían al SEÑOR el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma;
2CH 15:13 Y que cualquiera que no buscase al SEÑOR el Dios de Israel, muriese, grande o pequeño, hombre o mujer.
2CH 15:14 Y juraron al SEÑOR con gran voz y júbilo, a son de trompetas y de bocinas:
2CH 15:15 Del cual juramento todos los de Judá se alegraron; porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban: y fue hallado de ellos; y dióles el SEÑOR reposo de todas partes.
2CH 15:16 Y aun a Maaca madre del rey Asa, él [mismo] la depuso de su dignidad, porque había hecho un ídolo en el bosque: y Asa des­hizo su ídolo, y lo desmenuzó, y quemó en el torrente de Cedrón.
2CH 15:17 Mas con todo eso los altos no eran quitados de Israel, aunque el corazón de Asa fue perfecto mientras vivió.
2CH 15:18 Y metió en la casa de Dios lo que su padre había dedicado, y lo que él había consagrado, plata y oro y vasos.
2CH 15:19 Y no hubo guerra hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa.
2CH 16:1 EN el año treinta y seis del rei- nado de Asa, subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Ramá, para no dejar salir ni entrar a ninguno al rey Asa, rey de Judá.
2CH 16:2 Entonces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa del SEÑOR y de la casa real, y envió a Ben-adad rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo:
2CH 16:3 [Haya] pacto entre mí y ti, como [hubo] entre mi padre y tu padre; he aquí yo te he enviado plata y oro, para que vengas y deshagas el pacto que tienes con Baasa rey de Israel, a fin de que se retire de mí.
2CH 16:4 Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los capitanes de sus ejércitos a las ciudades de Israel: y batieron a Ion, Dan, y Abel-maim, y las ciudades fuer­tes de Neftalí.
2CH 16:5 Y oyendo esto Baasa, cesó de edificar a Ramá, y dejó su obra.
2CH 16:6 Entonces el rey Asa tomó a todo Judá, y lleváronse de Ramá la piedra y madera con que Baasa edificaba, y con ella edifi­có a Gibaa y Mizpa.
2CH 16:7 En aquel tiempo vino Hanani vidente a Asa rey de Judá, y díjole: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te apoyaste en el SEÑOR tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha esca­pado de tus manos.
2CH 16:8 Los etíopes y los libios, ¿no eran un ejército numerosísimo, con carros y muy mucha gente de a caballo? con todo, porque te apoyaste en el SEÑOR, él los entregó en tus manos.
2CH 16:9 Porque los ojos del SEÑOR recorren toda la tierra, para mostrarse fuerte para [los] que [tienen] corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí adelante habrá guerras contra ti.
2CH 16:10 Y enojado Asa contra el vidente, echólo en la casa de la cárcel, porque fue en extremo conmovido a causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo algunos del pueblo.
2CH 16:11 Mas he aquí, los hechos de Asa, primeros y postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
2CH 16:12 Y el año treinta y nueve de su reinado enfermó Asa de los pies para arriba, y en su enfermedad no buscó al SEÑOR, sino a los médicos.
2CH 16:13 Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado.
2CH 16:14 Y sepultáronlo en sus sepul­cros que él había hecho para sí en la ciudad de David; y pusiéronlo en una litera, la cual hinchieron de aromas y diversas materias odoríferas, preparadas por obra de perfumadores; e hiciéronle una quema muy grande.
2CH 17:1 Y REINÓ en su lugar Josafat su hijo, el cual prevaleció contra Israel.
2CH 17:2 Y puso ejército en todas las ciu­dades fuertes de Judá, y colocó gente de guarnición, en tierra de Judá, y asimismo en las ciudades de Efraím que su padre Asa había tomado.
2CH 17:3 Y fue el SEÑOR con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los Baales;
2CH 17:4 Sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus manda­mientos, y no según las obras de Israel.
2CH 17:5 El SEÑOR por tanto confirmó el reino en su mano, y todo Judá dio a Josafat presentes; y tuvo riquezas y gloria en abundancia.
2CH 17:6 Y animóse su corazón en los caminos del SEÑOR, y quitó los altos y los bosques de Judá.
2CH 17:7 Al tercer año de su reinado envió sus príncipes Ben-hail, Obdías, Zacarías, Natániel y Micaías, para que enseñasen en las ciudades de Judá;
2CH 17:8 Y con ellos a los levitas, Semeías, Netanías, Zebadías, y Asael, y Semiramot, y Jonatán, y Adonías, y Tobías, y Tobadonías, levitas; y con ellos a Elisama y a Joram, sacerdotes.
2CH 17:9 Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley del SEÑOR, y rodearon por todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo.
2CH 17:10 Y cayó el pavor del SEÑOR sobre todos los reinos de las tie­rras que estaban alrededor de Judá; que no osaron hacer guerra contra Josafat.
2CH 17:11 Y traían de los filisteos pre­sentes a Josafat, y tributos de plata. Los árabes también le tra­jeron ganados, siete mil y sete­cientos carneros y siete mil y setecientos machos de cabrío.
2CH 17:12 Iba pues Josafat creciendo altamente: y edificó en Judá for­talezas y ciudades de depósitos.
2CH 17:13 Tuvo además muchas obras en las ciudades de Judá, y hom­bres de guerra muy valientes en Jerusalem.
2CH 17:14 Y este es el número de ellos según las casas de sus padres: en Judá, jefes de los millares: el general Adna, y con él trescien­tos mil hombres muy esforzados;
2CH 17:15 Después de él, el jefe Johanán, y con él doscientos y ochenta mil:
2CH 17:16 Tras éste, Amasías hijo de Zicri, el cual se había ofrecido voluntariamente al SEÑOR, y con él doscientos mil hombres valientes;
2CH 17:17 De Benjamín, Eliada, hombre muy valeroso, y con él doscien­tos mil armados de arco y escu­do;
2CH 17:18 Tras éste, Jozabad, y con él ciento y ochenta mil apercibidos para la guerra.
2CH 17:19 Éstos eran siervos del rey, sin [los] que había el rey puesto en las ciudades de guarnición por toda Judea.
2CH 18:1 TENÍA pues Josafat riquezas y gloria en abundancia, y trabó parentesco con Acab.
2CH 18:2 Y después de algunos años des­cendió a Acab a Samaria; por lo que mató Acab muchas ovejas y bueyes para él, y para la gente que con él [venía]: y persuadióle que fuese [con él] a Ramot de Galaad.
2CH 18:3 Y dijo Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá: ¿Quieres venir conmigo a Ramot de Galaad? Y él respondió: Como yo, así también tú; y como tu pueblo, así también mi pueblo: [iremos] contigo a la guerra.
2CH 18:4 Además dijo Josafat al rey de Israel: Ruégote que inquieras hoy de la palabra del SEÑOR.
2CH 18:5 Entonces el rey de Israel juntó cuatrocientos profetas, y díjoles: ¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o estaréme yo quieto? Y ellos dijeron: Sube, que Dios los entregará en mano del rey.
2CH 18:6 Mas Josafat dijo: ¿Hay aún aquí algún profeta del SEÑOR, para que por él inquiramos?
2CH 18:7 Y el rey de Israel respondió a Josafat: Aun hay aquí un hom­bre por el cual podemos inquirir del SEÑOR: mas yo le abo­rrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Éste [es] Micaías, hijo de Imla. Y respondió Josafat: No hable así el rey.
2CH 18:8 Entonces el rey de Israel llamó un eunuco, y díjole: Haz venir luego a Micaías hijo de Imla.
2CH 18:9 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos de sus ropas; y estaban sentados en la era a la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
2CH 18:10 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho cuernos de hierro, y decía: Así ha dicho el SEÑOR: Con estos acornearás a los siros hasta destruirlos del todo.
2CH 18:11 De esta manera profetizaban también todos los profetas, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y sé prosperado; porque el SEÑOR la entregará en mano del rey.
2CH 18:12 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló, diciendo: He aquí las palabras de los profetas a una boca [anuncian] al rey bienes; yo pues te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien.
2CH 18:13 Y dijo Micaías: Vive el SEÑOR, que lo que mi Dios me dijere, eso hablaré. Y vino al rey.
2CH 18:14 Y el rey le dijo: Micaías, ¿ire­mos a pelear contra Ramot de Galaad, o estaréme yo quieto? Y él respondió: Subid, que seréis prosperados, que serán entrega­dos en vuestras manos.
2CH 18:15 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuán­tas veces te conjuraré por el nombre del SEÑOR que no me hables sino la verdad?
2CH 18:16 Entonces él dijo: He visto a todo Israel derramado por los montes como ovejas sin pastor: y dijo el SEÑOR: Éstos no tienen señor; vuélvase cada uno en paz en su casa.
2CH 18:17 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te había yo dicho que no me profetizaría bien, sino mal?
2CH 18:18 Entonces él dijo: Oíd pues palabra del SEÑOR: Yo he visto al SEÑOR sentado en su trono, y todo el ejército del cielo esta­ba a su mano derecha y a su izquierda.
2CH 18:19 Y el SEÑOR dijo: ¿Quién inducirá a Acab rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía así, y otro decía de otra manera.
2CH 18:20 Mas salió un espíritu, que se puso delante del SEÑOR, y dijo: Yo le induciré. Y el SEÑOR le dijo: ¿De qué modo?
2CH 18:21 Y él dijo: Saldré y seré espíri­tu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y [el SEÑOR] dijo: Incita, y también prevalece: sal, y hazlo así.
2CH 18:22 Y he aquí ahora ha puesto el SEÑOR espíritu de mentira en la boca de estos tus profetas; mas el SEÑOR ha decretado el mal acerca de ti.
2CH 18:23 Entonces Sedequías hijo de Quenaana se llegó a él, e hirió a Micaías en la mejilla, y dijo: ¿Por qué camino se apartó de mí el Espíritu del SEÑOR para hablarte a ti?
2CH 18:24 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás aquel día, cuan­do te entrarás de cámara en cámara para esconderte.
2CH 18:25 Entonces el rey de Israel dijo: Tomad a Micaías, y volvedlo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joas hijo del rey.
2CH 18:26 Y diréis: El rey ha dicho así: Poned a éste en la cárcel, y sus­tentadle con pan de aflicción y agua de angustia, hasta que yo vuelva en paz.
2CH 18:27 Y Micaías dijo: Si tú volvie­res en paz, el SEÑOR no ha hablado por mí. Dijo además: Oid[lo], pueblos todos.
2CH 18:28 Subió pues el rey de Israel, y Josafat rey de Judá, a Ramot de Galaad.
2CH 18:29 Y dijo el rey de Israel a Josafat: Yo me disfrazaré para entrar en la batalla: mas tú víste­te tus vestiduras. Y disfrazóse el rey de Israel, y entró en la bata­lla.
2CH 18:30 Había el rey de Siria manda­do a los capitanes de los carros que tenía consigo, diciendo: No peleéis con chico ni con grande, sino sólo con el rey de Israel.
2CH 18:31 Y como los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Éste [es] el rey de Israel. Y cercá­ronlo para pelear; mas Josafat clamó, y ayudólo el SEÑOR, y apartólos Dios de él:
2CH 18:32 Pues viendo los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de acosarle.
2CH 18:33 Mas disparando uno el arco a la ventura, hirió al rey de Israel entre las junturas y el coselete. Él entonces dijo al carretero: Vuelve tu mano, y sácame del campo, porque estoy mal herido.
2CH 18:34 Y arreció la batalla aquel día, por lo que estuvo el rey de Israel en pie en el carro enfrente de los siros hasta la tarde; mas murió a puestas del sol.
2CH 19:1 Y JOSAFAT rey de Judá se volvió en paz a su casa en Jerusalem.
2CH 19:2 Y salióle al encuentro Jehú el vidente, hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborre­cen al SEÑOR? Pues la ira de la presencia del SEÑOR será sobre ti por ello.
2CH 19:3 Sin embargo se han hallado en ti buenas cosas, porque cortaste de la tierra los bosques, y has aper­cibido tu corazón a buscar a Dios.
2CH 19:4 Habitó pues Josafat en Jerusalem; mas daba vuelta y salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Efraím, y reducíalos al SEÑOR el Dios de sus padres.
2CH 19:5 Y puso en la tierra jueces en todas las ciudades fuertes de Judá, por todos los lugares.
2CH 19:6 Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis: porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del SEÑOR, el cual [está] con vosotros en el negocio del juicio.
2CH 19:7 Sea pues con vosotros el temor del SEÑOR; guardad y haced: porque en el SEÑOR nuestro Dios no hay iniquidad, ni acep­ción de personas, ni recibir regalos.
2CH 19:8 Y puso también Josafat en Jerusalem [algunos] de los levitas y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio del SEÑOR y para las causas. Y volviéronse a Jerusalem.
2CH 19:9 Y mandóles, diciendo: Procederéis asimismo con temor del SEÑOR, con verdad, y con corazón íntegro.
2CH 19:10 En cualquier causa que vinie­re a vosotros de vuestros herma­nos que habitan en las ciudades, entre sangre y sangre, entre ley y precepto, estatutos y derechos, habéis de amonestarles que no pequen contra el SEÑOR, por­que no venga ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Obrando así no pecaréis.
2CH 19:11 Y he aquí Amarías sacerdote será el que os presida en todo negocio del SEÑOR; y Zebadías hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los nego­cios del rey; también los levitas serán oficiales en presencia de vosotros. Esforzaos pues, y obrad; que el SEÑOR será con el bueno.
2CH 20:1 PASADAS estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos [otros] de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra.
2CH 20:2 Y acudieron, y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una grande multitud de la otra parte del mar, y de la Siria; y he aquí ellos están en Hasasón­tamar, que es Engedi.
2CH 20:3 Entonces él tuvo temor; y puso Josafat su rostro para consultar al SEÑOR, e hizo proclamar ayuno a todo Judá.
2CH 20:4 Y juntáronse los de Judá para pedir [socorro] al SEÑOR: y tam­bién de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir al SEÑOR.
2CH 20:5 Púsose entonces Josafat en pie en la congregación de Judá y de Jerusalem, en la casa del SEÑOR, delante del patio nuevo;
2CH 20:6 Y dijo: Oh SEÑOR Dios de nues­tros padres, ¿no eres tú Dios en el cielo, y te enseñoreas en todos los reinos de las gentes? ¿no está en tu mano tal fuerza y potencia, que no hay quien te resista?
2CH 20:7 Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la simiente de Abraham tu amigo para siempre?
2CH 20:8 Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo:
2CH 20:9 Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, presentarnos hemos delante de esta casa, y delante de ti, (porque tu nombre está en esta casa,) y de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás.
2CH 20:10 Ahora pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y [los del] monte de Seir, cuya [tierra] no permitiste que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no los destruyesen;
2CH 20:11 He aquí ellos nos dan el pago, viniendo a echarnos de tu heredad, que tú nos diste a poseer.
2CH 20:12 ¡Oh Dios nuestro! ¿no los juz­garás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra noso­tros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas a ti [volvemos] nues­tros ojos.
2CH 20:13 Y todo Judá estaba en pie delante del SEÑOR, con sus niños, y sus esposas, y sus hijos.
2CH 20:14 Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el Espíritu del SEÑOR en medio de la congre­gación;
2CH 20:15 Y dijo: Oíd, Judá todo, y voso­tros moradores de Jerusalem, y tú, rey Josafat. El SEÑOR os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta tan grande multi­tud; porque no es vuestra la gue­rra, sino de Dios.
2CH 20:16 Mañana descenderéis contra ellos: he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los halla­réis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.
2CH 20:17 No habrá para qué vosotros peleéis en este [caso]: paraos, estad quedos, y ved la salvación del SEÑOR con vosotros. Oh Judá y Jerusalem, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que el SEÑOR será con vosotros.
2CH 20:18 Entonces Josafat se inclinó rostro por tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalem se postraron delante del SEÑOR, y adoraron al SEÑOR.
2CH 20:19 Y levantáronse los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar al SEÑOR el Dios de Israel a grande y alta voz.
2CH 20:20 Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed al SEÑOR vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.
2CH 20:21 Y habiendo consultado con el pueblo, designó a algunos que cantasen al SEÑOR, y alabasen la hermosura de la santidad, mientras salían delante del ejército, y dijesen: Alabad al SEÑOR, porque su misericordia [es] para siempre.
2CH 20:22 Y como comenzaron con clamor y con alabanza, puso el SEÑOR contra los hijos de Amón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas [de ellos mismos] que venían contra Judá, y matáronse los unos a los otros:
2CH 20:23 Pues los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos; y como hubieron acabado a los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.
2CH 20:24 Y luego que vino Judá a la atalaya del desierto, miraron hacia la multitud; mas he aquí yacían ellos en tierra muertos, que ninguno había escapado.
2CH 20:25 Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron en ellos muchas riquezas entre los cadáveres, así vestiduras como preciosos enseres, los cuales tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días duró el despojo, porque era mucho.
2CH 20:26 Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beracah; porque allí bendijeron al SEÑOR, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beracah, hasta hoy.
2CH 20:27 Y todo Judá y los de Jerusalem, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para tornarse a Jerusalem con gozo, porque el SEÑOR les había dado gozo de sus enemigos.
2CH 20:28 Y vinieron a Jerusalem con salterios, arpas, y bocinas, a la casa del SEÑOR.
2CH 20:29 Y fue el pavor de Dios sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que el SEÑOR había peleado contra los enemi­gos de Israel.
2CH 20:30 Y el reino de Josafat tuvo reposo; porque su Dios le dio reposo de todas partes.
2CH 20:31 Así reinó Josafat sobre Judá: de treinta y cinco años era cuan­do comenzó a reinar, y reinó veinte y cinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Azuba, hija de Silhi.
2CH 20:32 Y anduvo en el camino de Asa su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto en los ojos del SEÑOR.
2CH 20:33 Con todo eso los altos no eran quitados; que el pueblo aun no había enderezado su corazón al Dios de sus padres.
2CH 20:34 Lo demás de los hechos de Josafat, primeros y postreros, he aquí están escritos en las pala­bras de Jehú hijo de Hanani, del cual es hecha mención en el libro de los reyes de Israel.
2CH 20:35 Pasadas estas cosas, Josafat rey de Judá trabó amistad con Ocozías rey de Israel, el cual fue dado a la impiedad:
2CH 20:36 E hizo con él compañía para aparejar navíos que fuesen a Tarsis; y construyeron los naví­os en Esion-geber.
2CH 20:37 Entonces Eliezer hijo de Dodava de Mareosah, profetizó contra Josafat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ocozías, el SEÑOR destruirá tus obras. Y los navíos se rompieron, y no pudieron ir a Tarsis.
2CH 21:1 Y DURMIÓ Josafat con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de David. Y reinó en su lugar Joram su hijo.
2CH 21:2 Éste tuvo hermanos, hijos de Josafat, a Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael, y Sefatías. Todos estos fueron hijos de Josafat rey de Israel.
2CH 21:3 Y su padre les había dado muchos dones de oro y de plata, y cosas preciosas, y ciudades fuertes en Judá; mas había dado el reino a Joram, porque él era el primogénito.
2CH 21:4 Fue pues elevado Joram al reino de su padre; y luego que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos, y asimismo algunos de los príncipes de Israel.
2CH 21:5 Joram era de treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalem.
2CH 21:6 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab; porque tenía por esposa la hija de Acab, e hizo lo malo en ojos del SEÑOR.
2CH 21:7 Mas el SEÑOR no quiso des­truir la casa de David, a causa del pacto que con David había hecho, y porque le había dicho que le daría lámpara a él y a sus hijos perpetuamente.
2CH 21:8 En los días de éste se rebeló la Idumea, para no estar bajo el poder de Judá, y pusieron rey sobre sí.
2CH 21:9 Entonces pasó Joram con sus príncipes, y consigo todos sus carros; y levantóse de noche, e hirió a los edomitas que le habían cercado, y a todos los comandan­tes de sus carros.
2CH 21:10 Con todo eso Edom quedó rebelado, sin estar bajo la mano de Judá hasta hoy. También se rebeló en el mismo tiempo Libna para no estar bajo su mano; por cuanto él había dejado al SEÑOR el Dios de sus padres.
2CH 21:11 Demás de esto hizo altos en los montes de Judá, e hizo que los moradores de Jerusalem for­nicasen, y a ello impelió a Judá.
2CH 21:12 Y viniéronle letras del profeta Elías, que decían: EL SEÑOR, el Dios de David tu padre, ha dicho así: Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Judá,
2CH 21:13 Antes has andado en el cami­no de los reyes de Israel, y has hecho que fornicase Judá, y los moradores de Jerusalem, como fornicó la casa de Acab; y ade­más has muerto a tus hermanos, a la familia de tu padre, los cua­les eran mejores que tú:
2CH 21:14 He aquí el SEÑOR herirá tu pueblo de una grande plaga, y a tus hijos y a tus esposas, y a toda tu hacienda;
2CH 21:15 Y a ti con muchas enfermedades, con enfermedad de tus entrañas, hasta que las entrañas se te salgan a causa de la enfer­medad de cada día.
2CH 21:16 Entonces despertó el SEÑOR contra Joram el espíritu de los filisteos, y de los árabes que estaban junto a los etíopes;
2CH 21:17 Y subieron contra Judá, e invadieron la tierra, y tomaron toda la sustancia que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos, y a sus esposas; que no le quedó hijo, sino Joacaz el menor de sus hijos.
2CH 21:18 Después de todo esto el SEÑOR lo hirió en las entrañas de una enfermedad incurable.
2CH 21:19 Y aconteció que, pasando un día tras otro, al fin, al cabo de dos años, las entrañas se le salieron con la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Y no le hizo quema su pueblo, como las había hecho a sus padres.
2CH 21:20 Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y reinó en Jerusalem ocho años; y fuese sin ser deseado. Y sepultáronlo en la ciudad de David, mas no en los sepulcros de los reyes.
2CH 22:1 Y LOS moradores de Jerusalem hicieron rey en lugar suyo a Ocozías su hijo menor: porque la tropa había venido con los árabes al campo, había muerto a todos los mayores; por lo cual reinó Ocozías, hijo de Joram rey de Judá.
2CH 22:2 Cuando Ocozías comenzó a reinar era de cuarenta y dos años, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fue Atalía, hija de Omri.
2CH 22:3 También él anduvo en los caminos de la casa de Acab: porque su madre le aconsejaba a obrar impíamente.
2CH 22:4 Hizo pues lo malo en ojos del SEÑOR, como la casa de Acab; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdición.
2CH 22:5 Y él anduvo en los consejos de ellos, y fue a la guerra con Joram hijo de Acab, rey de Israel, con­tra Hazael rey de Siria, a Ramot de Galaad, donde los siros hirie­ron a Joram.
2CH 22:6 Y se volvió para curarse en Jezreel de las heridas que le habí­an hecho en Ramá, peleando con Hazael rey de Siria. Y descendió Azarías hijo de Joram, rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab, en Jezreel, porque allí estaba enfermo.
2CH 22:7 Y la destrucción de Ocozías venía de Dios, viniendo a Joram: porque siendo venido, salió con Joram contra Jehú hijo de Nimsi, al cual el SEÑOR había ungido para que talase la casa de Acab.
2CH 22:8 Y sucedió que, haciendo juicio Jehú con la casa de Acab, halló a los príncipes de Judá, y a los hijos de los hermanos de Ocozías, que servían a Ocozías, y matólos.
2CH 22:9 Y buscando a Ocozías, el cual se había escondido en Samaria, tomáronlo, y trajéronlo a Jehú, y le mataron; y diéronle sepultura, porque dijeron: Es hijo de Josafat, el cual buscó al SEÑOR de todo su corazón. Y la casa de Ocozías no tenía fuer­zas para poder retener el reino.
2CH 22:10 Entonces Atalía madre de Ocozías, viendo que su hijo era muerto, levantóse y destruyó toda la simiente real de la casa de Judá.
2CH 22:11 Pero Josabet, hija del rey, tomó a Joas hijo de Ocozías, y arrebatólo de entre los hijos del rey, que mataban, y guardóle a él y a su ama en la cámara de los lechos. Así pues lo escondió Josabet, hija del rey Joram, esposa de Joiada el sacerdote, (porque ella era hermana de Ocozías), de delante de Atalía, y no lo mataron.
2CH 22:12 Y estuvo con ellos escondido en la casa de Dios seis años. Entre tanto Atalía reinaba en el país.
2CH 23:1 MAS el séptimo año se animó Joiada, y tomó consigo en pacto a los centuriones, Azarías hijo de Jeroam, y a Ismael hijo de Johanán, y a Azarías hijo de Obed, y a Maasías hijo de Adaías, y a Elisafat hijo de Zicri;
2CH 23:2 Los cuales rodeando por Judá, juntaron los levitas de todas las ciudades de Judá, y a los prínci­pes de las familias de Israel, y vinieron a Jerusalem.
2CH 23:3 Y toda la congregación hizo pacto con el rey en la casa de Dios. Y él les dijo: He aquí el hijo del rey, el cual reinará, como el SEÑOR lo tiene dicho de los hijos de David.
2CH 23:4 Lo que habéis de hacer es: la tercera parte de vosotros, los que entran el sábado, estarán de por­teros con los sacerdotes y los levitas;
2CH 23:5 Y la tercera parte, a la casa del rey; y la tercera parte, a la puerta del fundamento: y todo el pueblo estará en los patios de la casa del SEÑOR.
2CH 23:6 Y ninguno entre en la casa del SEÑOR, sino los sacerdotes y levitas que sirven: éstos entra­rán, porque están consagrados; y todo el pueblo hará la guardia del SEÑOR.
2CH 23:7 Y los levitas rodearán al rey por todas partes, y cada uno ten­drá sus armas en la mano; y cual­quiera que entrare en la casa, muera: y estaréis con el rey cuan­do entrare, y cuando saliere.
2CH 23:8 Y los levitas y todo Judá lo hicieron todo como lo había mandado el sacerdote Joiada: y tomó cada uno los suyos, los que entraban el sábado, y los que salían el sábado: porque el sacer­dote Joiada no dio licencia a las compañías.
2CH 23:9 Dio también el sacerdote Joiada a los centuriones las lan­zas, paveses y escudos que habí­an sido del rey David, que estaban en la casa de Dios;
2CH 23:10 Y puso en orden a todo el pue­blo, teniendo cada uno su espada en la mano, desde el rincón dere­cho del templo hasta el izquier­do, hacia el altar y la casa, en derredor del rey por todas partes.
2CH 23:11 Entonces sacaron al hijo del rey, y pusiéronle la corona y [le] [dieron] el testimonio, e hiciéronle rey; y Joiada y sus hijos le ungieron, diciendo luego: ¡Viva el rey!
2CH 23:12 Y como Atalía oyó el estruendo de la gente que corría, y de los que bendecían al rey, vino al pueblo a la casa del SEÑOR;
2CH 23:13 Y mirando, vio al rey que estaba junto a su columna a la entrada, y los príncipes y las trompetas junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra hacía alegrías, y sonaban bocinas, y canta­ban con instrumentos de música los que sabían alabar. Entonces Atalía rasgó sus vestiduras, y dijo: ¡Conjuración, conjuración!
2CH 23:14 Y sacando el sacerdote Joiada los centuriones y capitanes del ejército, díjoles: Sacadla fuera del recinto; y el que la siguiere, muera a espada: porque el sacer­dote había mandado que no la matasen en la casa del SEÑOR.
2CH 23:15 Ellos pues le echaron mano, y luego que hubo ella pasado la entrada de la puerta de los caba­llos de la casa del rey, allí la mataron.
2CH 23:16 Y Joiada hizo pacto entre sí y todo el pueblo y el rey, que serían pueblo del SEÑOR.
2CH 23:17 Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal, y derribáronlo, y también sus alta­res; e hicieron pedazos sus imá­genes, y mataron delante de los altares a Matán, sacerdote de Baal.
2CH 23:18 Luego ordenó Joiada los ofi­cios en la casa del SEÑOR bajo la mano de los sacerdotes y levitas, según David los había distribuído en la casa del SEÑOR, para ofrecer al SEÑOR los holocaustos, como está escri­to en la ley de Moisés, con gozo y cantares, conforme a la ordena­ción de David.
2CH 23:19 Puso también porteros a las puertas de la casa del SEÑOR, para que por ninguna vía entrase ningún inmundo.
2CH 23:20 Tomó después los centurio­nes, y los principales, y los que gobernaban el pueblo; y a todo el pueblo de la tierra, y llevó al rey de la casa del SEÑOR; y vinien­do hasta el medio de la puerta mayor de la casa del rey, senta­ron al rey sobre el trono del reino.
2CH 23:21 Y todo el pueblo del país hizo alegrías: y la ciudad estuvo quie­ta, muerto que hubieron a Atalía a espada.
2CH 24:1 DE siete años era Joas cuando comenzó a reinar, y cuarenta años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
2CH 24:2 E hizo Joas lo recto en ojos del SEÑOR todos los días de Joiada el sacerdote.
2CH 24:3 Y tomó para él Joiada dos esposas; y engendró hijos e hijas.
2CH 24:4 Después de esto aconteció que Joas tuvo voluntad de reparar la casa del SEÑOR.
2CH 24:5 Y juntó los sacerdotes y los levitas, y díjoles: Salid por las ciudades de Judá, y juntad dine­ro de todo Israel, para que cada año sea reparada la casa de vues­tro Dios; y vosotros poned dili­gencia en el negocio. Mas los levitas no pusieron diligencia.
2CH 24:6 Por lo cual el rey llamó a Joiada el principal, y díjole: ¿Por qué no has procurado que los levitas traigan de Judá y de Jerusalem al tabernáculo del tes­timonio, la ofrenda que impuso Moisés siervo del SEÑOR, y de la congregación de Israel?
2CH 24:7 Porque los hijos de Atalía, aquella mujer inicua, habían des­truído la casa de Dios, y además habían gastado en los Baales todas las cosas santificadas de la casa del SEÑOR.
2CH 24:8 Mandó pues el rey que hiciesen un arca, la cual pusieron fuera a la puerta de la casa del SEÑOR;
2CH 24:9 E hicieron proclamar en Judá y en Jerusalem, que trajesen al SEÑOR la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel en el desierto.
2CH 24:10 Y todos los príncipes y todo el pueblo se holgaron: y traían, y echaban en el arca hasta henchir­la.
2CH 24:11 Y como venía el tiempo para llevar el arca al magistrado del rey por mano de los levitas, cuando veían que había mucho dinero, venía el escriba del rey, y el que estaba puesto por el sumo sacerdote, y llevaban el arca, y vaciábanla, y volvíanla a su lugar: y así lo hacían de día en día, y recogían mucho dinero;
2CH 24:12 El cual daba el rey y Joiada a los que hacían la obra del servi­cio de la casa del SEÑOR, y tomaban canteros y carpinteros que reparasen la casa del SEÑOR, y artífices en hierro y latón para componer la casa del SEÑOR.
2CH 24:13 Hacían pues los oficiales la obra, y por sus manos fue la obra restaurada, y restituyeron la casa de Dios a su condición, y la con­solidaron.
2CH 24:14 Y cuando hubieron acabado, trajeron lo que quedaba del dine­ro al rey y a Joiada, e hicieron de él vasos para la casa del SEÑOR, vasos para el servicio, morteros, cucharas, vasos de oro y de plata. Y sacrificaban holocaustos conti­nuamente en la casa del SEÑOR todos los días de Joiada.
2CH 24:15 Mas Joiada envejeció, y murió lleno de días: de ciento y treinta años era cuando murió.
2CH 24:16 Y sepultáronlo en la ciudad de David con los reyes, por cuanto había hecho bien con Israel, y para con Dios, y con su casa.
2CH 24:17 Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá, e hicieron aca­tamiento al rey; y el rey los oyó.
2CH 24:18 Y desampararon la casa del SEÑOR el Dios de sus padres, y sirvieron a los bosques y a las imágenes esculpidas; y la ira vino sobre Judá y Jerusalem por este su pecado.
2CH 24:19 Y envióles profetas, para que los redujesen al SEÑOR, los cuales les protestaron: mas ellos no los escucharon.
2CH 24:20 Y el Espíritu de Dios envistió a Zacarías, hijo de Joiada el sacerdote, el cual estando sobre el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos del SEÑOR? No os vendrá bien de ello; porque por haber dejado al SEÑOR, él también os dejará.
2CH 24:21 Mas ellos hicieron conspira­ción contra él, y cubriéronle de piedras por mandato del rey, en el patio de la casa del SEÑOR.
2CH 24:22 No tuvo pues memoria el rey Joas de la misericordia que su padre Joiada había hecho con él, antes matóle su hijo; el cual dijo al morir: el SEÑOR lo vea, y lo requiera.
2CH 24:23 A la vuelta del año subió con­tra él el ejército de Siria; y vinie­ron a Judá y a Jerusalem, y des­truyeron en el pueblo a todos los principales de él, y enviaron todos sus despojos al rey a Damasco.
2CH 24:24 Porque [aunque] el ejército de Siria había venido con pocos hombres, el SEÑOR les entregó en sus manos un ejército muy numeroso; por cuanto habían dejado al SEÑOR el Dios de sus padres. Y con Joas hicieron jui­cios.
2CH 24:25 Y yéndose de él [los siros], dejáronlo en muchas enfermeda­des; y conspiraron contra él sus siervos a causa de las sangres de los hijos de Joiada el sacerdote, e hiriéronle en su cama, y murió: y sepultáronle en la ciudad de David, mas no lo sepultaron en los sepulcros de los reyes.
2CH 24:26 Los que conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simeat amonita, y Jozabad, hijo de Simrit moabita.
2CH 24:27 De sus hijos, y de la multipli­cación que hizo de las rentas, y de la instauración de la casa de Dios, he aquí está escrito en la historia del libro de los reyes. Y reinó en su lugar Amasías su hijo.
2CH 25:1 DE veinticinco años era Ama- sías cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalem: el nombre de su madre fue Joadan, de Jerusalem.
2CH 25:2 Hizo él lo recto en los ojos del SEÑOR aunque no de perfecto corazón.
2CH 25:3 Y luego que fue confirmado en el reino, mató a sus siervos que habían muerto al rey su padre;
2CH 25:4 Mas no mató a los hijos de ellos, según lo que está escrito en la ley en el libro de Moisés, donde el SEÑOR mandó, dicien­do: No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres; mas cada uno morirá por su pecado.
2CH 25:5 Juntó luego Amasías a Judá, y con arreglo a las familias púsoles tribunos y centuriones por todo Judá y Benjamín; y tomólos por lista de veinte años arriba, y fue­ron hallados en ellos trescientos mil escogidos para salir a la gue­rra, que tenían lanza y escudo.
2CH 25:6 Y de Israel tomó a sueldo cien mil hombres valientes, por cien talentos de plata.
2CH 25:7 Mas un varón de Dios vino a él, diciéndole: Rey, no vaya con­tigo el ejército de Israel; porque el SEÑOR no es con Israel, [ni] con todos los hijos de Efraím.
2CH 25:8 Pero si tú vas, [si lo] haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemi­gos; porque en Dios está la forta­leza, o para ayudar, o para derri­bar.
2CH 25:9 Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué pues se hará de cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios res­pondió: Del SEÑOR es darte mucho más que esto.
2CH 25:10 Entonces Amasías apartó el ejército de la gente que había venido a él de Efraím, para que se fuesen a sus casas: y ellos se enojaron grandemente contra Judá, y volviéronse a sus casas encolerizados.
2CH 25:11 Esforzándose entonces Amasías, sacó su pueblo, y vino al valle de la Sal: e hirió de los hijos de Seir diez mil.
2CH 25:12 Y los hijos de Judá tomaron vivos [otros] diez mil, los cuales llevaron a la cumbre de un peñasco, y de allí los despeñaron, y todos se hicieron pedazos.
2CH 25:13 Pero los soldados del ejército que Amasías había despedido, para ­que no fuesen con él a la guerra, derramáronse sobre las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Bet-horón, e hirieron de ellos tres mil, y tomaron un grande despo­jo.
2CH 25:14 Regresando luego Amasías de la matanza de los edomitas, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y púsoselos para sí por dioses, y encorvóse delante de ellos, y quemóles perfumes.
2CH 25:15 Encendióse por tanto el furor del SEÑOR contra Amasías, y envió a él un profeta, que le dijo: ¿Por qué has buscado los dioses de gente, que no libraron a su pueblo de tus manos?
2CH 25:16 Y aconteció que cuando él le habló, [el rey] le respondió: ¿Hante puesto a ti por consejero del rey? Desiste; ¿por qué quie­res que te maten? Y al cesar, el profeta dijo luego: Yo sé que Dios ha determinado destruirte, porque has hecho esto, y no obe­deciste a mi consejo.
2CH 25:17 Y Amasías rey de Judá, habido su consejo, envió a decir a Joas, hijo de Joacaz hijo de Jehú, rey de Israel: Ven, y veá­monos cara a cara.
2CH 25:18 Entonces Joas rey de Israel envió a decir a Amasías rey de Judá: El cardo que estaba en el Líbano, envió al cedro que esta­ba en el Líbano, diciendo: Da tu hija a mi hijo por esposa. Y he aquí que las bestias fieras que estaban en el Líbano, pasaron, y hollaron el cardo.
2CH 25:19 Tú dices: He aquí he herido a Edom; y tu corazón se enaltece para gloriarte: ahora estáte en tu casa; ¿para qué te entrometes en mal, para caer tú y Judá contigo?
2CH 25:20 Mas Amasías no quiso oír; porque esto [venía] de Dios, que los quería entregar en manos [de sus enemigos], por cuanto habían buscado los dioses de Edom.
2CH 25:21 Subió pues Joas rey de Israel, y viéronse cara a cara él y Amasías rey de Judá, en Bet­-semes, la cual es de Judá.
2CH 25:22 Pero cayó Judá delante de Israel, y huyó cada uno a su estancia.
2CH 25:23 Y Joas rey de Israel prendió en Bet-semes a Amasías rey de Judá, hijo de Joas hijo de Joacaz, y llevólo a Jerusalem: y derribó el muro de Jerusalem desde la puerta de Efraím hasta la puerta del ángulo, cuatrocien­tos codos.
2CH 25:24 Asimismo [tomó] todo el oro y plata, y todos los vasos que se hallaron en la casa de Dios en casa de Obed-edom, y los teso­ros de la casa del rey, y los hijos de los príncipes, y volvióse a Samaria.
2CH 25:25 Y vivió Amasías hijo de Joas, rey de Judá, quince años después de la muerte de Joas hijo de Joacaz rey de Israel.
2CH 25:26 Lo demás de los hechos de Amasías, primeros y postreros, ¿no está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel?
2CH 25:27 Desde aquel tiempo que Amasías se apartó del SEÑOR, maquinaron contra él conjura­ción en Jerusalem; y habiendo él huído a Laquis, enviaron tras él a Laquis, y allá lo mataron;
2CH 25:28 Y trajéronlo en caballos, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de Judá.
2CH 26:1 ENTONCES todo el pueblo de Judá tomó a Uzías, el cual era de diez y seis años, y pusiéronlo por rey en lugar de Amasías su padre.
2CH 26:2 Edificó él a Elot, y la restitu­yó a Judá después que el rey dur­mió con sus padres.
2CH 26:3 De diez y seis años era Uzías cuando comenzó a reinar, y cin­cuenta y dos años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre [fue] Jecolía, de Jerusalem.
2CH 26:4 E hizo lo recto en los ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que había hecho Amasías su padre.
2CH 26:5 Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que él buscó al SEÑOR, él le prosperó.
2CH 26:6 Y salió, y peleó contra los filisteos, y rompió el muro de Gat, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciuda­des en Asdod, y en la tierra de los filisteos.
2CH 26:7 Y dióle Dios ayuda contra los filisteos, y contra los árabes que habitaban en Gur-baal, y contra los meunitas.
2CH 26:8 Y dieron los amonitas pre­sentes a Uzías, y divulgóse su nombre hasta la entrada de Egipto; porque se había hecho altamente poderoso.
2CH 26:9 Edificó también Uzías torres en Jerusalem, junto a la puerta del ángulo, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas; y fortificólas.
2CH 26:10 Asimismo edificó torres en el desierto, y abrió muchas cister­nas: porque tuvo muchos gana­dos, así en los valles como en las vegas; y viñas, y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era amigo de la agricultura.
2CH 26:11 Tuvo también Uzías escua­drones de guerreros, los cuales salían a la guerra en ejército, según que estaban por lista hecha por mano de Jehiel escriba y de Maasías gobernador, y por mano de Hananías, uno de los prínci­pes del rey.
2CH 26:12 Todo el número de los jefes de familias, valientes y esforza­dos, era dos mil y seiscientos.
2CH 26:13 Y bajo la mano de éstos esta­ba el ejército de guerra, de tres­cientos siete mil y quinientos guerreros poderosos y fuertes para ayudar al rey contra los ene­migos.
2CH 26:14 Y aprestóles Uzías para todo el ejército, escudos, lanzas, alme­tes, coseletes, arcos, y hondas de tirar piedras.
2CH 26:15 E hizo en Jerusalem máqui­nas por industria de ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras, y su fama se extendió lejos, porque se ayudó maravillosamente, hasta hacerse fuerte.
2CH 26:16 Mas cuando fue fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse; porque se rebeló contra el SEÑOR su Dios, entrando en el templo del SEÑOR para quemar sahume­rios en el altar del perfume.
2CH 26:17 Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacer­dotes del SEÑOR, de los valien­tes.
2CH 26:18 Y pusiéronse contra el rey Uzías, y dijéronle: No a ti, oh Uzías, el quemar perfume al SEÑOR, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consa­grados para quemarlo: sal del santuario, por que has prevarica­do, y no te será para gloria delan­te del SEÑOR Dios.
2CH 26:19 Y airóse Uzías, que tenía el perfume en la mano para que­marlo; y en esta su ira contra los sacerdotes, la lepra le salió en la frente delante de los sacerdotes en la casa del SEÑOR, junto al altar del perfume.
2CH 26:20 Y miróle Azarías el sumo sacerdote, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; e hiciéronle salir apriesa de aquel lugar; y él también se dio priesa a salir, porque el SEÑOR lo había herido.
2CH 26:21 Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habi­tó en una casa apartada, leproso, por lo que había sido separado de la casa del SEÑOR; y Jahatam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tie­rra.
2CH 26:22 Lo demás de los hechos de Uzías, primeros y postreros, escribiólo Isaías profeta, hijo de Amós.
2CH 26:23 Y durmió Uzías con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en el campo de los sepul­cros reales; porque dijeron: Leproso es. Y reinó Jahatam su hijo en lugar suyo.
2CH 27:1 DE veinticinco años era Jaha- tam cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Jerusa, hija de Sadoc.
2CH 27:2 E hizo lo recto en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que había hecho Uzías su padre, salvo que no entró en el templo del SEÑOR. Y el pueblo falseaba aún.
2CH 27:3 Edificó él la puerta mayor de la casa del SEÑOR, y en el muro de la fortaleza edificó mucho.
2CH 27:4 Además edificó ciudades en las montañas de Judá, y labró pala­cios y torres en los bosques.
2CH 27:5 También tuvo él guerra con el rey de los hijos de Amón, a los cuales venció; y diéronle los hijos de Amón en aquel año cien talentos de plata, y diez mil coros de trigo, y diez mil de cebada. Esto le dieron los hijos de Amón, y lo mismo en el segundo año, y en el tercero.
2CH 27:6 Así que Jahatam fue fortifica­do, porque preparó sus caminos delante del SEÑOR su Dios.
2CH 27:7 Lo demás de los hechos de Jahatam, y todas sus guerras, y sus caminos, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá.
2CH 27:8 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y dieciséis reinó en Jerusalem.
2CH 27:9 Y durmió Jahatam con sus padres, y sepultáronlo en la ciu­dad de David; y reinó en su lugar Acaz su hijo.
2CH 28:1 DE veinte años era Acaz cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem: mas no hizo lo recto en ojos del SEÑOR, como David su padre.
2CH 28:2 Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes de fundición a los Baales.
2CH 28:3 Quemó también perfume en el valle de los hijos de Hinom, y quemó sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las gentes que el SEÑOR había echado delante de los hijos de Israel.
2CH 28:4 Asimismo sacrificó y quemó perfumes en los altos, y en los collados, y debajo de todo árbol espeso.
2CH 28:5 Por lo cual el SEÑOR su Dios lo entregó en manos del rey de los siros, los cuales le derrota­ron, y cogieron de él una grande presa, que llevaron a Damasco. Fue también entregado en manos del rey de Israel, el cual lo batió con gran mortandad.
2CH 28:6 Porque Peca hijo de Remalías mató en Judá en un día ciento y veinte mil, todos hombres valientes; por cuanto habían dejado al SEÑOR el Dios de sus padres.
2CH 28:7 Asimismo Zicri, hombre poderoso de Efraím, mató a Maasías hijo del rey, y a Azricam su mayordomo, y a Elcana, segundo después del rey.
2CH 28:8 Tomaron también cautivos los hijos de Israel de sus hermanos doscientos mil, mujeres, mucha­chos, y muchachas, a más de haber saqueado de ellos un gran despojo, el cual trajeron a Samaria.
2CH 28:9 Había entonces allí un profeta del SEÑOR, que se llamaba Oded, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y díjoles: He aquí el SEÑOR el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habéis muerto con ira, que hasta el cielo ha llegado.
2CH 28:10 Y ahora habéis determinado sujetar a vosotros a Judá y a Jerusalem por siervos y siervas: mas ¿no habéis vosotros pecado contra el SEÑOR vuestro Dios?
2CH 28:11 Oidme pues ahora, y volved a enviar los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos: porque el SEÑOR está airado contra vosotros.
2CH 28:12 Levantáronse entonces algu­nos varones de los principales de los hijos de Efraím, Azarías hijo de Johanán, y Berequías hijo de Mesilemot, y Ezequías hijo de Salum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venían de la guerra.
2CH 28:13 Y dijéronles: No metáis acá a los cautivos; porque mientras hemos ofendido contra el SEÑOR, vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas; porque es grande nuestro delito, y [hay] ira feroz sobre Israel.
2CH 28:14 Entonces el ejército dejó los cautivos y la presa delante de los príncipes y de toda la congrega­ción.
2CH 28:15 Y levantáronse los varones nombrados, y tomaron los cauti­vos, y vistieron del despojo a los que de ellos estaban desnudos; vistiéronlos y calzáronlos, y dié­ronles de comer y de beber, y ungiéronlos, y condujeron en asnos a todos los flacos, y llevá­ronlos hasta Jericó, ciudad de las palmas, cerca de sus hermanos; y ellos se volvieron a Samaria.
2CH 28:16 En aquel tiempo envió [a pedir] el rey Acaz a los reyes de Asiria que le ayudasen:
2CH 28:17 Porque a más de esto, los edomitas habían venido y herido a los de Judá, y habían llevado cautivos.
2CH 28:18 Asimismo los filisteos se habían derramado por las ciuda­des de la llanura, y al sur de Judá, y habían tomado a Bet-­semes, a Ajalón, Gederot, y Soco con sus aldeas, Timna también con sus aldeas, y Gimzo con sus aldeas; y habitaban en ellas.
2CH 28:19 Porque el SEÑOR había humillado a Judá por causa de Acaz rey de Israel: por cuanto él había desnudado a Judá, y rebeládose gravemente contra el SEÑOR.
2CH 28:20 Y vino contra él Tilgat-pilne­ser, rey de los asirios: pues lo redujo a estrechez, y no lo fortifi­có.
2CH 28:21 Aunque despojó Acaz la casa del SEÑOR, y la casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los asirios, con todo eso él no le ayudó.
2CH 28:22 Además el rey Acaz en el tiempo que [aquél] le apuraba, añadió prevaricación contra el SEÑOR;
2CH 28:23 Porque sacrificó a los dioses de Damasco que le habían heri­do, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo [también] sacrificaré a ellos para que me ayuden; bien que fueron éstos su ruina, y la de todo Israel.
2CH 28:24 A más de eso recogió Acaz los vasos de la casa de Dios, y quebrólos, y cerró las puertas de la casa del SEÑOR, e hízose altares en Jerusalem en todos los rincones.
2CH 28:25 Hizo también altos en todas las ciudades de Judá, para que­mar perfumes a los dioses aje­nos, provocando así a ira al SEÑOR el Dios de sus padres.
2CH 28:26 Lo demás de sus hechos, y todos sus caminos primeros y postreros, he aquí ello está escri­to en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
2CH 28:27 Y durmió Acaz con sus padres, y sepultáronlo en la ciu­dad de Jerusalem: mas no le metieron en los sepulcros de los reyes de Israel; y reinó en su lugar Ezequías su hijo.
2CH 29:1 Y EZEQUÍAS comenzó a reinar siendo de veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Abía, hija de Zacarías.
2CH 29:2 E hizo lo recto en ojos del SEÑOR, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.
2CH 29:3 En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa del SEÑOR, y las reparó.
2CH 29:4 E hizo venir los sacerdotes y levitas, y juntólos en la plaza oriental.
2CH 29:5 Y díjoles: Oidme, levitas, y santificaos ahora, y santificaréis la casa del SEÑOR el Dios de vuestros padres, y sacaréis del santuario la inmundicia.
2CH 29:6 Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo en ojos del SEÑOR nuestro Dios; que le dejaron, y apartaron sus ojos del tabernáculo del SEÑOR, y le volvieron las espaldas.
2CH 29:7 Y aun cerraron las puertas del pórtico, y apagaron las lámparas; no quemaron perfume, ni sacrifi­caron holocausto en el santuario al Dios de Israel.
2CH 29:8 Por tanto la ira del SEÑOR ha venido sobre Judá y Jerusalem, y los ha entregado a turbación, y a execración y escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos.
2CH 29:9 Y he aquí nuestros padres han caído a espada, nuestros hijos y nuestras hijas y nuestras esposas son cautivas por esto.
2CH 29:10 Ahora pues, yo he determina­do hacer pacto con el SEÑOR el Dios de Israel, para que aparte de nosotros la ira de su furor.
2CH 29:11 Hijos míos, no os engañéis ahora, porque el SEÑOR os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él, y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis perfume.
2CH 29:12 Entonces los levitas se levan­taron, Mahat hijo de Amasai, y Joel hijo de Azarías, de los hijos de Coat; y de los hijos de Merari, Cis hijo de Abdi, y Azarías hijo de Jehaleleel; y de los hijos de Gersón, Joah hijo de Zima, y Edén hijo de Joah;
2CH 29:13 Y de los hijos de Elisafán, Simri y Jehiel; y de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías;
2CH 29:14 Y de los hijos de Hemán, Jehiel y Simi; y de los hijos de Jedutún, Semeías y Uziel.
2CH 29:15 Éstos juntaron a sus herma­nos, y santificáronse, y entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras del SEÑOR, para limpiar la casa del SEÑOR.
2CH 29:16 Y entrando los sacerdotes dentro de la casa del SEÑOR para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo del SEÑOR, al patio de la casa del SEÑOR; la cual toma­ron los levitas, para sacarla fuera al torrente de Cedrón.
2CH 29:17 Y comenzaron a santificar el primero del mes primero, y a los ocho del mismo mes vinieron al pórtico del SEÑOR: y santifica­ron la casa del SEÑOR en ocho días, y en el dieciséis del mes pri­mero acabaron.
2CH 29:18 Luego pasaron al rey Ezequías, y dijéronle: Ya hemos limpiado toda la casa del SEÑOR, el altar de la ofrenda quemada, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios.
2CH 29:19 Asimismo hemos preparado y santificado todos los vasos que en su prevaricación había maltra­tado el rey Acaz, cuando reina­ba: y he aquí están delante del altar del SEÑOR.
2CH 29:20 Y levantándose de mañana el rey Ezequías reunió los principa­les de la ciudad, y subió a la casa del SEÑOR.
2CH 29:21 Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete corderos, y siete machos de cabrío, para expiación por el reino, por el san­tuario y por Judá. Y dijo a los sacerdotes hijos de Aarón, que los ofreciesen sobre el altar del SEÑOR.
2CH 29:22 Mataron pues los bueyes, y los sacerdotes tomaron la sangre, y rociáronla sobre el altar; mata­ron luego los carneros, y rocia­ron la sangre sobre el altar; asi­mismo mataron los corderos, y rociaron la sangre sobre el altar.
2CH 29:23 Hicieron después llegar los machos cabríos de la expiación delante del rey y de la congrega­ción, y pusieron sobre ellos sus manos:
2CH 29:24 Y los sacerdotes los mataron, y expiando [esparcieron] la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo Israel: porque por todo Israel mandó el rey [hacer] la ofrenda quemada y la expia­ción.
2CH 29:25 Puso también levitas en la casa del SEÑOR con címbalos, y salterios, y arpas, conforme al mandamiento de David, y de Gad vidente del rey, y de Natán profeta: porque aquel manda­miento fue por mano del SEÑOR, por mano de sus profe­tas.
2CH 29:26 Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas.
2CH 29:27 Entonces mandó Ezequías sacrificar la ofrenda quemada en el altar; y al tiempo que comenzó la ofrenda quemada, comenzó también el cántico del SEÑOR, con las trompetas y los instrumentos de David rey de Israel.
2CH 29:28 Y toda la congregación adora­ba, y los cantores cantaban, y los trompeteros sonaban las trompe­tas; todo hasta acabarse la ofrenda quemada.
2CH 29:29 Y como acabaron de ofrecer, inclinóse el rey, y todos los que con él estaban, y adoraron.
2CH 29:30 Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen al SEÑOR por las palabras de David y de Asaf vidente: y ellos alabaron con grande alegría, e inclinándose adoraron.
2CH 29:31 Y respondiendo Ezequías dijo: Vosotros os habéis consa­grado ahora al SEÑOR; acercaos pues, y traed sacrificios y ofren­das en acción de gracias a la casa del SEÑOR. Y la congregación trajo sacrificios y ofrendas en acción de gracias; y todo liberal de corazón, holocaustos.
2CH 29:32 Y fue el número de los holo­caustos que trajo la congrega­ción, setenta bueyes, cien carne­ros, doscientos corderos; todo para una ofrenda quemada al SEÑOR.
2CH 29:33 Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes, y tres mil ovejas.
2CH 29:34 Mas los sacerdotes eran pocos, y no podían bastar a des­ollar los holocaustos; y así sus hermanos los levitas les ayuda­ron hasta que acabaron la obra, y hasta que los sacerdotes se santi­ficaron: porque los levitas tuvie­ron mayor prontitud de corazón para santificarse, que los sacer­dotes.
2CH 29:35 Así pues hubo gran multitud de holocaustos, con sebos de pacíficos, y libaciones de cada holocausto. Y quedó ordenado el servicio de la casa del SEÑOR.
2CH 29:36 Y alegróse Ezequías, y todo el pueblo, de que Dios hubiese pre­parado el pueblo; porque la cosa fue prestamente hecha.
2CH 30:1 ENVIÓ también Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió letras a Efraím y Manasés, que viniesen a Jerusalem a la casa del SEÑOR, para celebrar la pascua al SEÑOR Dios de Israel.
2CH 30:2 Y había el rey tomado consejo con sus príncipes, y con toda la congregación en Jerusalem, para celebrar la pascua en el mes segundo:
2CH 30:3 Porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no había suficientes sacerdotes santifica­dos, ni el pueblo estaba junto en Jerusalem.
2CH 30:4 Esto agradó al rey y a toda la multitud.
2CH 30:5 Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua al SEÑOR Dios de Israel, en Jerusalem: porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito.
2CH 30:6 Fueron pues correos con letras de mano del rey y de sus prínci­pes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decí­an: Hijos de Israel, volveos al SEÑOR el Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, y él se volverá al remanente que ha quedado de la mano de los reyes de Asiria.
2CH 30:7 No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra el SEÑOR el Dios de sus padres, y él los entre­gó a desolación, como vosotros veis.
2CH 30:8 No endurezcáis pues ahora vuestra cerviz como vuestros padres: dad la mano al SEÑOR, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid al SEÑOR vuestro Dios, y la ira de su furor se apartará de vosotros.
2CH 30:9 Porque si os volviereis al SEÑOR, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán compasión delante de los que los tie­nen cautivos, y volverán a esta tierra: porque el SEÑOR vuestro Dios es clemente y misericordio­so, y no volverá de vosotros su rostro, si vosotros os volviereis a él.
2CH 30:10 Pasaron pues los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraím y Manasés, hasta Zabulón: mas se reían y burlaban de ellos.
2CH 30:11 Con todo eso, algunos hom­bres de Aser, de Manasés, y de Zabulón, se humillaron, y vinie­ron a Jerusalem.
2CH 30:12 En Judá también fue la mano de Dios para darles un corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra del SEÑOR.
2CH 30:13 Y juntóse en Jerusalem mucha gente para celebrar la solemnidad de los panes sin levadura en el mes segundo; una vasta congre­gación.
2CH 30:14 Y levantándose, quitaron los altares que había en Jerusalem; quitaron también todos los alta­res de perfumes, y echáronlos en el torrente de Cedrón.
2CH 30:15 Entonces sacrificaron la pas­cua, a los catorce del mes segun­do; y los sacerdotes y los levitas se santificaron con vergüenza, y trajeron los holocaustos a la casa del SEÑOR.
2CH 30:16 Y pusiéronse en su orden conforme a su costumbre, conforme a la ley de Moisés varón de Dios; los sacerdotes rociaban la sangre [que recibían] de manos de los levitas:
2CH 30:17 Porque había muchos en la congregación que no estaban santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían limpiado, para santificarlos al SEÑOR.
2CH 30:18 Porque una gran multitud del pueblo de Efraím y Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: El SEÑOR, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha apercibido su cora­zón para buscar a Dios,
2CH 30:19 Al SEÑOR el Dios de sus padres, aunque no [esté purifica­do] según la purificación del san­tuario.
2CH 30:20 Y oyó el SEÑOR a Ezequías, y sanó al pueblo.
2CH 30:21 Así celebraron los hijos de Israel que se hallaron en Jerusalem, la solemnidad de los panes sin levadura por siete días con grande gozo: y alababan al SEÑOR todos los días los levitas y los sacerdotes, [cantan­do] con instrumentos de fortaleza al SEÑOR.
2CH 30:22 Y habló Ezequías al corazón de todos los levitas que tenían buen conocimiento del SEÑOR. Y comieron en la solemnidad por siete días, ofreciendo sacrificios pacíficos, y haciendo confesión al SEÑOR el Dios de sus padres.
2CH 30:23 Y toda aquella asamblea deter­minó que celebrasen otros siete días; y celebraron otros siete días con alegría.
2CH 30:24 Porque Ezequías rey de Judá había dado a la congregación mil novillos y siete mil ovejas; y también los príncipes dieron a la congregación mil novillos y diez mil ovejas: y muchos sacerdotes se santificaron.
2CH 30:25 Alegróse pues toda la congre­gación de Judá, como también los sacerdotes y levitas, y toda la congregación que había venido de Israel; asimismo los extranje­ros que habían venido de la tierra de Israel, y los que habitaban en Judá.
2CH 30:26 E hiciéronse grandes alegrías en Jerusalem: porque desde los días de Salomón hijo de David rey de Israel, no había habido cosa tal en Jerusalem.
2CH 30:27 Levantándose después los sacerdotes y levitas, bendijeron al pueblo: y la voz de ellos fue oída, y su oración llegó a la habi­tación de su santuario, al cielo.
2CH 31:1 HECHAS todas estas cosas, todos los de Israel que se habían hallado allí, salieron por las ciudades de Judá, y quebraron las estatuas y destruyeron los bosques, y derribaron los altos y los altares por todo Judá y Benjamín, y también en Efraím y Manasés, hasta acabarlo todo. Después volviéronse todos los hijos de Israel, cada uno a su posesión y a sus ciudades.
2CH 31:2 Y arregló Ezequías los reparti­mientos de los sacerdotes y de los levitas conforme a sus órde­nes, cada uno según su oficio, los sacerdotes y los levitas para ofrendas quemadas y pacíficos, para el ministerio, y para dar gracias, y para alabar en las puertas de los reales del SEÑOR.
2CH 31:3 [Arregló] también la porción de la sustancia del rey para los holocaustos, para los holocaustos a mañana y tarde, y holocaustos para los sábados, nuevas lunas, y fiestas solemnes, como [está] escrito en la ley del SEÑOR.
2CH 31:4 Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalem, que die­sen la porción a los sacerdotes y levitas, para que se esforzasen en la ley del SEÑOR.
2CH 31:5 Y como este edicto fue divul­gado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra: trajeron asimismo los diezmos de todas las cosas en abundancia.
2CH 31:6 También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciuda­des de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas: y trajeron los diez­mos de lo santificado, de las cosas que habían consagrado al SEÑOR su Dios, y pusiéronlos por montones.
2CH 31:7 En el mes tercero comenzaron a fundar aquellos montones, y en el mes séptimo acabaron.
2CH 31:8 Y Ezequías y los príncipes vinieron a ver los montones, y bendijeron al SEÑOR, y a su pueblo Israel.
2CH 31:9 Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas acerca de los montones.
2CH 31:10 Y respondióle Azarías, sumo sacerdote, de la casa de Sadoc, y dijo: Desde que comenzaron a traer la ofrenda a la casa del SEÑOR, hemos comido y saciá­donos, y nos ha sobrado mucho: porque el SEÑOR ha bendecido su pueblo, y ha quedado esta muchedumbre.
2CH 31:11 Entonces mandó Ezequías que preparasen cámaras en la casa del SEÑOR; y preparáron­las.
2CH 31:12 Y metieron las primicias y diezmos y las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello a Conanías levita, el principal, y Simi su hermano fue el segun­do.
2CH 31:13 Y Jehiel, Azazías, Nahat, Asael, Jerimot, Josabad, Eliel, Ismaquías, Mahat, y Benaías, fueron sobrestantes bajo la mano de Conanías y de Simi su her­mano, por mandamiento del rey Ezequías y de Azarías, príncipe de la casa de Dios.
2CH 31:14 Y Coré hijo de Imna levita, portero al oriente, tenía cargo de las limosnas de Dios, y de las ofrendas del SEÑOR que se daban, y de todo lo que se santi­ficaba.
2CH 31:15 Y a su mano estaba Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías, Amarías, y Secanías, en las ciu­dades de los sacerdotes, para dar con fidelidad a sus hermanos [sus partes] conforme a sus órdenes, así al mayor como al menor:
2CH 31:16 A más de los varones anota­dos por sus linajes, de tres años arriba, a todos los que entraban en la casa del SEÑOR, su por­ción diaria por su ministerio, según sus oficios y clases;
2CH 31:17 También a los que eran conta­dos entre los sacerdotes por las familias de sus padres, y a los levitas de edad de veinte años arriba, conforme a sus oficios y órdenes;
2CH 31:18 Eran inscritos en las genealo­gías con todos sus niños, y sus esposas, y sus hijos e hijas, por toda la congregación; porque con fidelidad se santificaban en santi­dad.
2CH 31:19 Del mismo modo en orden a los hijos de Aarón, sacerdotes, que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los varones nombrados [tenían cargo] de dar sus porciones a todos los varones de los sacerdo­tes, y a todo el linaje de los levitas.
2CH 31:20 De esta manera hizo Ezequías en todo Judá: y ejecutó lo bueno, recto, y verdadero, delante del SEÑOR su Dios.
2CH 31:21 En todo cuanto comenzó en el servicio de la casa de Dios, y en la ley y mandamientos, buscó a su Dios, e hízolo de todo cora­zón, y fue prosperado.
2CH 32:1 DESPUÉS de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios, entró en Judá, y asentó campo contra las ciudades fuertes, y determinó de tomarlas por asalto.
2CH 32:2 Viendo pues Ezequías la veni­da de Senaquerib, y su aspecto de combatir a Jerusalem,
2CH 32:3 Tuvo su consejo con sus prín­cipes y con sus valerosos, sobre cegar las fuentes de las aguas que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron.
2CH 32:4 Juntóse pues mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que derrama por en medio del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vinieren?
2CH 32:5 Alentóse así [Ezequías], y edifi­có todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por de fuera: fortificó además a Milo en la ciudad de David, e hizo muchas espadas y paveses.
2CH 32:6 Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, e hízolos reunir así en la plaza de la puerta de la ciudad, y hablóles al corazón de ellos, diciendo:
2CH 32:7 Esforzaos y confortaos; no temáis, ni hayáis miedo del rey de Asiria, ni de toda su multitud que con él [viene]; porque más son con nosotros que con él.
2CH 32:8 Con él es el brazo de carne, mas con nosotros el SEÑOR nuestro Dios para ayudarnos, y pelear nuestras batallas. Y afir­móse el pueblo sobre las pala­bras de Ezequías rey de Judá.
2CH 32:9 Después de esto Senaquerib rey de los asirios, estando él sobre Laquis y con él toda su potencia, envió sus siervos a Jerusalem, para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalem:
2CH 32:10 Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros para estar cercados en Jerusalem?
2CH 32:11 ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre, y a sed, diciendo: el SEÑOR nues­tro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?
2CH 32:12 ¿No es Ezequías el que ha quitado sus altos y sus altares, y dijo a Judá y a Jerusalem: Delante de este solo altar adora­réis, y sobre él quemaréis perfu­me?
2CH 32:13 ¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de las tierras librar su tierra de mi mano?
2CH 32:14 ¿Qué [dios] hubo de todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar su pueblo de mis manos? ¿Por qué podrá vuestro Dios libraros de mi mano?
2CH 32:15 Ahora pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada tal cosa, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?
2CH 32:16 Y otras cosas hablaron sus siervos contra el Dios el SEÑOR, y contra su siervo Ezequías.
2CH 32:17 Además de todo esto escribió letras en que blasfemaba al SEÑOR el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos.
2CH 32:18 Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalem que estaba en los muros, para espantarlos y ponerles temor, para tomar la ciudad.
2CH 32:19 Y hablaron contra el Dios de Jerusalem, como contra los dio­ses de los pueblos de la tierra, obra de manos de hombres.
2CH 32:20 Mas el rey Ezequías, y el pro­feta Isaías hijo de Amós, oraron por esto, y clamaron al cielo.
2CH 32:21 Y el SEÑOR envió un ángel, el cual hirió a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capita­nes en el campo del rey de Asiria. Volvióse por tanto con vergüen­za de rostro a su tierra; y entran­do en el templo de su dios, allí lo mataron a espada los que habían salido de sus entrañas.
2CH 32:22 Así salvó el SEÑOR a Ezequías y a los moradores de Jerusalem de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos: y preservó­los de todas partes.
2CH 32:23 Y muchos trajeron ofrenda al SEÑOR a Jerusalem, y a Ezequías rey de Judá, ricos dones; y fue muy grande delante de todas las naciones después de esto.
2CH 32:24 En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte: y oró al SEÑOR, el cual le respondió, y dióle una señal.
2CH 32:25 Mas Ezequías no pagó conforme al bien que le había sido hecho: antes se enalteció su cora­zón, y fue la ira contra él, y con­tra Judá y Jerusalem.
2CH 32:26 No obstante Ezequías, después de haberse engreído su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalem; y no vino sobre ellos la ira del SEÑOR en los días de Ezequías.
2CH 32:27 Y tuvo Ezequías riquezas y gloria mucha en gran manera; e hízose de tesoros de plata y oro, de piedras preciosas, de aromas, de escudos, y de todas alhajas de desear;
2CH 32:28 Asimismo depósitos para las rentas del grano, del vino, y acei­te; establos para toda suerte de bestias, y majadas para los gana­dos.
2CH 32:29 Hízose también ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran copia; porque Dios le había dado mucha sustancia.
2CH 32:30 Este Ezequías tapó los mana­deros de las aguas de Gihón la de arriba, y encaminólas abajo al occidente de la ciudad de David. Y fue prosperado Ezequías en todo lo que hizo.
2CH 32:31 Sin embargo en [lo de] los embaja­dores de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para inquirir del prodigio que había acaecido en aquella tierra, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.
2CH 32:32 Lo demás de los hechos de Ezequías, y de sus misericordias, he aquí todo está escrito en la profecía de Isaías profeta, hijo de Amós, en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
2CH 32:33 Y durmió Ezequías con sus padres, y sepultáronlo en los más insignes sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y los de Jerusalem: y reinó en su lugar Manasés su hijo.
2CH 33:1 DE doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalem.
2CH 33:2 Mas hizo lo malo en ojos del SEÑOR, conforme a las abomi­naciones de las gentes que había echado el SEÑOR delante de los hijos de Israel:
2CH 33:3 Porque él reedificó los altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los Baales, e hizo bosques, y adoró a todo el ejército del cielo, y a él sirvió.
2CH 33:4 Edificó también altares en la casa del SEÑOR, de la cual había dicho el SEÑOR: En Jerusalem será mi nombre perpe­tuamente.
2CH 33:5 Edificó asimismo altares a todo el ejército del cielo en los dos atrios de la casa del SEÑOR.
2CH 33:6 Y pasó sus hijos por fuego en el valle de los hijos de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinacio­nes, y consultaba hechiceros y encantadores: subió de punto en hacer lo malo en ojos del SEÑOR, para irritarle.
2CH 33:7 A más de esto puso una imagen de fundición que hizo, en la casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta casa y en Jerusalem, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nom­bre para siempre:
2CH 33:8 Y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros padres, a condición que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, estatutos, y ordenan­zas, por mano de Moisés.
2CH 33:9 Hizo pues Manasés desviarse a Judá y a los moradores de Jerusalem, para hacer más mal que las gentes que el SEÑOR destruyó delante de los hijos de Israel.
2CH 33:10 Y habló el SEÑOR a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escu­charon:
2CH 33:11 Por lo cual el SEÑOR trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lleváronlo a Babilonia.
2CH 33:12 Mas luego que fue puesto en angustias, oró ante el SEÑOR su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres.
2CH 33:13 Y habiendo a él orado, fue suplicado; pues que oyó su ora­ción, y volviólo a Jerusalem, a su reino. Entonces conoció Manasés que el SEÑOR [era] Dios.
2CH 33:14 Después de esto edificó el muro de afuera de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del pescado, y cercó a Ofel, y alzólo muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fuertes por Judá.
2CH 33:15 Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa del SEÑOR, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa del SEÑOR y en Jerusalem, y echólos fuera de la ciudad.
2CH 33:16 Reparó luego el altar del SEÑOR, y sacrificó sobre él sacrificios pacíficos y de alaban­za; y mandó a Judá que sirviesen al SEÑOR Dios de Israel.
2CH 33:17 Sin embargo el pueblo aun sacrifi­caba en los altos, bien que al SEÑOR su Dios.
2CH 33:18 Lo demás de los hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre del SEÑOR el Dios de Israel, he aquí todo está escrito en el libro de los reyes de Israel.
2CH 33:19 Su oración también, y cómo le fue propicio, y todo su pecado, y su transgresión, y los lugares donde edificó lugares altos y había puesto bosques e imágenes de escultura antes que se humillase; he aquí estas cosas [están] escritas en las palabras de los videntes.
2CH 33:20 Y durmió Manasés con sus padres, y sepultáronlo en su casa: y reinó en su lugar Amón su hijo.
2CH 33:21 De veinte y dos años era Amón cuando comenzó a reinar, y dos años reinó en Jerusalem.
2CH 33:22 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR, como había hecho Manasés su padre: porque a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho, sacrificó y sirvió Amón.
2CH 33:23 Mas nunca se humilló delante del SEÑOR, como se humilló Manasés su padre: antes aumen­tó el pecado.
2CH 33:24 Y conspiraron contra él sus siervos, y matáronlo en su casa.
2CH 33:25 Mas el pueblo de la tierra hirió a todos los que habían cons­pirado contra el rey Amón; y el pueblo de la tierra puso por rey en su lugar a Josías su hijo.
2CH 34:1 DE ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalem.
2CH 34:2 Éste hizo [lo] recto en ojos del SEÑOR, y anduvo en los cami­nos de David su padre, sin apar­tarse a la diestra ni a la siniestra.
2CH 34:3 A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comen­zó a limpiar a Judá y a Jerusalem de los altos, bosques, esculturas, e imágenes de fundición.
2CH 34:4 Y derribaron delante de él los altares de los Baales, e hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; des­pedazó también los bosques, y las esculturas y estatuas de fundi­ción, y desmenuzólas, y esparció [el polvo] sobre los sepulcros de los que las habían sacrificado.
2CH 34:5 Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalem.
2CH 34:6 [Lo mismo hizo] en las ciudades de Manasés, Efraím, y Simeón, hasta en Neftalí, con sus luga­res asolados alrededor.
2CH 34:7 Y como hubo derribado los altares y los bosques, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruído todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvióse a Jerusalem.
2CH 34:8 A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra, y la casa, envió a Safán hijo de Asalías, y a Maasías gobernador de la ciu­dad, y a Joah hijo de Joacaz, canciller, para que reparasen la casa del SEÑOR su Dios.
2CH 34:9 Los cuales vinieron a Hilquías, gran sacerdote, y dieron el dine­ro que había sido metido en la casa de Dios, que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de mano de Manasés y de Efraím y de todo el rema­nente de Israel, y de todo Judá y Benjamín, habiéndose después vuelto a Jerusalem.
2CH 34:10 Y entregáronlo en mano de los que hacían la obra, que eran sobrestantes en la casa del SEÑOR; los cuales lo daban a los que hacían la obra y trabaja­ban en la casa del SEÑOR, para reparar y restaurar el templo.
2CH 34:11 Daban asimismo a los oficia­les y albañiles para que compra­sen piedra de cantería, y madera para las junturas, y para enta­bladura de las casas, las cuales habían destruído los reyes de Judá.
2CH 34:12 Y estos hombres procedían con fidelidad en la obra: y eran sus gobernadores Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari; y Zacarías y Mesulam de los hijos de Coat, para que activasen [la obra]; y de los levitas, todos los entendidos en instrumentos de música.
2CH 34:13 También [velaban] sobre los ganapanes, y [eran] sobrestantes de los que se ocupaban en cualquier clase de obra; y de los levitas había escribas, goberna­dores, y porteros.
2CH 34:14 Y al sacar el dinero que había sido metido en la casa del SEÑOR, Hilquías el sacerdote halló el libro de la ley del SEÑOR dada por mano de Moisés.
2CH 34:15 Y dando cuenta Hilquías, dijo a Safán escriba: Yo he hallado el libro de la ley en la casa del SEÑOR. Y dio Hilquías el libro a Safán.
2CH 34:16 Y Safán lo llevó al rey, y contóle el negocio, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue dado a cargo.
2CH 34:17 Han reunido el dinero que se halló en la casa del SEÑOR, y lo han entregado en mano de los comisionados, y en mano de los que hacen la obra.
2CH 34:18 A más de esto, declaró Safán escriba al rey, diciendo: El sacer­dote Hilquías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey.
2CH 34:19 Y luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestiduras;
2CH 34:20 Y mandó a Hilquías y a Ahicam hijo de Safán, y a Abdón hijo de Micaía, y a Safán escriba, y a Asaía siervo del rey, diciendo:
2CH 34:21 Andad, e inquirid del SEÑOR por mí, y por el rema­nente de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es el furor del SEÑOR que ha caído sobre nosotros, por cuanto nues­tros padres no guardaron la pala­bra del SEÑOR, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro.
2CH 34:22 Entonces Hilquías y los del rey fueron a Hulda profetisa, esposa de Salum, hijo de Ticvat, hijo de Hasra, guarda de las vesti­mentas, la cual moraba en Jerusalem en la casa de la doctri­na; y dijéronle las palabras dichas.
2CH 34:23 Y ella respondió: el SEÑOR Dios de Israel dice así: Decid al varón que os ha enviado a mí,
2CH 34:24 Así dice el SEÑOR: He aquí yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los moradores de él, [es decir] todas las maldicio­nes que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá:
2CH 34:25 Por cuanto me han dejado, y han sacrificado a dioses ajenos, provocándome a ira en todas las obras de sus manos; por tanto mi furor destilará sobre este lugar, y no se apagará.
2CH 34:26 Mas al rey de Judá, que os ha enviado a inquirir del SEÑOR, así le diréis: el SEÑOR el Dios de Israel ha dicho así: [Por cuan­to] oíste las palabras [del libro],
2CH 34:27 Y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar, y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestiduras, y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice el SEÑOR.
2CH 34:28 He aquí que yo te recogeré con tus padres, y serás recogido a tu sepulcro en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar, y sobre los moradores de él. Y ellos refi­rieron al rey la respuesta.
2CH 34:29 Entonces el rey envió y juntó todos los ancianos de Judá y de Jerusalem.
2CH 34:30 Y subió el rey a la casa del SEÑOR, y con él todos los varo­nes de Judá, y los moradores de Jerusalem, y los sacerdotes, y los levitas, y todo el pueblo desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa del SEÑOR.
2CH 34:31 Y estando el rey en pie en su sitio, hizo pacto delante del SEÑOR de caminar en pos del SEÑOR, y de guardar sus man­damientos, sus testimonios, y sus estatutos, de todo su corazón y de toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro.
2CH 34:32 E hizo que se obligaran [a ello] todos los que estaban en Jerusalem y en Benjamín: y los moradores de Jerusalem hicieron conforme al pacto de Dios, del Dios de sus padres.
2CH 34:33 Y quitó Josías todas las abominaciones de todas las tierras de los hijos de Israel, e hizo a todos los que se hallaron en Israel que sirviesen al SEÑOR su Dios. No se apartaron de en pos del SEÑOR el Dios de sus padres, todo el tiempo que él vivió.
2CH 35:1 Y JOSÍAS hizo pascua al SEÑOR en Jerusalem, y sacrificaron la pascua a los catorce del mes primero.
2CH 35:2 Y puso a los sacerdotes en sus empleos, y confirmólos en el ministerio de la casa del SEÑOR.
2CH 35:3 Y dijo a los levitas que ense­ñaban a todo Israel, y que esta­ban dedicados al SEÑOR: Poned el arca del santuario en la casa que edificó Salomón hijo de David, rey de Israel, para que no la carguéis más sobre los hom­bros. Ahora serviréis al SEÑOR vuestro Dios, y a su pueblo Israel.
2CH 35:4 Apercibíos según las familias de vuestros padres, por vuestros órdenes, conforme a la prescrip­ción de David rey de Israel, y de Salomón su hijo.
2CH 35:5 Estad en el santuario según la distribución de las familias de vuestros hermanos los hijos del pueblo, y [según] la división de la familia de los levitas.
2CH 35:6 Sacrificad luego la pascua: y después de santificaros, aperci­bid a vuestros hermanos, para que hagan conforme a la palabra del SEÑOR [dada] por mano de Moisés.
2CH 35:7 Y dio Josías a los del pueblo, corderos y cabritos del rebaño, en número de treinta mil, y tres mil bueyes, todo para la pascua, para todos los que se hallaron presentes: esto de la sustancia del rey.
2CH 35:8 También sus príncipes ofrecie­ron con liberalidad al pueblo, y a los sacerdotes y levitas. Hilquías, Zacarías y Jehiel, príncipes de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes para hacer la pascua dos mil seiscientas [ovejas], y tres­cientos bueyes.
2CH 35:9 Asimismo Conanías, y Semeías y Natanael sus herma­nos, y Hasabías, Jehiel, y Josabad, príncipes de los levitas, dieron a los levitas para los sacrificios de la pascua cinco mil [ovejas], y quinientos bueyes.
2CH 35:10 Aprestado así el servicio, los sacerdotes se colocaron en sus puestos, y asimismo los levitas en sus órdenes, conforme al mandamiento del rey.
2CH 35:11 Y sacrificaron la pascua; y rociaban los sacerdotes [la sangre tomada] de mano de los levitas, y los levitas desollaban.
2CH 35:12 Tomaron luego las ofrendas quemadas, para dar conforme a los repar­timientos por las familias de los del pueblo, a fin de que ofrecie­sen al SEÑOR, según está escri­to en el libro de Moisés: y asi­mismo [tomaron] de los bueyes.
2CH 35:13 Y asaron la pascua al fuego según la ordenanza: mas lo que había sido santificado [lo] cocieron en ollas, en calderos, y calde­ras, y repartiéron[lo] prestamente a todo el pueblo.
2CH 35:14 Y después aderezaron para sí y para los sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estu­vieron ocupados hasta la noche en el sacrificio de los holocaus­tos y de los sebos; por tanto, los levitas aderezaron para sí, y para los sacerdotes hijos de Aarón.
2CH 35:15 Asimismo los cantores hijos de Asaf estaban en su puesto, conforme al mandamiento de David, de Asaf y de Hemán, y de Jedutún vidente del rey; tam­bién los porteros estaban a cada puerta; y no era menester que se apartasen de su ministerio, por­que sus hermanos los levitas aparejaban para ellos.
2CH 35:16 Así fue aprestado todo el ser­vicio del SEÑOR en aquel día, para hacer la pascua, y sacrificar los holocaustos sobre el altar del SEÑOR, conforme al manda­miento del rey Josías.
2CH 35:17 Y los hijos de Israel que se hallaron allí, hicieron la pascua en aquel tiempo, y la solemnidad de los panes sin levadura, por siete días.
2CH 35:18 Nunca tal pascua fue hecha en Israel desde los días de Samuel el profeta; ni ningún rey de Israel hizo pascua tal como la que hizo el rey Josías, y los sacerdotes y levitas, y todo Judá e Israel, los que se hallaron allí, juntamente con los moradores de Jerusalem.
2CH 35:19 Esta pascua fue celebrada en el año dieciocho del rey Josías.
2CH 35:20 Después de todas estas cosas, luego de haber Josías preparado la casa, Necao rey de Egipto subió a hacer guerra en Carquemis junto a Éufrates; y salió Josías contra él.
2CH 35:21 Y él le envió embajadores, diciendo: ¿Qué tenemos yo y tú, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me hace guerra: y Dios dijo que me apresurase. Déjate de [meterte] con Dios, que es conmigo, no te destruya.
2CH 35:22 Mas Josías no volvió su rostro de él, antes disfrazóse para darle batalla, y no atendió a las pala­bras de Necao, [que eran] de boca de Dios; y vino a darle la batalla en el campo de Meguido.
2CH 35:23 Y los archeros tiraron contra el rey Josías; y dijo el rey a sus siervos: Quitadme de aquí, por­que estoy herido gravemente.
2CH 35:24 Entonces sus siervos lo quita­ron de aquel carro, y pusiéronle en [otro] segundo carro que tenía, y lleváronle a Jerusalem, y murió; y sepultáronle en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalem hizo duelo por Josías.
2CH 35:25 Y endechó Jeremías por Josías, y todos los cantores y cantoras recitan sus lamentacio­nes sobre Josías hasta hoy; y las dieron por ordenanza [para endechar] en Israel, las cuales están escritas en las Lamentaciones.
2CH 35:26 Lo demás de los hechos de Josías, y sus piadosas obras, conforme a lo que está escrito en la ley del SEÑOR,
2CH 35:27 Y sus hechos, primeros y pos­treros, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá.
2CH 36:1 ENTONCES el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, e hiciéronle rey en lugar de su padre en Jerusalem.
2CH 36:2 De veinte y tres años era Joacaz cuando comenzó a rei­nar, y tres meses reinó en Jerusalem.
2CH 36:3 Y el rey de Egipto lo quitó de Jerusalem, y condenó la tierra en cien talentos de plata y uno de oro.
2CH 36:4 Y constituyó el rey de Egipto a su hermano Eliacim por rey sobre Judá y Jerusalem, y mudó­le el nombre en Joacim; y a Joacaz su hermano tomó Necao, y llevólo a Egipto.
2CH 36:5 Cuando comenzó a reinar Joacim era de veinte y cinco años, y reinó once años en Jerusalem: e hizo lo malo en ojos del SEÑOR su Dios.
2CH 36:6 Y subió contra él Nabucodonosor rey de Babilonia, y atado con cade­nas lo llevó a Babilonia.
2CH 36:7 También llevó Nabucodonosor a Babilonia de los vasos de la casa del SEÑOR, y púsolos en su templo en Babilonia.
2CH 36:8 Lo demás de los hechos de Joacim, y las abominaciones que hizo, y lo que en él se halló, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá: y reinó en su lugar Joaquín su hijo.
2CH 36:9 De ocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalem: e hizo lo malo en ojos del SEÑOR.
2CH 36:10 A la vuelta del año el rey Nabucodonosor envió, e hízolo llevar a Babilonia [juntamente] con los vasos preciosos de la casa del SEÑOR; y constituyó a Sedequías su hermano por rey sobre Judá y Jerusalem.
2CH 36:11 De veinte y un años era Sedequías cuando comenzó a rei­nar, y once años reinó en Jerusalem.
2CH 36:12 E hizo lo malo en ojos del SEÑOR su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, [que le hablaba] de parte del SEÑOR.
2CH 36:13 Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse al SEÑOR el Dios de Israel.
2CH 36:14 Y también todos los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la prevaricación, siguiendo todas las abominacio­nes de las gentes, y contaminan­do la casa del SEÑOR, la cual él había santificado en Jerusalem.
2CH 36:15 Y el SEÑOR el Dios de sus padres envió a ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando: porque él tenía compasión de su pueblo, y de su habitación.
2CH 36:16 Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor del SEÑOR contra su pueblo, y que no hubo remedio.
2CH 36:17 Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada sus mancebos en la casa de su santuario, sin perdonar joven, ni doncella, ni viejo, ni decrépito; todos los entregó en sus manos.
2CH 36:18 Asimismo todos los vasos de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa del SEÑOR, y los tesoros del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia.
2CH 36:19 Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalem, y consumieron al fuego todos sus palacios, y des­truyeron todos sus vasos desea­bles.
2CH 36:20 Los que quedaron de la espa­da, pasáronlos a Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas;
2CH 36:21 Para que se cumpliese la pala­bra del SEÑOR por la boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado sus sábados: porque todo el tiempo de su asolamiento guardó el sábado, hasta que los setenta años fueron cumplidos.
2CH 36:22 Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cum­pliese la palabra del SEÑOR por boca de Jeremías, el SEÑOR excitó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pasar pre­gón por todo su reino, y también por escrito, diciendo:
2CH 36:23 Así dice Ciro rey de los persas: el SEÑOR, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha encar­gado que le edifique casa en Jerusalem, que es en Judá. ¿Quién de vosotros hay de todo su pueblo? el SEÑOR su Dios sea con él, y suba.
EZR 1:1 Y EN el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra del SEÑOR por boca de Jeremías, excitó el SEÑOR el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pasar pregón por todo su reino, y también por escrito, diciendo:
EZR 1:2 Así ha dicho Ciro rey de Persia: el SEÑOR Dios del cielo me ha dado todos los reinos de la tie­rra, y me ha mandado que le edi­fique casa en Jerusalem, que está en Judá.
EZR 1:3 ¿Quién hay entre vosotros de todo su pueblo? Sea Dios con él, y suba a Jerusalem que está en Judá, y edifique la casa al SEÑOR Dios de Israel, (él es el Dios,) la cual está en Jerusalem.
EZR 1:4 Y a cualquiera que hubiere quedado de todos los lugares donde peregrinare, los hombres de su lugar le ayuden con plata, y oro, y hacienda, y con bestias; con dones voluntarios para la casa de Dios, la cuál está en Jerusalem.
EZR 1:5 Entonces se levantaron las cabezas de las familias de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa del SEÑOR, la cual está en Jerusalem.
EZR 1:6 Y todos los que estaban en sus alrededores confortaron las manos de ellos con vasos de plata y de oro, con hacienda y bestias, y con cosas preciosas, a más de lo que se ofreció volunta­riamente.
EZR 1:7 Y el rey Ciro sacó los vasos de la casa del SEÑOR, que Nabucodonosor había traspasa­do de Jerusalem, y puesto en la casa de sus dioses.
EZR 1:8 Sacólos pues Ciro rey de Persia, por mano de Mitrídates tesorero, el cual los dio por cuen­ta a Sesbasar príncipe de Judá.
EZR 1:9 Y ésta es la cuenta de ellos: treinta tazones de oro, mil tazo­nes de plata, veinte y nueve cuchillos,
EZR 1:10 Treinta tazas de oro, cuatro­cientas y diez otras tazas de plata, y mil otros vasos.
EZR 1:11 Todos los vasos de oro y de plata, cinco mil y cuatrocientos. Todos los hizo llevar Sesbasar con los que subieron del cautive­rio de Babilonia a Jerusalem.
EZR 2:1 Y ÉSTOS [son] los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que Nabucodonosor rey de Babilonia hizo traspasar a Babilonia, y que volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad:
EZR 2:2 Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum [y] Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel:
EZR 2:3 Los hijos de Paros, dos mil cien­to setenta y dos;
EZR 2:4 Los hijos de Sefatías, trescien­tos setenta y dos;
EZR 2:5 Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco;
EZR 2:6 Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa [y] de Joab, dos mil ochocientos y doce;
EZR 2:7 Los hijos de Elam, mil doscien­tos cincuenta y cuatro;
EZR 2:8 Los hijos de Zatu, novecientos cuarenta y cinco;
EZR 2:9 Los hijos de Zacai, setecientos y sesenta;
EZR 2:10 Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos;
EZR 2:11 Los hijos de Bebai, seiscientos veinte y tres;
EZR 2:12 Los hijos de Azgad, mil dos­cientos veinte y dos;
EZR 2:13 Los hijos de Adonicam, seis­cientos sesenta y seis;
EZR 2:14 Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis;
EZR 2:15 Los hijos de Adin, cuatrocientos cincuenta y cuatro;
EZR 2:16 Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho;
EZR 2:17 Los hijos de Besai, trescientos veinte y tres;
EZR 2:18 Los hijos de Jora, ciento y doce;
EZR 2:19 Los hijos de Hasum, doscien­tos veinte y tres;
EZR 2:20 Los hijos de Gibar, noventa y cinco;
EZR 2:21 Los hijos de Belem, cien­to veinte y tres;
EZR 2:22 Los varones de Netofa, cin­cuenta y seis;
EZR 2:23 Los varones de Anatot, cien­to veinte y ocho;
EZR 2:24 Los hijos de Asmavet, cua­renta y dos;
EZR 2:25 Los hijos de Quiriat-jearim, Gefira, y Beerot, setecientos cuarenta y tres;
EZR 2:26 Los hijos de Ramá y Gabaa, seiscientos veinte y uno;
EZR 2:27 Los varones de Michmas, cien­to veinte y dos;
EZR 2:28 Los varones de Betel y Hai, doscientos veinte y tres;
EZR 2:29 Los hijos de Nebo, cincuenta y dos;
EZR 2:30 Los hijos de Magbis, ciento cincuenta y seis;
EZR 2:31 Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro;
EZR 2:32 Los hijos de Harim, trescientos y veinte;
EZR 2:33 Los hijos de Lod, Hadid, y Ono, setecientos veinte y cinco;
EZR 2:34 Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;
EZR 2:35 Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos y treinta;
EZR 2:36 Los sacerdotes: los hijos de Jedaía, de la casa de Jesúa, nove­cientos setenta y tres;
EZR 2:37 Los hijos de Imer, mil cin­cuenta y dos;
EZR 2:38 Los hijos de Pasur, mil dos­cientos cuarenta y siete;
EZR 2:39 Los hijos de Harim, mil diez y siete.
EZR 2:40 Los levitas: los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Odovías, setenta y cuatro.
EZR 2:41 Los cantores: los hijos de Asaf, ciento veinte y ocho.
EZR 2:42 Los hijos de los porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; [en] todos, ciento treinta y nueve.
EZR 2:43 Los netineos: los hijos de Siha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot,
EZR 2:44 Los hijos de Queros, los hijos de Siaa, los hijos de Padón;
EZR 2:45 Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub;
EZR 2:46 Los hijos de Hagab, los hijos de Samlai, los hijos de Hanán;
EZR 2:47 Los hijos de Gidel, los hijos de Gaher, los hijos de Reaía;
EZR 2:48 Los hijos de Resin, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam;
EZR 2:49 Los hijos de Uza, los hijos de Pasea, los hijos de Besai;
EZR 2:50 Los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim;
EZR 2:51 Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacusa, los hijos de Harhur;
EZR 2:52 Los hijos de Bazlut, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa;
EZR 2:53 Los hijos de Barcos, los hijos de Sisera, los hijos de Tema;
EZR 2:54 Los hijos de Nesía, los hijos de Hatifa.
EZR 2:55 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda;
EZR 2:56 Los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel;
EZR 2:57 Los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Ami.
EZR 2:58 Todos los netineos, e hijos de los siervos de Salomón, trescien­tos noventa y dos.
EZR 2:59 Y estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adán, e Imer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel:
EZR 2:60 Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seis­cientos cincuenta y dos.
EZR 2:61 Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Abaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tomó esposa de las hijas de Barzilai galaadita, y fue llamado del nombre de ellas.
EZR 2:62 Éstos buscaron su registro de genealogías, y no fue hallado; y fueron echados del sacerdocio.
EZR 2:63 Y el tirsata les dijo que no comiesen de las cosas más san­tas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim.
EZR 2:64 Toda la congregación, unida como un [solo hombre], era de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta,
EZR 2:65 Sin sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete: y tenían doscien­tos cantores y cantoras.
EZR 2:66 Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscien­tos cuarenta y cinco;
EZR 2:67 Sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos y veinte.
EZR 2:68 Y algunos de las cabezas de los padres, cuando vinieron a la casa del SEÑOR la cual estaba en Jerusalem, ofrecieron volun­tariamente para la casa de Dios, para levantarla en su asiento.
EZR 2:69 Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, y cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales.
EZR 2:70 Y habitaron los sacerdotes, y los levitas, y [los] del pueblo, y los cantores, y los porteros y los netineos, en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades.
EZR 3:1 Y LLEGADO el mes séptimo, y [ya] los hijos de Israel en las ciudades, juntóse el pueblo como un solo hombre en Jerusalem.
EZR 3:2 Entonces se levantó Jesúa hijo de Josadec, y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Sealtiel, y sus hermanos, y edi­ficaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios.
EZR 3:3 Y asentaron el altar sobre sus basas, bien que tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofre­cieron sobre él holocaustos al SEÑOR, holocaustos a la maña­na y a la tarde.
EZR 3:4 Hicieron asimismo la solemni­dad de los tabernáculos, como está escrito, y holocaustos cada día por cuenta, conforme a la costumbre, cada cosa en su día;
EZR 3:5 Y a más de esto, la ofrenda quemada continua, y las nuevas lunas, y todas las fiestas santificadas del SEÑOR, y todo [sacrificio] espon­táneo, [toda] ofrenda voluntaria al SEÑOR.
EZR 3:6 Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos al SEÑOR; mas el templo del SEÑOR no estaba aún fundado.
EZR 3:7 Y dieron dinero a los carpinte­ros y oficiales; asimismo comida y bebida y aceite a los sidonios y tirios, para que trajesen madera de cedro del Líbano al mar de Jope, conforme a la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de esto.
EZR 3:8 Y en el año segundo de su veni­da a la casa de Dios en Jerusalem, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel hijo de Sealtiel, y Jesúa hijo de Josadec, y los otros sus herma­nos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalem; y pusieron a los levitas de veinte años arriba para que tuviesen cargo de la obra de la casa del SEÑOR.
EZR 3:9 Jesúa también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un [solo hombre] asistían para dar priesa a los que hacían la obra en la casa de Dios: los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, levitas.
EZR 3:10 Y cuando los albañiles del templo del SEÑOR echaban los cimientos, pusieron a los sacer­dotes vestidos de [sus ropas], con trompetas, y a levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen al SEÑOR, según orde­nanza de David rey de Israel.
EZR 3:11 Y cantaban, alabando y dando gracias al SEÑOR, [y decían:] Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con grande júbilo, alabando al SEÑOR, porque a la casa del SEÑOR se echaba el cimiento.
EZR 3:12 Y muchos de los sacerdotes y de los levitas y de las cabezas de los padres, ancianos que habían visto la casa primera, viendo fun­dar esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos [otros] daban grandes gritos de alegría.
EZR 3:13 Y no podía discernir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro del pueblo: porque clamaba el pueblo con grande júbilo, y oíase el ruido hasta de lejos.
EZR 4:1 Y OYENDO los enemigos de Judá y de Benjamín, que los [venidos] de la cautividad edificaban el templo del SEÑOR Dios de Israel,
EZR 4:2 Llegáronse a Zorobabel, y a las cabezas de los padres, y dijéron­les: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscare­mos a vuestro Dios, y a él sacri­ficamos desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo subir aquí.
EZR 4:3 Y dijóles Zorobabel, y Jesúa, y las demás cabezas de los padres de Israel: No nos conviene edifi­car con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos [la] edificaremos al SEÑOR Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia.
EZR 4:4 Mas el pueblo de la tierra debi­litaba las manos del pueblo de Judá, y los arredraban de edifi­car.
EZR 4:5 Cohecharon además contra ellos consejeros para disipar su consejo, todo el tiempo de Ciro rey de Persia, y hasta el reinado de Darío rey de Persia.
EZR 4:6 Y en el reinado de Asuero, en el principio de su reinado, escri­bieron acusaciones contra los moradores de Judá y de Jerusalem.
EZR 4:7 Y en días de Artajerjes, Bislam, Mitridates, Tabeel, y los demás sus compañeros, escribieron a Artajerjes rey de Persia; y la escritura de la carta estaba hecha en siriaco, y declarada en siriaco.
EZR 4:8 Rehum canciller, y Simsai secretario, escribieron una carta contra Jerusalem al rey Artajerjes, como se sigue.
EZR 4:9 Entonces Rehum canciller, y Simsai secretario, y los demás sus compañeros, los dineos, y los aparsaqueos, tarpelitas, afarseos, los erqueos, los babilonios, susasqueos, dieveos, y elamitas;
EZR 4:10 Y los demás pueblos que el grande y glorioso Asnappar tras­portó, e hizo habitar en las ciuda­des de Samaria, y los demás de la otra parte del río, etcétera, [escri­bieron.]
EZR 4:11 Éste [es] el traslado de la carta que enviaron: Al rey Artajerjes: Tus siervos de la otra parte del río, etcétera.
EZR 4:12 Sea notorio al rey, que los judíos que subieron de ti a noso­tros, vinieron a Jerusalem; y edi­fican la ciudad rebelde y mala, y han erigido los muros; y com­puesto los fundamentos.
EZR 4:13 Ahora, notorio sea al rey, que si aquella ciudad fuere reedifica­da, y los muros fueren estableci­dos, el tributo, pecho, y rentas no darán, y el catastro de los reyes será menoscabado.
EZR 4:14 Ya pues que estamos manteni­dos de palacio, no nos es justo ver el menosprecio del rey: hemos enviado por tanto, y hécho[lo] saber al rey,
EZR 4:15 Para que busque en el libro de las historias de nuestros padres; y hallarás en el libro de las histo­rias, y sabrás que esta ciudad es ciudad rebelde, y perjudicial a los reyes y a las provincias, y que de tiempo antiguo forman en medio de ella rebeliones; por lo que esta ciudad fue destruída.
EZR 4:16 Hacemos saber al rey, que si esta ciudad fuere edificada, y eri­gidos sus muros, la parte allá del río no será tuya.
EZR 4:17 El rey envió [esta] respuesta a Rehum canciller, y a Simsai secretario, y a los demás sus compañeros que habitan en Samaria, y a los demás de la parte allá del río: Paz, etc.
EZR 4:18 La carta que nos enviasteis claramente fue leída delante de mí.
EZR 4:19 Y por mí fue dado manda­miento, y buscaron, y hallaron que aquella ciudad de tiempo antiguo se levanta contra los reyes, y se rebela, y se forma en ella sedición:
EZR 4:20 Y que reyes fuertes hubo en Jerusalem, quienes señorearon en todo [lo que está] a la parte allá del río; y que tributo, y pecho, y rentas se les daba.
EZR 4:21 Ahora [pues] dad orden que cesen aquellos hombres, y no sea esa ciudad edificada, hasta que por mí sea dado mandamiento.
EZR 4:22 Y mirad bien que no hagáis error en esto: ¿por qué habrá de crecer el daño para perjuicio de los reyes?
EZR 4:23 Entonces, cuando el traslado de la carta del rey Artajerjes fue leído delante de Rehum, y de Simsai secretario, y sus compa­ñeros, fueron prestamente a Jerusalem a los judíos, e hicié­ronles cesar con poder y fuerza.
EZR 4:24 Cesó entonces la obra de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalem: y cesó hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.
EZR 5:1 Y PROFETIZARON Haggeo profeta, y Zacarías hijo de Iddo, profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalem [yendo] en nombre del Dios de Israel a ellos.
EZR 5:2 Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Sealtiel, y Jesúa hijo de Josadec; y comen­zaron a edificar la casa de Dios que estaba en Jerusalem; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban.
EZR 5:3 En aquel tiempo vino a ellos Tatnai, capitán de la parte allá del río, y Setar-boznai y sus com­pañeros, y dijéronles así: ¿Quién os dio mandamiento para edifi­car esta casa, y restablecer estos muros?
EZR 5:4 Entonces les dijimos en orden a esto cuáles eran los nombres de los varones que edificaban este edificio.
EZR 5:5 Mas los ojos de su Dios fueron sobre los ancianos de los judíos, y no les hicieron cesar hasta que el negocio viniese a Darío: y entonces respondieron por carta sobre esto.
EZR 5:6 Traslado de la carta que Tatnai, capitán de la parte allá del río, y Setar-boznai, y sus compañeros los aparsaqueos, que estaban a la parte allá del río, enviaron al rey Darío.
EZR 5:7 Enviáronle carta, y de esta manera estaba escrito en ella: Al rey Darío toda paz.
EZR 5:8 Sea notorio al rey, que fuimos a la provincia de Judea, a la casa del gran Dios, la cual se edifica de piedra de mármol; y los maderos son puestos en las paredes, y la obra se hace apriesa, y prospera en sus manos.
EZR 5:9 Entonces preguntamos a los ancianos, diciéndoles así: ¿Quién os dio mandamiento para edificar esta casa, y para resta­blecer estos muros?
EZR 5:10 Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, para escribirte los nombres de los varones que estaban por cabezas de ellos.
EZR 5:11 Y respondiéronnos, diciendo así: Nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y fundó el gran rey de Israel.
EZR 5:12 Mas después que nuestros padres ensañaron al Dios del cielo, él los entregó en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa, e hizo trasportar el pueblo a Babilonia.
EZR 5:13 Pero el primer año de Ciro rey de Babilonia, el [mismo] rey Ciro dio mandamiento para que esta casa de Dios fuese edificada.
EZR 5:14 Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalem, y los había metido en el templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia, y fue­ron entregados a Sesbasar, al cual había puesto por goberna­dor;
EZR 5:15 Y le dijo: Toma estos vasos, ve y ponlos en el templo que está en Jerusalem; y la casa de Dios sea edificada en su lugar.
EZR 5:16 Entonces este Sesbasar vino, y puso los fundamentos de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aun no está acabada.
EZR 5:17 Y ahora, si al rey parece bien, búsquese en la casa de los teso­ros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dado manda­miento para edificar esta casa de Dios en Jerusalem, y envíenos [a decir] la voluntad del rey sobre esto.
EZR 6:1 ENTONCES el rey Darío dio mandamiento, y buscaron en la casa de los libros, donde guardaban los tesoros allí en Babilonia.
EZR 6:2 Y fue hallado en Acmeta, en el palacio que está en la provincia de Media, un libro, dentro del cual estaba escrito así: Memoria:
EZR 6:3 En el año primero del rey Ciro, el [mismo] rey Ciro dio manda­miento acerca de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, que fuese la casa edificada para lugar en que sacrifiquen sacrificios, y que sus paredes fuesen cubiertas; su altura de sesenta codos, y de sesenta codos su anchura;
EZR 6:4 Los órdenes, tres de piedra de mármol, y un orden de madera nueva: y que el gasto sea dado de la casa del rey.
EZR 6:5 Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor sacó del templo que estaba en Jerusalem y los pasó a Babilonia, sean devueltos y vayan al templo que está en Jerusalem, a su lugar, y sean puestos en la casa de Dios.
EZR 6:6 Ahora pues, Tatnai, jefe del lado allá del río, Setar-boznai, y sus compañeros los aparsaqueos que estáis a la otra parte del río, apartaos de ahí.
EZR 6:7 Dejad la obra de la casa de este Dios al principal de los judíos, y a sus ancianos, para que edifi­quen la casa de este Dios en su lugar.
EZR 6:8 Y por mí es dado mandamien­to de lo que habéis de hacer con los ancianos de estos judíos, para edificar esta casa de Dios: que de la hacienda del rey, que tiene del tributo de la parte allá del río, los gastos sean dados luego a aquellos varones, para que no cesen.
EZR 6:9 Y lo que fuere necesario, bece­rros y carneros y corderos, para holocaustos al Dios del cielo, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalem, déseles cada un día sin obstáculo alguno;
EZR 6:10 Para que ofrezcan olores de reposo al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos.
EZR 6:11 También es dado por mí man­damiento, que cualquiera que mudare este decreto, sea derriba­do un madero de su casa, y enhiesto, sea colgado en él: y su casa sea hecha muladar por esto.
EZR 6:12 Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya todo rey y pueblo que pusiere su mano para mudar o destruir esta casa de Dios, la cual está en Jerusalem. Yo Darío puse el decreto: sea hecho prestamente.
EZR 6:13 Entonces Tatnai, gobernador del otro lado del río, y Setar­boznai, y sus compañeros, hicie­ron prestamente según el rey Darío había enviado.
EZR 6:14 Y los ancianos de los judíos edificaban y prosperaban, conforme a la profecía de Haggeo profeta, y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron pues, y acaba­ron, por el mandamiento del Dios de Israel, y por el manda­miento de Ciro, y de Darío, y de Artajerjes rey de Persia.
EZR 6:15 Y esta casa fue acabada al tercer día del mes de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío.
EZR 6:16 Y los hijos de Israel, los sacer­dotes y los levitas, y los demás que habían venido de la traspor­tación, hicieron la dedicación de esta casa de Dios con gozo.
EZR 6:17 Y ofrecieron en la dedicación de esta casa de Dios cien bece­rros, doscientos carneros, cuatro­cientos corderos; y machos de cabrío en expiación por todo Israel, doce, conforme al número de las tribus de Israel.
EZR 6:18 Y pusieron a los sacerdotes en sus clases, y a los levitas en sus divisiones, sobre la obra de Dios que está en Jerusalem, conforme a lo escrito en el libro de Moisés.
EZR 6:19 Y los de la transmigración hicieron la pascua a los catorce del mes primero.
EZR 6:20 Porque los sacerdotes y los levitas se habían purificado a una; todos fueron limpios: y sacrificaron la pascua por todos los de la transmigración, y por sus hermanos los sacerdotes, y por sí mismos.
EZR 6:21 Y comieron los hijos de Israel que habían vuelto de la transmi­gración, y todos los que se habían apartado a ellos de la inmun­dicia de las gentes de la tierra, para buscar al SEÑOR Dios de Israel.
EZR 6:22 Y celebraron la solemnidad de los panes sin levadura siete días con regocijo, por cuanto el SEÑOR los había alegrado, y convertido el corazón del rey de Asiria a ellos, para esforzar sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel.
EZR 7:1 PASADAS estas cosas, en el reinado de Artajerjes rey de Persia, Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilquías,
EZR 7:2 Hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob,
EZR 7:3 Hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meraiot,
EZR 7:4 Hijo de Zeraías, hijo de Uzi, hijo de Buqui,
EZR 7:5 Hijo de Abisue, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, primer sacerdote:
EZR 7:6 Este Esdras subió de Babilonia, el cual era escriba diligente en la ley de Moisés, que el SEÑOR Dios de Israel había dado; y con­cedióle el rey, según la mano del SEÑOR su Dios sobre él, todo lo que pidió.
EZR 7:7 Y subieron [con él] a Jerusalem de los hijos de Israel, y de los sacerdotes, y levitas, y cantores, y porteros, y netineos, en el séptimo año del rey Artajerjes.
EZR 7:8 Y llegó a Jerusalem en el mes quinto, el año séptimo del rey.
EZR 7:9 Porque el [día] primero del pri­mer mes fue el principio de la partida de Babilonia, y al prime­ro del mes quinto llegó a Jerusalem, según la buena mano de su Dios sobre él.
EZR 7:10 Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley del SEÑOR, y para hacer y enseñar a Israel mandamientos y jui­cios.
EZR 7:11 Y este es el traslado de la carta que dio el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote escriba, escriba de las palabras mandadas del SEÑOR, y de sus estatutos a Israel:
EZR 7:12 Artajerjes, rey de los reyes, a Esdras el sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo: [Paz] perfecta: salud.
EZR 7:13 Por mí es dado mandamiento, que cualquiera que quisiere en mi reino, del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y levitas, ir contigo a Jerusalem, vaya.
EZR 7:14 Porque de parte del rey y de sus siete consultores eres envia­do a inquirir acerca de Judea y Jerusalem, conforme a la ley de tu Dios que está en tu mano;
EZR 7:15 Y a llevar la plata y el oro que el rey y sus consultores volunta­riamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalem;
EZR 7:16 Y toda la plata y el oro que hallares en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo y de los sacerdotes, que de su voluntad ofrecieren para la casa de su Dios que está en Jerusalem.
EZR 7:17 Comprarás pues prestamente con esta plata becerros, carneros, corderos, con sus presentes y sus libaciones, y los ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalem.
EZR 7:18 Y lo que a ti y a tus hermanos pluguiere hacer de la otra plata y oro, hacedlo conforme a la voluntad de vuestro Dios.
EZR 7:19 Y los vasos que te son entre­gados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirás delante de Dios en Jerusalem.
EZR 7:20 Y lo demás necesario para la casa de tu Dios que te fuere menester dar, daráslo de la casa de los tesoros del rey.
EZR 7:21 Y por mí el rey Artajerjes es dado mandamiento a todos los tesoreros que están al otro lado del río, que todo lo que os demandare Esdras sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo, concédase[le] luego,
EZR 7:22 Hasta cien talentos de plata, y hasta cien coros de trigo, y hasta cien batos de vino, y hasta cien batos de aceite; y sal sin [medida].
EZR 7:23 Todo lo que es mandado por el Dios del cielo, sea hecho pres­tamente para la casa del Dios del cielo: pues, ¿por qué habría de ser su ira contra el reino del rey y de sus hijos?
EZR 7:24 Y a vosotros os hacemos saber, que a todos los sacerdotes y levitas, cantores, porteros, netineos y ministros de la casa de Dios, ninguno pueda impo­nerles tributo, o pecho, o renta.
EZR 7:25 Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría de tu Dios que tienes, pon jueces y gobernadores, que gobiernen a todo el pueblo que está del otro lado del río, a todos los que tienen noticia de las leyes de tu Dios; y al que no la tuviere, le enseñaréis.
EZR 7:26 Y cualquiera que no hiciere la ley de tu Dios, y la ley del rey, prestamente sea juzgado, o a muerte, o a desarraigo, o a pena de la hacienda, o a prisión.
EZR 7:27 Bendito el SEÑOR, Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazón del rey, para honrar la casa del SEÑOR que está en Jerusalem.
EZR 7:28 E inclinó hacia mí [su] miseri­cordia delante del rey y de sus consultores, y de todos los prín­cipes poderosos del rey. Y yo, confortado según la mano del SEÑOR mi Dios sobre mí, junté los principa­les de Israel para que subiesen conmigo.
EZR 8:1 Y ÉSTOS [son] las cabezas de sus familias, y genealogía de aquellos que subieron conmigo de Babilonia, reinando el rey Artajerjes:
EZR 8:2 De los hijos de Finees, Gersón; de los hijos de Itamar, Daniel; de los hijos de David, Hatús;
EZR 8:3 De los hijos de Secanías y de los hijos de Paros, Zacarías, y con él, en la línea de varones, ciento y cincuenta;
EZR 8:4 De los hijos de Pahat-moab, Elienai, hijo de Zarahi, y con él doscientos varones;
EZR 8:5 De los hijos de Secanías, el hijo de Jahaziel, y con él tres­cientos varones;
EZR 8:6 De los hijos de Adín, Ebed, hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones;
EZR 8:7 De los hijos de Elam, Jesaías, hijo de Atalías, y con él setenta varones;
EZR 8:8 Y de los hijos de Sefatías, Zebadías, hijo de Micael, y con él ochenta varones;
EZR 8:9 De los hijos de Joab, Obadías, hijo de Jehiel, y con él doscientos diez y ocho varones;
EZR 8:10 Y de los hijos de Selomit, el hijo de Josifías, y con él ciento y sesenta varones;
EZR 8:11 Y de los hijos de Bebai, Zacarías, hijo de Bebai, y con él veintiocho varones;
EZR 8:12 Y de los hijos de Azgad, Johanán, hijo de Catán, y con él ciento y diez varones;
EZR 8:13 Y de los hijos de Adonicam, los postreros, cuyos nombres son estos, Elifelet, Jeiel, y Semaías, y con ellos sesenta varones;
EZR 8:14 Y de los hijos de Bigvai, Utai y Zabud, y con ellos sesenta varones.
EZR 8:15 Y juntélos junto al río que viene a Ahava, y reposamos allí tres días: y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacer­dotes, no hallé allí de los hijos de Leví.
EZR 8:16 Entonces despaché a Eliezer, y a Ariel, y a Semaías, y a Elnatán, y a Jarib, y a Elnatán, y a Natán, y a Zacarías, y a Mesulam, principales; asimis­mo a Joiarib y a Elnatán, hom­bres doctos;
EZR 8:17 Y enviélos a Iddo, jefe en el lugar de Casipia, y puse en boca de ellos las palabras que habían de hablar a Iddo, y a sus herma­nos los netineos en el lugar de Casipia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro Dios.
EZR 8:18 Y trajéronnos, según la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, un varón entendido de los hijos de Mahalí, hijo de Leví, hijo de Israel; y a Serabías con sus hijos y sus hermanos, diecio­cho;
EZR 8:19 Y a Hasabías, y con él a Isaía de los hijos de Merari, a sus her­manos y a sus hijos, veinte;
EZR 8:20 Y de los netineos, a quienes David con los príncipes puso para el ministerio de los levitas, doscientos y veinte netineos: todos los cuales fueron declara­dos por sus nombres.
EZR 8:21 Y publiqué ayuno allí junto al río de Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para toda nuestra sustancia.
EZR 8:22 Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino: porque habíamos hablado al rey, dicien­do: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su fortaleza y su furor sobre todos los que le dejan.
EZR 8:23 Ayunamos pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.
EZR 8:24 Aparté luego doce de los prin­cipales de los sacerdotes, a Serebías y a Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos;
EZR 8:25 Y peséles la plata, y el oro, y los vasos, la ofrenda que para la casa de nuestro Dios habían ofre­cido el rey, y sus consultores, y sus príncipes, y todos los que se hallaron en Israel.
EZR 8:26 Pesé pues en manos de ellos seiscientos y cincuenta talentos de plata, y vasos de plata por cien talentos, y cien talentos de oro;
EZR 8:27 Además veinte tazones de oro, de mil dracmas; y dos vasos de metal limpio muy bueno, pre­ciados como el oro.
EZR 8:28 Y díjeles: Vosotros sois consa­grados al SEÑOR, y santos los vasos; y la plata y el oro ofrenda voluntaria al SEÑOR, Dios de nuestros padres.
EZR 8:29 Velad, y guardadlos, hasta que los peséis delante de los prínci­pes de los sacerdotes y levitas, y de los jefes de los padres de Israel en Jerusalem, en las cáma­ras de la casa del SEÑOR.
EZR 8:30 Los sacerdotes pues y levitas recibieron el peso de la plata y del oro y de los vasos, para traer­lo a Jerusalem a la casa de nues­tro Dios.
EZR 8:31 Y partimos del río de Ahava el doce del mes primero, para ir a Jerusalem: y la mano de nuestro Dios fue sobre nosotros, el cual nos libró de mano de enemigo y de asechador en el camino.
EZR 8:32 Y llegamos a Jerusalem, y reposamos allí tres días.
EZR 8:33 Al cuarto día fue luego pesa­da la plata, y el oro, y los vasos, en la casa de nuestro Dios, por mano de Meremot hijo de Urías sacerdote, y con él Eleazar hijo de Finees; y con ellos Jozabad hijo de Jesúa, y Noadías hijo de Binúi, levitas;
EZR 8:34 Por cuenta y por peso todo: y se apuntó todo aquel peso en aquel tiempo.
EZR 8:35 Los que habían venido de la cautividad, los hijos de la trans­migración, ofrecieron holocaus­tos al Dios de Israel, doce bece­rros por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete cor­deros, doce machos cabríos por expiación: todo en holocausto al SEÑOR.
EZR 8:36 Y dieron los despachos del rey a sus gobernadores y capita­nes del otro lado del río, los cua­les favorecieron al pueblo y a la casa de Dios.
EZR 9:1 Y ACABADAS estas cosas, los príncipes se llegaron a mí, diciendo: El pueblo de Israel, y los sacerdotes y levitas, no se han apartado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, y moabitas, egipcios, y amorreos, [haciendo] conforme a sus abominaciones.
EZR 9:2 Porque han tomado de sus hijas para sí y para sus hijos, y la simiente santa ha sido mezclada con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en esta prevaricación.
EZR 9:3 Lo cual oyendo yo, rasgué mi vestidura y mi manto, y arranqué de los cabellos de mi cabeza y de mi barba, y sentéme atónito.
EZR 9:4 Y juntáronse a mí todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel, a causa de la pre­varicación de los de la transmi­gración; mas yo estuve sentado atónito hasta el sacrificio de la tarde.
EZR 9:5 Y al sacrificio de la tarde levan­téme de mi aflicción; y habiendo rasgado mi vestidura y mi manto, postréme de rodillas, y extendí mis palmas al SEÑOR mi Dios;
EZR 9:6 Y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti: por­que nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabe­za, y nuestros delitos han crecido hasta los cielos.
EZR 9:7 Desde los días de nuestros padres hasta este día estamos en grande culpa; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes, y nuestros sacerdotes, hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espa­da, a cautiverio, y a robo, y a confusión de rostro, como hoy día.
EZR 9:8 Y ahora como por un breve momento fue la misericordia del SEÑOR nuestro Dios, para hacer que nos quedase un resto libre, y para darnos estaca en el lugar de su santuario, a fin de alumbrar nuestros ojos nuestro Dios, y darnos una poca de vida en nues­tra servidumbre.
EZR 9:9 Porque siervos éramos: mas en nuestra servidumbre no nos des­amparó nuestro Dios, antes incli­nó sobre nosotros misericordia delante de los reyes de Persia, para que [se] nos diese vida para alzar la casa de nuestro Dios, y para hacer restaurar sus asola­mientos, y para darnos vallado en Judá y en Jerusalem.
EZR 9:10 Mas ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? porque nosotros hemos dejado tus mandamientos,
EZR 9:11 Los cuales prescribiste por mano de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmun­dicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han henchido de uno a otro extremo con su inmundicia.
EZR 9:12 Ahora pues, no daréis vues­tras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis su paz ni su bien para siempre; para que seáis corroborados, y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siem­pre.
EZR 9:13 Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro grande delito, ya que tú nuestro Dios nos has castigado menos de lo que nuestras iniquidades [merecen], y nos has dado [tal] liberación como ésta;
EZR 9:14 ¿Hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparen­tar con los pueblos de estas abo­minaciones? ¿No te ensañarías contra nosotros hasta consumir­nos, sin que quedara remanente ni escapatoria?
EZR 9:15 Oh SEÑOR Dios de Israel, tú eres justo: pues que hemos que­dado algunos salvos, como este día, henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible subsistir en tu presencia a causa de esto.
EZR 10:1 Y ORANDO Esdras y confesando, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, juntóse a él una muy grande multitud de Israel, hombres y mujeres y niños; y lloraba el pueblo con gran llanto.
EZR 10:2 Entonces respondió Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Esdras: Nosotros hemos prevaricado contra nuestro Dios, pues tomamos esposas extranjeras de los pueblos de la tierra: mas hay aún esperanza para Israel sobre esto.
EZR 10:3 Ahora pues hagamos pacto con nuestro Dios, que echaremos todas las esposas y los nacidos de ellas, según el consejo del SEÑOR, y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios: y hágase conforme a la ley.
EZR 10:4 Levántate, porque a ti toca el negocio, y nosotros seremos contigo; esfuérzate, y ponlo por obra.
EZR 10:5 Entonces se levantó Esdras, y juramentó a los príncipes de los sacerdotes y de los levitas, y a todo Israel, que harían conforme a esto; y ellos juraron.
EZR 10:6 Levantóse luego Esdras de delante la casa de Dios, y fuese a la cámara de Johanán hijo de Eliasib: e ido allá, no comió pan ni bebió agua, porque se entriste­ció sobre la prevaricación de los de la transmigración.
EZR 10:7 E hicieron pasar pregón por Judá y por Jerusalem a todos los hijos de la transmigración, que se juntasen en Jerusalem:
EZR 10:8 Y que el que no viniese dentro de tres días, conforme al consejo de los príncipes y de los ancianos, perdiese toda su sustancia, y él fuese apartado de la congregación de los de la transmigración.
EZR 10:9 Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalem dentro de tres días, a los veinte del mes, el cual era el mes noveno; y sentóse todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel negocio, y a causa de las lluvias.
EZR 10:10 Y levantóse Esdras el sacer­dote, y díjoles: Vosotros habéis prevaricado, por cuanto tomas­teis esposas extrañas, añadiendo [así] sobre el pecado de Israel.
EZR 10:11 Ahora pues, dad gloria al SEÑOR Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tie­rras, y de las esposas extranjeras.
EZR 10:12 Y respondió todo aquel con­curso, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme a tu palabra.
EZR 10:13 Mas el pueblo es mucho, y el tiempo lluvioso, y no hay fuerza para estar en la calle: ni la obra es de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos prevaricado en este negocio.
EZR 10:14 Estén ahora nuestros príncipes, los de toda la congregación; y todos aquellos que en nuestras ciudades hubieren tomado esposas extranjeras, vengan a tiempos aplazados, y con ellos los ancia­nos de cada ciudad, y los jueces de ellas, hasta que apartemos de nosotros el furor de la ira de nuestro Dios sobre esto.
EZR 10:15 Fueron pues puestos sobre este negocio Jonatán hijo de Asael, y Jaazías hijo de Tikvah; y Mesulam y Sabetai, levitas, les ayudaron.
EZR 10:16 E hicieron así los hijos de la transmigración. Y apartados que fueron luego Esdras sacerdote, y los varones cabezas de familias en la casa de sus padres, todos ellos por sus nombres, sentáron­se el primer día del mes décimo para inquirir el negocio.
EZR 10:17 Y concluyeron, con todos aquellos que habían tomado esposas extranjeras, al primer día del mes primero.
EZR 10:18 Y de los hijos de los sacerdotes que habían tomado esposas extranjeras, fueron hallados [estos:] De los hijos de Jesúa hijo de Josadec, y de sus hermanos: Maasías, y Eliezer, y Jarib, y Gedalías;
EZR 10:19 Y dieron su mano [en promesa] de echar sus esposas, y [ofrecieron] como culpados un carnero de los rebaños por su delito.
EZR 10:20 Y de los hijos de Imer: Hanani y Zebadías.
EZR 10:21 Y de los hijos de Harim: Maasías, y Elías, y Semeías, y Jehiel, y Uzías.
EZR 10:22 Y de los hijos de Pasur: Elienai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad, y Elasa.
EZR 10:23 Y de los hijos de los levitas: Jozabad, y Simi, Kelaía (este es Kelita), Petaías, Judá y Eliezer.
EZR 10:24 Y de los cantores, Eliasib; y de los porteros: Selum, y Telem, y Uri.
EZR 10:25 Asimismo de Israel: De los hijos de Paros: Ramía, y Jezías, y Malquías, y Miamim, y Eleazar, y Malquías, y Benaías.
EZR 10:26 Y de los hijos de Elam: Matanías, Zacarías, y Jehiel, y Abdi, y Jeremot, y Elía.
EZR 10:27 Y de los hijos de Zatu: Elienai, Eliasib, Matanías, y Jeremot, y Zabab, y Aziza.
EZR 10:28 Y de los hijos de Bebai: Johanán, Hananías, Zabai, Atlai.
EZR 10:29 Y de los hijos de Bani: Mesulam, Maluc, y Adaías, Jasub, y Seal, y Ramot.
EZR 10:30 Y de los hijos de Pahat-moab: Adna, y Quelal, Benaías, Maasías, Matanías, Besaleel, Binúi y Manasés.
EZR 10:31 Y de los hijos de Harim: Eliezer, Isías, Malquías, Semeía, Simeón,
EZR 10:32 Benjamín, Maluc, Semarías.
EZR 10:33 De los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés, Sami.
EZR 10:34 De los hijos de Bani: Maadi, Amram y Uel,
EZR 10:35 Benaías, Bedías, Quelú,
EZR 10:36 Vanías, Meremot, Eliasib,
EZR 10:37 Matanías, Matenai, y Jaasai,
EZR 10:38 Y Bani, y Binúi, Simi,
EZR 10:39 Y Selemías y Natán y Adaías,
EZR 10:40 Macnadbai, Sasai, Sarai,
EZR 10:41 Azareel, y Selamías, Semarías,
EZR 10:42 Salum, Amarías, José.
EZR 10:43 Y de los hijos de Nebo: Jehiel, Matitías, Zabad, Zebina, Jadau, y Joel, Benaías.
EZR 10:44 Todos estos habían tomado esposas extranjeras; y había esposas de ellos que habían parido hijos.
NEH 1:1 PALABRAS de Nehemías, hijo de Hacalías. Y acaeció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susán, capital del reino,
NEH 1:2 Que vino Hanani, uno de mis hermanos, él y ciertos varones de Judá, y preguntéles por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalem.
NEH 1:3 Y dijéronme: El remanente, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalem derribado, y sus puer­tas quemadas a fuego.
NEH 1:4 Y sucedió que, como yo oí estas palabras, sentéme y lloré, y enlu­téme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios del cielo.
NEH 1:5 Y dije: Ruégote, oh SEÑOR, Dios del cielo, fuerte, grande, y terrible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;
NEH 1:6 Esté ahora atento tu oído, y tus ojos abiertos, para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti come­tido; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
NEH 1:7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, y estatutos y juicios, que mandaste a Moisés tu siervo.
NEH 1:8 Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a Moisés tu siervo, diciendo: Vosotros prevaricaréis, y yo os esparciré por los pueblos:
NEH 1:9 Mas os volveréis a mí, y guar­daréis mis mandamientos, y los pondréis por obra. Si fuere vues­tro lanzamiento hasta el cabo del cielo, de allí os juntaré; y traerlos he al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nom­bre.
NEH 1:10 Ellos pues son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran fortaleza, y con tu mano fuerte.
NEH 1:11 Ruégote, oh Señor, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus sier­vos, quienes desean temer tu nombre: y ahora concede hoy próspero suceso a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de cope­ro al rey.
NEH 2:1 Y SUCEDIÓ en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino, y dílo al rey. Y como yo no había estado [antes] triste en su presencia,
NEH 2:2 Díjome el rey: ¿Por qué está tris­te tu rostro, pues no estás enfer­mo? No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.
NEH 2:3 Y dije al rey: El rey viva para siempre. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas con­sumidas del fuego?
NEH 2:4 Y díjome el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios del cielo,
NEH 2:5 Y dije al rey: Si al rey place, y si agrada tu siervo delante de ti, que me envíes a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.
NEH 2:6 Entonces el rey me dijo, (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Hasta cuándo será tu viaje, y cuándo volverás? Y plugo al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.
NEH 2:7 Además dije al rey: Si al rey place, dénseme cartas para los gobernadores de la otra parte del río, que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;
NEH 2:8 Y carta para Asaf, guarda del bosque del rey, a fin que me dé madera para enmaderar los por­tales del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa donde entraré. Y otorgóme[lo] el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
NEH 2:9 Y vine luego a los gobernado­res de la otra parte del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo.
NEH 2:10 Y oyéndolo Sanbalat horonita, y Tobías, el siervo amonita, disgustóles en extre­mo que viniese alguno para procu­rar el bien de los hijos de Israel.
NEH 2:11 Llegué pues a Jerusalem, y estado que hube allí tres días,
NEH 2:12 Levantéme de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalem; ni había bestia conmigo, excepto la cabal­gadura en que cabalgaba.
NEH 2:13 Y salí de noche por la puerta del valle hacia la fuente del dragón y a la puerta del muladar; y consideré los muros de Jerusalem que estaban derri­bados, y sus puertas que estaban consumidas del fuego.
NEH 2:14 Pasé luego a la puerta de la fuente, y al estanque del rey; mas no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.
NEH 2:15 Y subí por el torrente de noche, y consideré el muro, y regresando entré por la puerta del valle, y volvíme.
NEH 2:16 Y no sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado a los judíos y sacer­dotes, ni a los nobles y magistra­dos, ni a los demás que hacían la obra.
NEH 2:17 Díjeles pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalem está desierta, y sus puertas consumidas del fuego: venid, y edifiquemos el muro de Jerusalem, y no seamos más en oprobio.
NEH 2:18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios era buena sobre mí, y asimismo las palabras del rey, que me había dicho. Y dije­ron: Levantémonos, y edifique­mos. Así esforzaron sus manos para bien.
NEH 2:19 Mas habiéndolo oído Sanbalat horonita, y Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, escarnecieron de noso­tros, y nos despreciaron, dicien­do: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿os rebeláis contra el rey?
NEH 2:20 Y volvíles respuesta, y díjeles: El Dios del cielo, él nos pros­perará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos: que vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalem.
NEH 3:1 Y LEVANTÓSE Eliasib el gran sacerdote con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las ovejas. Ellos aparejaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Meah, aparejáronla hasta la torre de Hananeel.
NEH 3:2 Y junto a ella edificaron los varones de Jericó: y luego edifi­có Zacur hijo de Imri.
NEH 3:3 Y los hijos de Senaa edificaron la puerta del pescado: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.
NEH 3:4 Y junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos: y al lado de ellos, restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Junto a ellos res­tauró Sadoc hijo de Baana.
NEH 3:5 E inmediato a ellos restauraron los tecoitas; mas sus grandes no prestaron su cerviz a la obra de su SEÑOR.
NEH 3:6 Y la puerta vieja restauraron Joiada hijo de Pasea, y Mesulam hijo de Besodías: ellos la enma­deraron, y levantaron sus puer­tas, con sus cerraduras y sus cerrojos.
NEH 3:7 Junto a ellos restauró Melatías gabaonita, y Jadón meronotita, varones de Gabaón y de Mizpa, por la silla del gobernador de la otra parte del río.
NEH 3:8 Y junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de [un] perfumador. Así dejaron [reparado] a Jerusalem hasta el muro ancho.
NEH 3:9 Junto a ellos restauró también Repaías hijo de Hur, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem.
NEH 3:10 Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasbanías.
NEH 3:11 Malquías hijo de Harim y Hasub hijo de Pahat-moab, res­tauraron la otra medida, y la torre de los Hornos.
NEH 3:12 Junto a ellos restauró Salum hijo de Lohes, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem, él con sus hijas.
NEH 3:13 La puerta del valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa: ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos en el muro hasta la puerta del muladar.
NEH 3:14 Y reedificó la puerta del muladar, Malquías hijo de Recab, príncipe de la provincia de Bet-haquerem: él la reedifi­có, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos.
NEH 3:15 Y Salum hijo de Col-hoze, príncipe de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente: él la reedificó, y la enmaderó, y levantó sus puertas, sus cerradu­ras y sus cerrojos, y el muro del estanque de Selah hacia la huerta del rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad de David.
NEH 3:16 Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, príncipe de la mitad de la región de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los Valientes.
NEH 3:17 Tras él restauraron los levitas, Rehum hijo de Bani; junto a él restauró Asabías, príncipe de la mitad de la región de Ceila en su región.
NEH 3:18 Después de él restauraron sus hermanos, Bavvai hijo de Henadad, príncipe de la mitad de la región de Ceila.
NEH 3:19 Y junto a él restauró Ezer hijo de Jesúa, príncipe de Mizpa, la otra medida frente a la subida de la armería de la esquina.
NEH 3:20 Después de él se enfervorizó a restaurar Baruc hijo de Zacai la otra medida, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib gran sacerdote.
NEH 3:21 Tras él restauró Meremot hijo de Urías hijo de Cos la otra medida, desde la entrada de la casa de Eliasib, hasta el cabo de la casa de Eliasib.
NEH 3:22 Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la campiña.
NEH 3:23 Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa: y después de estos restauró Azarías, hijo de Maasías hijo de Ananías, cerca de su casa.
NEH 3:24 Después de él restauró Binúi hijo de Henadad la otra medida, desde la casa de Azarías hasta la revuelta, y hasta la esquina.
NEH 3:25 Paal hijo de Uzai, enfrente de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel. Después de él, Pedaía hijo de Paros.
NEH 3:26 (Y los netineos estuvieron en Ofel hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía.)
NEH 3:27 Después de él restauraron los tecoitas la otra medida, enfrente de la grande torre que sobresale, hasta el muro de Ofel.
NEH 3:28 Desde la puerta de los Caballos restauraron los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa.
NEH 3:29 Después de ellos restauró Sadoc hijo de Imer, enfrente de su casa: y después de él restauró Semaías hijo de Secanías, guar­da de la puerta oriental.
NEH 3:30 Tras él restauró Hananías hijo de Selemías, y Anún hijo sexto de Salaf, la otra medida. Después de él restauró Mesulam, hijo de Berequías, enfrente de su cámara.
NEH 3:31 Después de él restauró Malquías hijo del platero, hasta la casa de los netineos y de los tratantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina.
NEH 3:32 Y entre la sala de la esquina hasta la puerta de las ovejas, res­tauraron los plateros y los tratan­tes.
NEH 4:1 Y SUCEDIÓ que como oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, encolerizóse y enojóse en gran manera, e hizo escarnio de los judíos.
NEH 4:2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿se fortificarán? ¿han de sacrificar? ¿han de acabar en un día? ¿han de resucitar las piedras de los montones de escombro que fueron quemados?
NEH 4:3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Aun lo que ellos edifican, si subiere una zorra derribará su muro de pie­dra.
NEH 4:4 Oye, oh Dios nuestro, que somos en menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabe­za, y dalos en presa en la tierra de su cautiverio:
NEH 4:5 Y no cubras su iniquidad, ni su pecado sea raído delante de tu rostro; porque se airaron contra los que edificaban.
NEH 4:6 Edificamos pues el muro, y toda la muralla fue juntada hasta su mitad: porque el pueblo tenía una mente para trabajar.
NEH 4:7 Mas acaeció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, y los amonitas, y los de Asdod, que los muros de Jerusalem eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a cerrarse, encoleri­záronse mucho;
NEH 4:8 Y conspiraron todos a una para venir a combatir a Jerusalem, y a hacerle daño.
NEH 4:9 Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusi­mos guarda contra ellos de día y de noche.
NEH 4:10 Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han enflaque­cido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.
NEH 4:11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra.
NEH 4:12 Y sucedió, que como vinieron los judíos que habita­ban entre ellos, nos dieron aviso diez veces de todos los lugares de donde volvían a nosotros.
NEH 4:13 Entonces puse por los bajos del lugar, detrás del muro, en las alturas de los peñascos, puse el pueblo por familias con sus espa­das, con sus lanzas, y con sus arcos.
NEH 4:14 Después miré, y levantéme, y dije a los principales y a los magistrados, y al resto del pue­blo: No temáis delante de ellos: acordaos del Señor grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras esposas y por vuestras casas.
NEH 4:15 Y sucedió que como oyeron nuestros enemigos que lo había­mos entendido, Dios disipó el consejo de ellos, y volvímonos todos al muro, cada uno a su obra.
NEH 4:16 Mas sucedió que desde aquel día la mitad de los mancebos traba­jaba en la obra, y la otra mitad de ellos tenía lanzas y escudos, y arcos, y corazas; y los príncipes estaban tras toda la casa de Judá.
NEH 4:17 Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas y los que cargaban, con la una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.
NEH 4:18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban: y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí.
NEH 4:19 Y dije a los principales, y a los magistrados y al resto del pue­blo: La obra es grande y larga, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos los unos de los otros:
NEH 4:20 En el lugar donde oyereis la voz de la trompeta, reuníos allí a nosotros: nuestro Dios peleará por nosotros.
NEH 4:21 Nosotros pues trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta salir las estrellas.
NEH 4:22 También dije entonces al pue­blo: Cada uno con su criado se quede dentro de Jerusalem, y hágannos de noche centinela, y de día a la obra.
NEH 4:23 Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, desnudamos nuestra vestidura: cada uno se des­nudaba [solamente] para lavarse.
NEH 5:1 ENTONCES fue grande el cla- mor del pueblo y de sus esposas contra los judíos sus hermanos.
NEH 5:2 Y había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos: hemos por tanto tomado grano para comer y vivir.
NEH 5:3 Y había quienes decían: Hemos empeñado nuestras tierras, y nuestras viñas, y nuestras casas, para comprar grano en el ham­bre.
NEH 5:4 Y había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, sobre nuestras tie­rras y viñas.
NEH 5:5 Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros her­manos, nuestros hijos como sus hijos: y he aquí que nosotros sujetamos nuestros hijos y nues­tras hijas a servidumbre, y hay algunas de nuestras hijas sujetas: mas no hay facultad en nuestras manos para rescatarlas, porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros.
NEH 5:6 Y enojéme en gran manera cuando oí su clamor y estas pala­bras.
NEH 5:7 Medité[lo] entonces para conmi­go, y reprendí a los principales y a los magistrados, y díjeles: ¿Tomáis cada uno usura de vues­tros hermanos? Y convoqué con­tra ellos una grande asamblea.
NEH 5:8 Y díjeles: Nosotros rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las gen­tes, conforme a la facultad que [había] en nosotros: ¿y vosotros aun vendéis a vuestros herma­nos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, que no tuvieron qué responder.
NEH 5:9 Y dije: No es bien lo que hacéis, ¿no andaréis en temor de nuestro Dios, por [no ser] el opro­bio de las gentes enemigas nues­tras?
NEH 5:10 También yo, y mis hermanos, y mis criados, les hemos presta­do dinero y grano: relevémosles ahora de este gravamen.
NEH 5:11 Ruégoos que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus oli­vares, y sus casas, y la centésima parte del dinero y grano, del vino y del aceite que demandáis de ellos.
NEH 5:12 Y dijeron: Devolveremos, y nada les demandaremos; hare­mos así como tú dices. Entonces convoqué los sacerdotes, y jura­mentélos que harían conforme a esto.
NEH 5:13 Además sacudí mi vestidura, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! Y alabaron al SEÑOR. Y el pueblo hizo conforme a esto.
NEH 5:14 También desde el día que me mandó [el rey] que fuese goberna­dor de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis her­manos comimos el pan del gobernador.
NEH 5:15 Mas los primeros gobernado­res que fueron antes de mí, car­garon al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino sobre cuarenta siclos de plata: a más de esto, sus criados se ense­ñoreaban sobre el pueblo; pero yo no hice así, a causa del temor de Dios.
NEH 5:16 También en la obra de este muro instauré [mi parte], y no compramos heredad: y todos mis criados juntos estaban allí a la obra.
NEH 5:17 Además ciento y cincuenta hombres de los judíos y magis­trados, y los que venían a noso­tros de las gentes que están en nuestros contornos, estaban a mi mesa.
NEH 5:18 Y lo que se aderezaba para cada día era un buey, seis ovejas escogidas, y aves también se aparejaban para mí, y cada diez días vino en toda abundancia: y con todo esto nunca requerí el pan del gobernador, porque la servidumbre de este pueblo era grave.
NEH 5:19 Acuérdate de mí para bien, Dios mio, y de todo lo que hice a este pueblo.
NEH 6:1 Y FUE que habiendo oído Sanbalat, y Tobías, y Gesem el árabe, y los demás nuestros enemigos, que había yo edificado el muro, y que no quedaba en él portillo, (aunque hasta aquel tiempo no había puesto en las puertas las hojas,)
NEH 6:2 Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven, y compongámo­nos juntos en [alguna de] las alde­as en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal.
NEH 6:3 Y enviéles mensajeros, dicien­do: Yo hago una grande obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a voso­tros.
NEH 6:4 Y enviaron a mí con el mismo asunto por cuatro veces, y yo les respondí de la misma manera.
NEH 6:5 Envió entonces Sanbalat a mí su criado, a [decir] lo mismo por quinta vez, con una carta abierta en su mano,
NEH 6:6 En la cual estaba escrito: Hase oído entre las gentes, y Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser tú su rey;
NEH 6:7 Y que has puesto profetas que prediquen de ti en Jerusalem, diciendo: ¡Rey en Judá! Y ahora serán oídas del rey las tales pala­bras: ven por tanto, y consulte­mos juntos.
NEH 6:8 Entonces envié yo a decirle: No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas.
NEH 6:9 Porque todos ellos nos ponían miedo, diciendo: Debilitaránse las manos de ellos en la obra, y no será hecha. Esfuerza pues mis manos, [oh Dios].
NEH 6:10 Vine luego en secreto a casa de Semaías hijo de Delaías, hijo de Mehetabeel, porque él estaba encerrado; el cual [me] dijo: Juntémonos en la casa de Dios dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí, esta noche vendrán a matarte.
NEH 6:11 Entonces dije: ¿Un hombre como yo ha de huir? ¿y quién, que como yo fuera, entraría al templo para salvar la vida? No entraré.
NEH 6:12 Y entendí que Dios no lo había enviado, sino que hablaba aquella profecía contra mí, por­que Tobías y Sanbalat le habían alquilado por salario.
NEH 6:13 Porque sobornado fue para hacerme temer así, y que pecase, y les sirviera de mal nombre con que fuera yo infamado.
NEH 6:14 Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas sus obras, y también de Noadías profetisa, y de los otros profetas que hacían por ponerme miedo.
NEH 6:15 Acabóse pues el muro el vein­ticinco [del mes] de Elul, en cin­cuenta y dos días.
NEH 6:16 Y como [lo] oyeron todos nues­tros enemigos, temieron todas las gentes que estaban en nuestros alrededores, y abatiéronse mucho sus ojos, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra.
NEH 6:17 Asimismo en aquellos días iban muchas cartas de los princi­pales de Judá a Tobías, y las de Tobías venían a ellos.
NEH 6:18 Porque muchos en Judá se habían conjurado con él, porque era yerno de Secanías hijo de Ara; y Johanán su hijo había tomado la hija de Mesulam, hijo de Berequías.
NEH 6:19 También contaban delante de mí sus buenas obras, y referíanle mis palabras. Y enviaba Tobías cartas para atemorizarme.
NEH 7:1 Y LUEGO que el muro fue edificado, y asenté las puertas, y fueron señalados porteros y cantores y levitas,
NEH 7:2 Mandé a mi hermano Hanani, y a Hananías, príncipe del pala­cio de Jerusalem, (porque era éste, como varón de verdad y temeroso de Dios, sobre muchos;)
NEH 7:3 Y díjeles: No se abran las puer­tas de Jerusalem hasta que caliente el sol: y aun ellos pre­sentes, cierren las puertas, y atrancad. Y señalé guardas de los moradores de Jerusalem, cada cual en su guardia, y cada uno delante de su casa.
NEH 7:4 Y la ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casas reedifi­cadas.
NEH 7:5 Y puso Dios en mi corazón que juntase los principales, y los magistrados, y el pueblo, para que fuesen empadronados por el orden de sus linajes: y hallé el libro de la genealogía de los que habían subido antes, y encontré en él escrito:
NEH 7:6 Éstos [son] los hijos de la pro­vincia que subieron de la cautivi­dad, de la transmigración que hizo pasar Nabucodonosor rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad;
NEH 7:7 Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum, Baana. La cuen­ta de los varones del pueblo de Israel:
NEH 7:8 Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos;
NEH 7:9 Los hijos de Sefatías, tres­cientos setenta y dos;
NEH 7:10 Los hijos de Ara, seiscientos cincuenta y dos;
NEH 7:11 Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, dos mil ochocientos dieciocho;
NEH 7:12 Los hijos de Elam, mil dos­cientos cincuenta y cuatro;
NEH 7:13 Los hijos de Zatu, ochocien­tos cuarenta y cinco;
NEH 7:14 Los hijos de Zacai, setecien­tos y sesenta;
NEH 7:15 Los hijos de Binúi, seiscien­tos cuarenta y ocho;
NEH 7:16 Los hijos de Bebai, seiscien­tos veintiocho;
NEH 7:17 Los hijos de Azgad, dos mil seiscientos veintidós;
NEH 7:18 Los hijos de Adonicam, seis­cientos sesenta y siete;
NEH 7:19 Los hijos de Bigvai, dos mil sesenta y siete;
NEH 7:20 Los hijos de Adín, seiscien­tos cincuenta y cinco;
NEH 7:21 Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho;
NEH 7:22 Los hijos de Hasum, trescien­tos veintiocho;
NEH 7:23 Los hijos de Besai, trescientos veinticuatro;
NEH 7:24 Los hijos de Harif, ciento doce;
NEH 7:25 Los hijos de Gabaón, noventa y cinco;
NEH 7:26 Los varones de Belem y de Netofa, ciento ochenta y ocho;
NEH 7:27 Los varones de Anatot, ciento veintiocho;
NEH 7:28 Los varones de Bet-Azmavet, cuarenta y dos;
NEH 7:29 Los varones de Quiriat-jea­rim, Cefira y Beerot, sete­cientos cuarenta y tres;
NEH 7:30 Los varones de Ramá y de Gebaa, seiscientos veintiuno;
NEH 7:31 Los varones de Michmas, ciento veintidós;
NEH 7:32 Los varones de Betel y de Ai, ciento veintitrés;
NEH 7:33 Los varones de la otra Nebo, cincuenta y dos;
NEH 7:34 Los hijos de la otra Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro;
NEH 7:35 Los hijos de Harim, trescien­tos y veinte;
NEH 7:36 Los hijos de Jericó, trescien­tos cuarenta y cinco;
NEH 7:37 Los hijos de Lod, de Hadid, y Ono, setecientos veintiuno;
NEH 7:38 Los hijos de Senaa, tres mil novecientos y treinta.
NEH 7:39 Sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres;
NEH 7:40 Los hijos de Imer, mil cin­cuenta y dos;
NEH 7:41 Los hijos de Pasur, mil dos­cientos cuarenta y siete;
NEH 7:42 Los hijos de Harim, mil diez y siete.
NEH 7:43 levitas: los hijos de Jesúa, de Cadmiel, de los hijos de Odevía, setenta y cuatro.
NEH 7:44 Cantores: los hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho.
NEH 7:45 Porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, ciento treinta y ocho.
NEH 7:46 netineos: los hijos de Siha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot,
NEH 7:47 Los hijos de Queros, los hijos de Siaa, los hijos de Padón,
NEH 7:48 Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai,
NEH 7:49 Los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar,
NEH 7:50 Los hijos de Rehaía, los hijos de Resín, los hijos de Necoda,
NEH 7:51 Los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Pasea,
NEH 7:52 Los hijos de Besai, los hijos de Meunim, los hijos de Nefisesim,
NEH 7:53 Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur,
NEH 7:54 Los hijos de Baslit, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa,
NEH 7:55 Los hijos de Barcos, los hijos de Sísera, los hijos de Tema,
NEH 7:56 Los hijos de Nesía, los hijos de Hatifa.
NEH 7:57 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Perida,
NEH 7:58 Los hijos de Jahala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel,
NEH 7:59 Los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Amón.
NEH 7:60 Todos los netineos, e hijos de los siervos de Salomón, tres­cientos noventa y dos.
NEH 7:61 Y estos son los que subieron de Tel-melah, Tel-harsa, Querub, Adón, e Imer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel:
NEH 7:62 Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos.
NEH 7:63 Y de los sacerdotes: los hijos de Habaías, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tomó esposa de las hijas de Barzilai galaadita, y se llamó del nombre de ellas.
NEH 7:64 Éstos buscaron su registro de genealogías, y no se halló; y fue­ron echados del sacerdocio.
NEH 7:65 Y díjoles el tirsata que no comiesen de las cosas más san­tas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim.
NEH 7:66 La congregación toda junta era [de] cuarenta y dos mil tres­cientos y sesenta,
NEH 7:67 Sin sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete; y entre ellos había doscien­tos cuarenta y cinco cantores y cantoras.
NEH 7:68 Sus caballos, setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;
NEH 7:69 Camellos, cuatrocientos trein­ta y cinco; asnos, seis mil sete­cientos y veinte.
NEH 7:70 Y algunos de los príncipes de las familias dieron para la obra. El tirsata dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazo­nes, y quinientas treinta vestidu­ras sacerdotales.
NEH 7:71 Y de los príncipes de las fami­lias dieron para el tesoro de la obra, veinte mil dracmas de oro, y dos mil y doscientas libras de plata.
NEH 7:72 Y lo que dio el resto del pue­blo fue veinte mil dracmas de oro, y dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacer­dotales.
NEH 7:73 Y habitaron los sacerdotes y los levitas, y los porteros, y los cantores, y los del pueblo, y los netineos, y todo Israel, en sus ciudades. Y venido el mes sépti­mo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades.
NEH 8:1 Y JUNTÓSE todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba, que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual mandó el SEÑOR a Israel.
NEH 8:2 Y Esdras el sacerdote, trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres, y de todo entendido para escuchar, el primer día del mes séptimo.
NEH 8:3 Y leyó en el [libro] delante de la plaza que está delante de la puer­ta de las Aguas, desde el alba hasta el medio día, en presencia de hombres y mujeres y entendi­dos; y los oídos de todo el pue­blo estaban [atentos] al libro de la ley.
NEH 8:4 Y Esdras el escriba estaba sobre un púlpito de madera, que habían hecho para ello; y junto a él esta­ban Matitías, y Sema, y Anías, y Urías, e Hilquías, y Maasías, a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaía, Misael, y Malquías, y Hasum, y Hasbedana, Zacarías, y Mesulam.
NEH 8:5 Abrió pues Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, (porque estaba más alto que todo el pue­blo); y como lo abrió, todo el pueblo se puso en pie.
NEH 8:6 Bendijo entonces Esdras al SEÑOR, Dios grande. Y todo el pueblo respondió, ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y humilláron­se, y adoraron al SEÑOR inclina­dos a tierra.
NEH 8:7 Y Jesúa, y Bani, y Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Odías, Maasías, Celita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaía, levitas, hacían entender al pueblo la ley: y el pue­blo [estaba] en su lugar.
NEH 8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sen­tido, de modo que entendiesen la lectura.
NEH 8:9 Y Nehemías el tirsata, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es al SEÑOR nuestro Dios; no os entristezcáis, ni llo­réis: porque todo el pueblo llora­ba oyendo las palabras de la ley.
NEH 8:10 Díjoles luego: Id, comed gro­suras, y bebed [vino] dulce, y enviad porciones a los que no tie­nen prevenido; porque día santo es a nuestro Señor: y no os entris­tezcáis, porque el gozo del SEÑOR es vuestra fuerza.
NEH 8:11 Los levitas pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, que es día santo, y no os entristezcáis.
NEH 8:12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a enviar por­ciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseña­do.
NEH 8:13 Y el día siguiente se juntaron los príncipes de las familias de todo el pueblo, sacerdotes, y levitas, a Esdras escriba, para entender las palabras de la ley.
NEH 8:14 Y hallaron escrito en la ley que el SEÑOR había mandado por mano de Moisés, que habita­sen los hijos de Israel en cabañas en la solemnidad del mes sépti­mo;
NEH 8:15 Y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalem, diciendo: Salid al monte, y traed ramos de oliva, y ramos de pino, y ramos de arra­yán, y ramos de palmas, y ramos de [todo] árbol espeso, para hacer cabañas como está escrito.
NEH 8:16 Salió pues el pueblo, y traje­ron, e hiciéronse cabañas, cada uno sobre su terrado, y en sus patios, y en los patios de la casa de Dios, y en la plaza de la puer­ta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Efraím.
NEH 8:17 Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron cabañas, y en cabañas habitaron; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande.
NEH 8:18 Y leyó [Esdras] en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el postrero; e hicieron la fiesta por siete días, y al octavo día una asamblea solemne, según la manera.
NEH 9:1 Y EL día veinticuatro del mismo mes se juntaron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí.
NEH 9:2 Y habíase ya apartado la simiente de Israel de todos los extranjeros; y estando [en pie], confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres.
NEH 9:3 Y puestos de pie en su lugar, leyeron en el libro de la ley del SEÑOR su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesa­ron y adoraron al SEÑOR su Dios.
NEH 9:4 Levantáronse luego sobre la grada de los levitas, Jesúa y Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y cla­maron en voz alta al SEÑOR su Dios.
NEH 9:5 Y dijeron los levitas, Jesúa y Cadmiel, Bani, Hosabnías, Serebías, Odaías, Sebanías [y] Petaías: Levantaos, bendecid al SEÑOR vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad: y bendigan el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y ala­banza.
NEH 9:6 Tú, Oh SEÑOR, eres solo; tú hiciste el cielo, el cielo de los cielos, y toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos del cielo te adoran.
NEH 9:7 Tú eres, Oh SEÑOR, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacas­te de Ur de los caldeos, y pusíste­le el nombre Abraham;
NEH 9:8 Y hallaste fiel su corazón delan­te de ti, e hiciste con él pacto para darle la tierra del cananeo, del heteo, y del amorreo, y del ferezeo, y del jebuseo, y del gergeseo, para darla a su simien­te: y cumpliste tu palabra, porque eres justo.
NEH 9:9 Y miraste la aflicción de nues­tros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el mar Bermejo;
NEH 9:10 Y diste señales y maravillas en Faraón, y en todos sus siervos, y en todo el pueblo de su tierra; porque sabías que habían hecho soberbiamente contra ellos; e hicístete nombre grande, como este día.
NEH 9:11 Y dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de ella en seco; y a sus perseguido­res echaste en los profundos, como una piedra en grandes aguas.
NEH 9:12 Y con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.
NEH 9:13 Y sobre el monte de Sinaí des­cendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y esta­tutos y mandamientos buenos:
NEH 9:14 Y notificásteles el sábado tuyo santo, y les prescribiste, por mano de Moisés tu siervo, man­damientos y estatutos y ley.
NEH 9:15 Y dísteles pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la roca; y dijísteles que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano que se la habías de dar.
NEH 9:16 Pero ellos y nuestros padres hicieron soberbiamente, y endu­recieron su cerviz, y no escucha­ron tus mandamientos,
NEH 9:17 Y rehusaron obedecer, ni se acor­daron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endure­cieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú, eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo para la ira, y de mucha misericordia, que no los dejaste.
NEH 9:18 Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición, y dijeron: Éste [es] tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometie­ron grandes abominaciones;
NEH 9:19 Tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.
NEH 9:20 Y diste tu espíritu bueno para enseñarlos, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste en su sed.
NEH 9:21 Y sustentástelos cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad: sus vestiduras no se envejecieron, ni se hincha­ron sus pies.
NEH 9:22 Y dísteles reinos y pueblos, y los distribuiste por cantones: y poseyeron la tierra de Sehón, y la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.
NEH 9:23 Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y metístelos en la tierra, de la cual habías dicho a sus padres que habían de entrar a poseerla.
NEH 9:24 Y los hijos vinieron y poseye­ron la tierra, y humillaste delante de ellos a los moradores del país, a los cananeos, los cuales entre­gaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos a su volun­tad.
NEH 9:25 Y tomaron ciudades fortalecidas, y tierra pingüe, y heredaron casas llenas de todo bien, cister­nas hechas, viñas y olivares, y muchos árboles de comer; y comieron, y hartáronse, y engro­sáronse, y deleitáronse en tu grande bondad.
NEH 9:26 Sin embargo fueron desobedientes y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti; e hicieron grandes provocaciones.
NEH 9:27 Y entregástelos en mano de sus enemigos, los cuales los afli­gieron: y en el tiempo de su tri­bulación clamaron a ti, y tú desde el cielo los oíste; y según tus muchas miseraciones les dabas salvadores, que los salva­sen de mano de sus enemigos.
NEH 9:28 Pero en teniendo reposo, se volvían a hacer lo malo delante de ti; por lo cual los dejaste en mano de sus enemigos, que se enseñorearon de ellos: pero con­vertidos clamaban otra vez a ti, y tú desde el cielo los oías, y según tus miseraciones muchas veces los libraste.
NEH 9:29 Y protestásteles que se volvie­sen a tu ley; mas ellos hicieron soberbiamente, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; y dieron hombro renitente, y endu­recieron su cerviz, y no escucha­ron.
NEH 9:30 Y alargaste sobre ellos muchos años, y protestásteles con tu espíritu por mano de tus profetas, mas no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.
NEH 9:31 Sin embargo por tus muchas mise­ricordias no los consumiste, ni los dejaste; porque eres Dios cle­mente y misericordioso.
NEH 9:32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, terrible, que guardas el pacto y la misericor­dia, no sea tenido en poco delan­te de ti todo el trabajo que nos ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, y a nuestros profetas, y a nuestros padres, y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día.
NEH 9:33 Sin embargo tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo:
NEH 9:34 Y nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes, y nuestros padres, no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimo­nios, con que les protestabas.
NEH 9:35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y pingüe que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.
NEH 9:36 He aquí que hoy somos sier­vos, henos aquí, siervos en la tie­rra que diste a nuestros padres para que comiesen sus frutos y su bien.
NEH 9:37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nues­tras bestias, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia.
NEH 9:38 A causa pues de todo eso nosotros hacemos fiel [pacto], y [lo] escribimos, signado de nuestros príncipes, de nuestros levitas, y de nuestros sacerdotes.
NEH 10:1 Y LOS que firmaron fueron, Nehemías el tirsata, hijo de Hacalías, y Sedequías,
NEH 10:2 Seraías, Azarías, Jeremías,
NEH 10:3 Pasur, Amarías, Malquías,
NEH 10:4 Hatús, Sebanías, Maluc,
NEH 10:5 Harim, Meremot, Obadías,
NEH 10:6 Daniel, Ginatón, Baruc,
NEH 10:7 Mesulam, Abías, Miamín,
NEH 10:8 Maazías, Bilgai, Semeías: estos, sacerdotes.
NEH 10:9 Y levitas: Jesúa hijo de Azanías, Binúi de los hijos de Henadad, Cadmiel;
NEH 10:10 Y sus hermanos Sebanías, Odaía, Celita, Pelaías, Hanán;
NEH 10:11 Micaías, Rehob, Hasabías,
NEH 10:12 Zacur, Serebías, Sebanías,
NEH 10:13 Odaía, Bani, Beninu.
NEH 10:14 Cabezas del pueblo: Paros, Pahat-moab, Elam, Zatu, Bani,
NEH 10:15 Buni, Azgad, Bebai,
NEH 10:16 Adonías, Bigvai, Adín,
NEH 10:17 Ater, Ezekías, Azur,
NEH 10:18 Odaía, Hasum, Besai,
NEH 10:19 Arif, Anatot, Nebai,
NEH 10:20 Magpías, Mesulam, Hezir,
NEH 10:21 Mesezabeel, Sadoc, Jadua,
NEH 10:22 Pelatías, Hanán, Anaías,
NEH 10:23 Hoseas, Hananías, Asub,
NEH 10:24 Lohes, Pilha, Sobec,
NEH 10:25 Rehum, Hasabna, Maaseías,
NEH 10:26 Y Ahijas, Hanán, Anan,
NEH 10:27 Maluc, Harim, Baana.
NEH 10:28 Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros, y cantores, netineos, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, sus esposas, sus hijos y sus hijas, y todo el que tenía conocimiento y entendimiento,
NEH 10:29 Se adhirieron a sus hermanos, sus principales, y entraron en una maldición, y en un juramento de que andarían en la ley de Dios, que fue dada por mano de Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos del SEÑOR nuestro Señor, y sus juicios y sus estatutos;
NEH 10:30 Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomaríamos sus hijas para nues­tros hijos.
NEH 10:31 Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen a vender mer­caderías y comestibles en día de sábado, nada tomaríamos de ellos en sábado, ni en día santifi­cado; y que dejaríamos el año séptimo, con remisión de toda deuda.
NEH 10:32 Impusímonos además por ordenanza el cargo de contribuir cada año con la tercera parte de un siclo, para la obra de la casa de nuestro Dios;
NEH 10:33 Para el pan de la proposición, y para la ofrenda continua, y para la ofrenda quemada continua, de los sábados, y de las nuevas lunas, y de las festividades, y para las santificaciones y sacrificios por el pecado para expiar a Israel, y para toda la obra de la casa de nuestro Dios.
NEH 10:34 Echamos también las suertes, los sacerdotes, los levitas, y el pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los tiempos determinados cada un año, para quemar sobre el altar del SEÑOR nuestro Dios, como está escrito en la ley.
NEH 10:35 Y que cada año traeríamos las primicias de nuestra tierra, y las primicias de todo fruto de todo árbol, a la casa del SEÑOR:
NEH 10:36 Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestras bestias, como está escrito en la ley; y [que] traeríamos los primo­génitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nues­tro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios:
NEH 10:37 [Que] traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, del vino y del aceite, a los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diez­mo de nuestra tierra a los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades:
NEH 10:38 Y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibirían el diezmo: y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras en la casa del tesoro.
NEH 10:39 Porque a las cámaras han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino, y del aceite; y allí estarán los vasos del santua­rio, y los sacerdotes que minis­tran, y los porteros, y los canto­res; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios.
NEH 11:1 Y HABITARON los príncipes del pueblo en Jerusalem; mas el resto del pueblo echó suertes para traer uno de diez que morase en Jerusalem, ciudad santa, y las nueve partes en las [otras] ciudades.
NEH 11:2 Y bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente se ofrecieron a morar en Jerusalem.
NEH 11:3 Y estos son los principales de la provincia que moraron en Jerusalem; mas en las ciudades de Judá habitaron cada uno en su posesión en sus ciudades, de Israel, de los sacerdotes, y levitas, y netineos, y de los hijos de los siervos de Salomón.
NEH 11:4 En Jerusalem pues habitaron de los hijos de Judá, y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares;
NEH 11:5 Y Maasías hijo de Baruc, hijo de Colhoze, hijo de Hazaías, hijo de Adaías, hijo de Joiarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloni.
NEH 11:6 Todos los hijos de Fares que moraron en Jerusalem, fueron cuatrocientos setenta y ocho hombres fuertes.
NEH 11:7 Y estos son los hijos de Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Joed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maaseías, hijo de Itiel, hijo de Jesaía.
NEH 11:8 Y tras él, Gabai, Salai, nove­cientos veintiocho.
NEH 11:9 Y Joel hijo de Zicri, era pre­fecto de ellos, y Jehudas hijo de Senua, el segundo de la ciudad.
NEH 11:10 De los sacerdotes: Jedaías hijo de Joiarib, Jaquín,
NEH 11:11 Seraías hijo de Hilquías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitub, príncipe de la casa de Dios,
NEH 11:12 Y sus hermanos los que hacían la obra de la casa, ochocientos veintidós: y Adaías hijo de Jeroham, hijo de Pelalías, hijo de Amsi, hijo de Zacarías, hijo de Pasur, hijo de Malquías,
NEH 11:13 Y sus hermanos, príncipes de familias, doscientos cuarenta y dos: y Amasai hijo de Azarael, hijo de Azai, hijo de Mesilemot, hijo de Imer,
NEH 11:14 Y sus hermanos, hombres de grande vigor, ciento veintiocho: jefe de los cuales era Zabdiel, hijo de Gedolím.
NEH 11:15 Y de los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, hijo de Buni;
NEH 11:16 Y Sabetai y Jozabad, de los principales de los levitas, sobrestantes de la obra exterior de la casa de Dios;
NEH 11:17 Y Matanías hijo de Micaías, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el principal, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al tiempo de la oración; y Bacbucías el segundo de entre sus hermanos; y Abda hijo de Samua, hijo de Galal, hijo de Jedutún.
NEH 11:18 Todos los levitas en la santa ciudad fueron doscientos ochen­ta y cuatro.
NEH 11:19 Y los porteros, Acub, Talmón, y sus hermanos, guar­das en las puertas, ciento setenta y dos.
NEH 11:20 Y el resto de Israel, de los sacerdotes, de los levitas, en todas las ciudades de Judá, cada uno en su heredad.
NEH 11:21 Y los netineos habitaban en Ofel; y Siha y Gispa eran sobre los netineos.
NEH 11:22 Y el prepósito de los levitas en Jerusalem era Uzi hijo de Bani, hijo de Hasabías, hijo de Matanías, hijo de Micaías de los cantores los hijos de Asaf, sobre la obra de la casa de Dios.
NEH 11:23 Porque había mandamiento del rey acerca de ellos, y deter­minación acerca de los cantores para cada día.
NEH 11:24 Y Petaías hijo de Mesezabel, de los hijos de Zerah hijo de Judá, estaba a la mano del rey en todo negocio del pueblo.
NEH 11:25 Y tocante a las aldeas y sus tierras, algunos de los hijos de Judá habitaron en Quiriat-arba y sus aldeas, y en Dibón y sus alde­as, y en Jecabseel y sus aldeas;
NEH 11:26 Y en Jesúa, Moladah, y en Bet-pelet;
NEH 11:27 Y en Hasar-sual, y en Beerseba, y en sus aldeas;
NEH 11:28 Y en Siclag, y en Mecona, y en sus aldeas;
NEH 11:29 Y en En-Rimón, y en Soreah y en Jarmut;
NEH 11:30 Zanoah, Adulam, y en sus aldeas; en Laquis y sus tierras, Azeca y sus aldeas. Y habitaron desde Beerseba hasta el valle de Hinom.
NEH 11:31 Y los hijos de Benjamín desde Geba [habitaron] en Michmas, y Aía, y en Betel y sus aldeas;
NEH 11:32 En Anatot, Nob, Ananiah;
NEH 11:33 Hasor, Ramá, Gitaim;
NEH 11:34 Hadid, Seboim, Nebalat;
NEH 11:35 Lod, y Ono, valle de los artífices.
NEH 11:36 Y algunos de los levitas, en los repartimientos de Judá y de Benjamín.
NEH 12:1 Y ÉSTOS [son] los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel hijo de Sealtiel, y con Jesúa: Seraías, Jeremías, Esdras,
NEH 12:2 Amarías, Maluc, Hartus,
NEH 12:3 Secanías, Rehum, Meremot,
NEH 12:4 Iddo, Ginato, Abías,
NEH 12:5 Miamín, Maadías, Bilga,
NEH 12:6 Semaías, y Joiarib, Jedaías,
NEH 12:7 Salum, Amoc, Hilquías, Jedaías. Éstos [eran] los príncipes de los sacerdotes y sus hermanos en los días de Jesúa.
NEH 12:8 Y los levitas: Jesúa, Binúi, Cadmiel, Serebías, Judá, [y] Matanías, que con sus herma­nos [oficiaba] en los himnos.
NEH 12:9 Y Bacbucías y Uni, sus her­manos, cada cual en su ministe­rio.
NEH 12:10 Y Jesúa engendró a Joiacim, y Joiacim engendró a Eliasib, y Eliasib engendró a Joiada,
NEH 12:11 Y Joiada engendró a Jonatán, y Jonatán engendró a Jadúa.
NEH 12:12 Y en los días de Joiacim los sacerdotes cabezas de familias fueron: de Seraías, Meraías; de Jeremías, Hananías;
NEH 12:13 De Esdras, Mesulam; de Amarías, Johanán;
NEH 12:14 De Maluc, Jonatán; de Sebanías, José;
NEH 12:15 De Harim, Adna; de Meraiot, Helcai;
NEH 12:16 De Iddo, Zacarías; de Ginetón, Mesulam;
NEH 12:17 De Abías, Zicri; de Miniamín, de Moadías, Piltai;
NEH 12:18 De Bilga, Samúa; de Semaías, Jonatán;
NEH 12:19 De Joiarib, Matenai; de Jedaías, Uzi;
NEH 12:20 De Salai, Calai; de Amoc, Eber;
NEH 12:21 De Hilquías, Hasabías; de Jedaías, Natanael.
NEH 12:22 Los levitas en días de Eliasib, de Joiada, y de Johanán y Jadúa, fueron escritos por cabezas de familias; también los sacerdotes, hasta el reinado de Darío el persa.
NEH 12:23 Los hijos de Leví, cabezas de familias, fueron escritos en el libro de las crónicas hasta los días de Johanán, hijo de Eliasib.
NEH 12:24 Los cabezas de los levitas: Hasabías, Serebías, y Jesúa hijo de Cadmiel, y sus hermanos delante de ellos, para alabar y para rendir gracias, conforme al estatuto de David varón de Dios, guardando su turno.
NEH 12:25 Matanías, y Bacbucías, Obadías, Mesulam, Talmón, Acub, guardas, eran porteros para la guardia a las entradas de las puertas.
NEH 12:26 Éstos [fueron] en los días de Joiacim, hijo de Jesúa, hijo de Josadac, y en los días del gober­nador Nehemías, y del sacerdote Esdras, escriba.
NEH 12:27 Y a la dedicación del muro de Jerusalem buscaron a los levitas de todos sus lugares, para traer­los a Jerusalem, para hacer la dedicación con regocijo y con acciones de gracias y con cánti­cos, con címbalos, salterios y cítaras.
NEH 12:28 Y fueron reunidos los hijos de los cantores, así de la campiña alrededor de Jerusalem como de las aldeas de Netofati;
NEH 12:29 Y de la casa de Gilgal, y de los campos de Geba, y de Azmavet; porque los cantores se habían edificado aldeas alre­dedor de Jerusalem.
NEH 12:30 Y se purificaron los sacerdo­tes y los levitas; y purificaron al pueblo, y las puertas, y el muro.
NEH 12:31 Hice luego subir a los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos grandes [compañías] [que] [daban] gra­cias; [el uno] a la mano derecha sobre el muro hacia la puerta del muladar.
NEH 12:32 E iba tras de ellos Osaías, y la mitad de los príncipes de Judá,
NEH 12:33 Y Azarías, Esdras y Mesulam,
NEH 12:34 Judá y Benjamín, y Semaías, y Jeremías;
NEH 12:35 Y de los hijos de los sacerdo­tes [iban] con trompetas, Zacarías hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micaías, hijo de Zacur, hijo de Asaf;
NEH 12:36 Y sus hermanos Semaías, y Azarael, Milalai, Gilalai, Maai, Natanael, Judá y Hanani, con los instrumentos músicos de David varón de Dios; y Esdras escriba, delante de ellos.
NEH 12:37 Y a la puerta de la Fuente, en derecho delante de ellos, subie­ron por las gradas de la ciudad de David, por la subida del muro, desde la casa de David hasta la puerta de las Aguas al oriente.
NEH 12:38 Y la otra [compañía] [que daba] gracias iba del lado opuesto, y yo en pos de [ellos], con la mitad del pueblo sobre el muro, desde la torre de los hornos hasta el muro ancho;
NEH 12:39 Y desde la puerta de Efraím hasta la puerta vieja, y a la puer­ta del pescado, y la torre de Hananeel, y la torre de Hamat, hasta la puerta de las ovejas: y pararon en la puerta de la cárcel.
NEH 12:40 Así pararon las dos [compañías] [que] [daban] gracias en la casa de Dios; y yo, y la mitad de los magistrados conmigo;
NEH 12:41 Y los sacerdotes, Eliacim, Maaseías, Miniamín, Micaías, Elienai, Zacarías, y Hananías, con trompetas;
NEH 12:42 Y Maaseías, y Semeías, y Eleazar, y Uzi, y Johanán, y Malquías, y Elam, y Ezer. Y los cantores cantaban alto, e Israhía [era] el prefecto.
NEH 12:43 Y sacrificaron aquel día grandes sacrificios, y se gozaron; porque Dios los había alegrado con grande gozo: alegráronse también las esposas y los niños; y el alborozo de Jerusalem fue oído de lejos.
NEH 12:44 Y en aquel día fueron puestos varones sobre las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias, y de los diezmos, para juntar en ellas, de los campos de las ciudades, las porciones lega­les para los sacerdotes y levitas: porque era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas que asistían.
NEH 12:45 Y habían guardado la obser­vancia de su Dios, y la observan­cia de la expiación, como tam­bién los cantores y los porteros, conforme al estatuto de David y de Salomón su hijo.
NEH 12:46 Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo, había príncipes de cantores, y cántico y alabanza, y acción de gracias a Dios.
NEH 12:47 Y todo Israel en días de Zorobabel, y en días de Nehemías, daba raciones a los cantores y a los porteros, cada cosa en su día: consagraban asi­mismo [sus porciones] a los levitas, y los levitas consagra­ban [parte] a los hijos de Aarón.
NEH 13:1 AQUEL día se leyó en el libro de Moisés oyéndolo el pueblo, y fue hallado en él escrito, que los amonitas y moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios;
NEH 13:2 Por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, antes alquilaron a Balaam contra ellos, para que los maldi­jera: mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición.
NEH 13:3 Y fue que, como oyeron la ley, apartaron de Israel toda mistura.
NEH 13:4 Y antes de esto, Eliasib sacer­dote, siendo superintendente de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías,
NEH 13:5 Y le había hecho una grande cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, y el perfume, y los vasos, y el diezmo del grano, y del vino y del aceite, que estaba mandado [dar] a los levitas, a los cantores, y a los porteros; y la ofrenda de los sacerdotes.
NEH 13:6 Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalem; porque el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia, vine al rey; y al cabo de días fui enviado del rey.
NEH 13:7 Y venido a Jerusalem, entendí el mal que había hecho Eliasib en atención a Tobías, haciendo para él cámara en los patios de la casa de Dios.
NEH 13:8 Y dolióme en gran manera; y eché todas las alhajas de la casa de Tobías fuera de la cámara;
NEH 13:9 Y dije que limpiasen las cáma­ras, e hice volver allí las alhajas de la casa de Dios, las ofrendas y el perfume.
NEH 13:10 Entendí asimismo que las par­tes de los levitas no se les habían dado; y que los levitas y can­tores que hacían el servicio se habían huido cada uno a su heredad.
NEH 13:11 Y reprendí a los magistrados, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y juntélos, y púselos en su lugar.
NEH 13:12 Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes.
NEH 13:13 Y puse por sobrestantes de ellos a Selemías sacerdote, y a Sadoc escriba, y de los levitas, a Pedaías; y a mano de ellos Hanán hijo de Zacur, hijo de Matanías: pues que eran tenidos por fieles, y de ellos era el repar­tir a sus hermanos.
NEH 13:14 Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no raigas mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en sus observan­cias.
NEH 13:15 En aquellos días vi en Judá algunos que pisaban en lagares el sábado, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos, y toda suerte de carga, y traían a Jerusalem en día de sábado; y protesté[les] acerca del día que vendían el mantenimiento.
NEH 13:16 También estaban en ella tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en sábado a los hijos de Judá en Jerusalem.
NEH 13:17 Y reprendí a los señores de Judá, y díjeles: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, pro­fanando así el día del sábado?
NEH 13:18 ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios sobre nosotros todo este mal, y sobre esta ciudad? ¿y vosotros añadís ira sobre Israel profanan­do el sábado?
NEH 13:19 Sucedió pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de Jerusalem antes del sábado, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del sábado; y puse a las puertas algunos de mis criados, para que en día de sábado no entrasen carga.
NEH 13:20 Y quedáronse fuera de Jerusalem una y dos veces los negociantes, y los que vendían toda especie de mercancía.
NEH 13:21 Y protestéles, y díjeles: ¿Por qué os quedáis vosotros delante del muro? Si lo hacéis otra vez, os echaré mano. Desde entonces no vinieron en sábado.
NEH 13:22 Y dije a los levitas que se purificasen, y viniesen a guardar las puertas, para santificar el día del sábado. También por esto acuérdate de mí, Dios mío, y per­dóname según la muchedumbre de tu misericordia.
NEH 13:23 Vi asimismo en aquellos días judíos que habían tomado esposas de Asdod, amonitas, y moabitas:
NEH 13:24 Y sus hijos la mitad hablaban asdod, y conforme a la lengua de cada pueblo; que no sabían hablar judaico.
NEH 13:25 Y reñí con ellos, y maldíjelos, y herí algunos de ellos, y arran­quéles los cabellos, y juramenté­los, [diciendo]: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, o para vosotros.
NEH 13:26 ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él hicieron pecar las mujeres ex­tranjeras.
NEH 13:27 ¿Y obedeceremos a vosotros para cometer todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando esposas extranjeras?
NEH 13:28 Y uno de los hijos de Joiada, hijo de Eliasib el gran sacerdote, era yerno de Sanbalat horonita: ahuyentélo por tanto de mí.
NEH 13:29 Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el sacerdocio, y el pacto del sacer­docio y de los levitas.
NEH 13:30 Limpiélos pues de todo extranjero, y puse a los sacerdo­tes y levitas por [sus] clases, a cada uno en su obra;
NEH 13:31 Y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.
EST 1:1 Y ACONTECIÓ en los días de Asuero, (el Asuero que reinó desde la India hasta la Etiopía sobre ciento veinte y siete provincias,)
EST 1:2 Que en aquellos días, asentado que fue el rey Asuero en la silla de su reino, la cual estaba en Susán capital del reino,
EST 1:3 En el tercer año de su reinado hizo banquete a todos sus prínci­pes y siervos, teniendo delante de él la fuerza de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincias,
EST 1:4 Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, y el lustre de la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento y ochenta días.
EST 1:5 Y cumplidos estos días, hizo el rey banquete por siete días en el patio del huerto del palacio real a todo el pueblo, desde el mayor hasta el menor que se halló en Susán capital del reino.
EST 1:6 [El pabellón era de] blanco, verde, y azul, tendido sobre cuerdas de lino y púrpura en sor­tijas de plata y columnas de már­mol: los reclinatorios de oro y de plata, sobre losado de pórfido y de mármol, y de alabastro y de azul.
EST 1:7 Y daban a beber en vasos de oro, y vasos diferentes unos de otros, y mucho vino real, confor­me a la facultad del rey.
EST 1:8 Y la bebida fue según esta ley: Que nadie constriñese; porque así lo había mandado el rey a todos los mayordomos de su casa; que se hiciese según la voluntad de cada uno.
EST 1:9 Asimismo la reina Vasti hizo banquete de mujeres, en la casa real del rey Asuero.
EST 1:10 El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó a Mehumán, y a Bizta, y a Harbona, y a Bigta, y a Abagta, y a Zetar, y a Carcas, siete eunucos que servían delan­te del rey Asuero,
EST 1:11 Que trajesen a la reina Vasti delante del rey con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su hermosura; porque era linda de aspecto.
EST 1:12 Mas la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey, [enviada] por mano de los eunu­cos; y enojóse el rey mucho, y encendióse en él su ira.
EST 1:13 Preguntó entonces el rey a los sabios que sabían los tiempos, (porque así era la costumbre del rey para con todos los que sabían la ley y el derecho;
EST 1:14 Y estaban junto a él, Carsena, y Setar, y Admata, y Tarsis, y Meres, y Marsena, y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media que veían la cara del rey, y se sentaban los primeros del reino:)
EST 1:15 Qué se había de hacer según la ley con la reina Vasti, por cuanto no había cumplido la orden del rey Asuero, [enviada] por mano de los eunucos.
EST 1:16 Y dijo Memucán delante del rey y de los príncipes: No sola­mente contra el rey ha pecado la reina Vasti, sino contra todos los príncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas las pro­vincias del rey Asuero.
EST 1:17 Porque este hecho de la reina pasará a noticia de todas las mujeres, para hacerles tener en poca estima a sus maridos, diciendo: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no vino.
EST 1:18 Y entonces dirán [esto] las señoras de Persia y de Media que oyeren el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey: y [habrá] mucho menosprecio y enojo.
EST 1:19 Si parece bien al rey, salga mandamiento real delante de él, y escríbase entre las leyes de Persia y de Media, y no sea tras­pasado: Que no venga más Vasti delante del rey Asuero: y dé el rey su reino a su compañe­ra que sea mejor que ella.
EST 1:20 Y el mandamiento que hará el rey será oído en todo su reino, aunque es grande, y todas las esposas darán honra a sus mari­dos, desde el mayor hasta el menor.
EST 1:21 Y plugo esta palabra en ojos del rey y de los príncipes, e hizo el rey conforme al dicho de Memucán;
EST 1:22 Pues envió letras a todas las provincias del rey, a cada provin­cia conforme a su escribir, y a cada pueblo conforme a su len­guaje, [diciendo] que todo hombre fuese señor en su casa; y háblese esto según la lengua de su pue­blo.
EST 2:1 PASADAS estas cosas, sosegada ya la ira del rey Asuero, acordóse de Vasti, y de lo que hizo, y de lo que fue sentenciado contra ella.
EST 2:2 Y dijeron los criados del rey, sus oficiales: Busquen al rey mozas vírgenes de buen parecer;
EST 2:3 Y ponga el rey personas en todas las provincias de su reino, que junten todas las mozas vírgenes de buen parecer en Susán resi­dencia regia, en la casa de las mujeres, al cuidado de Hegai, eunuco del rey, guarda de las mujeres, dándoles sus atavíos;
EST 2:4 Y la moza que agradare a los ojos del rey, reine en lugar de Vasti. Y la cosa plugo en ojos del rey, e hízolo así.
EST 2:5 Había un varón judío en Susán residencia regia, cuyo nombre era Mardoqueo, hijo de Jair, hijo de Simi, hijo de Cis, del linaje de Benjamín;
EST 2:6 El cual había sido trasportado de Jerusalem con los cautivos que fueron llevados con Jeconías rey de Judá, a quien hizo trasportar Nabucodonosor rey de Babilonia.
EST 2:7 Y había criado a Hadasa, que es Ester, hija de su tío, porque no tenía padre ni madre; y era moza de hermosa forma y de buen parecer; y como su padre y su madre murieron, Mardoqueo la había tomado por hija suya.
EST 2:8 Sucedió pues, que como se divulgó el mandamiento del rey y su acuerdo, y siendo reunidas muchas mozas en Susán residen­cia regia, a cargo de Hegai, fue tomada también Ester para casa del rey, al cuidado de Hegai, guarda de las mujeres.
EST 2:9 Y la moza agradó en sus ojos, y halló gracia delante de él; por lo que hizo darle prestamente sus atavíos y sus raciones, dándole también siete convenientes don­cellas de la casa del rey; y pasóla con sus doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres.
EST 2:10 Ester no declaró su pueblo ni su nacimiento; porque Mardoqueo le había mandado que no lo decla­rase.
EST 2:11 Y cada día Mardoqueo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, por saber cómo iba a Ester, y qué se hacía de ella.
EST 2:12 Y como llegaba el tiempo de cada una de las mozas para venir al rey Asuero, al cabo de haber estado ya doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres (porque así se cumplía el tiempo de sus atavíos, [esto es], seis meses con óleo de mirra, y seis meses con cosas aromáticas y afeites de mujeres),
EST 2:13 Entonces la moza venía así al rey: todo lo que ella decía se le daba, para venir con ello de la casa de las mujeres hasta la casa del rey.
EST 2:14 Ella venía a la tarde, y a la mañana se volvía a la casa segunda de las mujeres, al cargo de Saasgaz eunuco del rey, guar­da de las concubinas: no venía más al rey, salvo si el rey la quería, y era llamada por nombre.
EST 2:15 Y llegado que fue el tiempo de Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, que él se había tomado por hija, para venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres: y ganaba Ester la gracia de todos los que la veían.
EST 2:16 Fue pues Ester llevada al rey Asuero a su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reinado.
EST 2:17 Y el rey amó a Ester sobre todas las mujeres, y halló gracia y benevolencia delante de él más que todas las vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, e hízo­la reina en lugar de Vasti.
EST 2:18 Hizo luego el rey gran ban­quete a todos sus príncipes y siervos, el banquete de Ester; y alivió a las provincias, e hizo y dio mercedes conforme a la facultad real.
EST 2:19 Y cuando se juntaban las vír­genes la segunda vez, Mardoqueo estaba puesto a la puerta del rey.
EST 2:20 Y Ester, según le tenía man­dado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Ester hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando con él se educaba.
EST 2:21 En aquellos días, estando Mardoqueo sentado a la puerta del rey, enojáronse Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procura­ban poner mano en el rey Asuero.
EST 2:22 Mas entendido que fue esto por Mardoqueo, él lo denunció a la reina Ester, y Ester lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo.
EST 2:23 Hízose entonces indagación de la cosa, y fue hallada cierta; por tanto, entrambos fueron col­gados en una horca. Y escribióse [el caso] en el libro de las cosas de los tiempos delante del rey.
EST 3:1 DESPUÉS de estas cosas, el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Amadata agageo, y ensalzólo, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él.
EST 3:2 Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey, se arro­dillaban e inclinaban a Amán, por­que así se lo había mandado el rey; pero Mardoqueo, ni se arrodillaba ni se humillaba.
EST 3:3 Y los siervos del rey que estaban a la puerta, dijeron a Mardoqueo: ¿Por qué traspasas el mandamien­to del rey?
EST 3:4 Y aconteció que, hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, denunciáronlo a Amán, por ver si las palabras de Mardoqueo se mantendrían; por­que ya él les había declarado que era judío.
EST 3:5 Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y llenóse de ira.
EST 3:6 Mas tuvo en poco meter mano en solo Mardoqueo; que ya le había declarado el pueblo de Mardoqueo: y procuró Amán des­truir a todos los judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo.
EST 3:7 En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodéci­mo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán, de día en día y de mes en mes; [y salió] el mes duodécimo, que es el mes de Adar.
EST 3:8 Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y divi­dido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de [las de] todo pueblo, y no observan las leyes del rey; y al rey no [viene] provecho de dejarlos.
EST 3:9 Si place al rey, escríbase que sean destruídos; y yo pesaré diez mil talentos de plata en manos de los que manejan la hacienda, para que sean traídos a los teso­ros del rey.
EST 3:10 Entonces el rey quitó su anillo de su mano, y diólo a Amán hijo de Amadata agageo, enemigo de los judíos,
EST 3:11 Y díjole: La plata propuesta sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere.
EST 3:12 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes pri­mero, a trece del mismo, y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los príncipes del rey, y a los capitanes que estaban sobre cada provincia, y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua: en nombre del rey Asuero fue escrito, y signado con el anillo del rey.
EST 3:13 Y fueron enviadas letras por mano de los correos a todas las provincias del rey, para destruir, y matar, y exterminar a todos los judíos, desde el niño hasta el viejo, niños y mujeres en un día, en el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y para apoderarse de su despojo.
EST 3:14 La copia del escrito que se diese por mandamiento en cada provincia, fue publicada a todos los pueblos, a fin de que estuvie­sen apercibidos para aquel día.
EST 3:15 Y salieron los correos de prie­sa por mandato del rey, y el edic­to fue dado en Susán capital del reino. Y el rey y Amán estaban sentados a beber, y la ciudad de Susán estaba conmovida.
EST 4:1 LUEGO que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestiduras, y vistióse de cilicio y de ceniza, y fuese por medio de la ciudad clamando con grande y amargo clamor.
EST 4:2 Y vino hasta delante de la puer­ta del rey: porque no era lícito pasar adentro de la puerta del rey vestido de cilicio.
EST 4:3 Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos grande luto, y ayuno, y lloro, y lamentación: cilicio y ceni­za era la cama de muchos.
EST 4:4 Y vinieron las doncellas de Ester y sus eunucos, y dijéron­selo: y la reina tuvo gran dolor, y envió vestiduras para hacer vestir a Mardoqueo, y hacerle quitar el cilicio de sobre él; mas él no los recibió.
EST 4:5 Entonces Ester llamó a Atac, uno de los eunucos del rey, que él había hecho estar delante de ella, y mandólo a Mardoqueo, con orden de saber qué era aquello, y por qué.
EST 4:6 Salió pues Atac a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad que estaba delante de la puerta del rey.
EST 4:7 Y Mardoqueo le declaró todo lo que le había acontecido, y dióle noticia de la plata que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey por razón de los judíos, para destruirlos.
EST 4:8 Dióle también la copia de la escritura del decreto que había sido dado en Susán para que fue­sen destruídos, a fin de que la mostrara a Ester y se lo declara­se, y le encargara que fuese al rey a suplicarle, y a pedir delante de él por su pueblo.
EST 4:9 Y vino Atac, y contó a Ester las palabras de Mardoqueo.
EST 4:10 Entonces Ester dijo a Atac, y mandóle [decir] a Mardoqueo:
EST 4:11 Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey saben, que cualquier hombre o mujer que entra al rey al patio de adentro sin ser llamado, por una sola ley ha de morir: salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá: y yo no he sido llamada para entrar al rey estos treinta días.
EST 4:12 Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.
EST 4:13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pien­ses en tu alma, que escaparás en la casa del rey más que todos los judíos:
EST 4:14 Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si has llegado al reino, para un tiempo como este?
EST 4:15 Y Ester dijo que respondie­sen a Mardoqueo:
EST 4:16 Ve, y junta a todos los judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo tam­bién con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.
EST 4:17 Entonces se fue Mardoqueo, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester.
EST 5:1 Y ACONTECIÓ que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y púsose en el patio de adentro de la casa del rey, enfrente del aposento del rey: y estaba el rey sentado en su solio regio en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento.
EST 5:2 Y fue que, como vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces se llegó Ester, y tocó la punta del cetro.
EST 5:3 Y dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester? ¿y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino, se te dará.
EST 5:4 Y Ester dijo: Si al rey place, venga hoy el rey con Amán al banquete que le he hecho.
EST 5:5 Y respondió el rey: Daos prie­sa, [llamad] a Amán, para hacer lo que Ester ha dicho. Vino pues el rey con Amán al banquete que Ester dispuso.
EST 5:6 Y dijo el rey a Ester en el ban­quete del vino: ¿Cuál es tu peti­ción, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedi­da.
EST 5:7 Entonces respondió Ester, y dijo: Mi petición y mi demanda es:
EST 5:8 Si he hallado gracia en los ojos del rey, y si place al rey otorgar mi petición y hacer mi demanda, que venga el rey con Amán al banquete que les dispondré; y mañana haré conforme a lo que el rey ha mandado.
EST 5:9 Y salió Amán aquel día conten­to y alegre de corazón; pero como vio a Mardoqueo a la puer­ta del rey, que no se levantaba ni se movía de su lugar, llenóse contra Mardoqueo de ira.
EST 5:10 Mas refrenóse Amán, y vino a su casa, y envió, e hizo venir sus amigos, y a Zeres su esposa.
EST 5:11 Y refirióles Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido, y con que le había ensalzado sobre los príncipes y siervos del rey.
EST 5:12 Y añadió Amán: También la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino a mí: y aun para mañana soy convidado de ella con el rey.
EST 5:13 Mas todo esto nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey.
EST 5:14 Y díjole Zeres su esposa, y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos, y mañana di al rey que cuelguen a Mardoqueo en ella; y entra con el rey al banquete alegre. Y plugó la cosa en los ojos de Amán, e hizo preparar la horca.
EST 6:1 AQUELLA noche se le fue el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias de las cosas de los tiempos: y leyéronlas delante del rey.
EST 6:2 Y hallóse escrito que Mardoqueo había denunciado de Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey, de la guarda de la puerta, que habían procurado meter mano en el rey Asuero.
EST 6:3 Y dijo el rey: ¿Qué honra o que distinción se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los ser­vidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.
EST 6:4 Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán había venido al patio de afuera de la casa del rey, para decir al rey que hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que él le tenía preparada.
EST 6:5 Y los servidores del rey le res­pondieron: He aquí Amán está en el patio. Y el rey dijo: Entre.
EST 6:6 Entró pues Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey hacer honra más que a mí?
EST 6:7 Y respondió Amán al rey: Al varón cuya honra desea el rey,
EST 6:8 Traigan la vestidura real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza;
EST 6:9 Y den la vestidura y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.
EST 6:10 Entonces el rey dijo a Amán: Date priesa, toma la vestidura y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta del rey; no omitas nada de todo lo que has dicho.
EST 6:11 Y Amán tomó la vestidura y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y llevólo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo proclamar delan­te de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.
EST 6:12 Después de esto Mardoqueo se volvió a la puerta del rey, y Amán se fue corriendo a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza.
EST 6:13 Contó luego Amán a Zeres su esposa, y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zeres su esposa: Si de la simiente de los judíos es el Mardoqueo, delante de quien has comenzado a caer, no lo vencerás; antes caerás por cierto delante de él.
EST 6:14 Aún estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para hacer venir a Amán al banquete que Ester había dispuesto.
EST 7:1 VINO pues el rey con Amán a beber con la reina Ester.
EST 7:2 Y también el segundo día dijo el rey a Ester en el convite del vino: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y se te concederá? ¿Cuál es pues tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, pondráse por obra.
EST 7:3 Entonces la reina Ester res­pondió y dijo: Oh rey, si he halla­do gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.
EST 7:4 Porque vendidos estamos yo y mi pueblo, para ser destruídos, para ser muertos y exterminados. Y si para siervos y siervas fuéra­mos vendidos, callárame, bien que el enemigo no compensara el daño del rey.
EST 7:5 Y respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, aquél a quien ha henchido su corazón para obrar así?
EST 7:6 Y Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina.
EST 7:7 Levantóse luego el rey del ban­quete del vino en su furor, [y se fue] al huerto del palacio: y que­dóse Amán para procurar de la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey.
EST 7:8 Volvió después el rey del huer­to del palacio al aposento del banquete del vino, y Amán había caído sobre el lecho en que esta­ba Ester. Entonces dijo el rey: ¿También para forzar la reina, [estando] conmigo en casa? Como esta palabra salió de la boca del rey, el rostro de Amán fue cubier­to.
EST 7:9 Y dijo Harbona, uno de los eunucos de delante del rey: He aquí también la horca de cin­cuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado bien por el rey, está en casa de Amán. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella.
EST 7:10 Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho apare­jar para Mardoqueo; y apaciguó­se la ira del rey.
EST 8:1 EL mismo día dio el rey Asue- ro a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le declaró lo que era respecto de ella.
EST 8:2 Y quitóse el rey su anillo que había vuelto a tomar de Aman, y diólo a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán.
EST 8:3 Volvió luego Ester a hablar delante del rey, y echóse a sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán agageo, y su designio que había formado contra los judíos.
EST 8:4 Entonces extendió el rey a Ester el cetro de oro, y Ester se levantó, y púsose en pie delante del rey.
EST 8:5 Y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si la cosa es recta delante del rey, y agradable yo en sus ojos, sea escrito para revocar las letras del designio de Amán hijo de Amadata agageo, que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey.
EST 8:6 Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿cómo podré yo ver la destruc­ción de mi nación?
EST 8:7 Y respondió el rey Asuero a la reina Ester, y a Mardoqueo judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos.
EST 8:8 Escribid pues vosotros a los judíos como bien os pareciere en el nombre del rey, y sellad[lo] con el anillo del rey; porque la escri­tura que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no es para revocarla.
EST 8:9 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes ter­cero, que es Siván, a veintitrés del mismo; y escribióse confor­me a todo lo que mandó Mardoqueo, a los judíos, y a los sátrapas, y a los capitanes, y a los príncipes de las provincias que había desde la India hasta la Etiopía, ciento veintisiete provin­cias; a cada provincia según su escribir, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los judíos también conforme a su escritura y lengua.
EST 8:10 Y escribió en nombre del rey Asuero, y selló con el anillo del rey, y envió letras por correos de a caballo, montados en dromeda­rios, [y] en mulos hijos de yeguas;
EST 8:11 [Con intimación] de que el rey concedía a los judíos que esta­ban en todas las ciudades, que se juntasen y estuviesen [a la defen­sa] de su vida, [prontos] a destruir, y matar, y acabar con todo ejérci­to de pueblo o provincia que viniese contra ellos, [aun] niños y mujeres, y su despojo para presa,
EST 8:12 En un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar.
EST 8:13 La copia de la escritura que había de darse por ordenanza en cada provincia, para que fuese manifiesta a todos los pueblos, [decía] que los judíos estuviesen apercibidos para aquel día, para vengarse de sus enemigos.
EST 8:14 Los correos pues, cabalgando en dromedarios [y] en mulos, salieron apresurados y constreñi­dos por el mandamiento del rey: y la ley fue dada en Susán capital del reino.
EST 8:15 Y salió Mardoqueo de delante del rey con vestidura real de azul y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púr­pura: y la ciudad de Susán se ale­gró y regocijó.
EST 8:16 Los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra.
EST 8:17 Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el manda­miento del rey, los judíos tuvie­ron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos.
EST 9:1 Y EN el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a trece del mismo, en el que tocaba se ejecutase el mandamiento del rey y su ley, el mismo día en que esperaban los enemigos de los judíos enseñorearse de ellos, fue lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían.
EST 9:2 Los judíos se juntaron en sus ciudades en todas las provincias del rey Asuero, para meter mano sobre los que habían procurado su mal: y nadie se puso delante de ellos, porque el temor de ellos había caído sobre todos los pueblos.
EST 9:3 Y todos los príncipes de las provincias, y los virreyes, y capi­tanes, y oficiales del rey, ensalza­ban a los judíos; porque el temor de Mardoqueo había caído sobre ellos.
EST 9:4 Porque Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama iba por todas las provincias; pues el varón Mardoqueo iba engrande­ciéndose.
EST 9:5 E hirieron los judíos a todos sus enemigos con plaga de espa­da, y de mortandad, y de perdi­ción; e hicieron en sus enemigos a su voluntad.
EST 9:6 Y en Susán capital del reino, mataron y destruyeron los judíos a quinientos hombres.
EST 9:7 Mataron entonces a Parsandata, y a Dalfón, y a Aspata,
EST 9:8 Y a Porata y a Ahalía, y a Aridata,
EST 9:9 Y a Parmasta, y a Arisai, y a Aridai, y a Vaizata,
EST 9:10 Diez hijos de Amán hijo de Amadata, enemigo de los judíos: mas en la presa no metieron su mano.
EST 9:11 El mismo día vino la cuenta de los muertos en Susán resi­dencia regia, delante del rey.
EST 9:12 Y dijo el rey a la reina Ester: En Susán, capital del reino, han muerto los judíos y destruído a quinientos hombres, y a diez hijos de Amán; ¿qué habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál pues es tu petición, y te será concedida? ¿o qué más es tu demanda, y será hecho?
EST 9:13 Y respondió Ester: Si place al rey, concédase también maña­na a los judíos en Susán, que hagan conforme a la ley de hoy; y que cuelguen en la horca a los diez hijos de Amán.
EST 9:14 Y mandó el rey que se hiciese así: y dióse la orden en Susán, y colgaron a los diez hijos de Amán.
EST 9:15 Y los judíos que estaban en Susán, se juntaron también el catorce del mes de Adar, y mata­ron en Susán trescientos hom­bres: mas en la presa no metieron su mano.
EST 9:16 En cuanto a los otros judíos que estaban en las provincias del rey, también se juntaron y pusié­ronse [en defensa] de su vida, y tuvieron reposo de sus enemigos, y mataron de sus contrarios setenta y cinco mil; mas en la presa no metieron su mano.
EST 9:17 En el día trece del mes de Adar [fue esto;] y reposaron en el día catorce del mismo, e hicié­ronlo día de banquete y de ale­gría.
EST 9:18 Mas los judíos que estaban en Susán se juntaron en el trece y en el catorce del mismo [mes;] y al quince del mismo reposaron, e hicieron aquel [día] día de banque­te y de regocijo.
EST 9:19 Por tanto los judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro, hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, y buen día, y de enviar porciones cada uno a su vecino.
EST 9:20 Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió letras a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cer­canos y distantes,
EST 9:21 Ordenándoles que celebrasen el día décimocuarto del mes de Adar, y el décimoquinto del mismo, cada un año,
EST 9:22 Como días en que los judíos tuvieron reposo de sus enemigos, y el mes que se les tornó de tris­teza en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y de enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres.
EST 9:23 Y los judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardoqueo.
EST 9:24 Porque Amán hijo de Amadata, agageo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos para destruirlos, y echó Pur, que quiere decir suer­te, para consumirlos y acabar con ellos.
EST 9:25 Mas como Ester vino a la presencia del rey, él intimó por carta: El perverso designio que aquél trazó contra los judíos, recaiga sobre su cabeza; y cuél­guenlo a él y a sus hijos en la horca.
EST 9:26 Por esto llamaron a estos días Purim, del nombre Pur. Por todas las palabras pues de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llegó a su noticia,
EST 9:27 Establecieron y tomaron los judíos sobre sí, y sobre su simiente, y sobre todos los alle­gados a ellos, y no será traspasa­do, el celebrar estos dos días según está escrito en orden a ellos, y conforme a su tiempo cada un año;
EST 9:28 Y que estos dos días serían en memoria, y celebrados en todas las naciones, y familias, y pro­vincias, y ciudades. Estos días de Purim no pasarán de entre los judíos, y la memoria de ellos no cesará de su simiente.
EST 9:29 Y la reina Ester hija de Abihail, y Mardoqueo judío, escribieron con toda autoridad, para confirmar esta segunda carta de Purim.
EST 9:30 Y envió [Mardoqueo] letras a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad,
EST 9:31 Para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había constituído Mardoqueo judío y la reina Ester, y como habían ellos tomado sobre sí y sobre su simiente, [para conmemorar] el fin de los ayunos y de su clamor.
EST 9:32 Y el mandamiento de Ester confirmó estas palabras [dadas] acerca de Purim, y escribióse en el libro.
EST 10:1 Y EL rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y las islas del mar.
EST 10:2 Y toda la obra de su fortaleza, y de su valor, y la declaración de la grandeza de Mardoqueo, con que el rey le engrandeció, ¿no está escrito en el libro de los anales de los reyes de Media y de Persia?
EST 10:3 Porque Mardoqueo judío fue segundo después del rey Asuero, y grande entre los judíos, y acepto a la multitud de sus hermanos, procurando el bien de su pueblo, y hablando paz para toda su simiente.
JOB 1:1 HUBO un varón en tierra de Uz, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal.
JOB 1:2 Y naciéronle siete hijos y tres hijas.
JOB 1:3 Y su sustancia era siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y muchísimos criados: y era aquel varón grande más que todos los orientales.
JOB 1:4 E iban sus hijos y hacían ban­quetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar sus tres hermanas, para que comie­sen y bebiesen con ellos.
JOB 1:5 Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del con­vite, Job enviaba y santificába­los, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado a Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.
JOB 1:6 Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante del SEÑOR, y vino también Satanás entre ellos.
JOB 1:7 Y dijo el SEÑOR a Satanás: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satanás al SEÑOR, dijo: De rode­ar la tierra, y de andar por ella.
JOB 1:8 Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?
JOB 1:9 Y respondiendo Satanás al SEÑOR, dijo: ¿Teme Job a Dios en vano?
JOB 1:10 ¿No le has tú cercado a él, y a su casa, y a todo lo que tiene en derredor? El trabajo de sus manos has bendecido, y su sustancia ha crecido sobre la tierra.
JOB 1:11 Mas extiende ahora tu mano, y toca a todo lo que tiene, [y verás] si no te blasfema en tu rostro.
JOB 1:12 Y dijo el SEÑOR a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano sobre él. Y salióse Satanás de delante del SEÑOR.
JOB 1:13 Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,
JOB 1:14 Y vino un mensajero a Job, que le dijo: Estando arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos,
JOB 1:15 Acometieron los sabeos, y tomáronlos, e hirieron a los mozos a filo de espada: solamen­te escapé yo para traerte las nue­vas.
JOB 1:16 Aun estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y los mozos, y los con­sumió: solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.
JOB 1:17 Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y die­ron sobre los camellos, y tomá­ronlos, e hirieron a los mozos a filo de espada; y solamente esca­pé yo solo para traerte las nue­vas.
JOB 1:18 Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebien­do vino en casa de su hermano el primogénito;
JOB 1:19 Y he aquí un gran viento que vino del lado del desierto, e hirió las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los mozos, y murie­ron; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.
JOB 1:20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rapó su cabeza, y cayendo en tierra adoró;
JOB 1:21 Y dijo: Desnudo salí del vien­tre de mi madre, y desnudo tor­naré allá. El SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó: sea el nombre del SEÑOR bendito.
JOB 1:22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
JOB 2:1 Y OTRO día aconteció que vinieron los hijos de Dios para presentarse delante del SEÑOR, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante del SEÑOR.
JOB 2:2 Y dijo el SEÑOR a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás al SEÑOR, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
JOB 2:3 Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal, y que aun retiene su integri­dad, habiéndome tú incitado contra él, para que lo arruinara sin causa?
JOB 2:4 Y respondiendo Satanás dijo al SEÑOR: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.
JOB 2:5 Mas extiende ahora tu mano, y toca a su hueso y a su carne, [y verás] si no te blasfema en tu ros­tro.
JOB 2:6 Y el SEÑOR dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.
JOB 2:7 Y salió Satanás de delante del SEÑOR, e hirió a Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza.
JOB 2:8 Y tomaba una teja para rascar­se con ella, y estaba sentado en medio de ceniza.
JOB 2:9 Díjole entonces su esposa: ¿Aun retienes tú tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.
JOB 2:10 Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
JOB 2:11 Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, y Bildad suhita, y Zofar nahamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían con­certado de venir juntos a condo­lecerse de él, y a consolarle.
JOB 2:12 Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.
JOB 2:13 Así se sentaron con él en tie­rra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, por­que veían que el dolor era muy grande.
JOB 3:1 DESPUÉS de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.
JOB 3:2 Y exclamó Job, y dijo:
JOB 3:3 Perezca el día en que yo nací, y la noche que se dijo: Varón es concebido.
JOB 3:4 Sea aquel día sombrío, y Dios no cuide de él desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca.
JOB 3:5 Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado, que lo haga horrible como caligi­noso día.
JOB 3:6 Ocupe la oscuridad aquella noche; no sea contada entre los días del año, ni venga en el número de los meses.
JOB 3:7 ¡Oh si fuere aquella noche soli­taria, que no viniera canción alguna en ella!
JOB 3:8 Maldíganla los que maldicen al día, los que se aprestan para levantar su llanto.
JOB 3:9 Oscurézcanse las estrellas de su alba; espere la luz, y no venga, ni vea los párpados de la maña­na:
JOB 3:10 Por cuanto no cerró las puer­tas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la mise­ria.
JOB 3:11 ¿Por qué no morí yo desde la matriz? ¿[Por qué no] entregué el espíritu al salir del vientre?
JOB 3:12 ¿Por qué me previnieron las rodillas? ¿y para qué las tetas que mamase?
JOB 3:13 Pues que ahora yaciera yo, y reposara; durmiera, y entonces tuviera reposo,
JOB 3:14 Con los reyes y con los con­sejeros de la tierra, que edifican para sí los desiertos;
JOB 3:15 O con los príncipes que poseían el oro, que henchían sus casas de plata.
JOB 3:16 O ¿por qué no fui escondido como aborto, como los pequeñi­tos que nunca vieron luz?
JOB 3:17 Allí los impíos dejan el per­turbar, y allí descansan los de cansadas fuerzas.
JOB 3:18 Allí asimismo reposan los cautivos; no oyen la voz del exactor.
JOB 3:19 Allí están el chico y el grande; y el siervo libre de su señor.
JOB 3:20 ¿Por qué se da luz al trabaja­do, y vida a los de alma en amar­gura,
JOB 3:21 Que esperan la muerte, y ella no llega, aunque la buscan más que tesoros;
JOB 3:22 Que se alegran sobremanera, y se gozan, cuando hallan el sepulcro?
JOB 3:23 [¿Por qué] al hombre que no sabe por donde vaya, y al cual Dios ha encerrado?
JOB 3:24 Pues antes que mi pan viene mi suspiro; y mis gemidos corren como aguas.
JOB 3:25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, y hame acontecido lo que temía.
JOB 3:26 No he tenido paz, no me ase­guré, ni me estuve reposado; vínome no obstante turbación.
JOB 4:1 Y RESPONDIÓ Elifaz el temanita, y dijo:
JOB 4:2 Si probáremos a hablarte, serte ha molesto; mas ¿quién podrá detener las palabras?
JOB 4:3 He aquí, tú enseñabas a muchos, y las manos flacas corroborabas;
JOB 4:4 Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían.
JOB 4:5 Mas ahora que [el mal] sobre ti ha venido, te es duro; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
JOB 4:6 ¿Es este tu temor, tu confianza, tu esperanza, y la perfección de tus caminos?
JOB 4:7 Recapacita ahora, ¿quién que fuera inocente se perdiera? y ¿en dónde los rectos fueron corta­dos?
JOB 4:8 Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan.
JOB 4:9 Perecen por el aliento de Dios, y por el espíritu de su furor son consumidos.
JOB 4:10 El rugido del león, y la voz del león, y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
JOB 4:11 El león viejo perece por falta de presa, y los hijos del león son esparcidos.
JOB 4:12 El negocio también me era a mí oculto; mas mi oído ha perci­bido algo de ello.
JOB 4:13 En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres,
JOB 4:14 Sobrevínome un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos:
JOB 4:15 Y un espíritu pasó por delante de mí, que hizo se erizara el pelo de mi carne.
JOB 4:16 Se paró, pero no podía discernir la forma de la misma: una imagen [estaba] delante de mis ojos, [hubo] silencio, y oí una voz, [diciendo]:
JOB 4:17 ¿Será el hombre mortal más justo que Dios? ¿Será el varón más puro que el que lo hizo?
JOB 4:18 He aquí que en sus siervos no confía, y notó necedad en sus ángeles;
JOB 4:19 ¡Cuánto más en los que habi­tan en casas de lodo, cuyo funda­mento está en el polvo, y que serán quebrantados de la polilla!
JOB 4:20 De la mañana a la tarde son quebrantados, y se pierden para siempre, sin haber quien lo con­sidere.
JOB 4:21 ¿Su hermosura, no se pierde con ellos mismos? Mueren, y sin sabiduría.
JOB 5:1 AHORA pues da voces, si habrá quien te responda; ¿y a cuál de los santos te volverás?
JOB 5:2 Es cierto que al necio la ira lo mata, y al codicioso consume la envidia.
JOB 5:3 Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldi­je su habitación.
JOB 5:4 Sus hijos estarán lejos de la sal­vación, y en la puerta serán que­brantados, y no habrá quien los libre.
JOB 5:5 Su mies comen los hambrientos, y la sacan de entre las espinas, y el salteador traga su sustancia.
JOB 5:6 Porque la iniquidad no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra.
JOB 5:7 Como las centellas se levantan para volar por [el aire], así el hombre nace para la aflic­ción.
JOB 5:8 Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios:
JOB 5:9 El cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas que no tienen cuento:
JOB 5:10 Que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas por los campos:
JOB 5:11 Que pone los humildes en altura, y los enlutados son levan­tados a salvación:
JOB 5:12 Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada:
JOB 5:13 Que prende a los sabios en la astucia de ellos, y el consejo de los perversos es entontecido;
JOB 5:14 De día se topan con tinieblas, y en mitad de día andan a tientas como de noche:
JOB 5:15 Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta;
JOB 5:16 Pues es esperanza al meneste­roso, y la iniquidad cerrará su boca.
JOB 5:17 He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga: por tanto no menosprecies la correc­ción del Todopoderoso.
JOB 5:18 Porque él es el que hace la llaga, y él la vendará: él hiere, y sus manos curan.
JOB 5:19 En seis tribulaciones te libra­rá, y en la séptima no te tocará el mal.
JOB 5:20 En el hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra de las manos de la espada.
JOB 5:21 Del azote de la lengua serás encubierto; ni temerás de la des­trucción cuando viniere.
JOB 5:22 De la destrucción y del ham­bre te reirás, y no temerás de las bestias del campo:
JOB 5:23 Pues aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacífi­cas.
JOB 5:24 Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás.
JOB 5:25 Asimismo echarás de ver que tu simiente es mucha, y tu prole como la hierba de la tierra.
JOB 5:26 Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo.
JOB 5:27 He aquí lo que hemos inquiri­do, lo cual es así: óyelo, y juzga tú para contigo.
JOB 6:1 Y RESPONDIÓ Job y dijo:
JOB 6:2 ¡Oh si pesasen al justo mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza!
JOB 6:3 Porque pesaría aquél más que la arena del mar: y por tanto mis palabras son cortadas.
JOB 6:4 Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten.
JOB 6:5 ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿muge el buey junto a su pasto?
JOB 6:6 ¿Comeráse lo desabrido sin sal? ¿o habrá gusto en la clara del huevo?
JOB 6:7 Las cosas que mi alma no que­ría tocar, por los dolores son mi comida.
JOB 6:8 ¡Quién me diera que viniese mi petición, y que Dios [me] otorgase lo que espero;
JOB 6:9 Y que pluguiera a Dios que­brantarme; que soltara su mano, y me deshiciera!
JOB 6:10 Y sería aún mi consuelo, si me asaltase con dolor sin dar más tregua, que yo no he escondido las palabras del Santo.
JOB 6:11 ¿Cuál es mi fortaleza para esperar aún? ¿y cuál mi fin para dilatar mi vida?
JOB 6:12 ¿Es mi fortaleza la de las pie­dras? ¿o mi carne, es de latón?
JOB 6:13 ¿No me ayudo cuanto puedo, y el poder me falta del todo?
JOB 6:14 El atribulado es consolado de su compañero: mas hase abandonado el temor del Todopoderoso.
JOB 6:15 Mis hermanos han mentido cual arroyo: pasáronse como corrientes impetuosas,
JOB 6:16 Que están escondidas por la helada, y encubiertas con nieve;
JOB 6:17 Que al tiempo del calor son deshechas, y en calentándose, desaparecen de su lugar;
JOB 6:18 Apártanse de la senda de su rumbo, van menguando y piér­dense.
JOB 6:19 Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Seba esperaron en ellas:
JOB 6:20 [Mas] fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y halláronse confu­sos.
JOB 6:21 Ahora ciertamente como ellas sois vosotros: que habéis visto el tormento, y teméis.
JOB 6:22 ¿He dicho yo: Traedme?, o ¿Pagad por mí de vuestra sustancia?
JOB 6:23 Y libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos?
JOB 6:24 Enseñadme, y yo callaré: y hacedme entender en qué he errado.
JOB 6:25 ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el que reprende de vosotros?
JOB 6:26 ¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
JOB 6:27 También os arrojáis sobre el huérfano, y hacéis hoyo delante de vuestro amigo.
JOB 6:28 Ahora pues, si queréis, mirad en mí, y [ved] si miento delante de vosotros.
JOB 6:29 Tornad ahora, y no haya iniquidad; volved aún [a conside­rar] mi justicia en esto.
JOB 6:30 ¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿No puede mi paladar discernir las cosas depravadas?
JOB 7:1 CIERTAMENTE tiempo [limitado ] tiene el hombre sobre la tierra, y sus días son como los días del jornalero.
JOB 7:2 Como el siervo anhela la som­bra, y como el jornalero espera [el reposo] de su trabajo:
JOB 7:3 Así poseo yo meses de vani­dad, y noches de trabajo me die­ron por cuenta.
JOB 7:4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mide [mi corazón] la noche, y estoy lleno de devaneos hasta el alba.
JOB 7:5 Mi carne está vestida de gusa­nos, y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable.
JOB 7:6 Y mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.
JOB 7:7 Acuérdate que mi vida es vien­to, y que mis ojos no volverán a ver el bien.
JOB 7:8 Los ojos de los que me ven, no me verán más: tus ojos sobre mí, y dejaré de ser.
JOB 7:9 La nube se consume, y se va: así el que desciende al sepulcro no subirá;
JOB 7:10 No tornará más a su casa, ni su lugar le conocerá más.
JOB 7:11 Por tanto yo no reprimiré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y quejaréme con la amargura de mi alma.
JOB 7:12 ¿Soy yo el mar, o ballena, que me pongas guarda?
JOB 7:13 Cuando digo: Mi cama me consolará, mi cama atenuará mis quejas;
JOB 7:14 Entonces me quebrantarás con sueños, y me turbarás con visiones.
JOB 7:15 Y así mi alma tuvo por mejor el ahogamiento, y [quiso] la muer­te más que mis huesos.
JOB 7:16 Aburríme: no he de vivir yo para siempre; déjame, pues que mis días son vanidad.
JOB 7:17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazón,
JOB 7:18 Y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo prue­bes?
JOB 7:19 ¿Hasta cuándo no me dejarás, ni me soltarás hasta que trague mi saliva?
JOB 7:20 Pequé, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres? ¿por qué me has puesto contrario a ti, y que a mí mismo sea pesado?
JOB 7:21 ¿Y por qué no quitas mi rebe­lión, y perdonas mi iniquidad? porque ahora dormiré en el polvo, y si me buscares de maña­na, ya no seré.
JOB 8:1 Y RESPONDIÓ Bildad suhita, y dijo:
JOB 8:2 ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán [como] un viento fuerte?
JOB 8:3 ¿Acaso pervertirá Dios el dere­cho, o el Todopoderoso perverti­rá la justicia?
JOB 8:4 Si tus hijos pecaron contra él, él los echó en el lugar de su pecado.
JOB 8:5 Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso;
JOB 8:6 Si fueres limpio y derecho, cierto luego se despertará sobre ti, y hará próspera la morada de tu justicia.
JOB 8:7 Y tu principio habrá sido pequeño, y tu postrimería acrece­rá en gran manera.
JOB 8:8 Porque inquiere ahora a la edad pasada, y disponte para inquirir de los padres de ellos;
JOB 8:9 Pues nosotros somos de ayer, y no sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.
JOB 8:10 ¿No te enseñarán ellos, te dirán, y de su corazón sacarán palabras?
JOB 8:11 ¿Crece el junco sin lodo? ¿crece el prado sin agua?
JOB 8:12 Aun él en su verdor no será cortado, y antes de toda hierba se secará.
JOB 8:13 Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios: y la esperanza del impío perecerá:
JOB 8:14 Porque su esperanza será cor­tada, y su confianza es casa de araña.
JOB 8:15 Apoyaráse él sobre su casa, mas no permanecerá en pie; atendráse a ella, mas no se afir­mará.
JOB 8:16 [A manera de un árbol], está verde delante del sol, y sus renuevos salen sobre su huerto;
JOB 8:17 Vanse entretejiendo sus raíces junto a [una] fuente, y enlazándo­se hasta un lugar pedregoso.
JOB 8:18 Si le arrancaren de su lugar, este negarále entonces, [diciendo:] Nunca te vi.
JOB 8:19 Ciertamente éste será el gozo de su camino; y de la tierra de donde se [traspusiere], nacerán otros.
JOB 8:20 He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni toma la mano de los malignos.
JOB 8:21 Aun henchirá tu boca de risa, y tus labios de júbilo.
JOB 8:22 Los que te aborrecen, serán vestidos de confusión; y la habi­tación de los impíos perecerá.
JOB 9:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 9:2 Ciertamente yo conozco que es así: ¿y cómo se justificará el hombre con Dios?
JOB 9:3 Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una [cosa] de mil.
JOB 9:4 Él es sabio de corazón, y pode­roso en fortaleza, ¿quién se endu­reció contra él, y quedó en paz?
JOB 9:5 Que arranca los montes con su furor, y no conocen quién los tras­tornó:
JOB 9:6 Que remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus colum­nas:
JOB 9:7 Que manda al sol, y no sale; y sella las estrellas:
JOB 9:8 El que extiende solo los cielos, y anda sobre las alturas del mar:
JOB 9:9 El que hizo el Arcturo, y el Orión, y las Pléyadas, y los luga­res secretos del sur:
JOB 9:10 El que hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número.
JOB 9:11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; y pasará, y no lo entenderé.
JOB 9:12 He aquí, arrebatará; ¿Quién le hará restituir? ¿Quién le dirá, qué haces?
JOB 9:13 Dios no tornará atrás su ira, y debajo de él se encorvan los que ayudan a los soberbios.
JOB 9:14 ¿Cuánto menos le responderé yo, y hablaré con él palabras estudiadas?
JOB 9:15 Que aunque fuese yo justo, no responderé; antes habré de rogar a mi juez.
JOB 9:16 Que si yo le invocase, y él me respondiese, aun no creeré que haya escuchado mi voz.
JOB 9:17 Porque me ha quebrado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa.
JOB 9:18 No me ha concedido que tome mi aliento; mas hame har­tado de amarguras.
JOB 9:19 Si [habláremos] de [su] potencia, fuerte por cierto es; si de juicio, ¿quién me emplazará?
JOB 9:20 Si yo me justificare, me con­denará mi boca; si [me dijere] per­fecto, esto me hará inicuo.
JOB 9:21 [Bien que yo fuese] íntegro, no conozco mi alma: reprocharé mi vida.
JOB 9:22 Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consu­me.
JOB 9:23 Si azote mata de presto, ríese de la prueba de los inocentes.
JOB 9:24 La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no [es él], ¿quién es? ¿dónde está?
JOB 9:25 Mis días han sido más ligeros que un correo; huyeron, y no vie­ron el bien.
JOB 9:26 Pasaron cual navíos veloces: como el águila que se arroja a la comida.
JOB 9:27 Si digo: Olvidaré mi queja, dejaré mi aburrimiento, y esfor­zaréme:
JOB 9:28 Contúrbanme todos mis tra­bajos; sé que no me darás por libre.
JOB 9:29 Yo soy impío, ¿para qué tra­bajaré en vano?
JOB 9:30 Aunque me lave con aguas de nieve, y limpie mis manos con la misma limpieza,
JOB 9:31 Aun me hundirás en el hoyo, y mis propias vestiduras me abo­minarán.
JOB 9:32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio.
JOB 9:33 No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre noso­tros ambos.
JOB 9:34 Quite de sobre mí su vara, y su terror no me espante.
JOB 9:35 Entonces hablaré, y no le temeré: porque así no estoy en mí mismo.
JOB 10:1 ESTÁ mi alma aburrida de mi vida: daré yo suelta a mi queja sobre mí, hablaré con amargura de mi alma.
JOB 10:2 Diré a Dios: no me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo.
JOB 10:3 ¿Parécete bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos?
JOB 10:4 ¿Tienes tú ojos de carne? ¿ves tú como ve el hombre?
JOB 10:5 ¿Son tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos,
JOB 10:6 Para que inquieras mi iniqui­dad, y busques mi pecado,
JOB 10:7 Sobre saber tú que no soy impío, y que no hay quien de tu mano libre?
JOB 10:8 Tus manos me formaron y me compusieron todo en contorno: ¿y así me deshaces?
JOB 10:9 Acuérdate ahora que como a lodo me diste forma: ¿y en polvo me has de tornar?
JOB 10:10 ¿No me fundiste como leche, y como un queso me cuajaste?
JOB 10:11 Vestísteme de piel y carne, y cubrísteme de huesos y nervios.
JOB 10:12 Vida y misericordia me con­cediste, y tu visitación guardó mi espíritu.
JOB 10:13 Y estas cosas tienes guardadas en tu corazón; yo sé que esto está cerca de ti.
JOB 10:14 Si pequé, tú me has observa­do, y no me limpias de mi iniqui­dad.
JOB 10:15 Si fuere malo, ¡ay de mí! y si fuere justo, no levantaré mi cabe­za, estando lleno de deshonra, y de verme afligido.
JOB 10:16 Y subirá de punto, [pues] me cazas como a león, y tornas a hacer en mí maravillas.
JOB 10:17 Renuevas contra mí tus pla­gas, y aumentas conmigo tu furor, remudándose sobre mí ejércitos.
JOB 10:18 ¿Por qué me sacaste de la matriz? ¡Oh, que yo hubiera entregado el espíritu, y ningún ojo me hubiera visto!
JOB 10:19 Fuera, como si nunca hubiera sido, llevado desde el vientre a la sepultura.
JOB 10:20 ¿No son mis días poca cosa? Cesa pues, y déjame, para que me conforte un poco.
JOB 10:21 Antes que vaya para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
JOB 10:22 Tierra de oscuridad, lóbrega como sombra de muerte, sin orden, y que aparece como [la] oscuridad [misma].
JOB 11:1 Y RESPONDIÓ Zofar nahamatita, y dijo:
JOB 11:2 ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿y el hombre parlero será justificado?
JOB 11:3 ¿Harán tus falacias callar a los hombres? ¿y harás escarnio, y no habrá quien te avergüence?
JOB 11:4 Tú dices: Mi doctrina es pura, y yo soy limpio delante de tus ojos.
JOB 11:5 Mas ¡oh quién diera que Dios hablara, y abriera sus labios con­tigo,
JOB 11:6 Y que te declarara los arcanos de la sabiduría, que [son] de doble [valor] que la hacienda! Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos que tu iniquidad merece.
JOB 11:7 ¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?
JOB 11:8 Es tan alto como el cielo: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás?
JOB 11:9 Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que el mar.
JOB 11:10 Si cortare, o encerrare, o jun­tare, ¿quién podrá contrarrestar­le?
JOB 11:11 Porque él conoce a los hom­bres vanos: ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso?
JOB 11:12 El hombre vano se hará entendido, aunque nazca como el pollino del asno montés.
JOB 11:13 Si tú apercibieres tu corazón, y extendieres a él tus manos;
JOB 11:14 Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y no consintieres que more maldad en tus tabernáculos;
JOB 11:15 Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serás fuerte y no temerás:
JOB 11:16 Y olvidarás tu trabajo, o te acordarás de él como de aguas que pasaron:
JOB 11:17 Y en mitad de la siesta se levantará bonanza; resplandece­rás, y serás como la mañana:
JOB 11:18 Y confiarás, que habrá espe­ranza; y cavarás, y dormirás segu­ro:
JOB 11:19 Y te acostarás, y no habrá quien te espante: y muchos te rogarán.
JOB 11:20 Mas los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio; y su esperanza será agonía del alma.
JOB 12:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 12:2 Ciertamente que vosotros sois el pueblo; y con vosotros morirá la sabiduría.
JOB 12:3 También tengo yo seso como vosotros; no soy yo menos que vosotros: ¿y quién habrá que no pueda decir otro tanto?
JOB 12:4 Yo soy uno de quien su amigo se mofa, que invoca a Dios, y él le responde: con todo, el justo y perfecto es escarnecido.
JOB 12:5 Aquel cuyos pies van a resba­lar, [es como] una lámpara despre­ciada de aquel que está a sus anchuras.
JOB 12:6 Prosperan los tabernáculos de los ladrones, y los que provocan a Dios viven seguros; en cuyas manos él ha puesto [cuanto tie­nen.]
JOB 12:7 Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, que ellas te enseña­rán; y a las aves del cielo, que ellas te lo mostrarán:
JOB 12:8 O habla a la tierra, que ella te enseñará; los peces del mar te [lo] declararán también.
JOB 12:9 ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano del SEÑOR la hizo?
JOB 12:10 En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo ser humano.
JOB 12:11 Ciertamente el oído distingue las palabras, y el paladar gusta las viandas.
JOB 12:12 En los viejos está la sabiduría, y en la larga edad el entendi­miento.
JOB 12:13 Con Dios está la sabiduría y la fortaleza; suyo es el consejo y el entendimiento.
JOB 12:14 He aquí, él derribará, y no será edificado: encerrará al hom­bre, y no habrá quien le abra.
JOB 12:15 He aquí, él detiene las aguas, y se secan; él las envía, y trastornan la tierra.
JOB 12:16 Con él está la fortaleza y la existencia; suyo es el que yerra, y el que hace errar.
JOB 12:17 Él hace andar a los consejeros desnudos [de consejo], y hace enloquecer a los jueces.
JOB 12:18 Él suelta la atadura de los tira­nos, y ata el cinto a sus lomos.
JOB 12:19 Él lleva despojados a los prín­cipes, y trastorna a los podero­sos.
JOB 12:20 Él impide el labio a los que dicen verdad, y quita a los ancia­nos el consejo.
JOB 12:21 Él derrama menosprecio sobre los príncipes, y enflaquece la fuerza de los esforzados.
JOB 12:22 Él descubre las profundidades de las tinieblas, y saca a luz la sombra de muerte.
JOB 12:23 Él multiplica las naciones, y él las destruye: él esparce las naciones, y las torna a recoger.
JOB 12:24 Él quita el seso de las cabezas del pueblo de la tierra, y háceles que se pierdan vagueando sin camino:
JOB 12:25 Van a tientas como en tinie­blas y sin luz, y los hace errar como borrachos.
JOB 13:1 HE aquí que todas estas cosas han visto mis ojos, y oído y entendido de por sí mis oídos.
JOB 13:2 Como vosotros lo sabéis, lo sé yo; no soy menos que vosotros.
JOB 13:3 Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría razonar con Dios.
JOB 13:4 Que ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos.
JOB 13:5 Quiera Dios que callarais del todo, porque os fuera sabiduría.
JOB 13:6 Oíd ahora mi razonamiento, y estad atentos a los argumentos de mis labios.
JOB 13:7 ¿Habéis de hablar iniquidad por Dios? ¿habéis de hablar por él engaño?
JOB 13:8 ¿Habéis de hacer acepción de su persona? ¿habéis de pleitear vosotros por Dios?
JOB 13:9 ¿Sería bueno que él os escudriñase? ¿os burlaréis de él como quien se burla de algún hombre?
JOB 13:10 Él os reprochará de seguro, si solapadamente hacéis acepción de personas.
JOB 13:11 De cierto su alteza os había de espantar, y su pavor había de caer sobre vosotros.
JOB 13:12 Vuestras memorias serán com­paradas a la ceniza, y vuestros cuerpos como cuerpos de lodo.
JOB 13:13 Escuchadme, y hablaré yo, y véngame después lo que viniere.
JOB 13:14 ¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes, y pondré mi alma en mi mano?
JOB 13:15 He aquí, aunque me matare, en él confiaaré; pero mantendré delante de él mis caminos.
JOB 13:16 Y él mismo me será salva­ción, porque no entrará en su presencia el hipócrita.
JOB 13:17 Oíd con atención mi razona­miento, y mi denunciación con vuestros oídos.
JOB 13:18 He aquí ahora, si yo me aper­cibiere a juicio, sé que seré justi­ficado.
JOB 13:19 ¿Quién es el que pleiteará conmigo? porque si ahora yo callara, fenecería.
JOB 13:20 A lo menos dos cosas no hagas conmigo; entonces no me esconderé de tu rostro:
JOB 13:21 Aparta de mí tu mano, y no me asombre tu terror.
JOB 13:22 Llama luego, y yo responde­ré; o yo hablaré, y respóndeme tú.
JOB 13:23 ¿Cuántas iniquidades y peca­dos tengo yo? hazme entender mi prevaricación y mi pecado.
JOB 13:24 ¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo?
JOB 13:25 ¿A la hoja arrebatada has de quebrantar? ¿y a una arista seca has de perseguir?
JOB 13:26 ¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi mocedad?
JOB 13:27 Pones además mis pies en el cepo, y guardas todos mis cami­nos, imprimiéndolo a las raíces de mis pies.
JOB 13:28 Y el [cuerpo mío] se va gastan­do como de carcoma, como vestidura que se come de polilla.
JOB 14:1 EL hombre nacido de mujer, corto de días, y lleno de sinsabores:
JOB 14:2 Que sale como una flor y es cortado; y huye como la sombra, y no permanece.
JOB 14:3 ¿Y sobre éste abres tus ojos, y me traes a juicio contigo?
JOB 14:4 ¿Quién hará limpio de inmun­do? Nadie.
JOB 14:5 Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti: tú le pusiste términos, de los cuales no pasará.
JOB 14:6 Si tú lo dejares, él dejará [de ser:] entre tanto deseará, como el jornalero, su día.
JOB 14:7 Porque si el árbol fuere corta­do, aún queda de él esperanza; retoñecerá aún, y sus renuevos no faltarán.
JOB 14:8 Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo,
JOB 14:9 Al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta.
JOB 14:10 Mas el hombre morirá, y será cortado; y perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?
JOB 14:11 Las aguas del mar se fueron, y agotóse el río, secóse.
JOB 14:12 Así el hombre yace, y no se tornará a levantar: hasta que no haya cielos no despertarán, ni se levantarán de su sueño.
JOB 14:13 ¡Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, que me encubrieras hasta apaciguar­se tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!
JOB 14:14 Si el hombre muriere, ¿[volve­rá] a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi mutación.
JOB 14:15 Aficionado a la obra de tus manos, llamarás, y yo te respon­deré.
JOB 14:16 Pues ahora me cuentas los pasos, y no das tregua a mi peca­do.
JOB 14:17 Tienes sellada en un saco mi prevaricación, y coacervas mi iniquidad.
JOB 14:18 Y ciertamente el monte que cae se deshace, y las peñas son traspasadas de su lugar;
JOB 14:19 Las piedras son desgastadas con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la tierra: de tal manera haces tú perecer la espe­ranza del hombre.
JOB 14:20 Para siempre serás más fuerte que él, y él se va; demudarás su rostro, y enviaráslo.
JOB 14:21 Sus hijos serán honrados, y él no lo sabrá; o serán humillados, y no entenderá de ellos.
JOB 14:22 Mas su carne sobre él se dolerá, y entristecerse ha en él su alma.
JOB 15:1 Y RESPONDIÓ Elifaz temanita, y dijo:
JOB 15:2 ¿Si proferirá el sabio vano conocimiento, y henchirá su vientre de viento solano?
JOB 15:3 ¿Disputará con palabras inúti­les, y con razones sin provecho?
JOB 15:4 Tú también disipas el temor, y menoscabas la oración delante de Dios.
JOB 15:5 Porque tu boca declaró tu iniquidad, pues has escogido el hablar de los astutos.
JOB 15:6 Tu boca te condenará, y no yo; y tus labios testificarán contra ti.
JOB 15:7 ¿Naciste tú primero que Adam? ¿o fuiste formado antes que los collados?
JOB 15:8 ¿Oíste tú el secreto de Dios, que detienes en ti solo la sabidu­ría?
JOB 15:9 ¿Qué sabes tú que no sepamos? ¿qué entiendes que no se halle en nosotros?
JOB 15:10 Entre nosotros también hay cano, también hay viejo mucho mayor en días que tu padre.
JOB 15:11 ¿En tan poco tienes las conso­laciones de Dios? ¿tienes acaso alguna cosa oculta cerca de ti?
JOB 15:12 ¿Por qué te enajena tu cora­zón, y por qué guiñan tus ojos,
JOB 15:13 Pues haces frente a Dios con tu espíritu, y sacas [tales] palabras de tu boca?
JOB 15:14 ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y que se justifi­que el nacido de mujer?
JOB 15:15 He aquí que en sus santos no confía, y ni los cielos son limpios delante de sus ojos:
JOB 15:16 ¿Cuánto menos el hombre abominable y vil, que bebe la iniquidad como agua?
JOB 15:17 Escúchame; yo te mostraré y te contaré lo que he visto:
JOB 15:18 (Lo que los sabios nos conta­ron de sus padres, y no lo encu­brieron;
JOB 15:19 A los cuales solos fue dada la tierra, y no pasó extraño por medio de ellos:)
JOB 15:20 Todos los días del impío, él es atormentado de dolor, y el núme­ro de años es escondido al vio­lento.
JOB 15:21 Estruendos espantosos hay en sus oídos; en la paz le vendrá quien lo asuele.
JOB 15:22 Él no creerá que ha de volver de las tinieblas, y está mirando a la espada.
JOB 15:23 Desasosegado a comer siem­pre, sabe que le está aparejado día de tinieblas.
JOB 15:24 Tribulación y angustia le asombrarán, y esforzaránse con­tra él como un rey apercibido para la batalla.
JOB 15:25 Por cuanto él extendió su mano contra Dios, y se esforzó contra el Todopoderoso,
JOB 15:26 Él le acometerá en la cerviz, en lo grueso de las hombreras de sus escudos:
JOB 15:27 Porque cubrió su rostro con su gordura, e hizo pliegues sobre los ijares;
JOB 15:28 Y habitó las ciudades asola­das, las casas inhabitadas, que estaban puestas en montones.
JOB 15:29 No enriquecerá, ni continuará su sustancia, ni extenderá por la tierra su hermosura.
JOB 15:30 No se escapará de las tinie­blas: la llama secará sus ramos, y con el aliento de su boca perece­rá.
JOB 15:31 No confíe el iluso en la vani­dad; porque ella será su recom­pensa.
JOB 15:32 Él será cortado antes de su tiempo, y sus renuevos no rever­decerán.
JOB 15:33 Él perderá su agraz como la vid, y derramará su flor como la oliva.
JOB 15:34 Porque la sociedad de los hipócritas será asolada, y fuego consumirá los tabernáculos de sobor­no.
JOB 15:35 Concibieron dolor, y parieron iniquidad; y las entrañas de ellos meditan engaño.
JOB 16:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 16:2 Muchas veces he oído cosas como éstas: consoladores molestos sois todos vosotros.
JOB 16:3 ¿Tendrán fin las palabras ven­tosas? o ¿qué te animará a res­ponder?
JOB 16:4 También yo hablaría como vosotros. Oh que vuestra alma estuviera en lugar de mi alma, que yo os tendría compañía en las palabras, y sobre vosotros movería mi cabeza.
JOB 16:5 [Mas] yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios apaciguaría [el dolor vues­tro.]
JOB 16:6 Si hablo, mi dolor no cesa; y si dejo [de hablar], no se aparta de mí.
JOB 16:7 Pero ahora me ha fatigado: has tú asolado toda mi compañía.
JOB 16:8 Tú me has arrugado; testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.
JOB 16:9 Su furor [me] destrizó, y me ha sido contrario: crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.
JOB 16:10 Abrieron contra mí su boca; hirieron mis mejillas con afrenta; contra mí se juntaron todos.
JOB 16:11 Hame entregado Dios al men­tiroso, y en las manos de los impíos me hizo estremecer.
JOB 16:12 Próspero estaba, y desmenuzóme: y arrebatóme por la cerviz, y despedazóme, y púsome por blanco suyo.
JOB 16:13 Cercáronme sus flecheros, partió mis entrañas, y no perdonó: mi hiel derramó por tierra.
JOB 16:14 Quebrantóme de quebranto sobre quebranto; corrió contra mí como un gigante.
JOB 16:15 Yo cosí cilicio sobre mi piel, y cargué mi cabeza de polvo.
JOB 16:16 Mi rostro está enlodado con lloro, y mis párpados entenebre­cidos:
JOB 16:17 A pesar de no haber iniquidad en mis manos, y de haber sido mi oración pura.
JOB 16:18 ¡Oh tierra! no cubras mi sangre, y no haya lugar a mi clamor.
JOB 16:19 Mas he aquí que en el cielo está mi testigo, y mi testimonio en las alturas.
JOB 16:20 Disputadores [son] mis amigos: [mas] a Dios destilarán mis ojos.
JOB 16:21 ¡Quiera Dios qué pudiese disputar el hombre con Dios, como con su prójimo!
JOB 16:22 Mas los años contados ven­drán, y yo iré el camino por donde no volveré.
JOB 17:1 MI aliento está corrompido, acórtanse mis días, y me está aparejado el sepulcro.
JOB 17:2 No hay conmigo sino escarne­cedores, en cuya acrimonia se detienen mis ojos.
JOB 17:3 Pon ahora, dame fianza para [litigar] contigo: ¿quién tocará ahora mi mano?
JOB 17:4 Porque [a éstos] has tú escondido su corazón de entendimiento: por tanto, no [los] ensalzarás.
JOB 17:5 El que denuncia lisonjas a sus prójimos, los ojos de sus hijos desfallezcan.
JOB 17:6 Él me ha puesto por parábola de pueblos, y delante [de ellos] he sido como tamboril.
JOB 17:7 Y mis ojos se oscurecieron de desabrimiento, y mis pensamien­tos todos son como sombra.
JOB 17:8 Los rectos se maravillarán de esto, y el inocente se levantará contra el hipócrita.
JOB 17:9 No obstante, proseguirá el justo su camino, y el limpio de manos aumentará la fuerza.
JOB 17:10 Mas volved todos vosotros, y venid ahora, que no hallaré entre vosotros sabio.
JOB 17:11 Pasáronse mis días, fueron arrancados mis pensamientos, los designios de mi corazón.
JOB 17:12 Pusieron la noche por día, y la luz se acorta delante de las tinie­blas.
JOB 17:13 Si yo espero, el sepulcro es mi casa: haré mi cama en las tinie­blas.
JOB 17:14 A la corrupción he dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana.
JOB 17:15 ¿Dónde pues estará ahora mi esperanza? y mi esperanza ¿quién la verá?
JOB 17:16 A los rincones del abismo descenderán, y juntamente des­cansarán en el polvo.
JOB 18:1 Y RESPONDIÓ Bildad suhita, y dijo:
JOB 18:2 ¿Cuándo pondréis fin a las pala­bras? Entended, y después hable­mos.
JOB 18:3 ¿Por qué somos tenidos por bes­tias, y en vuestros ojos somos viles?
JOB 18:4 Oh tú, que despedazas tu alma con tu furor, ¿será dejada la tierra por tu causa, y serán traspasadas de su lugar las peñas?
JOB 18:5 Ciertamente la luz de los impí­os será apagada, y no resplande­cerá la centella de su fuego.
JOB 18:6 La luz se oscurecerá en su tien­da, y apagaráse sobre él su lám­para.
JOB 18:7 Los pasos de su pujanza serán acortados, y precipitarálo su mismo consejo.
JOB 18:8 Porque red será echada en sus pies, y sobre red andará.
JOB 18:9 Lazo prenderá [su] calcañar: afirmaráse la trampa contra él.
JOB 18:10 Su cuerda está escondida en la tierra, y su torzuelo sobre la senda.
JOB 18:11 De todas partes lo asombrarán temores, y haránle huir descon­certado.
JOB 18:12 Su fuerza será hambrienta, y a su lado estará aparejado que­brantamiento.
JOB 18:13 El primogénito de la muerte comerá los ramos de su piel, y devorará sus miembros.
JOB 18:14 Su confianza será arrancada de su tienda, y harále esto llevar al rey de los espantos.
JOB 18:15 En su tienda morará como si no fuese suya: piedra azufre será esparcida sobre su morada.
JOB 18:16 Abajo se secarán sus raíces, y arriba serán cortadas sus ramas.
JOB 18:17 Su memoria perecerá de la tierra, y no tendrá nombre por las calles.
JOB 18:18 De la luz será lanzado a las tinieblas, y echado fuera del mundo.
JOB 18:19 No tendrá hijo ni nieto en su pueblo, ni quien [le] suceda en sus moradas.
JOB 18:20 Sobre su día se espantarán los por venir, como ocupó el pavor a los que fueron antes.
JOB 18:21 Ciertamente tales son las moradas del impío, y este será el lugar del que no conoció a Dios.
JOB 19:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 19:2 ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras?
JOB 19:3 Ya me habéis vituperado diez veces: ¿no os avergonzáis de des­comediros delante de mí?
JOB 19:4 Sea así que realmente haya yo errado, conmigo se quedará mi yerro.
JOB 19:5 Mas si vosotros os engrandecie­reis contra mí, y adujereis contra mí mi oprobio,
JOB 19:6 Sabed ahora que Dios me ha trastornado, y traído en derredor su red sobre mí.
JOB 19:7 He aquí yo clamaré agravio, y no seré oído: daré voces, y no habrá juicio.
JOB 19:8 Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; y sobre mis veredas puso tinieblas.
JOB 19:9 Hame despojado de mi gloria, y quitado la corona de mi cabeza.
JOB 19:10 Arruinóme por todos lados, y perezco; y ha hecho pasar mi esperanza como árbol [arranca­do].
JOB 19:11 E hizo inflamar contra mí su furor, y contóme para sí entre sus enemigos.
JOB 19:12 Vinieron sus ejércitos a una, y trillaron sobre mí su camino, y asentaron campo en derredor de mi tienda.
JOB 19:13 Hizo alejar de mí mis herma­nos, y positivamente se extraña­ron de mí mis conocidos.
JOB 19:14 Mis parientes se detuvieron, y mis conocidos se olvidaron de mí.
JOB 19:15 Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño: forastero fui yo en sus ojos.
JOB 19:16 Llamé a mi siervo, y no res­pondió; de mi propia boca le suplicaba.
JOB 19:17 Mi aliento vino a ser extraño a mi esposa, aunque por los hijos de mis entrañas [le] rogaba.
JOB 19:18 Aun los muchachos me menospreciaron: en levantándo­me, hablaban contra mí.
JOB 19:19 Todos mis confidentes me aborrecieron; y los que yo amaba, se tornaron contra mí.
JOB 19:20 Mi cuero y mi carne se pega­ron a mis huesos; y he escapado con la piel de mis dientes.
JOB 19:21 Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí; porque la mano de Dios me ha tocado.
JOB 19:22 ¿Por qué me perseguís como Dios, y no os hartáis de mis car­nes?
JOB 19:23 ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡quién diese que se escribieran en un libro!
JOB 19:24 ¡Que con cincel de hierro y con plomo fuesen en la roca esculpidas para siempre!
JOB 19:25 Yo sé [que] mi Redentor vive, y [que] él se parará sobre la tierra en el [día] final.
JOB 19:26 Y después que mi piel sea desecha y [los gusanos] destruyan este [cuerpo] aun en mi carne he de ver a Dios;
JOB 19:27 Al cual yo tengo de ver por mí, y mis ojos lo verán, y no otro, [aunque] mis entrañas se consuman dentro de mí.
JOB 19:28 Mas debierais decir: ¿Por qué lo perseguimos? ya que la raíz del negocio en mí se halla.
JOB 19:29 Temed vosotros delante de la espada; porque [sobreviene] el furor de la espada [a causa] de las injusticias, para que sepáis que hay un juicio.
JOB 20:1 Y RESPONDIÓ Zofar nahamatita, y dijo:
JOB 20:2 Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro.
JOB 20:3 La reprensión de mi censura he oído, y háceme responder el espíritu de mi entendimiento.
JOB 20:4 ¿No sabes esto que fue siem­pre, desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra,
JOB 20:5 Que la alegría de los impíos es breve, y el gozo del hipócrita por un momento?
JOB 20:6 Si subiere su altivez hasta los cielos, y su cabeza tocare en las nubes,
JOB 20:7 Con su estiércol perecerá para siempre: los que le hubieren visto, dirán: ¿Qué es de él?
JOB 20:8 Como sueño volará, y no será hallado: y disiparáse como visión nocturna.
JOB 20:9 El ojo que le habrá visto, nunca más le verá; ni su lugar le echará más de ver.
JOB 20:10 Sus hijos pobres andarán rogando; y sus manos tornarán lo que él robó.
JOB 20:11 Sus huesos están llenos de sus mocedades, y con él serán sepul­tados en el polvo.
JOB 20:12 Si el mal se endulzó en su boca, si lo ocultaba debajo de su lengua;
JOB 20:13 Si le parecía bien, y no lo deja­ba, mas antes lo detenía entre su paladar;
JOB 20:14 Su comida se mudará en sus entrañas, hiel de áspides será den­tro de él.
JOB 20:15 Devoró riquezas, mas vomita­rálas; de su vientre las sacará Dios.
JOB 20:16 Veneno de áspides chupará; matarálo lengua de víbora.
JOB 20:17 No verá los arroyos, los ríos, los torrentes de miel y de mante­ca.
JOB 20:18 Restituirá su trabajo, y no [lo] tragará; según [su] sustancia [será] la restitución, y no se gozará [en ello].
JOB 20:19 Por cuanto quebrantó y des­amparó a los pobres, robó casas, y no las edificó;
JOB 20:20 Por tanto, no sentirá él sosie­go en su vientre, ni salvará nada de lo que codiciaba.
JOB 20:21 No quedó nada que no comie­se: por tanto su bien no será dura­ble.
JOB 20:22 Cuando fuere lleno su basti­mento, tendrá angustia: las manos todas de los malvados vendrán sobre él.
JOB 20:23 Cuando se pusiere a henchir su vientre, [Dios] enviará sobre él el furor de su ira, y harála llover sobre él y sobre su comida.
JOB 20:24 Huirá de las armas de hierro, y el arco de acero le atravesará.
JOB 20:25 Desenvainará y sacará [saeta] de su aljaba, y relumbrante pasa­rá por su hiel: sobre él vendrán terrores.
JOB 20:26 Todas tinieblas están guarda­das para sus secretos: fuego no soplado lo devorará; su sucesor será quebrantado en su tienda.
JOB 20:27 El cielo descubrirá su iniquidad, y la tierra se levantará contra él.
JOB 20:28 Los renuevos de su casa serán trasportados; serán derramados en el día de su furor.
JOB 20:29 Ésta [es] la porción que Dios apa­reja al hombre impío, y la heredad que Dios le señala por su palabra.
JOB 21:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 21:2 Oíd atentamente mi palabra, y sea esto vuestros consuelos.
JOB 21:3 Soportadme, y yo hablaré; y después que hubiere hablado, escarneced.
JOB 21:4 ¿Hablo yo a algún hombre? y ¿por qué no se ha de angustiar mi espíritu?
JOB 21:5 Miradme, y espantaos, y poned la mano sobre la boca.
JOB 21:6 Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, y toma temblor mi carne.
JOB 21:7 ¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en rique­zas?
JOB 21:8 Su simiente con ellos, com­puesta delante de ellos; y sus renuevos delante de sus ojos.
JOB 21:9 Sus casas seguras de temor, ni hay azote de Dios sobre ellos.
JOB 21:10 Sus vacas conciben, no abor­tan; paren sus vacas, y no malo­gran su cría.
JOB 21:11 Salen sus chiquitos como manada, y sus hijos andan saltan­do.
JOB 21:12 Al son de tamboril y de cítara saltan, y se huelgan al son del órgano.
JOB 21:13 Gastan sus días en bien, y en un momento descienden a la sepultu­ra.
JOB 21:14 Dicen pues a Dios: Apártate de nosotros, que no queremos el conocimiento de tus caminos.
JOB 21:15 ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿y de qué nos aprovechará que oremos a él?
JOB 21:16 He aquí que su bien no está en mano de ellos: el consejo de los impíos lejos esté de mí.
JOB 21:17 ¡Oh cuántas veces la lámpara de los impíos es apagada, y viene sobre ellos su quebranto, [y Dios] en su ira les reparte dolores!
JOB 21:18 Serán como la paja delante del viento, y como el tamo que arrebata el torbellino.
JOB 21:19 Dios guardará para sus hijos su violencia; y le dará su pago, para que conozca.
JOB 21:20 Verán sus ojos su quebranto, y beberá de la ira del Todopoderoso.
JOB 21:21 Porque ¿qué deleite tendrá él de su casa después de sí, siendo cortado el número de sus meses?
JOB 21:22 ¿Enseñará alguien a Dios conocimiento, juzgando él a los que están elevados?
JOB 21:23 Éste morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífi­co.
JOB 21:24 Sus pechos están llenos de leche, y sus huesos serán regados de tuétano.
JOB 21:25 Y estotro morirá en amargura de su alma, y no habiendo comi­do jamás con gusto.
JOB 21:26 Igualmente yacerán ellos en el polvo, y gusanos los cubrirán.
JOB 21:27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos, y las imaginacio­nes que contra mí forjáis.
JOB 21:28 Porque decís: ¿Qué es de la casa del príncipe, y qué de la tienda de las moradas de los impíos?
JOB 21:29 ¿No habéis preguntado a los que pasan por los caminos, por cuyas señas no negaréis,
JOB 21:30 Que el malo es reservado para el día de la destrucción? Presentados serán en el día de la ira.
JOB 21:31 ¿Quién le denunciará en su cara su camino? Y de lo que él hizo, ¿quién le dará el pago?
JOB 21:32 Porque llevado será él al sepulcro, y en la tumba perma­necerá.
JOB 21:33 Los terrones del valle le serán dulces; y tras de él será llevado todo hombre, y antes de él [han ido] innumerables.
JOB 21:34 ¿Cómo pues me consoláis en vano, viniendo a parar vuestras respuestas en falacia?
JOB 22:1 Y RESPONDIÓ Elifaz temanita, y dijo:
JOB 22:2 ¿Traerá el hombre provecho a Dios, porque el sabio sea prove­choso a sí mismo?
JOB 22:3 ¿Tiene su contentamiento el Todopoderoso en que tú seas jus­tificado, o provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?
JOB 22:4 ¿Castigaráte acaso, o vendrá contigo a juicio porque te teme?
JOB 22:5 Por cierto tu malicia es grande, y tus maldades no tienen fin.
JOB 22:6 Porque sacaste prenda a tus hermanos sin causa, e hiciste desnudar las ropas de los desnu­dos.
JOB 22:7 No diste de beber agua al can­sado, y detuviste el pan al ham­briento.
JOB 22:8 Pero el hombre pudiente tuvo la tierra; y habitó en ella el distinguido.
JOB 22:9 Las viudas enviaste vacías, y los brazos de los huérfanos fue­ron quebrados.
JOB 22:10 Por tanto hay lazos alrededor de ti, y te turba espanto repenti­no;
JOB 22:11 O tinieblas, porque no veas; y abundancia de agua te cubre.
JOB 22:12 ¿No está Dios en la altura del cielo? Mira lo encumbrado de las estrellas, cuán elevadas están.
JOB 22:13 ¿Y dirás tú: Qué sabe Dios? ¿cómo juzgará por medio de la oscuridad?
JOB 22:14 Las nubes son su escondede­ro, y no ve; y por el circuito del cielo se pasea.
JOB 22:15 ¿Quieres tú guardar la senda antigua, que pisaron los hombres perversos?
JOB 22:16 Los cuales fueron cortados antes de tiempo, cuyo fundamen­to fue como un río derramado:
JOB 22:17 Que decían a Dios: Apártate de nosotros. ¿Y qué les había hecho el Todopoderoso?
JOB 22:18 Habíales él henchido sus casas de [bienes]. Pero el consejo de los impíos sea lejos de mí.
JOB 22:19 Verán los justos y se gozarán; y el inocente los escarnecerá, [diciendo]:
JOB 22:20 Por cuanto nuestra sustancia no es cortada, pero el fuego consume el remanente de ellos.
JOB 22:21 Amístate ahora con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.
JOB 22:22 Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón.
JOB 22:23 Si te tornares al Todopoderoso, serás edificado; alejarás de tus tabernáculos la iniquidad;
JOB 22:24 Y tendrás más oro que tierra, y como piedras de arroyos oro de Ofir;
JOB 22:25 Y el Todopoderoso será tu defensa, y tendrás plata a monto­nes.
JOB 22:26 Porque entonces te deleitarás en el Todopoderoso, y alzarás a Dios tu rostro.
JOB 22:27 Orarás a él, y él te oirá; y tú pagarás tus votos.
JOB 22:28 Determinarás asimismo una cosa, y serte ha firme; y sobre tus caminos resplandecerá luz.
JOB 22:29 Cuando fueren abatidos, dirás tú: Ensalzamiento [habrá]: y [Dios] salvará al humilde de ojos.
JOB 22:30 Él libertará la isla del inocen­te; y por la limpieza de tus manos será librada.
JOB 23:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 23:2 Hoy también hablaré con amargura; que es más grave mi llaga que mi gemido.
JOB 23:3 ¡Quién me diera el saber dónde hallar [a Dios]! yo iría hasta su silla.
JOB 23:4 Ordenaría juicio delante de él, y henchiría mi boca de argumen­tos.
JOB 23:5 Yo sabría lo que él me respon­dería, y entendería lo que me dijese.
JOB 23:6 ¿Pleitearía conmigo con gran­deza de fuerza? No: antes él la pondría en mí.
JOB 23:7 Allí el justo razonaría con él: y escaparía para siempre de mi juez.
JOB 23:8 He aquí yo iré al oriente, y no lo [hallaré]; y al occidente, y no lo percibiré:
JOB 23:9 Si al norte él obrare, yo no lo veré; al sur se esconderá, y no lo veré.
JOB 23:10 Pero él conoce mi camino: me probará, y saldré como oro.
JOB 23:11 Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me apar­té.
JOB 23:12 Ni me aparté del mandamiento de sus labios; he estimado las palabras de su boca más que mi [comida] necesaria.
JOB 23:13 Pero si él [se determina] en una cosa ¿quién lo apartará? [Lo que] su alma desea, [esto] hace.
JOB 23:14 Él pues acabará lo que ha determinado de mí: y muchas cosas como éstas hay en él.
JOB 23:15 Por lo cual yo me espanto en su presencia: consideraré, y temerélo.
JOB 23:16 Dios ha enervado mi corazón, y hame turbado el Todopoderoso.
JOB 23:17 ¿Por qué no fui yo cortado delante de las tinieblas, y cubrió con oscuridad mi rostro?
JOB 24:1 PUESTO que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, ¿por qué los que le conocen no ven sus días?
JOB 24:2 Traspasan los linderos, roban los ganados con violencia, y apa­ciéntanlos.
JOB 24:3 Llévanse el asno de los huérfanos; prenden el buey de la viuda.
JOB 24:4 Hacen apartar del camino a los menesterosos: y todos los pobres de la tierra se esconden.
JOB 24:5 He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su obra madrugando para robar; el desierto es mantenimiento de sus hijos.
JOB 24:6 En el campo siegan su pasto, y los impíos vendimian la viña [ajena].
JOB 24:7 Al desnudo hacen dormir sin ropa, y que en el frío no tenga cobertura.
JOB 24:8 Con las avenidas de los montes se mojan, y abrazan las peñas sin tener abrigo.
JOB 24:9 Quitan el pecho a los huérfa­nos, y de sobre el pobre toman la prenda.
JOB 24:10 Al desnudo hacen andar sin vestidura, y a los hambrientos qui­tan los hacecillos.
JOB 24:11 De dentro de sus paredes exprimen el aceite, pisan los lagares, y mueren de sed.
JOB 24:12 De la ciudad gimen los hom­bres, y claman las almas de los heridos de muerte: mas Dios no puso estorbo.
JOB 24:13 Ellos son los que, rebeldes a la luz, nunca conocieron sus caminos, ni estuvieron en sus veredas.
JOB 24:14 A la luz se levanta el matador, mata al pobre y al necesitado, y de noche es como ladrón.
JOB 24:15 El ojo del adúltero está aguar­dando la noche, diciendo: No me verá nadie: y esconde su rostro.
JOB 24:16 En las tinieblas minan las casas, que de día para sí señala­ron; no conocen la luz.
JOB 24:17 Porque la mañana es a todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de som­bra de muerte [los toman].
JOB 24:18 Son instables más que la superficie de las aguas; su por­ción es maldita en la tierra; no andarán por el camino de las viñas.
JOB 24:19 La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve; y el sepul­cro a los pecadores.
JOB 24:20 Olvidaráse de ellos el seno materno; de ellos sentirán los gusanos dulzura; nunca más habrá de ellos memoria, y como un árbol serán los impíos que­brantados.
JOB 24:21 A la mujer estéril que no paría, afligió; y a la viuda nunca hizo bien.
JOB 24:22 Mas a los fuertes adelantó con su poder: levantóse, y no se da por segura la vida.
JOB 24:23 Le dieron a crédito, y se afir­mó: sus ojos están sobre los caminos de ellos.
JOB 24:24 Fueron ensalzados por un poco, mas desaparecen, y son abatidos como cada cual: serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.
JOB 24:25 Y si no, ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?
JOB 25:1 Y RESPONDIÓ Bildad suhita, y dijo:
JOB 25:2 El señorío y el temor están con él: él hace paz en sus alturas.
JOB 25:3 ¿Tienen sus ejércitos número? ¿y sobre quién no está su luz?
JOB 25:4 ¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿y cómo será limpio el que nace de mujer?
JOB 25:5 He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos:
JOB 25:6 ¿Cuánto menos el hombre que es un gusano, y el hijo de hom­bre, [también] gusano?
JOB 26:1 Y RESPONDIÓ Job, y dijo:
JOB 26:2 ¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿has amparado al brazo sin fortaleza?
JOB 26:3 ¿En qué aconsejaste al que no tiene sabiduría, y qué plenitud de conocimiento has dado a cono­cer?
JOB 26:4 ¿A quién has anunciado pala­bras, y cuyo es el espíritu que de ti sale?
JOB 26:5 Cosas inanimadas son forma­das debajo de las aguas, y los habitantes de ellas.
JOB 26:6 El infierno está desnudo delan­te de él, y no tiene cobertura la destrucción.
JOB 26:7 Extiende el alquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada.
JOB 26:8 Ata las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas.
JOB 26:9 Él restriñe la faz de su trono, y sobre él extiende su nube.
JOB 26:10 Él cercó con término la super­ficie de las aguas, hasta el fin de la luz y las tinieblas.
JOB 26:11 Las columnas del cielo tiem­blan, y se espantan de su repren­sión.
JOB 26:12 Él rompe el mar con su poder, y con su entendimiento hiere la hinchazón [suya].
JOB 26:13 Por su espíritu adornó los cielos; su mano formó la serpiente tor­tuosa.
JOB 26:14 He aquí, éstas [son] partes de sus caminos: ¡mas cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?
JOB 27:1 Y REASUMIÓ Job su discurso, y dijo:
JOB 27:2 Como Dios vive, el cual ha apartado mi causa, y el Omnipotente, [quien] amargó mi alma,
JOB 27:3 Que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, y [hubiere] hálito de Dios en mis narices,
JOB 27:4 Mis labios no hablarán iniqui­dad, ni mi lengua pronunciará engaño.
JOB 27:5 Nunca tal acontezca que yo os justifique: hasta morir no quitaré de mí mi integridad.
JOB 27:6 Mi justicia tengo asida, y no la cederé: no [me] reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida.
JOB 27:7 Sea como el impío mi enemigo, y como el inicuo mi adversa­rio.
JOB 27:8 Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, por mucho que hubiere robado, cuando Dios arrebatare su alma?
JOB 27:9 ¿Oirá Dios su clamor cuando la tribulación sobre él viniere?
JOB 27:10 ¿Deleitaráse en el Todopoderoso? ¿Invocará a Dios en todo tiempo?
JOB 27:11 Yo os enseñaré en orden a la mano de Dios: no esconderé lo que hay para con el Todopoderoso.
JOB 27:12 He aquí que todos vosotros lo habéis visto: ¿por qué pues os des­vanecéis con fantasía?
JOB 27:13 Ésta [es] para con Dios la suer­te del hombre impío, y la heren­cia que los violentos han de reci­bir del Todopoderoso.
JOB 27:14 Si sus hijos fueren multiplica­dos, serán para la espada; y sus pequeños no se hartarán de pan;
JOB 27:15 Los que le quedaren, en muer­te serán sepultados; y no llorarán sus viudas.
JOB 27:16 Si amontonare plata como polvo, y si preparare ropa como lodo;
JOB 27:17 Habrála él preparado, mas el justo se vestirá, y el inocente repartirá la plata.
JOB 27:18 Edificó su casa como la poli­lla, y cual cabaña que el guarda hizo.
JOB 27:19 El rico dormirá, mas no será recogido: abrirá sus ojos, mas él no será.
JOB 27:20 Asirán de él terrores como aguas: torbellino lo arrebatará de noche.
JOB 27:21 Lo antecogerá el solano, y partirá; y tempestad lo arrebatará del lugar suyo.
JOB 27:22 [Dios] pues descargará sobre él, y no perdonará: hará él por huir de su mano.
JOB 27:23 Batirán sus manos sobre él, y desde su lugar le silbarán.
JOB 28:1 CIERTAMENTE la plata tiene sus veneros, y el oro lugar [donde] se forma.
JOB 28:2 El hierro se saca del polvo, y de la piedra es fundido el latón.
JOB 28:3 A las tinieblas puso término, y examina todo a la perfección, las piedras [que hay] en la oscuridad y en la sombra de muerte.
JOB 28:4 Brota el torrente de junto al morador, [aguas] que el pie había olvidado: sécanse luego, vanse del hombre.
JOB 28:5 De la tierra nace el pan, y deba­jo de ella estará como convertida en fuego.
JOB 28:6 Lugar hay cuyas piedras son zafiro, y sus polvos de oro.
JOB 28:7 Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vio:
JOB 28:8 Nunca la pisaron animales fie­ros, ni león pasó por ella.
JOB 28:9 En el pedernal puso su mano, y trastornó los montes de raíz.
JOB 28:10 De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado.
JOB 28:11 Detuvo los ríos en su naci­miento, e hizo salir a luz lo escondido.
JOB 28:12 Pero ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la prudencia?
JOB 28:13 No conoce su valor el hom­bre, ni se halla en la tierra de los vivientes.
JOB 28:14 El abismo dice: No está en mí: y el mar dijo: Ni conmigo.
JOB 28:15 No se dará por oro, ni su pre­cio será a peso de plata.
JOB 28:16 No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónix pre­cioso, ni con zafiro.
JOB 28:17 El oro no se le igualará, ni el diamante; ni se trocará por vaso de oro fino.
JOB 28:18 De coral ni de perlas no se hará mención: la sabiduría es mejor que los rubíes.
JOB 28:19 No se igualará con ella esme­ralda de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino.
JOB 28:20 ¿De dónde pues vendrá la sabiduría? ¿y dónde está el lugar del entendimiento?
JOB 28:21 Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta.
JOB 28:22 La destrucción y la muerte dije­ron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.
JOB 28:23 Dios entiende el camino de ella, y él conoce su lugar.
JOB 28:24 Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo.
JOB 28:25 Al dar peso al viento, y poner las aguas por medida;
JOB 28:26 Cuando él hizo ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos;
JOB 28:27 Entonces la veía él, y la manifestaba; preparóla y descubrióla también.
JOB 28:28 Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabidu­ría, y el apartarse del mal el entendimiento.
JOB 29:1 Y VOLVIÓ Job a tomar su propósito, y dijo:
JOB 29:2 ¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días que Dios me guardaba,
JOB 29:3 Cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad;
JOB 29:4 Como era yo en los días de mi mocedad, cuando el secreto de Dios [estaba] sobre mi tabernáculo;
JOB 29:5 Cuando aún el Todopoderoso estaba conmigo, y mis hijos alre­dedor de mí;
JOB 29:6 Cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la roca me derramaba ríos de aceite!
JOB 29:7 Cuando salía a la puerta a jui­cio, y en la plaza hacía preparar mi asiento,
JOB 29:8 Los mozos me veían, y se escondían; y los viejos se levan­taban, y estaban en pie;
JOB 29:9 Los príncipes detenían sus palabras, ponían la mano sobre su boca;
JOB 29:10 La voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba a su paladar:
JOB 29:11 Cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio:
JOB 29:12 Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.
JOB 29:13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al cora­zón de la viuda daba alegría.
JOB 29:14 Me vestía de justicia, y ella me vestía; como un manto y una diadema [era] mi juicio.
JOB 29:15 Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.
JOB 29:16 A los menesterosos era padre; y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia:
JOB 29:17 Y quebraba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía sol­tar la presa.
JOB 29:18 Y decía yo: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré días.
JOB 29:19 Mi raíz estaba abierta junto a las aguas, y en mis ramas perma­necía el rocío.
JOB 29:20 Mi honra se renovaba en mí, y mi arco se corroboraba en mi mano.
JOB 29:21 Oíanme, y esperaban; y callaban a mi consejo.
JOB 29:22 Tras mi palabra no replicaban, y mi razón destilaba sobre ellos.
JOB 29:23 Y esperábanme como a la llu­via, y abrían su boca [como] a la lluvia tardía.
JOB 29:24 [Si] me reía sobre ellos, no [lo] cre­ían: y no abatían la luz de mi ros­tro.
JOB 29:25 Calificaba yo el camino de ellos, y sentábame en cabecera; y moraba como rey en el ejército, como el que consuela llorosos.
JOB 30:1 MAS ahora los más mozos de días que yo, se ríen de mí; cuyos padres yo desdeñara ponerlos con los perros de mi ganado.
JOB 30:2 ¿Y de qué me [serviría] la fuerza de sus manos, cuyo vigor ha perecido?
JOB 30:3 Por causa de la pobreza y del hambre [andaban] solos; huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto.
JOB 30:4 Que cogían malvas entre los arbustos, y raíces de enebro para calentarse.
JOB 30:5 Eran echados de entre [las gen­tes], y todos les daban grita como al ladrón.
JOB 30:6 Habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las rocas.
JOB 30:7 Bramaban entre las matas, y se reunían debajo de las espinas.
JOB 30:8 Hijos de viles, y hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra.
JOB 30:9 Y ahora yo soy su canción, y he sido hecho su refrán.
JOB 30:10 Abomínanme, aléjanse de mí, y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.
JOB 30:11 Porque [Dios] desató mi cuer­da, y me afligió, por eso se des­enfrenaron delante de mi rostro.
JOB 30:12 A la mano derecha se levanta­ron los jóvenes; empujaron mis pies, y sentaron contra mí las vías de su ruina.
JOB 30:13 Mi senda desbarataron, aprovecháronse de mi quebrantamien­to, contra los cuales no hubo ayu­dador.
JOB 30:14 Vinieron como por portillo ancho, revolviéronse a [mi] calami­dad.
JOB 30:15 Hanse revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi alma, y mi salud pasó como nube.
JOB 30:16 Y ahora mi alma está derra­mada en mí; días de aflicción me han aprehendido.
JOB 30:17 De noche taladra sobre mí mis huesos, y mis pulsos no reposan.
JOB 30:18 Con la grande copia [de mate­ria] mi vestidura está demudada; cíñeme como el cuello de mi túnica.
JOB 30:19 Derribóme en el lodo, y soy semejante al polvo y a la ceniza.
JOB 30:20 Clamo a ti, y no me oyes; pre­séntome, y no me atiendes.
JOB 30:21 Haste tornado cruel para mí: con la fortaleza de tu mano me amenazas.
JOB 30:22 Levantásteme, e hicísteme cabalgar sobre el viento, y disol­viste mi sustancia.
JOB 30:23 Porque yo sé que me llevarás a la muerte; y a la casa determinada a todo viviente.
JOB 30:24 Mas él no extenderá la mano para el sepulcro; aunque clamen en su destrucción.
JOB 30:25 ¿No lloré yo al afligido? Y mi alma ¿no se entristeció sobre el menesteroso?
JOB 30:26 Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; y cuando esperaba luz, la oscuridad vino.
JOB 30:27 Mis entrañas hierven, y no reposan; días de aflicción me han sobrecogido.
JOB 30:28 Denegrido ando, y no por el sol: levantádome he en la congre­gación, y clamado.
JOB 30:29 He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los búhos.
JOB 30:30 Mi piel está denegrida sobre mí, y mis huesos se secaron con ardentía.
JOB 30:31 Y hase tornado mi arpa en luto, y mi órgano en voz de lamentado­res.
JOB 31:1 HICE pacto con mis ojos: ¿Cómo, pues, había yo de pensar en una doncella?
JOB 31:2 Porque ¿qué galardón [me daría] de arriba Dios, y qué heredad el Todopoderoso de las alturas?
JOB 31:3 ¿No hay quebrantamiento para el impío, y extrañamiento para los que obran iniquidad?
JOB 31:4 ¿No ve él mis caminos, y cuen­ta todos mis pasos?
JOB 31:5 Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño,
JOB 31:6 Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integri­dad.
JOB 31:7 Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se apegó a mis manos,
JOB 31:8 Siembre yo, y otro coma, y mis verduras sean arrancadas.
JOB 31:9 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve ace­chando a la puerta de mi próji­mo:
JOB 31:10 Muela para otro mi esposa, y sobre ella otros se encorven.
JOB 31:11 Porque es maldad e iniquidad, que han de castigar los jueces.
JOB 31:12 Porque es fuego que devora­ría hasta el sepulcro, y desarrai­garía toda mi hacienda.
JOB 31:13 Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos pleitearan conmigo,
JOB 31:14 ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase? y cuando él visitara, ¿qué le respondería yo?
JOB 31:15 El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él también? ¿y no fue uno el que nos formó en la matriz?
JOB 31:16 Si estorbé el contento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda;
JOB 31:17 Y si comí mi bocado solo, y no comió de él el huérfano;
JOB 31:18 (Porque desde mi mocedad creció conmigo como con padre, y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda;)
JOB 31:19 Si he visto que pereciera algu­no sin vestidura, y al menesteroso sin cobertura;
JOB 31:20 Si no me bendijeron sus lomos, y del vellón de mis ovejas se calentaron;
JOB 31:21 Si alcé contra el huérfano mi mano, aunque viese que me ayu­darían en la puerta;
JOB 31:22 Mi espalda se caiga de mi hombro, y mi brazo sea quebra­do de mi canilla.
JOB 31:23 Porque temí el castigo de Dios, contra cuya alteza yo no tendría poder.
JOB 31:24 Si puse en oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza [eres] tú;
JOB 31:25 Si me alegré de que mi hacienda se multiplicase, y de que mi mano hallase mucho;
JOB 31:26 Si he mirado al sol cuando resplandecía, y a la luna cuando iba hermosa,
JOB 31:27 Y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano:
JOB 31:28 Esto también [fuera] iniquidad [para ser castigada por] el juez; porque habría negado al Dios [que está] arriba.
JOB 31:29 Si me alegré en el quebranta­miento del que me aborrecía, y me regocijé cuando le halló el mal;
JOB 31:30 (Que ni aun entregué al peca­do mi paladar, pidiendo maldi­ción para su alma;)
JOB 31:31 Cuando mis domésticos decí­an: ¡Quién nos diese de su carne! nunca nos hartaríamos.
JOB 31:32 El extranjero no tenía fuera la noche; mis puertas abría al cami­nante.
JOB 31:33 Si encubrí como Adam mi transgresión, escondiendo en mí seno mi iniquidad;
JOB 31:34 Porque quebrantaba a la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta:
JOB 31:35 ¡Oh que uno me oyese! He aquí mi deseo [es que] el Todopoderoso me respondiese, y que mi adversario hubiese escrito un libro.
JOB 31:36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me lo ataría en lugar de corona.
JOB 31:37 Yo le contaría el número de mis pasos, y como príncipe me llegaría a él.
JOB 31:38 Si mi tierra clama contra mí, y lloran todos sus surcos;
JOB 31:39 Si comí su sustancia sin dinero, o afligí el alma de sus dueños;
JOB 31:40 En lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinas en lugar de cebada. Acábanse las palabras de Job.
JOB 32:1 Y CESARON estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo en sus ojos.
JOB 32:2 Entonces Eliú hijo de Baraquel, buzita, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job: eno­jóse con furor, por cuanto justifi­caba su vida más que a Dios.
JOB 32:3 Enojóse asimismo con furor contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado a Job.
JOB 32:4 Y Eliú había esperado a Job en la disputa, porque eran más vie­jos de días que él.
JOB 32:5 Pero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, su furor se encendió.
JOB 32:6 Y respondió Eliú hijo de Baraquel, buzita, y dijo: Yo soy menor de días y vosotros viejos; he tenido por tanto miedo, y temido declararos mi opinión.
JOB 32:7 Yo decía: Los días hablarán, y la muchedumbre de años decla­rará sabiduría.
JOB 32:8 Ciertamente espíritu hay en el hombre, e inspiración del Todopoderoso los hace que entiendan.
JOB 32:9 Los grandes no son [siempre] sabios, ni los viejos entienden el derecho.
JOB 32:10 Por tanto yo dije: Escuchadme; declararé yo también mi sabiduría.
JOB 32:11 He aquí yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, en tanto que buscabais palabras.
JOB 32:12 Os he pues prestado atención, y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya a Job, y respon­da a sus razones.
JOB 32:13 Porque no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría: lanzólo Dios, no el hombre.
JOB 32:14 Ahora bien, él no dirigió contra mí [sus] palabras, ni yo le responderé con vuestros discursos.
JOB 32:15 Espantáronse, no respondie­ron más; fuéronseles los razona­mientos.
JOB 32:16 Yo pues he esperado, porque no hablaban, antes pararon, y no respondieron más.
JOB 32:17 Por eso yo también responde­ré mi parte, también yo declararé mi juicio.
JOB 32:18 Porque lleno estoy de pala­bras, y el espíritu de mi vientre me constriñe.
JOB 32:19 De cierto mi vientre está como el vino que no tiene respi­radero, y se rompe como odres nuevos.
JOB 32:20 Hablaré pues y respiraré; abri­ré mis labios, y responderé.
JOB 32:21 No haré ahora acepción de personas, ni usaré con hombre de lisonjeros títulos.
JOB 32:22 Porque no sé hablar lisonjas: [de otra manera] en breve mi Hacedor me consuma.
JOB 33:1 POR tanto, Job, oye ahora mis razones, y escucha todas mis palabras.
JOB 33:2 He aquí yo abriré ahora mi boca, y mi lengua hablará en mi garganta.
JOB 33:3 Mis razones [declararán] la rec­titud de mi corazón, y mis labios proferirán conocimiento puro.
JOB 33:4 El Espíritu de Dios me hizo, y la inspiración del Todopoderoso me dio vida.
JOB 33:5 Si pudieres, respóndeme; dis­pón [tus palabras], está delante de mí.
JOB 33:6 Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho: de lodo soy yo también formado.
JOB 33:7 He aquí que mi terror no te espantará, ni mi mano se agrava­rá sobre ti.
JOB 33:8 De cierto tú dijiste a oídos míos, y yo oí la voz de tus pala­bras [que decían]:
JOB 33:9 Yo soy limpio y sin defecto; y soy inocente, y no hay maldad en mí.
JOB 33:10 He aquí que él buscó acha­ques contra mí, y me tiene por su enemigo;
JOB 33:11 Puso mis pies en el cepo, y guardó todas mis sendas.
JOB 33:12 He aquí en esto no has habla­do justamente: yo te responderé que mayor es Dios que el hom­bre.
JOB 33:13 ¿Por qué tomaste pleito con­tra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.
JOB 33:14 Sin embargo, en una o en dos [maneras] habla Dios; [mas el hombre] no entiende.
JOB 33:15 Por sueño de visión nocturna, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho;
JOB 33:16 Entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo;
JOB 33:17 Para quitar al hombre de [su] obra, y apartar del varón la soberbia.
JOB 33:18 Detendrá su alma de la fosa, y su vida de que pase a espada.
JOB 33:19 También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos,
JOB 33:20 Que le hace que su vida abo­rrezca el pan, y su alma la comi­da suave.
JOB 33:21 Su carne desfallece sin verse, y sus huesos, que antes no se veían, aparecen.
JOB 33:22 Y su alma se acerca al sepul­cro, y su vida a los que causan la muerte.
JOB 33:23 Si tuviera cerca de él un mensajero, algún intérprete, uno escogido de entre mil, para anun­ciar al hombre su deber;
JOB 33:24 Que le diga que [Dios] tuvo de él misericordia, que lo libró de descender al hoyo, que halló res­cate:
JOB 33:25 Enterneceráse su carne más que de niño, volverá a los días de su mocedad.
JOB 33:26 Orará a Dios, y le amará, y verá su faz con júbilo: y él resti­tuirá al hombre su justicia.
JOB 33:27 Él mira sobre los hombres; y [el que] dijere: Pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado;
JOB 33:28 [Dios] redimirá su alma, que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.
JOB 33:29 He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre;
JOB 33:30 Para apartar su alma del sepulcro, y para iluminarlo con la luz de los vivientes.
JOB 33:31 Escucha, Job, y óyeme; calla, y yo hablaré.
JOB 33:32 Que si tuvieres razones, res­póndeme: habla, porque yo te quiero justificar.
JOB 33:33 Y si no, óyeme tú a mí; calla, y enseñarte he sabiduría.
JOB 34:1 ADEMÁS respondió Eliú, y dijo:
JOB 34:2 Oíd, sabios, mis palabras; y vosotros que tenéis conocimiento, estadme aten­tos.
JOB 34:3 Porque el oído prueba las pala­bras, como el paladar gusta para comer.
JOB 34:4 Escojamos para nosotros el jui­cio, conozcamos entre nosotros cuál [sea] lo bueno:
JOB 34:5 Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho.
JOB 34:6 ¿He de mentir yo contra mi razón? Mi saeta es gravosa sin [haber yo] prevaricado.
JOB 34:7 ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua?
JOB 34:8 Y va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres maliciosos.
JOB 34:9 Porque ha dicho: De nada ser­virá al hombre el conformar su voluntad con Dios.
JOB 34:10 Por tanto, varones de entendimiento, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Todopoderoso la iniquidad.
JOB 34:11 Porque él pagará al hombre según su obra, y él le hará hallar conforme a su camino.
JOB 34:12 Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, y el Todopoderoso no pervertirá el derecho.
JOB 34:13 ¿Quién visitó por él la tierra? ¿y quién puso en orden todo el mundo?
JOB 34:14 Si él pusiese sobre el [hombre] su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento,
JOB 34:15 Toda carne perecería junta­mente, y el hombre se tornaría en polvo.
JOB 34:16 Si pues [hay en ti] entendi­miento, oye esto: escucha la voz de mis palabras.
JOB 34:17 ¿Enseñorearáse el que aborrece juicio? ¿y condenarás tú al que es tan justo?
JOB 34:18 ¿Hase de decir al rey: Perverso; y a los príncipes: Impíos?
JOB 34:19 [¿Cuánto menos a] aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni el rico es de él más respetado que el pobre? porque todos son obras de sus manos.
JOB 34:20 En un momento morirán, y a media noche se alborotarán los pueblos, y pasarán, y sin mano será quitado el poderoso.
JOB 34:21 Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.
JOB 34:22 No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se encubran los que obran maldad.
JOB 34:23 No carga pues él al hombre más [de lo justo], para que vaya con Dios a juicio.
JOB 34:24 Él quebrantará a los fuertes sin pesquisa, y hará estar otros en su lugar.
JOB 34:25 Por tanto él hará notorias las obras de ellos, cuando los trastor­nará en la noche, y serán que­brantados.
JOB 34:26 Como a malos los herirá en lugar donde sean vistos:
JOB 34:27 Por cuanto así se apartaron de él, y no consideraron todos sus caminos;
JOB 34:28 Haciendo venir delante de él el clamor del pobre, y que oiga el clamor de los necesitados.
JOB 34:29 Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? si escondiere el ros­tro, ¿quién lo mirará? [Esto] sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;
JOB 34:30 Haciendo que no reine el hombre hipócrita para vejaciones del pueblo.
JOB 34:31 De seguro conviene se diga a Dios: Llevado he ya [castigo], no [más] ofenderé:
JOB 34:32 Enséñame tú lo que yo no veo: que si hice mal, no lo haré más.
JOB 34:33 [¿Ha de ser eso] según tu mente? Él te retribuirá, ora rehúses, ora aceptes, y no yo: di si no, lo que tú sabes.
JOB 34:34 Los hombres de entendimiento dirán conmigo, y el hombre sabio me oirá.
JOB 34:35 Job no habla con conocimiento, y sus palabras no [son] con sabiduría.
JOB 34:36 Deseo yo que Job sea proba­do ampliamente, a causa de sus respuestas por los hombres ini­cuos.
JOB 34:37 Porque a su pecado añadió impiedad: bate las manos entre nosotros, y contra Dios multipli­ca sus palabras.
JOB 35:1 Y PROCEDIENDO Eliú en su razonamiento, dijo:
JOB 35:2 ¿Piensas ser conforme a dere­cho esto [que] dijiste: Más justo soy yo que Dios?
JOB 35:3 Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacarás tú de ello? ¿o qué prove­cho tendré de mi pecado?
JOB 35:4 Yo te responderé razones, y a tus compañeros contigo.
JOB 35:5 Mira a los cielos, y ve, y considera que las nubes son más altas que tú.
JOB 35:6 Si pecares, ¿qué habrás hecho contra él? y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?
JOB 35:7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿o qué recibirá de tu mano?
JOB 35:8 Al hombre como tú [dañará] tu impiedad, y al hijo del hombre [aprovechará] tu justicia.
JOB 35:9 A causa de la multitud de las violencias clamarán, y se lamen­tarán por el poderío de los grandes.
JOB 35:10 Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cancio­nes en la noche,
JOB 35:11 Que nos enseña más que a las bestias de la tierra, y nos hace sabios más que las aves del cielo?
JOB 35:12 Allí clamarán, y él no oirá, por la soberbia de los malos.
JOB 35:13 Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Todopoderoso.
JOB 35:14 Aunque más digas, No lo mirará; haz juicio delante de él, y en él espera.
JOB 35:15 Mas ahora, porque en su ira no visita, ni conoce con rigor,
JOB 35:16 Por eso Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin conocimiento.
JOB 36:1 Y AÑADIÓ Eliú, y dijo:
JOB 36:2 Espérame un poco, y enseñarte he; porque todavía [tengo] razones en orden a Dios.
JOB 36:3 Tomaré mi conocimiento de lejos, y atribuiré justicia a mi Hacedor.
JOB 36:4 Porque de cierto no [son] menti­ra mis palabras; contigo [está] el que es perfecto en [su] conocimiento.
JOB 36:5 He aquí que Dios es grande, mas no desestima a nadie; es poderoso en fuerza de sabiduría.
JOB 36:6 No otorgará vida al impío y a los afligidos dará su derecho.
JOB 36:7 No quitará sus ojos del justo; antes bien con los reyes los pon­drá en solio para siempre, y serán ensalzados.
JOB 36:8 Y si estuvieren prendidos en grillos, y aprisionados en las cuerdas de aflicción,
JOB 36:9 Él les dará a conocer la obra de ellos, y que prevalecieron sus rebeliones.
JOB 36:10 Despierta además el oído de ellos para la corrección, y díce[les] que se conviertan de la iniqui­dad.
JOB 36:11 Si obedecieren, y [le] sirvieren, aca­barán sus días en prosperidad, y sus años en placeres.
JOB 36:12 Mas si no obedecieren, serán pasa­dos a espada, y perecerán sin conocimiento.
JOB 36:13 Pero los hipócritas de corazón lo irritarán más, y no clamarán cuando él los atare.
JOB 36:14 Fallecerá el alma de ellos en su mocedad, y su vida entre los sodomitas.
JOB 36:15 Al pobre librará de su pobre­za, y en la aflicción despertará su oído.
JOB 36:16 Asimismo te apartaría de la boca de la angustia a lugar espa­cioso, [libre] de todo apuro; y te asentará mesa llena de grosura.
JOB 36:17 Mas tú has llenado el juicio del impío, [en vez] de sustentar el juicio y la justicia.
JOB 36:18 Por lo cual [teme] que [en su] ira no te quite con golpe, el cual no puedas apartar de ti con gran res­cate.
JOB 36:19 ¿Hará él estima de tus rique­zas, ni del oro, ni de todas las fuerzas del poder?
JOB 36:20 No anheles la noche, en que desaparecen los pueblos de su lugar.
JOB 36:21 Guárdate, no tornes a la iniquidad; pues ésta escogiste más bien que la aflicción.
JOB 36:22 He aquí que Dios es excelso con su potencia; ¿qué enseñador semejante a él?
JOB 36:23 ¿Quién le ha prescrito su camino? ¿y quién [le] dirá: Iniquidad has hecho?
JOB 36:24 Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres.
JOB 36:25 Los hombres todos la ven; mírala el hombre de lejos.
JOB 36:26 He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; ni se puede rastrear el número de sus años.
JOB 36:27 Él reduce las gotas de las aguas, al derramarse la lluvia según el vapor;
JOB 36:28 Las cuales destilan las nubes, goteando en abundancia sobre los hombres.
JOB 36:29 ¿Quién podrá tampoco comprender la extensión de las nubes, y el sonido estrepitoso de su pabellón?
JOB 36:30 He aquí que sobre él extiende su luz, y cobija [con ella] las raíces del mar.
JOB 36:31 Bien que por esos medios cas­tiga a los pueblos, a la multitud da comida.
JOB 36:32 Con las nubes encubre la luz, y mándale [no brillar], interpo­niendo [aquéllas].
JOB 36:33 Tocante a ella anunciará [el trueno], su compañero, [que hay] acumulación de ira sobre el que se eleva.
JOB 37:1 A ESTO también se espanta mi corazón, y salta de su lugar.
JOB 37:2 Oíd atentamente su voz terri­ble, y el sonido que sale de su boca.
JOB 37:3 Debajo de todo el cielo lo dirige, y su luz hasta los fines de la tierra.
JOB 37:4 Después de ella bramará el sonido, tronará él con la voz de su magnificencia; y aunque sea oída su voz, no los detiene.
JOB 37:5 Tronará Dios maravillosamen­te con su voz; él hace grandes cosas, que nosotros no entende­mos.
JOB 37:6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y a los aguaceros de su fortaleza.
JOB 37:7 Así hace retirarse a todo hom­bre, para que los hombres todos reconozcan su obra.
JOB 37:8 La bestia se entrará en su escondrijo, y estaráse en sus moradas.
JOB 37:9 Del sur viene el torbelli­no, y el frío de los vientos del norte.
JOB 37:10 Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas.
JOB 37:11 Regando también llega a disi­par la densa nube, y con su luz esparce la niebla.
JOB 37:12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derre­dor, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que él les mandara.
JOB 37:13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará parecer.
JOB 37:14 Escucha esto, Job; repósate, y considera las maravillas de Dios.
JOB 37:15 ¿Supiste tú cuándo Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube?
JOB 37:16 ¿Has tú conocido las diferen­cias de las nubes, las maravillas del perfecto en conocimiento?
JOB 37:17 ¿Cómo están calientes tus ropas, cuando él aquieta la tierra por [el] [viento] del[ sur?
JOB 37:18 ¿Extendiste tú el cie­lo con él, firme como un espejo sóli­do?
JOB 37:19 Muéstranos qué le hemos de decir; [porque] nosotros no pode­mos componer [las ideas] a causa de las tinieblas.
JOB 37:20 ¿Será preciso contarle cuando yo hablaré? Por más que el hom­bre razone, quedará como abis­mado.
JOB 37:21 He aquí aún: no se puede mirar la luz esplendente en las nubes, luego que pasa el viento y los limpia,
JOB 37:22 Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible.
JOB 37:23 Él [es] Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poten­cia; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.
JOB 37:24 Temerlo han por tanto los hombres: él no mira a los sabios de corazón.
JOB 38:1 Y RESPONDIÓ el SEÑOR a Job desde un torbellino, y dijo:
JOB 38:2 ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento?
JOB 38:3 Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré y hazme saber tú.
JOB 38:4 ¿Dónde estabas cuando yo fun­daba la tierra? házme[lo] saber, si tienes entendimiento.
JOB 38:5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿o quién extendió sobre ella cordel?
JOB 38:6 ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿o quién puso su piedra angular,
JOB 38:7 Cuando las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios?
JOB 38:8 ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba por fuera [como] saliendo de madre;
JOB 38:9 Cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuri­dad.
JOB 38:10 Y establecí sobre ella mi decreto, y le puse puertas y cerrojo,
JOB 38:11 Y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás adelante, y ahí parará la hinchazón de tus ondas?
JOB 38:12 ¿Has tú mandado a la mañana en tus días? ¿has mostrado al alba su lugar,
JOB 38:13 Para que ocupe los fines de la tierra, y que sean sacudidos de ella los impíos?
JOB 38:14 Trasmúdase como lodo bajo de sello, y viene a estar como [con] vestidura:
JOB 38:15 Mas la luz de los impíos es quitada de ellos, y el brazo enal­tecido es quebrantado.
JOB 38:16 ¿Has entrado tú hasta los pro­fundos del mar, y has andado escudriñando el abismo?
JOB 38:17 ¿Hante sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de muer­te?
JOB 38:18 ¿Has tú considerado hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes todo esto.
JOB 38:19 ¿Dónde [está] el camino [dónde] habita la luz? ¿Y en cuanto a las tinieblas dónde está el lugar de las mismas,
JOB 38:20 Para que las lleves a sus términos, y sepas las sendas [a] su casa?
JOB 38:21 ¿Sabíaslo tú porque hubieses ya nacido, o [porque es] grande el número de tus días?
JOB 38:22 ¿Has tú entrado en los tesoros de la nieve, o has visto los tesoros del granizo,
JOB 38:23 Lo cual tengo yo reservado para el tiempo de angustia, para el día de la guerra y de la batalla?
JOB 38:24 ¿Por qué camino se reparte la luz, y se esparce el viento solano sobre la tierra?
JOB 38:25 ¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpa­gos y truenos,
JOB 38:26 Haciendo llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre,
JOB 38:27 Para hartar la [tierra] desierta e inculta, y para hacer brotar la tierna hierba?
JOB 38:28 ¿Tiene la lluvia padre? ¿o quién engendró las gotas del rocío?
JOB 38:29 ¿De qué vientre salió el hielo? y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?
JOB 38:30 Las aguas se endurecen a manera de piedra, y se congela la faz del profundo.
JOB 38:31 ¿Podrás tú impedir las deli­cias de las Pléyades, o desatarás las ligaduras del Orión?
JOB 38:32 ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones, o guiarás el Arcturo con sus hijos?
JOB 38:33 ¿Supiste tú las ordenanzas del cielo? ¿dispondrás tú de su potestad en la tierra?
JOB 38:34 ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, para que te cubra muchedumbre de aguas?
JOB 38:35 ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿y diránte ellos: Henos aquí?
JOB 38:36 ¿Quién puso la sabiduría en el interior? ¿o quién dio al corazón entendimiento?
JOB 38:37 ¿Quién puede contar las nubes con sabiduría? o los odres del cielo, ¿quién los hace parar,
JOB 38:38 Cuando el polvo se ha con­vertido en dureza, y los terrones se han pegado unos con otros?
JOB 38:39 ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿y saciarás el hambre de los leoncillos,
JOB 38:40 Cuando están echados en las cuevas, o se están en sus guari­das para acechar?
JOB 38:41 ¿Quién preparó al cuervo su alimento, cuando sus pollos cla­man a Dios, bullendo de un lado a otro por carecer de comida?
JOB 39:1 ¿SABES tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿o miraste tú las ciervas cuando están pariendo?
JOB 39:2 ¿Contaste tú los meses de su preñez, y sabes el tiempo cuando han de parir?
JOB 39:3 Encórvanse, hacen salir sus hijos, pasan sus dolores.
JOB 39:4 Sus hijos están sanos, crecen con el pasto: salen y no vuelven a ellas.
JOB 39:5 ¿Quién echó libre al asno mon­tés, y quién soltó sus ataduras?
JOB 39:6 Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en lugares estériles.
JOB 39:7 Búrlase de la multitud de la ciudad: no oye las voces del arriero.
JOB 39:8 Lo oculto de los montes es su pasto, y anda buscando todo lo que está verde.
JOB 39:9 ¿Querrá el unicornio servirte a ti, ni quedar a tu pesebre?
JOB 39:10 ¿Atarás tú al unicornio con su banda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti?
JOB 39:11 ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fortaleza, y le fiarás tu labor?
JOB 39:12 ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, y que la allegará en tu era?
JOB 39:13 ¿[Diste tú] hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz?
JOB 39:14 El cual desampara en la tierra sus huevos, y sobre el polvo los calienta,
JOB 39:15 Y olvídase de que los pisará el pie, y que los quebrará bestia del campo.
JOB 39:16 Endurécese para con sus hijos, como si no fuesen suyos, no temiendo que su trabajo haya sido en vano:
JOB 39:17 Porque le privó Dios de sabi­duría, y no le dio entendimiento.
JOB 39:18 Luego que se levanta en alto, búrlase del caballo y de su jinete.
JOB 39:19 ¿Diste tú al caballo la fortale­za? ¿vestiste tú su cerviz de relin­cho?
JOB 39:20 ¿Le intimidarás tú como a alguna langosta? El resoplido de su nariz es formidable:
JOB 39:21 Escarba la tierra, alégrase en su fuerza, sale al encuentro de las armas:
JOB 39:22 Hace burla del espanto, y no teme, ni vuelve el rostro delante de la espada.
JOB 39:23 Contra él suena la aljaba, el hierro de la lanza y de la pica:
JOB 39:24 Y él con ímpetu y furor escar­ba la tierra, sin importarle el sonido de la bocina;
JOB 39:25 [Antes como] que dice entre los clarines: ¡Ea!, y desde lejos huele la batalla, el grito de los capita­nes, y la vocería.
JOB 39:26 ¿Vuela el gavilán por tu industria, y extiende hacia el sur sus alas?
JOB 39:27 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido?
JOB 39:28 Ella habita y está en la roca, en la cumbre de la roca, en lugar seguro.
JOB 39:29 Desde allí acecha la comida: sus ojos observan de muy lejos.
JOB 39:30 Sus pollos chupan la sangre: y donde hubiere cadáveres, allí está.
JOB 40:1 A MÁS de eso respondió el SEÑOR a Job, y dijo:
JOB 40:2 ¿Es sabiduría contender con el Todopoderoso? El que disputa con Dios, responda a esto.
JOB 40:3 Y respondió Job al SEÑOR, y dijo:
JOB 40:4 He aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.
JOB 40:5 Una vez hablé, y no responde­ré: aun dos veces, mas no torna­ré a hablar.
JOB 40:6 Entonces respondió el SEÑOR a Job desde la oscuridad, y dijo:
JOB 40:7 Cíñete ahora como varón tus lomos; yo te preguntaré, y explí­came.
JOB 40:8 ¿Invalidarás tú también mi jui­cio? ¿me condenarás a mí, para justificarte a ti?
JOB 40:9 ¿Tienes tú brazo como Dios? ¿y tronarás tú con voz como él?
JOB 40:10 Atavíate ahora de majestad y de alteza: y vístete de honra y de hermosura.
JOB 40:11 Esparce furores de tu ira: y mira a todo soberbio, y abátelo.
JOB 40:12 Mira a todo soberbio, y humí­llalo, y quebranta a los impíos en su asiento.
JOB 40:13 Encúbrelos a todos en el polvo, venda sus rostros en la oscuridad;
JOB 40:14 Y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra.
JOB 40:15 He aquí ahora behemot, al cual yo hice contigo; hierba come como buey.
JOB 40:16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, y su fortaleza en el ombligo de su vientre.
JOB 40:17 Su cola mueve como un cedro, y los nervios de sus geni­tales son entretejidos.
JOB 40:18 Sus huesos son fuertes c[omo] latón, y sus miembros como barras de hierro.
JOB 40:19 Él es la cabeza de los caminos de Dios: el que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acer­que.
JOB 40:20 Ciertamente los montes pro­ducen hierba para él: y toda bes­tia del campo retoza allá.
JOB 40:21 Echaráse debajo de las som­bras, en lo oculto de las cañas, y de los lugares húmedos.
JOB 40:22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo cercan.
JOB 40:23 He aquí que él tomará el río sin inmutarse: y confíase que el Jordán pasará por su boca.
JOB 40:24 ¿Tomarálo alguno por sus ojos en armadijos, y horadará su nariz?
JOB 41:1 ¿SACARÁS tú al leviatán con el anzuelo, o con la cuerda que le echares en su lengua?
JOB 41:2 ¿Pondrás tú garfio en sus nari­ces, y horadarás con espinas su quijada?
JOB 41:3 ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿hablaráte él lisonjas?
JOB 41:4 ¿Hará concierto contigo para que lo tomes por siervo perpe­tuo?
JOB 41:5 ¿Jugarás tú con él como con pájaro, o lo atarás para tus niñas?
JOB 41:6 ¿Harán de él banquete los com­pañeros? ¿partiránlo entre los mercaderes?
JOB 41:7 ¿Podrás tú llenarle el cuero de garrochas, o con arpón de pesca­dores su cabeza?
JOB 41:8 Pon tu mano sobre él; te acor­darás de la batalla, y nunca más tornarás.
JOB 41:9 He aquí que la esperanza acer­ca de él será burlada: porque aun a su sola vista se desmayarán.
JOB 41:10 Nadie hay tan osado que lo despierte: ¿quién pues podrá estar delante de mí?
JOB 41:11 ¿Quién me ha anticipado, para que yo restituya? [Todo lo que hay] debajo del cielo es mío.
JOB 41:12 Yo no callaré sus miembros, ni lo de sus fuerzas y la gracia de su disposición.
JOB 41:13 ¿Quién descubrirá la delante­ra de su vestidura? ¿quién se lle­gará a él con freno doble?
JOB 41:14 ¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan.
JOB 41:15 [Sus] escamas [son su] orgullo, cerrados entre sí estrechamente.
JOB 41:16 El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos.
JOB 41:17 Pegado está el uno con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar.
JOB 41:18 Con sus estornudos encien­den lumbre, y sus ojos son como los párpados del alba.
JOB 41:19 De su boca salen hachas de fuego, centellas de fuego proce­den.
JOB 41:20 De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve.
JOB 41:21 Su aliento enciende los carbo­nes, y de su boca sale llama.
JOB 41:22 En su cerviz mora la fortale­za, y espárcese el desaliento delante de él.
JOB 41:23 Las partes momias de su carne están apretadas: están en él firmes, y no se mueven.
JOB 41:24 Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de abajo.
JOB 41:25 De su grandeza tienen temor los fuertes, y a causa de su desfa­llecimiento hacen por purificar­se.
JOB 41:26 Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará.
JOB 41:27 El hierro estima por pajas, y el latón por leño podrido.
JOB 41:28 Saeta no le hace huir; las piedras de honda se le tornan aristas.
JOB 41:29 Tiene toda arma por hojaras­cas, y del blandir de la pica se burla.
JOB 41:30 Por debajo [tiene] agudas con­chas; imprime [su] agudez en el suelo.
JOB 41:31 Hace hervir como una olla la profunda mar, y tórnala como una olla de ungüento.
JOB 41:32 En pos de sí hace resplande­cer la senda, que parece que el abismo [sea] cano.
JOB 41:33 No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer.
JOB 41:34 Mira toda cosa alta: él [es] rey sobre todos los hijos de la soberbia.
JOB 42:1 Y RESPONDIÓ Job al SEÑOR, y dijo:
JOB 42:2 Yo conozco que todo lo pue­des, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.
JOB 42:3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin conocimiento? por tanto yo denunciaba lo que no entendía; cosas que me eran ocultas, y que no las sabía.
JOB 42:4 Oye, te ruego, y hablaré: te pre­guntaré, y tú me enseñarás.
JOB 42:5 De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.
JOB 42:6 Por tanto [me] aborrezco, y me arrepiento en el polvo y en la ceniza.
JOB 42:7 Y aconteció que después que habló el SEÑOR estas palabras a Job, el SEÑOR dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.
JOB 42:8 Ahora pues, tomaos siete bece­rros y siete carneros, y andad a mi siervo Job, y ofreced holo­causto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi siervo Job.
JOB 42:9 Fueron pues Elifaz temanita, y Bildad suhita, y Zofar nahamatita, e hicieron como el SEÑOR les dijo: y el SEÑOR atendió a Job.
JOB 42:10 Y mudó el SEÑOR la aflic­ción de Job, orando él por sus amigos: y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.
JOB 42:11 Y vinieron a él todos sus her­manos, y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y condoliéronse de él, y consoláronle de todo aquel mal que sobre él había el SEÑOR tra­ído; y cada uno de ellos le dio una pieza de moneda, y un zarci­llo de oro.
JOB 42:12 Y bendijo el SEÑOR la pos­trimería de Job más que su prin­cipio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas.
JOB 42:13 Y tuvo siete hijos y tres hijas.
JOB 42:14 Y llamó el nombre de la una, Jemimah, y el nombre de la segunda, Cesiah, y el nombre de la tercera, Keren-hapuc.
JOB 42:15 Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra: y dióles su padre herencia entre sus hermanos.
JOB 42:16 Y después de esto vivió Job ciento y cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.
JOB 42:17 Murió pues Job viejo, y lleno de días.
PSA 1:1 BIENAVENTURADO [es] el varón que no anda en consejo de impíos, ni se para en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se sienta.
PSA 1:2 Pero su deleite [está] en la ley del SEÑOR; y en su ley medita de día y de noche.
PSA 1:3 Y él será como un árbol plantado junto a los ríos de aguas, que da su fruto en su tiempo; su hoja tampoco se marchitará; y todo lo que hace prosperará.
PSA 1:4 No así los impíos: sino como el tamo que arrebata el viento.
PSA 1:5 Por tanto no resistirán los impíos en el juicio, ni los pecado­res en la congregación de los jus­tos.
PSA 1:6 Porque el SEÑOR conoce el camino de los justos; pero el camino de los impíos perecerá.
PSA 2:1 ¿POR qué se enfurecen los paganos, y los pueblos ima­ginan cosas vanas?
PSA 2:2 Se pondrán los reyes de la tierra, y los gobernadores consultarán unidos contra el SEÑOR, y contra su ungido, [diciendo]:
PSA 2:3 Rompamos sus ataduras, y echemos de nosotros sus cuer­das.
PSA 2:4 El que se sienta en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.
PSA 2:5 Entonces hablará a ellos en su ira, y los vejará en su doloroso disgusto.
PSA 2:6 Pero yo he puesto a mi rey sobre Sión, mi monte santo.
PSA 2:7 Yo declararé el decreto: el SEÑOR me ha dicho: Mi Hijo [eres] tú; este día yo te he engendrado.
PSA 2:8 Pídeme, y [te] daré los paganos para [tu] heredad, y los fines de la tierra para [tu] posesión.
PSA 2:9 Quebrantarlos has con vara de hierro: como vaso de alfarero los destrozarás en pedazos.
PSA 2:10 Ahora pues, oh reyes, sed sabios: sed instruidos, jueces de la tierra.
PSA 2:11 Servid al SEÑOR con temor, y regocijaos con temblor.
PSA 2:12 Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis del camino, cuando se encendiere un poco su ira. Bienaventurados [son] todos los que ponen su confianza en él.
PSA 3:1 Salmo de David, cuando huía de delante de Absalom su hijo. ¡Señor, cuánto se han aumentado mis enemi­gos! muchos se levantan contra mí.
PSA 3:2 Muchos [hay] que dicen de mi alma, No [hay] para él ayuda en Dios. Selah.
PSA 3:3 Pero tú, oh SEÑOR, [eres] escu­do para mí: mi gloria, y el que ensalza mi cabeza.
PSA 3:4 Con mi voz clamé al SEÑOR, y él me oyó de su monte santo. Selah.
PSA 3:5 Yo me acosté, y dormí, y des­perté; porque el SEÑOR me sos­tuvo.
PSA 3:6 No temeré de diez millares de pueblos, que pusieren cerco con­tra mí.
PSA 3:7 Levántate, oh SEÑOR; sálvame, Dios mío: porque tú heriste a todos mis enemigos [en] la quija­da; los dientes de los impíos que­brantaste.
PSA 3:8 La salvación [pertenece] al SEÑOR: sobre tu pueblo [es] tu bendi­ción. Selah.
PSA 4:1 Al Músico principal: sobre Neginot: Salmo de David. Óyeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia: [estando] en angustia, tú me hiciste ensanchar: ten misericordia de mí, y oye mi oración.
PSA 4:2 Oh hijos de los hombres, ¿hasta cuándo [volveréis] mi gloria en vergüenza? ¿[Hasta cuándo] amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah.
PSA 4:3 Sabed pues, que el SEÑOR ha apartado al pío para sí: el SEÑOR oirá cuando yo a él cla­mare.
PSA 4:4 Asombraos, y no pequéis: conver­sad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y estad quietos. Selah.
PSA 4:5 Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el SEÑOR.
PSA 4:6 Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh SEÑOR, la luz de tu semblante.
PSA 4:7 Tú has puesto alegría en mi corazón, más que tienen ellos en el tiempo [que] incrementó su grano y su vino.
PSA 4:8 En paz me acostaré, y asimis­mo dormiré; porque solo tú, SEÑOR, me haces habitar en seguridad.
PSA 5:1 Al Músico principal: sobre Nehilot: Salmo de David. ESCUCHA, oh SEÑOR, mis palabras; considera la meditación mía.
PSA 5:2 Escucha la voz de mi cla­mor, Rey mío y Dios mío, por­que a ti oraré.
PSA 5:3 Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana presenta­ré [mi oración] a ti, y miraré arriba.
PSA 5:4 Porque tú no [eres] un Dios que se complace en la impiedad, ni la maldad habitará contigo.
PSA 5:5 Los necios no se pararán en tu vista: aborreces a todos los obreros de iniquidad.
PSA 5:6 Destruirás a los que hablan mentira: al hombre sanguinario y al engañador aborrecerá el SEÑOR.
PSA 5:7 Pero yo, en la multitud de tu misericordia entraré [en] tu casa: y adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
PSA 5:8 Guíame, oh SEÑOR, en tu justicia a causa de mis enemigos; ende­reza delante de mi rostro tu camino.
PSA 5:9 Porque no [hay] en su boca fidelidad; su parte interior es la maldad misma; sepulcro abierto es su garganta; con su lengua lisonjean.
PSA 5:10 Destrúyelos, oh Dios; caigan de sus propios consejos: por la multitud de sus transgresiones échalos, porque se han rebelado contra ti.
PSA 5:11 Pero regocíjense todos los que en ti confían; que clamen siempre por gozo porque tú los defiendes: que se regocijen en ti también los que aman tu nombre.
PSA 5:12 Porque tú, oh SEÑOR, ben­decirás al justo; lo cercarás con favor como [con] un escu­do.
PSA 6:1 Al Músico principal: en Neginot sobre Seminit: Salmo de David. OH SEÑOR, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu disgusto enardecido.
PSA 6:2 Ten misericordia de mí, oh SEÑOR, porque yo [soy] débil: Sáname, oh SEÑOR, por­que mis huesos están perturbados.
PSA 6:3 Mi alma asimismo está muy perturbada: y tú, oh SEÑOR, ¿hasta cuándo?
PSA 6:4 Vuelve, oh SEÑOR, libra mi alma; sálvame por causa de tu misericor­dia.
PSA 6:5 Porque en la muerte no [hay] memoria de ti: ¿quién te dará gracias en el sepulcro?
PSA 6:6 Estoy fatigado con mi gemido; toda la noche inundo mi cama; Riego mi lecho con mis lágrimas.
PSA 6:7 Mis ojos están consumidos por dolor. Se envejecen a causa de todos mis enemigos.
PSA 6:8 Apartaos de mí, todos los obra­dores de iniquidad; porque el SEÑOR ha oído la voz de mi lloro.
PSA 6:9 El SEÑOR ha oído mi súplica; recibirá el SEÑOR mi ora­ción.
PSA 6:10 Sean avergonzados y dolorosamente afligidos todos mis enemigos: que se vuelvan [y] sean avergonzados súbitamente.
PSA 7:1 Sigaión de David, que cantó al SEÑOR sobre las palabras de Cus, hijo de Benjamín. OH SEÑOR Dios mío, en ti pongo mi confianza: sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame;
PSA 7:2 No sea que desgarre mi alma como león, despedazándola, sin que [haya] quien libre.
PSA 7:3 Oh SEÑOR Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad;
PSA 7:4 Si he recompensado mal al que estaba en paz conmigo, (hasta he libertado al que sin causa era mi enemigo;)
PSA 7:5 Persiga el enemigo mi alma, y llévesela; sí, que pise en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo. Selah
PSA 7:6 Levántate, oh SEÑOR, con tu enojo, álzate a causa de la furia de mis enemigos, y despierta en favor mío el juicio [que] has mandado.
PSA 7:7 Así te rodeará la congregación del pueblo; entonces vuélvete en lo alto por su causa.
PSA 7:8 El SEÑOR juzgará los pue­blos: júzgame, oh SEÑOR, conforme a mi justicia y conforme a mi integridad [que está] en mí.
PSA 7:9 Oh deja que acabe la iniquidad de los inicuos: pero establece al justo; pues el Dios justo prueba los corazones y las entrañas.
PSA 7:10 Mi defensa [es] de Dios, que salva a los rectos de corazón.
PSA 7:11 Dios juzga a los justos, y Dios está enojado todos los días [contra el impío].
PSA 7:12 Si no se volviere, él afilará su espada: tensado tiene su arco, y lo ha preparado.
PSA 7:13 Asimismo ha aparejado para él los instrumentos de muerte; él ordena sus saetas contra los perseguidores.
PSA 7:14 He aquí, él sufre dolores de parto con iniquidad, y concibió maldad y parió falsedad.
PSA 7:15 Un pozo hizo, y lo cavó; y en la fosa [que] hizo ha caído.
PSA 7:16 Su maldad se tornará sobre su propia cabeza, y su trato violento descenderá sobre su propia mollera.
PSA 7:17 Alabaré yo al SEÑOR confor­me a su justicia, y cantaré alabanza al nombre del SEÑOR Altísimo.
PSA 8:1 Al Músico principal: sobre Gitit: Salmo de David. OH SEÑOR, Señor nuestro, ¡cuán excelente [es] tu nombre en toda la tierra, que has puesto tu gloria sobre los cielos!
PSA 8:2 De la boca de los chiquitos y de los que maman, ordenaste fuerza a causa de tus enemigos, para hacer cesar al enemigo y al vengador.
PSA 8:3 Cuando considero tus cielos, la obra de tus dedos, la luna y las estrellas, que tú ordenaste:
PSA 8:4 ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, y el hijo del hombre, que lo visites?
PSA 8:5 Pues le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y honor.
PSA 8:6 Lo hiciste enseñorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:
PSA 8:7 Todas las ovejas y bueyes, y las bestias del campo;
PSA 8:8 Las aves del cielo, y los peces del mar; [y todo cuanto] pasa por los senderos del mar.
PSA 8:9 Oh SEÑOR, Señor nuestro, ¡cuán excelente [es] tu nombre en toda la tierra!
PSA 9:1 Al Músico principal: sobre Mutlaben: Salmo de David. TE alabaré, oh SEÑOR, con todo mi corazón; mostraré todas tus maravillas.
PSA 9:2 Alegraréme y regocijaréme en ti: cantaré alabanza a tu nombre, oh Altísimo;
PSA 9:3 Cuando mis enemigos son vueltos atrás, caerán y perecerán en tu presencia.
PSA 9:4 Porque tú has mantenido mi derecho y mi causa; te sentaste en el trono juzgando justamente.
PSA 9:5 Reprendiste a los paganos, destruiste al impío, raíste el nombre de ellos para siempre jamás.
PSA 9:6 Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; y las ciudades que destruiste, su memoria pereció con ellas.
PSA 9:7 Mas el SEÑOR permanecerá para siempre: él ha preparado su trono para juicio.
PSA 9:8 Y él juzgará al mundo con justicia, él administrará juicio a los pueblos con rectitud.
PSA 9:9 Y será también el SEÑOR refugio para el oprimido, un refugio en tiempos de angustia.
PSA 9:10 Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto tú, SEÑOR, no desamparaste a los que te buscan.
PSA 9:11 Cantad alabanzas al SEÑOR, que habita en Sión: declarad entre los pueblos sus obras.
PSA 9:12 Cuando hace inquisición por sangre, él se acuerda de ellos: No se olvida del clamor de los humildes.
PSA 9:13 Ten misericordia de mí, oh SEÑOR: Considera mi turbación [que padezco] de los que me aborre­cen, tú que me levantas de las puertas de la muerte;
PSA 9:14 Para que yo muestre toda tu alabanza en las puertas de la hija de Sión: Me regocijaré en tu salvación.
PSA 9:15 Están hundidos los paganos en la fosa [que] hicieron; en la red que escondieron es tomado su propio pie.
PSA 9:16 El SEÑOR es conocido [por] el juicio que ejecuta; en la obra de sus propias manos es enlazado el impío. Higaion. Selah.
PSA 9:17 Los impíos serán trasladados al infierno, [y] todas las naciones que se olvidan de Dios.
PSA 9:18 Porque no para siempre será olvidado el necesitado; ni la expectativa de los pobres perecerá perpetuamente.
PSA 9:19 Levántate, oh SEÑOR; no prevalezca el hombre; sean juzgados los paganos ante tu vista.
PSA 9:20 Pon, oh SEÑOR, temor en ellos: conozcan las naciones mismas [que son no más que] hombres. Selah.
PSA 10:1 ¿POR qué te paras tan lejos, oh SEÑOR, por qué te escondes en tiempos de turbación?
PSA 10:2 En [su] orgullo los impíos persiguen al pobre: sean tomados en los artificios que se han imaginado.
PSA 10:3 Por cuanto se jacta el impío del deseo de su corazón, y bendice al codicioso [a quien] el SEÑOR aborrece.
PSA 10:4 El impío, por la altivez de su rostro, no buscará [a Dios]: no hay Dios [en] todos sus pensamientos.
PSA 10:5 Sus caminos son siempre tormentosos: tus juicios [están] muy lejos de su vista: [en cuanto] a todos sus enemigos, les echa bocanadas.
PSA 10:6 Él ha dicho en su corazón, no seré movido: porque nunca [estaré] en adversidad.
PSA 10:7 Llena está su boca de maldición, y de engaño y fraude: debajo de su lengua [hay] maldad y vanidad.
PSA 10:8 Se sienta en lugares de asecho de las aldeas: en los escondrijos mata al inocente: sus ojos están asechando ocultamente al pobre.
PSA 10:9 Él yace en secreto, como el león en su guarida: Él acecha para atrapar al pobre: atrapa al pobre cuando lo atrae a su red.
PSA 10:10 Se agacha y se humilla, para que el pobre se caiga por sus fuertes [garras].
PSA 10:11 Él ha dicho en su corazón: Dios se ha olvidado, se esconde su rostro; nunca [lo] verá.
PSA 10:12 Levántate, oh SEÑOR; Oh Dios, alza tu mano, no te olvides de los humildes.
PSA 10:13 ¿Por qué desprecia el impío a Dios? En su corazón ha dicho que no [lo] requerirás.
PSA 10:14 Tú [lo] has visto; examinas la maldad y despecho, para vengarlo por tu mano: a ti se acoge el pobre tú eres el ayudador del huérfano.
PSA 10:15 Quebranta el brazo del impío y del maligno: busca su impiedad [hasta] que ninguna halles.
PSA 10:16 El SEÑOR [es] Rey eterno y perpetuo: de su tierra son perecidos los paganos.
PSA 10:17 SEÑOR, tú has oído el deseo del humilde: tú prepararás su corazón y harás atento tu oído;
PSA 10:18 Para juzgar al huérfano y al oprimido, para que no vuelva más a hacer opresión el hombre de la tierra.
PSA 11:1 Al Músico principal: Salmo de David. EN el SEÑOR he confiado: ¿Cómo decís a mi alma: Huye a tu monte [como] ave?
PSA 11:2 Porque he aquí los impíos tensan [sus] arcos, preparan sus saetas sobre la cuerda, para asaetear en oculto a los rectos de corazón.
PSA 11:3 Si fueren destruidos los funda­mentos, ¿qué podrá hacer el justo?
PSA 11:4 El SEÑOR [está] en su santo templo: el trono del SEÑOR [está] en el cielo: sus ojos ven, sus párpados prueban a los hijos de los hombres.
PSA 11:5 El SEÑOR prueba al justo; pero al impío y al que ama la violencia, su alma aborrece.
PSA 11:6 Sobre los impíos él lloverá trampas; fuego y azufre, y una horrible tempestad; [ésta será] la porción de la copa de ellos.
PSA 11:7 Porque el justo SEÑOR ama la justicia: su semblante mira al recto.
PSA 12:1 Al Músico principal: sobre Seminit: Salmo de David. AYUDA, SEÑOR, porque cesa el hombre piadoso; porque los fieles fallan de entre los hijos de los hombres.
PSA 12:2 Ellos hablan vanidad cada uno con su prójimo: [con] labios lisonjeros [y] con corazón doble hablan.
PSA 12:3 Cortará el SEÑOR todos los labios lisonjeros y la lengua que habla soberbias;
PSA 12:4 Los cuales dijeron: Con nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios [son] nuestros: ¿quién [es] señor sobre nosotros?
PSA 12:5 Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados, ahora me levantaré, dice el SEÑOR: lo pondré a salvo [del que] le hecha bocanadas.
PSA 12:6 Las palabras del SEÑOR, [son] pala­bras puras; [como] plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.
PSA 12:7 Tú, oh SEÑOR, las guardarás; las preservarás de esta generación para siempre.
PSA 12:8 Cercando andan los impíos, cuando son exaltados los más viles de los hombres.
PSA 13:1 Al Músico principal: Salmo de David. ¿HASTA cuándo, oh SEÑOR? ¿me olvidarás para siempre? ¿hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
PSA 13:2 ¿Hasta cuándo tomaré consejo en mi alma [teniendo] tristeza en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi ene­migo sobre mí?
PSA 13:3 Considera y óyeme, oh SEÑOR Dios mío: alumbra mis ojos, porque no duerma [en] muerte;
PSA 13:4 No sea que diga mi enemigo: He prevalecido contra él; [y] se regocijen aquellos que me turban cuando me resbalo.
PSA 13:5 Pero yo en tu misericordia he confiado; se regocijará mi corazón en tu salvación.
PSA 13:6 Cantaré al SEÑOR, porque me ha hecho bien.
PSA 14:1 Al Músico principal: Salmo de David. DIJO el necio en su corazón: No [hay] Dios. Son corruptos, hicieron obras abominables; no [hay] quien haga bien.
PSA 14:2 El SEÑOR miró desde el cie­lo sobre los hijos de los hom­bres, para ver si había alguno que entendiera [y] buscara a Dios.
PSA 14:3 Todos se desviaron, juntamente se hicieron inmundos; no [hay] quien haga bien, no, ni aun uno.
PSA 14:4 ¿No tienen conocimiento todos los obradores de iniquidad? que devo­ran a mi pueblo [como] si pan comiesen, y al SEÑOR no invoca­n.
PSA 14:5 Allí estaban en gran temor; porque Dios [está] en la generación de los justos.
PSA 14:6 El consejo del pobre habéis avergonzado, porque el SEÑOR es su refugio.
PSA 14:7 ¡Oh que de Sión [viniese] la salvación de Israel! Cuando el SEÑOR hiciere volver la cautividad de su pueblo, Jacob se regocijará, [y] se alegrará Israel.
PSA 15:1 Salmo de David. SEÑOR, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte?
PSA 15:2 El que camina rectamente, y obra justicia, y habla la verdad en su corazón.
PSA 15:3 [El que] no calumnia con su len­gua, ni hace mal a su prójimo, ni contra su prójimo acoge oprobio alguno.
PSA 15:4 En cuyos ojos es despreciado el vil; pero honra a los que temen al SEÑOR; [el que] jura para [su propio] daño, y no cambia.
PSA 15:5 Quién su dinero no da a usura, ni contra el inocente toma soborno. El que hace estas [cosas] nunca será movido.
PSA 16:1 Mictam de David. GUÁRDAME, oh Dios, porque en ti pongo mi confianza.
PSA 16:2 Dijiste, [oh alma mía], al SEÑOR: Tú [eres] mi Señor: mi bondad no [se extiende] a ti;
PSA 16:3 [Sino] a los santos que [están] en la tierra, y [a] los excelentes; en quienes está todo mi deleite.
PSA 16:4 Se multiplicarán los dolores de aquellos que se apresuran a otro [dios]: no ofreceré yo sus liba­ciones de sangre, ni en mis labios tomaré sus nombres.
PSA 16:5 El SEÑOR [es] la porción de mi herencia y de mi copa; tú susten­tas mi suerte.
PSA 16:6 Las líneas me cayeron en lugares agradables; sí, tengo una buena heredad.
PSA 16:7 Bendeciré al SEÑOR que me aconseja: aun en las noches me enseñan mis entrañas.
PSA 16:8 Al SEÑOR he puesto siempre delante de mí: porque [está] a mi diestra, no seré movido.
PSA 16:9 Por tanto, mi corazón se alegra, y se regocija mi gloria: también mi carne reposará segura.
PSA 16:10 Porque no dejarás mi alma en el infierno; ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
PSA 16:11 Me mostrarás la senda de la vida: plenitud de gozo hay en tu presencia; placeres a tu diestra para siempre.
PSA 17:1 Oración de David. *OYE, oh SEÑOR, la causa justa; atiende a mi clamor; escucha mi oración, [que] no [sale] de labios fingidos.
PSA 17:2 Que proceda de tu presencia mi sentencia; vean tus ojos las cosas que son rectas.
PSA 17:3 Tú has probado mi corazón, [me] has visitado de noche; me has puesto a prueba, [y] no hallarás nada; me he propuesto [que] mi boca no transgredirá.
PSA 17:4 En cuanto a las obras de los hombres, por la palabra de tus labios yo [me] he guardado de las vías del destruc­tor.
PSA 17:5 Sustenta mis pasos en tus caminos, [para que] mis pies no res­balen.
PSA 17:6 Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios: inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
PSA 17:7 Muestra tu maravillosa benignidad, tú que salvas por tu diestra a los que [en ti] confían de los que se levantan [contra ellos].
PSA 17:8 Guárdame como a la niña de tu ojo, escóndeme bajo la sombra de tus alas,
PSA 17:9 De los impíos que me oprimen, [de] mis enemigos mortales [que] me rodean.
PSA 17:10 Cerrados están en su grosu­ra; con su boca hablan soberbia­mente.
PSA 17:11 Han cercado nuestros pasos ahora: puestos tienen sus ojos inclinándose a la tierra.
PSA 17:12 Como un león que desea hacer presa, y como un leoncillo acechando en su escondite.
PSA 17:13 Levántate, oh SEÑOR; frústralo, derríbale: libra mi alma del impío, [que es] tu espada;
PSA 17:14 De los hombres [que son] tu mano, oh SEÑOR, de los hombres del mundo, cuya parte [es] en esta vida, y cuyo vientre hinches de tu [tesoro] oculto: están hartos de hijos, y dejan el resto de su [substancia] a sus chiquitos.
PSA 17:15 En cuanto a mí, yo en justicia veré tu rostro: seré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.
PSA 18:1 Al Músico principal: Salmo de David, siervo del SEÑOR, el cual profirió al SEÑOR las palabras de este cántico el día que le libró el SEÑOR de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo: Te amaré, oh SEÑOR, fortaleza mía.
PSA 18:2 El SEÑOR [es] mi roca, mi baluarte, y mi libertador; mi Dios, mi fortaleza en quien confiaré; mi escudo, y el cuerno de mi salvación, [y] mi torre alta.
PSA 18:3 Invocaré al SEÑOR, [quien es digno] de ser alabado, y así seré salvo de mis enemigos.
PSA 18:4 Cercáronme dolores de muerte, y torrentes de hombres impíos me atemorizaron.
PSA 18:5 Dolores del infierno me rodea­ron, me previnieron lazos de muerte.
PSA 18:6 En mi angustia invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios: él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.
PSA 18:7 Entonces la tierra se estremeció y tembló; también los fundamentos de las colinas se movieron y se estremecieron, porque se indignó él.
PSA 18:8 Humo subió de su nariz, y de su boca fuego devoró; carbones fueron por él encendidos.
PSA 18:9 E inclinó los cielos y descendió; y la oscuridad [estaba] debajo de sus pies.
PSA 18:10 Y cabalgó sobre un querubín, y voló: sí, él voló sobre las alas del viento.
PSA 18:11 Hizo de las tinieblas su escondedero, su pabellón en derredor de sí [eran] aguas oscuras [y] nubes espesas de los cielos.
PSA 18:12 Por el resplandor delante de él, sus nubes espesas pasaron; granizo y carbones de fuego.
PSA 18:13 Y tronó en los cielos el SEÑOR, y el Altísimo dio su voz; granizo y carbones de fuego.
PSA 18:14 Sí, envió sus saetas, y los dispersó, él lanzó relámpagos y los desconcertó.
PSA 18:15 Entonces fueron vistos los canales de aguas, y fueron descubiertos las fundaciones del mundo a tu reprensión, oh SEÑOR, por el soplo del aliento de tu nariz.
PSA 18:16 Envió desde lo alto; tomóme, sacóme de las muchas aguas.
PSA 18:17 Libróme de mi poderoso ene­migo, y de los que me aborrecí­an, pues eran ellos más fuertes que yo.
PSA 18:18 Me impidieron en el día de mi calamidad; pero el SEÑOR fue mi apoyo.
PSA 18:19 Y sacóme a lugar espacioso; libróme porque se deleitó en mí.
PSA 18:20 Me recompensó el SEÑOR conforme a mi justicia: conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.
PSA 18:21 Porque yo he guardado los caminos del SEÑOR, y no me aparté impíamente de mi Dios.
PSA 18:22 Pues todos sus juicios [estuvie­ron] delante de mí, y no eché de mí sus estatutos.
PSA 18:23 También fui recto delante de él, y me guardé de mi iniquidad.
PSA 18:24 Por tanto me ha recompensado el SEÑOR conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos delan­te de sus ojos.
PSA 18:25 Con el misericordioso te mos­trarás misericordioso, y recto para con el hombre recto.
PSA 18:26 Puro te mostrarás para con el puro, y desagradable te mostrarás para con el perverso.
PSA 18:27 Pues tú salvarás al pueblo afligido, y humillarás los ojos altivos.
PSA 18:28 Tú pues alumbrarás mi lám­para: el SEÑOR mi Dios alum­brará mis tinieblas.
PSA 18:29 Pues por ti he corrido a través de una tropa; y por mi Dios he saltado sobre un muro.
PSA 18:30 [En cuanto a] Dios, perfecto [es] su camino: la palabra del SEÑOR [es] refinada: él [es] escudo a todos los que en él confían.
PSA 18:31 Porque ¿quién [es] Dios fuera del SEÑOR? ¿O quién [es] una roca fuera de nuestro Dios?
PSA 18:32 Dios [es] el que me ciñe de fuerza, y hace perfecto mi cami­no.
PSA 18:33 Él hace mis pies como de ciervas, y me pone sobre mis alturas.
PSA 18:34 Él enseña mis manos para la guerra, de modo que es quebrado con mis brazos el arco de acero.
PSA 18:35 Tú me diste asimismo el escudo de tu salvación: y tu diestra me sustentó, y tu gentileza me ha engrandecido.
PSA 18:36 Ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que mis pies no resbalasen.
PSA 18:37 Yo he perseguido a mis enemigos, y los he atrapado: y no me volví hasta que fueron consumidos.
PSA 18:38 Yo los herí, de modo que no pudieron levantarse: son caídos debajo de mis pies.
PSA 18:39 Pues, me ceñiste con fuerza para la batalla; has sometido debajo de mí a los que se levantaron contra mí.
PSA 18:40 También me has dado la cerviz de mis enemigos, para que yo destruya a los que me aborrecen.
PSA 18:41 Clamaron, pero no [hubo] quien [los] salvase: [aun] al SEÑOR, pero él no les respondió.
PSA 18:42 Entonces los molí como polvo delante del viento, los arrojé como la tierra en las calles.
PSA 18:43 Me libraste de las contiendas del pueblo: me has puesto por cabecera de los paganos: un pueblo [que] no he conocido me servirá.
PSA 18:44 Así que oigan de mí, me obedecerán: los extranjeros se someterán a mí.
PSA 18:45 Los extranjeros se desvanecerán, y se atemorizarán de sus escondrijos.
PSA 18:46 Vive el SEÑOR, y [sea] bendita mi roca; y exaltado sea el Dios de mi salvación.
PSA 18:47 [Es] Dios el que me venga y somete a la gente debajo de mí.
PSA 18:48 Me libra de mis enemigos: sí, tú me enalteces sobre los que se levantan contra mí; me has librado del hombre violento.
PSA 18:49 Por tanto yo te daré gracias entre los paganos, oh SEÑOR, y cantaré alabanzas a tu nombre.
PSA 18:50 Grande liberación da a su rey, y muestra misericordia a su ungido, a David y a su simiente, para siempre.
PSA 19:1 Al Músico principal: Salmo de David. LOS cielos declaran la gloria de Dios, y el firmamento muestra la obra de sus manos.
PSA 19:2 Día tras día emite palabra; noche tras noche muestra conocimiento.
PSA 19:3 No [hay] habla ni lenguaje, [donde] no es oída su voz.
PSA 19:4 Por toda la tierra salió su hilo, y al cabo del mundo sus pala­bras. En ellos puso un tabernáculo para el sol.
PSA 19:5 Lo cual como un novio que sale de su tálamo, [y] se regocija como hombre fuerte para correr una carrera.
PSA 19:6 Del cabo del cielo [es] su salida, y su curso hasta el cabo de él: y no hay quién se esconda de su calor.
PSA 19:7 La ley del SEÑOR [es] perfecta, que convierte el alma: el testimo­nio del SEÑOR [es] seguro, que hace sabio al simple.
PSA 19:8 Los estatutos del SEÑOR [son] rectos, que regocijan el corazón: el mandamiento del SEÑOR [es] puro, que alumbra los ojos.
PSA 19:9 El temor del SEÑOR [es] limpio, que permanece para siempre; los juicios del SEÑOR [son] verdad, todos justos.
PSA 19:10 Deseables [son] más que el oro, sí, más que mucho oro afinado: también más dulces que la miel, y el panal.
PSA 19:11 Tu siervo es además amones­tado por ellos: [y] en guardarlos [hay] grande galardón.
PSA 19:12 ¿Quién puede entender [sus] errores? Límpiame de [faltas] ocultas.
PSA 19:13 Detén asimismo a tu siervo de [pecados] presuntuosos; no dejes que tengan dominio sobre mí: Entonces seré recto, y seré inocente de la gran transgresión.
PSA 19:14 Sean aceptables las palabras de mi boca y la meditación de mi cora­zón delante de ti, oh SEÑOR, fortaleza mía, y redentor mío.
PSA 20:1 Al Músico principal: Salmo de David. OIGATE el SEÑOR en el día de angustia; defiéndate el nombre del Dios de Jacob.
PSA 20:2 Envíete ayuda desde el santua­rio, y desde Sión te fortalezca.
PSA 20:3 Haga memoria de todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto. Selah
PSA 20:4 Concédete conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo.
PSA 20:5 Nosotros nos regocijaremos en tu salvación, y pondremos [nuestros] pendones en el nombre de nuestro Dios: cumpla el SEÑOR todas tus peti­ciones.
PSA 20:6 Ahora sé que el SEÑOR salva a su ungido: él lo oirá desde su santo cielo con la fuerza salvadora de su diestra.
PSA 20:7 Algunos [confían] en carros, y algunos en caballos: pero nosotros del nombre del SEÑOR nuestro Dios tendremos memo­ria.
PSA 20:8 Ellos son derribados y caídos: pero nosotros somos levantados y estamos rectos.
PSA 20:9 Salva, SEÑOR: que el rey nos oiga cuando lo invoquemos.
PSA 21:1 Al Músico principal: Salmo de David. ALEGRARÁSE el rey en tu fortaleza, oh SEÑOR; y en tu salvación se gozará mucho.
PSA 21:2 El deseo de su corazón le diste, y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. Selah
PSA 21:3 Pues le has salido al encuentro con bendiciones de bien: corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
PSA 21:4 Vida te pidió, y dístele largura de días por siempre jamás.
PSA 21:5 Grande es su gloria en tu salva­ción: honra y majestad has pues­to sobre él.
PSA 21:6 Porque lo has bendecido para siempre; llenástelo de alegría con tu rostro.
PSA 21:7 Por cuanto el rey confía en el SEÑOR, y por la misericordia del Altísimo, no será conmovido.
PSA 21:8 Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.
PSA 21:9 Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: el SEÑOR los deshará en su furor, y fuego los consumirá.
PSA 21:10 Su fruto destruirás de la tierra, y su simiente de entre los hijos de los hombres.
PSA 21:11 Porque trazaron el mal contra ti: fraguaron maquinaciones, [mas] no prevalecerán.
PSA 21:12 Pues tú los pondrás en fuga, [cuando] aparejares en tus cuerdas [las saetas] contra sus rostros.
PSA 21:13 Ensálzate, oh SEÑOR, con tu fortaleza: cantaremos y alabare­mos tu poderío.
PSA 22:1 Al Músico principal, sobre Ajelet-sahar: Salmo de David. DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿[Por qué estás tan] lejos de mi auxilio, [y de] las palabras de mi clamor?
PSA 22:2 Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio.
PSA 22:3 Pero tú eres santo, tú que habitas [entre] las alabanzas de Israel.
PSA 22:4 En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y tú los libras­te.
PSA 22:5 Clamaron a ti, y fueron libra­dos: esperaron en ti, y no se aver­gonzaron.
PSA 22:6 Mas yo soy gusano, y no hom­bre; oprobio de los hombres, y desecho del pueblo.
PSA 22:7 Todos los que me ven, escarne­cen de mí; estiran los labios, menean la cabeza, [diciendo]:
PSA 22:8 Remítese al SEÑOR, líbrelo; sálvele, puesto que en él se com­placía.
PSA 22:9 Pero tú eres el que me sacó del vientre, el que me haces esperar [desde que estaba] a los pechos de mi madre.
PSA 22:10 Sobre ti fui echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
PSA 22:11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quien ayude.
PSA 22:12 Hanme rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado.
PSA 22:13 Abrieron sobre mí su boca, [como] león rapante y rugiente.
PSA 22:14 Heme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyun­taron: mi corazón fue como cera, desliéndose en medio de mis entrañas.
PSA 22:15 Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte.
PSA 22:16 Porque perros me han rodea­do, hame cercado asamblea de malignos: horadaron mis manos y mis pies.
PSA 22:17 Contar puedo todos mis hue­sos; ellos miran, considéranme.
PSA 22:18 Partieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes.
PSA 22:19 Mas tú, oh SEÑOR, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate para mi ayuda.
PSA 22:20 Libra de la espada mi alma; del poder del perro mi única.
PSA 22:21 Sálvame de la boca del león, y óyeme [librándome] de los cuer­nos de los unicornios.
PSA 22:22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la con­gregación te alabaré.
PSA 22:23 Los que teméis al SEÑOR, alabadle; glorificadle, simiente toda de Jacob; y temed de él, vosotros, simiente toda de Israel.
PSA 22:24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, oyóle.
PSA 22:25 De ti será mi alabanza en la grande congregación; mis votos pagaré delante de los que le temen.
PSA 22:26 Comerán los pobres, y serán saciados: alabarán al SEÑOR los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre.
PSA 22:27 Acordarse han, y volveránse al SEÑOR todos los términos de la tierra; y se humillarán delante de ti todas las familias de las naciones.
PSA 22:28 Porque del SEÑOR es el reino; y él se enseñoreará de las naciones.
PSA 22:29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra: postrarán­se delante de él todos los que descienden al polvo, si bien nin­guno puede conservar la vida a su propia alma.
PSA 22:30 Una simiente le servirá; será ella contada por una generación al Señor.
PSA 22:31 Vendrán, y anunciarán al pue­blo que naciere, su justicia que él hizo.
PSA 23:1 Salmo de David. EL SEÑOR [es] mi pastor; nada me faltará.
PSA 23:2 En lugares de delicados pastos me hace yacer: junto a aguas de reposo me lleva.
PSA 23:3 Restaura mi alma; me guía por sendas de justicia por amor de su nombre.
PSA 23:4 Aunque ande en el valle de la sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú [estás] con­migo: tu vara y tu cayado me infunden aliento.
PSA 23:5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos: unges mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando.
PSA 23:6 Ciertamente el bien y la mise­ricordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa del SEÑOR moraré por siempre.
PSA 24:1 Salmo de David. DEL SEÑOR es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.
PSA 24:2 Porque él la fundó sobre los mares, y la estableció sobre los ríos.
PSA 24:3 ¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿y quién estará en el lugar de su santidad?
PSA 24:4 El limpio de manos, y puro de corazón: el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño.
PSA 24:5 Él recibirá bendición del SEÑOR, y justicia del Dios de salvación.
PSA 24:6 Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh [Dios de] Jacob. Selah.
PSA 24:7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puer­tas eternas, y entrará el Rey de gloria.
PSA 24:8 ¿Quién es este Rey de gloria? el SEÑOR el fuerte y valiente, el SEÑOR el poderoso en batalla.
PSA 24:9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puer­tas eternas, y entrará el Rey de gloria.
PSA 24:10 ¿Quién es este Rey de gloria? el SEÑOR de los ejércitos, él es el Rey de la gloria. Selah.
PSA 25:1 Salmo de David. A TI, oh SEÑOR, levantaré mi alma.
PSA 25:2 Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos.
PSA 25:3 Ciertamente ninguno de cuan­tos en ti esperan será confundido: serán avergonzados los que se rebelan sin causa.
PSA 25:4 Muéstrame, oh SEÑOR, tus caminos; enséñame tus sendas.
PSA 25:5 Encamíname en tu verdad, y enséñame; porque tú eres el Dios de mi salvación: en ti he espera­do todo el día.
PSA 25:6 Acuérdate, oh SEÑOR, de tus conmiseraciones y de tus miseri­cordias, que son perpetuas.
PSA 25:7 De los pecados de mi moce­dad, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu miseri­cordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh SEÑOR.
PSA 25:8 Bueno y recto es el SEÑOR: por tanto él enseñará a los peca­dores el camino.
PSA 25:9 Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.
PSA 25:10 Todas las sendas del SEÑOR son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios.
PSA 25:11 Por amor de tu nombre, oh SEÑOR, perdonarás también mi pecado; porque es grande.
PSA 25:12 ¿Quién es el hombre que teme al SEÑOR? Él le enseñará el camino que ha de escoger.
PSA 25:13 Su alma reposará en el bien, y su simiente heredará la tierra.
PSA 25:14 El secreto del SEÑOR es para los que le temen; y a ellos hará conocer su pacto.
PSA 25:15 Mis ojos están siempre hacia el SEÑOR; porque él sacará mis pies de la red.
PSA 25:16 Mírame, y ten misericordia de mí; porque estoy solo y afligido.
PSA 25:17 Las angustias de mi corazón se han aumentado: sácame de mis congojas.
PSA 25:18 Mira mi aflicción y mi traba­jo: y perdona todos mis pecados.
PSA 25:19 Mira mis enemigos, que se han multiplicado, y con odio vio­lento me aborrecen.
PSA 25:20 Guarda mi alma, y líbrame: no sea yo avergonzado, porque en ti confié.
PSA 25:21 Integridad y rectitud me preserven; porque en ti espero.
PSA 25:22 Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias.
PSA 26:1 Salmo de David. JÚZGAME, oh SEÑOR, porque yo en mi integridad he andado: confiado he asimismo en el SEÑOR, no vacilaré.
PSA 26:2 Pruébame, oh SEÑOR, y sondé­ame: examina mis entrañas y mi corazón.
PSA 26:3 Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y en tu ver­dad ando.
PSA 26:4 No me he sentado con hombres de falsedad; ni entré con los [que andan] encubiertamente.
PSA 26:5 Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté.
PSA 26:6 Lavaré en inocencia mis manos, y andaré alrededor de tu altar, oh SEÑOR:
PSA 26:7 Para exclamar con voz de acción de gracias, y para contar todas tus maravillas.
PSA 26:8 SEÑOR, la habitación de tu casa he amado, y el lugar del tabernáculo de tu gloria.
PSA 26:9 No juntes con los pecadores mi alma, ni con los hombres de san­gres mi vida:
PSA 26:10 En cuyas manos está el mal, y su diestra está llena de sobornos.
PSA 26:11 Pero yo andaré en mi inte­gridad: redímeme, y ten miseri­cordia de mí.
PSA 26:12 Mi pie ha estado en rectitud: en las congregaciones bendeciré al SEÑOR.
PSA 27:1 Salmo de David. EL SEÑOR es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? el SEÑOR es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?
PSA 27:2 Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y caye­ron.
PSA 27:3 Aunque se asiente campo con­tra mí, no temerá mi corazón: aunque contra mí se levante gue­rra, yo en esto confío.
PSA 27:4 Una cosa he deseado del SEÑOR, ésta buscaré: que esté yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contem­plar la hermosura del SEÑOR, y para inquirir en su templo.
PSA 27:5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; ocultaráme en lo reservado de su pabellón; pondráme en alto sobre una roca.
PSA 27:6 Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: cantaré y salmearé al SEÑOR.
PSA 27:7 Oye, oh SEÑOR, mi voz [con que a ti] clamo; y ten misericordia de mí, respóndeme.
PSA 27:8 Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro bus­caré, oh SEÑOR.
PSA 27:9 No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira a tu siervo: mi ayuda has sido; no me dejes y no me desampares, oh Dios de mi salvación.
PSA 27:10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran, el SEÑOR con todo me recogerá.
PSA 27:11 Enséñame, oh SEÑOR, tu camino, y guíame por senda de rectitud, a causa de mis enemi­gos.
PSA 27:12 No me entregues a la volun­tad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
PSA 27:13 [Hubiera yo desmayado], si no creyese que tengo de ver la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes.
PSA 27:14 Espera en el SEÑOR; sé valiente, y él fortalecerá tu corazón: espera, digo, en el SEÑOR.
PSA 28:1 Salmo de David. A TI clamaré, oh SEÑOR, roca mía: no guardas silencio conmigo; no sea que estando tú callado conmigo, yo venga a ser como los que descienden al hoyo.
PSA 28:2 Oye la voz de mis ruegos, cuan­do clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia el templo de tu san­tidad.
PSA 28:3 No me arrebates a una con los malos, y con los que hacen iniquidad: los cuales hablan paz con sus prójimos, y la maldad está en su corazón.
PSA 28:4 Dales conforme a su obra, y conforme a la malicia de sus hechos: dales conforme a la obra de sus manos, dales su paga.
PSA 28:5 Porque no atendieron a las obras del SEÑOR, ni al hecho de sus manos, derribarálos, y no los edificará.
PSA 28:6 Bendito el SEÑOR, que oyó la voz de mis ruegos.
PSA 28:7 El SEÑOR es mi fortaleza y mi escudo: en él esperó mi corazón, y fui ayudado; por lo que se gozó mi corazón, y con mi canción le alabaré.
PSA 28:8 El SEÑOR es su fuerza, y la fortaleza de las saludes de su ungido.
PSA 28:9 Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréalos y ensál­zalos para siempre.
PSA 29:1 Salmo de David. DAD al SEÑOR, oh hijos de fuertes, dad al SEÑOR la gloria y la fortaleza.
PSA 29:2 Dad al SEÑOR la gloria debida a su nombre: Adorad al SEÑOR en la hermosura de la santidad.
PSA 29:3 Voz del SEÑOR sobre las aguas: hizo tronar el Dios de glo­ria: el SEÑOR sobre las muchas aguas.
PSA 29:4 Voz del SEÑOR con potencia; voz del SEÑOR con gloria.
PSA 29:5 Voz del SEÑOR que quebranta los cedros; y quebrantó el SEÑOR los cedros del Líbano.
PSA 29:6 E hízolos saltar como becerros; al Líbano y al Sirión como hijos de unicornios.
PSA 29:7 Voz del SEÑOR que derrama llamas de fuego.
PSA 29:8 Voz del SEÑOR que hará temblar el desierto; hará temblar el SEÑOR el desierto de Cades.
PSA 29:9 Voz del SEÑOR que hará estar de parto a las ciervas, y desnuda­rá las breñas: y en su templo todos los suyos le dicen gloria.
PSA 29:10 El SEÑOR preside en el dilu­vio, y asentóse el SEÑOR por rey para siempre.
PSA 29:11 El SEÑOR dará fortaleza a su pueblo: el SEÑOR bendecirá a su pueblo en paz.
PSA 30:1 Salmo cantado en la dedicación de la Casa: Salmo de David. GLORIFICARTE he, oh SEÑOR; porque me has ensalzado, y no hiciste a mis enemigos alegrarse de mí.
PSA 30:2 Oh SEÑOR Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.
PSA 30:3 Oh SEÑOR, hiciste subir mi alma del sepulcro, dísteme vida, para que no descendiese a la sepultura.
PSA 30:4 Cantad al SEÑOR, vosotros sus santos, y dadle gracias a la memoria de su santidad.
PSA 30:5 Porque un momento será su furor; mas en su voluntad está [la] vida: por la noche durará el lloro, mas a la mañana [vendrá] la ale­gría.
PSA 30:6 Y dije yo en mi prosperidad: No seré jamás conmovido;
PSA 30:7 Porque tú, SEÑOR, por tu benevolencia has asentado mi monte con fortaleza. Escondiste tu rostro, fui conturbado.
PSA 30:8 A ti, oh SEÑOR, clamaré; y al SEÑOR suplicaré.
PSA 30:9 ¿Qué provecho hay en mi san­gre, cuando yo descienda al hoyo? ¿te alabará el polvo? ¿anunciará tu verdad?
PSA 30:10 Oye, oh SEÑOR, y ten mise­ricordia de mí: SEÑOR, sé tú mi ayudador.
PSA 30:11 Has tornado mi endecha en baile; desataste mi cilicio, y ceñís­teme de alegría.
PSA 30:12 Por tanto a ti cantaré alaban­zas, gloria [mía], y no estaré callado. Oh SEÑOR Dios mío, te daré gracias para siempre.
PSA 31:1 Al Músico principal: Salmo de David. EN ti, oh SEÑOR, he esperado; no sea yo confundido para siempre: líbrame en tu justicia.
PSA 31:2 Inclina a mí tu oído, líbrame presto; séme por roca de fortale­za, por casa fuerte para salvarme.
PSA 31:3 Porque tú eres mi roca y mi for­taleza; y por tu nombre me guia­rás, y me encaminarás.
PSA 31:4 Me sacarás de la red que han escondido para mí; porque tú eres mi fortaleza.
PSA 31:5 En tu mano encomiendo mi espíritu: tú me has redimido, oh SEÑOR, Dios de verdad.
PSA 31:6 Aborrecí a los que esperan en vanidades ilusorias; mas yo en el SEÑOR he esperado.
PSA 31:7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia; porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias:
PSA 31:8 Y no me encerraste en mano del enemigo; hiciste estar mis pies en anchura.
PSA 31:9 Ten misericordia de mí, oh SEÑOR, que estoy en angustia: hanse consumido de pesar mis ojos, mi alma, y mis entrañas.
PSA 31:10 Porque mi vida se va gastan­do de dolor, y mis años de suspi­rar: hase enflaquecido mi fuerza a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.
PSA 31:11 De todos mis enemigos he sido oprobio, y de mis vecinos en gran manera, y horror a mis conocidos: los que me veían fuera, huían de mí.
PSA 31:12 He sido olvidado de [su] cora­zón como un muerto: soy como un vaso quebrado.
PSA 31:13 Porque he oído afrenta de muchos; miedo por todas partes, cuando consultaban juntos con­tra mí, e ideaban quitarme la vida.
PSA 31:14 Mas yo en ti confié, oh SEÑOR: yo dije: Dios mío eres tú.
PSA 31:15 En tu mano están mis tiem­pos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguido­res.
PSA 31:16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo: sálvame por tu misericordia.
PSA 31:17 No sea yo confundido, oh SEÑOR, ya que te he invocado; sean corridos los impíos, estén mudos en el sepulcro.
PSA 31:18 Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras, con soberbia y menosprecio.
PSA 31:19 ¡Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
PSA 31:20 Los esconderás en el secreto de tu rostro de las arrogancias del hombre: los pondrás en un taber­náculo a cubierto de contención de lenguas.
PSA 31:21 Bendito el SEÑOR, porque ha hecho maravillosa su miseri­cordia para conmigo en ciudad fuerte.
PSA 31:22 Y decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos: sin embargo tú oíste la voz de mis ruegos, cuando a ti clamaba.
PSA 31:23 Amad al SEÑOR todos voso­tros sus santos: a los fieles guar­da el SEÑOR, y paga abundante­mente al que obra con soberbia.
PSA 31:24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en el SEÑOR, y tome vuestro corazón aliento.
PSA 32:1 Salmo de David: Masquil. BIENAVENTURADO aquel cuyas transgresiones [son] perdonadas, [cuyos] pecados son cubiertos.
PSA 32:2 Bienaventurado el hombre a quien no imputa el SEÑOR la iniquidad, y en cuyo espíritu no hay superchería.
PSA 32:3 Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día.
PSA 32:4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; volvió­se mi verdor en sequedades de estío. Selah.
PSA 32:5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones al SEÑOR; y tú perdonaste la mal­dad de mi pecado. Selah.
PSA 32:6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo de poder hallarte: cier­tamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
PSA 32:7 Tú eres mi refugio; me preserva­rás de angustia; con cánticos de liberación me rodearás. Selah.
PSA 32:8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: te guiaré con mis ojos.
PSA 32:9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimien­to: con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida, para que no lleguen a ti.
PSA 32:10 Muchos dolores para el impío; mas el que espera en el SEÑOR, lo cercará misericordia.
PSA 32:11 Alegraos en el SEÑOR, y gozaos, justos: y cantad todos vosotros los rectos de corazón.
PSA 33:1 ALEGRAOS, justos, en el SEÑOR: a los rectos es hermosa la alabanza.
PSA 33:2 Celebrad al SEÑOR con arpa: cantadle con salterio y decacor­dio.
PSA 33:3 Cantadle canción nueva: ha­cedlo bien tañendo con júbilo.
PSA 33:4 Porque recta es la palabra del SEÑOR, y toda su obra con ver­dad [hecha].
PSA 33:5 Él ama justicia y juicio: de la misericordia del SEÑOR está llena la tierra.
PSA 33:6 Por la palabra del SEÑOR fue­ron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca.
PSA 33:7 Él junta como en un montón las aguas del mar: él pone en depósitos los abismos.
PSA 33:8 Tema al SEÑOR toda la tierra: teman de él todos los habitadores del mundo.
PSA 33:9 Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.
PSA 33:10 El SEÑOR hace nulo el con­sejo de las gentes, y frustra las maquinaciones de los pueblos.
PSA 33:11 El consejo del SEÑOR per­manecerá para siempre; los pen­samientos de su corazón por todas las generaciones.
PSA 33:12 Bienaventurada la nación de que el SEÑOR es su Dios; el pueblo a quien escogió por heredad para sí.
PSA 33:13 Desde el cielo miró el SEÑOR; vio a todos los hijos de los hombres:
PSA 33:14 Desde la morada de su asien­to miró sobre todos los morado­res de la tierra.
PSA 33:15 Él formó el corazón de todos ellos; él considera todas sus obras.
PSA 33:16 El rey no es salvo con la mul­titud del ejército: no escapa el valiente por la mucha fuerza.
PSA 33:17 Vanidad es el caballo para salvarse: por la grandeza de su fuer­za no librará.
PSA 33:18 He aquí, el ojo del SEÑOR sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia;
PSA 33:19 Para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en el hambre.
PSA 33:20 Nuestra alma esperó al SEÑOR; nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
PSA 33:21 Por tanto en él se alegrará nuestro corazón porque en su santo nombre hemos confiado.
PSA 33:22 Sea tu misericordia, oh SEÑOR, sobre nosotros, como esperamos en ti.
PSA 34:1 Salmo de David, cuando mudó su semblante delante de Abimelec, y él lo echó, y fuese. BENDECIRÉ al SEÑOR en todo tiempo; su alabanza [será] siempre en mi boca.
PSA 34:2 En el SEÑOR se gloriará mi alma: oiránlo los mansos, y se alegrarán.
PSA 34:3 Engrandeced al SEÑOR con­migo, y ensalcemos su nombre a una.
PSA 34:4 Busqué al SEÑOR, y él me oyó, y libróme de todos mis temores.
PSA 34:5 A él miraron y fueron alumbra­dos: y sus rostros no se avergon­zaron.
PSA 34:6 Este pobre clamó, y oyóle el SEÑOR, y librólo de todas sus angustias.
PSA 34:7 El ángel del SEÑOR acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.
PSA 34:8 Gustad, y ved que [es] bueno el SEÑOR: bienaventurado [es] el hombre [que] confía en él.
PSA 34:9 Temed al SEÑOR, vosotros sus santos; porque no hay falta para los que le temen.
PSA 34:10 Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre, pero los que buscan al SEÑOR, no tendrán falta de ningún bien.
PSA 34:11 Venid, hijos, oídme; el temor del SEÑOR os enseñaré.
PSA 34:12 ¿Quién es el hombre que desea vida, que codicia días para ver bien?
PSA 34:13 Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño.
PSA 34:14 Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.
PSA 34:15 Los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y [atentos] sus oídos al clamor de ellos.
PSA 34:16 La ira del SEÑOR contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos.
PSA 34:17 Clamaron [los justos], y el SEÑOR oyó, y librólos de todas sus angustias.
PSA 34:18 Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón; y sal­vará a los contritos de espíritu.
PSA 34:19 Muchas son las aflicciones del justo; mas de todas ellas le librará el SEÑOR.
PSA 34:20 Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.
PSA 34:21 Matará al malo la maldad; y los que aborrecen al justo serán asolados.
PSA 34:22 El SEÑOR redime el alma de sus siervos; y no serán asolados cuantos en él confían.
PSA 35:1 Salmo de David. DISPUTA, oh SEÑOR, con los que contra mí contienden; pelea con los que me combaten.
PSA 35:2 Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda.
PSA 35:3 Y saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo [soy] tu salvación.
PSA 35:4 Avergüéncense y confúndanse los que buscan mi alma: vuelvan atrás, y sean avergonzados los que mi mal intentan.
PSA 35:5 Sean como el tamo delante del viento; y el ángel del SEÑOR [los] acose.
PSA 35:6 Sea su camino oscuridad y res­baladeros; y el ángel del SEÑOR los persiga.
PSA 35:7 Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa hicieron [hoyo] para mi alma.
PSA 35:8 Véngale el quebrantamiento que no sepa, y su red que escon­dió lo prenda: con quebranta­miento en ella caiga.
PSA 35:9 Y gócese mi alma en el SEÑOR; y alégrese en su salva­ción.
PSA 35:10 Todos mis huesos dirán: SEÑOR, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?
PSA 35:11 Levantáronse testigos falsos; demandáronme lo que no sabía;
PSA 35:12 Volviéronme mal por bien, para abatir a mi alma.
PSA 35:13 Mas yo, cuando ellos enfer­maron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se revolvía en mi seno.
PSA 35:14 Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.
PSA 35:15 Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; juntá­ronse contra mí gentes despre­ciables, y yo no lo entendía: des­pedazábanme, y no cesaban;
PSA 35:16 Con los lisonjeros escarnece­dores truhanes, crujiendo sobre mí sus dientes.
PSA 35:17 Señor, ¿hasta cuándo verás [esto?] Recobra mi alma de sus quebrantamientos, mi única de los leones.
PSA 35:18 Te daré gracias en la grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo.
PSA 35:19 No se alegren de mí mis ene­migos injustos: ni los que me aborrecen sin causa hagan del ojo.
PSA 35:20 Porque no hablan paz; y con­tra los mansos de la tierra pien­san palabras engañosas.
PSA 35:21 Y ensancharon sobre mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos [lo] han visto!
PSA 35:22 Tú lo has visto, oh SEÑOR; no calles: Oh SEÑOR, de mí no te alejes.
PSA 35:23 Muévete y despierta para mi juicio, para mi causa, Dios mío y Señor mío.
PSA 35:24 Júzgame conforme a tu justi­cia, oh SEÑOR Dios mío; y no se alegren de mí.
PSA 35:25 No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Hémoslo devorado!
PSA 35:26 Avergüencense, y sean con­fundidos a una los que de mi mal se alegran: vístanse de vergüenza y de confusión los que se engran­decen contra mí.
PSA 35:27 Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea ensalzado el SEÑOR, que ama la paz de su siervo.
PSA 35:28 Y mi lengua hablará de tu jus­ticia, y de tu loor todo el día.
PSA 36:1 Al Músico principal: Salmo de David, siervo del SEÑOR. LA iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos.
PSA 36:2 Lisonjéase, por tanto, en sus propios ojos, hasta que su iniqui­dad sea hallada aborrecible.
PSA 36:3 Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; no quiso entender para bien hacer.
PSA 36:4 Iniquidad piensa sobre su cama; está en camino no bueno, el mal no aborrece.
PSA 36:5 Oh SEÑOR, hasta los cielos es tu misericordia; tu verdad hasta las nubes.
PSA 36:6 Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios abismo grande: oh SEÑOR, al hombre y al ani­mal conservas.
PSA 36:7 ¡Cuán ilustre, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.
PSA 36:8 Serán completamente saciados de la grosura de tu casa; y tú los harás beber del río de tus deli­cias.
PSA 36:9 Porque contigo está el manan­tial de la vida: en tu luz veremos la luz.
PSA 36:10 Extiende tu misericordia a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.
PSA 36:11 No venga contra mí pie de soberbia; y mano de impíos no me mueva.
PSA 36:12 Allí cayeron los obradores de iniquidad; fueron rempujados, y no pudieron levantarse.
PSA 37:1 Salmo de David. NO te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
PSA 37:2 Porque como hierba serán presto cortados, y decaerán como verdor de renuevo.
PSA 37:3 Espera en el SEÑOR, y haz bien; vivirás en la tierra, y en ver­dad serás alimentado.
PSA 37:4 Pon asimismo tu delicia en el SEÑOR, y él te dará las peticio­nes de tu corazón.
PSA 37:5 Encomienda al SEÑOR tu camino, y espera en él; y él hará.
PSA 37:6 Y exhibirá tu justicia como la luz, y tus derechos como el mediodía.
PSA 37:7 Calla al SEÑOR, y espera en él: no te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades.
PSA 37:8 Déjate de la ira, y depón el enojo: no te excites en manera alguna a hacer lo malo.
PSA 37:9 Porque los malignos serán tala­dos, mas los que esperan en el SEÑOR, ellos heredarán la tie­rra.
PSA 37:10 Pues de aquí a poco no será el malo: y contemplarás sobre su lugar, y no parecerá.
PSA 37:11 Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abun­dancia de paz.
PSA 37:12 Maquina el impío contra el justo, y cruje sobre él sus dientes.
PSA 37:13 El Señor se reirá de él; porque ve que viene su día.
PSA 37:14 Los impíos desenvainaron espada, y entesaron su arco, para derribar al pobre y al menestero­so, para matar a los de recto proceder.
PSA 37:15 La espada de ellos entrará en su mismo corazón, y su arco será quebrado.
PSA 37:16 Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos peca­dores.
PSA 37:17 Porque los brazos de los impí­os serán quebrados: mas el que sostiene a los justos es el SEÑOR.
PSA 37:18 Conoce el SEÑOR los días de los perfectos: y la heredad de ellos será para siempre.
PSA 37:19 No serán avergonzados en el mal tiempo; y en los días de hambre serán hartos.
PSA 37:20 Mas los impíos perecerán, y los enemigos del SEÑOR como la grasa de los carneros serán consumidos: se disiparán como humo.
PSA 37:21 El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene miseri­cordia, y da.
PSA 37:22 Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán talados.
PSA 37:23 Por el SEÑOR son ordenados los pasos del hombre, y aprueba su camino.
PSA 37:24 Cuando cayere, no quedará postrado; porque el SEÑOR sos­tiene su mano.
PSA 37:25 Mozo fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.
PSA 37:26 En todo tiempo tiene miseri­cordia, y presta; y su simiente es para bendición.
PSA 37:27 Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre.
PSA 37:28 Porque el SEÑOR ama el juicio, y no desampara sus santos: para siempre serán guardados; mas la simiente de los impíos será extirpada.
PSA 37:29 Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.
PSA 37:30 La boca del justo hablará sabiduría; y su lengua proferirá juicio.
PSA 37:31 La ley de su Dios está en su corazón; por tanto sus pasos no vacilarán.
PSA 37:32 Acecha el impío al justo, y procura matarlo.
PSA 37:33 El SEÑOR no lo dejará en sus manos, ni lo condenará cuando le juzgaren.
PSA 37:34 Espera en el SEÑOR, y guarda su camino, y él te ensalzará para heredar la tierra: cuando serán talados los pecadores, lo verás.
PSA 37:35 Vi yo al impío sumamente ensalzado, y que se extendía como un laurel verde.
PSA 37:36 Pero pasóse, y he aquí no parece; y busquélo, y no fue halla­do.
PSA 37:37 Considera al íntegro, y mira al justo: que la postrimería de cada uno de ellos es paz.
PSA 37:38 Mas los transgresores fueron todos a una destruídos: la postri­mería de los impíos fue talada.
PSA 37:39 Pero la salvación de los justos es del SEÑOR, y él es su fortale­za en el tiempo de angustia.
PSA 37:40 Y el SEÑOR los ayudará, y los librará: y libertarálos de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron.
PSA 38:1 Salmo de David, para recordar. OH SEÑOR, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira.
PSA 38:2 Porque tus saetas descendieron a mí, y sobre mí ha caído tu mano.
PSA 38:3 No hay sanidad en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado.
PSA 38:4 Porque mis iniquidades han pasado mi cabeza: como carga pesada se han agravado sobre mí.
PSA 38:5 Pudriéronse, corrompiéronse mis llagas, a causa de mi locura.
PSA 38:6 Estoy encorvado, estoy humi­llado en gran manera, ando enlu­tado todo el día.
PSA 38:7 Porque mis lomos están llenos de ardor, y [no hay] sanidad en mi carne.
PSA 38:8 Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa de la conmoción de mi corazón.
PSA 38:9 Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.
PSA 38:10 Mi corazón está acongojado, hame dejado mi vigor; y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.
PSA 38:11 Mis amigos y mis compañe­ros se quitaron de delante de mi plaga; y mis cercanos se pusie­ron lejos.
PSA 38:12 Y los que buscan mi vida arman lazos; y los que procuran mi mal hablan iniquidades, e imaginan engaños todo el día.
PSA 38:13 Mas yo, como [si fuera] sordo, no oía; [y estaba] como un mudo, [que] no abre su boca.
PSA 38:14 Fui pues como un hombre que no oye, y que en su boca no tiene reprensiones.
PSA 38:15 Porque en ti, oh SEÑOR, esperé yo: tú responderás, oh Señor Dios mío.
PSA 38:16 Porque dije: Que no se ale­gren de mí: cuando mi pie resba­laba, sobre mí se engrandecían.
PSA 38:17 Porque yo estoy a pique de claudicar, y mi dolor está delante de mí continuamente.
PSA 38:18 Por tanto denunciaré mi mal­dad; congojaréme por mi peca­do.
PSA 38:19 Porque mis enemigos están vivos [y] fuertes: y hanse aumenta­do los que me aborrecen sin causa:
PSA 38:20 Y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
PSA 38:21 No me desampares, oh SEÑOR: Dios mío, no te alejes de mí.
PSA 38:22 Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salvación.
PSA 39:1 Al Músico principal, a Jedutún: Salmo de David. YO dije: Atenderé a mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío fuere contra mí.
PSA 39:2 Enmudecí con silencio, callé­me aun respecto de lo bueno: y excitóse mi dolor.
PSA 39:3 Enardecióse mi corazón dentro de mí; encendióse fuego en mi meditación, y [así] hablé con mi lengua:
PSA 39:4 Hazme saber, SEÑOR, mi fin, y cuál [sea] la medida de mis días; [para que] sepa yo cuán frágil soy.
PSA 39:5 He aquí diste a mis días térmi­no corto, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah.
PSA 39:6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta: junta, y no sabe quién lo allegará.
PSA 39:7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.
PSA 39:8 Líbrame de todas mis rebelio­nes; no me pongas por escarnio del insensato.
PSA 39:9 Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste.
PSA 39:10 Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consu­mido.
PSA 39:11 Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces con­sumirse como de polilla su gran­deza: ciertamente vanidad es todo hombre. Selah.
PSA 39:12 Oye mi oración, oh SEÑOR, y escucha mi clamor: no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy para contigo, y advenedizo, como todos mis padres.
PSA 39:13 Déjame, y tomaré fuerzas, antes que me vaya y no sea más.
PSA 40:1 Al Músico principal: Salmo de David. ESPERÉ pacientemente al SEÑOR, e inclinóse a mí, y oyó mi clamor.
PSA 40:2 E hízome sacar de un abismo de miseria, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre una roca, y estableció mis pasos.
PSA 40:3 Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y esperarán en el SEÑOR.
PSA 40:4 Bienaventurado el hombre que puso al SEÑOR por su confian­za, y no mira a los soberbios, ni a los que declinan a la mentira.
PSA 40:5 Aumentado has tú, oh SEÑOR Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no te los podremos contar: si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enarrados.
PSA 40:6 Sacrificio y presente no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado.
PSA 40:7 Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro está escrito de mí:
PSA 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; y tu ley [está] dentro de mi corazón.
PSA 40:9 He predicado justicia en grande congregación: he aquí no detuve mis labios, oh SEÑOR, tú [lo] sabes.
PSA 40:10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón: tu fidelidad y tu sal­vación he declarado: no oculté tu misericordia y tu verdad en grande congregación.
PSA 40:11 Tú, oh SEÑOR, no apartes de mí tus misericordias: tu misericor­dia y tu verdad me guarden siem­pre.
PSA 40:12 Porque me han cercado males hasta no [haber] cuento: hanme comprendido mis maldades, y no puedo levantar la vista: hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta.
PSA 40:13 Quieras, oh SEÑOR, librarme; SEÑOR, apresúrate a soco­rrerme.
PSA 40:14 Sean avergonzados y confu­sos a una los que buscan mi alma para cortarla: vuelvan atrás y avergüéncense los que mi mal desean.
PSA 40:15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!
PSA 40:16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que aman tu salva­ción: el SEÑOR sea ensalzado.
PSA 40:17 Aunque afligido yo y necesi­tado, el Señor pensará de mí: mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.
PSA 41:1 Al Músico principal: Salmo de David. BIENAVENTURADO el que piensa en el pobre: en el día malo lo librará el SEÑOR.
PSA 41:2 El SEÑOR lo guarde, y le dé vida: sea bienaventurado en la tierra, y no lo entregues a la voluntad de sus enemigos.
PSA 41:3 El SEÑOR lo sustentará sobre el lecho del dolor: mullirás toda su cama en su enfermedad.
PSA 41:4 Yo dije: SEÑOR, ten miseri­cordia de mí; sana mi alma, por­que contra ti he pecado.
PSA 41:5 Mis enemigos dicen mal de mí [preguntando:] ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?
PSA 41:6 Y si venía a ver[me], hablaba mentira: su corazón se amonto­naba iniquidad; y salido fuera, hablába[la].
PSA 41:7 Reunidos murmuraban contra mí todos los que me aborrecían: contra mí pensaban mal, [dicien­do de mí:] 8[ Cosa pestilencial, [dicen,] se le ha pegado; y el que cayó en cama, no volverá a levantarse.
PSA 41:9 Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el cal­cañar.
PSA 41:10 Mas tú, oh SEÑOR, ten miseri­cordia de mí, y hazme levantar, y daréles el pago.
PSA 41:11 En esto habré conocido que te he agradado, que mi enemigo no se holgará de mí.
PSA 41:12 En cuanto a mí, en mi integri­dad me has sustentado, y me has hecho estar delante de ti para siempre.
PSA 41:13 Bendito sea el SEÑOR, el Dios de Israel, por siempre jamás. Amén y Amén.
PSA 42:1 Al Músico principal: Masquil a los hijos de Coré. COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
PSA 42:2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
PSA 42:3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
PSA 42:4 Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud.
PSA 42:5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar por las saludes de su presencia.
PSA 42:6 Dios mío, mi alma está en mí abatida: acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.
PSA 42:7 Un abismo llama a otro a la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
PSA 42:8 De día mandará el SEÑOR su misericordia, y de noche su can­ción será conmigo, y oración al Dios de mi vida.
PSA 42:9 Diré a Dios: roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
PSA 42:10 Mientras se están quebrantan­do mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
PSA 42:11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar; [él es] salvación de mi rostro, y el Dios mío.
PSA 43:1 JÚZGAME, oh Dios, y aboga mi causa: líbrame de nación impía, del hombre de engaño e iniquidad.
PSA 43:2 Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿por qué andaré enluta­do por la opresión del enemigo?
PSA 43:3 Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán, me conducirán al monte de tu santidad, y a tus tabernáculos.
PSA 43:4 Y entraré al altar de Dios, al Dios alegría de mi gozo; y alabaréte con arpa, oh Dios, Dios mío.
PSA 43:5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar; [él es] salud de mi rostro, y el Dios mío.
PSA 44:1 Al Músico principal: de los hijos de Coré: Masquil. OH Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.
PSA 44:2 Tú con tu mano echaste las gentes, y los plantaste a ellos; afligiste los pueblos, y los arro­jaste.
PSA 44:3 Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, por­que te complaciste en ellos.
PSA 44:4 Tú, oh Dios, eres mi rey: manda saludes a Jacob.
PSA 44:5 Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos: En tu nom­bre atropellaremos a nuestros adversarios.
PSA 44:6 Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará.
PSA 44:7 Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, y has aver­gonzado a los que nos aborrecían.
PSA 44:8 En Dios nos gloriaremos todo tiempo, y para siempre loaremos tu nombre. Selah.
PSA 44:9 Pero [nos] has desechado, y nos has hecho avergonzar; y no sales con nuestros ejércitos.
PSA 44:10 Nos hiciste retroceder del enemigo, y saqueáron[nos] para sí los que nos aborrecían.
PSA 44:11 Pusístenos como a ovejas para comida, y esparcístenos entre las gentes.
PSA 44:12 Has vendido tu pueblo a cambio de nada, y no pujaste en sus pre­cios.
PSA 44:13 Pusístenos por vergüenza a nuestros vecinos, por escarnio y por burla a los que nos rodean.
PSA 44:14 Pusístenos por proverbio entre las gentes, por movimiento de cabeza en los pueblos.
PSA 44:15 Cada día mi vergüenza está delante de mí, y cúbreme la con­fusión de mi rostro,
PSA 44:16 Por la voz del que [me] vitupe­ra y deshonra, por razón del ene­migo y del que se venga.
PSA 44:17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; y no hemos faltado a tu pacto.
PSA 44:18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni tampoco se han apar­tado nuestros pasos de tus cami­nos.
PSA 44:19 Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, y nos cubriste con sombra de muerte,
PSA 44:20 Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno,
PSA 44:21 ¿No demandaría Dios esto? porque él conoce los secretos del corazón.
PSA 44:22 Sí, por tu causa nos matan cada día; somos contados como ovejas para el matadero.
PSA 44:23 Despierta; ¿por qué duermes, oh Señor? Despierta, no te alejes para siempre.
PSA 44:24 ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?
PSA 44:25 Porque nuestra alma está ago­biada hasta el polvo: nuestro vientre está pegado con la tierra.
PSA 44:26 Levántate para ayudarnos, y redímenos por tu misericordia.
PSA 45:1 Al Músico principal: sobre Sosanim: para los hijos de Coré: Masquil: Canción de amores. REBOSA mi corazón palabra buena: refiero yo al Rey mis obras: mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.
PSA 45:2 Haste hermoseado más que los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios: por tanto Dios te ha bendecido para siem­pre.
PSA 45:3 Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu majestad.
PSA 45:4 Y en tu gloria sé prosperado: cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, [y] de justicia; y tu diestra te enseñará cosas terribles.
PSA 45:5 Tus saetas agudas [con que] cae­rán pueblos debajo de ti, [penetra­rán] en el corazón de los enemi­gos del Rey.
PSA 45:6 Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: vara de justicia la vara de tu reino.
PSA 45:7 Amaste la justicia y aborreciste la maldad: por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de gozo sobre tus compañeros.
PSA 45:8 Mirra, áloe, y casia [exhalan] todas tus vestiduras: desde los palacios de marfil te han alegrado.
PSA 45:9 Hijas de reyes entre tus ilustres: está la reina a tu diestra con oro de Ofir.
PSA 45:10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;
PSA 45:11 Y deseará el rey tu hermosura: e inclínate a él, porque él es tu Señor.
PSA 45:12 Y las hijas de Tiro v[endrán] con presente; implorarán tu favor los ricos del pueblo.
PSA 45:13 Toda ilustre es de dentro la hija del rey: de brocado de oro es su vestidura.
PSA 45:14 Con [vestiduras] bordadas será llevada al rey; vírgenes en pos de ella: sus compañeras serán traí­das a ti.
PSA 45:15 Serán traídas con alegría y gozo: entrarán en el palacio del rey.
PSA 45:16 En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harás prínci­pes en toda la tierra.
PSA 45:17 Haré [perpetua] la memoria de tu nombre en todas las generaciones: por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.
PSA 46:1 Al Músico principal: de los hijos de Coré: Salmo sobre Alamot. DIOS es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
PSA 46:2 Por tanto no temeremos aun­que la tierra sea removida; aun­que se traspasen los montes al corazón del mar.
PSA 46:3 Bramarán, turbaránse sus aguas; temblarán los montes a causa de su braveza. Selah.
PSA 46:4 Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, el santuario de los tabernáculos del Altísimo.
PSA 46:5 Dios está en medio de ella; no será conmovida: Dios la ayudará al clarear la mañana.
PSA 46:6 Bramaron las gentes, titubea­ron los reinos; dio él su voz, derritióse la tierra.
PSA 46:7 El SEÑOR de los ejércitos es con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah.
PSA 46:8 Venid, ved las obras del SEÑOR, que ha puesto asola­mientos en la tierra.
PSA 46:9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra: que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego.
PSA 46:10 Estad quietos, y conoced que yo [soy] Dios: ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.
PSA 46:11 El SEÑOR de los ejércitos es con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah.
PSA 47:1 Al Músico principal: de los hijos de Coré: Salmo. PUEBLOS todos, batid las manos; aclamad a Dios con voz de júbilo.
PSA 47:2 Porque el SEÑOR el Altísimo es terrible; Rey grande sobre toda la tierra.
PSA 47:3 Él sujetará a los pueblos deba­jo de nosotros, y a las naciones debajo de nuestros pies.
PSA 47:4 Él nos elegirá nuestras hereda­des; la hermosura de Jacob, al cual amó. Selah.
PSA 47:5 Subió Dios con júbilo, el SEÑOR con sonido de trompeta.
PSA 47:6 Cantad a Dios, cantad: cantad a nuestro Rey, cantad.
PSA 47:7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra: cantad con el entendi­miento.
PSA 47:8 Reina Dios sobre las gentes: Dios está sentado sobre el trono de su santidad.
PSA 47:9 Los príncipes de los pueblos se juntaron al pueblo del Dios de Abraham: porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy ensalzado.
PSA 48:1 Canción: Salmo de los hijos de Coré. GRANDE es el SEÑOR y digno de ser en gran manera alabado, en la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santidad.
PSA 48:2 Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el monte de Sión, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey.
PSA 48:3 Dios en sus palacios es conoci­do por refugio.
PSA 48:4 Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; pasaron todos.
PSA 48:5 Y viéndola ellos así, maravillá­ronse, se turbaron, diéronse prie­sa [a huir].
PSA 48:6 Tomólos allí temblor; dolor, como a mujer que pare.
PSA 48:7 Con viento solano quiebras tú las naves de Tarsis.
PSA 48:8 Como [lo] oímos, así hemos visto en la ciudad del SEÑOR de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios: la establecerá Dios por siempre. Selah.
PSA 48:9 Esperamos tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo.
PSA 48:10 Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra: de justicia está llena tu diestra.
PSA 48:11 Alegraráse el monte de Sión; se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.
PSA 48:12 Andad alrededor de Sión, y rodeadla: contad sus torres.
PSA 48:13 Poned vuestro corazón a su antemuro, mirad sus palacios; para que lo contéis a la genera­ción venidera.
PSA 48:14 Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre: él nos capitaneará hasta la muerte.
PSA 49:1 Al Músico principal: Salmo para los hijos de Coré. OÍD esto, pueblos todos; escuchad, habitadores todos del mundo:
PSA 49:2 Así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre junta­mente.
PSA 49:3 Mi boca hablará sabiduría; y el pensamiento de mi corazón entendimiento.
PSA 49:4 Acomodaré a ejemplos mi oído: declararé con el arpa mi enigma.
PSA 49:5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis insidiadores me cercare?
PSA 49:6 Los que confían en sus hacien­das, y en la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
PSA 49:7 Ninguno de [ellos] podrá en manera alguna redimir al herma­no, ni dar a Dios su rescate.
PSA 49:8 (Porque la redención de su alma es de gran precio, y no se hará jamás;)
PSA 49:9 Que viva adelante para siem­pre, [y] no vea la corrupción.
PSA 49:10 Pues se ve que mueren los sabios, así como el necio y el bruto perecen, y dejan a otros sus riquezas.
PSA 49:11 En su interior [tienen] que sus casas [serán] eternas, y sus habita­ciones para generación y genera­ción: llamaron sus tierras de sus nombres.
PSA 49:12 Mas el hombre no permanecerá en honra: es semejante a las bestias que perecen.
PSA 49:13 Este su camino es su locura: con todo, corren sus descendien­tes por el dicho de ellos. Selah.
PSA 49:14 Como rebaños serán puestos en la sepultura; la muerte se cebará en ellos; y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana: y se consumirá su bien parecer en el sepulcro de su morada.
PSA 49:15 Pero Dios redimirá mi alma del poder de la sepultura, por­que él me recibirá. Selah.
PSA 49:16 No temas cuando se enrique­ce alguno, cuando aumenta la gloria de su casa;
PSA 49:17 Porque en muriendo no lleva­rá nada, ni descenderá tras él su gloria.
PSA 49:18 Si bien mientras viviere, dirá dichosa a su alma: y tú serás loado cuando bien te tratares.
PSA 49:19 Entrará a la generación de sus padres: no verán luz para siem­pre.
PSA 49:20 El hombre en honra que no entiende, semejante es a las bes­tias que perecen.
PSA 50:1 Salmo de Asaf. EL Dios poderoso, el SEÑOR, ha hablado, y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
PSA 50:2 De Sión, perfección de hermo­sura, ha Dios resplandecido.
PSA 50:3 Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande.
PSA 50:4 Convocará a los cielos de arri­ba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo.
PSA 50:5 Juntadme mis santos; los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.
PSA 50:6 Y denunciarán los cielos su jus­ticia; porque Dios es el juez. Selah.
PSA 50:7 Oye, pueblo mío, y hablaré: [escucha,] Israel, y testificaré con­tra ti: Yo [soy] Dios, el Dios tuyo.
PSA 50:8 No te reprenderé sobre tus sacrificios, ni por tus holocaus­tos, que delante de mí están siempre.
PSA 50:9 No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apris­cos.
PSA 50:10 Porque mía es toda bestia del bosque, y el ganado sobre millares de collados.
PSA 50:11 Conozco todas las aves de los montes, y en mi poder están las fieras del campo.
PSA 50:12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti: porque mío es el mundo y su plenitud.
PSA 50:13 ¿Tengo de comer yo carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos?
PSA 50:14 Ofrece a Dios sacrificio de acción de gracias, y paga tus votos al Altísimo.
PSA 50:15 E invócame en el día de la angustia: te libraré, y tú me hon­rarás.
PSA 50:16 Mas al impío dice Dios: ¿Qué tienes tú que declarar mis estatutos, y que tomar mi pacto en tu boca?
PSA 50:17 Pues que tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras.
PSA 50:18 Si veías al ladrón, tú corrías con él; y con los adúlteros era tu parte.
PSA 50:19 Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño.
PSA 50:20 Tomabas asiento, [y] hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia.
PSA 50:21 Estas cosas hiciste, y yo he callado: pensabas que de cierto sería yo como tú: yo te argüiré, y pondré[las] delante de tus ojos.
PSA 50:22 Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que arrebate, sin que nadie libre.
PSA 50:23 El que sacrifica alabanza me honrará: y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios.
PSA 51:1 Al Músico principal: Salmo de David, cuando después que entró a Batseba, vino a él Natán el profeta. TEN piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia: conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
PSA 51:2 Lávame más y más de mi mal­dad, y límpiame de mi pecado.
PSA 51:3 Porque yo reconozco mis rebe­liones; y mi pecado está siempre delante de mí.
PSA 51:4 A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.
PSA 51:5 He aquí, en maldad he sido for­mado, y en pecado me concibió mi madre.
PSA 51:6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
PSA 51:7 Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblan­quecido más que la nieve.
PSA 51:8 Hazme oír gozo y alegría: y se recrearán los huesos que has aba­tido.
PSA 51:9 Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.
PSA 51:10 Crea en mí, oh Dios, un cora­zón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.
PSA 51:11 No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espí­ritu.
PSA 51:12 Vuélveme el gozo de tu salva­ción; y el espíritu libre me sus­tente.
PSA 51:13 [Entonces] enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti.
PSA 51:14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación: can­tará mi lengua tu justicia.
PSA 51:15 Oh Señor, abre mis labios: y publicará mi boca tu alabanza.
PSA 51:16 Porque no quieres tú sacrifi­cio, que yo daría; no quieres holocausto.
PSA 51:17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despre­ciarás tú, oh Dios.
PSA 51:18 Haz bien con tu benevolencia a Sión: edifica los muros de Jerusalem.
PSA 51:19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, la ofrenda quemada y ofrenda del todo quema­da: entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.
PSA 52:1 Al Músico principal: Masquil de David, cuando vino Doeg Iduméo y dio cuenta a Saúl, diciéndole: David ha venido a casa de Ahimelec. ¿POR qué te glorías de mal­dad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua.
PSA 52:2 Agravios maquina tu lengua: como navaja amolada hace enga­ño.
PSA 52:3 Amaste el mal más que el bien; la mentira más que hablar justi­cia. Selah.
PSA 52:4 Has amado toda suerte de pala­bras perniciosas, engañosa len­gua.
PSA 52:5 Por tanto Dios te derribará para siempre: te asolará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah.
PSA 52:6 Y verán los justos, y temerán; y reiránse de él, [diciendo]:
PSA 52:7 He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad.
PSA 52:8 Mas yo estoy como oliva verde en la casa de Dios: en la miseri­cordia de Dios confío para siempre y eternalmente.
PSA 52:9 Te alabaré para siempre por [lo] que has hecho: y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delan­te de tus santos.
PSA 53:1 Al Músico principal: sobre Mahalat: Masquil de David. DIJO el necio en su corazón: No hay Dios. Corrompiéronse e hicieron abominable maldad: no hay quien haga bien.
PSA 53:2 Dios desde el cielo miró sobre los hijos de los hombres, por ver si hay algún entendido que busque a Dios.
PSA 53:3 Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido: no hay quien haga bien, no hay ni aun uno.
PSA 53:4 ¿No tienen conocimiento todos esos que obran iniquidad? que comen a mi pueblo [como si] comiesen pan: a Dios no han invocado.
PSA 53:5 Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo: porque Dios ha esparcido los huesos del que asentó campo contra ti: los avergonzaste, porque Dios los desechó.
PSA 53:6 ¡Oh que de Sión saliera la sal­vación de Israel! En volviendo Dios la cautividad de su pueblo, gozarse ha Jacob, y alegraráse Israel.
PSA 54:1 Al Músico principal: en Neginot: Masquil de David, cuando vinieron los zifeos y dijeron a Saúl: ¿No está David escondido en nuestra tierra? OH Dios, sálvame por tu nombre, y júzgame por tu poder.
PSA 54:2 Oh Dios, oye mi oración; escu­cha las razones de mi boca.
PSA 54:3 Porque extraños se han levan­tado contra mí, y fuertes buscan mi alma: no han puesto a Dios delante de sí. Selah.
PSA 54:4 He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor es con los que sostienen mi alma.
PSA 54:5 Él volverá el mal a mis enemi­gos: córtalos por tu verdad.
PSA 54:6 Voluntariamente sacrificaré a ti; alabaré tu nombre, oh SEÑOR, porque es bueno.
PSA 54:7 Porque me ha librado de toda angustia, y en mis enemigos vie­ron mis ojos [mi deseo].
PSA 55:1 Al Músico principal: en Neginot: Masquil de David. ESCUCHA, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica.
PSA 55:2 Estáme atento, y respóndeme: clamo en mi oración, y levanto el grito,
PSA 55:3 A causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío; porque echaron sobre mí iniquidad, y con furor me han amenazado.
PSA 55:4 Mi corazón está doloroso den­tro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído.
PSA 55:5 Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto.
PSA 55:6 Y dije: ¡Oh que me diera alas como de paloma! volaría yo, y descansaría.
PSA 55:7 Ciertamente huiría lejos: mora­ría en el desierto. Selah.
PSA 55:8 Apresuraríame a escapar del viento tempestuoso, de la tem­pestad.
PSA 55:9 Deshace, oh Señor, divide la lengua de ellos; porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.
PSA 55:10 Día y noche la rodean sobre sus muros; e iniquidad y trabajo hay en medio de ella.
PSA 55:11 Agravios hay en medio de ella, y el fraude y engaño no se apartan de sus plazas.
PSA 55:12 Porque no me afrentó un ene­migo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él:
PSA 55:13 Mas tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi fami­liar:
PSA 55:14 Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, a la casa de Dios andábamos en compa­ñía.
PSA 55:15 Condenados sean a muerte, desciendan vivos al infierno: porque maldades hay en su com­pañía, entre ellos.
PSA 55:16 Yo a Dios clamaré; y el SEÑOR me salvará.
PSA 55:17 Tarde y mañana y a medio día oraré y clamaré; y él oirá mi voz.
PSA 55:18 Él ha redimido en paz mi alma de la guerra contra mí; pues fueron contra mí muchos.
PSA 55:19 Dios oirá, y los quebrantará luego, el que desde la antigüedad permanece. Selah. Por cuanto no se mudan, ni temen a Dios.
PSA 55:20 Extendió sus manos contra sus pacíficos: violó su pacto.
PSA 55:21 Ablandan más que manteca su boca, pero guerra hay en su corazón: suavizan sus palabras más que el aceite, mas ellas son espadas.
PSA 55:22 Echa sobre el SEÑOR tu carga, y él te sustentará; no deja­rá para siempre caído al justo.
PSA 55:23 Mas tú, oh Dios, harás des­cender aquéllos al pozo de la sepultura: los hombres sanguina­rios y engañadores no demedia­rán sus días: pero yo confiaré en ti.
PSA 56:1 Al Músico principal: sobre la paloma silenciosa en paraje muy distante. Mictam de David, cuando los filisteos le prendieron en Gat. TEN misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre: me oprime combatiéndome cada día.
PSA 56:2 Apúranme mis enemigos cada día; porque muchos son los que pelean contra mí, oh Altísimo.
PSA 56:3 En el día que temo, yo en ti confío.
PSA 56:4 En Dios alabaré su palabra: en Dios he confiado, no temeré lo que la carne me hiciere.
PSA 56:5 Todos los días me contristan mis palabras; contra mí son todos sus pensamientos para mal.
PSA 56:6 Reúnense, escóndense, miran ellos atentamente mis pasos, esperando mi vida.
PSA 56:7 ¿Escaparán ellos por la iniqui­dad? Oh Dios, derriba en tu furor los pueblos.
PSA 56:8 Mis huídas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?
PSA 56:9 Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare: en esto conozco que Dios es por mí.
PSA 56:10 En Dios alabaré [su] palabra; en el SEÑOR alabaré [su] palabra.
PSA 56:11 En Dios he confiado: no temeré lo que me hará el hombre.
PSA 56:12 Sobre mí, oh Dios, están tus votos: te tributaré alabanzas.
PSA 56:13 Porque has librado mi vida de la muerte, y mis pies de caída, para que ande delante de Dios en la luz de los que viven.
PSA 57:1 Al Músico principal: sobre No destruyas: Mictam de David, cuando huyó de delante de Saúl a la cueva. TEN misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé, hasta que pasen los quebrantos.
PSA 57:2 Clamaré al Dios altísimo, a Dios que me realiza [todas las cosas].
PSA 57:3 Él enviará desde el cielo, y me salvará de la infamia del que me apura. Selah. Dios enviará su misericordia y su verdad.
PSA 57:4 Mi vida está entre leones; estoy echado entre hijos de hombres encendidos: sus dientes son lan­zas y saetas, y su lengua espada aguda.
PSA 57:5 Sé exaltado sobre los cielos, oh Dios; [sea] tu gloria sobre toda la tierra.
PSA 57:6 Red han armado a mis pasos; hase abatido mi alma: hoyo han cavado delante de mí; en medio de él han caído. Selah.
PSA 57:7 Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto: cantaré, y daré alabanzas.
PSA 57:8 Despierta, oh gloria mía; des­pierta, salterio y arpa: levantaré­me temprano.
PSA 57:9 Alabarte he entre los pueblos, oh Señor; cantaré de ti entre las naciones.
PSA 57:10 Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad.
PSA 57:11 Sé exaltado sobre los cielos, oh Dios; [sea] tu gloria sobre toda la tierra.
PSA 58:1 Al Músico principal: sobre No destruyas: Mictam de David. OH congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿juzgáis rectamente, hijos de los hombres?
PSA 58:2 Antes con el corazón obráis iniquidades: hacéis pesar la vio­lencia de vuestras manos en la tierra.
PSA 58:3 Enajenáronse los impíos desde la matriz; descarriáronse desde el vientre, hablando mentira.
PSA 58:4 Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente: [son] como áspid sordo que cierra su oído;
PSA 58:5 Que no oye la voz de los que encantan, por más hábil que el encantador sea.
PSA 58:6 Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas: quiebra, oh SEÑOR, las muelas de los leoncillos.
PSA 58:7 Córranse como aguas que se van de suyo: en entesando sus saetas, luego sean hechas peda­zos.
PSA 58:8 Pasen ellos como el caracol que se deslíe: [como] el abortivo de mujer, no vean el sol.
PSA 58:9 Antes que vuestras ollas sien­tan las espinas, así vivos, así aira­dos, los arrebatará él con tempes­tad.
PSA 58:10 Alegraráse el justo cuando viere la venganza: sus pies lavará en la sangre del impío.
PSA 58:11 Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.
PSA 59:1 Al Músico principal: sobre No destruyas: Mictam de David, cuando envió Saúl, y guardaron la casa para matarlo. LÍBRAME de mis enemigos, oh Dios mío: ponme en salvo de los que contra mí se levantan.
PSA 59:2 Líbrame de los que obran iniquidad, y sálvame de hombres sanguinarios.
PSA 59:3 Porque he aquí están acechan­do mi vida: hanse juntado contra mí fuertes, no por falta mía, ni pecado mío, oh SEÑOR.
PSA 59:4 Sin delito [mío] corren y se aperciben: despierta para venir a mi encuentro, y mira.
PSA 59:5 Y tú oh SEÑOR, Dios de los ejérci­tos, Dios de Israel, despierta para visitar todas las gentes: no hayas misericordia de todos los que se rebelan con iniquidad. Selah.
PSA 59:6 Volveránse a la tarde, ladrarán como perros, y rodearán la ciu­dad.
PSA 59:7 He aquí proferirán con su boca; espadas [están] en sus labios, por­que [dicen]: ¿Quién oye?
PSA 59:8 Mas tú, oh SEÑOR, te reirás de ellos, te burlarás de todos los paganos.
PSA 59:9 De su fuerza esperaré yo en ti: porque Dios es mi defensa.
PSA 59:10 El Dios de mi misericordia me prevendrá: Dios me hará ver en mis enemigos [mi deseo].
PSA 59:11 No los matarás, porque mi pueblo no se olvide: hazlos vagar con tu fortaleza; y abátelos, oh Señor, escudo nuestro,
PSA 59:12 [Por] el pecado de su boca, [por] la palabra de sus labios; y sean presos por su soberbia, y por la maldición y mentira que profie­ren.
PSA 59:13 Acábalos con furor, acábalos, y no sean: y sepan que Dios domina en Jacob hasta los fines de la tierra. Selah.
PSA 59:14 Vuelvan pues a la tarde, y ladren como perros, y rodeen la ciudad.
PSA 59:15 Anden ellos errantes para [hallar que] comer: y si no se saciaren, murmuren.
PSA 59:16 Pero yo cantaré tu fortaleza, y loaré de mañana tu miseri­cordia: porque has sido mi ampa­ro y refugio en el día de mi angustia.
PSA 59:17 Fortaleza mía, a ti cantaré; porque eres Dios de mi amparo, Dios de mi misericordia.
PSA 60:1 Al Músico principal: sobre Susan-­Edut: Mictam de David, para ense­ñar, cuando tuvo guerra contra Aram­-Naharaim y contra Aram de Soba, y volvió Joab, e hirió de Edom en el valle de las Salinas doce mil. OH Dios, tú nos has desechado, nos disipaste; te has airado: vuélvete a nosotros.
PSA 60:2 Hiciste temblar la tierra, abríste­la: sana sus quiebras, porque titu­bea.
PSA 60:3 Has hecho ver a tu pueblo duras cosas: hicístenos beber el vino de agitación.
PSA 60:4 Has dado a los que te temen bandera que alcen por la verdad. Selah.
PSA 60:5 Para que se libren tus amados, salva con tu diestra, y óyeme.
PSA 60:6 Dios pronunció por su santuario; yo me alegraré; partiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.
PSA 60:7 Mío es Galaad, y mío es Manasés; y Efraím es la fortale­za de mi cabeza; Judá, mi legisla­dor;
PSA 60:8 Moab, la vasija de mi lavatorio; sobre Edom echaré mi zapato: haz júbilo sobre mí, oh Filistea.
PSA 60:9 ¿Quién me llevará a la ciudad fortalecida? ¿quién me llevará hasta Idumea?
PSA 60:10 Ciertamente, tú, oh Dios, [que] nos habías desechado; y no salí­as, oh Dios, con nuestros ejérci­tos.
PSA 60:11 Danos socorro contra el ene­migo, que vana es la salvación de los hombres.
PSA 60:12 En Dios haremos proezas; y él hollará nuestros enemigos.
PSA 61:1 Al Músico principal: sobre Neginot: Salmo de David. OYE, oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende.
PSA 61:2 Desde el cabo de la tierra cla­maré a ti, cuando mi corazón desmayare llévame a la roca más alta que yo.
PSA 61:3 Porque tú has sido mi refugio, y torre de fortaleza delante del enemigo.
PSA 61:4 Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre: estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Selah.
PSA 61:5 Porque tú, oh Dios, has oído mis votos, has dado heredad a los que temen tu nombre.
PSA 61:6 Días sobre días añadirás al rey: sus años serán como generación y generación.
PSA 61:7 Estará para siempre delante de Dios: misericordia y verdad pre­para que lo conserven.
PSA 61:8 Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día.
PSA 62:1 Al Músico principal: a Jedutún: Salmo de David. EN Dios solamente está acallada mi alma: de él [viene] mi salvación.
PSA 62:2 Él sólo es mi roca, y mi salva­ción; [es] mi refugio, no seré movi­do mucho.
PSA 62:3 ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? Pereceréis todos vosotros, [caeréis] como pared acostada, como cerca rui­nosa.
PSA 62:4 Solamente consultan de arro­jarle de su grandeza; aman la mentira, con su boca bendicen, pero maldicen en sus entrañas. Selah.
PSA 62:5 Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi expectativa.
PSA 62:6 Él solo es mi roca y mi salva­ción: [es] mi refugio, no seré movido.
PSA 62:7 En Dios está mi salvación y mi gloria: en Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio.
PSA 62:8 Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nues­tro amparo. Selah.
PSA 62:9 Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón: pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que la vanidad.
PSA 62:10 No confiéis en la violencia, ni en la rapiña; no os envanezcáis: si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón [en ella].
PSA 62:11 Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza.
PSA 62:12 Y de ti, oh Señor, es la miseri­cordia: porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.
PSA 63:1 Salmo de David, estando en el desierto de Judá. OH Dios, Dios mío eres tú: levantaréme a ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas;
PSA 63:2 Para ver tu fortaleza y tu gloria, así como te he mirado en el san­tuario.
PSA 63:3 Porque mejor es tu misericor­dia que la vida: mis labios te ala­barán.
PSA 63:4 Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos.
PSA 63:5 Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; y con labios de júbilo te alabará mi boca,
PSA 63:6 Cuando me acordaré de ti en mi lecho, [cuando] meditaré de ti en las velas de la noche.
PSA 63:7 Porque has sido mi socorro; y [así] en la sombra de tus alas me regocijaré.
PSA 63:8 Está mi alma apegada a ti: tu diestra me ha sostenido.
PSA 63:9 Mas los que para destrucción buscaron mi alma, caerán en los sitios bajos de la tierra.
PSA 63:10 Destruiránlos a filo de espada; serán porción de las zorras.
PSA 63:11 Pero el rey se alegrará en Dios; será alabado cualquiera que por él jura: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.
PSA 64:1 Al Músico principal: Salmo de David. ESCUCHA, oh Dios, mi voz en mi oración: guarda mi vida del miedo del enemigo.
PSA 64:2 Escóndeme del secreto consejo de los malignos; de la conspira­ción de los que obran iniquidad:
PSA 64:3 Que amolaron su lengua como espada, [y] armaron [por] su saeta palabra amarga;
PSA 64:4 Para asaetear a escondidas al íntegro: de improviso lo asaete­an, y no temen.
PSA 64:5 Se animan [en] su inicuo desig­nio, tratan de esconder los lazos, [y] dicen: ¿Quién los ha de ver?
PSA 64:6 Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; y el íntimo pensamiento de cada uno [de ellos], así como el corazón, [es] profundo.
PSA 64:7 Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas.
PSA 64:8 Y harán caer sobre sí sus mis­mas lenguas: se espantarán todos los que los vieren.
PSA 64:9 Y temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán su hecho.
PSA 64:10 Alegraráse el justo en el SEÑOR, y confiaráse en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón.
PSA 65:1 Al Músico principal: Salmo: Cántico de David. A TI es plácida la alabanza en Sión, oh Dios: y a ti se pagarán los votos.
PSA 65:2 Tú oyes la oración: a ti vendrá toda carne.
PSA 65:3 Palabras de iniquidades me sobrepujaron: [mas] nuestras rebe­liones tú las perdonarás.
PSA 65:4 Bienaventurado el que tú escogieres, e hicieres llegar [a ti], para que habi­te en tus atrios: seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo.
PSA 65:5 Con tremendas cosas, en justi­cia, nos responderás tú, oh Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos [confines] del mar.
PSA 65:6 [Tú], el que establece los montes con su potencia, ceñido de valen­tía:
PSA 65:7 El que amansa el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, y el alboroto de las gen­tes.
PSA 65:8 Por tanto los habitadores de los fines [de la tierra] temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.
PSA 65:9 Visitas la tierra, y la riegas: en gran manera la enriqueces con el río de Dios, lleno de aguas: pre­paras el grano de ellos, cuando así la dispones.
PSA 65:10 Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus canales: ablándasla con lluvias, bendices sus renuevos.
PSA 65:11 Tú coronas el año de tus bien­es; y tus nubes destilan grosura.
PSA 65:12 Destilan sobre las estancias del desierto; y los collados se ciñen de alegría.
PSA 65:13 Vístense los llanos de mana­das, y los valles se cubren de grano: dan voces de júbilo, y aun cantan.
PSA 66:1 Al Músico principal: Cántico: Salmo. ACLAMAD a Dios con alegría, toda la tierra:
PSA 66:2 Cantad la gloria de su nombre: poned gloria [en] su alabanza.
PSA 66:3 Decid a Dios: ¡Cuán terribles [son] tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.
PSA 66:4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre. Selah.
PSA 66:5 Venid, y ved las obras de Dios, terrible en hechos sobre los hijos de los hombres.
PSA 66:6 Volvió el mar en seco; por el río pasaron a pie; allí en él nos alegramos.
PSA 66:7 Él se enseñorea con su fortale­za para siempre: sus ojos atala­yan sobre las naciones: los rebeldes no serán ensalzados. Selah.
PSA 66:8 Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza.
PSA 66:9 Él [es el] que puso nuestra alma en vida, y no permitió que nues­tros pies resbalasen.
PSA 66:10 Porque tú nos probaste, oh Dios: ensayástenos como se afina la plata.
PSA 66:11 Nos metiste en la red; pusiste apretura en nuestros lomos.
PSA 66:12 Hombres hiciste subir sobre nuestra cabeza; entramos en fuego y en aguas, y sacástenos a abundancia.
PSA 66:13 Entraré en tu casa con holo­caustos: te pagaré mis votos,
PSA 66:14 Que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando angus­tiado estaba.
PSA 66:15 Holocaustos de cebados te ofreceré, con perfume de carne­ros: sacrificaré bueyes y machos cabríos. Selah.
PSA 66:16 Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.
PSA 66:17 A él clamé con mi boca, y ensalzado fue con mi lengua.
PSA 66:18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no [me] oyera.
PSA 66:19 Mas ciertamente [me] oyó Dios; atendió a la voz de mi súplica.
PSA 66:20 Bendito Dios, que no echó [de sí] mi oración, ni de mí su miseri­cordia.
PSA 67:1 Al Músico principal: en Neginot: Salmo: Cántico. DIOS tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah.
PSA 67:2 Para que sea conocido en la tie­rra tu camino, en todas las naciones tu salvación.
PSA 67:3 Alábente los pueblos, oh Dios; alábente los pueblos todos.
PSA 67:4 Alégrense y gócense las naciones; porque juzgarás los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra. Selah.
PSA 67:5 Alábente los pueblos, oh Dios: todos los pueblos te alaben.
PSA 67:6 La tierra dará su fruto: nos ben­decirá Dios, el Dios nuestro.
PSA 67:7 Bendíganos Dios, y témanlo todos los fines de la tierra.
PSA 68:1 Al Músico principal: Salmo de David: Canción. LEVÁNTESE Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen.
PSA 68:2 Como es lanzado el humo, los lanzarás: como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios.
PSA 68:3 Mas los justos se alegrarán: gozarse han delante de Dios, y saltarán de alegría.
PSA 68:4 Cantad a Dios, cantad alabanzas a su nombre: ensalzad al que cabalga sobre los cielos por su nombre JAH, y ale­graos delante de él.
PSA 68:5 Padre de huérfanos y defensor de viudas, es Dios en la morada de su santuario:
PSA 68:6 El Dios que hace habitar en familia los solos; que saca a los aprisionados con grillos: mas los rebeldes habitan en sequedad.
PSA 68:7 Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto; Selah:
PSA 68:8 La tierra tembló; también des­tilaron los cielos a la presencia de Dios: aquel Sinaí [tembló] delante de Dios, del Dios de Israel.
PSA 68:9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios, a tu heredad; y cuando se cansó, tú la recreaste.
PSA 68:10 Los que son de tu grey han morado en ella: por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.
PSA 68:11 El Señor dio la palabra: grande [era] la compañía de los que [la] publica­ban.
PSA 68:12 Huyeron, huyeron reyes de ejércitos; y las que se quedaban en casa partían los despojos.
PSA 68:13 Bien que fuisteis echados entre los tiestos, [seréis como] las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro.
PSA 68:14 Cuando esparció el Todopoderoso los reyes en ella, emblanquecióse [ésta] como la nieve en Salmón.
PSA 68:15 Monte de Dios es el monte de Basán; monte alto el de Basán.
PSA 68:16 ¿Por qué os levantáis, oh montes altos? Este monte amó Dios para su asiento; ciertamente el SEÑOR habitará [en él] para siempre.
PSA 68:17 Los carros de Dios son veinte mil, [y más] millares de ángeles. El Señor entre ellos, [como] en Sinaí, [así] en el santuario.
PSA 68:18 Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres, y también [para] los rebeldes, para que habite [entre ellos] el SEÑOR Dios.
PSA 68:19 Bendito el Señor; cada día nos colma [de beneficios] el Dios de nuestra salvación. Selah.
PSA 68:20 Nuestro Dios [es] el Dios de sal­vación; y de DIOS el Señor es el librar de la muerte.
PSA 68:21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la cabe­lluda mollera del que camina en sus pecados.
PSA 68:22 El Señor dijo: De Basán haré volver, [te] haré volver de los pro­fundos del mar:
PSA 68:23 Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos, y de ella la lengua de tus perros.
PSA 68:24 Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.
PSA 68:25 Los cantores iban delante, los tañedores detrás; en medio, las doncellas con adufes.
PSA 68:26 Bendecid a Dios en congrega­ciones: al Señor, [vosotros de] la fuente de Israel.
PSA 68:27 Allí estaba el joven Benjamín señoreador de ellos, los príncipes de Judá en su congregación, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
PSA 68:28 Tu Dios ha ordenado tu fuer­za; confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros.
PSA 68:29 Por razón de tu templo en Jerusalem los reyes te ofrecerán dones.
PSA 68:30 Reprime la reunión de gentes armadas, la multitud de toros con los becerros de los pueblos, [hasta que todos] se sometan con [sus] piezas de plata: disipa los pueblos que se complacen en la guerra.
PSA 68:31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía apresurará sus manos a Dios.
PSA 68:32 Reinos de la tierra, cantad a Dios, Oh cantad alabanzas al Señor; Selah.
PSA 68:33 Al que cabalga sobre los cie­los de los cielos que son de anti­guo: he aquí a su voz dará voz de fortaleza.
PSA 68:34 Atribuid fortaleza a Dios: sobre Israel es su magnificencia, y su poder está en las nubes.
PSA 68:35 Terrible [eres], oh Dios, desde tus santuarios: el Dios de Israel, él da fortaleza y vigor a [su] pue­blo. Bendito Dios.
PSA 69:1 Al Músico principal: sobre Sosanim: Salmo de David. SÁLVAME, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma.
PSA 69:2 Estoy hundido en cieno pro­fundo, donde no hay pie: he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.
PSA 69:3 Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios.
PSA 69:4 Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; hanse fortale­cido mis enemigos, los que me destruyen sin por qué: he venido pues a pagar lo que no he tomado.
PSA 69:5 Oh Dios, tú sabes mi locura; y mis delitos no te son ocultos.
PSA 69:6 No sean avergonzados por mi causa los que te esperan, oh Señor DIOS de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel.
PSA 69:7 Porque por amor de ti he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi rostro.
PSA 69:8 He sido extrañado de mis her­manos, y extraño a los hijos de mi madre.
PSA 69:9 Porque me consumió el celo de tu casa; y las afrentas de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
PSA 69:10 Y lloré [afligiendo] con ayuno mi alma; y esto me ha sido por afrenta.
PSA 69:11 Puse además cilicio por mi vestidura; y vine a serles por prover­bio.
PSA 69:12 Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y [me zaherí­an] en las canciones de los bebedo­res de bebida fuerte.
PSA 69:13 Pero yo [enderezaba] mi ora­ción a ti, oh SEÑOR, al tiempo de [tu] buena voluntad: Oh Dios, por la multitud de tu misericordia, por la verdad de tu salvación, óyeme.
PSA 69:14 Sácame del lodo, y no sea yo sumergido: sea yo libertado de los que me aborrecen, y del pro­fundo de las aguas.
PSA 69:15 No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me suerba la hondu­ra, ni el pozo cierre sobre mí su boca.
PSA 69:16 Oyeme, oh SEÑOR, porque apacible es tu misericordia; mírame conforme a la multitud de tus miseraciones.
PSA 69:17 Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme.
PSA 69:18 Acércate a mi alma, redímela: líbrame a causa de mis enemi­gos.
PSA 69:19 Tú sabes mi afrenta, y mi con­fusión, y mi oprobio: delante de ti están todos mis enemigos.
PSA 69:20 La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado: y esperé quien se compadeciese de [mí,] y no lo hubo: y consoladores, y ninguno hallé.
PSA 69:21 Pusiéronme además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre.
PSA 69:22 Sea su mesa delante de ellos por lazo, y [lo que es] para bien por tropiezo.
PSA 69:23 Sean oscurecidos sus ojos para ver, y haz siempre titubear sus lomos.
PSA 69:24 Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo los alcance.
PSA 69:25 Sea su palacio asolado: en sus tiendas no haya morador.
PSA 69:26 Porque persiguieron al que tú heriste; y cuentan del dolor de los que tú llagaste.
PSA 69:27 Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia.
PSA 69:28 Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos con los justos.
PSA 69:29 Y yo afligido y dolorido, tu salvación, oh Dios, me defende­rá.
PSA 69:30 Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, ensalzarélo con acción de gracias.
PSA 69:31 Y agradará al SEÑOR más que [sacrificio] de buey, o becerro que echa cuernos y pezuñas.
PSA 69:32 Veránlo los humildes, y se gozarán; buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.
PSA 69:33 Porque el SEÑOR oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros.
PSA 69:34 Alábenlo el cielo y la tierra, los mares, y todo lo que se mueve en ellos.
PSA 69:35 Porque Dios guardará a Sión, y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí, y la posee­rán.
PSA 69:36 Y la simiente de sus siervos la heredará, y los que aman su nombre habitarán en ella.
PSA 70:1 Al Músico principal: Salmo de David, para conmemorar. OH Dios, [acude] a librarme; apresúrate, oh SEÑOR, a socorrerme.
PSA 70:2 Sean avergonzados y confusos los que buscan mi vida; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean.
PSA 70:3 Sean vueltos, en pago de su afrenta [hecha], los que dicen: ¡Ah! ¡ah!
PSA 70:4 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siem­pre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios.
PSA 70:5 Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios: ayuda mía y mi libertador eres tú; oh SEÑOR, no te detengas.
PSA 71:1 EN ti, oh SEÑOR, he esperado; no sea yo confuso para siempre.
PSA 71:2 Hazme escapar, y líbrame en tu justicia: inclina tu oído y sálva­me.
PSA 71:3 Séme por peña de estancia, adonde recurra yo continuamen­te: mandado has que yo sea salvo; porque tú eres mi roca, y mi fortaleza.
PSA 71:4 Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del perver­so y violento.
PSA 71:5 Porque tú, oh Señor DIOS, eres mi esperanza: seguridad mía desde mi juventud.
PSA 71:6 Por ti he sido sustentado desde el vientre: de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacas­te: de ti será siempre mi alaban­za.
PSA 71:7 Como prodigio he sido a muchos; y tú mi refugio fuerte.
PSA 71:8 Sea llena mi boca de tu alaban­za, de tu gloria todo el día.
PSA 71:9 No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
PSA 71:10 Porque mis enemigos han tra­tado de mí; y los que acechan mi alma, consultaron juntamente.
PSA 71:11 Diciendo: Dios lo ha dejado: perseguid y tomadle, porque no hay quien le libre.
PSA 71:12 Oh Dios, no te alejes de mí: Dios mío, acude presto a mi socorro.
PSA 71:13 Sean avergonzados, fallezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de con­fusión los que mi mal buscan.
PSA 71:14 Mas yo siempre esperaré, y añadiré sobre toda tu alabanza.
PSA 71:15 Mi boca publicará tu justicia y tu salvación todo el día, aunque no sé el número [de ellas].
PSA 71:16 Vendré a las valentías del Señor DIOS: haré memoria de sola tu justicia.
PSA 71:17 Oh Dios, enseñásteme desde mi mocedad; y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
PSA 71:18 Y aun hasta la vejez y las canas, oh Dios, no me desampa­res, hasta que denuncie tu brazo a la posteridad, tus valentías a todos los que han de venir.
PSA 71:19 Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso; porque has hecho grandes cosas: oh Dios, ¿quién como tú?
PSA 71:20 Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, vol­verás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
PSA 71:21 Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.
PSA 71:22 Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, oh Dios mío: tu verdad cantaré yo a ti en el arpa, oh Santo de Israel.
PSA 71:23 Mis labios cantarán cuando a ti salmeare, y mi alma, a la cual redimiste.
PSA 71:24 Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día: por cuanto fueron avergonzados, porque fueron confusos los que mi mal procuraban.
PSA 72:1 Para Salomón. OH Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey.
PSA 72:2 Él juzgará tu pueblo con justi­cia, y tus afligidos con juicio.
PSA 72:3 Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia.
PSA 72:4 Juzgará los afligidos del pueblo, salvará los hijos del menesteroso, y quebrantará al violento.
PSA 72:5 Temerte han mientras duren el sol y la luna, por generación de generaciones.
PSA 72:6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila [sobre] la tierra.
PSA 72:7 Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.
PSA 72:8 Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los cabos de la tierra.
PSA 72:9 Delante de él se postrarán los etíopes; y sus enemigos lamerán la tierra.
PSA 72:10 Los reyes de Tarsis y de las islas traerán presentes: los reyes de Sheba y de Seba ofrecerán dones.
PSA 72:11 Y arrodillarse han a él todos los reyes; le servirán todas las naciones.
PSA 72:12 Porque él librará al meneste­roso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra.
PSA 72:13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará las almas de los pobres.
PSA 72:14 De engaño y de violencia redimirá sus almas; y la sangre de ellos será preciosa en sus ojos.
PSA 72:15 Y vivirá, y darásele del oro de Seba; y oraráse por él continua­mente; todo el día se le bendeci­rá.
PSA 72:16 Será [echado] un puño de grano en tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad flo­recerán como la hierba de la tie­rra.
PSA 72:17 Será su nombre para siempre, perpetuaráse su nombre mientras el sol dure: y benditas serán en él todas las naciones: llamarlo han bienaventurado.
PSA 72:18 Bendito el SEÑOR Dios, el Dios de Israel, que solo hace maravillas.
PSA 72:19 Y bendito su nombre glorioso para siempre: y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.
PSA 72:20 Acábanse las oraciones de David, hijo de Isaí.
PSA 73:1 Salmo de Asaf. CIERTAMENTE bueno es Dios a Israel, a los limpios de corazón.
PSA 73:2 Mas yo, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos.
PSA 73:3 Porque tuve envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los impíos.
PSA 73:4 Porque no hay ataduras para su muerte; antes su fortaleza está entera.
PSA 73:5 No están ellos en el trabajo humano; ni son azotados con [los otros] hombres.
PSA 73:6 Por tanto soberbia los corona: cúbrense de vestidura de violencia.
PSA 73:7 Sus ojos están salidos de grue­sos: logran con creces los antojos del corazón.
PSA 73:8 Soltáronse, y hablan con mal­dad de [hacer] violencia; hablan con altanería.
PSA 73:9 Ponen contra los cielos su boca, y su lengua pasea la tierra.
PSA 73:10 Por eso su pueblo vuelve aquí, y aguas de lleno les son exprimidas.
PSA 73:11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿y hay conocimiento en el Altísimo?
PSA 73:12 He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
PSA 73:13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia;
PSA 73:14 Pues he sido azotado todo el día, [y empezaba] mi castigo por las mañanas.
PSA 73:15 Si dijera yo, Discurriré de esa suerte; he aquí habría negado la nación de tus hijos:
PSA 73:16 Pensaré pues para saber esto: es a mis ojos [duro] trabajo,
PSA 73:17 Hasta que venido al santuario de Dios, entenderé la postrimería de ellos.
PSA 73:18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer.
PSA 73:19 ¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! Acabáronse, fenecieron con turbaciones.
PSA 73:20 Como sueño del que despier­ta, así, oh Señor, cuando desper­tares, menospreciarás sus apa­riencias.
PSA 73:21 Desazonóse a la verdad mi corazón, y en mis entrañas sentía punzadas.
PSA 73:22 Mas yo era ignorante, y no entendía: Era como una bestia delante de ti.
PSA 73:23 Con todo, yo siempre estuve contigo: trabaste de mi mano derecha.
PSA 73:24 Hasme guiado según tu con­sejo, y después me recibirás en gloria.
PSA 73:25 ¿A quién tengo yo en el cielo [si no a ti]? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
PSA 73:26 Mi carne y mi corazón desfa­llecen: [mas] la fortaleza de mi corazón y mi porción es Dios para siem­pre.
PSA 73:27 Porque he aquí, los que se ale­jan de ti perecerán: tú cortarás a todo aquel que fornicando, de ti [se aparta].
PSA 73:28 Y en cuanto a mí, el acercar­me a Dios es el bien: he puesto en el Señor DIOS mi esperanza, para contar todas tus obras.
PSA 74:1 Masquil de Asaf. ¿POR qué, oh Dios, [nos] has desechado para siempre? ¿Por qué ha humeado tu furor contra las ovejas de tu dehesa?
PSA 74:2 Acuérdate de tu congregación, que adquiriste de antiguo, [cuan­do] redimiste la vara de tu heredad; este monte de Sión, donde has habitado.
PSA 74:3 Levanta tus pies a los asolamientos eternos: a todo enemigo que ha hecho mal en el santuario.
PSA 74:4 Tus enemigos han bramado en medio de tus sinagogas: han puesto sus divisas por señas.
PSA 74:5 [Cualquiera] se hacía famoso según que había levantado el hacha sobre los gruesos made­ros.
PSA 74:6 Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalla­duras.
PSA 74:7 Han puesto a fuego tus santua­rios, han profanado el tabernácu­lo de tu nombre [echándolo] a tie­rra.
PSA 74:8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra.
PSA 74:9 No vemos ya nuestras señales: no hay más profeta; ni con nosotros hay quien sepa hasta cuándo.
PSA 74:10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, el angustiador [nos] afrentará? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpe­tuamente tu nombre?
PSA 74:11 ¿Por qué retraes tu mano, y tu diestra? [¿por qué] la escondes dentro de tu seno?
PSA 74:12 Porque Dios es mi rey ya de antiguo; el que obra salvación en medio de la tierra.
PSA 74:13 Tú hendiste el mar con tu for­taleza: quebrantaste cabezas de dragones en las aguas.
PSA 74:14 Tú magullaste las cabezas del Leviatán; dístelo por comida al pueblo del desierto.
PSA 74:15 Tú abriste fuente y río; tú secaste ríos impetuosos.
PSA 74:16 Tuyo es el día, tuya también es la noche: tú aparejaste la luna y el sol.
PSA 74:17 Tú estableciste todos los tér­minos de la tierra: el verano y el invierno tú los formaste.
PSA 74:18 Acuerdáte de esto: que el ene­migo ha dicho afrentas, oh SEÑOR, y que el pueblo insen­sato ha blasfemado tu nombre.
PSA 74:19 No entregues a las bestias el alma de tu tórtola: y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.
PSA 74:20 Mira al pacto: porque las tenebrosidades de la tierra llenas están de habitaciones de violen­cia.
PSA 74:21 No vuelva avergonzado el abatido: el afligido y el meneste­roso alabarán tu nombre.
PSA 74:22 Levántate, oh Dios, aboga tu causa: acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.
PSA 74:23 No olvides las voces de tus enemigos: el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.
PSA 75:1 Al Músico principal: sobre No destruyas: Salmo de Asaf: Cántico. GRACIAS te damos, oh Dios, gracias te damos; que cercano está tu nombre, cuentan tus maravillas.
PSA 75:2 Cuando yo recibiere la congregación, yo juzgaré rectamente.
PSA 75:3 Arruinábase la tierra y sus moradores: yo sostengo sus columnas. Selah.
PSA 75:4 Dije a los insensatos: No os infatuéis; y a los impíos: No levantéis el cuerno:
PSA 75:5 No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz erguida.
PSA 75:6 Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto [viene] el ensalzamiento.
PSA 75:7 Mas Dios es el juez: a éste abate, y a aquel ensalza.
PSA 75:8 Porque la copa está en la mano del SEÑOR, y el vino es tinto, lleno de mistura; y él derrama del mismo: ciertamente sus heces chuparán y beberán todos los impíos de la tierra.
PSA 75:9 Mas yo anunciaré siempre, cantaré alabanzas al Dios de Jacob.
PSA 75:10 Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: los cuernos del justo serán ensalzados.
PSA 76:1 Al Músico principal: sobre Neginot: Salmo de Asaf: Canción. DIOS es conocido en Judá: en Israel es grande su nombre.
PSA 76:2 Y en Salem está su tabernácu­lo, y su habitación en Sión.
PSA 76:3 Allí quebró las saetas del arco, el escudo, y la espada, y [tren] de guerra. Selah.
PSA 76:4 Ilustre eres tú; fuerte, más que los montes de caza.
PSA 76:5 Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes.
PSA 76:6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo fue­ron entorpecidos.
PSA 76:7 Tú, terrible eres tú: ¿y quién parará delante de ti, en comenzan­do tu ira?
PSA 76:8 Desde el cielo hiciste oír jui­cio; la tierra tuvo temor y quedó suspensa,
PSA 76:9 Cuando Dios se levantó al juicio, para salvar a todos los man­sos de la tierra. Selah.
PSA 76:10 Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza: tú reprimi­rás el resto de las iras.
PSA 76:11 Prometed, y pagad al SEÑOR vuestro Dios: todos los que están alrededor de él, traigan presentes al Terrible.
PSA 76:12 Cortará él el espíritu de los príncipes: terrible es a los reyes de la tierra.
PSA 77:1 Al Músico principal: para Jedutún: Salmo de Asaf. CON mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchó.
PSA 77:2 Al Señor busqué en el día de mi angustia: mi mal corría de noche, y no cesaba: mi alma rehusaba consuelo.
PSA 77:3 Acordábame de Dios, y grita­ba: quejábame, y desmayaba mi espíritu. Selah.
PSA 77:4 Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba.
PSA 77:5 Consideraba los días desde el principio, los años de la antigüe­dad.
PSA 77:6 Acordábame de mis canciones de noche; meditaba con mi cora­zón, y mi espíritu inquiría.
PSA 77:7 ¿Desechará el Señor para siem­pre, y no volverá más a amar?
PSA 77:8 ¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿Hase acabado la palabra suya para generación y generación?
PSA 77:9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah.
PSA 77:10 Y dije: Enfermedad mía es ésta; [traeré pues a la memoria] los años de la diestra del Altísimo.
PSA 77:11 Acordaréme de las obras del SEÑOR: sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.
PSA 77:12 Y meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.
PSA 77:13 Oh Dios, en santidad es tu camino: ¿qué Dios grande como el Dios nuestro?
PSA 77:14 Tú eres el Dios que hace maravillas: tú hiciste notoria en los pueblos tu fortaleza.
PSA 77:15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. Selah.
PSA 77:16 Viéronte las aguas, oh Dios; viéronte las aguas, temieron; y temblaron los abismos.
PSA 77:17 Las nubes echaron inundacio­nes de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos.
PSA 77:18 La voz de tu trueno [estaba] en el cielo; los relámpagos alumbraron el mundo; estreme­cióse y tembló la tierra.
PSA 77:19 En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas.
PSA 77:20 Condujiste a tu pueblo como ovejas, por mano de Moisés y de Aarón.
PSA 78:1 Masquil de Asaf. ESCUCHA, pueblo mío, mi ley: inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
PSA 78:2 Abriré mi boca en parábola; hablaré cosas reservadas de anti­guo:
PSA 78:3 Las cuales hemos oído y enten­dido; que nuestros padres nos [las] contaron.
PSA 78:4 No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.
PSA 78:5 Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos;
PSA 78:6 Para que [lo] sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y [los que] se levantarán, [lo] cuen­ten a sus hijos;
PSA 78:7 A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos:
PSA 78:8 Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; Generación que no apercibió su corazón, ni fue fiel para con Dios su espíritu.
PSA 78:9 Los hijos de Efraím armados, flecheros, volvieron [las espaldas] el día de la batalla.
PSA 78:10 No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley:
PSA 78:11 Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado.
PSA 78:12 Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.
PSA 78:13 Rompió el mar, e hízolos pasar; e hizo estar las aguas como en un montón.
PSA 78:14 Y llevólos de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego.
PSA 78:15 Hendió las peñas en el desier­to: y dióles a beber como de grandes abismos;
PSA 78:16 Pues sacó de la roca corrien­tes, e hizo descender aguas como ríos.
PSA 78:17 Y aun tornaron a pecar contra él, enojando en la soledad al Altísimo.
PSA 78:18 Pues tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto.
PSA 78:19 Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá Dios aparejar mesa en el desierto?
PSA 78:20 He aquí ha herido la roca, y corrieron aguas, y arroyos salie­ron ondeando. ¿Podrá también dar pan? ¿Aparejará carne a su pueblo?
PSA 78:21 Por tanto oyó el SEÑOR, e indignóse: y encendióse el fuego contra Jacob, y el furor subió también contra Israel;
PSA 78:22 Por cuanto no habían creído a Dios, ni habían confiado en su salvación:
PSA 78:23 A pesar de que mandó a las nubes de arriba, y abrió las puer­tas del cielo,
PSA 78:24 E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo del cielo.
PSA 78:25 Pan de ángeles comió el hom­bre: envióles comida en abundancia.
PSA 78:26 Movió el solano en el cielo, y trajo con su poder el viento del sur.
PSA 78:27 E hizo llover sobre ellos carne como polvo, y aves de alas como arena del mar.
PSA 78:28 E hizolas caer en medio de su campo, alrededor de sus tiendas.
PSA 78:29 Y comieron, y hartáronse mucho: cumplióles pues su deseo.
PSA 78:30 No habían quitado de sí su deseo, aun estaba su vianda en su boca,
PSA 78:31 Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató los más robustos de ellos, y derribó los escogidos de Israel.
PSA 78:32 Con todo esto pecaron aún, y no dieron crédito a sus maravi­llas.
PSA 78:33 Consumió por tanto en nada sus días, y sus años en la tribula­ción.
PSA 78:34 Si los mataba, entonces bus­caban a Dios; entonces se volvían solícitos en busca suya.
PSA 78:35 Y acordábanse que Dios era su roca, y el Dios Altísimo su redentor.
PSA 78:36 Mas le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían:
PSA 78:37 Pues sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron fir­mes en su pacto.
PSA 78:38 Pero él, lleno de compasión, perdonaba la maldad, y no [los] destruía: y abundó para apartar su ira, y no despertó todo su enojo.
PSA 78:39 Y acordóse que eran carne; soplo que va y no vuelve.
PSA 78:40 ¡Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, lo enojaron en la soledad!
PSA 78:41 Y volvían, y tentaban a Dios, y ponían límite al Santo de Israel.
PSA 78:42 No se acordaron de su mano, del día que los redimió de angus­tia;
PSA 78:43 Cuando puso en Egipto sus señales, y sus maravillas en el campo de Zoán;
PSA 78:44 Y volvió sus ríos en sangre, y sus corrientes, porque no bebie­sen.
PSA 78:45 Envió entre ellos una mistura de moscas que los comían, y ranas que los destruyeron.
PSA 78:46 Dio también al pulgón sus frutos, y sus trabajos a la langos­ta.
PSA 78:47 Sus viñas destruyó con grani­zo, y sus sicómoros con escarcha;
PSA 78:48 Y entregó al pedrisco sus bes­tias, y al fuego sus ganados.
PSA 78:49 Envió sobre ellos el furor de su saña, ira y enojo y angustia, con misión de malos ángeles.
PSA 78:50 Dispuso el camino a su furor; no eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida a la mortandad.
PSA 78:51 E hirió a todo primogénito en Egipto, las primicias de las fuer­zas en los tabernáculos de Cam.
PSA 78:52 Pero hizo salir a su pueblo como ovejas, y llevólos por el desierto, como un rebaño.
PSA 78:53 Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y el mar cubrió a sus enemigos.
PSA 78:54 Metiólos después en los tér­minos de su santuario, en este monte que ganó su mano dere­cha.
PSA 78:55 Y echó las gentes de delante de ellos, y repartióles una heren­cia con cuerdas; e hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel.
PSA 78:56 Mas tentaron y enojaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios;
PSA 78:57 Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: vol­viéronse como arco engañoso.
PSA 78:58 Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo a celo con sus esculturas.
PSA 78:59 Oyólo Dios, y enojóse, y en gran manera aborreció a Israel.
PSA 78:60 Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda [en que] habitó entre los hombres;
PSA 78:61 Y dio en cautividad su fortale­za, y su gloria en mano del ene­migo.
PSA 78:62 Entregó también su pueblo a espada, y airóse contra su heredad.
PSA 78:63 El fuego devoró sus mancebos, y sus vírgenes no fueron loa­das en cantos nupciales.
PSA 78:64 Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no lamenta­ron.
PSA 78:65 Entonces despertó el Señor a la manera del que ha dormido, como un valiente que grita exci­tado del vino:
PSA 78:66 E hirió a sus enemigos en las partes posteriores: dióles perpe­tua afrenta.
PSA 78:67 Y desechó el tabernáculo de José, y no escogió la tribu de Efraím.
PSA 78:68 Sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó.
PSA 78:69 Y edificó su santuario a mane­ra de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre.
PSA 78:70 Y eligió a David su siervo, y tomólo de las majadas de las ovejas:
PSA 78:71 De tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad.
PSA 78:72 Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos.
PSA 79:1 Salmo de Asaf. OH Dios, vinieron las gentes a tu heredad; el templo de tu santidad han contaminado; pusieron a Jerusalem en montones.
PSA 79:2 Dieron los cuerpos de tus sier­vos por comida a las aves del cielo; la carne de tus santos a las bestias de la tierra.
PSA 79:3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalem; y no hubo quien [los] enterrase.
PSA 79:4 Somos afrentados de nuestros vecinos, escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alre­dedores.
PSA 79:5 ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR? ¿Has de estar airado para siem­pre? ¿Arderá como fuego tu celo?
PSA 79:6 Derrama tu ira sobre las gentes que no te conocen, y sobre los reinos que no invocan tu nom­bre.
PSA 79:7 Porque han consumido a Jacob, y su morada han asolado.
PSA 79:8 No recuerdes contra nosotros las iniquidades antiguas: anticí­pennos presto tus misericordias, porque estamos muy abatidos.
PSA 79:9 Ayúdanos, oh Dios, salvación nuestra, por la gloria de tu nom­bre: y líbranos, y expía nuestros pecados por amor de tu nombre.
PSA 79:10 Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea noto­ria en las gentes, delante de nues­tros ojos, la venganza de la san­gre de tus siervos, que fue derra­mada.
PSA 79:11 Entre ante tu acatamiento el gemido de los presos: conforme a la grandeza de tu brazo preser­va a los sentenciados a muerte.
PSA 79:12 Y torna a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su infa­mia, con que te han deshonrado, oh Señor.
PSA 79:13 Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu dehesa, te daremos gracias para siempre: de genera­ción en generación cantaremos tus alabanzas.
PSA 80:1 Al Músico principal: sobre Sosanim Edut: Salmo de Asaf. OH Pastor de Israel, escucha: tú que pastoreas como a ovejas a José, que estás entre querubines, resplandece.
PSA 80:2 Despierta tu valentía delante de Efraím, y de Benjamín, y de Manasés, y ven a salvarnos.
PSA 80:3 Oh Dios, haznos tornar; y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
PSA 80:4 Oh SEÑOR Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo humearás tú con­tra la oración de tu pueblo?
PSA 80:5 Dísteles a comer pan de lágri­mas, y dísteles a beber lágrimas en gran abundancia.
PSA 80:6 Pusístenos por contienda a nuestros vecinos: y nuestros ene­migos se burlan entre sí.
PSA 80:7 Oh Dios de los ejércitos, haz­nos tornar; y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
PSA 80:8 Hiciste venir una vid de Egipto: echaste las gentes, y plantástela.
PSA 80:9 Limpiaste [sitio] delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.
PSA 80:10 Los montes fueron cubiertos de su sombra; y sus sarmientos [como] cedros de Dios.
PSA 80:11 Extendió sus vástagos hasta el mar, y hasta el río sus mugrones.
PSA 80:12 ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino?
PSA 80:13 Estropeóla el puerco montés, y pacióla la bestia del campo.
PSA 80:14 Oh Dios de los ejércitos, vuel­ve ahora: mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,
PSA 80:15 Y la planta que plantó tu dies­tra, y el renuevo que para ti corroboraste.
PSA 80:16 Quemada a fuego está, asola­da: perezcan por la reprensión de tu rostro.
PSA 80:17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hom­bre que para ti corroboraste.
PSA 80:18 Así no nos volveremos de ti: vida nos darás, e invocaremos tu nombre.
PSA 80:19 Oh SEÑOR Dios de los ejércitos, haznos tornar; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
PSA 81:1 Al Músico principal: sobre Gitit: Salmo de Asaf. CANTAD a Dios, fortaleza nuestra: al Dios de Jacob celebrad con júbilo.
PSA 81:2 Tomad la canción, y tañed el adufe, el arpa agradable con el salterio.
PSA 81:3 Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra solemnidad.
PSA 81:4 Porque estatuto es de Israel, ordenanza del Dios de Jacob.
PSA 81:5 Por testimonio en José lo ha constituído, cuando salió por la tierra de Egipto; [donde] oí lenguaje que no entendía.
PSA 81:6 Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos se quitaron de vasijas de barro.
PSA 81:7 En la angustia clamaste, y yo te libré: te respondí en el secreto del trueno; te probé sobre las aguas de Meriba. Selah.
PSA 81:8 Oye, pueblo mío, y te protesta­ré, Israel, si me oyeres,
PSA 81:9 No habrá en ti dios ajeno, ni adorarás a dios extraño.
PSA 81:10 Yo [soy] el SEÑOR tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto: ensancha tu boca, y hen­chirla he.
PSA 81:11 Mas mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.
PSA 81:12 Dejélos por tanto a la dureza de su corazón: caminaron en sus propios consejos.
PSA 81:13 ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubie­ra Israel andado!
PSA 81:14 En una nada habría yo derri­bado sus enemigos, y vuelto mi mano sobre sus adversarios.
PSA 81:15 Los aborrecedores del SEÑOR se le hubieran sometido; y el tiempo de ellos fuera para siempre.
PSA 81:16 [Y Dios] lo hubiera mantenido de grosura de trigo: y de miel de la roca te hubiera saciado.
PSA 82:1 Salmo de Asaf. DIOS está en la congregación de los poderosos; en medio de los dioses juzga.
PSA 82:2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las perso­nas de los impíos? Selah.
PSA 82:3 Defended al pobre y al huérfa­no: haced justicia al afligido y al menesteroso.
PSA 82:4 Librad al afligido y al necesita­do: libradlo de mano de los impí­os.
PSA 82:5 No saben, no entienden, andan en tinieblas: vacilan todos los cimientos de la tierra.
PSA 82:6 Yo dije: Vosotros sois dioses, e hijos todos vosotros del Altísimo.
PSA 82:7 Pero como hombres mori­réis, y caeréis como cualquiera de los tiranos.
PSA 82:8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra: porque tú heredarás todas las naciones.
PSA 83:1 Canción: Salmo de Asaf. OH Dios, no tengas silencio: no calles, oh Dios, ni te estés quieto.
PSA 83:2 Porque he aquí que braman tus enemigos; y tus aborrecedores han alzado cabeza.
PSA 83:3 Contra tu pueblo han consultado astutamente, y han entrado en consejo contra tus escondidos.
PSA 83:4 Han dicho: Venid, y cortémos­los de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel.
PSA 83:5 Por esto han conspirado de corazón a una, contra ti han hecho liga;
PSA 83:6 Los tabernáculos de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos;
PSA 83:7 Gebal, y Amón, y Amalec; los filisteos con los habitadores de Tiro.
PSA 83:8 También Asur se ha juntado con ellos: son por brazo a los hijos de Lot. Selah.
PSA 83:9 Hazles como a Madián; como a Sísara, como a Jabín en el arro­yo de Cisón;
PSA 83:10 Que perecieron en Endor, fue­ron hechos [como] estiércol para la tierra.
PSA 83:11 Pon a ellos y a sus capitanes como a Oreb y como a Zeeb; y como a Zeba y como a Zalmuna, a todos sus príncipes;
PSA 83:12 Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios.
PSA 83:13 Dios mío, ponlos como a tor­bellinos; como a hojarascas delante del viento.
PSA 83:14 Como fuego que quema el monte, como llama que abrasa las breñas.
PSA 83:15 Persíguelos así con tu tempes­tad, y asómbralos con tu torbelli­no.
PSA 83:16 Llena sus rostros de vergüen­za; y busquen tu nombre, oh SEÑOR.
PSA 83:17 Sean afrentados y turbados para siempre; y sean deshonra­dos, y perezcan:
PSA 83:18 Y conozcan [todos] que tú, cuyo nombre [es] JEHOVÁ, tú solo [eres] el Altísimo sobre toda la tierra.
PSA 84:1 Al Músico principal: sobre Gitit: Salmo para los hijos de Coré. ¡CUÁN amables son tus tabernáculos, oh Señor de los ejércitos!
PSA 84:2 Anhela y aun desfallece mi alma por los atrios del SEÑOR: mi corazón y mi carne claman al Dios vivo.
PSA 84:3 Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos en tus altares, oh SEÑOR de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío.
PSA 84:4 Bienaventurados los que habi­tan en tu casa: perpetuamente te alabarán. Selah.
PSA 84:5 Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; en cuyo corazón están [tus] caminos.
PSA 84:6 Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, cuando la lluvia llena los estanques.
PSA 84:7 Irán de fortaleza en fortaleza, verán a Dios en Sión.
PSA 84:8 Oh SEÑOR Dios de los ejércitos, oye mi oración: escucha, oh Dios de Jacob. Selah.
PSA 84:9 Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido.
PSA 84:10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil [fuera de ellos:] esco­gería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.
PSA 84:11 Porque sol y escudo es el SEÑOR Dios: gracia y gloria dará el SEÑOR: no quitará el bien a los que en integridad andan.
PSA 84:12 Oh SEÑOR de los ejércitos, bienaventurado el hombre que en ti con­fía.
PSA 85:1 Al Músico principal: Salmo para los hijos de Coré. FUISTE propicio a tu tierra, oh SEÑOR: volviste la cautividad de Jacob.
PSA 85:2 Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; todos los pecados de ellos cubriste. Selah.
PSA 85:3 Dejaste toda tu saña: te volvis­te de la ira de tu furor.
PSA 85:4 Vuélvenos, oh Dios, salvación nuestra, y haz cesar tu ira de sobre nosotros.
PSA 85:5 ¿Estarás enojado contra noso­tros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en genera­ción?
PSA 85:6 ¿No volverás tú a darnos vida, y tu pueblo se alegrará en ti?
PSA 85:7 Muéstranos, oh SEÑOR, tu misericordia, y danos tu salvación.
PSA 85:8 Escucharé lo que hablará DIOS el Señor: porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se conviertan a la locura.
PSA 85:9 Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen; para que habite la gloria en nues­tra tierra.
PSA 85:10 La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.
PSA 85:11 La verdad brotará de la tierra; y la justicia mirará desde el cie­lo.
PSA 85:12 El SEÑOR dará también el bien; y nuestra tierra dará su fruto.
PSA 85:13 La justicia irá delante de él; y sus pasos pondrá en camino.
PSA 86:1 Oración de David. INCLINA, oh SEÑOR, tu oído, y óyeme; porque estoy afligido y menesteroso.
PSA 86:2 Guarda mi alma, porque soy pío: salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.
PSA 86:3 Ten misericordia de mí, oh Señor: porque a ti clamo todo el día.
PSA 86:4 Alegra el alma de tu siervo: porque a ti, oh Señor, levanto mi alma.
PSA 86:5 Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en miseri­cordia para con todos los que te invocan.
PSA 86:6 Escucha, oh SEÑOR, mi ora­ción, y está atento a la voz de mis ruegos.
PSA 86:7 En el día de mi angustia te lla­maré: porque tú me respondes.
PSA 86:8 Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, [ni obras] que igualen tus obras.
PSA 86:9 Todas las naciones que hiciste vendrán y se humillarán delante de ti, oh Señor; y glorificarán tu nombre.
PSA 86:10 Porque tú eres grande, y hace­dor de maravillas: tú solo eres Dios.
PSA 86:11 Enséñame, oh SEÑOR, tu camino; caminaré yo en tu verdad: consolida mi corazón para que tema tu nombre.
PSA 86:12 Te alabaré, oh Señor Dios mío, con todo mi corazón; y glo­rificaré tu nombre para siempre.
PSA 86:13 Porque tu misericordia es grande para conmigo; y has librado mi alma del infierno más profundo.
PSA 86:14 Oh Dios, soberbios se levan­taron contra mí, y las asambleas de violentos han buscado mi alma, y no te pusieron delante de sí.
PSA 86:15 Mas tú, oh Señor, Dios lleno de compasión y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad;
PSA 86:16 Mírame, y ten misericordia de mí: da tu fortaleza a tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva.
PSA 86:17 Haz conmigo señal para bien, y veánla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, SEÑOR, me ayudaste, y me con­solaste.
PSA 87:1 A los hijos de Coré: Salmo: Canción. SU cimiento es en montes de santidad.
PSA 87:2 Ama el SEÑOR las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob.
PSA 87:3 Cosas ilustres son dichas de ti, ciudad de Dios. Selah.
PSA 87:4 Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me cono­cen: he aquí Filistea, y Tiro, con Etiopía: este nació allá.
PSA 87:5 Y de Sión se dirá: Éste y aquél han nacido en ella; y fortificarála el mismo Altísimo.
PSA 87:6 El SEÑOR contará cuando se escribieren los pueblos: Éste nació allí. Selah.
PSA 87:7 Y cantores y tañedores [en ella dirán:] Todas mis fuentes estarán en ti.
PSA 88:1 Canción: Salmo para los hijos de Coré: al Músico principal: para cantar sobre Mahalat; Masquil de Hemán Ezrahita. OH SEÑOR, Dios de mi salvación, día y noche clamo delante de ti.
PSA 88:2 Entre mi oración en tu presen­cia: inclina tu oído a mi clamor.
PSA 88:3 Porque mi alma está harta de males, y mi vida cercana al sepulcro.
PSA 88:4 Soy contado con los que des­cienden al hoyo, soy como hom­bre sin fuerza:
PSA 88:5 Libre entre los muertos, como los matados que yacen en el sepulcro, que no te acuerdas más de ellos, y que son cortados de tu mano.
PSA 88:6 Hazme puesto en el hoyo pro­fundo, en tinieblas, en honduras.
PSA 88:7 Sobre mí se ha acostado tu ira, y me has afligido con todas tus ondas. Selah.
PSA 88:8 Has alejado de mí mis conoci­dos: hasme puesto por abomina­ción a ellos: encerrado estoy, y no puedo salir.
PSA 88:9 Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción: hete llamado, oh SEÑOR, cada día; he extendido a ti mis manos.
PSA 88:10 ¿Harás tú milagro a los muer­tos? ¿Levantaránse los muertos para alabarte? Selah.
PSA 88:11 ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en la perdición?
PSA 88:12 ¿Será conocida en las tinie­blas tu maravilla, ni tu justicia en la tierra del olvido?
PSA 88:13 Mas yo a ti he clamado, oh SEÑOR; y de mañana mi ora­ción te previno.
PSA 88:14 ¿Por qué, oh SEÑOR, des­echas mi alma? ¿Por qué escon­des de mí tu rostro?
PSA 88:15 Yo soy afligido y menestero­so: desde la mocedad he llevado tus terrores, he estado medroso.
PSA 88:16 Sobre mí han pasado tus iras; tus espantos me han cortado.
PSA 88:17 Hanme rodeado como aguas de continuo; hanme cercado a una.
PSA 88:18 Has alejado de mí el enemigo y el compañero; y mis conocidos [se esconden] en la tiniebla.
PSA 89:1 Masquil de Etán Ezrahita. LAS misericordias del SEÑOR cantaré perpetuamente: en generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca.
PSA 89:2 Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; en los mismos cielos apoyarás tu ver­dad.
PSA 89:3 Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo: [diciendo.]
PSA 89:4 Para siempre confirmaré tu simiente, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Selah.
PSA 89:5 Y celebrarán los cielos tu mara­villa, oh SEÑOR; tu verdad tam­bién en la congregación de los santos.
PSA 89:6 Porque ¿quién en el cielo se igualará con el SEÑOR? ¿quién será semejante al SEÑOR entre los hijos de los potentados?
PSA 89:7 Dios es muy formidable en la asamblea de los santos, y para ser reverenciado por todos [cuantos están] alrededor suyo.
PSA 89:8 Oh SEÑOR Dios de los ejércitos, ¿quién [es] SEÑOR fuerte como tú? tu fidelidad está en torno de ti.
PSA 89:9 Tú tienes dominio sobre la bra­vura del mar: cuando se levan­tan sus ondas, tú las sosiegas.
PSA 89:10 Tú quebrantaste a Rahab como a un muerto: con el brazo de tu fortaleza esparciste a tus enemigos.
PSA 89:11 Tuyos los cielos, tuya también la tierra: el mundo y su plenitud, tú lo fundaste.
PSA 89:12 Al norte y al sur tú los creaste: Tabor y Hermón canta­rán en tu nombre.
PSA 89:13 Tuyo el brazo con valentía; fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra.
PSA 89:14 Justicia y juicio son el asiento de tu trono: misericordia y ver­dad van delante de tu rostro.
PSA 89:15 Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte: andarán, oh SEÑOR, a la luz de tu rostro.
PSA 89:16 En tu nombre se alegrarán todo el día; y en tu justicia serán ensalzados.
PSA 89:17 Porque tú eres la gloria de su fortaleza; y por tu buena volun­tad ensalzarás nuestro cuerno.
PSA 89:18 Porque el SEÑOR es nuestro escudo; y nuestro rey es el Santo de Israel.
PSA 89:19 Entonces hablaste en visión a tu santo, y dijiste: Yo he puesto el socorro sobre valiente; he ensal­zado [un] escogido de mi pueblo.
PSA 89:20 Hallé a David mi siervo; ungílo con el aceite de mi santi­dad.
PSA 89:21 Mi mano será firme con él, mi brazo también lo fortificará.
PSA 89:22 No lo avasallará enemigo, ni hijo de iniquidad lo quebrantará.
PSA 89:23 Mas yo quebrantaré delante de él a sus enemigos, y heriré a sus aborrecedores.
PSA 89:24 Y mi verdad y mi misericor­dia serán con él; y en mi nombre será ensalzado su cuerno.
PSA 89:25 Asimismo pondré su mano en el mar, y en los ríos su diestra.
PSA 89:26 Él me llamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi sal­vación.
PSA 89:27 Yo también le pondré [por] pri­mogénito, alto sobre los reyes de la tierra.
PSA 89:28 Para siempre le conservaré mi misericordia; y mi pacto será firme con él.
PSA 89:29 Y pondré su simiente para siempre, y su trono como los días del cielo.
PSA 89:30 Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios;
PSA 89:31 Si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamien­tos;
PSA 89:32 Entonces visitaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniqui­dades.
PSA 89:33 Mas no quitaré de él mi mise­ricordia, ni falsearé mi verdad.
PSA 89:34 No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios.
PSA 89:35 Una vez he jurado por mi san­tidad, que no mentiré a David.
PSA 89:36 Su simiente será para siem­pre, y su trono como el sol delan­te de mí.
PSA 89:37 Como la luna será firme para siempre, y [como] un testigo fiel en el cielo. Selah.
PSA 89:38 Mas tú desechaste y menos­preciaste a tu ungido; y te has airado [con él].
PSA 89:39 Rompiste el pacto de tu sier­vo; has profanado su corona [hasta] la tierra.
PSA 89:40 Aportillaste todos sus valla­dos; has quebrantado sus fortale­zas.
PSA 89:41 Menoscabáronle todos los que pasaron por el camino: es oprobio a sus vecinos.
PSA 89:42 Has ensalzado la diestra de sus enemigos; has alegrado a todos sus adversarios.
PSA 89:43 Embotaste asimismo el filo de su espada, y no lo levantaste en la batalla.
PSA 89:44 Hiciste cesar su brillo, y echaste su trono por tierra.
PSA 89:45 Has acortado los días de su juventud; hasle cubierto de afrenta. Selah.
PSA 89:46 ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR? ¿te esconderás para siempre? ¿arderá tu ira como el fuego?
PSA 89:47 Acuérdate de cuán corto sea mi tiempo: ¿por qué habrás crea­do en vano a todos los hijos del hombre?
PSA 89:48 ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿librarás su vida del poder del sepulcro? Selah.
PSA 89:49 Señor, ¿dónde están tus anti­guas misericordias, que juraste a David por tu verdad?
PSA 89:50 Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos; [oprobio que] llevo yo en mi seno de muchos pue­blos.
PSA 89:51 Porque tus enemigos, oh SEÑOR, han deshonrado, por­que tus enemigos han deshonra­do los pasos de tu ungido.
PSA 89:52 Bendito el SEÑOR para siempre. Amén, y Amén.
PSA 90:1 Oración de Moisés varón de Dios. SEÑOR, tú nos has sido refugio de generación y en generación.
PSA 90:2 Antes que naciesen las monta­ñas y formases la tierra y el mundo, y desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.
PSA 90:3 Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
PSA 90:4 Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigi­lias de la noche.
PSA 90:5 Háceslos pasar como avenida de aguas; son como sueño; como la hierba que crece en la mañana:
PSA 90:6 En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca.
PSA 90:7 Porque con tu furor somos con­sumidos, y con tu ira somos con­turbados.
PSA 90:8 Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.
PSA 90:9 Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acaba­mos nuestros años como un pen­samiento.
PSA 90:10 Los días de nuestra edad son setenta años; que si en los más robustos son ochenta años, con todo su fortaleza es molestia y trabajo; porque es cortado presto, y volamos.
PSA 90:11 ¿Quién conoce la fortaleza de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido?
PSA 90:12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
PSA 90:13 Vuélvete, oh SEÑOR: ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos.
PSA 90:14 Sácianos presto de tu miseri­cordia: y cantaremos y nos ale­graremos todos nuestros días.
PSA 90:15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años que vimos mal.
PSA 90:16 Aparezca en tus siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos.
PSA 90:17 Y sea la hermosura del SEÑOR nuestro Dios sobre nosotros: y confirma en nosotros la obra de nuestras manos, sí, confirma tú la obra de nuestras manos.
PSA 91:1 EL que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Todopoderoso.
PSA 91:2 Diré yo al SEÑOR: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.
PSA 91:3 Y él te librará del lazo del caza­dor: de la peste destruidora.
PSA 91:4 Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad.
PSA 91:5 No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día;
PSA 91:6 Ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya.
PSA 91:7 Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: [mas] a ti no llegará.
PSA 91:8 Ciertamente con tus ojos mira­rás, y verás la recompensa de los impíos.
PSA 91:9 Porque tú has puesto al SEÑOR, [que es] mi refugio, al Altísimo por tu habitación,
PSA 91:10 No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.
PSA 91:11 Pues que a sus ángeles man­dará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.
PSA 91:12 En las manos te llevarán, por­que tu pie no tropiece en piedra.
PSA 91:13 Sobre el león y el áspid pisa­rás; hollarás al cachorro del león y al dragón.
PSA 91:14 Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: pondrélo en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
PSA 91:15 Me invocará, y yo le respon­deré: con él estaré yo en la angus­tia: lo libraré, y le glorificaré.
PSA 91:16 Saciarélo de larga vida, y mostraréle mi salvación.
PSA 92:1 Salmo: Canción para el día del Sábado. BUENO es dar gracias al SEÑOR, y cantar alabanzas a tu nombre, oh Altísimo;
PSA 92:2 Anunciar por la mañana tu misericordia, y tu verdad en las noches,
PSA 92:3 En el decacordio y en el salte­rio, en tono suave con el arpa.
PSA 92:4 Por cuanto me has alegrado, oh SEÑOR, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo.
PSA 92:5 ¡Cuán grandes son tus obras, oh SEÑOR! Muy profundos son tus pensamientos.
PSA 92:6 El hombre bruto no sabe, y el necio no entiende esto:
PSA 92:7 Que brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que obran iniquidad, para ser destruí­dos para siempre.
PSA 92:8 Mas tú, SEÑOR, para siempre eres Altísimo.
PSA 92:9 Porque he aquí tus enemigos, oh SEÑOR, porque he aquí, perecerán tus enemigos; serán disipados todos los que obran maldad.
PSA 92:10 Pero tú ensalzarás mi cuerno como [el de] unicornio: seré ungido con aceite fresco.
PSA 92:11 Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos: oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos.
PSA 92:12 El justo florecerá como la palma: crecerá como cedro en el Líbano.
PSA 92:13 Plantados en la casa del SEÑOR, en los atrios de nuestro Dios florecerán.
PSA 92:14 Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes;
PSA 92:15 Para anunciar que el SEÑOR mi roca es recto, y que en él no hay injusticia.
PSA 93:1 EL SEÑOR reina, vistióse de magnificencia, vistióse el SEÑOR, ciñóse de fortaleza; estableció también el mundo, que no se moverá.
PSA 93:2 Firme es tu trono desde enton­ces: tú eres eternalmente.
PSA 93:3 Alzaron los ríos, oh SEÑOR, alzaron los ríos su sonido; alza­ron los ríos sus ondas.
PSA 93:4 El SEÑOR en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, [más que] las recias ondas del mar.
PSA 93:5 Tus testimonios son muy fir­mes: la santidad conviene a tu casa, oh SEÑOR, por siempre jamás.
PSA 94:1 OH SEÑOR Dios de las venganzas; Oh Dios, a quien pertenece la venganza, muéstrate.
PSA 94:2 Ensálzate, oh Juez de la tierra: da el pago a los soberbios.
PSA 94:3 ¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh SEÑOR, se gozarán los impíos?
PSA 94:4 ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, y se vana­gloriarán todos los que obran iniquidad?
PSA 94:5 A tu pueblo, oh SEÑOR, que­brantan, y a tu heredad afligen.
PSA 94:6 A la viuda y al extranjero matan, y a los huérfanos quitan la vida.
PSA 94:7 Y dijeron: No verá el SEÑOR, ni entenderá el Dios de Jacob.
PSA 94:8 Entended, brutos del pueblo; y vosotros necios, ¿cuándo seréis sabios?
PSA 94:9 El que plantó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?
PSA 94:10 El que castiga las gentes, ¿no reprenderá? ¿[no sabrá] el que enseña al hombre el conocimien­to?
PSA 94:11 El SEÑOR conoce los pensa­mientos de los hombres, que [son] vanidad.
PSA 94:12 Bienaventurado el hombre a quien tú, oh SEÑOR, castigares, y en tu ley lo instruyeres;
PSA 94:13 Para tranquilizarle en los días de aflicción, en tanto que para el impío se cava el hoyo.
PSA 94:14 Porque no dejará el SEÑOR su pueblo, ni desamparará su heredad;
PSA 94:15 Sino que el juicio será vuelto a justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón.
PSA 94:16 ¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Quién estará por mí contra los que obran iniquidad?
PSA 94:17 Si no me ayudara el SEÑOR, presto morara mi alma en el silencio.
PSA 94:18 Cuando yo decía: Mi pie res­bala: tu misericordia, oh SEÑOR, me sustentaba.
PSA 94:19 En la multitud de mis pensa­mientos dentro de mí, tus conso­laciones alegraban mi alma.
PSA 94:20 ¿Juntaráse contigo el trono de iniquidades, que forma agravio en el mandamiento?
PSA 94:21 Pónense en corros contra el alma del justo, y condenan la san­gre inocente.
PSA 94:22 Mas el SEÑOR me ha sido por refugio; y mi Dios es la roca de mi refugio.
PSA 94:23 Y él hará tornar sobre ellos su iniquidad, y los destruirá por su propia maldad; los talará el SEÑOR nuestro Dios.
PSA 95:1 VENID, celebremos alegremente al SEÑOR: cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
PSA 95:2 Entraremos en su presencia con acciones de gracias; aclamé­mosle con salmos.
PSA 95:3 Porque el SEÑOR es Dios grande; y Rey grande sobre todos los dioses.
PSA 95:4 Porque en su mano están las pro­fundidades de la tierra, y las altu­ras de los montes son suyas.
PSA 95:5 Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la [tierra] seca.
PSA 95:6 Venid, adoremos y postrémo­nos; arrodillémonos delante del SEÑOR nuestro hacedor.
PSA 95:7 Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oye­reis su voz,
PSA 95:8 No endurezcáis vuestro cora­zón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto;
PSA 95:9 Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, y vieron mi obra.
PSA 95:10 Cuarenta años estuve disgus­tado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
PSA 95:11 Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.
PSA 96:1 CANTAD al SEÑOR canción nueva; cantad al SEÑOR, toda la tierra.
PSA 96:2 Cantad al SEÑOR, bendecid su nombre: proclamad de día en día su salvación.
PSA 96:3 Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas.
PSA 96:4 Porque grande es el SEÑOR, y digno de suprema alabanza; terrible sobre todos los dioses.
PSA 96:5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos: mas el SEÑOR hizo los cielos.
PSA 96:6 Alabanza y magnificencia delante de él: fortaleza y gloria en su santuario.
PSA 96:7 Dad al SEÑOR, oh familias de los pueblos, dad al SEÑOR la gloria y la fortaleza.
PSA 96:8 Dad al SEÑOR la honra debi­da a su nombre: tomad presentes, y venid a sus atrios.
PSA 96:9 Adorad al SEÑOR en la hermosura de [su] santuario: temed delante de él, toda la tie­rra.
PSA 96:10 Decid entre las gentes: el SEÑOR reina, también establecerá el mundo para que no sea conmovido: Juzgará a los pueblos en justicia.
PSA 96:11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra: brame el mar y su pleni­tud.
PSA 96:12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está: entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento,
PSA 96:13 Delante del SEÑOR que vino: porque vino a juzgar la tie­rra. Juzgará al mundo con justi­cia, y a los pueblos con su ver­dad.
PSA 97:1 EL SEÑOR reina: regocíjese la tierra: alégrense las muchas islas.
PSA 97:2 Nube y oscuridad alrededor de él: justicia y juicio son el asiento de su trono.
PSA 97:3 Fuego irá delante de él, y abra­sará en derredor sus enemigos.
PSA 97:4 Sus relámpagos alumbraron el mundo: la tierra vio, y estreme­cióse.
PSA 97:5 Los montes se derritieron como cera delante del SEÑOR, delante del Señor de toda la tierra.
PSA 97:6 Los cielos denunciaron su jus­ticia, y todos los pueblos vieron su gloria.
PSA 97:7 Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se alaban de los ídolos: los dioses todos a él se encorven.
PSA 97:8 Oyó Sión, y alegróse; y las hijas de Judá, oh SEÑOR, se gozaron por tus juicios.
PSA 97:9 Porque tú, SEÑOR, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses.
PSA 97:10 Los que al SEÑOR amáis, aborreced el mal: guarda él las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra.
PSA 97:11 Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón.
PSA 97:12 Alegraos, justos, en el SEÑOR: y dad gracias a la memoria de su santidad.
PSA 98:1 CANTAD al SEÑOR canción nueva; porque ha hecho maravillas: su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.
PSA 98:2 El SEÑOR ha hecho notoria su salvación: en ojos de las gentes ha descubierto su justicia.
PSA 98:3 Hase acordado de su misericor­dia y de su verdad para con la casa de Israel: todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
PSA 98:4 Cantad alegres al SEÑOR, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y salmead.
PSA 98:5 Salmead al SEÑOR con arpa; con arpa y voz de cántico.
PSA 98:6 Aclamad con trompetas y soni­dos de bocina delante del SEÑOR, el Rey.
PSA 98:7 Brame el mar y su plenitud; el mundo y los que en él habitan;
PSA 98:8 Los ríos batan las manos; los montes todos hagan regocijo,
PSA 98:9 Delante del SEÑOR; porque vino a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia, y a los pue­blos con rectitud.
PSA 99:1 El SEÑOR reina, tiemblen los pueblos: él está sentado [entre] los querubines, conmuévase la tierra.
PSA 99:2 El SEÑOR en Sión es grande, y ensalzado sobre todos los pue­blos.
PSA 99:3 Alaben tu nombre grande y tre­mendo: él es santo.
PSA 99:4 Y la gloria del rey ama el jui­cio: tú confirmas la rectitud; tú has hecho en Jacob juicio y justi­cia.
PSA 99:5 Ensalzad al SEÑOR nuestro Dios, y encorvaos al estrado de sus pies: él es santo.
PSA 99:6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; invo­caban al SEÑOR, y él les res­pondía.
PSA 99:7 En columna de nube hablaba con ellos: guardaban sus testimo­nios, y la ordenanza que les había dado.
PSA 99:8 Oh SEÑOR Dios nuestro, tú les respondías: tú les fuiste un Dios perdonador, y vengador de sus obras.
PSA 99:9 Ensalzad al SEÑOR nuestro Dios, y adorad al monte de su santidad; porque el SEÑOR nuestro Dios [es] santo.
PSA 100:1 Salmo de alabanza. CANTAD alegres al SEÑOR, todas las tierras.
PSA 100:2 Servid al SEÑOR con alegría: venid ante su acatamiento con regocijo.
PSA 100:3 Reconoced que el SEÑOR él es Dios: él nos hizo, y no noso­tros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
PSA 100:4 Entrad en sus puertas con acción de gracias, en sus atrios con alabanza: dadle gracias, ben­decid su nombre.
PSA 100:5 Porque el SEÑOR es bueno: por siempre [es] su misericordia, y su verdad por todas las genera­ciones.
PSA 101:1 Salmo de David. MISERICORDIA y juicio cantaré: a ti cantaré yo, oh SEÑOR.
PSA 101:2 Me portaré con sabiduría en un camino perfecto. ¿Cuándo vendrás a mí? Con un corazón perfecto andaré en medio de mi casa.
PSA 101:3 No pondré delante de mis ojos cosa perversa: aborrezco la obra de los que se desvían: ninguno [de ellos] se allegará a mí.
PSA 101:4 Corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado.
PSA 101:5 Al que solapadamente infama a su prójimo, yo le cortaré; no sufriré al de ojos altaneros, y de corazón vanidoso.
PSA 101:6 Mis ojos [pondré] en los fieles de la tierra, para que estén con­migo: el que anduviere en el camino de la perfección, éste me servirá.
PSA 101:7 No habitará dentro de mi casa el que hace fraude: el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.
PSA 101:8 Por las mañanas cortaré a todos los impíos de la tierra; para extir­par de la ciudad del SEÑOR a todos los que obraren iniquidad.
PSA 102:1 Oración del pobre, cuando estuviere angustiado, y delante del SEÑOR derramare su lamento. OH SEÑOR, oye mi oración, y venga mi clamor a ti.
PSA 102:2 No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia inclina a mí tu oído; el día que [te] invocare, apresúrate a responderme.
PSA 102:3 Porque mis días se han consu­mido como humo; y mis huesos cual tizón están quemados.
PSA 102:4 Mi corazón fue herido, y secó­se como la hierba; por lo cual me olvidé de comer mi pan.
PSA 102:5 Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.
PSA 102:6 Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho de las soledades.
PSA 102:7 Velo, y soy como el pájaro soli­tario sobre el tejado.
PSA 102:8 Cada día me afrentan mis ene­migos; los que se enfurecen con­tra mí, hanse contra mí conjura­do.
PSA 102:9 Por lo que como la ceniza a manera de pan, y mi bebida mez­clo con lloro,
PSA 102:10 A causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arroja­do.
PSA 102:11 Mis días son como la sombra que se va; y heme secado como la hierba.
PSA 102:12 Mas tú, oh SEÑOR, permanecerás por siempre, y tu memoria para generación y generación.
PSA 102:13 Tú levantándote, tendrás misericordia de Sión; porque el tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo es llegado.
PSA 102:14 Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.
PSA 102:15 Entonces temerán las gentes el nombre del SEÑOR, y todos los reyes de la tierra tu gloria;
PSA 102:16 Por cuanto el SEÑOR habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto;
PSA 102:17 Habrá mirado a la oración de los solitarios, y no habrá des­echado el ruego de ellos.
PSA 102:18 Escribirse ha esto para la generación venidera: y el pueblo que se creará, alabará al SEÑOR.
PSA 102:19 Porque miró de lo alto de su santuario; el SEÑOR miró del cielo a la tierra,
PSA 102:20 Para oír el gemido de los pre­sos, para soltar a los sentenciados a muerte;
PSA 102:21 Porque cuenten en Sión el nombre del SEÑOR, y su ala­banza en Jerusalem,
PSA 102:22 Cuando los pueblos se con­gregaren en uno, y los reinos, para servir al SEÑOR.
PSA 102:23 Él afligió mi fuerza en el camino; acortó mis días.
PSA 102:24 Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis días: por generación de generaciones son tus años.
PSA 102:25 Tú fundaste la tierra antigua­mente, y los cielos son obra de tus manos.
PSA 102:26 Ellos perecerán, mas tú per­manecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados:
PSA 102:27 Mas tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.
PSA 102:28 Los hijos de tus siervos habi­tarán, y su simiente será estable­cida delante de ti.
PSA 103:1 Salmo de David. BENDICE, alma mía al SEÑOR; y [bendigan] todas mis entrañas su santo nombre.
PSA 103:2 Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de sus beneficios.
PSA 103:3 Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias;
PSA 103:4 El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias;
PSA 103:5 El que sacia de bien tu boca [de modo] que te rejuvenezcas como el águila.
PSA 103:6 El SEÑOR el que hace justicia y derecho a todos los que pade­cen violencia.
PSA 103:7 Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras.
PSA 103:8 Misericordioso y clemente es el SEÑOR; lento para la ira, y grande en misericordia.
PSA 103:9 No contenderá para siempre, ni para siempre guardará [el enojo].
PSA 103:10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
PSA 103:11 Porque como la altura del cielo sobre la tierra, engrande­ció su misericordia sobre los que le temen.
PSA 103:12 Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
PSA 103:13 Como el padre se compadece de los hijos, se compadece el SEÑOR de los que le temen.
PSA 103:14 Porque él conoce nuestra con­dición; acuérdase que somos polvo.
PSA 103:15 El hombre, como la hierba son sus días: florece como la flor del campo.
PSA 103:16 Que pasó el viento por ella, y pereció: y su lugar no la conoce más.
PSA 103:17 Mas la misericordia del SEÑOR desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos;
PSA 103:18 Sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.
PSA 103:19 El SEÑOR estableció en los cielos su trono; y su reino domi­na sobre todos.
PSA 103:20 Bendecid al SEÑOR, voso­tros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su pala­bra, obedeciendo a la voz de su precepto.
PSA 103:21 Bendecid al SEÑOR, voso­tros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad.
PSA 103:22 Bendecid al SEÑOR, voso­tras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, al SEÑOR.
PSA 104:1 BENDICE, alma mía, al SEÑOR. Oh SEÑOR Dios mío, mucho te has engrandecido; haste vestido de gloria y de magnificencia.
PSA 104:2 El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina;
PSA 104:3 Que establece sus aposentos entre las aguas; el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento;
PSA 104:4 El que hace a sus ángeles espí­ritus, sus ministros fuego fla­meante.
PSA 104:5 [Él] fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida.
PSA 104:6 Con el abismo, como con vestidura, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas.
PSA 104:7 A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresura­ron;
PSA 104:8 Subieron los montes, descen­dieron los valles, al lugar que tú les fundaste.
PSA 104:9 Pusísteles término, el cual no traspasarán; ni volverán a cubrir la tierra.
PSA 104:10 [Tú eres] el que envías las fuen­tes por los arroyos; van entre los montes.
PSA 104:11 Abrevan a todas las bestias del campo: quebrantan su sed los asnos montaraces.
PSA 104:12 Junto a aquellos habitarán las aves del cielo; entre las ramas dan voces.
PSA 104:13 El que riega los montes desde sus aposentos: del fruto de sus obras se sacia la tierra.
PSA 104:14 El que hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre; sacando el pan de la tierra.
PSA 104:15 Y el vino que alegra el cora­zón del hombre, y el aceite que hace lucir el rostro, y el pan que sustenta el corazón del hombre.
PSA 104:16 Llénanse de [jugo] los árboles del SEÑOR, los cedros del Líbano que él plantó.
PSA 104:17 Allí anidan las aves; en las hayas [hace] su casa la cigüeña.
PSA 104:18 Los montes altos para las cabras monteses; las peñas, madrigueras para los conejos.
PSA 104:19 Hizo la luna para las estaciones: el sol conoce su ocaso.
PSA 104:20 Pone las tinieblas, y es la noche: en ella corretean todas las bestias de la selva.
PSA 104:21 Los leoncillos braman a la presa, y para buscar de Dios su comida.
PSA 104:22 Sale el sol, recógense, y échanse en sus cuevas.
PSA 104:23 Sale el hombre a su hacienda, y a su labranza hasta la tarde.
PSA 104:24 ¡Cuán muchas son tus obras, oh SEÑOR! Hiciste todas ellas con sabiduría: la tierra está llena de tus beneficios.
PSA 104:25 [Asimismo] esta gran mar y ancha de términos: en ella pesca­dos sin número, animales peque­ños y grandes.
PSA 104:26 Allí andan navíos; allí este Leviatán que hiciste para que jugase en ella.
PSA 104:27 Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiem­po.
PSA 104:28 Les das, recogen; abres tu mano, hártanse de bien.
PSA 104:29 Escondes tu rostro, túrbanse: les quitas el espíritu, dejan de vivir, y tórnanse en su polvo.
PSA 104:30 Envías tu espíritu, son crea­dos: y renuevas la faz de la tie­rra.
PSA 104:31 Sea la gloria del SEÑOR para siempre; alégrese el SEÑOR en sus obras;
PSA 104:32 El cual mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean.
PSA 104:33 Al SEÑOR cantaré en mi vida: a mi Dios salmearé mien­tras viviere.
PSA 104:34 Serme ha suave hablar de él: yo me alegraré en el SEÑOR.
PSA 104:35 Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, al SEÑOR. Aleluya.
PSA 105:1 DAD gracias al SEÑOR, invocad su nombre: haced notorias sus obras en los pueblos.
PSA 105:2 Cantadle, cantadle salmos: hablad de todas sus maravillas.
PSA 105:3 Gloriaos en su santo nombre: alégrese el corazón de los que buscan al SEÑOR.
PSA 105:4 Buscad al SEÑOR, y su forta­leza: buscad siempre su rostro.
PSA 105:5 Acordaos de sus maravillas que hizo, de sus prodigios y de los juicios de su boca,
PSA 105:6 Oh vosotros, simiente de Abraham su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos.
PSA 105:7 Él es el SEÑOR nuestro Dios; en toda la tierra son sus juicios.
PSA 105:8 Acordóse para siempre de su pacto; de la palabra que mandó para mil generaciones,
PSA 105:9 La cual concertó con Abraham; y de su juramento a Isaac.
PSA 105:10 Y establecióla a Jacob por decreto, a Israel por pacto sempi­terno,
PSA 105:11 Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán [por] cordel de vuestra heredad.
PSA 105:12 [Esto] siendo ellos pocos hom­bres en número, y extranjeros en ella.
PSA 105:13 Y anduvieron de nación en nación, de un reino a otro pueblo.
PSA 105:14 No consintió que hombre los agraviase; y por causa de ellos castigó los reyes.
PSA 105:15 No toquéis, [dijo], a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.
PSA 105:16 Y llamó al hambre sobre la tierra, y quebrantó todo manteni­miento de pan.
PSA 105:17 Envió un varón delante de ellos, a José, q[ue] fue vendido por siervo.
PSA 105:18 Afligieron sus pies con gri­llos; en hierro fue puesta su per­sona.
PSA 105:19 Hasta la hora que llegó su palabra, el dicho del SEÑOR le probó.
PSA 105:20 Envió el rey, y soltóle; el señor de los pueblos, y desatóle.
PSA 105:21 Púsolo por señor de su casa, y por enseñoreador de toda su sustancia;
PSA 105:22 Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría.
PSA 105:23 Después entró Israel en Egipto, y Jacob fue extranjero en la tierra de Cam.
PSA 105:24 Y multiplicó su pueblo en gran manera, e hízolo fuerte más que sus enemigos.
PSA 105:25 Volvió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pue­blo, para que contra sus siervos pensasen mal.
PSA 105:26 Envió a su siervo Moisés, [y] a Aarón al cual escogió.
PSA 105:27 Pusieron en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam.
PSA 105:28 Echó tinieblas, e hizo oscuri­dad; y no fueron rebeldes a su palabra.
PSA 105:29 Volvió sus aguas en sangre, y mató sus pescados.
PSA 105:30 Produjo su tierra ranas, [aun] en las cámaras de sus reyes.
PSA 105:31 Dijo, y vinieron enjambres de moscas, y piojos en todo su tér­mino.
PSA 105:32 Volvió en su tierra sus lluvias en granizo, y en fuego de llama­radas.
PSA 105:33 E hirió sus viñas y sus higue­ras, y quebró los árboles de su término.
PSA 105:34 Dijo, y vinieron langostas, y pulgón sin número;
PSA 105:35 Y comieron toda la hierba de su país, y devoraron el fruto de su tierra.
PSA 105:36 Hirió además a todos los pri­mogénitos en su tierra, el princi­pio de toda su fuerza.
PSA 105:37 Y sacólos con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo.
PSA 105:38 Egipto se alegró de que salie­ran; porque su terror había caído sobre ellos.
PSA 105:39 Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche.
PSA 105:40 Pidieron, e hizo venir codornices; y saciólos de pan del cielo.
PSA 105:41 Abrió la roca, y fluyeron aguas; corrieron por los secada­les [como] un río.
PSA 105:42 Porque se acordó de su santa palabra, [dada] a Abraham su sier­vo.
PSA 105:43 Y sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos.
PSA 105:44 Y dióles las tierras de las gen­tes; y las labores de las naciones heredaron:
PSA 105:45 Para que guardasen sus esta­tutos, y observasen sus leyes. Alabad al SEÑOR.
PSA 106:1 ALABAD al SEÑOR. Dad gracias al SEÑOR, porque [él] es bueno; porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 106:2 ¿Quién expresará las valentías del SEÑOR? ¿[quién] contará sus alabanzas?
PSA 106:3 Dichosos los que guardan juicio, los que hacen justicia en todo tiempo.
PSA 106:4 Acuérdate de mí, oh SEÑOR, según tu benevolencia para con tu pueblo: visítame con tu salvación;
PSA 106:5 Para que yo vea el bien de tus escogidos, para que me goce en la alegría de tu nación, y me gloríe con tu heredad.
PSA 106:6 Pecamos con nuestros padres, hicimos iniquidad, hicimos impiedad.
PSA 106:7 Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias; sino que se rebelaron junto al mar, en el mar Bermejo.
PSA 106:8 Sin embargo él los salvó por amor de su nombre, para hacer notoria su gran poder.
PSA 106:9 Y reprendió al mar Bermejo, y secólo; e hízoles ir por el abismo, como por un desierto.
PSA 106:10 Y salvólos de mano del ene­migo, y rescatólos de mano del adversario.
PSA 106:11 Y cubrieron las aguas a sus enemigos: no quedó uno de ellos.
PSA 106:12 Entonces creyeron a sus pala­bras, y cantaron su alabanza.
PSA 106:13 Apresuráronse, olvidáronse de sus obras; no esperaron en su consejo.
PSA 106:14 Y desearon con ansia en el desierto; y tentaron a Dios en la soledad.
PSA 106:15 Y él les dio lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas.
PSA 106:16 Tomaron después celo contra Moisés en el campo, y contra Aarón el santo del SEÑOR.
PSA 106:17 Abrióse la tierra, y tragó a Datán, y cubrió la compañía de Abiram.
PSA 106:18 Y encendióse el fuego en su compañía; la llama quemó los impíos.
PSA 106:19 Hicieron becerro en Horeb, y adoraron a una imagen de fundición.
PSA 106:20 Así trocaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba.
PSA 106:21 Olvidaron al Dios de su sal­vación, que había hecho grande­zas en Egipto;
PSA 106:22 Maravillas en la tierra de Cam, cosas formidables sobre el mar Bermejo.
PSA 106:23 Y trató de destruirlos, a no haberse puesto Moisés su escogi­do al portillo delante de él, a fin de apartar su ira, para que no [los] destruyese.
PSA 106:24 Pero aborrecieron la tierra deseable: no creyeron a su pala­bra;
PSA 106:25 Antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz del SEÑOR.
PSA 106:26 Por lo que alzó su mano a ellos, en orden a postrarlos en el desierto,
PSA 106:27 Y humillar su simiente entre las naciones, y esparcirlos por las tierras.
PSA 106:28 Allegáronse asimismo a Baalpeor, y comieron los sacrifi­cios de los muertos.
PSA 106:29 Y ensañaron [a Dios] con sus obras, y desarrollóse la mortan­dad en ellos.
PSA 106:30 Entonces se levantó Finees, e hizo juicio; y se detuvo la plaga.
PSA 106:31 Y fuéle contado a justicia de generación en generación para siempre.
PSA 106:32 También le irritaron en las aguas de Meriba: e hizo mal a Moisés por causa de ellos;
PSA 106:33 Porque provocaron su espíritu, de modo que él habló imprudentemente con sus labios.
PSA 106:34 No destruyeron los pueblos que el SEÑOR les dijo;
PSA 106:35 Antes se mezclaron con las gentes, y aprendieron sus obras,
PSA 106:36 Y sirvieron a sus ídolos; los cuales les fueron por ruina.
PSA 106:37 Y sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios;
PSA 106:38 Y derramaron la sangre ino­cente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán: y la tierra fue contaminada con sangre.
PSA 106:39 Contamináronse así con sus obras, y fornicaron con sus hechos.
PSA 106:40 Encendióse por tanto el furor del SEÑOR sobre su pueblo, y abominó su heredad:
PSA 106:41 Y entrególos en poder de las gentes, y enseñoreáronse de ellos los que los aborrecían.
PSA 106:42 Y sus enemigos los oprimie­ron, y fueron quebrantados deba­jo de su mano.
PSA 106:43 Muchas veces los libró; mas ellos se rebelaron a su consejo, y fueron humillados por su mal­dad.
PSA 106:44 Él con todo, miraba cuando estaban en angustia, y oía su cla­mor:
PSA 106:45 Y acordábase de su pacto con ellos, y arrepentíase conforme a la muchedumbre de sus misera­ciones.
PSA 106:46 Hizo asimismo que tuviesen de ellos misericordia todos los que los tenían cautivos.
PSA 106:47 Sálvanos, oh SEÑOR Dios nuestro, y recógenos de entre las naciones, para que demos gra­cias a tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas.
PSA 106:48 Bendito el SEÑOR Dios de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad: Y diga todo el pue­blo, Amén. Aleluya.
PSA 107:1 DAD gracias al SEÑOR, porque él es bueno; porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 107:2 Dígan[lo] los redimidos del SEÑOR, los que ha redimido del poder del enemigo,
PSA 107:3 Y los ha congregado de las tie­rras, del oriente y del occidente, del norte y del mar.
PSA 107:4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin cami­no, no hallando ciudad de pobla­ción.
PSA 107:5 Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos.
PSA 107:6 Entonces clamaron al SEÑOR en su angustia, [y] él los libró de sus aflicciones:
PSA 107:7 Y dirigiólos por camino dere­cho, para que viniesen a ciudad de población.
PSA 107:8 ¡Oh que alaben al SEÑOR [por] su bondad, y sus maravillas para con los hijos de los hombres!
PSA 107:9 Porque sació al alma meneste­rosa, y llenó de bien al alma hambrienta.
PSA 107:10 Los que moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisiona­dos en aflicción y en hierros;
PSA 107:11 Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Dios, y abo­rrecieron el consejo del Altísimo.
PSA 107:12 Por lo que quebrantó él con trabajo sus corazones, cayeron y no hubo quien [les] ayudase;
PSA 107:13 Entonces clamaron al SEÑOR en su angustia, [y] él los salvó de sus aflicciones.
PSA 107:14 Sacólos de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.
PSA 107:15 ¡Oh que alaben al SEÑOR [por] su bondad, y sus maravillas para con los hijos de los hombres!
PSA 107:16 Porque quebrantó las puertas de latón, y desmenuzó los cerrojos de hierro.
PSA 107:17 Los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades, fueron afligi­dos.
PSA 107:18 Su alma abominó toda vian­da, y llegaron hasta las puertas de la muerte.
PSA 107:19 Entonces claman al SEÑOR en su angustia, [y] él los salva de sus aflicciones.
PSA 107:20 Envió su palabra, y curólos, y librólos de su ruina.
PSA 107:21 ¡Oh que alaben al SEÑOR [por] su bondad, y sus maravillas para con los hijos de los hombres!
PSA 107:22 Y sacrifiquen sacrificios de acción de gracias, y publiquen sus obras con júbilo.
PSA 107:23 Los que descienden al mar en navíos, y hacen negocio en las muchas aguas,
PSA 107:24 Ellos han visto las obras del SEÑOR, y sus maravillas en el profundo.
PSA 107:25 Él dijo, e hizo saltar el viento de la tempestad, que levanta sus ondas.
PSA 107:26 Suben al cielo, descienden a los abismos: sus almas se derri­ten con el mal.
PSA 107:27 Tiemblan, y titubean como borrachos, y todo su conocimien­to es perdido.
PSA 107:28 Entonces claman al SEÑOR en su angustia, [y] él los saca de sus aflicciones.
PSA 107:29 Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.
PSA 107:30 Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban.
PSA 107:31 ¡Oh que alaben al SEÑOR [por] su bondad, y sus maravillas para con los hijos de los hombres!
PSA 107:32 Y ensálcenlo en la congrega­ción del pueblo; y en la asamblea de ancianos lo alaben.
PSA 107:33 Él vuelve los ríos en desierto, y los manantiales de las aguas en secadales;
PSA 107:34 La tierra fructífera en salados, por la maldad de los que la habi­tan.
PSA 107:35 Vuelve el desierto en estan­ques de aguas, y la tierra seca en manantiales.
PSA 107:36 Y allí aposenta a los ham­brientos, y disponen ciudad para habitación;
PSA 107:37 Y siembran campos, y plantan viñas, y rinden crecido fruto.
PSA 107:38 Y los bendice, y se multipli­can en gran manera; y no dismi­nuye sus bestias.
PSA 107:39 Y luego son menoscabados y abatidos a causa de tiranía, de males y congojas.
PSA 107:40 Él derrama menosprecio sobre los príncipes, y les hace andar errados, vagabundos, sin camino:
PSA 107:41 Y levanta al pobre de la mise­ria, y hace [multiplicar] las fami­lias como [rebaños] de ovejas.
PSA 107:42 Vean los rectos, y alégrense; y toda maldad cierre su boca.
PSA 107:43 ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las mise­ricordias del SEÑOR?
PSA 108:1 Canción: Salmo de David. MI corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y salmearé todavía en mi gloria.
PSA 108:2 Despiértate, salterio y arpa: despertaré al alba.
PSA 108:3 Te alabaré, oh SEÑOR, entre los pueblos; a ti cantaré alabanzas entre las naciones.
PSA 108:4 Porque grande más que los cie­los es tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad.
PSA 108:5 Ensálzate, oh Dios, sobre los cielos; y sobre toda la tierra tu gloria.
PSA 108:6 Para que sean librados tus ama­dos, salva con tu diestra y res­póndeme.
PSA 108:7 Dios habló por su santuario: alegraréme, repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.
PSA 108:8 Mío es Galaad, mío es Manasés; y Efraím es la forta­leza de mi cabeza; Judá es mi legislador;
PSA 108:9 Moab, la vasija de mi lavato­rio: sobre Edom echaré mi zapato; regocijaréme sobre Filistea.
PSA 108:10 ¿Quién me guiará a la ciudad fortalecida? ¿quién me guiará hasta Idumea?
PSA 108:11 Ciertamente tú, oh Dios, que nos habías desechado; y no salí­as, oh Dios, con nuestros ejérci­tos.
PSA 108:12 Danos socorro en la angustia: porque vana es la ayuda del hombre.
PSA 108:13 En Dios haremos proezas: y él hollará nuestros enemigos.
PSA 109:1 Al Músico principal: Salmo de David. OH Dios de mi alabanza, no calles;
PSA 109:2 Porque boca de impío y boca de engañador se han abierto sobre mí: han hablado de mí con lengua mentirosa,
PSA 109:3 Y con palabras de odio me rode­aron; y pelearon contra mí sin causa.
PSA 109:4 En pago de mi amor me han sido adversarios: mas yo oraba.
PSA 109:5 Y pusieron contra mí mal por bien, y odio por amor.
PSA 109:6 Pon sobre él al impío: y Satanás esté a su diestra.
PSA 109:7 Cuando fuere juzgado, salga impío; y su oración sea para peca­do.
PSA 109:8 Sean sus días pocos: tome otro su oficio.
PSA 109:9 Sean sus hijos huérfanos, y su esposa viuda.
PSA 109:10 Y anden sus hijos vagabun­dos, y mendiguen; y procuren [su pan lejos] de sus desolados hoga­res.
PSA 109:11 Enrede el acreedor todo lo que tiene, y extraños saqueen su trabajo.
PSA 109:12 No tenga quien le haga mise­ricordia; ni haya quien tenga compasión de sus huérfanos.
PSA 109:13 Su posteridad sea talada; en segunda generación sea raído su nombre.
PSA 109:14 Venga en memoria cerca del SEÑOR la maldad de sus padres, y el pecado de su madre no sea borrado.
PSA 109:15 Estén siempre delante del SEÑOR, y él corte de la tierra su memoria.
PSA 109:16 Por cuanto no se acordó de hacer misericordia, y persiguió al hombre afligido y menesteroso y quebrantado de corazón, para matar[lo].
PSA 109:17 Y amó la maldición, y vínole; y no quiso la bendición, y ella se alejó de él.
PSA 109:18 Y vistióse de maldición como de su vestidura, y entró como agua en sus entrañas, y como aceite en sus huesos.
PSA 109:19 Séale como vestidura con que se cubra, y en lugar de cinto con que se ciña siempre.
PSA 109:20 Éste [sea] el pago de parte del SEÑOR de los que me calum­nian, y de los que hablan mal contra mi alma.
PSA 109:21 Y tú, oh DIOS Señor, haz conmigo por amor de tu nombre: líbrame, porque tu misericordia es buena.
PSA 109:22 Porque yo estoy afligido y necesitado; y mi corazón está herido dentro de mí.
PSA 109:23 Me voy como la sombra cuan­do declina; soy sacudido como langosta.
PSA 109:24 Mis rodillas están debilitadas a causa del ayuno, y mi carne desfallecida por falta de gordura.
PSA 109:25 Yo he sido para ellos objeto de oprobio; mirábanme, y meneaban su cabeza.
PSA 109:26 Ayúdame, oh SEÑOR Dios mío: sálvame conforme a tu miseri­cordia.
PSA 109:27 Y entiendan que ésta es tu mano; [que] tú, SEÑOR, has hecho esto.
PSA 109:28 Maldigan ellos, y bendice tú: levántense, mas sean avergonza­dos, y regocíjese tu siervo.
PSA 109:29 Sean vestidos de ignominia los que me calumnian; y sean cubiertos de su confusión como con manto.
PSA 109:30 Yo alabaré al SEÑOR en gran manera con mi boca, y le loaré en medio de muchos.
PSA 109:31 Porque él se pondrá a la dies­tra del pobre, para librar su alma de los que le juzgan.
PSA 110:1 Salmo de David. EL SEÑOR dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, en tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.
PSA 110:2 La vara de tu fortaleza enviará el SEÑOR desde Sión: domina en medio de tus enemigos.
PSA 110:3 Tu pueblo [serálo] de buena voluntad en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad: desde el seno de la aurora, tienes tú el rocío de tu juventud.
PSA 110:4 Juró el SEÑOR, y no se arre­pentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
PSA 110:5 El Señor a tu diestra herirá a los reyes en el día de su furor.
PSA 110:6 Juzgará en las gentes, llenará­[las] de cadáveres: herirá las cabe­zas en muchas tierras.
PSA 110:7 Del arroyo beberá en el cami­no: por lo cual levantará cabeza.
PSA 111:1 Aleluya. ALABARÉ al SEÑOR con todo el corazón, en la asamblea y congregación de los rectos.
PSA 111:2 Grandes son las obras del SEÑOR; buscadas de todos los que las quieren.
PSA 111:3 Gloria y hermosura es su obra; y su justicia permanece para siem­pre.
PSA 111:4 Hizo memorables sus maravi­llas: clemente y lleno de compasión es el SEÑOR.
PSA 111:5 Dio mantenimiento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto.
PSA 111:6 El poder de sus obras anunció a su pueblo, dándole la heredad de las gentes.
PSA 111:7 Las obras de sus manos son verdad y juicio: seguros son todos sus mandamientos;
PSA 111:8 Establecidos por siempre jamás, hechos en verdad y en rectitud.
PSA 111:9 Redención ha enviado a su pueblo; para siempre ha ordena­do su pacto: santo y terrible es su nombre.
PSA 111:10 El temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría: buen entendimiento tienen cuantos ponen aquéllos por obra: su loor permanece por siempre.
PSA 112:1 Aleluya. BIENAVENTURADO el hombre que teme al SEÑOR, [y] en sus mandamientos se deleita en gran manera.
PSA 112:2 Su simiente será poderosa en la tierra: la generación de los rectos será bendita.
PSA 112:3 Hacienda y riquezas hay en su casa; y su justicia permanece para siempre.
PSA 112:4 Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos: [es] clemente, y lleno de compasión, y justo.
PSA 112:5 El hombre de bien tiene mise­ricordia y presta; gobierna sus cosas con juicio.
PSA 112:6 Por lo cual no resbalará para siempre: en memoria eterna será el justo.
PSA 112:7 De mala fama no tendrá temor: su corazón está apercibido, con­fiado en el SEÑOR.
PSA 112:8 Asentado está su corazón, no temerá, hasta que vea en sus ene­migos [su deseo].
PSA 112:9 Esparce, da a los pobres: su justicia permanece para siempre; su cuerno será ensalzado en glo­ria.
PSA 112:10 Verálo el impío, y se despe­chará; crujirá los dientes, y se repudrirá: perecerá el deseo de los impíos.
PSA 113:1 Aleluya. ALABAD, siervos del SEÑOR, alabad el nombre del SEÑOR.
PSA 113:2 Sea el nombre del SEÑOR bendito, desde ahora y para siempre.
PSA 113:3 Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del SEÑOR.
PSA 113:4 Alto sobre todas las naciones es el SEÑOR; sobre los cielos su gloria.
PSA 113:5 ¿Quién como el SEÑOR nues­tro Dios, que ha enaltecido su habitación,
PSA 113:6 Que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?
PSA 113:7 Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del estiércol,
PSA 113:8 Para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.
PSA 113:9 Él hace habitar en familia a la estéril, gozosa [en ser] madre de hijos. Alabad al SEÑOR.
PSA 114:1 CUANDO salió Israel de Egipto, la casa de Jacob de un pueblo de lengua extraña;
PSA 114:2 Judá fue su consagrada heredad, Israel su señorío.
PSA 114:3 El mar vio, y huyó; el Jordán se volvió atrás.
PSA 114:4 Los montes saltaron como car­neros: los collados como corderi­tos.
PSA 114:5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿y tú, oh Jordán, que te volviste atrás?
PSA 114:6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, [y] vosotros, colla­dos, como corderitos?
PSA 114:7 A la presencia del Señor tiem­bla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob;
PSA 114:8 El cual tornó la roca en estan­que de aguas, y en fuente de aguas el pedernal.
PSA 115:1 NO a nosotros, oh SEÑOR, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad.
PSA 115:2 Por qué dirán las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios?
PSA 115:3 Y nuestro Dios está en los cie­los: todo lo que quiso ha hecho.
PSA 115:4 Sus ídolos son plata y oro, obra de manos de hombres.
PSA 115:5 Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven;
PSA 115:6 Orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen;
PSA 115:7 Manos tienen, mas no palpa­n; tienen pies, mas no andan; ni hablan con su garganta.
PSA 115:8 Como ellos son los que los hacen; cualquiera que en ellos confía.
PSA 115:9 Oh Israel, confía en el SEÑOR: él es su ayuda y su escudo.
PSA 115:10 Casa de Aarón, confiad en el SEÑOR: él es su ayuda y su escudo.
PSA 115:11 Los que teméis al SEÑOR, confiad en el SEÑOR: él es su ayuda y su escudo.
PSA 115:12 El SEÑOR se acordó de nosotros: nos bendecirá: bende­cirá a la casa de Israel; bendecirá a la casa de Aarón.
PSA 115:13 Bendecirá a los que temen al SEÑOR; a chicos y a grandes.
PSA 115:14 Acrecentará el SEÑOR [ben­dición] sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos.
PSA 115:15 Benditos vosotros del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra.
PSA 115:16 El cielo, [aun] los cielos, [son] del SEÑOR: mas ha dado la tierra a los hijos de los hombres.
PSA 115:17 No alabarán los muertos al SEÑOR, ni cuantos descienden al silencio;
PSA 115:18 Mas nosotros bendeciremos al SEÑOR, desde ahora para siempre. Aleluya.
PSA 116:1 AMO al SEÑOR, pues ha oído mi voz y mis súplicas.
PSA 116:2 Porque ha inclinado a mí su oído, invocaré[le] por tanto en todos mis días.
PSA 116:3 Rodeáronme los dolores de la muerte, me encontraron las angustias del infierno: angustia y dolor había yo hallado.
PSA 116:4 Entonces invoqué el nombre del SEÑOR, [diciendo]: Libra ahora, oh SEÑOR, mi alma.
PSA 116:5 Clemente es el SEÑOR y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios.
PSA 116:6 El SEÑOR guarda a los since­ros: estaba yo postrado, y salvó­me.
PSA 116:7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo; porque el SEÑOR te ha hecho bien.
PSA 116:8 Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, [y] mis pies de desbarrar.
PSA 116:9 Andaré delante del SEÑOR en la tierra de los vivientes.
PSA 116:10 Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera.
PSA 116:11 Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso.
PSA 116:12 ¿Qué pagaré al SEÑOR por todos sus beneficios para conmi­go?
PSA 116:13 Tomaré la copa de la salva­ción, e invocaré el nombre del SEÑOR.
PSA 116:14 Ahora pagaré mis votos al SEÑOR delante de todo su pue­blo.
PSA 116:15 Estimada es en los ojos del SEÑOR la muerte de sus santos.
PSA 116:16 Oh SEÑOR, que yo soy tu siervo, yo tu siervo, hijo de tu sierva: rompiste mis prisiones.
PSA 116:17 Te ofreceré sacrificio de acción de gracias, e invocaré el nombre del SEÑOR.
PSA 116:18 Al SEÑOR pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo;
PSA 116:19 En los atrios de la casa del SEÑOR, en medio de ti, oh Jerusalem. Aleluya.
PSA 117:1 ALABAD al SEÑOR, naciones todas; pueblos todos, alabadle.
PSA 117:2 Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; y la verdad del SEÑOR [es] para siem­pre. Aleluya.
PSA 118:1 DAD gracias al SEÑOR, porque es bueno; porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 118:2 Diga ahora Israel: Que para siempre [es] su misericordia.
PSA 118:3 Diga ahora la casa de Aarón: Que para siempre [es] su miseri­cordia.
PSA 118:4 Digan ahora los que temen al SEÑOR: Que para siempre [es] su misericordia.
PSA 118:5 Desde la angustia invoqué al SEÑOR; y respondióme el SEÑOR, [poniéndome] en anchu­ra.
PSA 118:6 El SEÑOR [está] de mi lado, no temeré; ¿qué me puede hacer el hombre?
PSA 118:7 El SEÑOR está por mí entre los que me ayudan: por tanto yo veré [mi deseo] en los que me abo­rrecen.
PSA 118:8 Mejor [es] confiar en el SEÑOR que confiar en el hombre.
PSA 118:9 Mejor [es] confiar en el SEÑOR que confiar en los príncipes.
PSA 118:10 Todas las naciones me cercaron: en nombre del SEÑOR, que yo los romperé.
PSA 118:11 Cercáronme y asediáronme: en nombre del SEÑOR, que yo los romperé.
PSA 118:12 Cercáronme como abejas; fueron apagados como fuegos de espinos: en nombre del SEÑOR, que yo los romperé.
PSA 118:13 Empujásteme con violencia para que cayese: pero ayudó­me el SEÑOR.
PSA 118:14 Mi fortaleza y mi canción es el SEÑOR; y él me ha sido por salvación.
PSA 118:15 Voz de júbilo y de salvación hay en los tabernáculos de los justos: la diestra del SEÑOR hace proezas.
PSA 118:16 La diestra del SEÑOR subli­me: la diestra del SEÑOR hace valentías.
PSA 118:17 No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del SEÑOR.
PSA 118:18 Castigóme gravemente el SEÑOR: mas no me entregó a la muerte.
PSA 118:19 Abridme las puertas de la jus­ticia: entraré por ellas, alabaré al SEÑOR.
PSA 118:20 Esta puerta del SEÑOR, por ella entrarán los justos.
PSA 118:21 Te alabaré, porque me has oído, y me fuiste por salvación.
PSA 118:22 La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo.
PSA 118:23 De parte del SEÑOR es esto: es maravilla en nuestros ojos.
PSA 118:24 Éste es el día que hizo el SEÑOR nos gozaremos y ale­graremos en él.
PSA 118:25 Oh SEÑOR, salva ahora, te ruego: oh SEÑOR, ruégote hagas prosperar ahora.
PSA 118:26 Bendito el que viene en nom­bre del SEÑOR: desde la casa del SEÑOR os bendecimos.
PSA 118:27 Dios es el SEÑOR que nos ha resplandecido: atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar.
PSA 118:28 Mi Dios eres tú, y a ti alabaré: Dios mío, a ti ensalzaré.
PSA 118:29 Dad gracias al SEÑOR porque es bueno; Porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 119:1 BIENAVENTURADOS los perfectos de camino; los que andan en la ley del SEÑOR.
PSA 119:2 Bienaventurados los que guar­dan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan:
PSA 119:3 Pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos.
PSA 119:4 Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos.
PSA 119:5 ¡Oh que fuesen dirigidos mis caminos a guardar tus estatutos!
PSA 119:6 Entonces no sería yo avergon­zado, cuando atendiese a todos tus mandamientos.
PSA 119:7 Te alabaré con rectitud de cora­zón, cuando aprendiere los jui­cios de tu justicia.
PSA 119:8 Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente.
PSA 119:9 ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.
PSA 119:10 Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes divagar de tus mandamientos.
PSA 119:11 En mi corazón he guardado tu palabra, para no pecar contra ti.
PSA 119:12 Bendito tú, oh SEÑOR: ensé­ñame tus estatutos.
PSA 119:13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.
PSA 119:14 Heme gozado en el camino de tus testimonios, como sobre toda riqueza.
PSA 119:15 En tus mandamientos medita­ré, y fijaré mi vista en tus cami­nos.
PSA 119:16 Recrearéme en tus estatutos: no me olvidaré de tus palabras.
PSA 119:17 Haz bien a tu siervo; que viva y guarde tu palabra.
PSA 119:18 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.
PSA 119:19 Advenedizo soy yo en la tie­rra: no encubras de mí tus man­damientos.
PSA 119:20 Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo.
PSA 119:21 Destruiste a los soberbios malditos, que se desvían de tus mandamientos.
PSA 119:22 Aparta de mí oprobio y menosprecio; porque tus testi­monios he guardado.
PSA 119:23 Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí: mas tu siervo meditaba en tus estatutos.
PSA 119:24 Pues tus testimonios son mis deleites, y mis consejeros.
PSA 119:25 Pegóse al polvo mi alma: vivifícame según tu palabra.
PSA 119:26 Mis caminos te conté, y me has respondido: enséñame tus estatutos.
PSA 119:27 Hazme entender el camino de tus mandamientos, y hablaré de tus maravillas.
PSA 119:28 Deshácese mi alma de ansie­dad: susténtame según tu pala­bra.
PSA 119:29 Aparta de mí camino de mentira; y hazme la gracia de tu ley.
PSA 119:30 Escogí el camino de la ver­dad; he puesto tus juicios [delan­te de mí].
PSA 119:31 Allegádome he a tus testimo­nios; oh SEÑOR, no me aver­güences.
PSA 119:32 Por el camino de tus manda­mientos correré, cuando ensan­chares mi corazón.
PSA 119:33 Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y guar­darélo hasta el fin.
PSA 119:34 Dame entendimiento, y guar­daré tu ley; y la observaré de todo corazón.
PSA 119:35 Hazme ir en la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi voluntad.
PSA 119:36 Inclina mi corazón a tus testi­monios, y no a la avaricia.
PSA 119:37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu cami­no.
PSA 119:38 Confirma tu palabra a tu sier­vo, que te teme.
PSA 119:39 Quita de mí el oprobio que he temido: porque buenos son tus juicios.
PSA 119:40 He aquí yo he anhelado tus mandamientos: vivifícame en tu justicia.
PSA 119:41 Y venga a mí tu misericordia, oh SEÑOR; tu salvación, confor­me a tu dicho.
PSA 119:42 Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado.
PSA 119:43 Y no quites de mi boca en nin­gún tiempo la palabra de verdad; porque a tu juicio espero.
PSA 119:44 Y guardaré tu ley siempre, por siempre jamás.
PSA 119:45 Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos.
PSA 119:46 Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré.
PSA 119:47 Y deleitaréme en tus manda­mientos, que he amado.
PSA 119:48 Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé; y meditaré en tus estatutos.
PSA 119:49 Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar.
PSA 119:50 Ésta es mi consuelo en mi aflicción: porque tu palabra me ha vivificado.
PSA 119:51 Los soberbios se burlaron mucho de mí: [mas] no me he apartado de tu ley.
PSA 119:52 Acordéme, oh SEÑOR, de tus juicios antiguos, y consoléme.
PSA 119:53 Horror se apoderó de mí, a causa de los impíos que dejan tu ley.
PSA 119:54 Cánticos me fueron tus esta­tutos en la mansión de mis pere­grinaciones.
PSA 119:55 Acordéme en la noche de tu nombre, oh SEÑOR, y guardé tu ley.
PSA 119:56 Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos.
PSA 119:57 Mi porción, oh SEÑOR, dije, será guardar tus palabras.
PSA 119:58 Tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu palabra.
PSA 119:59 Consideré mis caminos, y torné mis pies a tus testimonios.
PSA 119:60 Apresuréme, y no me retardé en guardar tus mandamientos.
PSA 119:61 Compañía de impíos me han robado: [mas] no me he olvidado de tu ley.
PSA 119:62 A media noche me levantaré para darte gracias por tus justos juicios.
PSA 119:63 Compañero soy yo de todos los que te temieren y guardaren tus mandamientos.
PSA 119:64 De tu misericordia, oh SEÑOR, está llena la tierra: enséñame tus estatutos.
PSA 119:65 Bien has hecho con tu siervo, oh SEÑOR, conforme a tu pala­bra.
PSA 119:66 Enséñame buen juicio y conocimiento; porque tus manda­mientos he creído.
PSA 119:67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra.
PSA 119:68 Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos.
PSA 119:69 Contra mí forjaron mentira los soberbios: [mas] yo guardaré de todo corazón tus mandamien­tos.
PSA 119:70 Engrasóse el corazón de ellos como sebo; mas yo en tu ley me he deleitado.
PSA 119:71 Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.
PSA 119:72 Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y plata.
PSA 119:73 Tus manos me hicieron y me formaron: dame entendimiento, y aprenderé tus mandamientos.
PSA 119:74 Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque en tu pala­bra he esperado.
PSA 119:75 Conozco, oh SEÑOR, que tus juicios son justicia, y que confor­me a tu fidelidad me afligiste.
PSA 119:76 Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo.
PSA 119:77 Vengan a mí tus misericor­dias, y viva; porque tu ley es mi deleite.
PSA 119:78 Sean avergonzados los sober­bios, porque sin causa me han calumniado: [pero] yo, medita­ré en tus mandamientos.
PSA 119:79 Tórnense a mí los que te temen y conocen tus testimonios.
PSA 119:80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos; porque no sea yo aver­gonzado.
PSA 119:81 Desfallece mi alma por tu sal­vación, esperando en tu palabra.
PSA 119:82 Desfallecieron mis ojos por tu palabra, diciendo: ¿Cuándo me consolarás?
PSA 119:83 Porque estoy como el odre al humo; mas no he olvidado tus estatutos.
PSA 119:84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿cuándo harás juicio con­tra los que me persiguen?
PSA 119:85 Los soberbios me han cavado hoyos; mas no obran según tu ley.
PSA 119:86 Todos tus mandamientos [son] fieles: sin causa me persiguen; ayúdame.
PSA 119:87 Casi me han echado por tie­rra: mas yo no he dejado tus mandamientos.
PSA 119:88 Vivifícame conforme a tu misericordia; y guardaré los tes­timonios de tu boca.
PSA 119:89 Por siempre, oh SEÑOR, es establecida tu palabra en el cielo.
PSA 119:90 Por generación y generación es tu verdad: tú estableciste la tierra, y persevera.
PSA 119:91 Por tus ordenanzas perseveran hasta hoy [las cosas creadas]; por­que todas ellas te sirven.
PSA 119:92 Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya en mi aflicción hubiera perecido.
PSA 119:93 Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado.
PSA 119:94 Tuyo soy yo, guárdame; por­que he buscado tus mandamien­tos.
PSA 119:95 Los impíos me han aguardado para destruirme: [mas] yo entende­ré en tus testimonios.
PSA 119:96 A toda perfección he visto fin: ancho sobremanera es tu manda­miento.
PSA 119:97 ¡Oh cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación.
PSA 119:98 Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos; porque me son eternos.
PSA 119:99 Tengo más entendimiento que todos mis maestros; porque tus tes­timonios son mi meditación.
PSA 119:100 Más que los viejos he enten­dido, porque he guardado tus mandamientos.
PSA 119:101 De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra.
PSA 119:102 No me aparté de tus juicios; porque tú me enseñaste.
PSA 119:103 ¡Cuán dulces son a mi pala­dar tus palabras! más que la miel a mi boca.
PSA 119:104 De tus mandamientos he adquirido entendimiento: por tanto he aborrecido todo camino de mentira.
PSA 119:105 Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
PSA 119:106 Juré y ratifiqué el guardar los juicios de tu justicia.
PSA 119:107 Afligido estoy en gran manera: oh SEÑOR, vivifícame conforme a tu palabra.
PSA 119:108 Ruégote, oh SEÑOR, te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca; Y ensé­ñame tus juicios.
PSA 119:109 De continuo está mi alma en mi mano: mas no me he olvida­do de tu ley.
PSA 119:110 Pusiéronme lazo los impíos: pero yo no me desvié de tus mandamientos.
PSA 119:111 Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón.
PSA 119:112 Mi corazón incliné a poner por obra tus estatutos de conti­nuo, hasta el fin.
PSA 119:113 Los pensamientos vanos aborrezco; mas amo tu ley.
PSA 119:114 Mi escondedero y mi escudo eres tú: en tu palabra he espera­do.
PSA 119:115 Apartaos de mí, malignos; pues yo guardaré los manda­mientos de mi Dios.
PSA 119:116 Susténtame conforme a tu palabra, y viviré: y no me aver­güences de mi esperanza.
PSA 119:117 Sosténme, y seré salvo; y deleitaréme siempre en tus esta­tutos.
PSA 119:118 Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos: porque mentira es su engaño.
PSA 119:119 Como escorias hiciste con­sumir a todos los impíos de la tie­rra: por tanto yo he amado tus testimonios.
PSA 119:120 Mi carne se ha extremecido por temor de ti; y de tus juicios tengo miedo.
PSA 119:121 Juicio y justicia he hecho; no me dejes a mis opresores.
PSA 119:122 Responde por tu siervo para bien: no me hagan violencia los soberbios.
PSA 119:123 Mis ojos desfallecieron por tu salvación, y por el dicho de tu justicia.
PSA 119:124 Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.
PSA 119:125 Tu siervo soy yo, dame entendimiento; para que sepa tus testimonios.
PSA 119:126 Tiempo es de hacer, oh SEÑOR; disipado han tu ley.
PSA 119:127 Por eso he amado tus man­damientos más que el oro, y más que oro muy puro.
PSA 119:128 Por eso todos los manda­mientos de todas las cosas estimé rectos: aborrecí todo camino de mentira.
PSA 119:129 Maravillosos son tus testi­monios: por tanto los ha guarda­do mi alma.
PSA 119:130 La entrada de tus palabras da luz; da entendimiento a los simples.
PSA 119:131 Mi boca abrí y suspiré; por­que deseaba tus mandamientos.
PSA 119:132 Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre.
PSA 119:133 Ordena mis pasos con tu palabra; y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.
PSA 119:134 Redímeme de la violencia de los hombres; y guardaré tus mandamientos.
PSA 119:135 Haz que tu rostro resplan­dezca sobre tu siervo; y enséña­me tus estatutos.
PSA 119:136 Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guarda­ban tu ley.
PSA 119:137 Justo eres tú, oh SEÑOR, y rectos tus juicios.
PSA 119:138 Tus testimonios, [que] has recomendado, [son] rectos y muy fieles.
PSA 119:139 Mi celo me ha consumido; porque mis enemigos se olvida­ron de tus palabras.
PSA 119:140 Sumamente pura es tu pala­bra; y la ama tu siervo.
PSA 119:141 Pequeño soy yo y desecha­do; [mas] no me he olvidado de tus mandamientos.
PSA 119:142 Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.
PSA 119:143 Aflicción y angustia me hallaron: [mas] tus mandamientos fueron mis deleites.
PSA 119:144 Justicia eterna son tus testi­monios; dame entendimiento, y viviré.
PSA 119:145 Clamé con todo mi corazón; respóndeme, oh SEÑOR, y guarda­ré tus estatutos.
PSA 119:146 A ti clamé; sálvame, y guar­daré tus testimonios.
PSA 119:147 Anticipéme al alba, y clamé: esperé en tu palabra.
PSA 119:148 Previnieron mis ojos las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra.
PSA 119:149 Oye mi voz conforme a tu misericordia; oh SEÑOR, vivifí­came conforme a tu juicio.
PSA 119:150 Acercáronse a la maldad los que [me] persiguen; alejáronse de tu ley.
PSA 119:151 Cercano estás tú, oh SEÑOR; y todos tus manda­mientos son verdad.
PSA 119:152 En cuanto a tus testimonios, desde los tiempos antiguos, he conocido que los has fundado por siempre.
PSA 119:153 Mira mi aflicción, y líbrame; porque de tu ley no me he olvi­dado.
PSA 119:154 Aboga mi causa, y redíme­me: vivifícame con tu dicho.
PSA 119:155 Lejos está de los impíos la salvación; porque no buscan tus estatutos.
PSA 119:156 Muchas son tus misericor­dias, oh SEÑOR: vivifícame conforme a tus juicios.
PSA 119:157 Muchos son mis perseguido­res y mis enemigos; [mas] de tus testimonios no me he apartado.
PSA 119:158 Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guarda­ban tus palabras.
PSA 119:159 Mira, oh SEÑOR, que amo tus mandamientos: vivifícame conforme a tu misericordia.
PSA 119:160 Tu palabra es verdad desde el principio; y eterno [es] todo jui­cio de tu justicia.
PSA 119:161 Príncipes me han perseguido sin causa; mas mi corazón tuvo temor de tus palabras.
PSA 119:162 Gózome yo en tu palabra, como el que halla muchos des­pojos.
PSA 119:163 La mentira aborrezco y abo­mino: tu ley amo.
PSA 119:164 Siete veces al día te alabo sobre los juicios de tu justicia.
PSA 119:165 Grande paz tienen los que aman tu ley; y nada los ofenderá.
PSA 119:166 Tu salvación he esperado, oh SEÑOR; y tus mandamientos he puesto por obra.
PSA 119:167 Mi alma ha guardado tus tes­timonios, y helos amado en gran manera.
PSA 119:168 Guardado he tus manda­mientos y tus testimonios; por­que todos mis caminos están delante de ti.
PSA 119:169 Acérquese mi clamor delan­te de ti, oh SEÑOR: dame enten­dimiento conforme a tu palabra.
PSA 119:170 Venga mi oración delante de ti: líbrame conforme a tu dicho.
PSA 119:171 Mis labios rebosarán alaban­za, cuando me enseñares tus estatutos.
PSA 119:172 Hablará mi lengua tus palabras; porque todos tus manda­mientos son justicia.
PSA 119:173 Sea tu mano en mi socorro; porque tus mandamientos he escogido.
PSA 119:174 Deseado he tu salvación, oh SEÑOR; y tu ley es mi delicia.
PSA 119:175 Viva mi alma y alábete; y tus juicios me ayuden.
PSA 119:176 Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu sier­vo; porque no me he olvidado de tus mandamientos.
PSA 120:1 Cántico gradual. AL SEÑOR llamé estando en angustia, y él me respondió.
PSA 120:2 Libra mi alma, oh SEÑOR, de labio mentiroso, de la lengua fraudulenta.
PSA 120:3 ¿Qué te dará, o qué te aprove­chará, oh lengua engañosa?
PSA 120:4 Agudas saetas de valiente, con brasas de enebro.
PSA 120:5 ¡Ay de mí, que peregrino en Mesec, y habito entre las tien­das de Kedar!
PSA 120:6 Mucho se detiene mi alma con los que aborrecen la paz.
PSA 120:7 Yo soy pacífico: mas ellos, así que hablo, [me] hacen guerra.
PSA 121:1 Cántico gradual. ALZARÉ mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro.
PSA 121:2 Mi socorro [viene] del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra.
PSA 121:3 No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda.
PSA 121:4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
PSA 121:5 El SEÑOR es tu guardador: El SEÑOR es tu sombra a tu mano derecha.
PSA 121:6 El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.
PSA 121:7 El SEÑOR te preservará de todo mal: él preservará tu alma.
PSA 121:8 El SEÑOR preservará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.
PSA 122:1 Cántico gradual: de David. YO me alegré con los que me decían: A la casa del SEÑOR iremos.
PSA 122:2 Nuestros pies estuvieron en tus puertas, oh Jerusalem;
PSA 122:3 Jerusalem, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí.
PSA 122:4 Y allá suben las tribus, las tri­bus del SEÑOR, [como] testimo­nio a Israel, para dar gracias al nombre del SEÑOR.
PSA 122:5 Porque allá están las sillas del juicio, las sillas de la casa de David.
PSA 122:6 Pedid la paz de Jerusalem: sean prosperados los que te aman.
PSA 122:7 Haya paz en tu antemuro, [y] descanso en tus palacios.
PSA 122:8 Por amor de mis hermanos y mis compañeros hablaré ahora paz de ti.
PSA 122:9 A causa de la casa del SEÑOR nuestro Dios, buscaré bien para ti.
PSA 123:1 Cántico gradual. A TI que habitas en los cielos, alcé mis ojos.
PSA 123:2 He aquí como los ojos de los siervos [miran] a la mano de sus señores, y como los ojos de la sierva a la mano de su señora; así nuestros ojos [miran] al SEÑOR nuestro Dios, hasta que haya misericordia de nosotros.
PSA 123:3 Ten misericordia de nosotros, oh SEÑOR, ten misericordia de nosotros; porque estamos muy hartos de menosprecio.
PSA 123:4 Muy harta está nuestra alma del escarnio de los holgados, y del menosprecio de los sober­bios.
PSA 124:1 Cántico gradual: de David. A NO haber estado el SEÑOR por nosotros, diga ahora Israel;
PSA 124:2 A no haber estado el SEÑOR por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres,
PSA 124:3 Vivos nos habrían entonces tra­gado, cuando se encendió su furor en nosotros.
PSA 124:4 Entonces nos habrían inundado las aguas; sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente:
PSA 124:5 Hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las aguas soberbias.
PSA 124:6 Bendito el SEÑOR, que no nos dio por presa a sus dientes.
PSA 124:7 Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores: que­bróse el lazo, y escapamos noso­tros.
PSA 124:8 Nuestro socorro es en el nom­bre del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra.
PSA 125:1 Cántico gradual. LOS que confían en el SEÑOR son como el monte de Sión que no deslizará: estará para siempre.
PSA 125:2 Como Jerusalem tiene montes alrededor de ella, así el SEÑOR alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre.
PSA 125:3 Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la suerte de los justos; porque no extiendan los justos sus manos a la iniquidad.
PSA 125:4 Haz bien, oh SEÑOR, a los buenos, y a los que son rectos en sus corazones.
PSA 125:5 Mas a los que se apartan tras sus perversidades, el SEÑOR los llevará con los que obran iniqui­dad: y paz sea sobre Israel.
PSA 126:1 Cántico gradual. CUANDO el SEÑOR hiciere tornar la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan.
PSA 126:2 Entonces nuestra boca se hen­chirá de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las gentes: Grandes cosas ha hecho el SEÑOR con éstos.
PSA 126:3 Grandes cosas ha hecho el SEÑOR con nosotros; estaremos alegres.
PSA 126:4 Haz volver nuestra cautividad oh SEÑOR, como los arroyos en el sur.
PSA 126:5 Los que siembran con lágri­mas, con regocijo segarán.
PSA 126:6 El que lleva la preciosa simiente, andando y llorando, volverá sin duda con regocijo, tra­yendo sus gavillas.
PSA 127:1 Cántico gradual: para Salomón. SI el SEÑOR no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican: si el SEÑOR no guardare la ciudad, en vano vela la guarda.
PSA 127:2 Por demás os es el madrugar a levantaros, el veniros tarde a reposar, el comer pan de dolores: pues que a su amado dará [Dios] el sueño.
PSA 127:3 He aquí, los hijos [son] herencia del SEÑOR: [y] el fruto del vientre [es su] recompensa.
PSA 127:4 Como saetas en mano del valiente, así son los hijos [habidos] en la juventud.
PSA 127:5 Bienaventurado el hombre que hinchió su aljaba de ellos: no será avergonzado cuando habla­re con los enemigos en la puerta.
PSA 128:1 Cántico gradual. BIENAVENTURADO todo aquel que teme al SEÑOR, que anda en sus caminos.
PSA 128:2 Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y tendrás bien.
PSA 128:3 Tu esposa será como parra que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.
PSA 128:4 He aquí que así será bendito el hombre que teme al SEÑOR.
PSA 128:5 Bendígate el SEÑOR desde Sión, y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida.
PSA 128:6 Y veas los hijos de tus hijos, y la paz sobre Israel.
PSA 129:1 Cántico gradual. MUCHO me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora Israel;
PSA 129:2 Mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no pre­valecieron contra mí.
PSA 129:3 Sobre mis espaldas araron los aradores: hicieron largos surcos.
PSA 129:4 El SEÑOR es justo; cortó las bandas de los impíos.
PSA 129:5 Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sión.
PSA 129:6 Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca:
PSA 129:7 De la cual no hinchió segador su mano, ni sus brazos el que hace gavillas.
PSA 129:8 Ni dijeron los que pasaban: Bendición del SEÑOR sea sobre vosotros; os bendecimos en el nombre del SEÑOR.
PSA 130:1 Cántico gradual. DE los profundos, oh SEÑOR, a ti clamo.
PSA 130:2 Señor, oye mi voz; estén aten­tos tus oídos a la voz de mi súpli­ca.
PSA 130:3 SEÑOR, si mirares a los peca­dos, ¿quién, oh Señor, estaría en pie?
PSA 130:4 Pero hay perdón cerca de ti, para que seas temido.
PSA 130:5 Esperé yo al SEÑOR, esperó mi alma; en su palabra he espe­rado.
PSA 130:6 Mi alma [espera] al Señor [más que] los centinelas a la mañana, [m]ás [que] los vigilantes a la maña­na.
PSA 130:7 Espere Israel al SEÑOR; por­que en el SEÑOR hay misericor­dia. Y abundante redención con él.
PSA 130:8 Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
PSA 131:1 Cántico gradual: de David. SEÑOR, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes.
PSA 131:2 En verdad que me he compor­tado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma.
PSA 131:3 Espera, oh Israel, en el SEÑOR desde ahora y para siempre.
PSA 132:1 Cántico gradual. ACUÉRDATE, oh SEÑOR, de David, y de toda su aflicción;
PSA 132:2 Que juró él al SEÑOR, prome­tió al Fuerte de Jacob:
PSA 132:3 No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
PSA 132:4 No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento.
PSA 132:5 Hasta que halle lugar para el SEÑOR, una habitación para el poderoso [Dios] de Jacob.
PSA 132:6 He aquí, en Efrata oímos de ella: hallamósla en los campos del bosque.
PSA 132:7 Entraremos en sus tabernáculos; adoraremos al estrado de sus pies.
PSA 132:8 Levántate, oh SEÑOR, a tu reposo; tú y el arca de tu fortale­za.
PSA 132:9 Tus sacerdotes se vistan de jus­ticia, y regocíjense tus santos.
PSA 132:10 Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro.
PSA 132:11 En verdad juró el SEÑOR a David, no se apartará de ellos: Del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono.
PSA 132:12 Si tus hijos guardaren mi pacto, y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre.
PSA 132:13 Porque el SEÑOR ha elegido a Sión; deseóla por habitación para sí.
PSA 132:14 Éste [es] mi reposo para siem­pre: aquí habitaré, porque la he deseado.
PSA 132:15 A su mantenimiento daré bendición: sus pobres saciaré de pan.
PSA 132:16 Asimismo vestiré a sus sacer­dotes de salvación, y sus santos darán voces de júbilo.
PSA 132:17 Allí haré reverdecer el cuerno de David: he prevenido lámpara a mi ungido.
PSA 132:18 A sus enemigos vestiré de confusión: mas sobre él florecerá su corona.
PSA 133:1 Cántico gradual: de David. ¡MIRAD cuán bueno y cuán agradable es habitar los hermanos juntos en unidad!
PSA 133:2 Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y que baja hasta el borde de sus vesti­duras;
PSA 133:3 Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sión: porque allí envía el SEÑOR bendición, y vida eter­na.
PSA 134:1 Cántico gradual. MIRAD, bendecid al SEÑOR, vosotros todos los siervos del SEÑOR, los que en la casa del SEÑOR estáis por las noches.
PSA 134:2 Alzad vuestras manos al san­tuario, y bendecid al SEÑOR.
PSA 134:3 Bendígate el SEÑOR desde Sión, el cual ha hecho el cielo y la tierra.
PSA 135:1 Aleluya. ALABAD el nombre del SEÑOR; alabadle, siervos del SEÑOR;
PSA 135:2 Los que estáis en la casa del SEÑOR, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
PSA 135:3 Alabad al SEÑOR, porque es bueno el SEÑOR: cantad alabanzas a su nombre, porque [es] agradable.
PSA 135:4 Porque el SEÑOR ha escogido a Jacob para sí, a Israel por su tesoro peculiar.
PSA 135:5 Porque yo sé que el SEÑOR es grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
PSA 135:6 Todo lo que quiso el SEÑOR, ha hecho en el cielo y en la tie­rra, en los mares y en todos los abismos.
PSA 135:7 Él hace subir las nubes del cabo de la tierra; él hizo los relámpagos para la lluvia; Él saca los vientos de sus tesoros.
PSA 135:8 Él [es el] que hirió los primogé­nitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
PSA 135:9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre Faraón, y sobre todos sus sier­vos.
PSA 135:10 El que hirió muchas naciones, y mató reyes poderosos:
PSA 135:11 A Sehón rey amorreo, y a Og rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán.
PSA 135:12 Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel su pue­blo.
PSA 135:13 Oh SEÑOR, eterno es tu nombre; tu memoria, oh SEÑOR para generación y generación.
PSA 135:14 Porque juzgará el SEÑOR su pueblo, y arrepentiráse sobre sus siervos.
PSA 135:15 Los ídolos de las gentes son plata y oro, obra de manos de hombres.
PSA 135:16 Tienen boca, y no hablan; tie­nen ojos, y no ven;
PSA 135:17 Tienen orejas, y no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas.
PSA 135:18 Como ellos son los que los hacen; todos los que en ellos confían.
PSA 135:19 Casa de Israel, bendecid al SEÑOR: casa de Aarón, bende­cid al SEÑOR:
PSA 135:20 Casa de Leví, bendecid al SEÑOR: los que teméis al SEÑOR, bendecid al SEÑOR:
PSA 135:21 Bendito de Sión el SEÑOR, que mora en Jerusalem. Aleluya.
PSA 136:1 DAD gracias al SEÑOR, porque es bueno; porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:2 Dad gracias al Dios de los dio­ses, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:3 Dad gracias al Señor de los señores, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:4 Al solo que hace grandes mara­villas, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:5 Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:6 Al que tendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:7 Al que hizo las grandes lumi­narias, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:8 El sol para que dominase en el día, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:9 La luna y las estrellas para que dominasen en la noche, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:10 Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, porque para siem­pre [es] su misericordia.
PSA 136:11 Al que sacó a Israel de en medio de ellos, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:12 Con mano fuerte, y brazo extendido, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:13 Al que dividió el mar Bermejo en partes, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:14 E hizo pasar a Israel por medio de él, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:15 Y arrojó a Faraón y a su ejér­cito en el mar Bermejo, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:16 Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:17 Al que hirió grandes reyes, porque para siempre [es] su mise­ricordia;
PSA 136:18 Y mató reyes poderosos, por­que para siempre [es] su miseri­cordia;
PSA 136:19 A Sehón rey amorreo, por­que para siempre [es] su miseri­cordia,
PSA 136:20 Y a Og rey de Basán, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:21 Y dio la tierra de ellos en heredad, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:22 En heredad a Israel su siervo, porque para siempre [es] su mise­ricordia.
PSA 136:23 Él es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre [es] su misericordia;
PSA 136:24 Y nos rescató de nuestros ene­migos, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:25 Él da mantenimiento a toda carne, porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 136:26 Dad gracias al Dios del cie­lo: porque para siempre [es] su misericordia.
PSA 137:1 JUNTO a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión.
PSA 137:2 Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.
PSA 137:3 Y los que allí nos habían lleva­do cautivos nos pedían que can­tásemos, y los que nos habían desolado nos [pedían] alegría, [diciendo]:
PSA 137:4 Cantadnos algunos de los himnos de Sión. ¿Cómo cantaremos canción del SEÑOR en tierra de extraños?
PSA 137:5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, mi diestra sea olvida­da.
PSA 137:6 Mi lengua se pegue a mi pala­dar, si de ti no me acordare; si no ensalzare a Jerusalem como pre­ferente asunto de mi alegría.
PSA 137:7 Acuérdate, oh SEÑOR, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; quienes decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos.
PSA 137:8 Hija de Babilonia destruída, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste.
PSA 137:9 Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños contra las piedras.
PSA 138:1 Salmo de David. ALABARTE he con todo mi corazón: delante de los dioses te cantaré alabanzas.
PSA 138:2 Adoraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre por tu mise­ricordia y tu verdad: porque has magnificado tu palabra sobre todo tu nombre.
PSA 138:3 En el día que clamé, me res­pondiste; esforzásteme con forta­leza en mi alma.
PSA 138:4 Confesarte han, oh SEÑOR, todos los reyes de la tierra, cuan­do habrán oído las palabras de tu boca.
PSA 138:5 Y cantarán de los caminos del SEÑOR: que la gloria del SEÑOR es grande.
PSA 138:6 Porque el alto SEÑOR atiende al humilde; mas al altivo mira de lejos.
PSA 138:7 Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás: con­tra la ira de mis enemigos exten­derás tu mano, y salvaráme tu diestra.
PSA 138:8 El SEÑOR perfeccionará [lo que] me toca: tu misericordia, oh SEÑOR, [es] para siempre; no desampares las obras de tus manos.
PSA 139:1 Al Músico principal: Salmo de David. OH SEÑOR, tú me has examinado y conocido.
PSA 139:2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos.
PSA 139:3 Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos.
PSA 139:4 Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh SEÑOR, tú la sabes toda.
PSA 139:5 Detrás y delante me guarnecis­te, y sobre mí pusiste tu mano.
PSA 139:6 Más maravilloso es el conoci­miento que mi capacidad; alto es, no puedo comprenderlo.
PSA 139:7 ¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿y adónde huiré de tu presencia?
PSA 139:8 Si subiere al cielo, allí estás tú: y si en el infierno hiciere mi cama, he aquí allí tú estás.
PSA 139:9 Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo del mar,
PSA 139:10 Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
PSA 139:11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante a mí.
PSA 139:12 Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo [te son] las tinieblas que la luz.
PSA 139:13 Porque tú poseiste mis entrañas; cubrísteme en el vientre de mi madre.
PSA 139:14 Te alabaré; porque asombrosamente y admirablemente soy hecho: maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien.
PSA 139:15 No fue encubierto de ti mi sustancia, cuando en secreto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.
PSA 139:16 Tus ojos vieron mi sustancia, siendo aún imperfecto; y en tu libro estaban escritos todos mis miembros, que fueron luego formados, cuando aún no había ni uno de ellos.
PSA 139:17 Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡cuán grande es la suma de ellos!
PSA 139:18 Si los cuento, multiplícanse más que la arena: despierto, y aún estoy contigo.
PSA 139:19 De cierto, oh Dios, matarás al impío; apartaos pues de mí, hombres sanguinarios.
PSA 139:20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti: tus enemigos toman en vano [tu nombre].
PSA 139:21 ¿No tengo en odio, oh SEÑOR, a los que te aborrecen, y me conmuevo contra tus ene­migos?
PSA 139:22 Aborrézcolos con perfecto odio; téngolos por enemigos.
PSA 139:23 Examíname, oh Dios, y cono­ce mi corazón: pruébame y reco­noce mis pensamientos:
PSA 139:24 Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.
PSA 140:1 Al Músico principal: Salmo de David. LÍBRAME, oh SEÑOR, de hombre malo: guárdame de hombre violento;
PSA 140:2 Los cuales maquinan males en el corazón, cada día urden con­tiendas.
PSA 140:3 Aguzaron su lengua como la serpiente; veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah.
PSA 140:4 Guárdame, oh SEÑOR, de manos del impío, presérvame del hombre injurioso; que han pen­sado de trastornar mis pasos.
PSA 140:5 Hanme escondido lazo y cuer­das los soberbios; han tendido red junto a la senda; me han puesto lazos. Selah.
PSA 140:6 He dicho al SEÑOR: Dios mío eres tú; escucha, oh SEÑOR, la voz de mis ruegos.
PSA 140:7 Oh DIOS el Señor, fortaleza de mi salvación, tú has cubierto mi cabeza en el día de la batalla.
PSA 140:8 No des, oh SEÑOR, al impío sus deseos; no saques adelante su pensamiento, [que no] se ensober­bezca. Selah.
PSA 140:9 En cuanto a los que por todas partes me rodean, la maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza.
PSA 140:10 Caerán sobre ellos brasas ardientes: serán lanzados en el fuego, en profundos abismos de donde no se levanten.
PSA 140:11 El hombre deslenguado no será firme en la tierra: el mal cazará al hombre injusto para derribarle.
PSA 140:12 Yo sé que hará el SEÑOR el juicio del afligido, el juicio de los menesterosos.
PSA 140:13 Ciertamente los justos darán gracias a tu nombre; los rectos morarán en tu presencia.
PSA 141:1 Salmo de David. SEÑOR, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz, cuando te invocare.
PSA 141:2 Sea enderezada mi oración delante de ti como un perfume, el don de mis manos como la ofren­da de la tarde.
PSA 141:3 Pon, oh SEÑOR, guarda a mi boca: guarda la puerta de mis labios.
PSA 141:4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impí­as con los que obran iniquidad, y no coma yo de sus deleites.
PSA 141:5 Que el justo me castigue, [será] un favor, y que me reprenda [será] un excelente bálsamo [que] no me herirá la cabeza: así que aun mi oración [tendrán] en sus calamida­des.
PSA 141:6 Serán derribados en lugares peñascosos sus jueces, y oirán mis palabras, que son suaves.
PSA 141:7 Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura.
PSA 141:8 Por tanto a ti, oh DIOS el Señor, [miran] mis ojos: en ti he confiado, no desampares mi alma.
PSA 141:9 Guárdame de los lazos que me han tendido, y de los armadijos de los que obran iniquidad.
PSA 141:10 Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré adelante.
PSA 142:1 Masquil de David: Oración que hizo cuando estaba en la cueva. CON mi voz clamaré al SEÑOR, con mi voz pediré al SEÑOR misericordia.
PSA 142:2 Delante de él derramaré mi querella; delante de él denuncia­ré mi angustia.
PSA 142:3 Cuando mi espíritu se angus­tiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
PSA 142:4 Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien cuidara por mi alma.
PSA 142:5 Clamé a ti, oh SEÑOR, dije: Tú eres mi esperanza, y mi por­ción en la tierra de los vivientes.
PSA 142:6 Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
PSA 142:7 Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu nombre: me rodea­rán los justos, porque tú me serás propicio.
PSA 143:1 Salmo de David. OH SEÑOR, oye mi oración, escucha mis ruegos: respóndeme por tu verdad, por tu justicia.
PSA 143:2 Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún viviente.
PSA 143:3 Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; hame hecho habi­tar en tinieblas como los ya muertos.
PSA 143:4 Y mi espíritu se angustió den­tro de mí; pasmóse mi corazón.
PSA 143:5 Acordéme de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos.
PSA 143:6 Extendí mis manos a ti; mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah.
PSA 143:7 Respóndeme presto, oh SEÑOR que desmaya mi espíritu: no escondas de mí tu rostro, y venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura.
PSA 143:8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado: hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he alzado mi alma
PSA 143:9 Líbrame de mis enemigos, oh SEÑOR: a ti me acojo.
PSA 143:10 Enséñame a hacer tu volun­tad, porque tú eres mi Dios: tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
PSA 143:11 Por tu nombre, oh SEÑOR me vivificarás: por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.
PSA 143:12 Y por tu misericordia disipa­rás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma: porque yo soy tu siervo.
PSA 144:1 Salmo de David. BENDITO sea el SEÑOR, mi fortaleza, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra:
PSA 144:2 Misericordia mía y mi fortale­za, mi torre alta y mi libertador, escudo mío, en quien he confia­do; el que sujeta mi pueblo delante de mí.
PSA 144:3 Oh SEÑOR, ¿qué es el hom­bre, para que de él conozcas? ¿o el hijo del hombre, para que lo estimes?
PSA 144:4 El hombre es semejante a la vanidad: sus días son como la sombra que pasa.
PSA 144:5 Oh SEÑOR, inclina tus cielos y desciende: toca los montes, y humeen.
PSA 144:6 Despide relámpagos, y disípa­los; envía tus saetas, y contúrba­los.
PSA 144:7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos de extraños;
PSA 144:8 Cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.
PSA 144:9 Oh Dios, a ti cantaré canción nueva: con salterio, con decacor­dio cantaré a ti.
PSA 144:10 Tú, el que da salvación a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada.
PSA 144:11 Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.
PSA 144:12 Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de [las de] un palacio;
PSA 144:13 Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte [de grano]; nuestros ganados, que paran a millares y diez millares en nues­tras plazas:
PSA 144:14 [Que] nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; [que] no [tengamos] asalto, ni [que hacer] salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.
PSA 144:15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto: bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el SEÑOR.
PSA 145:1 Salmo de alabanza: de David. ENSALZARTE he, mi Dios, mi Rey; y bendeciré tu nombre por siglo y para siempre.
PSA 145:2 Cada día te bendeciré, y alaba­ré tu nombre por siglo y para siempre.
PSA 145:3 Grande es el SEÑOR y digno de suprema alabanza: y su gran­deza es inescrutable.
PSA 145:4 Generación a generación narra­rá tus obras, y anunciarán tus valentías.
PSA 145:5 Hablaré de la gloriosa honra de tu majestad, y de tus maravillosas obras.
PSA 145:6 Y la terribilidad de tus valentí­as dirán los hombres; y yo recon­taré tu grandeza.
PSA 145:7 Reproducirán la memoria de la muchedumbre de tu bondad, y cantarán tu justicia.
PSA 145:8 Clemente y lleno de compasión es el SEÑOR, lento para la ira, y grande en misericordia.
PSA 145:9 Bueno es el SEÑOR para con todos; y sus misericordias sobre todas sus obras.
PSA 145:10 Alábente, oh SEÑOR, todas tus obras; y tus santos te bendi­gan.
PSA 145:11 La gloria de tu reino digan, y hablen de tu fortaleza;
PSA 145:12 Para notificar a los hijos de los hombres sus valentías, y la gloria de la magnificencia de su reino.
PSA 145:13 Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en toda gene­ración y generación.
PSA 145:14 Sostiene el SEÑOR a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.
PSA 145:15 Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida en su tiempo.
PSA 145:16 Abres tu mano, y colmas de bendición a todo viviente.
PSA 145:17 Justo es el SEÑOR en todos sus caminos, y santo en todas sus obras.
PSA 145:18 Cercano está el SEÑOR a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.
PSA 145:19 Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el cla­mor de ellos, y los salvará.
PSA 145:20 El SEÑOR guarda a todos los que le aman; pero destruirá a todos los impíos.
PSA 145:21 La alabanza del SEÑOR hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo nombre por siglo y para siempre.
PSA 146:1 Aleluya. ALABA, oh alma mía, al SEÑOR.
PSA 146:2 Alabaré al SEÑOR en mi vida: cantaré alabanzas a mi Dios mien­tras viviere.
PSA 146:3 No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
PSA 146:4 Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra: en aquel día perecerán sus pensamientos.
PSA 146:5 Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en el SEÑOR su Dios:
PSA 146:6 El cual hizo el cielo y la tie­rra, el mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad por siempre;
PSA 146:7 Que hace derecho a los agra­viados; que da pan a los ham­brientos: el SEÑOR suelta a los aprisionados;
PSA 146:8 El SEÑOR abre [los ojos] a los ciegos; el SEÑOR levanta a los caídos; el SEÑOR ama a los jus­tos.
PSA 146:9 El SEÑOR guarda a los extran­jeros; al huérfano y a la viuda levanta; y el camino de los impí­os trastorna.
PSA 146:10 Reinará el SEÑOR para siem­pre; tu Dios, oh Sión, por genera­ción y generación. Aleluya.
PSA 147:1 ALABAD al SEÑOR, porque es bueno cantar alabanzas a nuestro Dios; porque agradable y hermosa es la alabanza.
PSA 147:2 El SEÑOR edifica a Jerusalem; a los echados de Israel recogerá.
PSA 147:3 Él sana a los quebrantados de corazón, y liga sus heridas.
PSA 147:4 Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres.
PSA 147:5 Grande [es] el SEÑOR nuestro, y de gran poder; y su entendimiento [es] infinito.
PSA 147:6 El SEÑOR ensalza a los humil­des; humilla los impíos hasta la tierra.
PSA 147:7 Cantad al SEÑOR con acción de gracias: cantad alabanzas con arpa a nuestro Dios.
PSA 147:8 Él [es] el que cubre el cielo de nubes, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace a los montes producir hierba.
PSA 147:9 Él da a la bestia su manteni­miento, [y] a los hijos de los cuer­vos que claman.
PSA 147:10 No toma contentamiento en la fortaleza del caballo, ni se com­place en las piernas del hombre.
PSA 147:11 Complácese el SEÑOR en los que le temen, y en los que espe­ran en su misericordia.
PSA 147:12 Alaba al SEÑOR, Jerusalem; alaba a tu Dios, Sión.
PSA 147:13 Porque fortificó los cerrojos de tus puertas; bendijo a tus hijos dentro de ti.
PSA 147:14 Él pone en tu término la paz; te hará saciar de grosura de trigo.
PSA 147:15 Él envía su palabra a la tierra; muy presto corre su palabra.
PSA 147:16 Él da la nieve como lana, derra­ma la escarcha como ceniza.
PSA 147:17 Él echa su hielo como peda­zos: delante de su frío ¿quién estará?
PSA 147:18 Envía su palabra, y los derri­te: hace soplar su viento, y fluyen las aguas.
PSA 147:19 Él manifiesta sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel.
PSA 147:20 No ha hecho esto con ningu­na otra nación; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Alabad al SEÑOR.
PSA 148:1 Aleluya. ALABAD al SEÑOR desde los cielos: alabadle en las alturas.
PSA 148:2 Alabadle, vosotros todos sus ángeles: alabadle, vosotros todos sus ejércitos.
PSA 148:3 Alabadle, sol y luna: alabadle, vosotras todas, lucientes estre­llas.
PSA 148:4 Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cie­los.
PSA 148:5 Alaben el nombre del SEÑOR; porque él mandó, y fueron crea­dos.
PSA 148:6 Y las hizo ser para siempre por los siglos; púso[les] ley que no será quebrantada.
PSA 148:7 Alabad al SEÑOR, de la tierra los dragones y todos los abis­mos;
PSA 148:8 El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra;
PSA 148:9 Los montes y todos los collados; el árbol de fruto, y todos los cedros;
PSA 148:10 La bestia y todo animal; repti­les y volátiles;
PSA 148:11 Los reyes de la tierra y todos los pueblos; los príncipes y todos los jueces de la tierra;
PSA 148:12 Los mancebos y también las doncellas; los viejos y los niños,
PSA 148:13 Alaben el nombre del SEÑOR, porque sólo su nombre es elevado; su gloria es sobre la tie­rra y el cielo.
PSA 148:14 Él ensalzó el cuerno de su pueblo; aláben[le] todos sus san­tos, los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Alabad al SEÑOR.
PSA 149:1 Alabad al SEÑOR. CANTAD al SEÑOR canción nueva: su alabanza [sea] en la congregación de los santos.
PSA 149:2 Alégrese Israel en su Hacedor: los hijos de Sión se gocen en su Rey.
PSA 149:3 Alaben su nombre con corro: con adufe y arpa a él canten.
PSA 149:4 Porque el SEÑOR toma con­tentamiento con su pueblo: her­moseará a los humildes con sal­vación.
PSA 149:5 Gozarse han los píos con glo­ria: cantarán sobre sus camas.
PSA 149:6 Ensalzamientos de Dios [modularán] en sus gargantas, y espadas de dos filos [habrá] en sus manos;
PSA 149:7 Para hacer venganza de las gentes, y castigo en los pueblos;
PSA 149:8 Para aprisionar sus reyes en grillos, y sus nobles con cadenas de hierro;
PSA 149:9 Para ejecutar en ellos el juicio escrito: gloria [será] ésta para todos sus santos. Alabad al SEÑOR.
PSA 150:1 Alabad al SEÑOR. ALABAD a Dios en su santuario: alabadle en el firmamento de su poder.
PSA 150:2 Alabadle por sus poderosos hechos: alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
PSA 150:3 Alabadle a son de trompeta: alabadle con salterio y arpa.
PSA 150:4 Alabadle con pandero y danza: alabadle con cuerdas y órgano.
PSA 150:5 Alabadle con címbalos reso­nantes: alabadle con címbalos de júbilo.
PSA 150:6 Todo lo que respira alabe al SEÑOR. Alabad al SEÑOR.
PRO 1:1 LOS proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
PRO 1:2 Para entender sabiduría y la ins­trucción; para conocer las palabras de entendimiento;
PRO 1:3 Para recibir la instrucción de sabiduría, justicia, y juicio y equi­dad;
PRO 1:4 Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes conocimiento y discreción.
PRO 1:5 Oirá el sabio, y aumentará el saber; y el hombre de entendimiento adquirirá consejos sabios;
PRO 1:6 Para entender un proverbio y la interpretación; las palabras de sabios, y sus dichos oscuros.
PRO 1:7 El temor del SEÑOR [es e]l principio del conocimiento: [pero] los insen­satos desprecian la sabiduría y la instrucción.
PRO 1:8 Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la ley de tu madre:
PRO 1:9 Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello.
PRO 1:10 Hijo mío, si los pecadores te incitaren, no consientas.
PRO 1:11 Si dijeren: Ven con nosotros, pongamos asechanzas para [derramar] sangre, acechemos secretamente al inocente;
PRO 1:12 Los tragaremos vivos como el sepulcro, y enteros, como los que caen al abismo;
PRO 1:13 Hallaremos toda sustancia preciosa, henchiremos nuestras casas de despojos;
PRO 1:14 Echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa:
PRO 1:15 Hijo mío, no andes en camino con ellos; aparta tu pie de sus veredas:
PRO 1:16 Porque sus pies correrán al mal, y hacen prisa para derramar sangre.
PRO 1:17 Porque en vano está tendida la red ante los ojos de toda ave;
PRO 1:18 Y ellos a su [propia] sangre ponen asechanzas, y acechan secretamente por sus [propias] vidas.
PRO 1:19 Tales [son] las sendas de todo el que es dado a la codicia, [que] quita la vida de sus poseedo­res.
PRO 1:20 La sabiduría clama de fuera, da su voz en las calles:
PRO 1:21 Clama ella en los principales lugares de concurso; en las entra­das de las puertas de la ciudad dice sus razones [diciendo]:
PRO 1:22 ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán el conoci­miento?
PRO 1:23 Volveos a mi reprensión: he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras.
PRO 1:24 Por cuanto he llamado, y no quisis­teis; he extendido mi mano, y no hubo quien escuchase;
PRO 1:25 Antes desechasteis todo con­sejo mío, y mi reprensión no qui­sisteis:
PRO 1:26 También yo me reiré en vues­tra calamidad, y me burlaré cuando [os] viniere lo que teméis;
PRO 1:27 Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, y vuestra calamidad llegare como un torbellino; cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.
PRO 1:28 Entonces me llamarán, y no responderé; buscarme han de mañana, y no me hallarán:
PRO 1:29 Por cuanto aborrecieron el conocimiento, y no escogieron el temor del SEÑOR,
PRO 1:30 Ni quisieron nada mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía:
PRO 1:31 Comerán pues del fruto de su propio camino, y se hartarán de sus pro­pios consejos.
PRO 1:32 Porque el descarrío de los igno­rantes los matará, y la prosperi­dad de los necios los destruirá.
PRO 1:33 Mas el que me oyere, habita­rá confiadamente, y vivirá repo­sado, sin temor de mal.
PRO 2:1 HIJO mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti.
PRO 2:2 Para que inclines tu oído a la sabiduría; [si] inclinares tu cora­zón al entendimiento;
PRO 2:3 Si clamares por el conocimien­to, [y] por el entendimiento dieres tu voz;
PRO 2:4 Si como a la plata lo buscares, y lo escudriñares como a tesoros;
PRO 2:5 Entonces entenderás el temor del SEÑOR, y hallarás el conoci­miento de Dios.
PRO 2:6 Porque el SEÑOR da la sabi­duría, y de su boca [viene] el cono­cimiento y el entendimiento.
PRO 2:7 Él atesora de sólida sabiduría para los rectos: [es] escudo a los que caminan rectamente.
PRO 2:8 [Es] el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos.
PRO 2:9 Entonces entenderás justicia, juicio, y equidad, y todo buen camino.
PRO 2:10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y el conocimiento fuere agradable a tu alma,
PRO 2:11 La discreción te preservará, te guardará el entendimiento:
PRO 2:12 Para librarte del camino del [hombre] malo, de los hombres que hablan per­versidades;
PRO 2:13 Que dejan las sendas dere­chas, por andar en caminos tene­brosos;
PRO 2:14 Que se regocijan haciendo mal, [y] que se deleitan en las perversida­des de los malos;
PRO 2:15 Cuyas veredas [son] torcidas, y torcidos sus caminos.
PRO 2:16 Para librarte de la mujer extraña, [aun] de la ajena que halaga con sus palabras;
PRO 2:17 Que desampara el príncipe de su mocedad, y se olvida del pacto de su Dios.
PRO 2:18 Por lo cual su casa está incli­nada a la muerte, y sus veredas hacia los muertos:
PRO 2:19 Todos los que a ella entraren, no volverán, ni tomarán las vere­das de la vida.
PRO 2:20 Para que andes por el camino de los buenos, y guardes las veredas de los justos.
PRO 2:21 Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanece­rán en ella;
PRO 2:22 Mas los impíos serán cortados de la tierra, y los transgresores serán de ella desarraigados.
PRO 3:1 HIJO mío, no te olvides de mi ley; y tu corazón guarde mis mandamientos:
PRO 3:2 Porque largura de días, y años de vida y paz te añadirán.
PRO 3:3 Misericordia y verdad no te desamparen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu cora­zón:
PRO 3:4 Así hallarás gracia y buen entendimiento en los ojos de Dios y de los hombres.
PRO 3:5 Confía en el SEÑOR de todo tu corazón, y no estribes en tu entendimiento.
PRO 3:6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
PRO 3:7 No seas sabio en tus propios ojos: teme al SEÑOR, y apártate del mal;
PRO 3:8 Porque será medicina a tu ombligo, y tuétano a tus huesos.
PRO 3:9 Honra al SEÑOR con tu sustancia, y con las primicias de todos tus frutos;
PRO 3:10 Así serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosa­rán de mosto.
PRO 3:11 No deseches, hijo mío, el cas­tigo del SEÑOR; ni te fatigues de su corrección:
PRO 3:12 Porque el SEÑOR al que ama castiga, como el padre al hijo [a quien] quiere.
PRO 3:13 Bienaventurado [es] el hombre [que] halla la sabiduría, y que obtiene el entendimiento:
PRO 3:14 Porque su mercadería [es] mejor que la mercadería de la plata, y sus frutos más que el oro fino.
PRO 3:15 Más preciosa [es] que los rubí­es; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.
PRO 3:16 Largura de días [está] en su mano derecha [y]; en su izquierda riquezas y honra.
PRO 3:17 Sus caminos [son] caminos deleitosos, y todas sus veredas paz.
PRO 3:18 Ella [es] árbol de vida a los que de ella toman: y bienaventurados [son todos] los que la retienen.
PRO 3:19 El SEÑOR con sabiduría ha fundado la tierra; estableció los cie­los con entendimiento.
PRO 3:20 Con su conocimiento se partieron los abismos, y destilan el rocío las nubes.
PRO 3:21 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la sabiduría y la discreción;
PRO 3:22 Así serán vida a tu alma, y gra­cia a tu cuello.
PRO 3:23 Entonces andarás por tu cami­no confiadamente, y tu pie no tropezará.
PRO 3:24 Cuando te acostares, no ten­drás temor; sino que te acostarás, y tu sueño será suave.
PRO 3:25 No tendrás temor de pavor repentino, ni de la desolación de los impíos cuando viniere:
PRO 3:26 Porque el SEÑOR será tu confianza, y él preservará tu pie de ser preso.
PRO 3:27 No detengas el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo.
PRO 3:28 No digas a tu prójimo: Ve, y vuelve, y mañana [te] daré; cuan­do tienes contigo.
PRO 3:29 No pienses mal contra tu pró­jimo, estando él confiado de ti.
PRO 3:30 No pleitees con alguno sin razón, si él no te ha hecho agra­vio.
PRO 3:31 No envidies al hombre injus­to, ni escojas alguno de sus cami­nos.
PRO 3:32 Porque el perverso [es] abomi­nado del SEÑOR: mas su secre­to [es] con los justos.
PRO 3:33 La maldición del SEÑOR [está] en la casa del impío; mas él bendice la morada de los jus­tos.
PRO 3:34 Ciertamente él escarnece a los escarnecedores, y a los humil­des dará gracia.
PRO 3:35 Los sabios heredarán honra: mas los necios sostendrán igno­minia.
PRO 4:1 OÍD, hijos, la doctrina de un padre, y estad atentos para que conozcáis entendimiento.
PRO 4:2 Porque os doy buena doctrina; no desamparéis mi ley.
PRO 4:3 Porque yo fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.
PRO 4:4 También él me enseñó, y me dijo: Retenga tu corazón mis palabras; guarda mis mandamientos, y vivirás:
PRO 4:5 Adquiere sabiduría, adquiere entendimiento; ni te olvides ni te apartes de las palabras de mi boca;
PRO 4:6 No la dejes, y ella te guardará; ámala, y ella te conservará.
PRO 4:7 Sabiduría [es] la cosa principal: [por esto] adquiere sabiduría: y ante toda tu posesión adquiere entendimiento.
PRO 4:8 Engrandécela, y ella te engran­decerá: ella te honrará, cuando tú la abrazares.
PRO 4:9 Adorno de gracia dará a tu cabeza: corona de gloria te entregará.
PRO 4:10 Oye, oh hijo mío, y recibe mis razones; y se te multiplicarán años de vida.
PRO 4:11 Por el camino de la sabiduría te he enseñado, y por veredas derechas te he hecho andar.
PRO 4:12 Cuando anduvieres no se estrecharán tus pasos; y si corrie­res, no tropezarás.
PRO 4:13 Retén la instrucción, no [la] dejes; guárdala, porque ella [es] tu vida.
PRO 4:14 No entres por la senda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos.
PRO 4:15 Desampárala, no pases por ella; apártate de ella, pasa.
PRO 4:16 Porque no duermen ellos, si no han hecho mal; y pierden su sueño, si no han hecho caer [a alguno. ]17 Porque comen pan de mal­dad, y beben vino de robos.
PRO 4:18 Mas la senda de los justos [es] como la luz de la aurora, que va en aumento hasta el día perfecto.
PRO 4:19 El camino de los impíos [es] como la oscuridad: no saben en qué tropiezan.
PRO 4:20 Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis dichos.
PRO 4:21 No se aparten de tus ojos; guár­dalas en medio de tu corazón.
PRO 4:22 Porque [son] vida a los que las hallan, y medicina a toda su carne.
PRO 4:23 Guarda tu corazón con toda diligencia; porque de él [son] los asuntos de la vida.
PRO 4:24 Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de labios.
PRO 4:25 Tus ojos miren lo recto, y tus párpados en derechura delante de ti.
PRO 4:26 Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean estable­cidos.
PRO 4:27 No te apartes a diestra, ni a siniestra: aparta tu pie del mal.
PRO 5:1 HIJO mío, está atento a mi sabiduría, [y] a mi entendimiento inclina tu oído;
PRO 5:2 Para que guardes consejo, y tus labios conserven el conocimien­to.
PRO 5:3 Porque los labios de la mujer extraña destilan [como] miel, y su paladar [es] más suave que el aceite:
PRO 5:4 Mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos.
PRO 5:5 Sus pies descienden a la muer­te; sus pasos conducen al infier­no:
PRO 5:6 Para que no consideres el camino de vida, sus caminos son inestables, no [los] conocerás.
PRO 5:7 Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las palabras de mi boca.
PRO 5:8 Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa;
PRO 5:9 Porque no des a los extraños tu honor, y tus años a cruel;
PRO 5:10 Porque no se harten los extra­ños de tu fuerza, y tus trabajos [estén] en casa del extraño;
PRO 5:11 Y gimas al final, cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo,
PRO 5:12 Y digas: ¡Cómo aborrecí la instrucción, y mi corazón menospre­ció la reprensión;
PRO 5:13 Y no obedecí la voz de mis maestros, y a los que me instruían no incliné mi oído!
PRO 5:14 Casi en todo mal estuve, en medio de la congregación y la asamblea.
PRO 5:15 Bebe el agua de tu propia cis­terna, y los raudales de tu propio pozo.
PRO 5:16 Derrámense por de fuera tus fuentes, en las calles los ríos de aguas.
PRO 5:17 Sean para ti solo, y no para los extraños contigo.
PRO 5:18 Sea bendito tu manantial; y alégrate con la esposa de tu moce­dad.
PRO 5:19 [Como] cierva amada y gracio­sa corza, sus pechos te satisfagan en todo tiempo; y en su amor recréate siempre.
PRO 5:20 ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, y abrazarás el seno de la extraña?
PRO 5:21 Pues que los caminos del hombre [están] ante los ojos del SEÑOR, y él considera todas sus veredas.
PRO 5:22 Prenderán al impío sus pro­pias iniquidades, y detenido será con las cuerdas de su pecado.
PRO 5:23 Él morirá por falta de instruc­ción; y errará por la grandeza de su locura.
PRO 6:1 HIJO mío, si salieres fiador por tu amigo, si tocaste tu mano por el extraño,
PRO 6:2 Enlazado eres con las palabras de tu boca, y preso con las palabras de tu boca.
PRO 6:3 Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en la mano de tu prójimo: ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.
PRO 6:4 No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento.
PRO 6:5 Escápate como el corzo de la mano [del cazador], y como el ave de la mano del parancero.
PRO 6:6 Ve a la hormiga, oh perezoso, considera sus caminos, y sé sabio;
PRO 6:7 La cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor,
PRO 6:8 Prepara en el verano su comi­da, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.
PRO 6:9 Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿cuándo te levantarás de tu sueño?
PRO 6:10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para dormir:
PRO 6:11 Así vendrá tu pobreza como caminante, y tu necesidad como hombre de escudo.
PRO 6:12 El hombre perverso, el hom­bre depravado, anda en perversi­dad de boca;
PRO 6:13 Guiña de sus ojos, habla con sus pies, hace señas con sus dedos;
PRO 6:14 Perversidades [hay] en su cora­zón, anda pensando mal en todo tiempo; siembra discordia.
PRO 6:15 Por tanto su calamidad vendrá de repente; súbitamente será quebrantado, y no [habrá] reme­dio.
PRO 6:16 Estas seis [cosas] aborrece el SEÑOR, y aun siete [son] una abominación a él:
PRO 6:17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramado­ras de sangre inocente,
PRO 6:18 El corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies pre­surosos para correr al mal,
PRO 6:19 El testigo falso [que] habla mentiras, y el que siembra dis­cordias entre los hermanos.
PRO 6:20 Guarda, hijo mío, el manda­miento de tu padre, y no dejes la ley de tu madre:
PRO 6:21 Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello.
PRO 6:22 Te guiarán cuando anduvie­res; cuando durmieres te guarda­rán; hablarán contigo [cuando] despertares.
PRO 6:23 Porque el mandamiento [es] una lámpara, y la ley [es] luz; y camino de vida [son] las reprensiones de la instrucción:
PRO 6:24 Para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la extraña.
PRO 6:25 No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus párpados:
PRO 6:26 Porque a causa de la mujer ramera [es reducido el hombre] a un bocado de pan; y la adúltera caza la vida preciosa.
PRO 6:27 ¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestiduras se quemen?
PRO 6:28 ¿Andará el hombre sobre las brasas, sin que sus pies se quemen?
PRO 6:29 Así el que entrare a la esposa de su prójimo; no será inocente cualquiera que la tocare.
PRO 6:30 No tienen en poco al ladrón, cuando hurtare para saciar su alma teniendo hambre:
PRO 6:31 Pero [si] es hallado, restaurará los siete tantos, dará toda la sustancia de su casa.
PRO 6:32 [Pero] el que comete adulterio con una mujer, es falto de entendi­miento: destruye su propia alma el [que] tal hace.
PRO 6:33 Plaga y vergüenza hallará; y su reproche nunca será raído.
PRO 6:34 Porque los celos [son] el furor del hombre, y no perdonará en el día de la venganza.
PRO 6:35 No aceptará ningún rescate; ni querrá [perdonar], aun­que multipliques los dones.
PRO 7:1 HIJO mío, guarda mis palabras, y atesora contigo mis mandamientos.
PRO 7:2 Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos.
PRO 7:3 Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón.
PRO 7:4 Di a la sabiduría: Tú [eres] mi hermana; y llama al entendimiento [tu] pariente:
PRO 7:5 Para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que lisonjea con sus palabras.
PRO 7:6 Porque mirando yo por la ven­tana de mi casa, por mi celosía,
PRO 7:7 Vi entre los simples, discerní entre los jóvenes, un mancebo falto de entendimiento,
PRO 7:8 El cual pasaba por la calle, junto a la esquina de aquella, e iba camino de su casa,
PRO 7:9 A la tarde del día, ya que oscu­recía, en la oscuridad y tiniebla de la noche.
PRO 7:10 Y he aquí, una mujer que le sale al encuentro [con] atavío de ramera, astuta de corazón,
PRO 7:11 Ella [es] alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa;
PRO 7:12 Ahora [está] de fuera, ahora en las calles, acechando por todas las esquinas.
PRO 7:13 Y traba de él, y bésalo; y des­vergonzó su rostro, y díjole:
PRO 7:14 [Tengo] sacrificios de paz conmigo, hoy he pagado mis votos;
PRO 7:15 Por tanto salí para encon­trarte, buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado.
PRO 7:16 He ataviado mi cama con cubiertas de tapicería, con [obras] entalladas, con lino fino de Egipto.
PRO 7:17 He sahumado mi cámara con mirra, áloes, y cinamomo.
PRO 7:18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; alegré­monos en amores.
PRO 7:19 Porque el marido no [está] en casa, hase ido a un largo viaje:
PRO 7:20 El saco de dinero llevó en su mano; el día señalado volverá a su casa.
PRO 7:21 Rindiólo con la mucha suavi­dad de sus palabras, obligóle con la blandura de sus labios.
PRO 7:22 Se va en pos de ella inmedia­tamente, como va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado;
PRO 7:23 Como el ave que se apresura al lazo, y no sabe que [es] contra su vida, hasta que la saeta traspa­só su hígado.
PRO 7:24 Ahora pues, hijos, oídme, y estad atentos a las palabras de mi boca.
PRO 7:25 No se aparte a sus caminos tu corazón; no yerres en sus vere­das.
PRO 7:26 Porque a muchos ha hecho caer heridos; y aun los [hombres] más fuer­tes han sido muertos por ella.
PRO 7:27 Camino al infierno [es] su casa, que desciende a las cámaras de la muerte.
PRO 8:1 ¿NO clama la sabiduría, y da su voz el entendimiento?
PRO 8:2 En los altos cabezos, junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para;
PRO 8:3 En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces:
PRO 8:4 Oh hombres, a vosotros clamo; y mi voz [es] a los hijos de los hombres.
PRO 8:5 Entended, simples, discreción; y vosotros, insensatos, sed de un corazón entendido.
PRO 8:6 Oíd, porque hablaré cosas excelentes; y abriré mis labios para cosas rectas.
PRO 8:7 Porque mi boca hablará ver­dad, y la impiedad [es] una abominación a mis labios.
PRO 8:8 En justicia [son] todas las palabras de mi boca; no [hay] en ellas cosa perversa ni torcida.
PRO 8:9 Todas ellas [son] rectas al que entiende, y razonables a los que hallan conoci­miento.
PRO 8:10 Recibid mi instrucción, y no plata; y conocimiento antes que el oro escogido.
PRO 8:11 Porque mejor [es] la sabiduría que los rubíes; y todas las cosas que se pueden desear, no son de comparar con ella.
PRO 8:12 Yo, la sabiduría, habito con la prudencia, y hallo el conoci­miento de los consejos.
PRO 8:13 El temor del SEÑOR [es] abo­rrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, y el mal camino y la boca perversa, aborrezco.
PRO 8:14 Mío [es] el consejo y la sana sabiduría; Yo [soy] entendimien­to; tengo la fortaleza.
PRO 8:15 Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia.
PRO 8:16 Por mí gobiernan los príncipes, y nobles, [aun] todos los jueces de la tierra.
PRO 8:17 Yo amo a los que me aman; y me hallan los que madrugando me buscan.
PRO 8:18 Las riquezas y la honra [están] conmigo; sólidas riquezas, y jus­ticia.
PRO 8:19 Mejor [es] mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito [mejor] que la plata escogida.
PRO 8:20 Por vereda de justicia guío, por en medio de sendas de juicio;
PRO 8:21 Para hacer heredar sustancia a los que me aman, y yo hincharé sus tesoros.
PRO 8:22 El SEÑOR me poseía en el principio de su camino, ya de antiguo, antes de sus obras.
PRO 8:23 Eternalmente tuve el princi­pado, desde el principio, antes de la tierra.
PRO 8:24 Cuando [no habían] los abismos fui engendrada; cuando [no habían] las fuentes de las muchas aguas.
PRO 8:25 Antes que los montes fuesen fundados, antes de los collados, fui yo engendrada:
PRO 8:26 No había él aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo.
PRO 8:27 Cuando él preparaba los cielos, allí [estaba] yo; cuando señalaba por compás la faz del abis­mo;
PRO 8:28 Cuando establecía las nubes arriba, cuando fortificaba las fuentes del abismo;
PRO 8:29 Cuando dio al mar su término, y a las aguas, que no pasasen su mandamiento; cuan­do establecía los fundamentos de la tierra;
PRO 8:30 Entonces con él estaba yo ordenándolo todo; y fui [su] delicia de día en día, regocijándome siempre delante de él.
PRO 8:31 Huélgome en la parte habitable de su tierra; y mis delicias [fueron] con los hijos de los hombres.
PRO 8:32 Ahora pues, hijos, oídme: y bienaventurados [son los que] guarda­ren mis caminos.
PRO 8:33 Oíd el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis.
PRO 8:34 Bienaventurado [es] el hombre que me oye, velando a mis puer­tas cada día, guardando los umbrales de mis entradas.
PRO 8:35 Porque el que me hallare, hallará la vida, y alcanzará el favor del SEÑOR.
PRO 8:36 Mas el que peca contra mí, defrauda su propia alma: todos los que me aborrecen, aman la muerte.
PRO 9:1 LA sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas;
PRO 9:2 Mató sus bestias, templó su vino, y puso su mesa.
PRO 9:3 Envió sus criadas; sobre lo más alto de la ciudad clamó:
PRO 9:4 Cualquiera [que es] simple, venga acá. [Para los] faltos de entendimiento dijo:
PRO 9:5 Venid, comed mi pan, y bebed del vino [que] yo he templado.
PRO 9:6 Dejad las simplezas, y vivid; y andad por el camino del entendi­miento.
PRO 9:7 El que reprende al escarnece­dor, recibe vergüenza para sí: y el que reprende al impío, [recibe] su man­cha.
PRO 9:8 No reprendas al escarnecedor, porque no te aborrezca: reprende al sabio, y te amará.
PRO 9:9 Da [instrucción] al sabio, y será más sabio: enseña al justo, y acrecerá su saber.
PRO 9:10 El temor del SEÑOR [es] el principio de la sabiduría; y el conocimiento del Santo [es] entendimiento.
PRO 9:11 Porque por mí tus días serán multiplicados, y los años de tu vida serán aumentados.
PRO 9:12 Si fueres sabio, para ti lo serás: mas si fueres escarnece­dor, pagarás tú solo.
PRO 9:13 La mujer loca [es] alborotado­ra; [es] simple y no sabe nada.
PRO 9:14 Siéntase en una silla a la puer­ta de su casa, en lo alto de la ciu­dad,
PRO 9:15 Para llamar a los que pasan por el camino, que van por sus caminos derechos.
PRO 9:16 Cualquiera [que es] simple, ven acá; y [para] aquel que quiere entendimiento, ella le dice:
PRO 9:17 Las aguas hurtadas son dul­ces, y el pan [comido] en oculto es agradable.
PRO 9:18 Y no saben que allí [están] los muertos; [y que] sus convidados [están] en los profundos del infier­no.
PRO 10:1 LOS proverbios de Salomón. El hijo sabio alegra al padre; pero el hijo necio [es] tristeza de su madre.
PRO 10:2 Los tesoros de maldad no serán de provecho: mas la justicia libra de muerte.
PRO 10:3 El SEÑOR no dejará padecer hambre al alma del justo: mas arrojará la sustancia de los impíos.
PRO 10:4 La mano negligente hace pobre: pero la mano de los dili­gentes enriquece.
PRO 10:5 El que recoge en el verano [es] hijo sabio: [pero] el que duerme en el tiem­po de la siega [es] hijo que aver­güenza.
PRO 10:6 Bendiciones [están] sobre la cabeza del justo: pero violencia cubrirá la boca de los impíos.
PRO 10:7 La memoria del justo [será] ben­dita: pero el nombre de los impí­os se pudrirá.
PRO 10:8 El sabio de corazón recibirá los mandamientos: pero el necio que habla locuras caerá.
PRO 10:9 El que camina en integridad, anda confiado: pero el que per­vierte sus caminos, será descubierto.
PRO 10:10 El que guiña del ojo acarrea tristeza; pero el necio de labios será castigado.
PRO 10:11 Vena de vida [es] la boca del justo: pero violencia cubrirá la boca de los impíos.
PRO 10:12 El odio despierta rencillas: pero la caridad cubrirá todos los pecados.
PRO 10:13 En los labios del entendido se halla sabiduría: pero la vara [es] para la espalda del falto de entendi­miento.
PRO 10:14 Los sabios guardan el conocimiento: pero la boca del necio es cala­midad cercana.
PRO 10:15 Las riquezas del rico [son] su ciudad fuerte; la destrucción de los pobres [es] su pobreza.
PRO 10:16 La obra del justo [es] para vida; pero el fruto del impío [es] para pecado.
PRO 10:17 El camino de vida [es] del que guarda la instrucción: pero el que deja la reprensión, yerra.
PRO 10:18 El que encubre el odio [tiene] labios mentirosos, y el que habla calumnia, [es] necio.
PRO 10:19 En las muchas palabras no falta pecado: pero el que refrena sus labios [es] sabio.
PRO 10:20 La lengua del justo [es como] plata escogida: pero el entendimiento de los impíos [es] como nada.
PRO 10:21 Los labios del justo alimen­tan a muchos: pero los necios por falta de entendimiento mueren.
PRO 10:22 La bendición del SEÑOR es la que enriquece, y no añade tris­teza con ella.
PRO 10:23 El hacer mal [es] como diversión al insensato; pero el hombre de entendimiento tiene sabiduría.
PRO 10:24 A lo que el impío teme, eso le vendrá: pero a los justos les será dado lo que desean.
PRO 10:25 Como pasa el torbellino, así el malo no permanece: pero el justo, [es] fundamento perpetuo.
PRO 10:26 Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los ojos, así [es] el perezoso a los que lo envían.
PRO 10:27 El temor del SEÑOR aumen­tará los días: pero los años de los impíos serán acortados.
PRO 10:28 La esperanza de los justos [es] alegría; mas la expectativa de los impíos perecerá.
PRO 10:29 El camino del SEÑOR [es] fortaleza al recto: pero destrucción a los que hacen iniquidad.
PRO 10:30 El justo nunca jamás será removido: pero los impíos no habitarán la tierra.
PRO 10:31 La boca del justo producirá sabiduría: pero la lengua perversa será cortada.
PRO 10:32 Los labios del justo saben lo que es aceptable: pero la boca de los impíos [habla] perversidades.
PRO 11:1 EL peso falso abominación es al SEÑOR: pero la pesa justa [es] su delicia.
PRO 11:2 [Cuando] viene la soberbia, viene también la deshonra: pero con los humildes [es] la sabiduría.
PRO 11:3 La integridad de los rectos los encaminará: mas destruirá a los pecadores la perversidad de ellos.
PRO 11:4 No aprovecharán las riquezas en el día de la ira: mas la justicia librará de muerte.
PRO 11:5 La justicia del perfecto endere­zará su camino: mas el impío por su impiedad caerá.
PRO 11:6 La justicia de los rectos los librará: mas los pecadores en su pecado serán presos.
PRO 11:7 Cuando muere el hombre impío, perece [su] expectativa; y la esperanza de los injustos perece­rá.
PRO 11:8 El justo es librado de la tribula­ción: mas el impío viene en lugar suyo.
PRO 11:9 El hipócrita con [su] boca daña a su prójimo: mas los justos son librados con el conocimiento.
PRO 11:10 En el bien de los justos la ciu­dad se alegra: mas cuando los impíos perecen, [hay] fiestas.
PRO 11:11 Por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida: mas por la boca de los impíos ella será trastornada.
PRO 11:12 El que carece de entendimien­to, menosprecia a su prójimo: mas el hombre prudente calla.
PRO 11:13 El que anda en chismes, des­cubre el secreto: mas el de espíri­tu fiel encubre el asunto.
PRO 11:14 Donde no hay consejo sabio, cae el pueblo: mas en la multitud de consejeros [hay] seguridad.
PRO 11:15 Con ansiedad será afligido el que fiare al extraño: mas el que aborreciere las fianzas [vivirá] confiado.
PRO 11:16 La mujer graciosa tendrá honra: y los fuertes tendrán riquezas.
PRO 11:17 A su alma hace bien el hom­bre misericordioso: mas el cruel atormenta su carne.
PRO 11:18 El impío hace obra falsa: mas el que sembrare justicia, tendrá galardón firme.
PRO 11:19 Como la justicia [es] para vida, así el que sigue el mal [es] para su muerte.
PRO 11:20 Abominación [son] al SEÑOR los perversos de corazón: pero los rectos en [su] camino le [son] agradables.
PRO 11:21 [Aunque llegue] la mano a la mano, el malo no quedará sin castigo: mas la simiente de los justos será librada.
PRO 11:22 [Como] zarcillo de oro en la nariz del puerco, [es] la mujer hermosa y apartada de razón.
PRO 11:23 El deseo de los justos [es] sola­mente bien: [mas] la expectativa de los impíos [es] enojo.
PRO 11:24 Hay quienes reparten, y les es añadido más: y [hay] quienes son escasos más de lo que es justo, mas [vienen] a pobreza.
PRO 11:25 El alma liberal será engorda­da: y el que saciare, él también será saciado.
PRO 11:26 Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá: mas bendi­ción [será] sobre la cabeza del que [lo] vende.
PRO 11:27 El que procura diligentemente el bien, busca favor: mas el que busca el mal, vendrále.
PRO 11:28 El que confía en sus riquezas, caerá: mas los justos reverdece­rán como ramos.
PRO 11:29 El que turba su propia casa heredará viento; y el necio [será] siervo del sabio de corazón.
PRO 11:30 El fruto del justo [es] árbol de vida: y el que gana almas, [es] sabio.
PRO 11:31 Ciertamente el justo será recompensado en la tierra: mucho más el impío y el pecador.
PRO 12:1 EL que ama la instrucción ama el conocimiento: mas el que aborrece la reprensión, [es] bruto.
PRO 12:2 El bueno alcanzará favor del SEÑOR: mas él condenará al hombre de malos pensamientos.
PRO 12:3 El hombre no se afirmará por medio de la impiedad: mas la raíz de los justos no será movida.
PRO 12:4 La mujer virtuosa corona [es] de su marido: mas ella que aver­güenza [es] como carcoma en sus huesos.
PRO 12:5 Los pensamientos de los justos [son] rectitud; [mas] los consejos de los impíos [son] engaño.
PRO 12:6 Las palabras de los impíos [son] para acechar la sangre: mas la boca de los rectos los librará.
PRO 12:7 Trastornados son los impíos, y no [son] más: mas la casa de los justos permanecerá.
PRO 12:8 Según su sabiduría es alabado el hombre: mas el perverso de corazón será en menosprecio.
PRO 12:9 Mejor [es el que es] menospre­ciado y tiene servidores, que el que se precia, y carece de pan.
PRO 12:10 El justo atiende a la vida de su bestia: mas las entrañas de los impíos [son] crueles.
PRO 12:11 El que labra su tierra, se har­tará de pan: mas el que sigue los vagabundos [es] falto de entendi­miento.
PRO 12:12 Desea el impío la red de los malos: mas la raíz de los justos dará [fruto].
PRO 12:13 El impío es enredado en la prevaricación de [sus] labios: mas el justo saldrá de la tribulación.
PRO 12:14 El hombre será satisfecho de bien del fruto de [su] boca: y la paga de las manos del hombre le será dada.
PRO 12:15 El camino del necio [es] dere­cho en sus propios ojos: mas el que obedece al consejo [es] sabio.
PRO 12:16 El necio luego al punto da a conocer su ira: mas el que disi­mula la injuria es prudente.
PRO 12:17 [El que] habla verdad, declara justicia; mas el testigo mentiroso, engaño.
PRO 12:18 Hay quienes hablan como [dando] estocadas de espada: mas la lengua de los sabios [es] medici­na.
PRO 12:19 El labio de verdad permane­cerá para siempre: mas la lengua de mentira sólo por un momento.
PRO 12:20 Engaño [hay] en el corazón de los que maquinan mal: pero [hay] gozo para ellos que aconsejan paz.
PRO 12:21 Ninguna adversidad acontecerá al justo: mas los impíos serán llenos de mal.
PRO 12:22 Los labios mentirosos [son] abominación al SEÑOR: mas los obradores de verdad [son] su contenta­miento.
PRO 12:23 El hombre prudente encubre el conocimiento: mas el corazón de los necios proclama la necedad.
PRO 12:24 La mano de los diligentes se enseñoreará: mas la negligencia será tributaria.
PRO 12:25 El cuidado congojoso en el corazón del hombre, lo abate; mas la buena palabra lo alegra.
PRO 12:26 El justo [es] más excelente que su pró­jimo: pero el camino de los impíos les seduce.
PRO 12:27 El perezoso no asará lo que ha cazado: mas la sustancia del hombre diligente [es] preciosa.
PRO 12:28 En el camino de la justicia [está] la vida; y [en] la senda de [su] vereda no [hay] muerte.
PRO 13:1 EL hijo sabio [escucha] la instruc- ción de su padre: mas el burlador no escucha la reprensión.
PRO 13:2 Del fruto de [su] boca el hombre comerá bien: mas el alma de los prevaricadores [comerá] violencia.
PRO 13:3 El que guarda su boca guarda su alma: [mas] el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.
PRO 13:4 Desea, y nada [alcanza] el alma del perezoso: mas el alma de los diligentes será engordada.
PRO 13:5 El justo aborrece la palabra de mentira: mas el impío se hace odioso e infame.
PRO 13:6 La justicia guarda al de perfecto camino: mas la impiedad tras­tornará al pecador.
PRO 13:7 Hay quienes se hacen ricos, y no [tienen] nada: y [hay] quienes se hacen pobres, y [tienen] muchas riquezas.
PRO 13:8 El rescate de la vida del hom­bre [son] sus riquezas: pero el pobre no oye reprensión.
PRO 13:9 La luz de los justos se alegrará: mas apagaráse la lámpara de los impíos.
PRO 13:10 Sólo por la soberbia viene la contienda: mas con los avisa­dos [está] la sabiduría.
PRO 13:11 Disminuiránse las riquezas de vanidad: pero multiplicará el que allega con su mano.
PRO 13:12 La esperanza que se prolonga, es tormento del corazón: mas árbol de vida [es] el deseo cumpli­do.
PRO 13:13 El que menosprecia la pala­bra, perecerá por ello: mas el que teme el mandamiento, será recompensado.
PRO 13:14 La ley del sabio [es] manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte.
PRO 13:15 El buen entendimiento conci­liará gracia: mas el camino de los prevaricadores [es] duro.
PRO 13:16 Todo [hombre] prudente obra con conocimiento: mas el necio manifestará [su] necedad.
PRO 13:17 El mal mensajero caerá en mal: mas el embajador fiel [es] salud.
PRO 13:18 Pobreza y vergüenza [tendrá] el que menosprecia el consejo: mas el que guarda la corrección, será honrado.
PRO 13:19 El deseo cumplido deleita el alma: pero apartarse del mal [es] abominación a los necios.
PRO 13:20 El que anda con los sabios, sabio será; mas el que se allega a los necios, será quebrantado.
PRO 13:21 Mal perseguirá a los pecado­res: mas a los justos les será bien retribuído.
PRO 13:22 El bueno dejará herederos a los hijos de los hijos; y el haber del pecador, para el justo [está] guardado.
PRO 13:23 En el barbecho de los pobres [hay] mucho pan: mas piérdese por falta de juicio.
PRO 13:24 El que detiene la vara, a su hijo aborrece: mas el que lo ama, madruga a castigarlo.
PRO 13:25 El justo come hasta saciar su alma: mas el vientre de los impí­os tendrá necesidad.
PRO 14:1 LA mujer sabia edifica su casa: mas la necia con sus manos la derriba.
PRO 14:2 El que camina en su rectitud teme al SEÑOR: mas [el que es] perverso en sus caminos lo menospre­cia.
PRO 14:3 En la boca del necio [está] la vara de la soberbia: mas los labios de los sabios los guarda­rán.
PRO 14:4 Sin bueyes el granero [está] lim­pio: mas por la fuerza del buey [hay] abundancia de pan.
PRO 14:5 El testigo verdadero no mentirá: mas el testigo falso hablará mentiras.
PRO 14:6 Busca el escarnecedor la sabi­duría, y no [la halla]: mas el conocimiento al hombre entendido [es] fácil.
PRO 14:7 Vete de delante del hombre necio, porque [en él] no advertirás labios de conocimiento.
PRO 14:8 La sabiduría del prudente [está] en entender su camino: mas la indiscreción de los necios [es] engaño.
PRO 14:9 Los necios se mofan del peca­do: mas entre los rectos [hay] favor.
PRO 14:10 El corazón conoce la amargu­ra de su alma; y extraño no se entrometerá en su alegría.
PRO 14:11 La casa de los impíos será asolada: mas florecerá la tienda de los rectos.
PRO 14:12 Hay camino que al hombre parece derecho; pero su fin [son] caminos de muerte.
PRO 14:13 Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la ale­gría [es] congoja.
PRO 14:14 De sus caminos será hastiado el descarriado de corazón: y el hombre de bien [estará contento] del [suyo].
PRO 14:15 El simple cree a toda palabra: mas el prudente mira bien sus pasos.
PRO 14:16 El sabio teme, y se aparta del mal: mas el necio se enoja, y está confiado.
PRO 14:17 [El que] presto se enoja, hará locura: y el hombre de malos designios será aborrecido.
PRO 14:18 Los simples heredarán necedad: mas los prudentes se coronarán de conocimiento.
PRO 14:19 Los malos se inclinarán delante de los buenos, y los impí­os a las puertas del justo.
PRO 14:20 El pobre es odioso aun a su amigo: pero el rico [tiene] muchos amigos.
PRO 14:21 Peca el que menosprecia a su prójimo: mas el que tiene miseri­cordia de los pobres, [es] bien­aventurado.
PRO 14:22 ¿No yerran los que piensan mal? Pero misericordia y ver­dad [alcanzarán] los que piensan bien.
PRO 14:23 En toda labor hay fruto: mas la palabra de los labios solamen­te empobrece.
PRO 14:24 Las riquezas de los sabios son su corona: [pero es] infatuación la insensatez de los necios.
PRO 14:25 El testigo verdadero libra las almas: mas el engañoso hablará mentiras.
PRO 14:26 En el temor del SEÑOR [está] la fuerte confianza; y sus hijos tendrán lugar de refugio.
PRO 14:27 El temor del SEÑOR [es] manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte.
PRO 14:28 En la multitud de pueblo [está] la gloria del rey: y en la falta de pueblo [es] la destrucción del príncipe.
PRO 14:29 [El que] tarde se aira, [es] grande de entendimiento: mas el corto de espíritu engrandece el desati­no.
PRO 14:30 El corazón apacible [es] vida para el cuerpo: mas la envidia, pudrimiento de los huesos.
PRO 14:31 El que oprime al pobre, afrenta a su Hacedor: mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.
PRO 14:32 Por su maldad será lanzado el impío: mas el justo en su muerte tiene esperanza.
PRO 14:33 En el corazón del entendido reposa la sabiduría; pero [lo que está] en medio de los necios, se da a conocer.
PRO 14:34 La justicia engrandece la nación: mas el pecado [es] afrenta de las naciones.
PRO 14:35 La benevolencia del rey [es] para con el ministro entendido: mas su enojo [contra] el que [lo] avergüenza.
PRO 15:1 LA blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor.
PRO 15:2 La lengua de los sabios ador­nará el conocimiento: mas la boca de los necios hablará sandeces.
PRO 15:3 Los ojos del SEÑOR están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.
PRO 15:4 La sana lengua [es] árbol de vida: mas la perversidad en ella [es] quebrantamiento de espíritu.
PRO 15:5 El necio menosprecia la instrucción de su padre: mas el que guar­da la corrección, es prudente.
PRO 15:6 En la casa del justo [hay] gran provisión; pero turbación en las ganancias del impío.
PRO 15:7 Los labios de los sabios espar­cen conocimiento: pero el cora­zón de los necios no lo [hace] así.
PRO 15:8 El sacrificio de los impíos [es] abominación al SEÑOR: mas la oración de los rectos [es] su gozo.
PRO 15:9 Abominación [es] al SEÑOR el camino del impío: mas él ama al que sigue justicia.
PRO 15:10 La reconvención [es] molesta al que deja el camino: [y] el que abo­rreciere la corrección, morirá.
PRO 15:11 El infierno y la perdición [están] delante del SEÑOR: ¡cuán­to más los corazones de los hom­bres!
PRO 15:12 El escarnecedor no ama al que le reprende; ni se allega a los sabios.
PRO 15:13 El corazón alegre hermosea el rostro: mas por el dolor de cora­zón el espíritu se quebranta.
PRO 15:14 El corazón entendido busca el conocimiento: mas la boca de los necios pace necedad.
PRO 15:15 Todos los días del afligido [son] trabajosos: mas el de corazón contento [tiene] un convite conti­nuo.
PRO 15:16 Mejor [es] lo poco con el temor del SEÑOR, que el gran tesoro donde hay turbación.
PRO 15:17 Mejor [es] la comida de legum­bres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio.
PRO 15:18 El hombre iracundo mueve contiendas: mas [el que] tarda en enojarse, apacigua la rencilla.
PRO 15:19 El camino del perezoso [es] como seto de espinos: mas la vereda de los rectos [es] aplanada.
PRO 15:20 El hijo sabio alegra al padre: mas el hombre necio menospre­cia a su madre.
PRO 15:21 La necedad [es] alegría al falto de sabiduría: mas el hom­bre entendido enderezará su proceder.
PRO 15:22 Los propósitos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afir­man.
PRO 15:23 El hombre se alegra con la res­puesta de su boca: y la palabra [dicha] a su tiempo, ¡cuán buena [es]!
PRO 15:24 El camino de la vida [es] hacia arriba al sabio, para apartarse del infierno abajo.
PRO 15:25 El SEÑOR asolará la casa de los soberbios: mas él afirmará el término de la viuda.
PRO 15:26 Abominación [son] al SEÑOR los pensamientos del malo: mas [las palabras] de los puros [son] agradables.
PRO 15:27 Alborota su casa el codicioso: mas el que aborrece las dádivas vivirá.
PRO 15:28 El corazón del justo piensa para responder: mas la boca de los impíos derrama malas cosas.
PRO 15:29 Lejos [está] el SEÑOR de los impíos: mas él oye la oración de los justos.
PRO 15:30 La luz de los ojos alegra el corazón; [y] la buena fama engor­da los huesos.
PRO 15:31 La oreja que escucha la corrección de vida, entre los sabios morará.
PRO 15:32 El que tiene en poco la disci­plina, menosprecia su alma: mas el que escucha la corrección, adquiere entendimiento.
PRO 15:33 El temor del SEÑOR [es] instrucción del conocimiento: y delante de la honra [está] la humildad.
PRO 16:1 LAS preparaciones del corazón en el hombre, y la respuesta de la lengua, [es] del SEÑOR.
PRO 16:2 Todos los caminos del hombre [son] limpios en su opinión: mas el SEÑOR pesa los espíritus.
PRO 16:3 Encomienda al SEÑOR tus obras, y tus pensamientos serán establecidos.
PRO 16:4 Todas [las cosas] ha hecho el SEÑOR por sí mismo, y aun al impío para el día malo.
PRO 16:5 Abominación [es] al SEÑOR todo altivo de corazón: [aunque esté] mano sobre mano, no será reputado inocente.
PRO 16:6 Con misericordia y verdad se corrige el pecado: y con el temor del SEÑOR se apartan del mal [los hombres].
PRO 16:7 Cuando los caminos del hom­bre son agradables al SEÑOR, aun a sus enemigos hace estar en paz con él.
PRO 16:8 Mejor [es] lo poco con justicia, que la muchedumbre de frutos sin derecho.
PRO 16:9 El corazón del hombre piensa su camino: mas el SEÑOR ende­reza sus pasos.
PRO 16:10 Sentencia divina [está] en los labios del rey: en juicio no prevaricará su boca.
PRO 16:11 Peso y balanzas justas [son] del SEÑOR: obra suya [son] todas las pesas de la bolsa.
PRO 16:12 Abominación [es] a los reyes hacer impiedad: porque con jus­ticia será afirmado el trono.
PRO 16:13 Los labios justos [son] el con­tentamiento de los reyes; y aman al que habla lo recto.
PRO 16:14 La ira del rey [es como] mensajero de muerte: mas el hombre sabio la evitará.
PRO 16:15 En la alegría del rostro del rey [está] la vida; y su benevolencia [es] como nube de lluvia tardía.
PRO 16:16 ¡Cuánto mejor [es] adquirir sabiduría que oro! ¡y adquirir entendi­miento vale más que la plata!
PRO 16:17 El camino de los rectos [es] apartarse del mal: el que guarda su camino preserva su alma.
PRO 16:18 Antes de la destrucción [es] la soberbia; y antes de la caída la altivez de espíritu.
PRO 16:19 Mejor [es] humillar el espíritu con los humildes, que partir des­pojos con los soberbios.
PRO 16:20 El entendido en la palabra, hallará el bien: y el que confía en el SEÑOR, él [es] bienaventurado.
PRO 16:21 El sabio de corazón es llamado entendido: y la dulzura de labios aumentará la doctrina.
PRO 16:22 Manantial de vida [es] el enten­dimiento al que lo posee: mas la erudición de los necios [es] nece­dad.
PRO 16:23 El corazón del sabio hace pru­dente su boca; y con sus labios aumenta la doctrina.
PRO 16:24 [Como] panal de miel [son] las palabras agradables: dulces al alma y salud a los huesos.
PRO 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, mas el fin [son] caminos de muerte.
PRO 16:26 El alma del que trabaja, traba­ja para sí; porque su boca le constriñe.
PRO 16:27 El hombre perverso cava el mal; y en sus labios [hay] como llama de fuego.
PRO 16:28 El hombre perverso levanta contienda; y el chismoso aparta los mejores amigos.
PRO 16:29 El hombre violento lisonjea a su prójimo, y le hace andar por el camino no bueno:
PRO 16:30 Cierra sus ojos para pensar perversidades; mueve sus labios, efectúa el mal.
PRO 16:31 Corona de honra [es] la vejez, [si] se hallare en el camino de justicia.
PRO 16:32 Mejor [es el que] tarde se aira que el fuerte; y el que se enseño­rea de su espíritu, que el que toma una ciudad.
PRO 16:33 La suerte se echa en el seno: mas del SEÑOR [es] el juicio de ella.
PRO 17:1 MEJOR [es] un bocado seco, y en paz, que una casa llena de sacrificios [con] contienda.
PRO 17:2 El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra, y entre los hermanos partirá la herencia.
PRO 17:3 El crisol para la plata, y la hor­naza para el oro: mas el SEÑOR prueba los corazones.
PRO 17:4 El malo está atento al labio ini­cuo; y el mentiroso escucha a la lengua detractora.
PRO 17:5 El que escarnece al pobre, afrenta a su Hacedor: y el que se alegra en la calamidad, no que­dará sin castigo.
PRO 17:6 Corona de los viejos [son] los hijos de los hijos; y la gloria de los hijos [son] sus padres.
PRO 17:7 No conviene al necio la altilo­cuencia: ¡cuánto menos al prínci­pe el labio mentiroso!
PRO 17:8 Piedra preciosa [es] el regalo en ojos de sus dueños: a donde quiera que se vuelve, da prospe­ridad.
PRO 17:9 El que cubre la prevaricación, busca amistad: mas el que reitera la palabra, aparta a los [mejores] amigos.
PRO 17:10 Aprovecha la reprensión al hombre entendido, más que cien azotes al necio.
PRO 17:11 El malo no busca sino rebelión; y mensajero cruel será contra él enviado.
PRO 17:12 Mejor es que se encuentre un hom­bre con una osa a la cual han roba­do sus cachorros, que con un fatuo en su necedad.
PRO 17:13 El que da mal por bien, no se apartará el mal de su casa.
PRO 17:14 El que comienza la pendencia [es] [como] quien suelta las aguas: deja pues la porfía, antes que se enmarañe.
PRO 17:15 El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos a dos [son] abominación al SEÑOR.
PRO 17:16 ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, visto que no [tiene] el corazón [para ello]?
PRO 17:17 En todo tiempo ama el amigo; y el hermano es nacido para los [tiempos] de adversidad.
PRO 17:18 El hombre falto de entendi­miento toca la mano, fiando a otro delante de su amigo.
PRO 17:19 La prevaricación ama el que ama pleito; [y] el que alza su por­tada, quebrantamiento busca.
PRO 17:20 El perverso de corazón nunca hallará bien: y el que revuelve con su lengua, caerá en mal.
PRO 17:21 El que engendra al necio, para su tristeza [lo engendra]: y el padre del fatuo no se alegrará.
PRO 17:22 El corazón alegre hace bien [como] medicina: mas el espíritu quebrantado seca los huesos.
PRO 17:23 El impío toma dádiva del seno, para pervertir las sendas del juicio.
PRO 17:24 En el rostro del entendido [aparece] la sabiduría: mas los ojos del necio [vagan] hasta el cabo de la tierra.
PRO 17:25 El hijo necio es enojo a su padre, y amargura a la que lo engendró.
PRO 17:26 Ciertamente no es bueno con­denar al justo, ni herir a los prín­cipes que hacen lo recto.
PRO 17:27 El que tiene conocimiento detiene sus palabras; [y] el hombre de entendimiento es de un espí­ritu excelente.
PRO 17:28 Aun el necio cuando calla, es contado por sabio: [y] el que cierra sus labios [es] entendido.
PRO 18:1 A TRAVÉS de deseo, un hombre habiéndose separado, busca [y] se entremete con toda sabiduría.
PRO 18:2 No toma placer el necio en el entendimiento, sino en lo que su corazón se descubre.
PRO 18:3 Cuando viene el impío, [luego] viene también el menosprecio, y con el deshonrador la afrenta.
PRO 18:4 [Como] aguas profundas [son] las pala­bras de la boca del hombre; [y como] arroyo revertiente, la fuente de la sabiduría.
PRO 18:5 No [es] bueno tener respeto a la persona del impío, para hacer caer al justo de [su] derecho.
PRO 18:6 Los labios del necio vienen con pleito; y su boca a cuestiones llama.
PRO 18:7 La boca del necio [es] quebran­tamiento para sí, y sus labios [son] lazos para su alma.
PRO 18:8 Las palabras del chismoso pare­cen blandas, y descienden hasta lo más profundo del vientre.
PRO 18:9 También el que es negligente en su obra es hermano del hom­bre disipador.
PRO 18:10 Torre fuerte es el nombre del SEÑOR: a él correrá el justo, y será levantado.
PRO 18:11 Las riquezas del rico [son] la ciudad de su fortaleza, y como un muro alto en su imaginación.
PRO 18:12 Antes de la destrucción se eleva el corazón del hombre, y antes de la honra [está] la humildad.
PRO 18:13 El que responde palabra antes de oír, le [es] necedad y vergüenza.
PRO 18:14 El espíritu del hombre soporta­rá su enfermedad: mas ¿quién soportará al espíritu angustiado?
PRO 18:15 El corazón del prudente adquiere conocimiento; y el oído de los sabios busca el conocimiento.
PRO 18:16 El presente del hombre le ensancha [el camino], y le lleva delante de los grandes.
PRO 18:17 El primero en su propia causa [parece] justo; pero su vecino viene y le sondea.
PRO 18:18 La suerte pone fin a los plei­tos, y decide entre los poderosos.
PRO 18:19 El hermano ofendido [es más difícil ganar] que una ciudad fuerte; y [sus] contiendas [son] como cerrojos de un palacio.
PRO 18:20 Del fruto de la boca del hom­bre se hartará su vientre; [y] hartará­se del producto de sus labios.
PRO 18:21 La muerte y la vida [están] en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos.
PRO 18:22 El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia del SEÑOR.
PRO 18:23 El pobre habla con ruegos; mas el rico responde durezas.
PRO 18:24 El hombre [que tiene] amigos, ha de mostrarse amigo: y hay un amigo más cercano [que] un herma­no.
PRO 19:1 MEJOR [es] el pobre que cami- na en su integridad, que [el] de perversos labios y necio.
PRO 19:2 Asimismo, no [es] bueno que el alma [esté] sin conocimiento, y el que se apresura con [sus] pies peca.
PRO 19:3 La insensatez del hombre tuerce su camino; y contra el SEÑOR se aira su corazón.
PRO 19:4 Las riquezas allegan muchos amigos: mas el pobre, de su amigo es apartado.
PRO 19:5 El testigo falso no quedará sin castigo; y [el que] habla mentiras no escapará.
PRO 19:6 Muchos rogarán el favor del príncipe: mas cada uno [es] amigo del hom­bre que da regalos.
PRO 19:7 Todos los hermanos del pobre le aborrecen: ¡cuánto más sus ami­gos se alejarán de él! buscará la palabra y no la hallará.
PRO 19:8 El que adquiere sabiduría, ama su alma: el que guarda el entendi­miento, hallará el bien.
PRO 19:9 El testigo falso no quedará sin castigo; y [el que] habla mentiras, perecerá.
PRO 19:10 No conviene al necio el delei­te: ¡cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes!
PRO 19:11 El entendimiento del hombre detie­ne su furor; y su gloria [es] pasar por alto la transgresión.
PRO 19:12 Como el rugido del cacho­rro de león [es] la ira del rey; y su favor [es] como el rocío sobre la hier­ba.
PRO 19:13 Dolor [es] para su padre el hijo necio; y gotera continua [son] las con­tiendas de la esposa.
PRO 19:14 La casa y las riquezas heren­cia [son] de los padres: mas la esposa prudente [es] del SEÑOR.
PRO 19:15 La pereza hace caer en sueño profundo; y el alma negligente hambreará.
PRO 19:16 El que guarda el mandamien­to, guarda su alma: [mas] el que menospreciare sus caminos, morirá.
PRO 19:17 Al SEÑOR empresta el que se compadece del pobre, y lo que ha dado, se lo volverá a pagar.
PRO 19:18 Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; y no dejes que tu alma se detenga por su llanto.
PRO 19:19 El de grande ira sufrirá la pena: porque aun si lo librares, todavía tendrás que volverlo a hacer.
PRO 19:20 Escucha el consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez.
PRO 19:21 Muchos designios [hay] en el corazón del hombre; mas el con­sejo del SEÑOR permanecerá.
PRO 19:22 El deseo del hombre [es] su amabilidad: y mejor [es] el pobre que el mentiroso.
PRO 19:23 El temor del SEÑOR [es] para vida; y [con él] vivirá el [hombre], lleno de reposo; no será visitado de mal.
PRO 19:24 El perezoso esconde su mano en [su] seno: aun a su boca no la llevará.
PRO 19:25 Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado; y redarguye al que tiene entendimiento, [y] él entenderá conocimiento.
PRO 19:26 El que roba a [su] padre y ahu­yenta a [su] madre, es hijo que causa vergüenza y trae deshonra.
PRO 19:27 Cesa, hijo mío, de oír la instrucción [que causa] a errar de las palabras de conocimiento.
PRO 19:28 El testigo perverso se burla del juicio; y la boca de los impí­os devora la iniquidad.
PRO 19:29 Aparejados están juicios para los escarnecedores, y azotes para los cuerpos de los insensatos.
PRO 20:1 EL vino [es] escarnecedor, la bebida fuerte [es] alborotadora; y cualquiera que por ello errare, no es sabio.
PRO 20:2 Como rugido de cachorro de león [es] el terror del rey: [quien] lo provoca a enfurecerse, peca [contra] su propia alma.
PRO 20:3 Honra [es] del hombre dejarse de contienda: mas todo insensato se envolverá [en ella].
PRO 20:4 El perezoso no ara a causa del invierno; pedirá pues en la siega, y nada [tendrá].
PRO 20:5 [Como] aguas profundas [es] el consejo en el corazón del hom­bre: mas el hombre entendido lo sacará.
PRO 20:6 Muchos hombres proclaman cada uno su bondad: mas hombre fiel, ¿quién lo hallará?
PRO 20:7 El justo que camina en su inte­gridad, bienaventurados [serán] sus hijos después de él.
PRO 20:8 El rey que se sienta en el trono de juicio, con su mirar disipa todo mal.
PRO 20:9 ¿Quién podrá decir: Yo he lim­piado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?
PRO 20:10 Pesas diversas [y] medidas diversas, abominación [son] al SEÑOR ambas cosas.
PRO 20:11 Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su obra [fuere] limpia y recta.
PRO 20:12 El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas ha igualmente hecho el SEÑOR.
PRO 20:13 No ames el sueño, porque no te empobrezcas; abre tus ojos, [y] te hartarás de pan.
PRO 20:14 El que compra dice: Nada vale, nada vale: mas cuando se va se alaba.
PRO 20:15 Hay oro y multitud de rubíes: mas los labios de conocimiento [son] joya preciosa.
PRO 20:16 Quítale su ropa al que salió [por] fiador del extraño; y tómale prenda [al que fía] la extraña.
PRO 20:17 Sabroso [es] al hombre el pan de engaño; mas después su boca será llena de cascajo.
PRO 20:18 [Todo] pensamiento se estable­ce por consejo, y con buen con­sejo hará tu guerra.
PRO 20:19 El que anda en chismes descubre los secretos: no te entrometas, pues, con el que lisonjea con sus labios.
PRO 20:20 El que maldice a su padre o a su madre, su lámpara será apaga­da en oscuridad tenebrosa.
PRO 20:21 Una herencia [puede ser] adquirida de pri­sa al principio, pero su postrime­ría no será bendita.
PRO 20:22 No digas, yo me vengaré; [mejor] espera al SEÑOR, y él te salvará.
PRO 20:23 Abominación [son] al SEÑOR las pesas diversas; y la balanza falsa no [es] buena.
PRO 20:24 Del SEÑOR [son] los pasos del hombre: ¿cómo pues entenderá el hombre su camino?
PRO 20:25 Lazo [es] al hombre el devorar lo santo, e inquirir después de los votos.
PRO 20:26 El rey sabio esparce los impí­os, y sobre ellos hace tornar la rueda.
PRO 20:27 Candela del SEÑOR [es] el espíritu del hombre, que escudriña lo secreto del vientre.
PRO 20:28 Misericordia y verdad guar­dan al rey; y con misericordia sus­tenta su trono.
PRO 20:29 La gloria de los jóvenes [es] su fortaleza, y la hermosura de los viejos [es] la vejez.
PRO 20:30 Lo amoratado de las heridas purifica la maldad; así también las llagas lo más ínti­mo del vientre.
PRO 21:1 [C OMO] los ríos de las aguas, así [está] el corazón del rey en la mano del SEÑOR: a todo lo que quiere lo inclina.
PRO 21:2 Todo camino del hombre [es] recto en sus propios ojos: mas el SEÑOR pesa los corazones.
PRO 21:3 Hacer justicia y juicio [es] al SEÑOR más agradable que sacrificio.
PRO 21:4 Altivez de ojos, y orgullo de corazón, [y] el labrar de los impíos, [son] pecado.
PRO 21:5 Los pensamientos del diligente ciertamente [tienden] a abundan­cia; mas todo presuroso, ciertamente [va] a pobreza.
PRO 21:6 Allegar tesoros con lengua de mentira, [es] vanidad desatentada de aquellos que buscan la muer­te.
PRO 21:7 La rapiña de los impíos los des­truirá; porque rehúsan hacer juicio.
PRO 21:8 El camino del hombre [es] torcido y extraño: mas la obra del puro [es] recta.
PRO 21:9 Mejor [es] vivir en un rincón del terrado, que con la mujer renci­llosa en espaciosa casa.
PRO 21:10 El alma del impío desea mal: su prójimo no halla favor en sus ojos.
PRO 21:11 Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; y cuando se amonestare al sabio, aprenderá conocimiento.
PRO 21:12 El justo considera sabiamente la casa del impío, [mas Dios] trastorna los malos por [su] maldad.
PRO 21:13 El que cierra su oído al cla­mor del pobre, también él clama­rá, y no será oído.
PRO 21:14 El presente en secreto amansa el furor, y el don en el seno, la fuerte ira.
PRO 21:15 Alegría [es] al justo hacer jui­cio; mas destrucción [vendrá] a los que practican iniquidad.
PRO 21:16 El hombre que se extravía del camino del entendimiento, permanecerá en la compañía de los muertos.
PRO 21:17 Hombre necesitado [será] el que ama el deleite: y el que ama el vino y ungüentos no enrique­cerá.
PRO 21:18 El impío [será] el rescate por el justo, y por los rectos, el transgresor.
PRO 21:19 Mejor [es] morar en tierra del desierto, que con la mujer renci­llosa e iracunda.
PRO 21:20 Tesoro codiciable y aceite [hay] en la casa del sabio; mas el hombre insensato lo disipa.
PRO 21:21 El que sigue la justicia y la misericordia, halla la vida, la justicia, y la honra.
PRO 21:22 El sabio escala la ciudad de los poderosos, y derriba la fortaleza en que confiaba.
PRO 21:23 El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angus­tias.
PRO 21:24 Soberbio, presuntuoso [y] escar­necedor, [es] el nombre del que obra con orgullosa saña.
PRO 21:25 El deseo del perezoso le mata, porque sus manos rehúsan tra­bajar.
PRO 21:26 Hay quien todo el día codicia con avaricia: mas el justo da, y no desperdicia.
PRO 21:27 El sacrificio de los impíos [es] abominación: ¿cuánto más ofre­ciéndolo con mente malvada?
PRO 21:28 El testigo mentiroso perecerá: mas el hombre que oye, habla continuamente.
PRO 21:29 El hombre impío endurece su rostro: mas el recto ordena sus caminos.
PRO 21:30 No [hay] sabiduría, ni entendimiento, ni consejo, contra el SEÑOR.
PRO 21:31 El caballo [es] preparado para el día de la batalla: mas la seguridad es del SEÑOR.
PRO 22:1 DE más estima [es] el [buen] nombre que las muchas riquezas; [y] la buena gracia más que la plata y el oro.
PRO 22:2 El rico y el pobre se encontraron: el SEÑOR [es] hacedor de todos ellos.
PRO 22:3 El prudente percibe el mal, y escón­dese: mas los simples pasan, y son castigados.
PRO 22:4 Por la humildad [y] el temor del SEÑOR [son] riquezas, y honra, y vida.
PRO 22:5 Espinas [y] lazos [hay] en el cami­no del perverso: el que guarda su alma se alejará de ellos.
PRO 22:6 Instruye al niño en el camino que debe seguir: y cuando fuere viejo no se apartará de él.
PRO 22:7 El rico se enseñoreará de los pobres; y el que toma prestado, siervo [es] del que empresta.
PRO 22:8 El que sembrare iniquidad, vanidad segará: y consumiráse la vara de su ira.
PRO 22:9 El ojo misericordioso será ben­dito, porque dio de su pan al pobre.
PRO 22:10 Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda, y cesará el pleito y la afrenta.
PRO 22:11 El que ama la pureza de corazón, [por] la gracia de sus labios su amigo [será] el rey.
PRO 22:12 Los ojos del SEÑOR preservan el conocimiento; mas él tras­torna las palabras de los transgresores.
PRO 22:13 Dice el perezoso: El león [está] fuera; en mitad de las calles seré muerto.
PRO 22:14 Fosa profunda [es] la boca de la mujer extraña: aquel contra el cual estuviere el SEÑOR airado, caerá en ella.
PRO 22:15 La necedad [está] ligada en el corazón del muchacho; [mas] la vara de la corrección la hará ale­jar de él.
PRO 22:16 El que oprime al pobre para acrecentar sus [riquezas], y el que da al rico, ciertamente [vendrá] a[ pobreza.
PRO 22:17 Inclina tu oído, y oye las pala­bras de los sabios, y pon tu cora­zón a mi conocimiento:
PRO 22:18 Porque [es] cosa deleitable, si las guardares en tus entrañas; y que juntamente sean ordenadas en tus labios.
PRO 22:19 Para que tu confianza sea en el SEÑOR, te [las] he hecho saber hoy a ti también.
PRO 22:20 ¿No te he escrito cosas excelentes en consejos y conocimiento,
PRO 22:21 Para hacerte saber la certi­dumbre de las palabras de verdad, para que puedas responder palabras de verdad a los que a ti enviaren?
PRO 22:22 No robes al pobre, porque [es] pobre, ni quebrantes en la puerta al afligido:
PRO 22:23 Porque el SEÑOR juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren.
PRO 22:24 No hagas amistad con el hombre iracun­do, ni te acompañes con el hombre furioso;
PRO 22:25 Para que no aprendas sus mane­ras, y tomes lazo para tu alma.
PRO 22:26 No estés entre [los] que estrechan la mano, [ni] entre los que fían por deu­das.
PRO 22:27 Si no tuvieres para pagar, ¿por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?
PRO 22:28 No remuevas el término anti­guo que pusieron tus padres.
PRO 22:29 ¿Has visto hombre diligente en su obra? delante de los reyes estará; no estará delante de los [hombres] viles.
PRO 23:1 CUANDO te sentares a comer con algún gobernante, considera bien lo que [está] delante de ti;
PRO 23:2 Y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito.
PRO 23:3 No codicies sus manjares deli­cados, porque [es] pan engañoso.
PRO 23:4 No trabajes por ser rico; cesa de tu propia sabiduría.
PRO 23:5 ¿Has de poner tus ojos en las [riquezas], siendo ningunas? por­que hacerse han alas, como alas de águila, y volarán al cielo.
PRO 23:6 No comas pan de [hombre de] mal ojo, ni codicies sus manja­res:
PRO 23:7 Porque como piensa en su corazón, tal [es] él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no [está] contigo.
PRO 23:8 Vomitarás la parte que tú comiste, y perderás tus suaves palabras.
PRO 23:9 No hables a oídos del necio; porque menospreciará la sabiduría de tus palabras.
PRO 23:10 No remuevas el término anti­guo, ni entres en la heredad de los huérfanos:
PRO 23:11 Porque su redentor [es] poderoso, el cual juzgará la causa de ellos contra ti.
PRO 23:12 Aplica tu corazón a la instrucción, y tus oídos a las palabras de conocimiento.
PRO 23:13 No rehuses la corrección del muchacho: [porque] si lo hirieres con vara, no morirá.
PRO 23:14 Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno.
PRO 23:15 Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también a mí se me ale­grará el corazón;
PRO 23:16 Mis entrañas también se ale­grarán, cuando tus labios habla­ren cosas rectas.
PRO 23:17 No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes [persevera] en el temor del SEÑOR todo tiempo:
PRO 23:18 Porque ciertamente hay fin, y tu expectativa no será cortada.
PRO 23:19 Oye tú, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino.
PRO 23:20 No estés con los bebedores de vino, ni con los comilones de carne:
PRO 23:21 Porque el borracho y el glotón empobrecerán: y el sueño hará vestir [al hombre] vestiduras rotas.
PRO 23:22 Escucha a tu padre, que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
PRO 23:23 Compra la verdad, y no [la] vendas; [también] la sabiduría, la instrucción, y el entendimiento.
PRO 23:24 Mucho se regocijará el padre del justo: y el que engendra a un [niño] sabio se gozará con él.
PRO 23:25 Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te engen­dró.
PRO 23:26 Hijo mío, dame tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.
PRO 23:27 Porque sima profunda [es] la ramera, y pozo angosto la mujer extra­ña.
PRO 23:28 También ella, como robador, acecha, y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
PRO 23:29 ¿Para quién será el ay? ¿para quién la tristeza? ¿para quién las ren­cillas? ¿para quién las quejas? ¿para quién las heridas sin causa? ¿para quién lo amoratado de los ojos?
PRO 23:30 Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura.
PRO 23:31 No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa, [cuando] se mueve suave­mente;
PRO 23:32 [Mas] al fin como serpiente pica, y como áspid da dolor:
PRO 23:33 Tus ojos mirarán a las mujeres extrañas, y tu corazón hablará perversida­des.
PRO 23:34 Y serás como el que yace en medio del mar, o como el que está en la punta de un mastelero.
PRO 23:35 [Y dirás]: Hiriéronme, y no me dolió; azotáronme, y no lo sentí; ¿cuándo despertaré? aun lo tornaré a buscar.
PRO 24:1 NO tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos:
PRO 24:2 Porque su corazón estudia destrucción, e iniquidad hablan sus labios.
PRO 24:3 Con sabiduría se edificará la casa, y con entendimiento se estable­cerá:
PRO 24:4 Y con conocimiento se henchi­rán las cámaras de todo bien pre­ciado y agradable.
PRO 24:5 El hombre sabio [es] fuerte; el hombre de conocimiento aumenta la fuerza.
PRO 24:6 Por el consejo sabio harás tu guerra: y en la multitud de con­sejeros [hay] seguridad.
PRO 24:7 La sabiduría [está] demasiado alta para el necio: en la puerta no abrirá él su boca.
PRO 24:8 Al que piensa hacer el mal, le lla­marán hombre de malos pensa­mientos.
PRO 24:9 El pensamiento del necio [es] pecado: y abominación [es] a los hombres el escarnecedor.
PRO 24:10 [Si] desmayares en el día de adversidad, tu fuerza [es] pequeña.
PRO 24:11 Si dejares de librar [a los que son] tomados para la muerte, y [a los que son] llevados al degolladero;
PRO 24:12 Si dijeres: ¿Ciertamente no lo supimos?; ¿no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, ¿[No] dará él a [cada] hombre según sus obras?
PRO 24:13 Come, hijo mío, de la miel, porque [es] buena, y del panal [que es] dulce a tu paladar:
PRO 24:14 Tal [será] el conocimiento de la sabiduría a tu alma: si [la] hallares tendrá recompensa, y al fin tu expectativa no será cortada.
PRO 24:15 Oh impío, no aceches la tien­da del justo, no saquees su cáma­ra:
PRO 24:16 Porque siete veces cae el justo, y se torna a levantar; mas los impíos caerán en el mal.
PRO 24:17 Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes; y cuando trope­zare, no se alegre tu corazón:
PRO 24:18 Para que el SEÑOR no [lo] mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su ira.
PRO 24:19 No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los impíos;
PRO 24:20 Porque no será galardonado el [hombre] malo, y la lámpara de los impíos será apagada.
PRO 24:21 Teme al SEÑOR, hijo mío, y al rey; [y] no te entremetas con los inconstantes:
PRO 24:22 Porque su calamidad se levantará de repente; y la ruina de ambos, ¿quién lo sabe?
PRO 24:23 También estas [cosas] [pertene­cen] a los sabios. Tener respeto a personas en el juicio no es bueno.
PRO 24:24 El que dijere al malo, Justo [eres], los pueblos lo maldecirán, y le aborrecerán las naciones:
PRO 24:25 Mas los que [le] reprenden, serán agradables, y sobre ellos vendrá bendición de bien.
PRO 24:26 Besados serán los labios del que responde palabras rectas.
PRO 24:27 Prepara tu obra afuera, y disponla en tu campo; y des­pués edifica tu casa.
PRO 24:28 No seas sin causa testigo con­tra tu prójimo; y [no] engañes con tus labios.
PRO 24:29 No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra.
PRO 24:30 Pasé junto a la heredad del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendi­miento;
PRO 24:31 Y he aquí que por toda ella habían ya crecido espinas, y ortigas habían ya cubierto su haz, y su cerca de piedra estaba ya des­truída.
PRO 24:32 Y miré, y [lo] puse[ en mi corazón: [lo] vi, y recibí instrucción.
PRO 24:33 Un poco de sueño, cabecean­do otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dor­mir;
PRO 24:34 Así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado.
PRO 25:1 TAMBIÉN estos [son] proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá.
PRO 25:2 Gloria de Dios [es] encubrir la palabra; mas honra del rey [es] escudriñar la palabra.
PRO 25:3 Para la altura del cielo, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación.
PRO 25:4 Quita las escorias de la plata, y saldrá vaso al fundidor.
PRO 25:5 Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono será establecido en justicia.
PRO 25:6 No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes:
PRO 25:7 Porque mejor es que se te diga: Sube acá, y no que seas humi­llado delante del príncipe que miraron tus ojos.
PRO 25:8 No salgas apresuradamente en pleito, no sea que [no sepas] qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado.
PRO 25:9 Trata tu causa con tu prójimo y no descubras el secreto a otro:
PRO 25:10 No sea que te deshonre el que lo oyere, y tu infamia no pueda repararse.
PRO 25:11 [Como] manzanas de oro en figuras de plata [es] una palabra dicha oportunamente.
PRO 25:12 [Como] zarcillo de oro y joyel de oro fino, [así es] el que reprende al sabio que tiene oído dócil.
PRO 25:13 Como frío de nieve en tiempo de la siega, [así es] el mensajero fiel a los que lo envían: porque al alma de su señor da refrigerio.
PRO 25:14 El que se jacta de vana liberalidad, [es como] nubes y vientos sin llu­via.
PRO 25:15 Con larga paciencia se aplaca el príncipe; y la lengua blanda quebranta los huesos.
PRO 25:16 ¿Hallaste la miel? come lo que te basta; no sea que te hartes de ella, y la vomites.
PRO 25:17 Detén tu pie de la casa de tu vecino, porque hastiado de ti no te aborrezca.
PRO 25:18 Martillo y espada y saeta aguda, [es] el hombre que habla contra su prójimo falso testimo­nio.
PRO 25:19 [Como] diente quebrado y pie resba­lador, [es] la confianza en el infiel en tiempo de angustia.
PRO 25:20 El que canta canciones al corazón afligido, [es como] el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón [echa] vina­gre.
PRO 25:21 Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua:
PRO 25:22 Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y el SEÑOR te lo pagará.
PRO 25:23 El viento del norte ahuyenta la lluvia, así el rostro airado la len­gua detractora.
PRO 25:24 Mejor [es] estar en un rincón de casa, que con la mujer rencillosa en espaciosa casa.
PRO 25:25 [Como] el agua fría al alma sedienta, así [son] las buenas nue­vas de lejanas tierras.
PRO 25:26 [Como] fuente turbia y manan­tial corrompido, [es] el justo que cae delante del impío.
PRO 25:27 Comer mucha miel no [es] bueno: asimismo el buscar su propia glo­ria [no es] gloria.
PRO 25:28 [Como] una[ ciudad derribada [y] sin muros, [es] el hombre que no [tiene] control de su propio espíritu.
PRO 26:1 COMO la nieve en el verano, y la lluvia en la siega, así conviene al necio la honra.
PRO 26:2 Como el ave en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición sin causa nunca vendrá.
PRO 26:3 El látigo para el caballo, y el cabestro para el asno, y la vara para la espalda del necio.
PRO 26:4 No respondas al necio con­forme a su necedad, para que no seas tú también como él.
PRO 26:5 Responde al necio según su necedad, para que no se estime sabio en su opinión.
PRO 26:6 El que envía mensaje por mano de un necio, [así es] el que se corta los pies [y] bebe su daño.
PRO 26:7 Las piernas del cojo no son iguales; así [es] la parábola en la boca de los necios.
PRO 26:8 Como quien liga la piedra en la honda, así [es] el que da honra al necio.
PRO 26:9 [Como] espinas hincadas en mano del embriagado, así [es] la parábola en la boca de los necios.
PRO 26:10 El [Dios] grande que formó todas [las cosas]; recompensa ambos al necio, y a los transgresores.
PRO 26:11 Como perro que vuelve a su vómito, así el necio que repite su necedad.
PRO 26:12 ¿Has visto hombre sabio en su opinión? más esperanza [hay] del necio que de él.
PRO 26:13 Dice el perezoso: El león [está] en el camino; el león [está] en las calles.
PRO 26:14 [Como] la puerta gira sobre sus quicios: así [hace] el perezoso sobre su cama.
PRO 26:15 Esconde el perezoso su mano en [su] seno; cánsase de tornarla a su boca.
PRO 26:16 El perezoso [es] más sabio en su propia opinión que siete hombres que pueden[ dar razón.
PRO 26:17 El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno, es [como] el que toma al perro por las ore­jas.
PRO 26:18 Como el que enloquece, y echa llamas y saetas y muerte,
PRO 26:19 Tal [es] el hombre [que] engaña a su prójimo, y dice: ¿Acaso no estaba yo bromeando?
PRO 26:20 Sin leña se apaga el fuego: y donde no [hay] chismoso, cesa la contienda.
PRO 26:21 El carbón para brasas, y la leña para el fuego: así [es] el hombre rencilloso para encender contien­da.
PRO 26:22 Las palabras del chismoso [son] como heridas, y ellas entran hasta lo más íntimo del vien­tre.
PRO 26:23 [Como] escoria de plata echada sobre el tiesto, [son] los labios enardecidos y el corazón malo.
PRO 26:24 El que odia disimula con sus labios; mas en su interior pone engaño.
PRO 26:25 Cuando hablare amigable­mente, no le creas; porque siete abominaciones [hay] en su cora­zón.
PRO 26:26 [Al que] encubre el odio con disi­mulo; su malicia será descu­bierta en la congregación.
PRO 26:27 El que cavare sima, caerá en ella: y el que revuelva la piedra, a él volverá.
PRO 26:28 La lengua falsa aborrece [a los que son] afligidos por ella; y la boca lisonjera acarrea ruina.
PRO 27:1 NO te jactes del día de mañana; porque no sabes qué traerá de sí el día.
PRO 27:2 Que te alabe otro, y no tu propia boca; el ajeno, y no tus propios labios.
PRO 27:3 Pesada [es] la piedra, y la arena pesa; mas la ira del necio [es] más pesada que ambas cosas.
PRO 27:4 Cruel [es] la ira, e impetuoso [es] el furor; mas ¿quién puede parar delante de la envidia?
PRO 27:5 Mejor [es] reprensión manifiesta que amor oculto.
PRO 27:6 Fieles [son] las heridas de un amigo; pero engañosos [son] los besos del que aborrece.
PRO 27:7 El alma saciada desprecia el panal de miel; pero al alma hambrienta todo lo amargo es dulce.
PRO 27:8 Como ave que se va de su nido, así [es] el hombre que se va de su lugar.
PRO 27:9 El ungüento y el perfume alegran el corazón: así [hace] la dulzura del amigo al hombre por el consejo prudente.
PRO 27:10 No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción: [porque] mejor [es] el vecino cerca que el hermano lejano.
PRO 27:11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, para que yo pueda responder al que me deshonrare.
PRO 27:12 El prudente percibe el mal, [y] escóndese; [mas] los simples pasan, [y] llevan el daño.
PRO 27:13 Quítale su ropa al que salió fiador por el extraño; y al que fió[ por la mujer extraña, tómale prenda.
PRO 27:14 El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de maña­na, por maldición se le contará.
PRO 27:15 Gotera continua en tiempo de lluvia, y la mujer rencillosa, son semejantes:
PRO 27:16 El que la esconde, esconde el viento: y el aceite en su mano derecha [que] clama.
PRO 27:17 Hierro con hierro se aguza; y el hombre aguza el rostro de su amigo.
PRO 27:18 El que guarda la higuera comerá su fruto; así el que atiende a su señor, será honrado.
PRO 27:19 Como en el agua el rostro [corresponde] al rostro, así el cora­zón del hombre al hombre.
PRO 27:20 El infierno y la destrucción nunca se hartan: así los ojos del hombre nunca se sacian.
PRO 27:21 [Como] el crisol [prueba] la plata, y la hornaza el oro; así [es] al hombre la boca del que lo alaba.
PRO 27:22 Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo a pisón majados, [aún] no se quitará de él su necedad.
PRO 27:23 Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas; [y] mira bien a tus rebaños:
PRO 27:24 Porque las riquezas no [son] para siempre; ¿Y [permanecerá] la corona para perpetuas generaciones?
PRO 27:25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba, y segaránse las hierbas de los montes.
PRO 27:26 Los corderos [son] para tus vestiduras, y los cabritos [son] para el precio del campo:
PRO 27:27 Y [tendrá] abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, y para mantenimiento de tu casa, y para sustento de tus criadas.
PRO 28:1 HUYEN los impíos sin que nadie les persiga: pero los justos están confiados como un león.
PRO 28:2 Por la transgresión de la tierra sus príncipes [son] muchos: pero por un hombre de entendimiento [y] de conocimiento el estado [de ella] será prolongado.
PRO 28:3 El hombre pobre que oprime a los pobres, [es como] lluvia torrencial que deja sin pan.
PRO 28:4 Los que dejan la ley, alaban a los impíos: mas los que guar­dan la ley, contenderán con ellos.
PRO 28:5 Los hombres malos no entien­den el juicio: mas los que buscan al SEÑOR, entienden todas [las cosas].
PRO 28:6 Mejor [es] el pobre que camina en su integridad, que [el que es] perverso [en sus] caminos, aunque [sea] rico.
PRO 28:7 El que guarda la ley [es] hijo pru­dente: mas el que es compañero de glotones, avergüenza a su padre.
PRO 28:8 El que por usura y ganancia injusta aumenta su sustancia, para el que se compadece del pobre la allega.
PRO 28:9 El que aparta su oído para no oír la ley, su oración aun será abominable.
PRO 28:10 El que hace errar a los justos por el mal camino, él caerá en su propia sima: mas los rectos poseerán los bienes.
PRO 28:11 El hombre rico [es] sabio en su propia opinión: mas el pobre que tiene entendimiento lo examinará.
PRO 28:12 Cuando los justos se alegran, hay grande gloria; mas cuando los impíos son levantados, el hombre se esconde.
PRO 28:13 El que encubre sus pecados, no prosperará: mas el que [los] confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.
PRO 28:14 Bienaventurado [es] el hombre que siempre está temeroso: mas el que endurece su corazón, caerá en el mal.
PRO 28:15 [Como] león rugiente y oso ham­briento, [así es] el príncipe impío sobre el pueblo pobre.
PRO 28:16 El príncipe falto de entendi­miento [es] un gran opresor: [mas] el que aborrece la avaricia, prolongará [sus] días.
PRO 28:17 El hombre que hace violencia con sangre de [cualquier] persona, huirá hasta la fosa, y nadie le detendrá.
PRO 28:18 El que en integridad camina, será salvo; pero [el que es] perverso [en sus] caminos caerá al instante.
PRO 28:19 El que labra su tierra, se har­tará de pan: mas el que sigue a los ociosos, se hartará de pobreza.
PRO 28:20 El hombre fiel abundará en bendiciones: mas el que se apresura a enriquecer, no será inocente.
PRO 28:21 Tener acepción de personas, no [es] bueno: hasta por un bocado de pan prevaricará el hombre.
PRO 28:22 El que se apresura a ser rico [es] de mal ojo, y no considera que le ha de venir pobreza.
PRO 28:23 El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua.
PRO 28:24 El que roba a su padre o a su madre, y dice que no [es] transgresión, compañero [es] de un des­truidor.
PRO 28:25 El altivo de corazón suscita contiendas: mas el que en el SEÑOR confía, será prosperado.
PRO 28:26 El que confía en su propio corazón es necio; mas el que camina en sabiduría, será salvo.
PRO 28:27 El que da al pobre, no tendrá pobreza: mas el que cubre sus ojos, tendrá muchas maldiciones.
PRO 28:28 Cuando los impíos son levan­tados, se esconden los hombres: mas cuando perecen, los justos se multiplican.
PRO 29:1 EL hombre que reprendido muchas veces endurece [su] cerviz, de repente será destruido, y sin remedio.
PRO 29:2 Cuando los justos están en autoridad, el pueblo se alegra: mas cuando domina el impío, el pueblo gime.
PRO 29:3 EEl que ama la sabiduría, alegra a su padre: mas el que es compañero de rameras, desperdicia [su] sustancia.
PRO 29:4 El rey por el juicio establece la tierra: mas el que recibe regalos la destruirá.
PRO 29:5 El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos.
PRO 29:6 En la prevaricación del hombre malo [hay] lazo: mas el justo can­tará y se alegrará.
PRO 29:7 Conoce el justo la causa de los pobres: [mas] el impío no entiende sabiduría.
PRO 29:8 Los hombres escarnecedores enlazan la ciudad: mas los sabios apartan la ira.
PRO 29:9 [Si] el hombre sabio contendiere con el necio, que se enoje o que se ría, no [tendrá] reposo.
PRO 29:10 Los hombres sanguinarios aborrecen al recto: mas los justos procuran su alma.
PRO 29:11 El necio revela todo lo que hay en su mente; mas el sabio lo guarda hasta después.
PRO 29:12 Si el gobernante presta atención a la palabra mentirosa, todos sus sier­vos [son] impíos.
PRO 29:13 El pobre y el usurero se encontraron: el SEÑOR alumbra los ojos de ambos.
PRO 29:14 El rey que juzga fielmente a los pobres, su trono será establecido para siempre.
PRO 29:15 La vara y la corrección dan sabiduría: mas el muchacho dejado [a sí mismo], avergonzará a su madre.
PRO 29:16 Cuando los impíos se multiplican, mucha es la transgresión; mas los justos verán la caída de ellos.
PRO 29:17 Corrige a tu hijo, y te dará descanso, sí, dará deleite a tu alma.
PRO 29:18 Donde no [hay] visión el pueblo perece: mas el que guarda la ley, [es] bien­aventurado.
PRO 29:19 El siervo no será corregido por palabras: porque aunque entienda, no responderá.
PRO 29:20 ¿Has visto hombre ligero en sus palabras? más esperanza [hay] del necio que de él.
PRO 29:21 El que delicadamente cría a su siervo desde su niñez, a la postre éste vendrá a ser [su] hijo.
PRO 29:22 El hombre iracundo levanta contiendas; y el furioso abunda en transgresión.
PRO 29:23 La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíri­tu sustenta la honra.
PRO 29:24 El compañero del ladrón aborre­ce su propia alma; pues oye la maldición, y no [lo] denuncia.
PRO 29:25 El temor del hombre pondrá lazo: mas el que confía en el SEÑOR estará seguro.
PRO 29:26 Muchos buscan el favor del príncipe: mas del SEÑOR [viene] el juicio de [cada] uno.
PRO 29:27 Abominación [es] a los justos el hombre inicuo; y el de caminos rectos [es] abominación al impío.
PRO 30:1 PALABRAS de Agur, hijo de Jaqué, la profecía que el hombre habló a Itiel, aún a Itiel y a Ucal.
PRO 30:2 Ciertamente más bruto [soy] yo que [cualquier] hombre, y no tengo entendi­miento de hombre.
PRO 30:3 Ni aprendí sabiduría, ni tengo conocimiento del santo.
PRO 30:4 ¿Quién ha subido al cielo, y ha des­cendido? ¿quién encerró los vien­tos en sus puños? ¿quién ató las aguas en un paño? ¿quién esta­bleció todos los términos de la tierra? ¿cuál [es] su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?
PRO 30:5 Toda palabra de Dios [es] pura; él [es] escudo a los que en él con­fían.
PRO 30:6 No añadas a sus palabras, para ­que no te reprenda, y seas halla­do mentiroso.
PRO 30:7 Dos [cosas] te he demandado; no me [las] niegues antes que yo muera.
PRO 30:8 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester;
PRO 30:9 No sea que me harte, y [te] nie­gue, y diga, ¿Quién es el SEÑOR? Y porque siendo pobre, hurte, y blasfeme el nom­bre de mi Dios.
PRO 30:10 No acuses al siervo ante su señor, no sea que te maldiga, y seas hallado culpable.
PRO 30:11 [Hay] generación [que] maldice a su padre, y a su madre no bendi­ce.
PRO 30:12 [Hay] generación [que es] pura en sus propios ojos, y [aún] no ha sido lavada de su inmundicia.
PRO 30:13 [Hay] generación cuyos ojos son altivos, y cuyos párpados son alzados.
PRO 30:14 [Hay] generación cuyos dientes [son] [como] espadas, y sus muelas [como] cuchi­llos, para devorar a los pobres de la tierra, y de [entre] los hombres a los menesterosos.
PRO 30:15 La sanguijuela tiene dos hijas [clamando], da, da. Tres [cosas] hay [que] nunca se hartan; [aun] la cuarta nunca dice: Basta:
PRO 30:16 El sepulcro, y la matriz estéril, la tierra que no [se] harta de aguas, y el fuego que nunca dice: Basta.
PRO 30:17 El ojo [que] escarnece a [su] padre, y menosprecia obedecer a [su] madre, los cuervos lo saquen de la arroyada, y tráguen­lo los hijos del águila.
PRO 30:18 Tres cosas me son demasiado maravillosas; aun tampoco sé la cuarta:
PRO 30:19 El camino del águila en el aire; el camino de la serpiente sobre la roca; el camino de la nave en medio del mar; y el camino del hombre con la doncella.
PRO 30:20 Tal es el camino de la mujer adúltera: come, y limpia su boca, y dice: No he hecho maldad.
PRO 30:21 Por tres [cosas] se alborota la tierra, y la cuarta no puede sufrir:
PRO 30:22 Por el siervo cuando reina; y por el necio cuando se harta de pan;
PRO 30:23 Por una [mujer] odiosa cuando se casa; y por la sierva cuando hereda a su señora.
PRO 30:24 Cuatro [cosas son] de las más pequeñas de la tierra, mas las mis­mas [son] más sabias que los sabios:
PRO 30:25 Las hormigas no [son] pueblo fuer­te, todavía en el verano preparan su comida;
PRO 30:26 Los conejos [son] pueblo débil, todavía ponen su casa en las rocas;
PRO 30:27 Las langostas no tienen rey, todavía salen todas acuadrilladas;
PRO 30:28 La araña, ase con las manos, y está en palacios de reyes.
PRO 30:29 Tres [cosas] hay de hermoso andar, y la cuarta pasea muy bien:
PRO 30:30 El león [que es] el más fuerte entre todas las bestias, que no torna atrás por nadie;
PRO 30:31 Un galgo; asimismo un macho cabrío; y un rey contra el cual ninguno se levanta.
PRO 30:32 Si neciamente has procurado enaltecerte, o si has pensado hacer el mal, [pon] tu mano sobre tu boca.
PRO 30:33 Ciertamente el que exprime la leche, sacará manteca; y el que recio se suena la nariz, sacará sangre: y el que provoca la ira, causará contienda.
PRO 31:1 LAS palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.
PRO 31:2 ¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿y qué, hijo de mis votos?
PRO 31:3 No des a las mujeres tu fuerza, ni tus caminos a lo que es para destruir los reyes.
PRO 31:4 No [es] para los reyes, oh Lemuel, no [es] de los reyes beber vino, ni para los príncipes la bebida fuerte.
PRO 31:5 Porque bebiendo olviden la ley, y perviertan el juicio de todos los hijos afligidos.
PRO 31:6 Dad la bebida fuerte al desfallecido, y el vino a los de corazones afligidos:
PRO 31:7 Que beban, y olvídense de su nece­sidad, y de su miseria no se acuerden más.
PRO 31:8 Abre tu boca por el mudo, en la causa de todos los que están destinados a destrucción.
PRO 31:9 Abre tu boca, juzga justamente, y defiende la causa del pobre y del menesteroso.
PRO 31:10 Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? porque su valor es más alto que el de los rubíes.
PRO 31:11 El corazón de su marido confía en ella, así que él no tendrá necesidad de despojo.
PRO 31:12 Darále ella bien y no mal, todos los días de su vida.
PRO 31:13 Busca lana y lino, y con propia voluntad trabaja con sus manos.
PRO 31:14 Ella es como navío de mercader: trae su pan de lejos.
PRO 31:15 Se levanta aun de noche, y da comida a su familia, y porción a sus criadas.
PRO 31:16 Considera un campo, y lo compra; y planta viña del fruto de sus manos.
PRO 31:17 Ella ciñe sus lomos de fuerza, y fortalece sus brazos.
PRO 31:18 Percibe que [es] buena su merca­dería: su lámpara no se apaga de noche.
PRO 31:19 Aplica sus manos al huso, y sus manos toman la rueca.
PRO 31:20 Extiende su mano al pobre, aún extiende sus manos al meneste­roso.
PRO 31:21 No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su fami­lia [está] vestida de ropas escarlatas.
PRO 31:22 Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestidura.
PRO 31:23 Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
PRO 31:24 Ella hace telas, y [las] vende; y da cin­tas al mercader.
PRO 31:25 Fuerza y honor [son] su vesti­dura; y se regocijará en el tiempo por venir.
PRO 31:26 Abre su boca con sabiduría: y la ley de clemencia [está] en su lengua.
PRO 31:27 Considera bien los caminos de su casa, y no come el pan de pereza.
PRO 31:28 Se levantan sus hijos, y la lla­man bienaventurada; y su mari­do [también] la alaba.
PRO 31:29 Muchas hijas han sido virtuosas; mas tú las sobrepasas a todas.
PRO 31:30 Engañoso [es] el favor, y vana la hermosura: [mas] la mujer [que] teme al SEÑOR, será alabada.
PRO 31:31 Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus propias obras.
ECC 1:1 PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.
ECC 1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanida­des, todo vanidad.
ECC 1:3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
ECC 1:4 Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre per­manece.
ECC 1:5 Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve a su lugar donde torna a nacer.
ECC 1:6 El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros torna el viento de nuevo.
ECC 1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tor­nan para correr de nuevo.
ECC 1:8 Todas las cosas andan en traba­jo [más] que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oír.
ECC 1:9 Lo que fue, [es] lo mismo que será; y lo que ha sido hecho [es] lo mismo que se hará: y nada [hay] nuevo debajo del sol.
ECC 1:10 ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han pre­cedido.
ECC 1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
ECC 1:12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalem.
ECC 1:13 Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, en que se ocupen.
ECC 1:14 Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
ECC 1:15 Lo torcido no se puede ende­rezar; y lo falto no puede contar­se.
ECC 1:16 Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y conocimiento.
ECC 1:17 Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu.
ECC 1:18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade conocimiento, añade aflicción.
ECC 2:1 DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.
ECC 2:2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?
ECC 2:3 Propuse en mi corazón agasa­jar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.
ECC 2:4 Engrandecí mis obras, edifi­quéme casas, plantéme viñas;
ECC 2:5 Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos;
ECC 2:6 Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían.
ECC 2:7 Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ove­jas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem;
ECC 2:8 Alleguéme también plata y oro, y tesoro peculiar de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumen­tos músicos y de todas suertes.
ECC 2:9 Y fui engrandecido, y aumenta­do más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: a más de esto perseveró conmigo mi sabiduría.
ECC 2:10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi tra­bajo: y ésta fue mi parte de toda mi faena.
ECC 2:11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer­[las]: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.
ECC 2:12 Después torné yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hom­bre [hay] que [pueda] seguir al rey [en] lo que ya hicieron?)
ECC 2:13 Y he visto que la sabiduría sobrepuja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
ECC 2:14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: y también entendí yo que un mismo suceso acae­cerá al uno que al otro.
ECC 2:15 Entonces dije yo en mi cora­zón: Como sucederá al necio me sucederá también a mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.
ECC 2:16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siem­pre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
ECC 2:17 Aborrecí por tanto la vida; porque la obra que se hace deba­jo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflic­ción de espíritu.
ECC 2:18 Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré a otro que vendrá después de mí.
ECC 2:19 Y ¿quién sabe si será sabio, o necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.
ECC 2:20 Tornéme por tanto a desespe­ranzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.
ECC 2:21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con conocimiento, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.
ECC 2:22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara?
ECC 2:23 Porque todos sus días [no] son [sino] dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su cora­zón no reposa. Esto también es vanidad.
ECC 2:24 No hay cosa mejor para el hombre [sino] que coma y beba, y que su alma vea el bien de su tra­bajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios.
ECC 2:25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?
ECC 2:26 Porque al hombre que le agra­da, [Dios] le da sabiduría y cono­cimiento y gozo: mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
ECC 3:1 PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, [tiene su] tiempo:
ECC 3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiem­po de arrancar lo plantado;
ECC 3:3 Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiem­po de edificar;
ECC 3:4 Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiem­po de bailar;
ECC 3:5 Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;
ECC 3:6 Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar;
ECC 3:7 Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
ECC 3:8 Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
ECC 3:9 ¿Qué provecho tiene el que tra­baja en lo que trabaja?
ECC 3:10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que en él se ocupa­sen.
ECC 3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dio en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.
ECC 3:12 Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida:
ECC 3:13 Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
ECC 3:14 Yo sé que todo lo que Dios hace, eso será por siempre: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.
ECC 3:15 Aquello que fue, ya es: y lo que ha de ser, fue ya; y Dios requiere lo que pasó.
ECC 3:16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.
ECC 3:17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo a todo lo que se quiere y sobre todo lo que se hace.
ECC 3:18 Dije en mi corazón, en orden a la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría, para que así echaran de ver ellos mismos que son [semejantes] a las bestias.
ECC 3:19 Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mue­ren los otros; y una misma respi­ración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.
ECC 3:20 Todo va a un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se torna­rá en el mismo polvo.
ECC 3:21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del ani­mal descienda debajo de la tie­rra?
ECC 3:22 Así que he visto que no [hay] cosa mejor que alegrarse el hom­bre con lo que hiciere; porque ésta [es] su porción: porque ¿quién lo traerá para que vea lo que ha de ser después de él?
ECC 4:1 Y TORNÉME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.
ECC 4:2 Y alabé yo los finados que ya murieron, más que los vivientes que hasta ahora están vivos.
ECC 4:3 Y [tuve] por mejor que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.
ECC 4:4 Visto he asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
ECC 4:5 El necio dobla sus manos y come su carne.
ECC 4:6 Mas vale el un puño lleno con descanso, que ambos puños lle­nos con trabajo y aflicción de espíritu.
ECC 4:7 Yo me torné otra vez, y vi vani­dad debajo del sol.
ECC 4:8 Está un hombre solo y sin suce­sor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus rique­zas, [ni se pregunta:] ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vani­dad, y duro trabajo.
ECC 4:9 Mejores son dos que uno; por­que tienen mejor paga de su tra­bajo.
ECC 4:10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
ECC 4:11 También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno [solo]?
ECC 4:12 Y si alguno prevaleciere con­tra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no pres­to se rompe.
ECC 4:13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y fatuo que no sabe ser aconsejado.
ECC 4:14 Porque de la cárcel salió para reinar; mientras el nacido en su reino se hizo pobre.
ECC 4:15 Vi todos los vivientes debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél.
ECC 4:16 No tiene fin todo el pueblo que fue antes de ellos: tampoco los que vendrán después estarán con él contentos. Y esto es tam­bién vanidad y aflicción de espí­ritu.
ECC 5:1 CUANDO fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para dar el sacrificio de los necios: porque no saben que hacen mal.
ECC 5:2 No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
ECC 5:3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
ECC 5:4 Cuando a Dios hicieres un voto, no tardes en pagarlo; porque [él] no se agrada de los insensatos: paga lo que has prometido.
ECC 5:5 Mejor [es] que no hagas un voto, a que prometas y no pagues.
ECC 5:6 No sueltes tu boca para hacer pecar a tu carne; ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué [harás que] Dios se aire a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
ECC 5:7 Donde los sueños [son] en mul­titud, también [lo son] las vanida­des y muchas las palabras; mas tú teme a Dios.
ECC 5:8 Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia; por­que alto está mirando sobre alto, y [uno] más alto [está] sobre ellos.
ECC 5:9 Además el provecho de la tie­rra es para todos: el rey [mismo] está sujeto a los campos.
ECC 5:10 El que ama el dinero, no se har­tará de dinero; y el que ama el mucho [tener], no [sacará] fruto. También esto es vanidad.
ECC 5:11 Cuando los bienes se aumen­tan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, ten­drá su dueño, sino ver[los] con sus ojos?
ECC 5:12 Dulce es el sueño del trabaja­dor, ora coma mucho o poco; mas al rico no le deja dormir la abundancia.
ECC 5:13 Hay una trabajosa enferme­dad que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal;
ECC 5:14 Las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron nada les queda en la mano.
ECC 5:15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tor­nando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano.
ECC 5:16 Éste también [es] un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento?
ECC 5:17 Demás de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor y mise­ria.
ECC 5:18 He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno [es] comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; por­que ésta [es] su porción.
ECC 5:19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios dio riquezas y hacienda, y le dio también facul­tad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo; esto es don de Dios.
ECC 5:20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.
ECC 6:1 HAY un mal que he visto debajo del sol, y muy común entre los hombres:
ECC 6:2 Hombre a quien Dios dio riquezas, y hacienda, y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; mas Dios no le dio facultad de comer de ello, sino que los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y enfermedad trabajosa.
ECC 6:3 Si el hombre engendrare cien­to, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numero­sos; si su alma no se hartó del bien, y también careció de sepul­tura, yo digo que el abortivo es mejor que él.
ECC 6:4 Porque en vano vino, y a tinie­blas va, y con tinieblas será cubierto su nombre.
ECC 6:5 Aunque no haya visto el sol, ni conocido [nada], más reposo tiene éste que aquél.
ECC 6:6 Porque si viviere [aquel] mil años dos veces, si no ha gozado del bien, cierto todos van a un lugar.
ECC 6:7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su alma no se harta.
ECC 6:8 Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿qué [más] tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?
ECC 6:9 Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
ECC 6:10 El que es, ya su nombre ha sido nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá conten­der con el que es más fuerte que él.
ECC 6:11 Ciertamente las muchas pala­bras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?
ECC 6:12 Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hom­bre qué será después de él deba­jo del sol?
ECC 7:1 MEJOR [es] un buen nombre que el ungüento precioso; y el día de la muerte que el día del nacimiento.
ECC 7:2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete: por­que aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive lo pondrá en su corazón.
ECC 7:3 Mejor es el enojo que la risa: porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
ECC 7:4 El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del pla­cer.
ECC 7:5 Mejor es oír la reprensión del sabio, que la canción de los necios.
ECC 7:6 Porque la risa del necio es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
ECC 7:7 Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio: y el presen­te corrompe el corazón.
ECC 7:8 Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíri­tu.
ECC 7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte: porque la ira en el seno de los necios reposa.
ECC 7:10 Nunca digas: ¿Qué es la causa que los tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca de esto inquirirás con sabidu­ría.
ECC 7:11 Bueno es el conocimiento con herencia; y más a los que ven el sol.
ECC 7:12 Porque escudo es el conoci­miento, y escudo es el dinero: mas la sabiduría excede en que da vida a sus poseedores.
ECC 7:13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
ECC 7:14 En el día del bien goza del bien; y en el día del mal conside­ra. Dios también hizo esto delan­te de lo otro, porque el hombre no halle nada tras de él.
ECC 7:15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga [sus días].
ECC 7:16 No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te destruirás?
ECC 7:17 No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo?
ECC 7:18 Bueno es que tomes esto, y también de estotro no apartes tu mano; porque el que a Dios teme, saldrá con todo.
ECC 7:19 La sabiduría fortifica al sabio más que diez poderosos la ciu­dad en que fueron.
ECC 7:20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque.
ECC 7:21 Ni tampoco apliques tu corazón a todas las palabras que se dicen; para que no oigas a tu siervo cuando te maldice:
ECC 7:22 Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas veces.
ECC 7:23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Hacerme he sabio: mas ella se alejó de mí.
ECC 7:24 Lejos está lo que fue; y lo muy profundo ¿quién lo hallará?
ECC 7:25 Yo he rodeado con mi cora­zón por saber, y examinar, e inquirir la sabiduría, y la razón; y por conocer la maldad de la insensatez, y el desvarío del error;
ECC 7:26 Y yo he hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes, y lazos su corazón; sus manos [como] ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador será preso en ella.
ECC 7:27 He aquí, esto he hallado, dice el Predicador, [pesando] las cosas una por una para hallar la razón;
ECC 7:28 Lo que aun busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.
ECC 7:29 He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas cuentas.
ECC 8:1 ¿QUIÉN como el sabio? ¿y quién [como] el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre hará relucir su rostro, y mudaráse la tosquedad de su semblante.
ECC 8:2 Yo [te aconsejo] que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.
ECC 8:3 No te apresures a irte de delan­te de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que qui­siere:
ECC 8:4 Donde está la palabra del rey, hay poder. ¿Y quién le dirá: Qué haces?
ECC 8:5 El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el tiem­po y el juicio conoce el corazón del sabio.
ECC 8:6 Porque para todo lo que quisie­res hay tiempo y juicio; mas el trabajo del hombre es grande sobre él;
ECC 8:7 Porque no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?
ECC 8:8 No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no [valen] armas en [tal] guerra; ni la impiedad librará al que la posee.
ECC 8:9 Todo esto he visto, y puesto he mi corazón en todo lo que deba­jo del sol se hace: hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.
ECC 8:10 Esto vi también: que los impíos sepultados vinieron aún [en memoria]; mas los que partieron del lugar santo, fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían obra­do. Esto también es vanidad.
ECC 8:11 Por cuanto la sentencia contra la mala obra no se ejecuta enseguida, entonces el corazón de los hijos de los hom­bres está en ellos entregado para hacer mal.
ECC 8:12 Bien que el pecador haga mal cien veces, y le sea dilatado [el castigo], con todo yo también sé que los que a Dios temen tendrán bien, los que temieren ante su presencia;
ECC 8:13 Y que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, [que son] como sombra; por cuan­to no temió delante de la presen­cia de Dios.
ECC 8:14 Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como [si hicieran] obras de impíos; y hay impíos a quienes acaece como [si hicieran] obras de justos. Digo que esto también es vanidad.
ECC 8:15 Por tanto alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto se le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le dio debajo del sol.
ECC 8:16 Yo pues di mi corazón a cono­cer sabiduría, y a ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en sus ojos;)
ECC 8:17 Y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que tra­baje el hombre buscándola, no la hallará: aunque diga el sabio que la sabe, no por eso podrá alcan­zarla.
ECC 9:1 CIERTAMENTE dado he mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que [pasa] delante de él.
ECC 9:2 Todo acontece de la misma manera a todos: un mismo suce­so ocurre al justo y al impío; al bueno y al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacri­fica: como el bueno, así el que peca; el que jura, como el que teme el juramento.
ECC 9:3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y tam­bién que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su cora­zón durante su vida: y después, a los muertos.
ECC 9:4 Aún hay esperanza para todo aquél que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.
ECC 9:5 Porque los que viven saben que han de morir: más los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
ECC 9:6 También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.
ECC 9:7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre cora­zón: porque tus obras ya son agradables a Dios.
ECC 9:8 En todo tiempo sean blancos tus vestiduras, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
ECC 9:9 Goza de la vida con la esposa que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu traba­jo con que te afanas debajo del sol.
ECC 9:10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni conocimiento, ni sabiduría.
ECC 9:11 Tornéme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los elo­cuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece a todos.
ECC 9:12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se pren­den en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiem­po malo, cuando cae de repente sobre ellos.
ECC 9:13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
ECC 9:14 Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y cércala, y edi­fica contra ella grandes baluar­tes:
ECC 9:15 Y hállase en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra la ciu­dad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.
ECC 9:16 Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aun­que el conocimiento del pobre sea menospreciado, y no sean escuchadas sus palabras.
ECC 9:17 Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el cla­mor del señor entre los necios.
ECC 9:18 Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; mas un pecador destruye mucho bien.
ECC 10:1 LAS moscas muertas hacen heder [y] dar mal olor el ungüento del perfumador: [así] un poco de necedad, al estimado por sabiduría [y] honra.
ECC 10:2 El corazón del sabio está a su mano derecha; mas el corazón del necio a su mano izquierda.
ECC 10:3 Y aun mientras va el necio por el camino, fálta[le] su cordura, y dice a todos, [que] es necio.
ECC 10:4 Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la lenidad hará cesar grandes ofensas.
ECC 10:5 Hay un mal que debajo del sol he visto, a manera de error ema­nado del príncipe:
ECC 10:6 La necedad está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo.
ECC 10:7 Vi siervos en caballos, y prínci­pes que andaban como siervos sobre la tierra.
ECC 10:8 El que hiciere el hoyo caerá en él; y el que aportillare el vallado, morderále la serpiente.
ECC 10:9 El que mudare las piedras, tra­bajo tendrá en ellas: el que corta­re la leña, en ella peligrará.
ECC 10:10 Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza: pero excede la bondad de la sabiduría.
ECC 10:11 Muerde la serpiente cuando no está encantada, y el lenguaraz no es mejor.
ECC 10:12 Las palabras de la boca del sabio son gracia; mas los labios del necio causan su propia ruina.
ECC 10:13 El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla nocivo desvarío.
ECC 10:14 El necio multiplica palabras: no sabe hombre lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que des­pués de él será?
ECC 10:15 El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por dónde ir a la ciudad.
ECC 10:16 ¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes comen de mañana!
ECC 10:17 ¡Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, por refección, y no por el beber!
ECC 10:18 Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de manos se llueve la casa.
ECC 10:19 Por el placer se hace el convi­te, y el vino alegra los vivos: y el dinero responde a todo.
ECC 10:20 Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en los secre­tos de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo lle­varán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.
ECC 11:1 ECHA tu pan sobre las aguas; que después de muchos días lo hallarás.
ECC 11:2 Reparte a siete, y aun a ocho: porque no sabes el mal que ven­drá sobre la tierra.
ECC 11:3 Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derrama­rán: y si el árbol cayere al sur, o al norte, al lugar que el árbol cayere, allí quedará.
ECC 11:4 El que al viento mira, no sem­brará; y el que mira a las nubes, no segará.
ECC 11:5 Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o como [se crían] los huesos en el vientre de la mujer preñada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
ECC 11:6 Por la mañana siembra tu simiente, y a la tarde no dejes reposar tu mano: porque tú no sabes cuál es lo mejor, si esto o lo otro, o si ambas a dos cosas son buenas.
ECC 11:7 Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol:
ECC 11:8 Mas si el hombre viviere muchos años, y en todos ellos hubiere gozado alegría; si des­pués trajere a la memoria los días de las tinieblas, que serán muchos, todo lo que [le] habrá pasado, [dirá haber sido] vanidad.
ECC 11:9 Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu cora­zón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu cora­zón, y en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio.
ECC 11:10 Quita pues el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne: porque la mocedad y la juventud son vanidad.
ECC 12:1 Y ACUÉRDATE de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento;
ECC 12:2 Antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y las nubes se tornen tras la lluvia:
ECC 12:3 Cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas, porque han disminuído, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;
ECC 12:4 Y las puertas de afuera se cerra­rán, por la bajeza de la voz de la muela; y levantaráse a la voz del ave, y todas las hijas de canción serán humilladas;
ECC 12:5 [Cuando] también temerán de lo alto, y los tropezones en el cami­no; y florecerá el almendro, y se agravará la langosta, y perderáse el apetito: porque el hombre va a la casa de su siglo, y los ende­chadores andarán en derredor por la plaza:
ECC 12:6 Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;
ECC 12:7 Y el polvo se torne a la tierra, como era, y el espíritu se vuelva a Dios que lo dio.
ECC 12:8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo vanidad.
ECC 12:9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó conocimiento al pueblo; e hizo escu­char, e hizo escudriñar, y compu­so muchos proverbios.
ECC 12:10 Procuró el predicador hallar palabras agradables: y [lo que estaba] escrito [era] recto, [aun] palabra de verdad.
ECC 12:11 Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados, [las] de los maestros de las asambleas, dadas por un pastor.
ECC 12:12 Ahora, hijo mío, a más de esto, sé avisado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio aflicción es de la carne.
ECC 12:13 El fin de todo el discurso oído [es este]: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
ECC 12:14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, [el cual se hará] sobre toda cosa oculta, buena o mala.
SOL 1:1 CANCIÓN de canciones, la cual es de Salomón.
SOL 1:2 ¡Oh si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.
SOL 1:3 Por el olor de tus suaves ungüentos, (ungüento derramado es tu nombre,) por eso las vírge­nes te aman.
SOL 1:4 Llévame en pos de ti, correre­mos. Metióme el rey en sus cámaras: nos gozaremos y ale­graremos en ti; acordarémonos de tus amores más que del vino: los rectos te aman.
SOL 1:5 Morena soy, oh hijas de Jerusalem, mas codiciable; como las cabañas de Cedar, como las tiendas de Salomón.
SOL 1:6 No miréis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí, hiciéronme guarda de viñas; Y mi viña, que era mía, no guar­dé.
SOL 1:7 Hazme saber, o tú a quien ama mi alma, dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?
SOL 1:8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal, yéndote por las huellas del rebaño, y apa­cienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
SOL 1:9 A yegua de los carros de Faraón te he comparado, amada mía.
SOL 1:10 Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, tu cuello entre los collares.
SOL 1:11 Zarcillos de oro te haremos, con clavos de plata.
SOL 1:12 Mientras que el rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor.
SOL 1:13 Mi amado es para mí un manojito de mirra, que reposa entre mis pechos.
SOL 1:14 Racimo de cofer en las viñas de Engadi es para mí mi amado.
SOL 1:15 He aquí que tú eres hermosa, amada mía; He aquí que eres bella: tus ojos de paloma.
SOL 1:16 He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y suave: nuestro lecho también florido.
SOL 1:17 Las vigas de nuestra casa son de cedro, [y] de ciprés los arteso­nados.
SOL 2:1 YO soy la rosa de Sarón, y el lirio de los valles.
SOL 2:2 Como el lirio entre las espinas, así es mi amada entre las hijas.
SOL 2:3 Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos: bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce en mi pala­dar.
SOL 2:4 Llevóme a la cámara del vino, y su bandera sobre mí fue amor.
SOL 2:5 Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas; porque estoy enferma de amor.
SOL 2:6 Su izquierda [esté] debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace.
SOL 2:7 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalem, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.
SOL 2:8 ¡La voz de mi amado! He aquí él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.
SOL 2:9 Mi amado es semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos. Helo aquí, está tras nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por las rejas.
SOL 2:10 Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amada mía, her­mosa mía, y vente.
SOL 2:11 Porque he aquí ha pasado el invierno, hase mudado, la lluvia se fue;
SOL 2:12 Hanse mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción es venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola;
SOL 2:13 La higuera ha echado sus higos verdes, y las vides en cierne die­ron olor: levántate, oh amada mía, hermosa mía, y vente.
SOL 2:14 Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escon­dido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
SOL 2:15 Cazadnos las zorras, las zo­rras pequeñas, que echan a perder las viñas; pues que nuestras viñas están en cierne.
SOL 2:16 Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios.
SOL 2:17 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, tórnate, amado mío; sé semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos, sobre los montes de Beter.
SOL 3:1 POR las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma: busquélo, y no lo hallé.
SOL 3:2 Levantaréme ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma: busquélo, y no lo hallé.
SOL 3:3 Halláronme los guardas que rondan la ciudad, [y díjeles]: ¿Habéis visto al que ama mi alma?
SOL 3:4 Pasando de ellos un poco, hallé luego al que mi alma ama: trabé de él, y no lo dejé, hasta que lo metí en casa de mi madre, y en la cámara de la que me engendró.
SOL 3:5 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalem, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.
SOL 3:6 ¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo, sahumada de mirra y de incienso, y de todos polvos aro­máticos?
SOL 3:7 He aquí es la litera de Salomón: sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel.
SOL 3:8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo, por los temores de la noche.
SOL 3:9 El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano.
SOL 3:10 Sus columnas hizo de plata, su respaldo de oro, su cielo de grana, su interior enlosado de amor, por las hijas de Jerusalem.
SOL 3:11 Salid, oh hijas de Sión, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón.
SOL 4:1 HE aquí que tú eres hermosa; amada mía, he aquí que tú eres hermosa; tus ojos entre tus guedejas [como] de paloma; tus cabellos como manada de cabras, que se muestran desde el monte de Galaad.
SOL 4:2 Tus dientes, como manadas de trasquiladas [ovejas], que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y ninguna entre ellas estéril.
SOL 4:3 Tus labios, como un hilo de grana, y tu habla hermosa; tus sienes, como cachos de granada a la parte adentro de tus guede­jas.
SOL 4:4 Tu cuello, como la torre de David, edificada para muestra; mil escudos están colgados de ella, todos escudos de valientes.
SOL 4:5 Tus dos pechos, como gemelos de gacela, que apacienta entre lirios.
SOL 4:6 Hasta que apunte el día y huyan las sombras, iréme al monte de la mirra, y al collado del incienso.
SOL 4:7 Toda tú eres hermosa, amada mía, y en ti no hay mancha.
SOL 4:8 Conmigo del Líbano, oh espo­sa, conmigo ven del Líbano: mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos.
SOL 4:9 Prendiste mi corazón, herma­na, esposa [mía]; has preso mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello.
SOL 4:10 ¡Cuán hermosos son tus amo­res, hermana, esposa [mía!] ¡cuán­to mejores que el vino tus amo­res, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáti­cas!
SOL 4:11 [Como] panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestiduras como el olor del Líbano.
SOL 4:12 Huerto cerrado [eres], mi hermana, esposa [mía]; fuente cerrada, fuente sellada.
SOL 4:13 Tus renuevos paraíso de gra­nados, con frutos suaves, de cofer y nardos,
SOL 4:14 Nardo y azafrán, caña aromá­tica y canela, con todos los árbo­les de incienso; mirra y áloes, con todas las principales espe­cias.
SOL 4:15 Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano.
SOL 4:16 Levántate, viento del norte, y ven, viento del sur: sopla mi huerto, des­préndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta.
SOL 5:1 YO vine a mi huerto, oh hermana, esposa [mía:] cogido he mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados.
SOL 5:2 Yo dormía, pero mi corazón velaba: la voz de mi amado que llamaba: Abreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, perfec­ta mía; porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche.
SOL 5:3 Heme desnudado mi ropa; ¿cómo la tengo de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los tengo de ensuciar?
SOL 5:4 Mi amado metió su mano por el agujero, y mis entrañas se con­movieron dentro de mí.
SOL 5:5 Yo me levanté para abrir a mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra que corría sobre las aldabas del can­dado.
SOL 5:6 Abrí yo a mi amado; Mas mi amado se había ido, había ya pasado: y tras su hablar salió mi alma: busquélo, y no lo hallé; lla­mélo, y no me respondió.
SOL 5:7 Halláronme los guardas que rondan la ciudad: hiriéronme, llagáronme, quitáronme mi manto de encima los guardas de los muros.
SOL 5:8 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalem, si hallareis a mi amado, que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma.
SOL 5:9 ¿Qué es tu amado más que [otro] amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que [otro] amado, que así nos conjuras?
SOL 5:10 Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil.
SOL 5:11 Su cabeza, [como] oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.
SOL 5:12 Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, que se lavan con leche, y a la perfección colocados.
SOL 5:13 Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, [como] fra­gantes flores: sus labios, [como] lirios que destilan mirra que tras­ciende.
SOL 5:14 Sus manos, [como] anillos de oro engastados de berilo: su vientre, [como] claro marfil cubierto de zafiros.
SOL 5:15 Sus piernas, [como] columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro: su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros.
SOL 5:16 Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, oh hijas de Jerusalem.
SOL 6:1 ¿DÓNDE se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, y le buscaremos contigo?
SOL 6:2 Mi amado descendió a su huer­to, a las eras de los aromas, para apacentar en los huertos, y para coger los lirios.
SOL 6:3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío: él apacienta entre los lirios.
SOL 6:4 Hermosa eres tú, oh amada mía, como Tirsa; de desear, como Jerusalem; imponente como [un ejército] en orden.
SOL 6:5 Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras, que se muestran en Galaad.
SOL 6:6 Tus dientes, como manada de ovejas que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y estéril no hay entre ellas.
SOL 6:7 Como cachos de granada son tus sienes entre tus guedejas.
SOL 6:8 Sesenta son las reinas, y ochen­ta las concubinas, y las vírgenes sin cuento:
SOL 6:9 [Mas] una es la paloma mía, la perfecta mía; única es a su madre, escogida a la que la engendró. Viéronla las hijas, y llamáronla bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la ala­baron.
SOL 6:10 ¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como [un ejército] en orden?
SOL 6:11 Al huerto de los nogales des­cendí a ver los frutos del valle, [y] para ver si brotaban las vides, si florecían los granados.
SOL 6:12 No lo supe: hame mi alma hecho [como] los carros de Aminadab.
SOL 6:13 Tórnate, tórnate, oh sulamita; tórnate, tórnate, y te miraremos. ¿Qué veréis en la sulamita? Como la reunión de dos ejércitos.
SOL 7:1 ¡CUÁN hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro.
SOL 7:2 Tu ombligo, [como] una taza redonda, que no le falta bebida. Tu vientre, [como] montón de trigo, cercado de lirios.
SOL 7:3 Tus dos pechos, como gemelos de gacela.
SOL 7:4 Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, [como] las pesqueras de Hesbón junto a la puerta de Batrabim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco.
SOL 7:5 Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey ligada en los corredores.
SOL 7:6 ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!
SOL 7:7 Y tu estatura es semejante a la palma, y tus pechos a los raci­mos!
SOL 7:8 Yo dije: Subiré a la palma, asiré sus ramos: y tus pechos serán ahora como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manza­nas;
SOL 7:9 Y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos.
SOL 7:10 Yo [soy] de mi amado, y su deseo [es] hacia mi.
SOL 7:11 Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las alde­as.
SOL 7:12 Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.
SOL 7:13 Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nue­vas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.
SOL 8:1 ¡OH quién te me diese como hermano que mamó los pechos de mi madre; [de modo] que te halle yo fuera, y te bese, y no me menosprecien!
SOL 8:2 Yo te llevaría, te metiera en casa de mi madre: tú me enseña­rías, y yo te hiciera beber vino adobado del mosto de mis grana­das.
SOL 8:3 Su izquierda [esté] debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace.
SOL 8:4 Conjúroos, oh hijas de Jerusalem, que no despertéis, ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.
SOL 8:5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté: allí tuvo tu madre dolores, allí tuvo dolores la que te parió.
SOL 8:6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: porque fuerte es como la muerte el amor; duro como el sepulcro el celo: sus brasas, bra­sas de fuego, fuerte llama.
SOL 8:7 Las muchas aguas no pueden apagar el amor, ni lo ahogan los diluvios. Si diese [un] hombre toda la sustancia de su casa por este amor, de cierto sería menospreciado.
SOL 8:8 Tenemos una pequeña herma­na, que no tiene pechos: ¿Qué haremos a nuestra hermana cuando de ella se hablare?
SOL 8:9 Si ella es muro, edificaremos sobre él un palacio de plata: y si fuere puerta, la guarneceremos con tablas de cedro.
SOL 8:10 Yo soy muro, y mis pechos como torres, desde que fui en sus ojos como la que halla paz.
SOL 8:11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, la cual entregó a guardas, cada uno de los cuales debía traer mil [monedas] de plata por su fruto.
SOL 8:12 Mi viña, que es mía, está delante de mí: las mil serán tuyas, oh Salomón, y doscientas, de los que guardan su fruto.
SOL 8:13 Oh tú la que moras en los huertos, los compañeros escu­chan tu voz: házmela oír.
SOL 8:14 Huye, amado mío; y sé seme­jante al gamo, o al cervatillo, sobre las montañas de los aro­mas.
ISA 1:1 VISIÓN de Isaías hijo de Amoz, la cual vio sobre Judá y Jerusalem, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.
ISA 1:2 Oíd, oh cielos, y escucha tú, tierra; porque habla el SEÑOR: Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí.
ISA 1:3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor: Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento.
ISA 1:4 ¡Oh nación pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron al SEÑOR, provocaron a ira al Santo de Israel, torná­ronse atrás.
ISA 1:5 ¿Para qué habéis de ser casti­gados aún? todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.
ISA 1:6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, [sino] herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni venda­das, ni suavizadas con aceite.
ISA 1:7 Vuestra tierra está destruída, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida de extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.
ISA 1:8 Y queda la hija de Sión como choza en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.
ISA 1:9 Si el SEÑOR de los ejércitos no nos hubiese dejado un pequeño rema­nente, como Sodoma fuéramos, [y] semejantes a Gomorra.
ISA 1:10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra del SEÑOR; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
ISA 1:11 ¿Para qué a mí, dice el SEÑOR, la multitud de vuestros sacrificios? Lleno estoy de holo­caustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero san­gre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.
ISA 1:12 ¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis a presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?
ISA 1:13 No me traigáis más vano pre­sente: el perfume me es abomi­nación: luna nueva y sábado, el convocar asambleas, no las puedo sufrir: son iniquidad vues­tras fiestas solemnes.
ISA 1:14 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes aborrece mi alma: me son gravosas; cansado estoy de llevarlas.
ISA 1:15 Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos: asimismo cuando mul­tiplicareis la oración, yo no oiré: llenas están de sangre vuestras manos.
ISA 1:16 Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo:
ISA 1:17 Aprended a hacer bien; buscad juicio, restituid al agraviado, oíd en derecho al huérfano, amparad a la viuda.
ISA 1:18 Venid luego, y razonemos juntos, dice el SEÑOR: aunque vuestros pecados fueren como la grana, serán tan blancos como la nieve: aunque fueren rojos como el carmesí, serán como lana.
ISA 1:19 Si quisiereis y oyereis, come­réis el bien de la tierra:
ISA 1:20 Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada: porque la boca del SEÑOR lo ha dicho.
ISA 1:21 ¿Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de juicio, en ella habitó equidad; mas ahora, homicidas.
ISA 1:22 Tu plata se ha tornado esco­rias, tu vino mezclado [está] con agua.
ISA 1:23 Tus príncipes, rebeldes y compañeros de ladrones: todos aman las dádivas, y van tras las recompensas: no oyen en juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.
ISA 1:24 Por tanto, dice el Señor, el SEÑOR de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satis­facción de mis enemigos, venga­réme de mis adversarios:
ISA 1:25 Y volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todo tu estaño:
ISA 1:26 Y restituiré tus jueces como al principio, y tus consejeros como de primero: entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.
ISA 1:27 Sión con juicio será rescatada, y los convertidos de ella con jus­ticia.
ISA 1:28 Mas los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan al SEÑOR serán con­sumidos.
ISA 1:29 Entonces os avergonzarán las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis.
ISA 1:30 Porque seréis como la encina que se le cae la hoja, y como huerto que le faltan las aguas.
ISA 1:31 Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos junta­mente, y no habrá quien apague.
ISA 2:1 LO que vio Isaías, hijo de Amoz, tocante a Judá y a Jerusalem.
ISA 2:2 Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del SEÑOR por cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.
ISA 2:3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del SEÑOR, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra del SEÑOR.
ISA 2:4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces: no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la gue­rra.
ISA 2:5 Venid, oh casa de Jacob, y caminemos a la luz del SEÑOR.
ISA 2:6 Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque son henchidos de oriente, y de agoreros, como los filisteos; y en hijos ajenos descansan.
ISA 2:7 Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos; ni sus carros tienen número.
ISA 2:8 Además está su tierra llena de ídolos, y a la obra de sus manos se han arrodillado, a lo que fabri­caron sus dedos.
ISA 2:9 Y hase inclinado el hombre vil, y el varón se ha humillado: por tanto no los perdonarás.
ISA 2:10 Entra en la roca, escónde­te en el polvo, de la presencia espantosa del SEÑOR y del res­plandor de su majestad.
ISA 2:11 La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humilla­da; y el SEÑOR solo será ensal­zado en aquel día.
ISA 2:12 Porque día del SEÑOR de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, y sobre todo ensalzado; y será abatido:
ISA 2:13 Y sobre todos los cedros del Líbano altos y sublimes, y sobre todas las encinas de Basán;
ISA 2:14 Y sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados levantados;
ISA 2:15 Y sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte;
ISA 2:16 Y sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas pinturas pre­ciadas.
ISA 2:17 Y la altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hom­bres será humillada; y solo el SEÑOR será ensalzado en aquel día.
ISA 2:18 Y quitará totalmente los ído­los.
ISA 2:19 Y meteránse en las cavernas de las peñas, y en las aberturas de la tierra, por la presencia espan­tosa del SEÑOR, y por el res­plandor de su majestad, cuando se levantare él para herir la tierra.
ISA 2:20 Aquel día arrojará el hombre, a los topos y murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase;
ISA 2:21 Y se entrarán en las hendidu­ras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia for­midable del SEÑOR, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare para herir la tie­rra.
ISA 2:22 Dejaos del hombre, cuyo háli­to está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?
ISA 3:1 PORQUE he aquí que el Señor, el SEÑOR de los ejércitos quita de Jerusalem y de Judá el sustentador y el fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua;
ISA 3:2 El valiente y el hombre de gue­rra, el juez y el profeta, el prudente y el anciano;
ISA 3:3 El capitán de cincuenta, y el hombre de respeto, y el conseje­ro, y el artífice excelente, y el hábil orador.
ISA 3:4 Y pondréles mozos por príncipes, y muchachos serán sus seño­res.
ISA 3:5 Y el pueblo hará violencia los unos a los otros, cada cual contra su vecino: el mozo se levantará contra el viejo, y el villano contra el noble.
ISA 3:6 Cuando alguno trabare de su hermano, de la familia de su padre, [y le dijere], que vestir tie­nes, tú serás nuestro príncipe, y sea en tu mano esta ruina;
ISA 3:7 Él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué ves­tir: no me hagáis príncipe del pueblo.
ISA 3:8 Pues arruinada está Jerusalem, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra el SEÑOR, para irritar los ojos de su majestad.
ISA 3:9 La apariencia del rostro de ellos los convence: que como Sodoma predican su pecado, no lo disimu­lan. ¡Ay del alma de ellos! porque allegaron mal para sí.
ISA 3:10 Decid al justo que [le irá] bien: porque comerá de los frutos de sus manos.
ISA 3:11 ¡Ay del impío! mal [le irá]: por­que según las obras de sus manos le será pagado.
ISA 3:12 Los exactores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen la carrera de tus caminos.
ISA 3:13 El SEÑOR está en pie para litigar, y está para juzgar los pue­blos.
ISA 3:14 El SEÑOR vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.
ISA 3:15 ¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo, y moléis las caras de los pobres? dice el Señor DIOS de los ejércitos.
ISA 3:16 Asimismo dice el SEÑOR: Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen, y andan cuellier­guidas y los ojos descompuestos; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies:
ISA 3:17 Por tanto, pelará el Señor la mollera de las hijas de Sión, y el SEÑOR descubrirá sus vergüen­zas.
ISA 3:18 Aquel día quitará el Señor el atavío de los calzados, y las rede­cillas, y las lunetas;
ISA 3:19 Los collares, y los joyeles, y los brazaletes;
ISA 3:20 Las escofietas, y los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor, y los zarcillos;
ISA 3:21 Los anillos, y los joyeles de las narices;
ISA 3:22 Las ropas de remuda, los mantoncillos, los velos, y los alfileres;
ISA 3:23 Los espejos, los pañizuelos, las gasas, y los tocados.
ISA 3:24 Y será que en lugar de los per­fumes aromáticos vendrá hedion­dez; y desgarrón en lugar de cinta; y calvez en lugar de la compos­tura del cabello; y en lugar de faja ceñimiento de cilicio; y que­madura en vez de hermosura.
ISA 3:25 Tus varones caerán a espada, y tu fuerza en la guerra.
ISA 3:26 Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada, sentaráse en tierra.
ISA 4:1 Y ECHARÁN mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, quita nuestro oprobio.
ISA 4:2 En aquel tiempo el renuevo del SEÑOR será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los librados de Israel.
ISA 4:3 Y acontecerá que el que queda­re en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalem, será llamado santo; todos los que en Jerusalem están escritos entre los vivientes;
ISA 4:4 Cuando el Señor lavare las inmundicias de las hijas de Sión, y limpiare las sangres de Jerusalem de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espí­ritu de ardimiento.
ISA 4:5 Y creará el SEÑOR sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre sus asambleas, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas: porque sobre toda gloria [habrá] cobertura.
ISA 4:6 Y habrá sombrajo para sombra contra el calor del día, para aco­gida y escondedero contra el tur­bión y contra el aguacero.
ISA 5:1 AHORA cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en un recuesto, lugar fértil.
ISA 5:2 Habíala cercado, y despedregá­dola, y plantádola de vides esco­gidas: había edificado en medio de ella una torre, y también asen­tado un lagar en ella; y esperaba que llevase uvas, y llevó uvas sil­vestres.
ISA 5:3 Ahora pues, vecinos de Jerusalem y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.
ISA 5:4 ¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que llevase uvas, ha llevado uvas sil­vestres?
ISA 5:5 Os mostraré pues ahora lo que haré yo a mi viña: Quitaréle su vallado, y será para ser consumi­da; aportillaré su cerca, y será para ser hollada;
ISA 5:6 Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerá el cardo y las espinas: y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.
ISA 5:7 Ciertamente la viña del SEÑOR de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor.
ISA 5:8 ¡Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad a heredad hasta acabar el término! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?
ISA 5:9 [Ha llegado] a mis oídos de parte del SEÑOR de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.
ISA 5:10 Y diez huebras de viña produ­cirán un zaque, y treinta modios de simiente darán tres modios.
ISA 5:11 ¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embria­guez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende!
ISA 5:12 Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra del SEÑOR, ni consideran la obra de sus manos.
ISA 5:13 Por tanto mi pueblo fue lleva­do cautivo, porque no tuvo cono­cimiento: y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.
ISA 5:14 Por eso ensanchó su interior el infierno, y sin medida abrió su boca; y en él descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su faus­to, y el que se gozaba.
ISA 5:15 Y el hombre vil será humillado, y el varón será abatido, y bajados serán los ojos de los altivos.
ISA 5:16 Mas el SEÑOR de los ejérci­tos será ensalzado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia.
ISA 5:17 Y los corderos serán apacen­tados según su costumbre; y extraños comerán las gruesas desamparadas.
ISA 5:18 ¡Ay de los que traen la iniqui­dad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con bandas de carreta,
ISA 5:19 Los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos: acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepa­mos!
ISA 5:20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amar­go por dulce, y lo dulce por amargo!
ISA 5:21 ¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delan­te de sí mismos!
ISA 5:22 ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuer­tes para mezclar bebida fuerte;
ISA 5:23 Los que dan por justo al impío por soborno, y al justo quitan su justicia!
ISA 5:24 Por tanto, como la lengua del fuego consume las aristas, y la llama devora la paja, así será su raíz como pudrimiento, y su flor se desvanecerá como polvo: por­que desecharon la ley del SEÑOR de los ejércitos, y abo­minaron la palabra del Santo de Israel.
ISA 5:25 Por esta causa se encendió el furor del SEÑOR contra su pue­blo, y extendió contra él su mano, e hirióle; y se estremecie­ron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesa­do su furor, antes está su mano todavía extendida.
ISA 5:26 Y alzará pendón a naciones de lejos, y silbará al [que está] en el cabo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente.
ISA 5:27 No habrá entre ellos cansado, ni que vacile; ninguno se dormi­rá ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos.
ISA 5:28 Sus saetas amoladas, y todos sus arcos entesados; las pezuñas de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas [de sus carros] como torbellino.
ISA 5:29 Su rugido como de león; rugirá a manera de leoncillos, rechinará los dientes, y arrebata­rá la presa; la apañará, y nadie [se la] quitará.
ISA 5:30 Y bramará sobre él en aquel día como bramido del mar: entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.
ISA 6:1 EN el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo.
ISA 6:2 Y encima de él estaban serafi­nes: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
ISA 6:3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, SEÑOR de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.
ISA 6:4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo.
ISA 6:5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos.
ISA 6:6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas:
ISA 6:7 Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
ISA 6:8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
ISA 6:9 Y dijo: Anda, y di a este pue­blo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no compren­dáis.
ISA 6:10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
ISA 6:11 Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desier­to;
ISA 6:12 Hasta que el SEÑOR hubiere echado lejos los hombres, y mul­tiplicare en medio de la tierra la desamparada.
ISA 6:13 Pues aún [quedará] en ella una décima parte, y volverá, y será consumida: como el olmo y como la encina, cuya sustancia [está] en ellos, al deshojar: [así] la simiente santa [será] su sustancia.
ISA 7:1 ACONTECIÓ en los días de Acaz hijo de Jotam, hijo de Uzías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria, y Peka hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a Jerusalem para combatirla; mas no la pudieron tomar.
ISA 7:2 Y vino la nueva a la casa de David, diciendo: Siria se ha con­federado con Efraím. Y estre­meciósele el corazón, y el cora­zón de su pueblo, como se estre­mecen los árboles del monte a causa del viento.
ISA 7:3 Entonces dijo el SEÑOR a Isaías: Sal ahora al encuentro de Acaz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al cabo del conducto de la Pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador,
ISA 7:4 Y díle: Guarda, y repósate; no temas, ni se enternezca tu cora­zón a causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el furor de la ira de Rezín y del siro, y del hijo de Remalías.
ISA 7:5 Por haber acordado maligno consejo contra ti el siro, con Efraím y con el hijo de Remalías, diciendo:
ISA 7:6 Vamos contra Judá, y la des­pertaremos, y la partiremos entre nosotros, y pondremos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel:
ISA 7:7 El Señor DIOS dice así: No subsistirá, ni será.
ISA 7:8 Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín: y dentro de sesenta y cinco años Efraím será quebrantado hasta dejar de ser pueblo.
ISA 7:9 Entretanto la cabeza de Efraím es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Remalías. Si vosotros no creyereis, de cier­to no permaneceréis.
ISA 7:10 Y habló más el SEÑOR a Acaz, diciendo:
ISA 7:11 Pide para ti señal del SEÑOR tu Dios, demandándola en lo profundo, o arriba en lo alto.
ISA 7:12 Y respondió Acaz: No pedi­ré, y no tentaré al SEÑOR.
ISA 7:13 Dijo entonces [Isaías]: Oíd ahora casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios?
ISA 7:14 Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que una virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel.
ISA 7:15 Comerá manteca y miel, para que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.
ISA 7:16 Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra que tú aborreces será dejada de sus dos reyes.
ISA 7:17 El SEÑOR hará venir sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Efraím se apartó de Judá, [es a saber], al rey de Asiria.
ISA 7:18 Y acontecerá que aquel día silbará el SEÑOR a la mosca que está en el fin de los ríos de Egipto, y a la abeja que está en la tierra de Asiria.
ISA 7:19 Y vendrán, y se asentarán todos en los valles desiertos, y en las cavernas de las piedras, y en todos los zarzales, y en todas las matas.
ISA 7:20 En aquel día raerá el Señor con navaja alquilada, con los [que habitan] de la otra parte del río, [a saber], con el rey de Asiria, cabe­za y pelos de los pies; y aun la barba también quitará.
ISA 7:21 Y acontecerá en aquel tiempo, que críe un hombre una vaca y dos ovejas;
ISA 7:22 Y será que a causa de la abun­dancia de leche que darán, comerá manteca: pues manteca y miel comerá el que quedare en medio de la tierra.
ISA 7:23 Acontecerá también en aquel tiempo, que el lugar donde había mil vides que valían mil [siclos] de plata, será para los espinos y cardos.
ISA 7:24 Con saetas y arco irán allá; porque toda la tierra será espinos y cardos.
ISA 7:25 Y a todos los montes que se cavaban con azada, no llegará allá el temor de los espinos y de los cardos: mas serán para pasto de bueyes, y para ser hollados de los ganados.
ISA 8:1 Y DÍJOME el SEÑOR: Tómate un rollo grande, y escribe en él con pluma de hombre tocante a Maher-salal-has-baz.
ISA 8:2 Y junté conmigo por testigos fieles a Urías sacerdote, y a Zacarías hijo de Jeberequías.
ISA 8:3 Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome el SEÑOR: Ponle por nombre Maher-salal-has-baz.
ISA 8:4 Porque antes que el niño tenga conocimento [para] decir, Padre mío, y Madre mía, será quitada la fuerza de Damasco y los despojos de Samaria, en la presencia del rey de Asiria.
ISA 8:5 Otra vez tornó el SEÑOR a hablarme, diciendo:
ISA 8:6 Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente, y holgóse con Rezín y con el hijo de Remalías;
ISA 8:7 He aquí por tanto que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchas, [a saber], al rey de Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas:
ISA 8:8 Y pasando hasta Judá, inunda­rá, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tie­rra, oh Emmanuel.
ISA 8:9 Juntaos, pueblos, y seréis que­brantados; oíd todos los que sois de lejanas tierras: poneos a punto, y seréis quebrantados; apercibíos, y seréis quebranta­dos.
ISA 8:10 Tomad consejo, y será deshecho; proferid palabra, y no será firme: porque Dios con nosotros.
ISA 8:11 Porque el SEÑOR me dijo de esta manera con mano fuerte, y enseñóme que no caminase por el camino de este pueblo, dicien­do:
ISA 8:12 No digáis, Conjuración, a todas las cosas a que este pueblo dice, Conjuración; ni temáis lo que temen, ni tengáis miedo.
ISA 8:13 Al SEÑOR de los ejércitos, a él santificad: sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.
ISA 8:14 Entonces él será por santua­rio; mas a las dos casas de Israel por piedra de tropiezo, y por roca de escándalo, y por lazo y por red al morador de Jerusalem.
ISA 8:15 Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebran­tados: enredaránse, y serán pre­sos.
ISA 8:16 Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.
ISA 8:17 Esperaré pues al SEÑOR, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y a él aguardaré.
ISA 8:18 He aquí, yo y los hijos que me dio el SEÑOR, por señales y pro­digios en Israel, de parte del SEÑOR de los ejércitos que mora en el monte de Sión.
ISA 8:19 Y si os dijeren: Preguntad a los hechiceros y a los adivinos, que susurran hablando, [respon­ded]: ¿No consultará el pueblo a su Dios? [¿Apelará] por los vivos a los muertos?
ISA 8:20 A la ley y al testimonio: Si no dijeren conforme a esta palabra, [es] porque no [hay] luz en ellos.
ISA 8:21 Y pasarán por él fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto.
ISA 8:22 Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tiniebla, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas.
ISA 9:1 AUNQUE no [será esta] oscuri- dad tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón, y a la tierra de Neftalí; y después cuando agravaron por la vía del mar, de esa parte del Jordán, en Galilea de las naciones.
ISA 9:2 El pueblo que andaba en tinie­blas vio gran luz: los que mora­ban en tierra de sombra de muer­te, luz resplandeció sobre ellos.
ISA 9:3 Aumentando la nación, no aumentaste la alegría. Alegraránse delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.
ISA 9:4 Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su exactor, como en el día de Madián.
ISA 9:5 Porque toda batalla de quien pelea [es] con estruendo, y con revolcamiento de vestidura en sangre: mas esto será para quema, y pábulo del fuego.
ISA 9:6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.
ISA 9:7 Lo dilatado de [su] imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto.
ISA 9:8 El SEÑOR envió palabra a Jacob, y cayó en Israel.
ISA 9:9 Y [la] sabrá el pueblo, todo él, Efraím y los moradores de Samaria, que con soberbia y con altivez de corazón dicen:
ISA 9:10 Los ladrillos cayeron, mas edificaremos de cantería; corta­ron los sicómoros, mas cedros pondremos en su lugar.
ISA 9:11 Por tanto el SEÑOR ensalzará los enemigos de Rezín contra él, y juntará sus enemigos;
ISA 9:12 De oriente los siros, y los filisteos de poniente; y con toda la boca se tragarán a Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.
ISA 9:13 Mas el pueblo no se convirtió al que lo hería, ni buscaron al SEÑOR de los ejércitos.
ISA 9:14 Y el SEÑOR cortará de Israel cabeza y cola, ramo y caña en un mismo día.
ISA 9:15 El viejo y venerable de rostro [es] la cabeza: el profeta que ense­ña mentira, este [es] cola.
ISA 9:16 Porque los gobernadores de este pueblo son engañadores; y sus gobernados, perdidos.
ISA 9:17 Por tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus mance­bos, ni de sus huérfanos y viudas tendrá misericordia: porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla despropósitos. Con todo esto no ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.
ISA 9:18 Porque la maldad se encendió como fuego, cardos y espinas devorará; y encenderáse en lo espeso de la breña, y serán alza­dos como humo.
ISA 9:19 Por la ira del SEÑOR de los ejércitos se oscureció la tierra, y será el pueblo como pábulo del fuego: el hombre no tendrá piedad de su hermano.
ISA 9:20 [Cada uno] hurtará a la mano derecha, y tendrá hambre; y comerá a la izquierda, y no se hartará: cada cual comerá la carne de su brazo:
ISA 9:21 Manasés a Efraím, y Efraím a Manasés, y entram­bos contra Judá. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.
ISA 10:1 ¡AY de los que establecen leyes injustas, y determi­nando prescriben tiranía,
ISA 10:2 Por apartar del juicio a los pobres, y por quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; por despojar las viudas, y robar los huérfanos!
ISA 10:3 ¿Y qué haréis en el día de la visitación? ¿y a quién os acoge­réis que os ayude, cuando vinie­re de lejos el asolamiento? ¿y en dónde dejaréis vuestra gloria?
ISA 10:4 Sin mí se inclinarán entre los presos, y entre los muertos cae­rán. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.
ISA 10:5 Oh Asur, vara y bastón de mi furor: en su mano [he puesto] mi ira.
ISA 10:6 Mandaréle contra una nación fementida, y sobre el pueblo de mi ira le enviaré, para que quite despojos, y arrebate presa, y que lo ponga a ser hollado como lodo de las calles.
ISA 10:7 Aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera; sino que su pensamiento será desarraigar y cortar naciones no pocas.
ISA 10:8 Porque él dice: Mis príncipes ¿no son todos reyes?
ISA 10:9 ¿No es Calno como Carquemis, Hamat como Arfad, y Samaria como Damasco?
ISA 10:10 Como halló mi mano los rei­nos de los ídolos, [siendo] sus imá­genes más que Jerusalem y Samaria;
ISA 10:11 Como hice a Samaria y a sus ídolos, ¿no haré también así a Jerusalem y a sus ídolos?
ISA 10:12 Mas acontecerá que después que el Señor hubiere acabado toda su obra en el monte de Sión, y en Jerusalem, visitaré sobre el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y sobre la glo­ria de la altivez de sus ojos.
ISA 10:13 Porque dijo: Con la fortaleza de mi mano [lo] he hecho, y con mi sabiduría; porque he sido pru­dente: y quité los términos de los pueblos, y saqueé sus tesoros, y derribé como valientes los que estaban sentados:
ISA 10:14 Y halló mi mano como nido las riquezas de los pueblos; y como se cogen los huevos deja­dos, [así] me apoderé yo de toda la tierra; y no hubo quien moviese ala, o abriese boca y graznase.
ISA 10:15 ¿Gloriaráse el hacha contra el que con ella corta? ¿se ensober­becerá la sierra contra el que la mueve? como si el bordón se levantase contra los que lo levan­tan; como si se levantase la vara: ¿no [es] leño?
ISA 10:16 Por tanto el Señor, el Señor de los ejércitos enviará flaqueza sobre sus gordos; y debajo de su gloria encenderá encendimiento, como ardor de fuego.
ISA 10:17 Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinas.
ISA 10:18 La gloria de su bosque y de su campo fértil consumirá, desde el alma hasta la carne: y vendrá a ser como abanderado en derrota.
ISA 10:19 Y los árboles que quedaren en su bosque, serán en número que un niño los pueda contar.
ISA 10:20 Y acontecerá en aquel tiempo, que el remanente quedado de Israel, y los que hubieren queda­do de la casa de Jacob, nunca más estriben sobre el que los hirió; sino que se apoyarán con verdad en el SEÑOR, el Santo de Israel.
ISA 10:21 El remanente volverá, el rema­nente de Jacob, al Dios pode­roso.
ISA 10:22 Porque si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas del mar, el remanente de él volverá: la destrucción acordada rebosará justicia.
ISA 10:23 Pues el Señor DIOS de los ejércitos hará consumación y fenecimiento en medio de la tie­rra.
ISA 10:24 Por tanto el Señor DIOS de los ejércitos dice así: Pueblo mío, morador de Sión, no temas de Asur. Con vara te herirá, y con­tra ti alzará su palo, a la manera de Egipto:
ISA 10:25 Mas de aquí a muy poco tiem­po, se acabará el furor y mi enojo, para fenecimiento de ellos.
ISA 10:26 Y levantará el SEÑOR de los ejércitos azote contra él, cual la matanza de Madián en la peña de Oreb: y alzará su vara sobre el mar, [según hizo] por la vía de Egipto.
ISA 10:27 Y acaecerá en aquel tiempo, que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se empodrecerá por causa de la unción.
ISA 10:28 Vino hasta Ajad, pasó hasta Migrón; en Michmas contará su ejército:
ISA 10:29 Pasaron el vado; alojaron en Geba: Ramá tembló; Gabaa de Saúl huyó.
ISA 10:30 Grita en alta voz, hija de Galim; haz que se oiga hacia Lais, pobrecilla Anatot.
ISA 10:31 Madmena se alborotó: los moradores de Gebim se juntarán.
ISA 10:32 Aun [vendrá] día cuando repo­sará en Nob: alzará su mano al monte de la hija de Sión, al colla­do de Jerusalem.
ISA 10:33 He aquí el Señor, el SEÑOR de los ejércitos desgajará el ramo con fortaleza: y los de grande altura serán cortados, y los altos serán humillados.
ISA 10:34 Y cortará con hierro la espe­sura del bosque, y el Líbano caerá con fortaleza.
ISA 11:1 Y SALDRÁ una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.
ISA 11:2 Y reposará sobre él el espíritu del SEÑOR; espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR.
ISA 11:3 Y harále entender diligente­mente en el temor del SEÑOR. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyeren sus oídos;
ISA 11:4 Sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra: y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío.
ISA 11:5 Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus entrañas.
ISA 11:6 Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acosta­rá: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.
ISA 11:7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja.
ISA 11:8 Y el niño de teta se entretendrá sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.
ISA 11:9 No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del SEÑOR, como cubren el mar las aguas.
ISA 11:10 Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará [puesta] por pendón a los pueblos, será buscada de los gentiles; y su reposo será gloria.
ISA 11:11 Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que el Señor torna­rá a poner otra vez su mano para poseer el remanente de su pueblo que fueron dejadas de Asiria, y de Egipto, y de Patros, y de Etiopía, y de Persia, y de Caldea, y de Hamat, y de las Islas del mar.
ISA 11:12 Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro cantones de la tierra.
ISA 11:13 Y se disipará la envidia de Efraím, y los enemigos de Judá serán talados. Efraím no tendrá envidia contra Judá, ni Judá afli­girá a Efraím;
ISA 11:14 Mas volarán sobre los hom­bros de los filisteos al occidente, meterán también a saco a los del oriente: Edom y Moab les servi­rán, y los hijos de Amón les darán obediencia.
ISA 11:15 Y secará el SEÑOR la lengua del mar de Egipto; y con su fuerte viento agitará su mano sobre el río, y herirálo en [sus] siete brazos, y hará que pasen [por él] con zapatos.
ISA 11:16 Y habrá camino para el rema­nente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto.
ISA 12:1 Y DIRÁS en aquel día: Cantaré a ti, oh SEÑOR: pues [aunque] te enojaste contra mí, tu furor se apartó, y me has consolado.
ISA 12:2 He aquí, Dios [es] mi salvación; confiaré, y no temeré; porque el SEÑOR JEHOVÁ [es] mi fortaleza y [mi] canción; el cual tam­bién se ha hecho mi salvación.
ISA 12:3 Sacaréis aguas con gozo de la fuente de la salvación.
ISA 12:4 Y diréis en aquel día: Cantad al SEÑOR, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.
ISA 12:5 Cantad al SEÑOR; porque ha hecho cosas magníficas: [sea] sabido esto por toda la tierra.
ISA 12:6 Regocíjate y canta, oh morado­ra de Sión: porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.
ISA 13:1 CARGA de Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amoz.
ISA 13:2 Levantad bandera sobre un alto monte; alzad la voz a ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de príncipes.
ISA 13:3 Yo mandé a mis santificados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira, a los que se alegran con mi gloria.
ISA 13:4 Murmullo de multitud en los montes, como de mucho pueblo; murmullo de ruido de reinos, de naciones reunidas: el SEÑOR de los ejércitos ordena las tropas de la batalla.
ISA 13:5 Vienen de lejana tierra, de lo postrero del cielo, el SEÑOR y los instrumentos de su furor, para destruir toda la tierra.
ISA 13:6 Aullad, porque cerca está el día del SEÑOR; vendrá como asola­miento del Todopoderoso.
ISA 13:7 Por tanto, se enervarán todas las manos, y desleiráse todo co­razón de hombre:
ISA 13:8 Y se llenarán de terror; angus­tias y dolores los comprenderán; tendrán dolores como mujer de parto; pasmaráse cada cual [al mirar] a su compañero; sus ros­tros, rostros de llamas.
ISA 13:9 He aquí el día del SEÑOR viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores.
ISA 13:10 Por lo cual las estrellas del cielo y sus luceros no derrama­rán su lumbre; y el sol se oscure­cerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor.
ISA 13:11 Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes.
ISA 13:12 Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre.
ISA 13:13 Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación del SEÑOR de los ejércitos, y en el día de la ira de su furor.
ISA 13:14 Y será que como corza amon­tada, y como oveja sin pastor, cada cual mirará hacia su pueblo, y cada uno huirá a su tierra.
ISA 13:15 Cualquiera que fuere hallado, será alanceado; y cualquiera que [a ellos] se juntare, caerá a espada.
ISA 13:16 Sus niños serán estrellados delante de ellos; sus casas serán saqueadas, y forzadas sus esposas.
ISA 13:17 He aquí que yo despierto con­tra ellos a los medos, que no curarán de la plata, ni codiciarán oro.
ISA 13:18 Y con arcos tirarán a los niños, y no tendrán misericordia de fruto de vientre, ni su ojo per­donará a hijos.
ISA 13:19 Y Babilonia, hermosura de rei­nos y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, cuando las trastornó Dios.
ISA 13:20 Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni hincará allí tienda el árabe, ni pastores ten­drán allí majada:
ISA 13:21 Sino que reposarán allí bestias fieras del desierto; y sus casas se llenarán de animales horribles; allí habitarán búhos, y allí saltarán faunos.
ISA 13:22 Y en sus palacios gritarán gatos cervales, y dragones en sus casas de deleite: y abocado está a venir su tiempo, y sus días no se alargarán.
ISA 14:1 PORQUE el SEÑOR tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel, y les hará reposar en su tierra: y a ellos se unirán extranjeros, y allegaránse a la familia de Jacob.
ISA 14:2 Y los tomarán los pueblos, y traeránlos a su lugar: y la casa de Israel los poseerá por siervos y criadas en la tierra del SEÑOR: y cautivarán a los que los cautiva­ron, y señorearán a los que los oprimieron.
ISA 14:3 Y será en el día que el SEÑOR te diera reposo de tu trabajo, y de tu temor, y de la dura servidum­bre en que te hicieron servir,
ISA 14:4 Que levantarás este proverbio sobre el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo paró el exactor, [cómo] cesó la ciudad codiciosa del oro!
ISA 14:5 Quebrantó el SEÑOR el bastón de los impíos, el cetro de los señores;
ISA 14:6 Al que con ira hería los pueblos de llaga permanente, el cual se enseñoreaba de las naciones con furor, y las perseguía con crueldad.
ISA 14:7 Descansó, sosegó toda la tierra: cantaron alabanza.
ISA 14:8 Aun los cipreses se regocijan de ti, y los cedros del Líbano, [diciendo]: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros.
ISA 14:9 El infierno abajo se conmueve por tu causa, para recibirte a tu venida; despierta por ti a los muertos [aun] los grandes de la tierra; hizo levantar de sus tronos a todos los reyes de las naciones.
ISA 14:10 Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también enfermaste como nosotros, [y] como nosotros fuiste?
ISA 14:11 Descendió al sepulcro tu soberbia, y el sonido de tus vihuelas: gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.
ISA 14:12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana! [¡Cómo] fuiste cortado por tierra, tú que debilitabas las naciones!
ISA 14:13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto a las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimo­nio me sentaré, a los lados del norte;
ISA 14:14 Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
ISA 14:15 Mas tú, derribado serás al infierno, a los lados del abismo.
ISA 14:16 Inclinarse han hacia ti los que te vieren, te considerarán [dicien­do]: ¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que tras­tornaba los reinos;
ISA 14:17 Que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades; que a sus presos nunca abrió la cárcel?
ISA 14:18 Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su casa.
ISA 14:19 Mas tú echado eres de tu sepulcro como tronco abomina­ble, [como] vestidura de muertos pasados a espada, que descendie­ron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado.
ISA 14:20 No serás contado con ellos en la sepultura: porque tú destruiste tu tierra, mataste tu pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.
ISA 14:21 Aparejad sus hijos para el matadero por la maldad de sus padres: no se levanten, ni posean la tierra, ni hinchan la faz del mundo con ciudades.
ISA 14:22 Porque yo me levantaré sobre ellos, dice el SEÑOR de los ejér­citos, y raeré de Babilonia el nombre y el remanente, hijo y nieto, dice el SEÑOR.
ISA 14:23 Y la convertiré en posesión de avetoros, y en lagunas de agua; y la barreré con escobas de destruc­ción, dice el SEÑOR de los ejér­citos.
ISA 14:24 El SEÑOR de los ejércitos juró, diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pen­sado, y será confirmado como lo he determinado:
ISA 14:25 Que quebrantaré al asirio en mi tierra, y en mis montes lo hollaré; y su yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de su hombro.
ISA 14:26 Éste [es] el consejo que está acordado sobre toda la tierra; y ésta, la mano extendida sobre todas las naciones.
ISA 14:27 Porque el SEÑOR de los ejér­citos ha determinado: ¿y quién invalidará? Y su mano extendida, ¿quién la hará tornar?
ISA 14:28 En el año que murió el rey Acaz fue esta carga:
ISA 14:29 No te alegres tú, Filistea toda, por haberse quebrado la vara del que te hería; porque de la raíz de la serpiente saldrá el áspid, y de su fruto, serpiente ardiente vola­dora.
ISA 14:30 Y los primogénitos de los pobres serán apacentados, y los menesterosos se acostarán segu­ramente: mas yo haré morir de hambre tu raíz, y mataré tu rema­nente.
ISA 14:31 Aúlla, oh puerta; clama, oh ciudad; disuelta estás toda tú, Filistea: porque humo vendrá del norte, no quedará uno solo en sus asambleas.
ISA 14:32 ¿Y qué se responderá a los mensajeros de la gentilidad? Que el SEÑOR fundó a Sión, y que a ella se acogerán los afligidos de su pueblo.
ISA 15:1 CARGA de Moab. Cierto, de noche fue destruída Ar­moab, fue puesta en silencio. Cierto, de noche fue destruída Kir-Moab, reducida a silencio.
ISA 15:2 Subió a Bayit y a Dibón, luga­res altos, a llorar; sobre Nebo y sobre Medeba aullará Moab: toda cabeza de ella será raída, y toda barba se mesará.
ISA 15:3 Ceñiránse de cilicio en sus plazas: en sus terrados y en sus calles aullarán todos, descen­diendo en llanto.
ISA 15:4 Hesbón y Eleale gritarán, hasta Jahas se oirá su voz: por lo que aullarán los armados de Moab, lamentaráse el alma de cada uno de por sí.
ISA 15:5 Mi corazón dará gritos por Moab; sus fugitivos [huirán] hasta Zoar, [como] novilla de tres años. Por la cuesta de Luhit subirán llorando, y levantarán grito de quebrantamiento por el camino de Horonaim.
ISA 15:6 Las aguas de Nimrim serán consumidas, y secaráse la hierba, marchitaránse los retoños, todo verdor perecerá.
ISA 15:7 Por tanto las riquezas que habrán adquirido, y las que habrán reservado, llevaránlas al torrente de los sauces.
ISA 15:8 Porque el llanto rodeó los tér­minos de Moab; hasta Eglaim [llegó] su alarido, y hasta Beer­elim su clamor.
ISA 15:9 Y las aguas de Dimón se hen­chirán de sangre: porque yo pon­dré sobre Dimón añadiduras, leones a los que escaparen de Moab, y al remanente de la tie­rra.
ISA 16:1 ENVIAD cordero al gobernador de la tierra, desde Sela del desierto al monte de la hija de Sión.
ISA 16:2 Y será que cual ave espantada que se huye de su nido, así serán las hijas de Moab en los vados de Arnón.
ISA 16:3 Reúne consejo, haz juicio; pon tu sombra en medio del día como la noche: esconde los desterra­dos, no entregues a los que andan errantes.
ISA 16:4 Moren contigo mis desterra­dos, oh Moab; séles escondedero de la presencia del destruidor: porque el atormentador fenecerá, el destruidor tendrá fin, el holla­dor será consumido de sobre la tierra.
ISA 16:5 Y dispondráse trono en miseri­cordia; y sobre él se sentará fir­memente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.
ISA 16:6 Oído hemos la soberbia de Moab, por extremo soberbio; su soberbia y su arrogancia, y su altivez; mas sus mentiras no serán firmes.
ISA 16:7 Por tanto aullará Moab, todo él aullará: gemiréis por los funda­mentos de Kir-hareset, en gran manera heridos.
ISA 16:8 Porque los campos de Hesbón fueron talados, y las vides de Sibma; señores de gentes holla­ron sus [generosos] sarmientos; habían llegado hasta Jazer, y extendídose por el desierto; extendiéronse sus plantas, pasa­ron el mar.
ISA 16:9 Por lo cual lamentaré con lloro de Jazer la viña de Sibma; embriagarte hé de mis lágrimas, oh Hesbón y Eleale: porque sobre tus cosechas y sobre tu siega caerá la algazara.
ISA 16:10 Quitado es el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas no cantarán, ni se regocijarán; no pisará vino en los lagares el pisa­dor: la canción he hecho cesar.
ISA 16:11 Por tanto mis entrañas sona­rán como arpa acerca de Moab, y mi interior en orden a Kir-hareset.
ISA 16:12 Y acaecerá, que cuando Moab pareciere que está cansado sobre los altos, entonces vendrá a su santuario a orar, y no le valdrá.
ISA 16:13 Ésta [es] la palabra que pronun­ció el SEÑOR sobre Moab desde aquel tiempo.
ISA 16:14 Pero ahora el SEÑOR ha hablado, diciendo: Dentro de tres años, como años de mozo de sol­dada, será abatida la gloria de Moab, con toda su grande multi­tud: y el remanente será poco, pequeño, y débil.
ISA 17:1 CARGA de Damasco. He aquí Damasco dejó de ser ciudad, y será montón de ruina.
ISA 17:2 Las ciudades de Aroer desam­paradas, en majadas se tornarán; dormirán allí, y no habrá quien los espante.
ISA 17:3 Y cesará el socorro de Efraím, y el reino de Damasco; y el remanente de Siria, será como la gloria de los hijos de Israel, dice el SEÑOR de los ejércitos.
ISA 17:4 Y será que en aquel tiempo la gloria de Jacob se atenuará, y enflaqueceráse la grosura de su carne.
ISA 17:5 Y será como cuando el segador coge la mies, y con su brazo siega las espigas: será también como el que coge espigas en el valle de Refaim.
ISA 17:6 Y quedarán en él rebuscos, como cuando sacuden el aceitu­no, dos o tres granos en la punta del ramo, cuatro o cinco en sus ramas fructíferas, dice el SEÑOR Dios de Israel.
ISA 17:7 En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contem­plarán al Santo de Israel.
ISA 17:8 Y no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los bosques, ni a las imágenes del sol.
ISA 17:9 En aquel día las ciudades de su fortaleza serán como los frutos que quedan en los pimpollos y en las ramas, las cuales fueron deja­das a causa de los hijos de Israel; y habrá asolamiento.
ISA 17:10 Porque te olvidaste del Dios de tu salvación, y no te acordaste de la roca de tu fortaleza; por tanto plantarás plantas hermosas, y sembrarás sarmiento extraño.
ISA 17:11 El día que las plantares, las harás crecer, y harás que tu simiente brote de mañana; mas la cosecha será arrebatada en el día del coger, y del dolor desespera­do.
ISA 17:12 ¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar: y murmullo de naciones hará alboroto como murmurio de muchas aguas.
ISA 17:13 Los pueblos harán estrépito a manera de ruido de grandes aguas: mas [Dios] le reprenderá, y huirá lejos; será ahuyentado como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino.
ISA 17:14 Al tiempo de la tarde he aquí turbación; y antes de la mañana ya no es. Ésta es la parte de los que nos huellan, y la suerte de los que nos saquean.
ISA 18:1 ¡AY de la tierra que hace sombra con las alas, que está tras los ríos de Etiopía;
ISA 18:2 Que envía mensajeros por el mar, y en navíos de junco sobre las aguas! Andad, ligeros mensa­jeros, a la nación tirada y repelada, al pueblo asombroso desde su principio y después; nación harta de esperar y hollada, cuya tierra destruyeron los ríos.
ISA 18:3 Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tie­rra, cuando levantará bandera en los montes, la veréis; y oiréis cuando tocará trompeta.
ISA 18:4 Porque el SEÑOR me dijo así: Reposaréme, y miraré desde mi morada, como sol claro después de la lluvia, como nube de rocío en el calor de la tierra.
ISA 18:5 Porque antes de la siega, cuan­do el fruto fuere perfecto, y pasa­da la flor fueren madurando los frutos, entonces podará con podaderas los ramitos, y cortará y quitará las ramas.
ISA 18:6 Y serán dejados todos a las aves de los montes, y a las bes­tias de la tierra; sobre ellos ten­drán el verano las aves, e inver­narán todas las bestias de la tie­rra.
ISA 18:7 En aquel tiempo será traído presente al SEÑOR de los ejérci­tos, el pueblo tirado y repelado, pueblo asombroso desde su prin­cipio y después; nación harta de esperar y hollada, cuya tierra destruyeron los ríos; al lugar del nombre del SEÑOR de los ejér­citos, al monte de Sión.
ISA 19:1 CARGA de Egipto. He aquí que el SEÑOR monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto; y los ídolos de Egipto se moverán delante de él, y desleiráse el corazón de los egipcios en medio de ellos.
ISA 19:2 Y revolveré egipcios contra egipcios, y cada uno peleará contra su hermano, cada uno contra su prójimo: ciudad contra ciudad, y reino contra reino.
ISA 19:3 Y el espíritu de Egipto se des­vanecerá en medio de él, y des­truiré su consejo; y buscarán a sus ídolos, a sus encantadores, a sus hechiceros y a sus adivinos.
ISA 19:4 Y entregaré a Egipto en manos de un señor cruel; y rey violento se enseñoreará de ellos, dice el Señor el SEÑOR de los ejércitos.
ISA 19:5 Y las aguas del mar faltarán, y el río se agotará y secará.
ISA 19:6 Y alejaránse los ríos, se agota­rán y secarán las corrientes de los fosos: la caña y el carrizo serán cortados.
ISA 19:7 Las verduras de junto al río, de junto a la ribera del río, y toda sementera del río, se secarán, se perderán, y no serán.
ISA 19:8 Los pescadores también se entristecerán; y harán duelo todos los que echan anzuelo en el río, y desfallecerán los que extienden red sobre las aguas.
ISA 19:9 Los que labran lino fino, y los que tejen redes, serán confundi­dos;
ISA 19:10 Porque todas sus redes serán rotas: y se entristecerán todos los que hacen viveros para peces.
ISA 19:11 Ciertamente [son] necios los príncipes de Zoán; el consejo de los prudentes consejeros de Faraón, se ha desvanecido. ¿Cómo diréis a Faraón: Yo [soy] hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos?
ISA 19:12 ¿Dónde están ahora aquellos tus prudentes? Dígante ahora, o hágante saber qué es lo que el SEÑOR de los ejércitos ha deter­minado sobre Egipto.
ISA 19:13 Se han vuelto necios los príncipes de Zoán, se han engañado los príncipes de Nof: también sedujeron a Egipto, [los que son] las esquinas de sus tribus.
ISA 19:14 El SEÑOR mezcló espíritu perverso en medio de él; e hicie­ron errar a Egipto en toda su obra, como desatina el borracho en su vómito.
ISA 19:15 Y no aprovechará a Egipto cosa que haga la cabeza o la cola, el ramo o el junco.
ISA 19:16 En aquel día serán los egipcios como mujeres; porque se asombrarán y temerán, en la presencia de la mano alta del SEÑOR de los ejércitos, que él ha de levantar sobre ellos.
ISA 19:17 Y la tierra de Judá será de espanto a Egipto; todo hombre que de ella se acordare se asom­brará, por causa del consejo que el SEÑOR de los ejércitos acor­dó sobre aquél.
ISA 19:18 En aquel día habrá cinco ciu­dades en la tierra de Egipto que hablen la lengua de Canaán, y que juren por el SEÑOR de los ejércitos: una será llamada la ciu­dad de destrucción.
ISA 19:19 En aquel tiempo habrá altar para el SEÑOR en medio de la tierra de Egipto, y el trofeo del SEÑOR junto a su término.
ISA 19:20 Y será por señal y por testi­monio al SEÑOR de los ejércitos en la tierra de Egipto: porque al SEÑOR clamarán a causa de sus opresores, y él les enviará salva­dor y príncipe que los libre.
ISA 19:21 Y el SEÑOR será conocido de Egipto, y los de Egipto cono­cerán al SEÑOR en aquel día; y harán sacrificio y oblación; y harán votos al SEÑOR, y [los] cumplirán.
ISA 19:22 Y herirá el SEÑOR a Egipto, herirá y sanará; y se volverán al SEÑOR, y les será propicio, y los sanará.
ISA 19:23 En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios.
ISA 19:24 En aquel tiempo, Israel será tercero con Egipto y con Asiria; [será] bendición en medio de la tierra;
ISA 19:25 Porque el SEÑOR de los ejér­citos los bendecirá, diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad.
ISA 20:1 EN el año que vino Tartán a Asdod, cuando le envió Sargón rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó;
ISA 20:2 En aquel tiempo habló el SEÑOR por Isaías hijo de Amoz, diciendo: Ve, y quita el cilicio de tus lomos, y descalza los zapatos de tus pies. E hízolo así, andando desnudo y descalzo.
ISA 20:3 Y dijo el SEÑOR: De la mane­ra que anduvo mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años, señal y pronóstico sobre Egipto y sobre Etiopía;
ISA 20:4 Así llevará el rey de Asiria la cautividad de Egipto y la trans­migración de Etiopía, de mozos y de viejos, desnuda y descalza, y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto.
ISA 20:5 Y se turbarán y avergonzarán de Etiopía su expectativa, y de Egipto su gloria.
ISA 20:6 Y dirá en aquel día el morador de esta isla: Mirad qué tal fue nuestra expectativa, donde nos acogimos por socorro para ser libres de la presencia del rey de Asiria: ¿y cómo escaparemos?
ISA 21:1 CARGA del desierto del mar. Como los torbellinos que pasan por el desierto de la región del sur, [así] vienen de la tierra horrenda.
ISA 21:2 Visión dura me ha sido mostra­da. El prevaricador prevarica, y el destructor destruye. Sube, persa; cerca, Medo. Todo su gemido hice cesar.
ISA 21:3 Por tanto mis lomos se han lle­nado de dolor; angustias se apo­deraron de mí, como angustias de mujer de parto: agobiéme oyendo, y al ver heme espantado.
ISA 21:4 Pasmóse mi corazón, el horror me ha intimidado; la noche de mi deseo se me tornó en espanto.
ISA 21:5 Pon la mesa, mira del atalaya, come, bebe: levantaos, príncipes, ungid el escudo.
ISA 21:6 Porque el Señor me dijo así: Ve, pon centinela que haga saber lo que viere.
ISA 21:7 Y vio un carro de un par de caballeros, un carro de asno, y un carro de camello. Luego miró muy más atentamente.
ISA 21:8 Y gritó como un león: SEÑOR, sobre la atalaya estoy yo conti­nuamente de día, y las noches enteras sobre mi guarda:
ISA 21:9 Y he aquí este carro de hom­bres viene, un par de caballeros. Después habló, y dijo: Cayó, cayó Babilonia; y todos los ído­los de sus dioses quebrantó en tierra.
ISA 21:10 Trilla mía, y paja de mi era: os he dicho lo que oí del SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel.
ISA 21:11 Carga de Duma. Danme voces de Seir: Guarda, ¿qué de la noche? Guarda, ¿qué de la noche?
ISA 21:12 El guarda respondió: La mañana viene, y después la noche: si inquiriereis, inquirid; volved, venid.
ISA 21:13 Carga sobre Arabia. En el monte tendréis la noche en Arabia, oh caminantes de Dedanim.
ISA 21:14 Salid a encontrar al sediento; llevadle aguas, moradores de tie­rra de Tema, socorred con su pan al que huye.
ISA 21:15 Porque de la presencia de las espadas huyen, de la presencia de la espada desnuda, de la pre­sencia del arco entesado, de la presencia del peso de la batalla.
ISA 21:16 Porque así me ha dicho el Señor: De aquí a un año, seme­jante a años de mozo de soldada, toda la gloria de Cedar será des­echa;
ISA 21:17 Y las reliquias del número de los valientes flecheros, hijos de Cedar, serán apocadas: porque el SEÑOR Dios de Israel lo ha dicho.
ISA 22:1 CARGA del valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que toda tú te has subido sobre los terrados?
ISA 22:2 Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos a espa­da, ni muertos en guerra.
ISA 22:3 Todos tus príncipes juntos huyeron del arco, fueron atados: todos los que en ti se hallaron, fueron atados juntamente, [aun­que] lejos se habían huído.
ISA 22:4 Por esto dije: Dejadme, lloraré amargamente; no os afanéis por consolarme de la destrucción de la hija de mi pueblo.
ISA 22:5 Porque día es de alboroto, y de huella, y de fatiga por el Señor DIOS de los ejércitos en el valle de la visión, para derribar el muro, y [dar] grita al monte.
ISA 22:6 Y Elam tomó aljaba en carro de hombres y de caballeros; y Kir descubrió escudo.
ISA 22:7 Y acaeció que tus hermosos valles fueron llenos de carros, y los de a caballo acamparon a la puerta.
ISA 22:8 Y desnudó la cobertura de Judá; y miraste en aquel día hacia la casa de armas del bos­que.
ISA 22:9 Y visteis las roturas de la ciu­dad de David, que se multiplica­ron; y recogisteis las aguas de la pesquera de abajo.
ISA 22:10 Y contasteis las casas de Jerusalem, y derribasteis casas para fortificar el muro.
ISA 22:11 E hicisteis foso entre los dos muros con las aguas de la pes­quera vieja: y no tuvisteis respe­to al que la hizo, ni mirasteis de lejos al que la labró.
ISA 22:12 Por tanto el Señor DIOS de los ejércitos llamó en este día a llanto y a endechas, a mesar y a vestir cilicio.
ISA 22:13 Y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comer carne y beber vino, [diciendo]: Comamos y bebamos, que mañana morire­mos.
ISA 22:14 Esto fue revelado a mis oídos de parte del SEÑOR de los ejér­citos: Que este pecado no os será perdonado hasta que muráis, dice el Señor DIOS de los ejérci­tos.
ISA 22:15 El Señor DIOS de los ejérci­tos dice así: Ve, entra a este teso­rero, a Sebna el mayordomo, [y díle]:
ISA 22:16 ¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes tú aquí, que labraste aquí sepulcro para ti, [como] el que en lugar alto labra su sepultura, o el que esculpe para sí morada en una peña?
ISA 22:17 He aquí que el SEÑOR te trasportará en duro cautiverio, y de cierto te cubrirá [el rostro].
ISA 22:18 Te echará a rodar con ímpetu, como a bola por tierra larga de términos: allá morirás, y allá estarán los carros de tu gloria, oh vergüenza de la casa de tu señor.
ISA 22:19 Y arrojarte he de tu lugar, y de tu puesto te empujaré.
ISA 22:20 Y será que, en aquel día, lla­maré a mi siervo Eliacim, hijo de Hilquías;
ISA 22:21 Y vestirélo de tus vestiduras, y le fortaleceré con tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potes­tad; y será padre al morador de Jerusalem, y a la casa de Judá.
ISA 22:22 Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá.
ISA 22:23 E hincarélo como clavo en lugar firme; y será por asiento de honra a la casa de su padre.
ISA 22:24 Y colgarán de él toda la honra de la casa de su padre, los hijos y los nietos, todos los vasos meno­res, desde los vasos de beber hasta todos los instrumentos de música.
ISA 22:25 En aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos, el clavo hincado en lugar firme será quitado, y será quebrado y caerá; y la carga que sobre él se puso, se echará a perder; porque el SEÑOR habló.
ISA 23:1 CARGA de Tiro. Aullad naves de Tarsis, porque destruída es hasta no quedar casa, ni entrada: de la tierra de Quitim les es revelado.
ISA 23:2 Callad, moradores de la isla, mercader de Sidón, que pasando el mar te henchían.
ISA 23:3 Su provisión era de las semen­teras [que crecen] con las muchas aguas del Nilo, de la mies del río. Fue también feria de naciones.
ISA 23:4 Avergüénzate, Sidón, porque el mar, la fortaleza del mar habló, diciendo: Nunca estuve de parto, ni parí, ni crié mancebos, ni levanté vírgenes.
ISA 23:5 En llegando la fama a Egipto, tendrán dolor de las nuevas de Tiro.
ISA 23:6 Pasaos a Tarsis; aullad, mora­dores de la isla.
ISA 23:7 ¿No era ésta vuestra [ciudad] alegre, su antigüedad de muchos días? Sus pies la llevarán a pere­grinar lejos.
ISA 23:8 ¿Quién decretó esto sobre Tiro la coronada, cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra?
ISA 23:9 El SEÑOR de los ejércitos lo decretó, para envilecer la sober­bia de toda gloria; y para abatir todos los ilustres de la tierra.
ISA 23:10 Pasa cual río de tu tierra, oh hija de Tarsis; porque no tendrás ya más fortaleza.
ISA 23:11 Extendió su mano sobre el mar, hizo temblar los reinos: el SEÑOR mandó sobre Canaán que sus fuerzas sean debilitadas.
ISA 23:12 Y dijo: No te alegrarás más, oh tú, oprimida virgen hija de Sidón. Levántate para pasar a Quitim; y aun allí no tendrás reposo.
ISA 23:13 Mira la tierra de los caldeos; este pueblo no era; Asur la fundó para los que habitaban en el desierto: levantaron sus forta­lezas, edificaron sus palacios; él la convirtió en ruinas.
ISA 23:14 Aullad, naves de Tarsis; porque destruída es vuestra fortale­za.
ISA 23:15 Y acontecerá en aquel día, que Tiro será puesta en olvido por setenta años, como días de un rey. Después de los setenta años, cantará Tiro canción como de ramera.
ISA 23:16 Toma arpa, y rodea la ciudad, oh ramera olvidada: haz buena melodía, reitera la canción, por­que tornes en memoria.
ISA 23:17 Y acontecerá, que al fin de los setenta años visitará el SEÑOR a Tiro: y tornaráse a su ganancia, y otra vez fornicará con todos los reinos de la tierra sobre la faz de la tierra.
ISA 23:18 Mas su negociación y su ganancia será consagrada al SEÑOR: no se guardará ni se ate­sorará, porque su negociación será para los que estuvieren delante del SEÑOR, para que coman hasta hartarse, y vistan honradamente.
ISA 24:1 HE aquí que el SEÑOR vacía la tierra, y la desnuda, y trastorna su haz, y hace esparcir sus moradores.
ISA 24:2 Y será como el pueblo, tal el sacerdote; como el siervo, tal su señor; como la criada, tal su señora; tal el que compra, como el que vende; tal el que da empresta­do, como el que toma prestado; tal el que da a logro, como el que lo recibe.
ISA 24:3 Del todo será vaciada la tierra, y enteramente saqueada; porque el SEÑOR ha pronunciado esta palabra.
ISA 24:4 Destruyóse, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfer­maron los altos pueblos de la tie­rra.
ISA 24:5 Y la tierra se inficionó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon la ordenanza, rompieron el pacto sempiterno.
ISA 24:6 Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus morado­res fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y se dis­minuyeron los hombres.
ISA 24:7 Perdióse el vino, enfermó la vid, gimieron todos los que eran alegres de corazón.
ISA 24:8 Cesó el regocijo de los pande­ros, acabóse el estruendo de los que se huelgan, paró la alegría del arpa.
ISA 24:9 No beberán vino con cantar: la bebida fuerte será amarga a los que la bebieren.
ISA 24:10 Quebrantada está la ciudad de la vanidad; toda casa se ha cerra­do, porque no entre nadie.
ISA 24:11 Voces sobre el vino en las pla­zas; todo gozo se oscureció, des­terróse la alegría de la tierra.
ISA 24:12 En la ciudad quedó soledad, y con asolamiento fue herida la puerta.
ISA 24:13 Porque así será en medio de la tierra, en medio de los pueblos, como aceituno sacudido, como rebuscos acabada la vendimia.
ISA 24:14 Éstos alzarán su voz, cantarán gozosos en la grandeza del SEÑOR, desde el mar darán voces.
ISA 24:15 Glorificad por esto al SEÑOR en los fuegos; [aun] el nombre del SEÑOR Dios de Israel en las islas del mar.
ISA 24:16 De lo postrero de la tierra oímos cánticos: Gloria al justo. Y yo dije: ¡Mi flaqueza, mi flaque­za, ay de mí! Prevaricadores han prevaricado; y han prevaricado con prevaricación de desleales.
ISA 24:17 Terror y sima y lazo sobre ti, oh morador de la tierra.
ISA 24:18 Y acontecerá que el que huirá de la voz del terror, caerá en la sima; y el que saliere de en medio de la sima, será preso del lazo: porque de lo alto se abrie­ron ventanas, y temblarán los fundamentos de la tierra.
ISA 24:19 Quebrantaráse del todo la tie­rra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida.
ISA 24:20 Temblará la tierra vacilando como un borracho, y será remo­vida como una choza; y agrava­ráse sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.
ISA 24:21 Y acontecerá en aquel día, que el SEÑOR visitará sobre el ejército sublime en lo alto, y sobre los reyes de la tierra [que hay] sobre la tierra.
ISA 24:22 Y serán amontonados como se amontonan encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán visitados después de muchos días.
ISA 24:23 La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando el SEÑOR de los ejércitos reinare en el monte de Sión, y en Jerusalem, y delante de sus ancianos [fuere] glorioso.
ISA 25:1 OH SEÑOR, tú eres mi Dios: te ensalzaré, alabaré tu nombre; porque has hecho maravillas, los consejos antiguos, la verdad firme.
ISA 25:2 Que tornaste la ciudad en mon­tón, la ciudad fuerte en ruina: el alcázar de los extraños que no sea ciudad, ni nunca jamás sea reedificada.
ISA 25:3 Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de naciones robustas.
ISA 25:4 Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, amparo contra el turbión, sombra contra el calor: porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra frontispi­cio.
ISA 25:5 Como el calor en lugar seco, [así] humillarás el orgullo de los extraños; y como calor debajo de nube, harás marchitar el pimpo­llo de los robustos.
ISA 25:6 Y el SEÑOR de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de grue­sos tuétanos, de purificados líquidos.
ISA 25:7 Y deshará en este monte la máscara de la cobertura con que están cubiertos todos los pueblos, y la cubierta que está exten­dida sobre todas las naciones.
ISA 25:8 Tragará la muerte para siem­pre; y enjugará el Señor DIOS toda lágrima de todos los rostros: y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra: porque el SEÑOR lo ha dicho.
ISA 25:9 Y se dirá en aquel día: He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará: éste es el SEÑOR a quien hemos espera­do, nos gozaremos y nos alegra­remos en su salvación.
ISA 25:10 Porque la mano del SEÑOR reposará en este monte, y Moab será trillado debajo de él, como es trillada la paja en el muladar.
ISA 25:11 Y extenderá su mano por en medio de él, como la extiende el nadador para nadar: y abatirá su soberbia con los miembros de sus manos:
ISA 25:12 Y allanará la fortaleza de tus altos muros: la humillará y echa­rá a tierra, hasta el polvo.
ISA 26:1 EN aquel día cantarán este cantar en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos: salvación puso [Dios] por muros y antemuro.
ISA 26:2 Abrid las puertas, y entrará la nación justa, guardadora de verda­des.
ISA 26:3 Tú [le] guardarás en perfecta paz, [cuya] mente en [ti] persevera; porque en ti se ha confiado.
ISA 26:4 Confiad en el SEÑOR por siempre: porque en el SEÑOR JEHOVÁ [está] la fortaleza eterna.
ISA 26:5 Porque derribó los que mora­ban en lugar sublime: humilló la ciudad ensalzada, humillóla hasta la tierra, derribóla hasta el polvo.
ISA 26:6 Hollarála pie, los pies del afli­gido, los pasos de los menestero­sos.
ISA 26:7 El camino del justo es rectitud: Tú, Recto, pesas el camino del justo.
ISA 26:8 También en el camino de tus juicios, oh SEÑOR, te hemos esperado: a tu nombre y a tu memoria es el deseo del alma.
ISA 26:9 Con mi alma te he deseado en la noche; y en tanto que me dura­re el espíritu en medio de mí, madrugaré a buscarte: porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.
ISA 26:10 Alcanzará piedad el impío, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad del SEÑOR.
ISA 26:11 SEÑOR, bien que se levante tu mano, no ven: verán [al cabo], y se avergonzarán los que envidian a [tu] pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá.
ISA 26:12 SEÑOR, tú nos depararás paz; porque también obraste en nosotros todas nuestras obras.
ISA 26:13 Oh SEÑOR Dios nuestro, seño­res se han enseñoreado de noso­tros fuera de ti; mas en ti sola­mente nos acordaremos de tu nombre.
ISA 26:14 Muertos [son], no vivirán: han fallecido, no resucitarán: porque los visitaste, y destruiste, y deshi­ciste toda su memoria.
ISA 26:15 Añadiste al pueblo, oh SEÑOR, añadiste al pueblo: hicístete glorioso: extendíste[lo hasta] todos los términos de la tierra.
ISA 26:16 SEÑOR, en la tribulación te buscaron: derramaron oración [cuando] los castigaste.
ISA 26:17 Como la preñada [cuando] se acerca el parto gime, y da gritos con sus dolores, así hemos sido delante de ti, oh SEÑOR.
ISA 26:18 Concebimos, tuvimos dolores de parto, parimos como viento: salvación ninguna hicimos en la tierra, ni cayeron los moradores del mundo.
ISA 26:19 Tus muertos vivirán; [junto con] mi cuerpo muerto resucita­rán ¡Despertad y cantad, mora­dores del polvo! porque tu rocío, [cual] rocío de hortalizas; y la tie­rra echará los muertos.
ISA 26:20 Ven, pueblo mío, éntrate en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete como por un momento, en tanto que pasa la indignación.
ISA 26:21 Porque he aquí que el SEÑOR sale de su lugar, para visitar la maldad del morador de la tierra contra él; y la tierra des­cubrirá sus sangres, y no más encubrirá sus muertos.
ISA 27:1 EN aquel día el SEÑOR cas- tigará con su espada dura, grande y fuerte, sobre Leviatán, serpiente veloz, y sobre Leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar.
ISA 27:2 En aquel día cantad de la viña del vino rojo.
ISA 27:3 Yo el SEÑOR la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite.
ISA 27:4 No hay en mí enojo. ¿Quién pondrá contra mí en batalla espi­nas y cardos? Yo los hollaré, que­marélos juntamente.
ISA 27:5 ¿O forzará [alguien] mi fortale­za? Haga conmigo paz, [sí], haga paz conmigo.
ISA 27:6 Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo se henchirá de fruto.
ISA 27:7 ¿Acaso ha sido herido como quien lo hirió? ¿o ha sido muerto como los que lo mataron?
ISA 27:8 Con medida la castigarás en sus vástagos. Él reprime su recio viento en el día del aire solano.
ISA 27:9 De esta manera pues será pur­gada la iniquidad de Jacob; y éste será todo el fruto, la remoción de su pecado, cuando tornare todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levantarán los bosques, ni las imágenes del sol.
ISA 27:10 Porque la ciudad fortalecida será asolada, la morada será des­amparada y dejada como un desierto: allí se apacentará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas.
ISA 27:11 Cuando sus ramas se secaren, serán quebradas; mujeres ven­drán a encenderlas: porque aquél no es pueblo de entendimiento; por tanto su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compa­decerá de él el que lo formó.
ISA 27:12 Y acontecerá en aquel día, que herirá el SEÑOR desde el álveo del río hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno.
ISA 27:13 Acontecerá también en aquel día, que se tañerá con gran trom­peta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido echados en tierra de Egipto, y adorarán al SEÑOR en el monte santo, en Jerusalem.
ISA 28:1 ¡AY de la corona de sober­bia, de los ebrios de Efraím, y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del valle fértil de los aturdidos del vino!
ISA 28:2 He aquí el Señor tiene un fuer­te y poderoso: como turbión de granizo y como torbellino tras­tornador; como ímpetu de recias aguas que inundan, con fuerza derriba a tierra.
ISA 28:3 Con los pies será hollada la corona de soberbia de los borra­chos de Efraím;
ISA 28:4 Y será la flor caduca de la her­mosura de su gloria que está sobre la cabeza del valle fértil, como la fruta temprana, la primera del verano, la cual, en vién­dola el que la mira, se la traga tan luego como la tiene a mano.
ISA 28:5 En aquel día el SEÑOR de los ejércitos será por corona de glo­ria y diadema de hermosura a las reliquias de su pueblo;
ISA 28:6 Y por espíritu de juicio al que se sentare en juicio, y por fortale­za a los que harán tornar la bata­lla hasta la puerta.
ISA 28:7 Mas también éstos erraron con el vino, y con la bebida fuerte se entonte­cieron; el sacerdote y el profeta erraron con la bebida fuerte, fueron tras­tornados del vino, aturdiéronse con la bebida fuerte, erraron en la visión, tropezaron [en] el juicio.
ISA 28:8 Porque todas las mesas están llenas de vómito y suciedad, hasta no [haber] lugar [limpio].
ISA 28:9 ¿A quién se enseñará conoci­miento, o a quién se hará enten­der doctrina? ¿A los quitados de la leche? ¿a los arrancados de los pechos?
ISA 28:10 Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá:
ISA 28:11 Porque en lengua de tartamu­dos, y en extraña lengua hablará a este pueblo,
ISA 28:12 A los cuales él dijo: Éste [es] el reposo: dad reposo al cansado; y éste es el refrigerio: mas no qui­sieron oír.
ISA 28:13 La palabra pues del SEÑOR les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; que vayan y caigan de espaldas, y sean quebranta­dos, y enlazados, y presos.
ISA 28:14 Por tanto, varones burladores, que estáis enseñoreados sobre este pueblo que está en Jerusalem, oíd la palabra del SEÑOR.
ISA 28:15 Porque habéis dicho: Concierto tenemos hecho con la muerte, e hicimos acuerdo con el infierno; cuando pasare el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y debajo la falsedad nos hemos escondido:
ISA 28:16 Por tanto, el Señor DIOS dice así: He aquí, yo pongo en Sión por fundamento una piedra, una piedra probada, [piedra] preciosa del ángulo, un fundamento seguro: el que creyere, no se apresurará.
ISA 28:17 Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo barrerá la acogida de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo.
ISA 28:18 Y será anulado vuestro con­cierto con la muerte, y vuestro acuerdo con el infierno no será firme: cuando pasare el turbión del azote, seréis de él hollados.
ISA 28:19 Luego que comenzare a pasar, él os arrebatará; porque de maña­na de mañana pasará, de día y de noche; y será que el espanto sola­mente haga entender lo oído.
ISA 28:20 Porque la cama [es tan] angos­ta que no basta, y la cubierta estrecha para recoger.
ISA 28:21 Porque el SEÑOR se levantará como en el monte Perasim, como en el valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación.
ISA 28:22 Ahora pues, no os burléis, porque no se aprieten más vues­tras ataduras: porque consuma­ción y acabamiento sobre toda la tierra he oído del Señor DIOS de los ejércitos.
ISA 28:23 Estad atentos, y oíd mi voz; estad atentos, y oíd mi dicho.
ISA 28:24 El que ara para sembrar, ¿arará todo el día; romperá y quebrará los terrones de la tierra?
ISA 28:25 Después que hubiere igualado su superficie, ¿no derramará la neguilla, sembrará el comino, pondrá el trigo por su orden, y la cebada en su señal, y la avena en su término?
ISA 28:26 Porque su Dios le instruye, y le enseña a juicio;
ISA 28:27 Que la neguilla no se trillará con trillo, ni sobre el comino rodará rueda de carreta; sino que con un palo se sacude la neguilla, y el comino con una vara.
ISA 28:28 El pan se trilla; mas no siem­pre lo trillará, ni lo comprimirá con la rueda de su carreta, ni lo quebrantará con los dientes [de su trillo].
ISA 28:29 También esto salió del SEÑOR de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.
ISA 29:1 ¡AY de Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año a otro, mátense víctimas.
ISA 29:2 Mas yo pondré a Ariel en apre­tura, y será desconsolada y triste; y será a mí como Ariel.
ISA 29:3 Porque asentaré campo contra ti en derredor, y te combatiré con ingenios, y levantaré contra ti baluartes.
ISA 29:4 Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como de uno que tiene espíritu de hechicería, y tu habla susurrará desde el polvo.
ISA 29:5 Y la muchedumbre de tus extranjeros será como polvo menudo, y la multitud de los fuertes como tamo que pasa; y será repentinamente, en un momento.
ISA 29:6 Del SEÑOR de los ejércitos serás visitada con truenos y con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor.
ISA 29:7 Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las naciones que pelearán contra Ariel, y todos los que pelearán contra ella y sus ingenios, y los que la pondrán en apretura.
ISA 29:8 Y será como el que tiene ham­bre y sueña, y parece que come; mas cuando despierta, su alma está vacía; o como el que tiene sed y sueña, y parece que bebe; mas cuando se despierta, hállase cansado, y su alma sedienta: así será la multitud de todas las naciones que pelearán contra el monte de Sión.
ISA 29:9 Deteneos y maravillaos; ofus­caos y cegad; embriagaos, y no de vino; titubead, y no de bebida fuerte.
ISA 29:10 Porque el SEÑOR extendió sobre vosotros espíritu de sueño profundo, y cerró vuestros ojos: cubrió vuestros profetas, y vues­tros principales videntes.
ISA 29:11 Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado.
ISA 29:12 Y si se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer.
ISA 29:13 Dice pues el Señor: Porque este pueblo se [me] acerca con su boca, y con sus labios me honra, mas su corazón alejó de mí, y su temor para conmigo fue enseña­do por mandamiento de hom­bres:
ISA 29:14 Por tanto, he aquí que nueva­mente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque pere­cerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá el entendimiento de sus prudentes.
ISA 29:15 ¡Ay de los que se esconden del SEÑOR, encubriendo el con­sejo, y sus obras son en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?
ISA 29:16 Vuestra subversión ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿La obra dirá de su hacedor, No me hizo; y dirá el vaso de aquel que lo ha formado, No entendió?
ISA 29:17 ¿No será tornado de aquí a muy poco tiempo el Líbano en Carmelo, y el Carmelo será esti­mado por bosque?
ISA 29:18 Y en aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas.
ISA 29:19 Entonces los humildes crece­rán en alegría en el SEÑOR, y los pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel.
ISA 29:20 Porque el violento será acaba­do, y el escarnecedor será consu­mido: serán talados todos los que madrugaban a la iniquidad.
ISA 29:21 Los que hacían pecar al hom­bre en palabra; los que armaban lazo al que reprendía en la puer­ta, y torcieron lo justo en vani­dad.
ISA 29:22 Por tanto, el SEÑOR que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: No será ahora confundido Jacob, ni su rostro se pondrá pálido;
ISA 29:23 Porque verá a sus hijos, obra de mis manos en medio de sí, que santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel.
ISA 29:24 Y los errados de espíritu aprenderán entendimiento, y los murmuradores aprenderán doc­trina.
ISA 30:1 ¡AY de los hijos rebeldes, dice el SEÑOR, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!
ISA 30:2 Pártense para descender a Egipto, y no han preguntado mi boca; para fortificarse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto.
ISA 30:3 Mas la fortaleza de Faraón se os tornará en vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión.
ISA 30:4 Cuando estarán sus príncipes en Zoán, y sus embajadores habrán llegado a Hanes,
ISA 30:5 Se avergonzarán todos del pue­blo que no les aprovechará, ni los socorrerá, ni les traerá provecho; antes [les será] para vergüenza, y aun para oprobio.
ISA 30:6 Carga de las bestias del sur: Por tierra de tribulación y de angustia, de donde salen la leona y el león, la víbora y la serpiente que vuela, llevan sobre lomos de jumentos sus riquezas, y sus tesoros sobre corcovas de came­llos, a un pueblo que no [les] será de provecho.
ISA 30:7 Ciertamente Egipto en vano e inútilmente dará ayuda; por tanto yo le di voces, que su fortaleza [sería] estarse quietos.
ISA 30:8 Ve pues ahora, y escribe esta [visión] en una tabla delante de ellos, y asiéntala en un libro, para que quede hasta el postrero día, por siempre jamás.
ISA 30:9 Que este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley del SEÑOR;
ISA 30:10 Que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras;
ISA 30:11 Dejad el camino, apartaos de la senda, haced cesar de nuestra presencia al Santo de Israel.
ISA 30:12 Por tanto el Santo de Israel dice así: Porque desechasteis esta palabra, y confiasteis en violen­cia y en iniquidad, y en ello os habéis apoyado;
ISA 30:13 Por tanto os será este pecado como [pared] abierta que se va a caer, [y como] corcova en alto muro, cuya caída viene súbita y repentinamente.
ISA 30:14 Y quebrarálo como se quiebra un vaso de alfarero, [que] sin misericordia lo hacen menuzos; tanto, que entre los pedazos no se halla tiesto para traer fuego del hogar, o para coger agua de la poza.
ISA 30:15 Porque así dijo el Señor DIOS, el Santo de Israel: En des­canso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis,
ISA 30:16 Sino que dijisteis: No, antes huiremos en caballos: por tanto vosotros huiréis. Sobre ligeros cabalgaremos: por tanto serán ligeros vuestros perseguidores.
ISA 30:17 Un millar [huirá] a la amenaza de uno; a la amenaza de cinco huiréis vosotros [todos]; hasta que quedéis como mástil en la cum­bre de un monte, y como bande­ra sobre cabezo.
ISA 30:18 Y por tanto el SEÑOR esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será ensalzado teniendo de vosotros misericordia: porque el SEÑOR es Dios de juicio: bienaventurados todos los que le esperan.
ISA 30:19 Ciertamente el pueblo morará en Sión, en Jerusalem: nunca más llorarás; el que tiene miseri­cordia se apiadará de ti; en oyen­do la voz de tu clamor te respon­derá.
ISA 30:20 Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus enseñadores nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán tus enseñadores.
ISA 30:21 Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Éste [es] el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tam­poco torzáis a la mano izquierda.
ISA 30:22 Entonces profanarás la cober­tura de tus esculturas de plata, y la vestidura de tu vaciadizo de oro: las apartarás como [trapo] de menstruo: ¡Sal fuera! les dirás.
ISA 30:23 Entonces él te dará llu­via a tu sementera, cuando la tie­rra sembrares; y pan del fruto de la tierra; y será abundante y pin­güe; tus ganados en aquel tiempo serán apacentados en anchas dehesas.
ISA 30:24 Tus bueyes y tus asnos que labran la tierra, comerán grano limpio, el cual será aventado con pala y criba.
ISA 30:25 Y sobre todo monte alto, y sobre todo collado subido, habrá ríos y corrientes de aguas el día de la gran matanza, cuando cae­rán las torres.
ISA 30:26 Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que soldará el SEÑOR la quebradura de su pueblo, y curará la llaga de su herida.
ISA 30:27 He aquí que el nombre del SEÑOR viene de lejos: su rostro encendido, y grave de sufrir; sus labios llenos de ira, y su lengua como fuego que consume;
ISA 30:28 Y su aliento, cual torrente que inunda: llegará hasta el cuello, para zarandear las naciones con criba de destrucción; y el freno [estará] en las quijadas de los pue­blos, haciéndo[les] errar.
ISA 30:29 Vosotros tendréis canción, como en noche en que se celebra pascua; y alegría de corazón, como el que va con flauta para venir al monte del SEÑOR, al Fuerte de Israel.
ISA 30:30 Y el SEÑOR hará oír su voz potente, y hará ver el descender de su brazo, con furor de rostro, y llama de fuego consumidor; con dispersión, con avenida, y piedra de granizo.
ISA 30:31 Porque Asur que hirió con palo, con la voz del SEÑOR será quebrantado.
ISA 30:32 Y en todo paso habrá madero fundado, que el SEÑOR hará hincar sobre él con tamboriles y vihuelas, cuando con batallas de altura peleará contra ellos.
ISA 30:33 Porque Tofet ya de tiempo está ordenado; para el rey tam­bién está preparado; lo ha hecho profundo y ancho: su pira es de fuego y mucha leña; el soplo del SEÑOR, como torrente de azu­fre, lo enciende.
ISA 31:1 ¡AY de los que descienden a Egipto por ayuda, y confí­an en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en caballeros, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan al SEÑOR!
ISA 31:2 Mas él también es sabio, y trae­rá el mal, y no retirará sus pala­bras. Levantaráse pues contra la casa de los malignos, y contra el auxilio de los obradores de iniquidad.
ISA 31:3 Y los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu: de manera que en extendiendo el SEÑOR su mano, caerá el ayudador, y caerá el ayu­dado, y todos ellos desfallecerán a una.
ISA 31:4 Porque el SEÑOR me dijo a mí de esta manera: Como el león y el cachorro del león ruge sobre su presa, y si se llega contra él cuadrilla de pastores, no temerá por sus voces, ni se acobardará por el tropel de ellos: así el SEÑOR de los ejércitos descen­derá a pelear por el monte de Sión, y por su collado.
ISA 31:5 Como las aves que vuelan, así amparará el SEÑOR de los ejér­citos a Jerusalem, defendiendo también [él la] librará, [y] pasando sobre [ella] él la preservará.
ISA 31:6 Convertíos a aquel contra quien los hijos de Israel profun­damente se rebelaron.
ISA 31:7 Porque en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata, y sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos peca­doras.
ISA 31:8 Entonces caerá el asirio con la espada, no de varón poderoso; y lo consumirá la espada, no de hombre despreciable; pero huirá de la espada, y sus mancebos serán desconcertados.
ISA 31:9 Y de miedo pasará su fortaleza, y sus príncipes tendrán pavor de la bandera, dice el SEÑOR, cuyo fuego está en Sión, y su horno en Jerusalem.
ISA 32:1 HE aquí que en justicia reina- rá un rey, y príncipes presidirán en juicio.
ISA 32:2 Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como acogida contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran roca en tierra calurosa.
ISA 32:3 No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos.
ISA 32:4 Y el corazón de los necios entenderá el conocimiento, y la lengua de los tartamudos será desen­vuelta para hablar claramente.
ISA 32:5 El mezquino nunca más será llamado liberal, ni será dicho generoso el avariento.
ISA 32:6 Porque el mezquino hablará mezquindades, y su corazón fabricará iniquidad, para hacer la impiedad y para hablar escarnio contra el SEÑOR, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento.
ISA 32:7 Cierto los avaros malas medi­das [tienen]: él maquina pensa­mientos para enredar a los sim­ples con palabras cautelosas, y para hablar en juicio [contra] el pobre.
ISA 32:8 Mas el liberal pensará liberalidades, y por liberalidades subirá.
ISA 32:9 Mujeres reposadas, levantaos, oíd mi voz; confiadas, escuchad mi razón.
ISA 32:10 Días y años tendréis espanto, oh confiadas; porque la vendimia faltará, y la cosecha no acudirá.
ISA 32:11 Temblad, oh reposadas; tur­baos, oh confiadas: despojaos, desnudaos, ceñid los lomos [con cilicio.]
ISA 32:12 Sobre los pechos lamentarán por los campos deleitosos, por la vid fértil.
ISA 32:13 Sobre la tierra de mi pueblo subirán espinas y cardos; y aun sobre todas las casas de placer en la ciudad de alegría.
ISA 32:14 Porque los palacios serán desiertos, la multitud de la ciudad cesará: las torres y fortalezas se tornarán cuevas para siempre, donde huelguen asnos monteses, y ganados hagan majada:
ISA 32:15 Hasta que sobre nosotros sea derramado espíritu de lo alto, y el desierto se torne en campo labra­do, y el campo labrado sea esti­mado por bosque.
ISA 32:16 Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo labrado asentará la justicia.
ISA 32:17 Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de justicia, reposo y seguridad para siempre.
ISA 32:18 Y mi pueblo habitará en morada de paz, y en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.
ISA 32:19 Y el granizo, cuando descen­diere, [será] en los montes; y la ciudad será del todo abatida.
ISA 32:20 Dichosos vosotros los que sembráis sobre todas aguas, y metéis [en ellas] el pie de buey y de asno.
ISA 33:1 ¡AY de ti, el que saqueas, y nunca fuiste saqueado; el que haces deslealtad, bien que nadie contra ti la hizo! Cuando acabares de saquear, serás tú saqueado; y cuando acabares de hacer deslealtad, haráse contra ti.
ISA 33:2 Oh SEÑOR, ten misericordia de nosotros, a ti hemos esperado: tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación.
ISA 33:3 Los pueblos huyeron a la voz del estruendo; las naciones fueron esparcidas por tus levantamien­tos.
ISA 33:4 Mas vuestra presa será cogida como cuando cogen las orugas: correrá sobre ellos como de una a otra parte corren las langostas.
ISA 33:5 Será ensalzado el SEÑOR, el cual mora en las alturas: llenó a Sión de juicio y de justicia.
ISA 33:6 Y [reinarán] en tus tiempos la sabiduría y el conocimiento, y la fuerza de la salvación: el temor del SEÑOR [será] su tesoro.
ISA 33:7 He aquí que sus embajadores darán voces afuera; los mensajeros de paz llorarán amargamente.
ISA 33:8 Las calzadas están desechas, cesaron los caminantes: anulado ha el pacto, aborreció las ciuda­des, tuvo en nada los hombres.
ISA 33:9 Enlutóse, enfermó la tierra: el Líbano se avergonzó, y fue cor­tado: hase tornado Sarón como desierto; y Basán y Carmel fue­ron sacudidos.
ISA 33:10 Ahora me levantaré, dice el SEÑOR; ahora seré ensalzado, ahora seré engrandecido.
ISA 33:11 Concebisteis hojarascas, aris­tas pariréis: el soplo de vuestro fuego os consumirá.
ISA 33:12 Y los pueblos serán como cal quemada: como espinas cortadas serán quemados con fuego.
ISA 33:13 Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los cer­canos, conoced mi potencia.
ISA 33:14 Los pecadores se asombraron en Sión, espanto sobrecogió a los hipócritas. ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿quién de nosotros habitará con las llamas eternas?
ISA 33:15 El que camina en justicia, y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos por no recibir sobornos, el que tapa su oreja por no oír sangres, el que cierra sus ojos por no ver cosa mala:
ISA 33:16 Éste habitará en las alturas: fortalezas de rocas serán su lugar de acogimiento; se [le] dará su pan, y sus aguas serán ciertas.
ISA 33:17 Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos.
ISA 33:18 Tu corazón imaginará el espanto, [y dirá]: ¿Qué es del escriba? ¿qué del pesador? ¿qué del que pone en lista las casas más insignes?
ISA 33:19 No verás a aquel pueblo espantable, pueblo de lengua oscura de entender, de lengua tartamuda que no comprendas.
ISA 33:20 Mira a Sión, ciudad de nues­tras solemnidades: tus ojos verán a Jerusalem, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota.
ISA 33:21 Porque ciertamente allí será el SEÑOR para con nosotros fuer­te, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera, ni por él pasará grande navío.
ISA 33:22 Porque el SEÑOR es nuestro juez, el SEÑOR es nuestro legis­lador, el SEÑOR es nuestro Rey, él mismo nos salvará.
ISA 33:23 Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron su mástil, ni entesaron la vela: repartiráse entonces presa de muchos despojos: los cojos arrebatarán presa.
ISA 33:24 No dirá el morador: Estoy enfermo: el pueblo que morare en ella será absuelto de pecado.
ISA 34:1 Naciones, allegaos a oír; y escuchad, pueblos. Oiga la tierra y lo que la hinche, el mundo y todo lo que él produce.
ISA 34:2 Porque el SEÑOR está airado sobre todas las naciones, e irritado sobre todos sus ejércitos: destruirálas y entregarálas al matadero.
ISA 34:3 Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor; y los montes se desleirán por la sangre de ellos.
ISA 34:4 Y todo el ejército del cielo se corromperá, y plegarse han los cielos como un libro: y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.
ISA 34:5 Porque en el cielo se embria­gará mi espada: he aquí que des­cenderá sobre Edom en juicio, y sobre el pueblo de mi anatema.
ISA 34:6 Llena está de sangre la espada del SEÑOR, engrasada está de grosura, de sangre de corderos y de cabritos, de grosura de riño­nes de carneros: porque el SEÑOR tiene sacrificios en Bosra, y grande matanza en tie­rra de Edom.
ISA 34:7 Y con ellos vendrán abajo uni­cornios, y toros con becerros; y su tierra se embriagará de sangre, y su polvo se engrasará de grosu­ra.
ISA 34:8 Porque es día de venganza del SEÑOR, año de retribuciones en el pleito de Sión.
ISA 34:9 Y sus arroyos se tornarán en pez, y su polvo en azufre, y su tierra en pez ardiente.
ISA 34:10 No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo: de generación en genera­ción será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella.
ISA 34:11 Pero la poseerán el cormorán y el avetoro, el búho y el cuervo morarán en ella: y él extenderá sobre ella cordel de confusión, y plomada de asolamiento.
ISA 34:12 Llamarán a sus príncipes, príncipes sin reino: y todos sus grandes serán nada.
ISA 34:13 En sus alcázares crecerán espinas, y ortigas y cardos en sus fortalezas; y serán morada de dragones, patio para los pollos de los avestruces.
ISA 34:14 Las bestias fieras del desierto se encontrarán con las fieras de la isla, y el fauno gritará a su compañero: la lechuza también tendrá allí asiento, y hallará para sí reposo.
ISA 34:15 Allí anidará el búho real, con­servará [sus huevos,] y sacará [sus pollos], y juntarálos debajo de sus alas: también se ayuntarán allí buitres, cada uno con su compañera.
ISA 34:16 Inquirid en el libro del SEÑOR, y leed si faltó alguno de ellos: ninguno faltó con su com­pañera; porque su boca mandó, y reuniólos su mismo espíritu.
ISA 34:17 Y él les echó las suertes, y su mano les repartió con cordel: para siempre la tendrán por heredad, de generación en genera­ción morarán allí.
ISA 35:1 ALEGRARSE han el desierto y la soledad: el yermo se gozará, y florecerá como la rosa.
ISA 35:2 Florecerá profusamente, y tam­bién se alegrará y cantará con júbilo: la gloria del Líbano le será dada, la hermosura de Carmel y de Sarón. Ellos verán la gloria del SEÑOR, la hermo­sura del Dios nuestro.
ISA 35:3 Fortaleced las manos débiles, afirmad las rodillas endebles.
ISA 35:4 Decid a los de corazón apoca­do: Confortaos, no temáis: he aquí que vuestro Dios viene [con] venganza, [con] pago; el mismo Dios vendrá, y os salvará.
ISA 35:5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.
ISA 35:6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cava­das en el desierto, y torrentes en la soledad.
ISA 35:7 El lugar seco será [tornado] en estanque, y el secadal en mana­deros de aguas; en la habitación de dragones, en su cama, será lugar de cañas y de juncos.
ISA 35:8 Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará por él inmundo; y [habrá] para ellos en él quien los acompañe, de tal manera que los insensatos no yerren.
ISA 35:9 No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por él, ni allí se halla­rá, para que caminen los redimi­dos.
ISA 35:10 Y los redimidos del SEÑOR volverán, y vendrán a Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas: y retendrán el gozo y alegría, y huirá la tristeza y el gemido.
ISA 36:1 ACONTECIÓ en el año catorce del rey Ezequías, que Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas.
ISA 36:2 Y el rey de Asiria envió a Rabsaces con grande ejército desde Laquis a Jerusalem al rey Ezequías: y asentó el campo a los caños de la pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
ISA 36:3 Y salió a él Eliacim hijo de Hil-quías mayordomo, y Sebna, escriba, y Joah hijo de Asaf, canciller.
ISA 36:4 A los cuales dijo Rabsaces: Ahora pues, diréis a Ezequías: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es ésta en que confías?
ISA 36:5 Digo, [alegas tú], (pero [son] pala­bras vanas) [que tengo] consejo y fortaleza para la guerra. Ahora bien, ¿en quién confías que te rebelas contra mí?
ISA 36:6 He aquí que confías en este bordón de caña frágil, en Egipto, sobre el cual si alguien se apoya­re, entrarásele por la mano, y se la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían.
ISA 36:7 Y si me dijeres, en el SEÑOR nuestro Dios confiamos; ¿no es éste aquel cuyos altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar adoraréis?
ISA 36:8 Ahora pues yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor, y yo te daré dos mil caballos, si pudieres tú dar caballeros que cabalguen sobre ellos.
ISA 36:9 ¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán de los más pequeños siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y hombres de a caballo?
ISA 36:10 ¿Y por ventura vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin el SEÑOR? El SEÑOR me dijo: Sube a esta tierra para destruirla.
ISA 36:11 Entonces dijo Eliacim, y Sebna y Joah a Rabsaces: Rogámoste que hables a tus sier­vos en lengua siriaca, porque nosotros la entendemos: y no hables con nosotros en lengua judáica, oyéndolo el pueblo que está sobre el muro.
ISA 36:12 Y dijo Rabsaces: ¿Envióme mi señor a ti y a tu señor, a que dijese estas palabras, [y] no a los hombres que están sobre el muro, para comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros?
ISA 36:13 Púsose luego en pie Rabsaces, y gritó a grande voz en lengua judáica, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, el rey de Asiria.
ISA 36:14 El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar.
ISA 36:15 Ni os haga Ezequías confiar en el SEÑOR, diciendo: Ciertamente el SEÑOR nos librará: no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria.
ISA 36:16 No escuchéis a Ezequías: por­que el rey de Asiria dice así: Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de su pozo;
ISA 36:17 Hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tie­rra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.
ISA 36:18 Mirad no os engañe Ezequías diciendo: el SEÑOR nos librará. ¿Libraron los dioses de las naciones cada uno a su tierra de la mano del rey de Asiria?
ISA 36:19 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿dónde está el dios de Sefarvaim? ¿libraron a Samaria de mi mano?
ISA 36:20 ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras, que haya librado su tierra de mi mano, para que el SEÑOR libre de mi mano a Jerusalem?
ISA 36:21 Mas callaron, y no le respon­dieron palabra; porque el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis.
ISA 36:22 Entonces Eliacim hijo de Hilquías mayordomo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaf canciller, vinieron a Ezequías rotas sus vestiduras, y contáronle las palabras de Rabsaces.
ISA 37:1 ACONTECIÓ pues, que el rey Ezequías, oído esto, rasgó sus vestiduras, y cubierto de cilicio vino a la casa del SEÑOR.
ISA 37:2 Y envió a Eliacim mayordomo, y a Sebna escriba, y a los ancia­nos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, a Isaías profeta, hijo de Amoz.
ISA 37:3 Los cuales le dijeron: Ezequías dice así: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia, es este día: porque los hijos han lle­gado hasta la rotura, y no hay fuerza en la que pare.
ISA 37:4 Quizá oirá el SEÑOR tu Dios las palabras de Rabsaces, al cual envió el rey de Asiria su señor a blasfemar al Dios vivo, y a reprender con las palabras que oyó el SEÑOR tu Dios: alza pues oración tú por el remanente que aún ha quedado.
ISA 37:5 Vinieron pues los siervos de Ezequías a Isaías.
ISA 37:6 Y díjoles Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así dice el SEÑOR: No temas por las pala­bras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
ISA 37:7 He aquí que yo doy en él un espíritu, y oirá un rumor, y vol­veráse a su tierra: y yo haré que en su tierra caiga a espada.
ISA 37:8 Vuelto pues Rabsaces, halló al rey de Asiria que batía a Libna; porque ya había oído que se había apartado de Laquis.
ISA 37:9 Mas oyendo decir de Tirhakah rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra: en oyéndolo, envió mensajeros a Ezequías, diciendo:
ISA 37:10 Diréis así a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.
ISA 37:11 He aquí que tú oíste lo que hicieron los reyes de Asiria a todas las tierras, que las destru­yeron; ¿y escaparás tú?
ISA 37:12 ¿Libraron los dioses de las naciones a los que destruyeron mis antepasados, a Gozán, y Harán, Rezef, y a los hijos de Edén que moraban en Telasar?
ISA 37:13 ¿Dónde está el rey de Hamat, y el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Henah, y de Hivah?
ISA 37:14 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los mensajeros, y leyó­las; y subió a la casa del SEÑOR, y las extendió delante del SEÑOR.
ISA 37:15 Entonces Ezequías oró al SEÑOR, diciendo:
ISA 37:16 Oh SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios sobre todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra.
ISA 37:17 Inclina, oh SEÑOR, tu oído, y oye; abre, oh SEÑOR, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Senaquerib, el cual ha enviado a blasfemar al Dios viviente.
ISA 37:18 Ciertamente, SEÑOR, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas,
ISA 37:19 Y entregaron los dioses de ellos al fuego: porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, leño y piedra: por eso los deshicieron.
ISA 37:20 Ahora pues, oh SEÑOR Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres el SEÑOR.
ISA 37:21 Entonces Isaías hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: el SEÑOR Dios de Israel dice así: Acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib rey de Asiria,
ISA 37:22 Esto es lo que el SEÑOR habló de él: Hate menospreciado, y ha hecho escarnio de ti la virgen hija de Sión: meneó su cabeza a tus espaldas la hija de Jerusalem.
ISA 37:23 ¿A quién injuriaste y a quién blasfemaste? ¿contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
ISA 37:24 Por mano de tus siervos denostaste al Señor, y dijiste: Yo con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus hayas esco­gidas; vendré después a lo alto de su límite, al monte de su Carmel.
ISA 37:25 Yo cavé, y bebí las aguas; y con las pisadas de mis pies seca­ré todos los ríos de lugares atrin­cherados.
ISA 37:26 ¿No has oído decir que de mucho tiempo ha yo lo hice, que de días antiguos lo he formado? Helo hecho venir ahora, y será para destrucción de ciudades fuertes en montones de ruinas.
ISA 37:27 Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, serán como grama del campo y hortaliza verde, como hierba de los tejados, que antes de sazón se seca.
ISA 37:28 Conocido he tu estado, tu sali­da y tu entrada, y tu furor contra mí.
ISA 37:29 Porque contra mí te airaste, y tu estruendo ha subido a mis oídos: pondré pues mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y haréte tornar por el camino por donde viniste.
ISA 37:30 Y esto te será por señal: Comerás este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo: y el año tercero sembraréis y segaréis, y planta­réis viñas, y comeréis su fruto.
ISA 37:31 Y el remanente de la casa de Judá que hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y hará fruto arriba.
ISA 37:32 Porque de Jerusalem saldrá un remanente, y del monte de Sión ellos que escaparon. El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto.
ISA 37:33 Por tanto, así dice el SEÑOR acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella: no vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte.
ISA 37:34 Por el camino que vino se tor­nará, y no entrará en esta ciudad, dice el SEÑOR:
ISA 37:35 Pues yo ampararé a esta ciu­dad para salvarla por amor de mí, y por amor de David mi siervo.
ISA 37:36 Y salió el ángel del SEÑOR, e hirió ciento ochenta y cinco mil en el campo de los asirios: y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
ISA 37:37 Entonces Senaquerib rey de Asiria partiéndose se fue, y vol­vióse, e hizo su morada en Nínive.
ISA 37:38 Y acaeció, que estando oran­do en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer, sus hijos, le hirieron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.
ISA 38:1 EN aquellos días cayó Ezequías enfermo para morir. Y vino a él Isaías profeta, hijo de Amoz, y díjole: El SEÑOR dice así: Ordena tu casa, porque tú morirás, y no vivirás.
ISA 38:2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración al SEÑOR.
ISA 38:3 Y dijo: Oh SEÑOR, ruégote te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro.
ISA 38:4 Entonces vino la palabra del SEÑOR a Isaías, diciendo:
ISA 38:5 Ve, y di a Ezequías: el SEÑOR Dios de David tu padre dice así: Tu oración he oído, y visto tus lágrimas: he aquí que yo añado a tus días quince años.
ISA 38:6 Y te libraré, y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé.
ISA 38:7 Y esto te será señal de parte del SEÑOR, que el SEÑOR hará esto que ha dicho:
ISA 38:8 He aquí que yo vuelvo atrás la sombra de los grados, que ha descendido en el reloj de Acaz por el sol, diez grados. Y el sol fue tornado diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.
ISA 38:9 Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad.
ISA 38:10 Yo dije: En el medio de mis días iré a las puertas del sepulcro: privado soy del resto de mis años.
ISA 38:11 Dije: No veré al SEÑOR, al SEÑOR en la tierra de los vivientes: ya no veré más al hombre con los moradores del mundo.
ISA 38:12 Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como el tejedor corté mi vida; cortaráme con la enferme­dad; me consumirás entre el día y la noche.
ISA 38:13 Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos: de la mañana a la noche me acabarás.
ISA 38:14 Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma: alzaba en lo alto mis ojos: oh SEÑOR, violencia padezco; confórtame.
ISA 38:15 ¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré reca­pacitando en la amargura de mi alma todos los años de mi vida.
ISA 38:16 Oh Señor, sobre ellos vivirán [tus piedades], y a todos [diré con­sistir] en ellas la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y me harás que viva.
ISA 38:17 He aquí amargura grande me [sobrevino] en la paz: mas en tu amor libraste mi alma del hoyo de corrupción: porque echaste tras tus espaldas todos mis peca­dos.
ISA 38:18 Porque el sepulcro no te cele­brará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al hoyo espe­rarán tu verdad.
ISA 38:19 El que vive, el que vive, éste te confesará, como yo hoy: el padre hará notoria tu verdad a los hijos.
ISA 38:20 El SEÑOR [estaba listo] para salvarme; por tanto cantaremos mis cantos con los instrumentos en la casa del SEÑOR todos los días de nuestra vida.
ISA 38:21 Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará.
ISA 38:22 Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de que he de subir a la casa del SEÑOR?
ISA 39:1 EN aquel tiempo Merodac-­ baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque había oído que había estado enfermo, y que había convalecido.
ISA 39:2 Y holgóse con ellos Ezequías, y enseñoles la casa de su tesoro, plata y oro, y especierías, y ungüentos preciosos, y toda su casa de armas, y todo lo que se pudo hallar en sus tesoros: no hubo cosa en su casa y en todo su señorío, que Ezequías no les mostrase.
ISA 39:3 Entonces Isaías profeta vino al rey Ezequías, y díjole: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejos han venido a mí, de Babilonia.
ISA 39:4 Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
ISA 39:5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra del SEÑOR de los ejércitos:
ISA 39:6 He aquí, vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy: ninguna cosa quedará, dice el SEÑOR.
ISA 39:7 De tus hijos que hubieren salido de ti, y que engendraste, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
ISA 39:8 Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra del SEÑOR que has hablado, es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y verdad en mis días.
ISA 40:1 CONSOLAOS, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.
ISA 40:2 Hablad al corazón de Jerusalem: decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano del SEÑOR por todos sus pecados.
ISA 40:3 Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del SEÑOR: enderezad calzada en el desierto para nuestro Dios.
ISA 40:4 Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torci­do se enderece, y lo áspero se allane.
ISA 40:5 Y manifestaráse la gloria del SEÑOR, y toda carne juntamen­te la verá; que la boca del SEÑOR habló.
ISA 40:6 Voz que decía: Da voces. Y [yo] respondí: ¿Qué tengo de decir a voces? Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo:
ISA 40:7 La hierba se seca, y la flor se cae; porque el espíritu del SEÑOR sopló en ella: cierta­mente hierba es el pueblo.
ISA 40:8 Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece por siempre.
ISA 40:9 Oh Sión, que proclama buenas nuevas, súbete sobre un monte alto; Oh Jerusalem, que procla­ma buenas nuevas, levanta con fuerza tu voz; levánta[la], no temas; Di a las ciudades de Judá: ¡He aquí el Dios vuestro!;
ISA 40:10 He aquí que el Señor DIOS vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará: he aquí que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro.
ISA 40:11 Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los lleva­rá; pastoreará suavemente las paridas.
ISA 40:12 ¿Quién midió las aguas con su puño, y aderezó el cielo con su palmo, y con tres dedos allegó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza, y con peso los collados?
ISA 40:13 ¿Quién dirigió al Espíritu del SEÑOR, o le aconsejó enseñándole?
ISA 40:14 ¿A quién demandó consejo para ser avisado? ¿Quién le ense­ñó el camino del juicio, o le ense­ñó conocimiento, o le mostró la senda del entendimiento?
ISA 40:15 He aquí que las naciones son reputadas como la gota de un acetre, y como el orín del peso: he aquí que hace desaparecer las islas como polvo.
ISA 40:16 Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio.
ISA 40:17 Como nada son todas las naciones delante de él; y en su compa­ración serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es.
ISA 40:18 ¿A qué pues haréis semejante a Dios, o qué imagen le compon­dréis?
ISA 40:19 El artífice apareja la imagen de talla, el platero le extiende el oro, y le funde cadenas de plata.
ISA 40:20 El pobre escoge, para ofrecer­le, madera que no se corrompa; búscase un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva.
ISA 40:21 ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido ense­ñados desde que la tierra se fundó?
ISA 40:22 Él está asentado sobre el globo de la tierra, cuyos morado­res son como langostas: él extiende los cielos como una cortina, tiéndelos como una tien­da para morar:
ISA 40:23 Él torna en nada los podero­sos, y a los que gobiernan la tie­rra hace como cosa vana.
ISA 40:24 Como si nunca fueran planta­dos, como si nunca fueran sem­brados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; así que sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hoja­rascas.
ISA 40:25 ¿A qué pues me haréis seme­jante, o seré asimilado? dice el Santo.
ISA 40:26 Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas: él saca por cuenta su ejército: a todas llama por sus nombres; ninguna faltará: [tal] es la grandeza de su fuerza, y [su] poder y virtud.
ISA 40:27 ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino es escondido del SEÑOR, y de mi Dios pasó mi juicio?
ISA 40:28 ¿No has sabido?, ¿No has oído? [que] el Dios eterno, el SEÑOR, el Creador de los térmi­nos de la tierra, no se desmaya, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento es inescudriñable.
ISA 40:29 Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
ISA 40:30 Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen:
ISA 40:31 Mas los que esperan al SEÑOR tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; cami­narán, y no se fatigarán.
ISA 41:1 ESCUCHADME, islas, y esfuér- cense los pueblos; alléguense, y entonces hablen: estemos juntamente a juicio.
ISA 41:2 ¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, e hízolo enseñorear de reyes; entrególos a su espada como polvo, y a su arco como hojaras­cas arrebatadas?
ISA 41:3 Siguiólos, pasó en paz por cami­no por donde sus pies nunca habí­an entrado.
ISA 41:4 ¿Quién obró e hizo esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo el SEÑOR, el pri­mero, y yo mismo con los postre­ros.
ISA 41:5 Las islas vieron, y tuvieron temor; los términos de la tierra se espantaron: congregáronse, y vinieron.
ISA 41:6 Cada cual ayudó a su vecino; y a su hermano dijo: Esfuérzate.
ISA 41:7 El carpintero animó al platero, y el que alisa con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura; y afir­mólo con clavos, porque no se moviese.
ISA 41:8 Mas tú, Israel, siervo mío eres; [tú,] Jacob, a quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo.
ISA 41:9 Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.
ISA 41:10 No temas, que YO [soy] conti­go; no desmayes, que YO [soy] tu Dios que te esfuerzo: ciertamen­te te ayudaré, ciertamente te sus­tentaré con la diestra de mi justi­cia.
ISA 41:11 He aquí que todos los que se airan contra ti, serán avergonzados y confundidos: serán como nada y perecerán, los que con­tienden contigo.
ISA 41:12 Los buscarás, y no los halla­rás, los que tienen contienda con­tigo; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen guerra.
ISA 41:13 Porque yo el SEÑOR [soy] tu Dios, que te ase de tu mano dere­cha, y te dice: No temas, yo te ayudé.
ISA 41:14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice el SEÑOR, y tu Redentor el Santo de Israel.
ISA 41:15 He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes: trillarás montes y los molerás, y collados tornarás en tamo.
ISA 41:16 Los aventarás, y los llevará el viento, y esparcirálos el torbelli­no. Y te regocijarás en el SEÑOR, te gloriarás en el Santo de Israel.
ISA 41:17 Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, que no hay; secóse de sed su lengua; yo el SEÑOR los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé.
ISA 41:18 En los altos abriré ríos, y fuentes en mitad de los llanos: tornaré el desierto en estanques de aguas, y en manaderos de aguas la tierra seca.
ISA 41:19 Daré en el desierto cedros, espinos, arrayanes, y olivas; pon­dré en la soledad hayas, olmos, y álamos juntamente;
ISA 41:20 Porque vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano del SEÑOR hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.
ISA 41:21 Alegad por vuestra causa, dice el SEÑOR: exhibid vuestros fundamentos, dice el Rey de Jacob.
ISA 41:22 Traigan, y anúnciennos lo que ha de venir: dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pon­dremos nuestro corazón en ello: sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir.
ISA 41:23 Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepa­mos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y jun­tamente nos maravillemos.
ISA 41:24 He aquí que vosotros sois de nada, y vuestras obras de vani­dad; abominación el que os esco­ge.
ISA 41:25 Del norte desperté uno, y ven­drá; del nacimiento del sol llamará en mi nombre: y hollará prín­cipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero.
ISA 41:26 ¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos; o de tiempo atrás, y diremos: [Es] justo? Cierto, no hay quien anun­cie, sí, no hay quien enseñe, cier­tamente no hay quien oiga vues­tras palabras.
ISA 41:27 [Yo soy] el primero que he ense­ñado estas cosas a Sión, y a Jerusalem daré un portador de alegres nuevas.
ISA 41:28 Miré, y no había ninguno; [y pregunté] de estas cosas, y ningún consejero hubo: preguntéles, y no respondieron palabra.
ISA 41:29 He aquí, todos iniquidad, y las obras de ellos nada: viento y vanidad son sus vaciadizos.
ISA 42:1 HE aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio a los gentiles.
ISA 42:2 No clamará, ni alzará, ni hará oír su voz en las plazas.
ISA 42:3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare: sacará el juicio a verdad.
ISA 42:4 No se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra jui­cio; y las islas esperarán su ley.
ISA 42:5 Así dice Dios el SEÑOR, el Creador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras; el que da respira­ción al pueblo que [mora] sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:
ISA 42:6 Yo el SEÑOR te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto del pueblo, por luz de los gentiles;
ISA 42:7 Para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que están de asiento en tinieblas.
ISA 42:8 Yo el SEÑOR: este es mi nom­bre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.
ISA 42:9 Las cosas primeras he aquí vinieron, y yo anuncio nuevas cosas: antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.
ISA 42:10 Cantad al SEÑOR un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y lo que la hinche, las islas y los moradores de ellas.
ISA 42:11 Alcen [la voz] el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar: canten los moradores de la roca, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo.
ISA 42:12 Den gloria al SEÑOR, y pre­diquen sus loores en las islas.
ISA 42:13 El SEÑOR saldrá como gigante, y como hombre de gue­rra despertará celo: gritará, vo­ceará, esforzaráse sobre sus ene­migos.
ISA 42:14 Desde el antiguo he callado, tenido he silencio, y heme dete­nido: daré voces como la que está de parto; asolaré y devoraré juntamente.
ISA 42:15 Tornaré en soledad montes y collados, haré secar toda su hier­ba; los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques.
ISA 42:16 Y guiaré los ciegos por cami­no que no sabían, haréles pisar por las sendas que no habían conocido; delante de ellos torna­ré las tinieblas en luz, y los rode­os en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé.
ISA 42:17 Serán vueltos atrás y en extre­mo confundidos, los que confían en las esculturas, y dicen a las estatuas de fundición: Vosotros sois nuestros dioses.
ISA 42:18 Sordos, oíd; y vosotros ciegos, mirad para ver.
ISA 42:19 ¿Quién ciego, sino mi siervo? ¿quién sordo, como mi mensaje­ro, que envié? ¿quién ciego como el perfecto, y ciego como el siervo del SEÑOR,
ISA 42:20 Que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?
ISA 42:21 El SEÑOR se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.
ISA 42:22 Mas este es pueblo saqueado y hollado, todos ellos enlazados en cavernas y escondidos en cár­celes: son puestos a saco, y no [hay] quien libre; hollados, y no [hay] quien diga, Restituid.
ISA 42:23 ¿Quién de vosotros oirá esto? ¿quién atenderá y escuchará en orden al porvenir?
ISA 42:24 ¿Quién dio a Jacob en presa, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue el SEÑOR, contra quien pecamos? y no quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley.
ISA 42:25 Por tanto derramó sobre él el furor de su ira, y fuerza de gue­rra; púsole fuego de todas partes, pero no entendió; y encendió­le, mas no ha parado mientes.
ISA 43:1 Y AHORA, así dice el SEÑOR que te creó, oh Jacob, y el que te formó, oh Israel: No temas, porque yo te he redimido; [te] he llamado por tu nombre; mío eres tú.
ISA 43:2 Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
ISA 43:3 Porque yo el SEÑOR Dios tuyo, el Santo de Israel, [soy] tu Salvador: a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.
ISA 43:4 Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma.
ISA 43:5 No temas, porque yo soy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.
ISA 43:6 Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas: trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los términos de la tierra,
ISA 43:7 A cada uno que es llamado de mi nombre; y le he creado para mi gloria, yo le he formado, sí, yo le he hecho.
ISA 43:8 Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que tienen oídos.
ISA 43:9 Que se junten todas las naciones, y se congreguen todos los pueblos: ¿quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Que presenten a sus testigos, para que sean justificados; que oigan, y digan: [Es] verdad.
ISA 43:10 Vosotros sois mis testigos, dice el SEÑOR, y mi siervo que yo escogí; para que me conoz­cáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado Dios, ni lo será después de mí.
ISA 43:11 Yo, [aún] yo soy el SEÑOR; y fuera de mí no [hay] salvador.
ISA 43:12 Yo he declarado, y he salvado, y he mostrado, cuando no [hubo] entre vosotros [dios] extraño. Vosotros pues [sois] mis testigos, dice el SEÑOR, que yo [soy] Dios.
ISA 43:13 Aun antes que hubiera día, yo [soy] ÉL; y no hay quien de mi mano libre: yo haré y, ¿quién lo estorbará?
ISA 43:14 Así dice el SEÑOR, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender fugitivos todos ellos, y clamor de caldeos en las naves.
ISA 43:15 Yo el SEÑOR, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey.
ISA 43:16 Así dice el SEÑOR, el que da camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas;
ISA 43:17 El que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamen­te para no levantarse; quedan extinguidos, como pábilo quedan apagados.
ISA 43:18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.
ISA 43:19 He aquí que yo hago cosa nueva: presto saldrá a luz: ¿no la sabréis? Otra vez pondré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
ISA 43:20 La bestia del campo me hon­rará, los dragones, y los búhos: porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
ISA 43:21 Este pueblo he formado para mí; mis alabanzas publicará.
ISA 43:22 Y no me invocaste a mí, oh Jacob; antes de mí te cansaste, oh Israel.
ISA 43:23 No me trajiste a mí los ani­males de tus holocaustos, ni a mí me honraste con tus sacrificios: no te hice servir con presente, ni te hice fatigar con perfume.
ISA 43:24 No compraste para mí caña [aromática] por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios; antes me hiciste ser­vir en tus pecados, me has fatiga­do con tus maldades.
ISA 43:25 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.
ISA 43:26 Hazme acordar, entremos en juicio juntamente; relata tú para abonarte.
ISA 43:27 Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron contra mí.
ISA 43:28 Por tanto, yo profané los príncipes del santuario, y puse por anatema a Jacob, y por oprobio a Israel.
ISA 44:1 AHORA pues oye, Jacob, sier- vo mío, y [tú], Israel, a quien yo escogí.
ISA 44:2 Así dice el SEÑOR, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú, Jesurún, a quien yo escogí.
ISA 44:3 Porque yo derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la [tierra] árida: mi espíritu derrama­ré sobre tu generación, y mi ben­dición sobre tus renuevos:
ISA 44:4 Y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas.
ISA 44:5 Éste dirá: Yo [soy] del SEÑOR; el otro se llamará del nombre de Jacob; y otro escribirá con su mano, al SEÑOR, y se apellida­rá con el nombre de Israel.
ISA 44:6 Así dice el SEÑOR, Rey de Israel, y su Redentor, el SEÑOR de los ejércitos: Yo el primero, y yo el postrero, y fuera de mí no hay Dios.
ISA 44:7 ¿Y quién llamará como yo, y denunciará esto, y lo ordenará por mí, desde que hice el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir.
ISA 44:8 No temáis, ni os amedrentéis: ¿no te lo hice oír desde antiguo, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. ¿Hay un Dios fuera de mí? No hay fuerte: no conozco [ninguno].
ISA 44:9 Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos para su confusión son testigos, que ellos ni ven ni entienden.
ISA 44:10 ¿Quién formó un dios, o quién fundó una estatua que para nada es de provecho?
ISA 44:11 He aquí que todos sus compa­ñeros serán avergonzados; por­que los mismos artífices son de los hombres. Todos ellos se jun­tarán, estarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una.
ISA 44:12 El herrero [tomará] la tenaza, obrará en las ascuas, darále forma con los martillos, y traba­jará en ella con la fuerza de su brazo: tiene luego hambre, y le faltan las fuerzas; no beberá agua, y se desmaya.
ISA 44:13 El carpintero tiende la regla, señala aquélla con almagre, lábrala con los cepillos, dale figura con el compás, hácela en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para estar en casa.
ISA 44:14 Cortaráse cedros, y toma ciprés y encina, y entre los árbo­les del bosque se esfuerza; plan­tará pino, que se críe con la llu­via.
ISA 44:15 De él se servirá luego el hom­bre para quemar, y tomará de ellos para calentarse; encenderá también [el horno], y cocerá panes; hará además un dios, y lo adorará; fabricará un ídolo, y arrodillaráse delante de él.
ISA 44:16 Parte del [leño] quemará en el fuego; con parte de él comerá carne, aderezará asado, y se saciará; después se calentará, y dirá: ¡Oh! heme calentado, he visto el fuego;
ISA 44:17 Y torna su sobrante en un dios, en su escultura; humíllase delante de ella, adórala, y ruéga­le diciendo: Líbrame, que mi dios eres tú.
ISA 44:18 No supieron ni entendieron: porque encostrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender.
ISA 44:19 Ninguno considera en su corazón, ni tiene conocimiento ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y comíla; ¿he de tornar en una abominación lo restante de ello? ¿delante de un tronco de árbol tengo de humi­llarme?
ISA 44:20 De ceniza se apacienta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No hay una mentira a mi mano derecha?
ISA 44:21 Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, pues que tú mi siervo eres: Yo te formé; siervo mío eres tú: Israel, no me olvi­des.
ISA 44:22 Yo deshice como a nube tus rebeliones, y como a niebla tus pecados: tórnate a mí, porque yo te redimí.
ISA 44:23 Cantad loores, oh cielos, por­que el SEÑOR lo hizo; gritad con júbilo, lugares bajos de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está: porque el SEÑOR redimió a Jacob, y en Israel será glorificado.
ISA 44:24 Así dice el SEÑOR, tu Redentor, y formador tuyo desde el vientre: Yo el SEÑOR, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;
ISA 44:25 Que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago tornar atrás los sabios, y convierto en locura su conocimiento;
ISA 44:26 Que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalem: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reedificadas serán, y sus ruinas levantaré;
ISA 44:27 Que dice al profundo: Sécate, y tus ríos haré secar;
ISA 44:28 Que dice de Ciro: [Es] mi pas­tor, y cumplirá todo lo que yo quiero, en diciendo a Jerusalem: Serás edificada; y al templo: Serás fundado.
ISA 45:1 ASÍ dice el SEÑOR a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán:
ISA 45:2 Yo iré delante de ti, y endere­zaré las tortuosidades; quebran­taré puertas de latón, y cerrojos de hierro haré pedazos;
ISA 45:3 Y te daré los tesoros escondi­dos, y los secretos muy guarda­dos; para que sepas que yo soy el SEÑOR, el Dios de Israel, que te pongo nombre.
ISA 45:4 Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; púsete sobrenom­bre, aunque no me conociste.
ISA 45:5 Yo [soy] el SEÑOR, y ninguno más [hay,] no [hay] Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me cono­ciste;
ISA 45:6 Para que se sepa desde el nacimiento del sol, y desde donde se pone, que no hay más que yo; yo el SEÑOR, y ninguno más que yo:
ISA 45:7 Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo el mal. Yo, el SEÑOR, que hago todo esto.
ISA 45:8 Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salva­ción y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo el SEÑOR lo he creado.
ISA 45:9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces; o tu obra: No tiene manos?
ISA 45:10 ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué pariste?
ISA 45:11 Así dice el SEÑOR, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos.
ISA 45:12 Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé.
ISA 45:13 Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice el SEÑOR de los ejércitos.
ISA 45:14 Así dice el SEÑOR: El traba­jo de Egipto, las mercaderías de Etiopía, y los sabeos, hombres agigantados, se pasarán a ti, y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán con grillos: a ti harán reverencia, y a ti suplicarán, [diciendo]: Cierto, en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios.
ISA 45:15 Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, oh Dios de Israel, el Salvador.
ISA 45:16 Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con afren­ta todos los fabricadores de imá­genes.
ISA 45:17 Israel es salvo en el SEÑOR con salvación eterna; no os aver­gonzaréis, ni os afrentaréis, por todos los siglos.
ISA 45:18 Porque así dice el SEÑOR, que creó los cielos; él solo es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la estableció; no la creó en vano, para que fuese habitada la formó: Yo el SEÑOR, y ninguno más que yo.
ISA 45:19 No hablé en escondido, en lugar de tierra de tinieblas; no dije a la generación de Jacob: En vano me buscáis. Yo soy el SEÑOR que hablo justicia, que anuncio rectitud.
ISA 45:20 Reuníos, y venid; acercaos, todos los [que habéis] escapado de las nacio­nes. No tienen conocimiento aquellos que eri­gen el madero de su imagen esculpida, y los que ruegan a un dios que no puede salvar.
ISA 45:21 Publicad, y haced llegar, y entren todos en consulta: ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo el SEÑOR? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador: nin­gún otro fuera de mí.
ISA 45:22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más.
ISA 45:23 Por mí mismo hice juramen­to, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: que a mí se doblará toda rodilla, jura­rá toda lengua.
ISA 45:24 Y diráse de mí: Ciertamente en el SEÑOR está la justicia y la fuerza: a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen, serán avergonzados.
ISA 45:25 En el SEÑOR será justificada y se gloriará toda la generación de Israel.
ISA 46:1 POSTRÓSE Bel, abatióse Nebo; sus simulacros fueron [puestos] sobre bestias, y sobre animales [de carga]: os llevarán cargados de vosotros, carga penosa.
ISA 46:2 Fueron humillados, fueron abatidos juntamente; no pudie­ron escaparse de la carga, sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio.
ISA 46:3 Oidme, oh casa de Jacob, y todo el remanente de la casa de Israel, los que sois traídos [por mí] desde el vientre, los que sois lle­vados desde la matriz.
ISA 46:4 Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas [os] soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.
ISA 46:5 ¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que sea semejante?
ISA 46:6 Sacan oro del talego, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; humíllanse y adoran.
ISA 46:7 Echanselo sobre los hombros, llévanlo, y asiéntanlo en su lugar; allí se está, y no se mueve de su sitio. Danle voces, y tampoco responde, ni libra de la tribula­ción.
ISA 46:8 Acordaos de esto, y sed hombres; traedlo a [vuestra] memoria, ¡Oh vosotros transgresores!.
ISA 46:9 Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios, y no hay más Dios, y nada hay a mí semejante;
ISA 46:10 Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde anti­guo lo que aun no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere;
ISA 46:11 Que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir: he[lo] pensado, y también lo haré.
ISA 46:12 Oidme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia.
ISA 46:13 Haré que se acerque mi justi­cia, no se alejará: y mi salvación no se detendrá. Y pondré salva­ción en Sión, y mi gloria en Israel.
ISA 47:1 DESCIENDE, y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia, siéntate en la tierra sin trono, hija de los caldeos: que nunca más te llamarán tierna y delicada.
ISA 47:2 Toma el molino, y muele hari­na: descubre tus guedejas, des­nuda la pierna, descubre el muslo, pasa los ríos.
ISA 47:3 Será descubierta tu desnudez, y tu vergüenza será vista: tomaré venganza, y no [te] encontraré [como] hom­bre.
ISA 47:4 Nuestro Redentor, el SEÑOR de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.
ISA 47:5 Siéntate, calla, y entra en tinie­blas, hija de los caldeos: porque nunca más te llamarán señora de reinos.
ISA 47:6 Enojéme contra mi pueblo, profané mi heredad, y entregué­los en tu mano: no les hiciste misericordias; sobre el viejo agravaste mucho tu yugo.
ISA 47:7 Y dijiste: Para siempre seré señora: y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería.
ISA 47:8 Oye pues ahora esto, delicada, la que está sentada confiadamen­te, la que dice en su corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad.
ISA 47:9 Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfan­dad y viudez: en toda su perfec­ción vendrán sobre ti, por la mul­titud de tus adivinanzas, y por la copia de tus muchos agüeros.
ISA 47:10 Porque te confiaste en tu mal­dad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu mismo conoci­miento te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y no más.
ISA 47:11 Vendrá pues sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás: caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar: y destruc­ción que no sabrás, vendrá de repente sobre ti.
ISA 47:12 Estáte ahora en tus encantamientos, y con la multitud de tus agüeros, en los cuales te fatigas­te desde tu niñez; quizá podrás mejorarte, quizá te fortificarás.
ISA 47:13 Haste fatigado en la multitud de tus consejos. Parezcan ahora y defiéndante los astrólogos, los contempladores de las estrellas, los que contaban los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti.
ISA 47:14 He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no sal­varán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten.
ISA 47:15 Así te serán aquellos con quienes te latigaste, tus nego­ciantes desde tu niñez: cada uno echará por su camino, no habrá quien te salve.
ISA 48:1 OÍD esto, casa de Jacob, que os llamáis del nombre de Israel, los que salieron de las aguas de Judá, los que juran en el nombre del SEÑOR, y hacen memoria del Dios de Israel, mas no en verdad ni en justicia:
ISA 48:2 Porque de la santa ciudad se nombran, y en el Dios de Israel confían: su nombre, el SEÑOR de los ejércitos.
ISA 48:3 Lo que pasó, ya antes lo dije; y de mi boca salió; publiquélo, hícelo presto, y vino a ser.
ISA 48:4 Porque conozco que eres duro, y nervio de hierro tu cerviz, y tu frente de latón,
ISA 48:5 Díjetelo ya días há; antes que viniese te lo enseñé, porque no dijeses: Mi ídolo lo hizo, mis estatuas de escultura y de fundi­ción mandaron estas cosas.
ISA 48:6 Oístelo, vístelo todo; ¿y no lo anunciaréis vosotros? Ahora pues te he hecho oír nuevas y ocultas cosas que tú no sabías.
ISA 48:7 Ahora han sido creadas, no en días pasados; ni antes de este día las habías oído, porque no digas: He aquí que yo lo sabía.
ISA 48:8 Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; cierta­mente no se abrió antes tu oreja; porque sabía que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre.
ISA 48:9 Por amor de mi nombre dilata­ré mi furor, y para alabanza mía te daré largas, para no talarte.
ISA 48:10 He aquí te he purificado, y no como a plata; hete escogido en horno de aflicción.
ISA 48:11 Por mí, por amor de mí lo haré, para que no sea amancilla­do [mi nombre], y mi honra no la daré a otro.
ISA 48:12 Oyeme, Jacob, y [tú,] Israel, llamado de mí: Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero.
ISA 48:13 Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo; en lla­mándolos yo, comparecen jun­tos.
ISA 48:14 Juntaos todos vosotros, y oíd. ¿Quién hay entre ellos que anun­cie estas cosas? el SEÑOR lo amó, el cual ejecutará su volun­tad en Babilonia, y su brazo en los caldeos.
ISA 48:15 Yo, yo hablé, y le llamé, y le traje; por tanto será prosperado su camino.
ISA 48:16 Allegaos a mí, oíd esto; desde el principio no hablé en escondi­do; desde que la cosa se hizo, estuve allí: y ahora el Señor DIOS me envió, y su Espíritu.
ISA 48:17 Así ha dicho el SEÑOR, Redentor tuyo, el Santo de Israel; Yo el SEÑOR Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que andas.
ISA 48:18 ¡Oh qué hubieras tú atendido a mis mandamientos! fuera enton­ces tu paz como un río, y tu justi­cia como las ondas del mar.
ISA 48:19 Fuera como la arena tu simiente, y los renuevos de tus entrañas como las pedrezuelas de ella; nunca su nombre fuera cor­tado, ni raído de mi presencia.
ISA 48:20 Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos; dad nuevas de esto con voz de alegría, publi­cadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra: decid: Redimió el SEÑOR a Jacob su siervo.
ISA 48:21 Y no tuvieron sed cuando los llevó por los desiertos; hízoles correr agua de la roca; cortó la roca, y corrieron aguas.
ISA 48:22 No hay paz para los malos, dijo el SEÑOR.
ISA 49:1 OIDME, islas, y escuchad, pueblos lejanos: el SEÑOR me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria.
ISA 49:2 Y puso mi boca como espada aguda, cubrióme con la sombra de su mano; y púsome por saeta limpia, guardóme en su aljaba:
ISA 49:3 Y díjome: Mi siervo eres, oh Israel, que en ti me gloriaré.
ISA 49:4 Entonces yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin prove­cho he consumido mi fortaleza; mas mi juicio está delante del SEÑOR, y mi recompensa con mi Dios.
ISA 49:5 Ahora pues, dice el SEÑOR, el que me formó desde el vientre por su siervo, para que convierta a él a Jacob. Bien que Israel no se juntará, con todo, estimado seré en los ojos del SEÑOR, y el Dios mío será mi fortaleza.
ISA 49:6 Y dijo: Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los preservados de Israel: también te daré por luz a los gentiles, para que seas mi salvación hasta los fines de la tierra.
ISA 49:7 Así dice el SEÑOR, el Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de los hombres, al abominado de la nación, al siervo de los gobernantes: Verán reyes y se levantarán, príncipes también adorarán, por el SEÑOR que es fiel, el Santo de Israel, el cual te escogió.
ISA 49:8 Así dijo el SEÑOR: En hora de contentamiento te oí, y en el día de salvación te ayudé: y guardar­te he, y te daré por pacto del pue­blo, para que levantes la tierra, para que heredes asoladas here­dades;
ISA 49:9 Para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinie­blas: Manifestaos. En los cami­nos serán apacentados, y en todas las cumbres serán sus pas­tos.
ISA 49:10 No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; por­que el que tiene de ellos miseri­cordia los guiará, y los conducirá a manaderos de aguas.
ISA 49:11 Y tornaré camino todos mis montes, y mis calzadas serán levantadas.
ISA 49:12 He aquí estos vendrán de lejos; y he aquí estotros del norte y del occidente, y estotros de la tierra de los sineos.
ISA 49:13 Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpid en alabanzas, oh montes: porque el SEÑOR ha consolado su pueblo, y de sus pobres tendrá misericor­dia.
ISA 49:14 Mas Sión dijo: Dejóme el SEÑOR, y mi Señor se olvidó de mí.
ISA 49:15 ¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.
ISA 49:16 He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de mí están siempre tus muros.
ISA 49:17 Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus aso­ladores saldrán de ti.
ISA 49:18 Alza tus ojos alrededor, y mira: todos estos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice el SEÑOR, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia.
ISA 49:19 Porque tus asolamientos, y tus ruinas, y tu tierra desierta, ahora será angosta por la multitud de los moradores; y tus destruidores serán apartados lejos.
ISA 49:20 Aun los hijos de tu orfandad dirán a tus oídos: Angosto es para mí este lugar; apártate por amor de mí, para que yo more.
ISA 49:21 Y dirás en tu corazón: ¿Quién me engendró estos? porque yo deshijada estaba y sola, peregri­na y desterrada: ¿quién pues crió éstos? He aquí yo estaba dejada sola: éstos ¿dónde estaban?
ISA 49:22 Así dijo el Señor DIOS: He aquí, yo alzaré mi mano a los gentiles, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros.
ISA 49:23 Y reyes serán tus ayos, y sus reinas tus amas [de leche]; el ros­tro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies: y conocerás que yo soy el SEÑOR, que no se avergonzarán los que me esperan.
ISA 49:24 ¿Será quitada la presa al valiente? o ¿libertaráse la cauti­vidad legítima?
ISA 49:25 Pero así dice el SEÑOR: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos.
ISA 49:26 Y a los que te despojaron haré comer sus carnes, y con su san­gre serán embriagados como con vino; y conocerá toda carne que yo el SEÑOR soy Salvador tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.
ISA 50:1 ASÍ dijo el SEÑOR: ¿Qué es de la carta de divorcio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿o quiénes son mis acreedores, a quienes os he yo vendido? He aquí que por vuestras iniquidades sois vendidos, y por vuestras transgresiones fue repudiada vuestra madre:
ISA 50:2 Porque vine, y nadie pareció; llamé, y nadie respondió. ¿Ha llegado a acortarse mi mano, para no redimir? ¿no hay en mí poder para librar? He aquí que con mi reprensión hago secar el mar; torno los ríos en desierto, hasta pudrirse sus peces, y morir­se de sed por falta de agua.
ISA 50:3 Visto de oscuridad los cielos, y torno [como] cilicio su cobertura.
ISA 50:4 El Señor DIOS me dio lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; des­pertará de mañana, despertaráme de mañana oído, para que oiga como los sabios.
ISA 50:5 El Señor DIOS me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me torné atrás.
ISA 50:6 Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que [me] mesaban el cabello: no escondí mi rostro de las injurias y esputos.
ISA 50:7 Porque el Señor DIOS me ayu­dará; por tanto no me avergoncé: por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré aver­gonzado.
ISA 50:8 Cercano está de mí el que me justifica; ¿quién contenderá con­migo? juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? acérque­se a mí.
ISA 50:9 He aquí que el Señor DIOS me ayudará; ¿quién hay que me con­dene? He aquí que todos ellos como ropa de vestir se envejece­rán; los comerá polilla.
ISA 50:10 ¿Quién hay entre vosotros que teme al SEÑOR, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre del SEÑOR, y apó­yese en su Dios.
ISA 50:11 He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y estáis cerca­dos de centellas: andad a la luz de vuestro fuego, y a las centellas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.
ISA 51:1 OIDME, los que seguís justicia, los que buscáis al SEÑOR: mirad a la roca de donde fuisteis cortados, y a la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados.
ISA 51:2 Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os parió; por­que solo lo llamé, y bendíjelo, y multipliquélo.
ISA 51:3 Ciertamente consolará el SEÑOR a Sión: consolará todas sus soledades, y tornará su desierto como Edén, y su soledad como huerto del SEÑOR; hallarse ha en ella alegría y gozo, acción de gracias y voz de melodía.
ISA 51:4 Estad atentos a mí, pueblo mío, y oidme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi juicio des­cubriré para luz de pueblos.
ISA 51:5 Cercana está mi justicia, salido ha mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos: a mí esperarán las islas, y en mi brazo pondrán su esperanza.
ISA 51:6 Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra: porque los cielos serán deshe­chos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores: mas mi salvación será por siempre, mi justicia no perecerá.
ISA 51:7 Oidme, los que conocéis justi­cia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus denuestos.
ISA 51:8 Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; mas mi justicia permanecerá por siempre, y mi salvación por generación a gene­ración.
ISA 51:9 Despiértate, despiértate, vístete de fortaleza, oh brazo del SEÑOR; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón?
ISA 51:10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del grande abismo; el que al profundo del mar tornó en camino, para que pasasen los redimidos?
ISA 51:11 Cierto, tornarán los redimidos del SEÑOR, volverán a Sión cantando, y gozo perpetuo será sobre sus cabezas: poseerán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.
ISA 51:12 Yo, yo soy vuestro consola­dor. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, del hijo del hombre, que por heno será contado?
ISA 51:13 Y haste ya olvidado del SEÑOR tu Hacedor, que exten­dió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamen­te del furor del que aflige, cuan­do se disponía para destruir: mas ¿en dónde está el furor del que aflige?
ISA 51:14 El preso se da prisa para ser suelto, por no morir en la maz­morra, ni que le falte su pan.
ISA 51:15 Pero yo el SEÑOR, que parto el mar, y suenan sus ondas, [soy] tu Dios, cuyo nombre es el SEÑOR de los ejércitos.
ISA 51:16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, para que plantase los cielos y fundase la tierra, y que dijese a Sión: Pueblo mío eres tú.
ISA 51:17 Despierta, despierta, levánta­te, oh Jerusalem, que bebiste de la mano del SEÑOR la copa de su furor; las heces de la copa de aturdimiento bebiste, y chupaste.
ISA 51:18 De todos los hijos que parió, no hay quien la gobierne; ni quien la tome por su mano de todos los hijos que crió.
ISA 51:19 Estas dos cosas te han acaeci­do; ¿quién se dolerá de ti? asola­miento y quebrantamiento, ham­bre y espada. ¿Quién te consola­rá?
ISA 51:20 Tus hijos desmayaron, estu­vieron tendidos en las encrucija­das de todos los caminos, como buey montaraz en la red, llenos del furor del SEÑOR, de la ira del Dios tuyo.
ISA 51:21 Oye pues ahora esto, misera­ble, ebria, y no de vino:
ISA 51:22 Así dice tu Señor, el SEÑOR y tu Dios, el cual pleitea por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano la copa de aturdimiento, la hez de la copa de mi furor; nunca más lo beberás:
ISA 51:23 Y ponerlo he en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Encórvate, y pasaremos. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino, a los que pasan.
ISA 52:1 DESPIERTA, despierta, vístete tu fortaleza, oh Sión; vístete tu ropa de hermosura, oh Jerusalem, ciudad santa: porque nunca más acontecerá que venga a ti incircunciso ni inmundo.
ISA 52:2 Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalem; suéltate de las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sión.
ISA 52:3 Porque así dice el SEÑOR: Os habéis vendido a cambio de nada; y seréis redimidos sin dinero.
ISA 52:4 Porque así dijo el Señor DIOS: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para peregrinar allá; y el Asur lo cautivó sin razón.
ISA 52:5 Y ahora ¿qué a mí aquí, dice el SEÑOR, ya que mi pueblo sea llevado sin por qué? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice el SEÑOR, y continuamen­te es blasfemado mi nombre todo el día.
ISA 52:6 Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día: porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.
ISA 52:7 ¡Cuán hermosos sobre las montañas son los pies de aquel que trae buenas nuevas, del que publica la paz, que trae buenas nuevas de bien, que publica sal­vación, que dice a Sión: Tu Dios reina!
ISA 52:8 ¡Voz de tus atalayas! alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que el SEÑOR vuelve a traer a Sión.
ISA 52:9 Cantad alabanzas, alegraos jun­tamente, soledades de Jerusalem: porque el SEÑOR ha consolado su pueblo, a Jerusalem ha redimi­do.
ISA 52:10 El SEÑOR desnudó el brazo de su santidad ante los ojos de todas las naciones; y todos los tér­minos de la tierra verán la salva­ción del Dios nuestro.
ISA 52:11 Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; lim­piaos los que lleváis los vasos del SEÑOR.
ISA 52:12 Porque no saldréis apresura­dos, ni iréis huyendo; porque el SEÑOR irá delante de vosotros, y el Dios de Israel será vuestra retaguardia.
ISA 52:13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y ensalzado, y será muy sublima­do.
ISA 52:14 Como se pasmaron de ti muchos, en tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.
ISA 52:15 Así él rociará muchas naciones: los reyes cerrarán sobre él sus bocas; porque verán lo que nunca les fue contado, y entende­rán lo que jamás habían oído.
ISA 53:1 ¿QUIÉN ha creído a nuestro anuncio? ¿y a quién ha sido revelado el brazo del SEÑOR?
ISA 53:2 Pues crecerá delante de él como una planta tierna, y como una raíz de tierra seca: no tiene forma ni hermosura: y cuando lo veamos, no hay atractivo para que le deseemos.
ISA 53:3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
ISA 53:4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
ISA 53:5 Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nues­tros pecados: el castigo de nues­tra paz sobre él; y por su herida somos nosotros sanados.
ISA 53:6 Todos nosotros nos descarria­mos como ovejas, cada cual se apartó por su propio camino: mas el SEÑOR cargó en él la iniquidad de todos nosotros.
ISA 53:7 Él fue oprimido y afligido, mas no abrió su boca: como cordero él es llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquilado­res enmudece, así no abre su boca.
ISA 53:8 De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes; por la transgresión de mi pueblo fue herido.
ISA 53:9 Y dispúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos en su muerte; porque nunca hizo él violencia, ni hubo engaño en su boca.
ISA 53:10 Aún le complació al SEÑOR herirlo, sujetándo[le] a padecimiento. Cuando hubiere puesto su alma en expiación por el pecado, él verá [su] simiente, prolongará [sus] días, y el placer del SEÑOR será en su mano prosperada.
ISA 53:11 Del trabajo de su alma verá y quedará satisfecho; con su cono­cimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.
ISA 53:12 Por tanto yo le daré una porción con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su alma hasta la muerte, y fue contado con los transgreso­res, y él llevó sobre si el pecado de muchos, e intercedió por los transgresores.
ISA 54:1 ALÉGRATE, oh estéril, la que no paría; levanta canción, y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto: porque más son los hijos de la dejada que los de la casada, ha dicho el SEÑOR.
ISA 54:2 Ensancha el sitio de tu tienda, y extiende las cortinas de tus habi­taciones; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y fortifica tus esta­cas.
ISA 54:3 Porque a la mano derecha y a la mano izquierda has de crecer; y tu simiente heredará los gentiles, y habitarán las ciudades asoladas.
ISA 54:4 No temas que no serás aver­gonzada; y no te avergüences, que no serás afrentada: antes, te olvidarás de la vergüenza de tu mocedad, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.
ISA 54:5 Porque tu marido es tu Hacedor; el SEÑOR de los ejér­citos es su nombre: y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado.
ISA 54:6 Porque como a mujer dejada y triste de espíritu te llamó el SEÑOR, y [como] a esposa moza que es repudiada, dijo el Dios tuyo.
ISA 54:7 Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias.
ISA 54:8 Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor el SEÑOR.
ISA 54:9 Porque esto me será [como] las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré.
ISA 54:10 Porque los montes se move­rán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi mise­ricordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo el SEÑOR, el que tiene misericordia de ti.
ISA 54:11 Pobrecita, fatigada con tem­pestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.
ISA 54:12 Tus ventanas pondré de pie­dras preciosas, tus puertas de pie­dras de carbunclo, y todo tu tér­mino de piedras de buen gusto.
ISA 54:13 Y todos tus hijos serán ense­ñados del SEÑOR; y multiplica­rá la paz de tus hijos.
ISA 54:14 Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás; y de temor, porque no se acercará a ti.
ISA 54:15 Si alguno conspirare contra ti, [será] sin mí: el que contra ti cons­pirare, delante de ti caerá.
ISA 54:16 He aquí yo he creado al herre­ro que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir.
ISA 54:17 Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prospera­rá; y tú condenarás toda lengua que se levantare contra ti en jui­cio. Ésta es la heredad de los sier­vos del SEÑOR, y su justicia de por mí, dijo el SEÑOR.
ISA 55:1 A TODOS los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.
ISA 55:2 ¿Por qué gastáis el dinero no en pan, y vuestro trabajo no en abundancia? Oidme atentamente, y comed del bien, y deleitaráse vuestra alma con grosura.
ISA 55:3 Inclinad vuestros oídos, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.
ISA 55:4 He aquí, que yo lo di por testi­go a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones.
ISA 55:5 He aquí, llamarás a una nación que no conociste, y naciones que no te conocieron correrán a ti; por causa del SEÑOR tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honra­do.
ISA 55:6 Buscad al SEÑOR mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
ISA 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamien­tos; y vuélvase al SEÑOR, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
ISA 55:8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el SEÑOR.
ISA 55:9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
ISA 55:10 Porque como desciende del cielo la lluvia, y la nieve, y no vuelve allá, sino que harta la tierra, y la hace germinar y pro­ducir, y da simiente al que siem­bra, y pan al que come:
ISA 55:11 Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quie­ro, y será prosperada en aquello para que la envié.
ISA 55:12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los mon­tes y los collados levantarán can­ción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán pal­madas de aplauso.
ISA 55:13 En lugar de la zarza crecerá haya, y en lugar de la ortiga cre­cerá arrayán: y será al SEÑOR por nombre, por señal eterna que nunca será raída.
ISA 56:1 ASÍ dijo el SEÑOR: Guardad derecho, y haced justicia: porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse.
ISA 56:2 Bienaventurado el hombre que esto hiciere, y el hijo del hombre que esto abrazare: que guarda el sábado de profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.
ISA 56:3 Y el hijo del extranjero, allega­do al SEÑOR, no hable dicien­do: Apartaráme totalmente el SEÑOR de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco.
ISA 56:4 Porque así dijo el SEÑOR a los eunucos que guardaren mis sába­dos, y escogieren lo que yo quie­ro, y abrazaren mi pacto:
ISA 56:5 Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que [el] de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá.
ISA 56:6 Y a los hijos de los extranjeros que se llegaren al SEÑOR para ministrarle, y que amaren el nombre del SEÑOR para ser sus siervos: a todos los que guarda­ren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto,
ISA 56:7 Yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.
ISA 56:8 Dice el Señor DIOS, el que junta los echados de Israel: Aun juntaré sobre él sus congregados.
ISA 56:9 Todas las bestias del campo, todas las bestias del monte, venid a devorar.
ISA 56:10 Sus atalayas ciegos son, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir.
ISA 56:11 Y esos perros ansiosos no conocen abundancia; y los mismos pastores no supieron entender: todos ellos miran a sus caminos, cada uno a su provecho, [cada uno] por su cabo.
ISA 56:12 Venid, [dicen,] tomaré vino, embriaguémonos de bebida fuerte; y será el día de mañana como este, [y] mucho más abundante.
ISA 57:1 PERECE el justo, y no hay quien pare mientes; y los píos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo.
ISA 57:2 Entrará en la paz; descansarán en sus lechos [todos] los que andan delante de [Dios.]
ISA 57:3 Mas vosotros acercaos acá, hijos de la agorera, generación de adúltero y de fornicaria.
ISA 57:4 ¿De quién os habéis mofado? ¿contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, simiente mentirosa,
ISA 57:5 Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?
ISA 57:6 En las pulimentadas [piedras] del valle está tu parte; ellas, ellas son tu suerte; y a ellas derramas­te libación, y ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas?
ISA 57:7 Sobre el monte alto y empina­do pusiste tu cama: allí también subiste a hacer sacrificio.
ISA 57:8 Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo: porque a otro que a mí te descubriste, y subis­te, y ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos pacto: amaste su cama donde quiera que la veías.
ISA 57:9 Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta el infierno.
ISA 57:10 En la multitud de tus caminos te cansaste, mas no dijiste: No hay remedio; hallaste la vida de tu mano, por tanto no te arrepen­tiste.
ISA 57:11 ¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he yo disimulado desde tiempos anti­guos, y nunca me has temido?
ISA 57:12 Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán.
ISA 57:13 Cuando clamares, líbrente tus allegados; pero a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; pero el que en mí confía, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el monte de mi santidad.
ISA 57:14 Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tro­piezos del camino de mi pueblo.
ISA 57:15 Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita la eterni­dad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santi­dad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
ISA 57:16 Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar: pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he criado.
ISA 57:17 Por la iniquidad de su codicia me enojé y heríle, escondí [mi rostro] y ensañéme; y fue él rebelde por el camino de su corazón.
ISA 57:18 Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones, a él y a sus enlu­tados.
ISA 57:19 Yo creo el fruto de labios: Paz, paz al lejano y al cercano, dice el SEÑOR; y sanarélo.
ISA 57:20 Mas los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arro­jan cieno y lodo.
ISA 57:21 No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
ISA 58:1 CLAMA a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.
ISA 58:2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como una nación que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado la ordenanza de su Dios: pregún­tanme ordenanzas de justicia, y quieren acercarse a Dios.
ISA 58:3 [Dicen:] ¿Por qué ayunamos, y tú no lo ves? ¿[Por qué] afligimos nuestras almas, y tú no te das por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis placer, y demandáis todo vues­tro trabajo.
ISA 58:4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.
ISA 58:5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable al SEÑOR?
ISA 58:6 ¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
ISA 58:7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres erran­tes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu carne?
ISA 58:8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria del SEÑOR será tu retaguardia.
ISA 58:9 Entonces invocarás, y oirte ha el SEÑOR; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad;
ISA 58:10 Y si derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía;
ISA 58:11 Y el SEÑOR te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
ISA 58:12 Y edificarán los de ti los de­siertos antiguos; los cimientos de generación y generación levanta­rás: y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.
ISA 58:13 Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo; y al sábado llamares deleitoso, el santo del SEÑOR, honorable; y lo honrares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu propia voluntad, ni hablando [tus propias] palabras:
ISA 58:14 Entonces te deleitarás en el SEÑOR; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre: porque la boca del SEÑOR lo ha hablado.
ISA 59:1 HE aquí que no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar, ni hase agravado su oído para oír:
ISA 59:2 Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oír.
ISA 59:3 Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vues­tros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua.
ISA 59:4 No hay quien clame por la jus­ticia, ni quien juzgue por la ver­dad: confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben tra­bajo, y paren iniquidad.
ISA 59:5 Ponen huevos de áspides, y tejen telas de arañas: el que comiere de sus huevos, morirá; y [si] lo apretaren, saldrá una víbora.
ISA 59:6 Sus telas no servirán para ves­tir, ni de sus obras serán cubier­tos: sus obras son obras de iniquidad, y obra de rapiña está en sus manos.
ISA 59:7 Sus pies corren al mal, y se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad, des­trucción y quebrantamiento en sus caminos.
ISA 59:8 No conocieron camino de paz, ni hay derecho en sus caminos: sus veredas son torcidas; cual­quiera que por ellas fuere, no conocerá paz.
ISA 59:9 Por esto se alejó de nosotros el juicio, y no nos alcanzó justicia: esperamos luz, y he aquí tinie­blas; resplandores, y andamos en oscuridad.
ISA 59:10 Palpamos la pared como cie­gos, y andamos a tiento como sin ojos; tropezamos al medio día como de noche; estamos en oscuros lugares como muertos.
ISA 59:11 Aullamos como osos todos nosotros, y gemimos lastimera­mente como palomas: espera­mos juicio, y no lo hay; salva­ción, y alejóse de nosotros.
ISA 59:12 Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros: porque con nosotros están nuestras iniquida­des, y conocemos nuestros peca­dos:
ISA 59:13 El prevaricar y mentir contra el SEÑOR, y tornar de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira.
ISA 59:14 Y el derecho se retiró, y la jus­ticia se puso lejos: porque la ver­dad tropezó en la plaza, y la equi­dad no pudo venir.
ISA 59:15 Y la verdad fue detenida; y el que se apartó del mal, fue puesto en presa: y viólo el SEÑOR, y desagradó en sus ojos, porque pereció el derecho.
ISA 59:16 Y vio que no había hombre, y maravillóse que no hubiera quien se interpusiese; y salvólo su brazo, y afirmóle su misma justi­cia.
ISA 59:17 Pues de justicia se vistió como de coraza, con capacete de salvación en su cabeza: y vistió­se de vestidura de venganza por vestimenta, y cubrióse de celo como de manto,
ISA 59:18 Como para retribuir, como para retornar ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios: el pago dará a las islas.
ISA 59:19 Y temerán desde el occidente el nombre del SEÑOR, y desde el nacimiento del sol su gloria: porque vendrá el enemigo como río, [mas] el Espíritu del SEÑOR levantará bandera contra él.
ISA 59:20 Y vendrá el Redentor a Sión, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice el SEÑOR.
ISA 59:21 Y este será mi pacto con ellos, dijo el SEÑOR: El espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tu simiente, ni de la boca de la simiente de tu simiente, dijo el SEÑOR, desde ahora y para siempre.
ISA 60:1 LEVÁNTATE, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria del SEÑOR ha nacido sobre ti.
ISA 60:2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos: mas sobre ti nacerá el SEÑOR, y sobre ti será vista su gloria.
ISA 60:3 Y andarán los gentiles a tu luz, y los reyes al resplandor de tu naci­miento.
ISA 60:4 Alza tus ojos en derredor, y mira: todos estos se han juntado, vinieron a ti: tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas sobre el lado serán criadas.
ISA 60:5 Entonces verás y resplandece­rás; y se maravillará y ensancha­rá tu corazón, que se haya vuelto a ti la multitud del mar, y la for­taleza de los gentiles haya venido a ti.
ISA 60:6 Multitud de camellos te cubri­rá, dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Seba; traerán oro e incienso, y publica­rán alabanzas del SEÑOR.
ISA 60:7 Todo el ganado de Cedar será juntado para ti: carneros de Nebaiot te serán servidos: serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria.
ISA 60:8 ¿Quiénes son estos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas?
ISA 60:9 Ciertamente a mí esperarán las islas, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre del SEÑOR tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.
ISA 60:10 Y los hijos de los extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te herí, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.
ISA 60:11 Tus puertas estarán de conti­nuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche; para que sea tra­ída a ti fortaleza de los gentiles, y sus reyes conducidos.
ISA 60:12 Porque la nación o el reino que no te sirviere, perecerá; y del todo serán asoladas.
ISA 60:13 La gloria del Líbano vendrá a ti, hayas, pinos, y bojes junta­mente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies.
ISA 60:14 Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encor­varán todos los que te escarnecí­an, y llamarte han Ciudad del SEÑOR, Sión del Santo de Israel.
ISA 60:15 En lugar de que has sido des­echada y aborrecida, y que no había quien por ti pasase, poner­te he en gloria eterna, gozo de generación y generación.
ISA 60:16 Y mamarás la leche de los gentiles, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo el SEÑOR soy el Salvador tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.
ISA 60:17 En vez de latón traeré oro, y por hierro plata, y por madera latón, y en lugar de piedras hie­rro; y pondré paz [por] tu tributo, y justicia [por] tus exactores.
ISA 60:18 Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni que­brantamiento en tus términos; mas a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.
ISA 60:19 El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; sino que el SEÑOR te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria.
ISA 60:20 No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna: porque te será el SEÑOR por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados.
ISA 60:21 Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorifi­carme.
ISA 60:22 El pequeño será por mil; el menor, por nación fuerte. Yo el SEÑOR a su tiempo haré que esto sea presto.
ISA 61:1 EL Espíritu del Señor DIOS [es] sobre mí, porque me ungió el SEÑOR; hame enviado a predicar buenas nuevas a los mansos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y [a los] presos abertura de la cárcel;
ISA 61:2 A promulgar año de la buena voluntad del SEÑOR, y día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;
ISA 61:3 A ordenar a Sión a los enluta­dos, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justi­cia, plantío del SEÑOR, para gloria suya.
ISA 61:4 Y edificarán los desiertos anti­guos, y levantarán los asolamien­tos primeros, y restaurarán las ciudades asoladas, los asola­mientos de muchas generacio­nes.
ISA 61:5 Y estarán extranjeros, y apa­centarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labrado­res y vuestros viñadores.
ISA 61:6 Y vosotros seréis llamados sacerdotes del SEÑOR, ministros del Dios nuestro seréis llamados; comeréis las riquezas de los gentiles, y en su gloria seréis exaltados.
ISA 61:7 En lugar de vuestra doble confu­sión, y de vuestra deshonra, os ala­barán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doblado, y tendrán perpetuo gozo.
ISA 61:8 Porque yo el SEÑOR [soy] ama­dor del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto estableceré en verdad su obra, y haré con ellos pacto per­petuo.
ISA 61:9 Y la simiente de ellos será conocida entre los gentiles, y sus renuevos en medio de los pue­blos; todos los que los vieren, los conocerán, que son simiente bendita del SEÑOR.
ISA 61:10 En gran manera me gozaré en el SEÑOR, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestiduras de salvación, rodeóme de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia compuesta de sus joyas.
ISA 61:11 Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor DIOS hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones.
ISA 62:1 POR amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalem no he de parar, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha.
ISA 62:2 Entonces verán los gentiles tu justicia, y todos los reyes tu glo­ria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca del SEÑOR nombrará.
ISA 62:3 Y serás corona de gloria en la mano del SEÑOR, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo.
ISA 62:4 Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Asolamiento; sino que serás llamada Hefziba, y tu tierra, Beulah; porque el amor del SEÑOR [será] en ti, y tu tierra será casada.
ISA 62:5 Pues como el mancebo se casa con la virgen, se casarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.
ISA 62:6 Sobre tus muros, oh Jerusalem, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis del SEÑOR, no ceséis,
ISA 62:7 Ni le deis tregua, hasta que confirme, y hasta que ponga a Jerusalem en alabanza en la tie­rra.
ISA 62:8 Juró el SEÑOR por su mano derecha, y por el brazo de su for­taleza: Que jamás daré tu trigo por comida a tus enemigos, ni beberán los extraños el vino que tú trabajaste:
ISA 62:9 Mas los que lo allegaron lo comerán, y alabarán al SEÑOR; y los que lo cogieron, lo beberán en los atrios de mi santuario.
ISA 62:10 Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; alla­nad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pue­blos.
ISA 62:11 He aquí que el SEÑOR hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra.
ISA 62:12 Y llamarles han Pueblo Santo, Redimidos del SEÑOR; y a ti te llamarán Ciudad Buscada, no desamparada.
ISA 63:1 ¿QUIÉN es éste que viene de Edom, de Bosra con vestiduras bermejas? ¿éste hermo­so en su vestimenta, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.
ISA 63:2 ¿Por qué es bermeja tu vestimenta, y tus ropas como del que ha pisa­do en lagar?
ISA 63:3 Pisado he yo solo el lagar, y de los pueblos nadie fue conmigo: pisélos con mi ira, y hollélos con mi furor; y su sangre salpicó mis vestiduras, y ensucié todas mis ropas.
ISA 63:4 Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos es venido.
ISA 63:5 Y miré, y no había quien ayudara, y maravilléme que no hubiera quien sustentase: y sal­vóme mi brazo, y sostúvome mi ira.
ISA 63:6 Y con mi ira hollé los pueblos, y embriaguélos de mi furor, y derribé a tierra su fortaleza.
ISA 63:7 De las misericordias del SEÑOR haré memoria, de las alabanzas del SEÑOR, conforme a todo lo que el SEÑOR nos ha dado, y de la grandeza de su beneficencia hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus miseraciones.
ISA 63:8 Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador.
ISA 63:9 En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su cle­mencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.
ISA 63:10 Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Espíritu Santo; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.
ISA 63:11 Entonces acordóse de los días antiguos, de Moisés [y] de su pue­blo, [diciendo:] ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso en medio de él su Espíritu Santo?
ISA 63:12 ¿El que [los] guió por la diestra de Moisés con el brazo de su glo­ria; el que rompió las aguas delante de ellos, haciéndose así nombre perpetuo?
ISA 63:13 ¿El que los condujo por los abismos, como un caballo por el desierto, sin que tropezaran?
ISA 63:14 El Espíritu del SEÑOR los pastoreó, como a una bestia que desciende al valle; así pastoreas­te tu pueblo, para hacerte nombre glorioso.
ISA 63:15 Mira desde el cielo y contem­pla desde la morada de tu santi­dad y de tu gloria: ¿dónde está tu celo, y tu fortaleza, la conmoción de tus entrañas y de tus misera­ciones para conmigo? ¿hanse estrechado?
ISA 63:16 Sin duda [eres] nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce: tú, oh SEÑOR, [eres] nuestro padre; nuestro Redentor, perpetuo [es] tu nombre.
ISA 63:17 ¿Por qué, oh SEÑOR, nos has hecho errar de tus caminos, y endureciste nuestro corazón a tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad.
ISA 63:18 Por poco tiempo [lo] poseyó el pueblo de tu santidad: nuestros enemigos han hollado tu santua­rio.
ISA 63:19 Hemos venido a ser como aquellos de quienes nunca te enseñoreaste, sobre los cuales nunca fue llamado tu nombre.
ISA 64:1 ¡OH si rompieses los cielos, [y] descendieras, [y] a tu pre­sencia se escurriesen los montes,
ISA 64:2 Como fuego abrasador de fun­diciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras noto­rio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presen­cia!
ISA 64:3 Cuando, haciendo terriblezas cuales nunca esperábamos, des­cendiste, fluyeron los montes delante de ti.
ISA 64:4 Ni nunca oyeron, ni oídos per­cibieron, ni ojo ha visto, oh Dios, fuera de ti, que hiciese por el que en él espera.
ISA 64:5 Saliste al encuentro al que con alegría obraba justicia, a los que se acordaban de ti en tus cami­nos[:] he aquí, tú te enojaste por­que pecamos; en esos [tus cami­nos] hay perpetuidad, y seremos salvos.
ISA 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras malda­des nos llevaron como viento.
ISA 64:7 Y nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para tenerte; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.
ISA 64:8 Ahora pues, oh SEÑOR, tú [eres] nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros.
ISA 64:9 No te aires, oh SEÑOR, sobre­manera, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad: he aquí mira ahora, pueblo tuyo [somos] todos nosotros.
ISA 64:10 Tus santas ciudades están de­siertas, Sión es un desierto, Jerusalem una soledad.
ISA 64:11 La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, fue consumida al fuego; y todas nuestras cosas preciosas han sido destruídas.
ISA 64:12 ¿Te estarás quieto, oh SEÑOR, sobre estas cosas? ¿callarás, y nos afligirás sobre­manera?
ISA 65:1 FUI buscado de [los que] no preguntaban [por mí]; fui hallado de [los que] no me buscaban. Dije a una nación [que] no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí.
ISA 65:2 Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos;
ISA 65:3 Pueblo que en mi cara me pro­voca de continuo a ira, sacrifi­cando en huertos, y ofreciendo perfume sobre ladrillos;
ISA 65:4 Que se quedan en los sepul­cros, y en los desiertos tienen la noche; que comen carne de puer­co, y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas;
ISA 65:5 Que dicen: Estáte en tu lugar, no te llegues a mí, que soy más santo que tú: éstos son humo en mi furor, fuego que arde todo el día.
ISA 65:6 He aquí que escrito está delan­te de mí; no callaré, antes retor­naré, y daré el pago en su seno,
ISA 65:7 [Por] vuestras iniquidades, y las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice el SEÑOR, los cuales hicieron perfume sobre los montes, y sobre los collados me afrentaron: por tanto yo les mediré su obra antigua en su seno.
ISA 65:8 Así dice el SEÑOR: Como [si alguno] hallase mosto en un raci­mo, y dijese: No lo desperdicies, que bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo des­truiré todo.
ISA 65:9 Mas sacaré simiente de Jacob, y de Judá heredero de mis mon­tes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis sier­vos habitarán allí.
ISA 65:10 Y será Sarón para habitación de ovejas, y el valle de Acor para majada de vacas, a mi pueblo que me buscó.
ISA 65:11 Pero vosotros los que dejáis al SEÑOR, que olvidáis el monte de mi santidad, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino;
ISA 65:12 Yo también os destinaré a la espada, y todos vosotros os arro­dillaréis al degolladero: por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oisteis; sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que a mí desagrada.
ISA 65:13 Por tanto así dijo el Señor DIOS: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se ale­grarán, y vosotros seréis aver­gonzados;
ISA 65:14 He aquí que mis siervos can­tarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebranta­miento de espíritu aullaréis.
ISA 65:15 Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y el Señor DIOS te matará; y a sus siervos llamará por otro nombre.
ISA 65:16 El que se bendijere en la tie­rra, en el Dios de verdad se ben­decirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; por­que las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos.
ISA 65:17 Porque he aquí que yo creo nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.
ISA 65:18 Mas os gozaréis y os alegra­réis por siempre jamás en lo que yo creo: porque he aquí que yo creo a Jerusalem alegría, y a su pueblo gozo.
ISA 65:19 Y alegraréme con Jerusalem, y gozaréme con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.
ISA 65:20 No habrá más allí niño de días, ni viejo que sus días no cumpla: porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años, será maldito.
ISA 65:21 Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y come­rán el fruto de ellas.
ISA 65:22 No edificarán, y otro morará; no plantarán, y otro comerá: por­que según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos.
ISA 65:23 No trabajarán en vano, ni parirán para maldición; porque son simiente de los benditos del SEÑOR, y sus descendientes con ellos.
ISA 65:24 Y será que antes que clamen, responderé yo; aun estando ellos hablando, yo habré oído.
ISA 65:25 El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y a la serpiente el polvo será su comi­da. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo el SEÑOR.
ISA 66:1 EL SEÑOR dijo así: El cielo es mi solio, y la tierra estrado de mis pies: ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde este lugar de mi reposo?
ISA 66:2 Mi mano hizo todas estas cosas, y [así] todas estas cosas fue­ron, dice el SEÑOR: más a aquél miraré que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi pala­bra.
ISA 66:3 El que sacrifica buey, como si matase un hombre; el que sacrifi­ca oveja, como si degollase un perro; el que ofrece presente, [como si ofreciese] sangre de puer­co; el que ofrece perfume, como si bendijese a un ídolo. Y pues escogieron sus caminos, y su alma amó sus abominaciones.
ISA 66:4 También yo escogeré sus escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oye­ron; antes hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que a mí desagrada.
ISA 66:5 Oíd palabra del SEÑOR, voso­tros los que tembláis a su pala­bra: Vuestros hermanos los que os aborrecen, y os niegan por causa de mi nombre, dijeron: Glorifíquese el SEÑOR. Mas él se mostrará con alegría vuestra, y ellos serán confundidos.
ISA 66:6 Voz de alboroto de la ciudad, voz del templo, voz del SEÑOR que da el pago a sus enemigos.
ISA 66:7 Antes que estuviese de parto, parió; antes que le viniesen dolores, parió hijo.
ISA 66:8 ¿Quién oyó cosa semejante? ¿quién vio cosa tal? ¿parirá la tie­rra en un día? ¿nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sión estuvo de parto, parió sus hijos.
ISA 66:9 ¿Yo que hago parir, no pariré? dijo el SEÑOR. ¿Yo que hago engendrar, seré detenido? dice el Dios tuyo.
ISA 66:10 Alegraos con Jerusalem, y gozaos con ella, todos los que la amáis: llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella:
ISA 66:11 Para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolacio­nes; para que ordeñéis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria.
ISA 66:12 Porque así dice el SEÑOR: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de los gentiles como un arroyo que sale de madre; y mamaréis, y sobre el lado seréis traídos, y sobre las rodillas seréis regala­dos.
ISA 66:13 Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalem toma­réis consuelo.
ISA 66:14 Y veréis, y alegraráse vuestro corazón, y vuestros huesos rever­decerán como la hierba: y la mano del SEÑOR para con sus siervos será conocida, y se airará contra sus enemigos.
ISA 66:15 Porque he aquí que el SEÑOR vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para tor­nar su ira en furor, y su reprensión en llama de fuego.
ISA 66:16 Porque el SEÑOR juzgará con fuego y con su espada a toda carne: y los muertos del SEÑOR serán multiplicados.
ISA 66:17 Los que se santifican y los que se purifican en los huertos, unos tras otros, los que comen carne de puerco, y abominación, y ratón; juntamente serán tala­dos, dice el SEÑOR.
ISA 66:18 Porque yo [entiendo] sus obras y sus pensamientos: [tiempo] ven­drá para juntar todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria.
ISA 66:19 Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos a las naciones, a Tarsis, a Pul y Lud, que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las islas apartadas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre los gentiles.
ISA 66:20 Y traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, [por] presente al SEÑOR, en caballos, en carros, en literas, y en mulos, y en came­llos, a mi santo monte de Jerusalem, dice el SEÑOR, al modo que los hijos de Israel traen el presente en vasos lim­pios a la casa del SEÑOR.
ISA 66:21 Y tomaré también de ellos para sacerdotes y levitas, dice el SEÑOR.
ISA 66:22 Porque como los cielos nue­vos y la nueva tierra, que yo hago, permanecen delante de mí, dice el SEÑOR, así permanecerá vuestra simiente y vuestro nom­bre.
ISA 66:23 Y será que de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrá toda carne a adorar delante de mí, dijo el SEÑOR.
ISA 66:24 Y saldrán, y verán los cadáve­res de los hombres que se rebela­ron contra mí: porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apa­gará; y serán abominables a toda carne.
JER 1:1 LAS palabras de Jeremías hijo de Hilquías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín.
JER 1:2 La palabra del SEÑOR que vino a él en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año décimotercio de su reinado.
JER 1:3 Fue asimismo en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undéci­mo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalem en el mes quinto.
JER 1:4 Vino pues la palabra del SEÑOR a mí, diciendo:
JER 1:5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las naciones.
JER 1:6 Y yo dije: ¡Ah Señor DIOS! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.
JER 1:7 Y díjome el SEÑOR: No digas, soy niño; porque a todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré.
JER 1:8 No temas delante de ellos, por­que contigo soy para librarte, dice el SEÑOR.
JER 1:9 Y extendió el SEÑOR su mano, y tocó sobre mi boca; y díjome el SEÑOR: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.
JER 1:10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar.
JER 1:11 Y la palabra del SEÑOR vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Yo veo una vara de almendro.
JER 1:12 Y díjome el SEÑOR: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.
JER 1:13 Y vino a mí la palabra del SEÑOR segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Yo veo una olla que hierve; y su faz [está] hacia el norte.
JER 1:14 Y díjome el SEÑOR: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de la tierra.
JER 1:15 Porque he aquí que yo convo­co todas las familias de los reinos del norte, dice el SEÑOR; y vendrán, y pondrá cada uno su asiento a la entrada de las puertas de Jerusalem, y junto a todos sus muros en derredor, y en todas las ciudades de Judá.
JER 1:16 Y a causa de toda su malicia, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y adoraron a las obras de sus propias manos.
JER 1:17 Tú pues, ciñe tus lomos, y te levantarás, y les hablarás todo lo que te mandaré: no temas delan­te de ellos, porque no te haga yo quebrantar delante de ellos.
JER 1:18 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortalecida, y como columna de hierro, y como muro de latón sobre toda la tierra, a los reyes de Judá, a sus príncipes, a sus sacer­dotes, y al pueblo de la tierra.
JER 1:19 Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo soy contigo, dice el SEÑOR, para librarte.
JER 2:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 2:2 Anda, y clama a los oídos de Jerusalem, diciendo: Así dice el SEÑOR: Heme acordado de ti, de la misericordia de tu moce­dad, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembra­da.
JER 2:3 Santidad [era] Israel al SEÑOR, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoran peca­rán; mal vendrá sobre ellos, dice el SEÑOR.
JER 2:4 Oíd la palabra del SEÑOR, casa de Jacob, y todas las fami­lias de la casa de Israel.
JER 2:5 Así dijo el SEÑOR: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad, y torná­ronse vanos?
JER 2:6 Y no dijeron: ¿Dónde está el SEÑOR, que nos hizo subir de tierra de Egipto, que nos hizo andar por el desierto, por una tie­rra desierta y despoblada, por tie­rra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?
JER 2:7 Y os metí en tierra de Carmelo, para que comieseis su fruto y su bien: mas entrasteis, y contami­nasteis mi tierra, e hicisteis mi heredad abominable.
JER 2:8 Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está el SEÑOR? y los que tenían la ley no me conocie­ron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profeti­zaron en Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.
JER 2:9 Por tanto entraré aún en juicio con vosotros, dijo el SEÑOR, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé.
JER 2:10 Porque pasad a las islas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar, y considerad cuidadosa­mente, y ved si se ha hecho cosa semejante a ésta:
JER 2:11 Si [alguna] nación ha mudado [sus] dioses, bien que ellos no son dioses. Pero mi pueblo ha troca­do su gloria por lo que no apro­vecha.
JER 2:12 Espantaos, cielos, sobre esto y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo el SEÑOR.
JER 2:13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme a mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen aguas.
JER 2:14 ¿Es Israel siervo? ¿es escla­vo? ¿por qué ha sido [dado] en presa?
JER 2:15 Los cachorros de los leones bramaron sobre él, dieron su voz; y pusieron su tierra en soledad; quemadas están sus ciudades, sin morador.
JER 2:16 Aun los hijos de Nof y de Tafnes te quebrantaron la molle­ra.
JER 2:17 ¿No te acarreó esto tu dejar al SEÑOR tu Dios, cuando te hacía andar por camino?
JER 2:18 Ahora pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿y qué tie­nes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del río?
JER 2:19 Tu maldad te castigará, y tu apartamiento te condenará: sabe pues y ve cuán malo y amargo es tu dejar al SEÑOR tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor DIOS de los ejércitos.
JER 2:20 Porque desde muy atrás he quebrado tu yugo, y roto tus ata­duras; y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol umbroso, corrías tú, oh ramera.
JER 2:21 Y yo te planté de buen vidue­ño, simiente verdadera toda ella: ¿cómo pues te me has tornado sarmientos de vid extraña?
JER 2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, tu pecado está sellado delante de mí, dijo el Señor DIOS.
JER 2:23 ¿Cómo dices: No soy inmun­da, nunca anduve tras los Baales? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria ligera que frecuentas sus carreras;
JER 2:24 Asna montés acostumbrada al desierto, que respira como quie­re; ¿de su ocasión quién la deten­drá? Todos los que la buscaren no se cansarán; hallaránla en su mes.
JER 2:25 Defiende tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: Hase perdido la esperanza; en ninguna manera: porque extraños he amado, y tras ellos tengo de ir.
JER 2:26 Como se avergüenza el ladrón cuando es tomado, así se aver­gonzarán la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes, y sus profetas;
JER 2:27 Que dicen al leño: Mi padre eres tú; y a la piedra: Tú me has engendrado: pues me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su trabajo dicen: Levántate, y líbranos.
JER 2:28 ¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense, a ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción: porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses.
JER 2:29 ¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis contra mí, dice el SEÑOR.
JER 2:30 Por demás he azotado vuestros hijos; no han recibido corrección. Espada devoró vuestros profetas como león destrozador.
JER 2:31 ¡Oh generación! ved vosotros la palabra del SEÑOR. ¿He sido yo a Israel soledad, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Señores somos; nunca más vendremos a ti?
JER 2:32 ¿Olvídase la virgen de su atavío, o la desposada de sus sarta­les? mas mi pueblo se ha olvida­do de mí por días que no tienen número.
JER 2:33 ¿Por qué abonas tu camino para hallar amor, pues aun a las malvadas enseñaste tus caminos?
JER 2:34 Aun en tus faldas se halló la sangre de las almas de los pobres, de los inocentes: no la hallé en excavación, sino en todas estas cosas.
JER 2:35 Y dices: Porque soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí. He aquí yo entraré en juicio con­tigo, porque dijiste: No he peca­do.
JER 2:36 ¿Para qué discurres tanto, mudando tus caminos? También serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria.
JER 2:37 También saldrás de él con tus manos sobre tu cabeza: porque el SEÑOR deshechó tus confian­zas, y en ellas no tendrás buen suceso.
JER 3:1 DICEN: Si alguno dejare su esposa, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿no será tal tierra del todo amancillada? Tú pues has fornicado con muchos amigos; mas vuélvete a mí, dijo el SEÑOR.
JER 3:2 Alza tus ojos a los altos, y ve en qué lugar no te hayas publicado: para ellos te sentabas en los caminos, como árabe en el desierto; y con tus fornicaciones y con tu malicia has contamina­do la tierra.
JER 3:3 Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia de la tarde; y has tenido frente de mala mujer, ni quisiste tener ver­güenza.
JER 3:4 A lo menos desde ahora, ¿no clamarás a mí, Padre mío, guia­dor de mi juventud?
JER 3:5 ¿Guardará [su enojo] para siem­pre? ¿eternalmente lo guardará? He aquí que has hablado y hecho cuantas maldades pudiste.
JER 3:6 Y díjome el SEÑOR en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Vase ella sobre todo monte alto y debajo de todo árbol umbroso, y allí fornica.
JER 3:7 Y dije después que hizo todo esto: Vuélvete a mí; mas no se volvió. Y vio la rebelde su her­mana Judá.
JER 3:8 Y vi, que por todas estas causas en las cuales cometió adulterio la rebelde Israel, le había despedido, y dándole carta de divorcio; aun no tuvo temor su hermana Judá, sino también se fue y se prostituyó.
JER 3:9 Y sucedió que por la liviandad de su fornicación la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño.
JER 3:10 Y con todo esto, la rebelde su hermana Judá no se tornó a mí de todo su corazón, sino mentirosa­mente, dice el SEÑOR.
JER 3:11 Y díjome el SEÑOR: Justificado ha su alma la rebelde Israel en comparación de la desle­al Judá.
JER 3:12 Ve, y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice el SEÑOR; no haré caer mi ira sobre vosotros: porque misericordioso soy yo, dice el SEÑOR, no guardaré para siempre [el enojo].
JER 3:13 Sólo reconoce tu iniquidad, porque contra el SEÑOR tu Dios has prevaricado, y tus caminos has derramado a los extraños debajo de todo árbol umbroso, y no oíste mi voz, dice el SEÑOR.
JER 3:14 Convertíos, hijos rebeldes, dice el SEÑOR, porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sión;
JER 3:15 Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten de conocimiento y de entendimien­to.
JER 3:16 Y acontecerá, que cuando os multiplicareis y creciereis en la tierra, en aquellos días, dice el SEÑOR, no se dirá más: Arca del pacto del SEÑOR; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la visitarán, ni se hará más.
JER 3:17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalem Trono del SEÑOR, y todas las naciones se congregarán a ella en el nombre del SEÑOR en Jerusalem: ni andarán más tras la dureza de su corazón malvado.
JER 3:18 En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de tierra del norte a la tierra que hice here­dar a vuestros padres.
JER 3:19 Pero yo dije: ¿Cómo te pondré por hijos, y te daré la tie­rra deseable, la rica heredad de los ejércitos de las naciones? Y dije: Padre mío me llamarás, y no te apartarás de en pos de mí.
JER 3:20 Mas como la esposa quiebra la fe de su compañero, así preva­ricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice el SEÑOR.
JER 3:21 Voz sobre las alturas fue oída, llanto de los ruegos de los hijos de Israel; porque han torcido su camino, del SEÑOR su Dios se han olvidado.
JER 3:22 Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti; porque tú eres el SEÑOR nuestro Dios.
JER 3:23 Ciertamente en vano [se espera la salvación] de los collados, [y] de la multitud de los montes: verdaderamente la salvación de Israel [está] en el SEÑOR nuestro Dios.
JER 3:24 Confusión consumió el trabajo de nuestros padres desde nuestra mocedad; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas.
JER 3:25 Yacemos en nuestra confu­sión, y nuestra afrenta nos cubre: porque pecamos contra el SEÑOR nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día; y no hemos escuchado la voz del SEÑOR nuestro Dios.
JER 4:1 SI te has de convertir, oh Israel, dice el SEÑOR, conviértete a mí; y si quitares de delante de mí tus abominaciones, no andarás de acá para allá.
JER 4:2 Y jurarás, [diciendo], Vive el SEÑOR, con verdad, con juicio, y con justicia: y bendecirse han en él las naciones, y en él se gloria­rán.
JER 4:3 Porque así dice el SEÑOR a [todo] varón de Judá y de Jerusalem: Haced barbecho para vosotros, y no sembréis sobre espinas.
JER 4:4 Circuncidaos al SEÑOR, y quitad los prepucios de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalem; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien apa­gue, por la malicia de vuestras obras.
JER 4:5 Denunciad en Judá, y haced oír en Jerusalem, y decid: Sonad trompeta en la tierra. Pregonad, juntad, y decid: Reuníos, y entré­monos en las ciudades fuertes.
JER 4:6 Alzad bandera en Sión, juntaos, no os detengáis; porque yo hago venir mal del norte, y quebrantamiento grande.
JER 4:7 El león sube de su guarida, y el destruidor de los gentiles ha partido; salido ha de su asiento para poner tu tierra en soledad; tus ciudades serán asoladas, y sin morador.
JER 4:8 Por esto vestíos de cilicio, ende­chad y aullad; porque la ira del SEÑOR no se ha apartado de nosotros.
JER 4:9 Y será en aquel día, dice el SEÑOR, que desfallecerá el corazón del rey, y el corazón de los príncipes, y los sacerdotes estarán atónitos, y se maravilla­rán los profetas.
JER 4:10 Entonces dije yo: ¡Ah, Señor DIOS! verdaderamente en gran manera has engañado a este pue­blo y a Jerusalem, diciendo: Paz tendréis; pues que la espada ha venido hasta el alma.
JER 4:11 En aquel tiempo se dirá de este pueblo y de Jerusalem: Viento seco de las alturas del desierto vino a la hija de mí pueblo, no para aventar, ni para limpiar.
JER 4:12 Viento más vehemente que estos vendrá a mí: y ahora yo hablaré juicios con ellos.
JER 4:13 He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino: más ligeros con sus caballos que las águilas. ¡Ay de nosotros, por­que dados somos a saco!
JER 4:14 Lava de la malicia tu corazón, oh Jerusalem, para que seas salva. ¿Hasta cuándo dejarás estar en medio de ti los pensamientos de iniquidad?
JER 4:15 Porque la [voz se oye] del que trae las nuevas desde Dan, y del que hace oír la calamidad desde el monte de Efraím.
JER 4:16 Decid a las naciones: he aquí, haced oír sobre Jerusalem: Guardas vienen de tierra lejana, y darán su voz sobre las ciudades de Judá.
JER 4:17 Como las guardas de las here­dades, estuvieron sobre ella en derredor, porque se rebeló contra mí, dice el SEÑOR.
JER 4:18 Tu camino y tus obras te hicieron esto, ésta tu maldad: por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón.
JER 4:19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las telas de mi cora­zón: mi corazón ruge dentro de mí; no callaré; porque voz de trompeta has oído, oh alma mía, pregón de guerra.
JER 4:20 Quebrantamiento sobre que­brantamiento es llamado; porque toda la tierra es destruída: en un punto son destruídas mis tiendas, en un momento mis cortinas.
JER 4:21 ¿Hasta cuándo tengo de ver bandera, tengo de oír voz de trompeta?
JER 4:22 Porque mi pueblo es necio; no me conocieron; ellos son hijos ignoran­tes y sin entendimiento; sabios para mal hacer, y para bien hacer no tienen conocimiento.
JER 4:23 Miré la tierra, y he aquí que estaba sin forma y vacía; y los cielos, y no había en ellos luz.
JER 4:24 Miré los montes, y he aquí que temblaban, y todos los colla­dos fueron destruídos.
JER 4:25 Miré, y no parecía hombre, y todas las aves de los cielos se habían ido.
JER 4:26 Miré, y he aquí el Carmelo desierto, y todas sus ciudades eran asoladas a la presencia del SEÑOR, a la presencia del furor de su ira.
JER 4:27 Porque así dijo el SEÑOR: Toda la tierra será asolada; mas no haré consumación.
JER 4:28 Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán, porque hablé, pensé, y no me arrepentí, ni me tornaré de ello.
JER 4:29 Del estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó toda la ciudad; entráronse en las espesuras de los bosques, y subiéronse en peñascos; todas las ciudades fueron desamparadas, y no quedó en ellas morador algu­no.
JER 4:30 Y tú, destruída, ¿qué harás? Bien que te vistas de carmesí, aun­que te adornes con atavíos de oro, aunque pintes con antimo­nio tus ojos, en vano te engala­nas; menospreciáronte los ama­dores, buscarán tu alma.
JER 4:31 Porque voz oí como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza; voz de la hija de Sión que lamenta y extiende sus manos, [diciendo]: ¡Ay ahora de mí! que mi alma desmaya a causa de los matadores.
JER 5:1 DISCURRID por las plazas de Jerusalem, y mirad ahora, y sabed, y buscad en sus plazas si halláis un hombre, si hay alguno que haga juicio, que busque verdad; y yo la perdonaré.
JER 5:2 Y si dijeren: Vive el SEÑOR; por tanto juran mentira.
JER 5:3 Oh SEÑOR, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisie­ron recibir corrección; endurecie­ron sus rostros más que una roca, no quisieron tornarse.
JER 5:4 Por tanto yo dije: Por cierto ellos son pobres, enloquecido han, pues no conocen el camino del SEÑOR, el juicio de su Dios.
JER 5:5 Irme he a los grandes, y habla­réles; porque ellos conocen el camino del SEÑOR, el juicio de su Dios. Ciertamente ellos tam­bién quebraron el yugo, rompie­ron las bandas.
JER 5:6 Por tanto, león del monte los matará, destruirálos lobo del desierto, leopardo acechará sobre sus ciudades; cualquiera que de ellas saliere, será despedazado porque sus transgresiones se han multiplicado, hanse aumentado sus deslealtades.
JER 5:7 ¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron, y jura­ron por lo que no es Dios. Saciélos, y adulteraron, y en casa de ramera se juntaron en compa­ñías.
JER 5:8 Como caballos bien hartos fueron a la mañana, cada cual relinchaba a la esposa de su prójimo.
JER 5:9 ¿No había de hacer visitación sobre esto? dijo el SEÑOR. De una nación como ésta ¿no se había de vengar mi alma?
JER 5:10 Escalad sus muros, y destruid; mas no hagáis consumación: quitad las almenas de sus muros, porque no son del SEÑOR.
JER 5:11 Porque resueltamente se rebe­laron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice el SEÑOR.
JER 5:12 Negaron al SEÑOR, y dije­ron: Él no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espa­da ni hambre;
JER 5:13 Antes los profetas serán como viento, y no hay en ellos palabra; así se hará a ellos.
JER 5:14 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR Dios de los ejércitos: Porque hablasteis esta palabra, he aquí yo pongo en tu boca mis palabras por fuego, y a este pue­blo por leños, y los consumirá.
JER 5:15 He aquí, os traeré sobre vosotros una nación muy lejos de ti, oh casa de Israel, dice el SEÑOR; [es] una nación poderosa, [es] una nación antigua, una nación cuya lengua no conocéis, ni entendéis lo que hablaren.
JER 5:16 Su aljaba como sepulcro abierto, todos valientes.
JER 5:17 Y comerá tu mies y tu pan, [que] habían de comer tus hijos y tus hijas; comerá tus ovejas y tus vacas, comerá tus viñas y tus higueras; y tus ciudades fuertes en que tú confías, tornará en nada a espada.
JER 5:18 Sin embargo en aquellos días, dice el SEÑOR, no os acabaré del todo.
JER 5:19 Y será que cuando dijereis: ¿Por qué hizo el SEÑOR el Dios nuestro con nosotros todas estas cosas? entonces les dirás: De la manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena.
JER 5:20 Denunciad esto en la casa de Jacob, y haced que esto se oiga en Judá, diciendo:
JER 5:21 Oíd ahora esto, pueblo necio y sin entendimiento, que tienen ojos y no ven, que tienen oídos y no oyen:
JER 5:22 ¿A mí no temeréis? dice el SEÑOR; ¿no os amedrentaréis a mi presencia, que al mar por ordenación eterna, la cual no quebrantará, puse arena por tér­mino? Se levantarán tempesta­des, mas no prevalecerán; bra­marán sus ondas, mas no lo pasa­rán.
JER 5:23 Pero este pueblo tiene corazón falso y rebelde; torná­ronse y fuéronse.
JER 5:24 Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora al SEÑOR Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo; los tiempos establecidos de la siega nos guar­da.
JER 5:25 Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas; y vuestros pecados apartaron de vosotros el bien.
JER 5:26 Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos; pusieron trampa para tomar hombres.
JER 5:27 Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño: así se hicieron grandes y ricos.
JER 5:28 Engordaron y pusiéronse lus­trosos, y sobrepujaron los hechos del malo: no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo hiciéronse prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron.
JER 5:29 ¿No tengo de visitar sobre esto? dice el SEÑOR; ¿y de tal nación no se vengará mi alma?
JER 5:30 Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra:
JER 5:31 Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué pues haréis a su fin?
JER 6:1 HUID, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalem, y tocad bocina en Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem: porque del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande.
JER 6:2 A [mujer] hermosa y delicada comparé a la hija de Sión.
JER 6:3 A ella vendrán pastores y sus rebaños; junto a ella en derredor pondrán sus tiendas; cada uno apacentará a su parte.
JER 6:4 Denunciad guerra contra ella: levantaos y subamos al mediodía. ¡Ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras de la tarde se han exten­dido.
JER 6:5 Levantaos, y subamos de noche, y destruyamos sus pala­cios.
JER 6:6 Porque así dijo el SEÑOR de los ejércitos: Cortad árboles, y extended baluarte junto a Jerusalem: ésta es la ciudad que toda ella ha de ser visitada; vio­lencia hay en medio de ella.
JER 6:7 Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así nunca cesa de manar su malicia; injusticia y robo se oye en ella; continua­mente en mi presencia, enferme­dad y herida.
JER 6:8 Corrígete, Jerusalem, porque no se aparte mi alma de ti, por­que no te torne desierta, tierra no habitada.
JER 6:9 Así dice el SEÑOR de los ejér­citos: Del todo rebuscarán como a vid el remanente de Israel: torna tu mano como vendimia­dor a los cestos.
JER 6:10 ¿A quién tengo de hablar y amonestar, para que oigan? He aquí que sus orejas son incircun­cisas, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra del SEÑOR les es cosa vergonzosa, no la aman.
JER 6:11 Por tanto estoy lleno de la ira del SEÑOR, trabajado he por contenerme; derramaréla sobre los niños en la calle, y sobre la asamblea de los jóvenes juntamen­te; porque el marido también será preso con la esposa, el viejo con el lleno de días.
JER 6:12 Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus esposas; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice el SEÑOR.
JER 6:13 Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacer­dote, todos son engañadores.
JER 6:14 Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.
JER 6:15 ¿Hanse avergonzado de haber hecho abominación? No por cierto, no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza: por tanto caerán entre los que caerán; caerán cuando los visitaré, dice el SEÑOR.
JER 6:16 Así dijo el SEÑOR: Paraos en los caminos, y mirad, y pregun­tad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.
JER 6:17 Desperté también sobre voso­tros atalayas, [que dijesen:] Escuchad a la voz de la trompe­ta. Y dijeron ellos: No escuchare­mos.
JER 6:18 Por tanto oíd, naciones, y cono­ce, oh conjunto de ellas.
JER 6:19 Oye, tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palabras, y aborrecieron mi ley.
JER 6:20 ¿A qué viene para mí este incienso de Seba, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son a mi volun­tad, ni vuestros sacrificios me dan gusto.
JER 6:21 Por tanto el SEÑOR dice esto: He aquí yo pongo a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos junta­mente, el vecino y su cercano perecerán.
JER 6:22 Así ha dicho el SEÑOR: He aquí que viene pueblo de tierra del norte, y una nación grande se levantará de los cantones de la tierra.
JER 6:23 Arco y escudo arrebatarán; crueles son, que no tendrán mise­ricordia; sonará la voz de ellos como el mar, y montarán a caba­llo como hombres dispuestos para la guerra, contra ti, oh hija de Sión.
JER 6:24 Su fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron; apode­róse de nosotros angustia, dolor como de mujer que pare.
JER 6:25 No salgas al campo, ni andes por camino; porque espada de enemigo [y] temor [hay] por todas partes.
JER 6:26 Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate en ceniza; hazte luto como por hijo único, llanto de amarguras: porque presto vendrá sobre nosotros el destruidor.
JER 6:27 Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre: conocerás pues, y examinarás el camino de ellos.
JER 6:28 Todos ellos príncipes rebeldes, andan con engaño; son latón y hierro: todos ellos son corruptores.
JER 6:29 Quemóse el fuelle, del fuego se ha consumido el plomo: por demás fundió el fundidor, pues los malos no son arrancados.
JER 6:30 Plata desechada los llamarán, porque el SEÑOR los desechó.
JER 7:1 PALABRA que fue del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 7:2 Ponte a la puerta de la casa del SEÑOR, y predica allí esta pala­bra, y di: Oíd palabra del SEÑOR, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar al SEÑOR.
JER 7:3 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.
JER 7:4 No fiéis en palabras de menti­ra, diciendo: Templo del SEÑOR, templo del SEÑOR, templo del SEÑOR es éste.
JER 7:5 Mas si mejorareis cumplida­mente vuestros caminos y vues­tras obras; si con exactitud hicie­reis derecho entre el hombre y su prójimo,
JER 7:6 Ni oprimiéreis al peregrino, al huérfano, y a la viuda, ni en este lugar derramáreis la sangre ino­cente, ni anduviéreis en pos de dioses ajenos para mal vuestro;
JER 7:7 Os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre.
JER 7:8 He aquí vosotros os confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan.
JER 7:9 ¿Hurtando, matando, y adulte­rando, y jurando falso, e incen­sando a Baal, y andando tras dio­ses extraños que no conocísteis,
JER 7:10 Vendréis y os pondréis delan­te de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos: para hacer todas estas abominaciones?
JER 7:11 ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa, sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo veo, dice el SEÑOR.
JER 7:12 Pero andad ahora a mi lugar que fue en Silo, donde hice que morase mi nombre al princi­pio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.
JER 7:13 Ahora pues, por cuanto habéis vosotros hecho todas estas obras, dice el SEÑOR, y bien que os hablé, madrugando para hablar, no oísteis, y os llamé, y no res­pondísteis;
JER 7:14 Haré también a esta casa sobre la cuál es invocado mi nombre, en la que vosotros con­fiáis, y a éste lugar que di a voso­tros y a vuestros padres, como hice a Silo:
JER 7:15 Que os echaré de mi presen­cia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraím.
JER 7:16 Tú pues, no ores por este pue­blo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; por­que no te oiré.
JER 7:17 ¿No ves lo que estos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem?
JER 7:18 Los hijos cogen la leña, y los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses aje­nos, por provocarme a ira.
JER 7:19 ¿Provocaránme ellos a ira, dice el SEÑOR, y no más bien [obran] ellos mismos para confu­sión de sus rostros?
JER 7:20 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí que mi furor y mi ira se derrama sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo, y sobre los frutos de la tierra; y encenderáse, y no se apagará.
JER 7:21 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vues­tros sacrificios, y comed carne.
JER 7:22 Porque no hablé yo con vues­tros padres, ni les mandé el día que los saqué de la tierra de Egipto, acerca de holocaustos y de víctimas:
JER 7:23 Mas esto les mandé, diciendo: Obedeced mi voz, y seré a voso­tros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mandare, para que os vaya bien.
JER 7:24 Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en [sus] consejos, en la dureza de su cora­zón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante,
JER 7:25 Desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié a todos los profetas mis siervos, cada día madrugando y envián­dolos:
JER 7:26 Mas no me oyeron ni inclina­ron su oído; antes endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.
JER 7:27 Tú pues les dirás todas estas palabras, mas no te oirán; aun los llamarás, y no te responderán.
JER 7:28 Les dirás por tanto: Ésta [es] una nación que no obedeció la voz del SEÑOR su Dios, ni tomó correc­ción; perdióse la fe, y de la boca de ellos fue cortada.
JER 7:29 Trasquila tu cabello, y arrója­lo, y levanta llanto sobre las altu­ras; porque el SEÑOR ha aborre­cido y dejado la nación de su ira.
JER 7:30 Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos dice el SEÑOR; pusieron sus abomi­naciones en la casa sobre la cual mi nombre fue invocado, aman­cillándola.
JER 7:31 Y han edificado los altos de Tofet, que es en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego sus hijos y sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.
JER 7:32 Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho el SEÑOR, que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar.
JER 7:33 Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.
JER 7:34 Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalem, voz de gozo y voz de alegría, voz de esposo y voz de esposa; porque la tierra será en desolación.
JER 8:1 EN aquel tiempo, dice el SEÑOR, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de los moradores de Jerusalem, fuera de sus sepulcros;
JER 8:2 Y los esparcirán al sol, y a la luna, y a todo el ejército del cielo, a quien amaron, y a quie­nes sirvieron, y en pos de quie­nes anduvieron, y a quienes pre­guntaron, y a quienes adora­ron. No serán recogidos, ni ente­rrados: serán por muladar sobre la faz de la tierra.
JER 8:3 Y escogeráse la muerte antes que la vida por todo el resto que quedare de esta mala generación en todos los lugares a donde los arrojaré yo a los que quedaren, dice el SEÑOR de los ejércitos.
JER 8:4 Les dirás asimismo: Así ha dicho el SEÑOR: ¿El que cae, no se levanta? ¿el que se desvía, no torna [a camino?]
JER 8:5 ¿Por qué es este pueblo de Jerusalem rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, no han querido volverse.
JER 8:6 Escuché y oí; no hablan dere­cho, no hay hombre que se arre­pienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla.
JER 8:7 Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; mas mi pueblo no conoce el juicio del SEÑOR.
JER 8:8 ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley del SEÑOR es con nosotros? Ciertamente, he aquí que en vano se cortó la pluma, por demás [fueron] los escribas.
JER 8:9 Los sabios se avergonzaron, espantáronse y fueron presos: he aquí que aborrecieron la palabra del SEÑOR; ¿y qué sabiduría tienen?
JER 8:10 Por tanto daré a otros sus esposas, y sus heredades a quien las posea: porque desde el chico hasta el grande cada uno sigue la avaricia, desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño.
JER 8:11 Y curaron el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.
JER 8:12 ¿Hanse avergonzado de haber hecho abominación? Por cierto no se han corrido de vergüenza, ni supieron avergonzarse; caerán por tanto entre los que cayeren, cuando los visitaré: caerán, dice el SEÑOR.
JER 8:13 Cortarélos de por junto, dice el SEÑOR. No habrá uvas en la vid, ni higos en la higuera, y cae­ráse la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos.
JER 8:14 ¿Sobre qué nos aseguramos? Juntaos, y entrémonos en las ciu­dades fuertes, y allí reposaremos: porque el SEÑOR nuestro Dios nos ha hecho callar, y dádonos a beber bebida de hiel, porque pecamos contra el SEÑOR.
JER 8:15 Esperamos paz, y no hubo bien; día de cura, y he aquí tur­bación.
JER 8:16 Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos: del sonido de los relinchos de sus fuertes tembló toda la tierra; y vinieron y devo­raron la tierra y su abundancia, ciudad y moradores de ella.
JER 8:17 Porque he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, víbo­ras, contra los cuales no hay encantamiento; y os morderán, dice el SEÑOR.
JER 8:18 A causa de mi fuerte dolor mi corazón desfallece en mí.
JER 8:19 He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está el SEÑOR en Sión? ¿no está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vani­dades ajenas?
JER 8:20 Pasóse la siega, acabóse el verano, y nosotros no hemos sido salvos.
JER 8:21 Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.
JER 8:22 ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿no hay allí médico? ¿Por qué pues no hubo medicina para la hija de mi pueblo?
JER 9:1 ¡OH si mi cabeza se tornase aguas, y mis ojos fuentes de aguas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!
JER 9:2 ¡Oh quién me diese en el desierto un mesón de caminan­tes, para que dejase mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, asamblea de prevaricadores.
JER 9:3 E hicieron que su lengua, [como] su arco, tirase mentira; y no se fortalecieron por verdad en la tie­rra: porque de mal en mal proce­dieron, y me han desconocido, dice el SEÑOR.
JER 9:4 Guárdese cada uno de su com­pañero, ni en ningún hermano tenga confianza: porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda con false­dades.
JER 9:5 Y cada uno engaña a su com­pañero, y no hablan verdad: enseñaron su lengua a hablar mentira, se ocupan de hacer per­versamente.
JER 9:6 Tu morada es en medio de engaño; de muy engañadores no quisieron conocerme, dice el SEÑOR.
JER 9:7 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: He aquí que yo los fundiré, y los ensaya­ré; porque ¿cómo he de hacer por la hija de mi pueblo?
JER 9:8 Saeta afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con su boca habla paz con su amigo, pero dentro de su corazón pone sus asechanzas.
JER 9:9 ¿No los tengo de visitar sobre estas cosas? dice el SEÑOR. ¿De tal nación no se vengará mi alma?
JER 9:10 Sobre los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto sobre las moradas del desierto; porque desolados fueron hasta no quedar quien pase, ni oyeron bramido de ganado: desde las aves de los cielos y hasta las bestias de la tierra huyeron, y se fueron.
JER 9:11 Y pondré a Jerusalem en mon­tones, por morada de dragones; y pondré las ciudades de Judá en asolamiento, que no quede mora­dor.
JER 9:12 ¿Quién es varón sabio que entienda esto? ¿y a quién habló la boca del SEÑOR, para que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra ha perecido, ha sido aso­lada como desierto, que no hay quien pase?
JER 9:13 Y dijo el SEÑOR: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella;
JER 9:14 Antes se fueron tras la imagi­nación de su corazón, y en pos de los Baales que les enseñaron sus padres:
JER 9:15 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo les daré a comer ajenjos, y les daré a beber aguas de hiel.
JER 9:16 Y los esparciré entre gentes que no conocieron ellos ni sus padres; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que yo los acabe.
JER 9:17 Así dice el SEÑOR de los ejércitos: Considerad, y llamad plañideras que vengan; y enviad por las sabias que vengan:
JER 9:18 Y dense prisa, y levanten llan­to sobre nosotros, y córranse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados en aguas se destilen.
JER 9:19 Porque voz de endecha fue oída de Sión: ¡Cómo hemos sido destruídos! en gran manera hemos sido confundidos. ¿Por qué dejamos la tierra? ¿por qué [nos] han echado [de sí] nuestras moradas?
JER 9:20 Oíd pues, oh mujeres, palabra del SEÑOR, y vuestro oído reci­ba la palabra de su boca; y ense­ñad endechas a vuestras hijas, y cada una a su amiga, lamenta­ción.
JER 9:21 Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios; para talar los niños de las calles, los man­cebos de las plazas.
JER 9:22 Habla: Así ha dicho el SEÑOR: Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la faz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja.
JER 9:23 Así dice el SEÑOR: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni en su fuerza se gloríe el fuerte, ni el rico se gloríe en sus riquezas.
JER 9:24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el SEÑOR, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: por­que estas cosas quiero, dice el SEÑOR.
JER 9:25 He aquí que vienen días, dice el SEÑOR, y visitaré sobre todo circuncidado, y sobre todo incir­cunciso:
JER 9:26 A Egipto, y a Judá, y a Edom, y a los hijos de Amón y de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón, que moran en el desierto; porque todas las naciones tienen prepucio, y toda la casa de Israel tiene prepucio en el corazón.
JER 10:1 OÍD la palabra que el SEÑOR ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel.
JER 10:2 Así dijo el SEÑOR: No apren­dáis el camino de las gentes, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las gentes las teman.
JER 10:3 Porque las ordenanzas de los pueblos son vanidad: porque leño del monte cortaron, obra de manos de artífice con azuela.
JER 10:4 Con plata y oro lo engalanan; con clavos y martillo lo afirman, para que no se salga.
JER 10:5 Como palma lo igualan, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos; porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.
JER 10:6 No hay semejante a ti, oh SEÑOR; grande tú, y grande tu nombre en fortaleza.
JER 10:7 ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? porque a ti compete ello; porque entre todos los sabios de las naciones, y en todos sus reinos, no hay semejante a ti.
JER 10:8 Y todos se embrutecen, y enton­tecen: doctrina de vanidades [es] el leño.
JER 10:9 Traerán plata extendida de Tarsis, y oro de Ufaz; obrará el artífice, y las manos del fundi­dor; vestiránlos de azul y de púrpura: obra de peritos es todo.
JER 10:10 Mas el SEÑOR Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno: a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su saña.
JER 10:11 Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos.
JER 10:12 El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia;
JER 10:13 A su voz se da muchedumbre de aguas en los cielos, y hace subir las nubes de lo postrero de la tie­rra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos.
JER 10:14 Todo hombre se embrutece en [su] conocimiento; avergüéncese de su vaciadizo todo fundi­dor: porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos;
JER 10:15 Vanidad son, obra de escar­nios: en el tiempo de su visita­ción perecerán.
JER 10:16 No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Formador de todo, e Israel es la vara de su herencia: el SEÑOR de los ejér­citos es su nombre.
JER 10:17 Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras en lugar fuerte.
JER 10:18 Porque así ha dicho el SEÑOR: He aquí que esta vez arrojaré con honda los morado­res de la tierra, y he de afligirlos, para que [lo] hallen.
JER 10:19 ¡Ay de mí, por mi quebranta­miento! mi llaga es muy doloro­sa. Pero yo dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla.
JER 10:20 Mi tienda es destruída, y todas mis cuerdas están rotas: mis hijos fueron sacados de mí, y perecieron: no hay ya más quien extienda mi tienda, ni quien levante mis cortinas.
JER 10:21 Porque los pastores se embru­tecieron, y no buscaron al SEÑOR: por tanto no prospera­ron, y todo su rebaño se esparció.
JER 10:22 He aquí que voz de fama viene, y alboroto grande de la tie­rra del norte, para tornar en soledad todas las ciudades de Judá, en morada de dragones.
JER 10:23 Conozco, oh SEÑOR, que el hombre no es señor de su cami­no, ni del hombre que camina es ordenar sus pasos.
JER 10:24 Castígame, oh SEÑOR, mas con juicio; no con tu furor, por­que no me aniquiles.
JER 10:25 Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invo­can tu nombre: porque se comie­ron a Jacob, y lo devoraron, y le han consumido, y asolado su morada.
JER 11:1 LA palabra que fue del SEÑOR, a Jeremías, diciendo:
JER 11:2 Oíd las palabras de este pacto, y hablad a todo varón de Judá, y a todo morador de Jerusalem.
JER 11:3 Y les dirás tú: Así dijo el SEÑOR Dios de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto,
JER 11:4 El cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Obedeced mi voz, y ejecutad aquéllas, conforme a todo lo que os mando, y me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios;
JER 11:5 Para que confirme el juramen­to que hice a vuestros padres, que les daría la tierra que corre leche y miel, como este día. Y respondí, y dije: Amén, oh SEÑOR.
JER 11:6 Y el SEÑOR me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, diciendo: Oíd las palabras de este pacto, y poned­las por obra.
JER 11:7 Porque con eficacia protesté a vuestros padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto hasta el día de hoy, madrugando y protestando, diciendo: Obedeced mi voz.
JER 11:8 Mas no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su corazón malvado: por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cum­pliesen, y no lo cumplieron.
JER 11:9 Y díjome el SEÑOR: Conjuración se ha hallado en los varones de Judá, y en los mora­dores de Jerusalem.
JER 11:10 Hanse vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cua­les no quisieron escuchar mis palabras, antes se fueron tras dio­ses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invali­daron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres.
JER 11:11 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mi, y no los oiré.
JER 11:12 E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalem, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos inciensos, los cua­les no los podrán salvar en el tiempo de su mal.
JER 11:13 Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalem, pusisteis los altares de ignominia, altares para ofrecer sahumerios a Baal.
JER 11:14 Tú pues, no ores por este pue­blo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré el día que en su aflicción a mí cla­maren.
JER 11:15 ¿Qué tiene mi amado en mi casa, habiendo hecho abomina­ciones muchas? Y las carnes san­tas pasarán de sobre ti, porque en tu maldad te gloriaste.
JER 11:16 Oliva verde, hermosa en fruto y en parecer, llamó el SEÑOR tu nombre. A la voz de gran palabra hizo encender fuego sobre ella, y quebraron sus ramas.
JER 11:17 Pues el SEÑOR de los ejérci­tos, que te plantó, ha pronuncia­do mal contra ti, a causa de la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá, que hicieron a sí mismos, provocándome a ira con incensar a Baal.
JER 11:18 Y el SEÑOR me [ha] dado conocimiento, y conocílo: entonces me hiciste ver sus obras.
JER 11:19 Y yo como cordero inocente que llevan a degollar, pues no entendía que maquinaban contra mí designios, [diciendo:] Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, y no haya más memoria de su nombre.
JER 11:20 Mas, oh SEÑOR de los ejér­citos, que juzgas justicia, que sondas las entrañas y el corazón, vea yo tu venganza de ellos: por­que a ti he descubierto mi causa.
JER 11:21 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los varones de Anatot, que buscan tu alma, diciendo: No profetices en nom­bre del SEÑOR, y no morirás a nuestras manos:
JER 11:22 Así pues ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: He aquí que yo los visito; los mancebos morirán a espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre;
JER 11:23 Y no quedará remanente de ellos: porque yo traeré mal sobre los varones de Anatot, año de su visitación.
JER 12:1 JUSTO eres tú, oh SEÑOR, aunque yo contigo dispute: pero hablaré juicios contigo. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, [y] tienen bien todos los que se portan deslealmente?
JER 12:2 Plantástelos, y echaron raíces; progresaron, e hicieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, mas lejos de sus entrañas.
JER 12:3 Pero tú, oh SEÑOR, me conoces; vísteme, y probaste mi corazón para contigo: arráncalos como a ovejas para el degollade­ro, y señálalos para el día de la matanza.
JER 12:4 ¿Hasta cuándo estará desierta la tierra, y marchita la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que en ella moran, faltaron los ganados, y las aves; porque dijeron: No verá él nuestras postrimerías.
JER 12:5 Si corriste con los de a pié, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y [si] en la tierra de paz estabas quieto, ¿cómo harás en la hinchazón del Jordán?
JER 12:6 Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se levantaron contra ti, aun ellos dieron voces en pos de ti. No los creas, cuando bien te hablaren.
JER 12:7 He dejado mi casa, desamparé mi heredad, entregado he lo que amaba mi alma en mano de sus enemigos.
JER 12:8 Fue para mí mi heredad como león en breña: contra mí dio su voz; por tanto la aborrecí.
JER 12:9 Mi heredad [es] para mí [como] ave moteado, [están] contra ella aves en derredor. Venid, reuníos todas las bestias del campo, venid a devorar.
JER 12:10 Muchos pastores han destruí­do mi viña, hollaron mi heredad, tornaron en desierto y soledad mi heredad preciosa.
JER 12:11 Fue puesta en asolamiento, [y] lloró sobre mí, asolada: fue aso­lada toda la tierra, porque no hubo hombre que mirase.
JER 12:12 Sobre todos los lugares altos del desierto vinieron disipadores: porque la espada del SEÑOR devorará desde el un extremo de la tierra hasta el otro extremo: no habrá paz para ninguna carne.
JER 12:13 Sembraron trigo, y segarán espinas; tuvieron la heredad, mas no aprovecharon nada: se aver­gonzarán de vuestros frutos, a causa de la ardiente ira del SEÑOR.
JER 12:14 Así dijo el SEÑOR contra todos mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí que yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de ellos la casa de Judá.
JER 12:15 Y será que, después que los hubiere arrancado, tornaré y ten­dré compasión de ellos, y haré­los volver cada uno a su heredad, y cada cual a su tierra.
JER 12:16 Y será que, si cuidadosamen­te aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre, [diciendo], Vive el SEÑOR, así como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal; ellos serán pros­perados en medio de mi pueblo.
JER 12:17 Mas si no obedecieren, arrancaré a la tal nación, sacándola de raíz, y destruyendo, dice el SEÑOR.
JER 13:1 ASÍ me dijo el SEÑOR: Ve, y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo meterás en agua.
JER 13:2 Y compré el cinto conforme a la palabra del SEÑOR, y púselo sobre mis lomos.
JER 13:3 Y vino a mí segunda vez la palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 13:4 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate, y ve al Éufrates, y escóndelo allá en la concavidad de una peña.
JER 13:5 Fui pues, y escondílo junto al Éufrates, como el SEÑOR me mandó.
JER 13:6 Y sucedió que al cabo de muchos días me dijo el SEÑOR: Levántate, y ve al Éufrates, y toma de allí el cinto que te mandé escondieses allá.
JER 13:7 Entonces fui al Éufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se había podri­do; para ninguna cosa era bueno.
JER 13:8 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 13:9 Así ha dicho el SEÑOR: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalem,
JER 13:10 A este pueblo malo, que no quieren oír mis palabras, que andan en las imaginaciones de su corazón, y se fueron en pos de dioses ajenos para servirles, y para adorarlos; y vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno.
JER 13:11 Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice el SEÑOR, para que me fuesen por pueblo y por fama, y por alaban­za y por honra: pero no escu­charon.
JER 13:12 Les dirás pues esta palabra: Así ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: Henchiráse de vino todo odre. Y ellos te dirán: ¿No sabe­mos que todo odre se henchirá de vino?
JER 13:13 Entonces les has de decir: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo lleno de embriaguez todos los moradores de esta tierra, y a los reyes [de la estirpe] de David que se sientan sobre su trono, y a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalem;
JER 13:14 Y quebrantarélos el uno con el otro, los padres con los hijos jun­tamente, dice el SEÑOR: no per­donaré, ni tendré piedad ni mise­ricordia, para no destruirlos.
JER 13:15 Escuchad y oíd; no os elevéis: pues el SEÑOR ha hablado.
JER 13:16 Dad gloria al SEÑOR Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y os la torne sombra de muerte y tinie­blas.
JER 13:17 Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma a causa de [vuestra] soberbia; y llorando amargamente, se desharán mis ojos en lágrimas, porque el reba­ño del SEÑOR fue cautivo.
JER 13:18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos [en tierra]; porque la corona de vuestra glo­ria bajará de vuestras cabezas.
JER 13:19 Las ciudades del sur fueron cerradas, y no hubo quien las abriese: toda Judá será lleva­da en cautiverio, llevada en cau­tiverio será toda ella.
JER 13:20 Alzad vuestros ojos, y ved los que vienen del norte: ¿dónde está el rebaño que te fue dado, la grey de tu gloria?
JER 13:21 ¿Qué dirás cuando te visitará? porque tú los enseñaste [a ser] príncipes [y] cabeza sobre ti. ¿No te tomarán dolores como a mujer que pare?
JER 13:22 Cuando dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron desnudos tus cal­cañares.
JER 13:23 ¿Podrá el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? [Entonces] así también podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal.
JER 13:24 Por tanto yo los esparciré, como tamo que pasa, al viento del desierto.
JER 13:25 Ésta es tu suerte, la porción de tus medidas de parte mía, dice el SEÑOR; porque te olvidaste de mí, y confiaste en la mentira.
JER 13:26 Yo pues descubriré también tus faldas delante de tu cara, y se manifestará tu ignominia.
JER 13:27 Tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados: en el mismo campo vi tus abominaciones. ¡Ay de ti, Jerusalem! ¿No serás al cabo limpia? ¿hasta cuándo todavía?
JER 14:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Jeremías, con motivo de la sequía.
JER 14:2 Enlutóse Judá, y sus puertas se despoblaron: oscureciéronse en tierra, y subió el clamor de Jerusalem.
JER 14:3 Y los principales de ellos enviaron sus criados al agua: vinieron a las lagunas, y no halla­ron agua: volviéronse con sus vasos vacíos; se avergonzaron, confundiéronse, y cubrieron sus cabezas.
JER 14:4 Porque se resquebrajó la tierra a causa de no llover en el país; confusos los labradores, cubrie­ron sus cabezas.
JER 14:5 Y aun las ciervas en los campos parían, y dejaban [la cría], porque no había hierba.
JER 14:6 Y los asnos monteses se ponían en los altos, aspiraban el viento como los dragones; sus ojos se ofuscaron, porque no había hier­ba.
JER 14:7 Si nuestras iniquidades testifi­can contra nosotros, oh SEÑOR, haz por amor de tu nombre; por­que nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti pecamos.
JER 14:8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué has de ser como peregrino en la tierra, y como caminante que se aparta para tener la noche?
JER 14:9 ¿Por qué has de ser como hom­bre atónito, y como valiente que no puede librar? Pero tú estás entre nosotros, oh SEÑOR, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.
JER 14:10 Así ha dicho el SEÑOR a este pueblo: Así amaron moverse, ni detuvieron sus pies: por tanto, el SEÑOR no los tiene en volun­tad; acordaráse ahora de la mal­dad de ellos, y visitará sus peca­dos.
JER 14:11 Y díjome el SEÑOR: No rue­gues por este pueblo para bien.
JER 14:12 Cuando ayunaren, yo no oiré su clamor, y cuando ofrecieren holocausto y ofrenda, no lo acep­taré; antes los consumiré con espada, y con hambre, y con pes­tilencia.
JER 14:13 Entonces dije yo: ¡Ah, Señor DIOS! he aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre en vosotros, sino que en este lugar os daré paz ver­dadera.
JER 14:14 Díjome entonces el SEÑOR: Falso profetizan los profetas en mi nombre: no los envié, ni les mandé, ni les hablé: visión men­tirosa, y adivinación, y vanidad, y engaño de su corazón os profe­tizan.
JER 14:15 Por tanto así ha dicho el SEÑOR sobre los profetas que profetizan en mi nombre, los cua­les yo no envié, y que dicen, espada ni hambre no habrá en esta tierra: Con espada y con hambre serán consumidos esos profetas.
JER 14:16 Y el pueblo a quien profeti­zan, echado será en las calles de Jerusalem por hambre y por espada; y no habrá quien los entierre, ellos, y sus esposas, y sus hijos, y sus hijas; y sobre ellos derramaré su maldad.
JER 14:17 Decirles has, pues, esta pala­bra: Córranse mis ojos en lágri­mas noche y día, y no cesen; por­que de gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy recia.
JER 14:18 Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si me entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre: porque también el pro­feta como el sacerdote anduvie­ron rodeando en la tierra, y no conocieron.
JER 14:19 ¿Has desechado enteramente a Judá? ¿ha aborrecido tu alma a Sión? ¿Por qué nos hiciste herir sin que nos quede cura? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de cura, y he aquí turba­ción.
JER 14:20 Reconocemos, oh SEÑOR, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres: porque contra ti hemos pecado.
JER 14:21 Por amor de tu nombre no [nos] deseches, ni trastornes el trono de tu gloria: acuérdate, no invali­des tu pacto con nosotros.
JER 14:22 ¿Hay entre las vanidades de los gentiles quien haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, oh SEÑOR nuestro Dios? en ti pues esperamos; pues tú hiciste todas estas cosas.
JER 15:1 Y DÍJOME el SEÑOR: Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, mi voluntad no será con este pueblo: échalos de delante de mí, y salgan.
JER 15:2 Y será que si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho el SEÑOR: El que a muerte, a muerte; y el que a espada, a espada; y el que a ham­bre, a hambre; y el que a cautividad, a cautividad.
JER 15:3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros, dice el SEÑOR: espada para matar, y perros para despe­dazar, y aves del cielo y bestias de la tierra, para devorar y para disipar.
JER 15:4 Y entregarélos a ser agitados por todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalem.
JER 15:5 Porque ¿quién tendrá compa­sión de ti, oh Jerusalem? ¿o quién se entristecerá por tu causa? ¿o quién ha de venir a preguntar por tu paz?
JER 15:6 Tú me dejaste, dice el SEÑOR, atrás te volviste: por tanto yo extenderé sobre ti mi mano, y te destruiré; estoy cansado de arre­pentirme.
JER 15:7 Y aventélos con aventador hasta las puertas de la tierra; des­ahijé, desbaraté mi pueblo; no se tornaron de sus caminos.
JER 15:8 Sus viudas se multiplicaron más que la arena del mar; traje contra ellos destruidor a medio día sobre la madre [y] los hijos; sobre la ciudad hice que de repente cayesen terrores.
JER 15:9 Enflaquecióse la que parió siete; llenóse de dolor su alma; su sol se le puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena de confusión: y lo que de ella que­dare, entregarélo a espada delan­te de sus enemigos, dice el SEÑOR.
JER 15:10 ¡Ay de mí, madre mía, que me has engendrado hombre de con­tienda y hombre de discordia a toda la tierra! Nunca les di a logro, ni lo tomé de ellos; [y] todos me maldicen.
JER 15:11 Dijo el SEÑOR: De cierto, será bien con tu remanente; de cierto haré que el enemigo te salga a recibir en el tiempo traba­joso, y en el tiempo de angustia.
JER 15:12 ¿Quebrará el hierro al hierro de la parte del norte, y al acero?
JER 15:13 Tu sustancia y tus tesoros daré al saqueo sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todos tus términos;
JER 15:14 Y [te] haré pasar a tus enemigos en tierra que no conoces: porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros.
JER 15:15 Tú lo sabes, oh SEÑOR; acuérdate de mí, y visítame, y vén­game de mis enemigos. No me tomes en la prolongación de tu enojo: sabes que por amor de ti sufro afrenta.
JER 15:16 Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón: porque tu nombre se invocó sobre mí, oh SEÑOR Dios de los ejér­citos.
JER 15:17 No me senté en asamblea de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; sentéme solo, por­que me llenaste de desabrimien­to.
JER 15:18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió cura? ¿Serás para mí como [cosa] ilusoria, como aguas que no son estables?
JER 15:19 Por tanto así dijo el SEÑOR: Si te convirtieres, yo te repondré, y delante de mí estarás; y si saca­res lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
JER 15:20 Y te daré para este pueblo por fuerte muro de latón, y pelea­rán contra ti, y no te vencerán: porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice el SEÑOR.
JER 15:21 Y librarte he de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes.
JER 16:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 16:2 No tomarás para ti esposa, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar.
JER 16:3 Porque así ha dicho el SEÑOR acerca de los hijos y de las hijas que nacieren en este lugar, y de sus madres que los parieren, y de los padres que los engendraren en esta tierra:
JER 16:4 De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados: serán por muladar sobre la faz de la tierra: y con espada y con hambre serán con­sumidos, y sus cuerpos serán para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.
JER 16:5 Porque así ha dicho el SEÑOR: No entres en casa de luto, ni vayas a lamentar, ni los consue­les: porque yo he quitado mi paz de este pueblo, dice el SEÑOR, [mi] misericordia y piedades.
JER 16:6 Y morirán en esta tierra grandes y chicos: no se enterrarán, ni los plañirán, ni se arañarán, ni se mesarán por ellos;
JER 16:7 Ni por ellos partirán [pan] por luto, para consolarlos de [sus] muertos; ni les darán a beber copa de consolaciones por su padre o por su madre.
JER 16:8 Asimismo no entres en casa de convite, para sentarte con ellos a comer o a beber.
JER 16:9 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, toda voz de esposo y toda voz de esposa.
JER 16:10 Y acontecerá que cuando anunciares a este pueblo todas estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué habló el SEÑOR sobre noso­tros todo este mal tan grande? ¿y qué maldad es la nuestra, o qué pecado [es] el nuestro, que come­tiéramos contra el SEÑOR nues­tro Dios?
JER 16:11 Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice el SEÑOR, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron, y los adoraron, y me dejaron a mí, y no guardaron mi ley;
JER 16:12 Y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su mal­vado corazón, no oyéndome a mí.
JER 16:13 Por tanto, yo os haré echar de esta tierra a tierra que ni vosotros ni vuestros padres habéis conoci­do, y allá serviréis a dioses aje­nos de día y de noche; porque no os mostraré clemencia.
JER 16:14 Por tanto, he aquí vienen días, dice el SEÑOR, que no se dirá más: Vive el SEÑOR, que hizo subir a los hijos de Israel de tie­rra de Egipto;
JER 16:15 Sino: Vive el SEÑOR, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras a donde los había arro­jado: y volverélos a su tierra, la cual di a sus padres.
JER 16:16 He aquí que yo envío muchos pescadores, dice el SEÑOR, y los pescarán; y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán de todo monte, y de todo collado, y de las cavernas de los peñas­cos.
JER 16:17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos.
JER 16:18 Mas primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cuerpos muertos de sus abomi­naciones, y de sus abominacio­nes llenaron mi heredad.
JER 16:19 Oh SEÑOR, fortaleza mía, y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción; a ti ven­drán los gentiles desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho.
JER 16:20 ¿Ha de hacer el hombre dio­ses para sí? mas ellos no son dio­ses.
JER 16:21 Por tanto, he aquí, les enseña­ré de esta vez, enseñarles he mi mano y mi fortaleza, y sabrán que mi nombre es el SEÑOR.
JER 17:1 EL pecado de Judá escrito está con cincel de hierro, [y] con punta de diamante: esculpido está en la tabla de su corazón, y en los lados de vuestros altares;
JER 17:2 Cuando sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus bosques, junto a los árboles verdes y en los collados altos.
JER 17:3 Oh mi montaña en el campo, tu sustancia y todos tus tesoros daré a saqueo, por el pecado de tus lugares altos en todos tus términos.
JER 17:4 Y habrá en ti cesación de tu heredad, la cual yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, para siempre arderá.
JER 17:5 Así ha dicho el SEÑOR: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta del SEÑOR.
JER 17:6 Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra salada y deshabitada.
JER 17:7 Bendito el varón que se fía en el SEÑOR, y cuya confianza es el SEÑOR.
JER 17:8 Porque él será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto.
JER 17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
JER 17:10 Yo el SEÑOR, que escudriño el corazón, que pruebo las entrañas, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
JER 17:11 Como la perdiz que cubre [huevos] y no incuba, es el que allega riquezas, y no con justicia; en medio de sus días las dejará, y en su postrimería será insensato.
JER 17:12 Trono de gloria, excelso desde el principio, [es] el lugar de nuestro santuario.
JER 17:13 ¡Oh SEÑOR, esperanza de Israel! todos los que te dejan, serán avergonzados; y los que de mí se apartan, serán escritos en el polvo; porque dejaron al SEÑOR, manantial de aguas vivas.
JER 17:14 Sáname, oh SEÑOR, y seré sano; sálvame, y seré salvo: por­que tú eres mi alabanza.
JER 17:15 He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra del SEÑOR? venga ahora.
JER 17:16 Mas yo no me entrometí a ser pastor en pos de ti, ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi boca ha salido, fue en tu presencia.
JER 17:17 No me seas tú por espanto: esperanza mía eres tú en el día malo.
JER 17:18 Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre: trae sobre ellos día malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
JER 17:19 Así me ha dicho el SEÑOR: Ve, y ponte a la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá, y a todas las puertas de Jerusalem,
JER 17:20 Y diles: Oíd la palabra del SEÑOR, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los moradores de Jerusalem que entráis por estas puertas.
JER 17:21 Así ha dicho el SEÑOR: Guardaos por vuestras vidas, y no traigáis carga en el día del sábado, para meter por las puer­tas de Jerusalem;
JER 17:22 Ni saquéis carga de vuestras casas en el día del sábado, ni hagáis obra alguna: mas santifi­cad el día del sábado, como mandé a vuestros padres;
JER 17:23 Mas ellos no oyeron, ni incli­naron su oído, antes endurecie­ron su cerviz, por no oír, ni reci­bir corrección.
JER 17:24 Y sucederá, si vosotros me obedeciereis, dice el SEÑOR, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día del sábado, sino que santificaréis el día del sábado, no haciendo en él ningu­na obra;
JER 17:25 Que entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá, y los moradores de Jerusalem: y esta ciudad será habitada para siempre.
JER 17:26 Y vendrán de las ciudades de Judá, y de los alrededores de Jerusalem, y de tierra de Benjamín, y de los campos, y del monte, y del sur, trayendo holocausto y sacrificio, y ofrenda e incienso, y trayendo sacrificio de alabanza a la casa del SEÑOR.
JER 17:27 Mas si no me oyereis para santificar el día del sábado, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalem en día de sábado, yo haré encender fuego en sus puertas, y consumi­rá los palacios de Jerusalem, y no se apagará.
JER 18:1 LA palabra que fue a Jeremías del SEÑOR, diciendo:
JER 18:2 Levántate, y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.
JER 18:3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él hacía obra sobre la rueda.
JER 18:4 Y el vaso que él hacia de barro se quebró en la mano del alfare­ro; y tornó e hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo.
JER 18:5 Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 18:6 ¿No podré yo hacer de voso­tros como este alfarero, oh casa de Israel, dice el SEÑOR? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois voso­tros en mi mano, oh casa de Israel.
JER 18:7 En un instante hablaré contra naciones y contra reinos, para arrancar, y disipar, y destruir.
JER 18:8 Si esas naciones se con­virtieren de su maldad, de que habré hablado, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacer­les.
JER 18:9 Y en un instante hablaré de una nación y de un reino, para edificar y para plantar;
JER 18:10 Pero si hiciere lo malo delan­te de mis ojos, no obedeciendo mi voz, arrepentiréme del bien que había determinado hacerle.
JER 18:11 Ahora pues habla luego a todo hombre de Judá, y a los morado­res de Jerusalem, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros caminos y vuestras obras.
JER 18:12 Y dijeron: Es por demás: por­que en pos de nuestras imagina­ciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón.
JER 18:13 Por tanto, así dijo el SEÑOR: Preguntad ahora a las gentes, quién tal haya oído. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel.
JER 18:14 ¿Faltará la nieve del Líbano de la roca del campo? ¿faltarán las aguas frías que corren de leja­nas tierras?
JER 18:15 Porque mi pueblo me ha olvi­dado, incensando a la vanidad, les han hecho tropezar en sus caminos [de] las sendas antiguas, para que caminen en sendas, [en] un camino hollado;
JER 18:16 Para poner su tierra en desola­ción, y en silbos perpetuos; todo aquel que pasare por ella se maravillará, y meneará su cabe­za.
JER 18:17 Como viento solano los esparciré delante del enemigo; mostraréles las espaldas, y no el rostro, en el día de su perdición.
JER 18:18 Y dijeron: Venid, y tracemos maquinaciones contra Jeremías; porque la ley no faltará del sacer­dote, ni consejo del sabio, ni palabra del profeta. Venid e hirá­moslo de lengua, y no miremos a todas sus palabras.
JER 18:19 Oh SEÑOR, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo.
JER 18:20 ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira.
JER 18:21 Por tanto entrega sus hijos al hambre, y derrama su [sangre] por medio de la espada; y [sean] sus esposas privadas de sus hijos, y [sean] viudas; y sus maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes [sean] muertos a espada en la guerra.
JER 18:22 Oigase clamor de sus casas, cuando trajeres sobre ellos ejér­cito de repente: porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han escondido lazos.
JER 18:23 Mas tú, oh SEÑOR, conoces todo su consejo contra mí para muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de delante de tu rostro: y tropiecen delante de ti; haz [así] con ellos en el tiempo de tu furor.
JER 19:1 ASÍ dijo el SEÑOR: Ve, y compra una vasija de barro del alfarero, y [lleva contigo] de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los sacerdotes;
JER 19:2 Y saldrás al valle del hijo de Hinom, que está a la entrada de la puerta oriental, y publicarás allí las palabras que yo te habla­ré.
JER 19:3 Dirás pues: Oíd palabra del SEÑOR, oh reyes de Judá, y moradores de Jerusalem. Así dice el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que quien lo oyere, le retiñan los oídos.
JER 19:4 Porque me dejaron, y enajena­ron este lugar, y ofrecieron en él perfumes a dioses ajenos, los cuales no habían ellos conocido, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes;
JER 19:5 Y edificaron alto a Baal, para quemar con fuego sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.
JER 19:6 Por tanto, he aquí vienen días, dice el SEÑOR, que este lugar no se llamará más Tofet, ni Valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza.
JER 19:7 Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalem en este lugar; y haréles caer a espada delante de sus enemigos, y en las manos de los que buscan sus almas; y daré sus cuerpos para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra:
JER 19:8 Y pondré a esta ciudad por espanto y silbo: todo aquel que pasare por ella se maravillará, y silbará sobre todas sus plagas.
JER 19:9 Y haréles comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas; y cada uno comerá la carne de su amigo, en el cerco y en el apuro con que los estrecharán sus ene­migos y los que buscan sus almas.
JER 19:10 Y quebrarás la vasija ante los ojos de los varones que van con­tigo,
JER 19:11 Y les dirás: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra un vaso de alfarero, que no puede más restaurarse; y en Tofet se enterrarán, porque no habrá otro lugar para enterrar.
JER 19:12 Así haré a este lugar, dice el SEÑOR, y a sus moradores, poniendo esta ciudad como Tofet.
JER 19:13 Y las casas de Jerusalem, y las casas de los reyes de Judá, serán como el lugar de Tofet inmun­das, por todas las casas sobre cuyos tejados ofrecieron perfu­mes a todo el ejército del cielo, y vertieron libaciones a dioses aje­nos.
JER 19:14 Y volvió Jeremías de Tofet, a donde le envió el SEÑOR a pro­fetizar, y paróse en el patio de la casa del SEÑOR, y dijo a todo el pueblo:
JER 19:15 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hablé contra ella: porque han endurecido su cerviz, para no oír mis palabras.
JER 20:1 Y PASUR sacerdote, hijo de Imer, que presidía por príncipe en la casa del SEÑOR, oyó a Jeremías que profetizaba estas palabras.
JER 20:2 E hirió Pasur a Jeremías pro­feta, y púsole en el cepo que esta­ba a la puerta de Benjamín en lo alto, la cual [conducía] a la casa del SEÑOR.
JER 20:3 Y el día siguiente Pasur sacó a Jeremías del cepo. Díjole entonces Jeremías: El SEÑOR no ha llamado tu nombre Pasur, sino Magormisabib.
JER 20:4 Porque así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo te pondré en espanto a ti, y a todos los que bien te quie­ren, y caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán: y a todo Judá entregaré en mano del rey de Babilonia, y los llevará cau­tivos a Babilonia, y herirálos a espada.
JER 20:5 Entregaré asimismo toda la sustancia de esta ciudad, y todo su trabajo, y todas sus cosas pre­ciosas; y daré todos los tesoros de los reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán, y los tomarán, y llevaránlos a Babilonia.
JER 20:6 Y tú, Pasur, y todos los mora­dores de tu casa iréis cautivos, y entrarás en Babilonia, y allí morirás, y serás allá enterrado, tu, y todos los que bien te quie­ren, a los cuales has profetizado con mentira.
JER 20:7 Me engañaste, oh SEÑOR, y fui engañado: más fuerte eres que yo, y has prevalecido: cada día he sido escarnecido; cada cual se burla de mí.
JER 20:8 Porque desde que hablo, doy voces, grito, violencia y destruc­ción: porque la palabra del SEÑOR me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
JER 20:9 Entonces dije: No le mencionaré, ni hablaré más en su nombre. Pero [su palabra] fue en mi corazón como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, trabajé por sufrirlo, y no pude.
JER 20:10 Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, y denunciaremos. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, [decían], y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza.
JER 20:11 Mas el SEÑOR está conmigo como poderoso gigante; por tanto los que me persiguen trope­zarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; [tendrán] perpetua confusión que jamás será olvidada.
JER 20:12 Oh SEÑOR de los ejércitos, que sondas los justos, que ves las entrañas y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque a ti he descubierto mi causa.
JER 20:13 Cantad al SEÑOR, load al SEÑOR: porque librado ha el alma del pobre de mano de los malignos.
JER 20:14 Maldito el día en que nací: el día en que mi madre me parió no sea bendito.
JER 20:15 Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo, Hijo varón te ha nacido, hacién­dole alegrarse así mucho.
JER 20:16 Y sea el tal hombre como las ciudades que asoló el SEÑOR, y no se arrepintió: y oiga gritos de mañana, y voces al medio día;
JER 20:17 Porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su vientre concebimiento perpetuo.
JER 20:18 ¿Para qué salí del vientre? ¿para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?
JER 21:1 LA palabra que vino a Jeremías del SEÑOR, cuando el rey Sedequías envió a él a Pasur hijo de Malquías, y a Sofonías sacerdote, hijo de Maasías, que le dijesen:
JER 21:2 Inquiere ahora por nosotros del SEÑOR; porque Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra con­tra nosotros: quizá el SEÑOR hará con nosotros según todas sus maravillas, y aquél se irá de sobre nosotros.
JER 21:3 Y Jeremías les dijo: Diréis así a Sedequías:
JER 21:4 Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel: He aquí yo vuelvo las armas de guerra que están en vuestras manos, y con que voso­tros peleáis con el rey de Babilonia; y los caldeos que os tienen cercados fuera de la mura­lla, yo los juntaré en medio de esta ciudad.
JER 21:5 Y pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo fuerte, y con furor, y enojo, e ira grande:
JER 21:6 Y heriré los moradores de esta ciudad; y los hombres y las bes­tias morirán de pestilencia grande.
JER 21:7 Y después, así dice el SEÑOR, entregaré a Sedequías rey de Judá, y a sus criados, y al pueblo, y a los que quedaren en la ciudad de la pestilencia, y de la espada, y del hambre, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus ene­migos, y en mano de los que buscan sus almas; y él los herirá a filo de espada; no los perdonará, ni los recibirá a merced, ni tendrá de ellos misericordia.
JER 21:8 Y a este pueblo dirás: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte.
JER 21:9 El que se quedare en esta ciu­dad, morirá a espada, o de ham­bre, o pestilencia: mas el que saliere, y se pasare a los caldeos que os tienen cercados, vivirá, y su vida le será por despojo.
JER 21:10 Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice el SEÑOR: en mano del rey de Babilonia será entregada, y quemarála a fuego.
JER 21:11 Y a la casa del rey de Judá [dirás]: Oíd palabra del SEÑOR.
JER 21:12 Casa de David, así dijo el SEÑOR: Juzgad de mañana jui­cio, y librad al oprimido de mano del opresor; porque mi ira no salga como fuego, y se encienda, y no [haya] quien apague, por la maldad de vuestras obras.
JER 21:13 He aquí yo contra ti, morado­ra del valle de la peña de la lla­nura, dice el SEÑOR: los que decís: ¿Quién subirá contra nosotros? ¿y quién entrará en nuestras moradas?
JER 21:14 Yo os visitaré conforme al fruto de vuestras obras, dice el SEÑOR, y haré encender fuego en su breña, y consumirá todo lo que está alrededor de ella.
JER 22:1 ASÍ dijo el SEÑOR: Desciende a la casa del rey de Judá, y habla allí esta palabra,
JER 22:2 Y di: Oye palabra del SEÑOR, oh rey de Judá que estás sentado sobre el trono de David, tú, y tus criados, y tu pueblo que entran por estas puertas.
JER 22:3 Así ha dicho el SEÑOR: Haced juicio y justicia, y librad al opri­mido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar.
JER 22:4 Porque si efectivamente hicie­reis esta palabra, los reyes que en lugar de David se sienten sobre su trono, entrarán montados en carros y en caballos por las puer­tas de esta casa, ellos, y sus cria­dos, y su pueblo.
JER 22:5 Mas si no oyereis estas pala­bras, por mí he jurado, dice el SEÑOR, que esta casa será de­sierta.
JER 22:6 Porque así ha dicho el SEÑOR sobre la casa del rey de Judá: Galaad eres tú para mí, [y] cabeza del Líbano: [pero] de cierto te pondré en soledad, [y] ciudades deshabitadas.
JER 22:7 Y señalaré contra ti disipado­res, cada uno con sus armas; y cortarán tus cedros escogidos, y los echarán en el fuego.
JER 22:8 Y muchas naciones pasarán junto a esta ciudad, y dirán cada uno a su compañero: ¿Por qué lo hizo así el SEÑOR con esta grande ciudad?
JER 22:9 Y dirán: Porque dejaron el pacto del SEÑOR su Dios, y adoraron dioses ajenos, y les sir­vieron.
JER 22:10 No lloréis al muerto, ni de él os condolezcáis: llorad amarga­mente por el que va; porque no volverá jamás, ni verá la tierra donde nació.
JER 22:11 Porque así ha dicho el SEÑOR, de Salum hijo de Josías, rey de Judá, que reina por Josías su padre, que salió de este lugar: No volverá acá más;
JER 22:12 Antes morirá en el lugar adon­de lo llevaron cautivo, y no verá más esta tierra.
JER 22:13 ¡Ay del que edifica su casa y no en justicia, y sus salas y no en juicio, sirviéndose de su prójimo sin salario, y no dándole [el salario de] su trabajo!
JER 22:14 Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y airosas salas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón.
JER 22:15 ¿Reinarás porque te rodeas de cedro? ¿no comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien?
JER 22:16 Él juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto cono­cerme a mí? dice el SEÑOR.
JER 22:17 Mas tus ojos y tu corazón no son sino a tu avaricia, y a derramar la sangre inocente, y a opresión, y a hacer agravio.
JER 22:18 Por tanto así ha dicho el SEÑOR, de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llora­rán, [diciendo:] ¡Ay hermano mío! y ¡ay hermana! ni lo lamentarán, [diciendo:] ¡Ay señor! ¡ay su gran­deza!
JER 22:19 En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echán­dole fuera de las puertas de Jerusalem.
JER 22:20 Sube al Líbano, y clama, y en Basán da tu voz, y grita hacia todas partes; porque todos tus enamorados son quebrantados.
JER 22:21 Hete hablado en tus prosperi­dades; mas dijiste: No oiré. Éste [fue] tu camino desde tu juventud, que nunca oíste mi voz.
JER 22:22 A todos tus pastores pacerá el viento, y tus enamorados irán en cautiverio: entonces te avergon­zarás y te confundirás a causa de toda tu malicia.
JER 22:23 Habitaste en el Líbano, hicis­te tu nido en los cedros: ¡cómo gemirás cuando te vinieren dolo­res, dolor como de mujer que está de parto!
JER 22:24 Vivo yo, dice el SEÑOR, que si Conías hijo de Joacím rey de Judá fuese anillo en mi mano diestra, aun de allí te arrancaré;
JER 22:25 Y te entregaré en mano de los que buscan tu alma, y en mano de aquellos cuya vista temes; sí, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de los caldeos.
JER 22:26 Y hacerte he llevar cautivo, a ti, y a tu madre que te parió, a tie­rra ajena en que no nacisteis; y allá moriréis.
JER 22:27 Y a la tierra a la cual levantan ellos su alma para tornar, allá no volverán.
JER 22:28 ¿Es este hombre Conías un ídolo vil quebrado? ¿es vaso con quien nadie se deleita? ¿Por qué fueron arrojados, él y su genera­ción, y echados a tierra que no habían conocido?
JER 22:29 ¡Tierra, tierra, tierra! oye pala­bra del SEÑOR.
JER 22:30 Así dice el SEÑOR: Escribid este hombre privado de hijos, hombre que no prosperará en sus días: porque ningún hombre de su simiente prosperará, para sentarse sobre el trono de David, y gobernar más sobre Judá.
JER 23:1 ¡AY de los pastores que des­perdician y derraman las ovejas de mi majada! dice el SEÑOR.
JER 23:2 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel a los pas­tores que apacientan mi pueblo: Vosotros derramasteis mis ove­jas, y las espantasteis, y no las habéis visitado: he aquí yo visito sobre vosotros la maldad de vuestras obras, dice el SEÑOR.
JER 23:3 Y yo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán, y se multiplicarán.
JER 23:4 Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se asombrarán, ni serán menoscabadas, dice el SEÑOR.
JER 23:5 He aquí que vienen días, dice el SEÑOR, en los cuales levantaré a David un Renuevo justo, y un Rey reina­rá y prosperará, y hará juicio y justicia en la tierra.
JER 23:6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado: y éste [será] su nombre que le llamarán: EL SEÑOR, JUSTICIA NUES­TRA.
JER 23:7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice el SEÑOR, y no dirán más: Vive el SEÑOR que hizo subir los hijos de Israel de la tie­rra de Egipto;
JER 23:8 Sino: Vive el SEÑOR que hizo subir y trajo la simiente de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había yo echado; y habitarán en su tierra.
JER 23:9 A causa de los profetas mi corazón está quebrantado en medio de mí, todos mis huesos tiemblan; estuve como hombre borracho, y como hombre a quien dominó el vino, delante del SEÑOR y delante de las palabras de su santidad.
JER 23:10 Porque la tierra está llena de adúlteros: porque a causa del juramento la tierra está desierta; las cabañas del desierto se seca­ron; la carrera de ellos fue mala, y su fortaleza no derecha.
JER 23:11 Porque así el profeta como el sacerdote son fingidos: aun en mi casa hallé su maldad, dice el SEÑOR.
JER 23:12 Por tanto, como resbaladeros en oscuridad les será su camino: serán empujados, y caerán en él: porque yo traeré mal sobre ellos, año de su visitación, dice el SEÑOR.
JER 23:13 Y en los profetas de Samaria he visto desatinos: profetizaban en Baal, e hicieron errar a mi pueblo Israel.
JER 23:14 Y en los profetas de Jerusalem he visto torpezas: cometían adul­terios, y andaban en mentiras, y esforzaban las manos de los malos, para que ninguno se con­virtiese de su malicia: fuéronme todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.
JER 23:15 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber aguas de hiel; porque de los profetas de Jerusalem salió la hipocresía sobre toda la tierra.
JER 23:16 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: No escuchéis las pala­bras de los profetas que os profe­tizan: os hacen desvanecer; hablan visión de su corazón, no de la boca del SEÑOR.
JER 23:17 Dicen atrevidamente a los que me irritan: el SEÑOR dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la imaginación de su cora­zón, dijeron: No vendrá mal sobre vosotros.
JER 23:18 Porque ¿quién estuvo en el secreto del SEÑOR, y vio, y oyó su palabra? ¿quién estuvo atento a su palabra, y oyó?
JER 23:19 He aquí que la tempestad del SEÑOR saldrá con furor; y la tempestad que está aparejada, caerá sobre la cabeza de los malos.
JER 23:20 No se apartará el furor del SEÑOR, hasta tanto que haya hecho, y hasta tanto que haya cumplido los pensamientos de su corazón: en lo postrero de los días lo entenderéis cumplida­mente.
JER 23:21 No envié yo aquellos profe­tas, y ellos corrían: yo no les hablé, y ellos profetizaban.
JER 23:22 Y si ellos hubieran estado en mi secreto, también hubieran hecho oír mis palabras a mi pue­blo; y les hubieran hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.
JER 23:23 ¿Soy yo Dios de poco acá, dice el SEÑOR, y no Dios de mucho ha?
JER 23:24 ¿Ocultaráse alguno, dice el SEÑOR, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No hincho yo, dice el SEÑOR, el cielo y la tierra?
JER 23:25 Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé.
JER 23:26 ¿Hasta cuándo será esto en el corazón de los profetas que pro­fetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?
JER 23:27 ¿No piensan como hacen a mi pueblo olvidarse de mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?
JER 23:28 El profeta con quien fuere sueño, cuente sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué [tiene que ver] la paja con el trigo? dice el SEÑOR.
JER 23:29 ¿No es mi palabra como el fuego, dice el SEÑOR, y como martillo que quebranta la roca?
JER 23:30 Por tanto, he aquí yo contra los profetas, dice el SEÑOR, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.
JER 23:31 He aquí yo contra los profe­tas, dice el SEÑOR, que endul­zan sus lenguas, y dicen: Él ha dicho.
JER 23:32 He aquí yo contra los que pro­fetizan sueños mentirosos, dice el SEÑOR, y contáronlos, e hicieron errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas: y yo no los envié, ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice el SEÑOR.
JER 23:33 Y cuando te preguntare este pueblo, o el profeta, o el sacerdo­te, diciendo: ¿Qué es la carga del SENOR? les dirás: ¿Qué carga? Os dejaré, ha dicho el SEÑOR.
JER 23:34 Y el profeta, y el sacerdote, o el pueblo, que dijere: Carga del SEÑOR; yo enviaré castigo sobre tal hombre y sobre su casa.
JER 23:35 Así diréis cada cual a su compañero, y cada cual a su hermano: ¿Qué ha respondido el SEÑOR, y qué habló el SEÑOR?
JER 23:36 Y nunca más os vendrá a la memoria [decir:] Carga del SEÑOR: porque la palabra de cada uno le será por carga; pues pervertisteis las palabras del Dios viviente, del SEÑOR de los ejérci­tos, Dios nuestro.
JER 23:37 Así dirás al profeta: ¿Qué te respondió el SEÑOR, y qué habló el SEÑOR?
JER 23:38 Mas si dijereis: Carga del SEÑOR: por eso el SEÑOR dice así: Porque dijisteis esta palabra, Carga del SEÑOR, habiendo enviado a deciros: No digáis, Carga del SEÑOR:
JER 23:39 Por tanto, he aquí que yo os echaré en olvido, y os arrancaré de mi presencia, y a la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres;
JER 23:40 Y pondré sobre vosotros afrenta perpetua, y eterna confusión que nunca borrará el olvido.
JER 24:1 MOSTRÓME el SEÑOR, y he aquí dos cestas de higos puestas delante del templo del SEÑOR, después de haber llevado cautivo Nabucodonosor rey de Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a los príncipes de Judá, y a los oficiales y herreros de Jerusalem, y haberlos llevado a Babilonia.
JER 24:2 La una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que no se podían comer de malos.
JER 24:3 Y díjome el SEÑOR: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos, higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer.
JER 24:4 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 24:5 Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel: Como a estos buenos higos, así conoceré a los llevados a cautiverio de Judá, a los cuales eché de este lugar a tierra de caldeos, para bien.
JER 24:6 Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y volverélos a esta tierra; y los edificaré, y no los destruiré: plantarélos, y no los arrancaré.
JER 24:7 Y les daré corazón para que me conozcan, que yo soy el SEÑOR: y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.
JER 24:8 Y como los malos higos, que de malos no se pueden comer, así, ha dicho el SEÑOR, daré a Sedequías rey de Judá, y a sus príncipes, y al resto de Jerusalem que quedaron en esta tierra, y que moran en la tierra de Egipto.
JER 24:9 Y darélos por escarnio, por mal a todos los reinos de la tierra: por infamia, y por ejemplo, y por refrán, y por maldición a todos los lugares adonde yo los arrojaré.
JER 24:10 Y enviaré sobre ellos espada, hambre, y pestilencia, hasta que sean acabados de sobre la tierra que les di a ellos y a sus padres.
JER 25:1 LA palabra que fue a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual es el año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia;
JER 25:2 La cual habló Jeremías profeta a todo el pueblo de Judá, y a todos los moradores de Jerusalem, diciendo:
JER 25:3 Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí la palabra del SEÑOR, y os he hablado, madrugando y dando aviso; mas no oisteis.
JER 25:4 Y envió el SEÑOR a vosotros todos sus siervos los profetas, madrugando y enviándolos; mas no oisteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar,
JER 25:5 Cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y morad en la tierra que os dio el SEÑOR, a vosotros y a vuestros padres para siempre;
JER 25:6 Y no vayáis en pos de dioses ajenos para servirles, ni para adorarles, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal.
JER 25:7 Pero no me habéis oído, dice el SEÑOR, para provocar­me a ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro.
JER 25:8 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis pala­bras,
JER 25:9 He aquí enviaré yo, y tomaré todos los linajes del norte, dice el SEÑOR, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y traerélos contra esta tierra, y con­tra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y pondrélos por escar­nio, y por silbo, y en soledades perpetuas.
JER 25:10 Y haré que perezca de entre ellos voz de gozo y voz de ale­gría, voz de desposado y voz de desposada, ruido de muelas, y luz de lámpara.
JER 25:11 Y toda esta tierra será puesta en soledad, en espanto; y servi­rán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.
JER 25:12 Y será que, cuando fueren cumplidos los setenta años, visi­taré sobre el rey de Babilonia y sobre aquella nación su maldad, ha dicho el SEÑOR, y sobre la tierra de los caldeos; y pondréla en desiertos para siempre.
JER 25:13 Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he habla­do contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profeti­zado por Jeremías contra todas naciones.
JER 25:14 Porque se servirán también de ellos muchas naciones, y reyes grandes; y yo les pagaré confor­me a sus hechos, y conforme a la obra de sus manos.
JER 25:15 Porque así me dijo el SEÑOR Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y da a beber de ella a todas las naciones a las cuales yo te envío.
JER 25:16 Y beberán, y temblarán, y enloquecerán delante de la espa­da que yo envío entre ellos.
JER 25:17 Y tomé la copa de la mano del SEÑOR, y di de beber a todas las naciones a las cuales me envió el SEÑOR:
JER 25:18 A Jerusalem, a las ciudades de Judá, y a sus reyes, y a sus príncipes, para ponerlos en soledad, en escarnio, y en silbo, y en mal­dición, como este día;
JER 25:19 A Faraón rey de Egipto, y a sus siervos, a sus príncipes, y a todo su pueblo;
JER 25:20 Y a toda la mezcla de gente, y a todos los reyes de tierra de Hus, y a todos los reyes de tierra de Palestina, y a Ascalón, y Gaza, y Ecrón, y al remanente de Asdod;
JER 25:21 A Edom, y Moab, y a los hijos de Amón;
JER 25:22 Y a todos los reyes de Tiro, y a todos los reyes de Sidón, y a los reyes de las islas que están de ese lado del mar;
JER 25:23 Y a Dedán, y Tema, y Buz, y a todos los que están al cabo del mundo;
JER 25:24 Y a todos los reyes de Arabia, y a todos los reyes de pueblos mezclados que habitan en el desierto;
JER 25:25 Y a todos los reyes de Zimri, y a todos los reyes de Elam, y a todos los reyes de Media;
JER 25:26 Y a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros; y a todos los reinos de la tierra que están sobre la faz de la tierra: y el rey de Sesac beberá después de ellos.
JER 25:27 Les dirás, pues: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levan­téis delante de la espada que yo envío entre vosotros.
JER 25:28 Y será que, si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Habéis de beber.
JER 25:29 Porque he aquí, que a la ciu­dad sobre la cual es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absuel­tos? No seréis absueltos: porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra, dice el SEÑOR de los ejércitos.
JER 25:30 Tú pues, profetizarás a ellos todas estas palabras, y les dirás: el SEÑOR bramará desde lo alto, y desde la morada de su santidad dará su voz: enfurecido rugirá sobre su morada; canción de lagareros cantará contra todos los moradores de la tierra.
JER 25:31 Llegó el estruendo hasta el cabo de la tierra; porque juicio del SEÑOR con las naciones: él es el Juez de toda carne; entregará los impíos a espada, dice el SEÑOR.
JER 25:32 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: He aquí que el mal sale de nación en nación, y grande tem­pestad se levantará de los fines de la tierra.
JER 25:33 Y serán muertos del SEÑOR en aquel día desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo; no se endecharán, ni se recogerán, ni serán enterrados; como estiércol serán sobre la faz de la tierra.
JER 25:34 Aullad, pastores, y clamad; y revolcaos [en el polvo], mayorales del rebaño; porque cumplidos son vuestros días para ser voso­tros degollados y esparcidos, y caeréis como vaso de codicia.
JER 25:35 Y acabaráse la huída de los pastores, y el escape de los mayorales del rebaño.
JER 25:36 ¡Voz de la grita de los pasto­res, y aullido de los mayorales del rebaño! porque el SEÑOR asoló sus majadas.
JER 25:37 Y las majadas quietas serán taladas por el furor de la ira del SEÑOR.
JER 25:38 Dejó cual leoncillo su guari­da; pues asolada fue la tierra de ellos por la ira del opresor, y por el furor de su saña.
JER 26:1 EN el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del SEÑOR, diciendo:
JER 26:2 Así ha dicho el SEÑOR: Ponte en el patio de la casa del SEÑOR, y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen para adorar en la casa del SEÑOR, todas las palabras que yo te mandé les hablases; no retengas palabra.
JER 26:3 Quizá oirán, y se tornarán cada uno de su mal camino; y arrepentiréme yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras.
JER 26:4 Les dirás pues: Así ha dicho el SEÑOR: Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual di delan­te de vosotros,
JER 26:5 Para atender a las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío, madrugando en enviar­los, a los cuales no habéis oído;
JER 26:6 Yo pondré esta casa como Silo, y daré esta ciudad en maldición a todas las naciones de la tierra.
JER 26:7 Y los sacerdotes, los profetas, y todo el pueblo, oyeron a Jeremías hablar estas palabras en la casa del SEÑOR.
JER 26:8 Y fue que, acabando de hablar Jeremías todo lo que el SEÑOR le había mandado que hablase a todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: De cierto morirás.
JER 26:9 ¿Por qué has profetizado en nombre del SEÑOR, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no [que­dar] morador? Y juntóse todo el pueblo contra Jeremías en la casa del SEÑOR.
JER 26:10 Y los príncipes de Judá oye­ron estas cosas, y subieron de casa del rey a la casa del SEÑOR; y sentáronse en la entrada de la puerta nueva del SEÑOR.
JER 26:11 Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como voso­tros habéis oído con vuestros oídos.
JER 26:12 Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: el SEÑOR me envió a que profetizase contra esta casa y contra esta ciudad, todas las pala­bras que habéis oído.
JER 26:13 Y ahora, mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y obedeced la voz del SEÑOR vuestro Dios, y arrepentiráse el SEÑOR del mal que ha hablado contra voso­tros.
JER 26:14 En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos: haced de mí como mejor y más recto os pareciere.
JER 26:15 Mas sabed de cierto que, si me matareis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus morado­res: porque en verdad el SEÑOR me envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos.
JER 26:16 Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y pro­fetas: No ha incurrido este hom­bre en pena de muerte, porque en nombre del SEÑOR nuestro Dios nos ha hablado.
JER 26:17 Entonces se levantaron cier­tos de los ancianos de la tierra, y hablaron a toda la asamblea del pue­blo, diciendo:
JER 26:18 Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezequías rey de Judá, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Sión será arada como campo, y Jerusalem vendrá a ser monto­nes, y el monte del templo en cumbres de bosque.
JER 26:19 ¿Matáronlo luego Ezequías rey de Judá y todo Judá? ¿no temió al SEÑOR, y oró en pre­sencia del SEÑOR, y el SEÑOR se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Haremos pues nosotros tan grande mal contra nuestras almas?
JER 26:20 Hubo también un hombre que profetizaba en nombre del SEÑOR, Urías, hijo de Semaías de Quiriat-jearim, el cual profe­tizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías:
JER 26:21 Y oyó sus palabras el rey Joacim, y todos sus grandes, y todos sus príncipes, y el rey pro­curó de matarle; lo cual enten­diendo Urías, tuvo temor, y huyó, y metióse en Egipto:
JER 26:22 Y el rey Joacim envió hom­bres a Egipto, a Elnatán hijo de Acbor, y otros hombres con él, a Egipto;
JER 26:23 Los cuales sacaron a Urías de Egipto, y lo trajeron al rey Joacim, e hiriólo a espada, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo.
JER 26:24 Sin embargo la mano de Ahicam hijo de Safán era con Jeremías, porque no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo.
JER 27:1 EN el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino del SEÑOR esta palabra a Jeremías, diciendo:
JER 27:2 El SEÑOR me ha dicho así: Hazte bandas y yugos, y pon­los sobre tu cuello;
JER 27:3 Y los enviarás al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Amón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los embajadores que vienen a Jerusalem a Sedequías, rey de Judá.
JER 27:4 Y les mandarás que digan a sus señores: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Así habéis de decir a vuestros señores:
JER 27:5 Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi grande poten­cia y con mi brazo extendido, y díla a quien me plugo.
JER 27:6 Y ahora yo he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.
JER 27:7 Y todas las naciones le servirán a él, y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiem­po de su misma tierra; y le servi­rán muchas naciones y reyes grandes.
JER 27:8 Y será, que la nación y el reino que no sirviere a Nabucodonosor rey de Babilonia, y que no pusie­re su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, con espada y con hambre y con pestilencia visitaré a la tal nación, dice el SEÑOR, hasta que los acabe yo por su mano.
JER 27:9 Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros sueños, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia.
JER 27:10 Porque ellos os profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y perezcáis.
JER 27:11 Mas la gente que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, y le sirviere, haréla dejar en su tierra, dice el SEÑOR, y labrarála, y morará en ella.
JER 27:12 Y hablé también a Sedequías rey de Judá conforme a todas estas palabras, diciendo: Someted vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, y ser­vid a él y a su pueblo, y vivid.
JER 27:13 ¿Por qué moriréis, tú y tu pue­blo, a espada, de hambre, y pes­tilencia, según ha dicho el SEÑOR a la nación que no sirvie­re al rey de Babilonia?
JER 27:14 No oigáis las palabras de los profetas que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia; porque os profetizan mentira.
JER 27:15 Porque yo no los envié, dice el SEÑOR, y ellos profetizan fal­samente en mi nombre, para que yo os arroje, y perezcáis, vosotros y los profetas que os profeti­zan.
JER 27:16 También a los sacerdotes y a todo este pueblo hablé, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: No oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan dicien­do: He aquí que los vasos de la casa del SEÑOR volverán de Babilonia ahora presto; porque os profetizan mentira.
JER 27:17 No los oigáis; servid al rey de Babilonia, y vivid: ¿por qué ha de ser desierta esta ciudad?
JER 27:18 Y si ellos son profetas, y si es con ellos palabra del SEÑOR, oren ahora al SEÑOR de los ejércitos, que los vasos que han quedado en la casa del SEÑOR y en la casa del rey de Judá y en Jerusalem, no vayan a Babilonia.
JER 27:19 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos de aque­llas columnas, y del mar, y de las basas, y del resto de los vasos que quedan en esta ciudad,
JER 27:20 Que no quitó Nabucodonosor rey de Babilonia, cuando llevó cautivo de Jerusalem a Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los nobles de Judá y de Jerusalem:
JER 27:21 Así pues ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de los vasos que quedaron en la casa del SEÑOR, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalem:
JER 27:22 A Babilonia serán transportados, y allí estarán hasta el día en que yo los visitaré, dice el SEÑOR; y después los haré subir, y restituirélos a este lugar.
JER 28:1 Y ACONTECIÓ en el mismo año, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Hananías, hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la casa del SEÑOR delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo:
JER 28:2 Así habló el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, dicien­do: Quebranté el yugo del rey de Babilonia.
JER 28:3 Dentro de dos años de días tor­naré a este lugar todos los vasos de la casa del SEÑOR, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, llevó de este lugar para meterlos en Babilonia;
JER 28:4 Y yo tornaré a este lugar a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los cautivos de Judá que entraron en Babilonia, dice el SEÑOR; porque yo que­brantaré el yugo del rey de Babilonia.
JER 28:5 Entonces respondió Jeremías profeta a Hananías profeta, delante de los sacerdotes y delan­te de todo el pueblo que estaba en la casa del SEÑOR.
JER 28:6 Y dijo Jeremías profeta: Amén, así lo haga el SEÑOR. Confirme el SEÑOR tus palabras, con las cuales profetizaste que los vasos de la casa del SEÑOR, y todos los llevados cautivos, han de ser tornados de Babilonia a este lugar.
JER 28:7 Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos y en los oídos de todo el pueblo:
JER 28:8 Los profetas que fueron antes de mí y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron sobre muchas tierras y grandes reinos, de guerra, y de aflicción, y de pestilencia.
JER 28:9 El profeta que profetizó de paz, cuando sobreviniere la palabra del profeta, será conocido el pro­feta que el SEÑOR en verdad lo envió.
JER 28:10 Entonces Hananías profeta quitó el yugo del cuello de Jeremías profeta, y quebrólo.
JER 28:11 Y habló Hananías en presen­cia de todo el pueblo, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: De esta manera quebraré el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones dentro de dos años de días. Y fuese Jeremías su cami­no.
JER 28:12 Y después que Hananías pro­feta quebró el yugo del cuello de Jeremías profeta, vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 28:13 Ve, y habla a Hananías, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: Yugos de madera que­braste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro.
JER 28:14 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro puse sobre el cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor rey de Babilonia, y han de servir­le; y aun también le he dado las bestias del campo.
JER 28:15 Entonces dijo el profeta Jeremías a Hananías profeta: Ahora oye, Hananías; el SEÑOR no te envió, y tú has hecho con­fiar a este pueblo en mentira.
JER 28:16 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo te envío de sobre la faz de la tierra: mori­rás en este año, porque hablaste rebelión contra el SEÑOR.
JER 28:17 Y en el mismo año murió Hananías en el mes séptimo.
JER 29:1 Y ÉSTAS [son] las palabras de la carta que Jeremías profeta envió de Jerusalem a los ancianos que habían quedado de los transportados cautivos, y a los sacerdotes y profetas, y a todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalem a Babilonia:
JER 29:2 (Después que salió el rey Jeconías y la reina, y los del pa­lacio, y los príncipes de Judá y de Jerusalem, y los artífices, y los ingenieros de Jerusalem;)
JER 29:3 Por mano de Elasa hijo de Safán, y de Jemarías hijo de Hil-quías, (los cuales envió Sedequías rey de Judá a Babilonia, a Nabucodonosor rey de Babilonia,) diciendo:
JER 29:4 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice trans­portar de Jerusalem a Babilonia:
JER 29:5 Edificad casas, y morad; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos;
JER 29:6 Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad esposas a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que paran hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os hagáis pocos.
JER 29:7 Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice ser llevados cau­tivos, y rogad por ella al SEÑOR; porque en su paz ten­dréis vosotros paz.
JER 29:8 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vues­tros adivinos; ni miréis a vues­tros sueños que soñáis.
JER 29:9 Porque falsamente os profeti­zan ellos en mi nombre: no los envié, ha dicho el SEÑOR.
JER 29:10 Porque así dijo el SEÑOR: Cuando en Babilonia se cum­plieren los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre voso­tros mi buena palabra, para tor­naros a este lugar.
JER 29:11 Porque yo sé los pensamien­tos que tengo acerca de vosotros, dice el SEÑOR, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
JER 29:12 Entonces me invocaréis, e iréis y oraréis a mí, y yo os oiré:
JER 29:13 Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.
JER 29:14 Y seré hallado de vosotros, dice el SEÑOR, y tornaré vuestra cautividad, y os juntaré de todas las naciones, y de todos los lugares adonde os arrojé, dice el SEÑOR; y os haré volver al lugar de donde os hice ser lleva­dos.
JER 29:15 Mas habéis dicho: el SEÑOR nos ha suscitado profetas en Babilonia.
JER 29:16 Así ha dicho el SEÑOR, del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con vosotros en cautiverio;
JER 29:17 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: He aquí envío yo con­tra ellos espada, hambre, y pesti­lencia, y pondrélos como los malos higos, que de malos no se pueden comer.
JER 29:18 Y perseguirélos con espada, con hambre y con pestilencia; y darélos por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por silbo y por afrenta a todas las naciones a las cuales los habré arrojado;
JER 29:19 Porque no oyeron mis pala­bras, dice el SEÑOR, que les envié por mis siervos los profe­tas, madrugando en enviarlos; y no habéis escuchado, dice el SEÑOR.
JER 29:20 Oíd pues la palabra del SEÑOR, vosotros todos los del cautiverio que eché de Jerusalem a Babilonia.
JER 29:21 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Acab hijo de Colías, y acer­ca de Sedequías hijo de Maasías, quienes os profetizan en mi nom­bre falsamente: He aquí los entre­go yo en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y él los herirá delante de vuestros ojos;
JER 29:22 Y todos los cautivos de Judá que están en Babilonia, tomarán de ellos maldición, diciendo: Póngate el SEÑOR como a Sedequías y como a Acab, los cuales asó al fuego el rey de Babilonia.
JER 29:23 Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con las esposas de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi nombre palabra que no les mandé; lo cual yo sé, y soy testi­go, dice el SEÑOR.
JER 29:24 Y a Semaías de Nehelam hablarás, diciendo:
JER 29:25 Así habló el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, dicien­do: Por cuanto enviaste letras en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalem, y a Sofonías sacerdote hijo de Maasías, y a todos los sacerdotes, diciendo:
JER 29:26 El SEÑOR te ha puesto por sacerdote en lugar de Joiada sacerdote, para que presidáis en la casa del SEÑOR sobre todo hombre furioso y profetizante, poniéndolo en el calabozo y en el cepo.
JER 29:27 ¿Por qué pues no has ahora reprendido a Jeremías de Anatot, que os profetiza [falsamente?]
JER 29:28 Porque por eso nos envió a decir en Babilonia: Largo va [el cautiverio]: edificad casas, y morad; plantad huertos, y comed el fruto de ellos.
JER 29:29 Y Sofonías sacerdote había leído esta carta a oídos de Jeremías profeta.
JER 29:30 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 29:31 Envía a decir a toda la transmi­gración: Así ha dicho el SEÑOR de Semaías de Nehelam: Porque os profetizó Semaías, y yo no lo envié, y os hizo confiar en menti­ra:
JER 29:32 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo visito sobre Semaías de Nehelam, y sobre su generación: no tendrá varón que more entre este pue­blo, ni verá aquel bien que haré yo a mi pueblo, dice el SEÑOR: porque contra el SEÑOR ha hablado rebelión.
JER 30:1 LA palabra que fue a Jeremías del SEÑOR, diciendo:
JER 30:2 Así habló el SEÑOR Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado.
JER 30:3 Porque he aquí que vienen días, dice el SEÑOR, en que tor­naré la cautividad de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho el SEÑOR, y harélos volver a la tierra que di a sus padres, y la poseerán.
JER 30:4 Éstas pues [son] las palabras que habló el SEÑOR acerca de Israel y de Judá.
JER 30:5 Porque así ha dicho el SEÑOR: Hemos oído voz de temblor: espanto, y no paz.
JER 30:6 Preguntad ahora, y mirad si pare el varón: porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer de parto y hanse tornado pálidos todos los rostros.
JER 30:7 ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él: tiempo de angustia para Jacob; mas de ella será librado.
JER 30:8 Y será en aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos, que yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus bandas, y extra­ños no lo volverán más a poner en servidumbre,
JER 30:9 Sino que servirán al SEÑOR su Dios, y a David su rey, el cual les levantaré.
JER 30:10 Tú pues, siervo mío Jacob, no temas, dice el SEÑOR, ni te ate­morices, Israel: porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos, y a tu simiente de la tierra de su cautividad; y Jacob tornará, y descansará y sosegará, y no habrá quien le espante.
JER 30:11 Porque yo soy contigo, dice el SEÑOR, para salvarte: y haré consumación en todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero en ti no haré consumación, sino que te castigaré con juicio, y no te talaré del todo.
JER 30:12 Porque así ha dicho el SEÑOR: Desahuciado es tu quebranta­miento, y dificultosa tu llaga.
JER 30:13 No hay quien juzgue tu causa para salvación: no hay para ti efi­caces medicamentos.
JER 30:14 Todos tus enamorados te olvi­daron; no te buscan; porque de herida de enemigo te herí, con azote de cruel, a causa de la muchedumbre de tu maldad, y de la multitud de tus pecados.
JER 30:15 ¿Por qué gritas a causa de tu herida? Incurable es tu dolor: por causa de la grandeza de tu iniqui­dad, y por tus muchos pecados te he hecho esto.
JER 30:16 Por tanto serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus afligidores, todos irán en cautiverio; y hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa.
JER 30:17 Mas yo haré venir sanidad para ti, y te sanaré de tus heridas, dice el SEÑOR; porque Arrojada te llamaron, [diciendo:] Ésta es Sión, a la que nadie busca.
JER 30:18 Así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo hago tornar la cautividad de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia; y la ciudad será edificada sobre su collado, y el templo será asenta­do según su forma.
JER 30:19 Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de gente que está en regocijo: y los multiplicaré, y no serán disminuídos; multipli­carélos, y no serán menoscaba­dos.
JER 30:20 Y serán sus hijos como de primero, y su congregación delante de mí será confirmada; y visitaré a todos sus opresores.
JER 30:21 Y de él será su fuerte, y de en medio de él saldrá su enseñorea­dor; y haréle llegar cerca, y acer­caráse a mí: porque ¿quién es aquel que ablandó su corazón para llegarse a mí? dice el SEÑOR.
JER 30:22 Y me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios.
JER 30:23 He aquí, la tempestad del SEÑOR sale con furor, la tem­pestad que se apareja; sobre la cabeza de los impíos reposará.
JER 30:24 No se volverá la ira del enojo del SEÑOR, hasta que haya hecho y cumplido los pensa­mientos de su corazón: en el fin de los días entenderéis esto.
JER 31:1 EN aquel tiempo, dice el SEÑOR, yo seré por Dios a todos los linajes de Israel, y ellos me serán a mí por pueblo.
JER 31:2 Así ha dicho el SEÑOR: Halló gracia en el desierto el pueblo, los que escaparon de la espada, yendo [yo] para hacer hallar reposo a Israel.
JER 31:3 El SEÑOR se manifestó a mí ya mucho tiempo há, [diciendo:] Con amor eterno te he amado; por tanto te soporté con miseri­cordia.
JER 31:4 Aun te edificaré, y serás edifi­cada, oh virgen de Israel: todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en corro de danzantes.
JER 31:5 Aun plantarás viñas en los montes de Samaria: plantarán los plantadores, y harán común uso [de ellas.]
JER 31:6 Porque habrá día en que cla­marán los guardas en el monte de Efraím: Levantaos, y subamos a Sión, al SEÑOR nuestro Dios.
JER 31:7 Porque así ha dicho el SEÑOR: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: Oh SEÑOR, salva tu pue­blo, el remanente de Israel.
JER 31:8 He aquí yo los vuelvo de tierra del norte, y los juntaré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer preñada y la parida juntamente; en grande compañía tornarán acá.
JER 31:9 Irán con lloro, mas con miseri­cordias los haré volver, y harélos andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán: porque soy a Israel por padre, y Efraím es mi pri­mogénito.
JER 31:10 Oíd palabra del SEÑOR, oh naciones, y hacedlo saber en las islas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo juntará y guardará, como pastor a su gana­do.
JER 31:11 Porque el SEÑOR redimió a Jacob, redimiólo de mano del más fuerte que él.
JER 31:12 Y vendrán, y harán alabanzas en lo alto de Sión, y correrán al bien del SEÑOR, al pan, y al vino, y al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, ni nunca más tendrán dolor.
JER 31:13 Entonces la virgen se holgará en la danza, los mozos y los vie­jos juntamente; y su lloro tornaré en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.
JER 31:14 Y el alma del sacerdote embriagaré de grosura, y será mi pueblo saciado de mi bien, dice el SEÑOR.
JER 31:15 Así ha dicho el SEÑOR: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo: Raquel que lamenta por sus hijos, no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque pere­cieron.
JER 31:16 Así ha dicho el SEÑOR: Reprime tu voz del llanto, y tus ojos de las lágrimas; porque sala­rio hay para tu obra, dice el SEÑOR, y volverán de la tierra del enemigo.
JER 31:17 Esperanza también hay para tu fin, dice el SEÑOR, y los hijos volverán a su término.
JER 31:18 Escuchando, he oído a Efraím que se lamentaba: Azotásteme, y fui castigado como novillo indómito: conviérteme y seré convertido; porque tú eres el SEÑOR mi Dios.
JER 31:19 Porque después que me con­vertí, tuve arrepentimiento, y des­pués que me conocí, herí el muslo: avergoncéme y confundíme, por­que llevé la afrenta de mis moce­dades.
JER 31:20 ¿No es Efraím hijo precioso para mí? ¿no es niño delicioso? pues desde que hablé de él, heme acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmo­vieron por él: apiadado, tendré de él misericordia, dice el SEÑOR.
JER 31:21 Establécete señales, ponte majanos altos; nota atentamente la calzada, el camino por donde viniste: vuélvete, virgen de Israel, vuélvete a estas tus ciuda­des.
JER 31:22 ¿Hasta cuándo andarás erran­te, oh hija contumaz? porque el SEÑOR ha creado una cosa nueva sobre la tierra: una mujer rodeará al varón.
JER 31:23 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Aun dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo convertiré su cautiverio: el SEÑOR te bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo.
JER 31:24 Y morarán allí Judá, y tam­bién en todas sus ciudades labra­dores, y los que van con rebaño.
JER 31:25 Porque habré embriagado el alma cansada, y henchido toda alma entristecida.
JER 31:26 En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue sabroso.
JER 31:27 He aquí vienen días, dice el SEÑOR, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simien­te de animal.
JER 31:28 Y será que, como tuve cuida­do de ellos para arrancar y derri­bar, y trastornar y perder, y afli­gir, así tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice el SEÑOR.
JER 31:29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agraces, y los dientes de los hijos tienen la dentera.
JER 31:30 Sino que cada cual morirá por su maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agraces, tendrán la dentera.
JER 31:31 He aquí que vienen días, dice el SEÑOR, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y la casa de Judá:
JER 31:32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fui yo un marido para ellos, dice el SEÑOR:
JER 31:33 Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el SEÑOR: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
JER 31:34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su her­mano, diciendo: Conoce al SEÑOR: porque todos me cono­cerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el SEÑOR: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acorda­ré más de su pecado.
JER 31:35 Así ha dicho el SEÑOR, que da el sol para luz del día, las ordenanzas de la luna y de las estrellas para luz de la noche; que parte el mar y braman sus ondas; el SEÑOR de los ejércitos es su nombre:
JER 31:36 Si estas ordenanzas faltaren delante de mí, dice el SEÑOR, también la simiente de Israel faltará para no ser nación delante de mí todos los días.
JER 31:37 Así ha dicho el SEÑOR: Si el cielo arriba se puede medir, y buscarse abajo los fundamen­tos de la tierra, también yo des­echaré toda la simiente de Israel por todo lo que hicieron, dice el SEÑOR.
JER 31:38 He aquí que vienen días, dice el SEÑOR, y la ciudad será edi­ficada al SEÑOR, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del rincón.
JER 31:39 Y saldrá más adelante el cor­del de la medida delante de él sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa.
JER 31:40 Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos al oriente, será santo al SEÑOR: no será arrancada, ni destruída más para siempre.
JER 32:1 LA palabra que vino a Jeremías, del SEÑOR el año décimo de Sedequías rey de Judá, que fue el año décimo octavo de Nabucodonosor.
JER 32:2 Y entonces el ejército del rey de Babilonia tenía cercada a Jerusalem; y el profeta Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel que estaba en la casa del rey de Judá.
JER 32:3 Pues Sedequías rey de Judá lo había preso, diciendo: ¿Por qué profetizas tú diciendo: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo entrego esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y tomarála;
JER 32:4 Y Sedequías rey de Judá no escapará de la mano de los caldeos, sino que de cierto será entregado en mano del rey de Babilonia, y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos;
JER 32:5 Y hará llevar a Sedequías a Babilonia, y allá estará hasta que yo le visite, dice el SEÑOR: si peleareis con los caldeos, no os sucederá bien?
JER 32:6 Y dijo Jeremías: La palabra del SEÑOR vino a mí, diciendo:
JER 32:7 He aquí que Hanameel, hijo de Salum tu tío, viene a ti, dicien­do: Cómprame mi heredad que está en Anatot; porque tú tie­nes derecho a ella para comprar­la.
JER 32:8 Y vino a mi Hanameel, hijo de mi tío, conforme a la palabra del SEÑOR, al patio de la cárcel, y díjome: Compra ahora mi heredad que está en Anatot, en tie­rra de Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia, y a ti compete la redención: cómprala para ti. Entonces conocí que era palabra del SEÑOR.
JER 32:9 Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anatot, y peséle el dinero: diecisiete siclos de plata.
JER 32:10 Y escribí la carta, y selléla, e hice atestiguar a testigos, y pesé el dinero con balanza.
JER 32:11 Tomé luego la carta de venta, sellada [según] el derecho y cos­tumbre, y el traslado abierto.
JER 32:12 Y di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, hijo de Maasías, delante de Hanameel el [hijo] de mi tío, y delante de los testigos que habían suscrito en la carta de venta, delante de todos los judíos que estaban en el patio de la cár­cel.
JER 32:13 Y di orden a Baruc delante de ellos, diciendo:
JER 32:14 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Toma estas cartas, esta carta de venta, la sellada, y ésta la carta abierta, y ponlas en un vaso de barro, para que se guarden muchos días.
JER 32:15 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Aun se comprarán casas, y heredades, y viñas en esta tierra.
JER 32:16 Y después que di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, oré al SEÑOR, diciendo:
JER 32:17 ¡Oh Señor DIOS! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo exten­dido, ni hay nada que sea difícil para ti:
JER 32:18 Que haces misericordia en millares, y vuelves la maldad de los padres en el seno de sus hijos después de ellos: Dios grande, poderoso, el SEÑOR de los ejér­citos es su nombre:
JER 32:19 Grande en consejo, y magnífico en hechos: porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hom­bres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras:
JER 32:20 Que pusiste señales y porten­tos en tierra de Egipto hasta este día, y en Israel, y entre los hom­bres; y te has hecho nombre cual es este día;
JER 32:21 Y sacaste tu pueblo Israel de tierra de Egipto con señales y portentos, y con mano fuerte y brazo extendido, con terror grande;
JER 32:22 Y dísteles esta tierra, de la cual juraste a sus padres que se la darías, tierra que mana leche y miel:
JER 32:23 Y entraron, y poseyéronla: mas no oyeron tu voz, ni andu­vieron en tu ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por tanto has hecho venir sobre ellos todo este mal.
JER 32:24 He aquí que con arietes han acometido la ciudad para tomar­la; y la ciudad va a ser entregada en mano de los caldeos que pelean contra ella, a causa de la espada, y del hambre y de la pes­tilencia: ha pues venido a ser lo que tú dijiste, y he aquí tú lo estás viendo.
JER 32:25 ¡Oh Señor DIOS! ¿y me has tú dicho: Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos; bien que la ciudad sea entregada en manos de los caldeos?
JER 32:26 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 32:27 He aquí que yo soy el SEÑOR, Dios de toda carne; ¿encubriráse­me a mí alguna cosa?
JER 32:28 Por tanto así ha dicho el SEÑOR: He aquí voy a entregar esta ciudad en mano de los caldeos, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la tomará:
JER 32:29 Y vendrán los caldeos que combaten esta ciudad, y la pon­drán a fuego, y la abrasarán, asi­mismo las casas sobre cuyas azo­teas ofrecieron perfumes a Baal y derramaron libaciones a dioses ajenos, para provocarme a ira.
JER 32:30 Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho sino lo malo delante de mis ojos desde su juventud: porque los hijos de Israel no han hecho más que provocarme a ira con la obra de sus manos, dice el SEÑOR.
JER 32:31 Por manera que para enojo mío y para ira mía me ha sido esta ciudad, desde el día que la edificaron hasta hoy, para que la haga quitar de mi presencia;
JER 32:32 Por toda la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que han hecho para enojar­me, ellos, sus reyes, sus prínci­pes, sus sacerdotes, y sus profe­tas, y los varones de Judá, y los moradores de Jerusalem.
JER 32:33 Y volviéronme la cerviz, y no el rostro: y cuando los enseñaba, madrugando y enseñando, no escucharon para recibir correc­ción:
JER 32:34 Antes asentaron sus abomina­ciones en la casa sobre la cual es invocado mi nombre, contami­nándola.
JER 32:35 Y edificaron altares a Baal, los cuales están en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar [por el fuego] sus hijos y sus hijas a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino al pensamiento que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá.
JER 32:36 Y con todo, ahora así dice el SEÑOR Dios de Israel, a esta ciudad, de la cual decís vosotros, Entregada será en mano del rey de Babilonia a espada, a hambre, y a pestilencia:
JER 32:37 He aquí que yo los juntaré de todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo y saña grande; y los haré tornar a este lugar, y harélos habitar seguramente;
JER 32:38 Y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios.
JER 32:39 Y daréles un corazón, y un camino, para que me teman per­petuamente, para que hayan bien ellos, y sus hijos después de ellos.
JER 32:40 Y haré con ellos pacto eterno, que no tornaré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.
JER 32:41 Y alegraréme con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.
JER 32:42 Porque así ha dicho el SEÑOR: Como traje sobre este pueblo todo este grande mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo.
JER 32:43 Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís: Está desierta, sin hombres y sin animales; es entregada en manos de los caldeos.
JER 32:44 Heredades comprarán por dinero, y harán carta, y la sella­rán, y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalem, y en las ciudades de Judá: y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de las campiñas, y en las ciudades del sur: porque yo haré tornar su cautividad, dice el SEÑOR.
JER 33:1 Y VINO la palabra del SEÑOR a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo:
JER 33:2 Así ha dicho el SEÑOR que la hizo, el SEÑOR que la formó para establecerla; el SEÑOR es su nombre:
JER 33:3 Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y difi­cultosas que tú no sabes.
JER 33:4 Porque así ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derri­badas con arietes y con hachas:
JER 33:5 (Porque vinieron para pelear con los caldeos, para henchirlas de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo con mi furor y con mi ira, pues que escondí mi rostro de esta ciudad, a causa de toda su malicia:)
JER 33:6 He aquí que yo le hago subir sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.
JER 33:7 Y haré volver la cautividad de Judá, y la cautividad de Israel, y edificarélos como al principio.
JER 33:8 Y los limpiaré de toda su mal­dad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron.
JER 33:9 Y seráme a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las naciones de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y tembla­rán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré.
JER 33:10 Así ha dicho el SEÑOR: En este lugar, del cual decís que está desierto sin hombres y sin ani­males, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, que están asoladas sin hombre y sin morador y sin animal, tiene de oirse aún,
JER 33:11 Voz de gozo y voz de alegría, voz de desposado y voz de des­posada, voz de los que digan: Alabad al SEÑOR de los ejérci­tos, porque el SEÑOR es bueno, porque para siempre [es] su mise­ricordia; [voz] de los que traigan sacrificio de alabanza a la casa del SEÑOR. Porque tornaré a traer la cautividad de la tierra como al principio, ha dicho el SEÑOR.
JER 33:12 Así dice el SEÑOR de los ejércitos: En este lugar desierto, sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aun habrá cabañas de pastores que hagan tener majada a ganados.
JER 33:13 En las ciudades de las monta­ñas, en las ciudades de los cam­pos, y en las ciudades del sur, y en tierra de Benjamín, y alrededor de Jerusalem y en las ciudades de Judá, aun pasarán ganados por las manos de los contadores, ha dicho el SEÑOR.
JER 33:14 He aquí vienen días, dice el SEÑOR, en que yo confirmaré la palabra buena que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá.
JER 33:15 En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra.
JER 33:16 En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalem habitará segu­ramente, y esto es lo que la lla­marán: el SEÑOR, justicia nues­tra.
JER 33:17 Porque así ha dicho el SEÑOR: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel;
JER 33:18 Y de los sacerdotes y levitas no faltará varón de mi presencia que ofrezca holocausto, y encienda presente, y que haga sacrificio todos los días.
JER 33:19 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 33:20 Así ha dicho el SEÑOR: Si pudieres invalidar mi concierto con el día y mi concierto con la noche, por manera que no haya día ni noche a su tiempo,
JER 33:21 Podráse también invalidar mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono, y con los levitas y sacerdotes, mis ministros.
JER 33:22 Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la arena del mar se puede medir, así multipli­caré la simiente de David mi siervo, y los levitas que a mí ministran.
JER 33:23 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 33:24 ¿No has echado de ver lo que habla este pueblo diciendo: Dos familias que el SEÑOR escogie­ra ha desechado? y han tenido en poco mi pueblo, hasta no tener­los más por nación.
JER 33:25 Así ha dicho el SEÑOR: Si no [permaneciere] mi concierto con el día y la noche, si yo no he puesto las ordenanzas del cielo y la tie­rra,
JER 33:26 También desecharé la simien­te de Jacob, y de David mi sier­vo, para no tomar de su simiente quien sea señor sobre la simiente de Abraham, de Isaac, y de Jacob. Porque haré volver su cautividad, y tendré de ellos misericordia.
JER 34:1 LA palabra que vino a Jeremías del SEÑOR (cuando Nabucodonosor rey de Babilonia, y todo su ejército, y todos los reinos de la tierra del señorío de su mano, y todos los pueblos, peleaban contra Jerusalem, y contra todas sus ciudades,) diciendo:
JER 34:2 Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel: Ve, y habla a Sedequías rey de Judá, y dile: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí entregaré yo esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y la abrasaré con fuego:
JER 34:3 Y no escaparás tú de su mano, sino que de cierto serás preso, y en su mano serás entregado; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y te hablará boca a boca, y en Babilonia entrarás.
JER 34:4 Con todo eso, oye palabra del SEÑOR, Sedequías rey de Judá: Así ha dicho el SEÑOR de ti: No morirás a espada;
JER 34:5 En paz morirás, y conforme a las quemas de tus padres, los reyes primeros que fueron antes de ti, así quemarán por ti, y te endecharán [diciendo], ¡Ay, señor!; porque yo he hablado la palabra, dice el SEÑOR.
JER 34:6 Y habló Jeremías profeta a Sedequías rey de Judá todas estas palabras en Jerusalem.
JER 34:7 Y el ejército del rey de Babilonia peleaba contra Jerusalem, y contra todas las ciu­dades de Judá que habían queda­do, contra Laquis, y contra Azeca; porque de las ciudades fuertes de Judá éstas habían que­dado.
JER 34:8 Palabra que fue a Jeremías del SEÑOR, después que Sedequías hizo concierto con todo el pueblo en Jerusalem, para promulgarles libertad:
JER 34:9 Que cada uno dejase su siervo, y cada uno su sierva, hebreo y hebrea, libres; que ninguno usase de los judíos sus hermanos como de siervos.
JER 34:10 Y como oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que habían venido en el concierto de dejar cada uno su siervo y cada uno su sierva libres, que ninguno usase más de ellos como de sier­vos, obedecieron, y dejáronlos.
JER 34:11 Mas después se arrepintieron, e hicieron tornar los siervos y las siervas que habían dejado libres, y sujetáronlos por siervos y por siervas.
JER 34:12 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, de parte del SEÑOR, diciendo:
JER 34:13 Así dice el SEÑOR Dios de Israel: Yo hice pacto con vues­tros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos, diciendo:
JER 34:14 Al cabo de siete años dejaréis cada uno a su hermano hebreo que te fuere vendido; te servirá pues seis años, y lo enviarás libre de ti: mas vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído.
JER 34:15 Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad a su prójimo; y habíais hecho concierto en mi presencia, en la casa sobre la cual es invocado mi nombre:
JER 34:16 Pero os habéis vuelto y profa­nado mi nombre, y habéis torna­do a tomar cada uno su siervo y cada uno su sierva, que habíais dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado a seros siervos y siervas.
JER 34:17 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: Vosotros no me habéis oído en promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero: he aquí que yo os promulgo libertad, dice el SEÑOR, a espada y a pestilencia y a hambre; y os pondré en remoción a todos los reinos de la tierra.
JER 34:18 Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi pre­sencia dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas:
JER 34:19 A los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalem, a los eunucos y a los sacerdotes, y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del bece­rro,
JER 34:20 Entregarélos en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su alma; y sus cuerpos muertos serán para comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra.
JER 34:21 Y a Sedequías rey de Judá, y a sus príncipes, entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su alma, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se fueron de vosotros.
JER 34:22 He aquí, mandaré yo, dice el SEÑOR, y harélos volver a esta ciudad, y pelearán contra ella, y la tomarán, y la abrasarán a fuego; y reduciré a soledad las ciudades de Judá, hasta no que­dar morador.
JER 35:1 LA palabra que vino a Jeremías del SEÑOR en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
JER 35:2 Ve a casa de los Recabitas, y habla con ellos, e introdúcelos en la casa del SEÑOR, en una de las cámaras, y dales a beber vino.
JER 35:3 Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos, y a todos sus hijos, y a toda la familia de los Recabitas;
JER 35:4 Y metílos en la casa del SEÑOR, en la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, varón de Dios, la cual estaba junto a la cámara de los prínci­pes, que estaba sobre la cámara de Maasías hijo de Salum, guar­da de los vasos.
JER 35:5 Y puse delante de los hijos de la familia de los Recabitas tazas y copas llenas de vino, y díjeles: Bebed vino.
JER 35:6 Mas ellos dijeron: No bebere­mos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos mandó, diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos:
JER 35:7 Ni edificaréis casa, ni sembra­réis sementera, ni plantaréis viña, ni la tendréis: mas moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros peregrináis.
JER 35:8 Y nosotros hemos obedecido a la voz de Jonadab nuestro padre, hijo de Recab, en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, ni nuestras esposas, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas;
JER 35:9 Y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera.
JER 35:10 Moramos pues en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.
JER 35:11 Pero sucedió, que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió a la tierra, dijimos: Venid, y entrémonos en Jerusalem, de delante del ejército de los caldeos y de delante del ejército de los de Siria: y en Jerusalem nos quedamos.
JER 35:12 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, diciendo:
JER 35:13 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Ve, y di a los varones de Judá, y a los moradores de Jerusalem: ¿No recibiréis instrucción para obe­decer a mis palabras? dice el SEÑOR.
JER 35:14 Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mandó a sus hijos que no bebie­sen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al man­damiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros, madrugando y hablando, y no me habéis oído.
JER 35:15 Y envié a vosotros a todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos a decir: Tornaos ahora cada uno de su mal cami­no, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres: mas no inclinasteis vues­tro oído, ni me oísteis.
JER 35:16 Ciertamente los hijos de Jonadab, hijo de Recab, tuvie­ron por firme el mandamiento que les dio su padre; mas este pueblo no me ha obedecido.
JER 35:17 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalem todo el mal que contra ellos he hablado: porque les hablé, y no oyeron; llamélos, y no han respondido.
JER 35:18 Y dijo Jeremías a la familia de los Recabitas: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Porque obedecisteis al mandamiento de Jonadab vues­tro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó;
JER 35:19 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará varón de Jonadab, hijo de Recab, que esté en mi presencia todos los días.
JER 36:1 Y ACONTECIÓ en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra a Jeremías, del SEÑOR, diciendo:
JER 36:2 Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que [comencé] a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy.
JER 36:3 Quizá oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su mal­dad y su pecado.
JER 36:4 Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que el SEÑOR le había hablado.
JER 36:5 Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: Yo estoy preso, no puedo entrar en la casa del SEÑOR:
JER 36:6 Entra tú pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras del SEÑOR en oídos del pueblo, en la casa del SEÑOR, el día del ayuno; y las leerás también en oídos de todo Judá que vienen de sus ciudades.
JER 36:7 Quizá caerá oración de ellos en la presencia del SEÑOR, y tornaráse cada uno de su mal cami­no; porque grande es el furor y la ira que ha expresado el SEÑOR contra este pueblo.
JER 36:8 Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras del SEÑOR en la casa del SEÑOR.
JER 36:9 Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que pro­mulgaron ayuno en la presencia del SEÑOR, a todo el pueblo de Jerusalem, y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalem.
JER 36:10 Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa del SEÑOR, en la cámara de Gemarías hijo de Safán escri­ba, en el patio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa del SEÑOR, en oídos del pueblo.
JER 36:11 Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras del SEÑOR,
JER 36:12 Descendió a la casa del rey, a la cámara del secretario, y he aquí que todos los príncipes esta­ban allí sentados, [a saber:] Elisama secretario, y Delaías hijo de Semeías, y Elnatán hijo de Acbor, y Gemarías hijo de Safán, y Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes.
JER 36:13 Y contóles Micaías todas las palabras que había oído leyendo Baruc en el libro en oídos del pueblo.
JER 36:14 Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el rollo en que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano, y vino a ellos.
JER 36:15 Y dijéronle: Siéntate ahora, y léelo en nuestros oídos. Y leyó Baruc en sus oídos.
JER 36:16 Y sucedió que, como oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañe­ro, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras.
JER 36:17 Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras.
JER 36:18 Y Baruc les dijo: Él me dic­taba de su boca todas estas pala­bras, y yo escribía con tinta en el libro.
JER 36:19 Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve, y escóndete tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
JER 36:20 Y entraron al rey al patio, habiendo depositado el rollo en la cámara de Elisama secretario; y contaron en los oídos del rey todas estas palabras.
JER 36:21 Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó de la cámara de Elisama secreta­rio, y leyó en él Jehudí en oídos del rey, y en oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban.
JER 36:22 Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delan­te de él;
JER 36:23 Y sucedió que, como Jehudí hubo leído tres o cuatro planas, rasgó­lo con una espada de escribanía, y echólo en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había.
JER 36:24 Y no tuvieron temor, ni rasga­ron sus vestiduras, el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras.
JER 36:25 Y aunque Elnatán y Delaías y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír:
JER 36:26 Antes mandó el rey a Jerameel hijo de Amelec, y a Seraías hijo de Azriel, y a Selemías hijo de Abdeel, que prendiesen a Baruc el escribien­te y a Jeremías profeta; mas el SEÑOR los escondió.
JER 36:27 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías, diciendo:
JER 36:28 Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras, que estaban en el pri­mer rollo que quemó Joacim, el rey de Judá.
JER 36:29 Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho el SEÑOR: Tú que­maste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella hombres ni animales?
JER 36:30 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR, en orden a Joacim rey de Judá: No tendrá quien se sien­te sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche.
JER 36:31 Y visitaré sobre él, y sobre su simiente, y sobre sus siervos, su maldad; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalem, y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he dicho y no escucharon.
JER 36:32 Y tomó Jeremías otro rollo, y diólo a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.
JER 37:1 Y REINÓ el rey Sedequías hijo de Josías, en lugar de Conías hijo de Joacim, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia había constituído por rey en la tierra de Judá.
JER 37:2 Mas no obedeció él, ni sus sier­vos, ni el pueblo de la tierra a las palabras del SEÑOR, que dijo por el profeta Jeremías.
JER 37:3 Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y a Sofonías hijo de Maasías sacer­dote, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por noso­tros al SEÑOR nuestro Dios.
JER 37:4 Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque no lo habían puesto en la casa de la cárcel.
JER 37:5 Y como el ejército de Faraón hubo salido de Egipto, y vino la fama de ellos a oídos de los caldeos que tenían cercada a Jerusalem, partiéronse de Jerusalem.
JER 37:6 Entonces vino la palabra del SEÑOR a Jeremías profeta, diciendo:
JER 37:7 Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me inquirieseis: He aquí que el ejército de Faraón que había sali­do en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto.
JER 37:8 Y tornarán los caldeos, y com­batirán esta ciudad, y la tomarán, y la pondrán a fuego.
JER 37:9 Así ha dicho el SEÑOR: No engañéis vuestras almas, dicien­do: Sin duda los caldeos se han ido de nosotros: porque no se irán.
JER 37:10 Porque aun cuando hirieseis todo el ejército de los caldeos que pelean con vosotros, y que­dasen de ellos hombres alancea­dos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.
JER 37:11 Y aconteció que, como el ejér­cito de los caldeos se fue de Jerusalem a causa del ejército de Faraón,
JER 37:12 Salíase de Jerusalem Jeremías para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de allí en medio del pueblo.
JER 37:13 Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un prepósi­to que se llamaba Irías, hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual prendió a Jeremías profeta, diciendo: tú te retiras a los caldeos.
JER 37:14 Y Jeremías dijo: Falso: no me retiro a los caldeos. Mas él no lo escuchó, antes prendió Irías a Jeremías, y llevólo delante de los príncipes.
JER 37:15 Y los príncipes se airaron con­tra Jeremías, y azotáronle, y pusiéronle en prisión en la casa de Jonatán escriba, porque aquélla habían hecho casa de cárcel.
JER 37:16 Entró pues Jeremías en la casa de la mazmorra, y en las camari­llas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días,
JER 37:17 El rey Sedequías envió, y sacóle; [y] preguntóle el rey escon­didamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra del SEÑOR? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado.
JER 37:18 Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusie­seis en la casa de la cárcel?
JER 37:19 ¿Y dónde están vuestros profe­tas que os profetizaban, diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra?
JER 37:20 Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor: caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa de Jonatán escriba, porque no me muera allí.
JER 37:21 Entonces dio orden el rey Sedequías, y depositaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la plaza de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
JER 38:1 Y OYÓ Sefatías hijo de Matán, y Gedalías hijo de Pasur, y Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo:
JER 38:2 Así ha dicho el SEÑOR: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pes­tilencia; mas el que saliere a los caldeos vivirá, pues su vida le será por despojo, y vivirá.
JER 38:3 Así ha dicho el SEÑOR: De cierto será entregada esta ciudad en mano del ejército del rey de Babilonia, y tomarála.
JER 38:4 Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; por­que de esta manera hace desma­yar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales pala­bras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal.
JER 38:5 Y dijo el rey Sedequías: Helo ahí, en vuestras manos está; que el rey no podrá contra vosotros nada.
JER 38:6 Entonces tomaron ellos a Jeremías, e hiciéronlo echar en la mazmorra de Malquías hijo de Amelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la maz­morra no [había] agua, sino cieno; y hundióse Jeremías en el cieno.
JER 38:7 Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco que estaba en casa del rey, que habían puesto a Jeremías en la mazmorra, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín,
JER 38:8 Ebed-melec salió de la casa del rey, y habló al rey, diciendo:
JER 38:9 Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con Jeremías profeta, al cual hicieron echar en la mazmo­rra; porque allí se morirá de ham­bre, pues no hay más pan en la ciudad.
JER 38:10 Entonces mandó el rey al mismo Ebed-melec etíope, diciendo: Toma en tu poder trein­ta hombres de aquí, y haz sacar a Jeremías profeta de la mazmorra, antes que muera.
JER 38:11 Y tomó Ebed-melec en su poder hombres, y entró a la casa del rey al [lugar] debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos, traídos, viejos, y andrajosos, y echólos a Jeremías con sogas en la mazmorra.
JER 38:12 Y dijo Ebed-melec etíope a Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos, traídos, y rotos, bajo los sobacos de tus brazos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías.
JER 38:13 De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y subiéronlo de la mazmorra; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
JER 38:14 Después envió el rey Sedequías, e hizo traer a sí a Jeremías profeta a la tercera entra­da que estaba en la casa del SEÑOR. Y dijo el rey a Jeremías: Pregúntote una palabra, no me encubras ninguna cosa.
JER 38:15 Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo denunciare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere con­sejo, no has de escucharme.
JER 38:16 Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive el SEÑOR que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu alma.
JER 38:17 Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho el SEÑOR Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si salieres luego a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego; y vivirás tú y tu casa;
JER 38:18 Mas si no salieres a los prín­cipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.
JER 38:19 Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Témome a causa de los judíos que se han adherido a los caldeos, que no me entreguen en sus manos y me escarnezcan.
JER 38:20 Y dijo Jeremías: No te entre­garán. Obedece, te ruego, la voz del SEÑOR que yo te hablo, y ten­drás bien, y vivirá tu alma.
JER 38:21 Mas si no quisieres salir, ésta es la palabra que me ha mostrado el SEÑOR:
JER 38:22 Y he aquí que todas las muje­res que han quedado en casa del rey de Judá, serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han enga­ñado, y prevalecido contra ti tus amigos; atollaron en el cieno tus pies, se volvieron atrás.
JER 38:23 Sacarán pues, todas tus muje­res y tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás preso, y a esta ciudad quemará a fuego.
JER 38:24 Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás.
JER 38:25 Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te matare­mos; asimismo qué te dijo el rey;
JER 38:26 Les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese tornar a casa de Jonatán porque no me muriese allí.
JER 38:27 Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y preguntáronle: y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se dejaron de él, porque el negocio no se había oído.
JER 38:28 Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalem; y [allí] estaba cuando Jerusalem fue tomada.
JER 39:1 EN el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalem, y cercáronla.
JER 39:2 Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve del mes, fue rota la ciudad;
JER 39:3 Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y asentaron a la puerta del medio: Nergal-sare­zer, Samgar-nebo, Sarsechim, y Rabsaris, Nergal-sarezer, Rabmag, y todos los demás príncipes del rey de Babilonia.
JER 39:4 Y sucedió que viéndolos Sedequías, rey de Judá, y todos los hombres de guerra, huyeron, y saliéronse de noche de la ciudad por el camino de la huerta del rey, por la puerta entre los dos muros: y salió [el rey] por el camino del desierto.
JER 39:5 Mas el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y tomáronle, e hiciéronle subir a Nabucodonosor rey de Babilonia, a Ribla, en tierra de Hamat, y sentencióle.
JER 39:6 Y degolló el rey de Babilonia los hijos de Sedequías a su pre­sencia en Ribla, haciendo asimis­mo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá.
JER 39:7 Y sacó los ojos al rey Sedequías, y aprisionóle con gri­llos para llevarle a Babilonia.
JER 39:8 Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalem.
JER 39:9 Y el resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y los que se habían a él adherido, con todo el remanente del pueblo que había quedado, los llevó cautivos a Babilonia Nabuzaradán, capi­tán de la guardia.
JER 39:10 Pero Nabuzaradán, capi­tán de la guardia, hizo quedar en tierra de Judá del vulgo de los pobres que no tenían nada, y dió­les entonces viñas y heredades.
JER 39:11 Y Nabucodonosor había orde­nado a Nabuzaradán capitán de la guardia, acerca de Jeremías, diciendo:
JER 39:12 Tómale, y mira por él, y no le hagas mal ninguno; antes harás con él como él te dijere.
JER 39:13 Envió por tanto Nabuzaradán capitán de la guardia, y Nabusazbán, Rabsaris, y Nergal­-sarezer, y Rabmag, y todos los príncipes del rey de Babilonia;
JER 39:14 Enviaron entonces, y tomaron a Jeremías del patio de la cárcel, y entregáronlo a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa: y vivió entre el pueblo.
JER 39:15 Y había venido la palabra del SEÑOR a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo:
JER 39:16 Ve, y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traigo yo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y vendrán a ser en aquel día a presencia tuya.
JER 39:17 Mas en aquel día yo te libraré, dice el SEÑOR, y no serás entre­gado en mano de aquellos de quienes tú temes.
JER 39:18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por despojo, porque tuviste confianza en mí, dice el SEÑOR.
JER 40:1 LA palabra que vino a Jeremías del SEÑOR, después que Nabuzaradán capitán de la guardia le envió desde Ramá, cuando le tomó estando atado con esposas entre toda la transmigración de Jerusalem y de Judá que iban cautivos a Babilonia.
JER 40:2 Tomó pues el capitán de la guardia a Jeremías, y díjole: el SEÑOR tu Dios habló este mal contra este lugar;
JER 40:3 Y halo traído y hecho el SEÑOR según que había dicho: porque pecasteis contra el SEÑOR, y no oísteis su voz, por eso os ha venido esto.
JER 40:4 Y ahora yo te he soltado hoy de las esposas que [tenías] en tus manos. Si te está bien venir con­migo a Babilonia, ven, y yo miraré por ti; mas si no te está bien venir conmigo a Babilonia, déjalo: mira, toda la tierra está delante de ti; ve a donde mejor y más cómodo te pareciere ir.
JER 40:5 Y aun no se había él vuelto, cuando [le dijo]: Vuélvete a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, al cual el rey de Babilonia ha puesto sobre todas las ciudades de Judá, y vive con él en medio del pueblo: o ve a donde te pareciere más cómodo de ir. Y dióle el capitán de la guardia presentes y dones, y des­pidióle.
JER 40:6 Fuese entonces Jeremías a Gedalías hijo de Ahicam, a Mizpa, y moró con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.
JER 40:7 Y como oyeron todos los prínci­pes del ejército que estaba por el campo, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías hijo de Ahicam sobre la tierra, y que le había encomenda­do los hombres, y las mujeres, y los niños, y los pobres de la tierra, que no fueron llevados cautivos a Babilonia;
JER 40:8 Vinieron luego a Gedalías en Mizpa, es a saber, Ismael hijo de Netanías, y Johanán y Jonatán hijos de Carea, y Seraías hijo de Tanhumet, y los hijos de Efi netofatita, y Jezanías hijo de Maacati, ellos y sus hombres.
JER 40:9 Y juróles Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, a ellos y a sus hombres, diciendo: No tengáis temor de servir a los caldeos: habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y ten­dréis bien.
JER 40:10 Y he aquí que yo habito en Mizpa, para estar delante de los caldeos que vendrán a nosotros; mas vosotros, coged el vino, y el pan, y el aceite, y ponedlo en vuestros almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado.
JER 40:11 Asimismo todos los judíos que estaban en Moab, y entre los hijos de Amón, y en Edom, y los que estaban en todas las tie­rras, cuando oyeron decir como el rey de Babilonia había dejado un remanente en la Judea, y que había puesto sobre ellos a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán,
JER 40:12 Todos estos judíos tornaron entonces de todas las partes adonde habían sido echados, y vinieron a tierra de Judá, a Gedalías en Mizpa; y cogieron vino y muchísima fruta de verano.
JER 40:13 Y Johanán, hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa,
JER 40:14 Y dijéronle: ¿No sabes de cierto como Baalis, rey de los hijos de Amón, ha enviado a Ismael hijo de Netanías, para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no los creyó.
JER 40:15 Entonces Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secre­to, en Mizpa, diciendo: Yo iré ahora, y heriré a Ismael hijo de Netanías, y hombre no lo sabrá: ¿por qué te ha de matar, y todos los judíos que se han recogido a ti se derramarán, y perecerá el remanente de Judá?
JER 40:16 Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo a Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque falso es lo que tú dices de Ismael.
JER 41:1 Y ACONTECIÓ en el mes séptimo, que vino Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de la simiente real, y [algunos] príncipes del rey, y diez hombres con él, a Gedalías hijo de Ahicam en Mizpa; y comieron pan juntos allí en Mizpa.
JER 41:2 Y levantóse Ismael hijo de Netanías, y los diez hombres que con él estaban, e hirieron a espada a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, matan­do así a aquel a quien el rey de Babilonia había puesto sobre la tierra.
JER 41:3 Asimismo hirió Ismael a todos los judíos que estaban con él, con Gedalías en Mizpa, y a los soldados caldeos que allí se hallaron.
JER 41:4 Sucedió además, un día des­pués que mató a Gedalías, cuan­do nadie lo sabía aún,
JER 41:5 Que venían unos hombres de Siquem y de Silo y de Samaria, ochenta hombres, raída la barba, y rotas las ropas, y arañados, y traían en sus manos ofrenda y perfume para llevar a la casa del SEÑOR.
JER 41:6 Y de Mizpa salióles al encuen­tro, llorando, Ismael hijo de Netanías: y aconteció que como los encontró, díjoles: Venid a Gedalías, hijo de Ahicam.
JER 41:7 Y fue que cuando llegaron al medio de la ciudad, Ismael hijo de Netanías los degolló, [y echó­los] en medio de un aljibe, él y los hombres que con él estaban.
JER 41:8 Mas entre aquellos fueron hallados diez hombres que dije­ron a Ismael: No nos mates; por­que tenemos en el campo tesoros de trigos, y cebadas, y aceite, y miel. Y dejólos, y no los mató entre sus hermanos.
JER 41:9 Y el aljibe en que echó Ismael todos los cuerpos de los hombres que hirió por causa de Gedalías, era el mismo que había hecho el rey Asa por causa de Baasa, rey de Israel: llenólo de muertos Ismael, hijo de Netanías.
JER 41:10 Después llevó Ismael cautivo a todo el resto del pueblo que estaba en Mizpa; a las hijas del rey, y a todo el pueblo que en Mizpa había quedado, el cual había Nabuzaradán capitán de la guardia encargado a Gedalías hijo de Ahicam. Llevólos pues cautivos Ismael hijo de Netanías, y se fue para pasarse a los hijos de Amón.
JER 41:11 Y oyó Johanán hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban con él, todo el mal que había hecho Ismael, hijo de Netanías.
JER 41:12 Entonces tomaron todos los hombres, y fueron a pelear con Ismael hijo de Netanías, y hallaronlo junto a las grandes aguas que [están] en Gabaón.
JER 41:13 Y aconteció que como todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johanán hijo de Carea, y a todos los príncipes de la gente de guerra que estaban con él, se ale­graron.
JER 41:14 Y todo el pueblo que Ismael había traído cautivo de Mizpa, tornáronse, y volvieron, y fué­ronse a Johanán hijo de Carea.
JER 41:15 Mas Ismael hijo de Netanías se escapó delante de Johanán con ocho hombres, y se fue a los hijos de Amón.
JER 41:16 Y Johanán hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que con él estaban, toma­ron todo el remanente del pueblo que habían recobrado de Ismael hijo de Netanías, de Mizpa, después que hirió a Gedalías hijo de Ahicam: hombres de guerra, y mujeres, y niños, y los eunucos que Johanán había hecho tornar de Gabaón;
JER 41:17 Y fueron y habitaron en Gerut-quimam, que es cerca de Belem, a fin de partir y meterse en Egipto,
JER 41:18 Por causa de los caldeos: por­que temían de ellos, por haber herido Ismael hijo de Netanías a Gedalías hijo de Ahicam, al cual el rey de Babilonia había puesto sobre la tierra.
JER 42:1 Y LLEGÁRONSE todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, y Jezanías hijo de Osaía, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor,
JER 42:2 Y dijeron a Jeremías profeta: Caiga ahora nuestro ruego delan­te de ti, y ruega por nosotros al SEÑOR tu Dios, por todo este remanente, (pues hemos queda­do unos pocos de muchos, como nos ven tus ojos,)
JER 42:3 Para que el SEÑOR tu Dios nos enseñe camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.
JER 42:4 Y Jeremías profeta les dijo: Ya he oído. He aquí que voy a orar al SEÑOR vuestro Dios, como habéis dicho; y será que todo lo que el SEÑOR os respondiere, os enseñaré: no os reservaré palabra.
JER 42:5 Y ellos dijeron a Jeremías: el SEÑOR sea entre nosotros testi­go de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual el SEÑOR tu Dios te enviare a nosotros.
JER 42:6 Ora sea bueno, ora malo, a la voz del SEÑOR nuestro Dios, al cual te enviamos, obedeceremos; para que, obedeciendo a la voz del SEÑOR nuestro Dios, tenga­mos bien.
JER 42:7 Y aconteció que al cabo de diez días vino la palabra del SEÑOR a Jeremías.
JER 42:8 Y llamó a Johanán hijo de Carea, y a todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor;
JER 42:9 Y díjoles: Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel, al cual me enviasteis para que hiciese caer vuestros ruegos en su pre­sencia:
JER 42:10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os des­truiré; os plantaré, y no os arran­caré: porque arrepentido estoy del mal que os he hecho.
JER 42:11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho el SEÑOR, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano:
JER 42:12 Y os daré misericordias, y ten­drá misericordia de vosotros, y os hará tornar a vuestra tierra.
JER 42:13 Mas si dijereis: No morare­mos en esta tierra, no obedecien­do así a la voz del SEÑOR vues­tro Dios,
JER 42:14 Y diciendo: No, antes nos entraremos en tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni tendremos hambre de pan, y allá moraremos:
JER 42:15 Ahora por eso, oíd la palabra del SEÑOR, remanente de Judá: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Si voso­tros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para peregrinar allá,
JER 42:16 Será que la espada que teméis, os alcanzará allí en tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto se os pegará; y allí moriréis.
JER 42:17 Será pues, que todos los hom­bres que tornaren sus rostros para entrarse en Egipto, para peregri­nar allí, morirán a espada, de hambre, y de pestilencia: no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.
JER 42:18 Porque así dice el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi ira y mi furor sobre los moradores de Jerusalem, así se derramará mi ira sobre vosotros, cuando entra­reis en Egipto; y seréis por exe­cración y por espanto, y por mal­dición y por oprobio; y no veréis más este lugar.
JER 42:19 El SEÑOR habló sobre voso­tros, oh remanente de Judá: No entréis en Egipto: sabed por cier­to que os aviso hoy.
JER 42:20 ¿Por qué hicisteis errar vues­tras almas? porque vosotros me enviasteis al SEÑOR vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros al SEÑOR nuestro Dios; y conforme a todas las cosas que el SEÑOR nuestro Dios dijere, háznoslo saber así, y lo pondre­mos por obra.
JER 42:21 Y os lo he denunciado hoy, y no habéis obedecido a la voz del SEÑOR vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me envió a vosotros.
JER 42:22 Ahora pues sabed de cierto que a espada, y de hambre y pes­tilencia, moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para peregrinar allí.
JER 43:1 Y ACONTECIÓ que como Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras del SEÑOR Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales el SEÑOR Dios de ellos le había enviado a [ellos] mismos,
JER 43:2 Dijo Azarías hijo de Osaías, y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado el SEÑOR nuestro Dios para decir: No entréis en Egipto a peregrinar allí.
JER 43:3 Sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en mano de los caldeos, para matarnos y para llevarnos cautivos a Babilonia.
JER 43:4 No obedeció pues Johanán hijo de Carea, y todos los oficiales de la gente de guerra, y todo el pue­blo, a la voz del SEÑOR para quedarse en tierra de Judá;
JER 43:5 Antes tomó Johanán hijo de Carea, y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el rema­nente de Judá, que de todas las naciones adonde habían sido echa­dos habían vuelto para morar en tierra de Judá:
JER 43:6 A hombres, y mujeres, y niños, y a las hijas del rey, y a toda alma que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam hijo de Safán, y a Jeremías profeta, y a Baruc hijo de Nerías;
JER 43:7 Y entraron en tierra de Egipto; porque no obedecieron a la voz del SEÑOR: y llegaron hasta Tafnes.
JER 43:8 Y vino la palabra del SEÑOR a Jeremías en Tafnes, diciendo:
JER 43:9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en un horno de ladrillos que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de hombres judíos;
JER 43:10 Y diles: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo envío, y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y tenderá su dosel sobre ellas.
JER 43:11 Y vendrá, y herirá la tierra de Egipto: los que a muerte, a muer­te, y los que a cautiverio, a cauti­verio, y los que a espada, a espa­da.
JER 43:12 Y pondrá fuego a las casas de los dioses de Egipto; y las que­mará, y a ellos llevará cautivos; y él se vestirá la tierra de Egipto, como el pastor se viste su capa, y saldrá de allá en paz.
JER 43:13 Además, quebrará las estatuas de Bet-semes, que es en tierra de Egipto, y las casas de los dio­ses de Egipto quemará a fuego.
JER 44:1 LA palabra que fue a Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, que moraban en Migdol, y en Tafnes, y en Nof, y en tierra de Patros, diciendo:
JER 44:2 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalem y sobre todas las ciudades de Judá: y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas, y ni hay en ellas mora­dor;
JER 44:3 A causa de la maldad de ellos que cometieron para hacerme enojar, yendo a ofrecer sahume­rios, honrando dioses ajenos que ellos no habían conocido, ni vosotros, ni vuestros padres.
JER 44:4 Y envié a vosotros a todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos, diciendo: No hagáis ahora esta cosa abomina­ble que yo aborrezco.
JER 44:5 Mas no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su mal­dad, para no ofrecer sahumerios a dioses ajenos.
JER 44:6 Derramóse por tanto mi saña y mi furor, y encendióse en las ciu­dades de Judá y en las calles de Jerusalem, y tornáronse en soledad y en destrucción, como hoy.
JER 44:7 Ahora pues, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vuestras almas, para ser talados varón y mujer, niño y mamante, de en medio de Judá, sin que os quede residuo alguno;
JER 44:8 Haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofre­ciendo sahumerios a dioses aje­nos en la tierra de Egipto, adon­de habéis entrado para morar, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra?
JER 44:9 ¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, y de las maldades de los reyes de Judá, y de las maldades de sus esposas, y de vuestras maldades, y de las maldades de vuestras esposas, que hicieron en tierra de Judá y en las calles de Jerusalem?
JER 44:10 No se han morigerado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley, ni en mis estatutos que puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.
JER 44:11 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo pongo mi rostro en vosotros para mal, y para destruir a todo Judá.
JER 44:12 Y tomaré el remanente de Judá que pusieron sus rostros para entrar en tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos, caerán a espada, serán consumi­dos de hambre, a espada y ham­bre morirán desde el más peque­ño hasta el mayor; y serán por execración, y por espanto, y por maldición, y por oprobio.
JER 44:13 Pues visitaré a los que moran en tierra de Egipto, como visité a Jerusalem, con espada, y con hambre, y con pestilencia.
JER 44:14 Y del remanente de Judá que entraron en tierra de Egipto para morar allí, no habrá quien esca­pe, ni quien quede vivo, para vol­ver a la tierra de Judá, por la cual suspiran ellos por volver para habitar allí: porque no volverán sino los que escaparen.
JER 44:15 Entonces todos los que sabían que sus esposas habían ofrecido sahumerios a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurren­cia, y todo el pueblo que habita­ba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, dicien­do:
JER 44:16 La palabra que nos has habla­do en nombre del SEÑOR, no oímos de ti:
JER 44:17 Antes pondremos ciertamente por obra toda palabra que ha sali­do de nuestra boca, para ofrecer sahumerios a la reina del cielo, y derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalem, y fui­mos hartos de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.
JER 44:18 Mas desde que cesamos de ofrecer sahumerios a la reina del cielo, y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y a hambre somos consumidos.
JER 44:19 Y cuando ofrecimos sahumerios a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿hicí­mosle nosotras tortas para tribu­tarle culto, y le derramamos liba­ciones, sin nuestros maridos?
JER 44:20 Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, y a todo el vulgo que le había respondido esto, diciendo:
JER 44:21 ¿No se ha acordado el SEÑOR, y no ha venido a su memoria el sahumerio que ofre­cisteis en las ciudades de Judá, y en las plazas de Jerusalem, voso­tros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes, y el pueblo de la tierra?
JER 44:22 Y no pudo sufrir más el SEÑOR, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho: por tanto vuestra tierra fue en asolamiento, y en espanto, y en maldición, hasta no quedar morador, como hoy.
JER 44:23 Porque ofrecisteis sahume­rios, y pecasteis contra el SEÑOR, y no obedecisteis a la voz del SEÑOR, ni anduvisteis en su ley, ni en sus estatutos, ni en sus testimonios: por tanto ha venido sobre vosotros este mal, como hoy.
JER 44:24 Y dijo Jeremías a todo el pue­blo, y a todas las mujeres: Oíd palabra del SEÑOR, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto:
JER 44:25 Así ha hablado el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras esposas proferisteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo eje­cutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer sahumerios a la reina del cielo y de derramarle liba­ciones: confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra.
JER 44:26 Por tanto, oíd palabra del SEÑOR, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice el SEÑOR, que mi nombre no será más invocado en toda la tierra de Egipto por boca de nin­gún hombre de Judá, diciendo: Vive el Señor DIOS.
JER 44:27 He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto, serán consumidos a espada y de ham­bre, hasta que perezcan del todo.
JER 44:28 Y los pocos hombres que escaparen de la espada, volverán de tierra de Egipto a tierra de Judá, y todo el remanente de Judá, que ha entrado en Egipto a morar allí, sabrá pues la palabra de quién ha de permanecer: si la mía, o la suya.
JER 44:29 Y esto tendréis por señal, dice el SEÑOR, de que en este lugar os visito, para que sepáis que de cierto permanecerán mis pala­bras para mal sobre vosotros.
JER 44:30 Así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su alma, como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo, y que buscaba su alma.
JER 45:1 LA palabra que habló Jeremías profeta a Baruc hijo de Nerías, cuando escribía en el libro estas palabras de boca de Jeremías, el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
JER 45:2 Así ha dicho el SEÑOR Dios de Israel, a ti, oh Baruc:
JER 45:3 Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! porque me ha añadido el SEÑOR tristeza sobre mi dolor; trabajé en mi gemido, y no he hallado descanso.
JER 45:4 Así le has de decir: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo destruyo los que edifiqué, y arranco los que planté, y toda esta tierra.
JER 45:5 ¿Y tú buscas para ti grandezas? No busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho el SEÑOR, y a ti te daré tu vida por despojo en todos los lugares adonde fueres.
JER 46:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Jeremías profeta, contra los gentiles.
JER 46:2 En orden a Egipto: contra el ejército de Faraón Necao rey de Egipto, que estaba cerca del río Éufrates en Carquemis, al cual hirió Nabucodonosor rey de Babilonia el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá.
JER 46:3 Aparejad escudo y pavés, y venid a la guerra.
JER 46:4 Uncid caballos, y subid, voso­tros los caballeros, y poneos con capacetes; limpiad las lanzas, vestíos de lorigas.
JER 46:5 ¿Por qué los vi medrosos, tor­nando atrás? y sus valientes fue­ron deshechos, y huyeron a más huir sin volver a mirar atrás: miedo de todas partes, dice el SEÑOR.
JER 46:6 No huya el ligero, ni el valien­te escape; al norte junto a la ribera del Éufrates tropezaron y cayeron.
JER 46:7 ¿Quién es éste que como río sube, y cuyas aguas se mueven como ríos?
JER 46:8 Egipto como río se hincha, y las aguas se mueven como ríos, y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré la ciudad y los que en ella moran.
JER 46:9 Subid, caballos, y alborotaos, carros; y salgan los valientes: los etíopes y los de Libia que toman escudo, y los lidios que toman y entesan arco.
JER 46:10 Mas ese día será al Señor DIOS de los ejércitos día de ven­ganza, para vengarse de sus ene­migos: y la espada devorará y se hartará, y se embriagará de la sangre de ellos: porque sacrificio será al Señor DIOS de los ejér­citos, en tierra del norte junto al río Éufrates.
JER 46:11 Sube a Galaad, y toma bálsamo, virgen hija de Egipto: por demás multiplicarás medicinas; no hay cura para ti.
JER 46:12 Las naciones oyeron tu afrenta, y tu clamor hinchió la tierra: por­que fuerte se encontró con fuerte, y cayeron ambos juntos.
JER 46:13 Palabra que habló el SEÑOR a Jeremías profeta acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para herir la tierra de Egipto:
JER 46:14 Denunciad en Egipto, y haced saber en Migdol: haced saber también en Nof y en Tafnes; decid: Para, y apercíbete; porque espada ha de devorar tu comarca.
JER 46:15 ¿Por qué ha sido derribado tu fuerte? no se pudo tener, porque el SEÑOR lo rempujó.
JER 46:16 Multiplicó los caídos, y cada uno cayó sobre su compañero, y dijeron: Levántate y volvámonos a nuestro pueblo, y a la tierra de nuestro nacimiento, de delante de la espada vencedora.
JER 46:17 Allí gritaron: Faraón rey de Egipto, [rey de] revuelta: dejó pasar el tiempo señalado.
JER 46:18 Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es el SEÑOR de los ejér­citos, que como Tabor entre los montes, y como Carmelo en el mar, así vendrá.
JER 46:19 Hazte vasos de transmigra­ción, moradora hija de Egipto; porque Nof será por yermo, y será asolado hasta no quedar morador.
JER 46:20 Becerra hermosa Egipto; [mas] viene destrucción, del norte viene.
JER 46:21 Sus soldados también en medio de ella como engordados becerros: que también ellos se volvieron, huyeron todos sin pararse: porque vino sobre ellos el día de su quebrantamiento, el tiempo de su visitación.
JER 46:22 Su voz saldrá como de ser­piente; porque con ejército ven­drán, y con hachas vienen a ella como cortadores de leña.
JER 46:23 Cortaron su bosque, dice el SEÑOR, porque no podrán ser contados; porque serán más que langostas, ni tendrán número.
JER 46:24 Avergonzóse la hija de Egipto; entregada será en mano del pueblo del norte.
JER 46:25 El SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He aquí que yo visito el pueblo de Amón de No, y a Faraón y a Egipto, y a sus dioses y a sus reyes; así a Faraón como a los que en él con­fían.
JER 46:26 Y entregarélos en mano de los que buscan su alma, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus sier­vos: mas después será habitada como en los días pasados, dice el SEÑOR.
JER 46:27 Y tú no temas, siervo mío Jacob, y no desmayes, Israel; porque he aquí que yo te salvo de lejos, y a tu simiente de la tierra de su cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será pros­perado, y no habrá quien lo espante.
JER 46:28 Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice el SEÑOR; porque yo soy contigo: porque haré con­sumación en todas las naciones a las cuales te habré echado; mas en ti no haré consumación, sino que te castigaré con juicio, y no te talaré del todo.
JER 47:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Jeremías profeta acerca de los filisteos, antes que Faraón hiriese a Gaza.
JER 47:2 Así ha dicho el SEÑOR: He aquí que suben aguas del norte, y tornaránse en torrente, e inundarán la tierra y su plenitud, ciudades y moradores de ellas; y los hombres clamarán, y aullará todo morador de la tierra.
JER 47:3 Por el sonido de las pezuñas de sus fuertes, por el alboroto de sus carros, por el estruendo de sus ruedas, los padres no miraron a los hijos por la flaqueza de las manos;
JER 47:4 A causa del día que viene para destrucción de todos los filisteos, para talar a Tiro, y a Sidón, a todo ayudador que quedó vivo: porque el SEÑOR destruirá a los filisteos, al remanente de la isla de Caftor.
JER 47:5 Sobre Gaza vino mesadura, Ascalón fue cortada, y el rema­nente de su valle: ¿hasta cuándo te arañarás?
JER 47:6 Oh espada del SEÑOR, ¿hasta cuándo no reposarás? Métete en tu vaina, reposa y sosiega.
JER 47:7 ¿Cómo reposarás? pues que el SEÑOR lo ha enviado contra Ascalón, y a la ribera del mar, allí lo puso.
JER 48:1 ACERCA de Moab. Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: ¡Ay de Nebo! que fue destruída, fue avergonzada; Quiriataim fue tomada; fue confusa Misgab, y desmayó.
JER 48:2 No se alabará ya más Moab; contra Hesbón maquinaron mal, [diciendo:] Venid, y quitémosla de entre las naciones. También tú, Madmén, serás cortada; espada irá tras ti.
JER 48:3 ¡Voz de clamor de Horonaim, destrucción y gran quebranta­miento!
JER 48:4 Moab fue quebrantada; hicieron que se oyese el clamor de sus pequeños.
JER 48:5 Porque a la subida de Luhit con lloro subirá el que llora; por­que a la bajada de Horonaim los enemigos oyeron clamor de que­branto.
JER 48:6 Huid, salvad vuestra vida, y sed como retama en el desierto.
JER 48:7 Pues por cuanto confiaste en tus haciendas, en tus tesoros, tú también serás tomada: y Quemos saldrá en cautiverio, los sacerdo­tes y sus príncipes juntamente.
JER 48:8 Y vendrá destruidor a cada una de las ciudades, y ninguna ciu­dad escapará: arruinaráse tam­bién el valle, y será destruída la campiña, como ha dicho el SEÑOR.
JER 48:9 Dad alas a Moab, para que volando se vaya; pues serán de­siertas sus ciudades hasta no quedar en ellas morador.
JER 48:10 Maldito el que hiciere enga­ñosamente la obra del SEÑOR, y maldito el que detuviere su espa­da de la sangre.
JER 48:11 Quieto estuvo Moab desde su mocedad, y sobre sus heces ha estado él reposado, y no fue tra­segado de vaso en vaso, ni nunca fue en cautiverio: por tanto quedó su sabor en él, y su olor no se ha trocado.
JER 48:12 Por eso, he aquí que vienen días, ha dicho el SEÑOR, en que yo le enviaré derramadores que le derramarán; y vaciarán sus vasos, y romperán sus odres.
JER 48:13 Y avergonzaráse Moab de Quemos, a la manera que la casa de Israel se avergonzó de Betel, su confianza.
JER 48:14 ¿Cómo diréis: Somos valien­tes, y robustos hombres para la guerra?
JER 48:15 Destruído fue Moab, y sus ciudades asoló, y sus escogidos mancebos descendieron al dego­lladero, ha dicho el Rey, cuyo nombre es el SEÑOR de los ejér­citos.
JER 48:16 Cercano está el quebranta­miento de Moab para venir, y su mal se apresura mucho.
JER 48:17 Compadeceos de él todos los que estáis alrededor suyo; y todos los que sabéis su nombre, decid: ¿Cómo se quebró la vara de fortaleza, el báculo de hermo­sura?
JER 48:18 Desciende de la gloria, siénta­te en seco, moradora hija de Dibón; porque el destruidor de Moab subió contra ti, disipó tus fortalezas.
JER 48:19 Párate en el camino, y mira, oh moradora de Aroer: pregunta a la que va huyendo, y a la que escapó, dile: ¿Qué ha aconteci­do?
JER 48:20 Avergonzóse Moab, porque fue quebrantado: aullad y cla­mad: denunciad en Arnón que Moab es destruído.
JER 48:21 Y que vino juicio sobre la tierra de la campiña; sobre Holón, y sobre Jahzah, y sobre Mefaat,
JER 48:22 Y sobre Dibón, y sobre Nebo, y sobre Bet-diblataim,
JER 48:23 Y sobre Quiriataim, y sobre Bet-gamul, y sobre Bet-meon,
JER 48:24 Y sobre Queriot, y sobre Bosra, y sobre todas las ciudades de tierra de Moab, las de lejos y las de cerca.
JER 48:25 Cortado es el cuerno de Moab, y su brazo quebrantado, dice el SEÑOR.
JER 48:26 Embriagadlo, porque contra el SEÑOR se engrandeció; y revuélquese Moab sobre su vómito, y sea también él por escarnio.
JER 48:27 ¿Y no te fue a ti Israel por escarnio, como si lo tomaran entre ladrones? porque desde que de él hablaste, tú te has movido.
JER 48:28 Desamparad las ciudades, y habitad en peñascos, oh morado­res de Moab; y sed como la palo­ma que hace nido detrás de la boca de la caverna.
JER 48:29 Oído hemos la soberbia de Moab, que es muy soberbio: su hinchazón y su orgullo, y su alti­vez y la altanería de su corazón.
JER 48:30 Yo conozco, dice el SEÑOR, su cólera; mas no tendrá efecto: sus mentiras no han de aprove­char[le].
JER 48:31 Por tanto yo aullaré sobre Moab, y sobre todo Moab haré clamor, y sobre los hombres de Kirheres gemiré.
JER 48:32 Con lloro de Jazer lloraré por ti, oh vid de Sibma: tus sarmien­tos pasaron el mar, llegaron hasta el mar de Jazer: sobre tu agosto y sobre tu vendimia vino destrui­dor.
JER 48:33 Y será cortada la alegría y el regocijo de los campos labrados, y de la tierra de Moab: y haré cesar el vino de los lagares: no pisarán con canción; la canción no será canción.
JER 48:34 El clamor, desde Hesbón hasta Eleale; hasta Jaaz dieron su voz: desde Zoar hasta Horonaim, becerra de tres años: porque tam­bién las aguas de Nimrin serán destruídas.
JER 48:35 Y haré cesar de Moab, dice el SEÑOR, quien sacrifique en altar, y quien ofrezca sahumerio a sus dioses.
JER 48:36 Por tanto, mi corazón resonará como flautas por causa de Moab, asimismo resonará mi corazón a modo de flautas por los hombres de Kirheres: porque perecieron las riquezas que había hecho.
JER 48:37 Porque en toda cabeza habrá calva, y toda barba será raída; sobre todas manos rasguños, y cilicio sobre todos los lomos.
JER 48:38 Sobre todas las techumbres de Moab y en sus calles, todo él será llanto; porque yo quebranté a Moab como a vaso que no agra­da, dice el SEÑOR.
JER 48:39 Aullad: ¡Cómo ha sido que­brantado! ¡cómo volvió la cerviz Moab, y fue avergonzado! Y fue Moab en escarnio y en espanto a todos los que están en sus alrede­dores.
JER 48:40 Porque así ha dicho el SEÑOR: He aquí que como águi­la volará, y extenderá sus alas a Moab.
JER 48:41 Tomadas son las ciudades, y tomadas son las fortalezas; y será aquel día el corazón de los valientes de Moab como el cora­zón de mujer en angustias.
JER 48:42 Y Moab será destruído para dejar de ser pueblo: porque se engrandeció contra el SEÑOR.
JER 48:43 Miedo y hoyo y lazo sobre ti, oh morador de Moab, dice el SEÑOR.
JER 48:44 El que huyere del miedo, caerá en el hoyo; y el que saliere del hoyo, será preso del lazo: porque yo traeré sobre él, sobre Moab, año de su visitación, dice el SEÑOR.
JER 48:45 A la sombra de Hesbón se pararon los que huían de la fuer­za; mas salió fuego de Hesbón, y llama de en medio de Sihón, y quemó el rincón de Moab, y la mollera de los hijos revoltosos.
JER 48:46 ¡Ay de ti, Moab! pereció el pueblo de Quemos: porque tus hijos fueron presos para cautivi­dad, y tus hijas para cautiverio.
JER 48:47 Pero haré tornar el cauti­verio de Moab en lo postrero de los tiempos, dice el SEÑOR. Hasta aquí es el juicio de Moab.
JER 49:1 DE los hijos de Amón. Así ha dicho el SEÑOR: ¿No tiene hijos Israel? ¿No tiene heredero? ¿Por qué tomó como por heredad el rey de ellos a Gad, y su pueblo habitó en sus ciudades?
JER 49:2 Por tanto, he aquí vienen días, ha dicho el SEÑOR, en que haré oír en Rabá de los hijos de Amón clamor de guerra; y será puesta en montón de asolamien­to, y sus ciudades serán puestas a fuego, e Israel tomará por heredad a los que los tomaron a ellos, ha dicho el SEÑOR.
JER 49:3 Aúlla, oh Hesbón, porque des­truída es Hai; clamad, hijas de Rabá, vestíos de cilicio, ende­chad, y rodead por los vallados, porque el rey de ellos fue en cau­tiverio, sus sacerdotes y sus prín­cipes juntamente.
JER 49:4 ¿Por qué te glorías de los valles? Tu valle se deshizo, oh hija contumaz, la que confía en sus tesoros, [la que dice:] ¿Quién vendrá contra mí?
JER 49:5 He aquí yo traigo sobre ti espanto, dice el Señor DIOS de los ejércitos, de todos tus alrede­dores; y seréis lanzados cada uno en derechura de su rostro, y no habrá quien recoja al errante.
JER 49:6 Y después de esto haré tornar la cautividad de los hijos de Amón, dice el SEÑOR.
JER 49:7 De Edom. Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: ¿No hay más sabiduría en Temán? ¿ha perecido el consejo en los sabios? ¿corrompióse su sabidu­ría?
JER 49:8 Huid, volveos, escondeos en simas para estar, oh moradores de Dedán; porque el quebranta­miento de Esaú traeré sobre él, al tiempo que lo tengo de visitar.
JER 49:9 Si vendimiadores vinieran con­tra ti, ¿no dejarán rebuscos? Si ladrones de noche, tomarán lo que hubieren menester.
JER 49:10 Mas yo desnudaré a Esaú, descubriré sus escondrijos, y no podrá esconderse: será destruída su simiente, y sus hermanos, y sus vecinos; y no será.
JER 49:11 Deja tus huérfanos, yo los criaré; y en mí se confiarán tus viudas.
JER 49:12 Porque así ha dicho el SEÑOR: He aquí que los que no estaban condenados a beber de la copa, beberán ciertamente; ¿y serás tú absuelto del todo? No serás absuelto, sino que de cierto beberás.
JER 49:13 Porque por mí he jurado, dice el SEÑOR, que en asolamiento, en oprobio, en soledad, y en mal­dición, será Bosra; y todas sus ciudades serán en asolamientos perpetuos.
JER 49:14 La fama oí, que del SEÑOR había sido enviado mensajero a las gentes, [diciendo:] Juntaos, y venid contra ella, y levantaos a la batalla.
JER 49:15 Porque he aquí que pequeño te he puesto entre las gentes, menos­preciado entre los hombres.
JER 49:16 Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón, tú que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte: aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender, dice el SEÑOR.
JER 49:17 Y será Edom en asolamiento: todo aquel que pasare por ella se espantará, y silbará sobre todas sus plagas.
JER 49:18 Como el trastornamiento de Sodoma y de Gomorra, y de sus ciudades vecinas, dice el SEÑOR, no morará allí nadie, ni la habitará hijo de hombre.
JER 49:19 He aquí que como león subirá de la hinchazón del Jordán con­tra la bella [y] robusta; porque muy pronto harélo correr de sobre ella, y al que fuere escogido la encargaré; porque ¿Quién es semejante a mí? ¿y quién me emplazará? ¿y quién será aquel pastor que me podrá resistir?
JER 49:20 Por tanto, oíd el consejo del SEÑOR, que ha acordado sobre Edom; y sus pensamientos, que ha resuelto sobre los moradores de Temán. Ciertamente los más pequeños del hato los arrastra­rán, y destruirán sus moradas con ellos.
JER 49:21 Del estruendo de la caída de ellos la tierra tembló, y el grito de su voz se oyó en el mar Bermejo.
JER 49:22 He aquí que como águila subirá y volará, y extenderá sus alas sobre Bosra: y el corazón de los valientes de Edom será en aquel día como el corazón de mujer en angustias.
JER 49:23 Acerca de Damasco. Confundióse Hamat, y Arfad, porque oyeron malas nuevas: derritiéronse en aguas de desma­yo, no pueden sosegarse.
JER 49:24 Desmayóse Damasco, volvió­se para huir, y tomóle temblor: angustia y dolores le tomaron, como de mujer que está de parto.
JER 49:25 ¡Cómo dejaron a la ciudad de alabanza, ciudad de mi gozo!
JER 49:26 Por tanto, sus mancebos cae­rán en sus plazas, y todos los hombres de guerra morirán en aquel día, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos.
JER 49:27 Y haré encender fuego en el muro de Damasco, y consumirá las casas de Ben-hadad.
JER 49:28 De Cedar y de los reinos de Hasor, los cuales hirió Nabucodonosor rey de Babilonia. Así ha dicho el SEÑOR: Levantaos, subid contra Cedar, y destruid los hijos de orien­te.
JER 49:29 Sus tiendas y sus ganados tomarán: sus cortinas, y todos sus vasos, y sus camellos, toma­rán para sí; y llamarán contra ellos miedo alrededor.
JER 49:30 Huid, trasponeos muy lejos, meteos en simas para estar, oh moradores de Hasor, dice el SEÑOR; porque tomó consejo contra vosotros Nabucodonosor rey de Babilonia, y contra voso­tros ha formado designio.
JER 49:31 Levantaos, subid a la nación rica, que vive confiadamente, dice el SEÑOR, que ni tienen puertas ni cerrojos, [que] viven solitarios.
JER 49:32 Y serán sus camellos por presa, y la multitud de sus gana­dos por despojo; y esparcirélos por todos vientos, echados hasta el postrer rincón; y de todos sus lados les traeré su ruina, dice el SEÑOR.
JER 49:33 Y Hasor será morada de dra­gones, soledad para siempre: ninguno morará allí, ni la habita­rá hijo de hombre.
JER 49:34 Palabra del SEÑOR que vino a Jeremías profeta acerca de Elam, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá, diciendo:
JER 49:35 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: He aquí que yo quiebro el arco de Elam, principio de su fortaleza.
JER 49:36 Y traeré sobre Elam los cuatro vientos de los cuatro puntos del cielo, y aventarélos a todos estos vientos; ni habrá nación adonde no vengan extranjeros de Elam.
JER 49:37 Y haré que Elam se intimide delante de sus enemigos, y delante de los que buscan su alma; y traeré sobre ellos mal, y el furor de mi enojo, dice el SEÑOR; y enviaré en pos de ellos espada hasta que los acabe.
JER 49:38 Y pondré mi silla en Elam, y destruiré de allí rey y príncipe, dice el SEÑOR.
JER 49:39 Mas acontecerá en lo postrero de los días, que haré tornar la cautividad de Elam, dice el SEÑOR.
JER 50:1 LA palabra que habló el SEÑOR contra Babilonia, contra la tierra de los caldeos, por mano de Jeremías profeta.
JER 50:2 Denunciad en las naciones, y haced saber; levantad también bandera: publicad, y no encubráis; decid: Tomada es Babilonia, Bel es confundido, deshecho es Merodac; confundidas son sus esculturas, quebrados son sus ído­los.
JER 50:3 Porque subió contra ella una nación del norte, la cual pondrá su tie­rra en asolamiento, y no habrá ni hombre ni animal que en ella more: moviéronse, se fueron.
JER 50:4 En aquellos días y en aquel tiempo, dice el SEÑOR, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán al SEÑOR su Dios.
JER 50:5 Preguntarán por el camino de Sión, hacia donde [volverán] sus rostros, [diciendo:] Venid, y juntaos al SEÑOR con pacto eter­no, que jamás se ponga en olvi­do.
JER 50:6 Ovejas perdidas fueron mi pue­blo: sus pastores las hicieron errar, por los montes las desca­rriaron: anduvieron de monte en collado, olvidáronse de sus maja­das.
JER 50:7 Todos los que los hallaban, los comían; y decían sus enemigos: No pecaremos, porque ellos pecaron al SEÑOR morada de justicia, al SEÑOR, esperanza de sus padres.
JER 50:8 Huid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de los caldeos, y sed como los man­sos delante del ganado.
JER 50:9 Porque he aquí que yo suscito y hago subir contra Babilonia asamblea de grandes naciones de la tierra del norte; y desde allí se aparejarán contra ella, y será tomada: sus flechas como de valiente diestro, que no se torna­rá en vano.
JER 50:10 Y la Caldea será para presa: todos los que la saquearen, sal­drán hartos, dice el SEÑOR.
JER 50:11 Porque os alegrasteis, porque os gozasteis destruyendo mi heredad, porque os henchisteis como becerra de renuevos, y relinchasteis como caballos;
JER 50:12 Vuestra madre se avergonzó mucho, afrentóse la que os engendró: he aquí será la postre­ra de las naciones: desierto, seque­dad, y páramo.
JER 50:13 Por la ira del SEÑOR no será habitada, sino que asolada será toda ella; todo hombre que pasa­re por Babilonia se asombrará, y silbará sobre todas sus plagas.
JER 50:14 Apercibíos contra Babilonia alrededor, todos los que entesáis arco; tirad contra ella, no escati­méis las saetas: porque pecó con­tra el SEÑOR.
JER 50:15 Gritad contra ella en derredor; dio su mano; caído han sus fun­damentos, derribados son sus muros; porque venganza es del SEÑOR. Tomad venganza de ella; haced con ella como ella hizo.
JER 50:16 Talad de Babilonia sembra­dor, y el que tiene hoz en tiempo de la siega: delante de la espada opresora cada uno volverá el ros­tro hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra.
JER 50:17 Ganado descarriado es Israel; leones lo amontonaron: el rey de Asiria lo devoró el primero; este Nabucodonosor rey de Babilonia lo deshuesó el postrero.
JER 50:18 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo visito al rey de Babilonia y a su tierra, como visité al rey de Asiria.
JER 50:19 Y volveré a traer a Israel a su morada, y pacerá en el Carmelo y en Basán; y en el monte de Efraím y de Galaad se hartará su alma.
JER 50:20 En aquellos días y en aquel tiempo, dice el SEÑOR, la mal­dad de Israel será buscada, y no parecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán: porque perdonaré a los que yo hubiere dejado.
JER 50:21 Sube contra la tierra de Merataim, contra ella, y contra los moradores de Pekod: destru­ye y mata en pos de ellos, dice el SEÑOR, y haz conforme a todo lo que yo te he mandado.
JER 50:22 Estruendo de guerra en la tie­rra, y quebrantamiento grande.
JER 50:23 ¡Cómo fue cortado y quebra­do el martillo de toda la tierra! ¡cómo se tornó Babilonia en desierto entre las naciones!
JER 50:24 Púsete lazos, y aun fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste: fuiste hallada, y aun presa, porque provocaste al SEÑOR.
JER 50:25 Abrió el SEÑOR su tesoro, y sacó los instrumentos de su furor: porque ésta [es] obra del Señor DIOS de los ejércitos, en la tierra de los caldeos.
JER 50:26 Venid contra ella desde el cabo [de la tierra]: abrid sus alma­cenes: hacedla montones, y des­truidla: no le quede remanente.
JER 50:27 Matad todos sus novillos; vayan al matadero: ¡ay de ellos! que venido es su día, el tiempo de su visitación.
JER 50:28 Voz de los que huyen y esca­pan de la tierra de Babilonia, para dar las nuevas en Sión de la venganza del SEÑOR nuestro Dios, de la venganza de su tem­plo.
JER 50:29 Haced juntar sobre Babilonia flecheros, a todos los que entesan arco; asentad campo sobre ella alrededor; no escape de ella nin­guno: pagadle según su obra; conforme a todo lo que ella hizo, haced con ella: porque contra el SEÑOR se ensoberbeció, contra el Santo de Israel.
JER 50:30 Por tanto sus mancebos cae­rán es sus plazas, y todos sus hombres de guerra serán talados en aquel día, dice el SEÑOR.
JER 50:31 He aquí yo contra ti, oh sober­bio, dice el Señor DIOS de los ejércitos: porque tu día es veni­do, el tiempo en que te visitaré.
JER 50:32 Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levan­te: y encenderé fuego en sus ciu­dades, y quemaré todos sus alre­dedores.
JER 50:33 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Oprimidos fueron los hijos de Israel y los hijos de Judá juntamente: y todos los que los tomaron cautivos, se los retuvie­ron; no los quisieron soltar.
JER 50:34 El Redentor de ellos es el Fuerte; el SEÑOR de los ejérci­tos es su nombre: de cierto abo­gará la causa de ellos, para hacer quietar la tierra, y turbar los moradores de Babilonia.
JER 50:35 Espada sobre los caldeos, dice el SEÑOR, y sobre los moradores de Babilonia, y sobre sus príncipes, y sobre sus sabios.
JER 50:36 Espada sobre los adivinos, y se atontarán; espada sobre sus valientes, y serán quebrantados.
JER 50:37 Espada sobre sus caballos, y sobre sus carros, y sobre todo el vulgo que está en medio de ella, y serán como mujeres: espada sobre sus tesoros, y serán saqueados.
JER 50:38 Sequedad sobre sus aguas, y secaránse: porque tierra es de esculturas, y en ídolos enloque­cen.
JER 50:39 Por tanto, allí morarán bestias monteses con lobos, morarán también en ella búhos: y no más será poblada para siempre, ni se habitará de gene­ración en generación.
JER 50:40 Como en el trastornamiento de Dios a Sodoma y a Gomorra y a sus ciudades vecinas, dice el SEÑOR, no morará allí hombre, ni hijo de hombre la habitará.
JER 50:41 He aquí viene un pueblo del norte; y una nación grande, y muchos reyes se levantarán de los lados de la tierra.
JER 50:42 Arco y lanza manejarán; serán crueles, y no tendrán compasión; su voz sonará como el mar, y montarán sobre caballos: aperci­birse han como hombre a la pelea, contra ti, oh hija de Babilonia.
JER 50:43 Oyó su fama el rey de Babilonia, y sus manos se desco­yuntaron: angustia le tomó, dolor como de mujer de parto.
JER 50:44 He aquí que como león subirá de la hinchazón del Jordán a la morada fuerte: porque muy pronto le haré correr de sobre ella, y al que fuere escogido la encargaré: porque ¿Quién es semejante a mí? ¿y quién me emplazará? ¿o quién será aquel pastor que me podrá resistir?
JER 50:45 Por tanto, oíd el consejo del SEÑOR, que ha acordado sobre Babilonia, y sus pensamientos que ha formado sobre la tierra de los caldeos: Ciertamente los más pequeños del hato los arrastra­rán, y destruirán sus moradas con ellos.
JER 50:46 Del grito de la toma de Babilonia la tierra tembló, y el clamor se oyó entre las naciones.
JER 51:1 ASÍ ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo levanto sobre Babilonia, y sobre sus moradores que se levantan contra mí, un viento destruidor.
JER 51:2 Y enviaré a Babilonia aventa­dores que la avienten, y vaciarán su tierra; porque serán contra ella de todas partes en el día del mal.
JER 51:3 [Diré] al flechero que entesa su arco, y al que se pone orgulloso con su loriga: No perdonéis a sus mancebos, destruid todo su ejér­cito.
JER 51:4 Y caerán muertos en la tierra de los caldeos, y alanceados en sus calles.
JER 51:5 Porque Israel y Judá no han enviudado de su Dios, el SEÑOR de los ejércitos, aunque su tierra fue llena de pecado contra el Santo de Israel.
JER 51:6 Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su alma, porque no perezcáis a causa de su maldad: porque el tiempo es de venganza del SEÑOR; darále su pago.
JER 51:7 Copa de oro fue Babilonia en la mano del SEÑOR, que embriaga toda la tierra: de su vino bebieron las naciones; aturdiéronse por tanto las naciones.
JER 51:8 En un momento cayó Babilonia, y despedazóse: aullad sobre ella; tomad bálsamo para su dolor, quizá sanará.
JER 51:9 Curamos a Babilonia, y no ha sanado: dejadla, y vámonos cada uno a su tierra; porque llegado ha hasta el cielo su juicio, y alzádo­se hasta las nubes.
JER 51:10 El SEÑOR sacó a luz nuestras justicias: venid, y contemos en Sión la obra del SEÑOR nuestro Dios.
JER 51:11 Limpiad las saetas, embrazad los escudos: despertado ha el SEÑOR el espíritu de los reyes de Media; porque contra Babilonia es su pensamiento para destruirla; porque venganza es del SEÑOR, venganza de su templo.
JER 51:12 Levantad bandera sobre los muros de Babilonia, reforzad la guardia, poned centinelas, dispo­ned celadas; porque deliberó el SEÑOR, y aun pondrá en efecto lo que ha dicho sobre los mora­dores de Babilonia.
JER 51:13 La que moras entre muchas aguas, rica en tesoros, venido ha tu fin, la medida de tu codicia.
JER 51:14 El SEÑOR de los ejércitos juró por su vida, [diciendo:] Yo te llenaré de hombres como de lan­gostas, y levantarán contra ti gri­tería.
JER 51:15 Él [es el] que hizo la tierra por su poder, el que estableció el mundo por su sabiduría, y exten­dió el cielo por su entendimiento;
JER 51:16 El que da con su voz muche­dumbre de aguas en los cielos, y hace subir las nubes de lo postre­ro de la tierra; él hace relámpa­gos con la lluvia, y saca el viento de sus tesoros.
JER 51:17 Todo hombre se ha embrute­cido por [su] conocimiento: aver­güénzase todo artífice de la escultura, porque mentira es su vaciadizo, que no tiene espíritu.
JER 51:18 Vanidad son, obra de irrisio­nes; en el tiempo de su visitación perecerán.
JER 51:19 No es como ellos la parte de Jacob: porque él es el formador de todo; e [Israel] es la vara de su heredad: el SEÑOR de los ejérci­tos es su nombre.
JER 51:20 Martillo me sois, y armas de guerra; y por medio de ti que­brantaré naciones, y por medio de ti desharé reinos;
JER 51:21 Y por tu medio quebrantaré caballos y sus cabalgadores, y por medio de ti quebrantaré carros y los que en ellos suben;
JER 51:22 Asimismo por tu medio que­brantaré hombres y mujeres, y por medio de ti quebrantaré vie­jos y mozos, y por tu medio que­brantaré mancebos y vírgenes:
JER 51:23 También quebrantaré por medio de ti al pastor y a su mana­da: quebrantaré por tu medio a labradores y sus yuntas; y duques y príncipes quebrantaré por medio de ti.
JER 51:24 Y pagaré a Babilonia y a todos los moradores de Caldea, todo el mal de ellos que hicieron en Sión delante de vuestros ojos, dice el SEÑOR.
JER 51:25 He aquí yo contra ti, oh monte destruidor, dice el SEÑOR, que destruiste toda la tierra; y exten­deré mi mano sobre ti, y te haré rodar de las peñas, y te tornaré monte quemado.
JER 51:26 Y nadie tomará de ti piedra para esquina, ni piedra para cimiento; porque perpetuos aso­lamientos serás, ha dicho el SEÑOR.
JER 51:27 Alzad bandera en la tierra, tocad trompeta en las naciones, apercibid naciones contra ella; jun­tad contra ella los reinos de Ararat, de Mini, y de Askenaz; señalad contra ella capitán, haced subir caballos como lan­gostas erizadas.
JER 51:28 Apercibid contra ella naciones; a reyes de Media, a sus capitanes, y a todos sus príncipes, y a toda la tierra de su señorío.
JER 51:29 Y temblará la tierra, y afligirá­se; porque confirmado es contra Babilonia todo el pensamiento del SEÑOR, para poner la tierra de Babilonia en soledad, y que no haya morador.
JER 51:30 Los valientes de Babilonia dejaron de pelear, estuviéronse en sus fuertes: faltóles su fortale­za, tornáronse como mujeres: encendiéronse sus casas, quebrá­ronse sus cerrojos.
JER 51:31 Correo se encontrará con correo, mensajero se encontrará con mensajero, para noticiar al rey de Babilonia que su ciudad es tomada por todas partes:
JER 51:32 Y los vados fueron tomados, y los carrizos fueron quemados a fuego, y consternáronse los hom­bres de guerra.
JER 51:33 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel: La hija de Babilonia es como parva; tiempo es ya de tri­llarla: de aquí a poco le vendrá el tiempo de la siega.
JER 51:34 Comióme, desmenuzóme Nabucodonosor rey de Babilonia; paróme [como] vaso vacío, tragóme como dragón, hinchió su vientre de mis delicadezas, y echóme.
JER 51:35 Sobre Babilonia la violencia contra mí y mi carne, dirá la moradora de Sión; y mi sangre sobre los moradores de Caldea, dirá Jerusalem.
JER 51:36 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: He aquí que yo juzgo tu causa y haré tu venganza; y secaré su mar, y haré que quede seca su corriente.
JER 51:37 Y será Babilonia para monto­nes, morada de dragones, espan­to y silbo, sin morador.
JER 51:38 A una rugirán como leones; como cachorros de leones bra­marán.
JER 51:39 En su calor les pondré sus banquetes; y haréles que se embriaguen, para que se alegren, y duerman eterno sueño, y no despierten, dice el SEÑOR.
JER 51:40 Hacerlos he traer como corderos al matadero, como carneros con cabritos.
JER 51:41 ¡Cómo fue presa Sesac, y fue tomada la que era alabada por toda la tierra! ¡Cómo fue Babilonia por espanto entre las naciones!
JER 51:42 Subió el mar sobre Babilonia; de la multitud de sus ondas fue cubierta.
JER 51:43 Sus ciudades fueron asoladas, la tierra seca y desierta, tierra que no morará en ella nadie, ni pasa­rá por ella hijo de hombre.
JER 51:44 Y visitaré a Bel en Babilonia, y sacaré de su boca lo que ha tra­gado: y no vendrán más a él naciones; y el muro de Babilonia caerá.
JER 51:45 Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada uno su alma de la ira del furor del SEÑOR.
JER 51:46 Y porque no desmaye vuestro corazón, y temáis a causa de la fama que se oirá por la tierra, en un año vendrá la fama, y después en otro año el rumor, y la violen­cia en la tierra, y el enseñoreador sobre el que enseñorea.
JER 51:47 Por tanto, he aquí vienen días que yo visitaré las esculturas de Babilonia, y toda su tierra será avergonzada, y todos sus muer­tos caerán en medio de ella.
JER 51:48 Y el cielo y la tierra, y todo lo que está en ellos, darán ala­banzas sobre Babilonia: porque del norte vendrán sobre ella destruidores, dice el SEÑOR.
JER 51:49 Pues que Babilonia fue causa que cayesen muertos de Israel, también de Babilonia caerán muertos de toda la tierra.
JER 51:50 Los que escapasteis de la espada, andad, no os detengais; acordaos por muchos días del SEÑOR, y acordaos de Jerusalem.
JER 51:51 Estamos avergonzados, por­que oímos la afrenta: confusión cubrió nuestros rostros, porque vinieron extranjeros contra los santuarios de la casa del SEÑOR.
JER 51:52 Por tanto, he aquí vienen días, dice el SEÑOR, que yo visitaré sus esculturas, y en toda su tierra gemirán los heridos.
JER 51:53 Si subiese Babilonia al cielo, y si fortaleciere en lo alto su fuer­za, de mí vendrán a ella destrui­dores, dice el SEÑOR.
JER 51:54 ¡Sonido de grito de Babilonia, y quebrantamiento grande de la tierra de los caldeos!
JER 51:55 Porque el SEÑOR destruye a Babilonia, y quitará de ella el mucho estruendo; y bramarán sus ondas, como muchas aguas será el sonido de la voz de ellos:
JER 51:56 Porque vino destruidor contra ella, contra Babilonia, y sus valientes fueron presos, el arco de ellos fue quebrado: porque el SEÑOR Dios de retribuciones, dará la paga.
JER 51:57 Y embriagaré sus príncipes y sus sabios, sus capitanes y sus nobles y sus fuertes; y dormirán sueño eterno y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es el SEÑOR de los ejércitos.
JER 51:58 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: El muro ancho de Babilonia será derribado entera­mente, y sus altas puertas serán quemadas a fuego; y en vano tra­bajarán pueblos y gentes en el fuego, y se cansarán.
JER 51:59 La palabra que ordenó Jeremías profeta a Seraías hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando iba con Sedequías rey de Judá a Babilonia, el cuarto año de su reinado. Y [era] Seraías un príncipe quieto.
JER 51:60 Escribió pues Jeremías en un libro todo el mal que había de venir sobre Babilonia, todas las palabras que están escritas contra Babilonia.
JER 51:61 Y dijo Jeremías a Seraías: Cuando llegares a Babilonia, y vieres y leyeres todas estas cosas,
JER 51:62 Dirás: Oh SEÑOR, tú has dicho contra este lugar que lo habías de talar, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni animal, sino que para siempre ha de ser asolado.
JER 51:63 Y será que cuando acabares de leer este libro, le atarás una piedra, y lo echarás en medio del Éufrates;
JER 51:64 Y dirás: Así será anegada Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella; y serán rendidos. Hasta aquí son las palabras de Jeremías.
JER 52:1 ERA Sedequías de edad de veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalem. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremías, de Libna.
JER 52:2 E hizo lo malo en los ojos del SEÑOR, conforme a todo lo que hizo Joacim.
JER 52:3 Y a causa de la ira del SEÑOR contra Jerusalem y Judá, fue el llegar a echarlos de su presencia: y rebelóse Sedequías contra el rey de Babilonia.
JER 52:4 Aconteció por tanto a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que vino Nabucodonosor rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalem, y contra ella asentaron campo, y de todas par­tes edificaron contra ella baluar­tes.
JER 52:5 Y estuvo cercada la ciudad hasta el undécimo año del rey Sedequías.
JER 52:6 En el mes cuarto, a los nueve del mes, prevaleció el hambre en la ciudad, hasta no haber pan para el pueblo de la tierra.
JER 52:7 Y fue entrada la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron, y saliéronse de la ciudad de noche por el camino de postigo de entre los dos muros, que había cerca del jardín del rey, y fuéron­se por el camino del desierto, estando aún los caldeos junto a la ciudad alrededor.
JER 52:8 Y el ejército de los caldeos siguió al rey, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y esparcióse de él todo su ejérci­to.
JER 52:9 Entonces prendieron al rey, e hiciéronle venir al rey de Babilonia, a Ribla en tierra de Hamat, donde pronunció contra él sentencia.
JER 52:10 Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías delante de sus ojos, y también degolló a todos los príncipes de Judá en Ribla.
JER 52:11 Después le sacó los ojos a Sedequías, y el rey de Babilonia le ató en cadenas y lo llevó a Babilonia; y lo puso en la cárcel hasta el día en que murió.
JER 52:12 Y en el mes quinto, a los diez del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalem Nabuzaradán, capitán de la guar­dia, que solía estar delante del rey de Babilonia.
JER 52:13 Y quemó la casa del SEÑOR, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalem; y abrasó con fuego todo grande edificio.
JER 52:14 Y todo el ejército de los caldeos, que venía con el capitán de la guardia, destruyó todos los muros de Jerusalem en derredor.
JER 52:15 E hizo llevar cautivos Nabuzaradán, capitán de la guar­dia, los pobres del pueblo, y toda la otra gente vulgar que en la ciu­dad habían quedado, y los fugiti­vos que se habían huído al rey de Babilonia, y todo el resto de la multitud vulgar.
JER 52:16 Mas de los pobres del país dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para viñadores y labradores.
JER 52:17 Y los caldeos quebraron las columnas de latón que estaban en la casa del SEÑOR, y las basas, y el mar de latón que estaba en la casa del SEÑOR, y llevaron todo el latón a Babilonia.
JER 52:18 Lleváronse también los calde­ros, y los badiles, y los salterios, y las bacías, y los cazos, y todos los vasos de latón con que se servían.
JER 52:19 Y las copas, e incensarios, y tazones, y ollas, y candeleros, y cucharas, y tazas: lo que de oro de oro, y lo que de plata de plata, se llevó el capitán de la guardia.
JER 52:20 Las dos columnas, un mar, y doce bueyes de latón que esta­ban debajo de las basas, que había hecho el rey Salomón en la casa del SEÑOR: no se podía pesar el latón de todos estos vasos.
JER 52:21 Cuanto a las columnas, la altura de la columna era de die­ciocho codos, y un hilo de doce codos la rodeaba: y su grueso era de cuatro dedos, [y] hueca.
JER 52:22 Y el capitel de latón que había sobre ella, era de altura de cinco codos, con una red y gra­nadas en el capitel alrededor, todo de latón; y lo mismo era lo de la segunda columna con sus granadas.
JER 52:23 Había noventa y seis granadas en cada orden: todas ellas eran ciento sobre la red alrededor.
JER 52:24 Tomó también el capitán de la guardia a Seraías principal sacer­dote, y a Sofonías segundo sacerdote, y tres guardas del patio.
JER 52:25 Y de la ciudad tomó un eunu­co que era capitán sobre los hom­bres de guerra, y siete hombres de los continuos del rey, que se hallaron en la ciudad; y al princi­pal secretario de la milicia, que revistaba el pueblo de la tierra para la guerra; y sesenta hombres del vulgo del país, que se halla­ron dentro de la ciudad.
JER 52:26 Tomólos pues Nabuzaradán, capitán de la guardia, y llevólos al rey de Babilonia a Ribla.
JER 52:27 Y el rey de Babilonia los hirió, y los mató en Ribla en tie­rra de Hamat. Así fue Judá tras­portado de su tierra.
JER 52:28 Éste [es] el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: En el año séptimo, tres mil vein­titrés judíos:
JER 52:29 En el año dieciocho de Nabucodonosor, llevó cautivos de Jerusalem ochocientas treinta y dos personas:
JER 52:30 El año veintitrés de Nabucodonosor, llevó cautivos Nabuzaradán capitán de la guar­dia, setecientas cuarenta y cinco personas de los judíos: todas las personas fueron cuatro mil seis­cientas.
JER 52:31 Y acaeció que en el año trein­ta y siete de la cautividad de Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco del mes, Evil-merodac, rey de Babilonia, en el año [primero] de su reinado, alzó la cabeza de Joaquín rey de Judá, y sacólo de la casa de la cárcel;
JER 52:32 Y habló con él amigablemen­te, e hizo poner su silla sobre las sillas de los reyes que estaban con él en Babilonia.
JER 52:33 Hízole mudar también las vestiduras de su prisión, y comía pan delante de él siempre todos los días de su vida.
JER 52:34 Y continuamente se le daba ración por el rey de Babilonia, cada cosa en su día por todos los de su vida, hasta el día de su muerte.
LAM 1:1 ¡CÓMO está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de pro­vincias es hecha tributaria.
LAM 1:2 Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas; no tiene quien la con­suele de todos sus amantes: todos sus amigos la traicionaron, volviéronsele enemigos.
LAM 1:3 Fuese Judá, a causa de la aflic­ción y de la grandeza de servi­dumbre; ella moró entre las gen­tes, y no halló descanso: todos sus perseguidores la alcanzaron entre estrechuras.
LAM 1:4 Las calzadas de Sión tienen luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes; todas sus puertas están asoladas, sus sacer­dotes gimen, sus vírgenes afligi­das, y ella tiene amargura.
LAM 1:5 Sus enemigos han sido hechos cabeza, sus aborrecedores fueron prosperados; porque el SEÑOR la afligió por la multitud de sus rebeliones: sus niños fueron en cautividad delante del enemigo.
LAM 1:6 Fuese de la hija de Sión toda su hermosura: sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto, y anduvieron sin fortaleza delante del perseguidor.
LAM 1:7 Jerusalem, cuando cayó su pueblo en mano del enemigo y no hubo quien le ayudase, se acordó de los días de su aflic­ción, y de sus rebeliones, y de todas sus cosas deseables que tuvo desde los tiempos antiguos: miráronla los enemigos, y escar­necieron de sus sábados.
LAM 1:8 Pecado cometió Jerusalem; por lo cual ella ha sido removida: todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; y ella suspira, y se vuelve atrás.
LAM 1:9 Sus inmundicias en sus faldas; no se acordó de su postrimería: por tanto ella ha descendido maravillosamente, no tiene con­solador. Mira, oh SEÑOR, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.
LAM 1:10 Extendió su mano el enemigo a todas sus cosas preciosas; y ella ha visto entrar en su santuario las gentes, de las cuales mandaste que no entrasen en tu congrega­ción.
LAM 1:11 Todo su pueblo buscó su pan suspirando; dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida. Mira, oh SEÑOR, y ve que estoy abatida.
LAM 1:12 ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque el SEÑOR me ha angustiado en el día de la ira de su furor.
LAM 1:13 Desde lo alto envió fuego en mis huesos, el cual se enseñoreó: ha extendido red a mis pies, tor­nóme atrás, púsome asolada, y que siempre tenga dolor.
LAM 1:14 El yugo de mis rebeliones está ligado por su mano, enlaza­das han subido sobre mi cerviz: ha hecho caer mis fuerzas: hame entregado el Señor en sus manos, contra quienes no podré levan­tarme.
LAM 1:15 El Señor ha hollado todos mis fuertes en medio de mí; llamó contra mí una asamblea para que­brantar mis mancebos: como lagar ha pisado el Señor a la vir­gen hija de Judá.
LAM 1:16 Por esta causa yo lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas; por­que se alejó de mí consolador que dé reposo a mi alma: mis hijos son destruídos, porque el enemigo prevaleció.
LAM 1:17 Sión extendió sus manos, no tiene quien la consuele; el SEÑOR dio mandamiento con­tra Jacob, que sus enemigos lo cercasen: Jerusalem fue en abo­minación entre ellos.
LAM 1:18 El SEÑOR es justo; que yo contra su boca me rebelé. Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor: mis vírgenes y mis mance­bos fueron en cautiverio.
LAM 1:19 Di voces a mis amadores, mas ellos me han engañado; mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad perecieron, buscando comida para sí con que entrete­ner su alma.
LAM 1:20 Mira, oh SEÑOR, que estoy atribulada: mis entrañas rugen, mi corazón está trastornado en medio de mí; porque me rebelé desaforadamente: de fuera deshi­jó la espada, de dentro parece una muerte.
LAM 1:21 Oyeron que gemía, y no hay consolador para mí: todos mis enemigos han oído mi mal, se han holgado de que tú lo hiciste. Harás venir el día que has anun­ciado, y serán como yo.
LAM 1:22 Entre delante de ti toda su maldad, y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis rebeliones: porque muchos son mis suspiros, y mi corazón está doloroso.
LAM 2:1 ¡CÓMO oscureció el Señor en su furor a la hija de Sión! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira.
LAM 2:2 Destruyó el Señor, y no perdo­nó; destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, deslustró el reino y sus príncipes.
LAM 2:3 Cortó con el furor de su ira todo el cuerno de Israel; hizo volver atrás su diestra delante del enemigo; y encendióse en Jacob como llama de fuego que ha devorado en contorno.
LAM 2:4 Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, y mató toda cosa her­mosa a la vista: en la tienda de la hija de Sión derramó como fuego su enojo.
LAM 2:5 Fue el Señor como enemigo, destruyó a Israel; destruyó todos sus palacios, disipó sus fortale­zas: y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y lamento.
LAM 2:6 Y quitó su tienda como de un huerto, destruyó el lugar de su asamblea: el SEÑOR ha hecho olvidar en Sión fiestas solemnes y sábados, y ha desechado en el furor de su ira rey y sacer­dote.
LAM 2:7 Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario, ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios: dieron grita en la casa del SEÑOR como en día de fiesta.
LAM 2:8 El SEÑOR determinó destruir el muro de la hija de Sión; exten­dió el cordel, no retrajo su mano de destruir: Hizo pues, que se lamen­tara el antemuro y el muro; fue­ron destruídos juntamente.
LAM 2:9 Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos: su rey y sus príncipes están entre los gentiles donde no hay ley; sus profetas tampoco hallaron visión del SEÑOR.
LAM 2:10 Sentáronse en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sión; echaron polvo sobre sus cabezas, ciñéronse de cilicio; las vírgenes de Jerusalem bajaron sus cabezas a tierra.
LAM 2:11 Mis ojos desfallecieron de lágrimas, rugieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.
LAM 2:12 Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres.
LAM 2:13 ¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalem? ¿A quién te compara­ré para consolarte, oh virgen hija de Sión? Porque grande es tu quebrantamiento como el mar: ¿quién te medicinará?
LAM 2:14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrie­ron tu pecado para estorbar tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.
LAM 2:15 Todos los que pasaban por el camino, batieron las manos sobre ti; silbaron, y movieron sus cabe­zas sobre la hija de Jerusalem, [diciendo:] ¿Es ésta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?
LAM 2:16 Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca, silbaron, y rechinaron los dientes; dijeron: Devoremos: cierto éste es el día que esperábamos; lo hemos hallado, vímoslo.
LAM 2:17 El SEÑOR ha hecho lo que tenía determinado, ha cumplido su palabra que él había mandado desde tiempo antiguo: destruyó, y no perdonó; y alegró sobre ti al enemigo, y enalteció el cuerno de tus adversarios.
LAM 2:18 El corazón de ellos clamaba al Señor: Oh muro de la hija de Sión, echa lágrimas como un arroyo día y noche; no descan­ses, ni cesen las niñas de tus ojos.
LAM 2:19 Levántate, da voces en la noche, en el principio de las velas; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza tus manos a él por la vida de tus pequeñitos, que des­fallecen de hambre en las entra­das de todas las calles.
LAM 2:20 Mira, oh SEÑOR, y conside­ra a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres su fruto, los pequeñitos de sus crías? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?
LAM 2:21 Niños y viejos yacían por tie­rra en las calles; mis vírgenes y mis mancebos cayeron a espada: mataste en el día de tu furor, degollaste, no perdonaste.
LAM 2:22 Has llamado, como a día de solemnidad, mis temores de todas partes; y en el día del furor del SEÑOR no hubo quien esca­pase ni quedase vivo: los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.
LAM 3:1 YO soy el hombre que ha visto aflicción en la vara de su enojo.
LAM 3:2 Guióme y llevóme en tinieblas, mas no en luz.
LAM 3:3 Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.
LAM 3:4 Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos.
LAM 3:5 Edificó contra mí, y cercóme de tósigo y de trabajo.
LAM 3:6 Asentóme en oscuridades, como los ya muertos de mucho tiempo.
LAM 3:7 Cercóme por todos lados, y no puedo salir; agravó mis grillos.
LAM 3:8 Aun cuando clamé y di voces, cerró [los oídos a] mi oración.
LAM 3:9 Cercó mis caminos con piedra tajada, torció mis senderos.
LAM 3:10 Como oso que acecha fue para mí, como león en escondri­jos.
LAM 3:11 Torció mis caminos, y despe­dazóme; tornóme asolado.
LAM 3:12 Su arco entesó, y púsome como blanco a la saeta.
LAM 3:13 Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba.
LAM 3:14 Fui escarnio a todo mi pueblo, canción de ellos todos los días.
LAM 3:15 Hartóme de amarguras, embriagóme de ajenjos.
LAM 3:16 Quebróme los dientes con cascajo, cubrióme de ceniza.
LAM 3:17 Y mi alma se alejó de la paz, olvidéme del bien.
LAM 3:18 Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza del SEÑOR.
LAM 3:19 Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel.
LAM 3:20 Tendrálo aún en memoria mi alma, porque en mí está humilla­da.
LAM 3:21 Esto reduciré a mi corazón, por lo cual esperaré.
LAM 3:22 [Es por] la misericordia del SEÑOR que no somos consumi­dos, porque nunca decayeron sus compasiones.
LAM 3:23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
LAM 3:24 Mi parte es el SEÑOR, dijo mi alma; por tanto en él esperaré.
LAM 3:25 Bueno es el SEÑOR a los que en él esperan, al alma que le buscare.
LAM 3:26 Bueno es esperar en silencio la salvación del SEÑOR.
LAM 3:27 Bueno es al hombre, si lleva­re el yugo desde su mocedad.
LAM 3:28 Sentaráse solo, y callará, por­que lo llevó sobre sí.
LAM 3:29 Pondrá su boca en el polvo, por si quizá hay esperanza.
LAM 3:30 Dará la mejilla al que le hirie­re; hartaráse de afrenta.
LAM 3:31 Porque el Señor no desechará para siempre:
LAM 3:32 Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias.
LAM 3:33 Porque no aflige ni congoja de su corazón a los hijos de los hombres.
LAM 3:34 Desmenuzar bajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra,
LAM 3:35 Hacer apartar el derecho del hombre ante la presencia del Altísimo,
LAM 3:36 Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo sabe.
LAM 3:37 ¿Quién [será] aquel que diga, que vino [algo] que el Señor no mandó?
LAM 3:38 ¿De la boca del Altísimo no saldrá malo y bueno?
LAM 3:39 ¿Por qué murmura el hombre viviente, el hombre en su peca­do?
LAM 3:40 Escudriñemos nuestros cami­nos, y busquemos, y volvámonos al SEÑOR.
LAM 3:41 Levantemos nuestros corazo­nes con las manos a Dios en los cielos.
LAM 3:42 Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdo­naste.
LAM 3:43 Desplegaste la ira, y nos perseguiste; mataste, no perdonaste.
LAM 3:44 Te cubriste de nube, porque no pasase la oración [nuestra].
LAM 3:45 Raedura y abominación nos tornaste en medio de los pueblos.
LAM 3:46 Todos nuestros enemigos abrieron sobre nosotros su boca.
LAM 3:47 Temor y lazo fue para noso­tros, asolamiento y quebranta­miento.
LAM 3:48 Ríos de aguas echan mis ojos, por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
LAM 3:49 Mis ojos destilan, y no cesan, porque no hay alivio,
LAM 3:50 Hasta que el SEÑOR mire y vea desde el cielo.
LAM 3:51 Mis ojos contristaron mi alma, por todas las hijas de mi ciudad.
LAM 3:52 Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin por qué.
LAM 3:53 Ataron mi vida en mazmorra, pusieron piedra sobre mí.
LAM 3:54 Aguas de avenida vinieron sobre mi cabeza; yo dije: Muerto soy.
LAM 3:55 Invoqué tu nombre, oh SEÑOR, desde la cárcel profun­da.
LAM 3:56 Oíste mi voz; no escondas tu oído a mi clamor, para mi respi­ro.
LAM 3:57 Acercástete el día que te invo­qué: dijiste: No temas.
LAM 3:58 Abogaste, oh Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida.
LAM 3:59 Tú has visto, oh SEÑOR, mi agravio; defiende mi causa.
LAM 3:60 Tú has visto toda su vengan­za; todos sus pensamientos con­tra mí.
LAM 3:61 Tú has oído el oprobio de ellos, oh SEÑOR, todas sus maquinaciones contra mí;
LAM 3:62 Los labios de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día.
LAM 3:63 Su sentarse, y su levantarse mira: yo soy su canción.
LAM 3:64 Dales el pago, oh SEÑOR, según la obra de sus manos.
LAM 3:65 Dales ansia de corazón, tu maldición a ellos.
LAM 3:66 Persíguelos en tu furor, y que­brántalos de debajo de los cielos, oh SEÑOR.
LAM 4:1 ¡CÓMO se ha oscurecido el oro! [¡Cómo] el buen oro se ha demudado! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.
LAM 4:2 Los hijos de Sión, preciados y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos de alfarero!
LAM 4:3 Aun los monstruos marinos sacan la teta, dan de mamar a sus chiquitos: la hija de mi pueblo es cruel, como los avestruces en el desierto.
LAM 4:4 La lengua del niño de teta, de sed se pegó a su paladar: los chi­quitos pidieron pan, y no hubo quien se lo partiese.
LAM 4:5 Los que comían delicadamen­te, asolados fueron en las calles; los que se criaron en escarlata, abrazaron los estercoleros.
LAM 4:6 Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue tras­tornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías.
LAM 4:7 Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más lustrosos que la leche, su compostura más rubicunda que los rubíes, más bellos que el zafiro:
LAM 4:8 Oscura más que la negrura es la forma de ellos; no los conocen por las calles: su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo.
LAM 4:9 Más dichosos fueron los muer­tos a espada que los muertos del hambre; porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra.
LAM 4:10 Las manos de las mujeres pia­dosas cocieron a sus hijos; fué­ronles comida en el quebranta­miento de la hija de mi pueblo.
LAM 4:11 Cumplió el SEÑOR su enojo, derramó el ardor de su ira; y encendió fuego en Sión, que consumió sus fundamentos.
LAM 4:12 Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem.
LAM 4:13 [Es] por los pecados de sus pro­fetas, por las maldades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos.
LAM 4:14 Titubearon como ciegos en las calles, fueron contaminados en sangre, de modo que no pudiesen tocar a sus vestiduras.
LAM 4:15 Apartaos ¡inmundos!, les grita­ban, apartaos, apartaos, no toquéis. Cuando huyeron y fueron dispersos, dijeron entre las gentes: Nunca más morarán [aquí.]
LAM 4:16 La ira del SEÑOR los apartó, no los mirará más: no respetaron la faz de los sacerdotes, ni tuvie­ron compasión de los viejos.
LAM 4:17 Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: en nuestra esperanza aguardamos una nación que no puede salvar.
LAM 4:18 Cazaron nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: acercóse nuestro fin, cum­pliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino.
LAM 4:19 Ligeros fueron nuestros per­seguidores más que las águilas del cielo: sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas.
LAM 4:20 El resuello de nuestras nari­ces, el ungido del SEÑOR, de quien habíamos dicho, a su som­bra tendremos vida entre las gen­tes, fue preso en sus hoyos.
LAM 4:21 Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: aun hasta ti pasará la copa; embriagarte has, y vomitarás.
LAM 4:22 Cumplido es tu castigo, oh hija de Sión: nunca más te hará trasportar. Visitará tu iniquidad, oh hija de Edom; descubrirá tus pecados.
LAM 5:1 ACUÉRDATE, oh SEÑOR, de lo que nos ha sucedido: ve y mira nuestro oprobio.
LAM 5:2 Nuestra heredad se ha vuelto a extraños, nuestras casas a foras­teros.
LAM 5:3 Huérfanos somos sin padre, nuestras madres como viudas.
LAM 5:4 Nuestra agua bebemos por dinero; nuestra leña por precio compramos.
LAM 5:5 Persecución padecemos sobre nuestra cerviz: nos cansamos, y no hay para nosotros reposo.
LAM 5:6 Al egipcio y al asirio dimos la mano, para saciarnos de pan.
LAM 5:7 Nuestros padres pecaron, y son muertos; y nosotros llevamos sus iniquidades.
LAM 5:8 Siervos se enseñorearon de nosotros; no hubo quien de su mano nos librase.
LAM 5:9 Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan delante de la espada del desierto.
LAM 5:10 Nuestra piel se ennegreció como un horno a causa del ardor del hambre.
LAM 5:11 Violaron a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciuda­des de Judá.
LAM 5:12 A los príncipes colgaron por su mano; no respetaron el rostro de los viejos.
LAM 5:13 Llevaron los mozos a moler, y los muchachos desfallecieron en la leña.
LAM 5:14 Los ancianos cesaron de la puerta, los mancebos de sus can­ciones.
LAM 5:15 Cesó el gozo de nuestro cora­zón; nuestro corro se tornó en luto.
LAM 5:16 Cayó la corona de nuestra cabeza: ¡ay ahora de nosotros! porque pecamos.
LAM 5:17 Por esto fue entristecido nues­tro corazón, por esto se entene­brecieron nuestros ojos:
LAM 5:18 Por el monte de Sión que está asolado; zorras andan en él.
LAM 5:19 Mas tú, oh SEÑOR, permanece­rás para siempre: tu trono de generación en generación.
LAM 5:20 ¿Por qué te olvidarás para siempre de nosotros, y nos deja­rás por largos días?
LAM 5:21 Vuélvenos, oh SEÑOR, a ti, y nos volveremos: renueva nues­tros días como al principio.
LAM 5:22 Porque repeliendo nos has desechado; te has airado contra nosotros en gran manera.
EZE 1:1 Y FUE [que] a los treinta años, en el [mes] cuarto, a cinco del mes, estando yo en medio de los trasportados junto al río de Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
EZE 1:2 A los cinco del mes, que fue en el quinto año de la transmigra­ción del rey Joaquín,
EZE 1:3 Vino la palabra del SEÑOR a Ezequiel sacerdote, hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río de Quebar; fue allí sobre él la mano del SEÑOR.
EZE 1:4 Y miré, y he aquí un viento tempestuoso venía del norte, una gran nube, con un fuego envolvente, y en derredor suyo un resplandor, y en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar,
EZE 1:5 Y en medio de ella, la semejan­za de cuatro seres vivientes. Y este era su parecer: había en ellos semejanza de hombre.
EZE 1:6 Y cada uno tenía cuatro rostros, y cuatro alas.
EZE 1:7 Y los pies de ellos eran dere­chos, y la planta de sus pies como la planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de latón bruñido.
EZE 1:8 Y debajo de sus alas, a sus cua­tro lados, tenían manos de hom­bre; y sus rostros y sus alas por los cuatro lados.
EZE 1:9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban; cada uno caminaba en derecho de su rostro.
EZE 1:10 Y la figura de sus rostros era rostro de hombre; y rostro de león a la parte derecha en los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro; asimismo había en los cuatro rostro de águila.
EZE 1:11 [Tales eran] sus rostros; y [tení­an] sus alas extendidas por enci­ma, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos.
EZE 1:12 Y cada uno iba derecho hacia adelante: hacia donde el espíritu había de ir, iban; cuando iban, no se volvían.
EZE 1:13 Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su parecer era como de carbones de fuego encendidos, como parecer de hachones [encendidos:] discurría entre los seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.
EZE 1:14 Y los seres vivientes corrían y tornaban a semejanza de relám­pagos.
EZE 1:15 Y estando yo mirando los seres vivientes, he aquí una rueda en la tierra junto a los seres vivientes, a sus cuatro caras.
EZE 1:16 Y el parecer de las ruedas y su obra semejábase al color del topacio. Y las cuatro tenían una misma semejanza: su apariencia y su obra como rueda en medio de rueda.
EZE 1:17 Cuando andaban, se movían sobre sus cuatro costados: no se volvían cuando andaban.
EZE 1:18 Y sus cercos eran altos y espantosos, y llenos de ojos alre­dedor en las cuatro.
EZE 1:19 Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos: y cuando los seres vivientes se levantaban de la tie­rra, las ruedas se levantaban.
EZE 1:20 Hacia donde el espíritu era que anduviesen, andaban; hacia donde era el espíritu que andu­viesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
EZE 1:21 Cuando ellos andaban, anda­ban ellas; y cuando ellos se para­ban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las rue­das.
EZE 1:22 Y sobre las cabezas de cada ser viviente aparecía firmamento a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.
EZE 1:23 Y debajo del firmamento esta­ban las alas de ellos derechas la una a la otra; a cada uno dos, y otras dos con que se cubrían sus cuerpos.
EZE 1:24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Todopoderoso, como ruido de muchedumbre, como la voz de un ejército. Cuando se para­ban, aflojaban sus alas.
EZE 1:25 Y cuando se paraban [y] afloja­ban sus alas, oíase voz de arriba del firmamento que había sobre sus cabezas.
EZE 1:26 Y sobre el firmamento que había sobre sus cabezas, [veíase] la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una seme­janza que parecía de hombre sen­tado sobre él.
EZE 1:27 Y vi apariencia como de ámbar, como apariencia de fuego dentro de ella en contorno, por el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor.
EZE 1:28 Cual parece el arco que está en la nube en el día de lluvia, así era el parecer del res­plandor alrededor. Ésta fue la visión de la semejanza de la glo­ria del SEÑOR. Y luego que yo la hube visto, caí sobre mi rostro, y oí voz de uno que hablaba.
EZE 2:1 Y DÍJOME: Hijo del hombre, está sobre tus pies, y hablaré contigo.
EZE 2:2 Y entró el espíritu en mí luego que me habló, y afirmóme sobre mis pies, y oía al que me habla­ba.
EZE 2:3 Y díjome: Hijo del hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a nación rebelde que se ha rebelado contra mí: ellos y sus padres han transgredido contra mí hasta este mismo día.
EZE 2:4 Yo pues te envío a hijos de duro rostro y de empedernido cora­zón; y les dirás: Así ha dicho el Señor DIOS.
EZE 2:5 Acaso ellos escuchen; y si no escucharen, (porque son una rebelde familia,) siempre cono­cerán que hubo profeta entre ellos.
EZE 2:6 Y tú, hijo del hombre, no temas de ellos, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te [hallas] entre zarzas y espinas, y tú moras con escorpiones: no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.
EZE 2:7 Les hablarás pues mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.
EZE 2:8 Mas tú, hijo del hombre, oye lo que yo te hablo; no seas tú rebelde como la casa rebelde: abre tu boca, y come lo que yo te doy.
EZE 2:9 Y miré, y he aquí una mano me fue enviada, y en ella había un rollo de libro.
EZE 2:10 Y extendiólo delante de mí, y estaba escrito delante y detrás: y había escritas en él endechas, y lamentación, y ayes.
EZE 3:1 Y DÍJOME: Hijo del hombre, come lo que hallares; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel.
EZE 3:2 Y abrí mi boca, e hízome comer aquel rollo.
EZE 3:3 Y díjome: Hijo del hombre, haz a tu vientre que coma, e hinche tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y comílo, y fue en mi boca dulce como miel.
EZE 3:4 Díjome luego: Hijo del hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.
EZE 3:5 Porque no eres enviado a pue­blo de habla profunda ni de len­gua difícil, sino a la casa de Israel.
EZE 3:6 No a muchos pueblos de pro­funda habla ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran.
EZE 3:7 Mas la casa de Israel no te que­rrán oír, porque no me quieren oír a mí: porque toda la casa de Israel son tiesos de frente, y duros de corazón.
EZE 3:8 He aquí he hecho yo tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra su frente.
EZE 3:9 Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque es casa rebelde.
EZE 3:10 Y díjome: Hijo del hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.
EZE 3:11 Y ve, y entra a los trasporta­dos, a los hijos de tu pueblo, y les hablarás y les dirás: Así ha dicho el Señor DIOS; escuchen, o dejen de escuchar.
EZE 3:12 Y levantóme el espíritu, y oí detrás de mí una voz de grande estruendo, [que decía:] Bendita sea la gloria del SEÑOR desde su lugar.
EZE 3:13 [Oí] también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de grande estruen­do.
EZE 3:14 Levantóme pues el espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu: mas la mano del SEÑOR era fuerte sobre mí.
EZE 3:15 Y vine a los trasportados en Tel-abib, que moraban junto al río de Quebar, y asenté donde ellos estaban asentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.
EZE 3:16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 3:17 Hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel: oirás pues tú la palabra de mi boca, y amonestarlos has de mi parte.
EZE 3:18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás: y tú no le amonestares, ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino, a fin de que viva, el impío morirá en su iniquidad, mas su sangre demandaré de tu mano.
EZE 3:19 Mas si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad, y de su mal camino, él morirá en su iniquidad, mas tú habrás librado tu alma.
EZE 3:20 Y cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y su justicia que había hecho no vendrá en memoria; mas su sangre demandaré de tu mano.
EZE 3:21 Y si al justo amonestares para que el justo no peque, y no peca­re, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.
EZE 3:22 Y fue allí la mano del SEÑOR sobre mí, y díjome: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré conti­go.
EZE 3:23 Y levantéme, y salí al campo: y he aquí que allí estaba la gloria del SEÑOR, como la gloria que había visto junto al río de Quebar: y caí sobre mi rostro.
EZE 3:24 Entonces entró espíritu en mí, y afirmóme sobre mis pies, y hablóme, y díjome: Entra, y enciérrate dentro de tu casa.
EZE 3:25 Y tú, oh hijo del hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.
EZE 3:26 Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende: porque son casa rebelde.
EZE 3:27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho el Señor DIOS: El que oye, oiga; y el que cesa, cese: porque casa rebelde son.
EZE 4:1 Y TÚ, hijo del hombre, tómate un adobe, y ponlo delante de ti, y diseña sobre él la ciudad de Jerusalem:
EZE 4:2 Y pondrás contra ella cerco, y edificarás contra ella fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y asentarás delante de ella campo, y pondrás contra ella arietes alre­dedor.
EZE 4:3 Tómate también una plancha de hierro, y ponla en lugar de muro de hierro entre ti y la ciu­dad: afirmarás luego tu rostro contra ella, y será en lugar de cerco, y la sitiarás. Es señal a la casa de Israel.
EZE 4:4 Y tú dormirás sobre tu lado izquierdo, y pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel: el número de los días que dormirás sobre él, llevarás sobre ti la mal­dad de ellos.
EZE 4:5 Yo te he dado los años de su maldad por el número de los días, trescientos y noventa días: y llevarás la maldad de la casa de Israel.
EZE 4:6 Y cumplidos estos, dormirás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días: día por año, día por año te lo he dado.
EZE 4:7 Y al cerco de Jerusalem afir­marás tu rostro, y descubierto tu brazo, profetizarás contra ella.
EZE 4:8 Y he aquí he puesto sobre ti cuerdas, y no te tornarás del un lado al otro lado, hasta que hayas cumplido los días de tu cerco.
EZE 4:9 Y tú toma para ti trigo, y ceba­da, y habas, y lentejas, y mijo, y avena, y ponlo en una vasija, y hazte pan de ello el número de los días que durmieres sobre tu lado: trescientos y noventa días comerás de él.
EZE 4:10 Y la comida que has de comer será por peso de veinte siclos al día: de tiempo a tiempo lo come­rás.
EZE 4:11 Y beberás el agua por medida, la sexta parte de un hin: de tiem­po a tiempo beberás.
EZE 4:12 Y comerás pan de cebada cocido debajo de la ceniza; y lo cocerás a vista de ellos con los estiércoles que salen del hombre.
EZE 4:13 Y dijo el SEÑOR: Así come­rán los hijos de Israel su pan inmundo, entre los gentiles a donde los lanzaré yo.
EZE 4:14 Y dije: ¡Ah Señor DIOS! he aquí que mi alma no es inmunda ni nunca desde mi mocedad hasta este tiempo comí cosa mor­tecina ni despedazada, ni nunca en mi boca entró carne inmunda.
EZE 4:15 Y respondióme: He aquí te doy estiércoles de bueyes en lugar de los estiércoles de hom­bre, y dispondrás tu pan con ellos.
EZE 4:16 Díjome luego: Hijo del hom­bre, he aquí quebrantaré el sostén del pan en Jerusalem, y comerán el pan por peso, y con angustia; y beberán el agua por medida, y con espanto.
EZE 4:17 Porque les faltará el pan y el agua, y se espantarán los unos con los otros, y se consumirán por su maldad.
EZE 5:1 Y TÚ, hijo del hombre, tómate un cuchillo agudo, una navaja de barbero toma, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba: tómate después un peso de balanza, y reparte los pelos.
EZE 5:2 Una tercera parte quemarás con fuego en medio de la ciudad, cuando se cumplieren los días del cerco; y tomarás una tercera parte, y herirás con cuchillo alre­dedor de ella; y una tercera parte esparcirás al viento, y yo desen­vainaré espada en pos de ellos.
EZE 5:3 Tomarás también de allí unos pocos por cuenta, y los atarás en el canto de tu ropa.
EZE 5:4 Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en mitad del fuego, y en el fuego los quemarás: de allí saldrá el fuego en toda la casa de Israel.
EZE 5:5 Así ha dicho el Señor DIOS: Ésta [es] Jerusalem: púsela en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella.
EZE 5:6 Y ella mudó mis juicios y mis estatutos en impiedad más que las naciones, y más que las tie­rras que están alrededor de ella; porque desecharon mis juicios y mis estatutos, y no andu­vieron en ellos.
EZE 5:7 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: ¿Por haberos multiplica­do más que a las naciones que están alrededor de vosotros, no habéis andado en mis manda­mientos, ni habéis guardado mis leyes? Ni aun según las leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis hecho.
EZE 5:8 Así pues ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra ti; sí, yo, y haré juicios en medio de ti a los ojos de las naciones.
EZE 5:9 Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominacio­nes.
EZE 5:10 Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos vientos todo tu remanente.
EZE 5:11 Por tanto, vivo yo, dice el Señor DIOS, ciertamente por haber violado mi santuario con todas tus abominaciones, [te] que­brantaré yo también: mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia.
EZE 5:12 Una tercera parte de ti morirá de pestilencia, y de hambre será consumida en medio de ti; y una tercera parte caerá a espada alre­dedor de ti; y una tercera parte esparciré a todos los vientos, y tras ellos desenvainaré espada.
EZE 5:13 Y cumpliráse mi furor, y haré que repose en ellos mi enojo, y tomaré satisfacción: y sabrán que yo el SEÑOR he hablado en mi celo, cuando habré cumplido en ellos mi enojo.
EZE 5:14 Y te tornaré en desierto y en oprobio entre las naciones que están alrededor de ti, a los ojos de todo transeúnte.
EZE 5:15 Y serás oprobio, y escarnio, y escarmiento, y espanto a las naciones que están alrededor de ti, cuando yo hiciere en ti juicios en furor e indignación, y en reprensiones de ira. Yo el SEÑOR he hablado.
EZE 5:16 Cuando arrojare yo sobre ellos las perniciosas saetas del hambre, que serán para destruc­ción, las cuales enviaré para des­truiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros, y que­brantaré entre vosotros el arrimo del pan.
EZE 5:17 Enviaré pues sobre vosotros hambre, y malas bestias que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por ti; y meteré sobre ti espada. Yo el SEÑOR he habla­do.
EZE 6:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 6:2 Hijo del hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel, y profetiza contra ellos.
EZE 6:3 Y dirás: Montes de Israel, oíd palabra del Señor DIOS: Así ha dicho el Señor DIOS a los mon­tes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He aquí que yo, yo haré venir sobre vosotros espada, y destruiré vuestros altos.
EZE 6:4 Y vuestros altares serán asola­dos, y vuestras imágenes del sol serán quebradas: y haré que cai­gan vuestros muertos delante de vuestros ídolos.
EZE 6:5 Y pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus ídolos; y vuestros huesos esparciré en derredor de vuestros altares.
EZE 6:6 En todas vuestras habitaciones las ciudades serán desiertas, y los altos serán asolados, para que sean asolados y se hagan desier­tos vuestros altares; y quebrados serán vuestros ídolos, y cesarán; y vuestras imágenes del sol serán destruídas, y vuestras obras serán deshechas.
EZE 6:7 Y los muertos caerán en medio de vosotros; y sabréis que soy el SEÑOR.
EZE 6:8 Mas dejaré un remanente de modo que tengáis entre las naciones, algunos que escapen de la espada, cuando seáis espar­cidos por las tierras.
EZE 6:9 Y los que de vosotros escapa­ren, se acordarán de mí entre las naciones entre las cuales serán cautivos: porque yo me quebran­té a causa de su corazón fornica­rio, que se apartó de mí, y a causa de sus ojos, que fornicaron tras sus ídolos: y se avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abomi­naciones.
EZE 6:10 Y sabrán que yo soy el SEÑOR: no en vano dije que les había de hacer este mal.
EZE 6:11 Así ha dicho el Señor DIOS: Hiere con tu mano, y huella con tu pie, y di: ¡Ay de los males de la casa de Israel por todas las abominaciones! porque con espada, y con hambre, y con pes­tilencia caerán.
EZE 6:12 El que estuviere lejos, morirá de pestilencia; y el que estuviere cerca, caerá a espada; y el que quedare, y fuere cercado, morirá de hambre: así cumpliré en ellos mi enojo.
EZE 6:13 Y sabréis que yo soy el SEÑOR, cuando sus muertos estarán en medio de sus ídolos, en derredor de sus altares, en todo collado alto, y en todas las cumbres de los montes, y debajo de todo árbol sombrío, y debajo de toda encina espesa, lugares donde dieron olor suave a todos sus ídolos.
EZE 6:14 Y extenderé mi mano sobre ellos, y tornaré la tierra asolada y desierta, más que el desierto hacia Diblat, en todas sus habi­taciones: y conocerán que yo soy el SEÑOR.
EZE 7:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 7:2 Y tú, hijo del hombre, así ha dicho el Señor DIOS a la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro cantones de la tierra.
EZE 7:3 Ahora será el fin sobre ti, y enviaré sobre ti mi furor, y te juz­garé según tus caminos; y pondré sobre ti todas tus abominaciones.
EZE 7:4 Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia; antes pon­dré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán tus abomina­ciones; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 7:5 Así dice el Señor DIOS: Un mal, he aquí que viene un mal sin igual.
EZE 7:6 Viene el fin, el fin viene: hase despertado contra ti; he aquí que viene.
EZE 7:7 La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene, cercano está el día; día de alboroto, y no de alegría sobre los montes.
EZE 7:8 Ahora presto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominacio­nes.
EZE 7:9 Y mi ojo no perdonará, ni ten­dré misericordia: según tus cami­nos pondré sobre ti, y en medio de ti serán tus abominaciones; y sabréis que yo el SEÑOR soy el que hiero.
EZE 7:10 He aquí el día, he aquí que viene: ha salido la mañana; flore­cido ha la vara, ha reverdecido la soberbia.
EZE 7:11 La violencia se ha levantado en vara de impiedad; ninguno [quedará] de ellos, ni de su multi­tud, ni uno de los suyos; ni habrá quien de ellos se lamente.
EZE 7:12 El tiempo es venido, acercóse el día: el que compra, no se huel­gue, y el que vende, no llore: por­que la ira está sobre toda su mul­titud.
EZE 7:13 Porque el que vende no torna­rá a lo vendido, aunque queden vivos: porque la visión sobre toda su multitud no será cancela­da; y ninguno podrá, a causa de su iniquidad, amparar su vida.
EZE 7:14 Tocarán trompeta, y apareja­rán todas las cosas, y no habrá quien vaya a la batalla: porque mi ira está sobre toda su multi­tud.
EZE 7:15 De fuera espada, de dentro pestilencia y hambre: el que estu­viere en el campo morirá a espa­da; y al que estuviere en la ciu­dad, consumirálo hambre y pes­tilencia.
EZE 7:16 Y los que escaparen de ellos, huirán y estarán sobre los montes como palomas de los valles, gimiendo todos cada uno por su iniquidad.
EZE 7:17 Todas manos serán descoyun­tadas, y declinarán como aguas todas rodillas.
EZE 7:18 Ceñirse han también de cilicio, y cubrirálos temblor; y en todo rostro habrá confusión, y en todas sus cabezas peladura.
EZE 7:19 Arrojarán su plata por las calles, y su oro será desechado; su plata ni su oro, no podrá librarlos en el día del furor del SEÑOR; no saciarán su alma, ni henchirán sus entrañas: porque ha sido tropiezo para su maldad.
EZE 7:20 Por cuanto la gloria de su ornamento pusieron en soberbia, e hicieron en ella imágenes de sus abominaciones, de sus esta­tuas: por eso se la torné a ellos en alejamiento;
EZE 7:21 Y en mano de extraños la entregué para ser saqueada, y en despojo a los impíos de la tierra, y la contaminarán.
EZE 7:22 Y apartaré de ellos mi rostro, y violarán mi [lugar] secreto; pues entrarán en él destruidores, y le profanarán.
EZE 7:23 Haz una cadena: porque la tie­rra está llena de juicios de san­gres, y la ciudad está llena de violencia.
EZE 7:24 Traeré por tanto los más malos de las naciones, los cuales poseerán sus casas; y haré cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán profanados.
EZE 7:25 Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá.
EZE 7:26 Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y rumor será sobre rumor; y buscarán res­puesta del profeta, mas la ley perecerá del sacerdote, y el con­sejo de los ancianos.
EZE 7:27 El rey se enlutará, y el prínci­pe se vestirá de asolamiento, y las manos del pueblo de la tierra serán conturbadas: según su camino haré con ellos, y con los juicios de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 8:1 Y ACONTECIÓ en el sexto año, en el [mes] sexto, a los cinco del mes, que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí, y allí cayó sobre mí la mano del Señor DIOS.
EZE 8:2 Y miré, y he aquí una semejanza que parecía de fuego: desde donde parecían sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos arriba parecía como resplandor, como la vista de ámbar.
EZE 8:3 Y aquella semejanza extendió la mano, y tomóme por las gue­dejas de mi cabeza; y el espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y llevóme en visiones de Dios a Jerusalem, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habi­tación de la imagen del celo, la que hacía celar.
EZE 8:4 Y he aquí que allí estaba la glo­ria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo.
EZE 8:5 Y díjome: Hijo del hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y alcé mis ojos hacia el lado del norte, y he aquí al norte, junto a la puerta del altar, la imagen del celo en la entrada.
EZE 8:6 Díjome entonces: Hijo del hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí, para alejarme de mi santua­rio? Mas vuélvete aún, y verás abominaciones mayores.
EZE 8:7 Y llevóme a la entrada del patio, y miré, y he aquí en la pared un agujero.
EZE 8:8 Y díjome: Hijo del hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta.
EZE 8:9 Díjome luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí.
EZE 8:10 Entré pues, y miré, y he aquí imágenes de todas serpientes, y animales de abominación, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared alrededor.
EZE 8:11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Safán estaba en medio de ellos, cada uno con su incen­sario en su mano; y del sahume­rio subía espesura de niebla.
EZE 8:12 Y me dijo: Hijo del hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras [pintadas] de imáge­nes? porque dicen ellos: el SEÑOR no nos ve; el SEÑOR ha dejado la tierra.
EZE 8:13 Díjome después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayo­res que hacen éstos.
EZE 8:14 Y llevóme a la entrada de la puerta de la casa del SEÑOR, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz.
EZE 8:15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo del hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que éstas.
EZE 8:16 Y metióme en el patio de adentro de la casa del SEÑOR: y he aquí junto a la entrada del templo del SEÑOR, entre la entrada y el altar, como veinti­cinco varones, sus espaldas [vuel­tas] al templo del SEÑOR y sus rostros al oriente, y adoraban el sol hacia el oriente.
EZE 8:17 Y díjome: ¿No has visto, hijo del hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado la tierra con violencia, y me provocaron a ira; he aquí que ponen el ramo a sus narices.
EZE 8:18 Pues también yo haré en mi furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia, y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.
EZE 9:1 Y CLAMÓ en mis oídos con gran voz, diciendo: Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno [trae] en su mano su instrumento para destruir.
EZE 9:2 Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que está vuelta al norte, y cada uno [traía] en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vesti­do de lienzos, el cual traía a su cintura una escribanía de escriba­no; y entrados, paráronse junto al altar de latón.
EZE 9:3 Y la gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el cual había estado, al umbral de la casa: y él llamó al varón vestido de lienzos, que tenía a su cintura la escribanía de escriba­no.
EZE 9:4 Y díjole el SEÑOR: Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una marca en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.
EZE 9:5 Y a los otros dijo a mis oídos: Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.
EZE 9:6 Matad viejos, mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no lle­garéis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron pues desde los varones ancianos que estaban delante del templo.
EZE 9:7 Y díjoles: Contaminad la casa, y henchid los atrios de muertos: salid. Y salieron, e hirieron en la ciudad.
EZE 9:8 Y aconteció que, habiéndolos herido, yo quedé y postréme sobre mi rostro, y clamé, y dije: ¡Ah, Señor DIOS! ¿has de des­truir todo el resto de Israel derra­mando tu furor sobre Jerusalem?
EZE 9:9 Y díjome: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangres, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Dejado ha el SEÑOR la tierra, y el SEÑOR no ve.
EZE 9:10 Así pues, yo, mi ojo no per­donará, ni tendré misericordia: el camino de ellos tornaré sobre su cabeza.
EZE 9:11 Y he aquí que el varón vestido de lienzos, que tenía la escribanía a su cintura, respondió una pala­bra diciendo: Hecho he confor­me a todo lo que me mandaste.
EZE 10:1 Y MIRÉ, y he aquí en el firmamento que había sobre la cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como semejanza de un trono que se mostró sobre ellos.
EZE 10:2 Y habló al varón vestido de lienzos, y díjole: Entra en medio de las ruedas debajo de los que­rubines, e hinche tus manos de carbones encendidos de entre los querubines, y derrama sobre la ciudad. Y entró a vista mía.
EZE 10:3 Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este varón entró; y la nube hen­chía el patio de adentro.
EZE 10:4 Y la gloria del SEÑOR se levantó del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el patio se llenó del res­plandor de la gloria del SEÑOR.
EZE 10:5 Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el patio de afuera, como la voz del Dios Todopoderoso cuando habla.
EZE 10:6 Y aconteció que, como mandó al varón vestido de lienzos, diciendo: Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubi­nes, él entró, y paróse entre las ruedas.
EZE 10:7 Y un querubín extendió su mano de entre los querubines al fuego que estaba entre los queru­bines, y tomó, y puso en las pal­mas del que estaba vestido de lienzos, el cual lo tomó y salióse.
EZE 10:8 Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de sus alas.
EZE 10:9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como el de piedra de Tarsis.
EZE 10:10 Cuanto al parecer de ellas, las cuatro eran de una forma, como si estuviera una en medio de otra.
EZE 10:11 Cuando andaban, sobre sus cuatro costados andaban: no se tornaban cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía el primero, en pos de él iban; ni se tornaban cuando andaban.
EZE 10:12 Y toda su carne, y sus costi­llas, y sus manos, y sus alas, y las ruedas, lleno estaba de ojos alre­dedor en sus cuatro ruedas.
EZE 10:13 A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ¡Rueda!
EZE 10:14 Y cada uno tenía cuatro ros­tros. El primer rostro era de que­rubín; el segundo rostro, de hom­bre; el tercer rostro, de león; el cuarto rostro, de águila.
EZE 10:15 Y levantáronse los querubi­nes; este es el ser viviente que vi en el río de Quebar.
EZE 10:16 Y cuando andaban los queru­bines, andaban las ruedas junto con ellos; y cuando los querubi­nes alzaban sus alas para levan­tarse de la tierra, las ruedas tam­bién no se volvían de junto a ellos.
EZE 10:17 Cuando se paraban ellos, parábanse ellas, y cuando ellos se alzaban, alzábanse con ellos: porque el espíritu de los seres vivientes estaba en ellas.
EZE 10:18 Y la gloria del SEÑOR se salió de sobre el umbral de la casa, y paró sobre los querubi­nes.
EZE 10:19 Y alzando los querubines sus alas, levantáronse de la tierra delante de mis ojos: cuando ellos salieron, también las ruedas al lado de ellos: y paráronse a la entrada de la puerta oriental de la casa del SEÑOR, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos.
EZE 10:20 Éste [era] el ser viviente que vi debajo del Dios de Israel junto al río de Quebar; y supe que eran querubines.
EZE 10:21 Cada uno tenía cuatro rostros, y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas.
EZE 10:22 Y la figura de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río de Quebar, su [mismo] parecer y su ser; cada uno caminaba en derecho de su rostro.
EZE 11:1 Y EL espíritu me elevó, y metióme por la puerta oriental de la casa del SEÑOR, la cual mira hacia el oriente: y he aquí a la entrada de la puerta veinticinco varones, entre los cuales vi a Jaazanías hijo de Azur, y a Pelatías hijo de Benaías, príncipes del pueblo.
EZE 11:2 Y díjome: Hijo del hombre, estos son los hombres que maqui­nan perversidad, y dan en esta ciu­dad mal consejo;
EZE 11:3 Los cuales dicen: No [será] tan presto; edifiquemos casas: ésta [será] la caldera, y nosotros la carne.
EZE 11:4 Por tanto profetiza contra ellos, profetiza, hijo del hombre.
EZE 11:5 Y cayó sobre mí el Espíritu del SEÑOR, y díjome: Di: Así ha dicho el SEÑOR: Así habéis hablado, oh casa de Israel; pues yo he conocido las cosas que suben en vuestra mente.
EZE 11:6 Habéis multiplicado vuestros muertos en esta ciudad, y habéis henchido de muertos sus calles.
EZE 11:7 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Vuestros muertos que habéis puesto en medio de ella, ellos son la carne, y ella es la cal­dera; mas yo os sacaré a vosotros de en medio de ella.
EZE 11:8 Espada habéis temido, y espa­da traeré sobre vosotros, dice el Señor DIOS.
EZE 11:9 Y os sacaré de en medio de ella, y os entregaré en manos de extraños, y yo haré juicios en vosotros.
EZE 11:10 A espada caeréis; en el térmi­no de Israel os juzgaré, y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 11:11 Ésta no os será por caldera, ni vosotros seréis en medio de ella la carne: en el término de Israel os tengo de juzgar.
EZE 11:12 Y sabréis que yo soy el SEÑOR: porque no habéis anda­do en mis estatutos, ni habéis hecho mis juicios, sino según los juicios de las gentes que están en vuestros alrededores habéis hecho.
EZE 11:13 Y aconteció que, estando yo profetizando, Pelatías hijo de Benaías murió. Entonces caí sobre mi rostro, y clamé con grande voz, y dije: ¡Ah, Señor DIOS! ¿harás tú consumación del remanente de Israel?
EZE 11:14 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 11:15 Hijo del hombre, tus herma­nos, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella [son aquellos] a quienes dijeron los moradores de Jerusalem: Alejaos del SEÑOR; a nosotros es dada la tierra en posesión.
EZE 11:16 Por tanto di: Así ha dicho el Señor DIOS: Aunque los he echado lejos entre las gentes, y los he esparcido por las tierras, con todo eso les seré por un pequeño santuario en las tierras a donde llegaren.
EZE 11:17 Di por tanto: Así ha dicho el Señor DIOS: Yo os recogeré de los pueblos, y os allegaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel.
EZE 11:18 Y vendrán allá, y quitarán de ella todas sus torpezas, y todas sus abominaciones.
EZE 11:19 Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entra­ñas; y quitaré el corazón de pie­dra de su carne, y daréles cora­zón de carne;
EZE 11:20 Para que anden en mis estatutos, y guarden mis orde­nanzas, y los cumplan, y me sean por pue­blo, y yo sea a ellos por Dios.
EZE 11:21 Mas a aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus torpezas y de sus abominaciones, yo tor­naré su camino sobre sus cabe­zas, dice el Señor DIOS.
EZE 11:22 Después alzaron los querubi­nes sus alas, y las ruedas en pos de ellos; y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos encima.
EZE 11:23 Y la gloria del SEÑOR se fue de en medio de la ciudad, y paró sobre el monte que está al orien­te de la ciudad.
EZE 11:24 Luego me levantó el espíritu, y volvióme a llevar en visión del Espíritu de Dios a la tierra de los caldeos, a los trasportados. Y partióse de mí la visión que había visto.
EZE 11:25 Y hablé a los trasportados todas las palabras del SEÑOR que él me había mostrado.
EZE 12:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 12:2 Hijo del hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver, y no ven, tienen oídos para oír, y no oyen; porque son casa rebelde.
EZE 12:3 Por tanto tú, hijo del hombre, hazte aparejos de marcha, y pár­tete de día delante de sus ojos; y te pasarás de tu lugar a otro lugar a vista de ellos, por si tal vez atienden, porque son casa rebelde.
EZE 12:4 Y sacarás tus aparejos, como aparejos de partida, de día delan­te de sus ojos: mas tú saldrás por la tarde a vista de ellos, como quien sale para partirse.
EZE 12:5 Delante de sus ojos horadarás la pared, y saldrás por ella.
EZE 12:6 Delante de sus ojos los llevarás sobre tus hombros, de noche los sacarás; cubrirás tu rostro, y no mirarás la tierra: porque en señal te he dado a la casa de Israel.
EZE 12:7 Y yo hice así como me fue mandado: saqué mis aparejos de día, como aparejos de partida, y a la tarde horadé la pared a mano; salí de noche, y llevélos sobre los hombros a vista de ellos.
EZE 12:8 Y vino a mí la palabra del SEÑOR por la mañana, diciendo:
EZE 12:9 Hijo del hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, aquella casa rebelde: ¿Qué haces?
EZE 12:10 Diles: Así ha dicho el Señor DIOS: Al príncipe en Jerusalem es esta carga, y a toda la casa de Israel que está en medio de ellos.
EZE 12:11 Diles: Yo soy vuestra señal: como yo hice, así les harán a ellos: al pasar a otro país irán en cautiverio.
EZE 12:12 Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán a cuestas de noche, y saldrán; horadarán la pared para sacarlo por ella; cubri­rá su rostro para no ver con sus ojos la tierra.
EZE 12:13 Mas yo extenderé mi red sobre él, y será preso en mi malla, y harélo llevar a Babilonia, a tierra de caldeos; mas no la verá, y allá morirá.
EZE 12:14 Y a todos los que estuvieren alrededor de él para su ayuda, y a todas sus compañías esparciré a todo viento, y desenvainaré espa­da en pos de ellos.
EZE 12:15 Y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando los esparciere entre las naciones, y los derramare por la tierra.
EZE 12:16 Y haré que de ellos queden pocos en número, de la espada, y del hambre, y de la pestilencia, para que cuenten todas sus abo­minaciones entre las gentes adonde llegaren; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 12:17 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 12:18 Hijo del hombre, come tu pan con temblor, y bebe tu agua con estremecimiento y con anhelo;
EZE 12:19 Y dirás al pueblo de la tierra: Así ha dicho el Señor DIOS sobre los moradores de Jerusalem, y sobre la tierra de Israel: Su pan comerán con temor, y con espanto beberán su agua; porque su tierra será asolada de su multitud, por la maldad de todos los que en ella moran.
EZE 12:20 Y las ciudades habitadas serán asoladas, y la tierra será desierta; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 12:21 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 12:22 Hijo del hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, diciendo: Prolongarse han los días, y pere­cerá toda visión?
EZE 12:23 Díles por tanto: Así ha dicho el Señor DIOS: Haré cesar este refrán, y no repetirán más este dicho en Israel. Díles pues: Se han acercado aquellos días, y la palabra de toda visión.
EZE 12:24 Porque no habrá más alguna visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel.
EZE 12:25 Porque yo el SEÑOR hablaré; cumpliráse la palabra que yo hablaré; no se dilatará más: antes en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra, y cumpliréla, dice el Señor DIOS.
EZE 12:26 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 12:27 Hijo del hombre, he aquí que los de la casa de Israel dicen: La visión que éste ve es para muchos días, y para lejanos tiem­pos profetiza éste.
EZE 12:28 Díles por tanto: Así ha dicho el Señor DIOS: No se dilatarán más todas mis palabras: cumpli­ráse la palabra que yo hablaré, dice el Señor DIOS.
EZE 13:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 13:2 Hijo del hombre, profetiza con­tra los profetas de Israel que pro­fetizan, y di a los que profetizan de su corazón: Oíd palabra del SEÑOR.
EZE 13:3 Así ha dicho el Señor DIOS: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada vieron!
EZE 13:4 Como zorras en los desiertos fueron tus profetas, oh Israel.
EZE 13:5 No habéis subido a los porti­llos, ni echasteis vallado en la casa de Israel, estando en la bata­lla en el día del SEÑOR.
EZE 13:6 Vieron vanidad y adivinación de mentira. Dicen: Ha dicho el SEÑOR; y el SEÑOR no los envió: y hacen esperar que se confirme la palabra.
EZE 13:7 ¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación de mentira, por cuanto decís, dijo el SEÑOR; no habiendo yo habla­do?
EZE 13:8 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis visto mentira, por tanto, he aquí yo contra vosotros, dice el Señor DIOS.
EZE 13:9 Y será mi mano contra los pro­fetas que ven vanidad, y adivinan mentira: no serán en la asamblea de mi pueblo, ni serán escri­tos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy el Señor DIOS.
EZE 13:10 Por tanto, y por cuanto han seducido a mi pueblo, diciendo: Paz; y no [hubo] paz; y uno edificaba una pared, y he aquí que los otros la encostraban con lodo sin templar;
EZE 13:11 Di a los encostradores con lodo suelto, que caerá; vendrá lluvia inundante, y daré piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá.
EZE 13:12 Y he aquí, cuando la pared habrá caído, ¿no os dirán: Dónde está la embarradura con que encostrasteis?
EZE 13:13 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Y haré que la rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia inundante vendrá con mi furor, y piedras de grani­zo con enojo para consumir.
EZE 13:14 Así desbarataré la pared que vosotros encostrasteis con lodo suelto, y echaréla a tierra, y será descubierto su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio de ella; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 13:15 Cumpliré así mi furor en la pared y en los que la encostraron con lodo suelto; y os diré: No existe la pared, ni aquellos que la encostraron,
EZE 13:16 Los profetas de Israel que pro­fetizan a Jerusalem, y ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice el Señor DIOS.
EZE 13:17 Y tú, hijo del hombre, pon tu rostro a las hijas de tu pueblo que profetizan de su corazón, y profetiza contra ellas,
EZE 13:18 Y di: Así ha dicho el Señor DIOS: ¡Ay de aquellas que cosen almohadillas a todos codos de manos, y hacen veletes sobre la cabeza de toda edad para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mante­ner así vuestra propia vida?
EZE 13:19 ¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan, matando las almas que no mue­ren, y dando vida a las almas que no vivirán, mintiendo a mi pue­blo que escucha la mentira?
EZE 13:20 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra vuestras almohadillas, con que cazáis ahí las almas volando; yo las arrancaré de vuestros brazos, y dejaré las almas, las almas que cazáis volando.
EZE 13:21 Romperé asimismo vuestros veletes, y libraré mi pueblo de vuestra mano, y no estarán más en vuestra mano para caza; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 13:22 Por cuanto entristecisteis con mentira el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y esforzas­teis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo;
EZE 13:23 Por tanto no veréis vanidad, ni más adivinaréis adivinación; y libraré mi pueblo de vuestra mano; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 14:1 Y VINIERON a mí algunos de los ancianos de Israel, y sentáronse delante de mí.
EZE 14:2 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 14:3 Hijo del hombre, estos hom­bres han puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropie­zo de su maldad delante de su rostro: ¿acaso he de ser yo verda­deramente consultado por ellos?
EZE 14:4 Háblales por tanto, y díles: Así ha dicho el Señor DIOS: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ído­los en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo el SEÑOR responderé al que viniere en la multitud de sus ído­los;
EZE 14:5 Para tomar a la casa de Israel en su corazón, que se han aparta­do de mí todos ellos en sus ído­los.
EZE 14:6 Por tanto di a la casa de Israel: Así dice el Señor DIOS: Arrepentíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.
EZE 14:7 Porque cualquier hombre de la casa de Israel, y de los extranje­ros que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en pos de mí, y hubiere puesto sus ído­los en su corazón, y establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al profe­ta para inquirir de él acerca de mí, yo el SEÑOR le responderé por mí mismo:
EZE 14:8 Y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré por señal y por fábula, y yo lo corta­ré de entre mi pueblo; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 14:9 Y el profeta, cuando fuere engañado y hablare palabra, yo el SEÑOR engañé al tal profeta; y extenderé mi mano sobre él, y raeréle de en medio de mi pueblo de Israel.
EZE 14:10 Y llevarán su maldad: como la maldad del que pregunta, así será la maldad del profeta;
EZE 14:11 Para que no yerren más la casa de Israel de en pos de mí: ni más se contaminen en todas sus rebeliones, y me sean por pue­blo, y yo les sea por Dios, dice el Señor DIOS.
EZE 14:12 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 14:13 Hijo del hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelán­dose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y le que­brantare el arrimo del pan, y enviare en ella hambre, y talare de ella hombres y bestias;
EZE 14:14 Si estuvieren en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel, y Job, ellos por su justicia librarán su alma, dice el Señor DIOS.
EZE 14:15 Y si hiciere pasar malas bes­tias por la tierra, y la asolaren, y fuere desolada que no haya quien pase a causa de las bestias,
EZE 14:16 Y estos tres varones estuvieren en medio de ella, vivo yo, dice el Señor DIOS, ni a sus hijos ni a sus hijas librarán; ellos solos serán libres, y la tierra será asola­da.
EZE 14:17 O si yo trajere espada sobre la tierra, y dijere: Espada, pasa por la tierra; e hiciere talar de ella hombres y bestias,
EZE 14:18 Y estos tres varones estuvie­ren en medio de ella, vivo yo, dice el Señor DIOS, no librarán sus hijos ni sus hijas; ellos solos serán libres.
EZE 14:19 O si pestilencia enviare sobre esa tierra, y derramare mi ira sobre ella en sangre, para talar de ella hombres y bestias,
EZE 14:20 Y estuvieren en medio de ella Noé, Daniel, y Job, vivo yo, dice el Señor DIOS, no librarán hijo ni hija; ellos por su justicia libra­rán su alma.
EZE 14:21 Por lo cual así ha dicho el Señor DIOS: ¿Cuánto más, si mis cuatro malos juicios, espada, y hambre, y mala bestia, y pesti­lencia, enviare contra Jerusalem, para talar de ella hombres y bes­tias?
EZE 14:22 Sin embargo, he aquí queda­rá en ella un remanente, hijos e hijas, que serán llevados fuera: he aquí que ellos vendrán a voso­tros, y veréis su camino y sus hechos; y tomaréis consolación del mal que hice venir sobre Jerusalem, de todas las cosas que traje sobre ella.
EZE 14:23 Y consolaros han cuando vie­reis su camino y sus hechos, y conoceréis que no sin causa hice todo lo que habré hecho en ella, dice el Señor DIOS.
EZE 15:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 15:2 Hijo del hombre, ¿qué es el palo de la vid más que todo palo? ¿qué es el sarmiento entre los árboles del bosque?
EZE 15:3 ¿Tomarán de él madera para hacer alguna obra? ¿tomarán de él una estaca para colgar de ella algún vaso?
EZE 15:4 He aquí, que es puesto en el fuego para ser consumido; sus dos cabos consumió el fuego, y la parte del medio se quemó; ¿aprovechará para obra alguna?
EZE 15:5 He aquí que cuando estaba entero no era para obra alguna: ¿cuánto menos después que el fuego lo hubiere consumido, y fuere quemado? ¿será más para alguna obra?
EZE 15:6 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Como el palo de la vid entre los árboles del bosque, el cual di al fuego para que lo con­suma, así haré a los moradores de Jerusalem.
EZE 15:7 Y pondré mi rostro contra ellos; de fuego salieron, y fuego los consumirá; y sabréis que yo soy el SEÑOR, cuando pusiere mi rostro contra ellos.
EZE 15:8 Y tornaré la tierra en asola­miento, por cuanto cometieron prevaricación, dice el Señor DIOS.
EZE 16:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 16:2 Hijo del hombre, notifica a Jerusalem sus abominaciones,
EZE 16:3 Y di: Así ha dicho el Señor DIOS sobre Jerusalem: Tu habi­tación y tu raza fue de la tierra de Canaán; tu padre amorreo, y tu madre hetea.
EZE 16:4 Y cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no fue cortado tu ombligo, ni fuiste lavada con aguas para atemperarte, ni salada con sal, ni fuiste envuelta con fajas.
EZE 16:5 No hubo ojo que se compade­ciese de ti, para hacerte algo de esto, teniendo de ti compasión; sino que fuiste echada sobre la haz del campo, con menosprecio de tu vida, en el día que naciste.
EZE 16:6 Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y díjete: En tus sangres, vive; vive, díjete, en tus sangres.
EZE 16:7 En millares como la hierba del campo te puse, y fuiste aumenta­da y engrandecida, y viniste a ser adornada grandemente; los pechos te crecieron, y tu pelo brotó; mas tú estabas desnuda y descubierta.
EZE 16:8 Y pasé yo junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiem­po de amores; extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y díte juramento, y entré en con­cierto contigo, dice el Señor DIOS, y fuiste mía:
EZE 16:9 Y te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y ungíte con aceite;
EZE 16:10 Y te vestí de bordado, y te calcé de tejón, y ceñíte de lino, y te vestí de seda.
EZE 16:11 Y te atavié con ornamentos, y puse ajorcas en tus brazos, y collar a tu cuello;
EZE 16:12 Y puse joyas sobre tu frente, y zarcillos en tus orejas, y corona de hermosura en tu cabeza.
EZE 16:13 Y fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestidura fue lino, y seda, y bordado; comiste flor de harina de trigo, y miel, y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, y has prosperado hasta reinar.
EZE 16:14 Y salióte nombradía entre las gentes a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice el Señor DIOS.
EZE 16:15 Mas confiaste en tu hermosu­ra, y fornicaste a causa de tu nombradía, y derramaste tus for­nicaciones a cuantos pasaron; suya eras.
EZE 16:16 Y tomaste de tus vestiduras, e hicístete diversos altos lugares, y fornicaste en ellos: [cosa seme­jante] no vendrá, ni será [así].
EZE 16:17 Tomaste asimismo los vasos de tu hermosura de mi oro y de mi plata, que yo te había dado, e hicístete imágenes de hombre, y fornicaste con ellas.
EZE 16:18 Y tomaste tus vestiduras de diversos colores, y cubrístelas; y mi aceite y mi perfume pusiste delante de ellas.
EZE 16:19 Mi pan también, que yo te había dado, la flor de la harina, y el aceite, y la miel, con que yo te mantuve, pusiste delante de ellas para olor suave; y fue [así,] dice el Señor DIOS.
EZE 16:20 Demás de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que me habías engendrado, y los sacrificaste a ellas para consumación. ¿Es poco, [esto] de tus fornicaciones?
EZE 16:21 Y sacrificaste mis hijos, y dís­telos a ellas para que los hiciesen pasar [por el fuego].
EZE 16:22 Y con todas tus abominacio­nes y tus fornicaciones no te has acordado de los días de tu moce­dad, cuando estabas desnuda y descubierta, cuando estabas envuelta en tu sangre.
EZE 16:23 Y sucedió que después de toda tu maldad (¡ay, ay de ti! dice el Señor DIOS,)
EZE 16:24 Edificástete alto, y te hiciste altar en todas las plazas:
EZE 16:25 En toda cabeza de camino edificaste tu altar, y tornaste abo­minable tu hermosura, y abriste tus piernas a cuantos pasaban, y multiplicaste tus fornicaciones.
EZE 16:26 Y fornicaste con los hijos de Egipto, tus vecinos, de grandes carnes; y aumentaste tus fornica­ciones para enojarme.
EZE 16:27 Por tanto, he aquí [que yo] extendí sobre ti mi mano, y dis­minuí tu provisión ordinaria, y te entregué a la voluntad de las hijas de los filisteos que te abo­rrecen, las cuales se avergüenzan de tu camino deshonesto.
EZE 16:28 Fornicaste también con los hijos de Asur por no haberte hartado; y fornicaste con ellos, y tampoco te hartaste.
EZE 16:29 Multiplicaste asimismo tu fornicación en la tierra de Canaán y de los caldeos: ni tam­poco con esto te hartaste.
EZE 16:30 ¡Cuán inconstante es tu cora­zón, dice el Señor DIOS, habien­do hecho todas estas cosas, obras de una poderosa ramera,
EZE 16:31 Edificando tus altares en cabeza de todo camino, y hacien­do tus altares en todas las plazas! Y no fuiste semejante a ramera, menospreciando el salario,
EZE 16:32 [Sino como] mujer adúltera, por cuanto [que] en lugar de su marido recibe a ajenos.
EZE 16:33 A todas las rameras dan dones; mas tú diste tus dones a todos tus enamorados; y les diste presentes, porque entrasen a ti de todas partes por tus fornicacio­nes.
EZE 16:34 Y ha sido en ti al contrario de las mujeres en tus fornicaciones, ni nunca después de [ti será así] fornicado; porque en dar tú dones, y no ser dados dones a ti, ha sido al contrario.
EZE 16:35 Por tanto, ramera, oye palabra del SEÑOR:
EZE 16:36 Así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto han sido descubiertas tus vergüenzas, y tu confusión ha sido manifestada a tus enamora­dos en tus fornicaciones, y a los ídolos de tus abominaciones, y en la sangre de tus hijos, los cuales les diste;
EZE 16:37 Por tanto, he aquí que yo junto todos tus enamorados con los cuales tomaste placer, y todos los que amaste, con todos los que aborreciste; y reunirélos contra ti alrededor, y descubriréles tu ver­güenza, y verán toda tu torpeza.
EZE 16:38 Y yo te juzgaré por las leyes de las adúlteras, y de las que derraman sangre; y te daré en sangre de ira y de celo.
EZE 16:39 Y te entregaré en mano de ellos: y destruirán tu alto, y derri­barán tus altares, y te harán des­nudar de tus ropas, y se llevarán los vasos de tu gloria, y te deja­rán desnuda y descubierta.
EZE 16:40 Y harán subir contra ti una multitud, y te apedrearán con piedras, y te atravesarán con sus espadas.
EZE 16:41 Y quemarán tus casas a fuego, y harán en ti juicios a ojos de muchas mujeres; y hacerte he cesar de ser ramera, ni tampoco darás más don.
EZE 16:42 Y haré reposar mi ira sobre ti, y apartaráse de ti mi celo, y des­cansaré de más enojarme.
EZE 16:43 Por cuanto no te acordaste de los días de tu mocedad, y me provocaste a ira en todo esto, por eso, he aquí yo también he torna­do tu camino sobre tu cabeza, dice el Señor DIOS; pues ni aun has pensado sobre todas tus abo­minaciones.
EZE 16:44 He aquí que todo proverbista hará de ti proverbio, diciendo: Como la madre, tal su hija.
EZE 16:45 Hija de tu madre eres tú, que desechó a su marido y a sus hijos; y hermana de tus hermanas eres tú, que desecharon a sus maridos y a sus hijos: vuestra madre fue hetea, y vuestro padre amorreo.
EZE 16:46 Y tu hermana mayor es Samaria con sus hijas, la cual habita a tu mano izquierda; y tu hermana la menor que tú [es] Sodoma con sus hijas, la cual habita a tu mano derecha.
EZE 16:47 Y aun no anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus abominaciones; antes, como [si esto fuera] poco y muy poco, te corrompiste más que ellas en todos tus caminos.
EZE 16:48 Vivo yo, dice el Señor DIOS, Sodoma tu hermana, con sus hijas, no ha hecho como hiciste tú y tus hijas.
EZE 16:49 He aquí que ésta fue la mal­dad de Sodoma tu hermana: soberbia, abundancia de pan, y abun­dancia de ociosidad tuvo ella y sus hijas; y no corroboró la mano del afligido y del menesteroso.
EZE 16:50 Y ensoberbeciéronse, e hicie­ron abominación delante de mí, y quitélas como vi [bueno].
EZE 16:51 Y Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados; porque tú multiplicaste tus abominaciones más que ellas, y has justificado a tus hermanas con todas tus abo­minaciones que hiciste.
EZE 16:52 Tú también, que juzgaste a tus hermanas, lleva tu vergüenza en tus pecados que hiciste más abominables que ellas: más justas son que tú: avergüénzate pues tú también, y lleva tu confusión, pues que has justificado a tus hermanas.
EZE 16:53 Yo pues haré tornar sus cauti­vos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y los cau­tivos de tus cautiverios entre ellas,
EZE 16:54 Para que tú lleves tu confu­sión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siéndoles tú moti­vo de consuelo.
EZE 16:55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado.
EZE 16:56 Sodoma, tu hermana, no fue nombrada en tu boca en el tiem­po de tus soberbias,
EZE 16:57 Antes que tu maldad se des­cubriese, como en el tiempo de la vergüenza de las hijas de Siria y de todas las hijas de los filisteos alrededor, que te menosprecian en contorno.
EZE 16:58 Tú has llevado tu enormidad y tus abominaciones, dice el SEÑOR.
EZE 16:59 Porque así dice el Señor DIOS: ¿Haré yo contigo como tú hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto?
EZE 16:60 Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu mocedad, y te con­firmaré un pacto sempiterno.
EZE 16:61 Y acordarte has de tus caminos y te avergonzarás, cuando recibirás a tus hermanas, las mayores que tú con las menores que tú, las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto.
EZE 16:62 Y confirmaré mi pacto conti­go, y sabrás que yo soy el SEÑOR;
EZE 16:63 Para que te acuerdes, y te avergüences, y nunca más abras la boca a causa de tu vergüenza, cuando me aplacare para contigo de todo lo que hiciste, dice el Señor DIOS.
EZE 17:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 17:2 Hijo del hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel.
EZE 17:3 Y dirás: Así ha dicho el Señor DIOS: Una grande águila, de grandes alas y de largos miem­bros, llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y tomó el cogollo del cedro:
EZE 17:4 Arrancó el principal de sus renuevos, y llevólo a la tierra de mercaderes, y púsolo en la ciu­dad de los negociantes.
EZE 17:5 Tomó también de la simiente de la tierra, y púsola en un campo bueno para sembrar, plantóla junto a grandes aguas, púsola como un sauce.
EZE 17:6 Y brotó, e hízose una vid de mucha rama, baja de estatura, que sus ramas la miraban, y sus raíces estaban debajo de ella: así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos, y echó mugrones.
EZE 17:7 Y fue otra grande águila, de grandes alas y de muchas plu­mas; y he aquí que esta vid juntó cerca de ella sus raíces, y exten­dió hacia ella sus ramos, para ser regada por ella por los surcos de su plantío.
EZE 17:8 En un buen campo, junto a muchas aguas fue plantada, para que hiciese ramos y llevase fruto, y para que fuese vid robusta.
EZE 17:9 Di: Así ha dicho el Señor DIOS: ¿Será prosperada? ¿No arrancará sus raíces, y destruirá su fruto, y secaráse? Todas las hojas de su lozanía secará, y no con gran brazo, ni con mucha gente, arrancándola de sus raíces.
EZE 17:10 Y he aquí que plantada está ella: ¿Será prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento solano la tocare? En los surcos de su verdor se secará.
EZE 17:11 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 17:12 Di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué signi­fican estas cosas? Díles: He aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalem, y tomó tu rey y sus príncipes, y llevólos consigo a Babilonia.
EZE 17:13 Tomó también de la simiente del reino, e hizo con él pacto, y trá­jole a juramento; y tomó los fuer­tes de la tierra,
EZE 17:14 Para que el reino fuese abati­do y no se levantase, sino que guardase su pacto, y estuviese en el.
EZE 17:15 Pero se rebeló contra él enviando sus embajadores a Egipto, para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prospera­do, escapará, el que estas cosas hace? ¿O el que rompiere el pacto, podrá huir?
EZE 17:16 Vivo yo, dice el Señor DIOS, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar del rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuyo pacto con él hecho rompió.
EZE 17:17 Y no con grande ejército, ni con mucha compañía hará con él Faraón en la batalla, cuando funden baluarte y edifiquen bastio­nes para cortar muchas vidas.
EZE 17:18 Pues menospreció el jura­mento, para invalidar el concier­to, cuando he aquí que había dado su mano, e hizo todas estas cosas, no escapará.
EZE 17:19 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi concierto que ha invalidado, tornaré sobre su cabeza.
EZE 17:20 Y extenderé sobre él mi red, y será preso en mi malla; y hacerlo he venir a Babilonia, y allí estaré a juicio con él, por su prevarica­ción con que contra mí se ha rebelado.
EZE 17:21 Y todos sus fugitivos con todos sus escuadrones caerán a espada, y los que quedaren serán esparcidos a todo viento; y sabréis que yo el SEÑOR he hablado.
EZE 17:22 Así ha dicho el Señor DIOS: Y tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y pondrélo: del princi­pal de sus renuevos cortaré un tallo, y plantarlo he yo sobre el monte alto y sublime;
EZE 17:23 En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramos, y lleva­rá fruto, y haráse magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves, toda cosa que vuela habitará a la sombra de sus ramos.
EZE 17:24 Y sabrán todos los árboles del campo que yo el SEÑOR abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo el SEÑOR hablé e hice.
EZE 18:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 18:2 ¿Qué pensáis vosotros, voso­tros que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, diciendo: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos tienen la den­tera?
EZE 18:3 Vivo yo, dice el Señor DIOS, que nunca más tendréis [por qué] usar este refrán en Israel.
EZE 18:4 He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
EZE 18:5 Y el hombre que fuere justo, e hiciere juicio y justicia;
EZE 18:6 Que no comiere sobre los mon­tes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la esposa de su prójimo, ni llegare a la mujer menstruosa,
EZE 18:7 Ni oprimiere a ninguno; al deu­dor tornare su prenda, no come­tiere robo, diere de su pan al hambriento, y cubriere al desnu­do con vestidura,
EZE 18:8 No diere a logro, ni recibiere aumento; de la maldad retrajere su mano, [e] hiciere juicio de ver­dad entre hombre y hombre,
EZE 18:9 En mis ordenanzas caminare, y guardare mis derechos para hacer verdad, éste es justo: éste vivirá, dice el Señor DIOS.
EZE 18:10 Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o que haga alguna cosa de éstas,
EZE 18:11 Y que no haga las otras; antes comiere sobre los montes, o vio­lare la esposa de su prójimo,
EZE 18:12 Al pobre y menesteroso opri­miere, cometiere robos, no torna­re la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos, [e] hiciere abomina­ción,
EZE 18:13 Diere a usura, y recibiere aumento: ¿vivirá éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá; su sangre será sobre él.
EZE 18:14 Pero si [éste] engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos:
EZE 18:15 No comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la esposa de su prójimo no violare,
EZE 18:16 Ni oprimiere a nadie; la prenda no empeñare, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere de vestidura al desnudo;
EZE 18:17 Apartare su mano del pobre, usura ni aumento no recibiere; hiciere mis derechos, y anduvie­re en mis ordenanzas, éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá.
EZE 18:18 Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su iniquidad.
EZE 18:19 Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará por el pecado de su padre? Porque el hijo hizo juicio y justicia, guardó todas mis orde­nanzas, y las hizo, de cierto vivi­rá.
EZE 18:20 El alma que pecare, esa mori­rá: el hijo no llevará por el peca­do del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impie­dad del impío será sobre él.
EZE 18:21 Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todas mis ordenanzas, e hiciere juicio y justicia, de cierto vivirá; no morirá.
EZE 18:22 Todas sus rebeliones que cometió, no le serán recordadas: en su justicia que hizo vivirá.
EZE 18:23 ¿Tengo yo placer alguno en la muerte del impío? dice el Señor DIOS: ¿No deseo antes que se convierta de sus cami­nos, y viva?
EZE 18:24 Mas cuando el justo se apartare de su justicia, y cometiere iniquidad, [e] hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hace, ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria; en su transgresión que ha transgredido, y en su pecado que cometió, en ellos morirá.
EZE 18:25 Y si dijereis: No es derecho el camino del SEÑOR: oíd ahora, casa de Israel: ¿No es derecho mi camino? ¿no son vuestros cami­nos torcidos?
EZE 18:26 Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello: por su iniquidad que hizo, morirá.
EZE 18:27 Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo juicio y justicia, hará vivir su alma.
EZE 18:28 Porque miró, y apartóse de todas sus prevaricaciones que hizo, de cierto vivirá, no morirá.
EZE 18:29 Si aun dijere la casa de Israel: No es derecho el camino del SEÑOR: ¿No son derechos mis caminos, casa de Israel? Cierto, vuestros caminos no son dere­chos.
EZE 18:30 Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor DIOS. Arrepentíos, y volveos de todas vuestras iniquidades; y no os será la iniquidad causa de ruina.
EZE 18:31 Echad de vosotros todas vues­tras iniquidades con que habéis prevaricado, y haceos corazón nuevo y espíritu nuevo. ¿Y por qué moriréis, casa de Israel?
EZE 18:32 Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor DIOS; convertíos pues, y viviréis.
EZE 19:1 Y TÚ levanta endecha sobre los príncipes de Israel.
EZE 19:2 Y dirás: ¡Cómo se echó entre los leones tu madre la leona! entre los leoncillos crió sus cachorros.
EZE 19:3 E hizo subir uno de sus cacho­rros: vino a ser leoncillo, y aprendió a prender presa, y a devorar hombres.
EZE 19:4 Y las naciones oyeron de él: fue tomado con el lazo de ellas, y lle­váronlo con grillos a la tierra de Egipto.
EZE 19:5 Y viendo ella que había espera­do mucho tiempo, y que se per­día su esperanza, tomó otro de sus cachorros, y púsolo por leon­cillo.
EZE 19:6 Y él andaba entre los leones; hízose leoncillo, aprendió a hacer presa, devoró hombres.
EZE 19:7 Y conoció sus viudas, y asoló sus ciudades; y la tierra fue aso­lada, y su abundancia, a la voz de su rugido.
EZE 19:8 Y dieron sobre él las naciones de las provincias de su alrededor, y extendieron sobre él su red; fue preso en su hoyo.
EZE 19:9 Y pusiéronlo en cárcel con cadenas, y lleváronlo al rey de Babilonia; metiéronlo en fortale­zas, para que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel.
EZE 19:10 Tu madre fue como una vid en tu sangre, plantada junto a las aguas, haciendo fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas.
EZE 19:11 Y ella tuvo varas fuertes para cetros de señores; y levantóse su estatura por encima entre las ramas, y fue vista en su altura, y con la multitud de sus sarmien­tos.
EZE 19:12 Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y viento sola­no secó su fruto; fueron quebra­das y secáronse sus varas fuertes; consumiólas el fuego.
EZE 19:13 Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez.
EZE 19:14 Y ha salido fuego de la vara de sus ramos, ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte, cetro para enseñore­ar. Endecha es esta, y de endecha servirá.
EZE 20:1 Y ACONTECIÓ en el año séptimo, en el [mes] quinto, a los diez del mes, [que] vinieron algunos de los ancianos de Israel a inquirir del SEÑOR, y sentáronse delante de mí.
EZE 20:2 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 20:3 Hijo del hombre, habla a los ancianos de Israel, y díles: Así ha dicho el Señor DIOS: ¿A inquirir de mí venís vosotros? Vivo yo, que yo no os responderé, dice el Señor DIOS.
EZE 20:4 ¿Quieres tú juzgarlos? ¿los quieres juzgar tú, hijo del hom­bre? Notifícales las abominacio­nes de sus padres;
EZE 20:5 Y díles: Así ha dicho el Señor DIOS: El día que escogí a Israel, y que alcé mi mano por la simiente de la casa de Jacob, y que fui conocido de ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano a ellos, diciendo: Yo soy el SEÑOR vuestro Dios;
EZE 20:6 Aquel día que les alcé mi mano, que los sacaría de la tierra de Egipto a la tierra que les había proveído, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras;
EZE 20:7 Entonces les dije: Cada uno eche de si las abominaciones de sus ojos, y no os contaminéis en los ídolos de Egipto. Yo soy el SEÑOR vuestro Dios.
EZE 20:8 Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme: no echó de sí cada uno las abo­minaciones de sus ojos, ni deja­ron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto.
EZE 20:9 Con todo, a causa de mi nom­bre, porque no se infamase en los ojos de las gentes en medio de las cuales estaban, en cuyos ojos fui conocido de ellos, hice para sacarlos de tierra de Egipto.
EZE 20:10 Saquélos pues de la tierra de Egipto, y trájelos al desierto;
EZE 20:11 Y díles mis ordenanzas, y declaréles mis derechos, los cua­les el hombre que los hiciere, vivirá en ellos.
EZE 20:12 Y díles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy el SEÑOR que los santifico.
EZE 20:13 Mas rebeláronse contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis ordenanzas, y desecharon mis derechos, los cuales el hombre que los hiciere, vivirá en ellos; y mis sábados profanaron en gran manera; dije, por tanto, que había de derramar sobre ellos mi ira en el desierto para consumirlos.
EZE 20:14 Pero en atención a mi nombre hice porque no se infamase a la vista de las gentes, delante de cuyos ojos los saqué.
EZE 20:15 Y también yo les alcé mi mano en el desierto, que no los metería en la tierra que les di, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras;
EZE 20:16 Porque desecharon mis dere­chos, y no anduvieron en mis ordenanzas, y mis sábados profa­naron: porque tras sus ídolos iba su corazón.
EZE 20:17 Con todo los perdonó mi ojo, no matándolos, ni los consumí en el desierto;
EZE 20:18 Antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis en sus ídolos.
EZE 20:19 Yo soy el SEÑOR vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis juicios, y ponedlos por obra:
EZE 20:20 Y santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios.
EZE 20:21 Y los hijos se rebelaron contra mí: no anduvieron en mis orde­nanzas, ni guardaron mis dere­chos para ponerlos por obra, los cuales el hombre que los cum­pliere, vivirá en ellos; profanaron mis sábados. Dije entonces que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en el desierto.
EZE 20:22 Mas retraje mi mano, y en atención a mi nombre hice por­que no se infamase a vista de las naciones, delante de cuyos ojos los saqué.
EZE 20:23 Y también les alcé yo mi mano en el desierto, que los esparciría entre las naciones, y que los aventaría por las tierras;
EZE 20:24 Porque no pusieron por obra mis derechos, y desecharon mis ordenanzas, y profanaron mis sábados, y tras los ídolos de sus padres se les fueron sus ojos.
EZE 20:25 Por eso yo también les di ordenanzas no buenas, y dere­chos por los cuales no viviesen;
EZE 20:26 Y contaminélos en sus ofren­das cuando hacían pasar [por el fuego] todo primogénito, para que los desolase, a fin de que supie­sen que yo soy el SEÑOR.
EZE 20:27 Por tanto, hijo del hombre, habla a la casa de Israel, y díles: Así ha dicho el Señor DIOS: Aun en esto me afrentaron vuestros padres cuando cometieron contra mí rebelión.
EZE 20:28 Porque yo los metí en la tierra sobre la cual había alzado mi mano que les había de dar, y miraron a todo collado alto, y a todo árbol espeso, y allí sacrifi­caron sus víctimas, y allí presen­taron la irritación de sus ofren­das, allí pusieron también el olor de su suavidad, y allí derramaron sus libaciones.
EZE 20:29 Y yo les dije: ¿Qué es ese alto adonde vosotros vais? Y fue lla­mado su nombre Bamah hasta el día de hoy.
EZE 20:30 Di, pues, a la casa de Israel: Así ha dicho el Señor DIOS: ¿No os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres, y for­nicáis tras sus abominaciones?
EZE 20:31 Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar vues­tros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos hasta hoy: ¿y he de res­ponderos yo, casa de Israel? Vivo yo, dice el Señor DIOS, que no os responderé.
EZE 20:32 Y no ha de ser lo que habéis pensado, porque vosotros decís: Seamos como las naciones, como las familias de las nacio­nes, sirviendo a la madera y a la piedra.
EZE 20:33 Vivo yo, dice el Señor DIOS, que con mano fuerte, y brazo extendido, y enojo derramado, tengo de reinar sobre vosotros:
EZE 20:34 Y os sacaré de entre los pue­blos, y os juntaré de las tierras en que estáis esparcidos, con mano fuerte, y brazo extendido, y enojo derramado:
EZE 20:35 Y os he de traer al desierto de pueblos, y allí litigaré con voso­tros cara a cara.
EZE 20:36 Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con voso­tros, dice el Señor DIOS.
EZE 20:37 Y os haré pasar bajo de vara y os traeré en vínculo de concierto;
EZE 20:38 Y apartaré de entre vosotros los rebeldes, y los que se rebela­ron contra mí: de la tierra de sus destierros los sacaré, y a la tierra de Israel no vendrán; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 20:39 Y vosotros, oh casa de Israel, así ha dicho el Señor DIOS: Andad cada uno tras sus ídolos, y servidles, pues que a mí no me obedecéis; y no profanéis más mi santo nombre con vuestras ofren­das, y con vuestros ídolos.
EZE 20:40 Porque en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice el Señor DIOS, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra: allí los querré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas consa­gradas.
EZE 20:41 En olor de suavidad os acep­taré, cuando os hubiere sacado de entre los pueblos, y os hubie­re juntado de las tierras en que estáis esparcidos; y seré santifi­cado en vosotros a los ojos de las naciones.
EZE 20:42 Y sabréis que yo soy el SEÑOR, cuando os hubiere meti­do en la tierra de Israel, en la tierra por la cual alcé mi mano que la daría a vuestros padres.
EZE 20:43 Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y seréis confusos en vuestra misma presencia por todos vues­tros pecados que cometisteis.
EZE 20:44 Y sabréis que yo soy el SEÑOR cuando hiciere con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos, ni según vuestras perver­sas obras, oh casa de Israel, dice el Señor DIOS.
EZE 20:45 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 20:46 Hijo del hombre, pon tu rostro hacia el sur, y derrama [tu palabra] hacia la parte del sur, y profetiza contra el bosque del campo del sur.
EZE 20:47 Y dirás al bosque del sur: Oye palabra del SEÑOR: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí que yo enciendo en ti fuego, el cual consumirá en ti todo árbol verde, y todo árbol seco: no se apagará la llama del fuego; y serán quemados en ella todos rostros, desde el sur hasta el norte.
EZE 20:48 Y verá toda carne que yo el SEÑOR lo encendí; no se apaga­rá.
EZE 20:49 Y dije: ¡Ah, Señor DIOS! ellos dicen de mí: ¿No profiere éste parábolas?
EZE 21:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 21:2 Hijo del hombre, pon tu rostro contra Jerusalem, y derrama [palabra] sobre los santuarios, y profetiza sobre la tierra de Israel;
EZE 21:3 Y dirás a la tierra de Israel: Así ha dicho el SEÑOR: He aquí, que yo contra ti, y sacaré mi espada de su vaina, y talaré de ti al justo y al impío.
EZE 21:4 Y por cuanto he de talar de ti al justo y al impío, por tanto, mi espada saldrá de su vaina contra toda carne, desde el sur hasta el norte:
EZE 21:5 Y sabrá toda carne que yo el SEÑOR saqué mi espada de su vaina; no volverá más.
EZE 21:6 Y tú, hijo del hombre, gime con quebrantamiento de lomos, y con amargura; gime delante de los ojos de ellos.
EZE 21:7 Y será, que cuando te dijeren: ¿Por qué gimes tú? dirás: Por la fama que viene; y todo corazón se desleirá, y todas manos se debilitarán, y angustiaráse todo espíritu, y todas rodillas se irán en aguas: he aquí que viene, y hacerse ha, dice el Señor DIOS.
EZE 21:8 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 21:9 Hijo del hombre, profetiza, y di: Así ha dicho el Señor DIOS: Di: La espada, la espada está afi­lada, y aun acicalada;
EZE 21:10 Para degollar víctimas está afilada, acicalada está para que relumbre. ¿Hemos de alegrar­nos? A la vara de mi hijo [viene] menospreciando todo árbol.
EZE 21:11 Y dióla a acicalar para tenerla a mano: la espada está afilada, y acicalada está ella, para entregar­la en mano del matador.
EZE 21:12 Clama y aúlla, oh hijo del hombre; porque ésta [será] sobre mi pueblo, [será] ella sobre todos los príncipes de Israel. Temores de espada serán a mi pueblo: por tanto, hiere el muslo;
EZE 21:13 Porque está probado. ¿Y qué, si la [espada] desprecia aun el cetro? El no será [más], dice el Señor DIOS.
EZE 21:14 Tú pues, hijo del hombre, pro­fetiza y bate una mano con otra, y dóblese la espada la tercera vez, la espada de muertos: ésta es espada de gran matanza que los penetrará,
EZE 21:15 Para que el corazón desmaye, y los estragos se multipliquen: en todas las puertas de ellos he puesto espanto de espada. ¡Ah! dispuesta está para que relumbre, y aderezada para degollar.
EZE 21:16 Ponte a una parte, ponte a la diestra, o ponte a la siniestra, hacia donde tu rostro se determi­nare.
EZE 21:17 Y yo también batiré mi mano con mi mano, y haré reposar mi ira. Yo el SEÑOR he hablado.
EZE 21:18 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 21:19 Y tú, hijo del hombre, señála­te dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia: de una misma tierra salgan ambos: y echa mano [a la suerte:] en el principio del camino de la ciudad lo harás.
EZE 21:20 El camino señalarás por donde venga la espada a Rabá de los hijos de Amón, y a Judá contra Jerusalem la fuerte.
EZE 21:21 Porque el rey de Babilonia se paró en una encrucijada, al prin­cipio de dos caminos, para tomar adivinación: acicaló saetas, con­sultó en ídolos, miró el hígado.
EZE 21:22 La adivinación fue a su mano derecha, sobre Jerusalem, para poner capitanes, para abrir la boca a la matanza, para levantar la voz en grito, para poner inge­nios contra las puertas, para fun­dar baluarte, y edificar fuerte.
EZE 21:23 Y seráles como adivinación mentirosa en sus ojos, por estar juramentados con juramento a ellos: mas él trae a la memoria la maldad, para prenderlos.
EZE 21:24 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto habéis hecho venir en memoria vuestras maldades, manifestando vuestras traiciones, y descubriendo vues­tros pecados en todas vuestras obras; por cuanto habéis venido en memoria, seréis tomados a mano.
EZE 21:25 Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día vino en el tiempo de la consumación de la maldad,
EZE 21:26 Así ha dicho el Señor DIOS: Depón la diadema, quita la corona: ésta no [será] más ésta: al bajo alzaré, y al alto abatiré.
EZE 21:27 Del revés, del revés, del revés la tornaré; y no será ésta más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y [se] la entregaré.
EZE 21:28 Y tú, hijo del hombre, profeti­za, y di: Así ha dicho el Señor DIOS sobre los hijos de Amón, y su oprobio. Dirás pues: La espada, la espada está desenvai­nada para degollar; acicalada para consumir con resplandor.
EZE 21:29 Te profetizan vanidad, adiví­nante mentira, para entregarte con los cuellos de los malos sen­tenciados a muerte, cuyo día vino en tiempo de la consuma­ción de la maldad.
EZE 21:30 ¿Tornaréla a su vaina? En el lugar donde fuiste creado, en la tierra de tu nacimiento, te tengo de juzgar.
EZE 21:31 Y derramaré sobre ti mi ira: el fuego de mi enojo haré encender sobre ti, y te entregaré en mano de hombres brutales, artífices de destrucción.
EZE 21:32 Del fuego serás para ser con­sumido; tu sangre será en medio de la tierra; no habrá más memo­ria de ti: porque yo el SEÑOR he hablado.
EZE 22:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 22:2 Y tú, hijo del hombre, ¿No juz­garás tú, no juzgarás tú a la ciu­dad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominacio­nes?
EZE 22:3 Dirás, pues: Así ha dicho el Señor DIOS: ¡Ciudad derrama­dora de sangre en medio de sí, para que venga su hora, y que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse!
EZE 22:4 En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contamina­do en tus ídolos que hiciste; y has hecho acercar tus días, y has lle­gado a tus años: por tanto te he dado en oprobio a las gentes, y en escarnio a todas las tierras.
EZE 22:5 Las que están cerca, y las que están lejos de ti, se reirán de ti, amancillada de fama, [y] de grande turbación.
EZE 22:6 He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, fueron en ti para derramar san­gre.
EZE 22:7 Al padre y a la madre despre­ciaron en ti: al extranjero trataron con calumnia en medio de ti: al huérfano y a la viuda despojaron en ti.
EZE 22:8 Mis santuarios menospreciaste, y mis sábados has profanado.
EZE 22:9 Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los montes comieron en ti: hicieron en medio de ti suciedades.
EZE 22:10 La desnudez del padre descu­brieron en ti; la inmunda de menstruo forzaron en ti.
EZE 22:11 Y cada uno hizo abominación con la esposa de su prójimo; y cada uno contaminó su nuera tor­pemente; y cada uno forzó en ti a su hermana, hija de su padre.
EZE 22:12 Precio recibieron en ti para derramar sangre; usura y logro tomaste, y a tus prójimos defrau­daste con violencia: olvidástete de mí, dice el Señor DIOS.
EZE 22:13 Y he aquí, que herí mi mano a causa de tu avaricia que cometis­te, y a causa de tus sangres que fueron en medio de ti.
EZE 22:14 ¿Estará firme tu corazón? ¿tus manos serán fuertes en los días que obraré yo contra ti? Yo el SEÑOR he hablado, y harélo.
EZE 22:15 Y yo te esparciré por las gen­tes, y te aventaré por las tierras; y haré fenecer de ti tu inmundicia.
EZE 22:16 Y tomarás heredad en ti a los ojos de las gentes; y sabrás que yo soy el SEÑOR.
EZE 22:17 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 22:18 Hijo del hombre, la casa de Israel se me ha tornado en esco­ria: todos ellos son latón, y esta­ño, y hierro, y plomo, en medio del horno; escorias de plata se tornaron.
EZE 22:19 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto todos vosotros os habéis tornado en escorias, por tanto, he aquí que yo os junto en medio de Jerusalem.
EZE 22:20 Como quien junta plata y latón y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encen­der fuego en él para fundir; así os juntaré en mi furor y en mi ira, y haré reposar, y os fundiré.
EZE 22:21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos.
EZE 22:22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundi­dos en medio de él; y sabréis que yo el SEÑOR habré derramado mi enojo sobre vosotros.
EZE 22:23 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 22:24 Hijo del hombre, di a ella: Tú no eres tierra limpia, ni rociada con lluvia en el día del furor.
EZE 22:25 La conjuración de sus profe­tas en medio de ella, como león rugiendo que arrebata presa: devoraron almas, tomaron haciendas y honra, aumentaron sus viudas en medio de ella.
EZE 22:26 Sus sacerdotes violentaron mi ley, y contaminaron mis santua­rios: entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distin­guieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo era profanado en medio de ellos.
EZE 22:27 Sus príncipes en medio de ella como lobos que arrebataban presa, derramando sangre, para destruir las almas, para pábulo de su avaricia.
EZE 22:28 Y sus profetas revocaban con lodo suelto, profetizándoles vanidad, y adivinándoles menti­ra, diciendo: Así ha dicho el Señor DIOS; y el SEÑOR no había hablado.
EZE 22:29 El pueblo de la tierra usaba de opresión, y cometía robo, y al afligido y menesteroso hacían violencia, y al extranjero oprimí­an sin derecho.
EZE 22:30 Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado, y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destru­yese; y no [lo] hallé.
EZE 22:31 Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el fuego de mi ira los consumí: torné el camino de ellos sobre su cabeza, dice el Señor DIOS.
EZE 23:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 23:2 Hijo del hombre, hubo dos mujeres, hijas de una madre,
EZE 23:3 Las cuales fornicaron en Egipto; en sus mocedades forni­caron. Allí fueron apretados sus pechos, y allí fueron estrujadas las tetas de su virginidad.
EZE 23:4 Y llamábanse, la mayor, Aholah, y su hermana, Aholibah; las cuales fueron mías, y parie­ron hijos e hijas. Y llamáronse, Samaria, Aholah; y Jerusalem, Aholibah.
EZE 23:5 Y Aholah cometió fornicación en mi poder: y prendóse de sus amantes, los asirios sus vecinos,
EZE 23:6 Vestidos de azul, capitanes y príncipes, mancebos todos de codiciar, caballeros que andaban a caballo.
EZE 23:7 Y puso sus fornicaciones con ellos, con todos los más escogi­dos de los hijos de los asirios, y con todos aquellos de quienes se enamoró: contaminóse con todos los ídolos de ellos.
EZE 23:8 Y no dejó sus fornicaciones de Egipto: porque con ella se echa­ron en su mocedad, y ellos estru­jaron las tetas de su virginidad, y derramaron sobre ella su fornica­ción.
EZE 23:9 Por lo cual la entregué en mano de sus amantes, en mano de los hijos de los asirios, de quienes se había enamorado.
EZE 23:10 Ellos descubrieron sus ver­güenzas, tomaron sus hijos y sus hijas, y a ella mataron a espada: y vino a ser de nombre entre las mujeres, pues en ella hicieron juicios.
EZE 23:11 Y viólo su hermana Aholibah, y estragó su amor más que ella; y sus fornicaciones, más que las fornicaciones de su hermana.
EZE 23:12 Enamoróse de los hijos de los asirios, [sus] vecinos, capitanes y príncipes, vestidos en perfec­ción, caballeros que andaban a caballo, todos ellos mancebos de codiciar.
EZE 23:13 Y vi que se había contamina­do: un camino [era] el de ambas.
EZE 23:14 Y aumentó sus fornicaciones: pues cuando vio hombres pintados en la pared, imágenes de caldeos pintadas de color,
EZE 23:15 Ceñidos de talabartes por sus lomos, y tiaras pintadas en sus cabezas, teniendo todos ellos parecer de capitanes, a la manera de los hombres de Babilonia, nacidos en tierra de caldeos,
EZE 23:16 Enamoróse de ellos en vién­dolos, y envióles mensajeros a la tierra de los caldeos.
EZE 23:17 Y entraron a ella los hombres de Babilonia a la cama de los amores, y contamináronla con su fornicación; y ella también se contaminó con ellos, y su deseo se hartó de ellos.
EZE 23:18 Así hizo patentes sus fornica­ciones, y descubrió sus vergüen­zas: por lo cual mi alma se hartó de ella, como se había ya hartado mi alma de su hermana.
EZE 23:19 Aun multiplicó sus fornica­ciones trayendo en memoria los días de su mocedad, en los cuales había fornicado en la tierra de Egipto.
EZE 23:20 Y enamoróse de sus rufianes, cuya carne es como carne de asnos, y cuyo flujo como flujo de caballos.
EZE 23:21 Así tornaste a la memoria la suciedad de tu mocedad, cuando estrujaron tus tetas en Egipto por los pechos de tu mocedad.
EZE 23:22 Por tanto, Aholibah, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí que yo despierto tus amantes contra ti, de los cuales se hartó tu deseo, y yo les haré venir contra ti en derredor;
EZE 23:23 Los de Babilonia, y todos los caldeos, mayordomos, y prínci­pes, y capitanes, todos los de Asiria con ellos: mancebos todos ellos de codiciar, capitanes y príncipes, nobles y principales, que montan a caballo todos ellos.
EZE 23:24 Y vendrán sobre ti carros, carretas, y ruedas, y asamblea de pueblos. Escudos, y paveses, y capacetes pondrán contra ti en derredor; y yo daré el juicio delan­te de ellos, y por sus leyes te juz­garán.
EZE 23:25 Y pondré mi celo contra ti, y obrarán contigo con furor; quitarte han tu nariz y tus orejas; y tu remanente caerá a espada. Ellos tomarán tus hijos y tus hijas, y tu remanente será consumido por el fuego.
EZE 23:26 Y te desnudarán de tus vesti­mentas, y tomarán los vasos de tu gloria.
EZE 23:27 Y haré cesar de ti tu suciedad, y tu fornicación de la tierra de Egipto: ni más levantarás a ellos tus ojos, ni nunca más te acorda­rás de Egipto.
EZE 23:28 Porque así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo te entrego en mano de aquellos que tú aborre­ciste, en mano de aquellos de los cuales se hartó tu deseo:
EZE 23:29 Los cuales obrarán contigo con odio, y tomarán todo lo que tú trabajaste, y te dejarán desnu­da y descubierta: y descubriráse la torpeza de tus fornicaciones, y tu suciedad, y tus fornicaciones.
EZE 23:30 Estas cosas se harán contigo, porque fornicaste en pos de las gentes, con las cuales te contami­naste en sus ídolos.
EZE 23:31 En el camino de tu hermana anduviste: yo pues pondré su copa en tu mano.
EZE 23:32 Así ha dicho el Señor DIOS: Beberás la honda y ancha copa de tu hermana; de ti se mofarán las gentes, y te escarnecerán: de grande cabida es.
EZE 23:33 Serás llena de embriaguez y de dolor por la copa de soledad y de asolamiento, por la copa de tu hermana Samaria.
EZE 23:34 Lo beberás pues, y lo agotarás, y quebrarás sus tiestos; y tus pechos arrancarás; porque yo he hablado, dice el Señor DIOS.
EZE 23:35 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto te has olvidado de mí, y me has echado tras tus espaldas, por eso, lleva tú también tu suciedad y tus forni­caciones.
EZE 23:36 Y díjome el SEÑOR: Hijo del hombre, ¿No juzgarás tú a Aholah, y a Aholibah, y les denunciarás sus abominaciones?
EZE 23:37 Porque han adulterado, y hay sangre en sus manos, y han for­nicado con sus ídolos; y aun sus hijos que me habían engendrado, hicieron pasar [por el fuego], que­mándolos.
EZE 23:38 Aun esto más me hicieron: contaminaron mi santuario en aquel día, y profanaron mis sába­dos;
EZE 23:39 Pues habiendo sacrificado sus hijos a sus ídolos, entrábanse en mi santuario el mismo día para contaminarlo: y he aquí, así hicieron en medio de mi casa.
EZE 23:40 Y cuanto más, que enviaron por hombres que vienen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero: y he aquí vinieron; y por amor de ellos te lavaste, y alcoholaste tus ojos, y te atavias­te con adornos:
EZE 23:41 Y te sentaste sobre suntuoso estrado, y fue adornada mesa delante de él, y sobre ella pusiste mi perfume y mi óleo.
EZE 23:42 Y oyóse en ella voz de compañía en reposo: y con los varones fueron traídos de la gente común los sabeos del desierto; y pusieron manillas sobre sus manos, y coronas de gloria sobre sus cabezas.
EZE 23:43 Y dije a la envejecida en adul­terios: Sus prostituciones cum­plirán ellos ahora, y ella [con ellos]:
EZE 23:44 Porque han venido a ella como quien viene a mujer rame­ra: así vinieron a Aholah y a Aholibah, mujeres depravadas.
EZE 23:45 Por tanto, hombres justos las juzgarán por la ley de las adúlte­ras, y por la ley de las que derra­man sangre: porque son adúlte­ras, y sangre hay en sus manos.
EZE 23:46 Por lo que así ha dicho el Señor DIOS: Yo haré subir con­tra ellas compañías, las entregaré a turbación y a rapiña;
EZE 23:47 Y la compañía [de gentes] las apedreará con piedras, y las acu­chillará con sus espadas: matarán a sus hijos y a sus hijas, y sus casas consumirán con fuego.
EZE 23:48 Y haré cesar la depravación de la tierra, y escarmentarán todas las mujeres, y no harán según vuestra torpeza.
EZE 23:49 Y sobre vosotras pondrán vuestra obscenidad, y llevaréis los pecados de vuestros ídolos; y sabréis que yo soy el Señor DIOS.
EZE 24:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR en el noveno año, en el mes décimo, a los diez del mes, diciendo:
EZE 24:2 Hijo del hombre, escríbete el nombre de este día: el rey de Babilonia se puso sobre Jerusalem este mismo día.
EZE 24:3 Y habla a la casa de rebelión por parábola, y díles: Así ha dicho el Señor DIOS: Pon una olla, ponla, y echa también en ella agua:
EZE 24:4 Junta sus piezas en ella; todas buenas piezas, pierna y espalda; hínchela de huesos escogidos.
EZE 24:5 Toma una oveja escogida; y también enciende los huesos debajo de ella; haz que hierva bien; coced también sus huesos dentro de ella.
EZE 24:6 Pues así ha dicho el Señor DIOS: ¡Ay de la ciudad de san­gres, de la olla cuya hez está en ella, y cuya hez no sale de ella! Por sus piezas, por sus piezas sácala; no caiga sobre ella suerte.
EZE 24:7 Porque su sangre fue en medio de ella: sobre una roca alisada la puso; no la derramó sobre la tierra para que fuese cubierta con polvo.
EZE 24:8 Habiendo, [pues], hecho subir la ira para hacer venganza, yo pon­dré su sangre sobre una roca, para que no sea cubierta.
EZE 24:9 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: ¡Ay de la ciudad de san­gres! Pues también haré yo gran hoguera,
EZE 24:10 Multiplicando la leña, encen­diendo el fuego, para consumir la carne, y hacer la salsa; y los hue­sos serán quemados:
EZE 24:11 Asentando después la [olla] vacía sobre sus brasas, para que se caldee, y se queme su latón, y se funda en ella su suciedad, [y] se consuma su hez.
EZE 24:12 En fraude se cansó, y no salió de ella su mucha hez. En fuego [será] su hez.
EZE 24:13 En tu suciedad perversa [pade­cerás:] porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu suciedad: nunca más te limpiarás, hasta que yo haga reposar mi ira sobre ti.
EZE 24:14 Yo el SEÑOR he hablado; vendrá, y harélo. No me tornaré atrás, ni tendré misericordia, ni me arrepentiré: según tus cami­nos y tus obras te juzgarán, dice el Señor DIOS.
EZE 24:15 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 24:16 Hijo del hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deseo de tus ojos: no endeches, ni llores, ni corran tus lágrimas.
EZE 24:17 Reprime el suspirar, no hagas luto de mortuorios: ata tu bonete sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te cubras con rebozo, ni comas pan de hombres.
EZE 24:18 Y hablé al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi esposa: y a la mañana hice como me fue mandado.
EZE 24:19 Y díjome el pueblo: ¿No nos enseñarás qué nos [significan] estas cosas que tú haces?
EZE 24:20 Y yo les dije: La palabra del SEÑOR vino a mí, diciendo:
EZE 24:21 Di a la casa de Israel: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo profano mi santuario, la gloria de vuestra fortaleza, el deseo de vuestros ojos, y el regalo de vuestra alma: vuestros hijos y vuestras hijas que dejasteis, cae­rán a espada.
EZE 24:22 Y haréis de la manera que yo hice: no os cubriréis con rebozo, ni comeréis pan de hombres;
EZE 24:23 Y vuestros bonetes estarán sobre vuestras cabezas, y vues­tros zapatos en vuestros pies: no endecharéis ni lloraréis, sino que os consumiréis a causa de vues­tras maldades, y gemiréis unos con otros.
EZE 24:24 Ezequiel pues os será por señal; según todas las cosas que él hizo, haréis: en viniendo esto, entonces sabréis que yo soy el Señor DIOS.
EZE 24:25 Y tú, hijo del hombre, el día que yo quitaré de ellos su fortale­za, el gozo de su gloria, el deseo de sus ojos, y el cuidado de sus almas, sus hijos y sus hijas,
EZE 24:26 Este día vendrá a ti [un] esca­pado para traer las nuevas.
EZE 24:27 En aquel día se abrirá tu boca [para hablar] con el escapado, y hablarás, y no estarás más mudo; y les serás por señal, y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 25:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 25:2 Hijo del hombre, pon tu rostro hacia los hijos de Amón, y pro­fetiza sobre ellos.
EZE 25:3 Y dirás a los hijos de Amón: Oíd palabra del Señor DIOS. Así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto dijiste ¡Ea! acerca de mi santuario que fue profanado, y sobre la tierra de Israel que fue asolada, y sobre la casa de Judá, porque fueron en cautiverio;
EZE 25:4 Por tanto, he aquí, yo te entre­go a los Orientales por heredad, y pondrán en ti sus apriscos, y colocarán en ti sus tiendas: ellos comerán tus sementeras, y bebe­rán tu leche.
EZE 25:5 Y pondré a Rabá por habita­ción de camellos, y a los hijos de Amón por majada de ovejas; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 25:6 Porque así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto tú batiste tus manos, y pateaste, y te gozaste del alma en todo tu menosprecio sobre la tierra de Israel;
EZE 25:7 Por tanto, he aquí yo extenderé mi mano sobre ti, y te entregaré a las gentes para ser saqueada; y yo te cortaré de entre los pueblos, y te destruiré de entre las tierras: te raeré; y sabrás que yo soy el SEÑOR.
EZE 25:8 Así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto dijo Moab y Seir: He aquí la casa de Judá es como todas las gentes;
EZE 25:9 Por tanto, he aquí yo abro el lado de Moab desde las ciuda­des, desde sus ciudades que están en su confín, las tierras deseables de Bet-jesimot, y Baal-meón, y Quiriataim,
EZE 25:10 A los hijos del oriente contra los hijos de Amón; y entregaréla por heredad para que no haya más memoria de los hijos de Amón entre las naciones.
EZE 25:11 También en Moab haré jui­cios; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 25:12 Así ha dicho el Señor DIOS: Por lo que hizo Edom tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se vengaron de ellos;
EZE 25:13 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Yo también exten­deré mi mano sobre Edom, y talaré de ella hombres y bestias, y la asolaré: desde Temán y Dedán caerán a espada.
EZE 25:14 Y pondré mi venganza en Edom por la mano de mi pueblo Israel; y harán en Edom según mi enojo y según mi ira: y cono­cerán mi venganza, dice el Señor DIOS.
EZE 25:15 Así ha dicho el Señor DIOS: Por lo que hicieron los filisteos con venganza, cuando se venga­ron con despecho de ánimo, des­truyendo por antiguas enemista­des;
EZE 25:16 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo extiendo mi mano sobre los filisteos, y tala­ré los cereteos, y destruiré el remanente de la ribera del mar.
EZE 25:17 Y haré en ellos grandes ven­ganzas con reprensiones de ira; y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando diere mi venganza en ellos.
EZE 26:1 Y ACONTECIÓ en el undécimo año, en el primero del mes, [que] vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 26:2 Hijo del hombre, por cuanto dijo Tiro sobre Jerusalem: Ea, bien: quebrantada es la [que era] puerta de las naciones: a mí se volvió: seré llena; ella desierta:
EZE 26:3 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra ti, oh Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus ondas.
EZE 26:4 Y demolerán los muros de Tiro, y derribarán sus torres: y raeré de ella su polvo, y la dejaré como una roca lisa.
EZE 26:5 Tendedero de redes será en medio del mar, porque yo he hablado, dice el Señor DIOS: y será saqueada de las naciones.
EZE 26:6 Y sus hijas que están en el campo, serán muertas a espada; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 26:7 Porque así ha dicho el Señor DIOS: He aquí que del norte traigo yo contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, y carros, y caballeros, y compañías, y mucho pueblo.
EZE 26:8 Tus hijas que [están] en el campo matará a espada; y pondrá contra ti ingenios, y fundará contra ti baluarte, y afirmará contra ti escudo.
EZE 26:9 Y pondrá contra ella arietes, contra tus muros, y tus torres destruirá con sus martillos.
EZE 26:10 Por la multitud de sus caba­llos te cubrirá el polvo de ellos: con el estruendo de los caballe­ros, y de las ruedas, y de los carros, temblarán tus muros, cuando entrare por tus puertas como por portillos de ciudad destruída.
EZE 26:11 Con las pezuñas de sus caba­llos hollará todas tus calles; a tu pueblo matará a espada, y las estatuas de tu fortaleza caerán a tierra.
EZE 26:12 Y robarán tus riquezas, y saquearán tus mercaderías: y arruinarán tus muros, y tus casas preciosas destruirán; y pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas.
EZE 26:13 Y haré cesar el estrépito de tus canciones, y no se oirá más el son de tus vihuelas.
EZE 26:14 Y te pondré como una roca lisa: tendedero de redes serás; ni nunca más serás edificada: por­que yo el SEÑOR he hablado, dice el Señor DIOS.
EZE 26:15 Así ha dicho el Señor DIOS a Tiro: ¿No se estremecerán las islas al estruendo de tu caída, cuando gritarán los heridos, cuando se hará la matanza en medio de ti?
EZE 26:16 Entonces todos los príncipes del mar descenderán de sus sillas, y se quitarán sus mantos, y desnudarán sus bordadas ropas: de espanto se vestirán, sentarán­se sobre la tierra, y temblarán a cada momento, y estarán sobre ti atónitos.
EZE 26:17 Y levantarán sobre ti ende­chas, y te dirán: ¿Cómo perecis­te tú, poblada en los mares, ciu­dad que fue alabada, que fue fuerte en el mar, ella y sus habi­tantes, que ponían su espanto a todos sus moradores?
EZE 26:18 Ahora se estremecerán las islas en el día de tu caída, sí, las islas que están en el mar se espantarán de tu salida.
EZE 26:19 Porque así ha dicho el Señor DIOS: Yo te tornaré ciudad aso­lada, como las ciudades que no se habitan; haré subir sobre ti el abismo, y las muchas aguas te cubrirán.
EZE 26:20 Y te haré descender con los que descienden al abismo, con el pueblo antiguo: y te pondré en lo más bajo de la tierra, como los desiertos antiguos, con los que descienden al abismo, para que nunca más seas poblada; y yo daré gloria en la tierra de los vivientes.
EZE 26:21 Yo te tornaré en espanto, y no serás: y serás buscada, y nunca más serás hallada, dice el Señor DIOS.
EZE 27:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 27:2 Y tú, hijo del hombre, levanta endechas sobre Tiro.
EZE 27:3 Y dirás a Tiro, que está asenta­da a las entradas del mar, mer­cadera de los pueblos de muchas islas: Así ha dicho el Señor DIOS: Tiro, tú has dicho: Yo soy de perfecta hermosura.
EZE 27:4 En el corazón de las mares están tus términos: los que te edi­ficaron, completaron tu belleza.
EZE 27:5 De hayas del monte Senir te fabricaron todas las tillas: toma­ron cedros del Líbano para hacerte el mástil.
EZE 27:6 De encinas de Basán hicieron tus remos: compañía de asirios hicieron tus bancos de marfil de las islas de Quitim.
EZE 27:7 De fino lino bordado de Egipto fue tu cortina, para que te sirvie­se de vela; de azul y grana de las islas de Elisah fue tu pabe­llón.
EZE 27:8 Los moradores de Sidón y de Arvad fueron tus remeros: tus sabios, oh Tiro, estaban en ti; ellos fueron tus pilotos.
EZE 27:9 Los ancianos de Gebal y sus sabios repararon tus hendiduras: todas las galeras del mar y los remeros de ellas fueron en ti para negociar tus negocios.
EZE 27:10 Persas y lidios, y los de Fut, fueron en tu ejército tus hombres de guerra: escudos y capacetes colgaron en ti; ellos te dieron tu honra.
EZE 27:11 Y los hijos de Arvad con tu ejército estuvieron sobre tus muros alrededor, y los gamadeos en tus torres: sus escudos colgaron sobre tus muros alrededor; ellos completa­ron tu hermosura.
EZE 27:12 Tarsis tu mercadera a causa de la multitud de todas riquezas en plata, hierro, estaño, y plomo, dio en tus ferias.
EZE 27:13 Grecia, Tubal, y Mesec, tus mercaderes, con hombres y con vasos de latón, dieron en tus ferias.
EZE 27:14 De la casa de Togarma, caba­llos y caballeros y mulos, dieron en tu mercado.
EZE 27:15 Los hijos de Dedán eran tus negociantes: muchas islas [toma­ban] mercadería de tu mano; cuernos de marfil y pavos te die­ron en presente.
EZE 27:16 Siria fue tu mercadera por la multitud de tus labores: con per­las, y púrpura, y vestiduras borda­dos, y linos finos, y corales, y rubíes, dio en tus ferias.
EZE 27:17 Judá, y la tierra de Israel, eran tus mercaderes: con trigos de Minit y Panag, y miel, y acei­te, y resina, dieron en tu merca­do.
EZE 27:18 Damasco, tu mercadera por la multitud de tus labores, por la abundancia de todas riquezas, con vino de Helbón, y lana blan­ca.
EZE 27:19 Asimismo Dan y el errante Javán dieron en tus ferias, [para negociar] en tu mercado de hierro labrado, mirra destilada, y caña aromática.
EZE 27:20 Dedán fue tu mercadera con paños preciosos para carros.
EZE 27:21 Arabia y todos los príncipes de Cedar, mercaderes de tu mano en corderos, y carneros, y machos cabríos: en estas cosas fueron tus mercaderes.
EZE 27:22 Los mercaderes de Seba y de Raama [fueron] tus mercaderes: con lo principal de toda especie­ría, y toda piedra preciosa, y oro, ocupaban en tus ferias.
EZE 27:23 Harán, y Cane, y Edén, los mercaderes de Seba, de Asiria, y Quilmad, contigo contrataban.
EZE 27:24 Estos tus mercaderes negocia­ban contigo en varias cosas: en mantos de azul, y bordados, y en cajas de ropas preciosas, enla­zadas con cordones, y en madera de cedro.
EZE 27:25 Las naves de Tarsis, tus cua­drillas, fueron en tu negociación: y fuiste llena, y fuiste multiplica­da en gran manera en medio de los mares.
EZE 27:26 En muchas aguas te engolfa­ron tus remeros: viento solano te quebrantó en medio de los mares.
EZE 27:27 Tus riquezas, y tus mercaderí­as, y tu negociación, tus remeros, y tus pilotos, los reparadores de tus hendiduras, y los agentes de tus negocios, y todos tus hom­bres de guerra que hay en ti, con toda tu compañía que en medio de ti se halla, caerán en medio de los mares el día de tu caída.
EZE 27:28 Al estrépito de las voces de tus marineros temblarán los arra­bales.
EZE 27:29 Y descenderán de sus naves todos los que toman remo; reme­ros, y todos los pilotos del mar se pararán en tierra:
EZE 27:30 Y harán oír su voz sobre ti, y gritarán amargamente, y echarán polvo sobre sus cabezas, y se revolcarán en la ceniza.
EZE 27:31 Y haránse por ti calva, y se ceñirán de cilicio, y endecharán por ti endechas amargas, con amargura de alma.
EZE 27:32 Y levantarán sobre ti ende­chas en sus lamentaciones, y endecharán sobre ti [diciendo:] ¿Quién como Tiro, como la des­truída en medio del mar?
EZE 27:33 Cuando tus mercaderías salí­an de las naves, hartabas muchos pueblos: los reyes de la tierra enriqueciste con la multitud de tus riquezas y de tus contratacio­nes.
EZE 27:34 En el tiempo que serás que­brantada de los mares en los pro­fundos de las aguas, tu comercio y toda tu compañía caerán en medio de ti.
EZE 27:35 Todos los moradores de las islas se maravillarán sobre ti, y sus reyes temblarán de espanto: inmutaránse en sus rostros.
EZE 27:36 Los mercaderes en los pue­blos silbarán sobre ti: vendrás a ser espanto, y dejarás de ser para siempre.
EZE 28:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 28:2 Hijo del hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo [soy] un dios; en la silla de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios); y has puesto tu corazón como corazón de Dios:
EZE 28:3 He aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto;
EZE 28:4 Con tu sabiduría y con tu entendimiento te has juntado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros;
EZE 28:5 Con la grandeza de tu sabiduría en tu mercadería has multiplica­do tus riquezas; y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu cora­zón.
EZE 28:6 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios,
EZE 28:7 Por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extraños, los fuertes de las naciones, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y ensuciarán tu esplendor.
EZE 28:8 A la huesa te harán descender, y morirás de las muertes de los que mueren en medio de los mares.
EZE 28:9 ¿Hablarás delante de tu mata­dor, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador.
EZE 28:10 De muerte de incircuncisos morirás por mano de extraños: porque yo he hablado, dice el Señor DIOS.
EZE 28:11 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 28:12 Hijo del hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho el Señor DIOS: Tú eres el sello de perfec­ción, lleno de sabiduría, y perfecto en hermosura.
EZE 28:13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste: toda piedra preciosa fue tu cobertura; el sardio, el topacio, y el diamante, el berilo, el ónix, y el jaspe, el zafiro, la esmeralda, y el carbunclo, y oro, los primores de tus tamboriles y pífanos estuvieron preparados en ti en el día que fuiste creado.
EZE 28:14 Tú, [eras] el querubín ungido que cubre: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado.
EZE 28:15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti iniquidad.
EZE 28:16 A causa de la multitud de tu mercadería fuiste lleno de vio­lencia, y pecaste: por lo que yo te arrojaré como profano del monte de Dios, y te destruiré de en medio de las piedras del fuego, oh querubín cubridor.
EZE 28:17 Enaltecióse tu corazón a causa de tu hermosura, corrom­piste tu sabiduría a causa de tu resplandor: yo te arrojaré por tie­rra; delante de los reyes te pon­dré para que miren en ti.
EZE 28:18 Por la multitud de tus malda­des, y por la iniquidad de tu mercadería ensuciaste tus santuarios: yo pues saco fuego de en medio de ti, el cual te consume, y te pondré por ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran.
EZE 28:19 Todos los que te conocen de entre los pueblos, se maravilla­rán sobre ti: en espanto serás, y para siempre dejarás de ser.
EZE 28:20 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 28:21 Hijo del hombre, pon tu rostro hacia Sidón, y profetiza contra ella;
EZE 28:22 Y dirás: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra ti, oh Sidón, y en medio de ti seré glo­rificado: y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando hiciere en ella juicios, y en ella me santificare.
EZE 28:23 Y enviaré a ella pestilencia y sangre en sus plazas; y caerán muertos en medio de ella, con espada contra ella alrededor; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 28:24 Y nunca más será a la casa de Israel espino que le punce, ni espanto que le dé dolor, en todos los alrededores de los que los menosprecian; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 28:25 Así ha dicho el Señor DIOS: Cuando juntare la casa de Israel de los pueblos entre los cuales están esparcidos, entonces me santificaré en ellos a los ojos de las gentes, y habitarán en su tie­rra, la cual di a mi siervo Jacob.
EZE 28:26 Y habitarán en ella seguros, y edificarán casas, y plantarán viñas, y habitarán confiadamente, cuando yo haya ejecutado juicios en todos los que los desprecian en sus alrededores; y sabrán que yo soy el SEÑOR su Dios.
EZE 29:1 EN el año décimo, en el [mes ] décimo, a los doce del mes, vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 29:2 Hijo del hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.
EZE 29:3 Habla, y di: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es mi río, y yo me lo hice.
EZE 29:4 Yo pues, pondré anzuelos en tus mejillas, y pegaré los peces de tus ríos a tus escamas, y te sacaré de en medio de tus ríos, y todos los peces de tus ríos sal­drán pegados a tus escamas.
EZE 29:5 Y dejaréte en el desierto, a ti y a todos los peces de tus ríos: sobre la faz del campo caerás; no serás recogido, ni serás juntado: a las bestias de la tierra y a las aves del cielo te he dado por comida.
EZE 29:6 Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy el SEÑOR, por cuanto fueron bordón de caña a la casa de Israel.
EZE 29:7 Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompis­te todo el hombro: y cuando se recostaron sobre ti, te quebraste, y los deslomaste enteramente.
EZE 29:8 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí que yo traigo contra ti espada, y talaré de ti hombres y bestias.
EZE 29:9 Y la tierra de Egipto será asola­da y desierta: y sabrán que yo soy el SEÑOR: porque dijo: Mi río, y yo lo hice.
EZE 29:10 Por tanto, he aquí yo contra ti, y contra tus ríos; y pondré la tie­rra de Egipto en asolamientos de la soledad del desierto, desde Migdol hasta Seveneh, hasta el término de Etiopía.
EZE 29:11 No pasará por ella pie de hombre, ni pie de bestia pasará por ella; ni será habitada por cua­renta años.
EZE 29:12 Y pondré a la tierra de Egipto en soledad entre las tierras asola­das, y sus ciudades entre las ciu­dades destruidas estarán asoladas por cuarenta años: y esparciré a Egipto entre las naciones, y aventa­rélos por las tierras.
EZE 29:13 Porque así ha dicho el Señor DIOS: Al fin de cuarenta años juntaré a Egipto de los pueblos entre los cuales fueren esparci­dos:
EZE 29:14 Y tornaré a traer los cautivos de Egipto, y los volveré a la tie­rra de Patros, a la tierra de su habitación; y allí serán un reino bajo.
EZE 29:15 En comparación de los otros reinos será humilde; ni más se alzará sobre las naciones: porque yo los disminuiré, para que no se enseñoreen en las naciones.
EZE 29:16 Y no será más a la casa de Israel por confianza, que haga acordar el pecado, mirando en pos de ellos; y sabrán que yo soy el Señor DIOS.
EZE 29:17 Y aconteció en el año veinte y siete, en el [mes] primero, al pri­mero del mes, que vino a mí la pala­bra del SEÑOR, diciendo:
EZE 29:18 Hijo del hombre, Nabucodonosor rey de Babilonia hizo a su ejército prestar grande servicio contra Tiro. Toda cabeza se encalveció, y pelóse todo hombro; y ni para él ni para su ejército hubo paga de Tiro, por el servicio que prestó contra ella.
EZE 29:19 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí que yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; y él tomará su multitud, y cogerá sus despojos, y arrebatará su presa, y habrá paga para su ejér­cito.
EZE 29:20 Por su trabajo con que sirvió contra ella le he dado la tierra de Egipto: porque trabajaron por mí, dice el Señor DIOS.
EZE 29:21 En aquel tiempo haré reverde­cer el cuerno a la casa de Israel, y te daré apertura de boca en medio de ellos; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 30:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 30:2 Hijo del hombre, profetiza, y di: Así ha dicho el Señor DIOS: Aullad: ¡Ay del día!
EZE 30:3 Porque cerca está el día, cerca está el día del SEÑOR; día de nublado, día de las gentes será.
EZE 30:4 Y vendrá espada a Egipto, y habrá miedo en Etiopía, cuando caerán heridos en Egipto; y tomarán su multitud, y serán des­truídos sus fundamentos.
EZE 30:5 Etiopía, y Libia, y Lidia, y todo el conjunto de pueblo, y Cub, y los hijos de la tierra de la liga, caerán con ellos a espada.
EZE 30:6 Así ha dicho el SEÑOR: También caerán los que sostie­nen a Egipto, y la altivez de su fortaleza caerá: desde Migdol hasta Seveneh caerán en él a espada, dice el Señor DIOS.
EZE 30:7 Y serán asolados entre las tie­rras asoladas, y sus ciudades serán entre las ciudades desier­tas.
EZE 30:8 Y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando pusiere fuego a Egipto, y fueren quebrantados todos sus ayudadores.
EZE 30:9 En aquel tiempo saldrán men­sajeros de delante de mí en naví­os, a espantar a Etiopía la confia­da, y tendrán espanto como en el día de Egipto: porque he aquí viene.
EZE 30:10 Así ha dicho el Señor DIOS: Haré cesar la multitud de Egipto por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
EZE 30:11 Él, y con él su pueblo, los más fuertes de las naciones, serán traí­dos a destruir la tierra: y desen­vainarán sus espadas sobre Egipto, y henchirán la tierra de muertos.
EZE 30:12 Y secaré los ríos, y entregaré la tierra en manos de malos, y destruiré la tierra y su plenitud por mano de extranjeros: yo el SEÑOR he hablado.
EZE 30:13 Así ha dicho el Señor DIOS: Destruiré también las imágenes, y haré cesar los ídolos de Nof; y no habrá más prínci­pe de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor.
EZE 30:14 Y asolaré a Patros, y pondré fuego a Zoán, y haré juicios en No.
EZE 30:15 Y derramaré mi ira sobre Sin, fortaleza de Egipto, y talaré la multitud de No.
EZE 30:16 Y pondré fuego a Egipto; Sin tendrá gran dolor, y No será des­trozada, y Nof tendrá conti­nuas angustias.
EZE 30:17 Los mancebos de Avén y de Pibeset caerán a espada; y ellas irán en cautiverio.
EZE 30:18 Y en Tafnes será cerrado el día, cuando quebrantaré yo allí las barras de Egipto, y cesará en ella la soberbia de su fortaleza: nublado la cubrirá, y los morado­res de sus aldeas irán en cautive­rio.
EZE 30:19 Haré pues juicios en Egipto y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 30:20 Y aconteció en el año undéci­mo, en el [mes] primero, a los siete del mes, que vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 30:21 Hijo del hombre, quebrantado he el brazo de Faraón rey de Egipto; y he aquí que no ha sido vendado poniéndo[le] medicinas, poniéndole faja para ligarlo, a fin de vigorizarle para que pueda tener espada.
EZE 30:22 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Heme aquí contra Faraón rey de Egipto, y quebraré sus brazos, el fuerte y el fractura­do, y haré que la espada se le caiga de la mano.
EZE 30:23 Y esparciré los egipcios entre las naciones, y aventarélos por las tierras.
EZE 30:24 Y fortificaré los brazos del rey de Babilonia, y pondré mi espa­da en su mano; mas quebraré los brazos de Faraón, y delante de aquél gemirá con gemidos de herido de muerte.
EZE 30:25 Fortificaré pues los brazos del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón caerán; y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando yo pusie­re mi espada en la mano del rey de Babilonia, y él la extendiere sobre la tierra de Egipto.
EZE 30:26 Y esparciré los egipcios entre las naciones, y los aventaré por las tierras; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 31:1 Y ACONTECIÓ en el año undécimo, en el [mes] tercero, al primero del mes, que vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 31:2 Hijo del hombre, di a Faraón rey de Egipto, y a su pueblo: ¿A quién te comparaste en tu gran­deza?
EZE 31:3 He aquí era el asirio cedro en el Líbano, hermoso en ramas, y umbroso con sus ramos, y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas.
EZE 31:4 Las aguas lo hicieron crecer, encumbrólo el abismo: sus ríos iban alrededor de su pie, y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes.
EZE 31:5 Por tanto, se encumbró su altu­ra sobre todos los árboles del campo, y multiplicáronse sus ramos, y a causa de las muchas aguas se alargaron sus ramas que había echado.
EZE 31:6 En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habita­ban muchas naciones.
EZE 31:7 Hízose, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas.
EZE 31:8 Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios: las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a sus ramos: ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él en su hermosura.
EZE 31:9 Hícelo hermoso con la multi­tud de sus ramas; y todos los árboles de Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia.
EZE 31:10 Por tanto, así dijo el Señor DIOS: Por cuanto te encumbras­te en altura, y puso su cumbre entre densas ramas, y su corazón se elevó con su altura,
EZE 31:11 Yo lo entregaré en mano del fuerte de las gentes, que de cier­to le manejará: por su impiedad lo he arrojado.
EZE 31:12 Y le cortarán extraños, los fuertes de las naciones, y lo aban­donarán: sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todas las arroyadas de la tierra serán quebrados sus ramos; e iránse de su sombra todos los pueblos de la tierra, y lo dejarán.
EZE 31:13 Sobre su ruina habitarán todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo:
EZE 31:14 Para que no se eleven en su altura los árboles todos de las aguas, ni levanten su cumbre entre las espesuras, ni en sus ramas se paren por su altura todos los que beben aguas: por­que todos serán entregados a muerte, a la tierra baja, en medio de los hijos de los hombres, con los que descienden a la huesa.
EZE 31:15 Así ha dicho el Señor DIOS: El día que descendió a la sepul­tura, hice hacer luto, hice cubrir por él el abismo, y detuve sus ríos, y las muchas aguas fueron detenidas: y al Líbano cubrí de tinieblas por él, y todos los árbo­les del campo se desmayaron.
EZE 31:16 Del estruendo de su caída hice temblar las naciones, cuando lo hice descender al infierno con todos los que descienden al abis­mo; y todos los árboles de Edén, los escogidos, y los mejores del Líbano, todos los que beben aguas, tomarán consolación en las partes más bajas de la tierra.
EZE 31:17 Ellos también descendieron con él al infierno, con los muertos a espada, los que fueron su brazo, los que habitaban bajo su sombra en medio de las nacio­nes.
EZE 31:18 ¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre los árboles de Edén? Pues derri­bado serás con los árboles de Edén en la tierra baja: entre los incircuncisos yacerás, con los muertos a espada. Éste [es] Faraón y todo su pueblo, dice el Señor DIOS.
EZE 32:1 Y ACONTECIÓ en el año duodécimo, en el mes duodécimo, al primero del mes, que vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 32:2 Hijo del hombre, levanta ende­chas sobre Faraón rey de Egipto, y díle: A leoncillo de naciones eres semejante, y [eres] como una ballena en los mares: que secabas tus ríos, y enturbiabas las aguas con tus pies, y hollabas sus riberas.
EZE 32:3 Así dice el Señor DIOS: Yo extenderé sobre ti mi red con una compañía de muchos pueblos, y te harán subir en mi red.
EZE 32:4 Y te dejaré en tierra, te echaré sobre la faz del campo, y haré que se asienten sobre ti todas las aves del cielo, y hartaré de ti las bestias de toda la tierra.
EZE 32:5 Y pondré tus carnes sobre los montes, y henchiré los valles de tu altura.
EZE 32:6 Y regaré de tu sangre la tierra donde nadas, hasta los montes; y los arroyos se henchirán de ti.
EZE 32:7 Y cuando te habré muerto, cubriré el cielo, y haré entene­brecer sus estrellas: el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz.
EZE 32:8 Todas las lumbreras de luz haré entenebrecer en el cielo por ti, y pondré tinieblas sobre tu tierra, dice el Señor DIOS.
EZE 32:9 Y entristeceré el corazón de muchos pueblos, cuando llevaré tu quebrantamiento sobre las naciones, por las tierras que no conociste.
EZE 32:10 Y haré atónitos sobre ti muchos pueblos, y sus reyes ten­drán a causa de ti horror grande, cuando haré resplandecer mi espada delante de sus rostros; y todos se sobresaltarán en sus áni­mos a cada momento en el día de tu caída.
EZE 32:11 Porque así ha dicho el Señor DIOS: La espada del rey de Babilonia vendrá sobre ti.
EZE 32:12 Con espadas de fuertes haré caer tu pueblo; todos ellos serán los fuertes de las naciones: y des­truirán la soberbia de Egipto, y toda su multitud será deshecha.
EZE 32:13 Todas sus bestias destruiré de sobre las muchas aguas: ni más las enturbiará pie de hombre, ni pezuña de bestias las enturbia­rán.
EZE 32:14 Entonces haré asentarse sus aguas, y haré ir sus ríos como aceite, dice el Señor DIOS.
EZE 32:15 Cuando asolaré la tierra de Egipto, y la tierra fuere asolada de su plenitud, cuando heriré a todos los que en ella moran, sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 32:16 Ésta [es] la endecha, y cantarla han: las hijas de las naciones la can­tarán: endecharán sobre Egipto, y sobre toda su multitud, dice el Señor DIOS.
EZE 32:17 Y aconteció en el año duodé­cimo, a los quince del mes, que vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 32:18 Hijo del hombre, endecha sobre la multitud de Egipto, y despéñalo a él, y a las villas de las naciones fuertes, en la tierra de los profundos, con los que des­cienden al abismo.
EZE 32:19 Porque eres tan hermoso, des­ciende, y yace con los incircunci­sos.
EZE 32:20 Entre los muertos a espada caerán: a la espada es entregado: traedlo a él y a todos sus pueblos.
EZE 32:21 De en medio del infierno hablarán a él los fuertes de los fuertes, con los que le ayudaron, que descendieron, y yacen con los incircuncisos muertos a espa­da.
EZE 32:22 Allí Asur con toda su compañía: en derredor de él están sus sepul­cros: todos ellos cayeron muer­tos a espada.
EZE 32:23 Sus sepulcros fueron puestos a los lados de la fosa, y su compañía está por los alrededores de su sepulcro: todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales pusieron miedo en la tierra de los vivientes.
EZE 32:24 Allí Elam, y toda su multitud por los alrededores de su sepul­cro: todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales descendieron incircuncisos a los más profun­dos lugares de la tierra, porque pusieron su terror en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descien­den al sepulcro.
EZE 32:25 En medio de los muertos le pusieron cama con toda su multi­tud: a sus alrededores están sus sepulcros: todos ellos incircunci­sos muertos a espada, porque fue puesto su espanto en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descien­den al sepulcro: él fue puesto en medio de los muertos.
EZE 32:26 Allí Mesec, y Tubal, y toda su multitud: sus sepulcros en sus alrededores: todos ellos incircun­cisos muertos a espada, porque habían dado su terror en la tierra de los vivientes.
EZE 32:27 Y no yacerán con los fuertes que cayeron de los incircuncisos, los cuales descendieron al infier­no con sus armas de guerra, y pusieron sus espadas debajo de sus cabezas: mas sus pecados estarán sobre sus huesos, porque fueron terror de fuertes en la tie­rra de los vivientes.
EZE 32:28 Tú pues serás quebrantado entre los incircuncisos, y yacerás con los muertos a espada.
EZE 32:29 Allí Idumea, sus reyes y todos sus príncipes, los cuales con su fortaleza fueron puestos con los muertos a espada: ellos yacerán con los incircuncisos, y con los que descienden al sepulcro.
EZE 32:30 Allí los príncipes del norte, todos ellos, y todos los de Sidón, que con su terror descendieron con los muertos, avergonzados de su fortaleza, yacen también incircuncisos con los muertos a espada, y llevaron su confusión con los que descienden al sepul­cro.
EZE 32:31 A éstos verá Faraón, y conso­laráse sobre toda su multitud; Faraón muerto a espada, y todo su ejército, dice el Señor DIOS.
EZE 32:32 Porque yo puse mi terror en la tierra de los vivientes, también yacerá entre los incircuncisos con los muertos a espada, Faraón y toda su multitud, dice el Señor DIOS.
EZE 33:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 33:2 Hijo del hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y díles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de sus térmi­nos, y se lo pusiere por atalaya,
EZE 33:3 Y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare corneta, y avi­sare al pueblo;
EZE 33:4 Cualquiera que oyere el sonido de la corneta, y no se apercibiere, y viniendo la espada lo tomare, su sangre será sobre su cabeza.
EZE 33:5 El sonido de la corneta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él: mas el que se apercibiere, librará su alma.
EZE 33:6 Pero si el atalaya viere venir la espada, y no tocare la corneta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, tomare de él alguno; él por causa de su peca­do fue tomado, mas demandaré su sangre de mano del atalaya.
EZE 33:7 Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte.
EZE 33:8 Diciendo yo al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no habla­res para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandaré de tu mano.
EZE 33:9 Y si tú avisares al impío de su camino para que de él se aparte, y él no se apartare de su camino, por su pecado morirá él, y tú libraste tu vida.
EZE 33:10 Tú pues, hijo del hombre, di a la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos: ¿Cómo pues viviremos?
EZE 33:11 Díles: Vivo yo, dice el Señor DIOS, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos: ¿Y por qué moriréis, oh casa de Israel?
EZE 33:12 Y tú, hijo del hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justi­cia el día que pecare.
EZE 33:13 Diciendo yo al justo: De cier­to vivirá, y él confiado en su jus­ticia hiciere iniquidad, todas sus justicias no vendrán en memoria, sino que morirá por su iniquidad que hizo.
EZE 33:14 Y diciendo yo al impío: De cierto morirás; si él se volviere de su pecado, e hiciere juicio y justicia,
EZE 33:15 Si el impío restituyere la pren­da, devolviere lo que hubiere robado, caminare en las ordenan­zas de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá.
EZE 33:16 No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido: hizo juicio y justicia; vivirá cier­tamente.
EZE 33:17 Luego dirán los hijos de tu pueblo: No es recta la vía del SEÑOR: la vía de ellos [es la que] no es recta.
EZE 33:18 Cuando el justo se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, morirá por ello.
EZE 33:19 Y cuando el impío se apartare de su impiedad, e hiciere juicio y justicia, vivirá por ello.
EZE 33:20 Y dijisteis: No es recta la vía del SEÑOR. Yo os juzgaré, oh casa de Israel, a cada uno confor­me a sus caminos.
EZE 33:21 Y aconteció en el año duodécimo de nuestro cautiverio, en el [mes] décimo, a los cinco del mes, que vino a mí un escapado de Jerusalem, diciendo: La ciudad ha sido herida.
EZE 33:22 Y la mano del SEÑOR había sido sobre mí la tarde antes que el escapado viniese, y había abierto mi boca, hasta que vino a mí por la mañana; y abrió mi boca, y no más estuve callado.
EZE 33:23 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 33:24 Hijo del hombre, los que habitan aquellos desiertos en la tierra de Israel, hablando dicen: Abraham era uno, y poseyó la tierra: pues nosotros somos muchos; a nosotros es dada la tierra en posesión.
EZE 33:25 Por tanto, díles: Así dice el Señor DIOS: ¿Con sangre come­réis, y a vuestros ídolos alzaréis vuestros ojos, y sangre derrama­réis, y poseeréis vosotros la tie­rra?
EZE 33:26 Estuvisteis sobre vuestras espadas, hicisteis abominación, y contaminasteis cada cual la esposa de su prójimo: ¿Y habréis de poseer la tierra?
EZE 33:27 Les dirás así: Así ha dicho el Señor DIOS: Vivo yo, que los que están en aquellos asolamien­tos caerán a espada, y al que está sobre la faz del campo entregaré a las bestias que lo devoren; y los que están en las fortalezas y en las cuevas, de pestilencia mori­rán.
EZE 33:28 Y pondré la tierra en desierto y en soledad, y cesará la soberbia de su fortaleza; y los montes de Israel serán asolados, que no haya quien pase.
EZE 33:29 Y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando pusiere la tierra en soledad y desierto, por todas las abominaciones que han hecho.
EZE 33:30 Y tú, hijo del hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra sale del SEÑOR.
EZE 33:31 Y vendrán a ti como viene el pueblo, y se estarán delante de ti como mi pueblo, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra: antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.
EZE 33:32 Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, gracioso de voz y que canta bien: y oirán tus palabras, mas no las pondrán por obra.
EZE 33:33 Y cuando ello viniere (he aquí viene), sabrán que hubo profeta entre ellos.
EZE 34:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 34:2 Hijo del hombre, profetiza con­tra los pastores de Israel; profetiza, y diles a los pastores: Así ha dicho el Señor DIOS: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apa­cientan a sí mismos! ¿No apa­cientan los pastores los rebaños?
EZE 34:3 Coméis la leche, y os vestís de la lana: la gruesa degolláis, no apacentáis las ovejas.
EZE 34:4 No corroborasteis las flacas, ni curasteis la enferma: no ligasteis la perniquebrada, ni tornasteis la amontada, ni buscasteis la perdi­da; sino que os habéis enseño­reado de ellas con dureza y con violencia;
EZE 34:5 Y están derramadas por falta de pastor; y fueron para ser comidas de toda bestia del campo, y fue­ron esparcidas.
EZE 34:6 Y anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto: y en toda la faz de la tierra fueron derramadas mis ovejas, y no hubo quien buscase, ni quien requiriese.
EZE 34:7 Por tanto, pastores, oíd palabra del SEÑOR:
EZE 34:8 Vivo yo, ha dicho el Señor DIOS, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser comidas de toda bestia del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ove­jas, sino que los pastores se apa­centaron a sí mismos, y no apa­centaron mis ovejas;
EZE 34:9 Por tanto, oh pastores, oíd pala­bra del SEÑOR:
EZE 34:10 Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo a los pastores; y requeriré mis ovejas de su mano, y haréles dejar de apacentar las ovejas: ni los pastores se apacen­tarán más a sí mismos; pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.
EZE 34:11 Porque así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré.
EZE 34:12 Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.
EZE 34:13 Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras: y las meteré en su tierra, y las apacen­taré en los montes de Israel por las riberas, y en todas las habita­ciones del país.
EZE 34:14 En buenos pastos las apacen­taré, y en los altos montes de Israel será su majada: allí dormi­rán en buena majada, y en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel.
EZE 34:15 Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor DIOS.
EZE 34:16 Yo buscaré la perdida, y tor­naré la amontada, y ligaré la per­niquebrada, y corroboraré la enferma: mas a la gruesa y a la fuerte destruiré. Yo las apacenta­ré en juicio.
EZE 34:17 Mas vosotras, ovejas mías, así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.
EZE 34:18 ¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que holléis con vuestros pies lo que de vues­tros pastos queda; y que bebien­do las aguas sentadas, holléis además con vuestros pies las que quedan?
EZE 34:19 Y mis ovejas comen lo holla­do de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis hollado.
EZE 34:20 Por tanto, así les dice el Señor DIOS: He aquí, yo, yo juzgaré entre la oveja gruesa y la oveja flaca,
EZE 34:21 Por cuanto rempujasteis con el lado y con el hombro, y acor­neasteis con vuestros cuernos a todas las flacas, hasta que las esparcisteis fuera.
EZE 34:22 Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán en rapiña; y juz­garé entre oveja y oveja.
EZE 34:23 Y despertaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David: él las apacentará, y él les será por pastor.
EZE 34:24 Yo el SEÑOR les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo el SEÑOR he hablado.
EZE 34:25 Y estableceré con ellos pacto de paz, y haré cesar de la tierra las malas bestias; y habitarán en el desierto seguramente, y dor­mirán en los bosques.
EZE 34:26 Y daré a ellas, y a los alrede­dores de mi collado, bendición; y haré descender la lluvia en su tiempo, lluvias de bendición serán.
EZE 34:27 Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra segura­mente; y sabrán que yo soy el SEÑOR, cuando quebrare las bandas de su yugo, y los librare de mano de los que se sirven de ellos.
EZE 34:28 Y no serán más presa de las gentes, ni las bestias de la tierra las devorarán; sino que habitarán seguramente, y no habrá quien espante;
EZE 34:29 Y despertaréles una planta por nombre, y no más serán consu­midos de hambre en la tierra, ni serán más avergonzados de las gentes.
EZE 34:30 Y sabrán que yo su Dios el SEÑOR soy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice el Señor DIOS.
EZE 34:31 Y vosotras, ovejas mías, ove­jas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice el Señor DIOS.
EZE 35:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 35:2 Hijo del hombre, pon tu rostro hacia el monte de Seir, y profeti­za contra él,
EZE 35:3 Y díle: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te pondré en aso­lamiento y en soledad.
EZE 35:4 A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy el SEÑOR.
EZE 35:5 Por cuanto tuviste enemistades perpetuas, y derramaste [sangre] de los hijos de Israel con el poder de la espada en el tiempo [que su] iniquidad [tuvo] fin;
EZE 35:6 Por tanto, vivo yo, dice el Señor DIOS, que a sangre te diputaré, y sangre te perseguirá: y pues la sangre no aborreciste, sangre te perseguirá.
EZE 35:7 Y pondré al monte de Seir en asolamiento y en soledad, y cor­taré de él pasante y volviente.
EZE 35:8 Y henchiré sus montes de sus muertos: en tus collados, y en tus valles, y en todos tus arroyos, caerán ellos muertos a espada.
EZE 35:9 Yo te pondré en asolamientos perpetuos, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 35:10 Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y las poseeremos, estando allí el SEÑOR;
EZE 35:11 Por tanto, vivo yo, dice el Señor DIOS, yo haré conforme a tu ira, y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos: y seré conocido en ellos, cuando te juz­garé.
EZE 35:12 Y sabrás que yo el SEÑOR he oído todas tus injurias que profe­riste contra los montes de Israel, diciendo: Destruídos son, nos son dados a devorar.
EZE 35:13 Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multipli­casteis contra mí vuestras pala­bras. Yo lo oí.
EZE 35:14 Así ha dicho el Señor DIOS: Alegrándose toda la tierra, yo te haré soledad.
EZE 35:15 Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, por­que fue asolada, así te haré a ti: asolado será el monte de Seir, y toda Idumea, toda ella; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 36:1 Y TÚ, hijo del hombre, profetiza sobre los montes de Israel, y di: Montes de Israel, oíd palabra del SEÑOR:
EZE 36:2 Así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto el enemigo dijo sobre vosotros: ¡Ea! también las alturas perpetuas nos han sido por heredad;
EZE 36:3 Profetiza por tanto, y di: Así ha dicho el Señor DIOS: Pues por cuanto asolándoos y tragándoos de todas partes, para que fueseis heredad a las otras gentes, se os ha hecho andar en boca de len­guas, y [ser] el oprobio de los pue­blos,
EZE 36:4 Por tanto, montes de Israel, oíd palabra del Señor DIOS: Así ha dicho el Señor DIOS a los mon­tes y a los collados, a los arroyos y a los valles, a las ruinas y aso­lamientos, y a las ciudades des­amparadas, que fueron puestas a saco y en escarnio a las otras gentes alrededor;
EZE 36:5 Por eso, así ha dicho el Señor DIOS: He hablado por cierto en el fuego de mi celo contra las demás gentes, y contra toda Idumea, que se disputaron mi tie­rra por heredad con alegría de todo corazón, con enconamiento de ánimo, para que sus expelidos fuesen presa.
EZE 36:6 Por tanto, profetiza sobre la tierra de Israel, y di a los montes y a los collados, y a los arroyos y a los valles: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, en mi celo y en mi furor he hablado, por cuanto habéis llevado el oprobio de las gentes.
EZE 36:7 Por lo cual así ha dicho el Señor DIOS: Yo he alzado mi mano, que las gentes que os están alrededor han de llevar su afrenta.
EZE 36:8 Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestros ramos, y llevaréis vuestro fruto a mi pue­blo Israel; porque cerca están para venir.
EZE 36:9 Porque heme aquí a vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados.
EZE 36:10 Y haré multiplicar sobre voso­tros hombres a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades han de ser habitadas, y serán edi­ficadas las ruinas.
EZE 36:11 Y multiplicaré sobre vosotros hombres y bestias, y serán multi­plicados y crecerán: y os haré morar como solíais antiguamen­te, y os haré más bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 36:12 Y haré andar hombres sobre vosotros, a mi pueblo Israel; y te poseerán, y les serás por heredad, y nunca más les matarás los hijos.
EZE 36:13 Así ha dicho el Señor DIOS: Por cuanto dicen de vosotros: Comedora de hombres, y mata­dora de los hijos de tus naciones has sido:
EZE 36:14 Por tanto, no devorarás más hombres, y nunca más matarás los hijos a tus naciones, dice el Señor DIOS.
EZE 36:15 Y nunca más te haré oír inju­ria de gentes, ni más llevarás denuestos de pueblos, ni harás más morir los hijos a tus naciones, dice el Señor DIOS.
EZE 36:16 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 36:17 Hijo del hombre, morando en su tierra la casa de Israel, la con­taminaron con sus caminos y con sus obras: como inmundicia de menstruosa fue su camino delan­te de mí.
EZE 36:18 Y derramé mi ira sobre ellos por las sangres que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron.
EZE 36:19 Y esparcíos por las gentes, y fueron aventados por las tierras: conforme a sus caminos y conforme a sus obras los juzgué.
EZE 36:20 Y entrados a las gentes a donde fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose de ellos: Éstos [son] pueblo del SEÑOR, y de su tierra de él han salido.
EZE 36:21 Y he tenido lástima en aten­ción a mi santo nombre, el cual profanó la casa de Israel entre las gentes a donde fueron.
EZE 36:22 Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho el Señor DIOS: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel sino por causa de mi santo nombre, el cual pro­fanasteis vosotros entre las gentes a donde habéis llegado.
EZE 36:23 Y santificaré mi grande nom­bre profanado entre las gentes, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las gen­tes que yo soy el SEÑOR, dice el Señor DIOS, cuando fuere santi­ficado en vosotros delante de sus ojos.
EZE 36:24 Y yo os tomaré de las gentes, y os juntaré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país.
EZE 36:25 Y rociaré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpia­ré.
EZE 36:26 Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne.
EZE 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.
EZE 36:28 Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres; y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.
EZE 36:29 Y os guardaré de todas vues­tras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre.
EZE 36:30 Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, porque nunca más recibáis oprobio de hambre entre las gentes.
EZE 36:31 Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mis­mos por vuestras iniquidades, y por vuestras abominaciones.
EZE 36:32 No lo hago por vosotros, dice el Señor DIOS, séaos notorio: avergonzaos y confundíos de vuestras iniquidades, casa de Israel.
EZE 36:33 Así ha dicho el Señor DIOS: El día que os limpiaré de todas vuestras iniquidades, haré tam­bién habitar las ciudades, y las asoladas serán edificadas.
EZE 36:34 Y la tierra asolada será labra­da, en lugar de haber sido asola­da en ojos de todos los que pasa­ron;
EZE 36:35 Los cuales dijeron: Esta tierra asolada fue como huerto de Edén; y estas ciudades desiertas y asoladas y arruinadas, fortale­cidas estuvieron.
EZE 36:36 Y las gentes que fueron deja­das en vuestros alrededores, sabrán que yo edifiqué las derri­badas, y planté las asoladas: yo el SEÑOR he hablado, y harélo.
EZE 36:37 Así ha dicho el Señor DIOS: Aun seré inquirido de la casa de Israel, para hacerles esto: multi­plicarélos de hombres a modo de rebaños.
EZE 36:38 Como las ovejas santas, como las ovejas de Jerusalem en sus fiestas solemnes, así las ciudades desiertas serán llenas de rebaños de hombres; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 37:1 Y LA mano del SEÑOR fue sobre mí, y sacóme en el espíritu del SEÑOR, y púsome en medio de un campo que estaba lleno de huesos.
EZE 37:2 E hízome pasar cerca de ellos por todo alrededor: y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.
EZE 37:3 Y díjome: Hijo del hombre, ¿Vivirán estos huesos? Y dije: Oh Señor DIOS, tú lo sabes.
EZE 37:4 Díjome entonces: Profetiza sobre estos huesos, y díles: Huesos secos, oíd palabra del SEÑOR.
EZE 37:5 Así ha dicho el Señor DIOS a estos huesos: He aquí, yo hago entrar aliento en vosotros, y viviréis.
EZE 37:6 Y pondré nervios sobre voso­tros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pon­dré en vosotros aliento, y vivi­réis; y sabréis que yo soy el SEÑOR.
EZE 37:7 Profeticé pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mien­tras yo profetizaba, y he aquí un temblor, y los huesos se llegaron cada hueso a su hueso.
EZE 37:8 Y miré, y he aquí nervios sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos: mas no había en ellos aliento.
EZE 37:9 Y díjome: Profetiza al viento, profetiza, hijo del hombre, y di al viento: Así ha dicho el Señor DIOS: Aliento, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
EZE 37:10 Y profeticé como me había mandado, y entró aliento en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies, un ejército grande en extremo.
EZE 37:11 Díjome luego: Hijo del hom­bre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se seca­ron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo talados.
EZE 37:12 Por tanto profetiza, y díles: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.
EZE 37:13 Y sabréis que yo soy el SEÑOR, cuando abriere vues­tros sepulcros, y os sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío.
EZE 37:14 Y pondré mi espíritu en voso­tros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el SEÑOR hablé, y lo hice, dice el SEÑOR.
EZE 37:15 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 37:16 Tú, hijo del hombre, tómate ahora un palo, y escribe en él: A Judá, y a los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: A José, palo de Efraím, y a toda la casa de Israel sus compañeros.
EZE 37:17 Júntalos luego el uno con el otro, para que sean en uno, y serán uno en tu mano.
EZE 37:18 Y cuando te hablaren los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te [propones] con eso?
EZE 37:19 Díles: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraím, y a las tribus de Israel sus compañeros, y pondrélos con él, con el palo de Judá, y harélos un palo, y serán uno en mi mano.
EZE 37:20 Y los palos sobre que escri­bieres, estarán en tu mano delan­te de sus ojos;
EZE 37:21 Y les dirás: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las gentes a las cuales fueron, y los juntaré de todas partes, y los trae­ré a su tierra:
EZE 37:22 Y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será a todos ellos por rey: y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos:
EZE 37:23 Ni más se contaminarán con sus ídolos, y con sus abomina­ciones, y con todas sus rebelio­nes: y los salvaré de todas sus habitaciones en las cuales peca­ron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.
EZE 37:24 Y mi siervo David será rey sobre ellos, y a todos ellos será un pastor: y andarán en mis dere­chos, y mis ordenanzas guarda­rán, y las pondrán por obra.
EZE 37:25 Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, y sus hijos, y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David les será príncipe para siempre.
EZE 37:26 Y concertaré con ellos pacto de paz, perpetuo pacto será con ellos: y los asentaré, y los multi­plicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre.
EZE 37:27 Y estará en ellos mi taberná­culo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
EZE 37:28 Y sabrán las gentes que yo el SEÑOR santifico a Israel, estan­do mi santuario entre ellos para siempre.
EZE 38:1 Y VINO a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
EZE 38:2 Hijo del hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe de la cabecera de Mesec y Tubal, y profetiza sobre él,
EZE 38:3 Y di: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí, yo a ti, oh Gog, príncipe de la cabecera de Mesec y Tubal.
EZE 38:4 Y yo te haré volver, y pondré anzuelos en tus quijadas, y te sacaré a ti, y a todo tu ejército, caballos y caballeros, todos ellos vestidos de toda [armadura], gran compañía [con] paveses y escudos, todos ellos empuñando espadas:
EZE 38:5 Persia, y Etiopía, y Libia con ellos; todos ellos con escudos y almetes:
EZE 38:6 Gomer, y todas sus compañías; la casa de Togarma, a los lados del norte, y todas sus compañías; pueblos muchos contigo.
EZE 38:7 Aparéjate, y apercíbete, tú, y toda tu compañía que se ha reuni­do a ti, y séles por guarda.
EZE 38:8 De aquí a muchos días serás tú visitado: al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron para asolamiento: mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente.
EZE 38:9 Y subirás tú, vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú, y todas tus compañías, y muchos pue­blos contigo.
EZE 38:10 Así ha dicho el Señor DIOS: Y será en aquel día, que subirán palabras en tu corazón, y conce­birás mal pensamiento;
EZE 38:11 Y dirás: Subiré contra tierra de aldeas, iré a [gentes] reposadas, y que habitan confiadamente: todos ellos habitan sin muros, no tienen cerrojos ni puertas:
EZE 38:12 Para arrebatar despojos y para tomar presa; para tornar tu mano sobre las [tierras] desiertas [ya] pobladas, y sobre el pueblo reco­gido de las naciones, que hace de ganados y posesiones, que mora en el ombligo de la tierra.
EZE 38:13 Seba, y Dedán, y los merca­deres de Tarsis, y todos sus leon­cillos, te dirán: ¿Has venido a arrebatar despojos? ¿has reunido tu compañía para tomar presa, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para tomar grandes despojos?
EZE 38:14 Por tanto profetiza, hijo del hombre, y di a Gog: Así ha dicho el Señor DIOS: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habitará seguramente, ¿No lo sabrás tú?
EZE 38:15 Y vendrás de tu lugar, de las partes del norte, tú y muchos pue­blos contigo, todos ellos a caballo, grande compañía y poderoso ejérci­to:
EZE 38:16 Y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días: y te traeré sobre mi tierra, para que las gentes me conozcan, cuando fuere santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.
EZE 38:17 Así ha dicho el Señor DIOS: ¿No eres tú aquél de quien hablé yo en tiempos pasados por mis siervos los profetas de Israel, los cuales profetizaron en aquellos tiempos que yo te había de traer sobre ellos?
EZE 38:18 Y será en aquel tiempo, cuan­do vendrá Gog contra la tierra de Israel, dijo el Señor DIOS, que subirá mi ira en mi enojo.
EZE 38:19 Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel;
EZE 38:20 Que los peces del mar, y las aves del cielo, y las bestias del campo, y toda serpiente que anda arrastrando sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán a mi pre­sencia; y se arruinarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra.
EZE 38:21 Y en todos mis montes llama­ré contra él espada, dice el Señor DIOS: la espada de cada cual será contra su hermano.
EZE 38:22 Y yo litigaré con él con pesti­lencia y con sangre; y haré llover sobre él, y sobre sus compañías, y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azu­fre.
EZE 38:23 Y seré engrandecido y santifi­cado, y seré conocido en ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 39:1 TÚ pues, hijo del hombre, profetiza contra Gog, y di: Así ha dicho el Señor DIOS: He aquí yo contra ti, oh Gog, príncipe de la cabecera de Mesec y Tubal:
EZE 39:2 Y te quebrantaré, y te sextaré, y te haré subir de las partes del norte, y te traeré sobre los mon­tes de Israel;
EZE 39:3 Y sacaré tu arco de tu mano izquierda, y derribaré tus saetas de tu mano derecha.
EZE 39:4 Sobre los montes de Israel cae­rás tú, y todas tus compañías, y los pueblos que fueron contigo: a toda ave y a toda cosa que vuela, y a las bestias del campo, te he dado por comida.
EZE 39:5 Sobre la faz del campo caerás: porque yo he hablado, dice el Señor DIOS.
EZE 39:6 Y enviaré fuego sobre Magog, y sobre los que moran seguramente en las islas; y sabrán que yo soy el SEÑOR.
EZE 39:7 Y haré notorio mi santo nom­bre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré amancillar mi santo nombre; sabrán las gen­tes que yo soy el SEÑOR, el Santo en Israel.
EZE 39:8 He aquí, vino y fue, dice el Señor DIOS: este es el día del cual he hablado.
EZE 39:9 Y los moradores de las ciuda­des de Israel saldrán, y encende­rán y quemarán armas, y escu­dos, y paveses, arcos y saetas, y bastones de mano, y lanzas: y las quemarán en fuego por siete años.
EZE 39:10 Y no traerán leña del campo, ni cortarán de los bosques, sino que quemarán las armas en el fuego: y despojarán a sus despo­jadores, y robarán a los que los robaron, dice el Señor DIOS.
EZE 39:11 Y será en aquel tiempo, que yo daré a Gog lugar para sepul­tura allí en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar, y obstruirá el paso a los transeun­tes, pues allí enterrarán a Gog y a toda su multitud: y lo llamarán, el Valle de Hamón-gog.
EZE 39:12 Y la casa de Israel los estará enterrando por siete meses, para limpiar la tierra:
EZE 39:13 Enterrarlos ha todo el pueblo de la tierra: y será para ellos céle­bre el día que yo fuere glorifica­do, dice el Señor DIOS.
EZE 39:14 Y tomarán hombres de jornal, los cuales vayan por el país con los que viajaren, para enterrar a los que quedaron sobre la faz de la tierra, a fin de limpiarla: al cabo de siete meses harán el reconocimiento.
EZE 39:15 Y pasarán los que irán por el país, y el que viere los huesos de algún hombre, edificará junto a ellos un mojón, hasta que los entierren los sepultureros en el valle de Hamón-gog.
EZE 39:16 Y también el nombre de la ciudad será Hamonah: y limpia­rán la tierra.
EZE 39:17 Y tú, hijo del hombre, así ha dicho el Señor DIOS: Di a las aves, a todo volátil, y a toda bes­tia del campo: Juntaos, y venid: reuníos de todas partes a mi víc­tima que os sacrifico, un sacrifi­cio grande sobre los montes de Israel, y comeréis carne y bebe­réis sangre.
EZE 39:18 Comeréis carne de fuertes, y beberéis sangre de príncipes de la tierra; de carneros, de corde­ros, de machos de cabrío, de bue­yes, de toros, engordados todos en Basán.
EZE 39:19 Y comeréis gordura hasta har­taros, y beberéis hasta embriaga­ros sangre, de mi sacrificio que yo os sacrifiqué.
EZE 39:20 Y os hartaréis sobre mi mesa, de caballos, y de caballeros fuer­tes, y de todos hombres de gue­rra, dice el Señor DIOS.
EZE 39:21 Y pondré mi gloria entre las gentes, y todas las gentes verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse.
EZE 39:22 Y de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy el SEÑOR su Dios.
EZE 39:23 Y sabrán las gentes que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado; por cuanto se rebelaron contra mí, y yo escondí de ellos mi rostro, y entregué­los en mano de sus enemigos, y cayeron todos a espada.
EZE 39:24 Conforme a su inmundicia y conforme a sus rebeliones hice con ellos: y de ellos escondí mi rostro.
EZE 39:25 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS: Ahora volveré la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de toda la casa de Israel, y celaré por mi santo nombre.
EZE 39:26 Y ellos sentirán su vergüenza, y toda su rebelión con que preva­ricaron contra mí, cuando habita­ren en su tierra seguramente, y no habrá quien los espante;
EZE 39:27 Cuando los volveré de los pueblos, y los juntaré de las tie­rras de sus enemigos, y fuere santificado en ellos en ojos de muchas naciones.
EZE 39:28 Y sabrán que yo soy el SEÑOR su Dios, cuando des­pués de haberlos hecho pasar a las gentes, los juntaré sobre su tierra, sin dejar más allá ninguno de ellos.
EZE 39:29 Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice el Señor DIOS.
EZE 40:1 EN el año veinticinco de nuestro cautiverio, al principio del año, a los diez del mes, a los catorce años después que la ciudad fue herida, en aquel mismo día fue sobre mí la mano del SEÑOR, y llevóme allá.
EZE 40:2 En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y púsome sobre un monte muy alto, sobre el cual había como edificio de una ciudad al sur.
EZE 40:3 Y llevóme allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto era como aspecto de latón, y tenía un cor­del de lino en su mano, y una caña de medir: y él estaba a la puerta.
EZE 40:4 Y hablóme aquel varón, [dicien­do:] Hijo del hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase eres traído aquí. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel.
EZE 40:5 Y he aquí, un muro fuera de la casa: y la caña de medir que aquel varón tenía en la mano, era de seis codos, de a codo y palmo: y midió la anchura del edificio de una caña, y la altura, de otra caña.
EZE 40:6 Después vino a la puerta que daba cara hacia el oriente, y subió por sus gradas, y midió el un poste de la puerta, de una caña en anchura, y el otro poste de otra caña en ancho.
EZE 40:7 Y cada cámara tenía una caña de largo, y una caña de ancho; y entre las cámaras había cinco codos en ancho; y cada poste de la puerta junto a la entrada de la puerta por dentro, una caña.
EZE 40:8 Midió asimismo la entrada de la puerta por de dentro, una caña.
EZE 40:9 Midió luego la entrada del por­tal, de ocho codos, y sus postes de dos codos; y la puerta del por­tal estaba por de dentro.
EZE 40:10 Y la puerta de hacia el oriente tenía tres cámaras de cada parte, todas tres de una medida: tam­bién de una medida los portales de cada parte.
EZE 40:11 Y midió la anchura de la entrada de la puerta, de diez codos; la longitud del portal, de trece codos.
EZE 40:12 Y el espacio de delante de las cámaras, de un codo de la una parte, y de otro codo de la otra; y cada cámara tenía seis codos de una parte, y seis codos de otra.
EZE 40:13 Y midió la puerta desde el techo de la una cámara hasta el techo de la otra, veinticinco codos de anchura, puerta contra puerta.
EZE 40:14 E hizo los postes de sesenta codos, [cada] poste del patio y del portal por todo alrededor.
EZE 40:15 Y desde la delantera de la puerta de la entrada hasta la delantera de la entrada de la puerta de dentro, cincuenta codos.
EZE 40:16 Y había ventanas estrechas en las cámaras, y en sus portales por de dentro de la puerta alrededor, y asimismo en los corredores; y las ventanas estaban alrededor por de dentro; y en cada poste había palmas.
EZE 40:17 Llevóme luego al patio exte­rior, y he aquí, había cámaras, y solado hecho al patio en derredor: treinta cámaras había alrededor en aquel patio.
EZE 40:18 Y el solado al lado de las puertas, en proporción a la longi­tud de los portales, [era] el solado más bajo.
EZE 40:19 Y midió la anchura desde la delantera de la puerta de abajo hasta la delantera del patio inte­rior por de fuera, de cien codos hacia el oriente y el norte.
EZE 40:20 Y de la puerta que estaba hacia el norte en el patio exterior, midió su longitud y su anchura.
EZE 40:21 Y sus cámaras eran tres de una parte, y tres de otra; y sus postes y sus arcos eran como la medida de la puerta primera: cin­cuenta codos su longitud, y vein­ticinco su anchura.
EZE 40:22 Y sus ventanas, y sus arcos, y sus palmas, eran conforme a la medida de la puerta que estaba hacia el oriente; y subían a ella por siete gradas; y delante de ellas estaban sus arcos.
EZE 40:23 Y la puerta del patio interior estaba enfrente de la puerta al norte; y [así] al oriente: y midió de puerta a puerta cien codos.
EZE 40:24 Llevóme después hacia el sur, y he aquí una puerta hacia el sur: y midió sus portales y sus arcos conforme a estas medidas.
EZE 40:25 Y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor, como las venta­nas: la longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinticin­co codos.
EZE 40:26 Y sus gradas eran de siete pel­daños, con sus arcos delante de ellas; y tenía palmas, una de una parte, y otra de la otra, en sus postes.
EZE 40:27 Y había puerta de hacia el sur del patio interior: y midió de puerta a puerta hacia el sur cien codos.
EZE 40:28 Metióme después en el patio de adentro a la puerta del sur, y midió la puerta del sur conforme a estas medidas.
EZE 40:29 Y sus cámaras, y sus postes, y sus arcos, eran conforme a estas medidas; y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor: la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos la anchura.
EZE 40:30 Y los arcos alrededor eran de veinticinco codos de largo, y cinco codos de ancho.
EZE 40:31 Y sus arcos caían afuera al patio, con palmas en sus postes; y sus gradas eran de ocho escalo­nes.
EZE 40:32 Y llevóme al patio interior hacia el oriente, y midió la puer­ta conforme a estas medidas.
EZE 40:33 Y eran sus cámaras, y sus pos­tes, y sus arcos, conforme a estas medidas: y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor: la longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinticinco codos.
EZE 40:34 Y sus arcos caían afuera al patio, con palmas en sus postes de una parte y otra: y sus gradas eran de ocho escalones.
EZE 40:35 Llevóme luego a la puerta del norte, y midió conforme a estas medidas:
EZE 40:36 Sus cámaras, y sus postes, y sus arcos, y sus ventanas alrede­dor: la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos el ancho.
EZE 40:37 Y sus postes caían fuera al patio, con palmas a cada uno de sus postes de una parte y otra: y sus gradas eran de ocho pelda­ños.
EZE 40:38 Y había allí una cámara, y su puerta con postes de portales; allí lavarán la ofrenda quemada.
EZE 40:39 Y en la entrada de la puerta había dos mesas de la una parte, y otras dos de la otra, para dego­llar sobre ellas la ofrenda quemada, y la expiación, y el sacrificio por el pecado.
EZE 40:40 Y al lado por de fuera de las gradas, a la entrada de la puerta del norte, había dos mesas; y al otro lado que estaba a la entrada de la puerta, dos mesas.
EZE 40:41 Cuatro mesas de la una parte, y cuatro mesas de la otra parte al lado de la puerta; ocho mesas, sobre las cuales degollarán.
EZE 40:42 Y las cuatro mesas para la ofrenda quemada eran de piedras labra­das, de un codo y medio de lon­gitud, y codo y medio de ancho, y de altura de un codo: sobre éstas pondrán las herramientas con que degollarán la ofrenda quemada y el sacrificio.
EZE 40:43 Y dentro, ganchos de un palmo, dispuestos por todo alre­dedor; y sobre las mesas la carne de la ofrenda.
EZE 40:44 Y fuera de la puerta interior, en el patio de adentro que estaba al lado de la puerta del norte, estaban las cámaras de los canto­res, las cuales miraban hacia el sur: una estaba al lado de la puerta del oriente que miraba hacia el norte.
EZE 40:45 Y díjome: Esta cámara que mira hacia el sur es de los sacerdotes que tienen la guarda del templo.
EZE 40:46 Y la cámara que mira hacia el norte es de los sacerdotes que tie­nen la guarda del altar: estos son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Levi al SEÑOR, para ministrarle.
EZE 40:47 Y midió el patio, cien codos de longitud, y la anchura de cien codos cuadrados; y el altar esta­ba delante de la casa.
EZE 40:48 Y llevóme al pórtico del tem­plo, y midió cada poste del pórti­co, cinco codos de una parte, y cinco codos de otra; y la anchura de la puerta tres codos de una parte, y tres codos de otra.
EZE 40:49 La longitud del pórtico veinte codos, y la anchura once codos, al cual subían por gradas: y había columnas junto a los postes, una de un lado, y otra de otro.
EZE 41:1 METIÓME luego en el templo, y midió los postes, [siendo] el ancho seis codos de una parte, y seis codos de otra, que era la anchura del tabernáculo.
EZE 41:2 Y la anchura de la puerta era de diez codos; y los lados de la puerta, de cinco codos de una parte, y cinco de otra. Y midió su longitud de cuarenta codos, y la anchura de veinte codos.
EZE 41:3 Y pasó al interior, y midió cada poste de la puerta de dos codos; y la puerta de seis codos; y la anchura de la entrada de siete codos.
EZE 41:4 Midió también su longitud, de veinte codos, y la anchura de veinte codos, delante del templo: y díjome: Éste [es] el lugar santísimo.
EZE 41:5 Después midió el muro de la casa, de seis codos; y de cuatro codos la anchura de las cámaras, en torno de la casa alrededor.
EZE 41:6 Y las cámaras eran cámara sobre cámara, treinta y tres por orden; y entraban [modillones] en la pared de la casa alrededor, sobre los que las cámaras estriba­sen, y no estribasen en la pared de la casa.
EZE 41:7 Y había mayor anchura y vuel­ta en las cámaras a lo más alto; el caracol de la casa subía muy alto alrededor [por de dentro] de la casa: por tanto la casa [tenía más] anchura arriba; y de la cámara baja se subía a la alta por la del medio.
EZE 41:8 Y miré la altura de la casa alre­dedor: los cimientos de las cáma­ras eran una caña entera de seis codos de grandor.
EZE 41:9 Y la anchura de la pared de afuera de las cámaras era de cinco codos, y el espacio que quedaba de las cámaras de la casa por de dentro.
EZE 41:10 Y entre las cámaras había anchura de veinte codos por todos lados alrededor de la casa.
EZE 41:11 Y la puerta de cada cámara salía al espacio que quedaba; una puerta hacia el norte, y otra puer­ta hacia el sur: y la anchu­ra del espacio que quedaba era de cinco codos por todo alrededor.
EZE 41:12 Y el edificio que estaba delan­te del apartamiento al lado de hacia el occidente era de setenta codos; y la pared del edificio, de cinco codos de anchura alrede­dor, y noventa codos de largo.
EZE 41:13 Y midió la casa, cien codos de largo: y el apartamiento, y el edi­ficio, y sus paredes, de longitud de cien codos;
EZE 41:14 Y la anchura de la delantera de la casa, y del apartamiento al oriente, de cien codos.
EZE 41:15 Y midió la longitud del edifi­cio que estaba delante del aparta­miento que había detrás de él, y las cámaras de una parte y otra, cien codos; y el templo de den­tro, y los portales del patio.
EZE 41:16 Los umbrales, y las ventanas estrechas, y las cámaras, tres en derredor a la parte delantera, [todo] cubierto de madera alrede­dor desde el suelo hasta las ven­tanas; y las ventanas [también] cubiertas.
EZE 41:17 Encima de sobre la puerta, y hasta la casa de dentro, y de fuera, y por toda la pared en derredor de dentro y por de fuera, [tomó] medidas.
EZE 41:18 Y estaba labrada con querubi­nes y palmas: entre querubín y querubín una palma: y cada que­rubín tenía dos rostros:
EZE 41:19 Un rostro de hombre hacia la palma de la una parte, y rostro de león hacia la palma de la otra parte, por toda la casa alrededor.
EZE 41:20 Desde el suelo hasta encima de la puerta había labrados que­rubines y palmas, y por toda la pared del templo.
EZE 41:21 Cada poste del templo era cuadrado, y la delantera del san­tuario [era] como la [otra] delante­ra.
EZE 41:22 La altura del altar de madera era de tres codos, y su longitud de dos codos; y sus esquinas, y su superficie, y sus paredes, eran de madera. Y díjome: Ésta es la mesa que está delante del SEÑOR.
EZE 41:23 Y el templo y el santuario tenían dos portadas.
EZE 41:24 Y en cada portada había dos puertas, dos puertas que se volví­an: dos puertas en la una portada, y otras dos en la otra.
EZE 41:25 Y en las puertas del templo había labrados de querubines y palmas, así como estaban hechos en las paredes, y grueso madero sobre la delantera de la entrada por de fuera.
EZE 41:26 Y había ventanas estrechas, y palmas de una y otra parte por los lados de la entrada, y de la casa, y por las vigas.
EZE 42:1 SACÓME luego al patio de afuera hacia el norte, y llevóme a la cámara que estaba delante del espacio que quedaba enfrente del edificio de hacia el norte.
EZE 42:2 Por delante de la puerta del norte su longitud era de cien codos, y la anchura de cincuenta codos.
EZE 42:3 Frente a los veinte codos que había en el patio de adentro, y enfrente del solado que había en al patio exterior, estaban las cámaras, las unas enfrente de las otras en tres pisos.
EZE 42:4 Y delante de las cámaras había un corredor de diez codos de ancho a la parte de adentro, con viaje de un codo; y sus puertas hacia el norte.
EZE 42:5 Y las cámaras más altas eran más estrechas; porque las galerí­as quitaban de ellas más que de las bajas y de las de en medio del edificio:
EZE 42:6 Porque estaban en tres pisos, y no tenían columnas como las columnas de los atrios: por tanto, eran más estrechas que las de abajo y las del medio desde el suelo.
EZE 42:7 Y el muro que estaba afuera enfrente de las cámaras, hacia el patio exterior delante de las cámaras, tenía cincuenta codos de largo.
EZE 42:8 Porque la longitud de las cáma­ras del patio de afuera era de cin­cuenta codos: y delante de la fachada del templo había cien codos.
EZE 42:9 Y debajo de las cámaras estaba la entrada al lado oriental, para entrar en él desde el patio de afuera.
EZE 42:10 A lo largo del muro del patio hacia el oriente, enfrente de la lonja, y delante del edificio, había cámaras.
EZE 42:11 Y el corredor que había delan­te de ellas era semejante al de las cámaras que estaban hacia el norte, conforme a su longitud, asimismo su anchura, y todas sus salidas; conforme a sus puertas, y conforme a sus entradas.
EZE 42:12 Y conforme a las puertas de las cámaras que estaban hacia el sur, tenía una puerta al principio del camino, del camino delante del muro hacia el oriente a los que entran.
EZE 42:13 Y díjome: Las cámaras del norte y las del sur, que están delante de la lonja, son cámaras santas, en las cuales los sacerdotes que se acercan al SEÑOR comerán las santas ofrendas: allí pondrán las ofren­das santas, y el presente, y la expiación, y el [sacrificio por] el pecado: porque el lugar es santo.
EZE 42:14 Cuando los sacerdotes entra­ren, no saldrán del lugar santo al patio de afuera, sino que allí deja­rán sus vestimentas con que ministrarán, porque son santas; y vestiránse otras vestiduras, y así se allegarán a lo que es del pueblo.
EZE 42:15 Y luego que acabó las medi­das de la casa de adentro, sacóme por el camino de la puerta que miraba hacia el oriente, y midió­lo todo alrededor.
EZE 42:16 Midió el lado oriental con la caña de medir, quinientas cañas de la caña de medir en derredor.
EZE 42:17 Midió al lado del norte, qui­nientas cañas de la caña de medir alrededor.
EZE 42:18 Midió al lado del sur, quinientas cañas de la caña de medir.
EZE 42:19 Rodeó al lado del occidente, y midió quinientas cañas de la caña de medir.
EZE 42:20 A los cuatro lados lo midió; tuvo el muro todo alrededor qui­nientas cañas de longitud, y qui­nientas cañas de anchura, para hacer separación entre el santua­rio y el lugar profano.
EZE 43:1 LLEVÓME luego a la puerta, a la puerta que mira hacia el oriente;
EZE 43:2 Y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía de hacia el oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tie­rra resplandecía a causa de su gloria.
EZE 43:3 Y la visión que vi era como la visión, como aquella visión que vi cuando vine para destruir la ciudad: y las visiones eran como la visión que vi junto al río de Quebar; y caí sobre mi rostro.
EZE 43:4 Y la gloria del SEÑOR entró en la casa por la vía de la puerta que daba cara al oriente.
EZE 43:5 Y alzóme el espíritu, y metió­me en el patio de adentro; y he aquí que la gloria del SEÑOR hinchió la casa.
EZE 43:6 Y oí uno que me hablaba desde la casa: y un varón estaba junto a mí.
EZE 43:7 Y díjome: Hijo del hombre, [este es] el lugar de mi trono, y el lugar de las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre: y nunca más contaminará la casa de Israel mi santo nombre, ni ellos ni sus reyes, con sus fornicacio­nes, y con los cuerpos muertos de sus reyes en sus altares:
EZE 43:8 Y poniendo ellos su umbral junto a mi umbral, y su poste junto a mi poste, y [no más que] pared entre mí y ellos, contami­naron mi santo nombre con sus abominaciones que hicieron: consumílos por tanto en mi furor.
EZE 43:9 Ahora echarán lejos de mí su fornicación, y los cuerpos muer­tos de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre.
EZE 43:10 Tú, hijo del hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados, y midan el modelo.
EZE 43:11 Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles enten­der la figura de la casa, y su traza, y sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus ordenanzas, y todas sus confi­guraciones, y todas sus leyes: y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma, y todas sus ordenanzas, y las pongan por obra.
EZE 43:12 Ésta [es] la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, todo su tér­mino alrededor [será] santísimo. He aquí que ésta [es] la ley de la casa.
EZE 43:13 Y éstas [son] las medidas del altar por codos (el codo de a codo y palmo). El seno, de un codo, y de un codo el ancho; y su remate por su borde alrededor, de un palmo. Éste [será] el fondo alto del altar.
EZE 43:14 Y desde el seno de sobre el suelo hasta el lugar de abajo, dos codos, y la anchura de un codo: y desde el lugar menor hasta el lugar mayor, cuatro codos, y la anchura de un codo.
EZE 43:15 Y el altar, de cuatro codos, y encima del altar, cuatro cuernos.
EZE 43:16 Y el altar [tenía] doce [codos] de largo, y doce de ancho, cuadrado a sus cuatro lados.
EZE 43:17 Y el área, de catorce codos de longitud, y catorce de anchura en sus cuatro lados, y de medio codo el borde alrededor: y el seno de un codo por todos lados; y sus gradas estaban al oriente.
EZE 43:18 Y díjome: Hijo del hombre, así ha dicho el Señor DIOS: Éstas [son] las ordenanzas del altar el día en que será hecho, para ofrecer sobre él holocausto, y para rociar sobre él sangre.
EZE 43:19 Darás a los sacerdotes levitas que son del linaje de Sadoc, que se allegan a mí, dice el Señor DIOS, para ministrarme, un becerro de la vacada para expia­ción.
EZE 43:20 Y tomarás de su sangre, y pondrás en los cuatro cuernos del altar, y en las cuatro esquinas del área, y en el borde alrededor: así lo limpiarás y purificarás.
EZE 43:21 Tomarás luego el becerro de la expiación, y lo quemarás conforme a la ley de la casa, fuera del santuario.
EZE 43:22 Y al segundo día ofrecerás un macho de cabrío sin defecto, para expiación; y purificarán el altar como lo purificaron con el becerro.
EZE 43:23 Cuando acabares de expiar, ofrecerás un becerro de la vacada sin defecto, y un carnero sin tacha de la manada:
EZE 43:24 Y los ofrecerás delante del SEÑOR, y los sacerdotes echa­rán sal sobre ellos, y los ofrece­rán en holocausto al SEÑOR.
EZE 43:25 Por siete días sacrificarán un macho cabrío cada día en expia­ción; asimismo sacrificarán el becerro de la vacada y un carne­ro sin tacha del rebaño.
EZE 43:26 Por siete días expiarán el altar, y lo purificarán, y ellos se consa­grarán sus manos.
EZE 43:27 Y acabados estos días, al octa­vo día, y en adelante, sacrificarán los sacerdotes sobre el altar vues­tros holocaustos y vuestros pací­ficos; y me seréis aceptos, dice el Señor DIOS.
EZE 44:1 Y TORNÓME hacia la puerta de afuera del santuario, la cual mira hacia el oriente; y estaba cerrada.
EZE 44:2 Y díjome el SEÑOR: Esta puer­ta ha de estar cerrada: no se abrirá, ni entrará por ella hombre, porque el Señor DIOS de Israel entró por ella; estará por tanto cerrada.
EZE 44:3 Para el príncipe; el príncipe, él se sentará en ella para comer pan delante del SEÑOR: por el cami­no de la entrada de la puerta entrará, y por el camino de ella saldrá.
EZE 44:4 Y llevóme hacia la puerta del norte por delante de la casa, y miré, y he aquí, la gloria del SEÑOR había henchido la casa del SEÑOR: y caí sobre mi ros­tro.
EZE 44:5 Y díjome el SEÑOR: Hijo del hombre, pon tu corazón, y mira con tus ojos, y oye con tus oídos todo lo que yo hablo contigo sobre todas las ordenanzas de la casa del SEÑOR, y todas sus leyes: y pon tu corazón a las entradas de la casa, y a todas las salidas del santuario.
EZE 44:6 Y dirás a los rebeldes, a la casa de Israel: Así ha dicho el Señor DIOS: Básteos de todas vuestras abominaciones, oh casa de Israel;
EZE 44:7 De haber vosotros traído extranjeros, incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne, para estar en mi santuario, para contaminar mi casa; de haber ofrecido mi pan, la grosura y la sangre: e invalidaron mi pacto por todas vuestras abominacio­nes:
EZE 44:8 Y no guardasteis el ordenamien­to de mis santificaciones, sino que os pusisteis guardas de mi orde­nanza en mi santuario.
EZE 44:9 Así ha dicho el Señor DIOS: Ningún hijo de extranjero, incir­cunciso de corazón e incircunciso de carne, entrará en mi santuario, de todos los hijos de extranjeros que están entre los hijos de Israel.
EZE 44:10 Y los levitas que se apartaron lejos de mí cuando Israel erró, el cual se desvió de mí en pos de sus ídolos, llevarán su iniquidad.
EZE 44:11 Y serán ministros en mi san­tuario, porteros a las puertas de la casa, y sirvientes en la casa: ellos matarán la ofrenda quemada y la vícti­ma al pueblo, y ellos estarán delante de ellos para servirles.
EZE 44:12 Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano acerca de ellos, dice el Señor DIOS, que llevarán su iniquidad.
EZE 44:13 No serán allegados a mí para serme sacerdotes, ni se llegarán a ninguna de mis santificaciones, a las santidades de santidades; sino que llevarán su vergüenza, y sus abominaciones que hicieron.
EZE 44:14 Pondrélos, pues, por guardas de la guarda de la casa en todo su servicio, y en todo lo que en ella hubiere de hacerse.
EZE 44:15 Mas los sacerdotes levitas, hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento de mi santuario, cuando los hijos de Israel se des­viaron de mí, ellos serán allega­dos a mí para ministrarme, y delante de mí estarán para ofre­cerme la grosura y la sangre, dice el Señor DIOS.
EZE 44:16 Ellos entrarán en mi santuario, y ellos se allegarán a mi mesa para ministrarme, y guardarán mi ordenamiento.
EZE 44:17 Y será que cuando entraren por las puertas del patio interior, se vestirán de vestimentas de lino: no asentará sobre ellos lana, cuando ministraren en las puer­tas del patio de adentro, y en el interior.
EZE 44:18 Tiaras de lino tendrán en sus cabezas, y pañetes de lino en sus lomos: no se ceñirán para sudar.
EZE 44:19 Y cuando salieren al patio de afuera, al patio de afuera al pue­blo, se desnudarán de sus vesti­mentas con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otras vestiduras: así no santificarán el pueblo con sus vestimentas.
EZE 44:20 Y no raparán su cabeza, ni dejarán crecer el cabello; sino que lo recortarán trasquilando sus cabezas.
EZE 44:21 Y ninguno de los sacerdotes beberá vino cuando hubieren de entrar en el patio interior.
EZE 44:22 Ni viuda, ni repudiada se tomarán por esposas; sino que tomarán vírgenes del linaje de la casa de Israel, o viuda que fuere viuda de sacerdote.
EZE 44:23 Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a di­scernir entre lo limpio y lo no limpio.
EZE 44:24 Y en el pleito ellos estarán para juzgar; conforme a mis derechos lo juzgarán: y mis leyes y mis decretos guardarán en todas mis asambleas, y santi­ficarán mis sábados.
EZE 44:25 Y a hombre muerto no entra­rá para contaminarse; mas sobre padre, o madre, o hijo, o hija, hermano, o hermana que no haya tenido marido, se contaminará.
EZE 44:26 Y después de su purificación, le contarán siete días.
EZE 44:27 Y el día que entrare al santua­rio, al patio de adentro, para ministrar en el santuario, ofrece­rá su expiación, dice el Señor DIOS.
EZE 44:28 Y será a ellos por heredad: yo seré su heredad; y no les daréis posesión en Israel: yo soy su posesión.
EZE 44:29 El presente, y la expiación, y el sacrificio por el pecado, come­rán; y toda cosa dedicada en Israel, será de ellos.
EZE 44:30 Y las primicias de todos los primeros de todo, y toda ofrenda de todo lo que se ofreciere de todas vuestras ofrendas, será de los sacerdotes: daréis asimismo las primicias de todas vuestras masas al sacerdote, para que haga reposar la bendición en vuestras casas.
EZE 44:31 Ninguna cosa mortecina, ni desgarrada, así de aves como de animales, comerán los sacerdo­tes.
EZE 45:1 Y CUANDO partiereis por suertes la tierra en heredad, apartaréis una suerte para el SEÑOR que le consagréis en la tierra, de longitud de veinticinco mil [cañas] y diez mil de ancho: esto será santificado en todo su término alrededor.
EZE 45:2 De esto serán para el santuario quinientas de [longitud,] y quinien­tas [de ancho], en cuadro alrededor; y cincuenta codos en derredor para sus ejidos.
EZE 45:3 Y de esta medida medirás en longitud veinticinco mil [cañas], y en anchura diez mil, en lo cual estará el santuario, el santuario de santuarios.
EZE 45:4 Lo consagrado de esta tierra será para los sacerdotes ministros del santuario, que se llegan para ministrar al SEÑOR: y seráles lugar para casas, y lugar santo para el santuario.
EZE 45:5 Asimismo veinticinco mil de longitud, y diez mil de anchura, lo cual será para los levitas ministros de la casa, en posesión, [con] veinte cámaras.
EZE 45:6 Y para la posesión de la ciudad daréis cinco mil de anchura y veinticinco mil de longitud, delan­te de lo que se apartó para el san­tuario: será para toda la casa de Israel.
EZE 45:7 Y [la parte] del príncipe [será] junto al apartamiento del santua­rio, de la una parte y de la otra, y junto a la posesión de la ciudad, delante del apartamiento del san­tuario, y delante de la posesión de la ciudad, desde el rincón occidental hacia el occidente, hasta el rincón oriental hacia el oriente: y la longitud será de la una parte a la otra, desde el rin­cón del occidente hasta el rincón del oriente.
EZE 45:8 Esta tierra tendrá por posesión en Israel, y nunca más mis prín­cipes oprimirán a mi pueblo: y darán la tierra a la casa de Israel por sus tribus.
EZE 45:9 Así ha dicho el Señor DIOS: Básteos, oh príncipes de Israel: dejad la violencia y la rapiña: haced juicio y justicia; quitad vuestras imposiciones de sobre mi pueblo, dice el Señor DIOS.
EZE 45:10 Peso de justicia, y efa de justicia, y bato de justicia, ten­dréis.
EZE 45:11 El efa y el bato serán de una misma medida: que el bato tenga la décima parte del homer, y la décima parte del homer el efa: la medida de ellos será según el homer.
EZE 45:12 Y el siclo será de veinte geras: veinte siclos, con veinticinco siclos, y quince siclos, os serán una mina.
EZE 45:13 Ésta [es] la ofrenda que ofre­ceréis: la sexta parte de un efa de homer del trigo, y la sexta parte de un efa de homer de la cebada.
EZE 45:14 Y la ordenanza del aceite [será] que [ofreceréis] un bato de aceite, [que es] la décima parte de un coro: diez batos [harán] un homer; porque diez batos [son] un homer.
EZE 45:15 Y un cordero del rebaño de doscientos, de los gruesos de Israel, para sacrificio, y para holocausto y para pacíficos, para expiación por ellos, dice el Señor DIOS.
EZE 45:16 Todo el pueblo de la tierra será [obligado] a esta ofrenda para el príncipe de Israel.
EZE 45:17 Mas del príncipe será el [dar] ofrendas quemadas, y el sacrificio, y la libación, en las fiestas solemnes, y en las lunas nuevas, y en los sábados, y en todas las solemnidades de la casa de Israel: él dispondrá la expiación, y el presente, y el holocausto, y los pacíficos, para expiar la casa de Israel.
EZE 45:18 Así ha dicho el Señor DIOS: El [mes] primero, al primero del mes, tomarás un becerro sin defecto de la vacada, y expiarás el santuario.
EZE 45:19 Y el sacerdote tomará de la sangre de la expiación, y pondrá sobre los postes de la casa, y sobre los cuatro ángulos del área del altar, y sobre los postes de las puertas del patio de adentro.
EZE 45:20 Así harás el séptimo del mes por los errados y engañados; y expiarás la casa.
EZE 45:21 El [mes] primero, a los catorce días del mes, tendréis la pascua, fiesta de siete días: comeráse pan sin levadura.
EZE 45:22 Y aquel día el príncipe sacrifi­cará por sí, y por todo el pueblo de la tierra, un becerro por el pecado.
EZE 45:23 Y en los siete días de solemni­dad hará holocausto al SEÑOR, siete becerros y siete carneros sin defecto, cada día de los siete días; y por el pecado un macho cabrío cada día.
EZE 45:24 Y con cada becerro ofrecerá presente de un efa, y con cada carnero un efa; y por cada efa un hin de aceite.
EZE 45:25 En el [mes] séptimo, a los quin­ce del mes, en la fiesta, hará como en estos siete días, cuanto a la expiación, y cuanto al holo­causto, y cuanto al presente, y cuanto al aceite.
EZE 46:1 ASÍ ha dicho el Señor DIOS: La puerta del patio de adentro que mira al oriente, estará cerrada los seis días de trabajo, y el día del sábado se abrirá: abriráse también el día de la nueva luna.
EZE 46:2 Y el príncipe entrará por el camino del portal de la puerta de afuera, y estará al umbral de la puerta, mientras los sacerdotes harán su holocausto y sus pacífi­cos, y adorará a la entrada de la puerta: después saldrá; mas no se cerrará la puerta hasta la tarde.
EZE 46:3 Asimismo adorará el pueblo de la tierra delante del SEÑOR, a la entrada de la puerta, en los sába­dos y en las nuevas lunas.
EZE 46:4 Y el holocausto que el príncipe ofrecerá al SEÑOR el día del sábado, será seis corderos sin defecto, y un carnero sin tacha:
EZE 46:5 Y [por] presente un efa con cada carnero; y con cada cordero un presente, don de su mano, y un hin de aceite con el efa.
EZE 46:6 Mas el día de la nueva luna, un becerro sin tacha de la vacada, y seis corderos, y un carnero: deberán ser sin defecto.
EZE 46:7 Y hará presente de un efa con el becerro, y un efa con cada carnero: mas con los corderos, conforme a su facultad; y un hin de aceite por cada efa.
EZE 46:8 Y cuando el príncipe entrare, entrará por el camino del portal de la puerta: y por el mismo camino saldrá.
EZE 46:9 Mas cuando el pueblo de la tie­rra entrare delante del SEÑOR en las fiestas, el que entrare por la puerta del norte, saldrá por la puerta del sur; y el que entrare por la puerta del sur, saldrá por la puerta del norte: no volverá por la puerta por donde entró, sino que saldrá por [la de] enfrente de ella.
EZE 46:10 Y el príncipe, cuando ellos entraren, él entrará en medio de ellos: y cuando ellos salieren, él saldrá.
EZE 46:11 Y en las fiestas y en las solem­nidades será el presente un efa con cada becerro, y un efa con cada carnero; y con los corderos, lo que le pareciere; y un hin de aceite con cada efa.
EZE 46:12 Mas cuando el príncipe libre­mente hiciere holocausto o pací­ficos al SEÑOR, abriránle la puerta que mira al oriente, y hará su holocausto y sus pacíficos, como hace en el día del sábado: después saldrá; y cerrarán la puerta después que saliere.
EZE 46:13 Y sacrificarás al SEÑOR cada día en holocausto un cordero de un año sin defecto, cada mañana lo sacrificarás.
EZE 46:14 Y con él harás todas las maña­nas presente [de] la sexta parte de un efa, y la tercera parte de un hin de aceite para mezclar con la flor de harina: presente para el SEÑOR continuamente por ordenanza perpetua.
EZE 46:15 Ofrecerán pues el cordero, y el presente y el aceite, todas las mañanas en holocausto continuo.
EZE 46:16 Así ha dicho el Señor DIOS: Si el príncipe diere algún don de su heredad a alguno de sus hijos, será de ellos; posesión de ellos será por herencia.
EZE 46:17 Mas si de su heredad diere don a alguno de sus siervos, será de él hasta el año de libertad, y volverá al príncipe; mas su heren­cia será de sus hijos.
EZE 46:18 Y el príncipe no tomará nada de la herencia del pueblo, por no defraudarlos de su posesión: de lo que él posee dará herencia a sus hijos; para que mi pueblo no sea echado cada uno de su pose­sión.
EZE 46:19 Metióme después por la entrada que estaba hacia la puer­ta, a las cámaras santas de los sacerdotes, las cuales miraban al norte, y había allí un lugar a los lados del occidente.
EZE 46:20 Y díjome: Éste [es] el lugar donde los sacerdotes cocerán el [sacrificio por] el pecado y la expiación: allí cocerán el presen­te, por no sacarlo al patio de afue­ra para santificar al pueblo.
EZE 46:21 Luego me sacó al patio de afuera, y llevóme por los cuatro rincones del patio; y en cada rin­cón había un patio.
EZE 46:22 En los cuatro rincones del patio había patios juntos de cua­renta codos de longitud, y treinta de anchura: tenían una [misma] medida todos cuatro a los rinco­nes.
EZE 46:23 Y había una pared alrededor de ellos, alrededor de todos cua­tro, y chimeneas hechas abajo alrededor de las paredes.
EZE 46:24 Y díjome: Éstos [son] los apo­sentos de los cocineros, donde los servidores de la casa cocerán el sacrificio del pueblo.
EZE 47:1 HÍZOME tornar luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente: porque la fachada de la casa estaba al oriente: y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar.
EZE 47:2 Y sacóme por el camino de la puerta del norte, e hízome rodear por el camino fuera de la puerta, por de fuera al camino de la que mira al oriente: y he aquí las aguas que salían al lado derecho.
EZE 47:3 Y saliendo el varón hacia el oriente, [tenía] un cordel en su mano; y midió mil codos, e hízome pasar por las aguas hasta los tobillos.
EZE 47:4 Y midió [otros] mil, e hízome pasar por las aguas hasta las rodi­llas. Midió luego [otros] mil, e hízome pasar por las aguas hasta los lomos.
EZE 47:5 Y midió [otros] mil, e [iba ya] el arroyo que yo no podía pasar: porque las aguas se habían alza­do, [y] el arroyo no se podía pasar sino a nado.
EZE 47:6 Y díjome: ¿Has visto, hijo del hombre? Después me llevó, e hízome tornar por la ribera del arroyo.
EZE 47:7 Y tornando yo, he aquí en la ribera del arroyo había muchísimos árboles de la una parte y de la otra.
EZE 47:8 Y díjome: Estas aguas salen a la región del oriente, y descende­rán a la llanura, y entrarán en el mar: [y] entradas en el mar, recibi­rán sanidad las aguas.
EZE 47:9 Y será que toda alma viviente que nadare por donde quiera que entraren estos dos arroyos, vivi­rá: y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este arroyo.
EZE 47:10 Y será que junto a él estarán pescadores; y desde En-gadi hasta En-eglaim será tendedero de redes: en su género será su pesca­do como el pescado de la gran mar, mucho en gran manera.
EZE 47:11 Sus charcos y sus lagunas no se sanarán; quedarán para sali­nas.
EZE 47:12 Y junto al arroyo, en su ribera de una parte y de otra, crecerá todo árbol de comer: su hoja nunca caerá, ni faltará su fruto: a sus meses madurará, porque sus aguas salen del santuario: y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.
EZE 47:13 Así ha dicho el Señor DIOS: Éste [es] el término en que parti­réis la tierra en heredad entre las doce tribus de Israel: José [dos] partes.
EZE 47:14 Y la heredaréis así los unos como los otros: por ella alcé mi mano que la había de dar a vues­tros padres: por tanto, esta tierra os caerá en heredad.
EZE 47:15 Y este será el término de la tierra hacia la parte del norte: desde la gran mar, camino de Hetlón viniendo a Sedad;
EZE 47:16 Hamat, Berota, Sibrahim, que está entre el término de Damasco y el término de Hamat; Hazar-haticón, que es el término de Haurán.
EZE 47:17 Y será el término del norte desde el mar de Haser-enón al término de Damasco al norte, y al término de Hamat al lado del norte.
EZE 47:18 Al lado del oriente, por medio de Haurán y de Damasco, y de Galaad, y de la tierra de Israel, al Jordán: [esto] mediréis de término hasta el mar del oriente.
EZE 47:19 Y al lado del sur, hacia el sur, desde Tamar hasta las aguas de las rencillas; desde Cades y el arroyo hasta la gran mar: y esto será el lado austral, al sur.
EZE 47:20 Y al lado del occidente la gran mar será el término hasta en derecho para venir a Hamat: este será el lado del occidente.
EZE 47:21 Partiréis, pues, esta tierra entre vosotros por las tribus de Israel.
EZE 47:22 Y será que echaréis sobre ella suertes por herencia para voso­tros, y para los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que entre vosotros han engendrado hijos: y los tendréis como natura­les entre los hijos de Israel; echa­rán suertes con vosotros para heredarse entre las tribus de Israel.
EZE 47:23 Y será que en la tribu en que peregrinare el extranjero, allí le daréis su heredad, ha dicho el Señor DIOS.
EZE 48:1 Y ÉSTOS [son] los nombres de las tribus: Desde la extremidad septentrional por la vía de Hetlón viniendo a Hamat, Haser-enón, al término de Damasco, al norte, al término de Hamat: tendrá Dan una [parte], siendo sus extremidades al oriente y al occidente.
EZE 48:2 Y junto al término de Dan, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Aser una [parte.]
EZE 48:3 Y junto al término de Aser, desde el lado oriental hasta la parte del mar, Neftalí, otra.
EZE 48:4 Y junto al término de Neftalí, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Manasés, otra.
EZE 48:5 Y junto al término de Manasés, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Efraím, otra.
EZE 48:6 Y junto al término de Efraím, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Rubén, otra.
EZE 48:7 Y junto al término de Rubén, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Judá, otra.
EZE 48:8 Y junto al término de Judá, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, será la suerte que apartaréis de veinticinco mil [cañas] de anchura, y de longitud como cualquiera de las otras par­tes, [es a saber], desde la parte del oriente hasta la parte del mar; y el santuario estará en medio de ella.
EZE 48:9 La suerte que apartaréis para el SEÑOR, será de longitud de veinticinco mil [cañas], y de diez mil de ancho.
EZE 48:10 Y allí será la suerte santa de los sacerdotes, de veinticinco mil [cañas] al norte, y de diez mil de anchura al occidente, y de diez mil de ancho al oriente, y de veinticin­co mil de longitud al sur: y el santuario del SEÑOR estará en medio de ella.
EZE 48:11 Los sacerdotes santificados de los hijos de Sadoc, que guarda­ron mi observancia, que no erra­ron cuando erraron los hijos de Israel, como erraron los levitas,
EZE 48:12 Ellos tendrán [por suerte], apartada en la partición de la tie­rra, la parte santísima, junto al término de los levitas.
EZE 48:13 Y la de los levitas, al lado del término de los sacerdotes, será de veinticinco mil [cañas] de lon­gitud, y de diez mil de anchura: toda la longitud de veinticinco mil, y la anchura de diez mil.
EZE 48:14 No venderán de ello, ni permu­tarán, ni traspasarán las primicias de la tierra: porque es cosa consa­grada al SEÑOR.
EZE 48:15 Y las cinco mil [cañas] de anchura que quedan de las veinti­cinco mil, serán profanas, para la ciudad, para habitación y para ejido; y la ciudad estará en medio.
EZE 48:16 Y éstas [serán] sus medidas: a la parte del norte cuatro mil y quinientas [cañas], y a la parte del sur cuatro mil y quinien­tas, y a la parte del oriente cuatro mil y quinientas, y a la parte del occidente cuatro mil y quinien­tas.
EZE 48:17 Y el ejido de la ciudad será al norte de doscientas y cincuenta [cañas], y al sur de doscien­tas y cincuenta, y al oriente de doscientas y cincuenta, y de dos­cientas y cincuenta al occidente.
EZE 48:18 Y lo que quedare de longitud delante de la suerte santa, diez mil [cañas] al oriente y diez mil al occidente, que será [lo que queda­rá] de la suerte santa, será para [sembrar] para los que sirven a la ciudad.
EZE 48:19 Y los que servirán a la ciudad, serán de todas las tribus de Israel.
EZE 48:20 Todo el apartado de veinticin­co mil [cañas] por veinticinco mil en cuadro, apartaréis por suerte para el santuario, y para la pose­sión de la ciudad.
EZE 48:21 Y del príncipe será lo que quedare de la una parte y de la otra de la suerte santa, y de la posesión de la ciudad, [es a saber], delante de las veinticinco mil [cañas] de la suerte hasta el térmi­no oriental, y al occidente delan­te de las veinticinco mil hasta el término occidental, delante de las partes [dichas] será del príncipe: y suerte santa será; y el san­tuario de la casa estará en medio de ella.
EZE 48:22 Y desde la posesión de los levitas, y desde la posesión de la ciudad, en medio estará lo que pertenecerá al príncipe. Entre el término de Judá y el término de Benjamín estará [la suerte] del príncipe.
EZE 48:23 Cuanto a las demás tribus, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, [tendrá] Benjamín una parte.
EZE 48:24 Y junto al término de Benjamín, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Simeón, otra.
EZE 48:25 Y junto al término de Simeón, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Isacar, otra.
EZE 48:26 Y junto al término de Isacar, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Zabulón, otra.
EZE 48:27 Y junto al término de Zabulón, desde la parte del oriente hasta la parte del mar, Gad, otra.
EZE 48:28 Y junto al término de Gad, a la parte del sur, hacia el sur, será el término desde Tamar hasta las aguas de las rencillas, y [desde] Cades [y] el arroyo hasta la gran mar.
EZE 48:29 Ésta [es] la tierra que partiréis por suertes en heredad a las tri­bus de Israel, y éstas [son] sus por­ciones, ha dicho el Señor DIOS.
EZE 48:30 Y éstas [son] las salidas de la ciudad a la parte del norte, cuatro mil y quinientas [cañas] por medi­da.
EZE 48:31 Y las puertas de la ciudad serán según los nombres de las tribus de Israel: tres puertas al norte: la puerta de Rubén, una; la puerta de Judá, otra; la puerta de Leví, otra.
EZE 48:32 Y a la parte del oriente cuatro mil y quinientas [cañas], y tres puertas: la puerta de José, una; la puerta de Benjamín, otra; la puerta de Dan, otra.
EZE 48:33 Y a la parte del sur, cua­tro mil y quinientas [cañas] por medida, y tres puertas: la puerta de Simeón, una; la puerta de Isacar, otra; la puerta de Zabulón, otra.
EZE 48:34 Y a la parte del occidente cuatro mil y quinientas [cañas], y sus tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta de Aser, otra; la puerta de Neftalí, otra.
EZE 48:35 En derredor tendrá dieciocho mil [cañas]. Y el nombre de la ciu­dad desde aquel día será, El SEÑOR [está] allí.
DAN 1:1 EN el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalem, y cercóla.
DAN 1:2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los vasos de la casa de Dios, y trájolos a tierra de Sinar, a la casa de su dios: y metió los vasos en la casa del tesoro de su dios.
DAN 1:3 Y dijo el rey a Aspenaz, príncipe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,
DAN 1:4 Muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, y de buen parecer, y enseñados en toda sabiduría, y sabios en conoci­miento, y entendidos en la cien­cia, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseña­se las letras y la lengua de los caldeos.
DAN 1:5 Y señalóles el rey ración para cada día de la ración de la comi­da del rey, y del vino de su beber: que los criase tres años, para que al fin de ellos estuviesen delante del rey.
DAN 1:6 Y fueron entre ellos, de los hijos de Judá, Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
DAN 1:7 A los cuales el príncipe de los eunucos puso nombres: y puso a Daniel, Beltsasar; y a Ananías, Sadrac; y a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
DAN 1:8 Y Daniel propuso en su cora­zón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse.
DAN 1:9 (Y puso Dios a Daniel en gra­cia y en buena voluntad con el príncipe de los eunucos.)
DAN 1:10 Y dijo el príncipe de los eunu­cos a Daniel: Tengo temor de mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él habrá visto vuestros rostros más tristes que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.
DAN 1:11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el príncipe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael, y Azarías:
DAN 1:12 Prueba, te ruego, tus siervos diez días, y dennos legumbres a comer, y agua a beber.
DAN 1:13 Parezcan luego delante de ti nuestros rostros, y los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey; y según que vieres, harás con tus siervos.
DAN 1:14 Consintió pues con ellos en esto, y probó con ellos diez días.
DAN 1:15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más nutrido de carne, que los otros muchachos que comían de la ración de la comida del rey.
DAN 1:16 Así fue que Melsar tomaba la ración de la comida de ellos, y el vino de su beber, y dábales legumbres.
DAN 1:17 Y a estos cuatro muchachos dióles Dios conocimiento y entendimiento en todas letras y sabiduría: mas Daniel tuvo entendi­miento en toda visión y sueños.
DAN 1:18 Pasados pues los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el príncipe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.
DAN 1:19 Y el rey habló con ellos, y no fue hallado entre todos ellos otro como Daniel, Ananías, Misael, y Azarías: y así estuvieron delante del rey.
DAN 1:20 Y en todo asunto de sabiduría y entendimiento que el rey inquirió de ellos, hallólos diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
DAN 1:21 Y fue Daniel hasta el año pri­mero del rey Ciro.
DAN 2:1 Y EN el segundo año del reinado de Nabucodonosor, soñó Nabucodonosor sueños, y perturbóse su espíritu, y su sueño se huyó de él.
DAN 2:2 Y mandó el rey llamar magos, astrólogos, y encantadores, y caldeos, para que mostrasen al rey sus sueños. Vinieron pues, y se presentaron delante del rey.
DAN 2:3 Y el rey les dijo: He soñado un sueño, y mi espíritu se ha pertur­bado por saber el sueño.
DAN 2:4 Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vive: di el sueño a tus siervos, y mostraremos la declaración.
DAN 2:5 Respondió el rey y dijo a los caldeos: El negocio se me fue: si no me mostráis el sueño y su declaración, seréis hechos cuar­tos, y vuestras casas serán pues­tas por muladares.
DAN 2:6 Y si mostrareis el sueño y su declaración, recibiréis de mis dones y mercedes y grande honra: por tanto, mostradme el sueño y su declaración.
DAN 2:7 Respondieron la segunda vez, y dijeron: Diga el rey el sueño a sus siervos, y mostraremos su declaración.
DAN 2:8 El rey respondió, y dijo: Yo conozco ciertamente que voso­tros ponéis dilaciones, porque veis que el negocio se me ha ido.
DAN 2:9 Si no me mostráis el sueño, un solo decreto será para vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que se muda el tiempo: por tanto, decid­me el sueño, para que yo entien­da que me podéis mostrar su interpretación.
DAN 2:10 Los caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: demás de esto, ningún rey, príncipe, ni señor, preguntó cosa semejante a ningún mago, ni astrólogo, ni caldeo.
DAN 2:11 Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo pueda declarar delante del rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne.
DAN 2:12 Por esto el rey con ira y con grande enojo, mandó que mata­sen a todos los sabios de Babilonia.
DAN 2:13 Y publicóse el mandamiento, y los sabios eran llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
DAN 2:14 Entonces Daniel habló con consejo y sabiduría a Arioc, capitán de los de la guarda del rey, que había salido para matar los sabios de Babilonia.
DAN 2:15 Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿Qué es la causa que este mandamiento se publica de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioc declaró el nego­cio a Daniel.
DAN 2:16 Y Daniel entró, y pidió al rey que le diese tiempo, y que él mostraría al rey la declaración.
DAN 2:17 Fuese luego Daniel a su casa, y declaró el negocio a Ananías, Misael, y Azarías, sus compañe­ros,
DAN 2:18 Para demandar misericordias del Dios del cielo sobre este mis­terio, y que Daniel y sus compa­ñeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia.
DAN 2:19 Entonces el arcano fue revela­do a Daniel en visión de noche; por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo.
DAN 2:20 Y Daniel respondió, y dijo: Sea bendito el nombre de Dios por siempre jamás: porque suya es la sabiduría y la fortaleza:
DAN 2:21 Y él muda los tiempos y las estaciones: quita reyes, y pone reyes: da la sabiduría a los sabios, y el conocimiento a los entendidos:
DAN 2:22 Él revela lo profundo y lo escondido: conoce lo que [está] en tinieblas, y la luz mora con él.
DAN 2:23 A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, que me diste sabiduría y fortaleza, y ahora me enseñaste lo que te pedimos; pues nos has enseñado el negocio del rey.
DAN 2:24 Después de esto Daniel entró a Arioc, al cual el rey había puesto para matar a los sabios de Babilonia; fue, y díjole así: No mates a los sabios de Babilonia: llévame delante del rey, que yo mostraré al rey la declaración.
DAN 2:25 Entonces Arioc llevó prestamente a Daniel delante del rey, y díjole así: Un varón de los trasportados de Judá he hallado, el cual declarará al rey la interpreta­ción.
DAN 2:26 Respondió el rey, y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme entender el sueño que vi, y su declaración?
DAN 2:27 Daniel respondió delante del rey, y dijo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólo­gos, ni magos, ni adivinos lo pueden enseñar al rey.
DAN 2:28 Mas hay un Dios en el cie­lo, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer a cabo de días. Tu sueño, y las visiones de tu cabe­za sobre tu cama, es esto:
DAN 2:29 Tú, oh rey, en tu cama subie­ron tus pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los miste­rios te mostró lo que ha de ser.
DAN 2:30 Y a mí ha sido revelado este misterio, no por sabiduría que en mí haya más que en todos los vivientes, sino para que yo noti­fique al rey la declaración, y que entendieses los pensamientos de tu corazón.
DAN 2:31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una grande imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya glo­ria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.
DAN 2:32 La cabeza de esta imagen era de fino oro; sus pechos y sus bra­zos, de plata; su vientre y sus muslos, de latón;
DAN 2:33 Sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro, y en parte de barro cocido.
DAN 2:34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, la cual hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.
DAN 2:35 Entonces fue también desme­nuzado el hierro, el barro cocido, el latón, la plata y el oro, y se tornaron como tamo de las eras del verano: y levantólos el vien­to, y nunca más se les halló lugar. Mas la piedra que hirió a la ima­gen, fue hecha un gran monte, que hinchió toda la tierra.
DAN 2:36 Éste [es] el sueño: la declara­ción de él diremos también en presencia del rey.
DAN 2:37 Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, potencia, y fortaleza, y majestad.
DAN 2:38 Y dondequiera que habiten hijos de hombres, las bestias del campo y las aves del cielo él ha entregado en tu mano, y te ha hecho enseño­rear sobre todo ello: tú [eres] esta cabeza de oro.
DAN 2:39 Y después de ti se levantará otro reino menor que tú; y otro tercer reino de latón, el cual se enseñoreará de toda la tierra.
DAN 2:40 Y el reino cuarto será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y doma todas las cosas, y como el hierro que que­branta todas estas cosas, desme­nuzará y quebrantará.
DAN 2:41 Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero, y en parte de hierro, el reino será dividido; mas habrá en él [algo] de fortaleza de hierro, según que viste el hierro mezcla­do con el tiesto de barro.
DAN 2:42 Y [por ser] los dedos de los pies en parte de hierro, y en parte de barro cocido, en parte será el reino fuerte, y en parte será frá­gil.
DAN 2:43 Cuanto a aquello que viste, el hierro mezclado con tiesto de barro, mezclaránse con simiente humana, mas no se pegarán el uno con el otro, como el hierro no se mistura con el tiesto.
DAN 2:44 Y en los días de estos reyes, levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado a otro pueblo este reino; [el cual] desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre.
DAN 2:45 De la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con manos, la cual desmenu­zó al hierro, al latón, al tiesto, a la plata, y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir: y el sueño es verdadero, y fiel su declaración.
DAN 2:46 Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, y humillóse a Daniel, y mandó que le sacrificasen presentes y perfumes.
DAN 2:47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el SEÑOR de los reyes, y el descubridor de los misterios, pues pudiste reve­lar este arcano.
DAN 2:48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos y grandes dones, y púsolo por goberna­dor de toda la provincia de Babilonia, y por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios de Babilonia.
DAN 2:49 Y Daniel solicitó del rey, y él puso sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac, y Abed-nego: y Daniel estaba a la puerta del rey.
DAN 3:1 EL REY Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era de sesenta codos, su anchura de seis codos: levantóla en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
DAN 3:2 Y envió el rey Nabucodonosor a juntar los grandes, los asisten­tes y capitanes, oidores, recepto­res, los del consejo, presidentes, y a todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levan­tado.
DAN 3:3 Fueron pues reunidos los grandes, los asistentes y capitanes, los oidores, receptores, los del con­sejo, los presidentes, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levan­tado: y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
DAN 3:4 Y el pregonero pregonaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones, y lenguas,
DAN 3:5 En oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os pos­traréis y adoraréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado:
DAN 3:6 Y cualquiera que no se postra­re y adorare, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
DAN 3:7 Por lo cual, en oyendo todos los pueblos el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, todos los pueblos, naciones, y lenguas, se postraron, y adoraron la esta­tua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
DAN 3:8 Por esto en el mismo tiempo algunos varones caldeos se lle­garon, y denunciaron de los judíos.
DAN 3:9 Hablando y diciendo al rey Nabucodonosor: Rey, para siem­pre vive.
DAN 3:10 Tú, oh rey, pusiste ley que todo hombre en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tambo­ril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, se postrase y adorase la estatua de oro:
DAN 3:11 Y el que no se postrase y adorase, fuese echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
DAN 3:12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste tú sobre los nego­cios de la provincia de Babilonia; Sadrac, Mesac, y Abed-nego: estos varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; ni adoran tus dioses, no adoran la estatua de oro que tú levantaste.
DAN 3:13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que tra­jesen a Sadrac, Mesac, y Abed-nego. Al punto fueron traí­dos estos varones delante del rey.
DAN 3:14 Habló Nabucodonosor, y díjoles: ¿Es verdad Sadrac, Mesac, y Abed-nego, que voso­tros no honráis a mis dioses, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
DAN 3:15 Ahora pues, ¿estáis prestos para que en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zam­poña, y de todo instrumento músico, os postréis, y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo: ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
DAN 3:16 Sadrac, Mesac, y Abed-­nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No cuida­mos de responderte sobre este negocio.
DAN 3:17 He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
DAN 3:18 Y si no, sepas, oh rey, que tus dioses no adoraremos, ni tampo­co honraremos la estatua que has levantado.
DAN 3:19 Entonces Nabucodonosor fue lleno de ira, y demudóse la figu­ra de su rostro sobre Sadrac, Mesac, y Abed-nego: [así] habló, y ordenó que el horno se encen­diese siete veces tanto de lo que cada vez solía.
DAN 3:20 Y mandó a hombres muy vigorosos que [tenía] en su ejérci­to, que atasen a Sadrac, Mesac, y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
DAN 3:21 Entonces estos varones fue­ron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes, y sus vestiduras, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
DAN 3:22 Y porque la palabra del rey daba priesa, y había procurado que se encendiese mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac, y Abed-nego.
DAN 3:23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac, y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
DAN 3:24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantóse apriesa, y habló, y dijo a los de su consejo: ¿No echaron tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondie­ron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey.
DAN 3:25 Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos: y el parecer del cuarto es semejante al Hijo de Dios.
DAN 3:26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y habló y dijo: Sadrac, Mesac, y Abed-nego, siervos del alto Dios, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac, y Abed-nego, salieron de en medio del fuego.
DAN 3:27 Y juntáronse los grandes, los gobernadores, los capitanes, y los del consejo del rey, para mirar estos varones, como el fuego no se enseñoreó de sus cuerpos, ni cabello de sus cabe­zas fue quemado, ni sus ropas se mudaron, ni olor de fuego había pasado por ellos.
DAN 3:28 Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac, y Abed-nego, que envió su ángel, y libró sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey mudaron, y entregaron sus cuerpos antes que sirviesen ni adorasen otro dios que su Dios.
DAN 3:29 Por mí pues se pone decreto, que todo pueblo, nación, o len­gua, que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac, y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa sea puesta por muladar; por cuanto no hay Dios que pueda librar como éste.
DAN 3:30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac, y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
DAN 4:1 NABUCODONOSOR rey, a todos los pueblos, naciones, y lenguas, que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:
DAN 4:2 Las señales y milagros que el alto Dios ha hecho conmigo, conviene que yo las publique.
DAN 4:3 ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío hasta generación y gene­ración.
DAN 4:4 Yo Nabucodonosor estaba quieto en mi casa, y floreciente en mi palacio.
DAN 4:5 Vi un sueño que me espantó, y las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron en mi cama.
DAN 4:6 Por lo cual yo puse manda­miento para hacer venir delante de mí todos los sabios de Babilonia, que me mostrasen la declaración del sueño.
DAN 4:7 Y vinieron magos, astrólogos, caldeos, y adivinos: y dije el sueño delante de ellos, mas nunca me mostraron su declara­ción;
DAN 4:8 Hasta tanto que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en el cual hay espíritu de los dioses santos, y dije el sueño delante de él, [diciendo:]
DAN 4:9 Beltsasar, príncipe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, exprésame las visiones de mi sueño que he visto, y su declaración.
DAN 4:10 Así [fueron] las visiones de mi cabeza en mi cama: Yo veía, y he aquí un árbol en medio de la tierra, cuya altura era grande.
DAN 4:11 Crecía este árbol, y hacíase fuerte, y su altura llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra.
DAN 4:12 Su follaje [era] hermoso, y su fruto en abundancia, y para todos había en él mantenimiento. Debajo de él se ponían a la som­bra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y se mantenía de él toda carne.
DAN 4:13 Veía en las visiones de mi cabeza en mi cama, y he aquí que un vigilante y santo descendía del cielo.
DAN 4:14 Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle su follaje, y dispersad su fruto: váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.
DAN 4:15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadu­ra de hierro y de latón entre la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte con las bestias en la hierba de la tierra.
DAN 4:16 Su corazón sea mudado de corazón de hombre, y séale dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
DAN 4:17 Este asunto es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la demanda: para que conozcan los vivientes que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
DAN 4:18 Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú pues, Beltsasar, dirás la declaración de él, porque todos los sabios de mi reino nunca pudieron mostrarme su interpretación: mas tú puedes, porque hay en ti espíritu de los dioses santos.
DAN 4:19 Entonces Daniel, cuyo nom­bre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamien­tos lo espantaban: El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante. Respondió Beltsasar, y dijo: señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para los que mal te quieren.
DAN 4:20 El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y que su altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra;
DAN 4:21 Y cuyo follaje [era] hermoso, y su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él; debajo del cual moraban las bes­tias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo,
DAN 4:22 Tú mismo eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorío hasta el cabo de la tierra.
DAN 4:23 Y cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descen­día del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo: mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de latón en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre él siete tiempos:
DAN 4:24 Ésta [es] la interpretación, oh rey, y el decreto del Altísimo, que ha venido sobre el rey mi señor:
DAN 4:25 Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hom­bres, y que a quien él quisiere lo dará.
DAN 4:26 Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, [significa que] tu reino se te quedará firme, luego que entiendas que el señorío es en los cielos.
DAN 4:27 Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.
DAN 4:28 Todo aquesto vino sobre el rey Nabucodonosor.
DAN 4:29 A cabo de doce meses, andán­dose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia,
DAN 4:30 Habló el rey, y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para glo­ria de mi grandeza?
DAN 4:31 Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti dicen, rey Nabucodonosor; el reino es tras­pasado de ti:
DAN 4:32 Y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será tu morada, y como a los bueyes te apacentarán: y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hom­bres, y a quien él quisiere lo da.
DAN 4:33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hom­bres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se bañaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como de águila, y sus uñas como de aves.
DAN 4:34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi entendimiento me fue vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siem­pre; porque su señorío es sempi­terno, y su reino por todas las edades.
DAN 4:35 Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?
DAN 4:36 En el mismo tiempo mi senti­do me fue vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fui restituído a mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
DAN 4:37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede a los que andan con soberbia.
DAN 5:1 EL REY Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino.
DAN 5:2 Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalem; para que bebiesen con ellos el rey y sus príncipes, sus esposas y sus concubinas.
DAN 5:3 Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y bebieron con ellos el rey y sus príncipes, sus esposas y sus concubinas.
DAN 5:4 Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de latón, de hierro, de madera, y de piedra.
DAN 5:5 En aquella misma hora salieron unos dedos de mano de hombre, y escribían delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la palma de la mano que escribía.
DAN 5:6 Entonces el rey se demudó de su color, y sus pensamientos lo turbaron, y desatáronse las ceñi­duras de sus lomos, y sus rodillas se batían la una con la otra.
DAN 5:7 El rey clamó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos, y adivinos. Habló el rey, y dijo a los sabios de Babilonia: Cualquiera que leyere esta escritura, y me mostrare su declaración, será ves­tido de púrpura, y tendrá collar de oro a su cuello; y en el reino se enseñoreará el tercero.
DAN 5:8 Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, y no pudieron leer la escritura, ni mostrar al rey su declaración.
DAN 5:9 Entonces el rey Belsasar fue muy turbado, y se le mudaron sus colores y alteráronse sus príncipes.
DAN 5:10 La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete. Y habló la reina, y dijo: Rey, para siempre vive, no te asombren tus pensa­mientos, ni tus colores se demu­den:
DAN 5:11 En tu reino hay un varón, en el cual [mora] el espíritu de los dioses santos; y en los días de tu padre se halló en él luz y enten­dimiento y sabiduría, como la sabiduría de los dioses: al cual el rey Nabucodonosor, tu padre, el rey constituyó príncipe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos, y adivinos:
DAN 5:12 Por cuanto fue hallado en él mayor espíritu, y conocimiento, y entendimiento, interpretando sueños, y declarando preguntas, y deshaciendo dudas, [es a saber,] en Daniel; al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese pues ahora a Daniel, y él mostrará la declaración.
DAN 5:13 Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y habló el rey, y dijo a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautivi­dad de Judá, que mi padre trajo de Judea?
DAN 5:14 Yo he oído de ti que el espíri­tu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, y enten­dimiento y mayor sabiduría.
DAN 5:15 Y ahora fueron traídos delan­te de mí, sabios, astrólogos, que leyesen esta escritura, y me mos­trasen su interpretación: pero no han podido mostrar la declara­ción del negocio.
DAN 5:16 Yo pues he oído de ti que pue­des declarar las dudas, y desatar dificultades. Si ahora pudieres leer esta escritura, y mostrarme su interpretación, serás vestido de púrpura, y collar de oro ten­drás en tu cuello, y en el reino serás el tercer señor.
DAN 5:17 Entonces Daniel respondió, y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y tus presentes dalos a otro. La escritura yo la leeré al rey, y le mostraré la declaración.
DAN 5:18 El altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino, y la grandeza, y la gloria, y la honra:
DAN 5:19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones, y lenguas, temblaban y temían delante de él. Los que él quería mataba, y daba vida a los que quería: engrandecía a los que quería, y a los que quería humi­llaba.
DAN 5:20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fue depues­to del trono de su reino, y traspa­saron de él la gloria:
DAN 5:21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres; y su cora­zón fue puesto con las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer, como a buey, y su cuerpo fue bañado con el rocío del cielo, hasta que conoció que el altísimo Dios se enseñorea del reino de los hombres, y que pondrá sobre él al que quisiere.
DAN 5:22 Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto:
DAN 5:23 Antes contra el SEÑOR del cielo te has ensoberbecido, e hicis­te traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus príncipes, tus esposas y tus concubinas, bebisteis vino en ellos: demás de esto, a dio­ses de plata y de oro, de latón, de hierro, de madera, y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben, diste alabanza: y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honras­te.
DAN 5:24 Entonces de su presencia fue enviada la palma de la mano que esculpió esta escritura.
DAN 5:25 Y la escritura que esculpió es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.
DAN 5:26 La declaración del negocio es: MENE: Contó Dios tu reino, y halo rematado.
DAN 5:27 TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
DAN 5:28 PERES: Tu reino fue rompi­do, y es dado a medos y persas.
DAN 5:29 Entonces, mandándolo Belsasar, vistieron a Daniel de púrpura, y en su cuello fue puesto un collar de oro, y proclamaron de él que fuese el tercer señor en el reino.
DAN 5:30 La misma noche fue muerto Belsasar, rey de los caldeos.
DAN 5:31 Y Darío de Media tomó el reino, [siendo] de sesenta y dos años.
DAN 6:1 PARECIÓ bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte gobernadores, que estuviesen en todo el reino.
DAN 6:2 Y sobre ellos tres presidentes, de los cuales Daniel [era] primero, a quienes estos gobernadores die­sen cuenta, para que el rey no reci­biese daño.
DAN 6:3 Entonces el mismo Daniel fue preferido sobre los presidentes y príncipes, porque [había] en él un espíritu excelente; y el rey pensaba de ponerlo sobre todo el reino.
DAN 6:4 Entonces los presidentes y gobernadores buscaban ocasio­nes contra Daniel por parte del reino; mas no podían hallar algu­na ocasión o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue en él hallado.
DAN 6:5 Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios.
DAN 6:6 Entonces estos gobernadores y presidentes se juntaron delante del rey, y le dijeron así: Rey Darío, para siempre vive:
DAN 6:7 Todos los presidentes del reino, magistrados, gobernadores, grandes y capitanes, han acorda­do por consejo promulgar un real edicto, y confirmarlo, que cual­quiera que demandare petición de cualquier Dios u hombre en el espacio de treinta días, sino de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones.
DAN 6:8 Ahora, oh rey, confirma el edicto, y firma la escritura, para que no se pueda mudar, confor­me a la ley de Media y de Persia, la cual no se revoca.
DAN 6:9 Firmó pues el rey Darío la escritura y el edicto.
DAN 6:10 Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entró en su casa, y abiertas las venta­nas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.
DAN 6:11 Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando delante de su Dios.
DAN 6:12 Llegáronse luego, y hablaron delante del rey acerca del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que pidiere a cualquier dios u hombre en el espacio de treinta días, excepto a ti, oh rey, fuese echado en el foso de los leones? Respondió el rey y dijo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no se abroga.
DAN 6:13 Entonces respondieron y dije­ron delante del rey: Daniel que es de los hijos de la cautividad de los judíos, no ha hecho cuenta de ti, oh rey, ni del edicto que con­firmaste; antes tres veces al día hace su petición.
DAN 6:14 El rey entonces, oyendo el negocio, pesóle en gran manera, y sobre Daniel puso cuidado para librarlo; y hasta puestas del sol trabajó para librarle.
DAN 6:15 Entonces aquellos hombres se reunieron cerca del rey, y dijeron al rey: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia, que ningún decreto u ordenanza que el rey confirmare pueda mudarse.
DAN 6:16 Entonces el rey mandó, y tra­jeron a Daniel, y echáronle en el foso de los leones. Y hablando el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.
DAN 6:17 Y fue traída una piedra, y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo, y con el anillo de sus príncipes, porque el acuerdo acerca de Daniel no se mudase.
DAN 6:18 Fuese luego el rey a su pala­cio, y acostóse ayuno; ni instru­mentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño.
DAN 6:19 El rey, por tanto, se levantó muy de mañana, y fue apriesa al foso de los leones:
DAN 6:20 Y llegándose cerca del foso llamó a voces a Daniel con voz triste: y hablando el rey dijo a Daniel: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves ¿te ha podido librar de los leones?
DAN 6:21 Entonces habló Daniel con el rey: Oh rey, para siempre vive.
DAN 6:22 El Dios mío envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen mal: porque delante de él se halló en mi justicia: y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho lo que no debiese.
DAN 6:23 Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso: y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque creyó en su Dios.
DAN 6:24 Y mandándolo el rey fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fue­ron echados en el foso de los leo­nes, ellos, sus hijos, y sus esposas; y aun no habían llegado al suelo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos, y quebrantaron todos sus huesos.
DAN 6:25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones, y lenguas, que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:
DAN 6:26 De parte mía es puesta orde­nanza, que en todo el señorío de mi reino todos teman y tiemblen de la presencia del Dios de Daniel: porque él es el Dios viviente y permanente por todos los siglos, y su reino [tal] que no será deshecho, y su señorío hasta el fin.
DAN 6:27 Que salva y libra, y hace seña­les y maravillas en el cielo y en la tierra; el cual libró a Daniel del poder de los leones.
DAN 6:28 Y este Daniel fue prosperado durante el reinado de Darío, y durante el reinado de Ciro, persa.
DAN 7:1 EN el primer año de Belsasar rey de Babilonia, vio Daniel un sueño y visiones de su cabeza en su cama: luego escribió el sueño, y notó la suma de los negocios.
DAN 7:2 Habló Daniel y dijo: Veía yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en la gran mar.
DAN 7:3 Y cuatro bestias grandes, dife­rentes la una de la otra, subían del mar.
DAN 7:4 La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta tanto que sus alas fueron arrancadas, y fue quitada de la tierra; y púsose enhiesta sobre los pies a manera de hom­bre, y fuéle dado corazón de hombre.
DAN 7:5 Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se puso al un lado, y tenía en su boca tres costillas entre sus dien­tes; y fuéle dicho así: Levántate, traga carne mucha.
DAN 7:6 Después de esto yo miraba, y he aquí otra, semejante a un leopardo, y tenía cuatro alas de ave en sus espaldas: tenía también esta bestia cuatro cabezas; y fuéle dado dominio.
DAN 7:7 Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible, y en grande manera fuerte; la cual tenía unos dientes grandes de hierro: devoraba y desmenuzaba, y las sobras holla­ba con sus pies: y era muy dife­rente de todas las bestias que habían sido antes de ella, y tenía diez cuernos.
DAN 7:8 Estando yo contemplando los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño subía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí, en este cuerno había ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba grandezas.
DAN 7:9 Estuve mirando hasta que los tronos fueron echados abajo: y el Anciano de días se sentó, cuya vestidura [era] blanca como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana pura; su trono [como] llama de fuego, [y] sus ruedas [como] fuego ardiente.
DAN 7:10 Un río de fuego procedía y salía de delante de él: millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él: el Juez se sentó, y los libros se abrieron.
DAN 7:11 Yo entonces miraba a causa de la voz de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta tanto que mataron la bestia, y su cuerpo fue deshecho, y entregado para ser quemado en el fuego.
DAN 7:12 Habían también quitado a las otras bestias su señorío, y les había sido dada prolongación de vida hasta cierto tiempo.
DAN 7:13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí como el Hijo de hombre venía con las nubes del cielo, y llegó hasta el Anciano de días, e hiciéronle llegar delante de él.
DAN 7:14 Y le fue dado dominio, y glo­ria, y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio, [es] domi­nio eterno, que nunca pasará, y su reino que no será destruido.
DAN 7:15 Mi espíritu fue turbado, yo Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.
DAN 7:16 Lleguéme a uno de los que asistían, y preguntéle la verdad acerca de todo esto. Y hablóme, y declaróme la interpretación de las cosas.
DAN 7:17 Estas grandes bestias, las cua­les son cuatro, cuatro reyes son, que se levantarán en la tierra.
DAN 7:18 Después tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta siempre, y eterna­mente por siempre jamás.
DAN 7:19 Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bes­tia, que tan diferente era de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hie­rro, y sus uñas de latón, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies:
DAN 7:20 Asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que había subido, de delante del cual habían caído tres: y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grande­zas, y su parecer mayor que el de sus compañeros.
DAN 7:21 Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,
DAN 7:22 Hasta tanto que vino el Anciano de días, y se dio el jui­cio a los santos del Altísimo; y vino el tiempo, y los santos pose­yeron el reino.
DAN 7:23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será más grande que todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, y la hollará y la despe­dazará.
DAN 7:24 Y los diez cuernos [significan que] de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levanta­rá otro, el cual será mayor que los primeros, y a tres reyes derri­bará.
DAN 7:25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en mudar los tiempos y la ley: y entregados serán en su mano hasta tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo.
DAN 7:26 Pero se sentará el juez, y quitaránle su señorío, para que sea destruído y arruinado hasta el extremo;
DAN 7:27 Y que el reino, y el señorío, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pue­blo de los santos del Altísimo; cuyo reino es reino eterno, y todos los señoríos le servirán y obedecerán.
DAN 7:28 Hasta aquí fue el fin de la plá­tica. Yo Daniel, mucho me turba­ron mis pensamientos, y mi ros­tro se me mudó: mas guardé en mi corazón el negocio.
DAN 8:1 EN el año tercero del reinado del rey Belsasar, me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes.
DAN 8:2 Vi en visión, (y aconteció cuan­do vi, que yo estaba en Susán, que es cabecera del reino en la provincia de Persia;) vi pues en visión, estando junto al río Ulai,
DAN 8:3 Y alcé mis ojos, y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, el cual tenía dos cuernos: y aunque eran altos, el uno era más alto que el otro; y el más alto subió a la postre.
DAN 8:4 Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte, y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni [había] quien escapase de su mano: y hacía conforme a su voluntad, y engrandecíase.
DAN 8:5 Y estando yo considerando, he aquí un macho de cabrío venía de la parte del poniente sobre la haz de toda la tierra, el cual no tocaba la tierra: y tenía aquel macho de cabrío un cuerno nota­ble entre sus ojos:
DAN 8:6 Y vino hasta el carnero que tenía los dos cuernos, al cual había yo visto que estaba delante del río, y corrió contra él con la ira de su fortaleza.
DAN 8:7 Y lo vi que llegó junto al carne­ro, y levantóse contra él, e hirió­lo, y quebró sus dos cuernos, porque en el carnero no había fuerzas para parar delante de él: derribólo por tanto en tierra, y hollólo; ni hubo quien librase al carnero de su mano.
DAN 8:8 Y engrandecióse en gran mane­ra el macho de cabrío; y estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar subieron otros cuatro mara­villosos hacia los cuatro vientos del cielo.
DAN 8:9 Y del uno de ellos salió un cuerno pequeño, el cual creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la [tierra] deseable.
DAN 8:10 Y engrandecióse hasta el ejér­cito del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las holló.
DAN 8:11 Aun contra el príncipe de la fortaleza se engrandeció, y por él fue quitado el continuo [sacrifi­cio], y el lugar de su santuario fue echado por tierra.
DAN 8:12 Y el ejército fué[le] entregado a causa de la prevaricación sobre el continuo [sacrificio]: y echó por tierra la verdad, e hizo [cuanto quiso], y sucedióle prósperamen­te.
DAN 8:13 Y oí un santo que hablaba; y otro de los santos dijo a aquél que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo [sacrificio], y la prevaricación aso­ladora que pone el santuario y el ejército para ser hollados?
DAN 8:14 Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días; luego el santuario será purificado.
DAN 8:15 Y acaeció que estando yo Daniel considerando la visión, y buscando su entendimiento, he aquí, como una semejanza de hombre se puso delante de mí.
DAN 8:16 Y oí una voz de hombre entre [las riberas de] Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña la visión a éste.
DAN 8:17 Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y caí sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo del hombre, porque al tiem­po se cumplirá la visión.
DAN 8:18 Y estando él hablando conmi­go, caí dormido en tierra sobre mi rostro: y él me tocó, e hízome estar en pie.
DAN 8:19 Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir en el fin de la ira: porque al tiempo se cumplirá:
DAN 8:20 Aquel carnero que viste, que tenía cuernos, son los reyes de Media y de Persia.
DAN 8:21 Y el macho cabrío es el rey de Javán: y el cuerno grande que tenía entre sus ojos [es] el rey pri­mero.
DAN 8:22 Y que fue quebrado y suce­dieron cuatro en su lugar, [signifi­ca que] cuatro reinos sucederán de la nación, mas no en la forta­leza de él.
DAN 8:23 Y al cabo del imperio de éstos, cuando se cumplirán los prevaricadores, levantaráse un rey altivo de rostro, y entendido en enigmas.
DAN 8:24 Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza suya; y destruirá maravillosamente, y prosperará; y hará [arbitrariamente], y des­truirá fuertes y al pueblo de los santos.
DAN 8:25 Y con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá [asimismo], y con paz destruirá a muchos: y contra el Príncipe de los príncipes se levantará; pero sin mano será quebrantado.
DAN 8:26 Y la visión de la tarde y la mañana que está dicha, es verda­dera: y tú guarda la visión, por­que es para muchos días.
DAN 8:27 Y yo Daniel fui quebrantado, y estuve enfermo algunos días: y cuando convalecí, hice el nego­cio del rey; mas estaba espantado acerca de la visión, y no había quien la entendiese.
DAN 9:1 EN el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, el cual fue puesto por rey sobre el reino de los caldeos;
DAN 9:2 En el año primero de su reina­do, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años, del cual habló el SEÑOR al profeta Jeremías, que había de concluir la asolación de Jerusalem en setenta años.
DAN 9:3 Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceni­za.
DAN 9:4 Y oré al SEÑOR mi Dios, y confesé, y dije: Oh Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericor­dia con los que te aman y guar­dan tus mandamientos;
DAN 9:5 Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus man­damientos y de tus juicios.
DAN 9:6 No hemos obedecido a tus sier­vos los profetas, que en tu nom­bre hablaron a nuestros reyes, y a nuestros príncipes, a nuestros padres, y a todo el pueblo de la tierra.
DAN 9:7 Tuya es, Oh Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy a todo hombre de Judá, y a los moradores de Jerusalem, y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todas las tierras a donde los has echado a causa de su rebelión con que contra ti se rebelaron.
DAN 9:8 Oh Señor, nuestra es la confu­sión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nues­tros padres; porque contra ti pecamos.
DAN 9:9 Del Señor nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado;
DAN 9:10 Y no obedecimos a la voz del SEÑOR nuestro Dios, para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por mano de sus siervos los profetas.
DAN 9:11 Y todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz: por lo cual ha fluído sobre noso­tros la maldición, y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos.
DAN 9:12 Y él ha verificado su palabra que habló sobre nosotros, y sobre nuestros jueces que nos goberna­ron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; que nunca fue hecho debajo del cielo como el que fue hecho en Jerusalem.
DAN 9:13 Según está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros: y no hemos roga­do a la faz del SEÑOR nuestro Dios, para convertirnos de nues­tras maldades, y entender tu ver­dad.
DAN 9:14 Veló por tanto el SEÑOR sobre el mal, y trájolo sobre nosotros; porque justo es el SEÑOR nuestro Dios en todas sus obras que hizo, porque no obedecimos a su voz.
DAN 9:15 Ahora pues, Oh Señor nuestro Dios, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano pode­rosa, y te hiciste nombre cual en este día; hemos pecado, impía­mente hemos hecho.
DAN 9:16 Oh SEÑOR, según todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalem, tu santo monte: por­que a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalem y tu pueblo dados son en oprobio a todos en derredor nuestro.
DAN 9:17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus rue­gos, y haz que tu rostro resplan­dezca sobre tu santuario asolado, por amor del SEÑOR.
DAN 9:18 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nues­tros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nom­bre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acata­miento [confiados] en nuestras justicias, sino en tus muchas miseraciones.
DAN 9:19 Oye, oh Señor; Oh Señor, perdona; presta oído, oh Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, oh Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pue­blo.
DAN 9:20 Aun estaba hablando, y oran­do, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante del SEÑOR mi Dios por el monte santo de mi Dios;
DAN 9:21 Aun estaba hablando en ora­ción, y aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al prin­cipio, volando con presteza, me tocó como a la hora del sacrificio de la tarde.
DAN 9:22 E hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.
DAN 9:23 Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres [varón] de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.
DAN 9:24 Setenta semanas están deter­minadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el peca­do, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos.
DAN 9:25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
DAN 9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá a la ciudad y el santua­rio; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos.
DAN 9:27 Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacri­ficio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abomina­ciones [será] el desolar, y [esto] hasta una entera consumación; y lo determinado será derramado sobre el desolador.
DAN 10:1 EN el tercer año de Ciro rey de Persia, fue revelada palabra a Daniel, cuyo nombre era Beltsasar; y la palabra era verdadera, pero el tiempo fijado era largo: y él comprendió la palabra, y tuvo entendimiento de la visión.
DAN 10:2 En aquellos días yo Daniel me contristé por espacio de tres semanas.
DAN 10:3 No comí pan delicado, ni entró carne ni vino en mi boca, ni me unté con ungüento, hasta que se cumplieron tres semanas de días.
DAN 10:4 Y a los veinte y cuatro días del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel;
DAN 10:5 Y alzando mis ojos miré, y he aquí un varón vestido de lienzos, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz:
DAN 10:6 Y su cuerpo era como [piedra de] Tarsis, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de latón resplandeciente, y la voz de sus palabras como la voz de ejército.
DAN 10:7 Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hom­bres que estaban conmigo; sino que cayó sobre ellos un gran temor, y huyeron, y escondiéron­se.
DAN 10:8 Quedé pues yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó en mí esfuerzo; antes mi fuerza se me trocó en desmayo, sin retener vigor alguno.
DAN 10:9 Pero oí la voz de sus pala­bras: y oyendo la voz de sus palabras, estaba yo adormecido sobre mi rostro, y mi rostro en tierra.
DAN 10:10 Y, he aquí, una mano me tocó, e hizo que me moviese sobre mis rodillas, y sobre las palmas de mis manos.
DAN 10:11 Y díjome: Daniel, varón de deseos, está atento a las palabras que te hablaré, y levántate sobre tus pies; porque a ti he sido enviado ahora. Y estando hablan­do conmigo esto, yo estaba tem­blando.
DAN 10:12 Y díjome: Daniel, no temas: porque desde el primer día que diste tu corazón a entender, y a afligirte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo soy venido.
DAN 10:13 Mas el príncipe del reino de Persia se puso contra mí veintiún días: y he aquí, Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y yo quedé allí con los reyes de Persia.
DAN 10:14 Soy pues venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pue­blo en los postreros días; porque la visión es aún para días.
DAN 10:15 Y estando hablando conmigo semejantes palabras, puse mis ojos en tierra, y enmudecí.
DAN 10:16 Mas he aquí, como una seme­janza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca, y hablé, y dije a aquel que estaba delante de mí: SEÑOR mío, con la visión se revolvieron mis dolo­res sobre mí, y no me quedó fuerza.
DAN 10:17 ¿Cómo pues podrá el siervo de mi señor hablar con este mi señor? porque al instante me faltó la fuer­za, y no me ha quedado aliento.
DAN 10:18 Y aquella como semejanza de hombre me tocó otra vez, y me confortó;
DAN 10:19 Y díjome: Varón de deseos, no temas: paz a ti; ten buen ánimo, y aliéntate. Y hablando él conmigo cobré yo vigor, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.
DAN 10:20 Y dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Porque luego tengo de volver para pelear con el prín­cipe de los persas; y en saliendo yo, luego viene el príncipe de Grecia.
DAN 10:21 Pero yo te declararé lo que está escrito en la Escritura de verdad: y ninguno hay que se esfuerce conmigo en estas cosas, sino Miguel vuestro príncipe.
DAN 11:1 Y EN el año primero de Darío el de Media, yo estuve para animarlo y fortalecerlo.
DAN 11:2 Y ahora yo te mostraré la ver­dad. He aquí que aun habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos; y fortificándose con sus riquezas, despertará a todos contra el reino de Javán.
DAN 11:3 Levantaráse luego un rey valiente, el cual se enseñoreará sobre gran dominio, y hará su voluntad.
DAN 11:4 Pero cuando se haya levantado, será quebrantado su reino, y repartido por los cuatro vientos del cielo; y no a sus descendien­tes, ni según el señorío con que él se enseñoreó: porque su reino será arrancado, y para otros fuera de aquellos.
DAN 11:5 Y haráse fuerte el rey del sur: mas [uno] de los príncipes de aquél le sobrepujará, y se hará poderoso; su señorío será grande señorío.
DAN 11:6 Y al cabo de años se concerta­rán, y la hija del rey del sur vendrá al rey del norte para hacer los conciertos. Pero ella no podrá retener la fuerza del brazo: ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella, y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.
DAN 11:7 Mas del renuevo de sus raíces se levantará uno sobre su silla, y vendrá con ejército, y entrará en la fortaleza del rey del norte, y hará en ellos [a su arbitrio], y pre­dominará.
DAN 11:8 Y aun los dioses de ellos, con sus príncipes, con sus vasos pre­ciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto: y por años se mantendrá él contra el rey del norte.
DAN 11:9 Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra.
DAN 11:10 Mas los hijos de aquél se aira­rán, y reunirán multitud de grandes ejércitos: y vendrá a gran priesa, e inundará, y pasará, y tornará, y llegará con ira hasta su fortaleza.
DAN 11:11 Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá, y peleará con el mismo rey del norte; y pondrá en campo gran multitud, y toda aquella multitud será entregada en su mano.
DAN 11:12 Y la multitud se ensoberbece­rá, elevaráse su corazón, y derri­bará muchos millares; mas no prevalecerá.
DAN 11:13 Y el rey del norte volverá a poner en campo mayor multitud que primero, y a cabo del tiempo de años vendrá a gran priesa con grande ejército y con muchas riquezas.
DAN 11:14 Y en aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; e hijos de disipa­dores de tu pueblo se levantarán para confirmar la profecía, y cae­rán.
DAN 11:15 Vendrá pues el rey del norte, y fundará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y los brazos del sur no podrán permanecer, ni su pueblo escogido, ni habrá fortaleza que pueda resistir.
DAN 11:16 Y el que vendrá contra él, hará según su voluntad, ni habrá quien se le pueda parar delante; y estará en la tierra deseable, la cual será consumida en su poder.
DAN 11:17 Pondrá luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél cosas rec­tas, y darále una hija de mujeres para trastornarla: mas no estará ni será por él.
DAN 11:18 Volverá después su rostro a las islas, y tomará muchas; mas un príncipe le hará parar su afrenta, y aun tornará sobre él su oprobio.
DAN 11:19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra: mas trope­zará y caerá, y no parecerá más.
DAN 11:20 Entonces se levantará uno que hará pasar exactor por la gloria del reino; mas en pocos días será quebrantado, no en enojo, ni en batalla.
DAN 11:21 Y le sucederá en su lugar un vil, al cual no darán la honra del reino: pero vendrá con paz, y tomará el reino con halagos.
DAN 11:22 Y con los brazos de inunda­ción serán inundados delante de él, y serán quebrantados; y aun también el príncipe del pacto.
DAN 11:23 Y después de los conciertos con él, él hará engaño, y subirá, y saldrá vencedor con poca gente.
DAN 11:24 Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; presa, y despojos, y riquezas repartirá a sus soldados; y contra las fortale­zas formará sus designios: y [esto] por tiempo.
DAN 11:25 Y despertará sus fuerzas y su corazón contra el rey del sur con grande ejército: y el rey del sur se moverá a la gue­rra con grande y muy fuerte ejér­cito; mas no prevalecerá, porque le harán traición.
DAN 11:26 Aun los que comerán su pan, le quebrantarán; y su ejército será destruído, y caerán muchos muertos.
DAN 11:27 Y el corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa tratarán menti­ra: mas no servirá de nada, por­que el plazo aún no es llegado.
DAN 11:28 Y volveráse a su tierra con grande riqueza, y su corazón [será] contra el pacto santo: hará pues, y volveráse a su tierra.
DAN 11:29 Al tiempo señalado tornará al sur; mas no será la postre­ra [venida] como la primera.
DAN 11:30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contris­tará, y se volverá, y enojaráse contra el pacto santo, y hará: vol­veráse pues, y pensará en los que habrán desamparado el santo pacto.
DAN 11:31 Y serán puestos brazos de su parte; y contaminarán el santua­rio de fortaleza, y quitarán el continuo [sacrificio], y pondrán la abominación espantosa.
DAN 11:32 Y con lisonjas hará pecar a los violadores del pacto: mas el pue­blo que conoce a su Dios, se esforzará y hará [proezas].
DAN 11:33 Y los sabios del pueblo darán sabiduría a muchos: y caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo, por días.
DAN 11:34 Y en su caer serán ayudados de pequeño socorro: y muchos se juntarán a ellos con lisonjas.
DAN 11:35 Y [algunos] de los entendidos cae­rán para ser purificados, y limpia­dos, y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto [hay] plazo.
DAN 11:36 Y el rey hará según su voluntad; y se ensoberbecerá, y se engrande­cerá sobre todo dios: y contra el Dios de los dioses hablará mara­villas, y será prosperado, hasta que sea consumada la ira: porque hecha está determinación.
DAN 11:37 Y del Dios de sus padres no se cuidará, ni del amor de las muje­res: ni se cuidará de dios alguno, porque sobre todo se engrande­cerá.
DAN 11:38 Mas honrará en su lugar al dios de las fuerzas, dios que sus padres no conocieron: honrarálo con oro, y plata, y piedras pre­ciosas, y con cosas de gran pre­cio.
DAN 11:39 Y con el dios ajeno que cono­cerá, hará a los baluartes de las fuerzas crecer en gloria: y hará­los enseñorear sobre muchos, y por interés repartirá la tierra.
DAN 11:40 Y al cabo del tiempo el rey del sur se acorneará con él; y el rey del norte levanta­rá contra él como tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchos navíos; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará.
DAN 11:41 Y vendrá a la tierra deseable, y muchas [provincias] caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom, y Moab, y lo primero de los hijos de Amón.
DAN 11:42 Asimismo extenderá su mano a las [otras] tierras, y no escapará el país de Egipto.
DAN 11:43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto, de Libia, y Etiopía por donde pasa­rá.
DAN 11:44 Mas nuevas de oriente y del norte lo espantarán; y saldrá con grande ira para destruir y matar muchos.
DAN 11:45 Y plantará los tabernáculos de su palacio entre los mares, en el monte deseable del santuario; y vendrá hasta su fin, y no tendrá quien le ayude.
DAN 12:1 Y EN aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue después que hubo gente hasta entonces: mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos en el libro.
DAN 12:2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán des­pertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.
DAN 12:3 Y los que fueren sabios resplandece­rán como el resplandor del fir­mamento; y los que volvieren muchos a la justicia, como las estrellas a perpetua eternidad.
DAN 12:4 Pero tú Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin: pasarán muchos, y multiplicaráse el conocimien­to.
DAN 12:5 Y yo, Daniel, miré, y he aquí otros dos que estaban, el uno de esta parte a la orilla del río, y el otro de la otra parte a la orilla del río.
DAN 12:6 Y dijo uno al varón vestido de lienzos, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?
DAN 12:7 Y oía al varón vestido de lien­zos, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el Viviente en los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad. Y cuando se acabare el esparci­miento del escuadrón del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.
DAN 12:8 Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Oh Señor mío, ¿qué será el cum­plimiento de estas cosas?
DAN 12:9 Y dijo: Anda, Daniel, que estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del cumplimien­to.
DAN 12:10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados; mas los impíos obrarán impía­mente, y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los sabios.
DAN 12:11 Y desde el tiempo [que] fuere quitado el continuo [sacrificio,] y puesta la abominación desoladora, [habrá] mil doscientos y noventa días.
DAN 12:12 Bienaventurado el que espe­rare, y llegare hasta mil trescien­tos treinta y cinco días.
DAN 12:13 Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días.
HOS 1:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Oseas hijo de Beeri, en días de Ozías, Jahatán, Acaz, y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joas, rey de Israel.
HOS 1:2 El principio de la palabra del SEÑOR con Oseas. Y dijo el SEÑOR a Oseas: Ve, tómate una esposa fornicaria, e hijos de forni­caciones: porque la tierra se dará a fornicar apartándose del SEÑOR.
HOS 1:3 Fue pues, y tomó a Gomer hija de Diblaim, la cual concibió y le parió un hijo.
HOS 1:4 Y díjole el SEÑOR: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí a poco yo visitaré las sangres de Jezreel sobre la casa de Jehú, y haré cesar el reino de la casa de Israel.
HOS 1:5 Y acaecerá que en aquel día quebraré yo el arco de Israel en el valle de Jezreel.
HOS 1:6 Y concibió aún, y parió una hija. Y díjole [Dios:] Ponle por nombre Lo-ruhama: porque no más tendré misericordia de la casa de Israel, sino que los quita­ré del todo.
HOS 1:7 Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y salvarélos por el SEÑOR su Dios: y no los salva­ré por arco, ni por espada, ni por batalla, ni por caballos ni por caballeros.
HOS 1:8 Y después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y parió un hijo.
HOS 1:9 Y dijo [Dios]: Ponle por nombre Lo-ammi: porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro [Dios].
HOS 1:10 Con todo será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que ni se puede medir ni contar. Y será, que donde se les ha dicho: Vosotros no sois mi pueblo, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.
HOS 1:11 Y los hijos de Judá y de Israel serán congregados en uno, y levantarán para sí una cabeza, y subirán de la tierra: porque el día de Jezreel será grande.
HOS 2:1 DECID a vuestros hermanos, Ammi, y a vuestras hermanas, Ruhama:
HOS 2:2 Pleitead con vuestra madre, pleitead; porque ella no es mi esposa, ni yo su marido; quite pues sus fornicaciones de su ros­tro, y sus adulterios de entre sus pechos;
HOS 2:3 No sea que yo la despoje des­nuda, y la haga tornar como el día en que nació, y la ponga como un desierto, y la deje como tierra seca, y la mate de sed.
HOS 2:4 Ni tendré misericordia de sus hijos: porque son hijos de forni­caciones.
HOS 2:5 Porque su madre fornicó; la que los engendró fue avergonza­da; porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida.
HOS 2:6 Por tanto, he aquí yo cerco tu camino con espinas, y la cercaré con seto, y no hallará sus cami­nos.
HOS 2:7 Y seguirá sus amantes, y no los alcanzará; buscarálos, y no los hallará. Entonces dirá: Iré, y vol­véreme a mi primer marido; por­que mejor me iba entonces que ahora.
HOS 2:8 Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, y el vino, y el acei­te, y que les multipliqué la plata y el oro con que hicieron a Baal.
HOS 2:9 Por tanto yo tornaré, y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón, y quitaré mi lana y mi lino [que había dado] para cubrir su desnudez.
HOS 2:10 Y ahora descubriré yo su locu­ra delante de los ojos de sus aman­tes, y nadie la librará de mi mano.
HOS 2:11 Y haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus sábados, y todas sus festividades.
HOS 2:12 Y haré talar sus vides y sus higueras, de que ha dicho: Mi salario me son, que me han dado mis amantes. Y reducirélas a un matorral, y las comerán las bes­tias del campo.
HOS 2:13 Y visitaré sobre ella los tiem­pos de los Baales, a los cuales incensaba, y adornábase de sus zarcillos y de sus joyeles, e íbase tras sus amantes olvidada de mí, dice el SEÑOR.
HOS 2:14 Por tanto, he aquí, yo la induci­ré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.
HOS 2:15 Y daréle sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto.
HOS 2:16 Y será que en aquel tiempo, dice el SEÑOR, me llamarás Marido mío, y nunca más me lla­marás Baali.
HOS 2:17 Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mentados por sus nombres.
HOS 2:18 Y haré por ellos concierto en aquel tiempo con las bestias del campo, y con las aves del cielo, y con las serpientes de la tierra: y quebraré arco, y espada, y batalla de la tierra, y harélos dormir seguros.
HOS 2:19 Y te desposaré conmigo para siempre; desposarte he conmigo en justicia, y juicio, y misericor­dia, y miseraciones.
HOS 2:20 Y te desposaré conmigo en fe, y conocerás al SEÑOR.
HOS 2:21 Y será que en aquel tiempo responderé, dice el SEÑOR, yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;
HOS 2:22 Y la tierra responderá al trigo, y al vino, y al aceite, y ellos res­ponderán a Jezreel.
HOS 2:23 Y la sembraré para mí en la tierra; y tendré misericordia de la que no obtuvo misericordia; y diré al [que] no [era] mi pueblo: Tú [eres] mi pueblo, y él dirá: [Tú eres] mi Dios.
HOS 3:1 Y DÍJOME otra vez el SEÑOR: Ve, ama una mujer amada de [su] compañero, aunque adúltera, como el amor del SEÑOR para con los hijos de Israel; los cuales miran a dioses ajenos, y aman frascos de vino.
HOS 3:2 Compréla entonces para mí por quince [dineros] de plata, y un homer y medio de cebada;
HOS 3:3 Y díjele: Tú estarás por mía muchos días: no fornicarás, ni tomarás [otro] varón; así yo también estaré por ti.
HOS 3:4 Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, y sin príncipe, y sin sacrificio, y sin esta­tua, y sin efod, y sin terafim.
HOS 3:5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán al SEÑOR su Dios, y a David su rey; y temerán al SEÑOR y a su bondad en el fin de los días.
HOS 4:1 OÍD palabra del SEÑOR, hijos de Israel, porque el SEÑOR pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra.
HOS 4:2 Perjurar, y mentir, y matar, y hurtar y adulterar prevalecieron, y sangres se tocaron con sangres.
HOS 4:3 Por lo cual, se enlutará la tierra, y extenuaráse todo morador de ella, con las bestias del campo, y las aves del cielo: y aun los peces del mar fallecerán.
HOS 4:4 Ciertamente hombre no con­tienda ni reprenda a hombre, por­que tu pueblo es como los que resisten al sacerdote.
HOS 4:5 Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre talaré.
HOS 4:6 Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento: porque tú has desechado el conocimiento, yo también te desecharé a ti, para que no seas mi sacerdote: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.
HOS 4:7 Conforme a su grandeza así pecaron contra mí: trocaré su honra en afrenta.
HOS 4:8 Comen del pecado de mi pue­blo, y en su maldad levantan su alma.
HOS 4:9 Tal será el pueblo como el sacerdote: y visitaré sobre él sus caminos, y pagaréle conforme a sus obras.
HOS 4:10 Y comerán, mas no se hartarán; fornicarán, mas no se aumen­tarán: porque dejaron de atender al SEÑOR.
HOS 4:11 Fornicación, y vino, y mosto quitan el corazón.
HOS 4:12 Mi pueblo a su madero pre­gunta, y su palo le responde: por­que espíritu de fornicaciones lo engañó, y fornicaron dejando a su Dios.
HOS 4:13 Sobre las cabezas de los mon­tes sacrificaron, e incensaron sobre los collados, debajo de encinas, y álamos, y olmos que tuviesen buena sombra: por tanto, vuestras hijas fornicarán, y adulterarán vuestras nueras.
HOS 4:14 No visitaré sobre vuestras hijas cuando fornicaren, ni sobre vuestras nueras cuando adultera­ren: porque ellos ofrecen con las rameras, y con las malas mujeres sacrifican: por tanto, el pueblo sin entendimiento caerá.
HOS 4:15 Si fornicares tú, Israel, a lo menos no peque Judá: y no entréis en Gilgal, ni subáis a Bet-aven; ni juréis, Vive el SEÑOR.
HOS 4:16 Porque como becerra cerrera se apartó Israel: ¿apacentarálos ahora el SEÑOR como a carne­ros en anchura?
HOS 4:17 Efraím es dado a ídolos; déjalo.
HOS 4:18 Su bebida se corrompió; for­nicaron pertinazmente: sus prín­cipes amaron las dádivas, afrenta [de ellos].
HOS 4:19 Atóla el viento en sus alas, y de sus sacrificios serán avergon­zados.
HOS 5:1 SACERDOTES, oíd esto, y estad atentos, casa de Israel; y casa del rey, escuchad: porque a vosotros es el juicio, pues habéis sido lazo en Mizpa, y red extendida sobre Tabor.
HOS 5:2 Y haciendo víctimas han bajado hasta el profundo: por tanto yo seré la corrección de todos ellos.
HOS 5:3 Yo conozco a Efraím, e Israel no me es escondido; porque ahora, oh Efraím, has fornicado, y se ha contaminado Israel.
HOS 5:4 No pondrán sus pensamientos en volverse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen al SEÑOR.
HOS 5:5 Y la soberbia de Israel le des­mentirá en su cara: e Israel y Efraím tropezarán en su peca­do: tropezará también Judá con ellos.
HOS 5:6 Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando al SEÑOR, y no le hallarán; apartóse de ellos.
HOS 5:7 Contra el SEÑOR prevarica­ron, porque hijos extraños han engendrado: ahora los devorará un mes con sus heredades.
HOS 5:8 Tocad bocina en Gabaa, trom­peta en Ramá: sonad tambor en Bet-aven: tras ti, oh Benjamín.
HOS 5:9 Efraím será asolado el día del castigo: en las tribus de Israel hice conocer verdad.
HOS 5:10 Los príncipes de Judá fueron como los que traspasan mojones: derramaré sobre ellos como agua mi ira.
HOS 5:11 Efraím es vejado, quebran­tado en juicio, porque quiso andar en pos de mandamientos [injustos].
HOS 5:12 Yo pues seré como polilla a Efraím, y como carcoma a la casa de Judá.
HOS 5:13 Y verá Efraím su enferme­dad, y Judá su llaga: irá entonces Efraím al Asur, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga.
HOS 5:14 Porque yo seré como león a Efraím, y como cachorro de león a la casa de Judá: yo, yo arrebataré, y andaré; tomaré, y no habrá quien liberte.
HOS 5:15 Andaré, y tornaré a mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angus­tia madrugarán a mí.
HOS 6:1 VENID y volvámonos al SEÑOR: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.
HOS 6:2 Nos dará vida después de dos días: al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.
HOS 6:3 Y conoceremos, y proseguire­mos en conocer al SEÑOR: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.
HOS 6:4 ¿Qué haré a ti, Efraím? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como la nube de la mañana, y como el rocío que de madrugada viene.
HOS 6:5 Por esta causa corté con los profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán [como] luz que sale.
HOS 6:6 Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos.
HOS 6:7 Mas ellos, como Adam, traspa­saron el pacto: allí prevaricaron contra mí.
HOS 6:8 Galaad, ciudad de obradores de iniquidad, ensuciada de sangre.
HOS 6:9 Y como ladrones que esperan a un hombre, así la compañía de sacer­dotes mata en el camino por consenso; porque ponen en efecto la abominación.
HOS 6:10 En la casa de Israel he visto suciedad: allí fornicó Efraím, se contaminó Israel:
HOS 6:11 También Judá puso en ti [una] planta, habiendo yo vuelto la cautividad de mi pueblo.
HOS 7:1 ESTANDO yo curando a Israel, descubrióse la iniquidad de Efraím, y las maldades de Samaria; porque obraron engaño: y viene el ladrón, y el salteador despoja de fuera.
HOS 7:2 Y no dicen en su corazón que tengo en la memoria toda su mal­dad: ahora los rodearán sus obras; delante de mí están.
HOS 7:3 Con su maldad alegran al rey, y a los príncipes con sus mentiras.
HOS 7:4 Todos ellos adúlteros; son como horno encendido por el hornero, [el cual] cesará de avivar después que esté hecha la masa, hasta que esté leuda.
HOS 7:5 El día de nuestro rey los prínci­pes lo hicieron enfermar con vasos de vino: extendió su mano con los escarnecedores.
HOS 7:6 Porque aplicaron su corazón, semejante a un horno, a sus arti­ficios: toda la noche duerme su hornero; a la mañana está encen­dido como llama de fuego.
HOS 7:7 Todos ellos arden como un horno, y devoraron a sus jueces: cayeron todos sus reyes: no hay entre ellos quien a mí clame.
HOS 7:8 Efraím se envolvió con los pueblos; Efraím fue torta no vuelta.
HOS 7:9 Comieron extraños su sustan­cia, y él no lo supo; y aun vejez se ha esparcido por él, y él no lo entendió.
HOS 7:10 Y la soberbia de Israel testifi­cará contra él en su cara: y no se tornaron al SEÑOR su Dios, ni lo buscaron con todo esto.
HOS 7:11 Y fue Efraím como paloma incauta, sin entendimiento: lla­marán a Egipto, acudirán al asirio.
HOS 7:12 Cuando fueren, extenderé sobre ellos mi red, hacerlos he caer como aves del cielo; casti­garélos conforme a lo que se ha oído en sus congregaciones.
HOS 7:13 ¡Ay de ellos! porque se apar­taron de mí: destrucción sobre ellos, porque contra mí se rebela­ron; yo los redimí, y ellos habla­ron contra mí mentiras.
HOS 7:14 Y no clamaron a mí con su corazón cuando aullaron sobre sus camas, para el trigo y el mosto se congregaron, rebelá­ronse contra mí.
HOS 7:15 Y yo [los] ceñí, esforcé sus bra­zos, y contra mí pensaron mal.
HOS 7:16 Tornáronse, mas no al Altísimo: fueron como arco engañoso: cayeron sus príncipes a espada por la soberbia de su lengua: éste será su escarnio en la tierra de Egipto.
HOS 8:1 PON a tu boca trompeta. [Vendrá] como águila contra la casa del SEÑOR, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley.
HOS 8:2 A mí clamará Israel: Dios mío, te hemos conocido.
HOS 8:3 Israel desamparó el bien: ene­migo lo perseguirá.
HOS 8:4 Ellos hicieron reyes, mas no por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe: de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser talados.
HOS 8:5 Tu becerro, oh Samaria, te hizo alejar; encendióse mi enojo con­tra ellos, hasta que no pudieron alcanzar inocencia.
HOS 8:6 Porque de Israel es, y artífice lo hizo; que no es Dios: por lo que en pedazos será deshecho el becerro de Samaria.
HOS 8:7 Porque sembraron viento, y torbellino segarán: no tendrán mies, ni el fruto hará harina; si la hiciere, extraños la tragarán.
HOS 8:8 Será tragado Israel: presto serán entre los gentiles como vaso en que no hay contentamiento.
HOS 8:9 Porque ellos subieron a Asiria, asno montés para sí solo: Efraím con salario alquiló amantes.
HOS 8:10 Aunque alquilen a las naciones, ahora las juntaré; y serán un poco afligidos por la carga del rey y de los príncipes.
HOS 8:11 Porque multiplicó Efraím altares para pecar, tuvo altares para pecar.
HOS 8:12 Escribíle las grandezas de mi ley, [y] fueron tenidas por cosas ajenas.
HOS 8:13 En los sacrificios de mis dones sacrificaron carne, y comieron: no los quiso el SEÑOR: ahora se acordará de su iniquidad, y visita­rá su pecado; ellos se tornarán a Egipto.
HOS 8:14 Olvidó pues Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fuertes: mas yo meteré fuego en sus ciu­dades, el cual devorará sus pala­cios.
HOS 9:1 NO te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado [apartándote] de tu Dios: amaste salario por todas las eras de trigo.
HOS 9:2 La era y el lagar no los man­tendrán; les fallará el mosto.
HOS 9:3 No quedarán en la tierra del SEÑOR, sino que volverá Efraím a Egipto, y a Asiria, donde comerán vianda inmunda.
HOS 9:4 No derramarán vino al SEÑOR, ni él tomará contento en sus sacri­ficios; como pan de enlutados les serán a ellos: todos los que comieren de él, serán inmundos. Será pues el pan de ellos para sí mis­mos; no entrará en la casa del SEÑOR.
HOS 9:5 ¿Qué haréis el día de la solem­nidad, y el día de la fiesta del SEÑOR?
HOS 9:6 Porque, he aquí se fueron ellos a causa de la destrucción: Egipto los recogerá, Memfis los ente­rrará: espino poseerá por heredad lo deseable de su plata, ortiga crecerá en sus tabernáculos.
HOS 9:7 Vinieron los días de la visita­ción, vinieron los días de la paga; conocerálo Israel: necio el profe­ta, insensato el varón de espíritu, a causa de la multitud de tu mal­dad, y grande odio.
HOS 9:8 Atalaya [es] Efraím para con mi Dios: el profeta [es] lazo de cazador en todos sus caminos, odio en la casa de su Dios.
HOS 9:9 Llegaron al profundo, corrom­piéronse, como en los días de Gabaa: ahora se acordará de su iniquidad; visitará su pecado.
HOS 9:10 Como uvas en el desierto hallé a Israel: como la fruta tem­prana de la higuera en su princi­pio vi a vuestros padres. Ellos entraron a Baal-peor, y se aparta­ron para vergüenza, e hiciéronse abominables como aquello que amaron.
HOS 9:11 Efraím, cual ave volará su gloria desde el nacimiento, aun desde el vientre y desde la con­cepción.
HOS 9:12 Y si llegaren a grandes sus hijos, quitarélos de entre los hombres, porque ¡ay de ellos también, cuando de ellos me apartare!
HOS 9:13 Efraím, según veo, es seme­jante a Tiro, asentada en lugar deli­cioso: mas Efraím sacará sus hijos al matador.
HOS 9:14 Dales, oh SEÑOR, lo que les has de dar: dales matriz expelien­te, y enjutos pechos.
HOS 9:15 Toda la maldad de ellos [fue] en Gilgal; allí, pues, les tomé aver­sión: por la malicia de sus obras echarélos de mi casa; no los amaré más; todos sus príncipes son rebeldes.
HOS 9:16 Efraím fue herido, secóse su cepa, no hará más fruto: aunque engendren, yo mataré lo desea­ble de su vientre.
HOS 9:17 Mi Dios los desechará, por­que ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones.
HOS 10:1 ISRAEL [es] una viña vacía, haciendo fruto para sí: conforme a la multiplicación de su fruto multiplicó altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus imágenes.
HOS 10:2 Dividióse su corazón. Ahora serán hallados culpables: él que­brantará sus altares, asolará sus estatuas.
HOS 10:3 Porque dirán ahora: No tene­mos rey, porque no temimos al SEÑOR: ¿y qué haría el rey por nosotros?
HOS 10:4 Han hablado palabras jurando en vano al hacer pacto: por tanto, el juicio florecerá como ajenjo en los surcos del campo.
HOS 10:5 Por las becerras de Bet-aven serán atemorizados los morado­res de Samaria: porque su pueblo lamentará a causa del [becerro], y sus sacerdotes que en él se rego­cijaban por su gloria, la cual será disipada.
HOS 10:6 Y aun será él llevado a Asiria en presente al rey Jareb: Efraím será avergonzado, e Israel será confuso de su consejo.
HOS 10:7 De Samaria fue cortado su rey como la espuma sobre la superfi­cie de las aguas.
HOS 10:8 Y los altares de Avén serán des­truídos, el pecado de Israel; cre­cerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los montes: Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros.
HOS 10:9 Desde los días de Gabaa has pecado, oh Israel: allí estuvieron: no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos.
HOS 10:10 Y los castigaré como deseo: y pueblos se juntarán sobre ellos cuando serán atados en sus dos surcos.
HOS 10:11 Efraím es becerra domada, amadora del trillar; mas yo pasa­ré sobre su lozana cerviz: yo haré llevar [yugo] a Efraím; arará Judá, quebrará sus terrones Jacob.
HOS 10:12 Sembrad para vosotros en jus­ticia, segad para vosotros en misericordia; arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar al SEÑOR, hasta que venga y os enseñe justicia.
HOS 10:13 Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad: comeréis fruto de mentira: porque confias­te en tu camino, en la multitud de tus fuertes.
HOS 10:14 Por tanto, en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruídas, como destruyó Salmán a Bet-arbel el día de la batalla: la madre fue arrojada sobre los hijos.
HOS 10:15 Así hará a vosotros Betel por la maldad de vuestra maldad: en la mañana será del todo corta­do el rey de Israel.
HOS 11:1 CUANDO Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.
HOS 11:2 Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; a los Baales sacrificaban, y a las esculturas ofrecían sahumerios.
HOS 11:3 Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Efraím, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba.
HOS 11:4 Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida.
HOS 11:5 No tornará a tierra de Egipto, antes el mismo Asur será su rey, porque no se quisieron convertir.
HOS 11:6 Y caerá espada sobre sus ciu­dades, y consumirá sus aldeas; consumirálas a causa de sus con­sejos.
HOS 11:7 Entre tanto, está mi pueblo adherido a la rebelión contra mí: aunque lo llaman al Altísimo, ninguno absolutamente quiere ensalzar[le.]
HOS 11:8 ¿Cómo tengo de dejarte, oh Efraím? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como a Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones.
HOS 11:9 No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir a Efraím: porque Dios soy, y no hombre; el Santo en medio de ti: y no entraré en la ciudad.
HOS 11:10 En pos del SEÑOR camina­rán: él rugirá como león: cual león rugirá él de cierto, y los hijos se moverán azorados del occidente.
HOS 11:11 Como ave se moverán veloz­mente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y pondré­los en sus casas, dice el SEÑOR.
HOS 11:12 Cercóme Efraím con menti­ra, y la casa de Israel con engaño: mas Judá aún domina con Dios, y es fiel con los santos.
HOS 12:1 EFRAÍM se apacienta del viento, y sigue al solano: mentira y destrucción aumenta continuamente; porque hicieron pacto con los asirios, y aceite se lleva a Egipto.
HOS 12:2 Pleito tiene el SEÑOR con Judá para visitar a Jacob conforme a sus caminos: pagarále conforme a sus obras.
HOS 12:3 En el vientre tomó por el calcañar a su hermano, y con su fortaleza tuvo poder con Dios.
HOS 12:4 Sí, tuvo poder sobre el ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó: [en] Betel le halló, y allí habló con nosotros.
HOS 12:5 Aún el SEÑOR Dios de los ejércitos: el SEÑOR es su memorial.
HOS 12:6 Tú pues, conviértete a tu Dios: guarda misericordia y juicio, y en tu Dios espera siempre.
HOS 12:7 [Es] mercader [que] tiene en su mano peso falso, amador de opresión.
HOS 12:8 Y dijo Efraím: Ciertamente yo he enriquecido, hallado he sustancia para mí: nadie hallará en mí iniquidad, ni pecado en todos mis trabajos.
HOS 12:9 Y yo soy el SEÑOR tu Dios desde la tierra de Egipto: aun te haré morar en tabernáculos, como en los días de la fiesta solemne.
HOS 12:10 También he hablado por los profetas, y he multiplicado visiones, y usado semejanzas, por el ministerio de los profetas.
HOS 12:11 ¿Es Galaad iniquidad? Ciertamente vanidad han sido: en Gilgal sacrificaron bueyes: y aún son sus altares como montones en los surcos del campo.
HOS 12:12 Mas Jacob huyó a tierra de Aram, y sirvió Israel por esposa, y por esposa fue pastor.
HOS 12:13 Y por profeta hizo subir el SEÑOR a Israel de Egipto, y por profeta fue guardado.
HOS 12:14 Enojado ha Efraím [a Dios] con amarguras; por tanto, sus sangres se derramarán sobre él, y su Señor le pagará su oprobio.
HOS 13:1 CUANDO Efraím hablaba, hubo temor; fue ensalzado en Israel; mas pecó en Baal, y murió.
HOS 13:2 Y ahora añadieron a su pecado, y de su plata se han hecho según su entendimiento, estatuas de fundición, ídolos, toda obra de artífices; acerca de los cuales dicen a los hombres que sacrifi­can, que besen los becerros.
HOS 13:3 Por tanto serán como la niebla de la mañana, y como el rocío de la madrugada que se pasa; como el tamo que la tempestad arroja de la era, y como el humo que de la chimenea sale.
HOS 13:4 Mas yo soy el SEÑOR tu Dios desde la tierra de Egipto: no conocerás pues dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí.
HOS 13:5 Yo te conocí en el desierto, en tierra seca.
HOS 13:6 En sus pastos se hartaron, har­táronse, y ensoberbecióse su corazón: por esta causa se olvi­daron de mí.
HOS 13:7 Por tanto, yo seré para ellos como león; como un leopardo en el camino los espiaré.
HOS 13:8 Como oso que ha perdido los hijos los encontraré, y romperé las telas de su corazón, y allí los devoraré como león: bestia del campo los despedazará.
HOS 13:9 Te perdiste, oh Israel, mas en mí [está] tu ayuda.
HOS 13:10 ¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades? ¿y tus jueces, de los cuales dijis­te: Dame rey y príncipes?
HOS 13:11 Díte rey en mi furor, y quitélo en mi ira.
HOS 13:12 Atada está la maldad de Efraím; su pecado está guarda­do.
HOS 13:13 Dolores de mujer de parto le vendrán: es un hijo ignorante, que [de otra manera] no estuviera tanto tiempo en el rompimiento de los hijos.
HOS 13:14 Yo los rescataré de la mano del sepulcro; de la muerte los redimiré: Oh muerte, yo seré tus plagas; Oh sepulcro, yo seré tu destrucción: Arrepentimiento será escondido de mis ojos.
HOS 13:15 Aunque él fructificará entre los hermanos, vendrá el solano, viento del SEÑOR, subiendo de la parte del desierto, y secarse ha su vena, y secaráse su manadero: él saqueará el tesoro de todas las preciosas alhajas.
HOS 13:16 Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios: caerán a espada: sus niños serán estrella­dos, y sus preñadas serán abiertas.
HOS 14:1 CONVIÉRTETE, oh Israel, al SEÑOR tu Dios: porque por tu pecado has caído.
HOS 14:2 Tomad con vosotros palabras, y convertíos al SEÑOR, y decidle: Quita toda iniquidad, y recíbenos con gracia, y daremos becerros de nuestros labios.
HOS 14:3 No nos librará Asur; no subi­remos sobre caballos, ni nunca más diremos a la obra de nues­tras manos: Dioses nuestros: por­que en ti el huérfano alcanzará misericordia.
HOS 14:4 Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos.
HOS 14:5 Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.
HOS 14:6 Extenderse han sus ramos, y será su gloria como la de la oliva, y olerá como el Líbano.
HOS 14:7 Volverán, y se sentarán bajo de su sombra: serán vivificados [como] trigo, y florecerán como la vid: su olor, como de vino del Líbano.
HOS 14:8 Efraím [dirá:] ¿Qué más ten­dré ya con los ídolos? Yo lo oiré, y miraré; yo [seré a él] como la haya verde: de mí será hallado tu fruto.
HOS 14:9 ¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos del SEÑOR son derechos, y los justos andarán por ellos: mas los rebeldes en ellos caerán.
JOE 1:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Joel hijo de Petuel.
JOE 1:2 Oíd esto, viejos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres?
JOE 1:3 De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación.
JOE 1:4 Lo que quedó de la oruga comió la langosta, y lo que quedó de la langosta comió el pulgón; y el revoltón comió lo que del pulgón había quedado.
JOE 1:5 Despertad, borrachos, y llorad; aullad todos los que bebéis vino, a causa del mosto, porque os es quitado de vuestra boca.
JOE 1:6 Porque una nación subió a mi tierra, fuerte y sin número; sus dientes, dientes de león, y sus muelas, de león.
JOE 1:7 Asoló mi vid, y descortezó mi higuera: del todo la desnudó y derribó: sus ramas quedaron blancas.
JOE 1:8 Llora tú como moza vestida de cilicio por el marido de su juven­tud.
JOE 1:9 Pereció el presente y la libación de la casa del SEÑOR: los sacerdotes ministros del SEÑOR hicieron luto.
JOE 1:10 El campo fue destruído, enlu­tóse la tierra; porque el trigo fue destruído, se secó el mosto, per­dióse el aceite.
JOE 1:11 Confundíos, labradores, aullad, viñeros, por el trigo y la cebada; porque se perdió la mies del campo.
JOE 1:12 Secóse la vid, y pereció la higuera, el granado también, la palma, y el manzano; secáronse todos los árboles del campo; por lo cual se secó el gozo de los hijos de los hombres.
JOE 1:13 Ceñíos y lamentad, sacerdo­tes; aullad, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, minis­tros de mi Dios: porque quitado es de la casa de vuestro Dios el presente y la libación.
JOE 1:14 Pregonad ayuno, llamad una asamblea solemne; congregad los ancianos y todos los moradores de la tierra en la casa del SEÑOR vuestro Dios, y clamad al SEÑOR.
JOE 1:15 ¡Ay del día! porque cercano está el día del SEÑOR, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso.
JOE 1:16 ¿No es quitado el manteni­miento de delante de nuestros ojos, la alegría y el placer de la casa de nuestro Dios?
JOE 1:17 El grano se pudrió debajo de sus terrones, los bastimentos fue­ron asolados, los alfolíes destruí­dos; porque se secó el trigo.
JOE 1:18 ¡Cuánto gimieron las bestias! ¡cuán turbados anduvieron los hatos de los bueyes, porque no tuvieron pastos! también fueron asolados los rebaños de las ove­jas.
JOE 1:19 A ti, oh SEÑOR, clamaré: porque fuego consumió los pas­tos del desierto, y llama abrasó todos los árboles del campo.
JOE 1:20 Las bestias del campo brama­rán también a ti; porque se seca­ron los arroyos de las aguas, y fuego consumió las praderías del desierto.
JOE 2:1 TOCAD trompeta en Sión, y pregonad en mi santo monte: tiemblen todos los moradores de la tierra; porque viene el día del SEÑOR, porque está cercano.
JOE 2:2 Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra, que sobre los montes se derrama como el alba: un pueblo grande y fuerte: nunca jamás fue semejan­te, ni después de él será jamás en años de generación en genera­ción.
JOE 2:3 Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él [como] desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape.
JOE 2:4 Su parecer, como parecer de caballos; y como gente de a caballo correrán.
JOE 2:5 Como estruendo de carros sal­tarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojaras­cas, como fuerte pueblo apareja­do para la batalla.
JOE 2:6 Delante de él temerán los pue­blos, pondránse mustios todos los semblantes.
JOE 2:7 Como valientes correrán, como hombres de guerra subirán la muralla; y cada cual irá en sus caminos, y no torcerán sus sen­das.
JOE 2:8 Ninguno apretará a su compa­ñero, cada uno irá por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirán.
JOE 2:9 Irán por la ciudad, correrán por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas a manera de ladrones.
JOE 2:10 Delante de él temblará la tie­rra, se estremecerán los cielos: el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.
JOE 2:11 Y el SEÑOR dará su voz delante de su ejército: porque muchos son sus reales y fuertes, que ponen en efecto su palabra: porque grande es el día del SEÑOR, y muy terrible; ¿y quién lo podrá sufrir?
JOE 2:12 Por eso pues ahora, dice el SEÑOR, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto.
JOE 2:13 Y lacerad vuestro corazón, y no vuestras vestiduras; y convertí­os al SEÑOR vuestro Dios; por­que misericordioso es y clemen­te, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo.
JOE 2:14 ¿Quién sabe si volverá y se apiadará, y dejará bendición tras de él, presente y libación para el SEÑOR Dios vuestro?
JOE 2:15 Tocad trompeta en Sión, pregonad ayuno, llamad una asamblea solemne.
JOE 2:16 Reunid el pueblo, santificad la reunión, juntad los viejos, con­gregad los niños y los que maman: salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia.
JOE 2:17 Entre la entrada y el altar, llo­ren los sacerdotes, ministros del SEÑOR, y digan: Perdona, oh SEÑOR, a tu pueblo, y no pon­gas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?
JOE 2:18 Y el SEÑOR celará su tierra, y perdonará su pueblo.
JOE 2:19 Y responderá el SEÑOR, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, y mosto, y aceite, y seréis saciados de ellos: y nunca más os pondré en oprobio entre las gentes.
JOE 2:20 Y haré alejar de vosotros al [ejército] del norte, y echarélo en la tierra seca y desierta: su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental, y exhalará su hedor; y subirá su pudrición, por­que hizo grandes cosas.
JOE 2:21 Tierra, no temas; alégrate y gózate: porque el SEÑOR ha de hacer grandes cosas.
JOE 2:22 Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos.
JOE 2:23 Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en el SEÑOR vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregla­damente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía [como] al principio.
JOE 2:24 Y las eras se henchirán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite.
JOE 2:25 Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón; mi grande ejército que envié contra voso­tros.
JOE 2:26 Y comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre del SEÑOR vuestro Dios, el cual hizo mara­villas con vosotros: y nunca jamás será mi pueblo avergonza­do.
JOE 2:27 Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy el SEÑOR vuestro Dios, y no hay otro: y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.
JOE 2:28 Y será que después de esto, derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones.
JOE 2:29 Y aun también sobre los sier­vos y sobre las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.
JOE 2:30 Y mostraré prodigios en los cielos y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.
JOE 2:31 El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso del SEÑOR.
JOE 2:32 Y será que cualquiera que invocare el nombre del SEÑOR, será salvo: porque en el monte de Sión y en Jerusalem habrá salva­ción, como el SEÑOR ha dicho, y en el remanente, al cual el SEÑOR habrá llamado.
JOE 3:1 PORQUE he aquí, que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré tornar la cautividad de Judá y de Jerusalem,
JOE 3:2 Juntaré todas las naciones, y haré­las descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellos a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a los cuales espar­cieron entre las naciones, y par­tieron mi tierra:
JOE 3:3 Y echaron suertes sobre mi pueblo, y a los niños dieron por una ramera, y vendieron las niñas por vino para beber.
JOE 3:4 Y también, ¿qué tengo yo con vosotras, Tiro y Sidón, y todos los términos de Filistea? ¿Queréis vengaros de mí? Y si de mí os vengáis, bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza.
JOE 3:5 Porque habéis llevado mi plata y mi oro, y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos:
JOE 3:6 Y vendisteis los hijos de Judá y los hijos de Jerusalem a los hijos de los griegos, por alejarlos de sus términos.
JOE 3:7 He aquí los levantaré yo del lugar donde los vendisteis, y vol­veré vuestra paga sobre vuestra cabeza:
JOE 3:8 Y venderé vuestros hijos y vuestras hijas en la mano de los hijos de Judá, y ellos los vende­rán a los sabeos, nación aparta­da; porque el SEÑOR ha habla­do.
JOE 3:9 Pregonad esto entre los gentiles, proclamad guerra, despertad a los valientes, lléguense, vengan todos los hombres de guerra.
JOE 3:10 Haced espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el flaco: Fuerte soy.
JOE 3:11 Juntaos y venid, gentes todas de alrededor, y congregaos: haz venir allí, oh SEÑOR, tus fuer­tes.
JOE 3:12 Las gentes se despierten, y suban al valle de Josafat: por­que allí me sentaré para juzgar todas las gentes de alrededor.
JOE 3:13 Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descen­ded; porque el lagar está lleno, rebosan las lagaretas: porque mucha es la maldad de ellos.
JOE 3:14 Muchos pueblos en el valle de la decisión: porque cercano está el día del SEÑOR en el valle de la decisión.
JOE 3:15 El sol y la luna se oscurece­rán, y las estrellas retraerán su resplandor.
JOE 3:16 Y el SEÑOR rugirá desde Sión, y dará su voz desde Jerusalem, y temblarán los cielos y la tierra: mas el SEÑOR será la esperanza de su pueblo, y la for­taleza de los hijos de Israel.
JOE 3:17 Y conoceréis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios, que habi­to en Sión, monte de mi santidad: y será Jerusalem santa, y extra­ños no pasarán más por ella.
JOE 3:18 Y será en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá corre­rán aguas: y saldrá una fuente de la casa del SEÑOR, y regará el valle de Sitim.
JOE 3:19 Egipto será destruído, y Edom será vuelto en asolado desierto, por la injuria hecha a los hijos de Judá: porque derra­maron en su tierra la sangre ino­cente.
JOE 3:20 Mas Judá para siempre será habitada, y Jerusalem en genera­ción y generación.
JOE 3:21 Y limpiaré la sangre de los que no limpié; y el SEÑOR morará en Sión.
AMO 1:1 LAS palabras de Amós, que fue entre los pastores de Tecoa, las cuales vio acerca de Israel en días de Uzías rey de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joas rey de Israel, dos años antes del terremoto.
AMO 1:2 Y dijo: el SEÑOR rugirá desde Sión, y dará su voz desde Jerusalem; y las estancias de los pastores se enlutarán, y secaráse la cumbre del Carmelo.
AMO 1:3 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque trillaron a Galaad con tri­llos de hierro.
AMO 1:4 Y meteré fuego en la casa de Hazael, y consumirá los palacios de Ben-hadad.
AMO 1:5 Y quebraré la barra de Damasco, y cortaré a los moradores del valle de Avén, y al que segura el cetro de la casa de Edén: y el pueblo de Siria será trasportado a cautiverio en Kir, dice el SEÑOR.
AMO 1:6 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Gaza, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque llevó cautiva toda la cau­tividad, para entregarlos a Edom.
AMO 1:7 Y meteré fuego en el muro de Gaza, y quemará sus palacios.
AMO 1:8 Y talaré los moradores de Azoto, y los gobernadores de Ascalón: y tornaré mi mano sobre Ecrón, y las reliquias de los filisteos perecerán, ha dicho el Señor DIOS.
AMO 1:9 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Tiro, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque entregaron la cautividad entera a Edom, y no se acordaron del concierto de hermanos.
AMO 1:10 Y meteré fuego en el muro de Tiro, y consumirá sus palacios.
AMO 1:11 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque persiguió a espada a su hermano, y rompió sus conmise­raciones; y con su furor le ha robado siempre, y ha perpetua­mente guardado el enojo.
AMO 1:12 Y meteré fuego en Temán, y consumirá los palacios de Bosra.
AMO 1:13 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de los hijos de Amón, y por el cuarto, no des­viaré su castigo; porque abrieron las preñadas de Galaad, para ensanchar su término.
AMO 1:14 Y encenderé fuego en el muro de Rabá, y consumirá sus pala­cios con estruendo en día de batalla, con tempestad en día tempestuoso:
AMO 1:15 Y su rey irá en cautiverio, él y sus príncipes todos, dice el SEÑOR.
AMO 2:1 ASÍ ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Moab, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque quemó los huesos del rey de Idumea [hasta tornarlos] en cal.
AMO 2:2 Y meteré fuego en Moab, y consumirá los palacios de Queriot: y morirá Moab en alboroto, en estrépito y sonido de trompeta.
AMO 2:3 Y quitaré el juez de en medio de él, y mataré con él a todos sus príncipes, dice el SEÑOR.
AMO 2:4 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Judá, y por el cuar­to, no desviaré su castigo; porque menospreciaron la ley del SEÑOR, y no guardaron sus orde­nanzas; e hiciéronlos errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres.
AMO 2:5 Meteré por tanto fuego en Judá, el cual consumirá los pala­cios de Jerusalem.
AMO 2:6 Así ha dicho el SEÑOR: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no desviaré su castigo: porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos:
AMO 2:7 Que anhelan porque haya polvo de tierra sobre la cabeza de los pobres, y tuercen el camino de los humildes: y el hombre y su padre entraron a la [misma] moza, profanando mi santo nombre.
AMO 2:8 Y sobre las ropas empeñadas se acuestan junto a cualquier altar; y el vino de los penados beben en la casa de sus dioses.
AMO 2:9 Y yo destruí delante de ellos al amorreo, cuya altura era como la altura de los cedros, y fuerte como una encina; y destruí su fruto arriba, sus raíces abajo.
AMO 2:10 Y yo os hice a vosotros subir de la tierra de Egipto, y os traje por el desierto cuarenta años, para que poseyeseis la tierra del amorreo.
AMO 2:11 Y levanté de vuestros hijos para profetas, y de vuestros man­cebos para que fuesen Nazareos. ¿No es esto así, dice el SEÑOR, hijos de Israel?
AMO 2:12 Mas vosotros disteis de beber vino a los Nazareos; y a los pro­fetas mandasteis, diciendo: No profeticéis.
AMO 2:13 Pues he aquí, yo [os] apretaré en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de haces;
AMO 2:14 Y la huída perecerá del ligero, y el fuerte no esforzará su fuerza, ni el valiente librará su vida;
AMO 2:15 Y el que toma el arco no resis­tirá, ni escapará el ligero de pies, ni el que cabalga en caballo sal­vará su vida.
AMO 2:16 El esforzado entre esforzados huirá desnudo aquel día, dice el SEÑOR.
AMO 3:1 OÍD esta palabra que ha hablado el SEÑOR contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así:
AMO 3:2 A vosotros solamente he cono­cido de todas las familias de la tierra; por tanto visitaré contra vosotros todas vuestras malda­des.
AMO 3:3 ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?
AMO 3:4 ¿Rugirá el león en el monte sin hacer presa? ¿dará el leonci­llo su bramido desde su morada, si no prendiere?
AMO 3:5 ¿Caerá el ave en el lazo en la tierra, sin haber armador? ¿alza­ráse el lazo de la tierra, si no se ha prendido algo?
AMO 3:6 ¿Tocaráse la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pue­blo? ¿habrá algún mal en la ciu­dad, el cual el SEÑOR no haya hecho?
AMO 3:7 Porque no hará nada el Señor DIOS, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.
AMO 3:8 Rugiendo el león, ¿quién no temerá? hablando el Señor DIOS, ¿quién no profetizará?
AMO 3:9 Haced proclamar sobre los pala­cios de Azoto, y sobre los pala­cios de tierra de Egipto, y decid: Reuníos sobre los montes de Samaria, y ved muchas opresio­nes en medio de ella, y violen­cias en medio de ella.
AMO 3:10 Y no saben hacer lo recto, dice el SEÑOR, atesorando rapiñas y despojos en sus palacios.
AMO 3:11 Por tanto, el Señor DIOS ha dicho así: Un enemigo [habrá] aún por todos lados de la tierra, y derribará de ti tu fortaleza, y tus palacios serán saqueados.
AMO 3:12 Así ha dicho el SEÑOR: De la manera que el pastor libra de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel que moran en Samaria en el rincón de la cama, y al canto del lecho.
AMO 3:13 Oíd y protestad en la casa de Jacob, ha dicho el Señor DIOS de los ejércitos:
AMO 3:14 Que el día que visitaré las rebeliones de Israel sobre él, visi­taré también sobre los altares de Betel; y serán cortados los cuernos del altar, y caerán a tie­rra.
AMO 3:15 Y heriré la casa del invierno con la casa del verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán arruinadas, dice el SEÑOR.
AMO 4:1 OÍD esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís los pobres, que quebrantáis los menesterosos, que decís a sus señores: Traed, y beberemos.
AMO 4:2 El Señor DIOS juró por su san­tidad: He aquí, vienen días sobre vosotros en que os llevará en anzuelos, y a vuestros descen­dientes en barquillos de pesca­dor.
AMO 4:3 Y saldrán por los portillos la una en pos de la otra, y seréis echadas del palacio, dice el SEÑOR.
AMO 4:4 Id a Betel, y prevaricad; en Gilgal aumentad la rebelión, y traed de mañana vuestros sacrifi­cios, y vuestros diezmos cada tres años;
AMO 4:5 Y ofreced sacrificio en acción de gracias con leudo, y prego­nad, publicad ofren­das voluntarias; pues que así lo queréis, hijos de Israel, dice el Señor DIOS.
AMO 4:6 Yo también os di limpieza de dientes en todas vuestras ciuda­des, y falta de pan en todos vues­tros pueblos: mas no os tornas­teis a mí, dice el SEÑOR.
AMO 4:7 Y también yo os detuve la llu­via tres meses antes de la siega: e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover: sobre una parte llovió; la parte sobre la cual no llovió, secóse.
AMO 4:8 Y venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se hartaban: con todo no os tornasteis a mí, dice el SEÑOR.
AMO 4:9 Os herí con viento solano y oruga; vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares comió la langosta: pero nunca os tornasteis a mí, dice el SEÑOR.
AMO 4:10 Envié entre vosotros mortan­dad al modo que en Egipto: maté a espada vuestros mancebos, con cautiverio de vuestros caballos; e hice subir el hedor de vuestros reales hasta vuestras narices: pero no os tornasteis a mí, dice el SEÑOR.
AMO 4:11 Trastornéos, como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego: mas no os tornasteis a mí, dice el SEÑOR.
AMO 4:12 Por tanto, de esta manera haré a ti, oh Israel: y porque te he de hacer esto, aparéjate para venir al encuentro a tu Dios, oh Israel.
AMO 4:13 Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y denuncia al hombre su pensa­miento; el que hace a las tinie­blas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; el SEÑOR, Dios de los ejércitos, es su nom­bre.
AMO 5:1 OÍD esta palabra, porque yo levanto endecha sobre vosotros, casa de Israel.
AMO 5:2 Cayó la virgen de Israel, no más podrá levantarse; dejada fue sobre su tierra, no hay quien la levante.
AMO 5:3 Porque así ha dicho el Señor DIOS: La ciudad que sacaba mil, quedará con ciento; y la que sacaba ciento, quedará con diez, en la casa de Israel.
AMO 5:4 Porque así dice el SEÑOR a la casa de Israel: Buscadme, y vivi­réis;
AMO 5:5 Y no busquéis a Betel, ni entreis en Gilgal, ni paséis a Beerseba: porque Gilgal será llevada en cautiverio, y Betel será deshecha.
AMO 5:6 Buscad al SEÑOR, y vivid; no sea que hienda, como fuego, a la casa de José, y la consuma, sin haber en Betel quien lo apa­gue.
AMO 5:7 Los que convierten en ajenjo el juicio, y dejan en tierra la justi­cia,
AMO 5:8 [Miren] al que hace el Arcturo y el Orión, y las tinieblas vuelve en mañana, y hace oscurecer el día en noche; el que llama a las aguas del mar, y las derrama sobre la faz de la tierra: el SEÑOR es su nombre:
AMO 5:9 Que da esfuerzo al despojador sobre el fuerte, y que el despoja­dor venga contra la fortaleza.
AMO 5:10 Ellos aborrecieron en la puer­ta al reprensor, y al que hablaba lo recto abominaron.
AMO 5:11 Por tanto, pues que vejáis al pobre y recibís de él carga de trigo; edificasteis casas de silla­res, mas no las habitaréis; plan­tasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas.
AMO 5:12 Porque sabido he vuestras muchas rebeliones, y vuestros grandes pecados: que afligen al justo, y reciben soborno, y a los pobres en la puerta hacen perder su causa.
AMO 5:13 Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo.
AMO 5:14 Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así el Señor DIOS de los ejércitos será con vosotros, como decís.
AMO 5:15 Aborreced el mal, y amad el bien, y poned juicio en la puerta: quizá el SEÑOR, Dios de los ejércitos, tendrá piedad del rema­nente de José.
AMO 5:16 Por tanto, así ha dicho el Señor DIOS de los ejércitos, el SEÑOR: En todas las plazas habrá llanto, y en todas las calles dirán, ¡Ay! ¡ay! y al labrador lla­marán a lloro, y a endecha a los que endechar supieren.
AMO 5:17 Y en todas las viñas habrá llanto; porque pasaré por medio de ti, dice el SEÑOR.
AMO 5:18 ¡Ay de los que desean el día del SEÑOR! ¿para qué queréis este día del SEÑOR? [Será de] tinieblas, y no luz:
AMO 5:19 Como el que huye de delante del león, y se topa con el oso; o si entrare en casa y arrimare su mano a la pared, y le muerda la serpiente.
AMO 5:20 ¿No será el día del SEÑOR tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?
AMO 5:21 Aborrecí, abominé vuestras fiestas solemnes, y no me darán buen olor vuestras asambleas solemnes.
AMO 5:22 Y si me ofreciereis holocaus­tos y vuestros presentes, no los recibiré; ni miraré a los pacíficos de vuestros engordados.
AMO 5:23 Quita de mí la multitud de tus cantares, que no escucharé la melodía de tus instrumentos.
AMO 5:24 Antes corra el juicio como las aguas, y la justicia como impe­tuoso arroyo.
AMO 5:25 ¿Habéisme ofrecido sacrificios y presentes en el desierto en cuarenta años, casa de Israel?
AMO 5:26 Mas llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ído­los vuestros, la estrella de vues­tros dioses que os hicisteis.
AMO 5:27 Hareos pues trasportar más allá de Damasco, ha dicho el SEÑOR, cuyo nombre es Dios de los ejércitos.
AMO 6:1 ¡AY de los reposados en Sión, y de los confiados en el monte de Samaria, nombrados principales entre las mismas naciones, las cuales vendrán sobre ellos, oh casa de Israel!
AMO 6:2 Pasad a Calne, y mirad; y de allí id a la gran Hamat; descen­ded luego a Gat de los filisteos: [ved] si [son] aquellos reinos mejores que estos reinos, si su término [es] mayor que vues­tro término.
AMO 6:3 Vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniqui­dad;
AMO 6:4 Duermen en camas de marfil, y se extienden sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los becerros de en medio del engordadero;
AMO 6:5 Gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos músicos, como David;
AMO 6:6 Beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José.
AMO 6:7 Por tanto, ahora pasarán en el principio de los que a cautividad pasaren, y se acercará el clamor de los extendidos.
AMO 6:8 El Señor DIOS juró por su alma, el Señor DIOS de los ejér­citos ha dicho: Tengo en abomi­nación la grandeza de Jacob, y aborrezco sus palacios: y la ciu­dad y su plenitud entregaré al enemigo.
AMO 6:9 Y acontecerá que si diez hom­bres quedaren en una casa, mori­rán.
AMO 6:10 Y su tío tomará a cada uno, y quemarále para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, que no [pode­mos] hacer mención del nombre del SEÑOR.
AMO 6:11 Porque he aquí, el SEÑOR mandará, y herirá con hendidu­ras la casa mayor, y la casa menor con aberturas.
AMO 6:12 ¿Correrán los caballos sobre la roca? ¿ararán [en ellas] con vacas? ¿por qué habéis vosotros tornado el juicio en veneno, y el fruto de justicia en ajenjo?
AMO 6:13 Vosotros que os alegráis en nada, que decís: ¿No nos hemos adquirido potencia con nuestra fortaleza?
AMO 6:14 Pues he aquí, levantaré yo sobre vosotros, oh casa de Israel, dice el Señor DIOS de los ejér­citos, una nación que os oprimirá desde la entrada de Hamat hasta el arroyo del desierto.
AMO 7:1 ASÍ me ha mostrado el Señor DIOS: y he aquí, él formaba langostas al principio que comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí, era el heno tardío después de las siegas del rey.
AMO 7:2 Y acaeció que como acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Oh Señor DIOS, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño.
AMO 7:3 Arrepintióse el SEÑOR de esto: No será, dijo el SEÑOR.
AMO 7:4 El Señor DIOS me mostró así: y he aquí, llamaba para juzgar por fuego el Señor DIOS; y con­sumió un gran abismo, y consu­mió una parte [de la tierra].
AMO 7:5 Y dije: Oh Señor DIOS, cesa ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño.
AMO 7:6 Arrepintióse el SEÑOR de esto: No será esto tampoco, dijo el Señor DIOS.
AMO 7:7 Enseñóme así: he aquí, el SEÑOR estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil.
AMO 7:8 El SEÑOR entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el SEÑOR dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel: No le pasaré más:
AMO 7:9 Y los altares de Isaac serán des­truidos, y los santuarios de Israel serán asolados; y levantaréme con espada sobre la casa de Jeroboam.
AMO 7:10 Entonces Amasías sacerdote de Betel envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: Amós se ha conjurado contra ti en medio de la casa de Israel: la tierra no puede sufrir todas sus palabras.
AMO 7:11 Porque así ha dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel pasará de su tierra en cau­tiverio.
AMO 7:12 Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, y huye a tierra de Judá, y come allá tu pan, y profe­tiza allí:
AMO 7:13 Y no profetices más en Betel, porque es santuario del rey, y cabecera del reino.
AMO 7:14 Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: Yo no [era] profeta, ni [era] hijo de profeta, sino que [era] boyero, y cogedor de fruta de sicómoro:
AMO 7:15 Y el SEÑOR me tomó de tras el ganado, y díjome el SEÑOR: Ve, y profetiza a mi pueblo Israel.
AMO 7:16 Ahora pues, oye palabra del SEÑOR. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac:
AMO 7:17 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: Tu esposa fornicará en la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será partida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será traspasado de su tierra.
AMO 8:1 ASÍ me ha mostrado el Señor DIOS: y he aquí un canastillo de fruta de verano.
AMO 8:2 Y dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Un canastillo de fruta de verano. Y díjome el SEÑOR: Venido ha el fin sobre mi pueblo Israel; no le pasaré más.
AMO 8:3 Y los cantores del templo aulla­rán en aquel día, dice el Señor DIOS; muchos serán los cuerpos muertos; en todo lugar echados serán en silencio.
AMO 8:4 Oíd esto, los que tragáis a los menesterosos, y arruináis los pobres de la tierra,
AMO 8:5 Diciendo: ¿Cuándo pasará la nueva luna, para que vendamos los granos; y el sábado, para que expongamos el trigo, achicando la medida, y engrandeciendo el precio, y falseando las balanzas con engaño;
AMO 8:6 Para comprar a los pobres por dinero, y a los necesitados por un par de zapatos, y para vender los desechos del trigo?
AMO 8:7 El SEÑOR juró por la gloria de Jacob: No me olvidaré para siempre de todas sus obras.
AMO 8:8 ¿No se ha de estremecer la tie­rra sobre esto? ¿y todo habitador de ella no llorará? y subirá toda como un río, y será arrojada, y hundiráse como el río de Egipto.
AMO 8:9 Y acaecerá en aquel día, dice el Señor DIOS, que haré que se ponga el sol al mediodía, y la tierra cubriré de tinieblas en el día claro.
AMO 8:10 Y tornaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en endechas; y haré poner cilicio sobre todos lomos, y peladura sobre toda cabeza; y tornaréla como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo.
AMO 8:11 He aquí vienen días, dice el Señor DIOS, en los cuales envia­ré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír palabra del SEÑOR.
AMO 8:12 E irán errantes de mar a mar: desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra del SEÑOR, y no la hallarán.
AMO 8:13 En aquel tiempo las doncellas hermosas y los mancebos des­mayarán de sed.
AMO 8:14 Los que juran por el pecado de Samaria, y dicen, Vive tu Dios de Dan: y, Vive el camino de Beerseba: caerán, y nunca más se levantarán.
AMO 9:1 VI al SEÑOR que estaba sobre el altar, y dijo: Hiere el umbral, y estremézcanse las puertas: y córtales en piezas la cabeza de todos; y el postrero de ellos mataré a espada: no habrá de ellos quien se fugue, ni quien escape.
AMO 9:2 Aunque cavasen hasta el infier­no, de allá los tomará mi mano; y si subieren hasta el cielo, de allá los haré descender.
AMO 9:3 Y si se escondieren en la cum­bre del Carmelo, allí los buscaré y los tomaré; y aunque se escon­dieren de delante de mis ojos en el profundo del mar, allí man­daré a la serpiente, y morderálos.
AMO 9:4 Y si fueren en cautiverio, delante de sus enemigos, allí mandaré la espada, y los matará; y pondré sobre ellos mis ojos para mal, y no para bien.
AMO 9:5 El Señor DIOS de los ejércitos [es] el que toca la tierra, y se derre­tirá, y llorarán todos los que en ella moran: y subirá toda como un río, y hundiráse luego como el río de Egipto.
AMO 9:6 Él edificó en el cielo sus gra­das, y ha establecido su expan­sión sobre la tierra: él llama las aguas del mar, y sobre la faz de la tierra las derrama: El SEÑOR es su nombre.
AMO 9:7 Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros, dice el SEÑOR, como hijos de etíopes? ¿no hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos?
AMO 9:8 He aquí los ojos del Señor DIOS están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la faz de la tierra: mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice el SEÑOR.
AMO 9:9 Porque he aquí yo mandaré, y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea [el grano] en un harnero, y no cae un grani­to en la tierra.
AMO 9:10 A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal.
AMO 9:11 En aquel día yo levantaré el tabernáculo de David, caído, y cerraré sus portillos, y levantaré sus ruinas, y edificarélo como en el tiempo pasado;
AMO 9:12 Para que aquellos sobre los cuales es llamado mi nombre, posean el resto de Idumea, y a todas las naciones, dice el SEÑOR que hace esto.
AMO 9:13 He aquí vienen días, dice el SEÑOR, en que el que ara alcan­zará al segador, y el pisador de las uvas al que lleva la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán.
AMO 9:14 Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habi­tarán; y plantarán viñas, y bebe­rán el vino de ellas; y harán huer­tos, y comerán el fruto de ellos.
AMO 9:15 Pues los plantaré sobre su tie­rra, y nunca más serán arranca­dos de su tierra que yo les di, ha dicho el Señor DIOS tuyo.
OBA 1:1 VISIÓN de Abdías. Así dice el Señor DIOS cuanto a Edom: Oído hemos el pregón del SEÑOR, y mensajero es enviado a las gentes. Levantaos, y levantémonos contra ella en batalla.
OBA 1:2 He aquí, pequeño te he hecho entre las gentes; abatido eres tú en gran manera.
OBA 1:3 La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón; ¿Quién me derribará a tierra?
OBA 1:4 Aunque te enaltecieres como el águila, y aunque entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice el SEÑOR.
OBA 1:5 Si ladrones vinieran a ti, o robadores de noche (¡cómo has sido destruído!) ¿no hurtarían lo que les bastase? Pues si entraran a ti vendimiadores, ¿No dejarían algún rebusco?
OBA 1:6 ¡Cómo fueron escudriñadas [las cosas de] Esaú! sus cosas escon­didas fueron buscadas.
OBA 1:7 Hasta el término te hicieron llegar todos tus aliados; te han engañado tus pacíficos, prevale­cieron contra ti; [los que comían] tu pan, pusieron el lazo debajo de ti: no hay en él entendimiento.
OBA 1:8 ¿No haré que perezcan en aquel día, dice el SEÑOR, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú?
OBA 1:9 Y tus valientes, oh Temán, serán quebrantados; porque todo hombre será talado del monte de Esaú por el estrago.
OBA 1:10 Por la injuria de tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás talado para siempre.
OBA 1:11 El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suer­tes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos.
OBA 1:12 Pues no debiste tú estar mirando en el día de tu hermano, el día en que fue extrañado: no te habías de haber alegrado de los hijos de Judá en el día que se per­dieron, ni habías de ensanchar tu boca en el día de la angustia:
OBA 1:13 No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su calamidad; no, no habías tú de haber mirado su aflicción en el día de su calamidad, ni haber echado [mano] a su sustancia en el día de su calamidad.
OBA 1:14 Tampoco habías de haberte parado en las encrucijadas, para matar los que de ellos escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia.
OBA 1:15 Porque cercano está el día del SEÑOR sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza.
OBA 1:16 De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán todas las gentes de con­tinuo: beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido.
OBA 1:17 Mas en el monte de Sión habrá salvamento, y será santi­dad, y la casa de Jacob poseerá sus posesiones.
OBA 1:18 Y la casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los que­marán, y los consumirán; ni aun remanente quedará en la casa de Esaú, porque el SEÑOR lo habló.
OBA 1:19 Y los del sur poseerán el monte de Esaú, y los llanos de los filisteos; poseerán también los campos de Efraím, y los campos de Samaria; y Benjamín a Galaad.
OBA 1:20 Y los cautivos de este ejér­cito de los hijos de Israel [posee­rán] lo de los cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalem, que están en Sefarad, poseerán las ciudades del sur.
OBA 1:21 Y vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será del SEÑOR.
JON 1:1 Y VINO la palabra del SEÑOR a Jonás, hijo de Amitai, diciendo:
JON 1:2 Levántate, y ve a Nínive, ciu­dad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí.
JON 1:3 Y Jonás se levantó para huir de la presencia del SEÑOR a Tarsis, y descendió a Jope; y halló un navío que partía para Tarsis; y pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos a Tarsis de delante del SEÑOR.
JON 1:4 Pero el SEÑOR hizo levantar un gran viento en el mar, e hízo­se una [tan] gran tempestad en el mar, que pensóse se rompería la nave.
JON 1:5 Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno llamaba a su dios: y echaron al mar los ense­res que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás se había bajado a los lados del buque, y se había echado a dor­mir.
JON 1:6 Y el maestre de la nave se llegó a él, y le dijo: ¿Qué tienes, dor­milón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.
JON 1:7 Y dijeron cada uno a su com­pañero: Venid, y echemos suer­tes, para saber por quién nos ha venido este mal. Y echaron suer­tes, y la suerte cayó sobre Jonás.
JON 1:8 Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tie­nes, y de dónde vienes? ¿cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?
JON 1:9 Y él les respondió: hebreo soy, y temo al SEÑOR, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra.
JON 1:10 Y aquellos hombres temieron sobremanera, y dijéronle: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos entendieron que huía de delante del SEÑOR, porque se lo había declarado.
JON 1:11 Y dijéronle: ¿Qué te haremos, para que el mar se nos quiete? porque el mar iba [a más], y se embravecía.
JON 1:12 Él les respondió: Tomadme, y echadme al mar, y el mar se os quietará: porque yo sé que por mí ha venido esta grande tempestad sobre vosotros.
JON 1:13 Y aquellos hombres trabajaron por tornar la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar iba [a más], y se embravecía sobre ellos.
JON 1:14 Entonces clamaron al SEÑOR, y dijeron: Rogámoste ahora, oh SEÑOR, que no perezca­mos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente: por­que tú, oh SEÑOR, has hecho como has querido.
JON 1:15 Y tomaron a Jonás, y echá­ronlo al mar; y el mar se quietó de su furia.
JON 1:16 Y temieron aquellos hombres al SEÑOR con gran temor; y ofrecieron sacrificio al SEÑOR, y prometieron votos.
JON 1:17 Ahora el SEÑOR había preve­nido un gran pez que tragase a Jonás: y estuvo Jonás en el vien­tre del pez tres días y tres noches.
JON 2:1 Y ORÓ Jonás desde el vientre del pez al SEÑOR su Dios.
JON 2:2 Y dijo: Clamé de mi aflicción al SEÑOR, y él me oyó; del vientre del infierno clamé, y mi voz oiste.
JON 2:3 Me echaste en el profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
JON 2:4 Y yo dije: Echado soy de delante de tus ojos: Mas aun veré tu santo templo.
JON 2:5 Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; la ova se enredó a mi cabeza.
JON 2:6 Descendí a las raíces de los montes; la tierra [echó] sus cerraduras sobre mí para siempre: pero tú sacaste mi vida de la corrupción, oh SEÑOR Dios mío.
JON 2:7 Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme del SEÑOR; y mi oración entró hasta ti en tu santo templo.
JON 2:8 Los que guardan las vanidades ilusorias, su misericordia aban­donan.
JON 2:9 Pero yo con voz de gratitud te sacrificaré; pagaré lo que pro­metí. La salvación [pertenece] al SEÑOR.
JON 2:10 Y mandó el SEÑOR al pez, y vomitó a Jonás en tierra.
JON 3:1 Y VINO la palabra del SEÑOR segunda vez a Jonás, diciendo:
JON 3:2 Levántate, y ve a Nínive, aque­lla gran ciudad, y predica en ella el mensaje que yo te diré.
JON 3:3 Y levantóse Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra del SEÑOR. Y era Nínive ciudad sobremanera grande, de tres días de camino.
JON 3:4 Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y pregonaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destrui­da.
JON 3:5 Y los hombres de Nínive cre­yeron a Dios, y proclamaron ayuno, y vistiéronse de cilicio desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos.
JON 3:6 Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su silla, y echó de sí su manto, y cubrió­se de cilicio, y se sentó sobre ceni­za.
JON 3:7 E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandado del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna, no se les dé alimento, ni beban agua:
JON 3:8 Y que se cubran de cilicio los hombres y los animales, y cla­men a Dios fuertemente: y con­viértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos.
JON 3:9 ¿Quién sabe si se volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de su ira, y no perecere­mos?
JON 3:10 Y vio Dios sus obras, que se volvieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho que les había de hacer, y no lo hizo.
JON 4:1 PERO Jonás se apesadumbró en extremo, y enojóse.
JON 4:2 Y oró al SEÑOR, y dijo: Ahora, oh SEÑOR, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo a Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo a enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.
JON 4:3 Ahora pues, oh SEÑOR, rué­gote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida.
JON 4:4 Y el SEÑOR le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?
JON 4:5 Y salióse Jonás de la ciudad, y asentó hacia el oriente de la ciu­dad, e hízose allí una choza, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué sería de la ciudad.
JON 4:6 Y preparó el SEÑOR Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le defendiese de su mal: y Jonás se alegró grandemente por la calabacera.
JON 4:7 Mas Dios preparó un gusano al venir la mañana del día siguien­te, el cual hirió a la calabacera, y secóse.
JON 4:8 Y acaeció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano; y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y desmayábase, y se deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que mi vida.
JON 4:9 Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabace­ra? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.
JON 4:10 Y dijo el SEÑOR: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció:
JON 4:11 ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y vein­te mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?
MIC 1:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Miqueas de Morasti en días de Jotam, Acaz, y Ezequías, reyes de Judá: lo que vio sobre Samaria y Jerusalem.
MIC 1:2 Oíd, pueblos todos: está atenta, tierra, y todo lo que en ella hay: y el Señor DIOS, el Señor desde su santo templo sea testigo contra vosotros.
MIC 1:3 Porque he aquí, el SEÑOR sale de su lugar, y descenderá, y hollará sobre las alturas de la tie­rra.
MIC 1:4 Y debajo de él se derretirán los montes, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio.
MIC 1:5 Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebe­lión de Jacob? ¿no es Samaria? ¿Y cuáles son los excelsos de Judá? ¿no es Jerusalem?
MIC 1:6 Pondré pues a Samaria en majanos de heredad, en tierra de viñas; y derramaré sus piedras por el valle, y descubriré sus fun­damentos.
MIC 1:7 Y todas sus estatuas serán despedazadas, y todos sus dones serán quemados en fuego, y aso­laré todos sus ídolos; porque de dones de rameras los juntó, y a dones de rameras volverán.
MIC 1:8 Por tanto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo; haré gemido como de dragones, y lamento como de avestruces.
MIC 1:9 Porque su llaga es dolorosa, que llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalem.
MIC 1:10 No lo digáis en Gat, ni llo­réis mucho: revuélcate en el polvo en la casa de Afra.
MIC 1:11 Pásate desnuda con vergüen­za, oh moradora de Safir: la moradora de Saanán no salió al llanto de Bet-esel: tomará de vosotros su tardanza.
MIC 1:12 Porque la moradora de Marot tuvo dolor por el bien; por cuanto el mal descendió del SEÑOR hasta la puerta de Jerusalem.
MIC 1:13 Unce al carro dromedarios, oh moradora de Laquis, que fuis­te principio de pecado a la hija de Sión; porque en ti se inventaron las rebeliones de Israel.
MIC 1:14 Por tanto, tú darás dones a Moreset-Gat: las casas de Aczib serán en mentira a los reyes de Israel.
MIC 1:15 Aun te traeré heredero, oh moradora de Maresah: la gloria de Israel vendrá hasta Adulam.
MIC 1:16 Mésate y trasquílate por los hijos de tus delicias: ensancha tu calva como águila; porque fue­ron trasportados de ti.
MIC 2:1 ¡AY de los que piensan iniquidad, y de los que fabrican el mal en sus camas! Cuando viene la mañana lo ponen en obra, porque tienen en su mano el poder.
MIC 2:2 Y codiciaron las heredades, y robáronlas: y casas, y las toma­ron: oprimieron al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad.
MIC 2:3 Por tanto, así ha dicho el SEÑOR: He aquí, yo pienso sobre esta familia un mal, del cual no sacaréis vuestros cuellos, ni andaréis erguidos; porque el tiempo será malo.
MIC 2:4 En aquel tiempo se levantará sobre vosotros refrán, y se ende­chará endecha de lamentación, diciendo: Del todo fuimos des­truídos; ha cambiado la parte de mi pueblo. ¡Cómo nos quitó nuestros campos! dio, repartiólos [a otros.]
MIC 2:5 Por tanto, no tendrás quien eche cordel para suerte en la con­gregación del SEÑOR.
MIC 2:6 No profeticéis, [dicen] a los que profetizan; no les profeticen que los ha de comprender vergüenza.
MIC 2:7 La que te dices casa de Jacob, ¿hase acortado el espíritu del SEÑOR? ¿son éstas sus obras? ¿Mis palabras no hacen bien al que camina derechamente?
MIC 2:8 El que ayer era mi pueblo, se ha levantado como enemigo: tras las vestiduras quitasteis las capas atrevidamente a los que pasaban, [como] los que vuelven de la gue­rra.
MIC 2:9 A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de las casas de sus delicias: a sus niños quitas­teis mi perpetua alabanza.
MIC 2:10 Levantaos, y andad, pues éste no [es vuestro] reposo; porque está[ contaminado, [os] destruirá, y de grande destrucción.
MIC 2:11 Si alguno que ande en el espíritu y falsedad mintiere, [diciendo:] Yo te profetizaré de vino y de bebida fuerte; este tal será pro­feta a este pueblo.
MIC 2:12 De cierto te reuniré todo, oh Jacob: recogeré ciertamente el resto de Israel: pondrélo junto como ovejas de Bosra, como rebaño en mitad de su majada: harán estruendo por [la multitud de] los hombres.
MIC 2:13 Subirá rompedor delante de ellos; romperán y pasarán la puerta, y saldrán por ella: y su rey pasará delante de ellos, y a la cabeza de ellos el SEÑOR.
MIC 3:1 Y DIJE: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y cabezas de la casa de Israel: ¿No [pertenecía] a vosotros saber el derecho?
MIC 3:2 Que aborrecen lo bueno y aman lo malo, que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos;
MIC 3:3 Que comen asimismo la carne de mi pueblo, y les desuellan su piel de sobre ellos, y les quebran­tan sus huesos y los rompen, como para el caldero, y como carnes en olla.
MIC 3:4 Entonces clamarán al SEÑOR y no les responderá; antes escon­derá de ellos su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicieron mal­vadas obras.
MIC 3:5 Así ha dicho el SEÑOR acerca de los profetas que hacen errar a mi pueblo, que muerden con sus dientes, y claman, Paz, y al que no les diere que coman, aplazan contra él batalla:
MIC 3:6 Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adi­vinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entene­brecerá sobre ellos.
MIC 3:7 Y serán avergonzados los profe­tas, y confundiránse los adivinos; y ellos todos cubrirán su labio, porque no hay respuesta de Dios.
MIC 3:8 Pero yo estoy lleno de fuer­za del espíritu del SEÑOR, y de juicio, y de fortaleza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.
MIC 3:9 Oíd ahora esto, cabezas de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el dere­cho;
MIC 3:10 Que edificáis a Sión con sangre, y a Jerusalem con injusticia;
MIC 3:11 Sus cabezas juzgan por soborno, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivi­nan por dinero; y apóyanse en el SEÑOR diciendo: ¿No está el SEÑOR entre nosotros? No ven­drá mal sobre nosotros.
MIC 3:12 Por tanto, a causa de vosotros será Sión arada como campo, y Jerusalem será majanos, y el monte de la casa como cumbres de breñal.
MIC 4:1 Y ACONTECERÁ en los postreros tiempos, que el monte de la casa del SEÑOR será constituído por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él pueblos.
MIC 4:2 Y vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte del SEÑOR, y a la casa del Dios de Jacob; y enseñarános en sus caminos, y andaremos por sus veredas: porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra del SEÑOR.
MIC 4:3 Y juzgará entre muchos pue­blos, y corregirá fuertes naciones hasta muy lejos: y martillarán sus espadas para azadones, y sus lan­zas para hoces: no alzará espada nación contra nación, ni más se ensayarán para la guerra.
MIC 4:4 Y cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien amedrente: por­que la boca del SEÑOR de los ejércitos lo ha hablado.
MIC 4:5 Bien que todos los pueblos anduvieren cada uno en el nom­bre de sus dioses, nosotros con todo andaremos en el nombre del SEÑOR nuestro Dios para siem­pre y eternalmente.
MIC 4:6 En aquel día, dice el SEÑOR, juntaré la coja, y recogeré la amontada, y a la que afligí;
MIC 4:7 Y pondré a la coja para suce­sión, y a la descarriada para nación robusta: y el SEÑOR rei­nará sobre ellos en el monte de Sión desde ahora para siempre.
MIC 4:8 Y tú, oh torre del rebaño, la for­taleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero, el reino vendrá a la hija de Jerusalem.
MIC 4:9 Ahora ¿por qué gritas tanto? ¿No hay rey en ti? ¿Pereció tu consejero, que te ha tomado dolor como de mujer de parto?
MIC 4:10 Duélete y gime, hija de Sión como mujer de parto; porque ahora saldrás de la ciudad, y mora­rás en el campo, y llegarás hasta Babilonia: allí serás librada, allí te redimirá el SEÑOR de la mano de tus enemigos.
MIC 4:11 Ahora también se han juntado muchas naciones contra ti, y dicen: Sea profanada, y vean nuestros ojos [su deseo] sobre Sión.
MIC 4:12 Mas ellos no conocieron los pensamientos del SEÑOR, ni entendieron su consejo: por lo cual los juntó como gavillas en la era.
MIC 4:13 Levántate y trilla, oh hija de Sión, porque tu cuerno tornaré de hierro, y tus pezuñas de latón, y desmenuzarás muchos pueblos; y consagraré al SEÑOR su ganancia, y su sustancia al Señor de toda la tierra.
MIC 5:1 REÚNETE ahora en tropas, oh hija de tropas: nos han sitiado: con vara herirán sobre la quijada al juez de Israel.
MIC 5:2 Mas tú, Belem Efrata, [aunque] eres pequeña entre los millares de Judá, [aun] de ti me saldrá el [que] será[ gobernador en Israel; cuyas salidas [han sido] desde la antigüedad, desde la eternidad.
MIC 5:3 Por tanto los dejará hasta el tiempo que para la que ha de parir; y el resto de sus hermanos se tornará con los hijos de Israel.
MIC 5:4 Y estará, y apacentará con for­taleza del SEÑOR, con grandeza del nombre del SEÑOR su Dios: y asentarán; porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.
MIC 5:5 Y éste será [nuestra] paz. Cuando el asirio viniere a nues­tra tierra, y cuando pisare nues­tros palacios, entonces levantare­mos contra él siete pastores, y ocho hombres principales;
MIC 5:6 Y comerán la tierra de Asiria a espada, y la tierra de Nimrod con sus espadas; y nos librará del asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros términos.
MIC 5:7 Y será el residuo de Jacob en medio de muchos pueblos, como el rocío del SEÑOR, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan varón, ni aguardan a hijos de hombres.
MIC 5:8 Asimismo será el resto de Jacob entre los gentiles, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la montaña, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape.
MIC 5:9 Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversa­rios serán talados.
MIC 5:10 Y acontecerá en aquel día, dice el SEÑOR, que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros.
MIC 5:11 Haré también destruir las ciu­dades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas.
MIC 5:12 Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros.
MIC 5:13 Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos;
MIC 5:14 Y arrancaré tus bosques de en medio de ti, y destruiré tus ciuda­des.
MIC 5:15 Y con ira y con furor haré venganza en las gentes que no escucharon.
MIC 6:1 OÍD ahora lo que dice el SEÑOR: Levántate, pleitea con los montes, y oigan los collados tu voz.
MIC 6:2 Oíd, montes, y fuertes funda­mentos de la tierra, el pleito del SEÑOR: porque tiene el SEÑOR pleito con su pueblo, y altercará con Israel.
MIC 6:3 Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí.
MIC 6:4 Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a Miriam.
MIC 6:5 Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias del SEÑOR.
MIC 6:6 ¿Con qué prevendré al SEÑOR, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año?
MIC 6:7 ¿Agradaráse el SEÑOR de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?
MIC 6:8 Oh hombre, él te ha declarado qué [sea] lo bueno; ¿y qué pide de ti el SEÑOR, sino hacer justamente, y amar misericordia, y andar humildemente con tu Dios?
MIC 6:9 La voz del SEÑOR clama a la ciudad, y el sabio mirará a tu nombre. Oíd la vara, y a quien la establece.
MIC 6:10 ¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable?
MIC 6:11 ¿Seré limpio con peso falso, y con bolsa de engañosas pesas?
MIC 6:12 Con lo cual sus ricos se hin­chieron de rapiña, y sus morado­res hablaron mentira, y su lengua engañosa en su boca.
MIC 6:13 Por eso yo también te enfla­queceré hiriéndote, asolándote por tus pecados.
MIC 6:14 Tú comerás, y no te hartarás; y tu abatimiento será en medio de ti: tú cogerás, mas no salvarás; y lo que salvares, lo entregaré yo a la espada.
MIC 6:15 Tú sembrarás, mas no sega­rás: pisarás aceitunas, mas no te ungirás con el aceite; y mosto, mas no beberás el vino.
MIC 6:16 Porque los mandamientos de Omri se han guardado, y toda obra de la casa de Acab; y en los consejos de ellos anduvisteis, para que yo te diese en asola­miento, y tus moradores para ser silbados. Llevaréis por tanto el oprobio de mi pueblo.
MIC 7:1 ¡AY de mí! que he venido a ser como cuando han cogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, [que] no [queda] racimo para comer; mi alma deseó primeros frutos.
MIC 7:2 Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres: todos acechan a la sangre; cada cual arma red a su hermano.
MIC 7:3 Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez j[uzga] por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman.
MIC 7:4 El mejor de ellos es como el cambrón; el más recto, [como] zar­zal: el día de tus atalayas, tu visi­tación, viene; ahora será su con­fusión.
MIC 7:5 No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe: de la que duerme a tu lado, guarda, no abras tu boca.
MIC 7:6 Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra: y los enemigos del hombre son los de su casa.
MIC 7:7 Por tanto al SEÑOR mira­ré, esperaré al Dios de mi salva­ción: el Dios mío me oirá.
MIC 7:8 Tú, enemiga mía, no te huel­gues de mí: porque aunque caí, he de levantarme; aunque more en tinieblas, el SEÑOR será mi luz.
MIC 7:9 La ira del SEÑOR soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi juicio; él me sacará a luz; veré su justi­cia.
MIC 7:10 Y mi enemiga verá, y la cubri­rá vergüenza: la que me decía: ¿Dónde está el SEÑOR tu Dios? Mis ojos la verán; ahora será hollada como lodo de las calles.
MIC 7:11 El día en que se edificarán tus muros, aquel día será alejado el mandamiento.
MIC 7:12 En ese día vendrán hasta ti desde Asiria y las ciudades fuertes, y desde las ciudades fuertes hasta el río, y de mar a mar, y de monte a monte.
MIC 7:13 Y la tierra con sus moradores será asolada por el fruto de sus obras.
MIC 7:14 Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la montaña en medio del Carmelo: pazcan en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado.
MIC 7:15 Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto.
MIC 7:16 Las naciones verán, y se aver­gonzarán de todas sus valentías; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos.
MIC 7:17 Lamerán el polvo como la serpiente; como reptiles de la tie­rra, vendrán temblando de sus encerramientos: despavorirse han del SEÑOR nuestro Dios, y temerán a causa de ti.
MIC 7:18 ¿Qué Dios como tú, que per­donas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericor­dia.
MIC 7:19 Él tornará, él tendrá compasión de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos del mar todos nuestros pecados.
MIC 7:20 Otorgarás a Jacob la verdad, y a Abraham la misericordia, que tú juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.
NAH 1:1 CARGA de Nínive. Libro de la visión de Nahum, el elcosita.
NAH 1:2 Dios celoso y vengador es el SEÑOR; vengador es el SEÑOR, y SEÑOR de ira; el SEÑOR, que se venga de sus adversarios, y que guarda [enojo] para sus enemigos.
NAH 1:3 El SEÑOR es tardo para la ira, y grande en poder, y no tendrá [al culpado] por inocente. El SEÑOR marcha entre la tempes­tad y turbión, y las nubes son el polvo de sus pies.
NAH 1:4 Él reprende al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos: Basán desfallece, y el Carmelo, y la flor del Líbano desfallece.
NAH 1:5 Los montes tiemblan de él, y los collados se deslíen; y la tierra se abrasa a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.
NAH 1:6 ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pié en el furor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.
NAH 1:7 Bueno es el SEÑOR para fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.
NAH 1:8 Mas con inundación impetuosa hará consumación de su lugar, y tinieblas perseguirán a sus ene­migos.
NAH 1:9 ¿Qué imagináis contra el SEÑOR? Él hará consumación: la tribulación no se levantará dos veces.
NAH 1:10 Porque como espinas entrete­jidas, mientras se embriagarán los borrachos, serán consumidos como las estopas llenas de sequedad.
NAH 1:11 De ti salió el que imagina mal contra el SEÑOR, un consejero impío.
NAH 1:12 Así ha dicho el SEÑOR: Aunque reposo tengan, y sean tantos, así serán talados, y él pasará. Bien que te he afligido, no más te afligiré.
NAH 1:13 Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus bandas.
NAH 1:14 Mas acerca de ti mandará el SEÑOR, que nunca más sea sembrado alguno de tu nombre: de la casa de tu dios talaré escul­tura y estatua de fundición, haré­la tu sepulcro; porque fuiste vil.
NAH 1:15 He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que pregona la paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos: porque nunca más pasará por ti el impío; pereció del todo.
NAH 2:1 SUBIÓ destruidor contra ti: guarda la fortaleza, mira el camino, fortifica los lomos, fortalece mucho la fuerza.
NAH 2:2 Porque el SEÑOR restituirá la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque vaciadores los vaciaron, y estropearon sus mugrones.
NAH 2:3 El escudo de sus valientes será bermejo, los varones de [su] ejér­cito vestidos de grana: el carro como fuego de hachas; el día que se aparejará, temblarán las hayas.
NAH 2:4 Los carros se precipitarán a las plazas, discurrirán por las calles: su aspecto como hachas encendi­das; correrán como relámpagos.
NAH 2:5 Acordaráse él de sus valientes; andando tropezarán; se apresura­rán a su muro, y la cubierta se aparejará.
NAH 2:6 Las puertas de los ríos se abri­rán, y el palacio será destruido.
NAH 2:7 Y la reina fue cautiva; mandar­le han que suba, y sus criadas la llevarán gimiendo como palo­mas, batiendo sus pechos.
NAH 2:8 Y fue Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; mas ellos huyen: Parad, parad; y nin­guno mira.
NAH 2:9 Saquead plata, saquead oro: no hay fin de las riquezas [y] suntuo­sidad de todo ajuar de codicia.
NAH 2:10 Vacía, y agotada, y despeda­zada está, y el corazón derretido: batimiento de rodillas, y dolor en todos riñones, y los rostros de todos tomarán negrura.
NAH 2:11 ¿Qué es de la morada de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león, y la leona, y los cachorros del león, y no había quien les pusiese miedo?
NAH 2:12 El león arrebataba en abun­dancia para sus cachorros, y aho­gaba para sus leonas, y henchía de presa sus cavernas, y de robo sus moradas.
NAH 2:13 Heme aquí contra ti, dice el SEÑOR de los ejércitos. Encenderé y [reduciré] a humo [tus] carros, y espada devorará tus leoncillos; y raeré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá voz de tus embajadores.
NAH 3:1 ¡AY de la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse [de ella] el pillaje!
NAH 3:2 Sonido de látigo, y estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y carro sal­tador;
NAH 3:3 Caballero enhiesto, y resplan­dor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos, y multitud de cadáveres; y de sus cadáveres no habrá fin, y en sus cadáveres tropezarán:
NAH 3:4 A causa de la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gala, maestra de brujerías, que vende las naciones con sus fornicaciones, y los pueblos con sus hechizos.
NAH 3:5 Heme aquí contra ti, dice el SEÑOR de los ejércitos, y des­cubriré tus faldas en tu cara, y mostraré a las naciones tu desnu­dez, y a los reinos tu vergüenza.
NAH 3:6 Y echaré sobre ti suciedades, y te afrentaré, y te pondré como estiércol.
NAH 3:7 Y será que todos los que te vie­ren, se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada: ¿quién se compadecerá de ella? ¿dónde te buscaré consoladores?
NAH 3:8 ¿Eres tú mejor que No la populosa, que estaba asentada entre ríos, cercada de aguas, cuyo baluarte era el mar, [y] del mar su muralla?
NAH 3:9 Etiopía era su fortaleza, y Egipto [lo era] sin límite; Put y Libia fueron en tu ayuda.
NAH 3:10 También ella fue llevada en cautiverio: también sus chiquitos fueron estrellados en las encruci­jadas de todas las calles; y sobre sus varones echaron suertes, y todos sus magnates fueron apri­sionados con grillos.
NAH 3:11 Tú también serás embriagada, serás encerrada; tú también bus­carás fortaleza a causa del ene­migo.
NAH 3:12 Todas tus fortalezas cual higueras con brevas; que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer.
NAH 3:13 He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti: las puer­tas de tu tierra se abrirán de par en par a tus enemigos: fuego consumirá tus barras.
NAH 3:14 Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, fortifica el horno.
NAH 3:15 Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón: multiplícate como langosta, multiplícate como lan­gosta.
NAH 3:16 Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo: el pulgón hizo presa, y voló.
NAH 3:17 Tus príncipes serán como lan­gostas, y tus grandes como lan­gostas de langostas que se sien­tan en vallados en día de frío: salido el sol se mudan, y no se conoce el lugar donde estuvie­ron.
NAH 3:18 Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron tus valientes: tu pueblo se derramó por los montes, y no hay quien lo junte.
NAH 3:19 No hay cura para tu quebra­dura; tu herida se encrudeció: todos los que oyeron tu fama, batirán las manos sobre ti, por­que ¿sobre quién no pasó conti­nuamente tu malicia?
HAB 1:1 LA carga que vio Habacuc profeta.
HAB 1:2 ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, clamaré, y no oirás; [y] daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?
HAB 1:3 ¿Por qué me haces ver iniqui­dad, y haces que mire molestia, y saco y violencia delante de mí, habiendo además quien levante pleito y contienda?
HAB 1:4 Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale verdadero: por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcido el juicio.
HAB 1:5 Mirad en las gentes, y ved, y maravillaos pasmosamente; por­que obra será hecha en vuestros días, que aun cuando se os conta­re, no la creeréis.
HAB 1:6 Porque he aquí, yo levanto los caldeos, nación amarga y presu­rosa, que marcha por la anchura de la tierra para poseer las habi­taciones ajenas.
HAB 1:7 Espantosa es y terrible: de ella misma saldrá su derecho y su grandeza.
HAB 1:8 Y serán sus caballos más ligeros que tigres, y más agudos que lobos de tarde; y sus jinetes se multiplicarán: vendrán de lejos sus caballeros, y volarán como águilas que se apresuran a la comida.
HAB 1:9 Toda ella vendrá a la presa: delante de sus caras viento sola­no; y juntará cautivos como arena.
HAB 1:10 Y escarnecerá de los reyes, y de los príncipes hará burla: reirá­se de toda fortaleza, y amontona­rá polvo, y la tomará.
HAB 1:11 Luego mudará [su] mente, y pasará adelante, y ofenderá [imputando] ésta su potencia a su dios.
HAB 1:12 ¿No eres tú desde la eterni­dad, oh SEÑOR, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh SEÑOR, para juicio lo pusiste; y tú, oh roca, lo fundaste para cas­tigar.
HAB 1:13 Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agra­vio: ¿por qué ves los menospre­ciadores, y callas cuando destru­ye el impío al más justo que él.
HAB 1:14 Y haces que sean los hombres como los peces del mar, como reptiles que no tienen señor?
HAB 1:15 Sacará a todos con anzuelo, cogerálos con su red, y juntarálos en su aljerife: por lo cual se hol­gará y hará alegrías.
HAB 1:16 Por esto hará sacrificios a su red, y ofrecerá sahumerios a su aljerife: porque con ellos engor­dó su porción, y engrasó su comida.
HAB 1:17 ¿Vaciará por eso su red, o ten­drá piedad de matar naciones conti­nuamente?
HAB 2:1 SOBRE mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y atalayaré para ver qué hablará en mí, y qué tengo de responder a mi pregunta.
HAB 2:2 Y el SEÑOR me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declára­la en tablas, para que corra el que leyere en ella.
HAB 2:3 Aunque la visión [tardará] aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará.
HAB 2:4 He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo por su fe vivirá.
HAB 2:5 Y también, por cuanto peca por el vino, [es] un hombre soberbio, y no permanecerá: que ensancha como el infierno su alma, y es como la muerte, que no se harta: antes junta a sí todas las nacio­nes, y amontona a sí todos los pueblos.
HAB 2:6 ¿No han de levantar todos estos sobre él parábola, y sarcas­mos contra él? Y dirán: ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Y hasta cuándo había de amontonar sobre sí espeso lodo?
HAB 2:7 ¿No se levantarán de repente los que te han de morder, y se despertarán los que te han de qui­tar de tu lugar, y serás a ellos por rapiña?
HAB 2:8 Porque tú has despojado muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán; a causa de las sangres humanas, y robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que moraban en ellas.
HAB 2:9 ¡Ay del que codicia maligna codicia para su casa, por poner en alto su nido, por escaparse del poder del mal!
HAB 2:10 Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu alma.
HAB 2:11 Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá.
HAB 2:12 ¡Ay del que edifica la ciudad con sangres, y del que funda la villa con iniquidad!
HAB 2:13 ¿No es esto del SEÑOR de los ejércitos? Los pueblos pues trabajarán para el fuego, y las gentes se fatigarán en vano.
HAB 2:14 Porque la tierra será llena de conocimiento de la gloria del SEÑOR, como las aguas cubren el mar.
HAB 2:15 ¡Ay del que da de beber a su prójimo, que [le] acercas tu odre y embriagas, para mirar su desnu­dez!
HAB 2:16 Haste llenado de deshonra más que de honra: bebe tú también, y será descubierto tu prepu­cio; la copa de la mano derecha del SEÑOR volverá sobre ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria.
HAB 2:17 Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras lo quebrantará; a causa de las sangres humanas, y del robo de la tierra, de las ciudades, y de todos los que en ellas mora­ban.
HAB 2:18 ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la esta­tua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imá­genes mudas confíe el hacedor en su obra?
HAB 2:19 ¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él aliento.
HAB 2:20 Mas el SEÑOR [está] en su santo templo: calle delante de él toda la tierra.
HAB 3:1 ORACIÓN de Habacuc profeta, sobre Sigionot.
HAB 3:2 Oh SEÑOR, oído he tu pala­bra, y temí: Oh SEÑOR, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia.
HAB 3:3 Dios vendrá de Temán, y el Santo del monte de Parán. Selah. Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza.
HAB 3:4 Y el resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de su mano; y allí estaba escondida su fortaleza.
HAB 3:5 Delante de su rostro iba mor­tandad, y a sus pies salían carbo­nes encendidos.
HAB 3:6 Paróse, y midió la tierra: miró, e hizo temblar las naciones; y los montes antiguos fueron desme­nuzados, los collados antiguos se humillaron a él. Sus caminos son eternos.
HAB 3:7 He visto las tiendas de Cusán en aflicción; las tiendas de la tie­rra de Madián temblaron.
HAB 3:8 ¿Airóse el SEÑOR contra los ríos? ¿contra los ríos fue tu enojo? ¿tu ira contra el mar, cuando subiste sobre tus caba­llos, y sobre tus carros de salva­ción?
HAB 3:9 Descubrióse enteramente tu arco, los juramentos a las tribus, palabra [segura]. Selah. Hendiste la tierra con ríos.
HAB 3:10 Viéronte, y tuvieron temor los montes: pasó la inundación de las aguas: el abismo dio su voz, la hondura alzó sus manos.
HAB 3:11 El sol y la luna se pararon en su estancia: a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza.
HAB 3:12 Con ira hollaste la tierra, con furor trillaste las gentes.
HAB 3:13 Saliste para salvar tu pueblo, para salvar con tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, desnudando el cimiento hasta el cuello. Selah.
HAB 3:14 Horadaste con sus báculos las cabezas de sus villas, que como tempestad acometieron para derramarme: su orgullo era como para devorar al pobre encubierta­mente.
HAB 3:15 Hiciste camino en el mar a tus caballos, por montón de grandes aguas.
HAB 3:16 Oí, y tembló mi vientre; a la voz se batieron mis labios; pudri­ción se entró en mis huesos, y en mi asiento me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.
HAB 3:17 Aunque la higuera no florece­rá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva, y los labrados no darán mantenimien­to, [y] las ovejas serán quitadas de la majada, y no habrá vacas en los corrales;
HAB 3:18 Con todo, yo me alegraré en el SEÑOR, y me gozaré en el Dios de mi salvación.
HAB 3:19 El SEÑOR Dios es mi forta­leza, el cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis alturas. Al jefe de los cantores sobre mis instrumentos de cuerdas.
ZEP 1:1 LA palabra del SEÑOR que vino a Sofonías hijo de Cusi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías, en días de Josías hijo de Amón, rey de Judá.
ZEP 1:2 Destruiré del todo todas las cosas de sobre la faz de la tierra, dice el SEÑOR.
ZEP 1:3 Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del cielo, y los peces del mar, y las piedras de tropiezo con los impí­os; y talaré los hombres de sobre la faz de la tierra, dice el SEÑOR.
ZEP 1:4 Y extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los morado­res de Jerusalem, y exterminaré de este lugar el remanente de Baal, y el nombre de los Chemarim con los sacerdotes;
ZEP 1:5 Y a los que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo; y a los que se inclinan jurando por el SEÑOR y jurando por Milcom;
ZEP 1:6 Y a los que tornan atrás de en pos del SEÑOR; y a los que no buscaron al SEÑOR, ni inquirieron por él.
ZEP 1:7 Calla en la presencia del Señor DIOS, porque el día del SEÑOR está cercano; porque el SEÑOR ha aparejado sacrificio, preveni­do a sus convidados.
ZEP 1:8 Y será que en el día del sacrifi­cio del SEÑOR, haré visitación sobre los príncipes, y sobre los hijos del rey, y sobre todos los que visten vestimenta extranjera.
ZEP 1:9 Asimismo haré visitación en aquel día sobre todos los que saltan la puerta, los que hinchen de robo y de engaño las casas de sus señores.
ZEP 1:10 Y habrá en aquel día, dice el SEÑOR, voz de clamor desde la puerta del pescado, y aullido desde la segunda, y grande que­brantamiento desde los collados.
ZEP 1:11 Aullad, moradores de Mactes, porque todo el pueblo mercader es destruido; talados son todos los que traían dinero.
ZEP 1:12 Y será en aquel tiempo, que yo escudriñaré a Jerusalem con candelas, y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces, los cuales dicen en su corazón: El SEÑOR ni hará bien ni mal.
ZEP 1:13 Será por tanto saqueada su hacienda, y sus casas asoladas: y edificarán casas, mas no las habi­tarán; y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas.
ZEP 1:14 Cercano está el día grande del SEÑOR, cercano y muy presuro­so; voz amarga del día del SEÑOR; gritará allí el valiente.
ZEP 1:15 Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento,
ZEP 1:16 Día de trompeta y de algaza­ra, sobre las ciudades fuertes, y sobre las altas torres.
ZEP 1:17 Y atribularé los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra el SEÑOR: y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol.
ZEP 1:18 Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira del SEÑOR; pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo: porque ciertamente consu­mación apresurada hará con todos los moradores de la tierra.
ZEP 2:1 CONGREGAOS y meditad, nación no amable,
ZEP 2:2 Antes que se cumpla el decre­to, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira del SEÑOR, antes que el día de la ira del SEÑOR venga sobre vosotros.
ZEP 2:3 Buscad al SEÑOR todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad jus­ticia, buscad mansedumbre: qui­zás seréis guardados en el día del enojo del SEÑOR.
ZEP 2:4 Porque Gaza será desampara­da, y Ascalón asolada: saquearán a Asdod en el medio día, y Ecrón será desarraigada.
ZEP 2:5 ¡Ay de los que moran a la parte del mar, la nación de Cheretim! La palabra del SEÑOR [es] contra vosotros, oh Canaán, tierra de filisteos, y yo te destruiré hasta no quedar morador.
ZEP 2:6 Y será la parte del mar por moradas de cabañas de pastores, y corrales de ovejas.
ZEP 2:7 Y será aquella parte para el resto de la casa de Judá; allí apa­centarán: en las casas de Ascalón dormirán a la noche; porque el SEÑOR su Dios los visitará, y tornará sus cautivos.
ZEP 2:8 Yo he oído las afrentas de Moab, y los denuestos de los hijos de Amón con que des­honraron a mi pueblo, y se engrandecieron sobre su térmi­no.
ZEP 2:9 Por tanto, vivo yo, dice el SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, que Moab será como Sodoma, y los hijos de Amón como Gomorra: campo de orti­gas, y mina de sal, y asolamiento perpetuo: el remanente de mi pueblo los saqueará, y el rema­nente de mi gente los heredará.
ZEP 2:10 Esto les vendrá por su soberbia, porque afrentaron, y se engrandecieron contra el pueblo del SEÑOR de los ejércitos.
ZEP 2:11 Terrible será el SEÑOR con­tra ellos, porque enervará a todos los dioses de la tierra; y cada uno desde su lugar se inclinará a él, todas las islas de las gentes.
ZEP 2:12 Vosotros también los de Etiopía seréis muertos con mi espada.
ZEP 2:13 Y extenderá su mano sobre el norte, y destruirá al asirio, y pondrá a Nínive en asolamiento, y en secadal como un desierto.
ZEP 2:14 Y rebaños harán en ella majada, todas las bestias de las naciones; el cormorán y el avetoro también dormirán en sus umbrales: [su] voz cantará en las ventanas; desolación [será] en las puertas, porque su enmaderamiento de cedro será descubierto.
ZEP 2:15 Ésta [es] la ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en su corazón: Yo, y no más. ¡Cómo fue en asolamiento, en cama de bestias! Cualquiera que pasare junto a ella silbará, meneará su mano.
ZEP 3:1 ¡AY de la ciudad ensuciada [y] contaminada [y] opresora!
ZEP 3:2 No escuchó la voz, ni recibió la disciplina: no se confió en el SEÑOR, no se acercó a su Dios.
ZEP 3:3 Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes: sus jue­ces, lobos de tarde que no dejan hueso para la mañana:
ZEP 3:4 Sus profetas, livianos, hombres prevaricadores: sus sacerdotes contaminaron el santuario, false­aron la ley.
ZEP 3:5 El SEÑOR justo en medio de ella, no hará iniquidad: de maña­na sacará a luz su juicio, nunca falta: mas el perverso no tiene vergüenza.
ZEP 3:6 Hice talar naciones; sus castillos están asolados; hice desiertas sus calles, hasta no quedar quien pase: sus ciudades están asoladas hasta no quedar hombre, hasta no quedar morador.
ZEP 3:7 Dije: Ciertamente me temerás, recibirás corrección; y no será su habitación derruída por todo aquello sobre que los visité. Mas ellos se levantaron de mañana y corrompieron todas sus obras.
ZEP 3:8 Por tanto, esperadme, dice el SEÑOR, al día que me levantaré al despojo: porque mi determina­ción es reunir las naciones, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el furor de mi ira; porque del fuego de mi celo será consumida toda la tie­rra.
ZEP 3:9 Por entonces volveré yo a los pueblos un lenguaje puro, para que todos invoquen el nombre del SEÑOR, para que de un consen­timiento le sirvan.
ZEP 3:10 De esa parte de los ríos de Etiopía, mis suplicantes, la hija de mis esparcidos, me traerán ofrenda.
ZEP 3:11 En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás del monte de mi santidad.
ZEP 3:12 Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, los cua­les esperarán en el nombre del SEÑOR.
ZEP 3:13 El resto de Israel no hará iniquidad, ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa: porque ellos serán apacentados y dormirán, y no habrá quien los espante.
ZEP 3:14 Canta, oh hija de Sión: da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalem.
ZEP 3:15 El SEÑOR ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus ene­migos: el SEÑOR es Rey de Israel en medio de ti; nunca más verás mal.
ZEP 3:16 En aquel tiempo se dirá a Jerusalem: No temas: Sión, no se debiliten tus manos.
ZEP 3:17 El SEÑOR en medio de ti, poderoso, él salvará; gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cantar.
ZEP 3:18 Reuniré a los fastidiados para la asamblea solemne; tuyos fueron; [para quienes] el oprobio de ella era una carga.
ZEP 3:19 He aquí, en aquel tiempo yo apremiaré a todos tus opresores; y salvaré la coja, y recogeré la descarriada; y pondrélos por ala­banza y por renombre en todo país de confusión.
ZEP 3:20 En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues os daré por renombre y por alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando tornaré vues­tros cautivos delante de vuestros ojos, dice el SEÑOR.
HAG 1:1 EN el año segundo del rey Darío en el mes sexto, en el primer día del mes, vino la palabra del SEÑOR, por mano del profeta Haggeo, a Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, diciendo:
HAG 1:2 El SEÑOR de los ejércitos habla así, diciendo: Este pueblo dice: No es aún venido el tiempo, el tiempo de que la casa del SEÑOR sea reedificada.
HAG 1:3 Vino pues la palabra del SEÑOR por mano del profeta Haggeo, diciendo:
HAG 1:4 ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta?
HAG 1:5 Pues así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Pensad bien sobre vuestros caminos.
HAG 1:6 Sembráis mucho, y encerráis poco; coméis, y no os hartáis; bebéis, y no os saciáis; os vestís, y no os calentáis; y el que anda a jornal recibe su jornal en trapo horadado.
HAG 1:7 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
HAG 1:8 Subid al monte, y traed made­ra, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré hon­rado, ha dicho el SEÑOR.
HAG 1:9 Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y soplo en ello. ¿Por qué? dice el SEÑOR de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.
HAG 1:10 Por eso se detuvo del cie­lo sobre vosotros el rocío, y la tierra detuvo sus frutos.
HAG 1:11 Y llamé la sequedad sobre esta tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre todo lo que la tierra produce, y sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos.
HAG 1:12 Y oyó Zorobabel hijo de Sealtiel, y Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y todo el demás pueblo, la voz del SEÑOR su Dios, y las palabras del profeta Haggeo, como lo había enviado el SEÑOR el Dios de ellos; y temió el pueblo delante del SEÑOR.
HAG 1:13 Entonces Haggeo, enviado del SEÑOR, habló por mandato del SEÑOR, al pueblo, diciendo: Yo soy con vosotros, dice el SEÑOR.
HAG 1:14 Y despertó el SEÑOR el espíritu de Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron e hicieron obra en la casa del SEÑOR de los ejércitos, su Dios,
HAG 1:15 En el día veinte y cuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío.
HAG 2:1 EN el [mes] séptimo, a los veinte y uno [del mes], vino la palabra del SEÑOR por mano del profeta Haggeo, diciendo:
HAG 2:2 Habla ahora a Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo:
HAG 2:3 ¿Quién ha quedado entre voso­tros que haya visto esta casa en su primera gloria, y cual ahora la veis? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?
HAG 2:4 Pues ahora, Zorobabel, esfuér­zate, dice el SEÑOR; esfuérzate también Josué, hijo de Josadac, gran sacerdote; y cobra ánimo, pueblo todo de la tierra, dice el SEÑOR, y obrad: porque yo soy con vosotros, dice el SEÑOR de los ejércitos.
HAG 2:5 [Según] el pacto que concerté con vosotros a vuestra salida de Egipto, así mi espíritu estará en medio de vosotros: no temáis.
HAG 2:6 Porque así dice el SEÑOR de los ejércitos: De aquí a poco aun haré yo temblar los cielos y la tierra, y el mar y la seca:
HAG 2:7 Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos.
HAG 2:8 Mía es la plata, y mío el oro, dice el SEÑOR de los ejércitos.
HAG 2:9 La gloria de esta casa pos­trera será mayor que la de la pri­mera, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el SEÑOR de los ejér­citos.
HAG 2:10 A veinticuatro del noveno [mes], en el segundo año de Darío, vino la palabra del SEÑOR por mano del profeta Haggeo, diciendo:
HAG 2:11 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo:
HAG 2:12 Si llevare alguno las carnes sagradas en la falda de su ropa, y con el vuelo [de ella] tocare el pan, o la vianda, o el vino, o el aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificado? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: No.
HAG 2:13 Y dijo Haggeo: Si un inmun­do a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de éstas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será.
HAG 2:14 Y respondió Haggeo y dijo: Así es este pueblo, y esta nación, delante de mí, dice el SEÑOR, y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofre­cen es inmundo.
HAG 2:15 Ahora pues, poned vuestro corazón desde este día en adelan­te, antes que pusiesen piedra sobre piedra en el templo del SEÑOR:
HAG 2:16 Antes que fuesen [estas cosas,] venían al montón de veinte [hane­gas], y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta [cántaros] del lagar, y había veinte.
HAG 2:17 Os herí con viento solano, y con tizoncillo, y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os [convertisteis] a mí, dice el SEÑOR.
HAG 2:18 Pues poned ahora vuestro corazón desde este día en adelan­te, desde el día veinticuatro del noveno [mes], desde el día que se echó el cimiento al templo del SEÑOR; poned vuestro corazón.
HAG 2:19 ¿Aun no está la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de la oliva ha todavía florecido: mas desde este día daré bendición.
HAG 2:20 Y vino otra vez la palabra del SEÑOR a Haggeo, a los veinticuatro del mismo mes, diciendo:
HAG 2:21 Habla a Zorobabel, goberna­dor de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra;
HAG 2:22 Y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza del reino de las gentes; y trastornaré el carro, y los que en él suben; y vendrán abajo los caballos, y los que en ellos montan, cada cual por la espada de su hermano.
HAG 2:23 En aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel, hijo de Sealtiel, sier­vo mío, dice el SEÑOR, y poner­te he como anillo de sellar: por­que yo te escogí, dice el SEÑOR de los ejércitos.
ZEC 1:1 EN el mes octavo, en el año segundo de Darío, vino la palabra del SEÑOR a Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Iddo el profeta, diciendo:
ZEC 1:2 Enojóse el SEÑOR con ira contra vuestros padres.
ZEC 1:3 Por lo tanto diles a ellos: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Volveos a mí, dice el SEÑOR de los ejér­citos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho el SEÑOR de los ejérci­tos.
ZEC 1:4 No seáis como vuestros padres, a los cuales dieron voces los pri­meros profetas, diciendo: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos, y [de] vuestras malas obras: pero no escucharon, ni me atendieron, dice el SEÑOR.
ZEC 1:5 Vuestros padres, ¿dónde [están]? y los profetas ¿han de vivir para siempre?
ZEC 1:6 Pero mis palabras y mis estatutos que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanza­ron a vuestros padres? Y se volvieron ellos y dijeron: Como el SEÑOR de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros.
ZEC 1:7 A los veinticuatro del mes undé­cimo, que [es] el mes de Sebat, en el año segundo de Darío, vino la pala­bra del SEÑOR a Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Iddo el profe­ta, diciendo:
ZEC 1:8 Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo bermejo, el cual estaba entre los mirtos que [había] en la hondura; y detrás de él [había] caballos ber­mejos, overos, y blancos.
ZEC 1:9 Entonces dije: ¿Qué [son] éstos, señor mío? Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Yo te enseñaré qué [son] éstos.
ZEC 1:10 Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió, y dijo: Éstos [son los] que el SEÑOR ha enviado a recorrer la tierra.
ZEC 1:11 Y ellos respondieron a aquel ángel del SEÑOR que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorri­do la tierra, y he aquí toda la tie­rra está reposada y quieta.
ZEC 1:12 Y respondió el ángel del SEÑOR, y dijo: Oh SEÑOR de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?
ZEC 1:13 Y el SEÑOR respondió al ángel que hablaba conmigo, [con] buenas palabras [y] palabras consoladoras.
ZEC 1:14 Y díjome el ángel que habla­ba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Celé a Jerusalem y a Sión con gran celo:
ZEC 1:15 Y con grande enojo estoy airado contra las gentes [que están] reposadas; porque yo estaba eno­jado un poco, y ellos ayudaron para la aflicción.
ZEC 1:16 Por tanto, así dice el SEÑOR: Yo me he vuelto a Jerusalem con misericordias; en ella será edificada mi casa, dice el SEÑOR de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalem.
ZEC 1:17 Clama aún, diciendo: Así dice el SEÑOR de los ejércitos: Aún serán ensanchadas mis ciudades por la prosperidad; y aún consolará el SEÑOR a Sión, y escogerá todavía a Jerusalem.
ZEC 1:18 Después alcé mis ojos, y miré, y he aquí cuatro cuernos.
ZEC 1:19 Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué [son] éstos? Y res­pondióme: Éstos [son] los cuernos que aventaron a Judá, a Israel, y a Jerusalem.
ZEC 1:20 Mostróme luego el SEÑOR cuatro carpinteros.
ZEC 1:21 Entonces yo dije: ¿Qué vienen éstos a hacer? Y él habló, diciendo: Éstos [son] los cuernos que dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de los gentiles, que alzaron [su] cuerno sobre la tierra de Judá para dispersarla.
ZEC 2:1 ALCÉ después mis ojos, y miré y he aquí un varón que tenía en su mano un cordel de medir.
ZEC 2:2 Y díjele: ¿A dónde vas? Y él me respondió: A medir a Jerusalem, para ver cuánta [es] su anchura, y cuánta su longitud.
ZEC 2:3 Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro,
ZEC 2:4 Y díjole: Corre, habla a este mozo, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalem a causa de la multitud de los hombres, y del ganado en medio de ella.
ZEC 2:5 Yo seré para ella, dice el SEÑOR, muro de fuego en derredor, y seré por gloria en medio de ella.
ZEC 2:6 Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice el SEÑOR, pues por los cuatro vientos del cie­lo os esparcí, dice el SEÑOR.
ZEC 2:7 Oh Sión, la que moras [con] la hija de Babilonia, escápate.
ZEC 2:8 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Después de la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron: porque el que os toca, toca a la niña de su ojo.
ZEC 2:9 Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despo­jo a sus siervos, y sabréis que el SEÑOR de los ejércitos me envió.
ZEC 2:10 Canta y alégrate, hija de Sión: porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho el SEÑOR.
ZEC 2:11 Y muchas naciones se unirán al SEÑOR en aquel día, y serán mi pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que el SEÑOR de los ejércitos me ha enviado a ti.
ZEC 2:12 Y el SEÑOR poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalem.
ZEC 2:13 Calle toda carne delante del SEÑOR, porque él se ha levan­tado de su santa morada.
ZEC 3:1 Y MOSTRÓME a Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás estaba a su mano derecha para resistirle.
ZEC 3:2 Y dijo el SEÑOR a Satanás: El SEÑOR te reprenda, oh Satanás; Sí, el SEÑOR que ha escogido a Jerusalem, te reprenda. ¿No [es] éste un tizón arrebatado del incendio?
ZEC 3:3 Y Josué estaba vestido de vesti­mentas viles, y estaba delante del ángel.
ZEC 3:4 Y él respondió y habló a los que estaban delante de sí, diciendo: Quitadle esas vestimentas viles. Y a él dijo: Mira que he hecho pasar tu iniquidad de ti, y te vestiré con cambio de ropa.
ZEC 3:5 Y yo dije: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y vistiéronle de ropas. Y el ángel del SEÑOR estaba en pie.
ZEC 3:6 Y el ángel del SEÑOR protes­tó al mismo Josué, diciendo:
ZEC 3:7 Así dice el SEÑOR de los ejér­citos: Si anduvieres por mis cami­nos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también tú guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré plaza.
ZEC 3:8 Escucha pues ahora, Josué gran sacerdote, tú, y tus amigos que se sientan delante de ti; por­que [son] varones admirables: He aquí, yo traigo a mi siervo, el RENUEVO.
ZEC 3:9 Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra [habrán] siete ojos: he aquí, yo grabaré su escultura, dice el SEÑOR de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día.
ZEC 3:10 En aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos, cada uno de vosotros llamará a su vecino debajo de la vid, y debajo de la higuera.
ZEC 4:1 Y VOLVIÓ el ángel que hablaba conmigo, y despertóme como un hombre que es despertado de su sueño.
ZEC 4:2 Y díjome: ¿Qué ves? Y yo dije: He mirado, y he aquí un candelero todo [de] oro, con un tazón encima, y sus siete lámparas encima; y siete tubos para las lámparas que [están] encima de él;
ZEC 4:3 Y sobre él dos olivos, el uno al [lado] derecho del tazón, y el otro al [lado] izquierdo.
ZEC 4:4 Entonces contesté, y hablé a aquel ángel que hablaba conmigo, diciendo: ¿Qué [son] éstos, señor mío?
ZEC 4:5 Y el ángel que hablaba conmi­go respondió, y díjome: ¿No sabes qué son éstos? Y dije: No, señor mío.
ZEC 4:6 Entonces respondió y hablóme, diciendo: Ésta [es] la palabra del SEÑOR a Zorobabel, en que se dice: No con fuerza, ni con poder, sino con mi espíritu, dice el SEÑOR de los ejércitos.
ZEC 4:7 ¿Quién [eres] tú, oh gran montaña? Delante de Zorobabel [serás reducido] a llanura; y él sacará la piedra angular [con] aclamaciones: Gracia, gracia a ella.
ZEC 4:8 Y vino la palabra del SEÑOR a mí, diciendo:
ZEC 4:9 Las manos de Zorobabel echa­rán el fundamento a esta casa, y sus manos la acabarán; y conoce­rás que el SEÑOR de los ejérci­tos me envió a vosotros.
ZEC 4:10 Porque, ¿quién ha menospreciado el día de las pequeñeces? Pues se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Esos siete [son] los ojos del SEÑOR que recorren por toda la tierra.
ZEC 4:11 Entonces respondí, y díjele: ¿Qué [son] estos dos olivos al [lado] derecho del candelero, y a su [lado] izquierdo?
ZEC 4:12 Respondí aún de nuevo, y díjele: ¿Qué [son estas] dos ramas de olivos que por medio de dos tubos de oro vierten de sí [aceite como] oro?
ZEC 4:13 Y respondióme, diciendo: ¿No sabes qué [son] éstas? Y dije: SEÑOR mío, no.
ZEC 4:14 Entonces él dijo: Éstos [son] los dos ungidos que están delante del SEÑOR de toda la tierra.
ZEC 5:1 Y TORNÉME, y alcé mis ojos, y miré, y he aquí un rollo que volaba.
ZEC 5:2 Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez codos de ancho.
ZEC 5:3 Díjome entonces: Ésta [es] la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta será desarraigado [como] en este lado según ello; y todo aquel que jura será desarraigado [como] en ese lado según ello.
ZEC 5:4 Yo la saqué, dice el SEÑOR de los ejércitos, y vendrá a la casa del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en mi nombre; y permanecerá en medio de su casa, y consumirála, con sus enmaderamientos y sus piedras.
ZEC 5:5 Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y díjome: Alza ahora tus ojos, y ve qué [es] esto que sale.
ZEC 5:6 Y dije: ¿Qué [es]? Y él dijo: Éste [es] un efa que sale. Además dijo: Ésta [es] la semejanza de ellos en toda la tierra.
ZEC 5:7 Y he aquí, fue levantado un talento de plomo, y ésta [es] una mujer que estaba asentada en medio del efa.
ZEC 5:8 Y él dijo: Ésta [es] la maldad; y echóla dentro del efa, y echó la masa de plomo en su boca.
ZEC 5:9 Alcé luego mis ojos, y miré, y he aquí dos mujeres que salían, y [traían] viento en sus alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa entre la tierra y el cielo.
ZEC 5:10 Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el efa?
ZEC 5:11 Y él me dijo: Para que le sea edificada casa en tierra de Sinar: y será establecida y puesta allí sobre su propia base.
ZEC 6:1 Y TORNÉME, y alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros que salían de entre dos montes; y aquellos montes eran de latón.
ZEC 6:2 En el primer carro había caba­llos bermejos, y el segundo carro caballos negros,
ZEC 6:3 Y en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caba­llos overos y rucios rodados.
ZEC 6:4 Respondí entonces, y dije al ángel que conmigo hablaba: SEÑOR mío, ¿qué es esto?
ZEC 6:5 Y el ángel me respondió, y díjome: Éstos son los cuatro vientos de los cielos, que salen de donde están delante del SEÑOR de toda la tierra.
ZEC 6:6 En el que estaban los caballos negros, salieron hacia la tierra del norte: y los blancos salie­ron tras ellos; y los overos salie­ron hacia la tierra del sur.
ZEC 6:7 Y los rucios salieron, y se afa­naron por ir a recorrer la tierra. Y dijo: Id, recorred la tierra. Y reco­rrieron la tierra.
ZEC 6:8 Luego me llamó, y hablóme diciendo: Mira, los que salieron hacia la tierra del norte hicie­ron reposar mi espíritu en la tie­rra del norte.
ZEC 6:9 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo:
ZEC 6:10 Toma de los del cautiverio, de Heldai, y de Tobías, y de Jedaía, los cuales volvieron de Babilonia; y vendrás tú en aquel día, y entra­rás en casa de Josías hijo de Sefanías;
ZEC 6:11 Tomarás pues plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del gran sacerdote Josué, hijo de Josadac;
ZEC 6:12 Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado el SEÑOR de los ejérci­tos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es RENUEVO, el cual brotará de su lugar, y edifi­cará el templo del SEÑOR:
ZEC 6:13 Él edificará el templo del SEÑOR, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio; y con­sejo de paz será entre ambos a dos.
ZEC 6:14 Y Helem, y Tobías, y Jedaía, y Hen, hijo de Sefanías, tendrán coronas por memorial en el tem­plo del SEÑOR.
ZEC 6:15 Y los que están lejos vendrán y edificarán en el templo del SEÑOR, y conoceréis que el SEÑOR de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y será [esto,] si oyereis obedientes la voz del SEÑOR vuestro Dios.
ZEC 7:1 Y ACONTECIÓ en el año cuarto del rey Darío, que vino la palabra del SEÑOR a Zacarías a los cuatro del mes noveno, que es Quisleu;
ZEC 7:2 Cuando fue enviado a la casa de Dios, Saraser, con Regem-melec y sus hombres, a implo­rar el favor del SEÑOR,
ZEC 7:3 Y a hablar a los sacerdotes que estaban en la casa del SEÑOR de los ejércitos, y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años?
ZEC 7:4 Vino pues a mí la palabra del SEÑOR de los ejércitos, dicien­do:
ZEC 7:5 Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo [mes] estos setenta años, ¿habéis ayu­nado para mí?
ZEC 7:6 Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros?
ZEC 7:7 ¿No [oiréis] las palabras que proclamó el SEÑOR por medio de los profetas primeros, cuando Jerusalem estaba habitada y próspera, y sus ciudades en sus alrededores, y el sur y la campiña estaban habitados?
ZEC 7:8 Y vino la palabra del SEÑOR a Zacarías, diciendo:
ZEC 7:9 Así habló el SEÑOR de los ejércitos, diciendo: Juzgad juicio verdadero, y haced misericordia y compasión cada cual con su herma­no:
ZEC 7:10 No oprimáis a la viuda, ni al huérfano, ni al extranjero, ni al pobre; ni ninguno maquinéis mal en su corazón contra su herma­no.
ZEC 7:11 Pero no quisieron escu­char, antes dieron hombro rebe­lado, y agravaron sus oídos para no oír:
ZEC 7:12 Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que el SEÑOR de los ejércitos enviaba por su espíritu, por mano de los profetas prime­ros: fue, por tanto, hecho grande castigo por el SEÑOR de los ejércitos.
ZEC 7:13 Y aconteció que como él clamó, y no escucharon, así ellos clamaron, y yo no escuché, dice el SEÑOR de los ejércitos;
ZEC 7:14 Antes los esparcí con torbelli­no por todas las naciones que ellos no conocían, y la tierra fue deso­lada tras de ellos, sin quedar quien fuese ni viniese; pues tor­naron en asolamiento el país deseable.
ZEC 8:1 Y VINO [a mí] la palabra del SEÑOR de los ejércitos, diciendo:
ZEC 8:2 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Yo he celado a Sión con grande celo, y con grande ira la celé.
ZEC 8:3 Así dice el SEÑOR: Yo he res­tituído a Sión, y moraré en medio de Jerusalem: y Jerusalem se lla­mará Ciudad de Verdad, y el monte del SEÑOR de los ejérci­tos, Monte de Santidad.
ZEC 8:4 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Aun han de morar vie­jos y viejas en las plazas de Jerusalem, y cada cual con bor­dón en su mano por la multitud de los días.
ZEC 8:5 Y las calles de la ciudad serán llenas de muchachos y mucha­chas, que jugarán en las calles.
ZEC 8:6 Así dice el SEÑOR de los ejér­citos: Si esto parecerá dificultoso a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, ¿también será dificultoso delante de mis ojos? dice el SEÑOR de los ejércitos.
ZEC 8:7 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: He aquí, yo salvo mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol;
ZEC 8:8 Y traerélos, y habitarán en medio de Jerusalem; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios con verdad y con justicia.
ZEC 8:9 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, de vosotros los que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa del SEÑOR de los ejércitos, para edificar el templo.
ZEC 8:10 Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre, ni paga de bestia, ni hubo paz algu­na para entrante ni para saliente, a causa del enemigo: y yo dejé todos los hombres, cada cual contra su compañero.
ZEC 8:11 Mas ahora no [lo haré] con el resto de este pueblo como en aquellos días pasados, dice el SEÑOR de los ejércitos.
ZEC 8:12 Porque [habrá] simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el resto de este pueblo posea todo esto.
ZEC 8:13 Y será que como fuisteis mal­dición entre las gentes, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré, y seréis bendición. No temáis, mas esfuércense vuestras manos.
ZEC 8:14 Porque así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vues­tros padres me provocaron a ira, dice el SEÑOR de los ejércitos, y no me arrepentí;
ZEC 8:15 Así tornando he pensado de hacer bien a Jerusalem y a la casa de Judá en estos días: no temáis.
ZEC 8:16 Éstas [son] las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad en vuestras puertas verdad y juicio de paz:
ZEC 8:17 Y ninguno de vosotros maquinéis mal en su corazón contra su prójimo, ni améis juramento falso: porque todas éstas [son cosas] que aborrezco, dice el SEÑOR.
ZEC 8:18 Y vino a mí la palabra del SEÑOR de los ejércitos, dicien­do:
ZEC 8:19 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: El ayuno del cuarto [mes], y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se tornarán a la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad pues verdad y paz.
ZEC 8:20 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: Aun vendrán pueblos, y moradores de muchas ciuda­des;
ZEC 8:21 Y vendrán los moradores de la una a la otra, y dirán: Vamos a implorar el favor del SEÑOR, y a buscar al SEÑOR de los ejér­citos. Yo también iré.
ZEC 8:22 Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar al SEÑOR de los ejércitos en Jerusalem, y a implorar el favor del SEÑOR.
ZEC 8:23 Así ha dicho el SEÑOR de los ejércitos: En aquellos días [acon­tecerá] que diez hombres de todas las lenguas de las naciones, traba­rán de la falda de un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros.
ZEC 9:1 La carga de la palabra del SEÑOR en la tierra de Hadrac, y de Damasco su reposo: cuando los ojos de los hombres y de todas las tribus de Israel [se vuelvan] al SEÑOR.
ZEC 9:2 Y también Hamat tendrá tér­mino en ella; Tiro y Sidón, aun­que muy sabia sea.
ZEC 9:3 Bien que Tiro se edificó forta­leza, y amontonó plata como polvo, y oro como lodo de las calles,
ZEC 9:4 He aquí, el SEÑOR la empo­brecerá, y herirá en el mar su for­taleza, y ella será consumida de fuego.
ZEC 9:5 Ascalón verá, y temerá; Gaza también, y se dolerá en gran manera: asimismo Ecrón, porque su expectativa será confundida; y de Gaza perecerá el rey, y Ascalón no será habitada.
ZEC 9:6 Y habitará en Asdod un extran­jero, y yo talaré la soberbia de los filisteos;
ZEC 9:7 Y quitaré sus sangres de su boca, y sus abominaciones de sus dien­tes, y quedarán ellos también para nuestro Dios, y serán como capita­nes en Judá, y Ecrón como el jebuseo.
ZEC 9:8 Y seré real de ejército a mi casa, a causa del que va y del que viene: y no pasará más sobre ellos angustiador; porque ahora miré con mis ojos.
ZEC 9:9 Alégrate mucho, oh hija de Sión; da voces de júbilo, oh hija de Jerusalem: he aquí, tu Rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, y sobre un pollino hijo de asna.
ZEC 9:10 Y de Efraím destruiré los carros, y los caballos de Jerusalem; y los arcos de guerra serán quebrados: y hablará paz a las gentes; y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.
ZEC 9:11 Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he saca­do tus presos del aljibe en que no hay agua.
ZEC 9:12 Tornaos a la fortaleza, oh pre­sos de esperanza: hoy también os anuncio que os daré doblado.
ZEC 9:13 Porque entesado he para mí a Judá [como] arco, henchí a Efraím; y despertaré tus hijos, oh Sión, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente.
ZEC 9:14 Y el SEÑOR será visto sobre ellos, y su dardo saldrá como relámpago: y el Señor DIOS toca­rá trompeta, e irá como torbellinos del sur.
ZEC 9:15 El SEÑOR de los ejércitos los amparará, y ellos devorarán, y sujetarán a las piedras de la honda, y beberán, y harán estré­pito como [tomados] del vino; y se llenarán como cuenco, o como los lados del altar.
ZEC 9:16 Y los salvará en aquel día el SEÑOR su Dios como a rebaño de su pueblo: porque serán engrandecidos en su tierra como piedras de corona.
ZEC 9:17 Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará a los mancebos, y el vino a las doncellas.
ZEC 10:1 PEDID al SEÑOR lluvia en la estación tardía: el SEÑOR hará nubes brillantes, y les dará lluvia abundante, y a cada uno hierba en el campo.
ZEC 10:2 Porque los ídolos han hablado vanidad, y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños falsos, en vano consue­lan: por lo cual se fueron ellos como ovejas, fueron atribulados porque no [tuvieron] pastor.
ZEC 10:3 Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré los machos de cabrío: porque el SEÑOR de los ejércitos visitó su rebaño, la casa de Judá, y los ha hecho como su caballo de honor en la batalla.
ZEC 10:4 De él saldrá el ángulo, de él la clavija, de él el arco de la batalla, de él también todo opresor.
ZEC 10:5 Y serán como poderosos, que pisan a [sus enemigos] en el lodo de las calles en la batalla; y lucharán, porque el SEÑOR [está] con ellos, y los jinetes a caballo serán confundidos.
ZEC 10:6 Porque yo fortificaré la casa de Judá, y salvaré la casa de José; y harélos volver, porque de ellos tendré piedad; y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy el SEÑOR su Dios, que los oiré.
ZEC 10:7 Y será Efraím como valiente, y alegraráse su corazón como de vino: sus hijos también verán y se alegrarán; su corazón se goza­rá en el SEÑOR.
ZEC 10:8 Yo les silbaré y los juntaré, por­que los he redimido; y serán multiplicados como fueron mul­tiplicados.
ZEC 10:9 Bien que los sembraré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y tornarán.
ZEC 10:10 Porque yo los tornaré de la tierra de Egipto, y los recogeré de la Asiria; y traerélos a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará.
ZEC 10:11 Y la tribulación pasará por el mar, y en el mar herirá las ondas, y se secarán todas las honduras del río: y la soberbia del asirio será derribada, y se perderá el cetro de Egipto.
ZEC 10:12 Y yo los fortificaré en el SEÑOR, y caminarán en su nombre, dice el SEÑOR.
ZEC 11:1 OH Líbano, abre tus puertas, y queme fuego tus cedros.
ZEC 11:2 Aúlla, oh ciprés, porque el cedro cayó, porque los magnífi­cos son talados. Aullad, encinas de Basán, porque el fuerte monte es derribado.
ZEC 11:3 Voz de aullido de pastores, por­que su magnificencia es asolada; estruendo de rugidos de cacho­rros de leones, porque la sober­bia del Jordán es destruída.
ZEC 11:4 Así ha dicho el SEÑOR mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza;
ZEC 11:5 A las cuales mataban sus com­pradores, y no se tenían por cul­pables; y el que las vendía, decía: Bendito sea el SEÑOR, que he enriquecido; ni sus pastores tení­an piedad de ellas.
ZEC 11:6 Por tanto, no más tendré piedad de los moradores de la tierra, dice el SEÑOR: porque he aquí, yo entregaré los hombres, cada cual en mano de su compañero, y en mano de su rey; y quebranta­rán la tierra, y yo no libraré de sus manos.
ZEC 11:7 Apacenté pues las ovejas de la matanza, es a saber, los pobres del rebaño. Y me tomé dos caya­dos; al uno puse por nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apa­centé las ovejas.
ZEC 11:8 E hice matar tres pastores en un mes, y mi alma se angustió por ellos, y también el alma de ellos me aborreció a mí.
ZEC 11:9 Y dije: No os apacentaré; la que muriere, muera; y la que se perdiere, se pierda; y las que que­daren, que cada una coma la carne de su compañera.
ZEC 11:10 Tomé luego mi cayado Gracia, y quebrélo, para desha­cer mi pacto que concerté con todos los pueblos.
ZEC 11:11 Y fue deshecho en ese día, y así conocieron los pobres del rebaño que miran a mí, que era palabra del SEÑOR.
ZEC 11:12 Y díjeles: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, deja­dlo. Y pesaron para mi salario treinta [piezas] de plata.
ZEC 11:13 Y díjome el SEÑOR: Échalo al alfarero, hermoso precio con que me han apreciado. Y tomé las treinta [piezas] de plata, y eché­las al alfarero en la casa del SEÑOR.
ZEC 11:14 Quebré luego el otro mi caya­do Ataduras, para romper la her­mandad entre Judá e Israel.
ZEC 11:15 Y díjome el SEÑOR: Toma aún los aperos de un pastor insensato;
ZEC 11:16 Porque, he aquí, levantaré un pastor en la tierra, [quien] no visitará a ellas que están cortadas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni alimentará la que está sola; sino que comerá la carne de la gruesa, y despedazará sus uñas.
ZEC 11:17 ¡Ay del pastor inútil que deja el rebaño! La espada [será] sobre su brazo, y sobre su ojo derecho; y su brazo será secado del todo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido.
ZEC 12:1 CARGA de la palabra del SEÑOR acerca de Israel. El SEÑOR, que extiende los cielos, y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho:
ZEC 12:2 He aquí, yo pongo a Jerusalem por copa de temblor a todos los pueblos de alrededor cuando estén en el sitio contra Judá y contra Jerusalem.
ZEC 12:3 Y será en aquel día, que yo pondré a Jerusalem por piedra pesada a todos los pueblos: todos los que se la cargaren, serán des­pedazados, bien que todas las gentes de la tierra se juntarán contra ella.
ZEC 12:4 En aquel día, dice el SEÑOR, heriré con aturdimiento a todo caballo, y con locura al que en él sube; mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con cegue­ra.
ZEC 12:5 Y los capitanes de Judá dirán en su corazón: Mi fuerza son los moradores de Jerusalem en el SEÑOR de los ejércitos su Dios.
ZEC 12:6 En aquel día pondré los capita­nes de Judá como un brasero de fuego en leña, y como una hacha de fuego en gavillas; y consumi­rán a diestra y a siniestra todos los pueblos alrededor: y Jerusalem será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalem.
ZEC 12:7 Y librará el SEÑOR las tiendas de Judá primero, porque la gloria de la casa de David y del mora­dor de Jerusalem no se engran­dezca sobre Judá.
ZEC 12:8 En aquel día el SEÑOR defen­derá al morador de Jerusalem: y el que entre ellos fuere flaco, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como ángeles, como el ángel del SEÑOR delante de ellos.
ZEC 12:9 Y será que en aquel día yo procuraré quebrantar todas las naciones que vinieren contra Jerusalem.
ZEC 12:10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalem, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito.
ZEC 12:11 En aquel día habrá gran llanto en Jerusalem, como el llanto de Adadrimón en el valle de Meguido.
ZEC 12:12 Y la tierra lamentará, cada linaje de por sí; el linaje de la casa de David por sí, y sus esposas por sí; el linaje de la casa de Natán por sí, y sus esposas por sí;
ZEC 12:13 El linaje de la casa de Leví por sí, y sus esposas por sí; el linaje de Simei por sí, y sus esposas por sí;
ZEC 12:14 Todos los otros linajes, los linajes por sí, y sus esposas por sí.
ZEC 13:1 EN aquel tiempo habrá manan- tial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalem, para el pecado y la inmundicia.
ZEC 13:2 Y será en aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos, que talaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más ven­drán en memoria: y también haré talar de la tierra los profetas, y espíritu de inmundicia.
ZEC 13:3 Y será que cuando alguno más profetizare, diránle su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado men­tira en el nombre del SEÑOR: y su padre y su madre que lo engendraron, le alancearán cuan­do profetizare.
ZEC 13:4 Y será en aquel tiempo, que todos los profetas se avergonza­rán de su visión cuando profeti­zaren; ni nunca más se vestirán de manto velloso para mentir.
ZEC 13:5 Y dirá: No soy profeta; labra­dor soy de la tierra: porque [esto] aprendí del hombre desde mi juventud.
ZEC 13:6 Y le preguntarán: ¿Qué heridas son éstas en tus manos? Y él res­ponderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.
ZEC 13:7 Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compa­ñero mío, dice el SEÑOR de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas: mas tor­naré mi mano sobre los chiqui­tos.
ZEC 13:8 Y acontecerá en toda la tierra, dice el SEÑOR, que las dos par­tes serán taladas en ella, y se per­derán; mas la tercera quedará en ella.
ZEC 13:9 Y meteré en el fuego la tercera parte, y los refinaré como se refina la plata, y los probaré como se prueba el oro. Invocarán mi nombre, y yo les oiré, y diré: Pueblo mío; y ellos dirán: El SEÑOR [es] mi Dios.
ZEC 14:1 HE aquí, el día del SEÑOR viene, y tus despojos serán repartidos en medio de ti.
ZEC 14:2 Porque yo reuniré todas las naciones en batalla contra Jerusalem; y la ciudad será tomada, y saquea­das serán las casas, y forzadas las mujeres: y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será talado de la ciu­dad.
ZEC 14:3 Después saldrá el SEÑOR, y peleará con aquellas naciones, como peleó el día de la batalla.
ZEC 14:4 Y afirmaránse sus pies en aquel día sobre el monte de las Olivas, que está en frente de Jerusalem a la parte de oriente: y el monte de las Olivas se partirá por medio de sí hacia el oriente y hacia el occi­dente, [haciendo] un muy grande valle; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.
ZEC 14:5 Y huiréis al valle de los mon­tes; porque el valle de los montes llegará hasta Hasal; y huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías, rey de Judá: y vendrá el SEÑOR mi Dios, y con él todos los santos.
ZEC 14:6 Y acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni oscura.
ZEC 14:7 Y será un día, el cual es cono­cido del SEÑOR, que ni será día ni noche; mas acontecerá que al tiempo de la tarde habrá luz.
ZEC 14:8 Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalem aguas vivas; la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno.
ZEC 14:9 Y el SEÑOR será rey sobre toda la tierra. En aquel día el SEÑOR será uno, y uno su nom­bre.
ZEC 14:10 Y toda la tierra se tornará como llanura desde Gabaa hasta Rimón al sur de Jerusalem: y ésta será enaltecida, y habitarse ha en su lugar desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta primera, hasta la puerta de los rincones; y desde la torre de Hananeel hasta los lagares del rey.
ZEC 14:11 Y morarán en ella, y nunca más será anatema; sino que será Jerusalem habitada confiada­mente.
ZEC 14:12 Y ésta será la plaga con que herirá el SEÑOR a todos los pue­blos que pelearon contra Jerusalem: la carne de ellos se disolverá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán sus ojos en sus cuencas, y su lengua se les deshará en su boca.
ZEC 14:13 Y acontecerá en aquel día que habrá en ellos gran quebranta­miento del SEÑOR; porque tra­bará cada uno de la mano de su compañero, y su mano echará contra la mano de su compañero.
ZEC 14:14 Y Judá también peleará en Jerusalem. Y serán reunidas las riquezas de todas las gentes de alrededor: oro, y plata, y ropas de vestir, en grande abundancia.
ZEC 14:15 Y tal como esto será la plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de los asnos, y de todas las bestias que estuvieren en aquellos campamentos.
ZEC 14:16 Y todos los que quedaren de las naciones que vinieron contra Jerusalem subirán de año en año a adorar al Rey, el SEÑOR de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos.
ZEC 14:17 Y acontecerá, que los de las familias de la tierra que no subie­ren a Jerusalem a adorar al Rey, el SEÑOR de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia.
ZEC 14:18 Y si la familia de Egipto no subiere, y no viniere, sobre ellos no [habrá lluvia]; vendrá la plaga con que el SEÑOR herirá las gentes que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos.
ZEC 14:19 Éste será el castigo[ de Egipto, y el castigo de todas las naciones que no subieren a cele­brar la fiesta de los tabernáculos.
ZEC 14:20 En aquel tiempo estará sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD AL SEÑOR; y las ollas en la casa del SEÑOR serán como los tazones delante del altar.
ZEC 14:21 Y será toda olla en Jerusalem y en Judá santidad al SEÑOR de los ejércitos: y todos los que sacrificaren, vendrán y tomarán de ellas, y cocerán en ellas: y no habrá más cananeo alguno en la casa del SEÑOR de los ejércitos en aquel tiempo.
MAL 1:1 CARGA de la palabra del SEÑOR contra Israel, por mano de Malaquías.
MAL 1:2 Yo os he amado, dice el SEÑOR; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No [era] Esaú hermano de Jacob, dice el SEÑOR, y amé a Jacob,
MAL 1:3 Y a Esaú aborrecí, y torné sus montes en asolamiento, y su posesión para los dragones del desierto?
MAL 1:4 Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, mas torne­mos a edificar lo arruinado; así ha dicho el SEÑOR de los ejérci­tos: Ellos edificarán, y yo des­truiré: y les llamarán provincia de impiedad, y pueblo contra quien el SEÑOR se airó para siempre.
MAL 1:5 Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea el SEÑOR engrandecido sobre la provincia de Israel.
MAL 1:6 El hijo honra a [su] padre, y el sier­vo a su señor: si pues [soy] yo padre, ¿Qué [es] de mi honra? y si [soy] señor, ¿qué [es] de mi temor?, dice el SEÑOR de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospre­ciado tu nombre?
MAL 1:7 Que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos amancillado? En que decís: La mesa del SEÑOR [es] despreciable.
MAL 1:8 Y cuando ofrecéis el [animal] ciego para sacrificar, ¿No [es] malo? asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no [es] malo? Preséntalo pues a tu gobernador: ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 1:9 Ahora pues, orad a la faz de Dios que tenga piedad de noso­tros: esto de vuestra mano vino: ¿Le seréis agradables? dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 1:10 ¿Quién también [hay] de vosotros que cierre las puertas [en vano]? Ni encendéis [fuego] en mi altar por nada. Yo no tengo placer en vosotros, dice el SEÑOR de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda.
MAL 1:11 Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, [es] grande mi nombre entre los gentiles; y en todo lugar se ofrece incienso a mi nombre, y ofrenda pura: porque grande [es] mi nombre entre las gentes, dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 1:12 Y vosotros lo habéis profana­do cuando decís: Inmunda [es] la mesa del SEÑOR; y cuando hablan [que] su alimento [es] des­preciable.
MAL 1:13 Habéis además dicho: ¡Oh qué trabajo! y lo desechasteis, dice el SEÑOR de los ejércitos; y trajisteis [lo que es] hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Seráme acepto eso de vuestra mano? dice el SEÑOR.
MAL 1:14 Maldito el engañador, que tiene macho en su rebaño, y promete, y sacrifica lo dañado al SEÑOR: porque yo [soy] un gran Rey, dice el SEÑOR de los ejér­citos, y mi nombre [es] formidable entre las gentes.
MAL 2:1 AHORA pues, oh sacerdotes, a vosotros es este mandamiento.
MAL 2:2 Si no oyereis, y si no propusiereis en vuestro corazón, dar gloria a mi nombre, dice el SEÑOR de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y ya las he maldecido, porque no lo ponéis en vuestro corazón.
MAL 2:3 He aquí, yo os daño la sementera, y esparciré el estiércol sobre vuestros rostros, [aun] el estiércol de vuestras fiestas solemnes, y con él seréis removidos.
MAL 2:4 Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 2:5 Mi pacto fue con él de vida y de paz, las cuales cosas yo le di [por] el temor con que me temió, y delante de mi nombre estuvo humillado.
MAL 2:6 La Ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios: en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad.
MAL 2:7 Porque los labios de los sacer­dotes han de guardar el conocimiento, y de su boca buscarán la ley; porque mensajero [es] del SEÑOR de los ejércitos.
MAL 2:8 Mas vosotros os habéis aparta­do del camino; habéis hecho tro­pezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 2:9 Por tanto, yo también os torné viles y bajos a todo el pueblo, según que vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley tenéis acepción de personas.
MAL 2:10 ¿No tenemos todos un [mismo] padre? ¿No nos ha creado un [mismo] Dios? ¿Por qué menos­preciaremos cada uno a su her­mano, quebrantando el pacto de nuestros padres?
MAL 2:11 Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalem ha sido cometida abominación; porque Judá ha profanado la santidad del SEÑOR que amó, y casádose con hija de dios extraño.
MAL 2:12 El SEÑOR talará de los tabernáculos de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela, y al que responde, y al que ofrece presen­te al SEÑOR de los ejércitos.
MAL 2:13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar del SEÑOR de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a presente, para acep­tarlo con gusto de vuestra mano.
MAL 2:14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque el SEÑOR ha atestiguado entre ti y la esposa de tu mocedad, contra la cual tú has sido desleal, [siendo] ella tu compañera, y la esposa de tu pacto.
MAL 2:15 Pues qué ¿No hizo él uno [solo] aunque tenía la abundancia del espíritu? ¿Y por qué uno? Para que procurara una simiente de Dios. Guardaos pues en vuestros espíritus, y contra la esposa de vuestra mocedad no seáis deslea­les.
MAL 2:16 Porque el SEÑOR, el Dios de Israel ha dicho que él aborrece que sea repudiada; y cubra la iniquidad con su vestidura, dijo el SEÑOR de los ejércitos. Guardaos pues en vuestros espíritus, y no seáis desleales.
MAL 2:17 Habéis hecho cansar al SEÑOR con vuestras palabras. Y diréis: ¿En qué [le] hemos cansa­do? Cuando decís: Cualquiera que mal hace agrada al SEÑOR, y en los tales toma contenta­miento: de otra manera, ¿Dónde [está] el Dios de juicio?
MAL 3:1 HE aquí, yo enviaré mi men- sajero, el cual preparará el camino delante de mí: y repentinamente vendrá a su templo el SEÑOR a quien buscáis; es decir, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 3:2 ¿Pero quién podrá soportar el día de su venida? y ¿quién se parará cuando él aparezca? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.
MAL 3:3 Y él se sentará [como] refinador y purificador de plata: y él purificará los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata; y ofrecerán al SEÑOR ofrenda con justicia.
MAL 3:4 Y será agradable al SEÑOR la ofrenda de Judá y de Jerusalem, como en los días pasados, y como en los años antiguos.
MAL 3:5 Y llegarme he a vosotros a juicio: y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros; y contra los que juran mentira, y los que detienen el salario del jornalero, de la viuda, y del huérfano, y los que privan [de su derecho] al extranjero, no teniendo temor de mí, dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 3:6 Porque yo el SEÑOR, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumi­dos.
MAL 3:7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis ordenanzas, y no [las] guardasteis. Tornaos a mí, y yo me tornaré a vosotros, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de tornar?
MAL 3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En los diezmos y las ofrendas.
MAL 3:9 Malditos [sois] con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.
MAL 3:10 Traed todos los diezmos al alfolí, para que haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el SEÑOR de los ejércitos, si no os abriré las ventanas del cielo, y verteré sobre vosotros bendición hasta que no [haya lugar] suficiente [para recibirla].
MAL 3:11 Increparé también por voso­tros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abor­tará, dice el SEÑOR de los ejér­citos.
MAL 3:12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 3:13 Vuestras palabras han preva­lecido contra mí, dice el SEÑOR. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?
MAL 3:14 Habéis dicho: Por demás [es] servir a Dios: ¿Y qué aprovecha que guardemos su ordenanza, y que andemos tristes delante del SEÑOR de los ejércitos?
MAL 3:15 Decimos pues ahora, bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son edificados: sí, [los que] tientan a Dios, aun son librados.
MAL 3:16 Entonces los que temen al SEÑOR hablaron cada uno a su compañero; y el SEÑOR escu­chó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen al SEÑOR, y para los que piensan en su nombre.
MAL 3:17 Y ellos serán míos, dice el SEÑOR de los ejércitos, en aquel día cuando yo haga mis joyas: y los escatimaré como un hombre escatima a su hijo que le sirve.
MAL 3:18 Entonces os tornaréis, y echa­réis de ver la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.
MAL 4:1 PORQUE he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho el SEÑOR de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama.
MAL 4:2 Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de jus­ticia, y en sus alas [traerá] salva­ción: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.
MAL 4:3 Y hollaréis a los malos, los cua­les serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo [lo] haré, dice el SEÑOR de los ejércitos.
MAL 4:4 Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb estatutos y juicios para todo Israel.
MAL 4:5 He aquí, yo os envío a Elías el profeta, antes que venga el día del SEÑOR grande y terrible.
MAL 4:6 Y él volverá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a sus padres: no sea que yo venga y con maldición hiera la tierra.
MAT 1:1 EL LIBRO de la generación de Cristo Jesús, hijo de David, hijo de Abraham.
MAT 1:2 Abraham engendró a Isaac: e Isaac engendró a Jacob: y Jacob engendró a Judá y a sus hermanos:
MAT 1:3 Y Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara: y Fares engendró a Esrom: y Esrom engendró a Aram:
MAT 1:4 Y Aram engendró a Aminadab: y Aminadab engendró a Naasón: y Naasón engendró a Salmón:
MAT 1:5 Y Salmón engendró de Rahâb a Booz: y Booz engendró de Rut a Obed: y Obed engendró a Isaí:
MAT 1:6 E Isaí engendró al rey David: y el rey David engendró a Salomón de la [que fue esposa] de Urías:
MAT 1:7 Y Salomón engendró a Roboam: y Roboam engendró a Abía: y Abía engendró a Asa:
MAT 1:8 Y Asa engendró a Josafat: y Josafat engendró a Joram: y Joram engendró a Ozías:
MAT 1:9 Y Ozías engendró a Joatam: y Joatam engendró a Acaz: y Acaz engendró a Ezequías:
MAT 1:10 Y Ezequías engendró a Manasés: y Manasés engendró a Amón: y Amón engendró a Josías:
MAT 1:11 Y Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos en el tiempo de la transmigración a Babilonia:
MAT 1:12 Y después de la transmigración a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel: y Salatiel engendró a Zorobabel:
MAT 1:13 Y Zorobabel engendró a Abiud: y Abiud engendró a Eliaquim: y Eliaquim engendró a Azor:
MAT 1:14 Y Azor engendró a Sadoc: y Sadoc engendró a Aquim; y Aquim engendró a Eliud;
MAT 1:15 Y Eliud engendró a Eleazar; y Eleazar engendró a Matán: y Matán engendró a Jacob:
MAT 1:16 Y Jacob engendró a José marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.
MAT 1:17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David [son] catorce generaciones: y desde David hasta la transmigración a Babilonia, catorce generaciones: y desde la transmigración de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
MAT 1:18 Y el nacimiento de Cristo Jesús fue así: Que estando María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.
MAT 1:19 Y José su marido, como era justo, y no quisiese exponerla a la infamia, quiso dejarla secretamente.
MAT 1:20 Y pensando él en estas cosas, he aquí el ángel del Señor le apareció en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir a María tu esposa; porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
MAT 1:21 Y ella parirá un hijo, y llamarás su nombre JESÚS: porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
MAT 1:22 Todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que había hablado el Señor, por el profeta diciendo:
MAT 1:23 He aquí una virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarán su nombre Emmanuel, que interpretado es: Dios con nosotros.
MAT 1:24 Y despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su esposa.
MAT 1:25 Y no la conoció hasta que parió a su Hijo primogénito: y llamó su nombre JESÚS.
MAT 2:1 Y CUANDO fue nacido Jesús en Belem de Judea en los días del rey Herodes, he aquí hombres sabios vinieron del oriente a Jerusalem,
MAT 2:2 Diciendo: ¿Dónde está el que es nacido Rey de los judíos? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
MAT 2:3 Y oyendo [esto] el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él.
MAT 2:4 Y habiendo convocado todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
MAT 2:5 Y ellos le dijeron: En Belem de Judea; porque así está escrito por el profeta:
MAT 2:6 Y tú, Belem, tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Gobernador, que regirá a mi pueblo Israel.
MAT 2:7 Entonces Herodes, habiendo llamado a los sabios en secreto, inquirió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;
MAT 2:8 Y enviándoles a Belem, dijo: Andad allá, y buscad con diligencia por el niño; y cuando le hubieres hallado, hacédme[lo] saber, para que yo también vaya y le adore.
MAT 2:9 Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí, que la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño.
MAT 2:10 Y viendo ellos la estrella, se regocijaron mucho de gran gozo.
MAT 2:11 Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro e incienso y mirra.
MAT 2:12 Y siendo avisados por Dios en un sueño que no volviesen a Herodes, se volvieron a su tierra por otro camino.
MAT 2:13 Y después que ellos hubieron partido, he aquí, el ángel del Señor aparece en un sueño a José, diciendo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estáte allá hasta que yo te [lo] diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para destruirle.
MAT 2:14 Y levantándose él, tomó al niño y a su madre de noche, y se fue a Egipto;
MAT 2:15 Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que había hablado el Señor, por el profeta, que dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
MAT 2:16 Herodes entonces, cuando se vio burlado de los hombres sabios, se enfureció mucho, y envió, y mató todos los niños que había en Belem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había inquirido diligentemente de los sabios.
MAT 2:17 Entonces se cumplió lo que había hablado por el profeta Jeremías, diciendo:
MAT 2:18 Una voz fue oída en Ramá, lamentación, y lloro y gemido grande: Raquel que llora [por] sus hijos; y no quiso ser consolada, porque no son.
MAT 2:19 Mas habiendo muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor aparece en un sueño a José en Egipto,
MAT 2:20 Diciendo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel; que muertos son los que buscaban la vida del niño.
MAT 2:21 Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vínose a tierra de Israel.
MAT 2:22 Mas cuando él oyó que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; mas avisado por Dios en un sueño, se fue a las partes de Galilea.
MAT 2:23 Y vino, y habitó en una ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que será llamado Nazareno.
MAT 3:1 Y EN aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
MAT 3:2 Y diciendo: Arrepentíos, que el reino del cielo está cerca.
MAT 3:3 Porque éste es aquel del cual fue dicho por el profeta Isaías, diciendo: La voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas.
MAT 3:4 Y el mismo Juan tenía su vestidura de pelo de camello, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.
MAT 3:5 Entonces salía a él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de al derredor del Jordán,
MAT 3:6 Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.
MAT 3:7 Y viendo él muchos de los fariseos y de los saduceos, que venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿quién os ha enseñado a huir de la ira venidera?
MAT 3:8 Haced pues frutos dignos de arrepentimiento.
MAT 3:9 Y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
MAT 3:10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
MAT 3:11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene en pos de mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará con el Espíritu Santo, y [con] fuego:
MAT 3:12 Cuyo aventador [está] en su mano, y limpiará su era: y recogerá su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
MAT 3:13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado de él.
MAT 3:14 Mas Juan le resistía mucho, diciendo: tengo necesidad de ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí?
MAT 3:15 Y respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.
MAT 3:16 Y Jesús después que fue bautizado, subió inmediatamente del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
MAT 3:17 Y he aquí una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo muy amado, en el cual yo estoy muy agradado.
MAT 4:1 ENTONCES Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo.
MAT 4:2 Y cuando hubo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre.
MAT 4:3 Y llegándose a él el tentador, dijo: Si tú eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan.
MAT 4:4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, mas de toda palabra que sale de la boca de Dios.
MAT 4:5 Entonces el diablo le lleva a la santa ciudad, y le pone sobre el pináculo del templo,
MAT 4:6 Y le dice: Si tú eres el Hijo de Dios, échate [de aquí] abajo; porque escrito está: Que a sus ángeles te encargará; y te alzarán en [sus] manos, para que nunca tropieces tu pie contra una piedra.
MAT 4:7 Jesús le dijo: Otra vez está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.
MAT 4:8 Otra vez le lleva el diablo a un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y la gloria de ellos,
MAT 4:9 Y le dice: Y te daré todas estas cosas, si postrado me adorares.
MAT 4:10 Entonces Jesús le dice: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás.
MAT 4:11 Entonces el diablo le deja: y he aquí los ángeles llegaron y le servían.
MAT 4:12 Mas cuando Jesús hubo oído que Juan era preso, se retiró a Galilea;
MAT 4:13 Y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, que está junto al mar, en los confines de Zabulón y de Neftalí:
MAT 4:14 Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, que dice:
MAT 4:15 La tierra de Zabulón, y la tierra de Neftalí, camino del mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles;
MAT 4:16 El pueblo que estaba asentado en tinieblas, vio gran luz; y a los asentados en región y sombra de muerte, luz les esclareció.
MAT 4:17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, que el reino del cielo está cerca.
MAT 4:18 Y andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban una red en el mar; porque eran pescadores.
MAT 4:19 Y díceles: Venid en pos de mí, y haceros he pescadores de hombres.
MAT 4:20 Ellos entonces, dejando inmediatamente las redes, le siguieron.
MAT 4:21 Y pasando de allí vio otros dos hermanos, Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y a Juan su hermano, en una nave con Zebedeo, su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
MAT 4:22 Y ellos, dejando inmediatamente la nave, y a su padre, le siguieron.
MAT 4:23 Y rodeaba Jesús a toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
MAT 4:24 Y corría su fama por toda la Siria; y traían a él todos los que tenían mal: los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos, y los sanaba.
MAT 4:25 Y le seguían grandes multitudes de gentes de Galilea y [de] Decápolis [y de] Jerusalem y [de] Judea y [de] la otra parte del Jordán.
MAT 5:1 Y VIENDO las multitudes, subió en el monte; y cuando se hubo sentado, se llegaron a él sus discípulos.
MAT 5:2 Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
MAT 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino del cielo.
MAT 5:4 Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados.
MAT 5:5 Bienaventurados los mansos: porque ellos heredarán la tierra.
MAT 5:6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.
MAT 5:7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.
MAT 5:8 Bienaventurados los puros de corazón: porque ellos verán a Dios.
MAT 5:9 Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.
MAT 5:10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino del cielo.
MAT 5:11 Bienaventurados sois cuando os vituperaren y [os] persiguieren, y dijeren toda mala palabra contra vosotros por mi causa, mintiendo.
MAT 5:12 Regocijaos y alegraos; porque vuestro galardón [es] grande en el cielo: que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
MAT 5:13 Vosotros sois la sal de la tierra: pero si la sal perdiere su sabor ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino que sea echada fuera y sea hollada de los hombres.
MAT 5:14 Vosotros sois la luz del mundo: La ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder.
MAT 5:15 Ni encienden el candil y lo ponen debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
MAT 5:16 Así resplandezca vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.
MAT 5:17 No penséis que yo he venido para destruir la ley o los profetas: no soy venido para destruir, sino para cumplir.
MAT 5:18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que pase el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que todas las cosas sean cumplidas.
MAT 5:19 De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino del cielo: mas cualquiera que [los] hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino del cielo.
MAT 5:20 Porque os digo, que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y de los fariseos, de ningún modo entraréis en el reino del cielo.
MAT 5:21 Habéis oído que fue dicho por los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, estará expuesto a juicio.
MAT 5:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enojare sin causa con su hermano, estará en peligro del juicio; y cualquiera que dijere a su hermano, Raca, estará en peligro del concilio; pero cualquiera que dijere: Fatuo, estará en peligro de fuego del infierno.
MAT 5:23 Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra ti,
MAT 5:24 Deja allí tu presente delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.
MAT 5:25 Ponte de acuerdo con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al oficial, y seas echado en prisión.
MAT 5:26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
MAT 5:27 Habéis oído que fue dicho por los antiguos: No cometerás adulterio:
MAT 5:28 Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
MAT 5:29 Por tanto, si tu ojo derecho te ofendiere, sácalo, y échalo de ti, que mejor te es que perezca uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea lanzado en el infierno.
MAT 5:30 Y si tu mano derecha te ofendiere, córtala, y échala de ti: que mejor te es que perezca uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea lanzado al infierno.
MAT 5:31 También ha sido dicho: Cualquiera que repudiare a su esposa, dele carta de divorcio:
MAT 5:32 Mas yo os digo, que el que repudiare a su esposa, a no ser por causa de fornicación, hace que ella cometa adulterio; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.
MAT 5:33 Habéis oído que fue dicho a los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos.
MAT 5:34 Yo pues os digo: no juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
MAT 5:35 Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.
MAT 5:36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro.
MAT 5:37 Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
MAT 5:38 Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
MAT 5:39 Mas yo os digo: que no resistáis al mal; antes a cualquiera que te diere un bofetón en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra;
MAT 5:40 Y al que quisiere ponerte a pleito y quitarte tu túnica, déjale también la capa;
MAT 5:41 Y a cualquiera que te forzare a ir una milla, ve con él dos.
MAT 5:42 Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehuses.
MAT 5:43 Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
MAT 5:44 Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
MAT 5:45 Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en el cielo: que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y envía lluvia sobre justos e injustos.
MAT 5:46 Porque si amareis a los que os aman, ¿qué galardón tendréis? ¿No hacen también así los publicanos?
MAT 5:47 Y si saludareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos?
MAT 5:48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto.
MAT 6:1 MIRAD que no hagáis vuestra limosna delante de los hombres, para que seáis mirados de ellos: de otra manera no tenéis galardón de vuestro Padre que está en el cielo.
MAT 6:2 Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados de los hombres: de cierto os digo, tienen su galardón.
MAT 6:3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha;
MAT 6:4 Que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en lo público.
MAT 6:5 Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en las esquinas de las calles de pie, para que sean vistos de los hombres. De cierto os digo que tienen su galardón.
MAT 6:6 Mas tú, cuando orares, entra en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en lo público.
MAT 6:7 Mas cuando oréis, no uséis vanas repeticiones como los paganos; que piensan que por su parlería serán oídos.
MAT 6:8 No seáis pues semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
MAT 6:9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en el cielo, Sea santificado tu nombre.
MAT 6:10 Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad en la tierra, como en el cielo.
MAT 6:11 Danos hoy nuestro pan cotidiano.
MAT 6:12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
MAT 6:13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos de mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre. Amén.
MAT 6:14 Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.
MAT 6:15 Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
MAT 6:16 Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, de un rostro triste: que demudan sus caras para parecer a los hombres que ayunan: de cierto os digo, ellos tienen su galardón.
MAT 6:17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu cara,
MAT 6:18 Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo secreto: y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en lo público.
MAT 6:19 No atesoréis para vosotros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
MAT 6:20 Mas atesoraos para vosotros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan.
MAT 6:21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
MAT 6:22 La luz del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso.
MAT 6:23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la luz que en ti hay son tinieblas, ¡cuán grandes [serán] las mismas tinieblas!
MAT 6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se allegará al uno y menospreciará al otro: No podéis servir a Dios y a mammón.
MAT 6:25 Por tanto os digo: No os acongojéis por vuestra vida, que habéis de comer, o que habéis de beber, ni por vuestro cuerpo, que habéis de vestir: ¿La vida no es más que el alimento, y el cuerpo que la vestimenta?
MAT 6:26 Mirad a las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?
MAT 6:27 ¿Mas quién de vosotros, por mucho que se acongoje, podrá añadir a su estatura un codo?
MAT 6:28 Y por la vestimenta ¿por qué os acongojáis? considerad los lirios del campo, como crecen; no trabajan, ni hilan;
MAT 6:29 Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido así como uno de ellos.
MAT 6:30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no [hará] mucho más a vosotros, Oh vosotros de poca fe?
MAT 6:31 No os acongojéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Qué nos vestiremos?
MAT 6:32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas: porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad.
MAT 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
MAT 6:34 Así que, no os acongojéis por el día de mañana; porque el día de mañana traerá su congoja. Basta al día su propio mal.
MAT 7:1 NO juzguéis, para que no seáis juzgados.
MAT 7:2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida que medís, os será medido.
MAT 7:3 Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu ojo?
MAT 7:4 O ¿cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?
MAT 7:5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claramente para sacar la mota del ojo de tu hermano.
MAT 7:6 No deis lo que es santo a los perros; ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan, y os despedacen.
MAT 7:7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
MAT 7:8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
MAT 7:9 ¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?
MAT 7:10 ¿O si [le] pidiere un pez, le dará una serpiente?
MAT 7:11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, vuestro Padre que está en el cielo, ¿cuánto más dará buenas cosas a los que le piden?
MAT 7:12 Así que, todas las cosas que querríais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque ésta es la ley y los profetas.
MAT 7:13 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha [es] la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y los que entran por él son muchos.
MAT 7:14 Porque la puerta [es] estrecha, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan.
MAT 7:15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
MAT 7:16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
MAT 7:17 Así, todo árbol bueno hace buenos frutos; mas el árbol corrompido hace malos frutos.
MAT 7:18 No puede el buen árbol hacer malos frutos, ni el árbol corrompido hacer buenos frutos.
MAT 7:19 Todo árbol que no hace buen fruto es cortado y echado en el fuego.
MAT 7:20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
MAT 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino del cielo: sino el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
MAT 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos demonios, y en tu nombre hicimos muchas maravillas?
MAT 7:23 Y entonces les diré claramente: Nunca os conocí; apartaos de mí, vosotros que obráis maldad.
MAT 7:24 Pues, todo aquel que oye estas mis palabras, y las hace, compararle he al varón prudente, que edificó su casa sobre la roca;
MAT 7:25 Y descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y acometieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la roca.
MAT 7:26 Y todo aquel que oye estas mis palabras y no las hace, será semejante al varón insensato, que edificó su casa sobre la arena;
MAT 7:27 Y descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, e hicieron ímpetu contra aquella casa y cayó, y su caída fue grande.
MAT 7:28 Y aconteció que cuando Jesús hubo acabado estas palabras, las gentes se espantaban de su doctrina;
MAT 7:29 Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
MAT 8:1 CUANDO hubo descendido del monte, seguíanle grandes multitudes.
MAT 8:2 Y he aquí un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
MAT 8:3 Y extendiendo Jesús la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra fue limpiada.
MAT 8:4 Y Jesús le dice: Mira, no [lo] digas a nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, en testimonio a ellos.
MAT 8:5 Y cuando Jesús hubo entrado en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
MAT 8:6 Y diciendo: Señor, mi siervo está echado en casa paralítico, gravemente atormentado.
MAT 8:7 Y Jesús le dijo: Yo vendré y le sanaré.
MAT 8:8 Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techo; mas solamente di la palabra, y mi siervo será sano.
MAT 8:9 Porque también yo soy hombre bajo de autoridad; y tengo soldados bajo de mí mismo: y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y [lo] hace.
MAT 8:10 Y oyéndolo Jesús, se maravilló, y dijo a los que [le] seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
MAT 8:11 Y yo os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se asentarán con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino del cielo:
MAT 8:12 Mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas de afuera: allí será el llanto y el crujir de dientes.
MAT 8:13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste [así] sea hecho contigo. Y su siervo fue sano en aquella misma hora.
MAT 8:14 Y vino Jesús a casa de Pedro, y vio a su suegra echada en la cama, y con fiebre.
MAT 8:15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía.
MAT 8:16 Cuando la tarde fue venida, trajeron a él muchos endemoniados; y él echó fuera a los espíritus con [su] palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos;
MAT 8:17 Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, diciendo: Él mismo tomó nuestras flaquezas, y llevó [nuestras] enfermedades.
MAT 8:18 Y viendo Jesús grandes multitudes alrededor de sí, mandó que se fuesen al otro lado.
MAT 8:19 Y cierto escriba vino y le dijo: Maestro, seguirte he donde quiera que fueres.
MAT 8:20 Y Jesús le dice: Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recostar [su] cabeza.
MAT 8:21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero, y entierre a mi padre.
MAT 8:22 Mas Jesús le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.
MAT 8:23 Y cuando él hubo entrado en una nave, sus discípulos le siguieron.
MAT 8:24 Y, he aquí, se levantó una tormenta grande en el mar, tanto que la nave era cubierta de las ondas; mas él dormía.
MAT 8:25 Y sus discípulos vinieron a él, y le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, perecemos.
MAT 8:26 Y él les dice: ¿Por qué estáis temerosos, oh hombres de poca fe? Entonces, levantado, reprendió a los vientos y al mar; y fue grande bonanza.
MAT 8:27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
MAT 8:28 Y cuando él llegó al otro lado en la región de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, así que nadie podía pasar por aquel camino.
MAT 8:29 Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Eres venido acá para atormentarnos antes de tiempo?
MAT 8:30 Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.
MAT 8:31 Y los demonios le rogaban, diciendo: Si nos echas, permítenos que vayamos en aquel hato de puercos.
MAT 8:32 Y él les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron al hato de los puercos: y, he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en el mar; y perecieron en las aguas.
MAT 8:33 Y los porqueros huyeron, e idos a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.
MAT 8:34 Y, he aquí, toda la ciudad salió a encontrar a Jesús: y cuando le vieron, [le] rogaban que se fuese de sus términos.
MAT 9:1 Y ENTRADO en la nave, pasó a la otra parte, y vino a su propia ciudad.
MAT 9:2 Y he aquí le trajeron a un paralítico echado en [una] cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ten buen ánimo hijo; tus pecados te son perdonados.
MAT 9:3 Y he aquí, ciertos de los escribas decían dentro de sí: Éste blasfema.
MAT 9:4 Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
MAT 9:5 ¿Cuál cosa es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda?
MAT 9:6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico:) Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.
MAT 9:7 Y él se levantó y se fue a su casa.
MAT 9:8 Y las gentes, viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
MAT 9:9 Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.
MAT 9:10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
MAT 9:11 Y viendo [esto] los fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
MAT 9:12 Y oyéndo[lo] Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.
MAT 9:13 Andad, antes aprended que cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento.
MAT 9:14 Entonces los discípulos de Juan vienen a él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
MAT 9:15 Y les dijo Jesús: ¿Pueden los hijos del tálamo tener luto entre tanto que el desposado está con ellos? Mas vendrán días cuando el desposado será quitado [de] ellos, y entonces ayunarán.
MAT 9:16 Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestidura vieja; porque el tal remiendo tira de la vestidura, y se hace peor rotura.
MAT 9:17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente.
MAT 9:18 Hablando él estas cosas a ellos, he aquí cierto príncipe vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
MAT 9:19 Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos.
MAT 9:20 Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestidura:
MAT 9:21 Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestidura, seré sana.
MAT 9:22 Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija, tu fe te ha sanado. Y la mujer fue sana desde aquella hora.
MAT 9:23 Y cuando Jesús vino a la casa del príncipe, y vio los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio,
MAT 9:24 Díceles: Apartaos, porque la doncella no es muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él.
MAT 9:25 Y cuando la gente fue echada fuera, entró, y la tomó de la mano, y la doncella se levantó.
MAT 9:26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.
MAT 9:27 Y cuando partió Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.
MAT 9:28 Y habiendo entrado en la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.
MAT 9:29 Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Según a vuestra fe os sea hecho.
MAT 9:30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad [que] nadie [lo] sepa.
MAT 9:31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.
MAT 9:32 Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.
MAT 9:33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.
MAT 9:34 Mas los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
MAT 9:35 Y andaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
MAT 9:36 Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas; que eran fatigadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.
MAT 9:37 Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
MAT 9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
MAT 10:1 Y LLAMANDO a sí sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia.
MAT 10:2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: El primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y Juan su hermano;
MAT 10:3 Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano; Jacobo, [hijo] de Alfeo, y Lebeo, que tenía el sobrenombre de Tadeo;
MAT 10:4 Simón el cananeo, y Judas Iscariote, que también le entregó.
MAT 10:5 Estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los gentiles no iréis, y en ciudad de samaritanos no entréis:
MAT 10:6 Mas id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
MAT 10:7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino del cielo está cerca.
MAT 10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: gratuitamente habéis recibido, gratuitamente dad.
MAT 10:9 No proveáis oro, ni plata, ni latón en vuestras bolsas;
MAT 10:10 Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordones; porque el obrero digno es de su alimento.
MAT 10:11 Mas en cualquier ciudad, o aldea donde entrareis, inquirid quién sea en ella digno, y quedad allí hasta que salgáis.
MAT 10:12 Y entrando en la casa, saludadla.
MAT 10:13 Y si la casa fuera digna, que vuestra paz venga sobre ella; mas si no fuere digna, que vuestra paz vuelva sobre vosotros.
MAT 10:14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, cuando salgáis de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies.
MAT 10:15 De cierto os digo: Será más tolerable a la tierra de Sodoma y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad.
MAT 10:16 He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.
MAT 10:17 Y guardaos de los hombres: porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán.
MAT 10:18 Y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio contra ellos y los gentiles,
MAT 10:19 Mas cuando os entregaren, no os acongojéis cómo o qué habéis de hablar porque en aquella hora os será dado que habléis.
MAT 10:20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
MAT 10:21 Y el hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.
MAT 10:22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
MAT 10:23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a otra: porque de cierto os digo, [que] no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del hombre.
MAT 10:24 El discípulo no es sobre el maestro, ni el siervo sobre su señor.
MAT 10:25 Bástele al discípulo que sea como su maestro, y al siervo como su señor: Si al padre de la familia han llamado Beelzebub, ¿cuánto más a los de su casa?
MAT 10:26 Así que, no les temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser revelado; ni oculto, que no haya de saberse.
MAT 10:27 Lo que yo os digo en tinieblas, decid[lo] en la luz; y lo que oís al oído predicad[lo] desde los tejados.
MAT 10:28 Y no tengáis temor a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes a aquel que puede destruir ambos el alma y el cuerpo en el infierno.
MAT 10:29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuadrante? Y uno de ellos no caerá a tierra sin vuestro Padre.
MAT 10:30 Y aun hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
MAT 10:31 Por tanto no temáis, más valéis vosotros que muchos pajarillos.
MAT 10:32 Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre, que está en el cielo.
MAT 10:33 Mas cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre, que está en el cielo.
MAT 10:34 No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no vine para meter paz, sino espada.
MAT 10:35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra.
MAT 10:36 Y los enemigos del hombre [serán] los de su propia casa.
MAT 10:37 El que ama a padre o a madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí.
MAT 10:38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
MAT 10:39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
MAT 10:40 El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió.
MAT 10:41 El que recibe a un profeta en nombre de profeta, galardón de profeta recibirá; y el que recibe a un justo en nombre de justo, galardón de justo recibirá.
MAT 10:42 Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos una copa de [agua] fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su galardón.
MAT 11:1 Y ACONTECIÓ, que cuando Jesús hubo acabado de dar mandamientos a sus doce discípulos, se partió de allí para enseñar y predicar en las ciudades de ellos.
MAT 11:2 Y cuando Juan hubo oído en la prisión las obras de Cristo, envióle dos de sus discípulos,
MAT 11:3 Y díjole: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?
MAT 11:4 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan estas cosas que oís y veis:
MAT 11:5 Los ciegos reciben vista, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y a los pobres es predicado el evangelio.
MAT 11:6 Y bienaventurado es el que no fuere ofendido en mí.
MAT 11:7 Y como ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a las multitudes: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento?
MAT 11:8 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido de ropas delicadas? He aquí, los que traen [ropas] delicadas, en las casas de los reyes están.
MAT 11:9 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿profeta? Ciertamente os digo, y más excelente que un profeta.
MAT 11:10 Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de ti.
MAT 11:11 De cierto os digo, que entre los que son nacidos de mujeres no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es menor en el reino del cielo, mayor es que él.
MAT 11:12 Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino del cielo sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
MAT 11:13 Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.
MAT 11:14 Y si queréis recibir[lo], él es aquel Elías que había de venir.
MAT 11:15 El que tiene oídos para oír, oiga.
MAT 11:16 Mas ¿a quién compararé esta generación? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros,
MAT 11:17 Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.
MAT 11:18 Porque vino Juan ni comiendo ni bebiendo, y dicen: Demonio tiene.
MAT 11:19 Vino el Hijo del hombre comiendo y bebiendo, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada de sus hijos.
MAT 11:20 Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales habían sido hechos los más de sus milagros, porque no se habían arrepentido, [diciendo]:
MAT 11:21 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, ya mucho ha que se hubieran arrepentido en cilicio y ceniza.
MAT 11:22 Por tanto os digo, [que] a Tiro y a Sidón será más tolerable [el castigo] en el día del juicio, que a vosotras.
MAT 11:23 Y tú, Capernaum, que eres ensalzada hasta el cielo, hasta el infierno serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, hubiera permanecido hasta el día de hoy.
MAT 11:24 Por tanto yo os digo, será más tolerable para la tierra de Sodoma en el día del juicio que a ti.
MAT 11:25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Gracias te doy, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y prudentes, y las has revelado a los niños.
MAT 11:26 Sí, Padre, porque así agradó a tus ojos.
MAT 11:27 Todas las cosas me son entregadas por mi Padre: y ninguno conoce al Hijo, sino el Padre; ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo [le] quisiere revelar.
MAT 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados, y cargados, que yo os haré descansar.
MAT 11:29 Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que yo soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
MAT 11:30 Porque mi yugo es suave, y ligera mi carga.
MAT 12:1 EN aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en sábado; y sus discípulos tenían hambre, y comenzaron a coger espigas, y a comer.
MAT 12:2 Mas viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.
MAT 12:3 Pero él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David, teniendo hambre él y los que estaban con él:
MAT 12:4 Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer, ni a los que estaban con él, sino a sólo los sacerdotes?
MAT 12:5 O ¿no habéis leído en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa?
MAT 12:6 Pues yo os digo que [uno] mayor que el templo está aquí.
MAT 12:7 Mas si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los sin culpa.
MAT 12:8 Porque el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
MAT 12:9 Y habiendo partido de allí, vino a la sinagoga de ellos.
MAT 12:10 Y, he aquí, estaba un hombre que tenía la mano seca; y ellos le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.
MAT 12:11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere ésta en una fosa en sábado, no le eche mano, y [la] levante?
MAT 12:12 ¿Pues cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien.
MAT 12:13 Entonces dice a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él [la] extendió, y le fue restituida sana como la otra.
MAT 12:14 Entonces salieron los fariseos y tomaron consejo contra él, como podrían destruirle.
MAT 12:15 Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí: y le siguieron grandes multitudes, y sanó a todos.
MAT 12:16 Y él les mandó que no le descubriesen;
MAT 12:17 Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dice:
MAT 12:18 He aquí mi siervo, al cual he escogido; mi amado, en el cual se agrada mi alma: Pondré mi espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio.
MAT 12:19 No contenderá, ni voceará: ni nadie oirá en las calles su voz:
MAT 12:20 La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio.
MAT 12:21 Y en su nombre esperarán los gentiles.
MAT 12:22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía.
MAT 12:23 Y todo el pueblo estaba atónito, y decía: ¿No es éste el hijo de David?
MAT 12:24 Mas los fariseos, oyéndo[lo], decían: Éste no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.
MAT 12:25 Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.
MAT 12:26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?
MAT 12:27 Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién [los] echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
MAT 12:28 Mas si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.
MAT 12:29 Porque, ¿cómo puede alguno entrar a la casa del hombre fuerte, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al hombre fuerte? y entonces saqueará su casa.
MAT 12:30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
MAT 12:31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu [Santo] no será perdonada a los hombres.
MAT 12:32 Y cualquiera que dijere una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que dijere contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero.
MAT 12:33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; o haced el árbol corrompido y su fruto corrompido; porque por el fruto es conocido el árbol.
MAT 12:34 ¡Oh generación de víboras! ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca.
MAT 12:35 El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.
MAT 12:36 Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
MAT 12:37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
MAT 12:38 Entonces respondieron ciertos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.
MAT 12:39 Mas él respondió, y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta.
MAT 12:40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.
MAT 12:41 Los varones de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y he aquí, [uno] mayor que Jonás en este lugar.
MAT 12:42 La reina del sur se levantará en juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón: y he aquí, [uno] mayor que Salomón en este lugar.
MAT 12:43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla,
MAT 12:44 Entonces dice: Me volveré a mi casa de donde salí: Y cuando viene, [la] halla desocupada, barrida y adornada.
MAT 12:45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus más malvados que él mismo, y entrados, moran allí; y el postrer [estado] de aquel hombre es peor que el primero. Así también acontecerá a esta generación malvada.
MAT 12:46 Y estando él aún hablando al pueblo, he aquí [su] madre y sus hermanos estaban de pie fuera, que le querían hablar.
MAT 12:47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están de pie fuera, que te quieren hablar.
MAT 12:48 Y respondiendo él al que le decía [esto], dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
MAT 12:49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.
MAT 12:50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que está en el cielo, éste es mi hermano, y hermana, y madre.
MAT 13:1 EN aquel día, salió Jesús de la casa, y se sentó junto al mar.
MAT 13:2 Y se allegaron a él grandes multitudes, de tal manera que entró él en una nave y se sentó, y toda la multitud estaba de pie en la ribera.
MAT 13:3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, un sembrador salió a sembrar.
MAT 13:4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la devoraron.
MAT 13:5 Y parte cayó en lugares pedregosos, donde no tenía mucha tierra; y nació pronto, porque no tenía profundidad de tierra:
MAT 13:6 Mas en saliendo el sol, se quemó; y porque no tenía raíz se secó.
MAT 13:7 Y parte cayó entre las espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.
MAT 13:8 Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, uno de a ciento, y otro de a sesenta, y otro de a treinta.
MAT 13:9 Quien tiene oídos para oír, oiga.
MAT 13:10 Y vinieron los discípulos y le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
MAT 13:11 Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es dado saber los misterios del reino del cielo; mas a ellos no es dado.
MAT 13:12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
MAT 13:13 Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
MAT 13:14 Así que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.
MAT 13:15 Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos: para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y [yo] los sane.
MAT 13:16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.
MAT 13:17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que [vosotros] veis, y no [lo] vieron: y oír lo que [vosotros] oís, y no [lo] oyeron.
MAT 13:18 Oíd, pues vosotros la parábola del sembrador:
MAT 13:19 Cuando alguno oye la palabra del reino, y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: Éste es el que recibió la simiente junto al camino.
MAT 13:20 Y el que fue sembrado en lugares pedregosos, éste es el que oye la palabra, y al instante la recibe con gozo,
MAT 13:21 Y no tiene raíz en sí mismo, mas dura poco tiempo; porque venida la aflicción o la persecución por causa de la palabra, al instante se ofende.
MAT 13:22 El que recibió la simiente entre las espinas, éste es el que oye la palabra; y el afán de este mundo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y se hace sin fruto.
MAT 13:23 Mas el que recibió la simiente en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, que también da el fruto: y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta.
MAT 13:24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino del cielo es semejante a un hombre que siembra buena simiente en su campo.
MAT 13:25 Pero mientras los hombres dormían, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.
MAT 13:26 Y cuando la hierba salió, e hizo fruto, entonces la cizaña apareció también.
MAT 13:27 Y los siervos del padre de la familia vinieron y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de dónde tiene cizaña?
MAT 13:28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Pues quieres que vayamos, y la cojamos?
MAT 13:29 Y él dijo: No: porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo.
MAT 13:30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas el trigo allegadlo en mi alfolí.
MAT 13:31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino del cielo es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y lo sembró en su campo:
MAT 13:32 El cual a la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas; y se hace árbol, de modo que vienen las aves del cielo y posan en sus ramas.
MAT 13:33 Otra parábola les dijo: El reino del cielo es semejante a la levadura, que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
MAT 13:34 Todas estas cosas habló Jesús en parábolas a la multitud; y nada les habló sin parábolas:
MAT 13:35 Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dice: Abriré en parábolas mi boca; pronunciaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.
MAT 13:36 Entonces Jesús despidió las multitudes y entró en la casa; y vinieron a él sus discípulos, diciendo: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.
MAT 13:37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;
MAT 13:38 El campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;
MAT 13:39 El enemigo que la sembró, es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
MAT 13:40 De manera que como es cogida la cizaña, y quemada en el fuego, así será el fin de este mundo.
MAT 13:41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todo lo que ofende, y los que hacen iniquidad;
MAT 13:42 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
MAT 13:43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: El que tiene oídos para oír, oiga.
MAT 13:44 Otra vez el reino del cielo es semejante al tesoro escondido en el campo el cual habiéndolo hallado un hombre lo escondió, y por el gozo de él, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
MAT 13:45 Otra vez el reino del cielo es semejante a un hombre tratante, que busca buenas perlas;
MAT 13:46 El cual, habiendo hallado una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
MAT 13:47 Otra vez, el reino del cielo es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase:
MAT 13:48 La cual cuando fue llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasijas, y lo malo echaron fuera.
MAT 13:49 Así será en el fin del mundo: vendrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,
MAT 13:50 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
MAT 13:51 Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos le dicen: Sí, Señor.
MAT 13:52 Y él les dijo: Por tanto todo escriba instruido en el reino del cielo, es semejante al hombre padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
MAT 13:53 Y aconteció [que] cuando acabó Jesús estas parábolas, se fue de allí.
MAT 13:54 Y venido a su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y [estas] maravillas?
MAT 13:55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y Joses, y Simón, y Judas?
MAT 13:56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste estas cosas?
MAT 13:57 Y se ofendían en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.
MAT 13:58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.
MAT 14:1 EN aquel tiempo Herodes el Tetrarca oyó la fama de Jesús,
MAT 14:2 Y dijo a sus criados: Éste es Juan el Bautista: él ha resucitado de entre los muertos, y por eso los poderes obran en él.
MAT 14:3 Porque Herodes había prendido a Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, esposa de Felipe su hermano;
MAT 14:4 Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.
MAT 14:5 Y quería matarle, mas tenía miedo de la multitud; porque le tenían como a profeta.
MAT 14:6 Y celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes.
MAT 14:7 Por lo cual él prometió con juramento de darle todo lo que pidiese.
MAT 14:8 Y ella, instruída primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
MAT 14:9 Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente a la mesa, mandó que se [le] diese.
MAT 14:10 Y envió, y decapitó a Juan en la cárcel.
MAT 14:11 Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la doncella; y [ella] la presentó a su madre.
MAT 14:12 Y sus discípulos vinieron, y tomaron el cuerpo, y le enterraron; y fueron y se lo dijeron a Jesús.
MAT 14:13 Y cuando Jesús lo oyó, se apartó de allí en una nave, a un lugar desierto, apartado: y cuando el pueblo [lo] oyó, le siguió a pie de las ciudades.
MAT 14:14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y fue movido a compasión de ellos, y sanó a los enfermos de ellos.
MAT 14:15 Y cuando fue la tarde del día, se llegaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: envía las multitudes, que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer.
MAT 14:16 Mas Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer.
MAT 14:17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
MAT 14:18 Y él les dijo: Traédmelos acá.
MAT 14:19 Y mandando a las multitudes sentarse sobre la hierba, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a sus discípulos, y los discípulos a las multitudes.
MAT 14:20 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce canastos llenos.
MAT 14:21 Y los que comieron fueron varones como cinco mil, sin las mujeres y muchachos.
MAT 14:22 Y Jesús hizo a sus discípulos entrar inmediatamente en la nave, e ir delante de él al otro lado entre tanto que él despedía las multitudes.
MAT 14:23 Y despedidas las multitudes, subió a un monte apartado a orar: Y cuando vino la tarde del día, estaba allí solo.
MAT 14:24 Y la nave estaba ya en medio del mar, atormentada de las ondas; porque el viento era contrario.
MAT 14:25 Mas a la cuarta vela de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar.
MAT 14:26 Y cuando los discípulos lo vieron andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: Es un espíritu. Y dieron voces de miedo.
MAT 14:27 Mas Jesús les habló inmediatamente, diciendo: Estad de buen ánimo, yo soy; no tengáis miedo.
MAT 14:28 Mas le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo venga a ti sobre las aguas.
MAT 14:29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la nave, anduvo sobre las aguas para ir a Jesús.
MAT 14:30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose a hundir, dio voces, diciendo: Señor, sálvame.
MAT 14:31 Y al instante Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh tú de poca fe, ¿por qué dudaste?
MAT 14:32 Y cuando ellos entraron en la nave, el viento cesó.
MAT 14:33 Entonces los que estaban en la nave, vinieron, y le adoraron, diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.
MAT 14:34 Y habiendo pasado a la otra parte, vinieron a la tierra de Genezaret.
MAT 14:35 Y cuando los varones de aquel lugar tuvieron conocimiento de él, enviaron por toda aquella tierra al derredor, y trajeron a él todos los enfermos.
MAT 14:36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que [lo] tocaron, fueron sanados.
MAT 15:1 ENTONCES llegaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalem, diciendo:
MAT 15:2 ¿Por qué tus discípulos transgreden la tradición de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan.
MAT 15:3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros transgredís el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
MAT 15:4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra a tu padre y a tu madre, y, el que maldijere a padre o a madre, muera de muerte.
MAT 15:5 Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre o a la madre: Toda ofrenda mía a ti aprovechará;
MAT 15:6 Y no honrare a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
MAT 15:7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
MAT 15:8 Este pueblo con su boca se acerca a mí y con [sus] labios me honra; mas su corazón lejos está de mí.
MAT 15:9 Mas en vano me adoran enseñando [como] doctrinas mandamientos de hombres.
MAT 15:10 Y habiendo llamado a sí la multitud, les dijo: Oíd y entended.
MAT 15:11 No lo que entra en la boca contamina al hombre, mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
MAT 15:12 Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?
MAT 15:13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.
MAT 15:14 Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
MAT 15:15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.
MAT 15:16 Y Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?
MAT 15:17 ¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?
MAT 15:18 Mas las cosas que salen de la boca, del corazón salen; y esto contamina al hombre.
MAT 15:19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
MAT 15:20 Estas [cosas] son las que contaminan al hombre; mas el comer con las manos no lavadas no contamina al hombre.
MAT 15:21 Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón.
MAT 15:22 Y he aquí una mujer cananea, que había salido de aquellos términos, clamábale diciendo: Oh Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
MAT 15:23 Mas él no respondió palabra. Y llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros.
MAT 15:24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
MAT 15:25 Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
MAT 15:26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echar[lo] a los perrillos.
MAT 15:27 Y ella dijo: Sí Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
MAT 15:28 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Oh mujer, grande [es] tu fe: sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora.
MAT 15:29 Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo en un monte, se sentó allí.
MAT 15:30 Y llegaron a él grandes multitudes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó:
MAT 15:31 De tal manera que las multitudes se maravillaron, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.
MAT 15:32 Entonces Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión por la multitud, que ya [hace] tres días [que] perseveran conmigo, y no tienen que comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino.
MAT 15:33 Y sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran multitud?
MAT 15:34 Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
MAT 15:35 Y mandó a las multitudes que se sentasen en tierra.
MAT 15:36 Y tomó los siete panes y los peces, dio gracias, y partiólos, y dio a sus discípulos; y los discípulos a la multitud.
MAT 15:37 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete canastos llenos.
MAT 15:38 Y eran los que habían comido, cuatro mil varones, además las mujeres y los niños.
MAT 15:39 Y despidiendo las multitudes, entró en una nave: y vino a los términos de Magdala.
MAT 16:1 Y VINIERON los fariseos y los saduceos, y tentándole, le pedían que les mostrase una señal del cielo.
MAT 16:2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del día, decís: Buen tiempo [hará;] porque el cielo tiene arreboles.
MAT 16:3 Y a la mañana: Hoy [habrá] tempestad; porque tiene arreboles el cielo sombrío. Oh hipócritas, que sabéis discernir la faz del cielo; ¿Y en las señales de los tiempos no podéis?
MAT 16:4 La generación mala y adúltera busca señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta. Y dejándoles se fue.
MAT 16:5 Y venidos sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de tomar pan.
MAT 16:6 Y Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
MAT 16:7 Y ellos razonaban entre sí mismos, diciendo: [Esto es] porque no tomamos pan.
MAT 16:8 Y conociéndolo Jesús, les dijo: Oh vosotros de poca fe, ¿por qué razonáis entre vosotros, porque no tomasteis pan?
MAT 16:9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes de los cinco mil [varones], y cuántos canastos tomasteis?
MAT 16:10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, cuántos canastos tomasteis?
MAT 16:11 ¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
MAT 16:12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de levadura de pan, sino de la doctrina de los fariseos, y de los saduceos.
MAT 16:13 Y cuando Jesús vino a las partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que yo el Hijo del hombre soy?
MAT 16:14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
MAT 16:15 Díceles él: ¿Pero vosotros, quién decís que yo soy?
MAT 16:16 Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
MAT 16:17 Y respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
MAT 16:18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
MAT 16:19 Y a ti daré las llaves del reino del cielo; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en el cielo; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo.
MAT 16:20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.
MAT 16:21 Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos, que era necesario ir él a Jerusalem, y padecer muchas cosas de los ancianos, y de los principales de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
MAT 16:22 Y Pedro, tomándole aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca.
MAT 16:23 Entonces él, volviéndose, dijo a Pedro: Ponte detrás de mí, Satanás; ofensa me eres; porque no entiendes lo que [es] de Dios sino lo que [es] de los hombres.
MAT 16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
MAT 16:25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
MAT 16:26 Porque ¿De qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma?
MAT 16:27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces recompensará a cada uno conforme a sus obras.
MAT 16:28 De cierto os digo: [que] hay algunos de los que están de pie aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.
MAT 17:1 Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su hermano, y los lleva arriba a un monte alto aparte:
MAT 17:2 Y fue transfigurado delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y su vestidura fue blanca como la luz.
MAT 17:3 Y he aquí, les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
MAT 17:4 Entonces respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bueno es que nosotros estemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres tabernáculos; para ti uno, y uno para Moisés, y uno para Elías.
MAT 17:5 Y estando aun hablando él, he aquí, una nube resplandeciente los cubrió; y, he aquí una voz de la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en el cual estoy muy complacido: a él oíd.
MAT 17:6 Y cuando los discípulos oyeron [esto,] cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
MAT 17:7 Mas Jesús llegando, les tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.
MAT 17:8 Y cuando alzaron sus ojos, a nadie vieron, sino sólo a Jesús.
MAT 17:9 Y cuando descendían del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
MAT 17:10 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué pues dicen los escribas que es menester que Elías venga primero?
MAT 17:11 Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas.
MAT 17:12 Mas os digo, que Elías es ya venido, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: Así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.
MAT 17:13 Los discípulos entonces entendieron, que les hablaba de Juan el Bautista.
MAT 17:14 Y cuando ellos fueron venidos a la multitud, vino a él cierto hombre hincándosele de rodillas, y diciendo,
MAT 17:15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
MAT 17:16 Y le traje a tus discípulos, y no le pudieron sanar.
MAT 17:17 Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os sufriré? Traédmele acá.
MAT 17:18 Y reprendió Jesús al demonio, y salió de él; y el muchacho fue sano desde aquella hora.
MAT 17:19 Entonces, vinieron los discípulos a Jesús aparte, y dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos echar fuera?
MAT 17:20 Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible.
MAT 17:21 Mas este género no sale sino por oración y ayuno.
MAT 17:22 Y estando ellos en Galilea, les dijo Jesús: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres,
MAT 17:23 Y le matarán; mas al tercer día será resucitado. Y [ellos] se entristecieron en gran manera.
MAT 17:24 Y cuando fueron venidos a Capernaum, vinieron a Pedro los que recibían las dos dracmas y dijeron: ¿No paga vuestro maestro las dos dracmas?
MAT 17:25 Él dice: Sí. Y cuando él entró en la casa, Jesús le previno, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién reciben los tributos, o censo? ¿de sus hijos o de los extraños?
MAT 17:26 Pedro le dice: De los extraños. Dícele Jesús: Luego libres son los hijos.
MAT 17:27 Mas porque no los ofendamos, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómale, y abierta su boca, hallarás un estatero, tómala y dásela a ellos por mí, y por ti.
MAT 18:1 EN aquel tiempo vinieron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino del cielo?
MAT 18:2 Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos,
MAT 18:3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os convirtiereis, y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino del cielo.
MAT 18:4 Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino del cielo.
MAT 18:5 Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi nombre, a mí recibe.
MAT 18:6 Y cualquiera que ofendiere a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le fuera colgada del cuello una piedra de molino de asno, y fuese anegado en el profundo del mar.
MAT 18:7 ¡Ay del mundo por las ofensas! porque menester es que vengan ofensas; mas ¡ay de aquel hombre por el cual viene la ofensa!
MAT 18:8 Por tanto, si tu mano o tu pie te ofende, córtalos y écha[los] de ti; mejor te es entrar cojo o manco en la vida, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
MAT 18:9 Y si tu ojo te ofende, sácalo y écha[lo] de ti: que mejor te es entrar con un ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.
MAT 18:10 Mirad no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en el cielo ven siempre el rostro de mi Padre que está en el cielo.
MAT 18:11 Porque el Hijo del hombre es venido para salvar lo que se había perdido.
MAT 18:12 ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado?
MAT 18:13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.
MAT 18:14 De la misma manera no es la voluntad de vuestro Padre que está en el cielo, que perezca uno de estos pequeños.
MAT 18:15 Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, ganado has a tu hermano.
MAT 18:16 Mas si no [te] oyere, toma aún contigo uno o dos, para que en boca de dos o de tres testigos conste toda palabra.
MAT 18:17 Y si no oyere a ellos, di[lo] a la iglesia; y si no oyere a la iglesia tenle por un pagano y un publicano.
MAT 18:18 De cierto os digo [que] todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.
MAT 18:19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros convinieren sobre la tierra, tocante a cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en el cielo.
MAT 18:20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
MAT 18:21 Entonces Pedro, llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete veces?
MAT 18:22 Jesús le dice: no te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
MAT 18:23 Por lo cual, el reino del cielo es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas a sus siervos.
MAT 18:24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue traído uno que le debía diez mil talentos.
MAT 18:25 Mas no teniendo él de que pagar, mandó el señor que fuese vendido él, y su esposa y sus hijos, y todo lo que tenía, y que fuese pagado.
MAT 18:26 Entonces aquel siervo postrado, le adoraba diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te pagaré todo.
MAT 18:27 El señor de aquel siervo, movido a compasión, le soltó y le perdonó la deuda.
MAT 18:28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y le echó manos, y le tomó por el cuello, diciendo: Págame lo que me debes.
MAT 18:29 Entonces su consiervo, cayó a sus pies y le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.
MAT 18:30 Mas él no quiso, sino fue, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.
MAT 18:31 Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron en gran manera, y viniendo, declararon a su señor todo lo que había pasado.
MAT 18:32 Entonces llamándole su señor, le dice: Oh siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste:
MAT 18:33 ¿No te convenía también a ti tener compasión de tu consiervo, como también tuve compasión de ti?
MAT 18:34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los atormentadores, hasta que pagase todo lo que debía.
MAT 18:35 Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas.
MAT 19:1 Y ACONTECIÓ [que] cuando Jesús hubo acabado estas palabras, se partió de Galilea, y vino a los términos de Judea, pasado el Jordán.
MAT 19:2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
MAT 19:3 Y vinieron a él los fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su esposa por cualquiera causa?
MAT 19:4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que [los] hizo al principio, varón y hembra los hizo,
MAT 19:5 Y dijo: Por esta causa, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su esposa, y serán dos en una carne?
MAT 19:6 Así que no son ya más dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.
MAT 19:7 Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla?
MAT 19:8 Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras esposas; mas al principio no fue así.
MAT 19:9 Y yo os digo, que cualquiera que repudiare a su esposa, si no [fuere] por causa de fornicación, y se casare con otra, comete adulterio: y el que se casare con la repudiada comete adulterio.
MAT 19:10 Dícenle sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su esposa, no conviene casarse.
MAT 19:11 Mas él les dijo: No todos son capaces de recibir este dicho, sino [aquellos] a quienes es dado.
MAT 19:12 Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que fueron hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino del cielo. El que puede recibir[lo], recíba[lo].
MAT 19:13 Entonces le fueron traídos unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.
MAT 19:14 Mas Jesús dijo: Dejad a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino del cielo.
MAT 19:15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí.
MAT 19:16 Y he aquí, uno llegándose, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré, para tener la vida eterna?
MAT 19:17 Y él le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno [es] bueno sino uno, [es a saber,] Dios: Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
MAT 19:18 Dícele: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás: No cometerás adulterio: No hurtarás: No dirás falso testimonio:
MAT 19:19 Honra a tu padre y a [tu] madre: Y, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
MAT 19:20 Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi mocedad: ¿Qué aún me falta?
MAT 19:21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
MAT 19:22 Mas cuando el mancebo oyó esta palabra, se fue triste; porque tenía muchas posesiones.
MAT 19:23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que el rico difícilmente entrará en el reino del cielo.
MAT 19:24 Otra vez os digo: más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.
MAT 19:25 Sus discípulos, oyendo [estas cosas,] se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?
MAT 19:26 Y mirándo[los] Jesús, les dijo: Esto es imposible para con los hombres, mas para con Dios todo es posible.
MAT 19:27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿Qué pues tendremos?
MAT 19:28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habéis seguido, cuando en la regeneración se sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos, juzgando a las doce tribus de Israel.
MAT 19:29 Y todo aquel que ha dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna.
MAT 19:30 Mas muchos [que son] primeros serán postreros, y los postreros primeros.
MAT 20:1 PORQUE el reino del cielo es semejante a un hombre, padre de familia, que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña.
MAT 20:2 Y cuando hubo concertado con los obreros por un denario al día, los envió a su viña.
MAT 20:3 Y saliendo cerca de la hora tercera, vio otros que estaban de pie en la plaza ociosos,
MAT 20:4 Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.
MAT 20:5 Salió otra vez cerca de la sexta hora y de la hora novena, e hizo lo mismo.
MAT 20:6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban de pie ociosos, y les dice: ¿Por qué estáis de pie aquí todo el día ociosos?
MAT 20:7 Ellos le dicen: Porque nadie nos ha contratado. Díceles: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que fuere justo.
MAT 20:8 Y cuando fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
MAT 20:9 Y viniendo los que [habían ido] cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
MAT 20:10 Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.
MAT 20:11 Y cuando [lo] recibieron, murmuraban contra el padre de la familia,
MAT 20:12 Diciendo: Estos postreros [sólo] han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga, y el calor del día.
MAT 20:13 Y él respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿No te concertaste conmigo por un denario?
MAT 20:14 Toma lo [que es] tuyo, y vete: mas yo quiero dar a este postrero como a ti.
MAT 20:15 ¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? ¿O es malo tu ojo, porque yo soy bueno?
MAT 20:16 Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
MAT 20:17 Y subiendo Jesús a Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:
MAT 20:18 He aquí subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;
MAT 20:19 Y le entregarán a los gentiles para que [le] escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.
MAT 20:20 Entonces se llegó a él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole, y pidiéndole cierta cosa.
MAT 20:21 Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se asienten estos dos hijos míos, el uno a tu mano derecha, y el otro a la izquierda, en tu reino.
MAT 20:22 Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿Podéis beber de la copa que yo tengo que beber, y ser bautizados con el bautismo en que yo soy bautizado? Ellos le dicen: Podemos.
MAT 20:23 Él les dice: A la verdad de mi copa beberéis, y seréis bautizados con el bautismo en que yo soy bautizado; mas sentaros a mi mano derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está aparejado por mi Padre.
MAT 20:24 Y cuando los diez oyeron [esto,] se enojaron con los dos hermanos.
MAT 20:25 Mas Jesús, los llamó a sí, y dijo: Vosotros sabéis que los príncipes de los gentiles se enseñorean sobre ellos; y los que son grandes ejercen sobre ellos autoridad.
MAT 20:26 Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;
MAT 20:27 Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:
MAT 20:28 Así como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
MAT 20:29 Y saliendo ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.
MAT 20:30 Y he aquí, dos ciegos sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Oh Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
MAT 20:31 Y la multitud les reprendía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Oh Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
MAT 20:32 Y Jesús se paró, y los llamó, y dijo: ¿Qué queréis [que] os haga?
MAT 20:33 Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
MAT 20:34 Entonces Jesús tuvo compasión [de ellos], y tocó sus ojos, y al instante sus ojos recibieron la vista; y ellos le siguieron.
MAT 21:1 Y CUANDO se acercaron a Jerusalem, y vinieron a Betfagé, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos,
MAT 21:2 Diciéndoles: Id a la aldea que está delante de vosotros, e inmediatamente hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatad[la,] y traédme[los].
MAT 21:3 Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester; e inmediatamente los dejará.
MAT 21:4 Y todo esto fue hecho, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, diciendo:
MAT 21:5 Decid a la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, y un pollino, hijo de asna.
MAT 21:6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó.
MAT 21:7 Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y [le] sentaron sobre ellos.
MAT 21:8 Y muy gran multitud de gente tendían sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y [los] tendían por el camino.
MAT 21:9 Y las multitudes que iban delante, y las que iban detrás aclamaban, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
MAT 21:10 Y cuando él hubo entrado en Jerusalem, toda la ciudad fue conmovida, diciendo: ¿Quién es éste?
MAT 21:11 Y las multitudes decían: Éste es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea.
MAT 21:12 Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores de dinero, y las sillas de los que vendían palomas.
MAT 21:13 Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.
MAT 21:14 Y vinieron a él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.
MAT 21:15 Mas cuando los príncipes de los sacerdotes y los escribas, vieron las maravillas que hacía, y a los muchachos clamando en el templo, y diciendo: Hosanna al Hijo de David: se indignaron,
MAT 21:16 Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dice: Sí: ¿Nunca leisteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
MAT 21:17 Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad a Betania; y posó allí.
MAT 21:18 Y por la mañana volviendo a la ciudad, tuvo hambre.
MAT 21:19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más nazca de ti fruto para siempre. E inmediatamente la higuera se secó.
MAT 21:20 Entonces viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¡Cómo se secó tan pronto la higuera!
MAT 21:21 Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera: mas también si a este monte dijereis: Quitate y échate en el mar, será hecho.
MAT 21:22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, [lo] recibiréis.
MAT 21:23 Y cuando vino al templo, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo vinieron a él, cuando estaba enseñando, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te dio esta autoridad?
MAT 21:24 Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una cosa; la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto.
MAT 21:25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces razonaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo, nos dirá: ¿Por qué pues no lo creísteis?
MAT 21:26 Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta.
MAT 21:27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No podemos decir. Y él les dijo: Ni yo os digo con que autoridad hago estas cosas.
MAT 21:28 Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
MAT 21:29 Y respondiendo él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido, fue.
MAT 21:30 Y llegando al segundo, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, señor, voy. Y no fue.
MAT 21:31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesús: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante de vosotros al reino de Dios.
MAT 21:32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no lo creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, habiendo visto [esto,] no os arrepentisteis después para creerle.
MAT 21:33 Oíd otra parábola: fue cierto hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella lagar, y edificó una torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos.
MAT 21:34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.
MAT 21:35 Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon.
MAT 21:36 Envió otra vez a otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.
MAT 21:37 Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
MAT 21:38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Éste es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad.
MAT 21:39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y [le] mataron.
MAT 21:40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
MAT 21:41 Dícenle [ellos:] A los malos destruirá malamente, y [su] viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos.
MAT 21:42 Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ésta es puesta por cabeza del ángulo: Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?
MAT 21:43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a una nación que haga los frutos de él.
MAT 21:44 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien [ella] cayere, pulverizarle ha.
MAT 21:45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos.
MAT 21:46 Y buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.
MAT 22:1 Y RESPONDIENDO Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
MAT 22:2 El reino del cielo es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo;
MAT 22:3 Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas no quisieron venir.
MAT 22:4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, mi comida he aparejado, mis toros y animales engordados [son] muertos, y todo está aparejado: venid a las bodas.
MAT 22:5 Mas ellos no hicieron caso, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
MAT 22:6 Y otros, tomando a sus siervos, afrentáronlos y matáronlos.
MAT 22:7 Y cuando el rey oyó [esto,] fue airado; y envió sus ejércitos y destruyó a aquellos homicidas, y puso a fuego su ciudad.
MAT 22:8 Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados, no eran dignos.
MAT 22:9 Id pues a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos hallareis.
MAT 22:10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.
MAT 22:11 Y cuando entró el rey para ver los convidados, vio allí un hombre no vestido de vestidura de boda.
MAT 22:12 Y le dice: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestidura de boda? Y él enmudeció.
MAT 22:13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
MAT 22:14 Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
MAT 22:15 Entonces se fueron y consultaron los fariseos, cómo le tomarían en [alguna] palabra.
MAT 22:16 Y envían a él sus discípulos con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres verdadero, y que enseñas el camino de Dios en verdad, y que no te cuidas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres:
MAT 22:17 Dinos pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
MAT 22:18 Mas Jesús, conociendo su malicia, [les] dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?
MAT 22:19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.
MAT 22:20 Entonces les dice: ¿Cúya es esta imagen y la inscripción?
MAT 22:21 Ellos le dicen: De César. Y les dice: Dad pues a César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
MAT 22:22 Y oyendo [esto,] se maravillaron; y dejáronle, y se fueron.
MAT 22:23 En aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,
MAT 22:24 Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se case con su esposa, y levantará simiente a su hermano.
MAT 22:25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos: y el primero se casó, y murió; no teniendo simiente, dejó su esposa a su hermano.
MAT 22:26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete.
MAT 22:27 Y después de todos murió también la mujer.
MAT 22:28 En la resurrección pues, ¿cúya de los siete será la esposa? porque todos la tuvieron.
MAT 22:29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Vosotros erráis no sabiendo las Escrituras, ni el poder de Dios.
MAT 22:30 Porque en la resurrección, ni se casan, ni se dan en casamiento; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.
MAT 22:31 Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que es dicho por Dios a vosotros, que dice:
MAT 22:32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de los muertos, sino de los vivos.
MAT 22:33 Y oyendo [esto] las multitudes, estaban atónitos de su doctrina.
MAT 22:34 Entonces los fariseos, oyendo que había cerrado la boca a los saduceos, se juntaron a una;
MAT 22:35 Y preguntó uno de ellos, doctor de la ley, tentándole y diciendo:
MAT 22:36 Maestro, ¿cuál [es] el mandamiento grande de la ley?
MAT 22:37 Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
MAT 22:38 Éste es el primero y el grande mandamiento.
MAT 22:39 Y el segundo [es] semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
MAT 22:40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
MAT 22:41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó,
MAT 22:42 Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿De quién es hijo? Dícenle [ellos:] De David.
MAT 22:43 Él les dice: Pues, ¿cómo David en espíritu le llama Señor, diciendo:
MAT 22:44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies?
MAT 22:45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?
MAT 22:46 Y nadie le podía responder palabra: ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.
MAT 23:1 ENTONCES Jesús habló a la multitud y a sus discípulos,
MAT 23:2 Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos:
MAT 23:3 Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardad[lo] y haced[lo;] mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.
MAT 23:4 Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y [las] ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.
MAT 23:5 Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos,
MAT 23:6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;
MAT 23:7 Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabí, Rabí.
MAT 23:8 Pero vosotros, no seáis llamados Rabí: porque uno es vuestro Maestro, [es a saber] el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
MAT 23:9 Y vuestro padre no llaméis a nadie sobre la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en el cielo.
MAT 23:10 Ni seáis llamados maestros: porque uno es vuestro Maestro, [es a saber] el Cristo.
MAT 23:11 Mas el que es el mayor de vosotros, será vuestro siervo.
MAT 23:12 Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.
MAT 23:13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino del cielo delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni a los que entran dejáis entrar.
MAT 23:14 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y por pretexto hacéis larga oración: por esto recibiréis más grave condenación.
MAT 23:15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque rodeáis el mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros.
MAT 23:16 ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo, es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.
MAT 23:17 ¡Insensatos y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?
MAT 23:18 Y, cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el don que está sobre él, deudor es.
MAT 23:19 ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el don, o el altar que santifica al don?
MAT 23:20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todas las cosas que [están] sobre él.
MAT 23:21 Y el que jurare por el templo, jura por él, y por aquél que mora en él;
MAT 23:22 Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquél que está sentado sobre él.
MAT 23:23 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y habéis dejado lo que es lo más grave de la ley, [es a saber,] el juicio y la misericordia y la fe. Esto era menester hacer, y no dejar lo otro.
MAT 23:24 ¡Guías ciegos! que coláis el mosquito, mas tragáis el camello.
MAT 23:25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera de la copa y del plato; mas de dentro estáis llenos de robo y de exceso.
MAT 23:26 ¡Fariseo ciego! limpia primero dentro de la copa y del plato, para que también lo [que está] de fuera se haga limpio.
MAT 23:27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que de fuera, a la verdad, parecen hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.
MAT 23:28 Así también vosotros de fuera, a la verdad, parecéis justos a los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad.
MAT 23:29 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,
MAT 23:30 Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas.
MAT 23:31 Así que, testimonio dais a vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.
MAT 23:32 Vosotros también henchid la medida de vuestros padres.
MAT 23:33 ¡Serpientes, generación de víboras! ¿cómo escaparéis la condenación del infierno?
MAT 23:34 Por tanto, he aquí, yo envío a vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, a [unos] mataréis y crucificaréis; y a [otros] de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:
MAT 23:35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al cual matasteis entre el templo y el altar.
MAT 23:36 De cierto os digo: todas estas cosas vendrán sobre esta generación.
MAT 23:37 ¡Oh Jerusalem, Jerusalem, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti! ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!
MAT 23:38 He aquí, vuestra casa os es dejada desierta.
MAT 23:39 Porque yo os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
MAT 24:1 Y SALIDO Jesús del templo, íbase; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo.
MAT 24:2 Y Jesús les dijo: ¿No veis todas estas cosas? De cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.
MAT 24:3 Y estando sentado él en el monte de las Olivas, se llegaron a él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal [habrá] de tu venida, y del fin del mundo?
MAT 24:4 Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.
MAT 24:5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.
MAT 24:6 Y oiréis de guerras, y rumores de guerras: mirad [que] no os turbéis; porque es menester que todo [esto] acontezca; mas aún no es el fin.
MAT 24:7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá hambres, y pestilencias, y terremotos en diversos lugares.
MAT 24:8 Y todas estas cosas, [serán] principio de dolores.
MAT 24:9 Entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las naciones, por causa de mi nombre.
MAT 24:10 Y muchos entonces serán ofendidos; y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.
MAT 24:11 Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos.
MAT 24:12 Y por haberse multiplicado la iniquidad, el amor de muchos se resfriará.
MAT 24:13 Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
MAT 24:14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.
MAT 24:15 Por tanto, cuando viereis la abominación de desolación, que fue dicha por Daniel el profeta, estar en pie en el lugar santo, (el que lee, entienda),
MAT 24:16 Entonces los que [estuvieren] en Judea, huyan a los montes;
MAT 24:17 Y el que está sobre la techumbre, no descienda a tomar algo de su casa;
MAT 24:18 Y el que está en el campo, no vuelva atrás a tomar sus ropas.
MAT 24:19 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que den de mamar en aquellos días!
MAT 24:20 Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno, ni en día de sábado.
MAT 24:21 Porque habrá entonces grande tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será jamás.
MAT 24:22 Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
MAT 24:23 Entonces, si alguien os dijere: He aquí [está] el Cristo, o allí, [no lo] creáis.
MAT 24:24 Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas; y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si [fuese] posible, aun a los escogidos.
MAT 24:25 He aquí, os lo he dicho antes.
MAT 24:26 Así que, si os dijeren: He aquí, en el desierto está; no salgáis: He aquí en los aposentos; [no lo] creáis.
MAT 24:27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre.
MAT 24:28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán también las águilas.
MAT 24:29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz y las estrellas caerán del cielo, y los poderes de los cielos serán conmovidos.
MAT 24:30 Y entonces se aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir en las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
MAT 24:31 Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, del un cabo del cielo hasta el otro.
MAT 24:32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y las hojas brotan, sabéis que el verano [está] cerca.
MAT 24:33 Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas.
MAT 24:34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sean cumplidas.
MAT 24:35 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
MAT 24:36 Mas de aquel día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles del cielo, sino mi Padre solo.
MAT 24:37 Mas como los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
MAT 24:38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,
MAT 24:39 Y no conocieron hasta que vino el diluvio y los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.
MAT 24:40 Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado:
MAT 24:41 Dos [mujeres] moliendo a un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.
MAT 24:42 Velad pues, porque no sabéis a que hora ha de venir vuestro Señor.
MAT 24:43 Pero sabed esto, que si el padre de la familia supiese a cuál vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.
MAT 24:44 Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir a la hora que no pensáis.
MAT 24:45 ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual su señor puso sobre su familia para que les dé alimento a tiempo?
MAT 24:46 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su señor viniere, le hallare haciendo así.
MAT 24:47 De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.
MAT 24:48 Mas si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor se tarda en venir;
MAT 24:49 Y comenzare a herir sus compañeros, y aun a comer y beber con los borrachos;
MAT 24:50 Vendrá el señor de aquel siervo el día que [él] no espera, y a la hora que [él] no sabe,
MAT 24:51 Y le cortará por medio y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
MAT 25:1 ENTONCES el reino del cielo será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al desposado.
MAT 25:2 Y cinco de ellas eran prudentes, y cinco insensatas.
MAT 25:3 Las que eran insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron aceite consigo.
MAT 25:4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
MAT 25:5 Y tardándose el desposado, cabecearon todas, y se durmieron.
MAT 25:6 Y a la media noche fue oído un clamor: He aquí, el desposado viene, salid a recibirle.
MAT 25:7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
MAT 25:8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.
MAT 25:9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: [No,] para que no nos falte a nosotras y a vosotras: id antes a los que venden, y comprad para vosotras mismas.
MAT 25:10 Y entre tanto que ellas fueron a comprar, vino el desposado; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas: y fue cerrada la puerta.
MAT 25:11 Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
MAT 25:12 Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, [que] no os conozco.
MAT 25:13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en la cual el Hijo del hombre ha de venir.
MAT 25:14 Porque [el reino del cielo] es como un hombre que partiéndose lejos, llamó a sus propios siervos, y les entregó sus bienes.
MAT 25:15 Y a uno dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad; y se partió inmediatamente lejos.
MAT 25:16 Entonces el que había recibido cinco talentos, se fue, negoció con ellos, e hizo otros cinco talentos.
MAT 25:17 Semejantemente también el que [había recibido] dos, ganó también él otros dos.
MAT 25:18 Mas el que había recibido uno, fue, y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
MAT 25:19 Y después de mucho tiempo, viene el señor de aquellos siervos, y hace cuentas con ellos.
MAT 25:20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí, otros cinco talentos he ganado con ellos.
MAT 25:21 Y su señor le dijo: Bien hecho, buen siervo y fiel: sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
MAT 25:22 Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí, otros dos talentos he ganado con ellos.
MAT 25:23 Su señor le dijo: Bien hecho[,] buen siervo y fiel: sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
MAT 25:24 Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, yo te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste:
MAT 25:25 Y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra: he aquí, tienes lo [que es] tuyo.
MAT 25:26 Mas respondiendo su señor, le dijo: Mal siervo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí:
MAT 25:27 Por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, recibiera lo [que es] mío con usura.
MAT 25:28 Quitadle pues el talento, y dad[lo] al que tiene diez talentos.
MAT 25:29 Porque a todo aquel que tiene le será dado y tendrá en abundancia: mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
MAT 25:30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el llorar, y el crujir de dientes.
MAT 25:31 Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.
MAT 25:32 Y serán juntadas delante de él todas las naciones, y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor [sus] ovejas de los cabritos;
MAT 25:33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.
MAT 25:34 Entonces el Rey dirá a los que [estarán] a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino aparejado para vosotros desde la fundación del mundo:
MAT 25:35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer: tuve sed, y me disteis de beber: fui extranjero, y me recogisteis:
MAT 25:36 Desnudo, y me cubristeis: estuve enfermo, y me visitasteis: estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.
MAT 25:37 Entonces los justos le responderán, Diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y [te] dimos de comer? ¿o sediento, y te dimos de beber?
MAT 25:38 ¿Cuándo te vimos extranjero, y [te] recogimos? ¿o desnudo, y [te] cubrimos?
MAT 25:39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
MAT 25:40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, que en cuanto [lo] hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí [lo] hicisteis.
MAT 25:41 Entonces dirá también a los que [estarán] a la izquierda: Apartaos de mí malditos, al fuego eterno, que está aparejado para el diablo y sus ángeles;
MAT 25:42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer: tuve sed, y no me disteis de beber:
MAT 25:43 Fui extranjero, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
MAT 25:44 Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
MAT 25:45 Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo, [que] en cuanto no [lo] hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí [lo] hicisteis.
MAT 25:46 Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
MAT 26:1 Y ACONTECIÓ que, cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos:
MAT 26:2 Vosotros sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.
MAT 26:3 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron en el palacio del sumo sacerdote, el cual se llamaba Caifás.
MAT 26:4 Y tuvieron consejo para prender por engaño a Jesús, y matar[le].
MAT 26:5 Mas decían: No en [el día de] la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.
MAT 26:6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
MAT 26:7 Vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a [la mesa: ]8 Lo cual viendo sus discípulos, se indignaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?
MAT 26:9 Porque este ungüento se podía vender por gran precio, y darse a los pobres.
MAT 26:10 Y entendiéndo[lo] Jesús, les dijo: ¿Por qué dais pena a la mujer? porque ha hecho buena obra para conmigo.
MAT 26:11 Porque siempre tenéis pobres con vosotros, mas a mí no siempre me tenéis.
MAT 26:12 Porque echando ella este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme [lo] ha hecho.
MAT 26:13 De cierto os digo, [que] dondequiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que ésta ha hecho.
MAT 26:14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los príncipes de los sacerdotes,
MAT 26:15 Y [les] dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata.
MAT 26:16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
MAT 26:17 Y el primer [día de la fiesta] de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que te aderecemos para comer la pascua?
MAT 26:18 Y él dijo: Id a la ciudad a tal hombre, y decidle: El Maestro dice: Mí tiempo está cerca; en tu casa haré la pascua con mis discípulos.
MAT 26:19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la pascua.
MAT 26:20 Y venida la tarde del día, estaba sentado a la mesa con los doce.
MAT 26:21 Y estando comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
MAT 26:22 Y ellos entristecidos en gran manera, comenzaron cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?
MAT 26:23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, éste me ha de entregar.
MAT 26:24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.
MAT 26:25 Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo: ¿Quizá soy yo, Maestro? Dícele: Tú [lo] has dicho.
MAT 26:26 Y estando comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y [lo] bendijo, y [lo] partió, y dio a los discípulos, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo.
MAT 26:27 Y tomando la copa, y dando gracias, dióles, diciendo: Bebed de ella todos.
MAT 26:28 Porque esto es mi sangre del nuevo testamento, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.
MAT 26:29 Y os digo, [que] desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
MAT 26:30 Y cuando hubieron cantado un himno, salieron al monte de las Olivas.
MAT 26:31 Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis ofendidos en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y serán esparcidas las ovejas de la manada.
MAT 26:32 Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
MAT 26:33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean ofendidos en ti, yo nunca seré ofendido.
MAT 26:34 Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.
MAT 26:35 Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
MAT 26:36 Entonces viene Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dice a los discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore.
MAT 26:37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse, y a angustiarse en gran manera.
MAT 26:38 Entonces él les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte: quedaos aquí, y velad conmigo.
MAT 26:39 Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Oh Padre mío, si es posible pase de mí esta copa: sin embargo no como yo quiero, sino como tú.
MAT 26:40 Y viene a los discípulos, y los halla durmiendo; y dice a Pedro: ¡Qué! ¿No habéis podido velar conmigo una hora?
MAT 26:41 Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne débil.
MAT 26:42 Se fue otra vez, por segunda vez, y oró, diciendo: Oh Padre mío, si no puede esta copa pasar de mí sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
MAT 26:43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos eran agravados.
MAT 26:44 Y dejándolos fue otra vez, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.
MAT 26:45 Entonces viene a sus discípulos, y les dice: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.
MAT 26:46 Levantaos, vamos: he aquí, se acerca el que me entrega.
MAT 26:47 Y estando él aún hablando, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él una grande multitud con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.
MAT 26:48 Y el que le entregaba les había dado señal diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle.
MAT 26:49 Y llegándose inmediatamente a Jesús, dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.
MAT 26:50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano a Jesús, y le prendieron.
MAT 26:51 Y, he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le cortó su oreja.
MAT 26:52 Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán.
MAT 26:53 O ¿piensas tú que yo no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?
MAT 26:54 Mas ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que así es menester que sea hecho?
MAT 26:55 En aquella hora dijo Jesús a la multitud: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos a prenderme? cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
MAT 26:56 Mas todo esto fue hecho para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
MAT 26:57 Y los que habían prendido a Jesús, le llevaron a Caifás el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban juntados.
MAT 26:58 Mas Pedro le seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote; y entrado dentro, se estaba sentado con los siervos, para ver el fin.
MAT 26:59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el concilio, buscaban algún falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte;
MAT 26:60 Y no hallaban: y aunque muchos testigos falsos vinieron, no [lo] hallaron. Mas a la postre vinieron dos testigos falsos,
MAT 26:61 Que dijeron: Éste dijo: Puedo destruir el templo de Dios, y reedificarlo en tres días.
MAT 26:62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?
MAT 26:63 Mas Jesús callaba. Y respondiendo el sumo sacerdote, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas, si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
MAT 26:64 Jesús le dice: Tú [lo] has dicho. Y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de poder, y viniendo en las nubes del cielo.
MAT 26:65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.
MAT 26:66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.
MAT 26:67 Entonces le escupieron en su rostro, y le herían a puñadas y otros le dieron de bofetadas,
MAT 26:68 Diciendo: Profetízanos, Cristo, ¿quién es el que te ha herido?
MAT 26:69 Y Pedro entretanto estaba sentado fuera en el patio; y se llegó a él una criada, diciendo: tú también estabas con Jesús el galileo.
MAT 26:70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
MAT 26:71 Y cuando salió al pórtico, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús de Nazaret.
MAT 26:72 Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.
MAT 26:73 Y después de un poco se llegaron los que por allí estaban de pie, y dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres uno de ellos; porque aun tu habla te hace manifiesto.
MAT 26:74 Entonces comenzó a echarse maldiciones, y a jurar, [diciendo:] No conozco al hombre. Y al instante el gallo cantó.
MAT 26:75 Y se acordó Pedro de la palabra de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.
MAT 27:1 Y VENIDA la mañana, tomaron consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesús, para entregarle a muerte.
MAT 27:2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato gobernador.
MAT 27:3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, se arrepintió, y devolvió las treinta piezas de plata a los príncipes de los sacerdotes, y a los ancianos,
MAT 27:4 Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué [se nos da] a nosotros? Viéraslo tú.
MAT 27:5 Y arrojando las piezas de plata al templo, se partió, y fue, y se ahorcó.
MAT 27:6 Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre.
MAT 27:7 Y tomando consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros.
MAT 27:8 Por lo cual fue llamado aquel campo, el campo de sangre hasta el día de hoy.
MAT 27:9 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, diciendo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fue apreciado por los hijos de Israel;
MAT 27:10 Y las dieron para comprar el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.
MAT 27:11 Y Jesús estaba de pie delante del gobernador, y el gobernador le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú [lo] dices.
MAT 27:12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió.
MAT 27:13 Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
MAT 27:14 Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
MAT 27:15 Y en [el día de] la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.
MAT 27:16 Y tenían entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.
MAT 27:17 Pues, habiéndose juntado ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál queréis que os suelte? ¿a Barrabás, o a Jesús que es llamado Cristo?
MAT 27:18 Porque sabía que por envidia le habían entregado.
MAT 27:19 Y estando él sentado en el tribunal, su esposa envió a él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él.
MAT 27:20 Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y destruyese a Jesús.
MAT 27:21 Y respondiendo el gobernador les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
MAT 27:22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré con Jesús el que es llamado Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado.
MAT 27:23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos alzaban más el grito, diciendo: Sea crucificado.
MAT 27:24 Y viendo Pilato que nada aprovechaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: vedlo vosotros.
MAT 27:25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
MAT 27:26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, [le] entregó para ser crucificado.
MAT 27:27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y juntaron a él toda la compañía.
MAT 27:28 Y desnudándole, echáronle encima un manto de grana.
MAT 27:29 Y habiendo tejido una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, hacían burla de él, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
MAT 27:30 Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza.
MAT 27:31 Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestiduras, y le llevaron para crucificar[le].
MAT 27:32 Y saliendo, hallaron a un hombre cireneo, que se llamaba Simón: a éste cargaron para que llevase su cruz.
MAT 27:33 Y cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota, que quiere decir, el lugar de la Calavera,
MAT 27:34 Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; y cuando lo hubo gustado, no quiso beberlo.
MAT 27:35 Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestiduras, echando suertes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes.
MAT 27:36 Y sentados allí, le vigilaban.
MAT 27:37 Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra él escrita: ÉSTE ES JESÚS EL REY DE LOS JUDÍOS.
MAT 27:38 Entonces fueron crucificados con él dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
MAT 27:39 Y los que pasaban, le injuriaban, meneando sus cabezas,
MAT 27:40 Y diciendo: Tú, el que destruyes el templo, y en tres días [lo] reedificas, sálvate a ti mismo: Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
MAT 27:41 De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los ancianos, decían:
MAT 27:42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar: Si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y le creeremos.
MAT 27:43 Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
MAT 27:44 Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él.
MAT 27:45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
MAT 27:46 Y cerca de la hora novena, Jesús exclamó con gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
MAT 27:47 Y algunos de los que estaban de pie allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste.
MAT 27:48 E inmediatamente, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y [la] hinchió de vinagre, y poniéndo[la] en una caña, le daba para que bebiese.
MAT 27:49 Y los otros decían: Deja, veamos si vendrá Elías a salvarle.
MAT 27:50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado con grande voz, entregó el espíritu.
MAT 27:51 Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto a bajo: y la tierra tembló, y las rocas se hendieron;
MAT 27:52 Y los sepulcros se abrieron; y muchos cuerpos de santos, que habían dormido, se levantaron.
MAT 27:53 Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
MAT 27:54 Y el centurión, y los que estaban con él vigilando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente el Hijo de Dios era éste.
MAT 27:55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea a Jesús, sirviéndole:
MAT 27:56 Entre las cuales era María Magdalena, y María madre de Jacobo y de Joses, y la madre de los hijos de Zebedeo.
MAT 27:57 Y cuando fue la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo de Jesús.
MAT 27:58 Éste llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: Entonces Pilato mandó que el cuerpo se [le] diese.
MAT 27:59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,
MAT 27:60 Y lo puso en un sepulcro suyo nuevo, que había labrado en la roca; y revuelta una grande piedra a la puerta del sepulcro, se fue.
MAT 27:61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
MAT 27:62 Y el siguiente día, que es después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos a Pilato,
MAT 27:63 Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.
MAT 27:64 Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos; y será el postrer error peor que el primero.
MAT 27:65 Pilato les dijo: La guardia tenéis: id, asegurad[lo] como sabéis.
MAT 27:66 Ellos, pues, se fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
MAT 28:1 EN el fin del sábado, así como iba amaneciendo el primer [día] de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro.
MAT 28:2 Y he aquí, fue hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendió del cielo y vino y revolvió la piedra de la puerta, y estaba sentado sobre ella.
MAT 28:3 Y su aspecto era como relámpago, y su vestidura blanca como la nieve.
MAT 28:4 Y los guardas temblaron del miedo de él, y fueron vueltos como muertos.
MAT 28:5 Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.
MAT 28:6 No está aquí; porque es resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde estaba puesto el Señor.
MAT 28:7 E id presto, decid a sus discípulos que es resucitado de entre los muertos: y, he aquí, él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí, os [lo] he dicho.
MAT 28:8 Y saliendo ellas prestamente del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos.
MAT 28:9 Y mientras iban a dar las nuevas a sus discípulos, he aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas se llegaron, y abrazaron sus pies, y le adoraron.
MAT 28:10 Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allá me verán.
MAT 28:11 Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los principales de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.
MAT 28:12 Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,
MAT 28:13 Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, estando nosotros dormidos.
MAT 28:14 Y si esto fuere oído del gobernador, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros.
MAT 28:15 Y ellos, tomando el dinero hicieron como habían sido instruidos; y este dicho ha sido divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.
MAT 28:16 Mas los once discípulos se fueron a Galilea, al monte, donde Jesús les había mandado.
MAT 28:17 Y cuando le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
MAT 28:18 Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
MAT 28:19 Por tanto id, enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:
MAT 28:20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
MAR 1:1 PRINCIPIO del evangelio de Cristo Jesús, el Hijo de Dios.
MAR 1:2 Como está escrito en los profetas: He aquí, yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti.
MAR 1:3 La voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; haced derechas sus veredas.
MAR 1:4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para remisión de pecados.
MAR 1:5 Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
MAR 1:6 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.
MAR 1:7 Y predicaba, diciendo: Viene en pos de mí el que es más poderoso que yo, del cual no soy digno yo de encorvarme a desatar la correa de sus zapatos.
MAR 1:8 Yo a la verdad os he bautizado en agua; mas él os bautizará con el Espíritu Santo.
MAR 1:9 Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
MAR 1:10 E inmediatamente, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre él.
MAR 1:11 Y vino una voz del cielo, [que decía:] Tú eres mi Hijo amado; en quien estoy muy agradado.
MAR 1:12 E inmediatamente el Espíritu le impele al desierto.
MAR 1:13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, siendo tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
MAR 1:14 Mas después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
MAR 1:15 Y diciendo: el tiempo es cumplido; y el reino de Dios está cerca: Arrepentíos, y creed al evangelio.
MAR 1:16 Y andando junto al mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
MAR 1:17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.
MAR 1:18 Y dejando inmediatamente sus redes, le siguieron.
MAR 1:19 Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la nave, que remendaban las redes.
MAR 1:20 E inmediatamente los llamó; y ellos dejando a su padre Zebedeo en la nave con los jornaleros, fueron en pos de él.
MAR 1:21 Y entraron en Capernaum; e inmediatamente en el día de sábado, él entró en la sinagoga y enseñaba.
MAR 1:22 Y estaban atónitos de su doctrina; porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
MAR 1:23 Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces,
MAR 1:24 Diciendo: ¡Ah!, déja[nos] ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Te conozco quién eres, el Santo de Dios.
MAR 1:25 Y Jesús le reprendió, diciendo: Enmudece, y sal de él.
MAR 1:26 Y haciéndole pedazos, el espíritu inmundo, y clamando a gran voz, salió de él.
MAR 1:27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina [es] ésta, que con autoridad aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen?
MAR 1:28 Y al instante se divulgó su fama por todo el país alrededor de la Galilea.
MAR 1:29 E inmediatamente saliendo de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.
MAR 1:30 Pero la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le dijeron inmediatamente de ella.
MAR 1:31 Entonces llegando [él], la tomó de su mano y la levantó; e inmediatamente la dejó la calentura, y les servía.
MAR 1:32 Y cuando fue la tarde, cuando el sol se puso, traían a él todos los que tenían enfermedades, y endemoniados;
MAR 1:33 Y toda la ciudad se juntó a la puerta.
MAR 1:34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba a los demonios hablar porque le conocían.
MAR 1:35 Y levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió, y se fue a un lugar muy desierto, y allí oraba.
MAR 1:36 Y le siguió Simón, y los que estaban con él.
MAR 1:37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.
MAR 1:38 Y les dice: Vamos a las aldeas vecinas, para que predique también allí; porque para esto he venido.
MAR 1:39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.
MAR 1:40 Y un leproso vino a él, rogándole; e hincándose de rodillas, y diciéndole: Si quieres puedes limpiarme.
MAR 1:41 Y Jesús, movido de compasión, extendió la mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.
MAR 1:42 Y habiendo él dicho esto, inmediatamente la lepra se fue de él, y fue limpio.
MAR 1:43 Y le encargó estrechamente, y le envió inmediatamente,
MAR 1:44 Y le dice: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.
MAR 1:45 Mas él salió, y comenzó a publicarlo mucho, y a divulgar el negocio de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, mas estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
MAR 2:1 Y ENTRÓ otra vez en Capernaum después de [algunos] días; y se oyó que estaba en casa.
MAR 2:2 E inmediatamente se allegaron muchos, que ya no cabían ni aun al contorno de la puerta; y les predicaba la palabra.
MAR 2:3 Entonces vienen a él trayendo un paralítico, que era llevado de cuatro.
MAR 2:4 Y como no podían llegar a él a causa de la multitud, destecharon el techo donde estaba, y habiéndo[lo] destechado, bajaron el lecho en que el paralítico estaba echado.
MAR 2:5 Y cuando Jesús vio la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
MAR 2:6 Y estaban allí sentados ciertos de los escribas, los cuales razonaban en sus corazones,
MAR 2:7 ¿Por qué habla éste blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
MAR 2:8 Y conociendo inmediatamente Jesús en su espíritu que razonaban esto dentro de sí, les dijo: ¿Por qué razonáis estas cosas en vuestros corazones?
MAR 2:9 ¿Cuál es más fácil, decir al paralítico: [Tus] pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, y toma tu lecho, y anda?
MAR 2:10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico:)
MAR 2:11 A ti digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete a tu casa.
MAR 2:12 Y él se levantó inmediatamente, y tomando el lecho, se salió delante de todos, de manera que todos quedaron atónitos, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.
MAR 2:13 Y volvió a salir al mar, y toda la multitud venía a él, y les enseñaba.
MAR 2:14 Y pasando, vio a Leví, [hijo] de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió.
MAR 2:15 Y aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores se sentaban también juntamente con Jesús y sus discípulos: porque había muchos, y le seguían.
MAR 2:16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con publicanos, y con pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con publicanos y pecadores?
MAR 2:17 Y oyéndo[les] Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a los justos, mas los pecadores a arrepentimiento.
MAR 2:18 Y los discípulos de Juan, y [los] de los fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y [los] de los fariseos ayunan; y tus discípulos no ayunan?
MAR 2:19 Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el desposado está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al desposado no pueden ayunar.
MAR 2:20 Mas vendrán días; cuando el desposado será quitado de ellos, y entonces en aquellos días ayunarán.
MAR 2:21 Nadie cose remiendo de paño nuevo en vestidura vieja; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira de la vieja, y se hace peor rotura.
MAR 2:22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
MAR 2:23 Y aconteció, que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron a arrancar espigas.
MAR 2:24 Entonces los fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?
MAR 2:25 Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que estaban con él?
MAR 2:26 ¿Cómo entró en la casa de Dios, en tiempo de Abiatar el sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aún dio a los que estaban con él?
MAR 2:27 Díjoles también: El sábado por causa del hombre fue hecho; no el hombre por causa del sábado.
MAR 2:28 Así que el Hijo del hombre Señor es también del sábado.
MAR 3:1 Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.
MAR 3:2 Y le acechaban, si en sábado le sanaría, para acusarle.
MAR 3:3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.
MAR 3:4 Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábados, o hacer mal? ¿salvar la vida, o matar? Mas ellos callaban.
MAR 3:5 Y mirándolos en derredor con enojo, siendo entristecido por la dureza de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él [la] extendió, y su mano fue restituida sana como la otra.
MAR 3:6 Y salidos los fariseos, inmediatamente tomaron consejo con los Herodianos contra él, cómo le podrían destruir.
MAR 3:7 Mas Jesús se apartó al mar con sus discípulos; y le siguió una gran multitud de Galilea, y de Judea,
MAR 3:8 Y de Jerusalem, y de Idumea, y [de] la otra parte del Jordán. Y de los alrededores de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron a él.
MAR 3:9 Y dijo a sus discípulos que una navecilla le estuviese siempre apercibida, por causa de la multitud, para que no le oprimiesen.
MAR 3:10 Porque había sanado a muchos, de tal manera que caían sobre él, cuantos tenían plagas, por tocarle.
MAR 3:11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
MAR 3:12 Mas él les reprendía mucho que no le manifestasen.
MAR 3:13 Y subió a un monte, y llamó [a sí] los que él quiso; y vinieron a él.
MAR 3:14 Y ordenó a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,
MAR 3:15 Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:
MAR 3:16 A Simón, al cual puso por sobrenombre Pedro;
MAR 3:17 Y a Jacobo, [hijo] de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo; y les puso por sobrenombre Boanerges, que es, Hijos del trueno;
MAR 3:18 Y a Andrés, y a Felipe, y a Bartolomé, y a Mateo, y a Tomás, y a Jacobo [hijo] de Alfeo, y a Tadeo, y a Simón el cananeo,
MAR 3:19 Y a Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a una casa.
MAR 3:20 Y otra vez se juntó la multitud, de tal manera que ellos ni aun podían comer pan.
MAR 3:21 Y cuando [lo] oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.
MAR 3:22 Y los escribas que habían descendido de Jerusalem, decían que tenía a Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
MAR 3:23 Y llamándoles, les dijo por parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?
MAR 3:24 Y si un reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino.
MAR 3:25 Y si una casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.
MAR 3:26 Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; mas tiene fin.
MAR 3:27 Nadie puede saquear los bienes del hombre fuerte entrando en su casa, si antes no atare al hombre fuerte; y entonces saqueará su casa.
MAR 3:28 De cierto os digo [que] todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren:
MAR 3:29 Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene perdón por siempre; mas está expuesto a condenación eterna.
MAR 3:30 Porque decían: Tiene espíritu inmundo.
MAR 3:31 Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando de pie afuera, enviaron a él llamándole.
MAR 3:32 Y la multitud estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.
MAR 3:33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre, y mis hermanos?
MAR 3:34 Y mirando al derredor a los que estaban sentados en derredor de él, dijo: He aquí mi madre, y mis hermanos.
MAR 3:35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.
MAR 4:1 Y OTRA vez comenzó a enseñar junto al mar, y se allegó a él una gran multitud; tanto que entrándose él en un barco, se sentó en el mar, y toda la multitud estaba en tierra junto al mar.
MAR 4:2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:
MAR 4:3 Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
MAR 4:4 Y aconteció que al sembrar, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la devoraron.
MAR 4:5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació inmediatamente, porque no tenía la tierra profunda.
MAR 4:6 Mas salió el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz se secó.
MAR 4:7 Y otra parte cayó en espinas; y crecieron las espinas, y la ahogaron, y no dio fruto.
MAR 4:8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció; y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento.
MAR 4:9 Y les decía: El que tiene oídos para oír, oiga.
MAR 4:10 Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que estaban alrededor de él con los doce, de la parábola.
MAR 4:11 Y él les decía: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, todas las cosas se les hacen por parábolas;
MAR 4:12 Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan: porque alguna vez no se conviertan, y les sean perdonados [sus] pecados.
MAR 4:13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo pues entenderéis todas las parábolas?
MAR 4:14 El sembrador siembra la palabra.
MAR 4:15 Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada; mas después que la oyeron, inmediatamente viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones.
MAR 4:16 Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando han oído la palabra, inmediatamente la reciben con gozo;
MAR 4:17 Y no tienen raíz en sí mismos, antes son temporales; que en levantándose la tribulación, o la persecución por causa de la palabra, inmediatamente se ofenden.
MAR 4:18 Y éstos son los que son sembrados entre espinas, los que oyen la palabra;
MAR 4:19 Mas los afanes de este mundo, y el engaño de las riquezas, y las concupiscencias que hay en las otras cosas entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
MAR 4:20 Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la palabra y [la] reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, otro a ciento.
MAR 4:21 Y les decía: ¿Acaso se trae la candela debajo de un almud, o debajo de la cama? ¿No [la trae] para ser puesta en el candelero?
MAR 4:22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto, que no haya de venir en descubierto.
MAR 4:23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
MAR 4:24 Y les decía: Mirad lo que oís: Con la medida que medís, os será medido, y será añadido a vosotros los que oís.
MAR 4:25 Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
MAR 4:26 Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echase simiente en la tierra;
MAR 4:27 Y durmiese, y se levantase de noche y de día, y la simiente brotase y creciese sin saber él como.
MAR 4:28 Porque la tierra de suyo fructifica, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;
MAR 4:29 Y cuando el fruto fuere producido, inmediatamente él mete la hoz, porque la siega es llegada.
MAR 4:30 También decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué comparación le compararemos?
MAR 4:31 [Es] como el grano de mostaza, que cuando es sembrado en la tierra, es el más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra;
MAR 4:32 Mas cuando fuere sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan posar debajo de su sombra.
MAR 4:33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.
MAR 4:34 Y sin parábola no les hablaba; mas cuando estaban solos, declaraba todas las cosas a sus discípulos.
MAR 4:35 Y les dijo aquel día, cuando fue tarde: Pasemos al otro lado.
MAR 4:36 Y enviada la multitud, le tomaron así como estaba, en la nave, y había también con él otros barquitos.
MAR 4:37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en la nave, de tal manera que ya se llenaba.
MAR 4:38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre una almohada; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perezcamos?
MAR 4:39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento; y fue hecha grande bonanza.
MAR 4:40 Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis tan temerosos? ¿Cómo es que no tenéis fe?
MAR 4:41 Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?
MAR 5:1 Y VINIERON a la otra parte del mar a la provincia de los gadarenos.
MAR 5:2 Y cuando él salió de la nave, inmediatamente le salió al encuentro un hombre de los sepulcros, con un espíritu inmundo,
MAR 5:3 Que tenía [su] morada en los sepulcros, y nadie le podía tener atado, ni aun con cadenas,
MAR 5:4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía dominar.
MAR 5:5 Y siempre de día y de noche estaba en los montes y en los sepulcros dando voces, e hiriéndose a sí mismo con piedras.
MAR 5:6 Y cuando vio a Jesús de lejos, corrió, y le adoró.
MAR 5:7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
MAR 5:8 Porque le decía: Sal fuera de este hombre, espíritu inmundo.
MAR 5:9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió, diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
MAR 5:10 Y le rogaba mucho que no los echase fuera de aquella provincia.
MAR 5:11 Y estaba allí cerca de los montes una grande manada de puercos paciendo.
MAR 5:12 Y le rogaron todos aquellos demonios, diciendo: Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.
MAR 5:13 Y les permitió inmediatamente Jesús; y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos; y la manada se precipitó con impetuosidad por un despeñadero en el mar; y eran como dos mil, y se ahogaron en el mar.
MAR 5:14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso a la ciudad y en los campos. Y salieron para ver que era aquello que había acontecido.
MAR 5:15 Y vienen a Jesús, y ven al que había sido endemoniado, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal: y tuvieron miedo.
MAR 5:16 Y los que [lo] habían visto, contáronles cómo había acontecido al endemoniado, y de los puercos.
MAR 5:17 Y comenzaron a rogarle que se fuese de los términos de ellos.
MAR 5:18 Y cuando fue entrado él en la nave, el que había estado endemoniado, le rogaba que le dejase estar con él.
MAR 5:19 Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete a tu casa a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y [cómo] ha tenido compasión de ti.
MAR 5:20 Y él se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él; y todos se maravillaban.
MAR 5:21 Y cuando Jesús hubo pasado otra vez en una nave a la otra parte, se allegó a él una gran multitud; y estaba junto al mar.
MAR 5:22 Y, he aquí, viene uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y cuando le vio, se postró a sus pies,
MAR 5:23 Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está a la muerte: Ven y pon las manos sobre ella, para que sea salva, y vivirá.
MAR 5:24 Y [Jesús] fue con él, y le siguió mucha gente, y le apretaban.
MAR 5:25 Y cierta mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,
MAR 5:26 Y había sufrido muchas cosas de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
MAR 5:27 Cuando oyó de Jesús, vino entre el gentío por detrás y tocó su vestidura.
MAR 5:28 Porque decía: Si [yo] tocare tan solamente su vestidura, seré salva.
MAR 5:29 E inmediatamente la fuente de su sangre se secó; y sintió en [su] cuerpo que estaba sana de aquella plaga.
MAR 5:30 E inmediatamente Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose entre el gentío, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestiduras?
MAR 5:31 Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
MAR 5:32 Y [él] miraba alrededor por ver a la que había hecho esto.
MAR 5:33 Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
MAR 5:34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y sé sana de tu azote.
MAR 5:35 Hablando aún él, vinieron del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta: ¿para qué fatigas más al Maestro?
MAR 5:36 Mas Jesús, al instante que oyó la palabra que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
MAR 5:37 Y no permitió que alguno viniese tras él, sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
MAR 5:38 Y viene a casa del príncipe de la sinagoga, y ve el alboroto, y los que lloraban y gemían mucho.
MAR 5:39 Y entrado, les dice: ¿Por qué os alborotáis, y lloráis? La muchacha no está muerta, sino que duerme.
MAR 5:40 Y hacían burla de él; mas él, echados fuera todos, toma al padre y a la madre de la muchacha, y a los que estaban con él, y entra donde estaba la muchacha echada.
MAR 5:41 Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talita cumi; que interpretado es: Muchacha, a ti te digo, levántate.
MAR 5:42 E inmediatamente la muchacha se levantó, y andaba; porque era de doce años: Y se espantaron de grande espanto.
MAR 5:43 Mas él les encargó estrechamente que nadie lo supiese; y mandó que diesen a ella de comer.
MAR 6:1 Y SALIÓ de allí, y vino a su tierra, y le siguen sus discípulos.
MAR 6:2 Y llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndo[le], estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría [es] ésta que le es dada, que tales milagros son hechos por sus manos?
MAR 6:3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de Joses, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se ofendían en él.
MAR 6:4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honor sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
MAR 6:5 Y no pudo hacer allí ningún milagro: sino que sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
MAR 6:6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando.
MAR 6:7 Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos: y les dio potestad sobre los espíritus inmundos.
MAR 6:8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente un bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa;
MAR 6:9 Mas que calzasen sandalias; y no vistiesen dos ropas.
MAR 6:10 Y les decía: Dondequiera que entréis en una casa, quedad allí hasta que salgáis de aquel lugar.
MAR 6:11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio contra ellos. De cierto os digo que será más tolerable para Sodoma y Gomorra en el día del juicio, que de aquella ciudad.
MAR 6:12 Y salidos ellos, predicaban que se arrepintiesen los hombres.
MAR 6:13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y sanaban.
MAR 6:14 Y oyó el rey Herodes [de él,] (porque su nombre era hecho notorio,) y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por tanto, los poderes obran en él.
MAR 6:15 Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, o como uno de los profetas.
MAR 6:16 Mas cuando [lo] oyó Herodes, dijo: Éste es Juan el que yo decapité: él ha resucitado de entre los muertos.
MAR 6:17 Porque Herodes mismo había enviado y prendido a Juan, y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, esposa de Felipe su hermano; porque se había casado con ella.
MAR 6:18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la esposa de tu hermano.
MAR 6:19 Por tanto Herodías le tenía ojeriza, y deseaba matarle, mas no podía;
MAR 6:20 Porque Herodes temía a Juan, conociéndole por varón justo y santo, y le tenía respeto: y habiéndolo oído, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana.
MAR 6:21 Y habiendo venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta del día de su nacimiento, hacía cena a sus príncipes y capitanes, y a los principales de Galilea,
MAR 6:22 Y cuando la hija de la misma Herodías entró y danzó, y agradó a Herodes, y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la doncella: Pídeme lo que quisieres, que yo te [lo] daré.
MAR 6:23 Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.
MAR 6:24 Y saliendo fuera ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan el Bautista.
MAR 6:25 Y ella entró inmediatamente con prisa al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
MAR 6:26 Y el rey se entristeció mucho; [mas a] causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no la quiso desechar.
MAR 6:27 E inmediatamente el rey, enviando a un verdugo, mandó que fuese traída su cabeza: y él fue, y le decapitó en la cárcel,
MAR 6:28 Y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la doncella, y la doncella la dio a su madre.
MAR 6:29 Y cuando sus discípulos oyeron [esto], vinieron y tomaron su cuerpo y lo pusieron en un sepulcro.
MAR 6:30 Y los apóstoles se juntaron a Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.
MAR 6:31 Y [él] les dijo: Venid vosotros mismos aparte a un lugar desierto, y reposad un poco: porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían tiempo de comer.
MAR 6:32 Y se fueron en una nave a un lugar desierto aparte.
MAR 6:33 Y la gente los vio partir, y muchos le conocieron; y de todas las ciudades corrieron allá a pie, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él.
MAR 6:34 Y Jesús cuando salió, vio grandes multitudes de gente, y tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
MAR 6:35 Y cuando ya fue el día muy tarde, sus discípulos llegaron a él, diciendo: El lugar es desierto y el día [es] ya muy entrado,
MAR 6:36 Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan, porque no tienen qué comer.
MAR 6:37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿Iremos a comprar doscientos denarios de pan, y les daremos de comer?
MAR 6:38 Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y cuando lo supieron, dicen: Cinco, y dos peces.
MAR 6:39 Y les mandó que hiciesen sentar a todos por compañías sobre la hierba verde.
MAR 6:40 Y se sentaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
MAR 6:41 Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de ellos: Y los dos peces repartió entre todos.
MAR 6:42 Y comieron todos, y se hartaron.
MAR 6:43 Y alzaron de los pedazos doce canastos llenos, y de los peces.
MAR 6:44 Y eran los que comieron de los panes como cinco mil varones.
MAR 6:45 E inmediatamente hizo a sus discípulos entrar en la nave, e ir delante de él a la otra parte a Betsaida, entre tanto que él despedía la multitud.
MAR 6:46 Y cuando los hubo despedido, se fue al monte a orar.
MAR 6:47 Y cuando llegó la tarde, la nave estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
MAR 6:48 Y viólos fatigarse remando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vela de la noche, vino a ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.
MAR 6:49 Mas cuando ellos lo vieron andar sobre el mar, pensaron que era un espíritu, y dieron voces;
MAR 6:50 Porque todos le veían, y se turbaron. E inmediatamente habló con ellos, y les dijo: Tened buen animo; Yo soy, no temáis.
MAR 6:51 Y subió a ellos en la nave, y el viento cesó, y estaban entre sí mismos sobre manera atónitos, y se maravillaban:
MAR 6:52 Porque [aún] no entendían [el milagro] de los panes; porque sus corazones estaban endurecidos.
MAR 6:53 Y cuando fueron a la otra parte, vinieron a tierra de Genezaret, y tomaron puerto.
MAR 6:54 Y saliendo ellos de la nave, inmediatamente le conocieron,
MAR 6:55 Y corriendo por toda aquella región de alrededor, comenzaron a traer en lechos a los que estaban enfermos, a donde oían que estaba.
MAR 6:56 Y donde quiera que entraba, en aldeas, o ciudades, o campos, ponían en las plazas los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestidura, y todos los que le tocaban quedaban sanos.
MAR 7:1 Y SE juntaron a él los fariseos, y ciertos de los escribas que habían venido de Jerusalem;
MAR 7:2 Y cuando vieron a algunos de sus discípulos comer pan con manos inmundas, que quiere decir, no lavadas, los condenaban.
MAR 7:3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.
MAR 7:4 Y [volviendo] de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay que han recibido para guardar, [como] el lavar de las copas, y de los jarros, y de los vasos de latón, y de las mesas.
MAR 7:5 Entonces le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, mas comen pan sin lavar las manos?
MAR 7:6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí.
MAR 7:7 Mas en vano me adoran, enseñando [como] doctrinas, mandamientos de hombres.
MAR 7:8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os guardáis la tradición de los hombres: [como] el lavar de los jarros y de las copas; y hacéis muchas otras cosas semejantes a éstas.
MAR 7:9 Y les decía: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.
MAR 7:10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldijere al padre o a la madre muera de muerte.
MAR 7:11 Mas vosotros decís: Si el hombre dijere a su padre o a [su] madre: [Es] Corbán (que quiere decir, don mío) a ti aprovechará; [quedará libre].
MAR 7:12 Y no le dejáis más hacer nada por su padre o por su madre;
MAR 7:13 Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis: y muchas cosas hacéis semejantes a éstas.
MAR 7:14 Y cuando hubo llamado a sí toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended:
MAR 7:15 Nada hay fuera del hombre que entrando en él, le pueda contaminar; mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.
MAR 7:16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
MAR 7:17 Y cuando él fue entrado en casa, apartado de la multitud, le preguntaban sus discípulos de la parábola.
MAR 7:18 Y les dice: ¿Así también vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar;
MAR 7:19 Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina, purgando todas las viandas?
MAR 7:20 Y decía, lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.
MAR 7:21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, adulterios, fornicaciones, homicidios,
MAR 7:22 Hurtos, avaricias, maldades, engaño, lascivia, ojo maligno, blasfemia, soberbia, insensatez.
MAR 7:23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.
MAR 7:24 Y levantándose de allí, se fue a los términos de Tiro y de Sidón, y entrando en una casa, quiso que nadie [lo] supiese; mas no pudo esconderse.
MAR 7:25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó a sus pies.
MAR 7:26 Y la mujer era griega, sirofenisa de nación, y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.
MAR 7:27 Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos: porque no es bien tomar el pan de los hijos y echar[lo] a los perros.
MAR 7:28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero los perros debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.
MAR 7:29 Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.
MAR 7:30 Y cuando llegó a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija echada sobre la cama.
MAR 7:31 Y volviendo a salir de los términos de Tiro y de Sidón, vino al mar de Galilea, por en medio de los términos de Decápolis.
MAR 7:32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.
MAR 7:33 Y tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;
MAR 7:34 Y mirando al cielo, gimió, y dijo: Efata: es decir: Sé abierto.
MAR 7:35 Y al instante fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.
MAR 7:36 Y les mandó que no le dijesen a nadie; mas cuanto más les mandaba, tanto más y más [lo] publicaban.
MAR 7:37 Y estaban sobremanera atónitos, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.
MAR 8:1 EN aquellos días, como hubo una muy grande multitud, y no tenían que comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:
MAR 8:2 Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen que comer:
MAR 8:3 Y si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.
MAR 8:4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a éstos de pan aquí en el desierto?
MAR 8:5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: siete.
MAR 8:6 Entonces mandó a la multitud que se sentasen sobre la tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, [los] partió, y dio a sus discípulos para que [los] pusiesen delante: y [los] pusieron delante a la multitud.
MAR 8:7 Tenían también unos pocos pececillos: y habiendo bendecido, dijo que también [se] los pusiesen delante.
MAR 8:8 Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete canastos.
MAR 8:9 Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.
MAR 8:10 Y entrando inmediatamente en una nave con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanuta.
MAR 8:11 Y vinieron los fariseos, y comenzaron a altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole.
MAR 8:12 Y él, gimiendo profundamente en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo, que no se dará señal a esta generación.
MAR 8:13 Y dejándoles, volvió a entrar a la nave, y se fue al otro lado.
MAR 8:14 Y [los discípulos] se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en la nave.
MAR 8:15 Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y [de] la levadura de Herodes.
MAR 8:16 Y razonaban entre sí, diciendo: Es porque no tenemos pan.
MAR 8:17 Y cuando Jesús [lo] entendió, les dice: ¿Qué razonáis, porque no tenéis pan? ¿No consideráis, ni entendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?
MAR 8:18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis?
MAR 8:19 Cuando yo partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántos canastos llenos de los pedazos alzasteis? Y ellos le dicen: Doce.
MAR 8:20 Y cuando los siete [panes] entre cuatro mil, ¿cuántos canastos llenos de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.
MAR 8:21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
MAR 8:22 Y viene a Betsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.
MAR 8:23 Entonces, tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo.
MAR 8:24 Y él, alzando los ojos dijo: Veo los hombres como árboles que andan.
MAR 8:25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y quedó restituido, y veía claramente a todos.
MAR 8:26 Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni [lo] digas a nadie en la aldea.
MAR 8:27 Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que yo soy?
MAR 8:28 Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros: uno de los profetas.
MAR 8:29 Entonces él les dice: ¿Y vosotros, quién decís que yo soy? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo.
MAR 8:30 Y mandóles con rigor que a ninguno dijesen esto de él.
MAR 8:31 Y comenzó a enseñarles, que era menester que el Hijo del hombre padeciese mucho, y fuese desechado de los ancianos, y [de] los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
MAR 8:32 Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender.
MAR 8:33 Mas él, volviéndose, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: Ponte detrás de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
MAR 8:34 Y llamando a la multitud con sus discípulos les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
MAR 8:35 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, éste la salvará.
MAR 8:36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
MAR 8:37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
MAR 8:38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
MAR 9:1 Y LES dijo: De cierto os digo, que hay algunos de los que están de pie aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con poder.
MAR 9:2 Y seis días después tomó Jesús a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y los sacó aparte solos a un monte alto; y fue transfigurado delante de ellos.
MAR 9:3 Y sus vestiduras fueron vueltas resplandecientes, muy blancas, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra las puede blanquear.
MAR 9:4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
MAR 9:5 Y Pedro respondiendo, dice a Jesús: Maestro, bueno es que estemos aquí, y hagamos tres tabernáculos: uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías.
MAR 9:6 Porque no sabía lo que decía, que estaban espantados.
MAR 9:7 Y vino una nube que los asombró, y una voz de la nube que decía: Éste es mi Hijo amado: a él oíd.
MAR 9:8 Y repentinamente, cuando habían mirado al derredor, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
MAR 9:9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen las cosas que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiese resucitado de entre los muertos.
MAR 9:10 Y [ellos] retuvieron la palabra en sí mismos, preguntando entre sí qué sería aquello de resucitar de entre los muertos.
MAR 9:11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es menester que Elías venga primero?
MAR 9:12 Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restituirá todas las cosas; y como está escrito del Hijo del hombre: que padezca mucho, y sea tenido en nada.
MAR 9:13 Pero os digo que Elías es venido, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
MAR 9:14 Y cuando vino a los discípulos, vio una grande multitud al derredor de ellos, y los escribas que disputaban con ellos.
MAR 9:15 E inmediatamente toda la multitud, viéndole, se espantó, y corriendo a [él], le saludaron.
MAR 9:16 Y preguntó a los escribas: ¿Qué disputáis con ellos?
MAR 9:17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje mi hijo a ti, que tiene un espíritu mudo,
MAR 9:18 El cual, dondequiera que le toma, le despedaza, y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
MAR 9:19 Y respondiendo él, le dice: ¡Oh generación incrédula! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmelo a mí.
MAR 9:20 Y se lo trajeron a él; y cuando le vio, inmediatamente el espíritu le despedazaba; y cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.
MAR 9:21 Y preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño:
MAR 9:22 Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para destruirle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo compasión de nosotros.
MAR 9:23 Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo [es] posible.
MAR 9:24 E inmediatamente el padre del muchacho, clamando con lágrimas dijo: Señor, yo creo: ayuda mi incredulidad.
MAR 9:25 Y cuando Jesús vio que la multitud concurría, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
MAR 9:26 Entonces [el espíritu] clamando, y despedazándole mucho, salió; y [él] quedó como muerto, de manera que muchos decían: Muerto está.
MAR 9:27 Mas Jesús tomándole de la mano, le enderezó, y se levantó.
MAR 9:28 Y cuando él se entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
MAR 9:29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
MAR 9:30 Y salidos de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie [lo] supiese.
MAR 9:31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre es entregado en manos de hombres, y le matarán; y después de muerto, resucitará al tercer día.
MAR 9:32 Mas ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.
MAR 9:33 Y vino a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
MAR 9:34 Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino, quién [había de ser] el mayor.
MAR 9:35 Entonces sentándose, llamó a los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
MAR 9:36 Y tomando a un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:
MAR 9:37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí recibe; y el que a mí recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.
MAR 9:38 Y le respondió Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno, que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue.
MAR 9:39 Y Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que ligeramente pueda decir mal de mí.
MAR 9:40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
MAR 9:41 Porque cualquiera que os diere una copa de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo, que no perderá su galardón.
MAR 9:42 Y cualquiera que ofendiere a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le fuere puesta al cuello una piedra de molino, y que fuese echado en el mar.
MAR 9:43 Y si tu mano te ofendiere, córtala: mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado:
MAR 9:44 Donde su gusano no muere, y su fuego nunca se apaga.
MAR 9:45 Y si tu pie te ofendiere, córtale: mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado;
MAR 9:46 Donde el gusano de ellos no muere, y su fuego nunca se apaga.
MAR 9:47 Y si tu ojo te ofendiere, sácalo: mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno:
MAR 9:48 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
MAR 9:49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
MAR 9:50 Buena [es] la sal; mas si la sal perdiere su sabor, ¿con qué la sazonaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.
MAR 10:1 Y LEVANTÁNDOSE de allí, vino a los términos de Judea por la otra parte del Jordán; y volvió la multitud a juntarse a él; y volviólos a enseñar como acostumbraba.
MAR 10:2 Y llegándose los fariseos, le preguntaron, ¿Es lícito al marido repudiar a [su] esposa? Tentándole.
MAR 10:3 Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?
MAR 10:4 Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar[la].
MAR 10:5 Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento.
MAR 10:6 Pero desde el principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.
MAR 10:7 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará a su esposa.
MAR 10:8 Y los dos serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne.
MAR 10:9 Pues lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre.
MAR 10:10 Y en casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo.
MAR 10:11 Y les dice: Cualquiera que repudiare a su esposa, y se casare con otra, comete adulterio contra ella:
MAR 10:12 Y si la mujer repudiare a su marido, y se casare con otro, ella comete adulterio.
MAR 10:13 Y le traían niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que [los] traían.
MAR 10:14 Mas cuando Jesús [lo] vio se indignó, y les dijo: Dejad venir a mí los niños, y no se los vedéis; porque de los tales es el reino de Dios.
MAR 10:15 De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, en ninguna manera entrará en él.
MAR 10:16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
MAR 10:17 Y cuando fue salido al camino, llegóse uno corriendo, y arrodillándose delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?
MAR 10:18 Y Jesús le dijo: ¿Porqué me llamas bueno? Ninguno [hay] bueno, sino sólo uno, [que es] Dios.
MAR 10:19 Sabes los mandamientos: No adulteres, No mates, No hurtes, No digas falso testimonio, No defraudes, Honra a tu padre y a tu madre.
MAR 10:20 Y él respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad.
MAR 10:21 Entonces Jesús mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: ve, todo lo que tienes vende, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, toma tu cruz, y sígueme.
MAR 10:22 Mas él, entristecido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
MAR 10:23 Entonces Jesús, mirando al derredor, dice a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
MAR 10:24 Y los discípulos se espantaron de sus palabras. Mas Jesús respondiendo otra vez, les dice: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios los que confían en las riquezas!
MAR 10:25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.
MAR 10:26 Y ellos estaban sobre manera atónitos, diciendo dentro de sí: ¿Y quién puede ser salvo?
MAR 10:27 Y Jesús mirándolos, dice: Para los hombres [es] imposible; mas para Dios, no: porque todas las cosas son posibles para Dios.
MAR 10:28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido.
MAR 10:29 Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que ninguno hay que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,
MAR 10:30 Que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.
MAR 10:31 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.
MAR 10:32 Y estaban en el camino subiendo a Jerusalem; y Jesús iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguían con miedo. Y volviendo a tomar a los doce, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:
MAR 10:33 He aquí, subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles;
MAR 10:34 Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.
MAR 10:35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegan a él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.
MAR 10:36 Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
MAR 10:37 Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu diestra, y el otro a tu siniestra.
MAR 10:38 Mas Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo bebo, y ser bautizados con el bautismo en que yo soy bautizado?
MAR 10:39 Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad la copa que yo bebo, beberéis; y con el bautismo en que yo soy bautizado, seréis bautizados;
MAR 10:40 Mas sentaros a mi diestra, y a mi siniestra, no es mío darlo, sino a los que está aparejado.
MAR 10:41 Y cuando [lo] oyeron los diez, comenzaron a indignarse de Jacobo y de Juan.
MAR 10:42 Mas Jesús llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes sobre los gentiles, se enseñorean sobre ellos; y los que entre ellos son grandes, tienen autoridad sobre ellos.
MAR 10:43 Mas no será así entre vosotros, antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor:
MAR 10:44 Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos.
MAR 10:45 Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos.
MAR 10:46 Y vienen a Jericó: y saliendo él de Jericó, con sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
MAR 10:47 Y cuando oyó que era Jesús de Nazaret, comenzó a dar voces, y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.
MAR 10:48 Y muchos le reprendían, para que callase; mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí.
MAR 10:49 Y Jesús se paró, y mandó que fuese llamado. Y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, [que] te llama.
MAR 10:50 Él entonces echando a un lado su capa, se levantó, y vino a Jesús.
MAR 10:51 Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: Señor, que reciba la vista.
MAR 10:52 Y Jesús le dijo: Ve; tu fe te ha sanado. E inmediatamente recibió su vista, y seguía a Jesús en el camino.
MAR 11:1 Y CUANDO llegaron cerca de Jerusalem, a Betfagé, y a Betania, al monte de las Olivas, él envía dos de sus discípulos,
MAR 11:2 Y les dice: Id a la aldea que está delante de vosotros, y tan pronto que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre se ha sentado; desatadle, y traed[le].
MAR 11:3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? Decid que el Señor lo ha menester; e inmediatamente lo enviará acá.
MAR 11:4 Y fueron, y hallaron el pollino atado a la puerta fuera, entre dos caminos; y le desatan.
MAR 11:5 Y ciertos de los que estaban de pie allí, les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
MAR 11:6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.
MAR 11:7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus vestiduras, y [él] se sentó sobre él.
MAR 11:8 Y muchos tendían sus vestiduras en el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y [las] tendían en el camino.
MAR 11:9 Y los que iban delante, y los que seguían detrás, daban voces, diciendo: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor.
MAR 11:10 Bendito [sea] el reino de nuestro padre David, que viene en el nombre del Señor: ¡Hosanna en las alturas!
MAR 11:11 Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo; y habiendo mirado al derredor todas las cosas, y siendo ya tarde, se salió a Betania con los doce.
MAR 11:12 Y el día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
MAR 11:13 Y viendo de lejos una higuera, que tenía hojas, vino a [ver] si quizá hallaría en ella algo, y cuando vino a ella, nada halló sino hojas; porque [aún] no era tiempo de higos.
MAR 11:14 Y Jesús respondiendo, dijo a la higuera: Nunca más nadie coma de ti fruto por siempre. Y [lo] oyeron sus discípulos.
MAR 11:15 Vienen pues a Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambiadores de dinero, y las sillas de los que vendían palomas;
MAR 11:16 Y no consentía que nadie llevase [cualquier] vaso por el templo.
MAR 11:17 Y enseñaba, diciéndoles: ¿No está escrito, que mi casa, casa de oración será llamada de todas las naciones? mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
MAR 11:18 Y oyéron[lo] los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban cómo le destruirían; porque le tenían miedo, por cuanto toda la multitud estaba atónita por su doctrina.
MAR 11:19 Mas cuando fue tarde, él salió de la ciudad.
MAR 11:20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
MAR 11:21 Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí, la higuera que maldijiste se ha secado.
MAR 11:22 Y respondiendo Jesús, les dice: Tened fe en Dios.
MAR 11:23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate, y échate en el mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho.
MAR 11:24 Por tanto os digo, que todo lo que orando pidiereis, creed que [lo] recibiréis, y [lo] tendréis.
MAR 11:25 Y cuando estuviereis de pie orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que [está] en el cielo, os perdone a vosotros vuestras ofensas.
MAR 11:26 Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que [está] en el cielo os perdonará vuestras ofensas.
MAR 11:27 Y vienen otra vez a Jerusalem; y andando él por el templo, vienen a él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos.
MAR 11:28 Y le dicen: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esta autoridad para hacer estas cosas?
MAR 11:29 Y Jesús, respondiendo, les dijo: Yo os preguntaré también una palabra, y respondedme, y os diré con que autoridad hago estas cosas:
MAR 11:30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.
MAR 11:31 Y ellos razonaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué pues, no le creísteis?
MAR 11:32 Pero si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tenían de Juan, que verdaderamente era profeta.
MAR 11:33 Y respondiendo, dicen a Jesús: No sabemos. Y respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con que autoridad hago estas cosas.
MAR 12:1 Y COMENZÓ a hablarles por parábolas: Plantó cierto hombre una viña, y [la] cercó con vallado, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó a labradores, y se partió lejos.
MAR 12:2 Y al tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de los labradores del fruto de la viña.
MAR 12:3 Mas ellos, tomándo[le], le hirieron, y [le] enviaron vacío.
MAR 12:4 Y volvió a enviarles otro siervo; mas ellos apedreándole, [le] hirieron en la cabeza, y volvieron a enviar[le] afrentado.
MAR 12:5 Y volvió a enviar otro, y a aquél mataron; y a otros muchos, hiriendo a unos y matando a otros.
MAR 12:6 Teniendo, pues, aún un hijo suyo muy amado, le envió también a ellos el postrero, diciendo: Porque tendrán en reverencia a mi hijo.
MAR 12:7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Éste es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.
MAR 12:8 Y tomándole, [le] mataron, y echaron fuera de la viña.
MAR 12:9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros.
MAR 12:10 ¿Ni aun esta Escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores, ésta es puesta por cabeza del ángulo:
MAR 12:11 Por el Señor ha sido hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?
MAR 12:12 Y procuraban prenderle; mas temían a la multitud, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; y dejándole, se fueron.
MAR 12:13 Y envían a él ciertos de los fariseos y de los Herodianos, para que le tomasen en [alguna] palabra.
MAR 12:14 Y venidos ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres verdadero, y no te cuidas de nadie; porque no miras a la apariencia de hombres, antes en verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
MAR 12:15 ¿Daremos, o no daremos? Mas él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario para que [lo] vea.
MAR 12:16 Y ellos [se lo] trajeron. Y les dice: ¿Cúya [es] esta imagen, y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César.
MAR 12:17 Y respondiendo Jesús, les dijo: Dad lo [que es] de César, a César; y lo [que es] de Dios, a Dios. Y se maravillaron de él.
MAR 12:18 Entonces vienen a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:
MAR 12:19 Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase esposa, y no dejase hijos, que su hermano tome su esposa, y levante simiente a su hermano.
MAR 12:20 Fueron pues siete hermanos; y el primero tomó esposa; y muriendo, no dejó simiente.
MAR 12:21 Y la tomó el segundo, y murió, y ni aquel tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera.
MAR 12:22 Y la tomaron los siete; y tampoco dejaron simiente: a la postre murió también la mujer.
MAR 12:23 En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿esposa de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por esposa.
MAR 12:24 Entonces respondiendo Jesús, les dice: ¿No erráis por eso, porque no sabéis las Escrituras, ni el poder de Dios?
MAR 12:25 Porque cuando resucitarán de entre los muertos, no se casan, ni se dan en matrimonio; mas son como los ángeles que están en el cielo.
MAR 12:26 Y de los muertos que hayan de resucitar, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, como le habló Dios en el zarzal, diciendo: Yo [soy] el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?
MAR 12:27 Él no es el Dios de los muertos, sino el Dios de los vivos: así que vosotros erráis mucho.
MAR 12:28 Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
MAR 12:29 Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos [es]: Oye, Oh Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
MAR 12:30 Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; éste [es] el primer mandamiento.
MAR 12:31 Y el segundo [es] semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
MAR 12:32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;
MAR 12:33 Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios.
MAR 12:34 Y Jesús, cuando vio que respondió sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.
MAR 12:35 Y respondiendo Jesús decía, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
MAR 12:36 Porque David mismo dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Asiéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
MAR 12:37 Pues David mismo le llama Señor, ¿de dónde [pues] es su hijo? Y el pueblo común le oía de buena gana.
MAR 12:38 Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y [aman] las salutaciones en las plazas,
MAR 12:39 Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas:
MAR 12:40 Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Éstos recibirán mayor condenación.
MAR 12:41 Y estando sentado Jesús delante del arca de las ofrendas, miraba como el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.
MAR 12:42 Y vino cierta viuda pobre, y echó dos blancas que es un cuadrante.
MAR 12:43 Entonces llamando a sus discípulos, les dice: De cierto os digo, que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;
MAR 12:44 Porque todos [ellos] han echado de lo que les sobra; mas ésta de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.
MAR 13:1 Y SALIENDO del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira que piedras, y que edificios.
MAR 13:2 Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.
MAR 13:3 Y estando sentado en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andrés:
MAR 13:4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal [habrá] cuando todas las cosas han de ser cumplidas?
MAR 13:5 Y Jesús respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe:
MAR 13:6 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy [el Cristo]; y engañarán a muchos.
MAR 13:7 Mas cuando oyereis de guerras, y de rumores de guerras, no os turbéis; porque es menester que suceda [así;] mas aún no [será] el fin.
MAR 13:8 Porque nación se levantará contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en diversos lugares, y habrá hambres, y alborotos: principios de dolores [serán] estos.
MAR 13:9 Mas vosotros, mirad por vosotros; porque os entregarán a los concilios; y en las sinagogas seréis azotados; y delante de gobernadores y de reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio contra ellos.
MAR 13:10 Y es menester que el evangelio sea publicado primero a todas las naciones.
MAR 13:11 Y cuando os llevaren entregándoos, no premeditéis que habéis de decir, ni [lo] penséis; mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
MAR 13:12 Y entregará a la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los harán morir.
MAR 13:13 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
MAR 13:14 Pero cuando viereis la abominación de desolación, de que habló el profeta Daniel, estando de pie donde no debe, (el que lee, entienda,) entonces los que [estuvieren] en Judea huyan a los montes;
MAR 13:15 Y el que estuviere sobre el terrado, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
MAR 13:16 Y el que estuviere en el campo, no torne atrás [a] tomar su capa.
MAR 13:17 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que amamanten en aquellos días!
MAR 13:18 Orad pues que no acontezca vuestra huida en invierno.
MAR 13:19 Porque [en] aquellos días habrá aflicción, cual nunca fue desde el príncipio de la creación que creó Dios, hasta este tiempo, ni habrá jamás.
MAR 13:20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, que él escogió, acortó aquellos días.
MAR 13:21 Y entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí [está] Cristo; o, He aquí, allí [está], no [le] creáis;
MAR 13:22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas; y mostrarán señales y prodigios, para seducir, si fuese posible, aun a los escogidos.
MAR 13:23 Mas vosotros mirad: he aquí, os lo he dicho antes todas las cosas.
MAR 13:24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz.
MAR 13:25 Y las estrellas del cielo caerán, y los poderes que [están] en el cielo serán conmovidos.
MAR 13:26 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con grande poder y gloria.
MAR 13:27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el un cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.
MAR 13:28 De la higuera aprended la parábola: Cuando su rama ya se hace tierna, y brota hojas, sabéis que el verano está cerca.
MAR 13:29 Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca a las puertas.
MAR 13:30 De cierto os digo, que no pasará esta generación, sin que todas estas cosas sean hechas.
MAR 13:31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca jamás pasarán.
MAR 13:32 Pero de aquel día, y de aquella hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.
MAR 13:33 Mirad, velad, y orad; porque no sabéis cuando el tiempo es.
MAR 13:34 [Porque el Hijo del hombre es] como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dio a sus siervos su autoridad, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.
MAR 13:35 Velad pues, porque no sabéis cuando el señor de la casa vendrá; a la tarde, o a la media noche, o al canto del gallo, o a la mañana:
MAR 13:36 Para que cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.
MAR 13:37 Y lo que a vosotros digo, a todos digo: Velad.
MAR 14:1 Y DOS días después era [la fiesta de] la pascua, y de los panes sin levadura: y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban como le prenderían por engaño, y [le] matarían.
MAR 14:2 Mas decían: No en [el día de] la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo.
MAR 14:3 Y estando él en Betania en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer teniendo un vaso de alabastro de ungüento de nardo puro de mucho precio, quebrando el alabastro, [se lo] derramó sobre su cabeza.
MAR 14:4 Y hubo algunos que se indignaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?
MAR 14:5 Porque podía esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse a los pobres. Y murmuraban contra ella.
MAR 14:6 Mas Jesús dijo: Dejadla ¿Por qué la molestáis? buena obra me ha hecho.
MAR 14:7 Porque siempre tenéis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis, les podéis hacer bien; mas a mí no siempre me tenéis.
MAR 14:8 Ésta, lo que pudo hizo; se ha anticipado para ungir mi cuerpo para la sepultura.
MAR 14:9 De cierto os digo, que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, también [esto] que ha hecho ésta, será dicho para memoria de ella.
MAR 14:10 Y Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes, para entregársele.
MAR 14:11 Y ellos oyéndo[lo] se gozaron, y prometieron que le darían dinero. Y buscaba oportunidad como le entregaría.
MAR 14:12 Y el primer día de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar[te] para que comas la pascua?
MAR 14:13 Y envía dos de sus discípulos, y les dice: Id a la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua, seguidle;
MAR 14:14 Y donde entrare, decid al padre de la familia: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?
MAR 14:15 Y él os mostrará un gran cenadero alto aparejado, aderezad para nosotros allí.
MAR 14:16 Y fueron sus discípulos, y vinieron a la ciudad, y hallaron como les había dicho, y aderezaron la pascua.
MAR 14:17 Y llegada la tarde, viene con los doce.
MAR 14:18 Y estando ellos sentados comiendo, Jesús dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar.
MAR 14:19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno por sí: ¿[Seré] yo? y el otro: ¿[Seré] yo?
MAR 14:20 Y él respondiendo, les dijo: [Es] uno de los doce, que moja conmigo en el plato.
MAR 14:21 A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera, si no hubiera nacido el tal hombre.
MAR 14:22 Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo, [lo] partió y les dio, y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo.
MAR 14:23 Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos.
MAR 14:24 Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo testamento, que por muchos es derramada.
MAR 14:25 De cierto os digo, que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día, cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios.
MAR 14:26 Y cuando hubieron cantado un himno, se salieron al monte de las Olivas.
MAR 14:27 Jesús entonces les dice: Todos seréis ofendidos en mí esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor, y serán dispersas las ovejas.
MAR 14:28 Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
MAR 14:29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean ofendidos, mas no yo.
MAR 14:30 Y le dice Jesús: De cierto te digo, que hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.
MAR 14:31 Mas él con más vehemencia decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.
MAR 14:32 Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que oro.
MAR 14:33 Y toma consigo a Pedro y a Jacobo, y a Juan, y comenzó a entristecerse, y a angustiarse en gran manera.
MAR 14:34 Y les dice: Del todo está triste mi alma hasta la muerte: esperad aquí, y velad.
MAR 14:35 Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora;
MAR 14:36 Y dijo: Abba, Padre, todas las cosas son a ti posibles: aparta de mí esta copa; sin embargo no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
MAR 14:37 Y vino, y los halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora?
MAR 14:38 Velad, y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad [está] presto, mas la carne débil.
MAR 14:39 Y volviéndose a ir, oró, y dijo las mismas palabras.
MAR 14:40 Y cuando volvió, los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban cargados, y no sabían qué responderle.
MAR 14:41 Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora es venida; he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.
MAR 14:42 Levantaos, vamos: he aquí, el que me entrega se acerca.
MAR 14:43 Y de repente, aún hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él gran multitud con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos.
MAR 14:44 Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle, y llevad[le] seguramente.
MAR 14:45 Y cuando vino, se llegó inmediatamente a él, y dice: Maestro, Maestro. Y le besó.
MAR 14:46 Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron.
MAR 14:47 Y uno de los que estaban de pie allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja.
MAR 14:48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Cómo a ladrón, habéis salido con espadas y [con] palos a tomarme?
MAR 14:49 Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Mas [es así] para que se cumplan las Escrituras.
MAR 14:50 Entonces dejándole todos, huyeron.
MAR 14:51 Y un cierto mancebo le seguía, cubierto de una sábana sobre [su cuerpo] desnudo, y los mancebos le prendieron.
MAR 14:52 Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo.
MAR 14:53 Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron a él todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas.
MAR 14:54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del palacio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los siervos, y calentándose al fuego.
MAR 14:55 Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; mas no hallaban.
MAR 14:56 Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban.
MAR 14:57 Entonces levantándose ciertos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:
MAR 14:58 Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este templo, que es hecho de manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos.
MAR 14:59 Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos.
MAR 14:60 El sumo sacerdote entonces, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué atestiguan éstos contra ti?
MAR 14:61 Mas él callaba, y nada respondió. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?
MAR 14:62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre asentado a la diestra de poder, y viniendo en las nubes del cielo.
MAR 14:63 Entonces el sumo sacerdote, rompiendo sus vestiduras, dijo: ¿Qué necesidad tenemos más de testigos?
MAR 14:64 Oído habéis la blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte.
MAR 14:65 Y algunos comenzaron a escupir en él, y a cubrir su rostro, y a darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los siervos le herían de bofetadas.
MAR 14:66 Y estando Pedro abajo en el palacio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;
MAR 14:67 Y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú, con Jesús de Nazaret estabas.
MAR 14:68 Mas él negó, diciendo: No [le] conozco, no sé, ni entiendo lo que tú dices. Y se salió fuera a la entrada, y cantó el gallo.
MAR 14:69 Y la criada viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban de pie allí: Éste es [uno] de ellos.
MAR 14:70 Mas él negó otra vez. Y poco después otra vez los que estaban de pie allí, dijeron a Pedro: Verdaderamente [tú] eres de ellos; porque eres galileo, y tu habla es semejante.
MAR 14:71 Y él comenzó a maldecir y a jurar, [diciendo:] No conozco a ese hombre de que habláis.
MAR 14:72 Y el gallo cantó la segunda vez; y Pedro se acordó de la palabra que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces; y pensando en esto comenzó a llorar.
MAR 15:1 E INMEDIATAMENTE por la mañana, habiendo hecho consejo los sumos sacerdotes con los ancianos, y los escribas, y todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y [le] entregaron a Pilato.
MAR 15:2 Y le preguntó Pilato: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú [lo] dices.
MAR 15:3 Y le acusaban los príncipes de los sacerdotes de muchas cosas: mas él no respondió nada.
MAR 15:4 Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas atestiguan contra ti.
MAR 15:5 Mas Jesús ni aun con eso respondió; de manera que Pilato se maravillaba.
MAR 15:6 Ahora en [el día de] la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.
MAR 15:7 Y había [uno] que se llamaba Barrabás, el cual estaba preso con los sediciosos, que habían cometido homicidio en una sedición.
MAR 15:8 Y la multitud, dando voces, comenzó a pedir [que les hiciese] como siempre les había hecho.
MAR 15:9 Mas Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?
MAR 15:10 Porque él sabía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes.
MAR 15:11 Mas los principes de los sacerdotes incitaron a la multitud, que les soltase antes a Barrabás.
MAR 15:12 Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?
MAR 15:13 Y ellos volvieron a dar voces: Crucifícale.
MAR 15:14 Mas Pilato les decía: ¿Pues, qué mal ha hecho? Y ellos daban mayores voces: Crucifícale.
MAR 15:15 Y Pilato, queriendo contentar al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotar[le], para que fuese crucificado.
MAR 15:16 Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, que es el Pretorio; y convocaron toda la cohorte,
MAR 15:17 Y le visten de púrpura, y le ponen una corona tejida de espinas;
MAR 15:18 Y comenzaron a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!
MAR 15:19 Y le herían su cabeza con una caña, y escupían en él, e hincando las rodillas, le adoraban.
MAR 15:20 Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron de la púrpura, y le vistieron sus propias vestiduras; y le sacan para crucificarle.
MAR 15:21 Y constriñeron a uno que pasaba, Simón cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase su cruz.
MAR 15:22 Y le llevan al lugar de Gólgota, que interpretado es: Lugar de la Calavera.
MAR 15:23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no [lo] tomó.
MAR 15:24 Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestiduras, echando suertes sobre ellas, qué llevaría cada uno.
MAR 15:25 Y era la hora tercera, y le crucificaron.
MAR 15:26 Y el título escrito de su causa era, EL REY DE LOS JUDÍOS.
MAR 15:27 Y crucificaron con él dos ladrones, uno a su mano derecha, y otro a su mano izquierda.
MAR 15:28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y con los transgresores fue contado.
MAR 15:29 Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah! Tú que destruyes el templo de Dios, y en tres días [lo] edificas:
MAR 15:30 Sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz.
MAR 15:31 Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.
MAR 15:32 Que el Cristo, el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban.
MAR 15:33 Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora novena.
MAR 15:34 Y a la hora novena, exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que interpretado, es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
MAR 15:35 Y oyéndo[lo] unos de los que estaban de pie allí, decían: He aquí, a Elías llama.
MAR 15:36 Y corrió uno, e hinchiendo de vinagre una esponja, y poniéndo[la] en una caña, le dio de beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías a quitarle.
MAR 15:37 Mas Jesús, dando una grande voz, expiró.
MAR 15:38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba a abajo.
MAR 15:39 Y cuando el centurión que estaba de pie delante de él, vio que expiró así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.
MAR 15:40 Y también estaban [algunas] mujeres mirando de lejos: entre las cuales era María Magdalena, y María madre de Jacobo el menor y de Joses, y Salomé;
MAR 15:41 (Las cuales también, cuando él estaba en Galilea, le seguían, y le servían;) y otras muchas que juntamente con él habían subido a Jerusalem.
MAR 15:42 Y cuando fue la tarde, porque era la preparación, esto es, el día antes del sábado,
MAR 15:43 José de Arimatea, consejero noble, que también él esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
MAR 15:44 Y Pilato se maravilló, si ya fuese muerto; y llamando a [sí] al centurión, le preguntó, si era ya muerto.
MAR 15:45 Y cuando [lo] supo del centurión, dio el cuerpo a José.
MAR 15:46 Y él compró una sábana, y bajándole, le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro cavado en una roca; y revolvió una piedra a la puerta del sepulcro.
MAR 15:47 Y María Magdalena, y María [madre] de Joses, miraban dónde le ponían.
MAR 16:1 Y CUANDO pasó el sábado, María Magdalena, y María [madre] de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas, para venir a ungirle.
MAR 16:2 Y muy de mañana, el primer [día] de la semana, vienen al sepulcro, a la salida del sol.
MAR 16:3 Y decían entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro?
MAR 16:4 Y cuando miraron, vieron la piedra revuelta; porque era muy grande.
MAR 16:5 Y entrando en el sepulcro, vieron un mancebo sentado a la mano derecha cubierto de una ropa larga y blanca; y se espantaron.
MAR 16:6 Mas él les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús de Nazaret, que fue crucificado; resucitado ha, no está aquí: he aquí el lugar donde le pusieron.
MAR 16:7 Mas id, decid a sus discípulos y a Pedro, que él va antes que vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo.
MAR 16:8 Y ellas se fueron prestamente huyendo del sepulcro; porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie; porque tenían miedo.
MAR 16:9 Mas cuando [Jesús] resucitó por la mañana, el primer [día] de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios.
MAR 16:10 [Y] yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, [que estaban] tristes y llorando.
MAR 16:11 Y ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto de ella, no lo creyeron.
MAR 16:12 Mas después de estas cosas se apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando, yendo al campo.
MAR 16:13 Y ellos fueron, y [lo] hicieron saber a los otros; mas ni aun a ellos creyeron.
MAR 16:14 Finalmente se apareció a los once, estando sentados a la mesa; y les zahirió su incredulidad y la dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
MAR 16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura.
MAR 16:16 El que creyere, y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
MAR 16:17 Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas:
MAR 16:18 Alzarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán.
MAR 16:19 Y el Señor, después que les hubo hablado, fue recibido arriba en el cielo, y se asentó a la diestra de Dios.
MAR 16:20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con [ellos] el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amén.
LUK 1:1 PUESTO que muchos han intentado a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros son ciertamente creídas,
LUK 1:2 Como nos las entregaron los que desde el principio las vieron con sus propios ojos, y fueron ministros de la palabra;
LUK 1:3 Hame parecido bueno también a mí, después de haber entendido perfectamente todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírte[las] por orden, [oh] muy excelentísimo Teófilo,
LUK 1:4 Para que conozcas la certeza de las cosas en las cuales has sido enseñado.
LUK 1:5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; y su esposa, era de las hijas de Aarón, el nombre de ella [era] Elisabet.
LUK 1:6 Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión.
LUK 1:7 Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en sus días.
LUK 1:8 Y aconteció que administrando Zacarías el sacerdocio delante de Dios en el orden de su clase,
LUK 1:9 Conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en suerte a encender incienso, entrando en el templo del Señor.
LUK 1:10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.
LUK 1:11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.
LUK 1:12 Y cuando [lo] vio Zacarías, se turbó, y cayó temor sobre él.
LUK 1:13 Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu esposa Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan;
LUK 1:14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.
LUK 1:15 Porque será grande delante del Señor, y no beberá vino ni bebida fermentada; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.
LUK 1:16 Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.
LUK 1:17 Y él irá delante de él en el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor pueblo perfecto.
LUK 1:18 Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi esposa avanzada en días.
LUK 1:19 Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy de pie delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas.
LUK 1:20 Y he aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho; por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.
LUK 1:21 Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se maravillaban que él se tardase tanto en el templo.
LUK 1:22 Y cuando salió, no les podía hablar; y entendieron que había visto visión en el templo; y él les hablaba por señas; y quedó mudo.
LUK 1:23 Y aconteció, que cumplidos los días de su ministerio, se vino a su casa.
LUK 1:24 Y después de aquellos días concibió su esposa Elisabet, y se escondió por cinco meses, diciendo:
LUK 1:25 Porque el Señor me hizo esto en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
LUK 1:26 Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, que se llama Nazaret,
LUK 1:27 A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen [era] María.
LUK 1:28 Y entrando el ángel a donde [estaba] ella, dijo: ¡Salve, altamente favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
LUK 1:29 Mas ella, cuando [le] vio, se turbó de su palabra, y pensaba qué salutación fuese ésta.
LUK 1:30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.
LUK 1:31 Y he aquí, que concebirás en el vientre, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.
LUK 1:32 Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre;
LUK 1:33 Y reinará sobre la casa de Jacob eternamente, y de su reino no habrá fin.
LUK 1:34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.
LUK 1:35 Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios.
LUK 1:36 Y, he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido un hijo en su vejez; y éste es el sexto mes a ella que era llamada la estéril;
LUK 1:37 Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
LUK 1:38 Y María dijo: He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se partió de ella.
LUK 1:39 Y en aquellos días levantándose María, fue a la montaña con priesa a una ciudad de Judá.
LUK 1:40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.
LUK 1:41 Y aconteció, que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,
LUK 1:42 Y exclamó con gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
LUK 1:43 ¿Y de dónde esto a mí, que venga la madre de mi Señor a mí?
LUK 1:44 Porque he aquí, luego que llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
LUK 1:45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas [de parte] del Señor.
LUK 1:46 Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor:
LUK 1:47 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador.
LUK 1:48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; porque, he aquí, desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
LUK 1:49 Porque el que es poderoso ha hecho grandes cosas conmigo; y santo [es] su nombre,
LUK 1:50 Y su misericordia [es] de generación a generación a los que le temen.
LUK 1:51 Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios en la imaginación de su corazón.
LUK 1:52 Derribó los poderosos de los tronos, y ensalzó a los humildes.
LUK 1:53 A los hambrientos hinchió de bienes; y a los ricos envió vacíos.
LUK 1:54 Socorrió a Israel su siervo, acordándose de [su] misericordia,
LUK 1:55 Como habló a nuestros padres, a Abraham y a su simiente por siempre.
LUK 1:56 Y se quedó María con ella como tres meses; y se volvió a su casa.
LUK 1:57 Y a Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.
LUK 1:58 Y oyeron los vecinos y los parientes que el Señor había hecho grande misericordia con ella, y se alegraron con ella.
LUK 1:59 Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.
LUK 1:60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.
LUK 1:61 Y le dijeron: nadie hay en tu parentela que se llame por este nombre.
LUK 1:62 Y hablaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.
LUK 1:63 Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
LUK 1:64 E inmediatamente fue abierta su boca, y [suelta] su lengua, y habló bendiciendo a Dios.
LUK 1:65 Y vino temor sobre todos los vecinos de ellos; y en toda la montaña de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.
LUK 1:66 Y todos los que [las] oían, [las] guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor era con él.
LUK 1:67 Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
LUK 1:68 Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo.
LUK 1:69 Y nos ensalzó el cuerno de salvación en la casa de David su siervo;
LUK 1:70 Como habló por boca de sus santos profetas, que fueron desde el principio del mundo:
LUK 1:71 Que nosotros seríamos salvos de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecen:
LUK 1:72 Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto:
LUK 1:73 Del juramento que juró a Abraham nuestro padre,
LUK 1:74 Que nos daría él; que librados de las manos de nuestros enemigos, le serviríamos sin temor,
LUK 1:75 En santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.
LUK 1:76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor, para aparejar sus caminos;
LUK 1:77 Para dar conocimiento de salvación a su pueblo para remisión de sus pecados,
LUK 1:78 Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que el alba de lo alto nos visitó,
LUK 1:79 Para dar luz a los que están sentados en tinieblas y [en] sombra de muerte; para guiar nuestros pies por camino de paz.
LUK 1:80 Y el niño crecía, y era fortalecido en espíritu, y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró a Israel.
LUK 2:1 Y ACONTECIÓ en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, para que todo el mundo fuera empadronado.
LUK 2:2 Este empadronamiento primero fue hecho, siendo Cirenio gobernador de la Siria.
LUK 2:3 E iban todos para ser empadronados cada uno a su propia ciudad.
LUK 2:4 Y José también subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belem, por cuanto era de la casa y familia de David;
LUK 2:5 Para ser empadronado, con María su esposa desposada con él, la cual estaba encinta.
LUK 2:6 Y aconteció que estando ellos allí, los días en que ella había de parir se cumplieron.
LUK 2:7 Y parió a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en el pesebre; porque no había lugar para ellos en el mesón.
LUK 2:8 Y había en la misma región pastores que vivían en los campos, y guardaban las velas de la noche sobre su rebaño.
LUK 2:9 Y, he aquí, el ángel del Señor vino sobre ellos, y la gloria del Señor resplandeció en derredor de ellos, y tuvieron gran temor.
LUK 2:10 Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os traigo nuevas de gran gozo, que será a todo el pueblo:
LUK 2:11 Que os es nacido hoy en la ciudad de David, el Salvador, que es Cristo el Señor.
LUK 2:12 Y esto os [será por] señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en el pesebre.
LUK 2:13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de ejércitos celestiales, que alababan a Dios, y decían:
LUK 2:14 Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, y a los hombres buena voluntad.
LUK 2:15 Y aconteció, que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos a los otros: Pasemos ya hasta Belem y veamos esta cosa que ha sucedido, la cual el Señor nos ha manifestado.
LUK 2:16 Y vinieron con prisa, y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre.
LUK 2:17 Y cuando lo hubieron visto, hicieron notoria la palabra que les había sido dicha del niño.
LUK 2:18 Y todos los que [lo] oyeron, se maravillaron de las cosas que los pastores les decían.
LUK 2:19 Mas María guardaba todas estas cosas ponderándo[las] en su corazón.
LUK 2:20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.
LUK 2:21 Y cuando fueron cumplidos ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESÚS, el cual fue así llamado por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.
LUK 2:22 Y cuando fueron cumplidos los días de la purificación de ella conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalem para presentar[le] al Señor,
LUK 2:23 (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor;)
LUK 2:24 Y para ofrecer sacrificio, conforme a lo que está dicho en la ley del Señor, un par de tórtolas, o dos palominos.
LUK 2:25 Y, he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo era sobre él.
LUK 2:26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
LUK 2:27 Y vino por el Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme a la costumbre de la ley,
LUK 2:28 Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, y dijo:
LUK 2:29 Ahora despides, Señor, a tu siervo, conforme a tu palabra, en paz:
LUK 2:30 Porque han visto mis ojos tu salvación,
LUK 2:31 La cual has aparejado ante la faz de todos los pueblos:
LUK 2:32 Luz para revelación a los gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.
LUK 2:33 Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.
LUK 2:34 Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, que este [niño] es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal a la que será contradicho;
LUK 2:35 (Y una espada traspasará también tu propia alma) para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
LUK 2:36 Estaba también [allí] Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser; la cual era [ya] de grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad.
LUK 2:37 Y [era] viuda de como ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, en ayunos y oraciones sirviendo de noche y de día.
LUK 2:38 Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, también daba gracias al Señor, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención en Jerusalem.
LUK 2:39 Y cuando ellos hubieron cumplido todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
LUK 2:40 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios era sobre él.
LUK 2:41 Y sus padres iban todos los años a Jerusalem en la fiesta de la pascua.
LUK 2:42 Y cuando él fue de doce años, ellos subieron a Jerusalem conforme a la costumbre de la fiesta.
LUK 2:43 Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saber[lo] José y su madre.
LUK 2:44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos.
LUK 2:45 Y cuando no le hallasen, volvieron a Jerusalem, buscándole.
LUK 2:46 Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles, y preguntándoles.
LUK 2:47 Y todos los que le oían, estaban atónitos de su entendimiento y respuestas.
LUK 2:48 Y cuando le vieron se maravillaron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.
LUK 2:49 Entonces [él] les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es menester que yo estuviese en el negocio de mi Padre?
LUK 2:50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
LUK 2:51 Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
LUK 2:52 Y Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en favor para con Dios y de los hombres.
LUK 3:1 Y EN el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la región de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia;
LUK 3:2 Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
LUK 3:3 Y él vino por toda la tierra al derredor del Jordán, predicando el bautismo de arrepentimiento para remisión de pecados;
LUK 3:4 Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas.
LUK 3:5 Todo valle se henchirá, y todo monte y collado se abajará; y lo torcido será enderezado, y los caminos ásperos allanados;
LUK 3:6 Y verá toda carne la salvación de Dios.
LUK 3:7 Y decía a las multitudes que salían para ser bautizados por él: ¡Oh generación de víboras! ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera?
LUK 3:8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Por padre tenemos a Abraham; porque os digo, que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos a Abraham.
LUK 3:9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.
LUK 3:10 Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Pues, qué haremos?
LUK 3:11 Y respondiendo, les dice: el que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga lo mismo.
LUK 3:12 Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: ¿Maestro, qué haremos nosotros?
LUK 3:13 Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
LUK 3:14 Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis violencia a nadie, ni calumniéis; y sed contentos con vuestros salarios.
LUK 3:15 Y estando el pueblo en expectativa, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo, o no;
LUK 3:16 Respondió Juan, diciendo a todos: Yo, a la verdad, os bautizo en agua; mas viene uno que es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego;
LUK 3:17 Cuyo aventador [está] en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su alfolí; mas quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
LUK 3:18 Y muchas otras cosas en su exhortación predicaba él al pueblo.
LUK 3:19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él a causa de Herodías, esposa de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,
LUK 3:20 Añadió también esto sobre todo, que encerró a Juan en [la] cárcel.
LUK 3:21 Y aconteció, que cuando todo el pueblo fue bautizado, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,
LUK 3:22 Y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma, sobre él, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.
LUK 3:23 Y el mismo Jesús comenzaba a ser como de treinta años, siendo (como se creía,) hijo de José, que fue [hijo] de Elí,
LUK 3:24 Que fue el [hijo] de Matat, que fue de Leví, que fue el [hijo] de Melqui, que fue el [hijo] de Jana, que fue el [hijo] de José,
LUK 3:25 Que fue el [hijo] de Matatías, que fue el [hijo] de Amós, que fue el [hijo] de Nahum, que fue el [hijo] de Esli, que fue el [hijo] de Nagai,
LUK 3:26 Que fue el [hijo] de Maat, que fue el [hijo] de Matatías, que fue el [hijo] de Semei, que fue el [hijo] de José, que fue el [hijo] de Judá,
LUK 3:27 Que fue el [hijo] de Joana, que fue el [hijo] de Rhesa, que fue el [hijo] de Zorobabel, que fue el [hijo] de Salatiel, que fue el [hijo] de Neri,
LUK 3:28 Que fue el [hijo] de Melqui, que fue el [hijo] de Abdi, que fue el [hijo] de Cosam, que fue el [hijo] de Elmodam, que fue el [hijo] de Er,
LUK 3:29 Que fue el [hijo] de Joses, que fue el [hijo] de Eliezer, que fue el [hijo] de Joreim, que fue el [hijo] de Matat, que fue el [hijo] de Leví,
LUK 3:30 Que fue el [hijo] de Simeón, que fue el [hijo] de Judá, que fue el [hijo] de José, que fue el [hijo] de Jonán, que fue el [hijo] de Eliaquim,
LUK 3:31 Que fue el [hijo] de Melea, que fue el [hijo] de Menán, que fue el [hijo] de Matata, que fue el [hijo] de Natán, que fue el [hijo] de David,
LUK 3:32 Que fue el [hijo] de Isaí, que fue el [hijo] de Obed, que fue el [hijo] de Booz, que fue el [hijo] de Salmón, que fue el [hijo] de Naasón,
LUK 3:33 Que fue el [hijo] de Aminadab, que fue el [hijo] de Aram, que fue el [hijo] de Esrom, que fue el [hijo] de Fares, que fue el [hijo] de Judá,
LUK 3:34 Que fue el [hijo] de Jacob, que fue el [hijo] de Isaac, que fue el [hijo] de Abraham, que fue el [hijo] de Tara, que fue el [hijo] de Nacor,
LUK 3:35 Que fue el [hijo] de Serug, que fue el [hijo] de Ragau, que fue el [hijo] de Peleg, que fue el [hijo] de Heber, que fue el [hijo] de Sala,
LUK 3:36 Que fue el [hijo] de Cainán, que fue el [hijo] de Arfaxad, que fue el [hijo] de Sem, que fue el [hijo] de Noé, que fue el [hijo] de Lamec,
LUK 3:37 Que fue el [hijo] de Matusalem, que fue el [hijo] de Enoc, que fue el [hijo] de Jared, que fue el [hijo] de Maleleel, que fue el [hijo] de Cainán,
LUK 3:38 Que fue el [hijo] de Enós, que fue el [hijo] de Set, que fue el [hijo] de Adam, que fue el [hijo] de Dios.
LUK 4:1 Y JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto,
LUK 4:2 Por cuarenta días siendo tentado del diablo. Y no comió nada en aquellos días: los cuales pasados, después tuvo hambre.
LUK 4:3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan.
LUK 4:4 Y Jesús respondió, diciendo: Escrito está: Que no con pan sólo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
LUK 4:5 Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un momento de tiempo.
LUK 4:6 Y le dijo el diablo: A ti daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí ha sido entregada, y a quien quiero la doy.
LUK 4:7 Tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos.
LUK 4:8 Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete para atrás de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
LUK 4:9 Y le llevó a Jerusalem, y le puso sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo.
LUK 4:10 Porque escrito está: [Que] a sus ángeles te encomendará, para que te guarden;
LUK 4:11 Y [que] en [sus] manos te llevarán, para que no hieras tu pie en piedra.
LUK 4:12 Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
LUK 4:13 Y acabada toda la tentación, el diablo se partió de él por algún tiempo.
LUK 4:14 Y Jesús volvió en poder del Espíritu a Galilea, y salió la fama de él por toda la región de al derredor.
LUK 4:15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
LUK 4:16 Y vino a Nazaret, donde había sido criado, y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer.
LUK 4:17 Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y cuando abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
LUK 4:18 El Espíritu del Señor [está] sobre mí, por cuanto me ha ungido para predicar el evangelio a los pobres; Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; Para predicar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista, para poner en libertad a los quebrantados;
LUK 4:19 Para predicar el año aceptable del Señor.
LUK 4:20 Y cerrando el libro, lo dio al ministro, y se sentó: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
LUK 4:21 Y comenzó a decirles: Hoy es cumplida esta Escritura en vuestros oídos.
LUK 4:22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
LUK 4:23 Y les dijo: Sin duda me diréis esta parábola: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.
LUK 4:24 Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
LUK 4:25 Mas en verdad os digo, [que] muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, cuando hubo grande hambre por toda la tierra:
LUK 4:26 Mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.
LUK 4:27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el siro.
LUK 4:28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas.
LUK 4:29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
LUK 4:30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fue.
LUK 4:31 Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, y allí les enseñaba en los sábados.
LUK 4:32 Y estaban atónitos de su doctrina; porque su palabra era con potestad.
LUK 4:33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,
LUK 4:34 Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
LUK 4:35 Y Jesús le reprendió, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno.
LUK 4:36 Y cayó espanto sobre todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra [es] ésta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?
LUK 4:37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
LUK 4:38 Y levantándose de la sinagoga, se entró en casa de Simón: Y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
LUK 4:39 Y estando cerca de ella, reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó. Y levantándose ella inmediatamente, les servía.
LUK 4:40 Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
LUK 4:41 Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios; mas [él] reprendiéndo[les] no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.
LUK 4:42 Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto; y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos.
LUK 4:43 Y él les dijo: También a otras ciudades es menester que yo predique el reino de Dios; porque para esto soy enviado.
LUK 4:44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
LUK 5:1 Y ACONTECIÓ, que estando él de pie junto al lago de Genezaret, la multitud se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
LUK 5:2 Y vio dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban [sus] redes.
LUK 5:3 Y entrado en una de estas naves, la cual era de Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo.
LUK 5:4 Y cuando cesó de hablar, dijo a Simón: Entra en alta mar, y echad vuestras redes para pescar.
LUK 5:5 Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.
LUK 5:6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de peces, que su red se rompía.
LUK 5:7 E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra nave, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se hundían.
LUK 5:8 Cuando Simón Pedro lo vio, se derribó a las rodillas de Jesús, diciendo: apártate de mí, Oh[ Señor, porque soy hombre pecador.
LUK 5:9 Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, por la presa de los peces que habían tomado:
LUK 5:10 Y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.
LUK 5:11 Y cuando trajeron a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron.
LUK 5:12 Y aconteció que estando en cierta ciudad, he aquí, un hombre lleno de lepra, el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
LUK 5:13 Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.
LUK 5:14 Y él le mandó que no lo dijese a nadie: Mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, por testimonio a ellos.
LUK 5:15 Pero tanto más se extendía su fama; y se juntaban grandes multitudes a oír y ser sanados por él de sus enfermedades.
LUK 5:16 Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba.
LUK 5:17 Y aconteció cierto día, que él estaba enseñando, y fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, y de Jerusalem; y el poder del Señor estaba [allí] para sanarlos.
LUK 5:18 Y he aquí, unos hombres, que traían en un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y poner[le] delante de él.
LUK 5:19 Y no hallando por dónde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;
LUK 5:20 El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.
LUK 5:21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a razonar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
LUK 5:22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué razonáis en vuestros corazones?
LUK 5:23 ¿Cuál es más fácil; decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate, y anda?
LUK 5:24 Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico), A ti digo: Levántate, toma tu lecho; y vete a tu casa.
LUK 5:25 Y al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que estaba echado, se fue a su casa, glorificando a Dios.
LUK 5:26 Y tomó espanto a todos, y glorificaban a Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Hemos visto cosas maravillosas hoy.
LUK 5:27 Y después de estas cosas salió; y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y le dijo: Sígueme.
LUK 5:28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió.
LUK 5:29 Y Leví hizo un gran banquete en su casa, y había mucha compañía de publicanos, y de otros, que estaban sentados a la mesa con ellos.
LUK 5:30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?
LUK 5:31 Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.
LUK 5:32 No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento.
LUK 5:33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; mas tus discípulos comen y beben?
LUK 5:34 Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el desposado está con ellos?
LUK 5:35 Pero vendrán días cuando el desposado les será quitado; entonces ayunarán en aquellos días.
LUK 5:36 Y les decía también una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestidura vieja: de otra manera el nuevo rompe, y a la vieja no conviene remiendo nuevo.
LUK 5:37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los odres, y el vino se derramará, y los odres se perderán.
LUK 5:38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.
LUK 5:39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere inmediatamente el nuevo; porque dice: El viejo es mejor.
LUK 6:1 Y ACONTECIÓ que el segundo sábado después del primero, que él pasaba por los sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas, y comían, estregándo[las] entre las manos.
LUK 6:2 Y ciertos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?
LUK 6:3 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?
LUK 6:4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dio también a los que estaban con él; los cuales no era lícito comer, sino solamente a los sacerdotes?
LUK 6:5 Y les decía: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
LUK 6:6 Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
LUK 6:7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.
LUK 6:8 Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte de pie en medio. Y él levantándose, se puso de pie.
LUK 6:9 Entonces Jesús les dijo: Preguntaros he una cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o destruir[la]?
LUK 6:10 Y mirándolos a todos en derredor, dijo al hombre: Extiende tu mano, y él lo hizo así, y su mano fue restituida sana como la otra.
LUK 6:11 Y ellos fueron llenos de furor, y hablaban los unos a los otros qué harían a Jesús.
LUK 6:12 Y aconteció en aquellos días, que fue a orar en un monte, y pasó toda la noche orando a Dios.
LUK 6:13 Y cuando fue de día, llamó a sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales también llamó Apóstoles:
LUK 6:14 A Simón, (al cual también llamó Pedro,) y a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
LUK 6:15 Mateo y Tomás, y Jacobo, [hijo] de Alfeo, y Simón, el que se llama Zelote,
LUK 6:16 Judas [hermano] de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fue el traidor.
LUK 6:17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea, y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;
LUK 6:18 Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos; y eran sanos.
LUK 6:19 Y toda la multitud procuraba de tocarle; porque salía de él poder, y sanaba a todos.
LUK 6:20 Y alzando él los ojos sobre sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
LUK 6:21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora lloráis; porque reiréis.
LUK 6:22 Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren [de sí], y [os] denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre.
LUK 6:23 Gozaos en aquel día, y saltad de gozo; porque, he aquí, vuestro galardón [es] grande en el cielo; porque así hacían sus padres a los profetas.
LUK 6:24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.
LUK 6:25 ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
LUK 6:26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas.
LUK 6:27 Mas a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen;
LUK 6:28 Bendecid a los que os maldicen; y orad por los que os calumnian.
LUK 6:29 Y al que te hiriere en [una] mejilla, dale también la otra; y del que te quitare la capa, no [le] impidas [llevar] la túnica también.
LUK 6:30 Y a cualquiera que te pidiere, da, y al que tomare lo que [es] tuyo, no [se lo] vuelvas a pedir.
LUK 6:31 Y como queréis que os hagan los hombres, hacedles también vosotros así:
LUK 6:32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman a los que los aman.
LUK 6:33 Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.
LUK 6:34 Y si prestareis a [aquellos] de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.
LUK 6:35 Amad pues a vuestros enemigos; y haced bien, y emprestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno [aun] para con los ingratos y los malos.
LUK 6:36 Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
LUK 6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados:
LUK 6:38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno; porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir.
LUK 6:39 Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo?
LUK 6:40 El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como su maestro, será perfecto.
LUK 6:41 ¿Y por qué miras la mota que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que [está] en tu propio ojo no consideras?
LUK 6:42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la mota que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga; y entonces mirarás de echar fuera la paja que está en el ojo de tu hermano.
LUK 6:43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que hace buen fruto.
LUK 6:44 Porque cada árbol por su propio fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.
LUK 6:45 El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
LUK 6:46 ¿Y por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
LUK 6:47 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os enseñaré a quién es semejante.
LUK 6:48 Semejante es a un hombre que edificó una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino la creciente, el río dio con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear; porque estaba fundada sobre la roca.
LUK 6:49 Mas el que oye, y no hace, semejante es a un hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento; en la cual el río dio con ímpetu, e inmediatamente cayó; y fue grande la ruina de aquella casa.
LUK 7:1 Y CUANDO acabó todas sus palabras en oídos del pueblo, entró en Capernaum.
LUK 7:2 Y el siervo de cierto centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y a punto de morir.
LUK 7:3 Y cuando oyó de Jesús, envió a él los ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.
LUK 7:4 Y cuando ellos vinieron a Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto:
LUK 7:5 Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.
LUK 7:6 Y Jesús fue con ellos: y cuando él estuvo ya no lejos de la casa, envió el centurión amigos a él, diciéndole: Señor, no te molestes, que no soy digno de que entres debajo de mi techo:
LUK 7:7 Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir a ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.
LUK 7:8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, que tengo debajo de mí soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y [lo] hace.
LUK 7:9 Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo a las multitudes que le seguían: Os digo ni aun en Israel he hallado tanta fe.
LUK 7:10 Y vueltos a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
LUK 7:11 Y aconteció el día siguiente, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.
LUK 7:12 Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí, que sacaban un difunto, hijo único de su madre, y ella era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.
LUK 7:13 Y cuando el Señor la vio, fue movido a compasión de ella, y le dice: No llores.
LUK 7:14 Y se acercó, y tocó el féretro; y los que [le] llevaban, se pararon. Y dijo: Mancebo, a ti digo, levántate.
LUK 7:15 Y volvióse a sentar el que había sido muerto, y comenzó a hablar; y le dio a su madre.
LUK 7:16 Y tomó a todos temor, y glorificaban a Dios, diciendo: Que profeta grande se ha levantado entre nosotros; y, que Dios ha visitado a su pueblo.
LUK 7:17 Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.
LUK 7:18 Y los discípulos de Juan le contaron todas estas cosas.
LUK 7:19 Y llamó Juan dos de sus discípulos, y [les] envió a Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, o esperaremos a otro?
LUK 7:20 Y cuando los varones vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, o esperaremos a otro?
LUK 7:21 Y en la misma hora sanó a muchos de enfermedades, y de plagas, y de espíritus malos; y a muchos ciegos dio la vista.
LUK 7:22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, contad a Juan de lo que habéis visto y oído: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es predicado el evangelio.
LUK 7:23 Y bienaventurado es el que no fuere ofendido en mí.
LUK 7:24 Y cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a las gentes: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿una caña que es meneada del viento?
LUK 7:25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, que los que están en vestidura preciosa, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.
LUK 7:26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿un profeta? De cierto os digo, y aun más que profeta.
LUK 7:27 Éste es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti.
LUK 7:28 Porque [yo] os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el que es menor en el reino de Dios es mayor que él.
LUK 7:29 Y todo el pueblo que le oyó, y los publicanos, justificaron a Dios, siendo bautizados con el bautismo de Juan.
LUK 7:30 Mas los fariseos, y los doctores de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados por él.
LUK 7:31 Y dijo el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
LUK 7:32 Semejantes son a los niños sentados en la plaza, y que dan voces los unos a los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
LUK 7:33 Porque Juan el Bautista vino no comiendo pan, ni bebiendo vino, y vosotros decís: Demonio tiene.
LUK 7:34 El Hijo del hombre es venido comiendo y bebiendo, y decís: He aquí un hombre glotón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
LUK 7:35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
LUK 7:36 Y le rogaba uno de los fariseos, que comiese con él. Y entrando en la casa del fariseo, se sentó a la mesa.
LUK 7:37 Y he aquí una mujer en la ciudad que era pecadora, cuando supo que estaba a la mesa en la casa de aquel fariseo, trajo un vaso de alabastro de ungüento,
LUK 7:38 Y estando a sus pies por detrás llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas, y [los] limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y [los] ungía con el ungüento.
LUK 7:39 Y cuando vio [esto] el fariseo que le había convidado, habló en sí, diciendo: Éste, si fuera profeta, conocería quién y qué clase [es] la mujer que le toca; que es pecadora.
LUK 7:40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dice: Di, Maestro.
LUK 7:41 Cierto acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta.
LUK 7:42 Y no teniendo ellos de que pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?
LUK 7:43 Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que [aquél] al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
LUK 7:44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y [los] ha limpiado con los cabellos de su cabeza.
LUK 7:45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
LUK 7:46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.
LUK 7:47 Por lo cual te digo, [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.
LUK 7:48 Y a ella dijo: Los pecados te son perdonados.
LUK 7:49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
LUK 7:50 Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
LUK 8:1 Y ACONTECIÓ después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce con él,
LUK 8:2 Y ciertas mujeres que habían sido curadas de los malos espíritus, y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios;
LUK 8:3 Y Juana, esposa de Chuza, mayordomo de Herodes; y Susana, y otras muchas que le servían de su sustancia.
LUK 8:4 Y cuando se juntó una grande multitud, y los que estaban en cada ciudad vinieron a él, dijo por una parábola:
LUK 8:5 Un sembrador salió a sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la devoraron.
LUK 8:6 Y otra [parte] cayó sobre la roca; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
LUK 8:7 Y otra [parte] cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
LUK 8:8 Y otra [parte] cayó en buena tierra; y cuando fue nacida, llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.
LUK 8:9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola.
LUK 8:10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
LUK 8:11 Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
LUK 8:12 Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y después viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, para que no crean y sean salvos.
LUK 8:13 Y los de sobre la roca, [son] los que cuando oyen, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que por un tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.
LUK 8:14 Y la que cayó en espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los afanes y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
LUK 8:15 Y la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.
LUK 8:16 Ninguno cuando ha encendido una candela la cubre con un vaso, o [la] pone debajo de la cama; mas [la] pone en un candelero, para que los que entran, vean la luz.
LUK 8:17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni [cosa] escondida, que no haya de ser conocida, y de venir en público.
LUK 8:18 Mirad pues como oís; porque a cualquiera que tuviere, le será dado; y a cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
LUK 8:19 Entonces vinieron a él su madre y hermanos, y no podían llegar a él por causa de la multitud.
LUK 8:20 Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están de pie fuera, queriendo verte.
LUK 8:21 Mas él respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son éstos que oyen la palabra de Dios, y la hacen.
LUK 8:22 Y aconteció un día que él entró en una nave con sus discípulos, y les dijo: Pasemos a la otra parte del lago; y se partieron.
LUK 8:23 Y navegando ellos, él se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el lago; y se llenaban [de agua], y peligraban.
LUK 8:24 Y llegándose a él le despertaron, diciendo: ¡Maestro, maestro, que perecemos! Y despertando él, reprendió al viento y a la tempestad del agua; y cesaron, y fue hecha grande bonanza.
LUK 8:25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y ellos temiendo, quedaron maravillados, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen?
LUK 8:26 Y navegaron a la tierra de los gadarenos, que está delante de Galilea.
LUK 8:27 Y saliendo él a tierra, le salió al encuentro de la ciudad cierto hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía ropa ninguna, ni moraba en casa, sino en los sepulcros.
LUK 8:28 El cual, cuando vio a Jesús exclamó, y postróse delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.
LUK 8:29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre; porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones era impelido del demonio por los desiertos.)
LUK 8:30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él le dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él.
LUK 8:31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo.
LUK 8:32 Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
LUK 8:33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó con impetuosidad por un despeñadero en el lago, y se ahogó.
LUK 8:34 Y cuando los que los apacentaban vieron lo que había acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por los campos.
LUK 8:35 Y salieron a ver lo que había acontecido, y vinieron a Jesús; y hallaron sentado al hombre del cual habían salido los demonios, vestido, y en su juicio cabal, a los pies de Jesús; y tuvieron temor.
LUK 8:36 Y también, los que [lo] habían visto, les contaron de que manera el endemoniado había sido sanado.
LUK 8:37 Entonces toda la multitud de la tierra de los gadarenos al derredor le rogaron, que se retirase de ellos; porque tenían gran temor. Y él subiendo en la nave se volvió.
LUK 8:38 Y aquel hombre, del cual habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo:
LUK 8:39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había Jesús hecho con él.
LUK 8:40 Y aconteció que volviendo Jesús, la multitud le recibió [con gozo]; porque todos le esperaban.
LUK 8:41 Y he aquí un varón, llamado Jairo, el cual también era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;
LUK 8:42 Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la gente.
LUK 8:43 Y una mujer que tenía flujo de sangre ya hacía doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno había podido ser curada,
LUK 8:44 Llegándose por detrás, tocó el borde de su vestidura; y al instante se estancó el flujo de su sangre.
LUK 8:45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices ¿Quién [es] el que me ha tocado?
LUK 8:46 Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.
LUK 8:47 Entonces, cuando la mujer vio que no se había escondido, vino temblando, y postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa porque le había tocado, y como al instante había sido sanada.
LUK 8:48 Y él le dijo: Confía hija, tu fe te ha sanado: ve en paz.
LUK 8:49 Estando aún él hablando, vino uno [de casa] del príncipe de la sinagoga diciéndole: Tu hija es muerta: no molestes al Maestro.
LUK 8:50 Y oyéndo[lo] Jesús, le respondió, diciendo: No temas: cree solamente, y será salva.
LUK 8:51 Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la muchacha.
LUK 8:52 Y lloraban todos, y hacían lamentación por ella. Y él dijo: No lloréis: no es muerta, mas duerme.
LUK 8:53 Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.
LUK 8:54 Y él, echados todos fuera, y tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
LUK 8:55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó inmediatamente; y él mandó que le diesen de comer.
LUK 8:56 Y sus padres estaban atónitos: a los cuales él mandó, que a nadie dijesen lo que había sido hecho.
LUK 9:1 LLAMANDO a sus doce discípu- los, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
LUK 9:2 Y los envió para predicar el reino de Dios, y para sanar los enfermos.
LUK 9:3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas cada uno.
LUK 9:4 Y en cualquiera casa que entrareis, quedad allí, y salid de allí.
LUK 9:5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.
LUK 9:6 Y saliendo ellos, rodeaban por todas las aldeas, predicando el evangelio, y sanando por todas partes.
LUK 9:7 Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía, y estaba en duda, porque decían algunos: Que Juan había resucitado de entre los muertos;
LUK 9:8 Y otros: Que Elías había aparecido; y otros: Que algun profeta de los antiguos había resucitado.
LUK 9:9 Y dijo Herodes: A Juan yo le decapité: ¿quién pues será éste, de quién yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
LUK 9:10 Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llamaba Betsaida.
LUK 9:11 Y cuando las gentes [lo] supieron, le siguieron; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados.
LUK 9:12 Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide la multitud, para que yendo a las aldeas y campos de alrededor, se alberguen y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. 13 Y les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más de cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros a comprar viandas para toda esta gente.
LUK 9:14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar por grupos de cincuenta en cincuenta.
LUK 9:15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos.
LUK 9:16 Entonces él tomó los cinco panes, y los dos peces, y mirando al cielo los bendijo, y partió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de la multitud.
LUK 9:17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce canastos de pedazos.
LUK 9:18 Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las gentes que yo soy?
LUK 9:19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
LUK 9:20 Y él les dijo: ¿Mas vosotros, quién decís que yo soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
LUK 9:21 Entonces él amonestándolos, [les] mandó que a nadie dijesen esto,
LUK 9:22 Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y que sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
LUK 9:23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.
LUK 9:24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.
LUK 9:25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o se destruye a sí mismo?
LUK 9:26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
LUK 9:27 Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están de pie aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
LUK 9:28 Y aconteció, como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, y a Juan, y a Jacobo, y subió a un monte a orar.
LUK 9:29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestidura blanca y resplandeciente.
LUK 9:30 Y, he aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías,
LUK 9:31 Que aparecieron en gloria, y hablaban de su fallecimiento, el cual él había de cumplir en Jerusalem.
LUK 9:32 Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y a los dos varones que estaban de pie con él.
LUK 9:33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos estemos aquí; y hagamos tres tabernáculos, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.
LUK 9:34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube.
LUK 9:35 Y vino una voz de la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, a él oíd.
LUK 9:36 Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.
LUK 9:37 Y aconteció el día siguiente, que descendiendo ellos del monte, un gran gentío le salió al encuentro;
LUK 9:38 Y, he aquí, que un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro; ruégote que veas a mi hijo, el único que tengo.
LUK 9:39 Y, he aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza de modo que echa espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.
LUK 9:40 Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
LUK 9:41 Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.
LUK 9:42 Y como aún se acercaba, el demonio le derribó, y [le] despedazó; mas Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió a su padre.
LUK 9:43 Y todos estaban atónitos del gran poder de Dios. Y mientras que todos se maravillaban de todas las cosas que Jesús hacía, él dijo a sus discípulos:
LUK 9:44 Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
LUK 9:45 Mas ellos no entendían esta palabra; y les era encubierta para que no la entendiesen, y temían de preguntarle de esta palabra.
LUK 9:46 Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.
LUK 9:47 Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y le puso junto a sí,
LUK 9:48 Y les dijo: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mí recibe; y cualquiera que [me] recibiere a mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será grande.
LUK 9:49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo vedamos, porque no sigue con nosotros.
LUK 9:50 Jesús le dijo: No se lo vedéis, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
LUK 9:51 Y aconteció [que] cuando se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem.
LUK 9:52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los samaritanos, a fin de preparar para él.
LUK 9:53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba a Jerusalem.
LUK 9:54 Y cuando sus discípulos Jacobo y Juan vieron [esto], dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como también hizo Elías?
LUK 9:55 Entonces volviendo él, les reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois:
LUK 9:56 Porque el Hijo del hombre no es venido para destruir las vidas de los hombres, sino para salvar[las]. Y se fueron a otra aldea.
LUK 9:57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, [yo] te seguiré donde quiera que fueres.
LUK 9:58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline [su] cabeza.
LUK 9:59 Y él dijo a otro: Sígueme. Mas él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre a mi padre.
LUK 9:60 Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; mas tú ve, y predica el reino de Dios.
LUK 9:61 Entonces también dijo otro: Seguirte he, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
LUK 9:62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios.
LUK 10:1 DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, a los cuales envió de dos en dos delante de su faz, a toda ciudad y lugar a donde él había de venir.
LUK 10:2 Y les decía: La mies a la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
LUK 10:3 Andad, he aquí, yo os envío como a corderos en medio de lobos.
LUK 10:4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y a nadie saludéis en el camino.
LUK 10:5 En cualquier casa donde entrareis, primeramente decid: Paz [sea] a esta casa.
LUK 10:6 Y si hubiere allí el hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.
LUK 10:7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
LUK 10:8 Y en cualquier ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
LUK 10:9 Y sanad a los enfermos que en ella hubiere, y decidles: se ha acercado a vosotros el reino de Dios.
LUK 10:10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
LUK 10:11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos contra vosotros: no obstante sabed esto, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.
LUK 10:12 Y os digo, que será más tolerable para Sodoma en aquel día, que aquella ciudad.
LUK 10:13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro, y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, ya tiempo ha, que sentados en cilicio y ceniza, se hubieran arrepentido:
LUK 10:14 Por tanto, será más tolerable para Tiro y Sidón que para vosotras en el juicio.
LUK 10:15 Y tú, Capernaum, que hasta el cielo eres ensalzada, hasta el infierno serás abatida.
LUK 10:16 El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió.
LUK 10:17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan por tu nombre.
LUK 10:18 Y les dijo: Yo veía a Satanás, como un rayo caer del cielo.
LUK 10:19 He aquí, yo os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada de ningún modo os dañará:
LUK 10:20 No obstante, no os regocijéis en esto, de que los espíritus se os sujeten; sino antes regocijaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo.
LUK 10:21 En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Te doy gracias, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños: sí, Padre, porque así te agradó.
LUK 10:22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo [le] quisiere revelar.
LUK 10:23 Y vuelto particularmente a [sus] discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;
LUK 10:24 Porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y oír lo que oís, y no [lo] oyeron.
LUK 10:25 Y he aquí, cierto doctor de la ley se levantó, tentándole, y diciendo: Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
LUK 10:26 Y él dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
LUK 10:27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
LUK 10:28 Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
LUK 10:29 Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
LUK 10:30 Y respondiendo Jesús, dijo: Cierto hombre descendía de Jerusalem a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, e hiriéndo[le], se fueron, dejándo[le] medio muerto.
LUK 10:31 Y aconteció, que descendió cierto sacerdote por el mismo camino; y viéndole, se pasó del otro lado.
LUK 10:32 Y asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y mirándo[le], se pasó del otro lado.
LUK 10:33 Y cierto samaritano que iba su camino, viniendo cerca de él, y viéndole, fue movido a compasión;
LUK 10:34 Y llegándose, le vendó las heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole sobre su propia cabalgadura, le llevó al mesón, y cuidó de él.
LUK 10:35 Y al otro día partiéndose, sacó dos denarios, y [le] dio al mesonero, y le dijo: Cuida de él; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré.
LUK 10:36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél que cayó entre ladrones?
LUK 10:37 Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
LUK 10:38 Y aconteció, que yendo, entró él en cierta aldea: y cierta mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
LUK 10:39 Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
LUK 10:40 Pero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dijo: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile, pues, que me ayude.
LUK 10:41 Respondiendo Jesús entonces, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
LUK 10:42 Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
LUK 11:1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en cierto lugar, cuando acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
LUK 11:2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro, que estás en el cielo, sea tu nombre santificado. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra.
LUK 11:3 El pan nuestro de cada día dános[lo] hoy.
LUK 11:4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación; mas líbranos del mal.
LUK 11:5 Les dijo también: Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
LUK 11:6 Porque un amigo mío es venido a mí de camino, y no tengo que ponerle delante;
LUK 11:7 Y él de dentro respondiendo, diga: No me seas molesto: la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en la cama: no puedo levantarme, y darte.
LUK 11:8 Dígoos, que aunque no se levante a darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
LUK 11:9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallaréis, tocad, y os será abierto.
LUK 11:10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.
LUK 11:11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? o, si un pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?
LUK 11:12 O, si [le] pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?
LUK 11:13 Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que le pidieren de él?
LUK 11:14 Y estaba echando fuera un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron.
LUK 11:15 Y algunos de ellos decían: Por Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
LUK 11:16 Y otros, tentándo[le], pedían de él una señal del cielo.
LUK 11:17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y casa contra casa cae.
LUK 11:18 Y si también Satanás está dividido contra sí, ¿cómo permanecerá su reino? porque decís, que por Beelzebub echo yo fuera los demonios.
LUK 11:19 Pues si yo echo fuera los demonios por Beelzebub, ¿vuestros hijos, por quién [los] echan fuera? Por tanto ellos serán vuestros jueces.
LUK 11:20 Mas si con el dedo de Dios yo echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios es llegado a vosotros.
LUK 11:21 Cuando un hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.
LUK 11:22 Mas cuando otro más fuerte que él sobreviniere, y le venciere, [le] toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
LUK 11:23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
LUK 11:24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no hallándo[lo], dice: Me volveré a mi casa, de donde salí.
LUK 11:25 Y viniendo, [la] halla barrida y adornada.
LUK 11:26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.
LUK 11:27 Y aconteció, que diciendo él estas cosas, cierta mujer de la multitud, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
LUK 11:28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
LUK 11:29 Y cuando las multitudes se juntaban, comenzó a decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta.
LUK 11:30 Porque como Jonás fue señal a los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre a esta generación.
LUK 11:31 La reina del Sur se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; y, he aquí, [hay uno] mayor que Salomón en este lugar.
LUK 11:32 Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron; y, he aquí, [hay uno] mayor que Jonás en este lugar.
LUK 11:33 Ninguno enciende la candela y la pone en lugar oculto, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.
LUK 11:34 La luz del cuerpo es el ojo: por tanto, cuando tu ojo fuere sencillo, también todo tu cuerpo será lleno de luz; mas cuando fuere malo, también tu cuerpo [será] tenebroso.
LUK 11:35 Mira pues, que la luz que en ti hay, no sea tinieblas.
LUK 11:36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso como cuando el resplandor de una candela te alumbra.
LUK 11:37 Y estando él hablando, le rogó cierto fariseo que comiese con él: y entró y se sentó a la mesa.
LUK 11:38 Y el fariseo, cuando [lo] vio, se maravilló de que no se lavó antes de comer.
LUK 11:39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los fariseos lo de fuera de la copa y del plato limpiáis; mas lo que está dentro de vosotros, está lleno de rapiña y de maldad.
LUK 11:40 Insensatos ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?
LUK 11:41 Pero de lo que tenéis, dad limosna; y, he aquí, todas las cosas os son limpias.
LUK 11:42 Pero ¡ay de vosotros fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; y el juicio y el amor de Dios pasáis de largo. Esto os era necesario hacer, y no dejar lo otro.
LUK 11:43 ¡Ay de vosotros fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
LUK 11:44 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no parecen, y los hombres que andan encima no [lo] saben.
LUK 11:45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros.
LUK 11:46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros, ni aun con un dedo tocáis las cargas.
LUK 11:47 ¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
LUK 11:48 Ciertamente dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.
LUK 11:49 Por tanto la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré a ellos profetas y apóstoles, y de ellos a [unos] matarán, y a [otros] perseguirán.
LUK 11:50 Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo:
LUK 11:51 Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el templo: De cierto os digo, será demandada de esta generación.
LUK 11:52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! porque habéis quitado la llave del conocimiento: vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban impedisteis.
LUK 11:53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a apretar[le] en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas,
LUK 11:54 Acechándole, y procurando de cazar algo de su boca para acusarle.
LUK 12:1 EN ESTO habiéndose juntado una innumerable multitud de gente, de modo que unos a otros se hollaban, comenzó a decir a sus discípulos: Primeramente guardaos de la levadura de los fariseos, que es hipocresía.
LUK 12:2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser revelado; ni oculto, que no haya de ser sabido.
LUK 12:3 Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, en la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en los aposentos, será pregonado desde los tejados.
LUK 12:4 Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen más que puedan hacer;
LUK 12:5 Mas [yo] os enseñaré a quién temáis: Temed a aquel que después que hubiere matado, tiene potestad de echar en el infierno: de cierto os digo: A éste temed.
LUK 12:6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? y ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
LUK 12:7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza, todos están contados. No temáis pues: de más estima sois vosotros que muchos pajarillos.
LUK 12:8 Pero os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.
LUK 12:9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
LUK 12:10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será perdonado.
LUK 12:11 Y cuando os trajeren a las sinagogas, y a [los] magistrados y potestades, no os acongojéis cómo, o qué hayáis de responder, o qué hayáis de decir.
LUK 12:12 Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será menester decir.
LUK 12:13 Y le dijo uno de la compañía: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
LUK 12:14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez, o partidor sobre vosotros?
LUK 12:15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
LUK 12:16 Y les dijo una parábola, diciendo: La heredad de cierto hombre rico había llevado muchos frutos;
LUK 12:17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, no tengo donde pueda recoger mis frutos?
LUK 12:18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores; y allí recogeré todos mis frutos y mis bienes;
LUK 12:19 Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes en depósito para muchos años: repósate, come, bebe, huélgate.
LUK 12:20 Y díjole Dios: ¡Insensato! Esta noche vuelven a pedir tu alma; ¿y lo que has provisto, de quién será?
LUK 12:21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
LUK 12:22 Y dijo a sus discípulos: Por tanto os digo: No os acongojéis de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.
LUK 12:23 La vida es más que el alimento, y el cuerpo, [más] que la vestimenta.
LUK 12:24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan: que ni tienen almacén, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?
LUK 12:25 ¿Quién de vosotros acongojándose, podrá añadir a su estatura un codo?
LUK 12:26 Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿por qué os acongojáis de lo demás?
LUK 12:27 Considerad los lirios, como crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
LUK 12:28 Y si así viste Dios a la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más a vosotros, Oh vosotros de poca fe?
LUK 12:29 Vosotros, pues, no busquéis qué hayáis de comer, o qué hayáis de beber, y no seáis de mente dudosa;
LUK 12:30 Porque todas estas cosas las naciones del mundo las buscan; y vuestro Padre sabe que habéis menester estas cosas.
LUK 12:31 Mas antes buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
LUK 12:32 No temáis, oh rebaño pequeño, porque al Padre ha placido daros el reino.
LUK 12:33 Vended lo que poseéis, y dad limosna: haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falte: donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.
LUK 12:34 Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
LUK 12:35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestras] luces encendidas;
LUK 12:36 Y vosotros, semejantes a hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y tocare, inmediatamente le abran.
LUK 12:37 Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando el señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que [él] se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.
LUK 12:38 Y aunque venga a la segunda vela, y aunque venga a la tercera vela, y [los] hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
LUK 12:39 Y esto sabed, que si supiese el padre de familia a qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.
LUK 12:40 Vosotros, pues, también estad apercibidos; porque a la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.
LUK 12:41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?
LUK 12:42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que en tiempo [les] dé [su] ración?
LUK 12:43 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.
LUK 12:44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.
LUK 12:45 Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor se tarda de venir, y comenzare a herir los siervos y las criadas, y a comer, y a beber, y a embriagarse,
LUK 12:46 Vendrá el señor de aquel siervo el día que él no espera, y a la hora que él no sabe; y le apartará, y pondrá su suerte con los incrédulos.
LUK 12:47 Porque el siervo que supo la voluntad de su señor, y no [se] apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho.
LUK 12:48 Mas el que no la supo, e hizo cosas dignas de ser azotado, será azotado poco, porque a cualquiera que fue dado mucho, mucho será vuelto a demandar de él; y al que encomendaron mucho, más será de él pedido.
LUK 12:49 Yo soy venido a meter fuego en la tierra, ¿y qué quiero, si ya está encendido?
LUK 12:50 Pero de un bautismo tengo de ser bautizado, ¡y cómo me angustio hasta que sea cumplido!
LUK 12:51 ¿Pensáis que yo soy venido a dar paz en la tierra? Os digo, No; sino antes división.
LUK 12:52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra dos, y dos contra tres.
LUK 12:53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre: la madre contra la hija, y la hija contra la madre: la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
LUK 12:54 Y decía también al pueblo: Cuando veis la nube que sale del poniente, inmediatamente decís: Agua viene; y es así.
LUK 12:55 Y cuando sopla el viento del sur, decís: Habrá calor; y lo hay.
LUK 12:56 ¡Hipócritas! Sabéis discernir la faz del cielo y de la tierra, ¿y este tiempo, cómo no lo discernís?
LUK 12:57 ¿Mas por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?
LUK 12:58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino de librarte de él, porque no te traiga al juez, y el juez te entregue al oficial, y el oficial te meta en la cárcel.
LUK 12:59 Te digo que no saldrás de allá hasta que hayas pagado hasta la última blanca.
LUK 13:1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.
LUK 13:2 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque han padecido tales cosas, fueron más pecadores que todos los galileos?
LUK 13:3 Yo os digo, que no: antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.
LUK 13:4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más pecadores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
LUK 13:5 Yo os digo, que no, antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.
LUK 13:6 Y decía esta parábola: Cierto [hombre] tenía una higuera plantada en su viña; y vino a buscar fruto en ella, y no halló.
LUK 13:7 Y dijo al viñero: He aquí, tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no [lo] hallo; córtala, ¿por qué hará inútil aun la tierra?
LUK 13:8 Él entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que yo haya cavado alrededor de ella y echádole estiércol.
LUK 13:9 Y si hiciere fruto, [bien]; y si no, la cortarás después.
LUK 13:10 Y estaba enseñando en una de las sinagogas en el sábado.
LUK 13:11 Y, he aquí, había una mujer que tenía un espíritu de enfermedad diez y ocho años, y andaba agobiada, así que en ninguna manera podía enderezarse.
LUK 13:12 Y cuando Jesús la vio, [la] llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
LUK 13:13 Y puso las manos sobre ella, y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
LUK 13:14 Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo al pueblo: Seis días hay en que es menester obrar: en éstos pues venid, y sed curados; y no en día de sábado.
LUK 13:15 Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey, o [su] asno del pesebre, y [le] lleva a beber?
LUK 13:16 Y a esta hija de Abraham, que he aquí, Satanás la había ligado diez y ocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en día de sábado?
LUK 13:17 Y diciendo él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: y todo el pueblo se regocijaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.
LUK 13:18 Y decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué le compararé?
LUK 13:19 Semejante es al grano de la mostaza, que un hombre tomó, y lo echó en su huerto; y creció, y fue hecho árbol grande, y las aves del cielo posaron en sus ramas.
LUK 13:20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
LUK 13:21 Semejante es a la levadura, que tomó una mujer y la escondió en tres medidas de harina hasta que todo fue leudado.
LUK 13:22 Y pasaba por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando a Jerusalem.
LUK 13:23 Y le dijo uno: Señor, ¿son pocos los que serán salvos? Y él les dijo:
LUK 13:24 Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque [yo] os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán.
LUK 13:25 Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis a estar de pie afuera, y tocar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo él, os dirá: No os conozco de dónde seáis.
LUK 13:26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.
LUK 13:27 Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de dónde seáis: apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.
LUK 13:28 Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera.
LUK 13:29 Y vendrán del oriente, y [del] occidente, y del norte, y [del] sur, y se sentarán en el reino de Dios.
LUK 13:30 Y, he aquí, hay postreros, que serán primeros; y hay primeros, que serán postreros.
LUK 13:31 Aquel mismo día llegaron ciertos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí; porque Herodes te quiere matar.
LUK 13:32 Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer [día] soy consumado.
LUK 13:33 Sin embargo, es necesario que camine hoy, y mañana, y pasado mañana; porque no es posible que un profeta perezca fuera de Jerusalem.
LUK 13:34 ¡Oh Jerusalem, Jerusalem, que matas los profetas, y apedreas los que son enviados a ti, cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de [sus] alas, y no quisiste!
LUK 13:35 He aquí, os es dejada vuestra casa desierta; y de cierto os digo que no me veréis, hasta que venga [tiempo] cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
LUK 14:1 Y ACONTECIÓ que entrado en casa de un príncipe de los fariseos un sábado a comer pan, ellos le acechaban.
LUK 14:2 Y, he aquí, cierto hombre hidrópico estaba delante de él.
LUK 14:3 Y respondiendo Jesús, habló a los doctores de la ley, y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?
LUK 14:4 Y ellos callaron. Entonces él tomándo[le], le sanó, y le envió.
LUK 14:5 Y él les respondió diciendo: ¿A quién de vosotros si le cayere el asno, o el buey en un pozo, no le sacará inmediatamente en día de sábado?
LUK 14:6 Y no le podían replicar a estas cosas.
LUK 14:7 Y propuso una parábola a los convidados, cuando observó como escogían los primeros asientos a la mesa, diciéndoles:
LUK 14:8 Cuando fueres convidado de alguno a bodas, no te asientes en el primer lugar; porque podrá ser que otro más honrado que tú sea convidado de él;
LUK 14:9 Y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a tener el postrer lugar.
LUK 14:10 Mas cuando fueres convidado, ve, y asiéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan a la mesa.
LUK 14:11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado, y el que se humilla, será ensalzado.
LUK 14:12 Y decía también al que le había convidado: Cuando haces comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a [tus] vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan a convidar, y te sea hecha recompensa.
LUK 14:13 Mas cuando haces un banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;
LUK 14:14 Y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar; mas te será recompensado en la resurrección de los justos.
LUK 14:15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de Dios.
LUK 14:16 Él entonces le dijo: Cierto hombre hizo una grande cena, y convidó a muchos.
LUK 14:17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está aparejado.
LUK 14:18 Y comenzaron todos a una a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y he menester de salir y verla; te ruego que me tengas por excusado.
LUK 14:19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos: ruégote que me tengas por excusado.
LUK 14:20 Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir.
LUK 14:21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces el padre de familia, enojado dijo a su siervo: Ve presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y trae acá los pobres, y mancos, y cojos, y ciegos.
LUK 14:22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aún hay lugar.
LUK 14:23 Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos, y por los vallados, y fuérza[los] a entrar, para que se llene mi casa.
LUK 14:24 Porque yo os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados, gustará mi cena.
LUK 14:25 Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose les dijo:
LUK 14:26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y esposa, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
LUK 14:27 Y cualquiera que no lleva su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
LUK 14:28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado y haga cuenta de los gastos, si tiene [lo que ha menester] para acabar[la]?
LUK 14:29 Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabar[la], todos los que [lo] vieren, no comiencen a hacer burla de él,
LUK 14:30 Diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
LUK 14:31 ¿O cuál rey, habiendo de ir a hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?
LUK 14:32 De otra manera, cuando el otro está aún lejos, le envía una embajada, y le pide condiciones de paz.
LUK 14:33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.
LUK 14:34 Buena [es] la sal; mas si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada?
LUK 14:35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena: fuera la echan. El que tiene oídos para oír, oiga.
LUK 15:1 Y SE llegaban a él todos los publicanos, y pecadores a oirle.
LUK 15:2 Y murmuraban los fariseos y los escribas, diciendo: Éste a los pecadores recibe, y con ellos come.
LUK 15:3 Y él les habló esta parábola, diciendo:
LUK 15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a [buscar] la que se perdió, hasta que la halle?
LUK 15:5 Y cuando [la] ha hallado [la] pone sobre sus hombros gozoso;
LUK 15:6 Y cuando viene a casa, junta a [sus] amigos, y a [sus] vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
LUK 15:7 Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un pecador que se arrepiente, que sobre noventa y nueve justos, que no tienen necesidad de arrepentimiento.
LUK 15:8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere la una dracma, no enciende la candela, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallar[la]?
LUK 15:9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta [sus] amigas y [sus] vecinas, diciendo: Gozaos conmigo; porque he hallado la dracma que había perdido.
LUK 15:10 Así os digo, que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
LUK 15:11 Y dijo: Cierto hombre tenía dos hijos;
LUK 15:12 Y el más mozo de ellos dijo a [su] padre: Padre, dame la parte de la hacienda que [me] pertenece. Y él les repartió [sus] bienes.
LUK 15:13 Y después de no muchos días, juntándolo todo el hijo menor, se partió lejos, a un país apartado; y allí desperdició su sustancia viviendo disolutamente.
LUK 15:14 Y después que lo hubo todo malgastado, vino una grande hambre en aquella tierra, y comenzóle a faltar.
LUK 15:15 Y fue, y se llegó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a sus campos, para que apacentase los puercos.
LUK 15:16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie le daba.
LUK 15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
LUK 15:18 Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré: Padre, pecado he contra el cielo, y contra ti:
LUK 15:19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo: hazme como a uno de tus jornaleros.
LUK 15:20 Y se levantó y vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, le vio su padre, y fue movido con compasión, y corrió, echóse sobre su cuello, y le besó.
LUK 15:21 Y el hijo le dijo: Padre, pecado he contra el cielo, y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
LUK 15:22 Mas el padre dijo a sus siervos: Sacad la principal vestidura, y vestidle; y poned anillo en su mano, y zapatos en [sus] pies;
LUK 15:23 Y traed el becerro gordo, y matad[le]; y comamos, y alegrémonos;
LUK 15:24 Porque éste mi hijo muerto era, y ha revivido: se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a alegrarse.
LUK 15:25 Y su hijo mayor estaba en el campo, el cual cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;
LUK 15:26 Y llamando a uno de los siervos, le preguntó qué eran esas cosas.
LUK 15:27 Y él le dijo: Tu hermano es venido; y tu padre ha muerto el becerro gordo, porque lo ha recobrado sano y salvo.
LUK 15:28 Entonces él se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba.
LUK 15:29 Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años [ha que] te sirvo, y nunca transgredí tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para alegrarme con mis amigos;
LUK 15:30 Mas cuando vino éste tu hijo, que ha devorado tu hacienda con rameras, le has matado el becerro gordo.
LUK 15:31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas;
LUK 15:32 Mas era necesario tener alegría y gozarnos; porque éste tu hermano muerto era, y revivió: se había perdido, y es hallado.
LUK 16:1 Y DECÍA también a sus discípulos: Había cierto hombre rico, el cual tenía un mayordomo; y éste fue acusado delante de él, de que había disipado sus bienes.
LUK 16:2 Y le llamó, y le dijo: ¿Qué [es] esto [que] oigo de ti? da cuenta de tu mayordomía; porque ya no podrás más ser mayordomo.
LUK 16:3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo: mendigar, tengo vergüenza.
LUK 16:4 Yo sé lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.
LUK 16:5 Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor?
LUK 16:6 Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.
LUK 16:7 Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.
LUK 16:8 Y alabó el señor al mayordomo injusto, por haber hecho prudentemente; porque los hijos de este mundo más prudentes son en su generación que los hijos de luz.
LUK 16:9 Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de injusticia, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.
LUK 16:10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
LUK 16:11 Pues si en la riqueza injusta no fuisteis fieles, ¿lo que es verdadero, quién os lo confiará?
LUK 16:12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿lo que es vuestro, quién os lo dará?
LUK 16:13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque, o aborrecerá al uno, y amará al otro, o se allegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas.
LUK 16:14 Y oían también los fariseos todas estas cosas, los cuales eran avaros; y se burlaban de él.
LUK 16:15 Y él les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen en alto precio, delante de Dios es abominación.
LUK 16:16 La ley y los profetas [fueron] hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es predicado, y todos hacen fuerza para [entrar] en él.
LUK 16:17 Y más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que caer una tilde de la ley.
LUK 16:18 Cualquiera que repudia a su esposa, y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la repudiada del marido, comete adulterio.
LUK 16:19 Y había cierto hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y en suntuosidad vivía alegremente cada día.
LUK 16:20 Había también cierto mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado a la puerta de él, lleno de llagas,
LUK 16:21 Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían, y le lamían las llagas.
LUK 16:22 Y aconteció, que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.
LUK 16:23 Y en el infierno, alzó sus ojos, estando en tormentos, y ve a Abraham lejos, y a Lázaro en su seno.
LUK 16:24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.
LUK 16:25 Mas dijo Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora él es consolado, y tú eres atormentado.
LUK 16:26 Y además de todo esto, una grande sima está establecida entre nosotros y vosotros, así que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
LUK 16:27 Entonces dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre;
LUK 16:28 Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique; porque no vengan ellos también a este lugar de tormento.
LUK 16:29 Y Abraham le dice: A Moisés, y a los profetas tienen, que los oigan;
LUK 16:30 Pero él dijo: No, padre Abraham; mas si alguno fuere a ellos de entre los muertos se arrepentirán.
LUK 16:31 Mas él le dijo: Si no oyen a Moisés, y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se resucitare de entre los muertos.
LUK 17:1 Y DIJO a los discípulos: Imposible es que no vengan ofensas; mas ¡ay [de aquél] por quien vienen!
LUK 17:2 Mejor le sería, si una piedra de molino de asno le fuere puesta al cuello, y fuese echado en el mar, que ofender a uno de estos pequeñitos.
LUK 17:3 Mirad por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
LUK 17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: me arrepiento: perdónale.
LUK 17:5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
LUK 17:6 Y el Señor dijo: Si tuvieses fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar, y os obedecería.
LUK 17:7 ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, o apacienta ganado, que vuelto del campo le diga en seguida: Pasa, siéntate a la mesa?
LUK 17:8 ¿No le dice antes: Adereza que cene yo, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?
LUK 17:9 ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.
LUK 17:10 Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos de hacer, hicimos.
LUK 17:11 Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea.
LUK 17:12 Y entrando en cierta aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos;
LUK 17:13 Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.
LUK 17:14 Y cuando él [los] vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.
LUK 17:15 Y uno de ellos, cuando se vio que era limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz,
LUK 17:16 Y se derribó sobre [su] rostro a sus pies, dandole gracias; y éste era samaritano.
LUK 17:17 Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve, dónde [están]?
LUK 17:18 ¿No fue hallado quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero?
LUK 17:19 Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.
LUK 17:20 Y preguntado de los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá con observación;
LUK 17:21 Ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque, he aquí, el reino de Dios dentro de vosotros está.
LUK 17:22 Y dijo a los discípulos: Vendrán días, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no [lo] veréis.
LUK 17:23 Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis tras [ellos], ni [los] sigáis.
LUK 17:24 Porque como el relámpago, relampagueando desde una [parte] debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.
LUK 17:25 Mas primero es menester que padezca muchas cosas, y sea reprobado de esta generación.
LUK 17:26 Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre:
LUK 17:27 Comían, bebían, se casaban, se daban en casamiento, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos.
LUK 17:28 Asimismo también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;
LUK 17:29 Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos:
LUK 17:30 Como esto será el día en que el Hijo del hombre será revelado.
LUK 17:31 En aquel día, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
LUK 17:32 Acordaos de la esposa de Lot.
LUK 17:33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.
LUK 17:34 Os digo [que] en aquella noche estarán dos en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado.
LUK 17:35 Dos estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada.
LUK 17:36 Dos estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado.
LUK 17:37 Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde [estuviere] el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
LUK 18:1 Y LES decía también una parábola, que es menester orar siempre, y no desalentarse,
LUK 18:2 Diciendo: Había cierto juez en una ciudad, el cual ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
LUK 18:3 Había también en aquella ciudad una viuda, y ella venía a él, diciendo: Véngame de mi adversario.
LUK 18:4 Mas él no quiso por [algún] tiempo: pero después de esto, dijo dentro de sí: Aunque no temo a Dios, ni tengo respeto a hombre;
LUK 18:5 Todavía, porque esta viuda me es molesta, le vengaré; porque no venga siempre y al fin me muela.
LUK 18:6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto.
LUK 18:7 ¿Y no hará Dios venganza por sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos?
LUK 18:8 Yo os digo que hará presto la venganza para ellos. Sin embargo, cuando viniere el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?
LUK 18:9 Y dijo también esta parábola a ciertos que confiaban en sí mismos que eran justos, y menospreciaban a los otros:
LUK 18:10 Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, y el otro publicano.
LUK 18:11 El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como este publicano;
LUK 18:12 Ayuno dos veces a la semana: doy diezmos de todo lo que poseo.
LUK 18:13 Mas el publicano estando de pie lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo; mas hería su pecho, diciendo: Dios, ten misericordia de mí, pecador.
LUK 18:14 Os digo que éste descendió a su casa justificado [en vez] del otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
LUK 18:15 Y traían también a él niños para que les tocase, lo cual viéndolo [sus] discípulos, les reprendían.
LUK 18:16 Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir a mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.
LUK 18:17 De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
LUK 18:18 Y le preguntó cierto príncipe, diciendo: ¿Maestro bueno, qué haré para heredar la vida eterna?
LUK 18:19 Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno [hay] bueno, sino sólo Dios.
LUK 18:20 Los mandamientos sabes: No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre.
LUK 18:21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
LUK 18:22 Y Jesús oído esto, le dijo: Aún una cosa te falta: todo lo que tienes, véndelo, y da a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo; y ven, sígueme.
LUK 18:23 Entonces él, oídas estas cosas, se entristeció sobre manera, porque era muy rico.
LUK 18:24 Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
LUK 18:25 Porque más fácil cosa es entrar un camello por un ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.
LUK 18:26 Y los que [lo] oían, dijeron: ¿Y quién puede ser salvo?
LUK 18:27 Y él les dijo: Las cosas que son imposibles para los hombres, son posibles para Dios.
LUK 18:28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido.
LUK 18:29 Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o esposa, o hijos, por el reino de Dios,
LUK 18:30 Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el mundo venidero la vida eterna.
LUK 18:31 Y tomando a los doce, les dijo: He aquí, subimos a Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas del Hijo del hombre.
LUK 18:32 Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido;
LUK 18:33 Y después que [le] hubieren azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.
LUK 18:34 Mas ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta; y no entendían lo que se decía.
LUK 18:35 Y aconteció, que acercándose él a Jericó, cierto ciego estaba sentado junto al camino mendigando,
LUK 18:36 El cual como oyó la multitud que pasaba, preguntaba qué era aquello.
LUK 18:37 Y le dijeron que Jesús de Nazaret pasaba.
LUK 18:38 Entonces dio voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.
LUK 18:39 Y los que iban delante, le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.
LUK 18:40 Jesús entonces parándose, mandó traerle a sí. Y cuando él llegó, le preguntó,
LUK 18:41 Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.
LUK 18:42 Y Jesús le dijo: Recibe la vista: tu fe te ha salvado.
LUK 18:43 Y al instante recibió la vista, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando lo vio, dio alabanza a Dios.
LUK 19:1 Y[JESÚS], habiendo entrado, iba pasando por Jericó.
LUK 19:2 Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era príncipe de los publicanos, y era rico;
LUK 19:3 Y procuraba ver a Jesús quién fuese; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
LUK 19:4 Y corriendo delante, se subió en un árbol sicómoro, para verle; porque había de pasar por allí.
LUK 19:5 Y cuando vino a aquel lugar Jesús, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date priesa, desciende; porque hoy es menester que pose en tu casa.
LUK 19:6 Entonces él descendió a priesa, y le recibió gozoso.
LUK 19:7 Y viendo [esto] todos, murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.
LUK 19:8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, [se lo] vuelvo con los cuatro tantos.
LUK 19:9 Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto también él es hijo de Abraham.
LUK 19:10 Porque el Hijo del hombre es venido a buscar, y a salvar lo que se había perdido.
LUK 19:11 Y oyendo ellos estas cosas, prosiguiendo él, dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque ellos pensaban que inmediatamente había de ser manifestado el reino de Dios.
LUK 19:12 Dijo pues: Cierto hombre noble se partió a una tierra lejos, a tomar para sí un reino, y volver.
LUK 19:13 Y llamados diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.
LUK 19:14 Pero sus ciudadanos le aborrecían; y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
LUK 19:15 Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno negociando.
LUK 19:16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
LUK 19:17 Y él le dijo: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, ten autoridad sobre diez ciudades.
LUK 19:18 Y vino el segundo, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
LUK 19:19 Y asimismo a éste dijo: Tu también sé sobre cinco ciudades.
LUK 19:20 Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:
LUK 19:21 Porque tuve miedo de ti, pues que eres hombre severo: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
LUK 19:22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu boca te juzgo: sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
LUK 19:23 ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco; y yo viniendo lo demandara con usura?
LUK 19:24 Y dijo a los que estaban de pie allí: Quitadle la mina, y dad[la] al que tiene las diez minas.
LUK 19:25 (Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.)
LUK 19:26 Porque yo os digo que a cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
LUK 19:27 Mas a aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traed[los] acá, y matad[los] delante de mí.
LUK 19:28 Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalem.
LUK 19:29 Y aconteció, cuando llegó cerca de Betfagé, y de Betania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,
LUK 19:30 Diciendo: Id a la aldea [que está] delante, en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre jamás se ha sentado: desatadle, y traed[le acá].
LUK 19:31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué [le] desatáis? le diréis así: Porque el Señor le ha menester.
LUK 19:32 Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como él les dijo.
LUK 19:33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
LUK 19:34 Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester.
LUK 19:35 Y le trajeron a Jesús; y echando [ellos] sus ropas sobre el pollino, pusieron encima a Jesús.
LUK 19:36 Y yendo él, tendían sus vestiduras por el camino.
LUK 19:37 Y cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todos los milagros que habían visto,
LUK 19:38 Diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en [el] cielo, y gloria en las alturas.
LUK 19:39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
LUK 19:40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.
LUK 19:41 Y cuando llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,
LUK 19:42 Diciendo: ¡Oh, si tú conocieses, aun tú, a lo menos en este tu día, las cosas que [pertenecen] a tu paz! mas ahora están encubiertas de tus ojos.
LUK 19:43 Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con trinchera; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho;
LUK 19:44 Y te derribarán a tierra; y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
LUK 19:45 Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él,
LUK 19:46 Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
LUK 19:47 Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los príncipes del pueblo procuraban destruirle.
LUK 19:48 Y no hallaban qué hacer[le], porque todo el pueblo estaba pendiente oyéndole.
LUK 20:1 Y ACONTECIÓ un día, que enseñando él al pueblo en el templo, y predicando el evangelio, sobrevinieron los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, con los ancianos,
LUK 20:2 Y le hablaron, diciendo: Dinos ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?
LUK 20:3 Y respondiendo, él les dijo: Preguntaros he yo también una cosa; respondedme:
LUK 20:4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?
LUK 20:5 Mas ellos razonaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
LUK 20:6 Y si dijéremos: De los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están ciertos que Juan era un profeta.
LUK 20:7 Y respondieron que no sabían de dónde [era].
LUK 20:8 Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo tampoco con qué autoridad hago yo estas cosas.
LUK 20:9 Y comenzó a decir al pueblo esta parábola: Cierto hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
LUK 20:10 Y al tiempo oportuno, envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon y [le] enviaron vacío.
LUK 20:11 Y volvió a enviar otro siervo; y ellos a éste también le golpearon, y [le] afrentaron, y [le] enviaron vacío.
LUK 20:12 Y volvió a enviar al tercer siervo; y también a éste hirieron y echaron fuera.
LUK 20:13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? enviaré mi hijo amado: quizá cuando a éste vieren, [le] tendrán respeto.
LUK 20:14 Mas los labradores, viéndole, razonaron entre sí, diciendo: Éste es el heredero: venid, matémosle, para que la herencia sea nuestra.
LUK 20:15 Y echándole fuera de la viña, [le] mataron: ¿Qué pues les hará el señor de la viña?
LUK 20:16 Vendrá, y destruirá a estos labradores; y dará su viña a otros. Y cuando ellos [lo] oyeron, dijeron: ¡No lo permita Dios!
LUK 20:17 Mas él mirándolos, dijo: ¿Qué pues es esto que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores, ésta es puesta por cabeza del ángulo?
LUK 20:18 Cualquiera que cayere sobre aquella piedra será quebrantado; mas sobre el que ella cayere, pulverizarle ha.
LUK 20:19 Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, mas tuvieron miedo del pueblo; porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola.
LUK 20:20 Y acechándo[le] enviaron espías que se fingiesen justos, para tomarle en sus palabras, para que así le entregasen al poder y a la autoridad del gobernador:
LUK 20:21 Y ellos le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente; y que no tienes respeto a la persona [de nadie], antes enseñas el camino de Dios con verdad.
LUK 20:22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?
LUK 20:23 Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
LUK 20:24 Mostradme un denario. ¿De quién tiene la imagen, y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.
LUK 20:25 Entonces les dijo: Pues dad a César las cosas que son de César; y las cosas que son de Dios, a Dios.
LUK 20:26 Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.
LUK 20:27 Y llegándose ciertos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,
LUK 20:28 Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo esposa, y muriere sin hijos, que su hermano tome su esposa, y levante simiente a su hermano.
LUK 20:29 Fueron pues siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.
LUK 20:30 Y el segundo la tomó como esposa, el cual también murió sin hijos.
LUK 20:31 Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete; y no dejaron simiente y murieron.
LUK 20:32 Y a la postre de todos murió también la mujer.
LUK 20:33 En la resurrección, pues, ¿esposa de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por esposa.
LUK 20:34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este mundo se casan, y se dan en casamiento;
LUK 20:35 Mas los que fueron tenidos por dignos de obtener aquel mundo, y de la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.
LUK 20:36 Porque no pueden ya más morir; porque son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.
LUK 20:37 Y que los muertos hayan de resucitar, Moisés aun lo enseñó junto a la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.
LUK 20:38 Pues no es Dios de los muertos, sino de los vivos: porque todos viven para él.
LUK 20:39 Y respondiéndole ciertos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.
LUK 20:40 Y no osaron más preguntarle algo.
LUK 20:41 Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es Hijo de David?
LUK 20:42 Y David mismo dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Asiéntate a mi diestra,
LUK 20:43 Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
LUK 20:44 Así que David le llama Señor, ¿cómo pues es su hijo?
LUK 20:45 Y oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos:
LUK 20:46 Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas:
LUK 20:47 Que devoran las casas de las viudas, fingiendo larga oración: éstos recibirán mayor condenación.
LUK 21:1 Y ALZANDO los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro.
LUK 21:2 Y vio también a cierta viuda pobre, que echaba allí dos blancas.
LUK 21:3 Y dijo: De verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.
LUK 21:4 Porque todos éstos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.
LUK 21:5 Y a unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:
LUK 21:6 [De] estas cosas que veis, días vendrán, en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.
LUK 21:7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y que señal [habrá] cuándo estas cosas hayan de comenzar a ser hechas?
LUK 21:8 Él entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el [Cristo]; y el tiempo está cerca: por tanto no vayáis en pos de ellos.
LUK 21:9 Pero cuando oyereis de guerras y sediciones, no os espantéis; porque es menester que estas cosas acontezcan primero; mas no inmediato [será] el fin.
LUK 21:10 Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino;
LUK 21:11 Y habrá grandes terremotos en diversos lugares, y hambres, y pestilencias; y habrá espantos y grandes señales del cielo.
LUK 21:12 Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, trayéndoos ante los reyes y los gobernadores, por causa de mi nombre.
LUK 21:13 Y os será esto para testimonio.
LUK 21:14 Tened pues fijo en vuestros corazones de no pensar antes cómo hayáis de responder.
LUK 21:15 Porque yo os daré boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir ni resistir, todos vuestros adversarios.
LUK 21:16 Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a [algunos] de vosotros.
LUK 21:17 Y seréis aborrecidos de todos, por causa de mi nombre.
LUK 21:18 Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.
LUK 21:19 En vuestra paciencia poseed vuestras almas.
LUK 21:20 Y cuando viereis a Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que está cerca su desolación.
LUK 21:21 Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes; y los que estuvieren en medio de ella, váyanse; y los que en las [otras] regiones, no entren en ella.
LUK 21:22 Porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
LUK 21:23 Mas, ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apretura grande sobre la tierra, e ira sobre este pueblo.
LUK 21:24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos por todas las naciones; y Jerusalem será hollada de los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles sean cumplidos.
LUK 21:25 Y habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de naciones, con perplejidad; el mar y las ondas bramando;
LUK 21:26 Desfalleciendo los corazones de los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre la tierra; porque los poderes del cielo serán conmovidos.
LUK 21:27 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
LUK 21:28 Y cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad en alto y levantad vuestras cabezas; porque vuestra redención está cerca.
LUK 21:29 Y les dijo una parábola: Mirad la higuera, y todos los árboles:
LUK 21:30 Cuando ya brotan, viéndolos, de vosotros mismos sabéis que el verano está ya cerca:
LUK 21:31 Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
LUK 21:32 De cierto os digo, que no pasará esta generación, hasta que todo sea hecho.
LUK 21:33 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
LUK 21:34 Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
LUK 21:35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que moran sobre la faz de toda la tierra.
LUK 21:36 Velad, pues, orando a todo tiempo, que seáis hechos dignos de escapar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.
LUK 21:37 Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas.
LUK 21:38 Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oirle en el templo.
LUK 22:1 Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la Pascua.
LUK 22:2 Y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas procuraban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo.
LUK 22:3 Entonces entró Satanás en Judas, que tenía por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce.
LUK 22:4 Y fue, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se le entregaría.
LUK 22:5 Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.
LUK 22:6 Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle a ellos sin estar presente la multitud.
LUK 22:7 Y vino el día de los panes sin levadura, en el cual era menester matar la pascua.
LUK 22:8 Y envió a Pedro, y a Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua, para que comamos.
LUK 22:9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que [la] aparejemos?
LUK 22:10 Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro con agua: seguidle hasta la casa donde entrare;
LUK 22:11 Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?
LUK 22:12 Entonces él os mostrará un gran cenadero alto aderezado, aparejad[la] allí.
LUK 22:13 Y yendo ellos halláronlo todo como les había dicho; y aparejaron la pascua.
LUK 22:14 Y cuando fue hora, se sentó a [la mesa]; y con él los doce apóstoles.
LUK 22:15 Y les dijo: Con deseo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca.
LUK 22:16 Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplido en el reino de Dios.
LUK 22:17 Y tomó la copa, y dio gracias, y dijo: Tomad esto y dividid[lo] entre vosotros.
LUK 22:18 Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
LUK 22:19 Y tomó pan, y dio gracias, y [lo] partió, y les dio, diciendo: Éste es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
LUK 22:20 Asimismo también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa [es] el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama.
LUK 22:21 Pero he aquí, la mano del que me entrega, [está] conmigo en la mesa.
LUK 22:22 Y a la verdad el Hijo del hombre va según lo que ha sido determinado; pero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado!
LUK 22:23 Ellos entonces comenzaron a inquirir entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.
LUK 22:24 Y hubo también entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.
LUK 22:25 Pero él les dijo: Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos; y los que sobre ellos tienen autoridad, son llamados bienhechores:
LUK 22:26 Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es principal, como el que sirve.
LUK 22:27 Porque ¿cuál [es] mayor, el que se asienta a la mesa, o el que sirve? ¿No [es] el que se asienta a la mesa? mas yo soy entre vosotros como el que sirve.
LUK 22:28 Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones:
LUK 22:29 Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí;
LUK 22:30 Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y os asentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
LUK 22:31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;
LUK 22:32 Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte; y tú cuando te conviertas, confirma a tus hermanos.
LUK 22:33 Y él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo, tanto a [la] cárcel, como a [la] muerte.
LUK 22:34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy, antes que tú niegues tres veces que me conoces.
LUK 22:35 Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.
LUK 22:36 Entonces les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tóme[la]; y también [su] alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y cómprela.
LUK 22:37 Porque os digo, que aún es menester que se cumpla en mí aquello que está escrito: Y con los transgresores fue contado; porque lo que [está escrito] de mí, [su] cumplimiento tiene.
LUK 22:38 Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí, dos espadas [hay] aquí. Y él les dijo: Basta.
LUK 22:39 Y saliendo, se fue, según su costumbre, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.
LUK 22:40 Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación.
LUK 22:41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró,
LUK 22:42 Diciendo: Padre, si quieres, pasa esta copa de mí, sin embargo no se haga mi voluntad, sino la tuya.
LUK 22:43 Y le apareció un ángel del cielo esforzándole.
LUK 22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como gotas grandes de sangre, que descendían hasta la tierra.
LUK 22:45 Y cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza.
LUK 22:46 Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.
LUK 22:47 Y estando él aún hablando, he aquí una multitud; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos, y se acercó a Jesús para besarlo.
LUK 22:48 Entonces Jesús le dijo: ¿Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?
LUK 22:49 Y viendo los de en derredor de él lo que iba a suceder, le dijeron: Señor, ¿heriremos con espada?
LUK 22:50 Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, y le quitó la oreja derecha.
LUK 22:51 Y respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.
LUK 22:52 Entonces dijo Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los capitanes del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: ¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos?
LUK 22:53 Cuando yo estaba con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
LUK 22:54 Entonces lo prendieron, y [le] trajeron, y metiéronle en casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.
LUK 22:55 Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y sentándose todos juntos, se sentó también Pedro entre ellos.
LUK 22:56 Pero cierta criada lo vio que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en él, dijo: Y éste con él era.
LUK 22:57 Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.
LUK 22:58 Y un poco después viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.
LUK 22:59 Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él; porque es galileo.
LUK 22:60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en el mismo instante, estando aún él hablando, el gallo cantó.
LUK 22:61 Y el Señor volvió, y miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho: Antes que el gallo cante me negarás tres veces.
LUK 22:62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.
LUK 22:63 Y los hombres que tenían a Jesús, le escarnecían, hiriéndo[le].
LUK 22:64 Y vendándole los ojos, le herían el rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió?
LUK 22:65 Y decían otras muchas cosas blasfemando contra él.
LUK 22:66 Y cuando fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio,
LUK 22:67 Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
LUK 22:68 Y también si [os] preguntare, no me responderéis, ni [me] soltaréis;
LUK 22:69 Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra del poder de Dios.
LUK 22:70 Y dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy.
LUK 22:71 Y ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos [lo] hemos oído de su propia boca.
LUK 23:1 Y LEVANTÁNDOSE toda la multitud de ellos, lleváronle a Pilato.
LUK 23:2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado pervirtiendo la nación, e impidiendo dar tributo a César, diciendo que él mismo es Cristo un Rey.
LUK 23:3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú [lo] dices.
LUK 23:4 Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y al pueblo: Ninguna culpa hallo en este hombre.
LUK 23:5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Él alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.
LUK 23:6 Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era galileo.
LUK 23:7 Y cuando entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días.
LUK 23:8 Y Herodes, viendo a Jesús, se gozó mucho; porque había mucho que le deseaba ver; porque había oído de él muchas cosas; y tenía esperanza que le vería hacer algún milagro.
LUK 23:9 Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió.
LUK 23:10 Y estaban de pie los príncipes de los sacerdotes, y los escribas acusándole con gran vehemencia.
LUK 23:11 Mas Herodes con sus soldados le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y le volvió a enviar a Pilato.
LUK 23:12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.
LUK 23:13 Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,
LUK 23:14 Les dijo: Me habéis presentado a éste por hombre que pervierte al pueblo; y, he aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado ninguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusáis.
LUK 23:15 Y ni aun Herodes; porque os envié a él; y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.
LUK 23:16 Le castigaré pues, y le soltaré.
LUK 23:17 (Y tenía necesidad de soltarles uno en la fiesta.)
LUK 23:18 Y toda la multitud dio voces a una, diciendo: Quita a éste, y suéltanos a Barrabás:
LUK 23:19 (El cual había sido echado en la cárcel por cierta sedición hecha en la ciudad, y una muerte.)
LUK 23:20 Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús.
LUK 23:21 Mas ellos volvían a dar voces, diciendo: Crucifíca[le], Crucifícale.
LUK 23:22 Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho éste? ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré pues, y [le] soltaré.
LUK 23:23 Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado; y las voces de ellos, y de los príncipes de los sacerdotes prevalecieron;
LUK 23:24 Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían.
LUK 23:25 Y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y muerte, al cual habían pedido; mas entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
LUK 23:26 Y llevándole, tomaron a un Simón, cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que [la] llevase en pos de Jesús.
LUK 23:27 Y le seguía grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban, y lamentaban.
LUK 23:28 Mas Jesús, vuelto a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalem, no lloréis por mí; mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.
LUK 23:29 Porque, he aquí, que vendrán días, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no parieron, y los pechos que no dieron de mamar.
LUK 23:30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.
LUK 23:31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?
LUK 23:32 Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a matar con él.
LUK 23:33 Y cuando vinieron al lugar que se llama Calvario, le crucificaron allí; y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda.
LUK 23:34 Mas Jesús decía: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestiduras, echaron suertes.
LUK 23:35 Y el pueblo estaba de pie mirando: y los príncipes también, con ellos, se burlaban [de él,] diciendo: A otros salvó: sálvese a sí mismo, si él es el Cristo, el escogido de Dios.
LUK 23:36 Escarnecían de él también los soldados, llegándose, y ofreciéndole vinagre,
LUK 23:37 Y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
LUK 23:38 Y había también una inscripción escrita sobre él con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ÉSTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
LUK 23:39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo, y a nosotros.
LUK 23:40 Y respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación?
LUK 23:41 Y nosotros, a la verdad, justamente, por que recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.
LUK 23:42 Y decía a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu reino.
LUK 23:43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
LUK 23:44 Y era como la hora de sexta, y fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
LUK 23:45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió por medio.
LUK 23:46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.
LUK 23:47 Y cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.
LUK 23:48 Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.
LUK 23:49 Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban de pie lejos mirando estas cosas.
LUK 23:50 Y, he aquí, un varón llamado José, el cual era consejero, varón bueno, y justo:
LUK 23:51 (el cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de los judíos: el cual también esperaba el reino de Dios.
LUK 23:52 Éste llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
LUK 23:53 Y bajándolo lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro que era labrado en piedra, en el cual aún ninguno había sido puesto.
LUK 23:54 Y era día de la preparación, y el sábado amanecía.
LUK 23:55 Y también las mujeres que habían venido con él de Galilea, le siguieron, y vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo.
LUK 23:56 Y vueltas, aparejaron especias y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.
LUK 24:1 Y el primer día de la semana, muy de mañana vinieron al sepulcro, trayendo las especias que habían aparejado; y ciertas [otras] con ellas.
LUK 24:2 Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.
LUK 24:3 Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
LUK 24:4 Y aconteció, que estando ellas sumamente perplejas por esto, he aquí, dos varones que se pararon junto a ellas, vestidos de vestiduras resplandecientes.
LUK 24:5 Y teniendo ellas miedo, y bajando el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
LUK 24:6 No está aquí, sino que ha resucitado: acordaos de como os habló, cuando aún estaba en Galilea,
LUK 24:7 Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día,
LUK 24:8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
LUK 24:9 Y volvieron del sepulcro, y dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.
LUK 24:10 Y eran María Magdalena, y Juana, y María, [madre] de Jacobo, y otras [que estaban] con ellas, las que decían estas cosas a los apóstoles.
LUK 24:11 Mas a ellos les parecían como locura las palabras de ellas; y no las creyeron.
LUK 24:12 Mas Pedro se levantó y corrió al sepulcro; y bajándose vio los lienzos echados aparte, y se fue maravillado entre sí de lo que había acontecido.
LUK 24:13 Y, he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emaús.
LUK 24:14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido.
LUK 24:15 Y aconteció, que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, Jesús mismo se acercó, e iba con ellos juntamente.
LUK 24:16 Mas los ojos de ellos eran detenidos, para que no le conociesen.
LUK 24:17 Y les dijo: ¿Qué pláticas [son] estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?
LUK 24:18 Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú sólo extranjero eres en Jerusalem, que no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días?
LUK 24:19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús de Nazaret, el cual fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra, delante de Dios y de todo el pueblo;
LUK 24:20 Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes, y nuestros magistrados, a condenación de muerte, y le crucificaron.
LUK 24:21 Mas nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día desde que esto ha acontecido.
LUK 24:22 Mas con esto, ciertas mujeres de nuestra compañía nos han vuelto atónitos, las cuales muy de mañana fueron al sepulcro;
LUK 24:23 Y no hallando su cuerpo, vinieron, diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive.
LUK 24:24 Y fueron ciertos de los nuestros al sepulcro, y hallaron ser así como las mujeres habían dicho; mas a él no le vieron.
LUK 24:25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardíos de corazón para creer a todo lo que los profetas han dicho!
LUK 24:26 ¿No era menester que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
LUK 24:27 Y comenzando desde Moisés, y [de] todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras las cosas tocantes a él.
LUK 24:28 Y se acercaron a la aldea a donde iban; y él hizo como que iba más lejos.
LUK 24:29 Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y está ya declinando el día. Y entró para quedarse con ellos.
LUK 24:30 Y aconteció, que estando sentado a la mesa con ellos, tomando el pan, bendijo, y [lo] partió, y les dio.
LUK 24:31 Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; más él se desapareció de los ojos de ellos.
LUK 24:32 Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
LUK 24:33 Y levantándose en la misma hora, tornáronse a Jerusalem, y hallaron a los once congregados, y a los que estaban con ellos,
LUK 24:34 Que decían: Resucitado ha el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
LUK 24:35 Entonces ellos contaban las cosas que [les habían acontecido] en el camino, y como había sido conocido de ellos en el partir del pan.
LUK 24:36 Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, Jesús mismo se puso de pie en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
LUK 24:37 Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían [algún] espíritu.
LUK 24:38 Mas él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos a vuestros corazones?
LUK 24:39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
LUK 24:40 Y cuando hubo dicho esto, les mostró [sus] manos y [sus] pies.
LUK 24:41 Y aún no creyéndolo ellos de gozo, y maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
LUK 24:42 Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.
LUK 24:43 Y tomó[lo], y comió delante de ellos:
LUK 24:44 Y él les dijo: Éstas [son] las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: Que era menester que se cumpliesen todas las cosas que están escritas en la ley de Moisés, y [en] los profetas, y [en] los Salmos de mí.
LUK 24:45 Entonces les abrió su entendimiento, para que entendiesen las Escrituras.
LUK 24:46 Y les dijo: Así está escrito, y así fue menester que el Cristo padeciese, y resucitase de entre los muertos al tercer día;
LUK 24:47 Y que se predicase en su nombre arrepentimiento, y remisión de pecados, a todas las naciones, comenzando de Jerusalem.
LUK 24:48 Y vosotros sois testigos de estas cosas.
LUK 24:49 Y, he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; mas vosotros quedaos en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis i nvestidos de poder de lo alto.
LUK 24:50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
LUK 24:51 Y aconteció, que bendiciéndoles, se fue de ellos, y era llevado arriba al cielo.
LUK 24:52 Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalem con gran gozo:
LUK 24:53 Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.
JOH 1:1 EN el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.
JOH 1:2 Éste era en el principio con Dios.
JOH 1:3 Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.
JOH 1:4 En él era la vida; y la vida era la Luz de los hombres.
JOH 1:5 Y la Luz en las tinieblas resplandece; y las tinieblas no la comprendieron.
JOH 1:6 Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
JOH 1:7 Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la Luz, para que por él todos creyesen.
JOH 1:8 Él no era la Luz; mas fue [enviado] para que diese testimonio de la Luz.
JOH 1:9 [Aquél] era la Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene en este mundo.
JOH 1:10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció.
JOH 1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
JOH 1:12 Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre:
JOH 1:13 Los cuales nacieron, no de sangre, ni de voluntad de la carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios.
JOH 1:14 Y la Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
JOH 1:15 Juan dio testimonio de él, y clamó, diciendo: Éste era aquél de quien yo decía: El que viene tras mí es preferido antes que yo; porque era primero que yo.
JOH 1:16 Y de su plenitud todos nosotros hemos recibido, y gracia por gracia.
JOH 1:17 Porque la ley fue dada por Moisés, [mas] la gracia y la verdad vino por Cristo Jesús.
JOH 1:18 Nadie jamás ha visto a Dios; el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él [lo] ha declarado.
JOH 1:19 Y éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?
JOH 1:20 Y confesó, y no negó; mas confesó: Yo no soy el Cristo.
JOH 1:21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elias? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
JOH 1:22 Entonces ellos le dijeron: ¿Quién eres? para que podamos dar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
JOH 1:23 Él dijo: Yo [soy] la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
JOH 1:24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
JOH 1:25 Y ellos le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni aquel profeta?
JOH 1:26 Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en agua; mas en medio de vosotros está de pie uno, a quien vosotros no conocéis:
JOH 1:27 Éste es el que viniendo después de mí, el cual es preferido antes que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de zapato.
JOH 1:28 Estas cosas fueron hechas en Betábara de la otra parte del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
JOH 1:29 El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
JOH 1:30 Éste es aquel de quien yo dije: Tras mí viene un varón el cual es preferido antes que yo, porque era primero que yo.
JOH 1:31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando en agua.
JOH 1:32 Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu descendiendo del cielo como paloma, y reposó sobre él.
JOH 1:33 Y yo no le conocía; mas el que me envió a bautizar en agua, éste me dijo: Sobre aquel que vieres descender el Espíritu, y reposar sobre él, éste es el que bautiza con el Espíritu Santo.
JOH 1:34 Y yo vi, y di testimonio, que éste es el Hijo de Dios.
JOH 1:35 El siguiente día otra vez estaba Juan de pie, y dos de sus discípulos.
JOH 1:36 Y mirando a Jesús que andaba [por allí], dice: He aquí el Cordero de Dios.
JOH 1:37 Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron a Jesús.
JOH 1:38 Entonces Jesús se volvió y viéndoles que le seguían, les dice: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí, (que interpretado, quiere decir, Maestro), ¿dónde moras?
JOH 1:39 Díceles: Venid, y ved. Vinieron, y vieron donde moraba; y quedáronse con él aquel día; porque era como la hora décima.
JOH 1:40 Uno de los dos que habían oído a Juan, y le siguieron, era Andrés, hermano de Simón Pedro.
JOH 1:41 Éste halla primero a su propio hermano Simón, y le dice: Hemos hallado al Mesías, que interpretado es, el Cristo.
JOH 1:42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cefas, que interpretado es, Piedra.
JOH 1:43 El día siguiente quiso Jesús ir a Galilea, y halla a Felipe; y le dice: Sígueme.
JOH 1:44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
JOH 1:45 Felipe halla a Natanael, y le dice: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José.
JOH 1:46 Y le dijo Natanael: ¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena? Dícele Felipe: Ven, y ve.
JOH 1:47 Jesús vio venir a sí a Natanael, y dice de él: He aquí un verdadero israelita, en el cual no hay engaño. 48 Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondióle Jesús, y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael, y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
JOH 1:50 Respondió Jesús, y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que éstas verás.
JOH 1:51 Y le dice: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios subiendo y descendiendo sobre el Hijo del hombre.
JOH 2:1 Y AL tercer día hubo una boda en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
JOH 2:2 Y fue también llamado Jesús, y sus discípulos a la boda.
JOH 2:3 Y cuando faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
JOH 2:4 Y le dice Jesús: ¿Qué tengo yo que ver contigo mujer? Aún no ha venido mi hora.
JOH 2:5 Su madre dice a los que servían: Haced todo lo que él os dijere.
JOH 2:6 Y estaban puestas allí seis tinajas de piedra para agua, conforme a la purificación de los judíos, que cabía en cada una dos o tres cántaros.
JOH 2:7 Díceles Jesús: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
JOH 2:8 Y díceles: Sacad ahora, y llevad al maestresala. Y lleváronselo.
JOH 2:9 Y cuando el maestresala gustó el agua hecha vino, y no sabía de dónde era (mas lo sabían los siervos que habían sacado el agua), el maestresala llama al desposado,
JOH 2:10 Y le dice: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando han bebido bien, entonces lo que es peor; [mas] tú has guardado el buen vino hasta ahora.
JOH 2:11 Este principio de milagros hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
JOH 2:12 Después de esto descendió a Capernaum, él, y su madre, y sus hermanos, y sus discípulos, y estuvieron allí no muchos días.
JOH 2:13 Y estaba cerca la pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalem.
JOH 2:14 Y halló en el templo a los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y a los cambiadores de dinero sentados.
JOH 2:15 Y cuando hubo hecho un azote de cuerdas, echólos a todos del templo, y las ovejas, y los bueyes, y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas.
JOH 2:16 Y a los que vendían las palomas dijo: Quitad de aquí estas cosas, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercadería.
JOH 2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que estaba escrito: El celo de tu casa me ha comido.
JOH 2:18 Y los judíos respondieron, y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, siendo así que tú haces estas cosas?
JOH 2:19 Respondió Jesús, y les dijo: Destruid este templo, y en tres días yo lo levantaré.
JOH 2:20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿Y tú en tres días lo levantarás?
JOH 2:21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
JOH 2:22 Por tanto cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que les había dicho esto, y creyeron a la Escritura, y a la palabra que Jesús había dicho.
JOH 2:23 Y estando él en Jerusalem en la pascua, en [el día de] la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía.
JOH 2:24 Mas el mismo Jesús no se confiaba a sí mismo de ellos, porque él conocía a todos,
JOH 2:25 Y no tenía necesidad que nadie le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.
JOH 3:1 Y HABÍA un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los judíos.
JOH 3:2 Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, nosotros sabemos que tú eres un maestro venido de Dios; porque nadie puede hacer estos milagros que tú haces, si no estuviere Dios con él.
JOH 3:3 Respondió Jesús, y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
JOH 3:4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer, siendo viejo? ¿puede entrar segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
JOH 3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
JOH 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
JOH 3:7 No te maravilles de que te dije: Os es menester nacer otra vez.
JOH 3:8 El viento de donde quiere sopla; y oyes su sonido, mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
JOH 3:9 Respondió Nicodemo, y le dijo: ¿Cómo pueden estas cosas hacerse?
JOH 3:10 Respondió Jesús, y le dijo: ¿Tú eres un maestro de Israel, y no sabes estas cosas?
JOH 3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos; y testificamos lo que hemos visto, y vosotros no recibís nuestro testimonio.
JOH 3:12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis: ¿cómo creeréis, si os dijere cosas celestiales?
JOH 3:13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, [es a saber], el Hijo del hombre, que está en el cielo.
JOH 3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también es menester que el Hijo del hombre sea levantado;
JOH 3:15 Para que todo aquel que en él cree, no perezca, mas tenga vida eterna.
JOH 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito; para que todo aquel que en él cree, no perezca, mas tenga vida eterna.
JOH 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para condenar al mundo; sino para que el mundo sea salvo por él.
JOH 3:18 El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado; porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
JOH 3:19 Y ésta es la condenación, que la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
JOH 3:20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz, y no viene a la luz, porque sus obras no sean redargüidas.
JOH 3:21 Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean manifiestas, que son hechas en Dios.
JOH 3:22 Después de estas cosas, vino Jesús y sus discípulos a la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.
JOH 3:23 Y estaba bautizando también Juan en Enón junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.
JOH 3:24 Porque aún Juan no había sido echado en la cárcel.
JOH 3:25 Y se movió una cuestión entre [algunos] de los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación.
JOH 3:26 Y vinieron a Juan, y le dijeron: Rabí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí, éste bautiza, y todos vienen a él.
JOH 3:27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir nada si no le fuere dado del cielo.
JOH 3:28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo; mas soy enviado delante de él.
JOH 3:29 El que tiene la desposada, es el desposado; mas el amigo del desposado, que está de pie y le oye, se goza grandemente de la voz del desposado. Así, pues, este mi gozo es cumplido.
JOH 3:30 Es menester que él crezca, mas que yo disminuya.
JOH 3:31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.
JOH 3:32 Y lo que ha visto y oído, esto testifica; y nadie recibe su testimonio.
JOH 3:33 El que ha recibido su testimonio, ha puesto su sello a esto, que Dios es verdadero;
JOH 3:34 Porque el que Dios ha enviado, las palabras de Dios habla; porque no [le] da Dios el Espíritu por medida.
JOH 3:35 El Padre ama al Hijo, y le ha dado todas las cosas en su mano.
JOH 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; mas el que no cree al Hijo no verá la vida; sino que la ira de Dios está sobre él.
JOH 4:1 CUANDO, pues, el Señor supo que los fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
JOH 4:2 (Aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos,)
JOH 4:3 Dejó a Judea, y se fue otra vez a Galilea.
JOH 4:4 Y era menester que pasase por Samaria.
JOH 4:5 Vino pues a una ciudad de Samaria que se llama Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a José su hijo.
JOH 4:6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, pues, cansado del camino, se sentó así sobre el pozo. Era como la hora de sexta.
JOH 4:7 Viene una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dice: Dame de beber.
JOH 4:8 (Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.)
JOH 4:9 Y la mujer samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
JOH 4:10 Respondió Jesús, y le dijo: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
JOH 4:11 La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
JOH 4:12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
JOH 4:13 Respondió Jesús, y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
JOH 4:14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, por siempre no tendrá sed; mas el agua que yo le daré, será en él fuente de agua, que salte para vida eterna.
JOH 4:15 La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que yo no tenga sed, ni venga acá a sacar[la].
JOH 4:16 Jesús le dice: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
JOH 4:17 Respondió la mujer, y le dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho: No tengo marido;
JOH 4:18 Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes, no es tu marido: esto has dicho con verdad.
JOH 4:19 Dícele la mujer: Señor paréceme que tú eres profeta.
JOH 4:20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es menester adorar.
JOH 4:21 Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando vosotros ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
JOH 4:22 Vosotros adoráis lo que no sabéis: nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación es de los judíos.
JOH 4:23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales busca que le adoren.
JOH 4:24 Dios [es] un[ Espíritu, y los que le adoran, es menester que [le] adoren en espíritu y en verdad.
JOH 4:25 Dícele la mujer: Yo sé que el Mesías ha de venir, el cual se llama Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas.
JOH 4:26 Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.
JOH 4:27 Y en esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con la mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué buscas? o ¿Por qué hablas con ella?
JOH 4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dice a los hombres:
JOH 4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho: ¿no es éste el Cristo?
JOH 4:30 Entonces salieron de la ciudad, y venían a él.
JOH 4:31 Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
JOH 4:32 Y él les dijo: Yo tengo comida que comer, que vosotros no sabéis.
JOH 4:33 Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Le ha traído alguien de comer?
JOH 4:34 Díceles Jesús: Mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
JOH 4:35 ¿No decís vosotros, que aún hay cuatro meses y viene la siega? He aquí, yo os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad los campos; porque ya están blancos para la siega.
JOH 4:36 Y el que siega recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que también se goce juntamente el que siembra y el que siega.
JOH 4:37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.
JOH 4:38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
JOH 4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que daba testimonio: Él me dijo todo cuanto he hecho.
JOH 4:40 Así que, cuando vinieron los samaritanos a él, le rogaron que se quedase allí; y se quedó allí dos días.
JOH 4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él.
JOH 4:42 Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos [le] hemos oído; y sabemos, que verdaderamente éste es el Cristo, el Salvador del mundo.
JOH 4:43 Y después de dos días salió de allí, y fuese a Galilea.
JOH 4:44 Porque Jesús mismo dio testimonio, que el profeta no tiene honra en su propia tierra.
JOH 4:45 Y cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que él hizo en Jerusalem en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
JOH 4:46 Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había un cierto cortesano, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaum.
JOH 4:47 Éste, cuando oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a él, y le rogaba que descendiese, y sanase su hijo; porque estaba a punto de morir.
JOH 4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y maravillas, no creeréis.
JOH 4:49 El cortesano le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
JOH 4:50 Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Creyó el hombre a la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
JOH 4:51 Y como él iba ya descendiendo, sus criados le salieron a recibir, y [le] dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
JOH 4:52 Entonces él inquirió de ellos a qué hora comenzó a estar mejor; y le dijeron: Ayer a la séptima hora le dejó la fiebre.
JOH 4:53 El padre entonces supo, que aquella hora [era] cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él, y toda su casa.
JOH 4:54 Este segundo milagro volvió Jesús a hacer cuando vino de Judea a Galilea.
JOH 5:1 DESPUÉS de estas cosas, había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalem.
JOH 5:2 Y hay en Jerusalem junto a la puerta de las ovejas un estanque, que en lengua Hebrea es llamado Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
JOH 5:3 En éstos estaba echada una grande multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua;
JOH 5:4 Porque un ángel descendía a cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero entraba en el estanque, después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
JOH 5:5 Y estaba allí cierto hombre, que había treinta y ocho años que estaba enfermo.
JOH 5:6 Cuando Jesús le vio estar echado, y supo que ya por mucho tiempo había estado [enfermo], dícele: ¿Quieres ser sano?
JOH 5:7 Y el enfermo le respondió: Señor, no tengo hombre que cuando el agua fuere revuelta, me meta en el estanque; porque entre tanto que yo vengo, desciende otro antes que yo.
JOH 5:8 Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.
JOH 5:9 Y al instante aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, y andaba; y era sábado aquel día.
JOH 5:10 Entonces los judíos decían a aquel que había sido sanado: Sábado es, no te es lícito llevar [tu] lecho.
JOH 5:11 Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda.
JOH 5:12 Y le preguntaron entonces: ¿Quién es el hombre que te dijo: Toma tu lecho, y anda?
JOH 5:13 Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la multitud que estaba en [aquel] lugar.
JOH 5:14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: He aquí, has sido sanado: no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.
JOH 5:15 El hombre se fue y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.
JOH 5:16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.
JOH 5:17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.
JOH 5:18 Por esto pues, tanto más procuraban los judíos matarle; porque no sólo quebrantaba el sábado, mas también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
JOH 5:19 Respondió pues Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo igualmente.
JOH 5:20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, para que vosotros os maravilléis.
JOH 5:21 Porque como el Padre levanta los muertos, y [les] da vida, así también el Hijo da vida a los que él quiere.
JOH 5:22 Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio ha dado al Hijo;
JOH 5:23 Para que todos honren al Hijo, así como honran al Padre: el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
JOH 5:24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
JOH 5:25 De cierto, de cierto os digo: Que vendrá la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán.
JOH 5:26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo.
JOH 5:27 Y también le dio autoridad de hacer juicio, porque es el Hijo del hombre.
JOH 5:28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, en la cual todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
JOH 5:29 Y saldrán; los que hicieron bien, a resurrección de vida, y los que hicieron mal, a resurrección de condenación.
JOH 5:30 Yo no puedo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi propia voluntad, mas la voluntad del Padre que me envió.
JOH 5:31 Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
JOH 5:32 Otro es el que da testimonio de mí; y yo sé que el testimonio que él testifica de mí es verdadero.
JOH 5:33 Vosotros enviasteis a Juan, y él dio testimonio a la verdad.
JOH 5:34 Pero yo no recibo el testimonio de hombre: mas digo estas cosas, para que vosotros seáis salvos.
JOH 5:35 Él era antorcha que ardía, y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un poco en su luz.
JOH 5:36 Mas yo tengo mayor testimonio que [el] de Juan; porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado.
JOH 5:37 Y el Padre mismo, que me envió, ha dado testimonio de mí. Vosotros nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer,
JOH 5:38 Ni tenéis su palabra permaneciendo en vosotros; porque al que él envió, a éste vosotros no creéis.
JOH 5:39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece, que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;
JOH 5:40 Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida.
JOH 5:41 Gloria de los hombres no recibo.
JOH 5:42 Mas yo os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros mismos.
JOH 5:43 Yo soy venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, a aquél recibiréis.
JOH 5:44 ¿Cómo podéis vosotros creer, los que recibís honra los unos de los otros, y no buscáis la honra que de sólo Dios [viene]?
JOH 5:45 No penséis que yo os he de acusar delante del Padre: hay quien os acusa, [es a saber], Moisés, en quien vosotros esperáis.
JOH 5:46 Porque si vosotros hubieseis creído a Moisés, me habríais creído a mí: porque de mí escribió él.
JOH 5:47 Pero si a sus escritos no creéis, ¿Cómo creeréis a mis palabras?
JOH 6:1 DESPUÉS de estas cosas, se fue Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es [el mar] de Tiberias.
JOH 6:2 Y seguíale grande multitud, porque veían sus milagros que hacía en los enfermos.
JOH 6:3 Subió pues Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
JOH 6:4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
JOH 6:5 Y cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él una grande multitud, dice a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
JOH 6:6 Mas esto decía probándole; porque él sabía lo que había de hacer.
JOH 6:7 Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco.
JOH 6:8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:
JOH 6:9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿Mas qué es esto entre tantos?
JOH 6:10 Entonces Jesús dijo: Haced sentar los hombres. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se sentaron como en número de cinco mil varones.
JOH 6:11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban sentados; y asimismo de los peces cuanto querían.
JOH 6:12 Y cuando estuvieron hartos, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado, porque no se pierda nada.
JOH 6:13 Recogieron, pues, y llenaron doce canastos de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.
JOH 6:14 Aquellos hombres entonces, cuando vieron el milagro que Jesús había hecho, decían: Éste verdaderamente es el profeta, que había de venir al mundo.
JOH 6:15 Entendiendo entonces Jesús, que habían de venir para tomarle por fuerza, y hacerle rey, volvió a retirarse a un monte, él solo.
JOH 6:16 Y cuando se hizo tarde, descendieron sus discípulos al mar,
JOH 6:17 Y entrando en una nave, iban atravesando el mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
JOH 6:18 Y el mar se comenzó a levantar con un gran viento que soplaba.
JOH 6:19 Y cuando hubieron navegado como veinte y cinco, o treinta estadios, ven a Jesús que andaba sobre el mar, y se acercaba a la nave; y tuvieron miedo.
JOH 6:20 Mas él les dijo: Yo soy: no tengáis miedo.
JOH 6:21 Entonces ellos le recibieron de buena gana en la nave, y la nave llegó inmediatamente a la tierra donde iban.
JOH 6:22 El día siguiente, cuando la gente que estaba de pie al otro lado del mar vio que no había allí otra navecilla sino una, en la cual se habían entrado sus discípulos, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en la navecilla, sino que sus discípulos se habían ido solos;
JOH 6:23 Y que otras navecillas habían venido de Tiberias, cerca del lugar donde habían comido el pan, después de haber el Señor dado gracias;
JOH 6:24 Cuando vio pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, ellos mismos también entraron en las navecillas, y vinieron a Capernaum buscando a Jesús.
JOH 6:25 Y cuando lo hubieron hallado de la otra parte del mar, dijéronle: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
JOH 6:26 Respondióles Jesús, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque visteis los milagros, mas porque comisteis de los panes y fuisteis hartos.
JOH 6:27 Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque a éste selló Dios el Padre.
JOH 6:28 Entonces le dijeron; ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?
JOH 6:29 Respondió Jesús, y les dijo; Ésta es la obra de Dios, que creáis en el que él envió.
JOH 6:30 Dijéronle entonces; ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras tú?
JOH 6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
JOH 6:32 Entonces Jesús les dijo: De cierto de cierto os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
JOH 6:33 Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo, y da vida al mundo.
JOH 6:34 Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
JOH 6:35 Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
JOH 6:36 Mas yo os dije, que también me habéis visto y no creéis.
JOH 6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, de ninguna manera le echaré fuera.
JOH 6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de aquél que me envió.
JOH 6:39 Y ésta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me ha dado no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
JOH 6:40 Y ésta es la voluntad de aquél que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
JOH 6:41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.
JOH 6:42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice éste: Yo he descendido del cielo?
JOH 6:43 Jesús pues respondió, y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
JOH 6:44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió, no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
JOH 6:45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios: Así que, todo aquel que ha oído, y ha aprendido del Padre, viene a mí.
JOH 6:46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que es de Dios, éste ha visto al Padre.
JOH 6:47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
JOH 6:48 Yo soy el pan de vida.
JOH 6:49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.
JOH 6:50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.
JOH 6:51 Yo soy el pan vivo que descendí del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá por siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
JOH 6:52 Entonces los judíos altercaban entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este hombre darnos [su] carne a comer?
JOH 6:53 Jesús les dijo entonces: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
JOH 6:54 El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
JOH 6:55 Porque mi carne es verdaderamente comida, y mi sangre es verdaderamente bebida.
JOH 6:56 El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
JOH 6:57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él también vivirá por mí.
JOH 6:58 Éste es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres que comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.
JOH 6:59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
JOH 6:60 Entonces muchos de sus discípulos oyendo [esto], dijeron: Dura es esta palabra, ¿Quién la puede oír?
JOH 6:61 Cuando supo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?
JOH 6:62 ¿Pues [qué] si viereis al Hijo del hombre subir a donde estaba primero?
JOH 6:63 El espíritu es el que da vida: la carne de nada aprovecha: las palabras que yo os hablo, espíritu son, y vida son.
JOH 6:64 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no habían de creer, y quién le había de entregar.
JOH 6:65 Y decía: Por eso os he dicho: Que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado de mi Padre.
JOH 6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban más con él.
JOH 6:67 Dijo, pues, Jesús a los doce: ¿Queréis vosotros iros también?
JOH 6:68 Respondióle entonces Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? tú tienes las palabras de vida eterna.
JOH 6:69 Y nosotros creemos y conocemos, que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
JOH 6:70 Jesús les respondió: ¿No os he yo escogido doce, y el uno de vosotros es diablo?
JOH 6:71 Y hablaba de Judas Iscariote, [hijo] de Simón; porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
JOH 7:1 Y DESPUÉS de estas cosas andaba Jesús en Galilea; porque no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban de matarle.
JOH 7:2 Y estaba cerca la fiesta de los judíos, [llamada], de los tabernáculos.
JOH 7:3 Dijéronle pues sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces;
JOH 7:4 Porque ninguno hace las cosas en secreto, y procura él mismo ser conocido en público. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo.
JOH 7:5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.
JOH 7:6 Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aún no es venido; mas vuestro tiempo siempre es presto.
JOH 7:7 No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas.
JOH 7:8 Subid vosotros a esta fiesta: yo no subo aún a esta fiesta; porque mi tiempo no es aún cumplido.
JOH 7:9 Y habiéndoles dicho estas cosas, se quedó en Galilea.
JOH 7:10 Mas cuando sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió a la fiesta, no públicamente, mas como en secreto.
JOH 7:11 Entonces los judíos le buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
JOH 7:12 Y había grande murmullo acerca de él entre el pueblo; porque unos decían: Buen hombre es; y otros decían; No, antes engaña al pueblo.
JOH 7:13 Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los judíos.
JOH 7:14 Y al medio de la fiesta, subió Jesús al templo, y enseñaba.
JOH 7:15 Y maravillábanse los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este hombre letras, no habiendo aprendido?
JOH 7:16 Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino del que me envió.
JOH 7:17 Si alguno quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si es de Dios, o [si] yo hablo de mí mismo.
JOH 7:18 El que habla de sí mismo, busca su propia gloria: mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
JOH 7:19 ¿No os dio Moisés la ley; y ninguno de vosotros guarda la ley? ¿Por qué me procuráis matar?
JOH 7:20 Respondió el pueblo, y dijo: Demonio tienes: ¿Quién te procura matar?
JOH 7:21 Jesús respondió, y les dijo: Una obra hice, y vosotros todos os maravilláis.
JOH 7:22 Por eso Moisés os dio la circuncisión, (no porque sea de Moisés, sino de los padres,) y en sábado circuncidáis al hombre.
JOH 7:23 Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿Os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre?
JOH 7:24 No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.
JOH 7:25 Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarle?
JOH 7:26 Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿No saben ciertamente los príncipes, que éste es verdaderamente el Cristo?
JOH 7:27 Mas éste, nosotros sabemos de dónde es; pero cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de dónde es.
JOH 7:28 Entonces clamaba Jesús en el templo enseñando, y diciendo: Y a mí me conocéis, y sabéis de dónde yo soy; y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros no conocéis.
JOH 7:29 Pero yo le conozco; porque de él yo soy, y él me envió.
JOH 7:30 Entonces procuraban prenderle; mas ninguno echó sobre él la mano, porque aún no había venido su hora.
JOH 7:31 Y del pueblo, muchos creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más milagros que los que éste ha hecho?
JOH 7:32 Los fariseos oyeron al pueblo que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes, y los fariseos enviaron oficiales que le prendiesen.
JOH 7:33 Y Jesús les dijo: Aún un poco de tiempo estoy con vosotros, y [después] voy al que me envió.
JOH 7:34 Me buscaréis, y no [me] hallaréis; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir.
JOH 7:35 Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Dónde se ha de ir éste que no le hallaremos? ¿Irá a los dispersos entre los gentiles, y enseñará a los gentiles?
JOH 7:36 ¿Qué dicho es éste que dijo: Me buscaréis, y no [me] hallaréis; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir?
JOH 7:37 En el último y grande día de la fiesta, Jesús se puso de pie, y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba.
JOH 7:38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su vientre correrán ríos de agua viva.
JOH 7:39 (Y esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyesen en él; porque aún no había sido [dado] el Espíritu Santo, porque Jesús aún no había sido glorificado.)
JOH 7:40 Entonces muchos del pueblo cuando oyeron este dicho, decían: Verdaderamente éste es el Profeta.
JOH 7:41 Otros decían: Éste es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
JOH 7:42 ¿No ha dicho la Escritura: Que de la simiente de David, y de la aldea de Belem, de donde era David, vendrá el Cristo?
JOH 7:43 Así que había disensión entre el pueblo a causa de él.
JOH 7:44 Y algunos de ellos le querían prender; mas ninguno le echó sobre él las manos.
JOH 7:45 Y los oficiales vinieron a los príncipes de los sacerdotes, y a los fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?
JOH 7:46 Los oficiales respondieron: Nunca así ha hablado hombre, como este hombre.
JOH 7:47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿Sois también vosotros engañados?
JOH 7:48 ¿Ha creído en él alguno de los príncipes, o de los fariseos?
JOH 7:49 Mas esta gente común que no sabe la ley, malditos son.
JOH 7:50 Díceles Nicodemo, (el que vino a Jesús de noche, el cual era uno de ellos:)
JOH 7:51 ¿Juzga nuestra ley a hombre [alguno], si primero no le oye, y sabe lo que hace?
JOH 7:52 Respondieron y dijéronle: ¿Eres tú también de Galilea? Escudriña, y ve, que de Galilea nunca se levantó profeta.
JOH 7:53 Y se fue cada uno a su casa.
JOH 8:1 Y JESÚS se fue al monte de las Olivas.
JOH 8:2 Y muy de mañana vino otra vez al templo y todo el pueblo vino a él, y sentado él los enseñaba.
JOH 8:3 Y entonces los escribas y los fariseos traen a él una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,
JOH 8:4 Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el hecho mismo adulterando.
JOH 8:5 Y en la ley Moisés nos mandó apedrear a las tales: ¿Tú, pues, qué dices?
JOH 8:6 Mas esto decían tentándole, para poderle acusar; pero Jesús, inclinado hacia abajo, escribía en la tierra con el dedo, como si no [los oyera].
JOH 8:7 Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y les dijo: El que de vosotros es sin pecado arroje primero contra ella la piedra.
JOH 8:8 Y volviéndose a inclinar hacia abajo, escribía en tierra.
JOH 8:9 Oyendo pues ellos [esto], y reprendidos por su propia conciencia, salíanse uno a uno, comenzando desde los más viejos, hasta los postreros, y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba de pie en medio.
JOH 8:10 Y enderezándose Jesús, y no viendo a nadie más que a la mujer, le dijo: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?
JOH 8:11 Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más.
JOH 8:12 Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas; mas tendrá la luz de vida.
JOH 8:13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero.
JOH 8:14 Respondió Jesús, y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de dónde vine, y a dónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo, y a dónde voy.
JOH 8:15 Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo a nadie.
JOH 8:16 Mas si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo, y el Padre que me envió.
JOH 8:17 También está escrito en vuestra ley, que el testimonio de dos hombres es verdadero.
JOH 8:18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo; y da testimonio de mí el Padre que me envió.
JOH 8:19 Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí [me] conocéis, ni a mi Padre. Si a mí me conocieseis, a mi Padre también conoceríais.
JOH 8:20 Estas palabras habló Jesús en el lugar del tesoro, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había venido su hora.
JOH 8:21 Y díjoles otra vez Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, y en vuestro pecado moriréis: a donde yo voy, vosotros no podéis venir.
JOH 8:22 Decían entonces los judíos: ¿Hase de matar a sí mismo, porque dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?
JOH 8:23 Y les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
JOH 8:24 Por eso os dije, que moriríais en vuestros pecados; porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
JOH 8:25 Y decíanle: ¿Tú, quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho.
JOH 8:26 Muchas cosas tengo que decir, y que juzgar de vosotros; mas el que me envió, es verdadero; y yo lo que he oído de él, esto hablo en el mundo.
JOH 8:27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre.
JOH 8:28 Díjoles pues Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y [que] nada hago de mí mismo; mas como mi Padre me enseñó, esto hablo.
JOH 8:29 Y el que me envió, conmigo está, no me ha dejado solo el Padre; porque hago siempre las cosas que le agradan a él.
JOH 8:30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
JOH 8:31 Entonces decía Jesús a los judíos que le habían creído: Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente mis discípulos;
JOH 8:32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
JOH 8:33 Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie: ¿Cómo dices tú: Seréis hechos libres?
JOH 8:34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo del pecado.
JOH 8:35 Y el siervo no queda en casa por siempre; [mas] el Hijo queda por siempre.
JOH 8:36 Así que, si el Hijo os hiciera libres, seréis verdaderamente libres.
JOH 8:37 Yo sé que sois simiente de Abraham; mas procuráis matarme, porque mi palabra no tiene lugar en vosotros.
JOH 8:38 Yo, lo que he visto con mi Padre, hablo; y vosotros lo que habéis visto con vuestro padre, hacéis.
JOH 8:39 Respondieron, y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
JOH 8:40 Pero ahora procuráis matarme, hombre que os ha hablado la verdad, la cual he oído de Dios: no hizo esto Abraham.
JOH 8:41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle pues: Nosotros no somos nacidos de fornicación: un solo Padre tenemos, [que es] Dios.
JOH 8:42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro Padre fuera Dios, ciertamente me amaríais a mí; porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió.
JOH 8:43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? porque no podéis oír mi palabra.
JOH 8:44 Vosotros de [vuestro] padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis hacer: Él, homicida era desde el principio; y no permaneció en la verdad; porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
JOH 8:45 Y porque yo [os] digo la verdad, no me creéis.
JOH 8:46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Y si digo la verdad, ¿Por qué vosotros no me creéis?
JOH 8:47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye: [las cuales] por tanto no oís vosotros, porque no sois de Dios.
JOH 8:48 Respondieron entonces los judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y [que] tienes demonio?
JOH 8:49 Respondió Jesús: Yo no tengo demonio; antes honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis.
JOH 8:50 Y yo no busco mi gloria: hay quien [la] busque, y juzgue.
JOH 8:51 De cierto, de cierto os digo, si alguno guardare mi palabra, no verá muerte por siempre.
JOH 8:52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio: Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte por siempre.
JOH 8:53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿Quién te haces a ti mismo?
JOH 8:54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica: el que vosotros decís, que es vuestro Dios.
JOH 8:55 Pero no le habéis conocido: pero yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso; mas le conozco, y guardo su palabra.
JOH 8:56 Abraham vuestro padre se regocijó por ver mi día; y [lo] vio, y se regocijó.
JOH 8:57 Dijéronle entonces los judíos: Aún no tienes cincuenta años; ¿Y has visto a Abraham?
JOH 8:58 Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, Yo soy.
JOH 8:59 Tomaron entonces piedras para arrojarle; mas Jesús se encubrió, y se salió del templo, atravesando por medio de ellos, y así pasó.
JOH 9:1 Y PASANDO [Jesús], vio a un hombre ciego desde [su] nacimiento.
JOH 9:2 Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego?
JOH 9:3 Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
JOH 9:4 Es menester que yo obre las obras de aquél que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar.
JOH 9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, Yo soy la luz del mundo.
JOH 9:6 Habiendo dicho esto, escupió en tierra; e hizo lodo de la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego,
JOH 9:7 Y le dijo: Ve, lávate en el estanque de Siloé, que interpretado es, Enviado. Se fue pues, y se lavó, y vino viendo.
JOH 9:8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba, y mendigaba?
JOH 9:9 Otros decían: Éste es; y otros: Se le parece; [mas] él decía: Yo soy.
JOH 9:10 Por esto le decían: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
JOH 9:11 Respondió él, y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al estanque de Siloé, y lávate; y yo fui, y me lavé, y recibí la vista.
JOH 9:12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquél? Dice [él]: No sé.
JOH 9:13 Llévanle a los fariseos, al que antes había sido ciego.
JOH 9:14 Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.
JOH 9:15 Y volviéronle a preguntar también los fariseos, de qué manera había recibido la vista. Él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
JOH 9:16 Entonces unos de los fariseos le decían: Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Y otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales milagros? Y había división entre ellos.
JOH 9:17 Vuelven a decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es un profeta.
JOH 9:18 Mas los judíos no creían de él, que había sido él ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.
JOH 9:19 Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís, que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
JOH 9:20 Respondiéronles sus padres, y dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego:
JOH 9:21 Mas cómo vea ahora, no [lo] sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros no [lo] sabemos: él tiene edad, preguntadle a él, él hablará por sí mismo.
JOH 9:22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos; porque ya los judíos habían concluido que si alguno confesase que él era Cristo, que fuese echado fuera de la sinagoga.
JOH 9:23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntad[le] a él.
JOH 9:24 Así que volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.
JOH 9:25 Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador [o no], yo no [lo] sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
JOH 9:26 Y volviéronle a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
JOH 9:27 Respondióles: Ya os [lo] he dicho, y no [lo] habéis oído: ¿Por qué [lo] queréis otra vez oír? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
JOH 9:28 Entonces le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; mas nosotros discípulos de Moisés somos.
JOH 9:29 Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios; [mas] éste no sabemos de dónde es.
JOH 9:30 Respondióles el hombre, y les dijo: Cierto maravillosa cosa es ésta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y [a mí] me abrió los ojos.
JOH 9:31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; mas si alguno es adorador de Dios, y hace su voluntad, a éste oye.
JOH 9:32 Desde el principio del mundo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.
JOH 9:33 Si este hombre no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
JOH 9:34 Respondieron, y le dijeron: En pecados eres nacido todo; ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera.
JOH 9:35 Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, le dijo: ¿Tú crees en el Hijo de Dios?
JOH 9:36 Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
JOH 9:37 Y díjole Jesús: Ya le has visto, y el que habla contigo, él es.
JOH 9:38 Y él dijo: Creo, Señor. Y le adoró.
JOH 9:39 Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido a este mundo, para que los que no ven, vean; y para que los que ven, sean cegados.
JOH 9:40 Y oyeron esto [algunos] de los fariseos que estaban con él, y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos?
JOH 9:41 Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece.
JOH 10:1 D E cierto, de cierto os digo, [que] el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal ladrón es y robador.
JOH 10:2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
JOH 10:3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus propias ovejas él llama por nombre, y las saca fuera.
JOH 10:4 Y cuando saca fuera sus propias ovejas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen; porque conocen su voz.
JOH 10:5 Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños.
JOH 10:6 Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía.
JOH 10:7 Volvióles pues Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo, que yo soy la puerta de las ovejas.
JOH 10:8 Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores, mas no los oyeron las ovejas.
JOH 10:9 Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.
JOH 10:10 El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que [la] tengan en abundancia.
JOH 10:11 Yo soy el buen Pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.
JOH 10:12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, cuyas no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo arrebata, y dispersa las ovejas.
JOH 10:13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas.
JOH 10:14 Yo soy el buen Pastor; y conozco mis [ovejas], y soy conocido de las mías,
JOH 10:15 Como el Padre me conoce a mí, así yo también conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
JOH 10:16 También tengo otras ovejas que no son de este redil: aquéllas también he de traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
JOH 10:17 Por eso me ama mi Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
JOH 10:18 Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo, tengo potestad para ponerla, y tengo potestad para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
JOH 10:19 Y volvió a haber división entre los judíos por estas palabras.
JOH 10:20 Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está loco: ¿para qué le oís?
JOH 10:21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿Puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?
JOH 10:22 Y hacíase la fiesta de la dedicación en Jerusalem, y era invierno.
JOH 10:23 Y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.
JOH 10:24 Y rodeáronle los judíos, y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos haces dudar? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
JOH 10:25 Respondióles Jesús: Os dije, y vosotros no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí.
JOH 10:26 Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
JOH 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen;
JOH 10:28 Y yo les doy vida eterna, y no perecerán por siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.
JOH 10:29 Mi Padre que me [las] dio, mayor que todos es; y nadie [las] puede arrebatar de la mano de mi Padre.
JOH 10:30 Yo y [mi] Padre somos uno.
JOH 10:31 Entonces volvieron a tomar piedras los judíos, para apedrearle.
JOH 10:32 Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿Por cuál obra de ellas me apedreáis?
JOH 10:33 Respondiéronle los judíos, diciendo: Por la buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
JOH 10:34 Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: dioses sois?
JOH 10:35 Si llamó dioses a aquellos, a los cuales vino la palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada,
JOH 10:36 ¿A quien el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas; porque dije: Yo soy el Hijo de Dios?
JOH 10:37 Si no hago obras de mi Padre, no me creáis.
JOH 10:38 Mas si [las] hago, aunque a mí no creáis, creed a las obras, para que conozcáis y creáis, que el Padre [es] en mí, y yo en él.
JOH 10:39 Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos.
JOH 10:40 Y se fue otra vez de la otra parte del Jordán, a aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se estuvo allí.
JOH 10:41 Y muchos venían a él, y decían: Juan a la verdad ningún milagro hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.
JOH 10:42 Y muchos creyeron allí en él.
JOH 11:1 ESTABA entonces enfermo cierto [hombre llamado] Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
JOH 11:2 (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.)
JOH 11:3 Enviaron pues sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.
JOH 11:4 Y oyéndo[lo] Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino por la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
JOH 11:5 Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro.
JOH 11:6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en aquel lugar donde estaba.
JOH 11:7 Entonces, después de esto, dijo a [sus] discípulos: Vamos a Judea otra vez.
JOH 11:8 Dícenle [sus] discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿Y vas otra vez allá?
JOH 11:9 Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
JOH 11:10 Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.
JOH 11:11 Él dijo estas cosas; y después de esto les dice: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño.
JOH 11:12 Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sano estará.
JOH 11:13 Mas esto decía Jesús de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
JOH 11:14 Entonces pues Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;
JOH 11:15 Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis; mas vamos a él.
JOH 11:16 Dijo entonces Tomás, el que se llama Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.
JOH 11:17 Vino pues Jesús, y hallólo, que había ya cuatro días [que estaba] en el sepulcro.
JOH 11:18 Y Betania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios.
JOH 11:19 Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas de su hermano.
JOH 11:20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, le salió a recibir; mas María estaba sentada en casa.
JOH 11:21 Entonces Marta, dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.
JOH 11:22 Mas sé que también ahora, todo lo que pidieres a Dios, te [lo] dará Dios.
JOH 11:23 Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.
JOH 11:24 Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.
JOH 11:25 Dícele Jesús: Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá;
JOH 11:26 Y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
JOH 11:27 Ella le dice: Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo.
JOH 11:28 Y cuando ella hubo dicho esto, se fue, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama.
JOH 11:29 Ella, como [lo] oyó, se levanta prestamente, y viene a él.
JOH 11:30 Porque aún no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había salido a recibir.
JOH 11:31 Entonces los judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
JOH 11:32 Mas María, cuando vino a donde estaba Jesús, viéndole, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano.
JOH 11:33 Jesús entonces cuando la vio llorando, y a los judíos que habían venido juntamente con ella llorando, gimió en espíritu, y se turbó,
JOH 11:34 Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve.
JOH 11:35 Jesús lloró.
JOH 11:36 Dijeron entonces los judíos: ¡He aquí cómo le amaba!
JOH 11:37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer también que éste no muriera?
JOH 11:38 Y Jesús, gimiendo otra vez en sí mismo, vino al sepulcro, [que] era una cueva, la cual tenía una piedra puesta encima.
JOH 11:39 Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había sido muerto, le dice: Señor, hiede ya; porque es [muerto] de cuatro días.
JOH 11:40 Jesús le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?
JOH 11:41 Entonces quitaron la piedra [de] donde el muerto había sido puesto; y Jesús, alzando [sus] ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.
JOH 11:42 Y yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la gente que está en pie alrededor [lo] dije, para que crean que tú me has enviado.
JOH 11:43 Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera.
JOH 11:44 Y el que había sido muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.
JOH 11:45 Entonces muchos de los judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
JOH 11:46 Mas algunos de ellos fueron a los fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho.
JOH 11:47 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchos milagros.
JOH 11:48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y quitarán nuestro lugar y nación.
JOH 11:49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada,
JOH 11:50 Ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
JOH 11:51 Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
JOH 11:52 Y no solamente por aquella nación mas también para que juntase en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
JOH 11:53 Así que desde aquel día consultaban juntos para matarle.
JOH 11:54 Por tanto que Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos; mas se fue de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraím; y estábase allí con sus discípulos.
JOH 11:55 Y la pascua de los judíos estaba cerca; y muchos de aquella tierra subieron a Jerusalem antes de la pascua para purificarse.
JOH 11:56 Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando de pie en el templo: ¿Qué os parece? ¿Qué no vendrá a la fiesta?
JOH 11:57 Mas los príncipes de los sacerdotes y los fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, que [lo] manifestase, para que le prendiesen.
JOH 12:1 ENTONCES Jesús, seis días antes de la pascua, vino a Betania, donde estaba Lázaro, el que había muerto, al cual él había resucitado de entre los muertos.
JOH 12:2 E hiciéronle allí una cena, y Marta servía; mas Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa juntamente con él.
JOH 12:3 Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo puro de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del ungüento.
JOH 12:4 Entonces dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, [hijo] de Simón, el que le había de entregar;
JOH 12:5 ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos denarios, y se dio a los pobres?
JOH 12:6 Mas esto dijo, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino porque era ladrón; y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.
JOH 12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado esto.
JOH 12:8 Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas a mí no siempre me tenéis.
JOH 12:9 Entonces [una] gran multitud de los judíos supo que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, sino también por ver a Lázaro al cual había resucitado de entre los muertos.
JOH 12:10 Pero consultaron los príncipes de los sacerdotes, para matar también a Lázaro;
JOH 12:11 Porque muchos de los judíos iban y creían en Jesús por causa de él.
JOH 12:12 El siguiente día gran multitud [de gente] que había venido a la fiesta, cuando oyeron que Jesús venía a Jerusalem,
JOH 12:13 Tomaron ramos de palmas, y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna: Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!
JOH 12:14 Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito:
JOH 12:15 No temas, oh hija de Sión, he aquí, tu Rey viene asentado sobre un pollino de una asna.
JOH 12:16 Mas estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio: pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron que estas cosas estaban escritas de él, y [que] le hicieron estas cosas.
JOH 12:17 La gente, pues, que estaba con él, cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio.
JOH 12:18 Por lo cual también había venido la gente a recibirle; porque habían oído que él había hecho este milagro.
JOH 12:19 Mas los fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, que el mundo se va en pos de él.
JOH 12:20 Y había ciertos griegos de los que habían subido a adorar en la fiesta.
JOH 12:21 Éstos, pues, se llegaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, querríamos ver a Jesús.
JOH 12:22 Vino Felipe, y [lo] dijo a Andrés: Y después Andrés, y Felipe, [lo] dicen a Jesús.
JOH 12:23 Y Jesús les respondió, diciendo: Venida es la hora en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado.
JOH 12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo que cae en la tierra, no muriere, él queda solo; mas si muriere, mucho fruto lleva.
JOH 12:25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
JOH 12:26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, [mi] Padre le honrará.
JOH 12:27 Ahora es turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora; mas por esta causa he venido a esta hora.
JOH 12:28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo, [diciendo]: Ya [lo] he glorificado, y [lo] glorificaré otra vez.
JOH 12:29 El pueblo, pues, que estaba de pie allí, y [la] había oído, decía que había sido un trueno: otros decían: Un ángel le ha hablado.
JOH 12:30 Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, sino por causa de vosotros.
JOH 12:31 Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.
JOH 12:32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.
JOH 12:33 Y esto decía significando de qué muerte había de morir.
JOH 12:34 Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece por siempre: ¿cómo pues dices tú: Es menester que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?
JOH 12:35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros: andad mientras que tenéis la luz, no sea que os alcancen las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va.
JOH 12:36 Mientras que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue, y se escondió de ellos.
JOH 12:37 Pero aunque había hecho delante de ellos tantos milagros, no creían en él;
JOH 12:38 Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído a nuestro dicho? ¿y el brazo del Señor, a quién ha sido revelado?
JOH 12:39 Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías:
JOH 12:40 Él ha cegado los ojos de ellos, y ha endurecido el corazón de ellos para que no vean con [sus] ojos ni entiendan con [su] corazón, y se conviertan, y yo los sane.
JOH 12:41 Estas cosas dijo Isaías, cuando vio su gloria, y habló de él.
JOH 12:42 Con todo eso aun de los príncipes muchos creyeron en él; mas por causa de los fariseos no [le] confesaban, por no ser echados de la sinagoga.
JOH 12:43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
JOH 12:44 Mas Jesús clamó, y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquél que me envió.
JOH 12:45 Y el que me ve, ve al que me envió.
JOH 12:46 Yo, [la] luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no permanezca en tinieblas.
JOH 12:47 Y si alguno oye mis palabras y no creyere, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
JOH 12:48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, la misma le juzgará en el día postrero.
JOH 12:49 Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que tengo de decir, y de lo que debo de hablar.
JOH 12:50 Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.
JOH 13:1 Y ANTES de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora era venida para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
JOH 13:2 Y acabada la cena, el diablo ya había metido en el corazón de Judas Iscariote, [hijo] de Simón, que le entregase:
JOH 13:3 Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en sus manos, y que había venido de Dios, y a Dios iba:
JOH 13:4 Levántase de la cena, y se quita su ropa, y tomando una toalla, ciñóse.
JOH 13:5 Luego puso agua en el lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiar[los] con la toalla con que estaba ceñido.
JOH 13:6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas a mí los pies?
JOH 13:7 Respondió Jesús, y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora; mas lo sabrás después.
JOH 13:8 Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
JOH 13:9 Dícele Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aún [mis] manos, y [mi] cabeza.
JOH 13:10 Dícele Jesús: El que está lavado, no ha menester sino que lave [sus] pies, pues está todo limpio. Y vosotros limpios sois, aunque no todos.
JOH 13:11 Porque sabía quién era el que le entregaba; por eso dijo: No sois limpios todos.
JOH 13:12 Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose a asentar otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?
JOH 13:13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien; porque [lo] soy:
JOH 13:14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros.
JOH 13:15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
JOH 13:16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor: ni el enviado es mayor que el que le envió.
JOH 13:17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois, si las hiciereis.
JOH 13:18 No hablo de todos vosotros: yo sé los que he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.
JOH 13:19 Desde ahora os lo digo, antes que suceda, para que cuando sucediere, creáis que yo soy.
JOH 13:20 De cierto, de cierto os digo, [que] el que recibe al que yo enviare, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió.
JOH 13:21 Cuando hubo Jesús dicho esto, fue turbado en espíritu, y testificó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
JOH 13:22 Entonces los discípulos mirábanse los unos a los otros, dudando de quién hablaba.
JOH 13:23 Ahora estaba uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, recostando en el pecho de Jesús.
JOH 13:24 A éste pues hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquél de quien hablaba.
JOH 13:25 Él entonces recostado sobre el pecho de Jesús, le dice: Señor, ¿quién es?
JOH 13:26 Respondió Jesús: Aquél es, a quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, diólo a Judas Iscariote, [el hijo] de Simón.
JOH 13:27 Y tras el bocado Satanás entró en él. Entonces Jesús le dice: Lo que haces, hazlo más presto.
JOH 13:28 Ahora esto ninguno de los que estaban a la mesa entendió a qué propósito se lo dijo.
JOH 13:29 Porque algunos [de ellos] pensaban, porque Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra [las cosas] que nos son necesarias para la fiesta: o que diese algo a los pobres.
JOH 13:30 Entonces él, habiendo recibido el bocado, inmediatamente salió; y era noche.
JOH 13:31 Entonces cuando él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.
JOH 13:32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo; y luego le glorificará.
JOH 13:33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; y, así como dije a los judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así ahora a vosotros [lo] digo.
JOH 13:34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros: como os amé yo, que también os améis los unos a los otros.
JOH 13:35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuvieres amor los unos con los otros.
JOH 13:36 Le dijo Simón Pedro: ¿Señor, a dónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas [me] seguirás después.
JOH 13:37 Dícele Pedro: ¿Señor, por qué no te puedo seguir ahora? mi vida pondré por ti.
JOH 13:38 Respondióle Jesús: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, hasta que me hayas negado tres veces.
JOH 14:1 N O se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí.
JOH 14:2 En la casa de mi Padre muchas mansiones hay; si [así] no [fuera], os [lo] hubiera yo dicho. Yo voy a aparejar el lugar para vosotros.
JOH 14:3 Y si me fuere y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
JOH 14:4 Y sabéis a dónde yo voy, y el camino sabéis.
JOH 14:5 Dícele Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas: ¿y cómo podemos saber el camino?
JOH 14:6 Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
JOH 14:7 Si me hubiereis conocido, habrías también conocido a mi Padre; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
JOH 14:8 Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
JOH 14:9 Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido aún, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo [pues] dices tú: Muéstranos el Padre?
JOH 14:10 ¿No crees que yo [soy] en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no [las] hablo de mí mismo; mas el Padre que mora en mí, él hace las obras.
JOH 14:11 Creedme que yo [soy] en el Padre, y el Padre en mí: o si no, creedme por causa de las mismas obras.
JOH 14:12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él [las] hará, y mayores que éstas hará; porque yo voy a mi Padre.
JOH 14:13 Y todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré; para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
JOH 14:14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo [lo] haré.
JOH 14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
JOH 14:16 Y yo rogaré al Padre, el cual os dará otro Consolador para que more con vosotros por siempre;
JOH 14:17 [Es a saber], al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir; porque no le ve, ni le conoce; mas vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y será en vosotros.
JOH 14:18 No os dejaré huérfanos: yo vendré a vosotros.
JOH 14:19 Aún un poquito, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis: por cuanto yo vivo, vosotros también viviréis.
JOH 14:20 En aquel día vosotros conoceréis que yo [soy] en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
JOH 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré a él, y me manifestaré a él.
JOH 14:22 Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te has de manifestar a nosotros, y no al mundo?
JOH 14:23 Respondió Jesús, y le dijo: Si alguno me ama, mis palabras guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.
JOH 14:24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.
JOH 14:25 Estas cosas os he hablado estando [aún] con vosotros.
JOH 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre; él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.
JOH 14:27 Paz os dejo: mi paz os doy: no como el mundo [la] da, yo os [la] doy: no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
JOH 14:28 Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo [otra vez] a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os regocijaríais, porque he dicho que voy al Padre; porque mi Padre mayor es que yo.
JOH 14:29 Y ahora os [lo] he dicho antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis.
JOH 14:30 Ya no hablaré mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí.
JOH 14:31 Pero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí.
JOH 15:1 YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
JOH 15:2 Todo pámpano en mí que no lleva fruto, le quita; y todo aquel que lleva fruto, le limpia, para que lleve más fruto.
JOH 15:3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.
JOH 15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permaneciere en la vid, así ni vosotros, si no permaneciereis en mí.
JOH 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto: porque sin mí nada podéis hacer.
JOH 15:6 Si alguno no permaneciere en mí, es echado fuera como el pámpano, y se seca; y los recogen, y échan[los] en el fuego, y arden.
JOH 15:7 Si permaneciereis en mí, y mis palabras permanecieren en vosotros, todo lo que quisiereis pediréis, y os será hecho.
JOH 15:8 En esto es glorificado mi Padre, [en] que llevéis mucho fruto; así seréis mis discípulos.
JOH 15:9 Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor.
JOH 15:10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor: como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
JOH 15:11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
JOH 15:12 Éste es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os amé.
JOH 15:13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.
JOH 15:14 Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.
JOH 15:15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho conocer.
JOH 15:16 No me escogisteis vosotros a mí; mas yo os escogí a vosotros, y os he ordenado para que vayáis, y llevéis fruto; y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
JOH 15:17 Esto os mando: Que os améis los unos a los otros.
JOH 15:18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
JOH 15:19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo; mas porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso os aborrece el mundo.
JOH 15:20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor: Si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
JOH 15:21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre; porque no conocen al que me ha enviado.
JOH 15:22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado.
JOH 15:23 El que me aborrece, también a mi Padre aborrece.
JOH 15:24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, ellos las han visto, y han aborrecido tanto a mí como a mi Padre.
JOH 15:25 Mas [esto sucede], para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.
JOH 15:26 Pero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, [es a saber], el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.
JOH 15:27 Y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio.
JOH 16:1 ESTAS cosas os he hablado, para que no seáis ofendidos.
JOH 16:2 Os echarán de las sinagogas: aún más, la hora viene, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios.
JOH 16:3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, ni a mí.
JOH 16:4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis de ello, que yo os lo había dicho: y esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.
JOH 16:5 Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?
JOH 16:6 Mas, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón.
JOH 16:7 Sin embargo yo os digo la verdad, que os es necesario que yo vaya; porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré.
JOH 16:8 Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio:
JOH 16:9 De pecado, porque no creen en mí;
JOH 16:10 De justicia, por cuanto voy a mi Padre, y no me veréis más;
JOH 16:11 Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo [ya] es juzgado.
JOH 16:12 Aún tengo muchas cosas que deciros, mas no las podéis llevar ahora.
JOH 16:13 Sin embargo, cuando viniere aquel, el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, mas todo lo que oyere hablará; y las cosas que han de venir os hará saber.
JOH 16:14 Él me glorificará, porque recibirá de lo mío, y os [lo] hará saber.
JOH 16:15 Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os [lo] hará saber.
JOH 16:16 Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.
JOH 16:17 Entonces dijeron [algunos] de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poco, y no me veréis; y otra vez, un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre?
JOH 16:18 Así que decían: ¿Qué es esto que dice: Un poco? No sabemos lo que dice.
JOH 16:19 Jesús conocía que le querían preguntar, y les dijo: ¿Inquirís entre vosotros de esto que dije: Un poco, y no me veréis; y otra vez, un poco, y me veréis?
JOH 16:20 De cierto, de cierto os digo: Vosotros lloraréis y lamentaréis, pero el mundo se alegrará: y vosotros seréis tristes, mas vuestra tristeza será vuelta en gozo.
JOH 16:21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
JOH 16:22 Vosotros pues también ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.
JOH 16:23 Y en aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo: Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os [lo] dará.
JOH 16:24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido.
JOH 16:25 Estas cosas os he hablado en proverbios; mas la hora viene cuando ya no os hablaré en proverbios, sino que claramente os anunciaré del Padre.
JOH 16:26 Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros;
JOH 16:27 Porque el Padre mismo os ama, por cuanto vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.
JOH 16:28 Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
JOH 16:29 Dícenle sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún proverbio dices.
JOH 16:30 Ahora sabemos que sabes todas las cosas, y no has menester que nadie te pregunte: por esto creemos que has salido de Dios.
JOH 16:31 Respondióles Jesús: ¿Ahora creéis?
JOH 16:32 He aquí la hora viene, y ya es venida, en que seréis esparcidos cada uno a los suyos, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
JOH 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz: en el mundo tendréis tribulación; mas tened buen ánimo, yo he vencido al mundo.
JOH 17:1 ESTAS cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es venida, glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti:
JOH 17:2 Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.
JOH 17:3 Y ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Cristo Jesús a quien tú enviaste.
JOH 17:4 Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que hiciese.
JOH 17:5 Y Ahora, Oh Padre, glorifícame tú contigo mismo con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
JOH 17:6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste a mí, y han guardado tu palabra.
JOH 17:7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, son de ti.
JOH 17:8 Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos [las] han recibido, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
JOH 17:9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque tuyos son.
JOH 17:10 Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo, mío; y he sido glorificado en ellos.
JOH 17:11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, que yo a ti vengo. Padre Santo, guárdalos por tu nombre; a los cuales me has dado, para que sean uno, así como nosotros [lo somos].
JOH 17:12 Cuando yo estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre, a los cuales que me has dado yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
JOH 17:13 Mas ahora vengo a ti, y hablo estas cosas en el mundo, para que ellos tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
JOH 17:14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha aborrecido; porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
JOH 17:15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
JOH 17:16 Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
JOH 17:17 Santifícalos por tu verdad: tu palabra es verdad.
JOH 17:18 Como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo.
JOH 17:19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo; para que también ellos sean santificados por la verdad.
JOH 17:20 Mas no ruego solamente por ellos; sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.
JOH 17:21 Para que todos ellos sean uno: así como tú, oh Padre, [eres] en mí, y yo en ti; que también ellos en nosotros sean uno; para que el mundo crea que tú me enviaste.
JOH 17:22 Y la gloria que me diste, yo les he dado a ellos; para que sean uno, como también nosotros somos uno:
JOH 17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en uno, y para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos, como también a mí me has amado.
JOH 17:24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado, porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
JOH 17:25 Oh Padre justo, el mundo no te ha conocido; mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste.
JOH 17:26 Y yo he declarado tu nombre a ellos, y [lo] declararé; para que el amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
JOH 18:1 CUANDO Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos al otro lado del arroyo de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró él, y sus discípulos.
JOH 18:2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos.
JOH 18:3 Judas, pues, tomando una compañía [de hombres], y oficiales de los sumos sacerdotes y de los fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.
JOH 18:4 Por tanto Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre él, salió delante, y les dijo. ¿A quién buscáis?
JOH 18:5 Respondiéronle: A Jesús de Nazaret. Díceles Jesús: Yo soy. Y estaba de pie también con ellos Judas el que le entregaba.
JOH 18:6 Y luego pues que les dijo: Yo soy: Retrocedieron, y cayeron en tierra.
JOH 18:7 Volvióles pues a preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús de Nazaret.
JOH 18:8 Respondió Jesús: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si a mí buscáis, dejad ir a éstos:
JOH 18:9 Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí.
JOH 18:10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
JOH 18:11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: la copa que mi Padre me ha dado, ¿no la tengo de beber?
JOH 18:12 Entonces la compañía, y el capitán, y los oficiales de los judíos prendieron a Jesús, y le ataron.
JOH 18:13 Y le llevaron primeramente a Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era sumo sacerdote [en] aquel año.
JOH 18:14 Y Caifás era el que había dado el consejo a los judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo.
JOH 18:15 Y seguía a Jesús Simón Pedro, y otro discípulo; y aquel discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote.
JOH 18:16 Mas Pedro estaba fuera de pie a la puerta. Entonces salió aquel discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, y trajo dentro a Pedro.
JOH 18:17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también [uno] de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy.
JOH 18:18 Y estaban en pie los siervos y los oficiales que habían hecho fuego de carbón, porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie calentándose.
JOH 18:19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús de sus discípulos, y de su doctrina.
JOH 18:20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga, y en el templo, donde siempre se juntan los judíos; y nada he hablado en oculto.
JOH 18:21 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído, qué les haya yo hablado: he aquí, éstos saben lo que yo he dicho.
JOH 18:22 Y cuando él hubo dicho esto, uno de los oficiales que estaba de pie allí, dio una bofetada a Jesús diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
JOH 18:23 Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal; mas si bien, ¿por qué me hieres?
JOH 18:24 Pues, habíale enviado Anás atado a Caifás el sumo sacerdote.
JOH 18:25 Estaba pues Pedro en pie calentándose; Entonces ellos le dijeron: ¿No eres tú también [uno] de sus discípulos? Él [lo] negó, y dijo: No soy.
JOH 18:26 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: ¿No te vi yo en el huerto con él?
JOH 18:27 Y negó Pedro otra vez; y al instante el gallo cantó.
JOH 18:28 Y llevan a Jesús de Caifás al pretorio; y era de mañana; y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, mas para que pudiesen comer la pascua.
JOH 18:29 Entonces salió Pilato a ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
JOH 18:30 Respondieron, y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te le hubiéramos entregado.
JOH 18:31 Díceles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos es lícito matar a nadie.
JOH 18:32 Para que se cumpliese la palabra de Jesús, qué había dicho, significando de que muerte había de morir.
JOH 18:33 Entonces Pilato volvióse a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús, y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?
JOH 18:34 Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
JOH 18:35 Pilato respondió: ¿Soy yo judío? Tu misma nación, y los sumos sacerdotes, te han entregado a mí: ¿qué has hecho?
JOH 18:36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos, mas ahora mi reino no es de aquí.
JOH 18:37 Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
JOH 18:38 Dícele Pilato: ¿Qué es verdad? Y cuando hubo dicho esto, volvió a los judíos, y les dice: Yo no hallo ninguna falta en él.
JOH 18:39 Pero vosotros tenéis costumbre, que [yo] os suelte uno en la pascua: ¿queréis pues que os suelte al Rey de los judíos?
JOH 18:40 Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No a este hombre, sino a Barrabás. Y Barrabás era un ladrón.
JOH 19:1 ASÍ que, entonces tomó Pilato a Jesús, y [le] azotó.
JOH 19:2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y [la] pusieron sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de púrpura,
JOH 19:3 Y decían: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le daban de bofetadas.
JOH 19:4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo: He aquí, os le traigo fuera, para que sepáis que no hallo ninguna falta en él.
JOH 19:5 Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinas, y la vestidura de púrpura. Y díceles [Pilato]: ¡He aquí el hombre!
JOH 19:6 Y cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los oficiales, dieron voces, diciendo: Crucifíca[le], crucifíca[le]. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificad[le]; porque yo no hallo en él falta.
JOH 19:7 Respondiéronle los judíos: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque él se hizo a sí mismo el Hijo de Dios.
JOH 19:8 Pilato pues cuando oyó esta palabra, tuvo más miedo.
JOH 19:9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta.
JOH 19:10 Entonces dicele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?
JOH 19:11 Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
JOH 19:12 Desde entonces procuraba Pilato de soltarle; mas los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, habla contra César.
JOH 19:13 Cuando, pues, Pilato oyó este dicho, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se llama el Pavimento, y en el hebreo, Gabata.
JOH 19:14 Y era la preparación de la pascua, y como la hora de sexta: entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!
JOH 19:15 Mas ellos dieron voces: Quíta[le], quíta[le], crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey tengo de crucificar? Respondieron los sumos sacerdotes: No tenemos rey, sino a César.
JOH 19:16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y [le] llevaron.
JOH 19:17 Y él llevando su cruz, salió al lugar que se llama [el lugar] de la Calavera, y en hebreo Gólgota:
JOH 19:18 Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
JOH 19:19 Y escribió Pilato un título, el cual puso encima de la cruz; y el escrito era: JESÚS DE NAZARET, REY DE LOS JUDÍOS.
JOH 19:20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde fue crucificado Jesús, estaba cerca de la ciudad; y era escrito en hebreo, y en griego, y en latín.
JOH 19:21 Y decían a Pilato los sumos sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino que él dijo: Yo soy Rey de los judíos.
JOH 19:22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
JOH 19:23 Y cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús tomaron sus vestiduras, e hicieron cuatro partes a cada soldado una parte, y también [la] túnica, mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba.
JOH 19:24 Dijeron pues entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella cúya será; para que se cumpliese la Escritura que dice: Partieron para sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes. Estas cosas pues los soldados hicieron.
JOH 19:25 Y estaban de pie junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María [esposa] de Cleofas, y María Magdalena.
JOH 19:26 Pues, cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, que estaba de pie cerca, dice a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
JOH 19:27 Y luego dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa.
JOH 19:28 Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Tengo sed.
JOH 19:29 Y había allí puesta una vasija llena de vinagre. Entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y puesta sobre un hisopo se la llegaron a la boca.
JOH 19:30 Y cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
JOH 19:31 Entonces los judíos, por cuanto era [el día de] la preparación, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, (porque era gran día aquel sábado,) rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y [que] fuesen quitados.
JOH 19:32 Vinieron pues los soldados, y quebraron las piernas al primero, y al otro que fue crucificado con él:
JOH 19:33 Mas cuando vinieron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas.
JOH 19:34 Pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
JOH 19:35 Y el que [lo] vio da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
JOH 19:36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: Hueso no será quebrantado de él.
JOH 19:37 Y también otra Escritura dice: Mirarán a aquél al cual traspasaron.
JOH 19:38 Y después de estas cosas, José de Arimatea, quien era un discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo de los judíos, rogó a Pilato que él quitase el cuerpo de Jesús: y le permitió Pilato. Entonces él vino, y quitó el cuerpo de Jesús.
JOH 19:39 Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, trayendo una mixtura de mirra y de áloes, como cien libras.
JOH 19:40 Y tomaron el cuerpo de Jesús, y le envolvieron en lienzos con especias, como es costumbre de los judíos sepultar.
JOH 19:41 Y en el lugar donde fue crucificado había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo en el cual aún no había sido puesto alguno.
JOH 19:42 Allí pues pusieron a Jesús, por causa [del día] de la preparación de los judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca.
JOH 20:1 Y EL primer [día] de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio la piedra quitada del sepulcro.
JOH 20:2 Entonces corre, y viene a Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.
JOH 20:3 Salió pues Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.
JOH 20:4 Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y vino primero al sepulcro.
JOH 20:5 Y bajándose [a mirar], vio los lienzos puestos; mas no entró.
JOH 20:6 Entonces viene Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos,
JOH 20:7 Y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.
JOH 20:8 Entonces entró también aquel otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.
JOH 20:9 Porque aún no sabían la Escritura, que era menester que él resucitase de entre los muertos.
JOH 20:10 Entonces volvieron los discípulos a su propia casa.
JOH 20:11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y estando llorando, bajóse a mirar el sepulcro;
JOH 20:12 Y ve dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
JOH 20:13 Y le dicen: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
JOH 20:14 Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vio a Jesús que estaba de pie; mas no sabía que era Jesús.
JOH 20:15 Dícele Jesús: ¿Mujer, por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella pensando que era el hortelano le dice: Señor, si tú le has llevado, dime dónde le has puesto, y yo le llevaré.
JOH 20:16 Dícele Jesús: María. Volviéndose ella, dícele: Raboni, que quiere decir, Maestro.
JOH 20:17 Dícele Jesús: No me toques; porque aun no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre, y a vuestro Padre, [a] mi Dios, y a vuestro Dios.
JOH 20:18 Vino María Magdalena dando las nuevas a los discípulos de que había visto al Señor, y de que él le había dicho estas cosas.
JOH 20:19 Y como fue tarde aquel mismo día, el primer [día] de la semana, y las puertas estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los judíos, vino Jesús; se puso de pie en medio, y les dijo: Paz a vosotros.
JOH 20:20 Y cuando hubo dicho esto, mostróles [sus] manos y su costado: entonces los discípulos se regocijaron, viendo al Señor.
JOH 20:21 Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz a vosotros: como me envió el Padre, así también yo os envío.
JOH 20:22 Y cuando hubo dicho esto, sopló sobre [ellos], y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
JOH 20:23 A los que remitieres los pecados, les son remitidos, y a los que los retuviereis, les son retenidos.
JOH 20:24 Pero Tomás uno de los doce, que se llamaba Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
JOH 20:25 Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Pero él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
JOH 20:26 Y ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. [Entonces] vino Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso de pie en medio, y dijo: Paz a vosotros.
JOH 20:27 Entonces dice a Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente.
JOH 20:28 Entonces Tomás respondió, y le dijo: Señor mío, y Dios mío.
JOH 20:29 Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, has creído: bienaventurados [son] los que no han visto, y [aún] han creído.
JOH 20:30 Y también muchas otras señales por cierto hizo Jesús en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.
JOH 20:31 Pero éstas están escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
JOH 21:1 DESPUÉS de estas cosas Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera.
JOH 21:2 Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, que se llamaba Dídimo, y Natanael, de Caná de Galilea, y los [hijos] de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.
JOH 21:3 Díceles Simón Pedro, a pescar voy: Ellos le dicen: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron luego en una nave; y aquella noche no tomaron nada.
JOH 21:4 Pero venida la mañana, Jesús se puso de pie en la ribera; mas los discípulos no sabían que era Jesús.
JOH 21:5 Entonces les dice Jesús: ¿Hijos, tenéis algo de comer? Respondiéronle: No.
JOH 21:6 Y él les dijo: Echad la red a la derecha de la nave, y hallaréis. Echáron[la] pues, y ya no la podían en ninguna manera sacar por la multitud de los peces.
JOH 21:7 Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo a Pedro: El Señor es. Entonces Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó su ropa de pescador, porque estaba desnudo, y echóse al mar.
JOH 21:8 Y los otros discípulos vinieron en la pequeña nave (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos), arrastrando la red con los peces.
JOH 21:9 Y como llegaron a tierra, vieron ascuas puestas, y un pescado encima de ellas, y pan.
JOH 21:10 Díceles Jesús: Traed de los peces que tomasteis ahora.
JOH 21:11 Subió Simón Pedro, y trajo la red a tierra, llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres; y [aun] siendo tantos, la red no se rompió.
JOH 21:12 Díceles Jesús: Venid, y comed. Y ninguno de los discípulos le osaba preguntar: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
JOH 21:13 Entonces viene Jesús, y toma el pan, y dales, y asimismo del pez.
JOH 21:14 Ésta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos, después que resucitó de entre los muertos.
JOH 21:15 Pues cuando hubieron comido, Jesús dice a Simón Pedro: Simón, [hijo] de Jonás, ¿me amas más que éstos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos.
JOH 21:16 Vuélvele a decir la segunda vez: Simón, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.
JOH 21:17 Dícele la tercera vez: Simón, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez. ¿Me amas? Y le dice: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas.
JOH 21:18 De cierto, de cierto te digo, [que] cuando eras más mozo, te ceñías, e ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y ceñirte ha otro, y [te] llevará dónde no querrías.
JOH 21:19 Y esto dijo, significando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y cuando hubo dicho esto, dícele: Sígueme.
JOH 21:20 Entonces volviéndose Pedro, ve a aquel discípulo al cual amaba Jesús que seguía, el que también se había recostado sobre su pecho en la cena, y [le] había dicho: ¿Señor, quién es el que te ha de entregar?
JOH 21:21 Así que, como Pedro vio a éste, dice a Jesús: Señor, ¿Y éste, qué?
JOH 21:22 Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué[ a ti? Sígueme tú.
JOH 21:23 Salió pues este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no había de morir; mas Jesús no le dijo: No morirá, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
JOH 21:24 Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
JOH 21:25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribiesen cada una por sí, yo pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
ACT 1:1 EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,
ACT 1:2 Hasta el día en que fue llevado arriba después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles, que había escogido:
ACT 1:3 A los cuales también, después de haber padecido se mostró vivo por muchas pruebas infalibles, siendo visto de ellos por cuarenta días, y hablándoles de las cosas pertenecientes al reino de Dios:
ACT 1:4 Y estando reunidos con [ellos], les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, [dice él], oísteis de mí.
ACT 1:5 Porque Juan a la verdad bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de éstos.
ACT 1:6 Así que cuando estuvieron reunidos, le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restituirás en este tiempo el reino a Israel?
ACT 1:7 Y él les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos, o las estaciones que el Padre puso en su propia potestad;
ACT 1:8 Mas recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo: y me seréis testigos no sólo en Jerusalem, sino también en toda Judea, y Samaria y hasta lo último de la tierra.
ACT 1:9 Y cuando él hubo dicho estas cosas, mirando ellos, él fue alzado, y una nube le recibió delante de sus ojos.
ACT 1:10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él iba, he aquí, dos varones se pusieron de pie junto a ellos en vestiduras blancas;
ACT 1:11 Los cuales también [les] dijeron: Varones galileos ¿por qué estáis de pie mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habéis visto ir al cielo.
ACT 1:12 Entonces se volvieron a Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado.
ACT 1:13 Y cuando hubieron entrado, subieron al aposento alto, donde moraban tanto Pedro como Jacobo, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo, [hijo] de Alfeo, y Simón el Zelote, y Judas, [hermano] de Jacobo.
ACT 1:14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
ACT 1:15 Y en aquellos días se levantó Pedro en medio de los discípulos y dijo: (el número de nombres juntos era como de ciento y veinte:)
ACT 1:16 Varones y hermanos, era menester que se cumpliese esta Escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús,
ACT 1:17 Porque él era contado con nosotros, y obtuvo parte de este ministerio.
ACT 1:18 Éste, pues, compró un campo con el galardón de iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por en medio y todas sus entrañas se derramaron.
ACT 1:19 Y fue notorio a todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel campo es llamado en su propia lengua Acéldama que quiere decir, Campo de sangre.
ACT 1:20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella: y, tome otro su obispado.
ACT 1:21 Es, pues, menester que de estos varones que han estado junto con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros,
ACT 1:22 Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fue tomado arriba de entre nosotros, uno de ellos sea hecho testigo con nosotros de su resurrección.
ACT 1:23 Y señalaron a dos, a José, llamado Barsabas, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías.
ACT 1:24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál has escogido de estos dos,
ACT 1:25 Para que tome parte de este ministerio, y apostolado, del cual cayó por transgresión Judas, para irse a su propio lugar.
ACT 1:26 Y ellos echaron sus suertes; y cayó la suerte sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
ACT 2:1 Y CUANDO se cumplió el día de Pentecostés, estaban todos unánimes en un mismo lugar.
ACT 2:2 Y de repente vino un sonido del cielo como de un viento muy recio que venía con ímpetu, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados.
ACT 2:3 Y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, y se asentó sobre cada uno de ellos.
ACT 2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
ACT 2:5 Moraban entonces en Jerusalem judíos, varones piadosos de todas las naciones debajo del cielo.
ACT 2:6 Y cuando este estruendo fue divulgado, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
ACT 2:7 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos a los otros: He aquí, ¿no son galileos todos estos que hablan?
ACT 2:8 ¿Y cómo los oímos nosotros cada uno en nuestra propia lengua en que somos nacidos?
ACT 2:9 Partos, y medos, y elamitas, y los moradores en Mesopotamia, y en Judea, y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia,
ACT 2:10 En Frigia, y en Pamfilia, en Egipto, y en las partes de Libia alrededor de Cirene, extranjeros de Roma, judíos, y prosélitos,
ACT 2:11 Cretenses, y árabes: les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
ACT 2:12 Y estaban todos atónitos y en duda, diciendo los unos a los otros: ¿Qué significa esto?
ACT 2:13 Mas otros burlándose, decían: Éstos están llenos de mosto.
ACT 2:14 Mas Pedro poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y les habló diciendo: Varones de Judea, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y prestad oídos a mis palabras;
ACT 2:15 Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo [sino] la hora tercera del día.
ACT 2:16 Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel:
ACT 2:17 Y será en los postreros días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos, y vuestras hijas profetizarán, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños.
ACT 2:18 Y de cierto sobre mis siervos, y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu; y profetizarán.
ACT 2:19 Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo.
ACT 2:20 El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor grande y notable.
ACT 2:21 Y acontecerá [que] todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
ACT 2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús de Nazaret, varón aprobado de Dios entre vosotros en milagros, y prodigios, y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis:
ACT 2:23 A éste, entregado por determinado consejo y presciencia de Dios tomándo[le vosotros], le matasteis por manos inicuas, crucificándole.
ACT 2:24 Al cual Dios resucitó, habiendo suelto los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella.
ACT 2:25 Porque David dice de él: Yo veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido:
ACT 2:26 Por lo cual mi corazón se alegró, y mi lengua se regocijó, y aun mi carne descansará en esperanza:
ACT 2:27 Que no dejarás mi alma en el infierno, ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
ACT 2:28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida: me henchirás de gozo con tu presencia.
ACT 2:29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
ACT 2:30 Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado, que del fruto de sus lomos en cuanto a la carne, le levantaría el Cristo, que se asentase sobre su trono:
ACT 2:31 Viendo esto antes, habló de la resurrección del Cristo, que su alma no haya sido dejada en el infierno, ni su carne haya visto corrupción.
ACT 2:32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
ACT 2:33 Así que siendo ensalzado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís.
ACT 2:34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor, asiéntate a mi diestra,
ACT 2:35 Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
ACT 2:36 Sepa, pues, certísimamente toda la casa de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús que vosotros habéis crucificado.
ACT 2:37 Y cuando oyeron [estas cosas] ellos fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro, y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
ACT 2:38 Entonces Pedro les dijo: Arrepentíos, y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Cristo Jesús para remisión de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
ACT 2:39 Porque a vosotros es la promesa, y a vuestros hijos, y a todos los que están lejos: a cualesquiera que el Señor nuestro Dios llamare.
ACT 2:40 Y con otras muchas palabras testificaba, y exhortaba, diciendo: Salváos de esta generación perversa.
ACT 2:41 Entonces los que recibieron con gusto su palabra fueron bautizados; y fueron añadidas [a ellos] aquel día como tres mil almas.
ACT 2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
ACT 2:43 Y sobrevenía temor a toda alma; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
ACT 2:44 Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes.
ACT 2:45 Y vendían sus posesiones y sus haciendas, y las repartían a todos, como cada uno había menester.
ACT 2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan de casa en casa, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,
ACT 2:47 Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
ACT 3:1 Y PEDRO y Juan subían juntos al templo a la hora de la oración, [es decir], la novena.
ACT 3:2 Y cierto hombre, cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día a la puerta del templo, que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
ACT 3:3 Éste, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, pedía limosna.
ACT 3:4 Y Pedro, con Juan poniendo los ojos en él, dijo: Mira a nosotros.
ACT 3:5 Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo.
ACT 3:6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo, ésto te doy: en el nombre de Cristo Jesús de Nazaret, levántate, y anda.
ACT 3:7 Y tomándole por la mano derecha, [le] levantó; y al instante fueron afirmados sus pies y tobillos.
ACT 3:8 Y saltando, se puso en pie, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando y saltando, y alabando a Dios.
ACT 3:9 Y todo el pueblo le vio andando, y alabando a Dios.
ACT 3:10 Y le conocían, que él era el que se sentaba a [pedir] limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le había acontecido.
ACT 3:11 Y como el cojo que había sido sanado tenía asidos a Pedro y a Juan, todo el pueblo corrió juntamente a ellos al pórtico que se llama de Salomón, atónitos.
ACT 3:12 Y viendo ésto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros como si por nuestro propio poder o santidad hubiésemos hecho andar a éste?
ACT 3:13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, al cual vosotros entregasteis, y negasteis en la presencia de Pilato, cuando él había determinado dejar[le] ir.
ACT 3:14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un hombre homicida.
ACT 3:15 Y matasteis al Príncipe de la vida, al cual Dios ha resucitado de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
ACT 3:16 Y su nombre, por la fe en su nombre ha confirmado a éste que vosotros veis y conocéis; y la fe que por él es, ha dado a éste esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros.
ACT 3:17 Mas ahora, hermanos, yo sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros príncipes.
ACT 3:18 Pero Dios, lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que Cristo había de padecer, así lo ha cumplido.
ACT 3:19 Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean raídos, cuando los tiempos del refrigerio vinieren de la presencia del Señor;
ACT 3:20 Y él enviará a Cristo Jesús que os ha sido antes predicado.
ACT 3:21 Al cual ciertamente es menester que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas: de que habló Dios por boca de todos sus santos profetas que han sido desde el principio del mundo.
ACT 3:22 Porque Moisés a la verdad dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará un Profeta de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis en todas las cosas que os hablare.
ACT 3:23 Y acontecerá, [que] toda alma que no oyere a aquel profeta, será destruida de entre el pueblo.
ACT 3:24 Y todos los profetas desde Samuel, y en adelante, todos los que han hablado, han prenunciado estos días.
ACT 3:25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra.
ACT 3:26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo resucitado a su Hijo Jesús, le envió para que os bendijese, convirtiéndoos cada uno de su maldad.
ACT 4:1 Y HABLANDO ellos al pueblo, los sacerdotes, y el capitán del templo, y los saduceos vinieron sobre ellos,
ACT 4:2 Siendo indignados de que enseñasen al pueblo, y predicasen en Jesús la resurrección de entre los muertos.
ACT 4:3 Y les echaron mano, y [los] pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era ya tarde.
ACT 4:4 Mas muchos de los que habían oído la palabra creyeron; y fue el número de los hombres, como cinco mil.
ACT 4:5 Y aconteció el día siguiente, que los príncipes de ellos se juntaron, y los ancianos, y los escribas, en Jerusalem,
ACT 4:6 Y Anás, el sumo sacerdote, y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran de la parentela del sumo sacerdote.
ACT 4:7 Y poniéndolos en medio, les preguntaron: ¿Con qué poder, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?
ACT 4:8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel:
ACT 4:9 Si nosotros somos hoy examinados del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado;
ACT 4:10 Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que por el nombre de Cristo Jesús de Nazaret, el que vosotros crucificasteis, al cual Dios resucitó de entre los muertos, por él este hombre está de pie en vuestra presencia sano.
ACT 4:11 Éste es la piedra que fue reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo.
ACT 4:12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, por el cual es menester que seamos salvos.
ACT 4:13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, sabiendo que eran hombres sin letras e ignorantes, se maravillaban; y los conocían que habían estado con Jesús.
ACT 4:14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.
ACT 4:15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio, y conferían entre sí,
ACT 4:16 Diciendo: ¿Qué hemos de hacer a estos hombres? porque de cierto un milagro manifiesto ha sido hecho por ellos, notorio a todos los que moran en Jerusalem, y no [lo] podemos negar.
ACT 4:17 Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémosles con amenazas que no hablen de aquí adelante a hombre ninguno en este nombre.
ACT 4:18 Y llamándolos les mandaron que en ninguna manera hablasen, ni enseñasen en el nombre de Jesús.
ACT 4:19 Mas Pedro y Juan respondiendo, les dijeron: Juzgad, si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios.
ACT 4:20 Porque no podemos de dejar de hablar lo que hemos visto y oído.
ACT 4:21 Entonces habiéndoles amenazado de nuevo, les dejaron ir, no hallando en que castigarlos por causa del pueblo: porque todos glorificaban a Dios de lo que había sido hecho.
ACT 4:22 Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años.
ACT 4:23 Y sueltos [ellos], vinieron a los suyos, y contaron todo lo que los principales sacerdotes, y los ancianos les habían dicho.
ACT 4:24 Los cuales habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor, tú [eres] el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos están:
ACT 4:25 Que por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinaron las gentes, y los pueblos imaginaron cosas vanas?
ACT 4:26 Se levantaron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron a una contra el Señor y contra su Cristo.
ACT 4:27 Porque verdaderamente se juntaron contra tu Santo Hijo Jesús al cual ungiste, Herodes, y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel,
ACT 4:28 Para hacer lo que tu mano y tu consejo antes habían determinado que había de ser hecho.
ACT 4:29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.
ACT 4:30 Extendiendo tu mano para que sanidades, y señales, y maravillas sean hechos por el nombre de tu Santo Hijo Jesús.
ACT 4:31 Y cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con denuedo.
ACT 4:32 Y de la multitud de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseían, mas todas las cosas les eran comunes.
ACT 4:33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con grande poder; y gran gracia estaba sobre todos ellos.
ACT 4:34 Ni había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido,
ACT 4:35 Y [lo] ponían a los pies de los apóstoles y era repartido a cada uno según su necesidad.
ACT 4:36 Entonces Joses, que fue llamado de los apóstoles por sobrenombre Bernabé, (que interpretado es, hijo de consolación,) levita, [y] natural de Chipre,
ACT 4:37 Como tuviese un campo, lo vendió, y trajo el dinero, y lo puso a los pies de los apóstoles.
ACT 5:1 PERO, cierto varón llamado Ananías, con Safira su esposa, vendió una posesión,
ACT 5:2 Y defraudó del precio, sabiéndo[lo] también su esposa; y trayendo cierta parte, [la] puso a los pies de los apóstoles.
ACT 5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?
ACT 5:4 Quedándose, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿por qué has concebido esta cosa en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
ACT 5:5 Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y expiró. Y vino gran temor sobre todos los que oyeron estas cosas.
ACT 5:6 Y levantándose los mancebos, le envolvieron; y sacándo[le], le sepultaron.
ACT 5:7 Y pasado el espacio como de tres horas después, también su esposa entró, no sabiendo lo que había acontecido.
ACT 5:8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿Vendisteis por tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, por tanto.
ACT 5:9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido; y sacarte han a ti.
ACT 5:10 Y al instante cayó a los pies de él, y expiró; y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y [la] sacaron, y [la] sepultaron junto a su marido.
ACT 5:11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
ACT 5:12 Y por las manos de los apóstoles eran hechas muchas señales y maravillas en el pueblo; (y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
ACT 5:13 Y de los otros, ninguno se osaba juntar con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
ACT 5:14 Y los que creían en el Señor se aumentaban más, multitudes, así de varones como de mujeres.)
ACT 5:15 Tanto que, traían los enfermos a las calles, y [los] ponían en camas y en lechos, para que pasando Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.
ACT 5:16 Y también de las ciudades vecinas concurría una multitud a Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos: los cuales todos eran curados.
ACT 5:17 Entonces levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él, (que es la secta de los saduceos,) y fueron llenos de envidia,
ACT 5:18 Y echaron mano a los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública.
ACT 5:19 Mas el ángel del Señor, abrió de noche las puertas de la cárcel, y los sacó fuera, dijo:
ACT 5:20 Id, y puestos en pie en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.
ACT 5:21 Y cuando ellos oyeron [esto], entraron al amanecer en el templo, y enseñaban. Viniendo pues el sumo sacerdote, y los que estaban con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel; y enviaron a la cárcel, para que fuesen traídos.
ACT 5:22 Y cuando vinieron los oficiales, no los hallaron en la cárcel, y vueltos, dieron aviso,
ACT 5:23 Diciendo: Ciertamente la cárcel hallamos cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban afuera de pie delante de las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
ACT 5:24 Y cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote, y el capitán del templo, y los principales de los sacerdotes, dudaban en que vendría a parar aquello.
ACT 5:25 Y viniendo uno, les avisó, diciendo: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, puestos de pie y enseñando al pueblo.
ACT 5:26 Entonces el capitán fue con los oficiales, y los trajo sin violencia, porque tenían miedo del pueblo, de ser apedreados.
ACT 5:27 Y cuando los trajeron, [los] presentaron en el concilio. Entonces el sumo sacerdote les preguntó,
ACT 5:28 Diciendo: ¿No os mandamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y, he aquí, habéis henchido a Jerusalem de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.
ACT 5:29 Y respondiendo Pedro y los [otros] apóstoles, dijeron: Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres.
ACT 5:30 El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole en un madero.
ACT 5:31 A éste ensalzó Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel y remisión de pecados.
ACT 5:32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y [lo es] también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
ACT 5:33 Ellos cuando oyeron [esto] fueron heridos [hasta el corazón], y consultaban matarlos.
ACT 5:34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo, llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco a los apóstoles,
ACT 5:35 Y les dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer.
ACT 5:36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que él era alguien; al cual se allegaron un número de varones, como de cuatrocientos, el cual fue muerto; y todos los que le obedecían, fueron disipados y vueltos en nada.
ACT 5:37 Después de éste se levantó Judas el galileo en los días del empadronamiento; y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también éste, y todos los que obedecían a él fueron dispersos.
ACT 5:38 Y ahora os digo, apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo, o esta obra, es de los hombres, se desvanecerá;
ACT 5:39 Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.
ACT 5:40 Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, habiéndo[los] azotado, les mandaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los soltaron.
ACT 5:41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de que fuesen tenidos dignos de padecer afrenta por su nombre.
ACT 5:42 Y todos los días, en el templo, y por las casas no cesaban de enseñar y predicar a Cristo Jesús.
ACT 6:1 Y EN aquellos días, creciendo el número de los discípulos, se levantó una murmuración de los griegos contra los hebreos, porque sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano.
ACT 6:2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos a las mesas.
ACT 6:3 Buscad pues, hermanos, siete varones de entre vosotros de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos sobre este negocio.
ACT 6:4 Mas nosotros nos entregaremos continuamente a la oración, y al ministerio de la palabra.
ACT 6:5 Y lo dicho plugo a toda la multitud; y escogieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, y a Prócoro, y a Nicanor, y a Timón, y a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía.
ACT 6:6 A éstos presentaron delante de los apóstoles: y cuando hubieron orado, pusieron las manos sobre ellos.
ACT 6:7 Y la palabra de Dios crecía; y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalem; y una gran multitud de los sacerdotes también obedecía a la fe.
ACT 6:8 Y Esteban, lleno de fe y de poder, hacía grandes prodigios y milagros entre el pueblo.
ACT 6:9 Levantáronse entonces algunos de la sinagoga que se llama de los libertinos, y cireneos, y alejandrinos, y de los que eran de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban.
ACT 6:10 Mas no podían resistir a la sabiduría, y al espíritu con que él hablaba.
ACT 6:11 Entonces sobornaron a varones que dijesen: Nosotros le hemos oído hablar palabras de blasfemia contra Moisés y [contra] Dios.
ACT 6:12 Y alborotaron al pueblo, y a los ancianos, y a los escribas; y viniendo sobre él, le arrebataron, y [le] trajeron al concilio.
ACT 6:13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras de blasfemia contra este lugar santo, y la ley;
ACT 6:14 Por que le hemos oído decir: Que este Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés.
ACT 6:15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
ACT 7:1 ENTONCES el sumo sacerdote dijo: ¿Son estas cosas así?
ACT 7:2 Y él dijo: Varones, hermanos, y padres, oíd: El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que morase en Harán,
ACT 7:3 Y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré.
ACT 7:4 Entonces salió él de la tierra de los caldeos, y moró en Harán; y de allí, después de la muerte de su padre, le traspasó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora.
ACT 7:5 Y no le dio herencia en ella, ni aun una pisada de un pie; mas le prometió que se la daría en posesión a él, y a su simiente después de él, no teniendo [aún] hijo.
ACT 7:6 Y le habló Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los sujetarían a servidumbre, y que [los] maltratarían, por cuatrocientos años:
ACT 7:7 Mas a la nación a quien serán siervos, yo [la] juzgaré, dijo Dios; y después de esto saldrán, y me servirán a mí en este lugar.
ACT 7:8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y así engendró [Abraham] a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac [engendró] a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
ACT 7:9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron a José para Egipto; mas Dios era con él,
ACT 7:10 Y le libró de todas sus aflicciones, y le dio gracia y sabiduría en la presencia de Faraón rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa.
ACT 7:11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande aflicción; y nuestros padres no hallaban alimentos.
ACT 7:12 Mas cuando Jacob oyó que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.
ACT 7:13 Y en la segunda, José fue conocido de sus hermanos, y fue sabido de Faraón el linaje de José.
ACT 7:14 Y José envió e hizo llamar a su padre Jacob, y a toda su parentela, a setenta y cinco almas.
ACT 7:15 Y descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y nuestros padres,
ACT 7:16 Y fueron trasladados a Siquem, y fueron puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de dinero de los hijos de Hemor, [padre] de Siquem.
ACT 7:17 Mas cuando se acercó el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado a Abraham, creció el pueblo, y se multiplicó en Egipto,
ACT 7:18 Hasta que se levantó otro rey, que no conocía a José.
ACT 7:19 Éste, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató a nuestros padres, de manera que expusiesen a sus niños, para que no viviesen.
ACT 7:20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue hermoso a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre.
ACT 7:21 Y cuando fue expuesto, la hija de Faraón le tomó, y le crió para sí por hijo.
ACT 7:22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y hechos.
ACT 7:23 Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón de visitar a sus hermanos los hijos de Israel.
ACT 7:24 Y viendo a uno [de ellos] que era injuriado, [le] defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al injuriado.
ACT 7:25 Pero él pensaba que sus hermanos entendían, que Dios les había de dar salvación por su mano; mas ellos no entendieron.
ACT 7:26 Y el día siguiente riñendo ellos, se les mostró, y los metía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriáis el uno al otro?
ACT 7:27 Entonces el que injuriaba a su prójimo, le empujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros?
ACT 7:28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio?
ACT 7:29 A esta palabra Moisés huyó; y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
ACT 7:30 Y cumplidos cuarenta años, el ángel del Señor le apareció en el desierto del monte de Sinaí en una llama de fuego en una zarza.
ACT 7:31 Cuando Moisés [lo] vio, se maravilló de la visión; y llegándose para considerar, vino a él la voz del Señor,
ACT 7:32 [Diciendo:] Yo [soy] el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moisés temblaba y no osaba mirar.
ACT 7:33 Entonces le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.
ACT 7:34 He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y el gemido de ellos he oído, y he descendido para librarlos. Ahora pues ven, te enviaré a Egipto.
ACT 7:35 A este Moisés, al cual ellos habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? a éste envió Dios por príncipe y libertador por la mano del ángel que le apareció en la zarza.
ACT 7:36 Éste los sacó, haciendo prodigios y señales en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años.
ACT 7:37 Éste es aquel Moisés, que dijo a los hijos de Israel: Un Profeta os levantará el Señor Dios vuestro, de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis.
ACT 7:38 Éste es el que estuvo en la iglesia en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte de Sinaí; y [con] nuestros padres: que recibió los oráculos vivos para darnos.
ACT 7:39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer: antes [le] desecharon; y en sus corazones volvieron otra vez a Egipto,
ACT 7:40 Diciendo a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos que le ha acontecido.
ACT 7:41 Y en aquellos días hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron.
ACT 7:42 Entonces Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto [por el espacio de] cuarenta años, Oh casa de Israel?
ACT 7:43 Antes trajisteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Remfan, figuras que os hicisteis para adorarlas; y yo os transportaré más allá de Babilonia.
ACT 7:44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como él les ordenó, hablando a Moisés, que lo hiciese según la forma que había visto.
ACT 7:45 Al cual también nuestros padres recibieron y trajeron con Jesús en la posesión de los gentiles, los cuales Dios echó de la presencia de nuestros padres hasta los días de David;
ACT 7:46 El cual halló favor delante de Dios, y pidió de hallar tabernáculo para el Dios de Jacob.
ACT 7:47 Mas Salomón le edificó casa.
ACT 7:48 Sin embargo el Altísimo no mora en templos hechos de manos, como el profeta dice:
ACT 7:49 El cielo [es] mi trono; y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor: ¿o cuál [es] el lugar de mi reposo?
ACT 7:50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
ACT 7:51 Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos: vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres [hicieron, así] también [hacéis] vosotros.
ACT 7:52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores:
ACT 7:53 Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no [la] guardasteis.
ACT 7:54 En oyendo estas cosas fueron heridos hasta el corazón, y crujían los dientes contra él.
ACT 7:55 Mas él estando lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios,
ACT 7:56 Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios.
ACT 7:57 Entonces ellos dando grandes voces, taparon sus oídos; y arremetieron unánimes contra él.
ACT 7:58 Y echándo[le] fuera de la ciudad [le] apedreaban; y los testigos pusieron sus vestiduras a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo.
ACT 7:59 Y apedrearon a Esteban, invocando él [a Dios] y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu.
ACT 7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les pongas en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
ACT 8:1 Y SAULO consentía en su muerte. Y en aquel día fue hecha una grande persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
ACT 8:2 Y unos varones piadosos llevaron a [enterrar] a Esteban e hicieron gran llanto sobre él.
ACT 8:3 Pero Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas; y arrastrando varones y mujeres, [los] entregaba en la prisión.
ACT 8:4 Mas los que eran esparcidos, pasaban por todas partes predicando la palabra.
ACT 8:5 Entonces Felipe descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.
ACT 8:6 Y las multitudes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo los milagros que hacía.
ACT 8:7 Porque los espíritus inmundos, salían de muchos que [los] tenían, dando grandes voces: y muchos paralíticos y cojos eran sanados.
ACT 8:8 Así que había gran gozo en aquella ciudad.
ACT 8:9 Mas había cierto varón, llamado Simón, el cual había usado la hechicería antes en aquella ciudad, y había hechizado a la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande.
ACT 8:10 Al cual oían todos atentamente desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este hombre es el gran poder de Dios.
ACT 8:11 Y le estaban atentos: porque con sus hechicerías los había hechizado mucho tiempo.
ACT 8:12 Mas cuando creyeron a Felipe que les predicaba el evangelio, las cosas pertenecientes al reino de Dios, y el nombre de Cristo Jesús, fueron bautizados, así varones como mujeres.
ACT 8:13 Entonces Simón mismo también creyó: y cuando fue bautizado, continuó con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
ACT 8:14 Entonces cuando los apóstoles que estaban en Jerusalem, oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan:
ACT 8:15 Los cuales, cuando descendieron, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo:
ACT 8:16 (Porque aún no había caído sobre alguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre del Señor Jesús.)
ACT 8:17 Entonces les impusieron las manos encima, y recibieron el Espíritu Santo.
ACT 8:18 Y cuando vio Simón que por el poner de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, ofrecióles dinero,
ACT 8:19 Diciendo: Dadme también a mí esta potestad: que a cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo.
ACT 8:20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque pensaste que el don de Dios se gane por dinero.
ACT 8:21 No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de Dios.
ACT 8:22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te será perdonado este pensamiento de tu corazón;
ACT 8:23 Porque en hiel de amargura, y en prisión de iniquidad veo que estás.
ACT 8:24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de éstas, que habéis dicho, venga sobre mí.
ACT 8:25 Y ellos, habiendo testificado y predicado la palabra del Señor, se volvieron a Jerusalem, y en muchas aldeas de los samaritanos predicaban el evangelio.
ACT 8:26 Y el ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate, y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalem a Gaza: el cual es desierto.
ACT 8:27 Y él se levantó y fue; y he aquí un etíope, eunuco de gran autoridad bajo Candace, reina de los etíopes, el cual era puesto sobre todos los tesoros de ella, y había venido a adorar en Jerusalem,
ACT 8:28 Se volvía, y sentado en su carro, leía el profeta Isaías.
ACT 8:29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Llégate, y júntate a este carro.
ACT 8:30 Y corrió Felipe a [él], y le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: ¿Entiendes lo que lees?
ACT 8:31 Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me guiara? Y rogó a Felipe que subiese, y se sentase con él.
ACT 8:32 Y el lugar de la Escritura que leía, era éste: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca.
ACT 8:33 En su humillación su juicio fue quitado; mas su generación, ¿quién la contará? porque es quitada de la tierra su vida.
ACT 8:34 Y respondiendo el eunuco a Felipe, dijo: Ruégote, ¿de quién dice el profeta esto? ¿de sí, o de otro alguno?
ACT 8:35 Entonces Felipe abrió su boca, y comenzando de esta misma Escritura, le predicó el evangelio de Jesús.
ACT 8:36 Y yendo por el camino, vinieron a cierta agua; y le dijo el eunuco: He aquí agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?
ACT 8:37 Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondió él y dijo: Yo creo que Cristo Jesús es el Hijo de Dios.
ACT 8:38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos en el agua, Felipe y el eunuco; y le bautizó.
ACT 8:39 Y cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y no le vio más el eunuco; y se iba por su camino gozoso.
ACT 8:40 Pero Felipe fue hallado en Azoto; y pasando predicaba el evangelio en todas las ciudades hasta que vino a Cesarea.
ACT 9:1 Y SAULO aún respirando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote,
ACT 9:2 Y pidió de él cartas para Damasco a las sinagogas, para que si hallase algunos de este camino, así varones como mujeres, los trajese presos a Jerusalem.
ACT 9:3 Y yendo por el camino, aconteció que llegó cerca de Damasco, y repentinamente resplandeció al derredor de él una luz del cielo:
ACT 9:4 Y él cayó a tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
ACT 9:5 Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura [cosa] te [es] dar coces contra el aguijón.
ACT 9:6 Y él temblando y temeroso, [dijo:] Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate, y entra en la ciudad; te será dicho lo que debes hacer.
ACT 9:7 Y los varones que viajaban con él, se pararon atónitos, oyendo una voz, mas no viendo a nadie.
ACT 9:8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos no veía a nadie; mas ellos, llevándole por la mano, [le] trajeron a Damasco.
ACT 9:9 Y estuvo tres días sin ver; y no comió, ni bebió.
ACT 9:10 Y había cierto discípulo en Damasco, llamado Ananías, al cual el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.
ACT 9:11 Y el Señor le [dijo: ] Levántate, y ve [a] la calle, que se llama Derecha, e inquiere en la casa de Judas por [uno] llamado Saulo de Tarso: porque, he aquí, él ora:
ACT 9:12 Y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra, y le pone la mano encima para que reciba la vista.
ACT 9:13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído a muchos de este varón, cuantos males ha hecho a tus santos en Jerusalem;
ACT 9:14 Y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
ACT 9:15 Y le dijo el Señor: Vé; porque él me es un vaso escogido, para llevar mi nombre delante de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel:
ACT 9:16 Porque yo le mostraré cuántas cosas le es menester que padezca por mi nombre.
ACT 9:17 Y Ananías fue y entró en la casa; y poniéndole las manos sobre él, dijo: Hermano Saulo, el Señor [es a saber] Jesús, el que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista, y seas lleno del Espíritu Santo.
ACT 9:18 Y al instante le cayeron de los ojos como escamas, y recibió inmediatamente la vista; y se levantó y fue bautizado.
ACT 9:19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo con los discípulos que estaban en Damasco, por ciertos días.
ACT 9:20 E inmediatamente predicaba a Cristo en las sinagogas, que éste es el Hijo de Dios.
ACT 9:21 Mas todos los que [le] oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que destruía en Jerusalem a los que invocaban este nombre; y a eso vino acá para llevarlos atados a los principales sacerdotes?
ACT 9:22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco demostrando que éste es el Cristo.
ACT 9:23 Y después de muchos días, los judíos tomaron entre sí consejo para matarlo.
ACT 9:24 Mas las asechanzas de ellos fueron conocidas de Saulo: y ellos guardaban las puertas de día y de noche, para matarle.
ACT 9:25 Entonces los discípulos, tomándole de noche, [le] bajaron por el muro metido en un canasto.
ACT 9:26 Y cuando vino Saulo a Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos; mas todos tenían miedo de él, no creyendo que era discípulo.
ACT 9:27 Y Bernabé lo tomó y [le] trajo a los apóstoles; y les contó como había visto al Señor en el camino, y que él le había hablado, y como en Damasco había predicado con denuedo en el nombre de Jesús.
ACT 9:28 Y estaba con ellos, entrando y saliendo en Jerusalem.
ACT 9:29 Y hablaba con denuedo en el nombre del Señor Jesús, y disputaba contra los griegos; mas ellos procuraban matarle.
ACT 9:30 Y cuando [lo] supieron los hermanos, le llevaron a Cesarea, y le enviaron a Tarso.
ACT 9:31 Las iglesias entonces por toda Judea, y Galilea, y Samaria, tenían paz, y eran edificadas, y andando en el temor del Señor, y el consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas.
ACT 9:32 Y aconteció, que como Pedro pasaba por todas [partes], vino también a los santos que moraban en Lida.
ACT 9:33 Y halló allí a cierto hombre que se llamaba Eneas, que había ya ocho años que estaba en cama, que era paralítico.
ACT 9:34 Y le dijo Pedro: Eneas, Cristo Jesús te sana: levántate, y hazte tu cama. Y al instante se levantó.
ACT 9:35 Y viéronle todos los que moraban en Lida y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor.
ACT 9:36 Y había en Jope cierta discípula llamada Tabita, que interpretado, quiere decir, Dorcas. Ésta era llena de buenas obras, y de limosnas que hacía.
ACT 9:37 Y aconteció en aquellos días, que enfermando, murió; la cual después de lavada, [la] pusieron en un aposento alto.
ACT 9:38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos varones, rogándo[le]: No te detengas de venir a nosotros.
ACT 9:39 Pedro entonces levantándose, fue con ellos. Y cuando llegó, le llevaron al aposento alto: y todas las viudas le rodearon llorando, y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.
ACT 9:40 Mas Pedro, sacando a todos fuera, se puso de rodillas, y oró; y volviéndose al cuerpo dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos; y viendo a Pedro, se sentó.
ACT 9:41 Y él le dio la mano y la levantó: entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
ACT 9:42 Esto fue conocido por toda Jope; y creyeron muchos en el Señor.
ACT 9:43 Y aconteció que se quedó muchos días en Jope, en casa de un cierto Simón curtidor.
ACT 10:1 Y HABÍA cierto varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana,
ACT 10:2 Piadoso, y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y que oraba a Dios siempre.
ACT 10:3 Éste vio en visión manifiestamente, como a la hora novena del día, a un ángel de Dios que entraba a él, y le decía: Cornelio.
ACT 10:4 Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria delante de Dios.
ACT 10:5 Envía pues ahora varones a Jope, y haz venir a Simón, que tiene por sobrenombre Pedro.
ACT 10:6 Éste posa en casa de un cierto Simón, curtidor, que tiene su casa junto al mar: él te dirá lo que debes hacer.
ACT 10:7 Y cuando el ángel que hablaba a Cornelio se fue, llamó a dos de sus criados, y a un soldado devoto de los que le servían constantemente.
ACT 10:8 A los cuales, después de habérselo contado todo, los envió a Jope.
ACT 10:9 Y al día siguiente, yendo ellos de camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora de sexta.
ACT 10:10 Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer, y aparejándoselo ellos, él cayó en un éxtasis.
ACT 10:11 Y vio el cielo abierto, y que descendía a él cierto vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos fue abajado del cielo a la tierra:
ACT 10:12 En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
ACT 10:13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
ACT 10:14 Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común, ni inmunda, he comido jamás.
ACT 10:15 Y volvió la voz a [decirle] la segunda vez: Lo que Dios limpió, no [lo] llames tú común.
ACT 10:16 Y esto fue hecho por tres veces; y el vaso volvió a ser recogido en el cielo.
ACT 10:17 Y estando Pedro dudando dentro de sí, que sería la visión que había visto, he aquí, los varones que habían sido enviados de Cornelio, habían preguntado por la casa de Simón, y estaban de pie ante la puerta.
ACT 10:18 Y llamando, preguntaron si Simón, que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí.
ACT 10:19 Y estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres varones te buscan.
ACT 10:20 Levántate pues, y desciende, y vete con ellos no dudando nada: porque yo los he enviado.
ACT 10:21 Entonces Pedro, descendió a los varones que le eran enviados por Cornelio y dijo: He aquí, yo soy el que buscáis: ¿cuál es la causa porque habéis venido?
ACT 10:22 Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo, y temeroso de Dios, y de buen testimonio entre toda la nación de los judíos, fue avisado de Dios por un santo ángel, de hacerte venir a su casa, y oír palabras de ti.
ACT 10:23 Él pues, los invitó a entrar, y [los] hospedó: Y el día siguiente Pedro se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.
ACT 10:24 Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado a sus parientes, y a los amigos más íntimos.
ACT 10:25 Y como Pedro entraba, Cornelio le salió a recibir; y cayendo a sus pies, [le] adoró.
ACT 10:26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, [que] yo mismo también soy hombre.
ACT 10:27 Y hablando con él, entró; y halló a muchos que se habían juntado.
ACT 10:28 Y les dijo: Vosotros sabéis bien, que no es lícito a un hombre judío juntarse, o llegarse a uno de otra nación; mas me ha mostrado Dios, que a ningún hombre llame común o inmundo.
ACT 10:29 Por lo cual, siendo llamado he venido sin contradecir. Así que pregunto, ¿por qué causa me habéis enviado a llamar?
ACT 10:30 Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que a esta hora yo estaba ayunando; y a la hora novena estando orando en mi casa, he aquí, un varón se puso de pie delante de mí en vestidura resplandeciente,
ACT 10:31 Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria a la presencia de Dios.
ACT 10:32 Envía pues a Jope, y haz venir a Simón, que tiene por sobrenombre Pedro: éste posa en casa de Simón, curtidor, junto al mar, el cual habiendo venido, te hablará.
ACT 10:33 Así que, envié inmediatamente a ti; y tú has hecho bien viniendo. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oír todo lo que Dios te ha mandado.
ACT 10:34 Entonces Pedro, abriendo [su] boca, dijo: En verdad percibo que Dios no hace acepción de personas:
ACT 10:35 Sino que de cualquiera nación, el que le teme y obra justicia, es de su agrado.
ACT 10:36 La palabra que [Dios] envió a los hijos de Israel, predicando la paz por Cristo Jesús: (éste es el Señor de todos:)
ACT 10:37 La cual palabra, vosotros sabéis, que fue publicada por toda Judea, comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó;
ACT 10:38 Cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret, con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien, y sanando a todos los que estaban oprimidos del diablo; porque Dios era con él.
ACT 10:39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos, y en Jerusalem; al cual mataron colgándole en un madero.
ACT 10:40 A éste Dios le resucitó al tercer día, e hizo que apareciese manifiestamente:
ACT 10:41 No a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios antes había escogido, [es a saber], a nosotros, que comimos, y bebimos juntamente con él, después que resucitó de entre los muertos.
ACT 10:42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y de muertos.
ACT 10:43 A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán remisión de pecados en su nombre.
ACT 10:44 Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra.
ACT 10:45 Y se espantaron los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
ACT 10:46 Porque los oían hablar en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces Pedro respondió:
ACT 10:47 ¿Puede alguien impedir el agua, para que no sean bautizados éstos, que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
ACT 10:48 Y les mandó que fueran bautizados en el nombre del Señor. Y le rogaron que se quedase por algunos días.
ACT 11:1 Y OYERON los apóstoles, y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
ACT 11:2 Y cuando Pedro subió a Jerusalem, contendían contra él los que eran de la circuncisión,
ACT 11:3 Diciendo: ¿Por qué has entrado a varones incircuncisos, y has comido con ellos?
ACT 11:4 Entonces comenzando Pedro, les declaró por orden [lo pasado], diciendo:
ACT 11:5 Yo estaba en la ciudad de Jope orando, y vi, en éxtasis, una visión: cierto vaso, como un gran lienzo, que descendía, que por los cuatro cabos fue bajado del cielo, y venía hasta mí.
ACT 11:6 En el cual cuando puse los ojos, consideré, y vi animales terrestres cuadrúpedos, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
ACT 11:7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata, y come.
ACT 11:8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común ni inmunda entró jamás en mi boca.
ACT 11:9 Entonces la voz me respondió del cielo la segunda vez: Lo que Dios limpió, no [lo] llames tú común.
ACT 11:10 Y esto fue hecho por tres veces; y volvió todo a ser tomado arriba en el cielo.
ACT 11:11 Y he aquí que inmediatamente tres varones sobrevinieron a la casa donde yo estaba, enviados a mí de Cesarea.
ACT 11:12 Y el Espíritu me dijo que me fuese con ellos sin dudar nada. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa del varón,
ACT 11:13 El cual nos contó como había visto a un ángel en su casa, que estaba en pie, y le dijo: Envía varones a Jope, y haz venir a Simón, que tiene por sobrenombre Pedro,
ACT 11:14 El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.
ACT 11:15 Y como comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, como también sobre nosotros al principio.
ACT 11:16 Entonces me acordé de la palabra del Señor, como él dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
ACT 11:17 Así que, si Dios les dio a ellos el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesús Cristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
ACT 11:18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida.
ACT 11:19 Y los que habían sido esparcidos por la persecución que había sucedido por causa de Esteban, pasaron hasta Fenicia, y Chipre, y Antioquía, no predicando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.
ACT 11:20 Y algunos de ellos eran varones de Chipre y de Cirene, los cuales cuando entraron en Antioquía, hablaron a los griegos, predicando el evangelio del Señor Jesús.
ACT 11:21 Y la mano del Señor era con ellos; y un gran número creyendo se convirtió al Señor.
ACT 11:22 Y llegó la fama de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalem; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía:
ACT 11:23 El cual cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se gozó; y exhortó a todos que con propósito de corazón se allegasen al Señor.
ACT 11:24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo, y de fe; y mucha gente fue añadida al Señor.
ACT 11:25 Y partió Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; Y hallándole, le trajo a Antioquía.
ACT 11:26 Y sucedió que por un año entero se juntaron allí con la iglesia; y enseñaron a mucha gente: y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía.
ACT 11:27 Y en aquellos días descendieron de Jerusalem profetas a Antioquía.
ACT 11:28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, significaba por el Espíritu, que había de haber una grande hambre por todo el mundo, la cual también vino en tiempo de Claudio César.
ACT 11:29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron de enviar socorro a los hermanos que moraban en Judea.
ACT 11:30 Lo cual asimismo hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
ACT 12:1 Y EN el mismo tiempo el rey Herodes tendió las manos para maltratar a ciertos de la iglesia.
ACT 12:2 Y mató a Jacobo el hermano de Juan a espada.
ACT 12:3 Y viendo que había agradado a los judíos, procedió para prender también a Pedro. (Eran entonces los días de los panes sin levadura.)
ACT 12:4 Y habiéndolo prendido, [le] puso en la prisión, entregándo[le] a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen: queriendo sacarle al pueblo después de la Pascua.
ACT 12:5 Así que, Pedro era guardado en la prisión; mas la iglesia hacía oración a Dios sin cesar por él.
ACT 12:6 Y cuando Herodes le había de sacar, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta que guardaban la prisión.
ACT 12:7 Y, he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la prisión: e hiriendo a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate presto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.
ACT 12:8 Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme.
ACT 12:9 Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel; mas pensaba que veía una visión.
ACT 12:10 Y cuando pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron a la puerta de hierro, que va a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron adelante por una calle; y al instante el ángel se apartó de él.
ACT 12:11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente, que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y [de] toda la expectativa del pueblo de los judíos.
ACT 12:12 Y habiendo considerado [ésto], llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados, y orando.
ACT 12:13 Y tocando Pedro a la puerta del portal, salió una muchacha para escuchar, que se llamaba Rhode,
ACT 12:14 Y reconociendo la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva, que Pedro estaba de pie ante la puerta.
ACT 12:15 Y ellos le dijeron: Estás loca: mas ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es.
ACT 12:16 Mas Pedro perseveraba en llamar; y cuando hubieron abierto, lo vieron, y se espantaron.
ACT 12:17 Mas él, haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó como el Señor le había sacado de la cárcel; y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salido, se fue a otro lugar.
ACT 12:18 Y luego que fue de día, había no poco alboroto entre los soldados, sobre qué se había hecho de Pedro.
ACT 12:19 Mas Herodes, cuando le buscó, y no le halló, hecha inquisición de los guardas, [los] mandó llevar a la muerte. Y descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó [allí].
ACT 12:20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro, y los de Sidón; mas ellos vinieron de acuerdo a él; y habiendo sobornado a Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran mantenidas por las del rey.
ACT 12:21 Y en un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en su trono, y les arengaba.
ACT 12:22 Y el pueblo aclamaba, [diciendo:] ¡Voz de un dios, y no de hombre!
ACT 12:23 Y al instante el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y comido de gusanos expiró.
ACT 12:24 Mas la palabra de Dios crecía, y se multiplicaba.
ACT 12:25 Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem, cumplido [su] ministerio, tomando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.
ACT 13:1 HABÍA entonces en la iglesia; que estaba en Antioquía, ciertos profetas y maestros, como Bernabé, y Simón el que se llamaba Niger, y Lucio cireneo, y Manaén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.
ACT 13:2 Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra para la cual los he llamado.
ACT 13:3 Y cuando hubieron ayunado y orado, pusieron las manos sobre ellos y los enviaron.
ACT 13:4 Así que ellos, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia; y de allí navegaron a Chipre.
ACT 13:5 Y llegados a Salamina, predicaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos; y tenían también a Juan por ministro.
ACT 13:6 Y habiendo atravesado la isla hasta Pafos, hallaron a cierto hechicero, falso profeta, judío, llamado Barjesús:
ACT 13:7 El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Éste, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.
ACT 13:8 Mas les resistía Elimas el hechicero, (que así se interpreta su nombre,) procurando apartar de la fe al procónsul.
ACT 13:9 Entonces Saulo, que también [se llama] Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos,
ACT 13:10 Dijo: Oh lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?
ACT 13:11 Ahora, pues, he aquí, la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, que no veas el sol por un tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quién le condujese por la mano.
ACT 13:12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
ACT 13:13 Y partidos de Pafos, Pablo, y los que estaban con él, vinieron a Perges de Pamfilia: entonces Juan, apartándose de ellos, se volvió a Jerusalem.
ACT 13:14 Y ellos pasando de Perges, vinieron a Antioquía de Pisidia; y entrando en la sinagoga un día de sábado, se asentaron.
ACT 13:15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron a ellos, diciendo: Varones [y] hermanos, si hay en vosotros alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
ACT 13:16 Entonces Pablo, levantándose, hecha señal [de silencio] con la mano, dijo: Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd.
ACT 13:17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y ensalzó el pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.
ACT 13:18 Y por espacio como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto.
ACT 13:19 Y destruyendo siete naciones en la tierra de Canaán, les repartió por suerte la tierra de ellas.
ACT 13:20 Y después de esto [les dio] jueces como por cuatrocientos y cincuenta años, hasta el profeta Samuel.
ACT 13:21 Y entonces demandaron rey; y les dio Dios a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta años.
ACT 13:22 Y quitado aquél, les levantó a David por rey, al cual dio testimonio, diciendo: He hallado a David, [hijo] de Isaí, varón conforme a mi corazón, el cual hará toda mi voluntad.
ACT 13:23 De la simiente de éste, Dios, conforme a [su] promesa, levantó a Israel un Salvador, Jesús:
ACT 13:24 Cuando, antes de su venida, Juan había predicado primero el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
ACT 13:25 Mas cuando Juan cumplía su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy yo? Yo no soy [él]; mas, he aquí, viene en pos de mí uno, cuyos zapatos de los pies no soy yo digno de desatar.
ACT 13:26 Varones y hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que de entre vosotros temen a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación.
ACT 13:27 Porque los que moran en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo a éste, ni a las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándo[le las] cumplieron.
ACT 13:28 Y sin hallar [en él] causa de muerte, pidieron a Pilato que fuese muerto.
ACT 13:29 Y cuando hubieron cumplido todas las cosas que de él eran escritas, quitándo[le] del madero, [le] pusieron en un sepulcro.
ACT 13:30 Mas Dios le resucitó de entre los muertos.
ACT 13:31 El cual fue visto por muchos días de los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo.
ACT 13:32 Y nosotros os predicamos el evangelio de aquella promesa que fue hecha a los padres,
ACT 13:33 La cual Dios ha cumplido a nosotros, los hijos de ellos, resucitando a Jesús: como también en el Salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
ACT 13:34 Y que le resucitó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, dijo así: Yo os daré las misericordias fieles de David.
ACT 13:35 Por ésto en otro [Salmo] dice también: No permitirás que tu Santo vea corrupción.
ACT 13:36 Porque por la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue juntado con sus padres, y vio corrupción.
ACT 13:37 Mas aquel que Dios resucitó, no vio corrupción.
ACT 13:38 Os sea pues notorio, varones hermanos, que por éste os es predicado el perdón de pecados;
ACT 13:39 Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que creyere.
ACT 13:40 Mirad pues que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:
ACT 13:41 Mirad, menospreciadores, y maravillaos, y pereced; porque yo obro una obra en vuestros días, obra que no la creeréis aunque alguien os la contare.
ACT 13:42 Y salidos los judíos de la sinagoga, los gentiles les rogaron que el sábado siguiente se les predicasen estas palabras.
ACT 13:43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos, y de los prosélitos religiosos siguieron a Pablo y a Bernabé: los cuales hablándoles, les persuadían que permaneciesen en la gracia de Dios.
ACT 13:44 Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad a oír la palabra de Dios.
ACT 13:45 Mas cuando los judíos vieron las multitudes, fueron llenos de envidia, y contradecían a lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.
ACT 13:46 Entonces Pablo y Bernabé, tomando denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era menester que se os hablase primero la palabra de Dios; mas, pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.
ACT 13:47 Porque así nos lo mandó el Señor, [diciendo:] Te he puesto por luz de los gentiles, para que seas por salvación hasta lo postrero de la tierra.
ACT 13:48 Y los gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor, y tantos que creyeron, fueron ordenados para vida eterna.
ACT 13:49 Y la palabra del Señor fue publicada por toda aquella región.
ACT 13:50 Mas los judíos concitaron a las mujeres piadosas y nobles, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, a los cuales echaron de sus términos.
ACT 13:51 Ellos entonces sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, se vinieron a Iconio.
ACT 13:52 Y los discípulos fueron llenos de gozo, y del Espíritu Santo.
ACT 14:1 Y ACONTECIÓ en Iconio, que entrados ambos en la sinagoga de los judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de judíos, y asimismo de griegos.
ACT 14:2 Mas los judíos que fueron incrédulos, incitaron a los gentiles, y corrompieron las mentes de ellos contra los hermanos.
ACT 14:3 Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, y dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos.
ACT 14:4 Y la multitud de la ciudad fue dividida; y unos eran con los judíos, y otros con los apóstoles.
ACT 14:5 Mas cuando hubo ímpetu de los gentiles, y los judíos, juntamente con sus príncipes, para afrentar[los] y apedrearlos,
ACT 14:6 Entendiéndo[lo] ellos se huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra al derredor.
ACT 14:7 Y allí predicaban el evangelio.
ACT 14:8 Y cierto varón de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había andado.
ACT 14:9 Éste oyó hablar a Pablo: el cual, como puso los ojos en él, y vio que tenía fe para ser sano,
ACT 14:10 Dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.
ACT 14:11 Y cuando las gentes vieron lo que Pablo había hecho, alzaron sus voces, diciendo en lengua licaónica: Los dioses en semejanza de hombres han descendido a nosotros.
ACT 14:12 Y a Bernabé llamaban Júpiter; y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.
ACT 14:13 Entonces el sacerdote de Júpiter que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quería con el pueblo sacrificar.
ACT 14:14 [Lo cual] cuando oyeron los apóstoles, Bernabé y Pablo, rompiendo sus ropas, saltaron en medio de la multitud, dando voces,
ACT 14:15 Y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros hombres somos de iguales pasiones que vosotros, y os predicamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todo cuanto hay en ellos:
ACT 14:16 El cual en los tiempos pasados dejó a todas las naciones andar en sus propios caminos:
ACT 14:17 Aunque no se dejó a sí mismo sin testimonio, bien haciendo, dándonos lluvias del cielo, y tiempos fructíferos, llenando de mantenimiento, y de alegría nuestros corazones.
ACT 14:18 Y diciendo estas cosas, con dificultad impidieron las multitudes a que no les sacrificasen.
ACT 14:19 Entonces sobrevinieron [ciertos] judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud; y habiendo apedreado a Pablo, [le] sacaron arrastrando fuera de la ciudad, pensando que ya estaba muerto.
ACT 14:20 Mas rodeándole los discípulos, se levantó, y se entró en la ciudad; y el día siguiente se partió con Bernabé a Derbe.
ACT 14:21 Y cuando hubieron predicado el evangelio a aquella ciudad, y enseñado a muchos, volviéronse a Listra, y [a] Iconio, y a Antioquía,
ACT 14:22 Confirmando las almas de los discípulos, exhortándolos que permaneciesen en la fe; y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
ACT 14:23 Y cuando les hubieron elegido ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en el cual habían creído.
ACT 14:24 Y habiendo pasado por toda Pisidia, vinieron a Pamfilia.
ACT 14:25 Y cuando hubieron predicado la palabra en Perges, descendieron a Atalia.
ACT 14:26 Y de allí navegaron a Antioquía, de donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que ya habían cumplido.
ACT 14:27 Y habiendo llegado, y congregado la iglesia, contaron todas las cosas que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto a los gentiles la puerta de fe.
ACT 14:28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.
ACT 15:1 Y CIERTOS hombres que habían descendido de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis, conforme a la costumbre de Moisés, no podéis ser salvos.
ACT 15:2 Así que, hecha una disensión y contienda no pequeña por Pablo y Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé, y ciertos otros de ellos a los apóstoles y a los ancianos a Jerusalem sobre esta cuestión.
ACT 15:3 Ellos pues, siendo enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaron grande gozo a todos los hermanos.
ACT 15:4 Y venidos a Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia, y de [los] apóstoles y de [los] ancianos; y [les] hicieron saber todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
ACT 15:5 Mas ciertos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandar[les] que guarden la ley de Moisés.
ACT 15:6 Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para considerar de este negocio.
ACT 15:7 Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis como ya hace algún tiempo que Dios escogió de entre nosotros, que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen.
ACT 15:8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo a ellos también como a nosotros.
ACT 15:9 Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por fe sus corazones.
ACT 15:10 Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo un yugo sobre la cerviz de los discípulos, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
ACT 15:11 Antes por la gracia del Señor Jesús Cristo creemos que seremos salvos, así como ellos.
ACT 15:12 Entonces toda la multitud calló, y escucharon a Bernabé y a Pablo que contaban cuántos milagros y maravillas Dios había hecho por ellos entre los gentiles.
ACT 15:13 Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones [y] hermanos, oídme:
ACT 15:14 Simón ha contado cómo primero Dios visitó a los gentiles, para tomar de entre ellos un pueblo para su nombre.
ACT 15:15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
ACT 15:16 Después de estas cosas volveré, y reedificaré el tabernáculo de David que está caído; y reedificaré sus ruinas, y le volveré a levantar;
ACT 15:17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas.
ACT 15:18 Conocidas a Dios son todas sus obras desde la eternidad.
ACT 15:19 Por lo cual yo juzgo, que los que de los gentiles se convierten a Dios, no han de ser inquietados:
ACT 15:20 Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y [de] fornicación, y [de] lo ahogado, y [de] sangre.
ACT 15:21 Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado.
ACT 15:22 Entonces pareció bien a los apóstoles, y a los ancianos con toda la iglesia, de enviar varones escogidos de entre ellos a Antioquía con Pablo y Bernabé, [es a saber], a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos;
ACT 15:23 Y escribiendo por mano de ellos así: Los apóstoles, y los ancianos, y los hermanos, a los hermanos de los gentiles que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, saludos:
ACT 15:24 Por cuanto hemos oído que ciertos, que han salido de nosotros, os han turbado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, a los cuales no dimos [tal] mandato:
ACT 15:25 Nos ha parecido bien, congregados de un acuerdo, enviar varones escogidos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,
ACT 15:26 Hombres que han arriesgado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.
ACT 15:27 Así que, hemos enviado a Judas, y a Silas, los cuales también por palabra [os] harán saber las mismas cosas.
ACT 15:28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, de no imponeros otra carga además de estas cosas necesarias:
ACT 15:29 Que os apartéis de las cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de lo ahogado, y de fornicación: de las cuales cosas si os guardareis, haréis bien. Pasadlo bien.
ACT 15:30 Ellos entonces enviados, descendieron a Antioquía, y juntando la multitud, dieron la carta.
ACT 15:31 [La cual] cuando leyeron, se gozaron de la consolación.
ACT 15:32 Y Judas y Silas, siendo también ellos profetas, exhortaron a los hermanos con abundancia de palabra, y los confirmaron.
ACT 15:33 Y pasando [allí] algún tiempo fueron enviados de los hermanos a los apóstoles en paz.
ACT 15:34 Mas a Silas pareció [bien] de quedarse allí aún.
ACT 15:35 Y Pablo y Bernabé, con muchos otros también, continuaron en Antioquía enseñando la palabra del Señor y predicando el evangelio.
ACT 15:36 Y después de algunos días Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos predicado la palabra del Señor, para [ver] cómo están.
ACT 15:37 Y Bernabé quería que tomasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos:
ACT 15:38 Mas a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Pamfilia, y no había ido con ellos a la obra.
ACT 15:39 Y hubo tal contención entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernabé tomando a Marcos navegó a Chipre.
ACT 15:40 Y Pablo escogiendo a Silas, partió, encomendado por los hermanos a la gracia de Dios.
ACT 15:41 Y anduvo por Siria y Cilicia confirmando las iglesias.
ACT 16:1 Y VINO hasta Derbe, y Listra; y, he aquí, estaba allí cierto discípulo, llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, mas su padre [era] griego.
ACT 16:2 De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
ACT 16:3 Éste quiso Pablo que fuese con él; y tomándole, le circuncidó, por causa de los judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
ACT 16:4 Y como pasaban por las ciudades, les daban para que guardasen los decretos, que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem.
ACT 16:5 Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y eran aumentadas en número cada día.
ACT 16:6 Y pasando a Frigia, y a la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia.
ACT 16:7 Y cuando vinieron a Misia, tentaron de ir a Bitinia, mas no [se] lo permitió el Espíritu.
ACT 16:8 Y pasando por Misia, descendieron a Troas.
ACT 16:9 Y se le apareció a Pablo de noche una visión: Un varón de Macedonia estaba en pie, rogándole, y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.
ACT 16:10 Y cuando vio la visión, inmediatamente procuramos partir a Macedonia, dando por cierto que el Señor nos había llamado para que les predicásemos el evangelio.
ACT 16:11 Y partidos de Troas, vinimos camino derecho a Samotracia, y el [día] siguiente a Neápolis.
ACT 16:12 Y de allí a Filipos, que es la principal ciudad de aquella parte de Macedonia, [y] una colonia; y estuvimos en aquella ciudad ciertos días.
ACT 16:13 Y en el día del sábado salimos fuera de la ciudad, junto al río, donde solían hacer oración; y sentámonos, y hablamos a las mujeres que allí se habían congregado.
ACT 16:14 Y cierta mujer, llamada Lidia, que vendía púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, nos oyó: el corazón de la cual abrió el Señor, para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
ACT 16:15 Y cuando fue bautizada, y su casa, [nos] rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad; y nos constriñó.
ACT 16:16 Y aconteció, que yendo nosotros a la oración, una cierta muchacha que tenía espíritu de adivinación, nos salió al encuentro; la cual daba grandes ganancias a sus amos adivinando.
ACT 16:17 Ésta, siguiendo a Pablo, y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, los cuales nos enseñan el camino de salvación.
ACT 16:18 Y esto hacía por muchos días, mas desagradado Pablo se volvió, y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Cristo Jesús, que salgas de ella. Y salió en la misma hora.
ACT 16:19 Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas; y [los] arrastraron al foro, ante las autoridades.
ACT 16:20 Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan nuestra ciudad, siendo judíos.
ACT 16:21 Y enseñan costumbres, las cuales no nos es lícito recibir ni guardar, siendo romanos.
ACT 16:22 Y la multitud se levantó a una contra ellos; y los magistrados rompiéndoles sus ropas [los] mandaron azotar con varas.
ACT 16:23 Y después que los hubieron herido de muchos azotes, [los] echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia:
ACT 16:24 El cual, habiendo recibido tal mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.
ACT 16:25 Mas a media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los que estaban presos los oían.
ACT 16:26 Entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; e inmediatamente todas las puertas se abrieron; y las prisiones de todos se soltaron.
ACT 16:27 Y habiendo despertado el carcelero, viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos se habían huido.
ACT 16:28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal: que todos estamos aquí.
ACT 16:29 Él entonces pidiendo una luz, entró de un salto, y temblando se derribó a los pies de Pablo y de Silas.
ACT 16:30 Y sacándolos fuera, les dijo: Señores, ¿Qué es lo que yo debo hacer para ser salvo?
ACT 16:31 Y ellos [le] dijeron: Cree en el Señor Jesús Cristo, y serás salvo tú, y tu casa.
ACT 16:32 Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa.
ACT 16:33 Y tomándolos él en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y fue bautizado inmediatamente él, y todos los suyos.
ACT 16:34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó, creyendo en Dios con toda su casa.
ACT 16:35 Y cuando fue de día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Suelta a aquellos hombres.
ACT 16:36 Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han enviado que seáis sueltos: así que ahora salid, e idos en paz.
ACT 16:37 Mas Pablo les dijo: Nos han azotado públicamente sin haber sido condenados, siendo nosotros hombres romanos, y [nos] han echado en la cárcel; ¿y ahora nos echan fuera encubiertamente? No, por cierto; sino vengan ellos mismos, y nos saquen.
ACT 16:38 Y los alguaciles volvieron a decir a los magistrados estas palabras; y ellos oyendo que eran romanos, tuvieron miedo.
ACT 16:39 Y viniendo les suplicaron, y sacándo[los, les] rogaron que se saliesen de la ciudad.
ACT 16:40 Entonces salidos de la cárcel, entraron en [casa de] Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.
ACT 17:1 Y CUANDO hubieron pasado por Amfípolis, y Apolonia, vinieron a Tesalónica, donde había una sinagoga de judíos.
ACT 17:2 Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras,
ACT 17:3 Declarando y proponiendo, que era menester que el Cristo padeciese, y resucitase de entre los muertos; y que éste Jesús, el cual yo os predico, es el Cristo.
ACT 17:4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y Silas; y de los griegos piadosos una grande multitud; y mujeres principales no pocas.
ACT 17:5 Entonces los judíos que eran incrédulos, movidos de envidia, tomaron consigo a ciertos vagabundos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.
ACT 17:6 Y cuando no los hallaron, arrastraron a Jasón y a ciertos hermanos a las autoridades de la ciudad, dando voces, [diciendo:] Éstos son los que han trastornado el mundo, y han venido acá también;
ACT 17:7 A los cuales Jasón ha recibido, y todos éstos hacen contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, [un tal] Jesús.
ACT 17:8 Y alborotaron el pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas.
ACT 17:9 Y recibida satisfacción de Jasón, y de los demás, los soltaron.
ACT 17:10 Mas los hermanos inmediatamente, de noche, enviaron a Pablo y a Silas a Berea, los cuales cuando llegaron, entraron en la sinagoga de los judíos.
ACT 17:11 Y fueron éstos más nobles que los de Tesalónica, en que recibieron la palabra con toda prontitud de ánimo, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.
ACT 17:12 Así que creyeron muchos de ellos, también de mujeres griegas honorables, y de varones no pocos.
ACT 17:13 Mas cuando supieron los judíos de Tesalónica que en Berea era predicada por Pablo la palabra de Dios, vinieron: y allí también alborotaron el pueblo.
ACT 17:14 Y entonces inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hasta el mar; mas Silas y Timoteo se quedaron aún allí.
ACT 17:15 Y los que conducían a Pablo, le llevaron hasta Atenas; y habiendo recibido mandato para Silas y Timoteo, que viniesen a él lo más presto que pudiesen, se partieron.
ACT 17:16 Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se enardecía en él, viendo la ciudad dada a [la] idolatría.
ACT 17:17 Por lo cual disputaba en la sinagoga con los judíos y los hombres religiosos, y en la plaza cada día con aquellos a quienes se encontraba.
ACT 17:18 Y ciertos filósofos de los epicúreos y de los estóicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de dioses extraños; porque les predicaba a Jesús, y la resurrección.
ACT 17:19 Y le tomaron y le trajeron al Aerópago, diciendo: ¿Podremos saber qué [sea] esta nueva doctrina que tú dices?
ACT 17:20 Porque traes a nuestros oídos ciertas cosas extrañas: queremos pues saber qué quieren decir estas cosas.
ACT 17:21 (Porque todos los atenienses, y los extranjeros que allí moraban, en ninguna otra cosa se ocupaban sino en decir o en oír alguna cosa nueva.)
ACT 17:22 Entonces Pablo se puso de pie en medio del Aerópago y dijo: Varones atenienses, en todas las cosas veo que sois demasiado supersticiosos;
ACT 17:23 Porque pasando, y mirando los objetos de vuestra adoración, hallé un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Aquél, pues, que vosotros adoráis sin conocerle, a éste os anuncio yo.
ACT 17:24 El Dios que hizo el mundo, y todas las cosas que [hay] en él, éste como es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos de manos;
ACT 17:25 Ni es servido por manos de hombres, como si necesitase algo; pues él da a todos vida, y aliento, y todas las cosas.
ACT 17:26 El cual hizo de una sangre a todas las naciones de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra, ha determinado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos;
ACT 17:27 Para que buscasen al Señor, si en alguna manera palpando le hallasen: aunque por cierto no está lejos de cada uno de nosotros.
ACT 17:28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también ciertos de vuestros propios poetas dijeron: Porque somos también su linaje.
ACT 17:29 Siendo pues linaje de Dios, no debemos pensar que la Deidad sea semejante al oro, o a plata, o a piedra, o a escultura de artificio, y de imaginación de hombres.
ACT 17:30 Y disimulaba Dios los tiempos de esta ignorancia; mas ahora manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan:
ACT 17:31 Porque ha establecido un día, en el cual ha de juzgar con justicia a todo el mundo por [aquel] varón que él ha ordenado; [de lo cual] ha dado certidumbre a todos en haberlo resucitado de entre los muertos.
ACT 17:32 Y cuando ellos oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban; y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez.
ACT 17:33 Y así Pablo salió de en medio de ellos.
ACT 17:34 Mas ciertos hombres creyeron, juntándose con él: entre los cuales fue Dionisio el areopagita, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
ACT 18:1 DESPUÉS de estas cosas Pablo partió de Atenas, y llegó a Corinto.
ACT 18:2 Y halló a cierto judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacía poco que había venido de Italia, y a Priscila su esposa, (porque Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma,) se vino a ellos:
ACT 18:3 Y porque era del mismo oficio, posó con ellos, y trabajaba; porque el oficio de ellos era hacer tiendas.
ACT 18:4 Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a judíos, y a griegos.
ACT 18:5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo era constreñido en espíritu, testificando a los judíos [que] Jesús [era] el Cristo.
ACT 18:6 Mas oponiéndose y blasfemando ellos, les dijo, sacudiendo [su] vestidura: Vuestra sangre [sea] sobre vuestra cabeza: yo [estoy] limpio: desde ahora me iré a los gentiles.
ACT 18:7 Y partiendo de allí, entró en casa de cierto llamado Justo, que adoraba a Dios, la casa del cual estaba junto a la sinagoga.
ACT 18:8 Y Crispo, el príncipe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios oyendo, creían, y fueron bautizados.
ACT 18:9 Entonces el Señor dijo de noche en visión a Pablo: No temas, sino habla, y no calles;
ACT 18:10 Porque yo estoy contigo, y ninguno te acometerá para hacerte mal; porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
ACT 18:11 Y se quedó [allí] un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
ACT 18:12 Y siendo Galión Procónsul de Acaya, los judíos se levantaron unánimes contra Pablo, y le trajeron al tribunal,
ACT 18:13 Diciendo: Éste persuade a los hombres a adorar a Dios contra la ley.
ACT 18:14 Y cuando Pablo iba a abrir la boca, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio, o algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho yo os tolerara;
ACT 18:15 Mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y [de] vuestra ley, ved[lo] vosotros; porque yo no quiero ser juez de esas [cosas].
ACT 18:16 Y los echó del tribunal.
ACT 18:17 Entonces todos los griegos tomando a Sóstenes, príncipe de la sinagoga, [le] herían delante del tribunal; y a Galión nada se le daba de ello.
ACT 18:18 Mas Pablo habiendo permanecido aún [allí] muchos días, despidiéndose de los hermanos, navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiendo raído [su] cabeza en Cencrea, porque tenía voto.
ACT 18:19 Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; mas él entrando en la sinagoga disputaba con los judíos.
ACT 18:20 Los cuales rogándo[le] que se quedase con ellos por más tiempo, no [se lo] concedió.
ACT 18:21 Antes se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso yo guarde la fiesta que viene en Jerusalem; mas otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y se partió de Éfeso.
ACT 18:22 Y cuando hubo descendido a Cesarea, y hubo subido, y saludado a la iglesia, descendió a Antioquía.
ACT 18:23 Y habiendo estado [allí] algún tiempo, partió, andando por orden la provincia de Galacia, y la Frigia, confirmando a todos los discípulos.
ACT 18:24 Y cierto judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras, vino a Éfeso.
ACT 18:25 Éste era instruido en el camino del Señor; y siendo fervoroso de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas del Señor, sabiendo solamente el bautismo de Juan.
ACT 18:26 Y éste comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga, al cual cuando oyeron Aquila y Priscila, le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios.
ACT 18:27 Y cuando él quiso pasar a Acaya, los hermanos escribieron exhortando a los discípulos que le recibiesen; el cual, habiendo llegado, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído.
ACT 18:28 Porque con gran vehemencia convencía públicamente a los judíos, mostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
ACT 19:1 Y ACONTECIÓ, que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, habiendo pasado por las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando ciertos discípulos,
ACT 19:2 Díjoles: ¿Habéis recibido al Espíritu Santo desde que creísteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo.
ACT 19:3 Entonces les dijo: ¿En qué pues habéis sido bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.
ACT 19:4 Y dijo Pablo: Juan en verdad bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es a saber, Cristo Jesús.
ACT 19:5 Y habiendo oído [esto], fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
ACT 19:6 Y cuando Pablo les puso las manos encima, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas, y profetizaban.
ACT 19:7 Y eran los varones todos como doce.
ACT 19:8 Y entrando él en la sinagoga, hablaba con denuedo por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo las cosas pertenecientes al reino de Dios.
ACT 19:9 Mas cuando algunos se endurecieron, y no querían creer, antes dijeron mal del camino delante de la multitud, se apartó de ellos, y separó a los discípulos, disputando cada día en la escuela de un [cierto] Tyrano.
ACT 19:10 Y esto fue hecho por espacio de dos años, de tal manera que todos los que habitaban en Asia, así judíos como griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.
ACT 19:11 Y hacía Dios milagros especiales por las manos de Pablo.
ACT 19:12 De tal manera que aun llevasen a los enfermos pañuelos o delantales de su cuerpo; y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus salían de ellos.
ACT 19:13 Y ciertos de los judíos exorcistas vagabundos intentaron a invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuramos por Jesús, el que Pablo predica.
ACT 19:14 Y había siete hijos de [un tal] Sceva, judío, príncipe de los sacerdotes, que hacían esto.
ACT 19:15 Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé bien de Pablo; mas vosotros, ¿quiénes sois?
ACT 19:16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos, y enseñoreándose de ellos, prevaleció contra ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
ACT 19:17 Y esto fue notorio a todos los que moraban en Éfeso, así judíos como griegos; y cayó temor sobre todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.
ACT 19:18 Y muchos de los que habían creído, venían confesando, y dando cuenta de sus hechos.
ACT 19:19 Asimismo muchos de los que habían practicado artes curiosas, trajeron los libros, y quemáronlos delante de todos; y echada cuenta del precio de ellos, halláron[lo ser] cincuenta mil [piezas] de plata.
ACT 19:20 Así crecía poderosamente la palabra de Dios, y prevalecía.
ACT 19:21 Y cumplidas estas cosas, propuso Pablo en [su] espíritu cuando hubiese pasado por Macedonia y Acaya, de ir a Jerusalem, diciendo: Después que hubiere estado allá, me será menester ver también a Roma.
ACT 19:22 Y enviando a Macedonia a dos de los que le ministraban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia.
ACT 19:23 Y por aquel tiempo se levantó un alboroto no pequeño acerca del camino.
ACT 19:24 Porque cierto platero, llamado Demetrio, el cual hacía de plata templos de Diana, daba a los artífices no poca ganancia.
ACT 19:25 A los cuales, habiendo juntado con los oficiales de semejante oficio, dijo: Varones, ya sabéis que de este oficio tenemos ganancia;
ACT 19:26 Y veis, y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, mas por casi toda la Asia ha persuadido y apartado a muchísima gente, diciendo: Que no son dioses los que se hacen con las manos.
ACT 19:27 Y no solamente hay peligro de que este nuestro oficio se nos vuelva en reproche, mas aun también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad de aquella, a la cual adora toda la Asia, y el mundo.
ACT 19:28 Oídas [estas cosas], hinchiéronse de ira, y dieron alarido, diciendo: Grande [es] Diana de los efesios.
ACT 19:29 Y toda la ciudad se llenó de confusión, y unánimes arremetieron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo.
ACT 19:30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron.
ACT 19:31 También ciertos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron a él rogándo[le] que no se presentase en el teatro.
ACT 19:32 Y unos gritaban una cosa, y otros otra; porque la asamblea era confusa, y los más no sabían por qué se habían juntado.
ACT 19:33 Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, rempujándole los judíos. Y Alejandro, haciendo señal con la mano, quería hacer su defensa al pueblo.
ACT 19:34 Pero cuando ellos conocieron que era judío, todos gritaron a una voz, como por espacio de dos horas: Grande [es] Diana de los efesios.
ACT 19:35 Y cuando el escribano hubo apaciguado la multitud, dijo: Varones efesios, ¿quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los efesios es adoradora de la grande diosa Diana, y de la [imagen] que cayó de Júpiter?
ACT 19:36 Así que, pues que esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüéis, y que nada hagáis temerariamente.
ACT 19:37 Porque habéis traído a estos hombres, que no son robadores de iglesias, ni blasfemadores de vuestra diosa.
ACT 19:38 Por lo cual si Demetrio, y los artífices que están con él, tienen queja contra alguno, audiencias se hacen, y procónsules hay, acúsense los unos a los otros.
ACT 19:39 Y si inquiráis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede despachar;
ACT 19:40 Porque estamos nosotros en peligro de ser acusados de sedición por esto de hoy; no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso.
ACT 19:41 Y habiendo dicho estas cosas, despidió la asamblea.
ACT 20:1 Y DESPUÉS que cesó el alboroto, llamando Pablo a los discípulos, y abrazándo[los], se partió para ir a Macedonia.
ACT 20:2 Y cuando hubo andado por aquellas partes, y les hubo exhortado con muchas palabras, vino a Grecia.
ACT 20:3 Y habiendo estado tres meses [allí], y estando para navegar a Siria, fuéronle puestas asechanzas por los judíos; y tenía propósito de volverse por Macedonia.
ACT 20:4 Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea; y de los Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo de Derbe; y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo.
ACT 20:5 Éstos yendo delante, nos esperaron en Troas.
ACT 20:6 Y nosotros, después de los días de los panes sin levadura, navegamos desde Filipos, y vinimos a ellos a Troas en cinco días, donde estuvimos siete días.
ACT 20:7 Y el primer [día] de la semana, habiéndose juntado los discípulos para partir el pan, Pablo les predicaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó su sermón hasta la media noche.
ACT 20:8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban congregados.
ACT 20:9 Y cierto mancebo llamado Eutico, que estaba sentado en una ventana, tomado de un sueño profundo, como Pablo predicaba largamente, derribado del sueño, cayó desde el tercer piso abajo; y fue alzado muerto.
ACT 20:10 Mas descendiendo Pablo, derribóse sobre él, y abrazándo[le], dijo: No os turbéis, que su vida está en él.
ACT 20:11 Y cuando él volvió a subir, y hubo partido el pan, y comido, y hubo hablado largamente hasta el alba, así se partió.
ACT 20:12 Y trajeron al mancebo vivo, y fueron consolados no poco.
ACT 20:13 Y nosotros subiendo en la nave navegamos a Asos, para recibir de allí a Pablo; porque así [lo] había determinado, queriendo él mismo ir a pie.
ACT 20:14 Y cuando se juntó con nosotros en Asos, tomándole vinimos a Mitilene.
ACT 20:15 Y navegando de allí, al [día] siguiente vinimos delante de Quió, y al otro [día] tomamos puerto en Samo; y habiendo reposado en Trogilio, el [día] siguiente vinimos a Mileto.
ACT 20:16 Porque Pablo había propuesto de pasar adelante de Éfeso, por no detenerse en Asia; porque se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalem.
ACT 20:17 Y enviando desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.
ACT 20:18 Los cuales cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis desde el primer día que entré en Asia, como he sido con vosotros por todo el tiempo,
ACT 20:19 Sirviendo al Señor con toda humildad de mente, y con muchas lágrimas y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los judíos:
ACT 20:20 Cómo nada que [os] fuese útil, me he retraído de anunciaros, enseñando públicamente, y de casa en casa,
ACT 20:21 Testificando a los judíos, y también a los griegos el arrepentimiento hacia Dios, y la fe hacia nuestro Señor Jesús Cristo.
ACT 20:22 Y ahora he aquí, que yo, atado en el espíritu, voy a Jerusalem sin saber las cosas que allá me han de acontecer:
ACT 20:23 Sólo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo: Que prisiones y tribulaciones me esperan.
ACT 20:24 Mas de ninguna de estas cosas hago caso, ni tengo mi vida preciosa a mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
ACT 20:25 Y ahora he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.
ACT 20:26 Por tanto yo os protesto el día de hoy, que yo [estoy] puro de la sangre de todos.
ACT 20:27 Porque no me he retraído de anunciaros todo el consejo de Dios.
ACT 20:28 Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto por sobreveedores, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él compró con su propia sangre.
ACT 20:29 Porque yo sé, que después de mi partida entrarán entre vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño;
ACT 20:30 [Y] de [entre] vosotros mismos se levantarán también hombres, hablando cosas perversas, para llevar discípulos en pos de sí.
ACT 20:31 Por tanto velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.
ACT 20:32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, la cual es poderosa para edificaros, y daros herencia con todos los que son santificados.
ACT 20:33 La plata, o el oro, o la vestimenta de nadie he codiciado.
ACT 20:34 Antes vosotros sabéis, que para lo que me ha sido necesario, y a los que estaban conmigo, estas manos me han servido.
ACT 20:35 Yo os he mostrado todas las cosas, que trabajando así, debéis sobrellevar a los débiles, y acordaros las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurado es dar, que recibir.
ACT 20:36 Y cuando hubo dicho estas cosas, puesto de rodillas oró con todos ellos.
ACT 20:37 Entonces hubo un gran llanto de todos; y echándose sobre el cuello de Pablo, le besaban,
ACT 20:38 Doliéndose sobre todo por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y le acompañaron hasta la nave.
ACT 21:1 Y ACONTECIÓ que cuando navegamos, habiéndonos arrancado de ellos, vinimos camino derecho a Coos, y el [día] siguiente a Rhodas, y de allí a Pátara.
ACT 21:2 Y hallando una nave que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y partimos.
ACT 21:3 Y cuando comenzó a descubrírsenos Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y vinimos a Tiro; porque la nave había de descargar allí su carga.
ACT 21:4 Y nos quedamos allí siete días, habiendo hallado discípulos, los cuales decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalem.
ACT 21:5 Cuando hubimos cumplido estos días, nos partimos, acompañándonos todos con [sus] esposas e hijos hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos.
ACT 21:6 Y cuando nos hubimos despedido los unos de los otros, subimos en la nave, y ellos se volvieron a sus casas.
ACT 21:7 Y nosotros, cumplida la navegación, vinimos de Tiro a Tolemaida, y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día.
ACT 21:8 Y al otro [día], partidos Pablo y los que con él estábamos, vinimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era [uno] de los siete, posamos con él.
ACT 21:9 Y éste tenía cuatro hijas, vírgenes, que profetizaban.
ACT 21:10 Y quedándonos [allí] por muchos días, descendió de Judea cierto profeta llamado Agabo.
ACT 21:11 El cual cuando vino a nosotros, tomó el cinto de Pablo, y atándose a si mismo los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Al varón, cuyo es este cinto, así le atarán los judíos en Jerusalem, [le] entregarán en manos de los gentiles.
ACT 21:12 Y cuando oímos estas cosas, le rogamos nosotros, y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalem.
ACT 21:13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando, y quebrantándome el corazón? porque yo estoy presto no sólo a ser atado, más aun a morir en Jerusalem por el nombre del Señor Jesús.
ACT 21:14 Y como no le pudimos persuadir, cesamos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.
ACT 21:15 Y después de estos días, habiendo tomado nuestros líos, subimos a Jerusalem.
ACT 21:16 Y vinieron también con nosotros de Cesarea [algunos] de los discípulos, trayendo consigo a un Mnasón de Chipre, discípulo antiguo con el cual posásemos.
ACT 21:17 Y cuando llegamos a Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena voluntad.
ACT 21:18 Y el [día] siguiente, Pablo entró con nosotros a Jacobo, y todos los ancianos se juntaron.
ACT 21:19 Y habiéndolos saludado, [les] contó una por una todas las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio.
ACT 21:20 Y cuando ellos [lo] oyeron, glorificaron al Señor; y le dijeron: Ya ves, hermano, cuantos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos de la ley:
ACT 21:21 Y fueron informados de ti, que enseñas a apartarse de Moisés a todos los judíos que están entre los gentiles, diciendo, que no han de circuncidar a [sus] hijos, ni andar según las costumbres.
ACT 21:22 ¿Qué hay pues? En todo caso la multitud ha de juntarse; porque oirán que has venido.
ACT 21:23 Haz, pues, esto que te decimos: Tenemos cuatro varones que tienen voto sobre sí:
ACT 21:24 Tómalos, y purifícate con ellos, y gasta con ellos para que se raigan las cabezas; y que sepan todos que las cosas que han oído de ti no son nada, sino [que] tú mismo andas también ordenadamente y guardas la ley.
ACT 21:25 En cuanto a los que de los gentiles han creído, nosotros hemos escrito; y determinamos, que no guarden nada de esto: solamente que se abstengan de [las cosas] sacrificadas a los ídolos, y de sangre, y de estrangulado, y de fornicación.
ACT 21:26 Entonces Pablo tomó a aquellos varones, y el día siguiente purificándose con ellos, entró en el templo, anunciando el cumplimiento de los días de la purificación, hasta que fuese ofrecida la ofrenda por cada uno de ellos.
ACT 21:27 Y cuando iban a cumplirse los siete días, los judíos que eran de Asia, cuando le vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo, y le echaron mano,
ACT 21:28 Dando voces: Varones israelitas ayudad: éste es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y además de esto, ha metido los griegos en el templo, y ha contaminado este santo lugar.
ACT 21:29 (Porque habían visto antes a Trófimo el efesio en la ciudad con él, el cual pensaban que Pablo había metido en el templo.)
ACT 21:30 Así que toda la ciudad se alborotó, y se hizo un concurso de pueblo; y habiendo tomado a Pablo le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente las puertas fueron cerradas.
ACT 21:31 Y procurando ellos de matarle, fue dado aviso al capitán de la compañía, que toda Jerusalem estaba alborotada.
ACT 21:32 El cual, inmediatamente tomando soldados y centuriones, corrió a ellos. Y ellos, cuando vieron al capitán y a los soldados, cesaron de golpear a Pablo.
ACT 21:33 Entonces llegando el capitán, le prendió, y [le] mandó atar con dos cadenas; y le preguntó quién era, y qué había hecho.
ACT 21:34 Y unos gritaban una cosa, otros otra, de entre la multitud; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza.
ACT 21:35 Y cuando llegó a las gradas, aconteció que fue llevado acuestas por los soldados a causa de la violencia del pueblo.
ACT 21:36 Porque la multitud del pueblo venía detrás gritando: Afuera con él.
ACT 21:37 Y cuando iban ya a meter a Pablo en la fortaleza, dijo al capitán: ¿Me será lícito hablar contigo? Y él dijo: ¿Sabes tú griego?
ACT 21:38 ¿No eres tú aquel egipcio que levantaste una sedición antes de estos días, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?
ACT 21:39 Pero Pablo le dijo: Yo de cierto soy hombre judío, de Tarso, ciudadano de una ciudad no oscura de Cilicia: y te ruego que me permitas hablar al pueblo.
ACT 21:40 Y cuando él se lo permitió, Pablo estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo; y hecho grande silencio, [les] habló en lengua Hebrea, diciendo:
ACT 22:1 VARONES, hermanos, y padres, oíd mi defensa [que hago] ahora ante vosotros.
ACT 22:2 (Y cuando oyeron que les hablaba en lengua Hebrea, dieron más silencio;) y dice:
ACT 22:3 Yo de cierto soy hombre judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad a los pies de Gamaliel, enseñado según a la verdad de la ley de los padres, y siendo celoso de Dios, como todos vosotros sois hoy.
ACT 22:4 Que perseguí este camino hasta la muerte, atando y entregando en cárceles así a varones como a mujeres,
ACT 22:5 Como también el sumo sacerdote me es testigo, y toda la asamblea de los ancianos: de los cuales también tomando cartas para los hermanos, iba a Damasco, a fin de traer atados a Jerusalem a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados.
ACT 22:6 Mas aconteció, que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como a medio día de repente del cielo resplandeció una gran luz alrededor de mí.
ACT 22:7 Y caí en el suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
ACT 22:8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y díjome: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.
ACT 22:9 Y los que estaban conmigo, vieron a la verdad la luz, y se espantaron; mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo.
ACT 22:10 Y dije: ¿Qué haré Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí te será dicho todo lo que está determinado que hagas.
ACT 22:11 Y como yo no veía por causa de la gloria de aquella luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, vine a Damasco.
ACT 22:12 Entonces un cierto Ananías, varón piadoso conforme a la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que [allí] moraban,
ACT 22:13 Viniendo a mí, y poniéndose de pie, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora le miré.
ACT 22:14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido, para que conocieses su voluntad, y vieses a aquel Justo, y oyeses la voz de su boca;
ACT 22:15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres de lo que has visto y oído.
ACT 22:16 Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y sé bautizado, y lava tus pecados, invocando el nombre del Señor.
ACT 22:17 Y me aconteció, vuelto a Jerusalem, que orando en el templo, fui arrebatado fuera de mí,
ACT 22:18 Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prestamente fuera de Jerusalem; porque no recibirán tu testimonio de mí,
ACT 22:19 Y yo dije: Señor, ellos saben bien que yo encerraba en cárcel y azotaba por las sinagogas a los que creían en ti;
ACT 22:20 Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba de pie cerca, y consentía a su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.
ACT 22:21 Y me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.
ACT 22:22 Y le oyeron hasta esta palabra; y [entonces] alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a un tal [hombre]; porque no conviene que viva.
ACT 22:23 Y como ellos daban voces, y arrojando [sus] ropas, y echando polvo al aire,
ACT 22:24 Mandó el capitán que le llevasen a la fortaleza; y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.
ACT 22:25 Y como le ataban con correas, Pablo dijo al centurión que estaba de pie allí: ¿Os es lícito azotar a un hombre romano, sin ser condenado?
ACT 22:26 Y cuando el centurión oyó [esto], fue al capitán, y le dio aviso, diciendo: Mira lo que vas a hacer; porque este hombre es romano.
ACT 22:27 Y viniendo el capitán le dijo: Dime, ¿eres tú romano? Y él dijo: Sí.
ACT 22:28 Y respondió el capitán: Yo por gran suma alcancé esta ciudadanía. Y Pablo dijo: Mas yo nací [con ella].
ACT 22:29 Así que, inmediatamente se apartaron de él los que le habían de examinar; y el capitán también tuvo temor, entendido que era romano, por haberle atado.
ACT 22:30 Y el día siguiente queriendo saber de cierto la causa por qué era acusado de los judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir a los príncipes de los sacerdotes, y a todo su concilio; y sacando a Pablo, le presentó delante de ellos.
ACT 23:1 Y PABLO, poniendo los ojos en el concilio, dijo: Varones y hermanos: yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.
ACT 23:2 Y el sumo sacerdote, Ananías, mandó a los que estaban de pie cerca de él que le hiriesen en la boca.
ACT 23:3 Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios [a ti], pared blanqueada: Y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, ¿Y contra la ley me mandas herir?
ACT 23:4 Y los que estaban de pie cerca dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?
ACT 23:5 Y Pablo dijo: No sabía yo, hermanos, que era el sumo sacerdote; porque escrito está: No hablarás mal del príncipe de tu pueblo.
ACT 23:6 Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de saduceos, y la otra de fariseos, clamó en el concilio: Varones [y] hermanos, yo fariseo soy, hijo de fariseo, de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado.
ACT 23:7 Y cuando hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los fariseos y los saduceos; y la multitud fue dividida.
ACT 23:8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan ambas cosas.
ACT 23:9 Hubo, pues, un gran clamor; y levantándose los escribas [que estaban] de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre: que sí [algún] espíritu le ha hablado, o un ángel, no peleemos contra Dios.
ACT 23:10 Y habiendo grande disensión, el capitán temiendo que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó descender soldados y arrebatarle de en medio de ellos, y llevar[le] a la fortaleza.
ACT 23:11 Y la noche siguiente, apareciendosele el Señor, le dijo: Ten ánimo Pablo: que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester que testifiques también en Roma.
ACT 23:12 Y cuando fue de día, ciertos de los judíos se juntaron, y se comprometieron bajo maldición, diciendo, que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen matado a Pablo.
ACT 23:13 Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración:
ACT 23:14 Los cuales vinieron a los príncipes de los sacerdotes, y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de grave maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos matado a Pablo.
ACT 23:15 Ahora pues, vosotros, con el concilio dad aviso al capitán, que le saque mañana a vosotros, como que queréis inquirir de él alguna cosa más cierta; y nosotros, así que se nos acerque, estaremos aparejados para matarle.
ACT 23:16 Mas cuando el hijo de la hermana de Pablo, oyó de las asechanzas, vino, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.
ACT 23:17 Y Pablo llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este mancebo al capitán, porque tiene cierta cosa que decirle.
ACT 23:18 Él entonces tomándole, [le] llevó al capitán, y dijo: El preso Pablo llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte.
ACT 23:19 Y el capitán tomándole de la mano, y retirándose aparte [con él, le] preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?
ACT 23:20 Y él le dijo: Los judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.
ACT 23:21 Mas tú no los creas; porque más de cuarenta varones de ellos le acechan, los cuales han hecho voto, debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan matado; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.
ACT 23:22 Entonces el capitán despidió al mancebo, mandándo[le que] a nadie dijese que le había dado aviso de estas cosas.
ACT 23:23 Y llamando a dos de los centuriones, les dijo: Preparad doscientos soldados para que vayan hasta Cesarea, y setenta de a caballo, con doscientos lanceros para la tercera hora de la noche;
ACT 23:24 Y aparejad cabalgaduras para que poniendo a Pablo, [le] llevasen seguro a Félix el gobernador;
ACT 23:25 Y él escribió una carta en esta manera:
ACT 23:26 Claudio Lisias a Félix gobernador excelentísimo, saludos.
ACT 23:27 Y este hombre que fue preso por los judíos, y que iban a matar ellos, lo libré yo sobreviniendo con un ejército, habiendo entendido que era romano.
ACT 23:28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos.
ACT 23:29 El cual yo hallé ser acusado sobre cuestiones de la ley de ellos, mas que ningún crimen tenía digno de muerte, o de prisión.
ACT 23:30 Y cuando me fue dado aviso de asechanzas que los judíos habían aparejado contra él, inmediatamente le envié a ti: mandando también a los acusadores que traten delante de ti lo que [tienen] contra él. Pasadlo bien.
ACT 23:31 Entonces los soldados tomaron a Pablo, como les era mandado, y [le] trajeron de noche a Antipatris.
ACT 23:32 Y el día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza.
ACT 23:33 Los cuales, cuando llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.
ACT 23:34 Y cuando el gobernador [la] hubo leído, y le hubo preguntado de que provincia era; y habiendo entendido que [era] de Cilicia:
ACT 23:35 Te oiré, dijo, cuando vinieren también tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes.
ACT 24:1 Y CINCO días después descendió el sumo sacerdote Ananías, con los ancianos, y [con] un cierto orador [llamado] Tértulo; los cuales comparecieron delante del gobernador contra Pablo.
ACT 24:2 Y cuando él fue llamado, Tértulo comenzó a acusar[le], diciendo: Como [sea] así que por causa tuya vivamos en grande paz, y habiéndose dado buenos reglamentos a esta nación por tu prudencia,
ACT 24:3 Siempre y en todo lugar [lo] recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelente Félix.
ACT 24:4 No obstante, por no detenerte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.
ACT 24:5 Porque hemos hallado que este varón [es] pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo; y jefe de la sediciosa secta de los Nazarenos.
ACT 24:6 El cual también intentó profanar al templo; al cual nosotros prendimos, y le quisimos juzgar conforme a nuestra ley.
ACT 24:7 Mas sobreviniendo el capitán Lisias, con grande violencia [le] quitó de nuestras manos,
ACT 24:8 Mandando a sus acusadores que viniesen a ti: del cual tú mismo examinando, podrás conocer de todas estas cosas de que le acusamos.
ACT 24:9 Y asintieron también los judíos, afirmando que estas cosas eran así.
ACT 24:10 Entonces Pablo, habiéndole hecho señal el gobernador de que hablase, respondió: Porque sé que ha muchos años que eres juez de esta nación, con mayor ánimo me defenderé.
ACT 24:11 Que tú puedes entender que no ha más de doce días que subí a adorar a Jerusalem.
ACT 24:12 Y ni me hallaron en el templo disputando con alguno, ni haciendo tumulto del pueblo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad:
ACT 24:13 Ni tampoco pueden probar las cosas de que ahora me acusan.
ACT 24:14 Pero esto te confieso, que conforme a aquel camino que llaman ellos herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley, y en los profetas están escritas:
ACT 24:15 Teniendo esperanza en Dios, como ellos mismos también [la] tienen, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de los justos, como de los injustos.
ACT 24:16 Y por esto yo procuro tener siempre la conciencia sin ofensa para con Dios, y [para con] los hombres.
ACT 24:17 Mas pasados muchos años, vine a hacer limosnas a mi nación y ofrendas,
ACT 24:18 En las cuales me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto, ciertos judíos de Asia:
ACT 24:19 Los cuales debían comparecer delante de ti, y acusar, si contra mí tenían algo:
ACT 24:20 O si no, [que] éstos mismos digan [aquí], si hallaron en mí alguna cosa mal hecha cuando yo estuve de pie delante del concilio;
ACT 24:21 Si no que sea por esta sola voz que clamé estando de pie entre ellos: Que de la resurrección de los muertos soy hoy juzgado por vosotros.
ACT 24:22 Y cuando Félix oyó estas cosas, teniendo conocimiento más perfecto de [aquel] camino, les puso dilación, diciendo: Cuando descendiere el capitán Lisias, acabaré de conocer de vuestro negocio.
ACT 24:23 Y mandó al centurión, que Pablo fuese guardado, y que fuese aliviado, y que no vedase a ninguno de los suyos de servir[le], o venir a él.
ACT 24:24 Y algunos días después, cuando vino Félix con Drusila su esposa, la cual era judía, llamó a Pablo, y oyó de él sobre la fe en Cristo.
ACT 24:25 Y disputando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Félix, respondió: Por ahora vete; y cuando tuviere oportunidad te llamaré.
ACT 24:26 Esperaba también, que de parte de Pablo le sería dado dinero, porque le soltase; por lo cual haciéndole venir muchas veces, hablaba con él.
ACT 24:27 Mas cumplidos dos años, Félix tuvo por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix ganar la gracia de los judíos, dejó preso a Pablo.
ACT 25:1 FESTO pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesarea a Jerusalem.
ACT 25:2 Y comparecieron delante de él el sumo sacerdote, y los principales de los judíos contra Pablo, y le rogaban,
ACT 25:3 Pidiendo favor contra él, que le hiciese traer a Jerusalem, poniéndole asechanzas para matarlo en el camino.
ACT 25:4 Mas Festo respondió que Pablo estuviese guardado en Cesarea, y que él mismo partiría en breve.
ACT 25:5 Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan con[migo], y si hay algún crimen en este varón, acúsenle.
ACT 25:6 Y habiéndose detenido entre ellos más de diez días, descendió a Cesarea; y el día siguiente, sentándose en el tribunal, mandó que Pablo fuese traído.
ACT 25:7 El cual venido, le rodearon los judíos que habían descendido de Jerusalem, alegando contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales, no podían probar,
ACT 25:8 Contestando por sí mismo, él dijo: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada.
ACT 25:9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo, dijo: ¿Quieres subir a Jerusalem, y ser juzgado allá de estas cosas delante de mí?
ACT 25:10 Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy de pie, donde debo ser juzgado. A los judíos no he hecho agravio alguno, como tú sabes muy bien.
ACT 25:11 Porque si alguna injuria, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso de morir; mas si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie me puede entregar a ellos. A César apelo.
ACT 25:12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? a César irás.
ACT 25:13 Y pasados ciertos días, el rey Agripa y Bernice vinieron a Cesarea a saludar a Festo.
ACT 25:14 Y cuando estuvieron allí muchos días, Festo declaró al rey la causa de Pablo, diciendo: Hay cierto varón que ha sido dejado preso por Félix,
ACT 25:15 Sobre el cual, cuando estuve en Jerusalem, comparecieron [ante mí] los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos pidiendo juicio contra él.
ACT 25:16 A los cuales respondí, no es costumbre de los romanos entregar a hombre alguno a la muerte, antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusación. 17Así que habiendo ellos venido juntos acá, sin ninguna dilación el día siguiente sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.
ACT 25:18 Del cual, cuando los acusadores se pusieron de pie, ningún crimen le opusieron de los que yo sospechaba.
ACT 25:19 Sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su propia superstición, y de un cierto Jesús que había sido muerto, el cual Pablo afirmaba estar vivo.
ACT 25:20 Y yo dudando en cuestión semejante, [le] dije, si quería ir a Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas.
ACT 25:21 Mas cuando Pablo hubo apelado para ser reservado al juicio de Augusto, mandé que fuese guardado hasta que yo le enviase a César.
ACT 25:22 Entonces Agripa dijo a Festo: Yo mismo también querría oír a ese hombre. Y él dijo: Mañana le oirás.
ACT 25:23 Y el día siguiente habiendo venido Agripa y Bernice con gran pompa, y habiendo entrado en el auditorio con los capitanes y los varones más principales de la ciudad, por mandato de Festo, fue traído Pablo.
ACT 25:24 Y Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, veis a este hombre, por el cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalem, y aquí [también], gritando que no conviene que viva más.
ACT 25:25 Mas hallando yo que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y apelando él mismo a Augusto, he determinado de enviarle.
ACT 25:26 Del cual no tengo cosa cierta que escriba a mi señor, por lo cual le he sacado ante vosotros, y mayormente ante ti, Oh rey Agripa, para que después de haber hecho examen, tenga qué escribir.
ACT 25:27 Porque me parece fuera de razón enviar un preso, y no informar de los delitos de los cuales es acusado.
ACT 26:1 ENTONCES Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces extendiendo la mano, comenzó a dar razón de sí, [diciendo: ]2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los judíos, oh rey Agripa, me tengo por feliz, de que me haya hoy de defenderme delante de ti.
ACT 26:3 Mayormente [porque yo sé que] tú entiendes de todas las costumbres y cuestiones también que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.
ACT 26:4 En verdad, pues, mi manera de vivir desde mi mocedad, la cual desde el principio fue entre mi nación en Jerusalem, todos los judíos la saben:
ACT 26:5 Los cuales me conocieron que yo desde el principio, si quieren testificar[lo], conforme a la secta más estricta de nuestra religión he vivido fariseo.
ACT 26:6 Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, estoy de pie siendo acusado en juicio.
ACT 26:7 A la cual [promesa] nuestras doce tribus, sirviendo a [Dios] continuamente de día y de noche, esperan que han de llegar; por la cual esperanza, rey Agripa, soy acusado de los judíos.
ACT 26:8 ¿Por qué se ha de juzgar por cosa increíble entre vosotros, que Dios resucite los muertos?
ACT 26:9 Yo ciertamente había pensado conmigo mismo que debía de hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret.
ACT 26:10 Lo cual también hice en Jerusalem, y yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido la autoridad de los principales de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo di mi voto.
ACT 26:11 Y muchas veces castigándolos por todas las sinagogas, [los] forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, [les] perseguí aun hasta en las ciudades extrañas.
ACT 26:12 Y ocupado en esto, como iba yo a Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes,
ACT 26:13 Al mediodía, oh rey, vi en el camino una luz del cielo que sobrepujaba el resplandor del sol, resplandecer al derredor de mí y a los que iban conmigo.
ACT 26:14 Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura [cosa] te [es] dar coces contra los aguijones.
ACT 26:15 Y yo dije: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús, a quién tú persigues.
ACT 26:16 Mas levántate, y ponte sobre tus pies; porque por esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo así de las cosas que has visto, como de aquellas en las cuales te apareceré;
ACT 26:17 Librándote del pueblo, y [de] los gentiles, a los cuales ahora te envío,
ACT 26:18 Para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y [de] la potestad de Satanás a Dios, para que reciban perdón de pecados, y una herencia entre aquellos que son santificados por la fe que es en mí.
ACT 26:19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial:
ACT 26:20 Antes, prediqué primeramente a los de Damasco, y en Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
ACT 26:21 Por causa de esto los judíos tomándome en el templo, tentaron de matar[me].
ACT 26:22 Pero habiendo yo obtenido ayuda de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir:
ACT 26:23 Que el Cristo había de padecer, que había de ser el primero de la resurrección de entre los muertos, y que había de anunciar luz al pueblo, y a los gentiles.
ACT 26:24 Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco.
ACT 26:25 Mas él dijo: No estoy loco, excelente Festo, sino [que] hablo palabra de verdad, y de templanza.
ACT 26:26 Porque el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo con toda confianza, porque estoy persuadido que él no ignora nada de estas cosas, que esto no ha sido hecho en algún rincón.
ACT 26:27 ¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.
ACT 26:28 Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades que me haga Cristiano.
ACT 26:29 Y Pablo dijo: Pluguiese a Dios, que por poco y por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, salvo estas prisiones.
ACT 26:30 Y cuando hubo dicho esto, se levantó el rey, y el gobernador, y Bernice, y los que estaban sentados con ellos.
ACT 26:31 Y cuando se retiraron aparte, hablaban los unos a los otros, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisión, hace este hombre.
ACT 26:32 Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser suelto, si no hubiera apelado a César.
ACT 27:1 Y cuando fue determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo, y a ciertos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.
ACT 27:2 Así que embarcándonos en una nave adramitena, partimos para navegar por las costas de Asia, estando con nosotros [un tal] Aristarco, macedonio, de Tesalónica.
ACT 27:3 Y al [día] siguiente arribamos a Sidón, y Julio tratando a Pablo humanamente, [le] permitió que fuese a sus amigos para ser atendido por ellos.
ACT 27:4 Y alzando velas de allí, navegamos bajo de Chipre; porque los vientos eran contrarios.
ACT 27:5 Y cuando hubimos navegado el mar que está junto a Cilicia y Pamfilia, vinimos a Mira, [que es ciudad] de Licia.
ACT 27:6 Y allí halló el centurión una nave de Alejandría, que navegaba a Italia, y púsonos en ella.
ACT 27:7 Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto a Salmón.
ACT 27:8 Y costeándola apenas, vinimos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad [de] Lasea.
ACT 27:9 Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo [los] amonestaba,
ACT 27:10 Diciéndoles: Varones, veo que con perjuicio y mucho daño, no sólo del cargamento y de la nave, mas aun de nuestras vidas, habrá de ser la navegación.
ACT 27:11 Mas el centurión creía más al piloto y al dueño, que a lo que Pablo decía.
ACT 27:12 Y no habiendo puerto cómodo para invernar, los más acordaron de pasar aun de allí, [por ver] si de algún modo pudiesen arribar a Fenice, e invernar [allí, que es] un puerto de Creta, que mira al sudoeste, y al noroeste.
ACT 27:13 Y soplando blandamente el viento del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando [velas] iban costeando la Creta.
ACT 27:14 Mas no mucho después se levantó contra la [nave] un viento tempestuoso que se llama Euroclidón.
ACT 27:15 Y siendo arrebatada la nave, que no podía resistir al viento, [la] dejamos, y éramos llevados.
ACT 27:16 Y corriendo a sotavento de cierta pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife:
ACT 27:17 El cual levantado, usaban de remedios ciñendo la nave; y teniendo temor que no diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados.
ACT 27:18 Y nosotros siendo atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente [día] alijaron la nave.
ACT 27:19 Y al tercer [día] nosotros con nuestras propias manos echamos los aparejos de la nave.
ACT 27:20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña sobre [nosotros], ya era perdida toda la esperanza de salvarnos.
ACT 27:21 Y habiendo estado mucho tiempo sin comer, Pablo se puso en pie en medio de ellos, y dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oído a mí, y no haber partido de Creta, para recibir este daño y pérdida.
ACT 27:22 Mas ahora os exhorto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida de vida habrá entre vosotros, sino solamente de la nave.
ACT 27:23 Porque esta noche estuvo de pie conmigo el ángel de Dios, de quien soy, y a quien sirvo,
ACT 27:24 Diciendo: Pablo, no tengas temor: es menester que seas presentado delante de César; y, he aquí, Dios te ha dado a todos los que navegan contigo.
ACT 27:25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha sido dicho.
ACT 27:26 Mas es menester que seamos echados en cierta isla.
ACT 27:27 Pero cuando hubo llegado la decimacuarta noche, y siendo llevados de un lado para otro en el Adriático, los marineros, cerca de la media noche, sospecharon que estaban cerca de alguna tierra.
ACT 27:28 Y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas.
ACT 27:29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas de la popa, y deseaban que se hiciese de día.
ACT 27:30 Mas procurando los marineros de huirse de la nave, echando el esquife al mar, con parecer como que querían largar las anclas de proa,
ACT 27:31 Pablo dijo al centurión, y a los soldados: Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros.
ACT 27:32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife, y dejáronle caer.
ACT 27:33 Y como se comenzó a hacer de día, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Éste es el catorceno día que esperáis y permanecéis ayunos, no tomando nada.
ACT 27:34 Por tanto os ruego que comáis, porque esto es para vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros caerá.
ACT 27:35 Y habiendo dicho esto, tomando el pan, dio gracias a Dios en presencia de todos; y partiéndo[lo], comenzó a comer.
ACT 27:36 Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también.
ACT 27:37 Y éramos todas las almas en la nave doscientas y setenta y seis.
ACT 27:38 Y saciados de comida, aliviaban la nave, echando el trigo al mar.
ACT 27:39 Y cuando se hizo de día, no conocían la tierra; mas veían cierta ensenada, que tenía playa, en la cual acordaban de echar, si pudiesen, la nave.
ACT 27:40 Y alzando las anclas, se dejaron al mar, largando también las ataduras de los timones; y alzada la vela mayor al viento, íbanse a la playa.
ACT 27:41 Mas dando en un lugar de dos mares, encallaron la nave; y la proa hincada estaba sin moverse, mas la popa se abría con la fuerza de las olas.
ACT 27:42 Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen a los presos; porque ninguno se fugase nadando.
ACT 27:43 Mas el centurión, queriendo salvar a Pablo estorbó este acuerdo; y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen a tierra:
ACT 27:44 Y los demás, unos en tablas, y otros en cosas de la nave: y así aconteció que todos se salvaron a tierra.
ACT 28:1 Y CUANDO ellos hubieron escapado, entonces supieron que la isla, se llamaba Melita.
ACT 28:2 Y los bárbaros nos trataban con no poca amabilidad; porque ellos encendieron un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la presente lluvia, y a causa del frío.
ACT 28:3 Entonces habiendo Pablo allegado algunos sarmientos, y puésto[los] en el fuego, una víbora huyendo del calor, le acometió a la mano.
ACT 28:4 Y cuando los bárbaros vieron la bestia [venenosa] colgando de su mano, decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida: a quien, aunque escapado del mar, la justicia no le deja vivir.
ACT 28:5 Mas él, sacudiendo la bestia en el fuego, ningún mal padeció.
ACT 28:6 Sin embargo ellos estaban esperando cuando se había de hinchar, o de caer muerto de repente; Mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados de parecer, decían que era un dios.
ACT 28:7 En aquellos lugares había [unas] heredades del hombre principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió, y nos hospedó tres días humanamente.
ACT 28:8 Y aconteció, que el padre de Publio estaba en cama enfermo de fiebre y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima y le sanó.
ACT 28:9 Y esto hecho, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y fueron sanados:
ACT 28:10 Los cuales también nos honraron con muchas honras; cuando partimos, [nos] cargaron de las cosas necesarias.
ACT 28:11 Y después de tres meses, navegamos en una nave de Alejandría, que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.
ACT 28:12 Y venidos a Siracusa, estuvimos [allí] tres días.
ACT 28:13 De donde costeando al derredor, vinimos a Regio; y un día después soplaba el viento del sur, y vinimos al segundo día a Puteolos:
ACT 28:14 Donde hallando hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete días; y así vinimos hacia Roma:
ACT 28:15 Y de allí, cuando oyeron de nosotros, nos salieron a recibir hasta el Foro de Appio, y las tres tabernas: a los cuales como Pablo vio dando gracias a Dios, cobró ánimo.
ACT 28:16 Y cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto de la guardia; mas a Pablo fue permitido de estar por sí, con un soldado que le guardase.
ACT 28:17 Y aconteció, que tres días después, Pablo convocó los principales de los judíos: a los cuales, cuando estuvieron juntos, les dijo: Varones y hermanos, aunque yo nada he hecho contra el pueblo, ni [contra] las costumbres de nuestros padres, fui entregado preso desde Jerusalem en manos de los romanos:
ACT 28:18 Los cuales habiéndome examinado, [me] querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte.
ACT 28:19 Mas contradiciendo los judíos, fui forzado de apelar a César: no como que tenga de qué acusar a mi nación.
ACT 28:20 Así que por esta causa os he llamado para ver[os] y hablar[os]; porque por la esperanza de Israel estoy rodeado con esta cadena.
ACT 28:21 Y ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas en cuanto a ti de Judea, ni viniendo alguno de los hermanos nos ha noticiado ni hablado algún mal de ti.
ACT 28:22 Mas queremos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha.
ACT 28:23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a [su] alojamiento, a los cuales exponía y testificaba el reino de Dios, desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles las cosas concernientes a Jesús, así por la ley de Moisés como por los profetas.
ACT 28:24 Y algunos creían a lo que se decía, mas algunos no creían.
ACT 28:25 Y como fueron entre sí discordes, se fueron, después de haber dicho Pablo una palabra: Bien habló el Espíritu Santo por el profeta Isaías a nuestros padres,
ACT 28:26 Diciendo: Ve a este pueblo, y diles: Oyendo oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.
ACT 28:27 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; porque no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.
ACT 28:28 Séaos pues notorio, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y [que] ellos la oirán.
ACT 28:29 Y cuando hubo dicho estas cosas, los judíos se salieron, y tenían entre sí gran contienda.
ACT 28:30 Y Pablo quedó dos años enteros en su propia casa que tenía alquilada; y recibía a todos los que venían a él,
ACT 28:31 Predicando el reino de Dios, y enseñando las cosas que son del Señor Jesús Cristo, con toda confianza, sin que ninguno se lo estorbase.
ROM 1:1 PABLO, siervo de Cristo Jesús, llamado [a ser] apóstol, separado para el evangelio de Dios,
ROM 1:2 (Que él había antes prometido, por sus profetas en las santas Escrituras)
ROM 1:3 Acerca de su Hijo Cristo Jesús, el Señor nuestro, el cual fue hecho de la simiente de David según la carne,
ROM 1:4 Y fue declarado [ser] el Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos;
ROM 1:5 Por el cual hemos recibido la gracia y el apostolado, para obediencia a la fe entre todas las naciones, por su nombre:
ROM 1:6 Entre las cuales sois también vosotros, llamados de Cristo Jesús:
ROM 1:7 A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados [a ser] santos: Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.
ROM 1:8 Primeramente, doy gracias a mi Dios por Cristo Jesús por todos vosotros, de que vuestra fe es divulgada por todo el mundo.
ROM 1:9 Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones;
ROM 1:10 Rogando, si de algún modo ahora al fin haya de tener por la voluntad de Dios próspero viaje para venir a vosotros.
ROM 1:11 Porque deseo vehementemente veros, para repartir con vosotros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados;
ROM 1:12 Es a saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la mutua fe, vuestra y juntamente mía.
ROM 1:13 Mas no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto de venir a vosotros, (pero hasta ahora he sido estorbado,) para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los otros gentiles.
ROM 1:14 Tanto a griegos como a bárbaros, tanto a sabios como a no sabios soy deudor.
ROM 1:15 Así que, en cuanto está en mí, pronto estoy a predicar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
ROM 1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo; porque es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree: al judío primeramente, y también al griego.
ROM 1:17 Porque en él la justicia de Dios es revelada de fe a fe, como está escrito: Mas el justo vivirá por fe.
ROM 1:18 Porque es revelada la ira de Dios desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad en injusticia:
ROM 1:19 Porque lo que de Dios se puede conocer, en ellos es manifiesto; porque Dios se [lo] manifestó.
ROM 1:20 Porque las cosas invisibles de él desde la creación del mundo se ven claramente, siendo entendidas por las cosas que son hechas, [es a saber], su eterno poder y Deidad, para que sean sin excusa.
ROM 1:21 Porque habiendo conocido a Dios, no [le] glorificaron como a Dios, ni [le] dieron gracias: antes se hicieron vanos en sus imaginaciones, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido:
ROM 1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios.
ROM 1:23 Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de reptiles.
ROM 1:24 Por lo cual Dios también los entregó a la inmundicia, según las concupiscencias de sus corazones, para que deshonrasen sus cuerpos entre sí:
ROM 1:25 Que mudaron la verdad de Dios en mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura antes que al Creador, el cual es bendito por siempre jamás. Amén.
ROM 1:26 Por lo cual Dios los entregó a afectos viles; porque aun sus mujeres mudaron el natural uso, en el uso que es contra naturaleza.
ROM 1:27 Y asimismo los varones, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la debida recompensa de su error.
ROM 1:28 Y como a ellos no les pareció bien tener a Dios en [su] conocimiento, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;
ROM 1:29 Siendo llenos de toda injusticia, de fornicación, de maldad, de avaricia, de malicia; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades;
ROM 1:30 Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a [sus] padres,
ROM 1:31 Sin entendimiento, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:
ROM 1:32 Los cuales, conociendo el juicio de Dios, [a saber], que los que hacen tales cosas son dignos de muerte; no solamente las hacen, mas aun se complacen con los que las hacen.
ROM 2:1 POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas; porque en lo mismo que juzgas al otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces las mismas cosas.
ROM 2:2 Porque sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen tales cosas.
ROM 2:3 ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, haciendo las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios?
ROM 2:4 ¿O menosprecias tú las riquezas de su bondad, y la paciencia, y la longanimidad; ignorando que la bondad de Dios te guía a arrepentimiento?
ROM 2:5 Antes, según tu dureza, y tu corazón impenitente, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira, y de la revelación del justo juicio de Dios;
ROM 2:6 El cual pagará a cada uno según sus obras:
ROM 2:7 A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria, y honra, e inmortalidad, la vida eterna;
ROM 2:8 Mas a los que son contenciosos, y que no obedecen a la verdad, antes obedecen a la injusticia, indignación e ira.
ROM 2:9 Tribulación y angustia sobre toda alma de hombre que obra lo malo, del judío primeramente, y también del gentil;
ROM 2:10 Mas gloria, y honra, y paz a todo aquel que obra el bien, al judío primeramente, y también al gentil:
ROM 2:11 Porque no hay acepción de personas para con Dios.
ROM 2:12 Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados.
ROM 2:13 Porque no los que oyen la ley [son] justos delante de Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados.
ROM 2:14 Porque cuando los gentiles que no tienen la ley, hacen naturalmente las cosas de la ley, los tales aunque no tengan la ley, a sí mismos son ley:
ROM 2:15 Los cuales muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias; y acusándose mientras tanto, o también excusándose [sus] pensamientos, unos con otros,
ROM 2:16 En el día en que juzgará Dios los secretos de los hombres por Cristo Jesús, según mi evangelio.
ROM 2:17 He aquí, tú eres llamado judío, y reposas en la ley, y te glorías en Dios,
ROM 2:18 Y conoces [su] voluntad, y apruebas las cosas que son más excelentes, siendo instruido por la ley;
ROM 2:19 Y confías que tú mismo eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,
ROM 2:20 Instructor de los necios, maestro de niños, que tienes la forma del conocimiento y de la verdad en la ley.
ROM 2:21 Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas?
ROM 2:22 Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas los ídolos, ¿haces sacrilegio?
ROM 2:23 Tú que te jactas de la ley, ¿por transgresión de la ley deshonras a Dios?
ROM 2:24 Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los gentiles, como está escrito.
ROM 2:25 Porque la circuncisión a la verdad aprovecha, si guardares la ley; mas si eres transgresor de la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión.
ROM 2:26 De manera que si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión por circuncisión?
ROM 2:27 Y lo que de su natural es incircunciso, si guardare la ley, ¿no te juzgará a ti, que por la letra y [por] la circuncisión eres transgresor de la ley?
ROM 2:28 Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni [es] la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;
ROM 2:29 Mas es judío el que lo [es] en lo interior; y la circuncisión [es la] del corazón, en espíritu, no en letra: la alabanza del cual no [es] de los hombres, sino de Dios.
ROM 3:1 ¿QUÉ ventaja pues tiene el judío? ¿o qué [es] el provecho de la circuncisión?
ROM 3:2 Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, porque los oráculos de Dios les fueron a ellos confiados.
ROM 3:3 ¿Pues qué, si algunos de ellos no han creído? ¿Por ventura la incredulidad de ellos hará ineficaz la fe de Dios?
ROM 3:4 ¡No lo permita Dios! mas antes, sea Dios verdadero, y todo hombre mentiroso, como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, y venzas cuando fueres juzgado.
ROM 3:5 Mas si nuestra injusticia encarece la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿[Será] injusto Dios que trae ira? (Hablo como hombre).
ROM 3:6 ¡No lo permita Dios! de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios el mundo?
ROM 3:7 Porque si la verdad de Dios por mi mentira abundó más para gloria suya, ¿por qué aún también soy yo juzgado como pecador?
ROM 3:8 Y no, (como somos calumniados, y como algunos aseguran, que nosotros decimos), ¿Hagamos males para que vengan bienes? la condenación de los cuales es justa.
ROM 3:9 ¿Pues qué? ¿Somos nosotros mejores [que ellos]? No, en ninguna manera; porque ya hemos probado antes a judíos y a gentiles, que todos están debajo de pecado,
ROM 3:10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno:
ROM 3:11 No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.
ROM 3:12 Todos se apartaron, a una se han hecho inútiles: no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.
ROM 3:13 Sepulcro abierto [es] su garganta: con sus lenguas tratan engañosamente: veneno de áspides [está] debajo de sus labios:
ROM 3:14 Cuya boca [está] llena de maledicencia, y de amargura:
ROM 3:15 Sus pies [son] ligeros para derramar sangre:
ROM 3:16 Destrucción y miseria [hay] en sus caminos:
ROM 3:17 Y el camino de paz no han conocido.
ROM 3:18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
ROM 3:19 Ahora sabemos, que todo lo que la ley dice, a los que están bajo la ley [lo] dice; para que toda boca se tape, y que todo el mundo se tenga por reo delante de Dios:
ROM 3:20 Por tanto, por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.
ROM 3:21 Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, siendo testificada por la ley y por los profetas:
ROM 3:22 La justicia, digo, de Dios por la fe de Cristo Jesús, para todos y sobre todos los que creen; porque no hay diferencia.
ROM 3:23 Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
ROM 3:24 Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús.
ROM 3:25 Al cual Dios ha propuesto por propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia por la remisión de los pecados pasados, por la paciencia de Dios;
ROM 3:26 Para manifestación de su justicia en este tiempo; para que él sea justo, y justificador del que cree en Jesús.
ROM 3:27 ¿Dónde, pues, [está] la jactancia? Excluída queda. ¿Por cuál ley? ¿De las obras? No: sino por la ley de la fe.
ROM 3:28 Así que, concluimos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley.
ROM 3:29 ¿[Es] Dios solamente de los judíos? ¿No es también de los gentiles? Cierto, también de los gentiles.
ROM 3:30 Porque un solo Dios [es], el cual justificará por fe la circuncisión, y por medio de la fe a la incircuncisión.
ROM 3:31 ¿Deshacemos pues la ley por la fe? ¡No lo permita Dios!, antes establecemos la ley.
ROM 4:1 ¿QUÉ, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne?
ROM 4:2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse; mas no delante de Dios.
ROM 4:3 Porque, ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue imputado por justicia.
ROM 4:4 Ahora al que obra, no es imputado el galardón por gracia, sino por deuda.
ROM 4:5 Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es imputada por justicia.
ROM 4:6 Como también David describe la bienaventuranza del hombre, al cual Dios imputa justicia sin obras,
ROM 4:7 [Diciendo]: Bienaventurados aquellos, cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.
ROM 4:8 Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputará pecado.
ROM 4:9 ¿Esta bienaventuranza pues [viene solamente] sobre la circuncisión, o también sobre la incircuncisión? porque decimos que a Abraham le fue imputada la fe por justicia.
ROM 4:10 ¿Cómo pues [le] fue imputada? ¿estando él en [la] circuncisión o en [la] incircuncisión? no en la circuncisión, sino en la incircuncisión.
ROM 4:11 Y recibió la señal de la circuncisión, un sello de la justicia de la fe que [tuvo] en la incircuncisión; para que fuese padre de todos los que creen, estando en la incircuncisión; para que también a ellos les sea imputada por justicia:
ROM 4:12 Y padre de la circuncisión, a los que no solamente son de la circuncisión, mas también a los que siguen las pisadas de la fe de nuestro padre Abraham, [que tenía] antes de ser circuncidado.
ROM 4:13 Porque no por la ley fue [dada] la promesa a Abraham, o a su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la justicia de fe.
ROM 4:14 Porque si los de la ley, [son] los herederos, hecha vana es la fe; y anulada es la promesa.
ROM 4:15 Por cuanto la ley obra ira; porque donde no hay ley, allí tampoco [hay] transgresión.
ROM 4:16 Por tanto [es] por fe, para que [sea] por gracia; a fin de que la promesa sea firme a toda la simiente, no solamente al que es de la ley, mas también al que es de la fe de Abraham: el cual es padre de todos nosotros,
ROM 4:17 (Como está escrito: Por padre de muchas naciones te he puesto) delante de aquél a quien creyó, [es a saber,] Dios, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como las que son.
ROM 4:18 El cual creyó en esperanza contra esperanza, para ser hecho padre de muchas naciones, conforme a lo que [le] había sido dicho: Así será tu simiente.
ROM 4:19 Y no se debilitó en la fe, ni consideró su propio cuerpo ya muerto, (siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara.
ROM 4:20 Tampoco dudó en la promesa de Dios por incredulidad: antes fue esforzado en la fe dando gloria a Dios:
ROM 4:21 Enteramente persuadido que todo lo que había prometido, era también poderoso para hacerlo.
ROM 4:22 Por lo cual también le fue imputado por justicia.
ROM 4:23 Y no está escrito solamente por causa de él, que le fue imputado;
ROM 4:24 Sino también por nosotros, a quienes será imputado, si creemos en el que resucitó de entre los muertos a Jesús el Señor nuestro:
ROM 4:25 El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación.
ROM 5:1 JUSTIFICADOS pues por fe, tenemos paz para con Dios por nuestro Señor Jesús Cristo:
ROM 5:2 Por el cual también tenemos entrada por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
ROM 5:3 Y no solo [ésto], mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación obra paciencia;
ROM 5:4 Y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza;
ROM 5:5 Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos es dado.
ROM 5:6 Porque Cristo, cuando éramos aún sin fuerza, a su tiempo murió por los impíos.
ROM 5:7 Ciertamente apenas morirá alguno por un justo; aunque quizá por uno bueno alguno aun osara morir.
ROM 5:8 Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
ROM 5:9 Pues mucho más, siendo ahora justificados por su sangre, por él seremos salvos de la ira.
ROM 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, [ya] reconciliados seremos salvos por su vida.
ROM 5:11 Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesús Cristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.
ROM 5:12 Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte y la muerte así pasó a todos los hombres por cuanto todos pecaron;
ROM 5:13 Porque hasta la ley el pecado estaba en el mundo; mas el pecado no es imputado, cuando no hay ley.
ROM 5:14 Mas reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado en la semejanza de la transgresión de Adam, el cual es figura de aquél que había de venir.
ROM 5:15 Mas no como la ofensa, tal [es] el don gratuito. Porque si por la ofensa de uno murieron muchos, mucho más la gracia de Dios, y el don por la gracia de un hombre, Cristo Jesús, abundó para muchos.
ROM 5:16 Ni tampoco de la manera que [fue] por uno que pecó, así también el don; porque el juicio [fue] por uno para condenación, mas el don gratuito [es] de muchas ofensas para justificación.
ROM 5:17 Porque si por la ofensa de uno reinó la muerte por uno, mucho más los que reciben la abundancia de la gracia, y del don de la justicia reinarán en vida por uno, Cristo Jesús.
ROM 5:18 Así que, de la manera que por la ofensa de uno [vino el juicio] a todos los hombres para condenación, así por la justicia de uno [vino el don gratuito] a todos los hombres para justificación de vida.
ROM 5:19 Porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno muchos serán hechos justos.
ROM 5:20 Además la ley entró, para que la ofensa abundase; pero donde el pecado abundó, la gracia abundó mucho más;
ROM 5:21 Para que de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna, por Cristo Jesús el Señor nuestro.
ROM 6:1 ¿PUES qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que la gracia abunde?
ROM 6:2 ¡No lo permita Dios! Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
ROM 6:3 ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?
ROM 6:4 Porque somos sepultados con él en la muerte por el bautismo, para que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
ROM 6:5 Porque si hemos sido plantados juntamente en la semejanza de su muerte, también [lo] seremos [en la semejanza] de [su] resurrección:
ROM 6:6 Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre es crucificado con [él], para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
ROM 6:7 Porque el que está muerto, libre es del pecado.
ROM 6:8 Y si somos muertos con Cristo, creemos que también viviremos con él:
ROM 6:9 Ciertos que Cristo habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere más: la muerte no tiene más dominio sobre él.
ROM 6:10 Porque en cuanto él murió, al pecado murió una vez: mas en cuanto vive, vive para Dios.
ROM 6:11 Así también vosotros, estimándoos que de cierto sois muertos al pecado; mas que vivís para Dios por Cristo Jesús el Señor nuestro.
ROM 6:12 No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias.
ROM 6:13 Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado [como] instrumentos de injusticia: antes presentaos a Dios como vivientes de [entre] los muertos; y vuestros miembros a Dios [como] instrumentos de justicia.
ROM 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; porque no estáis debajo de la ley, sino debajo de la gracia.
ROM 6:15 ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos debajo de la ley, sino debajo de la gracia? ¡No lo permita Dios!
ROM 6:16 ¿O no sabéis, que a quien os presentasteis a vosotros mismos por siervos para obedecer[le], sois siervos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?
ROM 6:17 Pero gracias a Dios, que fuisteis siervos del pecado; mas habéis obedecido de corazón a la forma de doctrina a la cual habéis sido entregados:
ROM 6:18 Y habiendo sido librados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.
ROM 6:19 Hablo humanamente a causa de la flaqueza de vuestra carne: que como presentasteis vuestros miembros por siervos de la inmundicia, y a la iniquidad para iniquidad; así ahora presentéis vuestros miembros por siervos a la justicia para santidad.
ROM 6:20 Porque cuando fuisteis siervos del pecado, libres erais de la justicia.
ROM 6:21 ¿Qué fruto teníais entonces en aquellas cosas, de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas [es] la muerte.
ROM 6:22 Mas ahora librados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santidad, y por fin la vida eterna.
ROM 6:23 Porque la paga del pecado [es] la muerte; mas el don de Dios [es] vida eterna en Cristo Jesús el Señor nuestro.
ROM 7:1 ¿IGNORÁIS, hermanos, (pues hablo a los que saben la ley), que la ley tiene dominio sobre el hombre entre tanto que vive?
ROM 7:2 Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras él vive, está obligada a [su] marido por la ley; mas muerto el marido ella está libre de la ley del marido.
ROM 7:3 Así que viviendo el marido se llamará adúltera, si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley, de tal manera que no será adúltera, si fuere de otro marido.
ROM 7:4 Así también vosotros, hermanos míos, sois muertos a la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, [es a saber], del que resucitó de entre los muertos para que fructifiquemos a Dios.
ROM 7:5 Porque cuando estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte:
ROM 7:6 Mas ahora somos libres de la ley, habiendo muerto a aquella en que nos detenía presos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no [en] vejez de la letra.
ROM 7:7 ¿Qué pues diremos? ¿La ley [es] pecado? ¡No lo permita Dios!; Antes yo no conocí el pecado, sino por la ley; porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás.
ROM 7:8 Pero el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, obró en mí toda suerte de concupiscencia; porque sin la ley el pecado [estaba] muerto.
ROM 7:9 Así que, yo sin la ley vivía en algún tiempo; mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí.
ROM 7:10 Y hallé [que] el mandamiento, que [estaba ordenado] para vida, [a mí era] para muerte.
ROM 7:11 Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él [me] mató.
ROM 7:12 De manera que la ley a la verdad [es] santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno.
ROM 7:13 ¿Luego lo que es bueno, para mí me es hecho muerte? ¡No lo permita Dios!, sino que el pecado, para que aparezca pecado, por lo bueno me obró la muerte; para que, por el mandamiento, el pecado se hiciese sobre manera pecaminoso.
ROM 7:14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido debajo del pecado.
ROM 7:15 Porque lo que hago, no [lo] apruebo, pues, lo que quiero, esto no hago; antes lo que aborrezco, aquello hago.
ROM 7:16 Y si lo que no quiero, esto hago, consiento que la ley [es] buena.
ROM 7:17 De manera que ya no obro yo aquello, sino el pecado que mora en mí.
ROM 7:18 Porque yo sé que en mí, es a saber, en mi carne, no mora cosa buena; porque tengo el querer; mas obrar lo bueno, no lo alcanzo.
ROM 7:19 Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, esto hago.
ROM 7:20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí.
ROM 7:21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo [esta] ley; que el mal habita conmigo.
ROM 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
ROM 7:23 Mas veo otra ley en mis miembros rebelándose contra la ley de mi mente, y llevándome cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
ROM 7:24 ¡Oh miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?
ROM 7:25 Gracias doy a Dios por Cristo Jesús el Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
ROM 8:1 ASÍ que ahora, ninguna condenación [hay] para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
ROM 8:2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
ROM 8:3 Porque lo que era imposible a la ley, en cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y por el pecado, condenó al pecado en la carne;
ROM 8:4 Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu.
ROM 8:5 Porque los que son según la carne, piensan en las cosas que son de la carne; mas los que son según el Espíritu, en las cosas que son del Espíritu.
ROM 8:6 Porque la mente carnal [es] muerte; mas la mente espiritual, vida y paz;
ROM 8:7 Por cuanto la mente carnal [es] enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.
ROM 8:8 Así que, los que están en la carne, no pueden agradar a Dios.
ROM 8:9 Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu: si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.
ROM 8:10 Y si Cristo [está] en vosotros, el cuerpo a la verdad [está] muerto a causa del pecado; mas el espíritu [es] vida por causa de la justicia.
ROM 8:11 Y si el Espíritu de aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús, mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
ROM 8:12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne para que vivamos según la carne.
ROM 8:13 Porque si viviereis según la carne, moriréis; mas si por el Espíritu mortificareis las obras de la carne, viviréis.
ROM 8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
ROM 8:15 Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para [estar] otra vez en temor; mas habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre.
ROM 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
ROM 8:17 Y si hijos, también herederos: herederos ciertamente de Dios, y coherederos con Cristo: si es que padecemos juntamente [con] él, para que juntamente [con él] seamos también glorificados.
ROM 8:18 Porque tengo por cierto que los sufrimientos del tiempo presente no [son] dignos [de ser comparados] con la gloria venidera que en nosotros será revelada.
ROM 8:19 Porque la ardiente expectativa de la criatura espera la revelación de los hijos de Dios;
ROM 8:20 Porque la criatura fue sujeta a vanidad, no de su voluntad, sino por causa de aquél que la sujetó en esperanza,
ROM 8:21 Porque también la misma criatura será librada de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
ROM 8:22 Porque sabemos, que toda la creación gime a una, y a una está en dolores de parto hasta ahora.
ROM 8:23 Y no sólo [ella], mas también nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, [es a saber], la redención de nuestro cuerpo.
ROM 8:24 Porque en esperanza somos salvos: pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿cómo aún lo espera?
ROM 8:25 Mas si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.
ROM 8:26 Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestras flaquezas; porque no sabemos lo que hemos de orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
ROM 8:27 Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál [es] la mente del Espíritu, porque según a [la voluntad de] Dios, intercede por los santos.
ROM 8:28 Y sabemos, que todas las cosas obran juntamente para el bien a los que a Dios aman, a los que según [su] propósito son llamados.
ROM 8:29 Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
ROM 8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
ROM 8:31 ¿Qué, pues, diremos a estas cosas? Si Dios [es] por nosotros, ¿quién [será] contra nosotros?
ROM 8:32 El que aun a su propio Hijo no escatimó, antes lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él gratuitamente todas las cosas?
ROM 8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios [es] el que justifica.
ROM 8:34 ¿Quién [es] el que condena? Cristo [es] el que murió: antes el que también resucitó, el que también está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
ROM 8:35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación? ¿o angustia? ¿o persecución? ¿o hambre? ¿o desnudez? ¿o peligro? ¿o espada?
ROM 8:36 Como está escrito: Por tu causa somos muertos todos los días: somos estimados como ovejas para el matadero.
ROM 8:37 Antes en todas estas cosas somos más que vencedores, por aquel que nos amó.
ROM 8:38 Por que estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni poderes, ni lo presente, ni lo por venir,
ROM 8:39 Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, nuestro Señor.
ROM 9:1 VERDAD digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo:
ROM 9:2 Que tengo gran tristeza, y continuo dolor en mi corazón.
ROM 9:3 Porque deseara yo mismo ser anatema de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne:
ROM 9:4 Que son israelitas, de los cuales [es] la adopción, y la gloria, y los pactos, y la ley dada, y el servicio, y las promesas;
ROM 9:5 Cuyos [son] los padres, y de los cuales [vino] Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por siempre. Amén.
ROM 9:6 No como si la palabra de Dios no hubiera tomado efecto. Porque no todos los que son de Israel [son] israelitas:
ROM 9:7 Ni tampoco por ser simiente de Abraham, [son] todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente.
ROM 9:8 Quiere decir: No los que son hijos de la carne, éstos [son] los hijos de Dios; mas los que [son] hijos de la promesa, [éstos] son contados en la simiente.
ROM 9:9 Porque la palabra de la promesa [es] ésta: En este tiempo vendré; y tendrá Sara un hijo.
ROM 9:10 Y no sólo [ésta], mas también Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre;
ROM 9:11 (Porque no siendo aún nacidos, [los niños], ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que permaneciese el propósito de Dios según la elección no por las obras, sino por el que llama);
ROM 9:12 A ella le fue dicho, [que] el mayor serviría al menor:
ROM 9:13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
ROM 9:14 ¿Qué diremos pues? ¿[Que hay] injusticia con Dios? ¡No lo permita Dios!
ROM 9:15 Porque a Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia; y me compadeceré del que me compadeceré.
ROM 9:16 Así que no [es] del que quiere; ni del que corre; sino de Dios, que hace misericordia.
ROM 9:17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te levanté, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.
ROM 9:18 De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece.
ROM 9:19 Me dirás pues: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?
ROM 9:20 Mas antes, oh hombre, ¿tú, quién eres, para que alterques con Dios? ¿o dirá la cosa formada al que [la] formó: Por qué me has hecho así?
ROM 9:21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para deshonra?
ROM 9:22 ¿[Y qué], si Dios queriendo mostrar [su] ira, y hacer notorio su poder soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira, preparados para destrucción;
ROM 9:23 Y para hacer notorias las riquezas de su gloria para con los vasos de misericordia, que él antes preparó para gloria,
ROM 9:24 Que somos nosotros a los cuales ha llamado, no solamente de los judíos, mas también de los gentiles?
ROM 9:25 Como también él dice en Oseas: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío; y amada, a la que no era amada.
ROM 9:26 Y acontecerá [que] en el lugar donde antes les era dicho: Vosotros no [sois] pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente.
ROM 9:27 Isaías también clama tocante a Israel: Aunque fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, un remanente será salvo.
ROM 9:28 Porque él consumará la obra, y [la] abreviará en justicia, porque obra abreviada hará el Señor sobre la tierra.
ROM 9:29 Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de Sabaot no nos hubiera dejado simiente, como Sodoma fuéramos hechos, y como Gomorra fuéramos semejantes.
ROM 9:30 ¿Qué diremos pues? Que los gentiles que no seguían justicia han alcanzado la justicia: la justicia que es por la fe;
ROM 9:31 Mas Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado a la ley de la justicia.
ROM 9:32 ¿Por qué? Porque [la seguían] no por fe; mas como por las obras de la ley. Por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo;
ROM 9:33 Como está escrito: He aquí, pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de ofensa: y todo aquel que creyere en él, no será avergonzado.
ROM 10:1 HERMANOS, ciertamente el deseo de mi corazón, y [mi] oración a Dios por Israel, es para [su] salvación.
ROM 10:2 Porque yo les doy testimonio; de que ellos tienen celo de Dios, mas no según conocimiento.
ROM 10:3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer su propia justicia, no se han sujetado a la justicia de Dios.
ROM 10:4 Porque Cristo [es] el fin de la ley, para justicia a todo aquel que cree.
ROM 10:5 Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: Que el hombre que aquellas cosas hiciere, vivirá por ellas.
ROM 10:6 Mas la justicia que es por la fe, dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo).
ROM 10:7 ¿O, quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a traer a Cristo de entre los muertos).
ROM 10:8 Mas ¿qué dice? Cercana te está la palabra, en tu boca, y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe la cual predicamos:
ROM 10:9 Que si confesares con tu boca al Señor Jesús; y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.
ROM 10:10 Porque con el corazón se cree para justicia; y con la boca se hace confesión para salvación.
ROM 10:11 Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
ROM 10:12 Porque no hay diferencia entre el judío y el griego; porque uno mismo es el Señor de todos, rico para con todos los que le invocan.
ROM 10:13 Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
ROM 10:14 ¿Cómo pues invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no [hay] quien [les] predique?
ROM 10:15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que predican el evangelio de paz, de los que predican el evangelio de las cosas buenas!
ROM 10:16 Mas no todos obedecieron al evangelio porque Isaías dice: Señor, ¿quién creyó nuestro dicho?
ROM 10:17 Así que la fe [viene] por el oír, y el oír por la palabra de Dios.
ROM 10:18 Mas digo yo: ¿No han oído? Antes cierto por toda la tierra ha salido el sonido de ellos, y sus palabras hasta los fines del mundo.
ROM 10:19 Mas yo digo: ¿No [lo] ha conocido Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos por [un pueblo que] no [es mi] pueblo y por una nación insensata os provocaré a ira.
ROM 10:20 Mas Isaías tiene mucho denuedo, y dice: Fui hallado de los que no me buscaban; manifestéme a los que no preguntaban por mí.
ROM 10:21 Mas contra Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo desobediente y contradictor.
ROM 11:1 DIGO pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡No lo permita Dios! Porque también yo soy israelita, de la simiente de Abraham, [de] la tribu de Benjamín.
ROM 11:2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis lo que dice de Elías la Escritura? cómo ruega a Dios contra Israel, diciendo:
ROM 11:3 Señor, a tus profetas han muerto, y a tus altares han derribado, y yo he quedado solo, y procuran [quitarme] mi vida.
ROM 11:4 Mas ¿Qué le dice la respuesta de Dios? Yo me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla delante [de] Baal.
ROM 11:5 Así también, pues, en este tiempo ha quedado un remanente según la elección de gracia.
ROM 11:6 Y si por gracia, ya no [es] por obras: de otro modo la gracia ya no es gracia. Mas si por obras, ya no es gracia: de otra manera la obra ya no es obra.
ROM 11:7 ¿Pues qué? Lo que buscaba Israel, aquello no ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado; y los demás fueron cegados;
ROM 11:8 (Así como está escrito: Dióles Dios espíritu de sueño profundo, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan,) hasta el día de hoy.
ROM 11:9 Y David dice: Séales hecha su mesa un lazo, y una red, y un tropezadero, y una recompensa a ellos;
ROM 11:10 Sus ojos sean oscurecidos para que no vean; y agóbiales siempre el espinazo.
ROM 11:11 Digo pues: ¿Tropezaron de tal manera que cayesen? ¡No lo permita Dios!; mas por el tropiezo de ellos [vino] la salvación a los gentiles, para que fuesen provocados a celos.
ROM 11:12 Y si la caída de ellos [es] la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más la plenitud de ellos?
ROM 11:13 Porque, a vosotros hablo, gentiles, por cuanto a la verdad yo soy apóstol de los gentiles, mi ministerio glorifico,
ROM 11:14 Por si en alguna manera provocase a celos a [los de] mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos.
ROM 11:15 Porque si el desechamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué [será] el recibimiento [de ellos] sino vida de entre los muertos?
ROM 11:16 Porque si el primer fruto [es] santo también [lo es] la masa; y si la raíz [es] santa también [lo son] los ramos.
ROM 11:17 Y si algunos de los ramos fueron quebrados, y tú, siendo acebuche fuiste injerido entre ellos, y fuiste hecho participante de la raíz, y de la grosura del olivo;
ROM 11:18 No te jactes contra los ramos; mas si te jactas, [sabe] que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
ROM 11:19 Dirás pues: Los ramos fueron quebrados para que yo fuese injerido.
ROM 11:20 Bien: por incredulidad ellos fueron quebrados, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme;
ROM 11:21 Porque si Dios no perdonó a los ramos naturales, [mira] no sea que a ti tampoco te perdone.
ROM 11:22 Mira pues la bondad, y la severidad de Dios: la severidad ciertamente para con los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en [su] bondad; de otra manera tú también serás cortado.
ROM 11:23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injeridos; que poderoso es Dios para volverlos a injerir.
ROM 11:24 Porque si tú fuiste cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste injerido en el buen olivo, ¿Cuánto más éstos, que son los [ramos] naturales, serán injeridos en su propio olivo?
ROM 11:25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en vosotros mismos; que la ceguedad en parte ha acontecido a Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
ROM 11:26 Y así todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, y apartará de Jacob la impiedad.
ROM 11:27 Y éste [es] mi pacto con ellos cuando quitare sus pecados.
ROM 11:28 Así que, en cuanto al evangelio, [son] enemigos por causa de vosotros, mas en cuanto a la elección, [son] amados por causa de los padres.
ROM 11:29 Porque sin arrepentimiento [son] los dones y la vocación de Dios.
ROM 11:30 Porque como también vosotros, en tiempo pasado no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;
ROM 11:31 Así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.
ROM 11:32 Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.
ROM 11:33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría, y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles [son] sus juicios, e inescrutables sus caminos!
ROM 11:34 Porque ¿Quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero?
ROM 11:35 ¿O quién le dio a él primero, para que le sea recompensado?
ROM 11:36 Porque de él, y por él, y en él [son] todas las cosas. A él [sea] gloria por siempre. Amén.
ROM 12:1 ASÍ que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, [que es] vuestro racional servicio.
ROM 12:2 Y no os conforméis a este mundo; mas sed transformados por la renovación de vuestra mente, para que probéis cuál [sea] la buena, y agradable y perfecta voluntad de Dios.
ROM 12:3 Digo pues, por la gracia que me es dada, a cada uno que está entre vosotros, que no piense [de sí mismo] más elevadamente de lo que debe pensar; sino que piense sobriamente, cada uno conforme a la medida de fe que Dios le repartió.
ROM 12:4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen el mismo oficio:
ROM 12:5 Así nosotros [siendo] muchos, somos un cuerpo en Cristo, y cada uno, miembros los unos de los otros.
ROM 12:6 De manera que teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada, si [de] profecía, [sea] conforme a la medida de la fe;
ROM 12:7 O ministerio, en servir; o el que enseña, en enseñar;
ROM 12:8 O el que exhorta, en exhortar; el que reparte, [hágalo] en simplicidad; el que preside, en diligencia; el que hace misericordia, en alegría.
ROM 12:9 El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, allegándoos a lo bueno.
ROM 12:10 Amándoos los unos a los otros con amor hermanable; en la honra prefiriéndoos los unos a los otros;
ROM 12:11 En los quehaceres no perezosos; ardientes en espíritu; sirviendo al Señor;
ROM 12:12 Gozándoos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;
ROM 12:13 Comunicando a las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad.
ROM 12:14 Bendecid a los que os persiguen: bendecid, y no maldigáis.
ROM 12:15 Regocijaos con los que se regocijan; y llorad con los que lloran.
ROM 12:16 [Sed] de la misma mente los unos con los otros: no con altivez de mente, mas acomodándoos a los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
ROM 12:17 No paguéis a nadie mal por mal: procurad cosas honestas delante de todos los hombres.
ROM 12:18 Si es posible, cuanto es en vosotros, tened paz con todos los hombres.
ROM 12:19 No os venguéis a vosotros mismos, amados míos antes, dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía [es] la venganza: yo pagaré, dice el Señor.
ROM 12:20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer: si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
ROM 12:21 No seas vencido de lo malo; antes vence con bien el mal.
ROM 13:1 TODA alma sea sujeta a las potestades superiores, porque no hay potestad sino de Dios: las potestades que son, de Dios son establecidas.
ROM 13:2 Así que, el que resiste a la potestad, a la ordenanza de Dios resiste; y los que resisten, ellos mismos recibirán condenación para sí.
ROM 13:3 Porque los magistrados no son terror a las buenas obras, sino a las malas ¿Quieres pues no temer la potestad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;
ROM 13:4 Porque te es el ministro de Dios para bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva la espada; porque es el ministro de Dios, vengador para [ejecutar] ira al que hace lo malo.
ROM 13:5 Por lo cual es necesario que [le] seáis sujetos: no solamente por la ira, mas aún por la conciencia.
ROM 13:6 Porque por esto pagáis también los tributos, porque son ministros de Dios que atienden continuamente a esto mismo.
ROM 13:7 Pagad pues a todos lo que debéis: al que tributo, tributo: al que impuesto, impuesto: al que temor, temor: al que honra, honra.
ROM 13:8 No debáis a nadie nada, sino que os améis unos a otros; porque el que ama a otro, ha cumplido la ley.
ROM 13:9 Porque esto: No adulterarás: no matarás: no hurtarás: no dirás falso testimonio: no codiciarás, y si [hay] algún otro mandamiento en esta palabra se comprende sumariamente: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo.
ROM 13:10 El amor no hace mal al prójimo, así que el amor es el cumplimiento de la ley.
ROM 13:11 Y esto, conociendo el tiempo, que [es] ya hora de despertarnos del sueño; porque ahora nos [está] más cerca nuestra salvación, que cuando creímos.
ROM 13:12 La noche está muy avanzada, y el día está cerca: desechemos pues las obras de las tinieblas, y vistámonos la armadura de luz.
ROM 13:13 Andemos honestamente, como de día: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y lascivias, no en pendencias y envidia:
ROM 13:14 Mas vestíos del Señor Jesús Cristo; y no hagáis provisión para la carne para [cumplir sus] concupiscencias.
ROM 14:1 RECIBID al débil en la fe, [pero ] no para contiendas de disputas.
ROM 14:2 Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro, que es débil, come legumbres.
ROM 14:3 El que come, no menosprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.
ROM 14:4 ¿Tú, quién eres, que juzgas el siervo ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; mas, estará firme: porque poderoso es Dios para hacerle estar firme.
ROM 14:5 Uno juzga [que hay] diferencia entre día y día: otro juzga [iguales] todos los días. Cada uno esté plenamente asegurado en su propia mente.
ROM 14:6 El que hace caso del día, [lo] hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no [lo] hace. El que come, para el Señor come; porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.
ROM 14:7 Porque ninguno de nosotros vive para sí; y ninguno muere para sí.
ROM 14:8 Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, o que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
ROM 14:9 Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los vivos.
ROM 14:10 Mas tú ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿porqué menosprecias a tu hermano? porque todos hemos de comparecer delante del tribunal de Cristo.
ROM 14:11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla: y toda lengua confesará a Dios.
ROM 14:12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo.
ROM 14:13 Así que, no juzguemos más los unos a los otros; mas antes juzgad esto, que nadie ponga tropiezo al hermano, u ocasión de caer.
ROM 14:14 Yo sé, y estoy persuadido en el Señor Jesús, que nada [hay] de suyo inmundo; mas a aquel que piensa ser inmunda alguna cosa, a aquél [le es] inmunda.
ROM 14:15 Pero si por causa de [tu] comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme a la caridad. No destruyas con tu comida a aquel por el cual Cristo murió.
ROM 14:16 No se hable mal, pues, de vuestro bien:
ROM 14:17 Porque el reino de Dios no es comida ni bebida; sino justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo.
ROM 14:18 Porque el que en estas cosas sirve a Cristo, agrada a Dios, y [es] aprobado a los hombres.
ROM 14:19 Sigamos pues lo que hace a la paz, y a la edificación de los unos a los otros.
ROM 14:20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad [son] puras; mas malo [es] para el hombre que come con ofensa.
ROM 14:21 Bueno [es] no comer carne, ni beber vino, ni [nada] en que tu hermano tropiece o se ofenda, o se debilite.
ROM 14:22 ¿Tú, tienes fe? Ten[la] contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que permite.
ROM 14:23 Mas el que duda, si comiere, es condenado, porque no [comió] por fe; y todo lo que no [es] de fe, es pecado.
ROM 15:1 ASÍ que los que somos fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
ROM 15:2 Cada uno de nosotros agrade a [su] prójimo para [su] bien, para edificación.
ROM 15:3 Porque aun Cristo no se agradó a sí mismo; antes, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
ROM 15:4 Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
ROM 15:5 Mas el Dios de la paciencia y de la consolación, os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús:
ROM 15:6 Para que de un corazón y de una boca glorifiquéis a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesús Cristo.
ROM 15:7 Por tanto recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos ha recibido para gloria de Dios.
ROM 15:8 Digo pues, que Cristo Jesús fue ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas [hechas] a los padres;
ROM 15:9 Y para que los gentiles glorifiquen a Dios por [su] misericordia, como está escrito: Por tanto yo te confesaré a ti entre los gentiles, y cantaré a tu nombre.
ROM 15:10 Y otra vez dice: Regocijaos, vosotros los gentiles, con su pueblo.
ROM 15:11 Y otra vez: Alabad al Señor, todos los gentiles, y magnificadle todos los pueblos.
ROM 15:12 Y otra vez dice Isaías: Será raíz de Isaí, y el que se levantará para regir los gentiles, los gentiles esperarán en él.
ROM 15:13 Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
ROM 15:14 Y yo mismo también estoy persuadido de vosotros, hermanos míos; que vosotros también estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, que podáis también amonestaros los unos a los otros.
ROM 15:15 Mas hermanos, con mas atrevimiento os he escrito en parte, como para recordaros por la gracia que de Dios me es dada,
ROM 15:16 Para que sea yo ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles [le] sea acepta, siendo santificada por el Espíritu Santo.
ROM 15:17 Así que tengo de que gloriarme por Cristo Jesús en aquellas cosas que pertenecen a Dios.
ROM 15:18 Porque no osaría hablar de alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí para hacer obedientes a los gentiles, por palabra y obra:
ROM 15:19 Por poder de milagros y prodigios, por poder del Espíritu de Dios; de tal manera que desde Jerusalem y al derredor hasta Ilírico he plenamente predicado el evangelio de Cristo.
ROM 15:20 Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio; no donde Cristo fuese ya nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento;
ROM 15:21 Antes, como está escrito: A los que no fue anunciado de él, verán; y los que no oyeron, entenderán.
ROM 15:22 Por lo cual también he sido impedido muchas veces de venir a vosotros.
ROM 15:23 Mas ahora no teniendo más lugar en estas partes, y teniendo gran deseo de venir a vosotros muchos años ha:
ROM 15:24 Cuando me partiere para España, vendré a vosotros: porque espero que pasando os veré, y que seré encaminado por vosotros hacia allá: cuando primero me hubiere en parte saciado de vuestra [compañía].
ROM 15:25 Mas ahora parto para Jerusalem a ministrar a los santos.
ROM 15:26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien de hacer cierta colecta para los pobres [de] los santos que están en Jerusalem.
ROM 15:27 Porque les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también [ellos] servirles en los carnales.
ROM 15:28 Así que, cuando hubiere concluido esto, y les hubiere sellado este fruto, pasaré por vosotros a España.
ROM 15:29 Y ya sé que cuando viniere a vosotros, vendré en la plenitud de la bendición del evangelio de Cristo.
ROM 15:30 Ahora os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesús Cristo, y por el amor del Espíritu, que os esforcéis conmigo en [vuestras] oraciones por mí a Dios;
ROM 15:31 Que yo sea librado de los incrédulos que están en Judea, y que [este] mi servicio para [los de] Jerusalem sea acepto a los santos:
ROM 15:32 Para que con gozo venga a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea refrescado juntamente con vosotros.
ROM 15:33 Y el Dios de paz [sea] con todos vosotros. Amén.
ROM 16:1 YO os encomiendo a Febe nuestra hermana, la cual es sierva de la iglesia que está en Cencrea:
ROM 16:2 Que la recibáis en el Señor, como es digno de santos, y que la ayudéis en cualquiera cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.
ROM 16:3 Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús:
ROM 16:4 (Que pusieron sus propios cuellos por mi vida, a los cuales no doy gracias yo solo, mas aun todas las iglesias de los gentiles:)
ROM 16:5 Asimismo a la iglesia que está en su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es las primicias de Acaya para Cristo.
ROM 16:6 Saludad a María, la cual ha trabajado mucho por nosotros.
ROM 16:7 Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes, y mis compañeros en prisiones, los cuales son insignes entre los apóstoles; los cuales también fueron en Cristo antes que yo.
ROM 16:8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.
ROM 16:9 Saludad a Urbano, nuestro ayudador en Cristo, y a Estaquis, amado mío.
ROM 16:10 Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los que son de Aristóbulo.
ROM 16:11 Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los que son de Narciso, los que son en el Señor.
ROM 16:12 Saludad a Trifena, y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.
ROM 16:13 Saludad a Rufo, escogido en el Señor; y a su madre y mía.
ROM 16:14 Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes, y a los hermanos que están con ellos.
ROM 16:15 Saludad a Filólogo, y a Julia, a Nereo, y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos.
ROM 16:16 Saludaos los unos a los otros con santo beso. Os saludan las iglesias de Cristo.
ROM 16:17 Y os ruego, hermanos, que miréis por los que causan disensiones y ofensas contrarios a la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartaos de ellos.
ROM 16:18 Porque los tales no sirven a nuestro Señor Jesús Cristo, sino a sus vientres; y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los sencillos.
ROM 16:19 Porque vuestra obediencia divulgada es a todos; así que me gozo de vosotros: mas quiero que seáis sabios en el bien, y simples para el mal.
ROM 16:20 Y el Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con vosotros. Amén.
ROM 16:21 Os saludan Timoteo, mi colaborador, y Lucio, y Jasón, y Sosipater mis parientes.
ROM 16:22 Yo Tercio, que escribí esta epístola, os saludo en el Señor.
ROM 16:23 Os saluda Gayo, mi huésped, y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
ROM 16:24 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con todos vosotros. Amén.
ROM 16:25 Y al que es poderoso para confirmaros según mi evangelio, y la predicación de Cristo Jesús, según la revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos,
ROM 16:26 Mas manifestado ahora, y por las Escrituras de los profetas según el mandamiento del Dios eterno, declarado a todas las naciones para obediencia de fe;
ROM 16:27 A Dios sólo sabio, [sea] gloria por Cristo Jesús por siempre. Amén. [Fue escrita de corintio a los romanos, y enviada con Febe sierva de la iglesia en Cencrea. ]
1CO 1:1 PABLO, llamado a [ser] apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes,
1CO 1:2 A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a [ser] santos, con todos los que en todo lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, así de ellos como el nuestro:
1CO 1:3 Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.
1CO 1:4 Doy gracias a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jesús;
1CO 1:5 Que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda palabra y en todo conocimiento;
1CO 1:6 Según que el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros:
1CO 1:7 De tal manera que nada os falte en ningún don, esperando la revelación de nuestro Señor Jesús Cristo;
1CO 1:8 El cual también os confirmará hasta el fin, [para que seáis] inculpables en el día de nuestro Señor Jesús Cristo.
1CO 1:9 Fiel [es] Dios por el cual fuisteis llamados a la comunión de su Hijo Cristo Jesús el Señor nuestro.
1CO 1:10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, que habléis todos una misma cosa; y [que] no haya entre vosotros disensiones; antes seáis perfectamente unidos en una misma mente, y en un mismo parecer.
1CO 1:11 Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que [son de la casa] de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.
1CO 1:12 Pero digo esto, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; mas yo de Apolos; mas yo de Cefas; mas yo de Cristo.
1CO 1:13 ¿Es dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿o habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?
1CO 1:14 Doy gracias a mi Dios, que a ninguno de vosotros he bautizado, mas que a Crispo y a Gayo;
1CO 1:15 Para que ninguno diga que yo le bauticé en mi nombre.
1CO 1:16 Y también bauticé la casa de Estéfanas; mas no sé si haya bautizado a algún otro.
1CO 1:17 Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.
1CO 1:18 Porque la predicación de la cruz es insensatez para los que perecen; pero para nosotros que somos salvos, es el poder de Dios.
1CO 1:19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y el entendimiento de los entendidos haré venir a la nada.
1CO 1:20 ¿Dónde [está] el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde [está] el disputador de este mundo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo?
1CO 1:21 Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.
1CO 1:22 Porque los judíos piden señal, y los griegos buscan sabiduría;
1CO 1:23 Mas nosotros predicamos a Cristo crucificado, [que es a] los judíos ciertamente tropezadero, y a los griegos locura:
1CO 1:24 Pero a los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.
1CO 1:25 Porque la insensatez de Dios es más sabia que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
1CO 1:26 Porque mirad, hermanos, vuestra vocación, que no [sois] muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles:
1CO 1:27 Antes las cosas necias del mundo escogió Dios para confundir a los sabios; y las cosas débiles del mundo escogió Dios para confundir a las que son fuertes;
1CO 1:28 Y las cosas viles del mundo, y las menospreciadas escogió Dios; y las que no son, para deshacer las que son:
1CO 1:29 Para que ninguna carne se jacte en su presencia.
1CO 1:30 Pero de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justicia, y santificación, y redención;
1CO 1:31 Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
1CO 2:1 Y YO, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine con excelencia de palabra o de sabiduría, para anunciaros el testimonio de Dios.
1CO 2:2 Porque había determinado no saber cosa alguna entre vosotros, sino a Cristo Jesús, y a éste crucificado.
1CO 2:3 Y estuve yo con vosotros en debilidad, y en temor, y mucho temblor;
1CO 2:4 Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y con poder;
1CO 2:5 Para que vuestra fe no sea en la sabiduría de hombres, mas en el poder de Dios.
1CO 2:6 Sin embargo hablamos sabiduría entre los perfectos; y sabiduría, no de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que vienen a nada;
1CO 2:7 Mas hablamos la sabiduría de Dios en misterio, la que está encubierta, la que Dios ordenó antes del mundo para nuestra gloria,
1CO 2:8 La que ninguno de los príncipes de este mundo conoció; porque si [la] hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria;
1CO 2:9 Antes, como está escrito: Ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado en el corazón del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que le aman.
1CO 2:10 Pero Dios nos [las] reveló a nosotros por su Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios.
1CO 2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas que son del hombre, sino el espíritu del [mismo] hombre que está en él? así tampoco nadie conoció las cosas que son de Dios, sino el Espíritu de Dios.
1CO 2:12 Y nosotros hemos recibido no el espíritu del mundo, sino el espíritu que es de Dios; para que conozcamos lo que Dios gratuitamente nos ha dado.
1CO 2:13 Lo cual también hablamos no con palabras que enseña la humana sabiduría, sino en las que enseña el Espíritu Santo, comparando lo espiritual con lo espiritual.
1CO 2:14 Mas el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios; porque le son locura; ni [las] puede conocer, porque son espiritualmente examinadas.
1CO 2:15 Pero el espiritual juzga todas las cosas; mas él de nadie es juzgado.
1CO 2:16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor, para que le instruyese? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
1CO 3:1 Y YO hermanos, no pude hablaros como a espirituales; sino como a carnales, como a niños en Cristo:
1CO 3:2 Os di a beber leche y no vianda, porque aún no podíais ni aún podéis ahora;
1CO 3:3 Porque aún sois carnales; porque mientras que [hay] entre vosotros envidias y contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?
1CO 3:4 Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolos, ¿no sois carnales?
1CO 3:5 ¿Quién pues es Pablo, y quién es Apolos, sino ministros por los cuales habéis creído; y cada uno conforme [a lo que] el Señor [le] dio?
1CO 3:6 Yo planté, Apolos regó; mas Dios ha dado el crecimiento.
1CO 3:7 Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento.
1CO 3:8 Ahora el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su propio galardón conforme a su propia labor.
1CO 3:9 Porque nosotros colaboradores somos con Dios: vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios [sois].
1CO 3:10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como sabio maestro de obra, puse el fundamento; mas otro edifica sobre él: pero cada uno vea como edifica sobre [él].
1CO 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento del que está puesto, el cual es Cristo Jesús.
1CO 3:12 Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca:
1CO 3:13 La obra de cada uno será hecha manifiesta; porque el día la declarará; porque por el fuego será revelada, y la obra de cada uno cual sea, el fuego hará la prueba.
1CO 3:14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá galardón.
1CO 3:15 Mas si la obra de alguno fuere quemada, sufrirá pérdida: pero él será salvo, aunque como por fuego.
1CO 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y [que] el Espíritu de Dios mora en vosotros?
1CO 3:17 Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
1CO 3:18 Nadie se engañe a sí mismo: si alguno de vosotros parece ser sabio en este mundo, hágase necio para ser sabio.
1CO 3:19 Porque la sabiduría de este mundo, insensatez es [para] con Dios; porque escrito está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos.
1CO 3:20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.
1CO 3:21 Así que ninguno se gloríe en los hombres; porque vuestras son todas las cosas,
1CO 3:22 Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro;
1CO 3:23 Y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
1CO 4:1 ASÍ nos tenga el hombre, como a ministros de Cristo, y mayordomos de los misterios de Dios.
1CO 4:2 Además se requiere en los mayordomos, que el hombre sea hallado fiel.
1CO 4:3 Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, o de juicio humano; antes ni aun yo a mí mismo me juzgo.
1CO 4:4 Porque de nada tengo mala conciencia, pero no por eso soy justificado; sino el que me juzga es el Señor.
1CO 4:5 Así que no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también sacará a luz las cosas encubiertas de las tinieblas, y manifestará los consejos de los corazones; y entonces cada cual tendrá de Dios la alabanza.
1CO 4:6 Y estas cosas, hermanos, he pasado por ejemplo a mí y a Apolos por amor de vosotros; para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, hinchándoos por causa de otro el uno contra el otro.
1CO 4:7 Porque ¿quién hace que te diferencies [de otro]? ¿o qué tienes que no hayas recibido? y si también tú [lo] recibiste, ¿por qué te jactas como si no [lo] hubieras recibido?
1CO 4:8 Ya estáis hartos, ya estáis ricos; sin nosotros habéis reinado como reyes; y quiera Dios reináseis, para que nosotros reinásemos también con vosotros.
1CO 4:9 Porque a lo que pienso, Dios nos ha puesto a nosotros, los apóstoles, por los postreros, como a sentenciados a muerte; porque somos hechos espectáculo al mundo, y a los ángeles, y a los hombres.
1CO 4:10 Nosotros [somos] necios por amor de Cristo, mas vosotros [sois] sabios en Cristo; nosotros débiles, y vosotros fuertes; vosotros nobles, y nosotros viles.
1CO 4:11 Hasta esta hora hambreamos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos abofeteados, y andamos sin morada fija,
1CO 4:12 Y trabajamos, obrando con nuestras propias manos: siendo maldecidos, bendecimos: padeciendo persecución, la sufrimos:
1CO 4:13 Siendo difamados, rogamos: somos hechos como la basura del mundo, [como] las inmundicias de todas las cosas, hasta ahora.
1CO 4:14 No escribo esto para avergonzaros; mas [os] amonesto como a mis hijos amados.
1CO 4:15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, sin embargo no [tendréis] muchos padres; porque en Cristo Jesús yo os engendré por el evangelio.
1CO 4:16 Por tanto os ruego que seáis seguidores de mí.
1CO 4:17 Por lo cual os envié a Timoteo, que es mi hijo amado, y fiel en el Señor, el cual os recordará de mis caminos, los cuales son en Cristo, como yo enseño en todas partes, en todas las iglesias.
1CO 4:18 Pero como si nunca hubiese yo de venir a vosotros, [así] están hinchados algunos.
1CO 4:19 Pero vendré pronto a vosotros, si el Señor quisiere; y conoceré, no las palabras de éstos que así están hinchados, sino en poder.
1CO 4:20 Porque el reino de Dios no [consiste] en palabras, sino en poder.
1CO 4:21 ¿Qué queréis? ¿He de venir a vosotros con vara, o en amor, y [en] espíritu de mansedumbre?
1CO 5:1 SE oye por todas partes [que hay ] entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles, tanto que alguno tenga la esposa de su padre.
1CO 5:2 Y vosotros estáis hinchados, y no tuvisteis antes luto, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra.
1CO 5:3 Porque yo ciertamente como ausente en cuerpo, mas presente en espíritu, ya he juzgado como presente a aquel, que esto así ha cometido:
1CO 5:4 En el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, congregados vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús Cristo,
1CO 5:5 El tal sea entregado a Satanás para la destrucción de la carne, para que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
1CO 5:6 No [es] buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que con un poco de levadura toda la masa se leuda?
1CO 5:7 Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa, como sois sin levadura; porque Cristo nuestra pascua es sacrificado por nosotros.
1CO 5:8 Así que hagamos la fiesta no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en [panes] sin levadura de sinceridad y de verdad.
1CO 5:9 Os he escrito en una carta, que no os acompañéis con los fornicarios:
1CO 5:10 Mas no del todo con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o idólatras; de otra suerte os sería menester salir del mundo.
1CO 5:11 Mas ahora os he escrito, que no os acompañéis, si alguno llamándose hermano fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal ni aun comáis.
1CO 5:12 Porque ¿qué me va a mí en juzgar también de los que están fuera? ¿no juzgáis vosotros de los que están dentro?
1CO 5:13 Mas de los que están fuera, Dios juzga. Quitad pues de entre vosotros al malvado.
1CO 6:1 ¿OSA alguno de vosotros, teniendo pleito contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?
1CO 6:2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar en cosas muy pequeñas?
1CO 6:3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar los ángeles? ¿cuánto más las cosas que pertenecen a esta vida?
1CO 6:4 Por tanto si hubiereis de tener juicios de cosas de esta vida, poned para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia.
1CO 6:5 Para vuestra vergüenza lo digo. ¿Será así, que no hay entre vosotros algún sabio, ni uno, que pueda juzgar entre sus hermanos;
1CO 6:6 Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto delante de los incrédulos?
1CO 6:7 Luego de todas maneras hay culpa entre vosotros, porque tenéis pleitos los unos con [los] otros. ¿Por qué no sufrís antes el agravio? ¿por qué no [aguantáis] antes ser defraudados?
1CO 6:8 Mas vosotros hacéis la injuria, y defraudáis; y esto a [vuestros] hermanos.
1CO 6:9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas,
1CO 6:10 Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios.
1CO 6:11 Y esto erais algunos de vosotros; mas sois lavados, mas sois santificados, mas sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
1CO 6:12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas las cosas [me] convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de ninguna.
1CO 6:13 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero y a él y a ellas destruirá Dios. Mas el cuerpo no [es] para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo.
1CO 6:14 Y Dios resucitó al Señor, y también a nosotros nos resucitará con su propio poder.
1CO 6:15 ¿No sabéis, que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré pues los miembros de Cristo, y [los] haré miembros de una ramera? ¡No lo permita Dios!
1CO 6:16 ¿O no sabéis que el que se junta con una ramera, es hecho [con ella] un cuerpo? porque serán, dice, los dos en una carne.
1CO 6:17 Pero el que se junta con el Señor, un espíritu es.
1CO 6:18 Huid de la fornicación: cualquier pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1CO 6:19 ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo [el cual está] en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
1CO 6:20 Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
1CO 7:1 EN cuanto a las cosas de que me escribisteis: bueno [es] al hombre no tocar mujer.
1CO 7:2 Mas por [evitar] la fornicación, cada varón tenga su propia esposa, y cada mujer tenga su propio marido.
1CO 7:3 El marido pague a la esposa la debida benevolencia; y asimismo la esposa al marido.
1CO 7:4 La esposa no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido; y también semejantemente el marido no tiene potestad de su propio cuerpo, sino la esposa.
1CO 7:5 No os defraudéis el uno al otro, si no [fuere] algo por tiempo, de consentimiento [de ambos], por ocuparos en ayuno y en oración; y volved a juntaros en uno, porque no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.
1CO 7:6 Mas esto digo por permisión, no por mandamiento.
1CO 7:7 Porque querría que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios: uno de una manera y otro de otra.
1CO 7:8 Digo, pues, a los no casados y a las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo.
1CO 7:9 Pero si no se pueden contener, cásense; que mejor es casarse, que quemarse.
1CO 7:10 Mas a los casados mando, no yo, sino el Señor: Que la esposa no se aparte del marido.
1CO 7:11 Y si se apartare, quédese sin casar, o reconcíliese con [su] marido; y que el marido no despida a [su] esposa.
1CO 7:12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene esposa incrédula, y ella consiente para morar con él, no la despida.
1CO 7:13 Y la mujer que tiene marido incrédulo, y él consiente para morar con ella, no le deje.
1CO 7:14 Porque el marido incrédulo es santificado por la esposa; y la esposa incrédula es santificada por el marido; de otra manera vuestros hijos serían inmundos, pero ahora son santos.
1CO 7:15 Mas si el incrédulo se aparta, apártese; que el hermano, o la hermana, no está sujeto a servidumbre en semejantes [casos]: antes a paz nos llamó Dios.
1CO 7:16 Porque ¿de dónde sabes, oh esposa, si quizá salvarás a [tu] marido? ¿o de dónde sabes, oh marido, si quizá salvarás a [tu] esposa?
1CO 7:17 Pero como Dios ha repartido a cada uno, como el Señor ha llamado a cada uno, así ande: y así yo ordeno en todas las iglesias.
1CO 7:18 ¿Es llamado alguno siendo circuncidado? no se haga incircunciso: ¿es llamado alguno en incircuncisión? no se circuncide.
1CO 7:19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino la observancia de los mandamientos de Dios.
1CO 7:20 Cada uno en la vocación en que fue llamado en ella se quede.
1CO 7:21 ¿Eres llamado [siendo] siervo? no se te dé nada; mas también si puedes hacerte libre, procúralo más.
1CO 7:22 Porque el que en el Señor es llamado [siendo] siervo, liberto es del Señor: asimismo también el que es llamado [siendo] libre, siervo es de Cristo.
1CO 7:23 Por precio sois comprados, no os hagáis siervos de los hombres.
1CO 7:24 Cada uno, hermanos, en lo que es llamado en esto permanezca con Dios.
1CO 7:25 Ahora de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy [mi] parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.
1CO 7:26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la aflicción actual; [digo], que bueno [es] al hombre estarse así.
1CO 7:27 ¿Estás atado a esposa? no procures soltarte. ¿Estás suelto de esposa? no busques esposa.
1CO 7:28 Mas también si te casares, no pecaste; y si la virgen se casare, no pecó; pero aflicción en la carne tendrán los tales; mas yo os perdono.
1CO 7:29 Pero esto digo, hermanos, que el tiempo [es] corto: lo que resta es, que los que tienen esposas sean como si no [las] tuviesen;
1CO 7:30 Y los que lloran, como si no llorasen; y los que se regocijan, como si no se regocijasen; y los que compran, como si no poseyesen;
1CO 7:31 Y los que usan de este mundo, como no abusando [de él]; porque la apariencia de este mundo se pasa.
1CO 7:32 Mas querría que estuvieseis sin congoja. El que no es casado tiene cuidado de las cosas que pertenecen al Señor, cómo ha de agradar al Señor.
1CO 7:33 Pero el casado tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar [a] su esposa.
1CO 7:34 Diferencia hay [también] entre la mujer casada y la virgen. La mujer no casada, tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; mas la casada, tiene cuidado de las cosas del mundo, cómo ha de agradar a [su] marido.
1CO 7:35 Y esto digo para vuestro propio provecho: no para echaros un lazo, sino para lo que es decente, y para que podáis atender a las cosas del Señor sin distracción.
1CO 7:36 Pero si a alguno le parece que se conduce indecorosamente para con su virgen, si la pasa la flor de su edad, y que así conviene que se haga, haga lo que él quiera; no peca, que se casen.
1CO 7:37 Sin embargo el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, mas tiene potestad sobre su propia voluntad, y determinó en su corazón esto, de guardar su virgen, hace bien.
1CO 7:38 Así que el que da [su virgen] en casamiento, hace bien; mas el que no [la] da, hace mejor.
1CO 7:39 La mujer [casada] está atada por la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es para ser casada con quien quisiere; solamente en el Señor.
1CO 7:40 Pero más feliz es, según mi parecer, si se queda así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.
1CO 8:1 Ahora en cuanto a lo que a los ídolos es sacrificado, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento hincha, mas la caridad edifica.
1CO 8:2 Y si alguno se piensa que sabe algo, aún no sabe cosa alguna como le conviene saber.
1CO 8:3 Mas el que ama a Dios, el tal es conocido de él.
1CO 8:4 Así que de las viandas que son sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo nada [es] en el mundo, y que no [hay] otro Dios, sino [sólo] uno.
1CO 8:5 Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, o en el cielo, o en la tierra, (como hay muchos dioses, y muchos señores,)
1CO 8:6 Pero para nosotros [hay] un [sólo] Dios, el Padre, del cual [son] todas las cosas, y nosotros en él; y un Señor, Cristo Jesús, por el cual [son] todas las cosas, y nosotros por él.
1CO 8:7 Mas no en todos [hay] este conocimiento; porque algunos con conciencia del ídolo hasta ahora, [lo] comen como sacrificado a ídolos; y su conciencia, siendo débil, es contaminada.
1CO 8:8 Pero la vianda no nos hace más aceptos a Dios; porque ni que comamos, seremos más ricos: ni que no comamos, seremos más pobres.
1CO 8:9 Mas mirad que esta vuestra libertad no sea de algún modo tropezadero para los que son débiles.
1CO 8:10 Porque si te ve alguno, a ti que tienes conocimiento, estar sentado a la mesa en el templo de los ídolos, ¿la conciencia de aquel que es débil, no será edificada para comer de lo sacrificado a los ídolos?
1CO 8:11 ¿Y por tu conocimiento se perecerá el hermano débil, por el cual Cristo murió?
1CO 8:12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
1CO 8:13 Por lo cual si la comida es para mi hermano ocasión de ofensa, no comeré carne jamás por no hacer caer a mi hermano.
1CO 9:1 ¿NO soy yo apóstol? ¿no soy libre? ¿no he visto a Cristo Jesús el Señor nuestro? ¿no sois vosotros mi obra en el Señor?
1CO 9:2 Si para los otros no soy apóstol, a lo menos para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado vosotros sois en el Señor.
1CO 9:3 Mi respuesta para con los que me examinan, es ésta:
1CO 9:4 ¿No tenemos potestad de comer y de beber?
1CO 9:5 ¿No tenemos potestad de llevar [con nosotros] aquí y allá una hermana, una esposa, como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?
1CO 9:6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos potestad de no trabajar?
1CO 9:7 ¿Quién jamás salió a la guerra a sus propias expensas? ¿Quién planta viña, y no come de su fruto? ¿o quién apacienta el rebaño, y no come de la leche del rebaño?
1CO 9:8 ¿Digo yo esto como hombre? ¿No dice lo mismo también la ley?
1CO 9:9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No embozalarás la boca al buey que trilla el grano. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes?
1CO 9:10 ¿O díce[lo] particularmente por causa de nosotros? Por causa de nosotros sin duda está escrito: que con esperanza debe arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de participar de su esperanza.
1CO 9:11 Si nosotros os sembramos las cosas espirituales, ¿será gran cosa si segáremos vuestras cosas carnales?
1CO 9:12 Si otros son partícipes de [esta] potestad sobre vosotros, [¿por qué] no más bien nosotros? Mas no hemos usado de esta potestad, antes lo sufrimos todo por no dar algún impedimento al evangelio de Cristo.
1CO 9:13 ¿No sabéis que los que ministran en las cosas santas, comen [de las cosas] del templo? ¿y los que sirven al altar, con el altar participan?
1CO 9:14 Así también ha ordenado el Señor a los que predican el evangelio, que vivan del evangelio.
1CO 9:15 Pero yo de ninguna de estas cosas he usado; ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque es mejor para mí morir, antes que nadie haga vana mi gloria.
1CO 9:16 Porque aunque predique el evangelio no tengo por qué gloriarme; porque me está impuesta necesidad; y ¡ay de mí, si no predicare el evangelio!
1CO 9:17 Por lo cual si hago esto de voluntad, galardón tendré; mas si por fuerza, la dispensación [del evangelio] me es encargada.
1CO 9:18 ¿Qué, pues, es mi galardón? [Cierto] que, predicando el evangelio, proponga el evangelio de Cristo de gracia, para no abusar de mi potestad en el evangelio.
1CO 9:19 Por lo cual siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos, para ganar a más.
1CO 9:20 Me he hecho para los judíos como judío, para ganar a los judíos; para los que están sujetos a la ley, como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley.
1CO 9:21 Para los que están sin ley, como sin ley, (no estando yo sin ley a Dios, mas bajo la ley a Cristo,) por ganar a los que estaban sin ley.
1CO 9:22 Me he hecho para los débiles como débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo para todos, para que de todo punto salve a algunos.
1CO 9:23 Y esto hago por causa del evangelio, para ser hecho con [vosotros] partícipe de él.
1CO 9:24 ¿No sabéis que los que corren en la carrera, todos corren, mas uno [sólo] lleva el premio? Corred [pues] de tal manera que [lo] alcancéis.
1CO 9:25 Y todo aquel que se ejercita en la lucha, es sobrio en todo; y aquellos [lo hacen] para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible.
1CO 9:26 Así que yo de esta manera corro, no como a cosa incierta: de esta manera peleo, no como quien hiere al aire:
1CO 9:27 Antes sujeto mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; para que predicando a los otros, no sea yo mismo reprobado.
1CO 10:1 ADEMÁS, no quiero hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron debajo de la nube, y todos pasaron por el mar;
1CO 10:2 Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar;
1CO 10:3 Y todos comieron la misma vianda espiritual;
1CO 10:4 Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, la cual Roca era Cristo:
1CO 10:5 Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; porque fueron derribados en el desierto.
1CO 10:6 Ahora estas cosas fueron ejemplos para nosotros; a fin de que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron:
1CO 10:7 Ni seáis idólatras como algunos de ellos, como está escrito: Sentóse el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a jugar:
1CO 10:8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil:
1CO 10:9 Ni tentemos a Cristo, como algunos de ellos [le] tentaron, y fueron destruidos por las serpientes.
1CO 10:10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destruidor.
1CO 10:11 Mas todas estas cosas les acontecieron como ejemplos, y son escritas para nuestra amonestación, sobre quien los fines del mundo son venidos.
1CO 10:12 Así que el que se piensa estar firme, mire que no caiga.
1CO 10:13 No os ha tomado [alguna] tentación, fuera de las que son comunes a los hombres; mas fiel [es] Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis; antes dará también salida con la tentación, para que [la] podáis llevar.
1CO 10:14 Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría.
1CO 10:15 Como a sabios hablo, juzgad vosotros lo que digo.
1CO 10:16 La copa de bendición la cual bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? el pan que rompemos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
1CO 10:17 Porque [siendo] muchos, somos un solo pan, [y] un [solo] cuerpo; porque todos participamos de aquel [mismo] pan.
1CO 10:18 Mirad a Israel según la carne, los que comen los sacrificios, ¿no son participantes del altar?
1CO 10:19 ¿Pues qué digo? ¿Que el ídolo es algo? ¿o que lo que es sacrificado a los ídolos es algo?
1CO 10:20 Antes, [digo] que las cosas que los gentiles sacrifican, a los demonios [lo] sacrifican, y no a Dios; y no quisiera que vosotros tuvieseis comunión con los demonios.
1CO 10:21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.
1CO 10:22 ¿Provocamos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?
1CO 10:23 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas las cosas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas no todas las cosas edifican.
1CO 10:24 Ninguno busque lo suyo propio; mas cada uno [lo] del otro.
1CO 10:25 De todo lo que se vende en la carnicería, comed sin preguntar nada por causa de la conciencia.
1CO 10:26 Porque del Señor [es] la tierra, y la plenitud de ella.
1CO 10:27 Si alguno de los que no creen os convida, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.
1CO 10:28 Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos: no lo comáis por causa de aquel que [os] lo declaró, y por causa de la conciencia; porque del Señor es la tierra, y la plenitud de ella.
1CO 10:29 Conciencia digo, no la tuya, sino la del otro. ¿Pues por qué ha de ser juzgada mi libertad por conciencia del otro?
1CO 10:30 Pero si yo por gracia soy partícipe, ¿por qué soy blasfemado por lo que hago gracias?
1CO 10:31 Si pues coméis, o si bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios.
1CO 10:32 No deis ofensa a los judíos, ni a los gentiles, ni a la iglesia de Dios:
1CO 10:33 Como también yo en todas [las cosas] agrado a todos: no buscando mi propio provecho, sino el de muchos, para que ellos sean salvos.
1CO 11:1 SED seguidores de mí, como yo también [lo soy] de Cristo.
1CO 11:2 Aláboos pues, hermanos, que en todo os acordáis de mí; y retenéis las ordenanzas, de la manera que os [las] entregué.
1CO 11:3 Mas quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón [es] la cabeza de la mujer; y Dios, la cabeza de Cristo.
1CO 11:4 Todo varón que ora, o profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza.
1CO 11:5 Mas toda mujer que ora, o profetiza no cubierta [su] cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese.
1CO 11:6 Porque si la mujer no se cubre, trasquílese también; y si es vergüenza para la mujer trasquilarse o raparse, cúbrase.
1CO 11:7 Porque el varón no ha de cubrir la cabeza; porque él es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varón.
1CO 11:8 Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón.
1CO 11:9 Porque tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.
1CO 11:10 Por lo cual la mujer debe tener [la señal de] potestad sobre [su] cabeza por causa de los ángeles.
1CO 11:11 Mas ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor.
1CO 11:12 Porque como la mujer [es] del varón, así también el varón [es] por la mujer; pero todas las cosas de Dios.
1CO 11:13 Juzgad en vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer a Dios no cubierta?
1CO 11:14 ¿No os enseña aun la misma naturaleza que le es vergonzoso al hombre el tener largo el cabello?
1CO 11:15 Por el contrario a la mujer criar el cabello le es una gloria; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
1CO 11:16 Con todo esto si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
1CO 11:17 Ahora en esto que [os] declaro, no [os] alabo, que no para mejor, sino para peor os juntáis.
1CO 11:18 Porque lo primero, cuando os juntáis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones, y en parte lo creo.
1CO 11:19 Porque es menester que también haya entre vosotros herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros.
1CO 11:20 De manera que cuando os juntáis en uno, [esto] no es comer la cena del Señor:
1CO 11:21 Porque cada uno se anticipa [al otro] para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro está embriagado.
1CO 11:22 ¡Qué! ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré en esto? No [os] alabo.
1CO 11:23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he entregado: Que el Señor Jesús la [misma] noche que fue entregado, tomó pan:
1CO 11:24 Y habiendo dado gracias [lo] partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí.
1CO 11:25 Asimismo [tomó] también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre: haced esto todas las veces que [la] bebiereis, en memoria de mí.
1CO 11:26 Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga.
1CO 11:27 De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere [esta] copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
1CO 11:28 Por tanto examínese cada uno a sí mismo, y así coma de aquel pan, y beba de aquella copa.
1CO 11:29 Porque el que come y bebe indignamente, condenación come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor.
1CO 11:30 Por lo cual [hay] muchos debilitados y enfermos entre vosotros, y muchos duermen.
1CO 11:31 Que si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.
1CO 11:32 Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
1CO 11:33 Así que, hermanos míos, cuando os juntáis a comer, esperaos unos a otros.
1CO 11:34 Y si alguno tuviere hambre, coma en su casa; porque no os juntéis para condenación. Las demás cosas las pondré en orden cuando viniere.
1CO 12:1 Y EN cuanto a los [dones] espirituales, no quiero, hermanos, que seáis ignorantes.
1CO 12:2 Sabéis que erais gentiles, yendo, como erais llevados, a los ídolos mudos.
1CO 12:3 Por tanto os hago entender, que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús, y [que] nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo.
1CO 12:4 Ahora hay diferencias de dones; pero el mismo Espíritu.
1CO 12:5 Y hay diferencias de ministerios; pero el mismo Señor.
1CO 12:6 Y hay diferencias de operaciones; pero el mismo Dios es, el que obra todas las cosas en todos.
1CO 12:7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
1CO 12:8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría: al otro, palabra de conocimiento segun el mismo Espíritu:
1CO 12:9 A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu:
1CO 12:10 A otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discernimiento de espíritus; y a otro, [diversos] géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
1CO 12:11 Mas todas estas [cosas] obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como él quiere.
1CO 12:12 Porque de la manera que es uno el cuerpo, y tiene muchos miembros, y todos los miembros de este un cuerpo, siendo muchos, son un [mismo] cuerpo, así también [es] Cristo.
1CO 12:13 Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora judíos o gentiles, ora siervos o libres; y a todos se nos ha hecho beber en un Espíritu.
1CO 12:14 Porque tampoco el cuerpo no es un [solo] miembro, sino muchos.
1CO 12:15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo?
1CO 12:16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo?
1CO 12:17 Si todo el cuerpo [fuese] ojo, ¿dónde [estaría] el oído? si todo [fuese] oído, ¿dónde [estaría] el olfato?
1CO 12:18 Pero ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos por si en el cuerpo, como él quiso.
1CO 12:19 Que si todos fueran un [mismo] miembro, ¿dónde [estuviera] el cuerpo?
1CO 12:20 Pero ahora muchos miembros [son], a la verdad, pero un cuerpo.
1CO 12:21 No puede el ojo decir a la mano: No te he menester: ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
1CO 12:22 Antes, los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son mucho más necesarios;
1CO 12:23 Y los [miembros] del cuerpo que estimamos menos dignos, a éstos ceñimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos decentes, tienen más decoro.
1CO 12:24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad de nada; mas Dios templó a una el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba;
1CO 12:25 Para que no haya disensión en el cuerpo, sino [que] los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros.
1CO 12:26 De tal manera que si el un miembro padece, todos los miembros a una se duelen: o si el un miembro es honrado, todos los miembros a una se regocijan.
1CO 12:27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros en particular.
1CO 12:28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, segundo profetas, tercero maestros, después milagros, después dones de sanidades, auxilios, gobernaciones, géneros de lenguas.
1CO 12:29 ¿[Son] todos apóstoles? ¿[son] todos profetas? ¿[son] todos maestros? ¿[son] todos hacedores de milagros?
1CO 12:30 ¿Tienen todos dones de sanidades? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
1CO 12:31 Pero desead con vehemencia los mejores dones; y aun yo enseño un camino más excelente.
1CO 13:1 SI yo hablase en lenguas de hombres y de ángeles, y no tuviese caridad, soy hecho [como] latón que resuena, o címbalo que retiñe.
1CO 13:2 Y si tuviere el [don] de profecía, y entendiese todos los misterios, y todo conocimiento; y si tuviese toda la fe, de manera que pudiese traspasar las montañas, y no tuviera caridad, nada soy.
1CO 13:3 Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer [a pobres]; y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tuviere caridad, de nada me aprovecha.
1CO 13:4 La caridad es sufrida, es benigna: la caridad no tiene envidia: la caridad no es jactanciosa, no es hinchada,
1CO 13:5 No se comporta indecorosamente, no busca lo que es suyo, no se provoca fácilmente, no piensa mal,
1CO 13:6 No se regocija en la injusticia, mas gózase en la verdad:
1CO 13:7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
1CO 13:8 La caridad nunca se acaba: aunque las profecías se han de acabar, y cesar las lenguas, y desaparecer el conocimiento.
1CO 13:9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos.
1CO 13:10 Mas cuando venga lo que es lo perfecto, entonces lo que es en parte será abolido.
1CO 13:11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; mas cuando ya fui hombre hecho, puse a un lado las cosas de niño.
1CO 13:12 Porque ahora vemos por espejo oscuramente; mas entonces, cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido.
1CO 13:13 Y ahora permanece la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas [es] la caridad.
1CO 14:1 SEGUID la caridad: codiciad los [dones] espirituales; mas sobre todo que profeticéis.
1CO 14:2 Porque el que habla en una lengua [desconocida], no habla a los hombres, sino a Dios; porque nadie [le] entiende, aunque en espíritu hable misterios.
1CO 14:3 Mas el que profetiza, habla a los hombres [para] edificación, y exhortación, y consolación.
1CO 14:4 El que habla una lengua [desconocida], a sí mismo edifica; mas el que profetiza, edifica a la iglesia.
1CO 14:5 Así que querría que todos vosotros hablaseis lenguas, mas bien pero que profetizaseis; porque mayor [es] el que profetiza que el que habla en lenguas, si también no interpretare, para que la iglesia reciba edificación.
1CO 14:6 Ahora pues, hermanos, si yo viniere a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovecharé, si no os hablare, o por revelación, o por conocimiento, o por profecía, o por doctrina?
1CO 14:7 Y aun las cosas inanimadas que dan sonido, (sea flauta o arpa,) si no dieren distinción de sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se tañe con la flauta o con el arpa?
1CO 14:8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá a la batalla?
1CO 14:9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabras bien inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire.
1CO 14:10 Hay, por ejemplo, tantos géneros de voces en el mundo; y ninguna de ellas [es] sin significado;
1CO 14:11 Mas si yo ignorare el significado de la voz, seré bárbaro para aquel que habla; y el que habla, [será] bárbaro para mí.
1CO 14:12 Así también vosotros: puesto que sois codiciosos de [dones] espirituales, procurad de sobresalir para la edificación de la iglesia.
1CO 14:13 Por lo cual el que habla en lengua [desconocida], ore que interprete.
1CO 14:14 Porque si yo orare en lengua [desconocida], mi espíritu ora; mas mi entendimiento es sin fruto.
1CO 14:15 ¿Qué hay pues? Oraré con el espíritu, y oraré también con el entendimiento: cantaré con el espíritu, y cantaré también con el entendimiento.
1CO 14:16 Porque cuando tú bendijeres con el espíritu, el que ocupa el lugar del ignorante, ¿cómo dirá, Amén, sobre tu acción de gracias? porque no sabe lo que dices.
1CO 14:17 Porque tú a la verdad bien das gracias; mas el otro no es edificado.
1CO 14:18 Doy gracias a mi Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros.
1CO 14:19 Todavía en la iglesia quiero más bien hablar cinco palabras con mi entendimiento, para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en una lengua [desconocida].
1CO 14:20 Hermanos, no seáis niños en el entendimiento; mas sed niños en la malicia, pero en el entendimiento sed hombres.
1CO 14:21 En la ley está escrito: Con otras lenguas, y [con] otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.
1CO 14:22 Así que las lenguas por señal son, no a los que creen, sino a los incrédulos; mas la profecía [sirve], no para los que no creen, sino a los creyentes.
1CO 14:23 De manera que si toda la iglesia se juntare en un [mismo] lugar, y todos hablaren en lenguas, y entraren indoctos, o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?
1CO 14:24 Mas si todos profetizaren, y entrare algún incrédulo o indocto, de todos es convencido, de todos es juzgado:
1CO 14:25 Y así lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así postrándose sobre [su] rostro adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros.
1CO 14:26 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación: Háganse todas las cosas para edificación.
1CO 14:27 Si hablare alguno en lengua [desconocida, sea] por dos, o a lo más [por] tres, y [esto] a su turno; y uno interprete.
1CO 14:28 Mas si no hubiere intérprete, calle en la iglesia; y hable a sí mismo, y a Dios.
1CO 14:29 Que los profetas hablen dos o tres; y los demás juzguen.
1CO 14:30 Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelada [alguna cosa], calle el primero.
1CO 14:31 Porque podéis todos profetizar uno por uno; para que todos aprendan, y todos sean consolados.
1CO 14:32 (Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;)
1CO 14:33 Porque Dios no es [autor] de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos.
1CO 14:34 Vuestras mujeres callen en las iglesias; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas como también lo dice la ley.
1CO 14:35 Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque deshonesta cosa es hablar las mujeres en la iglesia.
1CO 14:36 ¡Qué! ¿Ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿o a vosotros solos ha llegado?
1CO 14:37 Si alguno, a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca que las cosas que yo os escribo son mandamientos del Señor.
1CO 14:38 Mas si alguno es ignorante, sea ignorante.
1CO 14:39 Así que, hermanos, codiciad el profetizar; y no impidáis el hablar en lenguas.
1CO 14:40 Háganse todas las cosas decentemente, y con orden.
1CO 15:1 ADEMÁS os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, y en el cual estáis firmes;
1CO 15:2 Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
1CO 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo yo recibí, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;
1CO 15:4 Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;
1CO 15:5 Y que fue visto por Cefas; y después por los doce:
1CO 15:6 Después, fue visto por más de quinientos hermanos a la vez: de los cuales la mayor parte vive aún, pero algunos han dormido.
1CO 15:7 Que después fue visto por Jacobo: después por todos los apóstoles.
1CO 15:8 Y al postrero de todos, fue visto por mí también, como por uno nacido fuera de debido tiempo.
1CO 15:9 Porque yo soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguía a la iglesia de Dios.
1CO 15:10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más abundantemente que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo.
1CO 15:11 Por tanto, sea yo, o [sean] ellos, así predicamos, y así habéis creído.
1CO 15:12 Mas si se predica a Cristo, que resucitó de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros, que no hay resurrección de los muertos?
1CO 15:13 Porque si no hay resurrección de los muertos, Cristo tampoco resucitó.
1CO 15:14 Y si Cristo no resucitó, luego vana [es] nuestra predicación, y vana [es] también vuestra fe.
1CO 15:15 Y también somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios, que él haya resucitado a Cristo: al cual no resucitó, si es así que los muertos no resucitan.
1CO 15:16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
1CO 15:17 Y si Cristo no resucitó, vuestra fe [es] vana; aún os estáis en vuestros pecados.
1CO 15:18 Por consiguiente también los que durmieron en Cristo, son perecidos.
1CO 15:19 Si en esta vida solamente tenemos esperanza en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres.
1CO 15:20 Mas ahora, Cristo ha resucitado de entre los muertos; y él es hecho primicias de los que durmieron.
1CO 15:21 Porque por cuanto la muerte [vino] por un hombre, también por un hombre [vino] la resurrección de los muertos.
1CO 15:22 Porque a la manera que en Adam todos mueren, así también todos en Cristo serán vivificados.
1CO 15:23 Mas cada uno en su propio orden: Cristo las primicias; después los que son de Cristo en su venida.
1CO 15:24 Después [viene] el fin; cuando hubiere entregado el reino a Dios y Padre; cuando hubiere abatido todo imperio, y toda autoridad, y poder.
1CO 15:25 Porque es menester que él reine, hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
1CO 15:26 [Y] el postrer enemigo que [será] destruido, [es] la muerte.
1CO 15:27 Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Mas cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a [él], claro [es] que está exceptuado el que sujetó a él todas las cosas.
1CO 15:28 Mas cuando todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
1CO 15:29 De otro modo, ¿qué harán, los que son bautizados por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, son bautizados por los muertos?
1CO 15:30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?
1CO 15:31 Yo protesto por vuestro gozo, el cual tengo en Cristo Jesús el Señor nuestro, cada día muero.
1CO 15:32 Si como hombre batallé en Éfeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha si los muertos no resucitan? Comamos y bebamos, que mañana moriremos:
1CO 15:33 No os engañéis. Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
1CO 15:34 Despertad a la justicia, y no pequéis; porque algunos no tienen el conocimiento de Dios, para vergüenza vuestra [lo] digo.
1CO 15:35 Mas alguno dirá: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
1CO 15:36 ¡Insensato! lo que tú siembras, no revive, si [antes] no muriere:
1CO 15:37 Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de ser, sino el grano desnudo, puede ser de trigo, o de alguno de los otros [granos]:
1CO 15:38 Mas Dios le da al cuerpo como él ha querido, y a cada simiente su propio cuerpo.
1CO 15:39 Toda carne no [es] la misma carne; mas una carne [es] la de los hombres, [y] otra carne [es] la de los animales, [y] otra la de los peces, [y] otra la de las aves.
1CO 15:40 Y [hay] cuerpos celestiales, y cuerpos terrestres; mas la gloria de los celestiales [es] una, y la de los terrestres [es] otra.
1CO 15:41 Una [es] la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque [una] estrella se diferencia de [otra] estrella en gloria.
1CO 15:42 Así también [es] la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción; se levantará en incorrupción:
1CO 15:43 Se siembra en deshonra; se levantará en gloria: se siembra en flaqueza; resucitará en poder:
1CO 15:44 Se siembra cuerpo natural; resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo natural, y hay cuerpo espiritual.
1CO 15:45 Y así está escrito: fue hecho el primer hombre Adam en alma viviente; el postrer Adam en espíritu vivificante.
1CO 15:46 Mas lo que es espiritual no [es] primero, sino lo que es natural; y después lo que es espiritual.
1CO 15:47 El primer hombre [es] de la tierra, terreno: el segundo hombre [es] el Señor del cielo.
1CO 15:48 Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales.
1CO 15:49 Y así como hemos traído la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial.
1CO 15:50 Ahora esto digo, hermanos: Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios: ni la corrupción hereda la incorrupción.
1CO 15:51 He aquí, un misterio os digo: Todos ciertamente no dormiremos; mas todos seremos cambiados.
1CO 15:52 En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos cambiados.
1CO 15:53 Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.
1CO 15:54 Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces será cumplida la palabra que está escrita: Tragada es la muerte en victoria.
1CO 15:55 ¿Dónde [está], oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde [está], oh sepulcro, tu victoria?
1CO 15:56 El aguijón de la muerte [es] el pecado; y la fuerza del pecado [es] la ley.
1CO 15:57 Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesús Cristo.
1CO 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
1CO 16:1 EN cuanto a la colecta para los santos, haced vosotros también de la manera que yo ordené en las iglesias de Galacia.
1CO 16:2 Cada primer [día] de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, atesorándo[lo], según [Dios] le hubiere prosperado; para que cuando yo viniere, no se hagan entonces las colectas.
1CO 16:3 Y cuando yo hubiere venido, los que aprobareis por cartas, a éstos enviaré que lleven vuestro beneficio a Jerusalem.
1CO 16:4 Y si fuere digno el negocio [de] que yo también vaya, irán conmigo.
1CO 16:5 Ahora a vosotros vendré, cuando pasare por Macedonia; porque por Macedonia tengo de pasar.
1CO 16:6 Y podrá ser que me quedaré con vosotros, e invernaré también; para que vosotros me llevéis donde hubiere de ir.
1CO 16:7 Porque no quiero ahora veros de paso; mas espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor [lo] permitiere.
1CO 16:8 Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés.
1CO 16:9 Porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz; y muchos adversarios [hay].
1CO 16:10 Y si viniere Timoteo, mirad que esté con vosotros sin temor; porque la obra del Señor hace, como yo también.
1CO 16:11 Por tanto nadie le tenga en poco; antes llevadle en paz, para que venga a mí; porque le espero con los hermanos.
1CO 16:12 Cuanto al hermano Apolos, mucho le he rogado que fuese a vosotros con los hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; mas irá cuando tuviere oportunidad.
1CO 16:13 Velad, estad firmes en la fe: portaos varonilmente, sed fuertes.
1CO 16:14 Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.
1CO 16:15 Os ruego, hermanos, (ya sabéis la casa de Estéfanas, que es las primicias de Acaya, y [que] se han hecho adictos al ministerio de los santos,)
1CO 16:16 Que vosotros os sujetéis a los tales, y a todos los que [nos] ayudan, y trabajan.
1CO 16:17 De la venida de Estéfanas y de Fortunato, y de Acaico, me gozo; porque éstos suplieron lo que faltaba de vuestra parte.
1CO 16:18 Porque recrearon mi espíritu y [el] vuestro. Reconoced pues a los que son tales.
1CO 16:19 Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa.
1CO 16:20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con santo beso.
1CO 16:21 Salutación de [mí], Pablo, con mi propia mano.
1CO 16:22 Si alguno no amare al Señor Jesús Cristo sea Anatema. Maranata.
1CO 16:23 La gracia del Señor Jesús Cristo [sea] con vosotros.
1CO 16:24 Mi amor [sea] con todos vosotros en Cristo Jesús. Amén. [La primera epístola a los corintios fue enviada de Filipos con Estéfanas, y Fortunato, y Acaico, y Timoteo. ]
2CO 1:1 PABLO, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están por toda la Acaya.
2CO 1:2 Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.
2CO 1:3 Bendito [sea] Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación;
2CO 1:4 El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones; para que podamos nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados de Dios.
2CO 1:5 Porque de la manera que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, así abunda también por Cristo nuestra consolación.
2CO 1:6 Mas ahora sea que seamos atribulados, [es] por vuestra consolación y salvación, la cual es eficiente en el sufrir de las mismas aflicciones que nosotros también padecemos; o si somos consolados, [es] por vuestra consolación y salvación.
2CO 1:7 Y nuestra esperanza de vosotros [es] firme, estando ciertos que como sois participantes de los sufrimientos, [así] también [lo seréis] de la consolación.
2CO 1:8 Porque, hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia, que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas, de tal manera que aun dudábamos de la vida:
2CO 1:9 Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta los muertos:
2CO 1:10 El cual nos libró de tan grande muerte, y [nos] libra: en el cual esperamos que aún [nos] librará;
2CO 1:11 Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por el don [concedido] para nosotros por medio de muchas personas, por muchas sean dadas gracias por nosotros.
2CO 1:12 Porque nuestra gloria es ésta, el testimonio de nuestra conciencia, que en simplicidad y sinceridad de Dios, no en sabiduría carnal, mas por la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y más abundantemente con vosotros.
2CO 1:13 Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también reconocéis; y espero que aun hasta el fin las reconoceréis:
2CO 1:14 Como también en parte nos habéis reconocido que somos vuestra gloria, como también vosotros [sois] la nuestra, en el día del Señor Jesús.
2CO 1:15 Y en esta confianza quise primero venir a vosotros, para que tuvieseis otro segundo beneficio:
2CO 1:16 Y pasar por vosotros a Macedonia; y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser llevados por vosotros a Judea.
2CO 1:17 Pues cuando propuse esto, ¿usé quizá de liviandad? ¿o lo que me propongo, lo propongo según la carne, para que haya en mí sí, sí, y no, no?
2CO 1:18 Antes [como] Dios [es] fiel, nuestra palabra para con vosotros no ha sido sí y no.
2CO 1:19 Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado, por mí, y Silvano, y Timoteo, no ha sido sí y no; mas en él ha sido sí.
2CO 1:20 Porque todas las promesas de Dios [son] en él sí, y en él Amén para gloria de Dios por nosotros.
2CO 1:21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, [es] Dios:
2CO 1:22 El cual también nos selló, y nos dio las arras del Espíritu en nuestros corazones.
2CO 1:23 Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, que por perdonaros, no he venido hasta ahora a Corinto:
2CO 1:24 No que nosotros tengamos señorío sobre vuestra fe; antes somos ayudadores de vuestro gozo, porque por la fe estáis firmes.
2CO 2:1 Pero esto he determinado en mi mismo, de no venir otra vez a vosotros con tristeza.
2CO 2:2 Porque si yo os entristezco, ¿quién será pues el que me alegrará, sino el mismo a quien yo entristeciera?
2CO 2:3 Y esto mismo os escribí, porque cuando viniere no tuviese tristeza de aquellos de los cuales me debería alegrar; teniendo confianza en todos vosotros que mi gozo es [el] de todos vosotros.
2CO 2:4 Porque en medio de mucha tribulación y angustia de corazón os escribí con muchas lágrimas: no para que fueseis entristecidos, sino para que conocieseis cuán abundante amor tengo para con vosotros.
2CO 2:5 Que si alguno ha causado tristeza, no me entristeció a mí sino en parte, por no sobrecargaros a todos vosotros.
2CO 2:6 Bástale al tal este castigo que [fue hecho] por muchos:
2CO 2:7 De manera que, al contrario, vosotros [debéis] más bien perdonar[le], y consolar[le], porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza.
2CO 2:8 Por lo cual os ruego que confirméis [vuestro] amor para con él.
2CO 2:9 Porque también por este fin os escribí a vosotros, para conocer la prueba de vosotros, si sois obedientes en todas las cosas.
2CO 2:10 Al que vosotros perdonareis cualquiera cosa, yo también; porque si yo he perdonado alguna cosa, a quien [lo] he perdonado, por vuestra causa [lo he hecho] en la persona de Cristo;
2CO 2:11 Para que Satanás no nos gane alguna ventaja; porque no ignoramos sus maquinaciones.
2CO 2:12 Mas cuando yo vine a Troas para [predicar] el evangelio de Cristo, y me fue abierta puerta en el Señor,
2CO 2:13 No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a Tito mi hermano; y así despidiéndome de ellos, me partí desde allí para Macedonia.
2CO 2:14 Mas gracias a Dios, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo; y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar;
2CO 2:15 Porque somos para Dios suave olor de Cristo en los que son salvos, y en los que perecen:
2CO 2:16 A éstos olor de muerte para muerte; y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién [es] suficiente?
2CO 2:17 Porque no somos como muchos, que corrompen la palabra de Dios: antes como de sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.
2CO 3:1 ¿COMENZAMOS otra vez a alabarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros?
2CO 3:2 Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestros corazones, conocida y leída de todos los hombres;
2CO 3:3 [Por cuanto] es manifiesto que vosotros sois la carta de Cristo ministrada por nosotros, y escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo: no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón.
2CO 3:4 Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios.
2CO 3:5 No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos; sino que nuestra suficiencia es de Dios:
2CO 3:6 El cual también nos ha hecho ministros suficientes del nuevo testamento: no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.
2CO 3:7 Pero si el ministerio de muerte, escrito [y] grabado en piedras, fue para gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen fijar los ojos en la cara de Moisés, a causa de la gloria de su rostro, la cual se había de acabar:
2CO 3:8 ¿Cuánto más no será para gloria el ministerio del espíritu?
2CO 3:9 Porque si el ministerio de condenación fue gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.
2CO 3:10 Porque lo que fue hecho glorioso, ni aun fue glorioso en este respecto, por razón de la gloria que sobresale.
2CO 3:11 Porque si lo que se acaba fue para gloria, mucho más [es] para gloria lo que permanece.
2CO 3:12 Así que teniendo tal esperanza, hablamos con mucha franqueza.
2CO 3:13 Y no como Moisés, [que] ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no pudiesen fijar los ojos en el fin de aquello que se había de ser abolido:
2CO 3:14 Mas las mentes de ellos fueron cegadas; porque hasta el día de hoy queda el mismo velo sin ser quitado en la lectura del antiguo testamento, el cual [velo] es quitado en Cristo.
2CO 3:15 Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está sobre el corazón de ellos.
2CO 3:16 Pero cuando se convirtiere al Señor, el velo será quitado.
2CO 3:17 Porque el Señor es aquel Espíritu; y donde [está] el Espíritu del Señor, allí [hay] libertad.
2CO 3:18 Pero nosotros todos, con cara descubierta, mirando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.
2CO 4:1 POR lo cual teniendo nosotros este ministerio, según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos;
2CO 4:2 Antes hemos renunciado a las cosas encubiertas de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios; mas por manifestación de la verdad encomendándonos a nosotros mismos a la conciencia de todo hombre delante de Dios.
2CO 4:3 Que si nuestro evangelio es encubierto, para los que se pierden es encubierto:
2CO 4:4 En los cuales el dios de este mundo ha cegado la mente de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio glorioso de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
2CO 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor; y nosotros vuestros siervos por Jesús.
2CO 4:6 Porque Dios que mandó resplandecer la luz de las tinieblas, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para [dar] la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo Jesús.
2CO 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de tierra, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.
2CO 4:8 Por todos lados [somos] atribulados, mas no estrechados: perplejos, mas no desesperados:
2CO 4:9 Perseguidos, mas no desamparados: abatidos, mas no destruidos:
2CO 4:10 Llevando siempre por todas partes en el cuerpo la muerte del Señor Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestro cuerpo.
2CO 4:11 Porque siempre nosotros que vivimos, somos entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal.
2CO 4:12 De manera que la muerte obra en nosotros, mas en vosotros la vida.
2CO 4:13 Pero teniendo nosotros el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, y por lo tanto he hablado: nosotros también creemos, y por lo tanto hablamos:
2CO 4:14 Estando ciertos que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará por Jesús; y [nos] presentará con vosotros.
2CO 4:15 Porque todas las cosas [son] por vuestra causa, para que la abundante gracia por la acción de gracias de muchos, redunde a gloria de Dios.
2CO 4:16 Por tanto no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se desgasta, todavía el interior se renueva de día en día.
2CO 4:17 Porque nuestra leve tribulación, que no es sino por un momento, obra por nosotros un peso de gloria inconmensurablemente grande [y] eterno:
2CO 4:18 No mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales; mas las que no se ven son eternas.
2CO 5:1 PORQUE sabemos que si nuestra casa terrestre de [este] tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos.
2CO 5:2 Y por esto también gemimos, deseando ardientemente ser revestidos de aquella nuestra habitación que es del cielo:
2CO 5:3 Si es que fuéremos hallados vestidos y no desnudos.
2CO 5:4 Porque verdaderamente los que estamos en [este] tabernáculo, gemimos estando sobrecargados; porque no querríamos ser desnudados, antes revestidos, para que lo que es mortal sea tragado por la vida.
2CO 5:5 Mas el que nos hizo para esto mismo [es] Dios, el cual también nos ha dado las arras del Espíritu.
2CO 5:6 Por tanto [estamos] confiados siempre, sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, ausentes estamos del Señor:
2CO 5:7 (Porque por fe andamos, no por vista:)
2CO 5:8 Estamos confiados, [digo], y quisiéramos más bien ausentarnos del cuerpo, y estar presentes con el Señor.
2CO 5:9 Por tanto procuramos, que o ausentes, o presentes, le seamos aceptos.
2CO 5:10 Porque es menester que todos nosotros comparezcamos delante del tribunal de Cristo; para que cada uno reciba las cosas [hechas] en [su] cuerpo, según lo que hubiere hecho, [sea] bueno, o [sea] malo.
2CO 5:11 Sabiendo pues el terror del Señor, persuadimos a los hombres, mas a Dios somos hechos manifiestos; y espero que también en vuestras conciencias somos hechos manifiestos.
2CO 5:12 Porque no nos encomendamos otra vez a vosotros; antes os damos ocasión de gloriaros de nosotros, para que tengáis que [responder] a los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón.
2CO 5:13 Porque si loqueamos, [es] para Dios, y si estamos en sano juicio, [es] por vuestra causa.
2CO 5:14 Porque el amor de Cristo nos constriñe: juzgando esto: Que si uno murió por todos, luego todos eran muertos:
2CO 5:15 Y [que] murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquél que por ellos murió y resucitó.
2CO 5:16 Por lo que nosotros de aquí adelante a nadie conocemos según la carne; y si aun a Cristo conocimos según la carne, pero ahora ya no [le] conocemos más.
2CO 5:17 De manera que si alguno [es] en Cristo, nueva criatura [es]: las cosas viejas son pasadas; he aquí, todas las cosas son hechas nuevas.
2CO 5:18 Y todas las cosas [son] de Dios, el cual nos ha reconciliado consigo mismo por Cristo Jesús, y nos ha dado el ministerio de la reconciliación.
2CO 5:19 Es a saber, Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo mismo, no imputándoles sus pecados, y ha entregado a nosotros la palabra de la reconciliación.
2CO 5:20 Así que embajadores somos de Cristo, como si Dios [os] rogase por nosotros; [os] rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
2CO 5:21 Porque a él que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
2CO 6:1 POR lo cual nosotros, [como] colaboradores juntamente [con él, os] exhortamos también que no hayáis recibido en vano la gracia de Dios;
2CO 6:2 Porque él dice: En tiempo acepto te he oído, y en día de salvación te he socorrido: he aquí, ahora es el tiempo acepto, he aquí, ahora es el día de la salvación:
2CO 6:3 No dando ofensa alguna en ninguna cosa, porque el ministerio no sea vituperado:
2CO 6:4 Pero mostrándonos aprobados en todas [cosas] como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias,
2CO 6:5 En azotes, en cárceles, en alborotos, en trabajos, en vigilias, en ayunos,
2CO 6:6 Por pureza, por conocimiento, por longanimidad, por bondad, por el Espíritu Santo, por amor no fingido,
2CO 6:7 Por la palabra de verdad, por el poder de Dios, por la armadura de justicia a diestra y a siniestra:
2CO 6:8 Por honra y deshonra: por infamia, y buena fama: como engañadores, y [sin embargo] veraces:
2CO 6:9 Como desconocidos, [y sin embargo] bien conocidos: como muriendo, y, he aquí, vivimos: como castigados, mas no muertos:
2CO 6:10 Como entristecidos, mas siempre gozosos: como pobres, mas enriqueciendo a muchos: como los que no tienen nada, [y sin embargo] lo poseen todo.
2CO 6:11 Nuestra boca está abierta para vosotros, oh corintios, nuestro corazón es ensanchado.
2CO 6:12 No estáis estrechados en nosotros; mas estáis estrechados en vuestras propias entrañas:
2CO 6:13 Pues por recompensa de lo mismo, (como a [mis] hijos hablo,) ensanchaos también vosotros.
2CO 6:14 No os juntéis en yugo desigual con los incrédulos: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?
2CO 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿o qué parte el que cree con el incrédulo?
2CO 6:16 ¿Y qué avenencia el templo de Dios con ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios vivo, como Dios ha dicho: Yo moraré en ellos, y andaré en [ellos]; y yo seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.
2CO 6:17 Por lo cual salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor; y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré.
2CO 6:18 Y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas: dice el Señor Todopoderoso.
2CO 7:1 TENIENDO pues nosotros estas promesas, amados míos, pues que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
2CO 7:2 Admitidnos: a nadie hemos injuriado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos defraudado.
2CO 7:3 No para condenaros [lo] digo; que ya he dicho antes, que estáis en nuestros corazones para morir, y para vivir con [vosotros].
2CO 7:4 Mucho denuedo tengo para con vosotros, mucha gloria tengo de vosotros: lleno estoy de consolación: sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
2CO 7:5 Porque cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes por todos lados fuimos atribulados: de fuera [había] combates, de dentro temores.
2CO 7:6 Mas Dios, que consuela a los que están abatidos, nos consoló con la venida de Tito.
2CO 7:7 Y no sólo con su venida, mas [también] con la consolación con que él fue consolado de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por mí, así que me regocijé tanto más.
2CO 7:8 Porque aunque os entristecí por la carta, no me arrepiento: aunque me arrepentí, porque veo que aquella carta, aunque por poco tiempo, os entristeció.
2CO 7:9 Ahora me gozo: no porque hayáis sido entristecidos, mas porque hayáis sido entristecidos para arrepentimiento; porque habéis sido entristecidos según Dios, de manera que ninguna pérdida hayáis padecido por nosotros.
2CO 7:10 Porque la tristeza que es según Dios, obra arrepentimiento para la salvación, de la cual nadie se arrepiente; mas la tristeza del mundo obra la muerte.
2CO 7:11 Porque he aquí esto mismo, que según Dios fuisteis entristecidos, qué solicitud ha obrado en vosotros, más aun defensa, más aun indignación, más aun temor, más aun vehemente deseo, más aun celo, más aun venganza. En todo os habéis mostrado puros en este negocio.
2CO 7:12 Así que aunque os escribí, no fue por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que padeció la injuria, sino para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.
2CO 7:13 Por tanto fuimos consolados por vuestra consolación: pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, porque fue refrescado su espíritu por todos vosotros.
2CO 7:14 Que si en algo me he gloriado con él de vosotros, no he sido avergonzado; antes como todo lo que habíamos dicho a vosotros en verdad, así también nuestra gloria con Tito fue hallada [ser] verdad.
2CO 7:15 Y su entrañable afecto es más abundante para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros; y de cómo le recibisteis con temor y temblor.
2CO 7:16 Así que me regocijo de que en todo tengo confianza de vosotros.
2CO 8:1 ASIMISMO, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios, que ha sido dada a las iglesias de Macedonia:
2CO 8:2 Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron para las riquezas de su liberalidad.
2CO 8:3 Porque conforme a [sus] fuerzas, (yo soy testigo,) y aun sobre [sus] fuerzas [han sido] voluntarios;
2CO 8:4 Rogándonos con muchos ruegos, que recibiésemos el don, [y nos encargásemos de] la comunión del ministerio que se hace para los santos.
2CO 8:5 Y [esto hicieron], no como lo esperábamos, mas a sí mismos dieron primeramente al Señor, y a nosotros por la voluntad de Dios.
2CO 8:6 De tal manera que exhortamos a Tito, que como había comenzado [ya], así también acabase en vosotros la misma gracia también.
2CO 8:7 Por tanto como en todo abundáis, [en] fe, y [en] palabra, y [en] conocimiento, y [en] toda diligencia, y amor para con nosotros, [mirad] que abundéis en esta gracia también.
2CO 8:8 No hablo como por mandamiento; sino por motivo de la prontitud de los otros, y para probar la sinceridad de vuestro amor.
2CO 8:9 Porque vosotros conocéis la gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, que, siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre; para que vosotros por su pobreza fueseis ricos.
2CO 8:10 Y en esto doy [mi] consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a querer[lo] desde el año pasado:
2CO 8:11 Ahora pues acabad de hacer[lo]; para que como fue pronto el ánimo en el querer, así también [lo sea en] el cumplir[lo] de lo que tenéis.
2CO 8:12 Porque si primero hay voluntad pronta, [será] acepta según lo que alguno tiene, y no según lo que no tiene.
2CO 8:13 No para que otros tengan alivio, y vosotros apretura:
2CO 8:14 Sino por igualdad, [para que] en este tiempo, vuestra abundancia [supla] la falta de ellos; para que también la abundancia de ellos [supla] vuestra falta, para que haya igualdad:
2CO 8:15 Como está escrito: Al que [recogió] mucho, no le sobró; y al que [recogió] poco, no le faltó nada.
2CO 8:16 Pero gracias a Dios que puso la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito.
2CO 8:17 Porque en verdad aceptó la exhortación; mas estando él muy solícito, de su propia voluntad se partió para vosotros.
2CO 8:18 Y enviamos con él al hermano, cuya alabanza en el evangelio [es] por todas las iglesias.
2CO 8:19 Y no sólo [esto], sino que también fue elegido por las iglesias para acompañarnos en nuestro viaje con este beneficio, que es administrado por nosotros para gloria del mismo Señor, y [declaración de] vuestra voluntad pronta:
2CO 8:20 Evitando esto, que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos:
2CO 8:21 Procurando las cosas honestas, no sólo delante del Señor, sino también delante de los hombres.
2CO 8:22 Y enviamos con ellos a nuestro hermano, al cual muchas veces hemos probado diligente en muchas cosas; mas ahora mucho más diligente por la mucha confianza que [tengo] en vosotros.
2CO 8:23 Tocante a Tito, [si alguno inquiriere, él es] mi compañero y coadjutor para con vosotros; o [en cuanto a] nuestros hermanos, [son] los mensajeros de las iglesias, y la gloria de Cristo.
2CO 8:24 Mostrad pues para con ellos, y a la faz de las iglesias, la prueba de vuestro amor, y de nuestra gloria de vosotros.
2CO 9:1 PORQUE en cuanto al ministerio para los santos, por demás me es escribiros;
2CO 9:2 Porque conozco la prontitud de vuestro ánimo, por cuyo motivo me glorío de vosotros entre los de Macedonia, que Acaya está apercibida desde el año pasado; y vuestro celo ha provocado a muchos.
2CO 9:3 Sin embargo he enviado a los hermanos, porque nuestra gloria de vosotros no sea vana en esta parte; para que, como lo he dicho, estéis apercibidos;
2CO 9:4 [Porque] no sea que si vinieren conmigo los de Macedonia, y os hallaren desapercibidos, y nos avergoncemos nosotros, (por no decir vosotros,) de esta confianza de gloria.
2CO 9:5 Por tanto tuve por cosa necesaria exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros, y aparejasen primero vuestra bendición antes prometida, para que esté aparejada como bendición, y no como avaricia.
2CO 9:6 Pero esto [digo]: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra abundantemente, segará también abundantemente.
2CO 9:7 Cada uno como propuso en su corazón, [así dé], no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama el dador alegre.
2CO 9:8 Y poderoso [es] Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, para que teniendo toda suficiencia en todas cosas, abundéis para toda buena obra.
2CO 9:9 Como está escrito: Esparció; dio a los pobres; su justicia permanece por siempre.
2CO 9:10 Y el que da la simiente al que siembra, también dará pan para comer; y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia;
2CO 9:11 Para que enriquecidos en todo, abundéis en toda liberalidad, la cual obra por nosotros acción de gracias a Dios.
2CO 9:12 Porque la administración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, mas también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;
2CO 9:13 Que por la experiencia de esta administración, glorifican a Dios por vuestra sujeción que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de [vuestra] distribución para con ellos, y para con todos;
2CO 9:14 Y por la oración de ellos por vosotros, los cuales os anhelan de corazón a causa de la abundantísima gracia de Dios en vosotros.
2CO 9:15 Gracias a Dios por su inefable don.
2CO 10:1 AHORA yo, Pablo mismo, os ruego por la mansedumbre y benignidad de Cristo, yo que en presencia [soy] humilde entre vosotros, pero estando ausente soy osado para con vosotros,
2CO 10:2 Ruégoos, pues, que cuando estuviere presente, no tenga que ser osado con la confianza con que pienso ser osado contra algunos, que nos tienen como si anduviésemos según la carne:
2CO 10:3 Porque aunque andamos en la carne, no militamos según la carne:
2CO 10:4 (Porque las armas de nuestra milicia no [son] carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas;)
2CO 10:5 Derribando imaginaciones, y toda cosa alta que se levanta contra el conocimiento de Dios; y poniendo bajo cautiverio todo pensamiento a la obediencia de Cristo,
2CO 10:6 Y estando prestos para vengar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida.
2CO 10:7 ¿Miráis las cosas según la apariencia exterior? Si alguno está confiado en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él [es] de Cristo, así también nosotros [somos] de Cristo.
2CO 10:8 Porque aunque yo me gloríe algún tanto más de nuestra autoridad, (la cual el Señor nos ha dado para edificación, y no para vuestra destrucción,) no me avergonzaré.
2CO 10:9 A fin de que no parezca como que os quiero espantar por cartas.
2CO 10:10 Porque dicen ellos, [sus] cartas [son] graves y fuertes; mas [su] presencia corporal débil, y [su] palabra despreciable.
2CO 10:11 Esto piense el tal, que cuales somos en la palabra por cartas estando ausentes, tales [seremos] también de hecho estando presentes.
2CO 10:12 Porque no osamos ni a contarnos, ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; mas ellos midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose a sí mismos consigo mismos, no entienden.
2CO 10:13 Pero nosotros no nos jactaremos de cosas fuera de [nuestra] medida; sino conforme a la medida de la regla que Dios nos ha repartido, medida que llega también hasta vosotros,
2CO 10:14 Porque no nos extendemos más allá de [nuestra medida], como si no llegásemos hasta vosotros; porque también hasta vosotros hemos llegado en el evangelio de Cristo:
2CO 10:15 No gloriándonos fuera de medida, en trabajos ajenos; mas teniendo esperanza de que en creciendo vuestra fe, seremos abundantemente engrandecidos entre vosotros conforme a nuestra regla;
2CO 10:16 Para predicar el evangelio en las [regiones que están] más allá de vosotros, no en la medida de otro, para gloriarnos de lo que ya estaba aparejado.
2CO 10:17 Mas el que se gloría, gloríese en el Señor.
2CO 10:18 Porque no el que se alaba a sí mismo, el tal es aprobado; mas aquel a quien el Señor alaba.
2CO 11:1 PLUGUIESE a Dios que vosotros sufrieseis un poco [mi] locura. Mas, en verdad, sufridme.
2CO 11:2 Porque yo soy celoso de vosotros con celo de Dios; porque os he desposado a un marido, para presentar[os como] a una virgen pura a Cristo.
2CO 11:3 Mas tengo miedo de que, en alguna manera, como la serpiente engañó a Eva por su astucia, así sean corrompidas vuestras mentes, de la simplicidad que es en Cristo:
2CO 11:4 Porque si el que viene predica otro Jesús que nosotros no hemos predicado, o [si] vosotros recibís otro espíritu del que habéis recibido, u otro evangelio del que habéis aceptado, [le] sufrierais bien.
2CO 11:5 Porque yo pienso, que en nada he sido inferior a los más grandes apóstoles.
2CO 11:6 Porque aunque [soy] rudo en la palabra, pero no en el conocimiento; pero en todas las cosas hemos sido enteramente manifiestos a vosotros.
2CO 11:7 ¿Acaso cometí un pecado en haberme humillado a mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios gratuitamente?
2CO 11:8 Despojé las otras iglesias, recibiendo salario [de ellos] para servir a vosotros.
2CO 11:9 Y estando con vosotros, y teniendo necesidad, a ninguno fui carga; porque lo que me faltaba, [lo] suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia; y en todas cosas me guardé de seros gravoso, y [me] guardaré.
2CO 11:10 Como la verdad de Cristo es en mí, nadie me impedirá esta jactancia en las regiones de Acaya.
2CO 11:11 ¿Por qué? ¿por qué no os amo? Dios lo sabe.
2CO 11:12 Mas lo que hago, haré aún; para cortar ocasión de aquellos que desean ocasión, para que en aquello que se glorían, sean hallados como también nosotros.
2CO 11:13 Porque los tales [son] falsos apóstoles, obreros fraudulentos que se transfiguran en apóstoles de Cristo.
2CO 11:14 Y no es maravilla; porque Satanás mismo se transfigura en ángel de luz.
2CO 11:15 Así que no es gran cosa si también sus ministros se transfiguren como ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras.
2CO 11:16 Otra vez digo: Que nadie me tenga por insensato; de otra manera, recibidme aun como a insensato, para que me jacte yo un poco.
2CO 11:17 Lo que hablo, no [lo] hablo según el Señor, sino como con insensatez, en este atrevimiento de jactancia.
2CO 11:18 Puesto que muchos se glorían según la carne: también yo me gloriaré.
2CO 11:19 Porque de buena gana sufrís a los insensatos, siendo vosotros sabios;
2CO 11:20 Porque sufrís si alguien os pone en servidumbre, si alguien [os] devora, si alguien toma [lo vuestro], si alguien se ensalza, si alguien os hiere en la cara.
2CO 11:21 Hablo en cuanto a la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido débiles. Mas en lo que otro tuviere osadía (hablo con insensatez) también yo tengo osadía.
2CO 11:22 ¿Son ellos hebreos? yo también [soy]. ¿Son israelitas? yo también. ¿Son simiente de Abraham? también yo.
2CO 11:23 ¿Son ministros de Cristo? (hablo como insensato) yo [soy] más: en trabajos más abundante, en azotes sobre medida, en cárceles más frecuentemente, en muertes, muchas veces.
2CO 11:24 De los judíos cinco veces recibí cuarenta [azotes] menos uno.
2CO 11:25 Tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces he padecido naufragio, una noche y un día he estado en el profundo [del mar].
2CO 11:26 En viajes muchas veces: [en] peligros de ríos, [en] peligros de ladrones, [en] peligros de los de [mi] nación, [en] peligros entre los gentiles, [en] peligros en la ciudad, [en] peligros en el desierto, [en] peligros en el mar, [en] peligros entre falsos hermanos:
2CO 11:27 En trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez:
2CO 11:28 Además las cosas de fuera, lo que me sobreviene cada día, el cuidado de todas las iglesias.
2CO 11:29 ¿Quién es débil, y no soy débil yo? ¿Quién se ofende, y yo no me abraso?
2CO 11:30 Si es menester gloriarme, me gloriaré yo de las cosas que son de mis flaquezas.
2CO 11:31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, que es bendito por siempre, sabe que no miento.
2CO 11:32 En Damasco, el gobernador por el rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos queriendo prenderme;
2CO 11:33 Y fui abajado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.
2CO 12:1 CIERTO [que] no me es conveniente gloriarme; mas vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor.
2CO 12:2 Yo conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé, si fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe.) fue arrebatado hasta el tercer cielo.
2CO 12:3 Y conozco al tal hombre, (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe.)
2CO 12:4 Que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que al hombre no le es lícito decir.
2CO 12:5 De este tal me gloriaré; mas de mí mismo no me gloriaré, sino en mis flaquezas.
2CO 12:6 Por lo cual si quisiere gloriarme, no seré insensato, porque diré verdad: pero [ahora] lo dejo, porque nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí.
2CO 12:7 Y porque no me ensalzase desmedidamente por la abundancia de las revelaciones, me fue dado un aguijón en mi carne, el mensajero de Satanás, que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.
2CO 12:8 Por lo cual tres veces rogué al Señor que se quitase de mí.
2CO 12:9 Y él me dijo: Bástate mi gracia; porque mi poder en la flaqueza se perfecciona. Por tanto de buena gana me gloriaré en mis flaquezas, para que habite en mí el poder de Cristo.
2CO 12:10 Por lo cual tomo contentamiento en flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
2CO 12:11 Me he hecho insensato en gloriarme; vosotros me constreñisteis; porque yo debía ser alabado de vosotros; porque en nada soy menos que los más eminentes apóstoles, aunque soy nada.
2CO 12:12 Verdaderamente las señales de apóstol han sido hechas en medio de vosotros, en toda paciencia, en señales, en prodigios, y en milagros.
2CO 12:13 Porque ¿qué hay en que hayáis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? perdonadme este agravio.
2CO 12:14 He aquí, estoy preparado para ir a vosotros la tercera vez, y no os será una carga, porque no busco a lo vuestro, sino a vosotros; porque no han de atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.
2CO 12:15 Y yo de buena gana gastaré y seré gastado por vuestras almas; aunque amándoos yo más, sea amado menos.
2CO 12:16 Mas sea así, yo no os fui carga; sino que, como soy astuto, os he tomado con engaño.
2CO 12:17 ¿Os he defraudado [quizá] por alguno de los que he enviado a vosotros?
2CO 12:18 Yo rogué a Tito, y con él envié un hermano. ¿Os engañó Tito? ¿no anduvimos en el mismo espíritu? ¿no [anduvimos] en las mismas pisadas?
2CO 12:19 ¿Pensáis otra vez que nosotros nos excusamos para con vosotros? Delante de Dios, en Cristo hablamos; mas lo [hacemos] todo, o amadísimos, por vuestra edificación.
2CO 12:20 Porque temo que cuando viniere, no os halle tales como quiero; y [que] vosotros me halléis cual no querríais; porque no [haya] entre vosotros contiendas, envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuraciones, soberbias, sediciones;
2CO 12:21 No sea que cuando yo volviere, me humille Dios entre vosotros, y haya yo de llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia, y fornicación, y lascivia que han cometido.
2CO 13:1 ÉSTA [es] la tercera [vez que] vengo a vosotros: en la boca de dos o de tres testigos toda palabra será establecida.
2CO 13:2 Yo os he dicho antes, y os digo de antemano como si yo estuviera presente la segunda vez; y ahora estando ausente lo escribo a los que han pecado antes, y a todos los demás, que si vengo otra vez, no perdonaré.
2CO 13:3 Pues que buscáis una prueba de Cristo que habla en mí, el cual no es débil para con vosotros, antes es poderoso en vosotros.
2CO 13:4 Porque aunque fue crucificado por flaqueza, sin embargo vive por el poder de Dios; porque nosotros también somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con nosotros.
2CO 13:5 Examinaos a vosotros mismos si sois en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿No conocéis vosotros mismos, como que Cristo Jesús es en vosotros, si no sois reprobados?
2CO 13:6 Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados.
2CO 13:7 Ahora yo oro a Dios que ninguna cosa mala hagáis: no para que nosotros aparezcamos aprobados, mas para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.
2CO 13:8 Porque nosotros no podemos hacer nada contra la verdad, sino por la verdad.
2CO 13:9 Por lo cual nos gozamos cuando nosotros somos débiles, y vosotros sois fuertes; y aun deseamos esto, [a saber], vuestra perfección.
2CO 13:10 Por tanto [os] escribo estas cosas estando ausente, para que estando presente no use de severidad, conforme a la potestad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción.
2CO 13:11 En fin, hermanos, hayáis gozo, seáis perfectos, consolaos, seáis de una misma mente, vivid en paz, y el Dios de amor y de paz será con vosotros.
2CO 13:12 Saludaos los unos a los otros con beso santo.
2CO 13:13 Todos los santos os saludan.
2CO 13:14 La gracia del Señor Jesús Cristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amén [La segunda epístola a los corintios fue enviada de Filipos, ciudad de Macedonia con Tito y Lucas. ]
GAL 1:1 PABLO apóstol, (no de los hombres, ni por hombre, sino por Cristo Jesús, y por Dios el Padre, que lo resucitó de entre los muertos),
GAL 1:2 Y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia:
GAL 1:3 Gracia a vosotros, y paz de Dios el Padre y nuestro Señor Jesús Cristo,
GAL 1:4 El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente mundo malo, conforme a la voluntad de Dios y Padre nuestro:
GAL 1:5 Al cual [sea] gloria por siempre jamás. Amén.
GAL 1:6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado de aquel que os llamó a la gracia de Cristo, a otro evangelio:
GAL 1:7 El cual no es otro, sino que hay algunos que os perturban, y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
GAL 1:8 Mas si nosotros, o un ángel del cielo os predicare otro evangelio del que os hemos predicado, sea maldito.
GAL 1:9 Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguien os predicare otro evangelio del que habéis recibido, sea maldito.
GAL 1:10 Porque ¿persuado yo ahora a los hombres, o a Dios? ¿o procuro de agradar a hombres? Porque si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
GAL 1:11 Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio que [os] ha sido predicado por mí, no es según hombre.
GAL 1:12 Porque ni yo lo recibí de hombre, ni tampoco me fue enseñado, sino por revelación de Cristo Jesús.
GAL 1:13 Porque [ya] habéis oído cual fue mi conducta en otro tiempo en el Judaísmo como sobre manera perseguía la iglesia de Dios, y la asolaba;
GAL 1:14 Y que aprovechaba en el Judaísmo sobre muchos de mis iguales en mi nación, siendo más vehementemente celoso de las tradiciones de mis padres.
GAL 1:15 Mas cuando plugo a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y [me] llamó por su gracia,
GAL 1:16 Revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre;
GAL 1:17 Ni subí a Jerusalem a los que eran apóstoles antes que yo; sino [que] me fui a Arabia; y volví de nuevo a Damasco.
GAL 1:18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalem a ver a Pedro, y estuve con él quince días.
GAL 1:19 Mas a ningún otro de los apóstoles vi, sino a Jacobo el hermano del Señor.
GAL 1:20 Y en esto, que os escribo, he aquí, delante de Dios, que no miento.
GAL 1:21 Después vine a las regiones de Siria y de Cilicia;
GAL 1:22 Y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo:
GAL 1:23 Mas solamente habían oído: Que el que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo destruía:
GAL 1:24 Y glorificaban a Dios en mí.
GAL 2:1 DESPUÉS, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalem con Bernabé, tomando también [conmigo] a Tito.
GAL 2:2 Y subí por revelación, y comuniqué con ellos el evangelio que predico entre los gentiles; mas particularmente con los que parecían ser algo, por no correr, o haber corrido en vano.
GAL 2:3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo griego, fue compelido a circuncidarse:
GAL 2:4 Y esto por causa de los falsos hermanos entremetidos secretamente, los cuales entraban encubiertamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a servidumbre;
GAL 2:5 A los cuales ni aun por una hora cedimos en sujeción, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
GAL 2:6 Pero de aquellos que parecían ser algo (lo que hayan sido, no tengo que ver; Dios no acepta la apariencia del hombre), a mí ciertamente los que parecían [ser algo], nada [me] comunicaron:
GAL 2:7 Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me había sido dado, como a Pedro [el] de la circuncisión;
GAL 2:8 (Porque el que obró eficazmente en Pedro para el apostolado de la circuncisión, obró también en mí para con los gentiles;)
GAL 2:9 Y cuando Jacobo, y Cefas, y Juan, que parecían ser las columnas, conocieron la gracia que me era dada, nos dieron las diestras de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros [fuésemos a] los gentiles, y ellos a la circuncisión.
GAL 2:10 Solamente [querían] que nos acordásemos de los pobres; lo cual también yo hacía con solicitud.
GAL 2:11 Mas cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí en su cara, porque era de condenar.
GAL 2:12 Porque antes que viniesen ciertos [de parte] de Jacobo, comía con los gentiles; mas cuando vinieron, se retrajo, y se apartó de ellos, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión.
GAL 2:13 Y los otros judíos disimulaban también con él, de tal manera que aun Bernabé fue llevado con su simulación.
GAL 2:14 Mas cuando yo vi que no andaban derechamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles, y no como los judíos, ¿por qué constriñes a los gentiles a judaizar?
GAL 2:15 Nosotros [que somos] judíos por naturaleza, y no pecadores de los gentiles,
GAL 2:16 Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Cristo Jesús, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.
GAL 2:17 Y si buscando nosotros de ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿[es] por eso Cristo ministro de pecado? ¡No lo permita Dios!
GAL 2:18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.
GAL 2:19 Porque yo por la ley soy muerto a la ley, a fin de que viva para Dios.
GAL 2:20 Soy crucificado con Cristo; mas vivo, no ya yo, sino [que] Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, [la] vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.
GAL 2:21 No frustro la gracia de Dios; porque si por la ley [proviene] la justicia, entonces Cristo murió en vano.
GAL 3:1 ¡OH Gálatas insensatos! ¿quién os hechizó para no obedecer a la verdad; delante de cuyos ojos Cristo Jesús fue claramente representado, crucificado entre vosotros?
GAL 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe?
GAL 3:3 ¿Tan insensatos sois, habiendo comenzado en el Espíritu, ahora os perfeccionéis por la carne?
GAL 3:4 ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si [fuere] aún en vano.
GAL 3:5 Él, pues, que os suministra el Espíritu, y obra milagros entre vosotros, ¿[lo hace] por las obras de la ley, o por el oír de la fe?
GAL 3:6 Así como Abraham creyó a Dios, y le fue imputado a justicia.
GAL 3:7 Sabed, pues, que los que son de la fe, los tales son hijos de Abraham.
GAL 3:8 Y viendo antes la Escritura, que Dios por la fe había de justificar a los gentiles, predicó antes el evangelio a Abraham, [diciendo]: Todas las naciones serán bendecidas en ti.
GAL 3:9 Así pues los que son de la fe, son benditos con el fiel Abraham.
GAL 3:10 Porque todos los que son de las obras de la ley, debajo de maldición están; porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
GAL 3:11 Mas que por la ley ninguno se justifica delante de Dios, [es] manifiesto; porque: El justo por la fe vivirá.
GAL 3:12 Y la ley no es de la fe; antes: El hombre que las hiciere, vivirá en ellas.
GAL 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque escrito está: Maldito todo aquel que es colgado en madero:)
GAL 3:14 A fin de que la bendición de Abraham viniese sobre los gentiles por Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.
GAL 3:15 Hermanos, hablo como hombre: Aunque un pacto [sea] de hombre, si fuere confirmado, nadie le abroga ni le añade.
GAL 3:16 Ahora bien, a Abraham, fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
GAL 3:17 Por lo que esto digo: Que el pacto confirmado antes por Dios en Cristo, la ley que fue [dada] cuatrocientos y treinta años después, no le puede abrogar, para invalidar la promesa.
GAL 3:18 Porque si la herencia [es] por la ley, ya no [será] por la promesa: Mas Dios la dio a Abraham por la promesa.
GAL 3:19 ¿De qué, pues, [sirve] la ley? fue añadida por causa de las transgresiones, (hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa,) ordenada por ángeles, en mano de un mediador.
GAL 3:20 Y un mediador no es de uno; mas Dios es uno.
GAL 3:21 ¿Es pues la ley contra las promesas de Dios? ¡No lo permita Dios!; porque si se hubiese dado una ley que pudiera vivificar, la justicia verdaderamente habría sido por la ley.
GAL 3:22 Mas la Escritura encerró todo debajo de pecado, para que la promesa, por la fe de Cristo Jesús, fuese dada a los que creen.
GAL 3:23 Pero antes que viniese la fe estábamos guardados debajo de la ley, encerrados para aquella fe, que había de ser revelada.
GAL 3:24 De manera que la ley fue nuestro ayo para [llevarnos a] Cristo, para que fuésemos justificados por la fe.
GAL 3:25 Mas venida la fe, ya no estamos debajo del ayo.
GAL 3:26 Porque vosotros todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
GAL 3:27 Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
GAL 3:28 No hay judío, ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
GAL 3:29 Y si vosotros [sois] de Cristo, entonces la simiente de Abraham sois, y herederos según a la promesa.
GAL 4:1 AHORA digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es señor de todo;
GAL 4:2 Antes está debajo de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.
GAL 4:3 Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre debajo de los elementos del mundo:
GAL 4:4 Mas cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho debajo de la ley,
GAL 4:5 Para que redimiese los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
GAL 4:6 Y por cuanto sois hijos, envió Dios el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.
GAL 4:7 Así que ya no eres más siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por Cristo.
GAL 4:8 Pero entonces, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses.
GAL 4:9 Mas ahora habiendo conocido a Dios, o más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los débiles y pobres elementos, a los cuales queréis volver a servir?
GAL 4:10 Guardáis días, y meses, y tiempos, y años.
GAL 4:11 Me temo de vosotros, de que no haya yo trabajado en vano con vosotros.
GAL 4:12 Os ruego, hermanos, que seáis como yo; porque yo [soy] como vosotros: ningún agravio me habéis hecho.
GAL 4:13 Vosotros sabéis, que en flaqueza de la carne os prediqué el evangelio al principio
GAL 4:14 Y mi tentación que fue en mi carne no desechasteis ni menospreciasteis; antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como [a] Cristo Jesús.
GAL 4:15 ¿Dónde está, pues, vuestra bienaventuranza? porque yo os doy testimonio, que si [hubiera sido] posible, vuestros mismos ojos hubierais sacado para dármelos.
GAL 4:16 ¿Me he hecho pues vuestro enemigo, diciéndoos la verdad?
GAL 4:17 Ellos tienen celo por vosotros, no bien; antes os quieren encerrar afuera para que vosotros tengáis celo por ellos.
GAL 4:18 Bueno [es] ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.
GAL 4:19 Hijitos míos, por quienes vuelvo otra vez a estar en dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,
GAL 4:20 Querría estar presente con vosotros ahora, y mudar mi voz; porque estoy perplejo acerca de vosotros.
GAL 4:21 Decidme, los que queréis estar debajo de la ley, ¿no oís la ley?
GAL 4:22 Porque está escrito: Que Abraham tuvo dos hijos: uno de la sierva, y uno de la libre.
GAL 4:23 Mas el que [era] de la sierva, nació según la carne; el que [era] de la libre, [nació] por la promesa.
GAL 4:24 Las cuales cosas son una alegoría; porque éstos son los dos pactos. El uno ciertamente del monte de Sinaí, que engendra para servidumbre, el cual es Agar.
GAL 4:25 Porque Agar es Sinaí, monte de Arabia, el cual corresponde a la Jerusalem que ahora es, la cual está en servidumbre con sus hijos.
GAL 4:26 Mas aquella Jerusalem que está arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros.
GAL 4:27 Porque está escrito: Alégrate estéril, que no pares; prorrumpe y clama, tú que no estás de parto; porque más son los hijos de la desamparada, que de la que tiene marido.
GAL 4:28 Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.
GAL 4:29 Pero como entonces el que nació según la carne, perseguía al que nació según el Espíritu; así también ahora.
GAL 4:30 Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.
GAL 4:31 De manera que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
GAL 5:1 ESTAD, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos libertó; y no volváis otra vez a sujetaros bajo el yugo de servidumbre.
GAL 5:2 He aquí, yo Pablo os digo: Que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada.
GAL 5:3 Y otra vez vuelvo a protestar a todo hombre que se circuncidare, que está obligado a hacer toda la ley.
GAL 5:4 Cristo se ha vuelto sin efecto para vosotros, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
GAL 5:5 Mas nosotros, por el Espíritu, aguardamos la esperanza de justicia por la fe.
GAL 5:6 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por el amor.
GAL 5:7 Corríais bien: ¿quién os impidió para no obedecer a la verdad?
GAL 5:8 Esta persuasión no [es] de aquel que os llama.
GAL 5:9 Un poco de levadura leuda toda la masa.
GAL 5:10 Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa pensaréis; mas el que os perturba, llevará el juicio, quienquiera que él sea.
GAL 5:11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? Entonces ha cesado la ofensa de la cruz.
GAL 5:12 Quisiera Dios que fuesen aun cortados los que os inquietan.
GAL 5:13 Porque vosotros, hermanos, habéis sido llamados a libertad; solamente [que] no [uséis] la libertad por ocasión a la carne, sino que os sirváis por amor los unos a los otros.
GAL 5:14 Porque toda la ley en una palabra se cumple, en ésta: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo.
GAL 5:15 Mas si os mordéis, y os devoráis los unos a los otros, mirad que no seáis consumidos los unos por los otros.
GAL 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu; y no cumpliréis las concupiscencias de la carne.
GAL 5:17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y estas cosas, se oponen la una a la otra, de manera que no podáis hacer lo que quisiereis.
GAL 5:18 Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis debajo de la ley.
GAL 5:19 Manifiestas son ahora las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
GAL 5:20 Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
GAL 5:21 Envidias, homicidios, embriagueces, banqueterías, y cosas semejantes a éstas: de las cuales os denuncio, como también [os] he denunciado ya, que los que hacen tales cosas, no heredarán el reino de Dios.
GAL 5:22 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, longanimidad, gentileza, bondad, fe,,
GAL 5:23 Mansedumbre, templanza: contra tales cosas, no hay ley.
GAL 5:24 Y los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus afectos y concupiscencias.
GAL 5:25 Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.
GAL 5:26 No seamos codiciosos de vana gloria, provocándonos los unos a los otros, envidiosos los unos de los otros.
GAL 6:1 HERMANOS, si [algún] hombre fuere tomado en alguna falta, vosotros los espirituales, restauradle al tal en espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado.
GAL 6:2 Llevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo.
GAL 6:3 Porque si alguno piensa de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.
GAL 6:4 Así que cada uno examine su propia obra, y entonces en sí mismo solamente tendrá de que gloriarse, y no en otro.
GAL 6:5 Porque cada cual llevará su propia carga.
GAL 6:6 Y el que es instruido en la palabra, comunique todos los bienes al que le instruye.
GAL 6:7 No os engañéis: Dios no [puede] ser burlado; porque lo que el hombre sembrare, eso también segará.
GAL 6:8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
GAL 6:9 Mas no nos cansemos de hacer bien, que a su tiempo segaremos, si no nos desmayamos.
GAL 6:10 Así pues, según que tenemos oportunidad, hagamos bien a todos; mayormente a los que son de la familia de la fe.
GAL 6:11 Mirad en cuan grandes letras os he escrito de mi mano.
GAL 6:12 Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os constriñen a circuncidaros; solamente por no padecer la persecución por la cruz de Cristo.
GAL 6:13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan, guardan la ley; mas quieren que os circuncidéis vosotros, por gloriarse en vuestra carne.
GAL 6:14 En cuanto a mí, ¡No lo permita Dios! que yo me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
GAL 6:15 Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.
GAL 6:16 Y todos los que anduvieren conforme a esta regla, paz [sea] sobre ellos, y misericordia, y sobre el Israel de Dios.
GAL 6:17 De aquí adelante nadie me moleste; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.
GAL 6:18 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea], hermanos, con vuestro espíritu. Amén. [Escrita de Roma a los gálatas. ]
EPH 1:1 PABLO, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los santos que están en Éfeso, y fieles en Cristo Jesús:
EPH 1:2 Gracia a vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús Cristo.
EPH 1:3 Bendito [sea] el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, el cual nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los [lugares] celestiales en Cristo:
EPH 1:4 Según como nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos, y sin mancha delante de él en amor:
EPH 1:5 Habiéndonos predestinado para la adopción de hijos por Cristo Jesús a sí mismo, según al beneplácito de su voluntad,
EPH 1:6 Para alabanza de la gloria de su gracia, por la cual nos ha hecho aceptos en el amado:
EPH 1:7 En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados según las riquezas de su gracia;
EPH 1:8 Que sobreabundó para con nosotros en toda sabiduría y prudencia;
EPH 1:9 Habiéndonos descubierto el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que él se había propuesto en sí mismo:
EPH 1:10 Que en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, juntaría en uno todas las cosas en Cristo, así las que están en el cielo, como las que están en la tierra, en él:
EPH 1:11 En el cual obtuvimos también herencia, siendo predestinados según al propósito de aquél que obra todas las cosas según el consejo de su propia voluntad:
EPH 1:12 Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que primero confiamos en Cristo:
EPH 1:13 En el cual también [confiasteis] vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
EPH 1:14 Que es las arras de nuestra herencia, hasta la redención de la posesión comprada, para alabanza de su gloria.
EPH 1:15 Por lo cual también yo, oyendo de vuestra fe en el Señor Jesús, y amor para con todos los santos,
EPH 1:16 No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones;
EPH 1:17 Para que el Dios de nuestro Señor Jesús Cristo, el Padre de gloria, os dé el espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él:
EPH 1:18 Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,
EPH 1:19 Y cuál la grandeza sobreexcelente de su poder para con nosotros, los que creemos, según la operación de la potencia de su fortaleza,
EPH 1:20 La cual obró en Cristo, resucitándole de entre los muertos, y lo hizo sentar a su diestra en los [lugares] celestiales,
EPH 1:21 Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este mundo, mas aun en el venidero:
EPH 1:22 Y sujetó todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,
EPH 1:23 La cual es su cuerpo, la plenitud de aquél que hinche todas las cosas en todos.
EPH 2:1 Y A vosotros [él os dio vida], estando muertos en vuestros delitos y pecados;
EPH 2:2 En que en otro tiempo anduvisteis, conforme al curso de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de la desobediencia:
EPH 2:3 Entre los cuales todos nosotros también conversamos en otro tiempo en las concupiscencias de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.
EPH 2:4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
EPH 2:5 Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, (por gracia sois salvos;)
EPH 2:6 Y [nos] ha levantado [con él], y asimismo [nos] hizo sentar con él en los [lugares] celestiales en Cristo Jesús:
EPH 2:7 Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia, en [su] bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
EPH 2:8 Porque por gracia sois salvos por la fe, y esto no de vosotros, [es] el don de Dios:
EPH 2:9 No por obras, para que nadie se gloríe.
EPH 2:10 Porque hechura suya somos, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó antes para que anduviésemos en ellas.
EPH 2:11 Por tanto acordaos que vosotros en otro tiempo [erais] gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisión por la que se llama circuncisión en la carne, la cual se hace por mano;
EPH 2:12 Que erais en aquel tiempo sin Cristo alejados de la república de Israel, y extranjeros a los pactos de la promesa, sin esperanza, y sin Dios en el mundo:
EPH 2:13 Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
EPH 2:14 Porque él es nuestra paz, que de ambos ha hecho uno, y ha derribado el muro intermedio, [que nos separaba]:
EPH 2:15 Habiendo abolido en su carne la enemistad, [aún] la ley de los mandamientos [contenidos] en ordenanzas, para formar en sí mismo de los dos un nuevo hombre, haciendo paz;
EPH 2:16 Y para reconciliar ambos a Dios en un cuerpo por la cruz, habiendo matado por ella la enemistad:
EPH 2:17 Y vino, y predicó la paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca:
EPH 2:18 Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.
EPH 2:19 Así que ya no sois advenedizos y extranjeros, sino conciudadanos de los santos, y de la familia de Dios;
EPH 2:20 Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, Cristo Jesús mismo siendo la principal piedra del ángulo:
EPH 2:21 En el cual todo el edificio, bien trabado consigo mismo, crece para [ser] templo santo en el Señor:
EPH 2:22 En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en el Espíritu.
EPH 3:1 POR esta causa yo Pablo, el prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles,
EPH 3:2 Si es que habéis oído de la dispensación de la gracia de Dios que me ha sido dada para con vosotros:
EPH 3:3 Que por revelación él me dio a conocer el misterio; (como antes escribí en breve,
EPH 3:4 Lo cual leyendo podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo:)
EPH 3:5 El cual en otros siglos no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:
EPH 3:6 Que los gentiles sean coherederos, y de un mismo cuerpo, y participantes de su promesa en Cristo por el evangelio:
EPH 3:7 Del cual yo fui hecho ministro, según el don de la gracia de Dios que me ha sido dado, por la operación de su poder.
EPH 3:8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, es dada esta gracia de predicar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo;
EPH 3:9 Y de aclarar a todo [hombre] cuál [sea] la comunión del misterio que ha estado escondido desde el principio del mundo en Dios, que creó todas las cosas por Cristo Jesús:
EPH 3:10 Para que ahora sea dada a conocer por la iglesia a los principados y potestades en los [lugares] celestiales la multiforme sabiduría de Dios,
EPH 3:11 Conforme al propósito eterno, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro:
EPH 3:12 En el cual tenemos denuedo y acceso con confianza por la fe de él.
EPH 3:13 Por tanto os pido que no desmayéis por mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.
EPH 3:14 Por causa de esto doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesús Cristo,
EPH 3:15 Del cual es nombrada toda la familia en el cielo y la tierra,
EPH 3:16 Para que os dé según a las riquezas de su gloria, que seáis corroborados con poder en el hombre interior por su Espíritu:
EPH 3:17 Que more Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor,
EPH 3:18 Podáis comprender con todos los santos cuál [sea] la anchura, y la longura, y la profundidad, y la altura;
EPH 3:19 Y conocer el amor de Cristo, que sobrepuja a todo conocimiento; para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
EPH 3:20 Y a aquél que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos, o entendemos, según el poder que obra en nosotros,
EPH 3:21 A él [sea] gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas las edades por siempre jamás. Amén.
EPH 4:1 YO pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados,
EPH 4:2 Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportándoos los unos a los otros en amor;
EPH 4:3 Solícitos a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
EPH 4:4 Un cuerpo, y un Espíritu; como sois también llamados en una esperanza de vuestra vocación;
EPH 4:5 Un Señor, una fe, un bautismo,
EPH 4:6 Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros.
EPH 4:7 Pero a cada uno de nosotros es dada la gracia según la medida del don de Cristo.
EPH 4:8 Por lo cual dice: Cuando él subió a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.
EPH 4:9 (Mas él que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
EPH 4:10 El que descendió, él mismo es el que también subió sobre todos los cielos para que llenase todas las cosas.)
EPH 4:11 Y él mismo dio unos, ciertamente apóstoles, y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y maestros;
EPH 4:12 Para el perfeccionamiento de los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo:
EPH 4:13 Hasta que todos lleguemos en la unidad de la fe, y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo:
EPH 4:14 Para que ya no seamos niños, fluctuantes, llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la estratagema de los hombres, que con astucia acechan para engañar;
EPH 4:15 Antes hablando la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquél que es la cabeza, [a saber], Cristo:
EPH 4:16 Del cual todo el cuerpo bien ligado entre sí y compacto por lo que cada coyuntura suple, conforme a la operación eficaz en la medida de cada miembro, hace el aumento del cuerpo para la edificación del mismo en amor.
EPH 4:17 Pues esto digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
EPH 4:18 Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la ceguedad de su corazón:
EPH 4:19 Los cuales, habiendo perdido todo sentido [de la conciencia], se han entregado a la lascivia para cometer toda inmundicia con ansia.
EPH 4:20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo;
EPH 4:21 Si es que lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad es en Jesús:
EPH 4:22 A despojaros del hombre viejo, en cuanto a la pasada manera de vivir, el cual es corrompido conforme a las concupiscencias engañosas;
EPH 4:23 Y a renovaros en el espíritu de vuestra mente;
EPH 4:24 Y vestiros del hombre nuevo, que es creado conforme a Dios en justicia, y en santidad de verdad.
EPH 4:25 Por lo cual, dejando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
EPH 4:26 Airaos, y no pequéis: no se ponga el sol sobre vuestro enojo:
EPH 4:27 Ni deis lugar al diablo.
EPH 4:28 El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con [sus] manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad.
EPH 4:29 Ninguna palabra corrupta salga de vuestra boca; sino sólo la que es buena, para edificación para que dé gracia a los oyentes.
EPH 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, por el cual estáis sellados para el día de la redención.
EPH 4:31 Toda amargura, y enojo, e ira, y clamor, y maledicencia sea quitada de entre vosotros, con toda malicia:
EPH 4:32 Mas sed los unos con los otros benignos, compasivos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
EPH 5:1 ASÍ que sed seguidores de Dios, como hijos amados;
EPH 5:2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave.
EPH 5:3 Mas la fornicación, y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos:
EPH 5:4 Ni conducta vergonzosa, ni palabras insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.
EPH 5:5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios.
EPH 5:6 Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.
EPH 5:7 No seáis pues participantes con ellos:
EPH 5:8 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora [sois] luz en el Señor: andad como hijos de luz;
EPH 5:9 (Porque el fruto del Espíritu [es] en toda bondad, y justicia, y verdad;)
EPH 5:10 Aprobando lo que es agradable al Señor.
EPH 5:11 Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; mas antes reprendedlas.
EPH 5:12 Porque lo que éstos hacen en oculto, vergüenza es aun decirlo.
EPH 5:13 Mas todas las cosas que son redargüidas, son hechas manifiestas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es.
EPH 5:14 Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.
EPH 5:15 Mirad, pues, que andéis avisadamente: no como necios, mas como sabios,
EPH 5:16 Redimiendo el tiempo, porque los días son malos.
EPH 5:17 Por tanto no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál [sea] la voluntad del Señor.
EPH 5:18 Y no os emborrachéis con vino, en el cual hay disolución; antes sed llenos del Espíritu;
EPH 5:19 Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y haciendo melodía al Señor en vuestros corazones;
EPH 5:20 Dando gracias siempre por todas las cosas a Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo;
EPH 5:21 Sujetándoos los unos a los otros en el temor de Dios.
EPH 5:22 Las casadas sean sujetas a sus propios maridos, como al Señor.
EPH 5:23 Porque el marido es cabeza de la esposa, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el salvador del cuerpo.
EPH 5:24 Como pues la iglesia es sujeta a Cristo, así también las casadas [lo] sean a sus propios maridos en todo.
EPH 5:25 Maridos, amad a vuestras esposas, así como también Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella;
EPH 5:26 Para santificarla, purificándola en el lavamiento del agua por la palabra,
EPH 5:27 Para que la presentase a sí mismo, iglesia gloriosa, que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.
EPH 5:28 Así los maridos deben amar a sus esposas, como a sus propios cuerpos: El que ama a su esposa, a sí mismo se ama.
EPH 5:29 Porque ninguno aborreció jamás su propia carne; antes la sustenta y la cuida, como también el Señor a la iglesia:
EPH 5:30 Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos.
EPH 5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se pegará a su esposa; y los dos serán una carne.
EPH 5:32 Este misterio grande es; mas yo hablo en cuanto a Cristo y a la iglesia.
EPH 5:33 Sin embargo vosotros también, cada uno en particular, ame tanto a su propia esposa como a sí mismo; y la esposa que tenga en reverencia a su marido.
EPH 6:1 HIJOS, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo.
EPH 6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que [es] el primer mandamiento con promesa;
EPH 6:3 Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
EPH 6:4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
EPH 6:5 Siervos, obedeced a los que son [vuestros] señores según la carne con temor y temblor, en la sencillez de vuestro corazón, como a Cristo;
EPH 6:6 No sirviendo al ojo, como los que agradan a los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios;
EPH 6:7 Sirviendo con buena voluntad, como al Señor, y no a los hombres:
EPH 6:8 Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ésto recibirá del Señor, ya sea siervo, o ya sea libre.
EPH 6:9 Y vosotros, señores, hacedles a ellos lo mismo, dejando las amenazas: sabiendo que el Señor vuestro también está en el cielo; y no hay acepción de personas con él.
EPH 6:10 En fin, hermanos míos, sed fuertes en el Señor, y en la potencia de su fortaleza.
EPH 6:11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
EPH 6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra los principados, contra las potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las malicias espirituales en los [lugares] altos.
EPH 6:13 Por tanto tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, habiéndolo hecho todo, estar firmes.
EPH 6:14 Estad pues firmes, ceñidos los lomos de verdad; y vestidos de la coraza de justicia;
EPH 6:15 Y calzados los pies con la preparación del evangelio de paz:
EPH 6:16 Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con el cual podréis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
EPH 6:17 Y tomad el yelmo de salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios:
EPH 6:18 Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y suplicación por todos los santos;
EPH 6:19 Y por mí, que me sea dada palabra y abrir mi boca con denuedo, a fin de hacer conocer el misterio del evangelio:
EPH 6:20 Por el cual soy embajador en cadenas: para que con denuedo hable de él, como debo hablar.
EPH 6:21 Mas para que también vosotros sepáis mis negocios, [y] lo que yo hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado, y fiel ministro en el Señor:
EPH 6:22 El cual os he enviado para esto mismo, [para que] sepáis lo que pasa entre nosotros, y para que consuele vuestros corazones.
EPH 6:23 Paz [sea] a los hermanos, y amor con fe de Dios Padre, y del Señor Jesús Cristo.
EPH 6:24 Gracia [sea] con todos los que aman a nuestro Señor Jesús Cristo en sinceridad. Amén. [Enviada de Roma a los efesios con Tíquico. ]
PHI 1:1 PABLO y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos, con los obispos, y diáconos:
PHI 1:2 Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.
PHI 1:3 Doy gracias a mi Dios en toda memoria de vosotros,
PHI 1:4 Siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo,
PHI 1:5 Por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora;
PHI 1:6 Confiando de esto mismo, que el que comenzó en vosotros la buena obra, [la] perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús:
PHI 1:7 Como es justo que yo piense esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en mi corazón; puesto que así en mis prisiones, como en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois partícipes de mi gracia.
PHI 1:8 Porque testigo me es Dios de cómo os deseo vehementemente a todos vosotros en las entrañas de Cristo Jesús.
PHI 1:9 Y esto oro, que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en todo juicio,
PHI 1:10 Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros y sin ofensa hasta el día de Cristo,
PHI 1:11 Llenos de los frutos de justicia que son por Cristo Jesús, para gloria y loor de Dios.
PHI 1:12 Mas quiero, hermanos, que sepáis, que las cosas que me [han sucedido] han contribuido más bien al provecho del evangelio;
PHI 1:13 De tal manera, que mis prisiones en Cristo se han hecho manifiestas en todo el palacio, y [a] todos los demás [lugares];
PHI 1:14 Y muchos de los hermanos en el Señor, tomando ánimo por mis prisiones, se atreven mucho más hablar la palabra sin temor.
PHI 1:15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y porfía; mas otros también de buena voluntad:
PHI 1:16 Los unos por contención predican a Cristo, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones:
PHI 1:17 Mas los otros por amor, sabiendo que soy puesto por la defensa del evangelio.
PHI 1:18 ¿Qué pues? No obstante en todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es predicado; y en esto me gozo, y aún me gozaré.
PHI 1:19 Porque sé que esto se me tornará a salvación por vuestra oración, y la suministración del Espíritu de Cristo Jesús,
PHI 1:20 Según mi expectativa ardiente y mi esperanza, que en nada seré avergonzado; antes con todo denuedo, como siempre, ahora también será engrandecido Cristo en mi cuerpo, o por vida, o por muerte.
PHI 1:21 Porque para mí el vivir [es] Cristo, y el morir [es] ganancia.
PHI 1:22 Mas si yo vivo en la carne, este es el fruto de mi trabajo: pero lo que yo debo escoger no lo sé:
PHI 1:23 Porque estoy estrechado por las dos [cosas], teniendo deseo de partir, y estar con Cristo, que es mucho mejor:
PHI 1:24 Mas quedar en la carne, [es] más necesario por causa de vosotros.
PHI 1:25 Y confiando en esto, sé que quedaré, y permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho, y gozo de la fe:
PHI 1:26 Para que por mí abunde más vuestro regocijo en Cristo Jesús, por mi venida otra vez a vosotros.
PHI 1:27 Solamente que vuestro comportamiento sea cual conviene al evangelio de Cristo; para que, o sea que venga y os vea, o que esté ausente, oiga de vuestras cosas, que estáis firmes en un mismo espíritu, con una misma mente combatiendo juntamente por la fe del evangelio;
PHI 1:28 Y en nada espantados por vuestros adversarios: lo cual para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación, y esto de Dios.
PHI 1:29 Porque a vosotros os es concedido por Cristo no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él;
PHI 1:30 Teniendo el mismo conflicto que visteis en mí, y ahora oís [estar] en mí.
PHI 2:1 POR tanto, si [hay] alguna consolación en Cristo, si algún refrigerio de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algunas entrañas y misericordias,
PHI 2:2 Cumplid mi gozo; que penséis lo mismo, teniendo el mismo amor, [siendo] unánimes, de una misma mente.
PHI 2:3 Nada [hagáis] por contienda, o por vana gloria; antes en humildad de mente estimando los unos a los otros por más excelentes que sí mismos,
PHI 2:4 No mirando cada uno a lo suyo propio: sino cada cual también a lo de los otros.
PHI 2:5 Haya en vosotros la misma mente que hubo también en Cristo Jesús:
PHI 2:6 El cual siendo en forma de Dios, no pensó robo el ser igual a Dios:
PHI 2:7 Mas se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres;
PHI 2:8 Y siendo hallado en condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
PHI 2:9 Y por lo cual Dios también le ensalzó soberanamente, y le dio un nombre que es sobre todo nombre;
PHI 2:10 Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, de los [que están] en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra;
PHI 2:11 Y [que] toda lengua confiese que Cristo Jesús [es] Señor, para la gloria de Dios el Padre.
PHI 2:12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, mas aun mucho más ahora en mi ausencia, obrad vuestra propia salvación con temor y temblor.
PHI 2:13 Porque Dios es el que en vosotros obra, así el querer como el hacer, según [su] buena voluntad.
PHI 2:14 Haced todo sin murmuraciones, y sin disputas:
PHI 2:15 Para que seáis irreprensibles, y sencillos, hijos de Dios, sin culpa, en medio de una nación torcida y perversa, entre los cuales resplandecéis como luces en el mundo,
PHI 2:16 Manteniendo por delante la palabra de vida; para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, de que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.
PHI 2:17 Y aunque yo sea sacrificado sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me huelgo y me regocijo con todos vosotros.
PHI 2:18 [Y] por esto mismo holgaos también vosotros, y regocijaos conmigo.
PHI 2:19 Mas espero en el Señor Jesús, que os enviaré pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, conociendo vuestro estado.
PHI 2:20 Porque a ninguno tengo tan del mismo ánimo conmigo, que esté sinceramente solícito por vosotros;
PHI 2:21 Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.
PHI 2:22 Mas vosotros sabéis la prueba de él, que, como un hijo con el padre, él ha servido conmigo en el evangelio.
PHI 2:23 Así que a éste espero enviarlo inmediatamente, tan pronto que viere como van las cosas conmigo.
PHI 2:24 Mas confío en el Señor que yo mismo también vendré pronto.
PHI 2:25 Mas tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, mi hermano, y colaborador, y compañero de milicias, mas vuestro mensajero, y el que ministraba a mis necesidades.
PHI 2:26 Porque deseaba vehementemente a todos vosotros; y estaba lleno de pesadumbre porque habíais oído que había estado enfermo.
PHI 2:27 Y cierto que estuvo enfermo hasta la muerte; mas Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él mas de mí también, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.
PHI 2:28 Así que enviélo más presto, para que viéndole otra vez, os regocijéis, y que yo esté con menos tristeza.
PHI 2:29 Recibidle, pues, en el Señor, con todo regocijo; y tened en estima a los tales:
PHI 2:30 Porque por la obra de Cristo llegó hasta la muerte, exponiendo su vida para suplir vuestra falta de servicio para conmigo.
PHI 3:1 RESTA, hermanos míos, que os regocijéis en el Señor. Escribiros las mismas cosas, a mí ciertamente no me [es] gravoso, mas para vosotros [es] seguro.
PHI 3:2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de la concisión.
PHI 3:3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que adoramos a Dios en espíritu, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.
PHI 3:4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si a alguno le parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más:
PHI 3:5 Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;
PHI 3:6 En cuanto a celo, persiguiendo a la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.
PHI 3:7 Mas las cosas que para mí eran ganancia, las estimé como pérdidas por amor de Cristo.
PHI 3:8 Y aun más, que ciertamente todas las cosas tengo por pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús Señor mío; por el cual lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol por ganar a Cristo,
PHI 3:9 Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es de la ley, sino la que [es] por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por fe:
PHI 3:10 Para conocerle a él, y el poder de su resurrección, y la comunión de sus padecimientos, siendo hecho conforme a su muerte:
PHI 3:11 Si en alguna manera yo llegase a la resurrección de los muertos.
PHI 3:12 No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto: mas yo prosigo para que aprehendiere aquello por lo que yo soy también aprehendido de Cristo Jesús.
PHI 3:13 Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber aprehendido: pero una cosa [hago], olvidando las cosas que quedan atrás, y extendiéndome a las cosas que están delante,
PHI 3:14 Prosigo hacia el blanco, por el premio de la alta vocación de Dios en Cristo Jesús.
PHI 3:15 Así que, todos los que somos perfectos, seamos de esta mente; y si vosotros tenéis otro sentido en la mente, esto también os revelará Dios.
PHI 3:16 Sin embargo, a lo que hemos ya llegado, vamos por la misma regla, y pensemos una misma cosa.
PHI 3:17 Hermanos, sed juntamente seguidores de mí, y mirad los que anduvieren así, como nos tenéis a nosotros por ejemplo.
PHI 3:18 (Porque muchos andan, de los cuales os he dicho muchas veces, y ahora también [lo] digo, llorando, [que] enemigos [son] de la cruz de Cristo:
PHI 3:19 Cuyo fin [es] la perdición: cuyo Dios [es] el vientre, y su gloria [es] en la vergüenza de ellos, que piensan en lo terreno.)
PHI 3:20 Mas nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesús Cristo:
PHI 3:21 El cual cambiará nuestro vil cuerpo, para que sea hecho semejante a su cuerpo glorioso, según la operación de su poder por el cual puede también sujetar a sí todas las cosas.
PHI 4:1 POR lo cual, hermanos míos, amados y muy deseados, mi gozo y mi corona, estad así firmes en el Señor, amados [míos].
PHI 4:2 A Euodias ruego, y ruego a Sintique, que sean de la misma mente en el Señor.
PHI 4:3 Y te ruego también a ti, fiel compañero de yugo, ayuda a aquellas mujeres que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres [están] en el libro de la vida.
PHI 4:4 Regocijaos en el Señor siempre: otra vez digo, que os regocijéis.
PHI 4:5 Vuestra modestia sea conocida a todos los hombres. El Señor está cerca.
PHI 4:6 Por nada estéis acongojados; sino en todas cosas, por oración y suplicación, con acción de gracias, sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios.
PHI 4:7 Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.
PHI 4:8 En fin, hermanos, que todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que [es] de buen nombre: si [hay] alguna virtud, y si [hay] alguna alabanza, pensad en las tales cosas.
PHI 4:9 Lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis, y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.
PHI 4:10 Mas en gran manera me regocijé en el Señor, de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí, de lo cual aún estabais solícitos, mas os faltaba la oportunidad.
PHI 4:11 No [es] que hablo en cuanto a necesidad; porque yo he aprendido a contentarme con lo que tengo.
PHI 4:12 Sé también estar humillado, como sé tener abundancia; donde quiera y en todas cosas soy instruido así para estar saciado como para sufrir hambre, lo mismo para tener abundancia como para padecer necesidad.
PHI 4:13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
PHI 4:14 Todavía, hicisteis bien en que comunicasteis con mi aflicción.
PHI 4:15 Ya sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio del evangelio, cuando me partí de Macedonia, ninguna iglesia comunicó conmigo en caso de dar y recibir, sino vosotros solos;
PHI 4:16 Porque aún en Tesalónica, me enviasteis lo necesario una y otra vez.
PHI 4:17 No que yo busque dádivas: mas busco fruto que abunde para vuestra cuenta.
PHI 4:18 Pero todo lo tengo, y abundo: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto y agradable a Dios.
PHI 4:19 Mas mi Dios suplirá toda vuestra necesidad según sus riquezas en gloria por Cristo Jesús.
PHI 4:20 Al Dios, pues, y Padre nuestro [sea] gloria por siempre jamás. Amén.
PHI 4:21 Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo.
PHI 4:22 Os saludan todos los santos; y mayormente los que son de casa de César.
PHI 4:23 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con todos vosotros. Amén. [Enviada de Roma a los filipenses con Epafrodito. ]
COL 1:1 PABLO, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,
COL 1:2 A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia a vosotros y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús Cristo.
COL 1:3 Damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, orando siempre por vosotros,
COL 1:4 Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor [que tenéis] para con todos los santos,
COL 1:5 A causa de la esperanza que os es guardada en el cielo: de la cual habéis oído ya por la palabra verdadera del evangelio;
COL 1:6 El cual ha llegado a vosotros, como también en todo el mundo; y fructifica, como también en vosotros, desde el día en que oísteis, y conocisteis la gracia de Dios en verdad:
COL 1:7 Como también habéis aprendido de Epafras, consiervo amado nuestro, el cual es por vosotros fiel ministro de Cristo;
COL 1:8 El cual también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.
COL 1:9 Por lo cual también nosotros, desde el día que [lo] oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y entendimiento espiritual;
COL 1:10 Para que andéis como es digno del Señor, agradándo[le] en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;
COL 1:11 Fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad con gozo:
COL 1:12 Dando gracias al Padre que nos hizo idóneos para participar en la herencia de los santos en luz:
COL 1:13 El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y [nos] ha trasladado al reino de su amado Hijo:
COL 1:14 En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados:
COL 1:15 El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura;
COL 1:16 Porque por él fueron creadas todas las cosas que hay en el cielo, y que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos o dominios, o principados, o potestades: todo fue creado por él, y para él:
COL 1:17 Y él es antes de todas las cosas; y todas las cosas subsisten por él;
COL 1:18 Y él es la cabeza del cuerpo, la iglesia: el cual es principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga él la preeminencia.
COL 1:19 Por cuanto agradó [al Padre] que en él morase toda plenitud;
COL 1:20 Y habiendo hecho paz por la sangre de su cruz, reconciliar por él todas las cosas consigo mismo; por él [digo], así las cosas que hay en la tierra, como las que hay en el cielo.
COL 1:21 Y a vosotros, que en otro tiempo erais extraños y enemigos en [vuestra] mente por las malas obras, pero ahora [os] ha reconciliado
COL 1:22 En el cuerpo de su carne por la muerte, para presentaros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él:
COL 1:23 Si permanecéis en la fe, fundados y firmes, y no seáis movidos de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual fue predicado a toda criatura que está debajo del cielo: del cual yo Pablo soy hecho ministro;
COL 1:24 Que ahora me regocijo en mis sufrimientos por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia:
COL 1:25 De la cual soy hecho ministro según la dispensación de Dios, la cual me es dada por vosotros, para que cumpla la palabra de Dios:
COL 1:26 [A saber], el misterio que ha estado escondido de los siglos y de las generaciones, mas ahora ha sido manifestado a sus santos:
COL 1:27 A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria:
COL 1:28 A quien nosotros predicamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, para que presentemos a todo hombre perfecto en Cristo Jesús:
COL 1:29 En lo cual yo también trabajo, combatiendo según la operación de él, la cual obra en mí poderosamente.
COL 2:1 PORQUE quiero que sepáis cuán grande conflicto yo tengo por vosotros, y [por] los [que están] en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro en la carne;
COL 2:2 Para que sus corazones sean consolados, estando todos unidos en amor, y en todas las riquezas de la plena seguridad del entendimiento, para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo:
COL 2:3 En el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría, y de conocimiento.
COL 2:4 Y esto digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.
COL 2:5 Porque aunque esté ausente en la carne, sin embargo, en el espíritu estoy con vosotros, gozándome, y mirando vuestro orden, y la firmeza de vuestra fe en Cristo.
COL 2:6 Por tanto, como habéis recibido a Cristo Jesús el Señor, [así] andad en él;
COL 2:7 Arraigados, y sobreedificados en él, y establecidos en la fe, así como os ha sido enseñado, abundando en ella con acción de gracias.
COL 2:8 Mirad que nadie os saquee como despojo por filosofía y vano engaño, según la tradición de los hombres, según los elementos del mundo, y no según Cristo:
COL 2:9 Porque en él mora toda la plenitud de la Deidad corporalmente;
COL 2:10 Y en él estáis completos, el cual es cabeza de todo principado y potestad:
COL 2:11 En el cual también sois circuncidados de circuncisión no hecha por manos, en el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, con la circuncisión de Cristo:
COL 2:12 Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él por la fe de la operación de Dios, que le resucitó de entre los muertos.
COL 2:13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados:
COL 2:14 Rayendo de en contra de nosotros la escritura de las ordenanzas que nos era contraria, quitándola de en medio, y enclavándola en la cruz;
COL 2:15 Y habiendo despojado a los principados y a las potestades, sacóles a la vergüenza en público, triunfando sobre ellos en ella.
COL 2:16 Por tanto nadie os juzgue en comida, o en bebida, o con respecto de día de fiesta, o de nueva luna, o en sábados;
COL 2:17 Que son la sombra de lo por venir; mas el cuerpo [es] de Cristo.
COL 2:18 Nadie os defraude de vuestro premio, afectando humildad voluntaria y culto de ángeles, entremetiéndose en las cosas que no ha visto, vanamente hinchado por su mente carnal,
COL 2:19 Y no teniendo la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y enlazado por las ligaduras y coyunturas, crece con el crecimiento de Dios.
COL 2:20 Pues si sois muertos con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿Por qué, como que vivieseis en el mundo, os sometéis a decretos:
COL 2:21 (No manejes, ni gustes, ni toques;
COL 2:22 Cosas todas que han de perecer con el uso;) según los mandamientos y doctrinas de hombres?
COL 2:23 Las cuales cosas tienen a la verdad alguna apariencia de sabiduría en culto voluntario, y humildad, y en menosprecio del cuerpo, no en honor alguno para satisfacción de la carne.
COL 3:1 PUES si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
COL 3:2 Poned vuestro afecto en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
COL 3:3 Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
COL 3:4 Cuando apareciere Cristo, [que es] nuestra vida, entonces vosotros también apareceréis con él en gloria.
COL 3:5 Haced morir, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra; fornicación, inmundicia, afectos desordenados, mala concupiscencia, y avaricia, la cual es idolatría:
COL 3:6 Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia:
COL 3:7 En las cuales vosotros también andabais en otro tiempo, cuando vivíais en ellas.
COL 3:8 Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas; ira, enojo, malicia, blasfemia, sucias palabras de vuestra boca:
COL 3:9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del hombre viejo con sus hechos;
COL 3:10 Y habiéndoos vestido del nuevo, el cual es renovado en conocimiento conforme a la imagen de aquel que lo creó:
COL 3:11 Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro [ni] scyta, siervo [ni] libre; mas Cristo [es] el todo y en todo.
COL 3:12 Vestíos, pues, como los escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de amabilidad, de humildad de mente, de mansedumbre, de longanimidad:
COL 3:13 Soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros, si alguno tuviere queja contra otro: a la manera que Cristo os perdonó, así también vosotros [perdonad].
COL 3:14 Y sobre todas estas cosas [vestíos de] caridad, la cual es el vínculo de la perfección.
COL 3:15 Y la paz de Dios reine en vuestros corazones: a la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.
COL 3:16 La palabra de Cristo more en vosotros ricamente en toda sabiduría; enseñándoos, y amonestándoos los unos a los otros con salmos, e himnos, y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor.
COL 3:17 Y todo lo que hiciereis, en palabra o en obra, haced[lo] todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios y Padre por él.
COL 3:18 Casadas, sed sujetas a vuestros propios maridos, como conviene en el Señor.
COL 3:19 Maridos, amad a [vuestras] esposas, y no seáis amargos contra ellas.
COL 3:20 Hijos, obedeced a [vuestros] padres en todo; porque esto agrada al Señor.
COL 3:21 Padres, no provoquéis a vuestros hijos, para que no se desanimen.
COL 3:22 Siervos, obedeced en todo a [vuestros] señores según la carne, no sirviendo al ojo, como los que agradan a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo a Dios:
COL 3:23 Y todo lo que hiciereis, haced[lo] de corazón, como al Señor, y no a los hombres:
COL 3:24 Sabiendo que del Señor recibiréis el galardón de la herencia; porque al Señor Cristo servís.
COL 3:25 Mas el que hace mal, recibirá por el mal que hiciere: y no hay acepción de personas.
COL 4:1 SEÑORES, dad lo que es justo y equitativo a [vuestros] siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Señor en el cielo.
COL 4:2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias:
COL 4:3 Orando juntamente también por nosotros, que Dios nos abra la puerta de la palabra para hablar el misterio de Cristo, por el cual también yo estoy preso;
COL 4:4 Para que lo manifieste, como yo debo hablar.
COL 4:5 Andad en sabiduría para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
COL 4:6 Vuestra palabra [sea] siempre con gracia, sazonada con sal, que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
COL 4:7 Todo mi estado os hará saber Tíquico, hermano amado, y fiel ministro y consiervo en el Señor:
COL 4:8 Al cual os he enviado para esto mismo, que conozca vuestro estado, y consuele vuestros corazones;
COL 4:9 Con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Os harán saber a vosotros todo lo que acá [se hace].
COL 4:10 Aristarco, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé, (acerca del cual habéis recibido mandamientos: si viniere a vosotros, le recibiréis;)
COL 4:11 Y Jesús que es llamado Justo: los cuales son de la circuncisión. Éstos solos [son mis] colaboradores en el reino de Dios: los cuales me han sido consuelo.
COL 4:12 Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, os saluda; siempre esforzándose fervientemente por vosotros en oraciones, para que perseveréis perfectos y cumplidos en toda la voluntad de Dios.
COL 4:13 Que yo le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y ellos en Hierápolis.
COL 4:14 Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.
COL 4:15 Saludad a los hermanos [que están] en Laodicea, y a Nimfas, y a la iglesia [que está] en su casa.
COL 4:16 Y cuando esta carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros.
COL 4:17 Y decid a Arquipo: Mira por el ministerio que tú has recibido en el Señor, para que lo cumplas.
COL 4:18 La salutación de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia [sea] con vosotros. Amén. [Escrita de Roma a los colosenses con Tíquico y Onésimo. ]
1TH 1:1 PABLO, y Silvano, y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses, [que es] en Dios Padre, y [en] el Señor Jesús Cristo. Gracia [sea] a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y [del] Señor Jesús Cristo.
1TH 1:2 Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones;
1TH 1:3 Sin cesar acordándonos de vuestra obra de fe, y trabajo de amor, y paciencia de esperanza en nuestro Señor Jesús Cristo, delante de Dios y Padre nuestro;
1TH 1:4 Sabiendo, amados hermanos, vuestra elección de Dios.
1TH 1:5 Por cuanto nuestro evangelio no vino a vosotros en palabra solamente, mas también en poder, y en el Espíritu Santo, y en mucha certidumbre: como sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.
1TH 1:6 Y vosotros fuisteis hechos seguidores de nosotros, y del Señor, habiendo recibido la palabra en mucha tribulación, con gozo del Espíritu Santo:
1TH 1:7 De tal manera que habéis sido ejemplo a todos los que creen en Macedonia, y Acaya.
1TH 1:8 Porque por vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también vuestra fe que es en Dios, se ha extendido en todo lugar, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada.
1TH 1:9 Porque ellos mismos cuentan de nosotros qué manera de entrada tuvimos a vosotros; y cómo fuisteis convertidos de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,
1TH 1:10 Y esperar a su Hijo del cielo, al cual él resucitó de entre los muertos, a Jesús, el cual nos libró de la ira que ha de venir.
1TH 2:1 PORQUE, hermanos, vosotros mismos sabéis que nuestra entrada a vosotros no fue vana:
1TH 2:2 Pero también, habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como vosotros sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios con mucha contención.
1TH 2:3 Porque nuestra exhortación no [fue] de error, ni de inmundicia, ni con engaño:
1TH 2:4 Sino que como hemos sido aprobados de Dios, para que se nos encargase el evangelio; así también hablamos, no como los que agradan a los hombres, sino a Dios, el cual prueba nuestros corazones.
1TH 2:5 Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como vosotros sabéis, ni de pretexto de avaricia: Dios [es] testigo:
1TH 2:6 Ni de los hombres buscamos gloria, ni de vosotros, ni de otros; aunque podíamos seros de carga como apóstoles de Cristo.
1TH 2:7 Antes fuimos cariñosos entre vosotros como nodriza, que acaricia a sus propios hijos:
1TH 2:8 De manera que, teniendo tan grande afecto por vosotros, quisiéramos entregaros no sólo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais muy queridos.
1TH 2:9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga: que trabajando de noche y de día, por no ser gravosos a ninguno de vosotros, predicamos entre vosotros, el evangelio de Dios.
1TH 2:10 Vosotros [sois] testigos, y Dios, de cuán santa, y justa, e irreprensiblemente nos portábamos entre vosotros que creísteis:
1TH 2:11 Así como sabéis, de que manera exhortábamos y confortábamos y protestábamos a cada uno de vosotros, como un padre a sus hijos,
1TH 2:12 Que anduvieseis digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.
1TH 2:13 Por lo cual también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, de que cuando recibisteis la palabra de Dios, que oísteis de nosotros, la recibisteis no [como] palabra de hombres, sino como ella es en verdad, la palabra de Dios, la cual también obra eficazmente en vosotros que creéis.
1TH 2:14 Porque vosotros, hermanos, os hicisteis seguidores de las iglesias de Dios que están en Judea en Cristo Jesús: que habéis padecido también vosotros las mismas cosas de los de vuestra propia nación, como también ellos de los judíos:
1TH 2:15 Los cuales así mataron al Señor Jesús, como a sus propios profetas, y a nosotros nos han perseguido; y no agradan a Dios, y a todos los hombres son contrarios:
1TH 2:16 Prohibiéndonos hablar a los gentiles a fin de que sean salvos; para henchir [la medida] de sus pecados siempre; porque la ira es venida sobre ellos hasta el extremo.
1TH 2:17 Mas, hermanos, nosotros privados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, no del corazón, tanto más procuramos, con mucho deseo ver vuestro rostro.
1TH 2:18 Por lo cual quisimos venir a vosotros, yo Pablo a la verdad, una vez y dos; mas nos estorbó Satanás.
1TH 2:19 Porque ¿Cuál [es] nuestra esperanza, o gozo, o corona de gloria? ¿No [sois] pues vosotros delante de nuestro Señor Jesús Cristo en su venida?
1TH 2:20 Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.
1TH 3:1 POR lo cual, no pudiéndolo sufrir más, nos pareció bien quedarnos en Atenas solos;
1TH 3:2 Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano, y ministro de Dios, y nuestro colaborador en el evangelio de Cristo, a confirmaros y a exhortaros en cuanto a vuestra fe:
1TH 3:3 Para que nadie se conmueva en estas tribulaciones; porque vosotros sabéis que nosotros somos puestos para esto.
1TH 3:4 Porque ciertamente cuando estábamos con vosotros os dijimos de antemano, que habíamos de padecer tribulaciones, como ha acontecido, y vosotros lo sabéis.
1TH 3:5 Por lo cual, también yo, no pudiendo sufrir más, envié para conocer vuestra fe, que no os haya tentado de algún modo el tentador, y que nuestro trabajo hubiese sido en vano.
1TH 3:6 Pero volviendo ahora de vosotros a nosotros Timoteo, y trayéndonos las buenas nuevas de vuestra fe y caridad; y que siempre tenéis buena memoria de nosotros, deseando ardientemente vernos, como también nosotros a vosotros:
1TH 3:7 Por esto, hermanos, recibimos consolación de vosotros en toda nuestra aflicción y aprieto, por vuestra fe;
1TH 3:8 Porque ahora vivimos nosotros, si vosotros estáis firmes en el Señor.
1TH 3:9 Por lo cual ¿Qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios;
1TH 3:10 Orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta a vuestra fe?
1TH 3:11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Señor nuestro Cristo Jesús encamine nuestro viaje a vosotros.
1TH 3:12 Y el Señor os haga crecer y abundar en amor los unos para con los otros, y para con todos, así como también nosotros para con vosotros:
1TH 3:13 Para que sean confirmados vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de Dios, y Padre nuestro, para la venida de nuestro Señor Jesús Cristo con todos sus santos.
1TH 4:1 RESTA, pues, hermanos, que os roguemos y exhortemos en el Señor Jesús, que de la manera que habéis recibido de nosotros de cómo debéis andar, y agradar a Dios, [así] abundéis más y más.
1TH 4:2 Porque [ya] sabéis qué mandamientos os dimos por el Señor Jesús.
1TH 4:3 Porque la voluntad de Dios es ésta: vuestra santificación; que os abstengáis de fornicación:
1TH 4:4 Que cada uno de vosotros sepa poseer su propio vaso en santificación y honor;
1TH 4:5 No con afecto de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios:
1TH 4:6 Que ninguno agravie, ni defraude en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os habemos dicho y testificado.
1TH 4:7 Pues no nos ha llamado Dios para inmundicia, sino a santificación.
1TH 4:8 Así que el que menosprecia, no menosprecia a hombre, sino a Dios, el cual también nos dio su Espíritu Santo.
1TH 4:9 Pero acerca del amor hermanable no tenéis necesidad que os escriba; porque vosotros mismos sois enseñados por Dios a amaros los unos a los otros.
1TH 4:10 Y a la verdad lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis más y más;
1TH 4:11 Y que estudiéis estar quietos, y hacer vuestros propios negocios; y que obréis con vuestras propias manos de la manera que os habemos mandado;
1TH 4:12 Y que andéis honestamente para con los de afuera; y que no tengáis necesidad de nada.
1TH 4:13 Pero tampoco, hermanos, quiero que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
1TH 4:14 Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús.
1TH 4:15 Por lo cual os decimos esto por palabra del Señor, que nosotros que vivimos, que habemos quedado hasta la venida del Señor, no seremos delanteros a los que durmieron.
1TH 4:16 Porque el Señor mismo con clamor, y con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero:
1TH 4:17 Después nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor.
1TH 4:18 Por tanto consolaos los unos a los otros con estas palabras.
1TH 5:1 PERO acerca de los tiempos y de las estaciones, hermanos, no tenéis necesidad de que yo os escriba:
1TH 5:2 Porque vosotros mismos sabéis perfectamente, que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche.
1TH 5:3 Que cuando dirán, Paz y seguridad: entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente, como los dolores del parto sobre la mujer preñada; y no escaparán.
1TH 5:4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os agarre como ladrón.
1TH 5:5 Porque todos vosotros sois hijos de luz, e hijos del día: no somos de la noche, ni de las tinieblas.
1TH 5:6 Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios.
1TH 5:7 Porque los que duermen, de noche duermen; y los que están borrachos, de noche están borrachos.
1TH 5:8 Mas nosotros, que somos del día, seamos sobrios, vistiéndonos de la coraza de fe, y de amor, y por yelmo la esperanza de salvación.
1TH 5:9 Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para obtener salvación por nuestro Señor Jesús Cristo:
1TH 5:10 El cual murió por nosotros; para que, o que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.
1TH 5:11 Por lo cual consolaos los unos a los otros, y edificaos uno a otro, así como lo hacéis.
1TH 5:12 Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan;
1TH 5:13 Y que los tengáis en la mayor estima, en amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros mismos.
1TH 5:14 Os exhortamos, pues, hermanos, que amonestéis a los que andan desordenadamente, que consoléis a los de poco ánimo, que soportéis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.
1TH 5:15 Mirad que ninguno dé a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos.
1TH 5:16 Estad siempre gozosos.
1TH 5:17 Orad sin cesar.
1TH 5:18 En todo dad gracias; porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para con vosotros.
1TH 5:19 No apaguéis el Espíritu.
1TH 5:20 No menospreciéis las profecías.
1TH 5:21 Probad todas las cosas: retened lo que es bueno.
1TH 5:22 Absteneos de toda apariencia de mal.
1TH 5:23 Y el Dios de paz os santifique enteramente; y [que] todo vuestro espíritu, y alma y cuerpo sean preservados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesús Cristo.
1TH 5:24 Fiel [es] el que os llama, el cual también [lo] hará.
1TH 5:25 Hermanos, orad por nosotros.
1TH 5:26 Saludad a todos los hermanos con beso santo.
1TH 5:27 Conjúroos por el Señor, que esta carta sea leída a todos los santos hermanos.
1TH 5:28 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con vosotros. Amén. [La primera carta a los tesalonicenses fue escrita de Atenas. ]
2TH 1:1 PABLO, y Silvano, y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses en Dios nuestro Padre, y el Señor Jesús Cristo:
2TH 1:2 Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.
2TH 1:3 Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, de que vuestra fe va en grande crecimiento, y la caridad de cada uno de todos vosotros abunda más y más los unos para con los otros:
2TH 1:4 Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrís:
2TH 1:5 [Lo que es] una prueba manifiesta del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis:
2TH 1:6 Porque [es] cosa justa para con Dios, recompensar con tribulación a los que os atribulan;
2TH 1:7 Y a vosotros que sois atribulados, reposad con nosotros, cuando sea revelado el Señor Jesús del cielo con sus ángeles poderosos,
2TH 1:8 En llama de fuego, tomando venganza a los que no conocen a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús Cristo:
2TH 1:9 Los cuales serán castigados con eterna destrucción de la presencia del Señor, y de la gloria de su potencia;
2TH 1:10 Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y para hacerse admirable en aquel día en todos los que creen: (porque nuestro testimonio fue creído entre vosotros.)
2TH 1:11 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, que nuestro Dios os tenga por dignos de [esta] vocación, y cumpla toda la buena complacencia de [su] bondad, y la obra de fe con poder;
2TH 1:12 Para que el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios, y del Señor Jesús Cristo.
2TH 2:1 OS rogamos, pues, hermanos, por la venida de nuestro Señor Jesús Cristo, y nuestro recogimiento a él,
2TH 2:2 Que no seáis conmovidos prestamente en vuestra mente, ni seáis conturbados, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como de nosotros, como que el día de Cristo estuviese ya cerca.
2TH 2:3 No os engañe nadie en ninguna manera; porque [no vendrá], sin que venga antes la apostasía, y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición;
2TH 2:4 El que se opone, y se exalte sobre todo lo que es llamado Dios, o que es adorado; tanto que, como Dios se asiente en el templo de Dios, mostrándose a sí mismo que él es Dios.
2TH 2:5 ¿No os acordáis que, cuando estaba todavía con vosotros, os decía estas cosas?
2TH 2:6 Y ahora vosotros sabéis lo que impide, para que él sea revelado en su tiempo.
2TH 2:7 Porque ya está obrando el misterio de iniquidad, solamente hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide.
2TH 2:8 Y entonces será revelado aquel inicuo, al cual el Señor consumirá con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida:
2TH 2:9 [A aquel] cuya venida es según la operación de Satanás, con todo poder, y señales, y milagros mentirosos,
2TH 2:10 Y con todo engaño de iniquidad en los que perecen: por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
2TH 2:11 Por tanto, pues, enviará Dios a ellos eficacia de engaño, para que crean a la mentira:
2TH 2:12 Para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes se complacieron en la injusticia.
2TH 2:13 Mas nosotros debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio, para salvación por la santificación del Espíritu, y la fe de la verdad:
2TH 2:14 A lo cual os llamó por nuestro evangelio para obtener la gloria de nuestro Señor Jesús Cristo.
2TH 2:15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis sido enseñados, sea por palabra, o por carta nuestra.
2TH 2:16 Y nuestro Señor Jesús Cristo mismo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos amó, y nos dio consolación eterna, y buena esperanza por gracia,
2TH 2:17 Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.
2TH 3:1 RESTA pues, hermanos, orad por nosotros, que la palabra del Señor corra, y sea glorificada, así como entre vosotros:
2TH 3:2 Y que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no todos tienen la fe.
2TH 3:3 Mas fiel es el Señor que os confirmará, y guardará de mal.
2TH 3:4 Y tenemos confianza de vosotros en el Señor, que hacéis y haréis lo que os hemos mandado.
2TH 3:5 El Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la paciente expectación de Cristo.
2TH 3:6 Ahora os mandamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme a la doctrina que él recibió de nosotros;
2TH 3:7 Porque vosotros mismos sabéis cómo debéis seguirnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros:
2TH 3:8 Ni comimos gratuitamente el pan de ninguno; antes trabajamos con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos a ninguno de vosotros:
2TH 3:9 No porque no tuviésemos potestad, mas por darnos a vosotros por dechado, para que nos siguieseis.
2TH 3:10 Porque aun cuando estábamos con vosotros os mandábamos esto: que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma.
2TH 3:11 Porque oímos que hay algunos entre vosotros que andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear.
2TH 3:12 Y a los que son tales, mandámosles y exhortámosles por nuestro Señor Jesús Cristo, que trabajando quietamente coma su propio pan.
2TH 3:13 Mas vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.
2TH 3:14 Y si alguno no obedeciere a nuestra palabra por esta epístola, notad al tal, y no os juntéis con él, para que se avergüence.
2TH 3:15 Todavía no [le] tengáis como a enemigo, sino amonestadle como a hermano.
2TH 3:16 Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz de toda manera.El Señor [sea] con todos vosotros.
2TH 3:17 La salutación de mi propia mano, de Pablo, que es signo en toda carta mía: así escribo.
2TH 3:18 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con todos vosotros. Amén. [La segunda carta a los tesalonicenses fue escrita de Atenas. ]
1TI 1:1 PABLO, apóstol de Cristo Jesús por el mandamiento de Dios Salvador nuestro y del Señor Jesús Cristo, esperanza nuestra;
1TI 1:2 A Timoteo, mi verdadero hijo en la fe: Gracia, y misericordia, y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor.
1TI 1:3 Como te rogué, que te quedases en Éfeso, cuando me partí para Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diversa doctrina:
1TI 1:4 Ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que engendran cuestiones, en vez de edificación piadosa que es en la fe; [así manda].
1TI 1:5 Pues el fin del mandamiento es la caridad de corazón puro, y [de] buena conciencia, y [de] fe no fingida:
1TI 1:6 De lo cual apartándose algunos, se han desviado a discursos vanos:
1TI 1:7 Queriendo ser doctores de la ley, no entendiendo ni lo que hablan, ni lo que afirman.
1TI 1:8 Mas sabemos que la ley es buena, si se usa de ella legítimamente:
1TI 1:9 Sabiendo esto, que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los sin santidad y profanos, para los matadores de padres y matadores de madres, para los homicidas,
1TI 1:10 Para los fornicarios, para los sodomitas, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y perjuros; y si hay alguna otra cosa contraria a la sana doctrina;
1TI 1:11 Conforme al evangelio glorioso del Dios bendito, el cual a mí me ha sido encargado.
1TI 1:12 Gracias doy al que me fortificó, a Cristo Jesús Señor nuestro, de que me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio:
1TI 1:13 Habiendo yo sido antes blasfemo, y perseguidor, e injuriador; mas fui recibido a misericordia, porque [lo] hice con ignorancia en incredulidad.
1TI 1:14 Mas la gracia del Señor nuestro fue más abundante con la fe y amor que es en Cristo Jesús.
1TI 1:15 Palabra fiel [es] esta, y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
1TI 1:16 Mas por esto fui recibido a misericordia, para que Cristo Jesús mostrase en mí el primero toda [su] longanimidad, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna.
1TI 1:17 Pues al Rey eterno, inmortal, invisible, al sólo sabio Dios, [sea] honor y gloria, por siempre jamás. Amén.
1TI 1:18 Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que, conforme a las profecías pasadas de ti, milites por ellas la buena milicia:
1TI 1:19 Teniendo fe y buena conciencia, la cual echando de sí algunos, hicieron naufragio en cuanto a la fe:
1TI 1:20 De los cuales son Himeneo y Alejandro, que yo entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
1TI 2:1 EXHORTO, pues, ante todas cosas, que se hagan súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias, por todos los hombres:
1TI 2:2 Por los reyes, y [por] todos los que están en autoridad; para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
1TI 2:3 Porque esto [es] bueno y agradable delante de Dios Salvador nuestro:
1TI 2:4 El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad.
1TI 2:5 Porque [hay] un Dios, y un mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús;
1TI 2:6 El cual se dio a sí mismo [en] precio del rescate por todos, [para] testimonio en [su] propio tiempo.
1TI 2:7 Para lo que yo soy ordenado por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento,) maestro de los gentiles en fe y verdad.
1TI 2:8 Quiero, pues, que los varones oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni disensión.
1TI 2:9 Asimismo también las mujeres ataviándose en vestido modesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, o perlas, o vestimenta costosa;
1TI 2:10 Sino de buenas obras, como conviene a mujeres que profesan la piedad.
1TI 2:11 La mujer aprenda en silencio con toda sujeción.
1TI 2:12 Porque no permito a la mujer enseñar, ni usurpar autoridad sobre el varón, sino estar en silencio.
1TI 2:13 Porque Adam fue formado el primero: y después Eva.
1TI 2:14 Y Adam no fue engañado; mas la mujer siendo engañada fue en la transgresión.
1TI 2:15 Pero será salva engendrando hijos, si ellos permanecieren en fe, y caridad, y santidad con modestia.
1TI 3:1 PALABRA verdadera [es] esta: si alguno apetece obispado, obra buena desea.
1TI 3:2 Es menester, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una sola esposa, vigilante, templado, de buenas costumbres, hospedador, apto para enseñar,
1TI 3:3 No dado al vino, no heridor, no codicioso de ganancias torpes, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia:
1TI 3:4 Que gobierne bien su propia casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad;
1TI 3:5 Porque el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?
1TI 3:6 No neófito, porque hinchándose de orgullo, no caiga en condenación del diablo.
1TI 3:7 Y es menester que tenga también buen testimonio de los de afuera; porque no caiga en vituperio, y en lazo del diablo.
1TI 3:8 Los diáconos asimismo [sean] honestos, no de dos lenguas, no dados a mucho vino, no amadores de ganancias deshonestas:
1TI 3:9 Que tengan el misterio de la fe con pura conciencia.
1TI 3:10 Y éstos también sean antes probados; y así ministren, si fueren [hallados] irreprensibles.
1TI 3:11 Asimismo [sus] esposas [sean] honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo.
1TI 3:12 Los diáconos sean maridos de una esposa, que gobiernen bien sus hijos, y sus propias casas.
1TI 3:13 Porque los que ejercieren bien el oficio de diácono, ganan para sí un buen grado, y mucho denuedo en la fe que [es] en Cristo Jesús.
1TI 3:14 Estas cosas te escribo con esperanza de que vendré presto a ti:
1TI 3:15 Pero si me tardare, para que sepas como te convenga conversar en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad.
1TI 3:16 Y sin controversia, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.
1TI 4:1 Ahora el Espíritu dice expresamente, que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores, y a doctrinas de demonios;
1TI 4:2 Que con hipocresia hablarán mentira, teniendo cauterizada su propia conciencia:
1TI 4:3 Que prohibiendo casarse, [y obligando a] abstenerse de las viandas que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellas los que creen, y conocen la verdad.
1TI 4:4 Porque toda criatura de Dios, [es] buena, y nada hay que desechar, tomándose con acción de gracias;
1TI 4:5 Porque es santificado por la palabra de Dios, y oración.
1TI 4:6 Si propusieras estas cosas a los hermanos, serás buen ministro de Cristo Jesús, criado en las palabras de la fe, y de la buena doctrina, la cual has alcanzado.
1TI 4:7 Mas desecha las fábulas profanas y de viejas, y ejercítate para la piedad.
1TI 4:8 Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad a todo aprovecha; porque tiene la promesa de vida presente, y de la venidera.
1TI 4:9 Palabra fiel [es] ésta, y digna de ser recibida de todos.
1TI 4:10 Que por esto aun trabajamos y sufrimos vituperios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, y mayormente de los que creen.
1TI 4:11 Estas cosas manda y enseña.
1TI 4:12 Ninguno tenga en poco tu juventud; mas sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en caridad, en espíritu, en fe, en pureza.
1TI 4:13 Entre tanto que vengo, ocúpate en leer, en exhortar, en doctrina.
1TI 4:14 No descuides el don que está en ti, que te fue dado por profecía, con la imposición de las manos de los ancianos.
1TI 4:15 Medita estas cosas; ocúpate completamente en ellas; de manera que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.
1TI 4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina: persiste en esto; porque si así lo hicieres, a ti mismo salvarás, y a los que te oyen.
1TI 5:1 NO reprendas al anciano, sino exhórta[le] como a padre; a los jóvenes como a hermanos;
1TI 5:2 A las mujeres ancianas, como a madres; a las jóvenes como a hermanas, con toda pureza.
1TI 5:3 A las viudas honra, a las que de verdad son viudas.
1TI 5:4 Pero si alguna viuda tuviere hijos, o nietos, aprendan primero a mostrar la piedad en su propia casa primero, y a recompensar a sus padres; porque esto es honesto y acepto delante de Dios.
1TI 5:5 Y la que de verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y persiste en suplicaciones y oraciones noche y día.
1TI 5:6 Porque la que vive en placeres, viviendo está muerta.
1TI 5:7 Manda pues estas cosas, para que sean irreprensibles.
1TI 5:8 Mas si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, ha negado la fe, y es peor que el incrédulo.
1TI 5:9 La viuda sea puesta en la lista no menos que de sesenta años, la cual haya sido esposa de un varón:
1TI 5:10 Que tenga testimonio en buenas obras; si ha criado hijos; si ha hospedado extranjero; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha seguido toda buena obra.
1TI 5:11 Mas a las viudas más jóvenes no admitas: porque cuando ellas empiezan a ser disolutas contra Cristo, quieren casarse:
1TI 5:12 Condenadas ya, por haber abandonado la primera fe.
1TI 5:13 Y aun también aprenden ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y curiosas, parlando lo que no deben.
1TI 5:14 Quiero, pues, que las mujeres jóvenes se casen, y engendren hijos, gobiernen la casa, y que ninguna ocasión den al adversario para maldecir.
1TI 5:15 Porque ya algunas han vuelto atrás en pos de Satanás.
1TI 5:16 Y si alguno, o alguna de los creyentes tiene viudas, manténgalas, y no sea cargada la iglesia; para que pueda socorrer a las que de verdad son viudas.
1TI 5:17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; y mayormente los que trabajan en la palabra y doctrina.
1TI 5:18 Porque la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla. Y: Digno es el obrero de su jornal.
1TI 5:19 Contra el anciano no recibas acusación, sino ante dos o tres testigos.
1TI 5:20 A los que pecaren repréndelos delante de todos, para que los otros también teman.
1TI 5:21 [Te] requiero delante de Dios, y del Señor Jesús Cristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicio, no haciendo cosa alguna con parcialidad.
1TI 5:22 No impongas de ligero las manos sobre alguno, ni seas participante en pecados ajenos: consérvate puro a ti mismo.
1TI 5:23 No bebas de aquí adelante agua, sino usa un poco de vino por causa de tu estómago, y de tus continuas enfermedades.
1TI 5:24 Los pecados de algunos hombres son manifiestos de antemano, yendo delante [de ellos] a juicio: a otros les siguen después.
1TI 5:25 Asimismo también las buenas obras [de algunos] son manifiestas de antemano; y las que son de otra manera, no se pueden esconder.
1TI 6:1 TODOS los que están debajo de yugo de servidumbre, tengan a sus propios señores por dignos de toda honra, porque no sea blasfemado el nombre de Dios y [su] doctrina.
1TI 6:2 Y los que tienen señores creyentes, no [los] tengan en menos, por ser [sus] hermanos; antes los sirvan mejor, por cuanto son fieles y amados, y partícipes del beneficio. Estas cosas enseña, y exhorta.
1TI 6:3 Si alguno enseña de otra manera, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesús Cristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,
1TI 6:4 Hinchado es, nada sabe, sino que enloquece acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, maledicencias, malas sospechas,
1TI 6:5 Disputas perversas de hombres de mente corrompida, y privados de la verdad, suponiendo que la ganancia es piedad: apártate de los tales.
1TI 6:6 Pero la piedad con contentamiento es grande ganancia.
1TI 6:7 Porque nada trajimos a [este] mundo, y [es] cierto que nada podremos sacar.
1TI 6:8 Así que teniendo sustento, y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto.
1TI 6:9 Porque los que quieren ser ricos, caen en tentación y en lazo, y [en] muchas concupiscencias insensatas y dañosas, que anegan a los hombres en perdición y muerte.
1TI 6:10 Porque el amor del dinero es la raíz de toda maldad; el cual codiciando algunos, erraron de la fe, y se traspasaron con muchos dolores.
1TI 6:11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas; y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.
1TI 6:12 Pelea la buena batalla de la fe: echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos.
1TI 6:13 Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que testificó una buena profesión delante de Poncio Pilato;
1TI 6:14 Que guardes [este] mandamiento sin mácula, ni reprensión, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesús Cristo:
1TI 6:15 La cual en su tiempo mostrará el bendito y solo Potentado, Rey de reyes, y Señor de señores:
1TI 6:16 El cual sólo tiene inmortalidad, que mora en luz inaccesible: a quien ninguno de los hombres ha visto, ni puede ver: al cual [sea] la honra, y la potencia sempiterna. Amén.
1TI 6:17 A los ricos de este mundo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas; sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las gocemos;
1TI 6:18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dispuestos para repartir, generosos en comunicar;
1TI 6:19 Atesorando para sí buen fundamento para en lo por venir, para que echen mano a la vida eterna.
1TI 6:20 Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las disputas profanas [y] vacías, y de las oposiciones de la ciencia falsamente llamada:
1TI 6:21 La cual algunos profesando, han errado acerca de la fe. La gracia [sea] contigo. Amén. [La primera a Timoteo fue escrita de Laodicea, que es metrópoli de la Frigia Pacatiana. ]
2TI 1:1 PABLO, apóstol de Cristo Jesús, por la voluntad de Dios según la promesa de la vida, que es en Cristo Jesús,
2TI 1:2 A Timoteo, [mi] amado hijo: Gracia, misericordia, [y] paz de Dios el Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor.
2TI 1:3 Doy gracias a Dios, a quien sirvo desde [mis] mayores con pura conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis oraciones noche y día;
2TI 1:4 Deseando mucho verte, acordándome de tus lágrimas, para que me llene de gozo;
2TI 1:5 Trayendo a la memoria la fe no fingida que está en ti, que habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también.
2TI 1:6 Por la cual causa te hago recordar a ti, que avives el fuego del don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos.
2TI 1:7 Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino de poder, y de amor, y de templanza.
2TI 1:8 Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí su prisionero; antes sé partícipe de las aflicciones del evangelio según el poder de Dios,
2TI 1:9 El cual nos ha salvado, y [nos] ha llamado con santa vocación, no según nuestras obras, mas según su propio propósito, y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús, antes de los tiempos eternos;
2TI 1:10 Mas ahora es manifestada por la manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús, el cual verdaderamente destruyó la muerte, y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio:
2TI 1:11 Del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los gentiles.
2TI 1:12 Por cuya causa asimismo padezco estas cosas; mas no me avergüenzo; porque yo sé a quién he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
2TI 1:13 Retén firmemente la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en fe y amor que [es] en Cristo Jesús.
2TI 1:14 Guarda, el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.
2TI 1:15 [Ya] sabes esto, que se me han vuelto en contrarios todos los que están en Asia; de los cuales son Figello, y Hermógenes.
2TI 1:16 Dé el Señor misericordia a la casa de Onesíforo, que muchas veces me refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena:
2TI 1:17 Antes estando él en Roma, me buscó diligentemente, y me halló.
2TI 1:18 Déle el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto me ayudó en Éfeso, tú lo sabes muy bien.
2TI 2:1 TÚ, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
2TI 2:2 Y lo que has oído de mí entre muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que serán idóneos para enseñar también a otros.
2TI 2:3 Tú, pues, sufre aflicciones como buen soldado de Cristo Jesús.
2TI 2:4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de [esta] vida; a fin de agradar a aquel que le escogió por soldado.
2TI 2:5 Y aun también el que lidia, no es coronado si no hubiere lidiado legítimamente.
2TI 2:6 El labrador que trabaja, debe ser el primer partícipe de los frutos.
2TI 2:7 Considera lo que digo: y el Señor te dé entendimiento en todo.
2TI 2:8 Acuérdate que Cristo Jesús, de la simiente de David, resucitó de entre los muertos conforme a mi evangelio:
2TI 2:9 Por el cual sufro aflicciones como malhechor, hasta prisiones; mas la palabra de Dios no está presa.
2TI 2:10 Por tanto sufro todas las cosas por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salvación que es en Cristo Jesús, con gloria eterna.
2TI 2:11 Palabra fiel: Que si somos muertos con [él], también viviremos con [él]:
2TI 2:12 Si sufrimos, también reinaremos con [él]: si [lo] negamos, él también nos negará:
2TI 2:13 Si no creemos, él [todavía] permanece fiel: no puede negarse a sí mismo.
2TI 2:14 Recuérda[les] estas cosas, protestando delante del Señor, que no tengan contiendas en palabras, que para nada aprovechan, [sino] para trastornar a los oyentes.
2TI 2:15 Estudia para presentarte aprobado a Dios, un obrero que no tiene que avergonzarse, que divide correctamente la palabra de verdad.
2TI 2:16 Mas evita profanas [y] vanas parlerías, porque ellas crecerán para mayor impiedad.
2TI 2:17 Y la palabra de ellos corroerá como gangrena; de los cuales es Himeneo, y Fileto,
2TI 2:18 Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha pasado, y trastornan la fe de algunos.
2TI 2:19 Sin embargo el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que nombra el nombre de Cristo.
2TI 2:20 Pero en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y asimismo unos para honra, y otros para deshonra.
2TI 2:21 Así que, si alguno se purificare a sí mismo de estas cosas, será vaso para honra, santificado y útil para los usos del Señor, y aparejado para toda buena obra.
2TI 2:22 También, huye de las concupiscencias juveniles; mas sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón.
2TI 2:23 Pero las cuestiones necias e insensatas desecha, sabiendo que engendran contiendas.
2TI 2:24 Y el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino benigno para con todos, apto para enseñar, sufrido;
2TI 2:25 Que con mansedumbre instruya a los que se oponen; si quizá Dios les dé que se arrepientan, para reconocer la verdad;
2TI 2:26 Y se zafen del lazo del diablo, en que están cautivos de él, a su voluntad.
2TI 3:1 ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.
2TI 3:2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, sin santidad,
2TI 3:3 Sin afecto natural, implacables, calumniadores, incontinentes, crueles, aborrecedores de los que son buenos,
2TI 3:4 Traidores, temerarios, hinchados, amadores de deleites más que amadores de Dios;
2TI 3:5 Teniendo la apariencia de piedad, mas negando el poder de ella; a los tales también evita.
2TI 3:6 Porque de éstos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas a mujercillas, cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias;
2TI 3:7 Siempre aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.
2TI 3:8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad: hombres corrompidos de mente, reprobados en cuanto a la fe:
2TI 3:9 Mas no irán muy adelante; porque su locura será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.
2TI 3:10 Pero tú has conocido plenamente la doctrina mía, la manera de vivir, el propósito, la fe, la longanimidad, la caridad, la paciencia,
2TI 3:11 Las persecuciones, las aflicciones, las cuales me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra: cuales persecuciones he sufrido; mas de todas [ellas] me ha librado el Señor.
2TI 3:12 Y aun todos los que vivieren piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.
2TI 3:13 Pero los malos hombres, y los seductores, irán de mal en peor, engañando, y siendo engañados.
2TI 3:14 Así que persiste tú en lo que has aprendido, y has sido persuadido, sabiendo de quién has aprendido;
2TI 3:15 Y que desde la niñez has sabido las sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
2TI 3:16 Toda Escritura [es] dada por inspiración de Dios, y [es] útil para doctrina, para redargüir, para corregir, para instrucción en justicia,
2TI 3:17 Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente aparejado para toda buena obra.
2TI 4:1 REQUIERO yo, pues delante de Dios, y del Señor Jesús Cristo, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos en su manifestación, y en su reino;
2TI 4:2 Predica la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
2TI 4:3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, antes teniendo comezón de oído, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.
2TI 4:4 Y así apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas.
2TI 4:5 Tú por tanto vela en todo, sufre aflicciones, haz obra de evangelista, cumple bien tu ministerio:
2TI 4:6 Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano.
2TI 4:7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
2TI 4:8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
2TI 4:9 Procura venir pronto a mí.
2TI 4:10 Porque Demas me ha desamparado, amando este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica; Crescente a Galacia; Tito a Dalmacia.
2TI 4:11 Lucas solo está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo; porque me es útil para el ministerio.
2TI 4:12 A Tíquico envié a Éfeso.
2TI 4:13 La capa que dejé en Troas con Carpo, tráe[la contigo] cuando vinieres, y los libros, mayormente los pergaminos.
2TI 4:14 Alejandro el calderero me ha hecho muchos males: el Señor le pague conforme a sus obras:
2TI 4:15 Del cual tú también guárdate: que en grande manera ha resistido a nuestras palabras.
2TI 4:16 En mi primera defensa ninguno estuvo conmigo; antes me desampararon todos: no les sea imputado.
2TI 4:17 Mas el Señor estuvo a mi lado, y me esforzó para que por mí fuese cumplida la predicación, y todos los gentiles la oyesen; y fui librado de la boca del león.
2TI 4:18 Y el Señor me librará de toda obra mala, y [me] preservará para su reino celestial: al cual [sea] gloria por siempre jamás. Amén.
2TI 4:19 Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo.
2TI 4:20 Erasto se quedó en Corinto; y a Trófimo le dejé en Mileto enfermo.
2TI 4:21 Apresúrate a venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Prudente, y Lino, y Claudia y todos los hermanos.
2TI 4:22 El Señor Jesús Cristo [sea] con tu espíritu. La gracia [sea] con vosotros. Amén. [La segunda epístola a Timoteo, ordenado el primer obispo de la iglesia de los efesios, fue escrita de Roma cuando Pablo fue presentado la segunda vez a César Nerón. ]
TIT 1:1 PABLO, siervo de Dios, y apóstol de Cristo Jesús según la fe de los escogidos de Dios, y el conocimiento de la verdad, que es según la piedad;
TIT 1:2 En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, prometió antes de los tiempos eternos;
TIT 1:3 Pero manifestó en sus propios tiempos su palabra por la predicación, que me es a mí encomendada por mandamiento de Dios nuestro Salvador:
TIT 1:4 A Tito, [mi] verdadero hijo según la común fe: Gracia, misericordia, [y] paz de Dios Padre, y del Señor Jesús Cristo Salvador nuestro.
TIT 1:5 Por esta causa te dejé en Creta, para que acabases de poner en orden las cosas que faltaban, y ordenases ancianos en cada ciudad como yo te mandé:
TIT 1:6 Si alguno fuere irreprensible, marido de una sola esposa, que tenga hijos fieles, no acusados de disolución, o contumaces.
TIT 1:7 Porque es menester que el obispo sea irreprensible, como el mayordomo de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no heridor, no codicioso de ganancia deshonesta;
TIT 1:8 Sino hospedador, amador de lo bueno, templado, justo, santo, continente;
TIT 1:9 Reteniendo firme la palabra fiel como le ha sido enseñada, para que pueda exhortar y convencer con sana doctrina a los que contradijeren.
TIT 1:10 Porque hay muchos contumaces, y habladores de vanidades, y engañadores, mayormente los de la circuncisión:
TIT 1:11 A los cuales es menester tapar la boca: que trastornan casas enteras, enseñando lo que no conviene por ganancia deshonesta.
TIT 1:12 Dijo uno de ellos, propio profeta de ellos: Los cretenses, siempre [son] mentirosos, malas bestias, vientres perezosos.
TIT 1:13 Este testimonio es verdadero; por tanto repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe;
TIT 1:14 No escuchando a fábulas judaicas, y a mandamientos de hombres, que se apartan de la verdad.
TIT 1:15 Para los puros ciertamente todas las cosas son puras; mas para los contaminados e incrédulos nada [es] puro; antes su mente y conciencia son contaminadas.
TIT 1:16 Profésanse conocer a Dios, mas con los hechos le niegan; siendo abominables y rebeldes, y reprobados para toda buena obra.
TIT 2:1 Pero tú habla las cosas que convienen a la sana doctrina:
TIT 2:2 Los hombres ancianos, que sean templados, honestos, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia.
TIT 2:3 Las mujeres ancianas, asimismo, que se comporten santamente, no calumniadoras, ni dadas a mucho vino, [sino] maestras de lo bueno:
TIT 2:4 Para que enseñen a las mujeres jóvenes a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,
TIT 2:5 [A que sean] templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas a sus propios maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada.
TIT 2:6 Exhorta asimismo a los jóvenes que sean sobrios.
TIT 2:7 En todas las cosas, dándote a ti mismo por ejemplo de buenas obras: en la doctrina [mostrando] incorrupción, honestidad, sinceridad,
TIT 2:8 Palabra sana que no puede ser condenada, para que el que es del partido contrario se avergüence, no teniendo mal alguno que decir de vosotros.
TIT 2:9 [Exhorta] a los siervos, que sean sujetos a sus propios señores, que [les] agraden en todo, no respondones;
TIT 2:10 En nada defraudando, sino mostrando toda buena lealtad; para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios.
TIT 2:11 Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha manifestado a todos los hombres,
TIT 2:12 Enseñándonos que renunciando a la impiedad, y a las concupiscencias mundanas, vivamos sobriamente, justamente, y piadosamente, en este presente mundo;
TIT 2:13 Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la gloriosa venida del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús;
TIT 2:14 Que se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad, y purificar para sí un pueblo peculiar, celoso de buenas obras.
TIT 2:15 Estas cosas habla, y exhorta, y reprende con toda autoridad: nadie te desprecie.
TIT 3:1 RECUÉRDALES que estén sujetos a los principados y potestades, que obedezcan a los magistrados, que estén prestos para toda buena obra,
TIT 3:2 Que no digan mal de nadie, que no sean pendencieros, [mas] modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.
TIT 3:3 Porque también éramos nosotros insensatos en otro tiempo, rebeldes, errados, sirviendo a concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos a los otros:
TIT 3:4 Mas cuando la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador para con los hombres apareció,
TIT 3:5 No por las obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia, nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;
TIT 3:6 El cual derramó en nosotros abundantemente por Cristo Jesús nuestro Salvador:
TIT 3:7 Para que justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.
TIT 3:8 Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes con firmeza: que los que han creído en Dios, procuren sobresalir en buenas obras. Estas cosas son buenas y provechosas para los hombres.
TIT 3:9 Mas evita las cuestiones insensatas, y las genealogías, y las contenciones, y disputas sobre la ley; porque son sin provecho y vanas.
TIT 3:10 Al hombre hereje, después de la primera y segunda amonestación, deséchale:
TIT 3:11 Estando cierto que el tal está pervertido, y peca siendo condenado de sí mismo.
TIT 3:12 Cuando enviare a ti a Artemas, o a Tíquico, date priesa en venir a mí a Nicópolis; porque allí he determinado de invernar.
TIT 3:13 A Zenas doctor de la ley, y a Apolos envía delante, procurando que nada les falte.
TIT 3:14 Y aprendan asimismo los nuestros a sobresalir en buenas obras para los usos necesarios, porque no sean sin fruto.
TIT 3:15 Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La Gracia [sea] con todos vosotros. Amén. [A Tito, el cual fue el primer obispo ordenado para la iglesia de los cretenses, escrita de Nicópolis de Macedonia. ]
PHM 1:1 PABLO, prisionero de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo, a Filemón amado, y coadjutor nuestro,
PHM 1:2 Y a la amada Apia, y a Archipo, compañero de la milicia, y a la iglesia que está en tu casa:
PHM 1:3 Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús Cristo.
PHM 1:4 Doy gracias a mi Dios haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones,
PHM 1:5 Oyendo de tu amor, y de la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos:
PHM 1:6 Que la comunicación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que [está] en vosotros por Cristo Jesús:
PHM 1:7 Porque tenemos gran gozo y consolación de tu amor, porque por ti, hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos.
PHM 1:8 Por lo cual, aunque tengo mucho denuedo en Cristo para mandarte lo que conviene,
PHM 1:9 Ruégo[te] antes, por amor, siendo como soy, Pablo el anciano, y aun ahora prisionero de Cristo Jesús.
PHM 1:10 Te ruego por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mis prisiones;
PHM 1:11 El cual en otro tiempo te fue inútil, mas ahora útil para ti, y para mí:
PHM 1:12 A quien he vuelto a enviar: recíbele tú, pues, como a mis mismas entrañas.
PHM 1:13 Yo había querido detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en las prisiones del evangelio:
PHM 1:14 Mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario.
PHM 1:15 Porque quizá se ha apartado [de ti] por algún tiempo, para que le volvieses a tener para siempre:
PHM 1:16 Ya no como siervo, antes más que siervo, [como] hermano amado, mayormente de mí; pero ¿cuánto más de ti, tanto en la carne, y en el Señor?
PHM 1:17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí.
PHM 1:18 Y si en algo te dañó o te debe, ponlo a mi cuenta.
PHM 1:19 Yo Pablo [lo] escribí con mi misma mano: yo [lo] repagaré; por no decirte que aun a ti mismo te me debes de más.
PHM 1:20 Así hermano, góceme yo de ti en el Señor; que recrea mis entrañas en el Señor.
PHM 1:21 Teniendo confianza en tu obediencia, te escribí, sabiendo que aun tú harás más de lo que yo digo.
PHM 1:22 Y asimismo también prepárame hospedaje; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido.
PHM 1:23 Te saludan Epafras, mi compañero en la prisión por Cristo Jesús;
PHM 1:24 Marcos, Aristarco, Demas, Lucas, mis colaboradores.
PHM 1:25 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con vuestro espíritu. Amén. [A Filemón, fue enviada de Roma con Onésimo siervo ]
HEB 1:1 DIOS, que habló muchas veces, y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
HEB 1:2 Nos ha hablado en estos postreros días por [su] Hijo, a quien puso heredero de todas las cosas, por quien también hizo los mundos;
HEB 1:3 El cual siendo el resplandor de [su] gloria, y la expresa imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo hecho la purificación de nuestros pecados por sí mismo, se asentó a la diestra de la majestad en las alturas;
HEB 1:4 Siendo hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos.
HEB 1:5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo él jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy? Y otra vez: ¿Yo seré a él Padre, y él me será a mi Hijo?
HEB 1:6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios.
HEB 1:7 Y ciertamente de los ángeles dice: El que hace sus ángeles espíritus, y a sus ministros, llama de fuego.
HEB 1:8 Mas al Hijo: Tu trono, oh Dios, por siempre jamás: vara de rectitud el cetro de tu reino.
HEB 1:9 Amaste la justicia, y aborreciste la maldad; por esto Dios, tu Dios, te ungió, con el aceite de alegría más que a tus compañeros.
HEB 1:10 Y: Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obras de tus manos:
HEB 1:11 Ellos perecerán, mas tú eres permanente; y todos ellos envejecerse han como vestidura;
HEB 1:12 Y como un manto los envolverás, y serán mudados: pero tú eres el mismo, y tus años nunca se acabarán.
HEB 1:13 Mas, ¿a cuál de los ángeles dijo él jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
HEB 1:14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para ministrar por aquellos, que serán herederos de salvación?
HEB 2:1 Por lo cual debemos atender con más diligencia a las cosas que hemos oído, para que no [se] nos escurran en ningún tiempo.
HEB 2:2 Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa recompensa de galardón;
HEB 2:3 ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos tan grande salvación? La cual, habiendo primero comenzado a ser publicada por el Señor, fue confirmada hasta nosotros por los que oyeron;
HEB 2:4 Dios testificando juntamente con [ellos] con señales y maravillas, y con diversos milagros, y dones del Espíritu Santo, según su voluntad.
HEB 2:5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos.
HEB 2:6 Pero testificó uno en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre que te acuerdas de él, o el hijo del hombre que le visitas?
HEB 2:7 Hicístele un poco menor que los ángeles, coronástele de gloria y de honra, y pusístele sobre las obras de tus manos.
HEB 2:8 Todas las cosas sujetaste debajo de sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó [que] no [sea] sujeto a él. Mas ahora no vemos todavía que todas las cosas le sean sujetas.
HEB 2:9 Pero vemos a aquel [mismo] Jesús, que fue hecho un poco menor que los ángeles por pasión de muerte, coronado de gloria y de honra, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
HEB 2:10 Porque convenía, que aquel por cuya causa [son] todas las cosas, y por el cual [son] todas las cosas, habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, hiciese perfecto al capitán de la salvación de ellos por medio de padecimientos.
HEB 2:11 Porque el que santifica y los que son santificados de uno [son] todos; por cuya causa no se avergüenza de llamarlos hermanos,
HEB 2:12 Diciendo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la iglesia te cantaré alabanzas.
HEB 2:13 Y otra vez; Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí yo, y los hijos que me dio Dios.
HEB 2:14 Así que por cuanto los hijos son participantes de carne y de sangre, también él de la misma manera participó de las mismas [cosas]; para que por medio de la muerte destruyese al que tenía la potencia de la muerte, es a saber, al diablo;
HEB 2:15 Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre.
HEB 2:16 Que ciertamente no tomó la [naturaleza] de los ángeles, sino tomó a la simiente de Abraham.
HEB 2:17 Por lo cual fue necesario que en todas cosas fuese semejante a [sus] hermanos, para que fuese un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo [perteneciente] a Dios, a fin de hacer propiciación por los pecados del pueblo.
HEB 2:18 Porque en cuanto él mismo padeció, siendo tentado, es poderoso para también socorrer a los que son tentados.
HEB 3:1 POR lo cual hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerad el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión Cristo Jesús,
HEB 3:2 El cual fue fiel al que le constituyó, como también [lo fue] Moisés en toda su casa.
HEB 3:3 Porque éste es tenido por digno de mucha mayor gloria que Moisés, cuanto el que ha edificado la casa tiene más honra que la casa.
HEB 3:4 Porque toda casa es edificada por alguno; mas el que ha creado todas las cosas, es Dios.
HEB 3:5 Y Moisés a la verdad fue fiel en toda su casa, como siervo: para testimonio de aquellas cosas que se habían de ser anunciadas después;
HEB 3:6 Mas Cristo, como hijo sobre su propia casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el fin retenemos firme la confianza y la alegría de la esperanza.
HEB 3:7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz;
HEB 3:8 No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,
HEB 3:9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años.
HEB 3:10 A causa de lo cual me indigné con aquella generación, y dije: Perpetuamente yerran de corazón, y ellos no han conocido mis caminos.
HEB 3:11 Y así yo juré en mi ira, ellos no entrarán en mi reposo.
HEB 3:12 Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;
HEB 3:13 Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.
HEB 3:14 Porque participantes de Cristo somos hechos, si retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza;
HEB 3:15 Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.
HEB 3:16 Porque algunos cuando hubieron oído, provocaron; aunque no todos los que salieron de Egipto por Moisés.
HEB 3:17 Mas, ¿con quiénes estuvo indignado cuarenta años? ¿no fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?
HEB 3:18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no creyeron?
HEB 3:19 Así vemos que no pudieron entrar a causa de la incredulidad.
HEB 4:1 TEMAMOS, pues, no sea que, habiendo sido dejada la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.
HEB 4:2 Porque también a nosotros nos ha sido predicado el evangelio como a ellos; mas la palabra predicada no les aprovechó a ellos, no siendo mezclada con fe en aquellos que [la] oyeron.
HEB 4:3 Porque entramos en el reposo los que hemos creído, de la manera que dijo: Así que juré en mi ira, no entrarán en mi reposo: aunque las obras eran acabadas desde la fundación del mundo.
HEB 4:4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.
HEB 4:5 Y otra vez aquí: si ellos no entrarán en mi reposo.
HEB 4:6 Viendo pues que resta que algunos han de entrar en él, y que aquellos a quienes primero fue predicado, no entraron por causa de la incredulidad,
HEB 4:7 Otra vez, él limitó a cierto día, diciendo en David: Hoy después de tanto tiempo; como está dicho: Hoy si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones.
HEB 4:8 Porque si Jesús les hubiera dado el reposo, no hubiera después hablado de otro día.
HEB 4:9 Así que, queda un reposo para el pueblo de Dios.
HEB 4:10 Porque el que ha entrado en el reposo de él, también él ha reposado de sus propias obras, como Dios de las suyas.
HEB 4:11 Procuremos, pues, con diligencia de entrar en aquel reposo, a fin de que ninguno caiga en el mismo ejemplo de incredulidad.
HEB 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y poderosa, y más aguda que toda espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
HEB 4:13 Y no hay criatura alguna que no es manifiesta a su vista: antes todas las cosas [están] desnudas y abiertas a los ojos de aquél a quien tenemos que dar cuenta.
HEB 4:14 Teniendo pues un gran sumo sacerdote, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos firmes [nuestra] profesión.
HEB 4:15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según [nuestra] semejanza, [pero] sin pecado.
HEB 4:16 Lleguémonos, pues, confiadamente al trono de [su] gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para ser socorridos en tiempo de necesidad.
HEB 5:1 PORQUE todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca presentes, y sacrificios por los pecados:
HEB 5:2 Que se pueda compadecer de los ignorantes y de los errados, porque él también está rodeado de flaqueza:
HEB 5:3 Por causa de la cual deba, como por el pueblo, así también por sí mismo, ofrecer por los pecados.
HEB 5:4 Ni nadie toma para sí mismo esta honra, sino el que es llamado de Dios, como [lo fue] Aarón.
HEB 5:5 Así también Cristo no se glorificó a sí mismo, para ser hecho sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
HEB 5:6 Como también dice en otro [lugar]: Tú [eres] sacerdote eternamente, según el orden de Melquisedec.
HEB 5:7 El cual en los días de su carne, cuando él hubo ofrecido oraciones y suplicaciones con gran clamor y lágrimas a aquél que le podía salvar de la muerte, fue oído en qué temía.
HEB 5:8 Y aunque era Hijo, aprendió obediencia por las cosas que padeció.
HEB 5:9 Y siendo hecho perfecto, fue hecho autor de salvación eterna para todos los que le obedecen;
HEB 5:10 Llamado de Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
HEB 5:11 Del cual tenemos muchas cosas que decir, y difíciles de declarar, por cuanto sois perezosos de oír.
HEB 5:12 Porque debiendo de ser ya maestros, a causa del tiempo, tenéis necesidad de volver a ser enseñados, de cuáles sean los elementos del principio de los oráculos de Dios, y sois hechos tales que tengáis necesidad de leche, y no de vianda firme.
HEB 5:13 Que cualquiera que usa de leche, es incapaz en la palabra de justicia, porque es niño.
HEB 5:14 Mas la vianda firme es para los que son maduros; para aquellos que por razón del uso tienen sus sentidos ejercitados, para discernir así el mal como el bien.
HEB 6:1 POR lo cual dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vayamos adelante a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de las obras muertas, y de la fe en Dios,
HEB 6:2 De la doctrina de los bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno.
HEB 6:3 Y esto haremos a la verdad, si Dios [lo] permitiere.
HEB 6:4 Porque [es] imposible que los que una vez fueron iluminados, y que gustaron del don celestial, y que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
HEB 6:5 Y que gustaron la buena palabra de Dios, y los poderes del mundo venidero,
HEB 6:6 Y recayeron, sean renovados otra vez para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndole a vituperio.
HEB 6:7 Porque la tierra que embebe la lluvia que muchas veces viene sobre ella, y que produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios.
HEB 6:8 Mas la que produce espinas y abrojos, [es] reprobada, y cercana de maldición, y cuyo fin es ser quemada.
HEB 6:9 Pero en cuanto a vosotros, [oh] amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y más cercanas a salvación, aunque hablamos así.
HEB 6:10 Porque Dios no es injusto que se olvide de vuestra obra, y del trabajo de amor que habéis mostrado por respeto a su nombre, habiendo ministrado a los santos, y ministrándo[los aún].
HEB 6:11 Y nosotros deseamos que cada uno de vosotros muestre el mismo cuidado para la completa seguridad de la esperanza hasta el fin:
HEB 6:12 Que no seáis perezosos, mas seguidores de aquellos que por fe y de la paciencia heredan las promesas.
HEB 6:13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, ya que no podía jurar por otro mayor, juró por sí mismo,
HEB 6:14 Diciendo: Ciertamente bendiciendo te bendeciré; y multiplicando, te multiplicaré.
HEB 6:15 Y así habiendo esperado con largura de paciencia, alcanzó la promesa.
HEB 6:16 Porque los hombres ciertamente por el mayor juran; y el juramento, para confirmación, [es] para ellos el término de toda contención.
HEB 6:17 En lo cual queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso con juramento;
HEB 6:18 Para que por dos cosas inmutables, en las cuales [era] imposible que Dios mintiese, tuviéramos un fortísimo consuelo, los que nos hemos refugiado para asirnos de la esperanza propuesta:
HEB 6:19 La cual tenemos como ancla del alma, segura y firme, y que entra hasta dentro del velo:
HEB 6:20 Donde entró por nosotros [nuestro] precursor Jesús, hecho sumo sacerdote por siempre según el orden de Melquisedec.
HEB 7:1 PORQUE este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios altísimo, el cual salió al encuentro a Abraham que volvía de la matanza de los reyes, y le bendijo:
HEB 7:2 A quien asimismo dio Abraham la décima parte de todo: primeramente el cual ciertamente se interpreta, Rey de justicia; y luego también, Rey de Salem, que es Rey de paz;
HEB 7:3 Sin padre, sin madre, sin genealogía; no teniendo principio de días, ni fin de vida; mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote eternalmente.
HEB 7:4 Considerad pues cuán grande fue éste, a quien aun Abraham el Patriarca dio la décima de los despojos.
HEB 7:5 Que ciertamente los que son de los hijos de Leví, reciben el oficio del sacerdocio, tienen mandamiento de tomar diezmos del pueblo según la ley, es a saber, de sus hermanos, aunque [también] ellos hayan salido de los lomos de Abraham.
HEB 7:6 Mas aquél, cuya descendencia no es contada entre ellos, recibió diezmos de Abraham, y bendijo al que tenía las promesas.
HEB 7:7 Y sin contradicción alguna lo que es menos es bendito de lo que es mejor.
HEB 7:8 Y aquí ciertamente los hombres que mueren reciben los diezmos; mas allí [los recibe] aquél de quien está dado testimonio que vive.
HEB 7:9 Y por decirlo así, Leví también, que recibe diezmos, pagó diezmos en Abraham.
HEB 7:10 Porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
HEB 7:11 Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico, (porque debajo de él recibió el pueblo la ley,) ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?
HEB 7:12 Porque mudado el sacerdocio, necesario es que se haga también cambio de la ley.
HEB 7:13 Porque [aquél] de quien estas cosas se dicen, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar.
HEB 7:14 Porque [es] evidente que nuestro Señor nació de Judá, de cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio.
HEB 7:15 Y aun mucho más evidente es; que, según la semejanza de Melquisedec, se levanta otro sacerdote:
HEB 7:16 El cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino según el poder de una vida inmortal.
HEB 7:17 Porque él testifica: Tú [eres] sacerdote por siempre según el orden de Melquisedec.
HEB 7:18 El mandamiento precedente ciertamente se abroga por su flaqueza e inutilidad.
HEB 7:19 Porque nada perfeccionó la ley, sino la introducción de mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.
HEB 7:20 Y [tanto más] en cuanto no es sin juramento fue [él hecho sacerdote];
HEB 7:21 (Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas éste, con juramento por aquél que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eternamente según el orden de Melquisedec:)
HEB 7:22 Tanto de mejor testamento fue hecho fiador Jesús.
HEB 7:23 Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía que continuasen:
HEB 7:24 Mas éste, porque permanece eternamente, tiene el sacerdocio inmutable.
HEB 7:25 Por lo cual puede también salvar completamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
HEB 7:26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, libre de mancha, apartado de los pecadores, y ensalzado sobre los cielos;
HEB 7:27 Que no tuviese necesidad cada día, como los [otros] sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios, primero por sus propios pecados, y después por los del pueblo; porque esto [lo] hizo una vez ofreciéndose a sí mismo.
HEB 7:28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a hombres que tienen flaqueza; mas la palabra del juramento, que fue después de la ley, [constituye] al Hijo, que es perfecto eternamente.
HEB 8:1 ASÍ que la suma de las cosas que hemos dicho [es esta]: Tenemos tal sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos:
HEB 8:2 Ministro del santuario, y del verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre.
HEB 8:3 Porque todo sumo sacerdote es ordenado para ofrecer dones y también sacrificios: por lo cual es necesario que éste también tuviese algo que ofrecer.
HEB 8:4 Porque si él estuviese sobre la tierra, ni aun sería sacerdote, habiendo aún los sacerdotes que ofrecen los dones según la ley:
HEB 8:5 Los cuales sirven de ejemplo y sombra de las cosas celestiales, como fue avisado por Dios a Moisés, cuando estaba para hacer el tabernáculo, porque: Mira, dice, haz todas las cosas según el modelo que se te ha sido mostrado en el monte.
HEB 8:6 Mas ahora él ha obtenido un ministerio más excelente, cuanto que también él es el mediador de un mejor pacto, el cual ha sido establecido sobre mejores promesas.
HEB 8:7 Porque si aquél primero hubiera sido sin falta, no hubiera sido buscado lugar para el segundo.
HEB 8:8 Pues encontrando falta en ellos, dice: He aquí vienen días, dice el Señor, cuando haré un nuevo pacto con la casa de Israel, y con la casa de Judá.
HEB 8:9 No según el pacto que hice con vuestros padres en el día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi testamento, y yo no me atendí de ellos, dice el Señor.
HEB 8:10 Porque este [es] el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y en el corazón de ellos las escribiré; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo:
HEB 8:11 Y no enseñarán cada uno a su prójimo, ni cada uno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán desde el menor de ellos hasta el mayor.
HEB 8:12 Porque seré misericordioso a sus injusticias, y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré más.
HEB 8:13 Por esto que dice un nuevo pacto, dio por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse.
HEB 9:1 Entonces tenía por cierto el primer pacto ordenanzas de servicio divino, y santuario mundano.
HEB 9:2 Porque el tabernáculo fue hecho; el primero, en que [estaban] el candelero, y también la mesa, y los panes de la proposición, que es llamado el santuario.
HEB 9:3 Y detrás del segundo velo, el tabernáculo que es llamado el Lugar Santísimo;
HEB 9:4 Que tenía el incensario de oro: y el arca del pacto cubierta de todas partes alrededor de oro: en que [estaba] una urna de oro que tenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;
HEB 9:5 Y sobre ella los querubines de gloria que cubrían con su sombra al propiciatorio: de las cuales cosas no podemos hablar ahora en particular.
HEB 9:6 Y estas cosas así ordenadas, en el primer tabernáculo siempre entraban los sacerdotes para cumplir el servicio [de Dios];
HEB 9:7 Mas en el segundo [entraba] el sumo sacerdote sólo, una vez cada año, no sin sangre, que ofrecía por sí mismo, y por las ignorancias del pueblo:
HEB 9:8 Por esto el Espíritu Santo significaba que aún el camino al santísimo no era manifestado, entre tanto que el primer tabernáculo estaba aún en pie:
HEB 9:9 Lo cual [era] figura para aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían dones y también sacrificios, que no podían hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que hacía el servicio;
HEB 9:10 Que consistía sólo en viandas, y en bebidas, y en diversos lavamientos, y ordenanzas carnales, impuestas hasta el tiempo de la reformación.
HEB 9:11 Mas estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes que han de venir, por el mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de este edificio;
HEB 9:12 Ni por la sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino por su propia sangre, él entró una vez en el lugar santo, habiendo obtenido redención eterna [para nosotros].
HEB 9:13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de una becerra, rociada sobre los inmundos, santifica para purificación de la carne:
HEB 9:14 ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestras conciencias de las obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
HEB 9:15 Y por esta razón él es el mediador del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la redención de las transgresiones [que había] debajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
HEB 9:16 Porque donde [hay] testamento, necesario es que intervenga la muerte del testador.
HEB 9:17 Porque el testamento [es] confirmado en los que son muertos: de otra manera no es válido entre tanto que el testador vive.
HEB 9:18 Así que ni tampoco el primero fue dedicado sin sangre.
HEB 9:19 Porque habiendo hablado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua y lana de grana, e hisopo, roció al mismo libro y también a todo el pueblo,
HEB 9:20 Diciendo: Ésta [es] la sangre del testamento que Dios os ha mandado.
HEB 9:21 Y además de esto roció con sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio.
HEB 9:22 Y casi todas las cosas según la ley son purificadas con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión.
HEB 9:23 [Fue] pues necesario que las figuras de las cosas en los cielos fuesen purificadas con éstas; pero las mismas cosas celestiales, con mejores sacrificios que éstos.
HEB 9:24 Porque no entró Cristo en lugares santos hechos de mano, [que son] figuras del verdadero, mas en el cielo mismo para aparecer ahora por nosotros en la presencia de Dios:
HEB 9:25 Ni tampoco para ofrecerse muchas veces a sí mismo; como entra el sumo sacerdote en el santuario cada año con sangre ajena;
HEB 9:26 De otra manera fuera necesario que hubiera padecido muchas veces desde el principio del mundo: mas ahora una vez en el fin del mundo, para deshacimiento del pecado, apareció por el sacrificio de sí mismo.
HEB 9:27 Y de la manera que está establecido a los hombres que mueran una vez; y después de esto el juicio:
HEB 9:28 Así Cristo fue ofrecido una vez para cargar con los pecados de muchos; la segunda vez aparecerá sin pecado a los que le esperan para salvación.
HEB 10:1 PORQUE la ley teniendo la sombra de los bienes venideros, [y] no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se allegan.
HEB 10:2 De otra manera ¿no hubieran ya cesado de ser ofrecidos? Porque los que dan culto, una vez purificados, no tendrían más conciencia de pecado.
HEB 10:3 Pero en estos [sacrificios] cada año [se hace el mismo] recordamiento de los pecados.
HEB 10:4 Porque [es] imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
HEB 10:5 Por lo cual entrando en el mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, mas a mí me preparaste un cuerpo:
HEB 10:6 Holocaustos y [sacrificios] por el pecado no te agradaron.
HEB 10:7 Entonces dije: He aquí, Yo vengo, (en la cabecera del libro está escrito de mí,) para hacer, oh Dios, tu voluntad.
HEB 10:8 Diciendo arriba: Sacrificio y ofrenda y holocaustos, y [expiaciones] por el pecado, no quisiste, ni te agradaron, las cuales [cosas] se ofrecen según la ley:
HEB 10:9 Entonces él dijo: He aquí, vengo para hacer tu voluntad, oh Dios. Él quita lo primero para establecer lo segundo.
HEB 10:10 Por la cual voluntad somos santificados, por la ofrenda del cuerpo de Cristo Jesús [hecha] una [sola] vez.
HEB 10:11 Y ciertamente todo sacerdote está en pie cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
HEB 10:12 Pero éste, habiendo ofrecido por los pecados un [solo] sacrificio una vez por siempre, se sentó a la diestra de Dios:
HEB 10:13 De ahora en adelante aguardando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.
HEB 10:14 Porque por una sola ofrenda ha hecho perfectos por siempre a los que son santificados.
HEB 10:15 Y también el Espíritu Santo nos [lo] testifica: porque después de lo que había dicho antes:
HEB 10:16 Éste [es] el pacto que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribiré;
HEB 10:17 Y nunca más ya me acordaré de sus pecados e iniquidades.
HEB 10:18 Pues en donde [hay] remisión de éstos, no [hay ya] más ofrenda por pecado.
HEB 10:19 Así que, hermanos, teniendo confianza para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesús,
HEB 10:20 Por un nuevo camino, y vivo, que él consagró para nosotros, por el velo, es a saber, por su carne;
HEB 10:21 Y [teniendo] un gran sacerdote sobre la casa de Dios;
HEB 10:22 Acerquémonos con corazón verdadero, en plena certidumbre de fe, habiendo sido rociados nuestros corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
HEB 10:23 Retengamos firme la profesión de [nuestra] fe, sin fluctuar; (que fiel es el que prometió;)
HEB 10:24 Y considerémonos los unos a los otros para provocarnos a amor, y a buenas obras:
HEB 10:25 No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
HEB 10:26 Porque si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados,
HEB 10:27 Sino cierta horrenda expectación de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a sus adversarios.
HEB 10:28 El que menospreciare la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere sin ninguna misericordia:
HEB 10:29 ¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto con la cual fue santificado, y ultrajare al Espíritu de gracia?
HEB 10:30 Porque conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo recompensaré, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.
HEB 10:31 Horrenda cosa [es] caer en las manos del Dios vivo.
HEB 10:32 Pero traed a la memoria los días primeros, en los cuales después de haber sido iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones:
HEB 10:33 De una parte, ciertamente, mientras fuisteis hechos el hazmerreír tanto por oprobios como por tribulaciones; y de otra parte fuisteis hechos compañeros de los que de aquel modo eran tratados.
HEB 10:34 Porque os compadecisteis también de mis cadenas, y aceptasteis con gozo la rapiña de vuestros bienes, sabiendo en vosotros mismos que tenéis una mejor sustancia en el cielo, y que permanece.
HEB 10:35 No arrojéis pues vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón:
HEB 10:36 Porque vosotros tenéis necesidad de paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, recibáis la promesa.
HEB 10:37 Porque aún un poquito de tiempo, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
HEB 10:38 Mas el justo vivirá por fe; pero si se retirare, no se complacerá mi alma en él.
HEB 10:39 Mas nosotros no somos de aquellos que se retiran para perdición, sino de los que creen para salvación del alma.
HEB 11:1 ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven.
HEB 11:2 Porque por ésta obtuvieron buen testimonio los antiguos.
HEB 11:3 Por fe entendemos que los mundos fueron formados por la palabra de Dios, de modo que las cosas que se ven no fueron hechas de cosas que aparecen.
HEB 11:4 Por fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual obtuvo testimonio de que era justo, dando Dios testimonio a sus dones; y por ella: él estando muerto aún habla.
HEB 11:5 Por fe Enoc fue trasladado para que no viese muerte; y no fue hallado, porque le había trasladado Dios; porque antes de su traslación tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
HEB 11:6 Pero sin fe [es] imposible agradar [a Dios]; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay; y que es galardonador de los que le buscan diligentemente.
HEB 11:7 Por fe Noé, siendo avisado por Dios de cosas que todavía no se veían, movido de temor, aparejó un arca para la salvación de su casa; por la cual condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe.
HEB 11:8 Por fe Abraham, cuando fue llamado para salir a un lugar que había de recibir después por herencia, obedeció, y salió sin saber a donde iba.
HEB 11:9 Por fe habitó en la tierra de la promesa, como [en] tierra ajena, morando en tabernáculos con Isaac, y Jacob, los coherederos de la misma promesa:
HEB 11:10 Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo artífice y hacedor es Dios.
HEB 11:11 Por fe también la misma Sara recibió fuerza para concebir simiente; y parió un hijo cuando era fuera de edad, porque estimaba ser fiel el que había prometido.
HEB 11:12 Por lo cual también de uno, y ése ya muerto [como] muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud los descendientes, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
HEB 11:13 En fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino habiéndolas visto de lejos, y siendo persuadidos de [ellas], y habiéndo[las] abrazado, y habiendo confesado que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.
HEB 11:14 Porque los que tales cosas dicen, claramente declaran que buscan una patria.
HEB 11:15 Que a la verdad, si se acordaran de aquella de donde salieron, oportunidad hubieran tenido para volverse.
HEB 11:16 Pero ahora anhelan la mejor, es a saber, la celestial: por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les había aparejado ciudad.
HEB 11:17 Por fe ofreció Abraham a Isaac cuando fue probado; y él que había recibido las promesas ofreció a su hijo unigénito,
HEB 11:18 De quien fue dicho: Que en Isaac te será llamada simiente:
HEB 11:19 Habiendo considerado que aun de entre los muertos [era] Dios poderoso para resucitar[lo]; de donde también le volvió a recibir por figura.
HEB 11:20 Por fe, bendijo Isaac a Jacob y a Esaú acerca de las cosas que habían de venir.
HEB 11:21 Por fe, Jacob muriéndose bendijo a cada uno de los hijos de José; y adoró, [estribando] sobre la punta de su bordón.
HEB 11:22 Por fe, José cuando murió hizo mención de la partida de los hijos de Israel; y dio mandamiento acerca de sus huesos.
HEB 11:23 Por fe, Moisés cuando nació, fue escondido de sus padres por tres meses, porque vieron que [era] un niño hermoso; y no temieron el mandamiento del rey.
HEB 11:24 Por fe, Moisés hecho ya grande, rehusó de ser llamado hijo de la hija de Faraón;
HEB 11:25 Escogiendo antes sufrir aflicción con el pueblo de Dios, que gozar los placeres del pecado por poco tiempo;
HEB 11:26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros en Egipto: tenía respeto a la recompensa del galardón.
HEB 11:27 Por fe abandonó a Egipto no temiendo la ira del rey; porque perseveró, como viendo al que es invisible.
HEB 11:28 Por fe hizo la pascua, y el derramamiento de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase.
HEB 11:29 Por fe pasaron por el mar Rojo como por la [tierra] seca, lo cual probando [a hacer] los egipcios fueron ahogados.
HEB 11:30 Por fe cayeron los muros de Jericó después que fueron rodeados siete días.
HEB 11:31 Por fe Rahab la ramera no pereció con los incrédulos, habiendo recibido los espías con paz.
HEB 11:32 ¿Y qué más diré? porque el tiempo me faltaría, contando de Gedeón, y [de] Barac, y [de] Samsón, y [de] Jefté; [de] David también, y [de] Samuel, y [de] los profetas:
HEB 11:33 Los cuales por fe sojuzgaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones,
HEB 11:34 Apagaron el ímpetu del fuego, escaparon el filo de la espada, de debilidad fueron hechos fuertes, se hicieron valientes en guerra, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.
HEB 11:35 Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección: y otros fueron torturados, no aceptando el rescate, para obtener una mejor resurrección:
HEB 11:36 Y otros recibieron pruebas de vituperios y azotes, y aun de esto, de cadenas y prisión:
HEB 11:37 Fueron apedreados, fueron aserrados en piezas, fueron tentados, fueron muertos a muerte de espada, anduvieron de acá para allá, en pieles de ovejas y pieles de cabras, desamparados, afligidos, atormentados;
HEB 11:38 De los cuales el mundo no era digno: andando descaminados por los desiertos, y montañas, y cuevas, y cavernas de la tierra.
HEB 11:39 Y todos éstos, habiendo obtenido [un buen] testimonio por la fe, no recibieron la promesa:
HEB 11:40 Habiendo Dios provisto alguna cosa mejor para nosotros, que no fuesen perfeccionados sin nosotros.
HEB 12:1 POR tanto nosotros también que estamos rodeados de una tan grande nube de testigos, desechando todo peso, y el pecado que tan cómodamente nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es puesta,
HEB 12:2 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; el cual por el gozo que fue puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y está sentado a la diestra del trono de Dios.
HEB 12:3 Pues, considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que no os fatiguéis desmayando en vuestras mentes.
HEB 12:4 Vosotros no habéis aún resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado.
HEB 12:5 Y habéis ya olvidado la exhortación que os habla como a hijos: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido:
HEB 12:6 Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo.
HEB 12:7 Si sufrís el castigo Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no castiga?
HEB 12:8 Mas si estáis sin castigo, del cual todos son hechos partícipes luego sois bastardos, y no hijos.
HEB 12:9 Además hemos tenido padres de nuestra carne, que nos corrigieron, y nosotros les reverenciábamos: ¿no nos someteremos pues mucho más al Padre de los espíritus y viviremos?
HEB 12:10 Porque aquéllos a la verdad por pocos días [nos] castigaban como a ellos les parecía; mas éste para lo que [nos] es provechoso, a fin de que participemos de su santidad.
HEB 12:11 Es verdad que ningún castigo al presente parece ser [causa] de gozo, sino de tristeza; sin embargo después fruto apacible de justicia da a los que por él son ejercitados.
HEB 12:12 Por lo cual levantad las manos caídas, y las rodillas débiles;
HEB 12:13 Y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo que es cojo no salga fuera de camino; sino antes bien sea sanado.
HEB 12:14 Seguid la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor;
HEB 12:15 Mirando bien que ninguno falte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando [os] perturbe, y por ella sean muchos contaminados;
HEB 12:16 Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por un bocado de vianda vendió su primogenitura.
HEB 12:17 Porque ya sabéis que aun después deseando heredar la bendición, fue reprobado, que no halló lugar de arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.
HEB 12:18 Porque no os habéis llegado al monte que se podía tocar [que] ardía con fuego, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad,
HEB 12:19 Y al sonido de la trompeta, y a la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más;
HEB 12:20 (Porque no podían sufrir lo que se mandaba: [Que] si aun una bestia tocare al monte será apedreada, o traspasada con dardo:
HEB 12:21 Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy asombrado, y temblando:)
HEB 12:22 Mas sois venidos al monte de Sión, y a la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y a la compañía innumerable de ángeles,
HEB 12:23 A la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están escritos en el cielo, y a Dios el juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos;
HEB 12:24 Y a Jesús el mediador del nuevo pacto; y a la sangre de la rociadura que habla cosas mejores que [la de] Abel.
HEB 12:25 Mirad que no recuséis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que recusaron al que hablaba en la tierra, mucho menos [escaparemos] nosotros, si desechamos al que [nos] habla desde el cielo:
HEB 12:26 La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo.
HEB 12:27 Y esta [palabra], aún una vez, significa la remoción de las cosas conmovidas, como de cosas que son hechas, para que las cosas que no pueden ser conmovidas permanezcan.
HEB 12:28 Por lo cual, recibiendo un reino que no puede ser conmovido, retengamos la gracia, por la cual sirvamos a Dios, agradándole con reverencia y temor:
HEB 12:29 Porque nuestro Dios [es] fuego consumidor.
HEB 13:1 PERMANEZCA el amor hermanable.
HEB 13:2 No os olvidéis de hospedar a los extranjeros; porque por esto algunos hospedaron ángeles sin saberlo.
HEB 13:3 Acordaos de los que están en cadenas, como [si estuvieseis] con ellos encadenados; y de los que sufren en la adversidad, como siendo también vosotros mismos en el cuerpo.
HEB 13:4 Honroso [es] en todo el matrimonio, y la cama sin mancha; mas a los fornicarios, y a los adúlteros juzgará Dios.
HEB 13:5 [Sean] las conversaciones [vuestras] sin avaricia, [estando] contentos con las cosas que tenéis; porque él mismo ha dicho: Yo nunca te dejaré, ni tampoco te desampararé.
HEB 13:6 De tal manera que digamos con denuedo: El Señor [es] mi ayudador: y no temeré lo que me pueda hacer el hombre.
HEB 13:7 Acordaos de los que os presiden, que os han hablado la palabra de Dios: la fe de los cuales seguid, considerando el fin de su conducta.
HEB 13:8 Cristo Jesús el mismo ayer, y hoy, y por siempre.
HEB 13:9 No seáis llevados de acá para allá con doctrinas diversas y extrañas. Porque es buena cosa que el corazón sea establecido con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado en ellas.
HEB 13:10 Tenemos un altar del cual no tienen facultad de comer los que sirven al tabernáculo.
HEB 13:11 Porque de los animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el sumo sacerdote, los cuerpos son quemados fuera del real.
HEB 13:12 Por lo cual Jesús también, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
HEB 13:13 Salgamos pues a él fuera del real, llevando su vituperio.
HEB 13:14 Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir.
HEB 13:15 Así que, ofrezcamos por él a Dios siempre sacrificio de alabanza, es a saber, fruto de labios que confiesan a su nombre.
HEB 13:16 Pero del bien hacer, y de la comunicación no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
HEB 13:17 Obedeced a los que os presiden, y sujetaos; porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta; para que lo hagan con gozo, y no gimiendo; porque esto no os [es] provechoso.
HEB 13:18 Orad por nosotros; porque confiamos que tenemos buena conciencia, deseando conversar honestamente en todo.
HEB 13:19 Y tanto más os ruego que hagáis esto; para que yo os sea más presto restituido.
HEB 13:20 Y el Dios de paz, que trajo de vuelta de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,
HEB 13:21 Os haga perfectos para toda buena obra para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Cristo Jesús: al cual [es] gloria por siempre jamás. Amén.
HEB 13:22 Y os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, porque os he escrito en breves palabras.
HEB 13:23 Sabed que [nuestro] hermano Timoteo está puesto en libertad, con el cual, si viniere más presto, he de veros.
HEB 13:24 Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan.
HEB 13:25 La gracia [sea] con todos vosotros. Amén. [Escrita de Italia a los hebreos, y enviada con Timoteo. ]
JAM 1:1 JACOBO, siervo de Dios y del Señor Jesús Cristo, a las doce tribus que están esparcidas, saludos.
JAM 1:2 Hermanos míos, tened por todo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones:
JAM 1:3 Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.
JAM 1:4 Mas tenga la paciencia [su] obra perfecta, para que seáis perfectos y enteros, sin faltar en alguna cosa.
JAM 1:5 Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no reprende, y le será dada.
JAM 1:6 Pero pida en fe, no dudando nada; porque el que duda, es semejante a la onda del mar, que es movida del viento, y es echada de una parte a otra.
JAM 1:7 No piense pues el tal hombre que recibirá cosa alguna del Señor.
JAM 1:8 El hombre de doble pensar [es] inconstante en todos sus caminos.
JAM 1:9 El hermano que es de baja suerte, gloríese en su ensalzamiento;
JAM 1:10 Mas el que es rico, en su bajeza; porque él se pasará como la flor de la hierba:
JAM 1:11 Porque así como luego sale el sol con calor abrasador, y la hierba se seca, y su flor se cae, y perece la hermosura de su apariencia: así también se marchitará el rico en todos sus caminos.
JAM 1:12 Bendito el varón que soporta la tentación; porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que el Señor ha prometido a los que le aman.
JAM 1:13 Cuando alguno es tentado, no diga, yo soy tentado de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie:
JAM 1:14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y seducido.
JAM 1:15 Y la concupiscencia después que ha concebido, pare al pecado; y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.
JAM 1:16 Hermanos míos [muy] amados, no erréis.
JAM 1:17 Toda buena dádiva, y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
JAM 1:18 Él, de su propia voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos como primicias de sus criaturas.
JAM 1:19 Así que, amados hermanos míos, todo hombre sea pronto para oír, tardío para hablar, tardío para la ira;
JAM 1:20 Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
JAM 1:21 Por lo cual dejando toda inmundicia, y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada en vosotros, la cual puede salvar vuestras almas.
JAM 1:22 Mas sed hacedores de la palabra, y no [tan] solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
JAM 1:23 Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este [tal] es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural:
JAM 1:24 Porque él se consideró a sí mismo, y se fue; e inmediatamente se olvidó qué tal era.
JAM 1:25 Mas el que hubiere mirado atentamente en la ley perfecta que [es la] de la libertad, y hubiere perseverado [en ella], no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.
JAM 1:26 Si alguno [de] entre vosotros piensa ser religioso, y no refrena su lengua, sino que engaña su propio corazón, la religión del tal [es] vana.
JAM 1:27 La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es ésta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.
JAM 2:1 HERMANOS míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesús Cristo de gloria en acepción de personas.
JAM 2:2 Porque si en vuestra congregación entra [algún] varón, que trae anillo de oro, vestido de preciosa ropa, y también entra un pobre vestido de vestidura vil,
JAM 2:3 Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Tú siéntate aquí en buen lugar; y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; o, siéntate aquí debajo del estrado de mis pies:
JAM 2:4 ¿No os mostráis parciales, dentro de vosotros mismos, y sois hechos jueces de pensamientos malos?
JAM 2:5 Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha escogido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?
JAM 2:6 Mas vosotros habéis despreciado al pobre. ¿Los ricos no os oprimen, y ellos mismos os arrastran a los juzgados?
JAM 2:7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre por el cual sois llamados?
JAM 2:8 Si ciertamente vosotros cumplís la ley real conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo; bien hacéis;
JAM 2:9 Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois redargüidos por la ley como transgresores.
JAM 2:10 Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y sin embargo ofendiere en un [punto], es hecho culpado de todos.
JAM 2:11 Porque el que dijo: No cometas adulterio, también dijo: No matarás. Ahora bien, si no hubieres cometido adulterio, pero hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley.
JAM 2:12 Así hablad, y así obrad como los que habéis de ser juzgados por la ley de libertad.
JAM 2:13 Porque juicio sin misericordia [será hecho] a aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia se gloría contra el juicio.
JAM 2:14 Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá tal fe salvarle?
JAM 2:15 Si el hermano, o la hermana están desnudos, o necesitados del mantenimiento de cada día,
JAM 2:16 Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos, y hartaos, no obstante no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿qué [les] aprovechará?
JAM 2:17 Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta por sí misma.
JAM 2:18 Mas alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras; y yo te mostraré mi fe por mis obras.
JAM 2:19 Tú crees que hay un Dios: haces bien: también los demonios creen, y tiemblan.
JAM 2:20 ¿Mas, oh hombre vano, quieres saber, que la fe sin las obras es muerta?
JAM 2:21 Abraham, nuestro padre, ¿no fue justificado por las obras, cuando hubo ofrecido a su hijo Isaac sobre el altar?
JAM 2:22 ¿[No] ves que la fe obró con sus obras, y [que] por las obras la fe fue hecha perfecta?
JAM 2:23 Y la Escritura fue cumplida, que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado a justicia, y fue llamado el Amigo de Dios.
JAM 2:24 Vosotros veis, pues, como que por las obras es justificado el hombre, y no solamente por la fe.
JAM 2:25 Semejantemente también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió los mensajeros, y [los] echó fuera por otro camino?
JAM 2:26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta.
JAM 3:1 HERMANOS míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
JAM 3:2 Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste [es] varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo.
JAM 3:3 He aquí, nosotros ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo.
JAM 3:4 He aquí también las naves, siendo tan grandes, y siendo llevadas de impetuosos vientos, son sin embargo gobernadas con un muy pequeño gobernalle por donde quiera que quisiere la gana del que gobierna.
JAM 3:5 Semejantemente también la lengua es un pequeñito miembro, mas se gloría de grandes cosas. He aquí, un pequeño fuego, ¡cuán grande bosque enciende!
JAM 3:6 Y la lengua [es] un fuego, un mundo de maldad. Así la lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, e inflama el curso de la naturaleza; y es inflamada del infierno.
JAM 3:7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de los del mar, se doma, y es domada por la naturaleza humana;
JAM 3:8 Pero ningún hombre puede domar la lengua: [es] un mal desfrenado, llena de veneno mortal.
JAM 3:9 Con ella bendecimos a Dios, y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, los cuales son hechos a la semejanza de Dios.
JAM 3:10 De una misma boca procede bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas.
JAM 3:11 ¿Echa alguna fuente por un mismo manantial [agua] dulce y amarga?
JAM 3:12 Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas; o la vid, higos? Así ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
JAM 3:13 ¿Quién [es] sabio, y entendido entre vosotros? muestre por buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría.
JAM 3:14 Pero si tenéis envidia amarga, y contención en vuestros corazones, no os gloriéis, ni seáis mentirosos contra la verdad;
JAM 3:15 Esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino [que es] terrena, sensual, y diabólica.
JAM 3:16 Porque donde [hay] envidia y contención, allí [hay] confusión, y toda obra perversa.
JAM 3:17 Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin parcialidad y sin hipocresía.
JAM 3:18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.
JAM 4:1 ¿DE dónde [vienen] las guerras, y los pleitos entre vosotros? ¿[no vienen] de esto, a [saber], de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?
JAM 4:2 Codiciáis, y no tenéis: matáis y deseáis tener, y no podéis obtener: combatís y guerreáis, pero no tenéis, porque no pedís.
JAM 4:3 Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastar[lo] en vuestras concupiscencias.
JAM 4:4 Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
JAM 4:5 ¿Pensáis que la Escritura dice en vano: El espíritu que mora en nosotros, codicia para envidia?
JAM 4:6 Mas él da mayor gracia. Por esto él dice: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.
JAM 4:7 Sed pues sujetos a Dios: resistid al diablo, y huirá de vosotros.
JAM 4:8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad [vuestras] manos; y [vosotros] de doble pensar, purificad [vuestros] corazones.
JAM 4:9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa conviértase en lloro, y [vuestro] gozo en tristeza.
JAM 4:10 Humillaos delante de la presencia del Señor, y él os ensalzará.
JAM 4:11 Hermanos, no digáis mal los unos de los otros: el que dice mal de [su] hermano, y juzga a su hermano, este tal dice mal de la ley, y juzga a la ley; mas si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.
JAM 4:12 Uno es el dador de la ley, que puede salvar, y destruir: ¿Quién eres tú que juzgas a otro?
JAM 4:13 Ea ahora, vosotros los que decís: Hoy o mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos y venderemos, y ganaremos:
JAM 4:14 Por cuanto vosotros no sabéis lo que [será] mañana. Porque, ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y después se desvanece.
JAM 4:15 En lugar de lo cual [deberíais] decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto o aquello.
JAM 4:16 Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es maligna.
JAM 4:17 Así que, el que sabe hacer lo bueno, y no [lo] hace, le es pecado.
JAM 5:1 EA ya ahora, [vosotros] ricos, llorad aullando por vuestras miserias que vendrán sobre vosotros.
JAM 5:2 Vuestras riquezas están podridas; y vuestras ropas están comidas de la polilla.
JAM 5:3 Vuestro oro y plata están gangrenados de orín, y el orín de ellos será testimonio contra vosotros, y comerá del todo vuestras carnes como fuego: Os habéis allegado tesoro para en los postreros días.
JAM 5:4 He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por fraude no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de Sabaot.
JAM 5:5 Habéis vivido en concupiscencias sobre la tierra, y sido disolutos, y habéis cebado vuestros corazones como en un día de matanza.
JAM 5:6 Habéis condenado [y] muerto al justo, [y] él no os resiste.
JAM 5:7 Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. He aquí, el labrador espera el precioso fruto de la tierra, esperando pacientemente, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía,
JAM 5:8 Sed pues también vosotros pacientes, y confirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.
JAM 5:9 Hermanos, no gimáis unos contra otros, porque no seáis condenados: He aquí, el juez está de pie delante de la puerta.
JAM 5:10 Hermanos míos, tomad por ejemplo de sufrir aflicción, y de paciencia a los profetas que han hablado en el nombre del Señor.
JAM 5:11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Vosotros habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso.
JAM 5:12 Pero, hermanos míos, ante todas cosas no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por otro cualquier juramento; mas vuestro sí, sea sí; y [vuestro] no, no; porque no caigáis en condenación.
JAM 5:13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración. ¿Está alguno alegre entre vosotros? cante salmos.
JAM 5:14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame a los ancianos de la iglesia, y oren sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor;
JAM 5:15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.
JAM 5:16 Confesaos [vuestras] faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos. La oración ferviente y eficaz del justo puede mucho.
JAM 5:17 Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros, y rogó fervientemente que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años, y seis meses.
JAM 5:18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
JAM 5:19 Hermanos, si alguno de entre vosotros errare de la verdad, y alguno le convirtiere,
JAM 5:20 Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.
1PE 1:1 PEDRO, apóstol de Cristo Jesús, a los extranjeros que están esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bitinia:
1PE 1:2 Elegidos según la presciencia de Dios Padre, en santificación del Espíritu, para obedecer, y ser rociados con la sangre de Cristo Jesús: Gracia y paz os sea multiplicada.
1PE 1:3 Bendito [sea] el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, el cual según su grande misericordia nos ha reengendrado en esperanza viva, por la resurrección de Cristo Jesús de entre los muertos:
1PE 1:4 Para una herencia incorruptible, no contaminada, y que no se marchita, reservada en el cielo para vosotros,
1PE 1:5 Que sois guardados por el poder de Dios por fe, para la salvación que está aparejada para ser revelada en el postrimero tiempo.
1PE 1:6 En lo cual vosotros os regocijáis grandemente, estando al presente un poco de tiempo, si es necesario, afligidos en diversas tentaciones.
1PE 1:7 Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, aunque sea probado con fuego, sea hallada en alabanza y gloria y honra en la revelación de Cristo Jesús:
1PE 1:8 Al cual no habiendo visto, [le] amáis: en el cual creyendo, aunque al presente no [le] veáis, os alegráis con gozo inefable y lleno de gloria;
1PE 1:9 Recibiendo el fin de vuestra fe, [que es], la salvación de vuestras almas.
1PE 1:10 De la cual salvación los profetas (que profetizaron de la gracia [que había de venir] en vosotros) han inquirido, y diligentemente buscado:
1PE 1:11 Escudriñando cuándo, y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos: el cual antes daba testimonio de las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas:
1PE 1:12 A los cuales fue revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas, que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio, por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales cosas desean mirar los ángeles.
1PE 1:13 Por lo cual ceñid los lomos de vuestra mente, sed sobrios, y esperad perfectamente hasta el fin aquella gracia que os ha de traer en la revelación de Cristo Jesús.
1PE 1:14 Como hijos obedientes, no conformándoos con las concupiscencias que antes teníais estando en vuestra ignorancia;
1PE 1:15 Mas como aquel que os ha llamado es santo, semejantemente también vosotros sed santos en toda manera de vivir;
1PE 1:16 Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
1PE 1:17 Y si invocáis al Padre, que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación:
1PE 1:18 Sabiendo que fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis por tradición de vuestros padres, no con cosas corruptibles, [como] oro o plata;
1PE 1:19 Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha, y sin contaminación:
1PE 1:20 Ya preordinado ciertamente desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros.
1PE 1:21 Que por él creéis en Dios, el cual le resucitó de entre los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios:
1PE 1:22 Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, para un amor hermanable, sin fingimiento amaos unos a otros fervientemente de corazón puro:
1PE 1:23 Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece por siempre.
1PE 1:24 Porque toda carne [es] como hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae;
1PE 1:25 Mas la palabra del Señor permanece por siempre: Y ésta es la palabra que por el evangelio os ha sido predicada.
1PE 2:1 POR lo que desechando toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y toda suerte de maledicencias,
1PE 2:2 Como niños recién nacidos, desead ardientemente la leche no adulterada de la palabra, para que por ella crezcáis:
1PE 2:3 Si es que habéis gustado que el Señor [es] clemente.
1PE 2:4 Al cual allegándoos, [como a la] piedra viva, reprobada cierto de los hombres, pero escogida de Dios, y preciosa,
1PE 2:5 Vosotros también, como piedras vivas, sois edificados una casa espiritual, un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Cristo Jesús.
1PE 2:6 Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, yo pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él no será confundido.
1PE 2:7 Para vosotros pues que creéis [él es] precioso; mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, ésta fue hecha la cabeza del ángulo,
1PE 2:8 Y piedra de tropiezo, y roca de ofensa, [a aquellos] que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo que también fueron ordenados.
1PE 2:9 Mas vosotros [sois] el linaje escogido, el real sacerdocio, nación santa, pueblo peculiar, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa:
1PE 2:10 Vosotros, que en el tiempo pasado no [erais] pueblo, mas ahora [sois] pueblo de Dios, que no habíais alcanzado misericordia, mas ahora habéis ya alcanzado misericordia.
1PE 2:11 Amados, yo [os] ruego, como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las concupiscencias carnales, que batallan contra el alma,
1PE 2:12 Teniendo vuestra manera de vivir honesta entre los gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras.
1PE 2:13 Sed pues sujetos a toda ordenanza humana por causa del Señor: ahora sea a rey, como a superior:
1PE 2:14 O a los gobernadores, como enviados por él, para castigo de los malhechores, y para loor de los que hacen bien.
1PE 2:15 Porque ésta es la voluntad de Dios, que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos:
1PE 2:16 Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios.
1PE 2:17 Honrad a todos. Amad la hermandad. Temed a Dios. Honrad al rey.
1PE 2:18 Siervos, sed sujetos con todo temor a vuestros señores; no solamente a los buenos y humanos, mas aun también a los rigurosos.
1PE 2:19 Porque esto [es] agradable, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias, padeciendo injustamente.
1PE 2:20 Porque ¿qué gloria [es], si pecando vosotros sois abofeteados, y [lo] sufrís? pero si haciendo bien, sois afligidos, y lo sufrís, esto [es cierto] agradable delante de Dios.
1PE 2:21 Porque para esto fuisteis llamados, pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas.
1PE 2:22 El cual no hizo pecado, ni fue hallado engaño en su boca:
1PE 2:23 El cual, cuando le maldecían, no tornaba a maldecir; y cuando padecía, no amenazaba; sino [que] remitía [su causa] al que juzga justamente.
1PE 2:24 El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.
1PE 2:25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor, y Obispo de vuestras almas.
1PE 3:1 ASIMISMO, vosotras esposas, sed sujetas a vuestros propios maridos; para que, si algunos no obedecen la palabra, sean también ganados sin palabra por la conducta de las esposas:
1PE 3:2 Considerando vuestra casta conducta, [que es] en temor.
1PE 3:3 El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas;
1PE 3:4 Sino el hombre encubierto del corazón en el [adorno] incorruptible de un espíritu manso y quieto, lo cual es de grande estima delante de Dios.
1PE 3:5 Porque así también se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus propios maridos:
1PE 3:6 Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor: de la cual vosotras sois hechas hijas, haciendo bien, y no siendo espantadas de ningún pavor.
1PE 3:7 Vosotros maridos semejantemente morad con [ellas] según conocimiento, dando honor a la esposa, como a vaso más débil, y como a herederas juntamente de la gracia de vida; para que vuestras oraciones no sean cortadas.
1PE 3:8 Y finalmente [sed] todos de una misma mente, compasivos, amándoos hermanablemente, misericordiosos, amigables,
1PE 3:9 No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo: sabiendo que para esto vosotros fuisteis llamados, para que poseáis en herencia bendición.
1PE 3:10 Porque el que quiere amar la vida, y ver los días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño. 11Apártese del mal, y haga bien: busque la paz, y sígala.
1PE 3:12 Porque los ojos del Señor [están] sobre los justos, y sus oídos [atentos] a sus oraciones: el rostro del Señor está contra aquellos que hacen mal.
1PE 3:13 ¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien?
1PE 3:14 Mas también si alguna cosa padecéis por la justicia, [sois] bienaventurados, por tanto no temáis por el temor de aquellos, y no seáis turbados;
1PE 3:15 Mas santificad al Señor Dios en vuestros corazones y [estad] siempre aparejados para responder a cada uno que os demanda razón de la esperanza que está en vosotros; con mansedumbre y temor;
1PE 3:16 Teniendo buena conciencia, para que, en lo que dicen mal de vosotros, como de malhechores, sean confundidos los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.
1PE 3:17 Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo mal.
1PE 3:18 Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para que él nos llevase a Dios, siendo ciertamente muerto en la carne, pero vivificado por el Espíritu.
1PE 3:19 En el cual también fue, y predicó a los espíritus en prisión:
1PE 3:20 Los cuales en el tiempo pasado fueron desobedientes, cuando una vez se esperaba la paciencia de Dios, en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca, en la cual pocas, es a saber, ocho almas, fueron salvas por agua.
1PE 3:21 La figura similar de la cual el bautismo también nos salva (no quitando la inmundicia de la carne, sino la respuesta de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Cristo Jesús:
1PE 3:22 El cual, habiendo subido al cielo, está a la diestra de Dios: a quien están sujetos los ángeles, y las autoridades, y poderes.
1PE 4:1 PUES que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también estad armados con la misma mente: que el que ha padecido en la carne, cesó de pecado;
1PE 4:2 Para que ya el tiempo que le queda en carne, viva, no a las concupiscencias de los hombres, sino a la voluntad de Dios.
1PE 4:3 Porque nos debe bastar que el tiempo pasado de [nuestra] vida hayamos hecho la voluntad de los gentiles, cuando andábamos en lascivias, concupiscencias, embriagueces, glotonerías, banquetes, y abominables idolatrías.
1PE 4:4 En lo cual les parece cosa extraña de que vosotros no corráis con [ellos] en el mismo desenfrenamiento de disolución, ultrajándoos:
1PE 4:5 Los cuales darán cuenta al que está aparejado para juzgar los vivos y los muertos.
1PE 4:6 Porque por esto ha sido predicado también el evangelio a los muertos; para que sean juzgados según los hombres en la carne, mas vivan según Dios en el espíritu.
1PE 4:7 Mas el fin de todas las cosas está cerca. Sed pues sobrios, y velad en oración.
1PE 4:8 Y sobre todo tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá la multitud de pecados.
1PE 4:9 Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.
1PE 4:10 Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo a los otros, como buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios.
1PE 4:11 Si alguno habla, [hable] conforme a los oráculos de Dios: si alguno ministra, [ministre] conforme a la virtud que Dios da: para que en todas cosas sea Dios glorificado por Cristo Jesús, al cual es la gloria, y el imperio por siempre jamás. Amén.
1PE 4:12 Carísimos, no os maravilléis cuando sois probados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese;
1PE 4:13 Mas antes, en que sois participantes de las aflicciones de Cristo, regocijaos; para que también en la revelación de su gloria os regocijéis de gran gozo.
1PE 4:14 Si sois vituperados por el nombre de Cristo, [sois] bienaventurados; porque el espíritu de gloria, y de Dios reposa sobre vosotros. Cierto según ellos él es blasfemado, mas según vosotros es glorificado.
1PE 4:15 Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por meterse en negocios ajenos.
1PE 4:16 Pero si [alguno padece] como Cristiano, no se avergüence, antes glorifique a Dios en esta parte.
1PE 4:17 Porque ya [es] tiempo que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero [comienza] por nosotros, ¿qué fin [será] el de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
1PE 4:18 Y si el justo apenas es salvo, ¿a dónde aparecerá el ímpio, y el pecador?
1PE 4:19 Y por eso los que padecen según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como a fiel Creador, haciendo bien.
1PE 5:1 YO exhorto a los ancianos que están entre vosotros, (yo anciano también con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada:)
1PE 5:2 Apacentad el rebaño de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de él, no por fuerza, mas voluntariamente: no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto;
1PE 5:3 Y no como teniendo señorío sobre la herencia [de Dios], sino de tal manera que seáis dechados del rebaño.
1PE 5:4 Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona inmarcesible de gloria.
1PE 5:5 Semejantemente [vosotros] los mancebos, sed sujetos a los ancianos, de tal manera que seáis todos sujetos uno a otro. Vestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
1PE 5:6 Humillaos pues debajo de la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo:
1PE 5:7 Echando toda vuestra congoja en él; porque él tiene cuidado de vosotros.
1PE 5:8 Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo anda como león rugiendo en derredor, buscando a quien devore:
1PE 5:9 Al cual resistid firmes en la fe sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo.
1PE 5:10 Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Cristo Jesús, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, él mismo os perfeccione, confirme, fortalezca, y establezca:
1PE 5:11 A él [sea] la gloria, y el imperio por siempre jamás. Amén.
1PE 5:12 Por Silvano que os es (según yo pienso) hermano fiel, os he escrito brevemente, exhortándoos, y testificándo[os], que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual vosotros estáis firmes.
1PE 5:13 La iglesia que [está] en Babilonia, juntamente elegida con [vosotros], os saluda, y Marcos mi hijo.
1PE 5:14 Saludaos unos a otros con beso de caridad. Paz a vosotros todos, los que [estáis] en Cristo Jesús. Amén.
2PE 1:1 SIMÓN Pedro, siervo y apóstol de Cristo Jesús, a los que habéis alcanzado fe igualmente preciosa con nosotros por la justicia de nuestro Dios y Salvador Cristo Jesús.
2PE 1:2 Gracia y paz os sean multiplicadas por el conocimiento de Dios, y de Jesús nuestro Señor:
2PE 1:3 Como todas las cosas que [pertenecen] a la vida y a la piedad, nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado a gloria y virtud;
2PE 1:4 Por las cuales nos son dadas grandísimas y preciosas promesas; para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que [está] en el mundo por concupiscencia.
2PE 1:5 Vosotros también, poniendo toda diligencia en esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; y a la virtud conocimiento;
2PE 1:6 Y al conocimiento templanza, y a la templanza paciencia; y a la paciencia piedad;
2PE 1:7 Y a la piedad amor hermanable, y al amor hermanable caridad.
2PE 1:8 Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán [estar] estériles, ni infructuosos en el conocimiento de nuestro Señor Jesús Cristo.
2PE 1:9 Pero el que no tiene estas cosas es ciego, y no puede ver de lejos, estando olvidado de la purificación de sus antiguos pecados.
2PE 1:10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.
2PE 1:11 Porque de esta manera os será abundantemente administrada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús.
2PE 1:12 Por lo cual yo no dejaré de recordaros siempre de estas cosas, aunque vosotros [las] sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.
2PE 1:13 Porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernáculo, de incitaros por medio de recordamientos:
2PE 1:14 Sabiendo que en breve tengo que dejar [este] mi tabernáculo, como nuestro Señor Jesús Cristo me ha declarado.
2PE 1:15 También yo procuraré con diligencia, que después de mi fallecimiento vosotros podáis tener siempre memoria de estas cosas.
2PE 1:16 Porque nosotros no os habemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesús Cristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.
2PE 1:17 Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fue a él enviada de la magnífica gloria: Éste es el amado Hijo mío, en el cual yo me he agradado.
2PE 1:18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.
2PE 1:19 Tenemos también la palabra profética más segura: a la cual hacéis bien de atender, como a una luz que alumbra en un lugar oscuro, hasta que el día esclarezca, y la estrella de la mañana salga en vuestros corazones:
2PE 1:20 Sabiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de privada interpretación.
2PE 1:21 Porque la profecía no vino en los tiempos pasados por voluntad de hombre: mas los santos hombres de Dios hablaron, siendo movidos por el Espíritu Santo.
2PE 2:1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, así como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y aun negando al Señor que los compró, trayendo sobre sí mismos acelerada perdición.
2PE 2:2 Y muchos seguirán sus perdiciones: por los cuales el camino de la verdad será blasfemado;
2PE 2:3 Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas: sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme.
2PE 2:4 Porque si no perdonó Dios a los ángeles que pecaron, mas antes habiéndo[los] despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, [los] entregó para ser reservados al juicio;
2PE 2:5 Y no perdonó al mundo viejo, mas antes preservó a Noé, la octava [persona], predicador de justicia, y trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados;
2PE 2:6 Y [si] condenó por destrucción las ciudades de Sodoma, y de Gomorra, tornándolas en ceniza, y poniéndo[las] por ejemplo a los que habían de vivir impíamente;
2PE 2:7 Y libró al justo Lot, afligido por la nefanda conducta de aquellos malvados:
2PE 2:8 (Porque aquel hombre justo morando entre ellos, por lo que veía y oía, afligía su alma justa todos los días con los hechos ilícitos de ellos;)
2PE 2:9 Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser atormentados en el día del juicio:
2PE 2:10 Y principalmente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia de inmundicia, y desprecian las autoridades: atrevidos, contumaces, que no temen de decir mal de las dignidades:
2PE 2:11 Como quiera que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.
2PE 2:12 Mas éstos diciendo mal de las cosas que no entienden, como bestias brutas, que naturalmente son hechas para presa y destrucción, perecerán enteramente en su propia corrupción,
2PE 2:13 Y recibirán el galardón de [su] injusticia, [como] los que reputan por placer los deleites del día: [Éstos son] suciedades y manchas, los cuales comiendo con vosotros, juntamente se recrean en sus propios errores:
2PE 2:14 Teniendo los ojos llenos de adulterio, y no saben cesar de pecar: cebando las almas inconstantes, teniendo el corazón ejercitado en codicias, [siendo] hijos de maldición:
2PE 2:15 Que dejando el camino derecho han errado, habiendo seguido el camino de Balaam, [el hijo] de Bosor, el cual amó el premio de la maldad;
2PE 2:16 Mas fue reprendido por su misma transgresión: la muda asna, hablando en voz de hombre, refrenó la locura del profeta.
2PE 2:17 Éstos son fuentes sin agua, nubes traídas de torbellino de viento; para los cuales está guardada eternamente la oscuridad de las tinieblas.
2PE 2:18 Porque hablando arrogantes [palabras] de vanidad, ceban con las concupiscencias de la carne en disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error:
2PE 2:19 Prometiéndoles libertad, siendo ellos mismos siervos de corrupción. Porque el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que le venció.
2PE 2:20 Porque si habiéndose ellos apartado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Cristo Jesús, y otra vez envolviéndose en ellas, son vencidos, sus postrimerías les son hechas peores que los principios.
2PE 2:21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que, después de haber[lo] conocido, tornarse atrás del santo mandamiento que les fue dado.
2PE 2:22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro se volvió a su propio vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.
2PE 3:1 CARÍSIMOS, yo os escribo ahora esta segunda carta, en las cuales por recordaros, despierto vuestras mentes puras:
2PE 3:2 Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento de nosotros los apóstoles del Señor y Salvador:
2PE 3:3 Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
2PE 3:4 Y diciendo: ¿Dónde está la promesa del advenimiento de él? Porque desde [el] día [en] que los padres se durmieron, todas las cosas perseveran [así] como desde el principio de la creación.
2PE 3:5 Porque ellos voluntariamente son ignorantes de esto, que por la palabra de Dios, los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que subsiste afuera del agua y en el agua:
2PE 3:6 Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado por agua.
2PE 3:7 Pero los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos.
2PE 3:8 Mas, amados, no ignoréis esta una cosa, que un día delante del Señor [es] como mil años, y mil años como un día.
2PE 3:9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; pero es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.
2PE 3:10 Mas el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que hay en ella serán enteramente quemadas.
2PE 3:11 Pues, como todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué tales conviene que vosotros seáis en santa y piadosa manera de vivir,
2PE 3:12 Esperando, y apresurándoos para el advenimiento del día de Dios, en el cual los cielos siendo encendidos, serán deshechos, y los elementos siendo abrasados, se fundirán?
2PE 3:13 Pero esperamos cielos nuevos, y tierra nueva, según su promesa, en los cuales mora la justicia.
2PE 3:14 Por lo cual, amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis de él hallados sin mácula, y sin reprensión, en paz.
2PE 3:15 Y tened por salvación la larga paciencia de nuestro Señor, [así] como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito;
2PE 3:16 Como también en todas [sus] epístolas hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos.
2PE 3:17 Así que vosotros, amados, sabiendo de antemano [estas cosas], guardaos que por el error de los abominables no seáis juntamente extraviados, y caigáis de vuestra propia firmeza.
2PE 3:18 Mas creced en la gracia, y [en] el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús. A él [sea] gloria ahora, y por siempre. Amén.
1JO 1:1 LO que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y nuestras manos han tocado, de la Palabra de vida:
1JO 1:2 (Porque la vida fue manifestada; y [la] hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual era con el Padre, y se nos ha manifestado:)
1JO 1:3 Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente [es] con el Padre, y con su Hijo Cristo Jesús.
1JO 1:4 Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
1JO 1:5 Pues este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos a vosotros: Que Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
1JO 1:6 Si nosotros dijéremos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad.
1JO 1:7 Mas si andamos en la luz, como él está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Cristo Jesús su Hijo nos purifica de todo pecado.
1JO 1:8 Si dijéremos que no tenemos pecado, engañámonos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.
1JO 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone [nuestros] pecados, y nos limpie de toda maldad.
1JO 1:10 Si dijéremos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
1JO 2:1 HIJITOS míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, un abogado tenemos para con el Padre, [a] Cristo Jesús el justo:
1JO 2:2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, mas también por [los de] todo el mundo.
1JO 2:3 Y por esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
1JO 2:4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, [el tal] es mentiroso, y no hay verdad en él.
1JO 2:5 Mas el que guarda su palabra, el amor de Dios es verdaderamente perfecto en él: por esto sabemos que estamos en él.
1JO 2:6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
1JO 2:7 Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.
1JO 2:8 Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es la verdad en él y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.
1JO 2:9 El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, aun está en tinieblas todavía.
1JO 2:10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay ocasión de tropiezo en él.
1JO 2:11 Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a donde se va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.
1JO 2:12 Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os son perdonados por su nombre.
1JO 2:13 Os escribo a vosotros, padres, porque habéis conocido a aquel que es desde el principio. Os escribo a vosotros, mancebos, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros hijitos, porque habéis conocido al Padre.
1JO 2:14 Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, mancebos, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.
1JO 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
1JO 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.
1JO 2:17 Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece por siempre.
1JO 2:18 Hijitos, ya es la postrera hora; y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a ser muchos anticristos, por lo cual sabemos que ya es la postrimera hora.
1JO 2:19 Ellos salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran [cierto] permanecido con nosotros; pero [salieron] para que se manifestase que todos no son de nosotros.
1JO 2:20 Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.
1JO 2:21 No os he escrito, como si ignoraseis la verdad, mas como a los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad.
1JO 2:22 ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Éste es anticristo, que niega al Padre, y al Hijo.
1JO 2:23 Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Así cualquiera que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.
1JO 2:24 Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros; Si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo, y en el Padre.
1JO 2:25 Y ésta es la promesa, la cual él nos prometió, vida eterna.
1JO 2:26 Estas cosas os he escrito tocante a los que os engañan.
1JO 2:27 Pero la unción que vosotros habéis recibido de él permanece en vosotros; y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe: mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdad, y no es mentira, así como él os ha enseñado, permaneceréis vosotros en él.
1JO 2:28 Y ahora, hijitos, permaneced en él; para que cuando él apareciere, tengamos confianza, y no seamos avergonzados ante él en su venida.
1JO 2:29 Si sabéis que él es justo, sabed también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.
1JO 3:1 MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
1JO 3:2 Muy amados, ahora nosotros somos hijos de Dios, y aún no es manifestado lo que hemos de ser: pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él porque le veremos como él es.
1JO 3:3 Y cualquiera que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.
1JO 3:4 Cualquiera que hace pecado, transgrede también la ley; porque el pecado es la transgresión de la ley.
1JO 3:5 Y vosotros sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
1JO 3:6 Cualquiera que permanece en él, no peca: cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
1JO 3:7 Hijitos, ninguno os engañe: el que hace justicia es justo, como él también es justo.
1JO 3:8 El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que destruya las obras del diablo.
1JO 3:9 Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente mora en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
1JO 3:10 En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.
1JO 3:11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio, que nos amemos unos a otros:
1JO 3:12 No como Caín, [que] era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas.
1JO 3:13 Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.
1JO 3:14 Nosotros sabemos que somos pasados de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a [su] hermano, permanece en muerte.
1JO 3:15 Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en sí.
1JO 3:16 En esto hemos conocido el amor [de Dios], en que él puso su vida por nosotros; y nosotros debemos poner [nuestras] vidas por los hermanos.
1JO 3:17 Pero el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas [de compasión], ¿cómo mora el amor de Dios en él?
1JO 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de lengua; sino en obra y verdad:
1JO 3:19 Y en esto conocemos que nosotros somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él.
1JO 3:20 Porque si nuestro corazón nos condena, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.
1JO 3:21 Carísimos, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos en Dios;
1JO 3:22 Y cualquiera cosa que pidiéremos, la recibiremos de él; porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.
1JO 3:23 Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Cristo Jesús, y nos amemos unos a otros, como nos lo ha mandado.
1JO 3:24 Y el que guarda sus mandamientos, permanece en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
1JO 4:1 AMADOS, no creáis a todo espíritu; sino probad los espíritus si son de Dios. Porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.
1JO 4:2 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Cristo Jesús es venido en carne, es de Dios;
1JO 4:3 Y todo espíritu que no confiesa que Cristo Jesús es venido en carne, no es de Dios; y este tal [espíritu] es [espíritu] del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.
1JO 4:4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.
1JO 4:5 Ellos son del mundo, por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.
1JO 4:6 Nosotros somos de Dios: el que conoce a Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad, y el espíritu de error.
1JO 4:7 Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Y cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
1JO 4:8 El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor.
1JO 4:9 En esto se mostró el amor de Dios en nosotros, en que Dios envió su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
1JO 4:10 En esto consiste el amor, no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo [para ser] propiciación por nuestros pecados.
1JO 4:11 Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos los unos a los otros.
1JO 4:12 Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios mora en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros.
1JO 4:13 En esto conocemos que moramos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
1JO 4:14 Y nosotros hemos visto, y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo [para ser] Salvador del mundo.
1JO 4:15 Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios mora en él, y él en Dios.
1JO 4:16 Y nosotros hemos conocido, y creído el amor que Dios tiene por nosotros. Dios es amor; y el que mora en amor mora en Dios, y Dios en él.
1JO 4:17 En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, que cual él es, tales somos nosotros en este mundo.
1JO 4:18 En el amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor tiene tormento. De donde el que teme, no está perfecto en el amor.
1JO 4:19 Nosotros le amamos a él, porque él primero nos amó.
1JO 4:20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?
1JO 4:21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama a Dios, ame también a su hermano.
1JO 5:1 TODO aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y cualquiera que ama al que engendró, ama también al que es engendrado de él.
1JO 5:2 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.
1JO 5:3 Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son graves.
1JO 5:4 Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.
1JO 5:5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
1JO 5:6 Éste es el que vino por agua y sangre, [es a saber] Cristo Jesús: No por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.
1JO 5:7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, la Palabra, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.
1JO 5:8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.
1JO 5:9 Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.
1JO 5:10 El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.
1JO 5:11 Y éste es el testimonio, que Dios nos ha dado vida eterna, y [que] esta vida está en su Hijo.
1JO 5:12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
1JO 5:13 Yo he escrito estas cosas a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios; para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
1JO 5:14 Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si pidiéremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
1JO 5:15 Y si sabemos que él nos oye [en] cualquiera cosa que pedimos, [también] sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos pedido.
1JO 5:16 Si alguno viere pecar a su hermano pecado [que] no [es] de muerte, pedirá [a Dios], y él le dará vida; [digo] a los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte: por el cual yo no digo que ruegues.
1JO 5:17 Toda iniquidad es pecado; y hay pecado que no es de muerte.
1JO 5:18 Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda a sí mismo, y el maligno no le toca.
1JO 5:19 Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad.
1JO 5:20 [Y] sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento, para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Cristo Jesús. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna.
1JO 5:21 Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.
2JO 1:1 EL anciano a la señora elegida, y a sus hijos, a los cuales yo amo en verdad; y no sólo yo, pero también todos los que han conocido la verdad;
2JO 1:2 Por causa de la verdad que mora en nosotros, y será por siempre con nosotros.
2JO 1:3 Sea con vosotros gracia, misericordia, paz, de Dios el Padre, y del Señor Jesús Cristo, el Hijo del Padre, en verdad y amor.
2JO 1:4 Héme regocijado grandemente, porque he hallado de tus hijos que andan en la verdad, como nosotros hemos recibido el mandamiento del Padre.
2JO 1:5 Y ahora señora, yo te ruego, (no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio,) que nos amemos los unos a los otros.
2JO 1:6 Y éste es el amor, que andemos según sus mandamientos. Éste es el mandamiento, como vosotros habéis oído desde el principio, que andéis en él.
2JO 1:7 Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Cristo Jesús es venido en carne. Este tal engañador es, y anticristo.
2JO 1:8 Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado, mas recibamos el galardón completo.
2JO 1:9 Cualquiera que transgrede, y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios: el que permanece en la doctrina de Cristo, el tal tiene tanto al Padre como al Hijo.
2JO 1:10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en [vuestra] casa, ni a él digáis: ¡Bienvenido!
2JO 1:11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido!, participa en sus malas obras.
2JO 1:12 Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no [las] he querido [escribir] por papel y tinta; pero yo espero de venir a vosotros, y hablar [con vosotros] cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido.
2JO 1:13 Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amén.
3JO 1:1 EL anciano al amado Gayo, al cual yo amo en verdad.
3JO 1:2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad.
3JO 1:3 Porque yo me regocijé grandemente, cuando vinieron los hermanos, y dieron testimonio de la verdad que hay en ti; como tú andas en verdad.
3JO 1:4 No tengo mayor gozo que estas cosas, el oír que mis hijos andan en verdad.
3JO 1:5 Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros;
3JO 1:6 Los cuales han dado testimonio de tu caridad en presencia de la iglesia: a los cuales si encaminares como conviene según Dios, harás bien.
3JO 1:7 Porque ellos son partidos por su nombre, no tomando nada de los gentiles.
3JO 1:8 Nosotros, pues, debemos recibir a los que son tales, para que seamos coadjutores de la verdad.
3JO 1:9 Yo he escrito a la iglesia; mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe.
3JO 1:10 Por esta causa si yo viniere, haré a la memoria las obras que hace, como parla con palabras maliciosas contra nosotros; y ni aún contento con estas cosas, no sólo no recibe a los hermanos, pero aún prohibe a los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia.
3JO 1:11 Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien, es de Dios; mas el que hace mal no ha visto a Dios.
3JO 1:12 Todos dan testimonio de Demetrio, y [aun] la misma verdad; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero.
3JO 1:13 Yo tenía muchas cosas que escribirte; pero no quiero escribirte con tinta y pluma.
3JO 1:14 Porque espero de verte en breve, y hablaremos cara a cara. Paz a ti. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos por nombre.
JUD 1:1 JUDAS, siervo de Cristo Jesús, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios el Padre, y preservados en Cristo Jesús:
JUD 1:2 Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados.
JUD 1:3 Amados, por la gran solicitud que tenía yo de escribiros tocante a la común salvación, me ha sido necesario escribiros, exhortándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
JUD 1:4 Porque ciertos hombres han encubiertamente entrado: los cuales desde mucho antes habían estado ordenados para esta condenación, hombres impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en lascivia, y negando el único Señor Dios, y a nuestro Señor Jesús Cristo.
JUD 1:5 Os quiero, pues, traer a la memoria que una vez habéis sabido esto, que el Señor habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, después destruyó a los que no creían:
JUD 1:6 Y que a los ángeles que no guardaron su primer estado, mas dejaron su propia habitación, los ha reservado debajo de oscuridad, en cadenas eternas, hasta el juicio del gran día.
JUD 1:7 Así como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas, las cuales de la misma manera que ellos se habían dado a la fornicación e ido en pos de carne extraña, fueron puestas por ejemplo, habiendo recibido la venganza del fuego eterno.
JUD 1:8 De la misma manera también éstos soñadores ensucian su carne, y menosprecian la autoridad, y vituperan las dignidades.
JUD 1:9 Pues cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a usar de juicio de maldición contra él, antes le dijo: El Señor te reprenda.
JUD 1:10 Mas éstos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente conocen, se corrompen en ellas como bestias brutas.
JUD 1:11 ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron codiciosamente en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradicción de Coré.
JUD 1:12 Éstos son manchas en vuestros convites de caridad, que banquetean juntamente, apacentándose a sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos: árboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos, y desarraigados:
JUD 1:13 Fieras ondas del mar, que espuman sus mismas abominaciones: estrellas erráticas, a los cuales es reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.
JUD 1:14 De los cuales también profetizó Enoc, que fue el séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con diez millares de sus santos;
JUD 1:15 A hacer juicio contra todos, y a convencer a todos los impíos de entre ellos de todas sus obras de impiedad, que han cometido impíamente, y de todas las [palabras] duras, que los pecadores impíos han hablado contra él.
JUD 1:16 Éstos son murmuradores querellosos, andando según sus propias concupiscencias, y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiración las personas por causa del provecho.
JUD 1:17 Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que de antes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesús Cristo;
JUD 1:18 Como os decían, que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían según sus propias malvadas concupiscencias.
JUD 1:19 Éstos son los que se separan a sí mismos, sensuales, no teniendo el Espíritu.
JUD 1:20 Mas vosotros, [oh] amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo.
JUD 1:21 Conservaos a vosotros mismos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesús Cristo, para vida eterna.
JUD 1:22 Y de los unos tened compasión, haciendo una diferencia;
JUD 1:23 Y a otros salvad con temor, arrebatándo[los] del fuego; aborreciendo aún la ropa que es contaminada por la carne
JUD 1:24 Ahora a aquél que es poderoso para guardaros de caer, y presentar[os] irreprensibles delante de la presencia de su gloria con grande gozo,
JUD 1:25 A Dios solo sabio Salvador nuestro, [sea] gloria y majestad, imperio y potestad, ahora, y por siempre. Amén.
REV 1:1 LA REVELACIÓN de Cristo Jesús, la cual Dios le dio para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto; y [la] significó, enviándo[la] por su ángel a Juan su siervo;
REV 1:2 El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Cristo Jesús, y de todas las cosas que vio.
REV 1:3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas que en ella están escritas; porque el tiempo [está] cerca.
REV 1:4 Juan, a las siete iglesias que [están] en Asia: Gracia a vosotros, y paz de él, que es, y que era, y que ha de venir; y de los siete Espíritus que están delante de su trono;
REV 1:5 Y de Cristo Jesús, [que es] el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados en su propia sangre,
REV 1:6 Y nos ha hecho reyes, y sacerdotes para Dios y su Padre: a él la gloria y el dominio por siempre jamás. Amén.
REV 1:7 He aquí, él viene con las nubes, y todo ojo le verá, y [también] los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra se lamentarán por causa de él. Así es, Amén.
REV 1:8 Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin, dice el Señor, que es, y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso.
REV 1:9 Yo Juan que también soy vuestro hermano, y participante en la tribulación, y en el reino, y en la paciencia de Cristo Jesús, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios, y por el testimonio de Cristo Jesús.
REV 1:10 Yo fui en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,
REV 1:11 Que decía: Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el postrero: Escribe en un libro lo que ves, y envía[lo] a las siete iglesias que [están] en Asia, a Éfeso, y a Smirna, y a Pérgamo, y a Tiatira, y a Sardis, y a Filadelfia, y a Laodicea.
REV 1:12 Y volvíme para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro;
REV 1:13 Y en medio de los siete candeleros, [uno] semejante al Hijo del hombre vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con un cinto de oro;
REV 1:14 [Y] su cabeza, y [sus] cabellos [eran] blancos como la lana blanca, tan blancos como la nieve; y sus ojos como llama de fuego;
REV 1:15 Y sus pies semejantes al latón finísimo, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas.
REV 1:16 Y tenía en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro [era] resplandeciente como el sol en su fuerza.
REV 1:17 Y cuando yo le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, Yo soy el primero, y el postrero;
REV 1:18 Y el que vivo, y he sido muerto, y he aquí, Yo soy vivo por siempre jamás, Amén; y tengo las llaves del infierno, y de la muerte.
REV 1:19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.
REV 1:20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas, son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que viste, son las siete iglesias.
REV 2:1 ESCRIBE al ángel de la iglesia de Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas:
REV 2:2 Yo sé tus obras, y tu trabajo, y tu paciencia, y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos.
REV 2:3 Y has sufrido, y tienes paciencia, y has trabajado por causa de mi nombre, y no has desfallecido.
REV 2:4 Pero tengo [algo] contra ti, porque has dejado tu primer amor.
REV 2:5 Por lo cual recuerda de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; si no, vendré a ti presto, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepintieres.
REV 2:6 Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, los cuales yo también aborrezco.
REV 2:7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
REV 2:8 Y escribe al ángel de la iglesia en Smirna: El primero y el postrero, que fue muerto, y vive, dice estas cosas:
REV 2:9 Yo sé tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza, (pero tú eres rico,) y [sé] la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino [que son] la sinagoga de Satanás.
REV 2:10 No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo ha de arrojar [algunos] de vosotros a la cárcel, para que seáis probados; y tendréis tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
REV 2:11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: El que venciere, no será dañado jamás de la segunda muerte.
REV 2:12 Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos, dice estas cosas:
REV 2:13 Yo sé tus obras, y donde moras, donde [está] la silla de Satanás; y retienes mi nombre, y no has negado mi fe, aun en aquellos días en que Antipas mi fiel testigo fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.
REV 2:14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti; porque tú tienes ahí los que retienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba a Balac a poner tropiezo delante de los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
REV 2:15 Así también tú tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, lo cual yo aborrezco.
REV 2:16 Arrepiéntete; porque si no, vendré a ti presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
REV 2:17 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce, sino aquel que [lo] recibe.
REV 2:18 Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al latón finísimo, dice estas cosas:
REV 2:19 Yo conozco tus obras, y caridad, y servicio, y fe, y tu paciencia, y tus obras; y las postreras [son] más que las primeras.
REV 2:20 No obstante tengo unas pocas cosas contra ti: porque permites aquella mujer Jezabel, que se dice a sí misma profetisa, enseñar y seducir a mis siervos a fornicar, y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.
REV 2:21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta de su fornicación, y no se ha arrepentido.
REV 2:22 He aquí, yo la arrojaré a un lecho, y a los que adulteran con ella, en muy grande tribulación, si no se arrepintieren de sus obras.
REV 2:23 Y mataré a sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrán, que yo soy el que escudriño los riñones, y los corazones; y daré a cada uno de vosotros según sus obras.
REV 2:24 Pero yo digo a vosotros, y a los demás que [estáis] en Tiatira: Cualesquiera que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás, como ellos dicen, yo no echaré sobre vosotros otra carga.
REV 2:25 Pero la que tenéis, retenedla hasta que yo venga.
REV 2:26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones;
REV 2:27 Y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de alfarero, como también yo he recibido de mi Padre.
REV 2:28 Y le daré la estrella de la mañana.
REV 2:29 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
REV 3:1 Y ESCRIBE al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras: que tienes nombre que vives, y estás muerto.
REV 3:2 Sé vigilante, y confirma el resto de las cosas, que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
REV 3:3 Acuérdate pues de lo que has recibido, y has oído, y guárda[lo], y arrepiéntete. Que si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré a ti.
REV 3:4 Tienes unos pocos nombres aún en Sardis, que no han ensuciado sus vestiduras, y andarán conmigo en [vestiduras] blancas; porque son dignos.
REV 3:5 El que venciere, éste será vestido de vestiduras blancas; y no borraré jamás su nombre del libro de la vida, antes confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
REV 3:6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
REV 3:7 Y escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: El Santo y Verdadero, el que tiene la llave de David; el que abre, y ninguno cierra; el que cierra, y ninguno abre, dice estas cosas:
REV 3:8 Yo conozco tus obras: he aquí, te he dado una puerta abierta delante de ti, y ninguno la puede cerrar; porque tú tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
REV 3:9 He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser judíos, y no lo son, mas mienten: he aquí, yo los constreñiré a que vengan, y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado.
REV 3:10 Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación, que ha de venir sobre todo el mundo, para probar los que moran en la tierra.
REV 3:11 He aquí, yo vengo presto: retén firme lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
REV 3:12 Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, [que es] la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
REV 3:13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
REV 3:14 Y escribe al ángel de la iglesia de los Laodicenses: Estas cosas dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:
REV 3:15 Yo conozco tus obras: que ni eres frío, ni caliente. Yo quisiera que fueses frío, o caliente;
REV 3:16 Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, yo te vomitaré de mi boca.
REV 3:17 Porque tú dices: Yo soy rico, y soy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres cuitado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo.
REV 3:18 Yo te aconsejo que de mí compres oro afinado en el fuego, para que seas hecho rico; y vestiduras blancas, para que seas vestido, y [que] la vergüenza de tu desnudez no se descubra; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
REV 3:19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete.
REV 3:20 He aquí, yo estoy de pie a la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y [me] abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
REV 3:21 Al que venciere, yo le daré que se asiente conmigo en mi trono: así como yo también vencí, y me asenté con mi Padre en su trono.
REV 3:22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
REV 4:1 DESPUÉS de estas cosas miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí [era] como de trompeta que hablaba conmigo; la cual dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que deben suceder después de estas.
REV 4:2 E inmediatamente yo fui en el espíritu; y, he aquí, un trono estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba [uno] asentado.
REV 4:3 Y el que estaba asentado, era al parecer semejante a una piedra de jaspe y de sardonia, y el arco del cielo [estaba] al derredor del trono semejante en el aspecto a la esmeralda.
REV 4:4 Y alrededor del trono [había] veinte y cuatro sillas; y vi sobre las sillas veinte y cuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenían sobre sus cabezas coronas de oro.
REV 4:5 Y del trono salían relámpagos, y truenos, y voces; y [había] siete lámparas de fuego [que estaban] ardiendo delante del trono, las cuales son los siete Espíritus de Dios.
REV 4:6 Y delante del trono [había] un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y al derredor del trono cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
REV 4:7 Y el primer ser viviente [era] semejante a un león, y el segundo ser viviente, semejante a un becerro, y el tercer ser viviente tenía la cara como hombre, y el cuarto ser viviente, semejante al águila volando.
REV 4:8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno por sí seis alas al derredor; y de dentro estaban llenos de ojos; y no tenían reposo día ni noche, diciendo: Santo, Santo, Santo el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir.
REV 4:9 Y cuando aquellos seres vivientes daban gloria, y honra, y acción de gracias al que estaba sentado en el trono, al que vive por siempre jamás,
REV 4:10 Los veinte y cuatro ancianos se postran delante del que estaba sentado en el trono, y adoran al que vive por siempre jamás, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
REV 4:11 Digno eres, oh Señor, de recibir gloria, y honra, y poder; porque tú creaste todas las cosas, y para tu placer ellas son, y fueron creadas.
REV 5:1 Y VI en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito por dentro y por detrás, sellado con siete sellos.
REV 5:2 Y vi un fuerte ángel, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos?
REV 5:3 Y ninguno podía, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo.
REV 5:4 Y yo lloraba mucho, porque no había sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
REV 5:5 Y uno de los ancianos me dice: No llores: he aquí, el León de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos.
REV 5:6 Y miré; y, he aquí, en medio del trono, y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero en pie como uno que hubiera sido inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados en toda la tierra.
REV 5:7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.
REV 5:8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes, y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:
REV 5:9 Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de toda tribu, y lengua, y pueblo, y nación:
REV 5:10 Y nos has hecho para nuestro Dios, reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
REV 5:11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles al derredor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y el número de ellos era millones de millones,
REV 5:12 Que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de recibir poder, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y bendición.
REV 5:13 Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, [sea] bendición, y honra, y gloria, y potencia por siempre jamás.
REV 5:14 Y los cuatro seres vivientes decían: Amén. Y los veinte y cuatro ancianos se postraron, y adoraron al que vive por siempre jamás.
REV 6:1 Y VI cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes diciendo como con una voz de trueno: Ven, y ve.
REV 6:2 Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que estaba sentado encima de él, tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió victorioso, para que también venciese.
REV 6:3 Y cuando él hubo abierto el segundo sello, oí el segundo ser viviente, que decía: Ven, y ve.
REV 6:4 Y salió otro caballo bermejo; y al que estaba sentado sobre él, fue dado [poder de] quitar la paz de la tierra, y que se matasen unos a otros; y le fue dada una grande espada.
REV 6:5 Y cuando él hubo abierto el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven, y ve. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que estaba sentado encima de él tenía una balanza en su mano.
REV 6:6 Y oí una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía, una medida de trigo por un denario, y tres medidas de cebada por un denario; y no hagas daño al vino, ni al aceite.
REV 6:7 Y cuando él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven, y ve.
REV 6:8 Y miré, y he aquí un caballo pálido; y el que estaba sentado sobre él, tenía por nombre Muerte, y el Infierno le seguía; y les fue dada a ellos potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, y con hambre, y con mortandad, y con las bestias de la tierra.
REV 6:9 Y cuando él hubo abierto el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por la palabra de Dios, y por el testimonio que ellos tenían:
REV 6:10 Y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, oh Señor, santo y verdadero, no juzgas, y vengas nuestra sangre de los que moran sobre la tierra?
REV 6:11 Y les fueron dadas a cada uno ropas blancas, y les fue dicho, que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que sus consiervos fuesen cumplidos, y sus hermanos que también habían de ser muertos como ellos.
REV 6:12 Y miré cuando él abrió el sexto sello; y, he aquí, fue hecho un gran terremoto; y el sol fue hecho negro como cilicio de pelo, y la luna fue hecha como sangre;
REV 6:13 Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos inmaduros cuando es sacudida de un gran viento:
REV 6:14 Y el cielo se apartó como un libro que es arrollado; y todo monte e islas fueron movidos de sus lugares;
REV 6:15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, y los ricos, y los capitanes, y los poderosos, y todo siervo, y todo libre se escondieron en las cavernas, y en las peñas de los montes;
REV 6:16 Y decían a los montes, y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:
REV 6:17 Porque el gran día de su ira es venido, ¿y quién podrá estar de pie?
REV 7:1 Y DESPUÉS de estas cosas, vi cuatro ángeles que estaban de pie sobre las cuatro esquinas de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.
REV 7:2 Y vi otro ángel que subía del nacimiento del sol, teniendo el sello del Dios vivo. Y clamó con gran voz a los cuatro ángeles, a los cuales era dado hacer daño a la tierra, y al mar,
REV 7:3 Diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes.
REV 7:4 Y oí el número de los sellados, ciento y cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.
REV 7:5 De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.
REV 7:6 De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.
REV 7:7 De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados.
REV 7:8 De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.
REV 7:9 Después de estas cosas miré, y he aquí una gran multitud, la cual ninguno podía contar, de todas naciones, y tribus, y pueblos, y lenguas, que estaban de pie delante del trono, y delante del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;
REV 7:10 Y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.
REV 7:11 Y todos los ángeles estaban de pie al derredor del trono, y [alrededor] de los ancianos, y de los cuatro seres vivientes; y postráronse sobre sus caras delante del trono, y adoraron a Dios,
REV 7:12 Diciendo: Amén: la bendición, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y la honra, y el poder, y la fortaleza a nuestro Dios por siempre jamás. Amén.
REV 7:13 Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Éstos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son? ¿y de dónde han venido?
REV 7:14 Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Éstos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero:
REV 7:15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono morará entre ellos.
REV 7:16 No tendrán más hambre, ni sed; y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor;
REV 7:17 Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará, y los guiará a las fuentes vivas de las aguas. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.
REV 8:1 Y CUANDO él hubo abierto el séptimo sello, fue hecho silencio en el cielo como por media hora.
REV 8:2 Y vi los siete ángeles que estaban en pie delante de Dios, y fuéronles dadas siete trompetas.
REV 8:3 Y otro ángel vino, y se puso de pie delante del altar, teniendo un incensario de oro; y fuéronle dados muchos inciensos para [que] los ofreciese con las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, el cual [estaba] delante del trono.
REV 8:4 Y el humo de los inciensos, con las oraciones de los santos, subió de la mano del ángel delante de Dios.
REV 8:5 Y el ángel tomó el incensario, e hinchiólo del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra, y fueron hechas voces, y truenos, y relámpagos, y un terremoto.
REV 8:6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se aparejaron para tocar trompeta.
REV 8:7 Y el primer ángel tocó la trompeta, y fue hecho granizo, y fuego, mezclados con sangre, y fueron arrojados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles fue quemada, y toda la hierba verde fue quemada.
REV 8:8 Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiendo con fuego fue lanzado en el mar, y la tercera parte del mar fue vuelta en sangre.
REV 8:9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en el mar, las cuales tenían vida, y la tercera parte de los navíos fue destruida.
REV 8:10 Y el tercer ángel tocó la trompeta, cayó del cielo una grande estrella ardiendo como una lámpara, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.
REV 8:11 Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo; y la tercera parte de las aguas fue vuelta en ajenjo; y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.
REV 8:12 Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas: de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del día, y semejantemente de la noche.
REV 8:13 Y miré, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra! por razón de las otras voces de las trompetas de los tres ángeles que habían de tocar.
REV 9:1 Y EL quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y a aquél fue dada la llave del pozo del abismo.
REV 9:2 Y abrió el pozo del abismo, y subió un humo del pozo como el humo de un gran horno; y el sol y el aire fueron oscurecidos por razón del humo del pozo.
REV 9:3 Y del humo del pozo salieron langostas sobre la tierra; y les fue dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.
REV 9:4 Y fueles mandado que no hiciesen daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen el sello de Dios en sus frentes.
REV 9:5 Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento [era] como tormento de escorpión cuando hiere al hombre.
REV 9:6 Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.
REV 9:7 Y el parecer de las langostas [era] semejante a caballos aparejados para guerra; y sobre sus cabezas [tenían] como coronas semejantes al oro; y sus caras [eran] como caras de hombres.
REV 9:8 Y tenían cabellos como cabellos de mujeres; y sus dientes eran como [dientes] de leones.
REV 9:9 Y tenían corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de los carros, que con muchos caballos corren a la guerra.
REV 9:10 Y tenían colas semejantes de los escorpiones, y tenían en sus colas aguijones; y su potestad [era] de hacer daño a los hombres cinco meses.
REV 9:11 Y tenían sobre sí un rey, [que es] el ángel del abismo, el cual tenía por nombre en hebraica Abadón, y en griego Apolyón.
REV 9:12 El un ay es pasado; y, he aquí, vienen aún dos ayes más después de estas cosas.
REV 9:13 Y el sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro, el cual está delante de Dios,
REV 9:14 Que decía al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran río Eufrates.
REV 9:15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aprestados para la hora, y día, y mes, y año, a fin de matar la tercera parte de los hombres.
REV 9:16 Y el número del ejército de los de a caballo [era] doscientos millones. Y oí el número de ellos.
REV 9:17 Y así vi los caballos en la visión; y los que estaban sentados sobre ellos tenían corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos [eran] como cabezas de leones; y de la boca de ellos salía fuego, y humo, y azufre.
REV 9:18 Y de estas tres fue muerta la tercera parte de los hombres, del fuego, y del humo y del azufre, que salían de la boca de ellos.
REV 9:19 Porque su potestad está en su boca, y en sus colas. Porque sus colas [eran] semejantes a serpientes, y tenían cabezas, y con ellas dañan.
REV 9:20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los demonios, y a las imágenes de oro, y de plata, y de latón, y de piedra, y de madera: las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar.
REV 9:21 Ni tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.
REV 10:1 Y VI otro ángel fuerte descender del cielo, vestido de una nube, y el arco iris [estaba] sobre su cabeza, y su rostro [era] como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
REV 10:2 Y tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
REV 10:3 Y clamó con grande voz, como [cuando] un león ruge: y cuando hubo clamado, los siete truenos hablaron sus voces.
REV 10:4 Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, yo iba a escribir; y oí una voz del cielo, que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han hablado, y no las escribas.
REV 10:5 Y el ángel que yo vi de pie sobre el mar, y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
REV 10:6 Y juró por el que vive por siempre jamás, que ha creado el cielo, y las cosas que en él están, y la tierra, y las cosas que en ella están, y el mar, y las cosas que en ella están, que el tiempo no será más:
REV 10:7 Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare a tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como él lo declaró a sus siervos los profetas.
REV 10:8 Y la voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y me decía: Vé, toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar, y sobre la tierra.
REV 10:9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito; y él me dijo: Tóma[lo], y devóralo, y él te hará amargar tu vientre; pero en tu boca será dulce como la miel.
REV 10:10 Y tomé el librito de la mano del ángel, y lo devoré; y era dulce en mi boca como la miel; y después que lo hube comido, fue amargo mi vientre.
REV 10:11 Y él me dijo: Necesario es que otra vez profetices a muchos pueblos, y naciones, y lenguas, y reyes.
REV 11:1 Y FUÉME dada una caña semejante a una vara, y el ángel se puso de pie, diciendo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.
REV 11:2 Pero echa fuera el patio que está fuera del templo, y no lo midas; porque es dado a los gentiles; y pisarán la santa ciudad cuarenta [y] dos meses.
REV 11:3 Y yo daré [poder] a mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos [y] sesenta días, vestidos de cilicio.
REV 11:4 Éstos son las dos olivas, y los dos candeleros que están de pie delante del Dios de la tierra.
REV 11:5 Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno les quisiere dañar, así es necesario que él sea muerto.
REV 11:6 Éstos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los días de su profecía; y tienen potestad sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, todas las veces que quisieren.
REV 11:7 Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará.
REV 11:8 Y sus cuerpos muertos [serán echados] en la plaza de la grande ciudad, que espiritualmente es llamada Sodoma, y Egipto; donde también nuestro Señor fue crucificado.
REV 11:9 Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán los cuerpos muertos de ellos por tres días y medio, y no permitirán que sus cuerpos muertos sean puestos en sepulcros.
REV 11:10 Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos, y se alegrarán, y se enviarán dones los unos a los otros; porque estos dos profetas han atormentado a los que moran sobre la tierra.
REV 11:11 Y después de tres días y medio, el Espíritu de vida de Dios entró en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y vino grande temor sobre los que los vieron.
REV 11:12 Y oyeron una gran voz del cielo que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron.
REV 11:13 Y en aquella hora fue hecho un gran terremoto; y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el terremoto los nombres de siete mil hombres; y los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo.
REV 11:14 El segundo ay es pasado, y, he aquí el tercer ay vendrá presto.
REV 11:15 Y el séptimo ángel tocó la trompeta; y fueron hechas grandes voces en el cielo que decían: Los reinos de este mundo han venido a ser [los reinos] de nuestro Señor, y de su Cristo, y reinará por siempre jamás.
REV 11:16 Y los veinte y cuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,
REV 11:17 Diciendo: Te damos gracias, ¡Oh Señor Dios Todopoderoso! que eres, y que eras, y que has de venir; porque has tomado tu grande poder, y has reinado.
REV 11:18 Y las naciones se han airado, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños, y a los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra.
REV 11:19 Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto fue vista en su templo, y fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos, y un terremoto, y grande granizo.
REV 12:1 Y UNA gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
REV 12:2 Y estando preñada, clamaba con dolores de parto, y sufría tormento por parir.
REV 12:3 Y fue vista otra señal en el cielo; y he aquí un grande dragón bermejo, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cabezas siete coronas.
REV 12:4 Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó a la tierra. Y el dragón se puso de pie delante de la mujer que estaba de parto, a fin de devorar a su hijo tan pronto que ella le hubiese parido.
REV 12:5 Y ella parió un hijo varón, el cual había de regir todas las naciones con vara de hierro; y su hijo fue arrebatado para Dios, y para su trono.
REV 12:6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar aparejado de Dios, para que allí la mantengan mil doscientos [y] sesenta días.
REV 12:7 Y hubo guerra [en el] cielo: Miguel y sus ángeles batallaban contra el dragón; y el dragón batallaba, y sus ángeles;
REV 12:8 Y no prevalecieron, ni su lugar fue más hallado en el cielo.
REV 12:9 Y fue lanzado fuera aquel grande dragón, que es la serpiente antigua, que es llamada el Diablo, y Satanás, el cual engaña a todo el mundo: fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.
REV 12:10 Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora es venida la salvación, y el poder, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos es ya derribado, el cual los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
REV 12:11 Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte.
REV 12:12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra, y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.
REV 12:13 Y cuando vio el dragón que él había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer, que había parido al [hijo] varón.
REV 12:14 Y fueron dadas a la mujer dos alas de grande águila, para que de la presencia de la serpiente volase al desierto a su lugar, donde es mantenida [por] un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
REV 12:15 Y la serpiente arrojó de su boca en pos de la mujer agua como un río; a fin de hacer que fuese arrebatada del río.
REV 12:16 Y la tierra ayudó a la mujer; y la tierra abrió su boca, y sorbió el río, que había arrojado el dragón de su boca.
REV 12:17 Y el dragón fue airado contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Cristo Jesús.
REV 13:1 Y YO me paré sobre la arena del mar, y vi una bestia subir del mar, que tenía siete cabezas, y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez coronas; y sobre las cabezas de ella un nombre de blasfemia.
REV 13:2 Y la bestia que vi, era semejante a un leopardo, y sus pies como [pies] de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder, y su silla, y grande autoridad.
REV 13:3 Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, y la llaga de su muerte fue curada; y se maravilló todo el mundo en pos de la bestia.
REV 13:4 Y adoraron al dragón que había dado la potestad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién [es] semejante a la bestia, y quién podrá hacer guerra contra ella?
REV 13:5 Y le fue dada boca que hablaba grandes cosas, y blasfemias; y le fue dada potestad para continuar cuarenta y dos meses.
REV 13:6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que moran en el cielo.
REV 13:7 Y le fue dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fue dada potestad sobre toda tribu, y lengua, y nación:
REV 13:8 Y todos los que moran en la tierra la adorarán, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue inmolado desde la fundación del mundo.
REV 13:9 Si alguno tiene oído, oiga.
REV 13:10 El que lleva en cautividad, en cautividad irá: el que a espada matare, es necesario que a espada sea muerto. Aquí está la paciencia, y la fe de los santos.
REV 13:11 Después vi otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a [los de] un cordero, mas hablaba como un dragón.
REV 13:12 Y ejerce todo el poder de la primera bestia en presencia de ella; y hace a la tierra, y a los moradores de ella adorar la primera bestia, cuya herida de muerte fue curada.
REV 13:13 Y hace grandes milagros, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.
REV 13:14 Y engaña a los moradores de la tierra por [medio de] los milagros que le han sido dados para hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra, que hagan la imagen de la bestia, que tiene la herida de espada, y vivió.
REV 13:15 Y le fue dado que diese espíritu a la imagen de la bestia, a fin de que la imagen de la bestia hable; y hará que cualesquiera que no adoraren la imagen de la bestia, sean muertos.
REV 13:16 Y hace a todos los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, tomar una marca en su mano derecha, o en sus frentes;
REV 13:17 Y que ninguno pueda comprar o vender, sino el que tiene la marca, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
REV 13:18 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia; porque es el número de un hombre, y su número [es] seiscientos sesenta y seis.
REV 14:1 Y MIRÉ, y, he aquí, el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento [y] cuarenta [y] cuatro mil, que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes.
REV 14:2 Y oí una voz del cielo como la voz de muchas aguas, y como la voz de un gran trueno; y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas;
REV 14:3 Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y ninguno podía aprender el cántico, sino aquellos ciento [y] cuarenta [y] cuatro mil, los cuales fueron redimidos de la tierra.
REV 14:4 Éstos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Éstos fueron redimidos de entre los hombres [por] primicias para Dios, y para el Cordero.
REV 14:5 Y en su boca no ha sido hallado engaño, porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios.
REV 14:6 Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno, para predicar a los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo,
REV 14:7 Diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle gloria; porque la hora de su juicio es venida; y adorad al que ha hecho el cielo, y la tierra, y el mar y las fuentes de las aguas.
REV 14:8 Y otro ángel le siguió, diciendo: Ya es caída: ya es caída Babilonia, aquella gran ciudad, porque ella ha dado a beber a todas las naciones del vino de la ira de su fornicación.
REV 14:9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia, y a su imagen, y toma la marca en su frente, o en su mano,
REV 14:10 Este tal beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en la copa de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del Cordero.
REV 14:11 Y el humo del tormento de ellos sube por siempre jamás. Y los que adoran a la bestia, y a su imagen, no tienen reposo día y noche, y ni cualesquiera que recibe la marca de su nombre.
REV 14:12 Aquí está la paciencia de los santos: aquí [están] los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.
REV 14:13 Y oí una voz del cielo, que me decía: Escribe: Bienaventurados [son] los muertos, que de aquí adelante mueren en el Señor: Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos, y sus obras siguen con ellos.
REV 14:14 Y miré, y he aquí una nube blanca, y sobre la nube [uno] asentado semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.
REV 14:15 Y otro ángel salió del templo, clamando con alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida, porque la mies de la tierra está madura.
REV 14:16 Y el que estaba sentado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada.
REV 14:17 Y salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda.
REV 14:18 Y otro ángel salió del altar, el cual tenía poder sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la vid de la tierra; porque sus uvas están maduras.
REV 14:19 Y el ángel metió su hoz en la tierra, y vendimió la vid de la tierra, y [la] echó en el grande lagar de la ira de Dios.
REV 14:20 Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.
REV 15:1 Y VI otra señal en el cielo, grande y admirable, siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de Dios.
REV 15:2 Y vi como un mar de vidrio mezclado con fuego; y los que habían alcanzado la victoria de la bestia, y de su imagen, y de su marca, y del número de su nombre, estar en pie sobre el mar de vidrio, teniendo las arpas de Dios.
REV 15:3 Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas [son] tus obras, Señor Dios Todopoderoso; tus caminos [son] justos y verdaderos, Rey de los santos.
REV 15:4 ¿Quién no te temerá, Oh Señor, y glorificará tu nombre? Porque [tú] sólo [eres] santo; porque todas las naciones vendrán, y adorarán delante de ti; porque tus juicios son manifestados.
REV 15:5 Y después de estas cosas, miré, y, he aquí, el templo del tabernáculo del testimonio fue abierto en el cielo;
REV 15:6 Y salieron del templo los siete ángeles, que tenían las siete plagas, vestidos de un lino puro y resplandeciente, y ceñidos alrededor de los pechos con cintos de oro.
REV 15:7 Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive por siempre jamás.
REV 15:8 Y fue el templo lleno de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y ninguno podía entrar en el templo, hasta que fuesen consumadas las siete plagas de los siete ángeles.
REV 16:1 Y OÍ una grande voz del templo que decía a los siete ángeles: Id, y derramad las copas de la ira de Dios sobre la tierra.
REV 16:2 Y fue el primero, y derramó su copa en la tierra, y fue hecha una plaga mala y dañosa sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y [sobre] los que adoraban su imagen.
REV 16:3 Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y fue vuelto en sangre, como de un muerto, y toda alma viviente fue muerta sobre el mar.
REV 16:4 Y el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y fueron vueltas en sangre.
REV 16:5 Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, Oh Señor, que eres y que eras, y que serás, porque has juzgado estas cosas:
REV 16:6 Porque ellos derramaron la sangre de santos, y de profetas, y tú les has dado a beber sangre; porque son dignos.
REV 16:7 Y oí a otro del altar que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios [son] verdaderos y justos.
REV 16:8 Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, y le fue dado quemar a los hombres con fuego.
REV 16:9 Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
REV 16:10 Y el quinto ángel derramó su copa sobre la silla de la bestia; y su reino fue hecho tenebroso, y se mordían sus lenguas de dolor.
REV 16:11 Y blasfemaron al Dios del cielo por causa de sus dolores, y por sus plagas; y no se arrepintieron de sus obras.
REV 16:12 Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates, y el agua de él se secó, para que fuese preparado el camino a los reyes del oriente.
REV 16:13 Y vi [salir] de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta tres espíritus inmundos a manera de ranas.
REV 16:14 Porque son espíritus de demonios, que hacen milagros, para ir a los reyes de la tierra, y de todo el mundo, para congregarlos para la guerra de aquel grande día del Dios Todopoderoso.
REV 16:15 He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.
REV 16:16 Y los congregó en un lugar que se llama en hebraica Armagedón.
REV 16:17 Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire, y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es.
REV 16:18 Y hubo voces, y truenos, y relámpagos; y hubo un gran terremoto, un tal terremoto, tan grande cual no fue jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.
REV 16:19 Y la grande ciudad fue partida en tres partes, y las ciudades de las naciones se cayeron; y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle la copa del vino del furor de su ira.
REV 16:20 Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.
REV 16:21 Y cayó del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue en extremo grande.
REV 17:1 Y VINO uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo, diciéndome: Ven acá, y te mostraré la condenación de la gran ramera, la cual está sentada sobre muchas aguas;
REV 17:2 Con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los que moran en la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.
REV 17:3 Y me llevó en el espíritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia de color de grana, llena de nombres de blasfemia, [y] que tenía siete cabezas y diez cuernos.
REV 17:4 Y la mujer estaba vestida de púrpura, y de grana, y dorada con oro, y [adornada de] piedras preciosas, y [de] perlas, teniendo una copa de oro en su mano llena de abominaciones, y de la suciedad de su fornicación.
REV 17:5 Y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS, Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
REV 17:6 Y vi la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, fui maravillado con grande admiración.
REV 17:7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te maravillas? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la lleva, la cual tiene siete cabezas y diez cuernos.
REV 17:8 La bestia que has visto, fue, y ya no es; y ha de subir del abismo, y ha de ir a perdición; y los moradores de la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán cuando vean la bestia la cual era, y no es, y aunque es.
REV 17:9 Aquí hay la mente que tiene sabiduría. Las siete cabezas, son siete montes, sobre los cuales se asienta la mujer.
REV 17:10 Y son siete reyes: los cinco son caídos, y el uno es, [y] el otro aún no es venido; y cuando viniere, es necesario que dure breve tiempo.
REV 17:11 Y la bestia que era, y no es, es también el octavo, y es de los siete, y va a perdición.
REV 17:12 Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino, pero recibirán potestad como reyes por una hora con la bestia.
REV 17:13 Éstos tienen una [misma] mente, y darán su poder y autoridad a la bestia.
REV 17:14 Éstos harán guerra contra el Cordero, y el Cordero los vencerá; porque es el Señor de señores, y el Rey de reyes; y los que están con él, son llamados, y escogidos, y fieles.
REV 17:15 Y él me dice: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, y multitudes, y naciones, y lenguas.
REV 17:16 Y los diez cuernos que viste sobre la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la harán desolada, y desnuda, y comerán sus carnes, y la quemarán con fuego;
REV 17:17 Porque Dios ha puesto en sus corazones, que hagan lo que a él place, y el ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia hasta que sean cumplidas las palabras de Dios.
REV 17:18 Y la mujer que has visto, es la grande ciudad que tiene su reino sobre los reyes de la tierra.
REV 18:1 Y DESPUÉS de estas cosas vi otro ángel descender del cielo, teniendo gran poder; y la tierra fue alumbrada de su gloria.
REV 18:2 Y él clamó fuertemente en alta voz, diciendo: Caída es, caída es Babilonia la grande, y es hecha habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y guarida de todas aves sucias y aborrecibles;
REV 18:3 Porque todas las naciones han bebido del vino de la ira de su fornicación, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido por la abundancia de sus deleites.
REV 18:4 Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas.
REV 18:5 Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.
REV 18:6 Tornadle a dar [así] como ella os ha dado, y pagadle al doble según sus obras: en la copa que ella os dio a beber, dadle a ella doblado.
REV 18:7 Cuanto ella se ha glorificado, y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada reina, y no soy viuda, y no veré llanto.
REV 18:8 Por lo cual en un día vendrán sus plagas, muerte, y llanto, y hambre, y será quemada con fuego; porque fuerte [es] el Señor Dios que la juzga.
REV 18:9 Y llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, los cuales han fornicado con ella, y han vivido en deleites, cuando ellos vieren el humo de su incendio,
REV 18:10 Estando de pie lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad de Babilonia, aquella fuerte ciudad; porque en una hora vino tu juicio!
REV 18:11 Y los mercaderes de la tierra llorarán y se lamentarán sobre ella; porque ninguno compra más sus mercaderías,
REV 18:12 La mercadería de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de perlas, y de lino fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera de thyno, y de todo vaso de marfil, y de todo vaso de maderas las más preciosas, y de latón, y de hierro, y de mármol;
REV 18:13 Y canela, y olores, y ungüentos, e incienso, y vino, y aceite, y flor de harina, y trigo, y bestias, y de ovejas, y de caballos, y de carros, y de esclavos, y de almas de hombres.
REV 18:14 Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas gruesas, y excelentes te han faltado; y de aquí adelante y nunca mas las hallarás.
REV 18:15 Los mercaderes de estas cosas que se han enriquecido por ella, se pondrán de pie lejos por el temor de su tormento, llorando, y lamentando,
REV 18:16 Y diciendo: ¡Ay, ay de aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, y de escarlata, y de grana, y dorada con oro, y [de] piedras preciosas y de perlas!
REV 18:17 Porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas. Y todo capitán de nave y toda la compañía en las naves, y los marineros, y todos los que tratan en el mar, se pusieron de pie lejos;
REV 18:18 Y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Cuál [ciudad era] semejante a esta gran ciudad?
REV 18:19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando, y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar, se habían enriquecido por razón de su costosa magnificencia! porque en una hora ha sido desolada.
REV 18:20 Regocíjate sobre ella, cielo, y [vosotros] santos apóstoles, y profetas; porque Dios ha vengado vuestra causa en ella.
REV 18:21 Y un fuerte ángel tomó una piedra como una grande muela de molino, y echóla en el mar, diciendo: Con tanto ímpetu será derribada Babilonia, aquella gran ciudad; y no será jamás hallada.
REV 18:22 Y voz de tañedores de arpas, y de músicos, y tañedores de flautas, y de trompeteros, no será más oída en ti; y todo artífice de cualquier oficio, no será más hallado en ti; y ruido de molino no será más oído en ti;
REV 18:23 Y luz de candela no alumbrará más en ti; y voz de desposado, y de desposada no será más oída en ti; porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra; porque por tus hechicerías todas las naciones fueron engañadas.
REV 18:24 Y en ella se halló la sangre de profetas, y de santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.
REV 19:1 Y DESPUÉS de estas cosas, oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: Aleluya: La salvación, y la gloria, y la honra, y el poder al Señor nuestro Dios;
REV 19:2 Porque sus juicios [son] verdaderos y justos, porque él ha juzgado a la grande ramera que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
REV 19:3 Y otra vez dijeron: Aleluya. Y su humo subió por siempre jamás.
REV 19:4 Y los veinte y cuatro ancianos, y los cuatro seres vivientes se postraron, y adoraron a Dios, que estaba sentado sobre el trono, diciendo: Amén: Aleluya.
REV 19:5 Y salió una voz del trono, que decía: Alabad a nuestro Dios todos [vosotros] sus siervos, y [vosotros] los que le teméis, así los pequeños, como los grandes.
REV 19:6 Y oí como la voz de una gran multitud, y como la voz de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decían: Aleluya. Porque el Señor Dios omnipotente reina.
REV 19:7 Gocémonos, y alegrémonos, y démosle gloria; porque es venida la boda del Cordero, y su esposa se ha preparado;
REV 19:8 Y le fue dado que se vista de lino finísimo, puro y resplandeciente; porque el lino finísimo es la justicia de los santos.
REV 19:9 Y él me dice: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de la boda del Cordero. Y díceme: Estas palabras de Dios son verdaderas.
REV 19:10 Y yo me eché a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, [que] no [lo hagas]: yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos, que tienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía.
REV 19:11 Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco; y el que estaba sentado sobre él, [era] llamado Fiel y Verdadero, y en justicia juzga y guerrea.
REV 19:12 Y sus ojos [eran] como llama de fuego, y [había] en su cabeza muchas coronas, y tenía un nombre escrito que ninguno conocía, sino él mismo:
REV 19:13 Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre, y su nombre es llamado La Palabra de Dios.
REV 19:14 Y los ejércitos que [están] en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco, y puro.
REV 19:15 Y de su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira de Dios Todopoderoso.
REV 19:16 Y en [su] vestidura, y en su muslo, tiene un nombre escrito: REY DE REYES, Y SEÑOR DE SEÑORES.
REV 19:17 Y vi un ángel que estaba de pie en el sol, y clamó con gran voz, diciendo a todas las aves que volaban por medio del cielo: Venid, y congregaos a la cena del gran Dios;
REV 19:18 Para que comáis carnes de reyes, y carnes de capitanes, y carnes de fuertes, y carnes de caballos, y de los que están sentados sobre ellos; y carnes de todos, libres y siervos, de pequeños, y de grandes.
REV 19:19 Y vi la bestia, y los reyes de la tierra, y sus ejércitos congregados para hacer guerra contra el que estaba sentado sobre el caballo, y contra su ejército.
REV 19:20 Y la bestia fue presa, y con ella el falso profeta, que había hecho los milagros en su presencia, con los cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y a los que adoraron su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego ardiendo con azufre.
REV 19:21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que estaba sentado sobre el caballo, y todas las aves fueron hartas de las carnes de ellos.
REV 20:1 Y VI un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano.
REV 20:2 Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años.
REV 20:3 Y le arrojó al abismo, y le encerró, y selló sobre él; porque no engañase más a las naciones hasta que los mil años fuesen cumplidos, y después de esto, es necesario que sea desatado [por] un poco de tiempo.
REV 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado el juicio: y [vi] las almas de los que habían sido decapitados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, y que no habían adorado la bestia, ni a su imagen, y que no habían recibido [su] marca en sus frentes, ni en sus manos; y vivieron, y reinaron con Cristo mil años.
REV 20:5 Pero los demás muertos no tornaron a vivir, hasta que fueron cumplidos los mil años. Ésta [es] la primera resurrección.
REV 20:6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección: la segunda muerte no tiene potestad sobre los tales: antes serán sacerdotes de Dios, y de Cristo, y reinarán con él mil años.
REV 20:7 Y cuando los mil años fueren cumplidos, Satanás será suelto de su prisión;
REV 20:8 Y saldrá para engañar las naciones que [están] en las cuatro esquinas de la tierra, Gog y Magog, a fin de congregarlas para la guerra, el número de las cuales [es] como la arena del mar.
REV 20:9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y cercaron el campamento de los santos, y de la ciudad amada. Y de Dios descendió fuego del cielo, y los devoró.
REV 20:10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde [está] la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por siempre jamás.
REV 20:11 Y vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él, de delante del cual huyó la tierra y el cielo; y no se halló lugar para ellos.
REV 20:12 Y vi los muertos, pequeños y grandes que estaban de pie delante de Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es [el libro] de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.
REV 20:13 Y el mar dio los muertos que estaban en él; y la muerte, y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno de ellos según sus obras.
REV 20:14 Y la muerte, y el infierno fueron lanzados en el lago de fuego. Ésta es la muerte segunda.
REV 20:15 Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego.
REV 21:1 Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva; porque el primer cielo, y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es.
REV 21:2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalem, que descendía del cielo, aparejada de Dios, como la desposada ataviada para su marido.
REV 21:3 Y oí una gran voz del cielo, que decía: He aquí, el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo será con ellos y [será] su Dios.
REV 21:4 Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas son pasadas.
REV 21:5 Y el que estaba sentado en el trono, dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son verdaderas y fieles.
REV 21:6 Y díjome: Hecho es. Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente.
REV 21:7 El que venciere, heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
REV 21:8 Pero a los temerosos, e incrédulos; a los abominables, y homicidas; y a los fornicarios, y hechiceros; y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
REV 21:9 Y vino a mí uno de los siete ángeles, que tenían las siete copas llenas de las siete postreras plagas, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, esposa del Cordero.
REV 21:10 Y llevóme en el espíritu a un grande y alto monte, y mostróme la grande ciudad, la santa Jerusalem, que descendía del cielo de Dios,
REV 21:11 Teniendo la gloria de Dios; y su lumbre [era] semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe clara como cristal.
REV 21:12 Y tenía un grande muro y alto, [y] tenía doce puertas; y en las puertas, doce ángeles; y nombres escritos sobre [ellas], que son [los nombres] de las doce tribus de los hijos de Israel.
REV 21:13 Al oriente tres puertas: al norte tres puertas: al sur tres puertas: al poniente tres puertas.
REV 21:14 Y el muro de la ciudad tenía doce fundamentos; y en ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.
REV 21:15 Y el que hablaba conmigo, tenía una medida de una caña de oro, para medir la ciudad, y sus puertas, y su muro.
REV 21:16 Y la ciudad está situada y puesta en cuadro, y su longitud es tanta como su anchura. Y él midió la ciudad con la caña, [y tenía] doce mil estadios; [y] la longitud, y la anchura, y la altura de ella son iguales.
REV 21:17 Y midió su muro, de ciento [y] cuarenta [y] cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel.
REV 21:18 Y el material de su muro era [de] jaspe; y la ciudad [era de] oro puro, semejante al vidrio limpio.
REV 21:19 Y los fundamentos del muro de la ciudad [estaban] adornados de toda piedra preciosa. El primer fundamento [era] jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda;
REV 21:20 El quinto, sardónica; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.
REV 21:21 Y las doce puertas [eran] doce perlas; cada una de las puertas era de una perla. Y la plaza de la ciudad [era] oro puro, como vidrio transparente.
REV 21:22 Y yo no vi templo en ella; porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son el templo de ella.
REV 21:23 Y la ciudad no tenía necesidad del sol, ni de la luna para que resplandezcan en ella; porque la gloria de Dios la alumbró, y el Cordero [es] su lumbrera.
REV 21:24 Y las naciones de los que son salvos andarán en la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.
REV 21:25 Y sus puertas no serán cerradas de día, porque allí no habrá noche:
REV 21:26 Y llevarán la gloria, y la honra de las naciones a ella.
REV 21:27 No entrará jamás en ella ninguna cosa que contamina, o que hace abominación y mentira; sino [solamente] los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.
REV 22:1 Y ÉL me mostró un río puro de agua de vida, claro como cristal, que salía del trono de Dios, y del Cordero.
REV 22:2 En el medio de la plaza de ella, y de la una parte y de la otra del río, [estaba] el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol [eran] para la sanidad de las naciones.
REV 22:3 Y no habrá allí jamás maldición; sino el trono de Dios, y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.
REV 22:4 Y verán su rostro, y su nombre [estará] en sus frentes.
REV 22:5 Y allí no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de candela, ni de luz de sol; Porque el Señor Dios los alumbrará, y reinarán por siempre jamás.
REV 22:6 Y díjome: Estas palabras [son] fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos profetas ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto.
REV 22:7 He aquí, yo vengo presto: Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
REV 22:8 Y yo Juan vi y oí estas cosas. Y cuando hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
REV 22:9 Y él me dijo: Mira [que] no [lo hagas]; porque yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro: Adora a Dios.
REV 22:10 Y díjome: No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca.
REV 22:11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es sucio, sea sucio todavía; y el que es justo, sea todavía justo; y el que es santo, sea santificado todavía.
REV 22:12 Y, he aquí, yo vengo presto, y mi galardón [está] conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra.
REV 22:13 Yo soy el Alfa y el Omega, el principio, y el fin, el primero y el postrero.
REV 22:14 Bienaventurados los que hacen sus mandamientos, para que tengan derecho al árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.
REV 22:15 Mas los perros [están] fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.
REV 22:16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.
REV 22:17 Y el Espíritu, y la desposada dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga. Y el que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente.
REV 22:18 Porque yo testifico a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
REV 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.
REV 22:20 El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente vengo prestamente. Amén: Sea así. Ven, Señor Jesús.
REV 22:21 La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo [sea] con todos vosotros. Amén.
